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Resistencia

La resistencia a los antibióticos se ha convertido en un grave problema de salud pública, complicando el tratamiento de enfermedades infecciosas que, a pesar de la disminución de morbilidad y mortalidad gracias a estos medicamentos, ha visto un aumento en la resistencia bacteriana. Factores como el uso excesivo de antibióticos en medicina y ganadería, así como la falta de educación sobre su uso adecuado, contribuyen a esta crisis. Se requiere un enfoque multidisciplinario y programas de vigilancia para promover un uso racional de los antibióticos y mitigar la resistencia.
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Resistencia

La resistencia a los antibióticos se ha convertido en un grave problema de salud pública, complicando el tratamiento de enfermedades infecciosas que, a pesar de la disminución de morbilidad y mortalidad gracias a estos medicamentos, ha visto un aumento en la resistencia bacteriana. Factores como el uso excesivo de antibióticos en medicina y ganadería, así como la falta de educación sobre su uso adecuado, contribuyen a esta crisis. Se requiere un enfoque multidisciplinario y programas de vigilancia para promover un uso racional de los antibióticos y mitigar la resistencia.
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La resistencia a los antibióticos: un problema muy serio

Resistance to antibacterial agents: A serious problem

Jorge González Mendoza1,2,3ab, Ciro Maguiña Vargas1cde, Flor de María González


Ponce

a
 Especialista en Enfermedades Infecciosas y Tropicales, b Master of Science, Infection
and Health in the Tropics, c Especialista en Enfermedades Infecciosas y Tropicales y
Dermatología, d Doctor en Medicina, e Director de los Institutos de
Investigación, f Médico Residente en la Especialidad de Enfermedades Infecciosas y
Tropicales.

RESUMEN

El uso de los antibióticos desde los años 40 del siglo pasado permitió disminuir en
forma importante y notable la morbilidad y mortalidad a nivel mundial. Sin embargo, la
aparición de la resistencia antimicrobiana ha hecho que el tratamiento de las
enfermedades infecciosas, se vuelva una tarea desafiante para el médico que debe
brindar opciones terapéuticas, racionales y basadas en evidencias para mejorar la
salud de los pacientes. Esta revisión brinda una visión panorámica sobre la gravedad
de este problema y el papel preponderante que deben asumir los sistemas de salud en
el apoyo a los profesionales de la salud y en la educación de los pacientes para llegar
al ansiado uso racional de estos medicamentos.

Palabras clave: Farmacorresistencia microbiana; Utilización de medicamentos; Uso


excesivo de los servicios de salud (fuente: DeCS BIREME).

Enfermedades infecciosas: breve presentación de la situación actual

En países de medianos-bajos ingresos; y en nuestro país en particular, si bien se ha


encontrado un viraje epidemiológico a una mayor frecuencia de enfermedades no
transmisibles, particularmente las condiciones cardio-metabólicas y las neoplasias
malignas como principales causas de morbilidad [1,2]; las enfermedades infecciosas por
sí mismas, o como complicaciones de las condiciones ya mencionadas, siguen siendo
causas importantes de morbilidad y mortalidad en estos países [3].

En este contexto, muchas enfermedades infecciosas, tales como tuberculosis, malaria,


enfermedad diarreica aguda, infecciones respiratorias agudas y un largo etcétera
abarcan una gran parte de la morbilidad y mortalidad causadas por diversos agentes
patógenos. A ello se ha sumado la aparición de numerosas y nuevas enfermedades de
origen bacteriano, viral y micótico, tales como las infecciones por Legionella
pneumophila, Campylobacter, nuevas especies del género Bartonella (B. henselae, B.
quintana, B. elizabethae), MRSA
(Staphylococcus aureus meticilinorresistente), Hafnia, Edwarsiella, Rotavirus,
Calicivirus, Cyclospora cayetanensis, Cryptosporidium parvum, Micobacterias atípicas,
Hantavirus, Ébola, Lassa virus, Virus Guanarito, Virus Sabia, Coronavirus (causante del
Síndrome respiratorio agudo severo, SRAS), HTLV1,
VIH/SIDA, Balamuthia mandrilaris y, últimamente, las diversas variedades de los virus
influenza, entre otros [4,5].

Centrándonos en las infecciones bacterianas, propósito principal de la presente


revisión, debemos señalar que los antibióticos han sido, son y – si los utilizamos
juiciosamente – seguirán siendo importantes armas para el tratamiento de muchas
dolencias infecciosas, algunas de las cuales causaban gran mortalidad. Así, el uso de
los antibióticos desde los años 40 del siglo pasado permitió disminuir en forma
importante y notable la morbilidad y mortalidad de algunos de estos males; y se pensó
en forma equivocada que muchas de estas enfermedades iban a desaparecer [6,7].

Orígenes de la resistencia a los antibióticos

Después de la introducción de los primeros antibióticos, rápidamente comenzaron a


aparecer los reportes de resistencia a dichos compuestos por parte de las bacterias, a
través de diversos mecanismos [8]. Alexander Fleming, ganador del Premio Nobel por el
descubrimiento de la penicilina, ya había advertido acerca de los riesgos de la
resistencia a los antibióticos; a pesar de ello, a unos 10 años de la introducción a gran
escala del citado antibiótico, comenzaron a reportarse los primeros casos de
resistencia [9,10].

Este fenómeno ha progresado de tal manera que la multidrogorresistencia de las


bacterias a los antibióticos tanto de uso común como a aquellos de uso restringido ha
dejado de ser una ocurrencia inusual para convertirse en parte de nuestra práctica
diaria, a todo nivel, principalmente en las unidades de cuidados intensivos, pasando
por las áreas de hospitalización y emergencia, así como a nivel de la comunidad; y, en
algunos casos, en lugares insospechados, habiéndose reportado presencia de genes de
multidrogorresistencia a antibióticos en tribus de nativos sudamericanos que nunca
habían tenido contacto con lo que denominamos ‘civilización’ [11]. A lo largo de los
años, cada vez más microorganismos, los cuales han sido expuestos a crecientes cifras
de agentes antibacterianos en las más variadas concentraciones, eventualmente han
desarrollado resistencia a prácticamente todos los antibióticos en uso.

Otra situación que está llamando cada vez más atención es el enorme uso de
antibióticos en la ganadería y – en un grado algo menor – en la agricultura. Ello se
traduce en enormes cantidades de antibióticos liberadas hacia el medio ambiente,
generando una presión selectiva a favor de los microorganismos resistentes. Hollis y
Ahmed reportaron que cerca del 80% de los antibióticos que se consumen en los
[Link]. se usan en la agricultura y la acuicultura. En las granjas, estos compuestos son
parte de los programas de engorde y mejoramiento de los animales; también se
agregan a la alimentación de los salmones de crianza; y este uso con una mentalidad
de corto plazo (la ganancia en los negocios) está contribuyendo con una crisis de gran
magnitud [12]. Los consumidores ingerimos dosis subterapéuticas de los antibióticos que
son suficientes para generar poblaciones menos vulnerables en las bacterias que
sobreviven. Estas, a su vez, intercambian genes que confieren resistencia; y, entonces
se tienen nuevas cepas de bacterias multirresistentes, las cuales, bajo determinadas
circunstancias, habrán de causar infecciones serias y más que potencialmente
letales [13].

En los últimos años, la aparición de numerosos mecanismos de generación de


resistencia a los antibióticos, ha hecho que el manejo de las enfermedades infecciosas
se vuelva un asunto complejo, sin el apoyo del desarrollo de nuevos compuestos con
actividad antibacteriana (Tabla 1).

El número de nuevos antibióticos aprobados en las últimas décadas ha disminuido


marcadamente; y algunos de los nuevos agentes que parecían ser promisorios en
cuanto a su actividad antibacteriana han tenido que ser retirados del mercado por
diversas reacciones adversas serias, algunas potencialmente letales [14]. En
consecuencia, se hace imperativo tener un uso juicioso, apropiado; y – de acuerdo con
las circunstancias – controlado de los antibióticos en las diversas especialidades de la
medicina. Debe recordarse que si bien la resistencia a los antibióticos es el tema que
requiere el mayor esfuerzo, no debe soslayarse la importancia de las reacciones
adversas y la toxicidad relacionada con el uso de estos medicamentos.

Antibióticos en la práctica diaria

Otro escenario en el cual se debe poner mucho énfasis en referencia al uso racional y/o
juicioso de los antibióticos es la consulta externa; y, en consecuencia, en la
comunidad. Las infecciones del tracto respiratorio son una de las principales razones
para consultar, tanto en pediatría como en medicina de adultos, seguidas por las
infecciones gastrointestinales y de la piel, entre otras condiciones adicionales [15,16].

Muchas de las prescripciones de antibióticos se realizan en forma empírica, superando


en diversos estudios un 50% de los casos [17,18]. Adicionalmente, se debe considerar
que cerca de una tercera parte a la mitad de las prescripciones de antibióticos son por
infecciones del tracto respiratorio; y siendo la mayor parte de estas infecciones de
origen viral, está demostrado que los antibióticos no afectan la duración, los síntomas
y la intensidad de la enfermedad. Aquí intervienen diversos factores que pasan tanto
por los médicos como por los pacientes; por ejemplo, existe en algunos profesionales
de la salud la errónea creencia de ‘proteger’ al paciente ante la ‘posibilidad’ de una
infección bacteriana posterior, concepto que carece de sustento, pero muy
arraigado [19].

Por otro lado, existe la sensación de tranquilidad que otorga a algunas personas la
prescripción de un antibiótico. Se confunde la utilidad de tales medicamentos con la
búsqueda del alivio sintomático; y ocasionalmente algunos pacientes hasta demandan
tal tipo de tratamiento. Por ejemplo, hay escenarios comunes en el uso ambulatorio de
los antibióticos, como la automedicación, las enfermedades febriles, los casos de
infecciones en consulta externa, la interrupción del tratamiento con antibióticos ante la
disminución o mejoramiento de los síntomas [20].

Adicionalmente, a esta situación añadimos algunas situaciones que enfrentamos en la


práctica diaria, como las siguientes:

• Desconocimiento y falta de confianza: cuando algunos médicos no están seguros del


diagnóstico en un paciente febril (acompañado de síntomas respiratorios o
gastrointestinales), deciden prescribir algún antibiótico para ‘no perder la confianza del
paciente’. Este último percibe que recibe un tratamiento; y en algunos casos por
consideraciones o presiones de índole legal (temor a que un supuesto mal manejo sea
considerado como negligencia).

• Presión por parte del paciente (y/o sus familiares): muchas personas tienen acceso a
diversas fuentes de información; y en ocasiones exigen ser tratados con aquel
producto sobre el cual han leído. Aquí hay que ser cuidadoso, cordial y tajante a la vez.
El responsable del acto médico es el profesional de la salud, quien tiene el
conocimiento y el soporte legal para emitir una prescripción; y no porque tal
medicamento sea de preferencia del paciente.

• Condiciones del mercado: aunque suene trivial, en muchas ocasiones algunos


médicos prefieren hacer una prescripción de un antibiótico, llevados por su inseguridad
y desconocimiento, puesto que no desean perder al ‘cliente’ (en este caso el paciente).

Tomando como ejemplo algunas de las condiciones que encontramos con mayor
frecuencia en la consulta externa: infecciones del tracto respiratorio, del tracto
urinario, infecciones de la piel y de los tejidos blandos, tenemos algunas observaciones
no solamente basadas en evidencia, sino en el sentido común, como, por ejemplo:

• Saber tratar los síntomas (o postergar el inicio de un antibiótico) ante la sospecha de


un origen viral en la condición (infecciones del tracto respiratorio).
• Verificar cuidadosamente las características clínicas (secreción francamente
purulenta vs. costra mielicérica) en el caso de las infecciones de la piel y los tejidos
blandos.

• Formular preguntas precisas acerca de las molestias del paciente (¿la diarrea es con
moco y/o sangre?).

• La identificación del patógeno y la determinación de su sensibilidad permitirá elegir la


mejor terapia con la mayor precisión antes que un antibiótico de muy amplio espectro.

• Tener muy en cuenta los factores del huésped. La presencia de enfermedades


crónicas subyacentes (por ejemplo, diabetes) y la edad pueden hacerlo más vulnerable
a determinadas patologías de origen infeccioso.

• Y, por cierto, en caso de duda, consultar con el especialista en enfermedades


infecciosas.

Un último tema – y no por ello menos importante – corresponde a los conocimientos y


actitudes de las personas en referencia al (mal) uso de los antibióticos. Se ha
reportado que el incumplimiento con los regímenes prescritos de antibióticos y el uso
inapropiado de éstos están fuertemente asociados con el conocimiento sobre estos
medicamentos; el cual, a su vez, es influenciado por diversos factores, destacando el
nivel educacional, el ingreso familiar y la falta de orientación por parte de un
profesional de la salud [21].

Un estudio realizado en una comunidad en nuestro medio demostró que dos terceras
partes de los pacientes que acudieron a la consulta externa recibieron prescripciones
de antibióticos; con grados variables de conocimiento acerca de dichos medicamentos
en la población y bajos porcentajes de automedicación [22]. Sin embargo, los
encuestados (tanto los pacientes como el personal médico) coincidieron en que el uso
inadecuado de los antibióticos es un problema de salud pública a nivel mundial,
concordantemente con lo señalado en la estrategia mundial para la contención de la
resistencia a lo antimicrobianos propuesta por la Organización Mundial de la Salud, en
donde se señala que es necesario mejorar el uso de estos medicamentos mediante la
supervisión y divulgación de guías de práctica clínica [23]. Adicionalmente, más de dos
tercios de los encuestados consideraron que había una sobreutilización de los
antibióticos en ambos centros de salud y a nivel nacional. Un punto a destacar en la
citada referencia es que cerca de una tercera parte de los profesionales de la salud
encuestados tuvieron errores en el manejo de los antibióticos ante casos hipotéticos
que les fueron presentados [22].

Otro aspecto importante dentro de este tema es la automedicación, definida como


comprar libremente un antibiótico, sin una prescripción médica; y administrarse el
producto (o a otros integrantes de la familia, particularmente a los niños) queriendo
tratar una supuesta condición infecciosa a partir de una percepción errónea de la
misma [24,25]; y las tasas de automedicación son muy variables en diversos países,
fluctuando entre 5% a 45%, incluyendo estudios en el mundo desarrollado [26,27].

Escenarios en la resistencia a los antibióticos y propuestas para enfrentar el


problema
Numerosos estudios sobre el diagnóstico y la vigilancia de la resistencia a los
antibióticos han sido realizados en diversas partes del mundo, muchos de los cuales
han producido resultados muy interesantes. Cabe señalar que no se puede – ni se
debe – extrapolar los hallazgos de las diferentes áreas geográficas, ni mucho menos de
los diferentes servicios en un hospital, puesto que la flora bacteriana causante de las
diversas patologías infecciosas puede ser marcadamente variable y variada [28,29].

Puesto así el escenario, se han formulado recomendaciones acerca del uso racional de
los antibióticos en los diversos escenarios del trabajo en salud, sea el medio
hospitalario, las unidades de cuidados intensivos y la consulta externa, enfatizándose
la necesidad de una vigilancia continua y permanente, puesto que la capacidad de
mutación de las bacterias y su continua adaptación al medio ambiente les hace adquirir
características de resistencia, de manera tal que en la mayoría de las veces están no
solo uno sino varios pasos por delante de nosotros [30].

La idea de tener programas de seguimiento y vigilancia del uso de antibióticos en los


establecimientos de salud tiene, entre otros objetivos, la finalidad de optimizar la
evolución clínica de los pacientes en el manejo de las diversas patologías infecciosas
que los aquejan, estableciendo los patrones de microbiología, resistencia y sensibilidad
a los antibióticos en el medio, las características del uso de tales compuestos en las
facilidades de salud; generar guías para el tratamiento de las diversas patologías
infecciosas y hacer que tales guías se cumplan, para que así se minimice la resistencia
y, en consecuencia, los costos de atención.

Existen ocasiones en que se dan limitaciones al uso de ciertos antibióticos por


consideraciones de costos de tratamientos de pacientes individuales; pero tiene que
quedar claro que cuesta mucho más para cualquier sistema de salud tener un paciente
aquejado por una infección causada por un microorganismo multirresistente; más aun
si este es de origen nosocomial. Al respecto de ello, el uso de los antibióticos,
particularmente aquellos de amplio espectro y máxima potencia (los denominados de
’tercera’ o ‘cuarta’ generación, independientemente de las clases a las cuales
pertenezcan, debiera estar firmemente regulado, para indicaciones precisas y tiempos
establecidos de acuerdo con los protocolos.

Cierto es que tales guías de tratamiento tienen un rol orientador, su nombre lo dice,
‘guías’, siendo finalmente la evidencia bacteriológica, la condición clínica del paciente;
y, por cierto, el buen juicio, el conocimiento y la experiencia del médico tratante, sobre
la base de la evidencia disponible en la literatura, los que determinarán el agente
antibacteriano a utilizar en aquel paciente con septicemia, neumonía nosocomial,
sepsis post-quirúrgica, endometritis, infección complicada del tracto urinario o
peritonitis generalizada, por citar algunos ejemplos [31].

Los programas de supervisión y control del uso de los antibióticos deben ser
sostenibles en el tiempo y no ser esfuerzos aislados [32]. Hemos sido testigos en más de
una ocasión de cómo con mucho entusiasmo se iniciaron tales programas, para que
posteriormente se hayan diluido en el tiempo, por una serie de razones. La tarea no es
solamente de los especialistas en enfermedades infecciosas; ello corre a cargo de un
equipo multidisciplinario en donde deben estar firmemente comprometidos no
solamente el personal médico, sino también el personal de enfermería, el personal
técnico y auxiliar, farmacia, mantenimiento y la parte administrativa. Hacemos énfasis
en este último componente porque no siempre tenemos la mejor llegada o
comunicación con esta área, y debemos recordar que son ellos quienes en muchas
ocasiones tienen la palabra final en la toma de decisiones referentes a compras de
insumos, medicamentos y diversos materiales.

En esta época de búsqueda constante de eficiencia y efectividad, de ahorros de costos


y limitar gastos, tales esfuerzos siempre deben estar orientados a garantizar la
máxima seguridad para los pacientes. Algunas veces se tiene una visión de corto plazo
que solamente se enfoca en el momento de determinada infección y la prescripción del
agente antibacteriano correspondiente, sin mirar las consecuencias en el mediano y en
el largo plazo. La vigencia de un programa para el control del uso racional de los
antibióticos en los establecimientos de salud a la larga reduce los costos, puesto que
se evitan las infecciones multirresistentes con las complicaciones que ya se han
mencionado; y existen reportes que señalan elevaciones en los costos con la
discontinuación de tales programas [33]. Los análisis de costo-beneficio tan en boga en
la actualidad no solamente han de restringirse a los ahorros potenciales en el uso de
medicamentos, sino a la menor estancia en el hospital, las menores duraciones de los
tratamientos, la mayor y mejor seguridad para los pacientes; y, definitivamente, las
menores tasas de mortalidad, aunque bien sabemos que no existe análisis que pueda
estimar el valor de una vida humana perdida [34].

A nivel general podemos entonces tomar los siguientes puntos de reflexión, sobre la
base de lo consensuado en las conclusiones de la Reunión de Uppsala sobre la Salud
(Uppsala Health Summit) celebrada en Junio del 2015 [35].

• Los gobiernos nacionales y las organizaciones internacionales, tales como la Unión


Europea o las Naciones Unidas, deberán comprometerse más en la lucha contra la
resistencia a los antibióticos. El compromiso de los gobiernos y su capacidad de
liderazgo con cruciales en este aspecto.

• Se necesita diseminar la información y facilitar la educación de los profesionales de la


salud, el público consumidor, los granjeros y otros involucrados en el tema. Los
gobiernos y los organismos especializados, tales como la Organización Mundial de la
Salud, habrán de coordinar y asegurar la calidad de la información a nivel nacional o
internacional. Los mensajes deberán ser especialmente adaptados a quienes están
dirigidos. Una comunicación responsable puede ayudar a mantener el tema con
prioridad en la agenda política, así como en las mentes de los involucrados.

• Las políticas de restricción de los antibióticos no deberán afectar los ingresos de las
partes involucradas. Deberán perfeccionarse los modelos de negocios, de manera tal
que no se generen mayores perjuicios económicos. Así, las regulaciones comerciales,
los acuerdos de negocios y las políticas públicas en su conjunto serán herramientas
para promover el uso racional de los antibióticos.

• El uso racional de los antibióticos implica tener acceso a medicamentos efectivos y a


una buena capacidad de los profesionales de la salud, herramientas para el diagnóstico
adecuadas e información actualizada y constante acerca de la resistencia a los
antibióticos. Deberá reprimirse la venta de antibióticos sin receta; y explorar y
combatir los incentivos perversos para el sobreuso de tales compuestos.

• El desarrollo de nuevos tratamientos, vacunas y herramientas para el diagnóstico


depende no solo de los recursos financieros, sino que constituye un reto enrome desde
el punto de vista científico. Es imprescindible el esfuerzo conjunto de la academia, la
industria y el estado, evitando la duplicidad de esfuerzos y compartiendo la
información. La prioridad es, por cierto, atender las necesidades más urgentes.

• El costo de no actuar supera los cálculos más pesimistas. Algunos autores señalan
que, con la actual progresión de la multirresistencia a los antibióticos, en relativamente
pocas décadas podríamos retornar a la era pre-antibiótica.

¿Entonces, cómo y cuándo recetar un antibiótico?

Puede superarse el surgimiento de las bacterias resistentes a los antibióticos


promoviendo el uso óptimo de los antibióticos disponibles y evitar la transmisión de los
microorganismos multirresistentes a través de las diversas medidas para el control de
las infecciones [31]. Las siguientes proposiciones pueden ayudar a los clínicos a asegurar
el uso apropiado de los antibióticos [36]:

• Un buen diagnóstico clínico, sobre la base de una historia clínica centrada tanto en la
enfermedad actual como en los antecedentes, considerando las posibles exposiciones,
viajes, medicamentos de uso habitual, contacto con animales, hábitos personales y
diversos aspectos adicionales.

• Determinar si realmente es necesario el antibiótico, sobre la base de ponderar los


riesgos (resistencia, efectos adversos) contra los beneficios (eficacia, recuperación
rápida) y el costo. Reconocer qué procesos infecciosos son autolimitados y solo
requieren sintomáticos.

• Reservar la terapia antibiótica empírica para aquellas situaciones en donde es


imperativo iniciar un antibiótico. No podemos esperar los resultados de los cultivos si
se sospecha una neumonía, una infección del tracto urinario alto o sepsis, por citar
algunos ejemplos. Ciertamente, dicha terapia será orientada no solamente por la
condición clínica del paciente, sino por los microorganismos prevalentes en la
comunidad o en el contexto en donde se haya adquirido la infección. Se iniciará con
antibióticos de amplio espectro, para luego usar el agente específico contra el
patógeno causante, una vez que los cultivos lo hayan identificado.

• Existen situaciones en donde es necesario utilizar combinaciones de antibióticos, los


cuales deberán tener mecanismos de acción diferentes y una acción sinérgica. Ello
también está relacionado con lo señalado en el párrafo anterior, específicamente el
caso de los pacientes en una condición crítica por sepsis.

• Tener en cuenta no solamente el espectro y la acción de determinado antibiótico,


sino su capacidad de penetración en el área del organismo en donde se desea que
actúe. Ello es de particular importancia en las infecciones del sistema nervioso central,
de las articulaciones y los huesos, así como en los casos de prostatitis.

• Deberemos considerar tanto la farmacocinética como la farmacodinámica al


establecer las dosis del antibiótico. Estas deberán ser lo suficientemente elevadas para
asegurar la eficacia y lo suficientemente bajas para minimizar el riesgo de toxicidad.

• La severidad de la infección, al igual que conocer la absorción y la biodisponibilidad


de los antibióticos, permitirán elegir la mejor ruta de administración. En el caso de las
infecciones severas, la nueva información microbiológica, la mejora en los títulos de
algunos indicadores; y, por cierto, la mejoría clínica del paciente, determinarán el paso
precoz a la vía oral.

• Existen factores de los pacientes a ser considerados al prescribir un antibiótico,


comenzando con la edad, puesto que los extremos de la vida son más vulnerables a
determinadas infecciones y tienen características particulares en cuanto a la absorción,
distribución, metabolismo y eliminación de los antibióticos.

• Otros factores a tomarse en cuenta son la función renal y hepática; y en el primer


caso, hay que ser particularmente cuidadoso con aquellos medicamentos cuyas dosis
deben ser reguladas en los casos de disfunción renal, al igual que con aquellos que por
su naturaleza son nefrotóxicos, tal como es el caso de los aminoglicósidos.

• Ciertamente, el embarazo y la lactancia son periodos importantes y críticos. Existen


antibióticos cuyo uso está prohibido durante la gestación (por ejemplo, las
tetraciclinas); y otros compuestos en los cuales hay que ponderar el riesgo potencial
contra el beneficio a obtener.

• Las alergias o la intolerancia a ciertos antibióticos son datos que no debemos obviar
al tomar la historia clínica.

• El uso reciente de antibióticos puede orientarnos en la elección del tratamiento en un


nuevo cuadro agudo, por la posibilidad de una presión selectiva previa.

Por cierto, la clave del éxito está en una buena comunicación y una cordial relación con
el paciente y con sus familiares inmediatos, en darle las indicaciones en forma clara;
recordarles que los medicamentos son para su uso personal y que no deben
compartirse; y que, si quedara algún remanente del tratamiento, este deberá
descartarse apropiadamente.

CONCLUSIONES

En conclusión, arribamos a lo señalado por diversos autores en múltiples referencias; y


que ha sido sintetizado por la Organización Mundial de la Salud en un importante
documento emitido hace algunos años, pero que no pierde vigencia: "El uso racional
de los medicamentos (en este caso los antibióticos) requiere que los pacientes reciban
medicamentos que sean apropiados para sus necesidades clínicas, en las dosis
apropiadas para sus requerimientos individuales; durante periodos adecuados de
tiempo y con el menor costo tanto para ellos como para sus comunidades". Los
antibióticos, anteriormente considerados como una suerte de ‘balas mágicas’ han
representado y representan un enorme avance en la medicina. Su descubrimiento
determinó una nueva era en el tratamiento de las enfermedades infecciosas y en la
calidad de vida [37-39].

Sin embargo, el uso irracional de los antibióticos, en sus diversas facetas, ha dado
como resultado el surgimiento de las bacterias multirresistentes – las denominadas
‘superbacterias‘ según algunos autores - ; y las infecciones causadas por tales
microorganismos requieren de acción urgente, puesto que tienden a tener una mayor
duración, pueden aumentar el riesgo de complicaciones y aun llevar a la muerte a los
pacientes. En consecuencia, es esencial el uso óptimo de los antibióticos, a fin de
evitar este creciente problema. La mejor – y tal vez la única – forma de evitar la
diseminación de este fenómeno de la multidrogorresistencia es el uso racional de los
antibióticos. Su empleo deberá hacerse solo cuando sea estrictamente necesario [36].

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