LAS LECCIONES QUE APRENDEMOS EN LAS PRUEBAS
Pensar que la vida cristiana está libre de aflicciones es engañarse a sí mismo. El ser humano por instinto
quiere evitar el sufrimiento, quisiéramos pasar por alto las dificultades o pruebas que encontramos en la
vida. Eso ha llevado a gran parte de la iglesia a anhelar prontamente una redención final, y aunque debe ser
un anhelo ferviente encontrarnos un día con el Señor, esto no puede nublar nuestra realidad y nuestra
responsabilidad actual. Históricamente el pueblo de Dios fue probado en gran manera, Israel en el desierto,
luego en el exilio, la iglesia primera en las persecuciones que iniciaron en el primer siglo, y cada uno de los
creyentes en todo el mundo atravesaron y siguen atravesando desiertos, aflicciones, persecuciones o diversas
pruebas. Pero si hay algo de lo que podemos estar seguros es en la soberanía y en la fidelidad de Dios. Dios
está con nosotros, Dios está sobre todo con los que sufren, las pruebas nos rompen, y todos hemos sido rotos
en cierta medida, pero Dios está con nosotros.
Cómo Dios nos ama y está con los rotos y con los que sufren, creo yo que todas las pruebas y aflicciones
deben servirnos para algo.
Job declaraba lo siguiente “Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro.” Job 23:10 En lo
personal creo en el propósito divino que existe detrás de cada prueba, creo que hay propósitos divinos en la
pruebas que estamos viviendo, que estás viviendo. Creo que las pruebas nos enseñan algunas lecciones que
quiero compartírselas hoy:
A TRAVÉS DE LAS PRUEBAS…
1. Desarrollamos paciencia.
Santiago 1:2-4 “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que
la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis
perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.”
Aquí quiero referirme a dos palabras, la primera es “prueba” (peirázein), que en este pasaje tiene el
sentido de algo que se hace con un fin, que el que es sometido a prueba salga más fuerte y más puro. Es la
misma palabra que aparece en el Antiguo Testamento para referirse al episodio cuando la reina de Sabá
vino a probar la sabiduría de Salomón (1 Reyes 10:1), o cuando Dios probó a Abraham (Génesis. 22:1) al
pedirle que sacrifique a su hijo, o cuando se menciona que Dios dejó a algunos de los enemigos de Israel
cuando entraron a la Tierra Prometida para poner a prueba a Israel (Jueces 2:21-23).
La segunda palabra es “paciencia” (Hyponomé) mejor traducida como firmeza o constancia. Digo
mejor porque la palabra paciencia en nuestro lenguaje implica pasividad, y aquí la idea no es sólo
desarrollar la capacidad de soportar o aguantar lo que estamos viviendo, sino sobre todo la habilidad de
transformar las crisis en oportunidades, las derrotas en triunfos, es decir no sólo obtenemos la capacidad
de soportar las pruebas sino conquistarla y vencerla.
Es en las pruebas donde descubrimos oportunidades o habilidades que antes estaban ocultas y que ahora
son evidentes en nuestras vidas.
2. Aprendemos a ubicar prioridades: Las personas son lo primero
Si hay algo que nos cuesta en la vida es encontrar el equilibrio y ubicar las prioridades en orden. Por
ejemplo si preguntamos ¿Para que estudiamos? Podríamos responder para encontrar realización y tener
mayores oportunidades, ¿Para qué trabajamos? La respuesta sería para buscar bienestar para nuestras
familias, y es lo correcto.
Pero en ocasiones en el ritmo de vida que llevamos de estudios, trabajo e incluso iglesia, no nos
percatamos que nos distanciamos y descuidamos a las personas por las cuales hacemos lo que hacemos.
En esta prueba en particular en que vivimos, creo yo una de las lecciones más importantes que podemos
aprender es que la familia es primero, las personas son primero.
Nos hemos dado cuenta que todo lo que trabajamos día a día, a lo que le dedicamos la mayor parte de
nuestro tiempo (prioridades) podemos perderlo en un instante, y nos damos cuenta que lo que tenemos
son a las personas que tenemos en nuestras casas.
El sabio autor del libro de Eclesiastés hace una reflexión sobre las cosas que son importantes en la vida y
llega a varias conclusiones, entre esas “¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?
Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. Todo lo hizo
hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a
entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Yo he conocido que no hay para ellos
cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; y también que es don de Dios que todo hombre coma
y beba, y goce el bien de toda su labor.” (3:9-13)
No hay razón de estudiar, trabajar y obtener logros si no tenemos tiempo de disfrutarlos con la familia.
Esta es una enseñanza también para los que estamos al frente del ministerio, debemos entender que las
personas siempre son lo primero, antes que nuestras doctrinas, liturgias, actividades eclesiales y
programas. Para Jesús las personas eran primero antes que “el cumplimiento del deber” esa era su ética,
por eso aunque fue cuestionado, sano en varias ocasiones en día de reposo (Mr.1:1-25; Mat.12:9-14;
Lc.13:10-17)
Las actividades ministeriales también podrían quitarnos el tiempo que necesitan nuestras familias, se
repite muchas veces que “el primer ministerio es la familia” esa frase debe ser una realidad en nuestras
vidas.
3. Nuestra confianza en Dios es fortalecida
Desde pequeño aprendía que mientras las tentaciones tienen el propósito de alejarnos de Dios, las pruebas
tienen el propósito de acercarnos más a él.
Cuando atravesamos por pruebas nos damos cuentas de nuestras limitaciones y de nuestra vulnerabilidad,
pero también es la oportunidad de observar las cualidades poderosas de nuestro Dios.
Es la oportunidad para que el poder de Dios se haga presente, recuerdo las palabras de pablo “Pero
tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros,
que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas
no desamparados; derribados, pero no destruidos”. 2 Corintios 4:7-9
Nosotros somos ese vaso de barro, frágil, muchas veces quebrado, pero no estamos angustiados, ni
desesperados, ni desamparados peor destruidos. Nuestra confianza en Dios nos sostiene, esto lo
aprendemos en las tribulaciones.
Viene a mi mente algunos salmos que quiero compartirles:
Salmo 27.14: “Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová”.
Salmo 37.7: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en Él. No te alteres”.
Salmo 40.1: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor”.
4. Experimentamos el consuelo de Dios y podemos consolar a otros
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación,
el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que
están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.” 2
Corintios 1:3-4
Dios es nuestro consolador en los momentos de aflicción, en el Antiguo Testamento se muestra a Israel
“Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis
consuelo.” Isaías 66:13. En este versículo podemos ver ese aspecto tierno de nuestro Dios, que nos
consuela como una madre consuela a sus hijos.
Pablo aprendió que como consecuencia de haber experimentado la ayuda del Señor, que somos capaces
de “consolar a los que están en cualquier tribulación”. Aunque Dios emplea diversos medios para dar
aliento, las personas somos sus instrumentos favoritos. Somos consolados para consolar a otros, esto
también lo aprendemos en las pruebas.
No es que Dios disfrute vernos en aflicciones y pruebas, pero ciertamente son el método más efectivo a
través del cual él puede sacar lo mejor de nosotros.
Cómo alguien diría “Se aprende más lecciones en el valle de sombre de muerte que en la cumbre del éxito”
ESTO ES UN DÍA A LA VEZ!!! Fuerzas y Paz