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El Derecho a Comunicar como Libertad Humana

El documento discute el concepto de derecho a comunicar. Resume que 1) el derecho a comunicar es un derecho humano básico para ser humano, 2) hay desacuerdos sobre cómo definirlo y si debería considerarse un derecho o una libertad, y 3) para que sea efectivo, los estados deben reconocerlo en su legislación y crear condiciones para que las personas puedan ejercerlo.

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El Derecho a Comunicar como Libertad Humana

El documento discute el concepto de derecho a comunicar. Resume que 1) el derecho a comunicar es un derecho humano básico para ser humano, 2) hay desacuerdos sobre cómo definirlo y si debería considerarse un derecho o una libertad, y 3) para que sea efectivo, los estados deben reconocerlo en su legislación y crear condiciones para que las personas puedan ejercerlo.

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EL DERECHO A COMUNICAR, HOY

Derechos y libertades
En el caso del derecho a comunicar, intervienen claramente las dos connotaciones de jus y de
justicia. Se suele aceptar que el derecho es válido desde el punto de vista de la justicia. El individuo
tiene que comunicar para poder ser humano; por consiguiente, el derecho a comunicar es un
derecho humano básico y procede formularlo como tal
La razón de ser de la incorporación del derecho a comunicar al ordenamiento jurídico, es que, el
reconocimiento de un derecho ha de desembocar forzosamente en el reconocimiento de la
existencia de los deberes consiguientes. El derecho de una persona, es un deber para otros, esto es,
la obligación de establecer unas condiciones en las cuales pueda ejercer aquella ese derecho
Quizás sea mejor expresar el derecho como una “libertad”. Según Cocca, “derecho” implica una
norma que hay que acatar sin reservas, desviaciones ni vacilaciones. La palabra “libertad” tiene una
connotación más limitada. Implica que su sujeto puede elegir entre ejercerla o no. Si decide esto
último, no disminuye en nada su connotación de ser humano
Habrá que preguntar asimismo si el “derecho a comunicar” es el mejor modo de formular el
concepto. ¿Por qué no hablar de “derecho de comunicación”? Hay quienes dicen que esta última
formulación es demasiado estática, que se refiere más al contenido de lo que se comunica, que al
acto de la comunicación propiamente dicho. Cocca señala acertadamente que, en español, “el
derecho a comunicar” denota claramente que lo que se describe con ello es la acción de comunicar
más que el contenido de la comunicación”
Cocca intentó agrupar algunos de los conceptos mencionados en el informe de la Canadian
Telecommission “instant World”. Para ello, distinguía tres fases en la evolución de la aspiración de
los seres humanos a llegar a comprenderse entre ellos, a saber:
a. El derecho a comunicar, concebido como derecho a la libertad de opinión y expresión
b. El derecho a comunicar, ampliado de modo tal que abarque también la libertad de informar
a los demás y de ser informado uno mismo, gracias en especial a las posibilidades que
ofrecen los medios de comunicación de masas
c. El derecho a comunicar, considerado como una capacidad de interacción y de diálogo, una
facilidad de acceso y de participación y que implica deberes y obligaciones
En el Informe Final de la Comisión MacBride se enumeran como sigue los derechos de los individuos
en materia de comunicación:
a. El derecho a saber, es decir, a ser informado y a buscar libremente cualquier información
que se desee obtener
b. El derecho del individuo a transmitir a los demás la verdad
c. El derecho a discutir: la comunicación debe ser un proceso abierto de respuesta, reflexión y
debate
A estos derechos fundamentales, procede añadir el derecho al respeto de la vida privada

Hacia una definición


Los intentos de formular una definición del derecho a comunicar aceptada por todos han tropezado
con el obstáculo del enfrentamiento de dos tesis:
1. Unos quieren que la definición mencione el carácter fundamental del concepto como
derecho humano básico e inviolable, y con tal fin desean que se formule tan clara,
simplemente y sin complicaciones, matices ni restricciones como el derecho a la vida o la
libertad, por estimar que solamente así se destacará la importancia del derecho y se
mostrará que sus violaciones se oponen a las exigencias humanas más profundas
2. Otros quieren que la definición sea lo más amplía posible. En el Informe Final, se dice, por
ejemplo, que procede considerar el derecho a comunicar como “un concepto dinámico y
flexible” que debe “tener en cuenta la diversidad de los flujos de información y la finalidad
social de los mismos”, “expresar valores sociales positivos”, “reconocer las relaciones
existentes entre la comunicación y el desarrollo”
Quienes aspiran a emplear el concepto de derecho a comunicar como justificación de un
“imperialismo cultural” o para combatirlo, o con fines políticos o económicos lo están prostituyendo
al servicio de unos objetivos que, aún siendo quizá muy valiosos, no deben quedar vinculados al
derecho humano fundamental a comunicar

Al organizar el concepto de derecho a comunicar en cuatro niveles, se adopta ese mismo enfoque en
un documento de trabajo de la Unesco, en el cual se propone:
a. Un derecho universal a comunicar: derecho humano general, global e intercultural, válido en
todas las sociedades y en todos los niveles y concebido como objetivo a largo plazo
b. Derechos de comunicación específicos: conjunto de derechos que pueden definirse y
ejercerse y que proporcionan un marco general para el examen técnico de las facultades
correspondiente y la aplicación practica de un derecho general
c. Obligaciones en materia de comunicación: derechos que no pueden ejercerse sin una
referencia a sus efectos sobre otros
d. Problemas de comunicación: en toda sociedad, se someterá constantemente a examen toda
una serie de problemas y posibilidades de comunicación, relacionados con procesos,
politicas, actividades, recursos

El individuo y la sociedad
Uno de los mayores obstáculos para poder ponerse de acuerdo sobre una definición del derecho a
comunicar es la existencia de puntos de vista ideológicos y políticos contrapuestos en relación
con el sujeto de los derechos humanos

El individuo en la sociedad
En la practica no es posible considerar al individuo por separado de la sociedad en la cual vive. El
individuo no actúa nunca al margen de la sociedad, y la sociedad no existe sin los individuos que la
componen. Por consiguiente, en su aplicación práctica al derecho a comunicar, no concierne
simplemente al individuo y a la sociedad, sino al individuo en la sociedad.
El problema radica en encontrar el modo óptimo de promover, proteger y ampliar el bien del
individuo y el de la sociedad a la vez, en función de las circunstancias y en cada edad con arreglo a
sus luces

De la idea a la acción
Se observa que la importancia asignada al derecho a comunicar, permite tal circulación horizontal de
la información. Se dejará de considerar exclusivamente el proceso de comunicación en función de
una circulación hacia abajo y hacia afuera. Se le concebirá como el desecho del individuo a
comunicar con tantos semejantes tuyos como se lo permitan su capacidad y recursos disponibles. De
este derecho del individuo se deriva el derecho de las comunidades, de las sociedades, y de las
naciones a comunicar entre ellas
Una segunda consecuencia de la formulación de la Unesco es que lo que importa no es simplemente
el contenido de la comunicación. También son importantes el proceso efectivo de comunicación y el
uso que hacen de él los comunicadores. Es éste un aspecto de la comunicación muy poco estudiado
todavía
No basta pues, con reconocer la existencia de un derecho humano a comunicar. Si la necesidad de
comunicar constituye al fundamental para la existencia humana,, ha de ser posible ejercer ese
derecho dentro de las limitaciones y restricciones propias de cada situación concreta. A su vez, esto
impone a la persona, la comunidad, la nación o a las entidades internacionales que reconocen la
existencia de un derecho a comunicar la obligación de garantizar unas condiciones en las cuales
pueda ejercerse ese derecho
¿Qué debe hacer el Estado? La primera medida será que cada estado reconozca la existencia y la
validez del concepto de derecho a comunicar. Esto quiere decir que deberá reconocer que la
comunicación es una necesidad humana fundamental, indispensable para que el individuo pueda
actualizar plenamente su potencial de ser humano. La segunda medida consiste en que el Estado
debe precisar en una ley nacional las libertades que se derivan del derecho a comunicar y reconocer
en la práctica las facultades que se derivan a su vez de dichas libertades

La incorporación al derecho internacional


Una vez incorporado a la legislación nacional como derecho humano básico, puede ser más fácil
proponer el derecho a comunicar como principio de derecho internacional. A este respecto, Le Duc
ha esbozado un planteamiento interesante. Observa que el derecho a comunicar carece de un
corpus significativo de principios jurídicos universalmente aceptados. Hay por los menos tres
grandes obstáculos que coartan los intentos de incorporar al ordenamiento jurídico internacional el
derecho a comunicar
1. La división del mundo en campos antagónicos
2. No existe actualmente una entidad internacional que permite impugnar las leyes nacionales
en nombre del individuo
3. En la fase actual no cabe considerar que el derecho a comunicar sea un principio aceptado
en general
Se aducen otras dos razones prácticas para justificar que no se promulgue el derecho a comunicar
1. Que el desequilibrio en la tecnología de la comunicación en el mundo impide garantizar el
derecho a comunicar a todos
2. Que el nivel de instrucción de muchos cientos de miles de personas de todo el mundo es tan
bajo que no estarían en condiciones de aprovechar el derecho a comunicar
Lo que más cabe esperar es que se adopte el derecho a comunicar en la legislación nacional y, que lo
conceda en la práctica un número suficiente de naciones como para darle la fuerza moral de un
acuerdo internacional

Implicaciones
El derecho a comunicar abarca una gama de libertades de comunicación mucho más amplía que las
anteriores formulaciones, que no consiguieron un apoyo general debido a la incertidumbre que
suscitaban sus consecuencias prácticas. Era inevitable que la nueva formulación tropezara con una
oposición mayor todavía. Esa oposición tiene su origen en dos puntos de vista ideológicos
principales. Las naciones “occidentales” desconfían del concepto de derecho a comunicar por
considerar que forma parte de las propuestas relacionadas con el nuevo orden mundial de la
información y de la comunicación, que provoca en ellas un gran recelo

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