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Salvacion PDF

Este documento discute la importancia y el alcance de la doctrina de la salvación. Explica que la salvación se extiende a toda la humanidad, involucra todos los tiempos pasados y futuros, y tiene implicaciones cósmicas. También describe los motivos de Dios para la salvación, incluyendo manifestar su amor y gracia. Finalmente, enfatiza la importancia fundamental de comprender correctamente la doctrina de la salvación ya que forma la base del evangelio.

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Este documento discute la importancia y el alcance de la doctrina de la salvación. Explica que la salvación se extiende a toda la humanidad, involucra todos los tiempos pasados y futuros, y tiene implicaciones cósmicas. También describe los motivos de Dios para la salvación, incluyendo manifestar su amor y gracia. Finalmente, enfatiza la importancia fundamental de comprender correctamente la doctrina de la salvación ya que forma la base del evangelio.

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ALGUNAS CONSIDERACIONES

INTRODUCTORIAS
I. EL ALCANCE DEL TEMA
La soteriología, la doctrina de la salvación, tiene que ser el tema mayor en las
Escrituras. Abarca todas las edades como también la eternidad pasada y futura. Se
relaciona en una forma u otra con toda la humanidad, sin excepción. Aun tiene
repercusiones en la esfera de los ángeles. Es el tema tanto del Antiguo como del Nuevo
Testamentos. Es personal, nacional y cósmica. Y se centra en la persona más
importante, nuestro Señor Jesucristo.
Desde la perspectiva de Dios, la salvación incluye la obra completa de Dios en traer
a las personas de la condenación a la justificación, de la muerte a la vida eterna; y de
alienación a la filiación. Desde la perspectiva humana, incorpora todas las bendiciones
que estar en Cristo trae tanto en esta vida como en la vida venidera. El alcance inclusivo
de la salvación se subraya por observar los tres tiempos de la salvación. (1) Al momento
de creer uno fue salvo de la condenación del pecado (Efesios 2:8; Tito 3:5). (2) Ese
creyente también está siendo salvado del dominio del pecado y santificado y preservado
(Hebreos 7:25). (3) Y será salvado de la misma presencia del pecado para siempre en el
cielo (Romanos 5:9–10).
II. LOS MOTIVOS PARA LA SALVACION
¿Por qué Dios había de desear salvar a los pecadores? ¿Por qué debía soportar el dolor
de entregar a Su único Hijo a morir por personas que se rebelaron contra Su
benevolencia? ¿Qué le reportaría a Dios el tener una familia de seres humanos?
La Biblia indica por lo menos tres razones por las que Dios quiso salvar a los
pecadores. (1) Fue la demostración más grande y concreta del amor de Dios. Sus buenos
dones en la naturaleza y por Su cuidado providencial (con todo lo grandes que son) no
pueden compararse con la dádiva de Su Hijo para ser nuestro Salvador. Juan 3:16 nos
recuerda que Su amor se mostró en Su dádiva, y Romanos 5:8 dice que Dios
definitivamente demostró que El nos amaba por la muerte de Cristo. (2) La salvación
también hace posible que Dios manifieste Su gracia por toda la eternidad (Efesios 2:7).
Cada persona salva será para siempre un trofeo especial de la gracia de Dios. Sólo los
seres humanos redimidos pueden proveer esta demostración, (3) Dios quería un pueblo
que hiciera buenas obras en esta vida y que de este modo proporcionara al mundo un
vistazo, aunque imperfecto, del Dios que es bueno (v. 10). Sin la salvación que Cristo
proveyó estas cosas no serían posibles.
III. LA IMPORTANCIA DE LA SALVACION
El Nuevo Testamento solamente en dos ocasiones pronuncia maldición sobre los
cristianos por dejar de hacer algo. Una es por no amar al Señor (1 Corintios 16:22), y la
otra por no predicar el Evangelio de la gracia (Gálatas 1:6–9). No comprender
claramente la doctrina de la salvación puede resultar en la proclamación de un evangelio
falso o pervertido, y hoy en día muchas de las declaraciones del Evangelio que se oyen,
bien pudieran caer bajo esta maldición. Gracias a Dios, Su gracia supera nuestras
presentaciones imprecisas y las personas se salvan a pesar de, no por razón de, un
evangelio impreciso o incorrectamente proclamado. Decididamente, esta doctrina es
esencial, simplemente porque es responsabilidad de todo creyente testificar del
Evangelio. Es aun más importante para el predicador, porque él es la conexión entre
Dios y la persona no regenerada, y su mensaje tiene que ser claro (Romanos 10:14–15).
Chafer, cuyo ministerio comenzó con la evangelización, todavía casi al final de su vida
pensaba que “en un ministerio bien balanceado la predicación del Evangelio debe
ocupar no menos de setenta y cinco por ciento del testimonio del púlpito. El resto puede
ser para la edificación de aquellos que son salvos”. (Lewis Sperry Chafer, Teología
sistemática [Publicaciones Españolas, 1986], 3:9). Esto ciertamente subraya la
importancia de estudiar y comprender este gran tema de la soteriología.

CAPITULO 49
LA TERMINOLOGIA BIBLICA
I. EL USO EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
La raíz de la palabra hebrea más importante relacionada con la salvación en el Antiguo
Testamento es yasha’. Originalmente significaba el ser espacioso o amplio en contraste
con la estrechez o la opresión. Así que, significa la libertad de lo que amarra o restringe,
y llega a significar rescate, liberación, o el darle a algo amplitud o anchura. Algunas
veces esta liberación vino a través de la agencia del hombre (e.g. por los jueces, Jueces
2:18; 6:14; 8:22; 12:2; o reyes, 1 Samuel 23:2), y algunas veces por la agencia de
Yahveh (Salmos 20:6; 34:6; Isaías 61:10; Ezequiel 37:23; Zacarías 3:4). A veces la
salvación es individual (Salmo 86:1–2) y a veces colectiva, es decir, de la nación (Isaías
12:2, aunque la tierra entera participará de ella, 45:22; 49:6). En el Antiguo Testamento
la salvación no era solamente el ser librado de algún problema, sino también una
liberación hacia el Señor para Su propósito especial (43:11–12; 49:6).
La fe era la condición necesaria para la salvación en el Antiguo Testamento como
también en el Nuevo. Abraham creyó a Dios y el Señor se lo contó por justicia (Génesis
15:6). El prefijo hebreo beth indica que Abraham confiadamente asentó su fe en Dios
(cf. Exodo 14:31; Jonás 3:5). La relación de pacto establecida por la ley mosaica
también implicaba que un israelita debía tener fe en el Dios de ese pacto si había de
agradarle a El y no ser cortado.
El objeto de la fe siempre fue el Dios verdadero (Números 14:11; 20:12; 2 Reyes
17:14; Salmo 78:22, Jonás 3:5). Este Dios Salvador era el único origen de la salvación
(Salmo 3:8; Jonás 2:9). El confiar en ídolos no sólo era inefectivo sino también ridículo,
puesto que la salvación provenía del Señor.
II. EL USO EN EL NUEVO TESTAMENTO
Tanto en la Septuaginta como en el Nuevo Testamento el verbo griego sozo y sus afines
soter y soteria normalmente son traducciones de yasha’ y sus sustantivos respectivos.
Sin embargo, varias veces los del grupo sozo son traducciones de shalom, paz o
integridad, y sus afines. Así pues, la salvación puede significar cura, recuperación,
remedio, rescate, redención, o bienestar. Esto se puede relacionar con la preservación
del peligro, de la enfermedad o de la muerte (Mateo 9:22; Hechos 27:20, 31, 34;
Hebreos 5:7). Pero en el uso netamente cristiano significa salvar de la muerte eterna y
dotar a una persona con la vida sempiterna (Romanos 5:9; Hebreos 7:25).
Como en el Antiguo Testamento, la iniciativa de la salvación está enteramente con
Dios (Juan 3:16). La muerte del Señor Jesucristo en la cruz es la única base para esa
salvación (Hechos 4:12; Hebreos 5:9). Como ya se ha dicho, esta salvación tiene un
aspecto pasado, que ocurrió cuando creímos, un aspecto presente, y una consumación
futura.
Pero las palabras que se emplean no alcanzan a sondear todo lo que la revelación
bíblica declara tocante a la salvación. Otros conceptos como sacrificio, redención,
reconciliación, propiciación, y justificación son esenciales para un entendimiento
completo de esta doctrina. Estos se considerarán después, pero los menciono ahora no
sea que alguien piense que la doctrina se basa sólo sobre las palabras relacionadas con
el salvar.
La salvación afecta a la persona en su totalidad. Aun así, la eliminación de la
naturaleza caída del hombre y la recepción de un cuerpo resucitado esperan a un día
futuro. Pero esto también es parte de nuestra salvación (Romanos 8:23). Además, la
maldición que ha estado sobre este mundo será quitada (vv. 18–23) y el universo entero
sentirá los efectos de la obra reconciliatoria de Cristo (Colosenses 1:20).

CAPITULO 50
LA PASION DE CRISTO
La base de todas las facetas, los logros, y los beneficios de la muerte de Cristo es, por
supuesto, el evento histórico de Su muerte en la cruz. “Pasión” significa sufrimiento, y
particularmente los sufrimientos de Cristo entre la noche de la Ultima Cena y la
Crucifixión.
I. LA NECESIDAD DE SU PASION
A causa de la pecaminosidad y incapacidad del hombre, algún otro tenía que intervenir
y ayudarle si es que había de hallar aceptación y comunión con un Dios santo. El
pecado trajo y trae alejamiento de Dios, y la depravación significa que nada que haga el
hombre ganará algún favor o consideración de Dios en lo que concierne a la salvación.
Sin repetir lo dicho al tratar la doctrina del pecado, los puntos prominentes se tienen
que repasar. Todos los que nacen en este mundo están condenados a causa de (a) su
relación con el pecado de Adán (Romanos 5:12), y (b) a causa de la naturaleza
pecaminosa con la cual todos nacen (Efesios 2:3). Además, (c) todos cometen pecado, el
cual es el fruto inevitable de la naturaleza pecaminosa (Romanos 3:9–23). Esto significa
no sólo condenación universal, sino que también establece la necesidad universal de que
todos tienen que ser salvos de la penalidad del pecado.
Todo el nacido en este mundo es impotente para hacer algo a fin de ganar favor
soteriológico con Dios. La depravación, recuérdese, no significa que las personas no
puedan o no lleven a cabo acciones que son buenas a la vista del hombre y de Dios; ni
tampoco significa que el hombre pecaminoso no tenga conciencia para juzgar por sí
mismo entre el bien y el mal; ni que las personas incurran en toda forma de pecado o
aun en algún pecado particular en la mayor medida posible. Pero la depravación sí
significa que por el hecho de que el ser entero del hombre ha sido corrompido éste
nunca puede hacer algo que le gane favor salvífico con Dios. Con relación a la salvación
esto significa que la ayuda tendrá que provenir de otro que no haya sido afectado con
esa corrupción, alguien sin pecado.
II. LA PERSONA DE LA PASION
La persona implicada en el pago sacrificial (o sacrificio expiatorio) fue el Dios Hombre.
Solamente esta clase de ser podría haber efectuado nuestra salvación. De nuevo, sin
repetir lo dicho al tratar de la cristología, permítaseme repasar algunas de las
características sobresalientes de Su persona que se relacionan con Su obra expiatoria.
Aunque las Escrituras presentan varias razones para la Encarnación, la principal es a
fin de que El pudiera salvar a Su pueblo de sus pecados (Mateo 1:21). Para lograr esto
fue indispensable la Encarnación; es decir, Dios en carne. Dios ha declarado que la
penalidad del pecado tiene que ser la muerte. Puesto que Dios no puede morir, tuvo que
haber una encarnación para que hubiera una naturaleza humana que pudiera
experimentar la muerte y así pagar la penalidad por el pecado.
El nacimiento virginal fue la forma ordenada por Dios para llevar a cabo la
Encarnación. Si podría haberlo hecho de otra manera y todavía preservar la naturaleza
inmaculada de Jesucristo puede sólo ser un asunto de conjetura. El hecho es que El lo
hizo por medio del nacimiento virginal. Indiscutiblemente, el pronombre relativo
singular femenino en Mateo 1:16 une a Cristo a sólo un progenitor humano, Su madre.
Fue un nacimiento virginal.
El resultado del Nacimiento virginal fue un Dios Hombre. El Dios siempre existió.
La naturaleza humana total fue concebida por el Espíritu en el vientre de María, y el
Bebé nació completamente Dios y un ser humano perfecto, unidos en una persona para
siempre. Esto se llama la unión hipostática.
Sólo este Dios Hombre, único en toda la historia, llena los requisitos para ser un
Salvador adecuado. El Salvador tenía que ser humano para poder morir, puesto que
Dios no muere, y el Salvador tenía que ser Dios para que esa muerte pudiera ser un pago
efectivo por el pecado. Cuando una persona pecaminosa muere, muere por sus propios
pecados. Una persona sin pecado puede hacer el pago expiatorio por los pecados de
otros.
Nótese esta verdad en los versículos introductorios de Romanos 1. Cuando Pablo
describe el Evangelio (v. 1), dice que es concerniente al Hijo de Dios (v. 3); y que el
Hijo fue humano (de la simiente de David, v. 3) y divino (declarado Hijo de Dios, v. 4).
En otras palabras, tenemos un evangelio simplemente porque tenemos un Salvador que
es Dios y Hombre —hombre capaz de morir, y Dios para hacer de esa muerte un pago
satisfactorio por los pecados del mundo. Ninguna salvador de otra clase puede salvar.
III. LOS SUFRIMIENTOS DE LA PASION
La teología clásica protestante ha calificado los sufrimientos de Cristo en Su muerte
como Su obediencia pasiva. Esta obediencia pasiva se contrasta con la obediencia activa
de Cristo la cual se refiere a la obediencia que mostró durante Su vida. Su vida fue, por
supuesto, una vida de obediencia, comenzando con Su aceptación voluntaria de la
Encarnación (Hebreos 10:5–10), y continuando durante toda Su vida en la tierra (Lucas
2:52; Juan 8:29). El aprendió la obediencia a través del sufrimiento (Hebreos 5:8).
Los sufrimientos de la vida de Cristo, aunque reales, no fueron salvíficos. No
obstante, el mérito de Su muerte expiatoria es inseparable de Su vida sin pecado y
perfecta, el cual fue evidenciado por Su vida de obediencia. Así que, mientras que los
teólogos han hecho esta distinción entre los sufrimientos de la vida y de la muerte
(obediencia activa y pasiva), ello no tiene gran importancia, ya que solamente fueron
expiatorios los sufrimientos de Su muerte y Su obediencia en ser el Cordero sacrificial.
Entonces, estrictamente hablando, sólo fueron expiatorios Sus sufrimientos en la cruz.
Fue durante las tres horas de oscuridad, cuando Dios puso sobre Cristo los pecados
del mundo, que la expiación se realizó. Los abusos y azotes que precedieron a Su
tiempo en la cruz fueron parte de los sufrimientos de Su vida.
IV. EL BOSQUEJO DE LA PASION
Como notamos al principio de este capítulo, la Pasión usualmente incluye los eventos
desde la Ultima Cena hasta la Crucifixión. Aquí está un bosquejo de estos eventos y la
naturaleza de las cosas que acontecieron en aquellas últimas horas de la vida de Cristo.
A. Los juicios
El sitio tradicional de la Pascua es un aposento alto situado en el extremo suroeste de la
ciudad de Jerusalén.
Desde allí el grupo atravesó la ciudad hasta llegar al huerto de Getsemaní (en las
laderas del monte de los Olivos, al este de Jerusalén), donde el Señor fue traicionado,
arrestado, y donde también le restauró la oreja a Malco. Esto posiblemente ocurrió
alrededor de las 3 A.M.
Atravesando la ciudad de nuevo, nuestro Señor fue llevado a la casa de Anás para un
juicio. Las casas de Anás y de Caifás estaban en la sección suroeste de la ciudad, no
lejos del aposento alto donde anteriormente habían estado.
Entonces fueron a la corte de la casa de Caifás, donde a lo menos un quórum del
Sanedrín se reunió y dictó sentencia sobre el Señor.
Cuando llegó la mañana, el Sanedrín completo confirmó la sentencia dictada unas
horas antes.
Entonces llevaron al Señor ante Pilato, ya que los judíos no tenían autoridad para
llevar a cabo la sentencia de muerte. La sala de juicios de Pilato estaba cerca del
extremo noroeste del área del templo, tuvieron, pues que atravesar la ciudad desde la
casa de Caifás. Después siguió una examinación por Herodes. Su palacio estaba en el
muro occidental de la ciudad. Así que el Señor atravesó la ciudad una vez más.
Llevado a través de la ciudad de nuevo al tribunal de Pilato, el Señor fue condenado
a ser crucificado.
El sitio de la Crucifixión es punto de debate. Los dos candidatos son la Iglesia del
Santo Sepulcro, al oeste de la sala de juicios de Pilato, y el Calvario de Gordon, al
noroeste del tribunal de Pilato. Cualquiera de los dos sitios requiría otro viaje a través
de una porción extensa de Jerusalén.
B. El día
El punto de vista tradicional de una crucifixión el viernes tiene todo para ser
recomendado y nada para contradecirlo. Todos los Evangelios afirman que el día
después de la Crucifixión era el sábado (Mateo 27:62; 28:1; Marcos 15:42; Lucas 23:56;
Juan 19:31). Todos los Evangelios afirman que las mujeres visitaron la tumba de Jesús
el día después del sábado, es decir, el primer día de la semana, el domingo (Mateo 28:1,
Marcos 16:2; Lucas 24:1; Juan 20:1). La práctica común de los judíos era referirse a una
porción del día o de la noche como al día entero (Génesis 42:17–18; 1 Samuel 30:12–
13; 1 Reyes 20:29; 2 Crónicas 10:5, 12; Ester 4:16; 5:1). Por lo tanto, para cumplir los
“tres días y tres noches” de Mateo 12:40 fue necesario que el Señor estuviese en la
tumba la parte del viernes antes de la puesta del sol (día #1), el sábado entero (día #2), y
la parte del domingo después de la puesta del sol del sábado hasta que ocurriera la
Resurrección (día #3). Y por supuesto, las Escrituras afirman que El resucitó “al tercer
día” (1 Corintios 15:4).
C. El método
La crucifixión era de origen oriental. Los persas la practicaban, y aparentemente
Alejandro el Grande la aprendió de ellos. Fenicia, famosa por sus prácticas bárbaras,
con frecuencia usaba la crucifixión. Parece que Roma la adoptó de Cartago y la
perfeccionó como medio de llevar a cabo la pena capital. Roma la empleó hasta tal
punto, que es más de lo que uno se pudiera imaginar.
Después de ser sentenciado, el condenado era azotado con un látigo de cuero
cargado con fragmentos metal o hueso. Entonces le exigían que llevara la viga
transversal sobre los hombros hasta el sitio en que iba a ser ejecutado. Esta viga medía
aproximadamente dos metros de longitud ypesaba unos catorce kilogramos. Era fijada al
poste vertical, que ya estaba colocado en el lugar de la ejecución. Clavos de siete
pulgadas de largo con cabeza (para impedir que el cuerpo se zafara) se metían por las
manos y los pies de la víctima. Algunas veces también se usaban sogas para mantener el
cuerpo en la cruz.
Los romanos habían aprendido a empujar los pies hacia arriba cuando los clavaban a
la cruz para que la víctima pudiese apoyarse en el clavo y llevar su cuerpo hacia arriba
momentáneamente para respirar con más facilidad. La muerte rara vez llegaba en menos
de treinta y seis horas, aunque la mayoría de las personas padecían por dos o tres días
antes de morir. Sed insaciable, dolor debido a la flagelación, calambres, mareos,
vergüenza pública, y el horror de saber lo que les esperaba antes de ser librados por la
muerte, todo esto se combinaba para hacer de la crucifixión una manera horrible de
morir.
Esto es lo que los hombres le hicieron al Señor. Y Dios puso sobre El la iniquidad
de todos nosotros. El murió para pagar la penalidad del pecado, y El murió por usted y
por mí.

EL SIGNIFICADO DE LA
MUERTE DE CRISTO
Mientras que es cierto que el significado pleno de la muerte de Cristo no se puede
abarcar en una o dos simples declaraciones a manera de lemas, es no menos cierto que
su significado central puede y debe ser enfocado sobre varias ideas muy básicas. Hay
cuatro de tales doctrinas básicas: La muerte de Cristo fue una sustitución por los
pecadores, una redención respecto al pecado, una reconciliación con relación al hombre,
y una propiciación en lo que toca a Dios. El no enfatizar estas cuatro, o el no insistir en
su importancia fundamental al propio entendimiento del significado de la muerte de
Cristo, es empobrecer o aun pervertir el concepto bíblico. Por ejemplo, es propio y
bíblico considerar la muerte de Cristo como una gran manifestación del amor de Dios, o
verla como un ejemplo para que seamos sacrificiales con relación a otros (estas son
verdades bíblicas, Juan 15:13; Romanos 5:8), pero si el significado de la muerte de
Cristo consistiera solamente en éstas, no habría valor eterno alguno en ella. Tiene que
proveer una sustitución y un pago por el pecado, si no el ejemplo significa relativamente
poco. Así que tenemos primero que comprender estos hechos básicos, ya que éstos
forman el significado salvífico y eterno de la muerte de nuestro Señor.
I. UNA SUSTITUCION POR LOS PECADORES
A. El concepto de una expiación por sustitución
1. El significado de la expiación por sustitución. La expiación por sustitución, o vicaria,
significa simplemente que Cristo sufrió como un sustituto por nosotros, es decir, en vez
de nosotros, lo que redundó en beneficio de nosotros al proveer un pago por nuestros
pecados.
El hombre podría expiar sus pecados personalmente sólo si pudiera sufrir
eternamente por la penalidad en que incurrió por el pecado. El hombre, por supuesto,
nunca podría lograr esto, así que, en Su amor y compasión, Dios intervino en una
situación irremediable y nos dio un vicario en Jesucristo, quien sí proveyó una
satisfacción eterna por nuestro pecado.
EXPIACION PERSONAL EXPIACION VICARIA
Provista por la parte ofensora Provista por la parte ofendida
Un asunto de justicia estricta Una combinación de justicia y amor
Nunca terminada Un sacrificio completo
2. Objeciones a una expiación por sustitución. Algunas objeciones se han planteado
contra este concepto.
a. La idea de una expiación vicaria hace que Dios sea injusto, puesto que El condenó
a Su Hijo para que cargara los pecados de la humanidad. Esta pudiera ser una objeción
válida, salvo que no cuenta con el hecho de que el Dios Triuno estuvo involucrado en
planear la redención, y que el Hijo voluntariamente tomó sobre Sí mismo la obra de
sustitución. En otras palabras, mientras que ésta pudiera ser una objeción válida a nivel
finito, no puede serlo a nivel infinito, puesto que a ese nivel no están involucrados tres
partidos diferentes.
b. La expiación vicaria hace que el Cristo inocente sufra por los malvados. Esto es
absolutamente cierto, y es esencial para la expiación. También es claramente bíblico (1
Pedro 3:18). Por lo tanto, plantear esta objeción es poner en duda el plan y propósito de
Dios.
c. Un agente moral no puede ser responsable por el pecado a no ser que él mismo lo
lleve a cabo personalmente. Esto simplemente no es cierto en el gobierno humano; ni es
necesario que lo sea en el gobierno divino. La culpabilidad le puede llegar a miembros
de un concilio de directores por las malas acciones de sus ejecutivos. La negligencia de
parte de los empleados de una escuela hace que sus oficiales se expongan a demandas
legales.
B. La evidencia en apoyo de la expiación por sustitución
La Biblia enseña claramente que el sacrificio de Cristo no fue cuestión de mera
identificación sino de sustitución.
1. En el Antiguo Testaniento. Los arreglos del sistema sacrificial del Antiguo
Testamento incluían la necesidad de que el ofrecedor impusiera sus manos sobre el
animal que se sacrificaba. Esto significaba transmisión y delegación, e implicaba
representación; de modo que realmente señalaba a la sustitución del ofrecedor por la
víctima…. Si el sacrificio era traído por más de uno, cada uno tenía que imponerle las
manos. No es un punto exactamente establecido si es que se imponían una o dos manos;
pero todos están de acuerdo en que se debía hacer ‘con toda la fuerza de uno’ —como si
fuese, poner todo el peso de uno sobre el sustituto” (Alfred Edersheim, The Temple, Its
Ministry and Service [Grand Rapids: Eerdmans, 1950], pp. 113–4). La muerte del
animal tomaba el lugar de la muerte merecida del que lo ofrecía. El sistema claramente
enseñaba la sustitución.
2. En el uso de la preposición anti. El significado de la raíz de esta preposición, que
aparece veintidós veces en el Nuevo Testamento, es frente a frente, opuesto, como dos
objetos que se colocan uno contra el otro y uno es tomado en lugar del otro como en un
intercambio. Los críticos de la expiación por sustitución tildan esto de “rudo
transaccionalismo”. Sin embargo, la preposición anti sí apoya la sustitución.
a. En el griego clásico. Anti siempre significa “en lugar de”, y no tiene un
significado más amplio como, por ejemplo, “en beneficio de” (véase el análisis
detallado por R.E. Davies, que traducido se llamaría: “Cristo en nuestro lugar: La
contribución de las preposiciones”, Tyndale Bulletin, 21:1970, 71–91).
b. En el griego del período neotestamentario. Moulton y Milligan no dan ningunos
ejemplos en los que anti signifique “a favor de” o “en beneficio de”. El significado
común es “en vez de”. El mismo y único significado se encuentra en Polibio (ca. 200–
ca. 118 A. C.), Filón, y Josefo.
c. En la Septuaginta. Entre las 318 apariciones de anti no hay ningún ejemplo del
significado más amplio “en beneficio de”. Uniformemente significa “en lugar de” y es
traducción de tachath (Génesis 44:33).
d. En el Nuevo Testamento. Ejemplos del significado claro “en vez o en lugar de” se
encuentran en Mateo 2:22 y Lucas 11:11. Casos en que es prominente la idea de
intercambio ocurren en Juan 1:16, Romanos 12:17; 1 Tesalonicences 5:15; Hebreos
12:16; y 1 Pedro 3:9. Mateo 17:27 (el incidente tocante el pago de los impuestos del
templo) parece llevar un sentido claramente sustitutivo. El impuesto era dinero redentor
(Exodo 30:11–16). La idea de equivalencia aparece en Mateo 5:38 y en 1 Corintios
11:15, aunque algunos entienden que el uso de anti en la última referencia significa que
el pelo de una mujer sirve en lugar de una cubierta. Sin embargo, esto parecería
contradecir la enseñanza de Pablo en los versículos previos, así que probablemente
tenga la idea de equivalencia. Es decir, el pelo en lo natural equivaldría a lo que la
cubierta significaría en lo espiritual (véase, de Colin Brown, ed., The New International
Dictionary of New Testament Theology [Grand Rapids: Zondervan, 1971], 3:1179). Es
claro que ninguno de estos versículos respaldan el significado “por motivo de” o “en
beneficio de”.
El versículo crucial es Marcos [Link] “Porque el Hijo del Hombre … vino … para
dar su vida en rescate por muchos” (véase también Mateo 20:28). Anti demanda la
interpretación de que nuestro Señor vino a morir en nuestro lugar y como nuestro
sustituto. De otra manera no se podría entender, y esto, por supuesto, fue la propia
interpretación de Cristo del significado de Su sacrificio. Anti también aparece como
prefijo en la palabra compuesta antilutron en 1 Timoteo 2:6. Cristo fue nuestro rescate
por sustitución.
3. En el uso de la preposición huper. El significado original de esta preposición era
sobre, de más arriba, y por el beneficio de uno. La idea incluía el situarse sobre alguien
para protegerlo y recibir golpes por él y en su lugar. Así que las ideas básicas en la
palabra incluyen tanto beneficio como sustitución, simplemente porque el actuar a favor
de o por el beneficio de alguien muchas veces incluye el actuar en su lugar. Ambas
ideas ocurren en el uso del Nuevo Testamento, como veremos.
a. En el griego clásico. Ambas ideas, las de benéfico y sustitución, ocurren en los
escritos clásicos (cf. Davies, p. 82).
b. En el griego del período neotestamentario. También se hallan las dos ideas. A
menudo huper se usa acerca de alguien que escribe una carta por otro que es analfabeto.
Esta es claramente una idea sustitutiva.
c. En la Septuaginta. De nuevo se encuentran ambas ideas, pero es de importancia
especial para la soteriología el notar que el significado sustitutivo es el sentido claro en
tales versículos como Deuteronomio 24:16 e Isaías 43:3–4.
d. En el Nuevo Testamento. Nadie cuestiona que huper significa “por el beneficio
de”. El debate se centra en si puede o no significar “en el lugar de”. Naturalmente,
aquellos que niegan la expiación por sustitución desean eliminar este ultimo significado
y insisten en que la muerte de Cristo no fue en ningún sentido un pago sustitutivo sino
sólo un beneficio para la humanidad. Los que afirman que fue un pago sustitutivo
pueden ganar su argumento con el significado de anti, y también señalar al significado
sustitutivo en huper. El argumento se fortalece aun más por el hecho de que huper tiene
un sentido claramente sustitutivo en pasajes que no tienen que ver con la expiación. Hay
tres que son claros. (1) En Romanos 9:3 Pablo quisiera poder ser maldecido en lugar de
sus compatriotas judíos. El quiere tomar el lugar de ellos de estar bajo la maldición de
Dios. (2) Primera Corintios 15:29 es muy probable que se refiera a aquellos que siendo
bautizados demostraban que ellos se habían unidos a los filas cristianas para tomar el
lugar de aquellos que habían muerto, y por lo tanto se podía decir de ellos que fueron
bautizados por (en lugar de) aquellos que habían muerto. Entender el versículo de esta
manera requiere un sentido sustitutivo para huper. (3) Aun si hubiera alguna objeción
tocante a los dos ejemplos precedentes, con seguridad no podría haber duda alguna del
significado sustitutivo de huper en Filemón 13. Onésimo, el esclavo convertido, se
hallaba en Roma con Pablo y estaba a punto de regresar a su dueño Filemón, en
Colosas. En esta maravillosa carta de intercesión a favor de Onésimo, Pablo le dice a
Filemón que él quisiera mantener a Onésimo consigo en Roma para que le ayudara en
lugar de Filemón (huper sou). Esto solamente puede significar que alguien tenía que
estar en Roma con Pablo —ya fuera el mismo Filemón, o su esclavo Onésimo como su
sustituto. Por supuesto, también está presente la idea de beneficio, pero la única forma
de que Pablo recibiera algún beneficio sería por tener consigo en Roma al sustituto de
Filemón, Onésimo. Si huper tiene las dos ideas, beneficio y sustitución, en pasajes que
no tienen que ver con la expiación, entonces también puede que tenga ambos
significados en los pasajes en que se refiere a la expiación, y los tiene. Algunos
ejemplos importantes donde está presente la idea de sustitución son: Juan 11:50–51;
Romanos 5:6–8; 2 Corintios 5:21; Gálatas 3:13; Tito 2:14; y 1 Pedro 3:18.
En resumen: anti siempre tiene la idea de equivalencia, intercambio, o sustitución.
Nunca tiene la idea más amplia de “por motivo de” o “a favor de”. Huper tiene ambas
ideas, incluyendo la idea de la sustitución en los pasajes que tienen que ver con la
expiación en el Nuevo Testamento.
C. La negación de la expiación vicaria
Los intentos por negar la fuerza de esta evidencia usualmente se llevan a cabo en una de
dos formas. Algunos alegan que, mientras que la sustitución puede que se halle en el
cuadro, no se debe hacer de ella el significado central de la muerte de Cristo. Así que, la
sustitución es sumergida en y entre los otros varios significados de Su muerte hasta que
se convierte en una parte tan insignificante del concepto, que desaparece para todo
propósito práctico. Este es un ejemplo: “La muerte de Cristo es más grande que
cualquier definición, y más profunda que cualquier razonamiento…. Se presenta con
una rica variedad de términos y analogías, pero nunca se envuelve por completo en
alguna red verbal…. Aunque no se logre algún razonamiento final para la cruz, tenemos
que buscar su significado una y otra vez” (Frank Stagg, New Testament Theology
[Nashville: Broadman, 1962], pp. 135–6).
Otros simplemente intentan reinterpretar la sustitución como si siempre significara
“por el beneficio de”. Aquí hay un ejemplo: “Es un hecho que él [Pablo] intenta lo que
podemos llamar un punto de vista ‘representativo’ de la muerte de Cristo. Cuando Pablo
escribe que Cristo murió ‘por’ mí, él usualmente quiere decir no ‘en vez de mí’, sino
‘por mi beneficio’ …. Entonces no puede ser un asunto de sustitución o de un chivo
expiatorio. En otro contexto, sí es cierto, que Pablo hace que entre en función la
analogía del rescate de un cautivo o (rara vez) de una ofrenda sacrificial y esto sugiere
la sustitución. Pero este motivo … es dominado por el concepto reinante de nuestra
participación con Cristo en Su muerte al pecado y a la Ley” (Amos N. Wilder, New
Testament Faith for Today Nueva York: Harper, 1955], p. 134). Y este escritor se
abstiene de examinar cualquier evidencia de las preposiciones o versículos que yo he
citado.
Claramente, de acuerdo a Su propia enseñanza y la del resto del Nuevo Testamento,
la muerte de Cristo fue una sustitución por los pecadores.
II. UNA REDENCION RESPECTO AL PECADO
La redención significa liberación a causa de un pago realizado. Para los creyentes esto
tiene un significado especial, puesto que el pago fue la muerte del Señor mismo.
A. La doctrina en el Antiguo Testamento
Tres palabras hebreas forman la base léxica para la doctrina en el Antiguo Testamento:
g’l, pdh, y kofer. La idea básica de g’l es obligación familiar relacionada al pago de un
precio. El redentor-pariente tenía la responsabilidad de (a) redimir la propiedad familiar
que había cambiado de dueño, y (b) casarse con una viuda sin hijos para levantar hijos
en nombre del esposo muerto. Cuando no había un hermano disponible, la
responsabilidad se extendía al pariente más cercano (Rut 3:9).
El significado de la raíz pdh es el de un rescate por el pago de un precio, como en
una transacción comercial, sin ninguna obligación por razón de parentesco (Exodo
13:12; Números 18:15–17). Esta palabra sugiere más de la gracia que g’l, simplemente
porque el que redime no tiene ninguna obligación de hacerlo.
El significado de kofer tiene que ver con la cantidad pagada para redimir una vida
perdida (Exodo 13:12; Números 18:15–17). Todas estas palabras siempre significan
liberación por medio del pago de un precio. Las circunstancias varían desde redimir a
un prisionero de guerra, o un esclavo, o un artículo empeñado, o la nación de Israel,
pero siempre a causa del pago de un precio.
El Antiguo Testamento evidencia poca asociación directa entre la redención y el
pecado (pero véanse Salmo 130:8; Isaías 59:20). La escasez de declaraciones formales
indudablemente se debe a la obvia y siempre presente conexión entre la redención y el
pecado vista en el sistema sacrificial. Debido a que se veía continuamente, no se tenía
que decir tan frecuentemente.
B. Las palabras del Nuevo Testamento
1. Agorazo. La idea fundamental en esta palabra es la de frecuentar el foro. Entonces
tomó el significado de comprar o adquirir en el foro. El Nuevo Testamento la emplea
veinticuatro veces en este sentido usual de comprar (e.g. Mateo 13:44; Lucas 9:13). La
Septuaginta la usa con el mismo sentido básico de comprar, una simple transacción
comercial (e.g. Génesis 41:57; 42:5, 7).
El uso soteriológico de agorazo en el Nuevo Testamento incluye tres ideas básicas.
(1) En Su obra de redimir, Cristo hizo el pago de la compra de toda la humanidad (2
Pedro 2:1). (2) El precio mismo se declara claramente como la sangre de Cristo
(Apocalipsis 5:9–10). (3) Debido a que hemos sido comprados con ese precio, debemos
servirle a El (1 Corintios 6:19–20; 7:22–23).
2. Exagorazo. El compuesto simplemente le agrega la idea de comprar y sacar del foro.
Dos pasajes que usan esta palabra son especialmente significativos. En Gálatas 3:13 la
naturaleza sustitutiva de la muerte de Cristo claramente resalta. Nosotros estábamos
bajo maldición. El llevó esa maldición. Nosotros hemos sido sacados de esa maldición.
En 4:5 Pablo declara que los creyentes han sido completamente sacados de debajo de la
ley.
De paso pudiéramos notar un uso interesante de este compuesto en un pasaje que no
tiene que ver con el pago, Efesios 5:16. Aquí los creyentes son exhortados a redimir su
tiempo, es decir, comprarlo y sacarlo de actividades inútiles.
3. Peripoioumai. Esta palabra solamente aparece una vez con referencia a la expiación,
en Hechos 20:28. Significa guardar bajo cuidado o preservar. En la voz media, como se
emplea en este versículo, significa mantener o guardar para uno mismo o adquirir o
ganar posesión de. Así que, la idea es que Dios adquirió la iglesia por medio de la
sangre de Su propio Hijo para Su posesión personal. Además, es prominente la idea de
un precio pagado, y el precio claramente fue la muerte de Cristo.
4. Lutroo. De la raíz luo, soltar, esta palabra se usaba de soltar la ropa o los animales o
los prisioneros. Usualmente se asociaba con un rescate pagado como condición para ser
libertado. Así su significado es el libertar al recibir un rescate.
a. En la Septuaginta. El medio siclo de dinero expiatorio exigido antes que se
construyera el tabernáculo fue un pago de rescate por cada israelita de veinte o más años
de edad (Exodo 30:11–16). El Año del Jubileo tenía que ver con la redención de la
propiedad (Levítico 25:31–32). La diferencia entre la cantidad mayor de primogénitos y
el número menor de Levitas se compensaba con un rescate de cinco ciclos por cada
persona adicional (Números 3:46–51). En todos estos casos la idea era la libertad a
cambio de un precio pagado.
b. En el griego clásico. De nuevo, el significado es siempre la libertad al recibir un
pago de rescate. La palabra a menudo se usaba con relación a la redención de esclavos o
prisioneros de guerra.
c. En el Nuevo Testamento. El verbo lutroo aparece en Lucas 24:21 (de la liberación
nacional de Israel); Tito 2:14; y 1 Pedro 1:18–19 (de redención individual). Note
especialmente en la última referencia que el precio pagado es la sangre del Cordero. El
nombre lutron aparece solamente en Mateo 20:28 y Marcos 10:45. Como ya se dijo al
tratar del significado de anti, este versículo afirma claramente la sustitución, y el precio
que había de ser pagado es la muerte de Cristo. Lutrosis se usa en conexión con la
liberación nacional de Israel, en Lucas 1:68 y 2:38. En Hebreos 9:12 el sistema
sacrificial del Antiguo Testamento sirve como transfondo para el sacrificio hecho una
vez y para siempre por Cristo. De nuevo el precio claramente es “su propia sangre”.
Apolutrosis aparece diez veces en el Nuevo Testamento: una vez refiriéndose a una
liberación no cristiana (Hebreos 11:35), una vez en el sentido general de la redención
cristiana (1 Corintios 1:30), tres veces con referencia a la escatología (Lucas 21:28;
Romanos 8:23; Efesios 4:30), y cinco veces de la liberación del no creyente cuando
viene a Cristo (Romanos 3:24; Efesios 1:7, 14; Colosenses 1:14; Hebreos 9:14).
Claramente el precio pagado es la muerte de Cristo. Ya hemos tratado de antilutron en 1
Timoteo 2:6 al comentar acerca de la sustitución. Su muerte fue un pago de rescate
sustitutivo por todos.
C. La doctrina resumida
La redención se puede resumir alrededor de tres ideas básicas. (1) Las personas son
redimidas de algo; a saber, del mercado o de la esclavitud del pecado. (2) Las personas
son redimidas por algo; que es el pago de un precio, la sangre de Cristo. (3) Las
personas son redimidas para algo; a saber, para un estado de libertad; y entonces son
llamados a renunciar a esa libertad por la esclavitud al Señor que los redimió.
III. UNA RECONCILIACION CON
RELACION AL MUNDO
La reconciliación significa un cambio de relación, de la hostilidad a la armonía y paz
entre dos partidos. Las personas pueden ser reconciliadas la una con la otra (Mateo 5:24,
diallasso; 1 Corintios 7:11, katallaso), y las personas han sido reconciliados con Dios
(Romanos 5:1–11; 2 Corintios 5:18–21, katallaso; Efesios 2:16; Colosenses 1:20,
apokatallaso).
A. La necesidad de la reconciliación —¿Por qué?
A causa del pecado, Dios y el hombre están en una relación de hostilidad y enemistad.
Aunque 2 Corintios 5 no lo menciona, esto está claro en Romanos 5. Eramos enemigos
de Dios (v. 10). ¿Se refiere esto a la enemistad de la humanidad hacia Dios o la
enemistad de Dios hacia el hombre? El segundo parece ser el sentido, es decir, que Dios
nos contó como Sus enemigos. Este es el sentido de la misma palabra en Romanos
11:28, donde se dice que Dios contó al pueblo de Israel como Sus enemigos. El hecho
de que Pablo menciona la ira de Dios en 5:9 respalda la interpretación de que los
enemigos fueron el objeto de Su ira. Nuestro estado de distanciamiento no pudiera
haber sido más serio, ni tampoco más urgente la necesidad de un cambio, una
reconciliación.
B. La causa de la reconciliación —¿Cómo?
El Nuevo Testamento afirma claramente que la reconciliación se lleva a cabo por la
muerte del Señor Jesús (v. 10). Dios lo hizo a El pecado por nosotros para que nosotros
pudiéramos ser hechos justicia de Dios en El. La muerte de Cristo cambió
completamente el estado anterior de enemistad del hombre en uno de justicia y
completa armonía con un Dios justo.
C. El objeto de la reconciliación —¿Quién?
Hay tres respuestas principales a esta pregunta: Dios es reconciliado con el hombre, el
hombre es reconciliado con Dios, ambos son reconciliados con el otro.
Shedd enseñó que Dios se reconcilia con el hombre. El explicó el versículo 10, que
dice que el hombre fue reconciliado con Dios de esta manera: “Pero esto no significa la
reconciliación subjetiva del pecador con Dios, sino la reconciliación objetiva de Dios
con el pecador” (Dogmatic Theology [New York: Scribner’s, 1891], 2:396). La razón
que él da para su afirmación es que, puesto que lo que se quita es la ira de Dios,
entonces Dios tiene que ser el reconciliado. Sin embargo, el que se efectuara un cambio
en Dios parecería estar en conflicto con Su inmutabilidad.
Walvoord (Jesus Christ Our Lord [Chicago: Moody, 1974], pp. 179–86) y otros
afirman con igual certidumbre que la reconciliación afecta solamente al hombre.
Segunda Corintios 5:19 parece claro: Dios en Cristo reconcilió al mundo consigo
mismo. El mundo de la humanidad es claramente el objeto de la reconciliación.
Romanos 5:10 está de acuerdo al declarar que fuimos reconciliados con Dios. “Dios es
quien está activo en la reconciliación (2 Corintios 5:18–19), y de los hombres se dice
que han recibido la reconciliación. Son los recipientes de una relación de paz y armonía
llevada a cabo por Dios” (A. Berkeley Mickelsen, “Romans,” Wycliffe Bible
Commentary [Chicago: Moody, 1962], p. 1197).
Aun otros ven la reconciliación como que incluye tanto a Dios como al hombre.
Berkhof enseñó que la expiación reconcilió a Dios con el pecador. “Esta es
indudablemente la idea fundamental, pero no implica que no podamos también hablar
de un pecador que se reconcilia con Dios …. Y aun cuando hablamos del pecador como
reconciliado, esto se tiene que entender como algo secundario. El Dios reconciliado
justifica al pecador que acepta la reconciliación” (Teología sistemática [T.E.L.L., 1988],
p. 443). Leon Morris, que también mantiene que tanto el hombre como Dios son
reconciliados, nota cuidadosamente que “cuando decimos que podemos pensar de Dios
como reconciliado con el hombre, esto no significa que, con varias imperfecciones, El
altere completamente Su actitud hacia el hombre. Más bien es nuestra forma inadecuada
de expresar nuestra convicción de que El reacciona en la forma más fuerte posible
contra el pecado en toda figura y forma, y que consecuentemente el hombre cae bajo Su
condenación; pero que cuando se efectúa esa reconciliación, cuando se hace la paz entre
el hombre y Dios, entonces se quita esa condenación y Dios ya no mira al hombre como
el objeto de Su santa y justa ira, sino como el objeto de Su amor y bendición” (The
Apostolic Preaching of the Cross [Grand Rapids: Eerdmans, 1956], p. 221).
Los pasajes centrales afirman claramente que el hombre se reconcilia con Dios. El
hombre es el objeto de la reconciliación. Aun así, queda un sentido en el cual, después
que el hombre ha recibido personalmente la reconciliación, ambas partes, el hombre y
Dios, puede decirse que se reconcilian por el hecho de que se han juntado. Todavía el
ofendido por el hombre y el que tomó la iniciativa en efectuar un cambio fue Dios; El
actuó sobre el hombre para reconciliarlo consigo mismo.
D. La provisión y la aplicación de la reconciliación
La provisión de Dios de reconciliación es universal. La posición del mundo fue
cambiada debido a la muerte de Cristo —ahora las personas podían salvarse—. Pero eso
por sí solo no salva a nadie, porque el ministerio de la reconciliación tiene que llevarse a
cabo fielmente por la proclamación del mensaje del Evangelio. Cuando un individuo
cree, entonces recibe la reconciliación que Dios ha provisto en la muerte de Cristo (vv.
18–21). El mundo ha sido reconciliado, pero las personas tienen que reconciliarse. La
reconciliación universal cambia la posición del mundo de una condición insalvable en
una salvable. La reconciliación individual por la fe, realmente trae esa reconciliación a
la vida del individuo y cambia la posición de esa persona de no salvada a salva.
Entonces, y solamente entonces, sus pecados son perdonados, aunque se hizo pago por
ellos en la cruz. El hombre “ha sido reconciliado con Dios porque la reconciliación
efectuada por Dios de hombres pecadores consigo mismo, realizada una vez y por todas
en Cristo, tiene efectos permanentes. No es aplicable meramente a un período o a un
grupo de personas, sino a todo el mundo. Siempre que la palabra de reconciliación se
proclame por aquellos a quienes Dios se la ha confiado, y siempre que el pecador
individual, quienquiera que sea y dondequiera que esté, se apropie de ella, esa persona
es reconciliada por Dios consigo mismo, y su reconciliación significa que Dios ya no le
imputa sus pecados; i.e., El ya no tiene en su contra sus pecados” (R.V.G. Tasker, The
Second Epistle of Paul to the Corinthians [Grand Rapids: Eerdmans, 1958], p. 89).
En resumen: la necesidad para la reconciliación se basa en la enemistad de Dios
contra una humanidad pecaminosa. Dios tomó la iniciativa y reconcilió al mundo
consigo mismo. Esto se llevó a cabo por la muerte de Cristo, y esa provisión cambió al
mundo en una posición salvable ante Dios. Sin embargo, aunque el mundo a sido
reconciliado, el hombre necesita reconciliarse, cambiando su posición en cuanto a
Cristo. Entonces, y solamente entonces, su condición ante Dios cambia.
IV. UNA PROPICIACION EN LO QUE TOCA A DIOS
Propiciación significa apartar de la ira por medio de una ofrenda. Con relación a la
soteriología, la propiciación significa aplacar o satisfacer la ira de Dios por medio del
sacrificio expiatorio de Cristo.
A. La necesidad de la propiciación: La ira de Dios
La realidad de la ira de Dios crea la necesidad de apaciguar esa ira, o de una
propiciación. Aunque esa idea es pagana para el liberal, la verdad es que la ira de Dios
es una enseñanza clara tanto en Antiguo Testamento como en el Nuevo.
1. En el Antiguo Testamento. Más de veinte palabras diferentes que aparecen cerca de
580 veces expresan la ira de Dios en el Antiguo Testamento (2 Reyes 13:3; 23:26; Job
21:20; Jeremías 21:12; Ezequiel 8:18; 16:38; 23:25; 24:13). En todos los lugares el
pecado constituye la razón para la ira de Dios. La idolatría especialmente provoca Su ira
(Deuteronomio 6:14; Josué 23:16; Salmo 78:21; Isaías 66:15–17). Los efectos de la ira
de Dios incluyeron la aflicción general (Salmo 88:7), pestilencia (Ezequiel 14:19),
matanza (9:8), destrucción (5:15), entrega a enemigos (2 Crónicas 28:9), sequía
(Deuteronomio 11:17), plagas (2 Samuel 24:1), lepra (Números 12:10), y exilio (2
Reyes 23:26; Ezequiel 19:12).
Las formas de evitar la ira de Dios incluían purgar el pecado (Deuteronomio 13:15–
17), arrepentimiento (Jonás 3:7, 10); intercesión (Salmo 106:23; Jeremías 18:20), y la
acción misma de Dios en removerla (Salmo 78:38; Isaías 48:9).
A la vez el Antiguo Testamento también presenta a Dios como amante de Su pueblo
y anhelante de su comunión. Así que, el del Antiguo Testamento no es el concepto
pagano de un Dios irrazonable que demanda ser aplacado, sino de un Dios justo que no
puede pasar por alto el pecado pero cuyo amor también provee avenidas para la
comunión con El.
2. En el Nuevo Testamento. Aunque no se menciona tanto como en el Antiguo, la ira en
el Nuevo Testamento es un concepto básico para demostrar la necesidad de la
propiciación. El Nuevo Testamento usa dos palabras principales. Orge denota un enojo
más asentado (Juan 3:36; Romanos 1:18; Efesios 2:3; 1 Tesalonicenses 2:16;
Apocalipsis 6:16), mientras que thumos, un enojo más apasionado (14:10, 19; 15:1, 7;
16:1; 19:15). Juntos comunican claramente la hostilidad divina contra el pecado en una
forma personal. Su ira no es simplemente en resultado inevitable impersonal de la obra
de la causa y el efecto, sino un asunto personal. Apaciguar esa ira no era cuestión de
venganza sino de justicia, y requirió la dádiva sacrificial del Hijo de Dios.
B. La provisión para la propiciación: El sacrificio de Cristo
Pablo indudablemente relaciona la propiciación con la muerte de Cristo, en Romanos
3:25. Su sangre (es decir, Su muerte) lo hizo a El la propiciación. Un debate
interpretativo existe tocante al matiz de significado de hilasterion en el versículo.
Puesto que es la misma forma usada en Hebreos 9:5, muchos entienden que esto se
refiere a Cristo como el lugar donde se hizo la propiciación. Otros entienden que la
referencia significa que Cristo fue la ofrenda propiciatoria, idea que halla apoyo en
Hebreos 2:17; 1 Juan 2:2; y 4:10. Posiblemente debemos incluir ambos matices de
significado en este pasaje; es decir, nuestro Señor fue el sacrificio satisfactorio por el
pecado y, por lo tanto, el lugar donde se llevó a cabo la propiciación. Nótese la
interconexión del pecado, el sacrificio, la sangre, y la propiciación en estos pasajes.
Las referencias en 2:2 y 4:10 ambas enfatizan el hecho de que Cristo mismo es la
ofrenda que quita la ira de Dios. A El no se le llama el propiciador (nótese que El es
llamado Salvador en v. 14) como si hubiera existido la posibilidad de que El usara otro
medio de propiciación aparte de Sí mismo. El es la ofrenda.
C. La negación de la propiciación: La enseñanza de C.H. Dodd
1. Su trasfondo. C.H. Dodd (1884–1973) fue un ministro congregacional británico y un
erudito en Nuevo Testamento. El mantuvo profesorados en Manchester y Cambridge, y
sirvió como director general en la traducción de la New English Bible después de
retirarse. El es mayormente conocido por su trabajo en la “escatología realizada” y en el
kerygma apostólico.
2. Su punto de vista tocante a la propiciación. El punto de vista de Dodd se declaró
primero en un artículo en el Journal of Theological Studies (1931, 32:352–60) titulado
“Ilaskethai, Its Cognates, Derivatives, and Synonyms”. Su punto de vista en esencia es
este: “La traducción propiciación se presta a confusión, porque sugiere la necesidad de
aplacar a un Dios enojado, y aunque esto estuviera de acuerdo con el uso pagano, es
ajeno al uso biblico” (The Epistle of Paul to the Romans [London: Hodder and
Stoughton, 1935], p. 55). Aunque él cita evidencia elaborada filosófica y exegética, su
razón principal para llegar a esta conclusión es teológica. Para él, es subcristiano pensar
que Dios puede estar enojado y por ende que necesite ser apaciguado; por lo tanto, la
propiciación tiene que definirse de otra manera. El propuso expiación como palabra y
concepto sustitutos de propiciación.
3. Su evidencia. Dodd cita lo siguiente. (1) A lo menos dos contextos paganos proveen
ejemplos del significado expiar y demuestra que en el uso pagano los significados de
expiar y propiciar eran ambiguos. (2) La palabra del Antiguo Testamento kipper se
traduce en la Septuaginta santificar, purificar, cancelar, purgar, perdonar, y no propiciar.
Por lo tanto, hilaskesthai también tendrá esos otros significados. (3) Hilaskesthai se usa
para traducir otras palabras hebreas como limpiar y perdonar. (4) Cuando la palabra se
usa para traducir kipper, no significa el apaciguar sino el remover la culpabilidad.
4. La respuesta. Roger Nicole ha ofrecido la respuesta más amplia y convincente a los
argumentos de Dodd (“C.H. Dodd and the Doctrine of Propitiation”, Westminster
Theological Journal, mayo de 1955, 17:127–48). El señala que (a) la recopilación de
evidencia de Dodd es selectiva, puesto que él deja fuera de consideración varias
palabras relacionadas con el asunto; (b) no incluye evidencia de Filón ni de Josefo, los
cuales entienden la propiciación como apaciguar; (c) a menudo pasa por alto el contexto
de pasajes que, de considerarse, no respaldarían sus conclusiones; y (d) básicamente su
lógica es errónea porque entiende que el significado de la raíz de una palabra se cambia
o se pierde simplemente porque se use para traducir otras palabras que las más
directamente equivalentes.
Básicamente, la piedra de tropiezo para la forma de pensar de Dodd es la idea de la
ira de Dios. El tiene que eliminarla y llega a grandes medidas filológicas para tratar de
lograrlo. Sin embargo, no tiene éxito ni filológica ni bíblicamente. Romanos 1:18; 2:5;
Colosenses 3:6; 1 Tesalonicenses 1:10; 2 Tesalonicenses 1:7–9, y Apocalipsis 6:16 no
se pueden quitar por medio de explicaciones, ya sean de Dodd o de cualquier otra
persona. Aun así, su influencia ha sido muy difundida (T.W. Manson, D.M. Baillie,
Vincent Taylor, C.K. Barrett, y la Revised Standard Version).
D. La distinción entre la propiciación y la expiación
La propiciación, como hemos visto, significa aplacar la ira personal de Dios. La
expiación es el remoción de la ira, el pecado, o la culpa impersonal. La expiación tiene
que ver con la reparación de un mal; la propiciación lleva la idea adicional de apaciguar
a una persona ofendida y así trae al cuadro la pregunta de por qué la persona ofendida se
ofendió. En otras palabras, la propiciación trae la ira de Dios al cuadro, mientras que la
expiación la puede dejar fuera. Si uno quisiera usar las dos palabras correctamente en
conexión la una con la otra, entonces diría que Cristo propició la ira de Dios haciéndose
una expiación por nuestros pecados.
E. Un importante punto práctico
Si Dios está satisfecho debido a la muerte de Cristo, entonces, ¿qué puede hacer el
pecador para tratar de satisfacer a Dios? La respuesta es: Nada. Todo ha sido hecho por
Dios mismo. El pecador puede y necesita solamente recibir el regalo de la justicia que
Dios ofrece.
Antes que Cristo muriera, era perfectamente apropiado orar como el publicano en
Lucas [Link] “Dios, sé propicio a mí, pecador”. Aunque bajo la ley se hacía provisión
para la comunión con Dios, este hombre no podía confiar en un sacrificio consumado y
eterno por el pecado que apaciguara a Dios de una vez y para siempre. Así que esa era
una oración completamente apropiada en su caso. Pero ahora Cristo ha muerto, y Dios
está satisfecho, y no hay necesidad de pedir que El sea propicio. El está eternamente
apaciguado, aplacado y satisfecho. Este es el mensaje que le podemos llevar a un mundo
perdido. Reciba al Salvador, quien por Su muerte satisfizo la ira de Dios.

CAPITULO 52
ALGUNOS RESULTADOS
DE LA SALVACION
Una lista de los resultados y beneficios de la salvación se concibe que pudiera incluir
cientos de puntos. En este capítulo, yo solamente intento tratar de algunas de las cosas
principales que Dios ha hecho, está haciendo, o hará en virtud del sacrificio consumado
de Cristo.
I. JUSTIFICACION
La justificación es no sólo uno de los grandes beneficios de la muerte de Cristo, sino
también una doctrina cardinal del cristianismo, porque lo distingue como una religión
de gracia y de fe. Y la gracia y la fe son las piedras angulares de la justificación.
A. El significado de la justificación
Justificar significa declarar justo. Tanto la palabra hebrea (—sadaq—) como la griega
(—dikaioo—) significan anunciar o pronunciar un veredicto favorable, declarar justo. El
concepto no significa hacer justo, sino atribuir justicia. Es un concepto de los tribunales,
así que, justificar es dar un veredicto de justicia. Nótese el contraste entre justificar y
condenar en Deuteronomio 25:1; 1 Reyes 8:32; y Proverbios 17:15. Como anunciar la
condenación no hace que una persona se convierta en malvada, tampoco la justificación
hace a una persona justa. No obstante, con condenar o justificar se anuncia el estado
verdadero y real de la persona. Sin embargo, la persona malvada ya es malvada cuando
se pronuncia el veredicto de condenación. Igualmente, la persona justa ya es justa
cuando se anuncia el veredicto de justificación.
B. El problema en la justificación
Puesto que esta es una idea forense, la justificación se relaciona con el concepto de Dios
como Juez. Este tema se encuentra por toda la Biblia. Abraham reconoció a Dios como
el Juez de toda la tierra, que tenía que hacer lo justo (Génesis 18:25). En el canto de
Moisés la justicia y la rectitud de Dios son reconocidas (Deuteronomio 32:4). Pablo le
llama a Dios el Juez justo (2 Timoteo 4:8). El escritor de Hebreos llama a Dios el Juez
de todos, y Santiago les recuerda a sus lectores que el Juez estaba delante de la puerta
(Santiago 5:9).
Si en Dios, el Juez, no hay injusticia y es completamente justo en todas Sus
decisiones, entonces ¿cómo puede El declarar justo a un pecador? Y todos somos
pecadores. Dios solamente tiene tres opciones cuando los pecadores comparecen ante
Su tribunal: Condenarlos, comprometer Su propia justicia para recibirlos tal y como
están, o transformarlos en personas justas. Si El puede ejercer esta tercera opción,
entonces los puede declarar justos. Pero cualquier justicia que un pecador posea tiene
que ser auténtica, no ficticia; real no imaginaria; aceptable por las normas de Dios, y ni
aun un poquito menos que eso. Si esto se pudiera llevar a cabo, entonces, y solamente
entonces, puede El justificar.
Job expresó el problema con precisión cuando preguntó: “¿Y cómo se justificará el
hombre con Dios?” (Job 9:2).
C. El procedimiento en la justificación (Romanos 3:21-26)
Dios pone en efecto esta tercera opción: El puede transformar a los pecadores en
personas justas. ¿Cómo? Haciéndonos justicia de Dios en Cristo (2 Corintios 5:21),
constituyendo justos a los muchos (Romanos 5:19), dándoles a creyentes el don de la
justicia (v. 17). Hay cinco pasos en el proceso, como se detalla en el pasaje central
tocante a la justificación, 3:21–26.
1. El plan (Romanos 3:21). El plan de Dios para proveer la justicia necesaria se centró
en Jesucristo. Fue aparte de la ley. La construcción no lleva el artículo, lo que indica
que era aparte no sólo de la ley mosaica, la cual no podía proveer la justicia (Hechos
13:39), sino también de toda complicación legal. Fue manifestada (una forma perfecta
pasiva) en la encarnación de Cristo, y los efectos de esa gran intervención en la historia
continúan. Es constantemente atestiguado por la Ley y los Profetas, que dieron
testimonio del Mesías venidero (1 Pedro 1:11). Así que, el plan se centra en una
persona.
2. El requisito previo (Romanos 3:22). La justicia llega por la fe en el ahora revelado
Jesucristo. El Nuevo Testamento nunca dice que somos salvos a causa de la fe (esto
requeriría dia con el acusativo). Siempre hace de la fe el canal por el cual recibimos la
salvación (dia con el genitivo). Pero, por supuesto, la fe necesita tener el objeto correcto
para que sea efectiva, y el objeto de la fe salvífica es Jesucristo.
3. El precio (Romanos 3:24–25). Muy claramente, el precio pagado fue la sangre de
Cristo. El costo para El fue lo máximo. A nosotros el beneficio nos llega gratuitamente
(la misma palabra se traduce “sin causa” en Juan 15:25), es decir, sin alguna causa en
nosotros, y por lo tanto por Su gracia.
4. La posición. Cuando el individuo recibe a Cristo, es situado en Cristo. Esto es lo que
hace a la persona justa. Somos hecho justicia de Dios en El. Sólo esta justicia conquista
nuestra desesperada condición pecaminosa, y cumple con todas las demandas de la
justicia de Dios.
5. El pronunciamiento (Romanos 3:26). La justicia de Cristo que tenemos no sólo
cumple las demandas de Dios, sino que también demanda que Dios nos justifique.
Somos justos de hecho, no en ficción; por lo tanto, el Dios santo puede permanecer
justo y justificar al que cree en el Señor Jesucristo.
Por consiguiente, nadie puede acusar a los elegidos de Dios, puesto que en Cristo
somos justos a la vista de Dios. Y por esto es que Dios puede justificarnos.
D. La prueba de la justificación
La justificación se prueba por la pureza personal. “El que ha muerto, ha sido justificado
del pecado” (Romanos 6:7). Nuestra posición es la de absueltos del pecado, de modo
que éste no tiene ya dominio sobre nosotros. La justificación ante el tribunal de Dios se
demuestra por la santidad de vida aquí en la tierra ante el tribunal de los hombres. Esta
era la perspectiva de Santiago cuando escribió que somos justificados por las obras
(Santiago 2:24). Fe no productiva no es fe genuina. Los creyentes han de mostrar por
sus obras ante los hombres lo que son en Cristo. La fe sola nos justifica delante de Dios
y nos permite entrar en el cielo. Las obras nos justifican ante los hombres.
Para concluir: La justificación nos asegura la paz con Dios (Romanos 5:1). Nuestra
relación con El es justa, legal y eterna. Esto constituye el fundamento seguro para la paz
con Dios.
II. EL JUICIO DE LA NATURALEZA PECAMINOSA
Un segundo beneficio muy importante de la muerte de Cristo relaciona Su muerte con el
juicio de la naturaleza pecaminosa del creyente (Romanos 6:1–14). La justificación, ya
hemos visto, se muestra en una vida de santidad: y la base para esa vida de santidad,
como para la justificación, es la muerte de Cristo.
En el capítulo anterior Pablo usó esa frase sorprendente “el don de la justicia”
(5:17). Esto hace surgir la pregunta de 6:1. Si la justicia es una dádiva, entonces ¿no
sería mejor continuar en el pecado para que entonces la gracia se pusiera más de
relieve? Si la salvación fuese por obras, esta pregunta nunca se habría hecho, puesto que
uno tuviera que continuar haciendo buenas obras para poder merecer la salvación. Pero
si es por gracia, entonces ¿no podría uno pecar cuanto quisiese y realmente no haría esto
que la gracia fuera más notable? Pablo responde a esta pregunta con un no enfático. El
da dos razones de por qué la persona justificada no continuará en el pecado.
A. El juicio nos libera del dominio del pecado (Romanos 6:2-10)
1. Su realización (Romanos 6:2–4). Nuestra unión con la muerte y la resurrección de
Cristo es lo que realmente efectúa nuestro traslado del dominio de la vida vieja al de la
vida nueva. La muerte al pecado, entonces, no es una esperanza sino una realidad,
porque Cristo murió al pecado una vez y nosotros nos unimos a El en esa muerte por el
bautismo.
La muerte significa separación, no extinción. Así que la muerte en este párrafo
significa la separación de su dominio o esfera, no la extinción de su presencia. El
bautismo significa nuestra asociación o identificación con alguien o algo. Aquí se
refiere a nuestra identificación con Cristo en Su muerte, cuyo resultado es que hemos
sido separado del poder del pecado. El bautismo aquí no puede referirse a una
ceremonia ni aun a un sacramento, sino más bien a una unión relacional con el Señor
(similar a la de los israelitas con Moisés al cruzar el mar Rojo, 1 Corintios 10:2). El
bautismo ritual, o en agua, ilustra esta unión, pero no la puede efectuar. Así, este
bautismo nos une a Cristo en Su muerte al pecado (separación de su dominio), a Su
sepultura (para demostrar definitivamente que Su muerte fue real), y a Su resurrección
(para darnos novedad de vida).
2. Lo que la acompaña. La identificación con Cristo en Su muerte al pecado trae (a) una
unión con El en la vida de resurrección (v. 5), (b) una anulación del viejo ego (v. 6), y
(c) un liberación del dominio del pecado (v. 7). El tiempo futuro en el versículo 5 indica
lo que inevitablemente tiene que ocurrir (como en Gálatas 6:5). Así se refiere a una
nueva manera espiritual de vivir, no a nuestra futura resurrección física. El viejo hombre
en Romanos 6:6 tiene que ver con nuestro lugar en la vieja creación bajo la influencia
del pecado y la muerte. Aunque privado de su dominio, el viejo orden aún busca
dominar por medio del viejo hombre (Efesios 4:22) al tratar de expresarse, usando el
cuerpo como un vehículo del pecado (lo cual probablemente sea el significado de
“cuerpo de pecado”). Para un uso similar e instructivo de “destruido” o “quitado” en
Romanos 6:6, véase Hebreos 2:14, que relaciona la muerte de Cristo con la destrucción
del poder de Satanás.
B. El juicio nos libera del dominio del pecado (Romanos 6:11-14)
Ahora Pablo llama a los creyentes a que se libren del dominio del pecado en virtud de la
muerte de Cristo al pecado. El llamamiento abarca considerarse (v. 11), rehusar (v. 12),
y presentar (v. 13). Contar o considerar significa calcular, o sumar la verdad de los
hechos presentados en los versículos 1–10, y entonces actuar de acuerdo a ello. Además,
debemos rehusar obedecer a los deseos malos del pecado, y presentarnos, incluyendo
todos los miembros de nuestro cuerpo, a Dios para Su uso. Todas estas frases piden un
rompimiento decisivo y urgente con la vida vieja.
Godet juntó bien todas estas ideas cuando escribió: “El rompimiento del cristiano
con el pecado es indudablemente gradual en su realización, pero en principio es
absoluto y definitivo. Como, para realmente poder romper con una vieja amistad cuya
influencia mala todavía se siente, no son suficientes los procedimientos a medias, y el
único medio eficaz es una franca explicación, seguida de una ruptura completa que ha
de permanecer como una barrera levantada de antemano contra cada nuevo intento de
acercamiento; así, para romper con el pecado se necesita un acto decisivo y radical, una
obra divina que tome posesión del alma, y se interponga en lo adelante entre la voluntad
del creyente y el pecado (Gálatas 6:14). Esta obra divina funciona necesariamente por la
acción de fe en el sacrificio de Cristo” (F. Godet, Commentary on Romans [Edinburgh:
T & T. Clark, n.d.], 1:404).
III. LA BASE PARA LA COMUNION
DE LA FAMILIA CRISTIANA
Ningún pasaje es más fundamental para entender la comunión de la familia cristiana que
1 Juan 1:5–10. En él Juan plantea principios vitales para la vida cristiana diaria, y esta
comunión se basa en la muerte de Cristo (v. 7). Así, otro beneficio de Su muerte es que
hace provisión para el disfrute de la comunión dentro de la familia de Dios.
Que este pasaje se refiere a la comunión familiar, y no a la justificación inicial,
parece claro debido a la repetición de los pronombres “nosotros” y “vosotros”. Dieciséis
veces aparecen en estos seis versículos. También 2:1 continúa el tema y se dirige
claramente a creyentes. La salvación, por supuesto, trae un perdón perfecto, completo, y
eterno (Efesios 1:7), pero los cristianos pecan y, por lo tanto, necesitan perdón continuo
para poder disfrutar de comunión dentro de las relaciones familiares. Algunos han
negado que esto sea necesario, alegando que puesto que los cristianos ya están
perdonados, no necesitan pedir lo que ya poseen (para una crítica excelente de este
concepto, véase, de Zane Hodges, “Fellowship and Confession in 1 John 1:5–10, ”
Bibliotheca Sacra, enero de 1972, 129:48–60). Pero los creyentes sí necesitan perdonar
y pedir perdón (véanse Lucas 11:4; 2 Corintios 2:10; Efesios 4:32; Colosenses 3:13).
¿Cuáles son las condiciones para disfrutar de la comunión familiar? Son dos:
conformarse a la norma de la luz, y confesar el pecado. Dios es luz —una norma
imposible de cumplir para cualquiera que todavía esté en un cuerpo mortal, así que,
gracias a El, éste no es el requisito—. El requisito es que andemos en luz. Esto nos
coloca en la misma esfera moral del Padre, para que podamos participar de la comunión.
El requisito se adapta a cada creyente porque, cual sea su grado de madurez, recibe
alguna luz de la Palabra a la cual tiene que responder. A medida que responda, llega
más luz y con ella más respuesta. Así que, la comunión crece a medida que se expanda
ese círculo de luz.
Por supuesto, no siempre sigue la respuesta. El pecado entra, y se necesita la
confesión para restaurar la comunión. ¿Qué es la confesión? Es decir lo mismo que Dios
dice acerca del pecado. Es tener la misma perspectiva que tiene Dios en cuanto a ese
pecado. Esto tiene que incluir más que simplemente reconocer el pecado, porque la
perspectiva de Dios también incluirá que hay que abandonar ese pecado. Por lo tanto,
confesar incluye una actitud de abandonar ese pecado.
La confesión privada a Dios siempre es necesaria para restaurar la comunión. ¿Y
qué de la confesión pública también? Eso depende. Hay ejemplos bíblicos de confesión
pública (Santiago 5:16 da una exhortación general, y Hechos 19:18 un ejemplo
específico). El pecado público normalmente requeriría confesión pública. Hace años yo
estaba platicando acerca de este tema de la confesión pública con un santo ya anciano.
El me dio dos guías valiosas que deben regir en la confesión pública. (1) Esté seguro de
que es Dios quien le está impulsando a confesar públicamente. Satanás, las emociones,
o la presión pública también lo pueden instar a hacer algo que puede que no sea del
Señor. (2) Antes de decir nada, pregúntese si edificará o no a los oyentes, ya que todas
las cosas en la asamblea general se deben hacer para edificación.
Cuando confesamos al Padre, El es confiable y justo para perdonar y restaurarnos a
la comunión familiar. Esto es cierto, ya sea que lo sintamos o no. Y nótese que El lo
hace en virtud de la muerte de Cristo, quien fue la propiciación por nuestros pecados (1
Juan 2:1–2).
IV. EL FIN DE LA LEY
Otro beneficio importante de la muerte de Cristo fue la inauguración del principio de la
fe-justicia para reemplazar el principio de la ley-obras. Sin embargo, la declaración de
Pablo en Romanos 10:4 de que Cristo es el fin de la ley pudiera entenderse con el
significado o bien de terminación, o bien de propósito. En otras palabras, o Cristo puso
fin a la ley, o el propósito de la venida de Cristo fue el cumplir la ley (Mateo 5:17). Sin
embargo, la terminación parece ser claramente el significado en este contexto, debido al
contraste (comenzando en Romanos 9:30) entre la ley y la justicia de Dios. El
argumento de Pablo que sigue no es que el judío estaba incompleto y necesitaba la
venida de Cristo para perfeccionar su posición ante Dios, sino que su posición bajo el
principio de ley-obras estaba absolutamente incorrecto porque buscaba establecer la
justicia por el principio de ley-obras en vez de por aceptar el don de ]a justicia de Dios.
Aunque es cierto que nuestro Señor cumplió la ley, este pasaje no está enseñando eso,
sino más bien, que El puso fin a la ley y proveyó un camino nuevo y vivo hacia Dios.
A. La naturaleza de la ley
La ley a la que nuestro Señor puso fin fue, por supuesto, la ley mosaica, de acuerdo al
contraste que se halla en el pasaje mismo. Para explicar la importancia de este beneficio
de la obra de Cristo, primero es necesario observar algunos de los detalles de la ley
mosaica.
1. La ley mosaica era una unidad. Generalmente la ley se divide en tres partes: la moral,
la ceremonial, y la judicial. Los Diez Mandamientos componen la parte moral (Exodo
34:28). Los juicios comienzan en el 21:2 e incluyen una lista de los derechos entre los
hombres con los correspondientes juicios para los ofensores. La parte ceremonial
comienza en el 25:1 y regulaba la vida de adoración de Israel. Aunque esta división
tripartita es casi universalmente aceptada en la teología cristiana, el pueblo judío o no la
reconocía o a lo menos no insistía en ella. Más bien ellos dividían los 613
mandamientos de la ley en doce familias de mandamientos, los cuales entonces eran
subdivididos en doce familias adicionales de mandamientos positivos y doce familias
adicionales de negativos. Mandamientos específicos que se clasificaban en estas varias
categorías se tomaban de muchos lugares dentro de la ley, simplemente, porque la ley se
veía como una unidad.
Cuando se toman en cuenta las penalidades conectadas a ciertos mandamientos, se
percibe aun más el carácter unido de la ley. Cuando se violó el mandamiento de guardar
el sábado (uno de los “mandamientos”) por un hombre que recogía leña en ese día, la
penalidad fue la muerte a pedradas (Números 15:32–36). Cuando el pueblo de Israel
violó el mandamiento concerniente al año sabático para la tierra (uno de los “juicios”),
Dios los mandó al cautiverio donde muchos murieron (Jeremías 25:11). Cuando Nadab
y Abiú ofrecieron fuego extraño delante de Dios (una de las “ordenanzas”), ellos
murieron inmediatamente (Levítico 10:1–7). Claramente, estos mandamientos de varias
partes de la ley eran de igual obligatoriedad y el castigo igualmente severo. La ley era
una unidad.
Santiago consideró a la ley como una unidad. El censuró la parcialidad porque
violaba la ley de amar el prójimo como a sí mismo, y esta sola violación, dijo él, hizo al
pueblo culpable de quebrantar toda la ley (Santiago 2:8). El difícilmente hubiera podido
llegar a semejante conclusión si la ley no fuera una unidad.
2. La ley fue dada a Israel. El Antiguo Testamento y el Nuevo son unánimes en esto
(Levítico 26:46; Romanos 9:4). Además, Pablo estableció un contraste entre los judíos,
quienes recibieron la ley, y los gentiles, que no la recibieron (2:14).
B. El fin de la ley
El Concilio de Jerusalén arregló este asunto temprana y claramente (Hechos 15).
Debatiendo la pregunta de que si la circuncisión era necesaria para la salvación o no, el
concilio pronunció un no enfático. Pedro describió la ley como un yugo imposible de
llevar. Cuando los líderes les escribieron a los creyentes gentiles para limitar su libertad
en asuntos que eran ofensivos a los creyentes judíos, no trataron de colocar a los
creyentes bajo la ley (lo cual hubiera arreglado el problema rápidamente), porque ellos
entendieron que la ley había llegado a su fin.
En 2 Corintios 3:7–11 Pablo aun especifica que la parte de la ley que fue escrita en
tablas de piedra (los Diez Mandamientos) había sido abrogada. El se atreve a calificar la
parte moral de la ley como un ministerio de muerte y condenación, pero, gracias a Dios,
esto ha sido reemplazado por el nuevo pacto, que trae vida y justificación.
En Hebreos 7:11–12 el escritor demuestra la superioridad del sacerdocio de
Melquisedec sobre el de Aarón. El concluye que si el sacerdocio aarónico o levítico
hubiera podido traer la perfección al pueblo, no habría sido necesario otro sacerdocio
basado en Melquisedec. Y ese cambio de sacerdocio hizo necesario un cambio en la ley.
En otras palabras, si la ley no se hubiera abrogado, entonces tampoco lo habría sido el
sacerdocio levítico, y Cristo no fuera nuestro Sumo Sacerdote hoy en día. Pero si Cristo
es nuestro Sumo Sacerdote, entonces la ley ya no puede estar vigente ni ser obligatoria
para nosotros.
C. El problema que se levanta
Si Cristo puso fin a la ley, entonces, ¿por qué incluye el Nuevo Testamento algunas
partes de la ley mosaica en su ética? ¿Cómo podía terminar la unidad y aun así contener
aspectos específicos que todavía obligan al cristiano? Si el Nuevo Testamento incluyera
la totalidad de los Diez Mandamientos, la respuesta sería simple: La ley moral continúa,
mientras que el resto ha caducado. Pero el Nuevo Testamento solamente incluye nueve
de los diez, y complica más cualquier solución simple, por incluir algunas leyes de otras
partes que no son la sección moral de la ley (Romanos 13:9; Santiago 2:8).
D. Soluciones al problema que se sugieren
1. La de Calvino. Calvino enseñó que la abrogación de la ley se refería a la liberación de
la conciencia del temor y a la cesación de las ceremonias judías antiguas. El hizo
distinción entre la ley moral, de la cual dijo que solamente fue abrogada en cuanto a su
efecto de condenar a las personas, y la ley ceremonial, la cual, dijo él, fue abrogada
tanto en sus efectos como en su uso. Al tratar con 2 Corintios 3, solamente señaló de
manera general la diferencia entre la muerte y la vida en los pactos antiguo y nuevo. El
presentó una exposición muy buena de los Diez Mandamientos, pero no consideró que
el domingo fuese una continuación del sábado (como lohizo la Confesión de
Westminster). En otras palabras, Calvino, como muchos que lo han seguido,
consideraba que parte pero no toda la ley, ha cesado, y que los Diez Mandamientos con
la excepción del sábado, el cual él tomó en una forma no literal, son obligatorios para
los creyentes hoy en día. (Institución, II, XI, 4 y II, VIII, 33). Obviamente, esto resuelve
verdaderamente el problema.
2. La de Murray. John Murray afirma claramente que los Diez Mandamientos fueron
abolidos, pero los ve como aplicables en un sentido más profundo, cualquiera que sea su
significado. El escribió: “Por lo tanto, la abolición de estas regulaciones coincide con
una comprensión más profunda de la santidad de los Diez Mandamientos. Es esta
misma línea de pensamiento que se ha de aplicar también al cuarto mandamiento.
¿Abolición de algunas de las regulaciones mosaicas? ¡Sí! Pero esto no afecta en ninguna
manera a la santidad del mandamiento ni a la obligatoriedad de la observancia que es el
complemento de esa santidad” (Collected Writings [Carlisle, Penn: Banner of Truth
Trust, 1976], 1:212).
3. La mía. La única solución (la cual yo nunca he visto propuesta por ningún otro) que
parece hacerle completa justicia al sentido pleno de los varios pasajes de las Escrituras,
hace distinción entre un código y los mandamientos contenidos dentro del mismo. La
ley mosaica fue uno de varios códigos de conducta ética que Dios ha dado a través de la
historia humana. Ese código particular contenía 613 mandamientos. También han
existido otros códigos. Adán vivió bajo leyes, que en su totalidad se pudieran llamar el
código de Adán o el código de Edén. Se esperaba que Noé obedeciera las leyes de Dios,
así que había un código noético. Sabemos que Dios le reveló a Abraham muchos
mandamientos y leyes (Génesis 26:5). Estos se pudieran llamar el código abrahámico.
El código mosaico contenía todas las leyes de la ley. Y hoy en día vivimos bajo la ley
de Cristo (Gálatas 6:2), o la ley del Espíritu de vida en Cristo (Romanos 8:2). Este
código contiene cientos de mandamientos específicos registrados en el Nuevo
Testamento.
Ahora la ley mosaica fue descartada en su totalidad como código. Ha sido
reemplazada por la ley de Cristo. La ley de Cristo contiene algunos mandamientos
nuevos (1 Timoteo 4:4), algunos antiguos (Romanos 13:9), y algunos revisados
(Romanos 13:4, relativo a la pena de muerte). Todas las leyes del código mosaico han
sido abolidas, porque el código lo ha sido. Los mandamientos mosaicos específicos que
son parte del código cristiano aparecen allí no como una continuación de la ley mosaica,
o para que se observen en un sentido más profundo, sino como específicamente
incorporados en ese código, y como tales son obligatorios para los creyentes hoy en día.
Una ley particular que fue parte del código mosaico se ha abolido; esa misma ley, si es
parte de la ley de Cristo, está vigente. Es necesario establecer ambas verdades para no
tener que recurrir a una interpretación no literal de 2 Corintios 3 ó de Hebreos 7, y para
no tener que llegar a alguna clase de contorsión teológica a fin de retener parte de la ley
mosaica.
Una ilustración de esta idea: A medida que los niños van madurando, los padres
instituyen códigos diferentes. Algunos de los mismos mandamientos puede que
aparezcan en esos distintos códigos. Pero cuando el nuevo código entra en vigencia, el
antiguo se abroga. Así ocurrió con la ley mosaica cuando nuestro Señor llegó a ser el fin
de la ley para justicia a todo aquel que cree.
1

1
Ryrie, C. C. (2003). Teologı́a básica (314). Miami: Editorial Unilit.

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