100% encontró este documento útil (1 voto)
445 vistas3 páginas

Crítica de Newton a los Vórtices

Este documento resume las principales críticas de Newton a la hipótesis de los vórtices de Descartes para explicar los movimientos planetarios. Newton argumenta que los vórtices no pueden explicar la regularidad de los movimientos de los planetas y cometas, ni su distribución en el espacio. Concluye que el elegante sistema solar solo puede haber sido creado por un ser inteligente y poderoso, es decir, Dios.

Cargado por

Brayan Molina
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (1 voto)
445 vistas3 páginas

Crítica de Newton a los Vórtices

Este documento resume las principales críticas de Newton a la hipótesis de los vórtices de Descartes para explicar los movimientos planetarios. Newton argumenta que los vórtices no pueden explicar la regularidad de los movimientos de los planetas y cometas, ni su distribución en el espacio. Concluye que el elegante sistema solar solo puede haber sido creado por un ser inteligente y poderoso, es decir, Dios.

Cargado por

Brayan Molina
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

NEWTON, Principios Matemáticos de Filosofía Natural

Libro III. Sistema del Mundo

ESCOLIO GENERAL1

La hipótesis de los vórtices tropieza con muchas dificultades. Para que todo planeta, mediante un
radio trazado hasta el Sol, pueda describir áreas proporcionales a los tiempos, los tiempos
periódicos de las diversas partes de los vórtices deberían conservar la razón del cuadrado de las
distancias con respecto al Sol. Para que los tiempos periódicos de los planetas estén a la potencia
3/2 de sus distancias al Sol, los tiempos periódicos de las partes del vórtices deben estar a la
potencia 3/2 de sus distancias. Para que los vórtices menores puedan mantener sus revoluciones en
torno a Saturno, Júpiter y otros planetas, nadando tranquilamente en el gran vórtice del Sol, los
tiempos periódicos de las partes del vórtice solar deben ser iguales. Pero la rotación del Sol y de los
planetas en torno a sus ejes, que debería corresponder a los movimientos de sus vórtices, discrepa
mucho de todas esas proporciones. Los movimientos de los cometas son extremadamente regulares,
están gobernados por las mismas leyes que los movimientos de los planetas y en modo alguno
pueden explicarse mediante la hipótesis de los vórtices. Pues los cometas son arrastrados con
movimientos muy excéntricos por todas las partes del cielo, con una libertad incompatible con la
noción de un vórtice.

Los proyectiles sólo experimentan la resistencia del aire en nuestro aire. Suprímase el aire, como
acontece en el vacío de Boyle, y la resistencia cesa, pues en ese vacío una tenue pluma y un trozo de
oro descienden con la misma velocidad. Y el mismo argumento debe aplicarse a los espacios celestes
situados por encima de la atmósfera terrestre; en esos espacios, donde no existe aire que resista sus
movimientos, todos los cuerpos se moverán con la máxima libertad; y los planetas y cometas girarán
perpetuamente en órbitas dadas por especie y posición con arreglo a las leyes antes explicadas. Pero
aunque esos cuerpos puedan continuar en sus órbitas por las meras leyes de gravedad, en modo
alguno podrían haber adquirido a partir de esas leyes la posición regular de las órbitas mismas.

Los seis planetas primarios giran en torno al Sol en círculos concéntricos, con movimientos dirigidos
hacia las mismas partes y casi en el mismo plano. Diez lunas giran en torno a la Tierra, Júpiter y
Saturno en círculos concéntricos, con la misma dirección de movimiento y casi en los planos de las
órbitas de esos planetas. Pero no debe suponerse que simples causas mecánicas podrían dar
nacimiento a tantos movimientos regulares, puesto que los cometas vagan libremente por todas las
partes de los cielos en órbitas muy excéntricas. Debido a este tipo de movimiento, los cometas
transitan muy veloz y fácilmente a través de los orbes de los planetas; y en sus afelios, donde se
mueven con la máxima lentitud y se detienen el máximo tiempo, se alejan unos de otros hasta las
mayores distancias, sufriendo así una perturbación mínima proveniente de sus atracciones mutuas.
Este elegantísimo sistema del Sol, los planetas y los cometas sólo puede originarse en el consejo y
dominio de un ente inteligente y poderoso. Y si las estrellas fijas son centros de otros sistemas
similares, creados por un sabio consejo análogo, los cuerpos celestes deberán estar todos sujetos al
dominio de Uno, especialmente porque la luz de las estrellas fijas es de la misma naturaleza que la
luz solar, y desde cada sistema pasa a todos los otros. Y para que los sistemas de las estrellas fijas no
cayesen unos sobre otros por efecto de la gravedad, los situó a inmensas distancias unos de otros.

Este rige todas las cosas, no como alma del mundo, sino como dueño de los universos. Y debido a
esa dominación suele llamársele señor dios, παυτοκράτωρ, o amo universal. Pues dios es una
palabra relativa que se refiere a los siervos, y deidad es dominación de dios, no sobre el cuerpo
propio –como piensan aquellos para los cuales dios es alma del mundo-, sino sobre siervos. El dios
supremo es un ente eterno, infinito, absolutamente perfecto, pero un ente así perfecto y sin dominio
1
NEWTON, Isaac, Principios matemáticos de Filosofía Natural. Libro III El Sistema del Mundo. Introducción y notas
de Antonio Escotado; Traducción Libro III, A. Escotado y M. Saénz de Heredia. España, Editora Nacional, 1982
no es el señor dios. Pues decimos dios mío, dios vuestro, dios de Israel, dios de dioses y dueño de
dueños; pero no decimos eterno mío, eterno vuestro, eterno Israel, eterno de dioses, ni decimos
infinito mío, ni perfecto mío. Estos títulos no guardan relación con los siervos. La voz dios 2 suele
significar dueño, si bien no todo dueño es Dios. La dominación de un ente espiritual constituye a
dios, verdadero si es verdadera, supremo si es suprema, ficticio si es ficticia. Y de su dominio
verdadero se sigue que el verdadero dios es un ente vivo, inteligente y poderoso; y de las restantes
perfecciones que es supremo o supremamente perfecto. Es eterno e infinito, omnipotente y
omnisciente, esto es, dura desde la eternidad hasta la eternidad y está presente desde lo infinito
hasta lo infinito. Rige todo, y conoce todo cuanto es o puede ser hecho. No es eternidad e infinitud,
sino eterno e infinito; no es duración o espacio, pero dura y está presente. Dura siempre y está
presente en todas partes, funda la duración y el espacio. Como cada partícula de espacio es siempre,
y como cada momento indivisible de duración es ubicuo, el creador y señor de todas las cosas jamás
podrá ser nunca ni ninguna parte. Toda alma percibe en diferentes tiempos, con diversos sentidos y
órganos de movimiento, pero sigue siendo la misma persona indivisible. En la duración se dan
partes sucesivas, en el espacio partes coexistentes, pero ni lo uno ni lo otro pueden hallarse en la
persona del hombre o en su principio pensante, y mucho menos en la substancia pensante de dios.
En tanto en cuanto es una cosa dotada de percepción, todo hombre es uno e idéntico consigo mismo
durante toda su vida en todos y cada uno de sus órganos sensoriales. Dios es uno y el mismo dios
siempre y en todas partes. Su omnipresencia no es solo virtual, sino substancial, pues la virtud no
puede subsistir sin substancia. Todas las cosas están contenidas y movidas en él, 3 pero uno y otras
no se afectan mutuamente. Dios nada padece por el movimiento de los cuerpos, y los cuerpos no
hallan resistencia en la ubicuidad de dios. Se reconoce que un dios supremo existe necesariamente, y
por la misma necesidad existe siempre y en todas partes. Por lo mismo, es todo similar, todo ojo,
todo oído, todo cerebro, todo brazo, todo poder para percibir, entender y obrar, pero de un modo
para nada humano, para nada corpóreo, radicalmente desconocido para nosotros. Así como un ciego
no tiene idea de los colores, así carecemos nosotros de idea sobre el modo en que el dios
sapientísimo percibe y entiende todas las cosas. Está radicalmente desprovisto de todo cuerpo y
figura corporal, con lo cual no puede ser visto, escuchado o tocado; y tampoco debería ser adorado
bajo la representación de cualquier cosa corpórea. Tenemos ideas sobre sus atributos, pero no
conocemos en qué consiste la substancia de cosa alguna. En los cuerpos solo vemos sus figuras y
colores, sólo escuchamos los sonidos, sólo tocamos sus superficies externas, sólo olemos los olores y
gustamos los sabores. Sus substancias íntimas no son conocidas por ningún sentido o por acto
reflejo alguno de nuestras mentes. Mucho menos podremos formar cualquier idea sobre la
substancia de dios. Sólo le conocemos por propiedades y atributos, por las sapientísimas y óptimas
estructuras de las cosas y causas finales, y le admiramos por sus perfecciones; pero le veneramos y
adoramos debido a su dominio, pues le adoramos como siervos. Y un dios sin dominio, providencia
y causas finales nada es sino hado y naturaleza. Una ciega necesidad metafísica, idéntica siempre y
en todas partes, es incapaz de producir la variedad de las cosas. Toda esa diversidad de cosas
naturales, que hallamos adecuada a tiempos y lugares diferentes, sólo pude surgir de las ideas y la
voluntad de un ente que existe por necesidad. Alegóricamente se dice que dios ve, habla, ríe, ama,
odia, desea, da, recibe, se alegra, se encoleriza, lucha, fabrica, trabaja y construye. Pero todas
nuestras nociones de dios se obtienen mediante cierta analogía con las cosas humanas, analogía que

2
Pocok deriva el latín dei del árabe du (y en caso oblicuo di), que significa señor. Y en este sentido se llaman los
príncipes dioses, como en Salmos 1xxxii, ver 6; y Juan X, ver. 35. Y Moisés es llamado dios por su hermano Aaron y por
el Faraón (Éxodo IV, ver.16; y VII, ver. 1). Y en el mismo sentido los paganos llamaban dioses a las almas de príncipes
muertos, aunque falsamente, debido a su falta de dominio.
3
Esta era la opinión de los antiguos. Así Pitágoras, en Cicerón, De Natura Deorum, lib. I, Tales, Anaxágoras, Virgilio,
Georg., lib. IV, ver. 220; y Envida, lib. VI, ver. 721. Filón Allegor, al comienzo del lib. I, Aratus en su Fenómenos, al
comienzo. Así también los escritores sagrados, como San Pablo, Actos XVII, ver. 27,28. El Evangelio de San Juan, cap.
XIV, ver. 2. Moisés, en Deum. IV, ver. 39; y X, ver. 14. David en Salmos CXXXIX, ver. 7,8,9. Salomón, I, Reyes VIII,
ver. 27. Job, XXII, ver. 12,13. Jeremías, XXIII, ver. 23,24. Los idólatras supusieron que el Sol, la Luna, las estrellas, las
almas de los hombres y otras partes del mundo eran partes del dios supremo y debían ser veneradas en consecuencia,
pero erróneamente.

2
a pesar de no ser perfecta conserva cierta semejanza. Y esto por lo que concierne a dios, de quien
procede ciertamente hablar en filosofía natural partiendo de los fenómenos.

Hasta aquí hemos explicado los fenómenos de los cielos y de nuestro mar por la fuerza gravitatoria,
pero no hemos asignado aún causa a esa fuerza. Es seguro que debe proceder de una causa que
penetra hasta los centros mismos del Sol y los planetas, sin sufrir la más mínima disminución de su
fuerza; que no opera de acuerdo con la cantidad de las superficies de las partículas sobre las que
actúa (como suele acontecer con las causas mecánicas), sino de acuerdo con la cantidad de materia
sólida contenida en ellas, propagándose en todas direcciones y hasta inmensas distancias, y
decreciendo siempre como el cuadrado inverso de las distancias. La gravitación hacia el Sol está
formada por la gravitación hacia las diversas partículas que componen el cuerpo del Sol; y al alejarse
del Sol decrece exactamente como el cuadrado inverso de las distancias hasta la órbita de Saturno,
como demuestra con evidencia la quietud del afelio de los planetas, e incluso el afelio más remoto de
los cometas, si tales afelios son también invariables. Pero hasta el presente no he logrado descubrir
la causa de esas propiedades de gravedad a partir de los fenómenos, y no finjo hipótesis. Pues todo
lo no deducido a partir de los fenómenos ha de llamarse una hipótesis, y las hipótesis metafísicas o
físicas, ya sean de cualidades ocultas o mecánicas, carecen de lugar en la filosofía experimental. En
esta filosofía las proposiciones particulares se infieren a partir de los fenómenos, para luego
generalizarse mediante inducción. Así se descubrieron la impenetrabilidad, la movilidad, la fuerza
impulsiva de los cuerpos, las leyes del movimiento y de gravitación. Y es bastante que la gravedad
exista realmente, y actúe con arreglo a las leyes que hemos expuesto, sirviendo para explicar todos
los movimientos de los cuerpos celestes y de nuestro mar.

Podríamos ahora añadir algo sobre cierto espíritu sutilísimo que penetra y yace latente en todos los
cuerpos grandes, por cuya fuerza y acción las partículas de los cuerpos se atraen unas a otras cuando
se encuentran a escasa distancia y se ligan en caso de estar contiguas; y los cuerpos eléctricos operan
a distancias mayores, repeliendo tanto como atrayendo a los corpúsculos vecinos; y la luz es emitida,
reflejada, refractada, curvada y calienta los cuerpos; y toda sensación es excitada, y los miembros de
los cuerpos animales se mueven a la orden de la voluntad, propagada por las vibraciones de este
espíritu siguiendo los filamentos sólidos de los nervios, desde los órganos externos hasta el cerebro y
desde el cerebro hasta los músculos. Pero éstas son cosas que no pueden ser explicadas en pocas
palabras. Por otra parte, tampoco disponemos de una cantidad suficiente de experimentos para
determinar con precisión y demostrar mediante qué leyes opera este espíritu eléctrico y elástico.

También podría gustarte