Sandra HARDING
Ciencia y feminismo
EDICIONES MORATA, S. L.
Fundada por Javier Morata, Editor, en 1920
C/ Mejía Lequerica, 12
28004 - MADRID
Título original de la obra:
THE SC!ENCE QUESTION IN FEM/NI6M
© Corneli University, 1993 (5.a ed.)
This edition is published by arrangement with
Cornell University Press, lthaca, New York.
La presente obra ha sido editada mediante ayuda del
Instituto de la Mujer.
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión
de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros
métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del Copyright.
© EDICIONES MORATA, S. L. (1996)
Mejía Lequerica, 12. 28004 - Madrid
Derechos reservados
Depósito Legal: SE-3271-2006 Unión Europea
ISBN-lo: 84-7112-414-9
ISBN-13: 978-84-7112-414-2
Compuesto por: Ángel Gallardo
Imprime: Publidisa
Ilustración de ¡a cubierta: Nos éclaireuses por Amelia Beaury-Saurel.
Contenido
AGRADECIMIENTOS 9
PREFACIO 11
CAPÍTULO PRIMERO: Del problema de la mujer en la ciencia al problema de
la ciencia en el feminismo i
Cinco programas de investigación. 19.—Una guía para las epistemologías
feministas, 23.
CAPÍTULO II: El género y la ciencia: dos conceptos problemáticos 28
Obstáculos para teorizar sobre el género, 28.—Los dogmas del empirismo,
33.—Ciencia sagrada, 34.—La ciencia: ¿método único o conjunto de frases?,
37.—Física paradigmática, 39.—Matemáticas puras, 43.—El género: indivi-
dual, estructural, simbólico y siempre asimétrico, 47.
CAPÍTULO III: La estructura social de la ciencia: quejas y trastornos 52
¿La mujer científica es una contradicción en sus propios términos 53 —Las
luchas de las mujeres para acceder a la ciencia, 53.—Consecuencias para los
estudios sociales de la ciencia, 57.—¿Genios aislados o trabajadoras indus-
triales?, 61.—Cambios en la división de trabajo por clase social, 62.—La inte-
gración de las relaciones sociales, 65.—Tensiones y contradicciones, 69.
CAPÍTULO IV: El androcentrismo en biología y en las ciencias sociales 73
¿Son irrelevantes los descubrimientos de las ciencias sociales para el desa-
rrollo de la investigación científica natural?, 73.—Cinco orígenes del andro-
cen trismo en la investigación social, 76.—Aspectos vulnerables de la investi-
gación biológica, 82.—El problema es la "mala ciencia" o la "ciencia al uso"?,
90.—Consecuencias, 92.
CAPÍTULO V: Los recursos naturales: la búsqueda de la aprobación moral de
los géneros en la ciencia y de las ciencias "generizadas" 98
¿La historia y la filosofía de la ciencia deben recibir una clasificación "X"?,
99.—Imágenes históricas, 99.—Imágenes contemporáneas 105.—La cons-
trucción social de la sexualidad humana, 111.
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8 Contenido
CAPITULO VI: Del empirismo feminista a las epistomologías del punto de vis-
ta feminista 119
Ambivalencia y transición, 120.-Las epistemologías feministas del punto de
vista, 124.-La unidad de la mano, el cerebro y el corazón en el trabajo arte-
sano, 124.-La actividad sometida de las mujeres: sensual, concreta, relacio-
nal, 128.-El "retorno de lo reprimido" en la teoría feminista, 131.-La cons-
ciencia bifurcada de las investigadoras alienadas, 135.-Nuevas personas y la
mano oculta de la historia, 138.
CAPÍTULO Vil: Otros "otros" y las identidades fragmentadas: cuestiones para
epistemólogos 142
Una coincidencia curiosa, 143.-La visión africana del mundo, 146.-Aspectos
comunes y problemas, 148.-Residuos de los esquemas conceptuales colo-
niales y patriarcales, 1 49.-Ahistoricidad, 150.-Esquemas de contraste,
152.-Explicación metafórica, 153.-Cada bibliografía niega la dicotomía de la
otra, 154.-Explicaciones improbables, 155.-La biología, no, 156.-La dico-
tomía entre "pensamiento folclórico" y pensamiento científico no sirve, 158.-
No es sólo una consecuencia de las relaciones de género, 161.-Hacia una
teoría de campo unificado, 161.-Categorías de oposición, 1 62.-Conceptua-
dores frente a ejecutores, 162.-Procesos evolutivos, 165.-Vuelta alpostmo-
dernismo, 166.
CAPÍTULO VIII: "El nacimiento de la ciencia moderna" como texto: descrip-
ciones internalistas y externalistas 171
Preliminares, 172.-La historia de los orígenes de la ciencia, 175.-Problemas
de esta descripción, 179.-La historia de la ciencia como texto, 179.-Las his-
torias internas de la ciencia frente a las externas, 181.-La paradoja internalis-
ta, 182.-La paradoja externalista, 184.
CAPÍTULO IX: Los problemas de los relatos post-kuhnianos 187
El momento de la mitologización, 188.-Primera fase: la formación de una
nueva clase, 188.-Segunda fase: una nueva autoconciencia política, 189.-
Tercera fase: una nueva división de trabajo, 192.-Una cosmología moderna,
194.-El atomismo, 195.-La neutralidad respecto a los valores, 196.-El
método, 197.-Incoherencias internas en el texto, 198.-Determinismo episte-
mológico frente a causación social, 199.-La función de la imaginación, 199.-
¿Un nuevo universo de dos mundos?, 199.-La neutralidad respecto a los
valores frente a los valores sociales progresistas, 200.-E/problema de la fun-
ción de las metáforas, 201.-¿Radicales de la nueva ciencia?, 206.
CAPÍTULO X: Tensiones valiosas y la nueva "unidad de la ciencia" 210
Dilemas y tensiones, 210.-La acción afirmativa: ¿reforma o revolución?,
213.-El científico como artesano: ¿anacronismo o recurso?, 214.- ¿Una
nueva "unidad de la ciencia"?, 215.
SOBRE LA AUTORA 219
BIBLIOGRAFÍA 221
ÍNDICE DE AUTORES Y MATERIAS 229
OTRAS OBRAS DE EDICIONES MORATA DE INTERÉS 238
© Ediciones Morata, S. L.
Agradecimientos
Este libro no se habría escrito sin la inspiración y el apoyo de muchas perso-
nas e instituciones. Estoy especialmente agradecida:
a las científicas, del pasado y del presente, cuyas valerosas luchas y
logros, conseguidos con gran esfuerzo, han hecho posible que las mujeres de hoy
disfrutemos de una educación científica, y nos permiten empezar a comprender
por qué esto sólo es el principio de la revolución feminista en la ciencia.
al colectivo invisible de las feministas teóricas y críticas de la ciencia, cuyos
brillantes y arriesgados trabajos me han proporcionado modelos ejemplares de fa
teoría feminista. Por sus valiosísimos comentarios acerca de mis artículos, sobre
partes de las primeras versiones de este libro y sobre mi pensamiento, estoy par-
ticularmente agradecida a Margaret ANDERSEN, Elizabeth FEE, Jane FiAx, Donna
HARAWAY y Nancy HARTSOcK.
a Margaret ANDERSEN y Nancy HARTSOCK por su cálida y cariñosa colabora-
ción en los proyectos intelectuales y políticos en el transcurso de los años en los
que este libro ha ido tomando forma.
a Frank DILLEY, por sus continuos esfuerzos para garantizar que la direc-
ción del departamento trate también con justicia a las mujeres.
al National Endowment for the Humanitíes, a la National Science Founda-
tion y a la Universidad de Delaware por las ayudas de verano que me han permi-
tido profundizar sobre algunos problemas; al Fund for the Jmprovement of Post-
Secondary Education, por la concesión de una beca Mina Shaughnessy, a la
Me/Ion Foundation, por una ayuda a la investigación en el Wellesley Center for
Research Qn Women, y a la Universidad de Delaware por una licencia sabática.
Todo ello me proporcionó el tiempo necesario para concluir este trabajo.
a Mary IMPERATORE, por su decidido, cariñoso y acertado apoyo administra-
tivo, antes y después de la llegada de Kaypro.
a mis hijas, Donan y Emily, por su cariñoso entusiasmo por mis aventuras y por
la inspiración que supone el valor, la brillantez y el ingenio con que enfocan las suyas.
SANDRA HARDING
Newark (Delaware)
© Ediciones Morata, S. L.
1
Prefacio
A partir de mediados de los años setenta, las críticas feministas de la ciencia
han evolucionado desde una postura reformista a otra revolucionaria, de unos
análisis que daban la posibilidad de mejorar la ciencia que tenemos a la reivindi-
cación de una transformación de los mismos fundamentos de la ciencia y de las
culturas que le otorgan su valor. Empezamos preguntando: ",Qué hay que hacer
respecto a la situación de la mujer en la ciencia?": la "cuestión de la mujer" en Ja
ciencia. Ahora, las feministas plantean, a menudo, una pregunta diferente: "¿Es
posible utilizar con fines emancipadores unas ciencias que están tan íntima y
manifiestamente inmersas en los proyectos occidentales, burgueses y masculi-
nos?": la "cuestión de la ciencia" en el feminismo.
La postura feminista radical sostiene que las epistemologías, metafísicas, éti-
cas y políticas de las formas dominantes de la ciencia son androcéntricas y se
apoyan mutuamente; que, a pesar de la creencia, en el intrínseco carácter pro-
gresista de la ciencia, (profundamente anclada en la cultura occidental) la ciencia
actual está al servicio de tendencias primordialmente retrógradas, y que la estruc-
tura social de la ciencia, muchas de sus aplicaciones y tecnologías, sus formas de
definir los problemas de investigación y de diseñar experimentos, sus modos de
construir y conferir significados son no sólo sexistas, sino también racistas, cla-
sistas y coercitivos en el plano cultural. En sus análisis de la influencia del simbo-
lismo de género, de la división de trabajo según el género y de la construcción de
la identidad individual de género en la historia y la filosofía de la ciencia, las pen-
sadoras feministas han cuestionado los mismos fundamentos de los órdenes
intelectual y social.
Parece que el origen de estas críticas feministas, que desacreditan gran
parte de lo que se valora en la moderna cultura occidental, está en el exterior de
dicha cultura; y así es, en la medida en que las mujeres han quedado excluidas
de los procesos de definición de la cultura, concibiéndoselas como lo otro, en
contraste con lo cual determinan sus proyectos los hombres que tienen el poder.
Sin embargo, esta desestabilización, "explosión", de las categorías de la práctica
socias y del pensamiento está firmemente enraizada en la tradición de la moder-
© Ediciones Morata, S. L.
12 Ciencia y feminismo
na historia occidental y en su compromiso explícito con la critica de las prácticas
y creencias sociales tradicionales. Una de esas creencias consiste en que el
androcentrismo es "natural" y bueno; otra, la fe en el carácter progresista de la
racionalidad científica. Desde esta perspectiva, las críticas feministas de la cien-
cia pueden considerarse como una llamada a una revolución intelectual, moral,
social y política más radical de lo que nunca hubieran imaginado los fundadores
de las modernas culturas occidentales. Desde el punto de vista histórico, estas
revoluciones —y no únicamente el proceso de investigación científica— han pro-
movido el desarrollo de formas más progresistas de búsqueda del saber.
Este libro examina importantes tendencias en las críticas feministas de la
ciencia, con el fin de identificar tensiones y conflictos entre ellas, conceptos ina-
decuados que informan sus análisis, obstáculos desapercibidos y lagunas in-
conscientes en sus programas de investigación y extensiones que pueden trans-
formarlas en herramientas aún más potentes para la construcción de significados
y prácticas emancipadoras. Mi investigación está motivada por la creencia en la
posibilidad de demostrar que estas críticas feministas de la ciencia tienen conse-
cuencias para las imágenes que las modernas culturas occidentales tienen de sí
mismas, al menos, tan revolucionarias como las derivadas de las críticas feminis-
tas en los campos de las humanidades y de las ciencias sociales.
No habría que decir—aunque, probablemente, sea preciso hacerlo— que no
quiero que se entienda lo que manifiesto como una recomendación de que tire-
mos al bebé con el agua del baño. No nos imaginamos dejando de hablar ni de
escribir por el simple hecho de que el lenguaje sea profundamente androcéntrico,
ni proponemos que se deje de teorizar sobre la vida social al descubrir que, inclu-
so, nuestras revisiones feministas de las teorías sociales que heredamos estén
informadas por perspectivas completamente androcéntricas. De igual manera, no
propongo que la humanidad saque algún provecho de renunciar a los intentos de
describir, explicar y comprender las regularidades, las tendencias causales sub-
yacentes y los significados de los mundos natural y social por el hecho de que las
ciencias que tenemos sean androcéntricas. Trato de poner fin al androcentrismo,
pero no a la investigación sistemática. Pero el fin del androcentrismo exige unas
transformaciones de gran alcance en los significados y prácticas culturales de
esa investigación.
Los dos primeros capítulos presentan una visión general y una introducción
teórica. El Capítulo Primero identifica cinco críticas feministas y tres programas
epistemológicos feministas y señala los retos a los que se enfrenta cada uno. El
Capítulo II revisa algunos problemas que se plantean en las críticas feministas de
la ciencia respecto a la comprensión de la ciencia y del género, y pone de mani-
fiesto los obstáculos que suponen para la elaboración de una teoría feminista de
la ciencia; a continuación, desarrollo los conceptos de ciencia y de género, más
adecuados, que informan los capítulos siguientes.
Los tres capítulos siguientes muestran las conexiones entre las partes del
cuadro de la ciencia que han producido las críticas feministas, y señalan las inco-
herencias y descuidos. El Capítulo III revisa los enfoques feministas de las cues-
tiones relativas a la equidad en la estructura de la ciencia, e indica las tensiones
entre estas imágenes ahistóricas y la realidad de la estructura social de la cien-
cia. El Capítulo IV examina las acusaciones feministas de androcentrismo en la
selección de problemas (de lo que se deduce que requiere una explicación cientí-
© Ediciones Morata, S. L.
Prefacio 13
fica) y el diseño de investigación en biología y en las ciencias sociales (incluyo
aquí las ciencias sociales para preparar el análisis posterior de los supuestos
sociales básicos inadecuados que han orientado las ideas dominantes en la cien-
cia moderna). El Capítulo V examina las aportaciones de la ciencia a la construc-
ción de significados generizados* de la naturaleza y de la investigación y revisa
la bibliografía que demuestra que gran parte de lo que a menudo se consideran
diferencias de sexo y deseos sexuales biológicos son el resultado de una cons-
trucción social.
Los Capítulos VI y VII se centran en las teorías feministas del conocimiento,
los fundamentos epistemológicos de la ciencia moderna y las estrategias alterna-
tivas de justificación propuestas por las críticas feministas. El Capítulo VI exami-
na los proyectos de "ciencia sucesora" de cuatro teóricas —Hilary ROSE, Dorothy
SMITH, Jane Fix y Nancy HARTSOCK— y sus intentos de imaginar formas y fines
de búsqueda de conocimientos alternativos a los utilizados para justificar la cien-
cia actual. En el Capítulo VII, describo algunos obstáculos a los que se enfrentan
estas epistemologías; al examinar la relación entre estos proyectos feministas y
otros proyectos similares de ciencia emancipadora de pueblos ex coloniales, con-
sidero también algunas cuestiones difíciles de los proyectos de "ciencia suceso-
ra" y las críticas feministas postmodernas que se les dirigen.
Los Capítulos VIII y IX suponen una pausa en el desarrollo argumenta¡ para
volver a la historia de la ciencia, tratando de dar cuenta del deterioro de la bús-
queda progresista de conocimientos, desde el punto de vista social (las lectoras
y lectores que prefieran no interrumpir el hilo de la argumentación con las apari-
ciones fantasmagóricas de los locuaces antepasados de la protagonista, quizá
deseen saltar directamente al Capítulo X). El Capítulo VIII, que considera la insti-
tución de la ciencia como un personaje que pasa de la infancia a la edad adulta,
identifica diversas lagunas en las descripciones al uso que este personaje cuen-
ta sobre su infancia. El Capítulo IX examina una especie de tentativa de las his-
torias sociales de la ciencia para rellenar esos lapsos y sostiene que, incluso
éstos, tienden a reprimir lo que habría que volver a examinar, evitando, de forma
sistemática, la consideración del simbolismo del género y de las relaciones socia-
les concretas entre los géneros en la historia.
El Capítulo X vuelve al hilo del argumento principal para reflexionar sobre
algunas cuestiones inestables y tensiones fundamentales dentro de las teorías
feministas que he examinado y desarrollado. Señala las cuestiones planteadas
por las críticas de la ciencia que no han podido resolverse en los términos en que
se enunciaron. Concluyo indicando cómo las críticas feministas de la ciencia han
supuesto la inversión de la tesis de la "unidad de la ciencia", tan importante para
los miembros del Círculo de Viena. Para las feministas, el paradigma del discurso
racional —sin dejar de ser problemático— es la discusión moral y política, en vez
de la discusión científica.
S. H.
* En la traducción de esta obra, hemos optado por traducir el término inglés gendered como
"generizádc/'. Se trata, evidentemente, de un neologismo, pero, a fin de evitar excesivas perífrasis y
teniendo en cuenta la analogía con la relación existente entre "sexo" y "sexuado", no parece excesivo
establecer esta otra relación entre "género" y "generizado". (N. del T.)
© Ediciones Morata, S. L.
CAPÍTULO PRIMERO
Del problema de la mujer en la ciencia
al problema de la ciencia en el feminismo
Las estudiosas feministas han analizado a las mujeres, a los hombres y las
relaciones sociales entre los géneros dentro de los marcos conceptuales de las
disciplinas, entre los distintos marcos y, cada vez más, frente a ellos. En cada
área, hemos llegado a descubrir que lo que solemos considerar problemas, con-
ceptos, teorías, metodologías objetivas y verdades trascendentales que abarcan
todo lo humano no llegan a tanto. Son, en cambio, productos del pensamiento
que llevan la marca de. sus creadores colectivos o individuales y, a su vez, los
creadores están marcados de forma característica por su género, clase social,
raza y cultura'. Ahora, podemos discernir los efectos de estas marcas culturales
en las discrepancias entre los métodos de conocimiento y las interpretaciones del
mundo aportados por los creadores de la cultura occidental moderna y los carac-
terísticos del resto de las personas. Las creencias que favorece la cultura occi-
dental reflejan, unas veces de maneras claras y otras deformadas, los proyectos
sociales de sus creadores, identificables desde la historia, y no el mundo tal como
es o como querríamos que fuese.
Las ciencias naturales constituyen un objeto relativamente reciente del exa-
men feminista. Las críticas desencadenan inmensas expectativas —o temores—,
1 Establezco una drástica distinción entre "sexo" y "género" (aunque, más adelante, plantearé
ciertos problemas con respecto a esta dicotomía); por tanto, me referiré a "roles de género", en vez
de a "roles sexuales", etc., manteniendo únicamente algunos términos, como "sexismo", cuya sustitu-
ción parece más desconcertante que útil. En los demás casos (salvo en citas textuales), sólo utilizo
"sexo" cuando se trata de cuestiones meramente biológicas. Hago esto por dos motivos. En primer
lugar, a pesar de la insistencia feminista, durante décadas y quizá siglos, acerca de que la "naturale-
za" y las actividades de mujeres y de hombres están configuradas primordialmente por las relaciones
sociales y no por determinantes biológicos inmutables, muchas personas todavía no llegan a com-
prenderlo o no están dispuestas a aceptar todas sus consecuencias (buena prueba de ello es la fas-
cinación que en la actualidad suscita la sociobiología). En segundo lugar, el mismo pensamiento
sobre el sexo ejerce una fatal atracción en muchas personas, por otra parte bien intencionadas:
expresiones como "política sexual", "la batalla entre los sexos" y "chovinismo masculino" hacen que la
prolongación de las hostilidades de género parezcan más excitantes de lo que desearía el feminismo.
© Ediciones Morata, S. L.
16 Ciencia y feminismo
aunque permanecen mucho más fragmentarias y están conceptuadas de forma
mucho menos clara que los análisis feministas efectuados en otras disciplinas.
La expectativa y el miedo se basan en el reconocimiento de que constituimos
una cultura científica, que la racionalidad científica no sólo está presente en todas
las formas de pensamiento y de acción de nuestras instituciones públicas, sino,
incluso, en nuestras formas de pensar sobre los detalles más íntimos de nuestra
vida privada. Los manuales y los artículos de revistas de gran difusión relativos a
la crianza de los niños y sobre las relaciones sexuales extraen su autoridad y con-
siguen su popularidad apelando a la ciencia. Y, durante el último siglo, el uso
social de la ciencia ha cambiado: siendo antes una ayuda esporádica, ahora se
ha convertido en el generador directo de la acumulación y el control económicos,
políticos y sociales. En la actualidad, podemos contemplar que la esperanza de
"dominar la naturaleza" para mejorar la especie se ha convertido en el esfuerzo
para conseguir un acceso desigual a los recursos naturales para fines de domi-
nación social. Si alguna vez lo fue, el científico ha dejado de ser el genio excén-
trico y socialmente marginal que gastaba sus bienes privados y, a menudo, su
propio tiempo en tareas puramente intelectuales que le interesasen. Sólo en
casos muy raros, su investigación carece de utilidad social previsible. En cambio,
él (o, desde hace menos tiempo, ella) forman parte de una numerosa mano de
obra, entrenada desde la escuela elemental para ingresar en los laboratorios uni-
versitarios, industriales o gubernamentales en los que se pretende que más
del 99% de la investigación pueda aplicarse de forma inmediata a proyectos
sociales. Si estos enormes imperios industrializados, dedicados —intencionada-
mente o no— a la acumulación material y al control social, no pueden demostrar
que estén al servicio de los mejores intereses de progreso social, en relación con
una búsqueda del saber objetiva, desapasionada, imparcial y racional, es imposi-
ble justificarlos en nuestra cultura. En las culturas modernas, ni Dios ni la tradición
gozan de la misma credibilidad que la racionalidad científica.
Sin duda, las feministas no constituyen el primer grupo que ha examinado
de este modo Ja ciencia moderna. Las luchas contra el racismo, el colonialis-
mo, el capitalismo y la homofobia, así como el movimiento contracultural de los
años sesenta y los movimientos ecologistas y antimilitaristas contemporá-
neos han realizado agudos análisis de los usos y abusos de la ciencia. Pero
parece que las críticas feministas tocan fibras especialmente sensibles. Por
una parte, en el mejor de los casos, incorporan las intuiciones clave de estos
otros movimientos, sin conformarse con la baja prioridad que estos planes de
reforma social asignaban a las preocupaciones específicamente feministas.
Por otra, cuestionan la división de trabajo por géneros —un aspecto social de
la organización de las relaciones humanas que ha quedado profundamente
oscurecido por nuestras formas de percibir lo "natural" y lo social. Se oponen,
lo cual es quizá aún más preocupante, a nuestro sentido de identidad personal,
en su nivel más prerracional, en su núcleo fundamental. Se oponen al carácter
deseable de los aspectos generizados de nuestras personalidades y de la
expresión del género en las prácticas sociales que, para la mayoría de los hom-
bres y de las mujeres han constituido aspectos profundamente satisfactorios
de la identidad personal.
Por último, como sistema simbólico, la diferencia de género es el origen más
antiguo, universal y poderoso de muchas conceptuaciones moralmente valoradas
© Ediciones Morata, S. L.
Del problema de la mujer en la ciencia al problema de la ciencia en el feminismo 17
de todo lo que nos rodea. Las culturas asignan un género a entes no humanos,
como los huracanes y las montañas, los barcos y las naciones. Hasta donde
llega la historia, hemos organizado nuestros mundos social y natural en términos
de significados de género, en cuyo contexto se han construido instituciones y sig-
nificados raciales, de clase y culturales históricamente específicos. Cuando em-
pezamos a teorizar sobre el género —a definir el género como categoría analíti-
ca en cuyo marco los humanos piensan y organizan su actividad social, en vez de
como consecuencia natural de la diferencia de sexo, o incluso como simple va-
riable social asignada a las personas individuales de forma diferente, según las
culturas—, podemos comenzar a descubrir en qué medida los significados de
género han poblado nuestros sistemas de creencias, instituciones e, incluso, fe-
nómenos tan independientes del género, en apariencia, como nuestra arquitectu-
ra y la planificación urbana. Cuando el pensamiento feminista sobre la ciencia se
haya teorizado de forma adecuada, dispondremos de una visión mucho más cla-
ra de hasta qué punto está generizada, y hasta dónde no lo está, en este sentido,
la actividad científica.
Ahora bien, no cabe duda de que el racismo, el clasismo y el imperialismo cul-
tural restringen, con frecuencia, más profundamente que el sexismo las oportuni-
dades de vida de los individuos. Podemos apreciarlo con facilidad si comparamos
la diferencia de oportunidades abiertas a las mujeres de la misma raza pero dis-
tinta clase social, o de la misma clase pero de diferente raza, en los Estados Uni-
dos hoy o en cualquier otro momento y lugar de la historia. En consecuencia, es
comprensible que las personas de clase trabajadora y las víctimas del racismo y
del imperialismo, a menudo, den una importancia secundaria a los proyectos
feministas en sus planes políticos. Es más, el género sólo aparece en formas cul-
turalmente específicas. Como veremos en el próximo capítulo, la vida social
generizada se produce a través de tres procesos distintos: es el resultado de
asignar metáforas dualistas de género a diversas dicotomías percibidas que no
suelen tener mucho que ver con las diferencias de sexo; es consecuencia de
recurrir a estos dualismos de género para organizar la actividad social, de dividir
las actividades sociales necesarias entre diferentes grupos de seres humanos; es
una forma de identidad individual, socialmente construida, que sólo se correla-
ciona de modo imperfecto con la "realidad" o con la percepción de las diferencias
de sexo. Denominaré estos tres aspectos del género como simbolismo de géne-
ro (o, tomando una expresión de la antropología, "totemismo de género"), estruc-
tura de género (o división de trabajo según el género) y género individual. Los
referentes de los tres sentidos de la masculinidad y la feminidad difieren según
las culturas, aunque, dentro de la misma cultura, las tres formas de género están
relacionadas entre sí. Es muy probable que no puedan observarse en todas las
culturas o en todas las épocas de la historia más que algunas expresiones simbó-
licas, institucionales o de identidad o conducta individual de masculinidad y de
feminidad.
Pero el hecho de que haya diferencias de clase, raza y cultura entre mujeres
y hombres no es razón, como han pensado algunos, para considerar que las dife-
rencias de género carecen de importancia teórica o de relieve político. Práctica-
mente en todas las culturas, las diferencias de género constituyen una forma cla-
ve para que los seres humanos se identifiquen como personas, para organizar las
relaciones sociales y para simbolizar los acontecimientos y procesos naturales y
© Ediciones Morata, S. L.
18 Ciencia y feminismo
sociales significativos. Y prácticamente en todas las culturas, se concede mayor
valor a lo que se considera relativo al hombre que a lo propio de la mujer. Es más,
tenemos que reconocer que, en las culturas estratificadas tanto por género como
por raza, el género también constituye siempre una categoría racial, y la raza una
categoría de género. Es decir, las políticas públicas sexistas son diferentes para
las personas del mismo género pero de diferente raza, y las políticas racistas son
distintas para las mujeres y los hombres de la misma raza. Un autor propone que
consideremos estas políticas como sexismo racista y racismo sexista, respectiva-
mente 2
Por último, examinaremos el importante papel que debe desempeñar el reco-
nocimiento manifiesto de las diferencias de género dentro de los grupos raciales
y de las diferencias raciales y culturales dentro de los grupos de género en las
epistemologías y políticas emancipadoras. La "diferencia" puede ser un resbala-
dizo y peligroso punto de reunión de los proyectos de investigación y de la políti-
ca, pero toda lucha emancipadora tiene que reconocer los planes correspondien-
tes a otras luchas como partes de la propia, con el fin de lograr el éxito (después
de todo, las personas de color presentan, al menos, dos géneros, y las mujeres
son de muchos colores). Con respecto a cada lucha, las epistemologías y las polí-
ticas fundadas en la solidaridad sustituirían a las problemáticas que apelan a
identidades esencializadas que, quizá, sean espurias.
Por todas estas razones, las críticas feministas que afirman que también la
ciencia está generizada parecen profundamente amenazadoras para el orden
social, incluso en sociedades como la nuestra, en la que el racismo, el clasismo y
el imperialismo dirigen también nuestras vidas. Es evidente que cada forma de
dominación utiliza las otras como recursos y se apoyan mutuamente de modos
complejos. Si nos resulta difícil imaginar los detalles cotidianos de la vida en un
mundo que no estuviese estructurado por el racismo y el clasismo, la mayoría de
nosotros no es capaz de empezar a imaginar siquiera un mundo en el que la dife-
rencia de género, con su ecuación entre masculinidad y autoridad y valor, no res-
trinja nuestras formas de pensar, sentir y actuar. Y el mundo cotidiano en que vivi-
mos está tan penetrado por la racionalidad científica, así como por el género que,
para las no feministas e, incluso, para algunas feministas, la misma idea de una
crítica feminista de la racionalidad científica se aproxima más a la blasfemia que
a la crítica social al uso.
Las feministas de otros campos de investigación han empezado a formular
objeciones claras y coherentes contra los marcos conceptuales de sus respecti-
vas disciplinas. Al situar la perspectiva de la mujer sobre el simbolismo de gé-
nero, la estructura de género y el género individual en el plano central de su pen-
samiento, han podido concebir de otro modo los fines de los programas de
investigación en antropología, historia, crítica literaria, etcétera 3. Han comenzado
a teorizar de otra forma los objetos de conocimiento propios de sus disciplinas.
Pero creo que los objetos de conocimiento y los fines de una crítica feminista de
2
Bocn (1983). Véanse también: CAULFIELD (1974); DAVIS (1971). (Las obras citadas en mis notas
por autor y año de publicación aparecen con su referencia completa en la bibliografía, que relaciona
las fuentes que me han resultado más útiles para este estudio. Las referencias adicionales aparecen
completas en las notas a pie de página.)
MCINTO51-1 (1983).
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Del problema de la mujer en la ciencia al problema de la ciencia en el feminismo 19
Ja ciencia no han conseguido alcanzar, hasta ahora, la base firme y las concep-
tuaciones claras que se han puesto de manifiesto en otros muchos campos de
investigación. La voz de la crítica feminista de la ciencia alterna entre cinco tipos
distintos de proyectos, cada uno de los cuales cuenta con sus correspondientes
público, materia, ideas sobre la ciencia y el género y el conjunto de soluciones del
androcentrismo. En ciertos aspectos, los supuestos que guían estos análisis se
contraponen entre sí. No está en absoluto claro cómo conciben sus autores las
conexiones teóricas entre ellos ni, por tanto, qué estrategia global convendría
seguir para eliminar el androcentrismo de la ciencia. Esto resulta particularmente
incómodo, puesto que Ja claridad con respecto a un componente tan fundamen-
tal de nuestra cultura puede tener efectos muy poderosos en otras luchas femi-
nistas.
A este respecto, el problema puede estar en que nos hemos preocupado tan-
to por responder a los pecados de la ciencia contemporánea en los mismos tér-
minos que utiliza nuestra cultura para justificarlos, que no hemos dedicado sufi-
ciente atención a imaginar una búsqueda de conocimiento verdaderamente
emancipadora. No hemos encontrado aún el lugar adecuado para dar un paso
atrás e imaginar el cuadro completo de lo que pueda ser la ciencia en el futuro. En
nuestra cultura, la reflexión sobre un modelo adecuado de racionalidad puede
parecer un lujo de unos pocos, pero es un proyecto con inmensas consecuencias
potenciales: puede producir una política de búsqueda del saber que nos muestre
las condiciones necesarias para transferir el control de los "que tienen" a los "que
no tienen".
¿Qué clase de idea de la ciencia tendríamos si no partiéramos de las cate-
gorías que ahora utilizamos para comprender sus desigualdades, malos usos, fal-
sedades y oscuridades, sino de las del biólogo protagonista imaginado por Mar-
ge PIERCY en Woman Qn the Edge of Time, que puede cambiar de sexo a voluntad
y que vive en una cultura que no institucionaliza (es decir, no tiene) género, o por
los supuestos de un mundo en el que las categorías de máquina, humano y ani-
mal dejan de distinguirse o pierden su interés cultural, como en The Ship Who
Sang, de Anne MCCAFFREY? 4 Quizá debamos acercarnos a nuestros novelistas y
poetas para alcanzar una visión intuitiva mejor de la teoría que necesitamos. Aun-
que, a menudo, son líderes en las luchas políticas a favor de una cultura más jus-
ta y protectora, están profesionalmente menos condicionados que nosotros para
responder, punto por punto, a las defensas que una cultura pone con respecto a
sus formas de estar en el mundo.
Cinco programas de investigación
Llamar la atención sobre la falta de una teoría feminista desarrollada para
la crítica de las ciencias naturales no supone pasar por alto las aportaciones
efectuadas por estas líneas de investigación, recientes pero prometedoras. En un
' Marge PIERCY: Woman Qn the Edge of Time, Nueva York: Fawcett, 1981; Anne MCCAFFREY:
The Ship Who Sang, Nueva York: Ballantine, 1976. Donna HARAWAY (1985) describe las posibilidades
que el tipo de antidualismo de MCCAFFREY abre para la teorización feminista.
© Ediciones Morata, S. L.
20 Ciencia y feminismo
período de tiempo muy corto, hemos conseguido una representación mucho
más clara de la medida en que también la ciencia está generizada. Ahora,
podemos empezar a comprender los mecanismos económicos, políticos y psi-
cológicos que mantienen el sexismo de la ciencia y que debemos eliminar para
que la naturaleza, los usos y las valoraciones de la búsqueda del saber sean
más integradores de lo humano. Cada una de estas líneas de investigación
suscita interesantes problemas políticos y conceptuales, no sólo respecto a las
prácticas científicas y el modo de justificarlas, sino también en relación a las
demás prácticas. En los capítulos siguientes, exponemos los detalles de estos
programas de investigación; aquí, me limito a resaltar los problemas que susci-
tan con el fin primordial de señalar las carencias teóricas que padece este
campo.
Antes de nada, los estudios sobre la equidad han documentado la masiva
oposición histórica a que las mujeres tuvieran a su disposición una educación,
títulos y trabajos semejantes a los de los hombres de capacidades similares 5; asi-
mismo, han identificado los mecanismos psicológicos y sociales mediante los que
se mantiene la discriminación de manera informal, aunque se hayan eliminado los
obstáculos formales. Los estudios sobre la motivación han puesto de manifiesto
por qué los chicos y los hombres quieren sobresalir en ciencias, ingeniería y
matemáticas con mayor frecuencia que las chicas y las mujeres 6 Pero, ¿acaso
deben querer las mujeres llegar a ser "como los hombres" en las ciencias, como
dan por supuesto muchos de estos estudios? Es decir, ¿el feminismo debe apun-
tar hacia una meta tan baja como la simple igualdad con los hombres? Y, ¿a qué
científicos deberían equipararse las mujeres, tanto a los técnicos de laboratorio,
mal pagados y muy explotados, como a los ganadores del premio Nobel? Más
aun, ¿querrían las mujeres contribuir al desarrollo de proyectos científicos que
contemplen problemas u obtengan resultados sexistas, racistas y clasistas?
¿Querrían ser investigadoras militares? Es más, ¿cuál ha sido el efecto de la
ingenuidad de las mujeres con respecto a la profundidad y el grado de la oposi-
ción masculina?, o sea, ¿acaso habrían luchado las mujeres para introducirse en
el mundo de la ciencia si hubiesen sabido de antemano la desigualdad que se
derivaría de la eliminación de las barreras formales en contra de la participación
de la mujer? 7 Por último, ¿la creciente presencia de las mujeres en el ámbito
científico ha producido algún efecto en el carácter de los problemas y resulta-
dos científicos?
En segundo lugar, los estudios sobre los usos y abusos de la biología, las
ciencias sociales y sus tecnologías han revelado de qué forma se utiliza la cien-
cia al servicio de proyectos sociales sexistas, racistas, homofóbicos y clasistas:
políticas reproductivas opresoras; gestión de todas las labores domésticas de las
mujeres a cargo de los hombres blancos; la estigmatización de los homosexua-
les, la discriminación en su contra y la "curación" médica de los mismos; la discri-
minación por el género en los centros de trabajo. Todas estas situaciones se han
justificado merced a la investigación sexista y mantenido mediante tecnologías,
Véanse, por ejemplo: ROSSITER (1982b); WALSI (1977).
6
Véase: ALDRICH (1978).
ROsSITER (1982b) indica este problema.
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Del problema de la mujer en la ciencia al problema de la ciencia en el feminismo 21
desarrolladas a partir de esa investigación, que traspasan a los hombres del gru-
po dominante el control que las mujeres tienen sobre sus vidas". A pesar de la
importancia de estos estudios, con frecuencia las críticas de los usos sexistas de
la ciencia parten de dos supuestos problemáticos: la existencia de una investiga-
ción científica pura, independiente de los valores, que puede distinguirse de los
usos sociales de la ciencia, y la existencia de usos adecuados de la ciencia que
pueden confrontarse con los inadecuados. ¿Podemos hacer realmente estas dis-
tinciones? ¿Es posible aislar un núcleo independiente de valores frente a los usos
de la ciencia y sus tecnologías? Y, ¿qué distingue los usos adecuados de los ina-
decuados? Más aun, todos los usos y abusos han sido racistas y clasistas, así
como opresores para las mujeres. Esto queda muy claro cuando apreciamos las
diferentes políticas reproductoras, formas de trabajo doméstico y formas de dis-
criminación laboral impuestas a las mujeres de distintas clases y razas en la
misma cultura de los Estados Unidos y en cualquier momento de su historia (pen-
semos, por ejemplo, en el intento actual de restringir el acceso al aborto y a la
información contraconceptiva a algunos grupos sociales, al tiempo que se obliga
a otros a la esterilización. Pensemos en la resurrección de las imágenes senti-
mentales de la maternidad y de las formas nucleares de vida familiar, con el
correspondiente respaldo científico, para algunos, al tiempo que se retiran sis-
temáticamente los apoyos sociales a las madres y familias no nucleares de otros
grupos). ¿Acaso no debe el feminismo incluir como un proyecto central propio la
lucha para eliminar la sociedad de clases y el racismo, la homofobia y el imperia-
lismo, con el fin de erradicar los usos sexistas de la ciencia?
En tercer lugar, en las críticas de la biología y las ciencias sociales, se han
suscitado dos tipos de problemas, no sólo en relación con la existencia real de
ciencias puras, sino con la posibilidad misma de su existencia 9. La selección y
definición de problemas —decidiendo qué fenómenos del mundo necesitan expli-
cación y definiendo lo que tienen de problemático— se han inclinado con toda cla-
ridad hacia la percepción de los hombres sobre lo que les resulta desconcertan-
te. No cabe duda de que "mala ciencia" es la que asume que los problemas de los
hombres son los de todo el mundo, dejando sin explicar muchas cosas que resul-
tan problemáticas para las mujeres, y que da por supuesto que las explicaciones
de los hombres respecto a lo que les parece problemático no están deformadas
por sus necesidades y deseos de género. Pero, ¿se reduce esto a un simple
ejemplo de mala ciencia, si acaso? ¿No será que la selección y definición de los
problemas llevan siempre consigo las huellas de los grupos dominantes en una
cultura? Con estas cuestiones, vislumbramos el carácter tendencioso fundamen-
tal, con respecto a los valores, de la búsqueda del saber y, por tanto, la imposibi-
lidad de distinguir entre la mala ciencia y la ciencia al uso. Más aun, el diseño y la
interpretación de la investigación se han desarrollado, una y otra vez, de forma
sesgada a favor del género masculino. Pero, si los problemas están necesaria-
8 Véanse: TOBACH y ROSOFF (1978; 1979; 1981; 1984); Brighton Women and Science Group
(1980); EHRENREICH y ENGLISH (1979); ROTHSCHILD (1983); ZIMMERMAN (1983); ARDFÍTI, DUELLI-KLEIN y
MINDEN (1984).
En este campo la bibliografía es inmensa. Como ejemplos de estas críticas, véanse: LONGINO
y DoEt.L (1983); HUBBARD, HENIFIN y FRIED (1982); Gnoss y AVERILL (1983); TOBACH y ROSOFF (1978;
1979: 1981; 1984); MJLLMAN y KANTER (1975); ANDERSEN (1983); WESTKOTr (1979).
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22 Ciencia y feminismo
mente lastrados con valores, si se construyen las teorías con el fin de explicar
problemas, si las metodologías están siempre cargadas de teoría y si las obser-
vaciones están sesgadas por las metodologías, ¿puede haber un diseño y una
interpretación de la investigación independientes de los valores? Esta línea de
razonamiento nos lleva a plantearnos la posibilidad de que algunos tipos de
investigación lastrada por los valores sean, sin embargo, objetivos al máximo. Por
ejemplo, ¿los diseños de investigación manifiestamente antisexistas son más
objetivos en sí que los abiertamente sexistas o, aún más importante, los que
"prescinden del sexo" (o sea, del género)? Y las investigaciones antisexistas
que son también conscientemente antirracistas son más objetivas que las que no
lo son? En la historia de la ciencia, hay precedentes de la preferencia por la dis-
tinción entre los valores sociales que incrementan la objetividad y los que la
disminuyen frente a la distinción entre la investigación independiente de los valo-
res y la marcada por éstos. Otro problema diferente surge al preguntarnos por las
consecuencias que estas críticas de la biología y las ciencias sociales tienen en
áreas como la física y la química, en las que el presunto objeto de estudio está
constituido por la naturaleza física, en vez de por seres sociales ("presunto" por-
que, como veremos, tenemos que ser escépticos ante la posibilidad de estable-
cer distinciones rotundas entre lo físico y lo no físico). ¿Qué consecuencias pue-
den tener estos hallazgos y este tipo de razonamiento sobre la objetividad para
nuestra comprensión de la visión científica del mundo, en general?
En cuarto lugar, las técnicas de crítica literaria, la interpretación histórica y el
psicoanálisis se han utilizado para "leer la ciencia como un texto", con el fin de
poner de manifiesto los significados sociales —los planes simbólicos y estructu-
rales ocultos— de los enunciados y prácticas que son presuntamente neutrales
con respecto a los valores 10• En la crítica textual, así como en los enunciados de
los defensores de la visión científica actual del mundo, las metáforas de la políti-
ca de género de los escritos de los padres de la ciencia moderna, no se leen ya
como cuestiones idiosincrásicas individuales ni se consideran irrelevantes con
respecto a los significados que tiene la ciencia para sus seguidores. Es más, la
preocupación por definir y mantener una serie de dicotomías rígidas en la ciencia
y en la epistemología ya no parece un reflejo del carácter progresista de la inves-
tigación científica, sino que está inextricablemente relacionada con necesidades
y deseos específicamente masculinos —y quizá exclusivamente occidentales y
burgueses—. Objetividad frente a subjetividad; el científico, como persona que
conoce (knowe,) frente a los objetos de su investigación; la razón frente a las
emociones; la mente frente al cuerpo: en todos estos casos, el primer elemento
se asocia con la masculinidad y el último, con la feminidad. Se ha sostenido que,
en todos los casos, el progreso humano exige que el primero consiga la domina-
ción sobre el segundo".
Estas críticas han sido valiosas, pero suscitan muchas cuestiones. ¿Qué rele-
vancia tienen los escritos de los padres de la ciencia moderna para la práctica
científica contemporánea? ¿Qué teoría justificaría la consideración de estas
10
KEILER (1984); MERCHANT (1980); GRIFFIN (1978); Fifi.x (1983); JORDANOVA (1980); BLOCH y
BLOCI-I (1980); HARDING (1980) son buenos ejemplos al respecto.
11
Entre estas críticas textuales, las teorías clave de "objeto-relaciones" son las de DINNERSTEIN
(1976); CI-loDonow (1978); F.x (1983). Véase también: BALBUS (1982).
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Dei problema de la mujer en la ciencia al problema de la Ciencia en el feminismo 23
metáforas como componentes fundamentales de las explicaciones científicas?
¿Cómo pueden seguir configurando las metáforas de la política de género la for-
ma cognitiva y el contenido de las teorías y practicas científicas aun cuando no se
expresen ya de manera explícita? ¿Y acaso podemos imaginar cómo sería una
forma científica de búsqueda del saber que prescindiese de la distinción entre
objetividad y subjetividad, entre razón y emociones?
En quinto lugar, hay diversas investigaciones epistemológicas que han senta-
do las bases de una forma alternativa de entender cómo se fundamentan las
creencias en las experiencias sociales y el tipo de experiencia que serviría de fun-
damento a las creencias que honramos con la denominación de "saber" 12 Estas
epistemologías feministas suponen una relación entre saber y ser, entre episte-
mología y metafísica alternativa a las epistemologías dominantes elaboradas
para justificar las formas de búsqueda del saber de la ciencia y las formas de
estar en el mundo. Los conflictos entre estas epistemologías generan los temas
principales de este estudio.
Una guía para las epistemologías feministas
Para el feminismo, el problema epistemológico consiste en explicar una situa-
ción aparentemente paradójica. El feminismo es un movimiento político para el
cambio social. Pero muchas afirmaciones, motivadas indudablemente por las
preocupaciones feministas, realizadas por investigadoras y teóricas de las cien-
cias sociales, de la biología y de los estudios sociales sobre las ciencias natura-
les parecen más aceptables —es más probable que las pruebas las confirmen—
que las creencias que pretenden sustituir. ¿Cómo puede incrementar la objetivi-
dad de la investigación una indagación tan politizada? ¿Sobre qué fundamento
podrían justificarse tales afirmaciones feministas?
Puede sernos útil dividir las principales respuestas feministas de esta apa-
rente paradoja entre dos soluciones, relativamente bien desarrolladas, y un plan
de solución. Denominaré estos tres tipos de respuestas: empirismo feminista,
punto de vista feminista y postmodernismo feminista.
El empirismo feminista sostiene que el sexismo y el androcentrismo constitu-
yen sesgos sociales corregibles mediante la estricta adhesión a las normas meto-
dológicas vigentes de la investigación científica. Los movimientos de liberación
social "hacen posible que las personas vean el mundo con una perspectiva
amplia porque retiran los obstáculos y los vendajes que oscurecen el conoci-
miento y la observación" 13 El movimiento de la mujer no sólo ofrece la oportuni-
dad de ampliar de ese modo la perspectiva, sino que también promueve que haya
más mujeres científicas y es más probable que sean ellas y no los hombres quie-
nes se percaten del sesgo androcéntrico.
Esta solución a la paradoja epistemológica resulta atractiva por una serie de
razones, entre las cuales no es la menos importante el hecho de que parezca que
12 Véanse: Fux (1983); ROSE (1983); HARTSOCK (1983b); SMIrH (1974; 1977; 1979; 1981); HAn-
DING(1983b); FEE (1981). HARAWAY (1985) propone una epistemología algo diferente para el feminismo.
13 MILLMAN y KANTER (1975, Vil).
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24 Ciencia y feminismo
deja intactas las normas metodológicas vigentes en la ciencia. Mediante este tipo
de argumento, es más fácil conseguir que se acepten las reivindicaciones femi-
nistas, porque circunscribe el problema a la mala ciencia, sin extenderlo a la cien-
cia al uso.
Sin embargo, el considerable avance estratégico que supone lleva, con fre-
cuencia, a sus defensoras a pasar por alto el hecho de que, en realidad, la solu-
ción feminista empirista subvierte profundamente el empirismo. Se supone que la
identidad social del investigador es irrelevante para la "bondad" de los resultados
de su investigación. Se presume que el método científico es capaz de eliminar los
sesgos debidos al hecho de que los investigadores concretos sean blancos o
negros, chinos o franceses, hombres o mujeres. Pero el empirismo feminista sos-
tiene que es más probable que las mujeres (o las feministas y los feministas, sean
mujeres u hombres), como grupo, obtengan más resultados no sesgados y obje-
tivos que los hombres (o los no feministas y las no feministas), como grupo.
Es más, aunque el empirismo sostiene que el método científico es suficiente
para explicar los incrementos históricos de objetividad del panorama de mundo
que presenta la ciencia, podemos afirmar que la historia muestra otra cosa muy
diferente. Son los movimientos de liberación social los que más han aumentado
la objetividad de la ciencia y no las normas de la ciencia misma cuando se han
puesto en práctica ni cuando los filósofos las han reconstruido racionalmente.
Pensemos, por ejemplo, en los efectos de la revolución burguesa de los siglos xv
al xvu que dieron lugar a la ciencia moderna en sí, o en los efectos de la revolu-
ción proletaria del siglo xix y principios del xx. Pensemos en los efectos sobre
la objetividad científica de la deconstrucción del colonialismo en el siglo xx.
Veremos también que un origen clave del sesgo androcéntrico se sitúa en la
selección de los problemas que investigar y en la definición de lo que estos fenó-
menos tienen de problemático. Pero el empirismo insiste en que sus normas
metodológicas sólo se aplican en el "contexto de justificación" —para la compro-
bación de hipótesis y la interpretación de los datos— y no en el "contexto de des-
cubrimiento", cuando se identifican y definen los problemas. En consecuencia,
parece que una poderosa fuente de sesgo social escapa por completo del control
de las normas metodológicas de la ciencia. Por último, da la sensación de que el
seguimiento de las normas de investigación es precisamente lo que a menudo se
traduce en resultados androcéntricos.
Por tanto, el feminismo trata de reformar lo que se percibe como mala ciencia,
llamando nuestra atención sobre unas profundas incoherencias lógicas y sobre lo
que, paradójicamente, podemos llamar imprecisiones empíricas de las epistemo-
logías empiristas.
El punto de vista feminista tiene su origen en el pensamiento de HEGEL sobre
la relación entre el amo y el esclavo y en la elaboración de este análisis que apa-
rece en los escritos de MARX, ENGELS y el teórico marxista húngaro G. LUKACS. En
pocas palabras, esta propuesta sostiene que la posición dominante de los hom-
bres en la vida social se traduce en un conocimiento parcial y perverso, mientras
que la posición subyugada de las mujeres abre la posibilidad de un conocimiento
más completo y menos perverso. El feminismo y el movimiento de la mujer apor-
tan la teoría y la motivación para la investigación y la lucha política que puedan
transformar la perspectiva de las mujeres en un "punto de vista" —un fundamen-
to, moral y científicamente preferible, para nuestras interpretaciones y explicacio-
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Del problema de la mujer en la ciencia al problema de la ciencia en el feminismo 25
nes de la naturaleza y la vida social—. Las críticas feministas de las ciencias
sociales y naturales, con independencia de que las expresen mujeres u hombres,
se basan en las características universales de la experiencia de las mujeres, tal
como se entienden desde la perspectiva del feminismo 14.
Aunque esta tentativa de solución de la paradoja epistemológica evita los pro-
blemas que plantea el empirismo feminista, también genera sus propias tensio-
nes. En primer lugar, quienes están apegados al empirismo se mostrarán muy
reacios a aceptar la idea de que la identidad social del observador puede ser una
variable importante con respecto a la objetividad potencial de los resultados de la
investigación. Desde el punto de vista estratégico, esta explicación de la mayor
adecuación de las proposiciones feministas es menos convincente, salvo para
quienes ya están convencidos; es muy improbable que los científicos naturales o
los partidarios de la ciencia natural de ambos géneros acepten esta postura.
Considerada en sus propios términos, la respuesta del punto de vista femi-
nista suscita otras dos cuestiones: ¿puede haber un punto de vista feminista
cuando la experiencia social de las mujeres (o de las feministas) está dividida por
la clase social, la raza y la cultura? ¿Acaso debe haber puntos de vista feministas
negros y blancos, de clase trabajadora y de clase profesional, norteamericanos y
nigerianos? Este tipo de consideración nos lleva al escepticismo postmodernista:
"Quizá la 'realidad' sólo pueda tener 'una' estructura desde la perspectiva fal-
samente universalizadora del amo. Es decir, sólo en la medida en que una perso-
na o grupo domine todo el conjunto, es posible que parezca que la 'realidad' está
regida por una serie de reglas o constituida por un conjunto privilegiado de re-
laciones sociales" 15 . ¿Acaso el proyecto del punto de vista feminista está aún
basado con demasiada firmeza en la alianza, históricamente desastrosa, entre el
saber y el poder, característica de la época moderna? ¿Se enraíza también
demasiado firmemente en una política problemática de identidades esenciali-
zadas?
Antes de volver sobre el postmodernismo feminista del que surge esta crítica,
debemos señalar que los enfoques epistemológicos precedentes parecen afirmar
que la objetividad nunca ha podido ni podrá incrementarse mediante la neutrali-
dad respecto a los valores. En cambio, los compromisos con los valores y pro-
yectos antiautoritarios, antielitistas, participativos y emancipadores sí aumentan
la objetividad de la ciencia. Es más, la persona que lea esto tiene que evitar caer
en la tentación de asumir las interpretaciones relativistas de los enunciados femi-
nistas. En primer lugar, las investigadoras feministas no dicen nunca que los
enunciados sexistas y los antisexistas sean igualmente aceptables —que pueda
darse el mismo valor a la idea de que la situación de la mujer sea una cuestión
primordialmente biológica ya la de que se trata de una cuestión primordialmente
social, o a la idea de que "lo humano" sea, a la vez, idéntico y no idéntico a "lo
masculino". En algunos casos, la evidencia con respecto a los enunciados femi-
nistas frente a los no feministas puede no ser concluyente, y no cabe duda de que
14
FLAx (1983), ROSE (1983), HAIRTSOCK (1983b) y SMITH (1974; 1977; 1979; 1981) desarrollan
este enfoque del punto de vista.
15
FIfi.x (1986, pág. 17). Las tensiones del postmodernismo aparecen en todo el pensamiento del
punto de vista. De este grupo, Ftx ha articulado también con la máxima apertura los problemas epis-
temológicos del postmodernismo.
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26 Ciencia y feminismo
muchos enunciados feministas que hoy parecen evidentemente seguros aca-
barán siendo abandonados cuando se obtengan nuevas pruebas y se construyan
mejores hipótesis y conceptos. En realidad, no puede caber ninguna duda sobre
estas situaciones normales de investigación respecto a muchas afirmaciones fe-
ministas. Pero el agnosticismo y el reconocimiento del carácter hipotético de toda
afirmación científica constituyen posturas muy diferentes del relativismo. Es más,
con independencia de que las feministas adopten una postura relativista, es difí-
cil imaginar una defensa coherente del relativismo cognitivo cuando pensamos en
los enunciados o afirmaciones de carácter opuesto.
El postmodernismo feminista niega los supuestos en los que se basan el
empirismo feminista y el punto de vista feminista, aunque también aparecen en el
pensamiento de estas teóricas las tensiones del escepticismo postmodernista.
Junto con pensadores de la corriente dominante, como NIETZSCHE, DERRIDA, Fou-
CAULT, LACAN, RORTY, CAvELL, FEYERABEND, GADAMER, WFrTGENSTEIN y UNGER, y
movimientos intelectuales, como la semiótica, la deconstrucción, el psicoanálisis,
el estructuralismo, Ja arqueología/genealogía y el nihilismo, las feministas "com-
parten un profundo escepticismo respecto a los enunciados universales (o uni-
versalizadores) sobre la existencia, la naturaleza y las fuerzas de la razón, el pro-
greso, la ciencia, el lenguaje y el 'sujeto/yo" 16•
Este enfoque exige utilizar un fundamento adecuado para investigar las frag-
mentadas identidades que crea la vida moderna: feminista-negra, socialista-femi-
nista, mujeres de color, etcétera. Requiere buscar la solidaridad en nuestra opo-
sición a la peligrosa ficción de lo exclusivamente "humano" (léase "masculino")
naturalizado y esencializado, y a la deformación y explotación perpetradas en
nombre de esa ficción. Puede exigir que nos opongamos a los retornos fantasea-
dos a la totalidad primigenia de la infancia, a las sociedades anteriores a las cla-
ses sociales o a la conciencia "unitaria", anterior al género, de la especie, que han
motivado las epistemologías del punto de vista (standpoint epistemologies) *
Desde esta perspectiva, las reivindicaciones feministas sólo son más aceptables
y menos deformantes si se basan en la solidaridad entre estas identidades frag-
mentadas modernas y entre las políticas que crean.
El postmodernismo feminista origina sus propias tensiones. ¿De qué modo
revela las incoherencias, como en el caso de las epistemologías empirista y del
punto de vista, en su discurso original y principal? ¿Podemos permitirnos renun-
ciar al intento de elaborar una "única descripción feminista y auténtica de la reali-
dad" ante las profundas alianzas entre la ciencia y los proyectos sociales sexis-
tas, racistas, clasistas e imperialistas?
No cabe duda de que, entre los discursos epistemológicos feministas, hay
tendencias contradictorias y cada uno tiene su propio conjunto de problemas. No
obstante, las contradicciones y problemas no se originan en los discursos femi-
nistas, sino que reflejan el desorden presente en las epistemologías y filosofías
de la ciencia dominantes desde mediados de los años sesenta. También reflejan
16
FLAX (1986, pág. 3). Ésta es la lista que elabora Fx con respecto a los pensadores y movi-
mientos postmodernistas de la corriente dominante. Véase en HARAWAY (1985), MARKS y COURTIVRON
(1980) y Signs (1981), diversas exposiciones de las cuestiones postmodernistas feministas.
* Son epistemologías que subrayan una perspectiva que se construye por y desde las experien-
cias de las mujeres. (N. del R.)
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Del problema de la mujer en la ciencia al problema de la ciencia en el feminismo 27
cambios en las configuraciones de género, raza y clase social, tanto en las cate-
gorías analíticas como en la realidad. Los nuevos grupos sociales —como las
feministas, que tratan de reducir las diferencias existentes entre su propia expe-
riencia social y los marcos teóricos de los que disponen— están más dispuestos
a construir sobre La base del "saber sojuzgado" sobre el mundo que los grupos
cuyas experiencias se ajustan más cómodamente a sus esquemas conceptuales
habituales. Es más probable que haya que considerar que la entrada feminista en
estas disputas signifique una aportación a favor de la clarificación de la naturale-
za y las consecuencias de las tendencias paradójicas de la vida intelectual y
social contemporánea.
Las críticas feministas de la ciencia han producido una serie de cuestiones
conceptuales que amenazan nuestra identidad cultural en cuanto sociedad de-
mocrática y socialmente progresista y nuestras identidades personales en cuan-
to individuos caracterizados por el género. No pretendo aplastar con críticas
estas iluminadoras líneas de investigación nada más comenzar mi estudio, sugi-
riendo que no sean realmente feministas o que no hayan contribuido al avance de
nuestra forma de ver las cosas. Por el contrario, cada una de ellas ha reforzado,
en gran medida, nuestra capacidad para captar la amplitud del androcentris-
mo en la ciencia. Colectivamente, nos han permitido formular nuevas cuestiones
sobre la ciencia.
Estas críticas tienen la virtud de llamarnos la atención sobre las incoheren-
cias socialmente dañinas de todos los discursos no feministas. Consideradas en
la sucesión descrita en este capítulo, nos llevan desde la cuestión de la mujer en
la ciencia a la cuestión, más radical, de la ciencia en el feminismo. Mientras los
tres primeros tipos de crítica plantean, ante todo, cómo pueden recibir las muje-
res un trato más equitativo dentro de la ciencia y por parte de la ciencia, las dos
últimas plantean cómo podría utilizarse una ciencia tan profundamente involucra-
da en proyectos masculinos característicos con fines emancipadores. Mientras
las críticas de la cuestión de la mujer aún consideran que la empresa científica
puede ser redimida y reformada, las críticas de la cuestión de la ciencia se mues-
tran escépticas ante la posibilidad de encontrar algo digno de redención o refor-
ma, desde los puntos de vista moral y político, en la visión científica del mundo,
en su epistemología subyacente o en las prácticas que justifica.
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CAPÍTULO U
El género y la ciencia:
dos conceptos problemáticos
Las críticas feministas se enfrentan a obstáculos inmensos cuando tratan de
construir una teoría del género como categoría analítica relevante para las cien-
cias naturales. Estos obstáculos tienen su origen en ciertas visiones dogmáticas
de la ciencia con respecto a las cuales las feministas no suelen ser lo bastante
críticas y no sólo en ideas conocidas, aunque inadecuadas, sobre el género.
Obstáculos para teorizar sobre el género
En otras disciplinas, como la historia, la antropología y la literatura, la necesi-
dad de teorizar sobre el género sólo se hizo patente tras el reconocimiento de las
limitaciones de otros tres proyectos. El proyecto "mujeres notables" pretendía res-
taurar las voces de mujeres importantes de la historia: novelistas, poetas, artistas,
etcétera, y añadirlas a los cánones vigentes. Sus logros se revaluaron desde una
perspectiva no sexista. El proyecto "aportaciones de las mujeres" se centró en su
participación en actividades que ya constituían centros de atención para el análi-
sis en estas disciplinas —en las luchas por la abolición y la templanza, en las ac-
tividades de "recolección" en las llamadas culturas cazadoras, en el trabajo de
significados círculos literarios, por ejemplo—, pero seguían siendo temas inco-
rrectamente interpretados y subdesarrollados. A este respecto, el objetivo de con-
seguir un cuadro menos deformado de la vida social exigía unas descripciones
nuevas de estos temas ya reconocidos como tales en las disciplinas. Por último,
los estudios de la "victimología" documentaron las historias y las prácticas actua-
les de violaciones, abusos conyugales de las esposas, prostitución, incesto, dis-
criminación laboral, explotación económica y otras por el estilo que antes se
pasaban por alto o se describían en clave misógina.
Sólo cuando las estudiosas feministas realizaron esos trabajos se dieron
cuenta de la inadecuación de tales enfoques. La situación de las mujeres que
consiguieron convertirse en figuras históricas o en artistas y poetas reconocidas
era, por definición, privilegiada, en comparación con la de las mujeres en general.
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El género y la ciencia: dos conceptos problemáticos 29
Su vida no nos facilita más la comprensión de la vida cotidiana de la inmensa
mayoría de las mujeres de lo que la vida de los grandes hombres ayuda a com-
prender la del "hombre corriente". Es más, las aportaciones de las mujeres a la
historia y la cultura tradicionales han sido contribuciones a lo que los hombres,
desde su propia perspectiva, creen que es historia y cultura. Esos análisis tienden
a ocultarnos lo que significan para ellas las mismas actividades de las mujeres
en estos mundos de hombres, así como el modo en que las tareas cotidianas de
las mujeres han configurado las mismas definiciones masculinas del mundo
de los hombres 1. Por último, los estudios de la victimología ocultan, con frecuen-
cia, las formas utilizadas por las mujeres para luchar contra la misoginia y la
explotación. Las mujeres han sido agentes activas en su destino —si no en las
condiciones de su propio quehacer— y tenemos que comprender sus formas de
lucha y los objetivos que han centrado sus acciones. Estos tres tipos de estudios
han aportado valiosas intuiciones sobre materias que la investigación tradicional
deja de lado. Pero sus limitaciones llevaron a las feministas a considerar la nece-
sidad de formular el género como categoría teórica, como la herramienta analíti-
ca mediante la cual la división de la experiencia social en consonancia con el
género tiende a dar a los hombres y a las mujeres unas concepciones diferentes
de sí mismos, de sus actividades y creencias y del mundo que los rodea a ellos y
a ellas.
En las ciencias naturales, la utilidad de estos proyectos sólo ha sido marginal.
A las mujeres se las ha excluido del quehacer científico serio de un modo más sis-
temático que de cualquier otra actividad, exceptuando, quizá, las acciones bélicas
en el frente. A pesar de los inevitables ejemplos de Marie CURIE y, ahora, de Bar-
bara MCCLINTOCK, pocas mujeres han podido alcanzar el nivel de eminencia
científica en su época. Diversos estudios históricos, sociológicos y psicológicos
explican por qué ha sucedido así, pero el hecho es que pocas mujeres notables
han llegado a la cumbre de la fama en la ciencia. Los estudios de las aportacio-
nes femeninas a la ciencia han sido algo más fructíferos, aunque siguen limitados
por las mismas restricciones'. El enfoque de la victimología, que aparece en los
cinco proyectos feministas críticos de la ciencia, ha resultado útil, sobre todo, para
acabar con el mito de que la ciencia que hemos tenido es, en realidad, la "ciencia
para el pueblo" (expresión de GALILEO), imaginada al surgir la ciencia moderna.
El hecho de que estos enfoques, útiles en las ciencias sociales y en las huma-
nidades, sólo hayan encontrado objetivos limitados en las ciencias naturales ha
oscurecido, para las críticas de la ciencia, la necesidad de una teorización más
adecuada del género en cuanto categoría analítica, con una excepción importan-
te: en las críticas de la biología, se han producido grandes avances al aportar
unas perspectivas más desarrolladas y exactas de la naturaleza y actividades de
las mujeres (véase el Capítulo IV). En este caso, se aprecia la necesidad de teo-
rizar sobre el género como categoría analítica cuando se identifican diferencias
de forma de pensar entre hombres y mujeres con respecto a la reproducción y a
las tecnologías reproductivas, cuando se plantean cuestiones sobre la posibilidad
de que el mismo tema de la diferencia de sexo suscite mayor interés entre los
1
Véanse, por ejemplo: SMiTH (1974; 1977; 1979; 1981); KELLY-GADOL (1976); GILLIGAN (1972).
2 Véanse, por ejemplo: ROSSITER (1982b); WALSH (1 977)_
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30 Ciencia y feminismo
hombres que entre las mujeres, cuando se sugiere que el enfoque del método
científico sobre las diferencias pueda tener que ver con el androcentrismo que
rodea esos problemas y con la posibilidad de que la preocupación de la biología,
la antropología y la psicología por las relaciones interactivas entre organismos y
entre organismos y ambientes refleje formas específicamente femeninas de con-
ceptuar relaciones muy abstractas 3 .
Pero la biología sólo es uno de los objetivos de las críticas feministas de la
ciencia. En general, las áreas en las que hace falta utilizar el género como cate-
goría analítica y el sentido en el que tenga que orientarse esa teorización siguen
sin estar claros para muchas críticas feministas de la ciencia natural y resultan
totalmente incomprensibles para la mayoría de los científicos no feministas, así
como para los historiadores, sociólogos y filósofos de la ciencia. Al menos, algu-
nas críticas disponen de los recursos de sus disciplinas científicas sociales y de
la crítica literaria para tratar de comprender la ciencia natural en términos de las
categorías de género. Los métodos del psicoanálisis, la historia, la sociología, la
antropología, la teoría política y la crítica literaria han conseguido valiosas intui-
ciones; sin embargo, la formación científica (e incluyo la formación en la filosofía
de la ciencia) es hostil a estos métodos de búsqueda del saber sobre la vida
social, y la teoría del género es una teoría sobre la vida social. Es característico
que, en la socialización de los científicos y de los filósofos de la ciencia, no se
valoran los enfoques del psicoanálisis, de la crítica literaria ni de la crítica inter-
pretativa que, en la historia y la antropología, se encuentran entre los modos de
búsqueda del conocimiento. Por eso, no puede extrañarnos que tengamos difi-
cultades para teorizar sobre los efectos del simbolismo del género, la estructura
de género y el género individual en las ciencias naturales.
En las ciencias sociales, las áreas más proclives a la introducción del género
como categoría teórica son las que disponen de una tradición crítica interpretati-
va fuerte (digo "crítica" para distinguir esta teoría de la acción y las creencias
humanas de los tipos de interpretaciones y racionalizaciones inconscientes que
nos damos rutinariamente a nosotros mismos y a los demás para explicar nues-
tras creencias y acciones). Estas tradiciones establecen la hipótesis de que, a
veces, "los nativos" emprenden acciones irracionales y mantienen creencias irra-
cionales que anulan los objetivos conscientes, los intereses inconscientes o
ambos de los actores. Hay que buscar las causas en las condiciones sociales
contradictorias, situaciones en las que nada se gana, en las que los humanos
deben escoger unas acciones y mantener unas creencias. MARX y FREUD consti-
tuyen dos casos de teóricos que trataron de identificar las condiciones sociales
que llevan a grupos de individuos hacia unas pautas de acción y creencia irracio-
No obstante, estas sugerencias suscitan tantas preguntas como respuestas. Por ejemplo,
¿acaso este enfoque no tiende a universalizar lo femenino, reforzando, por tanto, ciertas inclinaciones
modernas del feminismo hacia una política (y una epistemología) basada en identidades, en vez de
en solidaridades? ¿Y los modelos interactivos no constituyen la alternativa evidente a los modelos
jerárquicos del dogma darwiniano? Es decir, ¿las razones internas a la lógica del desarrollo teórico no
indican el carácter provechoso de la búsqueda de modelos interactivos en este momento de la histo-
ria de las ciencias biológicas? Es más, ¿acaso el deseo de sustituir los modelos jerárquicos por los
interactivos no refleja determinadas realidades políticas, reconocidas de modo bastante general, en
este momento de la historia del mundo y no sólo características femeninas? Volveremos más ade-
lante sobre estas cuestiones.
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El género y la ciencia: dos conceptos problemáticos 31
nales. Los efectos de sus propuestas metodológicas pueden observarse en las
tradiciones críticas interpretativas de muchas áreas de investigación de la ciencia
social —con independencia de que se consideren marxistas o freudianas o se
ocupen de los tipos específicos de fenómenos sociales que interesaban a MARX y a
FREUD—. En estas tradiciones de investigación, es legítimo y, a menudo, obligato-
rio reflexionar sobre los orígenes de los sistemas conceptuales y de las pautas de
conducta e incluir en la reflexión los sistemas conceptuales y conductas que con-
figuran los supuestos básicos y actividades del mismo investigador. Aquí no sólo
hay espacio conceptual, sino también —podemos decir— permiso moral para
reflexionar sobre los aspectos generizados de los sistemas conceptuales y sobre
las circunstancias de género en las que se adoptan las creencias. En contraste,
los programas de investigación en los que permanecen vigentes las filosofías
empiristas y positivistas de la ciencia social se han mostrado sistemáticamente
contrarios a elevar el género a una categoría teórica 4. En el mejor de los casos,
se han mostrado dispuestos a añadir el género como variable que se debe anali-
zar en su campo (como una propiedad de los individuos y de sus conductas, pero
no como estructuras sociales y sistemas conceptuales, también).
Las ciencias físicas constituyen el origen de esta filosofía positivista, excesi-
vamente empirista. Parece que su objeto asocia¡ y el carácter paradigmático de
sus métodos impiden la reflexión crítica sobre las influencias sociales de sus sis-
temas conceptuales; en efecto, el dogma predominante sostiene que la ciencia
moderna tiene la ventaja de hacer innecesaria esa reflexión. Se ha dicho que la
física y la química modernas eliminan las características antropomórficas de la
ciencia medieval y de la teorización que podemos observar en las culturas "primi-
tivas" y en los niños —por no hablar de las ciencias sociales y las humanidades.
El progresismo social, el "positivismo", de la ciencia moderna se encuentra por
completo en su método. Se piensa que no hace falta formar a los físicos, los quí-
micos y los biólogos como teóricos críticos; en consecuencia, ni su formación ni
el carácter propio de la empresa científica estimulan el desarrollo o el aprecio de
la teoría crítica interpretativa ni las destrezas que han demostrado su utilidad en
las ciencias sociales.
Sin embargo, la historia, la sociología y la filosofía de la ciencia no son cien-
cias naturales. Sus objetos son las creencias y prácticas sociales. La filosofía de
la ciencia se centra en las creencias y prácticas ideales; la historia y la sociología
de la ciencia se ocupan de las creencias y prácticas reales. Con independencia de
su carácter ideal o real, los objetos de estas disciplinas son las creencias y prác-
ticas sociales. A este respecto, habría que pensar que la teoría y las destrezas
críticas interpretativas son fundamentales para comprender cómo explican y
' Véase STAcEY y THORNE (1986), que hacen una serie de observaciones al respecto en relación
con la sociología. Pauline BAPT ha señalado también (en conversación) que, al especular sobre las
resistencias comparativas que presentan diversos campos disciplinarios frente a las intuiciones femi-
nistas, no debemos subestimar los niveles comparativos de amenaza personal y política que, por
ejemplo, suponen para los líderes de estos campos —hombres, sobre todo— los análisis sociológicos
de las culturas contemporáneas y próximas, en comparación con los análisis históricos y antropológi-
cos de culturas muy distantes de nosotros en el espacio o en el tiempo- Esta línea de razonamiento
apoya ml argumentación de que las criticas feministas de las ciencias naturales se enfrentan con una
hostilidad aún mayor que la encontrada por las críticas en otros campos; la racionalidad científica está
directamente implicada en el mantenimiento de la masculinidad en nuestro tipo de cultura.
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32 Ciencia y feminismo
deberían explicar los científicos las regularidades del mundo natural y sus tenden-
cias causales subyacentes. La sociología del conocimiento adopta este enfoque,
aunque limitado por su preocupación por lo que podemos denominar "sociología
del error" y "sociología de las personas que conocen" para su exclusión de la
sociología del conocimiento s. Y también esta tradición ha sido decididamente an-
drocéntrica. Pero, androcéntrica o no, su influencia en el pensamiento sobre la
ciencia natural no se aprecia aún en la filosofía de la ciencia ni en las ciencias
naturales y sólo está empezando a hacerse notar en la sociología tradicional y en
la historia de la ciencia. Las filosofías empiristas, hostiles a las teorías de la for-
mación de la creencia, en las que el género puede entenderse como un elemento
de los esquemas conceptuales de la ciencia, como una forma de organizar el tra-
bajo social de la ciencia o como un aspecto de la identidad individual de los cientí-
ficos, han dominado la filosofía, la sociología y la historia de las ciencias naturales.
Por estas razones, las críticas feministas de la ciencia se enfrentan a obs-
táculos disciplinarios aún mayores que los que se oponen a las feministas que tra-
tan de introducir el género como categoría teórica en las ciencias sociales, la lite-
ratura y las artes. Estos obstáculos parecen derivarse de la idea poco corriente
que tienen los entusiastas de la ciencia sobre el modo más adecuado de enten-
der la historia y las prácticas de la ciencia; nos dicen que este tipo de actividad
sólo debe entenderse tal como sus entusiastas comprenden sus propias activi-
dades: en los términos de las interpretaciones inconscientes, acríticas, que "los
nativos" hacen de sus creencias y actividades. Es decir, los científicos informan
sobre sus actividades y los filósofos e historiadores de la ciencia interpretan esos
informes de manera que podamos explicar "racionalmente" el crecimiento del
conocimiento científico en los mismos términos morales, políticos y epistemológi-
cos que los científicos utilizan para explicar sus actividades a quienes las finan-
cian o a los críticos de la ciencia.
Los teóricos sociales se darán cuenta de que este enfoque es hermenéutico,
intencional ista, y que evita sistemáticamente el examen crítico de las influencias
causales e históricas identificables en el crecimiento de la ciencia, externas a la
conciencia intelectual, moral y política de los prácticos y entusiastas de la cien-
cia 6. La explicación alternativa de KuHN sobre la historia de la ciencia ha genera-
do una auténtica nueva industria de estudios sociales de la ciencia, estudios que
han empezado a demostrar la mistificación perpetrada por las llamadas "recons-
trucciones racionales" 7. Pero la ciencia tradicional y el entusiasmo filosófico y
popular con respecto a la visión tradicional de la ciencia siguen mostrándose obs-
tinadamente reacios a tales explicaciones causales críticas. Desde esta perspec-
tiva, puede comprenderse que el naturalismo del enfoque de la ciencia que adop-
to en este libro es más completo que el que, aparentemente, están dispuestos a
defender los entusiastas de la ciencia: trato de identificar las tendencias causales
presentes en la vida social que dejan huellas de género en todos los aspectos de
la empresa científica.
Véase en BLOOR (1977) una crítica de las sociologías del error y de las personas que conocen
o conocedores (knowers).
° Véase en FAY y MooN (1977) una exposición de las ventajas e inconvenientes de los enfoques
intencionalistas de la investigación social.
KUHN (1970).
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El género y la ciencia: dos conceptos problemáticos 33
¿Es, acaso, paradójico que la ciencia natural, que se presenta como el para-
digma del pensamiento crítico y racional, trate de sofocar precisamente el tipo de
pensamiento crítico y racional que insiste debemos ejercitar en otras actividades
sociales cuando se ocupa de su propio carácter y sus proyectos? Quizá no, si
tenemos en cuenta que la historia que la ciencia hace de sí misma aparece como
una especie de mito de los orígenes. La autoimagen de la ciencia presenta un
mito sobre quién es "nuestro tipo" de persona y sobre el destino que nos reservan
la naturaleza y la racionalidad científica. Como nos dicen los antropólogos, los
mitos de los orígenes violan, con frecuencia, las mismas categorías que generan:
en otras culturas pueden decirnos que las creencias surgieron mediante el inces-
to, el canibalismo, la bestialidad, las uniones sexuales entre dioses y mortales;
actividades que, más tarde, quedaron prohibidas en esas culturas. El mito de los
orígenes de nuestra cultura científica nos dice que, en parte, surgimos gracias al
tipo de pensamiento crítico sobre las relaciones sociales entre la investigación
medieval y la sociedad que, más tarde, quedó prohibido en nuestra cultura cientí-
fica. Se trata de una concepción mágica —y quizá, incluso, religiosa o mística—
de la búsqueda ideal del conocimiento. Se excluye de las categorías y actividades
que impone a todo lo demás. Recomienda que utilicemos el análisis causal y el
examen crítico de las creencias heredadas para comprenderlo todo, salvo la cien-
cia misma.
Los dogmas de! empirismo
Las concepciones empiristas del método científico y la misma empresa cientí-
fica ponen obstáculos tanto para el pensamiento feminista sobre la ciencia como en
su interior. Creo que debemos considerar estas creencias mistificadoras como
reflejos de los "dogmas del empirismo", tan conocidos por los filósofos, y como adi-
ciones a los mismos.
En los años cincuenta, el filósofo de la ciencia Willard van Orman QUINE
señaló dos dogmas del empirismo que pensaba había que abandonar. "El empi-
rismo moderno ha estado condicionado, en parte, por dos dogmas. Uno consiste
en la creencia en la diferencia fundamental entre unas verdades que son analíti-
cas, basadas en los significados, con independencia de los hechos, y las verda-
des síntéticas, basadas en los hechos. El otro dogma es el reduccionísmo: la
creencia de que todo enunciado significativo es equivalente a algún constructo
lógico sobre términos referidos a la experiencia inmediata" 8 . QUINE sostiene que
ambos dogmas están mal fundamentados y que, si se abandonasen, nos incli-
naríamos a considerar que ¡a presunta distinción radical entre la ciencia natural y
la metafísica no es tan clara. También reconoceríamos las normas pragmáticas
que, en el mejor de los casos, tenemos para juzgar la adecuación de los enun-
ciados científicos.
Desde entonces, los historiadores y sociólogos de la ciencia, así como los
filósofos, se han sumado a la oposición de QUINE frente a estos dos dogmas del
empirismo. Los estudios sobre la construcción social de lo que se considera real
8 QUINE (1953, pág. 20).
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34 Ciencia y feminismo
—tanto dentro como fuera de la historia de la ciencia— hacen muy difícil creer
que pueda haber ningún tipo de descripciones de la experiencia inmediata, in-
dependientes de los valores, a los que nuestros enunciados de conocimientos
puedan "reducir" o transformar en pensamientos equivalentes. Es más, en la
actualidad, se acepta de forma generalizada la primera afirmación de QUINE res-
pecto a que, cuando entra en juego lo epistemológico, nunca podemos afirmar
con seguridad cuándo respondemos a las compulsiones de nuestro lenguaje o a
las de nuestra experiencia. No pueden separarse los hechos de sus significados.
Por tanto, el tipo de prueba de aceptabilidad lógica de un enunciado o razona-
miento no difiere, en último extremo, del de las pruebas de su adecuación empí-
rica. En ambos casos, sólo podemos remitirnos a la experiencia (social) expresa-
da a través del lenguaje (culturalmente configurado) (a QUINE no le preocupaba lo
que provoca la variación social en la experiencia o en el lenguaje). QUINE reco-
mendaba sustituir las cuestiones pragmáticas y conductistas por las filosóficas
tradicionales, reemplazando las preocupaciones filosóficas que consideraba ina-
ceptables por las científicas que le parecían deseables. Podemos apreciar las
tendencias pragmáticas de su pensamiento sin que tengamos que estar de
acuerdo con su conductismo —con su programa para reemplazar la filosofía por
lo que, para muchos teóricos y teóricas, sigue siendo una ciencia social excesi-
vamente reduccionista y obsesivamente empirista.
Los temas filosóficos que preocupaban a QUINE se desarrollaron como lo
hicieron en su momento para explicar la aparición de la ciencia moderna 9; los filó-
sofos y los científicos mostraban su aceptación explícita de dichos dogmas. No
obstante, tanto la oposición de las ciencias naturales a la crítica feminista como
las muchas contradicciones teóricas y políticas presentes en las críticas feminis-
tas ponen de manifiesto que, en modo alguno, se han abandonado los dogmas
señalados por QUINE —que no son sólo dos— ni en el pensamiento académico ni
en el popular sobre la ciencia.
Quiero exponer aquí una serie de reflexiones y de adiciones en relación con
los supuestos básicos criticados por QUINE que siguen constituyendo unos obs-
táculos conceptuales en contra de nuestras posibilidades de análisis de la ciencia
como actividad plenamente social también. Me parece que estas creencias de-
masiado empiristas todavía se hacen sentir en la mayoría de las críticas feminis-
tas de la ciencia, impidiéndonos teorizar adecuadamente sobre el género en las
descripciones feministas de la ciencia. Más aun, la creencia en estos dogmas lle-
va a los científicos y a los filósofos e historiadores tradicionales a mostrar su hos-
tilidad a la misma idea de una crítica feminista de la ciencia.
Ciencia sagrada
Ya he aludido a uno de estos dogmas: la creencia en que la ciencia constitu-
ye un tipo de actividad social fundamentalmente único. Como otras historias de
los orígenes, la ideología de la ciencia sostiene que la ciencia viola las mismas
categorías que produce. Se nos ha dicho que la comprensión humana disminuye,
Véase florn (1979).
0 Ediciones Morata, S. L.
El género y Ja ciencia: dos conceptos problemáticos 35
en vez de aumentar, cuando se pretende explicar la naturaleza y la estructura de
la actividad científica tal como la misma ciencia recomienda hacer en relación con
todas las demás actividades sociales. Esta creencia convierte en sagrada la cien-
cia. Llega, incluso, a retirar a los científicos del campo de lo plenamente humano;
al menos, según su punto de vista y el de los entusiastas de la ciencia. Pone lími-
tes a la racionalidad humana mediante argumentos que parecen más religiosos o
místicos que otra cosa.
Podemos mostrar que el problema radica en las concepciones inadecuadas
de la racionalidad científica y no en enunciados específicamente feministas si
tenemos en cuenta las siguientes hipótesis, que ni siquiera se refieren al género:
A. La aportación previsible que podría hacerla física al bienestar social en la
actualidad es relativamente despreciable, dado que los mayores obstáculos para
ese bienestar son las injusticias morales y políticas y no la ignorancia de las leyes
de la naturaleza.
B. En una sociedad socialmente estratificada, "más ciencia" tiende a intensi-
ficar la estratificación social.
C. Aunque es posible que los científicos individuales se muevan por los más
elevados objetivos personales e ideales sociales, de hecho, sus actividades rea-
les sirven, ante todo, para aumentar los beneficios de unos pocos y mantener su
control social sobre la mayoría.
Estas afirmaciones pueden ser verdaderas o falsas; creo que se acercan más
a la verdad que a la falsedad. La determinación de una u otra —su correspon-
dencia con la forma de ser del mundo— debe considerarse como una cuestión
susceptible de investigación empírica. Sin embargo, para la inmensa mayoría de
los científicos y no científicos, estos enunciados son blasfemos; no se consideran
como hipótesis atrevidas que deban investigarse científicamente para determinar
si pueden refutarse o no, sino como desafíos psicológicos, morales y políticos que
amenazan la fe occidental en el progreso a través de un conocimiento empírico
cada vez mayor. También se contemplan como desafíos a la inteligencia y la
moral de las mujeres y hombres muy brillantes y bien intencionados que se inician
y siguen haciendo ciencia. Las respuestas habituales a estas ideas consisten en
arquear las cejas, en lanzar sonrisas displicentes (no dirigidas a quien habla) o en
miradas abiertamente hostiles; respuestas que no se ajustan con facilidad al
paradigma de la argumentación racional. También pueden optar por decir que
creen que lo que oyen no son sino afrentas personales: "Usted debe odiar a los
científicos"; como si sólo una desastrosa experiencia personal o una mente per-
versa pudiera pensar en la conveniencia de estudiar tales hipótesis. Estos tipos
de enunciados no sólo plantean la posibilidad de efectuar el interesante descu-
brimiento científico de que hayamos estado equivocados con respecto al carácter
progresista de la ciencia, sino una dolorosa y tensa confrontación con unos valo-
res morales y políticos incoherentes con los que, al parecer de la mayoría de las
personas, dan a la vida social occidental su impulso y orientación deseables. Es
evidente que esta cuestión tiene mucha más importancia que la comprobación de
hipótesis frente a los hechos; del mismo modo que la aceptación social de la
visión copernicana del mundo era mucho más importante que la relación entre las
hipótesis de COPÉRNICO y las pruebas obtenidas gracias al telescopio de GALILEO.
El proyecto que la sacralización de la ciencia convierte en tabú no consiste
sino en someter la ciencia al tipo de examen que se aplica a cualqu(er otra insti-
© Ediciones Morata, S. L.
36 Ciencia y feminismo
tución o conjunto de prácticas sociales. Si, en estos enunciados, sustituyéramos
"ciencia" por "novelas", "teatro", "matrimonio" o "educación financiada con fondos
públicos", muchas personas podrían considerarse ultrajadas (o pensar que esos
enunciados son puras estupideces), pero las hipótesis no producirían la misma
sensación profunda de amenaza a nuestras intuiciones morales, políticas y psi-
cológicas. ¿Por qué es tabú decir que la ciencia natural es también una actividad
social, un conjunto de prácticas sociales, históricamente cambiante?, ¿por qué lo
es decir que una valoración completa y científica de la ciencia requiere descrip-
ciones y explicaciones de las regularidades y tendencias causales subyacentes
de las propias prácticas y creencias sociales de la ciencia?, ¿por qué ha de ser
tabú decir que es posible que los científicos y los entusiastas de la ciencia sean
los menos indicados para comprender adecuadamente las causas y significados
reales de sus propias actividades? ¿A qué otra "comunidad de nativos" le dejaría-
mos la última palabra sobre las causas, consecuencias y significados sociales de
sus propias creencias e instituciones? Si no estamos dispuestos a tratar de con-
templar las favorecidas estructuras y prácticas intelectuales de la ciencia como
artefactos culturales, en vez de como mandamientos sagrados entregados a la
humanidad en el nacimiento de la ciencia moderna, será difícil que podamos
entender cómo han dejado su huella en los problemas, conceptos, teorías, méto-
dos, interpretaciones, ética, significados y objetivos de la ciencia el simbolismo de
género, la estructura social generizada de la ciencia y las identidades y conduc-
tas masculinas de los científicos individuales.
Examinemos cómo se defienden estas creencias en el carácter sagrado de la
ciencia. Se nos dice que la ciencia y la sociedad están separadas, desde el pun-
to de vista analítico. Por tanto, los valores sociales se distinguen de los hechos
(en detrimento de la determinación de estos últimos); los significados que los
enunciados científicos encierran en una cultura son diferentes de lo que en reali-
dad dicen los enunciados científicos (e irrelevantes al respecto); la consideración
de los usos y abusos sociales de la ciencia se diferencia de las valoraciones del
progresismo de la ciencia (y carece de importancia a efectos de esas valoracio-
nes); los orígenes sociales de los problemas, conceptos y teorías de la ciencia
difieren de la "bondad" de dichos problemas, conceptos y teorías (y son irrelevantes
en relación con esa "bondad"). Siempre que surge alguna crítica social de la cien-
cia, esas creencias se defienden de un modo u otro. Es más, estas creencias
otorgan apoyo permanente a esas descripciones que dan por supuesto que los
lenguajes, los significados y las estructuras de la ciencia son característicamente
asociales, como pone de manifiesto una rápida ojeada a cualquiera de las re-
vistas o textos de la filosofía de la ciencia al uso. Estas creencias estructuran la
disputa entre interioristas y exterioristas en la historia de la ciencia, y garantizan
que la mayoría de los entusiastas de la ciencia entiendan por "historia de la
ciencia" la historia de las creencias científicas conscientes, exclusivamente.
Los defensores de la escisión analítica entre ciencia y sociedad dirán que
quizá la ciencia no sea inmune a todo tipo de influencias sociales; cualquiera pue-
de ver que las idiosincrasias de los investigadores individuales han influido en la
historia de la ciencia —de lo contrario, ¿por qué íbamos a dar los premios Nobel
a unos individuos y no a otros? Y ciertamente, las prioridades de financiación de
la economía y del Estado influyen en la selección de los problemas. Y también es
cierto que, a veces, unas investigaciones de mala calidad duran más tiempo del
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El género y la ciencia: dos conceptos problemáticos 37
que debieran a causa del entusiasmo social que suscitan las pésimas interpre-
taciones de sus resultados: pensemos en el Iysenkismo* y en la "ciencia nazi",
dicen. Y, por supuesto, el entusiasmo por la ciencia moderna está motivado fun-
damentalmente por los valores sociales democráticos: la ciencia se constitu-
ye gracias a determinados valores sociales, pero, en el mejor de los casos, no
defiende ni recomienda ningunos en concreto.
Los defensores de la fundamental neutralidad de la ciencia con respecto a los
valores, de su pureza, quieren decir, en realidad, que la lógica y la metodología
de la ciencia y el núcleo empírico de hechos científicos que aquéllas producen
son totalmente inmunes a las influencias sociales; que, a largo plazo, la lógica y
el método científico separan lo material concreto de lo social en los resultados de
la investigación científica. Pero trataremos de localizar el núcleo puro, indepen-
diente de valores de la ciencia, responsable del presunto progresismo intrínseco
al método científico en los enunciados de modelos de la física, en el lenguaje
matemático de la ciencia y en el razonamiento lógico. Si, como sostengo, no pue-
de encontrarse en estos lugares la ciencia pura, ¿dónde podremos buscarla?
No sabemos dónde se encuentran los orígenes históricos de la creencia mís-
tica de que el progresismo intrínseco de la ciencia reside en la separación de su
lógica de sus orígenes, usos y significados sociales; el Capítulo IX examina las
razones políticas de su adopción. Antes de NEWTON, no existía esa visión positi-
vista de la ciencia (aunque el término "positivismo" apareció mucho más tarde, la
idea puede descubrirse ya en el pensamiento de finales del siglo XVII). Hoy día, no
existe tal separación, pero su fetiche persiste.
La ciencia: ¿método único o conjunto de frases?
La acusación feminista de que la ciencia está generizada, ¿tiene que fundar-
se en la demostración de que el método científico es sexista? Una ciencia no mar-
cada por el género, ¿producirá un método nuevo de búsqueda del conocimiento?
O la acusación feminista tiene que basarse en la demostración de que los enun-
ciados mejor confirmados producidos por las ciencias son sexistas? ¿Acaso tie-
ne que demostrar que las leyes de NEWTON O de EINSTEIN 50fl sexistas con el fin
de aportar un razonamiento aceptable sobre el carácter generizado de la ciencia?
La idea corriente (o dogma) consiste en que el carácter único de la ciencia se
halla en su método para adquirir descripciones y explicaciones fiables de las
regularidades de la naturaleza y de sus causas subyacentes. Los autores de tex-
tos científicos escriben sobre la importancia de la observación independiente de
valores, en cuanto prueba de las creencias y, especialmente, sobre la recolección
* Lysenkismo: Ideología científica promovida en la URSS entre 1940 y 1965, derivada de las
teorías del agrónomo y biólogo soviético Trofim Denisovich Lysenko (1898-1976). Esta posición ase-
gura que en la herencia no desempeñan ningún papel relevante los cromosomas y los genes. Su
orientación lamarckiana le lleva a proponer un ambiguo principio de la "unidad del organismo con el
ambiente" y a sostener en la evolución de los organismos sólo la herencia de las modificaciones pro-
movidas por el entorno y por los efectos del uso y desuso de órganos. Su pretensión era la de cons-
truir una "biología comunista" y refutar las posiciones mendelianas a las que calificaban de ciencia
burguesa. (N. del R.)
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38 Ciencia y feminismo
de observaciones mediante el "método científico". Se ha dicho que la refinada
observación, característica del método experimental, permitió que las posturas
de GALILEO y NEWTON prevalecieran sobre las de PTOLOMEO y ARISTÓTELES.
Pero lo exclusivo de este método sigue sin estar claro. Por una parte, las dis-
tintas ciencias utilizan métodos diferentes; no tienen mucho en común los méto-
dos de la astronomía, la física de partículas y la biología molecular. Por otra, en
determinados aspectos de lo que se consideran ciencias muy rigurosas e inde-
pendientes de valores —la astronomía y la geología contemporáneas, por ejem-
plo— el experimento controlado desempeña una función extremadamente redu-
cida. Y dicho tipo de experimento no es una invención moderna —después de
todo, ARISTÓTELES era un experimentalista. Es más, si tratamos de identificar las
características metodológicas formales de la búsqueda del conocimiento, exclui-
remos de las filas de los científicos a los agricultores de las sociedades campesi-
nas premodernas, aunque incluiremos en ellas a los jóvenes, y sin embargo muy
preparados miembros de los equipos de investigación bioquímica. Cuando nos
adentramos en la filosofía de la ciencia, se nos dice que la inducción y la deduc-
ción son las presuntas competidoras por los laureles correspondientes al ele-
mento fundamental del método científico 10. Pero, podemos suponer que los
niños, así como los simios y los perros, utilizan con regularidad la inducción y la
deducción. Estas consideraciones suscitan la sospecha de que la ciencia es, a
la vez, más y menos que cualquier posible definición del método científico.
Ante estas clases de argumentos, un filósofo de la ciencia de primera fila dice
que lo que distingue la explicación científica de la no científica es la actitud de la
ciencia con respecto a sus enunciados' 1. Es decir, lo que convierte una creencia
o actividad en científica es la postura psicológica que se adopta ante ella. En
todas las demás formas de búsqueda humana de conocimientos, podemos iden-
tificar supuestos básicos considerados sagrados, inmunes a la refutación por la
experiencia; las explicaciones ofrecidas por las culturas "primitivas", no occiden-
tales, por la teología, la teoría psicoanalítica, la economía política marxista y la
astrología constituyen ejemplos favoritos de tales pseudoexplicaciones. Se nos
dice que sólo la ciencia mantiene abiertas sus creencias a la refutación por la
experiencia.
Sin embargo, en determinadas áreas de investigación científica, puede
demostrarse con facilidad la inmunidad a la crítica de los supuestos básicos. ¿Por
qué ha de ser diferente la situación en la totalidad del mundo científico? ¿Qué
ocurre (nos sentimos tentadas a preguntar) con la creencia en la inexistencia de
hechos físicos no causados? O, ¿cómo podemos distinguir, de forma significati-
va, entre los hechos y procesos físicos y no físicos del mundo?
A la luz de estos tipos de consideraciones, es difícil comprender por qué una
ciencia característicamente feminista tendría que elaborar un nuevo método, al
menos si no entendemos por "método científico" nada más que: 1) someter las
creencias a la prueba de la observación experimental; 2) fundarse en la inducción
y en la deducción, y 3) estar dispuestas a mantener abiertos nuestros supuestos
básicos a la crítica. Las dos primeras actividades no son en absoluto exclusivas
° POPPER (1959; 1972); cf. HARDING (1976).
11
POPPER (1959; 1972).
© Ediciones Morata, S. L.
El género y la ciencia: dos conceptos problemáticos 39
de la ciencia moderna, y la tercera no es característica de lo que cada cual con-
sidera como investigación más rigurosa, desde el punto de vista metodológico.
Este dogma sólo encierra la reducción del presunto carácter progresista inheren-
te a la ciencia a una idea mitologizada y oscura de su método (esto debería ser,
aunque no siempre lo es, lo que criticasen las feministas cuando se oponen al
positivismo), pero sigue siendo imposible especificar de manera aceptable las
características distintivas de este método científico.
En la historia de la preocupación filosófica y científica por la ciencia como
conjunto paradigmático particular de oraciones aparece otra concepción que no
contribuye a aclarar la situación. Dos de los ejemplos citados con mayor frecuen-
cia son las expresiones matemáticas de las leyes de la mecánica de NEWTON O de
la teoría de la relatividad de EINSTEIN. Se dice que, a menos que los críticos pue-
dan demostrar que estos enunciados matemáticos están lastrados con valores,
no puede sostenerse la hipótesis de que los valores sociales —y mucho menos
los valores de género— impregnen la ciencia que tenemos. Pero, ¿por qué segui-
mos considerando la física como el paradigma de la búsqueda científica del cono-
cimiento? Y, ¿acaso es cierto que los enunciados matemáticos no presentan hue-
llas sociales, que hay algo así como la matemática pura?
Física para digmá tica
Los físicos, los químicos, los filósofos de la ciencia y la mayoría de nosotros
creemos que la física es el paradigma de la ciencia y que ésta es inimaginable
sin la física como paradigma. Da vértigo pensar que, quizá, en la ciencia del fu-
turo, la física quede relegada a una posición marginal en la búsqueda del cono-
cimiento y se ocupe sólo de problemas esotéricos que tengan poco que ver con
nuestra forma de vivir. Hoy día, incluso, es posible que sus problemas, métodos y
lenguajes privilegiados constituyan ya ejemplos atípicos característicos de inves-
tigación científica que no deberían considerarse como modelos para otras áreas.
Podemos pensar en ello aunque apreciemos las razones históricas por las que la
física se convirtió en el paradigma de la investigación científica: la física de NEW-
TON hizo posible una comprensión mucho más útil de muchas clases de fenóme-
nos que la física aristotélica que reemplazó, y su éxito explicativo suscitó un gran
optimismo con respecto a que el "método" de NEWTON pudiera cosechar éxitos
similares en todas las áreas de la investigación humana. En realidad, el mecanis-
mo, la metafísica de las leyes de NEWTON, sigue orientando investigaciones útiles
en muchas áreas de las ciencias físicas, aunque sus limitaciones se hacen cada
vez más evidentes. No obstante, como señala KUHN, las teorías paradigmáticas
en determinadas áreas de investigación acaban agotándose como orientaciones
fructíferas para la investigación. ¿Acaso no será cierto también esto con respec-
to a la ciencia en su totalidad?
Si es razonable pensar que la física tenga que ser siempre el paradigma de la
ciencia, el feminismo fracasará en su intento de "probar" que la ciencia es una
actividad humana tan generizada como cualquier otra, a menos que pueda de-
mostrar que los problemas, conceptos, teorías, lenguaje y métodos específicos
de la física moderna están generizados —en especial, hay filósofos, matemáti-
cos y físicos que sostienen que las expresiones matemáticas de las leyes de la
© Ediciones Morata, S. L.
40 Ciencia y feminismo
mecánica de NEWTON y de la teoría de la relatividad de EINSTEIN están generiza-
das. Sin duda, podemos distinguir la estructura lógica y el contenido empírico de
la creencia científica, neutrales con respecto a los valores, de sus orígenes, sig-
nificados y aplicaciones sociales. Desde esta perspectiva, parece que las críticas
feministas de la ciencia sólo tienen como objetivo las ciencias biológicas y socia-
les, "menos rigurosas" o "menos maduras". La oposición a la viabilidad de la crí-
tica feminista descansa en la neutralidad, con respecto a los valores, de las
expresiones matemáticas de las leyes de la física. En consecuencia, puede dar
la sensación de que las críticas feministas apoyan la afirmación de que los ejem-
plos específicos de ciencia sexista y androcéntrica sólo son casos de "mala cien-
cia", de que una mayor atención a las restricciones metodológicas, de las que es
modelo la física, en todas las investigaciones se traduciría en una ciencia libre de
sexismo y de androcentrismo.
Sin embargo, todas las razones aducidas por los científicos sociales respecto
a que la investigación social necesita unos supuestos metafísicos básicos y unos
métodos diferentes de los de la investigación en física pueden hacer pensar que
se está deteriorando la categoría de la física como modelo de ciencia 12. Yo sos-
tengo que una ciencia social crítica y reflexiva debe ser el modelo de todas las
ciencias y que, si la física presenta unos requisitos especiales para llegar a expli-
caciones adecuadas, son precisamente eso: especiales (veremos que gran parte
de la biología debería conceptuarse ya como ciencia social. Si pensamos en ella
como el puente entre —o, desde una perspectiva postmodernista, el crisol en el
que se forjan— lo natural y lo social, la naturaleza y la cultura, la biología debe
adoptar, con frecuencia, unos tipos de supuestos básicos metafísicos y meto-
dológicos muy alejados de la física y de la química). Veamos cómo los argumen-
tos sobre las distintas condiciones necesarias para una investigación social ade-
cuada pueden transformarse en argumentos para considerar que las condiciones
de la explicación científica en física no son paradigmáticas.
En primer lugar, el objeto de la tísica es mucho menos complejo que los de la
biología y las ciencias sociales, hasta el punto de que Ja diferencia entre ambos
no sólo es cuantitativa, sino cualitativa también. La física se ocupa de sistemas
simples o de aspectos simples de sistemas complejos. El modelo estándar del
sistema solar es un ejemplo de los primeros; los aspectos de los sistemas fisioló-
gicos o ecológicos que puede explicar la física son ejemplos de los segundos. La
razón fundamental de la simplicidad de estos sistemas y de la capacidad de sus
modelos para hacer previsiones fiables es que se conceptúan como cerrados y
deterministas. Sin embargo, la actividad humana tiene consecuencias para el fun-
cionamiento del sistema solar (presumiblemente, podríamos hacer desaparecer
este planeta). Pero las regularidades y las tendencias causales de esos tipos de
"interferencias" no forman parte de las preocupaciones profesionales de los físi-
cos. Mientras que las ciencias sociales deben tener en cuenta las restricciones
físicas de los fenómenos que estudian, los objetos, hechos y procesos de los que
se ocupan los científicos físicos se limitan a los que pueden aislarse de las
restricciones sociales.
12
Véase en FAY y MooN (1977) una revisión del pensamiento de los filósofos de la corriente pre-
dominante acerca de las diferencias entre la física y las ciencias sociales.
© Ediciones Morata, S. L.
El género y la Ciencia: dos conceptos problemáticos 41
En segundo lugar, los conceptos e hipótesis de la física requieren actos de
interpretación social de no menor envergadura que los de las ciencias sociales.
Los significados sociales que las explicaciones de la física tienen para los físicos
y para el "hombre y la mujer de la calle" son componentes necesarios de esas
explicaciones, y no accidentes históricos irrelevantes, desde el punto de vista de la
ciencia. Quizá resulte atractivo imaginar que las formulaciones matemáticas de las
leyes de NEWTON son las explicaciones de los movimientos de la materia porque
hacernos una idea de lo que significan estas fórmulas en el lenguaje ordinario sólo
supone un pequeño esfuerzo para nuestra forma moderna de pensar. Pero,
¿tendríamos que pensar que una fórmula tan larga que sólo un ordenador pudie-
ra leerla en una hora fuese una explicación de un tipo de fenómeno? La respues-
ta es "no". Una explicación es un tipo de logro social. Una presunta explicación que
no pudiese comprender una mente humana no puede considerarse explicación. Si
ningún humano puede entenderla, si no puede tenerla en la mente, no se ha con-
seguido la explicación. En otras palabras, las explicaciones de NEWTON no sólo
incluyen las expresiones matemáticas de sus leyes, sino también las interpreta-
ciones de esas fórmulas, que nos permiten conocer cuándo nos hallamos ante
casos que sirven de ejemplos concretos de esas fórmulas. La fórmula "1 + 1 = 2"
carece de sentido salvo que se nos diga a qué se refiere "1", "+", "=", etcétera. La
historia de la química puede entenderse, en parte, como la lucha para determinar
lo que ha de entenderse por "1", "+" e "=" de la "adición" química. Y no sólo se
debaten en física y en química los significados y referentes adecuados de estos
términos, en apariencia evidentes. Como se dice que señaló un famoso físico, si
ponemos en una jaula un león y un conejo, difícilmente encontraremos en la jau-
la dos animales una hora después! Las fórmulas científicas son como los juicios
en los tribunales: las leyes sólo adquieren sentido mediante el aprendizaje (o la
decisión) de cómo aplicarlas, y eso constituye un proceso de interpretación social.
Podemos considerar otra forma de ver que la interpretación social es un com-
ponente fundamental de las leyes de la física si pensamos que, a diferencia de lo
que les ocurría a los europeos de los siglos xv al xvii, no nos resulta extraño ni
moralmente ofensivo conceptuar la naturaleza como una máquina. Esta analogía
se ha introducido tan profundamente en nuestra conciencia social que ya no nos
damos cuenta de cuándo la utilizamos. Pero no creemos que los conceptos o
hipótesis "interpretados" mediante analogías sociales inhabituales puedan contri-
buir a las explicaciones. Es posible que la expresión: "la naturaleza es como una
reunión en la que se 'conversa con mordacidad" conceptúe la naturaleza de un
modo que sirva para orientar de forma provechosa la investigación científica en
algunas culturas, pero no en la nuestra (quizá para los ecologistas chinos sea una
buena metáfora). Una "explicación" que no podemos comprender no es una expli-
cación. La interpretación de una teoría puede utilizar metáforas sociales o políti-
cas en unas ocasiones y no en otras, pero, para poder comprender cómo utilizar
la teoría es necesario algún acto social de interpretación. La interpretación de los
"textos" formales mediante modelos y analogías socialmente reconocidas es fun-
damental para las explicaciones de la física 13
3
Más adelante (sobre todo en el Capítulo IX), examino el uso de las metáforas, modelos y ana-
logías androcéntricas en la historia de la ciencia occidental y la descripción inadecuada del carácter y
funciones de estas figuras de pensamiento en la filosofía de la ciencia.
© Ediciones Morata, S. L.
IR
42 Ciencia y feminismo
En tercer lugar, mientras que el biólogo evolucionista o el geógrafo económi-
co debe tener en cuenta las actividades intencionadas y aprendidas de los huma-
nos y, quizá incluso, de los individuos de otras especies —las preferencias ali-
mentarias y de emparejamiento de los no humanos, por ejemplo—, el físico no
necesita considerar las causas reflexivas e intencionadas de los movimientos de
la mera materia. No necesita hacerlo porque las regularidades observables de la
"materia en movimiento" carecen de este tipo de causas. Menciono la biología
evolucionista y la geografía económica para poner de manifiesto hasta qué pro-
fundidad se extiende lo social en lo que nos parece natural. Después de todo, las
explicaciones de la adaptación de los simios a sus ambientes (quizá debiéramos
hablar de "creación de ambientes") y de las pautas de forestación, al menos des-
de que nuestra especie hizo su aparición, deben tener en cuenta la clase de con-
ductas intencionadas y aprendidas (deberíamos decir "actividades"?) que cons-
tituyen el objeto de la investigación social. En la medida en que el mundo que nos
rodea sigue estando cada vez más impregnado por las presencias y residuos de
las actividades sociales, hay cada vez menos "cosas exteriores" para las que
resulta apropiado el tipo de explicaciones que han sido tan fecundas en la física.
La historia del "progreso" de nuestra especie es, a la vez, la historia de la desapa-
rición de la naturaleza pura. No hace falta mencionar la estupidez de suponer
que la física pueda constituir el modelo para las explicaciones antropológicas de
todo lo que queramos saber sobre las regularidades y tendencias causales sub-
yacentes que crean los distintos tipos de estructuras de parentesco, ni para las
explicaciones históricas de todo lo que pretendamos conocer sobre las relaciones
entre las formas de crianza de los niños y las formas de estado, por ejemplo. Creo
que la exclusión de las conductas intencionadas y aprendidas del objeto de la físi-
ca, de todo punto admisibles, constituye una buena razón para considerar que la
investigación física es una forma atípica de la búsqueda científica del saber.
Por último, la explicación de los fenómenos sociales requiere las destrezas de
interpretación necesarias para comprender los significados y propósitos que un
acto intencionado tiene para el actor (destrezas que carecen de análogo en físi-
ca). En realidad, las diferencias entre los supuestos y métodos ontológicos ade-
cuados para la física y para la investigación social son de mayor envergadura aún
que lo que hace suponer esta afirmación. En la investigación social, también que-
remos explicar los orígenes, formas y predominio de las pautas de creencias y
acciones humanas, en apariencia irracionales, aunque culturalmente generaliza-
das. FREUD, MARX y otros muchos teóricos sociales han adoptado como objeto de
su estudio esa misma irracionalidad cultural. ¿Por qué, pues, vamos a tener que
tomar como modelo de toda búsqueda de conocimientos una ciencia en la que no
cabe la consideración de la conducta y la creencia irracionales? Es más, quizá
incluso en física, las explicaciones serían más fiables, más provechosas, si los
físicos estuvieran formados para examinar críticamente sus orígenes sociales y
sus consecuencias sociales, con frecuencia irracionales, de sus sistemas con-
ceptuales. Por ejemplo, ¿no se beneficiaría la física si se plantease por qué una
visión científica del mundo que tenga como paradigma la física excluye la histo-
ria de ésta de su recomendación de que busquemos explicaciones causales
críticas de todo lo que encontremos en el mundo que nos rodea? Sólo si insisti-
mos en la separación analítica de la ciencia con respecto a la vida social po-
demos mantener la ficción de que las explicaciones de las creencias y conductas
© Ediciones Morata, S. L.
El género y la ciencia: dos conceptos problemáticos 43
sociales irracionales no pueden, siquiera en principio, incrementar nuestra com-
prensión del mundo que explica la física.
He ido indicando diversas razones para volver a evaluar el supuesto de que la
física deba ser el paradigma de la búsqueda científica del saber. Si la física no
debiera ostentar esta categoría, las feministas no tendríamos que "probar" que
las leyes de la mecánica de NEWTON ni la teoría de la relatividad de EINSTEIN están
cargadas de valores para afirmar que la ciencia que tenemos está impregnada
por los simbolismos de género, la estructura de género y la identidad de género.
En cambio, tendríamos que considerar que la física no es sino un extremo del
continuo de tradiciones de investigación cargadas de valores. Aunque haya bue-
nas razones históricas que llevaran a la física a ocupar esa posición central en el
pensamiento de los filósofos y científicos, tenemos que preguntarnos si no habría
que considerar anacrónico y reflejo de preocupaciones androcéntricas, burgue-
sas y occidentales típicas su carácter paradigmático actual.
Debo señalar que no trato de quitar importancia a los intentos de demostrar
que las leyes de la naturaleza de NEWTON y de EINSTEIN tengan su parte en la sim-
bolización de género. Aunque la resolución de estos proyectos parezca improba-
ble, no hay razón para pensar que, en principio, no puedan verse coronados por
el éxito. Y unos éxitos de ese estilo harían muchísimo más aceptables las reivin-
dicaciones feministas respecto a que también las ciencias naturales están pro-
fundamente sesgadas por el género. En los Capítulos V, VIII y IX, al examinar
algunos valores androcéntricos y burgueses que, de hecho, se han proyectado
sobre la naturaleza, mostraré que la astronomía y la física modernas antropo-
morí izan la naturaleza en grado no menor que las ciencias medievales que susti-
tuyeron. Pero aquí me refiero a otra cosa. Sostengo que no es preciso emprender
un proyecto de ese estilo para convencernos de que la ciencia moderna es
androcéntrica. En cambio, tendríamos que comprender que la física no es el
modelo de toda investigación científica, sino una clase de investigación atípica,
en la medida en que sus supuestos ontológicos y metodotógicos básicos puedan
garantizar, en realidad, unos resultados de investigaciones independientes de los
valores.
Matemáticas puras
La creencia de que las matemáticas carecen de dimensiones sociales forma-
les —de que la historia social "externa" de las matemáticas no deja huellas en sus
estructuras intelectuales "internas"— constituye la base para considerar la cien-
cia, sobre todo, como un conjunto de oraciones (las leyes de NEWTON, por ejem-
plo) y la física como la ciencia paradigmática, porque, si la naturaleza que descri-
be y explica la física moderna "habla en el lenguaje de las matemáticas" (como
decía GALILEO) y si el contenido cognitivo de las matemáticas carece de carac-
terísticas sociales, los enunciados formales de la física tampoco tendrán dichas
características. Ya hemos dicho que las explicaciones de la física no pueden
"reducirse" a "oraciones" matemáticas carentes de interpretación social. Pero el
argumento de los dogmáticos a favor de un núcleo central de ciencia pura, neu-
tral con respecto a los valores, es aún más débil de lo que parece. Aunque pudié-
semos "reducir" las leyes de la física a expresiones matemáticas, no hay razones
© Ediciones Morata, S. L.
44 Ciencia y feminismo
suficientes para pensar que esas mismas expresiones matemáticas sean inde-
pendientes de los valores.
Sin duda, todo el mundo sabe que el campo de la investigación matemática
tiene una historia social. Los problemas que preocuparon a distintos grupos histó-
ricos de matemáticos eran diferentes. Se nos ha dicho que, en momentos históri-
cos concretos e identificables, se "descubrieron" conceptos, estrategias de cálcu-
lo y métodos de prueba diferentes. Pero también se nos ha dicho que esta historia
social de las matemáticas es totalmente externa a las estructuras cognitivas, a las
estructuras lógicas de las matemáticas. Se dice que la historia social de las
matemáticas no deja huellas en sus estructuras lógicas. Estos "descubrimientos"
se presentan como simples ejemplos del crecimiento siempre acumulativo y pro-
gresivo del saber matemático.
A veces, se ha afirmado que, para que el feminismo pueda demostrar el valor
de la utilización del género como categoría para analizar la ciencia, debe eviden-
ciar que los conceptos matemáticos y los métodos de prueba son androcéntricos,
y debe elaborar unas matemáticas feministas, alternativas; quizá, incluso, las
feministas tengan que demostrar que la lógica moderna es sexista y que podría
haber una lógica no sexista alternativa. Este razonamiento satisface a sus auto-
res porque reduce al absurdo tanto la idea de una crítica feminista radical de la
visión científica del mundo como la posibilidad de una ciencia alternativa, orien-
tada por principios feministas.
En realidad, no voy a decir que las matemáticas estén sesgadas a favor de lo
masculino, pero, en virtud de dos observaciones, sí podemos considerar el carác-
ter mítico de la posibilidad de unas matemáticas puras. En primer lugar, ningún
sistema conceptual puede justificarse a sí mismo. Para evitar un círculo vicioso,
los fundamentos de la justificación tienen que situarse fuera del sistema concep-
tual que se pretende justificar. Los axiomas de las matemáticas no constituyen
una excepción a esta regla. Diversos matemáticos de primera fila señalan que la
prueba última de la corrección de un concepto matemático siempre es pragmáti-
ca: ¿"sirve" para explicar las regularidades del mundo que se pretende explicar?
La historia de los dos últimos siglos de la filosofía de las matemáticas puede con-
siderarse como la historia de la lucha para llegar a esta comprensión pragmática
del carácter de las "verdades" matemáticas. Nuestro objetivo presente nos impi-
de hacer una revisión de esta historia 14 . Pero, sobre la base de esta forma de
considerar la categoría de las "verdades" matemáticas, muy generalizada en
la actualidad (aunque no todos los matemáticos la consideren convincente),
tendríamos que pensar que los "descubrimientos" habidos en la historia de las
matemáticas responden al reconocimiento de que también los conceptos y
teorías matemáticos se comprueban en relación con los mundos sociales históri-
cos para cuya explicación se han pensado.
En segundo lugar, apoyando este tipo de argumento, los historiadores de las
matemáticas han indicado las razones por las que ciertos enunciados matemáti-
cos, tenidos por verdaderos en una época, se han considerado falsos más tarde.
14
Véanse las descripciones que, al respecto, hacen KLINE (1980) y BLoon (1977). KLINE afirma
que Andrzej MOSTOWSKI, Hermann WEYL, Haskell B. CURRY, John von NEUMANN, Bertrand RLJSELL,
Kurt GÓDEL y QUINE se encuentran entre los eminentes matemáticos y lógicos que han defendido una
visión pragmática de la verdad matemática.
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) El género y la ciencia: dos conceptos problemáticos 45
- 2 Demuestran que la viabilidad o utilidad de los conceptos matemáticos que, en
algún momento, parecían imposibles y contradictorios ha tenido que negociarse
socialmente 15. Un tipo de imágenes sociales que sirven para pensar en los obje- —4-
tos matemáticos acaba reemplazando otro. Por ejemplo, los antiguos griegos
- —excelentes matemáticos— no consideraban el uno, el primero de una serie de
- enteros, como un número, ni lo clasificaban como par ni como impar. Por supues-
to, nosotros lo consideramos como un número y como impar, porque, a diferencia
3 de los antiguos griegos, no nos interesan, desde el punto de vista matemático, las
3 distinciones entre el primer elemento o generador de un linaje (de los enteros, en
este caso) y el linaje generado. Con frecuencia, las teologías y las historias de los
orígenes aluden a esa distinción. En matemáticas, hemos llegado a considerar
que la distinción entre el generador de un linaje y el linaje generado tiene su ori-
r gen en cierta clase de creencias sociales que la matemática moderna no nece-
sita tener en cuenta (no obstante, como he señalado, los científicos y filósofos
que insisten en que, en principio, la ciencia misma no puede poseer algunas ca-
racterísticas del mundo que explica —la iluminación mediante la explicación
causal, los valores sociales presentes en los artefactos explicativos que producen
4 los físicos, etcétera— siguen creyendo en la importancia de este tipo de dife-
rencias. Si no tenemos razones para mantener esta distinción religiosa en ma-
temáticas, ¿por qué hemos de tenerla en cuenta en la filosofía y en los estudios
sociales de la ciencia?).
D Veamos otro ejemplo. El sentido común nos dice que una parte no puede ser
igual a la totalidad. Por tanto, hasta una época relativamente reciente, los
n matemáticos no han apoyado la idea de que el número de los enteros pueda ser
infinito. El problema que se planteaban los primeros matemáticos era así: toman-
do la sucesión correlativa de los números enteros, podemos emparejar cada uno
n con un entero par (1-2, 2-4, 3-6, 4-8, ... ), lo que se traduce en una serie infinita en
a la que hay tantos enteros pares como enteros —a primera vista, absurdo. ¿Cómo
se resolvió esta paradoja? Los matemáticos estaban dispuestos a dejar de lado
la verdad de sentido común de que una parte no puede ser igual a la totalidad, en
esta circunstancia especial, para elaborar la teoría infinitesimal. Lo hicieron susti-
a tuyendo la imagen social de los números como unidades de cuenta por la imagen
social de los números como divisiones de una línea. Son imágenes sociales por-
e que reflejan lo que hacen las personas en determinadas culturas históricas de for-
fi ma intencionada. No todas las culturas se han preocupado tanto por la medida
—división de una línea— como la nuestra durante los últimos siglos. La sustitu-
s ción de un tipo de imagen social relativa a la naturaleza de los números por otro
y diferente hizo posible la aparición de un campo completo de investigación
matemática. Como señala un comentarista, ese proceso de negociación social de
imágenes culturales en matemáticas es semejante al que realizamos cuando
excluimos el acto patriótico de matar en tiempo de guerra de la categoría moral y
i- legal de homicidio 16
Podríamos considerar estos desarrollos matemáticos como la marcha hacia
adelante y ascendente de la verdad al servicio del progreso intelectual. Pero esto
15 Véase una exposición sobre estos casos en BLooA (1977).
16 BLOOR (1977, pág. 127). Los comentarios de Frances HANcKEL perfeccionaron esta exposición.
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46 Ciencia y feminismo
oculta las imágenes sociales en cuyo marco se han conceptuado los números y
otras nociones matemáticas, así como los procesos de auténtica negociación
social mediante los cuales se reemplaza una imagen cultural para pensar sobre
los conceptos matemáticos por otra. El recuento de objetos y la división de una
línea son prácticas sociales corrientes y estas prácticas pueden generar formas
contradictorias de pensar sobre los objetos de investigación matemática. Quizá
resulte difícil imaginar qué prácticas de género pueden haber influido en la acep-
tación de determinados conceptos en matemáticas, pero casos como éstos ponen
de manifiesto que no puede desestimarse a priori esa posibilidad apelando a que
el contenido intelectual y lógico de las matemáticas sea independiente de toda
influencia social.
Nuestro impenitente dogmático puede decir: "bueno, al menos las matemáti-
cas se basan, en último término, en la lógica, y la lógica es independiente de las
influencias sociales". Sin embargo, en este siglo, los matemáticos han descubier-
to la imposibilidad de justificar los axiomas de las matemáticas mediante princi-
pios lógicos que no sean más discutibles y antiintuitivos que las matemáticas que
habrían de justificar. Por tanto, es dudoso que la lógica pueda constituir el firme
fundamento de las verdades de las matemáticas. Más aun, algunas feministas
han señalado unos aspectos en los que determinados supuestos de la lógica
podrían ser androcéntricos. Por ejemplo, Merrill HINTIKKA y Jaakko HINTIKKA sos-
tienen que las unidades metafísicas de una rama de la lógica denominada "se-
mántica formal" corresponden a formas masculinas, pero no femeninas, de indi-
vidualizar objetos 17 Estos estudios aportan visiones de incalculable valor de las
huellas sociales que existen en el pensamiento presuntamente formal puro y
sugiere provechosos programas de investigación para el futuro.
Pero, aunque no existiesen estos estudios o no se hubiesen realizado más,
no se entiende muy bien por qué la teorización sobre el género como categoría
analítica del pensamiento sobre la ciencia haya de basarse en la posibilidad de
realizar esos análisis de las matemáticas y de la lógica. De nuevo, no intento
desanimar a quienes realizan esos estudios, sino indicar el carácter contraprodu-
cente (¡la irracionalidad!) de esta estrategia de argumentación. Este tipo de opo-
17
HINTIKKA e HINTIKKA (1983). Janice MOULTON, en "The Myth of the Neutral 'Man" (en M. VET-
¡ ERLINO-BRAGGIN y cols., eds.: Feminism and Phiosophy, Totowa, N. J., Littlefield, Adams, 1977), pone
de manifiesto otra clase de problemas de la lógica. Señala que, en un ejemplo en inglés estándar de
una forma silogística válida —"All men are mortal; Socrates is a man; therefore, Socrates is mortal"—,
el término "man" se utiliza, en realidad, con dos referentes distintos (genérico en el primer enunciado,
y específico de género en el segundo) y, por tanto, la interpretación de este silogismo en inglés están-
dar, utilizada en todos los textos de lógica durante varios siglos, es inválida La clave de que haya
cuatro términos (fórmula silogística incorrecta), en vez de tres, en este silogismo interpretado está en
que no es posible sustituir el nombre "Sócrates" por cualquier otro "hombre" (ser humano) sin que se
produzca una "respuesta de extrañeza"; por ejemplo, "Cleopatra es un hombre" suscita esa respues-
ta (por supuesto, el silogismo sería válido si, en la primera premisa, "hombres" se utilizase en sentido
específico de género; pero esto no representa con exactitud el original griego y tampoco es lo que los
lógicos han pretendido). ¿Qué otras interpretaciones androcéntricas y, por tanto, ilícitas de formas
lógicas se esconden en textos lógicos? ¡No es extraño que muchas "hombres femeninas" se hayan
mostrado reacias a comprender las virtudes de las asignaturas de lógica!
* La lógica del argumento de Janice MOULTON es igualmente válida en español; las premisas y la
conclusión del silogismo, traducidas al castellano, son: "todos los hombres son mortales; Sócrates es
un hombre; luego, Sócrates es mortal". (N. del 1)
© Ediciones Morata, S. L.
El género y la ciencia: dos conceptos problemáticos 47
sidón a las críticas feministas paga el precio de reducir la ciencia a enunciados
matemáticos o lógicos, entrando, por tanto, en contradicción con el supuesto fun-
damental de que la valoración de la adecuación de los enunciados científicos
depende de la relación detectable entre esos enunciados y nuestras observacio-
nes del mundo. Bastaría señalar que las matemáticas son muy útiles en física; úti-
les, aunque con limitaciones, en biología o economía, y sólo raramente útiles en
antropología o historia a causa de los grados relativos de simplicidad, abstracción
y conductas intencionadas e irracionales característicos de los objetos de investi-
gación de cada uno de estos campos. De acuerdo con la vuelta de QUINE al prag-
matismo, podríamos decir que las matemáticas, como la lógica, 'contemplan"
simplemente unos aspectos del mundo que están menos deformados por la des-
cripción formal que la antropología o la historia —menos deformados, pero no
libres de toda deformación.
Hemos examinado ciertas concepciones de los enunciados científicos y de la
actividad científica que constituyen problemas, tanto para la teoría feminista como
dentro de la misma. Son problemas para esta teoría porque impiden la posibilidad
de que el pensamiento feminista modifique la forma de pensar de los científicos,
los filósofos y los teóricos sociales sobre la ciencia. Y son problemas dentro de la
teorización feminista porque la creencia en estos dogmas —al menos, en sus
huellas— nos impide observar los aspectos inadecuados de nuestra idea sobre la
generización de la ciencia.
El género: individual, estructural, simbólico
y siempre asimétrico
Las conceptuaciones inadecuadas del género constituyen también un proble-
ma, tanto para las críticas feministas de la ciencia como dentro de ellas. Los
aspectos inadecuados de las críticas reflejan de dos maneras las ideas parciales
y perversas, incluso, sobre el género, características del pensamiento dominante.
La primera se deriva de la excesiva atención prestada a sólo una o dos formas de
manifestarse el género en la vida social, ocultando las relaciones que existen en
toda cultura entre las expresiones preferidas del simbolismo de género, la forma
de dividirse el trabajo según el género y lo que se consideran identidades y con-
ductas masculinas y femeninas, que a veces se apoyan entre sí, otras se oponen,
pero siempre son importantes. La segunda es el resultado del supuesto erróneo
de que las diferencias de género en los individuos, en las actividades humanas y
en los sistemas simbólicos son simétricas, desde los puntos de vista moral y polí-
tico. Además, cuando se utilizan estos dos conceptos inadecuados del género,
surgen también perspectivas opuestas con respecto a las mejores estrategias
para eliminar el androcentrismo de la búsqueda del conocimiento. Examinemos
por orden estos tres problemas.
Algunas críticas feministas de la ciencia ni siquiera reconocen, ni mucho
menos explican, las relaciones entre el género simbólico, la división de trabajo
según el género y el género individual. Como, en los capítulos siguientes, seguiré
ocupándome de este tema, sólo describiré aquí dos ejemplos de este tipo de
enfoque del género y la ciencia, cuya elaboración teórica es insuficiente. En el pri-
mer ejemplo, el problema consiste en el apoyo que dos formas de género prestan
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a la tercera. En el segundo, la oposición entre dos formas de género provoca
expresiones del tercero.
Los estudios sobre la igualdad se centran en el género individual: cómo se
produce la discriminación contra las mujeres en la estructura social de la empre-
sa científica, y en los obstáculos que la organización científica y la socialización
del género femenino provocan con respecto al ingreso y permanencia de las
mujeres en ese ámbito. Estos estudios explican la reducida representación feme-
nina en los cursos, laboratorios, sociedades y publicaciones científicas, en rela-
ción con estos factores; y critican las características de la identidad y de la con-
ducta femeninas, estimuladas por nuestra cultura, que operan en contra de la
motivación o de la adquisición de las destrezas necesarias para dedicarse a la
ciencia, en el caso de las niñas y de las mujeres. Quienes proponen la igualdad,
recomiendan una serie de estrategias de acción dirigidas a la afirmación de la
mujer y prácticas de socialización modificadas para las niñas, con el fin de
aumentar la representación femenina en la ciencia.
Pero, con frecuencia, estas críticas no llegan a descubrir que la división del
trabajo según el género, en la sociedad más amplia, y el simbolismo de género
del que participa la ciencia son en la misma medida responsables de la escasa
presencia de mujeres en el campo de la ciencia y del hecho de que las niñas no
suelan estar dispuestas a desarrollar las destrezas y conductas que se consi-
deran necesarias para alcanzar el éxito en la ciencia. Mientras no se considere
que el "trabajo emocional" y el "trabajo intelectual y manual" de la casa y del cui-
dado de los hijos constituyen unas actividades humanas deseables para todos los
hombres, el "trabajo intelectual y manual" de la ciencia y de la vida pública no
parecerán unas actividades potencialmente deseables para todas las mujeres. Es
más, las recomendaciones derivadas de la teoría de la igualdad piden a las muje-
res que cambien aspectos importantes de su identidad de género por la versión
masculina, sin que prescriban un proceso similar de "desgenerización" para los
hombres. Las feministas que han trabajado en estos proyectos han hecho frente
heroicamente a una inmensa hostilidad durante más de un siglo y no pretendo tri-
vializar sus esfuerzos de auténticas luchadoras. Sin duda, hay razones políticas
de peso para no haber lanzado una campaña con el fin de que los científicos
varones se ocupasen de cuidar a los niños y transformasen sus propias necesi-
dades y deseos de género. Pero sus esfuerzos no obtuvieron los resultados espe-
rados. En parte, esto se debe a que el nivel de su análisis social es superficial y
no consigue descubrir las causas subyacentes de la discriminación contra las
mujeres en la ciencia, consistentes en la división de trabajo según el género en la
vida social y en la participación entusiasta de la ciencia en la elaboración de los
símbolos de nuestra cultura.
En el segundo ejemplo, parece que algunas "críticas textuales" de la ciencia
suponen que podríamos eliminar en ésta el androcentrismo ocupándonos tan
sólo de las creencias y conductas que suelen considerarse femeninas, pero que,
sin embargo, han sido características de los científicos (hombres) en la historia.
Estas indican que el crecimiento de la ciencia se ha debido tanto al pensamiento
intuitivo, a la valoración de complejos de relaciones y a las actitudes de respeto a
la naturaleza y a las nuevas hipótesis, como a la lógica formal y a las matemáti-
cas, a las perspectivas mecanicistas y a la "comprobación rigurosa" de las hipó-
tesis, mediante la "tortura de la naturaleza". Por tanto, parecen afirmar que, opo-
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niéndose a la simbolización de la actividad científica como exclusivamente mas-
culina, se podría eliminar el androcentrismo de la ciencia.
De nuevo, estas críticas han resultado valiosas: han hecho progresar en gran
medida nuestra comprensión de la forma de utilizar la ciencia las ideologías de
género. Pero la recomendación pasa por alto las motivaciones conscientes o
inconscientes de esa simbolización de género que aportan los conflictos entre las
divisiones de trabajo según el género en la sociedad general y las necesidades
de identidad masculina de los individuos. El totemismo de género en la ciencia se
refuerza, a menudo, gracias a las oposiciones o conflictos entre las necesidades
masculinas de identidad y las divisiones de trabajo según el género, reales o po-
sibles.
La segunda conceptuación inadecuada del género supone que la masculini-
dad y la feminidad son simples expresiones parciales, aunque combinables, de
sistemas simbólicos humanos, formas de dividir el trabajo social e identidades y
conductas individuales. Parece que muchas críticas feministas sostienen que es
posible prescindir de los aspectos indeseables de la masculinidad y de la femini-
dad, para llegar así a núcleos atractivos que, aunque parciales, sean simétricos,
desde los puntos de vista moral y político. Tal como lo ven estas pensadoras, para
el feminismo, el problema consiste en que la ciencia ha confundido lo masculi-
no con el ideal humano, cuando lo humano tiene que incluir también lo femenino.
Pero la feminidad y la masculinidad no se combinan con tanta facilidad; un aspec-
to fundamental de la idea de masculinidad es su oposición a todo lo que la cultu-
ra defina como femenino y su control justificado de todo lo que se considere feme-
nino. La masculinidad exige la concepción de la mujer como "otro", tal como
señalaba Simone de BEAUVOIR 18. Se construye la feminidad para recoger todo lo
que se defina como no masculino y siempre con la idea del dominio masculino.
En consecuencia, esta concepción de la diferencia de género no puede explicar
cómo, en nuestra cultura, así como en la inmensa mayoría de las demás, los hom-
bres monopolizan el poder político y el valor moral, a expensas de las mujeres. El
género es una categoría asimétrica del pensamiento humano, de la organización
social y de la identidad y conducta individuales.
Por último, podemos contemplar evaluaciones muy diferentes del género en
tres propuestas de objetivos adecuados de una crítica feminista de la ciencia. Un
enfoque sostiene que deberíamos intentar sustituir la voz masculina del pasado y
del presente de la ciencia por una voz femenina. Deberíamos invertir la valoración
de los intereses masculinos y femeninos en la búsqueda del saber y en las formas
mismas de buscar el conocimiento, cambiando el signo de la generización de la
ciencia. Buscaríamos una ciencia para las mujeres 19 El segundo enfoque recla-
ma la creación de una forma de buscar el conocimiento, no con una voz femeni-
na, sino con la voz feminista 20. Esta propuesta sostiene que la exaltación del
género —masculino o femenino— va en detrimento de una ciencia humana ver-
daderamente inclusiva. El tercer enfoque sostiene que los objetivos de los dos pri-
meros siguen estando limitados por los marcos de referencia metafísicos y epis-
° BEAUVOIR (1953).
° Esta expresión es de Dorothy SMIrH (1977), aunque quizá ella no tuviese presente la pro-
puesta que aquí describimos.
20 Véase, por ejemplo: HARTSOCK (1 983b).
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temológicos masculinos, y nos estimula a que tratemos de eliminar el impulso
defensivo androcéntrico que lleva a imaginar un "yo trascendental" con una única
voz que juzga cuánto se aproximan nuestros enunciados cognitivos a la "auténti-
ca y única descripción" de la forma de ser del mundo. En cambio, debemos inten-
tar crear "yoes recíprocos", que se coaliguen en solidaridades, en vez de unirse
en identidades esencializadas y naturalizadas y, en consecuencia, en búsquedas
de saber "descentradas1,21. Pretenderíamos que la búsqueda del saber tuviera
una forma y un objetivo que, con independencia de sus demás ventajas, proba-
blemente se pareciese poco a lo que ahora llamamos ciencia. En capítulos pos-
teriores, examinaremos las tensiones entre estas tres propuestas de objetivos de
la crítica feminista de la ciencia y las razones por las que sería deseable mante-
ner estas tensiones, sin eliminarlas.
Una teorización adecuada del género nos llevaría siempre a plantearnos
cuestiones sobre las interacciones entre el simbolismo de género, el modo con-
creto de división social del trabajo o la actividad según el género y lo que consti-
tuye las identidades y deseos generízados en una cultura particular. Estas cues-
tiones son pertinentes con respecto a la cultura de la ciencia entre los siglos xv
y xvii en Europa, así como a las culturas que han apoyado la ciencia en los siglos
posteriores. Es más, habida cuenta de la asimetría "lógica" en el contenido y la
valoración de la masculinidad y de la feminidad, sería necesario explicar la situa-
ción en la que encontrásemos a científicos que realizasen actividades que les
pareciesen característicamente femeninas o sostuviesen los tipos de creencias
que su cultura clasifica como femeninas. Debemos plantear cuestiones sobre la
relación, a menudo irracional, entre el simbolismo asimétrico de género de las
actividades y creencias y el orden sexual asimétrico y las formas de identidad per-
sonal generizada. Y debemos examinar críticamente los objetivos y metas de las
formas de búsqueda del saber vislumbradas a consecuencia de la revolución
feminista. Para llevar esa revolución a las ciencias naturales, hace falta ampliar
nuestra comprensión de la complejidad de la relación entre las distintas formas de
generización de la ciencia, así como abandonar por completo los dogmas del
empirismo.
He afirmado que las ideas científica, filosófica y popular de la ciencia natural
son particularmente hostiles a la crítica feminista. Esta oposición parece razona-
ble si pensamos que la diferencia de género es una consecuencia "natural" de las
diferencias biológicas o una característica creada por la cultura sólo atribuible a
los individuos y sus conductas. Y también parecerá razonable si insistimos en una
concepción excesivamente empirista de la ciencia.
Una serie de dogmas del empirismo fundamentan y justifican esta hostilidad,
garantizando la aparente inmunidad de la organización científica con respecto a
los tipos de examen crítico y causal que la ciencia recomienda para todas las
demás clases de regularidades de la naturaleza y de la vida social. Si abandoná-
semos estos dogmas del empirismo, podríamos adoptar la postura alternativa
respecto a que la ciencia es una actividad social plena —tan social y tan especí-.
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Véanse, por ejemplo, las exposiciones en: Signs (1981); MARKS y COURTIVRON (1981); Ftx
(1984); HARAWAY (1985).
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fica de la cultura como las actividades religiosas, educativas, económicas y las
familiares. Descubriríamos, entonces, valiosos enfoques críticos interpretativos
de todas las actividades que se consideran científicas, así como de aquellas que
hacen posible la actividad científica: selección de problemas; formulación y eva-
luación de hipótesis; diseño y realización de experimentos; interpretación de
resultados; motivación, educación y admisión de jóvenes al mundo del trabajo
científico; organización de esa colectividad de trabajadores y de los servicios de
apoyo —en las familias y en los gabinetes de los psiquiatras, así como en los
laboratorios— que hagan posible que algunas personas sean científicas; selec-
ción, financiación y desarrollo de las tecnologías necesarias para realizar investi-
gaciones científicas y las que hagan posibles estas investigaciones; asignación
de distintos significados y valores sociales a la razón, la moral y la política cientí-'
fica y a la razón emocional.
El feminismo propone que ningún ser humano contemporáneo escapa de la
generización; en contra de la creencia tradicional, los hombres tampoco. Sostie-
ne que la masculinidad —lejos de ser el ideal de los miembros de nuestra espe-
cie—, se aleja, al menos, tanto de lo paradigmáticamente admirable como ha sos-
tenido que se alejaba la feminidad. El feminismo afirma también que el género es
una categoría fundamental en cuyo ámbito se asignan significado y valor a todas
las cosas, una forma de organizar las relaciones sociales humanas. Si consi-
derásemos la ciencia como una actividad plenamente social, empezaríamos a
comprender las múltiples formas en las que, también ella, se estructura, de acuer-
do con las expresiones de género. Todo lo que media entre nosotros y ese pro-
yecto son las teorías del género inadecuadas, los dogmas del empirismo y una
importante proporción de lucha política.
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