0% encontró este documento útil (0 votos)
263 vistas2 páginas

El Cuerpo Místico de Cristo en la Iglesia

El documento describe la Iglesia como el Cuerpo místico de Cristo, unido por el Espíritu Santo. Explica que la Iglesia es una comunidad santificada por Cristo compuesta por miembros con funciones diferentes que trabajan juntos en armonía. Además, señala que Cristo es la cabeza de la Iglesia y el Espíritu Santo es quien vivifica y guía al Cuerpo místico a través de dones como la caridad, la alegría y la paz.

Cargado por

jose
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
263 vistas2 páginas

El Cuerpo Místico de Cristo en la Iglesia

El documento describe la Iglesia como el Cuerpo místico de Cristo, unido por el Espíritu Santo. Explica que la Iglesia es una comunidad santificada por Cristo compuesta por miembros con funciones diferentes que trabajan juntos en armonía. Además, señala que Cristo es la cabeza de la Iglesia y el Espíritu Santo es quien vivifica y guía al Cuerpo místico a través de dones como la caridad, la alegría y la paz.

Cargado por

jose
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Podemos sin ningún temor utilizar, a la hora de poder definir o entender a la

comunidad eclesial el término “cuerpo místico de Cristo”. Es la Iglesia el Pueblo


de Dios, el cual, no es simplemente la reunión de sacerdotes y reyes, sino que
ella está llamada a ser una comunidad en el mundo que sabe de las realidades
que afectan a la humanidad. Esa comunidad que forma el Pueblo de Dios, es
una Comunidad sacramento. Y sí, ella por ser estructura en la sociedad
contiene propiedades esenciales para la misma como es que sus miembros
tienen funciones diferentes, según los dones dados y en segundo lugar son los
miembros los que forman en la Iglesia el cuerpo coordinado y unido, según nos
dice san Pablo en Efesios 4,16. Cada uno y en comunidad, manifiestan una
armónica actuación en esta unidad de todo el cuerpo y por el bien del mismo y
su santificación.

Porque el Cuerpo místico de Cristo es una comunidad santificada por aquél


que es el Alfa y la Omega de todos los tiempos. Ciertamente hablamos de
acciones sociales, pero con ello no afirmamos taxativamente que simplemente
la Iglesia, como Pueblo y sacramento, como Cuerpo del Señor, sea un
compuesto social cualquiera, sino que debe ser tenido como el Cuerpo de
Cristo. San Pablo nos dice: "Vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros cada
uno por su parte" (ICor.12, 27). Cristo y la Iglesia son inseparables y se
completan mutuamente. Así, nace el Cuerpo eclesial como el lugar donde la
individualidad de sus miembros es una realidad existente y, la unidad y
comunión se dan por el principio intrínseco sobrenatural común del Espíritu
Santo (1ª Cor. 12, 4-11).

Hemos escuchado decir en el Nuevo testamento que Cristo es la cabeza del


cuerpo (Ef. 1, 22-23). No es un error, sino el acierto de hacer ver que sólo esa
cabeza puede dirigir y gobernar al cuerpo. Son inseparables por la voluntad del
Señor, su Cabeza tiene cuerpo, el cuerpo de la Iglesia tiene cabeza: Cristo.
Podemos traer aquí la alegoría de la vid y los sarmiento del evangelio de Juan
(Jn. 15, 1-5) y entender cómo es la vid quien da vida a los sarmientos y como
estos se nutren y permiten que los frutos crezcan y se recojan.

Un Cuerpo que tiene cabeza, pero le llamamos al tiempo “místico” No es errada


tal expresión para mostrar que así como Cristo es la cabeza, el Espíritu es el
que vivifica dicho cuerpo, porque es el alma, es el que “nos lo enseñará todo”.
Afirma San Pablo: el Espíritu de Dios "habita en vosotros" (Rom. 8,9) y
escribiendo a los corintios: "¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del
Espíritu Santo, que habita en vosotros, Espíritu que habéis recibido de Dios y
que no sois vuestros?" (I Cor. 6,19).

Siempre será el Espíritu Santo en la Iglesia el principio de lo vital, al tiempo de


lo sobrenatural. Un cuerpo místico lleno del “járis” del Espíritu es un centro de
espiritualidad frenética para la vida de los miembros que forman ese cuerpo.
Una Iglesia de misterios inefables, pero que humanizan en sí la historia de la
humanidad. Un Cuerpo que místicamente conlleva los frutos del Santo como
son “caridad, alegría, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, continencia (Gál. 5, 22-23).
Debemos decir que sólo el Espíritu Santo podrá conformar y unificar ese
Cuerpo eclesial en la voluntad del Cristo total. De ahí, con esa asistencia
espiritual, el Cuerpo místico de la Iglesia en nombre del Maestro puede
enseñar, gobernar y santificar. Si la Iglesia es infalible en su doctrina lo debe al
Espíritu Santo (Jn. 16, 12-15); si santifica con los sacramentos es por el
Espíritu Santo (Jn. 3,5; 20, 22-23); si gobierna según los preceptos revelados
es también por el Espíritu Santo (Lc. 24, 48-49).

Pero ante tanta perfección del Espíritu en este Cuerpo eclesial, que falible,
temporal y rebelde, ¿cómo entender que es el Cuerpo de Cristo? Porque la
imperfección de sus miembros así como la perfección se unen en una batalla
por la fidelidad. Es Cristo quien puede santificar por el Espíritu a este Cuerpo
de la Iglesia para que sea fiel y sea espacio de santificación.

No debemos desanimarnos al vernos tocado por el pecado, ya que no


podemos olvidar que “si abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. Siempre
será la Iglesia un don de Dios, no una encarnación de prolongación, sino el
lugar donde se mantiene esa experiencia redentora salvífica para el hombre. El
bautismo será el proceso vital de la vida del hombre que desea conversión y
que busca coherencia en su modo de vivir la fe en Cristo. Estar en la Iglesia y
formar el cuerpo de Cristo en el mundo es una exigencia para los que desean
formarse como discípulos del Señor.

Permanecer en la Iglesia exige aceptar las verdades de fe y obedecer a la


legítima autoridad. Porque esta garantía es la que nos permite reconocernos
como el Cuerpo místico de Cristo.

También podría gustarte