El método Dewey.
Democracia y educación
"El diálogo no agota la experiencia cuando esta se hace común, ni aquel cesa
entonces, sino que la comunicación es dialéctica y reconstruye la experiencia, es
decir, la inquieta, la motiva a renovarse. Por ello, el maestro debe obrar de tal
manera que aumente el significado de la experiencia presente".
Dewey afirmaba que el alumno es un sujeto activo, y que es tarea del docente
generar entornos estimulantes para desarrollar y orientar esta capacidad de actuar.
De este modo, es el maestro quien debe conectar los contenidos del currículum con
los intereses de los alumnos. También entendía que el conocimiento no puede ser
impuesto desde afuera o transmitido en forma repetitiva, dado que en esa
imposición ciega el alumno pierde la posibilidad de comprender los procesos que
permitieron la construcción de ese conocimiento.
Dewey definía la EDUCACIÓN como un instrumento de transformación social y
un método fundamental del progreso donde el maestro al enseñar no solo educa
individuos, sino que contribuye a formar una vida social justa. Así pues, las críticas
de John Dewey a la escuela tradicional dieron lugar a la propuesta de una nueva
forma de hacer, de un nuevo método que se fundamentó en la experiencia y en la
acción y cuya finalidad estuvo encaminada a la formación de ciudadanos aptos para
la vida en democracia.
La "escuela Dewey" o "escuela del laboratorio"
Dewey llevará adelante un proyecto de escuela experimental en el contexto de la
Universidad de Chicago. Su escuela, conformada por maestros especialmente
formados de acuerdo con los principios de su pedagogía, puso en práctica sus ideas
respecto de la necesaria interacción entre teoría y práctica en los procesos de
enseñanza y aprendizaje. El desafío de esta escuela era, según Dewey, "descubrir
en la administración y la selección de materias los métodos de aprender, enseñar, y
disciplinar. Cómo una escuela podría volverse una comunidad cooperativa mientras
desarrolla en los individuos sus propias capacidades y satisface sus propias
necesidades".
En esta escuela los niños desarrollaban, divididos en clases por edades, tareas
vinculadas al mundo de la producción y la práctica, que llamaba "ocupaciones". La
búsqueda se orientaba a que los alumnos tuvieran la posibilidad de experimentar
con situaciones concretas de trabajo y producción, debiendo recurrir a los
conocimientos curriculares toda vez que fueran necesarios para resolver problemas.
Dewey nunca pierde de vista que los contenidos escolares no son sino el resultado
de un largo proceso durante el cual la humanidad ha tenido que resolver diferentes
problemas.
Además, en este proyecto pudo Dewey llevar adelante su propuesta de articular
escuela y democracia, tema fundamental de sus desarrollos en pedagogía. Su
propuesta consistía -de manera sintética- en convertir las escuelas en sociedades
en miniatura, que pudieran sostener aspectos positivos de la vida adulta dejando
fuera elementos rutinarios e imitativos. La escuela se convierte, de ese modo,
en el principal motor de progreso social e individual. Decía Dewey que en
la escuela, el ideal debía ser la reconciliación de los intereses individuales
y colectivos.
Durante la mayor parte de su vida, Dewey fue profundamente optimista respecto
del rol transformador de la educación sistemática.
El método Dewey
Desde un punto de vista epistemológico Dewey considera que los conceptos en los
que se formulan las creencias son construcciones humanas meramente
provisionales, pues tienen una función instrumental y están relacionados con la
acción y la adaptación al medio.
Dewey critica el enfoque clásico sobre el conocimiento y lo contrapone a su
perspectiva experimental y científica.
El principal elemento que se relaciona con la teoría del conocimiento de Dewey, y
probablemente el más importante de toda su filosofía, es el concepto
de experiencia.
Dewey propone una visión dinámica del concepto de experiencia: para él la
experiencia es un intercambio entre el ser vivo con su medio ambiente físico y
social y no una mera cuestión de conocimiento. La experiencia para Dewey está
basada en conexiones y continuidades e implica procesos de reflexión e inferencia;
experiencia y pensamiento son dos términos que van ligados.
Dewey criticó la sociedad industrial, pero se mantuvo enormemente distante
respecto del marxismo. Critica la sociedad industrial porque reduce a las personas a
un estado de aquiescencia pasiva con respecto a las rutinas externas y esta es la
actitud contraria a la que debería promover la democracia, que es la postura que él
defiende. Dice este autor que la democracia no es sólo un asunto institucional
sino una forma de vida asociada que se construye con la colaboración
activa de todos. Esto implica un ideal moral que entronca la construcción
democrática con la dimensión ética. Las personas deben poder determinar
inteligentemente sus objetivos participando, a la vez, libremente y en pie
de igualdad en la realización de un asunto común.
Por tanto, hablar de supuestos filosóficos de Dewey y hablar de su propuesta
pedagógica llega a ser casi la misma cosa.
Conceptos pedagógicos
Dewey estuvo profundamente interesado en la reforma de la teoría y de la práctica
educativa. Contrastó sus principios educativos en la escuela laboratorio de carácter
experimental, denominada Escuela Dewey, instituida en la Universidad de Chicago
en 1896.
Los principios educativos proponían el aprendizaje a través de actividades de
diferente índole más que por medio de los contenidos curriculares
establecidos y se oponían a los métodos autoritarios. Dewey pensaba que lo
ofrecido por el sistema educativo de su época no proporcionaba a los ciudadanos
una preparación adecuada para la vida en una sociedad democrática. Consideraba
además, que la educación no debía ser meramente una preparación para la vida
futura, sino que debía proporcionar y tener pleno sentido en su mismo desarrollo y
realización. Su trabajo y sus escritos influyeron significativamente en los profundos
cambios experimentados en la pedagogía de Estados Unidos en los inicios del siglo
XX, manifestados en el cambio del énfasis de lo institucional y burocratizado a la
realidad personal del alumno. Criticó la educación que enfatizaba tanto la
diversión relajada de los estudiantes, como el mantenerles entretenidos
sin más, así como la orientación exclusiva hacia el mundo profesional.
Dewey concibe la escuela como un espacio de producción y reflexión de
experiencias relevantes de la vida social que permite el desarrollo de una
ciudadanía plena.
Para Dewey filosofía y educación no pueden desligarse la una de la otra. La
filosofía para Dewey era concebida como un medio de ajuste social, un método para
descubrir, y a la vez un instrumento para interpretar, los conflictos sociales y la
educación es el laboratorio de comprobación de las hipótesis que la filosofía va
trazando. La educación es vida y la indisolubilidad de la vida y la educación
constituye el propósito de la filosofía, cuyo objetivo es enjuiciar los hechos
constatados, proporcionando interpretación y crítica.
El recién nacido es una animal que tendrá que aprender atribuyendo
sentido a sus experiencias. La experiencia es lo que hace posible una educación
que ayude a los seres humanos a crear significados colectivos, y toda
experiencia implica pensamiento; no es sólo verificación sensorial, sino percepción
consciente de las relaciones de reciprocidad entre individuo y entorno. En la
continuidad entre naturaleza y experiencia humana radica la fe
democrática de Dewey y sus recomendaciones educativas.
La inteligencia humana constituye el recurso del que nuestra especie está dotada
para asegurar su supervivencia, de ahí que sea siempre social, y no un atributo
individual. Como su función específica es dirigir nuestros modos de
comportamiento, nunca alcanza una forma definitiva y su desarrollo
permanente se cumple en interacciones sociales que se realizan a través de la
comunicación.
De estos supuestos se derivarán importantes consecuencias socioeducativas: la
educación es un proceso inacabado y las actividades son los elementos
centrales de aprendizaje escolar.
A su vez, puesto que el aprendizaje es una función social, aparece siempre ligada a
los objetivos de la propia sociedad. En consecuencia, la educación en sí misma
es una forma de acción política cuya mayor o menor legitimación dependerá del
partido que tome por un determinado orden social.
Aquí es donde entra en juego la democracia, que Dewey siempre considerará una
forma de vida, y no un régimen de gobierno. La democracia es el nombre de
ese proceso permanente de liberación de la inteligencia. La construcción
de la democracia sólo puede lograrse desde la educación, por tanto, es
necesario que los sistemas educativos sean democráticos. Para que la
educación pueda formar demócratas y ser crítica ante la sociedad, la praxis
educadora habrá de fundarse en la razón y los métodos científicos.
En este punto es donde política y educación funden su identidad, consistente en
dotar de dirección racional a los asuntos sociales. Esta teoría del conocimiento
justifica para Dewey tanto la política democrática como la educación de la cual
depende esa política.
Aunque la vida y la educación no pueden darse una sin la otra, la educación
abonada a la casualidad sólo consigue consolidar las relaciones de clase
existentes y reproducir los intereses sociales dominantes. Por ello esa
educación “funcional” debe ser complementada por otra educación “intencional” en
que la competencia educativa se delega en las escuelas. Estas instituciones serán
las únicas capaces de asegurar los intereses democráticos, es decir, programar
procesos experienciales continuados que posibiliten la formación en el seno de las
comunidades sociales.
La constante reorganización o reconstrucción de la experiencia constituye la
educación y el fundamento de su teoría de la escuela, concebida como “agencia
democrática de la formación”. Toda experiencia es un movimiento continuo; pero
para que desemboque en el crecimiento ha de estar orientada. Si la continuidad es
un primer criterio de significatividad de la experiencia, el segundo es el de la
interacción entre condiciones subjetivas y objetivas o ambientales. La escuela ha
de consistir en un ambiente organizado en el que se fortalezcan las
experiencias valiosas y se haga posible a la vez la continuidad de las
experiencias de los alumnos y su aportación a la reconstrucción de la
sociedad.
Hacer posible esta preparación para la vida en una comunidad democrática requiere
esbozar un programa educativo que se basará en dos ideas fundamentales:
A. La escuela ha de construir un entorno especial en el que puedan llevarse
a cabo experiencias ejemplares de la vida social.
B. La formación democrática requiere enfrentar al individuo con unos
contenidos específicos.
A partir de estos presupuestos la vida en la escuela se basará sobre todo en el
intercambio de experiencias mediante la comunicación entre los individuos, porque
la comprensión del mundo emerge de la experiencia, la cual cobra significado a
través del lenguaje.
Según Dewey la escuela democrática requiere la modificación completa de todos los
presupuestos estructurales que codeterminan esa relación de dependencia entre la
Administración y los enseñantes y por tanto entre éstos y los alumnos.
Aportaciones Metodológicas
Dewey pensaba que la nueva educación tenía que superar a la tradicional no sólo
en los fundamentos del discurso, sino también en la propia práctica.
Sin embargo, la obra de Dewey no tiene una orientación fundamentalmente
didáctica o metodológica como la de Decroly o Freinet. No existe, en rigor, un
método Dewey, ya acabado y codificado para ser aplicado o adaptado. Cuando
Dewey habla de método, de la materia de estudio y del proceso de enseñanza-
aprendizaje, lo hace en un nivel discusivo muy alto e incluso abstracto, lo cual llega
a veces a decepcionar a los educadores que se acercan a su obra.
Dewey estima que la praxis educativa implica un manejo inteligente de los
asuntos y esto supone una apertura a la deliberación del educador en
relación con su concreta relación educativa y con las consecuencias que se
pueden derivar de los diferentes cursos de acción.
Dewey distingue entre un método individual y un método general.
El método general supone una acción inteligente dirigida por fines. El método
individual, en cambio, se refiere a la actuación singular entre educador y educando.
El maestro desarrolla su labor ponderando las diferentes alternativas que se
presentan y para ello se sirve del pensamiento reflexivo.
Esta gestión reflexiva e inteligente del método científico debe de estar guiada por la
sabia del método científico. Por eso, Dewey considera que el método educativo
debe derivarse del método científico, con todas las adaptaciones que sean
necesarias. En este sentido amplio existe un “método Dewey” , el
llamado “método del problema”, que consiste en un proceso secuenciado
mediante el cual se plantea el aprendizaje como una actividad de investigación,
llevada a cabo por grupos de alumnos bajo la tutela y orientación de un educador.
Con este método, el cual es, para Dewey el método de pensar humano, el método
de aprendizaje pasa a ser un capítulo del método general de investigación.
La propuesta metodológica de Dewey tiene cinco fases:
1ª Fase: Consideración de alguna experiencia actual y real del niño, en el
ámbito de su vida familiar o comunitaria.
2ª Fase: Identificación del algún problema o dificultad suscitados a partir de esa
experiencia; es decir, un obstáculo para la experiencia sobre el cual tendremos que
trabajar para intentar estudiarlo y salvarlo.
3ª Fase: Inspección de los datos disponibles, así como la búsqueda
de soluciones viables; en esta etapa, los materiales escogidos y los trabajos se
convierten en partes del programa escolar.
4ª Fase: Formulación de hipótesis de solución, que funcionará como idea
conductora para solucionar el problema planteado.
5ª Fase: Comprobación de hipótesis por la acción, pues de acuerdo con el enfoque
pragmatista, la práctica es la prueba del valor de la reflexión hecha por el educando
con objeto de resolver el problema.