XIX Congreso Internacional del CLAD sobre la Reform a del Estado y de la Administración Pública, Quito, Ecuador, 11 – 14 nov.
2014
La justicia como garante del cumplimiento efectivo de los derechos
Adrián Emiliano Famá
INTRODUCCIÓN
Hermanos Latinoamericanos es un placer para mi asistir a este prestigioso Congreso.
Mi intención es realizar un análisis a partir del rol del Funcionario público en su faceta de
funcionario judicial.
Según Marienhoff la administración pública es "la actividad permanente, concreta y
práctica del Estado que tiende a la satisfacción de las necesidades del grupo social y de los
individuos que la integran". Viene del latín y su significado es "servir a". Generalmente,
cuando nos referimos a la función pública, automáticamente pensamos en cómo los distintos
funcionarios del Poder Ejecutivo desarrollan su labor diaria en pos de llegar al "bien común"
como fin supremo de la política moderna. De lo antedicho surge automáticamente la
pregunta: ¿Qué sucede con el rol del funcionario público del Poder Legislativo y el Judicial?
En este trabajo nos centraremos a analizar cuál es el papel de un funcionario judicial en
su rol de funcionario público, ya que el mismo no se encuentra ajeno al contexto político y
social, sino que su accionar va a ser determinante en la vida de los ciudadanos.
En particular, se pondrá el énfasis en analizar el rol político de los jueces y la naturaleza
y características del Consejo de la Magistratura de la Nación en tanto institución vectora
dentro del Poder Judicial, responsable de los procesos de selección y remoción de jueces.
Asimismo, se analizarán las características de la fallida reforma al Consejo de la
Magistratura que intentó introducir la ley 26.855/13 y se estudiarán otros ejemplos nacionales
de diseño institucional de dicho organismo.
PODER JUDICIAL, CONTROL DE CONSTITUCIONALIDAD Y CONSEJO DE LA
MAGISTRATURA
A diferencia de los otros poderes, el Poder Judicial cuenta con una legitimidad de origen
que no está basada directamente en la voluntad popular. Su base está constituida como un
poder contra mayoritario, dotado de una estabilidad que permite al mismo ser ajeno, por lo
menos desde lo formal, a los cambios políticos y sociales.
Los tres Poderes del Estado tienen asignadas determinadas funciones. Sin embargo, el
Poder Judicial realiza además de sus actividades clásicas, el ejercicio del Control Judicial
Suficiente acerca de la legitimidad de los actos dictados por la Administración Pública. El
mismo no debe analizar la oportunidad o conveniencia del acto, sino que busca verificar si
este fue dictado sin sobrepasar los límites de su competencia. La Corte Suprema de Justicia
de la Nación en el fallo Fernandez Arias c/ Poggio (1960) declara la inconstitucionalidad de la
imposibilidad de revisión de las decisiones administrativas en vía judicial.
Otro elemento a destacar del sistema judicial es el Control de Constitucionalidad, cuyo
antecedente histórico principal es el fallo Márbury vs. Madison, quien consagra el principio
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del Control de Constitucionalidad por parte del Poder Judicial, que no es otro cosa que
declarar la inconstitucionalidad de una ley siempre y cuando se haya acudido previamente a
la vía judicial a través de un caso concreto. La tarea consiste en corroborar si una ley o acto,
contradice la Constitución Nacional. Debe aclararse que al aplicar este control, los jueces no
analizan la utilidad o conveniencia de la ley, sino que sencillamente se limitan a verificar la
posible contradicción constitucional, y que si así fuera, proceden a declararla inconstitucional.
En la Argentina, el Control de Constitucionalidad se realiza a partir de un sistema
difuso, es decir que todos los jueces sin importar la jerarquía del tribunal al que pertenecen,
tienen el deber de garantizar la supremacía constitucional. En caso de colisión con esta, su
deber es declarar la inaplicabilidad de la norma sobre ese caso puntual. De más está decir
que la inconstitucionalidad produce efectos para el caso concreto, ya que por el contrario una
interpretación amplia en ese sentido convertiría al juez en un legislador negativo.
Un cambio de importancia introducido por la Reforma Constitucional del año 1994 es la
creación del Consejo de la Magistratura y correlativamente el Jurado de Enjuiciamiento. El
sistema tradicional de designación de los jueces a propuesta del Poder Ejecutivo con
acuerdo del Senado y su remoción por medio del juicio político promovido por la Cámara de
Diputados que acusaba con dos tercios de los votos, juzgando el Senado también con dos
tercios, no había funcionado ajustadamente en los últimos años. La influencia política en la
nominación de magistrados fue notoria, lo que originó sólidos reclamos por parte de la
opinión pública. A la vez, esta influencia política había sido hecha para bloquear algunas
remociones de jueces o, en otros casos, la complejidad del sistema de enjuiciamiento
dilataba indefinidamente merecidas sanciones. Teniendo en cuenta esta breve sinopsis del
contexto historico-casuIstico que antecedió la reforma constitucional, parece a todas luces
lógica la idea de transparentar, y darle una organicidad dotada de mayor legitimidad a la
esfera judicial en su conjunto.
Una parte de la doctrina cuestiona la intromisión de un instituto ajeno al sistema
Constitucional norteamericano de 1787, en el cual se basa nuestra Constitución de 1853. El
Consejo de la Magistratura es una institución que tiene sus orígenes en el derecho
continental europeo, es por ello que países como Francia, Italia, España, Portugal, Grecia,
Rumania y Turquía, lo han adoptado. Sin embargo, varios Estados latinoamericanos lo han
incorporado con diversos matices en su estructuración y operatividad consecuente a su
modelo de Justicia. En el ámbito latinoamericano lo han instaurado, con distintas
denominaciones y en diferentes épocas, a saber: Venezuela -Consejo de la Magistratura, art.
217 Const. de 1961, ref. 1973 y 1983-, Colombia -Consejo Superior de la Judicatura, art. 254
a 257, Const. de 1991-, El Salvador - Consejo Nacional de la Judicatura, art. 187 Const. de
1983 con las reformas de 1991 y 1992-, Perú - Consejo Nacional de la Magistratura, art. 245
a 249, Const. de 1979- y Paraguay - Consejo Nacional de la Magistratura, art. 262 a 264
Const. de 1992. En la Argentina muchas provincias han organizado concejos de la
magistratura que son cuerpos destinados exclusivamente a seleccionar y promover la
designación de jueces.
En Europa el Consejo de la Magistratura es un órgano de gobierno del Poder Judicial,
cuyos integrantes son principalmente jueces, abogados y en menor medida miembros de los
poderes políticos, mientras que en las provincias argentinas y en algunos países
latinoamericanos el consejo es básicamente un cuerpo de designación, compuesto con
mayor presencia de representantes políticos. El Consejo creado por la reforma de 1994 se
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asemeja en su composición al de las provincias argentinas y Estados latinoamericanos, pero
tiene la particularidad de parecerse a los modelos europeos en sus funciones.
El Jurado de Enjuiciamiento, creado por el artículo 115 de la Constitución Nacional,
tiene a su cargo decidir los juicios políticos contra magistrados que no sean de la Corte
Suprema, a instancias del Consejo de la Magistratura que actúa como órgano acusador. El
Jurado, integrado por legisladores, magistrados y abogados, interviene en todas las causas
que se promuevan por los mismos motivos que la Constitución de 1853 establecía como
habilitante del juicio político. La remoción se decide por los dos tercios de sus integrantes.
La reforma de 1994 introduce significativas reformas al cuerpo constitucional, ella
pretendió dividir las funciones administrativas de la justicia de aquellas judiciales. Las
primeras fueron puestas en manos del Consejo de la Magistratura, mientras que se mantuvo
a la Corte Suprema como cabeza y última instancia judicial. Pese a ello, las normas infra-
constitucionales, de dudosa constitucionalidad, que regulan la materia depositaron en la
Corte la tarea de elaborar el presupuesto del Poder Judicial. De acuerdo con éstas, el
Consejo sólo toma conocimiento del anteproyecto elaborado por la Corte y puede presentar
observaciones al máximo tribunal, pero es éste el que elabora el presupuesto y lo envía al
Poder Ejecutivo
En lo que a nosotros incumbe el art. 114 incorpora la institución del Consejo de la
Magistratura a su plexo normativo. Este Consejo es una institución absolutamente ajena al
sistema político de distribución de poderes a la manera norteamericana, que es el que
nuestra constitución adopta, y a su esencia, pues el Consejo corresponde a estructuras en
las cuales el juez administra justicia, y solo eso. En nuestro sistema los jueces administran
justicia y tienen capacidad de control de constitucionalidad, lo que los hace un Poder Judicial
como ya lo hemos explicado previamente.
El artículo 114 de la constitución Nacional argentina dispone:
“El Consejo de la Magistratura, regulado por una ley especial sancionada por la mayoría
absoluta de la totalidad de los miembros de cada Cámara, tendrá a su cargo la selección de
los magistrados y la administración del Poder Judicial.
El Consejo será integrado periódicamente de modo que se procure el equilibrio entre la
representación de los órganos políticos resultante de la elección popular, de los jueces de
todas las instancias y de los abogados de la matrícula federal. Será integrado, asimismo, por
otras personas del ámbito académico y científico, en el número y la forma que indique la ley.
Serán sus atribuciones:
1. Seleccionar mediante concursos públicos los postulantes a las magistraturas
inferiores.
2. Emitir propuestas en ternas vinculantes, para el nombramiento de los magistrados
de los tribunales inferiores.
3. Administrar los recursos y ejecutar el presupuesto que la ley asigne a la
administración de justicia.
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4. Ejercer facultades disciplinarias sobre magistrados.
5. Decidir la apertura del procedimiento de remoción de magistrados, en su caso
ordenar la suspensión, y formular la acusación correspondiente.
6. Dictar los reglamentos relacionados con la organización judicial y todos aquellos
que sean necesarios para asegurar la independencia de los jueces y la eficaz
prestación de los servicios de justicia.”
El Consejo de la Magistratura en principio fue regulado por la ley 24.937, que luego fue
modificada por la 26.080 y recientemente en mayo de 2013 fue dictada la ley 26.855 que
modificó el Consejo de la Magistratura en varios aspectos como ser la composición, el
número de miembros, su duración en cargos y su elección popular.
Esta última modificación dio lugar a numerosos amparos, logrando fallos que declararon
la inconstitucionalidad de dicha norma. En busca de un fallo definitivo sobre esta cuestión,
fue que el Gobierno Nacional instrumentó el Per Saltum como vía para que la Corte Suprema
de Justica se expresara al respecto. En el mes de junio de 2013, la Corte Suprema, por
mayoría (6-1) declaró la inconstitucionalidad de los art. 2, 4, 18 y 30 de la Ley 26.855, y
también del Decreto 577/13.
Por lo anteriormente dicho, el Consejo queda integrado de la siguiente manera: 13
miembros, 3 jueces del Poder Judicial de la Nación elegidos por sistema D´Hont , 6
legisladores, 2 representantes de los abogados de la matrícula federal, 1 representante del
Poder Ejecutivo y 1 representante del ámbito científico y académico. El presidente y vice del
Consejo de la Magistratura serán elegidos por el mismo Consejo reunido en su órgano de
gobierno, que es el plenario. Los consejeros prestarán juramento frente al presidente de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Algunas de las razones que dieron lugar a esta reforma de la llevada adelante por la
Ley 26.855 fueron las siguientes: la demora en la resolución judicial del conflicto con el
Grupo Clarín y, por ende, el estado de virtual “suspensión” de la ley de servicios
audiovisuales; la parálisis en la que se encuentra el Consejo de la Magistratura generando
una demora inusitada en el proceso de designación de jueces y la consecuencia de un hecho
gravísimo, la enorme cantidad de juzgados de distintos fueros que carecen de juez titular y
se hallan ocupados por jueces subrogantes y/o interinos o por secretarios de los juzgados; y
las demoras también excesivas en el avance de los procesos por violación de los derechos
humanos en ocasión de la represión del terrorismo de Estado.
Los artículos 2 y 4 de la ley 26.855, por su parte, disponen:
“ARTICULO 2° — Sustitúyese el artículo 2° de la ley 24.937 y sus modificatorias, por el
siguiente:
Artículo 2°.- Composición. El Consejo estará integrado por diecinueve (19) miembros,
de acuerdo con la siguiente composición:
1. Tres (3) jueces del Poder Judicial de la Nación, elegidos por el pueblo de la Nación
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por medio de sufragio universal. Corresponderán dos (2) representantes a la lista que resulte
ganadora por simple mayoría y uno (1) a la que resulte en segundo lugar.
2. Tres (3) representantes de los abogados de la matrícula federal, elegidos por el
pueblo de la Nación por medio de sufragio universal. Corresponderán dos (2) representantes
a la lista que resulte ganadora por simple mayoría y uno (1) a la que resulte en segundo
lugar.
3. Seis (6) representantes de los ámbitos académico o científico, de amplia y
reconocida trayectoria en alguna de las disciplinas universitarias reconocidas oficialmente,
elegidos por el pueblo de la Nación por medio de sufragio universal. Corresponderán cuatro
(4) representantes a la lista que resulte ganadora por simple mayoría y dos (2) a la que
resulte en segundo lugar.
4. Seis (6) legisladores. A tal efecto, los presidentes de la Cámara de Senadores y de la
Cámara de Diputados, a propuesta de los bloques parlamentarios de los partidos políticos,
designarán tres (3) legisladores por cada una de ellas, correspondiendo dos (2) a la mayoría
y uno (1) a la primera minoría.
5. Un (1) representante del Poder Ejecutivo.
Los miembros del Consejo prestarán juramento en el acto de su incorporación de
desempeñar debidamente el cargo por ante el presidente de la Corte Suprema de Justicia de
la Nación.
Por cada miembro titular se elegirá un suplente, mediante igual procedimiento, para
reemplazarlo en caso de renuncia, remoción o fallecimiento.
ARTICULO 4° — Incorpórase como artículo 3° bis de la ley 24.937 y sus modificatorias,
el siguiente:
Artículo 3° bis.- Procedimiento. Para elegir a los consejeros de la magistratura
representantes del ámbito académico y científico, de los jueces y de los abogados de la
matrícula federal, las elecciones se realizarán en forma conjunta y simultánea con las
elecciones nacionales en las cuales se elija presidente. La elección será por una lista de
precandidatos postulados por agrupaciones políticas nacionales que postulen fórmulas de
precandidatos presidenciales, mediante elecciones primarias abiertas, simultáneas y
obligatorias. No podrán constituirse agrupaciones políticas al único efecto de postular
candidaturas al Consejo de la Magistratura. No podrán oficializarse candidaturas a más de un
cargo y por más de una agrupación política.
Las precandidaturas y, en su caso, candidaturas, a consejeros de la magistratura
integrarán una única lista con cuatro (4) representantes titulares y dos (2) suplentes de los
académicos, dos (2) representantes titulares y un (1) suplente de los jueces y dos (2)
representantes titulares y un (1) suplente de los abogados de la matrícula federal. La lista
conformará un cuerpo de boleta que irá adherida a la derecha de las candidaturas
legislativas de la agrupación por la que son postulados, que a este efecto manifestará la
voluntad de adhesión a través de la autorización expresa del apoderado nacional ante el
juzgado federal electoral de la Capital Federal. Tanto el registro de candidatos como el
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pedido de oficialización de listas de candidatos a consejeros del Consejo de la Magistratura
se realizará ante esa misma sede judicial.
Se aplicarán para la elección de integrantes del Consejo de la Magistratura, del ámbito
académico y científico, de los jueces y de los abogados de la matrícula federal, las normas
del Código Electoral Nacional, las leyes 23.298, 26.215, 24.012 y 26.571, en todo aquello
que no esté previsto en la presente ley y no se oponga a la misma.”
La Ley 26.855 establecía en sus art. 2 y 4 que el Consejo debía estar integrado por 19
miembros y que la elección de los mismos debía realizarse en forma conjunta y simultánea
con las elecciones nacionales, en las que se elige el presidente de la Nación. Dicha elección
se realizaría con una lista de precandidatos postulados por distintas agrupaciones políticas
nacionales que presenten fórmulas de precandidato presidencial mediante elecciones
primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias.
Por lo antedicho la regulación de este órgano habría quedado establecida por una
ampliación de 13 a 19 miembros del Consejo de la Magistratura. Para completar el número
los representantes serían elegidos en las elecciones legislativas. Mientras tanto, los
representantes de los estamentos académico (6), de abogados (3) y de jueces (3) serían
elegidos por el voto popular junto a las elecciones presidenciales. Los representantes del
poder ejecutivo y del poder judicial no se eligen por voto popular porque su legitimidad ya
reside en la naturaleza de los poderes de donde provienen. Asimismo modifica las mayorías
para designar y remover jueces. La nueva ley impone mayoría absoluta (mitad más uno) de
los miembros. Este cambio se da a los fines de destrabar la operatoria del organismo a fines
de volverlo funcional, teniendo como antecedente lo ocurrido con la ley de medios.
LA POSICIÓN DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA DE LA NACIÓN EN EL FALLO
“RIZZO”
En principio en el fallo “Rizzo” se debate la constitucionalidad de una ley. Pero más allá
de esto, surge como central la voluntad del legislador, y en cómo él ha configurado la
independencia judicial. A los jueces se les ha otorgado un rol limitado y sustancialmente
subordinado. De hecho ninguna voluntad política puede expresarse a través de la actividad
de los jueces, pero que la Magistratura se considera como un poder autónomo e
independiente de cualquier otro poder y por lo tanto esta institución debe colocarse en
condiciones de gobernarse a sí misma, porque esta es la única forma de eliminar las
interferencias del poder político en la actividad de los jueces.
El fallo muestra las tensiones existentes entre los poderes públicos, derivadas de la
diferente inteligencia que cada uno de ellos hace de sus competencias. Esto no quita que, en
el fondo de la cuestión, se halle en debate el tema de la supremacía legislativa, la cual,
coloca a los demás poderes o funciones en una relación de subordinación, partiendo de la
distinción entre poder para crear la ley y poder para aplicarla. Su revisión requiere una
eventual reforma constitucional, tal como los magistrados expresan.
El juez Zaffaroni se refiere a esto en su disidencia a través del considerando 4 en la
referencia de la creación del Consejo cuando afirma que "la citada reforma constitucional se
caracterizó por perfilar instituciones sin acabar su estructura. En ocasiones se tiene la
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impresión de que simplemente marcó trazos gruesos, que se limitaron a esbozar órganos y
competencias, muy lejos de la precisión necesaria para delinear una ingeniería institucional
(..) pareciera ser resultado del afán de hallar fórmulas de compromiso, práctica bastante
común en el ámbito legislativo, aunque también ha pesado la premura con que se trabajaron
los temas en la Asamblea, una vez obtenido el principal objetivo político de su momento
histórico (...) De este modo, la reforma se apartó de la tradición constitucional argentina,
puesta de manifiesto en la forma precisa, clara y meticulosa, con que el texto original de
1853 estructura las atribuciones y las cámaras del Poder Legislativo. Esta característica se
tradujo -como se observó en su momento por alguna minoría- en una transferencia de poder
constituyente al poder constituido, dado que el defecto de estructuración, en todos los casos
citados y en otros más, debió salvarse mediante leyes del Congreso de la Nación,
dificultosamente sancionadas e incluso alguna de casi imposible sanción".
Zaffaroni destaca la importancia de notar que lo que se halla en juego es el texto
constitucional tal como fue redactado en la reforma de 1994 así como las instituciones que se
introdujeron. Así en el considerando 5 afirma que " se introdujo la institución del Consejo de
la Magistratura, asignándole la función de administración del Poder Judicial. Se corrió el
gravísimo riesgo de introducir una institución novedosa sin estructurarla. Se argumentó de
modo exactamente contrario al indicado por el buen sentido, afirmando que precisamente la
novedad aconsejaba dejarla a medio hacer, para que la ley infraconstitucional la fuese
definiendo conforme a lo que indicase la experiencia, cuando en realidad era previsible que
esta la terminase de estructurar conforme a los espacios del juego de poder de cada
coyuntura política, lo que hacía previsible un futuro incierto y complicado".
En los considerando 6 y 7 habla de la delegación de " la tarea de finalizar la
estructuración del Consejo de la Magistratura en una ley especial sancionada por la mayoría
absoluta de la totalidad de los miembros de cada cámara». Y subraya que «tampoco se
definió su integración, pues el texto incorporado se limita a indicar los estamentos que deben
estar representados, sin señalar número ni proporciones, dado que solo impone que se
procure el equilibrio». Los defectos de estructuración -señala- se percibieron con el correr de
los años, al punto que «una institución novedosa, tomada del derecho constitucional
comparado (...) dio lugar a que en menos de veinte años fuese objeto de tres reformas
regulatorias dispares y profundas. A esto se suma que, en los últimos años, su deterioro
funcional llegó hasta el límite de la paralización, como bien lo señala el dictamen de la señora
Procuradora General, con las consecuentes dificultades de orden institucional, en particular
la imposibilidad de designación de jueces para cubrir las numerosas vacantes que se han ido
produciendo y que hacen que una buena parte de la magistratura federal se halle a cargo de
jueces subrogantes"
El magistrado distingue en el considerando 16 finalmente entre una independencia
interna y otra externa. Mientras la primera depende del poder disciplinario y es la que "en el
derecho constitucional comparado trata de garantizarse mediante un órgano separado, que
sería el Consejo de la Magistratura", la segunda hace referencia a la independencia de los
partidos políticos y de los poderes fácticos, "que es la que se cuestiona en la causa solo
respecto de los partidos, no es posible obviar que es inevitable que cada persona tenga una
cosmovisión que la acerque o la aleje de una u otra de las corrientes de pensamiento que en
cada coyuntura disputan poder. No se concibe una persona sin ideología, sin una visión del
mundo (...) cuando se piensa en el modelo original del derecho constitucional comparado,
especialmente el italiano -que ha sido el más exitoso-, se espera que los jueces elegidos por
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ellos mismos configuren grupos -se ha hablado de partidos de jueces-, según su ideología,
aunque al margen de las estructuras partidarias, pero, no obstante, sería inevitable la
vinculación con estas".
Por otro lado en el voto mayoritario (6-1) los jueces de la Corte destacan que la
Constitución establece la forma republicana y representativa de gobierno, que «el poder se
divide en tres departamentos con diferentes funciones y formas de elección pero cuya
legitimidad democrática es idéntica» y que "la actuación de los tres poderes del Estado
Nacional encuentra como límite el respeto al proyecto de república democrática que
establece la Constitución Federal (artículos 10, 31 y 36)". El obrar del Estado debe entonces
estar dirigido al más amplio acatamiento de los principios, declaraciones, derechos y
garantías reconocidos en el pacto fundacional de los argentinos.
Asimismo destacan que es principio de nuestro ordenamiento constitucional que ningún
poder puede arrogarse mayores facultades que las que le hayan sido conferidas
expresamente .La regla según la cual es inválido privar a alguien de lo que la ley no prohíbe,
ha sido consagrada en beneficio de los particulares (artículo 19 de la Constitución Nacional),
no de los poderes públicos. Y en el considerando 8 considera que "que es elemental en
nuestra organización constitucional, la atribución que tienen y el deber en que se hallan los
tribunales de justicia, de examinar las leyes en los casos concretos que se traen a su
decisión, comparándolas con el texto de la Constitución para averiguar si guardan o no
conformidad con esta, y abstenerse de aplicarlas, si las encuentran en oposición con ella,
constituyendo esta atribución moderadora, uno de los fines supremos y fundamentales del
Poder Judicial nacional y una de las mayores garantías con que se ha entendido asegurar los
derechos consignados en la Constitución, contra los abusos posibles e involuntarios de los
poderes públicos.
En el considerando 9 cree que para la protección de esta supremacía, el Tribunal ha
declarado a lo largo de su historia -y más allá de los votos individuales de sus miembros-, la
inconstitucionalidad de normas que, aun cuando provenían del órgano legislativo que
representa la voluntad popular, resultaban contrarias a la Constitución Nacional o tratados
internacionales y afectaban derechos de las personas.
A MODO DE CONCLUSIÓN
Cuando hablamos de la función pública, generalmente hacemos referencia a los
distintos funcionarios que se ocupan de la gestión del Estado dentro de la órbita del Poder
Ejecutivo. Sin embargo, pocas veces se analiza el rol del Funcionario Judicial y la
importancia de su función ejerciendo el Control Judicial Suficiente como así también, el
Control de Constitucionalidad. En el caso de la Argentina esto se realiza a través de un
sistema difuso, lo que permite que cualquier juez sin importar la jerarquía del mismo, pueda
declarar la inconstitucionalidad de una norma en función de un caso concreto.
Sin duda, estas funciones son esenciales para el desarrollo de un sistema republicano y
democrático reproductor del Estado de Derecho. Pero cuando analizamos la legitimidad de
origen de cada uno de los tres poderes que componen el Estado, es donde vamos a notar las
principales diferencias entre el Poder Judicial y los otros dos poderes. Esto es así, ya que
este poder no se encuentra sometido al voto popular para su elección ni mucho menos para
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su legitimación, sino que se plantea como un poder permanente, diseñado desde los
orígenes del constitucionalismo norteamericano como un poder contra mayoritario,
independiente de los cambios de humores sociales y de las desviaciones políticas que
podían generar las mayorías.
La recepción en nuestra constitución nacional en la reforma de 1994 de la institución del
Consejo de la Magistratura abre una nueva ventana para repensar el rol de la justicia y
principalmente nos permite replantearnos la naturaleza de su legitimidad. Las posteriores
reglamentaciones que se han contenido en las tres leyes que ha emanado el Congreso de la
Nación respecto a este tema han correspondido a distintas maneras de ver y pensar la
justicia. Estas modificaciones a la institución no han sido pacíficas, sino todo lo contario. El
mejor ejemplo de esto, es la judicialización de la última reforma al respecto, llevada a cabo
por la Ley 26.855 quien ha terminado en la Suprema Corte de Justicia de la Nación
declarando la inconstitucionalidad en varios de sus artículos. Esta cuestión que en principio
parece la aplicación del Control de Constitucionalidad por parte de la Justicia, termina
declarando la inaplicabilidad de una normativa que ha seguido el procedimiento
correspondiente para la sanción de una norma. A mi entender, la Justicia se extralimita en su
accionar, ya que hace un análisis de oportunidad, mérito y conveniencia, el cual de más está
decir es ajeno a sus funciones, pero si es propio de los poderes políticos del Estado.
Esta situación así planteada, nos genera una paradoja, de modo tal que desde el origen
de la incorporación de la institución del Consejo de la Magistratura en nuestra Constitución
Nacional, se procura un Poder Judicial imparcial e independiente pero dotado de
representantes provenientes de distintos estamentos a fin de transparentar y regularizar las
decisiones vinculadas a la Justicia. De alguna manera, el Consejo de la Magistratura es el
órgano político de la Justica y en este caso cuando los poderes políticos deciden ampliar la
representación en el mismo y a su vez generar una legitimidad de origen mucho más cercana
a los intereses del pueblo, es la Justicia que responde con sus anticuerpos corporativos
siendo funcional a su génesis como poder contra mayoritario y representante de las minorías.
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RESEÑA BIOGRÁFICA
Adrián Emiliano Famá. Argentino (1985). Egresado de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Buenos Aires (UBA) en el año 2009 con el título de abogado. Relacionado
siempre con el sector público, cumplió tareas en el Gobierno de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, en el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. A fines del año 2011 ingresó
al Consejo de la Magistratura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde a partir del
mes de abril de 2014 se desempeña como Secretario Letrado en dicha institución.
Docente en la Universidad Nacional de Buenos Aires en las materias Teoría del Estado e
Instituciones de la Ciudad Autóma de Buenos Aires, ambas de la carrera de Abogacía
Domicilio laboral. Consejo de la Magistratura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Av.
Pte. Julio A. Roca 516, Piso 9° Presidencia. C.A.B.A, República Argentina (C1067AAR).
Correo electrónico:
[email protected]Web: www.jusbaires,gov.ar
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