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La Edad Media en El Cristianismo

El documento resume la vida religiosa en la Edad Media en el cristianismo. Explica que no había diferencia inicial entre los obispos, pero luego surgieron jerarquías. El poder papal se consolidó frente a los emperadores. Los lombardos invadieron Italia, debilitando la influencia bizantina y dando poder a los papas. El clero se dividió en secular y regular, este último viviendo en monasterios siguiendo una regla como la de San Benito. Las cruzadas buscaron recuperar Tierra Santa para los cristianos.

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La Edad Media en El Cristianismo

El documento resume la vida religiosa en la Edad Media en el cristianismo. Explica que no había diferencia inicial entre los obispos, pero luego surgieron jerarquías. El poder papal se consolidó frente a los emperadores. Los lombardos invadieron Italia, debilitando la influencia bizantina y dando poder a los papas. El clero se dividió en secular y regular, este último viviendo en monasterios siguiendo una regla como la de San Benito. Las cruzadas buscaron recuperar Tierra Santa para los cristianos.

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“LICEO LA SALLE”

Bachillerato en ciencias y letras

Curso: Religión

Catedrático. Òscar Rivera

La edad media en el Cristianismo

Alumna:

Rossy Anahí Rossell Rivas

Código: 37

Grado: 4.1

Sección: “1”

Chiquimula 2,020
Introducciòn:

En los comienzos del cristianismo no había diferencia entre los diferentes obispos, aunque tras el
cese de las persecuciones romanas, el principal motivo lo encontramos en su riqueza, y como no,
en una clara organización, así como en la importancia cultural, y en la influencia sobre la vida
social El clero secular eran aquellos miembros de la Iglesia que vivían en el mundo, mezclados
con los laicos: el Papa, los arzobispos, los obispos y los párrocos y los párrocos eran los que
estaban al mando y regulaban pequeños distritos llamados parroquias, varias parroquias formaban
una diócesis, cuyo jefe era un obispo, y varias diócesis formaban una arquidiócesis, dirigida por
un arzobispo, usando los términos relativos al monacato, como monje, monja, monasterio, etc., se
ha extendido erróneamente para significar el estado religioso de otras formas de vida consagrada
en el cristianismo.
LA EDAD MEDIA EN EL CRISTIANISMO

En los comienzos del cristianismo no había diferencia entre los diferentes obispos, aunque tras el
cese de las persecuciones romanas (c. 360) surgió la necesidad de unificar las creencias y
centralizar el poder. En el rastreo del primado papal, Dámaso I (366-384), se presentó como un
nexo espiritual entre los cristianos del Imperio Romano de Occidente y de Oriente, mientras se
mostraba intransigente con las doctrinas contrarias a las establecidas en los concilios. Al mismo
tiempo, la figura del emperador se consolida en el dominado, por la que adopta una forma
mística, legitimada y enviada por Dios, que busca el centralismo del poder mediante el apoyo de
la Iglesia. El papa León I el Magno (440-461) asumió el título de pontifex maximus, que habían
abandonado los emperadores romanos desde el 382.3 La supremacía papal se consolida con
Gelasio I (492-496), quien dirigió una carta al emperador Anastasio I (491-518) en donde
formula la doctrina de las dos espadas, entendida como la justificación de la superioridad de la
potestad espiritual del Papa sobre la temporal del emperador.

Al mismo tiempo que el poder de la Iglesia cristiana iba creciendo en Europa, el de los
emperadores disminuía. En medio de la crisis por las guerras constantes, el emperador Justiniano
I (527-565) trató de reafirmar el dominio imperial en Italia desde el este, en lo que se conoce
como guerra gótica (535-554). A pesar de que la campaña fue exitosa, se estableció para Italia un
exarcado, [cita requerida] la influencia imperial era limitada. En 568 los lombardos invadieron la
península estableciendo el Reino lombardo. Cuando entraron en Italia, algunos lombardos
conservaron su forma nativa de paganismo, mientras que otros eran cristianos arrianos, de ahí que
no tuvieran buenas relaciones con la Iglesia católica, a la que persiguieron con celo. El fracaso de
los emperadores para enviar ayuda dio lugar a que los papas se encargaran de la alimentación de
la ciudad con el grano de la hacienda papal. Así como de la negociación de acuerdos con los
lombardos, mediante el pago a sus líderes a cambio de protección o, en su defecto, la contratación
de soldados para defender la ciudad. Esto marcó el final de la influencia en Roma del Imperio
bizantino.

Ya hemos dicho como la Iglesia en la Edad Media tenía mucho poder. El principal motivo lo
encontramos en su riqueza, y como no, en una clara organización, así como en la importancia
cultural, y en la influencia sobre la vida social. La iglesia se contraponía al desorden, la
ignorancia y la violencia de la sociedad feudal. Todos los miembros de la Iglesia conformaban el
clero, que se dividía en dos: el clero secular y el clero regular. El jefe espiritual de todos era el
Papa.

EL CLERO SECULAR

El clero secular eran aquellos miembros de la Iglesia que vivían en el mundo, mezclados con los
laicos: el Papa, los arzobispos, los obispos y los párrocos.

Los párrocos eran los que estaban al mando y regulaban pequeños distritos llamados parroquias.
Varias parroquias formaban una diócesis, cuyo jefe era un obispo, y varias diócesis formaban una
arquidiócesis, dirigida por un arzobispo.

EL CLERO REGULAR

A partir del siglo VI se organiza en Occidente el clero regular. Sus miembros son aquellos que
optaron por aislarse del mundo y vivir en monasterios regidos por un abad. Seguían, además unas
reglas específicas. Su regla se basaba en el lema ora et labora, es decir, reza y trabaja.

En Occidente, el monacato lo inició San Benito de Nursia, quien fundó la orden benedictina, la
cual obligó a sus miembros a cumplir votos de obediencia, castidad y pobreza. La regla de San
Benito fue respaldada por el Papado.
Cruzadas

Las cruzadas fueron una serie de guerras religiosas impulsadas por la Iglesia católica durante la
Edad Media. Dichas campañas militares tenían como objetivo declarado recuperar para la
Cristiandad la región del Cercano Oriente conocida como Tierra Santa, la cual se encontraba bajo
el dominio del islam. Otras expediciones armadas con el propósito de conquistar territorios
musulmanes previamente cristianos, como en España, de implantar el cristianismo, como en
Prusia, o incluso de suprimir por la fuerza movimientos contra el poder de la Iglesia, como en el
sur de Francia, también fueron conocidas finalmente como Cruzadas.

Las cruzadas del Mediterráneo Oriental, las primeras a las que se les aplicó este nombre, fueron
llevadas a cabo por señores feudales y soberanos de Europa Occidental, sobre todo los de la
Francia de los Capetos y el Sacro Imperio Romano, pero también de Inglaterra y Sicilia, a pedido
del Papado y, en principio, del Imperio de Oriente. Tuvieron lugar durante un período de casi dos
siglos, entre 1096 y 1291, llevaron al establecimiento efímero de un Reino cristiano en Jerusalén
y la conquista, temporal, de Constantinopla.

Las guerras con sanción religiosa en España y Europa Oriental, algunas de las cuales culminaron
en el siglo XV, recibieron la calificación de cruzadas por parte de la Iglesia. Se enfocaron en la
lucha contra los gobernantes musulmanes de territorios españoles, contra los eslavos y bálticos
paganos (prusianos y lituanos, sobre todo) y en algún caso contra el Imperio Oriental o los
otomanos.

En la cruzada contra los albigenses la lucha fue contra cristianos disidentes y los nobles que los
apoyaban, en especial contra los seguidores del catarismo.

En muchos casos, las cruzadas fueron causa de persecuciones contra los judíos, cristianos
ortodoxos griegos y rusos. Los participantes de las cruzadas, conocidos como cruzados, tomaban
votos religiosos de manera temporal y se les concedía indulgencia por sus pecados.

Las cruzadas fueron emprendidas para liberar los Lugares Santos, es decir las regiones donde
vivió Jesucristo, de la dominación musulmana. Se iniciaron en 1095, cuando el emperador
bizantino Alejo I solicitó protección para los cristianos de oriente al papa Urbano II, quien en el
concilio de Clermont inició la predicación de la cruzada. Al terminar su alocución con la frase del
Evangelio «renuncia a ti mismo, toma tu cruz, y sígueme» (Mateo 16:24), la multitud,
entusiasmada, manifestó ruidosamente su aprobación con el grito Deus lo vult, o Dios lo quiere.

El origen de la palabra y de por qué le pusieron así, se atribuye a la cruz de tela usada como
insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte de esta empresa de reconquista de Tierra
Santa.

Escritores medievales utilizan los términos crux (pro cruce transmarina, Estatuto de 1284, citado
por Du Cange, s.v. crux), croisement (Joinville), croiserie c(Monstrelet), etc. Desde la Edad
Media, el significado de la palabra cruzada se extendió para incluir a todas las guerras
emprendidas en cumplimiento de un voto y dirigidas contra infieles, p. ej. contra musulmanes,
paganos, herejes, o aquellos bajo edicto de excomunión.

Consecuencia de las cruzadas:

Religiosamente: Demostraron la unidad religiosa de Oriente y el poder de la Iglesia.

Socialmente: Las cruzadas debilitaron a los señores feudales; muchos perdieron la vida o
quedaron en Oriente; otros se empobrecieron por la venta de sus tierras; además, la prolongada
ausencia les impidió vigilar sus derechos. Los reyes se incautaron de los feudos vacantes y
redujeron tenazmente los privilegios de los señores. Por su parte, los siervos y vasallos
alcanzaron su libertad a cambio de dinero.

Económicamente: Se introdujeron en Occidente nuevos cultivos y procedimientos de


fabricación tomados de los pueblos musulmanes. El comercio, sobre todo marítimo, adquirió
mayor impulso. Los puertos de Génova, Venecia, Amalfi, Marsella y Barcelona fueron los más
favorecidos.

Culturalmente: El arte y la ciencia árabe y bizantina mejoraron la cultura occidental; las


costumbres experimentaron sensibles cambios y el género de vida se hizo menos rudo.
Vida Monástica
El monacato cristiano hace referencia a la forma de vida de un determinado número de fieles de
las diferentes denominaciones cristianas, caracterizada por la separación, sea radical o más o
menos radical, del mundo. La raíz del concepto de monacato deriva del griego monos que
significa «solo», ya que en sus orígenes el monacato nació con la idea de la soledad o aislamiento
de los eremitas en el desierto. Esta experiencia del eremita fue evolucionando en diferentes
formas de vida, no todas necesariamente en la radical opción de la soledad en el desierto, desde el
anacoretismo hasta el cenobitismo, esta última, que agrega la característica de la vida en
comunidad, esta se hace sin perder el elemento que la hace monástica: separación del mundo o de
la sociedad. Al cristiano que practica el monacato se le llama monje o monja, y el lugar donde
habita, si es en completa soledad, se llama ermita o yermo; o si en comunidad, se llama
monasterio.

Los monjes pueden dividirse en varias clases: eremitas, que viven solos en el desierto;
anacoretas, que practicaban la vida solitaria pero no necesariamente en el desierto; reclusos, que
viven en una celda cuya comunicación con el exterior se da solo a través de una ventanilla; y
cenobitas, que viven en comunidad.

Existen igualmente monasterios mixtos, donde se puede practicar uno u otro estilo de monacato.

Los términos relativos al monacato, como monje, monja, monasterio, etc., se ha extendido
erróneamente para significar el estado religioso de otras formas de vida consagrada en el
cristianismo. Por ejemplo, a los miembros de Órdenes y Congregaciones religiosas no
monásticas.

En la Iglesia católica existe una división de la vida consagrada y las Órdenes monásticas forman
parte de los Institutos religiosos, estos a su vez pertenecen a los Institutos de vida consagrada.
Como se ve, no toda Orden o Congregación religiosa es monacal. Además, no toda forma de vida
monacal está integrada en los Institutos de vida consagrada, como es el caso de los eremitas que
viven en soledad.

A lo largo de los siglos se ha discutido si el monacato cristiano, es una institución que ahonda sus
raíces en la predicación de Jesús de Nazaret, o en la primitiva comunidad apostólica, o es de
origen pagano y se cristianizó, o fue trasportado de las religiones más antiguas y que claramente
tenían formas de vida monásticas ya establecidas. Muchas han sido las argumentaciones en favor
o en contra de lo propiamente cristiano de una institución que presenta paralelismos e incluso
semejanzas bien afirmadas con otras religiones o filosofías. A mediados del siglo XX,
prácticamente esta controversia entre los historiadores o autores de las denominaciones cristianas
antiguas han cesado. Es más, muchas de ellas tienen al interior de sus respectivas iglesias, formas
de vida monásticas.

En la Edad Media intentaron remontar el origen del monacato al mismo Jesús. Para Bernardo de
Claraval, por ejemplo, Pedro hizo su profesión en nombre de los doce, cuando dijo «he aquí que
lo hemos dejado todo y te hemos seguido», en ese sentido la comunidad de Jesús, según él, era
una comunidad monacal.

En el prólogo del «Gran Exordio» de Conrado de Claraval, el autor expuso casi una copia del
pensamiento de Casiano, coloca como fundadores de la Orden Cisterciense a los mismos
Apóstoles. Los monjes medievales identificaban la vida monástica con la vida apostólica, con
ello intentaban demostrar la continuidad de ininterrumpida de la vida perfecta prescrita en los
Evangelios y la practicada por ellos en sus monasterios. De ahí surgió el concepto de la vida
monástica, más adelante de la vida religiosa, como «estado de perfección», al punto que algunos
autores medievales, como Gilberto Crispín, aseguraban que nadie se salvaba sino se conformaba,
al menos en parte, a la vida del monje. Este pensamiento, al menos en la Iglesia católica durará
hasta el Concilio Vaticano II.

Algunos autores se alzaron contra la pretensión medieval de colocar el origen del


monacato cristiano en la comunidad primitiva, más aún, de pretender colocar su
fundación en boca de los mismos apóstoles. Entre los principales se encuentran Jan
Hus y Juan Wiclef. Estos negaban toda fundamentación evangélica y apostólica del
monacato. Wiclef (†1384) fue el primero que planteó una crítica radical contra la
institución del monacato, no solo contra sus pretensiones evangélicas sino contra su
misma estructura. Para el reformador inglés observar una regla monástica vuelve inepto
e inhábil al cristiano a la hora de cumplir los mandamientos de Dios. Asegura además
que los santos que instituyeron dichas órdenes pecaron con ello, que los monjes y
frailes no son de religión cristiana y los trata de diabólicos. Wiclef afirmaba que la
prescripción de los consejos evangélicos era obligatoria para todo cristiano, por lo tanto,
no debían existir comunidades élites que se abrogaran el derecho a sí mismos de ser
perfectos y diferentes.

Inquisición

El término Inquisición o Santa Inquisición hace referencia a varias instituciones dedicadas a la


supresión de la herejía, mayoritariamente en el seno de la Iglesia católica. La herejía en la era
medieval europea muchas veces se castigaba con la pena de muerte y de esta se derivan todas las
demás. La Inquisición medieval se fundó en 1184 en la zona de Languedoc (en el sur de Francia)
para combatir la herejía de los cátaros o albigenses. En 1249 se implantó también en el reino de
Aragón, siendo la primera Inquisición estatal; y en la Edad Moderna, con la unión de Aragón con
Castilla, se extendió a esta con el nombre de Inquisición española (1478-1834) bajo auspicio de
la monarquía hispánica, cuyo ámbito de acción se extendió después a los territorios conquistados
en lo que se denominaría América: la Inquisición portuguesa (1536-1821) y la Inquisición
romana (1542-1965). Sus víctimas eran seres humanos, e incluso animales, acusados de brujería
o de homosexualidad; en 1600 se emitió la orden de no incoar más procesos 'por sodomía', por
blasfemar, por practicar bestialismo, por herejía (cristianos que niegan algunos de los dogmas
instituidos por la Iglesia católica) y por acusaciones de judaizar en secreto.

En respuesta al resurgimiento de la herejía de forma organizada, se produce en el siglo XII en el


sur de Francia un cambio de opinión dirigida contra la doctrina albigense, la cual no coincidía
con los puntos de vista de la Iglesia católica con relación a la salvación, al matrimonio y otras
instituciones de la sociedad. Como reacción, el papa Inocencio III organizó una cruzada contra
los albigenses promulgando una legislación punitiva contra ellos. Sin embargo, los esfuerzos
iniciales destinados a someter la herejía no estuvieron bien coordinados y fueron ineficaces.

La Inquisición castigó a todo aquel que se oponía a la religión cristiana, al que no aceptaba la fe
católica, al que se negó a convertirse, al que no quiso renunciar a su creencia en favor del
catolicismo. Y así, envió a los judíos a las hogueras, y la misma suerte corrieron las mujeres que
eran tomadas por brujas, o los libros considerados una amenaza para la fe. Además, practicó la
tortura y se lanzó en cruzadas mortales contra comunidades consideradas infieles.

Por otro lado, también existe la expresión “hacer inquisición”, que significa examinar papeles y
documentos para desechar y quemas los inútiles, en clara alusión a la quema de libros contrarios
a la fe católica que se llevaba a cabo durante la Inquisición.

Inquisición según la Biblia


En la Biblia, donde se recogen los dogmas de la religión católica, se apunta que Dios ordenó al
pueblo hebreo realizar investigaciones a todo aquel que cometiera actos de herejía, como adorar a
ídolos o “falsos dioses”, con la finalidad de juzgarlos y condenarlos. Incluso, se apuntan algunos
lineamientos que, según la doctrina, debían seguir en el proceso inquisitorial.

Apunta Deuteronomio: “Si, en medio de ti, en alguna de las ciudades que Yahvé te dará, un
hombre o una mujer hacen lo que desagrada a Yahvé, hasta quebrantar su alianza; si va a servir a
otros dioses y se postran ante ellos... En cuanto te lo denuncien o en cuanto lo sepas, empezarás a
investigar bien todo. Si compruebas que esta abominación se ha cometido en Israel, sacarás a las
puertas de la ciudad al hombre o a la mujer que cometieron esta fechoría, y los apedrearás hasta
que mueran... Exigirás las declaraciones de dos o tres testigos para condenarlos a muerte. Nadie
será condenado a muerte por la acusación de un solo testigo... Así harás desaparecer el mal de en
medio de ti” (XVII: 2-7).

Inquisición en España
Como Inquisición española se denominó el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición que
funcionó entre 1478 y 1834. Fue creado por los reyes católicos con el objetivo que proteger y
preservar la fe católica en sus dominios. Como tal, estuvo siempre bajo el control de la
monarquía española. Su ámbito de acción se extendió sobre todo el territorio español y las
colonias de ultramar en América, como la Nueva España, actual México, o las Filipinas, en Asia.
E-grafía:

https://sobrehistoria.com/la-iglesia-en-la-edad-media/

https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_del_cristianismo_durante_la_Edad_Media#:~:text=La%20rosa
%20historia%20del%20cristianismo,que%20comienza%20el%20cristianismo%20moderno.
Comentario:

El impacto que ha tenido en lo largo de la historia el cristianismo es digno de admiración,


defendiendo todos aquellos personajes que marcaron la historia para resaltar la fe que ahora en
día se conserva como un patrimonio moral he integro, es de impacto en aquel entonces no había
las diferencias entre los obispos como en la actualidad que cada uno tiene unas atribuciones
correspondientes, y pese que las persecuciones romanas eran sumamente perseguidas como que
hayan cometido tipo de delitos, hemos dicho como la Iglesia en la Edad Media tenía mucho
poder, como un punto importante en la riqueza, puesto que en roma se constituían el imperio
porque el que caracteriza a toda una ciudad de religiosidad, entonces la iglesia se contraponía al
desorden, la ignorancia y la violencia de la sociedad feudal de aquel entonces y todos los
miembros de la Iglesia conformaban el clero, que se dividía en dos por una parte el clero secular
y el clero regular, como bien se le definían son aquellos que optaron por aislarse del mundo y
vivir en monasterios regidos por un abad, ha marcado tanto la importancia en la edad medieval
porque surge la protección de cristianismo y se constituye como una fe, nacen las cruzadas que,
aunque no nos agrade las guerras religiosas impulsadas por la Iglesia católica durante la Edad
Media. Dichas campañas militares tenían como objetivo declarado recuperar para la Cristiandad
la región del Cercano Oriente conocida como Tierra Santa, la cual se encontraba bajo el dominio
del islam, se le dominada como una sanción que en esta actualidad seria como una crueldad
aplicar una sanción a una persona fiel que busca la libertad y el gozo integro sin dañar la
integridad a los demás y buscar una comunicación con el Dios fiel, como puede un rey
comparece y poner obstáculo a la religión que en aquel entonces era evidente, pero gracias a
aquellos que estuvieron fielmente en la faceta de ser libertad he individual de buscar el
cristianismo como una necesidad de fe, de amor y de confianza con el Dios de lo alto, esto vino a
revolucionar miles de mentes que buscan la verdad, la justicia y a paz.

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