TRASTORNOS AFECTIVO
La afectividad es el conjunto de experiencias que definen y delimitan la vida emocional del individuo. Está
constituida por diferentes elementos, como los sentimientos, las emociones, los deseos y otros estados que definiremos
posteriormente (Vallejo, J., 2015). Como trastornos del estado de ánimo (TEA) incluimos los trastornos que tienen
como característica principal una alteración del estado del humor. Los TEA se clasificarán según los síntomas que
presente el paciente y la recurrencia de estos a lo largo de un periodo de tiempo.
En los trastornos del estado de ánimo se pierde esta sensación de control y se experimenta un malestar general. El
rasgo esencial de los trastornos de esta categoría es que todos ellos reflejan un desequilibrio en la reacción emocional
o del estado de ánimo que no se debe a ningún otro trastorno físico o mental.
En relación a las alteraciones o trastornos de la afectividad, encontramos las alteraciones somáticas, que incluyen por
ejemplo: tristeza patológica, alegría patológica, anhedonia, disforia, paratimia, etc. y las alteraciones sindrómicas
como el síndrome depresivo, síndrome maníaco y síndrome o estado mixto.
Alteraciones sintomáticas de la afectividad
Tristeza patológica: La tristeza representa el descenso del estado de ánimo y se puede manifestar a través
del plano psíquico con predominio de síntomas de estirpe psicológica, pero también puede mostrar
alteraciones que en apariencia son somáticas, aunque traducen una alteración de la afectividad. La tristeza
puede presentar diferentes intensidades que oscilan desde un leve desaliento o malestar hasta la tristeza vital
más profunda y que abarca todas las funciones psíquicas del sujeto, provocando un retardo de todo
pensamiento y acción.
Alegría Patológica: La alegría patológica o excesiva adquiere relevancia clínica cuando no es adecuada a la
realidad, resulta desproporcionada y se acompaña de un bienestar patológico que engloba a otras funciones
psíquicas. La alegría patológica no tiene una causa aparente, tiende a reducir la capacidad de juicio, su intensidad
puede llevar al consumo de alcohol y es lábil, ya que el sujeto se muestra irritable y hostil al ser contrariado. La
alegría patológica representa una exaltación del humor que se caracteriza por un aumento del tono vital a todos
los niveles. El paciente eufórico se muestra locuaz, optimista y satisfecho, y parece rebosar dicha y felicidad. Sin
embargo, en ocasiones presenta importantes estados de tensión interna con irritabilidad ante mínimas
interferencias.
Anhedonia: Disminución o la desaparición de la capacidad para obtener placer en circunstancias que con
anterioridad sí lo procuraban. Es uno de los síntomas depresivos por excelencia (Vallejo, J., 2015).
Ansiedad y angustia: La ansiedad como estado consiste en la presencia de síntomas ansiosos en un momento
concreto y definido, mientras que la ansiedad-rasgo es una tendencia durante un largo período de tiempo a
enfrentarse o interactuar con el entorno con un excesivo grado de ansiedad (se puede corresponder con la
personalidad ansiosa). Existen múltiples definiciones de la ansiedad, pero todas concuerdan en que consiste en
una respuesta emocional compleja, potencialmente adaptativa y fenomenológicamente pluridimensional, en la
que coexisten una percepción de amenaza al organismo (más o menos definida) con una activación biológica
orientada a reaccionar ante tal percepción.
Síntomas Afectivos
Disforia: Síntoma de difícil definición que se utiliza para señalar la sensación de malestar que predomina en
algunos cuadros afectivos. Es un humor displacentero, común en ciertos estados depresivos y que engloba
diferentes emociones o sentimientos como ansiedad, malhumor, sufrimiento angustioso o irritabilidad, por citar
alguno de los más frecuentes. Todos ellos tienen en común la tonalidad negativa o displacentera que conlleva una
importante sensación de malestar general y difuso que presentan estos pacientes.
Inadecuación afectiva: Las emociones del sujeto no se corresponden de un modo natural con el contenido de
sus vivencias, incluyendo la conciencia de sí mismo y su entorno (Vallejo, J., 2015).
Labilidad emocional: Rápidos cambios en cuanto al estado emocional y, en general, independientes de estímulos
causales externo.
Ambivalencia o ambitimia: Coexistencia de sentimientos positivos y negativos con respecto a un mismo
objeto, contenido vivencial o representación. También puede existir una ambivalencia intencional o
ambitendencia (coexistencia de tendencias contrapuestas) e incluso una ambivalencia intelectual (coexistencia de
una idea o representación mental y su contraria).
Neotimia: Sentimientos de nueva aparición como, por ejemplo, un estado de éxtasis caracterizado por un
sentimiento de bienestar importante.
Alexitimia: a) Incapacidad para identificar los sentimientos y dificultad para diferenciar dichos sentimientos
de sensaciones físicas; b) Incapacidad para expresar, comunicar o describir sentimientos; c) Vida fantástica
empobrecida con dificultades para construir conceptos abstractos, y d) Pensamiento operativo (es decir,
tendencia a realizar descripciones detallistas repletas de datos superfluos, pero ausentes de contenido emocional
o personal).
Rigidez afectiva: Pérdida de la capacidad de modulación afectiva. El paciente tiene sentimientos y emociones
fijos y persistentes que no se modulan o varían según las circunstancias externas.
Frialdad o indiferencia afectiva: Carencia o pérdida de la capacidad de presentar respuestas afectivas o
flexibilidad y modulación de las emociones, así como en la indiferencia emocional. Son personas frías,
insensibles, indiferentes e incapaces de involucrarse emocionalmente en sus actos.
Otros síntomas afectivos:
a) La apatía: falta de motivación, siempre y cuando dicha falta de motivación no se pueda relacionar con una
disminución del nivel de conciencia, déficit intelectual o distrés emocional. b) La abulia consiste en la
impotencia para hacer obrar la voluntad, tomar una decisión o cumplir un acto deseado y reconocido necesario
por el sujeto. c) La aprosodia se refiere a trastornos del lenguaje afectivo, es decir, prosodia y modulación
emocional, que surgen en pacientes con trastornos mentales orgánicos que afectan a las estructuras centrales
implicadas en el lenguaje.
Alteraciones sindrómicas de la afectividad (síndromes afectivos)
El síndrome depresivo: Constituye un trastorno de la afectividad caracterizado por una disminución global
del estado de ánimo y que se manifiesta en diferentes planos, tanto psíquicos como somáticos. Es un conjunto de
síntomas que identifican un estado de humor dominante de tonalidad triste, pesimista o sombrío, y de naturaleza
diversa. En la depresión se puede evidenciar una pobreza y ausencia de ideas, incapacidad para pensar y
decidirse, así como incapacidad volitiva. El paciente depresivo se muestra pesimista y pierde interés por su
entorno o futuro. El tiempo transcurre muy lentamente e incluso se detiene. Puede aparecer llanto como
expresión de este malestar emocional, pero en ocasiones el paciente se queja de no poder llorar.
Síndrome maníaco: Constituye una exaltación de las funciones vitales caracterizadas por un estado de ánimo
hipertímico o aumentadas. En el maníaco la alegría no es normal, sino patológica, e invade todas las funciones
psíquicas El estado de ánimo de un paciente maníaco no siempre es alegre o eufórico, también puede ser
expansivo o irritable. Los pacientes maníacos presentan una importante sensación de bienestar, se sienten
superiores y predominan en ellos los sentimientos autoexpansivos y de omnipotencia (Vallejo, J., 2015).
Síndrome o estado mixto: También denominados manía mixta o manía disfórica, constituyen cuadros clínicos
en los que se cumplen concurrentemente características clínicas diagnósticas tanto para un episodio maníaco
como para un episodio depresivo mayor. Es decir, de una forma general, se pueden definir los estados mixtos
como un estado en el que coexisten, simultáneamente, síntomas depresivos y síntomas maníacos. (Vallejo, J.,
2015).