Hamlet: Tragedia de Shakespeare
Hamlet: Tragedia de Shakespeare
(1564-1616)
LA TRAGEDIA DE
HAMLET
PRINCIPE DE DINAMARCA
(1601)
traducción
de
Alonso Alegría
Lima
1995
PRIMER ACTO
Escena Uno
BERNARDO
¡Quién va!
FRANCISCO
¡No, contesta tú¡ ¡Quieto! ¡Santo y seña! ¡Quién va!
BERNARDO
¡Viva el Rey!
FRANCISCO
¿Bernardo?
BERNARDO
Sí.
FRANCISCO
Llegas a tiempo. Puntual y sin demora.
BERNARDO
Las doce han dado; vete a dormir, Francisco.
FRANCISCO
Gracias por el relevo, muchas gracias. Este frío amargo me pesa
en el corazón.
BERNARDO
¿Y la guardia? ¿Tranquila?
FRANCISCO
Ni un ratón se mueve.
BERNARDO
Entonces... buenas noches. Si encuentras a Horacio y a Marcelo,
mis compañeros de guardia, que se apuren.
FRANCISCO
Creo que ahí están. ¡Alto! ¡Quién va!
HORACIO
Amigos de esta tierra.
MARCELO
Y súbditos de Dinamarca.
FRANCISCO
Buenas noches a todos.
MARCELO
Ah bien. Pues adiós, buen soldado. ¿Quién está en tu puesto?
FRANCISCO
Bernardo está. Buenas noches
[Mutis Francisco]
MARCELO
¡Eh! ¡Bernardo!
BERNARDO
Oigan, qué-- ¿Horacio está ahí?
HORACIO
Por pedazos.
BERNARDO
Bienvenido, Horacio; Marcelo, bienvenido.
HORACIO
Bueno, y... ¿ha vuelto a aparecer esa cosa por aquí?
BERNARDO
No he visto nada.
MARCELO
Horacio dice que no es más que fantasías nuestras, y no se deja
convencer de que hemos visto ya dos veces esa horrible aparición.
Por eso le he pedido que monte guardia con nosotros esta noche,
para que se convenza, si se presenta una vez más ese fantasma.
Y para que le hable.
HORACIO
Vamos, vamos, no va a aparecer.
BERNARDO
Siéntate un rato, y déjanos de nuevo meter en tus orejas tan
impermeables a esto que te hablamos, lo que hemos visto dos
noches seguidas.
HORACIO
Muy bien, sentémonos. Y escuchemos a Bernardo hablarnos de
eso.
BERNARDO
Anoche mismo, cuando esa misma estrella iluminaba el mismo
lugar del firmamento donde ahora brilla, Marcelo y yo, mientras
daban la una--
MARCELO
Silencio, calla. Mira que ahí viene de nuevo.
BERNARDO
En la figura del difunto rey.
MARCELO
Tú tienes estudios, Horacio. Háblale.
BERNARDO
¿No es acaso idéntico al rey? Fíjate, Horacio.
HORACIO
Idéntico, sí. Me hace temblar de miedo y de asombro.
BERNARDO
Quiere que le hablen.
MARCELO
Pregúntale, Horacio.
HORACIO
¿Qué eres tú que invades esta noche y usurpas esa faz y esa
armadura con el que el difunto rey solía andar? ¡Por los cielos, te
exijo por los cielos qué me hables!
MARCELO
Se ofende.
BERNARDO
Miren, se aleja.
HORACIO
Detente ¡Habla, habla! ¡Te exijo que hables!
[Mutis fantasma]
MARCELO
Se ha ido y no contesta.
BERNARDO
¡Y, Horacio, qué nos dices! Tiemblas y estás pálido. ¿No es acaso
algo más que fantasía? ¿Qué piensas de esto?
HORACIO
Juro por Dios que yo no lo creyera sin haberlo confirmado con mis
ojos.
MARCELO
¿No es acaso parecido al rey?
HORACIO
Tan parecido como tú a ti mismo. Esa es la mismísima armadura
que llevó puesta al derrotar a los Noruegos. Y yo lo vi fruncir el
ceño de esa forma al entrar en batalla con los Polacos. Es muy
extraño.
MARCELO
Dos veces antes, y a esta misma hora, ha pasado caminando
marcialmente por aquí, delante de nosotros.
HORACIO
Yo no se qué pensar, exactamente, pero imagino que esto
presagia algo terrible para el reino.
MARCELO
Muy bien, sentémonos, y que explique quien lo sepa por qué nos
fatigan tanto, todas las noches, con estas guardias tan estrictas y
crueles; por qué se funden cada día mil cañones y se compran del
extranjero tantas máquinas de guerra; por qué se reclutan tantos
carpinteros de marina y para qué forzarlos tanto que ya no saben
de domingos. ¿Qué hay detrás de este sudor apresurado que hace
juntar al día con la noche? ¿Quién me puede informar?
HORACIO
Yo puedo; o por lo menos el rumor que corre. Este rey Hamlet,
nuestro difunto rey, el que acaba de aparecérsenos ahora... pues
fue retado a singular combate por el viejo Fortimbras, entonces
rey de Noruega. Nuestro rey lo derrotó y ese rey Fortimbras hubo
de cederle, junto con su vida, todas la tierras que tenía
conquistadas por las armas. Por su parte nuestro rey había
apostado iguales tierras, que hubieran sido de Fortimbras, de
haber Fortimbras triunfado. Ahora bien: el jovencito Fortimbras,
su hijo, un principito sin crianza ni respeto... pues ha venido
reclutando aquí y allá, en la frontera sur de su país, un ejército de
gente resuelta y perdida, a quien el hambre obliga a intentar
cualquier empresa peligrosa. Y el propósito de este imberbe
Fortimbras no es otro que conquistar nuevamente por las armas lo
que su padre perdió, legalmente, en el torneo. Esta es la causa
principal de tanto preparativo, de nuestras guardias y de toda la
agitación que hay en el reino.
BERNARDO
Pues si no es ésa, no sé cuál pueda ser. Creo que cuadra que se
nos aparezca el rey difunto vestido de armadura, ya que es él
mismo el motivo de estas guerras.
HORACIO
Puede ser, sí, un mal presagio. En la época más antigua y
triunfante de la vieja Roma, poco antes de que Julio César cayese
asesinado... pues quedaron de pronto vacíos los sepulcros, y los
cadáveres amortajados vagaron por las calles gimiendo y
balbuceando mientras estrellas con estelas de fuego hacían llover
sobre Roma una densa garúa de sangre. Y los mismos cielos
ahora nos muestran estos anuncios que presagian sucesos quizás
terribles.
[Entra el fantasma]
HORACIO (cont.)
Silencio, miren, ahí llega nuevamente. Le hablaré, aunque me
reviente. Detente, sombra. Si eres capaz de hacer algún sonido,
si tienes voz, pues ¡háblame! Si hay algún bien qué hacerte que
te diera a ti descanso y a mí indulgencias, ¡háblame! Si sabes de
algo que amenaza a tu país y que, enterándonos, podamos evitar,
¡pues háblame! ¡Habla por Dios! ¡Háblame! ¡Detente y habla!
¡Deténlo, Marcelo!
MARCELO
¿Con mi lanza?
HORACIO
¡Si hace falta, sí!
BERNARDO
¡Está aquí!
HORACIO
¡Aquí está!
MARCELO
Se fue. Le ofendimos: siendo él tan majestuoso no debimos tratar
de violentarlo; y ya que es invulnerable como el aire... pues
nuestros mandobles le resultan burla.
BERNARDO
Casi nos iba a hablar cuando cantó ese gallo.
HORACIO
Y entonces se asustó. Como a un reo a quien llaman con terrible
orden. Yo he oído decir que al cantar el gallo todo espíritu errante
por la tierra o por el mar vuelve a su guarida.
MARCELO
Será verdad, se fue al cantar el gallo. Dicen algunos que para
Noche Buena, cuando celebramos el nacimiento del Señor... esta
ave del amanecer se pasa cantando la noche entera. Y entonces,
dicen, ningún fantasma pena; la noche es sana, ningún hada se
mueve, todas las brujas pierden sus poderes... así de dulce y
bendita es esa noche.
HORACIO
Así me han dicho, y yo lo creo en parte. Ya amanece. Demos fin a
la guardia, y vayamos a contarle al joven Hamlet lo que hemos
visto esta noche. Por Dios que este fantasma mudo ha de hablarle
a él, más que a nosotros. ¿Les parece que le hablemos del
asunto? Es nuestro deber de lealtad.
MARCELO
Hagámoslo, les ruego. Y yo sé donde encontrarlo esta mañana.
[Mutis todos]
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 2 página 10
Escena Dos
REY
Aunque es reciente aún la cruel memoria del deceso de mi caro
hermano Hamlet, y aunque era propio de mí y de mi reino
contraernos a un sollozo de pesar... tanto han combatido en mí la
razón y los sentimientos que, con sabia tristeza, pienso ahora
tanto en mi hermano como en mí mismo. Y así, con alegría en los
funerales y dolor en las bodas, pesando en igual balanza el placer
y la aflicción, decidí tomar por esposa a quien sólo un tiempo atrás
fuera mi hermana, pero que ahora reina conmigo sobre esta fiel
nación guerrera. Y tampoco en esto he desdeñado yo vuestro
consejo, que autorizó tan buenamente mi decisión. Os lo
agradezco. Pero ahora hace falta que estéis enterados de que el
joven Fortimbras, suponiéndonos débiles e inermes a causa de la
muerte de mi hermano, pensando que nuestro reino estaría
quebrado y desunido, ha dado en molestarme con mensajes
pidiendo que le devolvamos las tierras que perdió su padre en
justo torneo con mi hermano. El asunto es el siguiente: el rey de
Noruega, tío de Fortimbras, está enfermo y confinado a su lecho, y
apenas tiene noticias de los propósitos de su sobrino; yo le he
escrito,
[muestra una carta]
y aquí yo le suplico que le impida a su sobrino seguir con sus
planes, ya que esas tropas son súbditos de su reino y los
pertrechos parte de su tesoro. Ve tu, joven Cornelio, y como
emisario mío llévale esta carta al viejo rey de Noruega. Te doy
poder para negociar con ese rey, pero sólo según consignan los
detalles aquí escritos. Adiós. Y que tu prontitud hable bien de tu
lealtad.
CORNELIO
En esto, como en todo, mostraré mi lealtad.
REY CLAUDIO
Yo no lo dudo. Adiós.
[Mutis Cornelio]
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 2 página 11
REY CLAUDIO
Y ahora, buen Laertes, ¿qué contigo? Me has hablado de alguna
petición, ¿de qué se trata? ¿Qué podrías suplicar, mi buen
Laertes, que no fuera al instante mi regalo? Esta cabeza no es
más íntima con este corazón, esta mano más necesaria para esta
boca que tu padre para el trono de los daneses. ¿Qué quieres tú
de mí, Laertes?
LAERTES
Vuestro permiso para volver a Francia, de donde vine
voluntariamente para presenciar vuestra coronación, cumpliendo
así con mi deber de lealtad. Pero ahora yo debo confesar que mis
pensamientos y deseos vuelven a Francia... sujetos, claro está, a
vuestra licencia.
REY CLAUDIO
¿Has obtenido ya el permiso de tu padre? ¿Qué dice Polonio?
POLONIO
Me ha importunado tanto con su ruego que al fin he accedido,
pero muy a regañadientes. Os suplico permitáis que se ausente.
REY CLAUDIO
Vete, en buena hora, Laertes, cuando desees. Haz lo que te haga
más feliz. Pero Hamlet, sobrino mío, mi hijo...
HAMLET
[Aparte]
Algo más que pariente y menos que paciente.
REY CLAUDIO
¿Como es que estás aún bajo una nube?
HAMLET
No hay tal, señor: me pongo mucho al sol.
REINA GERTUDIS
Mi buen Hamlet, abandona ya ese luto, y mira al rey como a tu
buen amigo. No busques para siempre a tu padre bajo el polvo.
Tú sabes que es así: todo lo que vive debe morir.
HAMLET
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 2 página 12
REINA GERTUDIS
Pues si lo sabes, ¿por qué aparentas otra cosa?
HAMLET
¿"Aparentas", señora? No, señora, es lo que es. Yo no sé
aparentar. No son la capa negra, buena madre, ni el luto
acostumbrado, ni los suspiros, ni el río que desciende de los ojos,
ni el semblante angustiado ni todas estas formas, maneras y
expresiones de dolor las que podrían demostrar mi pena. Ellas
son, ciertamente, apariencias, ya que muy bien podrían ser
fingidas. Yo llevo adentro algo que está mas allá de la apariencia,
y esto no es más que el vestuario del dolor.
REY CLAUDIO
Es bueno y noble, Hamlet, rendirle a tu padre estos lúgubres
honores. Pero por qué, si sabemos que la muerte es común y
natural, ¿por qué habremos de tomarla tan a pecho? ¡Vaya, que
esto es faltar al cielo, a los difuntos y a la naturaleza! Te ruego,
deja ya ese dolor tan a deshora, y piensa en mi como en un padre.
Es sabido que tú eres heredero de mi reino, y que te amo con el
mismo afecto que un padre tiene por su hijo. Y en cuanto a tu
intención de regresar a Wittenberg, es demasiado opuesta a mi
deseo. Yo te ruego, te exhorto a que te quedes con nosotros,
como regalo y alegría de tu madre y mi primer cortesano y más:
mi hijo.
REINA GERTUDIS
No dejes que tu madre haya rezado en vano, Hamlet. Te ruego
permanezcas con nosotros. No vuelvas a Wittenberg.
HAMLET
Os habré de obedecer, madre.
REY CLAUDIO
Vaya respuesta gentil y cariñosa. Quédate en Dinamarca, aquí
conmigo. Vamos, señora: esta decisión de Hamlet, tan amable y
espontánea, me alegra el corazón. Por tal motivo, todo brindis
que esta noche haga el rey de Dinamarca habrán de proclamarlo
los cañones hasta el cielo. Y cuando beba el rey, el firmamento
mismo habrá de hacerle eco, repitiendo ese trueno terrenal. Ven,
vamos ya.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 2 página 13
HAMLET
Y si esta carne demasiado densa
se ablandara, derritiera, disolviera
en un rocío leve...
O si el Eterno no hubiera establecido
su ley contra el suicidio...
Dios, Dios: que vanas, rancias,
inútiles y chatas me parecen las cosas y los usos
de este mundo.
¡Maldito, maldito sea!
Es un jardín baldío ya marchito,
poseído por los frutos más pestilentes y obscenos.
¡Que ella pudiera, al fin, llegar a esto!
Que sólo a los dos meses de la muerte,
--no, ni tanto, ni dos meses--
de la muerte de un rey tan excelente
que compararlo con este otro sería
comparar al dios Apolo con un vulgar enano...
Un rey tan amante de mi madre
que no podía permitirle a las brisas del cielo
posarse en su rostro con rudeza--
¡cielos y tierra! ¿es que debo recordarlo?
Vaya, si mi madre se abrazaba de mi padre
como si el apetito pudiera acrecentarse
con aquello que lo nutre,
y si embargo antes de un mes--
No puedo más pensarlo.
¡Veleidad, tienes nombre de mujer!
Menos de un corto mes, y antes de gastar
los zapatitos con que acompañara
el cadáver de mi padre, deshecha en lágrimas,
pues ella, ella misma--
¡Por Dios, un animal salvaje
carente de entendimiento
hubiera guardado luto por más tiempo!
--se casa con mi tío;
hermano de mi padre,
pero no más parecido al rey mi padre
que yo a Hércules.
Antes del mes, y con los ojos aún enrojecidos
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 2 página 14
HORACIO
Buenos días, señor.
HAMLET
¿Horacio? ¿Eres Horacio o es que estoy soñando?
HORACIO
El mismo, mi señor.
HAMLET
Mi buen amigo, ¿qué te trae aquí de Wittenberg, Horacio?
¿Marcelo?
MARCELO
Mi señor.
HAMLET
Que gusto verte.
[A Bernardo]
Buenos días señor mío.
[A Horacio]
Pero dime, por dios, ¿por qué has vuelto de Wittenberg ahora?
HORACIO
Ganas de no hacer nada, mi señor.
HAMLET
No, tú nunca fuiste un holgazán. Dime, ¿qué asuntos te traen aquí
a Elsinor? Te enseñaremos a beber como una cuba en dos por
tres.
HORACIO
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 2 página 15
HAMLET
¡Que no se burle de mí mi condiscípulo! Querrás decir a las bodas
de mi madre.
HORACIO
La verdad, que fueron muy seguidas.
HAMLET
¡Economía, economía, Horacio! Los asados del funeral sirvieron de
carnes frías para el matrimonio. Yo hubiera preferido encontrarme
con mi peor enemigo que presenciar lo que pasó ese día. Mi
padre, me parece estar viendo a mi padre.
HORACIO
¡Dónde, señor!
HAMLET
En la imaginación, Horacio.
HORACIO
Yo lo vi sólo una vez; era un magnífico rey.
HAMLET
Fue un hombre, nada más, hombre completo.
Jamás veré yo nada parecido.
HORACIO
Señor, creo que anoche lo he visto.
HAMLET
¿Visto? ¿A quién?
HORACIO
Señor, al rey vuestro padre.
HAMLET
¿Al rey mi padre?
HORACIO
Estos camaradas, Marcelo y Bernardo, lo habían visto dos veces,
cerca de medianoche, mientras montaban guardia. Con gran
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 2 página 16
HAMLET
Pero, ¿dónde pasó eso?
HORACIO
Señor, en la plataforma sobre el mar.
HAMLET
¿Y no le hablaron?
HORACIO
Yo le hablé, señor, pero no me respondió. Una vez pensé que
hacía un gesto como para hablar, pero entonces cantó el gallo y el
fantasma huyó despavorido.
HAMLET
Es muy extraño...
HORACIO
Pero es cierto, señor, como que estamos con vida, y hemos
pensado que era nuestra obligación hacéroslo saber.
HAMLET
Por cierto, por cierto, amigos, pero esto me turba. ¿Hacen la
guardia también esta noche?
TODOS
Sí, señor.
HAMLET
¿Armado, dicen?
TODOS
Armado, sí señor.
HAMLET
¿De arriba a abajo?
TODOS
Señor, de pies a cabeza.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 2 página 17
HAMLET
Entonces, no le vieron la cara.
HORACIO
Sí, señor: llevaba alzada la visera.
HAMLET
Y, ¿se le veía molesto?
HORACIO
Más bien apenado que furioso, señor.
HAMLET
¿Pálido o encendido?
HORACIO
No, muy pálido.
HAMLET
¿Y los miraba fijamente?
HORACIO
Todo el tiempo.
HAMLET
Ojalá yo hubiera estado ahí.
HORACIO
Mucho os hubiera asombrado, señor.
HAMLET
Ya lo creo, ya lo creo. ¿Se quedó mucho tiempo?
HORACIO
Como quien cuenta hasta cien sin mucho apuro.
BERNARDO Y MARCELO
Más, más.
HORACIO
No la vez que yo estuve.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 2 página 18
HAMLET
Su barba era gris, ¿no es así?
HORACIO
Tal como yo en vida se la vi: negra con hilos de plata.
HAMLET
Iré a la guardia esta noche. Quizás caminará otra vez.
HORACIO
Volverá, seguramente.
HAMLET
Si se presenta en la forma de mi padre le hablaré, aunque el
infierno mismo se me abra y me pida callarme. Y a ustedes les
ruego, así como han ocultado hasta ahora esta visión, oculten
también cuanto suceda esta noche. Yo sabré recompensar su
lealtad. Adiós. Les haré una visita en la plataforma entre las once
y las doce.
TODOS
Es nuestra obligación serviros, señor.
HAMLET
No, por qué; es vuestra amistad la que me ampara. Adiós.
HAMLET (cont. )
El espíritu de mi padre... ¿armado? Algo anda mal. Sospecho una
traición. Ojalá hubiera llegado la noche. Pero hasta entonces,
debo aguardar con el ánimo tranquilo.
Los crímenes habrán de conocerse
aunque toda la tierra los oculten.
[Mutis]
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 3 página 19
Escena Tres
LAERTES
Ya está embarcando mi equipaje. Adiós. Y déjame saber de ti
muy pronto.
OFELIA
No lo dudes.
LAERTES
Y en cuanto a Hamlet y sus demostraciones de amor, no son más
que el perfume de un instante.
OFELIA
¿Nada más que eso?
LAERTES
No creas, no, que es más. Quizás él te ame ahora con pureza,
pero debes darte cuenta de que el príncipe no tiene voluntad en
estas cosas. El no puede, como cualquier mortal, elegir por cuenta
propia porque de su elección depende la seguridad y la felicidad
de todo el reino. Hamlet tendrá que pedir el consentimiento de
toda Dinamarca para casarse. Piénsalo así, y piensa cómo se
habría de manchar tu honor si creyeras en sus cantaletas o
perdieras tu corazón, o le abrieras tu casto tesoro a su indómito
capricho. Témelo, Ofelia. Témelo, querida hermana, y manténte
siempre muy lejos de la ocasión del deseo.
OFELIA
Seguiré tu consejo; pero tú, hermano, no hagas como algún mal
sacerdote: no me señales el camino espinoso de la castidad
mientras tú recorres la senda de los placeres como un libertino.
Tienes que practicar tu propia doctrina.
LAERTES
No temas tú por mí. Ya debo irme.
[Entra Polonio]
POLONIO
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 3 página 20
¿Todavía aquí, Laertes? ¡Pues qué vergüenza!
¡Embarca, embarca! El viento sopla favorable
y te están esperando.
Ven, recibe mi bendición.
Y lleva estos preceptos en tu memoria
para que ellos cuiden de tu carácter:
No le prestes lengua a tus pensamientos
ni pongas en práctica ningún pensamiento desorbitado.
Sé familiar y afable, pero jamás vulgar.
Aquellos amigos que tengas de lealtad probada,
aférralos a tu corazón con lazos de acero;
pero no gastes tu mano acariciando
cada amistad recién salida del cascarón;
Cuídate de entrar en una riña,
pero, una vez adentro,
cuídate de que tu oponente se cuide de ti.
Dale a cada hombre tu oído, pero a ninguno tu voz.
Acepta la crítica de cada quien,
pero reserva tu propia opinión.
Que tu vestido sea tan costoso
como pueda comprarlo tu bolsa
pero sin ostentación:
rico, pero jamás extravagante
porque el hábito casi siempre hace al monje
y en Francia los más nobles y poderosos
tienen un delicado gusto en estas cosas.
Jamás prestes, ni menos pidas prestado
porque prestando, con frecuencia uno pierde
tanto el préstamo como el amigo prestatario,
y el pedir prestado le hace perder el filo a la amistad.
Pero por encima de todo, ten presente lo siguiente:
sé siempre fiel a ti mismo,
que de eso ha de desprenderse
como el día se desprende de la noche,
que no podrás serle infiel a nadie.
Adiós. Y que mi bendición
haga madurar en ti lo que te he dicho.
LAERTES
Adiós, querido padre.
POLONIO
Te esperan. Vete.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 3 página 21
LAERTES
Adiós, Ofelia.
[La abraza]
Y recuerda todo aquello que te he dicho.
OFELIA
Lo tengo bien guardado en la memoria.
LAERTES
Adiós.
[Mutis Laertes]
POLONIO
¿Y qué es lo que te ha dicho, Ofelia?
OFELIA
Algo acerca del príncipe Hamlet.
POLONIO
Ajá, muy acertado. Me han pasado la voz de que últimamente él
te ha estado dedicando mucho tiempo, y que tú misma has estado
más bien libre con tus favores. ¿Qué hay entre ustedes? Dime la
verdad.
OFELIA
Ultimamente, señor, me ha hecho declaraciones de amor con gran
ternura.
POLONIO
¿Amor? ¡Bah! ¿Ternura? ¿Y tú le has dado oídos a esas
declaraciones como dices?
OFELIA
Señor, yo no sé qué es lo que deba pensar.
POLONIO
Pues vaya, que yo te lo enseñaré. Eres muy beba, si has tomado
esas bobadas por verdades. Y tendrás que desabebarte, que si
no, --por seguir con este estilo-- terminarás haciéndome bobear, y
babear, dándome un bebe bobo de ese vivo.
OFELIA
Me ha hablado de amor, pero en forma muy honesta, señor.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 3 página 22
POLONIO
¿Ah, sí? Pues forma no más será. ¡Vamos, vamos!
OFELIA
Y me ha jurado su amor por casi todos los santos del cielo.
POLONIO
Ajá, trampas para cazar palomas. Yo sé muy bien que cuando
hierve la sangre la lengua se vuelve pródiga en juramentos. Son
fuegos fatuos, hija. De ahora en adelante serás un poco más
avara con tu persona. No rindas tus murallas con sólo que te
propongan parlamentar. Y piensa que es muy joven y que cabalga
más rápido que tú. En fin, Ofelia, no creas en sus promesas, que
son lujuria disfrazada de piedad para mejor seducir. Y en fin: de
ahora en adelante no habrás de cruzar palabra con el príncipe
Hamlet. Cuídate de hacerlo. Vamos ya.
OFELIA
Seré obediente, señor.
[Mutis todos]
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 4 página 23
Escena Cuatro
HAMLET
Muerde este viento; hace mucho frío.
HORACIO
Es un viento agudo y penetrante.
HAMLET
¿Qué hora es ya?
HORACIO
Creo que aún son menos de las doce.
MARCELO
No, las doce han dado.
HORACIO
¿Sí? No me di cuenta. Entonces ya va a ser la hora en la que el
fantasma acostumbra pasar.
HORACIO
¿Eso qué significa, mi señor?
HAMLET
Es el rey, que no duerme esta noche y se divierte, y apuesta a
beber de un trago grandes jarros. Y mientras va engullendo el
vino blanco, timbales y trompetas, celebran rebuznando cada uno
de sus triunfos sobre el vino.
HORACIO
¿Es costumbre de aquí?
HAMLET
¡Y vaya cómo! Pero es costumbre que más valdría romperla que
seguirla. Porque los pueblos y países vecinos nos miran mal y nos
maldicen, llamándonos borrachos.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 4 página 24
[Entra el fantasma]
HORACIO
Mirad, señor, ahí viene.
HAMLET
¡Angeles y ministros de la Gracia, defiéndannos! Hamlet, rey,
padre, señor de Dinamarca. ¡Contéstame! No me dejes estallar
de ignorancia y dime por qué ha abierto sus fauces el sepulcro
para arrojarte a ti a nuestro espacio. ¿Qué puede significar esto?
¡Dímelo! ¡Por qué! ¡Para qué! ¡Qué hay que hacer por ti!
HORACIO
Os invita a alejaros con él, como si quisiera hablar con vos a solas.
MARCELO
No vayáis, señor.
HORACIO
No, no vayáis.
HAMLET
No hablará. Yo tengo que seguirlo.
HORACIO
¡No, señor, no!
HAMLET
¿Por qué? No tengo nada qué temer. No me importa mi vida ni un
comino, y mi alma, ¿acaso no es tan inmortal como esa sombra?
Me pide que lo siga. Voy con él.
HORACIO
¿Y si os tentara al filo del abismo que surge sobre el mar? ¿Si ahí
se transformara en un espanto, un ente tan monstruoso que
llenara de locura vuestro seso? Pensadlo, pensadlo: por sí solo ese
lugar perturba y hace que surjan, sin mayor motivo, pesadillas de
infiernos y de muerte en quien contempla el mar desde su cumbre
y siente cómo ruge por debajo.
HAMLET
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 4 página 25
Me sigue llamando.
[al fantasma]
Ve, que yo te sigo.
MARCELO
No habréis de ir, señor.
HAMLET
Suéltenme.
HORACIO
Por favor, señor. No habréis de ir.
HAMLET
Mi destino me convoca y me hace fuerte como un tigre. Me llama
aún. ¡Déjenme! Por Dios, que volveré fantasma a quien ose
detenerme. ¡Digo que me suelten!
[Al fantasma]
Ve, que yo te sigo.
HORACIO
Está fuera de sí.
MARCELO
Sigámoslo. No debemos obedecerle.
HORACIO
Vamos ya. En qué terminará todo esto.
MARCELO
Algo se está pudriendo en Dinamarca.
HORACIO
Ya se sabrá.
MARCELO
No, sigámoslo.
[Mutis todos]
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 5 página 26
Escena Cinco
HAMLET
¿Dónde me llevas? Habla ahora. No doy un paso más.
FANTASMA
Escucha bien.
HAMLET
Escucho.
FANTASMA
Casi ha llegado mi hora, cuando debo entregarme nuevamente a
las llamas sulfurosas del tormento.
HAMLET
Dios mío, pobre fantasma.
FANTASMA
No te apiades de mí. Más bien préstale atención a lo que voy a
decirte.
HAMLET
Habla. Debo escuchar.
FANTASMA
Y deberás vengarte, cuando escuches.
HAMLET
Qué.
FANTASMA
Yo soy el alma de tu padre, destinada cierto tiempo a deambular
en la noche y a quemarse en las llamas durante el día. Así será,
hasta que los pecados que en vida cometí se consuman también y
sean purgados. Lo tengo prohibido, que si yo te contara los
horrendos secretos de mi cárcel, tu joven sangre se congelaría, tus
ojos se saldrían de sus órbitas y las briznas de tu rizado pelo se
pondrían de punta como espinas sobre el lomo del agreste
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 5 página 27
puercoespín. Pero este fuego eterno no está hecho para los oídos
de seres aún mortales. ¡Atiende, atiende, ay, atiende! Si alguna
vez amaste al rey tu padre...
HAMLET
¡Dios mío!
FANTASMA
Venga su cruel y atroz asesinato.
HAMLET
¿Asesinato?
FANTASMA
Asesinato atroz, como siempre lo es, pero éste más monstruoso y
vergonzante.
HAMLET
Dímelo pronto, que mi venganza será más rápida que el
pensamiento.
FANTASMA
Se ha hecho pensar que, dormido en mi jardín, una serpiente
ponzoñosa me mordió, dándome muerte. De esa manera se
engaña en forma aleve a todo el noble pueblo de Dinamarca. Has
de saber que la serpiente que mordió a tu padre se ciñe ahora su
corona.
HAMLET
¡Ah, mi alma profética! ¡Mi tío!
FANTASMA
Sí. Y ese engendro adulterino e incestuoso, mediante filtros y
regalos traicioneros está satisfaciendo ahora mismo su turbio
apetito por mi reina. Ay, Hamlet, que tu madre haya podido caer
de esa manera, entregarse a un engendro cuyos dones naturales
eran nada, comparados con los míos. Pero el deseo anidará en un
radiante ángel, y ha de saciarse en un lecho celestial y
alimentarse de carroña. Pero escucha, creo sentir la brisa de la
aurora. Seré breve. Mientras yo dormía en mi jardín, como era mi
costumbre por las tardes, a esa hora tranquila llegó hasta mi tu tío
trayendo consigo una ampolla de veneno. Y en mis oídos vertió su
vil ponzoña. Ese líquido recorre los ámbitos del cuerpo tan rápido
como el azogue, coagulando la sangre a su paso como se corta la
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 5 página 28
leche con el ácido. Así ocurrió conmigo. Y en ese instante me
cubrió una costra de lepra repulsiva y perdí, a un tiempo, de mano
de mi hermano, mi vida, y mi reina, y mi corona. Oh maldad,
perfidia horrible. ¡No la soportes! No dejes que el lecho real de
Dinamarca cobije el torpe incesto y la lujuria. Pero como fuera que
emprendas tu proeza, no enturbies tu razón, ni dejes que tu alma
conciba ningún castigo para tu madre: déjala a ella rendir cuentas
ante el cielo, y mientras tanto, deja que las espinas de cruel
remordimiento que hay en su pecho la arañen y la sangren. Adiós,
ahora mismo. Adiós, adiós, adiós. Acuérdate de mí.
[Mutis Fantasma]
HAMLET
¡Ay, ejércitos del cielo! ¡Ay, tierra!
¿Qué más? ¿Invocaré al infierno?
¡Detente, detente, corazón, sopórtalo!
¡Músculos, carnes, no envejezcan de pronto,
sosténganme erguido, sosténganme!
¿Que te recuerde?
Ay, sí, sí, pobre fantasma,
mientras haya aún memoria
en este globo enloquecido.
¿Que te recuerde?
Sí, sí, que yo de esta pizarra he de borrar
todos recuerdo bello intranscendente,
toda la habladuría de los libros,
toda forma e imagen del pasado
que juventud y estudio ahí escribieron
y solo tu mandamiento vivirá
en el libro y volumen de mi mente,
puro y sin mezcla con nada menos noble.
Sí, sí, por Dios.
¡Ay, mujer tan infame!
¡Ay, asesino, asesino! ¡Sonriente, atroz asesino!
Mi libreta, sí, hay que anotarlo,
¡hay que escribirlo pronto!
Que uno puede sonreír, y sonreír, y ser un asesino.
Por lo menos sí es posible en Dinamarca.
[Escribe]
Pues, bien, querido tío: ahí lo tienes.
Ahora a cumplir mi juramento.
Me dijo: "Adiós, adiós, acuérdate de mí".
Jurado está.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 5 página 29
MARCELO
¡Príncipe Hamlet!
HORACIO
¡Dios lo ayude!
HAMLET
Así sea.
MARCELO
¡Señor, señor!
HAMLET
¡Hola, amigos! ¡Vengan, vengan!
MARCELO
¡Qué pasó, señor!
HORACIO
¿Qué noticias nos dais?
HAMLET
¡Maravillosas!
HORACIO
Contadlas, señor.
HAMLET
Jamás, que las revelarán.
HORACIO
Yo nunca, señor, por los Cielos.
MARCELO
Ni yo tampoco, señor.
HAMLET
Bueno, pues, qué les parece, quién se lo hubiera podido imaginar.
¿Guardarán el secreto?
HORACIO Y MARCELO
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 5 página 30
Sí señor, por los Cielos.
HAMLET
¡Bueno pues! Les contaré que no hay en toda Dinamarca peor
villano que... aquel que es, por cierto, un gran bandido.
HORACIO
No hace falta un fantasma salido de su tumba para enterarnos de
eso, señor.
HAMLET
Cierto, estás en lo cierto y entonces, sin más ni más, me parece
bueno darnos un apretón de manos y despedirnos. Ustedes, a lo
que los llamen sus asuntos y deseos, que todo hombre tiene
asuntos y deseos, sean cuales fueren pero yo... pues a rezar.
HORACIO
Son palabras muy salvajes y confusas, mi señor.
HAMLET
Lamento ofenderte, Horacio, de todo corazón. Sí, de todo corazón.
HORACIO
No hay ofensa, mi señor.
HAMLET
¡No, la hay, por San Patricio que la hay! ¡Y gran ofensa, por cierto!
Pero en cuanto al fantasma que vimos, pues les diré que es un
fantasma honesto. Pero en cuanto a ese deseo de saber lo que ha
pasado entre él y yo, les ruego reprimirlo como mejor les parezca.
Y ahora, mis buenos amigos, porque son ustedes mis amigos, son
soldados honorables y hombres cultos, concédanme un simple
favor.
HORACIO
¿Cuál es, señor?
HAMLET
Nunca dejar saber lo que han visto aquí esta noche.
HORACIO Y MARCELO
Señor, jamás lo haremos.
HAMLET
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 5 página 31
Por cierto, pero júrenlo.
HORACIO
Yo no lo haré, señor, os lo aseguro.
MARCELO
Ni yo tampoco, señor.
HAMLET
¡Sobre la cruz de mi espada!
MARCELO
Ya lo hemos jurado, señor.
HAMLET
Insisto, sí, insisto, ¡sobre mi espada! Insisto.
FANTASMA
[Debajo del escenario]
¡Juren!
HAMLET
[Al fantasma]
¡Ajá, chiquillo! ¿Tú también quieres que juren? ¿Estás ahí, mi fiel
amigo?
[A Horacio y Marcelo]
Ya escuchan a ese tipo en el sótano: vamos, vamos, júrenlo.
HORACIO
Proponed el juramento, mi señor.
HAMLET
Nunca hablar de lo que ahora han visto. Juren por mi espada.
FANTASMA
[Desde abajo]
¡Juren!
HAMLET
¿Aquí y acullá? Mudémosnos. Vengan acá, caballeros, y pongan
otra vez las manos sobre mi espada, y juren por su cruz que jamás
hablarán de lo que han escuchado.
FANTASMA
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO I, escena 5 página 32
[Desde abajo]
¡Juren por su espada!
HAMLET
¡Bien dicho, viejo topo! ¿Puedes moverte tan rápido por dentro de
la tierra? Vengan, vengan, amigos.
HORACIO
¡Cielo y tierra, que esto es muy extraño!
HAMLET
¡Y por extraño, entonces, bienvenido! Hay más cosas en el cielo y
en la tierra, Horacio, que aquello que te enseñan tus lecturas.
Vengan acá y prométanme que nunca, por más curioso o
extravagante que fuera mi comportamiento --ya que quizás decida
yo que me conviene asumir una apariencia de locura-- jamás
harán notar que saben algo sobre mí en ese sentido. No, ni
siquiera con un simple movimiento de cabeza ni cruzándose de
brazos ni diciendo ambigüedades como "bueno bueno, ya se ve", o
"podríamos si pudiéramos" o "si habláramos diríamos" o "de otra
forma sería, si así no fuera" o cualquier otra confusa expresión que
denotara que algo saben de mí: eso jamás. Júrenlo ahora, y que el
cielo y la gracia los ayuden en su hora de más necesidad.
FANTASMA
[Desde abajo]
¡Juren!
HAMLET
Descansa ya, descansa, fantasma enloquecido.
[Juran]
HAMLET (cont. )
Pues bien, amigos: les agradezco de todo corazón. Y todo aquello
que el pobre Hamlet pueda hacer para significar su gratitud y su
amistad, habrá de hacerlo, con la ayuda de Dios. Vámonos juntos,
y una vez más, por favor, los dedos sobre los labios, les ruego.
Nuestro tiempo está fuera de quicio. Qué maldición, qué
maldición haber nacido para que tener que enderezarlo. No,
vengan, vámonos juntos.
SEGUNDO ACTO
Escena Uno
POLONIO
Entrégale este dinero y estas cartas, Reynaldo.
REYNALDO
Así lo haré, señor.
POLONIO
Ven acá. Sería un admirable golpe de prudencia que te
informaras un poco de su comportamiento.
REYNALDO
Así pensaba hacerlo.
POLONIO
Sí, es buena idea, muy buena idea. Haz como si lo conocieras, y
como si pensaras que él es un atorrante, inclinado a tal o cual
vicio, así o asá, pero nada tan violento que pueda deshonrarle.
Habla sólo de los usos y costumbres de los jóvenes, como que lo
has visto en una comilona, o jugando a los dados, o bebiendo, o
como que lo has visto entrar a una casa pública, vale decir burdel
o algo así por el estilo.
REYNALDO
¡Pero señor...!
POLONIO
¡Ah, tú quieres saber por qué esta táctica! Pues es proceder con
gran cordura. Cargándole estas faltas a mi hijo entrarás en
confianza con tu interlocutor, y él te dirá que sí, que lo han visto
aquí o allá, y que sí tiene los vicios que le imputas. ¿Lo entiendes
ya? Sacarás de mentiras verdades, que así es como nosotros, la
gente de talento y de prudencia, solemos descubrir con indirectas
la verdad más directa, y con argucias, artificios y disimulaciones,
lo que se encuentra escondido en cualquier cosa. ¿Me has
entendido?
REYNALDO
Señor, quedo enterado.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 1 página 34
POLONIO
Pues entonces, buen viaje. Examina por ti mismo sus costumbres,
pero déjalo que siga su camino.
POLONIO (cont.)
¡Ofelia! Dime qué sucede.
OFELIA
Señor, señor, estoy tan asustada...
POLONIO
¡Pero por qué, en el nombre de Dios!
OFELIA
Señor, mientras bordaba en mi habitación llegó el príncipe
Hamlet... descompuesto, la casaca abierta, sin sombrero, las
medias muy sucias y caídas sobre los talones, tan pálido como su
camisa, las piernas temblándole y la mirada... como si hubiera
venido del infierno para hablar del terror del otro mundo... así se
me presenta.
POLONIO
Loco de amor por ti.
OFELIA
Señor, yo no lo sé, pero eso temo.
POLONIO
¿Qué te dijo?
OFELIA
Me toma de la muñeca fuertemente. Luego extiende su brazo y
con la otra mano sobre la frente se me queda mirándome como si
fuera a retratarme. Estuvo largo tiempo así, y por fin me sacude
ligeramente el brazo y mueve la cabeza, como asintiendo, hasta
tres veces, y luego suelta un suspiro tan profundo que parece
deshacérsele en pedazos todo el cuerpo, y parece que la vida se le
va. Después me suelta y retrocede, sin dejar un instante de
mirarme, como si tuviera ojos en la nuca, y así sale de mi cuarto y
camina largo trecho, sin jamás quitarme los ojos de encima.
POLONIO
Ven, ven conmigo. Voy en busca del rey. Ésta es la típica locura
de amor. Es una pena. Y qué, ¿le has dicho algo muy duro
últimamente?
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 1 página 35
OFELIA
No señor, yo sólo he rechazado sus cartas y me he negado a verlo,
tal como vos mismo me habéis mandado.
POLONIO
¡Pues más que suficiente para volverlo loco! Lamento haberlo
juzgado tan mal. Pensé que sólo quería deshonrarte. Ven, vamos
a ver al rey. Este asunto hay que revelarlo pronto. Y es muy
urgente hacerlo, aunque sea doloroso. Ven ya.
[Mutis todos]
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 36
Escena Dos
REY
Bienvenidos Rosencrantz y Guildenstern. La necesidad que tengo
de veros ha provocado vuestra urgente llegada. Algo habráis oído
de la transformación sufrida por Hamlet. Ya no es el mismo. Qué
causa puede haber para este cambio, salvo la muerte de su padre,
no puedo imaginar. Por eso os ruego a vosotros dos, ya que sois
sus amigos y condiscípulos y habéis crecido juntos desde niños,
que os quedéis aquí, en Elsinor, un tiempo. Con vuestra compañía
entretenedle y tratad de hacerle gozar de los placeres;
averiguando, eso sí, en cuanta ocasión podáis encontrar, si aquello
que lo aqueja es algo que no conozco. Porque sólo conociendo la
causa de su pena la podré yo aliviar.
REINA
Hamlet ha hablado mucho de vosotros, y no creo que haya dos
personas más queridas por él. Si tenéis éxito, vuestra empresa
recibirá una recompensa propia de un rey.
ROSENCRANTZ
Vuestras majestades sólo tendrían que ordenarlo y no pedirlo.
GUILDENSTERN
Pero nosotros obedecemos y ponemos a vuestra disposición
nuestras personas para todo aquello que gustéis mandar.
REY
Gracias amigos. Pero os ruego: en este instante, id a verlo.
POLONIO
Primero: Ha vuelto el emisario que mandasteis a Noruega, señor.
Segundo: Estoy seguro de que he encontrado la causa exacta de
la locura del buen Hamlet.
REY
Háblame de eso. Eso me interesa.
POLONIO
Será mejor que primero deis audiencia al embajador. Y mi noticia
servirá de postre a ese festín.
REY
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 37
Hazlo pasar entonces.
[Mutis Polonio]
REY
Dice que ha encontrado la causa del trastorno de tu hijo.
REINA
Dudo que sea otra que la principal: la muerte de su padre y
nuestra boda tan inmediata.
REY
Bueno, habremos de aclararlo.
BERNARDO
Bienvenidos, buenos amigos. Di, Cornelio, qué noticias del gran
rey de Noruega.
CORNELIO
Pues os saluda muy respetuosamente, señor. Ha mandado
detener el acopio de armas y soldados que hacía el joven
Fortimbras. ¡El rey pensaba que iban a marchar contra Polonia y
no contra nosotros! Dolido por el abuso que de él había hecho su
sobrino, aprovechándose de su edad y de su salud tan
desmejorada, manda arrestarlo. Fortimbras obedece, recibe
reprimendas del rey y al fin promete nunca más alzar las armas
contra vuestra majestad. Entonces el rey, gozoso, le otorga a
Fortimbras sesenta mil coronas de renta anual y órdenes de
emplear los soldados y pertrechos recogidos ya no contra nosotros
sino contra los polacos. Y os envía este pedido: que permitáis libre
paso por vuestro territorio a las tropas de ese joven, para que así
pueda acometer con éxito su guerra contra Polonia. Tal paso libre
sería de acuerdo a las condiciones de paz y seguridad que aquí
están escritas.
REY
Me place. Más tarde leeré, contestaré, y pensaré sobre este
asunto. Id a descansar. Esta noche festejaremos juntos.
Bienvenido.
[Mutis Cornelio]
POLONIO
Pues terminó muy bien ese negocio. Soberano muy amado, y vos
señora. Extenderse en qué consiste el bueno gobierno y el deber
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 38
bien cumplido o por qué el día es día, la noche es noche y el
tiempo el tiempo no sería sino perder el día, la noche y el tiempo.
Por lo tanto seré breve, ya que la brevedad es el alma del ingenio.
Vuestro noble hijo está loco. Loco lo llamo, porque tratar de
definir lo que es auténtica locura, ¿qué otra cosa será sino locura?
Pero en fin, dejemos eso.
REINA
Al grano, al grano, Polonio, con menos artificios.
POLONIO
Ningún artificio, mi señora, para nada. Que está loco es verdad. Y
es verdad que es una pena. Y es una pena que sea tan verdad --
una infeliz figura, pero en fin, no tiene compostura pues prometí
no usar más artificios. Tengo una hija --la tengo mientras sea mía--
quien, fijaos, haciendo gala de obediencia me ha entregado esto.
Escuchad y colegid.
[Lee]
"Al celestial ídolo de mi alma, la muy bellísima Ofelia”. Esa es una
mala frase, una vil frase, “muy bellísima” es una mala frase. Pero
habéis de escuchar. Dice.
[lee]
“En su muy excelente y blanco seno, estas etcétera”
REINA
¿Vino esto de Hamlet para ella?
POLONIO
Buena señora, esperad un tanto, seré fiel.
[lee]
“Duda que son de fuego las estrellas
duda si al sol el movimiento falta,
duda lo cierto, admite lo dudoso,
pero no dudes de mi amor las ansias.
"Oh querida ofelia, soy tan malo en estos menesteres... no tengo
ningún arte para expresar mis penas, pero que sí te amo con
locura, sí, con locura, puedes creerlo. Adiós. Tuyo para siempre,
amada mía, mientras le quede vida a este esqueleto… Hamlet."
POLONIO
Con gran obediencia me ha mostrado esto Ofelia mi hija, y me lo
ha contado todo sobre sus galanteos: cuándo, cómo y dónde han
ocurrido. Todo me lo ha confesado.
REY
¿Pero cómo ha recibido ella su amor?
POLONIO
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 39
¿Qué pensáis vos de mí?
REY
Que sois un hombre leal y honorable.
POLONIO
Y he de probar que lo soy. Pero ¿qué hubierais pensado vos, si en
el momento de enterarme de esta pasión en ciernes -- ya que me
enteré mucho antes de que mi hija me lo contara-- si yo no
hubiera tomado cartas en el asunto? ¿Qué hubierais pensado?
No. Me puse inmediatamente a trabajar, y le dije: "Hamlet es un
príncipe, no está a tu alcance, esto no debe continuar". Y le
prohibí, acto seguido, admitir diálogo ni presentes de su señor.
Dicho y hecho por mi hija y entonces él, sabiéndose rechazado, se
sumergió en una gran tristeza, de la tristeza pasó al ayuno, del
ayuno al insomnio, del insomnio a la languidez, de ahí cayó en un
gran aturdimiento y por fin, por natural declinación, en la cruel
locura en la cual se debate y que todos lamentamos.
REY
¿Crees que sea así?
REINA
Puede ser, seguramente.
POLONIO
[respecto a cabeza y tronco]
Separadme ésta de esto, si resultara otra cosa.
REY
¿Cómo podremos constatarlo?
POLONIO
Algunas veces pasa hasta cuatro horas seguidas caminando de un
lado a otro por esta galería.
REINA
Así es.
POLONIO
Aquí le soltaré a mi hija. Vuesa merced y yo estaremos tras un
cortinaje. Observaréis bien el encuentro. Si Hamlet no la amara, y
si no fuera ésa la razón de su locura, renunciaré a ser el consejero
de este reino y me dedicaré a la agricultura.
REY
Lo intentaremos.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 40
REINA
Mirad que ahí viene leyendo, el pobre.
POLONIO
Dejádme a solas con él, os lo suplico. Idos, por Dios.
POLONIO
¿Cómo está mi buen príncipe Hamlet?
HAMLET
¡Vaya, Dios me ampare!
POLONIO
¿Me conocéis, señor?
HAMLET
Perfectamente. Tú vendes pescado.
POLONIO
No lo soy, señor.
HAMLET
Pues ojalá fueras tan honrado como él.
POLONIO
¿Honrado, señor?
HAMLET
Ya lo creo, señor; porque ser honrado, en este mundo, es ser uno
entre diez mil.
POLONIO
Eso es muy cierto, señor.
HAMLET
¿Tienes una hija?
POLONIO
La tengo, señor.
HAMLET
No la dejes caminar por la calle. La concepción es una bendición
pero no en la forma en que ella concebiría... pues amigo... ¡mucho
cuidado!
POLONIO
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 41
[Aparte]
¿Qué decís de eso? Siempre con el tema de mi hija. Está
rematado, rematado. Pero no me conoció, dijo que yo era un
pescadero. Le hablaré otra vez.
[A Hamlet]
¿Qué leéis, señor?
HAMLET
Palabras, palabras, palabras.
POLONIO
¿Y qué es lo que dicen?
HAMLET
¿Quién y quién?
POLONIO
Lo que dice ese libro, señor.
HAMLET
Infundios, señor. Porque aquí están diciendo que los viejos tienen
barbas grises, rostros llenos de arrugas, ojos legañosos y una gran
falta de seso. Todo lo cual me parece cierto pero no hay por qué
ponerlo por escrito. Porque vos mismo, señor, podríais llegar a
tener mi edad si es que, como el cangrejo, caminarais para atrás.
POLONIO
[Aparte]
Aunque es locura, es locura con método.
[A Hamlet]
¿No queréis poneros a la sombra señor?
HAMLET
¿La sombra de la tumba?
POLONIO
Por cierto, eso es ponerse a la sombra.
[Aparte]
Qué inteligentes son a veces sus locuras. Lo dejaré, y veré la
forma de que él y mi hija se encuentren.
[A Hamlet]
Mi señor, os pido vuestro permiso para privaros de mi presencia.
HAMLET
No podríais privarme de nada que con más gusto yo mismo
entregaría... salvo mi vida, salvo mi vida, salvo mi vida.
POLONIO
Adiós, mi señor.
HAMLET
¡Estos viejos estúpidos!
POLONIO
Si buscáis al príncipe Hamlet, helo ahí.
ROSENCRANTZ
[A Polonio]
Buen día, señor.
[Mutis Polonio]
GUILDENSTERN
¡Mi estimado señor!
ROSENCRANTZ
¡Mi muy querido señor!
HAMLET
¡Mis excelentes amigos! ¿Cómo estás, Guildenstern? ¡Ah,
Rosencrantz! ¡Buenos muchachos! ¿Cómo están los dos?
ROSENCRANTZ
Como cualquier mortal de cualquier parte.
GUILDENSTERN
Felices de no estar demasiado felices. No seremos la pluma del
sombrero de la Diosa Fortuna, pero...
HAMLET
Tampoco la suela de sus zapatos.
ROSENCRANTZ
Tampoco, señor.
HAMLET
Entonces le andarán por la cintura, o quizás en el centro mismo de
sus afectos.
GUILDENSTERN
Pues sí: casi somos sus secretarios privados.
HAMLET
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 43
¿Secretarios con secreteos en sus partes más privadas? ¡Pues
claro, que la Fortuna es una puta! ¿Qué hay de nuevo?
ROSENCRANTZ
Nada, señor, salvo que el mundo se ha vuelto honrado.
HAMLET
Entonces se acerca el juicio final. Pero esa noticia no es cierta.
Otra pregunta. ¿Qué castigo han merecido ustedes de manos de
la diosa Fortuna para que los haya mandado a prisión aquí?
GUILDENSTERN
¿Prisión, señor?
HAMLET
Dinamarca es una prisión.
ROSENCRANTZ
Entonces también lo es el mundo.
HAMLET
Sí, y muy grande, donde hay muchos reclusos, carceleros y
calabozos. Y Dinamarca es uno de los peores.
ROSENCRANTZ
No pensamos lo mismo, señor.
HAMLET
Entonces no lo será para ustedes, porque no hay nada que sea
malo ni bueno, salvo en la opinión de cada uno. Para mí, es una
cárcel. Pero díganme, como amigos, ¿qué hacen aquí, en Elsinor?
ROSENCRANTZ
De visita, señor. Nada más.
HAMLET
¿No los mandaron venir? Les agradezco la compañía pero,
¿vinieron porque querían venir? ¿Es una visita espontánea?
Vamos, vamos. No señores, ¡hablen!
GUILDENSTERN
¿Qué debemos decir, señor?
HAMLET
Cualquier cosa, con tal que sea cierta. Los mandaron venir. Hay
algo de confesión en sus miradas. Yo sé que el buen rey y la reina
los mandaron venir. Pero sean francos y abiertos conmigo. ¿Los
mandaron venir o no?
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 44
ROSENCRANTZ
[Aparte a Guildenstern]
¿Qué dices tú?
HAMLET
[Aparte]
Pues bien, ya les tengo puesto el ojo.
[A ellos]
Si son amigos míos, no me mientan.
GUILDENSTERN
Señor... pues sí, nos mandaron venir.
HAMLET
Y yo les voy a decir porqué, y así no tendrán que seguir
traicionando su juramento al rey. Sucede que desde hace un
tiempo --pero no sé por qué causa-- he perdido toda mi alegría, y
he abandonado todas mis distracciones de costumbre. Y en
verdad, mi ánimo está tan abatido que este bellísimo orbe que es
la Tierra me parece un estéril promontorio, esta magnífica bóveda,
el aire, fíjense, este firmamento altivo que nos cubre, este techo
majestuoso adornado con fuego de oro... vaya, pues no me
parece nada más que una pestilente mezcla de vapores. ¡Qué
obra maestra es el hombre! ¡Cuán noble en razonamiento! ¡Qué
infinitas sus facultades! ¡En su forma y movimiento, qué dúctil y
admirable! ¡En la acción, es como un ángel! ¡En comprensión,
casi como un dios! ¡La belleza de este mundo, el paradigma de
los animales! Y sin embargo, ¿qué es, para mí el hombre, sino la
quintescencia del polvo? El hombre no me deleita --no, ni la
mujer tampoco, Rosencrantz, ya que pareces estar diciéndolo con
tu sonrisa.
ROSENCRANTZ
Mi señor, no había tal en mis pensamientos.
HAMLET
Entonces, ¿por qué reías cuando dije que el hombre no me
deleita?
ROSENCRANTZ
Porque si fuera así, señor, qué mal recibiréis a los actores que
encontramos al venir.
HAMLET
¿Qué actores son?
[Trompetas]
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 45
GUILDENSTERN
Pues aquí están llegando.
HAMLET
Bueno, amigos, bienvenidos a Elsinor. Un abrazo. Sean muy
bienvenidos. Pero mi tío-padre y mi madre-tía están muy
equivocados.
GUILDENSTERN
¿En qué señor?
HAMLET
Sólo estoy loco cuando el viento sopla del nor-noroeste. Cuando
sopla del sur, distingo perfectamente entre un gavilán y un
serrucho.
HAMLET (cont.)
Bienvenidos, maestros, sean todos bienvenidos. Qué alegría
verlos bien. Ah, viejo amigo, te ha crecido la barba desde que nos
vimos por última vez. ¡Y usted, mi joven dama y mi señora! ha
crecido bastante desde la última vez que la vi. ¿Pero la voz?
¿Sigue tan clara y cristalina como siempre? Maestros, sean
bienvenidos, que yo soy como un águila y me lanzo sobre la presa
sin más trámite. Dénme ahora mismo una muestra de su arte.
Vamos, un pasaje apasionado.
ACTOR I
Qué pasaje, mi buen señor.
HAMLET
Vamos a ver... sí. Uno que siempre me gustó. El de Hécuba, en
esa gran tragedia que fue tan buena que nunca tuvo éxito. Era
caviar para las masas. Vamos, vamos, ¿cómo comienza?
[Declama con sencillez]
"Más ¡ay! quien viese a Hécuba, la reina
correr descalza y, con copioso llanto
amenazar las llamas; tosco manto
ciñe su pelo que el dolor despeina;
en vez de vestiduras, una manta
que en su pavor le arrebató al desierto
cubre su angosto y angustiado cuerpo...
[Al Actor]
Pues bien, sigue tú.
ROSENCRANTZ
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 46
Por Dios, señor, qué bien recitado. Con buen acento y buena
expresión.
HAMLET
[Al actor]
Sigue tú, sigue.
ACTOR I
Más ¡ay! quien viese a Hécuba, la reina
correr descalza y, con copioso llanto
amenazar las llamas --tosco manto
ciñe su pelo que el dolor despeina;
en vez de vestiduras, una manta
que en su pavor le arrebató al desierto
cubre su enjuto, atormentado cuerpo--
quien viera este dolor, dolor que espanta
de traidor acusara al cruel Destino;
ya parpadea el sol, tiembla la arena
ante el feroz estallido de su pena
porque Hécuba observa, ya sin tino
al joven Pirro, que con cruel alarde
desmembra ya el cadáver de su esposo,
separando sus carnes trozo a trozo
con su espada, ¡no, dioses, no, ya es tarde!
¡ya escuchasteis el grito de su entraña!
Nada podéis hacer, todo está hecho:
y esa angustia que llena vuestro pecho
mal redime el dolor que la acompaña.
GUILDENSTERN
Mirad cómo empalidece, y tiene lágrimas en los ojos.
HAMLET
Ya está bien. Otro día me harás oír todo el pasaje.
[A Rosencrantz]
Vayan a disponer que estos actores sean bien servidos y
acomodados.
ROSENCRANTZ
Les daremos exactamente lo que merecen, señor.
HAMLET
¡Por Dios, hombre, no, muchísimo más! ¡Dale a cada quien lo que
merece y nadie escapa una buena tunda! Trátalos de acuerdo a
como tú te consideras a ti mismo. Llévenlos ya.
GUILDENSTERN
Venid, señores.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 47
HAMLET
Síganlo, amigos. Mañana tendremos una representación.
[Aparte al Actor I]
Ven y escucha, camarada. ¿Pueden presentar "La muerte de
Gonzalo"?
ACTOR I
Sí, mi señor.
HAMLET
La veremos mañana por la noche. Tú podrías, en caso necesario,
aprenderte un parlamento de unas doce o dieciséis líneas que yo
te escribiría para insertarlo en la pieza, ¿no es así?
ACTOR I
Por supuesto, señor.
HAMLET
Muy bien, entonces. Sigue a esos señores. Amigos todos, bien
venidos a Elsinor.
ROSENCRANTZ
Muchas gracias, señor.
HAMLET
Gracias a ti...
Ahora ya estoy solo.
Qué infame y miserable esclavo soy.
¿No es asombroso que este actor aquí,
apenas en un sueño de pasiones,
una ficción, pueda forzar su alma
tan fácilmente, tan a su capricho
que le surjan torrentes de los ojos,
se le quiebre la voz y su apariencia
esté de acuerdo hasta el mínimo detalle
con todo lo que siente no de veras,
y todo por su simple voluntad?
¿Y todo por... nada?
¿Por Hécuba?
¿Pero quién es Hécuba para él, o él para Hécuba
que tenga que llorarla de ese modo?
¿Qué haría él si tuviera el cruel motivo
para el dolor que, en cambio, tengo yo?
Pues ahogaría el escenario en llanto
y rompería este silencio con palabras tan terribles
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 48
que harían enloquecer a los culpables,
derretirse de terror a los sensatos
y confundir a los pobres inocentes
haciendo que se anulen de pavor
las facultades todas, ojos y orejas
inútiles por siempre después de eso.
Mientras que yo,
torpe e indeciso vagabundo,
gimo, como un sonámbulo sin lengua;
no me hago cargo de la misión que tengo
y digo y hago simplemente nada.
No, no hago nada, ni siquiera por un rey
a quien le quitan la vida y los derechos
en forma tan malvada.
¿Soy un cobarde?
¿Quién me insulta, quién me dice villano?
¿Quién me escupe en la frente? ¿Quién me arranca
los pelos de la barba y me los sopla
en la cara? ¿Me retuerce la nariz?
¿Me hace tragar que soy un mentiroso?
¿Quién me veja de todas esas formas?
Por Dios, que yo tendría que soportarlo,
porque no puede ser sino que tengo
entrañas de paloma, que si no,
ya hubiera alimentado de carroña
a todos los gallinazos de este reino
con las inmundas tripas de ese esclavo.
Asesino lujurioso y sanguinario,
¡asesino lascivo, cruel, maldito!
¡traicionero asesino! ¡Ah, venganza!
Vaya. Qué asno soy.
Esto sí que es valeroso, sí: que yo,
el hijo de un noble padre asesinado
a quien cielo y el infierno impulsan
a la venganza, me ponga a desahogar
mi corazón con palabras y con gritos,
¡que me ponga a maldecir como una puta!
¡maldito, maldito sea!
Pensar, pensar en otra cosa.
Mmm...
He escuchado que a veces los culpables,
al presenciar una obra de teatro
se impresionan de tal forma con lo visto
que confiesan sus acciones más horrendas.
Yo haré que estos actores representen
delante de mi tío una tragedia
que imita bien la muerte de mi padre.
Observaré y sondearé a mi tío,
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 49
su rostro y su expresión: si empalidece
si tiembla y se desarma,
yo sabré cuál es mi curso.
El fantasma que he visto puede ser el demonio
y el demonio es capaz de asumir cualquier forma inocente
y quizás aprovechando mi tristeza y mi angustia
--porque es más poderoso cuando uno está más débil--
ha querido engañarme para que yo me condene.
Para vengarme necesito una base más segura
que apenas las palabras de un fantasma.
Esta representación será la ley
que desnude la conciencia del rey.
TERCER ACTO
Escena 1
REY
¿No han logrado averiguar la razón de su locura?
ROSENCRANTZ
Confiesa que se siente alterado, pero se niega a hablar de la
causa.
GUILDENSTERN
Con locura muy sabia se retira cuando queremos llevarle a ese
terreno.
REINA
¿Los recibió amablemente?
ROSENCRANTZ
Como todo un caballero.
GUILDENSTERN
Pero después de mucho forzar sus sentimientos, creo yo.
ROSENCRANTZ
Sin querer averiguar ninguna cosa de nosotros, y muy dispuesto a
dar respuesta a nuestras preguntas.
REINA
¿Trataron de convencerlo de entretenerse con algo?
ROSENCRANTZ
Pues sucede, señora, que encontramos en el camino a unos
actores y los trajimos con nosotros. Nos pareció que Hamlet
encontraba en ellos algún placer. Están aquí, en vuestra corte y,
según creo, tienen ya orden de representar esta noche delante de
vosotros.
POLONIO
Así es, y me ha pedido que os ruegue a vuestras majestades que
presenciéis esta representación.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 51
REY
Con todo gusto; me agrada que Hamlet se entusiasme por algo.
Caballeros, dadle un poco más de ánimo y convencedlo de que se
entregue a tales pasatiempos.
ROSENCRANTZ
Así lo haremos, señor.
REY
Dulce Gertrudis, déjanos también, porque en secreto he llamado a
Hamlet aquí para que encuentre a Ofelia como de casualidad. Su
padre y yo, espías muy legítimos, nos esconderemos y, viendo sin
ser vistos, juzgaremos este encuentro para así determinar si es el
amor o es otra cosa el motivo de su locura.
REINA
Te obedezco. Y por mi parte, Ofelia, yo quisiera que fuera tu
belleza la dulce causa de su triste desvarío, porque así podrían tus
virtudes devolverlo a su antiguo ser, para bien de ustedes dos.
OFELIA
Señora, ojalá.
[Mutis Reina]
POLONIO
Ofelia, ven aquí. Señor, si os place, nos esconderemos. Ofelia, lee
en este misal, para que la simulación de tal actividad disimule que
estás tan sola en este sitio. Ya lo oigo llegar. Vayámonos, señor.
Es el amor, señor, ya lo veréis.
HAMLET
Ser o no ser, la alternativa es esa.
Si habrá de ser más noble?
¿Sufrir en la mente los dardos y lanzas de una fortuna horrenda?
¿O tomar las armas contra un mar de problemas
para, haciéndoles frente, derrotarlos?
Morir. Dormir. Nada más.
Y con un sueño decir que terminamos
la angustia y los mil tormentos naturales
que son herencia propia de la carne.
Es una consumación devotamente deseable:
morir, dormir. Dormir. Tal vez soñar.
Ah sí, ése es el escollo:
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 52
porque ya sumidos en el sueño de la muerte,
y despojados de este tráfago mortal,
¿qué sueños no vendrán? Eso nos detiene,
es ése el miedo que por fin consigue
que el infortunio tenga larga vida.
Porque, ¿quién soportaría con paciencia
los azotes y las burlas del tiempo,
la injuria del opresor,
la soberbia del orgulloso,
las ansiedades del amor despreciado,
la lentitud de la justicia,
la insolencia del funcionario,
y el escarnio que merece de los torpes
el mérito paciente de los débiles,
si pudiera por sí mismo cerrar su caso
con una daga, con un puñal desnudo?
¿Quién cargaría fardos tan pesados
que hacen gemir y sudar toda una vida
a no ser por ese miedo de algo ignoto
más allá de la muerte
--el país jamás descubierto
de donde no regresa ningún viajero--
ese miedo que nos turba la voluntad, y nos obliga
a someternos a los espantos que sufrimos
antes que escapar a otros que no conocemos?
Es así como la conciencia nos convierte en cobardes,
y es así como el color original de nuestras decisiones
se enturbia cuando lo ilumina el pálido pensamiento,
y empresas de gran valor y mérito
demasiado bien miradas, cambian de curso
y dejan de llamarse acción.
Pero silencio, la bella Ofelia...
[A Ofelia]
Ninfa, recuerda mis pecados en tus oraciones.
OFELIA
Mi señor, ¿cómo habéis estado todos estos días?
HAMLET
Te agradezco humildemente. Muy bien, muy bien, muy bien.
OFELIA
Señor, tengo recuerdos de vos que hace tiempo deseaba
devolveros. Os ruego, recibidlos ahora.
HAMLET
No, yo no, yo nunca te di nada.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 53
OFELIA
Mi buen señor, sabéis muy bien que sí, y también palabras de tan
dulce aliento que hicieron más lujosas vuestras dádivas. Muerto
ya el perfume, recibidlas nuevamente, porque para un espíritu
noble los ricos dones se empobrecen cuando los donantes se
tornan crueles. Aquí tenéis, señor.
HAMLET
¡Ajá, ajá! ¿Eres virtuosa?
OFELIA
¿Señor?
HAMLET
¿Eres bella?
OFELIA
¿Qué quiere decir su señoría?
HAMLET
Qué si eres bella y virtuosa, tu virtud no debe nunca alternar con
tu belleza.
OFELIA
Qué mejor compañía para la belleza que la virtud, señor.
HAMLET
Yo sí te amé alguna vez.
OFELIA
Señor, eso me hicisteis creer.
HAMLET
No lo hubieras creído: nunca te quise.
OFELIA
Muy engañada estuve.
HAMLET
Métete a un convento. ¿Para qué vas a engendrar pecadores? Yo
soy más o menos honesto, pero podría acusarme a mí mismo de
pecados tales que mi madre no querría haberme parido. ¿Por qué
habríamos de arrastrarnos entre el cielo y la tierra sujetos como
yo? Somos todos unos villanos, jamás nos creas una sola palabra
a ninguno. Métete a un convento. ¿Dónde está tu padre?
OFELIA
En casa, señor.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 54
HAMLET
Que se clausuren las puertas para que no pueda hacer el tonto al
aire libre. Adiós.
OFELIA
Dulces cielos, socorro.
HAMLET
Y si te casas, pues te doy esta maldición de regalo de bodas:
aunque seas tan casta como el hielo, tan pura como la nieve, no
escaparás la calumnia. Métete a un convento. ¡Vete, adiós! O si
te empeñas en casarte, pues cásate con un tonto, porque los
sabios saben muy bien lo que ustedes les hacen crecer en la
cabeza. ¡Vete a un convento, y pronto! ¡Adiós!
OFELIA
Dios mío, hazlo que vuelva en sí.
HAMLET
Y estoy enterado de sus pinturas, también, sí, muy enterado. Dios
les ha dado una cara y ustedes se fabrican otra. Bailan, se
contonean, hablan como niñitas, le ponen apodos a todo y se
hacen las tontas sólo para esconder su lascivia. Vete, vete, ya
estoy harto de todo eso, ¡me ha hecho volverme loco! ¡Yo
proclamo que se acabaron los matrimonios! ¡Los que están
casados ya, todos seguirán vivos... menos uno! Los demás, pues
que se queden como están. ¡Métete a un convento! ¡Vete!
[Mutis Hamlet]
OFELIA
Qué noble mente he visto desmembrarse:
la del cortesano, del soldado, del estudioso,
el ojo, la lengua, la espada,
la esperanza sublime de este reino,
el más bello y sagaz, el más juicioso
de los hombres, totalmente, totalmente destrozado.
Y ahora soy yo la más mujer más desdichada
porque bebí la miel de sus promesas,
y veo esa razón tan noble y dulce
resonar discordante
cual campanas repicando en desorden y afiebradas,
veo un rostro incomparablemente bello
hinchado y desgarrado por la locura.
Ay, pobre, pobre de mí,
ver lo que veo, haber visto lo que vi.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO II, escena 2 página 55
[Entran Rey y Polonio]
REY
¿Amor? Sus sentimientos no van por ese lado: ni lo que habló,
aunque falto de forma, fue locura. Hay algo en su alma que
incuba un gran peligro. Y para prevenirlo he decidido, con toda
prontitud, lo que os diré: habrá de partir de inmediato a Inglaterra,
para cobrar el tributo que nos deben. ¿Qué piensas de eso?
POLONIO
Será bueno, señor. Pero yo insisto en que el origen y el comienzo
de su pena es el amor jamás correspondido. ¿Qué te sucede,
Ofelia? No, no necesitas contarnos lo que dijo el príncipe Hamlet,
lo hemos escuchado todo. Señor, haced como gustéis pero, si lo
juzgáis apropiado, os aconsejo que esta noche, después de la
representación, su madre lo interrogue y le sonsaque el origen de
su mal. Que hable francamente con él. Yo me pondré, si os place,
en un lugar oculto para escuchar sin ser visto. Si ella no logra
averiguar nada, mandadlo a Inglaterra o encerradlo donde vuestra
sabiduría os aconseje.
REY
Así se hará. Hay que observarlo. La locura en los poderosos no
debe descuidarse.
[Mutis todos]
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 56
Escena Dos
HAMLET
Digan su letra, les ruego, como yo la he declamado, levemente y
con lengua ágil. Que si la mascan, como hacen tantos de nuestros
actores, preferiría que el pregonero del pueblo dijera mi texto.
Tampoco serruchen el aire así con los brazos, sino más bien
gesticulen con suavidad, porque en medio del torrente, de la
tempestad, y --por así decirlo-- del huracán de la pasión, deben
siempre conservar una templanza que la haga verosímil.
ACTOR I
Pierda cuidado, señor.
HAMLET
Pero no se pongan demasiado blandos tampoco. Usen, pues, su
buen sentido. Adecuar la palabra a la acción y la acción a la
palabra, esa es la consigna. Porque cualquier cosa exagerada va
en contra del propósito mismo del teatro que ha sido y es, desde
el principio y siempre, ponerle delante, por así decirlo, un espejo a
nuestra realidad: mostrarle a la virtud su propia imagen y a la
maldad su verdadera naturaleza; y a la mismísima época y mundo
en que vivimos, su forma y su huella.
ACTOR II
Entendido, señor.
HAMLET
Y que los que hacen los papeles cómicos digan y hagan lo que el
autor ha escrito. Porque hay algunos que se echan a reír de
pronto para que parte del público los siga, aunque mientras tanto
algún pasaje importante de la obra deba ser atendido por todos.
Esa es la más grande canallada del teatro y muestra una ambición
muy triste por parte de los tontos que la practican. Vayan ya a
alistarse.
HAMLET (cont.)
Y, ¿qué pasa, señor? ¿Presenciará el rey esta pieza?
POLONIO
Y la reina también, y llegan pronto.
HAMLET
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 57
Apúrense, amigos.
¡Hola, Horacio!
HORACIO
Aquí estoy, señor, a vuestro servicio.
HAMLET
Horacio, eres el hombre más honrado de cuantos he tenido la
suerte de conocer.
HORACIO
Señor, no es así.
HAMLET
No, no pienses que te adulo, porque, ¿qué podría lograr yo de ti,
que no tienes de renta nada más que tu inteligencia y buen
humor? No, tú has sido siempre para mí, desde que tuve uso de
razón, un hombre capaz de recibir con la misma cara tanto los
premios como los reveses de la fortuna. Dame tú un hombre que
no sea esclavo de sus pasiones y lo llevaré por siempre en mi
corazón... no, en el corazón de mi corazón, como hago contigo.
Dejemos eso. Esta noche se representa una pieza para el rey.
Una de sus escenas es similar a las circunstancias, que te he
contado, de la muerte de mi padre. Te ruego lo siguiente: cuando
veas esa escena, observa a mi tío con toda la intensidad de tu
alma buena. Si no surge su oculta culpa en un parlamento
preciso, será que es un demonio el fantasma que hemos visto y
mis sospechas tan negras como la fragua de Vulcano. Fíjate bien
en mi tío. Más tarde pasaremos sentencia sobre lo que nos dijo su
semblante.
HORACIO
De acuerdo, señor.
HAMLET
Vienen a ver el espectáculo. Debo seguir haciéndome el loco.
Búscate un sitio.
REY
¿Cómo anda mi buen sobrino Hamlet?
HAMLET
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 58
Como el cangrejo, señor, muchas gracias. Avanzando hacia atrás
rápidamente.
REY
No tengo nada que ver con esa respuesta, Hamlet, esas palabras
no son mías.
HAMLET
Y no son mías tampoco, ahora que ya las dije.
[A Rosencrantz]
¿Están listos los actores?
ROSENCRANTZ
Sí, señor. Esperan vuestra señal.
REINA
Ven acá, querido Hamlet, siéntate junto a mí.
HAMLET
No, querida madre. Aquí hay un imán más atrayente.
POLONIO
[Al Rey]
Ajá, ¿os fijáis, señor?
HAMLET
[A Ofelia]
Señora, ¿me acuesto en vuestro regazo?
[Se echa a los pies de Ofelia]
OFELIA
No, señor.
HAMLET
Quiero decir, mi cabeza sobre tu regazo.
OFELIA
Sí, señor.
HAMLET
¿Piensas que te propuse algo indecente?
OFELIA
No pienso nada, señor.
HAMLET
Bonito pensamiento, reclinarse entre las piernas de una bella.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 59
OFELIA
¿De quién, señor?
HAMLET
De nadie.
OFELIA
Estáis contento, señor.
HAMLET
Quién, ¿yo?
OFELIA
Sí, señor.
HAMLET
¡Pero que puede uno hacer sino estar contento! Si no, fíjate que
contenta se la ve a mi madre, y mi padre acaba de morir hace dos
horas.
OFELIA
No señor: ya hace cuatro meses.
HAMLET
¿Ah, sí? ¿Tanto? Bueno, entonces que el diablo se vista de luto,
que yo me adornaré con un traje de piel de zorro plateado. ¡Por
Dios! ¿Que mi padre murió hace un par de meses y todavía no lo
han olvidado? Entonces hay esperanzas que a un gran hombre se
lo recuerde hasta seis meses después de muerto. Eso sí, con tal
que se construya a sí mismo un mausoleo.
OFELIA
¿Qué quiere decir todo esto señor?
HAMLET
Pues, caramba, que es una intriga encubierta. Y que la obra tiene
por tema la maldad.
OFELIA
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 60
Seguramente esa pantomima es el argumento de la obra.
HAMLET
Lo sabremos por boca de este tipo. Los actores no pueden
guardar secretos. Lo sueltan todo.
OFELIA
¿Nos dirá lo que significa esta pieza?
HAMLET
Sí, y cualquier pieza que tú le enseñes. Jamás tengas vergüenza
de mostrarle tus piezas y él no dudará en decirte que pieza es
cual, ni de enseñarte para que sirve cada una.
OFELIA
¡Malcriado, malcriado! Voy a mirar la obra.
ACTOR I
Humildemente os pedimos
que escuchéis esta tragedia
disimulando las faltas
que haya en nosotros y en ella.
HAMLET
¡Qué es esto! ¿Un prólogo o el poemita de una serpentina?
OFELIA
Es muy corto, señor, sí.
HAMLET
Como amor de mujer.
ACTOR REY
Ya treinta veces doce meses largos
han transcurrido desde que los dioses
del amor y el himeneo entrelazaron
con santos lazos nuestros corazones.
ACTRIZ REINA
Y quiera el cielo que otros tantos años
de amor y devoción aún contemos
antes que el fuego de este amor se apague.
Cuán grande es la pasión que a vos me inclinan
os lo dirán las pruebas que os he dado
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 61
en cada instante de tan larga vida.
ACTOR REY
Pronto habré de dejarte, reina mía:
inevitable es ya; cederán presto
a la muerte mis fuerzas fatigadas;
tú vivirás gozando del obsequio,
los placeres y delicias de esta tierra.
Acaso entonces tendrás un digno esposo.
ACTRIZ REINA
¡No, no lo digáis, no digáis eso!
Pues sería traicionar mis sentimientos.
¿Yo un nuevo esposo? No, que quien se entrega
a un nuevo esposo es que mató al primero.
HAMLET
[Aparte]
Eso es pura hiel, purita hiel.
ACTRIZ REINA
Motivos de interés quizás albergan
las que se casan en segundas nupcias,
no motivos de amor; yo causaría
segunda muerte a mi difunto dueño
al aceptar en el lecho del primero
los besos de algún otro.
ACTOR REY
Yo no dudo
que firmemente crees lo que dices;
pero suele ocurrir que proponemos
por la pasión guiados, cosas tales
que una vez olvidadas las pasiones
olvidamos también nuestras promesas.
Tú me prometes no rendirte a nadie
cuando yo muera. ¿Morirán tus votos
cuando en el lecho final por fin me veas?
ACTRIZ REINA
¡Luces me niegue el sol, frutos la tierra!
¡Que viva yo muriendo sin descanso,
desesperada y en prisión oscura;
que cuantas penas el ánimo entristecen
todas me turben a mí, y me destruyan;
que no encuentre reposo en parte alguna
si como viuda celebro nueva boda!
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 62
ACTOR REY
Mucho has jurado y prometido. Amor,
déjame ahora descansar aquí.
Quiero dormir un poco.
ACTRIZ REINA
Duerme ahora.
[El duerme]
HAMLET
[A la Reina]
¿Y, señora, qué os parece la obra?
REINA
Esa mujer afirma demasiado, pienso yo.
HAMLET
Ah, sí, pero cumplirá su promesa.
REY
¿Sabes el argumento? ¿Contiene algo ofensivo?
HAMLET
¿Ofensivo? No, si todo es en broma, de mentira, envenenan de
mentira, no, de ninguna manera, nada ofensivo.
REY
¿Como se llama la obra?
HAMLET
¡La Ratonera! ¿Cómo así? Pues es un título metafórico. Esta obra
está inspirada en un asesinato cometido en Viena. El buque se
llama Gonzalo. Su esposa Bautista. Ya veréis en un momento, es
un enredo infame pero, ¿qué importa? Su majestad y yo, que
tenemos las conciencias limpias, no nos dejamos impresionar por
estas cosas.
[Entra Luciano]
HAMLET (cont.)
Este es Luciano, sobrino del rey.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 63
OFELIA
Explicáis todo mejor que un narrador.
HAMLET
Y podría explicar lo que pasa entre tu amante y tú, con tal me
dejaras ver lo que hacen.
OFELIA
Muy agudo, señor, sois muy agudo.
HAMLET
Te costaría un buen gemido quitarme el filo.
OFELIA
¡Mejor y peor cada vez!
HAMLET
¡Igual que en el matrimonio! ¡Comienza, asesino! Déjate de hacer
muecas y comienza. ¡Vamos! El cuervo grazna y ruge clamando
venganza.
ACTOR LUCIANO
Negros designios, brazo ya dispuesto
a ejecutarlos, tósigo oportuno,
sitio remoto, favorable el tiempo,
y nadie que lo observe. ¡Tú, veneno,
confeccionado con horrendas hierbas,
con atroz prontitud dale la muerte!
HAMLET
Lo envenena en su jardín, para quedarse con su corona. Se llama
Gonzalo. Es una historia verídica, escrita en muy buen italiano.
En un momento más veréis como el asesino se queda con la mujer
del asesinado.
OFELIA
El rey se levanta.
HAMLET
Qué, ¿lo asustan fuegos fatuos?
REINA
¿Qué os pasa, señor?
POLONIO
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 64
¡Suspendan la representación!
REY
¡Luz! ¡Luz! ¡Fuera!
POLONIO
¡Luces! ¡Luces! ¡Luces!
HAMLET
[Canta]
Dejad que huya gimiendo el ciervo herido
y el corzo ileso siga retozando:
cuando uno vela, el otro está dormido,
y de este modo el mundo va marchando.
Pues bien lo sabes tú, Damón querido,
y no te extrañará lo que discurro
este trono por todos maldecido
tiene por dueño a un verdadero-- pavo real.
HORACIO
Podríais haber completado la rima.
HAMLET
Ah, mi buen Horacio. Apuesto mil libras a la palabra de este
fantasma. ¿Lo notaste?
HORACIO
Muy bien, señor.
HAMLET
¿En cuanto se habló del veneno?
HORACIO
Sí, noté muy bien lo que le pasó.
HAMLET
¡Ajá! Vamos, vamos, ¡música! Vengan, vamos, ¡flautas! ¡Música!
¡Música!
[Canta]
Si a nuestro rey la comedia le disgusta
¿por qué será? Pues porque no le gusta.
Si a nuestro rey la comedia le disgusta,
¿por qué será? Pues porque no le gusta.
Vamos, vamos, ¡música!, ¡música!, ¡música!
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 65
FIN DE LA PRIMERA PARTE1
1
Esta división en dos partes, seccionando el acto en forma arbitraria pero
con plena justificación dramática dentro del conjunto de la Obra, fue hecha
por el Director para el montaje del TNP el año 75.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 66
SEGUNDA PARTE
Escena 2 (Continuación)
HAMLET
Si a nuestro rey la comedia le disgusta
¿por qué será? Pues porque no le gusta.
Si a nuestro rey la comedia le disgusta,
¿por qué será? Pues porque no le gusta.
Vamos, vamos, ¡música!, ¡música!, ¡música!
GUILDENSTERN
Mi buen señor, permitidme una palabra con vos.
HAMLET
Señor, un libro de historia entero, si gustáis.
GUILDENSTERN
Señor, el rey...
HAMLET
Ah sí, ¿qué le pasa?
GUILDENSTERN
Está en su habitación, muy descompuesto.
HAMLET
¿Por el vino?
GUILDENSTERN
No, señor. Por la bilis.
HAMLET
Pues entonces mejor será que le participes esto a su médico.
Porque si yo fuera a darle algún purgante quizás el remedio le
aumentaría más la bilis.
GUILDENSTERN
Señor, tratad de hablar con coherencia, y no os vayáis del tema.
HAMLET
Me quedo, entonces. Pronunciad.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 67
GUILDENSTERN
La reina, vuestra madre, con gran aflicción de espíritu me ha
mandado por vos.
HAMLET
¡Pues bienvenido!
GUILDENSTERN
No, señor, no hacen falta estas demostraciones. Si os place darme
una respuesta sensata cumpliré el deseo de vuestra madre. Y si
no, pues con vuestro perdón daré por terminada esta entrevista.
HAMLET
No puedo, señor mío.
ROSENCRANTZ
¿Qué, señor?
HAMLET
Daros una respuesta sensata, señor: estoy loco, ¿veis? Pero señor,
os prometo que será vuestra cualquier respuesta, sensata o no,
que yo pueda daros, o darle, como decís, a mi madre. Por lo
tanto, se acabó. Vamos al caso. Mi madre, decís...
ROSENCRANTZ
Pues bien, ella dice lo siguiente: vuestro comportamiento la ha
llenado de sorpresa y de asombro.
HAMLET
Ah, ¡qué hijo tan maravilloso poder asombrar a su madre de tal
forma! Pero ¿qué viene después de una admiración tan absoluta?
Recitadlo.
ROSENCRANTZ
Que desea hablar con vos en su dormitorio, antes de que os
recojáis.
HAMLET
Obedeceré, aunque fuera diez veces mi madre. ¿Tenéis algo más
que negociar conmigo?
ROSENCRANTZ
Señor, ¿alguna vez me tuvisteis cariño?
HAMLET
[referencia a sus diez dedos]
Y os lo sigo teniendo, os lo juro por estos diez mugrientos
ladrones.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 68
ROSENCRANTZ
Mi buen señor, decidme: ¿cuál es la causa de vuestra aflicción? Le
estáis cerrando la puerta a vuestra propia libertad, al no confiarle
vuestras penas a un amigo.
HAMLET
Señor, es que mi situación es delicada. No tengo futuro.
ROSENCRANTZ
¿Cómo puede ser eso, mi señor, si sois el heredero del trono de
Dinamarca, como ya lo ha proclamado el propio rey?
HAMLET
Ah sí, señor, pero mientras crece el pasto, los... está un poco
gastado este refrán.
[Cruzan los Actores con sus instrumentos. Hamlet toma una flauta]
HAMLET
¿Ves esta flauta? ¿Puedes tocarla?
ROSENCRANTZ
No, mi señor, no puedo.
HAMLET
Te lo ruego.
ROSENCRANTZ
Creedme, señor, no puedo hacerlo.
HAMLET
Vamos, vamos, es tan fácil como mentir. Pon tus dedos sobre
estos huequitos, dale aliento con la boca y escucharás muy
elocuentes melodías. Mira, estas son las llaves.
ROSENCRANTZ
¡Pero es que no puedo usarlas para hacer música, señor! No
tengo la destreza.
HAMLET
¡Pues miren en qué cosa tan banal quisieran convertirme!
Quisieran tocarme como un instrumento; parecería que conocen
todas mis teclas y llaves; le arrancarían el corazón a mi secreto;
me haría sonar desde mi nota más baja hasta el tope más alto de
mi escala. Hay mucha y muy linda música escondida en este
instrumento mío y ustedes no pueden tocarla, pero ¡por los clavos!
¿creen que soy más fácil de tocar que esta flauta? Pues aunque
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 69
me conviertan en el instrumento que se les antoje y aprendan
cómo funcionan todas mis llaves, ¡jamás me harán tocar su infame
música!
[Entra Polonio]
HAMLET (cont.)
Dios os bendiga, señor.
POLONIO
Señor, la reina querría hablar con vos, y en forma inmediata.
HAMLET
¿Veis aquella nube con forma de camello?
POLONIO
Caramba, sí, es cierto, es casi como un camello.
HAMLET
Pienso que es un zorrino.
POLONIO
Sí, claro, tiene lomo de zorrino, efectivamente.
HAMLET
O si no, como una ballena.
POLONIO
Muy parecido a una ballena, sí.
HAMLET
Por lo tanto iré donde mi madre en un momento.
[Aparte]
Me siguen la corriente adonde sea.
[A Polonio]
Iré, de un momento a otro.
POLONIO
Así le diré.
HAMLET
De un momento a otro se dice fácilmente. Dejadme, amigos.
HAMLET
Es la hora nocturna de las brujas,
cuando comienzan a bostezar los cementerios
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 2 página 70
y el mismo infierno aspira y luego exhala
infames plagas que invaden este mundo.
Ahora podría yo beber sangre tibia
y cometer actos tan sangrientos
que el sol se estremeciera al contemplarlos.
Silencio. A ver a mi madre.
Corazón, no te corrompas;
no permitas que el alma de Nerón,
el asesino de su madre,
penetre en este firme pecho.
Debo ser cruel, pero no monstruoso.
Le hablaré con palabras como dagas
sin jamás usar mi daga contra ella.
Lengua y alma han de ser hipócritas en esto;
como quiera que con palabras la fustigue,
nunca consienta mi alma que la hiera.
[Mutis]
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 3 página 71
Escena 3
REY
No me gusta su comportamiento, ni es seguro para mí que su
locura siga desbordándose. Por lo tanto, preparaos. Os daré
inmediatamente vuestras instrucciones y él partirá con vosotros a
Inglaterra. Las circunstancias que atraviesa nuestro trono pueden
no resistir un peligro tan grande como el que, hora a hora, se
acrecienta con cada uno de sus insultantes disparates.
GUILDENSTERN
Nos prepararemos. Es un deber sagrado proteger a aquellos que
viven y se alimentan por vuestra bondad.
ROSENCRANTZ
Y mayor es el deber cuando de la salud de un rey depende la
felicidad y el bienestar de todo un reino.
REY
Preparaos, os ruego, para este súbito viaje, que hay que ponerle
cadenas a este peligro que se despliega demasiado libremente.
POLONIO
Señor, está yendo al dormitorio de su madre. Me pondré detrás
de una cortina para escuchar lo que suceda. Seguramente lo
interrogarán. Y como dijisteis, y fue algo muy bien dicho, y muy
sabio fue decirlo, es necesario que algún otro oyente escuche
desde un lugar reservado lo que el confiese. Las madres son
llevadas por el cariño a ser parciales: la reina podría no contarnos
la verdad. Adiós, mi señor. Iré a veros antes de que os retiréis a
dormir, para participaros lo que he averiguado.
REY
Gracias, querido señor.
[Mutis Polonio]
REY
Ah, pestilente pecado, su hedor llega hasta el cielo;
tiene sobre sí la maldición primera y más antigua,
el asesinato infame de un hermano.
No puedo rezar, por más que lo deseo.
Pero aunque esta mano estuviera deformada
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 3 página 72
por una costra de la sangre de mi hermano,
¿no hay acaso en el cielo dulce lluvia
suficiente para lavarla hasta volverla
blanca como la nieve?
Sí. Entonces rezaré. Mi falta será perdonada.
Mas ¿qué forma de oración ha de servirme?
¿Perdonadme mi atroz asesinato?
No puede ser, ya que retengo aún
aquellos bienes por los que di la muerte:
mi corona, mi poder y mi reina.
¿Pero acaso es posible algún perdón
cuando retengo los frutos de mi crimen?
Aquí en la tierra la mano criminal
llena de oro, puede poner de lado
a la justicia y comprar con precio indigno
a los jueces, los testigos y las leyes.
Mas no es así en el cielo: allí no hay trampas
ni dobleces: nuestras faltas comparecen
tal cuales son; en el cielo no hay excusas.
¡Qué hacer! ¡Qué hacer! Arrepentirse.
¡Qué no podrá lograr arrepentirse!
Pero, ¿qué puede lograr cuando uno peca
y no puede arrepentirse? ¡Atroz estado!
¡Conciencia negra como la misma muerte!
¡Alma entrampada que lucha por librarse
y se hunde más!
¡Angeles del cielo, dadme ayuda!
¡Intentarlo, intentarlo!
Doblarse, doblarse rodillas contumaces...
y que este férreo corazón se ablande
como las carnes de un recién nacido.
Quizás haya esperanza.
HAMLET
Ahora podría hacerlo fácilmente, ahora,
ahora que está rezando. Sí. Lo hago.
¿Y se va al cielo y quedo yo vengado?
Esto se juzgaría como sigue:
un villano mata a mi padre y yo,
su único hijo,
¡en pago mando al villano al santo cielo!
¡Vamos, eso sería recompensa y no venganza!
El mató a mi padre burdamente, ahíto de placeres,
con todos sus pecados a la vista, vigorosos.
¿Y cómo estará su cuenta con el cielo?
¿Pues quien lo sabe sino el mismo cielo?
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 3 página 73
Pero adivino que la sentencia de mi padre
no ha sido muy liviana.
Y entonces, ¿acaso estoy vengado
matando a este asesino cuando está purgando su alma,
cuando está listo y dispuesto para salvarse?
No.
Guárdate, espada, que encontrarás una ocasión horrenda.
Cuando lo encuentre durmiendo borracheras, aullando de rabia,
o en el placer incestuoso de su cama,
o apostando, o blasfemando,
o cometiendo, en fin, un acto indigno
que no tenga el más leve sabor de salvación,
entonces... entonces tropezarlo
para que sus talones pateen hacia el cielo
y su alma se vuelva negra y pérfida
como el infierno al que viaja sin remedio.
Mi madre me espera.
Esto sólo te prolonga la agonía.
REY
[Levantándose]
Mis palabras vuelan,
mis pensamientos se arrastran por la tierra.
Palabras sin pensamientos jamás llegan al cielo.
[Mutis]
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 4 página 74
Escena 4
POLONIO
Vendrá muy pronto. Habréis de interpelarlo. Decidle que sus
bromas ya son demasiado atrevidas para soportarlas y que vos
habéis detenido y desviado de él muchos regaños del rey. Yo me
esconderé aquí en silencio. Sed firme, por favor.
HAMLET
[Desde fuera]
¡Madre, madre, madre!
REINA
No tengáis miedo. Idos, lo oigo venir.
HAMLET
Bueno, madre, ¿que sucede?
REINA
Hamlet, tú has ofendido mucho a tu padre.
HAMLET
Madre, tú has ofendido mucho a mi padre.
REINA
Vamos, vamos, contestas tonterías.
HAMLET
Voy, voy, preguntas hipocresías.
REINA
Hamlet, ¿qué te pasa?
HAMLET
Sí, ¿qué pasa ahora?
REINA
¿Te olvidas de quién soy?
HAMLET
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 4 página 75
REINA
No, te pondré en manos de quienes pueden hablarte.
HAMLET
Ven, ven y siéntate. No has de moverte. No te irás hasta que no
te hayas mirado en un espejo donde veas lo que hay dentro de ti.
REINA
¡Qué vas a hacer! ¿Vas a matarme? ¡Socorro, socorro, ayuda!
POLONIO
[Detrás]
¡Socorro, ayuda!
HAMLET
[Sacando su espada]
¿Qué hay? ¿Un rata? ¡Muera! ¡Muera!
POLONIO
[Detrás de la cortina]
Me ha dado muerte.
REINA
Dios mío, ¡qué has hecho!
HAMLET
No, no lo sé... ¿Es el rey?
REINA
Ay ¡que crimen tan absurdo y tan sangriento!
HAMLET
Crimen sangriento, sí... casi tan sangriento
como matar a un rey y casarse con su esposa.
REINA
¿Matar a un rey?
HAMLET
Sí, señora, es lo que dije.
[Corre la cortina y ve a Polonio muerto]
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 4 página 76
REINA
¿Qué he hecho yo para que así me ultrajes?
HAMLET
Un acto que hace de los votos nupciales algo tan falso como las
blasfemias de los tahúres. Un acto que hace del matrimonio una
simple rapsodia de palabras. La faz del cielo se enciende y este
mundo tan sólido se quiebra y se enferma de solo pensarlo, como
si ya previera el juicio final.
REINA
¡Cuál es, Dios mío, ese crimen tan horrible!
HAMLET
[toma el retrato de su cuello y el de la reina]
Mira este retrato y mira éste.
Mira que gracia reside en esta frente.
Son formas tan dignas que parecería
que todos los dioses hubieran participado en crearlo
para darle al mundo un ser humano que sirviera de modelo.
Éste era tu esposo.
Mira ahora a éste, que como un fruto apestado
corrompe a su gallardo hermano.
¿No tienes ojos?
¿Pudiste dejar esta bella cúspide
para cebarte en este pantano? ¿No tienes ojos?
¿Cuál demonio te ha podido engañar tanto
que te pongas a jugar gallina ciega?
Los ojos ciegos sin sentimiento, los sentimientos sin ojos,
los oídos sin manos ni ojos,
el olfato puro y simple, no,
ni siquiera una parte enferma de sólo uno de los sentidos podría
haberse equivocado tanto.
Vergüenza, vergüenza, ¿dónde está tu rubor?
REINA
Hamlet, no digas más. Me vuelves los ojos sobre mi propia alma y
veo allí tan negras y profundas manchas que nunca podrán
borrarse.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 4 página 77
HAMLET
¡No, pero vivir en el pestilente sudor de un lecho infecto!
¡Cocinándose en la corrupción, enmelándose y haciendo amores
sobre esa cloaca impura...
REINA
No digas más. Esas palabras me hieren como dagas. ¡No más,
querido Hamlet!
HAMLET
Un asesino y un villano, un esclavo que no es la vigésima parte de
la décima parte de tu señor, un fantoche de rey, un ladrón del
reino y del gobierno que ha robado la preciosa corona para
metérsela en su abominable bolsillo...
REINA
Ya basta...
HAMLET
Un rey de andrajos y remiendos...
¡Salvadme y protegedme con vuestras alas, arcángeles del cielo!
¿Qué desea tan venerada sombra?
REINA
Dios mío, está loco.
HAMLET
Vienes a regañar a tu hijo negligente. ¡He dejado pasar el tiempo
y la pasión! Dejo alejarse el cumplimiento de tu terrible orden.
¿No es así? ¡Dímelo!
FANTASMA
No lo olvides. Esta visita no es más que para avivar tu propósito,
ya casi embotado.
REINA
¿Por qué miras al vacío y conversas con el aire? Tu alma se asoma
salvaje por tus ojos. Tierno hijo, calma y refresca el fuego de tu
locura. ¿Adónde miras?
HAMLET
¡A él, a él! ¡Mira, mira qué pálido está, cómo nos observa! Su
forma y sus motivos, juntos, predicándoles a las rocas, podrían
hacerlas capaces de... no, no me mires, no me mires así, que con
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 4 página 78
REINA
¿A quién le dices eso?
HAMLET
¿No ves nada ahí?
REINA
Nada más que lo que está a la vista.
HAMLET
¿No oíste nada?
REINA
Sólo nuestras voces.
HAMLET
Pero mira, mira ahí, ¡mira cómo se aleja! Mi padre, vestido como
cuando vivía. Mira, mira por donde va. ¡Mira cómo sale por ese
pórtico!
[Mutis Fantasma]
REINA
Esto es sólo un invento de tu mente, la locura es muy hábil para
crear estas alucinaciones.
HAMLET
¿Locura? Mi pulso es tan regular como el tuyo. No es locura lo
que he dicho. Ponme a prueba, y volveré a decir lo dicho
exactamente, y eso es algo que no puede hacer un loco. Madre,
por Dios, no le pongas ese bálsamo a tu alma, ni pienses que es
mi locura y no tu pecado lo que habla. Confiésate ante el cielo,
arrepiéntete de lo pasado, evita lo que ha de venir, y no le
esparzas estiércol a la cizaña para aumentar su vigor. Y
perdóname ésta mi virtud, porque en estos tiempos corruptos la
virtud misma ha de pedirle perdón al vicio. Sí, ha de hacerle
reverencias y rogarle permiso para hacerle un bien.
REINA
Ay, Hamlet, me has partido en dos el corazón.
HAMLET
Entonces arroja lejos de ti la peor parte,
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 4 página 79
REINA
¿Qué debo hacer?
HAMLET
No harás, de ninguna forma, esto que te digo: dejar que el
corrupto rey te tiente otra vez a su cama, te pellizque las mejillas,
te llame su ratoncito ni permitirle, por un par de malolientes
besos, o sobándote y amasándote el cuello con sus malditos
dedos, que te haga contarle todo este asunto y revelarle que no
estoy loco, salvo que así lo quiero aparentar.
REINA
Pero...
HAMLET
¡Hazlo, sí, hazlo! ¡Sube a lo alto de la torre y abre la puerta a la
jaula de los pájaros, dejándolos volar, para después dar un
traspiés y romper tu propio cuello en la caída!
REINA
Ten por seguro, si las palabras son de aliento, y el aliento es vida,
no tengo vida que pueda suspirar lo que tú me has confiado.
HAMLET
Debo irme a Inglaterra; ¿lo sabías?
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO III, escena 4 página 80
REINA
Dios mío, sí, lo había olvidado. Así lo han decidido.
HAMLET
Hay cartas que van selladas. Y los dos compañeros míos, en
quienes confío tanto como en dos víboras venenosas, llevan el
encargo. Deben arrebatarme de aquí y enrolarme en las filas de
los tontos. Dejarlos hacer. Porque es muy divertido ver al artillero
reventar con su propia bomba, y las cosas habrán de ir muy mal si
yo no puedo hacer un túnel hasta una yarda por debajo de sus
minas y hacerlos volar hasta la luna. Ah, sí, es muy agradable ver
a una astucia luchar contra otra astucia.
[respecto a Polonio]
Este hombre me hará salir disparando. Arrastraré sus huesos
hasta la otra habitación. Madre, buenas noches. Por cierto que
este consejero está ahora muy quieto, muy grave y muy callado,
cuando en vida fue un granuja locuaz e impertinente. Vamos,
señor, hay que daros buen fin. Buenas noches, madre.
CUARTO ACTO
Escena 1
REY
Hay algo en estos suspiros. Explícame este llanto. Debo
entenderlo. ¿Dónde está tu hijo?
REINA
Dejadnos solos un momento.
REINA (cont.)
Ah, mi señor, lo que he visto esta noche.
REY
¿Qué pasa, Gertrudis? ¿Cómo está Hamlet?
REINA
Enloquecido como el mar y el viento cuando disputan quién será
más fuerte. En su locura, sintiendo moverse algo detrás del
cortinado, saca su espada, grita "¡una rata, una rata!" y, sin
siquiera verlo, le da la muerte al buen viejo.
REY
Oh, crimen funesto. Igual hubiera hecho conmigo, si yo hubiera
estado allí. Su libertad está plagada de amenazas para ti misma,
para mí, para todos. ¿Cómo habré de responder por esta muerte?
¡Porque me han de culpar a mí! Yo debería haberla previsto y
reprimido, aislado y controlado a ese joven demente. Pero tan
grande fue mi amor por él que no me permitió entender cuán
necesario era actuar con decisión y... como el hombre aquejado de
una enfermedad mortal, me la he ocultado a mí mismo y la he
ocultado de los demás permitiéndole corroerme las entrañas.
¿Dónde está Hamlet ahora?
REINA
Fue a disponer del cuerpo de su víctima, el cadáver sobre el cual
su locura se vuelve noble como el oro. Hamlet llora por lo que ha
hecho.
REY
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 1 página 82
REY (cont.)
Amigos ambos, buscad ayuda. Hamlet, enloquecido, ha dado
muerte a Polonio y lo ha sacado del dormitorio de su madre. Id a
buscarlo y preguntadle dónde está el cadáver y traedlo a la
capilla, os lo ruego, pero pronto, ¡pronto!
REY (cont.)
Vamos, Gertrudis: llamaré a mis más sabios consejeros y les haré
saber lo que ha ocurrido y lo que pienso hacer. De esa manera la
maledicencia, que apunta hacia mí, habrá de errar el blanco y
perderse en el aire. Ven, ven, vámonos. Mi alma está llena de
angustia y desorden.
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 2 página 83
Escena 2
[Entra Hamlet]
HAMLET
¡Bien guardado!
ROSENCRANTZ Y GUILDENSTERN
[Desde fuera]
¡Hamlet! ¡Señor Hamlet!
HAMLET
¿Qué ruido es eso? ¿Quién llama a Hamlet? Ah, aquí vienen.
ROSENCRANTZ
¿Qué habéis hecho, señor, con el cadáver?
HAMLET
Lo he mezclado con el polvo al que pertenece.
ROSENCRANTZ
Decidnos dónde está, para llevarlo a la capilla.
HAMLET
Ni lo sueñen.
ROSENCRANTZ
Sueñen qué.
HAMLET
Que yo puedo guardar sus secretos y no los míos propios.
Además, cuando una esponja le hace una pregunta, ¿qué podría
responderle el hijo de un rey?
ROSENCRANTZ
¿Me tomáis por una esponja, señor?
HAMLET
Sí, señor, una esponja que chupa y se hincha con los favores, las
recompensas y la autoridad del rey. Pero tales servidores le hacen
su mejor servicio al rey sólo al final: cuando el rey necesita lo que
han venido chupando, pues simplemente los exprime, y ustedes
quedan secos nuevamente.
ROSENCRANTZ
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 2 página 84
No os entiendo, señor.
HAMLET
Me alegro. Las agudezas duermen en oídos tontos.
ROSENCRANTZ
Señor, debéis decirnos dónde está el cadáver y luego ir con
nosotros donde el rey.
HAMLET
El cadáver está con el rey, pero el rey no está con el cadáver. El
rey es una cosa...
GUILDENSTERN
¿Una cosa, señor?
HAMLET
Una cosa de nada. Llévenme donde está. ¡A la una, a las dos y a
las tres!
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 3 página 85
Escena Tres
REY
He mandado a buscarlo y a traer el cadáver. ¡Qué peligroso
resulta que ese hombre ande suelto! Sin embargo no puedo
castigarlo severamente: Hamlet es muy querido por el fanático
pueblo. El pueblo no juzga con el razonamiento sino con la
emoción, y condenará mi sentencia y no su crimen. Por eso, para
que todo siga tranquilo, esta repentina partida de Hamlet debe
parecer algo largamente meditado y decidido con mucha
anticipación. Los males desesperados sólo se alivian con
desesperados remedios.
REY (cont.)
¿Qué pasa? ¿Qué nuevas?
ROSENCRANTZ
No podemos sacarle adónde ha escondido el cadáver, señor.
REY
¡Pero dónde está Hamlet!
ROSENCRANTZ
Afuera, señor. Bajo custodia. Esperando entrar.
REY
Que entre.
ROSENCRANTZ
¡Eh! ¡Traigan al príncipe!
REY
Dime, Hamlet. ¿Dónde está Polonio?
HAMLET
En una cena.
REY
¿Una cena? ¿Dónde?
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 3 página 86
HAMLET
No donde come, sino donde es comido. Un cierto contingente de
gusanos politiqueros está metiéndole el diente. El gusano es el
único emperador de la comida. Engordamos animales para
engordarnos, y nos engordamos para engordar gusanos. El rey
gordo y el pordiosero flaco son apenas dos manjares distintos...
dos platos de la misma mesa. Ese es el fin.
REY
¡Vaya, vaya!
HAMLET
Un pordiosero pesca con un cebo; el sebo es un gusano que se ha
comido a un rey; luego, el pordiosero se come el pescado que se
había comido a ese gusano.
REY
¿Qué quieres decir con eso?
HAMLET
Solamente quiero demostrar que todo un rey puede transitar por
los intestinos de un pordiosero.
REY
¿Dónde está Polonio?
HAMLET
En el cielo. Manda buscarlo allá. Pero si tu mensajero no lo
encuentra, búscalo tú mismo en el otro sitio. Pero en serio, si no lo
encuentras dentro de este mes... podrás olisquearlo al subir las
escaleras de la galería.
REY
[A sus servidores]
Id a buscarlo allá.
HAMLET
No hay apuro, no se moverá hasta que lleguen.
[Mutis servidores]
REY
Hamlet, este acto me obliga a despedirte de inmediato. Por tu
propia seguridad, que yo estimo tanto como lamento
profundamente lo que has hecho. Prepárate, entonces. El barco
está listo y el viento es favorable, tus acompañantes esperan, y
todo está pronto para que partas a Inglaterra.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 3 página 87
HAMLET
¿A Inglaterra?
REY
Sí, Hamlet.
HAMLET
Bien, está.
REY
Bien y muy bien, si supieras mis propósitos.
HAMLET
No, pero conozco a un ángel que los observa de cerca. Pues bien,
¡a Inglaterra! Adiós, querida madre.
REY
Soy tu querido padre, Hamlet.
HAMLET
No señor, mi madre; padre y madre son marido y mujer, marido y
mujer son una misma carne, por lo tanto, mi madre. ¡Vamos,
vamos, a Inglaterra!
REY
Síganlo de cerca. Pónganlo pronto a bordo. No demoren. Quiero
que parta esta misma noche. Todo lo que concierne a este viaje
está listo. Las instrucciones selladas. ¡Váyanse pronto!
REY
Rey de Inglaterra: si en algo me estimas --y has de estimarme
mucho, que si no... la espada danesa habrá de recordarte las
cicatrices que llevas de mi conquista... tú no podrás ver con
indiferencia mi deseo. Y es mi deseo que cumplas lo que exijo en
esas cartas que te envío: la inmediata e instantánea muerte de
Hamlet. ¡Hazlo, rey de Inglaterra! porque él es una fiebre que
recorre enfurecida todas mis venas, y tú puedes y debes curarme
de este mal. Hasta que yo no sepa que está muerto, y sea cual
fuere mi fortuna, no podré comenzar a ser feliz.
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 4 página 88
Escena 4
FORTIMBRAS
Capitán: saluda de mi parte al rey de Dinamarca. Dile que sólo
con su permiso Fortimbras podrá hacer la prometida marcha a
través de su territorio.
CAPITAN
Así lo haré, señor.
FORTIMBRAS
Vayan pronto.
HAMLET
Buen hombre, ¿de quién son estas fuerzas?
CAPITAN
De Noruega, señor.
HAMLET
Qué campaña han emprendido, por favor...
CAPITAN
Avanzan sobre Polonia.
HAMLET
¿Quién las comanda?
CAPITAN
Fortimbras, el sobrino del viejo Rey de Noruega.
HAMLET
¿Van sobre la capital de Polonia o sobre algún lugar fronterizo?
CAPITAN
A decir verdad, y sin exagerar, señor, marchamos a conquistar un
pedacito de terreno. Y no tendremos más recompensa que el
derecho de proclamar que ha sido conquistado. Yo ni siquiera lo
cultivaría, que no me darían cinco ducados, ni cinco, de renta al
año. Ni tampoco sacarían más al noruego ni al polaco si de hecho
lo pusieran a la venta en un remate.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 4 página 89
HAMLET
Bueno, entonces los polacos no lo defenderán.
CAPITAN
Por supuesto que sí, ya lo tienen fortificado.
HAMLET
Pues entonces... dos mil almas y veinte mil ducados no bastarán
para resolver quién se queda con esa bagatela. Os doy las
gracias.
CAPITAN
Adiós, señor.
[Mutis Capitán]
ROSENCRANTZ
¿Queréis ya marchar, señor?
HAMLET
Yo os alcanzo. Adelantaos un poco.
HAMLET (cont.)
Cómo cada cosa que me encuentro
se confabula contra mí acicateándome a tomar
mi torpe venganza.
¿Qué es un hombre,
si el único interés de su vida
es comer y dormir?
Un animal, y nada más.
Ciertamente aquél que nos creó
dotándonos de inteligencia tan grande
que abarca el pasado y el futuro,
no nos dio esa capacidad divina de razonar
para que la dejáramos enmohecerse
por falta de uso.
Pero yo, por este mi tímido escrúpulo
de pensar y pensar y repensar
hasta la última consecuencia de mis actos
con imposible minuciosidad
--estos raciocinios míos que son, en realidad
una parte de prudencia y tres de cobardía--
por ello es que yo no sé por qué
todavía estoy vivo;
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 4 página 90
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 5 página 91
Escena 5
REINA
¡No he de hablar con ella!
CABALLERO
Está muy turbada, en realidad enloquecida,
hace falta tenerle compasión.
REINA
¿Qué desea?
CABALLERO
Habla mucho de su padre, dice que escucha que hay maldades
en el mundo y murmura y se azota el pecho y se enfurece con
las briznas de hierba y habla cosas que tienen medio sentido;
quienes escuchan están mezclando sus palabras ya mezcladas
para darles sus propios significados.
HORACIO
Sería bueno hablarle porque ella podría sembrar conjeturas
peligrosas en mentes malvadas.
REINA
Que entre, entonces.
[Mutis Caballero]
REINA (cont.)
(aparte)
A mi alma enferma, fiel a sus pecados,
cada momento le anuncia una desgracia:
tan líquida es la culpa que rebasa
el ánfora de vicios soterrados.
OFELIA
¿Dónde está la bella Reina de Dinamarca?
REINA
¿Qué tienes, querida Ofelia?
OFELIA
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 5 página 92
[Canta]
¿Cómo te conocería
dueño de mi corazón?
Por el sombrero de conchas
las sandalias y el bordón...
REINA
Dios mío, dulce niña, ¿qué significa esa canción?
OFELIA
¿Qué dices? No, te lo ruego, fíjate:
[canta]
Ya murió y se fue, mi doña,
ya murió y se fue…
A su cabeza la yerba tan verde
y a sus pies una piedra tan fuerte.
(habla)
¡Ajá!
REINA
Pero no, Ofelia…
OFELIA
Por favor fíjate:
(canta)
Su mortaja fue blanca como nieve
Entra el Rey.
REINA
Dios mío, mirad esto, señor.
OFELIA
llenecita de muy dulces flores…
pero nadie lloró, pero nadie lloró
con verdaderos amores.
REY
¿Cómo estás, bella niña?
OFELIA
¡Pues que Dios te adore! Dicen que la lechuza fue hija de un
panadero. Señor, sabemos lo que somos pero no sabes en qué
nos convertiremos. ¡Dios se siente a vuestra mesa!
REY
Está pensando en su padre.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 5 página 93
OFELIA
Os ruego, ni media palabra de esto. Pero cuando te pregunten lo
que pasa, diles lo siguiente:
[Canta]
Ya llegó la fiesta
de San Valentín;
muy de madrugada
ya estoy por aquí.
Junto a tu ventana
soy virgen ansiosa
de ser convertida
en tu nueva esposa.
Entonces él se levantó
y muy de prisa se vistió,
y la puerta pronto abrió
y a su dormitorio la virgen entró...
¡Que ya no era virgen cuando al fin salió!"
REY
¡Bella Ofelia...!
OFELIA
Sí, por cierto, escucha. No, sin faltar al Cielo, ya voy a terminar,
¡escucha!
[Canta]
¡Por Dios y por los santos de los cielos!
¡Qué dolor, qué desdicha y qué vergüenza!
Los galanes han de hacértelo
sin casi proponértelo
con sólo que les brindes
ocasión, y que te rindas.
¡Por los clavos,
que la culpa es de sus clavos!
[habla]
Y ella le dice:
[canta]
Bienamado, antes de revolcarme
tú me habías prometido desposarme.
[habla]
Y él, escuchen, le contesta:
[canta]
Por cierto, lo aseguro
por el sol yo te lo juro,
que contigo hubiera estado
ahora mismo ya casado
si conmigo no te hubieras acostado.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 5 página 94
REY
¿Desde cuándo está así?
OFELIA
¡Ojalá que todo salga bien! Debemos tener paciencia, pero no
puedo contenerme y lloro pensando en lo que han puesto
bajo tanta tierra fría. Mi hermano habrá de enterarse. Les
agradezco su buen consejo. Que venga mi coche. Buenas
noches, señoritas, buenas noches, caballeros, buenas noches
señoritas, buenas noches, buenas noches.
[Mutis Ofelia]
REY
Síguela de cerca, y cuídala mucho, te lo ruego.
REY (cont.)
Ay, es ponzoña de la profunda pena: procede de la muerte de su
padre. Y ahora, Gertrud, observa cómo…
Ay Gertrud, Gertrud, cuando las penas llegan, no vienen una por
una, como exploradores, sino en grandes ejércitos: primero, su
padre muerto. Luego, la partida de tu hijo, siendo él mismo el
muy violento responsable de su propio justiciero exilio. Y el pueblo
excitado y confundido, con pensamientos turbios y malignos
acerca de la muerte del buen Polonio --he sido insensato al
enterrarlo con apuro y en secreto. Ahora la pobre Ofelia
enloquece y por último, y tan terrible como todo lo anterior, su
hermano Laertes ha vuelto secretamente de Francia y ahora se
alimenta de su propio dolor y vive dentro de una nube. No faltan
quienes le infectan los oídos con pestilentes versiones sobre la
muerte de su padre. Y él, sin conocer la verdad, no dudará en
acusarme de ese crimen a mí. Ah, querida Gertrud, esto es como
un tiro de metralla, que me da muchas muertes al mismo tiempo.
REINA
¿Qué ruido es ese, por Dios?
REY
¡Mis guardias suizos! ¡Que defiendan las puertas! ¿Qué es lo que
pasa?
MENSAJERO
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 5 página 95
REINA
¡Qué alegres ladran, siguiendo una pista falsa! ¡Falsos perros
daneses, han equivocado el rastro!
REY
Han roto las puertas.
LAERTES
¿Dónde está el Rey? Amigos, quédense afuera.
TODOS
No, no. ¡Queremos entrar! ¡Entrar!
LAERTES
Les ruego, déjenme entrar solo.
TODOS
Está bien, está bien.
LAERTES
Les agradezco. Guarden las puertas.
LAERTES (cont.)
Oh, Rey indigno y vil, devuélveme a mi padre.
REINA
Calma, Laertes.
LAERTES
Si yo tuviera una sola gota de sangre calma, esa gota me estaría
gritando bastardo, y le pondría cuernos a mi padre, y a mi madre
la acusaría de ramera.
REY
¿Cuál es la causa, Laertes, de una rebeldía tan desmedida?
Déjalo, Gertrud. No temas por mí. Hay tal divinidad en un rey que
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 5 página 96
REY
Muerto.
REINA
Pero el rey no lo ha matado.
REY
Déjalo: que pregunte lo que quiera.
LAERTES
¿Cómo murió? No me dejaré manipular. ¡Al diablo la lealtad, al
infierno los votos, la conciencia y la cortesía! ¡Desafío a los cielos!
Que suceda lo que ha de suceder, ya no me importa, ¡pero habré
de tomar la venganza más completa por la muerte de mi padre!
REY
¿Y quién ha de impedírtelo?
LAERTES
Sólo mi propia voluntad, no la del mundo entero.
REY
Buen Laertes, de saber tú con certeza cómo fue la muerte de tu
padre, ¿habrías de lanzarte contra todos, amigos y enemigos,
culpables e inocentes?
LAERTES
Sólo contra los enemigos de mi padre.
REY
¿Quieres saber, entonces, quiénes son?
LAERTES
He de abrirles los brazos a sus amigos y alimentarlos con mi
propia sangre.
REY
Vaya, hablas ahora como un buen hijo y un noble caballero. Que
soy inocente de la muerte de tu padre, y que la lamento como el
que más, será tan claro para ti como el mismo cielo.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 5 página 97
LAERTES
¡Qué pasa! ¿Qué es este ruido?
LAERTES
¡Fiebre, calcíname la mente! ¡Lágrimas de sal, quémenme la luz
de los ojos! Cielos, ¿es posible que la razón de una doncella sea
tan frágil como la vida de un anciano? ¡Oh, rosa de mayo, querida
niña, buena hermana, dulce Ofelia!
OFELIA
[Canta]
Le llevaron cara al cielo
sobre una tabla de pino
a la nino nino nino,
a la nino nino nín.
Muchas lágrimas llovieron
sobre su tumba.
[A Laertes]
¡Adiós, palomita!
LAERTES
Si tuvieras tus sentidos y trataras de pedirme venganza, no
podrías convencerme tanto.
OFELIA
Tienes que cantar
[Canta, siempre a Laertes]
Abajito, abajito, abajón
que se va, se nos va el viejito viejón.
[Habla]
Qué bien nos viene este estribillo ¿no? Te cuento un secreto: fue
el falso escudero el que se robó a la hija de su señor.
LAERTES
Tiene sentido su locura...
OFELIA
[A alguien ausente]
Aquí tienes romero, para el recuerdo. Te ruego, amor,
recuérdame. Y aquí hay pensamientos, para que pienses en mí.
[Al Rey]
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 5 página 98
LAERTES
Todo lo vuelve dulzura y belleza.
OFELIA
[Canta]
¿Y no volverá otra vez?
¿Y otra vez no volverá?
No, porque ya está muerto
y a su sepulcro se va,
¡ya nunca más volverá!
Su cabello como nieve
de plata era su cabello,
ya se ha muerto, se ha marchado,
son vanos nuestros lamentos.
[habla]
¡Dios se apiade de su alma! Y de todas las almas cristianas, se lo
ruego a Dios. Dios sea con todos.
[Mutis Ofelia]
LAERTES
Oh, Dios, ¿lo has visto?
REY
Laertes, déjame conmoverme con tu dolor, ¡no me niegues ese
derecho! Pero ven aquí conmigo: ve y escoge a tus más sabios
amigos, y ellos podrán escuchar mis razones y juzgar entre tú y
yo. Si yo tengo alguna responsabilidad, ya sea directa o en forma
oculta, sobre la muerte de tu padre, te daré a ti todo mi reino, mi
vida, mi corona, y todo lo que es mío. Pero si no es así, debes
tener paciencia que yo he de ayudarte a darle satisfacciones a tu
honor.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 5 página 99
LAERTES
Sea como decís. Pero ¿cómo murió, por qué tan oscuro funeral?
¡Por qué lo han enterrado sin honores ni trofeos ni armas sobre
sus restos y ningún rito ni ceremonia formal! Todo eso es una
afrenta el cielo y a la tierra, y debo averiguar cuál es la causa.
REY
Y así será. Y donde esté el culpable, pues que caiga el peor de los
castigos. Te ruego, ven conmigo ahora.
[Mutis]
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 6 página ¡Error! Marcador no definido.
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Escena 6
MARCELO
La trajeron unos marineros, señor. La carta es del príncipe
Hamlet. También trajeron una carta para el rey.
HORACIO
¿Unos marineros?
MARCELO
Sí, señor: dos cartas del príncipe: una para vos y otra para el Rey.
HORACIO
Gracias, buen Marcelo.
[Mutis Marcelo]
HORACIO
[Lee]
"Horacio: No habíamos navegado ni dos días hacia Inglaterra
cuando nos persiguió un barco pirata muy guerrero. Como no
podíamos huir, nos preparamos para hacerle frente. En el
combate, abordé su nave. En ese instante ellos se alejaron de
nuestro barco, de modo que solamente yo caí prisionero. Estos
piratas se han portado conmigo como bandoleros misericordiosos,
pero sabían perfectamente por qué lo hacían: tuve que
recompensarlos. También llevan una carta mía para mi tío padre.
Ven donde yo estoy –los piratas te indicarán el camino—con la
rapidez con que huirías de la muerte. Tengo cosas que decirte al
oído que te volverán mudo. Rosencrantz y Guildenstern siguen su
camino hacia Inglaterra. De ellos tengo mucho que contarte.
Hasta pronto. Tu amigo de siempre, Hamlet".
[Mutis]
*
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 7 página 101
Escena 7
REY
Como ves, soy inocente y puedes considerarme tu amigo. Ya has
oído cómo aquel que mató a tu padre atentaba también contra mi
vida.
LAERTES
Parece que así fue. Pero decidme... por qué no habéis actuado
contra ese peligro como hacía falta, en defensa propia.
REY
Ah, sí: por dos razones muy particulares, que quizás te parezcan
leves, pero para mí son poderosas. La reina, su madre, vive y
muere por Hamlet, y yo a mi vez --por virtud mía y para mi
desgracia-- la llevo tan ligada a mi propia existencia que nada
puedo hacer sino por ella. El otro motivo que me impide hacer
público todo esto es el gran amor que el pueblo le tiene a Hamlet.
La plebe, olvidando todas sus faltas, hubiera convertido sus vicios
en virtudes y sus crímenes en honestas acciones; tanto que mis
propósitos se habrían vuelto contra mí y mis flechas hubieran
herido mi propio pecho.
LAERTES
Y así he perdido a un padre y he visto enloquecerse a mi pobre
hermana. Pero llegará pronto mi venganza.
REY
No pierdas el sueño por eso. Yo amé a tu padre como a mí mismo,
y podrás imaginar que yo…
REY
¿Qué pasa? ¿Qué noticias?
MENSAJERO
Una carta, señor, del príncipe Hamlet.
REY
¿De Hamlet? ¿Quién la trajo?
MENSAJERO
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 7 página 102
REY
Laertes, habrás de escucharla.
[Al mensajero]
Déjanos ya.
[Mutis mensajero]
REY
[Leyendo]
"Altivo y poderoso Rey: sabed que he llegado desnudo a vuestro
reino. Mañana he de pediros vuestra venia para contemplar
vuestros reales ojos. Entonces os haré el relato --después de
obtener vuestro permiso para ello-- de cómo fue que pude
regresar en forma tan rápida y por demás extraña. Hamlet"
LAERTES
¿Qué significa? ¿Han vuelto los demás? O es algún engaño, y
nada de esto es cierto. ¿Conocéis su letra?
REY
Es la de Hamlet. "Desnudo". Y aquí, como postdata, dice "solo".
¿Me puedes explicar esto?
LAERTES
Tampoco lo entiendo, señor. Pero permitidle que venga. Sólo
puedo pensar que he de vivir para decirle en su cara "¡Esto lo
hiciste tú!".
REY
Si es así --y como podría ser de otra manera-- ¿habrás de
obedecerme?
LAERTES
Por cierto, señor, si es que no me ordenáis hacer las paces.
REY
Solamente hacerlas contigo mismo. Pondré en efecto un plan que
vengo madurando, y habrá de caer en la trampa; y de su muerte
no se culpará a nadie; no, hasta su propia madre dirá que ha sido
un accidente.
LAERTES
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 7 página 103
REY
Es de justicia. Pero lo que deseamos hacer, debemos hacerlo
cuando lo deseamos. Porque tiene tantos cambios, tropiezos y
demoras el deseo como hay lenguas y manos y circunstancias en
este mundo. Y entonces ese desear lo postergado se convierte en
un inútil suspiro de angustia, que hace daño y alivia al mismo
tiempo. Pero vamos: Hamlet regresa. ¿Qué podrías tú hacer para
mostrarte hijo de tu padre en las acciones, más que en las
palabras?
LAERTES
¡Cortarle la garganta en una iglesia!
REY
Cierto, que ningún lugar debe darle santuario al asesino. La
venganza no debe tener fronteras. Pero, buen Laertes, ¿harás lo
que voy a pedirte? Quédate recluido en tus aposentos. Hamlet se
enterará pronto de que has vuelto. Hamlet es conocido por buen
espadachín. Y tú también. Ustedes se enfrentarán en un duelo,
amistoso por cierto. Pero yo haré una apuesta fuerte. Hamlet,
quien es muy generoso y ajeno a toda suspicacia, no examinará
las armas. De esta forma tú podrás muy fácilmente, con un
pequeño ardid, escoger una espada que no tiene el botón que se
usa en estos duelos. Podrás así, con un hábil golpe, vengar la
muerte de tu padre.
LAERTES
Lo haré, pero también habré de envenenar la punta de la espada.
Compré una pócima de un curandero, tan mortal que si se moja
con ella una daga, con sólo hacer manar la sangre no habrá
remedio ni cataplasma en este mundo que salve de la muerte al
que es herido. Mojaré con ese líquido mi espada y así, aunque
solamente lo rasguñe, morirá.
REY
Pensemos más en este asunto, pensemos qué otros ardides
pueden ayudarnos. Que si esto falla, y se descubren nuestras
intenciones, sería mejor que nunca las hubiéramos tenido. Por
eso, este proyecto debe tener un reemplazo, una segunda
instancia que nos salve si la primera falla. Espera. Espera.
Déjame ver. Yo haré una apuesta fuerte... ¡Ya lo tengo! Cuando
con el ejercicio ustedes se acaloren y tengan sed --y deben ser tus
ataques muy violentos con este fin--, y cuando Hamlet pida de
beber, yo le habré ofrecido ya un cáliz preparado. Si bebe apenas
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 7 página 104
[Entra la Reina]
REINA
Una desgracia sigue los pasos de la otra. Tu hermana se ha
ahogado, Laertes.
LAERTES
¿Ahogado? ¿Adónde, por Dios?
REINA
Hay un sauce que crece por encima de un arroyo
que refleja sus hojas sobre sus aguas cristalinas;
Ofelia se puso a hacer allí las más fantásticas guirnaldas
de ortigas, margaritas, y esas largas flores púrpuras
a las que pastores soeces les dan un nombre obsceno
pero que las castas doncellas llaman dedos de muerto;
y allí comienza a treparse
en las ramas pendientes de ese sauce
para decorarlo con sus guirnaldas
cuando una envidiosa rama se rompe
y Ofelia cae al gimiente arroyo con sus flores.
Sus ropas florecen a su alrededor dentro del agua y,
como si fuera una sirena,
la sostienen a flote un momento
mientras ella sigue cantando retazos de viejas coplas,
como inconsciente de su propia desgracia
o como si fuese una criatura de las aguas.
Pero no podía pasar más que un instante
antes que sus ropas,
ya pesadas por su propia embriaguez
la arrastraran hacia el fondo,
cortando su canción melodiosa
para hundirla, por fin, en cenagosa muerte.
LAERTES
Dios mío, ha muerto ahogada, entonces.
REINA
Sí, se ha ahogado, se ha ahogado.
LAERTES
No quiero darte más lágrimas, Ofelia. Las prohíbo. Pero es sin
embargo natural. Cuando terminen las lágrimas, seré un hombre
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO IV, escena 7 página 105
[Mutis Laertes]
REY
Sigámoslo, Gertrudis. ¡Tanto hice por calmar su furia! Ahora temo
que esto la haga renacer. Sigámoslo ya.
[Mutis todos]
QUINTO ACTO
Escena 1
PAYASO UNO
¿Puede recibir cristiana sepultura quien de propósito busca su
propia salvación?
PAYASO DOS
Yo te digo que sí, o sea que cava derecha su tumba.
PAYASO UNO
¿Y cómo puede ser, salvo que se ahogara en defensa propia?
PAYASO DOS
Así lo han averiguado.
PAYASO UNO
No puede ser porque mira: aquí está el agua. Bien. Aquí está la
persona. Bien. Si esta persona va hacia esta agua y se ahoga
entonces es, mal que le pese, que esta persona se ahoga, fíjate
bien. Pero si el agua va a la persona y la ahoga, entonces no se ahoga
sino que la ahogan. Por lo tanto: aquel que no es culpable de su propia
muerte, no acorta su propia vida.
PAYASO DOS
Pero si esta no hubiera sido una mujer noble, no le hubieran dado
cristiana sepultura.
PAYASO UNO
Ahí sí que estás diciendo algo. Y es una lástima que las gentes
grandes tengan más permiso en este mundo para ahogarse o
colgarse que sus iguales cristianos. Y más aún nosotros. Pero una
pregunta, y si no la contestas, confiésate.
PAYASO DOS
Dispara.
PAYASO UNO
¿Quién construye más fuerte que el albañil, el armador y el
carpintero?
PAYASO DOS
El constructor de patíbulos, porque sus edificios sobreviven mil
inquilinos.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 1 página 107
PAYASO UNO
Me gusta tu ingenio. La verdad que el patíbulo viene al caso. Pero
le viene al caso a los que perdieron su caso. Pero otra vez, vamos.
PAYASO DOS
¿Quién construye más fuerte que el albañil, el armador y el
carpintero?
PAYASO UNO
Dime eso y sálvate del patíbulo.
PAYASO DOS
¡Vaya, ya lo sé!
PAYASO UNO
Al grano.
PAYASO DOS
¡Diablos, ya no lo sé!
PAYASO UNO
No te tortures más los sesos con eso, porque un burro no se
endereza por más que lo azotes. Y la próxima vez que te lo
pregunten, contesta lo siguiente: es el sepulturero, porque las
casas que construyen duran hasta el día del juicio final. Anda y
tráeme la botella de licor.
SEPULTURERO
[cava y canta]
Cuando era joven y mucho enamoraba
todo muy útil a mí me parecía
para matar el tiempo que pasaba
aunque de nada bueno me servía.
HAMLET
¿No tiene este tipo conciencia de su oficio que canta mientras
cava una sepultura?
HORACIO
La costumbre le ha hecho fácil la tarea.
SEPULTURERO
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 1 página 108
[Canta]
Pero el tiempo agazapado y traicionero
me ha cogido del cogote con su garra
metiéndome en la tierra
con mano cruel y fiera
¡sí señor, y se acabó la farra!.
HAMLET
Esa calavera tuvo un tiempo su lengua, podía cantar. Y esta
podría ser la calva de un político, que este bruto ahora arroja al
suelo.
HORACIO
Podría ser, señor.
HAMLET
O de un cortesano, que muy bien podía decir "Buenos días, dulce
príncipe... ¿Cómo estáis, dulce príncipe?" Voy a hablarle a este
tipo. ¿De quién es esta tumba, oiga?
SEPULTURERO
Mía, señor.
[Canta]
Hay que hacerle una cama de tierra
a este huésped que viene de la sierra.
HAMLET
Por cierto, es tuya, ya que estás metido en ella.
SEPULTURERO
Y usted está afuera de ella, por lo tanto no es suya. Por mi parte,
estoy metido pero no he mentido, porque sí es mía la tumba.
HAMLET
No, las tumbas son de los muertos, no de los vivos. Sí que has
mentido, ya que puedes meterte y salirte de ella.
SEPULTURERO
Una mentira bien metida, señor, sí, tenéis razón pero vais muerto
y a la tumba como cualquier cristiano.
HAMLET
¿Ah sí? ¿Para quién cavas esa tumba?
SEPULTURERO
Para nadie, señor.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 1 página 109
HAMLET
¿Cómo así?
SEPULTURERO
Porque ahora ya no es nadie y que Dios se apiade de su alma
porque... sabe usted... parece que se mató en ofensa propia.
HAMLET
Dirás en defensa propia.
SEPULTURERO
No señor, porque es ofensa que matarse a sí mismo aunque lo
haga defendiendo a Dios.
HAMLET
[A Horacio]
Este tipo es absolutamente preciso en sus decires. Tenemos que
hablar clarísimo, o sus exquisiteces nos matan.
[al Sepulturero]
¿Desde hace cuánto eres sepulturero?
SEPULTURERO
De todos los días que tiene el año, me tocó comenzar en este
oficio el mismísimo día que nuestro difunto Rey Hamlet le ganó el
duelo al viejo rey Fortimbras de Noruega.
HAMLET
¿Y cuánto hace de eso?
SEPULTURERO
¿Qué, no lo sabe? Cualquier idiota lo sabe. Fue el mismo día que
nació el joven Hamlet. Ese que se volvió loco y lo despacharon a
Inglaterra.
HAMLET
Ah, caramba, y ¿por qué lo despacharon a Inglaterra?
SEPULTURERO
¿Por qué? Pues porque estaba loco. Hamlet va a recuperar el
sentido por allá. O si no, pues por allá no importa mucho.
HAMLET
¿Cómo así?
SEPULTURERO
No se nota la locura, en Inglaterra. Allá todos son más locos que
él.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 1 página 110
HAMLET
¿Y cómo así se volvió loco ese tal Hamlet?
SEPULTURERO
Pues dicen que de una forma muy extraña.
HAMLET
¿Cómo fue?
SEPULTURERO
Vaya, pues perdiendo la razón.
HAMLET
¿Pero qué cosa dio lugar a eso?
SEPULTURERO
¿Lugar? Pues aquí nomás, en Dinamarca, en Elsinor.
HAMLET
Dime, ¿de quién es esa calavera?
SEPULTURERO
¡Ah, qué hijoeputa tan loco fue ese! ¿De quién cree usted que fue
esta calavera?
HAMLET
No, si no lo sé.
SEPULTURERO
Esa calavera, señor, fue del mismísimo Yorick, el bufón del Rey.
HAMLET
¿Esto?
SEPULTURERO
Eso mismito. ¡Hijoeputa chistoso que fue el tipo!
HAMLET
Dios mío, pobre Yorick. Yo lo conocí, Horacio. Un hombre de
infinito humor, de gran imaginación. Me cargó en sus hombros,
jugando, tantas veces... Y ahora... qué horrible es imaginárselo.
Aquí colgaban esas mejillas que he besado en no sé cuantas
ocasiones. ¿Dónde están tus bromas ahora, Yorick? ¿Tus trucos,
tus canciones, tus chistes que hacían reír a carcajadas a toda la
mesa? ¿Ni uno solo puedes decir para reírte de esta tu sonrisa?
¿Ah? ¿Qué haces ahí con la boca abierta? ¿No contestas? Vete,
vete al dormitorio de mi cama y díselo, dile que se pinte la cara,
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 1 página 111
que se la cubra con un dedo de pintura... Igual habrá de terminar
en esto, tarde o temprano. Hazla reírse de eso. Por favor,
Horacio, dime una cosa.
HORACIO
¿Qué cosa, señor?
HAMLET
¿Crees tú que Alejandro el Grande ya se parezca a esto?
HORACIO
Así será, seguramente.
HAMLET
¿Y que huela igual? ¡Puaj!
[Arroja la calavera]
HORACIO
Igual, señor.
HAMLET
Este fin es el final de todo y de todos, Horacio. Cómo no pensar
que el noble polvo de Alejandro puede convertirse en un tapón de
barril.
HORACIO
Sería pensar con demasiada minucia, señor.
HAMLET
No, no, escucha: Alejandro muere, Alejandro es enterrado,
Alejandro se vuelve polvo, el polvo es tierra, de la tierra se hace la
arcilla, y de la arcilla se fabrican los tapones de barril. Así es,
Horacio. ¡Pero mira, mira! Ahí viene el rey.
HAMLET (cont.)
El rey, los cortesanos. ¿A quién entierran? Y con ritos tan
incompletos. Parecería que el muerto se quitó la vida con su
propia mano. Ha sido un noble. Escondámonos a mirar, Horacio.
LAERTES
¿No habrá más ceremonia?
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 1 página 112
SACERDOTE
No, ninguna más. Profanaríamos los ritos de los muertos que
pasaron a mejor vida con la ayuda de sacramentos cristianos, si le
diéramos un réquiem cantado.
LAERTES
Pónganla en la tierra, y que su carne bella y pura haga crecer las
violetas. Y yo te digo, sacerdote amargo, que mi hermana habrá
de ser un arcángel en el cielo cuando tú estés aullando en los
infiernos.
HAMLET
Por Dios, es Ofelia.
REINA
Flores para la dulzura. Adiós.
[Echa flores dentro de la tumba]
Yo ansiaba que fueras la esposa de mi Hamlet. Yo querría haber
adornado tu lecho de bodas, dulce niña, y no regar flores en tu
tumba.
LAERTES
Oh, que caigan desgracias infinitas sobre la cabeza del que te hizo
enloquecer con acto tan indigno. Y no la cubran de tierra hasta
que no la haya abrazado una vez más.
[Salta dentro de la tumba]
Ahora arrojen el polvo sobre los vivos y los muertos, hasta
convertir esta tumba en un monte tan alto como el Olimpo.
HAMLET
[Adelantándose]
¿Quién sufre aquí con tanto vil desplante? ¿De quiénes son esas
frases angustiadas que hacen detenerse de pavor a las estrellas
en el cielo? Aquí estoy yo, Hamlet el Danés.
LAERTES
¡El demonio se lleve tu alma!
[Luchan]
HAMLET
¡No rezas bien!
REY
¡Sepárenlos!
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 1 página 113
REINA
¡Hamlet, Hamlet!
TODOS
¡Caballeros!
HORACIO
¡Por favor, buen señor, tranquilizaos!
HAMLET
Yo amaba a Ofelia. Cuarentamil hermanos, con todo su amor
reunido, no podrían igualar mi amor. ¿Tú qué harías por ella?
REY
Está loco, Laertes.
REINA
Por el amor de Dios toléralo, Laertes.
HAMLET
Dios del cielo, muéstrame lo que harías. ¿Llorarías? ¿Pelearías?
¿Te arrancarías las uñas? ¿Beberías vinagre? ¿Te comerías un
cocodrilo? ¡Yo lo haré! ¿Vienes aquí a gemir? ¿A avergonzarme
saltando dentro de su tumba? Déjate enterrar vivo junto con ella
¡y yo también lo haré! Y si hablas de montañas, ¡que nos
entierren juntos bajo montañas! No, que si gritas y te desesperas,
¡yo también puedo rugir igual que tú!
REINA
Es solamente su locura, su delirio lo hace ponerse así. Después
cae en un silencio pesaroso.
HAMLET
[A Laertes]
¡Óyeme, Laertes! ¿Por qué me tratas así? Yo siempre te quise.
Pero no importa. Por más que haga el mismo Hércules, el gato ha
de maullar y el perro ganarle la partida.
REY
Por favor, Horacio, cuídalo mucho.
REY
[A Laertes]
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 1 página 114
Fortalece tu paciencia con lo que te dije anoche. Haré que sea de
inmediato lo que tenemos planteado. Esta tumba tendrá un
monumento vivo. Pronto vendrá la hora de estar tranquilos.
Hasta entonces que la paciencia guíe nuestros actos.
[Mutis todos]
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 115
Escena 2
HAMLET
Pues bien, basta de este asunto. Ahora verás el otro. ¿Recuerdas
todas las circunstancias?
HORACIO
Las recuerdo, señor, muy bien.
HAMLET
Tenía yo una lucha en el corazón que no me dejaba dormir. De
pronto, en un arranque de audacia --y bendita sea la audacia-- salí
de mi camarote envuelto en mi capa, busqué a tientas en la
oscuridad para encontrarlas, las hallé, pesqué el paquete y
rápidamente regresé a mi camarote para violar sus cartas y
enterarme de su importantísima misión. Y lo que encontré en esas
cartas, Horacio --qué villanía tan regia-- fue una orden para el rey
de Inglaterra. Sin demorar ni un instante, no, ni siquiera dándose
el tiempo para afilar el hacha del verdugo, pues... habría de
cortarme la cabeza.
HORACIO
¿Es posible?
HAMLET
Aquí está la carta. Gózala con tiempo. ¿Pero vas a escuchar lo
que hice después?
HORACIO
Sí, por favor.
HAMLET
Me senté a inventar nuevas órdenes. Las escribí con elegancia y
corrección. ¿Quieres saber lo que puse?
HORACIO
Sí, señor.
HAMLET
Un apasionado ruego de parte del Rey al soberano de Inglaterra,
su fiel tributario, para que, si es que quería que el amor floreciera
entre los dos como una flor, si es que la paz habría de
enseñorearse de sus reinos, y muchos ‘siesques’ importantísimos
de este tipo, pues el Rey de Inglaterra debería, sin demora,
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 116
súbitamente dar muerte a los dos portadores de la carta: el bello
Rosencrantz y el precioso Guildenstern.
HORACIO
¿Cómo fue sellada esa carta?
HAMLET
En esto también parece que los cielos me ayudaron. Yo llevaba
conmigo el viejo sello de mi padre, cuya copia ahora usa este
malvado. Doblé mi carta igual que la original, le puse el sello, la
devolví al lugar donde robé ésta que aquí tienes ¡y mis
condiscípulos nunca supieron del cambio! Ahora bien, al día
siguiente fue nuestro combate y lo que sigue ya lo conoces.
HORACIO
O sea que Rosencrantz y Guildenstern van por lana.
HAMLET
Yo no los cargo a mi conciencia. Se la habían merecido. Es muy
peligroso para los mediocres interponerse en las luchas entre
grandes enemigos.
HORACIO
¡Por Dios, qué rey tenemos!
HAMLET
Dime tú, ¿no te parece que estoy justificado si lo mato? A él, que
asesinó a mi padre, prostituyó a mi madre, se interpuso entre el
voto popular para elegirme como rey y mi legítima esperanza, y
luego atentó contra mi propia vida. ¿No es perfectamente de
conciencia matarlo con este brazo? ¿Y no sería criminal dejar que
este cáncer nos siga corroyendo y siga haciendo maldades?
HORACIO
Pronto le llegarán noticias de Inglaterra, de lo que debe haber
pasado por allá.
HAMLET
Sí, será muy pronto. Pero mientras tanto, el tiempo es mío. Y se
mata a un hombre en menos de lo que se cuenta hasta uno. Pero
lamento mucho, buen Horacio, haberme propasado con Laertes,
porque veo en su causa la imagen de la mía. Trataré de ser su
amigo nuevamente. Pero es que la ostentación que hizo de su
pena me enfureció y no lo pude resistir.
HORACIO
Silencio, señor. Alguien viene.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 117
[Entra Osric, un cortesano]
OSRIC
Su señoría sea nuevamente bienvenido a Dinamarca.
HAMLET
Muchas gracias, señorito.
[Aparte a Horacio]
¿Conoces a esta libélula?
HORACIO
No, señor.
HAMLET
Tienes suerte.
OSRIC
Dulce señoría, si vuestra señoría no estuviera ocupado, le
transmitiría algo de parte de su majestad el Rey.
HAMLET
Lo escucharé, señor. Pero dele al sombrero su uso correcto. Es
para la cabeza, señor.
OSRIC
Agradezco a su señoría. Hace mucho calor.
HAMLET
No. Creedme. Hace frío. El viento sopla del norte.
OSRIC
Sí, sí, hace un poco de frío, en efecto.
HAMLET
Y sin embargo creo que está demasiado húmedo y caluroso para
mi gusto.
OSRIC
Sí, sí, demasiado, señor, está el tiempo muy pesado y húmedo y
caluroso, como si dijéramos --es decir-- no sé cómo dijéramos.
Pero señor, su majestad el Rey me ha rogado hacer de vuestro
conocimiento que ha hecho una gran apuesta sobre vuestra
cabeza señor. El asunto es el siguiente.
HAMLET
[Señalándole el sombrero]
Por favor, señor, recuerde...
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 118
OSRIC
No, no, mi buen señor; así estoy cómodo, os lo juro. Señor, ha
llegado a la corte Laertes. Creedme, es un caballero insigne, de
exquisitos modales y en fin, ostenta toda una diadema de virtudes
cabalísimas.
HAMLET
Señor, por cierto que es en tal medida un pulquérrimo dechado de
tesoros ese corazón tan apolíneo, que se torna indeseable
expresar con vocablos la infinitud de trofeos que él alberga, a
fuerza de no incurrir en hiperbólica metáfora.
OSRIC
Su alteza lo ha definido infaliblemente.
HAMLET
Pero vamos a la concerniencia. ¿Por qué envolvemos a este noble
caballero en nuestro aliento?
OSRIC
¿Señor?
HORACIO
[a Hamlet]
Sería mejor hablarle en idioma extranjero.
HAMLET
¿Qué motiva la alta nominación de ese gentilhombre?
OSRIC
¿Laertes?
HORACIO
Se le acabaron las frases de oro.
HAMLET
Ese mismísimo señor, mi señor.
OSRIC
Sé que no sois ignorante...
HAMLET
Menos mal que no lo pensáis, que si lo pensarais...
OSRIC
No sois ignorante de la excelencia de Laertes en...
HAMLET
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 119
De ninguna de sus excelencias, señor.
OSRIC
Su excelencia en la esgrima.
HAMLET
¿Cuál es su arma?
OSRIC
Espada y daga.
HAMLET
Esas son dos de sus armas. Pero seguid.
OSRIC
Su majestad el Rey ha apostado con Laertes seis caballos
bereberes contra seis espadas francesas muy elegantes, señor,
con sus correajes inmaculadamente diseñados en el mejor estilo
de París...
HAMLET
¿Y por qué ha apostado aquello?
OSRIC
El Rey, alteza, ha apostado, alteza, que en doce asaltos entre vos
y el otro caballero, pues el otro caballero no os dará más de tres
toques. El rey ha apostado nueve a tres; y sería de verlo de
inmediato si vuestra alteza me diera la respuesta.
HAMLET
¿Y qué pasa si digo que no?
OSRIC
Vale decir, señor, si os presentaréis para este duelo, es la
pregunta.
HAMLET
Señor, estaré paseando por esta galería. Es mi hora de descanso.
Si su majestad así lo desea, que traigan las armas. Si el caballero
está dispuesto y su majestad no cambia de opinión, ganaré la
apuesta para él, si es que resulta así. De otra forma, no ganaré
nada más que mi vergüenza y uno que otro rasguño.
OSRIC
¿Transmito entonces este mensaje, su alteza?
HAMLET
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 120
Sí, señor, después de las elegancias que vuestra naturaleza os
dicte.
OSRIC
La reina desearía, señor, que hablarais algunas palabras cariñosas
con Laertes antes de entablar el duelo.
HAMLET
Muy bien me aconseja.
OSRIC
Encomiendo mis respetos a vuestra alteza.
HAMLET
La vuestra, la vuestra, señor mío.
[Mutis Osric]
HAMLET
¡Este tipo saludó muy respetuosamente a su teta antes de mamar
recién nacido!
HORACIO
Vais a perder la apuesta, señor.
HAMLET
No lo creo. Desde que Laertes se fue a Francia he estado
entrenando continuamente. Ganaré la apuesta. Pero no te
imaginas la angustia que siento aquí, en el corazón. En fin, no
importa.
HORACIO
No, señor, no...
HAMLET
Son tonterías; es el tipo de presentimiento que quizás preocuparía
a una mujer.
HORACIO
Si algo no os gusta, si tenéis una intuición, seguidla. Yo iré a
detener el duelo, les diré que no os sentís bien.
HAMLET
De ninguna forma; desafío los augurios: hay una especial
providencia que interviene hasta el caída de un gorrión. Si ha de
ser ahora, no será más tarde; si no ha de ser más tarde, será
ahora; si no ha de ser ahora, siempre habrá de ser. Hallarse listo
lo es todo. Ya que ningún hombre sabe lo que le espera, ya que
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 121
no conocemos lo que hubiéramos sido después de muertos,
porque ya estamos muertos, ¿qué importa entonces marcharse
tarde o pronto? Deja que pase lo que ha de pasar, Horacio.
REY
Ven, Hamlet, ven y recibe esta mano de mi mano.
HAMLET
Dame tu perdón, Laertes. Te he agraviado. Pero perdóname
como buen caballero. Los presentes saben, y tú también lo habrás
oído, cómo me ha castigado el cielo con una horrible locura. Lo
que yo haya hecho en contra de ti y de tu honor, declaro ahora
mismo que ha sido mi locura. ¿Hamlet ha agraviado a Laertes?
No, no ha sido Hamlet. ¿Quién, entonces? Su locura. Sí, Laertes,
es así: el agravio también recae sobre Hamlet, porque su locura es
la peor enemiga del pobre Hamlet. Delante de estos testigos lo
proclamo: he disparado una flecha sobre la casa, y he herido a mi
propio hermano.
LAERTES
En los sentimientos acepto esta satisfacción, a pesar de que el
corazón debiera impulsarme a la venganza. Pero en cuanto a mi
honor, esperaré a que dictaminen los jueces más respetados.
Ellos dirán si puedo aceptar vuestras palabras sin mancillar mi
reputación. Pero hasta entonces, recibo como amistad la amistad
que me ofrecéis, y no la traicionaré.
HAMLET
Admito de buen grado esas palabras, y te aseguro que entablaré
este duelo contigo como con un hermano, con igual franqueza y
lealtad. Dadnos las armas. Vamos.
LAERTES
Vamos, dadme una a mí.
HAMLET
Laertes, yo voy a ser un buen blanco. Con mi torpeza, tu maestría
brillará como una estrella en la más oscura noche.
LAERTES
Os burláis de mí, señor.
HAMLET
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 122
No, por Dios, no.
REY
Dales las armas, Osric. Sobrino Hamlet, ¿conoces la apuesta?
HAMLET
Perfectamente, señor. Vuestra alteza ha apostado al perdedor.
REY
No lo creo. Los he visto a los dos. Pero como la opinión general es
favorable a Laertes, yo apuesto por ti.
LAERTES
[Por su espada]
Esta está muy pesada. Déjenme probar otra.
HAMLET
Esta me gusta. ¿Todas las espadas son del mismo largo?
OSRIC
Sí, señor mío.
REY
Pongan las copas de vino sobre esa mesa. Si Hamlet asesta el
primer golpe o el segundo, o se desquita devolviéndolo en el
tercer asalto, que disparen a un tiempo todos los cañones, porque
el Rey beberá a la salud de Hamlet. Y echaré una perla en mi
copa, una perla más rica que la que han usado cuatro reyes
sucesivos de Dinamarca en sus coronas. Dadme las copas, y que
el timbal le hable a las trompetas, las trompetas a los cañones de
muralla, los cañones a los cielos y los cielos a la tierra, todos
diciendo: "¡Ahora el Rey Claudio bebe a la salud de su hijo
Hamlet!". Vamos, comiencen. Y ustedes, jueces, observen con
cuidado.
HAMLET
Vamos, amigo.
LAERTES
Vamos, señor.
[Duelo]
HAMLET
Uno.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 123
LAERTES
No.
HAMLET
Jueces.
OSRIC
Sí, tocado, palpablemente tocado.
LAERTES
Pues bien, vamos de nuevo.
REY
Un momento. Deténganse. Denme de beber. Hamlet, esta perla
es tuya; aquí brindo a tu salud.
REY
Denle la copa.
HAMLET
Primero este asalto. Déjenla ahí. ¡Vamos!
[Duelo]
HAMLET (cont.)
Tocado otra vez. ¿Qué dices?
LAERTES
Un toque, un toque, sí, lo admito.
REY
Nuestro hijo triunfará.
REINA
Pero está sin aliento. Toma, Hamlet, toma mi pañuelo, sécate la
frente; la reina brinda a tu salud, Hamlet.
HAMLET
¡Dulce señora!
REY
No bebas, Gertrudis.
REINA
Sí lo haré. Te lo ruego, permíteme.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 124
[Bebe]
REY
[Aparte]
Es la copa envenenada. Es demasiado tarde.
REYNA
Ven, déjame secarte la cara.
LAERTES
Señor, ¿lo ataco ahora?
REY
Pienso que no.
LAERTES
[Aparte]
Y sin embargo, casi me arrepiento.
HAMLET
Vamos, el tercer asalto, Laertes. Te haces de rogar. Vamos, con
tu mejor violencia. Temo que te burles de mí.
LAERTES
¿Eso dices? ¡Vamos, entonces!
[Duelo]
OSRIC
¡Nada para ninguno!
LAERTES
¡En guardia, en guardia!
REY
¡Sepárenlos, que se han enfurecido!
HAMLET
No. ¡Ven, ven, en guardia! ¡Ven!
OSRIC
¡La reina, la reina, cuidado!
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 125
HORACIO
Sangran de ambas partes. ¿Cómo vais, señor?
OSRIC
¿Cómo vais, Laertes?
LAERTES
Vaya, como un pájaro que cae en su propia trampa, Osric. Me han
dado muerte con toda justicia. Y con mi propia arma.
HAMLET
¿Cómo está la reina?
REY
¡Se desmaya de verlos sangrar!
REINA
No, no, el vino, el vino --ah, querido Hamlet-- el vino, el vino, me
han envenenado.
HAMLET
¡Oh, asesinato! !Guardias! ¡Cierren las puertas! ¡Traición!
¡Traición! ¡A buscarla! ¡A encontrarla!
LAERTES
¡Aquí está, Hamlet, aquí está! Hamlet, tú ya has muerto. Ninguna
medicina de este mundo te puede curar. No hay en ti media hora
de vida. El instrumento traicionero está en tu mano, sin botón y
envenenado... y la traición se ha vuelto contra mí; mírame, aquí
estoy para nunca más levantarme. Tu madre ha muerto
envenenada: no puedo más; el rey, el rey es el culpable.
HAMLET
¡También la punta envenenada! ¡Entonces, veneno, cumple tu
propósito!
[Hiere al Rey]
TODOS
¡Traición! ¡Traición!
REY
Defiéndanme, defiéndanme, amigos, que sólo estoy herido.
HAMLET
Toma, maldito rey incestuoso y asesino. Tómate esta poción.
Aquí está tu perla, ¿no? Síguela a mi madre.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 126
[Muere el Rey]
LAERTES
Se ha hecho justicia, es un veneno preparado por él mismo. Dame
tu perdón, Hamlet, y toma el mío. Que la muerte y la de mi padre
no recaigan sobre ti. Ni tu muerte tampoco sobre mi alma.
HAMLET
¡Que el cielo te libre de esas culpas! Yo te sigo. Ya muero,
Horacio. ¡Adiós, desventurada Reina! Ustedes que observan
estos sucesos, pálidos y temblorosos, mudos testigos o público
ingenuo para esta representación... si yo tuviera tiempo --pero ya
viene la muerte, tan estricta, viene a arrestarme-- ah, yo podría
contarles... pero no importa. Horacio. Me muero. Tú vivirás;
habla de mí y de mi causa con verdad, a quienes se interesen por
saberla.
HORACIO
Ni lo pienses: aquí queda algo de veneno todavía.
HAMLET
Si eres hombre de honor, dame esa copa: suéltala; por los cielos,
¡dámela! Oh buen Horacio, qué nombre tan maldito viviría tras de
mí si no llegara a saberse la verdad. Si alguna vez fuiste mi
amigo, posterga todavía la felicidad de la muerte y quédate en
este mundo... respira un poco más con el dolor de contar mi
historia.
HAMLET (cont.)
¿Qué ruido de guerra es ese?
OSRIC
El joven Fortimbras, que regresa victorioso de conquistar Polonia,
saluda con esa descarga a los embajadores de Inglaterra.
HAMLET
Ah, Horacio, ya muero. Este potente veneno me nubla la razón.
¡Vaya, no viviré para escuchar las noticias de Inglaterra! Y
supongo que elegirán por rey... al joven Fortimbras. Dale tú mi
voto moribundo. Díselo así, con los sucesos, más o menos, que
han causado todo esto. El resto... es silencio.
HORACIO
Aquí se rompe un noble corazón.
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 127
Buenas noches, dulce príncipe,
y que bandadas de ángeles
te lleven arrullándote a tu descanso.
HORACIO
¿Por qué viene aquí el tambor?
FORTIMBRAS
¿Dónde está este espectáculo?
HORACIO
¿Qué quieres presenciar? Si es algo para llenarte de asombro y de
amargura, no busques más.
FORTIMBRAS
Esos cadáveres hablan de matanza. ¿Por qué la muerte ha cegado
las vidas de tantos nobles a un mismo tiempo?
EMBAJADOR DE INGLATERRA
Horrible cuadro. Nuestras noticias de Inglaterra llegan demasiado
tarde. Ya no existe quien debía recibirlas. Rosencrantz y
Guildenstern han muerto. ¿Quién nos lo habrá de agradecer?
HORACIO
Esa boca no, aunque tuviera vida para hacerlo,
que el Rey nunca dio orden para matarlos.
Pero yo le hablaré al mundo, todavía ignorante,
de cómo sucedió todo lo visto;
escucharéis historias de actos carnales,
sangrientos y monstruosos,
de deducciones falsas, muertes casuales,
de asesinatos inducidos por la astucia y la violencia y,
al fin, de maquinaciones fallidas
que recayeron en sus propios inventores.
Todo esto yo podré muy fielmente relataros.
FORTIMBRAS
Quiero escucharlo pronto. En cuanto a mi persona, con dolor
abrazo mi suerte. Tengo derechos muy antiguos sobre esta
nación de Dinamarca que ahora reclamaré, haciendo uso de esta
ocasión. No puedo negarme a ella.
HORACIO
Shakespeare / Alegría HAMLET ACTO V, escena 2 página 128
De eso también yo puedo hablar para daros el voto de Hamlet, y
ese voto arrastrará tras de sí a muchos más. Pero hagámoslo
pronto, para calmar las mentes de los hombres, que están
enardecidas, no sea que, por error o por intrigas, sobrevengan
nuevas y más fuertes maquinaciones.
FORTIMBRAS
Que cinco capitanes lleven a Hamlet, como un soldado, al túmulo
mortuorio. Porque hubiera sido un buen rey de haber reinado. Y
que se le hagan los ritos de un guerrero. Llévense los cadáveres.
Este espectáculo es más propio de un campo de batalla que de un
palacio. Vayan, y que los cañones disparen.
FIN DE LA TRAGEDIA