Asurbanipal, el conquistador asirio que quería una biblioteca
ANTIGÜEDAD
Era tan inflexible en sus guerras como en sus medidas domésticas. La
arqueología ha permitido rescatar la inmensa biblioteca que reunió el
enérgico emperador neoasirio
Estatua de Asurbanipal en San Francisco. Dominio público
ANTONIO BAQUERO
30/07/2020 07:00Actualizado a 31/07/2020 09:53
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“Yo soy Asurbanipal, poderoso rey, rey del universo, rey de las cuatro
partes, rey del mundo”. La inscripción, aparecida en varios documentos
de su reinado, no exageraba. Entre los años 669 y 627 antes de
Cristo, el monarca asirio levantó y comandó uno de los mayores
imperios conocidos hasta entonces por la humanidad. De oeste a
este y de sur a norte, el Imperio Nuevo Asirio se extendió bajo su
mando desde Egipto y la costa levantina (Líbano y Palestina) hasta los
márgenes occidentales del actual Irán, y de Asia Menor a los inicios del
desierto de la península arábiga.
Conquistador de Babilonia y Egipto, destructor de Elam, azote de judíos
y arameos, freno de escitas y cimerios, este monarca, al que en el libro
bíblico de Esdras se denomina “grande y célebre Asnappar”, fue un
portentoso líder militar que comandaba el ejército asirio, la
maquinaria de guerra más poderosa y temida, por su crueldad extrema
y sus ingenios militares, de toda la Antigüedad.
Pero Asurbanipal (en asirio, Assur-bani-apli, que significa “Assur es el
creador del hijo heredero”) fue mucho más. Un monarca erudito que, en
Nínive, creó la primera gran biblioteca de Estado del mundo antiguo y al
que, por su interés por recuperar vestigios de culturas y lenguas ya
desparecidas en su época, se considera un precursor de los
monarcas renacentistas. En definitiva, el primer rey ilustrado del
Antiguo Oriente Próximo.
Lista asiria de reyes datada en el siglo VII a. C. en una tableta de
terracota, de Asur, Irak. Osama Shukir Muhammed Amin / CC BY-SA-
4.0
La traicionera corte asiria
Pese a la gloria a que le condujeron sus victorias y la eficiente gestión
de su imperio, los inicios de Asurbanipal no fueron sencillos, en una
corte en la que menudeaban los asesinatos entre parientes que
aspiraban al trono. Nacido alrededor de 690 a. C., era el tercer hijo de
Asarhaddón. Su padre era uno de los aspirantes a suceder en el
trono de Asiria a su abuelo, el rey Senaquerib. Este resolvió designar
como heredero a Asarhaddón, que, temeroso de una conjura para
asesinarle, hubo de exiliarse a Babilonia, llevándose con él al pequeño
Asurbanipal.
Eran tiempos convulsos en Asiria. Senaquerib fue asesinado por sus
otros hijos mientras rezaba en el templo de Nínive, lo que desató
una breve guerra civil entre pretendientes a la Corona en la que se
impuso Asarhaddón. Por entonces, Asurbanipal tenía cerca de diez
años.
El pequeño volvió a Asiria, donde creció en medio del lujo de la corte
hasta que su padre, al regreso de una campaña en Egipto,
decidió dividir su reino en dos, nombrando a Asurbanipal rey de
Asiria y entregando a uno de sus hijos mayores, Shamash-shum-ukin,
el premio de consolación: Babilonia. Los historiadores atribuyen la
elección de Asurbanipal a que era hijo de una mujer asiria, mientras que
la madre del primogénito era babilonia.
Antes de acceder al trono, Asurbanipal asumió la gestión del Imperio
durante las ausencias de su padre, enfrascado en campañas
militares. Las crónicas ya le retratan como un monarca muy
interesado en las ciencias y las letras y a quien le gustaba
coleccionar tablillas con textos históricos.
Durante toda su vida alardeó tanto de sus victorias militares y su
habilidad como cazador de leones como de su pasión por la
cultura. “He resuelto problemas difíciles de multiplicación y división, sé
leer los textos de las antiguas escrituras de Sumer y el oscuro lenguaje
de Acad. A veces, he sentido cólera porque no podía comprender las
inscripciones de tiempos anteriores al Diluvio”, consta en una de sus
inscripciones más famosas.
“Fue un esteta, sensible a las artes, la literatura y las ciencias”, señala a
historia y vida Hartmut Kühne, profesor de Arqueología en la
Universidad de Berlín y uno de los mayores expertos mundiales en
Asiria. De hecho, de los territorios conquistados, Asurbanipal se
hizo traer documentos (entonces tablillas) históricos, religiosos, de
astronomía y de ciencia. Así, obtuvo escritos de Babilonia, Nimrud,
Borsippa...
Asurbanipal matando a un león durante una cacería real, según un
bajorrelieve de Nínive. Dominio público
En una carta en que queda patente su deseo de conocer el
pasado, Asurbanipal ordena a sus enviados que recopilen “rituales,
oraciones, inscripciones en piedra y cualquier cosa que fuera útil para la
realeza”. En una misiva remitida al rey por uno de sus emisarios, este le
informa de que le lleva “una vieja tablilla hecha por Hammurabi”.
El rey de la información
Con todos ellos, y con la aspiración de acumular bajo un mismo techo
todo el saber de la época, Asurbanipal creó “la más completa
biblioteca de Estado” que se conoce de la antigua Mesopotamia,
según el doctor en Historia Antigua Fernando Fernández Palacios,
autor de la obra más completa escrita en castellano sobre este
monarca.
El autor destaca “la verdadera curiosidad por el pasado y los
diferentes saberes, los cuales le servirían para diversas cosas: afirmar
su autoridad frente a los poderes eclesiásticos, controlar información
delicada, poseer el monopolio de los saberes, sin olvidar el componente
de superstición que en estos imperios dominaba a mucha gente, así
como el acceso a la astrología y otras disciplinas de gran relieve en
aquel mundo”.
El hombre moderno debe a Asurbanipal la posibilidad de
acceder a buena parte del acervo cultural de Mesopotamia
Esa biblioteca estaba repartida en tres emplazamientos de
Nínive, su capital, una ciudad que llegó a tener 130.000 habitantes y
que, según escribió el profeta Jonás, “requería tres jornadas para
recorrerla”. En estas tres bibliotecas se han hallado cerca de treinta mil
tablillas dedicadas a la adivinación, la religión, la ciencia y la literatura.
En 1853, cuando se localizan los primeros restos de su palacio, se
encuentra la conocida como Biblioteca de Asurbanipal, con 20.000
fragmentos de tablillas. Poco antes, en 1849, ya se había dado con
una primera biblioteca, y en 1927 se descubrió una tercera. El
contenido de todas ellas fue trasladado al British Museum.
Entre aquellos documentos, además de los anales del soberano –
relatos de un alto valor literario con lo ocurrido durante su reinado y
donde se dejaba constancia, sobre todo, de las campañas
militares–, se encuentran transcripciones de tablillas escritas en
lenguas ya muertas en aquella época. “Todas juntas, esas tablillas
ocupan más de cien metros cúbicos, y para publicarlas harían falta más
de quinientos volúmenes de 500 páginas cada uno”, señala el profesor
Fernández Palacios.
Imagen de las murallas de Nínive tomada en el año 1990.
Fredarch / CC BY-SA- 3.0
Cazatesoros cultural
El hombre moderno debe a Asurbanipal y a su interés por recopilar el
conocimiento de su tiempo la posibilidad de acceder a buena parte del
acervo cultural, científico y literario de la antigua Mesopotamia. “Aunque
es cierto que esas bibliotecas ya fueron creadas en el siglo XIV a. C.
por sus antepasados, Asurbanipal intensificó la tarea de editar,
copiar y componer, lanzándose a ‘cazar’ textos antiguos e incluso
contratando escribas extranjeros.
A él debemos la mayor recopilación de ciencia y literatura
precristianas. Su misión es comparable al papel de los estudiosos y
escribas árabes que en la Edad Media trasladaron la filosofía y literatura
griegas a Europa”, añade el profesor Kühne.
“Hay obras que no conoceríamos si no fuera por sus bibliotecas”, dice
Fernández Palacios. Así, es entre sus tablillas como un asistente del
British Museum identifica en 1863 la Epopeya de Gilgamesh (obra
cumbre de la literatura sumeria) o el poema Enuma Elish sobre el mito
de la creación babilonio. También, entre otras joyas, se localiza ahí la
conocida como Tableta del Diluvio, un documento anterior a la
Biblia en el que se menciona un diluvio universal, o textos
matemáticos y astronómicos, e incluso fórmulas para lograr la
inmortalidad.
Por fortuna, tras el posterior saqueo e incendio del palacio, no solo no
se destruyeron estas obras, sino que, al ser de arcilla, se cocieron y
multiplicaron su resistencia al paso del tiempo.
Conquistador implacable
Durante los 42 años que se prolongó su reinado, un período
inusualmente largo en aquella época, Asurbanipal empleó tanto la
diplomacia como la guerra en la gestión de su imperio. Pese a ser
de natural enfermizo –en una ocasión, su médico hizo elaborar una
imagen del rey para engañar a la diosa de los muertos, Ereshkigal–,
ordenó numerosas campañas militares, encabezando algunas de ellas.
Su vertiente culta convivía con la de un monarca despiadado.
“Así se le muestra en los relieves de la batalla del río Ulai contra los
elamitas. Decapitó al rey y le colgó en un árbol de su jardín. En el
relieve se le ve con su mujer mientras le sirven nobles elamitas hechos
prisioneros”, detalla Kühne. De otros reyes o nobles a los que
derrotó se hizo traer sus cabezas cercenadas o sus cuerpos
conservados en sal. O incluso los humilló colocándoles collares de
perro.
El Estado asirio era un ente militarista, y su rey era el designado por
el dios Assur para extender el Imperio hasta conquistar el mundo. Así,
poco después de su ascenso al trono, con apenas 21 años, lanzó dos
ofensivas contra Egipto que le permitieron conquistar el delta del Nilo y
las ciudades de Menfis y Tebas.
Eso sí, pocos años después, la imposibilidad de gestionar el
territorio le llevó a retirarse. Más tarde hubo de aplastar la
sublevación de su hermano mayor, que comandaba Babilonia. Una
rebelión a la que se sumaron prácticamente todos los rivales de Asiria:
acadios, caldeos, árabes, elamitas y gentes del País del Mar.
Tras cuatro años de guerra y un asedio despiadado a Babilonia
capital –las inscripciones asirias hablan incluso de que se llegaron a
dar allí casos de canibalismo–, la urbe cayó. Los notables de la ciudad
fueron duramente castigados: mutilados, desollados vivos y sacrificados
como ofrendas. Eso sí, la consigna dada por Asurbanipal fue clara: la
biblioteca babilonia había que preservarla. Sus enviados recopilaron y
copiaron los libros que atesoraba.
Asurbanipal castigó también a Elam, el hasta entonces gran imperio
rival de Asiria, por su apoyo a la revuelta. Elam fue conquistado y su
capital, Susa, arrasada sin piedad. Los vencidos fueron masacrados,
e incluso los campos de cultivo fueron regados con sal para que
quedaran improductivos.
Fueron pioneros en los desplazamientos masivos de población
conquistada de un territorio a otro
Los asirios disponían del más poderoso y mejor organizado
ejército de su tiempo. Fueron de los primeros en proporcionar armas
de hierro a sus combatientes, aprendieron la guerra a caballo de los
escitas y desarrollaron grandes máquinas de asedio. Sus torres de
asalto y arietes se utilizaron, sin grandes variaciones, hasta la Edad
Media.
Además, fueron pioneros en la guerra psicológica. Así era como
aplicaban sus atroces castigos. Cuando una ciudad era vencida, se
masacraba a toda la población, decapitando, desollando o empalando
a los prisioneros. De ese modo, se lograba que otros reinos se lo
pensaran dos veces antes de plantear batalla. Otro método, en el que
también fueron pioneros, eran los desplazamientos masivos de
población de un territorio a otro.
Sin embargo, incluso en mitad de la represalia salvaje contra Susa
asomó el interés por la historia de Asurbanipal. Ordenó el traslado a
Asiria de una estatua de la diosa Nana que un rey elamita se había
hecho traer de Ur 1.600 años antes.
Como otros reyes asirios, Asurbanipal era un gran amante del lujo. Sus
palacios estaban bellamente decorados, disponía de inmensos jardines
e incluso se criaban para él leones como mascotas, un animal cuya
caza representaba su deporte predilecto. Pese a tener una mujer
favorita, Asurbanipal contaba con un harén enorme, parte del cual le
acompañaba en las largas campañas militares.
El Señor destruirá Nínive y hará de ella un gran desierto"
Sofonías
Pero, a pesar de sus victorias, Asurbanipal legó un gigante con pies
de barro. Numerosos historiadores atribuyen al hecho de no haber
dejado bien atada su sucesión el que las disputas por la Corona
derivaran en un rápido declive del Imperio Nuevo Asirio.
“La lucha por el poder a su muerte –que se cree se produjo en 627 a.
C.– debió de ser feroz, y evidencia de ello es el caos que siguió a su
fallecimiento”, señala el profesor Fernández Palacios, que agrega otro
factor: “El empuje por el este de medos y otros pueblos, unido a la
coalición de intereses entre babilonios y egipcios por acabar con
su milenario rival, da cuenta del precipitado final de Asiria”.
En 612 a. C., apenas 15 años después de su muerte, una alianza de
babilonios y medos destruyó su brillante capital. De un modo u otro,
se cumplía el designio del profeta bíblico Sofonías: “El Señor destruirá
Nínive y hará de ella un gran desierto”.
Este artículo se publicó en el número 611 de la revista Historia y
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