La eritromicina es un antibiótico del grupo de los macrólidos, similares a otras, como
azitromicina o claritromicina, es un antibiótico activo sobre un número muy importante
de bacterias. No obstante, y al igual que cualquier otro antibiótico no tiene ningún
efecto frente a infecciones causadas por virus, como gripes, resfriados y la mayoría de
las infecciones de garganta.
También, se han descrito casos importantes de bacterias que son resistentes a sus
efectos. Los macrólidos actúan interfiriendo los procesos de síntesis de las proteínas de
las bacterias, impidiendo de esta forma su crecimiento. En el caso de la eritromicina está
indicada,entre otras, en infecciones respiratorias como faringitis, amigdalitis o
neumonía.
También, se emplea en caso de infecciones de piel, incluyendo formas graves
de acné que requieran tratamiento antibiótico, infecciones de orina o infecciones
oculares. No obstante, el médico debe comprobar, previamente a su uso, que la bacteria
causante de la infección es sensible a la eritromicina.
Nos la encontramos comercializada en formas orales, como cápsulas, comprimidos o
sobres, formas inyectables y formas tópicas, como pomadas, oftálmicas, geles tópicos o
toallitas monodosis.
La dosis a emplear y la duración del tratamiento van a depender, tanto de la localización
de la infección como de su gravedad. Normalmente, por vía oral se emplean dosis
diarias de 1 a 2 gramos divididos en tres a cuatro tomas. Su empleo oftálmico suele
requerir de una o varias aplicaciones al día, y la administración sobre la piel se suele
hacer en una o dos veces al día.
Una de las reacciones adversas más características de la eritromicina es la aparición de
diarrea, si presentas diarrea intensa o de varios días de duración tras su empleo, consulta
con tu médico y no emplees antidiarreicos sin que éste te lo recomiende.