Los sulfitos son unos derivados del azufre que se emplean
como aditivos por sus propiedades conservantes, antifúngicas,
antimicrobianas y antioxidantes. La polémica que ha surgido
en torno a sus efectos para la salud ha llevado a
demonizarlos. Buena prueba de ello es que algunas marcas de
alimentación proclaman en el empaquetado de sus productos
que están libres de estas sustancias.
Los dietistas-nutricionistas con los que se ha puesto en
contacto CuídatePlus aclaran las confusiones que han
emergido en el fragor del debate. Lo primero que puntualizan
es que no son nuevos. “Algunas de las propiedades de los
sulfitos son conocidas y se han empleado ya desde la antigua
Grecia”, asevera Raquel Ares, de la Junta Directiva del Colegio
Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Euskadi (Codine-Edineo),
miembro del Consejo General de Colegios Oficiales de
Dietistas-Nutricionistas (Cgcodn).
Los dietistas-nutricionistas con los que se ha puesto en
contacto CuídatePlus aclaran las confusiones que han
emergido en el fragor del debate. Lo primero que puntualizan
es que no son nuevos. “Algunas de las propiedades de los
sulfitos son conocidas y se han empleado ya desde la antigua
Grecia”, asevera Raquel Ares, de la Junta Directiva del Colegio
Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Euskadi (Codine-Edineo),
miembro del Consejo General de Colegios Oficiales de
Dietistas-Nutricionistas (Cgcodn).
Las ocho formas químicas de estos aditivos autorizadas en la
Unión Europea se nombran en el etiquetado con sus nombres
(dióxido de azufre, sulfito sódico...), seguidos de los números
E220 al E228.
¿Naturales o añadidos?
Otra aclaración importante es que los sulfitos se pueden
encontrar de manera natural en aquellos alimentos que han
sufrido algún tipo de fermentación, como el vino, la cerveza o el
pan. Daniel Ursúa, dietista-nutricionista y autor del
blog Nutrihabits, matiza que en esos casos “la concentración
es muy baja; de hecho, en productos como el vino se añaden
como aditivo con el propósito de preservar su aroma y sabor”.
Los principales grupos de alimentos y bebidas en los que se
añaden de manera intencionada son los siguientes:
Vinos, mostos y sidras (evitan el crecimiento de bacterias,
mohos y levaduras).
Crustáceos (previenen el oscurecimiento, que produce rechazo
en el consumidor).
Frutas desecadas (mantienen el color); productos cárnicos
preparados (carne picada, salchichas frescas y otros, para
conservarlos y mantener el color rosado y fresco).
Otros productos (purés de patata deshidratados, patatas crudas
ya cortadas para freírlas o cocerlas, algunas salsas...).
Riesgos para la salud
En lo que se refiere a la seguridad de los sulfitos, los
nutricionistas son tajantes. “Por definición, cualquier aditivo
alimentario debe cumplir los requisitos de ser eficaz, inocuo y
necesario”, apunta Sheila Bustillo, también de la Junta
Directiva del Codine-Edineo. “Las cantidades de aditivos que
se añaden en la industria están totalmente controladas y la
cantidad máxima permitida está muy por debajo de la que
puede presentar algún problema”, reseña Ursúa.
No obstante, se ha observado que no son pocas las personas
que pueden presentar alergia o intolerancia a este tipo de
aditivos, que se manifiesta con problemas digestivos,
dificultad respiratoria o reacciones cutáneas. “Estas
personas deberán limitar o evitar los alimentos con este aditivo.
Por ello, todos los alimentos con una cantidad superior a 10
mg/Kg de sulfitos deben indicarlo en la etiqueta”, apostilla el
experto. Asimismo, algunas personas con asma pueden
experimentar un aumento de sus síntomas, pero los sulfitos no
tienen ningún efecto “sobre el feto en el caso de las
embarazadas ni tampoco provocan cáncer”.