0% encontró este documento útil (0 votos)
50 vistas202 páginas

01 Dem PDF

Cargado por

Edwin Agudelo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
50 vistas202 páginas

01 Dem PDF

Cargado por

Edwin Agudelo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

La traducción de este libro es un proyecto del Foro Purple Rose.

No es ni pretende
ser o sustituir al original y no tiene ninguna relación con la editorial oficial. Ningún
colaborador —Traductor, Corrector, Recopilador— ha recibido retribución material
por su trabajo. Ningún miembro de este foro es remunerado por estas
producciones y se prohíbe estrictamente a todo usuario del foro el uso de dichas
producciones con fines lucrativos.
Purple Rose anima a los lectores que quieran disfrutar de esta traducción a adquirir
el libro original y confía, basándose en experiencias anteriores, en que no se
restarán ventas al autor, sino que aumentará el disfrute de los lectores que hayan
comprado el libro.
Purple Rose realiza estas traducciones porque determinados libros no salen en
español y quiere incentivar a los lectores a leer libros que las editoriales no han
publicado. Aun así, impulsa a dichos lectores a adquirir los libros una vez que las
editoriales los han publicado. En ningún momento se intenta entorpecer el trabajo
de la editorial, sino que el trabajo se realiza de fans a fans, pura y exclusivamente
por amor a la lectura.
Créditos
Staff de Traducción
Moderadoras
AntoD & Elizzen

Traductoras
AntoD Maddy

Elizzen Angie_kjn

Dracanea Cr!sly

Helen1 Nicolsmile

QueenDelC Jhosel

Auroo_J Whiteshadow

carmen21 Kirara7

Kathy92 Eli25

Nanami27 Karou!

Angie_kjn Salu...Lulu...

Yuya Isane33

Rockwood KatieGee
Staff de Corrección
QueenDelC

La BoHeMiK

MaryJane♥

Recopilación
Amiarivega

Revisión
Alina Eugenia

Diseño
Aria & Rockwood
Índice
Créditos Capítulo 7
Índice Capítulo 8
Sinopsis Capítulo 9
Capítulo 1 Capítulo 10
Capítulo 2 Capítulo 11
Capítulo 3 Capítulo 12
Capítulo 4 Magic #2: Who Needs
Capítulo 5 Magic
Capítulo 6 Sobre la autora
Sinopsis
Delaney Collins no cree en los cuentos de hadas. ¿Y por qué iba a hacerlo? Su
madre ha muerto, su mejor amigo está cruzando el país y ella está atrapada en
California, con el “Dr. Hank”, su famoso y vital entrenador padre, un hombre al que
apenas conoce. ¿Felices para siempre? Sí, claro.

Después el Dr. Hank le cuenta un vergonzoso secreto: él es un hada madrina —


HM— y lo puede demostrar. Y, ¿por cierto? El gen del HM es hereditario. Lo que
significa que hay muchas posibilidades de que la chica dura de Nueva Jersey,
Delaney, sea un hada madrina.

Pero, ¿qué sucede cuando un hada madrina necesita un deseo para ella misma?
Capítulo 1
Traducido por AntoD

Corregido por QueenDelC

Por supuesto que estoy condenada a sentarme en el asiento más incómodo del
avión. La almohadilla está desinflada en esta extraña forma desigual, como si
alguien con una nalga exponencialmente más grande que la otra se hubiera
sentado ahí antes que yo y la hubiera aplastado. La luz encima de mí está quemada
y al calvo frente a mí se le cayó su Dr. Pepper1 dietética, salpicando la pegajosa
gaseosa sobre toda mi mochila, la cual había metido bajo el asiento.

No debería ser llamada la Ley de Murphy2, debería llamarse la Ley de Delaney


Collins, porque la estoy viviendo. Si algo puede salir mal, lo hace, y todo lo malo
simplemente empeora. Ni siquiera quiero estar en este avión. Pero no tengo
opción.

Por ahora, de todos modos.

Subo el volumen de mi iPod y busco la lista de reproducción de heavy metal3 que


mamá había descargado para mí: todas sus canciones favoritas para revolver el
cerebro y adormecer la mente. Solíamos utilizarlo cada vez que estábamos
enojadas, deprimidas o frustradas con el mundo… lo cual era bastante común
últimamente. Pero esta noche mis neuronas están tercamente despiertas y en
orden.

Miro hacia afuera, a la negra noche, pero la pequeña y sucia ventana solo me deja
ver mi reflejo. La débil iluminación de la cabina proyecta extrañas sombras que me
hacen ver como una chica salida de un libro de manga: largos trazos negros para el
cabello, ojos rodeados de tinta oscura, rostro plano e inexpresivo.

1
Dr Pepper: es una popular bebida carbonatada comercializada por Dr Pepper Snapple Group Inc.,
una unidad de Cadbury-Schweppes.
2
Ley de Murphy: es una forma cómica y mayoritariamente ficticia de explicar los infortunios en
todo tipo de ámbitos que, a grandes rasgos, se basa en el adagio siguiente: «Si algo puede salir
mal, saldrá mal».
3
Heavy metal: es un género musical que incorpora y se nutre de elementos del blues rock, del
rock and roll, del rock psicodélico de los años 60, de la música clásica, e incluso del folk rock y de la
música celta, dependiendo del artista y del subgénero.
Quizás es un verdadero reflejo. Tal vez todo lo que sucedió sacó mi parte humana
y dejó solo un dibujo bidimensional.

Ya quisiera.

He intentado dibujar. Estuve trabajando en un nuevo diseño: botas largas, con púas
detrás de los talones; cadenas alrededor de los tobillos y cortes verticales a los
lados, como si hubieran sido cortados con una navaja. Los llamo “Muerte
Triturada”. La idea está terminada en mi cabeza, pero solo a medio hacer en la
hoja, porque mi mente sigue volviendo atrás…

—Me gustan tus botas.

Me aparto de la ventana. Junto a mí, en el asiento del medio, está una pequeña
niña de alrededor de cuatro años. Lleva puesto un disfraz rosa de una princesa
hada, completándolo con una tiara de plástico y la varita mágica hecha de un
palillo con una brillante estrella de cartulina pegada al final de ella. La luz en el
techo le pega como un reflector, por lo que prácticamente brilla. Al otro lado de
ella, su madre ronca suavemente en las sombras.

Podría ignorarla. Usualmente eso funciona, pero los niños y los ancianos podían
ser un problema. Hay algo anormal en ellos, no captan las indirectas.

Qué demonios, pensé. Quizás tener una conversación sin sentido con una delirante
niña me proporcionaría la distracción por la que estoy desesperada. Vale la pena
intentarlo. Me saco un audífono, pero conservo el otro puesto, por lo que sigo
recibiendo el constante flujo de la guitarra, una emotiva intravenosa.

—¿Eh? —dije. Es importante comenzar distante, en caso de que tenga que cortar la
conversación abruptamente. No quiero hacerle pensar a nadie que realmente
podría ser amigable.

—Me gustan tus botas —dijo de nuevo, señalando mis pies con su varita. Estoy
usando un diseño que creé en tiempos menos sombríos. Obtuve los originales de
una tienda de segunda mano en la que trabajaba luego de la escuela. Las botas
eran demasiado grandes alrededor de la pantorrilla, por lo que corté el cuero en la
parte trasera y luego le agregué encaje de latón y los uní en la parte delantera.

Recordé, vagamente, la alegría que sentí pintando los remolinos de azul y amarillo.
Mamá había querido que le hiciera un par igual, pero nunca llegué a hacerlo.

—Gracias.
—¿Te gustan mis zapatos? —La niña balancea sus pequeñas piernas, mostrando un
par de sandalias de color rosa brillante. Horrible.

Me encojo de hombros.

—Son mágicas —dice.

—Ahh. —Tiempo de volverse fría. Esta conversación no iba a nada bueno. Agarré el
audífono de mi regazo.

—¿Puedes leer mi libro para mí? —Levanta su libro ilustrado que descansaba en su
mesa plegable. Hace esa cosa de los ojos tristes muy abiertos que los niños hacen
para conseguir lo que quieren. Nunca funciona conmigo—. ¿Por favooor? —
Empuja el libro frente a mi cara. Qué molesto.

Aún más detestable, me escuché diciendo: —Seguro, como sea.

Suspiro. Atrapada.

Abro el libro en su primera alegre página y predigo que esta no va a ser una de
esas historias que me atrapan. Seguramente era una de esas historias con cursis
niñas perdidas en el bosque, ayudadas por los amigables animales que hablan,
hechizos mágicos rotos y el malvado ogro derrotado. Con el más tradicional,
irritante y deshonesto final creado en la historia de la literatura: “Y ella vivió feliz
para siempre”.

Hago mi mejor esfuerzo en inyectar sarcasmo y desaprobación en mi voz mientras


leía esas últimas palabras, porque incluso si no iba a sacar nada bueno de esta
experiencia, al menos tendré que pasarle algo de sabiduría a la generación más
joven. Pero la niña solo sonrió, la sonrisa satisfactoria de quien está escuchando la
misma amada historia por millonésima vez. Claramente iba a tener que
explicárselo.

—Realmente no funciona así, ¿sabes? —le dije—. Las cosas no terminan felizmente.

—Sí, lo sé.

Me encogí de hombros y le devolví el libro.

—Lo aprenderás —dije. Lo intenté. Algún día ella mirará atrás a esta conversación y
recordará que estaba advertida.

—No estaría en el libro si no fuera verdad —dijo firmemente, como si estuviera


enseñándome una lección.
No respondo. Algunas personas prefieren vivir en los cuentos de hadas.

***

Una hora más tarde estoy parada en el área de recogida de equipajes iluminada
con una triste luz fluorescente, como el resto de los pasajeros del vuelo 403 desde
Newark, empujándose los unos a los otros tratando de descubrir cuál maleta negra
es la suya. La mía destaca porque le pinté calaveras rojas en todos sus lados. Las
personas retroceden con horror cuando la ven, convenientemente despejando un
camino para mí. Como un bono especial, los otros pasajeros mantienen su
distancia una vez que coloco mi maleta junto a mi bolso de gimnasio y mi
pegajosa mochila. Julie, la azafata “a cargo” de mí, frunce el ceño desde el lado
opuesto del carrusel, con los brazos cruzados, ofendida porque me negué a
interactuar con ella y su amor por las pinzas de pelo y las calcomanías para uñas
durante el vuelo. Mira las calaveras y sacude su cabeza con mayor disgusto a mi
fracaso de encajar a su idea de una dulce adolescente.

Al otro lado de la sala, cerca de una hilera de duras sillas de plástico atornilladas al
suelo, mi compañera de asiento, la princesa rosa, está sentada sobre una maleta
floreada, leyendo su libro con su madre. De repente, levanta sus brazos y grita: —
¡Papi!

Un hombre con un largo abrigo café se acerca a zancadas hacia ella, la levanta y la
hace girar mientras ella chilla de alegría. Es un padre como el de los comerciales de
televisión: alto, cariñoso y perfecto. Se inclina para besar a la madre y luego todos
se abrazan. Nauseabundo.

Pasan junto a mí en su camino hacia la salida y la pequeña niña agita su varita


hacia mí.

—Te estoy dando un “felices por siempre” —dice.

—Gracias, pero voy a necesitar más que un palillo para arreglar mi vida.

Me sonríe y continúa, agitando la varita a todos a su alcance, esparciendo su


imaginario polvo de hadas por todas partes. Me siento aliviada cuando las puertas
automáticas se cierran tras ella y su repugnante familia de cuentos de hadas.

Y entonces, lo veo. Está en el próximo carrusel. Lleva puestos pantalones caqui, una
chaqueta deportiva y corbata, viéndose como un rígido funcionario. Casi espero
que levante uno de esos letreros de cartón con mi nombre escrito en letras
grandes. Es más bajo de lo que recuerdo o supongo que estoy más alta. Tiene una
expresión de preocupación en su rostro y siento una punzada de algo, porque la
última vez que lo vi en persona, fue porque en realidad quería verlo. Pero así no es
como me siento ahora. Solo fue una reacción automática e inmediatamente me
vuelvo como una línea plana emocionalmente.

Lo miro mientras él echa miradas por el área de recogida de equipajes, buscando.


Algunas personas se voltean y murmuran entre sí cuando lo ven. Un hombre se
acerca hacia él y le da la mano, y una mujer le pide que firme su pasaje de
embarque. Increíble.

Julie aparece a su lado y lo aparta protectoramente de la mini multitud. Señala


vagamente en mi dirección y luego comienza su propia historia de cómo él le salvó
su vida. No puedo escucharla, pero reconozco la mirada de adoración y asombro
en su rostro. Mientras ella habla, la mirada de él pasa por mí una vez, dos veces. Lo
miro para ayudarlo. Sus ojos encuentran los míos por un segundo y rápidamente
se alejan, luego lentamente se voltea. Me cruzo de brazos y finalmente, él lo
entiende.

Luego de liberarse de Julie, se dirige hacia mí. Planta una gran sonrisa en su rostro,
la misma que aparece en cada una de las portadas de sus libros.

—¿Delaney…? —dice, su sonrisa temblando un poco. Eso hizo que quisiera gritar
¡¿Quién más podría ser?!, pero el viaje fue largo, es tarde y estoy demasiado
agotada ahora mismo como para gastar energía.

Por lo que solo digo: —Hola, Hank.

Su sonrisa tiembla de nuevo, luego desaparece, pero no sé por qué… No lo he


llamado papá desde que tenía once y si piensa que voy a comenzar ahora,
entonces está tan demente como las personas que compran sus libros.

—Casi no te reconozco —dice, con ese falso tono animado que la gente utiliza
cuando está siendo cuidadosa de no insultarte directamente por lo que no puedes
decirles nada.

—Muchas cosas han cambiado desde la última vez que me viste —respondo—.
Hace unos cuatro años.

—Realmente siento mucho lo de tu madre, Denaley. —Si yo no supiera que todo


eso de pretender preocuparse era parte de la actuación del “Dr. Hank”, casi podría
creer que realmente estaba triste por mí—. Si hubiera tenido alguna idea de lo que
estaba sucediendo, habría venido a ayudar. ¿Por qué no me lo contó?
Me encogí de hombros. Mamá se había enfermado tan rápido que no tuvo tiempo
de hacer ningún plan. Fue como si un día ella siguiera siendo enfermera y luego
estaba en su cama, atrapada en el mismo hospital donde contrajo la infección, en
primer lugar. Fue momento de que me hiciera cargo de las cosas y lo hice todo.
Excepto llamar a Hank.

Le dije a mamá que le había dejado mensajes y que estaba segura de que estaría
en camino pronto. Pero fue una mentira. No lo quería allí. ¿Quién lo necesitaba
paseándose, golpeando sus puños y diciéndole a mamá que “pensara positivo” y
“sé el conductor, no el pasajero?”. Supuse que realmente no necesitaba saberlo, de
todas formas, porque mamá iba a mejorar y entonces no importaría si lo hubiera
llamado o no.

Me mira como si yo estuviera a punto de estallar en llanto o algo, y comienza a


levantar sus brazos, como si fuéramos a abrazarnos. Lo miro con mi más hostil
mirada de manga y se rinde a la idea bastante rápido. En su lugar, me da unas
palmaditas en el hombro, pero me aparto y suelto la correa de mi bolso de
gimnasia en una de sus manos extendidas. Luego levanto mi mochila y llevo mi
maleta en dirección a la salida.

—Em, en realidad estoy estacionado del otro lado —dice.

No respondo. Solo me doy la vuelta y comienzo a andar hacia el otro lado. No dice
nada más, por lo que asumo que voy en la dirección correcta ahora y él sigue
detrás de mí, donde pertenece.
Capítulo 2
Traducido por Elizzen y Dracanea

Corregido por La BoHeMiK

Es posible que hayas visto a mi padre en la tele si tus padres insisten en ver esos
programas de entrevistas de la mañana. Se llama a sí mismo un entrenador de la
vida, lo que significa que la gente le paga para decirles qué hacer. También ha
escrito un millón de libros con nombres estúpidos como: El Destino es para
Farsantes, La Suerte es para los Perdedores y Cómo Dejar de Quejarse y Empezar a
Vivir.

Está en todas las portadas, normalmente se coloca con un pie sobre una silla, los
codos sobre las rodillas y la barbilla apoyada en su puño. Supongo que esta es su
idea de una pose “puedes hacerlo” o algo así. Cada vez que lo veo, quiero entrar
en la foto y patear la silla que está debajo de él.

Mamá solía decir que no era saludable para mí ser tan hostil, aunque se lo
mereciera, pero creo que la hostilidad puede ser buena para ti. Es como una
inyección de cafeína. Te mantiene fuerte. Voy a necesitar esa ventaja para
sobrevivir en Sunny Vale, Allegro Valley, Vómito Del Mar o cualquiera que sea el
nombre de esta lavada de cerebro, ciudad de Las Mujeres Perfectas con muerte
cerebral.

Una vez que salimos de la autopista, las calles se ponen borrosas más allá de la
ventanilla del auto de Hank, en un circuito de video donde las casas son cuadradas
y con patios planos, iluminados por idénticas farolas. En cada entrada hay
estacionado un auto deportivo y solo sus colores son diferentes: negro, gris,
blanco, repetido. Es como una ciudad de juguete. O un modelo para una película
de zombis.

Inclino mi cabeza a la ventana. Incluso en el aire hay un olor dulce, perfumado,


demasiado perfecto para ser real.

—Jazmín que florece de noche —dice Hank con voz presumida, como si los
hubiera plantado todos él personalmente.
—Creo que podría ser alérgica —digo. Golpeo el botón de la puerta y la ventana
resuena al cerrarse. Esto es un error, porque ahora el incómodo silencio se
encuentra atrapado en el interior con nosotros y absorbe todo el oxígeno hasta
que siento como si me estuviera ahogando.

—¿Tienes hambre? —pregunta Hank, sus palabras son tensas, como si él también
estuviera encontrando dificultades para respirar—. ¿Te gustaría detenerte por una
pizza o algo?

—Solo quiero ir a la cama.

En realidad me muero de hambre, a pesar de que me comí una bolsa entera de


papas fritas en el avión, junto con un plato de queso, galletas saladas y una galleta
gigante de nueces. Pero no estoy de humor para revivir las cenas con pizza del
pasado, en las que me sentaba frente a Hank durante las dos horas que había
logrado excavar entre sus citas del tour del libro y me veía obligada a escuchar sus
discursos inductores al coma, acerca de creer en mi potencial y tratar de ser
autosuficiente. A medida que nuestro tiempo se acababa, él me miraba terminar mi
helado de vainilla, con esta mirada mareada y triste en su rostro, como si fuera un
cachorro que pensaba que era muy bonito, pero al que era alérgico. Y a pesar de
que sentía pena por tener que entregarme, prefería abandonarme a recibir
inyecciones contra las alergias.

Pero ahora… ¡ja!... él tiene que tomar al cachorro, y que mal por esas alergias.

—Está bien —dice alegremente—. ¡A casa entonces!

Casa. Eso es una broma.

Unos minutos más tarde llegamos a la entrada de una de las casas de zombis.
Supongo que él es capaz de diferenciarla de las demás porque las plantas
exteriores son especialmente lamentables. Un par de delgados arbustos rodean la
puerta como dos plantas rodadoras y algunas vides sin hojas se aferran al ladrillo
encima de la ventana frontal. Un bombillo del tamaño de la luna arroja una severa
luz en la escalera de entrada de hormigón.

Por dentro es tan ¡puf! Un montón de beige y marrón, nada de estilo. Todo es de
catálogo, limpio, pulido y de aspecto caro, pero es demasiado libre de polvo, sin
tocar, sin vida. Puedo sentir mi espíritu artístico ser aspirado directamente fuera de
mí. No puedo, no me quedaré aquí.

Se pone peor. Hank me lleva por un pasillo oscuro a un cuarto de atrás y deja mi
maleta. Cuando enciende la luz y veo lo que hay dentro, casi grito. Todo es rosa o
morado, y hay encaje por todos lados. Las muñecas me miran boquiabiertas desde
la cama. Cajas de música y figuritas de Disney abarrotan los estantes. Incluso hay
una cama con dosel. Horripilante.

—Es como si la Cenicienta hubiera explotado —digo.

Hank me da una pequeña sonrisa, como si estuviéramos compartiendo una broma.

—Sí. No sé en qué estaba pensando.

—¿Que yo aún tengo seis años? Tengo quince.

—Lo sé…

—Y tú me has visto desde que tenía seis años. Pero supongo que nunca habías
visto mi habitación, ¿verdad? Porque nunca entraste al interior. Eras uno de esos
padres que esperan en el auto.

Hank ladea su cabeza y me estudia. Uh-oh, se está poniendo en modo Dr. Hank.
Mira de reojo, como si estuviera mirando profundamente en mi turbada alma. Sus
labios se presionan juntos mientras esperan el más penetrante, perspicaz grupo de
oraciones jamás formuladas para después ser puestas en libertad para hacer su
magia.

Se sienta en la cama de princesa con encajes y da palmaditas junto a él. Lanzo mi


mochila manchada de gaseosa en el lugar y quita su mano de un tirón antes de
que le aplaste los dedos. Pone la mochila en el suelo y luego frunce el ceño hacia
su ahora pegajosa mano.

—Delaney, sé que has tenido unos meses duros...

—Cuatro meses, dos semanas, tres días —echo un vistazo al reloj de rana príncipe
encantado—, y dieciséis minutos.

Hank toma una bocanada de aire y asiente, fingiendo que siente mi dolor, lo que
no es ni remotamente posible.

—Lo siento, no estaba allí para ti. Pero eres responsable de eso, lo sabes. Decirle a
los padres de Posh que dije que no te quería, incluso si no tenía ni idea de lo que
estaba pasando. Por cierto, realmente no me gustó tener a la madre de Posh
gritándome una hora por teléfono.

—Lo siento tanto —Todavía no entiendo por qué la madre de Posh no podría solo
haberme creído, en lugar de llamar a Hank a mis espaldas.
—Y entonces te niegas a esperar a que vaya a buscarte.

Como si me gusta pasar cinco horas en un avión atascada a su lado.

—Estuve de acuerdo en venir, ¿no?

—No tenías elección, Delaney. Eres mi hija. Eres mi responsabilidad legal.

Más bien estaba preocupado por lo que iba a pasar cuando se supiera que el gran
Dr. Hank había abandonado a su retoño sin madre. Titulares en los tabloides. Miles
de ejemplares de sus libros, triturados. No puede permitir que eso suceda. Es mejor
acoger a la semi-huérfana, aunque le temas.

—Lo que sea.

Hank se muerde el labio y puedo decir que se está enojando. Aprieta sus manos un
poco, como si estuviera intentando que no se filtre la rabia.

—Tiene sentido que quieras desahogarte conmigo, porque soy el objetivo más
cercano…

—No estoy desahogándome contigo —le digo con calma—. Ahora siento por ti lo
mismo que he sentido por muuuucho tiempo.

Esto lo confunde por un segundo. Parece estar pasando páginas mentalmente a


través de su catálogo de adecuadas doctrinas del Dr. Hank cuando suena su
teléfono móvil. Frunce el ceño hacia en el número de abajo pero responde de
todos modos.

—Andrea, este no es un buen… No, Andrea, escúchame. Es hora de que te… Sí, lo
sé.... No... Andrea... Voy a tener que volver a llamarte.

Cuelga.

—Cliente —me dice, como si me importara. Doblo mis brazos, esperando—.


Bueno... se está haciendo tarde. —Pone las manos en sus muslos y se levanta—.
Por suerte, tenemos un montón de tiempo por delante para hablar de todo.

No, no lo tenemos, pienso, pero no lo digo. La madre de Posh quería que "le diera
una oportunidad a Hank", por lo que parte de esa actuación es no decir a nadie
que cada minuto es una cuenta regresiva hasta que haya pasado el tiempo
suficiente para que se vea como si lo intentara.

Permanecemos así por un segundo, yo en la puerta y él en la cama, en los lugares


opuestos de donde se supone que deberíamos estar. Da un paso vacilante, como si
tuviera miedo de que le atacara. Sin embargo no lo hago y no lo bloqueo. En su
lugar me muevo a un lado y noto su pequeña punzada de alivio cuando me deslizo
junto a él hacia la cama.

—Si necesitas algo, házmelo saber. —Espera en la puerta, con una mano en el
marco, manteniéndose en el lugar a pesar del aire hostil empujándolo hacia fuera.

—No. Estoy bien.

Hank se estremece cuando me siento y balanceo mis botas sobre la nueva colcha
rosa pastel, después pongo la pegajosa mochila a mi lado. Me conecto a mi negro
soporte con forma de pantera y pongo encima del iPod. Espero a que Hank me
diga que baje el volumen. Necesito mi música o realmente podría tener una crisis
nerviosa, y eso es lo que voy a decir si me dice cualquier cosa.

Pero cuando miro hacia la puerta, Hank ya se ha ido, y está cerrada. Ni buenas
noches ni nada. Solo se ha ido. Pasando de mí como de costumbre. No es que
esperase cualquier otra cosa.

Espero a que le diga a Posh. Encuentro mi teléfono y le envió un mensaje. Es la una


de la mañana de vuelta en Nueva Jersey, pero ella todavía está despierta,
recorriendo la red buscando los informes sobre nuevos cuásares o leyendo un libro
de marsupiales raros y usando su resaltador verde lima para marcar los fragmentos
que quiera leer más tarde.

Posh Slikowski y yo somos las mejores amigas por defecto. Nos conocimos en un
castigo. Posh tiene "problemas de comportamiento", mientras que yo solo soy una
sabelotodo, de acuerdo con la mayoría de mis profesores. Posh estaba por un
tiempo en una clase de educación especial, lo cual era bastante perverso teniendo
en cuenta que tiene el mejor promedio en la escuela. Sus padres demandaron al
distrito y ahora tiene un ayudante que le sigue a todas partes de clase en clase y
trata de conseguir que deje de hablar, pero buena suerte.

Mientras espero a que llame, vuelvo a trabajar en mi nuevo diseño de botas.


Presiono mi lápiz contra la página, esperando por inspiración. Aunque no voy a
encontrarla en esta habitación, a menos que quiera hacer un par de botas con
lentejuelas de color rosa con princesas rubias grabados en los laterales. Quizás le
gustasen a mi brillante compañera de asiento del avión y le encantaría esta
habitación, pero me siento como si hubiera sido atrapada en Oz.

Podía haber dejado a los padres de Posh mandarme algunas de mis cosas, pero no
me voy a quedar, por lo que solo tendría que enviarlas de vuelta. Todo está en un
armario de almacenamiento en algún lugar con las cosas de mamá y los muebles
de nuestra casa... y no me gusta pensar en ello.

Subo el volumen del iPod así que la cama está prácticamente vibrando. Unos
segundos más tarde, alguien llama. Ja. Lo sabía. Yo sabía que volvería a darme
lecciones.

—¿Delaney?

Bajo un poco la música.

—¿Sííííí? —Le digo dulcemente.

—Voy a salir un rato.

Esto no es lo que estoy esperando. Estoy tensa para una pelea y ahora la energía
no tiene a dónde ir. Pongo el volumen más bajo.

—¿Dónde?

—Voy a ayudar a un cliente con algo. —Suena seguro, o tal vez es solo que su voz
es ahogada por la puerta.

—¿En serio? —digo—. ¿En este momento?

—Es una especie de urgencia. Tengo mi teléfono por si me necesitas. No tienes


que esperar despierta.

—¿Por qué iba a esperar despierta? —Le digo.

Nada del otro lado de la puerta. Después de un instante, sus pisadas se


desvanecen en el pasillo. Me muevo a la ventana y miro a través de las cortinas de
la entrada. Hay un clic, como que se cierra la puerta de entrada, y luego veo a Hank
cruzar al auto. No lo entiendo.

¿Qué tipo de entrenador de vida hace visitas a domicilio a las diez y media de la
noche del miércoles? ¿Y en la misma noche que su única hija ha venido a visitarlo
por primera vez en siglos? A medida que el auto de Hank se retira, las luces
parpadean en mi cara y dejo caer las cortinas.

Extraño.

***
Es medianoche y Hank todavía no ha vuelto. Posh nunca llamó. Debe de haber
dejado su teléfono en la biblioteca.

Trato de dormir, pero es imposible relajarse incluso en esta habitación. Las sábanas
son muy duras, la almohada es demasiado suave y me siento como que estoy
siendo sofocada por tonterías. Debería estar aturdida por el cambio de horario,
pero las noches son lo peor. Mi cerebro solo gira y gira. De ningún modo puedo
dibujar o leer cuando estoy así, así que ni siquiera lo intento. Puedo ver un video
en mi iPod, pero en lugar de eso me giro para abrir el teléfono y acceder a las
fotos.

Me desplazo a través de ellas. Mamá con el chocolate por toda la cara en Hershey
Park. Mamá gritando cuando me suspendieron por robar libros de la biblioteca,
con los ojos desorbitados y su boca aterradoramente amplia. Odiaba esa foto al
principio, pero después pensaba que era divertida. Mamá y yo mejilla con mejilla
después de recibir malos cortes de pelo en el centro comercial. Mamá me sonreía
desde su cama de hospital. No me doy cuenta de las lágrimas hasta que las veo
aterrizar en la pantalla. Las retiro con el pulgar y luego deslizo mi mano sobre el
rostro.

Estoy presionando la tecla de detener para apagar el teléfono cuando este suena.

“Posh”, dice la pantalla, sobre una foto que tomé de su último Halloween cuando
ella vestía como Valentina Tereshkova, la cosmonauta rusa.

Le respondo—: Final…

Como de costumbre, no puedo ni siquiera decir una palabra entera.

—Oh, Dios mío, Delaney. Lo siento mucho. No me di cuenta de tu mensaje. He


estado pegada a la trasmisión en vivo de la NASA. No creerías los nanoflares
alrededor de estos lazos coronales que están mostrando. Echa un vistazo a la
NASA-barra-temas-barra-sistema solar…

—No estoy en mi computadora, Posh.

—Oh, está bien. Bien. Te voy a enviar el enlace. Espera.

Posh sigue hablando sobre algo subatómico de nebulosas y refracción de la luz,


aún en el espacio exterior. Oír la voz de Posh me hace echarla mucho de menos. Es
la única persona con la que puedo hablar y que está claramente en el otro lado del
país. No puedo contar por más tiempo. Tengo que llegar a casa. Ahora mismo.
—… Así que eso es tres cincuenta y siete de su tiempo. Mira en el cuadrante
inferior suroeste del cielo.

—Posh —Prácticamente gritaba, tratando de traerla de vuelta a la tierra—. Tengo


que salir de aquí. Tienes que hablar con tus padres.

Abro mi puerta. Hank ha dejado todas las luces encendidas y necesito un segundo
para que mis ojos se acostumbren. Saco la cabeza por el pasillo, llevando el
teléfono conmigo.

—Diles que tienen que dejarme volver.

—Pero si acabas de llegar allí.

En la sala de estar reviso cualquier cosa con cajones o una tapa. Cajas decorativas.
Mesas auxiliares. Encuentro posavasos con escenas de playa en ellos, más
abrecartas que cualquier persona necesita y un conjunto de plumas estilográficas
antiguas, pero dinero no.

—Un día es todo lo que necesitaba. Ni siquiera un día. —Al otro lado del pasillo de
la sala de estar está el comedor. Hay un gabinete contra una pared, pero no hay
compartimiento secreto detrás de las copas de vino o caja de seguridad en los
cajones debajo de las servilletas decorativas—. Él ya me ha abandonado otra vez.

—¿Qué? ¡Es una broma! —Por fin he conseguido su atención.

—Lo sé, ¿verdad? —La cocina es otra sala de exposición sin vida, con encimeras de
mármol y electrodomésticos de cocina dignos de un show. Un montón de
armarios, cajones, utensilios y cubiertos perfectamente alineados en el interior.

—Tan pronto como llegamos aquí, es como, “tengo que ir a ver a un cliente”. —Un
cajón con todo tipo de menús para llevar y un montón de palillos. Echo todo sobre
el mostrador—. ¿En el medio de la noche? ¿Qué es eso?

Recuerdo haber escuchado que algunas personas mantienen su dinero en la


nevera. Abro ambas puertas y excavo alrededor, pero todo lo que encuentro es
aproximadamente un millar de cajas apiladas de platos light congelados, seis
paquetes de yogur, un montón de ensaladas y sándwiches prefabricados de frijol
con un futuro moho. No hay coles de plástico con un compartimiento oculto y no
hay rollos de billetes de veinte en el plato de la mantequilla. Tampoco hay nada
remotamente apetecible. Golpeo la puerta.
—Oh Dios mío —dice Posh—. Probablemente no sea un cliente. Es posiblemente
una novia.

—Puf. —Me estremezco solo de pensarlo.

En el otro lado de la sala de estar está el estudio, pero no hay nada en él excepto
un sofá de vinilo marrón, una lámpara de pie plateada, una TV de pantalla plana y
una mesa para el café de cristal con un mando a distancia perfectamente centrado
en la parte superior de la misma.

—No puedo imaginar qué tipo de bruja sin cerebro saldría con él. —Agarro el
mando a distancia y lo lanzo en el sofá simplemente porque sí.

—Eh, bueno, Delaney, ya sabes... tu madre...

Sí. Mamá. Obviamente salió con Hank. Pero entonces debe haber sido menos
perdedor, ¿no? Digo esto para Posh…

—¡Claro! —dijo, aliviada de que no estoy molesta. Posh emocionada no lo hace


muy bien.

De regreso por el pasillo, veo una puerta cerrada frente a mi habitación.

—Bueno, él no tiene que preocuparse acerca de mí en camino a su aventura. Me


voy tan pronto como pueda sacar algo de dinero. —La puerta está abierta.
Enciendo la luz y sonrió.

El premio mayor. La oficina de Hank en casa.

Copias de los libros de Hank alineadas en una estantería de pared y múltiples


miniaturas de la cara de Hank mirándome desde los lomos. La recepción es
brillante y limpia, como que está listo para posar en una de las cubiertas de los
libros de Hank. La única cosa no relacionada con el trabajo en la habitación es una
foto enmarcada, pero es de un muelle de feria al atardecer. Ni siquiera hay gente
en ella. Yo esperaba que tuviera al menos algunos falsos amigos y una o dos
celebridades obsesionadas con adularlo. Todo es un poco triste. O lo sería si me
importara.

—El pasaje de avión vale como cientos de dólares —dice Posh—. Además, no
puedes entrar en un aeropuerto y comprar un boleto. Verían tu identificación y
sabrían que no tienes dieciocho años.
—Entonces voy a tomar un autobús. —Abro el cajón superior de la mesa y cavo a
su alrededor. Nada más que facturas de teléfono, recibos y notas garabateadas. El
siguiente cajón es material de oficina—. O podría hacer autostop4.

—¡No puedes hacer eso! —El gemido de pánico de Posh cuando se está
empezando a enloquecer aumenta de volumen—. ¡Nunca vas a salir con vida! No
hay más que monstruos y pervertidos por ahí. ¡Acabarás picada en trozos
pequeños, metida en un armario de autobús o enterrada en medio del desierto!

—Está bien, está bien, Posh. Cálmate.

El cajón es el más grande. Yo tiro de la palanca, pero no se abre. No hay bloqueo,


está solo a rebosar. Tal vez este es su fondo de emergencia por el terremoto. Me
imagino pilas anilladas de billetes frescos, al igual que un alijo de criminales de
película.

Pongo el teléfono sobre la alfombra. La voz de Posh es ahora un murmullo


diminuto cuando me pide esperar y dice que está preocupada por mí tomando el
autobús solo porque los autobuses tienen monstruos y pervertidos también. Calzo
mis pies contra las patas de la mesa y agarro la manija del cajón con las dos
manos. Estoy a punto de dar un tirón cuando escucho un ruido en el pasillo.

Es la puerta de entrada. Salto y quito la luz. Las palabras de Posh siguen


derramándose fuera del teléfono en un apuro: jura que va a trabajar en sus padres
hasta que le den permiso. Ella promete, promete, promete y tengo que creerle, por
favoooorrr.

Agarro el teléfono.

—Lo sé —le susurro—: Yo sé que lo harás. Me tengo que ir. Hank está en casa.

Todos mis movimientos son cuidadosos y tranquilos: dejando el teléfono,


corriendo a través del pasillo a mi habitación, sujetando el pomo de la puerta
cuando lo cierro y luego soltándolo lentamente por lo que el perno se desliza sin
hacer ruido.

Espero. Los pasos de Hank se acercan, luego hacen una pausa. Oigo la puerta de la
oficina, hace clic al cerrar. Hank da un paso más y tengo la sensación de que está
de pie frente a mi puerta, escuchando, debatiendo la posibilidad de llamar. Mi
ritmo cardíaco se cuenta por segundos, rompiendo cada vez más fuerte en mis

4
Autostop: es una práctica realizada por viajeros que buscan transporte de manera gratuita, con
otros viajeros que se trasladan en automóvil, camión o por algún otro medio.
oídos, hasta que, finalmente, los pasos se reanudan, desvaneciéndose, y puedo
volver a respirar.

De vuelta en la cama, mantengo los ojos bien abiertos. Esperaré una media hora y
luego miraré hacia fuera del pasillo. Si es seguro, si todas las luces están apagadas,
voy a colarme de nuevo en la oficina y a revisar ese cajón anterior. Sé que voy a
encontrar lo que necesito allí.

Mis ojos parpadean, tratando de cerrarse. Tomo respiraciones profundas para


despertarme, pero mi energía se filtra fuera de mí, en la cama, tirando de mí con
ella... abajo, abajo. Las palabras y los pensamientos revolotean por mi mente, pero
no se unen. Ellos simplemente se disuelven, como alas de mariposa, y no puedo
luchar más.

Estoy fuera.
Capítulo 3
Traducido por Helen1, QueenDelC & Auroo_J

Corregido por MaryJane♥

Por la mañana, me despierto tan cansada que estoy empapada de ello y al


principio no me acuerdo de nada. Donde estoy, o incluso lo que soy.

Miro hacia el dosel extraño por encima de mi cabeza e imágenes de mis sueños
vuelven. Enredaderas en flor creciendo salvajemente y estrangulándome. Muñecas
princesas que han cobrado vida, formando un ejército de zombis vestidas de rosa.
Hank quedándose en una escalera de entrada, abandonado y triste, mientras
conduzco mi auto fuera con mi madre, que ha venido a mi rescate.

Parpadeo y parpadeo, esperando despertar en mi habitación, con mi mamá


gritando que se me hace tarde para el desayuno, pero es la voz de un hombre la
que oigo y me doy cuenta de que estoy despierta. Luego todo vuelve, como
siempre lo hace, recuerdo tras recuerdo, avanzando rápido hasta el presente,
incluso cuando trato de detenerlo antes de que llegue a las cosas que quiero
olvidar.

Tomar una ducha lava un poco la confusión. El cuarto de baño de mi habitación es


todo blanco y más blanco. Toallas, jabón, sostenedor del cepillo de dientes. Incluso
la papelera de mimbre ha sido pintada con aerosol blanco. Está sin alma, pero al
menos no es de color rosa. Para el momento que estoy vestida me siento casi
semi-consciente, que es bastante bueno para mí.

Cuando abro la puerta, oigo a Hank en la cocina, tarareando algunas canciones


viejas en una estación de rock and roll. Considero un deslizamiento rápido a su
oficina, pero Hank inclina la cabeza hacia el pasillo y me ve.

—¡Buenos días! —Su voz retumba hacia mí, tan rápido y fuerte que se siente como
si tuviera que agacharme. Espero que no cuente con hacer conversación, no lo
hago en las mañanas—. ¿Has dormido bien? —Gruño en respuesta. Saluda con un
gran, alegre "Vamos". Agarro mi mochila y camino penosamente hacia él.
En la mesa de la cocina, Hank ha reunido cinco flamantes cajas de cereal, los tipos
que son todo azúcar y con forma de estrellas o pequeños osos que tienen juguetes
plásticos baratos dentro. Una prueba más de que todavía me tiene atrapada en su
memoria como una niña de jardín de infantes. ¿Qué es lo siguiente? ¿Una bolsa de
almuerzo? ¿Una lonchera de Sirenita llena de palitos de queso y rodajas de
manzana?

Aunque los osos son realmente mis favoritos, así que me sirvo un tazón. Me
aseguro de ponerle los ojos en blanco a Hank por lo que no sabrá que me gustan.

—Llamé a la escuela ayer —me dice—. Ellos tienen tus registros. Solo tienes que
recoger tu horario en la oficina. —Espera un agradecimiento por este paternal
pequeño gesto de hacerse cargo, pero no respondo porque sé que fue la mamá de
Posh quien envió los registros.

Se sienta frente a mí.

—¿Estabas buscando algo en particular ayer por la noche? —Hago una pausa
medio masticando mientras consigo un retroceso del desastre que hice en la
cocina y sala de estar durante mi búsqueda de dinero. Le echo una mirada a los
mostradores, pero todo ha sido arreglado. Debió levantarse antes del amanecer
para limpiar, nada puede estar fuera de lugar en el mundo del Dr. Hank. Debe
volverlo loco que yo no encaje en ningún lugar. Que no me puede pegar en algún
armario cuchitril y cerrar la puerta.

—No. —Esta parece ser la respuesta más segura.

Hank asiente con la cabeza con conocimiento, a pesar de que sé que él no lo hace.
Junta las manos, descansándolas sobre la mesa.

—Si necesitas algo, Delaney, solo tienes que pedirlo.

—Okeydokey. —Sonrío sin querer y sorbo mi leche teñida de verde.

Hank Frunce el ceño un momento, pero luego se repone rápidamente.

—Estoy muy interesado. —Con su expresión de vuelta—. Así que. ¿Hay algo de lo
que te gustaría hablar?

No va a dejar eso tranquilo. Bueno, voy a jugar.

—Sí —le digo—. ¿Cómo estuvo tu cliente?

Hank se inclina hacia atrás y cae la intensa mirada.


—Está bien. —Se aleja de la mesa y mira a cualquier parte excepto a mí mientras
lleva las cajas de cereal de nuevo al armario—. Lo siento, tuve que salir, pero es
parte de mi trabajo. El tipo de entrenamiento que hago, tengo que estar de
guardia todo el día.

—Uh-huh. —Tiene que ser una novia, pero ¿por qué no me lo dice? ¿Cuánto
tiempo cree que puede ocultarlo? Tal vez esté esperando, como yo, que me vaya.

Me levanto, terminando con el desayuno y la conversación. Hank me dice que la


escuela está a pocas calles y se ofrece a llevarme.

—Voy a ir en patines —le digo. Antes de que pueda preguntar cómo, respondo
golpeando abajo las ruedas retráctiles en mis botas de serpiente.

Las cejas de Hank se levantan por la sorpresa y se inclina hacia un lado para ver
mejor.

—He visto zapatos de deporte con ruedas, pero no sabía que había botas también.

—Las hice.

—¿En serio? —Está rodeándome ahora y puedo decir que está impresionado. Casi
sonrío, pero me contengo a tiempo. No quiero que piense que su opinión cuenta.

Hay otro silencio raro, como en la puerta de la habitación la noche anterior. Esto es
algo gracioso: Dr. Hank, el hombre que siempre sabe qué decir, callado. Sería más
divertido si lo estuviera viendo en lugar de viviéndolo, si no me siguiera sintiendo
tan atrapada.

Una vez más, depende de mí dar el primer paso, por lo que doy vueltas y empujo
la silla debajo de la mesa.

—¿Está la escuela a la derecha o a la izquierda? —pregunto, señalando con el dedo


índice en cualquier dirección.

Hank se anima, a cargo, una vez más.

—Son cinco cuadras al oeste.

—No soy una brújula —le digo, y ondeo mis dedos para que él escoja una
dirección. Señala a mi derecha.

—Pasas Poinsettia y luego Orchid. Hay un semáforo en Rosewood y luego dos


cuadras más... —Vacila mientras me deslizo por su lado hacia el comedor, con la
mochila en el hombro, en mi camino—. Estará en la esquina... —Mis patines suenan
y zumban en los pisos de madera, a través del vestíbulo hacia la puerta, ahogando
sus palabras finales—… ¡A la izquierda!

En el exterior es la tortura solar pura. No puedo ver el sol, pero está


definitivamente allí, a la máxima potencia, tiñendo el cielo de un azul cristalino
loco. Necesitas gafas industriales y yo ni siquiera tengo las ordinarias. No está
ayudando a mi jet lag5, mi dolor de cabeza de categoría 5 o mi estado de ánimo.

Poco a poco me empiezo a sentir más despierta mientras me elevo por la calle. El
aire es fresco y huele dulce como la miel, y hay un olor afrutado también, como
una mandarina que acaba de ser pelada. Corta a través de mi cerebro nublado y
aclara mi cabeza.

En la luz del día, me doy cuenta de que hay pequeñas diferencias en las casas.
Ventanales que se curvan en la parte superior y otros que son cuadrados.
Escalinatas delanteras o paseos planos. Un montón de casas tienen grandes vides
frondosas colgadas en una pared, con floraciones explotando en los extremos,
fucsia en una casa, rojo sangre en la siguiente, y luego naranja, lavanda, rosa
pálido, colores tan brillantes que parecen pintados. Es bonito, supongo, pero
todavía es demasiado perfecto, como un pueblo de muñecas para gigantes.

Grupos de niños aparecen, en autos o a pie, en dirección al final de la cuadra. El


ruido se acumula, la charla y las risas y gritos de saludos, y me siento
estúpidamente emocionada. Tal vez estoy mareada por la falta de sueño, pero en
realidad estoy esperando la escuela. Es la única cosa que es familiar.

Navego alrededor de la esquina y luego derrapo en una parada.

Más adelante, más allá de un césped verde deslumbrante tratado con químicos
carcinógenos, se encuentra la escuela secundaria, toda de ladrillo rosado-rojo y
arenado de piedra blanca. Palmeras aparecen y se balancean como jirafas con un
trapeador en la cima. Es otro escenario de película, esta vez de una de esas
películas de tv de "familia" idiotas. Los niños están aún vestidos con colores pastel,
como caminando en Pascua M&M.

Las serpientes verdes en mis botas son el único color en mi vestuario, aparte de la
plata en mi cadena de cinturón y mi brazalete de collar de perro. Decir que destaco
entre la multitud es el eufemismo del milenio. No hay ni una pizca de negro en
cualquier lugar.

5
Jet lag: es un desequilibrio producido entre el reloj interno de una persona (que marca los
periodos de sueño y vigilia) y el nuevo horario que se establece al viajar en avión a largas
distancias, a través de varias regiones horarias.
Dos cuasi-góticas están contra la pared cerca de la entrada, pero incluso ellas están
vestidas de violeta, a juego con la sombra de ojos lila y lápiz labial. Miran por
encima de mí, cautelosas y semi-alarmadas. Supongo que parezco como que
destellé desde Plutón. No se dan cuenta de que ellas son los extraterrestres.

Mi expectación idiota anterior está oficialmente muerta. Ya puedo decir que en el


interior va a ser todos maestros motivandos y dedicados, y reuniones
motivacionales y pantallas de Honor Nacional y decoraciones del salón por la
temporada. Uf. Yo debería regresar a casa de Hank y esconderme hasta que sea
seguro colarme en su despacho y agarrar el dinero que sé que está en el cajón del
escritorio. Si él no sale, voy a esperar hasta que esté en la cocina preparando el
almuerzo o algo, y luego subo por la ventana.

No tengo que volver a mi habitación. Todo lo que necesito está en mi mochila: mi


cuaderno de dibujo y mi música. Es mejor viajar ligero. Y si tengo dinero, puedo
comprar cosas en el camino. Voy a tomar el tren en vez de un autobús. Soy una
profesional en eso. Mamá y yo solíamos tomar el tren todo el tiempo. ¿Qué estoy
esperando?

¿Alguien siquiera sabría si nunca me presenté a clase? ¿O le importaría?

CLIC CLIC CLIC.

Me doy la vuelta para ver a un chico de mi edad a pocos metros de distancia, con
una chaqueta militar de gran tamaño, apuntando una cámara del tamaño de un
camión hacia mí. Tiene más de una docena de cámaras colgadas al cuello mientras
hace clic-clic-clic.

Le disparo dagas a la lente y él finalmente baja la monstruosa cámara.

—¡Eh! —grita, como si acabara de notarme—. Eres nueva, ¿verdad? ¿Te importa si
te tomo un par de fotos para el anuario? —Levanta de nuevo la cámara y ajusta el
enfoque.

Patino hacia él y pongo mi palma sobre la lente. Aleja la cámara y frunce el ceño.

—Uh, realmente no debes tocar el vidrio —dice—. La superficie es muy sensible.

Toma una pequeña caja de cuero cuadrada del bolsillo de la chaqueta, la abre y
saca un pequeño botella con atomizador y un paño blanco diáfano aún más
pequeño. Limpia cuidadosamente la lente, como si estuviera realizando una cirugía
cerebral en un ratón. Sin duda, un idiota.
Siento algo tironear hacia abajo desde arriba. Miro hacia arriba y luego protejo mis
ojos. El sol se ha elevado lo suficiente como para ver ahora, como si tuviera que
demostrar su existencia. O tal vez solo quiere atormentarme, como todo el mundo.

—¿Qué pasa con el cielo aquí? —Le pregunto al chico de la cámara. De hecho, es
más azul de lo que era antes, ni siquiera creí que eso era posible. Es la definición
de un azul profundo y no me refiero a azul oscuro. Quiero decir, como si te puedes
ahogar en él, si dejas que te chupe.

Él mira hacia arriba y sonríe.

—Oh, siempre es así. Muy dulce, ¿no?

Me estremezco, horrorizada.

—¿Cómo puedes soportarlo? —Se vuelve hacia mí, confundido, pero he terminado
con la charla. Necesito cubrirme de toda esta luz del sol, de los colores brillantes y
hermosos olores que gritan "¡sé feliz!" El espacio interior más cercano es la escuela,
así que decido aguantar por ahora. Voy por el dinero esta noche, después de que
Hank se vaya a dormir, saco a hurtadillas el dinero y escapo al amanecer. Ese es un
mejor plan.

Me alejo y patino hacia la entrada. Detrás de mí escucho al chico del anuario, pero
estoy en movimiento, así que va a terminar con nada más que confusión.

Como lo temía, los pasillos están pintados de un alegre azul celeste y hay carteles
con signos de exclamación por todos lados, alabando al último Guerrero Verde del
Mes y animando al equipo de tetherball6 e insistiendo a todos a decirle “¡No!” al
papel no reciclado y “¡Sí!” al bloqueador solar. Los chicos están demasiado
despiertos y animados para la pre-encarcelación de las ocho de la mañana. Estoy
acostumbrada a los quejidos y encorvamientos y rostros pálidos recién
despegados de la almohada. ¿Y dónde está el verde deslavado del fluorescente por
encima de las cabezas? Miro hacia el techo. No lo puedo creer. Hay tragaluces de
verdad. Incluso bajo techo, el sol brilla aquí. No es natural.

Al menos la dirección está justo al lado de la puerta principal, así que no tengo que
preguntarle a ninguno de los nativos su ubicación. La secretaria me sonríe y me
entrega mi horario y asignación de casillero, pero sus ojos vuelan de mi cinturón a

6
Tetherball: es un juego que consiste en un poste o palo de metal con una cadena que va desde la
punta del poste a una pelota, con la consistencia más o menos de una pelota de voleibol, la idea es
pegarle con las manos y tratar de enrollar la cadena completamente mientras que el contrincante
intenta hacer lo mismo en la dirección opuesta.
mis botas y puedo decir que la sonrisa apenas está cubriendo un fruncimiento de
ceño que decía lo que algunos padres hoy en día dejan que lleven sus hijos. Como
sea.

—¡Tú debes de ser Delaney! —Un hombre peculiarmente alto, con una coleta en
pantalones vaqueros negros y una camisa hawaiana sale de la oficina de atrás.
Toma mi mano y la sacude—. Soy el director Rosenthal, pero puedes llamarme Lee.

Señala una de las sillas que están contra el muro y luego toma asiento junto a mí,
con el olor a cigarrillos y menta saliendo de él.

—Lamento escuchar sobre tu pérdida. —Su rostro cambia reflejando demasiada


tristeza, como si se hubiera puesto la Máscara de la Tragedia. Un cuarto de
segundo después, la comedia está de regreso: una enorme y brillante sonrisa, ojos
curvados en forma de media luna—. Pero estamos tan contentos de tenerte aquí
en Allegro. Te va a encantar. Y quiero que te sientas libre de venir y verme a
cualquier hora, Delaney, tanto para venir por consejos para hacer amigos o para
ayudar a ajustarte a un modo de vida diferente. Pienso que encontrarás que somos
un poco más tranquilos aquí. —Se recarga hacia atrás como para demostrarlo y
luego mira mis brazos cruzados y la punta de mi bota, la que estoy golpeteando
contra el suelo con impaciencia—. Operamos a una velocidad más baja.

Descruzo mis brazos, dejo de golpetear y trato de recargarme hacia atrás como el
relajado Lee, pero solo me hace sentir más ansiosa. Cruzo mis brazos de nuevo y
vuelvo a golpetear. Ya quiero irme a clase, comenzar con todo esto. El director Lee
continúa con su discurso de todas maneras.

—Tenemos un montón de materias optativas divertidas de las cuales escoger —


dice, y me pasa una lista mecanografiada—. Son increíbles oportunidades para
interactuar e incorporarse.

¿Incorporarse? ¿Qué soy, un batido de frutas?

—Puedes ir a la biblioteca para la séptima hora hasta que elijas una. —Se levanta
de su asiento como un enorme saltamontes y alcanza mi mano de nuevo—. No lo
olvides: mi puerta siempre está abierta. “Director” solo es una palabra larga para
decir “amigo”. Así que pásate cuando te dé la gana. ¿Harías eso por mí, Delaney?

—Um, seguro.

—¡Genial!
El “Director Amigo Lee” brilla, aliviado. Yo también estoy aliviada, por salir de aquí.
Nunca pensé que extrañaría a la señora Buckston, también conocida como la
Corneta, nuestra directora amargada, odiadora de adolescentes en East Lombard,
mi escuela en Nueva Jersey. Puede que ella siempre hablara con un nivel de gritos
y daba castigos como si fueran confeti, pero al menos nunca trató de ser tu
“amiga”.

Mi primera clase es Química 1: Salón 135, Sr. McElroy. Solo tengo unos minutos
antes de que comience, pero aumento la velocidad y zigzagueo con facilidad entre
los rezagados, llegando a la puerta justo cuando suena el timbre. Coordinación de
tiempo perfecta.

Excepto que un idiota pasa frente a mí antes de que me detenga y -¡ZAZ!-


chocamos. Agarro el marco de la puerta para mantener mi equilibrio mientras el
idiota se va hacia atrás. Las cámaras dan vuelta en su cuello como un molinillo y
caen encima de él.

Es el idiota amante del cielo azul del anuario.

—Fíjate por dónde vas, fenómeno —le digo. Se las arregla para juntar sus cámaras
antes de que sean pisadas por una pareja con un tipo de bronceado de salvavidas,
que le dirige una mirada entretenida mientras entra a la habitación. Sus miradas
van hacia mí, pero no por mucho tiempo, solo lo suficiente para que yo alcance a
percibir la vibra de “vaya, tú no perteneces aquí”. Díganme algo que no sepa.

—Yo no soy quien está rompiendo las reglas —me espeta el chico del anuario—.
Nada de patines dentro de la escuela. Es un riesgo de seguridad.

Golpeo los talones de cada bota en el suelo para que las ruedas se retracten y ya
no esté cometiendo un delito mortal de pasillo. Le dirijo al chico del anuario una
sonrisa de “¿ya estás satisfecho?”, pero ha vuelto a desenredar sus cosas y ya no
está prestando atención.

En el salón de clases, las miradas de desaprobación del pasillo se han multiplicado.


Todos llevan una, excepto el profesor, el señor McElroy, un hombre bajo con un
rostro regordete y ojos caídos, quien no muestra ningún tipo de expresión.

—Me transfirieron —le digo, y le entrego mi papel de admisión. Afuera, en el


pasillo, el Sr. Paparazzi aún tiene problemas para desenredar las correas de sus
cámaras—. De una cultura distante y más evolucionada.

—Estamos honrados de tenerla con nosotros, señorita… —El señor McElroy mira el
papel—… Collins. Estoy seguro de que su presencia nos iluminará y enriquecerá a
todos. —Le dirijo una mirada. ¿Está jugando conmigo? Es difícil decirlo con ese
rostro—. Puede ponerse de compañera con Flynn Becker. Mesa seis. —El señor
McElroy apunta hacia una mesa de laboratorio al final del salón—. Oportunamente,
estamos estudiando las propiedades de los ácidos el día de hoy.

Está bien, eso de seguro que fue sarcasmo. Encuentro su mirada, pero él mantiene
su rostro impasible. Me gusta este tipo. No es un marginado. Definitivamente no es
de esta empalagosa tierra de sonrisas y rayos de sol.

Mentalmente hago a un lado las miradas curiosas y susurros mientras camino hacia
mi mesa, la cual estoy aliviada de encontrar vacía, a pesar de que es para cuatro
personas, dos de cada lado. Lo que sea de lo que se hayan enfermado los otros
tres, espero que sea crónico.

El Chico Cámara finalmente entra, las correas de sus cámaras ahora cuelgan en
cada uno de sus hombros como sogas para escalar. Levanta una mano, repeliendo
la reprimenda del señor McElroy, quien mira ceñudo su reloj.

—Estuve involucrado en una gran colisión —dice el Chico Cámara—. Daño a


propiedad ajena y trauma personal.

El señor McElroy sacude la cabeza, poco impresionado.

—Vea eso con su agente de seguros. Me gustaría comenzar la clase. —El Chico
Cámara se encoge de hombros y se dirige hacia el fondo del salón—. Oh y, por
cierto, Flynn —dice el Sr. McElroy detrás de él—, ahora tienes compañera de
laboratorio. Delaney Collins.

El Chico Cámara se congela; luego sus ojos vuelan hacia mí, con su mirada cargada
de temor.

—Genial —digo para mí.

—Genial. —Escucho a Flynn decir en voz baja al mismo tiempo.

Camina fatigosamente hacia mí y deja sus cámaras con cuidado en el estante


debajo de los gabinetes que se alinean contra el muro. Esto toma como cinco
horas mientras acomoda cuidadosamente cada una y se asegura de que no se
toquen entre ellas. Espero que después las acaricie o las bese en la punta de sus
pequeñas cabezas plásticas. En lugar de eso me dirige una mirada que supone ser
letal.

—El lente de mi SLX 4700 está agrietado.


—Demándame —digo.

—Puede que lo haga. —Comienza a enojarse—. Tengo evidencia física y testigos.


Podría llevarte a la corte y…

Me acerco a su rostro.

—Este es el trato: no me hablas y no te hablo. No te asfixias con una de las correas


de tus cámaras y no tengo que escuchar tus quejidos.

Flynn parpadea. Abre la boca, la cierra. Hice mi punto. Pero luego la abre de nuevo.

—Tenemos que hablar —protesta—. Somos compañeros de laboratorio. Tenemos


que escribir nuestros reportes juntos y…

—No voy a estar aquí por mucho tiempo. Solo es temporal.

Flynn saca un cuaderno de su mochila.

—Lástima que hayas tenido que estacionar tu escoba al final —murmura. Puede
que no haya querido que lo escuchara, pero lo hice.

Así que digo, en una voz más baja que la suya, pero lo suficientemente clara para
que entienda cada palabra: —Será mejor que te cuides o tu lente no será la única
cosa agrietada.

Flynn no dice nada o siquiera mira en mi dirección, pero con cuidado se aleja un
poco de mí, encogiéndose en la esquina de la mesa con sus cámaras.

Tengo una sensación amarga, como que pisé una araña que en realidad no hizo
nada malo, excepto estar viva donde podía verla y la hice puré sin detenerme a
pensar antes. No es propio de mí sentir remordimiento sin razón y trato de olvidar
esa sensación. Flynn estará bien, me digo. En realidad le hice un favor, porque
ahora se mantendrá lejos de mi camino, donde está seguro.

—Está bien, chicos —dice el Sr. McElroy—. Capítulo Cuatro. Reacciones de ácidos-
base. Hay que sacar probetas, pipetas y las bandejas de laboratorio. Les estaré
pasando las botellas de HCI. —Empuja un carrito rodante de mesa en mesa y deja
gruesas botellas de cristal en cada una.

Detrás de él, la puerta del salón se abre y dos chicas entran. Una es alta, con
cabello negro, largo y brillante como de comercial de champú y una minifalda rojo
eléctrico. La otra tiene su rubio cabello artesanalmente teñido en una coleta y lleva
un vestido amarillo. Mentalmente identifico sus tipos de inmediato: supermodelo
egocéntrica y su alegre compinche. Hablan y sueltan risitas con un par de chillidos
rompe-tímpanos mientras pasan entre las mesas.

—Así que le dije, de verdad, de verdad me gustas con los pendientes de aro —la
“Supermodelo” le está diciendo a la “Alegre”—, pero, como que, si tuvieras una
melena, realmente podrían resaltar. —Con sus largas piernas y sedoso cabello
parece estar caminando en cámara lenta. De derecha e izquierda, todos los chicos
y unas cuantas chicas se ven al borde del desmayo de tanta lujuria. Increíble.

—Oh por Dios, eso fue como la cosa perfecta para decir porque de hecho suena,
ya sabes, como un cumplido —dice la “Alegre”.

—¡Lo sé! ¡Y de verdad lo dije enserio! —El señor McElroy les está dirigiendo su
mirada sin expresión, pero están en una inconsciencia de cabezas huecas—. Va a
hacérselo hoy en Anton’s, en el centro comercial, y finalmente el equipo completo
estará hermosísimo.

—Eres tan desinteresada…

—Discúlpenme, señoritas —dice el señor McElroy—. Esta no es una sala de chat,


estamos en clase. Y comenzó hace diez minutos.

—Oh, ¡lo siento tanto, señor McElroy! —dice la “Supermodelo”, y lo hace sonar
“¡así totalmente!” sincero—. Tengo una nota. —Le pasa al señor McElroy un pedazo
de papel y ella y la “Alegre” se van hacia un lado… al otro lado de nuestra mesa. La
mesa seis ha ido de un oasis temporal al oficialmente peor lugar para estar del
salón. ¿Por qué mi suerte siempre es tan mala?

El señor McElroy lee la nota de la “Supermodelo” y por primera vez su expresión


cambia a una clase de incredulidad desconcertada.

—¿Junta de emergencia del consejo? —Mira a la “Supermodelo”, quien se encoge


de hombros y le sonríe con dulzura, y el señor McElroy lo deja pasar, desde luego.
Solo por una vez me gustaría ver a una de esas chicas perfectas populares irse a
detención.

—Hola, Flynn —dice la “Supermodelo” y le dirige su sonrisa de estrella de cine. Hay


un vibrante brillo en su voz como si encontrar a Flynn en su mesa fuera la sorpresa
más encantadora, aunque ¿no se topan entre sí todos los días?

Flynn le dirige un “hola” y un pequeño saludo con la mano, pero se concentra en


acomodar nuestro equipo de laboratorio. Es la única otra persona en la habitación
además de mí quien no parece estar listo para colapsar ante los pies de la
“Supermodelo” y entregarle su eterna devoción. Le doy un cuarto de punto por
buen juicio y prometo no decir nada amenazador por el resto de la hora como
recompensa.

—Oh, ¡hola! ¿Eres nueva? —Levanto la mirada para ver a la “Supermodelo”


dirigiendo su brillante sonrisa hacia mí ahora—. Soy Cadie Pérez. —Se inclina sobre
Flynn antes de que me dé cuenta de lo que sucede, toma mi mano y le da una
sacudida entusiasta, como si de verdad estuviera encantada de conocerme—. Ella
es Mia. —Cadie señala a la “Alegre”, quien me ofrece un saludo a fuerzas. No digo
nada, sin expresión como el señor McElroy, pero Cadie continúa—. Deberías
sentirte completamente libre de preguntarnos si tienes dudas sobre la escuela o,
como, dónde salir, o lo que sea. —Sonríe de nuevo, mi hostilidad está rebotando
fuera de su campo de fuerza amigable. Qué extraño.

El señor McElroy deja las botellas de HCI en nuestras mesas.

—¿Ya acabamos con la socialización? ¿O preferirían quedarse después de clases y


completar el experimento entonces?

—Oh, no podemos hacer eso, señor McElroy —dice Cadie, al parecer impermeable
al sarcasmo y la hostilidad—. Tenemos un partido fuera de casa en el Valle de
Glen.

—Entonces vamos a trabajar. Por favor.

Cadie me sonríe tontamente, como si estuviéramos de acuerdo. Pongo los ojos en


blanco y ella se ríe, sin saber que yo los estoy rodando hacia ella. Cadie y Mia sacan
sus cuadernos y llenan el espacio aéreo con su parloteo sin sentido acerca de
porristas y el enamoramiento de una chica con un baterista de la banda de la
escuela, y el set de un nuevo reality show fijado en un mostrador de maquillaje que
es tan educativo. Mientras tanto, Flynn mide, vierte y escribe números y
ecuaciones, totalmente concentrado, como si yo no estuviera allí.

A mi alrededor, los chicos están encorvados, con los ojos en sus probetas o
pipetas. Esta no es la manera en que yo quería que me dejaran sola. Esto es como
si fuera invisible. Como si hubiera desaparecido, pero todavía estoy aquí, atrapada,
atrapada en este universo paralelo de personas bonitas, dulces de colores, rodeada
de extraños. La sensación que tenía anoche, cuando hablé con Posh, regresa. La
necesidad de escapar, de huir de aquí, de vuelta a donde pertenezco.

Una imagen viene a mí en un instante. Agarro mi cuaderno de dibujo y el lápiz se


mueve prácticamente por sí mismo mientras la imagen en mi mente se materializa
en la página. Botas de halcón. Con alas que se despliegan desde los laterales y
pequeños motores de cohetes en los talones. Son una total fantasía, por supuesto,
pero no puedo dejar de preguntarme si realmente podrían funcionar.

—Señorita Collins. —El señor McElroy está a la cabeza de la mesa de laboratorio,


con los brazos cruzados—. En su lejana cultura, más evolucionada, pueden dejarle
hacer lo que quiera en la clase, pero la gente sencilla espera que los estudiantes se
adhieran a la materia que se enseña. —No soy más invisible. Ahora todo el mundo
en la clase está mirando. Esto me da ganas de salir disparada aún más rápido—.
Usted podría incluso encontrar que el hacer el trabajo ayuda a sentirse mejor.

Un calor enojado se levanta en mis mejillas y cierro de golpe mi cuaderno de


bocetos.

—Me siento bien.

La expresión plana del señor McElroy no cambia, excepto que sus cejas se arquean
un mini-micromilímetro.

—Entonces se sentirá aún mejor que bien, ¿y que no le gustaría eso? —Sus cejas se
asoman un poco más, y luego regresan a su lugar, él se va a molestar a los chicos
en la siguiente mesa.

Flynn mira hacia mí, hacia los lados. Recuerdo mi promesa y trago el impulso de
soltar: "¿Qué estás mirando?" En vez digo: —Tienes razón. Supongo que tenemos
que hablar.

Son solo quince minutos hasta el final de la clase. Puedo aguantar ese tiempo.

Flynn duda, mirándome con cautela, pero cuando no hay sarcasmo siguiendo,
empuja una hoja de papel a mí. En ella, los pasos del experimento están
dispuestos.

—Estoy hasta el número cuatro.

Pasamos a través de la asignación con el mínimo de palabras intercambiadas.


Cuando suena la campana soy la primera en salir por la puerta. Estoy tentada a
regresar al Plan A y abandonar el barco, pero el director Lee está vagando por los
pasillos, irradiando unión y amistad. Estoy atrapada. No hay problema, sin
embargo. Me recuerdo a mí misma que soy la chica invisible. Voy a comprobar
mentalmente, y antes de darme cuenta, el día acabará y la “escuela feliz” será
historia.
Pero mi capa de invisibilidad no dura. En Francés II, una bruja llamada madame
Kessler me hizo leer en voz alta algún poema sobre un gigante y luego dijo que mi
acento es "trop canadien", que es pas bon du tout7, provocando sonrisas veladas
de un par de snobs del francés vestidos en cachemir que se sientan delante de mí y
risitas de les autres8 perdedores dans la classe9.

En Historia del Mundo tengo que sentarme en el borde de la ventana hasta que
una silla extra pueda ser llevada, lo que ocurre justo cuando suena la campana.
Entonces el maestro de Trigonometría, el señor Nisonson, que debe haber sido el
rey novato en su fraternidad de la universidad, hace que vaya a la pizarra y
determine el rango y el dominio de una función inversa del seno, incluso después
de que le dije que solo íbamos hasta las funciones recíprocas en mi escuela.

—Te voy a guiar a través de él —dice, pero la forma en que lo hace es tan confusa
que acabo pareciendo una idiota con impedimentos matemáticos. Así que ahora,
además de todo el cuidado y miedo y miradas hostiles que ya he estado
recibiendo, tengo que sufrir a través de un montón de compasión "es triste que sea
tan estúpida, pero ¿por qué la pusieron en esta clase?" también.

Gimnasia es extraña. En lugar de los deportes mortales de pelota habituales como


el voleibol y el baloncesto, aquí enseñan yoga. La señorita Byrd tiene a todo el
mundo abajo en colchonetas azules, haciendo Supta Padangusthasana10. Todo el
mundo, menos yo, ya que no tengo el "atuendo-yogui" adecuado. La señorita Byrd
me da una tarjeta de visita para el Tranquility Den, donde la escuela recibe un
descuento, y luego me hace sentarme en las gradas y practicar mi respiración.
Correcto. Tengo que practicarlo cuando he estado haciéndolo desde que nací.

Me imagino que al menos el almuerzo será un descanso de la tortura. Una


oportunidad para mí de encontrar un rincón vacío donde nadie va a prestarme
atención y pueda dibujar, escuchar música y estar sola. ¡Ja! En primer lugar, la
cafetería está afuera. Las "estaciones de cocina", que es como ellos llaman a las
líneas de alimentación, están en el interior, pero luego tienes que llevar tu comida
a través de estas puertas corredizas de cristal de altura a un patio de baldosas de
lujo.

7
Pas bon du tout: en francés “no es bueno en absoluto”.
8
Les autres: en francés “los otros”.
9
Dans la clase: en francés “en el aula”.
10
Supta Padangusthasana: en el yoga, es el nombre que recibe la postura del dedo gordo del pie
recostado.
Alrededor del perímetro hay una estructura techada, con una lona enrollada para
un día en el siglo en que llueve. Un escuadrón de lámparas de calor hace guardia
contra la pared, para los días fríos por debajo de ochenta grados.

Traes tu comida afuera; es decir, si tienes cualquier alimento. Olvidé traer dinero y
Hank no se molestó en darme, por supuesto, así que mi almuerzo es una pequeña
bolsa de pretzels11 que metí en mi mochila en el avión y olvidé hasta ahora. No hay
lugar para que me siente y coma, sin embargo. No hay extremo de un banco de
media de población en el que pueda deslizarme y estar sola porque no hay bancos,
solo grandes mesas redondas de tipo barbacoa en el patio. Esto no sería tan malo
si hubiese al menos una mesa aislada de desadaptados, pero no hubo suerte. En
East Lombard siempre había una mesa donde los solitarios se sentaban. El niño
que huele mal, la chica fea y agresiva, el chico que hablaba consigo mismo, la chica
que parecía un cadáver andante y otros intocables variados. Ellos no interactuaban,
pero estaban unidos por su miseria más baja de lo baja.

Aquí en Allegro High, sin embargo, no existen verdaderos parias12. Hay unos
cuantos frikis13 con gafas voluminosas y corbatas estrechas, algunas niñas miopes
con ortodoncia y horrible cabello, y un puñado de muchachos en el purgatorio del
acné, pero ninguno de ellos son los únicos. Se sientan junto con los miembros de
su propia especie, a sus propios cuadros, riendo y charlando y sorbiendo sus
bebidas gaseosas felizmente.

Las animadoras ocupan dos mesas, empujadas juntas para formar una voluminosa
figura de ocho. Cadie me ve y señala una silla vacía que se encuentra en la grieta
entre las mesas. Mia me lanza una mirada de “es mejor que no lo hagas”. Ella no
tiene por qué preocuparse. Incluso sin el almuerzo, iba a terminar teniendo arcadas
de la conversación blanqueo de cerebro y los humos de champú de diseño.

Flynn está en una de las mesas ni parias ni populares, con un par de chicos de igual
aspecto de bicho raro, además de un trío de chicas súper sonrientes a juego con
mochilas de Hello Kitty. Él mira hacia mí, como si estuviera debatiendo decir algo.
No es una invitación a unirme a ellos, ya que no hay espacio en su mesa, y no es
que me sentara allí si hubiese.

11
Pretzels: es un tipo de galleta o bollo horneado, y retorcido en forma de lazo.
12
Paria: ser humano considerado «raza inferior», menos que un esclavo shudrá (que al menos
pertenece a la cuarta casta del sistema hindú).
13
Friki: (del inglés freak, 'extraño', 'extravagante', 'estrafalario', 'fanático') es un término coloquial
para referirse a una persona cuyas aficiones, comportamiento o vestuario son inusuales, como
puedan ser la ciencia ficción, la fantasía, los cómics, el manga y la animación, entre otros.
Podría encontrar un poco de espacio con sombra alrededor del lateral del edificio,
pero todavía estaría afuera y el sol estaría brillando, y realmente no estoy de
humor. En su lugar, me deslizo hacia el interior, más allá de las líneas de
alimentación, a través de la puerta del pasillo vacío. Hay un baño de chicas en el
extremo lejano de la escuela, con una repisa en la ventana lo suficientemente
grande como para que me siente, con una pantalla que filtra el sol y hace que el
cielo se vea gris. Es el único lugar que he encontrado en la escuela que tiene luces
fluorescentes.

Es oscuro por dentro, con eco y deprimente, y no hay espacio para dibujar, pero al
menos me da mi deseo de estar sola. Casi puedo imaginar, mientras como mis
pequeños pretzels rancios y miro a través de la pantalla de polvo, que estoy de
vuelta a casa en Nueva Jersey. Pronto voy a estarlo, me digo, y el pensamiento me
anima un poco y me hace olvidar, por un segundo, dónde estoy.

Por desgracia, algo me da un golpe a la realidad en el sexto período: Literatura


Británica, la señora Sandor. Las miradas de los otros chicos son infinitas, el susurro
es imparable. Es como si toda la escuela hubiera formado un pacto contra el
invasor. Cadie está en la clase, pero incluso ella se volvió contra mí. No intenta
decir hola, no sonríe, no hay nada. La señora Sandor nos lee un montón de poemas
de Elizabeth Barrett Browning14 con títulos como El llanto de un niño y Un
pensamiento para un lecho de una muerte solitaria. Justo lo que necesito para
animarme. Los cincuenta minutos se prolongan a unas cincuenta horas antes de
que la agonía termine finalmente.

Todavía tengo que pasar por el séptimo período: optativas. Estoy en el camino a la
biblioteca cuando me doy cuenta de que, por una vez, los pasillos están libres del
director Lee. Mmm. No hay ningún lugar en el que oficialmente tenga que estar.
No hay hoja de asistencia con mi nombre en él....

—La campana está a punto de sonar, ya sabes.

Me doy la vuelta y veo a Flynn en el otro extremo de la sala, mirándome. Ha


perdido la cautela y ha vuelto a la curiosa mirada que me dio esta mañana, cuando
por primera vez lo vi fuera de la escuela. Casi le digo: "Toma una foto, durarán más
tiempo", pero luego me doy cuenta de que probablemente lo haría.

—Gracias por la actualización.

—El séptimo período es optativas, sabes. ¿Elegiste una electiva?


14
Elizabeth Barrett Browning (6 de marzo de 1806 – 29 de junio de 1861): era un miembro de la
familia Barrett y una de las poetisas inglesas más respetadas de la era victoriana.
Probablemente es mejor no decirle que he elegido salir temprano.

—Voy a la biblioteca. Será mejor que me dé prisa, ya que se rumora que la


segunda campana está a punto de sonar.

Flynn sonríe para hacerme saber que él entendió la broma, pero no lo dije para
que le divirtiera, lo dije que para deshacerme de él.

—Está bien, entonces. Nos vemos mañana, compañera. —Inclina un sombrero


imaginario, se desliza en el aula detrás de él y cierra la puerta. A continuación, la
segunda campana a clase timbra. Es la campana final para mí. Soy libre. Me dirijo
por el pasillo, fuera de la biblioteca, lejos de Flynn, lejos del infierno que es Allegro
High.

Descubro una salida lateral y dos segundos después he vuelto al sol aplastante,
pero el brillo no me molesta ahora.

Ruedas abajo, apenas tocan el suelo, y casi puedo sentir los diminutos motores en
mis talones encenderse. En mi mente, a mis botas les han salido alas y estoy
volando.

Lejos.
Capítulo 4
Traducido por carmen21, Kathy92, Nanami27, Angie_kjn y AntoD

Corregido por QueenDelC

Finalmente mi suerte ha cambiado: el auto de Hank no está cuando llego a casa.


Adentro, hago un rápido desvío a la cocina porque necesito comida. Incluso estoy
tan desesperada como para comer uno de los desagradables brócolis apenas
congelados de Hank.

Abro el refrigerador y, oh Dios mío, me había preparado el almuerzo. Está en una


bolsa de papel, no en una caja para almuerzo, pero tiene “Delaney” escrito con
marcador mágico. Se le debió olvidar dármelo o se sintió demasiado avergonzado
para hacerlo. Arrojo el contenido sobre el mostrador: un sándwich de mantequilla y
mantequilla de maní pulcramente envuelto, sin corteza, cortado en diagonal, una
bolsa de mini-zanahorias y una caja de pasas. Es un cliché culinario infantil, pero
me estoy muriendo de hambre, así que empiezo a comerlo.

Me termino lo que queda del sándwich de camino a la oficina de Hank. La puerta


está cerrada... con llave. No es un gran problema. Teníamos las mismas cerraduras
en nuestro apartamento en Nueva Jersey. Accidentalmente me encerré en el baño
una vez y mi madre me enseñó cómo romperla. Lo único que necesitas es algo
largo y afilado, como un picahielo o un destornillador, para meter en el pequeño
agujero al centro de la perilla y hacer saltar el bloqueo de botones. Después de la
exploración de anoche, sé exactamente dónde mirar. Tomo unos abrecartas del
salón y una pluma fuente en caso de que los abrecartas sean demasiado grandes.

El primer abrecartas encaja y lo muevo hasta que siento la punta tomar el resorte
de la cerradura. La puerta se abre y estoy dentro. Me siento frente al escritorio y
halo el último cajón hasta que está ligeramente abierto, después uso el lado gordo
del abrecartas como palanca, forzando el cajón lo suficiente como para deslizar mis
dedos y sentir las cosas. Un par de fuertes tirones y el cajón se abre.

Aunque dentro no hay billetes de cien dólares. En vez de eso, el cajón está lleno de
fotos y tarjetas y dibujos tontos de niños. Confusión, sorpresa e incredulidad se
mezclan en mi cabeza mientras reconozco que son todos míos, hechos por mí.
Vuelco un puñado en mi regazo. Mis ojos van directamente a una tarjeta de
felicitación en la parte superior. “Feliz Día del Padre” se lee, y dentro dice “De tu
hija favorita”. En el lado izquierdo, escrito con un bolígrafo de purpurina rosa:
“Querido papi, Cómo estás yo estoy bien. Tenemos un nuevo columpio. Te extraño.
Te quiero. XOXO Delaney”.

La siguiente es una foto, una foto digital impresa en papel normal, su tinta tan
descolorida que los únicos colores que quedan son el morado y el rosa. En ella,
estoy saludando alegremente a la cámara y llevo el vestido que mi madre me dio
por mi séptimo cumpleaños. Mi disfraz de princesa.

Recuerdo ese día, pero lo recuerdo como la foto de otra persona. Un personaje de
cuento o una niña pequeña de una película. Mi yo más joven me sonríe. No puedo
recordar cómo se siente ser tan alegre. Tener esperanza y creer en el felices para
siempre.

De repente las quiero ver todas. Saco todo del cajón y lo extiendo sobre el suelo.
Usando sellos y las fechas de las postales y conjeturas, ordeno las cosas por orden
cronológico. No hay nada sobre mí de cuando era bebé. En las primeras fotos que
pude encontrar ya estoy de pie, con dos años por lo menos. Hay muchas conmigo
y con mamá a través de los años, unas cuantas con Hank, e incluso un par con
todos juntos. Mamá parecía realmente feliz, no con el corazón roto o tensa. Hank
es el único que parece triste y fuera de lugar, como un niño en una fiesta que está
allí solo porque el cumpleañero ha sido obligado por sus padres a invitarlo.

Dispuestos en una fila, con las cartas del mismo año acomodadas encima de otras,
los papeles son como una rampa de skateboard15, o como uno de esos dibujos de
una serpiente que se tragó a un perro o a un mono, grande en el medio,
disminuyendo en ambos extremos. Los años que tenía nueve y diez, parece como
si los hubiera escrito cada semana. Las cartas eran siempre los mismos informes
alegres de cosas que había hecho y un deseo final: “¡Nos vemos pronto!”

Destellos de recuerdos vuelven. Convenciendo a mamá de que me comprara el


papel especial, con margaritas en el fondo o estrellas a lo largo del borde. Usando
bolígrafos de diferentes colores para cada frase, así que los párrafos lucían como
un arcoíris horizontal. Despegando mis calcomanías favoritas para sellar los sobres.

15
Skateboarding: es un deporte que consiste en deslizarse sobre una tabla con ruedas y a su vez
poder realizar diversidad de trucos, gran parte de ellos elevando la tabla del suelo y haciendo
figuras y piruetas con ella en el aire.
Aunque las palabras son las mismas en muchas de las cartas, puedo ver morir
lentamente la esperanza de ver de nuevo a Hank, o incluso de recibir una carta
suya. Es como leer un libro sobre una chica que no sabe todo lo malo que está por
venir, pero tú sí, y te sientes dolida mucho antes que ella.

Si hubiera visto las cartas que me envió aleatoriamente en cumpleaños y


celebraciones, sería como un camino corto, con una pequeña colina en medio. Una
serpiente bebé que se tragó un lápiz de colores. No es como si pudiera hacerlo,
porque las tiré hace una eternidad, con mis otros juguetes y sueños infantiles.

Lo que no puedo entender es por qué Hank guardó estas cosas. Luego me
recuerdo a mí misma que dejó todo en el cajón del fondo, fuera de vista.

Oigo la puerta delantera abrirse y esta vez no corro a mi habitación a esconderme.


Me recuesto en mis manos y escucho mientras me imagino a Hank yendo a la
cocina, viendo los restos de la bolsa de mi almuerzo y mirando alrededor con
confusión, ¿o quizás irritación? Unos segundos más y luego aquí viene, por el
pasillo, casi pasando de largo la oficina hasta que me ve en el suelo, rodeada por el
contenido de su reserva secreta.

—¿Qué pasa? ¿Por qué no estás en la escuela?

En vez de contestar, le extiendo un puñado de cartas y fotos, y le hago una


pregunta: —¿Por qué guardaste esto?

Hank se para allí y pasan un millón de años hasta que, por fin, dice: —¿Por qué no
lo haría? Eres mi hija.

Intenta hacerlo sonar como si yo fuera una idiota por preguntar, pero sale como un
ladrón de bancos diciendo “Soy inocente” cuando tiene una bolsa de dinero
robado en la mano.

Las cartas se mueven patéticamente mientras las agito frente a él.

—Nunca me contestaste. Apenas y respondías mis correos electrónicos —digo—.


Dejaste de venir a verme. Nunca quisiste verme cuando venías. Entonces por qué...
—Mi voz se ha vuelto chirriante y me preocupa que suene como si todavía me
preocupara, lo cual no hago. Esa fue otra yo, la yo inmadura. Para demostrar que
no me molesta, tiro las cosas al suelo como la basura que son. Hank se estremece
como si se las hubiera tirado a él.

—Quería verte, Delaney... —Parece como que va a decir algo más, pero en su lugar
se sienta en la silla del escritorio y se inclina para recoger una de las fotos.
—¿Pero...?

Hank observa la foto y me pregunto si está intentando recordar la chica que era o
si para él es más como mirar a alguien que siempre ha sido una extraña.
Suavemente pone la foto en la pila y apoya las manos sobre sus rodillas. Su mirada
se desplaza hacia los estantes y sus ojos se estrechan un poco, como si
psíquicamente estuviera tratando de extraer un consejo de uno de sus libros.

—Era difícil. Mi trabajo es... absorbente.

—Sí, lo sé. Me lo dijiste. Las veinticuatro horas de la semana.

—Y vivías tan lejos. Además, no creo que a tu madre realmente le gustara que
fuese.

—¡Eso no es verdad! —Me levanto del suelo—. Solía escucharla al teléfono todo el
tiempo, rogándote que me visitaras. Me di por vencida mucho antes que ella. —Mis
brazos se vuelven rígidos, la ira se dispersa hasta los puños—. Pero tú renunciaste
a mí primero. —La habitación parece haberse encogido y siento la necesidad de
escapar rápido, antes de que las paredes se muevan más y me atrapen. Salto hacia
la puerta, mis botas triturando las cartas y tarjetas, y las esperanzas muertas
dispersas en la alfombra.

De vuelta en mi habitación, me tiro sobre la cama. Mis ojos arden y estoy tan
enfadada que lo único que puedo ver son chispas.

—Delaney...

—¡Fuera! —grito, luego presiono mi cara contra la almohada. Arrugo la colcha en


mis manos y las pequeñas espirales bordadas se presionan en mis manos. Respiro
lentamente, concentrándome en el fuerte olor a detergente de la funda de la
almohada.

Siento a Hank cerca de la puerta.

—Desearía... —Su voz es tranquila, anhelante.

Giro mi cabeza lejos de él.

—¿Desearías qué? ¿Que nunca hubiera venido? Yo también. —Las muñecas y


animales de peluches me miran desde los estantes, burlándose. Les dirijo una
mirada feroz—. Déjame irme a casa. Sé que no me quieres aquí.
Hank duda un segundo, luego entra a la habitación y se sienta en una esquina de
la cama. Está tan cerca del borde que caería si le doy un golpecito con el pie.
Debería hacerlo… pero no lo hago.

—Te quiero aquí, Delaney. —Hay un tono indefenso, nada propio del Dr. Hank en
la manera en la que lo dice que parece sincero, pero todavía no estoy lista para
creerle.

Levanto la cabeza y enjuago las pocas lágrimas que lograron fugarse.

—¿Y por eso corriste a ver a tu novia un segundo después de que llegué aquí?¿Y
después ni siquiera admites que es tu novia?

—Andrea no es mi novia. Es una cliente, como te lo dije. —El teléfono de Hank


suena. Él gime—. No me lo creo. Lo siento. Le diré que la llamaré luego.

—¿Por qué no simplemente dejas que se vaya al correo de voz?

Hank consideró esto como si fuera una nueva idea radical. Coloca el teléfono en la
cama. Suena un par de veces más, luego se detiene.

Hank entrelaza sus dedos, luego se golpea la barbilla con los pulgares. Otra más de
las posturas de orientador que ya había visto antes. Aunque esta vez hay algo
diferente en ella. Como si de verdad está pensando seriamente y no solo
pretendiera hacerlo.

—No debí dejarte anoche. Fue incorrecto. Es solo que Andrea es un caso
excepcionalmente difícil y esto… —Separa sus manos y las mueve entre nosotros—
. Esto es nuevo para mí.

—¿Cómo es nuevo? He estado en el planeta por quince años. Tú me alejaste al


nacer.

—Eso no es cierto, Delaney. Tu madre se mudó lejos y nunca me dijo que estaba
embarazada. Pocos años después, estaba en Nueva York promocionando mi primer
libro y ella me vio en la televisión. Habías comenzado a preguntar sobre tu padre y
supongo que decidió que tenías el derecho de conocerlo, así que me llamó. —
Sabía que ellos habían terminado antes de que naciera, pero mamá nunca me dijo
el porqué. Aprendí a dejar de preguntar, porque eso no importaba. La tenía a ella.

—Esa fue la primera vez que te vi —dice Hank—. Tenías alrededor de dos años. Y
después de eso he tratado de verte tanto como he podido.

—Mentira.
—Definitivamente no es…

—Claro, viniste y me llevaste al parque, al zoológico o a alguna otra actividad


cliché de fin de semana con papá. Por un tiempo. Y luego, ¡puf! Ya no estabas ahí.
Nunca me dejaste siquiera visitarte. —El teléfono de Hank suena de nuevo—. Dile
que estás con otro cliente.

—Solo está Andrea.

Me apoyo en mi codo.

—¿Solo tienes un cliente?

—Uno a la vez.

—Debes cobrar bastante.

Hank no responde. El teléfono va de nuevo al buzón de voz. Levanta sus ojos y


finalmente me mira, pero su expresión ha cambiado. Era como si estuviera viendo a
alguien que le pareciera familiar, pero a quien solo comienza a reconocer.

—Tienes razón. Debí pasar más tiempo contigo. Si pudiera volver a hacerlo, lo
haría de otra manera. —El teléfono suena otra vez. No era de extrañar que solo
tuviera un cliente a la vez, si todos están tan fuera de control—. Lo apagaré.

—No, está bien. Puedes contestar. —Mi furia se había reducido un poco, como si la
cama la hubiera absorbido y estaba curiosa acerca de qué era tan urgente que la
tal Andrea tuviera que volver a marcar cada cinco segundos.

—Hola, Andrea —dice Hank cansinamente—. Ajá… Creí que habíamos acordado
que lo ibas a intentar por ti misma por un par de días… Sí, lo sé, pero realmente
pienso que es…—Hank escucha. Se inclina y presiona sus dedos en la frente como
si lo estuviera atacando una migraña—. Está bien, Andrea… Lo haré… De acuerdo.
—Cuelga.

—Tienes que irte —dije antes de que él pudiera decirlo. Me estoy enojando de
nuevo porque hace dos segundos se estaba disculpando y tratando de establecer
un vínculo y ser el Señor Paternal, pero ahora no habría continuación.

—Lo haré rápido. Tan rápido como pueda. ¿Qué tal si paso por comida de regreso?

Como si una porquería de comida rápida fuera a hacer que todo estuviera bien.

—¿Qué te gustaría?
—Quiero ir contigo.

—Delaney…

—Esperaré en el auto. Podemos ir a cenar después. —Ésta es su oportunidad para


demostrar que de verdad quiere pasar tiempo conmigo. Además, aún tengo un
montón de preguntas que necesitan respuesta.

Hank me dirige la mirada de nuevo. La de tal vez sí te conozco.

—Está bien —dice.

***

Media hora después, nos detenemos delante de un pequeño patio rodeado por
dos filas de pequeños apartamentos tipo cabaña, cada uno con su propia escalera
delantera con dos escalones.

Hank apaga el motor y se queda ahí un segundo, con sus manos en el volante.

—No te preocupes por mí —digo—, traje un libro. —Hank no se mueve. En


cambio, mira alrededor y me estudia de nuevo—. Creí que esta era una emergencia
orientadora de vida —dije esperando que esto hiciera que dejara de mirarme—.
Ella podría estar perdiendo preciadas onzas de su autoestima con cada segundo
que te retrasas. Mejor apresúrate, Doctor, antes de que sea muy tarde.

Hank medio sonríe, suspira y finalmente sale afuera. Después de cerrar la puerta, se
inclina por la ventana.

—Estaré de vuelta en veinte minutos. O menos.

—Entendido. —Golpeteo la hora en mi celular—. En sus marcas, listos, fuera.

Otra sonrisa, una completa esta vez, luego toma el camino del centro hacia el
complejo. Observo y espero, aunque si esta asombrosa sesión de terapia solo va a
tomar veinte minutos, no puedo esperar tanto. Una vez que está fuera de vista
salgo del auto y miro alrededor. Hay un estrecho camino a lo largo de uno de los
lados del complejo, así que decido probar por ahí.

Trasladándome de apartamento en apartamento, observo dentro de cocinas y


habitaciones, pero la mayoría estaban a oscuras. Hay una televisión encendida en
una habitación, pero solo hay un anciano adentro, observando un programa sobre
pesca.

—Andrea, ¿qué fue lo que te dije…?


—Lo he intentado, Dr. Hank. De verdad.

Sigo las voces alrededor de la parte trasera del edificio hasta una puerta con un
cactus espinoso frente a ella, junto a un bote de reciclaje lleno de latas de comida
para gatos y botellas vacías de Wellness Tea. A través de la ventana, a un lado de la
puerta, puedo ver un pequeño baño abarrotado con velas. Una cortina de baño
cubierta de dibujos de gatos estaba colgada sobre la bañera y mensajes
motivacionales recortados de revistas estaban pegados en el espejo.

La puerta del baño estaba abierta hacia la habitación de más allá, donde Hank
camina de un lado a otro, dentro y fuera de mi vista. Una mujer se cruza frente a él.
Andrea, supongo.

—Sé que se supone que lo haga por mi propia cuenta —dice ella—. Pero ni
siquiera puedo arreglar mi cabello sin hacer un desastre.

Lleva una franela demasiado grande y un pantalón de ejercicio con diseño de


lunares. La mitad de su claro cabello rubio colgaba liso y la otra mitad estaba
hecha un desastre, con pequeños rizos.

—Te das por vencida muy pronto, Andrea. Ni si quiera lo intentas.

— ¡Sí lo hago!

Necesito una mejor vista. El pasillo continúa alrededor del camino central y entro al
patio por la parte trasera. La ventana frontal de Andrea está medio cubierta por un
arbusto de vides con pequeñas flores blancas que desprendían el mismo perfume
que olí anoche y un manojo de espeluznantes plantas con grandes hojas y brotes
en forma de pájaros puntiagudos. Me meto en los arbustos, pero mantengo mi
cabeza baja.

Dentro del apartamento de Andrea todo está lleno de grandes almohadas y


bufandas envueltas sobre lámparas y mesas, y hay un gato mirando desde abajo
del sillón. En medio de la habitación estaban Hank y Andrea. Andrea estaba
rebotando de arriba a abajo en sus pies como una niña pequeña.

— ¡Oh, gracias, Dr. Hank! —Demonios. Definitivamente me perdí de algo.

—Una noche más, Andrea —le advirtió él—. Eso es todo.

¿Una noche más de qué? Me pregunté. Hank saca un bolígrafo de su bolsillo. ¿Va a
escribirle una prescripción o algo? ¿Era éste el secreto? ¿De verdad es un
distribuidor de drogas?
En lugar de escribir cualquier cosa, retrocede unos pasos. No puedo ver el
bolígrafo, pero levanta su brazo y parece como si le estuviera apuntando a ella.
Hay una chispa de luz proveniente de algún lugar y asumo que es el reflejo del sol.
Echo una mirada sobre mi hombro, pero el sol ya se ha ocultado por el otro lado
del edificio, dejando solo un pálido cielo rosa. Huh. Eso es extraño.

Cuando me doy la vuelta, Andrea se había ido.

No, no se había ido, pero… se había convertido en alguien más. Era ella, pero
totalmente diferente, como si hubiera pasado a través de algún lavado de autos
embellecedor. Su cabello está recogido hacia arriba en una vuelta francesa y ahora
lleva un brillante minivestido color azul zafiro combinado con unos altos tacones
azules. Sus ojos parecen más brillantes y creo incluso que está más alta. Corre
hacia el espejo y grita encantada.

—¡Oh, Dr. Hank! ¡Esto es perfecto!

No lo entiendo. ¿Había dos de ella? ¿Ésta es su gemela? Si lo es, ¿dónde está


Andrea? Me muevo un poco y trato de ver más allá en el apartamento y obtengo
un enorme montón de esas flores blancas en mi rostro. Genial. Si no era ya lo
suficientemente difícil de ver, ahora mis ojos están llorando y el perfume me está
mareando. Quizás estoy teniendo algún tipo de alucinación inducida por las flores
de jazmín.

—¡Eres el mejor hada madrina del mundo! —Escucho decir a Andrea. ¿De qué está
hablando? ¿Es alguna jerga extraña de California para “entrenador de vida”?— ¡Voy
a enviarle un mensaje a Aaron ahora mismo!

Es entonces cuando estornudo. Fuerte. Andrea mira por la ventana y grita. Cuando
intento retroceder de los arbustos, me tropiezo, y es solo por agarrarme a uno de
los enormes tallos de las plantas en forma de ave que evito caerme de cara contra
la acera de concreto. Desafortunadamente decapito algunas aves en el camino. No
pude evitarlo. Eran ellas o yo.

—¿Delaney?

Levanto la mirada para ver a Hank, quien ha salido y está mirándome, medio
confundido, medio irritado.

Andrea —la gemela bonita de Andrea— aparece a su lado.

—Oh, ¿es tu hija? —Tiende su mano hacia mí—. ¡Es un verdadero placer conocerte!
—Ya superó el susto y ahora es como si encontrarme en los arbustos fuera
simplemente otro maravilloso momento en la noche. No estrecho su mano tanto
como usarlo para levantarme fuera de la jungla—. ¿Por qué no viniste a la puerta?

—Creo que una mejor pregunta es qué está haciendo Delaney aquí en lo absoluto,
ya que le pedí que esperara en el auto.

—Ya pasaron más de veinte minutos —digo, a pesar de que sé que es lo contrario.

—Deberías haberla traído contigo, Dr. Hank. No tenía que esperar afuera.

—Piensa en eso por un minuto, Andrea.

—¿Qué? Oh… ¿ella no sabe?

Levanto la mirada después de arrancar los últimos restos de cursis pétalos de mi


blusa.

—¿Saber qué?

El ahora familiar silencioso ritmo entre Hank y yo crece, pero no es más raro que
tenso. Me estoy cansado de esto.

—¿Saber qué?

—¿Qué fue lo que viste? —pregunta Hank calmadamente. Con demasiada calma.
Demasiado realmente no importa lo que viste, lo que significa que sí importa.

¿Aunque, qué vi? Nada, realmente. O nada que pueda describir en una manera que
Hank no lo mande a volar con una tonta explicación. Así que tomo el riesgo.

—Todo.

Los ojos de Andrea saltan abiertos y la espalda de Hank se pone tiesa. Mantengo
su mirada. Enfrentándolo. Los ojos de Hank parpadean primero. Yo gano… creo.
Hank se vuelve hacia Andrea.

—Está bien, Andrea. Haremos el auto.

—¡Oh, gracias! —Andrea aplaude y se escabulle hacia el garaje que bordea el


callejón detrás del edificio, con sus tacones resonando sobre el concreto.

—Creo que podrías haber visto algo, Delaney —me dice Hank mientras seguimos a
Andrea al callejón—. Pero dudo que entendieras lo que fue. —Andrea levanta una
de las puertas del garaje, revelando una especial basura color tomate rojo
oxidado—. Tenía la intención de postergar el contarte sobre esto hasta después de
que te hubieras establecido, pero quizás sea lo mejor.

Realmente no veo cuál es el gran problema. Así que les da a sus clientes consejos
de moda además de terapia. ¿Por qué debería importarme? Si hay algún juramento
de entrenador de vida que esté violando, nunca lo diré.

—Quiero que prestes atención —continúa—. Lo que estás a punto de ver es


probable que sea muy confuso. Tu cerebro va a tener un momento difícil
procesándolo. Intentarás llegar a explicaciones basadas en la lógica y
probablemente comenzarás a sentirte abrumada, incluso en pánico. Así que intenta
relajarte.

Ajá. La única cosa que mi cerebro está teniendo es un momento difícil procesando
sus divagaciones monótonas y sin sentido.

—Estoy más que relajada —digo—. Estoy lista para dormir.

Andrea ha conseguido arrancar el auto después de cerca de cincuenta intentos con


el rechinante motor y ahora ha salido al callejón. Está dando saltitos de nuevo, esta
vez sobre su trasero en lugar de sus tacones, y no emocionadamente sino
impacientemente.

—Aaron podría ya estar allí, Dr. Hank —dice, con un gemido suplicante en su voz—
. Puede que se esté preguntándose dónde estoy.

—Solo un segundo, Andrea. —Hank permanece centrado en mí—. Esto no es una


broma, Delaney. Querías saber qué estoy haciendo aquí. Voy a mostrártelo. Pero
quiero que estés preparada.

—Está bien, está bien. Lo que sea.

Hank se vuelve hacia Andrea y saca su bolígrafo de nuevo. Esta es la parte que no
entiendo. ¿Qué pasa con ese bolígrafo?

—Medianoche, Andrea —advierte Hank—. Es el tiempo que va a durar. Como


siempre.

—Estaré de regreso —promete Andrea.

¿Cuánto tiempo dura qué? ¿De qué está hablando? Hank levanta la vista y hacia el
callejón en una clase de “¿no hay moros en la costa?”, entonces señala su pluma
hacia el auto y ahí está esa extraña chispa de nuevo, pero es más como un reflejo
en esta ocasión, y está viniendo del bolígrafo. Miro hacia arriba, pero ahora el cielo
está púrpura, el sol definitivamente se ha ido. Cuando cambio la mirada hacia la
lámpara de la calle, para ver si eso es lo que está reflejando la pluma, una brillante
luz parpadea detrás de mí y yo parpadeo.

Entonces abro mis ojos.

Andrea ahora está sentada en un convertible rojo cereza oscuro, brillante y nuevo,
recién salido de un comercial de autos. El montón de basura color tomate se ha
desvanecido. Andrea sonríe, prueba el motor y agita la mano mientras Hank grita:
— ¡Medianoche! —Entonces ella acelera por el callejón hacia la calle.

Me siento mareada otra vez, a pesar de que no hay jazmín en ningún lugar
cercano. Necesito desesperadamente ver el otro auto, el auto real de Andrea, pero
se ha ido. ¿Alguna vez lo vi? ¿Aún estoy alucinando? ¿Siquiera estoy despierta?

Un segundo después, Hank sacude mi brazo y mis ojos se abren. Estoy en el auto
de Hank y vamos conduciendo. Está oscuro afuera. Las lámparas de la calle nos
bañan con manchas de luces amarillo grisáceo mientras las pasamos. Era un sueño.
Gracias Dios.

—Te desmayaste —dice Hank.

—Me quedé dormida. ¿Qué hora es? ¿Cuánto tiempo estuviste allí? Tuvieron que
ser más de veinte minutos.

—No te quedaste dormida, Delaney. Todo lo que viste sucedió.

—Claro. Realmente vi a Andrea llamarte su hada madrina.

—Prefiero no darle una etiqueta.

Este temor extraño se apodera de mí, ¿pero por qué?

—¿Darle una etiqueta a qué? —Nada está teniendo sentido.

—Es una habilidad, una aptitud. Como habilidades atléticas o talento para el arte.
Es hereditario. Se supone que pasa de madre a hija, pero las líneas de sangre se
han ido diluyendo con el paso de los años y —se señala para sí mismo— esto es lo
que pasó.

—Entonces, ¿realmente eres un hada madrina? —Me río, pero suena raro en mis
oídos. Es la risa de una persona loca. Eso es lo que es. No estoy durmiendo o
alucinando. Me estoy volviendo loca.
—Estás disociando, Delaney. Concéntrate. Dime qué viste. Eso te ayudará a
concretarlo.

—Soñé que convertiste a Andrea en Cenicienta. Imaginé que convertiste su auto en


un “carruaje”, uno rojo. Nada de cuatro blancos caballos. —Me río de nuevo.
Definitivamente es un cacareo esta vez.

—Era un Ferrari rojo. Y sí, eso es lo que hice.

Recuerdo el bolígrafo ahora, el resplandeciente y brillante bolígrafo.

—Con tu varita mágica.

—Eso es bueno, Delaney. Ahora lo estás absorbiendo. —¿También él está loco?


¿Por qué no me está diciendo la historia real? Sobre cómo la luz se refracta y el
enfoque de una persona puede ser redirigido y la mente engañada, todo con un
ligero juego de manos.

¡Ajá! ¡Eso es!

—¡Me hipnotizaste! —¿Pero por qué? ¿Es alguna terapia bizarra de entrenador de
vidas para tratar el dolor? No está funcionando, porque no me siento mejor. Puede
incluso que me sienta peor.

Hank suspira. Niega con la cabeza.

—Supongo que voy a tener que mostrarte de nuevo y probarlo.

***

—¿Qué estamos buscando?

—Alguien con un deseo. —Hank busca en la multitud mientras caminamos—. Uno


pequeño.

Estamos en un centro comercial, pero como todo lo demás aquí en la tierra de la


belleza perfecta, es un alucinante paisaje alienígena. Es todo al aire libre, por un
lado, con las tiendas establecidas a lo largo de un camino curvado. Las tiendas son
de dos pisos de altura, pero no hay nada arriba, solo falsos balcones europeos
colgando con luces parpadeantes.

—Te daré un deseo. Convierte mis botas en zapatillas de cristal.

—No funciona de esa manera, Delaney. No puede ser una demanda al azar. Tiene
que ser un auténtico deseo interno.
Nos paseamos alrededor de los vendedores al aire libre ofreciendo joyas hechas de
cristales, lociones perfumadas con jazmín —como si necesitara más de ese aroma
obstruyendo mi cerebro— y sandalias en todos los colores del universo. Es la calle
de compras sin fin. Todo lo que no sabías que querías, nada que necesites.

Hank se detuvo frente a una fuente en la cual sus arcos de agua corrían con el
sonido de una canción de jazz. Desearía haber traído mi iPod. Al menos tendría
alguna conexión con la realidad.

—Tráeme mi iPod de la casa —digo.

—Te dije…

—¡Es un deseo sincero! Lo acabo de desear. Lo juro.

Hank me ignora y observa a un niño pequeño que se encuentra a unos metros de


distancia, sosteniendo un vaso de helado en forma de remolino de vainilla con
chocolate, haciendo pucheros.

—Ajá —murmura Hank. Saca su bolígrafo.

—Se les terminó el de vainilla, cariño —dice la madre del niño—. Come alrededor
del chocolate.

—Pero no quiero. —La voz del niño está llena de desesperación por esta gran
injusticia de la vida. Bienvenido al club, niño.

Entonces, de repente, la miseria del niño desaparece, remplazada por alegría.

—¡Mami! —Sostiene el vaso hacia arriba y puedo ver que la crema de chocolate se
ha ido. Es todo de vainilla.

Hank se gira hacia mí, medio sonriendo, medio esperando.

¿Está bromeando?

—¿Me estás diciendo que tú hiciste eso? —Imposible. El helado debió haberse
movido para esconder el chocolate, eso es todo. Miro al niño mientras sigue a su
madre alrededor del otro lado de la fuente y espero que él descubra la fea verdad,
pero el pequeño amante de la vainilla sigue comiendo contento, como si el
chocolate de verdad hubiera desaparecido.

Y si…

No podía haber ningún Y si, porque Y si sugeriría que era posible.


—Ha pasado suficiente tiempo para que tu sistema de creencias se aclimate,
Delaney. Solo es tu intelecto el que se está resistiendo.

—¿Intelecto no significa la parte inteligente de mi cerebro?

Hank repitió el suspiro del auto.

—Bueno. Si vas a ser de esa manera.

Siguió mostrándome una y otra vez. Y otra vez. Llevándome dentro de tiendas,
agitando su bolígrafo, concediendo más deseos. Una falda talla 10 aparece en un
estante donde solo había faldas talla 2 y la compradora con talla 10 que había
estado buscando en los estantes se deleitó en sonrisas. Un empleado le dice a una
mujer que el bolso que sostenía no venía en verde, solo para que se convirtiera en
un color verde limón brillante mientras nadie miraba. Un hombre deja caer su
cámara en la fuente y reaparece en su mano. Un niño tira una pelota amarilla de su
cochecito y está de vuelta en sus piernas antes de que sus padres lo noten, antes
de que el niño tenga oportunidad de llorar. Por la derecha y por la izquierda, las
cosas están arregladas, los problemas resueltos. En menos de un parpadeo.

Miro estos pequeños milagros pasar y con cada uno algún pequeño pedazo de mi
parte lógica es arrancado. No puedo creerlo, pero estoy empezando a creerle a él.

El bolígrafo sigue siendo un bolígrafo, a pesar de todo.

—¿Por qué el bolígrafo no está brillando?

—Eso no pasa con los deseos pequeños, solo con los grandes. Los que son de tus
clientes. —En serio los llama clientes. No recuerdo eso del cuento de hadas.

—Déjame ver. —Tomo el bolígrafo y lo estudio. Lo sacudo—. ¿Cómo funciona?

—No es el bolígrafo. Puedes usar cualquier objeto puntiagudo. Así es como


enfocas tu intención y diriges la energía. Con deseos pequeños, solo se dirige a un
sitio, de ti al beneficiario. Pero con tus clientes hay una conexión entre ustedes,
como una corriente eléctrica. Estás ligado a sus deseos. La energía que se crea
carga el bolígrafo, o lo que estés usando, y el bolígrafo se convierte…

—En una varita mágica.

—Magia es una palabra que la gente usa cuando no sabe cómo explicar algo —
dice Hank—. Eso lo hace sonar sobrenatural, pero es un proceso físico
perfectamente natural. No estás creando algo de la nada. Estas manipulando lo
que ya está ahí.
—¿Así que puedes, como, leer las mentes de toda esta gente?

—No puedo leer la mente de cualquiera. Para deseos pequeños, estás adivinando
lo que quieren en ese momento, al observarlos. Pero con tu cliente, por el vínculo
que tienen, tú… sientes su ansia y la sensación no se va hasta que hayas cumplido
su deseo.

Apunto el bolígrafo hacia él.

—Así que éste es tu gran secreto. La razón de por qué dejaste a mamá, ¿verdad?
No querías que ella supiera.

Hank toma el bolígrafo de mi mano.

—Eso es el por qué terminó nuestra relación. Pero no fue porque ella no supiera.

—Eso no tiene sentido.

—A ella no le gustaba que siempre saliera corriendo para ayudar a un cliente.


Pensó que eso significaba que no me preocupaba por ella. Como si pudiera elegir.
—Guarda el bolígrafo—. Quería que renunciara, pero eso es como pedirle a
alguien que renuncie a ser medio irlandés. No es algo que puedas cambiar.

—No te creo. Ella no era así. Además me lo hubiera dicho.

—Ella quería protegerte.

—¿De qué? —Hank no respondió. Trato de hallar una prueba de que lo está
inventando todo. Pero mi cerebro estaba sobrecargado de información.

Tres niños de preescolar corren sobre el césped detrás de la fuente, agitando de


esos bastones de neón tóxico que brillan en la oscuridad, gritando y
persiguiéndose unos a otros alrededor. Una varita mágica, y un montón de
imágenes de repente me llegan a la cabeza, uniéndose como escenas de un
frenético video musical. Mamá en el hospital, los montones de fotos y cartas en la
mesa de Hank, Andrea en su vestido y en su auto, y destellos de luz. Una y otra vez
aceleran pasando por mi cabeza. Es demasiado.

—Lo siento, Delaney. Es mucha información emocionalmente intensa para que te


llegue de una vez. —Si de verdad se preocupara por mí, pararía la mierda de
pseudociencia del Dr. Hank, porque eso está haciendo que mi cerebro se revuelva
aún más.
—Deberíamos sentarnos. —Hank me guía por un pequeño puente de juguete
hacia un pequeño banco junto a una estatua de bronce de un niño y su perro,
congelados en un estado de alegría despreocupada. Nunca pensé que podría estar
celosa de un pedazo de metal.

No quiero sentarme. Quiero irme.

Ding, ding. El tranvía que lleva a los turistas asombrados, a niños emocionados y a
los compradores perezosos de un lado del centro comercial al otro extremo va por
la pista a una centésima de kilómetro por hora. Hank se mueve a un lado para
dejarlo pasar, pero tardo en cruzar las vías, por lo que nos separan.

Sacudo las imágenes amontonadas en mi cabeza y le mando un mensaje de texto a


Posh: “Emergencia de salud mental”. No responde. La hora en la pantalla es 8:15
p.m. Eso es las 11:15 en hora de Nueva Jersey. Están retrasmitiendo Star Trek16 en
Syfy17. ¿Por qué siempre está en la tierra de los geeks18 cuando estoy en crisis?

Adelante hay una tienda departamental. Es lo más cercano a un escape que puedo
encontrar, así que entro por delante de un hombre que sostenía abierta la puerta
para que su esposa entrara.

Odio las tiendas departamentales, con sus escaleras entrecruzadas, maniquíes de


colores sin cabello, música de piano y mujeres con rostros apretados, como si las
bolsas que cuelgan de sus codos fueran una carga cruel que han sido obligadas a
soportar. Especialmente odio los departamentos de zapatos, porque siempre están
llenos de demasiados estilos estúpidos que sabes que mañana estarán en venta en
la zona de ofertas, así que para qué se molestan, y crímenes a la moda como
sandalias de leopardo y zapatillas de ballet con rosas plásticas pegadas con
seguridad a la punta.

Las botas no son mejores. Están las usuales botas de vaquero rojas y botines
holgados en colores vivos como naranja y uva, y Uggs en todos los tamaños. Algo
que nunca me encontrarán usando viva o muerta. Los zapatos que están en los
16
Stark Trek: es una franquicia de series de televisión y películas de ciencia ficción. El universo de
ficción de Star Trek creado por Gene Roddenberry está compuesto por cinco series de televisión
con actores reales, incluyendo Star Trek: la serie original de 1966, más una serie de animación con
personajes dibujados en 2D, además de doce películas.
17
Syfy: es un canal temático internacional dedicado mayoritariamente a la emisión de series y
películas de ciencia ficción, si bien también dedica espacios a los géneros de fantasía, horror y
fenómenos paranormales.
18
Geeks: es un término que se utiliza para referirse a la persona fascinada por la tecnología y la
informática. El término geek en español está relacionado solo con la tecnología, a diferencia del uso
del término geek en inglés, que tiene un significado más amplio y equivalente al término español
friki.
estantes siempre son talla 6, que es mi talla, así que agarro un par de unas botas
básicas negras de cuero medio largas y me las pongo.

Las odio. La punta es muy ajustada y el cuero es demasiado ancho, y el cierre pica.
El tacón es delgado e inestable, y el negro es aburrido. Quiero gritar, las odio
demasiado.

Definitivamente me estoy sintiendo más como yo de nuevo.

—Esas son fantásticas. —Uno de los vendedores de zapatos está parado detrás de
mí y apuntando a mis botas que están en el piso. Me había puesto mis botas de
dragón antes de que fuéramos a donde Andrea. El cuerpo y la cola del dragón
están pintados a los lados, una está volcada así que se puede ver la boca abierta en
la planta. La recogí. El cuero desgastado es suave al tacto, el talón grueso es
tranquilizadoramente pesado.

—Gracias.

—¿Dónde las conseguiste?

—Son originales. Hechas por mí.

—Debí haberlo adivinado. —Cambia al modo de trabajo, señalando hacia las botas
que tengo puestas—. ¿Te están gustando esas?

—No mucho.

Asiente, con una sonrisa de “No creo eso”.

—Bueno, déjame saber si necesitas ayuda. —Se aleja para esperar clientes reales.
Cuando me pongo mis botas de vuelta, son tan cómodas y perfectas, son como un
abrazo. Las admiro en un espejo de piso. Son fantásticas.

Mi mente está en calma de nuevo. Clara. Tan clara que una idea se me ocurre. Algo
que no puedo creer que no había pensado antes. O tal vez lo hice, pero supongo
que necesitaba procesarlo también.

—¿Delaney? —Hank camina a través de las pilas de cajas de zapatos y de grupos


de compradores hacia mí—. ¿Qué haces aquí adentro? No puedes escapar de esa
forma. —Espera una respuesta, su mirada de regaño se convierte en preocupación.

¿Por qué estoy teniendo tanto problema para hablar? Son solo cinco palabras. Pero
ellas están ocupando todo el espacio en mi mente, todo ese precioso espacio que
yo había despejado.
Las palabras son enormes, ese es el porqué. Justo cuando creí que eran demasiado
grandes para salir, las pronuncié: —También soy un hada madrina.

—No. —Hank mira alrededor, pero nadie está prestando atención. Probarse
zapatos es una de esas tareas consumistas. Uno realmente no tiene tiempo para
notar la discusión de un padre y su hija sobre su estructura genética sobrenatural.

—Dijiste que era hereditario.

—También dije que se pasa de madre a hija —dice Hank en voz baja—. No soy tu
madre.

—Tú no eres una hija tampoco.

—Discutamos esto en otro lugar, ¿de acuerdo?

Lo miro, lanzo las botas negras detrás del estante y paso junto a él, zigzagueando
entre las zapatillas antideslizantes y los zapatos con cordones hasta la sección de
bolsos. Hank intenta alcanzarme, pero no es bueno para moverse entre los
estantes de ofertas y rebajas. No es mi problema. Vislumbro una puerta al otro
lado del departamento de abrigos y me dirijo a ella.

—Delaney…

Me detengo cuando una nueva idea se me ocurre. Una que me hace querer agarrar
una bufanda de dos tonos con borlas de un estante cercano y estrangular a Hank
con ella.

Me giro para enfrentarlo.

—¿Cómo pudiste no contarme esto? ¡Podría haber estado usando mis poderes
todo este tiempo! Podría haber ayudado a mamá.

—No, no podrías. No puedes cambiar la realidad, solo alterar partes de ella.

—Podría haberlo intentado. —Le doy la espalda, abro la puerta y salgo.

—No importa, de todas formas, porque no eres…

Dejo que la puerta se cierre frente a él y miro a mi alrededor. Estoy de nuevo en el


exterior, pero en un área diferente de donde entré. Delante hay una hilera de mini-
restaurantes de comida griega, italiana, mexicana y francesa, un comedor que
parece juego de rompecabezas.

Hank aparece a mi lado y comienzo a moverme de nuevo.


—Te he estado observando por años, Delaney. Muy cuidadosamente. Nunca
mostraste ningún síntoma.

—¿Me has observado, cuándo? ¿En las cinco visitas de media hora que me has
hecho en todos estos quince años de mi vida?

—Fueron más de cinco. Y duraron más de media hora.

—No fueron lo suficiente para que conozcas algo sobre mí.

—Tú lo sabrías.

Al final de la hilera de restaurantes hay uno de tamaño normal. Finalmente, algo


real. Hank probablemente piensa que estoy frenando porque lo estoy escuchando,
pero realmente es porque de repente estoy hambrienta. Probablemente he estado
con hambre todo este tiempo, pero mi cerebro ha estado demasiado ocupado
para prestarle atención a mi cuerpo. Un tazón de cereal, una pequeña bolsa de
pretzels y un almuerzo para niños no son suficientes calorías para alimentarme por
el día que he tenido. Necesito comida ahora mismo. Buena comida.

Ya estoy en la puerta del restaurante cuando Hank dice: —Buena idea. Consigamos
algo para comer. —Como si fuera su idea, pero da igual. Estoy demasiado débil
por el hambre para corregirlo.

Por supuesto, el restaurante no resulta ser nada como esos lugares de rasgado
vinilo y agrietados linóleos en Nueva Jersey. Las cabinas aquí son de un llamativo
púrpura. Las camareras son como estrellas de televisión, bonitas y amigables como
Cadie Perez, y los pequeños tocadiscos individuales tienen un plástico que cubren
los altavoces que reproducen canciones idénticas de los años cincuenta en cada
mesa.

Al menos la comida es familiar. Ordeno mi favorito: queso a la parrilla con tomate


y mayonesa y guarnición de papas fritas. Pero una vez que llega la comida, mi
estómago se contrae. Como las papas fritas una a una, pero solo yacen en un bulto
de grasa en mi pecho. Sería agradable si pudiera dejar mi rabia por cinco minutos
para poder disfrutar la cena de hoy, pero es imposible, dado que la causa de mi
rabia está sentada frente a mí, comiendo tranquilamente su ensalada de frutas
como si mi total comprensión de cómo trabaja el mundo no se hubiera roto en
millones de pedazos desiguales.

Hank pincha un trozo de piña, se lo mete en la boca y luego apunta con el tenedor
hacia una vitrina giratoria de rebanadas de pastel.
—¿Tienes de cereza? —dice un segundo después un hombre que había estado
observando los pasteles. En la cabina frente a nosotros, una señora sacude la
botella casi vacía de ketchup y Hank agita su tenedor en su dirección, rellenándolo.
La mujer parpadea con sorpresa mientras derrama el ketchup.

—Deja de hacer eso. —Ya no está enseñándome, está presumiendo.

—Me alegra que finalmente me hables. —Hank sonríe y aparta una rodaja de
mandarina. No respondo. En su lugar, me como otra papa frita y trato de no
vomitar—. No deberías sentirte mal porque la habilidad no se te transfirió,
Delaney. Estás mejor sin ella.

—¿Quién dijo que me siento mal? —Estoy aliviada. Lo estoy. ¿Por qué iba a querer
ser un fenómeno como Hank? Aun así, es una cosa más que no puedo tener. Una
cosa más de la que no tengo opción.

—No me sorprende, realmente —dice—. El ADN se ha diluido tanto a lo largo de


los siglos, que teníamos que extinguirnos eventualmente.

—¿Quieres decir que no hay otros? ¿Solo tú?

—Por lo que sé. Aunque a veces me he preguntado acerca de las personas que son
demasiado comprensivas. Los que siempre están rescatando perros y alimentando
a los desamparados. Sospecho que podrían ser descendientes lejanos.

—Es de lo que mamá quería protegerme, ¿verdad? De ser uno también.

Hank deja el tenedor y se echa hacia atrás.

—Le advertí en un principio que quizás podrías heredar los poderes, pero dado
que creyó que era algo que yo elegí hacer, no que tenía que hacer, no me quería
dándote ideas. Me hizo prometer que no te lo diría.

—Por eso fue que nunca me pediste que viniera a visitarte. Porque decidiste que
era mejor hacerme creer que me odiabas a tener que contarme la verdad.

Hank encuentra mis ojos, lo cual es valiente, porque si yo pudiera disparar rayos
láser con ellos, estaría hecho cenizas.

—Desearía ahora haber luchado más para decírtelo, Delaney. Siempre imaginaba
que en mi próximo viaje a verte te lo diría sin importar qué. Pero nunca me parecía
el momento correcto, así que seguí postergándolo. —Mi mirada de rayo láser
debió haberlo alcanzado porque apartó la mirada.
Toda mi vida he tenido todas estas preguntas. Desearía que alguien me hubiera
dicho antes de preguntar que no me gustaría ninguna de las respuestas.

***

En la cama esa noche, no logré dormirme. Tenía mucho que digerir en cuanto a la
comida y los pensamientos. Miro los aretes que había colgado en los pequeños
agujeritos en dosel de encaje. Yo no uso aretes. Son de mamá. Algo fácil de traer
conmigo. Brillan por la luz de la lámpara de Blancanieves y se siente como si mamá
me estuviera sonriendo desde muy, muy lejos. Demasiado lejos como para poder
hablarle. Demasiado lejos para que me escuche.

Sigo sin poder creer que ella sabía sobre todo esto y me lo ocultó. Cada vez que
me disgustaba por no ver a Hank, ella siempre me subía el ánimo diciéndome que
no necesitábamos a nadie excepto la una a la otra. Creí eso, pero ahora veo que si
hubiera sabido de Hank siendo un HM19, y la posibilidad de ser una yo también,
eso hubiera significado pasar más tiempo con Hank y menos con ella, y eso
hubiera roto nuestro estrecho mundo una-a-una. Pero, ¿por qué no me lo dijo al
final, cuando supo que terminaría descubriéndolo? ¿Pensó que me enojaría?
¿Estaba preocupada de poder perderme?

Desearía que mamá estuviera aquí para preguntárselo. Desearía que Posh
recordara revisar sus mensajes y devolverme las llamadas. Desearía poder descubrir
qué es verdad y qué no. Desearía tener un hada madrina para que me conceda
alguno de esos deseos.

Y desearía saber si soy una…

Porque lo que no le conté a Hank era que cuando era pequeña, solía creer que
podía hacer que le ocurrieran cosas buenas a las personas. Lo hacía todo el tiempo,
incluso a los desconocidos. Tenía que imaginarme algo y se hacía realidad. Mamá
solía decir que era un amuleto de buena suerte. Más tarde me di cuenta de que
eran demasiadas coincidencias. Si era un amuleto de buena suerte, mamá todavía
estaría aquí.

Pero ahora, no lo sé. Ya no sé nada. Mi cerebro se siente como si estuviera


corriendo un maratón y ya quisiera derrumbarse. Lo dejo divagar, pero mis ojos
permanecen abiertos, mirando los aretes de mamá en busca de respuestas. Luego
de hoy, no me sorprendería si ellos comenzaran a hablar, soltando consejos a
través de pequeñas bocas del tamaño de alfileres, con pequeñas vocecillas. Luego

19
HM: Hada madrina.
el despertador del príncipe rana y la luz de noche de Campanita se les unirían, y
pronto todos los objetos de la habitación estarían encantados y mágicos.

Excepto yo.
Capítulo 5
Traducido por Maddy, Angie_kjn y SOS por Yuya y Rockwood

Corregido por La BoHeMiK

—...En una reacción química, sustancias se transforman en otras sustancias…

El señor McElroy está en la parte delantera de la clase dando un discurso. Gracias a


Dios que no hay laboratorio hoy, así que no tengo que prestar atención. Mis
pensamientos están todos mezclados, parece que he puesto mi cerebro al revés
esta mañana.

Los sueños más extraños de la noche anterior en esta ocasión implicaban muchas
luces parpadeantes, alas emplumadas y yo dentro de ese horrible vestido color
pastel nupcial, con botas de cristal, las cuales magnifican mis dedos, que no son
bonitos, y no recuerdo cómo se sentían, pero no podrían haber sido cómodas.

Posh me despertó de mi sueño, llamando a mi celular en la hora estándar del


amanecer en el Pacífico.

—¡Lo siento! —chilló—. ¡Se me olvidó la diferencia horaria!

Mientras trataba de lograr la plena conciencia, me hizo un resumen de los nuevos


ejemplos de simbolismos que había encontrado en La Brújula Dorada20, después
de leerla la noche anterior por trigésima vez.

Dudé si debía contarle lo de Hank y su secreto de Hermanos Grimm21, pero la


necesidad de simplemente decirlo, para hacer realidad las palabras, ganó. Cuando
finalmente se detuvo para respirar, rápidamente salté y le conté todo, desde la
búsqueda de las cartas, hasta el vestido de Andrea. Desde el tornado de chocolate
helado hasta el llenado de la botella de ketchup.

—¡Guau!¡ Eso es genial! Es como si estuvieras viviendo en una novela gráfica.


20
La Brújula Dorada: de nombre original Luces del Norte, es el primer libro de la serie fantástica La
Materia Oscura, escrito por Philip Pullman y publicado en 1995.
21
Hermanos Grimm: es el nombre usado para referirse a los escritores Jacob Grimm (4 de enero
de 1785, Hanau (Hesse, Alemania) - Berlín, 20 de septiembre de 1863) y Wilhelm Grimm (24 de
febrero de 1786, Hanau - 16 de diciembre de 1859, Berlín). Fueron dos hermanos alemanes célebres
por sus cuentos fantásticos para niños.
Así de fácil, ella lo aceptó. La señorita Ciencia. Por supuesto, ella también es la
señorita Ciencia Ficción.

—¿No piensas que hay alguna otra explicación racional?

—Suena razonable para mí.

Me dijo que había visto ese documental en el Canal Paranormal sobre cómo hay
personas quienes, ha sido científicamente demostrado, tienen niveles inusualmente
altos de la intuición, que se traduce como Percepción Extra Sensorial.

—La semana pasada leí un artículo en el reportepsí[Link] que decía que


puedes entrenarte para ser telequinético. —Ella había tratado de hacerlo por sí
misma, pero tenía que quedarse quieta y concentrarse durante unas ocho horas,
cerca de siete horas y cincuenta y nueve minutos por encima del límite de Posh—.
¡Tu papá es tan afortunado! Él puede percibir extrasensorial y telequinéticamente.
O telequinesis. O como quiera que sea el verbo. Espera, voy a buscarlo.

Allí estaba. Mi nueva realidad, aprobada oficialmente por Posh. No tuve más
remedio que aceptar que era realmente la hija de un hada madrina.

Lo que Posh se había negado a creer era que no había heredado el gen HM. A
pesar de mis instantes de duda antes de caer dormida la noche anterior, y mis
sueños de pacotilla, esto era lo único que sabía a ciencia cierta: así que no soy la
típica hada madrina.

—Pero tienes que ser una, Delaney. De otra manera no tendría sentido.

Excelente. Ahora estaba viviendo en un mundo donde ser una criatura de cuento
de hadas con el poder de conceder deseos era más lógico que no serlo.

—No tengo idea de cómo convertir calabazas en carruajes, Posh. O ratones en


caballos. No sé cuáles son los deseos de nadie y no me importa.

—Tal vez la capacidad está atrofiada por falta de uso.

—Lo que sea. No está ahí.

—Hay que salir de dudas. Es un deber científico y espiritual.

Entonces tuve que escuchar su sermón acerca de cómo "todos los seres vivos están
obligados a cumplir el destino impregnado en ellos por la Naturaleza". Esto fue
como cuando decidieron regalar peces de colores justo a la salida de la escuela el
primer año y Posh puso en marcha una gran protesta, porque la Naturaleza no
había previsto que los peces fueran a ser puestos en exhibición en bolsas de
plástico y después ser trasladados a prisiones de cristal. La culpabilidad hizo que su
padre le construyera un estanque de agua dulce en su patio trasero para que todos
los peces de colores vivieran. Después de que los peces murieron,
aproximadamente en dos semanas, el estanque cumplió su destino y fue
hormigonado para convertirse en una piscina.

Antes de colgar, le hice jurar a Posh que no le contaría a su madre el gran secreto
de Hank. Él lo negaría y sus padres no le creerían, así que sería yo quien terminaría
loca y desesperada. A cambio, Posh me hizo prometer que iba a averiguar si tenía
el ADN del HM de todas formas. Le dije que lo intentaría, pero que ya sabía que la
Naturaleza había pasado de mí. Iba a dejar pasar un par de días y después le diría
que la respuesta era no.

—...un compuesto a otro. No se puede cambiar un elemento, sin embargo… solo


puede ser realizado por una reacción nuclear…

Así que, ¿por qué sigo pensando en eso? ¿Por qué todas estas preguntas molestas
siguen apareciendo en mi cabeza? ¿Soy una? ¿Debería tratar de averiguarlo? ¿Qué
pasa si la respuesta es sí?

—… es necesario suministrar la "activación" de la energía para iniciar la reacción…

Quizás dibujando lo saque de mi mente. Meto la mano en la mochila para tomar


mi lápiz de carbón, pero no está ahí. Mientras busco en los bolsillos, siento un
golpecito en el brazo. Es Flynn, en el pupitre de al lado. Él asiente con la cabeza
hacia el frente de la clase, donde el señor McElroy espera, con una ceja levantada.

—No creo que encuentre la respuesta ahí, señorita Collins. —¿Cómo sabía que
estaba buscando respuestas? No me digas que el señor McElroy es un hada
madrina también. No puede volverse mi vida más extraña—. Voy a repetir la
pregunta: En una reacción endotérmica, el calor es ¿desprendido o absorbido?

Oh, gracias a Dios, está hablando de química. No es que me preocupe algo la


endotérmica. Tengo asuntos más importantes en mi mente. Sin embargo, bien
podría tener una pista, puesto que tengo un cincuenta por ciento.

—Absorbida.

Ambas cejas del señor McElroy suben y entonces se asentaron en un modo sin
expresión.

—Eso es correcto.
McElroy vuelve a los reactivos y la ruptura de enlaces atómicos, así que estoy libre
para terminar las botas de vuelo de ayer. Supongo que por el momento tendré que
dibujarlas en lápiz. No es lo ideal, pero siempre se puede empezar de nuevo más
tarde. Mientras agrego plumas a las alas, las botas comienzan a resultar familiares.
Oh no... son las alas de mi sueño. Olvídalo. Trazo una gran X a través de toda la
página.

—Dado que no hay voluntarios, ¿por qué no lo demuestra para nosotros, señorita
Collins?

Grandioso. El acoso no ha terminado. No es justo que sea constantemente yo la


elegida. Flynn se encoge de hombros como diciendo "lo intenté" ¿Cuando? Podría
haberse ofrecido.

En mi camino a la parte delantera de la clase, miro la pizarra para ver si puedo


averiguar lo que es exactamente el experimento. Estoy tratando de recordar algo
de lo que McElroy ha dicho, pero todo lo que puedo evocar son frases al azar,
como "doble desplazamiento" y "energía cinética".

—Esta es la levadura activa que mezclé con agua caliente. —Me da un vaso de
precipitados—. Este es el catalizador. Ahora añádelo al peróxido de hidrógeno. —
Mejor que no explote en mi cara y me mate. Aunque si lo hace, se resolverán todos
mis problemas. Vierto la levadura en un gran cuenco de cristal sobre la mesa del
laboratorio enfrente. Al instante comienza a burbujear—. Ahí tienes. El oxígeno se
forma en la superficie y se libera, dejando agua. La levadura ha acelerado la
descomposición del peróxido de hidrógeno, pero la misma se mantiene sin
cambios. Entonces, ¿qué hemos aprendido aquí señorita Collins?

—¿No intenten esto en casa?

Logro que algunos rían, pero sé que se están riendo de mí, no conmigo.

—Divertido, pero se equivoca, en dos niveles. Uno: se puede probar esto en casa.
Dos: la lección es que un catalizador puede acelerar una reacción química, como
pueden otros factores como…

El señor McElroy hace señas a la clase para que conteste y unos pocos dicen en voz
alta: "Temperatura". "Concentración". "Presión". Varitas mágicas, pienso. Podría
decir esto, como una broma, aunque nadie la entendería y no habría risas esta vez,
solo miradas. Posh podría entenderlo, pero no se reiría tanto. Ella seriamente
asentiría y pondría en marcha algún discurso de genio de Harvard acerca de cómo
esto demuestra que está en lo correcto y cómo todo lo que Hank me ha hablado y
mostrado no es solo racional, sino comprobable.

Por lo tanto, equivale decir, que: soy un hada madrina.

Pero no lo soy. No lo soy.

***

No voy a pensar más en ello. Me voy a concentrar en la escuela. Voy a escuchar


mientras madame Kessler nos azota con ejemplos del modo condicional de los
verbos reflexivos en su voz nasal recortada.

—On se demanderait —Quiere decir: uno podría preguntarse.

Yo me pregunto: Je me demande22 lo que sería si tuviese poderes mágicos. Para


hacer las cosas aparecer, cambiar, desaparecer. Mi vida no sería gobernada por
todos los demás. Me gustaría tener el control por una vez. En vez de tratarme
como a un bicho raro, los estudiantes de la secundaria feliz me mirarían con
asombro. Eso podría hacer la vida casi soportable hasta que pudiese volver a casa
en Nueva Jersey. Probablemente habría una manera en que podría acelerar ese
proceso también y hacer que los padres de Posh me dejen volver ahora. Podría
agitar mi varita y una nueva ala aparecería al lado de su casa, por ejemplo, con una
habitación para mí decorada a mi gusto. Posh quiere que vuelva, por lo que podría
calificarse como un deseo.

Las cosas también cambiarían en East Lombard. Los niños harían fila para decirme
sus deseos. Posh y yo no volveríamos a comer en la mesa de los parias. Sería
popular.

Si fuera un HM… que no lo soy. Sin embargo, Posh va a seguir molestando al


respecto hasta que demuestre que no es cierto, así que lo que debo hacer es tratar
de conceder un pequeño deseo, realmente intentar y fallar. Entonces me dejará
tranquila y podré dejarlo ir.

Echo un vistazo alrededor de la clase, pero no puedo encontrar a nadie con la


necesidad de deseos. Los retorcidos snobs franceses están más allá de ser
presumidos en sus carísimas ropas y el maquillaje de celebridades, refrendados y
bendecidos por los sobresalientes tutores, con planes a futuro bien ordenados en
universidades privadas, en el reino de las hermandades y empleos con glamour en
Los Ángeles o Nueva York. El resto de la clase parece tan asquerosamente

22
Je me demande: Me pregunto, en francés.
contenida. Nadie parece querer terminar temprano, a pesar de que la voz de
Madame K debe ser declarada un crimen contra la humanidad. Su propia nariz se
arruga con disgusto por debajo de su ceja mientras habla y muerde cada palabra
como si quisiera cortarlas en pedazos sangrientos.

—Nous nous coifferions. —El tono alto de su graznido es tan doloroso que podría
enviar a una manada de lobos a huir del dolor auditivo.

Je me demande qué la hace tan estratosféricamente miserable. Parte de esto tiene


que ver con que ella está amargada por verse tan malvadamente como bruja. Por
lo tanto, equivale decir que: ella desearía ser más bonita.

Sin embargo, ¿por dónde empezar y cómo? No quiero mirarla, así que voy a
esbozarla, aunque todavía no puedo encontrar mi lápiz de carbón. Revisé mi
casillero entre clases, pero tampoco estaba ahí. Usar pluma no es el único reto.
Madame K además está moviéndose ahora, subiendo y bajando por las filas,
ordenando a las víctimas al azar a conjugar “lavar” y “apresurar”. Su rostro
quemaba mi cerebro, por lo que estaba haciendo un buen trabajo dibujándola de
memoria, capturando su ceño fruncido, los ojos hundidos y la gran ceja gruesa. Ya
que no podía borrar, puse mi dedo en el medio del dibujo de su frente, dividiendo
en dos su ceja. Guau, eso la hace lucir mucho mejor. Ahora solo se ve amargada,
no espantosa.

Está bien, si Hank puede hacer que los remolinos de azúcar desaparezcan del
helado, y si tengo el poder, debería ser capaz de señalar con mi pluma y arrancar
unas pocas…

—¡Danielle! —El nombre francés que madame K me había asignado perfora mis
tímpanos con la fuerza de un misil nuclear—. ¿Qu'est ce que vous faites?23

—Eh... —La semisordera tiene apagado el resto de las funciones de mi cerebro.


Arranca el cuaderno del escritorio.

—Je ne suis pas heureuse, Danielle. Je ne suis pas du tout heureuse24 —dice,
entornando sus ojos hacia mí, su uniceja se riza un poco hacia arriba como una
oruga. Estaba tan mal. Ella no era miserable en absoluto, du tout25. A ella le
encanta ser amargada y una arpía espantosa. Je me demande si había considerado
un trabajo como villana de dibujos animados.

23
¿Qu'est ce que vous faites?: ¿Qué estás haciendo?, en francés.
24
Je ne suis pas heureuse, Danielle. Je ne suis pas du tout heureuse: No estoy contenta,
Danielle. No estoy en absoluto feliz, en francés.
25
Du tout: Del todo, en francés.
Madame K voltea el cuaderno de dibujo cerrándolo, evitando a los chicos a mi
alrededor que han estado estirando el cuello tratando de ver lo que dibujé. Colocó
el cuaderno bajo su brazo, sujetándolo entre el codo y la cadera, reclamándolo. El
pánico trae de vuelta mi capacidad de hablar.

—Pero eso tiene toda mí…

—¡En Français!26

—Uh, mais le cahiers ont, quiero decir, a tous mes…27 —claramente mi poder de
hablar Francés había huido—. Il est les autres… uh, drawings de moins…28

Madame K frunce sus labios grises en simpatía fingida.

—Alors. Je regrette. C’est trop mal. Trop, trop, trop mal… pour vous.29

¡Esto es tan injusto! Todos mis nuevos diseños de botas están ahí. Necesito ese
cuaderno de bocetos.

—Mais…30

Ahora sus labios estaban tan finos como su voz.

—Bien.

Abre la libreta y brutalmente arranca un par de hojas en blanco, los chicos a mi


alrededor se encogieron. Había una chispa de alegría en sus ojos. Es probable que
así sea exactamente como luce cuando desgarra las extremidades de los gatitos
abandonados y hierve perritos para guisar.

Madame K asesina el cuaderno de bocetos, me entrega las páginas rasgadas, los


pequeños trozos de papel donde la espiral los sostenía colgaban en microscópicos
hilos. Probablemente estaba decepcionada de que no hubiese sangre goteando.
Me dice, en français, por supuesto, que utilice las páginas para escribir un ensayo
de quinientas palabras sobre los beneficios de aprender francés y que complete
todas las preguntas de los capítulos seis al nueve, a pesar de que solo estamos en
el capítulo cinco.

26
En Français!: En Francés!
27
Uh, mais le cahiers ont, quiero decir, a tous mes…: Uh, pero el cuaderno tiene, quiero decir,
todos mis…, en francés.
28
Il est les autres… uh, drawings de moins…: Hay otras... eh, dibujos bajo..., en francés.
29
Alors. Je regrette. C’est trop mal. Trop, trop, trop mal… pour vous: Entonces. Lo lamento. Es
una lástima. Demasiado, demasiado, demasiado malo... para usted, en francés.
30
Mais…: Pero…, en francés.
Yo prefiero usar mi bolígrafo para darle mágicamente una barba a juego con la
uniceja. Ese tenía que ser su verdadero deseo, ¿no? ¿Para ser incluso aún más
aterradora y repugnante? Me gustaría probarlo, pero no quiero hacer nada que
incluso tenga una posibilidad del uno por ciento de hacerla feliz.

Después de la clase, me decido a probar la política de puertas abiertas del director


Lee. La puerta está abierta y me invita a entrar, pero cuando le dije lo que pasó, no
vio mi lado en lo absoluto.

—Te diré lo que yo haría, Delaney. Sacaría un quince del porcentaje total en esa
tarea, sería la mejor A de un estudiante de francés en la clase a partir de ahora, y
entonces tal vez la señora Kessler te permitirá tener el cuaderno de regreso al final
del semestre. Una disculpa tampoco haría ningún daño. Yo siempre digo, que se
puede atrapar más moscas con miel que con vinagre balsámico.

Se ríe de su falta de humor culinario.

Estaba tratando de ayudarla, quiero decirle, pero por supuesto que no puedo,
porque entonces tendría que explicarle cómo y por qué. La visita es una absoluta y
completa pérdida de tiempo, aparte de aprender que el director Lee no es para
nada mi amigo.

Ahora realmente necesito saber si toda la cosa HM es cierta. Ya no es solo


curiosidad. Si el poder está ahí, tengo que encontrarlo para poder conseguir de
regreso mi cuaderno de dibujo. No importa si ese es mi deseo. Luego podía
encontrar la manera de engañar a alguien para que lo deseara por mí. Eso será
fácil. La parte difícil es encontrar una oportunidad para realmente ponerme a
prueba a mí misma.

Historia Universal es una pérdida total. Tengo una silla ahora, pero todas las mesas
están llenas, así que en lugar de meterme en algún lugar, la señora Lammers clava
a la chica nueva en la parte trasera del salón, en una mesa plegable cubierta con lo
que parece como si huera sido tomado prestado de alguna clase de arte de tercer
grado. La mesa es una especie de frío, aunque, de todas formas, ¿quién quiere ser
encajado en medio de un montón de hostiles extraños?

Estoy tan lejos, que prácticamente estoy en Suramérica, por lo que decidí revisar
mis mensajes. Posh me ha enviado enlaces del artículo sobre telequinesis del que
me habló, además de un clip del documental. Siendo Posh, también me envió un
mensaje maratón “Posh enciclopedia” con una compilación de toda la información
que pudo encontrar en línea. Hay un informe sobre un experimento de leer la
mente que se llevó a cabo en Berkeley en 1975, y un artículo de Psicología
Moderna sobre el poder de las ilusiones (lo cual realmente no creo que sea lo
mismo que conceder deseos), y quién sabe qué más, porque yo solo voy a medio
camino de la lectura sobre avistamientos de hadas en Scottish Highlands cuando la
señora Lammers aparece a mi lado.

¿Qué es lo que tienen los maestros de esta escuela con acercarse sigilosamente a
la gente? ¿Y tomar sus cosas? La señora Lammers tiende la mano y yo sé que
quiere que le dé el teléfono. Ni siquiera me molesto en hacerme la tonta, en
protestar o en asegurar que se trata de una emergencia. Solo se lo di y
mentalmente lo agregué a la lista de las cosas que necesito recuperar.

Me animo cuando llego a trigonometría, porque sé que esta va a ser la clase donde
haré que suceda. Es matemática. Es donde las cosas demuestran ser verdaderas o
falsas sin nada en medio. Donde las cosas se suman. Si Hank = HM, entonces
Delaney + gen HM + determinación = HM. Mientras que el señor Nisonson
continúa hablando acerca de la Ley de los Senos, me encuentro realmente en esta
ocasión mirando alrededor de la clase, entrecerrando los ojos fuertemente en los
rostros, tratando de leer la mente de las personas, averiguar lo que quieren.
Alguien debe querer algo. Incluso si es solo un aperitivo. Después de todo, es casi
la hora del almuerzo.

Mis ojos aterrizan en uno de los chicos que estaba sentado con Flynn en el
almuerzo. Lleva una camiseta de Marilyn Manson y usa el flequillo tipo chico
despeinado, el ángulo del mechón le cubre los ojos por lo que constantemente
tiene que sacudir la cabeza para ver, y siempre está esperando que tire demasiado
lejos o demasiado rápido, haciendo que se le rompa un músculo del cuello. Está
tratando de utilizar el borde de una hoja de papel para dibujar una línea recta para
el triángulo escaleno que el señor Nisonson escribió en la pizarra, pero Despeinado
sigue teniendo que parar para borrar y empezar de nuevo, porque los movimientos
del papel o curvas hacen que su lápiz se deslice. O bien olvidó su regla, la perdió, o
nunca tuvo una en absoluto porque decidió que su provisión para útiles escolares
sería mejor gastada en calcomanías de la banda de metal para su cuaderno.

Señalo con mi bolígrafo en su dirección. Me concentro. Pienso, regla, regla, regla.

No pasa nada. Tal vez necesito visualizarlo. Cierro los ojos, imagino una regla y
luego la imagino en la mano del Chico Despeinado. Abro los ojos, lo apunto con el
bolígrafo y lo intento de nuevo, trato realmente de sentir la energía HM que fluye a
través de mí.

Aún no hay regla.


Aprieto el bolígrafo, con tanta fuerza que está a punto de romperse. Me enfoco. Es
difícil. Tensándome, pongo todo lo que tengo en ello. Ni siquiera estoy respirando.

—¿Te sientes bien, Delaney? —Cada solitaria cabeza en la habitación se vuelve


cuando el señor Nisonson dice esto. Ya no estoy visualizando la regla. Estoy
visualizándome a mí misma, cómo debo lucir apretando el lápiz y los dientes con
una mueca de estreñimiento, como si esas no fueran las únicas cosas que estoy
apretando.

Entonces me imagino a toda la clase estallando en ensordecedoras carcajadas, un


festival de risas tamaño gigante. No sucede, pero puedo sentir esa energía con
seguridad. Energía que viene de una habitación llena de gente tratando de no
estallar en un ataque de risa.

—Estoy bien —le digo y hago que suene como que no hay nada malo en absoluto,
cuando en realidad todo está mal.

He terminado. Problema resuelto. Delaney Collins ≠ HM.

***

Trato de animarme mientras me dirijo por el almuerzo. Está bien, así que no estoy
destinada a revolotear por ahí concediendo deseos con un bolígrafo mágica. ¡Me
quito un peso de encima! No necesitaba gastar mi vida ayudando a la gente. Que
aburrida e ingrata vida de perdedor sería. La vida de Hank, básicamente.

Sin embargo, esto también significa que no tengo nada que esperar ahora excepto
el mismo miserable día tras día de la vida real. Aburrido. Deprimente. Normal.

Tal vez "normal" no es la palabra correcta. No aquí en Allegro High. La comida en


el comedor, por ejemplo. No hay lámparas calientes haciendo pastosa la pizza ni
cacerolas sucias para esta gente. Todo es espeluznantemente hermoso y en
tecnicolor. Los macarrones con queso son suaves, sedosos y del color del sol. Las
pizzas lucen como pinturas de un museo de arte moderno, con manchas de
tomates secos, diseños de champiñones y aceitunas que probablemente son
traídas cada mañana directamente de Grecia. Incluso los nachos parecen
esculturas, cada plato está cubierto con una cucharada perfectamente redondeada
de fría crema de guacamole.
El especial de hoy es pasta rotelle31 con limón, pimienta, corazones de alcachofas y
tomates asados al fuego. Deslizo el plato en mi bandeja, porque no es como si
alguna de las otras opciones fuera menos extraña. Cadie y Mia, que están delante
de mí en la fila, cada una escoge una ensalada de diseñador. La de Cadie tiene
extrañas frutas que nunca he visto en mi vida y la de Mia en realidad tiene flores
salpicadas en la parte superior.

—Asegúrate de tomar la tarta de manzana —dijo Cadie, mirando hacia mí. Miro
alrededor, pero definitivamente me está hablando a mí—. La mamá de Chesley
Kang es dueña de esta pastelería en Gardenia Village y trae una canasta una vez
por mes. Se acaban demasiado rápido.

—Gracias por el consejo.

—¡Oh! Lana Francis agarró el último pedazo. Maldición. —Cadie me sonríe


excusándose y no me molesto en decirle que realmente no estoy tan destrozada,
ya que no tiene chocolate, olvídalo.

Cadie me espera mientras pago y entonces camina conmigo afuera de las puertas
corredizas de vidrio. Mia está adelante, lanzando miradas infelices sobre su
hombro mientras Cadie y yo de alguna manera terminamos juntas en las mesas de
las animadoras. Mi resistencia debe estar baja por el esfuerzo del día y me
encuentro sentada en la misma silla que evité ayer, justo en la grieta donde han
juntado las dos mesas.

Cadie se sienta en la punta de la figura en ocho, con Mia. Su mesa es obviamente


la primera cadena. El cabello de las chicas allí es solo una pizca más brillante, su
piel es suave, los hombros más amplios que las chicas de la mesa al otro lado de
mí, quienes se estiran para ser incluidas en la conversación de la mesa principal
sobre si usar o no el brillo de labios plateado. Eventualmente, el equipo B empieza
su propia conversación, diseccionando una cita de una de las chicas con un chico
llamado Jonas o Jonah, o tal vez Josh. Es difícil de decir, ya que ellas hablaban al
mismo tiempo con la misma voz chillona y emocionada.

Estoy atrapada en un torbellino entre dos conversaciones libres de inteligencia,


pero al menos soy ignorada por las dos partes y me dejan sola. Con nada más que
hacer que pensar, hago una lista mental de todo lo que he perdido hoy: lápiz de
carbón, cuaderno de bocetos, el celular, la dignidad, la autoestima y la esperanza.

31
Pasta rotelle: es un tipo de pasta que se asemeja a una rueda con radios. Es similar a Fiori. No
debe confundirse con rotini (pasta con forma de sacacorchos).
Es como un poema trágico. Juro que he tenido suficiente material en mi vida para
ser una Elizabeth Barrett Browning32 moderna.

Esto me recuerda que ayer, en un momento debilidad, cerca del final de la clase de
literatura británica le presté mi lápiz de carbón a la chica que estaba delante de mí,
a la cual su bolígrafo se había acabado y me olvidé de tomarlo de vuelta en mi
apuro por irme. Los eventos que bombardearon mi cerebro la noche anterior
sepultaron por completo el recuerdo hasta ahora. Pero no fue solo la poesía lo que
desató mi comprensión. Era también la animadora sentada junto a mí, en la mesa
dos: la novia de Jonah/Jonas/Josh. Ella fue la que lo pidió prestado.

—¿Oye, tienes mi lápiz? —Le pregunto, interrumpiendo un argumento sobre el


chico J al pedirle que comprara las palomitas de maíz para la película y si eso era
una mala señal.

Ella me mira como si yo estuviera mal (lo cual no estoy). No solo soy una presencia
imperdonablemente ofensiva en la mesa (lo cual sé). Pero también es
estratosféricamente más indignante que deba de pedirle que regrese algo que ella
se dignó a rebajarse a pedir prestado en primer lugar, y yo debería de considerar
regalárselo y estar agradecida de que ella generosamente lo acepte.

Es una pena que me haya confundido con uno de esos miembros de las castas más
bajas que pueden ser intimidados por el desprecio de la reina. No digo nada. No
cambio mi expresión. Solo espero. Ella finalmente jadea y sus compañeras giran
sus ojos con apoyo, busca en su maleta de cuero (probablemente de las vacas
indias sagradas) y me devuelve mi lápiz.

—Gracias —digo dulcemente.

Pude sentir su odio a través del lápiz mientras me lo entregaba y esto accionó otro
interruptor en mi cabeza, provocando que los retazos de hoy volvieran a mí. Cosas
a las que no había puesto atención, pero que habían quedado en el cerebro. La
energía crea una reacción. Los compuestos se separan y vuelven a armarse en algo
nuevo. Los ángulos complementarios se suman.

No puedo mantener correctamente mis pensamientos. Saltan juntos y se dividen


en diferentes direcciones. Luego más recuerdos llegan, mezclándose con los otros.
Me pregunto si todo el tiempo es así el cerebro de Posh. No hay duda de que ella
nunca se puede relajar o estar callada. Tiene que sacar las ideas.

32
Elizabeth Barrett Browning: (6 de marzo de 1806 – 29 de junio de 1861) era un miembro de la
familia Barrett y una de las poetisas más respetadas de la era victoriana.
Yo también, pero a mi manera. Saco las páginas en blanco que la madame K
arrancó de mi cuaderno de bocetos y escribo: “manzana + mantequilla + azúcar +
harina = tarta de manzana”. Hago un boceto de una rebanada de tarta y dibujo
una flecha de las palabras a la imagen. De acuerdo, ¿ahora qué? Todavía no
encajan.

Me tomo un descanso de pensar, para dibujar una bola de helado junto a la tarta y
luego me llega a la mente. No había helado y ahora lo hay. Apareció en mi mente y
ahora está en la página, gracias al lápiz. Algunas personas lo llamarían magia. Pero
es realmente el resultado de la combinación de elementos: polvo de carbón y
papel. Además pienso. Mi idea. La “energía de activación”.

No puede ser tan fácil, ¿Es posible? ¿No podría cualquiera hacerlo?

Pero no soy cualquiera.

Apunto el lápiz hacia el plato de Cadie. Los ingredientes llegan juntos en mi mente,
como si fuera a dibujar la tarta. Envío la idea por mi brazo al lápiz y luego hacia el
plato. Estoy calmada y confiada. Cadie obtendrá el pedazo de tarta de manzana
que deseaba… aunque sea una semilla de manzana.

El almuerzo termina. Cadie se levanta, recoge su plato vacío libre de tarta de


manzana y le hace una señal a sus secuaces. Se levantan y la siguen de vuelta a la
escuela, dejándome en la grieta entre las dos mesas, a solas con mi fracaso.

—¡Ugh!

—¡Asqueroso!

—¿Qué es?

Detrás de mí una pequeña multitud se formó cerca de una de las mesas. Alguien
está en el suelo, pero solo puedo ver los botones de sus zapatos deportivas.

—Él ha estado desequilibrado —dijo una chica gótica, apuntándolo. Me acerco y


puedo ver que se trata Shaggy de trigonometría. Una masa burbujeante de vapor
emergía desde la mitad de la cara de Marilyn Manson en su camiseta.

—Salió de la nada —dijo Shaggy, con su voz mitad horror, mitad temor—.
Entonces, como ¡Bam!... me golpeó. —Frunció el ceño—. ¡Acabo de comprar esta
camiseta en eBay! ¡Es un clásico! ¡Veintiocho dólares! Este pájaro gigante, o lo que
sea, será mejor que no deje mancha.

Flynn se inclina y huele.


—Huele como… manzana horneada.

Shaggy se sienta, curioso. Desliza el dedo en el fango, lo huele y se lame el dedo.

Los otros chicos gritan—: ¡Ewww!

—¡Es manzana! —anuncia Shaggy. Sube su mirada—. ¿Quién rayos está lanzando
fruta cocida desde el cielo?

—Tal vez es como una cosa promocional para un nuevo postre —sugirió una de las
chicas vestida de Hello Kitty.

Ahora todo el mundo está mirando hacia arriba, esperando algún dirigible que
navegue haciendo publicidad a las nuevas pérdidas para microondas de los ojos de
los pájaros.

Sin embargo, no estoy mirando hacia arriba, mis ojos permanecen en la manzana.
Salió de la nada. No había nada y ahora hay algo…

Sin embargo, eso no es verdad. Nunca hubo nada. Siempre ha habido protones,
neutrones y electrones. Han sido reorganizados, eso es todo. No era lo que había
pintado, pero era mi primer intento.

La multitud se dispersa. Flynn le lanza a Shaggy un paquete de servilletas. Los que


almorzaban terminan sus comidas y regresan adentro. Estoy congelada en el lugar
mientras el tiempo pasa, hasta que estoy solo yo, las mesas vacías y mi recuerdo
de Shaggy tirado ahí, salpicado de manzana.

Manzana + Azúcar + Harina + Mantequilla…

Agarro el lápiz un poco más ligero en mi mano y siento una pequeña sonrisa
apareciendo en mi cara.

Lo hice.

***

Estoy tan exaltada por mi éxito que me detengo en la clase de la señora Lammers
de camino al sexto período y le pregunto si puedo hacer un reporte de la dinastía
China para ganar créditos extras o limpiar los tableros de borrado en seco después
de la escuela, o pasear a sus perros por dos semanas, si me daba de regreso el
celular. Y luego, como magia, ¡me lo dio por nada! (Excepto por la promesa de que
nunca lo volverá a ver en clase, un deseo concedido inmediatamente). Mi confianza
no es lo bastante grande todavía para enfrentarme a una petición hacia Madame K
para pedir mi cuaderno de dibujo, así que dejo ese milagro para más tarde.

En el séptimo período, le envío un mensaje a Posh desde los computadores de la


biblioteca para decirle lo que pasó. Hay muchos signos de exclamación y
mayúsculas en su respuesta, tuve que mirar alrededor un par de veces, preocupada
de que su respuesta digital fuera audible. Teníamos que continuar esta
conversación verbalmente, pero no aquí, obviamente.

Después, la señora Insardi, la bibliotecaria, me da un pase “para el baño”, me


deslizo por la salida más cercana, la cual se abre hacia el estacionamiento de los
profesores. Demasiado afuera al aire libre. ¿Qué si algún profesor sale temprano?

Vuelvo a la esquina del patio del almuerzo, ahora vacío y libre de manzana. Estoy
justo al lado de la ventana de la cocina de la cafetería, donde la clase de cocina
está aprendiendo a hacer mousse de Kiwi, eucalipto o lo que sea. Hay un murito a
lo largo de la pared y me siento ahí. Fuera de vista, le marco a Posh. Ella empieza a
hablar antes incluso de que sepa que soy yo.

—Necesitas mantener un registro detallado de todo lo que pase de ahora en


adelante.

—No tendré tiempo para hacer eso, Posh —susurro—. Voy a estar muy ocupada
concediendo deseos.

—Esta es una investigación IMPORTANTE, Delaney. —Está tan emocionada que


incluso ahora está hablando en mayúsculas—. Digna de un premio nobel. Es tu
responsabilidad con la ciencia.

—Solo exploté una manzana. No es como si hubiera separado un átomo, acelerado


una partícula o algo.

—Pero, Delaney. Es una suerte que lo hicieras.

—¿Lo hice?

Tal vez lo hice. Miro hacia el patio y la escena se reproduce en mi mente de nuevo.
Podía verme a mí misma sosteniendo el lápiz, a Shaggy cayendo, los otros chicos
gritando de asombro; y yo estoy asombrada de nuevo también.

El recuerdo se desvanece un poco, excepto por mi imagen, que parece crecer más
nítida y brillante. Siento, mi verdadero yo, ser llenado con energía ahora mismo.

Más de una reacción química tomó lugar en ese patio durante el almuerzo.
Delaney Collins → HM.
Capítulo 6
Traducido por QueenDelC y SOS por Elizzen y Cr!sly

Corregido por MaryJane♥

—Probablemente solo fue una coincidencia. —Hank manda a volar mi noticia


como si fuera algún fastidioso insecto con el que no puede ser molestado. Ni
siquiera me mira, está demasiado ocupado mirando una receta vegetariana en
Recetas Fáciles para Dos.

Ha agregado una taza grande de “padre sabio y capaz” a su carácter híper analítico
del Dr. Hank. Lo hace el doble de molesto, ya que sus alter egos son tan fingidos.
Obviamente nunca antes ha cocinado en su vida y su sermón suena como si
hubiera tomado un montón de frases al azar de sus libros y las hubiera colocado
juntas.

—Querías que algo pasara y entonces buscaste evidencia para apoyar ese deseo, el
que después extrapolaste para concluir que habías conseguido el objetivo. —Voilá,
el omelet de palabrerías de psicólogo. Si su escritura es igual de complicada que
su habla, entonces las personas deben de comprar tantos de sus libros porque
siguen esperando que finalmente escriba uno que puedan entender.

—Claro —digo desde mi asiento al otro lado de la barra—. Porque manzanas


horneadas aparecen de la nada y vuelan cabezas de metal al azar todos los días. Es
tan común como que los padres llamen mentirosas a sus hijas.

Hank se concentra en cortar una cebolla en cuartos iguales y no responde. Sé que


no tiene una respuesta. Después de pasar una noche convenciéndome de que lo
ilógico es lógico, no puede echarse para atrás o entonces él será el mentiroso. Es
demasiado tarde, de cualquier forma, porque ahora creo y eso no puede ser
borrado.

—¿Estás segura de que era manzana? —Con cuidado, llena una cucharada de
jengibre molido, luego le quita el exceso con la parte trasera de un cuchillo. Pone
el jengibre en uno de los pequeños recipientes que tiene alineado, uno para cada
ingrediente del sofrito que está haciendo, como si se estuviera preparando para un
show de cocina.
—¿Qué importa eso? Si fuera durazno, ¿significaría que fueron los duendes
quienes lo causaron y no un hada madrina? ¿Acaso los arándonos significan que
son hadas buenas? —Ahora Hank está mirando su reloj, midiendo la cocción del
pan hasta en segundos exactos. No puedo aguantarlo más, voy hacia donde está y
lo hago a un lado con la cadera mientras él juguetea con la flama.

—Delaney.

—Así no es como se hace un sofrito. —Mamá tampoco cocinaba mucho, pero


cuando lo hacía, no había tazas de medición, nada de sacar la regla para estar
segura de que los trozos de pimiento fueran exactamente del mismo tamaño.
Simplemente tomaría un montón de las cosas que estuvieran en el refrigerador y la
alacena, juntándolo todo y haría algo increíble. Eso era mágico.

Un dolor agudo con lo mucho que extraño a mamá me golpea, justo en el pecho,
así que me concentro en las dos tareas más importantes ahora: (1) el sofrito, (2) pie
de manzana.

—Analizas demasiado todo. —Vierto aceite en la sartén y vacío los recipientes


encima de eso, haciendo volar un poco de humo mientras todo se fríe. Hank pasea
nervioso por detrás de mí y puedo decir que quiere quitar la espátula de mi mano.
Me gustaría verlo intentar eso.

—No deberías haber puesto todo al mismo tiempo, Delaney.

—¿Quién lo dice?

—Lo dice justo aquí en la receta. —Hank le da unos golpecitos a la página y luego
la sigue golpeando como si pudiera hacerme leerla—. Hay instrucciones. ¿Ves?
Están numeradas. Hay una manera precisa en la que se supone que debes hacerlo.

—Oh, bueno —digo con un suspiro de tristeza—. Demasiado tarde. —Bato los
vegetales. Chasquean y chirrían en una nube de humo con olor a jengibre.

Hank dobla sus brazos.

—Escucha, Delaney, no estoy diciendo que no te creo sobre la manzana…

—Sí, sí lo haces.

—Solo hubo un incidente, ¿correcto?

—Uno hasta ahora. —El arroz comienza a hervir y tiene que dejar de discutir
conmigo para hacerse cargo de él.
No dice nada más mientras termino de cocinar, pero comienza de nuevo en cuanto
nos sentamos a comer.

—Está bien, digamos que ésta fue la prueba de que heredaste…

—Lo fue.

—No fue algo que hayas alcanzado con facilidad, no obstante, o con éxito.

Estamos sentados en una mesa uno de cada lado, del lado más largo. Es incómodo
y extraño. Podrías decir que él nunca come aquí. Mamá y yo siempre comíamos la
cena en el sofá frente al televisor. La mayor parte del tiempo la televisión ni
siquiera estaba encendida. Poníamos música y hablábamos, o a veces no
hablábamos, simplemente compartíamos el estar ahí.

No existía la posibilidad de “simplemente estar ahí” durante esta comida. No con el


Maestro Pontificio que no deja de hablar durante la comida y parece que se
alimenta con pura negatividad.

—Más parece un incidente aislado. Puede que tengas alguna versión recesiva y
atrofiada del gen, pero si la habilidad no se mostró antes de ahora, probablemente
tu experiencia de hoy fue una casualidad.

Se termina su arroz, el rey ha hecho su proclamación, todo engreído y superior.


Obviamente le encantó su sofrito, ya que prácticamente está limpiando el plato a
lengüetazos, pero ¿lo admitirá? No. No va a admitir nada que le quite un poco de
poder.

—Te equivocas. Vamos a algún lado. De regreso al centro comercial. Lo probaré.

No estoy segura de cómo lo probaré, ya que no tengo idea de lo que estoy


haciendo, pero sé que el poder no está latente o dormido, o suprimido u oprimido.
Está ahí.

—No creo que entiendas lo que estoy tratando de decirte.

—Lo entiendo —le digo—. Quieres ser el único hada madrina del mundo. Bueno,
demasiado tarde. No lo eres. —Levanto mi sofrito a medio terminar y me voy.

Llevo mi plato a la sala de estar y enciendo la televisión. Aunque el sofá está


demasiado duro como para estar cómoda, es obvio que Hank nunca come aquí
tampoco, el tapete es blanco y tiene una limpia mesa de centro de vidrio. El sofrito
ya está frío y ha perdido todo su sabor, y no hay nada que ver en la televisión.
Paso los canales un rato y luego lo dejo en una vieja película que toma lugar en
algún bosque medieval, con caballeros listos para la batalla en caballos armados.
Todos son sucios grises y verdes, hecho cuando les gustaban que las películas
lucieran feas porque las hacía más real.

Casi al final, hay un enorme discurso sobre luchar contra la suerte y superar
obstáculos. Es la basura usual de Hollywood sobre no darse por vencido y creer en
ti mismo, pero dado que los actores tienen esos acentos británicos que los hacen
sonar inteligentes, es difícil no sentirse inspirado. Es como si el capitán (o caballero
principal o rey o lo que sea) me estuviera hablando, y son justo el tipo de palabras
de aliento que necesito.

Hank solo es otro obstáculo que debo superar, eso es todo. Como los guapos
caballeros en su rebelión contra sus horribles enemigos, no me voy a dar por
vencida.

***

La mañana siguiente es sábado y Hank sugiere que tengamos el desayuno fuera,


tratando de compensarme por la cena. Lo tomo desprevenido accediendo al
instante. Copiando a los caballeros de la película, decido hacer un ataque sorpresa.
Pretendo que me he rendido y luego lo golpeo con todo lo que tengo.

Conducimos a una mezcla entre pastelería y café, el cual, justo como predigo, es
otro “hecho en el taller de Santa”, con canastas decoradas llenas de trozos de pan
detrás del mostrador, tan lindas que lucen como si pertenecieran a una galería de
arte. Las vitrinas se elevan por encima de mi cabeza, llenas con estantes de tartas
de fresa, reguiletes de bísquets de pistacho, enormes panquecitos, pequeños
hojaldres de chocolate y una mareadora cantidad de galletas, croissants y bollos,
todos brillando bajo la luz ámbar, como el reflejo en el rostro de un pirata de su
oro en un cofre.

Hay un pizarrón con la lista de los desayunos enlistados en rosa, verde, naranja,
amarillo, con ilustraciones en tizas por todos lados. Es demasiado “flores-y-
conejitos” para mí, pero admiro el esfuerzo.

El lugar está lleno, aunque aún no son las nueve de la mañana, y mientras
esperamos en la línea para ordenar, miro a las personas por un posible deseo. He
traído mi lápiz de carbón conmigo, ya que me había dado suerte antes.
Probablemente parezco un poco extraña estar sosteniendo un lápiz en un café,
pero bueno.
Ya lo intenté un par de veces. Cuando nos estábamos estacionando, noté que la
señora detrás de nosotros estaba buscando en su bolso dinero para el
estacionamiento. Le deseé una moneda, pero no debió haber funcionado, ya que
terminó preguntándole a Hank si tenía cambio de un dólar. Luego, mientras
entrábamos, una pequeña niña en una de las mesas de afuera estaba llorándole a
su madre porque quería chispas rosas en sus waffles. Moví el lápiz en su dirección,
pero no aparecieron ningunas chispas, ni siquiera pequeñitas.

Aunque esos solo fueron el calentamiento. Ahora estoy lista. Cuando veo a uno de
los trabajadores del café detrás del mostrador intentando tomar una hoja de
semillas de amapola que está un centímetro fuera de su alcance, casualmente
levanto el lápiz y señalo en su dirección.

No sucede nada.

No lo estoy sintiendo. No como ayer. Ni siquiera puedo recordar cuál era la


sensación. De alguna manera supe exactamente qué hacer, pero ahora no sé nada.
Quizá Hank tenga razón y solo fue una coincidencia. Quizás uno de los amigos de
Shaggy le lanzó una tarta de manzana caliente de alguna máquina expendedora en
la cafetería. Quizá algo cayó del cielo. Quizá ni siquiera sucedió…

—Voy a querer los panqués con nueces y un jugo de naranja del más grande —le
digo a Hank—. Voy a ir a buscar una mesa afuera. —Necesito aire. Está demasiado
encerrado aquí con todas estas personas y panes y Hank, y está nublando mi
visión. Antes de que Hank pueda detenerme, una mujer con gafas enormes y
cabello aún más grande se levanta de una mesa cerca, habiéndolo reconocido.
Dejo a Hank atrapado en la red de cumplidos de la mujer que ha ido hacia él y me
deslizo por la puerta.

Ya sabía que no habría ninguna mesa libre. Es como si la gente en la tierra del
continuo sol tuviera que estar fuera constantemente o se marchitarían. Son
antivampiros. Cada restaurante que he visto tiene mesas al aire libre. Más abajo de
la cafetería, en la calle, hay un tipo sentado en una silla plegable bajo una sombrilla
en frente de una tienda de reparación de calzado.

Me he dado cuenta de que la señora del estacionamiento estaba sola en una mesa
al lado de una pared baja que rodea las mesas al aire libre. Está sujetando una
novela en una mano y picando con el tenedor su extravagante frittata de hierbas
con la otra. Una mujer muy segura de sí misma en la ciudad. Está totalmente feliz y
relajada. Ni siquiera mira alrededor para ver si alguien está mirando. Ese es mi
objetivo. Ser dejada a mi aire y hacer que parezca que es el mejor lugar para estar.
—Hola, Delaney. —Me doy la vuelta y veo a Flynn, con Shaggy y otro de sus
amigos de la mesa del almuerzo. Flynn tiene su omnipresente collar de las cámaras
de gran tamaño alrededor de su cuello y Shaggy está en un monopatín, llevando
otra "antigua" camiseta de heavy metal, pero la camisa está demasiado desteñida y
estirada para leer el nombre del grupo. El otro chico lleva una chaqueta deportiva y
pantalones de mezclilla y tiene una casi-barba decorando su cara de bebé.

—¿Qué pasa? —me pregunta Flynn, pero creo que es una pregunta retórica,
porque sigue hablando—. Este es Brendan. —señala a Shaggy, quien gruñe—. Y
Skids. —El barbudo levanta una palma en un maduro “soy más viejo de lo que
parezco” hola.

—Hola —digo y continúo buscando una mesa, dejando claro que no tienen que
detenerse y hablar conmigo porque no podría importarme menos. Por desgracia
Flynn, siendo despistado, lee la señal como de ánimo.

—Vamos a la pista de patinaje en Crescent. ¿Quieres venir?

—¿Por qué? —Que significa ¿por qué diablos iba yo siquiera considerar ir con
ustedes alguna vez? Pero de nuevo, Flynn se equivoca.

—Estoy haciendo fotos de Brendan. Para su página de fans.

Echo un vistazo a Brendan.

—¿Tienes fans?

—Se necesita tiempo para conseguir seguidores en Internet —resopla Brendan.

—La clave es mantener el contenido fresco —dice Skids.

—¿Qué eres, su mánager? —pregunto.

—Yo escribo el ejemplar. —Skids recupera del bolsillo una pequeña libreta con un
mini bolígrafo acoplado como prueba.

—Sigo pensando que deberíamos publicar mi foto de ti del almuerzo de ayer —le
dice Flynn a Brendan—. Con esa mierda de manzana por todas partes. —Flynn
choca los cinco con Skids.

—“Brendan el Boardman Untado con Productos Frescos”. —Skids hace comillas


con los dedos.

—Cállate —espeta Brendan—. Y no era fresco, estaba cocinado.


No me lo imaginé. Eso sí pasó.

Skids saca un nuevo titular. —“Granny Smith a la Parrilla Golpea a Boardman." —


Brendan lo empuja; Skids le devuelve el empujón.

—¿Has visto eso? —me pregunta Flynn mientras sus amigos continúan su partido
de empujones más-adecuado-para-la-caja-de-arena.

—Um, creo que escuché algo de eso.

—Te enseñaré una foto. —Flynn la pone en una de sus cámaras y la sostiene para
que la vea.

—Muy gracioso —digo—. Avísame si la subes.

—¡Hazlo y muere, Becker! —grita Brendan desde la llave de cabeza que le ha


hecho Skids. Una pena. Podría usar la foto como Prueba A para Hank, pero no hay
manera de que lo arrastre hasta aquí para verlo. ¿Cuán humillante sería eso? El
tener el desayuno con tu padre súper-nerd.

—Entonces, ¿quieres venir?

—Suena como un fascinante día de grandeza atlética y magnificencia multimedia,


pero estoy en medio del desayuno. —Me doy cuenta de que la señora del
parquímetro se ha ido y ha dejado atrás su medio terminada frittata.

Saco la silla y me siento.

—¿Sola? —Flynn, Skids y Brendan me miran, como si fuera un aterrador concepto


practicado solo por peligrosas culturas extranjeras.

—Eso está hecho —digo, pero la señora del parquímetro debió llevarse con ella su
genial ambiente relajado, porque me siento rara al estar aquí sola. Tal vez si tuviera
un libro. Sin embargo, no puedo dejarlo, así que cruzo mis piernas, doblo mis
brazos y apoyo la espalda, rezumando sofisticada superioridad.

—Entonces ven después de que termines. —Flynn señala hacia abajo en la calle—.
El parque está tres cuadras abajo, después de Orange Grove, o puedes ir hasta el
portón en la esquina de Wisteria.

—Información útil. Gracias.

Brendan tira de los brazos de Flynn.


—Vamos, hombre. Antes de que todos los novatos aparezcan y tomen las buenas
rampas.

Flynn deshecha a Brendan y se gira de vuelta a mí.

—Podrías patinar hacia abajo. —Señala mis botas.

Eran mis botas de motociclista, pero no eran las típicas. No eran cortas y pesadas
con cordones y un montón de púas. Eran altas, lisas y yo le había pintado un
motociclista en un lado a cada una. Chicas motociclistas con el pelo largo flotando
en el viento por debajo de sus cascos, motores acelerando, como si en cualquier
momento las motocicletas fueran a salir de mis botas a la carretera más cerca.

—Tengo mucho por hacer hoy. Lo siento. —Me recuesto, esperando que Flynn
comprendiera el mensaje. Ya no estaba intranquila. Lo descubrí. Actuar como si
fueras dueño del espacio y entonces lo logras.

—Permiso. —Levanto la vista para ver a la señora del parqueadero del metro
aferrada a su recién rellenado capuchino helado y frunciendo el ceño hacia mí—.
Este es mi asiento. —Su voz tiene un tono cortante, como si su próxima línea iba a
ser “llamaré a la policía”.

Me levanto. Mi cabeza se calienta y el calor se extiende hacia abajo. Trato de


pretender que Flynn no existe, pero atrapo un vistazo de él y puedo decir que está
luchando por no reírse. Brendan y Skids ya se encontraban al final de la cuadra,
pero no importaba si ellos no escuchaban, porque sabía que Flynn les diría.

Si tuviera las habilidades mágicas, haría que todo el mundo desapareciera. Este día
no podía empeorar.

—¡Delaney! Nos encontré una mesa dentro. —Hank me saludaba desde la puerta y
otra gran porción de vergüenza cae sobre mí. Hank parecía el “Rey de los Nerds”
más de lo que pensaba. ¿Cómo no note que estaba usando mocasines y llevaba la
camisa por dentro? Me sorprende el no caer-muerta allí mismo. Lamentablemente,
sigo cruelmente viva. Mientras caminaba hacia Hank, el calor de mi cuerpo
aumentaba a cada paso a punto de hacer combustión.

Hank nos ha conseguido una mesa dentro al lado de la ventana y se sienta con una
gran sonrisa en su cara. Como si me estuviera dando un grandioso juguete al que
sabe amaré. Grandioso. Estamos justo donde todos afuera pueden verme. Le doy
un tirón a mi silla y me siento. Flynn aún está afuera y se asoma a la ventana, su
sonrisa era plena ahora. Me da un pequeño saludo. Lo odio. Les grita algo a sus
idiotas amigos y luego camina fuera de mi vista.
Ahora ellos se pasarían el día burlándose y riéndose de mí con sus bufidos de
niños burlones. Si no me tiraba a mí misma al frente de un camión, el lunes podré
disfrutar de toda la escuela señalándome y riéndose de mí luego de que Skids
escribiera en Facebook la descripción de mi humillación. Mejor que Flynn se cuide
en nuestra clase de química. Todo lo que pueda encontrar con calaveras y huesos
cruzados irá directamente a su botella metálica de agua.

—¿Qué anda mal? —pregunta Hank perdiendo la sonrisa.

—Tú. —Ahora estoy totalmente segura de que mi cabeza explotará en cualquier


momento.

Hank sacude su cabeza.

—Entonces empezaremos con eso otra vez. —Claro. Siempre es sobre él.

Afuera, la señora del parqueadero del metro, quien come sola porque ¿quién
querría ser su amigo? Sostenía su cremera vacía y la sacudía hacia el mesero como
si fuera una campana de sirviente. Tomo mi cuchillo y apunto a la crema sobre la
mesa que seguía a la nuestra, fuera de la ventana.

—Aquí creo que podemos salir para tener un lindo desayuno…

La crema cruzó todo el camino desde el mesero hasta golpear la pared al lado de
la señora del parqueadero del metro, SMASH. La señora cubre su cara con sus
brazos, los cuales habían sido salpicados con crema.

La boca de Hank cae abierta en una mezcla de horror y desaprobación.

—¿Qué has hecho? —susurra.

Uso mi cuchillo para extender la mantequilla y la miel sobre mis panqueques. —


Ella quería más crema. —Me sentía mucho mejor. La presión en mi cabeza se había
drenado—. Así que le di más crema.

Hank se inclina hacia mí sobre la mesa.

—Eso no es... Tú no puedes... —Su rostro está todo rojo, como si el calor de mi
cabeza se hubiera cambiado/transferido a la suya. Extiendo el brazo para alcanzar
la mermelada y la vierto sobre mis panqueques en un lindo espiral mientras Hank
lucha con su impedimento de habla inducido coléricamente—. No puedes usar tu
magia de esa manera.

Dirijo mi tenedor hacia él.


—Tú lo has dicho.

—¿Dicho qué?

—Magia. —Hank resopla, balbucea y me fulmina con la mirada mientras mastico.


Debo admitir que la comida aquí es tan deliciosa como abundante—. Supongo que
ahora me crees.

Se inclina hacia atrás y me mira mientras la verdad se apodera de él. Ya no es el


único hada madrina.
Capítulo 7
Traducido por Nicolsmile, Jhosel y Nanami27

Corregido por QueenDelC

El silencio de Hank es trágicamente temporal. Apenas he comido de mis


panqueques cuando vuelve y se deja caer, en todo su modo de Dr. Hank de “Yo
soy el HM adulto y con experiencia y tú apenas eres una novata”. Primero, hay un
discurso acerca de cómo no puedo dejar que las emociones afecten lo que hago.
Tengo que mantenerme neutral o corrompería el fluir de la energía mágica o algo
así. Y se supone que no haga nada que pudiese atraer la atención hacia mí. En
otras palabras: no más tarros voladores.

—Somos operadores de detrás de escena, Delaney. Haciendo nuestro trabajo en


secreto. Al exponerte solo pondrás nerviosa a la gente. Es lo suficientemente difícil
convencer a tus clientes de que eres lo que dices ser. A algunos clientes es mejor ni
siquiera contarles.

¿Cuál es el punto de tener súper poderes si no son para intimidar a todos? Aunque
ahora que lo pienso, la mayoría de los superhéroes famosos lo son en el clóset.
Todos usan máscaras y disfraces. No lo entiendo. Parece como que Batman sería
menos fatal y pesimista si les dijera a todos quién es realmente.

En el camino a casa, Hank finalmente comienza a explicar los poderes, de los


cuales hay básicamente dos: Transferencia de Objetos (mover cosas) y
Manipulación de Átomos (convertir cosas en otras cosas —así que Posh tenía razón
acerca de mí dividiendo el átomo). Estoy bastante segura de que Hank inventó los
nombres por su necesidad de hacerlo sonar menos sacado de un cuento de hadas
y más aburridamente científico de lo que es. A Posh le encantará.

T.O. es más fácil de manejar que M.A., así que se supone que tengo que practicar
eso primero y luego trabajar mi camino hasta llegar a M.A., sino terminaré con más
bombas de manzana cuando en realidad quiera un pie de manzana.
—Es como aprender un deporte, Delaney. No comienzas siendo Serena Williams 33.
Tienes que aprender lo básico y luego entrenar, entrenar y practicar sin detenerte,
y si eres paciente y trabajas duro, tendrás un lugar con los profesionales.

Esto significa que solo puedo cumplir deseos pequeños por ahora. Con cada deseo
cumplido mis poderes serán un poco más fuertes, no solo los poderes mágicos
sino también la parte de la empatía. Porque, imagínense, no puedes preguntarle a
nadie qué desea. Es parte de la cosa de mantenerse con un perfil bajo, creo.

Además, de acuerdo con Hank: —Son propensos a decirte lo que creen que
quieren o lo que deberían querer o lo que creen que tú quieres que quieran. —¿No
son la misma cosa?—. A veces no saben realmente lo que quieren. —Así que no
solo somos cumplidores de deseos, sino que también somos leedores de almas.

Luego, una vez que tenga la cosa de cumplir los verdaderos anhelos de las
personas manejada, estaré lista para un cliente, “probablemente en un año o dos”.

¿Un año? ¿O dos? De ninguna manera.

—Es como ejercitar un músculo, Delaney. No puedes comenzar con barras de


cincuenta kilos. Tienes que volverte buena para levantar barras de cinco kilos y
gradualmente trabajar con más peso. —Seguramente tiene una mochila sin fondo
llena de metáforas. Probablemente tiene toda una carpeta en su computadora
lleno de ellas, para insertarlas en sus libros en lugares al azar—. Es por eso que no
recibes todos tus poderes hasta después que cumplas el deseo de tu primer
cliente.

¿Qué?

—En el centro comercial dijiste que consigues los poderes y la varita mágica y todo
una vez que tienes un cliente.

—No con el primero. Es ese primer deseo volviéndose realidad el que te da la


chispa para encender las habilidades que has estado desarrollando hasta ese
momento y te lleva al siguiente nivel. Como el salto inicial.

—¿Cómo se supone que cumpla el deseo de alguien sin la varita?

—Esa es la trampa.

33
Serena Williams: (26 de septiembre de 1981 en Saginaw, Míchigan) es una jugadora de tenis
profesional que ha estado clasificada como jugadora número 1 del mundo por la WTA en varias
ocasiones. Es la hermana menor de otra campeona de tenis, Venus Williams, quienes poseen entre
ellas ocho medallas olímpicas.
—¿La trampa de quién? ¿Por qué alguien me hace trampa?

—Es la manera en la que funciona, Delaney. Tienes que comenzar lentamente. Si lo


apresuras, no tendrás la empatía para entender exactamente el deseo de tu cliente
y entonces los poderes no servirán de todas maneras. Tuve las mismas
restricciones que tú y sé por experiencia que no puedes traspasar las reglas. Tienes
que ganarlo.

Todo ese entrenamiento de vida seguro que lo hizo un experto en sermonear a las
nuevas H.M, incluso aunque yo sea su primera. Probablemente comenzó a practicar
este discurso en el segundo en el que se enteró de mí y luego lo embotelló cuando
creyó que nunca tendría la oportunidad de usarlo. Es por eso que todo sale en
emocionados borbotones. Para cuando llega a cómo no puedes tomar un violín y
esperar tocar un concierto de solo en Carnegie Hall, ya no le estoy haciendo caso.

Ya tengo los músculos, el equivalente a revés mortal de HM. Hay niños que pueden
tomar un violín y tocarlo como un virtuoso súper genio. Los he visto en YouTube.
No pasaré dos años de mi vida recuperando pelotas perdidas y llenando envases
de ketchup. No quiero tener que esperar por el haz de luz y la varita brillante.
Quiero la magia grande ahora. Eso significa que tengo que encontrar a un cliente.

***

Antes de que las clases comiencen el lunes, patino por los pasillos en un intento de
cubrir tantas áreas con vibras de deseos como sea posible, pero nada se interpone
en mi camino. El único deseo que termino concediendo es el del Director Lee, el
cual es que mantenga retraídas las ruedas de los patines. No tengo que hacer una
lectura especial de mente, una búsqueda en el alma o detectar un anhelo para
descubrir su deseo, porque me lo dice en voz alta, y lo cumplo porque me
amenaza con detención si no lo hago. Otra prueba de que pretende ser amigo de
la gente.

En mi camino a clase de Química, encuentro a Cadie en su casillero y se me ocurre


que ya no tengo que buscar. Ya que mi primer éxito mágico fue el cumplimiento
del deseo de pastel de manzana de Cadie, probablemente estoy destinada a
cumplir su gran deseo también. Sé por las conversaciones sin sentido del almuerzo
que Cadie no tiene novio, pero debe haber alguna estrella de fútbol o un
melancólico chico malo que le guste. Todo lo que tengo que hacer es comenzar
una conversación y luego dirigirla en la dirección correcta hasta que mencione a
quién ha estado esperando, soñando y deseando. Esto de hacer amistad no es algo
a lo que me he dedicado mucho, ¿pero qué tan difícil puede ser?
Me paro a su lado intentando pensar en algo que decir.

—Uh… hola. —De acuerdo, eso no fue grandioso, pero no he calentado todavía.

—¡Hola, Delaney! —No es necesario un calentamiento para Cadie Perez. Su línea


de amabilidad está en el máximo.

Cierto. Ahora tengo que decir algo amable de vuelta. Una pregunta estaría bien. La
mantendrá hablando.

—¿Cómo estuvo tu fin de semana? —Ya no dudo, pero ahora lo dije demasiado
fuerte. Sueno como un robot sobrecafeinado. Me retracto, ser una perra es
definitivamente más fácil.

—¡Estuvo genial! Algunos fuimos a la playa el sábado y el domingo vi una obra de


teatro en Amber Hills. Te traeré un volante.

Grandioso. Estoy lista para ir al tema principal. Mientras vamos por el pasillo,
camino realmente lento, para darme tanto tiempo como sea posible para mi
interrogatorio.

—Así que… ¿hay alguien que te caiga bien?

—Oh, todos me caen bien.

—Quiero decir chicos.

—Seguro.

—Entonces, ¿quién?

—¿A qué te refieres?

Sé que es una boba, pero no puede ser tan descerebrada.

—Escucha. ¿Conoces esos bailes, donde las chicas les piden a los chicos que vayan
con ellas? ¿A quién invitarías?

—No tenemos de esos aquí. Las chicas pueden invitar a los chicos a cualquier baile.

—Pero si tuvieras que hacerlo. —Comienzo a sonar enfadada, lo cual se siente más
natural, pero no me ayudará.

—Usualmente vamos como grupo. Puedes venir al siguiente con nosotros si


quieres.
Estoy perdiendo los estribos y ya casi entramos a clase.

—¿No hay algún chico aquí que sea, ya sabes, menos idiota que el promedio?

Cadie me estudia, intrigada.

—Ooooh. —¡Lo entiende!—. Hay alguien que te gusta, ¿no? —No lo entiende—.
¿Quién es?

—No, eso no es…

—¿Disfrutaste tus waffles? —Flynn se había escabullido detrás de nosotras. Sonríe


pícaramente.

—Eran panqueques. Y sucede que ésta es una conversación privada, si no te


importa.

—¿Tomaron el desayuno juntos? —pregunta Cadie—. ¡Eso es tan dulce!

—No hicimos nada juntos. —Miro a Flynn, pero es imparable.

—Lamento que no pudieras venir al parque, señorita Collins, pero entiendo. Sé que
aprecias tu tiempo a solas. —Me guiña antes de deslizarse frente a nosotras dentro
de la sala de clases. Verme humillada lo ha hecho peligrosamente audaz. Peligroso
para él.

Aunque no tengo oportunidad de derramar ácido clorhídrico34 en el estuche de su


cámara en venganza, porque tenemos un examen. Intento concentrarme en las
preguntas, pero sigo pensando en Cadie. Debí haberme dado cuenta: ella es la
Princesa del Encanto, no Cenicienta. Ya es hermosa y feliz. No es el tipo de las que
tienen un gran deseo, porque ya tiene todo lo que quiere, y si quisiera cualquier
otra cosa, podría conseguirla en un segundo, sin mi ayuda.

Cadie era una mala opción. Necesito a alguien desesperado, alguien cuya
necesidad de un deseo sea tan fuerte que apeste.

***

Cadie era la única persona aquí con la que estoy en términos de hablar, así que
vuelvo a lanzar abierta mi red de HM. Después de francés, escucho a un par de
chicas dos casilleros cerca del mío susurrar sobre la pelea que una de ellas tuvo
con su novio o su mejor amigo o su ex amigo, no puedo decirlo. Me inclino más

34
Ácido clorhídrico: es una disolución acuosa del gas cloruro de hidrógeno (HCl). Es muy
corrosivo y ácido.
cerca para escuchar mejor, manteniendo mi rostro oculto detrás de la puerta de mi
casillero, pero la conversación se detiene. Cuando veo alrededor para ver si se
habían ido, ambas están allí todavía. Mirándome fijamente.

—Oh, ¡hola! —digo—. Solo estoy… —Una vez más, las palabras me faltan. Las
chicas me miran con dureza, esperando a que termine la oración. También estoy
esperando. Finalmente, voy con—: ¿Alguna de ustedes tiene un borrador que
pueda pedir prestado?

Otro momento de silencio, luego: —No.

Cierran sus casilleros, giran sus espaldas hacia mí y se marchan, hombro con
hombro, continuando su conversación entre susurros. Peor para ellas. Tendrán que
resolver su pelea de amor/amistad por su propia cuenta.

Me paseo junto a otros casilleros, con los oídos alerta por cualquier confesión de
dolor emocional. Sonrío cuando atrapo un vistazo, pero puedo sentir cuan falso es.
Incluso si no puedo sentirlo, puedo verlo, reflejado en la mirada sospechosa que
consigo de regreso. Esto no es justo, pero normalmente soy la única con un campo
de fuerza levantado y me hace querer gritar: ¡Ni siquiera me agrada cualquiera de
ustedes!

Estoy tan molesta que no me doy cuenta, hasta que la campana suena, que estoy
en el otro lado de la escuela para la clase de historia del mundo. Saco mis ruedas,
arriesgándome a obtener una detención. Cuando acelero por del pasillo, consigo
evitar al Director Lee, pero no en conseguir llegar a clase a tiempo, y me pierdo un
examen sorpresa, el cual la señora Lammers se rehúsa a hacerme.

Tal vez funcionaría mejor si nadie pudiera verme.

La ubicación clásica de espionaje de las chicas es el baño, así que me oculto allí
antes de gimnasia. Después de un montón yendo y viendo y “¿Cómo se ve mi lápiz
labial?” y “¿Puedes ver mis pecas o necesito más base?” las snobs francesas de la
clase de madame Kessler entran, a la mitad de una conversación sobre una de ellas
enamorada de un baterista de la banda.

—Pídele que te dé lecciones. Dile que estás comenzando una banda de chicas.

—Pero él está saliendo con Insley Burket.

—¿Y? No estás haciendo nada malo. Si Mark se enamora de ti en lugar de ella


porque los dos tienen demasiado en común y él e Insley no tienen nada, no es tu
culpa.
—Pero odio la batería.

¡Éxito! Más o menos. Tengo alguien con un deseo y un deseo, pero no puedo decir
cuál de ellas es la enamorada y no puedo verlas claramente a través de la rendija
del cubículo. Me muevo alrededor, tratando de conseguir una mejor vista, y
accidentalmente golpeo mi codo en el gigante sostenedor de papel higiénico. ¿Por
qué lo llaman hueso de la risa, cuando no es nada divertido?

—¡Auch! Maldita estúpida… —Me detengo, pero demasiado tarde. Puedo sentir las
miradas de las chicas en el silencio que sigue, quemando la puerta. Estoy
sorprendida de que el acero no se derrita.

—¿Hola? —dice una de ellas, y no de una forma amistosa.

No tengo opción, así que salgo.

—Oh, hola —digo, como si en verdad estuviera sorprendida de verlas y no tuviera


ni idea de que alguien más estuviera en el baño excepto yo.

—¿Estabas espiándonos? —demanda saber una de ellas.

—¿Qué? No, ¿por qué habría de…?

—¿Qué escuchaste? —pregunta la otra.

—Nada. —Debería detenerme allí, ¿pero cómo podría dejar esta oportunidad
cuando podía ser mi única opción?—. Pero si “hay” algo, o alguien, que quieras,
quizás podría ayudarte.

—¡Lo sabía! —dice la primera.

—¡Vete! —Esto viene de ambas, no al mismo tiempo, pero repetidamente y


alternativamente, aumentado en decibeles, elevándose de gritos a chillidos—.
¡Fuera! ¡Fuera! ¡FUERA!

—¡De acuerdo! Olvida lo que dije. —Como si quisiera ayudar a cualquier de ellas
de todos modos. Todavía no sé a cuál de ellas le gusta Mark el baterista, pero lo
merecía. Si alguna vez averiguara quién es Insley Burket, le advertiría que sería
mejor que acompañara a su novio a sus “lecciones”.

Me arrastré hacia la clase de gimnasia. Al menos no hay exámenes sorpresas en


yoga. En los vestidores, me pongo mis pantalones y calcetines de yoga con altura
hasta las rodillas (no eran botas, pero cubrían la misma área, así casi no me
importaban), luego corrí hacia el gimnasio e inmediatamente adopto la Pose del
Niño, que básicamente es arrodillarse hacia adelante y dejar tu cabeza sobre tus
brazos. La señora Byrd dice que podemos “regresar a la Pose del Niño en cualquier
momento”, así que lo hago más o menos la clase entera. Normalmente tomo una
siesta, pero hoy sigo reproduciendo mis fallos y preocupándome que en realidad
vaya a tener que esperar dos años como dijo Hank. Eso no es un pensamiento Zen.

Durante el sexto período, a la mitad de nuestra lectura de otro poema de “aquí


yace en su tumba”, la clase de la señora Sandor es interrumpida por el teléfono.
Después de colgarlo, anuncia que el director quiere verme en su oficina antes del
séptimo período. En este punto, estoy acostumbrada a todo el mundo en la clase
girándose para mirarme acusadoramente, así que apenas lo noto. Apenas.

De camino a la oficina, mentalmente planeo mi negación sobre haber patinado en


los pasillos de nuevo, porque imagino que por eso es que quiere verme. Pero
como de costumbre, estoy equivocada.

—Delaney, Delaney, Delaney. —El Director Lee empuja su silla fuera del escritorio,
luego se sienta de manera que estamos prácticamente rodilla con rodilla—. Dicen
que has tratado muy duro en hacer amigos. —Se inclina hacia delante, brazos
cruzados, el ceño fruncido con preocupación—. Tal vez has estado tratando
demasiado duro, ¿quizás? He escuchado reportes de que algunas de tus
propuestas han sido… excesivamente entusiastas.

Debe estar hablando sobre la búsqueda de mi cliente. Apuesto que las chicas que
me miraron mal cerca de mi casillero me denunciaron. Parecían el tipo que viene a
quejarse con el director.

—¿Dirías que tus acciones fueron inapropiadas, incluso?

—No. ¿Quién dijo eso? —Tal vez era las snobs de la clase de francés. No era
suficiente perforar mis tímpanos con sus chillidos. Esto es lo que consigo por tratar
de ayudar a la gente. No más de eso—. No sé sobre lo que está hablando.

—¿Espiar a las chicas en el baño?

Lo sabía.

—No estaba espiando.

El Director Lee levanta una palma en señal de alto.

—Delaney, Delaney, Delaney. Estoy seguro de que hay un elemento de


equivocación involucrado —¡Más que un elemento! Había una tabla periódica
entera de equivocación—. Simplemente no has tenido tiempo todavía para
ajustarte al estilo de aquí. Nuestros jóvenes son más sensibles, menos asertivos en
sus relaciones interpersonales que de donde tú vienes. Así que vamos a encontrar
una manera más fácil, más de bajo perfil de Allegro High forma de conectar. ¿Qué
piensas?

Como si importara lo que pienso. El Director Lee ya había tomado su decisión. No


más biblioteca en el séptimo período. Tengo que tomar una materia optativa.

—¿Cómo es que se llama optativa si es obligatoria? —le pregunto.

Se ríe y me da una palmada en su rodilla.

—¡Adoro tu sentido de humor, Delaney! Va a ayudarte a hacer un montón de


amigos, si solo pudieras bajar el tono un poco.

Ni siquiera puedo elegir la optativa.

—Te registré para el anuario. Es un gran grupo de chicos, muy amigables. Serás
una buena adición para ellos, necesitan más personas. —Ah, la optativa perdedora.
No es como que al final eso importara. No había una clase de Diseño de Botas
Avanzado, así que cualquier optativa a la que fuera forzada sería igual que ir al
purgatorio.

***

El anuario está en la clase de latín. Había carteles del Coliseo y frases como “Fortes
Fortuna Adiuvat35” y “Credo Quia Absurdum est36” pegados por todo el lugar. Flynn
está detrás de un escritorio con una placa que dice “Sra. Bayshore”.

—Hola —dice Flynn cuando me ve—. Adelante. —Sonríe hacia mí como si


estuviera dudando o algo, que lo estoy, pero no porque me sienta torpe o
incómoda, porque debería, sino porque no puedo creer que en verdad Flynn esté a
cargo. ¿Él es el editor? Solo es de segundo año. Debo estar mostrando duda en mi
rostro, porque de algún modo se endereza y adopta un tono de voz con más
confianza, que es muy diferente a Flynn.

—Estamos felices de que estés aquí, Delaney. El staff entero del año pasado era de
último año, así que solo somos nosotros. —Nosotros es el grupo de mesa de
almuerzo de Flynn: Skids y Brendan, además del trío Hello Kitty, cuyos nombres

35
Fortes Fortuna Adiuvat: La fortuna favorece a los valientes en latín.
36
Credo Quia Absurdum est: Creo que es absurdo en latín.
resultaron ser Elly, Hallie y Polly (rimar debe haber sido un requisito para su
amistad).

—Había alguien de primer grado —dice Elly, o tal vez es Hallie—. Sasha Galloway.
Pero se salió para unirse al club de teatro después de que le ofrecieron el
protagónico en Noises Off!37.

—Es muy divertida —explica Hallie/Elly.

—Es de Inglaterra —agrega Polly.

—Gracias, chicas —dice Flynn sinceramente, como si en realidad fuera información


relevante. Las chicas le sonrieron a cambio y casi puedes ver los corazones como
de historieta flotando por encima de sus cabezas. No necesito poderes de hada
madrina para darme cuenta de que las tres están enamoradas de Flynn, de una
manera como cuando te gusta la estrella de una película. Nunca habría elegido a
Flynn para el estado de ídolo adolescente.

—De todos modos, queremos hacer algo impresionante y diferente para el anuario
de este año —me dice—. Pero no tenemos a nadie con experiencia en diseño. Así
que puedes ser la directora de arte.

¿Perdón? No lo creo. Ya es bastante malo tener que estar aquí, no pueden esperar
a que participe también.

—No estoy calificada para esa posición —le digo a Flynn—. Lo siento. —Tomo
asiento en una mesa vacía, donde planeo hacer nada, como Brendan y Skids (si
cuentas jugar en su PSP38 como nada, y yo lo hago).

—Vamos, Delaney. Todo el mundo sabe que eres una artista increíble.

Flynn apunta a mis botas. Son mis "Mala Actitud #3" de gamuza. Marcas de dientes
rasguñando los tobillos, barras rojas y violetas pintadas y en zigzag por los lados.
Las trillizas asienten, con los ojos abiertos, e incluso Brendan gruñe de acuerdo,
mientras que Skids quita el pulgar de sus controles de juego para tocarlo
ligeramente antes de volverse a la carnicería en su pantalla. Es un millón de millas
de distancia de creíble que alguien en esta escuela haya notado algo en mí que
realmente les guste. Vamos, ¿en serio? No. No puede ser.

37
Noises Off: es una obra de teatro en tres actos del dramaturgo británico Michael Frayn estrenada
en 1982. La pieza se ha traducido a 28 idiomas y estrenado en 50 países.
38
PSP: la PlayStation Portable o PSP es una videoconsola portátil de la multinacional de origen
japonés Sony Computer Entertainment para videojuegos y multimedia.
—Por eso le pregunté al señor Rosenthal si podías unirte —continúa Flynn. ¿Esto
fue idea de Flynn? La incredibilidad está oficialmente rompiendo el récord. Estoy
lista para buscar la cámara oculta. Aun así, se necesitaría mucho más que un par de
buenos comentarios sobre mis botas para convertirme en una esclava del anuario.

—A menos que quieran que el anuario se vea como una bota, realmente no veo lo
que puedo hacer por ustedes.

Flynn le dice a sus groupies39 que consigan una copia del anuario del año pasado.
La trae a mi mesa y la deja frente a mí.

—Basta con echar un vistazo. Dinos lo que piensas. —No me va a dejar en paz
hasta que por lo menos finja que me semi-importa, así que paso la página.

Bostezo. Las habituales filas y filas con la misma pose del hombro, la misma sonrisa
congelada, los mismos ojos en blanco. Aunque hay ligeras diferencias —pieles más
oscuras, el pelo más claro, gafas, sin gafas, chico, chica— aun así siguen
pareciendo idénticos. Las fotos de los de último año son un poco más grandes y
tienen citas de canciones debajo de ellas, pero incluso la mayoría de las citas son
copias.

—No puedes diferenciar a nadie —le digo.

—Eso es porque no los conoces —dice Elly/Hallie.

—Un anuario no es para conocer. Es para recordar. Dentro de veinte años, cuando
estás muy viejo, ¿vas a tener una idea de quiénes son estas personas? —Señalo una
foto al azar en la página. Un tipo con una sobremordida, con un corte de cabello
como de taza y lentes—. Este chico. ¿Qué es lo más interesante sobre él?

—Oh —Hallie/Elly suspiran—. Ese es Paul. Está en una banda.

Brendan pone los ojos.

—Todas las chicas están enamoradas de él.

—¿En serio? ¿Este tipo? No podrías sacarlo de esta foto. —Escojo otra, una chica
con flequillo y pecas—. ¿Qué pasa con ella?

—Allison Pellucci —dice Flynn—. Es agradable.

39
Groupie: en el sentido estricto de la palabra, es una persona que busca intimidad emocional y
sexual con un músico famoso. Sin embargo, este término también se aplica a una joven admiradora
de un determinado cantante o grupo musical, a los que sigue incondicionalmente. Este concepto
está relacionado con el de fan.
—Es extraña —dice Brendan—. Siempre está alimentando a esos gatos afuera de
Dumpster.

—Ah —dice Polly—. Eso es tan dulce.

Cierro el libro.

—Esto es de lo que estoy hablando. Esto es lo que las fotos tienen que demostrar.

—¿Cómo? —pregunta Elly/Hallie—. Estas son el único tipo de fotos que tenemos.

—Son digitales, ¿no es así? Pueden ser manipuladas. Como el borde de una cara
de gato para esta chica y una guitarra en la esquina para la estrella del rock. —
Esbozo algunas imágenes en la página.

—Increíble —dice Flynn por milésima vez. Realmente necesita trabajar en su


vocabulario—. ¿Ves? Sabía que podías hacerlo. —Me sonríe y admito que no me
importa ser apreciada por una vez—. Bueno, vamos a empezar una lista. —Flynn
abre su computadora portátil—. Tres o cuatro rasgos de cada persona. Entonces
Delaney va a surgir con algunas imágenes para cada una.

—¿Quieres que yo haga todos los dibujos?

—Podemos ayudar, pero tus ideas serán mejores. —Eso es verdad, pero aun así,
está tratando de hacerme una esclava del anuario.

Y sin embargo, mientras que compilan su colección de ¿recuerdas cuando robó la


cabeza de la mascota? Y ella usa como un millón de anillos como marcadores de
personalidad, las ideas empiezan a pasar como una bala en mi cabeza, como lo
hacen cuando se me ocurre el diseño de botas. Imágenes se encienden como
pequeños relámpagos. No me extraña que lo llamen una lluvia de ideas.

Es divertido, en realidad no parece trabajo. Esto es lo que se sentí cuando lancé el


misil de pastel de manzana. Fácil. Debe haber sido la forma en la que el cliente
buscaba jugar, pero ahora veo lo que hice mal. Me desesperé por ello en vez de ir
con la corriente. Tengo que des-desesperarme.

Las tres gatitas se ríen por algo que Flynn dice, interrumpiendo mis pensamientos.
Oh, Dios mío. ¿Por qué no pensé en eso? Tengo tres clientes de Cenicienta aquí,
todos suspirando por Flynn Encantador. Todo lo que necesito hacer es elegir una
de ellas y concederle su deseo. ¡Ya estoy de vuelta en la pista!

No estoy segura de que puede ser tan al azar, sin embargo. Si hubiera habido más
de una verdadera chica por siempre jamás para el Príncipe Azul, el hada madrina
podría haber elegido una hermanastra fea en su lugar, o una de los otras miles de
chicas enamoradas en el reino.

—¡Hola, chicos! —Cadie entra en la habitación, cepillando su brillante melena por


encima del hombro. Está en su uniforme de porrista, lo que significa que sus
piernas se ven aún más largas de lo habitual—. Quería preguntarles si podemos
reprogramar la foto del equipo —le dice a Flynn—. Conseguí que la señora
Freeman nos dejara animar la semifinal de lacrosse femenino contra Stafford. —
Cadie sonríe al resto de nosotros—. ¿Por qué no deberían los equipos femeninos
ser animados también, verdad?

Brendan y Skids asienten tontamente, atrapados en la niebla de feromonas


derretidoras de mente de supermodelo. Hallie, Elly y Polly se ruborizan y parecen a
punto de desmayarse de la impresión de ser dirigidas personalmente por la realeza
de la escuela. Polly incluso deja escapar un chillido nervioso. Increíble.

Si pudiera elegir un cliente al azar, sería aún más fácil si la Princesa Encantadora
Cadie fuera el objetivo. Podría tirar un pedazo arrugado de papel en el pasillo
entre las clases y tener la oportunidad del 99.9 por ciento en golpear a alguien
locamente enamorado de ella.

—Por supuesto. Revisaré el programa. —Como de costumbre, Flynn es el único,


aparte de mí, que no se queda lelo. Abre un archivo en su computadora portátil y
se desplaza por él. Mientras lo hace, esta sensación de anhelo desesperado se
apodera de mí. No es mi anhelo, sin embargo. Fluye en mí, de otra persona. Es
como si hubiera sido golpeada por alguna corriente invisible de anhelo y estuviera
siendo arrastrada en su energía.

¡Oh Dios mío, está sucediendo! He recogido las vibraciones de deseo de una de las
trillizas. Miro alrededor, de Elly a Hallie a Polly (o quien sea a quien, todavía no
puedo distinguirlas), tratando de averiguar cuál es la Cenicienta. Rodeo su mesa,
fingiendo mirar las listas que están haciendo y esperando sentir una oleada en el
ambiente, pero la sensación no cambia y ahora me pregunto si viene de las tres a
la vez. ¿Tres clientes al mismo tiempo? Esto no puede estar bien.

—¿Se puede hacer el próximo jueves? —Flynn pregunta a Cadie—. ¿Después de la


escuela?

—¡Eso es perfecto!
Me dirijo a mi asiento y mientras lo hago la sensación se intensifica. No viene de la
mesa de las chicas. Viene del escritorio de la señora Bayshore, donde Flynn está
escribiendo algo en un trozo de papel. Le entrega la nota a Cadie.

—¡Gracias! —Cadie toma el papel y sonríe a Flynn. Él le devuelve la sonrisa, la


misma sonrisa que me dio. Tal vez no es la misma. Es tímida, soñadora. Enferma de
amor. ¿Cómo nunca vi esto antes? Ahora tiene sentido que nunca prestara
atención a ella. Porque está demasiado enamorado de ella. No debería estar
sorprendida. ¿Por qué habría de ser diferente de cualquier otro chico en la escuela?

A pesar de que es diferente de alguna manera. Si estoy sintiendo su deseo,


significa que Flynn es el único, de todos ellos, quien pertenece a Cadie.
Capítulo 8
Traducido por Whiteshadow, Dracanea, Kathy92 y SOS por Kirara7 y Eli25

Corregido por La BoHeMiK

Algo está mal. Este mareo e inestabilidad.

—Necesito vomitar.

Siento que no me adapto bien a todo el asunto mágico de las hadas madrinas.

Una vez que descifré cuál era el deseo de Flynn, pensé que el anhelo se aliviaría un
poco, pero en su lugar se ha vuelto peor. No recuerdo que en las ilustraciones de
cuentos de hadas muestren el rostro del hada madrina volviéndose verde. En
ninguna película o serie de televisión el hada madrina luce como si el deseo de la
Cenicienta le provocara nauseas. Ellas son sabias, están confiadas y alegres, no
nauseabundas.

Hank dijo que podía hacerlo mal si me precipitaba y he estado operando hasta
ahora a la velocidad de una ambulancia con las sirenas encendidas a todo
volumen. Apuesto a que mi antena de HM está totalmente fuera de forma y recoge
todas estas señales aleatorias que me son arrojadas, mezclándolas en un gran
enredo. Tal vez no es el deseo de Flynn el que sentí, si no los de todo el mundo.
Las chicas que espiaba en el hall y los snobs franceses, además de las Hello Kittiies
y quién sabe quién más. Eso es lo que está haciéndome querer meter mi dedo en
la garganta. Tiene que ser eso.

—No. Esa es la sensación exacta.

Hank rueda su carrito para la barra de aceitunas y agarra un recipiente de plástico.


Estamos en el hipermercado de comestibles. Es tan grande que es prácticamente
su propio país. En realidad, es un continente de países aleatorios, solo que en
escala reducida. En lugar de edificios y autos, hay puestos de tamales, tapas y
estaciones de sushi.

—No me estás escuchando. Te lo digo, me siento como que quiero vomitar sobre
todas estas aceitunas.
Los clientes cercanos retrocedieron con miradas preocupadas.

—Vamos a bajar la voz, Delaney. ¿De acuerdo?

—No. Me está volviendo loca. Quiero sacarlo, pero está atrapado allí, agitándose
alrededor de mi estómago.

Hank empuja su carrito más allá de mí para añadir algunas pequeñas aceitunas
negras a su colección.

—Tienes que decirme cómo apagarlo.

Hank presiona una tapa sobre las aceitunas, haciendo caso omiso de mi agonía. Me
gustaría darle un golpe a las aceitunas que tiene en la mano, pero estoy
demasiado débil por mi retorcida aflicción de HM.

—Es desagradable por una razón —dice—. Si te sientes bien, no te verías


impulsada a ayudar. No se puede "apagar", alejarlo, o correr más rápido que él.
Podrías ir a China y, dentro de diez años a partir de ahora, todavía lo sentirías.

Pone las aceitunas en el carro y lo rueda hacia el mostrador de seis millas de largo
de delicatesen.

—Pero has dicho que me tomaría un par de años antes de que consiguiera un
cliente. Mi medidor de empatía o como se llame no se desarrolla todavía. Y
difícilmente he hecho algunos deseos pequeños. —En realidad, no he hecho
ningún deseo pequeño, pero no tengo tiempo para esa interpretación. Tengo un
flash cerebral—. Tal vez tengo gripe.

Hank me da una mirada de "una vez más y…".

Me tiende una mano para sentir mi frente como si tuviera tres años de edad y
empujo lejos su brazo.

—Tú no estás enferma. Sin embargo, estoy de acuerdo contigo. Esto pasó más
rápido de lo normal, pero siempre es más fácil de aprovechar la longitud de onda
emocional de alguien si es una persona que te preocupa.

—No me preocupo por Flynn. Me preocupa que mis nervios hayan sido torcidos en
pequeños espirales. Me advertiste sobre todo lo demás, ¿pero no acerca de esto?
Si hubiera sabido que ser un HM se sentiría como si permanentemente tuviese una
intoxicación alimenticia, me hubiera encerrado a mí misma en un armario por el
resto de mi vida.
—Estás siendo un poco melodramática. Sé que el primero es duro, pero eso es
porque la sensación es nueva, por lo que es más intensa. Ya te acostumbrarás a ella
después de un tiempo. Eventualmente se calma convirtiéndose más en una leve
ansiedad.

Eso, exactamente, no hace que me sienta mejor.

—No quiero acostumbrarme. Quiero que se vaya.

Hank me ofrece una galleta untada con un poco de desagradable queso de una
muestra en exhibición. ¿Está tratando de hacerme sentir peor? Hice un ruido de
arcadas y lo alejé. Frunció el ceño.

—Hay una forma muy sencilla de resolver el problema, Delaney.

—¿Cuál?

—Concédele a Flynn su deseo.

—¿Y si me ética se opone a él? Voy a estar perpetuando la ofensiva fantasía


masculina del nerd transformándose en un chico sexy. Sería diferente si Flynn
tuviera un deseo noble. Como inventar autos solares. Entonces creo que lo haría
bien, porque sería algo que me gustaría ayudarle a hacer.

—Los grandes deseos son siempre sobre el amor. Eso es solo la manera en que las
personas son.

—Las personas son idiotas.

—Esto es lo que querías, Delaney, y lo has conseguido. Ahora te supera, está más
allá de tu control. Puedes luchar contra ello y perder. O puedes verlo como una
oportunidad de ayudar a otros, comenzando con Flynn. Quién sabe, quizás te
guste. Cosas más extrañas han sucedido.

Es difícil imaginar que mi vida pudiera ser más extraña.

***

Posh ejecutaba oraciones demasiado exaltada sobre que, con esta prueba, ella
tenía razón; y que ahora, aún más, tenía la oportunidad de avanzar en la causa de
"Ciencia: División Paranormal".

—Significa que todavía no puedo volver a casa —señalé, pero ella insistió en la
velocidad con la que todo había pasado para mí hasta ahora, por lo que habría
desarrollado esta complicada ecuación cuadrática, demostrando que solo debería
llevarme 7x+235/b2 días (o algo así) para que Flynn obtuviera su deseo.

Como de costumbre, solo comprendí ¼de lo que Posh quería decir, pero al final de
la conversación me había convencido de que abrazara mi destino: una vida de
mareo (incluso cuando estoy de pie), compensado con el poder de no solo mover
montañas (bueno, tal vez no montañas, pero si cosas grandes) y transformar los
zapatos comunes en zapatillas de cristal, sino para transformar mi vida. Me recordó
por qué empecé con esto en primer lugar: porque iba a valer la pena por esos
poderes a máxima potencia. Una vez que los tenga voy a ser poderosa y las cosas
malas no me importarán.

Lo primero que tengo que hacer es encontrar a Flynn, solo así podré explicarle la
situación. Sin embargo, no estoy segura de cuál es el procedimiento estándar para
que la “HM se revele a sí misma”. El Hada Madrina de Cenicienta apareció en un
repentino ¡puuuf!, que le dio credibilidad a sus afirmaciones de ser mágica.
Además de que vivían en un mundo en donde las cosas sobrenaturales pasaban
todo el tiempo, por lo que no era gran cosa si alguna señora aparecía en la cocina
de la nada y empezaba a convertir ratas en autos. Incluso si quisiera intentarlo y
demostrarle a Flynn que soy mágica, también está el problema de que sin la varita
mis casi poderes están subdesarrollados. Los cuales no he utilizado desde el
mantecado volador, así que quién sabe si aún funcionan.

Voy a tener que ser sutil. E ir con calma.

—Puedo ayudarte con Cadie.

Flynn se queda mirándome sin comprender. Mmmm. Puede que no haya sido lo
suficientemente sutil.

Estamos en el aula de la señora Bayshore, después del anuario. Flynn es siempre el


último en salir, ya que se queda a limpiar. Nadie le ayuda, así que estaba bastante
sorprendido cuando me ofrecí de voluntaria. Sorprendido y confundido.

Ahora está confundido.

—¿Te refieres a ayudar con la foto del equipo de porristas? Elly va a ser mi
asistente, pero puedes venir si lo deseas. Podrías darnos algunas ideas sobre cómo
hacer que la foto de grupo sea menos aburrida. Muchas de ellas ya están hechas,
pero todavía tenemos alrededor de la mitad…

—Me refiero a ti y Cadie —Levanté mis cejas en la señal internacional de: "sabes
realmente de lo que estoy hablando".
—¿De qué estás hablando?

Vamos. ¿Cómo puede no saber la señal?

—Sé que ella te gusta.

—A todo el mundo le gusta Cadie —dice Flynn casualmente, en la forma que diría
"a todo el mundo le gusta la pizza". Coloca una mesa en su lugar y puedo decir
que, por la fuerza del empujón, su tono casual es una cubierta. No es que no sepa
esto ya, debido a mi radar de hada madrina.

—Sí, pero ella te gusta. —Casi digo: "Crees que es impresionante", pero podría
pensar (correctamente) que me estoy burlando de él, que probablemente no es
una buena manera de empezar la relación cliente-hada madrina—. Puedo
emparejarlos.

Flynn golpea otra mesa contra la primera.

—Brendan y Skids te metieron en esto, ¿no? Voy a destrozar sus casilleros.

Me lancé hacia la mesa de al lado y agarré el borde frente a él. Flynn agarra el otro
lado pensando que le ayudaría, pero la mantuve en su lugar, obligándolo a
mirarme. Cuando nuestros ojos se encontraron fui súper consciente de que somos
los únicos en la sala. Esta debe ser la energía HM de la que Hank habló, rebotando
entre nosotros, porque tuve otro golpe de ella.

—No es una broma. Se supone que tú y Cadie deben estar juntos.

—¿Cómo se te ocurrió eso? ¿Leyendo algunas hojas de té?

Hace su estúpido resoplido de risa de chico. Yo ni siquiera esbocé una sonrisa.

—Sucede que soy muy intuitiva. Es como un sexto sentido… más o menos. Es
genético.

Flynn tira la mesa de mi mano y la desplaza hacia su lugar.

—Siento decírtelo, madame Collinska, pero el gen se ha saltado una generación,


porque estas equivocada.

—Yo no estoy equivocada.

Flynn se acerca de nuevo al escritorio de la señora Bayshore y cierra su


computadora portátil.
—Tú eres nueva aquí, así que voy a informarte, Cadie Perez es la jefa de
animadoras. Cada vez que hay una nueva lista de: “¿Quién es ardiente?", es la
número uno. Siempre. Ella es la reina del baile de bienvenida, reina del baile de fin
de curso y la más popular. Ella está fuera de mi alcance. Ni siquiera está en mi
universo. Cadie es del tipo que sale con el mariscal de campo estrella.

—Sin embargo, ¡no lo hace! No está saliendo con nadie. Debido a que la persona
correcta no se lo ha pedido. —Hago de nuevo la cosa de las cejas. Quizás esta vez
lo entienda.

—¿Y el hombre indicado soy yo?

Asiento con la cabeza.

—¿Cadie te dijo eso?

—No, no creo que ella lo sepa. Es por eso que tienes que invitarla a salir.

—¡Oh! Muy bien, entonces. Eso tiene sentido —Flynn coloca su computadora
portátil en su bolso—. No.

—Tienes que confiar en mí.

—¿Por qué? ¿Por qué te importa?

—Yo... es algo que me siento obligada a hacer, eso es todo. Al igual que algunas
personas alimentan a los desamparados o rescatan a los animales abandonados.

Flynn me da una mirada sospechosa y supongo que mi actitud de "no te metas


conmigo o te despellejo”, que mantuve hasta ahora, puede haber destrozado mi
credibilidad como hacedora de buenas obras o, por lo menos, haberla abollado un
poco (bueno mucho).

—Entonces necesitas encontrar un proyecto de servicio comunitario diferente. Tal


vez uno que no implique personas. ¡Qué tal botas para los descalzos! —Se ríe,
resoplando otra vez, ante su poca ingeniosa idea.

—¡No es gracioso! Tengo que hacer esto. Y tú eres la persona que tengo que
ayudar.

No agrego que: “De lo contrario voy a estar atrapada en un estado asfixiante de


pre-transición a HM para el resto de mi vida", porque es obvio que él no se
preocupa por mis sentimientos o no me estaría haciendo pasar un momento tan
difícil.
Flynn lanzó la correa de su bolso sobre un hombro y el estuche de la cámara sobre
el otro.

—No le pediré salir a Cadie Perez. No sucederá. Nunca40. —Camina a la puerta—.


Lo siento.

Se va antes de que pueda decir nada. No es que tenga nada que decir. Esto no es
como yo pensaba que iría. Yo esperaba gratitud. Incluso, alabanza. Me pregunto si
esto es una cosa de chicos y Cenicienta fue más cooperativa porque era una chica.
Por supuesto, para ser justos con Flynn, el hada madrina del cuento de Cenicienta
le dijo quién era ella en primer lugar. Y Cenicienta no siguió el plan exactamente
de inmediato. El hada madrina de Cenicienta tuvo que dar un cambio de imagen
total y luego hacer todas esas cosas de la calabaza por carruaje antes de que
Cenicienta accediera a ir al baile. Pero el HM de Cenicienta tenía ya la varita.
Conceder deseos fue muy fácil para ella.

Estoy fuera de pista. No puedo preocuparme nunca más por los cuentos de hadas.
Esta es mi historia: una hermosa princesa, casi inalcanzable; el deseo bloqueado
por un bufido de risa, sin príncipe; y un hada madrina sin una pista.

***

—¿Qué se supone que debo hacer? ¿Recomendar a Flynn que tiene que salir con
Cadie para poder ganar mi varita? Lo hago y cinco minutos más tarde, el director
Lee cambiará mi séptimo período optativo del anuario, por el encierro en la sala de
psiquiatría.

Me he tomado un descanso de las tareas (la solución de las funciones inversas),


para llamar a Posh por ayuda. Se lo pediría a Hank, pero está afuera con una
llamada de emergencia de Andrea y, de todos modos, no estoy de humor para otra
"inspiración" metafórica. “Es como convertirse en un delincuente juvenil, Delaney.
No te puedes lanzar directamente a robar tiendas de conveniencia. Hay que
empezar con pequeños hurtos y luego pasar a destrozar el gimnasio de la
escuela…"

—¡Oh Dios mío, Delaney! Acabo de descargar este "sistema profesional de


finalización del proyecto”, desde [Link]. Voy a usarlo para
construir una estación de televisión en el garaje. Su función es determinar qué
resultado deseas y luego trabajar hacia atrás. Como un organigrama inverso.

40
En español en el original.
—El resultado que quiero es conseguir este estúpido Cadie-y-Flynn-juntos-para-
siempre, trabajo hecho, terminado y luego volver a casa. Además de seguir con mi
vida.

—Eso es como cinco pasos, creo, pero bueno, anótalas. Ahora avanza un paso atrás
desde la primera que dijiste.

Esto parece una pérdida de tiempo, pero Posh me obliga a retroceder en la lista de
todos mis “requisitos meta": antes de que Cadie y Flynn se enamoren, tienen que
salir; antes de salir, Flynn tiene que pedírselo a Cadie.

—Y antes de eso... —Posh me espera para llenar el espacio en blanco.

—¿Tiene que tener un trasplante de personalidad? —Esto parece ser demasiado


grande que manipular el movimiento de los átomos a nivel nuclear. Incluso para
todos los poderes del HM.

—No. Tienen que hablar.

Tiene razón. Yo no había pensado en eso. Sobre la base de lo que he observado,


Flynn y Cadie medio han intercambiado tal vez cinco palabras por semana,
contando cuando tenemos laboratorio de química.

Me siento mejor. Menos asustada y molesta. Esto es algo que puedo hacer. La
creación de situaciones en las que Flynn y Cadie tienen que hablar es mucho más
adecuada para mí que soy una aficionada pre-principiante en las habilidades del
HM, "No puedo tocar todavía en el Carnegie Hall41". Es una de las metáforas de
Hank sin la metáfora: tengo que empezar por el principio, porque es la única
manera de terminar al final.

***

Mi primera oportunidad de poner en movimiento la “Operación Deseo Concedido


Hacia Atrás” llega el día siguiente, cuando me dirijo por el pasillo tras el segundo
período. Cadie lleva una pila de sus carpetas decoradas de flores con códigos de
color y Flynn viene en sentido contrario. Me agacho detrás de una fila de casilleros,
cambio mi mochila alrededor para que pueda abrirla y agarrar un lápiz. Actúo
como si estuviera escribiendo una nota en la mano en caso de que alguien esté
mirando, pero realmente apunto con él hacia Cadie.

41
Carnegie Hall: es una sala de conciertos en Manhattan, Nueva York.
Hago un movimiento espasmódico pequeño con la pluma y todas sus carpetas
caen, derramando papeles por todas partes, y en el momento exacto Flynn pasa.
¡Perfecta sincronización! Está bien, así que solo iba para una carpeta, pero esto es
mejor, ya que va a tomar más tiempo para que Flynn ayude a Cadie a recogerlo
todo, lo que significa más tiempo para conocerse.

Pero, ¿Flynn se apresurará al lado de su gran amor para ayudarla? No, no lo hace.
¿La felicita por su inteligente uso de material de oficina? No. Solo mira hacia abajo
en el desorden, como un inútil espectador boquiabierto de un auto accidentado.
Mientras que unos cuarenta chicos, posibles aspirantes a esclavos del amor, se
lazan a rescatar a la damisela en apuros.

No hay problema. Esto solo fue mi primer intento. Tal vez Flynn no quería competir
con los demás miembros de la tripulación "Amo a Cadie". La próxima vez, voy a
esperar hasta que no haya tanta gente alrededor.

Mientras tanto, decido trabajar en afilar mis habilidades tratando de hacer algunos
pequeños deseos. Al principio, solo logro identificar unos mini deseos durante un
período de clase: un borrador que se cae, el cual levanto de nuevo hacia la mesa;
un pasador flojo, resbalando, que yo empujo a su sitio. (Bueno, el borrador golpea
al chico en la cabeza y el pasador se eleva hasta hacerse un globo en el pelo de la
chica, como si hubiera una pelota de tenis debajo de ella, pero la intención es lo
que cuenta. Creo).

No siempre acierto y sé cuándo me equivoco porque no pasa nada. Pero a lo largo


de los próximos días empiezo a ver más. Y más. Una vez que realmente empiezo a
estudiar a la gente, los noto. Dejan de ser un revoltijo sin forma, intercambiables
estudiantes felices y uno por uno entran en mi enfoque. Me doy cuenta de que
todo el mundo tiene algo que necesita, quiere o desea. La vida de nadie es
completamente perfecta, incluso si se ve de esa manera.

También empiezo a aprender sus nombres.

La animadora pelirroja roba lápices de literatura británica es Peri. Los snobs


franceses son Hunter y Kaitlynn. Además, incluso ahora puedo contar a las trillizas
Hello Kitty. Elly es una hermética tecno-geek cuyos deseos suelen implicar una
mayor velocidad de descarga para cualquier dispositivo en el que esté. Hallie es un
poco TOC42 y se emociona cada vez que puede encontrar el cambio exacto en su

42
TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo): es un trastorno de ansiedad (como la agorafobia y la
fobia social) caracterizado por pensamientos intrusivos, recurrentes y persistentes, que producen
inquietud, aprensión, temor o preocupación, y conductas repetitivas, denominadas compulsiones
dirigidas a reducir la ansiedad asociada.
mochila para pagar el almuerzo (que, como es lógico, suele ocurrir cada vez que
estoy en la fila detrás de ella). Polly es la mejor vendedora en el equipo del anuario,
pero está totalmente distraída y siempre está apareciendo en la escuela sin un
pendiente, o lo era, hasta que llegué yo.

Cuanto más conjeturo, mejor puedo llegar a él. Puedo entender lo que la gente
quiere sin tener que mirarlos tan obviamente. Pronto, casi parece como si primero
supiera y luego lo veo.

Nunca en ocho mil años bajo amenaza de tortura o privación electrónica (es lo
mismo), lo admitiría en voz alta, pero Hank tenía razón. Es como levantar pesas.
Con cada deseo que concedo mi magia se hace más fuerte. No tengo que
esforzarme tanto. Con el tiempo casi no tienes que probar nada. Ahora puedo
mover objetos más rápido, es como si hubieran desaparecido de un lugar y de
repente aparecieron en otro. Cuando por fin consiga eso, la varita va a estar
totalmente cargada.

Si alguna vez puedo conseguir que Flynn coopere.

Cuando venga mi próxima oportunidad para "Completar el Proyecto: Flynn" estaré


lista. Estoy patinando más allá del estacionamiento después de la escuela cuando
veo a Flynn haciendo malabares con sus cámaras mientras recupera las llaves de
uno de los dos mil bolsillos de su chaqueta militar. Detrás de él, Cadie y Mia hacen
su rutinaria charla con esa chillona risilla, en el camino hacia el auto de Cadie.

Doy una vuelta con mis patines y trazo con un bolígrafo de gel púrpura, sacado
desde la funda que pegué en el exterior de la bota izquierda.

Mi objetivo es el bolígrafo de gel en dirección a Cadie; las llaves del auto de ella
desaparecen de su mano y aparecen en la tierra delante de Flynn un cuarto de
segundo después.

Cadie se inclina y revisa la grava a sus pies. Unos pocos autos de distancia, Flynn
agarra las llaves, pero en lugar de entregárselas a Cadie, mira confundido
alrededor, como si las llaves aparecieran de la nada. (Se hicieron aparecer de la
nada, pero eso no viene al caso). Trato de usar el lápiz para mover a Flynn, pero no
parece funcionar en la gente. Esto es definitivamente una falla en el concepto del
tema.

Por último, Mia mira a Flynn y reconoce la cadena de margarita de las llaves de
Cadie. Ella desfila como si fuera su propia pequeña animadora, le arrebata las
llaves a Flynn con una mirada y luego se las devuelve a Cadie.
Unos minutos más tarde, como Cadie y Mia ya no están junto a él, fuera del terreno
y fuera de su alcance, Flynn permanece junto a la puerta de su auto, aún en trance,
con la mano todavía abierta, aferrándose a nada, pero perdió la oportunidad.
Patético.

***

Uno podría pensar que se lograría hacer que algo pasara en Química I. ¡Es química!
Los elementos se combinan y hay una reacción. A menos que un elemento sea
inerte.

Durante el laboratorio, me siento de vuelta en el mostrador, anotando cálculos


mientras Flynn titula un líquido ámbar de aspecto desagradable. Las gafas de
seguridad lo hacen ver como un científico de dibujos animados súper junior geek,
lo cual no es una ventaja, y Cadie es la única interesada en reacciones de
desplazamiento dobles. Por una vez, parece más centrada en hacer el experimento
que debatir las opciones de tatuajes del tobillo con Mia o reírse sobre otra
animadora y su última sesión de besuqueo con la estrella de baloncesto de la
escuela.

El señor McElroy pasea delante de nuestra mesa. Él también tiene gafas, con una
bata: “El Hobbit”.

—Señorita Collins. ¿Por favor? —Agita una pipeta en mis botas. Me alejo,
retirándome del mostrador. Balancea de nuevo la varita de cristal alrededor, como
un bastón de mando—. Tú también.

Salto, y entonces yo, casualmente, apunto el lápiz hacia la mesa de Mia y Cadie. Su
folleto de laboratorio desaparece. Lo siento en mi mano antes de verlo y lo meto
rápidamente detrás de mí mochila. Logrado el desplazamiento. Ahora por la
reacción.

Cadie agarra el folleto, pero sus palmas caen sobre un mostrador vacío. Ella mira
alrededor, en el suelo, bajo sus pies, a Mia, esta se encoge de hombros y empieza a
mirar también.

Cadie ondea su mano hacia Flynn.

—Oye, Flynn. ¿Me prestas tu folleto?

Flynn está tan atrapado en el conteo de gotas de color naranja, que parece no
oírla.
—¡Flynn! —Chasqueo mis dedos delante de su cara.

Sacude su cabeza hacia mí, sus ojos están súper anchos y desorbitados con
irritación, como los de dibujos animados. Me reiría si no estuviese tan molesta.

—Me has hecho perder la cuenta. Ahora tenemos que empezar de nuevo.

—Cadie te hizo una pregunta.

Sus ojos se estrecharon en amplias rendijas.

—¿Eh?

—¿Necesito tu folleto por un segundo? —La voz de Cadie sale un poco chillona y
puedo decir que ella tiene miedo de que encendió accidentalmente algún fusible a
quema ropa.

Fuerzo una sonrisa para que sepa que todo está totalmente tranquilo y bien.

—No hay problema. —Recojo nuestro folleto y le doy una palmada a la mano de
Flynn.

Cadie se acerca y se lo lleva.

—Gracias —dice—, ¡te lo traeré de vuelta! —Pero me dice esto a mí, no a Flynn.

Misión: imposible.

Saco el material robado, lo arrugo y, levantándolo, se lo lanzo a Flynn en la cabeza.

—¡Oye! —Protesta. Agarra la bola de papel, lo endereza, mira fijamente y luego


observa a Cadie, quien ahora consulta nuestro folleto.

Parece a punto de decir algo a Cadie, y yo quiero que lo haga, que por fin hable,
pero no dice nada. En su lugar, niega con la cabeza, se encoge de hombros y
vuelve al trabajo.

¿Cuán difícil es iniciar una conversación? Quiero gritarle. Quiero decir, vamos,
¿tengo que escribirlo para ti?

Fue entonces cuando salió mi idea.

***
—Oye eh, hola. ¿Te sientas con nosotros? —Flynn sostiene su bandeja del
almuerzo y me mira como si no estuviera seguro de si debía estar feliz o
preocupado.

—Solo si tienes espacio. —Echo un vistazo a las otras sillas, que están todas vacías.

—Eh, sí… bien. Seguro.

Flynn se desliza delante de mí y mira alrededor por sus amigos.

Ellos no van a venir, por lo menos no en corto plazo. Les envíe mensajes a Brendan,
Skids y a las tres felinas antes del almuerzo, les dije que Flynn quería reunirse con
nosotros en la sala del anuario porque había una huelga en la imprenta. Y
teníamos que decidir, antes de la una, si apoyar la huelga, e ir todos en línea, o ser
cerdos capitalistas y encontrar una nueva imprenta.

Estamos estudiando el movimiento sindical australiano en historia del mundo, así


que eso fue lo que me dio una idea. Para el momento en que Shaggy, el hombre
patineta, y el resto del grupo se hicieran una idea de que Flynn no tenía ningún
show, mi plan habría sido puesto en marcha.

Flynn reorganizó la lechuga y el tomate de su Fontina panini43, mientras yo comía


mi enchilada de pera y brie44, y seguía mirando. En realidad estoy comenzando a
tolerar la comida de aquí. Esta vez ni siquiera le arranqué las flores de lavanda.

—Así que… ¿cómo fue que te iniciaste en la cosa del recluta?

Volteé mi mirada de la puerta hacia Flynn. ¿La cosa del recluta?

—¿Cómo fue que te iniciaste en la cosa de la cámara?

Él no alcanza a ver completamente el sarcasmo y asume que la pregunta


significaba que estaba interesada.

—Cuando tenía cuatro, mi abuelo Bud me dio una de esas pequeñas Instamatics45
que imprimen las fotos y tomaba fotografías de todo. Me gustaban mucho los
insectos. Mariquitas, ciempiés, arañas. Yo era como el fotógrafo entomólogo más
joven del mundo. Apuesto a que no sabías que eso era una cosa real.

43
Fontina panini: sándwich de queso de vaca italiana.
44
Enchilada de pera y Brie: tortilla de maíz con queso brie.
45
Instamatic: era una serie de cámaras baratas, de fácil carga, hechas por la Kodak que comenzaron
en a salir 1963.
Flynn me distrajo con la recitación de su ensayo personal y casi me pierdo a la
señorita Cadie emergiendo en el patio. Afortunadamente ella me vio y saludó.
Incluso más afortunado, ella estaba libre de Mia.

—…luego comencé a guardar mi subsidio así podría…

—Quédate detrás de mí —susurré y saludé a Cadie para que se nos uniera.

Flynn miró sobre su hombro para ver a quién estaba saludando, luego volteó su
cabeza hacia mí, tan rápido, que esperé que diera una vuelta completa de
trescientos sesenta grados. Esa sería una sesión de foto con errores.

—¿Qué estás…

Cadie tomó la silla junto a la mía y Flynn pareció olvidar el resto de la pregunta.
Ella sostenía la nota que deslicé en su casillero.

—Creo que esta es una gran idea —le dijo a Flynn.

—¿Qué es? —preguntó él, mirando de un lado al otro entre nosotras.

Saqué la lista original de mi bolso y se la entregué a Flynn. La había escrito en


trigonometría y luego metí una copia en el casillero de Cadie antes del quinto
período.

—Disculpa —dije—, olvidé darte esto.

Traté al máximo de imitar el estilo jovial de Cadie.

Flynn tuvo el ceño fruncido como un anciano, con las líneas entre sus ojos
apretándose mientras miraba el papel.

—¿Qué es esto?

—Tu lista de preguntas.

Le di una mirada que decía: sígueme la corriente, pero no lograba penetrar su débil
cerebro de chico.

—¿Lista de preguntas para qué?

—Tú sabes. Las preguntas. Para los perfiles del anuario que estás haciendo.

Ensanché los ojos e incliné la cabeza hacia Cadie. Realmente no podía ser más
obvia. En cualquier minuto Cadie lo iba a captar.
No le había dicho a Flynn acerca de la lista antes de que Cadie llegara, ya que sabía
que iba a tratar de detenerme. Una vez que el juego estaba en movimiento, me
imaginé que él tendría que llevarlo a cabo, pero ciertamente no tuve en cuenta la
inferior función mental de este género.

—Recuerdas —le dije mientras seguía mirándome, totalmente estúpido—. Lo


hablamos ayer. Elegir a unas pocas personas al azar y entrevistarlas —golpeé la
lista.

—No tengo idea de lo que estás hablando.

Cadie miró entre nosotros y luego se puso de pie.

—Voy a dejarlos para que lo resuelvan. ¡Qué tengan un lindo almuerzo! —Nos dio
un pequeño “adiós” mientras se movía hacia la mesa de las animadoras.

Negué con la cabeza hacia Flynn.

—¿Qué fue eso?

Él seguía mirando con el ceño fruncido el cuestionario.

—Esto debe haber estado en uno de los antiguos archivos del anuario porque yo
nunca he…

—Olvídate de eso. Yo lo inventé. Era una historia encubierta. Una manera sencilla
de llegar a conocer a Cadie. —Empujeé el papel más cerca de él—. Te lo entrego
directamente ¿Y qué es lo que tú haces? Te quedas en blanco.

Flynn sacudió su cabeza.

—Tú no estás todavía con esto, ¿cierto? Te dije…

—Todavía estoy en ello porque aún te gusta Cadie.

Sabía esto porque mi enchilada había pasado de girar y dar vueltas en mi


estómago a hacer volteretas desde que Cadie se aproximó a nuestra mesa.

Recogí el cuestionario y luego lo sacudí enfrente de Flynn.

—Aquí está, todo lo que necesitas. Preguntas acerca de lo que le gusta, lo que no y
a donde sale. Así que puedes hablar con ella. Ese es tu problema ¿cierto? Que no
sabes qué decir.
Esto era una suposición, pero yo sabía que estaba en lo correcto, especialmente
cuando toda la sangre se drenó de su rostro.

—¿Estás, como, leyendo mi mente?

—No exactamente, te lo dije, tengo estas habilidades…

Flynn, de repente alarmado, se puso de pie y buscó en la multitud del almuerzo.

—¿Qué fue lo que hiciste con Brendan y esos chicos?

—Les puse cloroformo y los encerré en el closet del conserje. —Los ojos de Flynn y
su boca se abrieron con gran horror. Realmente me creía—. Tienes noventa
segundos antes de que la bomba apestosa explote —dije—. Aquí tienes una pista:
Coronel Mostaza en el cuarto de dibujo con llave.

Flynn dejó caer la expresión horrorizada y la reemplazó por una irritada.

—Tú sabes, Delaney, esta extraña manera de… de ser, en la que te has estado
comportando. Yo en realidad creo que es genial. Realmente. Es por eso que estaba
contento de que te unieras al anuario. Pero esto… esto es demasiada actuación de
arte bizarro en el teatro de la crueldad de Nueva York.

—Yo soy de Nueva Jersey.

—Eso no es lo que quería decir. Es… solo detén esto, ¿estamos? No quiero que me
arregles con nadie. —Recogió su bandeja—. Y no te quiero en mi cabeza.

Mientras Flynn se alejaba, el revoltijo en mi estómago se incrementó a la velocidad


de una batidora y pensé que el sentimiento era mutuo.

***

Tiré mi almuerzo porque no había manera de que pudiera comer nada más de esto
y no devolverlo. Encontré un triángulo de sombra cerca de las escaleras de entrada
de la escuela y gasté los últimos minutos del período del almuerzo ahí, sola. Le
envíe un texto a Posh para contarle sobre mi Proyecto Masacre final. Ella estaba tan
emocionada de ser aceptada en vacaciones de verano en un curso de astronomía
en Princeton para “Jóvenes Genios” (la idea de vacaciones de Posh: más escuela).
Las nueve décimas de su respuesta era divagar sobre algún estudio del conteo de
cuásar46 que ellos iban a estar haciendo, y una décima de la otra parte…

46
Cuásar: es una fuente astronómica de energía electromagnética, que incluye radiofrecuencias y
luz visible.
—¡¡¡Sigue intentándolo!!!

Qué útil.

—¡Aquí estás!

Levanté la vista y vi a Cadie a mi lado. Protegiéndose los ojos con una mano. En su
otra mano había un montón de papeles plegados.

—Lo terminé —dijo y sostuvo la pila hacia mí. La tomé y desplegué la primera hoja.

Era el cuestionario, lleno. La letra de Cadie es exactamente como yo esperaba,


grande, sinuosa y nítida, con círculos felices punteando sus “i”.

—Esta era tu idea, ¿cierto? Solo estabas tratando de que Flynn lo hiciera.

—Eh, claro. Algo así.

—Bueno, creo que tú solo deberías hacerlo —dijo esto con su voz motivacional
más optimista y las manos en la cadera, casi esperaba que ella estallara en una
porra. (Dame una “H”, dame una “A”, dame una “¡Z-L-O!”)—. Puse a todo el
escuadrón a hacerlo en el almuerzo. —Eché un vistazo a los otros papeles, una
colección de hojas de cuaderno arrancadas con solo las respuestas escritas en
ellas—. Es una buena manera de saber acerca de las personas —dijo—. Todo el
mundo tiene algo oculto en lo profundo.

Yo medio dudaba en encontrar algún secreto profundo en el equipo de


animadoras, pero lo que sea.

—Gracias —dije.

Después de que se fue, guardé las hojas extra en mi mochila, porque la de Cadie
era la única que necesitaba. La leí. Tenía algunas bandas de bajo radar en la
sección de su lista de canciones favoritas y escribió una lista de como diez libros
que leyó en el último mes, de los que solo puedes comprar en la tienda de
comestibles. Al menos hizo esto, de modo que habría tenido “algunos secretos
ocultos”. Allí, probablemente, había más de ella de lo que pensé. De cualquier
modo, no es que eso me importe a mí. Lo importante era que estaba de vuelta en
la pista.

En el anuario, Flynn distribuía las asignaciones para las vacaciones de primavera.


Tenía toda mi atención mientras mentalmente estaba en multitarea, dando vueltas
por todos los diferentes escenarios donde engañar a Flynn para encontrar el
momento ideal e iniciar contacto entre él y Cadie.
—… y Delaney. —Me miraba directamente. ¿Por cuánto tiempo había estado
pasando eso?—. ¿Está bien? —preguntó.

Uh-oh, me encogí de hombros y si él tomaba esto como: Seguro, en lugar de: No


tengo idea de lo que acabas de decir, ese era su problema. Después le enviaría un
correo a Hallie, Elly o Polie y averiguaría de qué me perdí.

Ya había guardado mis cosas y estaba lista para irme cuando la campana sonó.

—Felices Pascuas, Pascua judía, vacaciones de verano, lo que sea —dije mientras
corría hacia la puerta. Las del grupo dijeron adiós.

—Las veo después —dijo Flynn.

Si, él lo haría. O más bien, él me vería pronto.

Me dirigí hacia el círculo de autobuses, donde los niños que no tienen ruedas, ya
sea de tracción humana o de combustibles fósiles, están dando vueltas. Cuando
Flynn venía, patiné hacia el frente del círculo de autobuses y le hice señas al primer
autobús, el cual ya estaba en movimiento.

A medida que salía de la calle, grité: —Oiga, espere. —Pero no demasiado alto.
Solo lo suficiente para que Flynn escuchara—. ¡No puedo creer que perdiera el bus!
—dije hacia el aire—. Necesito encontrarme con mi papá a las tres y treinta.

—Qué lata —dijo, pero siguió caminando hacia su auto.

Me moví detrás de él y le golpeé el brazo.

—¡Oye! —dije, como si se me acabara de ocurrir la más brillante idea—. Tú tienes


un auto, ¿verdad?

Flynn me miró como si esa fuera una pregunta capciosa. La cual es.

—Uh, sí, pero…

—¡Eso es genial! ¡Muchas gracias!

Él estaba ya desbloqueando las puertas, así que me acerqué alrededor de la puerta


del pasajero y me metí rápidamente dentro antes de que dijera algo más.

El interior del auto era un desastre. Cámaras y equipos estaban por todas partes.
Fotos ensuciaban el piso.

Él abrió la puerta y se metió.


—¿Así que?

—¿Así que, qué?

—¿Dónde tienes que verte con tu papá?

—No recuerdo la dirección exacta —dije, aunque sabía exactamente a dónde


íbamos—. Ve por Magnolia. Te diré cuando lo vea.

Se encogió de hombros y prendió el auto. Mientras nos dirigíamos fuera del


estacionamiento, me desplacé alrededor de las fotos desechadas por Flynn con mi
pie. No eran fotos del anuario o de Brendan, el hombre patineta. En cambio eran
retratos borrosos de personas caminando en el parque y fotos desenfocadas de
grafitis cubriendo las paredes. Me recordaron a las cosas que se ven en los museos,
que son tan extrañas.

—Secretos ocultos —murmuré para mí misma.

—¿Eh?

—Nada.

Recogí una de las fotos de debajo de mi bota. Era una arrugada, cubierta por la
presencia de una feria callejera. A un lado, una pequeña niña sostenía las cuerdas
de varios globos mirando hacia la cámara. El fondo era de colores metálicos
lavados, pero los globos era vivos, de naranja y rojo, tan brillantes que era casi
cegador. La pequeña niña aparecía en tonos sepia, pero aún había un poco de
color en ella, en su cara y vestido, como si los globos se reflejaran en ella.

A pesar de mí misma, estaba impresionada. Extendí la foto.

—Tomaste esto, ¿cierto?

Flynn se encogió de hombros.

—No tienes mucho respeto por tu trabajo, ¿o sí?

—Esa es solo una copia. Estaba experimentando con el contraste en el revelado.

—Y luego usas los restos como aislante. Como reutilizar tu reciclaje.

Tiré la foto de vuelta al piso.

Dimos vuelta en Magnolia, donde están todos los restaurantes y tiendas. Si el gran
centro comercial es el estudio de película de una villa europea, este es el escenario
de una comedia en la calle principal de una pequeña ciudad. Las aceras son de un
brillante color gris, sin una goma de mascar aplastada o alguna colilla de cigarrillo.
Todas las tiendas tienen letreros muy lindos hechos a mano sobre sus puertas y
animados anuncios en sus ventanas.

Veo más adelante un toldo rojo con una humeante taza de café dibujado en él.

—¡Ese es!

Flynn se detiene en un estacionamiento, salgo del auto y él me da una medio


despedida mientras caminaba hacia su lado.

—Bueno, supongo que te veré después…

—Déjame comprarte una taza de café como agradecimiento —digo, y abro su


puerta

—¿Pensé que tenías que encontrarte con tu papá?

—Él acaba de enviarme un mensaje, llegará unos minutos tarde.

—No te vi leyendo ningún mensaje. —Flynn me mira sospechosamente, pero


apaga el motor.

—Vamos, un latte es lo menos que puedo hacer. Incluso puede ser uno de
caramelo. A menos que seas un chico más de menta.

Flynn sonríe. Ya lo tengo. Doy un tirón de su brazo, pero no tan duro, porque este
trato ya está hecho.

Una vez dentro del café, me pongo al frente de él para explorar el lugar.

—¿Qué haces? —pregunta Flynn.

B-I-N-G-O. Ahí está ella, haciendo fila para ordenar. Me volteo y le doy a Flynn mi
mejor sonrisa de sorpresa.

—¡Mira quién está aquí! Es Cadie Perez ¡que coincidencia tan asombrosa!

Flynn comienza a retroceder hacia la puerta.

—Oh, no. No…

Evito que salga y sostengo el cuestionario de Cadie.

Él me mira confundido.
—Espera, eso es…

—Son las respuestas de Cadie al cuestionario del anuario.

—No hay cuestionario para el anuario. Eso lo inventaste.

—Lo que sea. ¿A quién le importa? Mira. —Señalo el papel—. Esta cafetería es uno
de sus lugares preferidos, aquí está su bebida favorita, todo lo que tienes que
hacer es ordenar esto. Luego la saludas y dices alguna línea sobre los Yokels. —
Señalo otro punto—. Es su banda favorita.

Los ojos de Flynn se agrandan con sorpresa.

—¿En serio? ¡Me encantan!

—Ves cuánto tienen en común. —Le entrego el papel, forzándolo a que lo agarre.

—Supongo. —Lee mi cuestionario—. Sabes, estas son excelentes preguntas, en


realidad deberíamos hacer esto para el anuario. Podríamos tomar unas cuantas
respuestas y usar los títulos para la foto de la cla…

—¿Puedes dejar de pensar en el anuario durante un segundo?

Flynn frunce el ceño.

—Simplemente no voy a ir hasta ella y comenzar a hablarle.

—¿Por qué no?

—Porque pensará que soy raro. Creerá que intento coquetear con ella.

—Estás intentando coquetear con ella.

—No, no lo intento, vine aquí porque tú me invitaste.

—Irrelevante. —Golpeo el cuestionario con mis dedos—. Ella contestó estas


preguntas porque cree que son para un anuario. Lo que significa que cree que son
para ti, esto quiere decir que ella quería que supieras estas cosas. —Flynn piensa
sobre eso—. Solo has lo que te digo, funcionará. Confía en mí.

—¿Y si no funciona?

—Eres libre de irte, no lo mencionaré de nuevo.

—Y si no lo hago, no me dejarás en paz.

—Exacto, finalmente lo estás entendiendo.


Flynn más o menos sonríe, pero vuelve a ponerse serio.

—¿En serio crees que Cadie y… yo?

Estudia mi rostro como si fuera a encontrar la respuesta allí y no en lo que digo.

—Estoy segura. —Intento que mi expresión sea tan sincera como puedo, lo cual es
un esfuerzo, ya que la falta de sinceridad viene a mí naturalmente—. Y si la invitas
a hacer algo de cosas-que-me-gustan-hacer-los-fines-de-semana, ella dirá que sí.

Eso espero.

Flynn mira hacia Cadie, quien está terminando de pagar la cuenta, ella se hace a un
lado y espera su bebida; yo le doy un empujón a él.

—Ve a ordenar, antes de que la fila se haga más larga.

—Bien, bien si eso hace que dejes de molestar. —Flynn respira profundamente y
camina resignado, como si fuera un hombre condenado.

Mientras Flynn espera para ordenar, agarro un palito de madera del soporte de los
condimentos y me escondo detrás de una exhibición de mercancías para mantener
un ojo en el asunto, buscando la oportunidad para ayudar.

El barista dice la orden de Cadie y la pone sobre el mostrador. Si ella la agarra y se


va antes de ver a Flynn o antes de que Flynn tenga el valor de decir algo, todo este
viaje habrá sido para nada. Es una tragedia tirar a la basura una buena bebida de
diseñador, pero hay que hacer sacrificios en nombre del amor y la adquisición de la
varita.

Tomo el palito de los condimentos y señalo la taza, va a ser lo suficientemente


lento para que nadie lo note, pero lo suficientemente rápido para que Cadie no lo
alcance a tomar. Casi ni muevo mi muñeca y, en un microcentímetro a la vez, el
vaso se desliza al final del mostrador. Entonces, en el momento que Cadie alcanza
la taza, esta se cae.

Cadie se aleja dejando que golpee el piso.

¡SPLAT!

Flynn observa con la boca abierta, más impresionado por la caída de la taza que
estar a cierta distancia del amor de su vida.
Sé que aquí voy a ir hacia la gran meta (varita mágica profesional y la dominación
del mundo), pero realmente estoy comenzando a disfrutar las pequeñas cosas. Es
como hacer bromas prácticas, pero con un propósito.

El barista se disculpa con Cadie por dejar la taza cerca de la orilla y le dice que le
dará otro. En agradecimiento, Cadie sonríe con su usual sonrisa de
encaprichamiento y se hace a un lado para esperar.

Flynn finalmente levanta su rostro del piso, en el cual otro trabajador de la


cafetería está limpiando, y Cadie se engancha con su mirada. Ella da un
encogimiento de hombros con fingida desesperación y él fuerza una sonrisa. Eso
es bueno, al menos ya han hecho contacto.

—Siguiente —Flynn aún mira a Cadie—. ¡Siguiente en la línea!

El cajero grita más fuerte, el tipo tras Flynn le da golpecitos en el hombro,


rompiendo el hechizo.

Flynn camina hacia el mostrador.

—Quiero un té verde con leche de... ¡soja! —Prácticamente grita esto, pero es
mejor que el murmullo, porque Cadie le oye.

—¡Oye! —ella lo llama—. ¡Eso es lo que llevo!

Flynn levanta sus manos y amplía sus ojos, en el peor trabajo de actuación que he
visto nunca.

—De ninguna manera. ¿De verdad?

Es algo bueno que él tenga el anuario, porque nunca lo lograría con el club de
teatro. Paga y se une a Cadie para esperar su bebida. Se sonríen torpemente el uno
al otro.

—El té verde es realmente bueno para ti —dice él al final.

—¡Lo sé! —replica Cadie entusiasmadamente, como si ahora se unieran para este
fortuito consejo de salud.

—La soja también —dice Flynn.

Cadie asiente. Flynn asiente de vuelta, demasiadas veces. El torpe silencio


desciende y los ojos de Flynn consiguen esa mirada aterrada de he-perdido-la-
capacidad-para-hablar-coherentemente. Afortunadamente, su HM está aquí para
ayudar.
Apunto a un iPod en una estación de conexión contra la pared y me deslizo más
cerca, sin dejar que Cadie me vea. Haciendo girar el palito en la dirección de la
rueda del iPod, soy capaz de pasar a través de la lista de música hasta que
encuentro una canción que funcionará. Entonces uso el palito para golpear un
paquete de azúcar en el botón del play y voilà. Le succès47.

Cuando la canción comienza Flynn sonríe y esta vez su mirada sorprendida es


creíble porque es real.

—Starless night —dice él para sí mismo.

Cadie también parece sorprendida.

—¡The Yokels! Los adoro.

—Los vi en agosto en el Estadio Williams.

—¡De ninguna manera! —dice Cadie—. ¡Estuve allí!

—¿Qué noche? —pregunta Flynn.

—Me da vergüenza decirlo. —Ella sonríe tímidamente.

—¿Por qué?

—Mia y yo fuimos a los cuatro espectáculos.

—Yo habría hecho lo mismo, si no hubieran estado agotadas.

Ellos intercambian una mirada, una real. Misión: casi conseguida. De repente, soy
apuñalada con una punzada, especialmente afilada, del mareante dolor del HM,
peor que el deseo habitual, probablemente porque Flynn está tan cerca del objeto
de deseo. Me recuerdo que la varita está prácticamente en mis manos y me siento
un poco mejor.

El camarero deja las bebidas de Flynn y Cadie, y dice sus nombres.

—Vale, bueno, encantada de verte —dice Cadie, y entonces sucede.

Flynn empieza a desanimarse, como un agujereado muñeco inflable de Santa en el


césped, el valor se fuga de él. Antes de que Cadie pueda notar la inminente
autodestrucción de Flynn, tiro el palito hacia su taza, pero en mi apuro, olvido
tener cuidado y en su lugar cae otra vez, saliendo de su mano, a través de la sala.

47
Le succès: éxito en francés.
Oh no...

Me muerdo el labio cuando los clientes gritan y lo esquivan. Un chico súper


bronceado en pantalones cortos es lento en la comprensión y la taza se dirige
justo hacia él, un misil HM busca-surfista. Él lo ve un segundo antes de que le
golpee y se lanza hacia un lado, estilo acción heroica. La taza golpea en la pared,
salpicando el espumoso líquido verde sobre él. Es el grito de la mujer del
estacionamiento el que termina con todo otra vez. Quizás sea mejor que deje de
molestarme en mover los líquidos hasta que esté en plena potencia.

El camarero mira a Cadie sospechosamente.

—Yo no lo hice, ¡lo juro! —insiste ella—. Es como si estuviera vivo o algo.

La chica que había limpiado el otro café con leche mira a Cadie y, enojada, sale
caminando para conseguir nuevamente un trapo.

Flynn levanta su bebida hacia Cadie.

—Aquí, toma la mía —dice. Cadie sacude su cabeza y dice que no, pero Flynn la
presiona en ella—. Vamos. Es mi bebida favorita, pero tan pronto como la pedí se
me antojó un moca de caramelo.

—Está bien. Si estás seguro. Gracias. —Cadie toma la bebida y sonríe con gratitud.

Buena salvación, Flynn. Estoy impresionada.

Pero mi respeto no dura porque un segundo después Flynn se vuelve rana. La


torpeza vuelve a descender como una cortina pesada. Creo. Puedo sentir que Flynn
francamente está inspirado por algo más para decir. Su sonrisa aumenta
espeluznantemente grande cuando el terror se desliza hacia sus ojos.

La sonrisa de Cadie flaquea.

—Bueno, tengo que irme —dice ella.

La sonrisa de Flynn cae.

—Oh, Cierto. Seguro.

Cadie le agradece otra vez por el té con leche y va despacio hacia la salida. No
puedo pensar en algo más que pueda hacer, desde que tirar la bebida de Cadie
una tercera vez de sus manos sería malgastar mucho té con leche. La dejo
desaparecer por la puerta.
Esto es seriamente frustrante. Corro hacia Flynn.

—¿Qué ocurrió? Se estaban llevando totalmente bien. Yokels, té verde con leche,
¡Era perfecto! —Prácticamente puedes ver el pompón en mis manos, con ese “¡ra-
ra!”—. ¿Por qué no le pediste salir?

—¿Le has pedido salir a alguien?

—¿Qué tiene que ver eso con esto?

Flynn sacude su cabeza y me empuja hacia la puerta.

—No importa.

Lo sigo hacia afuera.

—¿Cuán difícil puede ser cuando sabes la ventaja de que ella diga que sí?

—Ella no está sobre mí, Delaney. Todo el tiempo era como “sacame de aquí” —
Flynn sube a su auto y cierra la puerta.

Me coloco en su ventana.

—Ella no lo estaba. Tú estabas aterrado.

—Tú no estabas allí —Flynn enciende el auto.

—¡Estaba a dos pasos de distancia!

Frunce el ceño hacia su volante.

—Un hombre lo sabe.

—¿Desde cuándo? Ha sido comprobado científicamente que el cerebro de los


chicos es más pesado que el hormigón.

Flynn agarra el volante y se gira hacia mí.

—Lo intenté, ¿está bien? Dijiste que si lo intentaba, lo dejarías. No queremos estar
juntos, ¿de acuerdo? —Aparta la mirada—. Nosotros solo... no. Y estoy bien con
eso —Parece tan triste cuando dice esto, sé que está mintiendo, especialmente
desde que, al mismo tiempo, soy golpeada con otra ola de doloroso deseo—. Te
veré en la escuela después del descanso.

Cuando se aleja conduciendo, consigo esa extraña punzada otra vez, pero es
diferente. Es una mezcla de sentimientos, todos revueltos y confusos. Cuando
intento separarlos, cada uno es como una puñalada. Me siento mal por Flynn. Le he
decepcionado. Lo he jodido empeorando las cosas. Ahora nunca conseguiré la
varita.

Soy la peor HM en el mundo.


Capítulo 9
Traducido por Karou! y SOS por AntoD y yuya

Corregido por MaryJane♥

El Dr. Hank está mirándome con una sonrisa congelada. Si me muevo un poco
hacia un lado, la luz golpea su rostro bidimensional y lo hace ver como si estuviera
haciendo una mueca. Me pregunto cómo se vería con un bigote. Tengo mi
carboncillo conmigo. Es tentador…

—Ni siquiera lo pienses —dice él.

—Demasiado tarde. Vamos, ¿no sientes curiosidad?

—Se supone que deberías estar ayudándome aquí, Delaney.

Estamos en una mesa en el café Los Libros de Brennan, a donde hemos venido
para que Hank se reúna con el gerente de una firma de libros por su última obra
maestra Ponte en forma Antes de que te Golpee. (Realmente es Dale Forma a tus
Metas para el Éxito, pero me gusta más mi versión. Es más pegadiza). La librería
está en el centro del comercial Wonder, doblando la calle. Tiene tres pisos de
altura y el café tiene vista a los compradores de sol-feliz paseando abajo. El
gerente está ocupado haciendo el inventario o descargando un nuevo envío de La
Guía del Idiota para Idiotas o lo que sea, así que Hank le dijo al asistente del
gerente que él estaría firmando algunos de sus viejos libros mientras tanto. Mi
trabajo es pegar una gran calcomanía resplandeciente que dice “Copia
Autografiada”. Aburrido.

Tomo un sorbo de mi helado chai48.

—¿El libro cuesta más si está firmado? —pregunto.

—No.

—¿Hace que alguien lo compre si no fuera de otra manera?

48
Helado Chai: es una bebida nacida en India que significa té de mezcla de especias. Combina el té
con una mezcla de especias y hierbas aromáticas.
—Es un bono adicional. Además, un libro firmado equivale a un libro vendido.
Porque no pueden devolverse a la editorial.

—Ah, así que es como un fraude de escritor. Tú obtienes el dinero, la librería se


queda arruinada.

—Solo si nadie lo compra.

—Discúlpame, oh “Sr. Bestseller de Nueva York”. Todos tus libros se venden.

—Deja de ser un dolor, Delaney, y ponte a trabajar.

Me senté a su lado y continúe pegando calcomanías.

Hank me dejó en paz cuando me pasé el primer día de las vacaciones de primavera
en el sofá frente al televisor con una caja de osos azucarados en mi regazo,
mirando sin interrupción el Canal de Diseño hasta las dos de la mañana. Sin charlas
sobre mi poca productividad. Sin molestarme con “toma un poco de aire fresco” o
“come algo saludable”. Él solo niega con su cabeza a cada hora y dice: —Estoy
aquí.

Como si no lo supiera cuando podía oírlo tecleando locamente en su oficina de al


lado y escuchando el mismo CD de Billy Joel una y otra, y otra, y otra vez.

Sin embargo, sabía a lo que se refería; que él estaba allí si yo necesitaba hablar.
Pero lo que yo necesitaba era tiempo para vaguear. Ni siquiera había llamado o
enviado un mensaje a Posh. Estaba cansada de decirle que yo lo había arruinado
de nuevo. Así que comí cereal e hice algunos bocetos para el anuario y miraba al
televisor cada vez que mencionaban botas o zapatos. Me quedé dormida en el
sofá, los infomerciales de reciclaje de sacos y bolsos, y nanotecnología de
composición mineral se introducían en mis sueños.

Podría haber dormido durante todo el otro día, pero el Dr. Hank, entrenador de la
vida para el mundo, no se lo permitía a nadie. Dejó un plato de huevos revueltos y
un gran ramo de fruta cortada frente a mí la mañana siguiente, y luego anunció
que iríamos al centro comercial.

El desayuno me animó, supongo, porque al momento que estuvimos en el auto


estaba lista para hablar y le informé sobre todo lo que había sucedido con Flynn.

—¿Soy la hada madrina del infierno? —le pregunto ahora—. ¿Garantizándote


hacerte infeliz por siempre?
—No tiene nada que ver contigo, Delaney. Son los clientes quienes tienen el
problema. No quieren enfrentar el hecho de que necesitan cambiarse a sí mismos
antes de poder cambiar sus vidas.

—Pensé que la varita era para eso.

—La magia es un arreglo superficial. Solo altera la superficie y no dura. Las


personas necesitan transformarse desde dentro. Sobre eso escribí en La autoayuda
comienza con USTED. —Hank levanta uno de sus libros firmados y me lo alcanza—.
Mira a Andrea. Tan pronto como se termina el hechizo, ella hace algo para
sabotear su romance con Aaron. Viene con excusas de por qué no lo puede ver. O
cancela las citas en el último minuto. Hasta que Aaron decide que ella no está
interesada después de todo y entonces tenemos que comenzar todo de nuevo.

Hojeo el libro. Hay muchos gráficos y viñetas, y listas de Hazte a ti mismo estas
preguntas. Incluso hay cuestionarios al final de cada capítulo.

—Parece un libro de textos para clase.

—¡Exactamente! Si la gente hiciera su tarea, serían capaces de cumplir sus deseos


ellos mismos. Idealmente, una persona no debería necesitar la magia en absoluto.

—Solo uno de tus libros.

—Bueno… sí. —Hank se encoge de hombros modestamente.

Suspiro y cierro el libro.

—No te desanimes, Delaney. He tenido clientes quienes rechazaron mi ayuda


también. Una vez que tengas más experiencia, se te hará más fácil lidiar con los
casos difíciles.

—Pero, ¿cómo puedo lidiar con éste?

—Tendrás que comenzar de nuevo, trabajar con el cliente, no con el deseo.

—¡Dr. Hank! —Una mujer con el cabello castaño rizado, vestida con voy-a-una-
reunión-importante pantalones negros y una camisa color moca, avanza a
zancadas hacia nosotros. Hank se pone de pie, accidentalmente golpeando la
mesa. Agarro mi chai antes de que se derrame, pero una pila de los libros firmados
cae al suelo.

Hank y la mujer se arrodillan para recoger los libros, sus disculpas anulan una la del
otro. No me molesto en ayudar, ya que parecen estar haciéndolo bien por su
cuenta. Se ríen con torpeza, ya que casi tiran los libros de la mesa otra vez cuando
ambos tratan de dejarlos en el mismo lugar.

—¡De todas formas! —le dice la señorita Mocha a Hank—. ¡Soy Gina! Empecé hace
dos semanas. Yo trabajaba en la sucursal en Costa Harbor. —Considero
preguntarle si existen puertos que no están junto al mar, pero no estoy segura de
que me oiga desde que sus ojos están pegados a Hank, y él asintiendo como si eso
fuera la pieza más fascinante de información que él ha oído hablar en su vida… y,
posiblemente, alguna vida anterior.

—Estoy encantada de que vayas a hacer una firma aquí —exclama Gina—. Tus
libros están entre nuestros más vendidos, aunque estoy segura de que no tengo
que decirte eso.

—Gracias —dice Hank—. Eso es bueno oírlo. —Me reclino y apoyo mis botas en
una silla para ver el espectáculo. Esto es mucho mejor que el canal de Diseño.

—Soy un gran fan. Dejé el Camino Equivocado y Encontré la Ruta a la Felicidad me


ayudó mucho cuando atravesé mi divorcio. —Me pregunto cuánto trabajo hubo en
eso, aunque Gina parece del tipo respuesta-a-cada-pregunta, por lo que
probablemente lo devoró.

Hank le dice que se alegra y asiente con la cabeza y sonríe, y asiente con la cabeza
un poco más. Tomo un gran sorbo ruidoso de mi té y me mira por encima.
Parpadea, como si se le hubiese olvidado que yo estaba allí.

—Oh. Esta es mi hija, Delaney.

—¡Hola! —gorjea Gina, una versión adulta de Cadie. Le hago un frío saludo con la
mano estilo Mia a cambio.

Hank frunce el ceño hacia mis botas.

—Delaney, pon los pies abajo.

—No, espera —dice Gina. Da un paso atrás y estudia la parte inferior. Son mis
botas de demonio. Al igual que las botas de dragón, la cara se talla en la suela,
pero hay llamas a los lados en lugar de un cuerpo—. ¡Estas son magníficas! Nunca
he visto nada igual. —Cuando Hank le dice que las hice, ella exclama un poco más.
Me imagino que está fingiendo para Hank, pero luego me sorprende—. La piel es
tan fina aquí, en la parte superior. Debes haber tenido mucha paciencia o el giro
del cuchillo la hubiera atravesado.
—Sí. —No puedo creer que se diera cuenta de esto—. De hecho corté demasiado
aquí, ¿ves? —Le muestro una pequeña incisión en el extremo de una de las llamas.

—Yo solía comprar cinturones antiguos en tiendas de segunda mano y los


modificaba para mí. Sin embargo, nada tan complicado como esto —dice, tocando
la punta de una de las botas—. Tienes mucho talento.

Me habla sobre un par de nuevos libros de diseño de cuero que ha llegado y


muevo mis botas para que pueda sentarse y escribir los títulos debajo. Parece que
ella podría ser en realidad semi estupenda debajo de la ropa de gerente de librería.
Profundamente más oculta.

Dejo a Hank y Gina discutir la firma y tener un mano a mano, mientras deambulo.
Estaba muy molesta con la idea de que Hank tuviera una novia cuando llegué por
primera vez aquí, pero ahora estoy un poco de acuerdo con esto. Sería diferente si
tuviéramos esta tensión, yéndose para siempre de la relación, como la que tuve
con mamá. Pero no siento como que fuera a perder nada si hubiera una tercera
persona en la mezcla, sobre todo si es alguien que me entiende.

Encuentro el libro que menciona Gina y, aunque uno de ellos es bastante básico, el
otro está lleno de maníacas cosas raras, como el uso de clavos en broches y
pegados en piezas de cerámica rotas y desgarros intencionales en el cuero. Decido
dejar que Hank lo compre para mí, como pago por pegar las calcomanías.

Mientras vago arriba y abajo por los pasillos, echo un vistazo alrededor, a las guías
de cultivo de orquídeas y trillizos, a los gruesos volúmenes sobre la historia del
papel y de la familia real de Gran Bretaña decapitada. Hay un libro para todo, lo
que significa que en algún lugar debe haber un libro que me pueda ayudar con
Flynn.

En la sección de los niños, me parece todo un conjunto de estantes con nada más
que cuentos de hadas. Los libros de dibujos, libros por capítulos y ediciones
ilustradas de colección. Además de una fila entera de cuentos procedentes de
China e India y los demás países del planeta.

Cinco minutos más tarde, estoy sentada en el suelo con los niños pequeños y,
como ellos, tengo una veintena de libros abiertos delante de mí. A diferencia de
los niños, no voy a leer por placer. Estoy estudiando. Lo que he aprendido es que
todos en el mundo tienen su propia versión de la Cenicienta, Tom Thumb y Hansel
y Gretel, pero en vez de hadas madrinas hay aves encantadas, serpientes mágicas y
árboles que lanzan hechizos. Sin embargo, la historia básica es la misma: pobreza,
muchacho de buen corazón o chica heroína; intervención mágica para bien o para
mal; problema, dificultad, contratiempo, obstáculo, reiterado, repetido; todo está
perdido; pero entonces… final feliz.

Es fácil ver que estoy atrapada en el contratiempo, obstáculo, reiterado, repetida


parte de la historia, pero no hay ninguna pista en ninguno de los libros que me
ayude a solucionarlo. La magia está muy por encima de mi nivel y los cuentos de
hadas se sienten demasiado extraños. No porque sean de otros países, sino porque
los lugares, las personas y los tiempos parecen muy irreales y lejanos. A pesar de lo
malo que sucede, los cuentos de hadas siguen todos una fórmula reconfortante,
acabado ordenadamente y bien. No son desordenados y complicados como la vida
real. Nunca terminan con el problema aún sin resolver.

De camino de vuelta a la cafetería, paso por la zona de regalos y descubro una


exhibición de marca páginas de cuero, con playas, aves y un montón de otras
imágenes talladas en ellos. Agarro un puñado para más inspiración. Puedo aspirar
a ser un hada madrina, pero al menos todavía tengo mis botas.

—Hola, Delaney. —Cadie se asoma desde el otro lado del bastidor giratorio—.
¡Qué gran libro! —Asiente con la cabeza hacia el libro de diseño que estoy
sosteniendo y a continuación lanza una mirada hacia mis botas—. ¿Realmente
haces todas esas botas que llevas? —Cuando digo que sí, me hace un montón de
preguntas acerca de cómo lo hago y parece realmente interesada, así que le
explico cómo compro las viejas en tiendas de depósito y tiendas de segunda mano,
y después las rehago.

—Tienes suerte de ser tan creativa. Ojalá pudiera hacer algo así.

—Sí, bueno. Es la única cosa en la que soy buena.

Se da cuenta de que estaba mirando el libro de cocina de magdalenas acunado en


su brazo.

—Es un regalo de cumpleaños —explica—. A una amiga mía le encanta hacerlos.

Trato de imaginar a Mia, o a cualquiera de las animadoras, usando delantales y


agitando la masa, pero ¿quién sabe? Nunca he leído alguno de sus cuestionarios,
tal vez una de ellas tiene profundidades encubiertas relacionadas con hornear
después de todo.

—Ella colecciona libélulas también, así que he estado buscando un marcador


libélula o un alfiler, o algo para poner en la cinta cuando lo envuelva. Me encanta
esto, pero todo lo que puedo encontrar son mariposas. —Hace girar el estante
para revelar una fila de marcadores de cable, como grandes broches de papel,
doblados en diferentes formas.

—Estos son estupendos. Podría usarlos en las botas. Uno de ellos en la parte
superior. —Puedo buscar para ver si encuentro una cara de demonio o un cráneo,
pero todos son flores y mariposas, como dijo Cadie. Tomo algunas de las rosas,
porque siempre puedo pintar tallos por los costados de las botas, con espinas
goteando sangre.

—He quedado con Mia y algunas de las otras chicas del equipo por Jill Safari
después de esto, para probarnos trajes de baño —dice Cadie—. Deberías venir.

—Uh, sí. No lo creo. Consejos de moda de una pandilla de top models en


formación se pierden en mí. Soy estricta en "no te lo pongas".

Cadie sonríe y se inclina hacia mí, hablando en un susurro conspiratorio.

—Sé lo que quieres decir. Me intimidan a veces. —La miro como ¿es una broma?
¿Cadie Perez intimidada por Mia y sus compañeras aspirantes a Cadie Pérez? No lo
creo.

—No estoy intimidada —explico—. Acabo rompiendo hostilmente cuando las


personas tratan de decirme qué hacer.

Cadie ríe. —Me gustaría poder hacer eso.

—¿Por qué? ¿Tú no quieres alejar a todos tus amigos?

—No. Me gustaría poder decir lo que pienso, como tú lo haces. Hacer lo que
quiero. Ser totalmente yo misma por una vez.

—¿Como ser diferente de lo que eres?

Cadie ve hacia abajo con una mirada nostálgica, que es un total contraste con su
habitual expresión súper risueña.

—No ser ‘Cadie Perez, jefa de animadoras’ todo el tiempo —dice—. Solo ser...
Cadie.

La forma en que su cabeza se inclina arroja tristes sombras bajo sus ojos. Me hace
pensar que tiene un gran deseo y no puedo dejar de preguntarme cuál es. Al
menos puedo conceder un pequeño deseo por ella. Hago girar el estante de
marcadores.

—Debes buscar de nuevo —le digo.


—Ya pasé por ellos como cincuenta veces. Me gustaría que mi amiga coleccionara
algo más fácil de encontrar. Las libélulas son imposibles.

—Prueba el estante inferior. Creo que algunos fueron colocados juntos.

Cadie se inclina hacia abajo y, cuando lo hace, agarro un marcador de un estante


cercano y apunto a una de las mariposas en el estante superior cerca de mí. Su
cuerpo se extiende y su brazo se encoje.

—Oye, ¡mira! —Lo tomo de la rejilla y la sostengo hacia ella.

Sus ojos se iluminan cuando la ve. Ha vuelto automáticamente a su Cadie híper


animadora.

—¡Vaya! ¡No puedo creer que me lo perdí! ¡Gracias! —Su teléfono zumba y mira
hacia abajo—. Mejor me voy. Pero, bueno, conozco un montón de buenas tiendas
vintage. Cada vez que quieres ir, me llamas. Podemos buscar las botas y las
libélulas y pasar el rato. ¿De acuerdo?

Cadie se movió rápido fuera de la caja para pagar y, como de costumbre, su


sinceridad me confundió. Estoy empezando a pensar que realmente no ve las
líneas que dividen a los parias de los populares, los nerds del anuario de las
porristas.

Flynn está mal. No está fuera de su universo. Ella está en la misma liga que todos
los demás. Ella no es "Cadie Perez, jefa de animadoras, superestrella." Ella es solo...
Cadie. Y creo que, bueno, que podría ser divertido pasar el rato, ir a comprar botas.

Vaya. ¿En serio? ¿Delaney Collins y una animadora? ¿Pasar el rato? Estoy tan
aturdida por la idea de que no es hasta que estoy caminando de vuelta al café que
me doy cuenta que cambiar la mariposa en una libélula era algo que nunca había
hecho antes, ni siquiera intentado. No había movido algo; lo había cambiado.

Había hecho la Manipulación de Átomos y la había hecho a la perfección.

Cuando llego a la cafetería, Gina sigue sonriendo y golpeando a Hank en el brazo


cada dos segundos para enfatizar un punto, pero Hank se convirtió en el señor
Inmóvil. Está tan duro que me preocupa que vaya a tener que sacarlo en uno de
esos carros de plataforma rodante que utilizan para transportar los libros
alrededor. No puedo entenderlo.

Estaban totalmente unidos y ahora es como si hubiera ingerido un veneno


paralizante.
Él está triste y silencioso todo el camino hasta el auto. A la mitad del camino a
casa, no puedo guardar silencio por más tiempo. Tengo que saber lo que pasó.

—Así que... Gina parece bien —le digo, y arrastro la palabra "bien".

—Mmmm.

—Creo que le gustas.

—Es solo una relación de negocios, Delaney.

—Estaba coqueteando contigo.

—No seas ridícula.

—Ella te dio su número de celular.

—En caso de que tuviera alguna pregunta acerca de la firma de libros.

—Tal vez. —Reviso a Hank por signos de rubor por el rabillo de mi ojo. El sol
rebota demasiado en el capó del auto como para que le diga si sus mejillas son de
color rosa, pero él está agarrando el volante muy duro. Sé que le gusta, pero se ha
ido todo en Flynn. Lo que no sé es por qué. Él es un adulto. Y un autor famoso. Y
Gina le gusta. ¿Cuál es su problema?

—¿Cuándo fue la última vez que tuviste una cita? No me digas que con mamá.

—Por supuesto que no —dice, pero su agarre se tensa cada vez más.

—¿Has estado en más de una cita con alguien desde mamá?

—Sí, Delaney. No es que sea asunto tuyo.

—¿Qué tal una novia, entonces? ¿Has tenido una novia real desde mamá?

—Escucha, Delaney. Las relaciones adultas son complicadas.

—Ahórrate la mierda condescendiente acerca de cómo todas las personas menores


de dieciocho años no tienen ningún concepto de las emociones humanas, cuando
los adultos son los que están todos reprimidos y encerrados, y con pañuelos abajo
de sus manuales de autoayuda como si fueran divertidos tamaños de Milky Way.

—Manuales de motivación —dice Hank, corrigiéndome.


—Tú puedes escribirlos, pero tal vez deberías leer uno. Hazte los ejercicios a ti
mismo. —Trato de recordar uno de sus títulos de libros para citar. —Agarra la
Felicidad por el Cuello y Ahógate en ella hasta que Ceda.

Hank sonríe por un segundo y el agarre se ablanda.

—En primer lugar, es Agarra la Felicidad y no la Dejes Ir. No hay estrangulamiento


involucrado.

—Es una pena.

—Y en segundo lugar, creo que es mejor que te quedes fuera de mi vida personal.

—¿Hola? Soy tu hija, papá. Estoy en tu vida personal, por definición.

La sonrisa de Hank se amplía y me toma un segundo darme cuenta de lo que dije.


Papá.

Acaba de hacerlo estallar, pero cuando pienso en ello, se pega. Se siente bien. No
es más Hank, él es papá. No estoy segura de cuándo sucedió, pero no se siente
repentino. Se siente como que ha estado viniendo durante algún tiempo. Él ha sido
transformado desde dentro ¿o es transformado desde el exterior? Espera. ¿De
quién era la transformación?

Suena mi celular, cortando a través de mis pensamientos. Es Posh. Yo respondo.

—¡Oh, Dios mío, Delaney! ¡Funcionó!

—¿Qué funcionó?

—¡El sistema de terminación del proyecto!

—¿Construiste el canal de televisión?

—No, no. Terminé eso hace como cuatro días. Estoy hablando de mis padres. He
utilizado el sistema de ellos, un paso a la vez, ¡y lo hice! ¡Puedes volver! Todo lo
que tienes que hacer pedirle a Hank que los llame y decir que está bien.

Me puedo ir. Me puedo ir ahora, incluso antes de las vacaciones de primavera.


Nunca voy a tener que volver a Allegro High. Otra vez voy a estar donde todo es
familiar y hay nubes reales en el cielo, y las tiendas no se ven como si hubieran
sido construidas hace cinco días y no hay una palmera. Todo lo que estaría
dejando atrás es a un papá que hubiera querido tan mal una vez, pero luego no
quería para nada, solo para que lo obligara por mí. Y un deseo sin cumplir.
—No me puedo ir.

—Sé que tienes que conseguir el deseo de Flynn primero. Pero después de eso.

—Creo que podría estar aquí por un tiempo. —Puedo sentir que mi papá me mira
y escucha.

Posh hace silencio por un segundo. Entonces: —Tú no vas a volver después de
todo, ¿verdad?

No sé qué decir. Siento que si digo que no voy a estar cortando la cuerda me
adjuntarán a mi antigua vida y me voy volando, hacia el espacio.

—En tu último texto, ¿sabes cómo llamaste a la casa de Hank? “Hogar”.

—¿Lo hice?

—“Estoy camino a casa, te llamo más tarde”, eso fue lo que escribiste.

Al parecer ya había agarrado la línea a mi nueva vida, pero mis pulgares lo sabían
antes de que mi cerebro lo hiciera.

—Mamá tenía razón, entonces —dice Posh—. Solo había que darle tiempo al
tiempo.

—Sí.

Posh dice que tiene que irse, que tiene que ver América Top Inventores y puedo
decir que he golpeado su límite emocional para el día.

—Entonces, ¿qué fue todo eso, Delaney? —pregunta papá después de colgar.

Él sabía de qué se trataba. Lo puedo decir por su enorme sonrisa.

Y sabe que yo sé que lo sabe, por eso digo algo para hacer su sonrisa aún más
grande.

—Hice una Manipulación Atómica hoy.

—¿En serio? ¡Eso es genial! ¿Ves? Te lo dije. Hay que seguir trabajando en ello y…

—Lo sé, lo sé. “No se puede lanzar a sí mismo de un acantilado de inmediato,


Delaney. Hay que empezar poco a poco, comienza por saltar por la ventana. Y
luego trabaja hasta saltar del tejado”.

—Muy gracioso.
Ya me lo imaginaba, pero a pesar de que ahora es "Papá", todavía está el Dr. Hank
también, por desgracia, lo que significa que no puede dejar pasar la oportunidad
de predicarme sobre el valor de los contratiempos y las glorias del fracaso, aleluya,
lo que sea. Le hace feliz, sin embargo, así que le dejé despotricar sobre eso. Y de
todos modos, me he acostumbrado a ello.

Mientras llena el auto con el aire caliente, golpeo una ventana y accedo a Facebook
en mi teléfono. Sé por correo electrónico masivo sin escalas de Brendan que tiene
un concurso esta semana y yo solo espero que no me lo haya perdido. Quedarme
significa que no estoy renunciando a Flynn. Incluso si tengo que transformarlo por
dentro y por fuera, voy a conseguir su deseo.
Capítulo 10
Traducido por Salu...Lulu..., Isane33 y Jhosel

Corregido por QueenDelC

He patinado cada cálculo y la permutación de las pasarelas y me estoy cansando


de esquivar los pequeñitos patinadores con sus casos de calcomanía y colores
coordinados con rodilleras y coderas. Debo haber leído en la hora equivocada en la
página de fans de Brendan, porque cada vez que paso por el área de rampas
siguen siendo solo aspirantes chillones chocando entre sí. No Brendan. Y no Flynn.

Vine al parque para observar a Flynn en su hábitat natural (interactuando con sus
risueños compañeros y tomando fotos a la velocidad de la luz). Mi plan es
estudiarlo, como si fuera antropóloga, e identificar áreas en las que pueda usar un
poco de magia para aumentar su ego y sacarlo de su depresión de inferioridad.

Espero no haber visto mal la hora, porque pasé todo el día de ayer practicando mis
nuevas habilidades avanzadas. Ya que estaré viviendo aquí ahora, necesitaba hacer
mi habitación habitable, así que convencí a mi papá de que me llevara a “navegar”
(así es como mi mamá y yo lo llamábamos, “navegar” de ventas de garaje en venta
de garaje). Posh me había preguntado si sus padres me deberían enviar algunas de
mis cosas de la bodega, pero esas cosas todavía tienen emociones adjuntas a ellos,
con un espeso pegamento que va a tomar una eternidad en salir, si es que lo hace.
Por ahora he decidido que prefiero rodearme de cosas que están libres de
sentimientos.

Encontré algunos antiguos candelabros de bronce, un set de palillos de cerámica


que son perfectos para ser varitas mágicas, un par de tazas de café negras para
almacenarlas, y una espeluznantemente genial lámpara de hierro con una sombra
de tela de araña y una bombilla verde que transformará toda la sala del castillo de
Cenicienta en casa embrujada sin que tenga que deshacerme de una muñeca.

Probé uno de los palillos mientras comprábamos. Los deseos eran fáciles de
encontrar, porque en todas partes se veía que había roturas y desgarros y arañazos
y piezas perdidas. Podía decir por las expresiones de las personas cuando
levantaban una bufanda de una caja o inspeccionaban una ensaladera de madera
que lo que esperaban no era lo que habían encontrado. Usando el palillo, devolví y
sustituí, arreglé y pulí, y para el final de la tarde era una maestra manipuladora de
átomos.

Traje el palillo conmigo al parque y he estado limpiando los derrames de soda y


manteniendo los discos voladores a flote para matar el tiempo, pero ya no es un
desafío. No me sorprendería si no tuviera “ya” la varita. Tal vez sería capaz de
agitar el palillo y ¡tadá! Darle a Flynn mejor ropa, un buen corte de cabello y un
gran auto, y estaría hecho.

—¿Saliste por comida china? —Me giro para ver a Flynn viniendo por el camino
junto a Brendan. Flynn señala el palillo—. Enserio te dan de esos en los
restaurantes aquí, sabes. No tienes que traer los tuyos propios. —Flynn sonríe.
Brendan se ríe y choca los cinco con Flynn.

—Lo encontré… en el pasto. —Puedo oír cuán estúpido suena, pero Flynn me tomó
por sorpresa. Esperaba encontrarlo melancólico y depresivo, pero estaba
completamente lo contrario de dolido y la imagen de corazón roto que he estado
guardando en mi cabeza desde el incidente del vuelo del té con leche. El anhelo de
angustia viniendo a través de mi radar de HM se ha calmado un poco o de lo
contrario me he acostumbrado a ello, como papá dijo que haría.

Me doy cuenta de que los ojos de Flynn parpadean alrededor de un segundo,


como si tuviera miedo de que pudiera tener a Cadie escondida detrás de un árbol,
pero cuando se da cuenta de que estoy libre de animadoras, se relaja de nuevo.

—Hey, espero que no te hayas asustado con todos los correos electrónicos —dice.

—¿Qué correos?

—Elly envió tu cuestionario. Comenzó a recibir respuestas de inmediato y le dije


que te los reenviara a ti. Si no recibiste ninguno, pronto lo harás. Así que ten
cuidado.

—¿A quién envió el cuestionario?

—A todo el mundo. Te dije que era una idea genial.

—Increíble —confirma Brendan.

—No te preocupes. —Me asegura Flynn—. Te di el crédito.

—Esto va a significar más trabajo para mí, ¿verdad?

Flynn sonríe.
—Puedes esperar hasta después de las vacaciones para empezar.

Brendan sube a su patineta y gira sus caderas como si estuviera surfeando una ola
imaginaria.

—Hoy hay una competencia —dice Flynn—. Ven a pasar el rato si quieres.

—Supongo que puede animar en el Boardman por cinco minutos.

Brendan me da un saludo y patina para unirse a la línea de los otros buscadores de


conmoción cerebral. Me deslizo al lado de Flynn, quien ya tiene su cámara lista,
mirando el parque y la multitud.

Cuando llegamos a las rampas, deja caer su bolsa de la cámara sobre un banco
cerca del área de competencia.

—Puedes tomar notas si quieres. Skids está en Hawái, así que no tenemos
reportero.

—¿De verdad? ¿Lo llamas “reportero”? Escribe actualizaciones de estado. Son


apenas dos frases.

—Se suman. Pero, oye, si prefieres, puedes ser mi asistente.

—No soy asistente de nadie.

Flynn ensancha los ojos con miedo fingido y levanta sus manos en señal de
rendición.

—Lo siento. Quiero decir que puedes ser mi compañera… colega… co-camarógrafa.

—Gracias. Pero solo observaré.

—Está bien, profesora Collins. La mejor vista es desde el banco superior, más a la
derecha. —Señala el estante de metal en el lado opuesto.

Patino para encontrar un asiento y tomar un lugar en la fila superior. Ignoro los
aplausos y los gemidos y cascos estrellándose y rodilleras mientras observo a Flynn
y pienso. ¿Qué puedo arreglar que le dé más confianza? ¿Debería desaparecer la
arrugada chaqueta enorme militar por una de cuero ceñida? ¿Abracadabra y
cambiar los desabrochados tenis por botas de motociclista? ¿Remodelar el
desordenado cabello que grita Nunca he visto un peine en mi vida?

Flynn se mueve a través de la multitud, fotografiando la acción desde cada ángulo,


bromeando con los patinadores, consiguiendo que la gente se aparte para así
poder conseguir un mejor disparo. Me mira y saluda con la mano, luego apunta la
cámara en mi dirección. Escondo mi rostro y cuando me asomo después de un
segundo se ha dado la vuelta para tomar una fotografía de alguien más. Me siento
defraudada, lo que es estúpido, y regreso a mi mente a la tarea en cuestión.

Toco el palillo contra mi palma… pero no hago nada. Cuanto más estudio a Flynn,
más tengo la sensación de que hay algo diferente en él, más allá de la falta de
enamoramiento. Cambio de alguna manera. Ya es totalmente seguro, totalmente
relajado, totalmente feliz. Ya está transformado desde adentro… sin mí.

Brendan gana un puntaje superior por su voltereta-hacia-atrás de ciento ochenta


grados o lo que sea, y él y Flynn hacen esta horrible danza de monos maniática
para celebrar, ululando y golpeándose uno al otro en la cabeza. No me encojo en
horror ante lo friki de eso, porque todo el mundo alrededor de ellos está animando
y riendo, y es imposible no unirse. Flynn me ve reír también y levanta su cámara.
Levanto otra vez mis manos, pero cuando las dejo caer a los pocos segundos, aún
está frente a mí y puedo verlo hacer clic en el obturador. Baja la cámara y gesticula
“Atrapada” y me doy cuenta de que no tengo que cambiar nada de él en absoluto.
Solo necesito conseguir que Cadie vea a Flynn de la forma en que yo lo hago… y
que Flynn vea a Cadie de la forma en que ella es en realidad. Luego no habrá nada
estorbando en su camino.

Será un final feliz para todos.

***

Cuando me presento en la escuela después de las vacaciones de primavera,


encuentro que no es solo Flynn… todo ha cambiado. Las miradas cautelosas se
han ido. Tan pronto como camino hacia la entrada, un trillón de chicos me
revolotean. Soy aclamada con saludos de manos y holas… y me refiero a “aclamar”
como una dolorosa y furiosa precipitación de: “Hola, Delaney”. “¿Cómo va todo?”.
“¿Puedo agregar otra banda favorita a mi respuesta a tu cuestionario?”. “¿Cuándo
va a salir el anuario?”. “Hola, Delaney”. “Hola, Delaney”. “Hola.”

Estoy teniendo dificultades para cortar a través de la multitud con mi usual hacha
de hostilidad, porque los chicos no son una masa de fondo plano que pueda
empujar fácilmente a un lado. No es solo por los pequeños deseos que concedí
antes de las vacaciones. En el último par de días, he leído la mayor parte de los
cuestionarios completados que Elly me envió por correo electrónico. Conociendo
todas sus profundidades internas ha hecho que todo el mundo me rodee en tres
dimensiones, y me encuentro respondiéndoles de regreso. “Bien”. “Por supuesto”.
“Preguntaré”. “Hola”. “Hola”. “Hola”.

Cuando suena la campana apenas alcanzo a entrar y cuando voy a mi casillero y


consigo llegar a clase de Química, la clase ya está a la mitad de un laboratorio. El
señor McElroy cruza sus brazos y me da su mirada seca-como-el-desierto cuando
paso por su escritorio.

—Siento llegar tarde —digo—. El sol estaba en mis ojos. —Lo juro por Dios que
sonríe. Es solo por un segundo y no hay testigos, pero sé lo que vi.

—Le aconsejo que invierta en unos lentes para el sol, entonces, señorita Collins.
Ahora vive en California del Sur. Los lentes de sol no son un equipamiento
opcional.

Le enseño una señal de “está bien” en respuesta, pero no sonríe esta vez. Solo
debe ocurrir una vez cada diez años más o menos, como un eclipse.

Casi estoy en la mesa de laboratorio cuando me detengo, aturdida por lo que veo.
Flynn y Cadie están bromeando. Uno con el otro.

—¡Vida! ¡Vida! ¡Da vida a mi creación! —exclama Flynn con acento alemán. Usa un
tubo de ensayo para darle un toque a la criatura que ha construido a partir de las
abrazaderas y reglas de metal. Cadie ríe. Cuando el monstruo de metal permanece
inerte, Flynn le da un tirón a sus gafas y se derrumba sobre la mesa con sus brazos
cruzados fingiendo un estado de miseria. Mia pone en blanco sus ojos, pero Cadie
sigue riendo.

¿Ha pasado ya? ¿Han conectado? Flynn definitivamente ha dejado el incómodo


miedo a Cadie que tenía en el café, pero no hay nada especial en como ella está
viendo a Flynn, ninguna fuerza intensa. No es más que su habitual igual-
oportunidad-de-amistad-para-todos. Podría ser que la chispa está allí pero es
demasiado débil para verla aún. Por suerte, tengo todo el período de clase para
avivar la llama.

El señor McElroy habla desde su escritorio.

—¿Podemos reservar el acto para el show de talento, por favor, señor Becker? —
Cadie regresa a su trabajo. Flynn levanta la cabeza y me ve. Se pone los lentes
sobre los ojos, como si fueran binoculares—. Saludos. Retrasada.

—No te rindas, doctor Frankenstein —digo, para que Cadie levante la mirada y
vuelva a participar. Es tentador hacer al hombrecito reprimido moverse, porque
sería muy divertido ver las reacciones de todo el mundo, pero el resultante pánico
en masa derrotaría a mi propósito. En su lugar recojo el tubo de ensayo y la llevo
hacia el vaso lleno detrás de Flynn.

—¡Mira! ¡Haz creado una bestia del pantano! —El líquido burbujea y forma
espuma.

Flynn mira el vaso un segundo, sorprendido, y luego se pone sus lentes de nuevo.

—Tienes razón, Brunhilda. Está viiiivo. —Me sonríe—. Es un milagro.

Solía ver a los chicos en East Lombard tonteando en clase y pensaba que eran unos
idiotas. Nunca imaginé que estaría haciéndolo. Tengo una buena razón, por
supuesto, así que está justificado. Pero aun así... casi puedo ver el atractivo de
hacerlo sin razón alguna, excepto que es divertido.

—No es un milagro, doctor F. Son simplemente sus cálculos brillantes. —Levanto el


vaso por encima de mi cabeza—. El agua del pantano combinada con moho de
queso libera gas de la risa y forma una nueva especie: Pantanus Cosus.

—Nunca podría haberlo hecho sin ti, Brunie. —Flynn tintinea un vaso vacío contra
el mío en un brindis.

Cadie nos sonríe.

—¡Chicos, se ven tan lindos juntos!

¿De qué está hablando? Oh no… ella no cree…

—Me temo que es hora de terminar este pequeño club social. —El señor McElroy
se ha materializado al final de nuestra mesa de laboratorio, con los brazos
cruzados, definitivamente menos sonriente—. Así todos tendrán una mayor
oportunidad de aprobar la clase en lugar de tener que repetirla conmigo en las
clases de verano. Con lo mucho que disfrutaría de su compañía.

—Lo siento —digo rápidamente—. Fue mi culpa. Me callaré.

—Acepto su generosa oferta, señorita Collins. Y esto va a hacer más fácil para
usted mantener su promesa.

Mueve a Cadie y Mia a la mesa de Liam y Aidan. Los dos atletas del fútbol rompen
en una sonrisa agradecida por tener a Cadie dentro de su zona de coqueteo.

Cadie se despide con la mano, Flynn se encoje de hombros en mi dirección y


ambos actúan como si fuera una lástima, pero no la gran cosa.
—Así que, ¿has encontrado buenos palillos chinos últimamente? —pregunta Flynn,
y me da un guiño aumentado por los lentes. ¿Qué pasa con él? Mi radar de HM
todavía percibe su deseo, pero parezco ser la única de nosotros sintiéndolo.

Después de la clase me apresuro detrás de Cadie para poder asegurarme de


escucharle que Flynn y yo solo somos compañeros de laboratorio. Bueno
compañeros de laboratorio y del anuario. Y, supongo que, amigos. Pero eso es
todo. Desafortunadamente, Jasper Riker y Bettina Wiehe me cortaron en el
momento que llegué al pasillo.

—¡Oye, Delaney! ¿Adivina qué? Estamos iniciando un diario literario —anuncia


Bettina—. Se llama Calliope.

—Ella es la musa de la poesía épica —explica Jasper.

—Estudiamos las musas en la clase de literatura mundial el año pasado —dice


Bettina.

—Esa es información fascinante —les digo—. Buena suerte con eso.

—Aunque no solo es poesía —dice Jasper—. Habrá historias, fotos, dibujos y


canciones. Toda clase de arte y esas cosas.

—No empezará hasta el próximo año. Vamos a reunirnos durante el verano y


planearemos todo. Y queremos que seas nuestra coeditora. —Bettina señala con
ambos dedos índices hacia mí para dar más énfasis, así que sé que definitivamente
se refiere a mí. La campana suena antes de que siquiera haya empezado a
contestar.

—Te contaremos más sobre eso más tarde —dice Bettina, y se dirige a clases.

En las pocas semanas desde que me convertí en una HM he llegado tarde a las
clases más veces que en mi vida entera en Nueva Jersey. Si sigo así el director Lee
va a arrastrarme a su oficina para otra plática amistosa sobre mi última
transgresión.

No soy lo suficientemente estúpida como para intentar dar una excusa graciosa
con madame Kessler como hice con el señor McElroy.
—Je suis désolée49. —Es todo lo que digo mientras me deslizo en la habitación.
Aunque ella sonríe de todos modos. Espero que su sonrisa solo venga cada diez
años o algo así, porque es très50 escalofriante.

***

La clase de Química era el único lugar en que los caminos de Cadie y Flynn se
cruzaban naturalmente, así que estoy forzada a encontrar una forma natural (o un
tanto sobrenatural) para juntarlos, pero día tras día mis intentos fallan exactamente
como fallaron cuando sentí por primera vez el deseo de Flynn.

En la fila del almuerzo el jueves, muevo las papas fritas de multicereales de Flynn a
la bandeja de Cadie y las tostadas de pera y almendras a la de Flynn, pero a pesar
de que esto los confunde a ambos, están demasiado lejos el uno del otro para ver
a dónde ha ido su comida perdida. Flynn agarra otra bolsa de papas fritas y le da
las tostadas a Brendan. Cadie conserva las papas y se salta el postre.

Afuera en el patio, Flynn me hace señas para que me una a su mesa y Cadie me
hace gestos para sentarme con ella, y antes de que pueda encontrar un objeto para
transferir o un átomo para manipular para ponerlos cerca uno del otro, la mesa de
Flynn es llenada por gente que quiere hacer sus órdenes de anuarios. Al mismo
tiempo, Peri y un montón de las otras porristas B-Team se juntan a mi alrededor y
me bombardean con preguntas.

—Cadie dice que las hiciste.

—¿Puedes hacerme un par?

—¿Puedes hacerme cinco pares?

—¿Cuánto cobras?

—¿Podemos decirte cuáles diseños queremos?

Intento decir una palabra, hacerlas parar, alejarse, pero están obsesionadas.

—Tengo unas botas simples en mi casa que puedes utilizar.

—Te traeré mi par mañana.

—Yo también.

49
Je suis désolée: Estoy afligida, en francés.
50
Très: muy, en francés.
—¿Cuánto tomará?

Para callarlas, les digo que me envíen por correo electrónico sus pedidos, pero
para entonces, el almuerzo se ha acabado y mis objetivos de HM permanecen sin
cumplir.

Lo intento de nuevo en el anuario.

—Deberíamos tomar más fotos de las porristas —le digo a Flynn—. Lo podemos
hacer ahora mismo. Están en el campo de deportes, practicando.

Flynn me mira como si le hubiera dicho que incendiara el salón.

—¿De qué estás hablando? Las fotos están terminadas. Necesitamos ir haciendo el
diseño. Hoy obtuvimos cuarenta y siete órdenes más.

—¡Cuarenta y ocho! —Polly se mete en la conversación.

—Más libros significa que tenemos que acomodar más tiempo para la producción.
¿Cuántos diseños tienes terminados para las páginas de las clases?

—Umm…

—Delaney. Hay una fecha límite. —Levanta sus brazos, con sus manos como garras
de monstruos—. Y se está acercando. —Deja el acto y se pone súper serio—. Ve a
trabajar en ello. Consigue a Hallie y Ellie para que te ayuden a organizarlos.

Saludo.

—Sí, señor, General. —Es genial que él esté siendo el señor Editor a Cargo, ¿pero
cuál es el punto si Cadie no lo está viendo?

***

Cuando llego a casa de la escuela esa noche, enciendo mi música, me tiro sobre la
cama y espero a que llegue mi usual depresión.

Pero no sucede.

Debería sentirme miserable porque no había llegado a absolutamente ningún


lugar esta semana. De hecho, había ido hacia atrás. No ha cambiado nada.

Y a la vez… todo es diferente.

Ya no soy Delaney Collins, semi-huérfana, solista social. Ahora soy Delaney Collins,
HM, además directora de arte del anuario, editora de un diario literario y
empresaria fabricadora de botas. En Nueva Jersey tenía una amiga, Posh. Ahora
tengo a Posh, Flynn, todos los del anuario y casi otras cien personas quienes
podrían ser mis amigos. Tantas cosas se han añadido a mi vida que debería
sentirme aplastada por todas ellas, pero en cambio, me siento ligera. Mi mundo se
ha estirado como un globo que comienza de cinco centímetros y se expande y
expande, hasta que piensas que va a estallar… y luego se hace aún más grande. La
parte extraña es que me hace sentir como que también yo me he expandido y
estoy flotando, hacia arriba, arriba…

—¿Tienes mucha tarea esta noche? —Papá me mira desde la entrada.

Bueno, eso me tira de mi nube artificial de felicidad. De alguna manera olvidé los
dos reportes que debo entregar la próxima semana, la prueba de Trigonometría
mañana y el estúpido ensayo de trescientas palabras sobre la agricultura en
Burgundy que tengo que escribir, en français, como castigo por llegar tarde a
Francés el lunes. Tendré que recordar esto: cuando quieras deprimirte, piensa en la
tarea.

—Estoy descansando —protesto—. La terminaré. No te preocupes.

—No estoy preocupado. Quería ver si te gustaría salir por un helado más tarde.
Ayudarme a celebrar.

—¿Celebrar qué?

—Aaron le propuso matrimonio a Andrea. —Me siento—. Deseo concedido. —


Sonríe complacido consigo. Yo, sin embargo, he caído total y completamente de
regreso a la Tierra, gracias a este recordatorio de que soy un completo fracaso
como HM.

—Me alegra que las cosas estén saliendo bien para alguien.

—La vida es un camino largo, Delaney, y hay muchos baches y topes a lo largo del
camino. Lo que necesitas recordar es que por cada…

—Está bien, está bien, iré. —Probablemente tendré que aguantar un par de frases
como “el vaso está casi lleno, incluso aunque la mayoría sean cubitos de hielo”
junto con el helado, pero es mejor que estar aquí tirada con el humor cambiando
toda la noche.

***
De todos los lugares Shangri-La-La Utopía51 en los que he estado desde que llegué
aquí, este es el más utópico. Está en la playa, junto a un hotel con la forma de
algún palacio tipo Las Mil y Una Noches y está rodeado por un enorme jardín con
docenas de mesas blancas donde te puedes sentar y mirar hacia el océano. Detrás
de las mesas hay una línea de tiendas, todas diferentes, pero con un tema: postres
helados. Hay un mostrador para helados y un puesto para helado italiano. Hay
sorbetes, gelato y leche de arroz orgánica congelados. Hay granizados, frappés,
malteadas y flotadores, etc., etc., hasta el infinito. También hay todo tipo de
mezclas y un millón de diferentes tipos de conos. Hay tantas opciones que tu
cerebro se podría congelar antes de que siquiera ordenaras.

—Voy a pedir un cono de menta con chispas de chocolate —le digo a papá. Parece
decepcionado.

—¿Eso es todo? ¿Sin nada más encima? ¿O adentro? Estamos celebrando,


recuerda.

—Por eso estoy pidiendo mi favorito, papá —le digo tan sarcásticamente como es
posible para que no trate de convencerme de agregarle jarabe de granada o trozos
de papaya encima.

Él termina con un yogur congelado sin grasa y de vainilla.

—Y crees que yo soy aburrida.

—Es mi favorito —dice, burlándose de mí. Mi actitud se le está contagiando. No


estoy segura de que me guste.

Llevamos nuestros postres a una mesa a pocos metros de la media luna cercada
que rodea el lado de la playa del hotel, donde los huéspedes pueden ver la puesta
de sol en grandes tumbonas de madera y les entregan sus sundaes con jarabe de
chocolate caliente en bandejas de plata.

Comemos y concedemos deseos a las familias que pasean por delante de nosotros,
rescatando bolas de helado caídas y evitando que el chocolate derretido gotee
sobre las camisas limpias. Quizás sea la brisa o el susurro de las olas, o el sol
desapareciendo, o tal vez no, tal vez todo eso es extra, pero cada deseo que
concedo me hace querer saber más sobre la persona aparte de que les gusta Rocky

51
Shangri-La-La Utopía: es el topónimo de un lugar ficticio descrito en la novela de 1933
Horizontes perdidos. Por extensión, el nombre se aplica a cualquier paraíso terrenal, pero sobre
todo a una utopía mítica del Himalaya: una tierra de felicidad permanente, aislada del mundo
exterior.
Road o los conos pretzel. Quiero saber cuáles son sus grandes deseos, los del tipo
HM. Ya no se trata de la varita. No de la misma manera. Ahora parece gracioso que
solo quisiera el poder para cambiar mi vida, cuando hay mucho más que podría
hacer con él.

—Lamento no haberte traído antes a la playa —dice papá—. No soy una persona
de playa.

—Yo tampoco —admito.

A mamá le encantaba ir a la playa, pero nunca vi lo que había de bueno en


acostarse sobre la grumosa arena caliente o en cubrir tu cuerpo con aceite, luego
no hacer nada excepto sudar y de vez en cuando "refrescarte" mojándote en el
agua atascada de algas que cuando seca queda pegajosa y mueve la arena a cada
rincón de tu cuerpo. Supongo que esto es algo más que heredé de papá. Me
pregunto si es una cosa de HM. La única vez que hay una playa en un cuento de
hadas es cuando alguien sale hacia el mar en busca de la Isla Helada o la Montaña
Majestuosa, o donde sea que viva el ogro de tres cabezas. Las historias con hadas
madrinas tienden a llevarse a cabo en los profundos bosques encantados, lejos de
cualquier costa.

Si hubiera una playa encantada, sería esta. No sé qué dice sobre mí o de mi vida, o
de todo lo que pasó, pero ahora es Nueva Jersey lo que está lejos y es como un
sueño, y esto, este mundo de cuento de hadas en realidad parece normal y real.
Incluso estoy empezando a ver el atractivo del océano, con su oscuro infinito… las
posibilidades extendiéndose en todas direcciones. La brisa fresca es bastante
genial también.

El buen humor está de vuelta. ¿Este vaivén emocional entre enojada y feliz es otro
efecto secundario de las HM? Por el bien de mi cordura, prefiero elegir uno y
aferrarme a él. Pero ahora, justo ahora, no estoy segura de si elegiría abajo... o
arriba.

—Ya que estamos celebrando y comiendo helado, parece como que debería haber
regalos —dice papá—. O por lo menos un regalo.

Papá toma la funda de la computadora portátil que ha traído con él. Espero que no
esté pensando en leerme pasajes de su último "manual de motivación." Abre la
funda, pero no está la portátil adentro. En su lugar, saca un gran regalo rectangular
envuelto y me lo da.

—¿Qué es esto?
—Es para ti.

—Eso no es lo que quise decir.

—Sé lo que quieres decir. Deja de hacer tantas preguntas y ábrelo.

Así que lo hago. Adentro hay un libro. Tiene una cubierta de color gris con una
pequeña foto cuadrada en el centro. Una niña jugando en la arena en una playa.
Hay algo familiar en la foto, y cuando me inclino más cerca, me doy cuenta.

Soy yo.

Muy imperceptiblemente por debajo de la de la foto, escrito en una fina letra gris,
como si las letras se hubieran grabado en la tapa: Delaney.

Hojeo el libro. Las páginas son fotocopias de las fotografías instantáneas, tarjetas y
cartas que encontré en su escritorio, acomodados en collages. Es como una novela
gráfica; las imágenes y las letras cuentan una historia. Es como si esta chica
existiera ahora, en lugar de ser un vago recuerdo del pasado. Aunque no estoy
segura de querer leer todas las pequeñas cartas tristes de nuevo. Me alegro de que
en su mayoría sean fotos, porque esas son felices. Fiestas, parques y zonas de
juegos infantiles.

—Ya no quise mantenerlos ocultos —dice papá.

Siento que llegan las lágrimas, pero aprieto mis dedos tan fuerte que duele y esto
las detiene. Papá toma suavemente el libro de mis manos y lo deja en la mesa.
Pasa las páginas.

—Mira, aquí es cuando fuimos a la feria cerca del viejo molino de sidra.

Hay un puñado de fotos distribuidas en la página en la que se ha detenido, cada


una inclinada hacia la izquierda o derecha. Yo en el carrusel, saludando. Con
algodón de azúcar por toda mi cara. Parada con papá y un payaso con hilo de
color amarillo por cabello. Parece que tenía tres años.

—¿Recuerdas? —Sus ojos brillan como los de un niño ante el recuerdo, pero yo
niego con la cabeza. Fue hace mucho tiempo y lo he olvidado. La experiencia ahora
solo existe en el libro—. ¿En serio? —dice papá—. Pero ese fue uno de nuestros
mejores días. Pasaste un buen rato. —Su expresión de niño feliz se convierte en
una de niño triste. Me dan ganas de agitar mi cuchara y volver a llenar su taza de
yogur congelado, pero sé que no va a funcionar, porque eso no es lo que está
deseando.
—Sé que lo hice —le aseguro—. Lo puedo decir por las fotos. —Esto no parece
hacerlo más feliz.

El zumbido crepitante de un avión nos interrumpe cuando pasa cerca, sobre el


agua. Una pancarta ondea detrás de él, las palabras apenas visibles en la ligera luz
púrpura: "¡Feria de Bonita Beach! ¡Última semana!”

—¡Mira eso, Delaney! ¿Puedes creerlo? Deberíamos ir. —Se levanta, como un niño
emocionado.

—No tenemos que revivir todo en este libro. Haremos otras cosas. Como esto. —
Hago un gesto a los consumidores de helados que nos rodean.

Aunque papá está cerrado a la idea y no la va a dejar pasar.

—Lo sé, pero será divertido. Vamos. Podemos ir este fin de semana. —Guiña un
ojo—. ¿No crees que sea el destino que la feria esté abierta en estos momentos?

Decido no preguntarle a papá cómo sería posible que un HM pudiera creer en el


destino y a cambio le recuerdo la firma de libros.

Papá hace a un lado este argumento.

—La firma de libros es el domingo. Podemos ir a la feria el sábado.

Como si quisiera ser vista en una noche de sábado con mi papá.

—Estoy un poco grande para la cosa del carrusel entre padre e hija.

Papá se desinfla de nuevo, el niño ha desaparecido, y al mismo tiempo me doy


cuenta de que esto es un pequeño deseo que “puedo” hacer por él. Un pequeño
deseo que en realidad es uno grande y ni siquiera necesito la varita para
concederlo.

—Está bien. Vamos. —¿A quién le importa quién me vea? No es como que muchos
estudiantes de la Allegro High fueran a una feria de todos modos.

La sonrisa de papá está de vuelta y descubro que incluso conceder un deseo sin
magia a un no cliente genera al HM el aumento de energía del que papá me habló,
o bien el helado me ha dado un aumento de azúcar en el cerebro —o tal vez es el
destino— porque soy tocada por una gran inspiración.

La respuesta que he estado buscando toda la semana sale de su escondite. Está


prácticamente saludando para llamar mi atención. Luego otra idea viene
aumentando de tamaño detrás de la primera.
El sermón del señor McElroy el día de la implosión de la manzana regresa a mí. Sé
cómo acelerar las reacciones que he estado tratando de hacer que ocurran. Usando
un catalizador. Pero el catalizador no es magia o una varita mágica. Soy yo.

***

Cuando me quedo rezagada después de terminar el anuario al día siguiente, me


preocupa que Flynn tenga un flashback a la última vez que lo acorralé en el aula de
la señora Bayshore después de horas y se tense o enloquezca, pero aparentemente
Flynn olvidó todo sobre ello. Incluso parece feliz de que me quedara atrás.

—Éste va a ser el anuario más asombroso en la historia de Allegro —dice mientras


apilamos las pruebas para las páginas—. ¡Y solo es mi primer año como editor! —
Hace una reverencia para sus fans imaginarios.

—Como si tú lo hicieras todo.

—Noventa por ciento del liderazgo es la contratación de las personas correctas. —


Flynn encierra las pruebas en el cajón del anuario.

Abro mi mochila y busco el folleto de la feria que había impreso de Internet.

—¿Acaso “contratar” no significa que tus esclavos, quiero decir “empleados”,


reciban una paga? No recuerdo recibir ningún pago.

—Tu salario es el honor de trabajar para un genio. —Pongo mis ojos en blanco—.
Pero tengo un bono para ti.

Saca un paquete de su bolsa, envuelto en un sobre de correos doblado y


atravesado con ligas rojas y verdes. ¿Qué con todos los regalos? Debe ser alguna
otra costumbre rara en la tierra del amanecer sin fin y las sonrisas perpetuas. Tomo
el paquete y cuando lo abro, encuentro mi cuaderno de bosquejos, el que la
mauvaise madame K confiscó y se rehusó a regresar a pesar de los tres ensayos
extras que entregué y mi (casi) genuina disculpa en français.

—¿Cómo hiciste para conseguir esto?

—Tengo a la Señora52 Kessler en el cuarto período para la clase de Español. Le


gusto. Soy muy educado, a diferencia de algunas personas53.

52
En español en el original.
53
En español en el original.
—Debe ser más linda en español. —Lo golpeo con un poco de gratitud y algo más,
algo como: ¿cómo es que supo siquiera sobre el cuaderno de dibujos y por qué se
molestó en conseguirlo de regreso para mí?

—Si eso no es suficiente pago, podría comprarte un poco de comida china. —


Sonríe—. Siéntete libre de traer tus propios palillos.

Espera, ¿qué? ¿Está pidiéndome salir? No, no puede estarlo. Él es quien había dado
a entender que era demasiado difícil pedirle a alguien salir y esto es demasiado
fácil. Debe de estar bromeando. Preguntándome como compañera, o más bien
como a un vasallo mal pagado. Cadie es su Princesa Encantada, ¿recuerdas? Solo
soy el catalizador.

Está bien. De acuerdo. Esto es bueno, a pesar de todo. Eso me da una apertura.

—Hay una feria… —De repente, la parte trasera de mi garganta se pone seca y mis
latidos se aceleran. ¿Qué está pasando? Empujo el folleto hacia él—. Playa Bonita.
—Me las arreglo para decir—. Mañana en la noche. —Mi rostro está caliente y me
siento clavada al suelo, como si mis botas estuvieran hechas de concreto industrial
resistente. ¿Así es como se siente pedirle una cita a alguien?

Pero no estoy pidiéndole salir. Quiero decir, lo estoy, de alguna manera, pero no
de esa manera, así que esto tiene que ser algo más. ¿Y si me he enfermado con
una nueva cepa de plaga de ratas o gripe porcina, o la enfermedad de las vacas
locas? Si es así, en verdad sería un mal momento.

—¡Oh, sí! —dice Flynn cuando lee el folleto—. He ido antes. Seguro, eso sería
asombroso. ¿A qué hora?

Hora. Levanto la mirada hacia el reloj. Oh no, tengo que salir de aquí.

—Tengo que irme. —Salgo disparada a un lado de Flynn hacia la puerta—. Te


envío un mensaje.

Afuera, el siempre fresco aire primaveral limpia mi cabeza, un poco. Me recuerdo:


Eres el catalizador. Eres el catalizador. Listo, lo tengo.

Cuando llego al campo de deportes, las animadoras acaban de terminar la práctica


y están empacando sus cosas. Me detengo contra un árbol y abro mi cuaderno de
dibujos. Siento una ola de brillante felicidad al ver mis viejos diseños, los cuales
pensé que se habían ido para siempre. Luego recuerdo el rostro contento de Flynn
y eso ilumina el brillo aún más. Ugh. Para. Soy el catalizador, soy el catalizador.
Llego a una página en blanco y comienzo a dibujar. Cuando Cadie se acerca, la
dejo pasar y luego me sobresalto como si acabara de notarla.

—Oh, ¡hola! —digo. Ella se gira—. ¿Puedo preguntarte algo?

Cadie le hace una seña a Mia para que se adelante y camina de regreso hacia mí.

—Seguro. ¿Qué cosa?

—Flynn y yo vamos a esa feria por Playa Bonita mañana en la noche. No es una
cita, solo somos amigos. Deberías venir.

—¡Cadie! —Más cerca de la escuela, Mia mira hacia nosotras, con sus manos en las
caderas.

—¡Te veré en el auto! —le responde Cadie. Mia se queda allí un segundo, una
estatua a la “Exasperación”, luego regresa a la vida y se dirige a zancadas hacia el
estacionamiento.

—Nadie aparte de nosotros sabrá que estas allí —le digo—. Así que podrás ser, ya
sabes, lo que sea que quieras. Cadie Perez, líder de las animadoras, o Cadie Perez,
la más popular de Allegro High… o solo Cadie.

—No lo sé, Delaney. Puede que tenga planes.

—¿Pero esos planes implican paja sucia sobre el suelo? ¿Comida chatarra?
¿Feriantes espeluznantes y juegos tontos de lanzamiento de aros que cuestan
demasiado y están totalmente amañados? Si no, entonces tu elección es clara.
Debes venir con nosotros. De lo contrario te lamentaras por el resto de tu vida. O
al menos por un par de minutos.

Cadie sonríe, pero puedo decir que todavía está indecisa.

—Puedes traer a Mia. —Traté de no sonar como si no fuera la última cosa que
quisiera—. Podríamos reunir al original grupo Química Uno, Mesa Seis. —Estoy
segura que puedo atrapar a Mia en la Casa del Terror de alguna forma, así Cadie y
Flynn pueden estar solos.

—Las ferias en verdad no son cosa de Mia.

Ahora intento no sonar aliviada.

—Entonces solo ven tú. A ver qué ocurre.


El teléfono de Cadie zumba. Lo saca de su bolsa y lee el mensaje. Mira al teléfono
un segundo y luego desplaza su mirada hacia el campo de deportes. Tiene esa
mirada nostálgica de nuevo y estoy preocupada de que no quiera ser “solo Cadie”
después de todo.

—Lo haré. —Me toma un segundo el darme cuenta que está de acuerdo—. Iré.
Seré yo misma. Puedo ser yo misma contigo y Flynn, ¿no es cierto? —Sus ojos
perforan en los míos, intensos. Esto es anormalmente serio para ella.

—Claro —digo.

Agarra mi brazo y aprieta.

—Gracias, Delaney —susurra, antes de salir corriendo.

Está mucho más emocionada de lo que esperaba. Tal vez he estado equivocada
todo el tiempo. Ha notado a Flynn. Sabe que es su Príncipe Sapo. Solo estaba
buscando por una oportunidad.

Debería estar emocionada, pero tengo esta inquietud en mi pecho. Como si


hubiera algo que debería haber pensado pero no lo hice. Debe ser la reversión del
deseo del cliente. Como el retiro de desintoxicación. Debe ser cómo sabes que el
deseo está a punto de cumplirse.
Capítulo 11
Traducido por KatieGee y SOS por yuya, QueenDelC, Kirara7 e Isane33

Corregido por La BoHeMiK

Es exactamente como le dije a Cadie: mala comida, cursis paseos y paja esparcida
por todas partes como si estuviéramos en “Iowa el país de las granjas” en lugar de
a dos kilómetros del mar. También está el dulce, salado y pegajoso olor a
palomitas y algodón de azúcar, que me recuerda al paseo marítimo en la Costa de
Jersey. Las atracciones giratorias hacen que las voces de la multitud, la música y las
luces giren alrededor, de una forma que me marea, pero en el buen sentido, como
cuando era pequeña y giraba en círculos con los brazos extendidos, hasta que me
derrumbaba en la hierba, riendo.

—Está bien, Delaney. Debemos estar listos para la noche. —Papá sacude con la
mano tres acordeones gruesos de tickets amarillos.

Todavía estamos en la entrada porque esperamos a alguien. Pero papá no lo sabe.


Ya lo he enviado dos veces para que consiguiera más entradas y, puedo decir, que
él está empezando a preguntarse por qué no nos hemos ido todavía. Lleva
vaqueros y, por una vez, parece casi normal. Le dije que no saldría de casa si él
llevaba su atuendo de voy-de-camino-al-campo-de-golf, con pantalones de color
caqui y su camisa de polo. Aunque no sé la razón, quería que se viera menos friki.

Tan pronto como llegamos a la casa del paraíso de los helados, le envié un
mensaje de texto a Gina desde el teléfono de papá, pretendiendo ser él, y la invité
a venir. Yo sabía que ella no estaba trabajando, porque recordé lo emocionada que
estaba de que la firma de papá no fuera la noche del sábado. Había enviado un
mensaje al instante para decir que estaría encantada de unirse a nosotros, pero no
está aquí.

—Delaney, ¿qué estamos esperando? Vamos.

Estoy pensando en una falsa pelea de intoxicación alimentaria cuando mi teléfono


móvil suena. Espero que no sea Gina cancelando. Reviso la pantalla… Cadie: “Llego
tarde. Te encontraré.”
—Oye —Me regaña papá—. Devuélveme el teléfono.

—Está bien, está bien. —Trato de no suspirar de alivio en voz alta.

El mensaje de Cadie no es gran cosa. De todos modos estaba esperando que Cadie
apareciera después de que yo hubiera salido con Flynn durante un rato. Su llegada
tenía que parecer una coincidencia, no una emboscada.

—Incluso si un nuevo cliente aparece esta noche —anuncia papá—, lo voy a


ignorar.

—Eso es un poco frío, papá. De todos modos, ¿te olvidas que no tienes una opción
al respecto? Si el deseo te golpea, estarás de vuelta en tu puesto.

—De alguna manera obtendré la información y más tarde me pondré en contacto


con ellos. Tú eres más importante, Delaney. —Papá sonríe con orgullo en esta
demostración de prioridad paternal y siento una punzada de culpabilidad debido a
mi engaño, pero sé que más tarde estará agradecido conmigo.

—Está bien, también apagaré mi teléfono —le digo lentamente—. Bien… ahora…

Por suerte y gracias a Dios, un segundo después puedo exhalar aire otra vez, ya
que aquí viene Gina. Ella da un paseo a través de la entrada, saludando
alegremente. Lleva vaqueros, con un top blanco de encaje debajo de una chaqueta
de terciopelo color óxido tintado. Luce mucho mejor fuera de su vestimenta de
librería… más joven y divertida. Sin embargo, sus molestos zapatos de deporte
arruinan la imagen. Su traje clama por unas botas.

—¿Llego tarde? —dice, mirando a papá, que está mirándome a mí.

—Justo a tiempo —le aseguro—. Acabamos de llegar hace unos minutos.

—Gina, me alegro de verte —dice papá finalmente. Se obliga a sonreír y salgo con
cuidado fuera de su línea de visión para que no pueda lanzarme una mirada
acusadora.

—Está bien, entonces, ahora creo que voy a ir a buscar a mis amigos. Nos
reuniremos más tarde, ¿de acuerdo? ¡Estupendo!

Salgo hacia afuera, más allá de la taquilla, y me deslizo por detrás de un puesto de
palomitas de maíz. Cuando me asomo, papá y Gina están donde los dejé,
intercambiando incómodas sonrisas. Estoy segura de que allí hay algún pequeño
deseo, por lo menos podría concederle uno a Gina para que hablasen, pero papá
podría comprenderlo y mi tapadera ser destruida.
—Lo siento mucho, Gina —dice papá. Oh, no. Va a arruinarlo todo—. No tenía ni
idea de que Delaney fuera a encontrarse aquí con sus amigos.

Solté otro suspiro de alivio y evité comenzar a gritar ¡Sí!, porque ¡no iba a
arruinarlo! No va a dejarle saber que fue engañado. Sabe que ella estaría
avergonzada y él es demasiado bueno como para hacerle eso, incluso si eso
significa que tendrá que seguir mi plan. Esto es con lo que contaba.

—No estoy sorprendida —dice Gina—. Cuando tenía su edad, tampoco quería salir
con los “viejos”. Tendremos que divertirnos sin ella. —Ambos sonríen. Excelente.

—¿Qué tal si empezamos con maíz dulce? Comenzar con una buena dosis de
azúcar.

Vaya. Está bromeando, prácticamente coqueteando… y sugiriendo que coman


comida chatarra. Es incluso mejor de lo que había esperado. Ahora que ya pasó la
conmoción, quiere divertirse con ella. Sabía que estaba haciendo lo correcto.

Encuentro a Flynn donde sugirió que nos viéramos, en el adivino mecánico. No me


sorprendente que tenga una cámara con él, pero solo una, del tipo de bolsillo, y
está tomando fotografías sin parar. Sus objetivos son bizarros: un cono de papel
para los algodones de azúcar, limpio y tirado en el suelo; la rueda oxidada de un
carro de limonada; y un niño con el rostro pintado como tigre haciendo una
rabieta porque es demasiado pequeño para subir a un juego mecánico. Flynn está
completamente abstraído en lo que está haciendo, justo como cuando yo hago un
boceto. En realidad, me siento un poco sobrecogida, hasta que voltea su cámara
para fotografiar sus propios pies junto a un sorbete y me tengo que reír porque, lo
siento, esto es demasiado extraño.

Flynn me escucha y dirige la cámara en mi dirección. Toma una fotografía, luego


baja la cámara y camina hacia mí.

—Puede que haga toda una galería dedicada a fotografías tuyas riéndote de mí —
dice—. ¿Qué piensas?

—Pienso que si lo hicieras, las personas se reirían de ti por hacerlo.

—Entonces tomaré fotografías de esas personas. Y luego fotografías de personas


riéndose de esas fotografías. Será una serie completa. Lo llamaré “Meta Burla”.

—Estaré feliz de ayudar hoy riéndome tanto de ti como pueda.


—Eso es muy generoso de tu parte. —Flynn sonríe y mete la cámara dentro de uno
de los bolsillos de su chaqueta, luego saca una moneda de otro bolsillo. Asiente
hacia la cabina de vidrio detrás de él, donde un genio robot con un desgastado
bigote pintado y un turbante verde de satín está mirando a la nada—. ¿Quieres
preguntar o lo hago yo?

—Qué tal esto: “¿Es una pérdida de dinero preguntarle a un pedazo de metal sobre
tu fortuna?” —sugiero.

—No creo que hayas entendido lo divertido en esto, señorita Collins, así que yo
pregunto. —Coloca la moneda en una bandeja a un lado de la cabina, la bandeja
se desliza y una luz rojiza en el techo del interior de la cabina se enciende.

El genio levanta sus palmas hacia nosotros.

—O gran genio —dice Flynn con una voz grave, medio cantando las palabras como
si fuera un encantamiento, su mirada es de una falsa intensidad—. ¿Será ésta la
mejor aventura de carnaval de todos los tiempos?

El robot se mueve hacia la izquierda y baja las manos. Una pieza de papel sale de
una ranura al lado de donde se ponen las monedas y Flynn la lee mientras frunce
el ceño. Se la arrebato de su mano. “No lo creo”, dice con letras azules. Flynn me
mira preocupado, como si fuera a ser aplastada o algo parecido.

—Quien sea que escribe estas cosas es un descerebrado —digo—. Nadie va a


poner otra moneda si todo lo que te da son respuestas negativas.

Flynn sonríe, aliviado.

—Excelente punto. —Me quita el papel—. Voy a quedármelo y después de que


tengamos una fantástica noche, regresaremos y demandaremos un reembolso.

Nos dirigimos a una cabina de “prueba tu suerte”. Luego pasamos por el


concurrido campo de tiros, el de dardos, globos y nos detuvimos en la cabina de
lanzamiento donde no había fila. Flynn saca una larga hilera de tiquetes del bolsillo
y le da cinco al vendedor. Un tipo bronceado unos pocos años mayor que
nosotros, con cabello largo y un cigarrillo colgando de su boca, quien le entrega a
Flynn seis pelotas de béisbol. Este me ofrece un par a mí, pero insisto que lo haga
en la primera ronda.

Hay un enorme blanco tridimensional saliendo detrás de la cabina, hecho de aros


de manera agrupados unos con otros, con un gran hueco al final de cada círculo
donde va el balón. Tienes más puntos si metes en balón en el aro más pequeño y
menos por el más grande que encierra a los demás. Si el balón no queda en
ningún aro, este caerá sobre la base del césped desgastado y rodará por el canal,
donde desaparece.

Mientras Flynn se prepara yo casualmente apunto con mi sorbete hacia los aros,
uno tras otros caen en el centro de los aros. Flynn se sorprende por sus
extraordinarios ojos.

—Sorprendente. —Me sonríe—. ¿Está usted impresionada señorita Collins? ¿Soy


increíble o qué? —Es bastante divertido. El joven rubio señala una fila de juguetes
que cuelga de ganchos a un lado de la pared. Flynn se vuelve hacia a mí, todavía
con su orgullosa sonrisa en el rostro—. Tú escoges, Delaney.

Todo se ve igual de feo, bolsas con pequeños animales del zoológico, pistolas de
agua, lentes de sol endebles.

—Eso irá directamente a la basura.

Flynn me mira con un fingido enojo.

—Eso es tan como tú.

—¿Quieres decir, consciente del medio ambiente?

—No irá al basurero si te lo quedas.

—Bien, tomaré el perro.

Señalo a un espantoso perro con pelaje azul. Raza: perro callejero de dibujos
animados. Exactamente lo que necesito, ahora puedo purgar mi habitación de su
aura de niña pequeña. Al menos no es rosado.

El rubio me entrega el perro y me guiña un ojo. Sería lindo si no fuera por el


apestoso palito de cáncer. Así que le muestro mi mirada hostil y se aleja.

Flynn sugiere comprarme otra ronda, pero le digo que vayamos en búsqueda de
mejores premios. No es una búsqueda muy exitosa, pero Flynn está demasiado
impresionado por su actuación atlética para que le importe.

—No puedo creerlo, siempre fui malo en béisbol.

—Tal vez mejoras con la edad.

—Sí, apuesto que es eso.


Terminamos en la cabina para lanzar pelotitas. No necesité magia para conseguir
tres X en una fila, una tras otra.

—Había un estanque cerca de donde vivíamos en Nueva Jersey —expliqué—. Mi


madre y yo solíamos hacer concursos de lanzar en el verano.

Dejo que Flynn escoja el premio esta vez. Elige un brazalete de cuencas rojas,
amarillas y me lo entrega.

—Necesitas agregar algo de color a tu vida, Delaney Collins. —Este es el tipo de


comentarios que normalmente me pone en posición de ataque, pero ahora no es
así. Incluso cuando él mueve el brazalete en frente de mi cara, diciendo—: Sabes
que lo quieres.

No golpeo su mano o digo un mal comentario. En su lugar, tomo el brazalete y me


lo pongo. Dejando el elástico presionando en mi muñeca.

—¿No crees que choca con mi actitud? —pregunto.

—Te gusta eso.

Es cierto, me gusta. Él ha llegado a conocerme, se siente bien, mal y raro al mismo


tiempo.

—¿Qué es lo siguiente?

Mientras pasamos las atracciones vemos parejas caminar, algunas de ellas


agarradas de las manos. Claro que nosotros no somos pareja, somos un par de
personas caminando al lado del otro, pero aun así… me hace preguntarme si esto
es lo que se siente estar en una cita, no he estado en una porque nunca lo he
querido. Para el momento en que estaba en octavo grado los chicos me tenían
miedo y no me importó porque todos los chicos son unos tontos. Con excepción
de Flynn. Brendan y Skids son frustrantemente ridículos, pero está bien, y hay otros
chicos en el colegio que ahora que los conozco…

—¿Es ese el Dr. Hank?

Una mujer golpea el hombro de su amiga, señalando donde se encuentran papá y


Gina, que están caminando directamente hacia nosotros. Agarro a Flynn de su
chaqueta y lo arrastro detrás de unos contenedores reciclables.

—Es mi papá.

—¿En serio? ¿Tu papá es el Dr. Hank? —Flynn mira de reojo hacia papá.
—Luce diferente en persona.

—Shhhh.

—¿Él no sabe que estás aquí?

—Claro que sí, vinimos juntos.

—Entonces vayamos a saludarlo. —Flynn se levanta, pero lo agarro y lo traigo de


vuelta.

—No, está en una cita.

Papá habla con todos los fans que lo rodean, él se inclina mirándose sincero e
implorante, ellos asienten, murmuran y se alejan.

Flynn y yo permanecimos en nuestras posiciones de espionaje y miramos como


papá le compraba a Gina un algodón de azúcar, azul pálido, como mi perro.

—Parece como si estuvieran pasando un buen rato, ¿no crees? —susurré. Papá le
dice algo a Gina y ella ríe. Ambos rompen en pedazos el algodón de azúcar para
comer.

—¿Quieres que lo tengan?

—¡Claro! Yo hice que pasara.

Flynn sonríe astutamente.

—Ah, veo que tú has dirigido tus impulsos de casamentera a otra parte.

—Ajá —Técnicamente, es la verdad. He dirigido mis impulsos de casamentera a


otra parte… además de su objetivo original.

Papá y Gina ríen de nuevo y merodean por el lugar. Una vez pasado el peligro,
Flynn y yo damos un paso para salir por detrás de los contenedores. Entrelazamos
nuestro camino a través de un diminuto grupo que rodea la estación de pintura
para la cara y el hombre de los globos de animales.

—¿Qué se siente tener al Dr. Hank por padre? —pregunta Flynn.

—Desafiante. Cree que lo sabe todo.

—¿Lo sabe?
—Él no me conocía muy bien, hasta que me mudé aquí. Antes casi nunca lo veía
más de unas pocas semanas. Hasta ese entonces y durante la mayor parte de mi
vida lo odiaba. —Era sorprendentemente fácil decirle a Flynn esto. Me ve como si
en verdad escuchara y hace que las palabras salgan más fácilmente—. Si mi mamá
no hubiera muerto, nunca lo hubiera conocido en absoluto.

Una imagen de mi madre vino, lanzando una piedra a través del estanque y
bailando cuando me vence en mi récord de saltos. Después ella está abrazándome,
haciéndome perder el equilibrio, causando que nos caigamos en el agua mientras
reímos. Después de un segundo, la visión se desvanece, como una luz apagándose.

Miro hacia el cielo, como si pudiera ver a mi mamá allí, pero solo es la oscura nada.

—¿Por qué algo malo tiene que pasar para que algo bueno pase?

Flynn piensa sobre esto y se encoge de hombros.

—La vida apesta. —Me gusta esa respuesta y me gusta Flynn por decirla. Me
entrega el perro de peluche, pero en vez de abrazarlo, lo agarro con una mano y
golpeo su pequeña linda carita con la otra. Flynn se ríe—. ¿Se siente mejor? —Me
encojo de hombros, después disculpándome le doy una caricia a la cabeza del
perro—. Esto es lo que necesitamos hacer —dice Flynn—, exactamente en este
orden: la divertida casa de los espejos, manzanas de caramelo, rueda de la fortuna,
algodón de azúcar.

—Vaya —digo—. Señor Toma el Cargo.

—Solo llámame TC. —Flynn toma mi mano y me tira a través de la multitud. Sus
manos se sienten muy presentes en las mías. Como si toda la energía de nuestro
cuerpo estuviera moviéndose en ellas, con nuestro pulso sanguíneo en sincronía.

Miro encima de él, preguntándome si está sintiendo la misma cosa, pero está
apuntando hacia la casa divertida. Es un edificio de aspecto destartalado con una
boca gigante de payaso pintada alrededor de la entrada. Corremos hacia la boca
abierta y nos sumergimos.

Mientras estábamos parados en frente del espejo ondulado que nos hacía parecer
gordos, altos o raros, Flynn me hace preguntas acerca del cuestionario del anuario.
Hablamos sobre bandas favoritas, programas de televisión, sitios web y
terminamos en bocadillos favoritos. Flynn: rosquillas con cubierta de canela. Yo:
nachos súper picantes con Tabasco.
Hemos respondido todas las preguntas para el momento que dejamos la casa de la
diversión y nos poníamos en línea para las manzanas de caramelo, pero se sentía
como si apenas hubiéramos empezado. Como si hubiéramos pelado la naranja,
pero adentro todavía hay fruta que aún no hemos tocado. Sugiero que el siguiente
año deberíamos agregar unas cuantas preguntas más grandes y profundas,
preguntas que todo el mundo respondiera de forma diferente.

—¿Cómo qué? —pregunta Flynn.

—Como: “¿Dónde irías ahora mismo si pudieras ir a cualquier parte del mundo?”

—Tú primero —dice.

—Esa es fácil. Italia. Tierra de las tiendas de zapatos. Paraíso de las botas. Incluso el
país tiene la forma de una bota.

—Yo iría a algún lugar tan grande, hermoso e impresionante del que no se pudiera
tomar una foto. Algún lugar al cual mires fijamente y es como si tú fueras sacado
de ti mismo.

Cierro mis ojos, imaginándolo.

—Tal vez, como el Gran Cañón —dice.

—O Legoland.

Flynn sonríe satisfecho.

—Correcto. ¿Caramelo natural o caramelo de chocolate? —Le doy a Flynn una


mirada—. No estoy sugiriendo que esa sea una pregunta del anuario. Seguimos
con lo siguiente. —Hace un ademán a la dama del caramelo, quien está esperando
por nuestra orden. Me gusta el chocolate, pero una manzana de caramelo debería
ser lo real y le digo a Flyn esto—. Respuesta correcta. Solo te estaba probando —
dice y enseguida ordena dos.

En el camino hacia la rueda de la fortuna, tomo una mordida de mi manzana. Está


salada, agria y dulce, demasiado perfecta. Definitivamente esto es como una cita
debería de ser, claro, si esto fuera una cita. Lo cual no es.

—Tengo una —dice Flynn—. Si fueras un dulce, ¿qué sabor serías?

—Limón amargo —digo. Flynn sonríe—. Y tú serías de coco.

—Muchas gracias.
—¿Preferirías tener varicela o hiedra venenosa?

—¡Hiedra venenosa! —decimos juntos, y las otras persona en línea nos miran
alarmados, haciéndonos partirnos de la risa.

Cuando llegamos al frente de la línea, Flynn se traga su última mordida de la


manzana y lanza su palo en la basura. Me aferro a la mía, porque nunca sabes
cuándo podrías necesitarlo para conceder un pequeño deseo. Una chica con cola
de caballo nos conduce a nuestros asientos y baja la barra sobre nuestras piernas.
La rueda se eleva unos metros y después se detiene, para cargar a las próximas dos
personas.

—Dame otra —dice Flynn—. Una real esta vez.

Estudio a Flynn, preguntándome qué le podría preguntar sobre él que no pudiera


adivinar por mí misma y decido que esa es la pregunta.

—¿Cuál es la única cosa que las personas no entienden sobre ti?

Flynn mira fijamente al carrusel que gira y gira a unos pocos metros de distancia y
piensa.

—Esas fotos no son solo fotos para mí. —La rueda se pone en marcha de verdad y
el carro se eleva. Los sonidos del carnaval se mezclan entre ellos y se apagan
mientras subimos, más y más alto, flotando dentro de la noche—. Para mí son más
reales de lo que tú ves en la vida —explica—. ¿Sabes cómo un vampiro no emite su
reflejo en el espejo? Es lo opuesto. Una foto captura el verdadero reflejo. De todas
maneras, eso es lo que pienso. —Aquí arriba por encima del resplandor, las
estrellas son visibles. La luz en Flynn es un rayo de luna azul y podrían ser las
sombras, pero sus pestañas parecen asombrosamente largas.

—Eso es algo que las personas no entienden sobre tus fotos. No tú.

—Yo soy mis fotos —insiste.

—Profundo.

—Tú eres quien lo quiso profundamente.

—No me refería a oscuro.

Sin embargo, lo que ha dicho me hace querer ver sus fotos de nuevo, incluso
estudiarlas, para descifrar qué revelan.

—Pienso que deberías hacer una serie llamada “Profundo Secreto”.


Flynn sonríe.

—¿Qué hay sobre ti, Delaney Collins? ¿Cuál es tu profundo secreto?

Nuestro carro se desliza en un arco sobre el tope de la rueda y después empieza a


caer. Trato de salir con una respuesta. No puedo decirle acerca de ser una HM.
¿Pero qué más hay?

—Tú tomas las fotos mágicas —digo—. Me lo contaste.

Flynn saca su cámara y me mira a través del visor.

—No eres tan dura como pretendes.

Tan equivocado.

—Sí. Lo soy.

Flynn baja la cámara y sacude su cabeza.

—Algunas personas son todas suaves y frágiles en el exterior. Puedes vencerlas


fácilmente y ellos podrían quedar bien magullados, pero nunca se rompen, porque
adentro hay un núcleo de acero. —Nos deslizamos pasando el suelo cubierto de
heno y después comenzamos a subir de nuevo—. Y otras personas tienen esta dura
y gruesa cáscara. Porque dentro no hay nada más que jalea.

—¿Estás diciendo que soy jalea? Tienes suerte de que tenemos una barra
bloqueándonos dentro o tú serías jalea… regada en el suelo.

—Vamos, admítele la verdad a Rufus. —Flynn sostiene el perro azul en la barra.


Pellizco la nariz del perro y Flynn suelta un aullido, después habla en una voz
aguda, como si él fuera el perro—. Vamos, Delaney, vamos, vamos, admítelo.

Sonrío y le arrebato el perro.

—Admítelo —dice Flynn suavemente en su propia voz. Alcanzamos la cima de


nuevo y la rueda para.

Abrazo a Rufus mientras nuestro carro se mece gentilmente. El distante tintineo de


los rieles y el murmullo de las voces es como una banda sonora, cambiando a un
sonido bajo. Considerando todo lo que ha pasado en las últimas semanas, parece
que tal vez, posiblemente, la pequeña chica despistada que solía ser, aún sigue
ahí… a pesar de que quería deshacerme de ella, en realidad nunca se fue.

Esto no es tan inquietante como esperaba que fuera.


El silencio se instala sobre nosotros mientras miramos hacia abajo a las personas
que se encuentran en el suelo. El silencio entre nosotros no es incómodo en este
momento. Es cómodo. Bueno.

Flynn le da palmaditas a la cabeza del perro y sé que sabe que la no respuesta es


mi respuesta.

Miro hacia afuera, sobre el suelo del carnaval, encuentro a papá y Gina, muy lejos,
en frente del genio mecánico. Probablemente debería buscar por Cadie, pero tan
pronto como pienso esto, no quiero mirar.

No quiero encontrarla.

Está mal, lo sé. Nunca seré capaz de ayudar a alguien más de obtener su gran
deseo. Estaré robándole a Flynn el suyo. Tendré que vivir con su anhelo junto a mí,
en mi cara, para siempre. Nunca obtendré la varita mágica.

No me importa.

La rueda empieza a moverse de nuevo y mientras flotamos hacia abajo, encuentro


a alguien familiar al borde del grupo, vistiendo un vestido de fiesta con volantes
que parece totalmente fuera de lugar aquí. No es Cadie. Pero es casi tan malo.

Oh. No.

Cuando alcanzamos el fondo, la chica con cola de caballo levanta la barra y ambos
saltamos, pero por diferentes razones.

—¡Lo siguiente, algodón de azúcar! —anuncia Flynn y sonríe hacia mí.

—Tengo que, eh, ir al baño. —Empujo a Rufus hacia él—. Tú consigue el algodón
de azúcar y nos encontraremos aquí de nuevo. —Antes de que Flynn pueda
contestar, salgo corriendo.

Debe de ser la hora pico del carnaval porque a todas partes donde doy vuelta hay
estudiantes de secundaria, universitarios besándose y pequeños niños que se
mueven lentamente, incluso sus padres son aún más lentos. Intento caminar por el
río de gente, empujándolos a todos fuera de mi camino.

Finalmente encuentro el vestido. Rosado naranja con un gran moño ceñido en el


frente, el cual está desatado. Demasiado grande y cayéndose de un hombro.
Cuando me acerco, puedo ver el desastre de su pelo permanente y se siente como
si mi corazón ha caído a mi estómago porque en verdad es ella.
—¡Andrea! —Saludo con la mano y corro hacia ella.

—Oh, hola, Delaney. —Su sonrisa está torcida y forzada, su rímel manchado—.
Estoy buscando a tu papá. Me dijo que te traería aquí esta noche.

Sus ojos se mueven agitadamente alrededor, de un modo de crisis psicótica.

—¿Él sabe que estás aquí?

La sonrisa de Andrea se tuerce, después se disuelve y deja caer su cabeza entre sus
manos.

—Es tan horrible. —Me mira. Sus ojos son rojos y de película de miedo, con una
línea irregular de rímel—. Aaron me llevó al lugar en el que tuvimos nuestra
primera cita, para celebrar. Quería verme como me veía esa noche… estaba tan
linda. —Deja salir un tembloroso sollozo—. Y traté. ¿Ves? —Agita una mano
temblorosa hacia ella—. Traté de hacerlo por mí misma. Compré un vestido.
Arreglé mi cabello. —Ahora noto que hay horquillas en toda su cabeza, que
sobresalen al final de los rizos, como pequeños pararrayos—. Pero no pude
hacerlo. No pude fingir. Así que lo dejé. Dejé a Aaron.

—¿Rompiste con él? —Miré alrededor, esperando que papá y Gina estén muy lejos.

—No. Lo dejé en el restaurante. Tuve que pedirle a la camarera que me llamara a


un taxi. —Aprieta sus manos juntándolas, haciendo que sus nudillos se pongan
blancos—. Necesito la magia. —Me suplica, como una adicta al crack en
abstinencia.

Tomo su brazo y la dirijo de vuelta a la entrada.

—Le diré a papá que te llame mañana.

—No, no, no. Tengo que verlo. —Andrea lucha para liberarse, pero aprieto mi
agarre.

—Tienes que tomar una siesta primero. Él no será capaz de hacer algo por ti ahora.
La magia no funciona si estás muy estresada. —No tenía idea si esto era verdad,
pero no es tan raro como las otras reglas de HM.

—¿De verdad?

—Sí. La mala energía como que desvía la buena. El hechizo rebotaría justo fuera de
ti.

—Oh. —Se cansa de luchar—. Sin embargo, el taxi se fue. ¿Cómo llegaré a casa?
—Podemos pedirle a alguien de la taquilla que llame a otro para ti. —Crisis
evitada.

Hasta que escucho a alguien detrás de mí. La voz de papá.

—¿Andrea?

Andrea da una vuelta, para poder liberarse de mi agarre. Corre hacia papá con los
brazos extendidos y, en un segundo, los tiene envueltos alrededor de él en un
sentimental abrazo.

—No puedo hacerlo sin ti, Dr. Hank. Lo necesito.

Gina se mantiene a unos cuantos pasos atrás de papá, con sus ojos sin pestañear y
boquiabierta, como la boca del payaso en la entrada de la casa divertida. Sería
divertido si no fuera tan catastrófico.

Papá le da unas cuantas palmadas en la espalda a Andrea y sonríe modestamente


a Gina.

—Cliente —dice.

—Lo es —le aseguro a Gina.

Papá trata de quitarse a Andrea, pero ella lo está agarrando fuerte.

—Algunos de ellos pueden ser un poco… necesitados —dice él, y sonríe de nuevo,
pero la expresión aturdida de Gina se ha congelado en su cara. Solo sus ojos se
mueven, cambiando de papá y de vuelta a Andrea.

Agarro una de las muñecas de Andrea y la aprieto fuertemente para que deje ir a
papá.

—No se supone que abraces a tu entrenador de vida —le regaño, lanzándole una
mirada a Gina para asegurarme de que esté escuchando.

Andrea respira profundamente y se aferra a mí como si fuera a colapsar si no la


sostengo.

—Es más que un entrenador de vida —gime Andrea—. Él es un protector de vidas.


Un salvador de vidas... un salvador del amor. —Mira fijamente a papá con trágica
adoración.

—Andrea... —Papá niega con la cabeza. Ya no está mirando a Gina. Esto no es


bueno.
Andrea parpadea para alejar las lágrimas del pegajoso rímel y mira alrededor de
todos nosotros.

—He interrumpido su paseo familiar. Lo siento mucho. Todo lo que hago está mal
—Nuevamente deja caer su cabeza entre sus manos.

—No pasa nada —dice Gina. Trata de sonar optimista, pero su voz es firme y tensa,
como una cola de caballo con una banda de pelo demasiado pequeño—. Debería
irme de todos modos. Se está haciendo tarde.

—¡Pero Andrea ya se va! —protesto—. Ahora mismo.

Debido a esto Andrea toma un trago lloroso y papá cierra los ojos como si
estuviera adolorido.

—Está bien, Delaney. —Gina acaricia mi brazo, luego se vuelve a papá—. Gracias,
Hank. Me lo pasé muy bien. Nos vemos en la firma. —Mira a Andrea—. Encantada
de conocerte.

Andrea sonríe con gratitud a través de sus oscuras lágrimas.

—Oh, gracias. A ti también.

Gina se aleja y papá parece no darse cuenta. Solo mira fijamente al frente de él, de
regreso al señor Congelado.

—Ella es muy bonita —me dice Andrea, su pánico ataca de nuevo—. Uno nunca
piensa que un hada madrina tenga una vida amorosa. —Se gira hacia papá—. Pero,
por supuesto, debes tenerla. Tienes una hija.

—Voy a llevarte a casa, Andrea —dice papá en su voz profesional de: "Yo estoy al
mando" del Dr. Hank—. Hablaremos el lunes. Durante las horas de oficina.

Andrea asiente. Papá me lleva a un lado.

—Vuelve con tus amigos, Delaney. Llámame si quieres que te recoja.

—Ve a buscar Gina —le pido—. Dile que vuelva. No es tan tarde.

Sacude la cabeza con una triste sonrisa.

—Es demasiado tarde.

—¡Estaban pasándola muy bien!


—Aprecio lo que intentaste hacer, Delaney. Pero tienes que confiar en mí para
cuidar de mi propia vida. —Coloca su mano en mi hombro y lo aprieta. Sé que no
hay nada que pueda decir para hacerle cambiar de opinión.

Mi estado de ánimo se ha desinflado como un globo de carnaval reventado, pero


luego pienso en Flynn, esperándome con algodón de azúcar y su sonrisa tonta, y
esto me infla de nuevo.

Me siento más y más ligera mientras me apresuro a través de la multitud, a medida


que avanzo le envió mensajes de texto a Cadie, diciéndole que no venga, que
teníamos que irnos temprano y que la llamaré. De alguna manera después haré las
paces con ella. Iremos de compras. O le diseñaré un par de botas especiales.

Veo a Flynn más adelante, de espaldas a mí, sosteniendo dos conos de algodón de
azúcar y el perro de peluche bajo el brazo. Me estoy elevando aún más alto, como
si mis botas tuvieran chorros de aire en el fondo y en cualquier momento me van a
levantar de la tierra.

Entonces veo con quién está hablando y aterrizo a la realidad con un doloroso
golpe.

Cadie.

Ella está de pie junto a una chica que no reconozco. Cadie le dice algo a Flynn y él
se acerca para tocarle el brazo. Cadie le sonríe de la forma más cálida y sincera que
he visto en mi vida, lo que ya es decir algo por parte de ella. Dice mucho en
realidad, y lo que dice es principalmente acerca de Flynn. Él es su príncipe.

Cierro mi teléfono, sin enviar el texto. Me siento fuera de balance y mareada. El aire
se ha vuelto pesado de repente y el olor de la muchedumbre del carnaval me
provoca náuseas, el olor salado ahumado de las palomitas de maíz, el dulce
enfermizo del algodón de azúcar y la amarga pizca de la limonada. La manzana de
caramelo se agita en mi estómago. Tengo que salir de aquí.

—Delaney —Cadie me ha visto.

Me hace señas con la mano y salta sobre los dedos de los pies, como si estuviera a
punto de iniciar una porra deletreando mi nombre. Está usando vaqueros cortos,
una camiseta blanca y brillante con tenis altos; su cabello está recogido en una
floja trenza. Esta debe ser su idea de "ser ella misma". Cierto. Muy atrevido. Se ve
como una estrella de cine subiéndose a un avión, vistiendo informal, pero todavía
hermosa.
Me acerco caminando penosamente, arrastrando mis botas a través de la paja.
Flynn me sonríe, una ola de molesto mareo y dicha brota de él, golpeándome. Eso
debe ser lo que me está enfermando tanto. Sin embargo, no voy a quitarle de una
bofetada la tonta sonrisa de su cara, porque esto es lo que yo quería. Flynn
consiguió su deseo. Y yo ni siquiera estaba aquí para verlo suceder. Es como dijo
papá, no necesitas la magia. Al parecer, ni siquiera necesitas al HM.

Lo que sea. Lo que importa ahora es que tengo la varita, nada más. Agarro un trozo
de paja, pero cae sin fuerzas de mi mano. No me siento poderosa. Me siento
totalmente debilitada. Tal vez algún tipo de recarga tiene que ocurrir antes del
próximo cliente, aunque la idea de pasar por todo esto otra vez me agota aún más.

—Hola, Delaney —dice Cadie cuando los alcanzo, su sonrisa tan genuinamente
auténtica como siempre—. Esta es Emma.

La otra chica dice hola. Tiene el cabello salvaje de un rojo rizado, con múltiples
perforaciones en la oreja, y lleva una túnica india con mucho bordado en espiral
sobre pantalones de color marrón. Sin duda no es una de las amigas porristas de
Cadie. Ella no dice mucho y me da la sensación de que es una prima o la hija de un
amigo de la familia que ha sido obligada a acompañarla. La tercera en discordia. La
excluida. Sé cómo se siente.

—Estaba a punto de decirle a Flynn, voy a tener una fiesta en la playa mañana —
dice Cadie—. Quiero que ustedes vengan.

—¡Voy a estar allí! —dice Flynn. ¿Tiene que ser tan entusiasta? No es que me
importe. Ya no.

Cadie mira ansiosamente hacia mí.

—No puedo, estoy ocupada mañana —le digo—. De hecho, me tengo que ir ahora.
—Sé que debería tratar de traer a Emma conmigo para que la feliz pareja pueda
entrar en confianza, pero no puedo soportar estar aquí por más tiempo—. Mi papá
tiene una crisis relacionada con el negocio. Me necesita.

Cadie y Emma dicen que lo sienten, haciendo un buen trabajo sonando como si lo
dijeran en serio, e incluso la sonrisa de Flynn se desvanece un poco.

—Pero tengo tu algodón de azúcar —dice Flynn. Tendiéndomelo.

—Ustedes pueden compartirlo. —Mientras digo esto, tengo una imagen mental de
Cadie y Flynn con sus manos alrededor de un cono, con los dedos tocándose, sus
labios cada vez más cerca con cada mordisco…
—¿Entonces te llamo? —dice Flynn, inseguro.

Alejo la imagen.

—Está bien. —No lo miro. No miro a ninguno de ellos. Solo salgo corriendo,
marcándole a papá mientras me voy, haciendo caso omiso del último grito de
Flynn detrás de mí.

—¡Se te olvidó Rufus!

De camino a la salida veo a una niña pequeña llorando y con rastros de una paleta
helada color naranja por todo su rostro. Dirijo el palito hacia ella, pero no sucede
nada. Ni siquiera puedo conseguir suficiente concentración para realizar un
pequeño deseo. O las ganas. La niña es la única que se embadurnó por todas
partes del dulce de sabor artificial congelado. Déjala vivir con eso. Rompo el palito
en pedazos y los lanzo al piso. Un par de metros más adelante, el robot adivino se
burla de mí con su sonrisa.

Como si supiera que estuvo en lo correcto con su predicción después de todo.

***

Papá conduce por la entrada al estacionamiento del carnaval hasta el rollo del
heno en el que estoy sentada. Abre la puerta y entro.

—Eso no te tomó mucho tiempo. Todavía ni siquiera había llegado a la casa.

—Todos se están yendo.

—Sí estaban allí tus amigos, ¿cierto? —pregunta—. ¿No estuviste sola?

—¿Por qué mentiría sobre eso? Tengo amigos. —Al menos pensé que los
comenzaba a tener. Ahora no estoy tan segura—. Era un grupo de la escuela.

—Y todos decidieron ir a casa al mismo tiempo.

—No hay mucho que hacer aquí, en caso de que no lo notaras. Habíamos subido a
todos los juegos mecánicos, jugamos en las cabinas, comimos manzanas
caramelizadas. ¿Qué más faltaba?

—Delaney, ¿sucedió algo? ¿Algo que no me estás contando?

—No. No pasó nada. —Absolutamente nada. Para detener el futuro interrogatorio,


dirijo la conversación hacia él—. ¿Cómo está Andrea?
—Bien.

Ahora es él quien no quiere hablar, lo que está más que bien conmigo, porque
preferiría no pensar más sobre esta noche, gracias. Si tuviera el poder, borraría el
día completo de mi memoria. Pero claro, no conseguimos poderes que hagan
nuestras vidas más sencillas.

Escapo a mi habitación cuando llegamos a casa, pero los recuerdos de la noche me


siguen a través de la puerta cerrada, amontonándose en una masa asfixiante.
Aparto las imágenes de Cadie, de ella y Flynn, dejando solo a Flynn; dándome la
pulsera, sonriéndome en la rueda de la fortuna, bromeando en la casa de la risa.

Sosteniendo mi mano.

Aún llevo puesta la pulsera, pero me la quito y la lanzo en mi papelera de la


Sirenita, pensando en el futuro vertedero. Me quito mis botas, subo a la cama y
llamo a Posh. No necesito hablar, solo quiero tirarme aquí y escucharla parlotear
sobre un nuevo superconductor o cámara de fusión nuclear que haya leído en
Internet, sus palabras sin sentido uniéndose juntas hasta que se posen sobre mí
como una manta caliente.

—¡Delaney! —grita Posh cuando responde—. ¿Adivina quién vino? ¡Christopher


Marlin!

¿El nerd del club de ajedrez? ¿El de la cara de pescado? ¿Con barriga y cabello
rapado? ¿Desde cuándo él y Posh son amigos?

—Estábamos en la clase de Princeton juntos. Te lo dije, ¿no es así? Mamá dijo que
podemos quedarnos en el patio trasero y ver los Eta Acuáridas54. Son esta noche.
¿Te llegó mi email? Tienes que verlos.

Comienza a hablar sobre todo el equipo que han juntado: sillas reclinables, mantas,
pretzels, cerveza de raíz y claro, un mapa celeste, además de un cronómetro para
poder medir los intervalos entre las estrellas fugaces y hacer notas.

—Las Eta Acuáridas no son tan buenas como las Perseidas55, pero Christopher dice
que demasiados meteoritos se vuelven aburridos después de un rato, porque no
hay emoción por la anticipación.

54
Eta Acuáridas: son una Lluvia de meteoros asociadas con el Cometa Halley.
55
Perseidas: popularmente conocidas como las Lágrimas de San Lorenzo, son una lluvia de
meteoros de actividad alta. No es la mayor lluvia de meteoros, pero sí la más popular y observada
No lo puedo creer. Posh tiene novio. ¡Posh!

—¡Eso es genial! —No sueno como yo en absoluto. Soy como una muñeca
mecánica programada en alegre.

Posh dice algo que no logro escuchar y sé que está hablando con Christopher.

—¿Puedo llamarte mañana? —me pregunta.

—Tengo algo que hacer, pero te llamo la siguiente semana. —Aunque ya no


importará si no lo hago. Posh ahora tiene a Christopher. Y él está ahí.

Después de colgar, levanto la mirada hacia mi constelación de estrellas brillantes.


Esta noche parecen tan lejanas como estrellas de verdad. En el lugar más alejado
de la galaxia. Completamente fuera de alcance. Espero a que una se libere y caiga
hacia mí, un meteorito de parte de mamá para decirme que me está cuidando.
Pero no llega.

Escucho que se abre mi puerta y me ruedo de lado, haciéndome un ovillo.

—Vete.

Aun así papá entra. La cama se hunde cuando se sienta a mi lado.

—Sé que algo va mal, Delaney. —No respondo—. ¿Tiene que ver con Flynn?
¿Estuvo ahí esta noche?

—No hay nada malo con Flynn. Todo está genial. Obtuvo su deseo.

Papá descansa una mano sobre mi hombro.

—A veces es difícil ver a otras personas felices cuando tú no lo estás. Es una


desventaja del trabajo.

—No lo entiendes.

Muevo mi hombro para que él levante su mano. Espero a que se vaya, pero se
queda.

—Explícamelo, entonces.

—Desearía que mamá estuviera aquí.

en el Hemisferio Norte debido a que transcurre en agosto, mes de buen tiempo y vacacional por
excelencia.
Papá está en silencio por un segundo, luego le da palmaditas a mi brazo.

—Lo sé. Lo siento. También desearía que estuviera aquí. —Se pone de pie—.
Duerme un poco. Las cosas se verán mejor en la mañana. —¿Por qué las personas
siempre dicen esto? Seguro, el sol puede cubrir algo de la tristeza, pero no dura
para siempre.

—Y luego llegará la noche y las cosas se verán mal de nuevo.

Siento cuando papá sonríe, pero no tiene un argumento para mi lógica. En lugar de
decir algo, se inclina y me besa en la frente, como si fuera una niña pequeña. No lo
detengo, porque quiero ser una niña pequeña de nuevo, la que vio Flynn, la que yo
solía ser, incluso si es solo por un minuto. Quiero pertenecer a una habitación de
color rosa, llena de muñecas y todavía creer en los finales de cuentos de hadas.

Papá apaga la luz mientras sale, así que solo queda la lámpara de Campanita.
Reflejando un resplandor morado en la pared.

—Buenas noches, tesoro —dice, y cierra la puerta sin hacer sonido.

Me sujeto del sentimiento de ser joven e inocente, pero mientras me voy


quedando dormida lo siento escaparse y sé que no pasará mucho tiempo antes de
que despierte.
Capítulo 12
Traducido por Auroo_J& Salu...Lulu... y SOS por AntoD y Kirara7

Corregido por MaryJane♥

Papá y yo estamos de vuelta en el auto, pero el humor es lo contrario de la noche


anterior. Estoy arriba. Estoy en ello. Estoy sobre él.

Un par de horas antes, estaba en la cama, mirando fijamente la luz del sol de color
blanco-amarillo iluminando la alfombra de mi habitación. Me quedé así durante
unos veinte minutos antes de que me diera cuenta de que estaba despierta. Mis
sueños han sido un puré de alas y estrellas, y que se estira por una fuerza invisible,
mis miembros rompen mi espalda como cuerdas elásticas antes de desplomarme
en el suelo, la cama se levanta a mi encuentro en el último segundo.

Cuando por fin llegué al final del sueño, casi salté de la cama, como si hubiera una
fuerza de energía que me impulsaba. Dejé toda la rastra emocional de anoche
atrás, muerta y enterrada para siempre bajo mis sábanas revueltas.

Me habían recargado.

Corrí a desayunar y cargué con todos los animales azucarados y formas planetarias
que pude encontrar.

—¿Quieres ir un poco más lento, Delaney? —Papá me miró mientras azotaba su


tortilla de clara de huevo—. Habrá otras comidas en el día.

—Estoy adquiriendo más volumen. Así que estoy lista para mi siguiente cliente.

—Probablemente no será por mucho tiempo. Son por lo general bastante


extendidos en el comienzo.

—Lo que sea. —Llené mi plato.

Papá puso su plato en la mesa frente a mí.

—Este es un gran cambio de la noche anterior.


—Tuve, como, una ultra-epifanía: las hadas madrinas son lo mismo que los
bomberos o los médicos de urgencias. O niñeras. Ayudar a los demás es nuestro
único objetivo. Tengo el poder ahora. Voy a tener otro cliente en cualquier
momento, ya lo verás. Mientras tanto, estoy haciendo pequeños deseos sin parar.
Mi objetivo es de doscientos a la semana. Para empezar.

Papá se sentó y me observó con preocupación mientras me devoraba el último de


mis osos empapados en leche.

—Pareces un poco... maníaca.

—He comido como un valor de tres tazas de azúcar.

Papá tomó un bocado de su tortilla y masticó, por un camino más largo de lo que
debería haber tomado para moler algo que era un medio aéreo.

—Sabes, Delaney, a veces reaccionas a las sensaciones inquietantes reprimiéndolas


bajo un híper, compensando el sentido de…

—Yo no necesito ningún psicoanálisis, Dr. Hank, gracias. No soy uno de tus tristes
clientes. Soy sobrehumana y estoy súper bien.

—Nadie es sobrehumano, Delaney. Todos estamos sujetos a episodios de


depresión, inseguridad…

Me levanté de la mesa.

—No me estás escuchando. Estoy más allá de eso. Tengo una varita mágica.

Levanté mi cuchara y luego la llevé al fregadero junto con el recipiente.

—¿Podemos ir al centro comercial antes de tiempo? Quiero acumular algunos


deseos antes de la firma. Subir mis números.

—Tengo que ir con Andrea primero.

—Le dijiste que hablarías con ella el lunes.

—Lo sé, pero llamó esta mañana. Es un desastre.

—Ella siempre es un lío. Siempre va a ser un desastre.

—Necesita ayuda, Delaney. ¿No acabas de decir hace un momento que ayudar a la
gente es nuestro propósito? Te recogeré después.
Estaba en lo cierto. Andrea necesitaba ayuda. Ayuda extrema. La ayuda de un
maestro.

—Voy contigo.

***

Así que aquí estamos, estacionando en frente del complejo de apartamentos de


Andrea de nuevo. Es una repetición de la primera salida HM, excepto que esta vez
es durante el día y no hay ningún ambiente con olor a jazmín de la noche. El sol se
ha despojado la magia y el misterio.

Andrea se ha calmado mucho, pero todavía se ve como un desastre, con el pelo


enmarañado y descolorido, su chaqueta estirada y las zapatillas de conejo con
orejas masticadas por un gato.

—Le envié un mensaje Aaron esta mañana y le dije que me desmayé en el baño de
mujeres y me golpeé la cabeza, y tengo amnesia y terminé en una clínica toda la
noche y no recuperé la memoria hasta las tres de la mañana, y es por eso que
nunca regresé a la mesa. —Andrea apenas respira, sus palabras tropiezan unas con
otras a medida que salen de su boca—. Se ofreció a venir pero le dije que nos
encontraríamos en su casa, ¡así que vamos a desayunar! Si me das un hechizo
ahora, voy a pasar con él todo el día y todo va a estar bien otra vez.

Antes de que papá pueda decir cualquier cosa, lo hago.

—¿Cómo va a funcionar cuando te cases? Tendrías que tener a papá en marcación


rápida. —Por la expresión avergonzada de Andrea, puedo decir que ya lo hace—.
Eso no va a ser suficiente, sin embargo. Tendrá que vivir contigo.

Los ojos de Andrea se iluminan durante un segundo hasta que se da cuenta de que
estoy siendo sarcástica.

Se vuelve hacia papá, suplicante.

—Solo necesito un día. Te lo prometo. Saqué todos los libros. ¿Ves? —Toma una
pila de libros de mi padre desde el suelo al lado del sofá.

Notas adhesivas y marcadores y trozos de papel se asoman de las páginas en


todas las direcciones.

—Voy a leer cada uno de nuevo, y…

—Eso no va a cambiar nada —le digo. Andrea ve a papá por rescate.


—Delaney, ya es suficiente —dice papá.

Pero no es suficiente y no voy a dejar que me detenga antes de que haya


terminado.

Me acerco a Andrea y me apodero de sus brazos por lo que tiene que mirarme a la
cara.

—Andrea. Eres un desastre de la moda estratosféricamente gigante sin confianza


en sí misma. —Ella se ve como si estuviera a punto de estallar en lágrimas cuando
digo esto, mientras papá parece estar a punto de estallar en una conferencia sobre
las costumbres, pero no puedo parar ahora—. Básicamente, eres un desastre. Pero
bueno, eso es lo que eres. Acéptalo. Deja que Aaron lo vea.

Andrea ladea la cabeza mientras mis palabras parecen hundirse en su cerebro. La


expresión de mi padre también ha cambiado, ya que absorbe lo que he dicho.
Incluso el gato de Andrea sale de la cocina a escuchar más.

—La magia es solo una solución superficial. —Miro a papá cuando digo esto—.
Cenicienta puede haber tenido el vestido de fiesta cuando el príncipe se enamoró
de ella, pero él le propuso matrimonio cuando estaba en harapos.

—Ella no se quedó en harapos, sin embargo —protesta Andrea—. Se convirtió en


una princesa y tenía vestidos de nuevo, mucho más de ellos…

—Bueno, no importa, lo retiro. Esto no es un cuento de hadas. No necesitas un


vestido de fiesta y zapatillas de cristal para ir a desayunar. Solo un vestido de
verano y algunos flip-flops. —El gato se escabulle alrededor de los tobillos de
Andrea, de acuerdo conmigo. Guío a Andrea a un espejo empañado que cuelga en
la pared. —Sé tú misma. —Le digo—. Toda tú misma.

Los ojos de Andrea se encuentran con los míos en el espejo.

—Deja que tus profundidades ocultas salgan, sean lo que sean. Si a Aaron no le
gusta tu verdadero yo, no iba a durar más de una temporada de todos modos.

Andrea cambia la mirada hacia sus propios ojos. La expresión casi lagrimosa se ha
ido, reemplazada por una curiosa y reflexiva.

Parece enderezarse un poco y su mirada crece con fuerza, como un desafío.

—Envíanos un texto, haznos saber cómo va. —Agarro la mano de papá y lo tiro a la
puerta.
—No deberíamos…

—No —le digo—. Ella lo entiende ahora. Todo depende de ella. —Al salir,
sorprendo los ojos de Andrea en el espejo una vez más y ella me da una pequeña
sonrisa. No está allí todavía, pero está en camino.

***

Nos detenemos en un puesto de burritos en el camino a casa y ordenamos dos con


todo más una parte extra de papas fritas porque estoy hambrienta. Es como si ese
enorme desayuno que comí nunca sucedió.

—¡Eso fue genial! —Anuncio entre bocado y bocado—. Andrea ni siquiera era mi
cliente y le concedí el gran deseo. Sin usar mi varita.

Papá recoge las tiras de tortilla de su ensalada de taco.

—Todavía no está terminado.

—Va a estarlo. —Echo un vistazo alrededor por algunos pequeños deseos de


concesión. Puede que no siempre necesite la magia, pero es como un juego-
primeros-auxilios buena tenerla en caso de emergencia y es mejor si está bien
abastecida—. No dudes en darme las gracias en cualquier momento.

Papá sacude la cabeza, pero no a mí.

—Todos estos libros que he escrito, diciendo a la gente que cambien por ellos
mismos, cuando ese no es el problema en absoluto. Debería darle a cada uno su
dinero.

—Es de tu libro —le digo—. Sé tu Propio Entrenador de Vida. ¿No te acuerdas?

Papá mira por encima de mi cabeza, como si el libro pudiera aparecer de repente,
flotando en el aire.

—Capítulo Cinco: Apuntar Alto, pero Acepta tu Fracasadés Básica.

La mirada de papá se reduce a mirarme a los ojos.

—No creo que haya usado la palabra “fracasades,” Delaney.

—Lo que sea. Era algo así. Y sigue y sigue hablando de que tienes que trabajar con
tus limitaciones o van a volverse contra ti, y cómo no se puede ganar una batalla
consigo mismo. Bla, bla, aburrido.
Papá sacude la cabeza de nuevo, esta vez con asombro.

—No puedo creer que hayas leído mis libros.

—Alguien tenía que hacerlo. Andrea, obviamente, olvidó lo que leía y tú no


recuerdas lo que escribiste.

—Tienes razón. Me he olvidado. He estado tratando de hacer que mis clientes...


sean diferentes de como son.

—Todo el mundo está jodido, de alguna manera, pero consiguen estar aún más
jodido si tratan de cambiarse a sí mismos. —Olvídate de transferir objetos y la
manipulación de átomos. Esta ha sido la mayor lección HM que he aprendido hasta
ahora.

Papá sonríe.

—¿Cómo llegaste a ser tan inteligente? —Me pregunta.

Me encojo de hombros.

—Experiencia. ¿Sabes lo que hice para concederle a Flynn su deseo? Nada. Yo


solo... lo dejé solo. —Mi voz se quiebra un poco en la última palabra y la noche
viene inundando detrás como sucedió hace dos minutos, cada punzada de
emoción fresca. Me obligo a alejar la memoria y muerdo otra papita, pero debe
estar dura, porque es como de cartón en la boca. Lleno la siguiente con salsa, pero
la salsa ha perdido su sabor también.

Me doy cuenta de que mi padre me mira con la misma mirada de preocupación


que tenía esta mañana.

—De eso se trata, ¿no? Ya me lo imaginaba.

—¿De qué estás hablando?

—¿Sabe Flynn cómo te sientes?

No puedo hablar por un segundo. Cuando lo hago, finjo que no tengo ni idea de a
qué se refiere.

—¿Sentirme sobre qué?

—Cómo te sientes sobre él.


—Necesito un poco más de salsa. —Comienzo a pararme, pero papá toma mi
mano y me jala de regreso a mi asiento.

—Delaney. Habla conmigo.

—Creo que estás confundido —digo con calma—. No tengo ningún vínculo
emocional con Flynn. Nuestra relación era estrictamente profesional. Él está
enamorado de Cadie, ¿recuerdas? Si no me crees, puedes ir con ella a la exitosa
fiesta en la playa y verlos, practicando surf. —Me suelto de su agarre y recojo mi
comida. Mi apetito ha desaparecido oficialmente.

—¿Fuiste invitada a la fiesta?

Realmente esta conversación debería ser mayor ahora.

—No voy a ir a ninguna estúpida fiesta de playa. ¿Te olvidaste de la firma de


libros?

Papá sigue hablando como si no me oyera.

—¿Sabes qué? No importa si estas invitada o no. —Me sigue mientras llevo mi
comida al basurero—. Tienes que ir Delaney. Y tienes que decírselo.

—¿Por qué? ¿Así puedo ser humillada? No soy su deseo. —Lo evado a través de las
mesas del estacionamiento de la playa, concentrándome en el muro mental que
estoy sosteniendo para mantener mis sentimientos encerrados dentro, donde ellos
no puedan hacer más daño.

—Si él supiera cómo te sientes, podría cambiar de opinión.

Nos metemos en el auto y cierro la puerta.

—No, él no lo haría. Ella es Cadie.

—Y tú eres Delaney. —Me sonríe. Una especie de paternal de sonrisa y me


recuerda a mamá, y cómo ella me veía algunas veces como si estuviera viéndome a
través de algunos lentes de suave enfoque que hacen a los padres pensar que sus
hijos son los más inteligentes o los más bonitos o los más lo que sea. Es agradable,
incluso si está mal, y no me gusta que esto empiece a entristecerme de nuevo.

—No me uses como un modelo a seguir, Delaney —dice papá—. No utilices el ser
un hada madrina como excusa para aislarte de otras personas. Puede ser
demasiado tarde para mí, pero no es demasiado tarde para ti.
No respondo. De pronto no tengo fuerzas para hablar o incluso moverme. Toda la
energía promocionada que tenía al comienzo del día se ha evaporado. Mientras
nos conducimos fuera del lugar, solo queda llegar a casa y dormir por unos cien
años.

***

No puedo dormir, sin embargo tengo que ir a la firma.

Cuando llegamos a casa del puesto de tacos, le digo a papá que era importante
para mí el ir porque esto era parte de su vida que yo no había llegado a compartir
antes o ahora.

Esta era la cosa perfecta para decir, porque al instante se olvidó de Flynn y la fiesta
de la playa, y empezó a decirme un montón de historias sobre sus firmas en el
pasado, todo lo cual sonaba más allá de lo aburrido. Estoy segura que ésta será
igual de mortal, pero al menos será una distracción.

Antes de irnos, le digo a papá que tengo un regalo para él. (Había decidido
adoptar la costumbre local de regalos-sin-ninguna-razón). Me encuentro con él en
la sala y le extiendo una pequeña caja. Papá la abre y saca un par de gemelos en
forma de estrellas que encontré en una de las ventas de garaje. No había ninguna
con varitas mágicas en ellos, pero me di cuenta de que eran cercanas.

—Vaya, no he usado gemelos desde que… no estoy seguro de haber usado.

—Nunca es demasiado tarde para intentar algo nuevo.

Sonríe.

—Gracias, cariño. —Me da un beso en la mejilla—. Tengo algo para ti también. —


Me entrega una bolsa de compras de Vogel, la tienda de departamentos en el
centro comercial. —Espero haber hecho lo mejor en esto que lo que hice en el
dormitorio.

Oh Dios, ¿qué si esto es alguna braga a cuadros o una falta caqui con conjunto de
suéter rosa? ¿O un lindo vestido de verano con pequeños lazos en los hombros? La
sonrisa de papá es tan impaciente y ansiosa que me comprometo a no vomitar no
importando cuán horrible sea para mí. Será lo suficientemente fácil derramar algo,
accidentalmente, para no tener que vestirlo.

Levanto el elemento envuelto en papel dorado y las brillantes arrugas del papel
mientras lo despliego. Es un vestido. No es un vestido de verano o un jersey, sin
embargo, y no es rosa u otro color pastel… pero no es negro, tampoco. En cambio
era un verde oscuro, el color del bosque por la noche, con franjas de color rojo
fuego y amarillo como la cola de un cometa por todas partes. Lo sostengo y llega a
medio muslo, perfecto para las botas. El material es seductor y suave.

—¿Y bien? ¿Qué piensas? —Cuando dejo caer el vestido de regreso en la bolsa,
papá parece preocupado, hasta que corro hacia él y lo abrazo.

—Me encanta. —Lo hago. No es nada que alguna vez hubiera pensado en comprar
o incluso intentado y, sin embargo, de alguna manera, él sabía que este era el
adecuado para mí.

Los brazos de mi papá se envolvieron a mi alrededor en un fuerte y apretado real


abrazo, el primero, el único que he estado esperando desde antes de lo que pueda
recordar, y es como un hechizo que ni siquiera sabía que estaba esperando. Estoy
caminando libre de algo oscuro, con dientes, que ha estado aferrado a mí.

Extrañamente, se siente como si mamá me estuviera abrazando también y es


realmente genial. Triste, pero no es el usual, quiero hacer estallar una bomba
nuclear y acabar con todo el mundo triste. En cambio esta es una parte de mí y
estoy bien con eso, triste.

El tipo de tristeza que puede dejarme algo feliz.

***

En el momento en que llegamos a la librería, estoy alegre de haber venido. Esto


mantendrá mi mente en otras cosas. Pude haber estado loca esta mañana, pero no
estaba mal. Necesito permanecer enfocada en otras personas. Hoy el día es papá.

Cuando llegamos arriba, al área de eventos, hay una multitud. Las sillas están todas
ocupadas y más personas apretadas en la parte posterior. Tomo un asiento en el
café, donde puedo observar la acción desde lejos.

Apoyo mis botas en una silla y admiro la forma en que el vestido cubre mis
rodillas. Son las botas que llevaba en el avión. Los remolinos amarillos coinciden
con las franjas amarillas en el vestido y por una vez no estoy horrorizada de estar
de color coordinado, porque se siente como que las botas y el vestido se hicieron
para el otro. No es un vestido de fiesta y zapatos de cristal, pero hay algo un poco
mágico en ello, como parte de mi pasado con mamá mezclado con mi futuro con
papá.
Los fanáticos de papá pululan a su alrededor tan pronto lo ven, hasta que Gina y su
asistente los espantan y los regresan a sus asientos. Gina y papá se dicen hola,
pero ellos apenas se ven el uno al otro. No es bueno.

Después papá lee un pasaje de su libro y lanza algunos consejos nuevos inspirados
por una lección importante que volví a aprender hoy.

Sonríe en mi dirección.

—Una de las lecciones que había olvidado en mi búsqueda por cambiar a todos en
el planeta para mejor. —La multitud ríe en el momento justo. Recita una versión de
lo que le dije a Andrea, pero lo convierte en un consejo de vida y lo envuelve con:
—Recuerda, solo tú puedes ser tú, y tú puedes ser únicamente tú—. Dejar a papá
hacer algo tan simple ultra complejo, pero sus seguidores obviamente hablan del
Dr. Hank porque todos aplauden y, ohh, hace una nota mental para reservar una
copia del próximo libro tan pronto como la fecha de publicación sea anunciada.

Después de la lectura, todos se juntan para comprar el nuevo libro y conseguir sus
milisegundos de consulta uno a uno con el Dr. Hank, junto con su apreciado
autógrafo. Mientras Gina entrega a papá cada libro, ella lo observa con expresión
melancólica, yo veo el rostro de Cadie, y sé que a Gina aún le gusta él.

Papá me dio una conferencia en el camino sobre no tratar de juntarlos de nuevo,


pero me advirtió demasiado tarde. Ya había hecho la llamada.

Desde la cafetería, tenía una vista clara de la escalera mecánica, en las cuales he
tenido un ojo puesto desde que llegamos aquí y ahora veo que se levantan como
ángeles en los libros de cocina y la sección de artesanías.

Ellos bajan, tomados de la mano. Ella lleva un vestido de verano naranja y sandalias
aguamarina. Él es flaco, con el pelo largo de estrella de rock. No es lo que me
imaginaba en absoluto, pero ellos parecen exactamente el uno para el otro.

Me enganché el celular de papá del bolsillo de su chaqueta al final de nuestro gran


abrazo. Fue un impulso, algo que supe que necesitaba hacer. Cuando volví a mi
cuarto para ponerme el vestido, encontré el número de Andrea en el directorio y
marqué.

—¡Dr. Hank! ¡Te quiero! —Ella chilló cuando respondió, tan fuerte que tuve que
cerrar rápidamente la puerta para que papá no pudiera oírla. Después le dije a
Andrea que era yo, ella se lanzó a otro informe a la velocidad de la luz sobre cómo
Aaron había escuchado su confesión de sus obsesiones y luego confesó que él
había tenido miedo de mostrarle su verdadero yo, incluso después de proponerse,
porque estaba tan intimidado cada vez que ella se había presentado en sus citas
con elegantes vestidos de diseñador y peinados elegantes.

Andrea me descubre y se dirige al café, pero yo niego con la cabeza y señalo a


papá, quien está dando un consejo con el ceño fruncido a uno de sus devotos.
Andrea y Aaron se ponen en la fila y yo revuelvo la espuma azucarada-especiada
restante desde el fondo de mi taza y espero. Gina se da cuenta primero de Andrea
y consigue una expresión de alarma en su rostro. Mira a su alrededor, buscando,
como que la tienda tiene un vaquero loco en el personal para este tipo de
situaciones. Demasiado tarde, sin embargo, porque Andrea ya se acercó a papá,
que ahora usa la misma expresión de Gina. Andrea habla, saltando arriba y abajo
en sus flip-flop, agitando una mano en el aire mientras la otra aprieta la de Aaron.
El rostro de papá se transforma lentamente de ansioso-aliviado-encantado.
Mientras Andrea lanza sus palabras sobre papá y Gina la preocupación de Gina se
suaviza en una sonrisa.

Es como una película muda, ya que estoy demasiado lejos para oír. La mejor parte
de la historia viene cunado Gina y papá ríen al mismo tiempo, y sus ojos se
encuentran, y su mirada se sostiene por unos segundos como si hubieran sido
atrapados por algún campo de fuerza invisible. Una vez más, sin magia requerida,
excepto por la del tipo que viene naturalmente.

La película continúa corriendo y mis ojos se amplían, como en una cámara, sobre
Andrea y Aaron, y luego sobre sus manos, todavía entrelazadas. Mi mano derecha
está repentinamente cálida, como si alguien la hubiera tomado, pero cuando miré
hacia abajo estaba vacía. Aún lo siento, sin embargo, o recuerdo la sensación, o
siento la memoria, o lo que sea.

El tiempo parece acelerar y luego reducir velocidad, y luego se invierte, mientras el


día ahora corre a través de mi mente.

Luego de los últimos días y luego de las últimas semanas, y luego los meses.
Entonces regreso aquí a la librería y comienzo a pensar… No. No puedo pensar. Ya
he terminado de pensar. Me da dolor de cabeza.

Me concentro en el logo de Brennan en mi taza de café con leche para no permitir


que los pensamientos se peguen, deseando que se alejen flotando y desaparezcan,
exactamente como la señora Byrd nos enseña a hacer en yoga.

Pero un pensamiento da vueltas alrededor en pleno vuelo y antes de que pueda


detenerlo, viene zumbando de regreso y aterriza, bang. Se prende en mí y no se
quiere ir.
Tengo que hacerlo. Tengo que intentarlo.

Debo estar en blanco a continuación, porque no estoy consciente de levantarme o


caminar hacia papá o interrumpir la fiesta de amor que sucede alrededor de
Andrea y Aaron, a lo cual los clientes se han unido. Solo estoy ya allí y le digo a
papá algo que la gente aquí en la tierra del sol omnipresente dice todo el tiempo.

—Quiero ir a la playa.

***

Condujimos a lo largo de la costa, con las ventanas abajo. Las brillantes solanas de
terracota en el cielo de media tarde, su gran trasero cayendo tan cerca del oscuro
océano azul verdoso es como si quisiera pararse ya en ella y refrescarse. No hay
final de la tierra y todo parece posible.

No podíamos irnos hasta que la firma finalizara y, a pesar de que papá trató de
envolver las cosas rápido, siempre había alguien con una última pregunta y se
sintió como si nos hubiese tomado horas salir de allí. La fiesta de Cadie podría ya
haber terminado, lo cual, al acercarnos, empiezo a desearlo, porque sería como
tener el no sin tener que ser pisoteada emocionalmente en público.

Pero cuando papá se detiene en las escaleras que conducen a la playa puedo ver a
Mia y a algunos de los otros chicos de la escuela jugando al voleibol. Mientras
salgo del auto, escucho música hip hop de la radio de alguien y veo a más chicos
esparcidos alrededor, en toallas o en el agua.

—¿Quieres que te espere? —Es la primera cosa que dice papá en todo el viaje. No
había nada que decir antes, en realidad. Sabe por qué he venido.

—Está bien. Tengo mi celular. —Toco el bolsillo en la cima de una de mis botas—.
O iré a encontrarte. Solo vas a estar por allí.

Señalo hacia el muelle, más lejos en la playa, donde hay mesas al aire libre llenas
de gente en un restaurante mexicano con vistas a los caminantes en la playa,
reproductores de árcade, jinetes de carrusel, comedores de helados y el mar. Papá
va a tener una cena con Gina en el restaurante luego de que salga del trabajo. Ella
lo sugirió cuando hice mi anuncio, sin saber que mis motivos para querer ir a la
playa no eran recreativos.

Insistí en que fueran de todos modos, sin mí, y luego de asegurarse de que estaba
segura, papá estuvo de acuerdo. Andrea y Aaron estaban incluidos en la invitación,
así que no es realmente una cita. Es un comienzo, sin embargo, uno nuevo.
Con Andrea allí, sería una grandiosa oportunidad de sacar todo el asunto de la
identidad secreta de HM sobre la mesa, pero no voy a mencionárselo a papá. Su
vida depende de él ahora.

Como la mía depende de mí.

Mientras papá se marcha, me acerco a la multitud, pero la gran bola de fuego del
sol ha convertido a la mayoría de las personas en la playa en siluetas.

Cuando llego al final de las escaleras de madera, me doy cuenta de que la arena va
a arruinar mis botas; voy a tener que quitármelas. Me agarro de la barandilla y me
saco una, luego la otra. Me siento desnuda sin ellas, como una tortuga sin su
caparazón, un caballero sin su armadura, y cualquier otra metáfora de llena-el-
espacio-en-blanco de agonizante vulnerabilidad con la que quieras venir.

La arena caliente juega a agarrar mis pies a cada paso y ya me estoy arrepintiendo
de esto. Él no está aquí, de todas formas. No lo veo. Así que también podría irme.

Pero entonces allí está, sentado en una toalla a pocos metros de la orilla, con las
piernas estiradas e inclinado hacia atrás, apoyado en sus manos. Está mirando al
frente, a donde yo apenas puedo distinguir dos figuras haciendo lo que solo puede
llamarse jugueteando con las olas en cascada en el borde de la costa, riendo y
salpicándose entre sí con la espumosa agua salada.

Una es bronceada y delgada y lleva un bikini amarillo neón, con su largo cabello
mojado pegado a sus hombros como las cerraduras de sirenas. ¿Adivina quién?

¿En qué estaba pensando? Oh, eso es, no estaba pensando. ¿Por qué no? ¿Por qué
no pensé? Ahora tengo que salir de aquí antes de que alguien me vea y eso
significa regresar por la arena movediza, lo cual es todo, menos rápido.

—¿Delaney?

Flynn está entrecerrando sus ojos para mirarme por encima de su hombro. ¿Cómo
supo que estaba aquí? ¿Y cómo se las arregló para apartar la vista de su amada
ninfa marina?

Se levantó de la toalla y trotó hacia mí, y de alguna forma sus pies no se hunden
como los míos. Debe haber algún truco para caminar sobre la arena de California.

Tiene puesta una bermuda y huele como a protector solar y sudor. Noto que está
en muy buena forma para ser un friki del anuario. No es el señor Musculoso ni
nada, pero no necesita ocultarse.
—No pensé que vendrías. ¿Dónde está tu traje de baño?

—Solo estaba pasando.

Flynn me estudia.

—Te ves diferente.

—Sin botas —le digo y las sostengo en alto. Me siento avergonzada por mis
piernas desnudas, aunque son las que están menos al descubierto que las de
cualquier otra persona aquí. Mi cara se pone roja, pero por lo menos el sol arroja
un resplandor rosado sobre todo, así que nadie lo notará. Especialmente Flynn.

—Apuesto a que se ven geniales con ese vestido —dice—. Pero el vestido se ve
bien sin ellas también. —Añade rápidamente—: Es un lindo vestido.

Flynn sonríe de una forma ridícula y extraña. El calor de mis mejillas llega hasta mis
pies sujetos en la arena. Ni siquiera sabía que ruborizarse el cuerpo completo era
posible. En serio, ¿cuál es el punto de esta tortura? ¿No se da cuenta de que si
tengo dos botas en mis manos significa que estoy armada?

En lugar de usar mis botas como armas, las empujo contra mí. Ésta es la nueva
Delaney Collins, quien pone sus responsabilidades profesionales primero. Cuando
miro a Flynn ahora mismo, a través de los ojos de hada madrina, realmente quiero
que obtenga su deseo.

—Solo vine a decirte felicitaciones —le digo—, estoy muy feliz por ti.

Flynn pone las manos en su cadera e inclina su cabeza hacia mí.

—¿De qué estás hablando? ¿Felicitaciones por qué?

—Por ti y por Cadie. —Señalo más allá del oleaje, donde Cadie es ahora una de las
cabecillas esperando por una ola.

Flynn me da una extraña mirada.

—¿Quiere decir que no sabes?

¿Saber qué?

—Cadie dijo que fuiste tú la que le dijo que fuera ella misma —dijo.

—Sí, ¿y qué?
Detrás de Flynn, Cadie nada hasta la orilla seguida por su compañera animada, la
que la acompañaba anoche, Emma. Ellas se levantaron y se quitaron la arena de las
piernas de cada una, riéndose, sus manos se encontraron y se detuvieron.

Se enderezaron con sus manos todavía tocándose, sus dedos se entrelazaron y se


miraron la una a la otra mientras el agua llegaba a sus tobillos. Me di cuenta de
que el traje de baño de Emma está cubierto de libélulas. Finalmente lo entiendo,
pero no lo hago. ¿Cómo no pude saber esto? Se supone que tengo percepción
extrasensorial de hada madrina.

—Así que esa no es su prima —me digo tanto a mí misma como a Flynn.

Observación + calculación = conclusión.

—No.

Los jugadores de voleibol han corrido hacia la playa y veo que Mia se detiene
mientras se dirige hacia Cadie y Emma, quienes rápidamente sueltan sus manos.
Las tres están de pie intranquilas. Mia dice algo y luego Cadie también lo hace. Mia
toca el brazo de Cadie y ambas parecen relajarse; entonces Mia se aleja y se dirige
al agua.

Cadie pone su brazo alrededor del de Emma y ellas se alejan hacia la orilla del
océano, donde la arena mojada se encuentra con la seca hacia el atardecer, un fin
de Hollywood.

—Vaya. —Es todo lo que puedo decir.

—Sí.

Siento que Flynn me observa, estoy fuera de balance por un segundo y tengo que
dar un paso al lado, abrazándome a mí misma. Esa agitación, anhelo y sensación
de mareo, ¿ya me están dando otro cliente? ¿Qué pasó con mi promesa rota? No
hay nadie alrededor excepto Flynn.

—Aún te gusta. —Esto va más allá de una tragedia patética, por muchas razones.

¿Entonces por qué Flynn se está riendo?

—¿Estás bromeando? Nunca me gustó Cadie. Si no fuera por tu magia-vudú con


cortocircuito radar ustedes-se-pertenecen ni siquiera lo hubiera pensado, te lo dije
al principio, lo entendiste todo mal.
—¿Entonces quién? —Miré por toda la playa, Dios espero que no sea Mia. Puede
que no sea completamente mala, pero aún lo aplasta como a un insecto.

Flynn se está riendo de nuevo, una risa feliz que se dobla con el sonido de las olas.
Como en la firma de libros, el recuerdo de Flynn sosteniendo mi mano vuelve, pero
la arena y el sudor se presionan contra mi mano y cuando miro hacia abajo, su
mano de verdad está allí, en la mía.

Le toma siglos a mi ojos levantarse, todo el camino hasta arriba, para encontrarme
con los de él, aún está sonriendo, una torcida, nerviosa y adorable sonrisa, no
decimos nada, solo estamos ahí, mirándonos.

Los sonidos alrededor de nosotros se separan: el sonido de las olas estrellándose,


los graznidos de las gaviotas, las voces de los nadadores, el viento. Entonces ellas
cambian de nuevo y la sensación de mareo se aleja, desapareciendo al final, como
un nudo desatándose, dejando solo una especie de cansada felicidad.

¿Esto es lo que se siente cuando concedes un deseo?

¿O cuando consigues el tuyo?

***

Hay una rueda de la fortuna en el muelle. Nos levantamos y aunque no puedo ver
a papá o Gina sé que están por ahí, en algún lado, con las demás personas en el
mundo. Flynn sostiene mis botas a su otro lado, para que así podamos sentarnos
más cerca, y su pierna está tocando la mía, nuestra piel desnuda se toca.

Al final nos detenemos. Flynn me mira con su expresión de fotografía viendo-el-


alma excepto que está suavizada por una sonrisa, solo para mí. Antes de que se
acerque, antes de que cualquiera de nuestras otras partes del cuerpo se toquen,
tengo que terminar con esto. No voy a cometer el mismo error que papá. No me
voy a esconder. Voy a ser honesta desde el inicio.

—Hay algo que debo decirte sobre mí. —Probablemente no me va a creer, pero
seré capaz de probárselo pronto, cuando mi siguiente cliente venga.

—Bien. —Se concentra en mí, serio, escuchando.

—Es una historia larga.

Flynn mira hacia abajo, haciendo sonar el auto, y entonces me sonríe.

—No voy a ningún lugar.


De repente estoy nerviosa, no estoy segura de qué hacer después. No sé por
dónde comenzar.

La última media luna morada cae al océano, terminó su trabajo, y miro hacia arriba
donde las estrellas pronto aparecerán, como siempre lo hacen, busco el cielo por
una respuesta. El crepúsculo es tan mágico e irreal que creo que un rayo brilla
como una estrella. Cuando miro hacia Flynn es como si la estrella se hubiera
quedado en mi vista, porque veo un brillo al otro lado de él, pero no es una
estrella, viene de una de mis botas, o más bien de un palito que sobresale de la
funda.

Un palito que se ha convertido en una varita.

Y entonces se me ocurrió todo de una vez, y me río de mí misma, porque sé


exactamente qué decir ahora, porque de verdad solo hay una forma de empezar.

—Érase una vez…

Fin
Magic #2:
Who Needs
Magic
Ahora que Delaney Collins sabe que es un
hada madrina, está lista para hacer magia.
Pero primero tiene que encontrar a su
próximo cliente. Y no es tan fácil como
pensaba que sería.

Delaney está pasando el verano trabajando en Treasures, una tienda de segunda


mano en el centro comercial, rodeada por geniales botas vintage y clientes
potenciales. Pero cuando finalmente siente una conexión con Jeni, una chica que
necesita un deseo cambia-vidas, vivieron-felices-y-comieron-perdices… Jeni no
quiere su ayuda. Y para empeorar la cosa, Delaney se encuentra compitiendo con
otra HM.

La reluciente y centellante Ariella es una súper-HM, concediendo deseos con un


rápido movimiento de su regaliz de limón, mientras Delaney no parece conseguir
que pase nada. Ni siquiera un romance de verano con su novio, Flynn.

Se necesita algo más que agitar un palillo chino para hacer realidad los grandes
deseos. ¿Pero qué tiene de bueno ser un HM si no puedes hacer que el chico que
te gusta quiera estar contigo tanto como tú quieres estar con él?
Sobre la autora
Nació en Detroit, Michigan, y escribió su primer
poema cuando tenía cinco años. Se mudó a Florida
cuando tenía siete, y luego a Pensilvania, en las
afueras de Filadelfia, cuando tenía 12. “Las dos
mudanzas fueron muy difíciles, pero finalmente hice
buenos amigos en ambos lugares”. Idolatraba a su
prima mayor, Paula, y cuando ella dijo que iba a ser
escritora, decidió que quería ser una, también. Sus
padres todavía viven en Pennsylvania, y tiene un hermano menor, que vive en
Nueva Jersey con su familia.

Después de la universidad en la Universidad de Cornell, asistió a la escuela de cine


de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. Se trasladó a Los
Ángeles para seguir una carrera como guionista, y todavía vive allí. Ha trabajado
como lectora de guiones para compañías cinematográficas. Ganó un concurso de
guiones patrocinado por el Festival de Cine de Austin, y escribió guiones para
Nickelodeon y ABC Family. Siempre le ha gustado la ficción, sin embargo, se centró
en la ficción para jóvenes adultos, lo que la llevó a escribir su primera novela, Don’t
Expect Magic y su secuela, Who Needs Magic.

También podría gustarte