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Apuntes Incendios I

Los tres puntos principales del documento son: 1) Las causas de los incendios forestales 2) Cómo se propagan los incendios forestales 3) La infraestructura necesaria para la extinción de incendios forestales

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Apuntes Incendios I

Los tres puntos principales del documento son: 1) Las causas de los incendios forestales 2) Cómo se propagan los incendios forestales 3) La infraestructura necesaria para la extinción de incendios forestales

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INCENDIOS

FORESTALES:

 CAUSAS
 PROPAGACIÓN
 INFRAESTRUCTURAS PARA LA
EXTINCIÓN

2º RN3
I.E.S. MURGIA BHI

Conceptos
Altitud: distancia vertical de un punto de la tierra respecto al nivel del mar.
Angledozer: situación de la cuchilla del bulldozer cuando puede ser orientada en un plano horizontal con
relación al eje longitudinal del tractor.

Ilustración angledozer

Cuneta: es la zanja existente en uno o ambos lados de un camino o carretera y que sirve para recibir las
aguas de las precipitaciones.

Curvas de nivel: son las líneas que unen los puntos de terreno que están situados a la misma altitud.
Sirven para representar el relieve en un mapa y se suelen representar con una diferencia de altitud de 10 o
20 metros.

Desmonte: parte del perfil natural del terreno que se arranca durante la apertura del camino. También
llamaremos desmonte a la fase del trabajo de construcción del camino que consiste en realizar esta
operación.

Divisoria de aguas: es la línea del terreno que define que el destino del agua de las precipitaciones se
dirija hacia cuencas de desagüe distintas.

FCC: Fracción de Cabida Cubierta. Es la proporción de suelo cubierto por la proyección de las copas de
los árboles. Se expresa en tantos por ciento.

Firme: parte superior de la plataforma del camino sobre el que circulan los vehículos.

GPS: llamaremos GPS al aparato que funciona como receptor de la señal de radio del sistema GPS -
Global Positioning System (Sistema de Posicionamiento Global) y que mediante esa señal puede
determinar la posición de cualquier punto (y por lo tanto la del usuario del aparato) de la superficie
terrestre y mostrarla en un sistema de coordenadas geográficas.

Línea de agua: llamaremos así a la línea formada por una o varias mangueras, a través de la cual se envía
agua hasta el frente de llamas o cualquier otra parte de un incendio forestal.

Línea de máxima pendiente: línea del terreno en la que la pendiente longitudinal es máxima.

MDE: Modelo Digital de Elevaciones. Se denomina Modelo Digital del Terreno (MDT) a una estructura
numérica de datos que representa la distribución espacial de una variable cuantitativa y continua, como
puede ser la temperatura, la cota o la presión atmosférica.
Cuando la variable a representar es la cota o altura del terreno se denomina Modelo Digital de
Elevaciones o MDE.

Paso canadiense: es una infraestructura que se coloca transversalmente en un camino y que manteniendo
siempre el camino abierto para la circulación de vehículos, evita el paso del ganado. Consiste en una
zanja de unos 70 cm. de profundidad, cubierta por una rejilla (generalmente de acero), que soporta el paso
de los vehículos. El ganado se asusta debido a la zanja que ve a través de la rejilla y no cruza el paso.
Ejemplo de paso canadiense
Paso de agua: construcción subterránea que se coloca transversalmente en el camino y que sirve para
evacuar el agua de la cuneta al otro lado del camino, permitiendo la circulación de los vehículos por
encima del paso.

Pendiente: medida de la inclinación del terreno. Generalmente se expresa en tantos por ciento y consiste
en el porcentaje que representa la diferencia de altura entre dos puntos respecto a la distancia longitudinal
medida sobre el plano, que existe entre ellos.

Pendiente longitudinal del terreno: la pendiente longitudinal del terreno se suele referir a la línea de
máxima pendiente.

Pendiente longitudinal y transversal de la infraestructura: pendiente longitudinal es la pendiente del


eje longitudinal de la infraestructura y pendiente transversal es la pendiente del eje perpendicular a ese eje
longitudinal.

Plataforma del camino: superficie de la parte superior del camino destinada a la circulación de los
vehículos, que resulta de las operaciones de desmonte y explanación y que está comprendida entre el
borde de la cuneta y la parte de esa superficie comprendida entre bordes asentados y que no se pueden
desprender.

Radio de la curva: el radio de una curva se corresponde con el radio de la circunferencia de la cual esa
curva sería un segmento.

Riper: arado situado en la parte trasera del bulldozer, generalmente compuesto por tres rejones, y que
sirve para introducirlo en el suelo y realizar diferentes trabajos: laboreo del suelo, drenajes, rotura de
materiales duros, etc.

Riper bulldozer
Sección transversal del camino: longitud transversal de la plataforma del camino.
SIG: Sistema de Información Geográfica. Sistema de hardware, software y procedimientos, diseñado para
realizar la captura, almacenamiento, manipulación, análisis, modelización y presentación de datos
referenciados espacialmente para la resolución de problemas complejos de planificación y gestión.

Talud: inclinación del terreno original, resultante de la operación de desmonte.

Terraplén: parte exterior a la plataforma del camino, situada sobre el terreno original y creada por el
depósito de los materiales removidos en el desmonte.

Tildozer: situación de la cuchilla del bulldozer cuando puede pivotar en su plano alrededor del eje
longitudinal del tractor.

Tierra vegetal: capa superior del suelo que contiene materia orgánica y de la que obtiene nutrientes la
vegetación.

Trincheras: desmonte hecho en el terreno con taludes por ambos lados.

Volumen: magnitud física que expresa la extensión de un cuerpo en tres dimensiones: largo, ancho y alto.
La unidad de expresión es el metro cúbico.

Zahorras artificiales: Se define como zahorra artificial el material granular formado por áridos
machacados (grava, rocas, canto de río…), total o parcialmente, cuya granulometría es de tipo continuo.

Autobomba forestal: una autobomba consiste básicamente en un vehículo provisto de un depósito para
transportar agua y de una bomba de agua y que sirve para sofocar incendios.
En nuestro caso denominaremos autobomba forestal a un vehículo que cumple esos criterios y tiene
además estas características:
− Gran capacidad todo terreno y tracción en las cuatro ruedas.
− Potencia mínima de 150 CV.
− Capacidad mínima del depósito de 3.000 litros.
− Anchura máxima de 2,5 metros.

Bulldozer: el bulldozer es una máquina de excavación y empuje, que se compone básicamente de un


tractor con una cuchilla situada en la parte delantera. De las diferentes configuraciones que existen para
este tipo de máquina (cadenas, neumáticos, chasis rígido o articulado, arados o cabestrante en la parte
trasera…), nosotros denominaremos bulldozer al tractor de cadenas, de chasis rígido, dotado en la parte
delantera de una cuchilla horizontal y
perpendicular al eje longitudinal del tractor y de un riper en la parte trasera. La cuchilla se fija al chasis
del tractor mediante dos largueros muy fuertes que permiten un movimiento de subida y bajada, al ser
accionados por cilindros hidráulicos. La cuchilla también dispondrá de mecanismos (manuales o
hidráulicos, en las máquinas más modernas todos esos mecanismos son accionados por cilindros
hidráulicos) que le permitirán adoptar las posiciones de angledozer y tildozer.

Esta máquina nos va a servir para hacer gran parte de las tareas de construcción y mantenimiento del tipo
de infraestructuras de las que estamos tratando, realizando tareas como el desbroce de la vegetación en la
apertura de caminos y cortafuegos, el desmonte en la construcción de caminos, explanaciones, apertura de
cuneta, mantenimiento de cortafuegos, etc.

Camino: vías de comunicación construidas sobre el suelo natural, en algunos casos con firme
consolidado con otros materiales, que permiten la circulación de vehículos y que sirven para las diversas
tareas de gestión y protección del monte.

Carreteras: vías de comunicación, urbanas e interurbanas, tales como: carreteras locales, autovías,
autopistas, etc. y a todos aquellos otros caminos aptos para la circulación de vehículos (asfaltados,
pavimentados, de tierra, etc.), tales como: caminos agrícolas realizados en la concentración parcelaria,
caminos de acceso a parques eólicos, caminos de acceso a canteras, etc.; siempre que cualquiera de ellos
pueda formar parte de las Redes de Infraestructuras Antiincendios.
Cortafuegos: denominaremos cortafuegos a una faja lineal de determinada anchura, en la cual se elimina
la totalidad de la vegetación hasta el suelo mineral y que generalmente permiten la circulación de
vehículos todo terreno. Posteriormente estableceremos una serie de prescripciones que deben cumplir los
cortafuegos.
Góndola: denominaremos góndola al conjunto formado por una cabeza tractora y un remolque. El
remolque consiste en una plataforma adaptada para el transporte de maquinaria que puede subir y bajar la
maquinaria por sus propios medios.

Punto de agua: denominaremos punto de agua a un estanque de almacenamiento de agua cuyo principal
destino es el abastecimiento de agua para los medios de extinción de incendios. Elegiremos un
determinado modelo de punto de agua que explicaremos más adelante.
Propagación del incendio y lucha contra los incendios
Como se produce el fuego
El fuego es la manifestación visible de una reacción físico – química, denominada combustión y que se
produce al aplicar calor a una sustancia combustible n presencia del aire, originándose desprendimiento
de calor y en algunos casos, también de luz.
Los tres elementos necesarios para que se produzca la combustión son:

• Combustible (gasolina, carbón, madera, etc.).

• Comburente (Sustancias oxidantes que hacen entrar a otras en combustión. El oxígeno del aire).

• Energía de activación (Aporta la energía que desencadena la reacción. na fuente de calor).

Combustible + Comburente + Energía de Activación = Fuego

Por ello debemos tener en cuenta que para que un fuego comience o se mantenga, es condición
indispensable que concurran en el mismo sitio y al mismo tiempo los tres elementos antes citados:
combustible, aire y calor.
Asimismo para detener un incendio, basta con eliminar alguno de los tres elementos de la cadena y en eso
se basa la extinción de los incendios forestales

Qué es un incendio forestal

Cuando el fuego se propaga sin control a través de un terreno forestal, quemando la vegetación, decimos
que es un incendio forestal. Partiendo de esa definición podemos ver que en los incendios forestales
existen dos partes diferenciadas: el inicio del fuego y su propagación. El inicio del incendio forestal
puede producirse por causa natural: rayos; por causas humanas. Los incendios de origen humano pueden
ser debidos negligencias: escapes de quemas de basuras, escapes de quemas de rastrojos, tc.; accidentes:
rotura de líneas eléctricas, accidentes de vehículos, tc.; o debidos a actos intencionados: por vandalismo,
venganzas, protestas buscando un beneficio económico (regeneración de pastos, facilitar la caza,
etc.). Independientemente de cual sea la causa que inicie el fuego, la propagación el incendio siempre va a
depender de unos factores físicos y la velocidad
de propagación e intensidad del fuego serán función de los valores de esos actores.
La causa que va a provocar un incendio y el lugar y momento en el que se producirá, son impredecibles,
pero saber anticipadamente cual puede ser la propagación de un incendio en un determinado lugar y en
unas determinadas condiciones, es posible y en consecuencia podremos actuar para establecer a forma en
la que queremos que se produzca la propagación del incendio en ese lugar y en esas condiciones y evitar
la forma en la que no queramos que e produzca.

Tipos de incendios

Incendios de superficie

• Se extienden superficialmente sobre el terreno quemando …


– la vegetacion herbacea y los matorrales
– los restos y despojos vegetales (lenas muertas, hojarasca, etc.), sin apenas afectar al arbolado existente.
• Dado las caracteristicas de estos combustibles, que arden con facilidad, los incendios de superficie son
los mas frecuentes y suelen ser el origen de los otros tipos.

Incendios de copas

Se propagan a través de las copas de los árboles y son los que avanzan mas rápidamente debido a que a
esa altura el viento sopla con mas fuerza que a nivel del suelo.
Generalmente afectan a las masas arboladas debido a la propagación del incendio de superficie, producido
en el sotobosque de las mismas.
Son los que presentan mayores dificultades para su extinción.

Incendios de subsuelo

Avanzan quemando la materia orgánica seca y las raíces existentes debajo del suelo. Son lentos de
propagación, sin llamas y con escaso desprendimiento de humo.
Su localización es difícil y suelen durar mucho tiempo al no ser fáciles de combatir
En general, se producen en contadas ocasiones (Tablas de Daimiel, 2009).

Propagación

Existen tres formas de transmisión del calor y por tanto de propagación del fuego:

• CONVECCIÓN
• RADIACIÓN
• CONDUCCIÓN

Convección

El aire puede calentarse por…


•calentamiento del suelo
•las altas temperaturas o por el calor desprendido por
un incendio
•las corrientes de aire formadas desecaran los combustibles que encuentren a su paso
favoreciendo la propagación del fuego.
La transmisión del calor por convección tiene especial importancia en la rapidez del avance del incendio
ladera arriba y en el paso del fuego del soto bosque a las copas de los árboles.

Radiación

En la radiación el calor pasa a través del aire sin que exista movimiento del mismo por lo que sólo tiene
lugar a cortas distancias, y por ello, en los incendios forestales la propagación por radiación afecta
únicamente a los combustibles que están próximos a los que están ardiendo.

Conducción

En este caso el calor se transmite en el interior de un cuerpo sin que haya desplazamiento de las
moléculas que lo componen.
Esta forma de transmisión tendrá lugar cuando exista contacto entre las plantas y hace también que se
quemen los materiales leñosos (raíces, troncos, ramas . . .) que componen la vegetación.

Como hemos dicho, la característica del fuego forestal es que se desplaza, que se propaga. Ese
desplazamiento cumple las leyes físicas y está regulado por unos determinados factores, que son: el
combustible, la orografía y la meteorología.
Esos factores van a influir en que aumente o disminuya la velocidad de propagación y la intensidad del
fuego y en consecuencia, para que el incendio sea más o menos destructivo y para que la extinción del
incendio tenga más o menos dificultades.
La influencia de cada uno de esos factores en el comportamiento del fuego, depende de varias
características de cada uno de ellos, que son:

• En el caso de la topografía: la pendiente, la orientación y la orografía más o menos accidentada.

• En el caso de las condiciones meteorológicas: la velocidad del viento, la humedad del aire y la
temperatura.

• Para el combustible: el modelo del combustible (tipo, forma, situación, tamaño, etc.), la disponibilidad
coyuntural (que es la disponibilidad para arder del combustible cuando aparece un medio de ignición y
depende de su contenido de humedad que será función de la humedad ambiental) y la carga del
combustible (cantidad de materia vegetal por hectárea, se mide en toneladas por hectárea).

Para evitar que se produzca esa situación, el único factor de los que intervienen en la propagación del
incendio y sobre el que las personas podemos actuar para disminuir la intensidad del fuego, es el
combustible y podremos actuar cambiando el modelo de combustible y/o disminuyendo la cantidad de
combustible por hectárea, ya que modificar la humedad del combustible es imposible.

Partes de un incendio

En un incendio forestal pueden distinguirse varias partes.

• Borde o perímetro: Es el perímetro del incendio, incluyendo la zona apagada y la zona en llamas.

• Cabeza: Es la parte del perímetro por donde el incendio avanza con mayor rapidez, generalmente
aquella que tiene el viento a favor.

• Cola: Es la parte del borde por donde el incendio avanza más despacio, generalmente aquella que tiene
el viento en contra.

• Flancos: Son los laterales de la cabeza y cola del incendio. Se les da el nombre del punto geográfico
hacía el que avanzan: Flanco Norte, Flanco Oeste, etc.

• Focos secundarios o puntos de fuego: Lugares alejados del perímetro del incendio en los que se inicia
el fuego. Normalmente producidos, por que el aire transporta material ardiendo desde el incendio
principal y al caer al suelo provoca nuevos incendios.
Medios de extinción de incendios

En la extinción de los incendios participan personas y se utilizan herramientas, máquinas, etc. Aquellos
que participan directamente en la extinción del incendio los denominamos medios de extinción de
incendios y podemos dividirlos en medios de tierra y medios aéreos.

Los medios de tierra serían: brigadas, autobombas, camiones nodriza y bulldozer.


Las brigadas forestales, son grupos de personas, con un responsable al frente, capacitadas para trabajar
en la extinción de incendios forestales, usando agua o eliminando el combustible, abriendo líneas de
defensa o por quema controlada.
En general, es un grupo de 6 – 8 personas y un capataz. Disponen de un vehículo todo terreno con el que
acuden a los incendios y en el que transportan las herramientas necesaria para trabajar en la extinción de
los incendios.

Un tipo especial de brigadas son las brigadas helitransportadas, normalmente situadas en una base, en la
que también se encuentra el helicóptero que transporta a la brigada y las herramientas al lugar del
incendio.

Las autobombas son unos vehículos todo terreno, que llevan un depósito de agua y tienen una bomba (en
general accionada por el motor del vehículo, aunque también existen algunos con un motor independiente
para accionar esa bomba), con la que sacan el agua del depósito y la mandan a presión por una manguera
para hacerla llegar hasta donde se encuentran las llamas del incendio. Al final de la manguera se pone una
boquilla, con la que se regula la cantidad de agua a lanzar y la forma de lanzarla.

Con la misma bomba también son capaces de absorber agua desde estanques artificiales, de ríos, lagunas,
etc. De esa manera cuando terminan el agua del depósito, se dirigen a un punto donde puedan rellenarlo y
vuelven de nuevo para seguir apagando el incendio. Existen muchos modelos, de diferentes capacidades
de depósito de agua, de transporte de personal y de diferente capacidad todo terreno.
Los vehículos nodriza son camiones cisterna de mucha más capacidad de transporte de agua que las
autobombas, pero de menor capacidad todoterreno. Pueden circular por carreteras y caminos hasta las
proximidades del incendio, desde donde repostan de agua a las autobombas, siendo esa su función.

Disponen de una bomba que le permite aspirar agua de estanques, ríos, etc. e impulsar el agua de su
depósito para llenar los tanques de los vehículos autobomba.

Un bulldozer es un tractor de cadenas con una pala frontal con la que arranca el combustible.
Se utiliza para dejar una franja de terreno limpia de combustible (línea de defensa) y también en ataque
directo al incendio, para ello el bulldozer ataca directamente la línea de las llamas, tapando las llamas con
tierra y dejando a la vez una línea limpia de combustible.
El bulldozer se traslada a través de los caminos y carreteras en una plataforma que es arrastrada por una
cabeza tractora y que en conjunto denominamos góndola, como hemos visto anteriormente.

Los medios aéreos que se utilizan en la extinción de incendios, son: helicópteros de transporte de
personal, helicópteros de extinción, helicópteros mixtos y aviones extintores (de carga en tierra y
anfibios)
Los helicópteros extintores son helicópteros a los que se les acopla un depósito, en el que pueden cargar
agua y lanzarla sobre las llamas del incendio.
Los helicópteros de transporte de personal son los que sirven para trasladar las brigadas, pero que no
tienen capacidad de lanzamiento de agua y los helicópteros mixtos son los que hacen los dos tipos de
función.

Los aviones extintores son aviones que llevan un depósito interno en el que cargan agua, la transportan y
cuando llegan al incendio, abren las compuertas del depósito y dejan caer el agua sobre las llamas.
Se dividen entre aquellos que para cargar el depósito de agua tienen que aterrizar (aviones de carga en
tierra) y aquellos que no necesitan aterrizar para cargar agua, porque pueden llenar sus depósitos
deslizándose sobre la superficie del agua de lagos, embalses o el mar (aviones anfibios).
Capacidad de los medios terrestres para extinguir un incendio.

Los medios terrestres no pueden apagar los incendios forestales en cualquier circunstancia en la que estos
se produzcan, sino que cada tipo de medio terrestre solamente puede actuar en la extinción de aquellos
incendios que como máximo desprenden una determinada cantidad de calor y cuando las llamas tienen
una determinada altura.

Cuando el incendio supera esos límites de actuación de cada tipo de medio, no se puede recurrir al Ataque
Directo y habrá que recurrir al Ataque Indirecto, llegándose en ocasiones a no poder actuar. En esas
circunstancias, los medios aéreos de extinción no apagan totalmente
las llamas del frente del incendio en cada descarga, sino que solamente disminuyen su intensidad y son
los medios terrestres los que tienen que terminar de apagar las llamas. Cuando la intensidad del frente del
incendio es grande, los medios terrestres tienen que situarse a una determinada distancia del frente del
incendio, debido a la intensidad del calor, y si esa distancia es grande, puede hacer ineficaz su actuación
entre una y otra descarga de los
medios aéreos. Según la longitud de llama del frente del incendio, las condiciones en las que
pueden actuar los diferentes medios en Ataque Directo, son las siguientes:
Longitud de llama en
Longitud de llama en metros Tipo de medio terrestre de extinción que
puede actuar
Hasta 1 m Cuadrillas terrestres con herramientas
manuales
Hasta 2 m Cuadrillas terrestres con una línea de agua
Hasta 3 m Bulldozer en ataque directo
A partir de 3,5 m no es posible el ataque directo al frente de las llamas

Tomando como ejemplo algunos modelos de combustible de superficie (Ver Tabla), podemos comprobar
la longitud de llama que se genera en incendios que se producen en las siguientes circunstancias:

• Modelos de combustible:

- Modelo 2: Pastizal de poca altura con presencia de matorral o arbolado claro.


- Modelo 4: Matorral o repoblado muy denso de 2 m. de altura, continuidad vertical y horizontal.
- Modelo 12: Restos debajo de arbolado, de tamaño medio que predominan sobre el arbolado en pie.

Condiciones en las que se produce el fuego:

Condición 1
Pendiente del terreno Terreno llano
Temperatura ambiente 25º
Velocidad máxima del viento 8 km/h
Humedad del combustible muerto 8%
Humedad del combustible vivo 100%

Condición 2
Pendiente del terreno 30%
Temperatura ambiente 30º
Velocidad máxima del viento 30km/h
Humedad del combustible muerto 2%
Humedad del combustible vivo 100%

Longitud de llama en incendios que se producen según las condiciones comentadas:

Longitud de la llama
Modelo de combustible Condición 1 Condición 2
2 0.5 1.4
4 2.0 4.9
12 1.0 2.1

Podemos comprobar que en circunstancias favorables los medios terrestres de extinción tienen capacidad
para apagar los incendios de superficie, pero cuando las circunstancias en las que se producen los
incendios se complican hay ocasiones en las que se supera la capacidad de extinción de esos medios
terrestres. Además, cuando el fuego afecta a las copas de los árboles
y se desplaza a través de esas copas, las posibilidades del ataque directo son casi nulas.
Por ello, se debe entender que la lucha contra los incendios forestales no puede basarse exclusivamente en
la capacidad del dispositivo de extinción de incendios.
Si además, esas circunstancias en las que los incendios superan la capacidad de extinción de los medios
terrestres se dan en montes no adaptados para facilitar a los medios terrestres las tareas de extinción del
incendio, el desastre forestal estará garantizado.

Por todo ello puede comprenderse la importancia de la construcción y mantenimiento del tipo de
infraestructuras que estamos tratando, para garantizar la defensa de los montes frente a los incendios
forestales.
Extinción de incendios

Técnicas

Para extinguir los incendios forestales se utilizan diversas técnicas que las podemos agrupar en dos
grupos: ataque directo y ataque indirecto.

Ataque Directo

El ataque directo consiste en atacar directamente las llamas hasta lograr extinguirlas. Lo pueden hacer
personas con herramientas manuales: batefuegos, extintores de mochila, etc.; se puede hacer con las
mangueras y el agua de las autobombas o lo puede hacer el bulldozer.
Los medios aéreos de extinción apoyan a los medios de tierra en el ataque directo.
Ataque Indirecto

El ataque indirecto consiste en cercar los frentes de llama del incendio,entre líneas limpias de combustible
(líneas de defensa o de control), a través de las cuales no puede seguir avanzando el incendio.
Cuando la anchura de la línea de defensa es insuficiente para detener el fuego, porque la intensidad del
fuego es muy alta, se debe ensanchar esa línea de defensa, quemando el combustible existente entre ella y
los frentes del incendio. Esta acción se llama quema de ensanche o contrafuego.

Las líneas de defensa, pueden ser barreras naturales (ríos, líneas de rocas…) o artificiales (carreteras,
caminos, cortafuegos…) y pueden existir antes de la aparición del incendio o pueden ser líneas que se
construyan durante la extinción del incendio.
Para construir líneas de defensa, se pueden utilizar herramientas manuales, se puede realizar con
maquinaria o se pueden realizar aplicando productos químicos (retardantes) que hacen ignífugo al
combustible (también se pueden realizar por medio de explosivos. La forma más común de apertura de
estas líneas de defensa es con el bulldozer y de forma manual en lugares escarpados en los que la
maquinaria no puede acceder.

Procedimiento organizativo y fases

La extinción de un incendio forestal comprende diferentes fases, que son: detección del incendio,
movilización de los medios necesarios para extinguirlo, ataque a las llamas, control y liquidación del
incendio.
La forma más común de organización para detectar la aparición de un incendio forestal, consiste en
disponer de una Red compuesta por una serie de puntos fijos en los que hay algún tipo de infraestructura
(torreta de vigilancia, refugio…) y una persona vigilando, dotada de un sistema de comunicación para
avisar de la aparición del incendio. Desde cada uno de los puntos se divisa una parte de la superficie a
vigilar y el conjunto de la Red cubre la mayor parte de la totalidad de la superficie a vigilar. Las zonas
que no son visibles por los puestos de vigilancia se suelen patrullar por algún tipo de vigilancia móvil.
El control y la organización de todo el dispositivo de vigilancia y extinción de incendios, se realiza desde
centros de control y mando, desde los que se movilizan los medios de extinción para que acudan a la
extinción de un incendio en cuanto se detecta y se coordina la actuación de esos medios. Suele haber un
centro de mando por cada provincia.

Detectada la aparición de un incendio y movilizados los medios para intentar extinguirlo, en el lugar del
incendio se sigue un procedimiento de trabajo denominado Primer Ataque para dirigir y coordinar la
actuación de los diferentes medios de extinción durante esta primera fase de ataque al incendio.
Generalmente durante esta fase se va a utilizar la técnica de ataque directo
para intentar extinguir el incendio. Si se logra controlar el incendio en esta fase, se pasaría a las fases de
control y liquidación.

Si los medios que han realizado el Primer Ataque, no logran controlar el incendio, será necesario
establecer una nueva estrategia de extinción y se necesitarán incorporar nuevos medios a la extinción del
incendio, que puede que tengan que llegar desde zonas alejadas. El esquema de dirección y organización
de las tareas de extinción del incendio en esas circunstancias se denomina

Ataque Ampliado. En esta fase de extinción del incendio se utilizarán técnicas de ataque directo y de
ataque indirecto hasta lograr el control del incendio.

El control del incendio se produce cuando no existen llamas en el perímetro del incendio y la liquidación
del incendio se produce cuando ya no existe posibilidad de que el fuego se reavive y supere el perímetro
del incendio.

Necesidades derivadas de los requerimientos de la extinción de los Incendios

Sabiendo cómo se comportan los incendios forestales, la forma en la que se organizan las tareas de
extinción y las técnicas que se emplean para ello, podemos entender que dependiendo de la situación en la
que se encuentre el medio forestal en el que aparezca el incendio, va a resultar más o menos sencillo
extinguir ese incendio y como consecuencia va a ser mayor o menor la superficie que se queme.

Derivado de ello y pretendiendo obtener el mayor éxito posible en la lucha contra los incendios (aparte de
las actuaciones dirigidas a evitar la aparición del incendio) podemos plantear una serie de actuaciones que
dificulten la propagación del incendio y que faciliten las tareas de extinción.

Una de esas actuaciones será la adaptación del combustible forestal, ya que según el estado en el que se
encuentre, dependerá la mayor o menor intensidad del incendio y la posibilidad de actuación de los
diversos medios de extinción de incendios. Esa adaptación se realizará en función de la edad y el tipo de
vegetación y servirá para disminuir la intensidad de los posibles incendios. Una de las condiciones para
aumentar el éxito del Primer Ataque y en consecuencia evitar que el incendio alcance gran extensión, es
facilitar que el acceso de los medios terrestres hasta el lugar del incendio se realice lo más rápido posible.
Si cualquier punto de la superficie forestal se encuentra a una cierta distancia de un acceso apto para la
llegada de los medios terrestres de extinción, garantizaremos que la extinción del incendio se pueda
acometer en sus primeras fases y que aumenten las probabilidades de éxito del Primer Ataque.

Si durante el Ataque Ampliado hay que abrir líneas de defensa para contener el incendio, la extinción del
incendio durará más y la superficie quemada será mayor que si esas líneas ya existen previamente a la
aparición de cualquier incendio.
Compartimentar la superficie forestal en porciones de una determinada superficie, encerradas por líneas
de defensa en las que poder controlar un incendio, servirá para la función anteriormente descrita y para
facilitar las tareas de los medios de extinción, al poder realizar un ataque indirecto desde esas líneas.

La creación de accesos a la superficie forestal y la compartimentación de esa superficie suele tener ciertos
detractores. Pero en lugares en los que existe riesgo de incendios, o cuando se producen incendios de alta
intensidad, o no existen líneas de defensa creadas para compartimentar la superficie forestal en las que se
pueda controlar el incendio, o se crean esas líneas durante la extinción del incendio; el incendio llegará
hasta alguna línea existente (carretera, autovía, el mar…) quemando toda la superficie que se encuentre a
su paso, entonces será imposible extinguir esos incendios mediante ataque directo.

Se suele argumentar la ineficacia de los cortafuegos para detener el incendio forestal, ya que el fuego los
supera en muchas ocasiones. Lo cual es cierto, ya que los cortafuegos no son eficaces en cualquier
circunstancia y en cualquier tipo de combustible forestal para detener el incendio, sólo lo son cuando el
combustible forestal se encuentra en determinadas condiciones.
Cuando el combustible forestal se encuentra en otras condiciones, tanto para que los cortafuegos fueran
eficaces como para garantizar la resistencia de la vegetación al fuego, la primera medida a adoptar sería la
adaptación de ese combustible forestal.

Aparte de esto, en la mayoría de las condiciones en las que se puede desarrollar un incendio, la parte del
incendio que puede superar los cortafuegos será la cabeza del incendio, tanto los flancos como la cola del
incendio van a tener dificultades para superar los cortafuegos, por lo que ya es una ayuda importante en la
extinción del incendio, ya que de esa forma se puede concentrar el grueso de los medios de extinción para
atacar la cabeza del incendio y acometer la extinción del incendio en los flancos y la cola con pocos
medios de extinción.
Además los cortafuegos también sirven para cumplir el objetivo de acceso a la superficie forestal y sirven
de zonas de refugio y vías de evacuación de los bomberos forestales en caso de ser necesario.
En la fotografía podemos comprobar como la cabeza de ese incendio pudo superar un cortafuegos de 20
m. de anchura y en cambio el flanco del incendio no pudo superar un camino de sólo 5 m. de anchura.
Situación de los incendios forestales en España
Evolución del número de incendios y de las superficies quemadas

Causas de los incendios


Las diferentes causas que pueden originar un incendio forestal, se clasifican en los siguientes grupos:

• Rayo: los originados por rayos.

• Negligencias: los originados por actividades humanas con uso del fuego sin intención de provocar
incendios. Pueden ser debidos a: trabajos forestales, quema de pastos, quemas agrícolas, hogueras,
fumadores, quema de basuras y vertederos, etc.

• Otras causas: provocados por actividades humanas y como consecuencia de accidentes, averías, etc.
Son los originados por ferrocarriles, líneas eléctricas, motores y máquinas, maniobras militares, etc.

• Intencionados: causados por personas y con la intención de provocar un incendio.

• Desconocidas: aquellos incendios en los que se desconoce la causa que los provocó.

• Reproducciones de incendios anteriores: incendios originados como consecuencia de la reproducción


de un incendio anterior y que ya se había dado por extinguido. Esta causa se comenzó a contabilizar a
partir de 1998.

El porcentaje de cada tipo de causa sobre el total de incendios para el conjunto de España en el periodo
comprendido entre 1991 y 2004, es el siguiente.

Las causas que provocan los incendios no son homogéneas en toda España, sino que son diferentes según
la zona geográfica de la que estemos tratando. En función de características homogéneas relacionadas con
el problema de los incendios forestales, se han establecido cuatro zonas geográficas, que son:

• Noroeste: comprende las Comunidades Autónomas de Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco, y las
provincias de León y Zamora.

• Mediterráneo: comprende las Comunidades Autónomas costeras con el Mar Mediterráneo incluyendo
sus provincias interiores.

• Canarias: todo el archipiélago canario.

• Comunidades Interiores: comprende las provincias del resto de Comunidades Autónomas excepto
León y Zamora.
Situación y tendencia de la superficie forestal de España

Según los datos publicados en el Plan Forestal Español (2002), todas las Comunidades Autónomas de
España tienen una superficie forestal que ocupa más del 40% de su respectiva superficie total y en una
gran parte de esas Comunidades el porcentaje es superior al 50% (la media de España es el 51,93%).
También puede comprobarse en los gráficos expuestos, que en la mayoría de las Comunidades
Autónomas es la superficie arbolada la que ocupa la mayor parte de la superficie forestal (la media de
España es el 56,07%). Igualmente, según los datos publicados en el Plan Forestal Español (2002), entre el
Segundo Inventario Forestal (1986 - 1995) y el Tercer Inventario Forestal (1997 - 2000), en la parte
realizada de este Tercer Inventario, se ha producido un aumento de la superficie forestal de 289.173 has.
en toda España y un aumento de la superficie arbolada de 827.588 ha. Esto supone que en un periodo
aproximado de 10 años, la superficie forestal en España ha aumentado un 1,1% y la superficie arbolada ha
aumentado un 5,9%. En el mismo periodo se ha producido igualmente una densificación del arbolado y
un aumento del volumen de madera por unidad de superficie.

Situación actual del problema de los incendios forestales en España

El proceso que ha dado lugar a esta situación de la superficie forestal comenzó hace unos 50 años, ha
continuado durante ese periodo y sigue produciéndose en la actualidad.

El proceso ha sido y es debido al abandono de tierras de cultivo marginales y zonas de pastoreo, como
consecuencia de la pérdida de rentabilidad de la agricultura y ganadería tradicionales, y la colonización de
esos terrenos por la vegetación forestal. Unida a la colonización natural de la vegetación, se ha producido
una reforestación artificial de esos terrenos abandonados, que ha contribuido al aumento de la superficie
arbolada. Paralelo al abandono de las tierras, se produce una despoblación del mundo rural, que ha dado
como resultado un medio rural con muy poca población y muy envejecida.

Este fenómeno ha originado un paisaje forestal en el que existe una gran superficie en proceso de
regeneración y con un gran riesgo de ser destruida por los incendios forestales.

Esa situación ya sería por sí misma problemática respecto a las consecuencias de los incendios forestales
que pueden producirse . Pero lo es mucho más por el aumento constante del número de incendios. El
cambio radical que se produjo en el medio rural no supuso una reordenación y reorganización de las
actividades a realizar, sino que en la mayoría de los casos se siguieron realizando de la misma forma en la
que tradicionalmente se habían realizado y el fuego había sido y seguía siendo una de las herramientas
principales para la gestión de ese medio rural; para eliminar restos agrícolas, para limpiar los bordes de
las fincas, para regenerar los pastos, para facilitar el tránsito del ganado, para evitar daños de la fauna
silvestre, para generar hábitats para la caza, etc.

La nueva situación de abandono del medio, la colonización de la vegetación forestal y la escasa capacidad
de actuación de la población rural, debido a su edad entre otras cosas, genera la necesidad de una mayor
utilización del fuego para mantener unas mínimas condiciones en las que seguir realizando actividades
agrícolas y ganaderas tradicionales.
Mayor utilización del fuego en esas condiciones, inevitablemente genera mayor número de incendios
forestales e incendios cada vez más difíciles de controlar.

Otra serie de circunstancias muy relacionadas con ese abandono del medio rural y la nueva situación de la
superficie forestal, va a generar una serie de conflictos y motivaciones para provocar incendios, que en
algunas zonas va a suponer un problema gravísimo. Algunas de esas motivaciones son el rechazo a los
espacios naturales protegidos, los conflictos por la caza, los problemas de propiedad del terreno o los
problemas de propiedad de los aprovechamientos forestales.

La concentración de la población en grandes ciudades junto con las condiciones de vida de la sociedad
actual, generan la necesidad en esa población, de realizar actividades de esparcimiento en entornos
naturales para liberarse del estrés que generan esas condiciones de vida. Actividades que se concretan en
el aumento de uso de la superficie forestal (senderismo, recogida de frutos, acampada…) y el aumento de
urbanizaciones en el medio forestal.

Esta afluencia de personas al medio forestal, junto con un medio en el que existe un gran peligro de
incendios, va a generar una nueva fuente de incendios forestales (barbacoas, circulación de vehículos,
basuras, etc.) que va a seguir incrementando ese número anual de incendios.

Las condiciones de clima mediterráneo y relieve montañoso de gran parte de la superficie de la península
ibérica, han sido desde siempre condiciones propicias para la generación de rayos y de incendios
forestales causados por ellos. El aumento de la superficie forestal y las condiciones en la que se encuentra
la vegetación, hacen que un mayor número de esos rayos que anualmente se producen, acaben
convirtiéndose en incendios forestales.

Llegando en algunas Comunidades Autónomas a suponer un gran porcentaje de las causas por las que
anualmente se producen los incendios. La nueva situación de la superficie forestal y el incremento del
número de incendios, se encontró con sistemas de extinción de incendios no preparados para hacer frente
al problema, principalmente en cuanto a cantidad y capacidad de medios materiales. Grandes desastres
ocurridos en algunos años de las décadas de 1980 y 1990, son el resultado de la acumulación de todas
esas circunstancias más la existencia de condiciones meteorológicas muy desfavorables.

Debido a esos y otros episodios de incendios, hubo una gran preocupación política por solucionarlo, que
comenzó por aumentar los medios de extinción de incendios y mejorar los equipos materiales. La
estacionalidad de los incendios forestales o la dinámica del sector forestal en general, son, entre otros,
condicionantes que han servido para que el sistema de extinción de incendios forestales no se haya
profesionalizado y la tendencia sea a sustituir calidad por cantidad, por lo que la efectividad en la
extinción de los incendios forestales se
produce a costa de un incremento constante de los presupuestos destinados a la extinción de los incendios.

La preocupación generada por la extinción de los incendios forestales y las medidas aplicadas para
mejorar los sistemas de extinción, no ha sido equivalente a la preocupación por la gestión de la superficie
forestal (abandonándose en algunos casos) y donde se ha actuado para mejorar la vegetación forestal y
hacerla más resistente ante los incendios forestales, la gestión forestal se ha hecho de forma tradicional.
De tal manera que, de forma general, no se está actuando en la totalidad de la superficie forestal (la
superficie de propiedad privada está prácticamente abandonada) y se están utilizando técnicas de
tratamiento de la vegetación (desbroces, podas, fajas cortafuegos, áreas cortafuegos, etc.) que en unos
casos no evitan la totalidad del problema (no evitan el fuego de copas), en otros casos requieren la
repetición continua de las actuaciones y en la mayoría de los casos tienen un alto coste que impide que se
vaya actuando en la totalidad de la superficie que lo necesita. Si observamos la evolución de la superficie
quemada a lo largo de los últimos 25 años, vemos que ha descendido casi a la mitad y si observamos la
superficie media quemada por incendio, vemos que ha descendido aún más, a pesar del aumento en el
número de incendios que se ha producido en ese periodo.

Esto es fruto principalmente de la mejora de los sistemas de extinción de incendios y de las actuaciones
de selvicultura preventiva. Esa situación podría llevarnos a pensar que se está progresando de la forma
correcta y que estamos en el buen camino para acabar con el problema. Pero hay diferentes cuestiones
que nos indican que no es así.

Durante los últimos 10 años se ha producido un aumento de la superficie anual quemada, el número de
incendios ha seguido aumentando y la superficie quemada por incendios ha dejado de disminuir y está
aumentando. Todo ello puede suponer que en las condiciones actuales se pueden estar alcanzando los
límites de los dispositivos de extinción de incendios. La eficacia en la extinción de los incendios
forestales se ha conseguido a base de aumentar el gasto público en los sistemas de extinción de incendios,
por lo que de mantenerse la tendencia actual, existirá una situación inviable a largo plazo y en algún
momento se tendrá que reducir ese incremento de costes o si no habrá que traspasar inversión pública de
otros sectores: educación, sanidad, infraestructuras, investigación, etc., a la lucha contra los incendios
forestales, con las consecuencias que eso tendrá en el desarrollo de la sociedad.

A pesar del incremento constante de los medios de extinción de incendios y de que en determinados años
la superficie forestal quemada se reduzca a muy pocas has., hay años en los que la superficie quemada se
dispara de forma incontrolada y esos años coinciden con aquellos en los que las condiciones
meteorológicas han sido más extremas (periodos de sequía, olas de calor, etc.). Por lo que podríamos
concluir que toda la prevención y extinción de incendios que actualmente se está realizando está
supeditada a que las condiciones meteorológicas no superen un determinado umbral y si lo superan,
estamos en una situación de descontrol similar a la que existía a principios de la década de 1980.

Las estadísticas demuestran que los equipos de extinción mejoran su eficiencia, en los últimos años en el
70% de los casos los incendios se controlaron en fase de conato y en el 99,8% se extinguieron antes de
convertirse en un GIF. En 2009 en 34 grandes incendios se quemaron 55.000 hectáreas, el 50% de
todo lo que ardió el verano pasado.

Pero no sólo es lo que se quema, la inversión en la restauración de los GIF más graves de los últimos
años, Minas de Río Tinto, Huelva 2004 (50 millones) y Comarca del Rodenal Guadalajar (20 millones),
tuvo un coste mayor que todo el presupuesto dedicado a extinción en 2009 por el Ministerio de Medio
Ambiente y Medio Rural y Marino (67 millones).La escasez de planes de restauración forestales, el
cambio climático, la reforestación de las tierras agrarias y la falta de coordinación entre la administración
Central y Autonómicas sacan a la luz la mala gestión foral en los bosques de España. La estrategia de
restauración post incendio debe centrarse según la organización en definir los objetivos futuros del uso
del espacio forestal y proteger y conservar el suelo.

El responsable del Programa de Bosques de WWF-España, Félix Romero, advierte de que el aumento del
peso de los GIF “es el resultado de la ausencia de una gestión planificada” que pueda organizar los usos y
aprovechamientos forestales de una forma racional.

En la Conferencia sobre Protección de Bosques organizada durante la Presidencia española de la UE


(Valsaín, abril de 2010) se puso de manifiesto que “para proteger los bosques europeos y conservar la
biodiversidad en Europa es imprescindible dinamizar la gestión forestal sostenible”. Para Félix Romero
“España tiene mucho que hacer al respecto” ya que sólo el 13% de la superficie forestal española cuenta
con un plan de gestión.

Además, la propiedad privada de los bosques, que representa las dos terceras partes de la superficie
forestal española, es la que cuenta con menos planes de gestión: sólo un 5% frente al 30% cuando es en
superficie pública.

La eficacia en la extinción de incendios si no va unida a otro tipo de actuaciones, puede ser un problema
en sí misma, que es lo que se conoce como la Paradoja de la Extinción. Consistiría en que cuanto más
eficaz es la extinción de incendios más difíciles de apagar van a ser los incendios del futuro y más
superficie se va a quemar.
Si consideramos que el monte mediterráneo ha evolucionado en convivencia con el fuego forestal, lo
anteriormente dicho tendría sentido, ya que si es el fuego el que reduce la cantidad de combustible en el
monte y excluimos el fuego del monte, lo que estaremos haciendo es aumentar la cantidad de combustible
y que en caso de incendio se generen intensidades de fuego incontrolables. Un paisaje forestal en el que la
masa forestal está intercalada con cultivos, en el que existen zonas de pasto y en el que de forma habitual
se queman ciertas partes, es un mosaico en el que un posible incendio se va a encontrar con impedimentos
para avanzar en todas las direcciones y es un paisaje en el que la extinción de ese posible incendio, es
relativamente sencilla, ya que no hay que apagar la totalidad del perímetro del incendio, sino sólo una
parte de ese perímetro.

Hasta el momento actual la extinción de los incendios forestales se ha hecho en ese paisaje mosaico, pero
está llegando el momento (en muchas zonas de la península ya hace tiempo que ha llegado) en el que los
incendios se expanden en todas las direcciones y es necesario apagar el fuego en la totalidad del perímetro
del incendio, esto genera la necesidad de disponer de muchos medios de extinción para poder atajarlos.

La evolución actual de la superficie forestal genera superficies continuas cada vez mayores en las que se
pueden producir ese tipo de incendios. La actual economía de mercado impide que por una rentabilidad
económica se vuelva a crear ese paisaje forestal en mosaico. La inversión pública necesaria para crear ese
paisaje en mosaico, en las mismas condiciones que anteriormente estuvo, es inviable y es mucho más
inviable hacerlo en un contexto en el que el
número anual de incendios no para de aumentar y el coste de la extinción de los incendios tampoco.

Ya que los incendios van a seguir produciéndose, las situaciones en las que pueden aparecer incendios
incontrolables se van a volver a repetir inexorablemente y los presupuestos públicos no son infinitos; es
necesario un nuevo planteamiento en la lucha contra los incendios forestales que tenga en cuenta la
situación actual de la superficie forestal, su evolución futura y el riesgo de incendios forestales; para
proponer medidas de protección de la vegetación frente al fuego y evitar que el coste de esas medidas más
el de la extinción de incendios siga aumentando de forma indefinida.

Caso de los EEUU

La historia de la extinción de incendios forestales en Estados Unidos nos puede servir de ejemplo para
comprender las relaciones de la vegetación con el fuego, las implicaciones que en ese proceso tiene la
extinción de los incendios forestales, la aparición de la Paradoja de la Extinción y el coste insostenible de
la extinción de incendios forestales, si solamente es esa la actuación que se realiza en la superficie
forestal.

Estados Unidos tiene una superficie total de 915.836.100 has. y una superficie forestal arbolada (FCC >
5%) de 302.310.900 has. (33% del total). Tanto por su extensión, por la de su superficie forestal, por el
tipo de masas forestales o por la ecología de esas masas, no siempre existen similitudes entre [Link]. y
los países mediterráneos europeos, pero los datos expuestos nos pueden dar una idea de la evolución de la
lucha contra los incendios forestales seguida en ese país para obtener conclusiones respecto al proceso
que se ha estado siguiendo en España.
A la vista de los gráficos expuestos, podemos destacar que a lo largo de casi un siglo de datos, el número
de incendios no ha aumentado de forma significativa y durante los últimos 15 años ha seguido una clara
tendencia descendente.

La superficie quemada sí ha seguido una clara tendencia decreciente desde la década de 1930,
coincidiendo con la puesta en marcha de políticas públicas de lucha contra los incendios forestales. Los
mayores logros en cuanto a mínimos anuales de superficie quemada se alcanzaron en la década de 1970,
pero a partir de entonces se rompió la clara tendencia de reducción de la superficie quemada y en los
últimos 15 años la tendencia es claramente a aumentar esa superficie quemada. Podríamos decir que ha
aparecido la Paradoja de la Extinción de Incendios (cuanto mayor es la eficacia en la lucha contra los
incendios, mayor es la superficie que se quema).

Es evidente que si el número de incendios está disminuyendo y la superficie quemada no, las hectáreas
quemadas por incendio están aumentando. Puede comprobarse que esa tendencia a aumentar se viene
produciendo desde hace varias décadas y es mucho más apreciable durante los últimos 15 años. Esto
significa una mayor dificultad para extinguir los incendios, que no es debida a que los dispositivos de
extinción de incendios sean menores, ya que vemos que el coste de la extinción de incendios, en el
periodo del que poseemos datos, también ha aumentado. Por lo que la dificultad para extinguir los
incendios vendrá en gran parte determinada por la situación del combustible forestal.

En conclusión, podemos decir que lo que caracteriza actualmente al problema de los incendios forestales
en Estados Unidos, y a pesar de la tendencia descendente del número de incendios, es la mayor dificultad
para extinguirlos, que se refleja en mayor superficie forestal quemada y en mayor superficie quemada por
incendio y en consecuencia el aumento creciente de los costes de la extinción de incendios forestales.

En 1905 se creó en [Link]. el Servicio Forestal Federal con la principal misión de conservar y explotar
los Bosques Nacionales del país (montes propiedad del Gobierno Federal), de los que dependía en gran
parte el abastecimiento de madera de una nación en construcción y en pleno crecimiento económico. Para
lograr los suministros de madera, era condición imprescindible la defensa de los bosques contra el fuego.
Las condiciones en las que el Servicio Forestal comenzó su trabajo, eran muy precarias y penosas,
principalmente para el personal que trabajaba en el monte. Con una gran falta de infraestructuras y
materiales y, ante la inmensidad del país, asignando zonas de trabajo de hasta 162.000 has. Por
guardabosques. Las cuales debían patrullar en solitario para evitar actuaciones humanas no autorizadas,
gestionar los aprovechamientos y combatir los incendios forestales.

La extinción de los incendios no estaba organizada ni profesionalizada y cuando aparecía un incendio se


solía acudir a las poblaciones a reclutar personal para trabajar en la extinción de los incendios. En el año
1910 una combinación de sequía, aparición durante el verano de numerosos incendios que no terminaban
de controlarse y la irrupción a finales de agosto de vientos huracanados; generó gigantescos frentes de
incendio que quemaron más de 1.200.000 has. en dos días, arrasaron poblaciones y acabaron con la vida
de 85 personas, de las que 78 eran personas que trabajaban en la extinción de los incendios.

Ese episodio, convirtió a los incendios forestales de [Link]. en el enemigo a derrotar y a la lucha contra
los incendios forestales en una prioridad política. La concienciación de la sociedad americana sobre el
problema, diversos episodios de grandes incendios junto con la pérdida de vidas de bomberos forestales,
impulso a los responsables políticos a mejorar la preparación de
los profesionales, a dotarlos de medios y a crear todas las infraestructuras necesarias para la lucha contra
los incendios.

El máximo exponente de toda esa dinámica fue la llamada Política de las Diez de la Mañana. Que
consistía en que cualquier incendio, independientemente de sus condiciones o del lugar en el que se
produjese, debía estar controlado antes de las diez de la mañana del día siguiente a aquel en que se había
producido y si no fuese posible, se tomarían las medidas necesarias para que fuese controlado al día
siguiente antes de las diez de la mañana y así sucesivamente.

Toda esa dinámica, más los recursos invertidos, han configurado al sistema de extinción de incendios
forestales de [Link]. como el sistema actual más profesional, con más medios y más eficaz del mundo. A
la vez que la extinción de los incendios forestales conseguía espectaculares resultados en cuanto a reducir
la superficie quemada, comenzaron a aparecer incendios increíblemente destructivos y muy difíciles de
controlar que hicieron reflexionar a algunas personas y empezaron a aparecer voces que alertaban sobre la
relación de la vegetación con el fuego y sobre las consecuencias que estaba teniendo la exclusión de los
incendios forestales del bosque durante decenas de años. Esa eliminación del fuego forestal, estaba
transformado la configuración de la vegetación, cambiando especies y estructuras adaptadas a convivir
con el fuego en periodos de retorno cortos, por vegetación y estructuras
no adaptadas a convivir con el fuego, pero que ardían con enorme intensidad cuando se producía un
incendio en determinadas condiciones.

En 1972, el Servicio Forestal Federal empezó a investigar y experimentar con la quema de la vegetación
de forma controlada en aquellos lugares en los que se consideró que el fuego forestal era un elemento
ecológico más. La teoría del papel natural del fuego forestal en determinados ecosistemas, ha ido
consolidándose y ganando terreno desde entonces y actualmente está totalmente aceptado ese papel
natural del fuego en el bosque. La discusión actual se centra en la forma de actuar para devolver el fuego
al bosque, ya que según sea el estado de partida en el que se encuentre la vegetación, no es nada fácil esa
reintroducción del fuego. Como ejemplo de ello son los incendios ocurridos durante la realización de
quemas prescritas bajo arbolado que se han escapado al control y han originado grandes incendios,
como el ocurrido en Los Álamos (Nuevo México) en mayo de 2000 en el que ardieron más de 19.000 has
y se destruyeron 235 casas. La otra parte de la discusión es la relación de esa ecología del fuego con las
actividades humanas (cambios en el paisaje, molestias por humo, destrucción de madera, etc.) y el posible
límite al desarrollo natural del fuego, estas controversias se pusieron claramente de manifiesto en el
debate que siguió a los grandes incendios que en el año 1988 arrasaron casi 900.000 has. en el Parque
Nacional de Yellowstone.

De esa discusión parece haberse llegado al consenso, por un lado, de que es necesario devolver los
bosques a un estado en el puedan convivir con el fuego forestal, bien a través de quemas prescritas o de
dejar evolucionar los incendios que aparezcan. Por otro lado se necesita una adaptación artificial previa
de la vegetación existente, para llevarla a un determinado estado, a partir del cual pueda convivir con el
fuego forestal.

El problema está en la ingente tarea a acometer debido a la gigantesca superficie forestal que necesita
actuaciones para crear ese estado de la vegetación capaz de convivir con el fuego (se estima en unos
16.000.000 de has.), unido a otros factores como la urbanización de zonas forestales (a través de nuevas
construcciones o de que el crecimiento de grandes ciudades ya se realiza sobre suelo forestal). Todo ello
configura un panorama con enormes dificultades para controlar el problema de los incendios, un enorme
gasto público para hacer frente al problema y la aparición de episodios de incendios catastróficos, con
destrucción de grandes superficies, construcciones y pérdida de vidas.
Política de lucha contra los incendios forestales
Imposibilidad de evitar el incendio forestal

Evidentemente, el mejor incendio forestal es el que no se produce, pero los incendios forestales no son
algo sobre cuya existencia se pueda elegir. Al igual que la altitud, el régimen de precipitaciones o las
temperaturas influyen en la vegetación forestal, el fuego forestal debe ser considerado un elemento
natural más, ya que los incendios forestales siempre han existido y siempre existirán, mientras la
vegetación tenga capacidad para arder y las tormentas sigan produciendo rayos que puedan generar un
incendio forestal. Otra cuestión es que las actividades que realiza el hombre puedan aumentar el número
de incendios que se producirían de forma natural (o disminuirlos) y que esos nuevos incendios puedan
modificar la vegetación forestal, provocar su destrucción y degradar el suelo (al perder la cobertura
vegetal el suelo se erosiona por los diferentes meteoros y se pierde), además los incendios forestales
pueden suponer riesgo para la vida de las personas o destruir sus bienes.

Actualmente del total de incendios que se producen en España, el mayor porcentaje (96%) son causados
por la acción del hombre (intencionada o accidentalmente), lo cual podría conducirnos a pensar que la
lucha contra los incendios forestales debe basarse en la eliminación de los incendios producidos por
causas humanas.

Es evidente que ese alto número de incendios, su tendencia creciente y el alto porcentaje de incendios
intencionados (sobre todo en algunas zonas), es una situación insostenible y que requiere medidas
dirigidas a reducir ese número de incendios. Pero hay que tener en cuenta que la total eliminación de los
incendios por causas humanas es imposible y que además siempre quedarían los incendios producidos por
causas naturales, por lo que siempre que en un determinado monte exista el riesgo de que un incendio
forestal pueda destruir totalmente la vegetación, se debería actuar para que eso no suceda.

La imposibilidad de eliminar los incendios producidos por causas humanas, por una parte es una mera
cuestión de probabilidades: mientras las personas utilicen los montes o sus inmediaciones para realizar
diferentes actividades (residencia, actividades de ocio, trabajos, aprovechamientos, transporte, etc.), el
que se produzca una negligencia o un accidente que cause un incendio forestal, sólo es cuestión de
volumen de actividades y de tiempo. Además, lo probable es que ese incendio aparezca cuando las
condiciones sean más complicadas (altas temperaturas, vientos fuertes, baja humedad de la vegetación,
etc.), ya que es en esas situaciones cuando mayor probabilidad hay de que una fuente de calor provoque la
combustión de la vegetación (viva o muerta), lo que supondrá incendios forestales que se desarrollan en
las peores condiciones para su extinción.

Por otra parte, aunque no existiese ningún interés económico concreto para provocar incendios
intencionados, la posibilidad de que personas desequilibradas provoquen intencionadamente incendios
forestales o que sean provocados por otras personas como venganzas o actos de vandalismo, siempre va a
existir. Del mismo modo que, por muy desarrollada que sea una sociedad, nunca se podrá excluir el riesgo
de que aparezcan asesinos u otro tipo de delincuentes y se adoptan las medidas oportunas, tanto para
evitarlo como para detenerlos si aparecen.

Ecología del fuego


Está demostrado que la totalidad de las especies (animales, vegetales, etc.) que pueblan el planeta Tierra
han evolucionado a partir de especies precedentes y que esa evolución se ha producido para adaptarse a
las diferentes condiciones ambientales que se iban sucediendo a lo largo del tiempo, ya que las especies
incapaces de adaptarse, fueron desapareciendo.

Dado que las condiciones ambientales actuales se mantienen estables desde hace miles de años, las
especies que actualmente existen, deben estar obligatoriamente adaptadas a vivir en estas condiciones y
deben tener capacidad para soportar aquellos cambios de esas condiciones que sean similares a los
producidos durante su proceso de evolución. De no ser así, nunca hubiesen llegado a la época actual y
hubiesen sido sustituidas por otro tipo de especies, al igual que las especies actuales sustituyeron a otras
especies hoy
desaparecidas.

Actualmente también existen especies que permanecen inmutables desde hace millones de años, esto es
debido a su capacidad para sobrevivir tanto en las condiciones ambientales actuales como en otro tipo de
condiciones que se dieron en el pasado. Si la vegetación forestal actual tiene capacidad para arder,
también ha debido tenerla en el pasado y si actualmente las tormentas generan rayos que pueden provocar
incendios, también han debido hacerlo en el pasado. Por ello, la vegetación forestal actual debe tener
mecanismos para convivir con el fuego forestal, ya que de lo contrario no habría podido sobrevivir hasta
la época actual.

De los diferentes tipos de vegetación forestal que existen en los montes españoles (matorrales, pastizales
o montes arbolados de diferentes tipos), la formación vegetal que es capaz de sustituir a cualquier tipo de
vegetación existente, y de mantenerse de forma indefinida en esa zona, mientras las condiciones
ambientales se mantengan en los valores actuales (se denominada vegetación climácica) son las
formaciones compuestas por las diferentes especies de árboles forestales autóctonos: robles, pinos,
encinas, fresnos, alcornoques, etc. Dentro de la totalidad de la superficie forestal, hay zonas en las que la
vegetación arbórea no puede prosperar: zonas húmedas, grandes altitudes, lugares con precipitaciones
muy bajas, roquedos, etc., pero esas zonas suponen un pequeño porcentaje de la superficie forestal; en la
mayor parte de la superficie, la vegetación arbórea puede ocupar la totalidad del suelo y esto sucede
principalmente en las zonas de montaña. Por ello, los diferentes tipos de vegetación forestal deben estar
adaptados a convivir con el fuego forestal y serán los montes arbolados los que ocupen la mayor parte de
la superficie forestal, manteniendo esa convivencia con el fuego.

Refiriéndonos ya a los montes arbolados, esa convivencia no puede basarse en ciclos de destrucción del
bosque y posterior regeneración del arbolado, ya que ese tipo de ciclos no se pueden mantener
indefinidamente: si el fuego destruye totalmente la vegetación se produce la erosión del suelo y su
empobrecimiento, con lo que después de suficientes ciclos se produciría tanta erosión del suelo que
impediría el desarrollo de los árboles. Una convivencia de los árboles con el fuego, mediante destrucción
y regeneración, sólo sería posible en ciclos muy largos durante los cuales se permitiera la recuperación
del suelo.

La frecuencia con la que actualmente los rayos causan incendios, no puede ser muy distinta de la que
haya sucedido en la antigüedad, por lo que deben existir montes arbolados adaptados a convivir con el
fuego en periodos de retorno (periodo en el que en una misma zona se volvería a producir un incendio
forestal) muy cortos (a partir de tres años), en periodos medios (de diez a treinta años) y en periodos
largos (más de 30 años). Esta circunstancia sólo será válida para aquellos lugares en los que las tormentas
causan rayos con cierta frecuencia y en los que las condiciones ambientales (temperatura, precipitaciones,
etc.) permiten que los rayos generen incendios y que esos incendios se propaguen por el monte. En
aquellos lugares en que no se dan esas condiciones (escaso número de rayos, abundancia de
precipitaciones, humedad en el suelo, etc.) podrá existir otro tipo de vegetación arbórea que no presente
esas adaptaciones a convivir con el fuego. También en el primer tipo de zonas habrá espacios menores en
los que se modifiquen las condiciones ambientales generales y permitan la aparición de vegetación propia
del segundo tipo de zonas: vaguadas, zonas de mayor altitud, zonas húmedas, umbrías, etc.

Dado que los montes arbolados que forman las especies de árboles forestales tienen capacidad para
modificar las condiciones ambientales locales (mejoran la calidad del suelo, mejoran la absorción de agua
del suelo con lo que aumentan la disponibilidad de agua para los árboles, aumentan la humedad relativa,
disminuyen la velocidad del viento, etc.) existirá una competencia entre las diferentes especies de árboles
forestales tendente a ocupar el máximo espacio posible, a mantenerse en él y a expulsar del mismo al
resto de especies competidoras.
Para ello, las diferentes especies desarrollarán estrategias que favorezcan a unas y perjudiquen a otras.
Aquellas especies capaces de vivir en un régimen de incendios con cortos periodos de retorno
desarrollarán estrategias para favorecer la aparición del incendio forestal y su propagación cuando
aparezca (acumulación de restos que tardan más tiempo en descomponerse, menor densidad del número
de árboles que forma el bosque, etc.) y las que no pueden vivir en ese régimen de incendios, desarrollarán
estrategias para evitar que el incendio aparezca y dificultar su propagación (restos que se descomponen
rápidamente, cobertura total del suelo por las copas de los árboles, etc.).

Todo ello debe verse en periodos de tiempo suficientemente largos, ya que aunque en una determinada
zona existan condiciones ambientales que no favorezcan la aparición de incendios, si de forma periódica
aparecen circunstancias que sí favorecen esa aparición de incendios forestales (sequías por ejemplo), la
composición de la vegetación forestal de esa zona reflejará esa circunstancia.

Aquellas especies capaces de vivir en un régimen de incendios con cortos periodos de retorno dispondrán
de diferentes mecanismos para defenderse del fuego, tanto a nivel individual como a nivel de comunidad
y que se corresponderán con las diversas etapas de la vida de los árboles. Algunas de esas características
individuales serán: gruesas cortezas que protegen del fuego a los tejidos vivos del tronco del árbol,
capacidad de rebrote, facilidad de regeneración por semilla, etc.

Como comunidad: creación de espacios abiertos que favorezcan la aparición de combustible de superficie
(pasto, matorral) de manera que los rayos puedan generar con frecuencia incendios de superficie que
eliminen la acumulación de combustible y eviten la aparición de incendios de alta intensidad, creación de
espacios cerrados que eviten la acumulación de combustible de superficie (esto sólo se producirá cuando
el fuego de copas en ese tipo de comunidad sea poco probable) y que evite que los rayos provoquen
incendios de superficie y que en caso de que aparezcan, sean de baja intensidad.

Simplificando la cuestión, en aquellos lugares en los que los incendios se producen en cortos periodos de
retorno, en su estado de mayor madurez, existirían dos tipos de montes arbolados: unos que forman
bosques abiertos y otros que forman bosques cerrados. En su etapa de mayor madurez, los bosques
abiertos estarán compuestos por especies capaces de resistir incendios de superficie de una cierta
intensidad (árboles gruesos y altos, con cortezas gruesas, etc.) y los bosques cerrados lo estarán por
especies capaces de resistir incendios de superficie
de baja intensidad.

En los bosques del primer tipo la regeneración se produciría en espacios abiertos, en aquellos periodos
favorables: periodos de mayor humedad, y el fuego forestal sería el principal elemento que eliminaría el
exceso de regeneración, dejando la densidad de árboles correspondiente.

En los bosques del segundo tipo la regeneración se produciría en espacios abiertos o a la sombra de los
árboles existentes y el exceso de regeneración se eliminaría por otros medios (imposibilidad de
desarrollarse permanentemente a la sombra, etc.).

De esta formase explica que, de forma natural, se crean comunidades de vegetación forestal que pueden
convivir con el fuego forestal sin que éste destruya la totalidad de la vegetación cada vez que aparezca.
De esa manera, la solución final al problema de los incendios forestales llegaría cuando la totalidad de la
superficie forestal se encuentre ocupada por comunidades de vegetación que puedan convivir con el fuego
forestal en un régimen natural de incendios, debido a su adaptación específica para soportar el paso del
fuego.

Tanto uno como otro tipo de monte arbolado de los anteriormente descritos, en su proceso de crecimiento
desde su nacimiento hasta alcanzar su estado adulto, pasan por una etapa en la que la estructura de la
vegetación (acumulación de combustible de superficie y alta probabilidad de generación de fuego de
copas) permite que en determinadas circunstancias (aquellas capaces de generar incendios de alta
intensidad) el fuego forestal destruya la vegetación que se encuentre en esa etapa de evolución e incluso
destruya también la vegetación adulta. En un sistema en el que sólo interviniesen los factores naturales, la
situación comentada no sería un problema, ya que esa etapa de la vegetación sólo se presentaría
puntualmente y la probabilidad de ser destruida por el fuego forestal sería muy baja (poca probabilidad de
que el incendio forestal se originase en el lugar donde exista ese tipo de vegetación, o protección de esos
lugares por vegetación circundante en la que no prospere el incendio) y la de ser destruida repetidamente,
aún menor. Además, las especies utilizan otras estrategias que le permiten superar esa fase crítica:
regeneración dentro de estructuras de vegetación en las que no prospera el incendio (bosques densos con
poco combustible de superficie), o creación de ese tipo de estructuras al regenerarse, etc.

El fuego forestal se convierte en un verdadero problema cuando son ese tipo de vegetación forestal
(aquellas capaces de ser destruidas por el fuego forestal - vegetación en proceso de regeneración -) las que
ocupan la mayor parte de la superficie. Entonces el riesgo de que aparezca un incendio forestal es muy
alto y la posibilidad de que se generen grandes incendios. El principal requisito para que esas superficies
en regeneración alcancen la situación de equilibrio con el fuego forestal, es que permanezcan sin
quemarse el tiempo preciso. En esa situación es donde la existencia de infraestructuras adecuadas tiene su
mayor eficacia.

Objetivos de la política de lucha contra los incendios forestales

Al igual que sociedades pasadas necesitaron obtener productos de los montes (madera, pasto, leñas, etc.)
y explotaron los bosques de acuerdo con sus conocimientos para obtener esos productos, la sociedad
actual necesita también obtener toda una serie de beneficios de los montes, principalmente de los
arbolados.

Un tipo de esos beneficios son los que se obtienen directamente por la explotación de los recursos
naturales: madera, pasto, frutos, caza, etc. Y otro tipo de beneficios son los que se obtienen por la simple
existencia del bosque.

Estos últimos beneficios se deben principalmente a la actividad de los árboles. Algunos de ellos son:
absorción y acumulación de CO2 y otros contaminantes emitidos a la atmósfera, intervención en el ciclo
del agua aumentando la cantidad de agua del subsuelo, favoreciendo las precipitaciones y evitando la
desecación del suelo; impedir la erosión del suelo, crear suelo y mejorar el existente, contención de
fenómenos naturales (aludes, vientos, inundaciones), etc.

La cantidad de población actual, la demanda de recursos naturales de las sociedades desarrolladas


(madera, agua potable, suelo), la emisión de contaminantes y gases de efecto invernadero, o la tendencia
creciente a vivir en grandes ciudades, con una gran aglomeración de población y la consiguiente
necesidad de ocio y relajación en espacios naturales, o la cada vez mayor ocupación del espacio y su
consecuencia de pérdida de hábitats y biodiversidad; suponen que la sociedad actual necesita
enormemente los montes, principalmente los arbolados y que sea imprescindible mantenerlos,
aumentarlos y mejorarlos, no pudiéndose permitir su destrucción por el fuego.

Ya se ha dicho que son los montes arbolados maduros los que están adaptados a convivir con el fuego
forestal, por ello cubren las necesidades de la sociedad actual (y los que van a garantizar la obtención del
mismo tipo de beneficios a las sociedades futuras). El que el paisaje forestal (allí donde sea posible)
estuviese conformado por ese tipo de montes debería ser el objetivo de la gestión de toda la superficie
forestal y no debería existir ningún impedimento político para lograr ese objetivo y quizás no sólo no
deberían existir impedimentos, sino que debería ser una obligación legal el conseguirlo. Ya que ese estado
se alcanza en la mayoría de los lugares de forma natural. Sólo se exceptuarían aquellas zonas en las que
debido a la erosión que han sufrido ya no se puede producir ese proceso natural y necesitan una actuación
artificial para poder conseguir el objetivo expuesto.

Para conseguir ese objetivo se deben tener en cuenta unas condiciones obvias, que no por serlo son
tenidas en cuenta. En primer lugar es actuar en toda la superficie forestal, con independencia de que sea
propiedad particular o pública. Actuar igualmente en zonas arboladas como desarboladas y comprender
que las actuaciones sobre zonas desarboladas que persiguen mantenerlas desarboladas de forma artificial,
sólo sirven para diferir el problema de los incendios en el tiempo y no para solucionarlo.

El alto número de incendios que se produce en España y su tendencia creciente puede hacer pensar a los
responsables políticos, que la lucha contra los incendios debe consistir en medidas dirigidas a disminuir el
número de incendios, pero aparte de que esas medidas son precisas, el no hacer lo necesario para crear el
paisaje forestal comentado supone mantener e incrementar un problema tan grave o más que el que
actualmente existe. Los grandes incendios forestales son los que más daños producen.
Establecida la imposibilidad de evitar el incendio forestal, sabiendo que de los diferentes factores que
influyen en la propagación del incendio, sobre el único que el hombre puede actuar para modificar la
propagación y la intensidad del fuego, es el combustible forestal; la única elección posible respecto a los
incendios forestales no es su existencia o eliminación, sino la intensidad que el incendio forestal va a
alcanzar cuando aparezca.

La adaptación de la vegetación y la reducción de la cantidad de combustible por hectárea, supone


incendios de baja intensidad y conservación de la vegetación. Lo contrario supone incendios de alta
intensidad y en la mayoría de los casos destrucción de la vegetación y pérdida del suelo. La no actuación
sobre el combustible forestal sólo supone que se estará eligiendo que el monte se queme con alta
intensidad cuando aparezca el inevitable incendio forestal.

Una opción puede ser el mantener, de forma artificial, los montes en un estado en el que los incendios no
pueden destruir la vegetación. Pero dada la superficie forestal de España, su estado y su tendencia a seguir
aumentando, surge la necesidad de que la superficie forestal se autofinancian - o mejor dicho produzca
beneficios - o será inviable intentar conseguir un buen estado mediante inversión pública. En todo caso,
ese tipo de actividades sólo van a poder realizarse en una parte de la superficie forestal y no en toda ella.

Por todo ello y para la mayor parte de la superficie forestal, los objetivos de la lucha contra los incendios
forestales no pueden ser otros que conseguir transformar en montes arbolados todas aquellas superficies
forestales que puedan sostener ese tipo de vegetación, consiguiendo el establecimiento del arbolado para
que el monte alcance el estado de mayor madurez. De este modo estará adaptado para poder convivir con
el fuego forestal, en un régimen natural de incendios.

Para ello y dependiendo de la situación en que se encuentre cada monte, se deberá utilizar la dinámica
natural de la vegetación y realizar las actuaciones artificiales precisas para alcanzar dicho estado. La
principal condición para conseguir ese objetivo es evitar que el monte se queme durante las etapas de
evolución, y que el ciclo se mantenga en destrucción regeneración. No tener esos objetivos, sólo supone
elegir que el inevitable incendio forestal se desarrolle con alta intensidad, y que destruya la vegetación,
manteniendo al monte en un permanente estado de regeneración, pero con un suelo cada vez más
deteriorado.

Medidas tradicionales

Como se ha dicho, de los factores que intervienen en la propagación del fuego, sólo se puede actuar sobre
el combustible, para modificar la propagación e intensidad del posible incendio forestal.

Tradicionalmente las medidas de modificación del combustible que se aplicaban, consistían en


interrumpir la continuidad vertical y/o horizontal del combustible forestal y en disminuir la cantidad de
combustible por hectárea.

Para romper la continuidad horizontal del combustible se construían infraestructuras (caminos y


cortafuegos) y se hacían tratamientos sobre la vegetación (desbroces, clareos, eliminación total y parcial
de la vegetación: fajas cortafuegos, etc.) para crear discontinuidades. Para romper la continuidad vertical
del combustible se han realizado desbroces del matorral y poda del arbolado, principalmente.

Los problemas más frecuentes que presentan las actuaciones tradicionales de tratamiento del combustible
forestal, para la prevención de los incendios, son: Por un lado que la ruptura de la continuidad vertical
generalmente no es posible en las primeras fases de regeneración del arbolado y nunca es posible en las
zonas de matorral, y por otro que se hacen tratamientos para romper la continuidad vertical entre el
combustible de superficie y la copa de los árboles, cuando sigue existiendo continuidad horizontal de las
copas de los árboles - con lo que en caso de incendio de copas se destruirá igualmente el arbolado - o que
se mantienen infraestructuras para romper la continuidad horizontal del combustible, cuando la cantidad
de combustible que separa esas infraestructuras es capaz de generar tal intensidad de fuego que las hace
inútiles.

La falta de planificación para la ejecución de actuaciones, muy común en el caso de la creación de


infraestructuras y en este caso también la comisión de graves defectos en la ejecución de esas
infraestructuras.
Además de esos problemas técnicos, otros problemas son: que la intervención sólo se ha realizado en una
parte de la superficie forestal (generalmente superficie de propiedad pública cuya gestión corresponde a la
Administración Forestal) y no en toda ella. Como problema final está el alto coste de algunas de esas
actuaciones, lo que hace inviable su aplicación a la totalidad de la superficie forestal o su mantenimiento
en el tiempo.

Necesidades actuales de la lucha contra los incendios forestales

Ya se ha dicho que superficie forestal actual de España ocupa un alto porcentaje de la superficie total
(casi el 52%), que gran parte de esa superficie es arbolada, que la tendencia actual es que esa superficie
siga aumentando y que también aumente la superficie arbolada y que esa tendencia va a continuar en los
próximos años.

Gran parte de esa superficie son etapas de regeneración del arbolado, en las que el riesgo de que la
vegetación sea destruida por los incendios forestales es muy alto, y en los próximos años se incorporará
más superficie a ese estado.

El número de incendios que anualmente se producen en España es muy elevado y continúa con una
tendencia creciente. El descenso de la superficie quemada se ha conseguido mediante una considerable
inversión pública en los sistemas de extinción de incendios, pero en los últimos años hay una tendencia al
aumento de la superficie quemada, por lo que puede existir una situación insostenible a medio plazo.

La actuación sobre el combustible, es la única posibilidad para reducir la intensidad de los incendios
forestales, que como hemos dicho son inevitables. Pero las posibles actuaciones deben proteger
eficazmente a la vegetación del fuego – de superficie y de copas –, deben realizarse en toda la superficie
forestal en la que exista el problema de los incendios, y deben tener un coste que sea soportable por los
presupuestos públicos, ya que éstos (aparte de la
necesidad evidente de incrementar su cuantía actual) no serán infinitos.

Teniendo en cuenta todos esos factores, podríamos resumir que las necesidades a las que actualmente se
enfrenta la política de lucha contra los incendios forestales en España son:

• Reducir el alto número de incendios y su tendencia creciente, para intentar llegar a una situación óptima,
en la que el número de incendios originados por causas humanas, sea un porcentaje similar al de los
originados por causas naturales.

• Transformar los montes desarbolados en montes arbolados, y hacer evolucionar los montes arbolados
hacia estructuras que sean capaces de convivir con el fuego forestal en un régimen natural de incendios.

• Conseguir que esa transformación y evolución del monte se realice con técnicas y métodos que protejan
efectivamente al monte del fuego, y que tengan un coste (aún mejor si producen beneficios) que sea
soportable por una adecuada inversión pública, de manera que se puedan aplicar en la totalidad de la
superficie forestal.

• Actuar sobre la totalidad de la superficie forestal.

• Adecuar los montes para que la extinción de los incendios sea económica. Disponer de sistemas de
extinción de incendios que tengan un coste soportable y que contemple el proceso de transformación y
evolución de la vegetación forestal.

Consideraciones previas

Ante las necesidades expuestas hay que establecer algunas consideraciones, antes de presentar posibles
soluciones.

Ø Reducir el número de incendios es imprescindible, conseguir que el número de incendios forestales


originados por causas humanas fuese un porcentaje similar al de los originados por causas naturales, y
conseguir que el dispositivo de extinción pueda hacer frente a cualquier tipo de incendio,
independientemente de las condiciones en las que se encuentre el combustible forestal, esto solamente
significa esperar que el incendio se produzca en condiciones en las que la intensidad del fuego no permita
su extinción, y los daños originados habrán arruinado todo el trabajo y tiempo invertido hasta la fecha.

Ø Se debe evitar que el coste de la extinción de los incendios impida destinar la cantidad necesaria de
recursos públicos a la transformación de los montes para conseguir el paisaje forestal comentado. Para
ello, se deben cumplir diferentes premisas:

 Evitar el incremento constante del uso de los medios aéreos de extinción, por su alto costo.
 Los montes deberán estar adaptados, para que la extinción de los incendios se pueda acometer
con medios de tierra. Esa adaptación deberá consistir, básicamente, en dotar a los montes de las
infraestructuras de defensa contra incendios necesarias (cortafuegos, caminos y puntos de agua)
y de adaptar el combustible forestal, para que la intensidad del posible fuego, permita trabajar en
ese tipo de medios.

 La profesionalización (a todos los niveles) del personal que trabaja en la extinción de los
incendios, es otra de las premisas necesarias, de manera que se cambie cantidad por calidad en el
trabajo de extinción de incendios.

 Otra de las premisas es la existencia permanente de un dispositivo de extinción de incendios.


Con un número de medios y personal suficiente, adaptado a las diferentes épocas de riesgo del
año, de manera que no exista ninguna época del año en la que pueda producirse un incendio
forestal y en la que no existe un dispositivo de extinción de incendios.

 La participación del personal y de los medios en el dispositivo de extinción de incendios en el


proceso de evolución de la vegetación forestal hasta llegar al paisaje forestal óptimo
(principalmente mediante la realización de quemas prescritas bajo arbolado y otro tipo de
trabajos selvícolas), contribuirá ha optimizar los recursos públicos invertidos y ha acelerar el
proceso, disponiendo además de profesionales muy cualificados en el manejo del fuego forestal
y plenamente capacitados para actuar en el monte.

Ø La construcción de infraestructuras de defensa contra incendios (correctamente ejecutadas) como los


caminos, los cortafuegos o los puntos de agua, solucionan una parte de las necesidades. Pero se debe tener
en cuenta que cuando el arbolado supera la fase de regeneración (una determinada altura de los árboles)
cierto tipo de infraestructuras no son efectivas por si mismas, si no se reduce la cantidad de combustible
por hectárea de superficie forestal, por lo que se necesitan actuaciones que adecuen el combustible
(clareos, claras y eliminación de restos: quemas, trituración, retirada, etc.) y que permitan que el
arbolado pueda convivir con el fuego forestal en un régimen natural de incendios.

Ø Por lo tanto, el éxito de la lucha contra los incendios forestales no se conseguirá mientras exista un
número de incendios descontrolados o mientras no se adapte el combustible forestal. Las medidas a tomar
para la reducción del número de incendios, y el tratamiento de los montes son complementarias y deben
realizarse simultáneamente. Nunca funcionarán unas sin las otras.

Soluciones propuestas

La solución definitiva a los problemas de los incendios forestales, llegará cuando el número de incendios
se reduzca a los producidos por causas naturales, solamente cuando la totalidad de la superficie forestal
(en la que los incendios forestales sean un riesgo de destrucción de la vegetación forestal) se encuentre en
unas condiciones que permitan que la vegetación conviva con el fuego forestal (o que esa vegetación
forestal se encuentre en un proceso de adaptación para conseguir ese estado) y cuando las diferentes
actuaciones humanas (usos y aprovechamientos de los montes, inversión pública, sistemas de extinción de
incendios adecuados, etc.) permitan que esa situación se mantenga indefinidamente en el tiempo.

Llegar y mantener esa situación óptima, requiere realizar los siguientes grupos de acciones.

1. Evitar que aparezca el incendio.


Para ello será necesario realizar las actuaciones siguientes y disponer del personal, los medios materiales
y la normativa necesaria para hacerlo:

a. Ordenar y adaptar los diferentes usos (cultivos agrícolas, pastoreo, acampadas, líneas eléctricas,
urbanizaciones, etc.) que potencialmente puedan producir incendios forestales, actuando sobre el
desarrollo de esos usos (adaptación del ganado a la situación del monte, determinación de zonas en las
que el cultivo agrícola es posible y en las que no lo es, adaptación del combustible en la interfase urbano-
forestal, etc.) y no sólo sobre las consecuencias de esos usos que puedan dar lugar a incendios forestales.

b. Vigilancia disuasoria de la superficie forestal que prevenga sobre todo los incendios intencionados.

c. Investigación de las causas que provocan los incendios y actuación en consecuencia.

d. Persecución (administrativa y penal) de los posibles causantes de los incendios.

2. En caso de que el incendio aparezca, detectarlo y extinguirlo en el menor tiempo posible


y si no es posible, intentar que cause el menor daño.

a. Disponer de adecuados sistemas de detección y extinción de incendios (número de medios, tipo de


medios, personal profesional, etc.), operativos durante todos los periodos del año en los que se puedan
producir incendios forestales.

b. Montes con accesos adecuados, que permitan una rápida intervención en la extinción de los incendios y
con las compartimentaciones necesarias para controlar el fuego en esas líneas de
compartimentación.

c. Red de puntos de repostaje de agua, que posibiliten que los medios de extinción abandonen durante el
menor tiempo posible el frente del incendio para repostar agua.

d. Adecuación del combustible forestal para que la intensidad de los posibles incendios permita la
actuación de los medios de extinción terrestres.

3. Mantener un proceso que permita que la vegetación forestal (sea cual sea su estado de
partida) pueda evolucionar para crear sistemas capaces de convivir con el fuego forestal en
un régimen natural de incendios.

a. Investigación de las relaciones entre la vegetación y el fuego y desarrollo de técnicas de gestión


adaptadas a cada ecosistema.

b. Planificación del proceso de evolución de la vegetación y ordenación de usos y aprovechamientos de la


superficie forestal, para conseguir desarrollar ese proceso de evolución.
c. Realización de las actuaciones necesarias para que la vegetación mantenga ese proceso de evolución y
se acelere cuando sea preciso (reforestaciones, desbroces, clareos, etc.).

d. Protección de la vegetación frente al fuego (actuaciones del punto anterior).

4. Que todo este proceso se realice con un coste soportable por una inversión pública
razonable.

a. Sistemas de vigilancia y extinción de incendios con el menor coste posible y que participen en el
proceso de evolución de la vegetación.

b. Sistemas de gestión (planificación, actuación, control, etc.) que consigan los mayores resultados con el
menor coste posible (estructuras administrativas estables, equipos profesionales, técnicas adecuadas,
materiales necesarios, etc.).

Plan de defensa contra incendios forestales

La forma de abordar, de una manera integral, el problema de los incendios forestales, es a través de la
realización y aplicación de lo que se conoce como: Plan de Defensa contra Incendios Forestales.
Estos Planes existen en algunas comunidades autónomas, pero generalmente carecen del suficiente nivel
fáctico en todos los aspectos necesarios, por lo que no suelen ser muy efectivos en su aplicación.

El Plan de Defensa contra Incendios Forestales ideal, debería actuar en la totalidad de la superficie
forestal de la zona en cuestión y las medidas a aplicar deberían ser consecuencia del debate y acuerdo,
entre las diferentes partes implicadas en resolver el problema de los incendios forestales, en esa zona.

El Plan de Defensa contra Incendios Forestales debe contener la información necesaria respecto a cuales
son las causas y motivaciones que provocan los incendios, y a cómo son las condiciones meteorológicas
que influyen en la probabilidad de aparición del incendio y en el comportamiento del fuego. Debe realizar
un inventario de los bienes (poblaciones, industrias, infraestructuras, etc.), bosques y demás valores
naturales a proteger, de las infraestructuras
de defensa contra los incendios forestales con que cuentan los montes y del dispositivo de vigilancia y
extinción de incendios existente.

Partiendo de esos datos, para evitar la aparición de incendios forestales y así reducir su número, se deben
establecer medidas de regulación sobre los usos y aprovechamientos de la superficie forestal. De manera
que las distintas actividades humanas que se desarrollan en esa zona, no necesiten usar el fuego para su
realización o que ese uso del fuego esté regulado, si es necesario para alguna actividad, y que esas
actividades humanas encajen en el proceso de evolución del paisaje forestal, dirigido a conseguir la
convivencia de la vegetación forestal con el fuego forestal en un régimen natural de incendios. Esas
medidas de regulación, deberían incluso suponer la modificación de la normativa existente, si esa
modificación es necesaria para conseguir su adecuada aplicación.

El Plan de Defensa contra Incendios Forestales deberá establecer las diferentes actuaciones a realizar
sobre la vegetación forestal para lograr ese proceso de evolución del paisaje forestal, dirigido a conseguir
la convivencia de la vegetación forestal con el fuego forestal en un régimen natural de incendios.

Deberá definir las necesidades de construcción y conservación de infraestructuras de defensa del monte
contra los incendios forestales y diseñar el dispositivo de vigilancia y extinción de incendios necesario
para cada época del año (medios humanos y materiales e infraestructuras).

El Plan de Defensa contra Incendios Forestales podrá escoger una zona de la superficie forestal, en
función del riesgo de incendios, con el fin de establecer prioridades de actuación.
Finalmente el Plan deberá contener una programación duradera para las operaciones de construcción,
ejecución, realización, etc., y de las de mantenimiento, una evaluación de los costes de las medidas a
aplicar así como la forma de financiación del Plan.

Para conocer la eficacia del Plan, deberán existir unos criterios fácilmente evaluables y se deberán fijar
unos objetivos a cumplir en función de esos criterios. También deberá existir una programación
establecida para revisar el Plan.

El diseño y construcción de las redes de infraestructuras de defensa contra incendios forestales, sería una
de las partes de ese Plan de Defensa contra Incendios Forestales, El éxito total en la lucha contra los
incendios forestales llegaría con la ejecución en su totalidad de las medidas que debe contener el Plan de
Defensa contra Incendios Forestales.

Que el diseño y construcción de las redes de infraestructuras, sea una parte de ese Plan de Defensa contra
Incendios Forestales, no significa que tenga poca importancia, más bien todo lo contrario, ya que ese
diseño y construcción de las redes de infraestructuras, tiene múltiples implicaciones tanto en la extinción
de los incendios forestales, como en la gestión de la superficie forestal, por lo que las actuaciones de las
redes de infraestructura se convierten en pieza fundamental en el esquema de lucha contra los incendios
forestales.
Construcciónde las infraestructuras: Objetivos
Redes de infraestructuras

Para conseguir esos objetivos vamos a utilizar las infraestructuras ya existentes en la superficie forestal y
vamos a construir otras nuevas que nos sirvan para compartimentar esa superficie, facilitar el acceso de
los vehículos y disponer de una serie de lugares en los que se puede repostar agua.

Esas infraestructuras no estarán dispuestas al azar, sino que dependerán unas de otras - tanto entre las del
mismo tipo como entre las de diferentes tipos - y formarán redes. En concreto tendremos tres redes:

• La red de compartimentación de la superficie forestal, que denominaremos: Red de


Compartimentación.

• La red de accesos a la superficie forestal, que denominaremos: Red de Accesos.

• Y la red de lugares de repostaje de agua, que denominaremos: Red de Puntos de Agua.

Al conjunto de esas redes lo denominaremos: Red de Infraestructuras.

Elección del modelo de infraestructuras

Como se ha dicho, y respecto a la gestión del combustible, la solución definitiva de los incendios
forestales es la existencia de estructuras de vegetación capaces de convivir con el fuego forestal en un
régimen natural de incendios.
Por ello, las infraestructuras aquí planteadas (principalmente las que sólo cumplen una función de
compartimentación), no son la solución definitiva, sino una ayuda al resto de actuaciones, durante el
tiempo necesario para que el monte llegue a una situación de equilibrio.

Además de las necesidades hasta ahora expuestas, el acceso de vehículos al monte siempre será necesario,
para actuaciones de gestión (inventarios, controles sanitarios, etc.), tratamientos (podas, desbroces, etc.) y
aprovechamientos (cortas, caza, senderismo, etc.) el coste de las mismas debe ser el menor posible, y esto
se conseguirá disminuyendo los costes de realización (un acceso complicado, incrementa esos costes) y
logrando la optimización de los recursos públicos destinados a estos fines.

Por lo tanto, la construcción de accesos se propone como definitiva y la construcción de cortafuegos


como temporal, puesto que llegaría un momento en el que dejarían de ser eficaces y deberían desaparecer.
Lógicamente, las infraestructuras para repostaje de agua también se plantean como permanentes.

Infraestructuras de compartimentación

Dentro del sistema de lucha contra los incendios forestales, la compartimentación de la superficie forestal
sólo es una actuación temporal y como uno de los objetivos es actuar en la totalidad de la superficie
forestal, necesitamos disponer de un sistema de compartimentación de la superficie forestal sencillo de
aplicar, de bajo coste y que en un determinado momento se pueda abandonar sin mayores complicaciones.

El sistema elegido para lograr la compartimentación es la creación de una red compuesta por una serie de
líneas que eviten la propagación del incendio. Esas líneas pueden ser naturales: ríos, rocas, zonas
húmedas, etc., o artificiales: carreteras, caminos, etc. El diseño y construcción de esa red, consistirá en
que partiendo de esas líneas naturales o artificiales ya existentes, se diseñen y construyan una serie de
cortafuegos (o caminos donde no sea posible construir cortafuegos) de manera que la totalidad de la
superficie forestal quede dividida en parcelas de una determinada superficie, totalmente rodeadas por este
tipo de líneas.

Como ya se ha dicho, el objetivo de esta Red de Compartimentación, no es la contención de todos los


incendios por medio de estas líneas (que sí se conseguirá en gran parte de algunas ocasiones), sino que es
la contención del incendio en las partes de menor intensidad del fuego (flancos y cola) y la utilización de
estas líneas para el acceso y desplazamiento de los medios de extinción y para la realización de de
contrafuegos y quemas de ensanche desde las mismas (para detener la cabeza del incendio en los casos
que sea necesario).

Los cortafuegos que formarían parte de la Red consistirían en una faja lineal de determinada anchura, en
la cual se elimina la totalidad de la vegetación hasta el suelo mineral y que generalmente permiten la
circulación de vehículos todo terreno.

En esos cortafuegos la eliminación de la vegetación se podría realizar por diferentes métodos: arranque
(manual, mecánico: bulldozer, retroexcavadora, etc.), roza (manual, mecánica: desbrozadora de mochila,
tractor con desbrozadota de cadenas, etc.), desbroce químico, etc.
De esos diferentes métodos de eliminación de la vegetación en estas fajas, las más usuales son la
realización de cortafuegos mediante arranque de la vegetación con tractor de cadenas y cuchilla frontal en
modo angledozer, además de la roza manual para aquellas situaciones en las que la maquinaria descrita no
puede actuar y la utilización de retroaraña.

Además de la construcción del tipo de cortafuegos comentado, para la compartimentación de la superficie


forestal existen otro tipos de actuaciones, como pueden ser la construcción de fajas cortafuegos,
entendidas éstas como una faja lineal de diferente anchura, generalmente paralelas a algún tipo de
infraestructura lineal: carreteras caminos, etc., en las cuales se realiza un desbroce total de la vegetación
arbustiva (selectivo en algunos casos), un clareo del arbolado y una poda del arbolado restante. Este tipo
de actuaciones son caras de realizar y de mantener. Tampoco pueden plantearse como definitivas, ya que
si en el resto de la superficie forestal no se realiza ninguna actuación, simplemente separarán zonas de
vegetación que en caso de incendio pueden quemarse enteras y cuando se presenten incendios de muy alta
intensidad, traspasarán esas líneas y quemarán una enorme superficie forestal, por la gran carga de
combustible existente.
Por estos motivos, el sistema de cortafuegos es el idóneo, ya que su coste es menor que el de las fajas
cortafuegos y en cuanto a su forma de realización, la forma elegida tiene un bajo coste, una gran facilidad
de aplicación en todo tipo de terrenos y pendientes, un mayor periodo de tiempo entre aplicaciones y una
gran utilidad en la extinción de los incendios. No sería necesario invertir en métodos de eliminación de la
vegetación más caros, ya que está actuación será solamente temporal y la reducción de costes para poder
actuar en la mayor superficie posible es uno de los objetivos principales.

Si se evita en lo posible la erosión de estos cortafuegos, una vez que éstos se abandonen se produce la
colonización natural de la vegetación sin mayores problemas.

Infraestructuras de repostaje de agua

La infraestructura elegida para almacenar agua y en la que puedan repostar los medios de extinción de
incendios, consiste en un estanque de hormigón armado, enterrado parcialmente en el suelo y de una
capacidad de 40 metros cúbicos (6x 5 x 2 m. y con una rampa de pendiente 2:1. 40.000 litros), del cual los
vehículos de extinción de incendios se abastecen de agua aspirándola desde la parte superior del estanque.
De los diferentes y variados modelos de estanques para almacenar agua que pueden existir, hemos elegido
éste debido a que consideramos que cumple su función en la extinción de los incendios.

Actualmente es fácil de construir, ya que los métodos que se utilizan están muy extendidos en la
construcción civil y es fácil encontrar en cualquier lugar empresas, materiales y personal capacitado para
realizar ese tipo de construcción; y necesita muy poco mantenimiento para estar operativo. Elegimos este
tipo de estanque con carga de agua por aspiración desde la parte superior, por que creemos que tiene
ventajas sobre los estanques que disponen de un sistema para acoplar mangueras de aspiración y que
toman el agua desde el fondo del estanque. Debido a que en los estanques situados en zonas forestales es
fácil que caigan diversos materiales (hojas, tierra, piñas...) que se acumulan en el fondo del estanque,
cuando se aspira el agua desde el fondo, también se aspiran esos materiales que pueden dañar la bomba de
succión y posteriormente atascar las boquillas de riego. Si instalamos unos filtros para evitar la aspiración
de esos materiales, lo que puede ocurrir es que se obstruyan e impidan la carga de agua cuando sea
necesario.
Este modelo de estanque está pensado principalmente para su utilización por autobombas forestales, pero
también es utilizable por vehículos nodriza u otro tipo de vehículos que necesiten repostar agua y por los
helicópteros de extinción, siempre que se cumplan las condiciones referidas a las dimensiones del
estanque (acceso de vehículos, espacio libre de obstáculos para los helicópteros, etc.) que debe reunir el
punto de agua para que sea utilizado por esos otros medios.

En cuanto a sus dimensiones, consideramos que el tamaño propuesto almacena agua suficiente para
abastecer a los medios de extinción durante la extinción de un incendio de dimensiones medias y aunque
con un tamaño menor también se podrían cumplir esos objetivos, podría haber situaciones en las que el
agua almacenada no fuese suficiente y su utilización por helicópteros de extinción podría tener
dificultades; además ese tamaño elegido no supone un gran sobrecoste respecto a tamaños inferiores.

Un mayor tamaño sólo tendría sentido cuando el estanque fuese a ser utilizado principalmente por
helicópteros de extinción, ya que aunque el estanque propuesto es perfectamente utilizable por los
helicópteros, cuanto más se facilite la maniobra de esos medios más eficaces serán.

Factores ambientales condicionantes

Teniendo en cuenta todos los posibles impactos que sobre los diferentes elementos pueden generar este
tipo de infraestructuras, se deben establecer unos factores ambientales condicionantes y en función de
éstos adaptar el diseño y la planificación de las diferentes redes de infraestructuras.

Estos factores ambientales condicionantes pueden ser excluyentes (impiden la construcción de la


infraestructura en la misma zona donde exista ese factor), excluyentes en determinados casos, excluyentes
si no existe medida de corrección factible que aplicar y asumibles siempre, aplicando las medidas de
corrección procedentes.

Los factores ambientales pueden afectar a uno de los tipos de infraestructuras comentadas, a varios o a
todos, creemos que no existe problema para diferenciar cuando puede afectar a unas o a otras. Las
medidas de corrección se aplicarán según proceda en cada una de las diferentes fases: planificación y
diseño, construcción, mantenimiento o uso.
Superficie rodeada de cortafuegos

El primer criterio que se debe tener en cuenta para diseñar la Red de Compartimentación de la superficie
forestal, es la superficie de monte, que tiene que estar rodeada de líneas que realicen la función de
cortafuegos.

En la imagen se ve un ejemplo de planificación de cortafuegos mal diseñada: Un incendio que


se produjera en el interior sería difícilmente controlable, al no haber accesos internos; además,
un incendio que ascendiese por la ladera superaría el cortafuegos en la mayoría de las
ocasiones.

La superficie rodeada de cortafuegos (expresada en hectáreas) será un valor medio con carácter
orientativo. Lo que significa que dicho valor puede aumentarse o disminuirse, pero siempre se tenderá a
acercarse lo máximo posible a ese valor.

Esa superficie media, aumentará o disminuirá debido a las necesidades de situación de los cortafuegos,
que comentaremos más adelante, ya que tiene mayor importancia situar los cortafuegos en los lugares
correctos, que el número de hectáreas que se rodee de cortafuegos.
La superficie media se puede definir teniendo en cuenta múltiples valores relacionados con la extinción
de los incendios: combustible que genera alta intensidad de fuego y lo contrario, etc.; relacionados con los
recursos naturales: valor del arbolado, hábitats singulares, etc.; o referentes a cuestiones económicas:
dificultad de construcción y mantenimiento de los cortafuegos, gran superficie de cortafuegos a mantener,
etc.

Como hemos dicho, los cortafuegos son infraestructuras temporales, no permanentes; prácticamente su
única utilidad va a ser la lucha contra los incendios y elegimos un método de construcción y
mantenimiento sencillo de aplicar y barato, para poder actuar en una gran superficie forestal. Por ello,
nuestro principal condicionante va a ser extender los cortafuegos al mayor número posible de hectáreas de
superficie forestal. Para ello necesitamos elegir un valor medio de superficie rodeada de cortafuegos que
nos facilite la extinción de los incendios forestales y que nos suponga una cantidad de hectáreas de
cortafuegos cuya construcción y mantenimiento sea abordable económicamente.

Tomar otro valor de superficie rodeada de cortafuegos siguiendo otros criterios, solo debería hacerse en
circunstancias excepcionales. La experiencia acumulada nos dice que ese valor medio de superficie
rodeada de cortafuegos es de 60 has. y se ha llegado al mismo, teniendo en cuenta las necesidades de
extinción de los incendios y el coste de construcción y mantenimiento de la red de cortafuegos. En
relación con la extinción de incendios, esa superficie, de forma aproximada, supondría un cuadrado de
unos 775 m. de lado, donde la distancia máxima desde cualquier punto de los cortafuegos a cualquier
punto de la superficie forestal rodeada de cortafuegos sería de unos 388 m.

En general, las autobombas forestales suelen llevar una longitud de mangueras de entre 200 y 300 m., por
lo que en esta situación, serían muy pocos los lugares del monte a los que no se podría llegar extendiendo
la totalidad de las mangueras de que disponen las autobombas forestales. También en este caso, un
bombero forestal podría acceder a pie al punto de la superficie forestal más alejado posible de los
cortafuegos en unos 5 minutos (lo que parece
un tiempo razonable).

Esta situación, ya de por sí favorable, puede ser mejorada si esa superficie de 60 has. está dividida por la
mitad con un camino, ya que en ese caso la distancia máxima desde los cortafuegos o el camino al punto
más alejado posible de la superficie forestal sería de unos 194 m. (accesible por la longitud de mangueras
de las autobombas) y el tiempo que un bombero forestal tardaría en acceder a pie a ese punto seria de
unos 3 minutos. La construcción de ese camino se debería acometer en cualquier circunstancia, ya que esa
infraestructura va a ser permanente y además va a cumplir otra serie de funciones en la gestión y
conservación del monte.

En relación con el coste de construcción y mantenimiento, también se considera una superficie razonable
por los siguientes motivos. Dando una anchura de 20 m. a todos los cortafuegos, el esquema planteado
supondría que habría unas 65 has. de cortafuegos por cada 1.000 has. de superficie forestal. Suponiendo
un coste medio de construcción de los cortafuegos de 407 euros por ha., la construcción de la red de
cortafuegos en cada 1.000 has. supondría 26.455 euros. Si la vida media de los cortafuegos va a ser de
unos 40 años, la amortización anual del coste de construcción será de 661 euros. El mantenimiento de los
cortafuegos se realizaría cada 5 años y su coste por ha. sería de 230 euros. Todo ello supone que en las
circunstancias comentadas, la construcción y mantenimiento de la red de cortafuegos para una vida de 40
años, tenga un coste anual de unos 3.700 euros por cada 1.000 has. forestales, lo que parece un coste
razonable.

Situación de los cortafuegos


La situación de los cortafuegos con respecto al relieve del terreno es el principal factor a tener en cuenta a
la hora de diseñar la red de compartimentación de la superficie forestal.

Como se ha explicado, el fuego forestal se propaga de una determinada manera influida por unos
determinados factores, que hacen que avance más rápidamente por unos lugares y más despacio por otros.
Interponer un cortafuegos en la línea de máxima velocidad e intensidad del fuego no tiene sentido, ya que
será superado por éste en la mayoría de las ocasiones. Por lo tanto, los cortafuegos deberán situarse en
aquellos lugares del relieve del terreno en
los que sean eficaces.

Estos lugares (y ordenados de mejor a peor emplazamiento) son: las divisorias de aguas, las líneas de
máxima pendiente y paralelos al fondo de las vaguadas. Se deben elegir en primer lugar los mejores
emplazamientos y si estos no existen, se continúa con los siguientes. Lo que no debe hacerse en ningún
caso, es situar los cortafuegos paralelos a las curvas de nivel, ya que aparte de su inutilidad para parar el
fuego, pueden convertirse en trampas mortales para los medios de extinción de incendios.

La única excepción sería cuando se sitúan los cortafuegos paralelos a una vía de acceso existente: camino
o carretera. Estos casos, si es posible evitarlos se deben evitar, pero si es necesaria esa ubicación para
completar la red de compartimentación de la superficie forestal, se podría realizar. En todo caso, sólo será
posible su realización si la ladera que atraviesa dicha vía de comunicación tiene una pendiente baja,
menor del 12%, nunca cuando la pendiente fuese superior, ya que esa actuación sería igual de ineficaz
que los cortafuegos paralelos a las curvas de nivel.

En estos casos, el cortafuegos deberá situarse en la parte inferior de la vía de comunicación, respecto a la
pendiente de la ladera. Ello se debe a que tanto en las tareas de construcción como en las de limpieza del
cortafuegos, el material arrancado caería sobre la vía de acceso si el cortafuegos estuviese situado por
encima de esa vía, provocando la necesidad de limpieza de esa vía e incrementando el coste de la
operación. Circunstancia que no se da si el cortafuegos se sitúa en la parte inferior de la vía.

El criterio de situación de los cortafuegos, también deberá imponerse a la forma de realización de los
cortafuegos. Se deberá elegir el lugar correcto aunque la realización del cortafuegos sea más costosa que
otra localización menos adecuada, pero en la que la realización fuese más barata. Esta norma sólo podrá
romperse para tramos de pequeña longitud y cuando las ventajas de la realización sean muy evidentes.
Para evitar que posibles materiales erosionados de la superficie de los cortafuegos lleguen a los cursos de
agua, se debe dejar una franja de vegetación a cada lado de esos cursos de agua. Generalmente este tipo
de vegetación no va a suponer un riesgo de propagación del incendio, en el caso de que sí pueda serlo, se
deberá evaluar su eliminación o no. La anchura de la faja también dependerá de esos factores.

Anchura de los cortafuegos

La anchura que deben tener los cortafuegos se puede elegir en función de los mismos factores
anteriormente comentados (valor del arbolado, hábitats singulares...) o se podría calcular en función del
tipo de incendio que se puede generar en los combustibles que separan (altura de llama, intensidad...).

Pero por los mismos motivos también comentados (temporalidad, facilidad y bajo coste) creemos que se
puede establecer una anchura tipo que sirva para la gran mayoría de las situaciones. Esa anchura sería 20
m. Dicha anchura es efectiva con la mayoría de las intensidades del fuego y prácticamente siempre para
detener el fuego de flancos o de cola.

Anchuras menores no tendrían la misma eficacia y anchuras mayores suponen mayor coste de
construcción y mantenimiento, además de aumentar muy poco su efectividad.

Existe una situación en la que se pueden construir los cortafuegos con una anchura inferior a la propuesta
y posteriormente ampliarlos hasta esa anchura tipo. Esa situación se produce cuando los combustibles que
separa el cortafuegos (en uno o en ambos lados) están formados por árboles con valor comercial. En ese
caso, en la fase de regeneración del arbolado, el cortafuegos puede tener una anchura inferior (10 - 12 m.)
y cuando el arbolado tenga una talla que permita su comercialización, se puede ampliar el cortafuegos y
obtener un beneficio por la madera cortada. Aunque exista, no se recomienda esa posibilidad, ya que,
generalmente, durante ese periodo de tiempo que el arbolado tarda en adquirir una talla comercializable,
la intensidad del fuego que se puede generar en ese tipo de combustible va ha hacer que el fuego supere el
cortafuegos en la mayoría de las ocasiones.

Accesibilidad para vehículos

La accesibilidad para vehículos, se refiere exclusivamente a la posibilidad de que las autobombas


forestales transiten por los cortafuegos (o vehículos con similar capacidad todo terreno).

Esta accesibilidad no siempre va a ser posible (grandes pendientes, rocas, etc.) y no es el principal factor a
tener en cuenta, es mucho más importante la situación de los cortafuegos.
Si se puede conseguir esa accesibilidad con los medios previstos para la construcción de los cortafuegos,
es importante hacerlo, ya que ayudará a cumplir la prescripción de que todos los lugares del monte se
encuentren a una determinada distancia de un lugar accesible a ese tipo de vehículos. Si no se puede
conseguir, vale lo anteriormente dicho de importancia de su situación.

Puesto que la prescripción de que todos los lugares del monte se encuentren a una determinada distancia
de un lugar accesible a autobombas se debe cumplir siempre, en aquellos lugares en los que los
cortafuegos no permitan esa accesibilidad, ésta se deberá conseguir mediante la construcción de caminos.
Las únicas zonas en las que no se conseguiría esa accesibilidad, serían aquellas que presentasen factores
ambientales condicionantes excluyentes.

Red de accesos
Accesibilidad de los vehículos a motor

No todos los caminos van a permitir el tránsito de todo tipo de vehículos, ni todo tipo de vehículos es
necesario que circulen por todo tipo de caminos, sino que cada camino va a cumplir unas determinadas
funciones y va a permitir la circulación de un determinado tipo de vehículos.

En función de la posibilidad de tránsito a través de los caminos por los diferentes vehículos a motor
(definida por las características del camino: pendiente, anchura, firme, etc.), estableceremos una
clasificación de los diferentes caminos. Esa clasificación también nos va a servir para lo contrario: a la
hora de construir un camino, saber que prescripciones tiene que cumplir según qué tipo de vehículos
queremos que circule por él.

La clasificación es la siguiente:

 Caminos de primer orden: son aquellos caminos que permiten la circulación del mismo tipo de
vehículos que circulan por las vías interurbanas (carreteras) y siempre que las condiciones
meteorológicas permitan la circulación por éstas.
Estos caminos tienen unas características (trazado, anchura, etc.) que permiten la circulación de
todo tipo de vehículos y un firme consolidado (zahorras, asfalto, etc.) que permite la circulación
con lluvia o tiempo húmedo. En las únicas ocasiones que los vehículos no podrían circular por
esos caminos sería cuando estén cubiertos de nieve, helados o en situaciones parecidas; que son
situaciones que, sin otro tipo de actuación, tampoco permitirían la circulación de vehículos por
las carreteras.

 Caminos de segundo orden: son aquellos caminos que permiten la circulación del mismo tipo
de vehículos que circulan por las vías interurbanas, siempre que las condiciones meteorológicas
permitan la circulación por esos caminos. Son caminos que en cuanto a trazado, anchura, etc.,
tienen las mismas características que los caminos de primer orden pero que no tienen un firme
consolidado, de manera que cuando el camino esté húmedo (por lluvia, nieve, etc.) puede
impedir la circulación de algún tipo de vehículo o de todos, debido a que se forma barro, a que el
camino es deslizante, etc. En todo caso, cuando el firme está seco estos caminos deben permitir
la circulación de todo tipo de vehículos y para ello deben tener obras que permitan el paso a
través de zonas húmedas, cursos de agua u otro tipo de obstáculos similares.

 Caminos de tercer orden: aquellos caminos que permiten la circulación de autobombas


forestales, siempre que las condiciones meteorológicas no lo impidan. Estos caminos tienen las
características necesarias (anchura, pendiente, etc.) para permitir el paso de ese tipo de
vehículos, siempre que el firme del camino esté seco. Sólo dispondrán de obras para superar
aquellos obstáculos que por si mismos no pueden superar ese tipo de vehículos.
Al permitir la circulación de autobombas forestales, se supone que también permiten la
circulación de vehículos todo terreno de menor tamaño.

Las condiciones que tiene que cumplir el trazado de los diferentes tipos de caminos para tener esa
capacidad de tránsito son las siguientes:

Radio
Anchura Pendiente Pendiente Cruce
Tipo mínimo Cuneta Firme
mínima máxima media vehículos
curvas
Primer Refinado y
6m 15% 3-6 12 m Siempre Siempre
orden consolidado
Permitido
Segundo Siempre, con
4m 15% 3-10% 12 m excepciones
Refinado cada 200 m
orden máximo
Sin obstáculos Permitido
Tercer No es
3m 30% 5-15% 9m que impidan cada 200 m
orden necesaria el paso máximo

Anchura mínima: se corresponde con la anchura de la plataforma del camino y que siempre es apta para
la circulación de los vehículos. Esta anchura se debe ampliar en las curvas en 1 metro en los caminos de
Primer Orden, en 2 metros en los de Segundo Orden y en 1 o 2 metros en los de Tercer Orden.

Pendiente máxima: es la pendiente longitudinal máxima que puede tener el camino y que sólo debe
mantenerse en tramos de 50 m. de longitud como máximo. Esta pendiente podría superarse en algunas
ocasiones, pero no se podría comprometer la capacidad de tránsito del camino en cuestión. Esto
generalmente obligará a mejorar el firme del camino, para que los diferentes vehículos puedan superar
esas zonas, asfaltando o pavimentando con hormigón esos tramos.

Pendiente media: es el margen de valores entre los que se recomienda que se mantenga la pendiente
longitudinal del camino. Los caminos de Segundo y Tercer Orden pueden tener el valor medio que sea
preciso, pero se indica entre paréntesis los valores medios entre los que se debería mantener.
Evidentemente, siempre que sea posible es mejor que el camino tenga una pendiente longitudinal inferior
a cualquiera de esos valores medios.

Radio mínimo de las curvas: es el radio mínimo que deben tener las curvas de estos caminos, medido en
la parte exterior del camino.

Peralte de las curvas: Al igual que las carreteras, la plataforma de este tipo de caminos debería tener una
pendiente transversal (aproximadamente un 3%) hacia el interior de la curva para facilitar el agarre de los
vehículos en esas zonas (peralte). En nuestro caso, debido a la simplicidad de los métodos de diseño y
construcción, vamos a obviar esta condición y será suficiente con que la plataforma de los caminos en
estas zonas no tenga pendiente transversal hacia el exterior del camino y sea llana. En general, la baja
velocidad de circulación de los vehículos por este tipo de caminos tampoco hará necesario el peralte. Es
evidente que siempre que sea posible la realización de esos peraltes, deberían realizarse.

Cuneta: se indica la necesidad de que los caminos incorporen este elemento. En los caminos de Segundo
Orden se puede prescindir de la cuneta en aquellos casos en los que el firme del camino no se va a
erosionar por el agua: zonas de roca. En los caminos de Tercer Orden se puede prescindir siempre de la
cuneta, debido a su escaso tráfico y al poco mantenimiento que van a tener. Por esos mismos motivos se
recomienda que no tengan cuneta y que ésta se sustituya por cortes transversales para la evacuación del
agua, cuyas características se explican en el apartado de construcción.
Firme: se indican cuales deben ser las condiciones mínimas que debe tener el firme del camino. En los
caminos de Primer Orden es necesario que el firme este refinado y
consolidado con los materiales oportunos para que se puedan cumplir las condiciones de tránsito. En los
caminos de Segundo Orden, como mínimo es necesario que el firme se refine con motoniveladora,
eliminando hoyos, piedras, raíces, etc. y, para cumplir las condiciones, suele ser necesario compactar el
camino con un rodillo vibrador, aunque no siempre es necesario. La única condición que debe tener el
firme de los caminos de Tercer Orden es que no presente obstáculos que impidan el paso de autobombas
forestales o vehículos todo terreno de menor tamaño. Para ello no deben existir hoyos que impidan ese
paso, piedras, tocones, etc.

Pendiente transversal de la plataforma del camino: Con la finalidad de evacuar el agua de las
precipitaciones, la plataforma del camino deberá tener una pendiente transversal hacia el exterior del
camino de entre un 1 y un 3%. Excepto en las curvas, por lo que ya se ha explicado. En el apartado de
construcción se amplían las condiciones sobre este punto.

Cruce vehículos: se indica cuando se pueden cruzar dos vehículos en el camino. En los caminos de
Segundo y Tercer Orden deben existir espacios que permitan el cruce de dos vehículos cada 200 m. como
máximo. Esos espacios pueden ser el cruce con otros caminos, cortafuegos, etc., aprovechando zonas
llanas ya existentes o se pueden construir ensanches a la vez que se construye el camino.

Distancia máxima desde cualquier punto de la superficie forestal a un acceso

Entre nuestros objetivos de lucha contra los incendios forestales está el extinguir los posibles incendios en
el menor tiempo e intentar que causen el menor daño posible. Para ello, entre otras cosas, necesitamos
facilitar el acceso rápido de los medios de extinción terrestres hasta una determinada distancia de
cualquier punto del monte.

Esos medios terrestres pueden ser mecánicos (bulldozer y autobombas) o humanos. Pero todos ellos se
van a desplazar hasta el lugar del incendio en vehículos a motor, las autobombas por si mismas, los
bulldozer en una góndola y las personas en vehículos todo terreno. Por esto y a los efectos de clasificarlos
diferentes accesos para esos vehículos, sólo vamos a tener dos clases de accesos: aquellos que sirven para
la circulación de una góndola y aquellos que sirven para la circulación de las autobombas forestales.
Suponemos que los accesos que sirven para la circulación de las autobombas forestales también sirven
para la circulación de vehículos todo terreno de menor tamaño.

De lo que se trata es de establecer una red de accesos que permita la circulación de esos vehículos y desde
la cual todos los puntos del monte se encuentren a una determinada distancia y en el apartado que estamos
tratando (más adelante hablaremos de la identificación de esos accesos), lo que pretendemos es establecer
la distancia de cada punto de la superficie forestal a un acceso practicable por cada tipo de vehículo
mencionado.

La distancia desde cualquier punto del monte a un acceso practicable por una autobomba forestal, la
hemos adoptado en función de la longitud de mangueras que suelen llevar estos vehículos, que,
generalmente, está entre 200 y 300 m. y la hemos establecido en 250 m.

Consideramos que esa distancia mantiene un adecuado equilibrio entre capacidad de extinción (acceso
suficientemente rápido a cualquier posible incendio montando una línea de agua o por personas a pie) y
densidad de accesos. Resultando un coste razonable tanto para la construcción de las infraestructuras
necesarias como para su mantenimiento.

La distancia desde cualquier punto del monte a un acceso practicable por una góndola que transporta un
bulldozer la hemos establecido en 1.500 m. Esta distancia puede ser algo elevada y lo ideal es reducirla
siempre que sea posible, pero debido a las condiciones que deben cumplir los accesos para ese tipo de
vehículos, el coste que tiene la construcción de caminos con esas condiciones es elevado y debe
racionalizarse lo máximo posible su construcción. Por otro lado, no es frecuente la utilización de
bulldozer en el Primer Ataque a un incendio forestal, por lo que su acceso hasta el incendio no suele ser
tan urgente como el del resto de medios de extinción terrestres.

El cálculo de la distancia de cualquier punto de la superficie forestal a un acceso, se hace desde ese punto
hasta el centro de ese acceso. Aunque la exactitud de esa medida no es una cuestión trascendental, ya que
los 3 - 10 m. que generalmente puede haber de diferencia entre las formas de realizar esa medición, no
suponen variaciones significativas de la efectividad del acceso.

Red de Puntos de Repostaje de Agua

Utilización de los puntos de agua

Además de su función en la extinción de incendios, los puntos de agua pueden cumplir otras funciones
como: abrevadero para el ganado, abrevadero para la fauna silvestre, lugar de repostaje de agua para
trabajos en el monte y para otras actividades de la población local: riego, limpieza de calles, etc.

Si es posible que los puntos de agua puedan cumplir ese tipo de funciones y se considera necesario que
sean utilizados para esos fines, se deberían construir de la forma necesaria para cumplirlas, la cual deberá
definirse para cada caso concreto. Siempre teniendo en cuenta que su función prioritaria será su
dedicación a la extinción de incendios.

Hay que resaltar que en el caso de que los puntos de agua puedan ser utilizados para el riego, se debe
garantizar que siempre dispongan de agua para poder ser utilizada en la extinción de incendios. Para ello
es necesario que esos puntos de agua se rellenen rápidamente y se deben diseñar de manera que el punto
de agua nunca pueda ser vaciado totalmente (sólo la mitad), porlo menos sin la autorización
correspondiente.

Utilización de los puntos de agua por los medios de extinción de incendios

Respecto a la extinción de incendios forestales, los puntos de agua pueden ser utilizados por vehículos
autobomba (de varios tipos y tamaños), por vehículos nodriza (generalmente camiones cisterna de
diferentes tamaños) y por helicópteros de extinción.

Utilización de los puntos de agua por las autobombas

En primer lugar, el punto de agua debe tener un acceso practicable por ese tipo de vehículos. Si el acceso
forma parte de la Red de Accesos, ya cumplirá las prescripciones propias de la Red. Si es un acceso que
se construye específicamente para llegar hasta el punto de agua, deberá construirse cumpliendo las
prescripciones establecidas para los caminos por los que circulan ese tipo de vehículos y siempre que sea
posible, mejorando esas prescripciones.

En segundo lugar, el punto de agua debe disponer del espacio suficiente para que las autobombas realicen
las maniobras necesarias: acercamiento al punto de agua, cambio de sentido, manejo de los mangotes, etc.
Ese espacio estará en función de la longitud de las autobombas y de su capacidad de giro. Generalmente
estará en torno a 80 metros cuadrados.
Debe reducirse al mínimo la distancia que las autobombas tengan que recorrer marcha atrás.

El punto de agua debe disponer de profundidad suficiente para facilitar la carga de agua por las
autobombas y que esa carga se realice utilizando un solo mangote. En el caso de los puntos de agua de
nueva construcción, se consigue elevando el muro del estanque 1 m. sobre el suelo y haciendo que el
lugar donde se sitúe la autobomba sea llano.

Para evitar accidentes al acercarse la autobomba marcha atrás hacia el punto, de agua se puede situar una
barrera de madera en el borde del punto de agua, de manera que en caso de que la autobomba choque con
la barrera, la madera se rompe sin daños para la autobomba y ese choque es un aviso suficiente para el
operario de la autobomba.

Todo el espacio que utilizan las autobombas y sus operarios en torno al punto de agua debe estar libre de
obstáculos, tanto en el suelo como sin ramas de árboles que dificulten las maniobras.

Utilización de los puntos de agua por vehículos Nodriza


Las prescripciones para la utilización de los puntos de agua por este tipo de vehículos, son las mismas que
para las autobombas. Solamente debe tenerse en cuenta que los accesos deben ser practicables por este
tipo de vehículos, que los lugares de maniobra deben ser adecuados
a sus dimensiones y que en este caso deben evitarse al máximo las maniobras marcha atrás.

Utilización de los puntos de agua por helicópteros de extinción

Los helicópteros de extinción realizan tres tipos de maniobras para cargar agua: acercamiento,
alejamiento al punto y carga de agua.

Los puntos de agua que vayan a ser utilizados por los helicópteros de extinción deben estar situados en
determinados lugares y construidos de una determinada forma para que los helicópteros puedan realizar
esas maniobras con seguridad.

Para que la carga de agua se realice con seguridad, el punto de agua tiene que tener profundidad suficiente
para que el dispositivo de carga de agua del helicóptero pueda trabajar. También el punto de agua debe
tener a su alrededor una zona totalmente libre de obstáculos que puedan interferir con el rotor o cualquier
otra parte del helicóptero. El suelo tiene que estar despojado de ramas, piñas, etc. Que puedan suponer un
peligro para la aeronave, debido al
viento generado por el helicóptero. Esta zona tendrá un radio que será como mínimo el doble de la
longitud de las palas del rotor principal del helicóptero.

Para que las maniobras de acercamiento y alejamiento al punto de agua se realicen con seguridad, el
punto de agua debe disponer de una zona de entrada y otra de salida, con una anchura doble de la longitud
de las palas del rotor principal del helicóptero y una longitud de 100 m. como mínimo en la que no
existan obstáculos que impidan que el helicóptero se acerque y se aleje del punto de agua, perdiendo y
ganando altura respectivamente, de forma suave y progresiva. Especialmente en la maniobra de
alejamiento, ya que lo hace cargado de agua.

Esto se consigue cuando la línea que se traza desde el suelo en el borde de la zona de carga, hasta el punto
más alto al final de la zona de 100 m., tiene una pendiente máxima del 12% (La diferencia de altura del
suelo desde el borde del estanque hasta el final de esa zona, más la altura de la vegetación debe ser de 12
m. como máximo). Evidentemente, cuanto menor sea esa pendiente más facilidad tendrá el helicóptero
para realizar las maniobras.
Todas las dimensiones comentadas están en función de las dimensiones del helicóptero que va a utilizar el
punto de agua, puesto que existen helicópteros de diferentes tamaños, esas dimensiones se deberían
calcular para el helicóptero de mayor tamaño que pueda utilizar el punto de agua.

Situación de los puntos de agua dentro de la red

Como más adelante se explicará, el diseño de la red de puntos de agua se hace sobre el diseño ya
realizado de la Red de Compartimentación y de la Red de Accesos, ya que la situación de los puntos de
agua dependerá de la existencia o propuesta de existencia de ese tipo de infraestructuras.

Para situar los puntos de agua dentro de la Red (al margen de otros factores limitantes como puede ser la
disponibilidad de agua), se pueden adoptar dos criterios:

• Un determinado tiempo de desplazamiento de los diferentes medios de extinción desde el punto


de agua.

• La existencia de un punto de agua por cada determinada superficie forestal.

El tiempo que se suele adoptar como criterio, está comprendido entre 5 y 10 minutos para los
helicópteros, entre 10 y 20 minutos para las autobombas y en torno a 30 minutos para los vehículos
nodriza.

Para situar los puntos dentro de la Red siguiendo este criterio, se debe calcular la velocidad media de esos
medios de extinción.

Para los helicópteros siempre se adopta este criterio y la velocidad media se calcula para el modelo de
helicóptero que normalmente se usa y para unas condiciones metereológicas normales.

Para los medios terrestres, cuando se adopta este criterio, hay que definir la velocidad de cada uno de esos
medios circulando por los accesos que son practicables por esos medios (carreteras, caminos de primer
orden, cortafuegos, etc.). Definida la velocidad media y el tiempo que se toma como criterio, se sitúan los
puntos de agua a la distancia correspondiente para formar la Red y esa distancia dependerá del tipo de
acceso que conecte unos puntos con
otros (más lejos cuanto mejores accesos y al contrario).

Esta es la forma óptima de diseñar la Red de Puntos de Agua para los medios terrestres y siempre se
debería realizar así. Pero esto sólo es posible realizarlo por medio de un Sistema de Información
Geográfica que disponga de los datos y las herramientas adecuadas y no en todas las ocasiones se dispone
de todo ello.

Debido a esto, el criterio que generalmente se utiliza para la situación de los puntos de agua es la
existencia de un punto por cada determinada superficie forestal. Esa superficie generalmente debe estar
comprendida entre 500 y 2.000 has. Si la superficie es mayor, el tiempo que los medios de extinción van a
tardar en repostar agua y volver al lugar del incendio va a ser grande y su eficacia disminuirá.

Disponibilidad de agua

El principal factor que influirá en la situación de los puntos de agua, será la disponibilidad de una fuente
de agua natural que pueda recargar el punto de agua y mantenerlo lleno.

En el interior de las poblaciones o en sus inmediaciones, quizá sea posible disponer de agua a través del la
red de agua potable, de algún sistema de riego o de algún otro sistema, para recargar directamente los
medios de extinción o para alimentar un punto de agua. Pero en terreno forestal y debido al coste que
tendría en estas zonas la instalación de sistemas de bombeo de agua o de llevar hasta estas zonas agua de
otros sistemas (agua potable, regadío, etc.), los hace inviables para alimentar los puntos de agua y sólo
vamos a poder disponer del agua procedente de manantiales naturales o de cursos de agua permanentes.

Localizado un lugar con disponibilidad de agua (manantial, arroyo, río, etc.), es necesario saber si esa
fuente de agua va a servir para alimentar el punto de agua que se pretende construir, para lo cual debe
proporcionar agua en todas las épocas del año. Para saberlo, se debe inspeccionar esa fuente de agua en la
época más seca del año, o sea, a final del verano y antes de que comiencen las primeras lluvias. Esta
observación debería hacerse a lo largo de varios años para tener mayor seguridad, pero como eso no
siempre es posible, suele dar buen resultado consultar con la población local para saberlo.

Respecto al caudal de agua, debe ser el suficiente para mantener el punto de agua siempre lleno. Para ello
ese caudal debe compensar las posibles pérdidas y la evaporación del agua en los periodos más secos y
calurosos. No suelen dar buen resultado los puntos de agua que, para mantenerlos llenos, se deben
rellenar artificialmente, aunque en determinadas situaciones
puede ser la única solución.

Situación de los puntos de agua en el terreno

Como norma general, los puntos de agua de nueva construcción nunca deben situarse dentro de los cauces
de agua, bien sea construyendo pozos o construyendo presas. Esto es debido a los trámites y
autorizaciones administrativas que requiere este tipo de obras y a que los puntos de agua situados en esas
ubicaciones se van a llenar de materiales arrastrados por la corriente, que van ha hacer que ese punto de
agua necesite un mantenimiento continuo para mantenerlo limpio.

Situación de los puntos de agua respecto a los accesos

Los puntos de agua, principalmente los de nueva construcción, deben situarse lo más cerca posible de los
accesos que forman parte de la Red de Accesos, de manera que no sea necesario construir un nuevo
acceso hasta el punto de agua.

Si esto no es posible, se puede optar por traer el agua desde la fuente hasta las proximidades del acceso y
construir allí el punto de agua, pero como norma general esto sólo es recomendable para distancias
inferiores a 100 m., ya que distancias superiores incrementan el coste de construcción y pueden tener un
mantenimiento complicado. En estos casos se debe evaluar si es más conveniente realizar un acceso hasta
la fuente de agua o llevar el agua hasta un acceso que forme parte de la Red de Accesos y construir allí el
punto de agua.

En casos de muy poca disponibilidad de agua, esa disponibilidad podría convertirse en un criterio para
realizar el diseño de la Red de Accesos, que debería dar acceso hasta aquellos lugares en los que existen
fuentes de agua y hasta los lugares existentes en los que se pueda repostar agua.

Toma de agua

La captación de agua desde la fuente y su transporte hasta el punto de agua son puntos críticos que hay
que cuidar al máximo. Si la toma de agua o la forma de transporte del agua hasta el estanque, pueden
acumular suciedad, esa suciedad puede obstruir la entrada de agua al estanque y puede ocurrir que éste se
encuentre vacío cuando se vaya a utilizar.

Los puntos de agua para ser eficaces, necesitan estar llenos de agua cuando se necesite usarlos y como no
sabemos cuando llegará ese momento, es necesario que siempre estén llenos. Para conseguirlo es
imprescindible que la entrada de agua al estanque esté siempre limpia y debido a que el mantenimiento de
esa captación de agua no puede suponernos un alto coste, necesitamos que esa toma de agua se mantenga
limpia por si misma o que necesite muy poco mantenimiento para conservarse limpia.

Limpieza del estanque

Los estanques de agua situados en zonas forestales y obligados a no tener un mantenimiento constante,
van acumulando suciedad con el paso del tiempo (plantas acuáticas, hojarasca, tierra, etc.) que puede
llegar ha hacer ineficaz el punto de agua.

Para evitarlo, el estanque deberá disponer de un sistema de desagüe por gravedad, capaz de vaciar la
totalidad del estanque y de suficiente diámetro para que al vaciar el estanque se pueda eliminar a través de
ese desagüe los materiales que se hayan acumulado en el estanque. También se deberá proceder al
vaciado y limpieza del estanque cada cierto tiempo (uno, dos, cinco años, etc.), dependiendo de la
cantidad de suciedad que pueda acumular.
Si esta operación se realiza con la periodicidad adecuada, no supone prácticamente ningún coste, ya que
simplemente consisten en abrir el sistema de desagüe y dejar que el estanque se vacíe y en este caso, la
suciedad que pudiera tener el estanque se diluye en el agua del estanque y prácticamente no supone
ningún enturbiamiento de las aguas en la que desemboque. Un estanque que no disponga de un sistema de
desagüe, con el tiempo acabará colmatándose de suciedad y siendo inútil. En nuestro caso no es viable la
solución de vaciar el estanque mediante una bomba, ya que la bomba devaciado se puede obstruir con la
suciedad del estanque y después de vaciar el agua será necesario sacar la suciedad del estanque y llevarla
hasta un lugar de depósito, lo que supone un coste notable.

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