Espíritu Santo en Teología Sistemática
Espíritu Santo en Teología Sistemática
GUÍA DIDÁCTICA
Unidad 1
SEMINARIO BÍBLICO AD sede Cúcuta
EXTENSIÓN BUCARAMANGA
Calle 5N #7AE-160 3138245624
info@[Link]
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
IDENTIFICACIÓN
1. El Espíritu Santo en la
UNIDAD DIDÁCTICA
Biblia.
DURACIÓN DE LA UNIDAD 6 Horas SESIONES 2-5
PROPÓSITO CLAVE
PC6. Contextualiza el mensaje cristiano, bíblico y pentecostal para transmitirlo con pertinencia y relevancia.
. Identifica el lugar del Espíritu santo en la teología sistemática, determina su naturaleza y explica su accionar
en el Antiguo Testamento.
BIBLIOGRAFÍA
Valdés, A. S. (2003). El Espíritu Santo (Guía de estudio). (A. E. Sipowicz, Trad.). El Paso, TX: Casa Bautista De
Publicaciones.
Pearlman, Myer (1992). Teología Bíblica y Sistemática. Miami. Editorial Vida.
Sperry Chaefer, Lewis. Teología Sistemática.
2
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
Algunos años atrás el maestro de un quinto grado preguntó a sus alumnos si uno de ellos era capaz
de explicar la electricidad. Un muchacho levantó la mano. El maestro le preguntó:
—¿Cómo lo explicarías, Jaimito?
Jaimito se rascó la cabeza un momento y luego replicó:
—Anoche lo sabía, pero esta mañana se me olvidó.
El maestro movió la cabeza con tristeza y dirigiéndose a los demás alumnos comentó:
—¡Qué tragedia! ¡La única persona en el mundo entero que ha logrado saber qué es la electricidad,
viene y se olvida!
La posición del maestro describe muy bien lo que ocurre cuando estudiamos la doctrina de la
Trinidad. Aceptamos el hecho de que el Espíritu Santo es Dios, tan Dios como Dios el Padre y tan Dios
como Dios el Hijo. Pero nos quedamos desconcertados cuando tratamos de explicarlo.
En estos últimos años la gente ha hablado y ha escrito más sobre el Espíritu Santo que sobre ningún
otro tema religioso, con excepción del ocultismo. Y esto ha ocurrido en gran parte por la influencia del
movimiento carismático, que ha sido denominado la “tercera fuerza” de la cristiandad, junto al
catolicismo y al protestantismo. El movimiento carismático más reciente, que hunde sus raíces en el
pentecostalismo histórico y hace hincapié en el Espíritu Santo, está ahora firmemente establecido en
la mayoría de las más importantes denominaciones y en el catolicismo. Tenemos conciencia de que es
un tema vastísimo del cual conocemos muy poco. Sin embargo, Dios en su Palabra nos ha revelado todo
cuanto nos hace falta saber.
Muchas preguntas han de surgir en este libro, cuyas respuestas buscan con ahínco perplejos y poco
avisados creyentes. El hecho es que hay millones de creyentes que ahora hacen estas preguntas. Buscan
y merecen respuestas bíblicas. Por ejemplo: ¿Qué es el bautismo del Espíritu Santo? ¿Cuándo tiene
lugar? ¿Es posible y necesario hoy en día hablar en lenguas? ¿Existe una experiencia a la que se ha
denominado “segunda bendición”?
Para iniciar nuestro estudio, debemos formular, desde el comienzo, una pregunta fundamental:
¿Quién es el Espíritu Santo?
“Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para
la obra a que los he llamado” (Hechos 13:2).
El Espíritu Santo intercede: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué
hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con
gemidos indecibles” (Romanos 8:26).
El Espíritu Santo testifica: “Cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu
de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26).
El Espíritu Santo dirige: “Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro” (Hechos 8:29).
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14).
El Espíritu Santo ordena: “Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el
Espíritu Santo hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu
no se lo permitió” (Hechos 16:6, 7).
El Espíritu Santo guía: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad;
porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas
que habrán de venir” (Juan 16:13).
El Espíritu Santo encomienda: “Mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os
ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos
20:28).
Al Espíritu Santo se le puede mentir: “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para
que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba
a ti?, y vendida ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los
hombres, sino a Dios” (Hechos 5:3, 4).
El Espíritu Santo puede ser afrentado: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que
pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere
afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:29).
El Espíritu Santo puede ser blasfemado: “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado
a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna
palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le
será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:31, 32).
El Espíritu Santo puede ser contristado: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios con el cual fuisteis
sellados para el día de la redención” (Efesios 4:30).
Cada una de las emociones y de los hechos que hemos señalado son propios de una persona. El
Espíritu Santo no es una fuerza impersonal, como lo es la gravedad o el magnetismo. Es una Persona,
con todos los atributos de la personalidad. Pero no es solamente una Persona; también es divino.
4
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de
obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” (Hebreos 9:14).
El Espíritu Santo es todopoderoso: “Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti,
y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será
llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35).
El Espíritu Santo está presente en todas partes (es decir, es omnipresente) al mismo tiempo: “¿A
dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?” (Salmo 139:7).
El Espíritu Santo todo lo sabe (es omnisciente): “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu;
porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las
cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de
Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Corintios 2:10, 11).
El Espíritu Santo es llamado Dios: “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para
que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba
a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los
hombres, sino a Dios” (Hechos 5:3, 4, cursivas indicadas por el autor).
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos
transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).
El Espíritu Santo es el creador: La primera referencia bíblica al Espíritu Santo la encontramos en
Génesis 1:2, donde se nos dice que “el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”. Pero en
Génesis 1:1 dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Y en el primer capítulo de Colosenses,
donde Pablo escribe a la iglesia de Colosas sobre el Señor Jesucristo, entre otras tremendas verdades
nos dice: “Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la
tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue
creado por medio de él y para él” (Colosenses 1:16, 17).
Así, pues, Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu Santo estaban juntos creando el mundo. El
entender y aceptar estos hechos reviste la mayor importancia para todo cristiano, teológica y
prácticamente.
Un día que hice estas afirmaciones sobre el Espíritu Santo a unos seminaristas, uno de ellos
preguntó: “¿Implica inferioridad el hecho de que habitualmente figura en último término?” Pero en
Romanos 15:30 no figura en último término: “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y
por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios”. Y en Efesios 4:4 dice Pablo: “Un cuerpo,
y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación”.
Pero más importante que lo anterior es el hecho de que el lugar que ocupan las tres personas de la
Trinidad en el Nuevo Testamento tiene que ver con su orden y función. Así, decimos que oramos al
Padre invocando el nombre del Hijo y en el poder del Espíritu Santo. Más aún, ya hemos demostrado
que funcionalmente primero figura el Padre, luego el Hijo se encarnó, murió y resucitó. Ahora el Espíritu
ejecuta su función en esta era del Espíritu. El orden de colocación nada tiene que ver con la igualdad,
sino solamente con la función y la cronología.
c. La Trinidad.
5
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
Cuando años atrás inicié el estudio de las Sagradas Escrituras, la doctrina de la Trinidad fue uno de
los más complejos problemas que tuve que encarar. Nunca lo he resuelto del todo pues contiene
algunos ingredientes de misterio. Y a pesar de no entenderlo totalmente hasta el día de hoy, lo acepto
como una revelación de Dios.
La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo es un ser viviente. Es una de las tres personas de la Santa
Trinidad. Explicar e ilustrar la Trinidad es una de las más arduas tareas que le toca desempeñar a un
cristiano. El doctor David McKenna me contó una vez que su hijito Doug le formuló una pregunta:
—¿Dios el Padre, es Dios?
Respondió:—Sí.
—¿Jesucristo, es Dios?
—Sí.
—¿El Espíritu Santo es Dios?
—Sí.
—Entonces, ¿cómo puede Jesús ser su propio Padre?
David pensó rápidamente. Estaban sentados en su viejo Chevrolet modelo 1958 en aquel momento.
—Escucha, hijo—contestó—. Bajo la capota del motor hay una batería. Puedo usarla para encender
las luces, hacer sonar la bocina y hacer arrancar el motor—y agregó—, cómo ocurre esto es un misterio,
¡pero ocurre!
La Biblia nos habla de la realidad de la Trinidad, tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.
Veamos algunos de los principales pasajes.
Dios despliega ante nosotros la revelación de sí mismo, en la Biblia, de manera progresiva. Pero hay
indicaciones, desde el comienzo del libro del Génesis, de que Dios subsiste en tres personas—el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo—y que estas tres personas constituyen un solo Dios. El cristianismo es
trinitario, no unitario. Hay un solo Dios, no tres, de modo que queda claramente sentado que la fe
cristiana no es politeísta.
La Biblia comienza con una majestuosa afirmación: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”
(Génesis 1:1).
Eruditos hebreos nos informan que en el idioma hebreo hay tres números: singular, uno; dual, dos;
plural, más de dos. La palabra que traduce “Dios” en Génesis 1:1 es plural, indicando con ello más de
dos. El vocablo hebreo que se usa en este primer versículo de la Biblia es Elohim. Matthew Henry dice
que significa “la pluralidad de personas en la Deidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este nombre plural
de Dios … (confirma) nuestra fe en la doctrina de la Trinidad, algo oscuramente insinuado en el Antiguo
Testamento, pero claramente revelado en el Nuevo”.
Como ya vimos respecto a la creación, desde el comienzo Dios nos permite atisbos del hecho de
que la Deidad consiste de más de una persona. Ponemos en cursiva algunas de las palabras clave. En
Génesis 1:26 Dios dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y
señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal
que se arrastra sobre la tierra”. Más adelante, en Génesis 3:22, Jehová dijo: “He aquí el hombre es como
uno de nosotros sabiendo el bien y el mal”. Y en Génesis 11:6, 7, el Señor dijo: “He aquí el pueblo es
uno, y todos éstos tiene un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo
que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno
6
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
entienda el habla de su compañero”. Cuando Isaías oyó la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré,
y quién irá por nosotros?” respondió “Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:9).
La doctrina neotestamentaria de la Trinidad aparece más plenamente desarrollada que en el
Antiguo Testamento. Ya que la revelación es progresiva, más luz está arrojada sobre este tema cuando
Dios se reveló más cabalmente a sí mismo en el tiempo de Cristo y los apóstoles.
La última orden de Jesús, antes de su ascensión, figura en Mateo 28:18–20. En ella ordenó a sus
seguidores que hicieran “discípulos a todas las naciones” bautizando a los convertidos “en el nombre
del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he
mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. Jesús les dijo que
luego de su partida desde esta tierra, sus seguidores habrían de llevar su mensaje del evangelio a todas
las naciones. El Espíritu Santo los utilizaría para formar un pueblo para su nombre. Esta comisión
trinitaria a bautizar mancomuna el Espíritu Santo con Dios el Padre y Dios el Hijo como su igual. El es
Dios el Espíritu Santo.
Es apasionante observar que Jesús dijo que los creyentes no serían dejados solos. Por medio del
Espíritu Santo que él y su Padre enviaron, jamás nos desamparará ni nos dejará (Hebreos 13:5).
Permanecerá con todos y cada uno de los creyentes hasta el final. Este pensamiento nos ha estimulado
mil veces en estos tenebrosos días cuando las fuerzas satánicas están desatadas en tantas partes del
mundo.
En esta misma línea de pensamiento el apóstol Pablo dijo: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor
de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros” (2 Corintios 13:14). Esta bendición
indica claramente que el Espíritu Santo es uno con el Padre y uno con el Hijo, en la Deidad. No es uno
más uno más uno igual a tres. Es uno por uno por uno igual a uno. El Espíritu Santo es uno con el Padre
y con el Hijo. Si el Padre es Dios, y Jesús es Dios, luego el Espíritu Santo también es Dios.
El principal problema relacionado con la doctrina de la Trinidad se refiere a la pretensión del
cristianismo de ser monoteísta. Rechaza el politeísmo, es decir, la creencia en más de un Dios. La
respuesta es que el trinitarismo preserva la unidad de la Deidad, y al mismo tiempo reconoce que hay
tres personas en esa Deidad que sigue siendo esencialmente una. Dios es uno, pero esa unicidad no es
simple sino compleja.
Es un tema dificilísimo que escapa a nuestras posibilidades mentales. No obstante ello, es de
importancia capital declarar lo que la Biblia sostiene, y callar donde la Biblia calla. Dios el Padre es
plenamente Dios. Dios el Hijo es plenamente Dios. Dios el Espíritu Santo es plenamente Dios. La Biblia
afirma lo anterior como un hecho. No lo explica. Sin embargo, se han intentado muchas explicaciones,
algunas de las cuales con grandes visos de realidad, pero que no se ajustan a la verdad de la enseñanza
bíblica.
Una de las herejías cristianas en la iglesia primitiva fue el “modalismo”. Enseñaba que Dios aparecía
en distintos momentos en tres diferentes formas, como Padre, luego como Hijo y finalmente como
Espíritu Santo. Quienes sostenían este punto de vista pensaban que preservaba la unidad del
monoteísmo. Pero también significaba que cuando Jesús oraba, hablaba consigo mismo. Más aún,
decir, como dice Hechos 2, que el Padre y el Hijo enviaron al Espíritu Santo, poco habla en favor del
modalismo. Y en última instancia, violaba la más clara presentación de la Trinidad en unidad, tal cual lo
expresa la afirmación de Jesús, registrada en Mateo, sobre la gran comisión. Fue Jesús quien dijo que
sus discípulos tenían que bautizar a sus convertidos “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
7
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
Santo”. La construcción gramatical en griego no deja lugar a dudas de que Jesús se refería a tres
personas distintas. Claramente enseñó la doctrina de la Trinidad.
Hemos visto que el Espíritu Santo es una persona, y es Dios, y es un miembro de la Trinidad. Las
personas que no reconozcan este hecho pierden toda su alegría y su poder. Claro está que una opinión
errónea respecto a cualquiera de los tres miembros de la Trinidad dará los mismos resultados porque
Dios reviste la máxima importancia. Pero resulta especialmente cierto respecto al Espíritu Santo,
porque si bien el Padre es la fuente de toda bendición, y el Hijo es el medio por el cual se canalizan
todas las bendiciones, es mediante la obra del Espíritu Santo, actuando en nosotros, que toda verdad
se torna viva y eficaz en nuestras vidas.
Lo más destacado que podemos decir como resumen es lo siguiente: nada hay de lo que Dios es
que no lo sea el Espíritu Santo. Todos los aspectos esenciales de la Deidad pertenecen al Espíritu Santo.
Podemos decir de él exactamente lo que se dijo de Jesucristo en el antiguo Credo Niceno: “¡Verdadero
Dios de verdadero Dios!” De modo que nos inclinamos ante él, lo adoramos, le acordamos toda
respuesta que la Sagrada Escritura requiere de nuestra relación con el omnipotente Dios.
¿Quién es el Espíritu Santo? ¡El Espíritu Santo es Dios!
Enumere tres pruebas a favor de la personalidad del Espíritu Santo. Explique la importancia de esta
verdad (e indique ocasiones en las cuales se nos olvida esto). Incluya evidencia del Antiguo
Testamento.
Provea evidencia de la deidad del Espíritu Santo. Incluya pasajes del Antiguo Testamento.
a. El Espíritu de Dios.
El Espíritu Santo es el poder ejecutivo de la Deidad, el cual trabaja en todas las esferas, tanto físicas
como morales. Por medio del Espíritu Santo, Dios creó y preserva el Universo. Por medio del Espíritu
Santo - "el dedo de Dios," Lucas 11:20 - Dios opera en la esfera espiritual, convirtiendo a los pecadores
y santificando y sustentando a los creyentes.
b. El Espíritu de Cristo.
Romanos 8:9. No existe una distinción esencial entre el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo y el Espíritu
Santo, porque hay un solo Espíritu Santo, como hay un solo Dios y un solo Hijo. Pero el Espíritu Santo
tiene varios nombres que describen sus diversos ministerios.
¿Por qué se llama al Espíritu Santo el espíritu de Cristo?
(1) Porque se le envía en el nombre de Cristo. Juan 14:26.
(2) Porque él es el Espíritu que envió Cristo. El Espíritu Santo es el principio de la vida espiritual, por el
cual los hombres nacen en el reino de Dios. Esta nueva vida del espíritu es impartida y mantenida por
Cristo, (Juan 1:12-13; Juan 4:10; Juan 7:38), quien también es el que bautiza con el Espíritu Santo. Mateo
3:11.
8
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
(3) El Espíritu Santo es denominado el Espíritu de Cristo porque su misión especial en esta edad es
glorificar a Cristo. Juan 16:14. Su labor especial está relacionada con aquél que vivió, murió, resucitó y
ascendió. Convierte en una realidad vívida en los creyentes lo que Cristo ha hecho para ellos.
(4) El Cristo glorificado está presente en la iglesia y en los creyentes por medio del espíritu Santo. El
Espíritu Santo hace posible y real la omnipresencia de Cristo en el mundo, (Mateo 18:20), y su morada
en los creyentes. La conexión entre Cristo y el Espíritu Santo, moran en el creyente (Gálatas 2:20), y
(Romanos 8:9-10), y el creyente "está en Cristo," y "en el espíritu." Gracias al espíritu Santo, la vida de
Cristo viene a ser nuestra vida en Cristo.
c. El Consolador.
"Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre." Juan 14:16.
La palabra Consolador ("paracletos," en el idioma griego) tiene el siguiente significado literal: uno
llamado al lado de otro para el propósito de ayudarle en cualquier forma, particularmente en
procedimientos legales y criminales.
Se le denomina "otro" Consolador porque iba a ser el Consolador invisible de los discípulos, de la misma
manera que había sido el Consolador visible. La palabra "otro" distingue al Espíritu Santo del Señor
Jesús, y sin embargo le coloca en el mismo plano. Jesús envía el Espíritu, y sin embargo viene
espiritualmente a los discípulos mediante el Espíritu Santo; el Espíritu Santo es de esta manera el
Sucesor de Cristo y al mismo tiempo constituye su Presencia. El Espíritu Santo hace posible y real la
presencia continuada de Cristo en la iglesia.
El envío del Consolador no significa que Cristo ha dejado de ser el Auxiliador y Abogado de su pueblo.
Juan nos dice que Jesús todavía ocupa ese cargo. 1Juan 2:1. Cristo, cuya esfera de labor está en el cielo,
defiende a sus discípulos contra los cargos del acusador de los hermanos. Al mismo tiempo el Espíritu
Santo, cuya esfera de actividad está en la tierra, reduce a silencio a los adversarios terrenos de la iglesia
mediante la victoria de la fe que vence al mundo. Y así como Cristo es el Paracleto en el cielo, el Espíritu
Santo lo es en la tierra.
d. El Espíritu Santo.
El Espíritu es llamado Santo porque es el Espíritu del Santo, y porque su principal obra es la santificación.
Necesitamos un Salvador por dos razones, a saber: para hacer algo por nosotros y para hacer algo
dentro de nosotros. Jesús hizo lo primero al morir por nosotros, y mediante el Espíritu Santo vive dentro
de nosotros, transmitiendo a nuestra alma su divina vida. El Espíritu Santo ha venido a reorganizar la
naturaleza del hombre y para oponerse abiertamente a todas las malas tendencias.
9
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
f. El Espíritu de verdad.
El propósito de la encarnación fue apelar al Padre; la misión del Consolador es la de apelar al Hijo. El
Espíritu Santo es el Intérprete de Jesucristo. No ofrece una nueva apelación, sino más bien aclara la
mente del hombre, capacitándole así para descubrir un significado más profundo en lo que respecta a
la vida y palabras de Cristo.
Así como el Hijo no habló de sí mismo, sino de lo que había recibido del Padre, así tampoco el Espíritu
hablará de sí mismo, como si fuera una fuente distinta de información, sino que declarará lo que oye
en esa vida interior de la Trinidad.
g. El Espíritu de gracia.
Hebreos 10:29; Zacarías 12:10. El Espíritu Santo da al hombre gracia para arrepentirse al contender con
él. Imparte el poder para santificación, para sufrir con paciencia y para servicio. El que hiciera afrenta
al Espíritu de gracia, ahuyenta a aquél que es el único que puede tocar o conmover el corazón, y por lo
tanto se aísla voluntariamente de la misericordia de Dios.
h. El Espíritu de vida.
Romanos 8:2; Apocalipsis 11:11. "Creo en el Espíritu Santo, el Señor, y Dador de la vida," reza un antiguo
credo. El Espíritu Santo es aquella persona de la Trinidad cuya función especial es la creación y
preservación de la vida natural y espiritual.
i. El Espíritu de adopción.
Romanos 8:15. Cuando una persona es salvada, no solamente se le da el nombre de hijo de Dios, y es
aceptado en la familia divina, sino que también recibe dentro de su alma la conciencia de que es
participante de la naturaleza divina. Al respecto, escribió en cierta oportunidad el obispo Andrews lo
siguiente: "Así como Cristo es nuestro testigo en los cielos, así también el Espíritu Santo da testimonio
aquí en la tierra a nuestros espíritus que somos hijos de Dios."
10
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
pero no «en» ellos. De la misma manera, no hay mención de la obra de sellar del Espíritu o acerca del
bautismo del Espíritu Santo antes del día de Pentecostés. De acuerdo con ello, podía anticiparse que
después de Pentecostés habría una obra mucho mayor del Espíritu que en las edades precedentes
1. SÍMBOLOS DEL ESPÍRITU.
Se ha dicho a menudo que "las palabras son a veces medios inadecuados para expresar la verdad. Y a
lo sumo, apelan en forma imperfecta las ocultas profundidades del pensamiento." Dios ha escogido
ilustrar con símbolos lo que de otra manera, y debido a la pobreza del idioma, jamás podríamos haber
sabido. Se emplean los siguientes símbolos para describir las operaciones del Espíritu Santo:
a. Fuego.
Isaías 4:4; Mateo 2:11; Lucas 3:16. El fuego ilustra la limpieza, purificación, arrojo vehemente y celo
producido por la unción del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es comparado al fuego porque el fuego
calienta, ilumina, purifica y se propaga. Lea Jeremías 20:9.
b. Viento.
Ezequiel 37:7-10; Juan 3:8; Hechos 2:2. El viento simboliza la labor regeneradora del Espíritu e indica
sus operaciones misteriosas, independientes, penetradoras, purificadoras y que imparten vida.
c. Agua.
Éxodo 17:6; Ezequiel 36:25-27; Ezequiel 47:1; Juan [Link] Juan 4:14. El Espíritu Santo es la fuente de agua
viva, la más pura, la mejor, porque él es el verdadero río de la vida cuya corriente impetuosa inunda
nuestras almas, limpiándolas del polvo del pecado.
El poder del Espíritu Santo hace en el terreno de lo espiritual, lo que el agua hace en el orden material.
El agua purifica, refresca, apaga la sed y convierte el campo estéril en tierra fructífera. Purifica lo que
está manchado y restaura la limpieza; es un símbolo muy apropiado de la gracia divina que no
solamente limpia el alma, sino que le añade belleza divina. El agua es un elemento indispensable de la
vida física; el Espíritu Santo es un elemento indispensable de la vida espiritual.
¿Cuál es el significado de la expresión "agua viva?" Es viva en contraste con las aguas estancadas de
cisternas o pantanos; es un agua que salta a borbotones y fluye siempre en comunicación con la fuente
o manantial del cual procede, y da siempre señales de vida. Si se echan estas aguas en un depósito, si
su corriente es interrumpida, o si se le corta de su manantial o fuente de origen, ya no puede recibir
más el nombre de agua viva. Los cristianos tendrán el agua viva solamente mientras están en contacto
su divina fuente, que es Cristo mismo.
d. Un sello.
Efesios 1:13; 2Timoteo 2:19. Esta ilustración presenta los siguientes pensamientos: (1) Propiedad. La
impresión del sello implica una relación con el propietario del mencionado sello y constituye una prueba
segura de que le pertenece. Los creyentes son propiedad de Dios y se sabe que lo son por el Espíritu
11
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
que mora en ellos. La costumbre que narramos era familiar en Éfeso en la época del apóstol Pablo: "Un
comerciante se trasladaba al puerto, seleccionaba cierta madera, y la estampaba con su sello, símbolo
de propiedad. Mas tarde enviaba a uno de sus siervos con el sello para que se hiciera cargo de la madera
que ostentaba la impresión de dicho sello." Lea 2Timoteo 2:19.
(2) La idea relativa a la seguridad está también involucrada. Efesios 1:13. Lea asimismo Apocalipsis 7:3.
El Espíritu inspira la tranquilidad y la seguridad en el corazón del creyente. Romanos 8:16. El Espíritu
Santo constituye las arras o un anticipo de nuestra herencia en los cielos, una seguridad de la gloria
venidera. Los cristianos han sido sellados, pero deben cuidarse de no hacer nada que pueda romper
ese sello. Efesios 4:30.
e. Aceite.
El aceite es quizá el más familiar y común de los símbolos del Espíritu. Toda vez que se usaba aceite en
los ritos del Antiguo Testamento, ello representaba utilidad, fructificación, belleza, vida y
transformación. Se usaba por lo común para alimentos, luz, lubricación, remedio y para aliviar la piel.
De igual manera, en el orden espiritual, el Espíritu fortalece, ilumina, libera, sana y alivia el alma.
f. La paloma.
La paloma, como símbolo, nos habla de dulzura, ternura, amabilidad, inocencia, suavidad, paz, pureza
y paciencia. Entre los sirios, es un emblema de los poderes dadores de vida de la naturaleza. Una
tradición judía traduce Génesis 1:2 de la siguiente manera: "El Espíritu de Dios como una paloma
cobijaba el haz de las aguas." Cristo habló de la paloma como la personificación de la inocencia, que
era el rasgo característico de sus propios discípulos.
2. SU OBRA.
El Espíritu Santo se revela en el Antiguo Testamento de tres formas, a saber: primero, en el Espíritu
creador o cósmico, por cuyo poder el Universo y todas las criaturas vivientes fueron creadas; segundo,
como el Espíritu dinámico o dador de poder, y tercero, como Espíritu regenerador, por el cual la
naturaleza humana es cambiada.
a. El Espíritu creador.
El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, por cuyo poder el Universo fue creado. El Espíritu
Santo se movía sobre la faz de las aguas y compartía así la gloria de la creación. Génesis 1:2; Job 26:13;
Salmos 33:6; Salmos 104:30. Al respecto, escribió en cierta oportunidad del Dr. Denio:
El Espíritu Santo, como Deidad inmanente (que habita) en toda la creación, manifiesta su presencia
por lo que nosotros denominamos las leyes de la naturaleza. Él es el principio del orden y de la vida, el
poder organizador de la naturaleza creada. Todas las fuerzas de la naturaleza no son sino sólo
evidencias de la presencia y operación del Espíritu de Dios. Las fuerzas mecánicas, la acción química, la
vida orgánica de plantas y animales, la energía relacionada con la acción nerviosa, la inteligencia y la
conducta moral no son otra cosa que pruebas de la inmanencia de Dios, de la cual el Espíritu es el
agente.
12
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
El Espíritu Santo creó al hombre y lo sostiene. Génesis 2:7 y Job 33:4. Todo individuo, sirva a Dios o no,
es sostenido por el poder creador del Espíritu de Dios. Daniel 5:23; Hechos 17:28. La existencia del
hombre es cual la nota de un órgano, que dura mientras el Creador mantiene el dedo en la tecla. El
hombre debe su ser a las "manos de Dios," o sea al Verbo, Juan 1:1-3, y al Espíritu Santo, porque fue a
ellos que les fueron dichas las palabras: "Hagamos al hombre..."
b. El Espíritu dinámico.
El Espíritu Creador hizo al hombre con el objeto de formar una sociedad gobernada por Dios, en otras
palabras, el reino de Dios. Después que el pecado entrara en el mundo, y que la sociedad fuera
organizada aparte de Dios y en contra de él, Dios comenzó de nuevo llamando a Israel y organizándolo
bajo sus leyes y constituyendo así el reino de Jehová. 2Crónicas 13:8. Al estudiar la historia de Israel,
leemos que el Espíritu Santo inspiró a ciertos individuos de ese pueblo, para gobernar y guiar los
miembros de ese reino y vigilar su progreso en la vida de consagración.
La operación dinámica del Espíritu Santo creó dos clases de ministros: primero, obreros de Dios, es
decir, hombres de acción, organizadores, ejecutivos y segundo, portavoces de Dios, o sea profetas y
maestros.
Obreros de Dios. Como ejemplo de obreros inspirados del Espíritu Santo citaremos a José, (Génesis
41:38-40); Bezaleel, (Éxodo 35:30-31); Moisés, (Números 11:16-17); Josué, (Números 27:8-21);
Otoniel, (Jueces3:9-10); Gedeón, (Jueces 6:34); Jefté, (Jueces 11:29); Sansón, (Jueces 13:24-25) y
Saúl, (1 Samuel 10:6). Era muy probable, a la luz de estos ejemplos, que los dirigentes de la iglesia
primitiva insistían que aún aquéllos que servían las mesas estuviesen llenos del Espíritu Santo.
Hechos 6:3.
Portavoces de Dios. El profeta de Israel puede ser denominado un portavoz de Dios, uno que recibe
mensajes de Dios y los da a conocer al pueblo. El profeta de Dios estaba consciente del poder Dios
que descendía sobre su vida de tiempo en tiempo, poder que le capacitaba para dar a conocer
mensajes, que no eran concebidos en su propia mente. Esto era precisamente lo que lo distinguía
de los falsos profetas. Ezequiel 13:2. La palabra profeta indica inspiración, y procede de una palabra
que significa "borbotar," o sea un testimonio al torrente de elocuencia que a menudo salía de los
labios del profeta. Juan 7:38.
(1) Las expresiones empleadas para describir la manera en la cual descendía la inspiración sobre los
profetas, nos sugieren el pensamiento de algo repentino y sobre natural. Al referirse al origen de
su poder, los profetas dijeron que Dios derramó su Espíritu, puso su Espíritu sobre ellos, los llenó
con su Espíritu, les dio su Espíritu, y les puso su Espíritu dentro de ellos. Al describir la variedad de
influencias del Espíritu Santo, los profetas dijeron que el Espíritu estaba sobre ellos, descansaba en
ellos y tomaba posesión de ellos. Al referirse a la influencia misma que el Espíritu Santo ejercía
sobre ellos, los profetas manifestaron que fueron llenos del Espíritu Santo, impulsados por el
Espíritu Santo, tomados por el Espíritu y que el Espíritu habló por medio de ellos.
13
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
Las expresiones que se emplean para describir la inspiración y éxtasis de los profetas son similares a
aquéllas usadas para relatar el acontecimiento de ser bautizado o llenado con el Espíritu Santo. Lea
los Hechos. Parece que mientras ocurría este último acontecimiento el Espíritu Santo provocaba
una impresión tan profunda en el espíritu humano, que la persona era elevada a un estado de
éxtasis, durante la cual daba a conocer el mensaje.
(3) Los profetas no siempre profetizaron en el estado de éxtasis. La expresión "y fue palabra de
Jehová," implica que la revelación fue por la iluminación sobrenatural de la mente. Es así que el
mensaje divino puede ser recibido por las dos formas expuestas, es decir, en el estado de éxtasis y
por la iluminación sobrenatural de la mente.
(4) El profeta no empleaba a voluntad el don que poseía. La profecía "no fue traída por voluntad
humana." 2 Pedro 1:21. Jeremías dijo que no sabía que el pueblo maquinaba contra él. Jeremías
11:19. Los profetas nunca supusieron, ni los israelitas tampoco creyeron que el poder de profecía
era poseído por los profetas como un don constante e ininterrumpido que podía emplearse a
voluntad. Entendían que el Espíritu era un agente personal y que por lo tanto la inspiración se
producía por la voluntad soberana de Dios. Los profetas podían, sin embargo, colocarse en
situación de receptividad en lo que respecta al espíritu, (2 Reyes 3:15), y en épocas de crisis podían
pedir la dirección de Dios.
c. El Espíritu regenerador.
Consideraremos las siguientes verdades relativas al Espíritu regenerador. Su presencia se registra en el
Antiguo Testamento, pero no se recalca; su dádiva es descrita más bien como una bendición futura; su
derramamiento está relacionado con la venida del Mesías, y exhibe características distintivas.
14
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
la luz de Dios en los sitios más recónditos de sus vidas. Después de su gran pecado David oró que
el Espíritu Santo de Dios, la presencia santificadora de Dios, el Espíritu que ejerce influencia en el
carácter, no fuera quitado de él. Salmos 51:11.
Sin embargo, no se recalca o no se pone énfasis a este aspecto de la labor del Espíritu Santo en el
Antiguo Testamento. El nombre Espíritu Santo ocurre sólo tres veces en el Antiguo Testamento,
ochenta y seis en el Nuevo Testamento, sugiriendo así la idea de que en el Antiguo Testamento se
recalcan las operaciones dinámicas del Espíritu Santo, mientras que en el Nuevo Testamento se
pone énfasis en su poder santificador.
Su derramamiento general. Una bendición futura. El derramamiento general del Espíritu Santo,
como fuente de santidad, se menciona como algo del futuro, una de las bendiciones del prometido
reino de Dios. En Israel, el Espíritu de Dios se daba solamente a ciertos dirigentes escogidos, y sin
duda, en todo lugar donde existía verdadera piedad, ella se debía a la labor del espíritu Santo. Pero
la masa del pueblo caía generalmente en el paganismo y la iniquidad, y aunque era visitado de
tiempo en tiempo por avivamientos, mediante el ministerio de los profetas y reyes piadosos, se
hizo evidente que la nación tenía corrompido el corazón y que necesitaba un derramamiento
general del Espíritu Santo para hacerla volver a Dios.
Tal derramamiento del Espíritu Santo fue predicho por los profetas, quienes predijeron que el
Espíritu Santo sería derramado sobre el pueblo en una medida sin precedente. Jehová purificaría
el corazón del pueblo, pondría su Espíritu dentro de ellos y escribiría su ley en sus corazones.
Ezequiel 36:25-29; Jeremías 31:33. En esos días el Espíritu Santo sería derramado en poder sobre
toda carne. (Joel 2:28), esto es, sobre toda clase y condición de hombre, sin distinción de edad,
sexo o posición. Se cumpliría entonces la oración de Moisés de que todo el pueblo de Jehová fuese
profeta. Números 11:29. Como resultado de ese derramamiento, muchos se convertirían, porque
la Palabra de Dios dice: "Y será que cualquiera que invocaré el nombre de Jehová, será salvo." Joel
2:32.
El rasgo fundamental que distinguió al pueblo de Dios de la antigua era, fue la posesión y revelación
de la ley de Dios; el rasgo fundamental que debe distinguir a su pueblo de la nueva era, debe ser la
posesión de las leyes divinas en el corazón, y la morada del Espíritu Santo en él.
Su relación con la venida del Mesías. El gran derramamiento del Espíritu Santo culminaría o daría
cima en el Mesías-Rey, sobre quien el Espíritu de Jehová descansaría en forma permanente como
el Espíritu de sabiduría y entendimiento, consejo y poder, conocimiento y temor santo. El sería el
Profeta perfecto, quien proclamaría las buenas nuevas de liberación, sanidad, consuelo y alegría.
¿Qué relación existe entre estos dos grandes acontecimientos de la profecía, la venida del Ungido
y el derramamiento universal del Espíritu Santo? Juan el Bautista responde de la siguiente manera:
"Yo, a la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy
digno de desatar la correa de su calzado: él os bautizará en Espíritu Santo y en fuego." En otras
15
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
palabras, el Mesías es el Dador del Espíritu Santo. Esto es lo que lo señala como el Mesías o el
Fundador del reino de Dios. La bendición más grande de la nueva era iba a ser el derramamiento
del Espíritu Santo y sería el más elevado privilegio del Mesías impartir el Espíritu Santo. Durante su
ministerio terrenal, Cristo habló del Espíritu como de la mejor dádiva del Padre. Lucas 11:13. El
Señor Jesús invitó a los que tenían sed espiritual que vinieran y bebieran, y les ofreció una provisión
amplia del agua de vida. En su discurso de despedida, prometió enviar el Consolador a sus
discípulos.
Notemos especialmente la relación que existe entre el don y la obra de Cristo el Redentor. La dádiva
del Espíritu Santo está relacionada con la partida de Cristo, (Juan 16:7) y su glorificación, (Juan 7:39)
que significa su muerte. Juan 12:23-24; Juan 13:31-33; Lucas 24:49. Pablo expresa la relación con
claridad en Gálatas 3:13-14; Gálatas 4:4-6; Efesios 1:3; Efesios 1:7; Efesios 1:13-14.
El Nuevo Testamento introduce la era del Espíritu, cumpliendo la promesa de que Dios derramaría su
Espíritu sobre toda carne, pondría su Espíritu dentro del corazón del pueblo, y de esta manera escribiría
allí sus leyes. Se iba a hacer esto en los días del Mesías, quien sería ungido con el Espíritu Santo. Por lo
tanto, leemos en el Nuevo Testamento que el Espíritu Santo opera sobre el Señor Jesús, dentro de él y
también por intermedio de él.
Las designaciones "Espíritu de Cristo," y "Espíritu de Jesucristo," indican una relación entre Cristo y el
Espíritu Santo, la cual no es compartida por sus discípulos. Por ejemplo, no pensaríamos nunca de
hablar del "Espíritu de Pablo."
Desde el comienzo hasta el fin de su vida terrenal, el Señor Jesús estuvo íntimamente relacionado con
el Espíritu Santo. Tan estrecha es la relación que Pablo describe a Cristo como "Espíritu Vivificante." El
significado no es que Jesús sea el espíritu, sino que él da su espíritu y por medio de él ejercita su
omnipresencia. El Espíritu está mencionado en relación con las siguientes crisis y aspectos del ministerio
de Cristo:
1. Nacimiento.
Se describe Espíritu Santo como el agente en la concepción milagrosa de Jesús, (Mateo 1:20; Lucas1:35).
Jesús estaba en relación con el Espíritu de Dios desde el primer momento de su existencia humana. El
Espíritu Santo vino sobre María, la virtud del Altísimo le hizo sombra, y lo santo que nació fue llamado
Hijo de Dios. Para Juan el Precursor, era suficiente ser lleno del Espíritu Santo desde el seno de su
madre, pero Jesús tenía que ser concebido por la virtud del Espíritu Santo en el seno de su madre, y por
lo tanto, llevaría títulos y nombres que no podían darse a Juan. Dios operando por medio de su Espíritu,
es el Padre del ser humano de Cristo en el sentido de que su origen. de la substancia de la Virgen Madre
fue un hecho divino.
El efecto de esta intervención divina va a ser visto en su perfección moral, su completa consagración, y
ese conocimiento interior ininterrumpido, o conciencia de la paternidad de Dios. El poder del pecado
16
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
fue quebrantado al fin y aquél nacido de mujer era santo y el Hijo de Dios, aun en su calidad de hombre.
El segundo Hombre era del cielo. 1Corientios 15:47. Su vida fue desde lo alto, (Juan 8:23) su curso fue
la victoria sobre el pecado y sus consecuencias fueron la vivificación de la raza. 1Corintios 15:45. aquél
que no tiene pecado y salva a su pueblo de sus pecados, tiene necesariamente que haber sido
engendrado del Espíritu Santo.
2. Bautismo.
Con el transcurso de los años, comenzó una nueva relación con el Espíritu Santo. Aquél que había sido
concebido por el Espíritu Santo y tenía plena conciencia de la morada de lo divino en él, fue ungido por
el Espíritu Santo. Así como en la concepción, el Espíritu Santo descendió sobre su Hijo, ungiéndolo para
que fuera Profeta, Sacerdote y Rey. La primera operación santificó su humanidad; la segunda consagró
su vida oficial. Así como su concepción fue el comienzo de su existencia de su ministerio activo.
3. Ministerio.
Luego Jesús fue llevado por el Espíritu Santo al desierto, (Marcos 1:12), para ser tentado de Satanás.
Allí venció las sugestiones del príncipe de este mundo, sugestiones que le hubieran conducido a intentar
la realización de su labor inspirado de un espíritu egoísta, vanaglorioso y mundano, y a usar su poder
siguiendo lineamientos naturales.
Llevó a cabo su ministerio con la plena conciencia de que moraba en él el poder divino. Sabía que el
Espíritu del Señor estaba sobre él para cumplir el ministerio que se había predicho del Mesías (Lc_4:18).
Por el dedo de Dios echó fuera demonios. Lucas 11:20. Hechos 10:38. El señor Jesús dio su testimonio
en el sentido de que el Padre, dentro de él, realizaba los milagros.
4. Crucifixión.
El mismo Espíritu que lo condujo al desierto y lo sostuvo allí, le dio también fuerzas para consumar su
ministerio sobre la cruz, donde, "por el Espíritu eterno, se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios."
Hebreos 9:14. Fue a la cruz con la unción que reposaba aún sobre él. El Espíritu mantuvo vivas ante sus
ojos las inflexibles demandas de Dios y le inflamó de amor hacia el hombre y celo hacia Dios, para ir
hacia adelante a pesar de los obstáculos, dolores y dificultades, y consumar la redención del mundo. El
Espíritu Santo llenó su mente de un ardor, celo y amor constantes, que le condujeron a un completo
sacrificio. El Espíritu Santo había penetrado en el espíritu humano y lo había elevado de tal manera, que
ese espíritu humano vivía en lo eterno e invisible, y pudo capacitarlo para sufrir la cruz, menospreciando
la vergüenza.
5. Resurrección.
El Espíritu Santo fue el agente vivificante en la resurrección de Cristo. Romanos 1:4; Romanos 8:11.
Algunos días después de este acontecimiento, Cristo se apareció a sus discípulos, sopló en ellos y les
dijo: "Recibid el Espíritu Santo." Juan 20:22. Hechos 1:2. Estas palabras no quieren decir que eran
investidos de aquel poder que Jesús, después de su ascensión, les dijo que esperaran. algunos
estudiosos creen que ese soplo fue sólo simbólico de lo que iba a ocurrir cincuenta días después, esto
17
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
es, para recordarles el acontecimiento de Pentecostés que se aproximaba. Otros creen que en esa
oportunidad algo definido les fue impartido a los discípulos.
Una comparación con Génesis 2:7 indica que el soplo divino simboliza un hecho creativo.
Posteriormente Cristo es descrito como el Espíritu vivificante o Dador de la vida. 1 Corintios 15:45. ¿No
será quizá que en esta ocasión el Señor de la vida hizo conocer a sus discípulos por experiencia el "poder
de la resurrección"? Los once discípulos iban a ser enviados al mundo para cumplir una nueva comisión;
iban a continuar la obra de Cristo. En sí, eran incapaces de cumplir con dicha misión, de la misma
manera que un cuerpo inanimado es [Link] de ejercer las funciones de un ser vivo. Por lo tanto, el
hecho simboliza el dar la vida. Así como Dios alentó soplo de vida en la vieja humanidad, así también
Cristo alentó soplo vivificante en la nueva humanidad.
Si aceptamos la idea de que algo definido fue impartido en esta ocasión, debemos recordar, sin
embargo, que no fue la persona del Consolador sino la inspiración de su vida la que fue comunicada. El
obispo Wescott distingue de la manera siguiente el "Don de la Pascua," del "Don de Pentecostés": El
primero responde al poder de la resurrección, el segundo, al de la Ascensión." En otras palabras, el uno
constituye la gracia de la vivificación, el otro, de la dotación o revestimiento.
6. La ascensión.
En lo que respecta al proceso de impartir el Espíritu a Cristo, podemos notar tres grados:
(1) Desde el momento de la concepción de Cristo, el Espíritu de Dios fue el Espíritu de Cristo, el poder
vivificante y santificador por el cual el Señor Jesús entró en esta vida como el Hijo del hombre y vivió
hasta el fin.
(2) Con el correr de los años, comenzó una nueva relación con el Espíritu. El Espíritu de Dios se
transformó en el Espíritu de Cristo en el sentido de que descansaba en él para la realización de su
ministerio.
(3) Después de su ascensión, el Espíritu se transformó en el Espíritu de Cristo en el sentido de ser
impartido a otros.
El Espíritu vino a habitar en Cristo no solamente para sus propias necesidades, sino para que él pudiera
impartirlo a todos los creyentes. Lea Juan 1:33, y note especialmente la palabra "permanece." Después
de la ascensión, el Señor Jesús hizo uso de la gran prerrogativa que le fue dada como Mesías: el
derramamiento del Espíritu sobre otros. Hechos 2:33. Lean también Apocalipsis 5:6. De esta manera, el
Señor Jesús da la bendición que él mismo ha recibido y gozado y nos hace copartícipes con él. Es así
que no sólo leemos del don, sino también de la "comunión" del Espíritu Santo, esto es, de la
participación en común de los privilegios y bendiciones relacionados con el recibimiento del Espíritu de
Dios. No es solamente comunión de los creyentes entre sí, sino también con Cristo. Los discípulos
reciben la misma unción que él recibió. Es cual el buen óleo sobre la cabeza de Aarón, que luego
desciendo sobre la barba y que baja hasta el borde de sus vestiduras. Todos los miembros del cuerpo
de Cristo, como reino de sacerdotes, participan de la unción del Espíritu Santo que desciende desde
Cristo, cabeza de ese cuerpo, y nuestro sumo Sacerdote que ha ascendido al cielo.
18
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0
SEMINARIO BIBLICO – CÚCUTA
Formando ministros competentes
ASIGNATURA: HOMILÉTICA GUÍA DIDÁCTICA UNIDAD 1
19
SBADC / HOM / GDU1 V 192.0