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Mujeres en La Biblia

El documento narra la historia de Rut, una moabita que abandonó su país y dioses para seguir a su suegra Noemí y adorar a Jehová en Israel. A pesar de las dificultades y pérdidas, Rut demostró un amor leal y devoción, convirtiéndose en antepasada del rey David y de Jesucristo. Se destaca la importancia de la fe y el apoyo mutuo en tiempos de adversidad.

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Mujeres en La Biblia

El documento narra la historia de Rut, una moabita que abandonó su país y dioses para seguir a su suegra Noemí y adorar a Jehová en Israel. A pesar de las dificultades y pérdidas, Rut demostró un amor leal y devoción, convirtiéndose en antepasada del rey David y de Jesucristo. Se destaca la importancia de la fe y el apoyo mutuo en tiempos de adversidad.

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“Aconteció después, que él andaba de ciudad en ciudad y de aldea en

aldea, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. Los doce


iban con él, y también algunas mujeres que habían sido sanadas de
espíritus malignos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la
cual habían salido siete demonios; Juana, la mujer de Cuza, administrador
de Herodes; Susana, y muchas otras. Ellas les servían con sus bienes”
(Lucas 8:1-3).
“Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer;
porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).

Rut
¿Quién fue? Rut era una moabita que dejó su país y a sus dioses para
servir a Jehová en Israel.
¿Qué hizo? Rut demostró un gran amor a Noemí, su suegra. Noemí, su
esposo y sus dos hijos se habían ido a vivir a Moab debido al hambre que
había en Israel. Después, los hijos se casaron con dos moabitas, Rut y
Orpá. Sin embargo, con el tiempo, el esposo y los hijos de Noemí
murieron. Así que las tres mujeres quedaron viudas.
Noemí decidió regresar a Israel, pues la sequía ya había terminado. Rut y
Orpá querían ir con ella, pero Noemí les dijo que volvieran con sus
familiares. Orpá lo hizo (Rut 1:1-6, 15). Pero Rut se quedó con su suegra,
pues la quería mucho y quería adorar al Dios de Noemí, Jehová (Rut 1:16,
17; 2:11).
Rut era una buena nuera y una mujer muy trabajadora, por eso se ganó
una excelente reputación en la ciudad de Noemí, Belén. Un hombre
llamado Boaz, que era rico y dueño de muchas tierras, quedó tan
impresionado con Rut que le dio abundante alimento para ella y Noemí
(Rut 2:5-7, 20). Con el tiempo, Rut se casó con Boaz y así llegó a ser
antepasada del rey David y de Jesucristo (Mateo 1:5, 6, 16).
¿Qué aprendemos de ella? Rut estuvo dispuesta a abandonar su país y
a su familia por el gran amor que sentía por Noemí y por Jehová.
Demostró que era una mujer trabajadora, devota y leal, aun en momentos
difíciles.
 CAPÍTULO 4
“A donde tú vayas yo iré”
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1, 2. a) ¿Cómo es el camino que recorren Rut y Noemí? ¿Con qué penas carga cada una? b) ¿En qué
sentido es el viaje de Rut distinto al de Noemí?

RUT y Noemí recorren a pie un camino que atraviesa las llanuras de


Moab. Ahora están solas. Sus siluetas apenas se distinguen en el inmenso
paisaje azotado por el viento. Rut se da cuenta de que las sombras de la
tarde son cada vez más alargadas. “Tal vez sea hora de buscar un lugar
donde pasar la noche”, piensa mirando a su suegra. La quiere muchísimo
y está dispuesta a hacer todo lo que esté en su mano para cuidar de ella.

Cada una carga con sus propias penas. Hace años que Noemí es viuda y

ahora llora la muerte de sus hijos, Mahlón y Kilión. Rut también está muy
afligida, pues Mahlón era su esposo. Ahora las dos se dirigen al mismo
sitio, la ciudad de Belén en Israel. Sin embargo, cada una ve el viaje de
forma distinta. Mientras que Noemí vuelve a su lugar de origen, Rut
avanza hacia una tierra desconocida, dejando atrás a sus parientes, su
país y su cultura, lo que incluye a sus dioses (lea Rut 1:3-6).

3. ¿Qué preguntas debemos responder si queremos tener una fe como la de Rut?


¿Por qué una joven como Rut daría un giro tan grande a su vida? ¿De

dónde sacó las fuerzas para comenzar de nuevo y cuidar de Noemí? Rut
la moabita es un gran ejemplo de fe, y conocer las respuestas a estas
preguntas nos ayudará a imitarla. (Vea también el recuadro “ Una obra de
arte en miniatura”.) Antes que nada, averigüemos por qué estas dos
mujeres emprendieron el largo camino que las llevaría a Belén.

Una familia destrozada por la tragedia


4, 5. a) ¿Por qué Noemí y su familia se mudaron a Moab? b) ¿A qué pruebas se enfrentó Noemí en Moab?

El pequeño país de Moab, donde se crió Rut, estaba situado al este del

mar Muerto. Se encontraba en una región de altas mesetas cortadas por


profundos barrancos. Aunque no era una zona arbolada,  “los campos de
Moab” solían ser tierras de cultivo fértiles, incluso cuando el hambre
azotaba el vecino territorio de Israel. De hecho, esa fue la razón por la que
Mahlón y su familia conocieron a Rut (Rut 1:1).

Debido al hambre que había en Israel, Elimélec —el esposo de Noemí—


había decidido dejar su país y mudarse a Moab con su esposa y sus dos
hijos. Esta mudanza de seguro puso a prueba la fe de toda la familia, pues
los israelitas debían ir periódicamente al lugar sagrado que Jehová había
elegido para ser adorado (Deut. 16:16, 17). Y aunque Noemí logró
mantener viva su fe, quedó desolada cuando falleció su esposo (Rut
1:2, 3).

6, 7. a) ¿Por qué debió de preocuparle a Noemí que sus hijos se casaran con mujeres moabitas? b) ¿Por
qué es admirable la manera en que Noemí trató a sus nueras?
Es muy probable que Noemí volviera a sufrir al ver que sus hijos se

casaban con mujeres moabitas (Rut 1:4). Ella sabía que Abrahán,
antepasado de los israelitas, hizo todo lo posible por que su hijo Isaac
consiguiera una esposa que estuviera emparentada con su familia, pues
sus parientes adoraban a Jehová (Gén. 24:3, 4). Además, la Ley mosaica
advertía a los israelitas que no dejaran que sus hijos e hijas se casaran
con personas de otra nación, pues esto podría llevar al pueblo de Dios a la
idolatría (Deut. 7:3, 4).

Aun así, Mahlón y Kilión eligieron a dos moabitas como esposas.


Es posible que Noemí se sintiera decepcionada o preocupada por la


situación, pero de todas formas se esforzó por tratar con bondad y amor a
sus nueras, Rut y Orpá. A lo mejor abrigaba la esperanza de que algún día
llegaran a servir a Jehová. En todo caso, es evidente que ellas la querían
muchísimo. La buena relación que las tres habían forjado las mantuvo en
pie cuando la muerte de Mahlón y Kilión golpeó despiadadamente a la
familia. Sin siquiera haber tenido hijos, Rut y Orpá quedaron de pronto
convertidas en dos jóvenes viudas (Rut 1:5).

8. ¿Qué cualidades de Jehová debieron impresionar a Rut?


¿Le ayudó de algún modo a Rut su religión a sobrellevar la dolorosa

pérdida de su esposo? Lo más probable es que no. En Moab se rendía


culto a muchos dioses, entre quienes se destacaba Kemós (Núm. 21:29).
Según parece, los moabitas llegaron al extremo de sacrificar niños, lo que
demostraría que su religión estaba impregnada por la crueldad y los
horrores tan comunes en aquella época. Pero ¡qué diferente era el Dios de
Israel! Cualquier cosa que Mahlón o Noemí le hubieran enseñado a Rut
sobre el amor y la misericordia de Jehová debió haberla impresionado
muchísimo. Jehová no quería que sus siervos le obedecieran por miedo,
sino por amor (lea Deuteronomio 6:5). Tras una pérdida  tan
devastadora, es probable que Rut se acercara más a Noemí. Podemos
imaginarla escuchando a su suegra hablarle del Dios todopoderoso, de
sus magníficas obras y de cómo cuida a su pueblo con ternura y
compasión.

Rut buscó el consuelo de Noemí en momentos de profundo dolor


9-11. a) ¿Qué decisión tomaron Noemí, Rut y Orpá? b) ¿Qué podemos aprender de las desgracias que
sufrieron?

Noemí se mantenía pendiente de cómo iban las cosas en su país.


Un buen día, tal vez de boca de un mercader, oyó que ya no había


hambre en Israel porque Jehová había acudido en ayuda de su pueblo.
Belén volvía a hacer honor a su nombre, que significa “Casa de Pan”. Así
que Noemí decidió regresar a su antiguo hogar (Rut 1:6).

10 
¿Qué harían Rut y Orpá? (Rut 1:7.) La terrible experiencia que vivieron
las había unido mucho a su suegra. Parece que a Rut, en particular, le
atraían mucho la bondad de Noemí y su gran fe en Jehová. Fue así que,
finalmente, las tres viudas partieron juntas con destino a Judá.

11 
¡Cuántas valiosas lecciones nos enseña este fragmento del relato de Rut!
Vemos, por ejemplo, que las desgracias afectan a todo el mundo, tanto a
los buenos como a los malos (Ecl. 9:2, 11). También encierra otra valiosa
lección: cuando sufrimos una pérdida muy dolorosa, es bueno buscar el
consuelo que otros nos puedan dar y, en especial, el de quienes se
refugian en Jehová, el Dios al que Noemí servía (Prov. 17:17).

El amor leal de Rut


12, 13. ¿Por qué Noemí les suplica a Rut y Orpá que vuelvan a su casa, y de qué forma reaccionan ellas?
A medida que las tres viudas avanzan por el camino, a Noemí le ronda
12 

otra preocupación por la cabeza. Está pensando en las dos jóvenes que la
acompañan y que tanto amor le han dado a ella y a sus hijos. No quiere
que sufran más. Está convencida de que no tendrá nada que ofrecerles si
lo dejan todo para ir con ella a Belén.

Noemí no puede contenerse más y les suplica: “Anden, vuélvanse, cada


13 

una a la casa de su madre. Que Jehová ejerza bondad  amorosa para con


ustedes, así como ustedes la han ejercido para con los hombres ya
muertos y para conmigo”. Además, les expresa su deseo de que Jehová
las recompense a cada una con un esposo y una nueva vida. El relato
continúa: “Entonces las besó, y ellas se pusieron a alzar la voz y llorar”.
No es de extrañar que Rut y Orpá quieran tanto a su suegra, una mujer
tan buena y generosa. De hecho, las dos jóvenes se niegan a dejarla y le
aseguran con insistencia: “Contigo volveremos a tu pueblo” (Rut 1:8-10).

14, 15. a) ¿A qué cosas decide volver Orpá? b) ¿Cómo intenta Noemí convencer a Rut para que se vaya?

Pero Noemí no da el brazo a torcer. Trata de hacerles entender que


14 

no podrá hacer mucho por ellas en Israel, pues no tiene esposo que la
cuide, ni hijos con los que las jóvenes puedan casarse. Además, no cree
que esta situación vaya a cambiar. Incluso reconoce que le angustia
mucho no poder cuidar de ellas. Orpá enseguida lo ve claro: le conviene
quedarse en Moab, donde la esperan su madre y sus demás parientes.
En términos prácticos, esta parece ser la mejor opción. Así que, con
mucha tristeza, besa a su suegra y da media vuelta (Rut 1:11-14).
¿Y a Rut? ¿La convencen los argumentos de Noemí? De ninguna
15 

manera. El relato indica que Rut se queda con ella. Quizás Noemí ya ha
reemprendido la marcha, pero cuando ve que Rut la está siguiendo, trata
de convencerla diciéndole que Orpá “se ha vuelto a su pueblo y a sus
dioses” y le suplica que se vaya con ella (Rut 1:15). Las palabras de
Noemí nos revelan un detalle muy importante: Orpá no solo volvía a su
pueblo, sino también “a sus dioses”. No le molestaba seguir adorando a
Kemós y a otras deidades falsas. ¿Veía Rut las cosas de la misma
manera?

16-18. a) ¿Con qué palabras expresa Rut su amor leal? b) ¿Qué decide hacer Rut debido al amor leal que
siente por su suegra? (Vea también las ilustraciones de Rut y Noemí.)

 16 El corazón de Rut rebosa de amor por Noemí y por su Dios. Así que
no tiene ni la más mínima duda de lo que quiere hacer. Sola con Noemí en
aquel polvoriento camino, la mira a los ojos y le dice: “No me instes con
ruegos a que te abandone, a que me vuelva de acompañarte; porque a
donde tú vayas yo iré, y donde tú pases la noche yo pasaré la noche. Tu
pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde mueras tú, yo moriré, y
allí es donde seré enterrada. Que Jehová me haga así y añada a ello si
cosa alguna aparte de la muerte hiciera una separación entre tú y yo” (Rut
1:16, 17).
“Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios”

¡Qué palabras tan memorables! Tanto es así que siguen recordándose


17 

hoy día, unos tres mil años después de que Rut las pronunciara. Resaltan
una hermosa cualidad: el amor leal. El amor que Rut siente por Noemí es
tan grande, leal e inquebrantable que está decidida a nunca apartarse de
su lado, no importa adónde vaya. Solo la muerte podría separarlas. Rut
está lista para formar parte del pueblo de Noemí y dejar atrás todo lo que
conoce en Moab, incluidos sus dioses. A diferencia de Orpá, ella desea de
corazón servir al Dios de Noemí, Jehová. *

De modo que ambas retoman el largo camino que las conducirá a Belén.
18 

Según cierto cálculo, el viaje bien pudo tomarles una semana. Pero
seguro que recorrer ese trayecto juntas les hace las penas más
llevaderas.

19. ¿Cómo podría usted imitar el amor leal de Rut en la familia, con los amigos y en la congregación?
19 
Hoy día vivimos rodeados de dolor y sufrimiento. Como dice la Biblia,
estos son “tiempos críticos, difíciles de manejar”, en los que afrontamos
todo tipo de desgracias (2 Tim. 3:1). Por eso es más necesario que nunca
mostrar amor leal, tal como lo hizo Rut. ¿En qué consiste esta
sobresaliente virtud? Se trata de una fuerza que nos impulsa a hacer el
bien a pesar de vivir en un mundo lleno de maldad. Quien la manifiesta es
leal al objeto de su amor y no lo abandona, pase lo que pase. Es una
cualidad imprescindible en el matrimonio, en la familia, en las amistades y
en la congregación cristiana (lea 1  Juan 4:7, 8,  20). Si cultivamos
este tipo de amor, estaremos imitando el magnífico ejemplo de Rut.

  Rut y Noemí en Belén


20-22. a) ¿Cómo han afectado a Noemí los años que vivió en Moab? b) ¿Qué punto de vista equivocado
tiene Noemí sobre sus sufrimientos? (Vea también Santiago 1:13.)

20 
Una cosa es decir que uno siente amor leal por alguien, y otra muy
distinta es demostrarlo. En el caso de Rut, ella probó con hechos el amor
leal e inquebrantable que sentía por Noemí y por Jehová, el Dios que
había elegido. Veamos cómo.

21 
Por fin las dos viudas llegan a Belén, situada a unos 10 kilómetros
(6 millas) al sur de Jerusalén. La emoción que causa el regreso de Noemí
parece indicar que ella y su familia habían sido bastante conocidas en
esta pequeña ciudad. Las mujeres la observan detenidamente y se
preguntan: “¿Es esta Noemí?”. Sin duda, los años tan difíciles que vivió en
Moab la han cambiado mucho y han dejado huella en su aspecto (Rut
1:19).
Noemí les cuenta a sus parientes y antiguas vecinas todas las angustias
22 

que ha sufrido. Hasta ruega que le cambien el nombre —que significa “Mi
Agradabilidad”— por Mará, que quiere decir “Amarga”. ¡Qué triste está!
Al igual que hizo Job, ella cree que es Jehová quien la ha hecho sufrir
tanto (Rut 1:20, 21; Job 2:10; 13:24-26).

23. ¿En qué piensa Rut, y qué medida para ayudar a los pobres incluye la Ley? (Vea también la nota.)

Suegra y nuera se adaptan poco a poco a la vida de Belén, y Rut piensa


23 

en cómo va a cuidar de sí misma y de Noemí. Se ha enterado de que la


Ley que Jehová entregó a Israel incluye la rebusca, una bondadosa
medida para ayudar a los pobres. Durante la temporada de la cosecha
pueden entrar en los campos para ir recolectando lo que los segadores
dejan atrás. También pueden recoger lo que ha crecido en las orillas y
esquinas de los terrenos de cultivo (Lev. 19:9, 10; Deut. 24:19-21). *

24, 25. ¿Qué hace Rut cuando llega a las tierras de Boaz, y cómo era el trabajo de rebuscar los campos?

 24 Ha llegado el tiempo de cosechar la cebada (alrededor del mes de abril


según nuestro calendario). Rut sale a los campos en busca de alguien que
le permita trabajar. Por casualidad, acaba en las tierras de un rico
terrateniente llamado Boaz, quien resulta ser pariente de Elimélec, el
difunto esposo de Noemí. Aunque Rut tiene el derecho de entrar a
rebuscar, no lo da por sentado y le pide permiso al joven capataz de los
segadores. Él se lo concede, y ella se pone a trabajar de inmediato (Rut
1:22–2:3, 7).
Mientras los cosechadores cortan la cebada con sus hoces de pedernal,
25 

Rut va detrás. Se agacha para recoger lo que se les cae o pasan por alto,
hace gavillas atando las espigas y las lleva a un lugar donde después
pueda sacar el grano. Es una labor lenta y agotadora, que se vuelve más
y más difícil a medida que avanza la mañana. Con todo, Rut no se distrae
y solo se detiene para secarse el sudor de la frente y comer algo “en la
casa”, que posiblemente sea un refugio para que los trabajadores
descansen a la sombra.

Rut trabajaba de sol a sol en una labor humilde para cuidar de sí misma y


de Noemí

26, 27. ¿Qué clase de persona es Boaz, y cómo trata a Rut?


Lo más probable es que Rut no espere llamar la atención de nadie. Pero
26 

cuando Boaz la ve, le pregunta al capataz quién es ella. Boaz es un


hombre entrado en años, de admirable fe y profundo amor a Dios. Al llegar
saluda a sus trabajadores con estas palabras: “Jehová esté con ustedes”,
y ellos —algunos de los cuales tal vez son solo jornaleros o incluso
extranjeros— le responden de forma parecida. Al ver a Rut, se interesa
por su bienestar y la trata con cariño, como un padre a una hija (Rut 2:4-
7).

 27 De hecho, la llama “hija mía” y le aconseja que siga espigando en sus
campos y se mantenga cerca de las jóvenes que trabajan para él, a fin de
que ninguno de los segadores la moleste. Además, se asegura de que
no le falte comida a la hora del almuerzo (lea Rut 2:8,  9,  14). Pero ante
todo, la felicita y la anima. ¿Por qué?

28, 29. a) ¿Qué reputación se había ganado Rut? b) ¿Cómo podemos nosotros refugiarnos bajo las alas de
Jehová?

Cuando Rut le pregunta a Boaz a qué se debe que la trate tan bien a
28 

pesar de ser extranjera, él le responde que se ha enterado de todo lo que


ha hecho por Noemí. Esta debe haber hablado bien de su querida nuera a
las mujeres de Belén. Es más, él también sabe que Rut ha decidido servir
a Jehová, pues le dice: “Que Jehová recompense tu manera de obrar, y
que llegue a haber para ti un salario perfecto procedente de Jehová el
Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a buscar refugio” (Rut 2:12).
No cabe duda de que Rut se ha refugiado bajo las protectoras alas de
29 

Jehová, tal como un polluelo se acurruca bajo las alas de su madre.


Se siente muy animada por las tranquilizadoras palabras de Boaz y se las
agradece de corazón. Después del almuerzo, sigue trabajando hasta que
cae la tarde (Rut 2:13, 17).

30, 31. ¿Qué nos enseña el ejemplo de Rut sobre ser trabajadores, agradecidos y demostrar amor leal?

Las obras de fe de Rut son un gran ejemplo para todos nosotros, en


30 

especial en esta época de tantas dificultades económicas. Como Rut


no daba por sentado que tenían que ayudarla, agradecía todo lo que le
ofrecían. No se avergonzaba de trabajar de sol a sol en una labor humilde
para cuidar de la persona que amaba. Además, valoró y aceptó los
buenos consejos sobre cómo trabajar con seguridad y en buena
compañía. Pero sobre todo, nunca perdió de vista dónde encontraría
verdadero refugio: en su Padre y Protector, Jehová.

Si demostramos amor leal como hizo Rut y seguimos su ejemplo al ser


31 

personas humildes, trabajadoras y agradecidas, nuestra fe también


inspirará a los demás. Ahora bien, ¿cómo cuidó Jehová de Rut y Noemí?
Lo analizaremos en el siguiente capítulo.
 CAPÍTULO 5
“Una mujer excelente”
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1, 2. a) ¿Qué trabajo realiza Rut? b) ¿Qué aspectos de la Ley y del pueblo de Jehová le llaman la atención a
Rut?

RUT se arrodilla junto al montón de cebada que ha recogido durante el


día. Ya está cayendo la noche sobre los campos, y muchos trabajadores
se encaminan hacia la entrada de la pequeña ciudad de Belén, enclavada
en una cordillera. Seguro que Rut se siente adolorida después de este
largo día de trabajo, pues casi no ha parado desde la mañana. Pero su
jornada aún no ha terminado. Ahora se pone a golpear la cebada con una
vara para desgranarla. A pesar de todo, le ha ido mejor de lo que
esperaba.
¿Están por fin mejorando las cosas para esta joven viuda? Como vimos

en el capítulo anterior, Rut ha decidido quedarse con Noemí, su suegra, y


le ha prometido que nunca la abandonará y que hará de Jehová —el Dios
de Noemí— su propio Dios. Las dos viudas llegaron a Belén procedentes
de Moab, la tierra de Rut, y ella ha visto que la Ley que Jehová dio a Israel
incluye medidas prácticas que dignifican a los pobres, aunque sean
extranjeros. Ahora observa que en este pueblo que se rige por la Ley de
Jehová, hay quienes se destacan especialmente por su espiritualidad y
bondad, y esto conmueve su afligido corazón.

3, 4. a) ¿Cómo animó Boaz a Rut? b) ¿Por qué nos será útil analizar el ejemplo de Rut si pasamos por
dificultades económicas?

Una de esas personas es Boaz, el rico israelita en cuyos campos Rut ha


espigado hoy. Este hombre mayor la trató como a una hija, e incluso la
felicitó por cuidar de su suegra y por buscar refugio bajo las alas del Dios
verdadero, Jehová. Rut no puede evitar que una sonrisa ilumine su rostro
al recordar aquellas palabras tan bondadosas (lea Rut 2:11-14).

Aun así, a Rut seguramente le preocupa su futuro. Siendo una extranjera


pobre, viuda y sin hijos, ¿cómo va a cubrir sus necesidades y las de


Noemí durante los próximos años? ¿Tendrán suficiente con lo que consiga
espigando? ¿Y quién la cuidará a ella cuando envejezca? Sería muy
comprensible que se sintiera abrumada.  Hoy día, con tantas dificultades
económicas, a muchas personas les asaltan esas mismas inquietudes.
Al ir descubriendo cómo la fe ayudó a Rut a seguir adelante, veremos
muchos aspectos en los que podemos imitarla.
¿Qué constituye una familia?
5, 6. a) ¿Cómo le fue a Rut en su primer día de trabajo en los campos de Boaz? b) ¿Cómo reacciona Noemí
cuando ve a Rut?

Cuando Rut termina de desgranar las espigas y recoger los granos, ve


que tiene aproximadamente una medida de efá, el equivalente a más de


20 litros de capacidad. Toda aquella cebada pesa unos 14 kilos (30 libras),
así que para cargarla, puede que la amontone encima de una pieza de
tela y se coloque el fardo sobre la cabeza. Cuando emprende el camino
hacia Belén, ya está anocheciendo (Rut 2:17).

Noemí se alegra cuando llega su querida nuera y quizás hasta suelta un


grito de sorpresa al ver el pesado fardo de cebada. Rut también trae lo


que le sobró de la comida que Boaz ofreció a los trabajadores, y con eso
cenan las dos. Noemí le pregunta: “¿Dónde espigaste hoy, y dónde
trabajaste? Llegue a ser bendito el que se fijó en ti” (Rut 2:19). Al ver todo
lo que la joven ha traído, Noemí se da cuenta de que alguien se ha fijado
en ella y la ha tratado con amabilidad.

7, 8. a) Para Noemí, ¿de parte de quién venían en realidad los buenos actos de Boaz, y por qué piensa así?
b) ¿Cómo sigue demostrando Rut amor leal por su suegra?

Las dos se ponen a hablar, y Rut le cuenta a Noemí lo bueno que ha sido

Boaz con ella. Noemí, conmovida, responde: “Bendito sea él de Jehová,


que no ha abandonado su bondad amorosa para con los vivos y los
muertos” (Rut 2:20). Como vemos, Noemí consideraba que los buenos
actos de Boaz en realidad venían de Dios. ¿Por qué? Porque es Jehová
quien impulsa a sus siervos a ser buenos y generosos. Además, promete
recompensar a quienes actúen con bondad (lea Proverbios 19:17). *
Noemí aconseja a Rut que acepte la oferta de Boaz de continuar

espigando en sus campos, manteniéndose cerca de las jóvenes que


trabajan para él; así evitará que otros cosechadores la molesten. Rut le
hace caso y, como dice el relato, “siguió morando con su  suegra”,
palabras que resaltan una vez más la cualidad que la distingue: el amor
leal (Rut 2:22, 23). ¿Y qué hay de nosotros? ¿Estamos siempre listos para
ayudar y apoyar a nuestra familia cuando nos necesita? Recordemos que
a Jehová no le pasan inadvertidos estos actos de amor y lealtad.

El caso de Rut y Noemí nos ayuda a ver que debemos valorar la familia


que tenemos
9. ¿Qué nos enseña sobre lo que es una familia el caso de Rut y Noemí?

¿Se puede decir que Rut y Noemí eran una familia? Algunos piensan que

una verdadera “familia” es la que está formada por un padre, una madre,
hijos, abuelos, etc. Pero el caso de Rut y Noemí nos ayuda a ver que, si
servimos a Jehová, no importa lo pequeña que sea nuestra familia:
podemos lograr que en nuestro hogar reinen el amor, el cariño y la
bondad. ¿Valoramos de corazón la familia que tenemos? Por otra parte,
Jesús explicó que aun quienes no tienen familia la pueden encontrar en la
congregación cristiana (Mar. 10:29, 30).
Noemí y Rut se ayudaron y animaron mutuamente

“Es uno de nuestros recompradores”


10. ¿Qué quiere hacer Noemí por Rut?

Rut se queda espigando en los campos de Boaz desde la cosecha de la


10 

cebada (en abril) hasta la del trigo (en junio). A medida que transcurren las
semanas, seguro que Noemí sigue pensando en lo que podría hacer por
su querida nuera. Antes de partir de Moab, Noemí estaba convencida de
que jamás podría ayudar a Rut a encontrar un esposo (Rut 1:11-13). Pero
ahora cambia de idea. Aborda a Rut y le dice: “Hija mía, ¿no debo
buscarte lugar de descanso[?]” (Rut 3:1). En aquellos tiempos, la
costumbre era que los padres se encargaran de buscar cónyuges para
sus hijos, y Rut había llegado a ser una verdadera hija para Noemí. De ahí
que Noemí quisiera encontrarle a Rut un “lugar de descanso”, es decir, un
esposo y un hogar que le dieran seguridad y protección. Pero ¿qué podía
hacer Noemí?
11, 12. a) ¿A qué disposición de la Ley se refirió Noemí cuando dijo que Boaz era uno de sus
“recompradores”? b) ¿Cómo responde Rut a la petición que le hace su suegra?

Cuando Rut mencionó a Boaz por primera vez, Noemí dijo: “El hombre es
11 

pariente nuestro. Es uno de nuestros recompradores” (Rut 2:20). ¿Qué


quería decir con eso? La Ley que Jehová dio a Israel incluía unas
disposiciones amorosas para las familias que  atravesaban dificultades por
ser pobres o por haber perdido a un ser querido. Si una mujer enviudaba
sin haber tenido hijos, su dolor era aún mayor porque no tenía
descendientes que llevaran el nombre de su esposo y este se perdería en
el olvido. Pero la Ley de Dios permitía que el cuñado se casara con la
viuda para que esta diera a luz un hijo que perpetuara el nombre del
difunto y heredara las propiedades de la familia (Deut. 25:5-7). *

12 
Entonces Noemí pasa a explicarle su plan a Rut. ¿Podemos imaginar la
cara de sorpresa de la joven al escuchar a su suegra? Rut aún no conoce
bien la Ley, y muchas de sus costumbres le resultan extrañas. Pero como
respeta tanto a Noemí, está pendiente de cada palabra que dice. A lo
mejor, lo que le está pidiendo que haga le resulta vergonzoso, algo
chocante o, en cierto sentido, hasta humillante. No obstante, Rut accede a
su petición y le responde: “Todo lo que me dices lo haré” (Rut 3:5).

13. ¿Por qué nos conviene recordar el ejemplo de Rut cuando recibimos consejos de quienes son mayores?
(Vea también Job 12:12.)
A los jóvenes a veces les resulta difícil seguir los consejos de los
13 

mayores, pues piensan que estos no son capaces de entender los retos y
problemas que afronta la juventud. Pero el ejemplo de humildad de Rut
nos recuerda que puede ser muy provechoso hacer caso de la sabiduría y
experiencia de las personas mayores, pues nos  aman y desean lo mejor
para nosotros (lea Salmo 71:17,  18). Ahora bien, ¿en qué consistía
exactamente el consejo de Noemí? ¿Y de verdad le fue bien a Rut por
seguirlo?

Rut se dirige a la era


14. ¿Qué es una era, y qué se hace allí?

Al caer la tarde, Rut se dirige hacia la era, un terreno compacto y llano


14 

adonde los agricultores llevan su cosecha para trillarla y aventarla.


Normalmente se elegía un lugar donde las brisas soplaran con fuerza al
atardecer, como la ladera o la cima de un monte. A fin de separar el grano
de la paja, se lanzaba el cereal al aire utilizando una pala o un bieldo. Así
el viento se llevaba la paja, que era más liviana, y los granos, al ser más
pesados, caían al suelo.

15, 16. a) ¿Qué sucede en la era después de que Boaz termina su día de trabajo? b) ¿Cómo se da cuenta
Boaz de que hay alguien acostado a sus pies?
Procurando no ser vista, Rut observa cómo los hombres van terminando
15 

su trabajo. Hoy han juntado una gran cantidad de cereal. Boaz, que ha
estado supervisando las tareas, ahora se dispone a cenar y, ya satisfecho,
se acuesta al lado del montón de grano. Al parecer, esa era una
costumbre en aquella época para proteger de ladrones y otros maleantes
la preciada cosecha. Cuando Rut ve que Boaz se acuesta, sabe que ha
llegado la hora de llevar a cabo el plan de Noemí.

Con el corazón latiendo a mil, Rut se le acerca silenciosa y, al comprobar


16 

que está profundamente dormido, sigue las instrucciones de su suegra: le


destapa los pies, se acuesta allí y espera. Espera y espera, mientras el
tiempo va pasando lentamente. ¡A Rut  debe parecerle toda una eternidad!
Entonces, a medianoche, Boaz empieza a moverse. Temblando de frío, se
incorpora, probablemente para cubrirse de nuevo los pies. Pero nota que
hay alguien. ¡Vaya sorpresa! El relato bíblico lo expresa así: “¡Mire!, ¡una
mujer acostada a sus pies!” (Rut 3:8).

17. ¿Qué dos hechos pasan por alto quienes insinúan que la conducta de Rut no era del todo apropiada?
“¿Quién eres?”, pregunta Boaz. La joven responde, tal vez con voz
17 

temblorosa: “Soy Rut tu esclava, y tienes que extender tu falda sobre tu


esclava, porque tú eres un recomprador” (Rut 3:9). Algunos comentaristas
bíblicos de la actualidad han insinuado que las acciones y las palabras de
Rut tenían cierto significado sexual, pero pasan por alto dos importantes
hechos. En primer lugar, Rut estaba siguiendo las costumbres de la
época, muchas de las cuales no se entienden por completo hoy día. Así
que sería un error juzgar sus actos según las bajas normas morales de
estos tiempos. En segundo lugar, la reacción de Boaz indica cómo debe
verse aquel gesto: a sus ojos, la conducta de Rut era moralmente casta y
digna de elogio.

Cuando Rut buscó a Boaz, lo hizo con motivos puros y sin egoísmo

18. ¿Qué palabras de ánimo le dirige Boaz a Rut? ¿Y cuáles son los dos casos en que Rut mostró amor
leal?
Boaz, con un tono dulce y tranquilizador, le dice: “Bendita seas de
18 

Jehová, hija mía. Has expresado tu bondad amorosa mejor en el último


caso que en el primer caso, al no ir tras los jóvenes, fueran de condición
humilde o ricos” (Rut 3:10). “El primer caso” en el que Rut mostró “bondad
amorosa”, o amor leal, fue al acompañar a Noemí hasta Israel y quedarse
con ella para cuidarla. “El último caso” es ahora. Boaz reconoce que Rut
podía haberse buscado un esposo de su edad, fuera rico o pobre. Pero
ella quiere hacerle bien no solo a Noemí, sino también al difunto esposo
de Noemí. ¿De qué manera? Haciendo lo posible por perpetuar el nombre
de este en su tierra natal. Es fácil ver por qué Boaz ha quedado tan
impresionado por el altruismo y la generosidad de Rut.

19, 20. a) ¿Por qué Boaz no decide casarse con Rut enseguida? b) ¿Cómo demuestra Boaz que se
preocupa por la reputación y el bienestar de Rut?

Boaz añade: “Y ahora, hija mía, no tengas miedo. Todo lo que dices lo
19 

haré para ti, porque toda persona en la puerta de mi pueblo se da cuenta


de que eres una mujer excelente” (Rut 3:11). Le agrada la idea de casarse
con Rut y puede que no le haya extrañado del todo que le pida ser el
recomprador. Pero Boaz es un  hombre justo, y no piensa solo en sus
preferencias. Le dice a Rut que hay otro recomprador, un pariente más
cercano del difunto esposo de Noemí, y que por eso va a hablar con él
para darle la oportunidad de casarse con ella.

Rut llegó a ganarse una buena reputación por tratar a los demás


con bondad y respeto
Boaz le pide a Rut que vuelva a acostarse y descanse hasta que se
20 

acerque el amanecer; entonces podrá irse sin que la vean. Su intención es


proteger la reputación de ella y también la suya propia, pues alguien
pudiera pensar equivocadamente que han cometido algún acto inmoral.
Rut vuelve a acostarse a los pies de Boaz, de seguro mucho más
tranquila: ¡con cuánta bondad ha respondido él a su petición! Unas horas
después, mientras todavía está oscuro, Rut se levanta para irse.
Entonces, Boaz le llena la capa de cebada, y ella regresa a Belén con el
generoso regalo (lea Rut 3:13-15).

21. ¿Qué contribuyó a que Rut fuera conocida como “una mujer excelente”, y cómo podemos copiar su
ejemplo?

No es difícil imaginarnos la sonrisa de felicidad de Rut al recordar las


21 

palabras de Boaz: ¡le dijo que todo el mundo la considera “una mujer
excelente”! De seguro, algo que ha influido mucho en que tenga una
reputación tan buena es su profundo deseo de conocer a Jehová y
servirle. Además, ha sido muy bondadosa con Noemí y ha demostrado ser
flexible al adaptarse a costumbres judías que eran totalmente extrañas
para ella. Nosotros también nos ganaremos una excelente reputación si
imitamos la fe de Rut y nos esforzamos por ser considerados con los
demás, respetando su cultura y costumbres.

Rut encuentra un “lugar de descanso”


22, 23. a) ¿Qué pudo haber significado el regalo que Boaz le dio a Rut? (Vea la nota.) b) ¿Qué le aconseja
Noemí a Rut?
“¿Quién eres, hija mía?”, dice Noemí cuando Rut llega a la casa. Tal vez
22 

se lo pregunte porque en la oscuridad no haya podido reconocerla. Pero


es muy probable que, con estas palabras, Noemí también quiera saber si
Rut todavía es la misma viuda de antes, una mujer sola y sin compromiso,
o si ya tiene la perspectiva de casarse. Rut enseguida le cuenta todo lo
que ha pasado y le entrega el generoso regalo de cebada que Boaz le
envía (Rut 3:16, 17). *

Noemí, con la sensatez que la caracteriza, exhorta a Rut a  quedarse en


23 

casa tranquila ese día, en vez de salir a espigar en los campos. Y le
asegura: “El hombre no tendrá descanso a menos que haya acabado con
el asunto hoy” (Rut 3:18).

24, 25. a) ¿Cómo demuestra Boaz que es un hombre recto y altruista? b) ¿Qué bendiciones recibió Rut?

Y eso es precisamente lo que hace Boaz. Va a la puerta de la ciudad —


24 

donde suelen reunirse los ancianos de Belén— y espera hasta que pasa
el pariente más cercano de la familia de Elimélec, el difunto esposo de
Noemí. Delante de testigos, Boaz le ofrece la oportunidad de ser el
recomprador casándose con Rut. Pero el hombre no acepta, pues teme
arruinar su propia herencia. Entonces, ante los presentes, Boaz declara
que él será el recomprador: comprará todo lo que le pertenecía a Elimélec
y se casará con Rut, la viuda de Mahlón, uno de los hijos de Elimélec.
La razón para obrar así, según él mismo explica, es “hacer que el nombre
del muerto se levante sobre su herencia” (Rut 4:1-10). Sin duda alguna,
Boaz es un hombre recto y altruista.
Finalmente, Boaz se casó con Rut y, como dice el relato, “Jehová le
25 

concedió a ella concebir, y ella dio a luz un hijo”. Las mujeres de Belén
felicitaron a Noemí y alabaron a su nuera, diciendo que le había sido de
más valor que siete hijos varones. Andando el tiempo, el hijo de Rut llegó
a ser el abuelo del rey David (Rut 4:11-22). Y David, a su vez, fue
antepasado del Mesías, Jesucristo (Mat. 1:1). *

Jehová bendijo a Rut con el privilegio de ser antepasada del Mesías

26. ¿Qué nos recuerdan los ejemplos de Rut y Noemí?


Como hemos visto, Rut recibió muchas bendiciones, y también Noemí,
26 

quien la ayudó a criar al niño como si fuera suyo. La vida de estas dos
mujeres nos recuerda que Dios está muy pendiente de quienes le sirven
lealmente con su pueblo, y que bendice los esfuerzos de quienes trabajan
con afán para mantener a su familia, aunque sea en labores humildes.
La historia de Boaz, Rut y Noemí es prueba de que Jehová siempre
recompensa a sus siervos fieles.

1:16-17 Amor, compromiso


1:18 Constancia
2:2 Humildad (para espigar); trabajador; respeto (ella pide permiso a
Noemí)
2:14 Templanza (comió sólo lo bastante para sobrar)
2:18-19 Responsable (a Noemí con su trabajo)
2:23 Fiel
3:5 Obediente
3:10 Sumiso a la ley de Dios (no buscando a los hombres jóvenes, pero el
plan de Dios)
3:10 Valores eternos, no la riqueza en la mente
3:14 Interesada en la “apariencia del mal” (salió antes de la luz del día)
3:18 Paciente (después de que ella había hecho lo que ella podía, ella dejó
los resultados con Dios)
María (madre de Jesús)

¿Quién fue? María era una joven judía. Todavía era virgen cuando nació
Jesús, pues concibió al hijo de Dios de manera milagrosa.

¿Qué hizo? María fue humilde y obedeció a Dios. Estaba comprometida


con José cuando se le apareció un ángel para decirle que quedaría
embarazada y tendría al Mesías prometido (Lucas 1:26-33). Ella estuvo
dispuesta a cumplir con su papel. Después de que Jesús nació, María y
José tuvieron cuatro hijos y por lo menos dos hijas. Por lo tanto, María
dejó de ser virgen (Mateo 13:55, 56). Aunque es verdad que tuvo un gran
privilegio, nunca pidió ni recibió un trato especial. Y así fue durante el
ministerio de Jesús y durante los primeros años de la congregación
cristiana.

¿Qué aprendemos de ella? María fue una mujer fiel que aceptó una gran
responsabilidad. Además, conocía muy bien la Palabra de Dios. Se calcula
que hizo unas 20 referencias a las Escrituras cuando dijo las palabras que
se hallan en Lucas 1:46-55.

español

Lecciones que aprendemos de María

¿Se enfrenta a una situación inesperada que no sabe cómo solucionar?


¿Está pasando por problemas económicos? ¿Sufre angustia y miedo por
haber tenido que dejar su país de origen? ¿Ha experimentado el inmenso
dolor de perder algún ser querido?

¿SABÍA que la madre de Jesús, María, afrontó todos esos problemas a lo


largo de su vida? La forma en que se enfrentó a ellos y los superó
constituye un excelente ejemplo para todos nosotros.
María es, indudablemente, una de las mujeres más conocidas de la
historia. Y eso no es de extrañar, pues Dios le concedió un lugar
excepcional en el cumplimiento de su propósito. De hecho, hoy día
millones de personas le rinden auténtica devoción. La Iglesia Católica la
venera como madre amantísima y como modelo de fe, esperanza y
caridad. Además, le atribuye el papel de mediadora entre Dios y los
hombres.

Ahora bien, ¿cómo debemos ver cada uno de nosotros a María? Y más
importante aún, ¿cómo la ve Dios?

Una misión excepcional

María —hija de un israelita llamado Helí— pertenecía a la tribu de Judá.


La primera ocasión en que se habla de ella en la Biblia fue con motivo de
un suceso extraordinario. Estando en Nazaret, se le apareció un ángel y le
dijo: “Buenos días, altamente favorecida, Jehová está contigo”. Las
Escrituras explican que María, totalmente desconcertada, no podía dejar
de preguntarse “qué suerte de saludo sería este”. Entonces, el ángel le
anunció que había sido elegida para una misión única y trascendental:
concebir, dar a luz y criar al mismísimo Hijo de Dios (Lucas 1:26-33).

Desde luego, para aquella joven soltera esa era una enorme
responsabilidad. ¿Cómo reaccionó? Tal vez se preguntara quién iba a
creer que estaba embarazada por obra del espíritu santo, o si perdería el
amor de su prometido, José, y tendría que soportar la vergüenza pública
(Deuteronomio 22:20-24). No obstante, aceptó la tarea que se le
encomendaba sin dudarlo ni un momento.
Sin lugar a dudas, se sometió a la voluntad de Jehová porque tenía una fe
sólida en que él cuidaría de ella. De ahí su respuesta al ángel: “¡Mira! ¡La
esclava de Jehová! Efectúese conmigo según tu declaración”. Como
vemos, estimaba tanto aquel privilegio espiritual que estaba dispuesta a
hacer frente a cualquier dificultad que se le presentara (Lucas 1:38).

Posteriormente, María le contó a José que estaba encinta, y él decidió


que lo mejor era romper el compromiso. La Biblia no indica cuánto duró
esta difícil situación, pero debió ser muy dolorosa para ambos. Podemos
imaginarnos, entonces, el alivio que sintieron cuando Jehová envió un
ángel para revelarle a José que el embarazo de María tenía un origen
milagroso. Inmediatamente, José la llevó a su casa para casarse con ella
(Mateo 1:19-24).

Dificultades imprevistas

Como toda mujer embarazada —y más siendo primeriza—, es muy


probable que María se preparara para la llegada del bebé con meses de
antelación. Pero sus planes se torcieron, pues cuando faltaba poco para
dar a luz, el emperador César Augusto ordenó inesperadamente que todos
se inscribieran en un censo en su ciudad natal. De modo que,
acompañando a su esposo, María recorrió 150 kilómetros (90 millas) hasta
llegar a Belén, probablemente a lomos de un asno. Buscaron un
alojamiento en el que ella pudiera dar a luz, pero la ciudad estaba tan
llena que lo único disponible era un establo. Desde luego, traer a un hijo al
mundo en un lugar como ese tuvo que ser una experiencia difícil y
atemorizante para María.
En aquellos momentos tan complicados, María seguramente pidió ayuda a
Jehová, con plena fe en que él cuidaría de ella y de su hijo. Poco después
del parto llegaron unos pastores para ver al recién nacido, pues los
ángeles les habían revelado que aquel bebé era “un Salvador, que es
Cristo el Señor”. Mientras los pastores hablaban, “María iba conservando
todos estos dichos, sacando conclusiones en su corazón”. De seguro, esta
meditación la ayudó a fortalecerse (Lucas 2:11, 16-19).

¿Qué aprendemos nosotros? Todos vamos a pasar por situaciones


difíciles en la vida. Lo que es más, la Biblia señala que en cualquier
momento puede ocurrirnos un “suceso imprevisto” que nos ocasione
problemas o nos complique la vida (Eclesiastés 9:11). Si se nos presenta
una de estas dificultades imprevistas, ¿qué haremos? En lugar de
amargarnos o echar la culpa a Dios, acerquémonos más a Jehová, como
hizo María. Si estudiamos la Palabra de Dios y dedicamos tiempo a
meditar, obtendremos fuerzas para superar cualquier adversidad.

Pobre y emigrante

La vida de María no fue un lecho de rosas. También pasó graves apuros


económicos y hasta tuvo que huir de su tierra natal. Hoy en día, muchas
personas viven situaciones parecidas. Según cierto informe, “la mitad del
planeta —es decir, casi 3.000 millones de personas— vive con menos de
dos dólares al día”. Incluso en países supuestamente ricos hay otros
muchos millones que tienen que hacer maravillas para pagar sus facturas.
Para toda esa gente, proporcionar a diario pan, abrigo y un techo a los
suyos constituye una tarea extenuante y abrumadora.
Aunque los cuatro Evangelios —escritos por Mateo, Marcos, Lucas y Juan
— no proporcionan muchos datos sobre María y José, sí nos permiten
deducir que eran una pareja relativamente pobre. El relato indica que,
cuarenta días después del parto, fueron al templo para presentar el
sacrificio que establecía la Ley: “un par de tórtolas o dos pichones” (Lucas
2:22-24). * Legalmente, solo podían presentar esta ofrenda quienes fueran
demasiado pobres para ofrecer un carnero joven. Por tanto, es muy
probable que sus recursos fueran bastante limitados. Así y todo, lograron
criar a su familia en un ambiente donde reinaban el cariño y el amor. No
cabe duda de que su preocupación principal eran los asuntos espirituales
(Deuteronomio 6:6, 7).

Pero la vida de María no tardó en dar un giro repentino: poco después del
nacimiento de Jesús, un ángel le dijo a José que huyera con su familia a
Egipto (Mateo 2:13-15). Ya era la segunda vez que María se veía obligada
a abandonar su entorno, pero en esta ocasión tendría que mudarse a otro
país. Es cierto que tal vez continuaran viviendo entre personas de su
misma nacionalidad, pues en Egipto había una gran comunidad judía.
Pero cambiar de país es siempre una experiencia compleja que puede
provocar mucha ansiedad. Sin duda, cualquiera de los millones de
personas que en la actualidad emigran —sea pensando en el bienestar de
sus hijos o para huir de algún peligro— comprende bien la situación de
María.

Una excelente madre y esposa

Más allá de los relatos sobre el nacimiento y los primeros años de Jesús,
los Evangelios no hablan mucho sobre María. Aun así, sabemos que ella y
José tuvieron al menos seis hijos más. ¿En qué nos basamos para decir
esto? En la propia Biblia.
Mateo 1:25 señala que José “no tuvo coito con [María] hasta que ella dio a
luz un hijo”. Esto demuestra que José respetaba profundamente el honor
que se le había concedido a su esposa de llevar en su matriz al Hijo de
Dios. Y por esta razón decidió no mantener relaciones sexuales con ella.
Ahora bien, al decir “hasta que ella dio a luz”, el versículo da a entender
que después sí las tuvieron, como es natural en todo matrimonio. Como
resultado, ella dio a luz varios hijos varones —la Biblia menciona a
Santiago, José, Simón y Judas— y al menos dos hijas (Mateo 13:55, 56).
Por supuesto, ninguno de todos estos medio hermanos de Jesús fue
concebido milagrosamente. *

Por otro lado, María era una persona de inclinaciones espirituales. Aunque
la Ley no exigía que las mujeres asistieran a Jerusalén para celebrar la
Pascua, ella acompañaba todos los años a su esposo (Lucas 2:41). Esto
suponía recorrer un total de unos 300 kilómetros (190 millas). Y a pesar de
tener que viajar con hijos pequeños, de seguro todos disfrutaban mucho
de aquellas ocasiones.

En nuestros tiempos hay muchas esposas y madres que imitan su buen


ejemplo y se sacrifican a diario para cumplir sus responsabilidades
bíblicas. ¡Cuánta paciencia, aguante y humildad demuestran estas
abnegadas mujeres! Reflexionar en la actitud de María les ayudará a
poner los asuntos espirituales por encima del deseo de llevar una vida
cómoda y relajada. Al igual que ella, saben bien que servir a Dios junto
con su esposo y sus hijos contribuye a estrechar los lazos familiares.
La espiritualidad de María también se demostró en cierta ocasión en que
ella y José volvían con sus hijos de uno de aquellos viajes a Jerusalén.
Durante el trayecto notaron que Jesús —que para entonces tenía 12 años
— no estaba con ellos. ¿Podemos imaginar la angustia y la desesperación
que sintió María durante los tres días que tardaron en dar con él? Cuando
lo hallaron en el templo, Jesús les dijo: “¿No sabían que tengo que estar
en la casa de mi Padre?”. De nuevo, el relato destaca que María
“guardaba cuidadosamente todos estos dichos en su corazón”. El que ella
meditara en todos estos sucesos relacionados con la juventud de Jesús es
otro indicio de su profunda espiritualidad. De hecho, es posible que fuera
ella quien, años después, les contara estas historias a los escritores de los
Evangelios (Lucas 2:41-52).

La muerte de un ser querido

¿Y qué fue de José? Tras su participación en el suceso que acabamos de


relatar, el padre adoptivo de Jesús no vuelve a aparecer en los
Evangelios. Algunos interpretan esto como una señal de que falleció antes
de que Jesús comenzara su ministerio. * Sea como fuere, lo que sí parece
seguro es que, al momento de terminar dicho ministerio, María era viuda.
¿Por qué decimos esto? Porque Cristo, justo antes de morir, confió el
cuidado de su madre al apóstol Juan (Juan 19:26, 27). Es muy improbable
que lo hubiera hecho si José hubiera estado vivo.

¡Qué vida tan intensa la de aquel matrimonio! Hablaron con ángeles,


escaparon de un tirano, se mudaron varias veces y criaron una familia
numerosa. Seguro que pasaron muchas noches hablando sobre Jesús,
tratando de imaginar qué le depararía el futuro, preguntándose si lo
estaban educando de la manera correcta... Pero, desgraciadamente, en
algún momento María perdió a su esposo.
En nuestros días, muchos también sufren el dolor de perder a su cónyuge
y luchan año tras año contra sus sentimientos de vacío y soledad. ¿Qué
puede consolarlos? Lo mismo que a María: una fe fuerte y la seguridad de
que habrá una resurrección (Juan 5:28, 29). * De todos modos, sobra
decir que, aunque María debió sentirse reconfortada, tuvo que asumir su
nueva situación. Al igual que muchas mujeres en la actualidad, tuvo que
luchar para criar sola a sus hijos.

Parece lógico pensar que, tras la muerte de José, fue Jesús quien asumió
la responsabilidad de traer el sustento a la casa. Y es de suponer que sus
hermanos, según crecían, también fueron colaborando. Así, cuando Jesús
“era como de treinta años”, dejó su hogar y comenzó su ministerio (Lucas
3:23). Cuando los hijos crecen, se independizan y siguen su propia vida,
los padres suelen experimentar emociones encontradas. Han invertido
tanto cariño, tiempo y esfuerzo en ellos, que sienten mucho su ausencia.
Están muy orgullosos de sus hijos, pero a veces desearían tenerlos más
cerca. Sin duda, entienden bien cómo se sintió María cuando Jesús salió
del hogar.

Pruebas inesperadas

Pero a María le aguardaba un nuevo revés, uno que probablemente no


esperaba. El relato bíblico explica que, aunque muchas personas
respondían al mensaje de Jesús, “sus hermanos [...] no ejercían fe en él”
(Juan 7:5). Con toda seguridad, su madre les contó —como el ángel le
había revelado antes a ella— que Jesús era el “Hijo de Dios” (Lucas 1:35).
Aun así, para Santiago, José, Simón y Judas, Jesús seguía siendo
simplemente su hermano mayor. Como vemos, en la familia de María no
todos tenían las mismas creencias religiosas.
¿Qué hizo ella? ¿Perdió el ánimo, creyendo que era imposible que sus
hijos cambiaran? Desde luego que no. En cierta ocasión, Jesús entró a
una casa en Galilea para comer, y una multitud se reunió para oírle
predicar. ¿Y quiénes fueron a visitarlo? Su madre y sus hermanos. Por lo
visto, como Jesucristo se encontraba cerca de su casa, ella había tomado
a sus otros hijos y había salido a verlo, tal vez con la esperanza de que
estos pusieran fe en él (Mateo 12:46, 47).

Este episodio nos hace pensar en aquellos que se esfuerzan por seguir a
Jesús mientras otros miembros de su familia no desean hacerlo. Como
María, estos cristianos no deben desanimarse ni darse por vencidos.
Recordemos que muchos han esperado durante años, animando a sus
parientes a acercarse a Jehová, para finalmente obtener algún resultado
positivo. Y, sin importar cómo respondan nuestros familiares, no olvidemos
que Dios concede un gran valor a esa muestra de paciencia y fidelidad (1
Pedro 3:1, 2).

La peor de las pruebas

Pero el momento más doloroso en la vida de María, según el relato


bíblico, aún estaba por llegar. Tuvo que ver cómo rechazaban, torturaban
y asesinaban a su querido hijo. Se ha dicho que la muerte de un hijo —
sea un niño o un adulto— es “la peor de las desgracias” y “la pérdida más
devastadora”. Tal como se había profetizado muchos años antes, María se
sintió como si una espada le atravesara el alma (Lucas 2:34, 35).
¿Permitió que aquella última prueba la hundiera emocionalmente o
afectara su relación con Jehová? Ni mucho menos. De hecho, la siguiente
ocasión en que se habla de ella en la Biblia, María estaba reunida con los
discípulos de Jesús. ¿Y qué hacían? Según el relato, “persistían de común
acuerdo en oración”. Lo que es más, no era la única de su familia que se
hallaba presente. Los hermanos de Jesús, que para entonces ya eran
creyentes, estaban orando con su madre. ¡Qué alegría para ella! (Hechos
1:14.) *

Como hemos visto, María se destacó como una excelente madre y


esposa, y llevó una vida plena e intensa. Superó muchas pruebas y
situaciones difíciles, y a lo largo de su fiel servicio a Dios vivió
experiencias muy gratificantes. Por eso, cuando a nosotros nos
sobrevengan problemas, sean personales o familiares, haremos bien en
imitar su ejemplo de aguante y lealtad (Hebreos 10:36).

Ahora bien, ¿qué hay de la devoción religiosa que muchos profesan a


María? En vista de su excepcional papel dentro del relato bíblico, ¿es
correcto venerarla?

¿Es cierto que Jesús tenía hermanos y hermanas?

Sí, es cierto. Y aunque los Evangelios indican con claridad este hecho en
varias ocasiones, algunos teólogos han presentado distintas teorías en su
intento de negarlo (Mateo 12:46, 47; 13:54-56; Marcos 6:3). Según ellos,
María no tuvo más hijos después de Jesús. Sin embargo, diversos
biblistas han criticado sus teorías basándose en dos argumentos. Primero,
que el verdadero objetivo de los teólogos es apoyar una doctrina
inventada posteriormente por la Iglesia: que María fue siempre virgen. Y
segundo, que sus teorías se derrumban por sí solas cuando se examinan
a fondo.
Por citar un ejemplo, una de estas teorías plantea la posibilidad de que los
“hermanos” de Jesús fueran en realidad hermanastros, es decir, hijos que
José hubiera tenido en un matrimonio anterior. Pero esto no tiene sentido,
pues implicaría que Jesús no era el primogénito y, por tanto, el heredero
del reino de David (2 Samuel 7:12, 13).

Otra teoría sugiere que los “hermanos” de Jesús en realidad eran sus
primos. Pero tampoco es posible, pues las Escrituras Griegas utilizan
términos diferentes para referirse a un hermano, un primo o un pariente.
Con razón, el erudito Frank Gaebelein calificó estas teorías teológicas de
inverosímiles. En la misma línea, el Diccionario Teológico del Nuevo
Testamento explica: “El significado de hermano carnal es el más probable.
[...] Tertuliano habla de los hijos de José y María habidos posteriormente
[...]. De ahí resulta que Jesús habría tenido varios hermanos y hermanas”.

Ana

¿Quién fue? Ana era la esposa de Elqaná y la madre de Samuel, quien


llegó a ser un profeta importante en el antiguo Israel (1 Samuel 1:1, 2, 4-
7).

¿Qué hizo? Ana buscó el consuelo de Dios porque no tenía hijos aunque
llevaba muchos años casada. El esposo de Ana tenía otra esposa, que se
llamaba Peniná, con la que sí tenía hijos. Peniná siempre se burlaba de
Ana, por eso Ana le oró a Dios para pedirle consuelo. Además le hizo un
voto en el que le prometió que, si le daba un hijo varón, ella se lo
entregaría para que le sirviera en el tabernáculo. El tabernáculo era una
tienda desmontable que los israelitas usaban para adorar a Dios (1
Samuel 1:11).
Dios respondió la oración de Ana y le dio un hijo, al que llamó Samuel.
Como había prometido, Ana llevó al pequeño Samuel al tabernáculo para
que sirviera allí (1 Samuel 1:27, 28). Todos los años, Ana le hacía a
Samuel una túnica sin mangas y se la llevaba. Con el tiempo, Dios bendijo
a Ana con cinco hijos más, tres niños y dos niñas (1 Samuel 2:18-21).

¿Qué aprendemos de ella? Ana pudo aguantar esa situación gracias a sus
oraciones sinceras. En 1 Samuel 2:1-10 podemos leer la oración que le
hizo a Jehová para darle las gracias. En ella se nota la gran fe que tenía.

Le abrió su corazón a Jehová

1, 2. a) ¿Por qué no se siente feliz Ana mientras prepara el viaje? b)


¿Cómo nos puede ayudar el relato de Ana?

ANA está atareada con los preparativos del viaje, tratando de mantener la
mente ocupada para no pensar en sus problemas. Elqaná, su esposo,
tiene por costumbre llevar cada año a toda la familia a adorar a Dios en
Siló, donde está el tabernáculo. Supuestamente, estas ocasiones
deberían ser motivo de alegría. De hecho, Jehová espera que todos estén
felices (lea Deuteronomio 16:15). Y, sin duda, ella las ha disfrutado desde
pequeña. Pero las cosas han cambiado en los últimos años.
2 Sí, es cierto, Elqaná la ama, y eso es una bendición. Pero él tiene
también otra esposa: Peniná, quien por lo visto está empeñada en hacerle
la vida imposible a Ana. Tanto es así que incluso ha convertido estos
viajes anuales a Siló en una tortura. ¿Cómo lo logra? Y más importante
aún, ¿cómo consigue Ana, con la ayuda de su fe, afrontar lo que parece
una situación insoportable? Si usted está pasando por problemas que lo
desgastan y le roban la alegría de vivir, la historia de Ana le resultará muy
animadora.

“¿Por qué lloras [...] y por qué se siente mal tu corazón?”

3, 4. ¿A qué dos problemas se enfrenta Ana, y por qué son tan difíciles de
soportar?

3 La Biblia nos revela dos grandes problemas en la vida de Ana. Sobre el


primero tiene poco control, y sobre el segundo, absolutamente ninguno. El
primero es que forma parte de un matrimonio polígamo y tiene que
soportar el odio de la otra esposa. El segundo es que no puede tener
hijos. Esto de por sí es muy frustrante para cualquier mujer que anhele ser
madre. Pero en los días y la cultura de Ana, ser estéril era fuente de
amargo dolor, pues los hijos permitían que el nombre de la familia no se
perdiera. Por eso, la esterilidad se consideraba un motivo de gran
deshonra y vergüenza.

4 A Ana se le haría más fácil sobrellevar su dolor si no fuera por Peniná.


Es evidente que la poligamia no puede crear un buen ambiente en
ninguna familia. Las competencias, las peleas y los disgustos son el pan
de cada día. Y no es de extrañar, pues esta costumbre no tiene nada que
ver con la norma que Dios estableció en el jardín de Edén para el
matrimonio: la monogamia (Gén. 2:24). El cuadro que pinta la Biblia de la
poligamia está siempre cargado de amargura, y la triste historia de esta
familia lo confirma.
5. ¿Por qué quiere Peniná hacer sufrir a Ana, y cómo lo hace?

5 En realidad, Elqaná quiere más a Ana. Según cuenta la tradición judía,


ya llevaban algunos años casados cuando llegó Peniná. Sea esto cierto o
no, lo que sí está claro es que, cegada por los celos, Peniná encuentra mil
formas de hacer sufrir a su rival. Su gran ventaja son los hijos. Ha tenido
uno tras otro, y su arrogancia crece con cada niño que trae al mundo. En
vez de compadecerse de Ana y consolarla, Peniná aprovecha para hurgar
más en la herida. La Biblia dice que la irrita con el único fin de “hacer que
se [sienta] desconcertada” (1 Sam. 1:6). Sus actos son deliberados: quiere
lastimar a su rival, y no hay duda de que lo logra.

Ana llora, y Peniná, rodeada por sus hijos, la mira con arrogancia

Ana se sentía angustiada por no tener hijos, y Peniná hacía lo imposible


por amargarle la vida

6, 7. a) A pesar de los intentos de Elqaná de consolar a Ana, ¿qué razón


podría tener ella para no contarle todo lo que le pasa? b) ¿Era Ana estéril
porque Dios la estaba castigando? Explique su respuesta. (Vea la nota.)
6 Año tras año, el viaje al tabernáculo de Siló presenta una oportunidad
ideal para que Peniná haga sufrir a Ana. ¿Cómo? Lo que suele ocurrir es
lo siguiente: Elqaná le da una porción de los sacrificios ofrecidos a Jehová
a cada uno de los muchos hijos de Peniná, “a todos los hijos e hijas de
ella”. Pero a Ana no le da más que una porción: para ella sola. Peniná
entonces aprovecha para recordarle su esterilidad con tanta malicia que la
pobre Ana se echa a llorar y hasta pierde el apetito. Elqaná, obviamente,
se da cuenta de que su amada esposa está muy angustiada y no quiere
comer, así que intenta consolarla. Le dice: “Ana, ¿por qué lloras, y por qué
no comes, y por qué se siente mal tu corazón? ¿No soy yo mejor para ti
que diez hijos?” (1 Sam. 1:4-8).

7 Un punto a favor de Elqaná es que se da cuenta de que la tristeza de


Ana tiene que ver con su infertilidad, y ella de seguro valora sus muestras
de cariño. * Pero Elqaná no menciona la malicia de Peniná, y el registro
tampoco indica que Ana le haya hablado del asunto. Tal vez ella considera
que hacerlo solo empeoraría las cosas. ¿Realmente podría su esposo
cambiar la situación? Además, si hablara con él del problema, ¿no
avivaría eso el odio de Peniná, así como el de sus hijos y sirvientes?
Probablemente, lo único que conseguiría es sentirse cada vez más aislada
y sola en su propio hogar.

Ante el trato tan cruel que recibía en su casa, Ana acudió a Jehová

8. Cuando nos tratan con maldad, ¿por qué nos consuela recordar que
Jehová es un Dios de justicia?
8 No sabemos si Elqaná estaba enterado de la crueldad de Peniná hacia
Ana. Pero una cosa es cierta: Jehová sí lo sabía todo. De hecho, el relato
prueba que a Jehová no se le escapa nada, lo cual es una seria
advertencia para quienes, por celos y odio, se valen de actos
aparentemente inofensivos para herir a los demás. Por otro lado, las
personas sin malicia y pacíficas, como Ana, pueden sentirse aliviadas al
recordar que el Dios de la justicia arreglará todo cuándo y cómo él lo
considere mejor (lea Deuteronomio 32:4). Parece que Ana también lo
sabía, porque es a Jehová a quien acudió por ayuda.

“No volvió a mostrar preocupación”

9. ¿Qué nos enseña el hecho de que Ana hace el viaje a Siló a pesar de
saber lo que le espera?

9 Este año, como siempre, la familia se levanta temprano para preparar el


viaje. Todos están muy ocupados, hasta los más pequeños. Para llegar a
Siló, tendrán que recorrer más de 30 kilómetros (20 millas) por las
montañosas tierras de Efraín. * A pie, tardarán un día o dos. Ana ya sabe
lo que puede esperar de Peniná, pero aun así, no se queda en casa. Con
esto nos da un excelente ejemplo: nunca debemos permitir que la mala
conducta de otras personas estorbe nuestra adoración a Dios. Si
dejáramos que eso pasara, nos perderíamos precisamente las
bendiciones que nos darían las fuerzas para aguantar.

10, 11. a) ¿Por qué se dirige Ana al tabernáculo en cuanto puede? b)


¿Cómo es la oración que Ana le hace a Jehová?
10 Después de un largo día de andar por caminos serpenteantes, la
numerosa familia por fin alcanza a ver la ciudad de Siló. Allí está, sobre
una colina rodeada de otras más altas. Al irse acercando, Ana de seguro
piensa detenidamente en lo que le dirá a Jehová cuando le ore. Una vez
que llegan, todos se sientan a comer. Pero Ana se retira del grupo tan
pronto como puede y se dirige al tabernáculo de Jehová. Sentado junto a
la puerta se halla el sumo sacerdote Elí. Es probable que Ana ni siquiera
lo vea, pues está concentrada en lo que le dirá a Jehová. Aquí, en la casa
de Dios, siente la confianza de que será oída. Aunque nadie más pueda
entender su dolor, su Padre en los cielos sí puede. Está tan afligida que le
resulta imposible contener las lágrimas.

11 Rompiendo en sollozos, le habla a Jehová para sus adentros. Sus


labios se mueven mientras va formulando en su mente las palabras que
expresan su angustia. Se toma su tiempo para desahogarse con su Padre
celestial. Pero hace más que simplemente pedirle que le conceda su
intenso deseo de tener un hijo. Ana no solo está interesada en lo que
pueda recibir de Dios, sino también en lo que pueda darle. Así que le
promete que, si tiene un hijo varón, se lo entregará para que le sirva toda
su vida (1 Sam. 1:9-11).

12. ¿Qué nos enseña el ejemplo de Ana sobre cómo debemos orarle a
Dios?

12 El ejemplo de Ana nos muestra cómo desea Dios que le oremos.


Jehová bondadosamente nos invita a hablarle con franqueza, sin
reservas, a desahogarnos con él tal como un niño lo haría con su padre
que lo ama (lea Salmo 62:8 y 1 Tesalonicenses 5:17). El apóstol Pedro
escribió por inspiración estas consoladoras palabras relacionadas con la
oración a Jehová: “Ech[e]n sobre él toda su inquietud, porque él se
interesa por ustedes” (1 Ped. 5:7).
13, 14. a) ¿A qué conclusión apresurada llega Elí, y por qué? b) ¿Qué
ejemplo de fe nos da Ana por la manera en que reacciona cuando Elí la
acusa?

13 Lamentablemente, los seres humanos no somos tan comprensivos


como Jehová. Mientras Ana ora con lágrimas en los ojos, una voz la
interrumpe. Es Elí, el sumo sacerdote, quien la ha estado observando.
“¿Hasta cuándo te portarás como una borracha? Aparta tu vino de ti”, le
dice. Elí ha visto cómo le tiemblan los labios a Ana, sus sollozos, su
agitación. Pero en vez de preguntarle qué le pasa, se apresura a concluir
que está borracha (1 Sam. 1:12-14).

14 ¡Qué doloroso debe ser para Ana que, en estos momentos de angustia,
la acusen de algo así! Y para colmo, el que la acusa es nada menos que
el sumo sacerdote. Con todo, Ana nos vuelve a dar un precioso ejemplo
de fe. No permite que las imperfecciones de ningún hombre se
interpongan en su adoración a Jehová. Le contesta a Elí con respeto y le
explica su situación. Elí, quizás un tanto avergonzado, responde en un
tono más suave: “Ve en paz, y que el Dios de Israel conceda tu petición
que le has pedido” (1 Sam. 1:15-17).

15, 16. a) ¿Cómo se sintió Ana después de abrirle su corazón a Jehová y


adorarlo en el tabernáculo? b) ¿Cómo podemos seguir el ejemplo de Ana
cuando estamos desanimados?
15 ¿Cómo se sintió Ana después de abrirle su corazón a Jehová y
adorarlo en el tabernáculo? El relato indica que “procedió a irse por su
camino y a comer, y su rostro no volvió a mostrar preocupación por su
propia situación” (1 Sam. 1:18). En este pasaje, otra versión de la Biblia
dice: “Su rostro ya no estaba triste” (Diego Ascunce). Ana se sintió
aliviada. Había colocado el peso de su carga emocional sobre unos
hombros infinitamente más anchos y fuertes que los suyos: los de su
Padre celestial (lea Salmo 55:22). ¿Acaso puede haber algún problema
demasiado grande para él? Jamás... ¡ni entonces, ni ahora, ni nunca!

16 Cuando nos sintamos abrumados o desanimados, sigamos el ejemplo


de Ana y hablemos abiertamente con Jehová, a quien la Biblia llama
“Oidor de la oración” (Sal. 65:2). Si lo hacemos con fe, veremos que
nuestra tristeza se transforma en “la paz de Dios que supera a todo
pensamiento” (Filip. 4:6, 7).

“No hay roca como nuestro Dios”

17, 18. a) ¿Cómo demuestra Elqaná que está de acuerdo con el voto de
Ana? b) ¿De qué se da cuenta Peniná?

17 A la mañana siguiente, Ana vuelve al tabernáculo con Elqaná. Sin


duda, le ha contado lo que le pidió a Jehová y la promesa que le hizo, ya
que la Ley mosaica establece que el esposo tiene el derecho de anular un
voto que la esposa haga sin su consentimiento (Núm. 30:10-15). Pero este
hombre fiel no lo anula, sino que, junto con Ana, adora a Jehová en el
tabernáculo antes de volver a casa.
18 En algún momento, Peniná debió darse cuenta de que ya no tenía el
poder de hacer sufrir a Ana. El relato no aclara cuándo ocurrió esto, pero
la expresión “no volvió a mostrar preocupación” nos da a entender que el
estado de ánimo de Ana mejora de ahí en adelante. En todo caso, Peniná
no debió tardar mucho en notar que su crueldad ya no tenía efecto alguno
en su rival. La Biblia nunca vuelve a mencionar su nombre.

19. ¿Qué bendición recibe Ana, y cómo demuestra que sabe quién se la
dio?

19 Ana se siente tranquila y en paz. Entonces, unos meses después,


descubre algo que la llena de alegría: ¡está embarazada! Ahora bien, no
olvida que es a su Padre celestial a quien le debe esa hermosa bendición.
Al nacer su hijo, lo llama Samuel, que significa “Nombre de Dios”; es
evidente que se refiere a invocar el nombre divino, que es lo que ella
había hecho al acudir a Jehová. Durante los siguientes tres años no se
une a su esposo y al resto de la familia en el viaje a Siló, sino que se
queda en casa con el pequeño hasta que deja de amamantarlo.
Entretanto, va armándose de valor para el día en que tenga que separarse
de su querido hijo.

20. ¿Cómo cumplen Ana y Elqaná el voto que le habían hecho a Jehová?
20 Finalmente llega el difícil momento de la despedida. Ana sabe que su
niño estará bien atendido en Siló, quizás al cuidado de algunas de las
mujeres que sirven allí. Pero, aun así, ¡es tan pequeño! Además, ¿a qué
madre no le costaría separarse de su hijo? Con todo, ella y su esposo
entregan al niño, no de mala gana, sino con gratitud. Primero ofrecen
sacrificios en la casa de Dios y luego llevan a Samuel ante Elí,
mencionándole el voto que Ana había hecho allí algunos años atrás.

Ana, en el tabernáculo, poniéndole una vestidura sin mangas al pequeño


Samuel

Tener una madre como Ana fue una verdadera bendición para Samuel

21. ¿Cómo refleja la oración de Ana su profunda fe? (Vea también el


recuadro “ Dos oraciones memorables”.)

21 Entonces Ana pronuncia una oración que Dios considera digna de ser
incluida en su Palabra inspirada. En cada línea del pasaje de 1 Samuel
2:1-10 percibimos la fe tan profunda de esta mujer. En su oración alaba a
Jehová por cómo usa su poder de maneras maravillosas, y explica que no
hay nadie como él que pueda humillar a los altivos, bendecir a los
oprimidos y quitarle la vida a alguien o incluso salvarlo de la muerte.
También lo alaba por su incomparable santidad, su justicia y su fidelidad.
Con toda razón, Ana puede afirmar: “No hay roca como nuestro Dios”. En
efecto, Jehová es totalmente confiable. En él pueden refugiarse todas
aquellas personas que se sientan oprimidas y pisoteadas, y él les brindará
seguridad y protección.
22, 23. a) ¿Por qué podemos estar seguros de que el joven Samuel sabía
que sus padres lo amaban? b) ¿Cómo siguió bendiciendo Jehová a Ana?

22 No hay duda: el pequeño Samuel es un niño muy privilegiado al tener


una madre con tanta fe. Aunque de seguro la echa de menos mientras
crece, nunca se siente abandonado. Año tras año, su madre acude a Siló
y le trae una vestidura sin mangas para su servicio del tabernáculo. Cada
puntada que ella ha hecho en la tela es prueba del amor y cariño que
siente por él (lea 1 Samuel 2:19). ¿Puede imaginarse la escena? Ahí está
Ana, poniéndole la nueva prenda a su hijito, ajustándosela bien y
mirándolo con ternura mientras lo anima con sus dulces palabras. ¡Qué
bendición para Samuel tener una madre así! Cuando crezca, él también
será una bendición para sus padres y para todo Israel.

23 En cuanto a Ana, ella recibió asimismo grandes recompensas. Dios le


concedió ser madre de nuevo, y ella llegó a darle a Elqaná otros cinco
hijos (1 Sam. 2:21). Además, su amistad con su Padre celestial fue
fortaleciéndose con el paso de los años. Con toda probabilidad, esa fue la
mayor bendición que tuvo en su vida. Y lo mismo ocurrirá en nuestro caso
si imitamos la fe de esta excepcional sierva de Dios.

Dos oraciones memorables

Las dos oraciones de Ana, registradas en 1 Samuel 1:11 y 2:1-10,


contienen varios detalles interesantes. Veamos algunos:

En la primera, Ana se dirige a “Jehová de los ejércitos”. Es la primera


persona mencionada en la Biblia que emplea este título. Con algunas
variaciones, esta expresión aparece en las Escrituras 285 veces y destaca
que Dios está al mando de una gran multitud de ángeles.
Es interesante notar que Ana hace su segunda oración cuando ella y
Elqaná presentan a Samuel para servir a Dios en Siló, no cuando nació su
hijo. Por lo tanto, se entiende que la felicidad que expresa Ana no proviene
de haber silenciado a su rival, Peniná, sino de haber recibido la bendición
de Jehová.

Al decir “Mi cuerno realmente está ensalzado en Jehová”, Ana tal vez
piense en el toro, una poderosa bestia que usa sus cuernos de forma
temible. En otras palabras, está diciendo que es Jehová quien la hace
fuerte (1 Sam. 2:1).

Su referencia al “ungido”, o elegido, de Dios se considera profética. Ana


utiliza la misma palabra que en otros pasajes se traduce “mesías”, y es la
primera persona del registro bíblico que la emplea para referirse a un
futuro rey ungido (1 Sam. 2:10).

Unos mil años más tarde, María, la madre de Jesús, repitió algunas ideas
de la oración de Ana cuando alabó a Jehová (Luc. 1:46-55). (Encontrará
más información en el capítulo 17.)

Ester

¿Quién fue? Ester era una joven judía a la que Asuero, el rey persa,
escogió para ser reina.

2:15 Bonita y modesta


2:9-17; 5:1-3 Atractiva
2:10 Obediente
2:15 Bien relacionadas a aquellos alrededor de ella
2:22 No buscaba nombre para sí misma (reveló la conspiración en el
nombre de Mardoqueo en lugar de tomar crédito para sí)
4:16 Humilde 4:16; 7:6
Valerosa 2:22; 8:1-2; 7:3-4 Fiel
¿Qué hizo? La reina Ester usó su influencia para evitar la matanza de su
pueblo. Se enteró de que se había emitido una ley que fijaba una fecha
para matar a todos los judíos que vivían bajo el Imperio persa. Este plan
malvado fue idea de Hamán, que era el primer ministro (Ester 3:13-15;
4:1, 5). A riesgo de su propia vida y con la ayuda de su primo Mardoqueo,
Ester le reveló el malvado plan a su esposo, el rey Asuero (Ester 4:10-16;
7:1-10). Así que Asuero dejó que Ester y Mardoqueo emitieran otra ley que
les permitiría a los judíos defenderse. Finalmente, los judíos obtuvieron
una gran victoria contra todos sus enemigos (Ester 8:5-11; 9:16, 17).

¿Qué aprendemos de ella? La reina Ester dejó un excelente ejemplo de


valentía, humildad y modestia (Salmo 31:24; Filipenses 2:3). A pesar de su
belleza y posición, buscó la ayuda y el consejo de otros. Cuando habló
con su esposo, tuvo tacto y fue respetuosa pero valiente. Además, no tuvo
miedo de identificarse como judía en un momento muy peligroso para este
pueblo.

▸Si desea saber más sobre Ester, lea los artículos “Defendió al pueblo de
Dios” y “Actuó con sabiduría, valor y altruismo”.

Actuó con sabiduría, valor y altruismo

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1-3. a) ¿Cómo se sentía Ester al acercarse al trono de su esposo? b)


¿Cuál fue la reacción del rey ante la visita inesperada de Ester?

ESTER se acerca lentamente al trono con el corazón latiéndole a mil. La


gran sala real del palacio persa de Susa se sume en el silencio, un
silencio tan profundo que ella puede oír sus suaves pisadas y el roce de la
tela de sus vestiduras reales. No debe dejarse distraer por el esplendor de
la corte, las esbeltas columnas y los magníficos techos con relieves en
madera de cedro importada del lejano Líbano. Toda su atención está
puesta en el hombre sentado en el trono. Y no es para menos: ¡ese
hombre tiene la vida de Ester en sus manos!

2 El rey la mira fijamente y extiende hacia ella su cetro de oro. ¡Qué gran
alivio! Con este sencillo gesto le salva la vida, pues así indica que le
perdona la falta que acaba de cometer: presentarse ante él sin haber sido
invitada. Ester entonces puede acercarse al trono, y, agradeciendo la
clemencia del rey, alarga la mano y toca el extremo del cetro (Est. 5:1, 2).

La reina Ester se acerca al rey Asuero y este extiende su cetro real

Ester agradeció humildemente que el rey Asuero le tuviera clemencia


3 Salta a la vista que Asuero es un rey de gran riqueza y poder. Según
algunos expertos, el atuendo de los monarcas persas de aquella época
costaba el equivalente a cientos de millones de dólares. Pero a pesar de
su imponente presencia, Ester puede ver cierto afecto en los ojos de su
esposo, pues, a su manera, él la ama. Entonces, el monarca le pregunta:
“¿Qué tienes, oh Ester la reina, y cuál es tu solicitud?”, e incluso llega a
ofrecerle la mitad de su reino (Est. 5:3).

4. ¿Qué difícil misión tenía Ester por delante?

4 Ester ya ha demostrado una fe y una valentía excepcionales: se ha


presentado ante el rey con la intención de proteger a su pueblo de un
complot para exterminarlo. Hasta ahora le ha ido bien, pues el rey ha
aceptado verla. Pero lo más difícil está por venir. Aún tiene que convencer
al orgulloso monarca de que Hamán —su consejero de confianza— es un
individuo malvado que, con engaños, lo ha llevado a decretar la
aniquilación del pueblo de Ester. ¿Cómo lo persuadirá, y qué podemos
aprender de la fe de esta sobresaliente mujer?

Eligió sabiamente el “tiempo de hablar”

5, 6. a) ¿Cómo puso en práctica Ester el principio de Eclesiastés 3:1, 7? b)


¿Cómo demostró Ester ser sabia al dirigirse a su esposo?
5 ¿Debería Ester revelarle al rey todo el asunto delante de la corte? Eso
podría humillarlo y darle tiempo a Hamán para cuestionar las acusaciones.
¿Qué decide hacer Ester? Siglos antes, el sabio rey Salomón había
escrito por inspiración divina: “Para todo hay un tiempo señalado, [...]
tiempo de callar y tiempo de hablar” (Ecl. 3:1, 7). De seguro el padre
adoptivo de Ester, el fiel Mardoqueo, le inculcó a la joven principios como
este mientras crecía. Y, como veremos, está claro que ella entendía la
importancia de elegir con cuidado el “tiempo de hablar”.

6 Así es que Ester le contesta a su esposo con estas palabras: “Si al rey
de veras le parece bien, venga hoy el rey con Hamán al banquete que he
hecho para él” (Est. 5:4). El monarca accede y manda llamar a Hamán.
¿Vemos lo prudente y sabia que es Ester? A la vez que respeta la
dignidad de su esposo, planea un mejor momento para expresarle su
preocupación (lea Proverbios 10:19).

7, 8. ¿Cómo salió el primer banquete que organizó Ester, y por qué


decidió no hablarle del asunto al rey en esa ocasión?

7 Sin duda, Ester prepara el banquete con esmero, procurando satisfacer


todos los gustos de su esposo. Y no falta el buen vino para alegrar el
ambiente (Sal. 104:15). Tanto disfruta Asuero de la ocasión que se siente
impulsado a preguntarle de nuevo a la reina cuál es su petición. ¿Será
este el tiempo de hablar?
8 Ella cree que no. Por eso, invita al rey y a Hamán a otro banquete al día
siguiente (Est. 5:7, 8). ¿Por qué pospone el asunto? Recordemos que
todo el pueblo de Ester se enfrenta a la muerte debido al decreto real. Con
tantas vidas en juego, ella tiene que asegurarse de elegir el mejor
momento. Así que espera y organiza otro festín para demostrarle a su
esposo el gran aprecio que siente por él.

9. ¿Cuánto valor tiene la paciencia, y cómo podemos imitar el buen


ejemplo de Ester?

9 ¡Qué virtud tan valiosa, aunque escasa, es la paciencia! Ester, a pesar


de sentirse angustiada y ansiosa, aguardó el momento ideal para hablar.
Hacemos bien en seguir su ejemplo, ya que es probable que todos en
ocasiones veamos cosas que deban corregirse. Si intentamos convencer
a alguien con autoridad para que resuelva un problema, tal vez tengamos
que imitar a Ester y ser pacientes. Proverbios 25:15 señala: “Por paciencia
se induce a un comandante, y una lengua apacible misma puede quebrar
un hueso”. Si esperamos el momento oportuno y hablamos con
apacibilidad y bondad, como hizo Ester, podremos “quebrar” cualquier
resistencia, aunque sea tan dura como un hueso. ¿Bendijo Jehová, el
Dios de Ester, su paciencia y sabiduría?

La paciencia produjo fruto

10, 11. ¿Por qué le cambió el humor a Hamán tras salir del banquete, y
qué le aconsejaron su esposa y amigos?
10 Gracias a la paciencia de Ester, tiene lugar una serie de sucesos
claves. Hamán sale del primer banquete muy animado, “gozoso y alegre
de corazón” porque el rey y la reina lo han honrado con su invitación. Pero
cuando atraviesa la puerta del castillo, ve allí a Mardoqueo, quien sigue
negándose a tratarlo con especial reverencia. Como vimos en el capítulo
anterior, Mardoqueo no pretende ser irrespetuoso, sino que actúa
motivado por su conciencia y su relación con Jehová. Sin embargo, el
relato indica que “Hamán inmediatamente se llenó de furia” (Est. 5:9).

11 Cuando les cuenta a su esposa y amigos el gran insulto que —en su


opinión— acaba de sufrir, ellos le aconsejan que mande hacer un madero
enorme, de poco más de 22 metros (72 pies) de altura, y que consiga la
autorización del rey para colgar en él a Mardoqueo. Encantado con la
idea, Hamán enseguida pone manos a la obra (Est. 5:12-14).

12. ¿Por qué pidió el rey que le leyeran los registros oficiales, y qué fue lo
que descubrió?

12 Pero entonces sucede algo extraordinario. La Biblia relata que esa


noche “el sueño del rey huyó”, y que por ello Asuero ordena que le lean en
voz alta los registros oficiales. La lectura incluye la denuncia de un
complot para asesinarlo. Él recuerda que los conspiradores fueron
capturados y ejecutados. Pero ¿qué ocurrió con el hombre que denunció
la trama, Mardoqueo? El rey, de repente más despierto que nunca,
pregunta cómo se le ha recompensado. ¿Y qué le responden? ¡Que nada
se había hecho por él! (Lea Ester 6:1-3.)

13, 14. a) ¿Qué giro inesperado tomaron los asuntos para Hamán? b)
¿Qué le dijeron a Hamán su esposa y amigos?
13 Muy agitado, Asuero quiere saber qué funcionarios de la corte están allí
para ayudarlo a corregir aquel terrible descuido. ¡Y qué coincidencia!
Hamán se halla en el patio del rey. Parece que ha llegado temprano
porque está ansioso por obtener el permiso para ejecutar a Mardoqueo.
Pero antes de que él pueda expresar su solicitud, Asuero le plantea otra
cuestión: ¿cuál sería la mejor manera de honrar a un hombre que tiene el
favor del rey? Hamán supone que el monarca está pensando en honrarlo
a él, así que le propone un ostentoso homenaje: vestir al hombre con
prendas reales y hacer que un alto funcionario lo pasee sobre el caballo
del rey por la ciudad de Susa, proclamando a los cuatro vientos sus
alabanzas. Imagínese la cara de Hamán cuando se entera de que el
hombre al que se va a honrar es nada menos que Mardoqueo. ¿Y a quién
le encarga el rey alabar en público a Mardoqueo? ¡Al mismísimo Hamán!
(Est. 6:4-10.)

14 Muy a su pesar y lleno de odio, a Hamán no le queda más remedio que


cumplir con el mandato real. Pero en cuanto puede, se apresura a volver a
su casa, sumamente angustiado por lo sucedido. Su esposa y sus amigos
le dicen que este giro de los acontecimientos no anticipa nada bueno y
que está condenado a caer ante Mardoqueo el judío (Est. 6:12, 13).

15. a) ¿Qué ocurrió gracias a que Ester fue paciente? b) ¿Por qué
debemos tener “una actitud de espera”?
15 Como Ester fue paciente y esperó un día más para presentar su
solicitud al rey, Hamán tuvo tiempo para preparar, sin saberlo, su propia
caída. Además, es muy posible que fuera Jehová quien causó el insomnio
del rey (Prov. 21:1). No sorprende, pues, que la Biblia nos anime a tener
“una actitud de espera” (lea Miqueas 7:7). Cuando dejamos las cosas en
manos de Dios, quizás nos encontremos con que sus soluciones a
nuestros problemas son mucho mejores que cualquier cosa que se nos
hubiera ocurrido a nosotros.

Fue valiente y habló

16, 17. a) ¿Cuándo le llegó el “tiempo de hablar” a Ester? b) ¿En qué


sentido era Ester distinta de Vasti?

16 Ester no se atreve a seguir poniendo a prueba la paciencia de su


esposo, así que decide contarle todo en el segundo banquete. Pero
¿cómo hacerlo? El rey mismo se lo pone en bandeja cuando vuelve a
preguntarle qué es lo que desea pedirle (Est. 7:2). Por fin ha llegado el
“tiempo de hablar”.

17 Ahora bien, ¿qué hace Ester antes de responder al rey? No es difícil


imaginarla haciéndole una oración silenciosa a Dios. Y entonces, con
valentía, pronuncia estas palabras: “Si he hallado favor a tus ojos, oh rey,
y si al rey de veras le parece bien, que se me dé mi propia alma por
petición mía, y mi pueblo por solicitud mía” (Est. 7:3). Observemos que le
asegura al rey que respetará su decisión. ¡Qué distinta de Vasti, la reina
anterior, que había humillado a propósito a su esposo! (Est. 1:10-12.) Lo
que es más, Ester no lo critica por la insensatez de confiar en Hamán.
Más bien, le suplica que la proteja porque su vida corre peligro.
18. ¿Cómo le expuso Ester el problema al rey?

18 Sin duda, la solicitud de Ester conmueve y, al mismo tiempo, asombra


al rey. ¿Cómo es posible que alguien se haya atrevido a amenazar de
muerte a la reina? Ella prosigue: “Hemos sido vendidos, yo y mi pueblo,
para que se nos aniquile, mate y destruya. Ahora bien, si se nos hubiera
vendido para simplemente ser esclavos y simplemente ser siervas, me
habría quedado callada. Pero la angustia no es apropiada cuando resulta
en perjuicio para el rey” (Est. 7:4). Notemos que Ester expone con
franqueza el problema, pero añade que se habría quedado callada si ella y
su pueblo hubieran sido vendidos como esclavos. Sin embargo, ella tenía
que hablar, porque el genocidio que se planeaba ejecutar también
perjudicaría al propio rey.

19. ¿Qué nos enseña el ejemplo de Ester sobre cómo tratar asuntos
delicados?

19 Ester supo tratar un asunto delicado con sabiduría y tacto, usando la


persuasión. Su ejemplo nos enseña que, si alguna vez necesitamos
exponerle un problema grave a un ser amado o a una persona con
autoridad, es importante que seamos pacientes, respetuosos y sinceros
(Prov. 16:21, 23).

20, 21. a) ¿Cómo desenmascaró Ester a Hamán, y cuál fue la reacción


inicial del rey? b) ¿Qué hizo Hamán cuando salió a la luz que era un
cobarde manipulador?
20 Al escuchar las palabras de Ester, Asuero le pregunta: “¿Quién es este,
y precisamente dónde está el que se ha envalentonado para obrar así?”.
Imagine a Ester señalando con el dedo mientras dice: “El hombre, el
adversario y enemigo, es este miserable Hamán”. Todo parece detenerse
por un instante. Hamán siente cómo el pánico va apoderándose de él. Una
mirada al enfurecido rostro de Asuero le basta para entender que su
situación es desesperada: el rey ha comprendido que su consejero de
confianza lo ha manipulado. ¡Le hizo firmar un decreto que significaría la
muerte de su amada esposa! Sintiendo que la ira lo domina, Asuero sale a
toda prisa al jardín, en un intento por calmarse (Est. 7:5-7).

En su segundo banquete, Ester habla con el rey Asuero y denuncia con


valor a Hamán

Ester denunció con gran valentía al malvado Hamán

21 Expuesto como el cobarde manipulador que es, Hamán cae a los pies
de la reina para pedirle clemencia. Cuando el rey vuelve a entrar y lo ve
rogándole a Ester encima de su diván, se enfurece y lo acusa de intentar
violar a la reina en su propio palacio. ¡Hamán ha firmado su sentencia de
muerte! Acto seguido, se lo llevan con el rostro cubierto. Entonces, un
funcionario le revela al rey que su malvado consejero había levantado un
enorme madero para colgar a Mardoqueo. De inmediato, Asuero toma una
tajante decisión: ¡el propio Hamán será colgado en él! (Est. 7:8-10.)

22. ¿Cómo nos enseña el ejemplo de Ester que nunca debemos perder la
fe ni la esperanza?
22 En el mundo en que vivimos, es fácil llegar a pensar que la justicia
nunca triunfará. ¿Se ha sentido usted alguna vez así? Ester jamás perdió
la fe y la esperanza, ni tampoco se amargó. Llegado el momento, se puso
con valor de parte de la justicia y dejó los asuntos en manos de Jehová.
Hagamos nosotros igual. Dios sigue siendo el mismo que en aquel
entonces. Sigue siendo capaz de atrapar en sus propias trampas a
quienes actúan con maldad y astucia, tal como hizo en el caso de Hamán
(lea Salmo 7:11-16).

Defendió con altruismo a Jehová y su pueblo

23. a) ¿Cómo recompensó el rey a Mardoqueo y a Ester? b) ¿Cómo se


cumplió la profecía de Jacob acerca de Benjamín? (Vea el recuadro “ Una
profecía cumplida”.)

23 Finalmente, el rey se entera de que Mardoqueo no solo es el leal


súbdito que impidió su asesinato, sino también el padre adoptivo de Ester,
y lo nombra primer ministro en lugar de Hamán. A Ester le da la casa y la
inmensa fortuna de Hamán, y ella las pone a cargo de Mardoqueo (Est.
8:1, 2).

24, 25. a) ¿Por qué no se dio por satisfecha la reina tras poner al
descubierto el complot de Hamán? b) ¿Cómo volvió a arriesgar su vida
Ester?
24 Ahora que Ester y Mardoqueo ya están a salvo, ¿puede la reina
respirar tranquila? Podría hacerlo si fuera una mujer egoísta, pero ella no
solo piensa en su propio bienestar. En esos momentos, el decreto de
Hamán que ordena el exterminio de todos los judíos está llegando hasta el
último rincón del imperio. Hamán había recurrido a lo que obviamente era
una práctica espiritista a fin de determinar el mejor día para llevar a cabo
su despiadado ataque. Dice la Biblia que había echado la suerte, o, según
el idioma original, Pur (Est. 9:24-26). Todavía faltan meses para que llegue
ese día, pero se va acercando rápidamente. ¿Podrá evitarse la tragedia?

25 Con altruismo, sin pensar en ella misma, Ester vuelve a arriesgar su


vida presentándose otra vez ante el rey sin una invitación oficial. Esta vez
llora por su pueblo y le suplica a su esposo que anule el terrible edicto. Sin
embargo, las leyes que se promulgan en nombre de los monarcas persas
no pueden cambiarse (Dan. 6:12, 15). Por eso, el rey faculta a Ester y a
Mardoqueo para que dicten una ley nueva. Como resultado, se envía un
segundo decreto que permite que los judíos luchen en su defensa. Los
mensajeros galopan hasta los confines del imperio para llevarles la buena
noticia, y la esperanza vuelve a brillar en muchos corazones (Est. 8:3-16).
¿Podemos imaginarnos la escena? Judíos de todo el inmenso territorio
persa armándose y preparándose para la batalla, algo que jamás habrían
podido hacer sin el nuevo edicto. Pero quedaba por ver otra cuestión más
importante aún: ¿apoyaría “Jehová de los ejércitos” a su pueblo? (1 Sam.
17:45.)

Ester y Mardoqueo dictan un segundo decreto a un secretario

Ester y Mardoqueo enviaron decretos a todos los judíos del Imperio persa

26, 27. a) ¿Cómo fue la victoria que Jehová le dio a su pueblo? b) ¿Qué
profecía se cumplió con la muerte de los hijos de Hamán?
26 Cuando por fin llega el día designado, el pueblo de Dios está listo. De
hecho, muchos funcionarios persas se han puesto de su lado, pues la
noticia de que el nuevo primer ministro es Mardoqueo el judío se ha
extendido por todo el imperio. ¡Qué gran victoria otorga Jehová a su
pueblo! A fin de protegerlo de terribles represalias, se encarga de que sus
enemigos sufran una derrota total (Est. 9:1-6). *

27 Además, a los diez hijos de Hamán también se les ha dado muerte, por
lo que Mardoqueo podrá administrar sin peligro la que anteriormente fue la
casa de ellos (Est. 9:7-10). De este modo, Dios cumplió su profecía de
destruir por completo a los amalequitas, que habían demostrado ser
enemigos declarados de su pueblo (Deut. 25:17-19). Es muy posible que
los hijos de Hamán fueran los últimos miembros de esa nación condenada
a desaparecer.

28, 29. a) ¿Por qué era la voluntad de Jehová que su pueblo luchara en
tiempos de Ester? b) ¿En qué sentido es una bendición contar con el
ejemplo de Ester?

28 La joven Ester tuvo que asumir responsabilidades muy serias, como


dictar decretos reales que implicarían luchas y ejecuciones. Sin duda,
aquella tarea no debió ser nada fácil. Pero la voluntad de Jehová exigía
que su pueblo no fuera exterminado, pues de la nación de Israel saldría el
Mesías prometido, la única esperanza para la humanidad (Gén. 22:18).
Afortunadamente, los siervos de Dios de la actualidad ya no tenemos
necesidad de participar en luchas de ese tipo, pues cuando Jesús vino a
la Tierra, prohibió a sus discípulos que tomaran las armas (Mat. 26:52).
29 No obstante, los cristianos sí participamos en una lucha espiritual, ya
que nuestro enemigo, Satanás, está más ansioso que nunca por acabar
con nuestra fe en Jehová (lea 2 Corintios 10:3, 4). Pero podremos salir
victoriosos si imitamos el ejemplo de Ester. Ella supo afrontar los
problemas con tacto, sabiduría y paciencia, siendo valerosa y defendiendo
con altruismo al pueblo de Dios. ¡Qué gran bendición es contar con su
ejemplo de fe!

Preguntas sobre Ester

¿Por qué permitió Mardoqueo que Ester se casara con un pagano?

Algunos estudiosos dan a entender que Mardoqueo era un oportunista


que quería casar a Ester con el rey para ganar prestigio, pero esa
afirmación no tiene fundamento. Él era un judío fiel y no podía aprobar
aquel matrimonio (Deut. 7:3). Según indica la antigua tradición judía,
Mardoqueo trató de impedir el matrimonio de su prima. Pero, en realidad,
¿qué podrían haber hecho ellos? No eran más que extranjeros en la tierra
de un dictador que se consideraba un dios. Con el tiempo se hizo patente
que Jehová se valió del matrimonio de Ester para proteger a su pueblo
(Est. 4:14).

¿Por qué no se menciona el nombre de Dios, Jehová, en el libro de Ester?


Todo indica que el escritor de este libro inspirado por Dios fue Mardoqueo.
Es posible que, antes de ser llevado a Jerusalén, el libro se guardara entre
los registros oficiales persas. Si hubiera contenido el nombre divino,
probablemente los devotos de los dioses persas lo hubieran destruido. En
todo caso, está claro que Jehová intervino en los hechos narrados. Cabe
destacar que el nombre de Dios está presente en el texto original hebreo
en forma de acrósticos: al parecer, ciertas palabras se colocaron en orden
sucesivo para que las letras iniciales o finales formaran el nombre divino
(Est. 1:20, nota).

¿Concuerda el libro bíblico de Ester con los registros históricos?

Algunos críticos aseguran que el libro no es históricamente exacto. En


cambio, hay expertos que han señalado que el escritor tenía un gran
conocimiento de la corte, la arquitectura y las costumbres persas. Es
cierto que los documentos extrabíblicos que han llegado hasta hoy no
mencionan a la reina Ester, pero, en cualquier caso, ella no sería el primer
miembro de la realeza que se hubiera eliminado de los registros públicos.
Ahora bien, tales registros sí indican que un hombre llamado Mardukâ —
equivalente persa de Mardoqueo— fue funcionario en la corte de Susa en
la época descrita en el libro de Ester.

Una profecía cumplida


Al proteger al pueblo de Dios, Ester y Mardoqueo cumplieron una antigua
profecía de la Biblia. Más de mil doscientos años antes, Jehová había
inspirado al patriarca Jacob para que profetizara sobre uno de sus hijos:
“Benjamín seguirá desgarrando como lobo. Por la mañana se comerá el
animal prendido, y al atardecer dividirá el despojo” (Gén. 49:27). En la
“mañana”, o comienzo, de la historia de los reyes de Israel hubo valientes
guerreros —como el rey Saúl y otros— que eran descendientes de
Benjamín y defendieron al pueblo de Dios. Y durante el “atardecer” de la
nación de Israel, cuando ya no había reyes sobre el trono, otros dos
descendientes de la tribu de Benjamín —Ester y Mardoqueo— vencieron a
los enemigos de Jehová. Puede decirse que se repartieron el despojo
porque recibieron las riquezas que pertenecían a Hamán.

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