ESCUELA DE CORRESPONDENCIA EMMAUS
ANGELOLOGÍA
EL ESTUDIO DE LOS ÁNGELES
La palabra “ángel” significa sencillamente “mensajero”, tanto en el Antiguo como en el Nuevo
Testamento. Se usa de forma especializada para designar a seres espirituales creados que
sirven a Dios o a Satanás. Así es como emplearemos este término aquí.
El Origen de los Ángeles
¿De dónde proceden los ángeles? ¿Cómo son? ¿Cuántas clases diferentes de ángeles hay? Dios
creó a los ángeles. En Juan 1:3, Juan nos dice que “todas las cosas por él fueron hechas” (por
el Verbo de Dios). Pablo es todavía más explícito: “Porque en él fueron creadas todas las cosas,
las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean
dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él”
(Colosenses 1:16).
Sabemos que Dios creó a todos los ángeles antes de crear los cielos y la tierra o el hombre,
porque los ángeles estuvieron en la creación (Ver Job 38:7). Hasta donde sepamos, nunca ha
habido otro acto de Dios de crear más ángeles, ni se reproducen los ángeles como lo hacen
los seres humanos (Ver Marcos 12:25). Fueron creados individualmente, y evidentemente todos
al mismo tiempo. Hasta la caída de Satanás, “querubín grande, protector”, todos los ángeles
eran fundamentalmente similares, al menos en lo que respecta a la santidad y la obediencia a
la voluntad de Dios. Cuando cayó, muchos ángeles le siguieron en su rebelión, aunque
miríadas permanecieron leales a Dios. Estos últimos son los ángeles “no caídos”.
Los Ángeles No Caídos
¿Quiénes son los ángeles que resistieron a la tentación de seguir a Satanás? La razón y la
experiencia humana no nos pueden decir nada de estas cosas; solo la revelación de Dios en la
Biblia puede mostrar lo que son los seres angélicos y lo que hacen. Los ángeles son llamados
“espíritus” (Hebreos 1:7, 14), y los ángeles buenos reciben el nombre de “santos” (Marcos 8:38).
No tienen cuerpos físicos y por lo general son invisibles para los hombres: “Un espíritu no
tiene carne ni huesos” (Lucas 24:39). Pero en ocasiones los ángeles se han aparecido a los
hombres en forma humana para hacer la voluntad de Dios (Génesis 19:1, 5; Hebreos 13:2). Los
ángeles “son mayores en fuerza y en potencia” que el hombre. En rango, el hombre fue hecho
un poco menor que los ángeles (Salmo 8:5). Por Hebreos 2:9 se ve que los ángeles son
inmortales, es decir, no pueden morir como los hombres mueren. Así, los ángeles son espíritus
personales, creados sin pecado por Dios con el propósito de servirle.
Los ángeles son mencionados cientos de veces tanto en el Antiguo como en el Nuevo
Testamento. Se emplean diversas palabras para describir las diferentes categorías de ángeles.
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El arcángel o ángel principal se llama Miguel (Daniel 10:21; Judas 9). Su ministerio se relaciona
especialmente con Israel. El único otro ángel bueno que es nombrado en las Escrituras es
Gabriel (Daniel 8:16; Lucas 1:19, 26). Los serafines o “ardientes” se mencionan solo en Isaías 6,
donde aparecen como guardianes del Santo Trono de Dios. Los querubines se mencionan por
primera vez en Génesis 3:24, y guardan el camino al árbol de la vida. Su obra está así
particularmente asociada con la justicia de Dios. Se ven imágenes de querubines en el
tabernáculo (Éxodo 25:18), en el templo de Salomón (1 Reyes 6:23) y en el templo de Ezequiel
(Ezequiel 41:18). Ni los serafines ni los querubines son designados de forma específica
como ángeles, pero por lo general se consideran como tales.
En el Antiguo Testamento encontramos la frase el ángel del SEÑOR. En algunos de los pasajes
en que aparece esta frase queda claro que el ángel o “mensajero” de que se trata es divino
(por ejemplo, Génesis 16:11, 13; Éxodo 3:2, 4). Un estudio cuidadoso de todos los pasajes
donde aparece revelará que el ángel del SEÑOR es el Señor Jesucristo en “teofanías”
preencarnadas o manifestaciones visibles de la deidad. Como revelación de Dios (Juan 1:18), es
apropiado que la segunda persona de la Trinidad sea quien revele a Dios también en el
Antiguo Testamento. Es maravilloso que Aquel que en la encarnación se complació en adoptar
forma de siervo tuvo a bien en actuar como “el mensajero del SEÑOR”.
Los ángeles buenos, confirmados en santidad al resistir el llamamiento de Satanás a seguirle,
son ahora los ministros (siervos) de Dios y de su pueblo. Lo mismo que los hombres, los
ángeles tienen intelecto (2 Samuel 14:20; comparar 1 Pedro 1:12 y Éxodo 25:20-22),
sensibilidad (Marcos 8:38; Lucas 15:10) y voluntad (Isaías 14:13, 14—donde se refiere a
Satanás). Debido a estas características, y también a su fortaleza (Salmo 103:20) y gran número
(Mateo 18:10; Apocalipsis 5:11, 12), pueden ayudar a los hombres según Dios los dirige.
Con referencia a Cristo, los ángeles han tenido un amplio ministerio. En la creación alabaron a
Cristo (comparar Job 38:4-7 y Juan 1:3). Predijeron al heraldo de Cristo (Lucas 1:13-17) y el
nacimiento del Salvador mismo (Lucas 1:30-38), y anunciaron a los pastores el nacimiento de
Cristo (Lucas 2:10-12). En la tentación sirvieron a nuestro Señor (Marcos 1:13; Mateo 4:11), y en
Getsemaní le fortalecieron (Lucas 22:43) y estuvieron dispuestos a defenderle (Mateo 26:53). En
la resurrección hicieron rodar la piedra para dejar que los testigos entrasen en el sepulcro
vacío—Cristo ya había resucitado (Mateo 28:2-4). Guardaron la evidencia de la resurrección
(Juan 20:12, 13) y anunciaron la resurrección (Lucas 24:4-7) a los seguidores de Jesús. En
Hechos 1:10, 11, los ángeles predijeron la segunda venida de forma similar a la partida de
Cristo mediante la ascensión. Ahora, durante la actividad actual de Cristo a la diestra de Dios,
los ángeles buenos tienen interés en el evangelio y se regocijan cuando se salvan pecadores (1
Pedro 1:12; Lucas 15:10). Tendrán un papel destacado en la venida de Cristo para reinar y
juzgar (Mateo 13:39, 41, 49, 50; 2 Tesalonicenses 1:7-10; etc.). El libro de Apocalipsis tiene
muchos casos de ángeles que administran el juicio divino.
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Además de adorar y servir a Dios, los ángeles también ministran a los hombres y a las
naciones. Miguel es el defensor especial de Israel (Daniel 12:1) y reunirá a aquella nación en la
segunda venida. El Antiguo Testamento está repleto de ejemplos de ministraciones de ángeles.
Daniel es un libro con hechos interesantes acerca de la actividad de ángeles, especialmente en
relación con las naciones. El libro de Hechos presenta muchos ejemplos de ángeles que dieron
revelaciones, liberación y guía a los primeros cristianos (por ejemplo, 1:9-11; 5:19, 20; 8:26-29;
10:3-6; 12:7-10). En la actualidad, según Hebreos 1:14, son espíritus ministradores para los
salvos. Ellos desean contemplar el orden piadoso de la iglesia local (1 Corintios 11:10; 1
Timoteo 5:21) y son guardianes de los niños (Mateo 18:10).
En vista de la importante obra de los santos ángeles, los cristianos deberían hablar
respetuosamente acerca de ellos y tomarse en serio su existencia. Ni el extremo de ofrecer
culto a los ángeles (Colosenses 2:18) ni las bromas superficiales o una actitud de incredulidad
deberían caracterizar al creyente informado.
Satanás
En la narración de la tentación y de la caída del hombre en Génesis 3, aparece un malvado y
malevolente seductor en forma de serpiente. Así es como entra el pecado en el mundo, y la
muerte por el pecado. Pero, ¿de dónde procedió este pecado, y quién lo causó? Sabemos que
Dios lo creó todo para su gloria. Él creó algunos seres con una voluntad libre. Tanto los
ángeles como los hombres pueden escoger hacer lo bueno o lo malo. Algunos de estos seres
libres abusan de sus privilegios y desobedecen a su creador. Esto queda demostrado por la
existencia de criaturas como Satanás, los ángeles caídos y los hombres pecadores. Podemos
estar seguros que Dios no los creó en este estado. Jesús llamó a Satanás “homicida desde el
principio” (Juan 8:44). Con esto se refiere al principio de la rebelión de Satanás contra Dios, no
al momento en que Dios creó a Satanás.
Hay dos importantes pasajes en los profetas que se cree generalmente que se refieren a la
caída original de Satanás. Isaías 14:12-20 se dirige en principio contra el rey de Babilonia (v. 4).
Ezequiel 28:11-19 se dirige al rey de Tiro. Pero en Ezequiel 28:2 el Espíritu, por medio de
Ezequiel, habla al príncipe de Tiro, como si las palabras en los versículos 11-19 están
destinadas al poder detrás del trono, esto es, al mismo Satanás.
No cabe duda que los enemigos de Israel (Babilonia y Tiro) estaban dirigidos por Satanás. En
estos dos pasajes poéticos y proféticos los inspirados ojos de los siervos de Dios miran más
allá del velo del gobierno humano. Los reyes de Babilonia y de Tiro son contemplados como
evidentes tipos de Satanás. Hay muchos detalles que no podrían aplicarse a ningún mero
hombre. (El mismo principio es de aplicación a otros pasajes, especialmente en el libro de los
Salmos, que superficialmente se refieren a un hombre piadoso, pero que al contemplarlos más
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estrechamente evidentemente se refieren al mismo Cristo.) Con esta base interpretativa
aprendemos varias cosas acerca de Satanás. Él fue llamado Helel, en hebreo (“Portador de la
luz”), lo que se traduce como “Lucero” (Isaías 14:12). Tenía una alta posición de confianza y
estaba lleno de hermosura y sabiduría (Ezequiel 28:12-15). Satanás recibió el encargo de parte
del universo. El pecado entró en la creación de Dios por primera vez cuando el corazón de
Satanás se llenó de soberbia. Dijo: “Subiré…, levantaré…me sentaré,…seré semejante al Altísimo”
(Isaías 14:13, 14).
Muchos ángeles, quizá una tercera parte de ellos (Apocalipsis 12:4), se pusieron del lado de
Satanás, compartieron en su pecado y cayeron con él: Por ello fueron inmediatamente
excluidos de la presencia inmediata de Dios, que no puede tolerar el pecado en absoluto. Su
juicio definitivo es todavía futuro, pero totalmente cierto (Isaías 14:12, 15; Apocalipsis 12:4, 9).
La Biblia nos habla mucho acerca de Satanás. Se puede saber de su obra, carácter y
personalidad observando sus varios nombres en las Escrituras. En Isaías 14:12, antes de su
caída, Satanás es llamado Lucero, el “hijo de la mañana”. La verdadera Estrella de la Mañana es
nuestro Señor Jesucristo mismo (Apocalipsis 22:16).
Es llamado el Maligno y como tal arrebata la buena semilla del evangelio (Mateo 13:19) y
siembra cizaña (13:28, 39). Arroja dardos encendidos a los santos, pero éstos pueden apagarse
por la fe (Efesios 6:16). Incluso ahora los creyentes pueden vencerle y guardarse a sí mismos
de modo que él no puede tocarlos (1 Juan 2:13; 5:18). El Maligno aparece en total oposición a
Dios en todas las cosas.
Se le llama la Serpiente. En Génesis 3:1-5 la serpiente mintió a Eva. En Génesis 4, Caín, que era
“del maligno” (1 Juan 3:12), asesinó a su hermano. Jesucristo dijo que el diablo es “homicida
desde el principio,…y padre de mentira” (Juan 8:44). En la Serpiente vemos sutileza y un odio
venenoso. Algo similar, aunque de sentido más violento, es el término “dragón” (Apocalipsis
12:3, 7, 9; 20:2).
Se le llama Satanás. Esta es una palabra hebrea que significa “adversario”. Satanás está
siempre opuesto a Dios y a su pueblo. A veces su oposición es abierta, como cuando Satanás
anda alrededor como león rugiente (1 Pedro 5:8). A veces se disfraza como un ángel de luz (2
Corintios 11:14). El constante propósito de Satanás a lo largo de su historia, tal como se revela
en la Biblia, parece ser el de oponerse a Dios en su propósito para el universo, en especial por
lo que respecta al hombre.
Uno de sus principales nombres es el Diablo. Esta palabra procede del griego y significa
“acusador”, “calumniador”, y se emplea de los hombres en 2 Timoteo 3:3 (griego). Se emplea
de Satanás en cuatro formas diferentes.
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Acusa a los hombres ante Dios. Por ejemplo, dijo que Job no servía a Dios de balde (Job 1:9).
Él acusa a los hermanos delante de Dios día y noche (Apocalipsis 12:10).
Acusa a Dios delante de los ángeles del cielo (Job 1:6, 9) lanzando infundios contra el carácter
de Dios. Dice que Dios mostraba favoritismo hacia Job. Que esto constituye un ataque contra
el justo gobierno de Dios se puede ver al considerar los antecedentes. Dios había echado del
cielo a Satanás y a muchos otros ángeles por el pecado de rebelión. Satanás implica que esto
es injusto, y que Dios actúa caprichosamente porque no juzga los pecados del hombre en el
acto. Uno de los grandes propósitos de la creación y de la redención del hombre es que Dios
acalle para siempre las falsas acusaciones de Satanás de que Dios es injusto.
El diablo acusa también a Dios delante del hombre (Génesis 3:5). Dice que Dios es celoso y
egoísta al no querer que el hombre conozca el bien y el mal. El diablo quiere que dudemos
del amor de Dios. Los hombres critican a Dios por dejar que las personas sufran y por muchas
otras cosas. En esto están haciéndose partícipes de la obra del diablo.
El diablo nos acusa a unos delante de otros. Por ejemplo, él sabía que ganaría ventaja sobre
Pablo y los Corintios si conseguía sembrar el desacuerdo o los malos entendidos (2 Corintios
2:11). Pablo no ignoraba sus maquinaciones. La división entre el pueblo del Señor ha
estorbado mucho la difusión del evangelio.
Se le llama el Tentador. Satanás tuvo un gran éxito en su tentación de Adán y Eva. Apeló a los
deseos de la carne (“bueno para comer”), a los deseos de los ojos (“agradable a los ojos”) y a
la vanagloria de la vida (“codiciable para alcanzar la sabiduría”) (Génesis 3:6). Estas tres cosas
son decididamente “no…del Padre” (1 Juan 2:16).
Adán y Eva fallaron la prueba y cayeron en pecado. Miles de años más tarde el tentador probó
estas mismas tácticas con el último Adán, el Señor Jesucristo. Dijo a Jesús: “Di a esta piedra
que se convierta en pan” (deseo de la carne). Luego siguió con: “A ti te daré toda esta
potestad, y la gloria de ellos” (deseo de los ojos). Finalmente, dijo: “Si eres Hijo de Dios, échate
de aquí abajo” (vanagloria de la vida). Los mayores esfuerzos del tentador resultaron en su
más grande fracaso. Cristo no quiso ni podía pecar. Toda la historia se narra en Lucas 4:1-13.
Ver también Mateo 4:1-11 y Marcos 1:12, 13.
Varios de los otros nombres de Satanás se pueden agrupar: Beelzebú, príncipe de los
demonios (Mateo 12:24); el príncipe de la potestad del aire (Efesios 2:2; 6:12); el príncipe de
este mundo (Juan 12:31; 14:30; 16:11); y el dios de este siglo (2 Corintios 4:4). Estas
descripciones sugieren la mayor actividad de Satanás entre los hombres: gobernando y
engañando este mundo, especialmente por medio del establecimiento y difusión de la falsa
religión. Cada falsa religión en el mundo, así como cada secta y error en la Cristiandad, puede
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considerarse como parte del esfuerzo concentrado de Satanás por poner algo que no sea
Cristo como el objeto del amor y de la devoción en el corazón del hombre.
Satanás es un ser personal, poderoso, con una astuta inteligencia, sentimientos personales, y
una voluntad propia. El concepto moderno que el diablo es meramente una “personificación
del mal” es totalmente insostenible a la luz de los hechos. Lo cierto es que una de las mejores
pruebas de su actividad satánica personal en este mundo moderno es que ha embaucado a las
masas para que no crean en su existencia y que ridiculiza a los que aceptan el testimonio de la
Biblia. El diablo es caricaturizado como para hacer de él un objeto de bromas. Pero si no hay
un diablo personal, ¡uno puede preguntarse maravillado quién está dirigiendo de forma tan
diestra su programa en este mundo pecaminoso en la actualidad!
Los Ángeles Caídos
Una enseñanza bíblica que es todavía más ampliamente descreída que la existencia de Satanás
es la existencia de demonios o de espíritus malignos, es decir, de ángeles caídos sueltos sobre
la tierra. Cuando recordamos que el diablo no es omnisciente, omnipotente ni omnipresente, y
que incluso Dios, que es todas estas tres cosas, emplea a sus ángeles para llevar a cabo su
tarea, no debería sorprendernos que Satanás emplee sus caídos seguidores para conseguir sus
fines deseados. Algunos de los que cayeron con Satanás están ya encadenados, esperando el
juicio (2 Pedro 2:4; Judas 6). Pero hay otros que son libres para servir la causa de Satanás,
poseer a personas, causar enfermedades (aunque desde luego no todas las enfermedades son
causadas por ellos) y atormentar a los hombres en otras formas. Estos demonios, o espíritus
impuros, estuvieron especialmente activos durante el ministerio de nuestro Señor sobre la
tierra. Todo el que niegue la realidad de estos espíritus malignos niega la credibilidad de los
relatos del evangelio y de las enseñanzas de Cristo. Marcos 5 es un pasaje clásico sobre
posesión demoniaca. En el mismo queda claro el hecho de que los demonios pueden causar
perturbaciones mentales, desean habitar en cuerpos de hombres e incluso de animales, y
tienen características racionales y personales. Se debería resaltar que los espíritus impuros no
son “diablos”. Hay solo un diablo, mientras que hay muchos demonios. Los demonios pueden
tener poderes sobrehumanos y darlos a hombres malvados (Deuteronomio 13:1-3; Mateo
24:24; Apocalipsis 13:13-15). Los dioses del mundo pagano, esto es, los espíritus malignos que
operan tras los ídolos, eran y son en muchos casos demonios (1 Corintios 10:20).
Cristo echó fuera demonios y dio a sus discípulos poder para echarlos fuera (Mateo 4:24; 10:1;
Hechos 19:12). No hay en ningún lugar indicación alguna que estos demonios fuesen irreales o
que fuesen meras obsesiones psicológicas de los poseídos. Se registran conversaciones reales
entre Cristo y los demonios. Misioneros de diversas partes del mundo han informado acerca
de casos bien acreditados de posesión demoniaca en la actualidad. Y las naciones “civilizadas”
no están exentas de esta influencia maléfica.
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No hay redención para los ángeles caídos, a diferencia del hombre caído. Es probable que los
ángeles supieran qué riesgo corrían cuando siguieron a Satanás, y pecaron contra una mayor
luz y privilegio.
El diablo mismo será echado fuera del cielo—de su acceso a la presencia de Dios para acusar
a los hermanos—y causará devastaciones sobre la tierra durante la gran tribulación,
especialmente contra Israel (Apocalipsis 12:13-17). Durante el milenio, Satanás será
encadenado en el abismo (Apocalipsis 20:1-3). Después del milenio, encabezará una breve pero
violenta rebelión contra el gobierno del Rey y contra su pueblo (Apocalipsis 20:7-9), y será
finalmente arrojado al lago de fuego y azufre (v. 10). Allí será atormentado “día y noche por
los siglos de los siglos”.
Los ángeles que se rebelaron contra un Dios santo y justo en compañía del soberbio Satanás
serán juzgados y echados en el lago de fuego preparado para el diablo y para sus ángeles. Allí,
junto con todos los que rechazaron a Cristo y siguieron a Satanás (tanto si se trata de
seguidores decentes y religiosos como de seguidores inmorales), sufrirán un castigo eterno por
su terrible pecado y culpa (Mateo 25:41). Es el solemne y terrible futuro que ningún ser
humano tiene que afrontar si tan solo deposita su confianza en Cristo solo como su Redentor.
Cierto, ¡deberíamos estar agradecidos de que Dios haya proporcionado redención para el
hombre caído, para que podamos tener vida eterna por la fe en su Hijo!
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