“Salmo 5”
Salmo 5:1 Escucha, oh Jehová, mis palabras;
Considera mi gemir.
2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío,
Porque a ti oraré.
3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz;
De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.
4 Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad;
El malo no habitará junto a ti.
5 Los insensatos no estarán delante de tus ojos;
Aborreces a todos los que hacen iniquidad.
6 Destruirás a los que hablan mentira;
Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová.
7 Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa;
Adoraré hacia tu santo templo en tu temor.
8 Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos;
Endereza delante de mí tu camino.
9 Porque en la boca de ellos no hay sinceridad;
Sus entrañas son maldad,
Sepulcro abierto es su garganta,
Con su lengua hablan lisonjas.
10 Castígalos, oh Dios;
Caigan por sus mismos consejos;
Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera,
Porque se rebelaron contra ti.
11 Pero alégrense todos los que en ti confían;
Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes;
En ti se regocijen los que aman tu nombre.
12 Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo;
Como con un escudo lo rodearás de tu favor.
Los Salmos a menudo son llamados «Los Salmos de David», pero sólo aproximadamente la mitad
de ellos (setenta y tres) son directamente atribuidos al «dulce cantor de Israel». Doce proceden de
Asaf, diez son atribuidos a los hijos de Coré, dos a Salomón, y uno a cada uno de los siguientes:
Moisés, Etán, Hemán y Esdras. Cuarenta y nueve, o casi la tercera parte de los Salmos, son
anónimos.
Aplicación:
Podemos hallar consuelo, enseñanza, reprensión y exhortación en los Salmos, siempre que vemos
nuestras propias experiencias reflejadas en las del salmista.
Salmo 5:1 Escucha, oh Jehová, mis palabras;
Considera mi gemir.
Lo primero que hace el salmista es buscar la presencia, dirección y protección de Dios. Uno de los
dones más extraordinarios que Dios ha dado a los seres humanos es la habilidad de usar palabras,
de comunicarse, y sobre todo comunicarse personalmente con él.
Que mayor privilegio tenemos los que somos hijos de Dios, de acercarnos delnate de la presencia
del Rey y hablar con el, debemos estar seguros que cuando abrimos nuestra boca, el esta
escuchando cada una de ellas.
2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío,
Porque a ti oraré.
Al principio pide que Dios no solamente escuche sus palabras sino que también considere su
meditación. Es una petición válida. El Espíritu Santo puede interpretar nuestras meditaciones tan
fácilmente como las palabras que hablamos. El salmista pide que Dios no sólo escuche sus
meditaciones, sino que considere también su gemir y esté atento a su clamor. En pocas palabras el
conoce todo de nosotros.
Rey mío y Dios mío (v. 2). Si el rey David lo escribió, muestra claramente su humildad en
reconocer su dependencia de Dios.
3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz;
De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.
De mañana (v. 3) destaca la importancia de empezar el día en comunión con Dios. Las oraciones
de David no eran esporádicas sino con regularidad. Cada mañana el Señor escuchaba su voz.
Cada mañana el varón de Dios preparaba un sacrificio de alabanza y oración, y esperaba que el
Señor se revelara a él durante el día.
“Me presentaré” traduce un vocablo que significa “preparar”; se usa para preparar lo que uno va
a decir y también para poner en orden la madera del sacrificio. Algunos piensan que el salmista
está preparándose para el sacrificio de la mañana. También el orar en la mañana puede ser un
paralelo a ofrecer sacrificio.
Con demasiada frecuencia nosotros no vigilamos esperando las respuestas de Dios. «Perdimos
muchas respuestas», dice F. B. Meyer, «porque nos cansamos de esperar en el muelle hasta que
vuelvan los barcos».
4 Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad;
El malo no habitará junto a ti.
5 Los insensatos no estarán delante de tus ojos;
Aborreces a todos los que hacen iniquidad.
6 Destruirás a los que hablan mentira;
Al hombre sanguinario y engañador abominará Jehová.
La estrofa hace hincapié en la santidad de Dios y su reacción contra la arrogancia, la iniquidad y
el engaño. La maldad afecta a Dios, le deshonra; el salmista quiere defender el honor de Dios.
Puesto que Dios es justo y santo, los que hablan mentira y no obedecen a Dios no tienen acceso a
él. El salmista, siendo amigo de Dios, se conmueve contra la maldad. Mucho del lenguaje de los
salmos tiene el propósito de despertar la reacción del lector contra la maldad. A menudo los
mismos creyentes no reaccionan frente a la maldad e injusticia de la sociedad
Los creyentes tenemos acceso íntimo al trono de la gracia. No así los impíos. Dios no puede
tolerar con gozo ninguna forma de maldad. El mal no puede ser su huésped ni por una noche. Los
jactanciosos no son favorecidos con audiencia delante del Rey. Él aborrece a todos los hacedores
de maldad. ¡Esta verdad pincha y deshincha el mito popular que Dios es amor y por lo tanto es
incapaz de odiar! La santidad de Dios demanda que Él castigue a todos los mentirosos y
aborrezca a todo homicida y engañador.
7 Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa;
Adoraré hacia tu santo templo en tu temor.
En contraste al estado de sus enemigos, David goza de acceso instantáneo a la presencia del
Señor, pero no pretende tener acceso so porque es “bueno”, sino porque reconoce la abundancia
de su gracia. por la multitud de Sus misericordias y Su gracia.
David adora en un espíritu de profunda reverencia, como todos los judíos piadosos, hacia el santo
templo. Puesto que el templo no fue construido hasta después de la muerte de David, aquí la
palabra debe referirse al tabernáculo.
8 Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos;
Endereza delante de mí tu camino.
Perseguido por sus enemigos, David ruega al Señor manifieste Su justicia, guiándole seguramente
en medio de los peligros y enderezando delante de él su camino. El que desea servir a Dios
necesita la guía divina porque muchos tratan de engañarle y desviarle del camino verdadero. En el
conflicto con el mal, siempre se necesita la guía específica del Señor; su camino siempre es el
mejor.
9 Porque en la boca de ellos no hay sinceridad;
Sus entrañas son maldad,
Sepulcro abierto es su garganta,
Con su lengua hablan lisonjas.
A continuación el salmista presenta motivos convincentes por los que Dios debe vindicar a Su
siervo justo, y castigar a los enemigos malvados. No puedes creer ni una palabra de lo que ellos
dicen. Sus entrañas son maldad, es decir, su vida interior está podrida, sus pensamientos y motivos
son totalmente corruptos y están predispuestos a destruir. Su garganta es como un sepulcro
abierto, hediendo con corrupción y ellos están dispuestos a devorar a sus víctimas. Son lisonjeros
incurables.
10 Castígalos, oh Dios;
Caigan por sus mismos consejos;
Por la multitud de sus transgresiones échalos fuera,
Porque se rebelaron contra ti.
Su condena es justa. Ellos deben ser obligados a llevar su culpa. Sus malvados planes deben ser
devueltos sobre ellos cual bumerán. Sus muchas transgresiones demandan su expulsión. El peor de
sus pecados es que se rebelaron contra el Señor.
11 Pero alégrense todos los que en ti confían;
Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes;
En ti se regocijen los que aman tu nombre.
12 Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo;
Como con un escudo lo rodearás de tu favor.
A diferencia del injusto, el que ha sido justificado en Dios y confía en el, muestra alegría, da voces
de jubilo porque sabe que el Poderoso gigante esta a su favor y los defiende.
El salmista no olvida el peligro, pero la confianza en Dios prevalece. Los proteges (v. 11) traduce
un vocablo que da la imagen de un ave que cubre sus pollitos (cf. Sal. 91:4). En el v. 12, se amplía
a un símil de un escudo grande que cubre todo el cuerpo (cf. 1 Sam. 17:7, el escudo de Goliat).
Una de las maneras en que Jehovah bendecirá al justo es rodeándolo como un escudo. Este
lenguaje, en términos del NT, se aplica al conflicto del cristiano con los poderes malignos (Ef. 6).
En el conflicto con el mal se necesita la guía constante de Dios, pues el enemigo usa muchas
maneras de engañar. lgual que el salmista, el creyente puede confiar en la protección de Dios
contra los ataques del enemigo.
2 Cronicas 20:1 Pasadas estas cosas, aconteció que los hijos de Moab y de Amón, y con ellos
otros de los amonitas, vinieron contra Josafat a la guerra.
2 Y acudieron algunos y dieron aviso a Josafat, diciendo: Contra ti viene una gran multitud del
otro lado del mar, y de Siria; y he aquí están en Hazezon-tamar, que es En-gadi.
3 Entonces él tuvo temor; y Josafat humilló su rostro para consultar a Jehová, e hizo pregonar
ayuno a todo Judá.
4 Y se reunieron los de Judá para pedir socorro a Jehová; y también de todas las ciudades de Judá
vinieron a pedir ayuda a Jehová.
5 Entonces Josafat se puso en pie en la asamblea de Judá y de Jerusalén, en la casa de Jehová,
delante del atrio nuevo;
6 y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y tienes dominio sobre
todos los reinos de las naciones? ¿No está en tu mano tal fuerza y poder, que no hay quien te
resista?
7 Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste a
la descendencia de Abraham tu amigo para siempre?
8 Y ellos han habitado en ella, y te han edificado en ella santuario a tu nombre, diciendo:
9 Si mal viniere sobre nosotros, o espada de castigo, o pestilencia, o hambre, nos presentaremos
delante de esta casa, y delante de ti (porque tu nombre está en esta casa), y a causa de nuestras
tribulaciones clamaremos a ti, y tú nos oirás y salvarás.
10 Ahora, pues, he aquí los hijos de Amón y de Moab, y los del monte de Seir, a cuya tierra no
quisiste que pasase Israel cuando venía de la tierra de Egipto, sino que se apartase de ellos, y no
los destruyese;
11 he aquí ellos nos dan el pago viniendo a arrojarnos de la heredad que tú nos diste en posesión.
12 !!Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande
multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos.
13 Y todo Judá estaba en pie delante de Jehová, con sus niños y sus mujeres y sus hijos.
14 Y estaba allí Jahaziel hijo de Zacarías, hijo de Benaía, hijo de Jeiel, hijo de Matanías, levita de
los hijos de Asaf, sobre el cual vino el Espíritu de Jehová en medio de la reunión;
15 y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así:
No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra,
sino de Dios.
16 Mañana descenderéis contra ellos; he aquí que ellos subirán por la cuesta de Sis, y los
hallaréis junto al arroyo, antes del desierto de Jeruel.
17 No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de
Jehová con vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni desmayéis; salid mañana contra ellos,
porque Jehová estará con vosotros.
18 Entonces Josafat se inclinó rostro a tierra, y asimismo todo Judá y los moradores de Jerusalén
se postraron delante de Jehová, y adoraron a Jehová.
19 Y se levantaron los levitas de los hijos de Coat y de los hijos de Coré, para alabar a Jehová el
Dios de Israel con fuerte y alta voz.
20 Y cuando se levantaron por la mañana, salieron al desierto de Tecoa. Y mientras ellos salían,
Josafat, estando en pie, dijo: Oídme, Judá y moradores de Jerusalén. Creed en Jehová vuestro
Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.
21 Y habido consejo con el pueblo, puso a algunos que cantasen y alabasen a Jehová, vestidos de
ornamentos sagrados, mientras salía la gente armada, y que dijesen: Glorificad a Jehová, porque
su misericordia es para siempre.
22 Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amón, de
Moab y del monte de Seir, las emboscadas de ellos mismos que venían contra Judá, y se mataron
los unos a los otros.
23 Porque los hijos de Amón y Moab se levantaron contra los del monte de Seir para matarlos y
destruirlos; y cuando hubieron acabado con los del monte de Seir, cada cual ayudó a la
destrucción de su compañero.
24 Y luego que vino Judá a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos
en tierra muertos, pues ninguno había escapado.
25 Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas
riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían
llevar; tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho.
26 Y al cuarto día se juntaron en el valle de Beraca; porque allí bendijeron a Jehová, y por esto
llamaron el nombre de aquel paraje el valle de Beraca,[a] hasta hoy.
27 Y todo Judá y los de Jerusalén, y Josafat a la cabeza de ellos, volvieron para regresar a
Jerusalén gozosos, porque Jehová les había dado gozo librándolos de sus enemigos.
28 Y vinieron a Jerusalén con salterios, arpas y trompetas, a la casa de Jehová.
29 Y el pavor de Dios cayó sobre todos los reinos de aquella tierra, cuando oyeron que Jehová
había peleado contra los enemigos de Israel.
30 Y el reino de Josafat tuvo paz, porque su Dios le dio paz por todas partes.