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Estrellas Tipo G

El Sol es una estrella de tipo G de la secuencia principal que representa aproximadamente el 99,86% de la masa del sistema solar. Se formó hace aproximadamente 4,600 millones de años a partir del colapso gravitacional de una nube molecular y fusiona hidrógeno en helio. El Sol proporciona la energía que sustenta la vida en la Tierra a través de la fotosíntesis y determina el clima.

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Estrellas Tipo G

El Sol es una estrella de tipo G de la secuencia principal que representa aproximadamente el 99,86% de la masa del sistema solar. Se formó hace aproximadamente 4,600 millones de años a partir del colapso gravitacional de una nube molecular y fusiona hidrógeno en helio. El Sol proporciona la energía que sustenta la vida en la Tierra a través de la fotosíntesis y determina el clima.

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Estrella de tipo-G de la secuencia principal

Una estrella de tipo-G de la secuencia principal (Tipo Espectral: G-V), a menudo también
denominada enana amarilla o estrella enana G, es una estrella de la secuencia principal (clase de
luminosidad V) de tipo espectral G. Una estrella de este tipo tiene alrededor de 0,8 a 1,2 masas
solares y una temperatura superficial comprendida entre 5,300 y 6,000 K.1 Al igual que otras
estrellas de la secuencia principal, una estrella de tipo-G de la secuencia principal está en el
proceso de convertir el elemento hidrógeno en helio en su núcleo por medio de la fusión nuclear.2
El Sol, estrella a la que la Tierra está unida gravitacionalmente en el sistema solar y el objeto con
mayor magnitud aparente, es un ejemplo de estrella de tipo-G de la secuencia principal. Cada
segundo, el Sol fusiona aproximadamente 600 millones de toneladas de hidrógeno en helio,
convirtiendo cerca de 4 millones de toneladas de materia en energía.3 Además del Sol, otros
ejemplos bien conocidos de estrellas de tipo-G de la secuencia principal incluyen Alfa Centauri A,
Tau Ceti y 51 Pegasi.

El término enana amarilla es una denominación errónea, ya que en realidad las estrellas de tipo-G
varían en color, del blanco (para los tipos más luminosos como el Sol), a solo muy ligeramente
amarillas (para las menos masivas y luminosas de tipo-G de la secuencia principal).4 El Sol es en
realidad blanco, pero aparece amarillo a través de la atmósfera terrestre debido a la dispersión
atmosférica de Rayleigh. Además, aunque el término "enano" es utilizado para contrastar estrellas
amarillas de la secuencia principal de estrellas gigantes, las enanas amarillas como el Sol superan
en brillantez al 90 % de las estrellas de la Vía Láctea (que son en gran medida mucho más tenues
que las enanas naranjas, las enanas rojas, y las enanas blancas, siendo las últimas remanentes
estelares).

Una estrella de tipo-G de la secuencia principal fusionará el hidrógeno durante aproximadamente


10 mil millones de años, hasta que se agote en el centro de la estrella. Cuando esto sucede, la
estrella se expande en mayor proporción a su anterior estado y se convierte en una gigante roja,
tales como Aldebarán (o Alpha Tauri). Finalmente, la gigante roja pierde sus capas exteriores de
gas, dando lugar a una nebulosa planetaria, mientras tanto el núcleo se va enfriando y
contrayendo en una enana blanca densa y compacta.5

El Sol (del latín sol, solis, «dios Sol invictus» o «sol», Helios en la mitología griega, a su vez de la raíz
protoindoeuropea sauel-, «brillar»)4 es una estrella de tipo-G de la secuencia principal y clase de
luminosidad V que se encuentra en el centro del sistema solar y constituye la mayor fuente de
radiación electromagnética de este sistema planetario.5 Es una esfera casi perfecta de plasma, con
un movimiento convectivo interno que genera un campo magnético a través de un proceso de
dinamo. Cerca de tres cuartas partes de la masa del Sol constan de hidrógeno; el resto es
principalmente helio, con cantidades mucho más pequeñas de elementos, incluyendo el oxígeno,
carbono, neón y hierro.
Se formó hace aproximadamente 4600 millones de años a partir del colapso gravitacional de la
materia dentro de una región de una gran nube molecular. La mayor parte de esta materia se
acumuló en el centro, mientras que el resto se aplanó en un disco en órbita que se convirtió en el
sistema solar. La masa central se volvió cada vez más densa y caliente, dando lugar con el tiempo
al inicio de la fusión nuclear en su núcleo. Se cree que casi todas las estrellas se forman por este
proceso. El Sol es más o menos de edad intermedia y no ha cambiado drásticamente desde hace
más de cuatro mil millones de años, y seguirá siendo bastante estable durante otros cinco mil
millones de años más. Sin embargo, después de que la fusión del hidrógeno en su núcleo se haya
detenido, el Sol sufrirá cambios importantes y se convertirá en una gigante roja. Se estima que el
Sol se volverá lo suficientemente grande como para engullir las órbitas actuales de Mercurio,
Venus y posiblemente la Tierra.

La Tierra y otros cuerpos (incluidos otros planetas, asteroides, meteoroides, cometas y polvo)
orbitan alrededor del Sol.5 Por sí solo, representa alrededor del 99,86% de la masa del sistema
solar.6 La distancia media del Sol a la Tierra fue definida exactamente por la Unión Astronómica
Internacional en 149 597 870 700 metros7 (aproximadamente 150 millones de kilómetros). Su luz
recorre esta distancia en 8 minutos y 20 segundos.

La energía del Sol, en forma de luz solar, sustenta a casi todas las formas de vida en la Tierra a
través de la fotosíntesis, y determina el clima de la Tierra y la meteorología.

Es la estrella del sistema planetario en el que se encuentra la Tierra; por lo tanto, es el astro con
mayor brillo aparente. Su visibilidad en el cielo local determina, respectivamente, el día y la noche
en diferentes regiones de diferentes planetas. En la Tierra, la energía radiada por el Sol es
aprovechada por los seres fotosintéticos que constituyen la base de la cadena trófica, siendo así la
principal fuente de energía de la vida. También aporta la energía que mantiene en funcionamiento
los procesos climáticos.

El Sol es una estrella que se encuentra en la fase denominada secuencia principal, con un tipo
espectral G2 y clase de luminosidad V, por tanto, también es denominada como enana amarilla, se
formó entre 4567,9 y 4570,1 millones de años y permanecerá en la secuencia principal
aproximadamente 5000 millones de años más. El Sol, junto con todos los cuerpos celestes que
orbitan a su alrededor, incluida la Tierra, forman el sistema solar.

A pesar de ser una estrella enana, es la única cuya forma se puede apreciar a simple vista, con un
diámetro angular de 32′35″ de arco en el perihelio y 31′31″ en el afelio, lo que da un diámetro
medio de 32′03″. La combinación de tamaños y distancias del Sol y la Luna son tales que se ven,
aproximadamente, con el mismo tamaño aparente en el cielo. Esto permite una amplia gama de
eclipses solares distintos (totales, anulares o parciales).
El vasto efecto del Sol sobre la Tierra ha sido reconocido desde tiempos prehistóricos y ha sido
considerado por algunas culturas como una deidad. El movimiento de la Tierra alrededor del Sol es
la base del calendario solar, el cual es el calendario predominante en uso hoy en día.

La disciplina científica que se encarga del estudio del Sol en su totalidad es la física solar.

El Sol es una estrella de tipo-G de la secuencia principal que abarca aproximadamente el 99,86%
de la masa del sistema solar. El Sol tiene una magnitud absoluta de +4,83, estimada como más
brillante que el 85% de las estrellas de la Vía Láctea, la mayoría de las cuales son enanas rojas. El
Sol pertenece a la Población I, o a las estrellas ricas en elementos pesados. La formación del Sol
pudo haber sido provocado por ondas de choque de una o más supernovas próximas. Esto fue
planteado debido a la gran abundancia de elementos pesados en el sistema solar, como el oro y el
uranio, en relación con las abundancias de estos elementos en la llamada Población II de estrellas,
siendo éstas pobres en elementos pesados. Estos elementos podrían haberse producido por
reacciones nucleares endotérmicas durante una supernova, o por transmutación a través de la
absorción neutrónica dentro de una estrella masiva de segunda generación.

El Sol es, con diferencia, el objeto más brillante en el cielo, con magnitud aparente de -26,74. Es
unos 13 000 millones de veces más brillante que la segunda estrella más luminosa, Sirio, que tiene
una magnitud aparente de -1.46. La distancia media del centro del Sol al centro de la Tierra es de
aproximadamente 1 unidad astronómica (alrededor de 150 millones de kilómetros), aunque la
distancia varía a medida que la Tierra se mueve desde el perihelio en enero hasta el afelio en julio.
En esta distancia media, la luz viaja desde el horizonte del Sol hasta el horizonte de la Tierra en
unos 8 minutos y 19 segundos, mientras que la luz desde los puntos más cercanos del Sol y de la
Tierra tarda aproximadamente dos segundos menos.

El Sol no tiene un límite definido y en sus partes externas su densidad disminuye


exponencialmente al aumentar la distancia desde su centro. No obstante, a efectos de medición,
se considera el radio solar como la distancia que engloba desde su centro hasta el borde de la
fotosfera, la superficie visible aparente del Sol. Con base en esta medida, el Sol es una esfera casi
perfecta con un achatamiento estimado de 9 millonésimas, lo que significa que su diámetro polar
difiere de su diámetro ecuatorial por tan solo 10 kilómetros. El efecto mareal de los planetas es
débil y no afecta significativamente a la forma del Sol. El Sol rota más deprisa por su ecuador que
por sus polos. Esta rotación diferencial es causada por el movimiento de convección debido al
transporte de calor y al efecto coriolis producido por la rotación del Sol. En un marco de referencia
definido por las estrellas, el periodo de rotación es de aproximadamente 25,6 días en el ecuador y
de 33,5 días en los polos. Visto desde la Tierra en su órbita alrededor del Sol, el período de
rotación aparente del Sol en su ecuador es de unos 28 días.

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