LA ENERGÍA TAQUIÓNICA
La energia taquionica
La energía Taquiónica, también llamada energía cósmica sútil (ECOS)es "la
energía de la fuerza vital, infinita, sin dimensiones, sin una dirección precisa
que fluye a través de nosotros y a través de los espacios de las moléculas de
nuestro cuerpo".
En cuanto se refiere a energía, es llamada de punto cero ya que no tiene una
polaridad particular o frecuencia y por tanto puede ser aplicada a cualquier
espectro multidimensional de energía. El punto cero, representa el estado
potencial óptimo, equilibrio ideal u homeostasis.
El espacio no está vacío, está sumergido en un campo magnético muy
concentrado, compuesto de partículas que se mueven más rápido que la luz y
que constituyen una fuerza de energía libre colocada fuera del campo
magnético, independientemente de la luz y del sol.
Cuando no fluye esta energía, el organismo no se regenera, surgen molestias,
el cuerpo se deteriora y como consecuencia de esto, surgen bloqueos
causados por varias causas como: contaminación, estrés, radiaciones
electromagnéticas y mala alimentación.
Un poco de historia
La energía taquiónica se conocía ya desde hacía 7.000 años y a través del
paso del tiempo científicos la han estudiado como una fuerza vital que fluye a
través del universo, sólo que ha sido llamada de diferentes maneras.
En la India , ya desde el 5.000 a.C., esta energía universal, se
denomina Prana, fue considerada el principio básico y la fuente de la vida.
Antiguos textos indios, escritos hace 4.000 años, ya se dedicaban al uso
terapéutico de la energía vital.
Desde el 3.000 a.C , en China se conoce la existencia del Chi, o energía vital.
Para ellos, toda la materia del universo, animada o no, se constituye y se
impregna de esta energía.
En un texto chino que data del 2700 a.C., titulado Clásico de la Medicina
Interna, se encuentran algunos principios fundamentales de la medicina
energética.
En Japón esta energía se denomina Ki, término que designa la energía
dinámica y sutil, presente en todas las cosas.
En la literatura occidental, la existencia de la energía vital fue estudiada por
primera vez alrededor del 500 a.C. por los pitagóricos, según los cuales, ésta
podía producir efectos sobre el organismo en la cura de diversas
enfermedades.
Los antiguos egipcios conocían muy bien esta energía cósmica, a la que
llamabanSekhem. Hoy, la ciencia ha descubierto que las pirámides son
grandes acumuladoras energéticas, cuya energía vital se concentra a los 2/3
de altura, precisamente en la que fue la habitación del Rey.
Los griegos la llamaban Physis o Pneuma. Hermes, llamaba a esta energía
sutil-vital Telesma. Platón hablaba de Nous.
Los Sufìs la llamaron Barakah. Ellos también usaban su conocimiento para
curar o para prevenir las enfermedades.
Hipócrates hablaba de energías circulantes en el cuerpo y sostenía que la
enfermedad nace por los desequilibrios y las carencias de esta misma energía.
Paracelso, célebre médico del siglo XVI, la llamaba Acqueo o Iliaster y la
consideraba como una entidad compuesta de fuerza y materia vital, una
esencia radiante que podía curar las enfermedades. Sostenía que el cuerpo se
mantiene en vida por una sustancia sutil que funciona como materia y también
como energía. Acercándose a las enseñanzas de Paracelso, los dos grandes
físicos italianos, Luigi Galvani (1738-1798) y Alejandro Volta(1745-1827),
estudiaron por primera vez la relación entre la energía vital y la bioelectricidad.
Galvani, en particular, habló de una“fuerza vital” que animaba a los seres
humanos, y utilizando instrumentos para demostrarlo, halló esta presencia en
las células vivientes.
Entre 1920 y 1930, físicos como Seretzon, Stanyukovicz y Tesla, hipotizaron su
existencia y la posibilidad de convertirla en energía utilizable.
El estudioso francés Georges Lakhoysky, elaboró una teoría según la cual las
células son minúsculos circuitos oscilantes, capaces, de sintonizarse entre
ellos a través de flujos de energía electromagnética. La enfermedad, según
este extraordinario investigador, nace de perturbaciones que transforman y
deforman las vibraciones básicas de las células.
Lakhovsky, para demostrar sus teorías, construyó aparatos con los cuales,
según sus declaraciones, curaría graves casos de cáncer.
Wilhem Reich, estudió esta energía primordial, presente en todo el universo, la
energía desde la cual procede todo lo viviente y la llamó Orgon. Él demostró la
presencia objetiva de la energía orgónica utilizando instrumentos construidos
expresamente para este fin, como el orgonoscopio, mediante el cual podía
revelar la presencia del Orgon en el aire, el microscopio óptico, oportunamente
modificado, por medio del cual demostraba la energía orgónica en las células
vivientes, o el medidor del campo orgono-energético, apto para medir el campo
energético de los organismos vivientes. Reich, demostró que la energía
orgónica, no sólo interactúa con el campo físico, sino que es también parte
integrante de la energía-vida-biológica. Él entendió que esta energía aplicada
según ciertas modalidades, podría curar las células enfermas en los seres
vivientes; con este objetivo construyó un acumulador energético para
concentrar la energía cósmica necesaria para cargar objetos, pero sobre todo
como medio de carga energética para sujetos gravemente enfermos, logrando
documentar las mejorías de las condiciones generales de los pacientes.
El célebre físico Albert Einstein, con quien Reich tuvo un intenso intercambio
epistolar, consideró extraordinarios los descubrimientos de Reich, una
verdadera bomba tanto para la física como para la biología. En su ecuación,
Einstein dice: "No existen dos entidades físicas fundamentales (algo material e
inmaterial) sino sólo una: la energía. La masa no equivale a la energía: la masa
es energía”.
Con la teoría de la relatividad de Einstein, empezó la exploración del mundo
atómico y sub-atómico que puso en evidencia el hecho de que el núcleo y los
electrones ya no eran la unidad constitutiva básica de la materia, y que existían
componentes más pequeños: las partículas sub-atómicas. Cuando la
tecnología permitió a la exploración sub-atómica sobrepasar el umbral de
medida del núcleo atómico, se descubrió que a ese nivel las partículas y la
energía eran la misma cosa.
Gracias a la física de las partículas, sabemos que cada uno los componentes
principales del núcleo, protones y neutrones, están constituidos por tres
estructuras energéticas llamadas Quark. La teoría de la “cromodinámica
cuántica” considera al Quark como el constituyente básico de la materia, “el
ladrillo” del mundo material. Cada Quark no es otra cosa que un quantum de
energía con una forma dinámica rotatoria, que posee una velocidad de rotación
fantástica que determina la frecuencia electromagnética del núcleo. El Quark
es una partícula de energía con una masa pequeñísima y se suele ver como el
primer pasaje en el proceso que va desde la energía pura, sin masa, hasta la
materia. Para los hombres de ciencias se trata de una unidad energética muy
pequeña que muestra un comportamiento pulsátil, cuyo efecto determina la
energía. Esta unidad energética puede moverse mucho más rápido que la luz.
En 1966, Gerald Feinberg y George Sudershan, trabajando cada uno por su
cuenta, la llamaron Taquiónica, palabra que procede del griego y que significa
“alta velocidad”.
El entomólogo Philip Callahan, hizo la primera prueba experimental para
demostar la existencia de los taquiones. Los definió como partículas que se
mueven a una velocidad superior que la de la luz; luego la energía continúa
transformándose y se estructura en formas materiales, con las cuales
interactúa de diversos modos.
El investigador alemán Hans Nieper, veía el taquión como una forma de
energía ligeramente contraída o en un estado virtual en el que intenta ser
partícula; se encontraría pues, en una interfase entre energía y materia. En su
libro Revolution in Technology, Medicine and Society afirma que la existencia
de la energía taquiónica ha sido demostrada con absoluta certeza en 1975 y
que ésta revolucionaría el mundo Declaró también que en el futuro la ciencia
estaría en disposición de emplearla en beneficio del cuerpo, de la mente y del
espíritu.
El físico estadounidense Stokes, en 1970 elaboró la “Teoría del escudo”, en la
cual sostenía la existencia de una inmensidad de energía libre que viaja más
veloz que la luz. Este descubrimiento ha sido confirmado por unos estudios
hechos en laboratorios americanos gracias a los cuales se estableció la
existencia de partículas que viajan 3 veces más rápido que la luz.
El célebre físico de Alabama (USA), Stuhlinger, en 1972 dedujo que el efecto
“escudo” sólo se podía explicar por la existencia de un campo taquiónico. El
profesor Tiller, de la Universidad de Stanford, definió los taquiones como “las
fuerzas de la vida del universo” .El doctor Cousens ha escrito: “se trata de
campos que al mismo tiempo crean e infunden energía a las formas de vida.
Cuando se encuentran en el estado virtual, están en disposición de organizarse
en cada nivel del cuerpo humano, desde la estructura celular o sistema de los
órganos hasta el nivel de los cuerpos sutiles,o sea hasta la que se suele definir
como “consciencia cósmica”.
Erasmo Recami, Profesor de física teórica de Catania, en 1976 dirigió, en
Erice, el Congreso Mundial de Estudios Taquiónicos, en el cual participaron
muchos científicos.
Ernest Wall, en su libro The Physics of Tachion, describe como la energía de
punto cero, infinita y sin estructura, se condensa bajo forma de energía
taquiónica, que a su vez las SOEF convierten en frecuencias específicas que
se inmergen en el cuerpo humano, capaces así de invertir la entropía y
también el envejecimiento.
Los productos taquiónicos fueron inventados por un grupo de doctores que
investigaban la aplicación de la energía taquiónica en el campo médico.
En 1990 David Wagner se dio cuenta de lo que sería el proceso de
reestructuración a nivel submolecular de materiales naturales con el objetivo de
transformarlos en conductores de energía taquiónica. Hecho el primer aparato
taquiónico, Wagner empezó con los primeros experimentos con materiales
taquionizados.
En 1991 publicó sus primeros descubrimientos y fundó la Advanced Tachyon
Technologies. Ésta produce actualmente materiales taquionizados que
funcionan como antenas para detener la energía taquiónica obteniéndola
desde la omnipresente e infinita energía del punto cero (o energía primordial,
vital, sutil, orgánica, prana, chi, ki, electrodébil) que constituye nuestra fuente
de vida.
En su libro “Campo Tachionico”, la Dra. Maddalena Galliani, escribe: “La física
moderna ha demostrado que toda la materia se puede reconducir a la energía
que la crea y la hace vital”; por eso las células primarias que constituyen el
organismo humano tienen que quedar continuamente en contacto con la fuente
de vida constituida por el campo taquiónico. Sólo cargada continuamente por
una onda natural (compuesta por frecuencias medibles en milimicrón), la célula
mantiene una funcionalidad ideal para el trabajo que tiene que desempeñar.
“La energía taquiónica es, por lo tanto un catalizador natural del proceso de
autocuración, ya que induce a procesos homeostáticos de reequilibrio y permite
al cuerpo autoproducir efectos curativos”.
En el artículo Tachioni publicado por la Dra. Simonetta Albi (médico cirujano-
dentista), en la revistaArmonia e Salute naturale año IV N° 20, se lee: “Viendo
el universo lleno de energía taquiónica (energía vital, apolar), el ser humano
aparece vivo porque posee un receptor para esta energía, o sea la glándula
pineal (epífisis-chakra-corona). El estrés, la contaminación electromagnética y
las costumbres nocivas llevan a la disminución de su funcionalidad, se produce
por lo tanto, un incremento del desorden, del desequilibrio, de la entropía
positiva. La energía taquiónica, tiene la capacidad de acelerar los procesos de
reorganización; es decir, los fenómenos de neguentropía. Todo esto lleva a la
recuperación del bienestar energético.
Actualmente se siguen investigaciones en la Asociación Nacional de Estudios
RESET (Ricerca E Sviluppo Energia Tachionica) en Italia.
Para consultar : David Wagner y Gabriel Cousens, Iniciación a la Energía
Taquiónica; Campo Tachionico, Maddalena Galliani; Il campo del punto
zero, Lynne Mc Taggart.
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