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Clases de Venta en Subasta

Este documento describe los orígenes y evolución histórica de las subastas desde la Antigua Grecia hasta la Edad Media, así como las clases principales de subastas. Se distinguen dos tipos de subastas: las de naturaleza pública, organizadas por autoridades públicas, y las de naturaleza privada. Dentro de las públicas se incluyen las subastas judiciales y administrativas, mientras que las privadas son organizadas por particulares.

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Clases de Venta en Subasta

Este documento describe los orígenes y evolución histórica de las subastas desde la Antigua Grecia hasta la Edad Media, así como las clases principales de subastas. Se distinguen dos tipos de subastas: las de naturaleza pública, organizadas por autoridades públicas, y las de naturaleza privada. Dentro de las públicas se incluyen las subastas judiciales y administrativas, mientras que las privadas son organizadas por particulares.

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Clases de venta

en subasta

Informática
Jurídica
¿Qué es una subasta?
Orígenes de la subasta
Una subasta se puede definir como aquella venta que se realiza al mejor
postor u oferente. Para comprender el concepto, resulta oportuno analizar
los orígenes de este tipo de transacción para, posteriormente, analizar las
clases de subasta tradicional.

La práctica de las subastas en el mundo griego va unida al


concepto de economía. El origen histórico de la figura de la
subasta se remonta a la época de la Antigua Grecia siglo IV
a. C., donde se comenzó a utilizar el procedimiento de
subasta para llevar a cabo la venta de determinados bienes
con carácter público. Estas subastas de naturaleza pública,
que se efectuaban por medio de anuncios orales para llevar
a cabo la venta del botín militar y de los bienes públicos y
confiscados a los particulares, se caracterizan porque se
realizaban con la intervención de las autoridades y de los
funcionarios públicos. En éstas intervenía la figura de un
funcionario público en todo el proceso, el heraldo, con la
finalidad de garantizar la seguridad del mismo. Las subastas
estatales se llevaron a cabo también durante todo el tiempo
que duró el Imperio Romano. Dentro de la categoría de las
subastas estatales que se efectuaron durante este periodo,
destacan las subastas militares y las subastas públicas. Las
subastas militares fueron utilizadas en el proceso de la
expansión militar desde los primeros tiempos de la
República para llevar a cabo la venta de los botines y
prisioneros ganados en guerra. Las denominaciones “sub
hasta”, “sub corona” o “sub praecone” aluden la idea de que
la subasta se efectuaba en nombre de la autoridad estatal
romana. A partir de este referente militar, este
procedimiento, que hasta el momento tenía un carácter de
práctica consuetudinaria, comenzó a utilizarse para llevar a
cabo cualquier venta civil realizada bajo la intervención de la
autoridad pública, incluyendo a las ventas fiscales y a las
ventas forzosas patrimoniales. En esta evolución de la
subasta en la época romana se pueden señalar tres etapas
que coinciden con las tres etapas que tradicionalmente se
señalan en relación a la evolución del Procedimiento civil en
el Derecho Romano. En una primera etapa, la subasta se
reguló en las legis actiones, en la Ley de las XII Tablas, por
medio de la acción legis actio per pignoris captionem como
un medio de enajenación forzosa de determinados bienes
del deudor mediante un acto de licitación pública. En el siglo
II a. C (año 118 a. C) la subasta se contempla en el Derecho
Romano a partir del procedimiento formulario por medio de
la institución de la bonorum venditio. Finalmente, la
evolución de la figura de la subasta en el Derecho Romano
se desarrolla en el siglo III d. C. en el ámbito del
procedimiento extraordinario (cognitio extra ordinem). En el
Derecho Romano la subasta, tanto la pública como la
realizada en la esfera privada, constaba de tres fases:
anuncio, puja y adjudicación. El anuncio oral o proscriptio
hacía referencia a la publicación de un anuncio escrito y era
utilizado tanto en las subastas públicas como en las
privadas. La proscriptio se llevaba a cabo mediante la
publicación de un cartel escrito que se exponía en el lugar
donde tendría lugar la venta acompañado de una
proclamación oral de praeco. La puja o licitatio tanto en las
subastas militares como en aquellas desarrolladas en ámbito
privado tenían en común la coincidencia espacio temporal
de la licitatio entre los competidores. Por último, se llevaba
a cabo la fase de la adjudicación, que se efectuaba por el
praeco a favor de la aceptación de la mejor oferta efectuada
en la fase de la puja oral. En cuanto a las formas de pago a
partir del cual se adquiría la propiedad sobre el bien
adjudicado, éste se hacía efectivo mediante la entrega de
una cantidad generalmente prometida por el comprador y
establecida en un contrato escrito vinculante, el cual incluía
las condiciones y los plazos de pago. Esta suma o cantidad
además solía ser asegurada a través de la entrega de una
garantía o prenda. En este sentido, era muy frecuente en la
práctica, la presentación de garantías en las relaciones
financieras y comerciales, incluida en la venta mediante
subasta, donde la garantía implicaba la aceptación de un
pago a término o de un crédito por parte del vendedor. Con
la caída del Imperio Romano, los textos jurídicos más
importantes que regulan la venta mediante subasta en esta
época son el Breviario de Alarico y en el Líber Iudiciorum. En
ambos textos se contempla la subasta únicamente como
procedimiento de venta forzosa de los bienes del deudor
incumplidor, llevada a cabo con la intervención de la
autoridad pública y para la consiguiente satisfacción del
acreedor. Durante los siglos VIII a XIII de la Alta Edad Media
la subasta fue regulada en algunos Fueros locales bajo la
expresión de “almoneda”, aunque de forma fragmentaria,
incompleta y solo determinados aspectos muy concretos de
la misma. La regulación más completa de la subasta en el
Derecho Civil romano fue posteriormente recogida en el
Fuero Juzgo promulgado en el año 653, previa presentación
al Concilio VIII de Toledo; en el “Fuero Viejo de Castilla”, que
fue una colección formada durante el reinado de Alfonso VIII
y posteriormente reformada y publicada por el rey Don
Pedro en el año 1356. En el Fuero Juzgo se regula la subasta
como un procedimiento de venta forzosa, concretamente en
la Ley III del título VI del Libro V, bajo la rúbrica “Del penno
que es dado por debda”. Con posterioridad, la subasta se
reguló en el Fuero Real, promulgado por el Rey Alfonso X El
Sabio en el año 1255, en el Libro tercero, título vigésimo, Ley
primera, bajo la denominación de las deudas y de las pagas,
como medio de venta forzosa de los bienes del deudor
incumplidor. Siguiendo los textos precedentes señalados, la
venta por medio de subasta también fue objeto de
regulación en las Partidas como medio de venta forzosa de
los bienes del deudor y como sistema de reparto del botín
de guerra. En el periodo histórico posterior al Derecho
romano la figura de la subasta se reguló en la Nueva
Recopilación de 1567 y la Novísima Recopilación de 1805. En
ambos textos se regula la subasta únicamente como medio
de ejecución forzosa patrimonial, caracterizado por la
intervención del juez en el desarrollo del procedimiento.
Asimismo, en ambos textos se especificaba que la almoneda
debía de ir precedida de los oportunos apercibimientos
previos que eran necesarios antes de proceder a la venta
como medio de darle publicidad, pero sobre todo como
medio de garantía del deudor para su oposición a la misma.
(Asensi Merás, 2013, pp. 31-34).

Clases de subasta
Es posible afirmar que en los distintos ordenamientos jurídicos de los
países existe un conjunto de normas que regulan la enajenación de cosas a
través de la subasta. A nivel internacional y nacional, se observa dispersión
normativa y por ello, encontramos regulaciones para esta modalidad de
venta en códigos de procedimiento, en las leyes que establecen las normas
para ejercer como martillero.
De esta multiplicidad de normas que refieren a las subastas, se hace
necesario, para una mejor comprensión, clasificar para distinguir las
categorías que pueden establecerse en relación a los medios de venta por
subasta.
Siguiendo como criterio el órgano encargado de su organización y
desarrollo, podemos distinguir en una primera aproximación dos tipos de
subastas.

 De naturaleza pública. Podemos mencionar dentro de esta categoría


a las subastas ordenadas judicialmente y las subastas administrativas
(subasta inversa). Se caracterizan porque el subastador es una
autoridad pública o está investido de autoridad pública. En las
subastas administrativas que están regidas por las normas de
procedimiento administrativo, se utiliza este medio tan particular en
los procesos de licitación, en donde, por ejemplo, la administración
pública concederá la ejecución de una obra pública a quien proponga
el precio menor.
Las subastas judiciales son ordenadas y dirigidas por un juez
competente, proceden para satisfacer con el precio obtenido de la
adjudicación de un bien los créditos del deudor o cuando el dueño
del bien necesita enajenarlo a través de este medio y se lo solicita al
juez. Dentro de este tipo de subastas encontramos una
subclasificación:
o Forzosas: se regulan por las normas del derecho procesal civil y
surgen cuando existe una deuda por un crédito incumplido, por
tanto, con el dinero obtenido por la adjudicación en subasta de un
bien mueble o inmueble, se satisface dicho crédito.
o Voluntarias: dada en casos en que el propietario del bien
promueve ante el juez competente la enajenación por subasta.
Este tipo de subastas es el que corresponde cuando se pretende la
división de bienes hereditarios.

 De naturaleza privada. Las caracterizamos siguiendo a la autora Altea


Asensi Merás (2013):

Las subastas de naturaleza privada son aquellas en las cuales


la figura del subastador u órgano encargado de su ejecución
es una persona física o jurídica privada, es decir, que carece
de potestad o autoridad administrativa. De esta forma, las
subastas de naturaleza privada serán las que se organizan
por los particulares, los cuales, serán principalmente
empresarios, persona física o jurídica, que se dedican
profesionalmente al ejercicio de esta actividad. Conforme se
ha establecido anteriormente, las subastas de naturaleza
privada, en orden a su jurisdicción, sólo cabe que sean
voluntarias en cuanto que siempre tienen lugar a iniciativa
voluntaria del propietario del bien o vendedor y no se
efectúan para satisfacer de manera forzosa deuda alguna.
En función del tipo de mercado donde se lleve a cabo su
realización, cabe señalar dos modalidades de subastas de
naturaleza privada que se refieren a las organizadas por
comerciantes o empresarios mayoristas y las organizadas
por comerciantes o empresarios minoristas. Las subastas
realizadas por comerciantes mayoristas son aquellas ventas
voluntarias realizadas mediante una subasta pública, siendo
el objeto de dicha venta bienes ofertados al por mayor.
En concreto, las subastas que se realizan por comerciantes
mayoristas, tienen como características principales, además
de su naturaleza privada, puesto que se organizan por
empresarios que realizan una actividad de comercio al por
mayor, y por lo tanto su carácter es voluntario, que su
objeto suele ser la venta principalmente de un tipo
particular de bienes, tales como son los bienes perecederos.
El más claro tipo de este tipo de ventas lo constituyen las
denominadas subastas de pescado. Las subastas de pescado
son aquellas subastas en las cuales se oferta públicamente la
venta de pescado, a favor de quien ofrezca, mediante un
sistema de pujas, normalmente a la baja, y dentro de un
plazo concedido al efecto, el mejor precio en el curso de un
mismo acto. El otro tipo de subastas de naturaleza privada y
de carácter voluntario son las realizadas por comerciantes
minoristas. Este tipo de subastas se caracterizan por el
objeto de la venta, ya que tienen por objeto, por lo general,
bienes individualizados, determinados y de naturaleza no
perecedera, los cuales son adquiridos por el comprador al
detalle. Por otra parte, los elementos personales del
contrato son el vendedor empresario, que puede ser o no el
subastador privado, y el comprador, que puede ser un
particular o no. El ámbito más característico de las subastas
realizadas por comerciantes minoristas tiene lugar en el
mercado de venta de subastas de obras de arte y de otros
objetos de valor. A pesar de que tradicionalmente las ventas
de naturaleza privada celebradas en el ámbito del comercio
minorista se han celebrado siguiendo los usos y costumbres
del sector, la progresiva demanda del procedimiento de
subasta como mecanismo de adquisición de los objetos en el
comercio minorista, sobre todo a partir del desarrollo del
mercado del arte, propició que el legislador prestara una
mayor atención a esta modalidad de subastas procediendo a
su regulación jurídica en el ámbito del Derecho de la
contratación mercantil. (Pp. 41-43).
Naturaleza jurídica de los distintos tipos de subasta
Distintas posturas doctrinarias han manifestado posiciones respecto a la
naturaleza jurídica de la enajenación de bienes a través de subasta. Las
distintas opiniones, a su vez, se basan en la clasificación de las subastas que
abordamos previamente.
Es importante determinar la naturaleza jurídica de la venta por medio de
subasta no solo con fines doctrinarios y de aplicación legal, ya que la
finalidad práctica de esta caracterización es trascendental. Así, si la
naturaleza es contractual, por ejemplo, podremos aplicar supletoriamente
las reglas que rigen en la compraventa cuando existen situaciones no
contempladas por la ley específica.

Las subastas forzosas tienen, para la mayoría de la doctrina,


una naturaleza jurisdiccional. Los autores que mantienen
esta teoría, sostienen como argumento principal que las
subastas forzosas se caracterizan por la ausencia de
voluntad de las partes en relación a la celebración de dicha
venta. A este argumento se añaden otros dos: que en las
subastas forzosas el incumplimiento por el adjudicatario de
la obligación de pago del precio del remate no determina la
facultad del vendedor de resolver el contrato o de exigir su
celebración, sino que conlleva a la denominada situación
“subasta en quiebra”; y por otro lado, que el desarrollo del
procedimiento de enajenación de las subastas forzosas está
sujeto a normas indisponibles por las partes. No obstante, la
naturaleza jurídica jurisdiccional de las subastas forzosas no
excluye absolutamente la aplicación de las reglas de la
compraventa ordinaria o al menos todos sus efectos, como
sucede en el caso de las prohibiciones de comprar o el
régimen de saneamiento. Las subastas voluntarias, a
diferencia de las subastas forzosas, tienen naturaleza
contractual debido a que dan lugar a determinadas
relaciones jurídicas contractuales que se rigen por el
principio de voluntad de las partes, y ello con independencia
de que se trate de subastas voluntarias de naturaleza
pública o de naturaleza privada. Con respecto a las primeras,
se incluyen dentro de esta categoría las subastas judiciales
voluntarias y las subastas notariales voluntarias, en las
cuales la intervención del juez o del notario se reduce a
observar y hacer observar las reglas de enajenación fijadas
por el propietario del bien en el pliego de condiciones. Su
utilización como técnica de contratación es frecuente en
nuestros días. Con respecto a la naturaleza jurídica de las
subastas voluntarias de naturaleza privada, la doctrina ha
señalado que el procedimiento que se lleva a cabo para la
realización de las mismas, supone un mecanismo autónomo
de contratación, que se caracteriza por ser un
procedimiento complejo, con lo que no se no es posible
llevar a cabo una asimilación entre el procedimiento de
subasta con el procedimiento que se sigue para la formación
de un contrato por la concurrencia de una oferta y de una
aceptación. De esta forma, las subastas voluntarias se
identifican con un mecanismo de contratación al que
recurre quien desea colocar un bien en el mercado cuando
decide que el contrato se concluirá con quien presente la
mejor postura dentro de una licitación practicada con todos
los interesados en contratar. (Asensi Merás, 2013, pp. 54-
55).
Referencias
Asensi Merás, A. (2013). Régimen jurídico de las subastas
electrónicas. España: Tirant Lo Blanch.

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