Taxonomía
La taxonomía (del griego ταξις, taxis, "ordenamiento", y νομος, nomos, "norma" o
"regla") es, en su sentido más general, la ciencia de la clasificación. Habitualmente, se
emplea el término para designar a la taxonomía biológica, la ciencia de ordenar a los
organismos en un sistema de clasificación compuesto por una jerarquía de taxones
anidados.
Los árboles filogenéticos tienen forma de dendrogramas. Cada nodo del dendrograma
se corresponde con un clado: un grupo de organismos emparentados que comparten una
población ancestral común (que no necesariamente estaba compuesta de un único
individuo). Los nodos terminales (aquí simbolizados por letras individuales) no pueden
ir más allá de las especies, ya que por definición, por debajo de la categoría especie no
se pueden formar grupos reproductivamente aislados entre sí, y por lo tanto no
evolucionan como linajes independientes, por lo que no pueden ser representados por un
diagrama en forma de árbol.
La Taxonomía Biológica es una subdisciplina de la Biología Sistemática, que estudia las
relaciones de parentesco entre los organismos y su historia evolutiva. Actualmente, la
Taxonomía actúa después de haberse resuelto el árbol filogenético de los organismos
estudiados, esto es, una vez que están resueltos los clados, o ramas evolutivas, en
función de las relaciones de parentesco entre ellos.
En la actualidad existe el consenso en la comunidad científica de que la clasificación
debe ser enteramente consistente con lo que se sabe de la filogenia de los taxones, ya
que sólo entonces dará el servicio que se espera de ella al resto de las ramas de la
Biología (ver por ejemplo Soltis y Soltis 2003 ), pero hay escuelas dentro de la Biología
Sistemática que definen con matices diferentes la manera en que la clasificación debe
corresponderse con la filogenia conocida.
Más allá de la escuela que la defina, el fin último de la Taxonomía es organizar al árbol
filogenético en un sistema de clasificación. Para ello, la escuela cladística (la que
predomina hoy en día) convierte a los clados en taxones. Un taxón es un clado al que
fue asignada una categoría taxonómica, al que se otorgó un nombre en latín, del que se
hizo una descripción, al que se asoció a un ejemplar "tipo", y que fue publicado en una
revista científica. Cuando se hace todo esto, el taxón tiene un nombre correcto
("nombre válido" en Zoología). La Nomenclatura es la subdisciplina que se ocupa de
reglamentar estos pasos, y se ocupa de que se atengan a los principios de nomenclatura.
Los sistemas de clasificación que nacen como resultado, funcionan como contenedores
de información por un lado, y como predictores por otro.
Una vez que está terminada la clasificación de un taxón, se extraen los caracteres
diagnósticos de cada uno de sus miembros, y sobre esa base se confeccionan claves
dicotómicas de identificación, las cuales son utilizadas en la tarea de la determinación o
identificación de organismos, que ubica a un organismo desconocido en un taxón
conocido del sistema de clasificación dado. La Determinación o identificación es
además la especialidad, dentro de la taxonomía, que se ocupa de los principios de
elaboración de las claves dicotómicas y otros instrumentos dirigidos al mismo fin.
Las normas que regulan la creación de los sistemas de clasificación son en parte
convenciones más o menos arbitrarias. Para comprender estas arbitrariedades (por
ejemplo, la nomenclatura binominal de las especies y la uninominal de las categorías
superiores a especie, o también la cantidad de categorías taxonómicas y los nombres de
las mismas) es necesario estudiar la historia de la Taxonomía, que nos ha dejado como
herencia los Códigos Internacionales de Nomenclatura a cuyas reglas técnicas deben
atenerse los sistemas de clasificación.
La nueva crisis de biodiversidad, los avances en el análisis del ADN, y la posibilidad de
intercambiar información a través de Internet, han dado un enorme impulso a esta
ciencia en la década de 2000, y han generado un debate acerca de la necesidad de hacer
reformas sustanciales a los Códigos, que aún se están discutiendo. Algunos ejemplos de
nuevas propuestas son la "Taxonomía libre de rangos", las "marcas de ADN" y la
publicación por Internet.
Definiciones de la Taxonomía según las diferentes escuelas
Según la escuela cladista, que predomina hoy en día, la taxonomía es la ciencia que
debe decidir qué clados del árbol filogenético se convertirán en taxones, y en qué
categoría taxonómica debería estar cada taxón.
La taxonomía en la actualidad. La taxonomía (definida según la escuela cladista) decide qué nodos
del árbol filogenético (clados) se convertirán en taxones y en qué categorías taxonómicas deberían ser
ubicados.
Hay otras escuelas de clasificación. Quizás la más importante, dentro de las
"minoritarias", sea la que considera que los grupos parafiléticos también deberían tener
la posibilidad de ser convertidos en taxones, si los grupos que los conforman son lo
suficientemente similares entre sí y lo suficientemente disímiles del clado que queda
afuera (escuela evolucionista, Simpson 1961,[2] Ashlock 1979,[3] Cronquist 1987,[4] Mayr
y Ashlock 1991,[5] Stuessy 1983,[6] Stevens 1986,[7] 1988[8] ). Un ejemplo clásico de un
grupo parafilético que algunos taxónomos consideran un taxón, es el de las bacterias,
parafiléticas con respecto a los eucariotas. Uno de los exponentes actuales de esta
escuela es el investigador Cavalier-Smith.
Otra escuela que fue encabezada por investigadores como Sokal,[9] es la que clamaba
que era imposible conocer la filogenia de los organismos con la información que se
recolectaba, debido a que los razonamientos se hacían circulares (la morfología
determinaba las relaciones de parentesco, y con las relaciones de parentesco se
interpretaba la morfología) y la información no era completa como para saber las
"verdaderas" relaciones filogenéticas. Estos investigadores optaban por hacer
clasificaciones basados exclusivamente en cantidad de caracteres similares entre los
organismos, sin inferir de ellos ninguna historia evolutiva (Sneath y Sokal 1973[10] ).
Esta escuela (llamada escuela fenética) quizás haya perdido fuerza con el auge de los
análisis de ADN, y con la mejor interpretación del registro fósil que hay hoy en día.
Esto es debido a que los grupos monofiléticos son más útiles en un sistema de
clasificación que las agrupaciones basadas en similitudes de rasgos (Farris 1979,[11]
Donoghue y Cantino 1988[12] ), y hoy en día se puede afirmar con más precisión qué
grupos son monofiléticos. Hay que tener en cuenta que la Sistemática le debe a esta
escuela muchos métodos de análisis numéricos (como Sneath y Sokal 1973,[10] Abbott et
al. 1985[13] ), la diferencia es que se utilizan como ayuda para determinar la filogenia de
los organismos.
Una última escuela, cuyo exponente más extremo quizás sea el PhyloCode,[14] es la que
propone una clasificación libre de categorías, aunque sus postulados (sólo taxonómicos,
ya que en su relación con la filogenia está de acuerdo con la escuela cladista) nunca
llegaron a discutirse seriamente en el ambiente científico (Mallet y Willmott 2003[15] ).
Objetivos de la taxonomía actual
Más allá de la escuela que la defina, el fin último de la taxonomía es presentar un
sistema de clasificación que agrupe a toda la diversidad de organismos en unidades
discretas dentro de un sistema estable, sobre las que les sea posible trabajar a los
investigadores. Para ello en la escuela cladista, la taxonomía debe nombrar y describir
todas las especies del planeta (los nodos terminales del árbol filogenético), éste es por lo
tanto otro objetivo principal de la taxonomía. La construcción del árbol filogenético que
relacione las especies entre sí en base a sus descripciones es un objetivo de la biología
sistemática, que engloba a la taxonomía.
Características de los sistemas de clasificación
Los sistemas de clasificación están compuestos por taxones (del griego ταξα, taxa)
ubicados en sus respectivas categorías taxonómicas.
En la actualidad, la construcción del sistema de clasificación se realiza sobre las
especies ya descriptas, con el árbol filogenético ya construido. Una vez están
determinados los clados del árbol filogenéticos, la taxonomía es la ciencia que decide
cuáles de esos clados serán convertidos en taxones. Un taxón es un clado al que se le ha
dado un nombre en latín, una descripción (o circunscripción), al que se le ha asignado
una categoría taxonómica, que ha sido asociado a un "tipo", y que fue el primero
publicado con esa circunscripción o esa descripción en una revista científica. Cuando
ocurre todo esto, el taxón tiene un nombre "válidamente publicado" ("disponible" en
Zoología), ver en Nomenclatura.
La decisión de qué clados deberían convertirse en taxones, y la decisión de en qué
categorías taxonómicas debería estar cada taxón, son un poco arbitrarias, pero hay
ciertas reglas no escritas que los investigadores utilizan para que el sistema de
clasificación sea "útil". Para que un sistema de clasificación resulte útil debe ser
manejable, y para ello debe organizar la información de la forma en que sea más fácil de
recordar. Judd y colaboradores (2002) coinciden en que:
1. cada taxón debe tener evidencia fiable de que forma un grupo monofilético: para
convertir un clado en taxón debe haber muchas sinapomorfias que lo justifiquen, y
debe haber una cantidad de caracteres diagnósticos que permitan diferenciarlo del
resto de los taxones, lo cual ayuda a la estabilidad del sistema de clasificación;
2. algunos sistemáticos apoyan la idea de que cada taxón debe tener caracteres
morfológicos obvios que permitan identificarlo, lo cual ayuda a la identificación por los
no sistemáticos y a inferir muchos aspectos de su biología;
3. los taxones que componen un sistema de clasificación deben tener, en lo posible,
entre 3 y 7 subtaxones, un número que puede manejar con facilidad la memoria
humana (Stevens 1998[8] ). En las palabras de Davis y Heywood (1963:83): "Debemos
ser capaces de ubicar a los taxones en taxones de categoría más alta de forma que
podamos encontrarlos de nuevo".[16]
4. Otro criterio es la estabilidad de la nomenclatura. Los grupos que ya han sido
nombrados en el pasado deben continuar con el mismo nombre en lo posible.
Una vez acordado qué clados convertir en taxones, los sistemáticos deben decidir en qué
categorías taxonómicas ubicarlos, lo cual es arbitrario. Por razones históricas se utilizan
las categorías linneanas de clasificación: reino, filo o división, clase, orden, familia,
género y especie (ver la sección de historia de la taxonomía). Los mismos criterios
utilizados para saber si nombrar un taxón pueden ser utilizados para saber en qué
categoría taxonómica ubicarlo,[8] en especial el de la estabilidad en la nomenclatura.
Los sistemas de clasificación que nacen como resultado de la taxonomía tienen dos
utilidades:
Sirven como contenedores de información. Los científicos de todo el mundo utilizan
los taxones como unidad de trabajo, y publican los resultados de sus trabajos en
relación con el taxón estudiado. Por lo tanto los nombres científicos de los organismos
son la clave de acceso a un inmenso cuerpo de información, disperso en muchas
lenguas y procedente de muchos campos de la Biología. "El nombre de un organismo
es la llave hacia su literatura" (Davis y Heywood 1963 [16] ).
Permiten hacer predicciones acerca de la fisiología, ecología y evolución de los
taxones. Por ejemplo, es muy común que cuando se encuentra un compuesto de
interés médico en una planta, se investigue si ese compuesto u otros similares se
encuentran también en otras especies emparentadas con ella.
Nomenclatura
La Nomenclatura es la subdisciplina que aplica las reglas para nombrar y describir a
los taxones. El objetivo principal de la Nomenclatura es que (1) cada organismo posea
sólo un nombre correcto, y (2) no haya 2 taxones diferentes llevando el mismo nombre.
Las reglas de nomenclatura están escritas en los Códigos Internacionales de
Nomenclatura. Hay uno publicado para cada disciplina: de Zoología, de Botánica,[17] de
plantas cultivadas, de bacterias y de virus, y se actualizan frecuentemente como
resultado de los congresos internacionales que reúnen a los científicos para tal efecto.
Cada varios años, luego de varios congresos, se publica una nueva versión de cada
Código, dejando sin efecto las anteriores. Por ejemplo, a diciembre del 2011 último
Código de Botánica es el de Viena (2007[17] ), el último de Zoología es la cuarta edición
(2000[18] ), y el último de Bacterias es la revisión de 1990 (publicado en 1992[19] ). Los
Códigos poseen algunas diferencias entre sí, pero en su esencia funcionan de forma
similar.
Los Códigos proveen el reglamento para que los taxones elegidos sean "válidamente
publicados" (en Zoología, "disponibles"): Para ello deben poseer un "nombre correcto"
(y una descripción si el taxón pertenece a la categoría especie; en Zoología el "nombre
correcto" de los demás Códigos se llama "nombre válido"), y ser publicados en alguna
revista científica o libro.
Los "nombres correctos" de los taxones son los que se atienen a los principios de
Nomenclatura, expresos en los Códigos de Nomenclatura Botánica, Zoológica y
Bacteriológica, que son:
1. La nomenclatura botánica, la nomenclatura zoológica, y la nomenclatura
bacteriológica son independientes la una de la otra (cada una está representada por su
propio Código). Como consecuencia, el mismo nombre puede ser utilizado para una
planta o para un animal o una bacteria (aunque no es aconsejable).
Cada especie correctamente nombrada y descripta debe poseer un tipo
(técnicamente, es el nombre de la especie lo que posee un tipo). En plantas, por lo
general son ejemplares de la especie que fueron recolectados y secados en herbarios
como el de la foto (aplastándolos entre papeles de diario que se cambian todos los
días hasta que dejan de humedecerse), y luego almacenados cuidadosamente en un
lugar accesible, como un museo o un jardín botánico. Si almacenar un ejemplar como
tipo es complicado, se puede reemplazar por cuidadosas ilustraciones.
2. El nombre de cada grupo taxonómico debe estar acompañado de un tipo. El "tipo" es
algo diferente si estamos hablando de un nombre en la categoría especie o inferior, o
de un nombre de una categoría superior a especie. Cuando es descripto un taxón
correspondiente a la categoría especie o inferior a especie, el autor debe asignar un
espécimen específico de la especie para que sea designado como "el espécimen tipo
nomenclatural" que debe estar almacenado en un lugar accesible (por ejemplo si es
una planta, en un herbario), aunque también se pueden aceptar ilustraciones. Con
respecto a los taxones superiores a especie, el nombre del género posee como "tipo"
al nombre de aquella especie circunscripta en él que fue publicada primero. El nombre
de cada taxón superior a género posee como "tipo" al nombre del género que fue
publicado primero dentro de la circunscripción del taxón. El tipo tiene como propósito
actuar como referencia para el nombre, ya que es el espécimen sobre el cual el
nombre está basado. Por ejemplo, cuando un taxón se divide en dos, de forma que
uno de los nuevos taxones conserve el nombre y el otro pase a tener un nombre
nuevo, el taxón que se quede con el antiguo nombre debe contener también al
antiguo tipo en su circunscripción, y basar su descripción en el tipo. Al tipo utilizado en
la publicación original se lo llama holotipo; si el holotipo se pierde, se puede elegir
otro espécimen del material original como tipo nomenclatural, al que se llama
lectotipo. Si no hay especímenes para crear un lectotipo, se puede recolectar un nuevo
espécimen para que haga de tipo, al que se llama neotipo. Además, el "tipo" de las
bacterias no es un único organismo muerto sino que es una cepa de bacteria cultivada
viva, en general congelada y disponible.
3. Hay un solo nombre correcto para cada taxón. El nombre correcto de cada taxón es el
primero que fue publicado en regla. También conocido como el "principio de
prioridad".
4. Puede haber excepciones al principio de prioridad. Por un lado algunos nombres
ampliamente usados no son en realidad el nombre más antiguo asignado al taxón,
pero al descubrirse este hecho el nombre menos antiguo ya había sido muy extendido.
Por otro lado a veces hay taxones que poseen más de un nombre correcto (más de un
nombre válido en Zoología). Entonces se agrega el taxón a la lista de nomina
conservanda, nombres que se consideran válidos por razones prácticas.
5. Los nombres científicos deben ser en latín, o latinizados aunque sus orígenes sean en
otro idioma.
6. No puede haber dos taxones distintos llevando el mismo nombre dentro de un mismo
Código.
7. Las reglas de nomenclatura son retroactivas, a menos que se indique expresamente lo
contrario.
Cuando la aplicación estricta de un Código resulta en confusión o ambigüedad, los
problemas son llevados a su Comisión respectiva para que tome una decisión al
respecto. Por ejemplo, las decisiones tomadas por la Comisión Internacional de
Nomenclatura Zoológica (que rige sobre el Código Internacional de Nomenclatura
Zoológica) son publicadas en su revista, el Bulletin of Zoological Nomenclature[20]
("Boletín de Nomenclatura Zoológica").
Si bien los procedimientos son similares los Códigos difieren en los nombres que le dan
a cada situación, a continuación una lista de las diferencias (entre sí y con el borrador
del BioCode, véase en Perspectivas más adelante, Greuter et al. 1996[21] ):
ICNCP (de
BioCode BC (de
ICBN (de Botánica) Plantas ICZN (de Zoología)
(Biocódigo) Bacterias)
Cultivadas)
Publicación y fecha de los nombres
efectivamente efectivamente
publicado publicado publicado
publicado publicado
fecha fecha fecha (o prioridad) fecha prioridad
precedencia prioridad prioridad precedencia precedencia
anterior senior anterior anterior senior
posterior junior posterior posterior junior
Estatus nomenclatural
válidamente válidamente
establecido establecido disponible
publicado publicado
registración validación registración registración ------
potencialmente
aceptable legítimo legítimo ------
válido
Estatus taxonómico
aceptado correcto correcto aceptado válido
Tipos
tipo portador de tipo
tipo nomenclatural estándar tipo nomenclatural
nombre nomenclatural
taxón nominal nombre y tipo nombre y tipo ------ taxón nominal
Sinonimia
homotípica objetiva nomenclatural ------ objetiva
heterotípica subjetiva taxonómica ------- subjetiva
nombre de
sustituto declarado reemplazo explícito
reemplazo
------- (avowed ------- (explicit
(replacement
substitute) replacement)
name)
Prescindiendo de las reglas
conservación conservación conservación ------- conservación
supresión rechazo supresión explícita ------- supresión
En Jeffrey (1986[22] ) se enumeran las 12 diferencias principales entre los códigos de
Zoología y de Botánica.
Categorías taxonómicas
La categoría fundamental es la especie, porque ofrece el taxón claramente reconocido y
discreto de tamaño más pequeño. Sistemáticos, biólogos evolutivos, biólogos de la
conservación, ecólogos, agrónomos, horticultores, biogeógrafos y muchos otros
científicos están más interesados en los taxones de la categoría especie que en los de
ninguna otra categoría. El concepto de especie ha sido intensamente debatido tanto por
la Sistemática como por la Biología evolutiva. Muchos libros recientes ponen el centro
de atención en la definición de especie y la especiación (King 1993,[23] Lambert y
Spencer 1995,[24] Claridge et al. 1997,[25] Howard y Berlocher 1998,[26] Wilson 1999,[27]
Levin 2000,[28] Wheeler y Meier 2000,[29] Schilthuizen 2001[30] ). En animales, en
especial en vertebrados de tamaño grande, el criterio de la capacidad de hibridar es el
más usado para distinguir especies. En la mayoría de los vertebrados, los grupos de
individuos interfértiles coinciden con grupos morfológicos, ecológicos y geográficos,
por lo que las especies son fáciles de definir. Incluso se pueden poner a prueba los
límites de las especies analizando la interfertilidad entre las poblaciones. Este concepto
de especie, llamado "concepto biológico de especie" (o "BSC", por "biological species
concept", Mayr 1963,[31] ver también Templeton 1989,[32] Coyne 1992,[33] Mayr
1992[34] ), fue el que dominó la literatura zoológica y, hasta recientemente, también la
botánica. Sin embargo, este criterio falla a la hora de definir especies de plantas, debido
a que existe hibridación entre especies que conviven en un mismo lugar (a esas especies
se las llama a veces "semiespecies" y al grupo que las abarca "syngameon").Tampoco es
adecuado para clasificar organismos con reproducción uniparental que evita el
intercambio genético (y crea poblaciones mínimamente diferenciadas, llamadas
"microespecies"), ni para las especies que se componen de individuos ubicados en
lugares muy lejanos (por ejemplo en distintos continentes) que no intercambien nunca
material genético entre sí. Además, en las plantas la interfertilidad de las poblaciones
varía del 0 al 100%, por lo que, en los niveles intermedios de interfertilidad, la
asignación de especie no puede realizarse de forma inequívoca según este concepto de
especie biológica (Davis y Heywood 1963[16] ). Por esta razón, los sistemáticos de
plantas no definen a las especies como comunidades reproductivas, sino como una
población o un grupo de poblaciones que poseen mucha evidencia de formar un linaje
evolutivo independiente, abandonando de esta forma el concepto biológico de especie o
BSC (Davis y Heywood 1963,[16] Ehrlich y Raven 1969,[35] Raven 1976,[36] Mishler y
Donoghue 1982,[37] Donoghue 1985,[38] Mishler y Brandon 1987,[39] Nixon y Wheeler
1990,[40] Davis y Nixon 1992,[41] Kornet 1993,[42] Baum y Shaw 1995,[43] McDade
1995[44] ).
Las poblaciones también son difíciles de definir, normalmente se definen como grupos
de individuos de una misma especie que ocupan una región geográfica más o menos
bien definida y con los individuos interactuando entre sí. Las poblaciones pueden variar
en tamaño de uno a millones de individuos, y pueden persistir en el tiempo por menos
de un año o miles de años. Pueden ser producto de la descendencia de un solo individuo,
o estar recibiendo constantemente inmigrantes, por lo que también poseen diferentes
niveles de diversidad genética.
Se subdivide a la especie en razas cuando se encuentran grupos de poblaciones que
difieren morfológicamente entre sí, aunque a veces crezcan juntas e hibriden entre ellas
con facilidad. Se denominan subespecies si estas razas poseen poco solapamiento
geográfico, aunque todavía exista algo de hibridación entre ellas. Si los migrantes de
una población se ven en desventaja reproductiva al arribar a otra población, entonces los
sistemáticos consideran que las poblaciones pertenecen a dos especies distintas,
claramente definidas.
Por debajo de la raza también se puede seguir subdividiendo en taxones en las
categorías variedad y forma.
Las especies a su vez se agrupan en taxones superiores, cada uno en una categoría más
alta: géneros, familias, órdenes, clases, filos, y reinos. Una regla mnemotécnica para
recordar la jerarquía de los taxones es la siguiente:
El Rey es un filósofo de mucha clase que ordena para su familia géneros de buena especie.
El orden se recuerda así: Rey por Reino, filósofo for filum, clase por clase, ordena por
orden, familia por familia, géneros por género, y especie por especie.
Una lista de las categorías taxonómicas generalmente usadas incluiría el dominio, el
reino, el subreino, el filo (o división, en el caso de las plantas), el subfilo o subdivisión,
la superclase, la clase, la subclase, el orden, el suborden, la familia, la subfamilia, la
tribu, la subtribu, el género, el subgénero y la especie.
Como las categorías taxonómicas por arriba de la especie son arbitrarias, un género
(grupo de especies) en una familia puede no tener la misma edad ni albergar la misma
cantidad de variación, ni de hecho tener nada en común con un género de otra familia,
más que el hecho de que los dos son grupos monofiléticos que pertenecen a la misma
categoría taxonómica. Los sistemáticos experimentados están bien al tanto de esto y se
dan cuenta de que los géneros, las familias, etcétera no son unidades comparables
(Stevens 1997[45] ); sin embargo, algunos científicos caen en el error frecuente de utilizar
esas categorías como si lo fueran. Por ejemplo, es común ver medidas de diversidad de
plantas como un listado de las familias de plantas presentes en un lugar dado, si bien el
hecho de que esos taxones pertenezcan a una "familia" no significa nada en particular.
Esta confusión es la que llevó a que se propusiera la eliminación de las categorías
taxonómicas, y de hecho son pocos los sistemáticos que se preocupan por ellas y
muchas veces llaman a los grupos monofiléticos con nombres informales para evitarlas
(por ejemplo hablan de las "angiospermas" para evitar discutir si son "magnoliophyta",
"magnoliophytina", "magnoliopsida", etc.). Ver más adelante una discusión sobre el
asunto.
Nombre científico
En la nomenclatura binominal de Linneo, cada especie animal o vegetal queda
designada por un binomio (una expresión de dos palabras) en latín, donde la primera, el
"nombre de género", es compartida por las especies del mismo género; y la segunda, el
"adjetivo específico" o "epíteto específico", hace alusión a alguna característica o
propiedad distintiva, como pueden ser el color (albus, "blanco"; cardinalis, "rojo
cardenal"; viridis, "verde"; luteus, "amarillo"; purpureus, "púrpura"; etc.), el origen
(africanus, "africano"; americanus, "americano"; alpinus, "alpino"; arabicus, "arábigo";
ibericus, "ibérico"; etc.), al hábitat (arenarius, "que crece en la arena"; campestris, "de
los campos"; fluviatilis, "de los ríos"; etc.), un homenaje a una personalidad de la
ciencia o de la política o atender a cualquier otro criterio. No es necesario que el nombre
esté en latín, sólo es necesario que esté latinizado. Los nombres de géneros siempre van
con la primera letra en mayúsculas, los adjetivos específicos siempre van en minúsculas,
y los nombres de géneros y los de especies van siempre en itálicas (o subrayados, si se
escribe a mano).[nota 1] Al escribir el nombre de especie, el epíteto específico nunca es
utilizado solo, y es obligatorio que esté precedido por el nombre del género, de forma
que el nombre de la especie sea el binomio completo. El uso de la primera letra del
nombre del género precediendo el epíteto específico también es aceptable una vez que
el nombre ya apareció en su forma completa en la misma página o en un artículo
pequeño. Así por ejemplo, la lombriz de tierra fue llamada Lumbricus terrestris por
Linneo, y si el nombre ya apareció antes en el artículo, puede volver a referirse a ella
como L. terrestris. Con respecto a los taxones ubicados en la categoría de género y
superior, los nombres son uninominales (constan de una sola palabra) y siempre se
escriben con la primera letra en mayúsculas (aunque solamente en la categoría de
género van en itálicas). Como los Códigos de Nomenclatura prohíben que dentro de
cada Código haya dos taxones con el mismo nombre, no puede haber dos géneros con el
mismo nombre (ni dos taxones por arriba de género con el mismo nombre), pero como
ocurre que el adjetivo específico de las especies sólo se usa después del nombre del
género, puede haber dos especies diferentes pertenecientes a géneros diferentes que
compartan el mismo adjetivo específico. Una vez fijado, un nombre no es sustituido por
otro sin un motivo taxonómico. Por ejemplo el roble de los alrededores de Madrid fue
bautizado como Quercus pyrenaica erróneamente, puesto que no se encuentra en los
Pirineos, pero tal circunstancia no justifica un cambio de nombre.
Si bien en los tiempos de Linneo los nombres eran sencillos y descriptivos (al menos
para él: como su contemporáneo Siegesbeck llamó a su sistema "repugnante
prostitución" por basarse en número de estambres y carpelos, Linneo nombró a un yuyo
desagradable con pequeñas flores Sigesbeckia[46] ), últimamente se han registrado
nombres científicos insólitos: la araña Pachygnatha zappa, porque tiene una mancha en
el abdomen igual al bigote del artista Frank Zappa; algunas moscas chupadoras de
sangre del género Maruina: Maruina amada, M. amadora, M. cholita, M. muchacha,
M. querida, M. chamaca, M. chamaguita, M. chica, M. dama, M. nina, M. tica y M.
vidamia, todos adjetivos cariñosos; el dinosaurio que fue llamado Bambiraptor debido a
Bambi, el de la película de Disney, que tenía un pequeño tamaño; el molusco bivalvo
Abra cadabra (aunque después se lo cambió de género); y quizás el caso más
sobresaliente: el género de arañas brasileñas Losdolobus, llamado así porque los
investigadores que lo describieron, queriendo homenajear a dos argentinos que habían
colaborado, les pidieron a éstos que inventasen un nombre para el nuevo género, que
quedó como Losdolobus por "los dolobus" ("dolobu" = "boludo", dicho al vesre;
término del lunfardo argentino intraducible en una enciclopedia.[47]
Con respecto a las restricciones para nombrar a los taxones, los géneros y especies no
las tienen (salvo por el hecho de que tienen que estar en latín o latinizados), pero las
categorías superiores a género a veces es necesario que tengan un sufijo en particular,
según se indica en la siguiente tabla:
Planta Bacterias[4
Categoría taxonómica Algas Hongos Animales 8]
s
División/Phylum -phyta -mycota
Subdivisión/Subphylum -phytina -mycotina
Clase -opsida -phyceae -mycetes -ia
Subclase -idae -phycidae -mycetidae -idae
Superorden -anae
Orden -ales -ales
Suborden -ineae -ineae
Infraorden -aria
Superfamilia -acea -oidea
Epifamilia -oidae
Familia -aceae -idae -aceae
Subfamilia -oideae -inae -oideae
Infrafamilia -odd[nota 2]
Tribu -eae -ini -eae
Subtribu -inae -ina -inae
Infratribu -ad
Un ejemplo de taxón es el orden Primates. En esta expresión, "orden" especifica la
categoría o rango taxonómico del grupo, más amplio que el de familia y menos amplio
que el de clase. "Primates" es el nombre en latín específico del grupo o taxón indicado.
El orden Primates está subordinado a la clase Mammalia (los mamíferos), e incluye
diversas familias como la familia Cebidae (cébidos, las monas americanas) o la familia
Hominidae (homínidos, nuestra propia familia).
Además, en todos los taxones, la primera vez que se nombra un taxón en una
publicación científica, el nombre científico puede verse seguido del apellido del autor
de su primera descripción (normalmente llamado la "autoridad"), mejor aún si se sigue
del año en que el taxón fue descripto por primera vez por ese autor (el autor es
obligatorio en Botánica, opcional pero recomendable en Zoología). Las veces
posteriores que se nombra al taxón en la publicación se evita el autor y el año de
publicación. En publicaciones fuera del ámbito científico es raro encontrar al autor y el
año a continuación del nombre científico, quizás porque no son necesarios para
identificar al taxón de forma inambigua. A veces se encuentran variaciones en la forma
en que autor y año son escritos (por ejemplo hay dos autores conectados por palabras en
latín como in o et o ex, o el autor está entre paréntesis), y cada una de estas variaciones
tiene su significado en Nomenclatura. Por ejemplo, en el caso de los animales, si en la
actualidad una especie en particular está ubicada en un género diferente al que le fue
asignado por su autoridad original, el nombre del autor y el año se ponen entre
paréntesis indicando así que originalmente se la describió con otro nombre. Como
ejemplo, el león en la actualidad es Panthera leo (Linnaeus, 1758), y se pone autor y
año entre paréntesis porque Linneo lo describió originalmente como Felis leo. Ver autor
de nombre científico para más información.
Determinación o identificación de organismos
Es fácil comprender la importancia de la necesidad de conocer el nombre de los
organismos relevantes para el científico o el usuario de los sistemas de clasificación: "El
nombre de un organismo es la llave hacia su literatura" (Davis y Heywood 1963;[16] van
Steenis 1957[50] ).
La subdisciplina de la Determinación, también llamada Identificación de los
organismos, nace una vez que se obtiene un sistema de clasificación estable con todos
sus taxones correctamente nombrados. La Determinación es la disciplina que ubica a un
organismo desconocido para el que lo encontró, dentro de un taxón conocido del
sistema de clasificación, a través de sus caracteres diagnósticos. Para ello es necesario
que la información sobre los taxones esté disponible de una forma accesible, y a veces
son necesarios también otros elementos como lupas o microscopios, para observar los
caracteres del organismo que permiten ubicarlo en uno u otro taxón. La información
normalmente está disponible en enormes libros llamados Claves de identificación que
poseen un sistema ("clave") que va guiando al lector hacia el taxón al que pertenece su
organismo. Estos libros también son llamados "Floras" si se trata de plantas terrestres o
"Faunas" en caso de animales. Normalmente las claves de identificación son para una
región dada, ya que sería inútil ingresar en ellas la información sobre taxones que no se
encuentran en la región en la que se encontró el organismo a determinar.
Para que las Floras y las Faunas sean de utilidad, y para que la determinación de los
organismos sea "la llave hacia su literatura", es esencial que haya estabilidad en los
nombres de los taxones (esto es, que el mismo grupo de organismos no cambie de
nombre con cada sistema de clasificación o cada autor). Ver más adelante una discusión
sobre el por qué de la inestabilidad de los nombres.
Historia de la taxonomía
Los orígenes de la taxonomía
Los orígenes de la taxonomía se remontan a los orígenes del lenguaje, cuando las
personas llamaban con los mismos nombres a organismos más o menos similares,
sistema que persiste hoy en día en lo que llamamos los "nombres vulgares" de los
organismos. Todas las sociedades humanas poseen un sistema taxonómico que nombra
a las especies y las agrupa en categorías de orden superior. El ser humano posee un
concepto intuitivo de lo que constituye una especie, producto de categorizarlas según
sus propiedades emergentes observadas, y esto se ve reflejado en que todas las
clasificaciones populares de los organismos poseen remarcables similitudes entre ellas y
también con las utilizadas hoy en día por los biólogos profesionales (Hey 2001[51] ).
La taxonomía biológica como la disciplina científica que conocemos hoy en día nació
en Europa. Allí, a mediados de la Edad Media europea se habían formado las
universidades, donde se discutían temas de índole filosófica y técnica. Fue en ese
contexto donde los naturalistas se dieron cuenta de que, si bien los nombres vulgares
son útiles para el habla cotidiana, necesitaban un sistema más universal y riguroso para
nombrar a los organismos: cada especie debía ser nombrada, cada especie debía poseer
un único nombre, y cada especie debía ser descripta de forma inambigua.
Posteriormente, con la dominación militar y cultural que una Europa revitalizada
sostendría sobre el resto del mundo, el sistema allí consensuado se extendería a todo el
globo.
De la taxonomía linneana al origen de los códigos
Portada de la obra de Linneo Species plantarum (1753), obsérvese que informa al lector lo que
encontrará en el interior del libro, como los géneros "naturales" y las clases y órdenes
"artificiales". Está escrito en latín, el idioma universal de la época.
En Europa, ya en 1583, el italiano Andreas Caesalpinus había delineado cuáles debían
ser las características de un sistema de clasificación: debía ser fácil de usar y de
memorizar, estable, predictivo y preciso (ver Greene 1983[52] ). Por lo tanto existía la
conciencia de que un sistema de clasificación no sólo debía reflejar la naturaleza (lo que
sea que eso significara para cada investigador, teniendo en cuenta que no había
conocimiento de la evolución en ese momento), sino también servirle de utilidad a una
comunidad de usuarios. Por un tiempo los naturalistas hicieron algunos intentos de
ordenar la información disponible sobre los organismos y reglamentar sus nombres.
Pero sin duda alguna fue en el siglo XVIII en que la taxonomía recibió un empujón
definitivo, gracias al naturalista sueco Carlos Linneo, quien tenía la ambición de
nombrar a todos los animales, plantas y minerales conocidos en la época, agruparlos de
forma que reflejen la naturaleza según sus características físicas compartidas, y
normalizar su denominación. Si bien ya había publicado trabajos más modestos antes,
fue en 1753 cuando publicó un gigantesco trabajo de dos volúmenes en que almacenó y
ordenó toda la información disponible sobre las plantas, y debido a su éxito, terminó
siendo el trabajo que definió las bases del sistema de clasificación que se utiliza hoy en
día. El libro se llamaba Species Plantarum ("Los tipos de plantas"), y estaba escrito en
latín, que era el idioma universal de la época. En ese libro las especies de plantas
estaban agrupadas en géneros (grupos de especies) según sus similitudes morfológicas.
Linneo fue uno de los primeros naturalistas en enfatizar el uso de similitudes entre
organismos para construir un sistema de clasificación. De esa forma y sin saberlo,
estaba clasificando a los organismos en virtud de sus similitudes genéticas, y por lo
tanto también evolutivas. En su libro, cada especie o "tipo de planta" era descripto con
una frase en latín limitada a 12 palabras, en donde la primera de las 12 palabras siempre
era el género al que pertenecía la especie. Él propuso que esas pequeñas descripciones
fueran el nombre utilizado en todo el mundo para referirse a cada una de sus "especies".
A estas pequeñas descripciones, o polinomios, él las llamó "el nombre propio de cada
especie", pero hizo un importante agregado que había sido inventado en su momento
por Caspar Bauhin (1560-1624): la nomenclatura binominal o binomios, como el
"nombre corto" de las especies. En los márgenes de su Species Plantarum, seguido del
nombre "apropiado" polinomial de cada especie, escribió una sola palabra. Esta palabra,
combinada con la primera palabra del polinomio (todavía hoy llamada género), formaba
un nombre más fácil de recordar y corto para cada especie. Por ejemplo, la hierba de
gato fue nombrada "apropiadamente" con el polinomio: Nepeta floribus interrupte
spicatus pedunculatis (en español, "Nepeta con flores en una espiga interrumpida
pedunculada"). Linneo escribió la palabra cataria en el margen del nombre apropiado
de la especie, que quiere decir "relacionada con los gatos", haciendo referencia a un
atributo familiar de la especie. Tanto él como sus contemporáneos rápidamente
empezaron a llamar a la planta con el nombre Nepeta cataria, que es el nombre que
persiste hoy en día.
La nomenclatura binominal no fue la única característica impuesta en la nomenclatura
académica europea por el éxito del libro: a la vez Linneo propuso un esquema
jerárquico de clasificación, donde las especies muy similares morfológicamente se
agrupaban en un mismo género. La categoría de género tampoco fue un invento de
Linneo, de hecho, en 1694 Joseph Pitton de Tournefort ya había provisto guías para
describir géneros de plantas: los caracteres de los géneros debían ser reconocibles en
todos los miembros del género y ser visibles sin el uso de un microscopio. En lo
posible, estos caracteres debían ser tomados de la flor y el fruto. Linneo utilizó los
géneros, y creía que tanto los géneros como las especies existían en la naturaleza (eran
"grupos naturales"), mientras que las categorías más altas eran sólo materia de
conveniencia humana. Esta distinción entre categoría "real" y categoría "artificial" no
era menor, ya que el creer que los géneros fueran reales (es decir, que existen
independientemente de nuestro discernimiento), guía al investigador de una forma
diferente de la que lo hace creer que la categoría es artificial. En palabras de Linneo:
Los caracteres no hacen al género, el género nos da sus caracteres.
Carlos Linneo 1751:119[53]
Con estas palabras, Linneo reconocía que las especies se agrupaban de forma diferente
si se elegían caracteres diferentes, pero había "algo más" que la mera similitud de
caracteres que agrupara a las especies en un mismo género, y había que saber elegir los
caracteres a considerar para que la agrupación resultara ser un "grupo natural". Esta
afirmación, fruto de la intuición de Linneo, no tendría base científica hasta la aparición
de la teoría de la evolución (de Queiroz y Gauthier 1990[54] ).
Linneo falló en la búsqueda de caracteres que fueran comunes a todos los miembros aun en
las más "naturales" de las familias, como las umbelíferas. En la foto: hojas de apio (Apium) con
sus pequeñas inflorescencias, hábito de la zanahoria (Daucus), inflorescencias de hinojo
(Foeniculum), inflorescencias del cardo corredor (Eryngium), raíz de perejil (Petroselinum).
En su sistema de clasificación, Linneo también trató de agrupar a algunos géneros en
familias que se podían considerar "naturales" (la idea de que existían familias naturales
tampoco era nueva y data de Pierre Magnol en 1689[55] vol.1 pp xxii-xxvii), si bien no les
otorgaba una descripción de sus similitudes morfológicas, y para 1751 había reconocido
67 familias (Linneo 1751[53] ), dejando muchos géneros sin ubicación. Linneo buscaba
caracteres que fueran encontrados en todos los miembros de cada familia, pero falló en
su búsqueda aún en las más "naturales" de las familias, como Umbelliferae.
Linneo también agrupó a los grupos naturales en órdenes y clases artificiales, sólo útiles
para ordenar los grupos naturales de forma que sean fáciles de encontrar en una lista o
un herbario. Los caracteres que utilizó para ello fueron el número de estambres y el
número de estilos y estigmas. Por ejemplo, en el orden Pentandria Monogyna ubicó a
los géneros Datura y Verbascum, que tienen 2 estigmas y 1 único estilo.
El éxito del libro de Linneo solventaba así los problemas de comunicación producidos
por la variedad de nombres y sistemas de clasificación locales. A partir de ese momento
las actualizaciones de la clasificación hechas por el mismo Linneo o por autores
posteriores, intentaron no abandonar la nomenclatura binominal ni el sistema de
clasificación impuestos por Species Plantarum.
La descripción exacta de cuáles eran los caracteres morfológicos que pertenecían a cada
taxón de cada categoría era fundamental para la utilidad del sistema de clasificación, lo
cual había generado profundas investigaciones de la morfología de las especies,
descubriéndose en muchos casos una variabilidad inesperada para Linneo y sus
contemporáneos, variabilidad encontrada incluso dentro de la misma especie. Desde la
aparición del libro de Linneo en 1753 hasta 1789, a varios autores, como a Michel
Adanson (1763-1764[55] ), se les hizo evidente que los caracteres variaban aún dentro de
los grupos "naturales", concluyendo que no hay caracteres esenciales para definir a un
grupo, y que los grupos naturales deben ser definidos sólo mediante un conjunto de
caracteres, de los cuales la mayoría, pero no necesariamente todos, estarán en cada
especie del grupo. Esta visión obligó a modificar el concepto de especie que había
imperado hasta ese momento: para Linneo y muchos de sus contemporáneos, todos los
miembros de cada especie debían poseer ciertos caracteres morfológicos que serían
inamovibles, por lo que un único individuo de la especie bastaba para conocer los
caracteres de toda la especie. Las variaciones que eventualmente se encontraban eran
"deformaciones", desviaciones de este "tipo ideal" de la especie. Con el aumento de
información sobre la variabilidad de los caracteres se abandonó este concepto de
"especie tipo" y empezó a verse a las especies como una suma de individuos con una
variabilidad "esperable", "natural", de sus caracteres.
En 1789, Antoine-Laurent de Jussieu en su libro Genera plantarum[56] describió tanto
géneros como familias de plantas y agrupó a estas últimas en clases. Su definición de
especies, géneros y familias fue exitosa, y esta agrupación jussiana es la que
básicamente se conserva hoy en día para la clasificación de las plantas, si bien con el
tiempo fueron agregadas familias, los límites de las familias existentes en ese libro
fueron modificados, y fueron agregadas más categorías, como la de orden entre familia
y clase, y filo y reino por encima de la clase.
Página de la obra de Linneo Systema naturae en donde incluye a Homo entre los animales.
Con respecto a los animales, en 1758 Linneo publicó la décima edición de su Systema
Naturae, en el que listó todos los animales conocidos por él en ese momento y por
primera vez los clasificó como había hecho previamente con las plantas, adoptando la
nomenclatura binominal. Linneo nombró unas 4.400 especies de animales, incluyendo
Homo sapiens, a pesar de la reticencia existente en la época a considerar al hombre un
animal.
En 1778 Lamarck sugirió que los caracteres utilizados por los científicos para dividir los
taxones no necesariamente tenían que ser los mismos que la gente utilizaba para
diagnosticarlos. Él promovió el uso de claves de identificación, libros que permitían a
los usuarios no expertos identificar un organismo dado mediante caracteres fácilmente
visibles. De esta forma mitigó el conflicto entre los creadores de los sistemas de
clasificación, que a medida que aumentaba el conocimiento agrupaban a los organismos
en grupos cada vez menos intuitivos, y los usuarios de esos sistemas, que estaban más
interesados en su utilidad que en la "naturalidad" de sus grupos.
El término "Taxonomía" (Taxonomie, en francés) fue empleado por primera vez por el
biólogo suizo Augustin Pyrame de Candolle a comienzos del siglo XIX. En términos
etimológicos estrictos, debe considerarse quizá preferible la forma «Taxinomia», pero
tiene un uso muy limitado, casi siempre en traducciones del francés.
Un cierto número de sistemáticos, especialmente en Francia y Alemania, adoptaron el
concepto de "espécimen tipo". Estos "tipos" eran plantas guardadas en un herbario, que
representaban la forma más común del grupo, o la forma más "perfecta" (estos autores
consideraban la simetría radial y la bisexualidad más perfectas que las demás formas,
por lo que se ha dado el caso de que guardaran mutantes como ejemplar tipo).
Durante varias décadas después de la edición de los libros de Linneo proliferaron los
nombres para animales y plantas y muchas veces hubo más de un nombre para una
especie dada (diferentes nombres para el mismo taxón son llamados "sinónimos").
Cuando así era, el nombre de uso común era normalmente el más descriptivo, o
simplemente el utilizado por la autoridad más eminente del momento. A esto se sumaba
que algunos nombres de géneros y algunos epítetos específicos eran compuestos por
más de una palabra. Esta falta de estabilidad nomenclatural hizo peligrar el logro de
Linneo de una única clasificación para la comunicación, y eso llevó a, en 1813, la
adopción de un código para nombrar a las plantas, llamado Théorie Elémentaire de la
Botanique ("Teoría Elemental de la Botánica") donde se reglamentaba cuál era el
nombre válido para cada taxón. Por lo mismo y para los animales, en 1842, se adoptó un
código de reglas formuladas bajo el auspicio de la British Association for the
Advancement of Science ("Asociación Británica para el Avance de la Ciencia"), llamado
el Strickland Code ("Código de Strickland", Strickland et al. 1842[57] ). Los dos códigos
definirían las primeras reglas de nomenclatura con el objetivo de obtener un solo
nombre válido para cada taxón. La razón por la que fueron realizados dos códigos en
lugar de uno solo es que los expertos en Botánica y los expertos en Zoología trabajaban
con poco conocimiento los unos de los otros, y hacía tiempo que cada disciplina recorría
su propio camino, por lo que resultaba difícil que botánicos y zoólogos se reunieran
para la creación de un único código (Minelli 2008[58] ). Sin embargo había científicos
que vislumbraban lo difucultuoso que sería tener dos Códigos diferentes para nombrar
los seres vivos: un borrador de un Código que uniría al de Zoología y al de Botánica fue
escrito entre 1842 y 1843 por un grupo de taxónomos italianos como reacción al
recientemente publicado primer Código de Zoología en 1842, a pedido del zoólogo
Carlo Luciano Bonaparte (Minelli 2008[58] ), este código terminaría olvidado (Minelli
2008[58] ).
De esta forma, desde Linneo hasta los Códigos, nacieron las reglas de nomenclatura
zoológica y botánica del sistema de clasificación que se utiliza hoy en día. Muchos
científicos adoptaron el sistema de clasificación "natural", pero no todos estaban de
acuerdo en utilizarlo. Los sistemas de clasificación pueden ser "arbitrarios" o
"artificiales", si solo tratan de agrupar los organismos para facilitar su determinación de
manera artificiosa (por ejemplo, de acuerdo a su utilidad para los humanos), o
"naturales", cuando las jerarquías se establecen en función de sus afinidades en la
Naturaleza. La palabra "natural" nunca fue definida científicamente, y en la época de
Linneo sólo quería decir que las especies habían sido creadas "naturalmente" parecidas
a algunas y disímiles de otras (de hecho, cada científico poseía su propia definición de
"sistema natural", que tenía que ver principalmente con cada concepción filosófica del
mundo). En esa época había mucha gente que no estaba de acuerdo con que existían las
agrupaciones "naturales" de organismos (ya que nadie podía dar una razón convincente
de que existieran) y se negaban a clasificarlos de esa forma, apoyando los sistemas
artificiales de clasificación.
Taxonomía y evolución
Diagrama dibujado por Charles Darwin en El Origen de las Especies.
Antes de que existiera la teoría de la evolución, se entendían las relaciones entre los
organismos de una forma muy parecida a las relaciones entre los países en un mapa.
Cuando irrumpió la teoría de la evolución a mediados del siglo XIX pronto se admitió,
tal como formuló el propio Darwin, que el grado de parentesco entre los taxones
(filogenia) debía ser el criterio para la formación de los grupos. La publicación de su
libro El origen de las especies en 1859 estimuló la incorporación de teorías evolutivas
en la clasificación, proceso que hoy en día aún no está terminado (de Queiroz y
Gauthier 1992[59] ).
El debate entre los partidarios de los sistemas artificiales y los defensores de la
construcción de un sistema natural fue uno de los conflictos teóricos más intensos de la
biología de los siglos XVIII y XIX, sólo resuelto con la consolidación de la teoría de la
evolución, que ofreció el primer criterio demostrable de "naturalidad": la ascendencia
común. Cuanto más parecidos son dos organismos entre sí, más cercano es su
ascendiente común, y por lo tanto más próximamente deben ser agrupados en la
clasificación. Los organismos que comparten sólo unos pocos caracteres descienden de
antepasados más lejanos y, por lo tanto, deben ser ubicados en taxones diferentes,
compartiendo sólo los taxones más altos.
Un paso crítico en este proceso de convertir a los sistemas de clasificación en un reflejo
de la historia evolutiva de los organismos fue la adquisición de una perspectiva
filogenética, para la cual biólogos como Willi Hennig (entomólogo alemán, 1913-1976),
Walter Zimmermann (botánico alemán, 1892-1980), Warren H. Wagner, Jr. (botánico
norteamericano, 1920-2000) y muchos otros han hecho valiosos aportes. La Biología
Sistemática es la ciencia que se ocupa de relacionar los sistemas de clasificación con
teorías sobre la evolución de los taxones.
Hoy en día, el desarrollo de nuevas técnicas (como el análisis del ADN) y las nuevas
formas de análisis filogenético (que permiten analizar matrices con una cantidad enorme
de datos) están produciendo cambios sustanciales en las clasificaciones al uso,
obligando a deshacer grupos de larga tradición y definir otros nuevos. Los aportes más
significativos proceden de la comparación directa de los genes y de los genomas. El
"boom" de los análisis genéticos de los diferentes organismos y su comparación ha
invertido el papel de la morfología especialmente en la Taxonomía de plantas: cuando
fue creada y durante muchos años, la Taxonomía era la ciencia que agrupaba a los
organismos según sus afinidades morfológicas (y luego también anatómicas,
fisiológicas, etc.). Pero hoy en día, cada vez más los organismos son agrupados según
las similitudes en su ADN (y recientemente, en segundo lugar, con apoyo del registro
fósil y la morfología); la evolución de los caracteres morfológicos es "interpretada" una
vez el árbol filogenético está consensuado. Esta situación ha enriquecido el campo de la
Biología Sistemática y ha conseguido establecer una relación íntima de esta última con
la ciencia de la Evolución, relación que antes había sido desatendida por los científicos
debido a la cantidad de imprecisiones existentes en los sistemas de clasificación antes
del desarrollo de los análisis de ADN. En muchas porciones del árbol filogenético, la
Taxonomía pasó a ser sólo la subdisciplina de la Biología Sistemática que se ocupa de
crear el sistema de clasificación según las reglas, y la "estrella" pasó a ser el árbol
filogenético en sí. Los sistemas de clasificación se hacen en colaboración, según el árbol
filogenético más consensuado (ver por ejemplo APG II en 2003 para las angiospermas,
[60]
Smith et al. en 2006 para los helechos[61] ), y hoy en día se utilizan métodos
estadísticos para consensuar los nodos del árbol filogenético.
Formalización de las normas: los Códigos
El que originalmente fuera Théorie Elémentaire de la Botanique en 1813, se convirtió
en el International Code of Botanical Nomenclature ("Código Internacional de
Nomenclatura Botánica" o ICBN) en 1930, que trata sobre la nomenclatura de plantas y
hongos (considera de diferente manera a los dos grupos mencionados). El que
originalmente fuera el Strickland Code formado en 1842, que reglaba los nombres de
los animales, fue revisado por la International Commission on Zoological
Nomenclature ("Comisión Internacional sobre Nomenclatura Zoológica") y renombrado
como International Code of Zoological Nomenclature ("Código Internacional de
Nomenclatura Zoológica" o ICZN) en 1901. El Código Internacional de Nomenclatura
Botánica estableció el año 1753 (el de la publicación de Species Plantarum) como el
año en que se inicia la nomenclatura botánica moderna, dejando sin efecto los nombres
publicados para las plantas antes de esa fecha. De la misma forma, el Código
Internacional para la Nomenclatura Zoológica estableció el año 1758 (el año en que
Linneo publicó la décima edición del Systema Naturae) como el de inicio de la
nomenclatura zoológica, dejando sin efecto los nombres publicados para animales antes
de esa fecha. Los dos Códigos comparten los mismos "principios de Nomenclatura" que
ya fueron descritos, y se actualizan como resultado de los Congresos Internacionales
que se realizan regularmente a tal efecto.
Con el tiempo los bacteriólogos, que se habían atenido al código botánico, desarrollaron
su propio Código (Código Internacional de Nomenclatura de Bacterias, preparado en
1953 pero publicado recién en 1958), y lo mismo hicieron los virólogos (estudiosos de
los virus) en el Comité Internacional de Taxonomía de Virus.
El Código Internacional de Plantas Cultivadas (ICNCP por sus siglas en inglés) se
originó en 1952 en Wageningen y fue publicada en 1953, al 2011 fue seguida de 7
ediciones subsecuentes: 1958 (Utrecht), 1961 (actualización de 1958), 1969
(Edinburgh), 1980 (Seattle), 1995 (Edinburgh), 2004 (Toronto) y 2009 (Wageningen).
[62]
Actualmente se debate sobre la urgencia de formalizar de manera equivalente la
nomenclatura de los genes y la de las proteínas.
A lo largo de los años ha habido propuestas para armonizar o unificar los Códigos,
algunas de ellas tienen más de 100 años (Dall 1877,[63] ver también Savory 1962[64] ).
Por ejemplo, un borrador de un Código que uniría al de Zoología y al de Botánica fue
escrito entre 1842 y 1843 por un grupo de taxónomos italianos como respuesta al
recientemente publicado primer Código de Zoología en 1842 (Minelli 2008[58] ), ese
Código terminaría olvidado (Minelli 2008[58] ).
Relación con las taxonomías populares
Sabemos muy poco acerca de la relación entre los naturalistas profesionales y los
aficionados y el público en general, si bien estas relaciones forman parte del trasfondo
histórico que ayudó a modelar la biología sistemática (Judd et al. 2009, pero ver por
ejemplo Allen 1976[65] ).
A medida que avanzaba la ciencia de la taxonomía en el ámbito científico, dentro del
mismo seno de la ciencia se empezó a despreciar el valor de las taxonomías populares,
alejando cada vez más a los taxónomos europeos de lo que consideraban sólo "una
diversión para mujeres y niños" (por ejemplo ver Coulter 1895[66] ). Fuera de Europa,
este desprecio llevó a los científicos muchas veces a desvalorizar los conocimientos que
tenían sobre las especies los nativos que poseían un profundo conocimiento de la
Naturaleza en el lugar del que eran originarios.
Cuando los europeos descubrieron América y se relacionaron con sus pueblos
originarios, la voluntad de dominio de los colonizadores incluso en el terreno intelectual
los llevó a desatender esa valiosa fuente de conocimiento.
Los nombres nativos parecen perder toda importancia y repetidamente los expedicionarios los
señalan como nombres ilegítimos. Para Antonio de Ulloa: el lenguaje Quechua de los Incas se
aproxima más al lenguaje de los niños. Al parecer, los nativos no comprendían las palabras y
los conocimientos propios de cualquier sociedad civilizada como Dios, virginidad o
inmaculada concepción. Los indígenas americanos tenían innumerables nombres para plantas
pero no una única palabra que se pudiera traducir como árbol. Culturas cuya supervivencia
dependía del conocimiento y uso de la vegetación circundante, reconocían numerosas plantas de
utilidad, sabían cuáles eran sus usos, y le habían dado nombres descriptivos. Sin embargo, es
obvio que no compartían con los naturalistas conceptos como especie, género o clase. Para
conquistar plantas extrañas, el europeo se debe deshacer de contingencias locales y fabricar
tipos ideales conformes con el sistema de clasificación europeo. [67]
No obstante, el conocimiento tradicional de las culturas primitivas de las especies
biológicas locales ni fue totalmente despreciado ni ha dejado de ser utilizado hasta la
actualidad, tanto con criterios antropológicos como para la investigación farmacéutica.
La adecuación o no de las taxonomías tradicionales al criterio científico ha sido objeto
de algunas investigaciones. [nota 3]
¿Por qué cambian los nombres de los taxones?
La descripción formal y la tipificación de los taxones son procedimientos en los que es
frecuente observar errores e inconsistencias, y esto ocurría aún en mayor medida antes
de que los códigos internacionales reglamentaran estos trabajos muy
pormenorizadamente. Los nombres de los taxones pueden cambiar cuando son
redescubiertas descripciones más antiguas del mismo taxón, y se aplica el principio de
prioridad, o cuando se observa que la descripción original en realidad se refería a un
taxón diferente. Las reglas de la nomenclatura indican que en estos casos el nombre del
taxón debe ser cambiado sin discusión, pero, si por la extensión del uso del nombre
parece deseable su conservación, se ha de promover una proposición formal ante el
comité correspondiente del Congreso Internacional. Éste puede decidir aceptar la
inclusión en la lista de nomina conservanda, nombres que se consideran válidos por
razones prácticas, aunque su uso contravenga la regla de prioridad. No suelen darse
aquellos dos casos en los grupos ya bien estudiados, y en los Códigos hay además
mecanismos para la supresión de nombres pobremente definidos en los grupos más
complicados. Una vez asentada la taxonomía fundamental de un grupo, es poco
probable que los cambios de nombres se den por esta clase de motivos.
El motivo para cambiar nombres establecidos no está sólo en la enmienda de errores de
procedimiento, sino también en la evolución del juicio científico de los especialistas,
inevitable en la medida en que crece el conocimiento. Aun cuando las asociaciones
entre los nombres y los especímenes "tipo" hayan sido establecidas de acuerdo con
todas las reglas, los nombres pueden seguir cambiando debido esencialmente a dos
causas: que los taxónomos difieran de sus antecesores en sus opiniones acerca de cómo
se deben circunscribir los taxones, o que el descubrimiento de nueva información
obligue a modificar el criterio.
Por ejemplo, es muy común que a distintos grupos de organismos recién descubiertos se
les dé nombres de especie (y de género incluso) nuevos y que años después un
taxónomo que los estudie llegue a la conclusión de que todos pueden hibridar entre sí y
dar descendencia fértil, unifique todos los taxones en una única especie (en este caso
todos los nombres cambian al nombre de la primera especie descrita dentro del grupo),
dejando, en todo caso, los antiguos nombres de especies como subespecies. Con
posterioridad puede llegar otro taxónomo que considere que esos grupos de organismos
deberían dividirse en dos especies distintas, que en la naturaleza conviven sin hibridarse
(aunque pudieran), debido a que cada una de las especies que él propone forma una
unidad monofilética en un análisis de filogenia. Entonces a los que se encuadran en la
"nueva" especie, se les cambia el nombre de especie por el nombre de la especie más
antigua descrita dentro de la "nueva" especie. Otro taxonomista podría argumentar más
tarde que todos los grupos originalmente descritos son especies válidas del mismo
género, debido a que cada uno de ellos puede ser identificado por su propio grupo de
caracteres morfológicos, y que dentro de cada uno de ellos hay un patrón de
ascendencia y descendientes. En este caso, todos los nombres de especies cambiarían al
primer nombre dado a cada grupo cuando fue descrito, pero todos los nombres de
género se unificarían en uno solo, por lo que todos los géneros pasarían a nombrarse
como el género más antiguo descrito dentro del grupo. Esta inestabilidad de los nombres
se habría producido únicamente por cambios en la "filosofía taxonómica". Estas
diferencias conceptuales entre taxónomos son extremadamente comunes hoy en día, lo
cual lleva a una gran inestabilidad potencial en los nombres de los taxones (Vane-
Wright 2003).[69]
Perspectivas actuales de la ciencia de la Taxonomía
En la década de 2000 se ha vuelto a poner de moda la ciencia taxonómica en el
ambiente científico (Mallet y Willmott 2003[15] ), debido en parte a las aproximaciones
revolucionarias a los problemas taxonómicos dadas por el análisis de ADN e Internet, y
en parte debido a la conciencia de su utilidad, dada la crisis de biodiversidad que
estamos viviendo. Las nuevas herramientas disponibles generan un debate acerca de la
utilidad de las reglas de la taxonomía tal como está hoy en día, y se preguntan acerca de
la necesidad de reformar los Códigos de Nomenclatura Zoológica y Botánica (Mallet y
Willmott 2003[15] ). También han habido propuestas de unificar los 5 Códigos existentes
(de Zoología, de Botánica, de Plantas Cultivadas, de Bacterias, y de Virus) en un único
Biocódigo.
Taxonomía y biodiversidad
La Tierra hoy en día está enfrentando una crisis de biodiversidad causada por
actividades humanas (como las que llevan a la pérdida del hábitat y la introducción de
especies exóticas) tal vez comparable en magnitud a las grandes extinciones registradas
en los períodos geológicos (Raven 2002[70] ). Las especies son la herramienta científica
más utilizada para medir la biodiversidad y, como tal, la primera para definir políticas
de conservación de la misma (Crisci 2006[71] ). Hoy en día existe una conciencia general
de que no será posible conservar todas las especies. Los especialistas deben calcular en
qué hábitats y en qué especies focalizar los presupuestos asignados a la conservación, y
generar modelos predictivos acerca del futuro de la biodiversidad. En ese sentido, la
taxonomía juega un rol preciso en lo que respecta a la definición de especie y de
especiación. Por ejemplo, Peterson y Navarro-Sigüenza (1999[72] ) analizaron la cantidad
de especies de aves endémicas de México utilizando dos clasificaciones diferentes
basadas en distintos conceptos de especie. Según el concepto biológico de especie (el
que agrupa dentro de la misma especie a los organismos con capacidad de hibridar y dar
descendencia fértil), obtuvieron 101 especies, con la mayor concentración de especies
endémicas en las regiones montañosas del sur y del oeste. En cambio según el concepto
filogenético de especie (que asigna como miembros de una especie a los que poseen
evidencia de formar una unidad evolutiva en un análisis de filogenia, más allá de si
pueden hibridar con otras poblaciones o no), obtuvieron 249 especies endémicas, con la
mayor concentración en zonas tanto llanas como montañosas del oeste. La elección de
una clasificación u otra, por lo tanto, afecta enormemente las prioridades de
conservación de cada hábitat. La situación se agrava si se tiene en cuenta que las
especies evolucionan, y aun cuando los investigadores se pongan de acuerdo acerca de
qué agrupaciones de organismos constituyen una especie hoy en día, algunas de ellas
dejarán de ser una única especie en un futuro no muy lejano. En ese sentido, Q. Wheeler
(editor) propone la utilización de una "aproximación conceptual" para realizar un
análisis de largo plazo de biodiversidad (Wheeler 2008[73] ).
Si bien ya han sido descriptas para la biología sistemática más de un millón de especies,
esto representa alrededor de un 15 % de las especies del planeta, quizás menos (Wilson
2003[74] ). La década de 1990 y la del 2000 también fueron décadas en que la comunidad
científica sistemática estuvo de acuerdo en que la prioridad de la biología sistemática
era nombrar y describir todas las especies del planeta, tanto como sea posible (Stuessy
2009,[75] "Systematics Agenda 2000" 1994[76] ), con su descripción realizar un análisis de
sus relaciones evolutivas, y así ubicar a la especie en un sistema de clasificación
("Systematics Agenda 2000" 1994[76] ). Según Stuessy (2009[75] ), si bien este objetivo es
atractivo en su simpleza y obvio en su importancia para la Humanidad, aún las
sociedades no logramos organizar lo necesario para lograrlo, y también según el autor,
quizás la Encyclopedia of Life,[77] esfuerzo colaborativo en internet, sea de gran ayuda
para lograr este ambicioso objetivo (Stuessy 2009[75] ).
[editar] El rol del ADN en la taxonomía
Las secuencias de ADN se utilizan cada vez más en los análisis filogenéticos debido a
que unos pocos cientos de bases, con su cantidad enorme de combinaciones potenciales,
bastan para hacer análisis de identificación y parentesco. Por eso algunos autores, como
Hebert et al. (2003[78] ), y Tautz et al. (2003[79] ), proponen un rol central del ADN en la
definición de las especies, de forma que una muestra de ADN y la lectura de su
secuencia de bases debería ser uno de los caracteres del espécimen tipo, y una especie
de marca para el taxón al cual pertenece el espécimen. Se ha propuesto que la secuencia
de ADN sirva como un carácter clave, de utilización similar a como se usaría el código
de barras en los supermercados. Esta "Taxonomía basada en ADN" aún adolecería de
muchos de los mismos problemas que tienen los demás enfoques: por ejemplo, el
problema de los límites de la circunscripción de los taxones. Los cambios de nombres
que más molestan y aburren a los biólogos son los que se dan no por deficiencias en la
anterior circunscripción de los taxones, sino porque cambian los conceptos utilizados
para definirlos. Otro problema es que hay que decidir qué secuencia usar, ya que
algunas secuencias no dan una información que diferencie al taxón de los demás. Esto
puede ser porque un mismo gen puede mantenerse inalterado durante millones de
generaciones después de la especiación, o debido al fenómeno de introgresión (de esa
forma un gen que se había diferenciado vuelve a su estado anterior). Por lo tanto, de la
misma forma en que no es conveniente confiar en un solo carácter morfológico para
identificar una especie, tampoco es conveniente confiar en una sola secuencia de ADN
(Mallet y Willmott 2003[15] ). Aún cuando la "Taxonomía basada en ADN" fuera
financiada, habría que preguntarse si es necesario agregar un requerimiento extra al ya
lento proceso de describir nuevos taxones, en especial teniendo en cuenta que se calcula
que sólo el 10% de las especies del planeta ha sido descrito (Mallet y Willmott
2003[15] ). Debido a eso, probablemente la mayoría de los biólogos verán las secuencias
de ADN como un complemento más que como un reemplazo de la información
morfológica. De todas formas, los Códigos de Botánica y Zoología hoy en día no
especifican ningún carácter en particular para diagnosticar nuevos taxones, así que la
"Taxonomía de ADN" ya es válida, si bien la descripción de caracteres visibles puede
ser de uso más inmediato y definitivamente más interesante que la lectura de las
secuencias de ADN.
Ya es rutina que las especies de microorganismos se delimiten a través de métodos
moleculares, y, para dilucidar el árbol de la vida completo, sería claramente útil
secuenciar los mismos genes en muchos taxones diferentes. Para lograr esto último,
sería necesario un "proyecto genoma horizontal" y un sistema de archivo de ADN, más
allá de si el ADN se vuelve un requerimiento en la descripción de todas las especies o
no. Por otro lado, si bien hoy en día su uso es más limitado que lo propuesto por sus
seguidores, la obtención del "código de barras de ADN" de algunas especies llevó al
descubrimiento de especies crípticas (que son tan parecidas morfológicamente entre sí
que hasta ahora habían sido categorizadas como una única especie, ver por ejemplo
Siddall et al. 2007,[80] aunque hay que tener en cuenta que en otros estudios no ha sido
útil para identificar especies, por ejemplo Elias et al. 2007[81] ).
Los potenciales beneficios de obtener la misma secuencia de ADN en todas las especies
en lo que respecta a la comprensión de las relaciones filogenéticas de toda la vida, han
llevado a muchos científicos a organizarse dando como resultado la primera conferencia
científica internacional llamada "Barcoding of Life" ("Tomando el código de barras de
la vida") en el Museo de Historia Natural en Londres en febrero del 2005 (Savolainen et
al. 2005[82] ), y la Segunda Conferencia en Taipei en el 2007 (Sciencedaily 2007[83] ).
Iniciativas taxonómicas en Internet
Muchas iniciativas taxonómicas se han afianzado en Internet. Las más populares en el
ambiente científico quizás sean las siguientes (Mallet y Willmott 2003[15] ):
GBIF http://www.gbif.org
Species 2000 http://www.sp2000.org
Tree of Life http://www.tolweb.org/tree/phylogeny.html
Pero existen más de 50 proyectos más en todo el mundo. Charles Godfray (2002)[84] es
sólo uno de los tantos que recientemente han propuesto la integración de toda la
información taxonómica en un solo portal revisado por pares ("peer-reviewed"), para
reemplazar el sistema actual de descripciones de especies dispersas a lo largo de cientos
de revistas a las que es complicado llegar. Lo cierto es que una web universal de
información taxonómica sólo será eficaz si recoge la mejor información, la más
completa, actualizada, de contenido libre, y amigable ("user-friendly"), entonces las
demás caerán en desuso. Solamente en las bacterias esa información está ya unificada.
[85]
Propuestas de un registro central de nombres
El principio de prioridad presenta el problema de que el taxónomo de plantas o de
animales debe hacer un trabajo de búsqueda en la bibliografía antigua (de 1753 en
adelante para las plantas y de 1758 en adelante para animales) del nombre del taxón.
Esta investigación consume mucho tiempo: En una investigación hecha con taxónomos
del Reino Unido por Hawksworth (1992[86] ), se estimó que el 20 % del tiempo de un
taxónomo está dedicado al trabajo nomenclatural, lo cual es equivalente a 25-50
posiciones de taxónomos de tiempo completo sólo trabajando en la nomenclatura
biológica, representando un gasto anual de unos 650.000 a 1.250.000 libras (cerca de
uno a dos millones de dólares), sólo en el Reino Unido.
Charles Godfray (2002)[84] propone una "primera revisión a través de la web" como el
nuevo punto de partida de la nomenclatura en cada grupo, de forma que los sinónimos
utilizados en publicaciones anteriores fueran invalidados a partir de la validación en
Internet. Alessandro Minelli, el presidente de la Comisión Internacional para la
Nomenclatura Zoológica, también argumenta a favor de un registro central de nombres
(Minelli 2003),[87] entre otros autores (Hawksworth y Greuter, 1989;[88] Greuter, 1991,[89]
1993[90] ) que han propuesto una lista de "Nombres de uso en la actualidad".
El código para las bacterias ya tiene un registro central de nombres: todos los nombres
válidos de las bacterias ahora son publicados en una única revista, con una nueva fecha
de comienzo de la nomenclatura fijada en 1980, cuando se publicó la primera lista
llamada Approved List of Bacterial Names ("Lista aprobada de nombres de bacterias").
[85]
Esta innovación fue la que hizo que la revisión de 1976[91] del Código bacteriológico
fuera tan importante (McNeill 1996[92] ). Pueden esperarse reformas similares en los
códigos de los macroorganismos, pero los zoólogos y los botánicos todavía tienen que
ratificar las propuestas. La posibilidad de que unos pocos especialistas puedan
monopolizar la nomenclatura fue una de las preocupaciones que llevó a los botánicos a
rechazar las llamadas para un registro central de los nombres en el Congreso
Internacional de Botánica en 1999 (Greuter et al. 2000[93] ), propuestas similares fueron
rechazadas en el Código de Zoología de 1999 (International Commission on Zoological
Nomenclature, publicado en 2000[18] ).
Hay que tener en cuenta que muchos cambios de nombres son debidos a diferencias
entre los taxónomos en lo relativo al concepto de especie, más que a la confusión acerca
de la prioridad de nombres o la identificación, por lo que la estabilidad de los nombres
es improbable aun cuando se llegue a tener un único registro de ellos (Mallet y Willmott
2003[15] ).
Propuestas de unificación de los Códigos
Así como ha habido propuestas para un registro central de nombres, también ha habido
propuestas para la unificación de los Códigos en un único Código, o al menos
armonizarlos para que sean lo más parecidos posible entre sí. Las razones por las que
hay diferentes Códigos de Zooología y Botánica son históricas, mientras que las plantas
cultivadas, las bacterias y los virus divergieron por la necesidad de cubrir sus
necesidades de nomenclatura específicas, que no podían adecuarse a los Códigos
existentes (ver en Historia de la Taxonomía). A lo largo de los años ha habido
propuestas para armonizar o unificar los Códigos, algunas de ellas tienen más de 100
años (ver en Historia de la Taxonomía). El interés ha resurgido en la década del '90,
estimulado en parte por la unificación de la biología en la enseñanza, pero más
significativamente porque (a) cada diferente Código tiene los mismos problemas
enfrentando a las nuevas tecnologías y (b) muchos organismos pueden ser nombradoins
por más de un Código, como aquellos organismos que no son claramente plantas,
animales o baterias, o aquellos que están bien determinados en un reino pero cuyo
tratamiento tradicionalmente estuvo en una disciplina que englobaba otro reino (por
ejemplo las cianobacterias, también conocidas como "algas verdeazules") (Hawksworth
1995[94] ). Además, para el usuario general de los nombres científicos de los organismos,
tener varios Códigos genera confusión en varios aspectos más: diferentes Códigos
tienen diferentes reglas para nombrar el mismo rango, y difieren un poco en qué es un
"nombre correcto". Muchas veces se usan los nombres científicos sin un contexto claro
por lo que no es conveniente que se pueda usar el mismo nombre para una planta o un
animal (McNeill 1996[95] ). El uso de un único Código facilitaría la comunicación entre
científicos (Nicolson 1996[96] ), y reduciría tiempo y esfuerzo destinados al trabajo
taxonómico (McNeill 1996[95] ).
En 1988 se estaría publicando sobre la necesidad de armonizar los Códigos (Ride
1988[97] ). Entre 1985 y 1994 se ha llevado a cabo una serie de reuniones por un grupo
de personas llamado IUBS (International Union of Biological Sciences) para
"armonizar" los Códigos, cuya consecuencia fue la creación de un "International Code
of Biological Nomenclature" (Código Internacional de Nomenclatura Biológica) o
"BioCode" (BioCódigo), un informe de los puntos tratados en esas reuniones fue
publicado en la revista Biology International llamando al artículo Hacia una
nomenclatura armonizada para la vida en la Tierra (Hawksworth et al. 1994a[98] ), las
decisiones clave de las reuniones fueron publicadas en Hawksworth (1995[94] ),
llamando al artículo Pasos hacia el camino de una nomenclatura armonizada. El
borrador inicial del BioCode fue revisado por los miembros del IUBS/IUMS
International Committee on Bionomenclature (Comité Internacional en
Bionomenclatura"), entre otros, en 1995, y luego fue publicado para el público general,
en mayo de 1996 en la revista Taxon[21] y un segundo borrador fue publicado en 1998,[99]
y también se puede consultar por internet gracias al museo Real de Ontario en Toronto,
Canadá.[100] La intención del BioCode era ser el Código que rijiera los nombres del
futuro (ya que hacerlo en los nombres pasados cambiaría tanto los nombres científicos
que lo volvería inaceptable por la comunidad científica), y se había fijado el 2000 como
el año de inicio de la nueva nomenclatura.
Una de las críticas era que el BioCode aceptaba nombres para los taxones en latín o en
inglés, hubo autores que discrepaban con la idea del inglés como lengua para nombrar
los taxones (Filgueiras 1997[101] ), otras críticas más de fondo no se hicieron esperar,
sintetizadas en Orchard et al. 1996[102] llamándolo Nomenclatura armonizada - una
receta para la desarmonía, y en Brummitt 1997,[103] El BioCode no es ni necesario ni
deseado, adelantado en el simposio de 1996 donde lo llamó Bastante feliz con el actual
Código, gracias,[104] también en Delprete 1996[105] ). Estas críticas constan
principalmente en que los conflictos entre los Códigos pueden resolverse con cambios
menores en cada Código (con cambios menores se resuelve el caso de aquellos protistas
que no son ni plantas ni animales, y el problema de que se puede usar el mismo nombre
para una planta o un animal) en lugar de con la adopción de uno completamente nuevo,
por lo que la "excusa" principal del BioCode se caería. Según los críticos, el BioCode
fue creado además por un grupo muy pequeño de miembros de la comunidad científica
(el IUBS), por lo que faltaba el consenso de la comunidad científica, y de hecho muchos
de los puntos del BioCode no hubieran sido aceptados si hubieran sido tratados en un
congreso de taxonomía. Algunos de los cambios propuestos por el Biocode cambiarían
tanto las reglas que los taxónomos tendrían que aprenderse dos Códigos para leer la
literatura antigua y la moderna (aprender 2 Códigos escapaba del alcance de la mayoría
de los científicos, que según Brummitt apenas podían aprenderse bien uno solo) y
debían aprenderse dos nombres distintos (el antiguo y el moderno) para cada taxón, de
esta forma los cambios propuestos por el BioCode eran de difícil o imposible
implementación. La literatura mencionando al BioCode en la década del 2000 se
encuentra en Greuter 2003[106] y en Kraus 2008,[107] publicaciones donde se discute el
destino del BioCódigo. No ha habido más propuestas de unificación de los Códigos
desde el BioCode.
Propuestas de taxonomía libre de rangos
También cabe preguntarse por el futuro de la "taxonomía libre de rangos" ("rank-free
taxonomy") y el PhyloCode[14] creado hace unos años. Los que lo apoyan esperan
reemplazar la nomenclatura Linneana basada en rangos o categorías taxonómicas, con
un sistema uninominal para nombrar clados. Esta aproximación dejaría de lado el difícil
debate acerca de qué clados constituyen un taxón con sus correspondientes nombre y
categoría taxonómica. El PhyloCode no llegó a discutirse en el debate acerca de una
taxonomía unitaria al menos hasta el 2003 (Mallet y Willmott 2003[15] ). Por otro lado
los sistemas de clasificación modernos basados en análisis moleculares de ADN (como
el APG II, el de Smith et al.), si bien utilizan la nomenclatura binominal y las categorías
propuestas por Linneo, por arriba de orden o clase utilizan clados "flotantes" no
asignados a categorías taxonómicas. Eso puede cambiar en el futuro, cuando las
investigaciones en filogenia se consideren terminadas, o bien puede haber nodos que
nunca sean asignados a taxones, porque los investigadores coinciden en que no es
necesario que todos los nodos sean "nombrados".
El futuro de los Códigos
Más allá de los detalles, lo cierto es que tanto las propuestas de un registro central de
nombres, como la "taxonomía libre de rangos" y la "taxonomía basada en ADN"
argumentan que las reglas existentes para la nomenclatura taxonómica son inadecuadas.
Estos Códigos son el resultado de centurias de debate. Más allá de sus debilidades, son
logros impresionantes que pueden ser adaptados para reflejar las nuevas necesidades.
Las reformas a la nomenclatura son necesarias continuamente, pero el éxito y la
universalidad del sistema requiere que los reformadores actúen con sensibilidad y sólo
con amplio consenso, para evitar la fragmentación del conocimiento existente en
múltiples sistemas incompatibles (Mallet y Willmott 2003[15]