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Mi Testimonio 2013

María Luz, a los 19 años, enfrentaba una profunda depresión y desinterés por la vida, pero al asistir a una iglesia para probar que Dios no servía, comenzó a experimentar un cambio significativo. A través de la comunidad y la enseñanza del pastor, encontró consuelo, perdón y una nueva relación con su padre, lo que transformó su vida. Tres años después, sigue asistiendo a la iglesia, ha encontrado gozo en su fe y planea formar una familia con su esposo.

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Mi Testimonio 2013

María Luz, a los 19 años, enfrentaba una profunda depresión y desinterés por la vida, pero al asistir a una iglesia para probar que Dios no servía, comenzó a experimentar un cambio significativo. A través de la comunidad y la enseñanza del pastor, encontró consuelo, perdón y una nueva relación con su padre, lo que transformó su vida. Tres años después, sigue asistiendo a la iglesia, ha encontrado gozo en su fe y planea formar una familia con su esposo.

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Mi nombre es María Luz, y llegue a los 19 años de mi vida sin ganas de hacer nada, sentía una

angustia muy grande en mi vida. Estaba muy deprimida; no quería trabajar, ni estudiar, ni hablar de
casarme o tener alguna responsabilidad, ni tener hijos, odiaba a mi papá con todo mi corazón y
decía que esta depresión y angustia eran en parte por culpa de él, lo único que me distraía eran la tv,
mis sobrinos, y juntarme con mis amigas.
En el 2010 mis hermanas con sus parejas, comenzaron a ir a una iglesia, donde, por lo que sabia y
me había contado mi papá, eran personas que todo el tiempo levantaban las manos y como en las
películas cantaban canciones “divertidas”, pero pensaba que: como en todas las religiones hablan
mucho de Dios, pero son igual que todos y hacen lo mismo que todo el mundo; debe ser igual que
un club social, pero sin tener que pagar la entrada.
Muchas veces escuchaba algunas conversaciones de mis hermanas y siempre hablaban de la iglesia
y era para mí, un fastidio, aunque veía que ellas habían cambiado muchas cosas, seguía pensando
que ir ahí era una pavada.
A mitad de ese año, me sentí como que iba a explotar de tristeza, angustia, depresión y soledad;
todo junto, entonces tome la decisión de acudir a “un especialista”: un psicólogo. Cuando mi
cuñado se entero, me dijo: los psicólogos no sirven, solamente Dios te puede ayudar.
Así que comencé a congregarme en la iglesia para probarle a mi cuñado que Dios no servía para
nada, que a veces podía concederte alguna petición pero nada más.
Las primeras veces que fui, estaba incomoda por que todos se acercaban a saludarme como si me
conociesen y con una sonrisa me preguntaban como estaba, a veces sentía como si realmente les
interesara, pero prefería decir lo típico “bien”, no quería que se metieran en mis problemas o en mi
vida.
Después de varias veces de ir y muchos enojos frente al pastor por lo que decía, realmente empecé a
oír y a entender lo que decía el pastor, y empecé a ver quién era Dios y todas las cosas que él había
hecho por mí, comencé a entender la palabra de Dios y todas las promesas que él ha hecho para
aquellos que creen en él. A partir de ahí, empecé a ir a una célula, ahí conocí a los jóvenes de la
iglesia, que llevaban una vida muy diferente a la mía, podía ver en muchos de ellos ejemplos de
cómo es la vida para un joven en Cristo.
Después de esto, en la iglesia empecé a sentirme como en una familia, realmente estaban todos
dispuestos a estar conmigo, a atenderme, a aconsejarme, pero no con los consejos del mundo o con
orgullo, sino que era en amor. Estar con alguna persona de la iglesia; tanto jóvenes como los más
grandes, hasta matrimonios, era conocer cada día mas a Dios, y podía ver en sus vidas lo que él
hacía. No era solo el pastor que me atendía y hablaba conmigo, sino que eran muchas personas,
muchos de ellos me ayudaban, y hablaban conmigo como si fuera una hermana, parte de su familia.
Desde entonces, ya pasaron 3 años y aun voy a la Iglesia, y hay gozo en mi alma por estar en esta
congregación, y por poder estar delante de Dios, todos los días de mi vida. El Señor me ha
consolado, me ha cambiado muchísimo, me ha enseñado a perdonar sin que me pidan perdón y me
ha llevado a tener una relación con mi papá, como Dios quiere que sea, aunque mi papá sigue igual
que siempre, Dios ha hecho posible que nuestra relación se restableciera. Y por la misericordia de
Dios me case y con mi esposo, queremos tener 5 hijos. Este es hasta hora parte del testimonio de mi
vida desde que me convertí al Señor.

JUAN 3: 16-17
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo
aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo
sea salvo por él.

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