JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
COOPERATIVAS
COOPERATIVAS
© JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
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1ª edición julio 2012 LegalPublishing Chile
Tiraje: 500 ejemplares
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A Patricia y a mi familia.
ÍNDICE
Página
INTRODUCCIÓN ...................................................................................... 1
CAPÍTULO I
EL DERECHO COOPERATIVO
1. ANTECEDENTES GENERALES ............................................................ 3
2. EL FIN DEL DERECHO COOPERATIVO ................................................ 14
3. EL FIN DE AYUDA MUTUA COMO CARACTERÍSTICA ESENCIAL DE LA
COOPERATIVA ................................................................................. 17
CAPÍTULO II
CONCEPTOS FUNDAMENTALES DEL DERECHO COOPERATIVO
1. DEFINICIÓN DEL DERECHO COOPERATIVO ......................................... 27
2. ANÁLISIS DE LA DEFINICIÓN DE DERECHO COOPERATIVO .................... 33
2.1. El Derecho Cooperativo es una parte de las Ciencias
del Derecho ......................................................................... 34
2.2. El derecho contiene un conjunto de normas regula-
doras .................................................................................... 35
2.3. La regulación que efectúa el Derecho Cooperati-
vo se refiere a la pluralidad de sus aspectos ....................... 36
2.4. El Derecho Cooperativo también regula las Instituciones
complementarias a aquellas señaladas precedentes ............ 38
2.5. El objeto de las normas jurídicas cooperativas.
Es el de mejorar las condiciones sociales, eco-
nómicas y culturales de la comunidad ................................ 39
II ÍNDICE
Página
3. CARACTERÍSTICAS DEL DERECHO COOPERATIVO ................................ 40
3.1. El Derecho Cooperativo, como parte de las Cien-
cias del derecho, es una rama nueva de ellas ...................... 41
3.2. Autonomía del Derecho Cooperativo ................................. 42
3.3. El Derecho Cooperativo está en proceso de formación ........ 44
3.4. Especialidad del Derecho Cooperativo ............................... 45
3.5. La universalidad del Derecho Cooperativo ........................ 45
CAPÍTULO III
BREVE HISTORIA DEL DERECHO COOPERATIVO
PRIMERA PARTE
HACIA LA PRIMERA LEGISLACIÓN QUE SE PROMULGA EN 1924................... 47
1. P RIMEROS ANTECEDENTES DEL D ERECHO C OOPERATIVO
CHILENO ......................................................................................... 47
2. EN 1918 SE PROMULGAN LAS PRIMERAS MOCIONES PARLAMEN-
TARIAS SOBRE COOPERATIVAS ........................................................... 48
3. LA OPINIÓN DEL DIPUTADO TOMÁS RAMÍREZ FRÍAS Y SU PRO-
YECTO DE LEY ................................................................................ 51
4. EL PROYECTO DE LEY DEL SENADOR CORREA .................................... 58
5. LA CÁMARA DE DIPUTADOS ESTUDIA EL PROYECTO DEL DIPUTADO
RAMÍREZ........................................................................................ 59
6. SE APRUEBA EL PROYECTO DEL DIPUTADO RAMÍREZ POR LA
CÁMARA DE DIPUTADOS.................................................................. 60
7. EL SENADO RECIBE EL PROYECTO DE LEY Y SE ENVÍA A LA COMI-
SIÓN DE LEGISLACIÓN Y JUSTICIA QUE LA APRUEBA ........................... 61
8. EL SENADOR CONCHA SUBERCASEAUX SOLICITA QUE EL PROYECTO
VUELVA A C OMISIÓN Y ANUNCIA UN NUEVO PROYECTO DE
LEY ............................................................................................... 62
9. EL MINISTRO DE JUSTICIA TOMÁS RAMÍREZ SOLICITA AL SENA-
DO EL PRONTO DESPACHO DE LEY SOBRE COOPERATIVAS .................... 62
10. E L INFORME DE LA C OMISIÓN M IXTA DE L EGISLACIÓN
SOCIAL .......................................................................................... 62
11. EL SENADO INICIA EL DEBATE SOBRE LEGISLACIÓN COOPE-
RATIVA ........................................................................................... 63
ÍNDICE III
Página
12. PROSIGUE EL DEBATE EN EL SENADO ................................................ 66
13. PROYECTO DE LEY DEL DIPUTADO EULOGIO ROJAS ............................ 66
14. EL SENADO CONTINÚA DEBATIENDO EL PROYECTO DE LEY SO-
BRE COOPERATIVAS Y NUEVAMENTE SE ENVÍA COMISIÓN ..................... 68
15. EL SENADO CONOCE DEL INFORME DE LA COMISIÓN .......................... 68
16. EL CONTEXTO POLÍTICO EN EL CUAL SE DEBATE LA LEY DE
COOPERATIVAS ............................................................................... 71
17. EL SENADO APRUEBA LA LEY DE COOPERATIVAS EL 8 DE SEP-
TIEMBRE DE 1924 ........................................................................... 72
SEGUNDA PARTE
NUEVAS LEYES SOBRE COOPERATIVAS ..................................................... 73
1. EL DECRETO LEY Nº 603 DE 1925 PARA APOYAR LAS COOPERA-
TIVAS DE FERROCARRILES ................................................................ 73
2. EL DECRETO LEY Nº 700, QUE FIJA EL TEXTO DEFINITIVO DE LA LEY
DE COOPERATIVAS ........................................................................... 73
3. LEGISLACIÓN ESPECIAL PARA LAS COOPERATIVAS AGRÍCOLAS .............. 78
4. L EGISLACIÓN DICTADA PARA MEJORAR LA LEGISLACIÓN
COOPERATIVA .................................................................................. 82
5. LAS COOPERATIVAS DE COLONIZACIÓN AGRÍCOLA Y FOMENTO DE
COOPERATIVISMO AGRARIO ............................................................. 88
6. DICTACIÓN DE DIVERSAS LEYES QUE CONSIDERA A LAS COO-
PERATIVAS ...................................................................................... 90
7. REGLAMENTO DE LA LEY DE COOPERATIVAS ...................................... 91
8. FOMENTO DE COOPERATIVISMO AGRARIO ........................................... 92
9. COOPERATIVAS DE HUERTOS FAMILIARES ........................................... 96
10. LEGISLACIÓN PARTICULAR................................................................ 98
11. COOPERATIVAS VITIVINÍCOLAS .......................................................... 98
12. COOPERATIVAS LECHERAS ................................................................ 107
13. F OMENTO DE LAS C OOPERATIVAS DE PEQUEÑOS AGRI -
CULTORES ....................................................................................... 108
14. COOPERATIVAS DE VIVIENDA ........................................................... 110
15. COOPERATIVAS ELÉCTRICAS ............................................................. 111
IV ÍNDICE
Página
TERCERA PARTE
HACIA UNA LEGISLACIÓN COOPERATIVA ÚNICA........................................ 111
CAPÍTULO IV
LAS FUENTES DEL DERECHO COOPERATIVO CHILENO
1. LA LEY COMO FUENTE DEL DERECHO COOPERATIVO .......................... 121
1.1. Fuentes constitucionales ..................................................... 121
1.2. Fuentes legales .................................................................... 135
1.2.1. La ley como fuente del Derecho Cooperativo ........ 135
1.2.2. Legislación en virtud de la delegación de Fa-
cultades legislativas ................................................ 136
1.2.3. Causales de cesación de la legislación Co-
operativa ................................................................. 137
1.2.4. Decretos con fuerza de ley y decretos leyes ........... 146
1.2.5. Los reglamentos...................................................... 151
1.2.6. Las resoluciones y ordenanzas ............................... 157
1.2.7. Los acuerdos de la Corte Suprema ......................... 161
2. LA DOCTRINA EN CUANTO FUENTE DEL DERECHO COOPERATIVO ......... 162
a) Gestión mutualística y gestión de servicios .................... 169
b) Autogestión ..................................................................... 170
c) Autoayuda ....................................................................... 170
d) La doble condición de socio y usuario ........................... 171
e) Ausencia de ánimo de lucro ............................................ 171
f) Retorno de excedentes..................................................... 171
2.1. El pensamiento cooperativo antes de Rochdale .................. 175
2.2. El pensamiento cooperativo de Rochdale ........................... 180
2.3. La doctrina cooperativa después de Rochdale .................... 188
3. LA JURISPRUDENCIA COMO FUENTE DEL DERECHO COOPERATIVO ........ 192
3.1. La jurisprudencia judicial ................................................... 192
3.2. La jurisprudencia administrativa ........................................ 209
A. Departamento de Cooperativas ...................................... 211
B. Dirección del trabajo ...................................................... 213
C. Contraloría General de la República .............................. 216
4. LOS ACTOS CORPORATIVOS............................................................... 218
ÍNDICE V
Página
CAPÍTULO V
ÁMBITO DE APLICACIÓN DE DERECHO COOPERATIVO
1. LA LEGISLACIÓN COOPERATIVA, EN CUANTO A SU CONTENIDO ............. 224
2. AUTORIDAD DE LA LEGISLACIÓN COOPERATIVA .................................. 224
3. SANCIÓN DE LA LEY COOPERATIVA .................................................. 226
4. EFECTOS DE LA LEY COOPERATIVA................................................... 228
4.1. La vigencia de la ley ........................................................... 228
4.2. Efectos de la ley en cuanto a las personas .......................... 232
4.3. Efectos de la Ley Cooperativa en cuanto al territorio ........ 235
5. ÁMBITO INSTITUCIONAL DE LA LEY DE COOPERATIVAS ...................... 236
CAPÍTULO VI
NATURALEZA DE LA COOPERATIVA EN LA LEGISLACIÓN CHILENA
1. DE LA NATURALEZA ........................................................................ 245
2. ELEMENTOS ESENCIALES QUE DEFINEN A UNA COOPERATIVA
EN LA LEGISLACIÓN CHILENA ............................................................ 246
2.1. Son Asociaciones sin fines de lucro.................................... 246
2.2. Las cooperativas tienen por objeto la ayuda mutua ............ 263
2.3. Las cooperativas presentan las características que la
ley establece. Los principios cooperativos ......................... 271
2.3.1. Primer principio: los socios tienen iguales
derechos y obligaciones, un solo voto por
persona .................................................................... 272
[Link]. Terminología que emplea la ley ............... 272
[Link]. Participación del socio.............................. 273
[Link]. Confusión de la calidad de socio de
la cooperativa con la calidad de usua-
rio de la misma ......................................... 274
[Link]. La característica de intuito personae ........ 276
[Link]. La igualdad de derechos y obligacio-
nes implica no discriminar ....................... 277
[Link]. La naturaleza del control democrático ..... 278
[Link]. Igualdad de obligaciones .......................... 278
VI ÍNDICE
Página
[Link]. Cuestiones específicas en relación
al principio del control democrático......... 279
[Link].1. Establecimiento de condiciones pre-
vias para emitir el voto ........................... 280
[Link].2. Establecimiento de votos diferencia-
do segúnla actividad del socio en la
Cooperativa ............................................ 281
[Link].3. Establecimiento de diversas cate-
gorías de socios que votan en for-
ma separada ............................................ 282
[Link].4. Determinación de diversos esta-
mentos de socios en las cooperati-
vas de trabajo, o de requisitos espe-
ciales para ser consejeros ....................... 285
3.2. Segundo Principio: El ingreso y retiro de los so-
cios es voluntario o de libre adhesión ................................. 287
3.3. Tercer Principio: Las Cooperativas deben distri-
buir sus excedentes en proporción al esfuerzo so-
cial. Principio del retorno de excedentes ............................ 293
3.4. Cuarto Principio: Deben observar neutralidad
política y religiosa............................................................... 295
3.5. Quinto Principio: Las Cooperativas deben desarrollar
actividades de educación cooperativa ................................. 300
3.6. Sexto Principio: Establecimiento de relaciones Federa-
tivas e Intercooperativas, o integración cooperativa ........... 302
3.7. Un Principio excluido. Los aportes perciben un interés
limitado del capital.............................................................. 304
CAPÍTULO VII
DE LA PERSONALIDAD JURÍDICA DE LAS COOPERATIVAS
Y DE SU CONSTITUCIÓN
1. EL ACTO CONSTITUTIVO ................................................................... 307
2. EL OBJETO SOCIAL .......................................................................... 309
3. ATRIBUTOS .................................................................................... 312
4. EL PROCEDIMIENTO DE CONSTITUCIÓN DE LAS COOPERATIVAS .............. 315
ÍNDICE VII
Página
CAPÍTULO VIII
DE LOS SOCIOS
1. EL CONCEPTO DE SOCIO ................................................................. 333
2. LA ADQUISICIÓN DE LA CALIDAD DE SOCIO ........................................ 337
A. Capacidad............................................................................ 337
B. Adquisición de la calidad de socio ..................................... 339
C. Calificación de la Solicitud de Ingreso ............................... 341
D. Suspensión temporal del ingreso de socios......................... 344
E. Cuota de Incorporación ....................................................... 346
F. Pérdida de la calidad de socio de la Cooperativa................ 347
a) La aceptación de la renuncia por parte del
Consejo de Administración..................................... 348
b) Muerte del socio ..................................................... 357
c) Transferencia de las Cuotas de Participación ......... 358
d) Extinción de la Personalidad Jurídica..................... 359
e) Retiro del socio disidente ....................................... 360
f) Exclusión del socio ................................................. 365
g) Conflictos ................................................................ 370
G. Derechos y obligaciones de los socios ................................ 374
CAPÍTULO IX
DEL PATRIMONIO, DE LAS RESERVAS Y REMANENTES
1. CONCEPTO DE PATRIMONIO .............................................................. 379
2. CONCEPTO DE CAPITAL ................................................................... 382
3. EL CAPITAL DETERMINA LOS DERECHOS DEL SOCIO EN RELACIÓN
A SU APORTE................................................................................... 388
4. LOS APORTES DE LOS SOCIOS............................................................ 392
5. LOS FONDOS DE RESERVA ................................................................. 396
5.1. Los fondos de reserva obligatorios ..................................... 396
5.2. Los fondos de reserva voluntarios ...................................... 399
6. LA RESPONSABILIDAD DE LAS RESERVAS ............................................ 401
7. CARACTERÍSTICAS DEL CAPITAL........................................................ 404
8. LOS REMANENTES Y EXCEDENTES ..................................................... 407
VIII ÍNDICE
Página
CAPÍTULO X
DE LA DIRECCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y VIGILANCIA
DE LAS COOPERATIVAS
1. ACTOS DE DIRECCIÓN Y ADMINISTRACIÓN ........................................ 417
2. LOS ÓRGANOS DE ADMINISTRACIÓN Y FISCALIZACIÓN ........................ 418
3. LA SOBERANÍA DE LA JUNTA GENERAL .............................................. 419
4. LAS JUNTAS GENERALES DE SOCIOS ................................................... 420
5. CONSTITUCIÓN Y DELIBERACIÓN DE LA JUNTA GENERAL DE SOCIOS ....... 422
6. JUNTAS DE SOCIOS MEDIANTE DELEGADOS ......................................... 426
7. DE LAS ELECCIONES ........................................................................ 430
8. DE LA COMPETENCIA DE LAS JUNTAS GENERALES DE SOCIOS ............... 432
9. INEFICACIA DE LOS ACUERDOS DE LA JUNTA GENERAL DE SOCIOS ......... 447
10. EL CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN .................................................... 449
11. LA RESPONSABILIDAD DE LOS CONSEJEROS Y DEL GERENTE ................. 457
12. EL GERENTE .................................................................................. 467
13. LA JUNTA DE VIGILANCIA ............................................................... 469
CAPÍTULO XI
LA MODIFICACIÓN DE LOS ESTATUTOS SOCIALES, LA TRANSFORMACIÓN,
FUSIÓN, ESCISIÓN Y DISOLUCIÓN DE LA COOPERATIVA
1. LA REFORMA DE LOS ESTATUTOS ...................................................... 475
2. LA DISOLUCIÓN DE LA COOPERATIVA ................................................. 477
a) La disolución por acuerdo de los socios ............................. 478
b) Por vencimiento del plazo................................................... 479
c) Disolución por otras causales contempladas en los
estatutos .............................................................................. 480
d) Por sentencia judicial, dictada a requerimiento de un
organismo fiscalizador, basado en causales descri-
tas en la ley, o a solicitud de los socios ............................... 480
3. LA LIQUIDACIÓN DE LA COOPERATIVA ............................................... 484
4. LA TRANSFORMACIÓN ..................................................................... 488
5. LA DIVISIÓN DE LA COOPERATIVA ..................................................... 490
6. LA FUSIÓN DE LA COOPERATIVA ....................................................... 492
ÍNDICE IX
Página
CAPÍTULO XII
LAS CRISIS ECONÓMICAS EN LAS COOPERATIVAS ................. 497
CAPÍTULO XIII
SITUACIÓN TRIBUTARIA DE LAS COOPERATIVAS
1. EL ÁMBITO DE APLICACIÓN DE LA LEGISLACIÓN TRIBUTARIA............... 501
2. TRATAMIENTO DEL CAPITAL Y RESERVAS ............................................ 504
3. EL BALANCE, LOS REMANENTES Y LOS EXCEDENTES .......................... 505
4. LAS COOPERATIVAS Y EL IMPUESTO A LA LEY DE LA RENTA .............. 506
CAPÍTULO XV
CONCLUSIÓN ....................................... 517
BIBLIOGRAFÍA ....................................................................................... 521
INTRODUCCIÓN
La ley Nº 19.382, promulgada en el año 2003, modificó sustantivamente
la Ley General de Cooperativas1, la que dio origen al DFL Nº 5 de 25 de
septiembre de 2003, publicado en el Diario Oficial de 17 de febrero de 2003
y que contiene actualmente el texto refundido y sistematizado de la Ley
General de Cooperativas.
El presente estudio tiene por objeto efectuar un análisis de la legislación
cooperativa y de su reglamentación general, contenida en el decreto Nº 101,
de 7 de abril de 2004 del Ministerio de Economía.
El autor tuvo la oportunidad de editar, con anterioridad, en el año 1990,
un estudio bajo el título de “Introducción al Derecho Cooperativo Chileno”2,
que tenía como principal referente la legislación vigente en dicha época. Tal
estudio ha quedado parcialmente muy desfasado de la actualidad legislativa
a raíz de la reforma efectuada en la ley y de la promulgación del decreto
que reglamentó la referida legislación, lo cual justifica que se efectúe un
nuevo estudio.
De manera tal, que el presente texto no constituye una puesta al día del
anterior libro, sino que trata desde una perspectiva diferente la legislación
cooperativa chilena, a la vista de la nueva normativa legal y de nuevos ele-
1 Contenida con anterioridad en el DS Nº 502, de 1978 que fijó el texto de la Ley General
de Cooperativas, contenido, a su vez, en el DRRA Nº 20 de 1963.
2 Texto editado por la Editorial Jurídica de Chile.
2 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
mentos agregados al derecho societario y de asociaciones, del cual forman
parte las cooperativas.
Es de evidencia, y ello quedará claro al efectuarse el análisis de los dis-
tintos aspectos de la nueva legislación, que la cooperativa y sus instituciones
más típicas, siguen siendo aquellas propias del Derecho Cooperativo.
Este estudio tiene una naturaleza investigativa, de manera que sus conclu-
siones y los análisis que en el mismo se efectúan y desarrollan están sujetas
al análisis crítico de sus lectores, que como todo estudio jurídico constituye
un aporte a la ciencia del derecho y no tiene otro propósito más que el de
colaborar a un mayor y mejor conocimiento de esta rama del derecho aso-
ciativo, como lo constituye el Derecho Cooperativo en Chile.
CAPÍTULO I
EL DERECHO COOPERATIVO
1. ANTECEDENTES GENERALES
El desarrollo del Derecho Cooperativo en el ámbito de la legislación chi-
lena es un fenómeno de especiales características, que refleja la culminación
de procesos sociales e históricos. Tales procesos procuraban la búsqueda de
relaciones sociales en la sociedad chilena de principios del siglo XX con
un mayor sentido de justicia y equidad social, relaciones que, para alcanzar
su éxito mediante la concreción de normativas legales para dar contenido
real y efectivo a sus propósitos, requerían de un marco regulatorio que no
se encontraba en las instituciones jurídicas existentes a la fecha en que se
fueron desarrollando los nuevos institutos societarios y asociativos conte-
nidos en la legislación cooperativa.
Por otra parte, la legislación cooperativa chilena en gran parte del si-
glo XX, ha estado constantemente influida por la acción del Estado, al
promover a las cooperativas como importantes instrumentos de desarrollo
económico y social, lo que ciertamente hace que las instituciones jurídicas
sean afectadas en forma positiva o negativa por dicha influencia. En todo
caso, la acción del Estado, a lo menos en Chile, ha sido decisiva en el
desarrollo y consolidación de la legislación cooperativa. A fines del siglo
pasado, el Estado declaró su neutralidad con respecto a los diferentes tipos
societarios y asociativos.
Hemos querido evitar, en lo posible, entrar en el análisis de cuestiones
económicas o de carácter social, todas las cuales influyen ciertamente en
las instituciones jurídicas, para centrar nuestro análisis desde un punto de
4 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
vista estrictamente jurídico. Esta advertencia se formula por cuanto, como
ya explicábamos, el entorno social y económico, a la vez que las circuns-
tancias políticas, han tenido una marcada influencia en el desarrollo de las
instituciones cooperativas.
Lo anterior no excluye el hecho de considerar a las instituciones jurí-
dicas que conforman el Derecho Cooperativo, como partes integrantes de
los elementos fundamentales de aquello que se denomina como la cohesión
social, pues claramente las sociedades cooperativas, por su propia naturaleza
e institucionalidad, generan un sentido de pertenencia de los socios que se
afilian a ellas, cuando éstas responden a los propósitos de sus socios de
satisfacer sus necesidades que constituyen el objeto de las mismas.
El proyecto de ley que dio origen a la ley Nº 19.832 ingresó a tramitación
en el Congreso Nacional por iniciativa del Poder Ejecutivo, con fecha 11 de
noviembre de 1992, en la Cámara de Diputados. Estaba compuesto dicho
proyecto de ley de tres artículos con 11 numerales, cada uno de los cuales
apuntando a modificar determinadas normas de la anterior Ley General de
Cooperativas y además 8 artículos transitorios de la misma ley.
En el mensaje del Gobierno se señalaba que “el cooperativismo en el país
se encontraba retrasado para efectuar una mayor contribución al desarrollo
nacional y poder servir de vehículo para participar en los beneficios del
mismo, todo lo cual obliga a adecuarse a las exigencias del medio actual,
que tiene características distintas a las existentes cuando surgió el coope-
rativismo en Chile”3.
Se agregaba que el Gobierno de aquel entonces, pretendía dotar a la
institución cooperativa de atribuciones que: “a) estimulen las iniciativas
y el desarrollo de las potencialidades de la población que se interese en
la cooperativa. b) Se eliminen disposiciones de hoy día que entraban el
funcionamiento de las cooperativas, estimulando en cambio que sean los
propios estatutos y acuerdos internos los que rijan el quehacer de la coope-
rativa. c) Se reconozca el objetivo económico vigente, con el propósito de
3 Informe de la Comisión de Economía, Fomento y Desarrollo recaído en el proyecto de
ley que modifica la Ley General de Cooperativas.
COOPERATIVAS 5
que éstas instituciones puedan aprovechar el sistema que tiene el país en
esta materia y que sirvan para su mejor desarrollo”.
Podría inferirse de tales propósitos del Mensaje Presidencial, que el
gobierno de aquella época preconizaba un modelo “economístico” carac-
terizado por favorecer y promover la economía individual de cada socio,
similar al modelo alemán que promueve la promoción de la economía del
socio, a través de la gestión común de la respectiva actividad como un
emprendedor en cada socio. Igual situación se presentaría en Holanda y en
Dinamarca, aunque en este último país no existe una legislación específica
de las cooperativas las que se encausan a través de tipos societarios mercan-
tiles4. Frente a dicho modelo, se ha configurado aquel que se denomina como
“sociológico”, caracterizado por el hecho que la cooperativa es vista como
un instrumento para la realización de intereses no solamente económicos,
sino también culturales y sociales de los individuos que se asocian a una
determinada entidad, siendo en tal sentido representativo de esta calificación
la legislación española y portuguesa, dentro de la Unión Europea. El modelo
anglosajón podría calificarse de neutro, puesto que podría reconducirse a
cualquiera de los modelos tipificados.
De tal manera, que lo antes expuesto constituían las ideas matrices del
proyecto de ley mediante el cual se modificó la legislación cooperativa
chilena.
El presente estudio, se ubica dentro del contexto del derecho vinculado
a la tradición romano-canónica, ya que es a esta tradición que responde el
Derecho Cooperativo chileno, objeto de nuestro trabajo.
En efecto, a fines del siglo XIX en los países europeos se produce un
fuerte movimiento hacia el reconocimiento de una legislación cooperativa,
con el objeto de regular la acción de estas entidades.
Además de la legislación inglesa y alemana, el Código de Comercio de
Italia de 1882, consagró algunas disposiciones sobre cooperativas5, al igual
4 Citado por TATARANO, Giovanni. L’impresa cooperativa. Milano-Dott. A. Giuffrè Editore.
2002.
5 TATARANO, Giovanni. L’impresa cooperativa. Milano-Dott. A. Giuffrè Editore. 2002.
6 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
que el argentino de 1889, en los cuales existió una evidente ausencia de la
definición de su naturaleza y, por ende, de la distinción clara y precisa que
existe entre ellas y las sociedades civiles o comerciales. No obstante, ciertas
normas del capítulo respectivo del Código italiano, se recogían los principios
básicos de la materia, tales como el de la variabilidad del capital y el principio
del control democrático. Pero la insuficiencia y vaguedad de los artículos
del Código de Comercio italiano de esa época dejaron al cooperativismo en
un nivel confuso, sin darle un campo propio dentro de la ciencia jurídica, lo
que provocó abundantes problemas. En el año 1886, se dicta la legislación
sobre entidades de socorro mutuo, a las cuales se les asigna la constitución
como cooperativas. Con el Código de 1942, fue que la legislación italiana,
incorporó la naturaleza mutual de la empresa cooperativa, como elemento
distintivo respecto de otros tipos societarios. El caso de España es notable,
por cuanto amparándose las cooperativas en la Constitución de 1869, que
reconocía plenamente la libertad y el derecho de asociación, si bien no las
nombraba, por sentencia del Tribunal Supremo de 10 de marzo de 1873, se
reconoció la licitud de las entidades cooperativas, en atención a la expre-
sada libertad constitucional. Fue bien entrado el siglo XX que en España
se dispuso de una completa Ley de Cooperativas.
El reconocimiento legislativo de las sociedades cooperativas es impor-
tante, como se verá más adelante, por cuanto el desarrollo del movimiento
cooperativo o de este tipo societario no ha podido lograrse en plenitud, sino
en la medida en que el Estado, le ha prestado todo su reconocimiento. De
ahí que la relación de los movimientos cooperativos con el Estado en los
países de tradición jurídica vinculada al Derecho Romano-Canónico sea
de enorme importancia.
Al insertarse, a fines del siglo XIX y con mayor fuerza en el siglo XX, el
Derecho Cooperativo en la tradición jurídica existente, es un hecho no sólo
de importancia dentro del ámbito de la ciencia del derecho, sino cultural
y, aún más, de orden social y político de gran trascendencia. En efecto, la
tradición jurídica no es un conjunto de normas acerca de contratos, de asocia-
ciones y de delitos, sino más bien un conjunto de actitudes, profundamente
arraigadas y condicionadas históricamente, acerca de la naturaleza de la
ley, sobre la función del derecho en la sociedad y en la forma de gobierno,
acerca de la organización y operación apropiadas de un sistema jurídico
y acerca del modo como el derecho debe crearse, aplicarse, estudiarse,
COOPERATIVAS 7
perfeccionarse y enseñarse, según lo expresara el profesor Merryman, de
la Universidad de Stanford6. Reconocer este Derecho Cooperativo ha sido
una parte sustantiva de los esfuerzos que han realizado los movimientos
cooperativos, durante fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
En efecto, en la antigüedad el universo jurídico sólo reconocía dos tipos
de actores: el individuo que actuaba dentro del derecho privado y el Estado
que actuaba dentro del derecho público.
No entraremos en un análisis de cómo este cuadro se ha ido modifican-
do, sino que pasamos directamente a constatar que el universo jurídico se
ha ido tornando más complejo y enriqueciéndose con numerosísimas otras
formas, como las compañías mercantiles, consorcios, cooperativas, sindi-
catos, entidades religiosas, partidos políticos, instituciones internacionales,
etc., que ejercen una poderosa influencia social y económica. Además, han
nacido áreas, como el derecho del trabajo, el derecho administrativo, el
derecho agrario, el derecho tributario o fiscal y el derecho urbanístico o
habitacional, con la mezcla de elementos públicos y privados, que hace que
los tratadistas analicen hasta el infinito las distintas formas de ubicación
posible de estos nuevos campos del derecho, ante la clasificación tradicional
de público y privado.
Ahora bien, el derecho privado nació compuesto por el Derecho Civil,
agregándosele muy rápidamente el Derecho Mercantil.
El Derecho Civil deriva del Derecho Romano y del Derecho Canónico.
El Derecho Mercantil o Comercial comenzó por un sistema de justicia
aparte del común o justicia real y/o ducal, creado por los comerciantes para
regular sus propios negocios. Así se creó su propia reglamentación, costum-
bres, tribunales y principio de justicia. Todas estas características indepen-
dientes del Derecho Mercantil se han ido perdiendo en pro de un proceso de
nacionalización a lo menos en el sistema judicial, el que pasa a ser ejercido
por los tribunales ordinarios. Aun cuando el Derecho Comercial sigue siendo
objeto de un Código de Comercio separado en Chile, sin embargo, ello está
6 MERRYMAN, John Henry. La tración Jurídica romano-canónica, Breviarios, Fondo de
Cultura Económica, 1971.
8 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
siendo modificado en algunas de las principales naciones occidentales de
tradición jurídica escrita, como es el caso de Italia y Suiza.
¿Dónde se ubica el Derecho Cooperativo en estas categorías jurídicas?
Contestar directamente la pregunta es reconocer la inmutabilidad de
las categorías jurídicas tradicionales, para lo cual es preciso adentrarse en
el concepto central de los sistemas jurídicos, civiles o comerciales, como
lo es el concepto del acto jurídico, tema elaborado extensamente por los
tratadistas del Derecho Civil, en continuación directa de la más antigua tra-
dición romano-canónica. Así también se determinó lo que eran los actos de
comercio, y el legislador chileno, siguiendo las corrientes europeas en boga,
al dictar el Código de Comercio, enumeró una serie de actos de comercio,
cuyo objeto más significativo es el de establecer el ámbito de aplicación
del Derecho Mercantil.
La legislación argentina, ley Nº 20.337, de 15 de mayo de 1973, estableció
derechamente que es un acto cooperativo, creando en el ámbito del derecho
positivo el concepto de él. ¿Qué es un acto cooperativo para el legislador
argentino? La respuesta la concluimos del artículo 4º de la citada ley, que
establece que “son actos cooperativos los realizados entre las cooperativas
y sus asociados y por aquéllos entre sí en el cumplimiento del objeto social
y la consecución de los fines institucionales. También lo son, respecto de
las cooperativas, los actos jurídicos que con idéntica finalidad realicen con
otras personas”7.
La Ley uruguaya de Cooperativas Agrarias Nº 15.645, de 1984, esta-
blece en su artículo 4º que “actos cooperativos son los realizados entre la
cooperativa y sus miembros en cumplimiento del objeto de aquélla”. Los
mismos constituyen negocios jurídicos específicos cuya función económica
es la ayuda mutua, no considerándose actos de comercio; cuando el acto
cooperativo contenga la obligación de dar, la entrega transfiere el dominio,
salvo que expresamente se establezca lo contrario.
7 El autor VILLEGAS, Carlos Alberto, en su texto Derecho de las Sociedades Comerciales,
escribe que “la doctrina ha señalado que la calificación de ‘acto cooperativo’ impregna a los
negocios de un valor especial, dándoles un sentido axiológico en función del fin cooperativo y
de la satisfacción de los ideales de la institución: la solidaridad, el bien común, la ausencia de
ánimo de lucro, etcétera”. Editorial AbeledoPerrot. Buenos Aires. 2001.
COOPERATIVAS 9
Por su parte, la ley brasileña Nº 5.674, del 16 de diciembre de 1972, al
tratar el sistema operacional de las cooperativas (Capítulo XII, Sección I,
artículo 79) define en plural los actos cooperativos, señalando que son “los
realizados entre las cooperativas y sus asociados, entre éstos y aquéllas y por
las cooperativas entre sí en cuanto estén asociadas, para la consecución de los
objetivos sociales”. Se agrega: “El acto cooperativo no implica consecución
de los objetivos de compra y venta de productos o mercaderías”.
Este tema ha preocupado vivamente a los especialistas en Derecho Co-
operativo, los que en dos congresos continentales que se desarrollaron en
Mérida, 1969, y San Juan de Puerto Rico, 1976, lo han incluido especial-
mente en el temario, sin lograr aún condiciones válidas de carácter general
aplicables al Derecho Cooperativo, a lo menos en los países americanos,
pese a su recepción incipiente en los textos legales citados.
El propósito evidente de los esfuerzos por crear una doctrina del acto ju-
rídico cooperativo, es precisamente el de crear para el Derecho Cooperativo
un rol de categoría jurídica plena, con autonomía y absoluta diferenciación
del resto de las disciplinas del derecho privado. Ya que, siguiendo la tradición
del Derecho Romano-Canónico, al tener tipificado el acto cooperativo, el
Derecho Cooperativo se justifica por sí mismo y no es necesario en con-
secuencia contestar la pregunta que nos formulamos respecto del lugar en
donde ubicar al Derecho Cooperativo, dentro o fuera del Derecho Civil o
Comercial.
Por el contrario, pareciera ser que si no existe el concepto de acto co-
operativo, el Derecho Cooperativo sólo sería una parte de algún derecho,
especializado en un tipo de sociedad o de asociación, la cooperativa, que ha
sido menester crear para satisfacer la inquietud de un sector de la población,
cuya acción no se previó en el Derecho Civil o Comercial.
La naturaleza jurídica de las relaciones entre el socio de una coope-
rativa y esta última en relación a la participación en las actividades de
la entidad, es a lo que apunta desentrañar la conceptualización del acto
cooperativo.
Es así como se tiende a generar una visión de carácter contractual en
dicha relación o una naturaleza asociativa en tales relaciones, las que que-
10 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
dan subsumidas en el contrato plurilateral de la cooperativa8 al generarse el
vínculo entre el socio y la cooperativa, integrándose tales relaciones en el
conjunto de los derechos y obligaciones del socio o los socios y la entidad
cooperativa. Claramente en la relación contractual existe el contrato de
asociación al cual se integra el socio a la cooperativa y la existencia de un
contrato mediante el cual el socio obtiene o ejerce sus derechos como tal en
la entidad en la cual participa, cuya naturaleza propia será diferente según
sea el tipo u objeto de la cooperativa9. Tal sería el caso de una cooperativa
distribuidora de energía eléctrica o de agua potable, en las cuales el contrato
de suministro es el que conduce tales relaciones societarias. Tratándose
de una cooperativa de consumo, de ahorro y crédito, entre otras, será el
contrato de compra venta o el contrato de préstamo o mutuo o el contrato
de depósito, incluyéndose en todos estos casos los contratos de mandato.
Según sea la posición doctrinaria que se adopte, desde un punto de vista
teórico, la relación del socio con la cooperativa y de ésta con el socio se
regirá fundamentalmente por los vínculos contractuales que se establezcan.
Por el contrario, si se asume que la relación asociativa entre el socio y la
cooperativa y de ésta con aquél, la regulación que se impondrá primordial-
mente estará regida por la normativa estatutaria.
La naturaleza jurídica de las prestaciones o relaciones entre el socio y
la cooperativa, forman parte de lo que la doctrina ha intentado establecer,
seguidamente por las legislaciones. El caso más relevante lo constituye la
relación entre el socio y la cooperativa de trabajo, materia que dentro de la
legislación chilena fue abordada en el DL Nº 445 de 1974, mediante el cual
se modificó la Ley General de Cooperativas, entre otras materias dictándose
una nueva regulación para las cooperativas de trabajo, anteriormente a dicha
legislación rotuladas como cooperativas de producción. En este cuerpo legal
se estableció que la relación entre el socio y la cooperativa no se encontra-
Véase “O regime económico das cooperativas no direito Portugués. O capital social”.
8
APARICIO MEIRA, Deolinda. Grupo Editorial. Vida Económica. 2009.
9PIRAS A. Rapporto mutualístico e diritti dei socci. Tai del Convengo di Bologna di 7
febrario 2003. ([Link]). BONFANTE, Guido. Delle Imprese Cooperative.
Comentario del Codice Civile Scaloja-Branca. Libro quinto. Zanichelli Editore, Bologna, 1999.
TATARANO, Giovanni. L’impressa cooperativa. Giuffrè Editore. Milano. 2002. TORRES, Carlos.
Derecho Cooperativo. La teoría del acto cooperativo. Editorial Inesla, Lima, 1990. LLOBREGAT
HURTADO, María Luisa. Mutualidad y empresas cooperativas. Bosch. Barcelona. 1990.
COOPERATIVAS 11
ban sujeta a la legislación laboral10, norma que ha sido redactada en forma
indirecta en la modificación del año 2003, en el artículo 64, materia que se
analizará más adelante. En efecto, en la cooperativa de trabajo, la relación
societaria es fundamental y la vinculación que se genera entre el socio y la
entidad es de tal naturaleza que las categorías jurídicas tradicionales han
debido abrir paso a una estructura jurídica que le de cabida a dicha relación,
generándose una relación asociativa de características especiales, afectando
la normativa de la seguridad social y tributaria a la vez. En estas coopera-
tivas, el socio, además de su aporte en el capital, también está obligado a
efectuar su aporte en trabajo personal, siendo inaceptable la divisibilidad
de tales aportaciones o efectuarlas en forma alternativa. Tampoco puede
aceptarse la prestación laboral como facultativa. En este caso, el estatuto
se impone por sobre cualquier contratación que se pueda establecer, pues
no podrán utilizarse los parámetros del contrato de trabajo o los contratos
civiles de arrendamiento de servicios inmateriales.
Es así como la doctrina y alguna legislación han dado cabida al acto
cooperativo para instituir orgánicamente la relación entre el socio y la
cooperativa, reconociendo la realidad social de actos con características,
propias11.
Según analizaremos más adelante, la legislación cooperativa chilena
no posee un carácter que pueda distinguirse nítidamente en este aspecto,
pudiendo las cooperativas establecer ambas posiciones o una de ellas, y su
articulación en las prestaciones asociativas permite inclinarse en cualquiera
de las posiciones someramente descritas. Particularmente el artículo 15 de
la ley establece que “las prestaciones mutuas a que haya lugar por estas
causas (se refiere a la adquisición, el ejercicio y la pérdida de la calidad de
socio), se regirán por los estatutos conforme a las normas de la presente
ley”. Dicha redacción permite concluir que el legislador se ha inclinado
por dejar a los estatutos la regulación de las actividades al interior de la
10 El citado decreto ley, sustituyó el Título I del Capítulo II de la anterior Ley General
de Cooperativas (DRRA Nº 20 de 1963), por uno nuevo que encabezaba como título: “De
las Cooperativas de Trabajo”, cuyo artículo 78, inciso segundo, es el antecedente del actual
artículo 63.
11 CRACOGNA, Dante. El acto cooperativo. Estudio de Derecho Cooperativo, Intercoop,
Buenos Aires.
12 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
asociación, los cuales podrían imponer una primacía contractual, o bien
imponer la voluntad social por encima del interés individual reflejado en
un determinado contrato12. Podrá deducirse de lo expuesto que la eficacia
o éxito de una cooperativa en el cumplimiento del objeto social, en cuanto
a mejorar las condiciones de vida de sus socios, principio primigenio de
toda cooperativa, conforme lo establece el artículo 1º de la ley, que la o las
formas de establecer dicha relación societaria incidirá decisivamente en su
actividad13. En cualquier caso, la íntima relación entre las normas estatutarias
y los acuerdos, convenios o contratos que la cooperativa suscriba con sus
socios, producen una relación jurídica que tiene que resultar en un beneficio
directo para el socio y jamás en un perjuicio o daño para éste, conforme lo
establece el artículo 1º de la Ley General de Cooperativas14.
Entre los antecedentes doctrinarios de mayor importancia sobre el acto
cooperativo, pueden destacarse los trabajos del mexicano Antonio Salinas
Puente15, sobre la “Teoría del acto cooperativo”; de Jaime Daly Guevara16,
quien en la tesis doctoral presentada ante la Universidad Central de Caracas
se refiere a este tema en el capítulo denominado “Ubicación del Derecho
Cooperativo como parte del Derecho Mercantil”. El brasileño Waldirio Bul-
garelli publicó en 1987 su estudio “Elaboraçao do Direito Cooperativo17”,
quien desarrolla la tesis que los actos internos practicados por la coopera-
tiva con sus asociados se denominan actos cooperativos. La ley Nº 5.764
de 1971, de Brasil, en su artículo 79 define los actos cooperativos en la
siguiente forma. “Denomínanse actos cooperativos los practicados entre las
cooperativas y sus asociadas, entre éstos y aquéllas y por las cooperativas
12 Lógicamente la primacía estatutaria no podrá ser contraria a la legislación.
13 La legislación española, en el artículo 52 Nº 3, dispone que “Los bienes de cualquier tipo
entregados por los socios para la gestión cooperativa y, en general, los pagos para la obtención
de los servicios cooperativizados, no integran el capital social y están sujetos a las condiciones
fijadas y contratadas con la sociedad cooperativa”.
14La ley española sobre cooperativas contempla la posibilidad de que el socio se retire
de la cooperativa en aquellos casos en que los acuerdos de la Asamblea General “implique la
asunción de obligaciones o cargas gravemente onerosas no previstas en los estatutos” (artículo
17 Nº 4.)
15 Derecho Cooperativo, Editorial Cooperativa, México, 1954.
16 Derecho Cooperativo, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1967.
17 Editorial Atlas, Sao Paulo.
COOPERATIVAS 13
entre sí, cuando se encuentren asociadas para la consecución de los objetivos
sociales. El acto cooperativo no implica operación de mercado, ni contrato
de compraventa del producto o mercadería”18.
El acto cooperativo, es ejecutado siempre por una cooperativa, es decir,
los individuos no ejecutan actos cooperativos, conforme a la tesis sostenida
por el autor mexicano Antonio Salinas Puente. Los individuos serían suje-
tos del acto, mientras pertenecen a la cooperativa. En el acto cooperativo
se cumpliría una finalidad de derecho público; el individuo se beneficia a
través del mejoramiento colectivo; del contrato de organización se deriva-
rían una serie de consecuencias jurídicas que escapan a la voluntad de los
individuos; es obligatorio el cumplimiento de los principios cooperativos
y de los planes económicos; son irrenunciables los derechos; no es potesta-
tivo para el individuo prescindir del lucro, ni para la organización realizar
una función de servicio colectivo, sino que el acto cooperativo exige este
comportamiento social.
En Argentina, Dante Cracogna escribió un trabajo presentado como
ponencia al Congreso de Derecho Cooperativo de Mérida y otro trabajo
denominado “Alcances y fronteras del acto cooperativo, caso argentino”,
que presentó al Congreso de San Juan19.
Otro aporte significativo en dicho país lo hace Alfredo Roque Corvalán en
Derecho Cooperativo Argentino20. Puede encontrarse una completa elabora-
ción de la Teoría General del Acto Cooperativo, en el texto de Roberto Jorge
Pastorino21, quien ha efectuado un agudo análisis sobre esta materia.
En Argentina se han hecho variadas críticas a la definición legal, entre
otros por Alfredo Althaus, quien en su obra Tratado de Derecho Coope-
18 Véase Sociedades cooperativas. Régimen jurídico y procedimientos legales para consti-
tución y funcionamiento. ASSIS ALVEZ, Francisco de y ABENANTE MILANI, Inmaculada, Nº 8.19.1.
(Editora Juarez de Oliveira, 2ª edición, 2003, Sao Paulo).
19 Ver CRACOGNA, Dante. Estudios de Derecho Cooperativo, Intercoop, Editora Cooperativa
Ltda., 1988.
20 AbeledoPerrot, 1985, Buenos Aires. Argentina.
21 Intercoop, Editora Cooperativa Ltda. Buenos Aires. 1993.
14 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
rativo22, objeta la inclusión en el ámbito del acto cooperativo de aquellos
actos celebrados con no asociados y, en razón del vicio existente en la ley,
respecto de la determinación “del régimen de los actos definidos como
cooperativos y la explicitación de las consecuencias prácticas de la noción
incorporada”. Otro crítico que merece considerarse con atención es Isaac
Halperin, quien señaló: “Si se profundiza el análisis en una cooperativa de
crédito, el pagaré que se suscribe o el aval que se otorga serían actos co-
operativos, como lo sería en una cooperativa de tamberos la entrega de la
leche para la elaboración o la comercialización; o el suministro de energía
eléctrica en la cooperativa correspondiente; etc. Como puede apreciarse,
aplicada la noción a estos actos, no se ve cómo o en qué medida influye
acerca de sus consecuencias jurídicas. Tampoco la ley establece ninguna
consecuencia derivada de este artículo 4º, que así viene a ser una mera
declaración dogmática. Dice muy bien la exposición de motivos que ‘es
función de la ley institucionalizar los efectos y las fronteras del concepto,
atendiendo los fines prácticos de facilitar la interpretación técnica’, pero en
vano se buscará en la ley Nº 20.337 la más mínima precisión en la materia”23.
Se añaden a la crítica Julio Késselman, Roberto Jorge Pastorino, Juan Farres
y Augusto Juan Méndez24.
Lo hasta aquí dicho es una visión unilateral del problema que hemos
planteado y que es menester abrir los esquemas y categorías analizados
a nuevas perspectivas que nos permitan dar una respuesta más precisa al
concepto de Derecho Cooperativo, aunque el intento en algún momento
pueda ser considerado fallido, pero que –de todos modos– por sus aportes
pueda servir para esclarecer esta u otras posiciones.
2. EL FIN DEL DERECHO COOPERATIVO
Partiendo de la premisa de que el derecho surge de los hechos, “puesto
que el derecho es la regla de vida del hombre en sociedad y la existencia
misma del hombre tal como podemos comprobarla, como ser racional, so-
22 Segunda edición, Zeus Editora, Rosario, 1977.
23HALPERIN, Isaac. Curso de Derecho Comercial, Tomo II, pág. 488, Depalma, Buenos
Aires, 1980.
24 Estos dos últimos, en su libro Cooperativas, ley Nº 20.837 comentada y anotada, Tomo I,
Depalma, 1987, hacen un análisis de los autores argentinos que se han referido al tema.
COOPERATIVAS 15
cial y moral, forma parte de los hechos, es un dato de hecho”25, y que, por
otra parte, el derecho se basa en la idea de justicia y trasciende los propios
hechos, se puede afirmar que no hay nada en el derecho que no venga de
los hechos, salvo el derecho mismo.
Dado que estos hechos son de muy diverso orden, se establecen diversas
jerarquías de ellos o categorías, partiendo del principio de que la persona
es el valor más alto en el mundo y que en ella es a lo que hay que referirse
ante todo, es a lo que lo hace persona y lo distingue de los demás seres, es
decir, a su espíritu, comprendiendo en él la conciencia y la voluntad.
En suma, la persona es la razón de ser de todas las instituciones jurídicas,
incluyendo al Estado, dotada de plena libertad, en búsqueda de ella en forma
permanente, a través de la verdad.
Dentro de este conjunto básico de ideas, que son esenciales para com-
prender lo demás, el movimiento cooperativo se desarrolla a partir del primer
tercio del siglo pasado procurando establecer en la vida social, económica
y cultural de los pueblos relaciones que implican precisamente una mayor
justicia y, por ende, una mayor libertad para la persona.
Como se verá más adelante, nace el sistema cooperativo de hechos que
llevan en sí una situación de injusticia y, por tanto, una pérdida de la liber-
tad personal y colectiva. De aquí emerge el concepto de que la libertad se
requiere para compartir con otros y no puede considerarse en forma única
y excluyente la esfera de la libertad personal o el ámbito primario de la li-
bertad –como decía Anatole France al hablar de la libertad que todo francés
tenía de dormir a la intemperie bajo los puentes del Sena–, sino que esta
libertad viene a ser un corolario de la participación de una persona en la
comunidad y de la contribución a la misma mediante la propia creatividad
de cada individuo.
De tal modo que el cooperativismo procuró superar los hechos que se
encontraban vigentes a la época de su aparición, consistentes básicamente
25 LE FUR, Louis y otros, “Los fines del Derecho: Bien común, justicia, seguridad”, Manuales
Universitarios, Universidad Nacional Autónoma de México, 1987.
16 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en los fenómenos de injusticia que se dieron en el proceso histórico de la
revolución industrial.
Igualmente, en la época en que se escribe el presente texto, adaptándose
a las circunstancias históricas de inicio del siglo XXI, los hechos de orden
económico y social que implican estructuras de injusticia y aquellos que
hoy en día o en el futuro puedan implicar un cercenamiento de la libertad
personal y colectiva constituyen un objetivo para ser superados por las ins-
tituciones jurídicas de las cooperativas. Es evidente, entonces, el fin social
del Derecho Cooperativo, advirtiéndose así que tanto este orden jurídico
particular como el ordenamiento jurídico general se encuentran subordinados
a ciertos fines de orden moral, político u otros, que le dan una determinada
orientación y le imponen su contenido. En esta forma, los fines del dere-
cho, cual es la seguridad, la justicia y el bien común, se encuentran con el
Derecho Cooperativo, pues éste vendría a ser un conjunto de normas de
carácter general, que tienen una plena expresión legal, sobre la base de los
principios del cooperativismo como sistema, destinado a regular la vida de
las instituciones cooperativas y de quienes participan en ellas.
El Derecho Cooperativo existe y se desarrolla, en consecuencia, no en
razón de que se le ha elevado a una categoría jurídica tradicional o moderna,
sino más bien, y sin perjuicio de lo anterior, por el hecho de que representa
un conjunto de reglas destinadas a servir, ya sea en un sector de la sociedad
o en el total de ella misma, sus fines propios: la seguridad, la justicia y el
bien común.
Es cierto, como se verá más adelante, que el sistema cooperativo y el
Derecho Cooperativo han planteado problemas serios e importantes, que
son los que se discuten para darle un reconocimiento como derecho, tales
como la naturaleza jurídica de la cooperativa, en el sentido de si es mercantil
o civil. ¿Los actos que realizan estas entidades son civiles o mercantiles?
Hay otras cuestiones de mayor o menor importancia que clásicamente se
han debatido y a las cuales nos referiremos en el resto de este estudio. Aun
si la respuesta a esta u otras interrogantes fuere imprecisa o insuficiente,
no por ello dejaría de tener el Derecho Cooperativo una categoría autó-
noma y autosuficiente dentro de su propia situación, según ya lo hemos
explicado.
COOPERATIVAS 17
Concluyendo, pensamos que el Derecho Cooperativo, por los fines que
persigue, tiene la relevancia de un derecho especial que se justifica per se,
sin necesidad de recurrir a otras categorías jurídicas, lo que no obsta a que
éstas puedan ser complementarias a este derecho.
3. EL FIN DE AYUDA MUTUA COMO CARACTERÍSTICA ESENCIAL
DE LA COOPERATIVA
Es un hecho de que con el advenimiento de la Revolución Industrial a
fines del siglo XVIII conjuntamente con la Revolución Francesa cambian
sustantivamente las formas de vida de los individuos, familias y pueblos,
todo ello tanto en el ámbito urbano como en el rural.
Igualmente conocido es el hecho de que tales transformaciones reper-
cutieron interna y externamente en el ordenamiento jurídico de las nacio-
nes, sea reorientando las instituciones jurídicas, generando otras nuevas
o suprimiendo muchas de las antiguas, por desuso, por injustas o por el
advenimiento de un orden nuevo, impuesto por una revolución política y
social o por la natural evolución de la sociedad, enfrentada a los cambios
provocados tanto por la Revolución Industrial, la Revolución Francesa y en
Declaración de la Independencia de los Estados Unidos de América.
Hechos como los indicados continuaron ejerciendo influencia tanto en
la concepción del derecho como en las diversas instituciones jurídicas que
la sociedad, por medio de la ley, la costumbre o las convenciones, fue ge-
nerando durante el siglo XIX y el siglo XX.
Sólo a escala mundial puede indicarse el impetuoso desarrollo de la
sociedad anónima, el de las sociedades de responsabilidad limitada, el de
los sindicatos y mutualidades, y también el de las entidades financieras
y de seguros. La evolución de todas estas instituciones continúa y se van
generando nuevas, con variantes de mayor o menor consideración según
las circunstancias históricas en que emergen y son utilizadas.
La cooperativa es una de estas instituciones jurídicas que emergen a
principios del siglo XIX, se perfecciona en la mitad de dicha centuria y
alcanza su desarrollo universal a mediados del siglo XX. Esta institución
ciertamente representa una nueva perspectiva jurídica en las instituciones
18 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
que los seres humanos han creado para desarrollar sus actividades y satis-
facer sus necesidades.
Pensamos, y así lo veremos más adelante, que la cooperativa es obvia-
mente más justa, más humana, más eficiente y adecuada a los fines de la
libertad y de la justicia que las instituciones jurídicas que la antecedieron
para satisfacer los propósitos asociativos de las personas; también es cierto
que ella es un hito en el progresivo desarrollo que el derecho ha experi-
mentado en las naciones, desde la “pena del talión” hasta nuestros días,
consagrado a la defensa de los derechos humanos y a establecer un mundo
económicamente más justo. Con posterioridad a ellas es probable que se
generen instituciones nuevas que serán más ajustadas al mundo que nace
en estos lustros, basado en la técnica y en un conocimiento científico cada
vez más profundo.
Es importante destacar en este breve cuadro sinóptico que el derecho ha
ido recogiendo a posteriori los problemas que ha enfrentado el hombre y
sobre la base de la experiencia recogida se han institucionalizado formas
jurídicas, salvo contadas excepciones en que éstas se adelantan a los pro-
blemas que deberán enfrentarse. Este retraso es más acentuado en algunos
pueblos que en otros e, incluso, el propio derecho se vuelve problema, que
hay que resolver o superar.
La institución jurídica de la sociedad cooperativa es una de aquellas que
han sido creadas por el hombre para solucionar determinados problemas
que mediante otras instituciones jurídicas de su tiempo y de hoy en día no
se pueden resolver adecuadamente conforme a los intereses depositados en
ella, sino a través, precisamente, de la cooperativa. Vale decir, otras formas
asociativas o no son aptas o son intrínsecamente desechadas por los intere-
sados en ocupar esta institucionalidad para lograr de una mejor forma sus
fines. La cooperativa se inserta en una finalidad de beneficio para cada uno
de sus socios los que logran un mejor aprovechamiento de sus esfuerzos en
forma mancomunada que mediante otras fórmulas societarias.
Desde las sociedades colectivas civiles y mercantiles, incluyendo a la
empresa individual de responsabilidad limitada, pasando por las en co-
manditas y anónimas hasta desembocar en las cooperativas, asociaciones
mutuales y asociaciones vecinales, muestra como la sociedad chilena ha ido
COOPERATIVAS 19
procurándose instituciones jurídicas adecuadas al tiempo y a las circuns-
tancias históricas, según las épocas, que en general presentan una sostenida
tendencia a su perfeccionamiento, en aras de una mayor justicia y libertad,
no sólo de los miembros de estas instituciones, sino también de aquellos
que directa o indirectamente dependen o se relacionan con éstas.
Cabe señalar que en Chile se promulgó en el año 2011 la Ley Nº 20.500
sobre Asociaciones Civiles, que engloba bajo la fórmula de las Asociaciones
un conjunto heterogéneo de instituciones de naturaleza asociativa.
También es fácil advertir el atraso que con relación a los países que han
inspirado el derecho chileno presenta nuestra nación respecto de la evolución
de las instituciones jurídicas de tales naciones y cuyas causas no es del caso
en esta ocasión analizar.
Ahora bien, dentro de esta perspectiva histórica es preciso destacar el
afán e imperativo de libertad y justicia que el hombre procura, requiriendo
de instituciones jurídicas para satisfacer sus necesidades sobre tales supues-
tos, lo cual implica básicamente una autodeterminación en todo orden de
funciones o actividades; es decir, una autonomía plena o autodeterminación
de carácter laboral, económico, político, familiar y cultural, por enumerar
algunos de los órdenes más importantes.
Es dable constatar que la evolución de la autodeterminación política,
con respecto a la económica y laboral, está más desarrollada que estas dos
últimas.
Si esta aseveración es cierta, puede decirse que las instituciones jurí-
dicas han desviado la atención y preocupación de las personas del ámbito
socioeconómico al ámbito de lo político, colocando el acento en la auto-
determinación política y con desmedro de la autodeterminación personal,
especialmente aquella de carácter social, cultural y económico. Este cuadro
refleja una contradicción, la que tiende a agudizarse cada vez más en el
mundo altamente tecnificado del presente y del futuro.
Al iniciarse, a principios del siglo XIX, en Inglaterra las primeras ex-
periencias cooperativas, que después cristalizaron en la Cooperativa de
Rochdale, sus fundadores, los modestos tejedores, colocaron su acento en
20 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
la autodeterminación personal y, necesariamente, vinculada a la comunidad
en que ellos se encontraban. La institución cooperativa, elaborada, pensada
y convenida entre los fundadores de la Cooperativa de Rochdale, es un paso
sustantivo en el avance hacia la libertad y justicia que el derecho procura
en las relaciones entre las personas.
Precisamente las reglas establecidas son una suma de la libertad personal
en las entidades y organismos productores de bienes y servicios; la libertad
establecida en las compañías, sociedades civiles o comerciales, sólo per-
tenece a los accionistas o propietarios del capital mayoritario. Los demás
gozan de reglas relativas a fin de proteger sus derechos de propietarios
suministradores del capital. Los trabajadores son elementos externos a la
empresa y han ido conquistando una seguridad también relativa respecto de
sus derechos como tales. En suma, la plena seguridad se da en el orden de
la empresa: el propietario de la mayoría del capital, a la par que obtiene las
ganancias correspondientes a su posición, debe afrontar los riesgos de su
eventual pérdida, en las operaciones que controla y decide la mayoría, sin
intervención –por cierto– de la minoría del capital, que puede llegar a ser
tan significativa como el 49% del mismo. La legislación de las sociedades
anónimas, en especial aquellas denominadas abiertas, ha generado diversas
medidas de protección a los accionistas minoritarios ante determinadas ac-
tuaciones de los controladores de la sociedad. Obviamente, en las ganancias
como en las pérdidas no está vinculado el sector asalariado, el cual sólo
se ve afectado en el caso de pérdidas importantes, en las cuales pierde su
fuente de trabajo, sin intervención del referido sector.
Al crearse y desarrollarse la institución cooperativa, estas reglas son
sustancialmente alteradas, acentuando, en las relaciones entre las partes
intervinientes en la empresa, la libertad y, por ende, la autodeterminación
de cada persona, al darle a cada socio capacidad para decidir sobre las acti-
vidades de la entidad productora de bienes y servicios, igualdad de decisión
en todo orden de materias, a través del voto personal en los organismos
decisorios de la empresa. Existen otros elementos de gran trascendencia,
tales como el mecanismo de distribución de los excedentes, la capacitación
o educación de los propietarios y socios de la cooperativa.
De este modo, a nuestro juicio, el hombre enfrentado a la búsqueda per-
manente de la libertad y de la justicia obtiene el desarrollo de una nueva
COOPERATIVAS 21
institución jurídica, como lo es la cooperativa, tal como la conocemos hoy
en día. Esta institución jurídica común al mundo de fines del siglo XX es
el resultado del perfeccionamiento de las relaciones entre los hombres y
de éstos con las cosas, la que se inserta perfectamente en el largo proceso
evolutivo de las normas jurídicas que han regulado tales relaciones. Desde
el Derecho Romano, recogido y elaborado con múltiples otras influencias
en la Baja y Alta Edad Media, conjugado con los principios mercantilistas
nacidos durante el Renacimiento y después de un largo proceso evolutivo
que culmina en la codificación de principios del siglo XIX, hasta que a
mediados de dicha centuria se produce la eclosión del sector laboral en la
vida de las instituciones jurídicas, creándose el derecho laboral y modifi-
cándose el Derecho Civil y el Derecho Comercial, frente a la injerencia del
Estado. Mirado desde este punto de vista, la institución cooperativa es un
nuevo elemento que se agrega al desarrollo de las instituciones jurídicas en
el mundo, la que recogida y aplicada en diferentes fases genera el Derecho
Cooperativo.
Es seguro que este desarrollo no culmina aquí y que habrán de producirse
cambios, quizás más temprano que más tarde, por la sencilla razón de que
el desarrollo de instituciones jurídicas nuevas no es más que la expresión
de la búsqueda de la justicia a fin de lograr la verdad, único camino en
procura de la libertad.
Desde mediados del presente siglo, la empresa, considerada como un
ente productor de bienes y servicios, enfrenta un importante debate sobre
su estructura a fin de lograr hacer prácticos los principios derivados de la
justicia conmutativa y distributiva. Los mecanismos de participación, co-
gestión y autogestión hasta aquí puestos en práctica son signos evidentes
y elocuentes del desarrollo que están alcanzando las diversas instituciones
jurídicas que se relacionan con la empresa. La influencia de la doctrina coo-
perativa y muy principalmente de la Doctrina Social de la Iglesia Católica,
emanada de los Pontífices León XIII, Pío XI y Pío XII, conjuntamente con
las declaraciones de Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI,
es decisiva26. Tales principios formulados por los Pontífices forzosamente
26 Igualmente es relevante la acción del Santo chileno HURTADO , Alberto, específicamente
en su texto “Moral Social”, Obra póstuma del Padre Alberto Hurtado, S.J. Ediciones Universi-
dad Católica de Chile. “La Cooperativa es un precioso auxiliar al bien común, porque además
22 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
deben llevarnos a revisar las principales instituciones jurídicas relacionadas
con el bienestar y el desarrollo socioeconómico de las personas y de los
pueblos. El Derecho Cooperativo, con anticipación o con posterioridad a las
principales declaraciones de los Pontífices, ha ido recogiéndolas o funda-
mentándose en ellas para su desarrollo, además de agregar otros aportes.
Por de pronto, el Derecho Cooperativo apunta a la estructura misma por
medio de la cual los hombres producen sus bienes y servicios, de tal manera
que en la cooperativa, a través de esta estructura, se pretende alcanzar la
justicia en la institución misma donde se producen los mencionados bie-
nes y no sólo en el criterio de distribución de los bienes obtenidos con el
trabajo, tema este último propio de1 Derecho Civil, Mercantil y Laboral27.
El acento puesto por el Derecho Cooperativo en la importancia del socio
como factor de decisión y como agente productor o consumidor, dando una
relevancia plena a la persona en todos sus aspectos económicos y sociales,
es una expresión inequívoca de los postulados que señalan la exigencia que
tiene el hombre, por naturaleza, de que al desarrollar sus actividades debe
serle posible responsabilizarse en la realización de su tarea y perfeccionarse
a sí mismo en el trabajo28.
El fin del instituto jurídico originado como una cooperativa lo constituye
la ayuda mutua que se prestan sus socios. La causa de la asociación coope-
rativa se encuentra precisamente en el fin mutualístico29.
La ley Nº 19.832 modificó la Ley de Cooperativas30, en muy diversos
aspectos, entre otros, el artículo 1º que contenía la definición de una coo-
perativa.
Continuación nota 26
de beneficiar a los cooperados con un menor precio, beneficia a la sociedad sirviendo como
testimonio del justo precio, e introduce en la sociedad un elemento de ayuda mutua diferente
del simple utilitarismo. En países como Suecia, Dinamarca, Inglaterra, Canadá las cooperativas,
constituyen preciosas estructuras que preparan un orden nuevo” (p. 348).
27 Mater et Magistra, Nº 82.
28 Mater et Magistra, Nº 82, y Pacem in Terra.
29 L’impresa cooperativa. TATARANO, Giovanni. Giuffrè Editore. Milano 2002.
30 DS Nº 502, de 1º de septiembre de 1978, del Ministerio de Economía Fomento y Re-
construcción.
COOPERATIVAS 23
No obstante lo anterior, se mantuvo el nombre del Título I, el que sigue
siendo “De la naturaleza de las sociedades Cooperativas”, dando así entender
que el Título I de la ley, intenta esclarecer cuál es la institución jurídica que
se pretende regular.
Se denomina naturaleza al modo de ser de cada ente, tal como corres-
ponde a su origen, añadiendo un momento dinámico a dicho modo de ser,
lo que implica considerar tanto las dimensiones activas como pasivas del
ente que se intenta definir.
De tal modo que el artículo 1º de la Ley de Cooperativas modificado
por la ley Nº 19.832, define al ente respectivo o específico. La naturaleza
debe desentrañarse conforme al concepto propio del contenido de dicha
expresión, no pudiendo apartarse del objetivo procurado por el legislador,
de establecer propiamente cuál es contenido de la entidad que se legisla.
La definición que se establece en el artículo 1º, encuadrada dentro del
concepto de naturaleza, logra penetrar en campos no sólo propios del
Derecho Cooperativo, o en un ámbito estrictamente jurídico, sino que va
más lejos de lo anterior, puesto que la naturaleza que se describe no está
limitada a lo jurídico, ya que no lo dice así el legislador. Es claro para el
interprete de la ley31, el propósito del legislador de alcanzar el fundamento
interno de las dimensiones de la institución denominada “cooperativa”, a
fin de aplicarlas en todos los sentidos de este instituto que en el derecho
chileno fue consagrándose paulatinamente, lo que ya se logra en plenitud
a raíz de la normativa dictada en 1960, mediante el DFL Nº 326, bajo el
gobierno del Presidente de la República don Jorge Alessandri R., a raíz de
las facultades extraordinarias que le otorgó el Congreso Nacional, mediante
la ley Nº 13.305.
La reforma establecida en el artículo 1º, eliminó las expresiones “ins-
tituciones sin fines de lucro”, que contenía el artículo 1º hasta antes de la
modificación señalada, remplazándolas por “asociaciones que de confor-
31 Según BETTI, Emilio, “La interpretación tiene la función de mantener en vida la ley o
las otras fuentes del derecho”. La Interpretación Jurídica. LexisNexis. Santiago, Chile, 2006.
p. 198.
24 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
midad con el principio de la ayuda mutua tienen por objeto mejorar las
condiciones de vida de sus socios”.
Para los fines del presente capítulo, se prescindirá del análisis del con-
tenido conceptual existente en la expresión “asociaciones”, materia que se
analiza más adelante, ya que no dice una relación directa con el tema que
nos ocupa, cual es el fin u objeto de la institución marcada por la naturaleza
no lucrativa de ella o, expresado en forma positiva, el propósito de ayuda
mutua existente al interior de la definición de una cooperativa, es decir,
desentrañar su esencia, esto es, lo que hace que una cosa sea lo que es.
¿Cuáles fueron los alcances de las eliminaciones efectuadas en la reforma
contenida en la ley Nº 19.832?
Las expresiones eliminadas “instituciones sin fines de lucro”, carecen de
un alcance efectivo, por cuanto el texto legal contenido en el DS Nº 502, que
contenía el texto de la Ley de Cooperativas, se complementaba con la frase
“que teniendo por objeto la ayuda mutua”, lo cual significaba que para que
una cooperativa como institución lograra ser tal, no bastaba que fuera una
institución sin fines de lucro como existen tantas en nuestro ordenamiento
jurídico y en la sociedad chilena, estando a la cabeza de ellas las que se
encuentran reguladas en el Título XXXIII del Libro I del Código Civil, sino
que era necesario que tuviera por objeto la ayuda mutua.
Es decir, el legislador del año 1960, al definir a la cooperativa, lo hizo
sobre la base del concepto esencial de la ayuda mutua agregándole que
ello implicaba enfrentarse con una entidad que carecía de propósitos lu-
crativos.
La idea que subyace en la disposición legal del artículo 1º de la Ley de
Cooperativas la constituye el que la cooperación es el vehículo esencial de
la ayuda mutua32.
32 Al referirnos a la ayuda mutua, no puede dejer de llamar la atención, la disposición le-
gales que contiene el Código Civil en que se utilizan la expresón relacionada con el concepto
de mutualidad como en el artículo 131: “ayudarse mutuamente”, referida a los cónyuges, al
definir el matrimonio.
COOPERATIVAS 25
No puede dejarse de lado al intentar lograr en forma específica el con-
cepto de cooperación, su génesis histórica, puesto que la cooperación es una
acción humana de carácter muy amplio que engloba múltiples posibilidades
de actividades. Lo que el legislador hace en el artículo 1º, es definir un tipo
de asociación que denomina “cooperativa” la cual tiene un objetivo básico,
cual es la ayuda mutua33.
Los aspectos más destacados del concepto de ayuda mutua se encuen-
tran en34 la gestión mutualística y gestión de servicios, la autogestión, la
autoayuda, la doble condición de socio y usuario, la ausencia de lucro y
retorno de excedentes.
Puede afirmarse que, cuando el legislador se refirió al “principio de la
ayuda mutua”, ha reafirmado en un grado superlativo el concepto existente
hasta el año 2002 en la legislación cooperativa, que señalaba como objeto
la ayuda mutua de toda entidad cooperativa. Ahora se ha convertido en un
principio, es decir, el primer instante en que un ser o ente deviene en algo.
De otro modo, si no hay ayuda mutua, no se es cooperativa y si es coope-
rativa existe la ayuda mutua, de manera tal que el concepto introducido en
la ley de 1960 de ayuda mutua se mantiene y se refuerza en la legislación
cooperativa chilena.
Estos antecedentes nos llevarían a la conclusión de que, en la pers-
pectiva histórica del desarrollo del derecho, la presencia de la institución
cooperativa, es un paso importante para alcanzar mayor justicia y que en
razón de ello su natural vigor y la trascendencia que tiene hacen que el
Derecho Cooperativo sea estimado como tal y se deba considerar como
un ordenamiento singular, con personalidad propia y reglas especiales que
justifican ampliamente su estudio y análisis como parte importante o una
rama especial del derecho.
Es posible, mediante la definición de la cooperativa que establece el
artículo 1º de la ley, determinar el trato distintivo entre una sociedad con
33 La característica más esencial del pensamiento europeo a lo largo de más de un siglo y
medio de historia sobre las cooperativas, es la unanimidad sobre el rol de la mutualidad en el
marco de la cooperación.
34 Volveremos sobre esta materia en el Capítulo VI de este texto.
26 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
propósitos lucrativos de una entidad con finalidades mutualísticas, puesto
que en la primera el resultado económico perseguido es estrictamente el de
remunerar el capital invertido, siendo en la segunda la prestación del servicio
mutual entre sus componentes, constituyendo la remuneración del capital
un objetivo secundario o inexistente, como se da en algunos casos35.
La causa del contrato de asociación cooperativa estaría precisamente en
esta finalidad de ayuda mutua, a la vez que constituye un elemento estruc-
tural de la empresa cooperativa, que se difunde a través de su organización
entera. El servicio mutual de ayuda será procurado por el socio en forma
determinante, para que mediante su participación en la organización de la
institución obtenga la satisfacción de su propósito que se identifica con el
objetivo de la cooperativa.
35 En parecidos términos, véase L’impresa cooperativa, de TATARANO, Giovanni. Milano.
A. Giuffrè Editore. 2002. Nº 10.
CAPÍTULO II
CONCEPTOS FUNDAMENTALES DEL DERECHO COOPERATIVO
1. DEFINICIÓN DEL DERECHO COOPERATIVO
Para intentar dar una definición de lo que pudiere entenderse por Derecho
Cooperativo, es necesario analizar el concepto jurídico de cooperación o de
lo que constituye el fenómeno cooperativo.
Cooperar significa “obrar conjuntamente con otro u otros para un mis-
mo fin”. La definición señalada tiene una gran amplitud, pues puede ser
aplicada a muy diversos actos humanos. Si tomamos dicha definición para
definir el Derecho Cooperativo no resulta fácil tener una idea acertada del
mismo, sin hacer un análisis más profundo del significado que en el ámbito
del derecho tiene la expresión “cooperar”.
El término o la expresión “cooperación” o “cooperativa” se comenzó a
utilizar con un sentido específico en el año 1821, en un periódico editado en
Londres llamado The Economist, el que era escrito por algunos seguidores
de las ideas sociales de Robert Owen. El uso de la expresión “cooperativa”
se realizó por el médico William King, al registrar un tipo de sociedad que
denominó “The Cooperative Trading Association”.
Los antecedentes indicados, señalan que el término proviene de Inglaterra
y fue traducido en los demás países, especialmente en Francia y aquellos
de habla española, donde el vocablo tenía el amplio sentido que ya hemos
señalado.
Por lo expuesto la idea de la cooperativa como una institución debe
entenderse siempre a los orígenes de las instituciones inglesas constituidas
28 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en la primera mitad del siglo XIX, con el objeto de resolver los problemas
socioeconómicos de sus miembros y del entorno social en el cual se inser-
taban.
Se ha discutido largamente, analizándose aún hoy en día, si el concepto
de cooperación, dentro del contexto que implica una organización empre-
sarial como la señalada, sólo encierra una idea de carácter económico o si
también considera ideas de orden social, cultural o de orden trascendente.
Siendo esta materia de gran interés, no es el propósito de este texto analizar
tales conceptos, ya que lo que se procura establecer es la definición del
Derecho Cooperativo, puesto que cualquiera sea la dimensión de la entidad
cooperativa, cualquiera de los órdenes mencionados cabe dentro del objeto
de una cooperativa, con excepción de aquellos de orden trascendente, de
manera tal que lo “cooperativo”, cabe dentro de su naturaleza.
Dentro del campo de restringir lo cooperativo a un objeto puramente
económico de satisfacción de necesidades, cabe destacar a Kaufmann, H.
Calvert y F. Robotha, autores todos que ven en el cooperativismo una forma
de organización empresarial con tal objetivo.
Hay quienes consideran al cooperativismo como un sistema económico
o una forma de organización general de la economía o de un determinado
sector de ésta. Ciertamente que entre éstos se encuentran, según algunos,
los fundadores de la primera cooperativa y todo el grupo de la denominada
Escuela de Nimes, conducida por Charles Gide y posteriormente por el pro-
fesor Bernard Lavergne. Dentro de éstos cabe destacar a Schulze-Delitzsch,
Raiffeisen, Huber, Walras, Fauquet, Desjardins, y otros.
Creemos que para desentrañar el sentido de la cooperación y de lo
cooperativo, en la búsqueda de una definición del Derecho Cooperativo,
debemos procurar analizar los orígenes de la institución y la evolución que
ésta ha tenido hasta hoy, a fin de no generar un cooperativismo independiente
de sus orígenes, ya que las instituciones jurídicas y sociales existentes en
Chile son todas de origen europeo y reconocen allí su paternidad, sin que se
pueda vincularlas a formas autóctonas de cooperación. Si bien estas últimas
han existido, tal vez no tanto en Chile, sino especialmente en otros países
sudamericanos, tales instituciones no constituyen el sistema cooperativo,
y si han sido asimiladas por éste, deben entenderse en su contexto, sin
COOPERATIVAS 29
desconocer por cierto sus orígenes y las virtudes de sus profundas raíces,
étnicas culturales y sociales.
De este modo, las primeras experiencias inglesas y francesas de Robert
Owen y Charles Fourier, a través de las acciones concretas emprendidas
por el Dr. William King y Michel Derrion entre los años 1827 y 1835, en
Brighton y Lyon, respectivamente, deben ser consideradas como los orígenes
del sistema cooperativo.
Tanto Owen como Fourier plantearon en su época una profunda preocu-
pación por los fenómenos sociales y económicos que ocurrieron en aquellos
años, ciertamente que bajo una fuerte influencia del espíritu científico de
aquel entonces, proporcionando cada uno, a su modo, formas de resolver
los gravísimos problemas de orden social y económico existentes. Sus con-
cepciones tendían al desarrollo de un nuevo orden social, cuyas bases en
alguna forma apuntaban a la sustancial importancia de las personas como
factor productivo y como consumidor en el contexto socioeconómico de
principios del siglo XIX. Propusieron fórmulas, todas las cuales son conside-
radas utópicas, algunas de las cuales se experimentaron, las que produjeron
un total fracaso y un gran desaliento en sus autores.
A nuestro parecer, lo importante y fundamental es que tales autores
propusieron formas de organización social frente al desequilibrio social,
económico y cultural que existía en aquel entonces, una de cuyas causas
podría ser la Revolución Francesa y la denominada Revolución Industrial.
Sin duda, ese desequilibrio antes de estos dos eventos no era el de la ma-
yor justicia y perfección, y en especial la Revolución Francesa pretendía
establecer la igualdad y la fraternidad entre los hombres y crear una so-
ciedad libre, desatando todo un mundo que se encontraba constreñido y
que irrumpió en la historia universal, llevando a la humanidad toda hacia
nuevos estadios, de donde forzosamente debía continuar su camino en pos
de la ansiada justicia.
Las proposiciones que hicieron Owen y Fourier, entre otros, consideraban
que el orden social en que ellos vivían era de una total injusticia, y que por
la organización de la sociedad en la forma en que ellos la proponían podía
superarse. Es decir, su pensamiento constituye una reacción clara en contra
del orden alcanzado en su época y tal como ellos lo veían.
30 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El Dr. King, médico de una acendrada conciencia cristiana, creó en
1827 una cooperativa de consumo, idea que prontamente germinó dando
nacimiento a más de 300 otras organizaciones. Su pensamiento alcanzó a
conocerse a través de un periódico que fundó, denominado The Coopera-
tor. Hombre de acción y de pensamiento, animó fuertemente la vida social
inglesa en el primer tercio del siglo XIX, señalando algunos puntos claves
de lo que hoy se considera como esencial en la doctrina cooperativa. En
efecto, la idea que la cooperación es un acto voluntario y que sólo debe
depender de su propio poder, desentrañando íntimamente la naturaleza vo-
luntaria de la cooperación en 1829, es un acierto que más tarde se recogió
por los pioneros de Rochadle y que desde ese entonces es parte fundamental
de la organización cooperativa. Postuló que el objetivo final de todas las
cooperativas, sean éstas comerciales, industriales o agrícolas, es el estable-
cimiento de comunidades de cooperación o ayuda mutua. Él haber señalado
que la organización de los consumidores, los que a su vez eran trabajadores,
era una herramienta fundamental para lograr la independencia que éstos
anhelaban y que veían perdida en medio del desarrollo de la revolución
industrial inglesa, es una idea fundamental. Todo su pensamiento está in-
merso en una gran preocupación moral, viendo en el sistema cooperativo
mucho más que una simple solución de un problema momentáneo, parcial,
y buscando a través de él una fórmula para renovar el conjunto del sistema
social y económico y de elevar a los hombres hasta una actitud moral hecha
de nobleza y de desinterés.
Derrion, en Lyon, proclama iguales ideas que el Dr. King en el periódico
L’indicateur Journal Industriel de Lyon, en 1835, con la diferencia de que
estima que la única fuerza reformadora posible era la organización de los
consumidores, excluyendo las demás, tales como los sindicatos.
No es éste el lugar para realizar un examen profundo de la historia de
estos hombres y de sus ideas; lo que nos interesa resaltar es su acción y su
pensamiento a fin de encontrar una forma futura de desarrollo y de vida de
la sociedad inglesa y francesa de su tiempo, reaccionando contra las prác-
ticas, los sistemas de producción, distribución, trabajo y remuneración del
capital en aquella época. Todo ellos plantearon como solución la creación de
asociaciones cooperativas, voluntarias en su origen, permanencia y término,
con el compromiso personal de cada persona asociada, quien debía decidir
sobre las materias de su competencia, dentro de su orden y orientando tales
COOPERATIVAS 31
instituciones al servicio de sus asociados o dueños y no a la obtención de
un lucro o ganancia.
Todo este conjunto de ideas, más otros aportes de Saint-Simón, Bouchez,
Proudhon y Louis Blanc, se encontraban vigentes antes de que en 1844
quedara legalmente constituida la Cooperativa de Rochdale.
Así conocidas plenamente o instituidas las ideologías de este conjunto de
precursores, en 1843 se comienzan a discutir entre los tejedores de Rochdale
el estatuto de la cooperativa, habiéndose éste registrado a fines de 1844. En
tales estatutos se insiste en las ideas ya expresadas, perfeccionándose en
normas jurídicas claras y precisas, con lo cual dejan de tener la categoría
de ideología, ya que son normas contractuales y que sus efectos son una ley
para todas las partes concurrentes a la respectiva institución cooperativa. La
precisión en su formulación y el pragmatismo con que se establecen son de
gran importancia, a la vez que los fines de esta cooperativa de Rochdale,
los que examinaremos más adelante con profundidad.
El primer historiador de esta cooperativa, Holyoake, agrupó en catorce
puntos los principios señalados por los fundadores de Rochdale; Charles
Gide y la Escuela de Nimes los dosificaron en nueve principios, y la Alianza
Cooperativa Internacional, en sus Congresos de París de 1937, los agrupó
en siete postulados básicos, reduciéndolos en 1988 a seis. Los profesores
Lavergne y Lambert señalan cuatro y trece principios, respectivamente,
todos los cuales estudiaremos en el Capítulo VI.
Después de este análisis puede concluirse que en nuestra lengua no se
puede obtener del sentido natural y obvio del concepto de cooperación una
definición ajustada a la ciencia del derecho; tal concepto no podría aportar
una idea acabada de la institución cooperativa. De este modo era preciso
remontarse a los orígenes de las cooperativas inglesas y francesas, aunque
fuera sintéticamente, a fin de encontrar una definición medianamente satis-
factoria. No se piense, pues, que esta breve visión retrospectiva tenga por
objeto hacer un estudio de los orígenes de la cooperación, sino sólo situar-
nos en su punto de partida para ilustrar el concepto de “lo cooperativo” y
aplicarlo según corresponda a la definición del Derecho Cooperativo.
Puede pensarse que cuando hablamos de “lo cooperativo” no sólo expre-
samos la idea de obrar en conjunto con otros para un mismo fin, sino que
32 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
obrar o actuar con otros en la forma y con los propósitos señalados tanto
por los precursores de la Cooperativa de Rochdale como por éstos y por
sus seguidores, sean estos últimos estudiosos, personas que han asumido
el rol de dirigentes cooperativistas y organismos de naturaleza cooperativa
que han adoptado acuerdos válidos sobre esta materia.
En consecuencia, son tan importantes en el obrar en conjunto con un
único fin los procedimientos señalados en los principios como los fines
mismos estipulados en la Cooperativa de Rochdale.
Esto que indicamos es de suma importancia, pues la ley al tomar el
concepto de cooperativa no se remite a la definición del diccionario o al
sentido natural de la expresión, sino que a la institución cuyos orígenes
hemos intentado precisar. Por otra parte, los principios y procedimientos
que restrinjan la definición de la lengua española a una forma de acción
más específica, son una fuente de derecho de vastos alcances que deben
ser tomados permanentemente en cuenta, a fin de dilucidar los problemas
de aplicación práctica que puedan presentarse, o con el objeto de realizar
su correcta interpretación y aun para aplicar la ley en casos que no estén
expresamente regulados.
Es así como, desde un punto de vista esencialmente doctrinal, puede
configurarse la actividad cooperativa como aquella que se ejecuta dentro
de una organización regulada por sus propias normas y administración,
regida por principios democráticos y de libre adhesión, que asocia a perso-
nas voluntariamente, en la que el socio se identifica con el beneficiario del
servicio o actividad que constituye su objeto.
La Alianza Cooperativa Internacional (ACI), en 1995 en el Congreso de
Manchester estableció el concepto de Valores y lo que constituye la Identidad
Cooperativa, estableciendo que “una cooperativa es una asociación autóno-
ma de personas unidas voluntariamente para satisfacer sus necesidades y
aspiraciones comunes, ya sean económicas, sociales o culturales, a través
de una empresa común democráticamente controlada”.
Se podría intentar señalar que el Derecho Cooperativo es una parte de
las Ciencias del Derecho que contiene el conjunto de normas jurídicas que
regulan, en la pluralidad de sus aspectos, las relaciones entre los socios
COOPERATIVAS 33
y las instituciones cooperativas a las cuales éstos adhieren o que surgen
entre éstos, su desarrollo, efectos e instituciones complementarias, con el
objeto de mejorar las condiciones sociales, económicas y culturales de la
comunidad.
No negamos la posibilidad de intentar otras definiciones y que la pre-
cedente pueda tener limitaciones o incluso salirse de su propio campo. Lo
que nos parece indispensable es fijar en alguna forma el ámbito del Derecho
Cooperativo como parte de la ciencia del derecho.
Aún más, siguiendo a Gustav Radbruch, el Derecho Cooperativo pasaría
a ser parte del derecho social, como resultado de una nueva concepción
del hombre por el derecho. En este sentido, el profundo cambio que viene
produciéndose en la sociedad, reflejado, entre otras cosas, en la visión de
la persona y en los deberes jurídicos y derechos jurídicos que posee, no
escapa a lo que ha dado en llamarse derecho social, cuyas fuentes están en
el derecho económico, del trabajo y cooperativo36.
2. ANÁLISIS DE LA DEFINICIÓN DE DERECHO COOPERATIVO
Hemos expresado precedentemente que el Derecho Cooperativo es
una parte de las Ciencias del Derecho que contiene el conjunto de normas
jurídicas que regulan, en la pluralidad de sus aspectos, las relaciones entre
los socios y las instituciones cooperativas a las cuales éstos adhieren o que
surgen entre todos éstos, su desarrollo, efectos e instituciones complemen-
tarias, con el objeto de mejorar las condiciones sociales, económicas y
culturales de la comunidad.
36 Introducción a la Filosofía del Derecho, 3ª edición, Fondo de Cultura, Económica, 1965.
Cabe mencionar al Filósofo ingles STUART MILL, Jhon quien en el texto El Unitilitarismo expresó:
“El Estado Social es a la vez tan natural, tan necesario y tan habitual para el hombre, que con
excepción de algunas circunstancias poco comunes, o a causa del efecto de una abstracción
voluntaria, puede el ser humano concebirse a sí mismo más que como miembro de un colectivo”.
Más adelante agrega, “De este modo a la gente se le hace imposible concebir que pueda darse
una desconsideración total de los intereses de los demás… También están familiarizados con
el hecho de cooperar con los demás y proponerse un interés colectivo, en lugar de individual,
como fin de sus acciones (al menos, de momento). En la medida en que cooperan sus fines se
identifican con los de los demás”. Alianza Editorial 2010. Madrid.
34 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Ciertamente que ésta es una definición descriptiva del Derecho Coope-
rativo, que pretende bastarse a sí misma y no está construida respecto de
otro contexto jurídico qua el mismo concepto en sí.
Es posible intentar otras definiciones respecto del ámbito en que se
ubica el Derecho Cooperativo como parte de la ciencia del derecho, en
relación a otras ciencias sociales o problemas de carácter socioeconómico
o político.
Hemos optado por esta definición en razón de que pretende desentrañar
el concepto mismo de Derecho Cooperativo, como una ciencia autónoma,
entendido este concepto como elemento que tiene ideas y presupuestos
propios que justifican en sí su existencia, sin que por ello neguemos otras
relaciones e implicancias con el derecho, pero que no intentamos analizar,
ni desentrañar, a fin de no entrar en otros campos que nos aparten del ob-
jetivo principal.
2.1. El Derecho Cooperativo es una parte de las
Ciencias del Derecho
Desde el momento en que el Derecho Cooperativo es un conjunto de
normas, estamos significando que está expresando valores, los que pueden
ser morales, jurídicos o de ambas clases a la vez. Cuando tales valores han
sido expresados en forma positiva, esto es, cuando válidamente se establecen
en una comunidad, nos encontramos con normas legales. Estas normas lega-
les son lo que normalmente llamamos derecho positivo. La ciencia jurídica
tomada en un sentido estricto versa sobre el derecho positivo, buscando el
sentido y objetivo de él, esto es, el sentido incorporado a la norma jurídica
misma, intentando llevar lo que se ha pensado hasta el final consecuente
del proceso del pensamiento.
En tal sentido debemos distinguir el Derecho Cooperativo de la filosofía
jurídica de carácter o propósito cooperativo y de la política jurídica coope-
rativa, que se proponen tratar y analizar el valor del Derecho Cooperativo y
de los medios que sirven para la realización del mismo, y de la valoración
que se efectúe, respectivamente.
COOPERATIVAS 35
Por otra parte, es preciso reflexionar que el Derecho Cooperativo, como
parte del derecho, es un fenómeno cultural que contiene un conjunto de
hechos cuyo sentido máximo es el de alcanzar la realización de la justicia,
sea que ello se logre o se desvirtúe. Podemos concluir, por consiguiente,
que constituyen el Derecho Cooperativo aquellas normas que tienen como
sentido poner en práctica la idea de la justicia orientada hacia la cooperación,
según la definimos precedentemente.
2.2. El Derecho Cooperativo contiene un conjunto de
normas reguladoras o cuyo objeto es regular
Cuatro son las características esenciales de todo derecho y que también le
son aplicables al Derecho Cooperativo, tales características las adaptaremos
a esta área del derecho:
a) El derecho debe tener una existencia real, presentando la forma de
una ley, costumbre o jurisprudencia; es lo que decimos comúnmente tener
carácter positivo;
b) El Derecho Cooperativo, en cuanto materializa la idea de cooperación,
debe ubicarse valorativa e imperativamente sobre el resto de la realidad, es
decir, debe ser normativo;
c) El Derecho Cooperativo, al proponerse la realización de la justicia,
debe regular la convivencia de personas y, por tanto, tiene un carácter so-
cial, y
d) Por el hecho de procurar la realización de la justicia, debe establecer
la igualdad para todos a cuantos afecte en la misma forma; es decir, debe
tener un carácter general.
Si se pretendiere establecer un Derecho Cooperativo que careciere de
estos requisitos, no serían más que afirmaciones de un poder estatal carentes
de significación jurídica alguna y, en consecuencia, no podrá hablarse de
Derecho Cooperativo.
36 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
2.3. La regulación que efectúa el Derecho Cooperativo se refiere
en la pluralidad de sus aspectos
El Derecho regula a las relaciones entre los socios y las instituciones
cooperativas a las cuales éstos adhieren o entre todos ellos. Además regula
los efectos de estas relaciones.
El conjunto de relaciones que se pueden producir son las siguientes:
1. Relación del socio con su cooperativa;
2. Relación de la cooperativa con el socio;
3. Relación de un socio con otro socio de la misma cooperativa;
4. Relación de una cooperativa con otra cooperativa.
De este breve cuadro esquemático vemos que en tres casos existe una
relación preponderante con una persona jurídica y en un solo caso se pro-
duce una relación entre personas naturales, que también puede darse entre
personas jurídicas, cuando estas últimas adhieren a una cooperativa en
calidad de socios.
En cada una de estas relaciones se encontrarán, a su vez, las cuádruples
posibilidades de realización de actos jurídicos, ya clásicos, del “doy para que
des”, “doy para que hagas”, “hago para que des” y “hago para que hagas”.
Los efectos de estas relaciones están regulados también por el Derecho
Cooperativo, pues para que la institución jurídica cooperativa produzca
todos los frutos que los socios de ella desean es menester establecer reglas
que impidan que la institución misma se desvirtúe, o que no produzca los
beneficios que procuran obtener los socios a través de su adhesión.
Es importante destacar que en esta definición que hemos dado se advier-
te que el Derecho Cooperativo es un derecho principalmente de personas
jurídicas. En efecto, en las cuatro relaciones que hemos señalado y que se
pueden producir, tres de ellas tienen como elemento esencial a la coopera-
tiva y una sola se refiere a relaciones entre personas naturales, que también
pueden darse entre personas jurídicas. Pero hay que destacar, asimismo,
que estas relaciones se dan en el interior de una persona jurídica y que, por
ende, están determinadas e influenciadas por el derecho que regula a dicha
entidad.
COOPERATIVAS 37
Por cierto, el Derecho Cooperativo no es un derecho absolutamente
autónomo y ya hemos expresado que es parte del derecho y, por lo tanto,
existen múltiples relaciones y actos que se establecen en el ámbito del de-
recho civil, mercantil y laboral y también necesariamente influidos por las
normas cooperativas.
Más adelante examinaremos las múltiples instituciones cooperativas de
carácter jurídico que o son autónomas y no responden a ninguna otra norma
del derecho privado o público o que son una mezcla de diversos campos de
la ciencia jurídica o que provienen de otros cuerpos del derecho y que sólo
están reguladas en su aplicación o precisamente por haberse introducido
en el Derecho Cooperativo.
También es importante destacar que el Derecho Cooperativo no regula
las relaciones que se producen entre las cooperativas y las demás personas
naturales o jurídicas, de derecho público o privado, existentes, sino las
relaciones que ya hemos enunciado.
Lo expuesto es importante, por cuanto se producen problemas de gran
trascendencia e importancia que aún no han sido resueltos en su totalidad.
Por ahora bástenos con señalar que las relaciones con entidades públicas o
en el ámbito de las actividades de los organismos públicos encuentran per-
manentemente dificultades, las que no han sido regladas por la legislación
general de orden político o por normas institucionales de orden público
general, desconociéndose la existencia o la posibilidad de actuar de las coo-
perativas, sea con los organismos del sector público o en el ámbito en que
actúan dichos organismos o en la vida jurídico-económica en general.
El caso del sector privado o particular distinto de las cooperativas, es
menos dificultoso, por cuanto la sociedad cooperativa se incorpora a la vida
del derecho en forma mucho más tardía que los otros tipos societarios, de
manera que su consideración y especialidad, cuando esta última deba ser
considerada, es más dificultosa.
Ello no debe extrañar, dado el casuismo general de nuestros sistemas
jurídicos y la filosofía jurídica de carácter socioeconómico de nuestras
principales legislaciones, que no conocieron ni remotamente la existencia
de la institución cooperativa, de tal suerte que cuando no existe una claridad
38 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en las expresiones, los intérpretes prefieren excluir de la relación jurídica
normada a la cooperativa. En efecto, la institución jurídica de la cooperativa
se ha venido abriendo paso, dentro de un sistema jurídico codificado absolu-
tamente, por la vía de la excepción, y el conocimiento de los profesionales,
legisladores y público en general es escaso sobre este fenómeno jurídico,
el que no responde a los moldes ni conocimientos clásicos que se tienen de
las instituciones jurídicas más importantes, codificadas todas en la segun-
da mitad del siglo XIX y en algunos casos adaptadas en la primera mitad
del siglo XX. De este modo, al no conocerse este tipo de instituciones con
profundidad, no se han considerado en las regulaciones de carácter general
a que nos hemos referido, y en no pocos casos nos encontramos con que
hay una variada legislación cooperativa cuyo objetivo es abrirse paso en
las instituciones de derecho común o en aquellas más usuales.
Esta última legislación no es parte del Derecho Cooperativo, sino que
debe considerarse como un conjunto de normas jurídicas cuyo objetivo
es establecer el principio del pluralismo institucional que debe regir toda
sociedad, atendida la naturaleza propia de cada institución jurídica en
sí, a fin de hacer efectivo el derecho de asociación de que es titular cada
persona.
2.4. El Derecho Cooperativo también regula las instituciones
complementarias a aquellas señaladas precedentemente
Esto no es más que un principio propio de lo antes expuesto, en el
sentido de que aquello que complementa a la institución cooperativa en
toda su pluralidad de aspectos forma parte por esencia y naturaleza de lo
principal. Ello es lo que hace que una determinada institución jurídica sea
complementaria de otra, de otro modo no sería sino un medio extremo para
conseguir un determinado fin.
El Derecho Cooperativo chileno contempla instituciones jurídicas com-
plementarias, tanto públicas como de carácter particular, que revisten esta
naturaleza. Entre las primeras encontramos, por ejemplo, el organismo
contralor del Estado, denominado Departamento de Cooperativas. Las
segundas están fundamentalmente representadas por la institución jurídica
de los institutos auxiliares de cooperativas.
COOPERATIVAS 39
2.5. El objeto de las normas jurídicas cooperativas es el
de mejorar las condiciones sociales, económicas
y culturales de la comunidad
Es lo que se ha dado en denominar un derecho social o cuyo objetivo es
la sociedad; el sujeto sigue siendo la persona. Tal sujeto procura vínculos
societarios con otras personas para obtener un bien común a todos; tras
cada relación jurídica privada, que el derecho civil deja entregada a la
libre decisión de las partes, asoma en esta relación un tercero interesado,
al decir de G. Radbruch, que es la colectividad, la sociedad o la comuni-
dad en que cada uno de los socios está inserto, sin que por ello esta mera
presencia sea establecida por el Estado, sino por la voluntad de todos y
cada uno de los socios que así lo estiman conveniente, con el objeto pre-
ciso de mejorar cada uno y todos en conjunto las condiciones sociales,
económicas y culturales de ellos mismos, que constituyen propiamente
una comunidad.
Cuando la propiedad privada se convierte de mero derecho real para
satisfacer necesidades individuales, con el objeto de establecer un cierto
dominio, control o imperio sobre otras personas o cosas, al interior de las
instituciones cooperativas se transforma socialmente garantizando la libertad
personal de cada titular de un derecho, en la institucionalidad cooperativa;
el derecho se amplía al satisfacer necesidades sociales, promoviendo así la
libertad personal de cada titular en o de derecho a través de la institución
cooperativa. El mismo derecho de propiedad es utilizado para satisfacer
necesidades sociales comunes de una comunidad al garantizar así la libertad
personal de cada uno de sus miembros, mejorando las condiciones sociales,
económicas y culturales de todos, ya que cada miembro de la comunidad
tiene acceso a todos los bienes de propiedad de la entidad cooperativa que
están a disposición de todos.
De este modo, si bien todo derecho es social, el derecho civil, por una
forma de clasificación, al igual que el derecho comercial, no pueden ser
calificados de derechos sociales, porque miran al individuo fundamen-
talmente y tienden a proteger a éste de la acción del Estado; los derechos
subjetivos tienen más un contenido ético que un contenido de deber, sujeto
a sanciones de orden económico, civiles o punitivas. Por el contrario, el
40 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
derecho social mira a la comunidad y dentro de ella al individuo, velando
por establecer un justo y adecuado equilibrio de relaciones entre la persona
y la comunidad a la que pertenece. Al exterior de éste podemos ubicar el
derecho público.
Cabe destacar que los fines y valores del derecho varían en relación a
los estados sociales de los distintos tiempos y de los diferentes pueblos,
sin perjuicio de que estos fines y valores puedan ser calificados subjetiva-
mente, de diferente modo según las personas, con arreglo a un sentimiento
del derecho, a su forma de concebir el Estado, a su posición partidista,
a su credo religioso y, en fin, a su concepción del mundo. Al definir el
Derecho Cooperativo que procura mejorar determinadas condiciones, se
está señalando una meta, que es lograr la justicia y la libertad. Este es
un estado ideal al cual siempre tiende el derecho, como producto de la
creación humana. Esta realización es un proceso dinámico que tiene lugar
en el tiempo.
Frente a esto último, es menester señalar que esta búsqueda de justicia
y libertad, a través del mejoramiento de determinadas condiciones, obje-
tivo del Derecho Cooperativo, no consiste en transferir toda esperanza de
progreso a la colectividad en cuanto a tal, en la que ésta se siente como
una entidad superior a los individuos, dotada de vida propia y autónoma.
Creemos que al haber expresado que por voluntad de todos y cada uno
de los miembros de esta colectividad se busca una determinada mejoría,
no se está endosando esta esperanza a manos de un ente total, sino que se
está organizando la vida humana dentro del orden proporcionado a cada
persona y en justicia, sin que se anule toda personalidad y precisamente
exigiendo el uso de la libertad humana y de la responsabilidad personal
de cada miembro de la colectividad.
3. CARACTERÍSTICAS DEL DERECHO COOPERATIVO
Al haber efectuado el análisis de la definición que hemos elaborado
de Derecho Cooperativo, se han mencionado explícita o implícitamente
algunas de sus principales características, que intentaremos precisar en
este párrafo.
COOPERATIVAS 41
3.1. El Derecho Cooperativo, como parte de las Ciencias del Derecho,
es una rama relativamente reciente o nueva
En efecto, desde que en 1867 el alemán Otto von Gierke37 se refirió a
esta normativa hasta nuestros días, ha transcurrido menos de 150 años, es
decir, poco más de un siglo.
Cabe considerar que los principales Códigos chilenos tienen todos más
de un siglo de vida y que son legislaciones que constituyen recopilaciones,
síntesis y nuevas elaboraciones de la ciencia respectiva, trátese del De-
recho Civil, Comercial o Penal, que existían mucho antes de la dictación
de los respectivos estatutos legales. Ello presupone una evidente ventaja,
porque las instituciones jurídicas que recogieron en sus articulados habían
sido desarrolladas por las comunidades humanas desde hacía cientos de
años.
No sucede lo mismo con las instituciones que hoy en día conocemos como
parte del Derecho Cooperativo, que son bastante recientes, y su desarrollo
proviene del gravísimo conflicto social, ético y económico que produjo
la Revolución Industrial en el seno de los estados europeos. Esas mismas
instituciones, trasladadas a los países de la América Latina, y en especial
a Chile, ciertamente que han requerido de nuevas experiencias, normas y
procedimientos, que son de una data muy reciente.
Como veremos más adelante, al analizar la historia del Derecho Coope-
rativo chileno, la primera legislación se dictó hace poco más de ochenta
años. Para elaborar un conjunto de doctrinas y normas que se expresen en
una legislación específica de común conocimiento de todos los habitantes y
de aplicación generalizada, se requiere de un tiempo más largo para obtener
su acabado perfeccionamiento.
El hecho o la característica que el Derecho Cooperativo sea nuevo o
de muy reciente gestación, presenta un carácter correctivo de los prin-
37 GIERKE, sostuvo que la persona jurídica responde a la realidad social de las agrupaciones,
ya que no sólo los individuos, sino también las uniones de personas pueden desarrollar su propia
personalidad. “Derecho de Sociedades”. KÜBLER, Fredrich. La Persona Jurídica. Capítulo 2.
IV. Fundación Cultural del Notariado. 2001. Madrid.
42 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
cipios jurídicos explicitados más que una innovación original tendiente
a lograr una mayor justicia. Lo anterior no es sino uno de los puntos de
vista para señalar que esta rama de las Ciencias del Derecho, contiene
defectos o fallas propias de una institución legal cuya experiencia no
está desarrollada en su integridad y, por ende, los límites del campo que
pretende regular.
Por último, el efecto de ser un derecho nuevo hace que acuse fuerte-
mente el pensamiento propio de los autores de las diversas instituciones
jurídicas que recoge, con los inconvenientes que ello tiene al asimilar ideas
de orden político, social, económico y cultural que se encontraban en boga
al momento de dictarse la legislación respectiva. Todo ello hace resentir la
objetividad e imparcialidad de expresión y de fondo, que tanto implícita
como explícitamente debe de estar revestida la norma jurídica para obtener
su aplicación generalizada con éxito.
3.2. Es autónomo al derivar de los principios básicos del hombre,
en cuanto a la libertad de asociación que tiene
para procurar la satisfacción de sus necesidades en paz
con sus semejantes
Al haberse generado un propósito, dentro de la amplia libertad de aso-
ciación que tiene toda persona, de actuar deliberadamente en forma coope-
rativa, se ha creado en forma independiente un derecho especial, distinto de
aquellos otros derechos que regulan otras formas de asociación, como lo son
las asociaciones con propósitos políticos, de beneficencia, de religiosidad,
de estudio, o con propósitos mercantiles como las sociedades anónimas o
colectivas o sociedades con fines de lucro en general, o aquellas asociaciones
con fines reivindicativos como los sindicatos industriales, profesionales o
patronales, incluyéndose las asociaciones gremiales.
Este derecho, de índole asociativa, regula aquellas acciones de naturaleza
cooperativa contenidas en los fines de los actos que realizan este tipo de
entidades, tal como lo vimos en el análisis de Derecho Cooperativo.
Hay quienes han postulado un derecho asociativo como una rama inde-
pendiente del derecho civil, o como una parte autónoma de las Ciencias del
Derecho. Estimamos que los fines de las asociaciones de personas son tan
COOPERATIVAS 43
diversas y tan disímiles, que establecer reglas comunes para todas las aso-
ciaciones sería entrar en un análisis de tal amplitud que tendería a diluirse,
sin abordar la naturaleza jurídica específica de cada asociación. Es por ello
que le asignamos al Derecho Cooperativo la autonomía correspondiente,
ciertamente interrelacionado con todas las ramas del derecho y que desde
algún punto de vista podría ser tenido como parte del derecho societario.
Aún más, la autonomía del Derecho Cooperativo emana no sólo de los
principios básicos relacionados con el derecho de asociación, sino con el
conjunto de normas jurídicas que regulan la actividad cooperativa. Así como
en el derecho civil impera el principio de la autonomía de la voluntad, del
beneficio individual siempre que se respete el derecho ajeno, de la respon-
sabilidad en la ejecución de los actos y contratos y otra serie de ideas que
sería largo desarrollar, en el Derecho Cooperativo impera el principio de la
ayuda mutua y del servicio entre todos los socios, la inexistencia de lucro en
la institución cooperativa, el predominio de las mayorías democráticamente
establecidas dentro de su esfera de actividades y otros que analizaremos in
extenso más adelante.
Este conjunto de normas o principios inspiradores le da la categoría de
autónomo, porque el Derecho Cooperativo intenta expresar en un ordena-
miento jurídico coherente tales principios.
Igual cosa se puede decir respecto del derecho comercial o del derecho
del trabajo frente a la autonomía del Derecho Cooperativo. Cada uno de
ellos tiene características propias porque intenta plasmar en sus respectivos
órdenes las ideas necesarias para el desarrollo del comercio e industria y
para la regulación correspondiente al trabajo.
Finalmente, esta autonomía no significa que neguemos la interdepen-
dencia que existe entre todas estas partes de la ciencia del derecho. Ello en
efecto es tan ostensible, que el derecho comercial se ha ido refundiendo en
un solo todo con el derecho civil en países europeos, o en que las normas
del Derecho Cooperativo han estado contenidas en el Código de Comercio,
como fue el caso del Código de Comercio italiano de 1882 y en México,
en que después de un largo debate en 1889 se incluyeron las cooperativas
como sociedades mercantiles. Hoy en día el caso de Italia ha cambiado,
encontrándose las disposiciones básicas en el Código Civil de 1942.
44 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
3.3. El Derecho Cooperativo está en proceso de formación
Toda rama de las ciencias jurídicas está sujeta a cambios, que constituyen
una evolución del sistema jurídico del cual forma parte. En efecto, a través
del derecho se busca “la verdad” jurídica, es decir, la justicia como un valor
absoluto, de tal modo que en esta búsqueda siempre se espera ir adelantando,
sin perjuicio de los retrocesos o desvíos que se producen. Desde este punto
de vista el Derecho Cooperativo también está sujeto a cambios.
Pero no es a esta evolución a la cual nos queremos referir. Desde
que formalmente nacen las primeras instituciones cooperativas hasta la
llegada de ellas a nuestros países en América, se ha ido materializando
el Derecho Cooperativo y se ha ido expandiendo en todo el mundo. La
creación de cuerpos legales que contengan todo el Derecho Cooperativo
ha sido una tarea más bien del siglo XX, cuerpos que están siendo mo-
dificados a medida que la institución cooperativa se ve enfrentada con
distintas realidades no pensadas ni imaginadas al momento de dictarse la
respectiva legislación.
Es por ello que el Derecho Cooperativo, que como una de sus carac-
terísticas principales destaca la de ser nuevo, también está sometido a un
cambio, derivado tanto del perfeccionamiento de su doctrina y de sus prin-
cipios como de su interrelación con las realidades de las sociedades en que
procura regular la cooperación voluntaria entre las personas. De ahí que en
este proceso debe tender a ser realista más que formalista, es decir, que sea
aplicable a condiciones socioeconómicas variables.
Una prueba de que este derecho está aún en proceso de formación es el
hecho de que en Chile, en 1960, se dictó la Ley General de Cooperativas,
con el intento de volcar en dicha ley la totalidad de las normas de carácter
general que existía sobre cooperativas, legislación que fue modificada en
1983. En efecto, en dicho año surgieron algunas instituciones jurídicas
que con anterioridad no existían y que era preciso considerar. Hubo otras
modificaciones que analizaremos más adelante, pero en 1974 se produce
una sustantiva reforma a la ley, mejorando algunas normas o instituciones
jurídicas y, lo más importante, estableciendo otras absolutamente nuevas.
Posteriormente se dicta la ley Nº 19.832, que da origen al DFL Nº 5 del año
2003, que estableció el actual texto de la Ley General de Cooperativas.
COOPERATIVAS 45
De esta manera, en un lapso de catorce años el Derecho Cooperativo chi-
leno recoge nuevas instituciones que no estaban contenidas en la normativa
dictada en 1960, lo que prueba el hecho de ser un derecho en proceso de
formación, además de estar sometido a una evolución propia, que también
ha sido recogida por las aludidas reformas legales.
3.4. Especialidad del Derecho Cooperativo
El Derecho Cooperativo es un derecho especial, no en el sentido de ser
un derecho de excepción, que substrae a las personas y a ciertas entidades
del campo de aplicación de las normas generales del derecho. Es especial,
por cuanto el derecho común o de general aplicación no contempla normas
para la regulación de las actividades que se proponen efectuar o que ejecu-
tan ciertas personas y, por tanto, se crean normas especiales que en ciertos
casos derogan el derecho general y en otros, en la mayoría, establecen
nuevas normas
Lo anterior debe ser considerado con relación al análisis de la caracterís-
tica de autonomía de que aparece revestido el Derecho Cooperativo.
3.5. La universalidad del Derecho Cooperativo
La universalidad del Derecho Cooperativo es otra característica que no
requiere de gran comentario, puesto que es un hecho de evidencia pública,
bastando sólo con confrontar las distintas legislaciones
En América Latina ello es significativo, ya que todas las legislaciones
cooperativas han estado influidas unas por otras, tanto al dictarse cuerpos
nuevos como al modificarse dichas normas legales.
Por otra parte, todas las legislaciones cooperativas arrancan de una sola
fuente, cual es la declaración de los principios cooperativos, hoy en día
establecidos por la Alianza Cooperativa. Ello es particularmente importante
y diríamos hasta esencial, toda vez que si alguna legislación no los reco-
nociera o contemplase, dejaría de ser considerada como legislación coope-
rativa. Este tema, de gran relevancia, será tratado más extensamente en el
capítulo destinado a las fuentes del Derecho Cooperativo, por lo cual basta
ahora sólo consignar el hecho de la universalidad del Derecho Cooperativo,
46 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
cuyo respaldo más importante se encuentra en la doctrina cooperativa y en
los principios consagrados por la Alianza Cooperativa Internacional en el
Congreso de Viena de 1966, que modificaron, en algunos aspectos en forma
sustantiva y en otros formalmente, los principios establecidos en París en
el año 1937 y en Manchester en 1995.
CAPÍTULO III
BREVE HISTORIA DEL DERECHO COOPERATIVO CHILENO
Podemos señalar las siguientes épocas en el desarrollo histórico del
Derecho Cooperativo chileno:
1ª etapa: Hasta 1924, en la cual el Derecho Cooperativo no es reconoci-
do y las instituciones cooperativas se asimilan a las instituciones civiles o
mercantiles. Esta etapa comienza a terminarse en 1919, según se verá.
2ª etapa: Desde 1924 hasta 1960, en la cual el Derecho Cooperativo
es reconocido en toda plenitud y se dicta una amplia legislación, que será
analizada más adelante.
3ª etapa: Desde 1960 hasta nuestros días, en que se desarrolla un proceso
de decantación de la legislación cooperativa, produciéndose una profundiza-
ción de la misma y, como consecuencia, su perfeccionamiento, que culmina
en la ley Nº 19.832 del año 2002.
Este período en el cual se dictan diversos cuerpos legales, que se exami-
narán en esta obra, no significa que exista siempre una mayor calidad de la
legislación, puesto que diversas normas legales dictadas pueden considerarse
que se apartan de una acabada técnica legislativa o que se distancian de una
sana estructura de la institución cooperativa.
PRIMERA PARTE
HACIA LA PRIMERA LEGISLACIÓN QUE SE PROMULGA EN 1924
1. Los primeros antecedentes del Derecho Cooperativo chileno se en-
cuentran en los estatutos que pretendieron formalizar los socios de estas
presuntas instituciones cooperativas.
48 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La primera legislación dictada sobre cooperativas en Chile es la ley
Nº 4.058, de 1924, publicada en el Diario Oficial de 30 de septiembre de
1924. Con anterioridad a esta fecha las cooperativas que se organizaban
lo hacían bajo la forma jurídica de sociedades anónimas o de sociedades
en comanditas, cuyos antecedentes constan en los registros públicos de los
archivos notariales correspondientes.
Es en el Congreso Nacional, tanto en el Senado como en la Cámara de
Diputados, donde se comienza a tratar de elaborar una legislación coope-
rativa, en el año 1918.
2. Tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, con fecha 7
de diciembre de 1918, se plantea en forma clara y precisa la necesidad de
legislar sobre cooperativas.
En efecto, en la 34ª sesión extraordinaria, celebrada el 7 de diciembre
de 1918, el senador Pedro Correa Ovalle presentó una moción que contenía
un proyecto de ley a fin de legislar sobre cooperativas de consumo. Fun-
daba su iniciativa en que “uno de los medios más prácticos y eficaces para
propender al abaratamiento del costo de la vida consiste en la formación
de cooperativas que faciliten a sus asociados la adquisición, en condiciones
convenientes, de los artículos necesarios para la alimentación, vestuario,
medicina, etc.”.
Señalaba además la existencia “en el país de grandes empresas fiscales o
particulares que ocupan en conjunto a centenares de miles de individuos”.
Agregaba que “la totalidad de los individuos que empleaban las empresas
de ferrocarriles estatales o particulares, los bancos, el comercio y la agri-
cultura, se proveen de cuanto necesitan para su vida y la de su familia, en
forma aislada y sin aprovechar el inmenso beneficio que les reportaría la
cooperación. En efecto, si por medio de cooperativas esos centenares o
millares de individuos logran reunir en unas pocas manos la demanda de los
innumerables artículos que actualmente compran en el comercio individual-
mente, obtendrían sin duda alguna una rebaja de precio tan considerable que
reducirían en fuerte proporción el costo de la vida por el solo hecho de poner
en contacto directo al proveedor de primera mano con el comprador”.
Más adelante explicitaba el sentido específico del alcance de su proyecto
de ley, que no estaba destinado precisamente a estatuir normas generales
COOPERATIVAS 49
sobre cooperativas, estableciendo la legislación fundamental de estas entida-
des, sino que buscaba la forma en que las cooperativas de consumo pudieran
hacer efectivos los créditos que por suministro de artículos pudieran tener
contra sus asociados.
En efecto, señalaba la exposición de motivos “que el artículo 466 del
Código de Procedimiento Civil se refiere a la inembargabilidad de los
sueldos”, y esta disposición, que en general es perfectamente justa y con-
veniente, estorba, sin embargo, aplicada en su integridad, la formación de
cooperativas. Este precepto legal, proseguía la exposición de motivos, que
“anula toda estipulación en contrario, resguarda la cuota de dinero indis-
pensable para la vida del empleado y su familia, pero, al mismo tiempo, lo
priva casi en absoluto del crédito indispensable también para dar seguridad
al comerciante proveedor en la marcha de su negocio y coloca al empleado
en la situación bien desfavorable de comprar al contado en pequeñísimas
partidas, ya que no dispone en un momento dado de recursos para más, o
de abrirse un crédito al fiado, sin garantía y al cual el comerciante impone
un tanto por ciento muy alto de garantía por la inseguridad, en forma de
aumento de precio del artículo vendido a plazo”.
A continuación exponía la solución al problema señalado, indicando: “Si
en cambio la ley hiciere una excepción en esta regla general en favor de las
cooperativas que se establecieren dando todas las pruebas de seriedad en su
organización y funcionamiento y aceptara que dichas sociedades pudieran
retener hasta un mes de sueldo al empleado y obrero asociado que hubiera
manifestado previamente su conformidad, se facilitaba enormemente la
constitución de estos organismos sociales tan útiles a la comunidad”. Más
adelante señalaba que “para que la sociedad cooperativa pueda asumir res-
ponsabilidad del pequeño pedido, necesita tener ella misma la garantía del
pago y a ello tiende la excepción que indico y por medio de la cual podría
retener o embargar una parte, pequeña en realidad, de la renta del empleado
u obrero, en beneficio del mismo”.
Solicitaba además un estímulo especial que “consistiría en hacer en su
favor una pequeña rebaja en las tarifas que la Empresa de los Ferrocarriles
del Estado cobran a la carga transportada por equipaje, que corresponde a
mercaderías de poco peso y de rápido envío”.
50 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El proyecto contaba con cinco artículos a fin de hacer operables las ideas
mencionadas, facultando “a las sociedades cooperativas de consumo, con
personalidad jurídica, para hacer efectivos los créditos que por suministro
de artículos tengan en contra de sus asociados, por medio de la retención o
embargo de sueldos, jornales o pensiones en la forma y con las limitaciones
que establece la presente ley”.
Dado al hecho de que en esa ocasión se encontraba en la sesión el Ministro
del Interior, señor Quezada, el senador Correa le solicitó que recabara la
inclusión en la convocatoria a sesiones extraordinarias del proyecto de ley
señalado, a lo que éste manifestó estar dispuesto.
Como puede apreciarse, es evidente que existían cooperativas de consu-
mo en funcionamiento, las que deseaban ampliar sus operaciones de crédito
con sus asociados, para lo cual se planteaba el proyecto del senador Correa.
Este proyecto no consideraba el análisis de si estas cooperativas eran tales
o si la forma jurídica que las amparaba era la adecuada a los propósitos de
sus socios, ni mucho menos se analizaban las normas a que estaban sujetas,
tema que como veremos estaba presente en las personas que se ocupaban
de este asunto.
El proyecto, que denominaremos proyecto Correa, partía de la base de
que la legislación vigente en ese entonces, vale decir, el Código Civil y
el Código de Comercio, regulaban en plenitud la constitución, desarrollo
y extinción de aquellas entidades que, a través de la autonomía de la vo-
luntad, constituían sociedades cooperativas, forzando las normas civiles y
comerciales que regulaban a las sociedades anónimas y a las sociedades en
comanditas, figuras que, como hemos señalado, eran las más utilizadas para
dar forma a las cooperativas. Ciertamente que estas normas eran violentadas
para establecer a través de ellas las instituciones cooperativas, ya que sus
propósitos y medios son distintos en absoluto a los de las cooperativas.
Finalmente, es importante destacar que el proyecto Correa tuvo una
importancia histórica, que hasta la dictación del DL Nº 2.200, de 1978,
legislación que contuvo el Código del Trabajo bajo el Gobierno Militar,
permaneció como una constante en el Derecho Cooperativo chileno, cual
es la facultad de dichas cooperativas para ejercer el derecho de retención
sobre los sueldos, salarios o emolumentos que percibían los socios de és-
COOPERATIVAS 51
tas, para pagar las obligaciones contraídas con la cooperativa. Aunque el
sistema es diferente, no cabe la menor duda de que el proyecto Correa es
el origen del denominado “descuento por planilla”, que no es otra cosa que
un derecho de retención en favor de determinados tipos de cooperativas,
que el senador Correa propuso directamente en favor de las de consumo y
que hasta 1978 rigió para éstas, las de vivienda y las de ahorro y crédito,
mediante mecanismos más perfeccionados, pero que son en su esencia los
mismos que estaban contenidos en el proyecto de 1918.
3. Como señalábamos, también en la Cámara de Diputados se analizaba
extensamente la necesidad de legislar sobre cooperativas y ello ocurre en
la 340ª sesión extraordinaria, de 7 de diciembre de 1918. Esto a raíz del
proyecto de ley que se discutía y relativo al abaratamiento de artículos ali-
menticios, el que consistía básicamente en contratar con alguna institución
bancaria un crédito en cuenta corriente hasta por la suma de $ 2.000.000,
cantidad que se destinaría a la compra de artículos alimenticios de primera
necesidad y de medicinas, operaciones que se efectuarían a través de las
municipalidades, juntas de beneficencia y sociedades cooperativas con
personalidad jurídica. Este proyecto lo patrocinaba el Gobierno de aquel
entonces, habiendo estado presente y defendido el proyecto el señor Ministro
de Hacienda don Luis Claro Solar. Ya en la sesión anterior, el proyecto había
sido puesto en tabla, el señor Ministro de Hacienda lo había explicado y
algunos diputados habían formulado alcances o comentarios al mismo.
Es así como el diputado don Tomás Ramírez Frías manifestó que el
proyecto, “en la parte que se refiere a las cooperativas, envuelve una ilega-
lidad”. Indicó seguidamente que “estas sociedades no se pueden constituir
como corporación, pues, por su esencia, están destinadas a realizar actos de
comercio y son entonces sociedades comerciales”. Agregó que “el Código
de Comercio no reconoce sino tres clases de sociedades, a saber: colectivas,
en comanditas y anónimas. Pueden considerarse todavía las cuentas en parti-
cipación, en ninguna de las cuales caben las sociedades cooperativas. Tanto
es así que en todos los países donde existen millares de estas sociedades,
ha habido que dictar una legislación especial para que se rijan”. Señaló el
diputado Ramírez: “especialmente a Francia, de donde han sido tomadas a la
letra las disposiciones de nuestro Código de Comercio sobre las sociedades:
se ha estimado allí que no pueden existir dentro de la ley estas especiales”.
Como conclusión agregó: “De manera que dentro de nuestra legislación no
52 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
pueden establecerse las cooperativas; dentro de la ley serían sociedades de
hecho y por lo tanto, nulas”. Terminó indicando que no podían entregarse
fondos a instituciones que estén en situación ilegal: “Debe dictarse una ley
especial para las sociedades cooperativas”.
La discusión prosiguió en la 44ª sesión y haciéndose cargo de la opinión
del diputado señor Ramírez, don Carlos Alberto Ruiz expresó que “no estaba
preparado para poder decir si las observaciones del honorable diputado por
Santiago son justificadas o no; si las circunstancias de no ser consideradas
como entidades jurídicas por el Código de Comercio, las coloca en situación
de no poder obtener préstamos”. Agregó que, prima facies, tenía una opinión
diversa de la de don Tomás Ramírez. En forma más extensa, este último
fundamentó su primera opinión, reiterando la indicación formulada, que por
ser el primer análisis hecho en profundidad sobre el tema en el Congreso
Nacional hemos estimado del caso transcribirlo:
“La sociedad cooperativa es una institución en la que se juntan, pongo por
ejemplo, cien personas, cada una de las cuales aporta, supongamos también,
$ 100 en acciones de valores iguales; con estos fondos establece un almacén,
comprando directamente los artículos al productor para venderlos al detalle a
sus socios sólo con una pequeña ganancia sobre el precio de costo, pero siempre
al contado. Por cada compra entrega un bono al comprador. Aquella diferencia
se dedica a los gastos de administración y el sobrante se reparte periódicamente
a los asociados, a prorrata de la cantidad que han comprado, según los bonos
que presentan. El socio tiene así artículos de primera clase, a precio ínfimo y
con la expectativa de recibir un dividendo. Consume y ahorra a un tiempo.
Esta es, en sus líneas generales, la sociedad cooperativa de consumo a que,
sin duda, alude el proyecto. Las hay también de producción, crédito, construc-
ciones, etc.
Existen en todo el mundo con millones de asociados y son las que han
resuelto este problema de la alimentación, matando la especulación del
intermediario.
Pero siendo formas nuevas de la asociación, resulta que no encuadraban dentro
de las leyes, porque los Códigos no las contemplaban y sus disposiciones no se
amoldaban a su índole y fines especiales; quedaban fuera de la ley, eran nulas
ante el derecho y entonces se hizo necesario dictar leyes especiales, recono-
ciéndolas, reglamentándolas y amparándolas.
COOPERATIVAS 53
Una de sus características es la simplicidad en su constitución y dirección; otra
es la de que el capital puede ser constantemente variado según las circunstancias.
En Francia se las llama precisamente sociedades de capital variable.
Sólo así pueden extender libremente el beneficio de su personalidad jurídica
cada vez a un mayor número de personas.
En nuestras instituciones legales comunes se reconocen dos categorías de per-
sonas jurídicas de derecho privado: las no industriales, que no persiguen fines
pecuniarios o de lucro, llamadas corporaciones y fundaciones de beneficencia, y
las industriales o que persiguen fin de lucro, llamadas sociedades. Las primeras
están regidas por el Título final del Libro I del Código Civil; las segundas, por
el Título respectivo del Libro IV del mismo Código.
En este Título existe una disposición que dice que las sociedades se llaman
comerciales o civiles, según si los actos que van a ejecutar sean o no calificados
de actos de comercio por el Código respectivo, y que si son comerciales se
rigen por el Código de Comercio.
Ahora bien, el artículo 3º Nº 1 de este Código dice que son actos de comercio la
compra para revender y la reventa de cualquier clase de cosas muebles, como son
las mercaderías o artículos que compran o venden las sociedades cooperativas de
consumo, lo mismo que una tienda cualquiera. Por consiguiente, esta sociedad
cooperativa es, según nuestras leyes, una sociedad comercial. Pero enseguida
tenemos que el artículo 348 del Código de Comercio declara expresamente que
la ley reconoce las cuatro clases de sociedades que él enumera: la colectiva, la
anónima, la comanditaria y la de cuentas en participación.
La cooperativa no es ninguna de éstas; es materialmente diversa de ellas, aun
cuando puede parecerse a la anónima o a la comanditaria por acciones. Si se
constituye, pues, una sociedad con arreglo a cualquiera de aquellos tipos lega-
les, no es una sociedad cooperativa, aun cuando así se la denomine: será una
sociedad colectiva, anónima, etc., pero no una sociedad cooperativa, porque
ésta es una organización sui géneris, distinta.
En consecuencia, no estando reconocida por la ley la sociedad cooperativa,
si se constituye, es sólo una sociedad de hecho, o absolutamente nula, que
no tiene ni puede jamás adquirir personalidad jurídica y cuya disolución
puede pedirse en cualquier momento según preceptos igualmente expresos
de nuestras leyes.
54 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
No podrían pretender asilarse en las disposiciones del Título final del Libro I del
Código Civil, porque, como he dicho, una sociedad cooperativa de consumo no
es ni una corporación ni una fundación de beneficencia, a las cuales únicamente
se refiere allí el Código. Son sociedades de lucro o beneficio pecuniario.
Por lo tanto, una ley como la que discutimos no puede dar por inconcuso, como
lo hace, que las cooperativas tienen o pueden tener personalidad jurídica mien-
tras no se dicten disposiciones especiales para concedérsela y reglamentarlas,
como ha ocurrido en otros países de legislación análoga a la nuestra.
Yo conozco un poco este asunto, en razón de que lo enseño, y porque me he
preocupado hace más de veinte años de él; he sido un verdadero propagandista
de la cooperación. En el Centro de Educación Popular, en la Asociación de Edu-
cación Nacional, en las fábricas y centros obreros, etc., me he esmerado en dar
conferencias y en propiciar por todos los medios a mi alcance la formación de
estas sociedades, aunque sean extralegales, y he dado los estatutos para varias
sociedades de esta clase.
Y debo agregar que las sociedades de esta índole que he conocido aquí han
fracasado, especialmente por dos capítulos: falta de conocimientos comercia-
les de los gerentes o administradores, o falta de honradez. La fiscalización
de los socios se hace muy difícil si el gerente es un patrón o un superior, y se
convierte en un campo de Agramante si el gerente es un igual, porque todos
quieren intervenir.
Estas son, señor Presidente, las razones que he tenido para formular la indicación
pendiente. No estimo aceptable que se consigne en una ley algo que no puede
ocurrir dentro del sistema establecido por nuestras instituciones jurídicas.
Díctense primero las leyes que reconozcan y estatuyan sobre las sociedades
cooperativas y entonces déseles todo el auxilio que necesitan para que surjan
en Chile y desempeñen el papel salvador que en la economía social están lla-
madas a desempeñar, como lo atestiguan Inglaterra –su cuna–, Estados Unidos,
Francia, Alemania, etc.
Mantener esa idea de la ley es exponer al Estado a que entregue sus fondos a ins-
tituciones que se presentan falsamente como sociedades cooperativas sin serlo,
que existen en el hecho y que no son sino sociedades anónimas o de otro carácter
legal, organizadas para comerciar y explotar al público consumidor”.
Hasta aquí el análisis del diputado señor Ramírez.
COOPERATIVAS 55
El señor Ministro de Hacienda solcitó que no se hiciera cuestión del pro-
blema legal de las cooperativas, “mientras son o no instituciones que tengan,
con arreglo a nuestra legislación, una base o nacimiento legal determinado”.
En igual sentido se pronunció el diputado don Belfor Fernández.
Siguió un nutrido debate sobre este y otros temas relacionados con el
proyecto de ley, habiéndose puesto finalmente en votación la indicación
del diputado don Tomás Ramírez, en el sentido de eliminar o mantener la
frase relacionada con las operaciones con cooperativas, la que se acordó
mantener por 22 votos contra 9 y 2 abstenciones.
Fue sólo en la 54ª sesión, celebrada el 17 de diciembre de 1918, que la
Cámara de Diputados conoció de la moción presentada por el diputado por
Santiago don Tomás Ramírez Frías sobre cooperativas.
En la primera parte de los fundamentos del proyecto, la moción del di-
putado Ramírez reitera los conceptos que se vertieran en la sesión 44ª. Pero
más adelante señala algunos conceptos de orden doctrinario, y al respecto
hizo constar lo siguiente sobre las cooperativas:
“Ellas han sido las que, aplicando la conocida fórmula: ‘todos para uno, cada
uno para todos’, han venido a resolver en la práctica, en las mejores condi-
ciones posibles, algunos de los más difíciles problemas de la economía social,
tales como la promoción de artículos de primera necesidad, de buena clase y
a bajo precio (cooperativas de consumo), las aspiraciones obreras al producto
íntegro del trabajo personal (cooperativas de producción), el crédito popular
(cooperativas de crédito), la edificación y adquisición de habitaciones higié-
nicas y baratas (cooperativas de construcción) y el progreso de la agricultura,
especialmente de la producción intensiva y respecto del pequeño propietario
(cooperativas o sindicatos agrícolas).
El proyecto de ley se componía de 24 artículos y un artículo final, con-
teniendo algunas disposiciones de orden social o laboral ajenas a la materia
misma del proyecto.
Por de pronto no contenía una definición de las cooperativas, sino que
se consideraban como tal a aquellas que se sujetaran a las normas del pro-
yecto de ley.
56 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La forma de constituir una cooperativa se reglamentaba en el artículo
3º, señalándose que debía hacerse por escritura pública, la que contendría
la designación de los socios fundadores, el objeto de la sociedad, el capital
inicial, valor de las acciones, plazo de duración y domicilio social. Una
copia autorizada de la escritura debía entregarse por el gerente de la coo-
perativa a la municipalidad de la cabecera del departamento del domicilio
local de la cooperativa, en donde será archivada. El mínimo para constituir
la cooperativa era de diez socios. Se establecía en el artículo 5º el sistema
de exclusión de socios, lo que le correspondía a la junta general. Respecto
de la responsabilidad de los socios, se determinaba sólo hasta concurrencia
del valor nominal de las acciones que poseen, salvo las que representen
trabajo, las cuales no tendrán ninguna responsabilidad ante terceros. Se
establecía el retiro de los socios en cualquier momento. Las acciones en que
se dividía el capital, y que debían suscribir y pagar cada socio, eran nomi-
nativas mientras no se encontraren totalmente pagadas. Después pasaban a
ser al portador. La representación se entregaba al gerente, en conformidad
a las normas del Código de Comercio. El gerente se designaba por la junta
general de accionistas, la cual también podría removerlo. La autoridad
suprema, según el artículo 13 del proyecto, estaba radicada en la junta ge-
neral de accionistas. El mismo artículo establecía el principio del control
democrático, al disponer que “cada accionista será un voto”. El artículo 14
del proyecto creaba un sistema de autocontrol, mediante la facultad de la
Junta de nombrar anualmente una comisión de personas de su seno para que
fiscalizaran los actos de la gerencia y la marcha de los negocios.
El control de estas sociedades se reservaba a 1a “municipalidad o inten-
dencia de la provincia respectiva” (…) “Cualquiera de estas autoridades
podrá, en una resolución motivada, declarar caducada la sociedad por
infracciones legales u otros hechos graves”, señalaba el artículo 19 del pro-
yecto. Se disponía además que “contra estas resoluciones podrá la sociedad
recurrir ante la Corte de Apelaciones respectiva, la cual fallará sin ulterior
recurso, breve y sumariamente, oyendo a la sociedad y al Ministerio Público
y previas las diligencias que estime necesarias para esclarecer los hechos.
Intertanto no podrá cumplirse el decreto administrativo”.
Respecto de las cooperativas de consumo, entre otras normas, se
disponía que sólo pudieran efectuar ventas al contado y a lo más con un
recargo que no pase del 8% sobre el valor de costo. El mecanismo de
COOPERATIVAS 57
retorno de excedentes en las cooperativas de consumo se establecía en la
siguiente forma: “Por cada venta dará al comprador un bono que exprese
el valor de ella”.
EI 50% de las utilidades anuales de la sociedad se destinaría primera-
mente a reportar un dividendo a los accionistas fijado en el estatuto y que
no excederá de 4%, o de 4% a falta de esta fijación; el resto se dividirá entre
todos los tenedores de bonos a prorrata de sus valores.
Se contemplaban ciertas exenciones, entre otras la liberación “de toda
contribución a los bonos de compra”, reconociéndose de esta forma que no
había una operación de compraventa entre la cooperativa y sus socios, sino
un mero acto de distribución.
El análisis realizado por el diputado don Tomás Ramírez, tanto en la
primera discusión del proyecto de ley destinado a otorgar créditos a las
cooperativas, como en la moción de ley presentada, es evidente que cala
en forma derecha en el problema jurídico de la existencia de normas que
regulen la vida de estas instituciones. Cierto es que la exposición hecha
por el señor Ramírez tiene contradicciones, al sostener que el Congreso
no podía legislar sobre una persona jurídica que no existía en el derecho
sino en el hecho y que, por lo tanto, era nula, sin perjuicio de que declara
haberse constituido este tipo de sociedades, que denomina extralegales.
El análisis realizado, es revelador, porque demuestra la problemática
existencia de estas sociedades en esa época, como lo comprobaremos al
seguir el avance del proyecto Correa en el Senado, que despertó un vivo
debate sobre la materia.
4. En la 40ª sesión extraordinaria del Senado, del 18 de diciembre de
1918, se puso en discusión la moción presentada por el senador Correa
sobre sociedades cooperativas.
Entre las opiniones vertidas, cabe señalar la del senador don Eliodoro
Yáñez, quien expresó que el proyecto Correa no podía “despacharse sin que
previamente se dicten reglas para la constitución legal de las sociedades
cooperativas”, agregando que tal como se presentaban las sociedades y como
deberían organizarse no tenían exacta cabida en la legislación chilena de ese
entonces. Señaló que era preciso legislar sobre su organización.
58 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Discrepó de la opinión vertida por el senador Yáñez el senador don
Carlos Aldunate, quien señaló que “éstas son asociaciones que persiguen
un fin social, un fin moral, cual es el de que varios individuos se asocien
en gremio para formar juntos lo que separados no podrían realizar, o sea,
comprar por mayor y repartirlo entre los asociados para conseguir los
objetos al precio que los adquieren los hombres de fortuna considerable.
Los asociados de esa naturaleza pueden considerarse incluidos entre las
personas jurídicas de derecho privado de que trata el Título final del Libro
I del Código Civil; tan es así, que los gremios patrióticos, los obreros, las
instituciones de caridad, las de beneficencia y otras corporaciones que a
diario solicitan la personería jurídica del Consejo de Estado, no son otra
cosa que corporaciones que no tienen un fin de lucro, entre las cuales
tendrán perfecta cabida las cooperativas”. Agregaba el senador Aldunate:
“Por lo demás, el exceso de leyes perjudica, de manera que si estas aso-
ciaciones pueden regirse con la legislación actual, no hay por qué dictar
nuevas disposiciones”.
El senador Daniel Feliú impugnó las ideas del senador Aldunate, al
decir que “es un error capital el sostener que éstas son corporaciones
iguales a las de beneficencia, que pueden obtener la personalidad jurídica
con la anuencia del Consejo de Estado y autorización del Presidente de la
República. Se hace un mal muy grande a estas sociedades obligándolas
a someterse a una tramitación tan engorrosa como es la de obtención de
personalidad jurídica. Las prescripciones legales deben ser tales, que per-
mitan a estas sociedades organizarse sin necesidad de andar poco menos
que pidiendo favores”.
Prosiguió el debate con diversas intervenciones en que se sostenía, por
un lado, la inadecuación de la legislación de la época para dar cabida a las
cooperativas, y, por otro lado, que se apoyaba la tesis contraria. El proyecto,
en todo caso, se acordó someterlo al análisis de Comisión.
5. En la 102ª sesión extraordinaria de la Cámara de Diputados, celebrada
el día 30 de enero de 1919, se dio cuenta del informe de la Comisión de
Legislación y Justicia recaído en la moción del diputado señor Ramírez
Frías, ya comentado. Dicha Comisión estaba compuesta por los diputados
señores Eduardo Opazo, Enrique A. Rodríguez, Tomás Ramírez Frías, E.
Rodríguez Mac-Iver y Octavio Reyes del Río.
COOPERATIVAS 59
Los artículos 1º y 2º fueron perfeccionados por la Comisión, sin cambiar
la idea primitiva. En el artículo 3º se acordó incluir el nombramiento de un
gerente provisional. También se acordó elevar el número de socios nece-
sarios para constituir una cooperativa de diez a veinte socios, agregando,
el procedimiento al cual debía sujetarse la adhesión. Para los efectos de la
exclusión se estableció la obligación de la cooperativa de devolver al socio
la utilidad –que así se denominaba al excedente– que le correspondiera. Se
fijaron normas sobre Juntas Ordinarias y Extraordinarias y quórum diversos.
La comisión fiscalizadora, que en el proyecto Ramírez era facultativa, se
estableció como obligatoria. Se creó un fondo de socorros mutuos, para el
caso de que se hubiera enterado el fondo de reserva. Se eliminó la facultad
que el proyecto Ramírez otorgaba al Intendente para declarar caducada la
personalidad jurídica de la cooperativa. Sin embargo, se dispuso en un nue-
vo artículo que “la Oficina del Trabajo velará por el estricto cumplimiento
de esta ley; para este efecto, cuando lo estime conveniente el jefe de esta
Oficina, podrá practicar por el mismo o por intermedio de otra persona una
inspección a las sociedades cooperativas que funcionan en el territorio de
la República, y dará cuenta al Gobierno y a la Municipalidad respectiva de
las observaciones que tenga a bien hacer sobre el funcionamiento de las
sociedades que inspecciona”.
El recargo del 8% que establecía el proyecto Ramírez como precio de
venta máximo que podían hacer las cooperativas, fue eliminado y sustituido
por el recargo que anualmente se acuerde por la junta general. Asimismo,
el interés máximo que el proyecto Ramírez había fijado en 4% anual, se
cambió a 8% anual. Se suprimieron los artículos que contenían materias de
orden social y laboral, sugiriendo a la Cámara que prestara su aprobación
al proyecto.
6. En la 54ª sesión ordinaria de la Cámara de Diputados, celebrada el
13 de agosto de 1919, el proyecto del diputado Ramírez logró avanzar otra
etapa más del proceso legislativo, habiéndose discutido y aprobado en ge-
neral. Posteriormente pasó a discutirse en particular, artículo por artículo.
Algunos artículos quedaron de inmediato aprobados y otros se pospusieron
para una segunda discusión, según las indicaciones que los diputados for-
mularon. Creemos de interés consignar algunas observaciones. Entre ellas la
observación hecha por don Alejo Lira, a fin de que el proyecto que contenía
la expresión “capital inicial” se cambiara por “capital social”. El diputado
60 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
señor Ramírez señaló que no le parecía bien este cambio, por cuanto “en las
sociedades cooperativas hay varias clases de capital: hay un capital inicial,
que es el que sirve para comenzar, y un capital actual, que puede ser distinto
de aquél, porque puede estar aumentando con los ingresos de socios, así
como este actual es variable, en cada caso, por el ingreso o por el retiro de
socios. Es una característica de estas sociedades que su capital sea variable,
y ésta es, entre otras, una razón para no poderles aplicar las reglas de las
anónimas. Lo que el proyecto quiere es sólo que el capital inicial base de la
sociedad esté perfectamente fijado y establecido en la escritura. No puede,
pues, decirse en ella capital social”.
A propósito del artículo 4º que precisaba el modo o forma de adherirse
a la cooperativa, que según el proyecto debería hacerse mediante un acta
inscrita en el registro de accionistas que llevará la institución, el diputado
Ramírez, frente a una observación formulada por el diputado Juan Ramón
Herrera Lira, expuso: “Las sociedades cooperativas son, en general, for-
madas por gente de modestos recursos, especialmente por obreros, que no
tienen dinero para los gastos de las escrituras públicas; y por eso y para
facilitar su difusión, en general no se les exige gravamen de documentos
públicos, ni siquiera privados, que lleven timbres ni envuelvan gastos de
ninguna especie. Por un exceso tal vez de precaución, se pide en el proyecto
escritura pública para la fundación de la sociedad; pero no creo en manera
alguna justificado que se obligue a los obreros a hacer gastos de escritura
pública para incorporarse a una sociedad ya formada, adquiriendo una ac-
ción. Ello sería entrabar su acceso a estas instituciones, estableciendo una
exigencia que no existe ni aun para las sociedades anónimas de grandes
empresas o negocios, a las cuales cualquiera ingresa por un acto privado,
por lo que se llena un simple traspaso de acción firmado ante testigos y del
cual se toma nota en el registro social”.
En la sesión Nº 66, del 27 de agosto, se prosiguió la discusión del pro-
yecto. En general, en esta sesión el despacho del proyecto se realizó sin
mayores problemas, sin perjuicio de algunas modificaciones, que para los
efectos de esta reseña histórica no tienen interés especial.
Sin embargo, el propio diputado autor del proyecto, don Tomás Ramírez,
presentó una indicación para agregar un nuevo artículo, que fue aprobado, y
que disponía: “En lo que no esté previsto en la presente ley y en cuanto no
COOPERATIVAS 61
pugnen con la naturaleza y fines de las sociedades cooperativas, se les apli-
carán, según los casos, las reglas del Código Civil sobre personas jurídicas
o las disposiciones del Código de Comercio sobre sociedades anónimas”.
También el diputado señor Ramírez agregó otro artículo, referente al
conocimiento de las cuestiones civiles de mayor cuantía que se pudieren
suscitar con motivo de la Ley de Cooperativas, de las que deberían conocer
los tribunales de justicia. Finalmente el proyecto fue aprobado.
7. El Senado recibió el oficio con el proyecto de ley remitido por la Cá-
mara de Diputados el día 28 de agosto de 1919 y fue enviado en la misma
ocasión a la Comisión de Legislación y Justicia, a petición del senador
Correa, quien era el autor del otro proyecto presentado el 7 de diciembre
de 1918 sobre retención de sueldos y salarios en favor de cooperativas de
consumo.
Sólo en el mes de enero de 1920, en la 44ª sesión extraordinaria, efec-
tuada el 15 de ese mes, se recibió en la mesa del Senado el informe de la
Comisión de Legislación y Justicia. En el informe se deja constancia de que
“el origen del proyecto proviene de una moción del diputado por Santiago
don Tomás Ramírez Frías y que su objeto es el de dar a las cooperativas
que se formen una organización más o menos análoga a la que tienen en
otros países”. La Comisión hizo algunas enmiendas sin mayor importancia,
y consideró especialmente algunas de las ideas contenidas en el proyecto
del senador Correa, aunque no insistió en los aspectos relacionados con la
venta a crédito por las cooperativas de consumo, punto que se mantuvo en
la forma en que lo había despachado la Cámara de Diputados, que en el
artículo 22 del proyecto, letra h), disponía que las cooperativas de consumo
“sólo podrán efectuar ventas al contado y con el recargo que anualmente se
acuerde por la junta general”.
8. En la 51ª sesión ordinaria del Senado, celebrada el día 18 de agosto de
1921, el senador por la provincia de O’Higgins, señor Juan Enrique Concha
Subercaseaux, solicitó que el proyecto volviera a la Comisión de Legisla-
ción y Justicia en razón de que se pudiera contemplar en él “disposiciones
que tiendan a procurar la creación de cooperativas por procedimientos más
adecuados”. El senador señor Mac-Iver, ante esta indicación, dijo que a su
parecer el informe emitido estaba bien, pero primó la opinión del señor
62 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Concha, quien manifestó que su propósito era hacer observaciones de fondo
sobre el proyecto y su intención era el de presentar un contraproyecto.
9. El señor Ministro de Justicia e Instrucción que en 1921 era don Tomás
Ramírez Frías, en la sesión del 23 de agosto de 1921, solicitó a nombre del
Gobierno al Senado el pronto despacho del proyecto, señalando que “desde
hace dos años existe pendiente de la consideración del Senado un proyecto
de ley sobre Sociedades Cooperativas”. Agregó que “este proyecto es de
una importancia enorme, porque tiende a poner al alcance de todos los
medios prácticos de abaratar la vida de los habitantes, sin necesidad de la
intervención del Gobierno”. Puntualizó que era objetivo del proyecto el “dar
facilidades al pueblo para que pueda proveerse de los artículos de primera
necesidad a precios convenientes y mediante su propia iniciativa”.
Cabe hacer notar que don Tomás Ramírez Frías era integrante del Go-
bierno del Presidente don Arturo Alessandri Palma.
10. En la 65ª sesión ordinaria del Senado, efectuada el 14 de septiem-
bre de 1923, se dio cuenta de diversos informes de Comisiones, entre los
cuales se incluyó el de la Comisión Mixta de Legislación Social, que se
encontraba estudiando un Proyecto de Ley sobre Tribunales de Conciliación
y Arbitraje relativo a las condiciones del trabajo, y a la salud, seguridad y
bienestar obreros, que posteriormente se convertirían en las leyes básicas
que constituyeron el Código del Trabajo, informe que se refería al contrapro-
yecto presentado por el senador Juan Enrique Concha Subercaseaux. En la
historia de la legislación, por desgracia, no se ha podido tener acceso a este
contraproyecto, que al parecer se habría extraviado, habiendo sólo quedado
constancia del informe nuevo, que hace especial hincapié en las diferencias
que tendría en relación a los proyectos Correa y Ramírez. Respecto de este
último, señala la Comisión que el trámite de constitución de las coopera-
tivas habría sido injustificado. Además se menciona particularmente a las
cooperativas de producción.
Sin embargo, los firmantes del informe se reservaron el derecho de hacer
en la Cámara de Diputados o en el Senado las observaciones que estimaren
conducentes, dado el hecho de que la Comisión habría dispuesto de muy
escaso tiempo para hacer un estudio en detalle de sus disposiciones y corregir
defectos de redacción; además, la firma estampada está sujeta a múltiples
COOPERATIVAS 63
salvedades, que hacen dudar de que tal informe o el propio contraproyecto
hubiere sido presentado con los objetivos señalados por su autor, todo ello
dentro de las pugnas políticas que dominaban el Congreso y la acción del
Ejecutivo de ese entonces, materias todas que escapan a esta investigación,
sin perjuicio de lo útil que sería efectuar un análisis de ello. En efecto, don
Eliodoro Yáñez firma sólo para los efectos reglamentarios; don Luis Enrique
Concha suscribe el informe con salvedades; don M. Yrarrázaval lo hace para
los efectos reglamentarios, al igual que don Luis A. Undurraga.
11. El 4 de febrero de 1924, en la misma sesión en que el Gobierno pre-
sentaba el Gabinete recientemente formado, que presidía el Ministro del
Interior, don José Maza, correspondiente a la 1ª sesión extraordinaria del
Senado, se inició la discusión del Proyecto de Ley sobre Cooperativas el
que fue aprobado en general.
En la 39ª sesión ordinaria celebrada por el Senado el 22 de julio de 1924,
se inició el debate en particular del proyecto de ley. Es decir, cuatro años y
medio después de haberse recibido en el Senado el proyecto de ley aprobado
por la Cámara de Diputados, se inició su análisis.
Se produjo un debate acerca de cuál de los proyectos se tomaría como
base de discusión, es decir, el proyecto Ramírez o el proyecto del senador
Concha Subercaseaux. En dicha sesión no se logró avanzar mayormente y en
la sesión siguiente, del día 23 de julio, el presidente del Senado, don Eliodoro
Yáñez, señaló que existía el proyecto del senador Concha Subercaseaux y
que se proponía como base de discusión del proyecto; el proyecto enviado
por la Cámara de Diputados que llegó al Senado como Cámara Revisora,
además del proyecto del senador Correa Ovalle.
El senador Concha propuso discutir el proyecto aprobado por la Cámara
de Diputados, haciendo notar que “gran parte de las disposiciones del pro-
yecto que viene de la otra Cámara están contempladas en el que he tenido
el honor de presentar”. Agregó que “este último es mucho más amplio que
el anterior. En él procuro, después de haber consultado a personas que han
dirigido sociedades cooperativas y que tienen la consiguiente experiencia
en la materia,… subsanar los inconvenientes con que han tropezado en la
práctica algunas de estas instituciones y que las mantienen hasta el presente
en un verdadero letargo”. Señaló más adelante, criticando el artículo 10 del
64 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
proyecto Ramírez, que tal artículo no dice qué son sociedades cooperativas,
“pero como se trata de establecer una legislación nueva sobre sociedades
que en cierto modo tienen un fin comercial, y que van a quedar fuera de
las disposiciones generales que rigen las asociaciones en nuestro país”,
propuso que el artículo 10 estableciera que las cooperativas deberían reunir
estos requisitos:
“1º Tener un número ilimitado de socios;
2º Un capital susceptible de ser aumentado indefinidamente;
3º Responsabilidad Limitada;
4º Que se organicen por acciones cuyo monto máximo determinará esta mis-
ma ley, con el objeto de ejercer operaciones de producción y compraventa de
bienes”.
Agregó el mismo senador, aclarando algunas ideas, que era “indispen-
sable dar en esta ley una definición al respecto, para fijar las característi-
cas de esta clase de sociedades; pues esta legislación que ahora vamos a
dictar, es completamente distinta en muchos puntos de la legislación que
nos rige en materia de sociedades en general…; es de la esencia de las
sociedades cooperativas que tengan un número ilimitado de socios, que
aun cuando se funden con diez o quince, pueden llegar a tener cien, mil
o diez mil; así ha ocurrido, como posiblemente lo recordarán muchos…,
con la cooperativa denominada ‘La Rochdale Pioneer’, que es una de
las instituciones más poderosas de Inglaterra, y que gira con millones de
libras esterlinas. Otro tanto ocurre con la ‘Union Cooperative’, de Milán,
que tuvo unos cuantos socios fundadores, y hoy sus asociados exceden
de cuatrocientos mil”.
“Es necesario, asimismo –destacó el senador Concha–, establecer que
el capital de las sociedades cooperativas es susceptible de ser aumentado
indefinidamente”, hecho que calificó de esencial. Señaló que la definición
propuesta no determinaba las características esenciales de las cooperativas,
ya que no establecía que el reparto de las utilidades debe hacerse también
entre los compradores de la producción de la sociedad a prorrata de sus
adquisiciones y entre sus trabajadores.
Finalmente, después de insistir en que se diera por aprobado el artículo
lº del proyecto de la Cámara, sin modificación alguna, se le aprobó.
COOPERATIVAS 65
Con posterioridad, se acordó aprobar el artículo 1º del proyecto del
senador Concha Subercaseaux, que disponía, como se ha dicho, que “para
los efectos de la presente ley se considerarán como sociedades cooperativas
las que reúnan las condiciones siguientes:
“1º Tener un número ilimitado de socios;
2º Un capital susceptible de ser aumentado indefinidamente;
3º Responsabilidad limitada;
4º Que se organicen por acciones cuyo monto máximo determinará esta
misma ley, con el objeto de ejercer operaciones de producción y compraventa
de bienes”. Este artículo quedaría como artículo 2º del proyecto de ley.
El resto de la sesión se destinó a analizar el artículo 2º del proyecto Ra-
mírez y el artículo 8º del proyecto Concha Subercaseaux, los que se referían
a la capacidad necesaria para ser socios de cooperativas, ya que se quería
ampliar la capacidad que la legislación civil otorgaba corrientemente a la
mujer casada y a los hijos menores, todo lo cual llevaba a modificar la le-
gislación vigente a la época, al decir del senador Concha, “porque ahora se
trata de proteger y desarrollar la economía en el modo de vivir bajo nuevas
bases, especialmente de la gente de trabajo. Como la ley ya ha reconocido
al muchacho de catorce años o más y a la mujer casada el derecho de gozar
de su salario, no se ve qué razón pueda haber para que estas mismas perso-
nas no puedan hacer economías adquiriendo acciones de las cooperativas,
si lo desean”.
El debate hubo de suspenderse, pues se presentó el nuevo Gabinete de-
signado por el Presidente, don Arturo Alessandri Palma, presidido por su
Ministro del Interior, don Pedro Aguirre Cerda.
12. El debate del Proyecto de Ley sobre Sociedades Cooperativas con-
tinuó en la 45ª sesión ordinaria, del 31 de julio de 1924, agotándose la hora
de la sesión en larguísimas disquisiciones sobre la redacción de los artículos
2º y 8º mencionados precedentemente, sin llegar a acuerdo alguno.
Este tema se terminó de tratar en la 53ª sesión ordinaria, celebrada el 13
de agosto de 1924, habiéndose aprobado el siguiente artículo:
66 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
“Podrá celebrar los contratos de sociedad cooperativa que rige esta ley toda
persona que no sea absolutamente incapaz, conforme a las reglas del Código
Civil.
La ejecución o cumplimiento de las obligaciones que contraigan los incapaces
a que se refiere el inciso anterior, sólo podrán perseguirse como sigue:
1º En contra de los menores adultos, sobre los bienes de su peculio profesional,
cuya administración y goce les conceda la ley.
2º En contra de las mujeres casadas mercaderes, sobre los bienes de su comercio
o industria.
3º En contra de las mujeres casadas que ejercen públicamente una profesión
u oficio, sobre los bienes que adquirieron con su trabajo o que por tal motivo
administren; y
4º En contra de los demás incapaces no comprendidos en los números anterio-
res, sobre los bienes que adquieran a título de salario o en el ejercicio de algún
empleo, profesión liberal, industria u oficio económico.
Las demás personas relativamente incapaces, que obren por sí mismas, sólo
podrán obligarse hasta concurrencia de una acción en cualquiera de las socie-
dades cooperativas”.
13. En el intertanto, el mismo día en que se terminaban de debatir los
artículos antes señalados, el diputado por Traiguén, señor Eulogio Rojas
Mery, presentaba otro proyecto de ley sobre cooperativas, de 13 artículos,
en que se precisaban aún más los caracteres de las sociedades cooperativas
y se establecía la constitución en el Ministerio de Industria de una sección
sobre cooperativas, en especial de carácter estadístico, con destacado acento
en materias agrícolas.
Es interesante hacer notar que el diputado Rojas hizo una extensa ex-
posición sobre el desarrollo de las cooperativas en diversos países basado
en los datos obtenidos por el diputado argentino del Partido Socialista,
don Nicolás Repetto, quien en 1917 presentó en el Congreso de su país
un proyecto de ley sobre la materia. Es indudable que los antecedentes
del señor Rojas son un gran aporte doctrinario, citando diversos autores
extranjeros, como el “profesor Valenti” y el “reputado agrónomo cana-
diense Mr. S. E. Tood”.
COOPERATIVAS 67
Hizo una fuerte crítica a los proyectos que se discutían en ese instante
en el Senado, al manifestar que “el proyecto del honorable diputado señor
Ramírez Frías, aprobado sin discusión por esta Cámara; como el del hono-
rable senador don Juan Enrique Concha, se apartan abiertamente de estos
principios básicos de la cooperación, pues llegan a reglamentación tan
minuciosa, que más parecen estatutos de alguna sociedad cooperativa con
fin único y determinado. A mi juicio, esto es un lamentable error, porque en
materia de cooperación se puede llegar, al infinito, pudiendo asegurar que no
hay rama de las actividades industriales y agrícolas que no sea susceptible
del régimen de cooperativas”.
Como dato interesante, entre otros muchos, el diputado Rojas señaló que
en 1915 en Argentina funcionaban 73 cooperativas y mutualidades agríco-
las con 22.351 socios, siendo la primera cooperativa la que se creó en el
pueblo de Pingüe el l9 de octubre de 1898, “en que un puñado de modestos
y anónimos trabajadores de la tierra fundó allí una sociedad cooperativa
para el seguro mutuo contra el granizo”. Al parecer, se pretendía presentar
esta cooperativa como un modelo de la Cooperativa de Rochdale. Dijo el
señor Rojas: “El Progreso Agrícola de Pingüe llamaron a la nueva coo-
perativa, que vio la luz, en su cuaderno de 30 centavos, sin sospechar sus
autores lo trascendental de su obra. En 1917 esta cooperativa contaba con
cuatro instituciones, dos cooperativas destinadas exclusivamente al seguro
contra granizo, una para el seguro contra incendio de trilladores y parvas
de cereales, y una para la provisión de artículos de consumo y maquinaria
agrícola”.
En la sesión siguiente de 14 de agosto, el señor Rojas reiteró los con-
ceptos emitidos anteriormente, solicitando una investigación respecto del
descuento por planilla de los sueldos de empleados públicos en favor de
una cooperativa social que se había ordenado por decreto de insistencia,
hecho que según opinión del diputado era objetable.
14. Por su parte, el Senado en la 55ª sesión ordinaria, efectuada el 19
de agosto de 1924, prosiguió el análisis del proyecto de ley, entrándose a
discutir el artículo 3º.
Previamente a ello, los senadores Subercaseaux, Gutiérrez, Jaramillo y
Sierra solicitaron que se enviara a Comisión el proyecto de ley, dado el nú-
68 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
mero de proyectos que se estaban debatiendo, a los que se había agregado el
del diputado señor Rojas, ya mencionado. Aunque sea largo de detallar, nos
parece interesante anotar estos detalles y otros, a fin de aportar los necesa-
rios antecedentes para que se tenga a la vista la forma en que en definitiva
se aprobó el proyecto, que se mencionará más adelante. Es así como don
Luis Claro Solar manifestó que “este proyecto pende de la consideración del
Honorable Senado desde hace mucho tiempo, y durante el cual ha estado
en Comisión dos o tres veces; pero como las comisiones no han evacuado
oportunamente sus informes, no es todavía ley de la República, aun cuando
es de conocido interés público. Temo que al enviarlo nuevamente a Comi-
sión, perdamos lo que hemos avanzado en discusión. Por lo demás, está
casi agotado el debate sobre sus puntos fundamentales, de manera que sin
grandes dificultades podríamos despacharlo totalmente”.
Por último, después de un debate, se votó la indicación del senador
Concha para enviar el proyecto a Comisión por el término de ocho días,
habiendo resultado aprobada por 14 votos contra 12. La Comisión quedó
formada por los senadores Silva Cortés, Luis Enrique Concha, Jaramillo,
Eduardo Opazo y Víctor Celis.
15. En la sesión 58ª, de 26 de agosto de 1924, se dio cuenta del informe
de la Comisión designada en la sesión Nº 55.
El informe señala en parte lo siguiente:
“Descartado el proyecto del honorable senador don Pedro Correa Ovalle, que
sin resolver el problema legal de las cooperativas, se refiere a la creación de
un economato en la Empresa de Ferrocarriles del Estado, y circunscrita, por
consiguiente, la cuestión a los dos proyectos restantes, el del honorable senador
por O’Higgins y el de la Honorable Cámara de Diputados, hubo en la Comi-
sión unanimidad para apreciar que este último llenaba más cumplidamente
las condiciones de claridad, orden y suficiente reglamentación de la materia,
condiciones todas estas necesarias a la mejor aplicación y resultado de la ley
en proyecto. Ha estimado la Comisión que la aparente ventaja de un menor
número de artículos o disposiciones en un proyecto de esta clase, no se equipara
ni compensa con los gravísimos inconvenientes y peligros a que se prestaría en
la práctica la ausencia o la vaguedad de los preceptos de una ley que, al mismo
tiempo que es de excepción al derecho común sobre sociedades, está destinada
a regir instituciones de la más alta trascendencia desde el punto de vista da la
COOPERATIVAS 69
economía social y a comprometer en especial los intereses pecuniarios de las
personas de más escasos o limitados recursos. Ni los reglamentos administrati-
vos, no siempre ajenos a influencias que deben descartarse en absoluto de este
campo; ni las variadas interpretaciones de los tribunales de justicia que están
llamados a suplir los vacíos de la ley en múltiples pleitos que concluirían por
desprestigiar y hacer temerosa una obra social tan útil; ni la voluntad de los
propios asociados, manifestada en los estatutos, caprichosa o sin la experiencia
suficiente en esta clase de negocios, podrían llenar de manera aceptable las
deficiencias legislativas”.
Más adelante, agregaba el informe:
“Por otra parte, el proyecto aprobado por la Honorable Cámara de Diputados
es completo, también en el sentido de que sus reglas generales son aplicables a
toda clase de sociedades cooperativas, sean de crédito, agrícolas, de producción,
da construcción o de consumo, sin perjuicio de consultar, además, algunos
preceptos particulares respecto de estas últimas, por las peculiaridades y la im-
portancia singular que tienen para la población urbana. El “proyecto se decide,
muy acertadamente a nuestro juicio, en este punto por el tipo Rochdale, que es
al más antiguo y que la experiencia ha demostrado ser de mayor expansión y
de más gran valor educativo para nuestro pueblo”.
Después se efectuaban algunas correcciones, entre las cuales cabe men-
cionar:
a) Se limitó la propiedad del capital por los socios a no más de un 10%
del mismo;
b) Las acciones serían nominativas y no podrían transferirse a título
oneroso en ningún caso sin entregarse por las partes, simultáneamente, el
o los títulos y su precio de compra;
c) La administración quedaba entregada al gerente, de acuerdo con La
Comisión de Vigilancia;
d) Presentación de balances semestrales;
e) Término de la sociedad por la llegada del plazo, que se fijó en diez
años si no se estipulare otro;
70 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
f) Exención del 50% de la Ley de Timbres, de Renta, de Patentes, de
Herencias y Donaciones.
En esa misma sesión se continuó debatiendo el proyecto, discutiéndose
la forma en que deberían constituirse las cooperativas. En tal sentido, se
produjeron dos tesis, una encabezada por el senador don Víctor Celis, que
só1o admitía que las cooperativas se constituyeran por escritura pública,
y otra encabezada por el senador don Luis Claro Solar, que propugna-
ba que se pudiera además constituir por documento privado, debiendo
protocolizarse el decreto en la notaría del departamento correspondiente
dentro de treinta días de otorgado. Asimismo, se debatió el número de
socios con que debían constituirse, proponiéndose por algunos senadores
que se rebajara de veinte a diez este número. En este debate es importante
consignar lo señalado por el senador Jaramillo, quien expresó: “Ha dicho
el honorable senador por Aconcagua que no sabe de un modo efectivo
si la legislación francesa exige escritura pública para la formación de
cooperativas. Yo tampoco puedo aseverar lo que dispone la legislación
francesa a este respecto; pero debo manifestar al honorable senador que
la Comisión al pronunciarse sobre este punto tuvo en cuenta la legislación
italiana, que es una de las más perfectas en materia de cooperativas y
que ha servido de modelo a muchas otras legislaciones, y en ella se exige
escritura pública”.
Finalmente se aprobó la idea de que se pudieran constituir las cooperativas
por escritura pública y por instrumento privado, manteniéndose el número
de veinte socios como mínimo para constituir una de estas entidades.
Se aprobó sin debate el artículo referente a la exclusión de socios, que
debería efectuarse por los dos tercios de los socios presentes en junta gene-
ral. Posteriormente se aprobaron diversos artículos con algunas enmiendas,
relativas al retiro voluntario de los socios.
16. La sesión recién citada se levantó por haberse cumplido la hora y el
Senado sólo volvió a reunirse para tratar esta materia el 8 de septiembre
de 1924.
Antes de reseñar lo acontecido en esa reunión, es menester dar un vistazo
rápido a lo que ocurría en el Gobierno y en el Congreso, ya que –como se
COOPERATIVAS 71
sabe– la sesión del Senado de 8 de septiembre tuvo trascendentales reper-
cusiones para la vida política, social, jurídica y económica del país.
En efecto, en esos años existía en el país una aguda situación de crisis
política nacional, en que se sucedían diversos Ministerios, los que eran
censurados permanentemente por el Congreso Nacional, todo ello en con-
formidad a la Constitución de 1833, según el espíritu que de ella se había
fijado en la revolución de 1891. Parte de esta crisis se debía a la existencia
de numerosos empleados públicos que se encontraban impagos de sus
sueldos, tema que el Gobierno deseaba resolver mediante un proyecto de
ley que se encontraba entonces en el Congreso. Es así como en la sesión
del día 3 de septiembre numerosos oficiales del Ejército concurrieron a una
sesión nocturna en que se trataba del proyecto de ley de indemnización por
las funciones parlamentarias, lo que originó una viva polémica nacional.
A esta materia se refirió don Pedro Aguirre Cerda, en ese entonces Minis-
tro del Interior, en la sesión del día 4 de septiembre, en la cual el senador
Saavedra insistió en la necesidad de continuar la discusión del Proyecto de
Ley sobre Cooperativas.
En la sesión del día 8 de septiembre, correspondiente a la 74ª sesión de
1924, bajo la Presidencia de don Eliodoro Yáñez, senador por Valdivia, y
de don Héctor Arancibia Laso, senador por Antofagasta, con la presencia
de los Ministros del Interior, don Luis Altamirano, general de Ejército, y
de los demás Ministros del Gabinete, entre los cuales se contaban al viceal-
mirante don Francisco Neff, en el Ministerio de Hacienda, y el general don
Jaan P. Bennett, en el Ministerio de Guerra y Marina, el señor Ministro del
Interior señaló la necesidad de dar pronto despacho a los proyectos de ley
que le proporcionaban al Gobierno los recursos para saldar el déficit en la
forma aprobada por la Cámara y los que modificaban la Ley de Accidentes
del Trabajo; el de Sociedades Cooperativas y el proyecto sobre Empleados
Particulares, que como se sabe fueron todos aprobados sin discusión. Cabe
destacar que no concurrieron a la sesión los senadores de la Unión Nacional,
quienes se mostraban en abierta oposición al entonces Gobierno del señor
Arturo Alessandri Palma.
De tal modo que la primera legislación sobre cooperativas fue dictada
en Chile en medio de gravísimos acontecimientos políticos y ella formaba
parte de los programas ministeriales de sucesivos Gabinetes designados
72 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
por el Presidente Alessandri a fin de resolver la crisis socioeconómica
del país.
Aún más, cabe indicar que el Senado en las sesiones del día siguiente
después de aprobados dichos proyectos de ley, conocía de la renuncia a su
cargo presentada por el Presidente Alessandri.
Creemos que no es este estudio el que deba analizar estos temas que
escapan de nuestra órbita, pero que hemos narrado sucintamente a fin de
ubicar en el adecuado contexto la época y las circunstancias que rodearon
la dictación de las primeras normas sobre Derecho Cooperativo chileno.
17. En efecto, en la sesión Nº 74, de 8 de septiembre de 1924, el Presidente
del Senado manifestó que correspondía continuar la discusión acerca del
proyecto aprobado por la Cámara de Diputados sobre formación de coope-
rativas, que en anteriores sesiones había quedado pendiente de discusión
el artículo 11 del proyecto de la Cámara de Diputados y que la Comisión
del Senado propuso que fuera el 7. Por no haber usado de la palabra ningún
senador se declaró cerrado el debate y con el asentimiento de la Sala se
acordó dar por aprobado el resto del proyecto en los términos propuestos
por la Comisión.
El proyecto de ley fue promulgado por el Ejecutivo y publicado en el Dia-
rio Oficial Nº 13.990, de 30 de septiembre de 1924, como ley Nº 4.058.
Después de casi seis años de iniciada la idea de instituir las primeras
bases del Derecho Cooperativo chileno, logra establecerse éste.
Con posterioridad, comienza a desarrollarse un importante conjunto de
normas legales, reglamentarias y administrativas que han conformado lo
que globalmente hemos definido como Derecho Cooperativo chileno.
En efecto, desde 1929, en que se dicta la Ley Nº 4.531 sobre Cooperativas
Agrícolas, hasta el año 1960, en que se promulga el DFL Nº 326, dictado
en virtud de las facultades extraordinarias otorgadas al Presidente de la
República Jorge Alessandri Rodríguez por el Congreso Nacional, transcurre
toda una época, en la cual se legisla ampliamente sobre cooperativas y en
que éstas, como instituciones, gradualmente comienzan a ser parte de la
vida socioeconómica del país.
COOPERATIVAS 73
SEGUNDA PARTE.
NUEVAS LEYES SOBRE COOPERATIVAS
1. El 14 de octubre de 1925 se dicta el decreto ley Nº 603, publicado en el
Diario Oficial de 7 de noviembre de 1925, mediante el cual se autoriza a la
Dirección General de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado, hasta que
pueda establecer un economato, para que de acuerdo con el Consejo de la
Empresa pueda invertir determinadas sumas de dinero en pago de intereses
en avances de las cuentas corrientes bancarias que contraten en instituciones
de crédito las cooperativas formadas por el personal de la Empresa para el
suministro de mercaderías, además de otras disposiciones.
2. Con fecha 17 de octubre de 1925 se dicta el decreto ley Nº 700, que fija
el texto definitivo de la ley Nº 4.058, cuya historia hemos descrito, publicado
en el Diario Oficial de 10 de noviembre de 1925. El reglamento del citado
decreto ley se estableció por el decreto Nº 51, de 4 de febrero de 1926, del
Ministerio de Previsión Social y Trabajo. Este decreto ley introduce nuevos
elementos e ideas no incluidos en la ley anterior.
Haciendo un breve resumen, se puede señalar:
2. l. Se define a las cooperativas, las que se constituyen con capital
variable e ilimitado número de socios y se proponen algunos de los fines
indicados en el artículo 2º, entre los cuales cabe señalar:
a) Suministrar a los socios, para su propio consumo y el de las personas
de su familia que con ellos viven, artículos alimenticios, medicamentos y
objetos de uso personal o doméstico, produciéndolos, confeccionándolos
o adquiriéndolos;
b) Ejercer un ramo cualquiera de la industria terrestre o marítima, en
interés de los asociados, así como proporcionarles, por venta o alquiler,
máquinas, herramientas, accesorios, materias primas y demás objetos ne-
cesarios para el ejercicio de su actividad;
e) Construir casas para venderlas o arrendarlas a sus asociados;
74 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
d) Servir de banco para sus asociados, ya sea capitalizándoles las canti-
dades que depositen, ya sea realizando, en beneficio de ellos, operaciones de
préstamo, descuento y las demás propias de las instituciones de crédito.
Llamamos la atención respecto de la finalidad indicada en la letra d), pues
permitió ampliamente el desarrollo de las cooperativas de ahorro y crédito
–cosa que la ley dictada en 1960 no permitió sino en forma restrictiva–, a
través de la posibilidad de ejercer la actividad bancaria para sus socios, lo
que en general siempre ha estado reservado para las sociedades anónimas
bancarias.
2.3. Se establecieron las uniones y federaciones con el objeto de facilitar
las operaciones de sus afiliados o de sus socios o de realizar más eficazmente
los fines sociales de la cooperación.
2.4. Se disponía que “las sociedades cooperativas que se dediquen a ser-
vir exclusivamente a sus asociados no serán consideradas como de índole
comercial”, de tal modo que si realizaban operaciones con terceros, eran
consideradas de índole mercantil, para cuyo efecto debían solicitar una au-
torización especial al Presidente de la República, ya que en caso contrario
podían perder sus exenciones.
2.5, Se describían distintos tipos de cooperativas, tales como de “con-
sumo”, de “compras y ventas”, de “producción” y de “crédito”. Además
de ello, se estableció la posibilidad amplia de constituir cooperativas “con
otros propósitos de cooperación que los indicados en los artículos anteriores,
siempre que se sometan a las disposiciones que la presente ley prescribe
para las cooperativas en general”.
2.6. Se reguló el procedimiento para precisar cómo habían de constituir-
se las cooperativas, habiéndose fijado la posibilidad de hacerlo mediante
instrumento público o instrumento privado protocolizado. Se señaló que la
cooperativa existe en virtud de un decreto del Presidente de la República
que las autoriza y aprueba sus estatutos.
2.7. En cuanto al capital, se detalló en mejor forma el proceso de su
constitución y entero. Se establecieron normas sobre la responsabilidad,
COOPERATIVAS 75
señalándose que las cooperativas pueden ser de: a) responsabilidad ilimitada;
b) responsabilidad limitada al capital social; c) responsabilidad limitada a
determinada cantidad, además del capital social.
2.8. Las acciones sólo podían ser nominativas, indivisibles y no superiores
a $ 100 cada una. Se dispuso que las acciones que representen trabajo per-
sonal son intransferibles e intransmisibles y se perderán indefectiblemente
para su dueño por el retiro voluntario o forzoso de la sociedad.
2.9. En cuanto a los socios sólo podían serlo las personas naturales le-
galmente capaces y las personas jurídicas sin fines de lucro. Los obreros y
empleados de las cooperativas podían ser admitidos como socios.
Se estableció que ningún socio podía ser dueño de más del 10% del
capital suscrito, a menos de ser una persona jurídica que no persiga fines
de lucro.
Se consagró el principio de libre adhesión, en el sentido de que todo
socio puede retirarse de la cooperativa, mientras ésta no se haya disuelto. A
fin de reforzar este concepto se dispuso en el artículo 34 lo siguiente: “Los
estatutos no pueden suprimir este derecho, ni el socio puede comprometerse
de antemano a no ejercerlo, pero pueden establecerse condiciones para el
retiro. No se permitirá el retiro de un socio si el número de los restantes
fuere inferior a veinte”.
2.10. En cuanto e la administración, tema que quedó regulado en forma
confusa en la ley Nº 4.058, las cooperativas quedarían administradas de la
siguiente forma:
a) Por la junta general de socios;
b) Por el Consejo de Administración o Directorio;
c) Por el gerente;
d) Por la Junta de Vigilancia.
2.11. El principio del control democrático, que no aparecía formulado
en la ley anterior, fue incorporado, señalándose en el artículo 39 que “cada
76 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
socio tendrá derecho a un voto, cualquiera que sea el número de acciones
o cuotas que posea, y no podrá representar más de una décima parte de los
votos presentes o representados en la asamblea general, para la cual se le
hayan conferido representaciones”.
2.12. La administración superior se encargó al Consejo de Administra-
ción, el que hará cumplir y ejecutar sus resoluciones por intermedio del
gerente de la sociedad.
Se dieron normas precisas sobre la responsabilidad de los consejeros:
a) En el artículo 41 se dispuso que “la sociedad se hace acreedora o deu-
dora por los actos que ejecute en su nombre el Directorio, aunque dichos
actos no hayan sido efectuados expresamente en nombre de la sociedad o
no aparezca la intención de obrar por ella”.
b) En el artículo 42 se estableció una solidaridad legal por los actos o
negligencias en el cumplimiento de los deberes de su cargo.
2.l3. Al gerente, a quien se le asignó el papel de ejecutor de los acuerdos
y órdenes del Consejo, se le entregó la representación judicial y extrajudicial
de la sociedad, “sólo en los casos que el Directorio acuerde lo contrario; y
sus atribuciones y deberes se fijarán en los estatutos”.
2.14. La Junta de Vigilancia, compuesta de dos o más socios, debía
informar “a la Junta del año siguiente sobre la situación de la sociedad y
sobre el balance y las cuentas que presente el Directorio”.
2.15. El Título VII, en dos artículos, se refería a “la distribución de las
utilidades”, empleando una terminología aún no ajustada a los principios y
normas de derecho más corrientes en aquellos años en Europa.
Se establecía que “el producto de la sociedad, constatado por el inventario
anual, deducidos los gastos generales, los cargos sociales, las amortizaciones
de todo género y las reservas industriales o de otra índole, constituiría la uti-
lidad neta de la misma”. El artículo 48 decía que se destinarán las utilidades
“a constituir fondos de reserva y de solidaridad, a pagar a los capitalistas un
COOPERATIVAS 77
interés sobre sus aportes efectivos y a beneficiar a sus asociados, clientes
o consumidores, a prorrata de las operaciones efectuadas con la sociedad o
del trabajo personal que le hubieran suministrado”.
2.16. Se contemplaban ocho causales de disolución, independientes de
la voluntad de los socios, entre las cuales cabe mencionar:
a) Por haber terminado el plazo de duración de la cooperativa fijado en
los estatutos, el cual será de diez años, si no se hubiere establecido otro;
b) Por contar menos de veinte socios durante más de seis meses, si uno
de los interesados pidiere la disolución;
c) Por quiebra, si la cooperativa fuere de carácter comercial;
d) Por la reducción del capital social a una cantidad inferior al mínimo
fijado en los estatutos, sin haberlo completado dentro de un período de seis
meses.
2.17. Se definía la posibilidad de incorporarse o fusionarse con otra
cooperativa.
2.18. El Título IX señalaba diversos privilegios y exenciones para las
cooperativas, rebajando en un 50% las contribuciones o impuestos, sean
fiscales o municipales.
Además se les daba preferencia en los transportes públicos y rebaja de
un 25% en los fletes de ferrocarriles.
Las cooperativas que sirvieran al público sin autorización del Supremo
Gobierno, quedaban excluidas de las franquicias, sin perjuicio de las res-
ponsabilidades civiles y penales pertinentes.
2.19. Se establecía la obligación por parte de las tesorerías fiscales y de-
más oficinas pagadoras públicas y particulares de liquidar, sobre cualquier
cantidad que paguen a los respetivos empleados, las sumas que ellos adeu-
den a las cooperativas de que formen parte, en conformidad a las normas
reglamentarias que se dictaren.
78 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
2.20. Las cuestiones civiles que se suscitaren con motivo de la aplicación
de este decreto ley se sometían a la jurisdicción de los tribunales civiles,
conforme a las normas del Título XI del Libro III del Código de Procedi-
miento Civil, sobre el procedimiento sumario, que se aplica a los casos en
que la acción deducida requiera tramitación rápida para que sea eficaz, con
exclusión del artículo 839 (838).
2.21. Finalmente, se ordenaba que la sección “Cooperación, Mutualidad
y Bienestar”, dependiente en ese entonces de la Dirección General del Tra-
bajo, quedara con idéntico nombre en el Ministerio de Higiene, Asistencia,
Previsión Social y Trabajo, organismo al cual, en conformidad al artículo 88
del decreto ley, se le encargaba el control y vigilancia de las cooperativas.
El mencionado DL Nº 700 fue dictado por don Luis Barros Borgoño y
don P. L. Ferrer.
El 4 de febrero de 1926, el Ministerio de Higiene, Asistencia, Previsión
Social y Trabajo dictó el decreto Nº 51, que se publicó en el Diario Oficial
de 10 de febrero de 1926, mediante el cual se aprobó el reglamento del
decreto ley Nº 700, el que se volvió a modificar por decreto Nº 289, de 2
de junio de 1926, y por decreto Nº 2.685, de 29 de noviembre de 1930, del
Ministerio de Fomento, publicado en el Diario Oficial de 9 de diciembre
de 1930.
En consecuencia, se puede apreciar que en este período se cuenta con
una legislación completa y presuntamente integral, en relación con las
cooperativas, ya que la parte fundamental que había tenido su génesis en
la ley Nº 4.058 y su perfeccionamiento en el DL Nº 700, fue reglamentada
en cuanto a todos sus detalles en el decreto reglamentario Nº 51.
3. LEGISLACIÓN ESPECIAL PARA LAS COOPERATIVAS AGRÍCOLAS
En el parlamento la 48ª sesión ordinaria del Senado, efectuada con fecha
10 de septiembre de 1928, conoció el informe de la Comisión de Agricultura,
que dictaminaba sobre un proyecto de ley formulado en un mensaje del Eje-
cutivo sobre constitución, organización y funcionamiento de Cooperativas
Agrícolas, que terminó siendo la ley Nº 4.531.
COOPERATIVAS 79
Señalaba la Comisión en su informe que las ideas del referido proyecto
de ley se encontraban en su mayor parte en el DL Nº 700 ya analizado,
proponiéndose “la modificación de algunas de ellas que no se adaptan a las
modalidades especiales de las cooperativas agrícolas y que obstaculizan su
organización y desenvolvimiento”.
El proyecto constaba de siete Títulos, a saber:
Título I. De las cooperativas agrícolas. Su objeto y constitución.
Título II. Del capital y de los socios.
Título III. De la administración de la sociedad.
Título IV. De los beneficios y su distribución.
Título V De la disolución y liquidación de cooperativas agrícolas.
Título VI. De los privilegios de las cooperativas agrícolas.
Título VII. Disposiciones varias.
En la 52ª sesión ordinaria, del día 8 de octubre de 1928, se inició en el
Senado la discusión del proyecto; hace la defensa de él el senador don Gui-
llermo Azócar; se prosiguió la discusión del proyecto en la sesión del día 9
de octubre. En esta sesión el senador don Joaquín Yrarrázaval observó que
el proyecto, “una vez aprobado en la forma como está va a dejar mayores
confusiones en nuestra legislación que las que actualmente existen en esta
materia”. Dijo haber comparado el proyecto en discusión con le Ley de
Cooperativas vigente, es decir, el DL Nº 700, encontrando que casi todas sus
disposiciones están en la citada ley. Expresó que lo lógico habría sido que
se hiciera un estudio concienzudo de esta materia, pues si son interesantes
las cooperativas agrícolas, no lo son menos las comerciales y de otra natu-
raleza. Pero ahora nos vamos a encontrar, si se aprueba este proyecto como
está, que para las cooperativas agrícolas van a regir disposiciones generales
especiales siendo que deberían ser uniformes para todas las sociedades de
este género. Todavía nos vamos a encontrar con el sistema originalísimo
de derogación de disposiciones legales solamente en cuanto se refieren a
las cooperativas agrícolas y no a las otras, como se dice en el artículo final
de este proyecto, que establece que “a partir de esta fecha, quedarán sin
efecto, en lo que se refiere a las cooperativas agrícolas, las disposiciones
del DL Nº 700, de 17 de octubre de 1925”.
80 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El senador Azócar, en defensa de la tesis del Gobierno, señaló el pre-
cedente que existía sobre la materia en Argentina y Brasil, además de los
acuerdos adoptados en el Congreso Internacional de Cooperativas que se
celebró en Roma. La explicación de calcar disposiciones ya contenidas en
decreto leyes se sustentaba en que “el Senado no admite referencias a de-
cretos leyes y de aquí que el senador que habla manifestara su opinión en el
sentido de que era más conveniente reproducir esas disposiciones antes que
hacer referencia a ellas en la ley”. Finalmente, agregó que en ese momento
existían diecisiete cooperativas agrícolas en etapa de formación avanzada,
las que necesitaban de la ley.
En la sesión del día 10 de octubre se continuó el análisis del proyecto,
el que se terminó aprobando, con algunas modificaciones.
La Cámara de Diputados conoció el proyecto en la 53ª sesión ordinaria,
de 15 de octubre de 1928. En la 67ª sesión ordinaria, de 13 de noviembre,
la Comisión de Agricultura de la Cámara informó el proyecto, insistiendo
en reincorporar diversas disposiciones que el Senado había modificado o
suprimido. La Cámara aprobó con modificaciones el proyecto en las sesiones
77ª y 78ª, celebradas el 5 y 10 de diciembre de 1928. A su vez, el Senado, en
la sesión Nº 88, de 27 de diciembre, aprobó algunas de las modificaciones
y desechó otras. Después de recibir algunas indicaciones del Ejecutivo en
la Cámara de Diputados, con fecha 3 de enero de 1929; de haber insistido
esta Cámara en algunas modificaciones, y de haberlas aceptado el Senado,
sin perjuicio de rechazar una, el Ejecutivo, con fecha 15 de enero de 1929,
recibió el proyecto listo para promulgarlo, lo que se hizo el mismo día en
el Diario Oficial, como ley Nº 4.531.
El objeto de estas sociedades quedó establecido en:
a) Adquirir u obtener en concesión o arriendo campos y edificios de
explotación agrícola para los socios;
b) Proporcionar a los socios en arriendo o por venta insumos agrope-
cuarios;
c) Producir, vender o exportar colectivamente productos agropecuarios
y comprar artículos que respondan a fines económicos de la sociedad;
COOPERATIVAS 81
d) Encargarse de la instalación o del funcionamiento de fábricas o esta-
blecimientos destinados a la transformación o elaboración de los productos
obtenidos por los socios o comprados por la sociedad;
e) Facilitarles a los socios el crédito necesario para sus operacio-
nes, y
f) Suministrar a los socios, para su consumo, artículos alimenticios,
medicamentos y objetos de uso personal o domésticos. Esta actividad
deberá constituir un complemento del objeto principal de la cooperativa
agrícola.
Estas cooperativas se podían constituir como de responsabilidad limitada
o ilimitada.
El procedimiento de constitución era bastante sencillo, pudiendo incluso
constituirse por instrumento público otorgado ante el Oficial del Registro
Civil, con un mínimo de cinco socios.
Los privilegios que se les concedían a estas cooperativas se referían
fundamentalmente al transporte efectuado a través de la Empresa de Fe-
rrocarriles del Estado, mediante fletes rebajados. Asimismo, se facultaba al
Estado y a las Municipalidades para proporcionar gratuitamente terrenos o
locales para el funcionamiento de estas cooperativas. Se posibilitaba que
estas cooperativas pudieran realizar toda clase de operaciones de crédito con
los organismos crediticios del Estado, a fin de proporcionar a sus asociados
recursos financieros, que era uno de los principales objetivos buscados
por esta ley. La nueva legislación establecía la posibilidad de federarse,
reconociendo a las entidades superiores las mismas condiciones que a las
cooperativas. Se impuso la obligación de someter a árbitros arbitradores
las cuestiones civiles que se suscitaren entre los socios o entre éstos y la
cooperativa. Finalmente, entre las disposiciones de importancia, se seña-
laba que el control, estadística y vigilancia de las cooperativas quedaban
entregados al Ministerio de Fomento.
La ley llevaba las firmas del Presidente de la República don Carlos Ibáñez
de1 Campo y del Ministro don Luis Schmidt.
82 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
4. LEGISLACIÓN DICTADA PARA MEJORAR LA LEGISLACIÓN COOPERATIVA
Mediante el decreto ley Nº 669, publicado en el Diario Oficial de 17 de
octubre de 1932, se modificó el decreto ley Nº 603, de 14 de octubre de
1925, ya analizado anteriormente, que se refería a las cooperativas que se
establezcan en los Ferrocarriles del Estado.
Asimismo, se modificó el DL Nº 700, que fijó el texto definitivo de la
ley Nº 4.058, también analizado precedentemente. Además, este decreto
ley de 1932 derogó diversas disposiciones dictadas con posterioridad al
decreto ley Nº 700.
Posteriormente las modificaciones introducidas por el DL Nº 669, de
1932, al DL Nº 603 y al DL Nº 700 se fijaron en textos definitivos, estable-
cidos por decretos supremos.
Es así como el decreto del Ministerio del Trabajo Nº 595, de 14 de no-
viembre de 1932, fijó el texto definitivo del decreto ley Nº 603, de 1925,
sobre cooperativas que se establecieron en los Ferrocarriles. Sobre esta
materia se dictaron dos reglamentos: Nº 85, de 24 de enero de 1933, del
Ministerio del Trabajo, y Nº 2.380, de 30 de noviembre de 1948, del Mi-
nisterio de Obras Públicas y Vías de Comunicación.
A su vez, por decreto del Ministerio del Trabajo Nº 598, de 14 de no-
viembre de 1932, publicado en el Diario Oficial de 2 de febrero de 1933,
se fijó e1 texto único de los decretos leyes sobre sociedades cooperativas,
que se contenían –como hemos visto– en el DL Nº 700, de 1925, y en el
DL Nº 669, de 1932.
El decreto ley Nº 669 tiene una larga y extensa exposición de motivos,
que tiene las características de un programa de desarrollo social y econó-
mico. En efecto, se señala que “el fomento de las sociedades cooperativas
se impone actualmente a la acción oficial como una iniciativa eficaz de
propender por medio de estas sociedades a la resolución de diversos pro-
blemas sociales y económicos que preocupan actualmente la atención del
Gobierno”. Más adelante reconoce que “muchas de las sociedades de esta
índole que se han formado hasta hoy en el país, no han dado los resultados
que se tuvieron en vista al crearlas; pero este hecho no puede afectar al ré-
COOPERATIVAS 83
gimen de la cooperación, que en sí es bueno y ampliamente recomendado
por la experiencia de todos los países en que ella ha sido correctamente in-
terpretada. Los resultados deficientes de estas sociedades en nuestro país se
deben solamente a defectos de funcionamiento o a errores de interpretación,
y éstos pueden ser corregidos y prevenidos en lo sucesivo por medio de la
propaganda y de la intervención decidida que el Gobierno está dispuesto a
desarrollar”. Señalaba algunos ejemplos de las labores que las cooperativas
estaban llamadas a desarrollar, mencionando entre otras:
a) Abaratamiento de las subsistencias
“En esta materia hay necesidad de realizar un movimiento de organi-
zación de cooperativas y de concentración de las que ya existen, a fin de
constituir poderosos organismos, capaces de tomar a su cargo, en una buena
parte, la función de comercio mayorista y minorista”, expresaba el primer
párrafo de esta parte.
Proseguía la exposición de motivos: “Los empleados públicos poseen
actualmente 3 ó 4 cooperativas; los carabineros, 8 ó 10; en el Mineral de El
Teniente existen 4; los obreros ferroviarios tienen 4, etc. Falta sólo discipli-
nar y concentrar estas organizaciones en dos o tres federaciones grandes,
capaces de tomar a su cargo las compras al por mayor, por medio de una
central de compras, y distribuir entre las cooperativas federadas los artícu-
los así adquiridos… De este modo es fácil adquirir el azúcar, por ejemplo,
directamente del Perú o de Cuba; el aceite, de España o de Italia; los tejidos
más indispensables, de los principales centros textiles de Europa…”.
b) Ocupación de obreros cesantes
“Existen numerosas actividades e industrias en las cuales encontrarían
trabajo centenares de obreros si éstas se organizaran a base de las denomina-
das ‘cooperativas de trabajo’, que en los países europeos han alcanzado tanto
desarrollo”. Señalaba la exposición de motivos la posibilidad de constituir
cooperativas de pescadores; de aparceros o medieros que permitan tomar
en arriendo un fundo pequeño o una chacra; cooperativas de talleres y de
pequeñas fábricas, para la compra en común de materias primas, y para la
compra y uso en común de máquinas, de herramientas de subido costo. Se
procuraría, a través de la acción del Estado, reunir a modestos propietarios
84 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
de sitios y casas que existen en los barrios de los suburbios, para que a través
de cooperativas pudieran dotar a sus predios de los medios de urbanización
más elementales, como agua potable, luz eléctrica, alcantarillado, etc., de
que hoy día carecen.
c) Coordinación y solidaridad del movimiento cooperativo
de todo el país
Se procuraría que “las cooperativas de producción agrícola, de pesca e
industrial se puedan relacionar con las cooperativas de consumo, para que
los productos de una encuentren fácil y rápida colocación entre las otras,
consiguiendo, de este modo, la doble ventaja de obtener mercados expeditos
para las cooperativas de producción y mercancías de primera mano y en
consecuencia baratas para las cooperativas de consumo”.
d) Superación y bienestar de las familias de obreros y empleados
Señalaba la exposición de motivos dos clases de beneficios para las
familias cooperadas:
“1º Económicos, en cuanto propenden a la concentración de esfuerzos pecu-
niarios y de trabajo para la compra colectiva de materia prima, compra y uso
en común de herramientas y maquinarias, y la venta, también en común, de
los productos del trabajo efectuado en particular por cada obrero en talleres
sociales.
2º Sociales, en cuanto enseñan al obrero los beneficios de la asociación, de la
organización, de la economía y del trabajo en común”.
Luego la exposición de motivos analizaba la modificación de cada uno
de los artículos que se reemplazaban. Destacamos de estas ideas la referente
a la supresión del artículo 4º del DL Nº 700, “porque en ningún caso una
cooperativa de consumo puede vender al público, sin dejar de transfor-
marse por este mismo hecho en entidad comercial y hacerse indigna de los
privilegios acordados solamente a las cooperativas”. Respecto de la modi-
ficación que se introducía al artículo 30, se indicaba haberse substituido la
forma imperativa “serán admitidos”, por la optativa “podrán ser admitidos”,
porque no es posible obligar a las cooperativas, cualesquiera que sean su
clase y fines, a recibir como socios a sus empleados. En las cooperativas
COOPERATIVAS 85
de producción, por ejemplo, hay casos en que los empleados no pueden ni
deben ser socios de la sociedad.
Sin duda las modificaciones más sustanciales fueron las introducidas a
los artículos 45 y 48 del DL Nº 700, que, como ya hemos visto, regulaban
en forma confusa la distribución de beneficios.
En efecto, el artículo 45 quedó redactado de esta manera:
“Para todos los efectos legales se estimará que las sociedades cooperativas
no obtienen utilidades. Los saldos a favor que arroje el balance son ahorros
producidos por la gestión económica de la sociedad”.
La exposición de motivos expresaba que para los efectos de aplicar a
estas sociedades diversos gravámenes, se les confunde con las sociedades
anónimas y demás sociedades de carácter comercial o lucrativo, “cuando
la verdad es que las cooperativas no realizan utilidades ni persiguen, en
manera alguna, fines de lucro”. Se agregaba a continuación:
“La función que desempeña es la misma que realiza una dueña de casa, que
en lugar de comprar provisiones al detallista, las adquiere directamente del
productor o de la casa mayorista. No podrá decirse que el resultado obtenido
de esta manera por la dueña de casa sea una utilidad, en el sentido comercial de
la palabra, cuando lo que ella ha obtenido es simplemente una economía. Esto
mismo es lo que hacen las sociedades cooperativas: compran al por mayor las
provisiones que necesitan sus asociados y las distribuyen entre ellos, realizando
en su favor importantes economías”. Finalmente se concluía: “Por este motivo,
se ha cambiado la palabra ‘utilidades’ en el encabezamiento del Título VII y
en las disposiciones que siguen, por las palabras ‘saldos o excedentes’, que
expresan con más exactitud la verdadera naturaleza de los beneficios realizados
por estas sociedades”.
El texto de la exposición de motivos transcrita, no cabe la menor duda,
encierra en forma sencilla y clara la verdadera naturaleza del excedente de
las cooperativas. Varios años y bastante experiencia es la que se ha acumu-
lado hasta que el derecho chileno logra comprender a cabalidad la filosofía
y naturaleza jurídica del excedente.
Una de las disposiciones que se refieren al fomento de las cooperativas,
contenidas en el Título IX del decreto ley Nº 700, merece ser destacada,
86 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
por cuanto vislumbra con gran claridad la necesidad de que las cooperativas
cuenten con un organismo financiero adecuado a sus fines. Es así como
la exposición aludida indicaba que algunos artículos que se agregaban al
referido Título IX tenían por objeto llevar hasta las cooperativas de consu-
mo los recursos económicos que puedan facilitarles las Cajas de Previsión
Social, en forma de préstamos, ya sea a las cooperativas mismas o a sus
asociados. Agregaba la fundamentación del decreto ley: “Se suple de esta
manera una deficiencia vital que presenta el organismo económico del país
en lo que se relaciona con las necesidades financieras de las cooperativas.
En efecto, Chile no posee bancos ni cajas destinadas a servir los fines de
crédito de las sociedades cooperativas, como Francia, Alemania, Bélgica,
Italia, etc. Las cajas mencionadas pueden suplir esta deficiencia hasta tanto
no se creen organismos especiales para este fin”. Agregaba a continuación
el legislador de 1932: “Se ha consultado a las cajas mencionadas sobre si
aceptan o no esta función que la ley les encomendaría en bien de los fines
de previsión social, que ellas en cumplimiento de sus estatutos están llama-
das a satisfacer. Todas, algunas en términos encomiásticos, han contestado
afirmativamente”.
El decreto ley Nº 669 contaba con 13 artículos permanentes y 3 transi-
torios y estaba firmado por don Bartolomé Blanche, Fidel Estay, Ernesto
Barros Jarpa, V. Morales, Luis Barriga Errázuriz, Luis Daniel Cruz Ocampo,
M. Montalva, Juan Antonio Ríos, Arturo Riveros, F. Mardones, L. Otero
y Gustavo Lira.
Finalmente, cabe señalar que se autorizaba al Presidente de la República
para refundir en un solo texto las disposiciones contenidas en el decreto
ley en comentario con las del decreto ley Nº 700, ordenar su numeración,
revisar el reglamento aprobado por decreto Nº 51, de 4 de febrero de 1926,
y dictar las disposiciones que eran necesarias para la aplicación de esta
última ley y las del decreto ley Nº 603.
Presidiendo el Gobierno de la República don Abraham Oyanedel, con
su Ministro del Trabajo F. Landa Z. el 14 de noviembre de 1932, haciendo
uso de las atribuciones conferidas por el artículo 12 del DL Nº 669, de
1932, dictó el decreto supremo del Ministerio del Trabajo Nº 596, publica-
do en el Diario Oficial de 2 de febrero de 1933; que fijó el texto único de
COOPERATIVAS 87
los decretos leyes sobre cooperativas, contenidos –como se ha visto–, en
el DL Nº 700, de 1925, y en el DL Nº 669 de 1932. Este decreto ordenó y
perfeccionó sustantivamente la legislación cooperativa, acercándose a un
ideal largamente buscado.
Siendo Presidente de la República don Arturo Alessandri Palma, con su
Ministro Federico García Oldini, se dictó el reglamento para la aplicación
del decreto Nº 598 ya mencionado, contenido en el DS Nº 508, de 5 de julio
de 1933, publicado en el Diario Oficial de 28 de agosto de 1933. Este es
un cuerpo homogéneo de 159 artículos permanentes, un artículo final y 3
transitorios, que abarcan toda la legislación cooperativa bajo los principios
del legislador de 1932.
Es interesante destacar, a estas alturas de la reseña histórica, los diversos
organismos del Estado que tienen por objeto, a esa fecha, la atención o el
control de las cooperativas.
El primero de ellos es el Departamento de Cooperativas de la Inspección
General del Trabajo. Además están las diferentes Cajas de Previsión que
pueden conceder algún tipo de ayuda a las cooperativas formadas exclusi-
vamente por imponentes de su respectiva Caja.
Haciendo un resumen de la legislación existente, tenemos que en 1933
existe la siguiente legislación cooperativa vigente:
1. Ley Nº 4.531, de 1929, que se refiere a las cooperativas agrícolas.
2. Decreto supremo Nº 596, de 1932, que refundió los decretos leyes
Nº 700, de 1925, y Nº 669, de l932.
3. Decreto supremo Nº 506, de 1933, que reglamentó el decreto Nº 596
ya citado.
4. Decreto supremo Nº 595, de l932, que fijó el texto definitivo del de-
creto ley Nº 603, de 1925.
88 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
5. EMERGEN LAS COOPERATIVAS DE COLONIZACIÓN AGRÍCOLA Y SE FOMENTA
EL COOPERATIVISMO AGRARIO
Otro hito importante del Derecho Cooperativo chileno fue la dictación de
la ley Nº 5.804, de 1935. Esta ley se originó en el mensaje que el Presidente
de la República don Arturo Alessandri envió a la Cámara de Diputados, del
que se dio cuenta en la 53lª sesión extraordinaria, efectuada el 16 de marzo
de 1933, con la firma del señor Ministro don Carlos Henríquez.
En dicho proyecto de ley se incluía un título completo, el Título II,
destinado a legislar sobre las cooperativas agrícolas en las colonias de
parcelas, siendo el objetivo del proyecto fortalecer la acción de la Caja de
Colonización Agrícola, creada por la ley Nº 4.496.
El mensaje señalaba que el título referente a las cooperativas agrícolas
estaba “destinado a establecer ipso jure una cooperativa agrícola en cada
colonia parcelada”. Se evitarían así tramitaciones administrativas actual-
mente en vigor para su establecimiento, pérdida de tiempo y desembolsos
de dinero.
El artículo 10 del proyecto indicaba que “por el hecho de formarse una
colonia de parcelas, se entenderá constituida entre sus parceleros una coo-
perativa agrícola”. Se agregaba que la cooperativa agrícola que se formare
mediante el mecanismo señalado en el proyecto de ley se regiría por la Ley
Nº 4.531, sobre Cooperativas Agrícolas, que ya hemos comentado, con las
modificaciones del DL Nº 669, de 30 de septiembre de 1932, y además por
tres normas que eran las siguientes:
1. Sólo los colonos de la Caja podían ser miembros de estas cooperati-
vas;
2. La Caja de Colonización nombraría al gerente de la cooperativa, el
que pasaría a formar parte del Directorio, y
3. La Caja tendría además dos representantes en el Directorio.
En la 2ª sesión ordinaria celebrada por la Cámara de Diputados, el 23
de mayo de 1933, se designó una Comisión de doce miembros a fin de que
informara el proyecto.
COOPERATIVAS 89
La Comisión designada, en la sesión ordinaria del 17 de julio de 1933,
presentó un proyecto con importantes modificaciones al anterior, que para el
tema de nuestro interés establecía no ya el Título II sobre las cooperativas,
sino que se legislaba sobre ellas en el Título IV, el que pasó a denominarse
“De las Cooperativas Agrícolas y Centros de Producción”.
El gerente, en el proyecto, se nombraba por la Caja cuando ésta hubiere
aportado el 30% del capital.
La Cámara debatió largamente los problemas relacionados con la subdivi-
sión de tierras y concesiones de tierras del Estado, entregadas a particulares,
sin modificar sustancialmente las normas sobre cooperativas.
El Senado conoció el proyecto en la sesión ordinaria del 6 de septiem-
bre de 1933, en el que se introdujeron nuevas modificaciones en cuanto a
la designación de los gerentes de las cooperativas que se regulaban por el
Título IV. En efecto, se disponía que estas cooperativas agrícolas fueran ad-
ministradas por un gerente que designaría el Consejo de la Caja, libremente
cuando ésta haya aportado el 30% del capital y, en caso contrario, previa
terna propuesta por la mayoría absoluta de los parceleros que forman la
respectiva cooperativa. La intervención de la Caja se mantendría mientras
ella fuere acreedora de la cooperativa.
Previo a haber recibido el informe de la Comisión de Agricultura y
Colonización el Senado en la sesión de 24 de julio de 1934, le introdujo
diversas modificaciones al proyecto de ley. La regulación de este tipo de
cooperativas se ubicó en el Título V, estableciéndose la facultad para dictar
un reglamento sobre la constitución de cooperativas agrícolas por el hecho
de formarse una colonia de parcelas. La tramitación de esta ley culminó
el 6 de febrero de 1935, integrándose con una serie de disposiciones sobre
subdivisión de tierras agrícolas y promulgándose como ley con fecha 15
de febrero de 1935, con el Nº 5.604, bajo el título de “Establece la nueva
organización de la Caja de Colonización Agrícola”.
El 18 de enero de 1939 se publicó en el Diario Oficial el reglamento
sobre constitución de Cooperativas Agrícolas de Colonización, que lleva
el Nº 3.417, de 23 de diciembre de 1938, del Ministerio de Tierras y Co-
lonización. Este reglamento se mantuvo vigente, por expresa disposición
90 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
del DFL Nº 326, de 1960, que lo exceptuó de la derogación genérica que
hiciera el artículo 133 del texto primitivo del decreto con fuerza de ley ya
mencionado.
6. DICTACIÓN DE DIVERSAS LEYES QUE CONSIDERAN
A LAS COOPERATIVAS
Durante la época que hemos estado reseñando se dictaron diversas leyes,
en las cuales se consideraban a las cooperativas como sujetos de determi-
nados derechos u obligaciones que se fueron regulando mediante diversos
cuerpos legales.
La ley Nº 5.154, de 10 de abril de 1933, la cual mantuvo la exención
de impuestos contemplada en el decreto ley Nº 669, de 30 de septiembre
de 1932.
La ley Nº 5.271, de 27 de septiembre de 1933, aclaró el alcance de las
disposiciones contenidas en el decreto ley Nº 593, de 9 de septiembre de
1932, y lo dispuesto en el artículo 7º Nº 15 de la ley Nº 5.154, que ya hemos
mencionado, en el sentido que no regiría para las cooperativas de edificación
de viviendas el impuesto extraordinario a la primera transferencia a título
oneroso de cada bien raíz, que se establece, aplicándose el consultado en
la segunda transferencia cuando se tratare de predios cuyo valor excediere
de $ 510.000, y únicamente sobre el exceso de esta suma.
Las leyes Nº 5.124, de 2 de agosto de 1933, y Nº 5.235, de 19 de diciem-
bre de 1933, autorizaron la transferencia de un inmueble a la Cooperativa
Naval de Valparaíso. La ley Nº 5.588, de 7 de febrero de 1935, dispuso que
la Cooperativa Militar y la Cooperativa Naval, gozarán de los privilegios y
exenciones acordados por el decreto Nº 596, de 14 de noviembre de 1932,
del Ministerio del Trabajo.
Anteriormente se habían dictado dos leyes de fomento, siendo éstas:
a) La ley Nº 4.094, de 2l de septiembre de 1926, que dispone la des-
tinación de fondos del producto del remate de terrenos salitrales para la
formación de cooperativas en la zona salitrera.
COOPERATIVAS 91
b) La ley Nº 4.869, de 31 de julio de 1930, que autorizó al Presidente
de la República para declarar obligatoria la pasteurización de la leche y
dispuso que el Estado podía efectuar préstamos a los productores de leche
que se organicen en cooperativas, debiendo consultarse los fondos en el
presupuesto de cada año.
El DFL Nº 2.172, de 19 de agosto de 1930, del Ministerio de Fomento,
fijó la planta de personal del Departamento de Cooperativas y los sueldos
de sus funcionarios.
7. REGLAMENTO DE LA LEY DE COOPERATIVAS
El 3 de diciembre de 1936 se publicó en el Diario Oficial el decreto
supremo Nº 790, de 6 de octubre de 1936, del Ministerio del Trabajo, por
medio del cual se aprobó el reglamento sobre Sociedades Cooperativas.
Este cuerpo legal, que contiene 141 artículos permanentes y 3 artículos
transitorios, reglamenta con detalle diversos aspectos del funcionamiento
de las sociedades cooperativas.
Puede considerarse este reglamento como un código completo de legis-
lación cooperativa a esa fecha, el que abarca todas las principales materias
existentes, algunas de las cuales estaban contenidas en el decreto Nº 596,
de 14 de noviembre de 1932.
El año 1968, la Contraloría General de la República, a través del Dictamen
Nº 3.520, de 20 de enero de dicho año, estableció que dicho reglamento podía
aplicarse, ya que el DFL Nº 326, de 1960, que contiene la Ley General de
Cooperativas, derogó la legislación y reglamentación vigentes a esa fecha,
dejando subsistentes aquellas disposiciones que no se avengan o sean con-
trarias a dicho decreto con fuerza de ley, dictamen que no compartimos.
El reglamento tiene la siguiente estructura:
Título I. De la constitución de las sociedades cooperativas y de su apro-
bación suprema.
Título II. Del capital social.
Título III. De los socios.
92 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Título IV. De las Juntas Generales.
Título V. Del Consejo de Administración.
Título VI. Del gerente.
Título VII. De la Junta de Vigilancia.
Título VIII. De la contabilidad.
Título IX. De la distribución de los saldos, excedentes o beneficios.
Título X. De la disolución y liquidación de las sociedades cooperativas.
Título XI. De las uniones y federaciones de sociedades cooperativas.
Título XII. Del fomento, privilegios y exenciones a las sociedades coope-
rativas.
Título XIII. De la vigilancia de las sociedades cooperativas.
Título XIV. De las sanciones.
Título XV. Disposiciones generales.
8. FOMENTO DEL COOPERATIVISMO AGRARIO
El año 1939 se dictan tres cuerpos legales relacionados con el coopera-
tivismo agrario, a saber:
a) La Ley Nº 6.382, de 18 de agosto de 1939, que Establece las Coo-
perativas de Pequeños Agricultores y Crea el Departamento de Pequeños
Agricultores en la Caja de Crédito Agrario.
b) El decreto Nº 593, del Ministerio de Agricultura, de 6 de septiembre
de 1939, publicado en el Diario Oficial con fecha 7 de octubre de 1939, que
contiene el reglamento de la Ley Nº 6.382 sobre Cooperativas de Pequeños
Agricultores.
c) El decreto Nº 758 del Ministerio de Agricultura, de 31 de octubre de
1939, que contiene el reglamento que fija el procedimiento al cual deben suje-
tarse la Caja de Crédito Agrario y las cooperativas en materia de préstamos.
Cabe destacar que el DFL Nº 326, de 1960, derogó expresamente la ley
Nº 6.382, a excepción del Título IV, que conservando el número de ley
COOPERATIVAS 93
señalado pasaría a denominarse: “Ley de saneamiento del dominio de la
pequeña propiedad agrícola”.
A continuación daremos un breve vistazo a cada uno de estos textos
legales :
La Ley Nº 6.382, que Creó las Cooperativas de Pequeños Agricultores,
lleva la firma del Presidente don Pedro Aguirre Cerda y de su Ministro don
Arturo Olavarría Bravo. Consta de cinco Títulos y 53 artículos.
El Título I trataba de las cooperativas de pequeños agricultores; su ob-
jeto y constitución. Establecía que son cooperativas de esta clase las que
se constituyeren de conformidad a las disposiciones de los tres primeros
incisos del artículo 40 de la ley Nº 4.531, de 14 de enero de 1925, que se
analizara anteriormente, conjuntamente con las de la propia ley Nº 6.382,
y que obtengan personalidad jurídica del Presidente de la República. Se
agregaba que el instrumento constitutivo debía inscribirse en el Registro
de Comercio del departamento respectivo.
Los objetivos de estas cooperativas estaban señalados en el artículo 2º,
y eran:
“a) Otorgar a sus asociados, en representación del Departamento De Coopera-
tivas de la Caja de Crédito Agrario préstamos controlados para fines agrícolas
representativos y ejercitar dicho control.
b) Ejercitar cualquiera de las atribuciones indicadas en los números 1, 2, 3, 4
y 6 del artículo lº de la ley Nº 4.531 y además los siguientes :
1º Contratar préstamos con entidades de fomento para invertirlos directamente
en fines de utilidad colectiva;
2º Dirigir la producción agrícola de los socios, con arreglo a las exigencias de
los mercados de consumo;
3º Organizar la venta de los productos de la agricultura debidamente envasados
y clasificados, en la forma más conveniente al interés de los socios;
4º Adquirir maquinaria agrícola, elementos de transporte, animales reproduc-
tores y de trabajo para arrendar sus servicios a los socios;
94 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
5º Prevenir y atender el tratamiento de las enfermedades de los animales y de
las plantaciones pertenecientes a los socios o a la cooperativa; y
6º Atender y representar a los socios que lo soliciten en las gestiones o di-
ficultades que se les presenten en el ejercicio de sus actividades y labores
agrícolas”.
Más adelante, la ley señalaba que estas cooperativas podían constituirse
como de responsabilidad limitada o ilimitada. Si eran de responsabilidad
ilimitada, respondían los socios con todos sus haberes, y en caso de ser
de responsabilidad limitada, ésta sólo afectaba al capital que se haya de-
clarado en la escritura social. En ambos casos, los socios respondían a la
sociedad con todos sus bienes por las operaciones que ejecutaran con ella.
Se establecía una fianza de tipo legal, de los socios con respecto del socio
insolvente, y para el solo efecto de responder a las obligaciones contraídas
por éste en la cooperativa.
Se dispuso que sólo podía constituirse una cooperativa de esta clase en
cada comuna, salvo autorización expresa del Presidente de la República,
previo informe del Departamento de Cooperativas de la Caja de Crédito
Agrario. Además, se hacían aplicables a estas cooperativas los artículos 16,
18 y 19 de la ley Nº 4.531 y el resto de las disposiciones se consideraban
supletorias, con excepción del artículo 24.
Llama la atención las normas sobre realización o cumplimiento de los
objetivos sociales, que permitían a la cooperativa, según cuales fueren sus
actividades, ser considerada como una entidad económica independiente.
En suma, para los fines de operar créditos del Departamento de Coopera-
tivas de la Caja de Crédito Agrario, se consideraban como mandatarios o
representantes de dicho organismo.
El Título II se refería al capital y a los socios, aunque destinaba gran
parte de su articulado a reglamentar el otorgamiento de créditos a estas
cooperativas. Se indicaba que el capital se formaría:
a) Con una cuota de admisión mínima de 20 pesos que pagará cada aso-
ciado, cuota que se aumentará en proporción al número de votos con que
cuente, otorgándose un voto más por cada fracción de $ 50.000, correspon-
diente al valor de su propiedad o de su capital comprobado;
COOPERATIVAS 95
b) Con los beneficios sociales;
c) Con una comisión de un 1% anual sobre los préstamos que la Caja de
Crédito Agrario otorgue a los socios de la cooperativa por intermedio de ésta.
Puede apreciarse, a través de esta disposición, la extraña naturaleza de estas
cooperativas, después de todo el proceso que hasta 1939 había recorrido el
desarrollo de la legislación cooperativa, mezclándose elementos ajenos a
estas sociedades. No nos detendremos a hacer un análisis pormenorizado
de dichas disposiciones en razón de que esta legislación ha sido derogada,
según ya lo expresamos.
El artículo 21 de la ley señalaba quiénes podían pertenecer a las Coope-
rativas: a) los pequeños agricultores; b) los colonos de tierras fiscales que
tengan título provisional, y c) los ocupantes de tierras, incluyéndose los
indígenas. Precisaba en seguida ese artículo lo que se entendía por pequeños
agricultores.
Finalmente, el Título II de la ley terminaba estableciendo que cada
sección de la cooperativa podía funcionar si contaba a lo menos con cinco
socios y prohibiéndose el retiro de éstos durante los primeros cinco años
de permanencia en la cooperativa.
El Título III versaba sobre las administración y disolución y liquidación
de las cooperativas de pequeños agricultores, dando diversas normas rela-
cionadas con quórum de asistencia a reuniones o para adoptar determinados
acuerdos, salvo la disposición que comentáramos ya, al referirmos al capital
social, que otorgaba derecho a voto a los socios por sobre el mínimo de
un voto. Otra disposición que vale la pena mencionar es la contenida en el
artículo 29 que prescribía: “Disuelta una cooperativa, sus bienes pasarán al
Departamento de la Caja de Crédito Agrario, el cual los liquidará, debiendo
entregar su producido a los cooperados, a prorrata de sus respectivos dere-
chos, previa la deducción de un 10% por concepto de comisión a beneficio
del mismo Departamento”. Lo anterior demuestra la total dependencia de
estas cooperativas respecto de la referida Caja.
El Título IV de la ley se refería al saneamiento del dominio de la pequeña
propiedad agrícola, que no trataremos aquí, por ser una materia ajena al
estudio que realizamos. Por último, el Título V contenía diversas disposi-
96 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
ciones de carácter general, entre las cuales cabe destacar la obligación de
los socios de la cooperativa de vender sus productos por intermedio de la
respectiva sección a que pertenezca dentro de la cooperativa.
El decreto Nº 593 del Ministerio de Agricultura, de 6 de septiembre de
1939, aprobó el reglamento de la ley Nº 6.382, analizado precedentemente,
que fue modificado por el decreto Nº 627 del mismo Ministerio, de 27 de
septiembre de 1939, publicado en el Diario Oficial de 18 de octubre de ese
año, mediante el cual regulaba en 99 artículos las materias indicadas en la
ley. Debe señalarse que éste es un cuerpo legal de una extrema prolijidad,
y que detalla sistemáticamente las materias de la ley.
El decreto Nº 758, de 31 de octubre de 1939, del Ministerio de Agri-
cultura, aprobó el reglamento al que deberían ceñirse la Caja de Crédito
Agrario y las cooperativas en la tramitación y otorgamiento de los préstamos
a que se refiere el artículo 2º de la ley Nº 6.382. El reglamento contenía 30
artículos sobre funcionamiento de estas cooperativas y de las actividades
de los asociados. Es interesante subrayar la reglamentación de los vales de
depósito, especie de warrants que la ley Nº 6.382 había creado y que se
reglamentaron en este cuerpo legal.
9. COOPERATIVAS DE HUERTOS FAMILIARES
El año 1941 se legisla principalmente hacia la creación de cooperativas
de huertos familiares, especie de cooperativa de vivienda y agrícola. En
esta breve reseña histórica hemos querido referirnos a los aspectos princi-
pales de la formación del Derecho Cooperativo chileno. Obviamente que
la legislación fue siguiendo las ideas políticas y sociales del período bajo el
cual se dicta, enfrentando contingencias de orden económico que gravitan
directamente sobre las normas de derecho.
En efecto, el 4 de marzo de 1941 se publicó en el Diario Oficial la Ley
Nº 6.815, sobre Cooperativas de Huertos Familiares.
El artículo 2º de la ley define el huerto obrero y huerto familiar como “la
vivienda popular que tenga un terreno anexo adecuado a la explotación de
una o más pequeñas industrias o cultivos, y cuyo rendimiento económico sea
suficiente para el sustento de la familia y para el servicio del préstamo”.
COOPERATIVAS 97
A continuación indicaba la ley que “se entenderá por jardín obrero y
por jardín familiar la vivienda popular construida principalmente en el
radio urbano o en sus inmediaciones, que disponga de un terreno anexo
no inferior a quinientos ni superior a cinco mil metros cuadrados, a fin de
que pueda desarrollarse alguna pequeña industria casera, especialmente
agropecuaria”.
Le correspondía a la Caja de la Habitación Popular, después de 1953,
Corporación de la Vivienda, el otorgamiento de créditos para tales fines,
los que comprendían la adquisición del terreno, los cierros, la construcción
de la vivienda y de las dependencias necesarias para las industrias que se
desearen implantar.
El artículo 6º de la ley decía que estos préstamos se otorgarían a las
cooperativas de obreros o de empleados con existencia legal debiendo de-
terminarse el monto de la deuda que afecte a cada uno de los cooperados.
“Las obligaciones así determinadas, recaerán directa y personalmente sobre
el actual o futuro cooperado, en la parte que le hubiere correspondido”.
No puede dejar de llamarnos la atención esta redacción, que es el ante-
cedente de la división hipotecaria que se encuentra en las cooperativas de
viviendas que reguló el DFL Nº 326, de 196O.
Se indicaba, además, entre otras personas que podían ser beneficiarias
de los créditos que otorgara la Caja de la Habitación Popular, a “los so-
licitantes que comprueben conocer las industrias o cultivos que desean
emprender” y “a los que dispongan, entre los miembros de su familia, del
personal necesario para la atención de las labores elegidas”. La ley obligaba
a todas estas personas a constituirse en cooperativas para la explotación de
sus huertos.
Por decreto supremo Nº 742, de 2l de noviembre de 1941, del Ministerio
del Trabajo, publicado en el Diario Oficial de 11 de diciembre de 1941,
se reglamentó la aplicación de la ley Nº 6.815, la que en su Título VIII se
refiere específicamente a las cooperativas de huertos y jardines familiares.
Dicho decreto no contiene aportes de importancia, ya que su propósito era
reglamentar la aplicación de la citada ley, estableciendo normas sobre la
forma en que debían recibirse los créditos correspondientes, que otorgaba la
98 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Caja de la Habitación Popular. Disponía el artículo 61 del reglamento que
las cooperativas debían tener por fin primordial la explotación agrícola, sin
perjuicio de considerar entre sus finalidades, subsidiariamente, el suministro
de artículos de consumo para sus miembros.
No hay duda que estas cooperativas recuerdan los orígenes del movi-
miento cooperativo, cuando se plantearon por los pioneros de Rochdale los
objetivos de su primera organización, que en el artículo inicial señalaba,
entre otros, los siguientes:
“El establecimiento de un despacho para la venta de víveres, de ves-
tidos, etc. Construir, comprar o edificar un número de casas destinadas a
los miembros que deseen ayudarse mutuamente para mejorar su condición
doméstica y social. Para procurar a los miembros de esta sociedad un
aumento de beneficio y de seguridad, la sociedad comprará o tomará en
arrendamiento una o varias tierras, que serán cultivadas por los miembros
que se encuentren sin empleo o cuyo trabajo está mal remunerado”.
10. LEGISLACIÓN PARTICULAR
En el año 1941 encontramos una ley de carácter particular, en favor de
la Cooperativa Lechera Biobío Ltda., a fin de liberarla de derechos adua-
neros respecto de la importación, desde Argentina, de papel para envolver
mantequilla (ley Nº 6.989, publicada en el Diario Oficial Nº 19.025, de 31
de julio de 1941). Esta ley demuestra el pleno funcionamiento de las en-
tidades cooperativas, siendo sujeta en este caso una de ellas de beneficios
especiales, al actuar en el comercio internacional.
11. COOPERATIVAS VITIVINÍCOLAS
Cabe destacar, por esos años, el desarrollo de cooperativas vitivinícolas,
que en cierta medida fueron impulsadas por diversas leyes que se comen-
zaron a dictar desde el año 1938, como lo fue la ley Nº 6.179, publicada
en el Diario Oficial del 10 de febrero de 1938, por medio de la cual se au-
torizó al Presidente de la República para contratar un empréstito hasta por
$ 20.000.000, cuyo producto se destinaría a fomentar el establecimiento de
cooperativas vitivinícolas.
COOPERATIVAS 99
En el Diario Oficial del 14 de marzo de 1945 se publicó la ley Nº 8.093,
que autorizó al Presidente de la República para contratar empréstitos hasta
por la suma de $ 70.000.000, para ponerlos a disposición del Instituto de
Economía Agrícola, a fin de fomentar exclusivamente la organización de
cooperativas vitivinícolas, incrementar el desarrollo de las existentes y que
se crearan en el futuro.
Se establecía además que el proyecto de inversión de estos fondos en
las diversas zonas del país y su distribución entre las cooperativas vitivi-
nícolas debería ser aprobado por decreto supremo, previo informe de un
Comité Consultivo que estaba compuesto por tres consejeros del Instituto
de Economía Agrícola, por un representante de cada cooperativa vitiviní-
cola existente o que se constituya en el futuro y por el jefe de la Sección
Cooperativas Vitivinícolas del Instituto mencionado. Esta disposición legal
que comentamos reemplazó el artículo 49 transitorio de la Ley sobre Alco-
holes y Bebidas Alcohólicas, que estaba contenida en el decreto supremo
Nº 1.000, de fecha 24 de marzo de 1943.
Para financiar este programa de desarrollo se estableció un impuesto
adicional de un centavo de peso por litro de vino que produzcan las viñas,
descontadas las cuotas de excedentes, por el período necesario para pagar
el préstamo que podía contratar el Presidente de la República. Estaban
exceptuados del pago de dicho impuesto el productor de menos de 5.000
litros. Dicha ley llevaba las firmas del Presidente Juan Antonio Ríos y
de los Ministros don José Manuel Casanueva Ramírez y don Santiago
Labarca L.
Por otra parte, la ley Nº 8.762, publicada en el Diario Oficial de 15 de
marzo de 1947, relacionada con disposiciones legales tendientes a mejorar
las remuneraciones del personal dependiente del Ministerio de Defensa
Nacional, modificó en su artículo 20 diversas disposiciones de la Ley sobre
Alcoholes y Bebidas Alcohólicas, que –como ya vimos– estaba contenida
en el decreto Nº 1.000 del Ministerio de Hacienda, de 24 de marzo de 1943,
publicado en el Diario Oficial de 6 de abril de 1943. Entre las disposiciones
modificadas se encontraba el artículo 45, que en su nuevo texto estableció
un impuesto de un l0% sobre el precio de venta obtenido por el productor, y
destinaba el 1% del producto de ese impuesto al fomento de las cooperativas
vitivinícolas existentes y de las que en el futuro se establezcan.
100 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Por decreto Nº 352, de 9 de abril de 1945, del Ministerio de Agricultu-
ra, publicado en el Diario Oficial de 14 de junio de 1945, se reglamentó
la inversión de los fondos autorizados por la ley Nº 8.093. Señalaba este
reglamento que el Ministerio de Agricultura debía designar antes del lº de
junio de cada año a los integrantes del Comité Consultivo que se ordenaba
constituir por la mencionada ley y que señaláramos anteriormente, el cual
debería informar sobre el proyecto de inversión de los fondos. Indicaba
el decreto en su artículo 3º que en la formación del proyecto del plan de
inversiones, el Comité debía sujetarse a las siguientes reglas:
a) Se formaría un proyecto general para realizarse a través de un término
no superior a cinco años;
b) Se estudiaría un proyecto de fomento e inversiones para cada año,
dentro de las líneas del plan general;
c) Las inversiones deberían justificarse mediante informes definitivos y
planes y presupuestos exactos, elaborados por profesionales competentes
en cada materia.
El artículo 4º del reglamento dejaba ver la finalidad de exportar vinos,
que pretendía el fomento de las cooperativas vitivinícolas, al expresar que
el proyecto de plan se fundara en una política uniforme para todas las zonas
vitivinícolas del país, que persiga la producción en cantidad suficiente de
tipos de vinos cuya cantidad pueda ser garantizada por el Estado y permita
organizar sobre bases sólidas el comercio de exportación. El aludido decreto
contenía otras disposiciones de orden administrativo. Estaba firmado por
el Presidente don Juan Antonio Ríos y por su Ministro de Agricultura don
José Manuel Casanueva Ramírez.
La ley Nº 9.098, publicada en el Diario Oficial de 21 de octubre de 1948,
estableció que el excedente del impuesto establecido en el artículo 1º de
la ley Nº 8.093, ya señalado, después de atender el servicio de los emprés-
titos pendientes, será puesto por la Caja de Amortización, anualmente, a
disposición del Instituto de Economía Agrícola, el cual con el acuerdo del
Comité Agrícola de Cooperativas Vitivinícolas procederá a distribuirlo. En
dicha ley se redujo la autorlzación para contratar empréstitos a las sumas
colocadas a esa fecha.
COOPERATIVAS 101
El funcionamiento de las cooperativas vitivinícolas fue reglamentado
por el decreto supremo Nº 725 del Ministerio de Agricultura, de 24 de sep-
tiembre de 1942 publicado en el Diario Oficial del 30 de octubre de 1942,
el que rigió por casi diez años, siendo reemplazado por el decreto supremo
Nº 700, que fijó el texto definitivo del reglamento para el funcionamiento
de las cooperativas vitivinícolas, decreto del Ministerio de Agricultura
de 11 de junio de 1952, publicado en el Diario Oficial de 18 de julio del
mismo año.
Se disponía en esta reglamentación que estas cooperativas serán cons-
tituidas exclusivamente por dueños, arrendatarios o tenedores a cualquier
título de viñedos y su objetivo será primordialmente la elaboración de los
productos vitivinícolas de sus cooperados, la venta en común de los mismos,
la compra de materiales o artículos que necesiten los cooperados, el trabajo
en el ramo de productos o subproductos de la vid para su aprovechamiento
industrial y comercial, la defensa de la industria vitivinícola nacional y toda
otra actividad relacionada con la viticultura.
El artículo 2º del reglamento señalaba que estas cooperativas debían
estar constituidas exclusivamente por dueños, arrendatarios o tenedores a
cualquier título de viñedos y su ubicación y zona de cooperación serían las
que el Ministerio de Agricultura determine en el plan general que elabore
al efecto.
Este tipo de cooperativas se debía constituir conforme al procedimien-
to establecido en el decreto Nº 2.736 del Ministerio de Justicia, de 31 de
octubre de 1925, que regulaba el otorgamiento de personalidad jurídica a
las corporaciones y fundaciones. En todo caso, se requería el informe del
Consejo del Instituto de Economía Agrícola para autorizar la existencia
legal de la cooperativa, al tenor de lo indicado en el artículo 17 Nº 4 del
reglamento. De tal modo que no se aplicaba la legislación cooperativa. Se
estableció la responsabilidad limitada al capital suscrito más la ayuda fiscal
que recibirían.
Tenían derecho a formar parte de estas cooperativas todos los viñateros
de la zona que el Ministerio de Agricultura asigne para cada una de ellas y
cada socio debía suscribir como aporte de capital la suma que determine el
estatuto por cada hectólitro de vino que representa su cosecha total presunta,
102 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
de acuerdo a las normas fijadas por la Dirección de Impuestos Internos, o
por cada hectárea de viña de rulo o de riego que posea o según la cuota de
producción que corrrsponda a estas dos clases de viñedos.
El artículo 8º del reglamento prohibía a la cooperativa adquirir pro-
ductos a los socios, pudiendo sólo recibírselos en depósito o a consigna-
ción para ser elaborados, transformados o vendidos en forma colectiva,
pero siempre por cuenta del dueño de los productos. Se establecía una
importante excepción a esta norma, consistente en que tales productos
podían ser adquiridos cuando el Directorio de la cooperativa acordare
por unanimidad la compra, en casos calificados, con el objeto de mejorar
los productos elaborados.
El artículo 9º fijaba el sistema de elección del Consejo de Administra-
ción, disponiendo que cada socio no podía votar por más del 2% del total
de votos, cualquiera que sea el número de acciones que posea. Sin duda
que la disposición era confusa y no se ajustaba a las normas jurídicas ya
establecidas por la legislación cooperativa.
Las Juntas de Socios debían celebrarse con la presencia de un delegado
del Instituto de Economía Agrícola, quien estaba facultado para consignar en
el acto las observaciones que le merezcan los acuerdos que estime contrarios
al reglamento y especialmente a los intereses generales de la cooperativa.
La administración de la cooperativa se encargaba a un gerente nombrado
por el Instituto de Economía Agrícola, a propuesta del Directorio de la coo-
perativa. Para nombrar en el cargo de gerente a un socio de la cooperativa,
se exigía el voto favorable de los tres cuartos de los asistentes a la sesión
que al efecto celebrara el Instituto mencionado.
Para remover al gerente se requería la ratificación del acuerdo por el
Instituto de Economía Agrícola. El resto de las disposiciones se referían al
desarrollo de estas cooperativas. Cabe consignar que la ayuda fiscal de que
gozaban tales entidades se determinaba por el Ministerio de Agricultura,
con el informe del Instituto de Economía Agrícola y en proporción con la
producción de la zona que abarcaba la cooperativa. Esta ayuda fiscal se en-
tregaba a título gratuito y si la cooperativa se liquidaba por cualquier causa,
el saldo resultante de la liquidación, pagadas las deudas, debía devolverse
COOPERATIVAS 103
al Instituto ya indicado, a fin de que éste lo destinase a la formación de otra
cooperativa en la misma zona.
Dentro del amplio control e intervención que le correspondía al Estado
sobre estas cooperativas, se contaba la obligación establecida en el artícu-
lo 13, que señalaba que cada entidad debía enviar al Instituto, en el mes
de diciembre de cada año, un plan de trabajo y un presupuesto de gastos
e inversiones para el año siguiente, pudiendo el Instituto aprobar o hacer
observaciones al plan de trabajo y al presupuesto, que el Consejo Directivo
de la cooperativa debía estudiar y pronunciarse sobre tales observaciones.
Las modificaciones al plan tenían que sujetarse el mismo procedimiento.
El Instituto de Economía Agrícola podía intervenir la cooperativa en los
siguientes tres casos:
1. Existencia de irregularidades;
2. Mala administración, y
3. Errada orientación.
Para tales fines el Instituto nombraba un interventor a fin de que asumie-
ra la administración de la cooperativa, quien procedía de acuerdo con las
instrucciones que le impartiera el Instituto, asumiendo todas las facultades
que los estatutos otorgan al Directorio y gerente de la cooperativa, quienes
cesaban en sus funciones mientras durare la intervención.
El decreto Nº 700 precisó algunos conceptos, entre los cuales cabe desta-
car el que entre los objetivos de estas cooperativas se establecía la venta en
común de productos vitivinícolas, evitando –en lo posible– la concurrencia
de intermediarios. Este concepto lo recalcamos, pues en la legislación pos-
terior, de carácter general, aparece claramente explicitado.
El proceso de constitución se define en términos claros al ordenarse que
“deberán constituirse por escritura pública o instrumento privado en el cual
se especificarán los objetivos de la cooperativa, el capital, el domicilio, la
nómina de los socios fundadores, el número de las acciones o cuotas y el
valor de cada una de ellas, que correspondan a cada socio”.
El decreto supremo Nº 725, de 16 de noviembre de 1954, del Ministerio
de Agricultura, que modificó el artículo 5º del reglamento, precisó también
104 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
el procedimiento administrativo de constitución, al señalar que “la obtención
de la personalidad jurídica de las cooperativas se ajustará al reglamento
sobre Concesión de Personalidad Jurídica, contenido en el decreto Nº 5.850
del Ministerio de Justicia, de 31 de octubre de 1952, y a las modificaciones
que contempla el presente reglamento”. La solicitud en que se pida la apro-
bación de los estatutos y la concesión de personalidad jurídica se dirigirá
al Presidente de la República, por intermedio del Ministro de Agricultura
o del gobernador respectivo. La solicitud de personalidad jurídica deberá,
además, acompañarse de un certificado que acredite haberse pagado a lo
menos el 50% del capital suscrito por los cooperados. En las tramitaciones
a que diere lugar la aprobación de los estatutos y concesión de la persona-
lidad jurídica por parte del Supremo Gobierno, se omitirá el informe de la
Dirección General de Investigaciones sobre antecedentes de los socios, pero
será indispensable el dictamen del Servicio de Cooperativas Vitivinícolas.
El decreto supremo que se pronuncie sobre la aprobación de los estatutos
o concesión de personalidad jurídica a las cooperativas de que se trata en
el presente reglamento, será expedido por el Ministerio de Agricultura y,
asimismo, todos los trámites o gestiones inherentes a esta materia serán de
competencia exclusiva de dicho Ministerio.
En cuanto al gerente, este nuevo reglamento exigía que fuera nombra-
do por el Directorio, otorgándosele al Instituto de Economía Agrícola,
en conformidad al artículo 10, la facultad de pedir a dicho Directorio la
remoción del gerente, cuando lo estimare conveniente para los intereses
de la cooperativa.
El artículo 11 regulaba lo concerniente a la ayuda fiscal la que seguía
siendo determinada por el Ministerio de Agricultura, previo informe del
Instituto de Economía Agrícola y en proporción con la producción de la
zona que abarcara la cooperativa. La ayuda fiscal era a título gratuito y se
entregaba a las cooperativas una vez que el Instituto aprobaba el plan de
inversiones de cada cooperativa, como también los planes y especificaciones
de las construcciones y adquisiciones que comprenda el plan.
En el caso de liquidarse una cooperativa vitivinícola que hubiere recibido
aportes fiscales, una vez pagadas las deudas, los valores que resultaren de
la liquidación se distribuirían en la forma y en el orden de preferencia que
a continuación se señalan: 1º, al Instituto de Economía Agrícola el o los
COOPERATIVAS 105
aportes fiscales que haya recibido la cooperativa, y 2º, se devolverán a los
cooperados sus aportes en dinero.
Los artículos l3 y 14 del reglamento establecían obligaciones de la
cooperativa con respecto al Instituto, en orden a proporcionar toda clase
de antecedentes contables, balance y nómina de socios, con indicación de
los retirados, excluidos o incorporados durante el año y de las acciones y
cuotas que les correspondan a cada uno. Mensualmente, cada cooperativa
debía enviarle una copia de las actas de sesiones, un estado de situación y un
balance de comprobación y saldos de su libro mayor. En el mes de diciembre
de cada año debía enviar también un plan de trabajo y un presupuesto de
gastos e inversiones, para el año siguiente al Instituto de Economía Agrícola,
el que podía formular observaciones a dicho plan, debiendo el Consejo de
la cooperativa, al decir del artículo 14 (nótese que se cambia la denomina-
ción, que en otros artículos se llama Directorio), estudiar y pronunciarse
sobre las observaciones formuladas. Si no existiere acuerdo sobre ellas,
el Instituto de Economía Agrícola debía citar al Consejo Directivo a una
sesión especial en que se debían tratar los puntos observados. Una vez que
quedaba aprobado el plan de trabajo por el Instituto, toda modificación que
el Directorio estimare necesario efectuar debía hacerse con la aprobación
del Instituto.
Los artículos 15 y 16 del reglamento se referían a la posibilidad de efec-
tuar la intervención de una cooperativa vitivinícola por parte del Instituto de
Economía Agrícola. Las causales de intervención eran: 1) irregularidades;
2) mala administración, y 3) errada orientación de la cooperativa.
Si las irregularidades que comprobaba el interventor eran de carácter
grave, el Instituto de Economía Agrícola podía disponer lo necesario para
la liquidación de la cooperativa. El acuerdo de la propia cooperativa en
orden a liquidarse debía ser adoptado por los dos tercios de los miembros
de la propia cooperativa y previo acuerdo del Instituto.
Los artículos 18 y 19 del reglamento determinaban las Facultades del
Consejo del Instituto de Economía Agrícola respecto de las cooperativas
vitivinícolas, que en resumen eran todas aquellas necesarias para el cumpli-
miento de las facultades y deberes que las disposiciones anteriores estable-
cían respecto del funcionamiento y organización de estas cooperativas. Se
106 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
generaba un Comité Consultivo, cuyo objeto fundamental era el de estudiar
y proponer al Instituto un plan general de fomento para las cooperativas,
apreciar y verificar su desarrollo y proponer sus modificaciones de acuerdo
con las experiencias y necesidades futuras, y asesorar al Consejo de dicho
Instituto en todo lo que diga relación con la organización, desarrollo y
funcionamiento de las cooperativas vitivinícolas.
Este decreto reglamentario fue modificado por el decreto supremo
Nº 670, de 21 de octubre de 1953, del Ministerio de Agricultura, publicado
en el Diario Oficial de 25 de noviembre de 1953, que preceptuó que todas
las funciones, atribuciones y obligaciones que el referido decreto Nº 700
otorgaba al Instituto de Economía Agrícola o a su personal corresponde-
rían en adelante al Departamento de Vitivinicultura y Fruticultura de la
Dirección Nacional de Agricultura, quien las debía ejercer por intermedio
de su Servicio de Cooperativas Vitivinícolas, y todas las demás funciones
que por el decreto Nº 700, de 1952, se entregaban al Instituto de Economía
Agrícola se traspasaron al Consejo de Fomento de Investigación Agrícola.
Es importante destacar que el Comité Resolutivo de Cooperativas Vitiviní-
colas estaba integrado por siete representantes de las propias cooperativas
vitivinícolas y por tres Funcionarios del Ministerio de Agricultura, de
acuerdo con lo que dispuso el decreto Nº 255, de 27 de febrero de 1958,
del Ministerio de Agricultura, publicado en el Diario Oficial de 21 de
marzo de 1958.
El 27 de febrero de 1958 el Ministerio de Agricultura implantaba un
nuevo reglamento de Cooperativas Vitivinícolas, publicado en el Diario
Oficial de 23 de marzo de 1958, el que fue modificado por decreto Nº 827
del mismo Ministerio, publicado en el Diario Oficial de 20 de noviembre
de 1959. Este reglamento se aplicaba a las cooperativas que quisieran gozar
de los beneficios que pudiere otorgar el Estado con los fondos consultados
en las leyes Nos. 6.179, 8.093, 8.762, 9.096, 9.629, ya vistas, y las leyes que
posteriormente se dictaron, entre las cuales cabe mencionar la ley Nº 15.248
(artículo 40), la ley Nº 15.575 (artículo l25), la ley Nº 17.105 (artículo 192),
modificada por la ley Nº 17.286 y el decreto supremo del Ministerio de
Agricultura Nº 92, de abril de 1970.
Este reglamento se remitía básicamente al reglamento Nº 700 ya ana-
lizado, con sus modificaciones, y a la Ley Nº 4.531 sobre Cooperativas
COOPERATIVAS 107
Agrícolas, como legislación subsidiaria. En este reglamento se modifica el
sistema electivo de los directores o consejeros, en el sentido de que cada
socio tiene derecho a un voto. Se estableció un mecanismo para dar inde-
pendencia a las cooperativas que tuvieren más de quince años de existencia
y que, a juicio de la Dirección General de Producción Agraria y Pesquera
y del Comité Consultivo, hayan demostrado que su desenvolvimiento
económico-administrativo ha sido perfectamente normal, lo cual debería
constar en un informe del Departamento de Economía Agraria. Señala el
decreto que esta independencia se concedería por medio de un decreto del
Ministerio de Agricultura, en el que deberían constar las razones por las
cuales así se procede, además de disponer que la cooperativa independizada
seguirá usando los aportes fiscales, ya recibidos, para su desenvolvimiento,
mientras continúe organizada, pues en caso de liquidarse o disolverse de-
berá reembolsar al Consejo de Fomento e Investigación Agrícolas el total
del monto de los aportes percibidos, los que se destinarán a formar otra
cooperativa en la misma zona vitivinícola.
Los efectos de esta independencia económica y administrativa estaban
establecidos en el propio reglamento, el que preceptuaba que “continuarán
sus actividades sin percibir aportes fiscales, pero siempre bajo la tuición
del mismo organismo estatal”.
La descripción de la legislación sobre cooperativas vitivinícolas dictada
durante 38 años, hasta 1970, permite mostrar la promoción que el estado
efectuó para desarrollar esta rama de la agricultura nacional, cuyos resul-
tados positivos o negativos, no son materia de este estudio, pues forma
parte de la historia económica y social. Cabe destacar la evolución que fue
teniendo este sector, desde un comienzo con una fuerte intervención estatal,
para terminar en un sistema bastante libre y de mera tuición por parte del
Estado, otorgándoseles a las propias cooperativas una fuerte relevancia en
la planificación, a través del Comité Consultivo analizado.
12. COOPERATIVAS LECHERAS
Otras leyes de interés, dentro de esta breve visión que intentamos dar,
son dos disposiciones legales relativas a las cooperativas lecheras, que para
su correcta comprensión deben ser comentadas en su integridad.
108 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Por ley Nº 9.893, publicada en el Diario Oficial de 7 de marzo de 1951,
con las firmas del Presidente don Gabriel González Videla y del Ministro
de Agricultura don Raúl Yrarrázaval L., se liberó de derechos, impuestos
y contribuciones a la internación de las maquinarias, útiles y accesorios
señalados en dicha ley, destinados a la instalación de la planta pasteuri-
zadora de leche que establecería en Santiago la Sociedad Productora de
Leche S.A., Soprole, como, asimismo, las maquinarias, útiles y accesorios
que requiriera la renovación de la Planta Pasteurizadora de Leche “Central
de Leche Chile S.A.”, y los que internen al país las cooperativas lecheras
dentro del año 1951.
De acuerdo al artículo 1º de la citada ley, Soprole S.A. tenía los pro-
ductos en el puerto de Valparaíso a la fecha de su dictación, dándosele un
plazo de dos años para internar maquinarias, útiles y accesorios hasta por
$ 20.000.000 y que llegaren dentro de este plazo, contado desde la fecha
de la ley.
El artículo 2º de la ley Nº 9.893 dispuso que idénticas liberaciones se
debían otorgar a las maquinarias que requiera la renovación de la planta
“Central de Leche Chile S.A”. y las que se internen al país para el uso y
fines específicos de las cooperativas lecheras, siempre que ellas se hicieren
durante el año 1951. Como las cooperativas lecheras disponían de poco
menos de diez meses para hacer las importaciones, la ley Nº 11.084, publi-
cada en el Diario Oficial de 2 de diciembre de 1952, ordenó que el plazo
establecido en el artículo 2º de la ley Nº 9.893 se ampliara hasta el 31 de
diciembre de 1953.
13. FOMENTO DE LAS COOPERATIVAS DE PEQUEÑOS AGRICULTORES
Al iniciarse el Gobierno del Presidente don Carlos Ibáñez del Campo,
se le concedieron facultades extraordinarias por la ley Nº 11.151, de 5 de
febrero de 1953. En virtud de dichas facultades, el Gobierno, con las fir-
mas de los ministros Felipe Herrera L. y Alejandro Hales, dictó el decreto
con fuerza de ley Nº 360, de 25 de julio de 1953, publicado en el Diario
Oficial de 5 de agosto de 1953, mediante el cual se creó la Junta Nacional
de Cooperación Agrícola, organismo autónomo con personalidad jurídica,
que estaría a cargo de la aplicación de las medidas legislativas relacionadas
con las cooperativas y asociaciones agrícolas.
COOPERATIVAS 109
En los considerandos del mencionado cuerpo legal se reconocía que
para el fomento de la agricultura y el mejoramiento de las condiciones de
vida de las poblaciones rurales se requiere una amplia aplicación de los
métodos cooperativos. Y, agregaban, que las leyes vigentes que otorgaban
franquicias, medidas de fomento y ayuda crediticia a las cooperativas no se
aplicaban en su integridad, señalando que el Departamento de Cooperati-
vas de Pequeños Agricultores de la Caja de Crédito Agrario ha funcionado
defectuosamente.
La Junta a que se refería este decreto con fuerza de ley estaba constitui-
da por siete personas, dos de las cuales correspondían a representantes de
las cooperativas agrícolas constituidas de acuerdo a la ley Nº 4.531 y a las
cooperativas de pequeños agricultores regidas por la ley Nº 6.382, ley esta
última que analizáramos brevemente.
Entre las principales funciones que se le asignaban a la Junta, se con-
taba la de distribuir los fondos destinados por el Estado al fomento de las
cooperativas, con arreglo al destino y objetivos señalados en las leyes
respectivas. Consideraba la ley la posibilidad de integrar económicamente
a las cooperativas agrícolas con otros sectores del cooperativismo, lo que
se demuestra con las funciones de estudio –asignadas a la Junta– de las
necesidades de crédito de las cooperativas agrícolas, el modo de satisfa-
cerlas mediante la formación de cooperativas de ahorro y con la obtención
de préstamos y descuentos en las instituciones de crédito y de fomento del
Estado, y la de proponer a las cooperativas agrícolas las medidas apropiadas
para establecer con las cooperativas de consumo una colaboración que les
facilitara la venta de los productos agropecuarios en los centros urbanos
y les signifique un mejor abastecimiento de la población. Tales funciones
se completaban con la de promover la formación de uniones cooperativas
regionales y nacionales. Además, la Junta debía asegurar a las cooperativas
agrícolas, existentes o en formación, la asistencia técnica del Estado. Tenía
la Junta, asimismo, otras facultades de proposición de reglamentaciones para
la concesión de préstamos y tramitación de éstos, y para implantar, por el
Ejecutivo, medidas encaminadas al desarrollo de la cooperación agrícola.
Para tales fines la Junta Nacional de la Cooperación Agrícola disponía de
un fondo de crédito y de fomento cooperativo, constituido por los siguientes
recursos:
110 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
1. Los fondos que la ley Nº 6.382, de 1939, destinaba a las cooperativas
de pequeños agricultores;
2. Los fondos que las instituciones de crédito y de fomento del Estado
asignen a la Junta para el fomento agrícola por intermedio de las coopera-
tivas y de sus uniones;
3. Los recursos que leyes especiales fijaren para subsidio o préstamos a
las cooperativas agrícolas;
4. Los fondos que anualmente el Ministerio de Agricultura consulte en
la Ley de Presupuestos para el fomento de las cooperativas y asociaciones
agrícolas y los que se obtengan para estos fines en las instituciones de crédito
y de fomento de la producción.
Cabe destacar que todos estos recursos se debían invertir de acuerdo al
destino que les señalaron las respectivas leyes y por intermedio de las repar-
ticiones u oficinas que correspondan, y de acuerdo con las resoluciones que
al respecto dicte la Junta. Asimismo, el manejo del Fondo se debia realizar
por la Junta a través de las instituciones de crédito y fomento del Estado.
Esta legislación intentó crear una planificación más o menos centrali-
zada del crédito dirigido a las cooperativas agrícolas que agrupaban a los
pequeños agricultores, intentando un desarrollo del sector, que años más
tarde volverá a aparecer notablemente reforzado con la ley Nº 15.020, que
permtió la creación del Instituto de Desarrollo Agropecuario, INDAP, bajo
la presidencia de don Jorge Alessandri Rodríguez.
14. COOPERATIVAS DE VIVIENDA
Igualmente, el Presidente don Carlos Ibáñez, en virtud de las facultades
que le concedió la ley Nº 11.151, de 5 de febrero de 1953, dictó el DFL
Nº 285, de 25 de julio de 1953, publicado en el Diario Oficial de 5 de agosto
de 1953, mediante el cual se creó la Corporación de la Vivienda, mediante la
fusión de la Caja de 1a Habitación y de la Corporación de Reconstrucción.
Esta Corporación fue facultada para conceder préstamos, entre otros, a las
cooperativas de edificación, dueñas de terrenos adecuados y urbanizados,
para la construcción de viviendas a fin de venderlas o arrendarlas a sus co-
operados, siempre que las entradas o ingresos del grupo familiar no fueren
COOPERATIVAS 111
superiores a tres sueldos vitales y que ellos, individual y colectivamente,
no sean dueños de otro inmueble (art. 6º Nº 8, letra b).
No cabe duda que esta norma legal fue el origen primario del enorme
desarrollo a1canzado por el sector cooperativo de vivienda en el país con
posterioridad al año 1960, al dictarse la Ley General dc Cooperativas y los
decretos con fuerza de ley Nº 2, de 1959, y Nº 205, de 1960, el primero
sobre el Plan Habitacional y el segundo sobre Asociaciones de Ahorro y
Préstamo para la vivienda.
15. COOPERATIVAS ELÉCTRICAS
En el sector de las cooperativas eléctricas, encontramos el decreto Nº 579,
de 4 de julio de 1942, que modificó el decreto Nº 596, al que nos hemos
referido anteriormente, transfiriendo las facultades de control y tuición res-
pecto de las cooperativas eléctricas, las que correspondían hasta esa época
al Comisariato General de Subsistencias y Precios, a la Corporación de
Fomento de la Producción, con la participación del Ministerio del Trabajo,
la que fue de escasos resultados.38 Tales cooperativas nacieron al impulso de
la Empresa Nacional de Electricidad S.A., empresa del Estado, creada por
la referida Corporación, inspiradas en los conceptos de la “Rural Electric
Administration” y la “Tennesse Valley Authority”, de los Estados Unidos
de América. Posteriormente, el DFL Nº 326, de 1960, en su artículo 3º
transitorio, sujetó a estas cooperativas a dicho cuerpo legal. Durante 1964
se dictaron los decretos Nos. 566, de 19 de marzo, y 549 del Ministerio del
Interior, para dar aplicación al artículo 182 de la Ley General de Servicios
Eléctricos, contenida en ese entonces en el DFL Nº 4, de 1959, destinados
dichos decretos a reglamentar el otorgamiento de créditos a las cooperativas
de electrificación rural.
TERCERA PARTE.
HACIA UNA LEGISLACIÓN COOPERATIVA ÚNICA
En 1959, al ser elegido Presidente de la República don Jorge Alessandri
Rodríguez, el Congreso Nacional, por la ley Nº 13.305, le otorgó facultades
38 Ver CARVALLO HEDERRA, Sergio. Manual de Legislación Cooperativa, p. 383. Editorial
Jurídica de Chile, 1957.
112 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
extraordinarias, a fin de que se dictaran diversas leyes, entre las cuales se
puede mencionar el DFL Nº 326, de 1960, o Ley General de Cooperativas.
Dicho decreto con fuerza de ley fue modificado el año 1963, al dictarse la
Ley Nº 15.020, sobre Reforma Agraria, la que estableció diversas normas
sobre cooperativas, por lo cual la Ley de Cooperativas quedó contenida en
el decreto reglamentario de la Reforma Agraria Nº 20, de 1963, que fijó
el texto refundido, actualizado y sistematizado del Decreto con Fuerza de
Ley Nº 326, de 1960, sobre Cooperativas, el que fue publicado en el Diario
Oficial de 5 de abril de 1963.
Precedentemente, señalábamos que hasta 1960 se puede distinguir una
segunda etapa en la evolución del Derecho Cooperativo chileno. A partir de
dicha fecha, con la dictación del DFL Nº 326, se inicia un nuevo período,
en el que se crea el actual Derecho Cooperativo chileno, que será la materia
de este estudio.
Cabe destacar también el DRRA Nº 11, de 1963, publicado en el Diario
Oflcial de 27 de marzo de 1963; en el cual se contiene el reglamento para la
constitución de Cooperativas Agropecuarias, y los Decretos con Fuerza de
Ley Nºs. 12 y 13, de 1968, publicados en el Diario Oficial de 7 de febrero
de dicho año, sobre Cooperativas de Reforma Agraria y sobre Cooperativas
Campesinas, respectivamente.
Otro cuerpo legal de gran importancia resultó ser el reglamento contenido
en el DS Nº 1.385, de 3 de diciembre de 1963, del Ministerio de Econo-
mía, Fomento y Reconstrucción, que reguló las Sociedades Auxiliares de
Financiamiento Cooperativo, habiéndose constituido una de tales entidades,
que funcionó hasta 1977, época en que fue intervenida y posteriormente
disuelta por la autoridad de la época. Estos organismos estaban destinados
al financiamiento de instituciones cooperativas. Complementó este cuerpo
legal el Decreto Nº 58, de 20 de enero de 1975, sobre Emisión de Bonos
Reajustables de Plazo Indefinido, dictado en conformidad al decreto ley
Nº 445, de 1974, que modificó el DRRA Nº 20, de 1963, especialmente en
lo relativo a las cooperativas de trabajo. Este último reglamento fue mo-
dificado por el decreto Nº 726, de 31 de octubre de 1975, publicado en el
Diario Oficial de 29 de noviembre de ese año.
En 1978 se vuelve a dictar un nuevo texto refundido de la Ley de Coo-
perativas, que quedó contenido en el decreto supremo Nº 502 del Ministerio
de Economía, publicado ea el Diario Oficial de 9 de noviembre de 1978.
COOPERATIVAS 113
Entre 1963, año en que se dictó el DRRA Nº 20, y 1978, año este
ú1timo en que se dictó el último texto refundido antes de la reforma de
la ley Nº 19.832 de 2002, transcurren quince años de enormes cambios
políticos, sociales y económicos en el país, tiempo en el cual se dictaron
dieciséis leyes que en forma directa o indirecta modificaron el estatus
jurídico de las sociedades cooperativas, sin perjuicio de diversos decretos
reglamentarios.
El Estado, a través del Poder Ejecutivo, durante el período gubernativo
de don Eduardo Frei Montalva, prosiguió su estímulo al desarrollo de las
cooperativas. Es así como se dictó el decreto Nº 549 del Ministerio de
Agricultura, publicado en el Diario Oficial de 24 de noviembre de 1964,
mediante el cual se creó la Comisión Asesora de Coordinación de Coope-
rativas Agropecuarias, a fin de asesorar al Gobierno “en el estudio de la
planificación y coordinación de todas las actividades destinadas a la pro-
moción de cooperativas agropecuarias y a la asistencia técnica y educativa
de las mismas”. Tal comisión estaba conformada por once representantes de
organismos del Estado y de instituciones cooperativas o del sector privado
vinculado a dichas entidades.
El 29 de enero de 1966 se publica en el Diario Oficial el decreto
Nº 1.044, de lº de diciembre de 1965, del Ministerio de Economía, que
crea la Comisión Nacional Coordinadora de Cooperativas, para “que se
encargue de cumplir las metas y objetivos del Ejecutivo en esta materia
y de estimular la expansión del movimiento cooperativo de manera que,
respetando su autonomía, oriente los programas de asistencia técnica, fi-
nanciera y educativa que contribuyan a su desarrollo, con el fin de obtener
un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles y un más eficiente
resultado”. La Comisión quedó integrada por diecinueve personas, cuatro
de las cuales eran ministros de Estado, a saber: de Economía, Agricultura,
Minería y Vivienda. Tres personas representaban a organizaciones coope-
rativas; un representante del Instituto de Financiamiento Cooperativo, otra
del Instituto de Educación Cooperativa y una tercera de la Confederación
General de Cooperativas.
En 1967, por decreto supremo Nº 497, de 19 de abril de ese año, publi-
cado en el Diario Oficial de 18 de mayo de 1967, que lleva las firmas de
los Ministros Domingo Santa María y Alejandro Hales, modificado por el
114 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
decreto Nº 784 de 1969, publicado en el Diario Oficial de 23 de agosto de
1969, del Ministerio de Economía, se aprobó el reglamento de Cooperativas
de Productores de la Pequeña Minería. Su título no guarda relación con el
ámbito de aplicación, pues más bien se refiere a las cooperativas mineras,
las que se pueden constituir por productores mineros y las personas jurídi-
cas que no persiguen fines de lucro. Sujeta la constitución de este tipo de
cooperativas a un pronunciamiento del Ministerio de Minería acerca de la
viabilidad y factibilidad del prayecto respectivo, según se define en el artícu-
lo 5º del reglamento. Además el reglamento contenía algunas regulaciones
de orden aduanero, a fin de aprovechar ciertas exenciones y franquicias
contempladas por las leyes Nºs. 11.828 y 16.425.
En el sector de los seguros, se dictó el decreto Nº 2.033 del Ministerio
de Hacienda, publicado en el Diario Oficial de 28 de noviembre de 1968,
estableciendo que serían un tipo de cooperativas de servicio, en virtud de
lo dispuesto en el artículo 282 de la ley Nº 16.840.
El artículo 4º del DFL Nº 251, modificado por la ley Nº 18.660, excluye a
las cooperativas del ejercicio de la actividad aseguradora, al disponer que “el
comercio de asegurar sólo podrá hacerse en Chile por sociedades anónimas
de seguros”. Cabe señalar que las cooperativas, cuando desarrollan alguna
actividad, no ejercen el comercio, según se desprende de las disposiciones
de la Ley de Cooperativas.
En el campo de las cooperativas de vivienda, además de la abundante
legislación que se refería a ellas en el DFL Nº 2, de 1959, sobre Plan Habita-
cional, y el DFL Nº 205, de 1960 sobre Asociaciones de Ahorro y Préstamo,
hay que mencionar el decreto supremo Nº 131, de 30 de mayo de 1969, del
Ministerio del Trabajo, publicado en el Diario Oficial de 18 de junio de 1969,
que aprobó el reglamento de Préstamos a Cooperativas de Construcción de
Viviendas que otorgaren las instituciones de previsión social.
Decíamos anteriormente que en 1978 se dictó el decreto supremo Nº 502
del Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción, el que fijó el texto
refundido de la legislación cooperativa, después de las reformas de los años
que le antecedieron, cuyos textos legales aparecen citados en el inicio de
dicho decreto.
COOPERATIVAS 115
Posteriormente, el 11 de noviembre de 1992 el Gobierno envía al Par-
lamento el proyecto de ley, que posteriormente se convertiría en la ley
Nº 19.382, publicada en el Diario Oficial de 4 de noviembre de 2002, es
decir, 10 años despés de haberse presentado en la Cámara de Diputados,
mediante la cual se modifica sustancialmente la Ley General de Coopera-
tivas, que se encontraba contenida, como hemos dicho, en el DS Nº 502,
de 1º de septiembre de 1978, del Ministerio de Economía.
El Gobierno en el año 1992, en el Mensaje, expresó que el cooperativismo
se encuentra retrasado para efectuar una mayor contribución al desarrollo
nacional y poder servir de vehículo para participar en los beneficios del
mismo, lo cual obliga a adecuarse a las exigencias del medio actual (1992),
que tiene características distintas a las existentes cuando surgió el coope-
rativiosmo en Chile.
El proyecto de ley pretendió dotar a las cooperativas de atribuciones
que:
a) Estimulen las iniciativas y el desarrollo de las potencialidades de la
población que se interese en la cooperativa.
b) Se eliminen disposiciones de hoy en día (1992) entraban el funcio-
namiento de las cooperativas, estimulando en cambio que sean los propios
estatutos y acuerdos internos los que rijan el quehacer de la cooperativa.
c) Se reconozca el objetivo económico vigente, con el propósito que
estas instituciones puedan aprovechar el sistema que tiene el país en esta
materia y que sirvan para su mejor desarrollo.
Concordante con los propósitos expuestos en el Mensaje presidencial
se buscaba obtener o propiciar los objetivos que a continuación se consig-
nan:
1. Refundir en un solo texto toda la legislación cooperativa vigente y
que se encuentra dispersa en diversos textos de rango legal.
2. Reformar el procedimiento para que las cooperativas puedan obte-
ner la personalidad jurídica, la reforma de estatutos o la disolución de las
mismas, cambiando el sistema vigente a la fecha del proyecto de ley que
116 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
exigía la dictación de un decreto del Presidente de la república autorizando
la existencia legal de la sociedad, por un sistema de registro situado en el
Registro de Comercio de los Conservadores de Bienes Raíces.
3. Procurar ampliar el tipo jurídico de cooperativa, en un concepto más
universal permitiendo que una cooperativa pueda ser titular de cualquier
tipo de empresas o actuaren una actividad económica que no tuviese, salvo
las limitaciones impuestas por ley, según el caso.
4. Permitir que las cooperativas, por la vía estatutaria, puedan resolver
materias como la distribución de remanentes y excedentes, remuneración
de personal, calidad de los socios y otros.
5. Eliminar trabas que impiden a las cooperativas poder ofrecer sus
servicios y bienes a personas que no sean socios y, también posibilitar la
asociación de cooperativas con entidades de otras características que per-
sigan fines similares.
6. Finalmente, se procuraba dotar al Departamento de Cooperativas,
como órgano de control, de nuevas facultades que permitan ejercer una
mejor fiscalización de las sociedades sujetas a su control, eliminando a su
vez controles sobre otras cooperativas que no se justificaba, por su tamaño
y radio de acción.
Una vez recibido el proyecto de ley en la Cámara de Diputados el 11 de
noviembre de 1992 pasa a la Comisión de Economía. El 2 de noviembre
de 1993, se incluyó el Proyecto en la legislatura extraordinaria, encontrán-
dose en primer trámite constitucional. El Proyecto volvió a ser incluido en
la legislatura extraordinaria el 16 de marzo de 1994, concluyendo con el
primer informe de la Comisión de Economía el 3 de febrero de 1995. Con
fecha 22 de mayo de 1995 se emite el primer informe de la Comisión de
Hacienda de la Cámara de Diputados, dándose cuenta en la Cámara el 4 de
julio de 1995, el que es aprobado en general.
El 17 de octubre de 1995, el Presidente de la República incluye el Proyec-
to de ley en la legislatura extraordinaria para que la Comisión de Economía
emita su segundo informe, la cual lo evacúa con fecha 18 de marzo de 1996,
por lo cual pasa a la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados.
COOPERATIVAS 117
Con fecha 9 de marzo de 199939 se recibe Oficio del Presidente de la
República, en el cual se incluye el proyecto de ley en la legislatura extraor-
dinaria. Se evacúa por la Comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados
el segundo informe el día 10 de marzo de 1999 y el 30 de marzo de 1999
se aprueba en particular el Proyecto de ley, enviándosele al Senado de la
República.
El día 6 de abril de 1999 pasa el proyecto de ley a la Comisión de Eco-
nomía del senado, la cual evacua un primer informe con fecha 21 de julio
de 1999, siendo sometido a discusión general con fecha 17 de agosto de
1999, dándosele su aprobación general el 4 de noviembre de 1999.
Sólo el 31 de enero del año 2001, el Senado se vuelve a ocupar del
proyecto de ley, ya que se evacua el segundo informe por la Comisión de
Hacienda, del cual conoce la sala y es sometido a discusión particular, apro-
bándose con modificaciones con fecha 17 de julio de 2001, por lo cual pasa
a la Cámara de Diputados. Con fecha 2 de octubre de 2001 la Comisión de
Economía emite su informe y el 23 de enero del año 2002 la sala rechaza
algunas de las modificaciones introducidas por el Senado. En conformidad
al ordenamiento Constitucional, el Senado conoce de la opinión de la Cá-
mara de Diputados y con fecha 9 de abril de 2002, se oficia a esta última
indicando haber tomado conocimiento del rechazo de las modificaciones
introducidas por el Senado, indicando los nombres de los senadores que
integrarán la Comisión Mixta. El 10 de abril de 2002 queda conformada la
Comisión Mixta, la cual entrega su informe con fecha 12 de junio de 2002.
La discusión de lo resuelto por la Comisión Mixta en ambas cámaras termina
con fecha 18 de julio y se envía por la Cámara de Diputados el Proyecto de
ley al Ejecutivo con fecha 5 de agosto de 2002. El Proyecto de ley, luego
de su aprobación por el Tribunal Constitucional, con fecha 8 de octubre de
2002, es promulgado como ley, bajo el Nº 19.832.
Esta reseña de la legislación cooperativa no tiene otro fin que mostrar
cómo gradualmente se fue desarrollando este nuevo derecho, que alcanza
su pleno reconocimiento en 1960 y a partir de dicha fecha se han efectuado
reformas para adecuar la legislación a la situación económica y social del
país.
39 Nótese que el proyecto se detiene en su tramitación por tres años.
118 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
No se puede observar la reseña precedente desde un punto de vista
de ciencia histórica, ya que no es propiamente una historia del Derecho
Cooperativo y no ha sido esa la intención de este estudio, sino más bien
una cronología en la cual se destacan los principales hitos ocurridos en la
generación de una legislación cooperativa. Pensamos que hacer una historia
del Derecho Cooperativo chileno es una obra que merece ser emprendida
y relacionarla con la historia política, social y económica de Chile. Este no
es nuestro propósito, pareciendonos útil –en cambio– hacer la reseña que
hemos escrito, a fin de dar una visión más clara de cómo se originaron las
instituciones cooperativas chilenas, todo ello como un antecedente previo
del estudio del Derecho Cooperativo mismo y de su legislación.
CAPÍTULO IV
LAS FUENTES DEL DERECHO COOPERATIVO CHILENO
Con todo lo complejo que pueda parecer el estudio de las fuentes del
derecho, por las diferentes acepciones que puede tener la expresión mis-
ma y la crítica que se ha hecho de ellas, respecto de la división en reales
y formales, nos parece importante el análisis integral de este tema, por el
hecho de ser el Derecho Cooperativo un derecho reciente, aún en proceso
de formación, y por la gran importancia que tienen en el desarrollo mismo
algunas de sus fuentes, según veremos más adelante.
El análisis se hace desde el punto de vista de la denominada clasificación
de las fuentes formales, sin que ello implique un pronunciamiento sobre
la certeza de esta clasificación, sino que la hemos adoptado más por una
cuestión de método. Más bien pensamos, y muy especialmente para los
efectos de analizar el tema del Derecho Cooperativo, que debería intentarse
un profundo análisis, tomando en consideración lo que históricamente es
o ha sido el derecho, la fuerza creadora del Derecho Cooperativo como
un hecho de la vida social y las influencias decisivas que los problemas
sociales y económicos han tenido sobre los orígenes y evolución del De-
recho Cooperativo, y tantos otros aspectos, entre los cuales cabe destacar
la autoridad y el sistema democrático interno del movimiento cooperativo,
como entes creadores del derecho, en todo lo cual deberán describirse la
costumbre, los reglamentos de autoridad y de las cooperativas.
Dijimos anteriormente que adoptaríamos la clasificación de las fuentes
formales, teniendo presente que las más importantes son: la ley, los actos
corporativos, la doctrina, la costumbre y la jurisprudencia. No nos referi-
remos al acto jurídico, en razón de que este tema ya lo analizamos en el
120 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Capítulo I, y a que en todo caso su análisis no haría otra cosa que repetir
los conceptos del derecho romano, que están recogidos en el derecho civil
y comercial.
Se ha expresado que el Derecho Cooperativo reconoce sólo cuatro clases
de fuentes, siendo éstas la ley, la Doctrina, la Jurisprudencia y la Costum-
bre, idea que está particularmente señalada por el doctor en Derecho don
Santiago Osorio Arrascue en su libro Régimen Jurídico del Movimiento
Cooperativo40, que trata –entre otras cosas– de abordar el estudio de la
elaboración de las fuentes formales del Derecho Cooperativo peruano. En
este estudio hemos agregado los actos corporativos, por la enorme impor-
tancia y trascendencia que tiene esta fuente, según se explicará en la parte
pertinente de este Capítulo.
En la reseña que hemos hecho de la historia del Derecho Cooperativo
chileno se encontrará sólo una de las fuentes formales, que es la ley. Sin
embargo, ella ha sido creada y originada en virtud del desarrollo de la doc-
trina, de la costumbre, usos y prácticas cooperativas, de la jurisprudencia
y de numerosísimos actos corporativos, siendo tal vez estos últimos las
primeras manifestaciones del Derecho Cooperativo chileno, que nacieron al
alero de una doctrina cooperativa, bien o mal comprendida, que posterior-
mente buscó el amparo de una ley. Es probable que la propia ley y el intenso
desarrollo que ella ha tenido hayan ahogado importantes avances naturales
del desarrollo de un sistema cooperativo más orgánico, no obstante que,
por otra parte, y por el prestigio que la ley impone, ésta haya sido uno de
los factores decisivos del desarrollo cooperativo alcanzado. Además, cabe
destacar que bajo la enorme influencia del positivismo jurídico desarrollado
a lo largo de todo el período de codificación del Derecho chileno, iniciado
en 1855 y terminado a principios del siglo XX, influyó decisivamente para
considerar que una institución sólo podía tener valor en la medida que una
ley la administrase o autorizase, con lo que en el fondo se pone en duda la
posibilidad de que exista otra fuente de derecho distinta de la ley, situación
que, después de la Segunda Guerra Mundial, a raíz de la independencia y
descolonización de los países africanos y asiáticos, ha colocado a los juristas
en la necesidad de evaluar nuevamente el valor de la ley, frente a las otras
fuentes de derecho, en cuanto tal.
40 Talleres de Artes Gráficas de la Editorial Científica S.R.L., Lima, 1978.
COOPERATIVAS 121
1. LA LEY EN CUANTO A FUENTE DEL DERECHO COOPERATIVO
Dentro de este concepto entendemos que la legislación es fuente del
Derecho Cooperativo en cuanto conforma un conjunto de normas jurídicas
de observancia general, emanadas de las autoridades del Estado, de acuer-
do a los procedimientos establecidos para tales fines. En consecuencia, se
comprenden la Constitución Política emanada del poder constituyente; las
leyes en sentido estricto, elaboradas en conjunto por el Poder Ejecutivo y
el Poder Legislativo; los decretos con fuerza de ley, los decretos leyes, los
reglamentos. Los decretos dictados por el Poder Ejecutivo, los autos acor-
dados del Poder Judicial y las resoluciones y ordenanzas emanadas de las
autoridades administrativas.
1.1. Fuentes constitucionales
En los textos constitucionales habidos en Chile, a partir de la promulga-
ción de la primera Ley de Cooperativas, encontramos algunas normas rela-
cionadas con las instituciones cooperativas. Para estos efectos, nos referimos
al texto constitucional de 18 de septiembre de 1925, incluyéndose hasta la
reforma de la ley Nº 17.450, de 16 de julio de 1971, y, posteriormente, a
las Actas Constitucionales y a la Constitución de 1980, modificada ésta en
diversas oportunidades.
Conforme a este último texto constitucional41, el artículo 1º contiene en
el inciso segundo un claro reconocimiento implícito a las cooperativas al
señalar:
“El Estado reconoce y ampara a los grupos intermedios a través de los cuales
se organiza y estructura la sociedad y les garantiza la adecuada autonomía para
cumplir sus propios fines específicos”.
Se complementa esta norma constitucional con la que se indica en el
artículo 23 de la Constitución Política que establece:
“Los grupos intermedios de la comunidad y sus dirigentes que hagan mal uso
de la autonomía que la Constitución les reconoce, interviniendo indebidamente
41 Decreto supremo Nº 100, publicado en el Diario Oficial de 22 de septiembre de 2005.
122 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en actividades ajenas a sus fines específicos, serán sancionados en conformidad
a la ley”.
El reconocimiento es implícito por cuanto no se menciona a las coope-
rativas, sino que éstas deben ser consideradas como formando parte de los
“grupos intermedios”, pues los individuos constituyen la típica expresión
de quienes se asocian a una sociedad cooperativa en procura de mejores
condiciones sociales y económicas, resolviendo sus problemas mediante la
ayuda mutua que en razón de su naturaleza jurídica y social emerge de la
institución cooperativa.
Cabe destacar que entre las garantías constitucionales reconocidas por la
Constitución, el derecho de asociarse sin permiso previo y en conformidad
a la ley. De este modo, los habitantes de la República pueden asociarse,
constituyendo instituciones cooperativas, en conformidad a la ley, sin li-
mitación alguna.
Ciertamente, este derecho es connatural a toda persona, y la Constitu-
ción no ha hecho otra cosa que garantizarlo; es decir, obligar al Estado a
reconocer el derecho y comprometerse no sólo a protegerlo, sino a crear
y mantener las condiciones necesarias que los habitantes de la República
requieran para ejercerlo. De esta manera, sostenemos que, en conformidad
a la ley constitucional, los habitantes de la República podrían crear institu-
ciones cooperativas, las que se regularían por las disposiciones relativas a
los efectos de los contratos y obligaciones establecidas por el Código Civil,
sin que se atente contra norma legal alguna, y tales actos de voluntad serían
generadores de obligaciones entre los socios de la entidad cooperativa crea-
da. En todo caso, éste es el amparo que encuentran los actos corporativos
realizados en el ámbito del Derecho Cooperativo, que se considera en este
estudio como fuente generadora de este derecho. La sociedad cooperativa
debería crearse mediante actos específicos regulados en la ley del ramo.
Es obvio que las garantías sobre igual repartición de los impuestos y
contribuciones, de asociación, sobre el derecho de presentar peticiones a
la autoridad, el derecho de reunión, la libertad de emitir, sin censura pre-
via, opiniones, el derecho de propiedad y otros, son derechos que también
pueden proteger actos o hechos relacionados directa o indirectamente con
las cooperativas.
COOPERATIVAS 123
Pero sin duda alguna que el derecho constitucional más preciso y que
directamente está relacionado con el Derecho Cooperativo es el que en el
texto constitucional de 1925, con la reforma introducida en la ley Nº 17.398,
de 9 de enero de 1971, se conoce como el derecho de participación. No
nos referiremos aquí a la historia de este precepto, el que tiene un contexto
bastante especial de contenido político, sino más bien a la consagración del
derecho y al amparo que el Estado debe prestar al derecho de participación
que les asiste a los habitantes de la República en la vida social, cultural,
cívica, política y económica, con dos objetivos, que el texto indicaba, como
son el de lograr el pleno desarrollo de la persona humana y su incorporación
a la comunidad nacional.
El análisis de este derecho está henchido de connotaciones de un orden
social armónico y pleno, ya que esta participación se calificaba de plena y
la incorporación señalada debía ser efectiva. Al respecto, se establecía en
la decimoséptima garantía constitucional que las cooperativas –entre otras
asociaciones y organizaciones sociales– serán personas jurídicas, dotadas
de independencia y libertad para el desempeño de las funciones que por
la ley les correspondan y para generar democráticamente sus organismos
directivos y representantes, a través del voto libre y secreto de todos sus
miembros.
El texto constitucional avanzaba una definición de objetivos de las
cooperativas, al expresar que “las Juntas de Vecinos, Centros de Madres,
Sindicatos, Cooperativas y demás organizaciones sociales mediante las
cuales el pueblo participa en la solución de sus problemas y colabora en la
gestión de los servicios del Estado y de las Municipalidades…”.
Es indudable que si los objetivos de participar en la solución de sus
problemas por el pueblo eran propios de las “demás organizaciones so-
ciales”, conjuntamente con colaborar en la gestión de los servicios del
Estado y de las Municipalidades, a fin de englobar a cualquier institución
que tuviese dichos fines, no es menos cierto que tales objetivos también
son propios de las cooperativas y, en definitiva, la forma de mencionar a
las entidades a través de las cuales se lleva a efecto el derecho de partici-
pación, hace que los aludidos fines se apliquen a las cooperativas, como
un común denominador de todas las organizaciones que deseaba amparar
el texto constitucional.
124 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Se destaca del texto constitucional de 1925 y de la reforma efectuada
el año 1971 que las cooperativas, eran personas jurídicas dotadas de inde-
pendencia y libertad para el desempeño de las funciones que por la ley les
correspondan, en primer término, y, además, para generar democráticamente
sus organismos rectores y representantes, a través del voto libre y secreto
de todos sus miembros.
Se deduce de lo anterior que la independencia y libertad que estable-
cía la norma constitucional estaba sólo dirigida para que las cooperativas
pudiesen desempeñar las funciones que por la ley les correspondían. De
este modo, la participación que se garantizaba por la Constitución estaba
restringida exclusivamente al campo de lo que la ley pudiera determinar
como correspondiente a ella misma, y la independencia y libertad se referían
sólo a ello. Tal garantía constitucional la consideramos más bien restrictiva
que afianzadora de la institución cooperativa, toda vez que el derecho de
asociación en conformidad a la ley, que establecía la garantía quinta de la
Constitución de 1925, era absolutamente amplio, ya que por voluntad de
los asociados podía crearse cualquier tipo de asociación, con fuerza obli-
gatoria, viéndose amparados sus efectos, como ya lo hemos expresado, por
las normas civiles o comerciales correspondientes.
De esta manera, este amplio derecho de asociación puede entenderse
limitado, en cuanto a que la independencia y libertad están supeditadas a
las funciones que por la ley les correspondan, y no a otras que no se hayan
previsto por la ley.
Por lo demás, esta norma de expresar derechos constitucionales es típi-
ca, en que el derecho queda tajantemente expresado, pero limitado en su
ejercicio a lo dicho o a lo que diga la ley en el futuro, sin que ésta jamás
pueda conculcar el derecho, porque ha sido la propia Constitución la que
le ha conferido el poder para regular el derecho reconocido por la Consti-
tución.
El texto constitucional de 1980, estableció como garantía constitucional,
en el Nº 26, “la seguridad de que los preceptos legales que por mandato de
la Constitución regulen o complementen las garantías que ésta establece o
que las limiten en los casos en que ella lo autoriza, no podrán afectar los
derechos en su esencia, ni imponer condiciones, tributos o requisitos que
COOPERATIVAS 125
impidan su libre ejercicio”. Consecuentemente la garantía constitucional del
derecho de asociación debe conjugarse con esta última garantía de seguridad
jurídica, ya que se ampara la esencia de un derecho, el que no puede ser
conculcado por una ley y menos un reglamento.
La norma constitucional a la cual nos hemos referido agregada en la
reforma del año 1971, no fue considerada en la Constitución Política de
1980. Ella reafirmaba los conceptos de la ley, de manera tal que bajo nin-
gún respecto cooperativa alguna o ley alguna podían disponer la elección
de sus organismos directivos y representantes sino a través del voto libre y
secreto de todos sus miembros. Nótese que el texto constitucional se refería
a la “generación”. Esta expresión es más amplia que la idea de “elección”,
puesto que la generación puede ser efectuada a través de muchas normas,
directas o indirectas, las que en todo caso debían ser democráticas.
Terminaba el Nº 17 del artículo 10 de la Constitución de 1925, señalando
que “en ningún caso esas instituciones podrán arrogarse el nombre o repre-
sentación del pueblo, ni intentar ejercer poderes propios de las autoridades
del Estado”. Si este inciso se mira como una reiteración del artículo 4º de
la Constitución de 1925, nada especial habrá de decirse, ya que esta últi-
ma disposición indicaba que “ninguna magistratura, ninguna persona, ni
reunión de personas pueden atribuirse, ni aun a pretexto de circunstancias
extraordinarias, otra autoridad o derechos que los que expresamente se les
hayan conferido por las leyes. Todo acto en contravención a este artículo
es nulo”. Disposición similar existe en el artículo 7º, inciso segundo de la
Constitución de 1980.
Posteriormente, la Junta de Gobierno que asumió en 1973 dictó el Acta
Constitucional Nº 3, el 11 de septiembre de 1978, que establecía los Dere-
chos y Deberes Constitucionales, reemplazando el Capítulo III, relativo a
las Garantías Constitucionales, contemplado por la Constitución de 1925
y sus reformas posteriores.
Esta Acta Constitucional en su Nº 9 estableció “el derecho de asociación
sin permiso previo”. Agregó que “las asociaciones deberán constituirse en
conformidad a la ley para gozar de personalidad jurídica”.
De este modo la redacción del derecho de asociación en la citada Acta es
mucho más restrictiva que el texto de 1925, ya que es imperativa en cuanto
126 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
a que las asociaciones deberían constituirse en conformidad a la ley para
gozar de personalidad jurídica. El hecho de no constituirse en conformidad
a la ley hace que sean sancionadas las personas que las formaren, sin el
derecho a ser reconocidas como entes legales, esto es, no tienen capacidad
para ejercer derechos y contraer obligaciones.
Ciertamente que no es lo mismo asociarse en conformidad a la ley, expre-
sión que emplea el constituyente de 1925, que constituirse en conformidad
a la ley, para gozar de personalidad jurídica.
Sostenemos que un grupo de personas, con arreglo al artículo 1445 del
Código Civil, puede pactar la creación de una institución que no recaiga
sobre un objeto ilícito y que tenga una causa lícita. Dicho pacto se regula
por el Título XII del Libro IV del Código Civil, sobre el efecto de las obli-
gaciones. De tal suerte que podría constituirse una sociedad que no fuere de
carácter civil, comercial o industrial, y estaría sujeta, bajo el imperio de la
Constitución de 1925, a las normas que las partes tuvieron en cuenta para
constituirla, siendo un contrato válido. Tal situación es igual a la que existe
bajo el imperio de la Constitución Política actualmente vigente.
Bajo el imperio del Acta Constitucional Nº 3, ello no fue posible, porque
para que la manifestación de voluntad tenga el valor de crear una sociedad
o institución distinta de los socios, debe constituirse en conformidad a la
ley, con lo cual gozará de personalidad jurídica. La expresión “constituir-
se” es la que agrega el elemento distintivo, pues ella indica el conjunto de
procedimientos jurídicos o legales para situarse dentro de alguna de las
figuras legales o establecidas por la ley, mediante la cual se puede expresar
el derecho de asociación. Sostenemos que si la ley no ha determinado el
tipo o figura asociativa en forma previa a la manifestación de la voluntad
de las partes, es imposible que éstas se encuadren en el proceso constitutivo
en conformidad a la ley.
El derecho a la participación en la forma contenida en la reforma a
la Constitución de 1925 ha desaparecido en el Acta Constitucional Nº 3,
expresándose un derecho de participación más específico, cual es el esta-
blecimiento de mecanismos que contemplen formas de participación del
trabajador en la comunidad humana de trabajo que constituye la empresa.
Entendemos, que una de las fórmulas de participación en la empresa por
COOPERATIVAS 127
los trabajadores es la creación y constitución de una cooperativa de traba-
jo, por lo cual esta forma de asociación y participación estaba plenamente
reconocida por el Acta Constitucional en comentario.
La Constitución Política de 1980, que rige desde el 11 de marzo de
1981, estableció en el Capítulo III, denominado “De los Derechos y Debe-
res Constitucionales”, el Nº 15º del artículo 19, que dispone: “El derecho
de asociarse sin permiso previo. Para gozar de personalidad jurídica, las
asociaciones deberán constituirse en conformidad a la ley. Nadie puede ser
obligado a pertenecer a una asociación”.
El reconocimiento del derecho de asociación aparece, desde un punto de
vista general, ampliado, al no requerirse permiso previo para asociarse, lo
que la actual Ley de Cooperativas estaría confirmando, al reconocerse en el
artículo 5º, que “las cooperativas que se organicen con arreglo a la presen-
te ley gozarán de personalidad jurídica”. Ello contrasta con la legislación
anterior, la cual requería de autorización previa para constituirse como tal.
Por otra parte, la Constitución de 1980 insiste en la línea de pensamiento del
Acta Constitucional de 1976, acerca de que la asociación debe constituirse
en conformidad a la ley, en vez de asociarse conforme a la ley.
En nuestra opinión, la Constitución Política, en una comunidad humana
que reconoce el derecho natural de asociación de sus miembros, en orden
a la búsqueda de su perfección a través de la acción de todos los que la
componen, debe consagrar un derecho claro, profundo y extenso, dentro del
cual obviamente las cooperativas deberían tener asegurado todo el ámbito
que su desarrollo requiera.
Recordamos al respecto las palabras de S.S. el Papa Pío XII, en su En-
cíclica Lummi Pontificatus, en la cual señalaba que la misión del Estado
debía hacer converger armónicamente al bien común las actividades pri-
vadas e individuales de la vida nacional. Este bien común, agregaba, “no
puede determinarse por concepciones arbitrarias, ni recibir su norma, en
primer término, de la prosperidad material de la sociedad, sino, más bien,
del desenvolvimiento armónico y de la perfección natural del hombre, para
quien el Creador ha destinado la sociedad como medio”.
Siguiendo esta misma línea, el Concilio Ecuménico Vaticano II, en la
Constitución Conciliar denominada La Iglesia y el Mundo de Hoy, expresa
128 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en el Capítulo III, relativo a la Vida Económico-Social, Nº 65, para “todos
los ciudadanos el deber y el derecho que tienen, y que el poder civil ha de
reconocer, de contribuir, según sus posibilidades, al progreso de la propia
comunidad”. Párrafo importantísimo sobre este tema es el que se contiene
en el Nº 73 del Capítulo IV de la misma Constitución, que dice:
“En nuestra época se admiten profundas transformaciones también en las estruc-
turas y en las instituciones de los pueblos como consecuencia de la evolución
cultural, económica y social de estos últimos. Estas transformaciones ejercen
gran influjo en la vida de la comunidad política, principalmente en lo que se
refiere a los derechos y deberes de todos en el ejercicio de la libertad política y
en el logro del bien común y en lo que toca a las relaciones de los ciudadanos
entre sí y con la autoridad pública”.
“La conciencia más viva de la dignidad humana ha hecho que en diversas
regiones del mundo surja el propósito de establecer un orden político-jurídico
que proteja mejor en la vida pública los derechos de la persona, como son el
derecho de libre unión, de libre asociación de expresar las propias opiniones
y de profesar privada y públicamente la religión. Porque la garantía de los
derechos de la persona es condición necesaria para que los ciudadanos, como
individuos o como miembros de asociaciones, puedan participar activamente
en la vida y en el gobierno de la cosa pública”.
“Con el desarrollo cultural, económico y social se consolida en la mayoría el
deseo de participar más plenamente en la ordenación de la comunidad política.
En la conciencia de muchos se intensifica el afán por respetar los derechos de
las minorías, sin descuidar los deberes de éstas para con la comunidad política;
además crece por, día el respeto hacia los hombres que profesan opinión o re-
ligión distintas: al mismo tiempo se establece una mayor colaboración a fin de
qué todos los ciudadanos, y no solamente algunos privilegiados, puedan hacer
uso efectivo de los derechos personales”.
El derecho de asociación que garantiza la Constitución debiera involucrar
la independencia y la autonomía de la institución cooperativa respecto del
poder del Estado, manifestado a través de cualquiera de sus órganos. En
la reseña de la historia legal vimos cómo, en ciertos casos, organismos del
Estado designaban o tenían influencia en la designación de las autoridades
de las cooperativas.
Esta independencia debe garantizarse entre otras organizaciones, tales
como los sindicatos y partidos políticos, a fin de que cada estructura esté
COOPERATIVAS 129
orientada hacia sus propios fines, sin perjuicio de la interdependencia que
puede existir entre estas organizaciones u otras no mencionadas.
La autonomía implica que una administración debe ser organizada con-
forme a sus propios estatutos y normas internas y los acuerdos deben ser
adoptados por sus autoridades legítimas, conforme a sus procedimientos
libremente establecidos. No puede entregarse a la ley la posibilidad de
limitar el derecho de asociación, sino el de regular su ejercicio conforme
a la naturaleza de cada institución, sin distorsionarla ni vulnerar su inde-
pendencia y autonomía. Cualquiera ley o reglamento dictado en contra de
estos principios debe ser declarado inconstitucional y no debe tener fuerza
legal en su aplicación.
Sólo puede admitirse la limitación de la autonomía e independencia de
una institución cooperativa, por acuerdo de una muy amplia mayoría de los
socios de la institución o por orden judicial, decretada en un juicio en que
la entidad o persona que pretende limitar la independencia o autonomía
pruebe en forma fehaciente la transgresión de alguna obligación válida-
mente contraída o de alguna disposición legal transgredida que establezca
con anterioridad a la transgresión una sanción.
De este modo, en teoría constitucional, estimamos que no puede decretar-
se la intervención de una cooperativa por el Estado, sino en juicio especial,
y no por la sola o mera facultad de alguna autoridad administrativa, basada
en causales amplísimas, como la que contemplaba la legislación chilena
en el artículo 132, letra j) del decreto reglamentario de la Reforma Agraria
Nº 20, cuyo antecesor fue el DFL Nº 326 de 1960.
En efecto, el aludido precepto contenido en el artículo 132, letra j) esta-
blecía entre las atribuciones y obligaciones específicas del Departamento
de Cooperativas la de:
“Intervenir estas sociedades, asumiendo su administración por motivos fundados
y previstos en el reglamento, con la aprobación del Ministerio de Economía,
Fomento y Reconstrucción.
En tales casos quedarán suspendidos de sus funciones los administradores de
la sociedad”.
130 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Puede observarse además que la ley no fijaba tiempo de duración de la
intervención, ni se ocupaba de otros problemas, tales como rendición de
cuentas, responsabilidades, control, etc.
Cabe además señalar, que la Convención Americana sobre Derechos
Humanos42 en el artículo 16 se refiere a la Libertad de Asociación, el cual
dispone:
“[Link] las personas tienen derecho a asociarse libremente con fines ideológi-
cos, religiosos, políticos, económicos, laborales, sociales, culturales, deportivos
o de cualquier otra índole.
2. El ejercicio de tal derecho sólo puede estar sujeto a las restricciones previs-
tas por la ley que sean necesarias en una sociedad democrática, en interés de
la seguridad nacional, de la seguridad o del orden públicos o para proteger la
salud o la moral públicas o los derechos y libertades de los demás.
3. Lo dispuesto en este artículo no impide la imposición de restricciones legales,
y aun la privación del ejercicio del derecho de asociación, a lo miembros de
las fuerzas armadas y de la policía”.
No entraremos al análisis de que al amparo del nombre de “asociación”
se han acogido desde los agregados humanos más vastos y complejos hasta
los más simples. De tal modo que la cooperativa debe entenderse incluida en
la expresión constitucional de “asociación”, porque lo que garantiza dicho
derecho es la posibilidad de que varias personas se unan con un fin lícito.
Al emplearse por el constituyente la referida palabra está precisamente in-
tentando abarcar el total de las instituciones existentes y las que pudieren
crearse, ya que pensar en otra forma sería restarle ámbito a la disposición
constitucional cuando el propio redactor no lo ha hecho. La ley Nº 20.500,
publicada con fecha 16 de febrero de 2011, recoge adecuadamente los con-
ceptos señalados regulando las Asociaciones y la Participación ciudadana
en la gestión pública.
Hoy en día, 2012, la Constitución establece un procedimiento expedito
para amparar el ejercicio del derecho de asociación, mediante el denomi-
42 Suscrita en San José de Costa Rica, el 22 de noviembre de 1969, en la Conferencia
Especializada sobre Derechos Humanos.
COOPERATIVAS 131
nado “Recurso de protección”, con el cual es posible solicitar amparo del
Poder Judicial, para poder proteger el derecho de asociación u otros –como
el de propiedad–, el que ha sido institucionalizado en el artículo 20 de la
Constitución de 1980.
En efecto, el artículo 20 de la Constitución de 1980 dispone que,
“El que por causa de actos u omisiones arbitrarios o ilegales sufra privación,
perturbación o amenaza en el legítimo ejercicio de los derechos y garantías
establecidos en el artículo 19 Nº 15 (entre otros), podrá ocurrir, por sí o por
cualquiera a su nombre, a la Corte de Apelaciones respectiva, la que adoptará
de inmediato las providencias que juzgue necesarias para restablecer el impe-
rio del derecho y asegurar la debida protección del afectado, sin perjuicio de
los demás derechos que pueda hacer valer ante la autoridad o los tribunales
correspondientes”.
De este modo, hoy en día es posible reclamar de cualquier acto que im-
pida la constitución de una cooperativa, que limite el derecho de asociación
o su ejercicio a través de una cooperativa. Estimamos que, dada la redac-
ción de la Constitución, sólo la ley puede disponer normas al respecto. Es
decir, no es posible que por la vía de un decreto reglamentario resolución
u orden administrativa se pueda impedir la asociación de personas en una
cooperativa, o que a ésta le sea impedido actuar en la vida del derecho. En
consecuencia, el acto u omisión que prive, perturbe o embarace el derecho o
ejercicio del derecho de asociación y que no esté expresamente establecido
en la ley, con anterioridad al hecho que implique la aplicación de la ley,
puede ser enmendado por la vía del recurso de protección.
Otro de los derechos que tienen decisiva importancia en el Derecho
Cooperativo, y de rango constitucional, es el derecho de propiedad.
El texto de la Constitución de 1925, con las reformas introducidas por las
leyes Nº 16.615, de 20 de enero de 1967, y Nº 17.450, de 16 de julio de l971,
contenía en su artículo 10 Nº 10 la garantía del derecho de propiedad.
Dicho texto expresaba la garantía del derecho de propiedad en el inciso
lº. La función social del dominio privado estaba regulada en el inciso 2º, al
decir que “la ley establecerá el modo de adquirir la propiedad, de usar, gozar
132 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
y disponer de ella y las limitaciones y obligaciones que permitan asegurar
su función social y hacerla accesible a todos”.
La propiedad estatal y la acción del Estado estaban reguladas en el inciso
3º en términos generales, al mismo tiempo que establecía una aspiración
constitucional, consistente en que el Estado “propenderá, asimismo, a la
conveniente distribución de la propiedad y a la constitución de la propiedad
familiar”.
El inciso 4º señalaba aquellos bienes sobre los cuales sólo el Estado
podía tener dominio, el que era absoluto, exclusivo, inalienable e impres-
criptible. Seguidamente, en el inciso 5º, se indicaban qué bienes de los de
dominio absoluto por parte del Estado podrían ser objeto de concesiones,
exceptuándose expresamente los hidrocarburos líquidos y gaseosos. El
inciso siguiente se refería a materias de procedimiento para proteger los
derechos del concesionario.
La expropiación común o general estaba reglada en el inciso 7º: “Nadie
puede ser privado de su propiedad sino en virtud de ley general o especial
que autorice la expropiación por causa de utilidad pública o de interés
social, calificada por el legislador. El expropiado tendrá siempre derecho
a indemnización cuyo monto y condiciones de pago se determinarán equi-
tativamente tomando en consideración los intereses de la colectividad y de
los expropiados. La ley determinará las normas para fijar la indemnización,
el tribunal que conozca de las reclamaciones sobre su monto, el que en todo
caso fallará conforme a derecho, la forma de extinguir esta obligación, y
las oportunidades y modo en que el expropiador tomará posesión material
del bien expropiado”.
Obviamente que como esta garantía estaba establecida para todas las
personas naturales y jurídicas, se incluían a las cooperativas de cualquier
clase.
El inciso 8º se refería a la indemnización que debía pagarse cuando se
tratare de predios rústicos, señalándose que ésta debía ser “equivalente
al avalúo vigente para los efectos de la contribución territorial, más el
valor de las mejoras que no estuvieren comprendidas en dicho avalúo, y
podrá pagarse con una parte al contado y el saldo en cuotas en un plazo
COOPERATIVAS 133
no superior a treinta años, todo ello en la forma y condiciones que la ley
determine”.
Por su parte, el inciso 11, también concerniente al pago de la indemniza-
ción, disponía que “la pequeña propiedad rústica trabajada por su dueño y
la vivienda habitada por su propietario no podrán ser expropiadas sin previo
pago de la indemnización”.
Las parcelas o terrenos agrícolas asignados a un socio de una cooperativa
de tipo agrícola y la vivienda asignada a un socio de una cooperativa de
vivienda podían o no encontrarse amparados por este inciso 11, según fuere
la interpretación que se le diera a este texto.
En efecto, en ninguno de los dos casos mencionados precedentemente
la persona que trabajaba la propiedad rústica o la que habitaba la vi-
vienda cooperativa43 son sus dueños exclusivos, ya que dichas personas
trabajan o habitan tales propiedades por ser socios de una cooperativa.
Sin embargo, en cuanto a socios de la cooperativa, son dueños de ésta,
y dicho dominio se expresa a través de las formas que determina la ley,
produciendo el efecto de estar explotados el predio rústico y la vivienda
habitada por su dueño.
No puede dejar de destacarse el hecho de que la Constitución de 1925,
en su redacción, no precisó suficientemente tales conceptos, teniéndose
presente que a la fecha de la última reforma el número de cooperativas
era realmente importante, tanto en el sector rural como en el urbano. Por
tal razón consideramos de especial interés que la garantía de la propie-
dad considere la naturaleza de este derecho en relación con la institución
cooperativa.
La Constitución de 1980, en el Nº 23 del artículo 19, consagra la garantía
al derecho a la propiedad expresando:
43 Se trata de cooperativas de vivienda que no han adjudicado la propiedad a sus socios, lo
que normalmente se efectúa tan pronto como se efectúa la recepción de la urbanización y de
las viviendas construidas, por la Dirección de Obras de la Municipalidad respectiva.
134 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
“La Constitución asegura a todas las personas: La libertad para adquirir el
dominio de toda clase de bienes, excepto aquellos que la naturaleza ha hecho
comunes a todos los hombres o que deban pertenecer a la nación toda y la ley
lo declare así. Lo anterior es sin perjuicio de lo prescrito en otros preceptos de
esta Constitución.
Una ley de quórum calificado y cuando así lo exija el interés nacional puede
establecer limitaciones o requisitos para la adquisición del dominio de algunos
bienes;”.
En el Nº 24 del artículo 19 se estableció la garantía del derecho de pro-
piedad y para lo que interesa a este texto, la norma mencionada establece:
“La Constitución asegura a todas las personas: El derecho de propiedad en sus
diversas especies sobre toda clase de bienes corporales e incorporales.
Sólo la ley puede establecer el modo de adquirir la propiedad, de usar, gozar
y disponer de ella y las limitaciones y obligaciones que deriven de su función
social. Esta comprende cuanto exijan los intereses generales de la Nación, la
seguridad nacional, la utilidad y la salubridad públicas y la conservación del
patrimonio ambiental.
Nadie puede, en caso alguno, ser privado de su propiedad, del bien sobre que
recae o de alguno de los atributos o facultades esenciales del dominio, sino en
virtud de ley general o especial que autorice la expropiación por causa de utilidad
pública o de interés nacional, calificada por el legislador. El expropiado podrá
reclamar de la legalidad del acto expropiatorio ante los tribunales ordinarios y
tendrá siempre derecho a indemnización por el daño patrimonial efectivamente
causado, la que se fijará de común acuerdo o en sentencia dictada conforme a
derecho por dichos tribunales”.
Constituye un complemento de la norma antes transcrita la Ley Orgánica
de Expropiaciones, a la cual deben someterse todas las instituciones que
están facultadas por ley para llevarla a cabo, regulándose en ella los pro-
cedimientos pertinentes, a los cuales deben ajustarse los particulares, entre
ellos las cooperativas, a fin de hacer valer los derechos que les correspondan.
Esta legislación está contenida en el DL Nº 2.186, de 1978.
Son de importancia para el desarrollo de las cooperativas las garantías
constitucionales conocidas como la libertad de conciencia, la libertad de
opinión y la libertad de enseñanza.
COOPERATIVAS 135
En cuanto a la libertad de conciencia, tiene relación este principio con la
disposición de la Ley de Cooperativas en el sentido de que estas instituciones
deben observar neutralidad política y religiosa44.
Acerca de la libertad de opinión, expresa la Constitución de 1980 que:
“La Constitución asegura a todas las personas: La libertad de emitir opinión y
la de emitir sin censura previa, en cualquier forma y por cualquier medio, sin
perjuicio de responder de los delitos y abusos que se cometan en el ejercicio
de estas libertades, en conformidad a la ley, la que deberá ser de quórum ca-
lificado”.
En orden a la libertad de enseñanza, ella es importante para todas las
cooperativas, respecto de sus actividades de educación cooperativa y en
relación a las cooperativas escolares y de servicio.
Finalmente, el derecho de reunión es un principio que opera en las coope-
rativas, en sus asambleas o juntas de socios que realizan con frecuencia.
1.2. Fuentes legales
1.2.1. La ley como fuente del Derecho Cooperativo
En el Capítulo II nos referimos abundantemente a la ley como fuente
del Derecho Cooperativo. Analizamos en forma somera las más impor-
tantes leyes y bien puede concluirse que el Derecho Cooperativo chileno
nace oficialmente con la dictación de la Ley de Cooperativas Nº 4.058, de
1924. Los conceptos legislativos se han ido precisando con el correr de los
años, aunque a partir de una determinada época se puede apreciar que es
el Ejecutivo el legislador en materia de cooperativas, por delegación del
Congreso, como lo demuestran ampliamente el DFL Nº 326, de 1960, y el
DRRA Nº 20, de 1963.
Se ha dicho que la ley en la que se encuentran los principios generales
de las cooperativas debe estar hecha para una comprensión de personas sin
un conocimiento especializado del derecho. Ello se fundamenta en que las
44 Artículo 1º de la Ley General de Cooperativas.
136 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
cooperativas están constituidas frecuentemente por personas de educación
escasa o, al menos, no especializada.
De este modo, parece del todo conveniente que la legislación coope-
rativa contemple disposiciones de fácil comprensión y que no intente dar
por subentendida la existencia de normas especiales previstas en otros
ordenamientos legales.
Respecto de los límites de la eficacia de las leyes, los efectos de la ley en
cuanto al tiempo, la retroactividad de la ley y los efectos de la ley en cuanto
al espacio, deben aplicarse tales principios en su integridad a la legislación
cooperativa, en la misma forma como se aplican en la legislación civil,
comercial y penal, según se verá oportunamente.
Cabe plantearse aquí el problema de la interpretación de la ley coopera-
tiva. Bien pudiera señalarse que la legislación cooperativa debiera interpre-
tarse en conformidad al párrafo 4 del Título Preliminar del Código Civil.
Sin embargo, las propias reglas de interpretación que dan los artículos 19
y siguientes del Código Civil deben ser explicitadas con mayor profundi-
dad y extensión, a fin de que la interpretación sea acertada a la institución
cooperativa, toda vez que ésta emerge al mundo del derecho con posterio-
ridad a la legislación civil y al contexto en que éste se promulga, aunque
sus fuentes formen parte del acervo jurídico de las naciones occidentales,
acervo que no contenía ningún atisbo de la institución cooperativa. En razón
de ello nos referiremos más adelante al término de las Fuentes del Derecho
Cooperativo chileno, a la forma de interpretación de la ley y, en general, del
Derecho Cooperativo, por la importancia de esta materia.
1.2.2. Legislación dictada en virtud de delegación de
facultades legislativas
En la segunda mitad del siglo XX existió una acentuada disposición del
sistema legislativo a delegar en el Gobierno la facultad de legislar en ma-
teria de cooperativas, lo que implicaba entregar en manos de un grupo de
personas la redacción de la legislación cooperativa. Ello pareciera derivarse
de la falta de conocimientos generalizados de las instituciones jurídicas del
sistema cooperativo.
COOPERATIVAS 137
Una prueba más que suficiente de lo expresado son los decretos con fuer-
za de ley promulgados en el Gobierno de don Jorge Alessandri Rodríguez,
como lo son el DFL Nº 326, de 1960, dictado en virtud de las facultades
extraordinarias otorgadas por la ley Nº 13.305, de 1959, y el decreto re-
glamentario de la Reforma Agraria Nº 20, de 1963, dictado al otorgársele
al Poder Ejecutivo las facultades previstas en la ley Nº 15.020, de 1963.
En estos textos legales se contenía la legislación general sobre cooperati-
vas aplicable en Chile, la que fue modificada sustancialmente por la ley
Nº 19.832, dando origen al DFL Nº 5 de 2003.
1.2.3. Causales de cesación de la legislación cooperativa
En relación a las causas de cesación de la aplicación de la ley cooperativa,
ello puede producirse por los siguientes motivos:
a) Por voluntad expresa del legislador;
b) Por voluntad tácita del legislador;
c) Por haber transcurrido el período previsto expresamente en la ley para
su vigencia (leyes temporales), y
d) Por haber desaparecido el objeto o fin que originó determinada norma
legal (leyes excepcionales).
En lo referente a la derogación expresa, nos remitimos a los conceptos
generales del derecho y a lo expresado por tratadistas nacionales y extran-
jeros, pues no existen particularidades especiales sobre el tema.
En relación a la derogación tácita, debemos partir de dos principios fun-
damentales, cuales son: lo dispuesto por el artículo 53 del Código Civil: “La
derogación tácita deja vigente en las leyes anteriores, aunque versen sobre
la misma materia, todo aquello que no pugna con las disposiciones de la
nueva ley”, y el principio señalado por Baudry-Lacantinérie en su tratado de
Derecho Civil45, en que expresa que “cuando el legislador ha manifestado
dos voluntades diferentes, es la más reciente la que debe prevalecer, porque
45 Précis de Droi Civil, 14 éme. Edition, Tomo I, Nº 44, p. 28. Recueil Sirey, Paris,
1926.
138 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
ella subsiste actualmente”, y agrega, respecto de los efectos que produce, lo
siguiente: “La derogación tácita no se produce sino en la medida que existe
realmente contradicción entre las dos leyes sucesivas”.
Las normas sobre derogación de leyes tienen importancia, por cuanto,
como hemos visto, se ha ido dictando a través del tiempo un conjunto de
disposiciones de Derecho Cooperativo, unas generales, otras especiales,
que deben tomarse en consideración de acuerdo a estas normas. Ello co-
bró aún mayor relevancia después de dictado el DFL Nº 326, de 1960,
que estableció la Ley General de Cooperativas, siendo éste sucedido por
el DRRA Nº 20 de 1963 y posteriormente con las modificaciones que le
introdujo la ley Nº 19.382, que modificó esta legislación, terminando con
la dictación del DFL Nº 5 de 25 de septiembre de 2003 que fijó el texto
refundido, concordado y sistematizado de la Ley General de Cooperativas
y otros textos legales.
Existen numerosas disposiciones derogatorias, que trataremos de exa-
minar, a la luz de los principios generales.
Entre ellas se cuentan el artículo 134 del DRRA Nº 20 de 1963, que esta-
bleció el régimen bajo el cual continuarían desarrollándose las cooperativas
nacidas bajo el amparo de la ley Nº 5.604, de 1935.
El artículo 137 de la Ley General de Cooperativas contenida en el DRRA
Nº 20 de 1963 se refería a la derogación de todas las disposiciones que no
se atuvieran o fuesen contrarias al decreto con fuerza de ley Nº 326, como
asimismo señalaba las disposiciones legales que permanecían en vigor. El
artículo 3º transitorio del DFL Nº 326 estableció también normas deroga-
torias de carácter tácito, respecto de las cooperativas eléctricas. En igual
situación se encontraban algunas disposiciones del DL Nº 445, de 1974,
que modificó la Ley General de Cooperativas, y el DL Nº 1.681, de 1977,
publicado en el Diario Oficial de 26 de enero de 1977.
Los problemas derivados de la derogación tácita se presentan cuando a
una ley especial sobre determinadas cooperativas o aspectos de funciona-
miento de éstas sucede otra ley general. El axioma jurídico que se expresa
en la fórmula “lex posterior generalis non derogat priori speciali” establece
que la ley general posterior no deroga la ley especial anterior. Se ha supuesto
COOPERATIVAS 139
que estudiada especialmente una ley por el legislador, es porque ha querido
exceptuarla de la legislación general, aunque ésta con posterioridad haya
sido modificada parcial o integralmente.
Dentro de los análisis que se han efectuado sobre esta materia, aparece
la tesis de que el problema que se suscita es de carácter interpretativo y
que encontraría una solución buscando el espíritu de la ley. En tal sentido
debería examinarse si la voluntad del legislador fue o no la de derogar la
ley especial que antecedió a la ley general.
Es probable que para evitar los conflictos de interpretación que podía
provocar el DFL Nº 326, de 1960, que estableció la Ley General de Coope-
rativas, se haya optado por redactar los artículos 137 y 3º transitorio en la
forma como ello quedó plasmado en dicha legislación. En efecto, el artículo
137, antes 133, establecía una derogación general amplia al decir:
“Deróganse todas las disposiciones que no se avengan o sean contrarias a la
presente ley y especialmente quedan derogadas las siguientes:
Decreto supremo 596, de 14 de noviembre de 1932, del Ministerio del Traba-
jo; ley Nº 4.531, de 1929; decreto supremo 489, de 23 de marzo de 1954, del
Ministerio de Obras Públicas; ley Nº 6.382, de 1939, a excepción de su Título
IV que, conservando su número primitivo, pasará a denominarse ‘Ley de sa-
neamiento de dominio de la pequeña propiedad agrícola’; decreto con fuerza de
ley Nº 380, de 1953, que establece la Junta Nacional de Cooperación Agrícola;
y todas las demás disposiciones reglamentarias actualmente vigentes.
Permanecerán, sin embargo, en vigencia el decreto supremo Nº 595, de 14 de
noviembre de 1932, del Ministerio del Trabajo, y sus respectivos reglamentos:
Nº 85, de 24 de enero de 1933, del Ministerio del Trabajo, y Nº 2.380, de 30 de
noviembre de 1948, del Ministerio de Obras Públicas y Vías de Comunicación;
la ley Nº 5.588, de 1935; el reglamento para funcionamiento de las coopera-
tivas vitivinícolas Nº 250, del 27 de febrero de 1958, modificado por decreto
supremo Nº 827, de 27 de octubre de 1959, y el decreto supremo 255, de 27 de
febrero de 1958, todos del Ministerio de Agricultura; las disposiciones sobre
cooperativas establecidas en la ley Nº 5.004, de 1935, y sus modificaciones,
y el decreto supremo Nº 3.417, de 23 de diciembre de 1938, del Ministerio de
Tierras y Colonización”.
Dado que el DFL Nº 326, de 1960, era una ley general posterior a nu-
merosas leyes especiales, siguiendo los principios enunciados, no derogaba
140 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
las leyes particulares y sus reglamentos, de tal modo que debía derogar, ya
fuera en forma expresa o en forma orgánica, la legislación que no se aviniere
o fuere contraria a dicho cuerpo legal. Determinar la desavenencia de un
precepto legal con otro requiere aplicar las normas de la interpretación legal,
en particular el sentido y espíritu de la legislación, la historia fidedigna del
establecimiento de las leyes de que se trate y la concordancia que debe existir
entre toda la legislación. En el mismo caso se encuentra la situación de que
un precepto legal contraríe a otro particular dictado con anterioridad46.
El legislador de 1960, no obstante lo anterior, estimó del caso derogar
las disposiciones de determinadas leyes y reglamentos, dejando subsistentes
otros, los que explícitamente indicó, ya que de no haberlo hecho, en aque-
llos casos en que expresó la continuación de la vigencia de dichas leyes o
reglamentos, debería haberse entrado en el análisis de la incompatibilidad o
compatibilidad de la existencia de tales normas jurídicas con la Ley General
de Cooperativas.
En consecuencia, el artículo 137 del DFL Nº 326 de 1960, que en virtud
del DRRA Nº 20, quedó como artículo 133, reproduciéndolo sin modifica-
ción alguna, contiene los siguientes elementos relativos a la aplicación de
la ley cooperativa:
a) Una derogación expresa;
b) Una derogación orgánica, al haberse dictado una ley que ha regla-
mentado, en forma más completa, una institución jurídica creada por leyes
anteriores;
c) Una derogación tácita, al haber derogado normas que no se avenían
con la Ley de Cooperativas o eran contradictorias con ésta.
La derogación expresa se encuentra en la extensa cita de disposiciones
legales que quedan derogadas, indicadas en el antiguo artículo 133 del DFL
Nº 326.
46 Véase “La interpretación jurídica” de BETTI, Emilio, párrafo 3. Cánones cuya observan-
cia garantizan el éxito epistemológico de la interpretación. Nº II Totalidad y Coherencia de la
apreciación hermenéutica, p. 30. LexisNexis. Santiago de Chile, 2006.
COOPERATIVAS 141
La ley Nº 19.832 en el artículo 1º, Nº 14847, que en virtud del DFL Nº 5
de 2003, que contiene actualmente la Ley General de Cooperativas, en
su artículo 124 efectuó una derogación especial de las siguientes normas
legales:
“La ley Nº 5.58848; el título V de la ley Nº 5.60449; el decreto ley Nº 1320, de
1976; el decreto con fuerza de ley Nº 12, de 1968, del Ministerio de Agricultura;
el decreto con fuerza de ley Nº 13, de 1968, del Ministerio de Agricultura50;
el decreto supremo Nº 595, de 1932, del Ministerio del Trabajo51; el decreto
supremo Nº 2.380, de 1948, del ex Ministerio de Obras Públicas y Vías de Co-
municación; el decreto supremo Nº 250, de 1958, del Ministerio de Agricultura;
el decreto supremo Nº 549, de 196452; el decreto supremo Nº 1.044, de 1965,
del Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción53; el decreto supremo
Nº 1.230, de 1969, del Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción;
la ley Nº 18.02354; el artículo 80 de la ley Nº 18.89955 y el decreto supremo
Nº 289, de 1975, del Ministerio de Agricultura”.
La derogación orgánica se encuentra contenida en la propia Ley de
Cooperativas, cuerpo legal que reglamenta, de una manera más completa,
una institución jurídica ya creada con anterioridad. Cabe destacar que en el
47 En el texto de la ley Nº 19.832, el Nº 148, del artículo 1º, lo que hizo fue sustituir el artículo
138 del texto de la Ley General de Cooperativas, conforme al texto contenido en el DS Nº 502
de 1º de septiembre de 1978, del Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción.
48Esta ley dispuso que la Sociedad Cooperativa Militar y la Sociedad Cooperativa Naval
gozaran de los privilegios y excenciones acordados por decreto Nº 596, de 14 de noviembre
de 1932, del Ministerio del Trabajo.
49 Esta ley reguló la constitución de cooperativas de colonización agrícola.
50 Ambos decretos se dictaron en virtud de las facultades que la ley Nº 15.020 otorgó al
entonces Presidente de la República, don Jorge Alessandri R., y se referían a cooperativas de
reforrma agraria y cooperativas campesinas.
51 Este decreto fijó el texto definitivo del Decreto Ley Nº 603, de 1925, sobre Cooperativas
que se establecieron en la Empresa de Ferrocarriles del Estado.
Mediante este decreto se creó la Comisión Asesora de Coordinación de Cooperativas
52
Agropecuarias.
53 Crea la Comisión Nacional Coordinadora de Cooperativas.
54 Esta ley derogó el DL Nº 1.107, de 1975, sobre Sociedades de Cooperación Agrícola y
estableció para estas las obligaciones que la misma ley señala.
55 El artículo que se derogó, sustituyó en el artículo 1º transitorio de la ley Nº 18.023 de-
terminadas expresiones referentes a las sociedades de Cooperación Agrícola.
142 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
DFL Nº 326 y en la ley Nº 19.832, se encuentran derogaciones orgánicas,
cuyo objetivo fundamental ha sido el de contener en un solo texto, toda la
legislación cooperativa y someter a las entidades de esta naturaleza a un
estatuto común, salvando las particularidades de los diferentes tipos.
Debe tenerse presente que se requiere como requisito para la existencia
de esta derogación, y para que ella entre en funcionamiento, que existan
dos leyes generales sobre la misma materia y, además, que la intención
revelada por el legislador sea la de derogar con las nuevas disposiciones
una determinada materia.
Ciertamente que existe derogación orgánica cuando una ley regula en
diferente forma una institución jurídica que se hallaba regulada por una
norma de inferior categoría, como lo es un reglamento, atendido el principio
de que la norma superior determina a la norma inferior.
Tal situación, al parecer, fue prevista por los autores de la Ley General
de Cooperativas contenida en el DFL Nº 326 de 1960, pues derogaron ex-
presamente el decreto Nº 596, de 14 de noviembre de 1932, publicado en el
Diario Oficial de 2 de febrero de 1933. Como lo vimos, al hacer la reseña
de la historia del Derecho Cooperativo chileno, este texto refundió en uno
solo las más importantes normas sobre cooperativas existentes en la época,
como lo eran los decretos Nº 700, de 17 de octubre de 1925, y Nº 669, de
30 de septiembre de 1932. Dicho texto legal, para una mejor aplicación, fue
regulado por el decreto Nº 790 del Ministerio del Trabajo, de 6 de octubre
de 1936, publicado en el Diario Oficial de 3 de diciembre de 1936.
Al haberse derogado expresamente el decreto Nº 596, de 1932 que dio
origen al decreto reglamentario Nº 790, de 1936, puede concluirse que esta
última reglamentación se encuentra derogada, por no existir ya la norma
que le dio vida y a la cual regulaba, como asimismo porque se dictó en 1960
una legislación completa sobre cooperativas que precisamente regulaba el
decreto Nº 790.
Por último, en este análisis que hemos efectuado del artículo 137, hoy
sustituido por el artículo 124, cabe anotar que la derogación tácita estaba
prevista en el inciso 1º del citado artículo, al expresarse que quedan de-
rogadas “todas las disposiciones que no se avengan o sean contrarias a la
presente ley”.
COOPERATIVAS 143
Con los conceptos anteriormente expuestos, se puede señalar que el
artículo 3º transitorio del DFL Nº 326 y DRRA Nº 20, relacionado con las
cooperativas de abastecimiento de energía eléctrica constituidas conforme el
decreto Nº 579, de 4 de julio de 1942, del Ministerio del Trabajo, a partir de
la fecha de dictación del DFL Nº 326 deberían regirse por este texto legal,
en especial por las normas del Título IV del Capítulo II.
Otra materia de gran importancia derogatoria se refiere a la tuición que
determinados organismos estatales podían tener sobre cooperativas. Dos
disposiciones del DFL Nº 326 de 1960 tuvieron fundamental relevancia
sobre el particular: los artículos 132 y 138. El primero de ellos establecía
que el Departamento de Cooperativas del Ministerio de Economía, Fomento
y Reconstrucción tendrá a su cargo la aplicación de la legislación general
de cooperativas. Como consecuencia de ello le entregó la citada disposición
legal, la difusión, control, supervigilancia y normalización de las entidades
cooperativas, indicando obligaciones y atribuciones específicas. El artículo
138, antiguamente 134, dispuso;
“Las atribuciones que las leyes y reglamentos confieren en materia de coope-
rativas a otros organismos o instituciones del Estado, se entenderán conferidas
al Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción, en la forma señalada
en la presente ley, con excepción de aquellas que las disposiciones del mismo
atribuyen a otros organismos o instituciones”.
Aquí se presenta una cesación de la ley cooperativa anterior al año
1960, que otorgaba facultades según cada precepto lo indicara, las que son
transferidas al Ministerio de Economía. La excepción fue muy precisa y se
refería a que cuando el propio DFL Nº 326 lo señalaba, la institución que
esa ley mencionaba primaba por sobre el Ministerio de Economía.
Dijimos anteriormente que la ley cooperativa cesaba por haber transcu-
rrido el período previsto expresamente en la ley para su vigencia, que es el
caso de las llamadas leyes temporales, o por haber desaparecido el objeto
para el cual fue dictada, que es el caso de las leyes excepcionales.
Como se sabe, las leyes, en la generalidad de los casos, no contienen
plazos para su vigencia, pero existen ocasiones en que el legislador da
nacimiento a una ley que está destinada a tener una existencia transitoria.
144 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Este tipo de situaciones no están reguladas por el Código Civil chileno; sin
embargo, su existencia, desarrollo y aplicación han sido amplios en nuestra
legislación.
A ellas nos referíamos cuando expresamos que la ley cooperativa puede
cesar por haber transcurrido el término previsto expresamente en la misma
ley o por haber desaparecido el objeto, fin o presupuesto que la originó. Las
leyes temporales llevan implícita o explícitamente el término de su vigencia;
ya que indican un plazo o período en que cesarán sus efectos.
Dos ejemplos de leyes temporales o disposiciones legales de carácter
temporal los encontramos en los artículos 1º y 2º de las disposiciones transi-
torias del DFL Nº 5 de 2003. El primero de ellos dispone que “Se continuará
aplicando con respecto a las cooperativas de colonización agrícola, agrope-
cuarias de reforma agraria y de reforma agraria, que hayan sido disueltas,
voluntaria o forzadamente, con anterioridad a la publicación en el Diario
Oficial de la ley Nº 18.755, la letra d) de su artículo 2º transitorio”56. El
artículo segundo transitorio se refiere a que las cooperativas en formación
al 4 de mayo del año 2003, que no hubiere sido autorizada su existencia
legal, deben ceñirse al procedimiento de constitución establecido en el DFL
Nº 5 de 2003.
Finalmente, dentro de los casos de leyes temporales, cabe mencionar
el artículo 5º de la ley Nº 16.392, publicada en el Diario Oficial de 16 de
diciembre de 1965, disposición que expresaba:
“El Ministerio de Tierras y Colonización procederá en el plazo de ciento ochenta
días de la publicación de esta ley, a entregar los terrenos destinados o que se des-
tinen a cooperativas de la vivienda en las provincias de Tarapacá, Antofagasta,
Atacama y Coquimbo, sin costo alguno para sus adquirentes, quienes podrán,
para el solo efecto de obtener préstamos para urbanizarlos, constituir hipotecas
con la Corporación de la Vivienda, Asociaciones de Ahorro y Préstamo, Cajas
La ley Nº 18.755 ppublicada en el Diario Oficial de 7 de enero de 1989, estableció nor-
56
mas sobre el Servicio Agrícola y Ganadero y derogó la Ley Nº 16.640, sobre Reforma Agraria,
además de otras disposiciones. La norma a que se hace alusión encomienda a dicho organismo,
la fiscalización del proceso de liquidación de las Cooperativas de Colonización Agrícola,
Agropecuarias de Reforma Agraria y Cooperativas de Reforma Agraria, cuya disolución haya
sido decretada con anterioridad a la ley en comentario de esta nota.
COOPERATIVAS 145
de Compensación, empresas patronales, etc. Este beneficio sólo se otorgará a
las cooperativas de vivienda legalizadas por decreto supremo”.
Dijimos también que la ley cooperativa cesa por haber desaparecido el
objeto para el cual fue dictada, que es el caso de las leyes especiales.
En la reseña de la legislación cooperativa indicamos algunas leyes es-
peciales de este tipo, entre las cuales cabe citar la ley Nº 6.989, de 1941,
en favor de la Cooperativa Lechera de Bío-Bío.
En el artículo 5º transitorio del DL Nº 1.681 tenemos un caso mixto de
cesación de vigencia de la ley de carácter temporal y por perderse el ob-
jetivo. En efecto, dicho decreto ley dispone en el artículo citado que “las
modificaciones introducidas por el decreto ley Nº 445, de 1974, al artículo
42 del decreto con fuerza de ley RRA Nº 20, de 1983, regirán para las coo-
perativas vigentes al 9 de mayo de 1974, desde el lº de enero de 1978. En
consecuencia, en lo relativo a la convocatoria y celebración de junta general
de socios que se celebren durante el año 1977, las cooperativas señaladas
debían adoptar el procedimiento de convocatoria y celebración de junta
general de socios prescrito en sus respectivos estatutos y, en silencio de
éstos, el contemplado en el artículo 42 del decreto con fuerza de ley RRA
Nº 20, cuya vigencia se restablece hasta el 19 de enero de 1978”.
Esta compleja disposición tiene, en verdad, elementos de cesación de
ley temporal y de cesación de ley por extinción de su objetivo. Los prime-
ros elementos están claros, por lo que no los resaltamos, y los segundos
se demuestran por el hecho de que a las convocatorias a Juntas de Socios
durante el año 1977 para determinadas cooperativas, se aplican disposiciones
derogadas que recobran su vigencia, las que a su vez se vuelven a extinguir
respecto de cada cooperativa que celebró la junta general en 1977, sin per-
juicio de extinguir la disposición completamente al 1º de enero de 1978.
Las leyes que indicamos no son las únicas, sino que son aquellas que
muestran con mayor claridad los diferentes casos de cesación de la ley
cooperativa.
Antes de terminar el estudio de la ley, en su sentido estricto, es menester
señalar que, en determinadas circunstancias y cumpliendo ciertos requisitos,
146 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
los tratados internacionales se equiparan a la ley. No conocemos tratados
internacionales suscritos por Chile que tengan relación directa con el De-
recho Cooperativo, razón por la cual no abundaremos en el tema.
1.2.4. Decretos con fuerza de ley y decretos leyes
Señalábamos más atrás que también se consideraban como fuente de
Derecho Cooperativo ciertos decretos que tienen jerarquía de ley, como lo
son los decretos con fuerza de ley y los decretos leyes. En estos casos nos
encontramos con manifestaciones de voluntad del Poder Ejecutivo creadoras
de normas jurídicas de igual jerarquía que la ley ordinaria. Los decretos con
fuerza de ley son decretos dictados por el Poder Ejecutivo sobre materias
propias de una ley, en virtud de una delegación de facultades hecha por el
Poder Legislativo.
La Constitución Política de Chile de 1980 establece expresamente la
delegación de facultades sobre determinadas materias, por un tiempo limi-
tado. La ley que otorgue facultades debe fijar específicamente las materias
precisas sobre las que recaerá la delegación de facultades. El Poder Legis-
lativo ha delegado facultades para legislar sobre cooperativas mediante la
ley Nº 13.305, la ley Nº 15.020 y la ley Nº 19.832, que modificó el DRRA
Nº 20. Esta última, en el artículo 2º facultó al Presidente de la república para
que dentro del plazo de un año contado desde la fecha de su publicación,
procediera a fijar el texto refundido, concordado y sistematizado de la Ley
General de Cooperativas, con el contenido del reglamento de Reforma
Agraria Nº 20, de 1963, el de la misma ley y el de los demás textos legales
que se refieren a cooperativas.
Otra ley que concedió facultades para legislar sobre cooperativas fue la
Ley Nº 16.640, sobre la Reforma Agraria, impulsada por el gobierno del
Presidente don Eduardo Frei Montalva. Hay que advertir que estas leyes
fueron dictadas bajo el sistema constitucional de 1925, en que no se había
regulado la delegación de facultades por el Poder Legislativo al Ejecutivo,
motivo por cual fueron muy discutidas. En especial las leyes Nº 15.020 y
Nº 16.640, la primera patrocinada por el Gobierno de don Jorge Alessandri
y la segunda por el Gobierno de don Eduardo Frei, que establecieron los
mecanismos para desarrollar la Reforma Agraria, considerando ambos a las
COOPERATIVAS 147
cooperativas en el sector agrario como fundamentales. Por de pronto, cabe
señalar que la ley Nº 13.305, publicada en el Diario Oficial de 6 de abril
de 1959, en su artículo 207, dispuso que se autorizaba “al Presidente de la
República para que, dentro del plazo de un año, contado desde la fecha de
vigencia de esta ley, proceda a: 4. Revisar, refundir, modificar y armonizar
la legislación general sobre cooperativas, sean éstas agrícolas, de consumo,
de producción, de edificación u otras, en forma de propender a una más
efectiva acción de aquéllas, a fin de cumplir los objetivos para los que fueron
creadas”. Fue en uso de esta facultad que se dictó el DFL Nº 326, de 1960,
que estableció la Ley General de Cooperativas.
El año 1963, el artículo 49 de la ley Nº 15.020 prácticamente reprodujo
la antedicha disposición, al “autorizar al Presidente de la República para
refundir y armonizar la legislación general y especial sobre cooperativas,
sean estas agrícolas, de consumo, de producción, de edificación y otras,
pudiendo introducirle las modificaciones necesarias en forma de propender
a una acción más efectiva”. Esta disposición debe ser completada por los
artículos 51 y 53 de la ley Nº 15.020. El primero de ellos se refiere a materias
tributarias y el segundo al procedimiento que debía seguir el Presidente de
la República para dictar las normas a que estaba facultado por el artículo 49.
Fue así como se dictó y promulgó el DRRA Nº 20, de 1963, Ley General
de Cooperativas, hasta la dictación del DFL Nº 5 del año 2003.
El día 28 de julio de 1967 se publicó la Ley Nº 16.640, de Reforma
Agraria, que en sus artículos 191 y 192 otorgó nuevamente facultades al
Presidente de la República para legislar sobre cooperativas campesinas de
Reforma Agraria y campesinas propiamente tales. Conviene destacar que
ambas disposiciones son más bien artículos que contienen una ley sinteti-
zada. En efecto, la primera de las disposiciones comprende 20 números, en
los cuales se establecen precisamente las facultades que tiene el Presidente
para legislar sobre cooperativas campesinas de Reforma Agraria. Finaliza el
artículo 191 señalando que “el Presidente de la República, dentro del plazo
indicado en el inciso 1º de este artículo (ciento ochenta días), podrá adoptar,
coordinar, modificar, complementar, derogar o reemplazar, en conformidad a
las presentes normas, las disposiciones contenidas en los decretos con fuerza
de ley RRA Nº 11 y 20, en la ley Nº 15.020 y cualquiera otra disposición
que se refiera a las cooperativas enunciadas”.
148 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El artículo 192, que se ocupa de las cooperativas campesinas, tiene 14
números, y se le concedían iguales facultades a las del inciso ya transcrito
para dictar el decreto con fuerza de ley que las reguló.
En virtud de las aludidas facultades otorgadas por los artículos 191 y
192 de la ley Nº 16.640, se dictaron los decretos con fuerza de ley Nº 12,
de 18 de enero de 1968, publicado en el Diario Oficial de 7 de febrero de
1968, y Nº 13, de la misma fecha y publicado el mismo día que el anterior
en el Diario Oficial, refiriéndose el primero de ellos a las cooperativas de
Reforma Agraria y el segundo a las cooperativas campesinas.
Como puede observarse, la legislación cooperativa se encuentra bási-
camente contenida en este tipo de legislación, cuya historia es casi inexis-
tente y muy difícil de localizar a fin de ilustrar la exacta interpretación
de ella y precisar los fines, sentido y espíritu de la ley y la intención del
legislador.
Los decretos leyes también son fuente del Derecho Cooperativo y en la
reseña histórica que hicimos de la legislación cooperativa tuvimos la ocasión
de citar importantes normas legales de Derecho Cooperativo contenidas en
decretos leyes. Otro tanto acontece con posterioridad a septiembre de 1973,
en que el Poder Ejecutivo asume también el rol de legislador.
Se puede definir a los decretos leyes como aquellos decretos dictados por
el Poder Ejecutivo sobre materias propias de una ley, sin intervención del
Poder Legislativo. Ello ocurre cuando se rompe la normalidad institucional
y el gobierno constitucional ha dejado de funcionar.
Además de los decretos leyes dictados con anterioridad al Gobierno
instaurado en 1973, señalados en la reseña histórica de la legislación coo-
perativa, deben mencionarse los siguientes decretos leyes dictados a partir
de esta última fecha:
1. Decreto ley Nº 408, publicado en el Diario Oficial de 10 de abril de
1974, mediante el cual se autoriza a las instituciones a que se refiere el
DRRA Nº 20, de 1963, para revalorizar, por una sola vez, su capital propio
de acuerdo con las normas que fija.
COOPERATIVAS 149
2. Decreto ley Nº 445, publicado en el Diario Oficial de 9 de mayo de
1974, que modificó el decreto con fuerza de ley RRA Nº 20, de 1963. Este
decreto ley tiene vastos alcances, pues modificó la Ley General de Coo-
perativas en forma bastante profunda, debiendo destacarse, entre otras, las
siguientes reformas:
a) Establecimiento de un sistema de participación de los trabajadores en
la administración de las cooperativas;
b) Normas sobre el capital de las cooperativas;
c) Normas sobre emisión de cuotas de ahorro por las cooperativas;
d) Normas sobre la creación de un fondo de asistencia técnica y educa-
ción;
e) Normas sobre el derecho a voto por los socios de las cooperativas;
f) Normas sobre los descuentos que tienen derecho a exigir las coope-
rativas sobre las remuneraciones de sus socios;
g) Facultades administrativas a la autoridad para sancionar el incumpli-
miento de las instrucciones que ésta les imparta;
h) Nuevas normas sobre cooperativas de trabajo, que remplazan a las
cooperativas de producción;
i) Libertad de contratación de seguros por las cooperativas;
j) Derogación del límite máximo que las cooperativas de vivienda pueden
tener como socios;
k) Reforzamiento de las actividades de las sociedades abastecedoras de
cooperativas.
3. Decreto ley Nº 824, publicado en el Diario Oficial de 31 de diciem-
bre de 1974, que aprueba el texto de la Ley sobre Impuesto a la Renta.
El artículo 17 de dicho decreto ley estableció el estatuto tributario de las
cooperativas.
4. Decreto ley Nº 831, publicado en el Diario Oficial de 2 de enero de
1975. Mediante este decreto ley se modificó el decreto ley Nº 445, de 1974,
150 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
que en el Nº 21 de su artículo único había sustituido a la Dirección de In-
dustria y Comercio por la División de Cooperativas, en la Ley General de
Cooperativas, a fin de concentrar las atribuciones de control y supervigilan-
cia en este último organismo. En virtud de este decreto ley modificatorio,
la División de Cooperativas pasará a ser el Departamento de Cooperativas
de la Dirección de Industria y Comercio, a la cual, en conformidad al DFL
Nº 242, de 1960, le correspondía supervigilar la aplicación de la legislación
vigente sobre cooperativas. Además, el DL Nº 831 radicó las atribuciones del
artículo l28, letras c), e), j), k), m) y ñ) de la Ley General de Cooperativas
en el Director de Industria y Comercio, normativa hoy en día sustituida.
5. Decreto ley Nº 481, publicado en el Diario Oficial de 27 de mayo
de 1974, por medio del cual se permitía a las cooperativas efectuar Juntas
Generales de Socios, en circunstancias que se había prohibido efectuarlas
en un decreto ley anterior.
6. Decreto ley Nº 1.272, publicado en el Diario Oficial de 1º de diciem-
bre de 1975, entre cuyos considerandos se indica que las cooperativas
asignatarias de reforma agraria han resultado, generalmente, ineficaz para
el adecuado logro de los fines del proceso de reforma agraria, facultándose
al Ministerio de Agricultura para disolver mediante decreto, previo infor-
me de la Corporación de Reforma Agraria, la respectiva cooperativa de
asignatarios, fundado en diversas causales que se consignan en el artículo
3º de dicho decreto ley, para lo cual se modificaba el artículo 87 de la Ley
Nº 16.640 de Reforma Agraria.
7. Decreto ley Nº 1.320, publicado en el Diario Oficial de 25 de fe-
brero de 1978, que creó un sistema de administración cooperativa, para
enfrentar el desarrollo de programas habitacionales y de equipamiento.
Mediante este cuerpo legal se autoriza la creación de cooperativas abiertas
de vivienda.
8. Decreto ley Nº 1.490, publicado en el Diario Oficial de 8 de julio de
1978, por el cual se facultó al Director de la Empresa Portuaria de Chile
para donar cuatro locales comerciales construidos por la Corporación de la
Vivienda en la comuna de Talcahuano, construidos en el conjunto habitacio-
nal para la referida empresa, a la Cooperativa de Pescadores de Concepción
y Arauco Ltda.
COOPERATIVAS 151
9. Decreto ley Nº 1.638, publicado en el Diario Oficial de 30 de diciembre
de 1978, que modificó la Ley General de Bancos y estableció otras dispo-
siciones. El artículo 7º de este decreto ley dispuso que las cooperativas de
ahorro y crédito deberían ajustarse en sus operaciones y funcionamiento a
las normas que dicte el Comité Ejecutivo del Banco Central.
10. Decreto ley Nº 1.681, publicado en el Diario Oficial de 26 de enero
de 1977, que modificó el estatuto tributario de las cooperativas, contenido
–como ya señaláramos– en el artículo 17 del decreto ley Nº 824, de 1974,
e introdujo modificaciones a la Ley General de Cooperativas y al decreto
ley Nº 408, de 1974, citado precedentemente.
11. Decreto ley Nº l.l48, que autoriza al Instituto de Financiamiento
Cooperativo, IFICOOP Ltda., para emitir acciones de capital, publicado en
el Diario Oficial de 29 de agosto de 1975.
1.2.5. Los reglamentos
Al comienzo de este Capítulo indicamos que la legislación cooperativa
es fuente del derecho en cuanto conforma un conjunto de normas jurídicas
de observancia general, emanadas de las autoridades del Estado, de acuerdo
a los procedimientos establecidos para tales fines, comprendiéndose a los
reglamentos y los decretos dictados por el Poder Ejecutivo.
Los reglamentos y decretos son una importante fuente de Derecho Co-
operativo, pues en ellos se contiene una vasta gama de normas jurídicas que
regulan la ley, a fin de que ésta sea ejecutada acertadamente por los entes
y funcionarios gubernamentales y por los particulares, sean éstos personas
naturales o jurídicas. La facultad del Poder Ejecutivo de dictar reglamentos
y decretos es lo que se conoce en derecho constitucional como potestad
reglamentaria. Los reglamentos son, por lo general, conjuntos sistemáticos
de normas jurídicas destinadas a la ejecución de las leyes, y los decretos
son órdenes emanadas del Poder Ejecutivo, dictadas por el Presidente de la
República, o personas a las cuales se les han delegado atribuciones espe-
cíficas para ello, cuyo objeto es reconocer un derecho o hacer cumplir una
obligación por los gobernados, de acuerdo con la ley.
La Ley General de Cooperativas ha generado en el tiempo una abun-
dante reglamentación, que complementa la legislación general o básica, la
152 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
que en gran parte debe entenderse derogada, siendo a la fecha de escribirse
este libro, el decreto reglamentario Nº 101, de 7 de abril de 2004, el cuerpo
jurídico de mayor importancia, que fuera publicado en el Diario Oficial de
25 de enero de 2007. Este texto, derogó el decreto Nº 790 del Ministerio
del Trabajo, el cual como tuvimos la oportunidad de examinar constituyó
la reglamentación básica de las cooperativas, cuya vigencia fue siempre
discutida, a partir de la dictación del DFL Nº 326, en el año 1960. Sólo a
efectos de dar un panorama sobre la reglamentación dictada a partir del
DFL Nº 326, señalamos aquellos cuerpos reglamentarios que han tenido
una mayor significación:
1. Reglamento del artículo 121 de la Ley General de Cooperativas, sobre
Institutos de Financiamiento Cooperativo, contenido en el decreto supremo
Nº 1.385, de 3 de diciembre de 1963, del Ministerio de Economía, Fomento
y Reconstrucción, publicado en el Diario Oficial de 21 de abril de 1964,
el que ha sido modificado por decreto supremo Nº 547, de 2 de mayo de
1968, publicado en el Diario Oficial de 25 de mayo de 1968, y por decreto
Nº 1.l38, de 5 de septiembre de 1968, publicado en el Diario Oficial de 3
de octubre de 1968, ambos también del Ministerio de Economía, Fomento
y Reconstrucción.
2. Decretos del Ministerio del Interior, relativos a las cooperativas eléc-
tricas:
a) Decreto supremo Nº 566, de 19 de marzo de 1964, que reglamentó
la aplicación del artículo 182 de la Ley General de Servicios Eléctricos,
publicado en el Diario Oficial de 18 de abril de 1964.
b) Decreto supremo Nº 2.087, de 2 de octubre de 1964, que aprobó el
reglamento de Préstamos a Cooperativas de Electrificación Rural a que
se refiere el artículo 182 del decreto con fuerza de ley Nº 4, de 1959, Ley
General de Servicios Eléctricos, publicado en el Diario Oficial de 18 de
noviembre de 1984.
3. Reglamento de Cooperativas de Productores de la Pequeña Mine-
ría, contenido en el decreto supremo Nº 497, de 19 de abril de 1967, del
Ministerio de Economía, publicado en el Diario Oficial de 18 de mayo
de 1967.
COOPERATIVAS 153
4. Reglamento de Préstamos Reajustables del Instituto de Financiamiento
Cooperativo, IFICOOP Ltda., contenido en el decreto supremo Nº 393, de
15 de febrero de 1968, del Ministerio de Hacienda, publicado en el Diario
Oficial de 28 de marzo de 1968.
5. Reglamento sobre selección de asignatarios y miembros de Coope-
rativas Asignatarias de Tierras, contenido en el decreto supremo Nº 435,
de 5 de septiembre de 1968, del Ministerio de Agricultura, publicado en el
Diario Oficial de 13 de septiembre de 1968.
6. Reglamento sobre Cooperativas de Seguros, contenido en el decreto
supremo Nº 2.033, de 28 de octubre de 1968, del Ministerio de Hacienda,
publicado en el Diario Oficial de 28 de noviembre de 1968.
7. Reglamento de Préstamos de las Cajas de Previsión para Cooperativas
de Vivienda, contenido en el decreto supremo Nº 131, de 30 de mayo de
1969, del Ministerio del Trabajo, publicado en el Diario Oficial de 18 de
junio de 1969, modificado por los decretos Nº 68 y Nº 239 del Ministerio
del Trabajo, publicados el 22 de mayo de 1974 y 27 de marzo de 1975,
respectivamente.
8. Reglamento sobre el Fondo de Educación Cooperativa, contenido
en el decreto supremo Nº 782, de 6 de agosto de 1969, del Ministerio de
Economía, Fomento y Reconstrucción, publicado en el Diario Oficial de
20 de agosto de 1969.
9. Reglamento del Fondo de Asistencia Técnica y Educación Coope-
rativa, contenido en el decreto supremo Nº 621, de 7 de octubre de 1974,
del Ministerio de Economía, Fomento y Reconstrucción, publicado en el
Diario Oficial de 28 de noviembre de 1974. Este reglamento reemplazó al
señalado en el Nº 8 precedente y fue modificado por el decreto Nº 528, de
14 de agosto de 1975, del mismo Ministerio.
10. Reglamento sobre cuotas de ahorro, bonos y demás títulos reajustables
regidos por la Ley General de Cooperativas, contenido en el decreto supre-
mo Nº 58, de 20 de enero de 1975, del Ministerio de Economía, publicado
en el Diario Oficial de 26 de febrero de 1975, el que fue modificado por el
154 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
decreto Nº 726, de 31 de octubre de 1975, publicado en el Diario Oficial de
29 de noviembre de 1975, también del Ministerio de Economía.
11. Decreto Nº 367, de 25 de agosto de 1977, del Ministerio de Agricul-
tura, publicado en el Diario Oficial de 2 de febrero de 1978, que reglamentó
el decreto ley Nº l.l07, de 1975, modificado por el decreto ley Nº 1.756, de
1977, que creó las sociedades de cooperación agrícola y derogó el decreto
supremo Nº 289, de 1975.
Como se puede apreciar por la indicación del contenido sumario de los
reglamentos mencionados, algunos se refieren a normas propias de la legisla-
ción cooperativa y otros al desarrollo o actuación de las cooperativas. En tal
sentido los reglamentos se pueden clasificar en reglamentos institucionales
y reglamentos procesales o de operación.
Los primeros, esto es, los que denominamos institucionales, han sido
dictados, en virtud de las facultades dadas por el legislador en la Ley de
Cooperativas, para reglamentar la ley, a fin de complementar las disposi-
ciones de carácter general a las diferentes situaciones que las cooperativas
deben afrontar. Cabe mencionar entre éstos el reglamento del artículo 121
de la Ley General de Cooperativas o decreto supremo Nº 1.385, de 3 de
diciembre de 1963, con sus modificaciones posteriores, También caen
dentro de esta clasificación el reglamento de Cooperativas de Productores
de la Pequeña Minería o decreto supremo Nº 497, de 1967; el reglamento
sobre Cooperativas de Seguros o decreto Nº 2.033, de 1968; los reglamentos
sobre los Fondos de Educación Cooperativa, y el reglamento sobre cuotas
de ahorro, bonos y demás títulos reajustables regidos por la Ley General
de Cooperativas o decreto Nº 58, de 1975.
Los segundos, o reglamentos procesales o de operación, son dictados en
virtud de leyes particulares o relacionadas con determinados aspectos de la
actividad de los particulares o del Estado, generalmente leyes de fomento o
de desarrollo de un determinado sector o área de las actividades socioeco-
nómicas del país. Tal es el caso de los reglamentos que mencionáramos
precedentemente sobre cooperativas eléctricas; el reglamento de Préstamos
Reajustables del Instituto de Financiamiento Cooperativo o decreto Nº 393,
de 1988; el reglamento sobre selección de asignatarios y miembros de Coo-
perativas Asignatarias de Tierras o decreto Nº 435 de 1968, y el reglamento
COOPERATIVAS 155
de Préstamos de las Cajas de Previsión para Cooperativas de Vivienda, o
decreto Nº 131, de 1989.
Ciertamente que toda esta reglamentación constituye una importante
fuente de Derecho Cooperativo, la que es aplicada por la autoridad encar-
gada de supervigilar las cooperativas, como lo ha sido el Departamento de
Cooperativas o División de Cooperativas, según los períodos, o la Dirección
de Industria y Comercio del Ministerio de Economía, o los Ministerios que
tienen a su cargo determinadas actividades, como lo son los de Agricultura,
Trabajo y Vivienda.
Decimos que en razón de la existencia de la Ley General de Cooperativas
se ha dictado la reglamentación ya citada, complementando la ley, a fin de
que sea cumplida en su integridad por los gobernados. Sin embargo, a partir
de la Constitución de 1980, la potestad reglamentaria del Presidente de la
República es de gran amplitud. En efecto, el artículo 63 de la carta funda-
mental establece aquellas materias de ley en forma exclusiva y excluyente,
lo que está complementado por el artículo 32 Nº 6 de la misma Constitución,
en cuanto esta última disposición establece que es atribución especial del
Presidente de la República:
“Ejercer la potestad reglamentaria en todas aquellas materias que no sean
propias del dominio legal, sin perjuicio de la facultad de dictar los demás
reglamentos, decretos e instrucciones que crea convenientes para la ejecución
de las leyes”57.
Consecuencia de la facultad presidencial indicada, es que dicha autori-
dad puede generar la más amplia reglamentación, siempre que no caiga en
la esfera de aquello que debe ser materia de ley. No obstante lo anterior,
la Ley General de Cooperativas, DFL Nº 5, objeto de este estudio, en seis
disposiciones se remite al reglamento58, sin que haya habido necesidad de
hacerlo.
57 Véase Tratado de la Constitución de 1980. CEA EGAÑA, José Luis. Editorial Jurídica de
Chile. 1988, p. 64.
58 Artículos 6º letra i), 15, 24, 28, 47 y 85, sin perjuicio de ciertas facultades normativas
que se le atribuyen al Departamento de Cooperativas en los artículos 62, 108 y 109 del DFL
Nº 5 de 2003.
156 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
No era esta la situación existente al dictarse la anterior Ley General de
Cooperativas, contenidas en los textos del DFL Nº 326 y DRRA Nº 20, a los
cuales nos hemos referido, que bajo la Constitución de 1925, requerían de
una mención expresa legal, para que el Presidente de la República pudiera
reglamentar alguna disposición legal59.
59Tal era el caso del artículo 12 relativo e la forma de constituirse las cooperativas, el
cual terminaba señalando “y las demás enunciaciones que contemple el reglamento”. El ar-
tículo 13 se remitía, para los efectos de la autorización de existencia legal de las cooperativas
escolares, al reglamento, al disponer en el inciso segundo “cuya tramitación se sujetará a los
términos del reglamento”. El artículo 20, al tratar sobre la adquisición y pérdida de la calidad
de socio, decía que “se regirán por el estatuto conforme a las normas que fije el reglamento”.
El artículo 24 expresaba que para retirarse un socio de una cooperativa debía dar “cumpli-
miento a las condiciones señaladas para este caso en los estatutos o en el reglamento”. El
mismo artículo expresaba que “la cooperativa deberá restituir al socio que se retira los aportes
que hubiere efectuado, en la forma y condiciones que fijan los estatutos y el reglamento”.
Al preverse la posibilidad del retiro parcial de los aportes que han efectuado los socios, el
artículo 35 señalaba que deben hacerse “de acuerdo con las normas que al efecto establezca
el reglamento”. El artículo 38, que trataba de la constitución de los fondos de reserva, hacía
una abundante referencia al reglamento, al que se remitía con motivo de establecer la suma
máximas que cada cooperativa debía destinar para asistencia técnica y educación coopera-
tiva, que conforme a la letra b) no podía exceder “del 2% del valor agregado que generen
sus operaciones, según lo establezca el reglamento”. Nuevamente la disposición citada se
remitía al reglamento al establecer la forma y condiciones en que podía disponerse de los
recursos reunidos por concepto del fondo de asistencia técnica y educación cooperativa. El
artículo 39 prescribía que los acuerdos que adopte la junta general de socios “con sujeción
a las disposiciones legales, reglamentarias y estatutarias, serán obligatorios para todos los
miembros de la cooperativa”. En el artículo 42, que se refería al Consejo de Administración
de las cooperativas, establecía que “las calidades para ser elegido consejero y las atribucio-
nes del Consejo se regirán por lo dispuesto en los estatutos y en el reglamento”. El artículo
46, relativo a la Junta de Vigilancia, indicaba en el inciso 2º qué las atribuciones de este
organismo “se consignarán en los estatutos, sin perjuicio de lo que disponga el reglamento”.
El artículo 49 establecía que “los fondos de reserva se invertirán de acuerdo con las normas
que al respecto fije el reglamento”. Al enumerar la ley las causales de disolución de una
cooperativa, se remitía al reglamento, disponiendo que la pérdida o reducción del capital
social en una proporción igual a la fijada por los estatutos o el reglamento, es causal de dicha
sanción. Vuelve la ley a remitirse al reglamento, en el caso de las cooperativas de trabajo,
en los artículos 70, 75 y 77. Cuando la ley trata de las cooperativas agrícolas y pesqueras,
se remitía al reglamento en los artículos 83 y 84. Respecto de las cooperativas de vivienda,
la ley se remitía al reglamento en los artículos 103, 105, 107 y 109. El artículo 112 de la ley
se remitía también al reglamento, al disponer que el Presidente de la República debe dictar
normas para determinar la forma y requisitos que las cooperativas de ahorro y crédito deben
cumplir para recibir depósitos y otorgar créditos reajustables, como asimismo para conformar
el Comité de Créditos.
COOPERATIVAS 157
Hoy en día, el DFL Nº 5 de 2003, cuenta con un reglamento contenido
en el decreto supremo Nº 101, de 7 de abril de 2004, al cual nos referiremos
al efectuar el análisis de las disposiciones legales correspondientes.
1.2.6. Las resoluciones y ordenanzas
También se comprenden en el concepto de ley como fuente del Derecho
Cooperativo las resoluciones y ordenanzas emanadas de las autoridades
administrativas.
Las resoluciones son órdenes escritas emanadas de una autoridad admi-
nistrativa, según las define don Patricio Aylwin Azócar en sus Apuntes de
clase de Derecho Administrativo.60 La Ley Nº 19.880 que “Establece Bases
de los Procedimientos Administrativos que Rigen los Actos de los Órganos
de la Administración del Estado”, dispone en el artículo 3º, inciso segundo,
que “Las resoluciones son los actos de análoga naturaleza que dictan las
autoridades administrativas dotadas de poder de decisión”. Para entender
dicha disposición debe previamente tener presente la definición que el mismo
artículo hace de un decreto supremo, que define como “la orden escrita que
dicta el Presidente de la República o un Ministro ‘Por orden del Presidente
de la República’, sobre asuntos propios de su competencia”.
La Ley de Cooperativas se refiere a esta materia en dos oportunidades,
siendo la primera de ellas el artículo 62, letra g), otorgándole atribuciones al
Departamento de Cooperativas para dictar normas que regulen el tratamiento
de los anticipos de los excedentes, en el caso de las cooperativas de trabajo,
retirados en exceso, en el evento de que éstos no sean reintegrados en el
ejercicio siguiente a aquel en que se pagaron. La segunda se encuentra en
el artículo 108 de la misma ley. En esta última disposición están señaladas
las facultades para dictar normas que contribuyan al perfeccionamiento del
funcionamiento de las cooperativas, conforme se señala en la letra d) del
artículo mencionado. De tal manera, que concordando la Ley de Coope-
rativas con la Ley de Bases de Procedimientos antes mencionada, es claro
que el poder de decisión se lo otorgan las disposiciones antes indicadas
al Departamento de Cooperativas y ahí esta fijada su competencia, en las
60 Tomo I, p. 53. Editorial Universitaria S.A., 1962.
158 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
materias descritas en ambas normas. La letra d) del artículo 108, es aquella
que contiene en forma específica la facultad normativa o resolutiva que le
permite decidir sobre la regulación general de las cooperativas en el orden
contable y administrativo.
Acorde al Diccionario de la Lengua Española, la segunda acepción de
contabilidad establece que es un “sistema adoptado para llevar la cuenta y
razón en las oficinas públicas y particulares”, y la expresión administrativo
la define como perteneciente o relativo a la administración, que es a su vez
la acción de administrar, y ésta es la de “gobernar, regir y cuidar”.
El propósito de este análisis es el de estudiar la competencia del Departa-
mento de Cooperativas para dictar resoluciones. Por de pronto, el ámbito de
las resoluciones está limitado por los reglamentos y leyes, no pudiendo en
ningún caso invadirse la potestad legislativa o reglamentaria de la autoridad,
como tampoco los acuerdos de los socios, o los de los órganos internos de
las cooperativas, en cuanto éstos no sean contrarios a la ley.
En la letra d) del artículo 108, se contermpla la facultad de dictar nor-
mas e impartir instrucciones de carácter contable y administrativo, con el
fin de perfeccionar el funcionamiento de las cooperativas. El calificativo
“perfeccionar”, denota que el propósito de la ley, para los efectos de la
dictación de resoluciones o instrucciones, siempre debe ser la búsqueda
de una perfección, de manera tal que cuando la resolución o instructivo se
desmarque de dicha finalidad, la atribución señalada en la legislación, no
cumpliría con dicho fin y, por ende, podría ser catalogada de arbitraria.
El ámbito contable está claramente delimitado por su propia naturaleza,
no siendo así el ámbito administrativo, puesto que éste podría referirse al
gobierno y cuidado de la cooperativa. De este modo, es preciso examinar
cuál es el real ámbito o la competencia del Departamento de Cooperativas
para dictar resoluciones de carácter administrativo.
Por la propia redacción de la disposición legal citada, el Departamento
aludido está facultado para fijar normas a fin de perfeccionar el funciona-
miento de las cooperativas. De manera que las normas, a nuestro juicio,
deben recaer sólo sobre las cooperativas como entes y no sobre las personas
que actúan dentro de las cooperativas. A su vez, las cooperativas posen
COOPERATIVAS 159
distintos órganos, que pueden ser alcanzados por resoluciones o instruccio-
nes que imparta el Departamento de Cooperativas. Debe tenerse presente
que esta función de dictar normas, resoluciones o instructivos, es distinta
y diferente de la función fiscalizadora que le compete al Departamento de
Cooperativas, la cual esta establecida en el artículo 109 de la ley. Además
el artículo 110 le otorga al mismo Departamento facultades para examinar
todos los libros, cuentas, archivos y documentos de las sociedades que
pertenezcan en, al menos, un 50% a una cooperativa para verificar los de-
rechos, obligaciones y resultados se reflejen adecuadamente en los informes
y estados financieros de las cooperativas.
Debe tenerse presente que al tenor del artículo 109, la competencia fisca-
lizadora del Departamento de Cooperativas alcanza a todas las cooperativas
y especialmente a aquellas que la misma disposición denomina como de
importancia económica. Estas son las cooperativas de ahorro y crédito, las
abiertas de vivienda y, además, todas aquellas cuyos activos sean iguales o
superiores a 50.000 unidades de fomento o que tengan más de 500 socios.
Entre las resoluciones de mayor interés dictadas por el Departamento
de Cooperativas, se encuentran las siguientes a la fecha de escribir este
texto61:
1. Fija la forma de la distribución del fondo de revalorización del capital
propio de las Cooperativas (Resolución Exenta Nº 513 de 4 de diciembre
de 2003).
2. Dicta normas aplicables a cooperativas que producto de sus operacio-
nes generen deudas de socios, con excepción de las cooperativas de Ahorro
y Crédito (RAE Nº 590).
3. Dicta normas para cooperativas que transfieren cartera de cuentas por
cobrar (RAE Nº 119 de 2 de marzo de 2006).
4. Dicta reglas de carácter general sobre facultades de los supervisores
auxiliares (RAE Nº 536 de 1º de septiembre de 2006).
61 2009.
160 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
5. Dicta normas de carácter contable y administrativas (RAE Nº 709 de
10 de noviembre de 2004).
6. Dicta normas sobre remisión de antecedentes para el Registro de
Cooperativas vigentes (RAE Nº 511 de 6 de diciembre de 2003).
7. Dicta normas sobre determinación del valor inicial de las cuotas de
participación y de las reservas señalaladas en el artículo 6º (RAE Nº 324
de 20 de agosto de 2003).
8. Instruye sobre mantención, revisión, remisión y retiro de antecedentes
y documentación de las cooperativas (RAE Nº 143 de 28 de diciembre de
1993).
9. Dicta normas sobre liquidación de cooperativas (RAE Nº 1.767 de 28
de septiembre de 1982).
10. Dicta normas para la acreditación en el Registro Especial de Super-
visores Auxiliares (RAE Nº 540 de 3 de septiembre de 2004).
11. Dispone aplicación de corrección monetaria a cuentas de resultado
en términos que se establecen (RAE Nº 1.128 de 22 de enero de 2008).
Cuando la resolución emana de una autoridad colegiada, ésta toma el
nombre de acuerdo. El caso más relevante en el ordenamiento jurídico chi-
leno, se encuentra en el Banco Central de Chile, organismo autónomo, de
rango constitucional, conforme a la ley Nº 18.840, publicada en el Diario
Oficial de 10 de octubre de 1989. El artículo 35 de la referida ley, Nº 6, le
otorga facultades al Banco Central para “establecer las normas y limitacio-
nes referentes a relaciones que deben existir entre las operaciones activas
y pasivas de las empresas bancarias y cooperativas de ahorro y crédito”.
Se agrega en la misma disposición, Nº 9, la facultad al Banco Central para
“autorizar los sistemas de reajuste que utilicen en sus operaciones de cré-
dito de dinero en moneda nacional las empresas bancarias y cooperativas
de ahorro y crédito”.
Las facultades del Banco Central sobre las materias indicadas, se ejercen
por el Consejo de dicho organismo en forma colectiva, mediante acuerdos,
COOPERATIVAS 161
los que se encuentran recopilados en el Compendio sobre Normas Finan-
cieras del Banco Central de Chile.
Existen normas sobre encaje para las cooperativas de ahorro y crédito62
en tal sentido, entre las cuales cabe destacar el acuerdo adoptado en sesión
Nº 1.254, de 17 de enero de 1979, del Comité Ejecutivo del Banco Central,
que estableció el nuevo texto del Compendio de Normas Financieras, con-
tenido en el Capítulo III, C.l, y el acuerdo del Consejo Monetario sobre las
captaciones de las cooperativas de ahorro y crédito. En el Capítulo III, C.2,
se establecen las normas que rigen a las cooperativas de ahorro y crédito.
l.2.7. Los acuerdos de la Corte Suprema
Finalmente, nos referiremos dentro de las fuentes legales del Derecho
Cooperativo a los acuerdos de la Corte Suprema, los que constituyen regla-
mentos que este alto organismo puede dictar en virtud de la delegación que
hace a ella la Constitución Política del Estado o una ley especial.
Para los efectos del Derecho Cooperativo, nos interesa destacar del
recurso de queja, el recurso de protección. A este último nos referiremos
especialmente.
Los siguientes son los derechos que, para los fines de nuestro estudio,
se pueden proteger a través del mencionado recurso:
1. El derecho a la vida y a la integridad personal.
2. La igual protección de la ley en el ejercicio de los derechos en cuanto
se refiere a no ser juzgado por comisiones especiales, sino por el tribunal
que le señale la ley y que se halle establecido con anterioridad por ésta.
3. El derecho de reunión.
4. El derecho de asociación.
5. La inviolabilidad del hogar y de toda forma de comunicación pri-
vada.
62 Capítulo III.A.1-6 del Compendio.
162 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
8. La libertad de conciencia.
7. La libertad de prensa.
8. La libertad de enseñanza.
9. El derecho de propiedad.
10. El derecho a la salud, en cuanto se relaciona con el derecho a elegir
el sistema de salud al que desee acogerse, sea estatal o privado.
11. La libertad de trabajo, y especialmente en relación con la prohibi-
ción de exigir la afiliación a una organización sindical como requisito para
desarrollar determinado trabajo.
12. El derecho a la sindicación.
13. La libertad de eleglr trabajo.
Muchos de estos derechos que garantiza la Constitución, tienen una
estrecha relación con las actividades que realizan las cooperativas. De aquí
que para poder proteger tales actividades, de actos u omisiones arbitrarios
o ilegales, es necesario examinar las sentencias como una fuente del Dere-
cho Cooperativo, en virtud que mediante la jurisprudencia judicial se van
asentando determinadas formas de actuación que afectan, sea en forma
positiva o negativa, el desarrollo de las cooperativas y sus relaciones con
sus socios.
La Corte Suprema de Justicia, mediante el Auto Acordado sobre trami-
tación y fallo del recurso de protección de las garantías constitucionales
de fecha 27 de junio de 1992, el cual ha tenido diversas modificaciones,
regula dicho recurso.
2. LA DOCTRINA EN CUANTO FUENTE DEL DERECHO COOPERATIVO
El concepto de doctrina puede tomarse en varias formas, dos de las cua-
les interesan a nuestro estudio. Una de ellas es lo que llamaríamos doctrina
cooperativa, esto es, un conjunto de ideas y principios elaborados por las
cooperativas, sus dirigentes y socios, además de los estudiosos, con el ob-
jeto de sistematizarlos para darles una aplicación en las actividades propias
COOPERATIVAS 163
de sus empresas. La otra, que es la doctrina jurídica cooperativa, sería la
ciencia del derecho caoperativo elaborada por los jurisconsultos. Siguiendo
a Eduardo Carcía Maynez, en su libro Introducción al Estudio del Derecho,
podemos decir que se da el nombre de doctrina a las estudios de carácter
científico que los juristas realizan acerca del derecho, ya sea con el propósito
puramente teórico de sistematización de sus preceptos, ya con la finalidad
de interpretar sus normas y señalar sus reglas de aplicación.
Sobre este segundo concepto, podemos decir que las obras de Derecho
Cooperativo en Chile son más bien escasas y se han desarrollado funda-
mentalmente en memorias de egresados de las Escuelas de Derecho de las
universidades chilenas, quienes han aportado valiosos elementos para la
difusión del Derecho Cooperativo, por lo general más bien en forma des-
criptiva. Es por ello que en nuestro país es difícil hablar de una doctrina
jurídica cooperativa.
Sin embargo, creemos que es el primer concepto el que nos interesa más,
no tan sólo par constatar la casi inexistencia de una doctrina jurídica coo-
perativa en nuestro medio, a diferencia de los países europeos y de algunos
latinoamericanos, cual es el caso de Argentina y Brasil, sino por el hecho
de que el conjunto de ideas y principios elaborados por los estudiosos y
cooperativistas es el que ha dado origen en Chile al nacimiento del coopera-
tivismo y al Derecho Cooperativo. Nos referimos a ello, en alguna medida,
al hacer el bosquejo histórico de la legislación cooperativa chilena.
De este modo, el concepto de doctrina lo tomaremos en un sentido am-
plio, incluyendo la teoría cooperativa, ya que el Derecho Cooperativo se
inspira básicamente en ella.
En efecto, si se aprecia con profundidad y detención en el artículo lº de
la ley, éste señala que:
“Son cooperativas las asociaciones que de conformidad con el principio de
ayuda mutua tienen por objeto mejorar las condiciones de vida de sus socios y
presentan las siguientes características fundamentales:
Los socios tienen iguales derechos y obligaciones, un solo voto por persona y
su ingreso y retiro es voluntario;
Deben distribuir el excedente correspondiente a operaciones con sus socios a
prorrata de aquellas.
164 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Deben observar neutralidad política y religiosa, desarrollar actividades de
educación cooperativa y procurar establecer entre ellas relaciones federativas
e intercooperativas”.
En dicho texto, se encuentra el conjunto de principios cooperativos elabo-
rados por la Alianza Cooperativa Internacional, con un contenido doctrinario
implícito, convertido en norma legal, para que a fin de lograr su genuino
sentido debe recurrirse a la doctrina que al efecto se ha ido elaborando en
torno a tales principios.
Es interesante efectuar una comparación entre el texto legal que antecedió
al actual DFL Nº 5 de 2003, con el texto anterior contenido en el DRRA
Nº 20 de 1963.
DRRA Nº 20 DFL Nº 5
Para los fines del presente decreto con fuerza Para los fines de la presente ley son coope-
de ley son cooperativas las instituciones sin rativas las asociaciones que de conformidad
fines de lucro que, teniendo por objeto la con el principio de ayuda mutua tienen por
ayuda mutua, se rigen por sus disposiciones objeto mejorar las condiciones de vida de sus
y presentan las características fundamentales socios y presentan las siguientes característi-
siguientes: cas fundamentales:
Los socios tienen iguales derechos y obliga- Los socios tienen iguales derechos y obliga-
ciones, un solo voto por persona y su ingreso ciones, un solo voto por persona y su ingreso
y retiro es voluntario; y retiro es voluntario;
Los aportes perciben un interés limitado; Deben distribuir el excedente correspondiente
a operaciones con sus socios a prorrata de
Deben distribuir sus excedentes en propor-
aquellas;
ción al esfuerzo social;
Deben observar neutralidad política y reli-
Deben observar neutralidad política y reli-
giosa, desarrollar actividades de educación
giosa, desarrollar actividades de educación
cooperativa y procurar establecer entre ellas
cooperativa y procurar establecer entre ellas
relaciones federativas e intercooperativas.
relaciones federativas e intercooperativas.
En el nuevo texto de la ley se suprime la frase “son instituciones sin fines
de lucro”, materia que examinamos a continuación.
La nueva ley se refiere a las cooperativas como asociaciones a di-
ferencia de la anterior que las señalaba como instituciones, concepto
respecto del cual nos extenderemos al analizar la naturaleza jurídica de
la cooperativa.
COOPERATIVAS 165
Durante el debate parlamentario ocurrido para efectuar la reforma de la
legislación cooperativa, la Comisión de Hacienda del Senado63, se señaló
que “en materia de principios el proyecto pretende mantener aquellos que
tradicionalmente han caracterizado a estas empresas, pero que, no obstante,
en una visión actual, es menester dejar espacio para que sean puestos en
práctica por la vía estatutaria y de los acuerdos de las instancias internas
democráticamente generadas, acorde con la realidad específica de cada
organización, de las funciones que desarrolla y de los intereses de quienes
las integran”.
En el Segundo Informe de la Comisión de Economía del Senado se for-
muló una indicación por los senadores señora Matthei y señores Bombal,
Novoa y Stange para sustituir el artículo 1º de la Ley General de Coopera-
tivas, por el siguiente:
“Para los fines de la presente ley son cooperativas las empresas que de confor-
midad con los principios de la autoayuda, autoadministración y autorespon-
sabilidad, tiene por objeto mejorar las condiciones económicas de sus socios.
Las cooperativas se rigen por sus disposiciones y presentan las características
siguientes”.
La senadora Matthei expresó que: “constituye un problema la exigencia
de que las cooperativas no puedan tener fines de lucro –y que por ende no
generen utilidades sino excedentes–, que se ha transformado en la práctica
en una dificultad para los cooperados pequeños, que han debido soportar, en
diversas cooperativas situaciones fraudulentas y de aprovechamiento que se
han podido ocultar por la circunstancia de que legalmente esas instituciones
no tienen fines de lucro”.
El representante del Ejecutivo64 “manifestó su conformidad con la eli-
minación, en la definición de cooperativa, del factor falta de fines de lucro,
elemento que según sostuvo no forma parte de los principios del coopera-
tivismo. Observó, además, que en su opinión no sería conveniente limitar
63 Boletín Nº 855-03. La comisión estuvo integrada por los senadores Enrique Zurita Camps
(Presidente), señora Evelyn Matthei Fornet (Presidenta accidental), y señores Jorge Lavandero
Illanes, Sergio Páez Verdugo, Jovino Novoa Vásquez y Jorge Pizarro Soto.
64 No se individualiza en el acta de la Comisión, ya que asistían a lo menos dos represen-
tantes del Ejecutivo.
166 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
a la mejoría de las condiciones económicas el objeto de las cooperativas,
destacando que en la realidad las personas se asocian en instituciones de
ese tipo con la finalidad de obtener beneficios de diversa índole”.
El senador Novoa se mostró de acuerdo con las argumentaciones de la
senadora Matthei y del personero del Ejecutivo, pero hizo presente “que a su
juicio el elemento distintivo de las cooperativas es el principio de la ayuda
mutua, y que por ende en la definición sería suficiente la mención de ese
principio, sin necesidad de los otros que se contiene en la indicación”.
La Comisión del Senado aprobó en definitiva, con enmiendas la indica-
ción formulada, según se ha indicado anteriormente, acordando reemplazar
el encabezado del artículo 1º de la ley, por el siguiente:
“Artículo 1º. Para los fines de la presente ley son cooperativas las asociaciones
que de conformidad con el principio de la ayuda mutua tiene por objeto mejorar
las condiciones de vida de sus socios y presentan las siguientes características
fundamentales”65.
En el tercer trámite constitucional66, la Cámara de Diputados volvió a
analizar el artículo 1º de la ley y el diputado informante Sr. Juan Núñez
expresó, según el acta de la sesión:
“El artículo 1º, Nº 1, tiene que ver con la filosofía y los fines u objetivos de
las cooperativas. El Senado lo reemplazó y eliminó la frase ‘sin fines de lucro’
que contenía el artículo 1º del decreto Nº 502, de Economía, de 1978, porque
consideró que no es conveniente. En consecuencia, las cooperativas serían
65 El acuerdo fue adoptado por la unanimidad de los miembros de la Comisión señora
Matthei y señores Lavandero, Novoa, Pizarro y Zurita. Por la misma unanimidad se acordó
efectuar una enmienda encaminada a perfeccionar la norma, procediendo a sustituir el texto
completo del artículo 1º de la Ley de Cooperativas. La única diferencia del texto aprobado
por la Comisón con el texto definitivo, consiste en la supresión del artículo definido “la”,
antes de la palabra “ayuda”, quedando entonces “de conformidad con el principio de ayuda
mutua”. A su vez, la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados, por la unanimidad
de sus miembros mantuvo la definición establecida por el Senado, con el apoyo del Ejecutivo,
agregando “que con la nueva definición se acerca a la forma como definen a las cooperativas
las entidades internacionales, como ser la Alianza Cooperativa Internacional” (Boletín de la
Cámara de Diputados Nº 855-03 (S).
66 Sesión 17, Legislatura 345.
COOPERATIVAS 167
asociaciones de ayuda mutua, pero con fines de lucro. El Ejecutivo está de
acuerdo con este texto, que permite que las cooperativas tengan fines de lucro.
Señaló que esta definición se acerca a la forma como definen a las cooperativas
las entidades internacionales, como la Alianza Cooperativa Internacional. La
Comisión propone que se apruebe la modificación propuesta por el senado. Si
bien las cooperativas son instituciones que tienen por objetivo la ayuda mutua
y la solidaridad entre los socios, algunas son productivas y comerciales y, por
su propia definición, tendrían fines de lucro. En consecuencia, procedería la
distribución de los remanentes. La discusión queda abierta al respecto. Cual-
quiera sea la definición, amerita formar una comisión mixta en esta materia,
al igual que sobre otras modificaciones del Senado”.
El Diputado Sr. Edgardo Riveros, en la discusión del proyecto de ley,
señaló: “El diputado informante (Sr. Juan Núñez), me ha señalado que la Co-
misión, en este tercer trámite constitucional, no escuchó a los representantes
de las cooperativas, sino sólo a los del Ejecutivo, y pudiera ser que en esta
materia hay opiniones diferentes. La Comisión nos propone, directamente,
aprobar el criterio del Senado al respecto. Debiéramos rechazar el artículo
1º propuesto por el Senado para que sea discutido en la Comisión Mixta.
Puede que lleguemos a un acuerdo con el Senado, pero no aprobaré su texto
sin antes escuchar las opiniones que una serie de dirigentes de cooperativas
plantearon en la Comisión durante el primer trámite constitucional”. Agregó
el mismo diputado, más adelante: “A la vez planteo mi posición de fondo
respecto del artículo 1º. Insisto en la eliminación del concepto de que las coo-
perativas puedan tener fines de lucro es un tema mayor, más de fondo y toca
a la esencia de la noción de cooperativa que se conoce en nuestro país”.
A su vez, el diputado Sr. Andrés Palma expresó: “El Senado aprobó los
cambios introducidos por la Cámara de Diputados, pero modificó el hecho
de que las cooperativas son asociaciones sin fines de lucro. Sin embargo,
coincido con el Senado. Aun cuando en la Cámara de Diputados aprobamos
el hecho de que las cooperativas son sin fines de lucro, uno de sus objetivos
es tener excedentes, y lo que las diferencia de otras empresas, cuya finalidad
es el lucro, será la manera de distribuir los excedentes. Las proposiciones,
tanto del Senado como de la Cámara de Diputados, coinciden en cómo deben
distribuirse y, en primer lugar, como tomar las decisiones. Se dice que ‘Los
socios tienen iguales derechos y obligaciones, un solo voto por persona y
su ingreso y retiro es voluntario’. Es decir, en esencia, la cooperativa es una
asociación de personas –fue el cambio que introdujimos aquí en la Cámara,
168 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
que fue respaldado por el Senado, lo que siginifica que hay excedentes y,
por lo tanto, lucro–, ambas Cámaras dicen que ‘Deben distribuir el exce-
dente correspondiente a operaciones con sus socios a prorrata de aquellas’.
O sea el excedente no se distribuye por persona ni tampoco por aportes de
capital, sino a prorrata, según la participación en las operaciones. La esencia
del espíritu cooperativo, no es que haya excedente o lucro, sino que son
asociaciones de personas en las cuales el excedente se distribuye a prorrata,
en proporción a las operaciones. En esto no hay diferencia entre el senado
y la Cámara de Diputados”.
Se acordó en dicha sesión dejar pendiente la votación del proyecto para
la próxima sesión.
En la sesión efectuada el miércoles 23 de enero de 2002, se efectuó la
votación, sin mayor debate y la Cámara de Diputados aprobó por 78 votos
el informe de la Comisión de Economía de la misma Cámara, aprobándo-
se, en consecuencia, las modificaciones introducidas por el senado, entre
otras al que venimos analizando sobre la modificación al artículo 1º de la
Ley de Cooperativas67. En los trámites subsiguientes no se volvió sobre la
redacción del artículo 1º de la ley.
El debate parlamentario sobre la eliminación de las expresiones “sin
fines de lucro” en el artículo primero de la Ley General de Cooperativas,
alcanzó un grado importante y que demuestra una íntrinseca contradicción
en los argumentos de los parlamentarios, a juicio de este autor.
En la Comisión de Economía del Senado, a nuestro juicio, el senador
Novoa señaló adecuadamente el centro del concepto del objetivo de una
cooperativa al señalar que es una institución o asociación que persigue la
ayuda mutua entre los socios que se incorporan a ella.
El análisis debe efectuarse, en primer lugar, respecto de la naturaleza de
las sociedades Cooperativas.
67 Es de notar que el único voto en contra fue el del Diputado Sr. Palma.
COOPERATIVAS 169
La ley Nº 19.832, al modificar la Ley de Cooperativas68, en muy diver-
sos aspectos, entre otros, el artículo 1º que contenía la definición de una
cooperativa, mantuvo el nombre del Título I, el que sigue siendo “De la
naturaleza de las sociedades Cooperativas”, dando así a entender que el
Título I de la ley, intenta esclarecer cuál es la naturaleza de la institución
jurídica que se pretende regular, a lo cual nos referimos en el Capítulo I,
Nº 2 precedente.
Como hemos examinado en el Capítulo I, Nº 2, la reforma establecida
en el artículo 1º, eliminó las expresiones “instituciones sin fines de lucro”,
reemplazándolas por “asociaciones que de conformidad con el principio
de la ayuda mutua tienen por objeto mejorar las condiciones de vida de
sus socios”.
La cooperación se constituye como vehículo esencial de la ayuda mutua.
No puede dejarse de lado al intentar lograr en forma específica el concepto
de cooperación, su génesis histórica, puesto que la cooperación es una ac-
ción humana de carácter muy amplio que engloba múltiples posibilidades
de actividades. Lo que el legislador hace en el artículo 1º, es definir un tipo
de asociación que denomina “cooperativa” la cual tiene un objetivo básico,
cual es la ayuda mutua69.
Los aspectos más destacados del concepto de ayuda mutua se encuen-
tran en:
a) Gestión mutualística y gestión de servicios
La empresa cooperativa realiza una actividad que constituye una gestión
de servicios al interior de ella, lo cual constituye una actividad empresa-
rial realizada en común, puesto que se efectúa mediante el intercambio de
prestaciones entre la empresa cooperativa y sus asociados, característica
de la mutualidad. La reciprocidad de prestaciones no se efectúa directa-
68 DS Nº 502, de 1º de septiembre de 1978, del Ministerio de Economía Fomento y Re-
construcción.
69 La característica más esencial del pensamiento europeo a lo largo de más de un siglo y
medio de historia sobre las cooperativas, es la unanimidad sobre el rol de la mutualidad en el
marco de la cooperación.
170 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
mente entre los socios, sino a través de la entidad a la cual éstos adhieren,
pero que beneficia a todos los socios, pues éstos se vinculan a la empresa
directamente y en la cual participan, generándose un nexo cuya naturaleza
resulta en la mutualidad de una cooperativa.
La cooperativa en nuestro derecho es una empresa civil, no obstante
que la actividad que desarrolle pueda ser ubicada dentro de la categoría de
mercantil, pues en su calidad de asociación constituye una agrupación de
personas para la protección de sus intereses comunes a la vez que la con-
secución de tales intereses en el ámbito social y económico, exentos de un
propósito de ganancia.
b) La autogestión
La definición establecida por el legislador, en cuanto se expresa que el
objeto es mejorar las condiciones de vida de los socios, implica la promoción
de los intereses individuales de los socios en el ejercicio de la actividad
económica de la empresa de la cual forman parte, pero agregándose que
este mejoramiento y promoción se ejecuta en forma colectiva, de manera
que la autogestión no constituye un acto individual, sino que también logra
su fin, al desarrollarse dentro de la agrupación social.
Es por ello que la cooperativa constituye a la vez fin y medio para la
obtención del mejoramiento de las condiciones de vida de sus socios. La
participación del socio en la cooperativa redunda en un mejor servicio ha-
cia su persona, por lo que la autogestión debe entenderse como la facultad
reservada a los socios para administrar la empresa cooperativa. Se da así
una autogestión y una autoayuda simultánea, puesto que se da a los socios
facultades para la resolución de sus propios asuntos.
c) La autoayuda
La cooperativa tiene por propósito promover el interés individual de los
socios a través de estructuras para procurar la ayuda mutua y la autoayuda,
puesto que los socios procuran mejorar su situación individual, es decir, su
interés personal, mediante su adhesión libre a una organización empresa-
rial de carácter colectivo que permite canalizar dicho interés individual en
beneficio de todos los socios que tienen un mismo interés.
COOPERATIVAS 171
La organización empresarial mediante la promoción de las economías
individuales de los socios y a la vez de la empresa cooperativa a través de la
explotación en común del objeto social o giro de la entidad, hace posible el
crecimiento de ambos intereses, incrementando otros intereses difusos en la
sociedad toda, pues se irradian en todos los ámbitos sociales y económicos
en donde actúa la cooperativa.
d) La doble condición de socio y de usuario
El principio mutualístico va unido a la identidad de la condición de so-
cio y de usuario de los servicios u objeto de la cooperativa, toda vez que,
conforme al artículo 1º de la ley, su objeto es mejorar las condiciones de
vida de sus socios.
Esta característica implica que la cooperativa no constituye una asociación
con fines ideales, pues deben tener y desarrollar una actividad que implique
una mejora en la vida de los socios. Si la educación pudiere ser considerada
como una actividad ideal, ella se encuentra enmarcada, conforme al artículo
1º, en lo que la ley denomina “educación cooperativa”. Ello es sin perjui-
cio que una cooperativa puede constituirse por los padres o apoderados de
los estudiantes, incluso con la participación de éstos, para el desarrollo de
actividades educacionales en un establecimiento educacional.
e) Ausencia de ánimo de lucro
Como se señaló en el Capítulo I, la mutualidad, al tener por fin una ayu-
da entre los miembros de la empresa cooperativa, obviamente no procura
un lucro para la entidad, sino que procura el mejoramiento individual de
cada socio, de tal modo que la entidad queda desprovista de toda finalidad
lucrativa, es decir, la búsqueda de un beneficio ilimitado e incierto de ga-
nancia, ya que ésta no se reparte entre los socios, como en el caso de las
sociedades lucrativas, cuyo fin expresamente declarado es la obtención de
dicha ganancia.
f) Retorno de excedentes
La figura del retorno de excedentes, es una de las aportaciones más
originales al derecho, pues condiciona y delimita las relaciones existentes
172 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
entre la cooperativa y sus socios, vinculándolas con la idea misma de la
mutualidad70.
Es a través del retorno en donde se manifiesta la condición esencial de
entidad no lucrativa de la cooperativa.
En las sociedades lucrativas la sociedad procede a calcular los beneficios
netos obtenidos en la gestión económica que la empresa realiza con ter-
ceros. En la cooperativa el cálculo de los excedentes netos tiene su origen
en la gestión mutualística y su finalidad es tan sólo la determinación del
costo efectivo o real del servicio o trabajo efectuado por los socios en la
cooperativa71. Las personas que ingresan como socios de una cooperativa,
no lo hacen por obtener una ganacia o lucro al término del ejercicio, sino
para obtener un beneficio individual en su propia actividad agrícola, mi-
nera, pesquera, de consumo, de abastecimiento de agua potable o energía
eléctrica, habitacional, etc.
En las sociedades lucrativas los rendimientos del capital invertido por los
socios para el desarrollo de una actividad económica se producen siempre
con cargo a terceras personas, mientras que en las cooperativas el cálculo
de los excedentes netos se efectúa sobre la base de una prudente gestión
económica, cuyos rendimientos económicos se han percibido de más o
satisfecho de menos con los socios72.
El excedente devuelto a los socios, no se puede equiparar a una utilidad,
lo que en más de alguna ocasión se ha pretendido sostener, argumentándose
seguidamente que por tal razón las cooperativas perseguirían un fin lucrati-
vo, puesto que la utilidad no puede concebirse que vaya a ser obtenida del
grupo social que constituyen los socios de una cooperativa a costa de este
mismo grupo, lo cual sería una suerte de masoquismo económico.
Los socios tienen derecho a que se les retorne lo que han pagado de más o se les pagó
70
de menos por satisfacer sus necesidades en estricta proporción a las operaciones realizadas por
cada socio con su empresa.
Recuerdese la equivocada opinión del diputado Palma, al tramitarse la modificación de
71
la Ley de Cooperativas, al señalar que el socio en la cooperativa persigue la obtención de un
excedente equivalente a la ganancia del accionista en la sociedad anónima.
72 La legislación a la renta, grava las ganancias obtenidas por la cooperativa con aquellas
personas que han operado a través de ella sin ser socios.
COOPERATIVAS 173
La cooperativa trata de establecer una política justa de precios, que para
los socios presupone una real ventaja de contenido patrimonial que no ha-
brían podido realizar individualmente, motivo por el cual debe rechazarse
tajantemente que el retorno de excedentes puedan considerarse utilidades
obtenidas con cargo a terceros.
Siguiendo esta lógica, el artículo 53 de la Ley General de Cooperativas
señala que “para todos los efectos legales se estimará que las instituciones
regidas por la presente ley no obtienen utilidades, salvo para lo dispuesto
en los artículos 46 al 52 del Código del Trabajo”.
Es apropiado citar las palabras de Madame Christine Lagarde, Ministra
de Economía y Fianazas y del Empleo de la República Francesa en el Co-
loquio efectuado en Angers, en el mes de diciembre de 200773: “El mundo
mutualista y cooperativo ganó y aventaja en el presente en el debate público.
Eric Orsenna les requería en el último año, ‘… ¿Por qué Uds. rechazan la
notoriedad?’ Yo creo que esta notoriedad Uds. la rehuzan mostrar. El mu-
tualismo está bien lejos hoy en día de las abstracciones de Proudhon, su
padre fundador. El se adapta, evoluciona y los economistas como los polí-
ticos comienzan a reconocerle como un modelo viable y eficaz, moderno.
El mutualismo no es una alternativa al modo capitalista de organización de
intercambios. Es una manera diferente de regular el mercado, estableciendo
reglas de distribución en ‘amont’. La empresa mutualista o cooperativa es
siempre una sociedad de personas… Al mismo tiempo que la sociedad por
acciones no pierde jamás su beneficio, la sociedad de personas no debe
perder jamás de vista el interés colectivo”.74
La doctrina Italiana ha expresado que el autobeneficio no puede ser
considerado un beneficio o utilidad pues no es más que un falso bene-
ficio.
73 “L enterprise cooperative, une alternative Moderne”. HARMATTAN, L, Actas del coloquio.
Perspectivas mutualistas, 2008. Madame Lagarde, integró el gabinete del Presidente Francés
Sarkozy.
74 Agregó la Sra. Ministra: “Yo quiero decirles a ustedes, que para nosotros, ser liberal,
no significa estar obnubilado por las cotizaciones bursátiles. Al contrario: ser liberal significa
reconocer los méritos de todas las formas de organización que no entraban la libertad de los
individuos y que procurarn encontrar por sí mismas un equilibrio”.
174 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
En conclusión, cuando el legislador se refirió al “principio de la ayuda
mutua”, ha reafirmado el concepto existente hasta el año 2002 en la le-
gislación cooperativa, que señalaba como objeto la ayuda mutua de toda
entidad cooperativa. La norma legal se convierte, además, en un principio,
lo cual significa que es el instante en que un ser o ente deviene en algo. De
otro modo, si no hay ayuda mutua, no se es cooperativa y si es cooperativa
existe la ayuda mutua, de tal modo que el concepto introducido en la ley
de 1960 de ayuda mutua se mantiene y se ha reforzado en la legislación
cooperativa chilena.
En definitiva, la eliminación del complemento “instituciones sin fines de
lucro”, no ha podido tener ninguna relevancia, pues ya era sobreabundante,
al señalarse que las cooperativas eran entidades cuyo objeto era la ayuda
mutua, puesto que ésta no se puede entender como una actividad que persigue
el lucro. De este modo, el artículo 1º de la Ley de Cooperativas, respecto a
contener una variación sobre la naturaleza no lucrativa de las cooperativas,
establecida en el DFL Nº 326 de 1960, es inexistente y estas asociaciones
siguen siendo y teniendo las mismas características anteriores, las que más
bien se han acrecentado en su naturaleza de instituciones no lucrativas, a
raíz de las expresiones utilizadas por el legislador, determinando que se
trata de asociaciones y no de sociedades.
De lo expuesto, además queremos dejar con meridiana claridad lo absur-
do que puede resultar pretender establecer cooperativas con fines de lucro,
ya que ello contradiría el concepto basal de la ayuda mutua anteriormente
expuesto75.
La norma legal, además de indicar los principios cooperativos, respecto
de los cuales no se introdujo modificación alguna en la reforma a la cual
hemos aludido anteriormente, agrega las características que las indivi-
dualizan siendo éstas los denominado principios de Rochadle. El objetivo
Sobre la mutualidad y las cooperativas, se puede encontrar una amplia exposición del
75
tema en LLOBREGAT HURTADO, M. Luisa, Mutualidad y empresas cooperativas. José Mª Bosch,
Editor, S.A. Barcelona. 1990. En el mismo sentido Trattato di Diritto Civile e Comérciale.
Gia Directo da Antonio Cicu-Francesco Messineo, continuato da Luigi Mengoni. XXX, t. 3.
Giovanni Tatarano. L’impresa coopertiva. Milano-Dott. A Giufre Editore. 2002. Igualmente
APARÍCIO VIERA, Deolinda: “O Regimen Económico das Cooperativas no Direito Portugués. O
Capital Social”. Vida Económica. Enero, 2009. Porto.
COOPERATIVAS 175
mutual, determina en forma conjunta con las características señaladas en el
artículo 1º de la Ley General de Cooperativas el estatuto jurídico del socio
y de las actividades que abarcan la respectiva cooperativa conforme a su
propio estatuto.
La doctrina cooperativa ha tenido un extenso desarrollo y continuará
teniéndolo en el futuro ante los múltiples planteamientos que el desarrollo
cultural, social y económico que las instituciones cooperativas enfrentan y
enfrentarán en el mundo de mañana.
Para nuestro análisis, la doctrina cooperativa presenta un cuadro hasta
antes de Rochdale y durante el nacimiento de la Cooperativa de Rochdale;
otra etapa la constituyen las ideas después de Rochdale, hasta poco antes
de la Segunda Guerra Mundial. Después de este hecho histórico se registra
un cuadro diferente de los anteriores. Por cierto que en todos estos perío-
dos distintos pensadores, maestros y cooperativistas han influido, de una
u otra manera, en la elaboración de una doctrina cooperativa, la que se ha
visto extraordinariamente influida por la práctica o por la acción concreta
en diferentes actividades.
Analizaremos brevemente el desarrollo de las doctrinas cooperativas
según la división señalada.
2.l. El pensamiento cooperativo antes de Rochadle
Es en el mundo anglosajón en donde se desarrollan las primeras for-
mas cooperativas, que están vinculadas en forma directa o indirecta con
la Cooperativa de Rochdale. Numerosas colonias religiosas en los siglos
XVIII y XIX se formaron sabre la base de la ayuda mutua, tales como los
Lahodistas, en Maryland, que iniciaron su experiencia en 1680; la colonia
de los Shakers, que remonta sus orígenes a 1774; los “Rappites”, formada
por un grupo de emigrantes alemanes que fundaron en los Estados Unidos
una colonia llamada “Harmonie”, en 1805, y que en 1825 fue renovada por
Robert Owen con el nombre de “New Harmonie”.
Es dentro del grupo del llamado movimiento corporativo donde se
comienzan a perfilar los principios y bases del cooperativismo moderno,
que se desarrolló en Gran Bretaña y cuyo apogeo se fija en 1833. Este
176 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
movimiento tuvo entre sus iniciadores a tres hombres representativos de la
llamada Revolución Industrial: un obrero, John Doherty; un patrón, Robert
Owen, y un diputado, John Fielden.
Doherty, irlandés y católico, nace en 1789 y trabajó desde niño en
hilanderías de algodón, ingresando al trabajo a las 5 ó 6 de la mañana y
terminando su jornada a las 7 u 8 de la tarde, en lugares absolutamente insa-
lubres, sin reposo, salvo para tomar los magros alimentos de que disponían
los niños trabajadores en aquellos años. Doherty conoció en toda su terrible
perspectiva y realidad el brutal sistema de trabajo de los niños y las duras
consecuencias y efectos del sistema económico inglés de ese tiempo. A los
veinte años es secretario de la unión local de los hilanderos de algodón de
Manchester y en 1829 organizó la Gran Unión General de los Hilanderos
y Tejedores a Destajo de Gran Bretaña.
John Fielden, diputado de Oldham, es hijo de pequeños campesinos que
emigraron a los centros urbanos, transformándose en industriales. En efecto,
su padre fue propietario de una hilandería de algodón, trabajando en ella y
conociendo de cerca el trabajo de los niños. Llegó a ser un gran fabricante,
lo que le dio oportunidad de consagrarse casi por entero a la dictación de la
legislación protectora del trabajo. Se convierte en un decidido defensor de la
reducción de la jornada de trabajo a cinco horas, afirmando que la reducción
de la misma redundará en una mayor productividad en el trabajo.
Sin duda, Robert Owen es el más importante en este cuadro, por la enorme
influencia que tuvo en el movimiento obrero de aquellos años, no tan só1o
en Inglaterra, sino en Francia y en los Estados Unidos de América.
Owen nació en 1771, es nieto, por su madre, de un granjero del norte
de Gales. Su padre, en la ciudad de Newtown, ejerce los oficios de tala-
bartero, herrero y maestro de posta. A los diez años sale de la casa de sus
padres a ganarse la vida, desarrollando diversos oficios. A los diecinueve
años es dueño de una de las más importantes fábricas de algodón fino de
Gran Bretaña. En 1800 se hace cargo de la dirección de las fábricas de New
Lanark, proponiéndose transformarlas en un establecimiento modelo, tanto
desde el punto de vista social como desde el industrial, lo que hace que
muy pronto se destaque como un patrón humano, en contraposición a lo
que se estilaba en aquellos años, en que un humanitarismo en la industria
COOPERATIVAS 177
era sinónimo de ineficiencia y falta de sentido práctico. Sin embargo, sus
negocios industriales eran todo lo prósperos que podían ser. Establece en
sus fábricas la limitación de la jornada de trabajo y del empleo de menores
de diez años, ideas todas que fueron recogidas en la legislación dictada en
1919 sobre protección al trabajo. Entre 1824 y 1826 emigra a Estados Uni-
dos y crea la colonia “New Harmonie”, que resulta en un rotundo fracaso.
A su regreso a Inglaterra, se dedica casi exclusivamente a desarrollar sus
ideas sobre la sociedad y la economía, llegando a ser uno de los principales
líderes de las nacientes organizaciones obreras de Gran Bretaña. Algunas
de las obras de Owen que tuvieron influencia decisiva en el pensamiento
de los pioneros de Rochdale fueron “Nuevos puntos de vista de la sociedad
sobre la formación del carácter humano”, “Informe al condado de Lanark”
y “El libro del nuevo mundo moral”.
Los principios doctrinarios de Owen se basan en ensayos y experiencias
prácticas, a diferencia de los principales pensadores franceses, Saint-Simon
y Fourier, contemporáneos del reformador inglés. Owen intenta crear comu-
nidades o aldeas cooperativas como solución al desempleo y a la misería,
todas con alguna especialización, es decir, siendo algunas agrícolas y otras
de carácter industrial. Estas comunidades estarían erigidas y apoyadas en
el principio de la asociación de trabajo, de consumo y de propiedad, así
como de iguales privilegios, y en las cuales todos los miembros han de tener
intereses mutuos y comunes. Para llegar a conseguir estas metas, Owen
plantea como fundamental la actividad educativa. Se basa en que nadie ha
sido educado según principios que le permitan actuar en unión, como no
sea para defenderse o para aniquilar a otros, agregando que una necesidad
poderosa obligará a los hombres a educarse para actuar juntos, para crear
y conservar. Pretende una transformación fundamental de todo el orden
social existente en su época; quiere suprimir el lucro, tanto industrial como
comercial; es partidario del “precio justo”, concebido como el total de las
remuneraciones del trabajo necesario. Adhirió a la teoría que explica el valor
de los bienes por el trabajo empleado en producirlos, llegando a fundar en
1832 una bolsa o banco de cambio del trabajo, el que fracasó en 1834.
En 1839, Charles Howarth, que iba a ser el principal redactor de los es-
tatutos de la Cooperativa de Rochdale, le invita por carta a ir a esta ciudad,
la cual no respondió. Sin embargo, más tarde se interesó vivamente por las
cooperativas de consumo.
178 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
En Francia, Fourier reflexionó profunda y acertadamente sobre las imper-
fecciones de la distribución de mercaderías, así como sobre la democracia
en sus comunidades, que él denominó “falansterios”. Otro aporte importante
al cooperativismo es el de la asociación voluntaria.
Fue en 1827 que se funda la primera cooperativa de consumo inglesa bajo
las ideas del Dr. William King. Siguiendo su ejemplo, más de trescientos
otros grupos desarrollaron cooperativas de consumo. En esos mismos años,
en Francia Philippe Bouchez, también médico, fundó en 1832 la primera
cooperativa de producción francesa. Es importante destacar que ambos
son cristianos, el primero protestante, el segundo católico, para quienes la
realización de las ideas cristianas en la vida pública eran parte sustancial
de sus creencias religiosas. Bouchez escribió, precisamente, que había que
transformar en instituciones sociales las doctrinas del cristianismo. El Dr.
King editó entre 1818 y 1830 un periódico denominado “The Cooperator”,
señalando los principios fundamentales que presidían sus ideas coopera-
tivas.
El principio de la adhesión voluntaria es evidente que proviene del Dr.
King, quien escribió en 1829: “La cooperación es un acto voluntario y todo
el poder del mundo no puede convertirla en obligatoria; y no es de desear
que dependa de otro poder que el suyo”.
No hay duda que King estuvo influido por las ideas de Owen, en el sentido
de tender a la creación de comunidades de trabajo y ayuda mutua. Para él,
el trabajo era la base de toda actividad económica y las clases trabajadoras
“tienen el monopolio de este artículo”. Lo que les falta es el capital, el
que ha sido hecho por el trabajo y que no es nada en sí mismo. El capital
necesita combinarse con el trabajo para ser productivo, combinación que
en su época se hace, según el mismo lo señala, “comprando y vendiendo
al obrero como a un animal”. Sostiene con vehemencia que la verdadera
unión entre trabajo y capital pueden llevarla a cabo las clases trabajado-
ras mismas, y expresó: “Tan pronto. los obreros se unan sobre la base del
trabajo en vez de la del capital, levantarán polvo en muchas direcciones,
y es seguro que la polvareda cegará a más de un empresario”. El Dr. King
manifestó claramente que la cooperativa de consumo es sólo un comienzo y
que la meta es la cooperativa integral, de tal modo que, cuando la sociedad
de consumidores disponga de capital suficiente, podrá “adquirir tierras,
COOPERATIVAS 179
vivir en ellas, cultivarlas ella misma, obtener los productos que quiera y
de esta manera satisfacer todas sus necesidades de alimentación, vestido y
alojamiento. La sociedad se llamará entonces comunidad”.
El Dr. King puso su acento en las cooperativas de consumo por una razón
estratégica, declarando en el periódico The Cooperator, el 1º de agosto de
1828:
“Las clases obreras tienen un motivo de mucha importancia para abrir
tiendas para ellas mismas. La cantidad de dinero que las clases obreras gas-
tan anualmente es enorme. Puede cifrarse en varios millones. El beneficio
realizado sobre esta suma sería suficiente, por sí mismo, para establecer no
pocas fábricas. No es la falta de poder, sino la falta de saber, lo que impide
a los trabajadores ponerse manos a la obra y empezar…. Comerciar para
ellos mismos y trabajar para ellos mismos les produciría beneficios; como
consecuencia, capital, y, como consecuencia, la independencia”.
Philippe Bouchez, discípulo de Saint-Simon, rompió abiertamente con su
escuela en 1830, por motivos religiosos. Expuso los principios fundamen-
tales de las cooperativas de producción en el Journal des Sciences morales
et politiques, de 17 de diciembre de 1831. Señala que “un determinado nú-
mero de obreros, todos de la misma profesión, se reunirían en una sociedad
particular (arts. 1842 del Código Civil y 48 del Código de Comercio) y se
ligarían entre sí por un contrato cuyas principales disposiciones deberían
ser las siguientes:
1º Los asociados se constituirían en empresarios a estos efectos, elegirían
entre ellos a uno o dos representantes que tendrían la firma social.
2º Cada uno de ellos continuaría cobrando un salario según los usos
adoptados en la profesión, es decir, por jornal o tarea, y según la habilidad
individual.
3º Una cantidad equivalente a la que los empresarios intermediarios
descuentan cada jornada, se reservaría; a fin de año esa cantidad, que sería
el beneficio neto, se repartiría de la siguiente forma: un 20% para formar y
aumentar el capital social; el resto se emplearía en socorros o se distribuiría
entre los asociados, a prorrata de su trabajo.
180 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
4º El capital social, que iría aumentando, por tanto, cada año en una quinta
parte de los beneficios, sería inalienable. Pertenecería a la asociación, que
sería declarada indisoluble, no porque los individuos no pudieran darse de
baja en ella, sino porque dicha sociedad se habría hecho perpetua con la
admisión continua de nuevos miembros. De esta forma el capital no pertene-
cería a nadie y no quedaría sujeto en absoluto a las leyes sobre la herencia.
La fundación y el Aumento del capital social, inalienable e indisoluble, es
quizá lo más importante de la asociación; es el hecho por el cual este género
de sociedades crea un mejor porvenir para las clases obreras. Si se organi-
zara de una forma diferente, la asociación llegaría a ser igual a cualquier
otra compañía de comercio, útil únicamente a los fundadores y perjudicial a
todos los que no hubieran formado parte de ella desde el principio; acabaría
por ser, en manos de los primeros, un medio de explotación.
5º La asociación no podría hacer trabajar por su cuenta a obreros extraños
durante más de un año; pasado este tiempo, estaría obligada a admitir en
su seno el número de trabajadores que se hubieran hecho necesarios por el
aumento de sus operaciones”.
Tanto Owen como los doctores King y Bouchez han sido llamados utó-
picos, románticos o socialistas utópicos. Como este trabajo no es un estudio
de las doctrinas sociales, no abundaremos en sus respectivas ideas sobre la
sociedad y la economía, sino que bástenos con consignar el pensamiento
que ellos desarrollaron y que posteriormente ha sido recogido o ha influido
de una u otra manera por los cooperativistas de Rochdale.
Existieron otras experiencias, mayores o menores, pero que tal vez
no influyeron en los llamados pioneros de Rochdale y que no es del caso
mencionar aquí.
2.2. El pensamiento cooperativo de Rochdale
Rochdale es un poblado inglés, situado a 17 ki1ómetros de Manchester,
que a mediados del siglo XIX tenía alrededor de 45.000 habitantes.
Como es sabido, en Rochdale, como en tantas otras ciudades de Ingla-
terra, se sintieron en todo su rigor los efectos de la Revolución Industrial,
con una secuela de injusticias, de explotación y de miseria.
COOPERATIVAS 181
En el año 1843 se produce una huelga de trabajadores textiles que
exigían una mejoría de sus salarios, huelga que es apoyada por otros
trabajadores que aportan alguna cantidad de dinero para sufragar los
gastos de dicha huelga. Sin embargo, la huelga fracasa, los trabajadores
deben retornar a su trabajo sin haber obtenido las mejoras salariales que
requerían.
Ante esta situación se plantearon diversas alternativas, entre las cuales se
consideraba la abstinencia de bebidas alcohólicas a fin de dar a la familia el
ahorro conseguido; otros, como los que formaban la agrupación denomina-
da “Cartistas”, sostenían que había de confiarse en la pronta implantación
del sufragio universal, con lo cual se haría que las leyes beneficiaran a la
mayoría, abarcando al pueblo cuya gran masa estaba constituida por los
trabajadores y sus familias; y aquellos que insistían en que, a pesar de los
fracasos sufridos por diversas asociaciones cooperativas, era éste el camino
que habría que adoptarse.
La mayoría de quienes han investigado en las fuentes de la historia de la
Cooperativa de Rochdale están contestes en que fue un discípulo de Owen,
Charles Howarth, trabajador textil, quien fue el mayor impulsor de la idea,
seguido de James Daly, James Smithies, John Hill y John Bent. Los primeros
fundadores acordaron ahorrar 2 peniques semanales, hasta juntar, por los
28 participantes, una libra esterlina por cada uno, capital que serviría para
dar comienzo a las operaciones de la institución. La cooperativa inició sus
operaciones el 2l de diciembre de 1844, en un almacén arrendado, en la calle
denominada Toad Lane (“Del Sapo”). La cooperativa siguió en continuo
crecimiento, de tal modo que en 1860 contaba con 3.450 socios y en 1942
tenía registrados más de 30.000 socios. Para 1852 existían en Inglaterra
más de cien cooperativas del tipo de la Rochdale.
Es importante subrayar que el éxito de esta cooperativa y su importancia
reside esencialmente en la formulación de los principios que determinaron
el nacimiento y el desarrollo posterior alcanzado por el cooperativismo.
Pues, como vimos anteriormente, se producen numerosos intentos de crear
y desarrollar instituciones que protegieran al trabajador, ya sea como tal o
como consumidor y trabajador a la vez, los que en general no consiguieron
su objetivo.
182 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La pregunta básica que se hicieron los trabajadores que se reunieron en
la Cooperativa de Rochdale, después del fracaso de la huelga iniciada, fue:
¿Qué podemos hacer para salvarnos de la miseria?
Por de pronto, cabe destacar por sí sola la pregunta formulada, en tal
forma, después del fracaso de la huelga. Lo propio, lo normal, hubiese sido
reflexionar en torno a los puntos que determinaron el fracaso de la huelga.
Sin embargo, los aspectos determinantes fueron destinados a buscar las
causas más allá de los simples procedimientos, es decir, en el fondo de sus
problemas. Unos opinaban que era el alcoholismo; otros, que estaba en los
problemas políticos; hay quienes señalaron incluso la posibilidad de emi-
grar, y, por último, quienes sostuvieron que la asociación de trabajadores
en empresas de su propiedad era la solución de sus males. Se pueden tomar
distintas posiciones acerca de las soluciones propuestas, pero cada una en
su nivel apuntaba a la raíz que cada cual estimaba como la decisiva, el
problema socioeconómico al cual estaban enfrentados.
Otro aspecto que llama la atención es que la pregunta se hace en plural,
teniendo en consideración que la acción que deberán emprender consistirá
en una acción colectiva. Vale decir, uno de ellos nada podrá hacer para
salvarse de la miseria, pero varios, todos o muchos de ellos, podrán hacer
algo para superar su estado de pobreza económica y espiritual.
Finalmente, llama la atención en la pregunta que se formularon los pio-
neros de Rochdale el uso del verbo hacer. Tal como lo dice Martin Buber,
en su ensayo “Caminos de Utopía”, “hacer significa hacer aquí, significa
hacer frente a la crisis con las propias fuerzas en vez de huir”. Agregamos
nosotros que hacer significa actuar, significa más que ser, porque hay que
obrar en algún sentido; significa un esfuerzo propio, que requiere disci-
plina y sacrificio; en suma, significó la decidida voluntad de cooperar y
cooperarse.
Después de resolver algunos inconvenientes para registrar los estatutos,
en razón de que se destinaban recursos a la educación de los socios, lo cual
estaba prohibido por la legislación de aquel entonces, se establecieron los
Estatutos y Fines de la Sociedad de los Equitativos Pioneros de Rochdale,
el año 1844.
COOPERATIVAS 183
Se ha discutido largamente si el estatuto estaba precedido de un mani-
fiesto que contenía un programa de acción, o si éste estaba incluido dentro
del mismo estatuto. Como éste no es un texto de historia cooperativa, nos
remitimos al texto de 1844, según la traducción francesa de Paul Lambert,
recogida en el libro “La doctrina cooperativa”.
Su texto es el siguiente:
“Estatuto y Fines de la Sociedad de los Equitativos Pioneros de Rochdale.
Rochdale, 1844, Fines.
Artículo lº. La sociedad tiene por fines y como planes tomar medidas con vistas
al interés pecuniario y al mejoramiento de las condiciones sociales y familiares
de sus miembros, reuniendo una cantidad suficiente de capitales, divididos en
participaciones de una libra cada una, a fin de poner en práctica los siguientes
proyectos:
El establecimiento de un despacho para la venta de víveres, de vestidos, etc.
Construir, comprar o edificar un número de casas destinadas a los miembros que
deseen ayudarse mutuamente, para mejorar su condición doméstica y social.
Comenzar la fabricación de aquellos productos que la sociedad juzgue conve-
nientes, para emplear a los miembros que se encuentren sin trabajo o que sufran
repetidas reducciones en sus salarios.
Para procurar a los miembros de esta sociedad un aumento de beneficio y de
seguridad, la sociedad comprará o tomará en arrendamiento una o varias tierras,
que serán cultivadas por los miembros que se encuentren sin empleo o cuyo
trabajo esté mal remunerado.
Desde el momento en que sea posible, esta sociedad emprenderá la organiza-
ción de las fuerzas de la producción, de la distribución, de la educación y del
gobierno, o, dicho en otras palabras, el establecimiento de una colonia que se
baste a sí misma y en la que se unirán los intereses, o bien prestará ayuda a
otras sociedades para establecer colonias de esa clase.
Para desarrollar la sobriedad, se abrirá una sala de templanza tan pronto como
se crea conveniente, en una de las casas de la sociedad”.
Los principios mismos fueron quedando claramente establecidos en el
texto adoptado en 1844, en las enmiendas de 1845 y en la Asamblea General
de Socios de 23 de octubre de 1854.
184 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Reproduciremos a continuación los textos originales que se relacionan
con los diferentes principios:
Control democrático: 1844: “El gobierno de esta sociedad será atribuido a un
presidente, un tesorero y un secretario, a tres administradores y cinco directores;
el presidente, el secretario, el tesorero y los administradores serán elegidos por
la asamblea general que tiene lugar en enero; los directores serán elegidos por
la asamblea general de julio; todos ellos serán reelegibles pero si, como con-
secuencia de defunción, de división o de otra causa, se produjera una vacante
entre los administradores u otros directores de esta sociedad, se convocará a
una asamblea general extraordinaria, a la que corresponderá elegir otro u otros,
para suplir tal o tales vacantes”.
1845: “El primero y tercer lunes de cada mes, por la noche, se celebrarán asam-
bleas generales de los miembros, que comenzarán sus trabajos a las ocho; entre
ellos estarán comprendidas las cuatro asambleas generales trimestrales. Las
tareas de estas asambleas consistirán en la explicación de los principios, fines
y estatutos de la sociedad, en la discusión de los negocios y en la sugerencia
de mejoras dirigidas a los funcionarios y directores.
Los miembros presentes a las asambleas trimestrales y anuales tendrán cada
uno un voto, y no más, para decidir en cualquier cuestión”.
Libre adhesión: 1844: “Cualquier persona que desee llegar a ser miembro de
la sociedad será propuesta y apoyada por dos miembros en una reunión de los
directivos y de los directores…
Si un miembro desea retirarse de la sociedad, deberá notificar su intención a los
directores con un mes de anticipación; a la expiración de este plazo el miembro
será libre para retirarse de la sociedad, aunque esta libertad puede ser suspendida
hasta la reunión siguiente del Consejo, pero no por más tiempo”.
1845:… “En estas asambleas serán propuestas las personas que, presentadas
por dos miembros, quieran llegar a ser miembros también. Una persona pre-
sentada y propuesta a una asamblea general puede ser admitida en calidad de
miembro en la próxima (asamblea), si es aprobada por la mayoría de miembros
presentes en aquel momento.
Compra y venta al contado: 1844: Nadie estará autorizado a comprar cualquier
cosa por cuenta de la sociedad, a excepción de aquellos que están regularmente
designados por los directivos o por los miembros; y los dirigentes no deberán
COOPERATIVAS 185
en ningún caso, ni bajo ningún pretexto, comprar mercancías si no es al con-
tado, y tampoco estarán autorizados para vender una o varias mercancías si no
es por dinero al contado. Todo directivo que actúe contrariamente a esta regla
será castigado con una multa…
Interés limitado y retorno de excedentes: 1844: En cada asamblea general
trimestral, los directivos, en su informe financiero, publicarán el importe de
los beneficios realizados por la sociedad durante el trimestre precedente, el
cual será repartido como sigue: un interés del 3,5% anual se pagará a todas
las participaciones liberadas antes del principio del trimestre; los beneficios
restantes se pagarán a cada miembro en proporción al importe gastado en la
despensa.
1845: El importe de interés será de cinco libras por cien al año, en lugar de
tres y media.
1854: Cada miembro recibirá de los excedentes de los ingresos de la sociedad,
una vez pagados los gastos, un interés según un tipo que no sobrepase el 5%
anual, sobre el importe liberado de sus participaciones…
Los beneficios netos de cualquier comercio que ejerza dicha sociedad, que
no sea el comercio al por mayor que se mencionará, después de haber pagado
o previsto los gastos de administración, el interés de los capitales recibidos
en préstamo, la reducción lógica del valor de las mercancías en existencia y,
como se ha dicho más arriba, los intereses al capital suscrito, se aplicarán (los
beneficios netos) periódicamente y por indicación de las asambleas trimestrales
ordinarias, o bien a aumentar el capital o los negocios de la sociedad, o bien
a un fin de previsión, autorizado por las leyes en vigor que rigen las socieda-
des mutualistas; la cantidad que reste, menos un 2,5%, se repartirá entre los
miembros de ]a sociedad a prorrata del importe de sus compras en la despensa
durante el trimestre.
Educación cooperativa: 1854: Debe constituirse un fondo separado y distinto
para el perfeccionamiento intelectual de los miembros y de la parte de su familia
que está a su cargo, para el mantenimiento de la biblioteca ya establecida y para
la creación de otros medios de instrucción que puedan considerarse deseables. El
fondo destinado a ello se constituirá por una deducción fijada en el tipo de 2,5%
anual de los beneficios y por la acumulación de todas las multas percibidas por
infracciones a estos estatutos. La gestión de este fondo se confiará a un comité
de once miembros designados para este fin en la asamblea anual; cualquier baja
que se pueda producir en sus filas se cubrirá en la asamblea trimestral.
186 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Irrepartibilidad entre los socios del activo neto: 1854: A la disolución de la
sociedad todo el activo se utilizará, en primer lugar, para el pago de todas las
deudas nacidas a lo largo de las operaciones ejecutadas por su cuenta, y en se-
gundo lugar se aplicarán al reembolso de los capitales recibidos como préstamo
conforme a las disposiciones que preceden y de todos los atrasos de intereses
conforme a las respectivas prioridades, y, en último lugar, al reembolso de todas
las cantidades adelantadas para suscripciones, como queda dicho, y el exceso
del activo se utilizará por los administradores de aquel momento en los fines
caritativos o públicos que crean convenientes”.
Como se puede ver de lo precedentemente transcrito, los fundadores de
la Cooperativa de Rochdale se propusieron un programa claramente defi-
nido, que se puede sintetizar en tres etapas. La primera de ellas consiste en
la organización de la cooperativa de consumo. La segunda, que se piensa
alcanzar en forma rápida, es la cooperativa de producción, la construcción
de habitaciones para sus miembros, la producción en común de mercancías
y el cultivo de tierras comunales para aquellos miembros desocupados. “Tan
pronto como se pueda –añadieron a continuación de su programa–, la so-
ciedad procederá a ordenar las fuerzas de la producción, de la distribución,
de la instrucción y del gobierno”. En suma, se trataba de reorganizar todo
el sistema económico y social en el cual estaban insertos los equitativos
pioneros de Rochdale. No cabe duda, y así lo han entendido los principales
historiadores y analistas de la Cooperativa de Rochdale, que su propósito
era integral, en el sentido de solucionar de raíz la crisis socioeconómica
que estaban viviendo y dar, también, una respuesta integral a la pregunta
que se habían formulado acerca de qué hacer para salvarse de la miseria.
Ahora bien, esta idea no se encerraba en sí misma, sino que se expandiría
en beneficio de todos, constituyendo el principio del federacionismo co-
operativo, que se encuentra señalado al declarar que se “prestará ayuda a
otras sociedades para establecer colonias de esa clase”.
Es difícil sustraerse a la admiración que causa este enorme programa de
naturaleza socioeconómica, expresado tan sistemáticamente y con reglas
tan precisas y claras como los principios ya enunciados varios años antes
del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, y cuyo objetivo sustancial era
el trabajo mancomunado entre un puñado de modestos trabajadores, para
salvarse de la miseria, sin recurrir a la violencia ni a mesianismos humanos
o colectivos de ninguna clase, sino tan sólo a la propia fuerza de consumo
y trabajo de quienes libremente desearan colaborar en forma democrática.
COOPERATIVAS 187
Ciertamente que el contenido moral implícito en esta iniciativa ha sido,
es y será un punto difícil de aceptar para todos, a diferencia de aquellos
sistemas económicos y sociales cuyo principio fundamental se basa en el
provecho personal o colectivo, sin limitaciones de ninguna especie.
Varias otras actividades emprendió la Cooperativa de Rochdale, con
bastante éxito, sin perjuicio de los difíciles problemas que tuvieron que
afrontar.
Es así como en 1850 organizaron una escuela para niños, la que obtuvo
un fuerte apoyo con la reforma a los estatutos que se materializó en 1854,
al destinarse parte de los excedentes a fines de educación, con lo cual se
permitió remunerar a los profesores. En 1855 se instaló una escuela de
educación de adultos.
También en 1850 se iniciaron las actividades de la “Rochdale District
Corn Mill Society”, para proporcionar a los socios harina pura y a precios
más baratos. El éxito de esta empresa se debe en particular a Abraham
Greenwood, a quien se verá más adelante como presidente de una federa-
ción de cooperativas.
En 1854, con el carácter de cooperativa de producción textil, se organizó
una fábrica de 98 telares, en base a algodón importado desde los Estados
Unidos.
En 1860 se constituyó la sociedad de socorros para casos de enfermedad
y en 1887 se entregaron las 37 primeras viviendas para los socios de la
Cooperativa de Rochdale.
Sin embargo, a pesar de que todas estas iniciativas iban marcando paso
a paso el cumplimiento de los fines de la Cooperativa de Rochdale, no cabe
duda que lo más importante fue la organización de una cooperativa de coo-
perativas, como lo fue la “Cooperativa Wholsale Society”, también conocida
como Almacén al por mayor de Manchester. En efecto, en 1860, después de
intentar en diversas formas la creación de un almacén al por mayor, se inició
el estudio de la creación de una cooperativa de cooperativas, la que tuvo que
vencer muchos problemas, incluyendo uno de orden legal, consistente en
que las sociedades en general no podían invertir en otras sociedades, hasta
188 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
que el 11 de agosto de 1863 se constituyó la mencionada cooperativa, con
el amplio apoyo de la Cooperativa de Rochdale y otras 49 cooperativas más.
Al comienzo, la Wholsale comenzó siendo simplemente un comisionista,
hasta que logró una expansión sin precedentes fundamentalmente bajo la
guía de J. T. W. Mitchell, quien desde 1853 era socio de la Cooperativa de
Rochdale. Este dirigente fue el principal propulsor y organizador del poderío
comercial e industrial del movimiento cooperativo inglés y defensor teórico
y práctico de que la producción debe estar en manos y bajo el control de
los consumidores asociados en las cooperativas.
2.3. La doctrina cooperativa después de Rochadle
Con posterioridad al éxito de la Cooperativa de Rochdale, el movimiento
se expandió rápidamente por Inglaterra, Francia, Suiza y el resto de Europa.
Desde allí se traspasa a Estados Unidos, Canadá, América Central y del Sur,
sin perjuicio de difundirse en Asia, África y Oceanía.
Dentro de esta expansión, es importante destacar algunos hechos que
han tenido influencia posterior.
a) La escuela de Nimes es uno de los grupos que se desarrollaron con
gran empuje, principalmente en el terreno teórico. Esta escuela tuvo su
principal exponente en Charles Gide, quien escribió numerosos artículos en
el periódico La Emancipación, órgano de diversas agrupaciones obreras y
del Centro Regional Cooperativo del Mediodía francés. Este periódico fue
incorporado en 1921 a la Revista de Estudios Cooperativos que editaron
Charles Gide y Bernard Lavergne. Dentro del terreno práctico se constituyó
la “Unión Cooperativa de las Sociedades Francesas de Consumo”, especie
de federación de cooperativas de consumo francesas. El pensamiento de
Gide y de Lavergne es de gran importancia dentro del desarrollo de las
doctrinas cooperativas, por sus ideas sobre la soberanía del consumidor y
de las cooperativas públicas.
b) La Alianza Cooperativa Internacional. Con seguridad este es el ór-
gano más relevante creado en el plano doctrinal del sistema cooperativo
mundial.
Esta institución nació en Londres en 1895, al reunirse el Primer Congre-
so Cooperativo Internacional, el que habría estado precedido por diversas
COOPERATIVAS 189
entrevistas entre los cooperativistas de diversos países con ocasión de otros
congresos nacionales, especialmente entre Charles Gide y E. de Bayve,
ambos de nacionalidad francesa, y un grupo de social cristianos ingleses,
entre los cuales sobresale el nombre de E. Vansittart Noale.
Al comienzo podían ser socios de la Alianza Cooperativa Internacional
las cooperativas y las personas naturales que se destacaran en el movimiento
cooperativo, quedando restringida la asociación a este organismo, a partir
del Congreso de Basilea en 1921, sólo a las cooperativas.
Los propósitos de esta organización son: 1º Fijar y propagar los princi-
pios y los métodos caoperativos; 2º El desarrollo de la cooperación en todos
los países; 3º Mantener relaciones amistosas entre todos los miembros de
la ACI; 4º Salvaguardar los intereses del movimiento cooperativo y de los
consumidores en general; 5º Informar sobre el movimiento cooperativo y
apoyar los estudios sobre la cooperación, y 6º Desarrollar las relaciones co-
merciales entre las organizaciones cooperativas de los diferentes países.
Respecto del objetivo señalado en el Nº 1, esto es, fijar y propagar los
principios y los métodos cooperativos, son de grsn importancia el Congreso
de París, de 1937, y el Congreso de Viena, de 1966, los cuales establecieron
en forma precisa los principios cooperativos.
Según el Congreso de París, el carécter cooperativo de una sociedad se
advierte si acepta los siguientes cuatro principios:
1º Adhesión libre;
2º Control democrático;
3º Distribución a los socios de los excedentes a prorrata de sus com-
pras;
4º Interés limitado al capital.
Además se reconoció que si bien formaban parte también del sistema de
Rochdale los siguientes principios, éstos no eran necesarios incorporarlos al
estatuto de cada institución para poder pertenecer a la Alianza Cooperativa
Internacional;
5º Neutralidad política y religiosa;
190 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
6º Venta al contado;
7º Fomento a 1a educación.
El Vigésimo Tercer Congreso de la Alianza Cooperativa Internacio-
nal, celebrado en Viena, del 5 al 8 de septiembre de 1968, reestructuró
los enunciados antes expresados, en seis grandes principios que son los
siguientes:
1º Adhesión libre;
2º Control democrático;
3º Distribución a los socios de los excedentes a prorrata de sus com-
pras;
4º. Interés limitado al capital;
5º Fomento a la educación;
6º Integración cooperativa.
Como se puede apreciar, el Congreso de Viena sustituyó uno de los prin-
cipios formulados en el Congreso de París, por el principio de integración o
colaboración con las demás cooperativas, dentro del ámbito local, nacional
e internacional.
De este modo, para que una cooperativa pueda participar en la Alianza
Cooperativa Internacional debe adherir sin restricciones a los principios
farmulados.
c) Existen numerosos centros universitarios, en diversos países del mun-
do, que han establecido Escuelas Universitarias o Institutos de Investigación
que han realizando interesantes aportes en el campo del cooperativismo.
Cabe destacar de entre ellos la Universidad de Lovaina, la Universidad
de Sherbrooke y la Universidad de Münster.
d) El número de tratadistas, en especial europeos y norteamericanos, que
han efectuado trabajos relacionados con el cooperativismo es verdaderamen-
te importante, todos los cuales han ejercido una activa labor en el desarrollo
de la doctrina cooperativa. Citaremos, entre otros, a Paul Lambert, Bernard
COOPERATIVAS 191
Lavergne, André Hirschfeld, Juan Gascón Hernández, Rudolf Rezsohazy,
G. D. H. Cole, Albert Thomas, Edgard Milhaud.
e) También es importante mencionar, al menos, a diversas personalidades
que han desarrollado vigorosamente, en sus respectivos países, diversos
sistemas cooperativos:
Hermann Schultze-Delitzch (1808-1883), quien fomentó asociaciones
de crédito de carácter popular.
Friedrich Wilhelm Raiffeisen (1818-1888), quien creó entidades de
ahorro y crédito en sectores rurales.
Wilhelm Hass (1839-1913), desarrolló asociaciones agrícolas de apro-
visionamiento colectivo y de crédito y lecherías colectivas.
Victor Aimé Huber (1800-1869), quien ejerció fuerte influencia sobre
los cooperativistas alemanes y belgas, explicitando claramente las ideas de
la cooperación frente a la competencia.
León Walras (1834-1910), teórico de la cooperación.
Alphonse Desjardins (1854-1920), creador de las Cajas Populares de
Ahorro y Crédito de Quebec, en Canadá.
Dado que este libro no tiene el propósito de dar una visión de las expe-
riencias desarrolladas por todas estas personas, sólo nos hemos limitado
a dar nombres y sus obras, las que han influido considerablemente en el
desarrollo de cooperativas en el mundo.
Sin duda, después de la Primera Guerra Mundial ha habido en todos
los continentes importantes experiencias y grupos de personas que han
incrementado el movimiento cooperativo y han hecho aportes decisivos a
la doctrina, cuya lista sería larga de señalar.
Más adelante, al hacer el análisis de la legislación, y considerando el
hecho de que la ley chilena recoge en el artículo lº los principales princi-
pios reseñados, nos detendremos en profundidad en el comentario que nos
merecen éstos.
192 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
3. LA JURISPRUDENCIA COMO FUENTE DEL DERECHO COOPERATIVO
Se entiende por jurisprudencia el conjunto de principios generales
emanados de los fallos uniformes de los Tribunales de Justicia, para la
interpretación y aplicación de las normas jurídicas.
El mismo concepto se puede aplicar a los dictámenes emitidos, igual-
mente de manera uniforme, por organismos de carácter administrativo.
En nuestro país estos últimos, para los fines del nacimiento e institucio-
nalización del Derecho Cooperativo, tienen tanta o más importancia que
la jurisprudencia judicial. En efecto, existen diversos organismos adminis-
trativos del Estado con facultad de interpretar la ley, cuyos dictámenes han
influido decisivamente en el Derecho Cooperativo, tales como la Contraloría
General de la República, el Departamento de Cooperativas, la Dirección del
Trabajo, la Superintendencia de Seguridad Social y el Servicio de Impnestos
Internos.
3.1. La Jurisprudencia judicial
En conformidad al artículo 1º del Código Orgánico de Tribunales, la
facultad de conocer las causas civiles y criminales, de juzgarlas y de hacer
ejecutar lo juzgado pertenece exclusivamente a los tribunales de justicia.
Los tribunales tienen presente generalmente lo que se ha decidido en casos
similares o iguales y muy en especial, lo que han decidido los de mayor
jerarquía, de tal modo que por esta vía se va creando la jurisprudencia ju-
dicial, a pesar de que las sentencias judiciales no tienen fuerza obligatoria
sino respecto de las causas en que actualmente se pronunciaren, según lo
dispone el articulo 3º del Código Civil.
Los fallos judiciales en nuestro país se publican en la Revista de De-
recho y Jurisprudencia y Gaceta de los Tribunales, fundada en 1903, que
constituye un órgano oficial del Poder Judicial y del Colegio de Abogados.
Además existen otras formas de publicación de los fallos judiciales, sea en
Internet o en Revistas especializadas.
Hoy en día se acepta ampliamente que la sentencia judicial es una norma
jurídica individual, consistente en la concreción de una norma jurldica de
COOPERATIVAS 193
carácter general o abstracta; es decir, el proceso de creación jurídica que se
inicia al dictarse la ley continúa en la aplicación de dicha norma general a
un caso particular. Es por ello que puede concluirse afirmando que la juris-
prudencia, en su acepción de normas jurídicas individuales emanadas de
las sentencias pronunciadas por los Tribunales de Justicia, constituye una
fuente formal del derecho76.
Examinaremos alguna jurisprudencia pronunciada por la Corte Supre-
ma y algunas Cortes de Apelaciones, a fin de señalar la importancia y los
alcances de esta fuente del Derecho Cooperativo.
I. Sentencia dictada por la Corte Suprema con fecha 22 de abril de 198777,
confirmando la sentencia de la Corte de Apelaciones de Santiago, en el
recurso de protección interpuesto por la Cooperativa Agrícola Vitivinícola
de Curicó, en contra de la resolución dictada por la jefa del Departamento
de Coopertivas, mediante la cual determinó que ciertos acuerdos adoptados
por la junta general de socios habían infringido los artículos 17 Nº 1 de la
Ley de la Renta y el Nº 2 del artículo 41 de la misma ley, ya que en mérito
de dichas disposiciones, el valor neto inicial en el ejercicio respectivo de los
bienes del activo inmovilizado, se debe reajustar sólo en el mismo porcen-
taje de variación experimentado por el índice de precios al consumidor, en
el período comprendido entre el último día del mes anterior al del balance.
Que el conjunto de operaciones referidas en la parte expositiva de la sen-
tencia importan una revalorización extraordinaria de los bienes del activo
inmovilizado, más allá del reajuste autorizado por las referidas disposiciones
legales. Tales operaciones efectuadas por la cooperativa y una sociedad
anónima filial de aquélla, consistieron en una venta de ciertos inmuebles y
posteriormente una dación en pago de los mismos a la cooperativa. La Corte
determinó que tales operaciones no constituyen revalorizaciones de activos
y no están prohibidas por la ley, por la moral, el orden público o la seguridad
nacional; toda prohibición u objeción que las afecte, debe considerarse un
acto ilegal susceptible de ser sancionado por la vía de este recurso (recurso
de protección), por infringir el artículo 19 Nº 21 de la Constitución que
asegura la libertad de adquirir el dominio de toda clase de bienes. Asimis-
mo, como la adquisición del inmueble mediante la dación en pago ha sido
76 PACHECO, Máximo. Introducción al Derecho. Editorial Jurídica de Chile. 1976.
77 LegalPublishing Nº 10095.
194 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
objetada por el oficio del Departamento de Cooperativas, el acto perturba
también el artículo 19 Nº 23 de la Constitución que asegura la libertad de
adquirir el dominio de toda clase de bienes. Asimismo, la acción del De-
partamento de Cooperativas ha amenazado la facultad que la cooperativa
tiene para disponer de sus bienes, consagrada por el artículo 19 Nº 24 de la
Constitución, pues como la venta y enajenación de los bienes en estudio no
está sujeta a limitación constitucional o legal, no podían objetarse acuerdos
destinados a tales finalidades. Las perturbaciones a las garantías constitu-
cionales aludidas, conforme al parecer de la Corte, son más evidentes si se
considera que, mediante el oficio impugnado, el Departamento recurrido
obliga a la cooperativa a la confección de un balance que no incluya los
valores reales de las operaciones lícitas que se han mencionado, lo cual es
evidentemente irregular y contradice resoluciones del propio Departamento
de Cooperativas. La sentencia fue apelada ante la Corte Suprema, la cual
la confirmó por mayoría de votos.
II. Sentencia dictada por la Primera Sala de la Corte Suprema de Justi-
cia, de fecha 19 de enero de 1988, mediante la cual se desecha un recurso
de casación en el fondo contra la sentencia de la Corte de Apelaciones de
Temuco, que a su vez confirmó la sentencia de primera instancia.78
En dicha sentencia la Corte procede a reconocer la legalidad de la emisión
de libretas “al portador” por una cooperativa de consumo, dejando expresa
constancia que tal cooperativa no responde si otra persona se presenta con
ella a retirar mercaderías.
En este caso se trata de una persona que, tomando el lugar de tres dis-
tintos socios, procedió a retirar diversas mercaderías de tres sucursales de
una cooperativa de consumo, lo que fue calificado como delito reiterado de
estafa, en conformidad a los artículos 468 y 467 Nº 2 del Código Penal.
III. Sentencia dictada por la Primera Sala de la Corte Suprema de Justicia,
con fecha 17 de julio de 1975, mediante la cual se da lugar a un recurso
de casación en el fondo y se dicta sentencia de reemplazo en el Reclamo
Nº ll.224 que la Cooperativa Sodimac Ltda. interpuso en contra del Servicio
de Impuestos Internos.
78 Rol Nº 16.689, publicada en la Revista Fallos del Mes, año IX, Nº llO, p. 354.
COOPERATIVAS 195
La mencionada cooperativa sostenía que las operaciones que realizaba
con terceros, es decir, con personas que no sean socios, respecto de los ex-
cedentes producidos no estaban afectos al impuesto a la renta, por cuanto
el inciso lº del articulo 48 de la Ley General de Cooperativas establecía
una excepción general, sin distingos de ninguna especie, “que para todos
los efectos legales se estimará que las cooperativas, las federaciones, unio-
nes, confederaciones y sociedades auxiliares de cooperativas no obtienen
utilidades, salvo para los efectos de lo dispuesto en los artículos 146 a 151
y 405 a 409 del Código del Trabajo”, y en que el Servicio de Impuestos
Internos argumentaba que, de acuerdo con la Ley de Cooperativas y con
la Ley de Impuesto a la Renta, los preceptos de esta última son aplicables
a los excedentes resultantes de operaciones con no socios, realizadas por
las cooperativas de consumo y de servicio, puesto que el inciso final del
artículo 55 de la Ley General de Cooperativas así lo disponía, al prescribir
que esas entidades “deberán pagar todos los impuestos establecidos por las
leyes respecto de las operaciones que, constituyendo su finalidad específi-
ca, efectúen con personas que no sean socios, y a su producido, debiendo
consignar en sus declaraciones de impuesto las informaciones necesarias
para establecer las proporciones conespondientes”.
La Corte estimó que, en conformidad a la ley, deben entenderse por “renta
los ingresos que constituyen utilidades o beneficios que rinda periódica-
mente una cosa o actividad y todos los beneficios, utilidades o incrementos
de patrimonio que se perciban o devenguen, cualquiera que sea su origen,
naturaleza o denominación”, de donde resulta erróneo identificar la noción
legal de ‘renta’ exclusivamente al concepto de utilidades o de beneficios,
pues ella comprende todos los incrementos de patrimonio” que se perciban
o se devenguen, sin que distinga la ley sobre su origen, su naturaleza o su
denominación, y ninguna duda cabe que los excedentes que arroje el balance
anual de las operaciones ejecutadas por la cooperativa con personas que no
son socios, como de cualquiera otra cooperativa de consumo –atendido lo
que disponía el último inciso del artículo 49 de la Ley General de Coope-
rativas–, incrementan el patrimonio de aquélla, por así ordenarlo expresa-
mente el inciso lº del artículo 114 de la citada ley, al establecer que “en las
cooperativas de consumo los excedentes producidos por las operaciones
con personas que no sean socios podrán ser reconocidos en favor de éstas,
siempre que ingresen a la cooperativa dentro de seis meses de aprobado el
respectivo balance. En caso contrario, incrementarán la reserva legal”.
196 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La sentencia consideró que al declarar la Corte de Apelaciones que el
producto o renta derivado de las operaciones de Sodimac como cooperativa
de consumo, con terceros que no sean socios, no está afecto al impuesto de
primera categoría de la Ley de la Renta, ha infringido el artículo 55, inciso
final de la Ley General de Cooperativas, el inciso lº del artículo 48 de la mis-
ma ley y diversas disposiciones de la Ley de la Renta y del Código Civil.
Como consecuencia de lo expuesto, el fallo hace un análisis profundo
del artículo 55 de la Ley de Cooperativas, hoy en día artículo 49.
La sentencia de reemplazo dictada por la Corte Suprema observa que
el artículo 55 dispone que “sin perjuicio de las exenciones especiales que
contempla el decreto con fuerza de ley, las cooperativas estarán exentas de
los siguientes gravámenes…” y luego los enuncia en sus letras a), b) y c),
para en seguida agregar en su inciso final: “Las cooperativas de consumo
y las de servicio deberán pagar todos los impuestos establecidos por las
leyes respecto de las operaciones que, constituyendo su finalidad específi-
ca, efectúen con personas que no sean socios, y a su producido, debiendo
consignar en sus declaradones de impuesto las informaciones necesarias
para establecer las proporciones correspondientes”. La Corte señala que del
tenor literal de dicho precepto se desprende que contiene dos partes bien
distintas: la primera, relativa a las cooperativas sin más, las que no tienen
una categoría específica, para las cuales se contemplan las exenciones tri-
butarias de las letras a), b) y c) ; la segunda, pertinente a las cooperativas
de consumo y las de servicio en los actos que efectúen con personas que
no sean socios y también afectas a “todos los impuestos establecidos por
las leyes”, Añade la sentencia, haciendo suya la tesis fiscal, que el vocablo
“producido” debe entenderse en el lenguaje usual como “producto”, dos de
cuyas acepciones son “cosa producida” y también “caudal que se obtiene
de una cosa que se vende o el que ella reditúa”, es decir, sin duda alguna,
la renta que derive de los actos de tales cooperativas con terceros que no
sean socios, ya que el concepto “renta” comprende cualquier incremento
de patrimonio que se perciba o devengue y cualquiera sea su naturaleza,
origen o denominación.
A continuación la sentencia examina el concepto implícito en la expresión
“todos los impuestos”, concluyendo, después de un análisis del significado
de la palabra “todos”, que en tal expresión se encuentra la idea de compren-
COOPERATIVAS 197
der, sin exclusión alguna, los impuestos previstos en las leyes nacionales
para tales actos y su producido, incluso, por cierto, el impuesto interno más
importante contemplado en la ley chilena, como es el de la renta.
Se señala que a la sentencia recurrida, para revocar el Fallo de primera
instancia, sólo le bastó con invocar y aplicar el inciso 1º del nrtículo 48 de
la Ley de Cooperativas, sin armonizar tal precepto con el inciso final del
artículo 55 de la misma ley, quebrantando el inciso 1º del artículo 22 de
Código Civil. También se indica que se infringió el artículo 13 del Código
Civil, al no reparar la sentencia de segunda instancia que ese último inciso del
artículo 55 contempla una regla especial diversa dada para cierta categoría
de cooperativas, las de consumo y las de servicio, en relación con ciertos
actos y su producido celebrados por las mismas, desatendiendo la norma
de especialidad prevista en el citado artículo del Código Civil.
La sentencia de la Corte Suprema realiza un extenso análisis del artículo
55 de la Ley General de Cooperativas, precisando que en el primer inciso
se expresa que sin perjuicio de las exenciones especiales que contempla el
presente decreto con fuerza de ley (DRRA Nº 20, de 1963), las cooperativas
estarán exentas de algunos gravámenes, ya sea parcialmente o en su totalidad,
liberándolas en la letra a) del 50% de todas las contribuciones, impuestos, tasas
y demás gravámenes en favor del Fisco, con ciertas salvedades con relación al
impuesto a las compraventas, al que todas las cooperativas quedan afectas por
disponerlo así esa misma norma de la letra a); la letra b) declara exentas asi-
mismo a todas las cooperativas de la totalidad de los impuestos contemplados
en la Ley de Timbres, Estampillas y Papel Sellado, en todos los actos relativos
a su constitución, registro, funcionamiento interno y actuaciones judiciales, y
la letra c) exime también a todas las cooperativas, sin distinción, del 50% de
todas las contribuciones, derechos, impuestos y patentes municipales, salvo
los que se refieren a la elaboración de bebidas alcohólicas y tabaco. Agrega
dicho análisis que en el 2º y último inciso de este mismo artículo 55, que
está ubicado en el Título VIII de la Ley de Cooperativas, denominado “De
los prlvilegios y exenciones”, se expresa textualmente: “Las cooperativas de
consumo y las de servicio deberán pagar todos los impuestos establecidos por
las leyes respecto de las operaciones que, constituyendo su finalidad especí-
fica, efectúen con personas que no sean socios, y a su producido, debiendo
consignar en sus declaraciones de impuesto las informaciones necesarias para
establecer las proporciones correspondientes”.
198 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Concluye el fallo que la claridad de la norma impositiva, que aparece del
explícito tenor literal del precepto antes transcrito, no deja duda alguna en
cuanto al sentido de ese mandato legal en orden a que las cooperativas de
consumo y de servicio –no las demás– deberán pagar todos los impuestos
establecidos por las leyes –todas las leyes– respecto de las operaciones que,
aunque sean de las concernientes a su propia finalidad de carácter social,
realicen con personas que no sean socios, y al “producido” o “producto” de
las referidas operaciones, o lo que es lo mismo, sobre la “renta” que de tales
actos obtengan las cooperativas de consumo, como lo es Sodimac Ltda.,
entendiendo como tal renta el “incremento de patrimonio” que importan los
excedentes que arroje el balance de las operaciones ejecutadas por dicha
cooperativa con personas que no sean socios.
El fallo se extiende en el análisis del artículo 33 Nº 8 de la Ley de la Renta,
que declara exentos del impuesto de la primera categoría “los remanentes
obtenidos por las cooperativas que se califiquen de excedentes exentos, de
acuerdo con la legislación vigente”, como quiera que este precepto permite
inferir con claridad que para la legislación en vigor sobre cooperativas hay
excedentes exentos y otros que no tienen tal carácter, y ello porque del
examen que se ha hecho en la sentencia de la Ley General de Cooperativas,
los excedentes que arrojan los balances anuales de las operaciones y su
producido o producto de la cooperativa de consumo con personas que no
sean socios, no son excedentes exentos, por hallarse afectos al impuesto a
la renta de primera categoría, a la época de dicha sentencia, o a la tercera
categoría durante la vigencia de la ley Nº 8.419, teniendo –por la inversa–
tal calidad los excedentes que resultan de las operaciones, y su producido,
que ejecuta la cooperativa con los socios.
V. Sentencia de la Corte Suprema de 30 de julio de 200779, en la cual se
establece que la Ley General de Cooperativas señala expresamente en su
artículo 15 que la pérdida de la calidad de socio y las prestaciones mutuas
a que haya lugar por esta causa se regirán por los estatutos. Si se ha acre-
ditado que el procedimiento seguido por la institución para excluir al socio
fue el que sus estatutos prescriben para ello tanto en su texto actual como
en el que le antecedió, y la Cooperativa recurrida ha actuado a través de su
79 Rol Nº 2.442-2007. Recurso de protección, confirmando sentencia de la Corte de Ape-
laciones de Valdivia. Hay dos votos disidentes. LegalPublishing Nº 36897.
COOPERATIVAS 199
organismo legalmente competente y ceñida a la ley y a sus propios estatutos
para acordar la exclusión del recurrente, luego de comprobada la falta de
éste, no hay acto ilegal ni arbitrario alguno que pueda imputársele.
VI. Sentencia de la Corte de Apelaciones de La Serena, de 24 de septiem-
bre de 1981, mediante la cual se acoge un reclamo de ilegalidad causado
por un decreto alcaldicio, del alcalde de la I. Municipalidad de La Serena,
interpuesto por la Cooperativa Agrícola Control Pisquero de Elqui Ltda.
En este caso, la cooperativa mencionada reclamó en contra de los actos
y omisiones que se contenían en un oficio y decreto alcaldicio dictado en
conformidad a lo dispuesto en el artículo 5º transitorio del DL Nº 1.289.
Señalaba la cooperativa reclamante que el artículo 27 del DL Nº 3.063,
de 1979, Ley de Rentas Municipales, dispone que “sólo están exentas del
pago de la contribución de patente municipal las personas o entidades que
realicen acciones de beneficencia, de culto religioso, de promoción de
intereses comunitarios, de difusión cultural, artística o deportiva y, en ge-
neral, las que por sus objetivos propios no persigan fines de lucro”. Decía
seguidamente que la Ley de Cooperativas, de acuerdo al texto dictado por
el decreto Nº 502, de 1978, en su primera disposición prescribe que las
cooperativas son personas jurídicas que no persiguen fines de lucro, y con-
forme a ello todo estatuto de cooperativas y toda entidad cooperativa regida
por dicho cuerpo legal no puede ni debe perseguir fines de lucro. Agregaba
que la Cooperativa Control Pisquero cumplía en dicho año medio siglo de
existencia, que cuenta con un estatuto y una acción permanente exentos de
todo fin lucrativo y, por tanto, le es plenamente aplicable lo dispuesto en
el mencionado artículo 27 del DL Nº 3.063. Se consultó además la opinión
del señor Contralor General de la República, que en Dictamen Nº 020975
concluyó que tanto las cooperativas como las organizacianes comunitarias,
por ser entidades que no persiguen fines dc lucro, se encuentran beneficiadas
por la exención total del pago de contribución de patente municipal. Sin em-
bargo, consultado posteriormente el Subdepartamento de Municipalidades
de la misma Contraloría, por Oficio Nº 05569 de 1981, se ha llegado a una
conclusión diferente. Ello se habría producido porque entre las fechas de
ambas opiniones medió la dictación del reglamento Nº 484, publicado en
el Diario Oficial de 1º de agosto de 1980, en cuyo artículo 15 se señala que
“las personas o entidades que no persiguen fines de lucro están exentas del
pago de patente municipal en la medida que desarrollen acciones gratuitas
200 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
de beneficencia, de culto religioso, de promoción de intereses comunitarios,
de difusión cultural, artística o deportiva u otros similares. No regirá esta
exención si se ejercen de hecho, en forma exclusiva o complementaria,
cualesquiera acciones que constituyan actividad gravada, tales como de
producción o de intermediación de bienes, de prestación de servicios, etc.,
para transferirlos y otorgarlos a título oneroso. En esos casos, para los efec-
tos del cálculo de la patente municipal, se tendrá por capital propio aquel
destinado a la actividad gravada en la proporción que corresponda. No
obstante, no quedarán afectas al pago de patente las personas o entidades
aludidas en esta disposición, que ejerciendo la actividad a que se refiere el
inciso anterior, inviertan la totalidad de los beneficios que obtengan en sus
fines propios”.
La cooperativa advierte que tal disposición excedía lo dispuesto en el
artículo 27 del DL Nº 3.063 y argumenta extensamente en tal sentido.
La Municipalidad, responde sobre la base del oficio ya citado y, ha-
ciendo una interpretación del artículo 23 de la Ley de Rentas Municipales,
señala que tal precepto prescribe que “el ejercicio de toda profesión, oficio,
industria, comercio, arte o cualquier otra actividad lucrativa secundaria o
terciaria, sea cual fuere su naturaleza o denominación, está sujeta a una
contribución de patente municipal, con arreglo a las disposiciones de la
presente ley. Asimismo, quedarán gravadas con esa tributación municipal
las actividades primarias extractivas, en los casos de explotaciones en
que medie algún proceso de elaboración de productos, aunque se trate de
los exclusivamente provenientes del respectivo fundo rústico, tales como
aserraderos de madera, y cuando los productos que se obtengan de esta
clase de actividades primarias se vendan directamente por los productores,
en locales, puestos, quioscos o en cualquiera otra forma que permita ser
expedido también directamente al público, no obstante que se realice en el
mismo predio, paraje o lugar de donde se extraen, y aunque no constituyan
actos de comercio los que se ejecuten para efectuar ese expendio directo. El
Presidente de la República reglamentará la aplicación de este artículo”.
La Corte, en el considerando 2º del fallo, reconoce y declara que la
cooperativa reclamante es una entidad que tiene un estatuto y una acción
permanente exentos de todo fin lucrativo y, por lo tanto, le es aplicable lo
dispuesto en el mencionado artículo 27. Se agrega en el considerando 5º que
COOPERATIVAS 201
la solución que corresponda dar en este reclamo estará determinada por la
circunstancia de establecer si las cooperativas, y en especial la Cooperativa
Agrícola Control Pisquero de Elqui Ltda., están comprendidas dentro de
las personas o entidades referidas en el artículo 27.
En el considerando 6º, la Corte expresa que, conforme se cstablece en
el inciso lº del artículo l9 del DS Nº 502, de lº de septiembre de 1978, de la
Subsecretaría de Economía, Fomento y Reconstrucción, que fijó el texto
refundido, coordinado y sistematizado de la Ley General de Cooperativas,
éstas son instituciones sin fines de lucro que, teniendo por objeto la ayuda
mutua, se rigen por sus disposiciones y presentan las características que el
resto del precepto legal señala. Es rasgo distintivo de las cooperativas, en
consecuencia –señala la Corte de La Serena– el tratarse de instituciones
sin fines de lucro y quedan, por lo tanto, comprendidas entre las entidades
exentas del pago de la contribución de patente municipal, ya que dicha
exención comprende a las personas o entidades que por sus objetivos propios
no persigan fines de lucro.
La Corte concluye que la exención del artículo 27 no puede ser modifi-
cada o adicionada con nuevos requisitos por un texto reglamentario, como
lo es el artículo 15 del DS Nº 484 del Ministerio del Interior, que estableció
el reglamento para la aplicación de los artículos 23 y siguientes del Título
IV del DL Nº 3.063, de 1979. Para la Corte no cabe ninguna duda de que
frente a la contradicción existente entre el reglamento y la ley, prima la dis-
posición legal, argumentando sobre el particular, de tal modo que declara a
la cooperativa reclamante exenta del pago de la contribución municipal.
VII. Sentencia de la Corte Suprema de Justicia, de 17 de mayo de 1982,
mediante la cual se confirma la sentencia de la Corte de Apelaciones de
Santiago de 18 de febrero de 1982, recaída en un recurso de protección in-
terpuesto por doña Irma Delgado Vergara en contra del acuerdo de expulsión
adoptado por el Consejo de Administración de la Cooperativa de Viviendas
Áreas Verdes Limitada.
En el caso indicado, la socia de la cooperativa reclamó en contra de una
decisión del Consejo de Administración de la Cooperativa de Viviendas,
consistente en el hecho que la directiva ordenó al Banco de Talca paralizar
la confección y entrega de la escritura del sitio y casa habitación ubicado
202 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en Santiago y que la junta general de socios le adjudicó a la recurrente el
14 de diciembre de 1980. Tal recurso se interpone el 9 de julio de 1981. La
recurrente califica dicha resolución de lesiva para los derechos contemplados
en los Nº 23 y Nº 24 del artículo 19 de la Constitución, ya que la decisión
de la cooperativa lesiona su libertad de adquirir toda clase de bienes y el
derecho de propiedad en sus diversas especies sobre toda clase de bienes
corporales e incorporales.
La cooperativa recurrida señaló en su informe que la recurrente inició
entre los cooperados una campaña para crear ambiente de desconfianza en
el Cansejo de Administración, organizando reuniones con tal objeto; esto
motivó que el mencionado Consejo, conforme a las atribuciones conteni-
das en el artículo 43, letra k) de los estatutos, acordara instruir un sumario
interno en su contra, para establecer si ella era o no acreedora a aplicarle
la sanción de expulsión de la cooperativa, por cuanto habría incurrido en
la causal contemplada en la letra c) del punto 4 del artículo 14 de los mis-
mos, esto es, perjudicar la estabilidad de esa entidad al tratar de soliviantar
la disciplina e incitar a la toma de la población. Explica el informe de la
cooperativa, dirigido a la Corte, que respecto de la decisión del Banco de
Talca en cuanto a paralizar la confección y entrega de la escritura, se debe a
que la cooperativa comunicó a dicho banco que la recurrente se encontraba
sometida a sumario interno, y si dicha entidad decidió paralizar los trámites
por tal motivo, esa resolución corresponde exclusivamente a dicho banco.
La Corte de Apelaciones consideró que, al tenor de lo dispuesto en el
estatuto social de la citada cooperativa, la calidad de socio se pierde: “Por
perjudicar la estabilidad de la cooperativa en cualquier forma”, disposición
que debe analizarse en relación con el artículo 43, letra k) de los mismos
estatutos, que establece que son atribuciones y deberes del Consejo admitir
socios, aceptar sus renuncias y excluirlos, de conformidad con las normas
contenidas en el reglamento y en el estatuto; que estos estatutos establecen
en su artfculo 15 que si el Consejo resolviere excluir al socio, deberá con-
vocar dentro de treinta días fatales a una junta general extraordinaria que se
pronunciará sobre dicho acuerdo; que el Consejo de Administración de la
cooperativa recurrida, con fecha 7 de noviembre de 1981, procedió a acordar
la expulsión de la cooperativa de la socia recurrente en autos, haciendo uso
de sus facultades reglamentarias y estatutarias; que se reunió la junta general
extraordinaria de la cooperativa recurrida con el fin de pronunciarse sobre
COOPERATIVAS 203
la exclusión de la recurrente, resolución que no se pudo adoptar hasta que
no se conociera el pronunciamiento de la Corte de Apelaciones en el recurso
de protección interpuesto por la socia. La Corte de Apelaciones estimó que
las medidas del Consejo de Administración de la cooperativa recurrida apa-
recen adoptadas por quien tiene facultades para hacerlo y con antecedentes
suficientes para apreciar que no se trata de un acto ilegal, susceptible de
enmienda por vía del recurso de protección, toda vez que los propios esta-
tutos señalan a la afectada los procedimientos a que debe someterse para
obtener la revisión de la medida adoptada en su contra; a lo que se agrega
que en la especie no se configura la situación de hecho, anormal y evidente,
atentatoria de un aspecto concreto de las garantías constitucionales, que es
la esencia del recurso de protección, declarando después de otras conside-
raciones, sin lugar el recurso de protección interpuesto.
La Corte Suprema confirmó la senteneia con fecha 17 de marzo de 1989,
en razón de que la socia no se encuentra fuera del imperio del derecho,
porque su exclusión de la coopentiva está pendiente de la resolución de la
asamblea (Junta de Socios) de la misma institución, y mientras tal expulsión
no esté resuelta en forma definitiva, no cabe a la Corte Suprema introducirse
por esta vía en un procedimiento que contemplan tanto los estatutos de la
cooperativa como la ley del ramo.
Sobre esta sentencia, cabe hacer algunas consideraciones que nos pare-
cen pertinentes. En nuestra opinión, el recurso de protección debió haberse
referido al derecho de asociación, en cuanto a interponerlo en contra de la
cooperativa, toda vez que la socia aparentemente no tenía los mismos de-
rechos que el resto de sus consocios, ya que ella, al momento de interponer
el recurso el 9 de julio de 1981, era socia de la cooperativa con todos los
derechos y obligaciones que los estatutos le concedieron y habiéndosele
asignado un sitio y casa en el loteo ejecutado por esa institución.
En la especie, el Banco de Talca más bien aparece coludiéndose con el
Consejo de Administración de la Cooperativa en contra de la recurrente en
el ejercicio de sus derechos como socia, toda vez que, basado en el sumario
interno de la cooperativa –según se expresa en la sentencia de la Corte de
Apelaciones–, había procedido a suspender la tramitación de un crédito
aprobado. Lo más curioso en este caso es que la sentencia, para rechazar
el recurso de protección interpuesto, se basa en un acto jurídico posterior
204 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
al recurso, cual es el acuerdo de exclusión del Consejo de Administración
adoptado con fecha 7 de noviembre de 1981, es decir, en plena tramitación
del citado recurso, lo que evidentemente le resta toda seriedad a la sentencia
de la Corte, ya que el reclamo es por los hechos acaecidos con anterioridad
al 9 de julio de 1981, y si tales hechos la recurrida tiende a encauzarlos por
las vías legales a posteriori, no por eso los actos reclamados, en el caso
de que fueren atentatorios a los derechos garantidos por la Constitución,
dejan de serlo.
No obstante las observaciones precedentes, la doctrina de la Corte Su-
prema es clara al confirmar la sentencia de la Corte de Apelaciones con la
declaración anteriormente señalada, estableciendo que los actos de exclu-
sión de un socio de una cooperativa por infringir normas estatutarias, no
son susceptibles de ser calificados de ilegalidad y de objeto de un recurso
de protección.
VIII. Sentencia de la Corte de Apelaciones de Chillán, de 12 de abril de
1982, confirmada por la Corte Suprema el 6 de marzo de 1982, recaída en
un recurso de protección interpuesto por don Eduardo Bagues Castillo en
contra de la Cooperativa Eléctrica de Chillán.
En este caso el socio de la mencionada cooperativa dedujo un recurso de
protección en contra de ésta, aduciendo que se habían vulnerado sus dere-
chos constitucionales de propiedad, su derecho a desarrollar una actividad
laboral legítima y productiva, lo que viola su libertad de trabajo y le priva
de una fuente de sustento para él, sus familiares y operarios, al habérsele
cortado por funcionarios de la cooperativa, con fecha 17 de marzo de 1983,
el suministro de energía eléctrica, desconectando cables que alimentan su
fábrica de tubos de cemento y acero, ocasionándole perjuicios.
La cooperativa recurrida informó a la Corte que el rccurrente se encontra-
ba en situación de atraso por más de sesenta días en el pago de los consumos
de electricidad; por esta razón la cooperativa procedió a cortar la energía
eléctrica, hasta que se le cancele el saldo moroso, usando la facultad que
le confiere el artículo 20, inciso 1º de la Ley de Cooperativas. Agregó que
la cooperativa pudo eliminar como socio al recurrente, de acuerdo con el
artículo 20, inciso lº de la Ley de Cooperativas, en relación con el artículo
10, letra d), Nº 1 de los estatutos de esa cooperativa. Finalmente, señaló la
COOPERATIVAS 205
entidad recurrida que estimaba improcedente el recurso, porque –a su juicio–
las dificultades que se susciten entre la cooperativs y sus socios deberán ser
resueltas por la Dirección General de Servicios Eléctricos, en calidad de
árbitro arbitrador, con arreglo al artículo 16 de los estatutos.
La Corte comprobó que el socio recurrente estaba atrasado en más de se-
senta días en el pago de los consumos de electricidad, por lo que la suspensión
de sus derechos en la cooperativa, conforme a lo preceptuado en el inciso
2º del artículo 20 de la ley, se refiere justamente al suministro de energía
eléctrica y que puede tener las proyecciones que indica el reclamante, pero a
cuyo legítimo efercicio esta impedido por su propia situación de incumplidor
de obligaciones para con la cooperativa. De ello se deriva, según la Corte,
y a nuestro juicio en forma por lo demás acertada, que no ha habido en la
especie una acción arbitraria por parte de la cooperativa, sino una aplicación
severa, pero lícita, de claros preceptos legales, tanto más si se tiene presente
la legislación de Servicios Eléctricos. La Corte, en definitiva, estimó que la
cooperativa usó un procedimiento acorde con sus atribuciones.
Finalmente, la Corte dejó constancia de que no concordaba con la argu-
mentación hecha por la cooperativa, en el sentido de que no es procedente el
recurso de protección interpuesto, por cuanto los estatutos dicen que corres-
ponderá a determinada autoridad administrativa resolver como arbitrador,
sin ulterior recurso, las dificultades que se susciten entre la cooperativa y
sus socios con motivo de los servicios que aquélla les preste. Ello, porque
como fuente muy superior de derecho, y sobre un estatuto cooperativo,
está la Constitución Política del Estado, que en su artículo 20 faculta a una
persona para ocurrir por sí o por cualquiera en su nombre, a la Corte de
Apelaciones respectiva, cuando estima que ha sido privada, perturbada o
amenazada en el ejercicio de un derecho, a fin de que ese Tribunal adopte
las medidas que juzgue necesarias si advierte la procedencia del recurso.
IX. Sentencia de la Corte Suprema de 4 de julio de 2005, recaída en un
recurso de casación en el fondo, el cual fue rechazado, deducido en contra
de la sentencia dictada por la Corte de Apelaciones de Valdivia, en el jui-
cio seguido en contra de los administradores de la Cooperativa Eléctrica
Osorno Ltda.80
80 LegalPublishing Nº 32371.
206 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La Corte de Apelaciones de Valdivia, sostuvo que las cooperativas son
instituciones sin fines de lucro, que tienen por objeto la ayuda mutua y los
demás fines, no son afectados de modo alguno mediante la formación de
sociedades anónimas en las que la cooperativa es la dueña prácticamente de
la totalidad del capital de cada una de ellas, de manera que el producto que
obtenga pertenecerá a la cooperativa. Las cooperativas son administradas
por el consejo que tiene a su cargo la administración superior de los negocios
sociales y la representación, tanto judicial como extrajudicial para el cumpli-
miento del objeto social y, legalmente una cooperativa puede asociarse con
terceros para efectuar actos correspondientes a su objetivo, luego, los actos
de formación de las sociedades anónimas constituidas por la cooperativa son
legales, válidos y obligatorios, tanto respecto de la Cooperativa, como de cada
una de las demás sociedades que la integran. La formación de sociedades
anónimas corresponde a parte del objeto de la cooperativa, de manera que
cumple sus fines a través de dichas sociedades, de las que, por lo demás, es
dueña de casi el cien por ciento del capital, y cuya administración ejerce a
través del directorio integrado por ellos mismos y la gerencia desempeñada
por funcionarios de la propia cooperativa, la que dirige y administra esas
empresas que, cada una, cumple parcialmente su objeto.
X. Sentencia de la Corte Suprema de 29 de noviembre de 200481, Rol
Nº 5.601-2003, recaída en un recurso de casación en el fondo, en la cual se
estableció que son las características de las cooperativas las que explican el
trato privilegiado que en el plano tributario les reconoce el ordenamiento;
régimen de excepción que no se concilia con operaciones como la que en la
especie llevó a efecto la cooperativa recurrente, la cual, junto con exceder
los límites del giro ordinario de dicha entidad, le reportó a ésta un beneficio
económico, evidenciando un resultado lucrativo que rebasa la finalidad de
ayuda mutua de sus asociados. En efecto, se trató de la venta de bienes de
su activo fijo, operación que no puede quedar exenta del impuesto de Pri-
mera Categoría, liquidado en autos. Esta excención se encuentra supeditada
a la concurrencia de dos condiciones copulativas como son el que se trate
de operaciones con socios de esas entidades y que, además, se encuadren
dentro del giro propio u ordinario de las mismas, liberación impositiva que
no rige en relación a operaciones que, no obstante convenirse con uno de
sus asociados, se encuentra fuera de ese marco específico.
81 LegalPublishing Nº 31420.
COOPERATIVAS 207
XI. Sentencia de la Corte Suprema recaída en el recurso de casación en el
fondo, de 24 de junio de 200482, Rol Nº 4.854-2003, en la cual se resuelve
el problema de derecho planteado por la Cooperativa de Servicios de Agua
Potable Pichidangui Ltda., la cual sostuvo que no se habían aplicado el ar-
tículo 27 y el artículo 65 de la Ley de Rentas Municipales, lo cual produce
una trasgresión a la ley, en relación con el artículo 54, letra a) de la Ley de
Cooperativas, cuando este último establece una excención del 50% de las
contribuciones, tasas y demás gravámenes impositivos en favor del Fisco.
La Corte estima que el artículo 27 de la Ley de Rentas Municipales, es una
norma de excepción a la regla general contenida en el artículo 54 de la Ley
de Cooperativas y, por lo tanto, de aplicación restrictiva y únicamente para
el caso de que concurran los requisitos que allí se precisan. La aplicación del
artículo 27 de la Ley de Rentas Municipales requiere, a juicio de la Corte,
el cumplimiento de las siguientes exigencias: a) que se trate de personas
jurídicas sin fines de lucro; b) que realicen acciones de beneficencia, de culto
religioso, culturales, de ayuda mutua a sus asociados, artísticas o deportivas,
y c) que tales actividades sean no profesionales y de promoción de intereses
comunitarios. En el fallo de primera instancia no fue establecida ninguna de
las exigencias antes señaladas y, más aún, en la resolución correspondiente
no aparece asentado ningún hecho relativo a la calidad jurídica de la coo-
perativa reclamante, sus actividades y la naturaleza de éstas.
Llama la atención esta sentencia, contradiciendo fallos antes indicados,
en cuanto que la cooperativa es una entidad de ayuda mutua, la que en el
caso no se le reconoce, sin una prueba específica de tal calidad por los
jueces de fondo.
XII. Sentencia de la Corte Suprema de 24 de noviembre de 200383, Rol
Nº 4.657-2003, mediante la cual, en un recurso de protección deducido por
un socio de la Cooperativa Pisquera Elqui Ltda., Capel, se estableció que
el socio que desee retirarse de la cooperativa puede hacerlo en cualquier
tiempo, siendo el caso del cual tomó conocimiento la Corte, una renuncia
que no podía calificarse de intempestiva, conforme a los estatutos sociales,
por lo cual la cooperativa vulneraba el artículo 19 Nº 15 de la Constitución
Política de la República, en cuanto nadie puede ser obligado a pertene-
82 LegalPublishing Nº 30378.
83 LegalPublishing Nº 29058.
208 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
cer a una asociación contra su voluntad si, en la especie, se cumplen los
requisitos legales para ese fin. La Corte rechazó, en el mismo recurso, la
denuncia formulada por el socio en cuanto a que los fondos que tenía en la
cooperativa al no restituirlos, se conculcaría el derecho de propiedad esta-
blecido en el artículo 19 Nº 24 de la Constitución, por cuanto el reintegro
de los fondos reclamados está sometido a la forma y condiciones que los
estatutos establecen.
XIII. Sentencia de la Corte Suprema de 24 de septiembre de 200184, Rol
Nº 3.371-2001, recaída en un recurso de protección interpuesto en contra
del Consejo de Administración de la Cooperativa de Ahorro y Crédito
Abate Molina Ltda. El recurso fue rechazado, por cuanto el recurrente no
recurrió en la oportunidad legal, pero la Corte consideró que la cooperativa,
en conformidad al artículo 66 de la Ley de Cooperativas, había actuado
abusivamente. La disposición que se aducía como infringida disponía que:
“Los Consejeros miembros de la Junta de Vigilancia o gerentes que hayan
sido destituidos por cualquier motivo o alejados de sus cargos como con-
secuencia de una intervención legal, no podrán ser reelegidos y designados
en el futuro para iguales cargos en ninguna cooperativa, salvo que hayan
sido absueltos por la justicia ordinaria o rehabilitados por una resolución de
la Dirección de Industria y Comercio”. La disposición citada fue derogada
por la reforma de la Ley de Cooperativas Nº 19.832.
XIV. Sentencia de la Corte Suprema de 28 de diciembre de 199985, Rol
Nº 4.212-1999, dictada en un recurso de protección interpuesto por un
socio que había sido designado miembro de la Junta de Vigilancia de la
cooperativa y que debió hacer dejación del mismo, conforme a la resolu-
ción o acuerdo adoptado por la Cooperativa Agrícola Remolachera Ñuble
Car Ltda., el cual fue acogido. La sentencia establece que “la prohibición
legal de formar parte del consejo de administración se (establecida en el
artículo 55 del regalmento de la Ley General de Cooperativas) refiere sólo
a que dos o más personas, tengan entre sí, parentesco con el gerente o con
los empleados de la cooperativa en los grados que dicha disposición legal
se señala y, por lo tanto, no existe prohibición alguna de formar parte del
84 LegalPublishing Nº 22465.
85 LegalPublishing Nº 16478.
COOPERATIVAS 209
consejo cuando tan sólo un integrante del mismo tiene algún grado de pa-
rentesco allí enunciado con el gerente o con los empleados”.
La normativa vigente a partir de la reforma a la Ley de Cooperativas se
ha modificado sustancialmente en cuanto el artículo 30 de la Ley General de
Cooperativas establece las inhabilidades de los consejeros, liquidadores de
cuentas, miembros de la junta de vigilancia y gerentes, norma reglamentada
por el artículo 87 del reglamento, decreto supremo Nº 101 del Ministerio
de Economía de 2004.
XV. Sentencia de la Corte Suprema de fecha 12 de junio de 199286, Rol
Nº 1.848, recaída en un recurso de protección interpuesto por un socio de
la Cooperativa de Servicio de Recepción de llamadas Radio Taxis Central
Ltda., quien recurrió de protección en contra de la resolución del Depar-
tamento de Cooperativas que objetó y prohibió la ejecución del acuerdo
alcanzado en el Consejo de Administración de dicha entidad por el cual
se rechazó el ingreso de una persona a la cooperativa basada en que su
incorporación sería contrario al interés de ella, pues la objeción formulada
por el Departamento de Cooperativas vulnera el derecho de asociación
consagrado en el artículo 19 Nº 15 de la Constitución Política, puesto que
es de la esencia de una sociedad a la cual se le ha reconocido personalidad
jurídica, que sus determinaciones no puedan ser revisadas o alteradas por
la autoridad pública.
3.2. La jurisprudencia administrativa
La jurisprudencia administrativa se forma por los organismos dotados de
facultades distintas de los tribunales de justicia, a los cuales se les otorga
la facultad de ejecutar el acto administrativo o de resolver sin forma de
juicio.
Todo acto administrativo de decisión, sea discrecional o reglado, importa
una interpretación de la norma jurídica atributiva de competencia para la
autoridad que lo dicta.
86 LegalPublishing Nº 11868.
210 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La interpretación normativa, cualquiera que sea el órgano que la realice,
supone en principio una libre apreciación, por cuanto los preceptos facultan
un grado de movilidad valorativa en el tiempo, para la apreciación de los
presupuestos de hecho considerados por el derecho.
Es por ello que desde el momento en que la jurisprudencia emana o nace
de la función interpretativa de normas, también encuentra su origen en las
autoridades u organismos a quienes el legislador otorga atribución de eje-
cutar el acto administrativo o de resolver sin forma de juicio.
Estos órganos pertenecen tanto a la administración activa, consultiva y
fiscalizadora.
El órgano de ejecución, para los efectos de nuestro estudio, el Depar-
tamento de Cooperativas, al emitir un concepto, evidentemente está inter-
pretando las normas superiores que lo facultan para ello, esto es, aquéllas
que constituyen su competencia orgánica.
Sin perjuicio de que tales órganos se pueden expresar también a través
de dictámenes, éstos son más bien propios de los órganos consultivos o de
fiscalización.
Un dictamen puede definirse como la opinión o parecer emitido por un
órgano especial o especializado, a pedido de los particulares o a requerimien-
to de las administraciones activas, sea sobre aspectos de mérito, sea sobre
facetas de la legitimidad, con el objeto de ilustrar la futura determinación
del órgano de decisión87.
La doctrina distingue tres tipos de dictámenes, a saber;
1) Dictámenes facultativos;
2) Obligatorios, y
3) Vinculantes.
87 RUBIO GODOY, Isaac. Proceso de formación de los actos administrativos. Editorial Ju-
rídica de Chile, 1960.
COOPERATIVAS 211
Tal distinción se efectúa en base al elemento de la posibilidad y obli-
gatoriedad que tiene el órgano de administración activa para consultar la
opinión que configura el dictamen, esto es, solicitar o no el parecer del
órgano consultivo. En este sentido, serían facultativas aquellas consultas
en que depende de la sola voluntad de la autoridad el requerirlas o no
requerirlas, y obligatorios aquellos que, por disposición de la ley, deban
necesariamente preceder a la emisión del acto de decisión de la adminis-
tración activa. Asimismo, para efectuar la distinción anotada, se remite la
doctrina a la fuerza o potencia vinculatoria con que el dictamen emitido
actúa a pesa sobre la resolución definitiva que debe emitir el órgano de la
administración activa.
Al igual que en el caso de la jurisprudencia judicial, examinaremos
algunos dictámenes de jurisprudencia administrativa.
A. Departamento de Cooperativas
I. Oficio Nº 605 de 30 de enero de 1968
Incompatibilidad para desempeño simultáneo de los cargos de presidente
del Consejo de Administración y gerente de una cooperativa.
Una misma persona no podrá desempeñar simultáneamente los cargos
de miembro del Consejo de Administración y de gerente de la cooperativa,
por cuanto este último tiene la calidad de empleado ejecutor de los acuerdos
del Consejo de Administración, siendo, en consecuencia, un mandatario del
Consejo, sometido a la fiscalización del mismo.
La doctrina que se extrae de dicho oficio, se encuentra, después de dic-
tado el reglamento de la Ley General de Cooperativas, confirmada por los
artículos 67, y 83 de dicho cuerpo normativo, disposiciones que se refieren
a los requisitos para ser consejero y gerente de una cooperativa.
II. Oficio Nº 881 de 13 de febrero de 1968.
Adjudicación de los inmuebles a los socios de una cooperativa de vi-
viendas.
Durante la vigencia de las cooperativas de vivienda, los socios sólo ten-
drán derecho al uso y goce personal de la vivienda asignada, o a su arriendo
212 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en casos calificados, de acuerdo con las condiciones que establezcan el
estatuto sacial y el reglamento, pues tales bienes son de propiedad de la
cooperativa. Una vez que la junta general de socios ha acordado adjudicar
los inmuebles entre los socios, y practicada la correspondiente inscripción
en el Registro de Propiedad del Conservador de Bienes Raíces a nombre
de cada socio, estos pasan a ser titulares del derecho de dominio sobre
cada inmueble, sin otras limitaciones que las que establezca la legislación
vigente.
III. Oficio Nº 2.583 de 28 de julio de 1969
Improcedencia de capitalizar fondos colectivos de reserva.
De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 38 del DRRA Nº 20, de 1963,
los fondos de reserva legal y los fondos colectivos de reserva especiales que
la junta general acuerde establecer, no podrán repartirse durante la vigencia
de la cooperativa.
En tal circunstancia no podrán capitalizarse, toda vez que ello involucraría
devolver al socio parte de esos fondos, al retirarse de la entidad, hecho que
podría ocurrir en cualquier instante de la vigencia de la cooperativa.
Por otra parte, hay que tener presente que los fondos a capitalizar han
sido acumulados para objetivos específicos y definidos, por lo que necesa-
riamente deben destinarse a los fines acordados por la junta general.
No obstante que este dictamen tiene como fundamento una norma legal
sustituida, en el actual artículo 40 de la ley, las reservas legales se podrán
distribuir a los socios sólo al momento de su disolución, lo que permite
concluir que se mantendría la doctrina señalada en dicho oficio.
IV. Oficio Nº l/4.159 de 20 de julio de 1983
Condicionamiento de la renuncia de un socio y deber de información.
La cooperativa de vivienda actúa válidamente cuando, haciendo uso
de la facultad que le concede el artículo 16 del estatuto social, rechaza la
renuncia presentada condicionándola a la presentación de un candidato a
socio que financie la devolución de sus aportes.
COOPERATIVAS 213
El informe sobre el capital reajustado debe solicitarse directamente ante
la cooperativa, la que tiene la obligación de dárselo a conocer.
La norma legal, posterior a la reforma introducida por la ley Nº 19.832,
se remite a las disposiciones estatutarias de cada cooperativa para regular
el retiro o exclusión del socio, de manera tal que la doctrina del dictamen
estaría conforme a la nueva legislación. Debe tenerse presente que el re-
glamento de la Ley de Cooperativas, DS Nº 101 de 7 de abril de 2004, del
Ministerio de Economía, supletorio de las normas estatutarias, establece que
el reembolso de las cuotas de participación de los socios que se retiran de la
cooperativa, se efectuará dentro de los seis meses siguientes a la aceptación
de la renuncia, al fallecimiento o a la exclusión del socio.
B. Dirección del Trabajo
I. Dictamen Nº 7.720 de 27 de noviembre de 1975
Competencia de la Dirección del Trabajo para fiscalizar las cooperativas
de trabajo.
De conformidad al Estatuto Orgánico de la Dirección del Trabajo, con-
sagrado en el decreto con fuerza de ley Nº 2, de 1967, corresponde a la
Dirección del Trabajo la fiscalización, supervigilancia e interpretación de
la legislación laboral.
Ahora bien, en la especie, el artículo 78 del DRRA Nº 20, modificado
por el DL Nº 445, hoy en día artículo 7788, sólo se limitó a indicar que las
relaciones entre los socios de las cooperativas de trabajo se rigen por las
normas del Derecho Cooperativo, de modo tal que en ningún caso se ha
dejado sin efecto la fiscalización y supervigilancia de los Servicios del
Trabajo respecto de las demás relaciones y situaciones que afectan a la
cooperativa.
88 A contar de la fecha de la modificación de la norma legal, en virtud de la ley Nº 19.832,
que se cita en dicho dictamen, debe entenderse referida la cita al artículo 63 de la Ley General
de Cooperativas, con el alcance que esta última disposición establece que a los socios de las
cooperativas de trabajo le serán aplicables los artículo 14, 15, 17 y 158, y los Títulos I, II y III
del Libro II del Código del Trabajo.
214 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
II. La Dirección del Trabajo carece de competencia para emitir un pro-
nunciamiento relativo a la subsistencia de los regímenes de participación
de los trabajadores en el Consejo de Administración de una cooperativa.
Oficio Nº 688 de 7 de febrero de 1984.
En el referido oficio la Direceión del Trabajo, después de citar las
disposiciones del artículo 132, letras a) y b) de la Ley de Cooperativas89,
señala que de tales normas se infiere que corresponde al Departamento de
Cooperativas la definición, control, supervigilancia y normalización de las
cooperativas, teniendo como atribuciones específicas las de informar las
presentaciones en que se solicita la autorización de existencia, la aprobación
o modificación de los estatutos y la disolución anticipada de las cooperativas
y demás entidades regidas por esta ley90.
De los preceptos transcritos, agrega el organismo señalado, se colige
asimismo que el Departamento de Cooperativas es el encargado de velar por
el cumplimiento de la ley del ramo, su reglamento y por los estatutos de las
mismas, debiendo poner en conocimiento del Consejo de Administración y
del gerente de la cooperativa las infracciones que se cometan, y en el evento
de no ser reparadas, representarlas a la junta general de socios citada para
tal efecto, ello sin perjuicio de las multas que corresponde aplicar.
De esta manera, continúa la Dirección del Trabajo, “si consideramos
que conforme a las normas antes anotadas constituye atribución específica
del Departamento de Cooperativas la aprobación y modificación de los
estatutos de las entidades en referencia, y teniendo presente que conforme
a los mismos preceptos corresponde a dicho organismo el conocimiento de
todas aquellas materias referentes a la aplicación y cumplimiento de la Ley
General de Cooperativas, posible es convenir, en la especie, que compete
única y exclusivamente a ese Departamento resolver acerca de si el proyecto
de reforma de estatutos de la Cooperativa Colún pudo suprimir la partici-
pación de sus trabajadores en el Consejo de Administración, careciendo en
89 Hoy en día artículos 108 y 109 de la Ley General de Cooperativas.
A partir de la ley Nº 19.832, la constitución de las cooperativas y la modificación de sus
90
estatutos no es una competencia del Departamento, sino sólo a las cooperativas de vivienda
abiertas y a las de ahorro y crédito, en la forma que se señala en el artículo 12 de la ley, que se
refiere a la aprobación de un estudio socio-económico.
COOPERATIVAS 215
consecuencia esta Dirección de facultades para pronunciarse al respecto. A
mayor abundamiento y corroborando lo expuesto en el párrafo que antecede,
el DFL Nº 2, de 1987, Orgánico de la Dirección del Trabajo, al prescribir
en sus artículos lº y 5º que su competencia se relaciona exclusivamente con
la interpretación de la legislación y reglamentación laboral vigente, preciso
resulta concluir que, al no revestir el carácter de laborales las normas legales
que inciden en el caso en consulta, este Servicio debe abstenerse de emitir
el pronunciamiento solicitado. En consecuencia, sobre la base de las dis-
posiciones legales citadas y consideraciones formuladas, la Dirección del
Trabajo carece de competencia para emitir un pronunciamiento relativo a
la subsistencia de los regímenes de participación de los trabajadores en el
Consejo de Administración de una cooperativa”.
III. Mediante Oficio Nº 4.324/311, la Dirección del Trabajo se pronunció
respecto de las siguientes materias relacionadas con las Cooperativas de
Trabajo:
a) No existiría relación contractual, que pudiere expresarse en un con-
trato de trabajo entre una cooperativa de trabajo y sus socios y, por ende,
tampoco la mera incorporación a ella origina contrato de trabajo, sino una
relación que es regulada por la ley y los estatutos de la organización, sin
perjuicio que en el hecho se pueda configurar relación laboral entre quien
presta los servicios y quien los contrata con la cooperativa, de darse los
supuestos legales.
b) Las cooperativas de trabajo estarían obligadas a retener o descontar
cotizaciones previsionales de las sumas que por excedentes repartan a los
socios.
c) La certificación de una cooperativa de trabajo acerca de la incorpo-
ración de un socio no puede sustituir al contrato de trabajo, si entre ambos
no existe relación laboral bajo subordinación y dependencia.
d) La Dirección del Trabajo carece de competencia para pronunciarse
si los socios de cooperativas de trabajo están afectos al seguro social de
accidentes del trabajo y enfermedades profesionales, correspondiendo ello
a la Superintendencia de Seguridad Social.
e) La designación de un supervisor que controle el desempeño de los
servicios del socio de la cooperativa en la empresa que los requirió, no
216 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
podría ser útil para establecer subordinación y dependencia entre dicho
socio y la cooperativa de trabajo, si legalmente tal relación no se rige por
el Código del Trabajo, y
f) La labor interpretativa de la Dirección del Trabajo no puede ejer-
cerse atendiendo a situaciones o intereses circunstanciales, todavía más si
hay texto legal expreso que resuelva la materia, en cuyo caso sólo queda
la vía de la modificación legislativa, por los órganos constitucionalmente
competentes.
IV. Mediante Oficio Nº 3.439/070, la Dirección del Trabajo, comple-
mentando el dictamen Nº 4.324/311 de 17 de octubre de 2000, determinó
que los socios de las cooperativas de trabajo que laboren para ellas serán
considerados trabajadores dependientes suyos sólo para efectos previsio-
nales, correspondiendo a la cooperativa retener de las sumas que perciban
efectivamente por excedentes, las cotizaciones previsionales y enterarlas,
conjuntamente con las propias, como si fueren empleadoras en la correspon-
diente institución previsional del antiguo o el nuevo sistema de pensiones,
según el caso, y en las demás instituciones de seguridad social para otros
efectos previsionales.
C) Contraloría General de la República
I. La Contraloría se abstuvo de tomar razón de un decreto, mediante el
cual se aprobaba el convenio de cooperación institucional suscrito por la
Subsecretaría de Economía con el Instituto de Desarrollo Agropecuario, por
cuanto en dicho convenio se estipulaba que el Departamento de Cooperativas
se obligaba a supervisar a las cooperativas de ahorro y crédito que utilizaran
instrumentos financieros administrados por el Instituto de Desarrllo Agro-
pecuario, comprometiéndose este último a traspasar una suma de dinero
que será destinada a financiar los gastos que irrogue la ejecución de las
actividades a que se obliga, específicamente a 20 cooperativas indicadas
en una nómina. La Contraloría estimó improcedentes tales estipulaciones,
ya que, de conformidad a la Ley General de Cooperativas, se regula la
competencia del Departamento de Cooperativas, entregándole a esa de-
pendencia atribuciones para supervigilar y fiscalizar a las cooperativas en
general, y en particular, las denominadas cooperativas de ahorro y crédito.
Ello por cuanto no es admisible que los órganos de la Administración del
COOPERATIVAS 217
Estado, especialmente aquellos a los que la ley les ha asignado funciones
fiscalizadoras, como ocurre en la especie, regulen contractualmente con
terceros el ejercicio de sus deberes legales, toda vez que ello importa limitar
la necesaria autonomía con que deben desempeñar sus funciones. Agrega
el dictamen, que no resulta procedente que una entidad o servicio público
perciba de terceros fondos o aportes para el cumplimiento de las funciones de
fiscalización que le encomiende la ley, debiendo financiar el cumplimiento
de dichas tareas con los recursos consultados en su presupuesto (Nº 51.860
de 18 de noviembre de 2003).
II. El Nº 3, del artículo 109 del DFL Nº 5, de 2004 (Ley General de
Cooperativas), establece que el Departamento de Cooperativas podrá res-
pecto de las cooperativas sometidas a su fiscalización, objetar, suspender o
prohibir la ejecución de cualquier acuerdo de las juntas generales, consejo
de administración, comisiones liquidadoras o de los socios administradores,
a que se refiere el artículo 61, contrario a la ley, su reglamento, estatutos,
instrucciones del Departamento y demás normas que les sean aplicables. El
inciso primero del artículo 113 del mismo texto legal, dispone que las reso-
luciones o actos del Departamento de Cooperativas serán reclamables ante
el juzgado de Letras en lo Civil del domicilio del requirente, dentro de los
30 días siguientes a la recepción o publicación de la resolución respectiva,
según el caso, o a la realización del acto impugnado. La materia en la cual
incide la presentación formulada por el Presidente del Consejo de Admi-
nistración de la cooperativa consultante constituye un asunto de naturaleza
litigiosa, respecto del cual la Contraloría General no puede intervenir ni
informar, por así disponerlo expresamente, el artículo 6º, inciso tercero de
la ley Nº 10.336 (Nº 67.002 de 1º de diciembre de 2009).
III. La jurisprudencia administrativa de la Contraloría General de la Re-
pública, contenida entre otros, en el dictamen Nº 30.566, de 2002, establece
que las cooperativas de ahorro y crédito se encuentran totalmente exentas
del pago de patente municipal, en virtud de lo dispuesto en el artículo 27
del DL Nº 3.063 de 1979, Ley de Rentas Muicipales (Nº 26.437 de 9 de
junio de 2008).
IV. El DFL Nº 5, de 2004, del Ministerio de Economía, que fijó el texto
refundido, coordinado y sistematizado de la Ley General de Cooperativas,
permite que estas instituciones tengan fines de lucro, lo que las diferencia
218 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
de las personas jurídicas de derecho privado sin fines de lucro consagradas
en el Título XXXIII del Libro I del Código Civil. Dicha aseveración se
formuló ante la petición de una cooperativa, la cual, fundada en el artículo
87 del DL Nº 1.939 de 1977, pretendía se le transfiriera en forma gratuita
terrenos fiscales, lo cual está permitido en dicha norma legal. Sin embargo,
la Contraloría analiza los estatutos de la cooperativa y estima que, siendo,
entre otros, su objeto, el de impulsar la producción agroforestal de sus socios
a través de todo tipo de actividades industriales o comerciales, concluye
que ello da cuenta de la finalidad de lucro de la cooperativa.
En nuestra opinión, tal dictamen es completamente equivocado, pues
toda cooperativa, al tener un fin de ayuda mutua, dada su naturaleza, se
encuentra ajena al lucro, equivocación que se acentúa aún más, al hacer
referencia a las personas jurídicas del Título XXXIII del Libro I del Código
Civil, las que al igual que las cooperativas que no persiguen fines lucra-
tivos, su naturaleza jurídica es completamente diferente, pudiendo existir
personas jurídicas de muy distinta naturaleza y que no persiguen fines de
lucro. (Dictamen Nº 12.270 de 10 de marzo de 2009)91.
4. LOS ACTOS CORPORATIVOS COMO FUENTE DEL DERECHO COOPERATIVO
La doctrina reconoce como fuente válida del derecho los actos corpo-
rativos, que corresponden a normas jurídicas que contienen prescripciones
normativas, de alcance limitado a los miembros de una determinada cor-
poración, normas que están destinadas a regular la organización, actividad
y vida interna de la institución y las relaciones entre los miembros de la
misma.
Tan sólo desde este punto de vista restringido, el estatuto institucional
no tiene las características de un contrato, sino de un conjunto de normas
jurídicas estatutarias de carácter general, abstracto y permanente para los
miembros de una corporación.
Dentro de los conceptos expresados, se producen o llevan a cabo los
actos corporativos, que vienen a ser aquellos actos, estatutos o reglamentos
91 Véase el Capítulo I Introducción, de este libro.
COOPERATIVAS 219
dictados por una determinada organización, obligatorios para sus miembros,
que están expresamente reconocidos por el Estado.
De tal manera que se encuentra en todas las dimensiones de la vida
social del país un derecho estatutario, que emana do los estatutos que las
partes, con la aprobación directa de la autoridad o indirecta de la ley, se dan,
obligándose a respetarlo y cumplirlo, constituyendo fuente permanente de
derechos y obligaciones, que es lo propio de todo contrato.
El ordenamiento jurídico chileno es amplio al respecto, en particular el
Derecho Cooperativo, pues la reforma efectuada por la ley Nº 19.832 remitió
al estatuto de cada cooperativa la regulación de diversas materias, indica-
das en los artículos 2º y 11 de la Ley General de Cooperativas, agregando
además que los estatutos sociales podrán ser desarrollados por reglamentos
de régimen interno aprobados por la junta general de socios.
De tales normas emana la validez de los actos corporativos o estatutarios.
A su vez, el estatuto establece en numerosos casos la posibilidad de que se
dicte un reglamento de ellos.
Tales estatutos y los reglamentos revisten consecuencialmente las carac-
terísticas de verdaderas leyes para los socios, por cuanto contienen normas
jurídicas aplicables a las actividades de la corporación.
Las normas estatutarias se caracterizan por su generalidad, abstracción y
permanencia, rigiendo todos los actos que se ejecuten dentro de la coopera-
tiva, tanto para los que la crearon, como para aquellos socios que ingresan
con posterioridad al acto constitutivo.
La Ley de Cooperativas se refiere en diversas ocasiones a los estatutos,
entregándoles a ellos la regulación de determinadas facetas de la actividad
cooperativa. Se puede decir que la ley delega en los estatutos la regulación
de diversos aspectos que estima deben ser precisados por los socios.
Ya nos hemos referido a los artículos 2º y 11 de la ley, pudiendo agregarse
además, los artículos 14, 15, 22, 24, 28, 63, 84, 85, entre otros.
Llamamos la atención respecto del artículo 15 de la Ley General de
Cooperativas, en cuanto establece que el reglamento de la ley, en materia de
220 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
regulaciones para los socios es supletorio de las disposiciones estatutarias
que establezca cada cooperativa, naturalmente que deberán éstas confor-
marse a las normas legales respectivas. De tal manera que, ajustándose a
las normas reglamentarias, los estatutos de cada cooperativa regularán el
ingreso del socio, la pérdida de su calidad de tal y las prestaciones mutuas
a que haya lugar por estas causas.
El referido principio, conocido como de puerta abierta, se recoge en el
artículo 15 de la ley, que entrega a los estatutos las exigencias que deben
cumplir los socios para ingresar a una cooperativa.
Es interesante destacar la presencia de las normas estatutarias, toda vez
que los acuerdos que adopte la junta general de socios conforme a dichas
normas, son obligatorios para todos los miembros de la cooperativa92.
La ley entrega a las normas estatutarias facultades amplias para la regu-
lación de las Juntas de socios y la constitución de éstas. También determina
que “los estatutos de una cooperativa podrán disponer que la asistencia a
Junta sea personal y que no se acepte, en ningún caso, mandato para asistir
a ellas”93.
Igualmente la ley asigna a los estatutos la facultad de establecer el sistema
de votación por medio de delegados94.
En cuanto a la administración de la cooperativa, la ley se remite a los
estatutos en diversas disposiciones. Así ocurre respecto de la designación
de consejeros suplentes, de representantes de los trabajadores en el Consejo
de Administración y la delegación parcial de sus facultades.
Son los estatutos los encargados de contemplar cláusulas que confieran
a las personas jurídicas de derecho público o privado, puedan participar en
ellas en calidad de socios y el derecho a designar un determinado número
92 Artículo 21 de la ley.
93 Artículo 22 de la ley.
94 Artículo 22.
COOPERATIVAS 221
de miembros del Consejo de Administración, los que deberán constituir
siempre una minoría de los consejeros95.
El artículo 27 de la Ley de Cooperativas preceptúa que las atribuciones
y deberes del gerente serán fijados en los estatutos.
Las atribuciones de la Junta de Vigilancia se deberán establecer también
en los estatutos, conforme lo dispone el artículo 28 de la ley.
Existen otras normas de la misma Ley de Cooperativas que se refieren
a las diversas clases de cooperativas, que se remiten a los estatutos para
regular determinados actos y operaciones, todas las cuales no hacen sino
confirmar la importante fuente de Derecho Cooperativo que constituyen los
actos corporativos, los que hemos señalado a modo de referencia.
La normativa estatutaria constituye básicamente el contenido de la plura-
lidad de los intereses convergentes que conforman un contrato plurilateral,
en los cuales las partes no se encuentran enfrentadas, sino que están una
junto a la otra, puesto que no existe oposición jurídica de intereses96, sino
muy por el contrario, la asociación se ejecuta “de conformidad con el prin-
cipio de la ayuda mutua”, conforme lo establece el artículo 1º de la ley, de
manera tal que ésta es la causa del contrato.
95 Artículo 24.
96 Sociedades Mercantiles. BRUNETTI, Antonio. Tomo I. Editorial Jurídica Universitaria.
2002. México.
CAPÍTULO V
ÁMBITO DE APLICACIÓN DEL DERECHO COOPERATIVO
El ámbito de aplicación del derecho en general y de la aplicación del
Derecho Cooperativo en particular, implica efectuar un análisis entre la
recíproca dependencia de la ley, la justicia y la autoridad.
¿A quiénes se aplica la ley?
La ley, por sí sola, ¿logra establecer la justicia?
La autoridad, ¿cuándo, cómo, a quiénes y dónde debe aplicar la ley?
Estas preguntas, tan antiguas como el derecho mismo, caen básicamente
en el campo de la filosofía del derecho, cuya influencia es decisiva en el
desarrollo de cualquier sistema jurídico.
Sin embargo, no es el propósito de este estudio pretender dar respuesta
a las interrogantes señaladas, sino que están formuladas a fin de situar en
una perspectiva más real el presente Capítulo de la aplicación del derecho
caoperativo, en un determinado ámbito.
El concepto de ámbito del derecho es más amplio que los efectos del
derecho o de la ley, o que la determinación de los sujetos del Derecho
Cooperativo o cuáles son los objetos de este derecho y las relaciones ju-
rídicas que dan origen al Derecho Cooperativo. En suma, el ámbito del
derecho son todos los referidos conceptos, integrados reciprocamente a
fin de establecer una respuesta integral a las interrogantes planteadas al
comienzo de este Capítulo.
224 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
1. LA LEGISLACIÓN COOPERATIVA, EN CUANTO A SU CONTENIDO
Conforme a lo dispuesto en el artículo lº del Código Civil, la Legislación
Cooperativa contiene leyes imperativas, prohibitivas y permisivas.
También pueden clasificarse estas leyes como normativas, modificatorias
e interpretativas.
La Ley General de Cooperativas, contiene las tres clasificaciones que se
formulan en el Código Civil y las dos primeras de la segunda clasificación,
las que se examinarán en los capítulos correspondientes de este texto.
2. AUTORIDAD DE LA LEGISLACIÓN COOPERATIVA
Conforme a los principios del derecho público chileno, recogidos en los
textos constitucionales, sólo es lícito hacer lo que expresamente permiten
las leyes, en el ámbito de dicho derecho.
También el Código Civil establece en su artículo 1482 que hay objeto
ilícito en todo lo que contraviene al Derecho Público chileno.
En ambos casos, la sanción del acto realizado es la nulidad de éste.
A la inversa, en derecho privado, el principio general es diverso, ya que
se permite hacer todo lo que no está directa o indirectamente prohibido por
la ley. De aquí el principio de que la libertad de los ciudadanos para actuar
en la vida jurídica es la norma común. Las cooperativas, los socios de éstas
y sus trabajadores deben quedar comprendidos dentro de estos principios, de
tal manera que, según se expresa en los artículos 12 y 1545 del Código Civil,
se les da como regla general la facultad de ejercer o renunciar los derechos
que les confieren las leyes y de estipular los derechos y obligaciones que
estimen convenientes, sin perjuicio de las restricciones propias al principio
de la autonomía de la voluntad. En efecto, una limitación a la autonomía
de la voluntad es la ley, en el sentido de que el acto voluntario no puede
transgredir la ley y que dicho acto no puede hacer dejación de aquellos de-
rechos que la ley declara irrenunciables. Otra limitación a tal principio es
la protección del orden público y las buenas costumbres. Finalmente, cabe
considerar que la autonomía de la voluntad está limitada por los derechos
COOPERATIVAS 225
legítimos de terceros y nadie puede hacer un abuso del derecho ni actuar
en fraude a la ley.
La autoridad de la ley se basa en la presunción de conocimiento de la
ley, conforme se dispone en los artículos 79 y 89 del Código Civil.
Este postulado se sustenta en el hecho de que la ley no necesita ser
probada. En el caso de la legislación cooperativa, su desconocimiento no
excusa su cumplimiento, pero –en cambio– tanto las cooperativas como sus
representantes y socios pueden estar protegidos si han obrado equivocada-
mente y de buena fe por desconocer el derecho.
Ya en sentencias antiguas nuestra Corte Suprema estableció, en algunos
campos, tales como el aduanero, que no procedía el comiso cuando había
existido fraude, aunque se hubiera procedido con error de derecho97, con lo
cual reconoce el principlo de que el error de derecho producirá únicamente
aquellos efectos que las leyes determinen.
La Corte de Apelaciones de Chillán declaró en un caso que “el princi-
pio de que la ignorancia de la ley no es excusa, no puede considerarse en
ciertos casos en forma absoluta, como quiera que está basado en la ficción
del conocimiento legal”98.
Destaca también, dentro de la relatividad de este principio, el artículo
107 del Código Tributario, que dispone: “Las sanciones que el Servicio
imponga se aplicarán dentro de los márgenes que corresponda, tomando en
consideración:… 3º El grado de cultura del infractor. 4º El conocimiento
que hubiere o pudiere haber tenido de la obligación legal infringida”.
El artículo 11 de la Ley General de Cooperativas remite a la ley Nº 19.499
el saneamiento de vicios de nulidad en los actos de constitución, modifica-
ción de los estatutos de las cooperativas, revelando de este modo la posi-
bilidad de acogerse a normas que relativizan las exigencias establecidas en
el artículo 9º de la misma ley sobre constitución, reformas o acuerdos de
fusión, división, transformación o disolución de cooperativas.
97 R.D.J. Tomo IX, sección 1ª, p. 340.
98 Gaceta, 1938. Primer semestre, Nº 96, p. 418.
226 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
3. SANCION DE LA LEY COOPERATIVA
La ley está sancionada por la fuerza, pudiendo ser mayor, menor o la
negación de protección o reconocimiento jurídico a los actos disconformes
con los preceptos de la ley.
Para estudiar la autoridad de la ley en el Derecho Cooperativo, es decir,
su fuerza obligatoria, debemos analizar la forma en que es sancionada. Al
efecto, se debe distinguir entre las normas legales prohibitivas, imperativas
y permisivas.
Ejemplos de normas prohibitivas encontramos en los artículos 4º y 5º de
la Ley de Cooperativas. El primero de ellos establece que no podrán esta-
blecer con terceros combinaciones o acuerdos que hagan participar a éstos
directa o indirectamente de los beneficios tributarios o de otro orden que
la ley otorga a las cooperativas. El segundo de los artículos mencionados
señala que: “Ninguna cooperativa podrá adoptar una razón social idéntica
a la de otra preexistente”.
El artículo 10 del Código Civil dispone que “los actos que prohíbe la
ley son nulos y de ningún valor; salvo en cuanto designe expresamente
otro efecto que el de nulidad para el caso de contravención”. Conforme a
este precepto, la regla general por infracción de una ley prohibitiva es la
sanción de nulidad.
Esta norma se halla en concordancia con el artículo 1466 del Código
Civil, que dice que hay objeto ilícito en todo contrato prohibido por las
leyes. La sanción del objeto ilícito es, de acuerdo con el artículo 1682 del
citado Código, la nulidad absoluta. Sin embargo, como ya se ha expresado,
el mismo artículo 10 señala que la sanción de nulidad absoluta tiene sal-
vedades y ello sucede cuando la propia disposición prohibitiva señala otro
efecto que el de nulidad para el caso de contravención, como es el caso del
artículo 9º, inciso final, de la Ley de Cooperativas, que establece que no
obstante existir una nulidad en cuanto no se ha observado la ritualidad en
la constitución de una cooperativa, al cabo de dos años, si no se ha salvado
el error, la nulidad no podrá ser invocada por nadie.
Normas imperativas son las que imponen la obligación de hacer algo o
el cumplimiento de un requisito.
COOPERATIVAS 227
Tal ocurre, por ejemplo, con el artículo 12 de la Ley de Cooperativas,
que establece que los interesados en formar cooperativas de ahorro y crédito
y abiertas de vivienda deberán someter a la aprobación del Departamento
de Cooperativas un estudio socioeconómico sobre las condiciones, posibi-
lidades financieras y planes de trabajo que se proponen desarrollar. Igual
cosa sucede con el artículo 6º, que ordena que el acta de constitución de
una cooperativa debe ser reducida a escritura pública.
La sanción de las leyes imperativas no es siempre la misma, debiendo
distinguirse si tales disposiciones son de interés público o si son simple-
mente de interés particular.
Las leyes imperativas de interés público, en lo tocante a su contravención,
son sancionadas con la nulidad absoluta del acto o contrato, en cuanto éstos
adolezcan de objeto o causa ilícita, por ser contrarios a las buenas costumbres
o al orden público, o por faltarse a requisitos o formalidades exigidos por
la ley para el valor de ciertos actos o contratos, en atención a la naturaleza
de ellos. Tal es el caso de una cooperativa que para constituirse, no lo haga
por escritura pública.
La sanción, en cambio, será la nulidad relativa si dichos requisitos se
exigen en consideración a la calidad o estado de las personas que ejecutan
o acuerdan tales actos. Este sería el caso de transferirse las cuotas de par-
ticipación sin la aprobación del Consejo de Administración, entre socios o
entre éstos y terceros, conforme lo dispone el artículo 33 de la ley.
Puede darse el caso de normas imperativas de intereses particulares que
carezcan de sanción si son transgredidas.
Finalmente, existen las llamadas normas legales permisivas, que confie-
ren un derecho que queda entregado al arbitrio del titular. Las demás perso-
nas deben respetar este derecho y pueden, en caso necesario, ser forzados
a ello o a indemnizar los perjuicios resultantes para el particular si no lo
hacen. Consecuentemente, la sanción de la ley permisiva consiste en darle
al particular los medios para obtener el reconocimiento de su derecho o la
indemnización de los perjuicios que le acarree su desconocimiento. A tal
efecto, el particular podrá acudir a los Tribunales de Justicia, entablando
las acciones que sean pertinentes, o ante la autoridad administrativa que
228 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
ejerza tutela sobre la cooperativa, en el área o ámbito en que se pudiere
haber amagado su derecho.
Cabe destacar que los particulares, entendiéndose por tales a las propias
instituciones cooperativas, los socios y los trabajadores, pueden sí renunciar
a los derechos que les confieren las normas legales permisivas. Lo anterior
está confirmado por el artículo 12 del Código Civil, que dice que se podrán
renunciar los derechos conferidos por las leyes, con tal que miren al interés
individual del renunciante y que no esté prohibida su renuncia.
Ejemplo de norma permisiva que puede ser renunciada es el artículo 40,
inciso 1º, que ordena que en el caso de liquidación de una entidad coope-
rativa, una vez absorbidas las eventuales pérdidas, pagadas las deudas y
reembolsado el valor de las cuotas de participación, las reservas legales y
cualquiera otros excedentes resultantes, se distribuirán entre los socios, a
prorrata de sus cuotas de participación.
Cada socio, en particular, podrá renunciar consecuentemente a este de-
recho porque mira a su interés particular, una vez acordada o dispuesta la
liquidación de la cooperativa.
Por último, sobre este aspecto, cabe distinguir entre el no ejercicio y la
renuncia de un derecho.
Se entiende por no ejercicio de un derecho una inacción por parte del
titular, pero ello no implica por sí solo la pérdida de la facultad de ejercer
posteriormente el derecho.
La renuncia del derecho consiste en una expresa decisión respecto de que
un determinado derecho no se va a ejercitar y, por ende, no podrá ejercerse
con posterioridad a su renuncia.
4. EFECTOS DE LA LEY COOPERATIVA
4.1. La vigencia de la Ley Cooperativa en el tiempo
Lo vigencia de las normas de Derecho Cooperativo son iguales a las de-
más normas legales, por lo cual rigen desde su promulgación y publicación,
COOPERATIVAS 229
todo lo cual está regulado en las normas constitucionales pertinentes y en
los artículos 6º, 7º y 8º del Código Civil.
Al igual que en otros campos del derecho, la ley puede señalar que entrará
en vigencia en una fecha distinta a la de su publicación, ya sea anterior o
posterior a ésta. En el primer caso estamos en presencia de una situación
excepcional, denominada retroactividad de la ley. En el segundo caso, el
legislador le da a la ley un carácter diferido, existiendo un período entre su
publicación y entrada en vigencia en que no se aplica; es lo que en doctrina
se denomina vacancia legal.
La ley tiene una vigencia indefinida, salvo que la misma ley u otra señale
un período específico para su vigencia y, en consecuencia, su duración será
limitada al plazo establecido o hasta su derogación, la que puede ser expresa
o tácita, conforme lo dispone el artículo 59 del Código Civil.
También se conoce la derogación orgánica de la ley, la que se produce
cuando una nueva ley regula toda la materia reglada por una o varias leyes
precedentes.
Ejemplo de derogación orgánica la encontramos en el artículo 124 de la
Ley General de Cooperativas, que derogó diversas leyes relacionadas con
tipos de cooperativas, además de Decretos Leyes y Decretos Reglamenta-
rios.
Respecto de la retroactividad de la ley, el Derecho Cooperativo se rige
por las normas generales sobre la materia, siendo aplicable en todo el ar-
tículo 9º del Código Civil, que establece: “La ley puede sólo disponer para
lo futuro, y no tendrá jamás efecto retroactivo”.
Sin embargo, tal disposición es un precepto legal que no obliga al legis-
lador, quien puede dictar leyes retroactivas en materias cooperativas, sin
perjuicio de las limitaciones que en el orden constitucional se encuentran,
básicamente referidas al campo penal y al derecho de propiedad.
En numerosos casos, al dictarse una ley, las situaciones, actos o hechos
afectados que están transcurriendo o en proceso de desarrollo se regulan
en disposiciones transitorias.
230 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Cuando no existen tales disposiciones que resuelvan los problemas
derivados del cambio de legislación, se debe ajustar la actuación, hecho o
situación a la ley de 7 de octubre de 1861, denominada Ley sobre el Efecto
Retroactivo de las Leyes.
Esta ley especial regula hasta dónde llega el ámbito de la ley antigua y
hasta qué punto las situaciones que ella regulaba deben adaptarse y desapa-
recer o ser modificadas por la nueva legislación.
La filosofía que inspira dicha Ley sobre el Efecto Retroactivo de las
Leyes se basa en que el legislador no puede vulnerar derechos adquiridos
en virtud de la ley anterior y sólo puede afectar a las facultades legales o a
las simples expectativas.
La doctrina sostiene que por derecho adquirido se entiende el derecho que
por un hecho o acto del hombre o por ministerio de la ley se ha incorporado
al patrimonio de una persona, o bien, la facultad legalmente ejercida. Una
mera expectativa es el derecho no incorporado al patrimonio o la facultad
no ejercida legalmente.
Para los efectos del Derecho Cooperativo, interesan las disposiciones de
dicha ley que se refieren a la capacidad, a los derechos reales, a la posesión,
a los derechos condicionales, a los contratos, al procedimiento judicial y a
la prescripción.
En cuanto a la capacidad, la Ley de Cooperativas se refiere a este tema
en el Título III, artículo 13, indicando que pueden ser socios de una coo-
perativa las personas naturales y las personas jurídicas de derecho público
y de derecho privado.
Sobre este particular hay que distinguir entre capacidad de goce, consis-
tente en la aptitud legal de una persona para la adquisición de los derechos
civiles, y la capacidad de ejercicio de tales derechos. La capacidad de goce
es una mera expectativa y naturalmente quedará sujeta a la nueva legislación,
conforme se dispone en el inciso 10 del artúculo 7º de la Ley sobre Efecto
Retroactivo. Respecto de la capacidad de ejercicio, el artículo 8º de esta
misma ley establece que tal capacidad, vigente en el momento de obtenerla,
no se pierde aunque la nueva ley exija otras condiciones para ella.
COOPERATIVAS 231
Sin embargo, el ejercicio y su continuación de dicho ejercicio respecto de
la capacidad, se rigen por la ley posterior, situación que ha sido controver-
tida, toda vez que se estaría subordinando la continuación de la capacidad
a la ley posterior, contraviniéndose el principio sustentado en la misma
disposición.
El resto de las disposiciones del Título III de la Ley de Cooperativas no
dice relación con la capacidad, sino con las normas atinentes a los contratos
y actos jurídicos, que pueden llevar a efecto las personas que adquieren la
calidad de socio de una cooperativa. Ello es importante de aclarar, ya que el
artículo 15 de la Ley de Cooperativas se refiere a la adquisición, el ejercicio
y la pérdida de la calidad de socio y las prestaciones mutuas a que haya
lugar por estas causas, las que se rigen por los estatutos de cada cooperativa,
conforme a las normas de la misma ley.
De este modo, la ley se encarga enfáticamente de precisar que todo
cuanto atañe al socio, incluyendo los aspectos o situaciones previas a la
adquisición de su calidad de tal, son materias de orden contractual, lo cual
se revela por las expresiones verbales utilizadas, como son “adquisición”,
“pérdida” y “prestaciones”.
La Ley sobre el Efecto Retroactivo de las Leyes se refiere a este punto
en los artículos 22 y 23. En la primera de dichas disposiciones formula el
principio fundamental de que en todo contrato se entenderán incorporadas
las leyes vigentes al tiempo de su celebración. Consecuencia de lo anterior
es que la ley antigua rige tanto los requisitos externos como los internos de
los actos y contratos, y los efectos de tales actos en el futuro.
Cabe señalar que el artículo 22 de la citada ley, consagra dos excep-
ciones al principio en cuanto se consideran incorporadas al contrato las
leyes vigentes al tiempo de su celebración. La primera de las excepcio-
nes se refiere a las leyes concernientes a reclamar en juicio los derechos
resultantes de ellos; la segunda, a las penas para el caso de infracción a
lo estipulado.
El artículo 23 prescribe que los actos o contratos podrán probarse con los
medios de prueba que establecía la ley vigente al celebrarlos, pero la forma
de rendir la prueba se regulará por la ley vigente al tiempo de rendirla.
232 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Dentro de las materias que regula la Ley sobre el Efecto Retroactivo de
las Leyes y que tienen importancia dentro del Derecho Cooperativo, están
las disposiciones relacionadas con los derechos reales, contemplados en los
artículos 12, 15, 16 y 17 de dicho cuerpo legal. Los principios esenciales
consisten en establecer que el derecho real adquirido bajo el imperio de una
ley y en conformidad a ella, subsiste bajo la ley posterior. Sus goces, cargas
y extinción se rigen por la nueva ley.
El artículo 13 se ocupa de la posesión, la que queda entregada por entero
a la nueva ley, toda vez que la posesión no es un derecho.
El artículo 14 trata de los derechos condicionales, disponiendo que el
plazo para que se considere fallida una condición bajo la cual se ha deferido
un derecho, es el de la ley antigua, a menos que excediere el señalado en la
ley nueva, a contar desde su vigencia.
Los artículos 25 y 26 de la Ley sobre Efecto Retroactivo se refieren a la
prescripción. El primero de ellos da al prescribiente, ya sea en la prescripción
adquisitiva o extintiva, la opción de escoger entre el plazo de la ley antigua
o el de la ley nueva, mas si escoge el de la ley nueva, no se comienza a
contar el plazo sino desde que ésta ha comenzado a regir.
El artículo 28 establece que si una ley declara algo imprescriptible, no
puede adquirirse por prescripción adquisitiva bajo su vigencia, sin importar
para ello cuánto tiempo de posesión llevara antes el prescribiente.
4.2. Efectos de la ley en cuanto a las personas
El artículo 14 del Código Civil dispone que “la ley es obligatoria para
todos los habitantes de la República, incluso los extranjeros”.
De este modo, toda persona que habite o se encuentre en el territorio
chileno, cualquiera sea su nacionalidad, está sujeta a la ley chilena.
A su vez, quienes habitan en el país tienen domicilio político en Chile,
conforme al artículo 60 del Código Civil y, por tanto, están sometidos a la
ley chilena, segun el artículo 14 ya mencionado.
COOPERATIVAS 233
Al mismo tiempo que el Código Civil somete a los chilenos y a los ex-
tranjeros a la ley chilena, los iguala o asimila en materia de derechos civiles.
En efecto, el artículo 57 del Código Civil dispone que “la ley no reconoce
diferencias entre el chileno y el extranjero en cuanto a la adquisición y goce
de los derechos civiles que regla este Código”.
Existen algunas excepciones a esta norma, como es el caso de las activida-
des pesqueras, cuya regulación se encuentra en la Ley General de Pesca.
Cabe destacar el artículo 122 de la Ley General de Cooperativas, en el cual
se regula el derecho de las cooperativas extranjeras para actuar en Chile, sin
perjuicio de que no gozan de los beneficios tributarios que la ley otorga a las
cooperativas chilenas. La norma indicada permite consecuencialmente que
cooperativas constituidas en el extranjero puedan actuar dentro del territorio
de la República con plena capacidad, a través de una agencia, quedando
sujetas en todo a las normas de la Ley General de Cooperativas.
Puede señalarse, como norma complementaria del artículo 122 mencio-
nado la Convención Interamericana sobre personalidad jurídica y capacidad
de personas jurídicas en el Derecho Internacional Privado.
Esta Convención fue suscrita por el Gobierno de Chile, en La Paz,
Bolivia, el 24 de mayo de 1984, en la Tercera Conferencia Especializada
Interamericana sobre Derecho Internacional Privado. A la fecha, Chile aún
no la ha ratificado (2012).
Señala esta Convención en el artículo lº que ella “se aplicará a las personas
jurídicas constituidas en cualquiera de los Estados Partes, entendiéndose
por persona jurídica toda entidad que tenga existencia y responsabilidad
propias, distintas a las de sus miembros o fundadores, y que sea calificada
como persona jurídica según la ley del lugar de su constitución”.
Agrega el citado artículo que la referida Convención se aplicará “sin
perjuicio de convenciones específicas que tengan por objeto categorías
especiales de personas jurídicas”.
El artículo 2º de la Convención dice que “la existencia, la capacidad
para ser titular de derechos y obligaciones, el funcionamiento, la disolu-
234 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
ción y la fusión de las personas jurídicas de carácter privado se rigen por
la ley del lugar de su constitución”. Define el mismo artículo que “por la
ley del lugar de su constitución” se entiende la del Estado Parte, donde se
cumplen los requisitos de forma y fondo requeridos para la creación de
dichas personas.
En cuanto al derecho de reconocimiento que una cooperativa pueda exigir
en el territorio de otro de los Estados Partes de la aludida Convención, está
establecido en forma imperativa, al decir el artículo 3º que “serán recono-
cidas de pleno derecho en los demás Estados Partes”.
Tal derecho no excluye la facultad de cada uno de los Estados para exigir
la comprobación que la persona jurídica existe conforme a la ley del lugar
de su constitución.
Las normas de la Convención añaden otra disposición de gran interés, re-
lativa a que “en ningún caso la capacidad reconocida a las personas jurídicas
privadas constituidas en un Estado Parte, podrá exceder de la capacidad que
la ley del Estado Parte dé reconocimiento u otorgue a las personas jurídicas
constituidas en este último”.
Todo lo anterior debe entenderse siempre en el ámbito de los Estados que
hubieren ratificado la Convención, de manera que tales normas constituyen
principios de carácter general para la aplicación del derecho.
Consecuente con el principio de que la capacidad de la cooperativa no
puede exceder de aquella que se les reconoce en Chile o respecto de las
cooperativas chilenas en el extranjero, el artículo 59 de la citada Convención
el cual estatuye que “para el ejercicio de actos comprendidos en el objeto
social de las personas jurídicas privadas, regirá la ley del Estado Parte donde
se realicen tales actos. Tal norma no es sino la aplicación del artículo 14
del Código Civil chileno, que dispone que la ley es obligatoria para todos
los habitantes de la República, incluso los extranjeros.
También agrega el artlculo 5º de la Convención que “las personas jurídi-
cas privadas constituidas en un Estado Parte que pretendan establecer la sede
efectiva de su administración en otro Estado Parte, podrán ser obligadas a
cumplir con los requisitos establecidos en la legislación de este último”.
COOPERATIVAS 235
El principio de carécter territorial que señala el articulo 32 del Código
Bustamante es concordante con el artículo lº de la Convención de La Paz
de 1984, ya que ambas disposiciones consideran que la existencia y, por
ende, el concepto de la persona jurídica se rigen por la ley del lugar de su
constitución o ley territorial. Igual premisa se aplica al reconocimiento,
puesto que del artículo 3º de la Convención se concluiría que las coopera-
tivas, debidamente constituidas en el Estado Parte, serán reconocidas de
pleno derecho en los demás Estados Partes.
La Ley Cooperativa no reconoce diferencias entre el chileno y el extran-
jero en cuanto a la adquisición, ejercicio y pérdida de sus derechos como
socio de una cooperativa, principio consagrado en la legislacián civil, en
el artículo 51 del Código conespondiente.
4.3. Efectos de la Ley Cooperativa en cuanto al territorio
El territorio del Estado está delimitado por sus fronteras, incluyendo
dentro de ellas el mar territorial, y el espacio aéreo.
El principio de la territorialidad de la ley consiste en su aplicación dentro
de los límites del territorio del Estado, y la extraterritorialidad, su aplicación
fuera de dichos límites.
El Derecho Cooperativo, por tanto, se aplica dentro del territorio del
Estado, según se establece en los artículos 14 y 18, inciso 1º del Código
Civil.
El primero de dichos artículos dispone que la ley es obligatoria para
todos los habitantes de la República, incluso los extrangeros. El segundo,
que los bienes situados en Chile están sujetos a las leyes chilenas, aunque
sus dueños sean extranjeros y no residan en Chile.
También cabe destacar que conforme se prescribe en el artículo 17 del
Código Civil, los actos otorgados en el país se rigen por la ley chilena.
No obstante lo expuesto, es posible que la ley extranjera se aplique en Chi-
le, en virtud de lo que señala el artículo 18, inciso 2º, del Código Civil.
236 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
En efecto, la ley extranjera va a tener efecto en Chile cuando se ha cele-
brado un contrato válidamente en país extránjero, no sólo en cuanto la ley
extranjera pudiere haber regulado la validez de dicho contrato, sino también
por el principio de aplicación universal que se refiere al haber incorporado
al respectivo contrato las leyes vigentes en el país y en la época de su ce-
lebración. Este último efecto está limitado por el inciso 3º del artículo 16,
que dispone que “los efectos de los contratos otorgados en país extraño para
cumplirse en Chile, se arreglarán a las leyes chilenas”. Aunque el derecho
chileno reconoce la validez del contrato otorgado en el extranjero, los de-
rechos y obligaciones emanados de él están sujetos a la ley chilena.
En la legislacián cooperativa no existe excepción alguna a los principios y
normas legales recién comentados, de tal modo que ellos son absolutamente
aplicables al Derecho Cooperativo chileno.
La otra cara de estas normas se encuentra en la posibilidad de aplicar la
ley chilena en el extranjero y ello es factible en conformidad al artículo 15
del Código Civil, pero en un ámbito muy restringido.
Para los efectos de nuestro tema sólo interesa destacar que la ley chilena
será aplicable a los chilenos, no obstante su residencia o domicilio en país
extranjero, en lo relativo a su capacidad para ejecutar ciertos actos que
hayan de tener efecto en Chile.
Tal es el caso de lo dispuesto en el artículo 17 de la Ley de Coope-
rativas, al disponer que las personas naturales chilenas, mayores de die-
ciocho años, pueden ser socios de una cooperativa en Chile, no obstante
cualquier requisito en contrario que exista en el país en donde resida o
esté domiciliada.
5. ÁMBITO INSTITUCIONAL DE LA LEY DE COOPERATIVAS
Al analizar la definición que hicimos de Derecho Cooperativo, señalamos
que la regulación que se efectúa se refiere a la pluralidad de los aspectos
que se producen entre los socios y las instituciones cooperativas a las cua-
les se adhieren o entre todos éstos, reglando además los efectos de estas
relaciones.
COOPERATIVAS 237
Indicamos que básicamente el estudio del Derecho Cooperativo envolvía
el análisis de cuatro grandes relaciones, tres de las cuales se desarrollan
con la entidad cooperativa y la cuarta se produce entre los socios de una
cooperativa, si bien se desarrolla entre entidades o personas físicas no
cooperativas; pero el análisis se hace en función de que tales relaciones se
vinculan en alguna forma a una entidad cooperativa, pues de otro modo
caen en la esfera de otras de las ramas del derecho.
Lo anterior hace que el Derecho Cooperativo sea fundamentalmente un
derecho de entidades, o instituciones o de personas jurídicas, ya que cuando
se analiza alguna situación de alguna persona natural, es en relación con
una entidad cooperativa.
Interesa destacar la índole de la entidad cooperativa. ¿Es una sociedad?,
¿es una asociación?, ¿es una institución?
Los términos o expresiones “asociación”, “institución” u “organización”
tienen múltiples connotaciones, no sólo de carácter jurídico, sino, y con ma-
yor énfasis, en ámbitos extrajurídicos, como lo son la política, la economía,
la sociología y la filosofía.
Se ha entendido que asociación, siguiendo el concepto del italiano
Doménico Rubino99, es el fenómeno por el cual dos o más personas se
encuentran jurídica y establemente vinculadas por la persecución de un fin
común, definición que deslinda a la que podría extraerse desde el punto de
vista jurídico de la expresión “institución”. Por su parte, Brunetti señala que
la sociedad es, con respecto a la asociación, lo que la especie es al género,
señalando que esta última comprende toda unión voluntaria de personas que,
de un modo durable y organizado, ponen todos sus esfuerzos para conseguir
un objetivo determinado100.
En efecto, la institución no requeriría de personas naturales o jurídicas
que se vinculen para la persecución de un fin común, sino que se estaría más
bien en presencia de la voluntad de alguna persona natural o jurídica que
99 La associazioni non riconosciute, Milán, Nº 4. 2º Edición Milano 1952.
100 BRUNETTI, Antonio. Sociedades Mercantiles. Tomo I. Editorial Jurídica Universitaria.
Mexico.
238 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
a través de la creación de una persona jurídíca destinada al cumplimiento
de un determinado objeto. Tal es el caso del Estado, de las fundaciones, de
ciertos y determinados organismos públicos.
Por ello es que la cooperativa no puede ser calificada de institución
siguiendo el concepto jurídico de este término, toda vez que ella es la ma-
terialización de las voluntades de un conjunto de personas.
De aquí es que sea preciso distinguir si la cooperativa es una asociación
o una sociedad.
El tema, en nuestro medio, ha sido analizado en la monografía cuyo
autor es don Mario Cárdenas Bustamante101, quien llega a las siguientes
conclusiones:
“Primera conclusión. La cooperativa es una especie de sociedad con las
diferencias de grado ya expuestas”.
“Segunda conclusión. La cooperativa no es una especie de sociedad,
constituye una organización grupal propia, por sus especiales fundamentos
filosóficos, económico-sociales, que en síntesis se expresaron para diferen-
ciarla de la sociedad, y, además, porque los servicios entre el cooperado y
el ente son recibidos por aquél fundamentalmente en medida contingente;
esto es, en los casos y según la intensidad con que cada cooperado se sirva
de su cooperativa.
Por esta segunda conclusión, debemos construir una diferenciación sis-
temática entre cooperativa y asociación, por cuanto esta última también se
erige en el mundo jurídico con argumentos propios para recrear, resolver
problemas o alcanzar aspiraciones de la persona en interacción con las
demás”.
La monografía citada continúa analizando el tema de la asociación en
sentido estricto en relación con la cooperativa, sin llegar, a nuestro juicio,
101 Teoría de la Asociación. Memoria, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la
Universidad de Chile. Editorial Jurídica de Chile. 1972.
COOPERATIVAS 239
a una conclusión esclarecedora frente a nuestra interrogante planteada: ¿la
cooperativa es sociedad o asociación?
Es común calificar a las asociaciones por su ausencia de fines lucrativos
y la existencia de fines altruistas, sea de carácter espiritual, social, cultural
o de beneficencia para con terceros o con respecto a sus miembros. Es por
ello que, adentrándonos en el concepto de asociación, debemos examinar
diversos aspectos relativos al tema. En cualquier caso, el término jurídico
“asociación”, en un sentido amplio, engloba a las sociedades, cooperativas,
corporaciones, sindicatos y sociedades de socorro o asistencia mutua.
En un sentido estricto, es evidente la diferencia existente entre sociedades
y asociaciones, pues estas últimas no tendrían objeto lucrativo102.
Decimos que el análisis antes reseñado, al expresar que la cooperativa
constituye “una organización grupal”, no es clarificadora, puesto que el
derecho no ha recogido como un instituto propio el concepto envuelto en
tal caracterización. Es cierto que para conseguir los fines de toda asociación
se precisa una organización que coordine la actividad de los asociados o
miembros del grupo, elemento que es común tanto a una cooperativa como
a una sociedad anónima. Por ello no nos satisface tal concepto.
Tomaremos para nuestro estudio, en consecuencia, el término “asocia-
ción” en el sentido amplio analizado por Doménico Rubino, dentro del cual
se inserta la cooperativa.
A nuestro entender, el concepto de sociedad, en un sentido jurídico, es
el mecanismo que por voluntad de sus organizadores y bajo el amparo del
102 BRUNETTI, en op. cit., en el capítulo destinado a las cooperativas, señala: “Ante la variedad
de orientaciones, algunos se inclinaban por colocar las cooperativas, a base de mutualidad pura,
en el campo de las asociaciones y las de mutualidad denominada impura en el de las socie-
dades lucrativas. Según Rufino no se debía considerar decisivo el sistema del beneficio o del
dividendo (aunque estuviese limitado al interés legal), no influyendo en la calificación jurídica
del fenómeno por no existir una perfecta correlación entre el aspecto formal y el económico, es
decir, entre la estructura y la función de la institución”. La ley Nº 20.500 de 16 de febrero de
2011 reguló espacialmente las Asociaciones sin fines de lucro. Cabe destacar en el ámbito de
la Unión Empresa el concepto de la “agrupación europea de interés económico” (reglamento
CEE Nº 2.137/85) que señala en el art. 3º, que la finalidad de la agrupación es la de “falicitar
o desarrollar la actividad económica de sus miembros, mejorar o incrementar los resultados de
esta actividad; no es la de realizar beneficios para si misma” (art. 3º).
240 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
derecho, permite a las personas alcanzar un objetivo que las excede indi-
vidualmente.
En el concepto precedente existen dos elementos: a) uno de carácter
contractual, que constituye una noción unitaria, y b) un elemento orga-
nizacional, que constituye una noción múltiple, que abarcaría diferentes
tipos de sociedades, que pueden estar agregadas sobre una base personal
restringida o abierta, o con una base eminentemente económica, caso este
último que es el de las sociedades anónimas, o con una mezcla de ambas,
es decir, con una base personal amplia o abierta y con una base económica,
que sería la cooperativa.
Cuando la sociedad clásica, esto es, la colectiva, asciende, se desarrolla
y adquiere diversos matices y complejidades, el contrato de sociedad tiende
a transformarse y a configurarse sobre la base de la aceptación y adhesión a
un estatuto, amparado desde el exterior por la ley y desde el interior por la
obligación contractual de aceptar y acatar sus disposiciones y a modificarlo,
con independencia de los constituyentes, conforme a las reglas establecidas
en el mismo. Tales sociedades viven y mueren independientemente de sus
socios y, en particular, de la vida o muerte de éstos. En la sociedad colectiva
y en los diferentes tipos de sociedades de personas restringidas, la vida o
muerte de los socios repercuten sobre la sociedad.
El tema de la no aceptación de la definición de la cooperativa como so-
ciedad, sino como asociación, ha sido analizado por Ascarelli103, Berto104 y
Rubino105, señalándose dos elementos para establecer esta distinción: a) lo
que caracteriza a la cooperativa como asociación es la mutualidad, enten-
dida como “comisión de intereses”, y b) el contrato de sociedad tendría por
objeto desarrollar un actividad económica con terceras personas, a fin de
obtener un lucro repartible entre las partes concelebrantes del mismo, y el
contrato de cooperativa tiene por objeto la organización de una categoría
103 “Cooperativa e societa, Concettualismo giuridico e magia delle parolle”, en Riv. delle
Soc., 1957.
104 Studi preliminari sulla trasformazione delle societa, Torino, 1945.
105 Le associazioni non riconoscenti, 2ª edición, Milano, 1952.
COOPERATIVAS 241
en función de los intereses o necesidades comunes de cuantas personas la
componen106.
En el ámbito del derecho francés, la ley de 1º de julio de 1901 define a
la asociación como “la convención por la cual dos o más personas ponen
en común, de un modo permanente, sus conocimientos o su actividad con
otro fin que el de partir beneficios”.
De este modo, el derecho francés le da claramente a la asociación un
propósito distinto que el de la distribución de beneficios. Si los obtuviere, la
asociación, en forma directa o indirecta, estaríase en presencia de una sociedad.
Esta última tendría un fin interesado y la asociación un fin desinteresado.
Brunetti, agrega: “La mutualidad, aunque no sea integral, sirve para
distinguirlas de las empresas comerciales ordinarias entre las que se en-
cuentran las sociedades lucrativas”. Concluye señalando que existen tres
grandes categorías:
1) Sociedades ordinarias caracterizadas por un fin lucrativo, es decir,
por el ejercicio en común de una actividad económica para repartir los
beneficios (art. 2.247).
2) Sociedades cooperativas caracterizadas por un fin preponderantemente
mutualista que comprende como sub tipo las mutuas de seguros.
3) Entes mutualistas que no son ni socidedes ni empresas y cuya orga-
nización y fines son francamente mutualistas.
En Argentina, el tema –siguiendo los lineamientas del derecho francés–
ha sido analizado por J. L. Páez107, quien resuelve que las cooperativas
serían una de las especies de asociación. También el tratadista argentino
Alfredo Roque Corvalán ha efectuado una profundizada investigación en
torno al tema, concluyendo que la cooperativa es una especie del género
persona jurídica distinta de la sociedad, por no tener como fin primordial
106 SERRANO Y SOLDEVILLA, Alfonso Diego, La Cooperativa como sociedad abierta, Co-
lección Tesis Doctorales, Servicio de Publicaciones del Ministerio del Trabajo y Seguridad
Soeial, España, 1982.
107 Tratado teórico-práctico de las asociaciones, Ediar, Buenos Aires, 1964.
242 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
la obtención de una ganancia para partir entre los socios. Agrega que tal
conclusión no permite incluir en la otra especie del género persona jurídica
la asociación, por el solo hecho de no perseguir un fin lucrativo, toda vez
que la cooperativa se distingue de la asociación por ser el objetivo de aquélla
de carácter económico. De aquí que el tratadista Corvalán establezca que
“en los derechos latinos; la cooperativa es una nueva especie o tipo del
género persona juridica –que denominamos simplemente ‘Cooperativa’–,
regida por el Derecho Cooperativo; distinta de la sociedad y de la asocia-
ción, normadas por el derecho común; diferenciándose de la primera, por
no tener por fin primordial la obtención de una ganancia –lucro de signo
positivo– para partir entre los socios, y de la segunda, por ser su objetivo
de carácter económico”108.
El término “sociedad”, desde un punto de vista jurídico, se entiende desde
dos conceptos: a) como un acto contractual, y b) como la persona jurídica re-
sultante de este contrato. Se suele añadir que también se comprende la relación
jurídica existente entre los interesados en virtud del contrato de sociedad.
Dentro del ordenamiento jurídico cooperativo chileno, no cabe duda que
la cooperativa constituye un contrato, toda vez que conforme el artículo 6º
de la ley, se refiere a los estatutos (en singular: “el estatuto”) y a su conte-
nido mínimo y todo estatuto constituye la forma contractual de establecer
una asociación o sociedad de personas. El mismo artículo 6º, a su vez,
señala que el acta constitutiva deberá ser reducida a escritura pública, la
cual contendrá los estatutos.
El encabezamiento del Capítulo I, que se titula “Disposiciones Comunes
a toda clase de cooperativas” se divide a su vez en ocho títulos, denominán-
dose el I: “De la naturaleza de las cooperativas”109. De este modo, dentro
108 Derecho Cooperativo Argentino, op. cit., pp. 151-152.
109 El texto anterior a la reforma efectuada por la ley Nº 19.832, señalaba: “De la naturaleza
de las sociedades cooperativas”, suprimiéndose el calificativo de sociedades. Tal modificación
no iba incluida en el Mensaje del Ejecutivo al Congreso Nacional se plasmó en la discusión
que hubo en el Senado respecto del artículo 1º, en cuya redacción se reemplazó la expresión
“instituciones” por “asociaciones”. No consta en las actas del Senado el reemplazo del encabe-
zamiento del Título I. (Segundo Informe de la Comisión de Economía, recaído en el proyecto
de ley, en segundo trámite constitucional que modifica la Ley General de Cooperativas. Boletín
Nº 855-03). Véase el Capítulo VI de este libro.
COOPERATIVAS 243
de nuestro derecho nos encontramos que existe un contrato de asociación,
singularizado en la constitución de una cooperativa, reforzando de este
modo la concepción no lucrativa de la cooperativa dada su naturaleza de
institución mutulística.
Este contrato, previo el cumplimiento de diversos requisitos, da origen
a una persona jurídica y a una organización. Esta organización constituye
una cooperativa, que no dependerá del contrato original, sino de su propio
estatuto, el cual puede ser modificado sin la voluntad de los suscriptores
del instrumento original.
En el acto constitutivo se dan todos y cada uno de los elementos del
contrato, en los términos de la teoría de las obligaciones y conforme a las
reglas del Derecho Civil.
No debe confundirse este concepto con el de contrato bilateral, del todo
diferente, puesto que aquí la manifestación de voluntades es plurilateral,
más de diez personas, salvo los casos especiales exceptuados por esta ley.
Las prestaciones no requieren ser equivalentes, puesto que todos los socios
quedarán obligados a los aportes mínimos exigidos por el estatuto, con el
fin de obtener los beneficios sociales que la cooperativa proporcione, de
tal modo que las prestaciones no ingresan al patrimonio de los otros con-
tratantes, sino a los de la sociedad cooperativa que se crea.
En suma, las características esenciales del contrato de asociación se dan
en todos sus términos, diferenciándose en el tipo de organización social
que emerge de la conjunción de voluntades, las que están enumeradas en
las disposiciones del artículo 1º de la ley, generando, en consecuencia, un
distinto tipo de organización social, como lo es la cooperativa, que difiere
del resto de la sociedad.
En todo caso, la cooperativa concebida por la legislación chilena es un
empresario social, regulado por un estatuto jurídico propio110.
110 BRUNETTI, en op. cit., señala: “Las sociedades cooperativas son, por definición, empresas,
en cuanto ejercen una actividad económica organizada a los fines de la producción y del comer-
cio de bienes y de servicios (artículos 2082 y 2200)”. Agrega más adelante: “Con la sociedad
lucrativa, las cooperativas tienen por consiguiente en común, el carácter de empresa”.
244 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El concepto de empresa o empresario no es un concepto jurídico ple-
namente recogido en nuestro ordenamiento legal y diferentes doctrinas
jurídicas han tratado de establecer la naturaleza de la empresa. No es el
propósito de este estudio adentrarnos en tales cuestiones, que vienen de una
concepción económica y que se quiere reconocer en el derecho.
Por ello, desde un punto de vista económico, la cooperativa, cualquiera
que sea su tipo, es una empresa que se compone de un conjunto de elementos
heterogéneos, los que se organizan conforme a las normas cooperativas,
para el beneficio y ayuda mutua de sus socios, y que se proyectan en la
comunidad nacional o internacional.
Con lo expuesto, hemos querido conceptualizar el ámbito típicamente
institucional del Derecho Cooperativo chileno, el que abarca todo cuanto
dice relación con este tipo especial de sociedad.
CAPÍTULO VI
NATURALEZA DE LA COOPERATIVA EN LA LEGISLACIÓN CHILENA
1. DE LA NATURALEZA
El Capítulo I de la ley, que contiene las disposiciones comunes a toda
clase de cooperativas, se inicia con el Título I, acerca “de la naturaleza de
las cooperativas”.
Desde un ángulo filosófico, la naturaleza de algo dice “relación al na-
cimiento, al origen, designando en primer lugar la pluralidad natural (es
decir nativa, resultante o surgida del nacimiento) de un viviente. En un
sentido amplio, se llama naturaleza el modo de ser de cada ente, tal como
le corresponde por su origen. Aunque con frecuencia no se hace distinción
entre naturaleza y esencia, sin embargo, tomando la palabra en su acepción
estricta, naturaleza añade la esencia en un momento dinámico; o sea, ésta
se llama naturaleza en cuanto principio del desarrollo del ente, en cuanto
fundamento interno de sus dimensiones activa y pasiva. Considerado desde
este punto de vista, todo ente tiene su naturaleza. Esta naturaleza es el plan
constructivo entrañado en todo ser y, por lo mismo, la norma determinante
de su obra”111.
De este modo, al intentar el Título I de la Ley de Cooperativas desen-
trañar la naturaleza de estas entidades, se pretende determinar el modo de
ser de las cooperativas, tal como le corresponde por su origen, por su plan
constructivo y por las normas determinantes a su obrar.
111 BRUGGER, Walter, Diccionario de Filosofía, 9ª edición, Edltorial Herder, 1978.
246 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La definición que la ley procura no está determinada sólo al punto de
vista jurídico, sino a la totalidad de la institución que se pretende regular.
En consecuencia, la ley no sólo establece la naturaleza jurídica de las coo-
perativas, sino que pretende ir más allá de dicha naturaleza propiamente
jurídica, alcanzando el fundamento interno de sus dimensiones.
El conjunto de disposiciones contenidas ea el Capítulo I de la ley muestra
las dimensiones activas y pasivas de la institución y en su desarrollo diná-
mico, como lo son particularmente los principios cooperativos que están
explicitados en la ley y que, por ende, deben concurrir en el nacimiento de
toda cooperativa, en sus actividades y en su disolución.
2. ELEMENTOS ESENCIALES QUE DEFINEN A UNA COOPERATIVA
EN LA LEGISLACIÓN CHILENA
Cuatro elementos pueden extraerse de la legislación chilena respecto de
las cooperativas, para establecer su estructura jurídica y éstos son:
1. Son asociaciones sin fines de lucro;
2. Tienen por objeto la ayuda mutua;
3. Se rigen por las disposiciones de la Ley de Cooperativas;
4. Presentan las características que la ley establece.
Examinaremos a continuación los cuatro conceptos definitorios de la
legislación chilena.
2.1. Son asociaciones sin fines de lucro
Entendemos que al emplear la ley la expresión “asociaciones”, la está
utilizando con el objeto de no definir ni incluir a la cooperativa con el térmi-
no de “sociedad”112 no lucrativa, ya que estaría definiendo con el concepto
que se trata de definir.
BRUNETTI, en op. cit., p. 815 señala: “En Francia las cooperativas de tipo inglés, tanto
112
de consumo como agrícolas de producción, han tenido también un notable desarrollo, pero ha-
biéndose convertido en instrumento, bastante combatido, de la política social, no consiguieron
tener una legislación orgánica y quedaron marcadas por el espíritu capitalista del tiempo. A
pesar de algunas leyes sociales sobre esta materia, el principio cooperativo ha quedado sofocado
COOPERATIVAS 247
La utilización del término “asociaciones”, nos parece que el legislador
quizo utilizarlo en un marcado y claro contraste con la expresión “institu-
ción” que utilizaba la legislación anterior, a fin de perfilar en mejor forma
a las cooperativas, pues todas las personas jurídicas pueden ser calificadas
de “instituciones”, pero, como ya hemos visto anteriormente, aquellas que
no persiguen fines lucrativos encuentran su ubicación dentro del concepto
de asociaciones.
De este modo la cooperativa se engloba dentro de la definición dada por
Ferrara para las personas jurídicas, quien expresó que éstas son “institucio-
nes formadas para la consecución de un fin y reconocidas por la ordenación
jurídica como sujeto de derecho”113.
Dentro de nuestro ordenamiento jurídico, el artículo 545 del Código Civil
define a la persona jurídica como “una persona ficticia, capaz de ejercer
derechos y contraer obligaciones civiles, y de ser représentada judicial y
extrajudicialmente”.
Entre ambas definiciones, la de Ferrara y la de nuestro Código Civil, se
advierten claras distinciones, toda vez que la primera pone su acento en la
existencia de una finalidad y en el reconocimiento que le preste el ordena-
miento legal. La segunda atiende más bien a la capacidad de actuar en la
vida del derecho, a su capacidad de ejercicio. La ley Nº 20.500 de 2011,
agregó a dicho artículo el siguiente inciso:
“Las Corporaciones de derecho privado se llaman también asociaciones”.
Continuación nota 112
por aquella forma híbrida de sociedad de capital variable que se puede considerar como un
subproducto de la ley fundamental sobre sociedades por acciones de 1867”. Cabe señalar que
el autor citado fue editado en el año 1947 y la segunda edición de su obra apareció en 1948. En
Francia la evolución de la legislación cooperativa, aparte de la Ley de 24 de julio de 1867 sobre
Sociedades de Capital Variable, se inició con la ley Nº 47-1775 de 10 de septiembre de 1947,
legislación que aún se encuentra vigente, existiendo además la Ley Nº 72-516 de 27 de junio
de 1972 sobre Cooperativas Agrícolas, la ley Nº 85-703 de 12 de julio de 1985, instituyendo la
unión de economía social, culminando con la Ley Nº 92-643 de 13 de julio de 1992 denominada
“Ley Relativa a la Modernización de las Empresas Cooperativas”. Para más detalles, véase
“Droit Comparé des Coopératives Européenes”. Collection de la faculté de Droit, d’économie
et de Finance de l’Universite de Luxembourg. Editions Larcier S.A., 2009.
113 FERRARA, Francisco, Teoría de las personas jurídicas, p. 372, Madrid, 1929.
248 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Tal agregado hace que dentro del género de las asociaciones existan las
corporaciones de derecho privado y las cooperativas.
La cooperativa responde a los propósitos de crear una organización cuya
distinción más primigenia corresponde al fin y al método. Su finalidad es
la de lograr aprovechar el óptimo rendimiento de los recursos comprome-
tidos en una determinada actividad económica al identificar al usuario de
los bienes y servicios con el propietario de la empresa. El método se deriva
precisamente de esta identificación, pues la asociación obtiene una reducción
efectiva de costos de producción y comercialización, este último término en
un amplio sentido, consiguiendo formas ventajosas en lo bienes y servicios
que provee a sus asociados.
El artículo 5º de la Ley de Cooperativas precisamente, está destinado a
vincular a las instituciones que regula con la definición de nuestro Código
Civil, al disponer que “gozarán de personalidad jurídica”.
Por el hecho de ser personas jurídicas, tienen los atributos propios de
éstas y, por consiguiente, poseen domicilio, nombre, nacionalidad, patri-
monio, capacidad y, en consecuencia, podrán adquirir, enajenar, poseer y
administrar bienes a cualquier título.
La anterior Ley de Cooperativas, contenida antes de la reforma intro-
ducida por la ley Nº 19.832, en el DS Nº 502 de 1º de septiembre de 1978,
caracterizaba a las coopertivas como “instituciones sin fines de lucro”, frase
que fue suprimida en la reforma legal, cuyo análisis efectuamos en el Ca-
pítulo I e igualmente en Capítulo IV, al referirnos a la gestión mutualística
de la cooperativa, del presente texto.
La referida supresión, cuya redacción primitiva y finalidad podría haber
sido pedagógica, puesto que dicha declaración legal no le agregaba tal natu-
raleza a la cooperativa, sino que su ausencia de lucro deviene de la estructura
asociativa que se establece. Al ser eliminada la definición de carecer de una
finalidad no lucrativa, la institución jurídica de la cooperativa en nuestro
derecho sigue manteniendo la naturaleza de ser un ente sin fines de lucro.
Por su esencia, la cooperativa y toda cooperativa regida por la Ley Ge-
neral de Cooperativas es una persona jurídica sin fines de lucro.
COOPERATIVAS 249
El hecho de que la cooperativa no persiga fines de lucro en su actividad,
no la hace distinta a otras empresas que se agrupan bajo otros tipos socie-
tarios, como lo son las sociedades colectivas, las sociedades en comandita,
sociedades anónimas sean cerradas o abiertas, sociedades por acciones y
socidedades de responsabilidad limitada114.
El legislador, como lo hemos afirmado anteriormente, al calificar a las
cooperativas como asociaciones, desde un punto de vista jurídico, las ubicó
en una categoría no lucrativa, es decir, que el propósito que guía a sus socios
no es el de obtener un lucro y repartirlo entre los socios o accionistas, sino
otro, cual es el de la ayuda mutua, como se debatió en el Senado al modi-
ficarse el artículo 1º de la Ley General de Cooperativas, según explicamos
en el Capítulo Primero de este texto.
Siendo por su esencia la cooperativa un ente sin finalidad de lucro, al
perseguir el lucro se distorsiona, generándose o más bien degenerándose en
otro tipo de entidad. La norma que define a la cooperativa como asociación
y los razonamientos que más adelante siguen, determinan claramente que la
cooperativa, dentro del ordenamiento jurídico chileno, no es una institución
regida por el Código de Comercio, ni una empresa mercantil.
La ley establece un conjunto de mecanismos de orden jurídico-económi-
co, recogidos de la doctrina cooperativa, para preservar el fin no lucrativo
de la cooperativa, que luego analizaremos.
Nuestra legislación no define el lucro y la definición del Diccionario de
la Academia Española de la Lengua no aporta una visión adecuada, ya que
lo define como la ganancia o provecho que se saca de una cosa.
Utilizando la referida definición, pese a su amplitud, el hecho de que la
cooperativa sea una institución sin fin de lucro, vendría a significar que este
ente no tendrá un fin de ganancia o provecho de una actividad.
114 El autor italiano BIGIAI (La profesionalita dell’imprenditore, Padua, 1948, Nº 10),
explica que las cooperativas son egoaltruistas a diferencia de los otros tipos societarios, a los
cuales califica de egoístas, pues estas últimas su finalidad está dirigida a obtener un lucro y su
distribución entre los socios o accionistas, en cambio, en las asociaciones se pueden perseguir
fines altruistas o mutualistas.
250 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Tal definición para nuestro análisis no resulta clara, ya que toda coope-
rativa intenta, en definitiva, sacar u obtener un provecho para sus socios y
para ella misma al mantenerse y progresar como empresa.
Para entender adecuadamente la falta de lucro en la cooperativa, se requie-
re ir directamente al objeto o fin de la asociación cuyo estudio nos acupa. En
efecto, al disponer la ley que estas asociaciones tienen como objeto la ayuda
mutua entre los asociados y no la ganancia, o la búsqueda de utilidades entre
éstos, está estableciendo con claridad el perfil de la cooperativa.
En efecto, el objetivo de ayuda mutua, pero sin la obtención de una ga-
nancia o provecho, es la característica de toda cooperativa.
Los actos humanos tienen una finalidad de obtener un provecho o be-
neficio para quien los ejecuta, aunque ellos se ejecuten en forma gratuita,
por cuanto quien realiza un acto gratuito obtiene una satisfacción moral
o espiritual que lo motiva a llevar a cabo un acto gratuito. Tal tema está
planteado en la novelística del siglo XX por el escritor francés André Gide,
en la novela Las Cuevas del Vaticano, en la cual el personaje principal
mata a un pasajero en un tren, sin razón o motivo alguno. A nuestro juicio,
un ser racional está impedido de actuar gratuitamente y siempre sus actos
estarán encauzados por un motivo o finalidad. De este modo no es posible
contraponer el propósito de un acto realizado con fines de lucro contra un
acto gratuito, ya que este último no es sino la creación intelectual, contra
la lógica de la razón, al intentar desarrollar un personaje que podría actuar
gratuitamente conservando la razón.
Es por ello que el propósito no lucrativo de un acto, o el hecho de que
una institución sea de orden no lucrativo, debe contraponerse a aquellas en-
tidades que son de propiedad o pertenezcan a personas naturales o jurídicas
que por su actividad esperan obtener una ganancia legítima.
Las personas cotidianamente realizan actos lucrativos y no lucrativos. En
efecto, el que los padres de familia adquieran productos y servicios para la
mantención de la familia, tal actividad, la entrega, elaboración y distribución
de tales productos y servicios al interior de la familia, es evidentemente un
acto sin propósitos lucrativos. Los mismos actos realizados con el objeto
de entregarlos a otras personas, con el propósito de lograr una diferencia
COOPERATIVAS 251
por sobre el costo de adquirir, procesar o distribuir tales bienes, será un acto
que persigue obtener un lucro o ganancia.
De donde se puede apreciar que el propósito o fin de tales actos es el que
les da el carácter de actos con o sin propósitos lucrativos.
Lo que importa es que el fin no lucrativo de una cooperativa no es una
declaración impuesta por la ley o que pueda establecerse por ésta, sino que
es un contenido esencial de la entidad, toda vez que su naturaleza jurídica,
social y económica la excluye de la posibilidad de alcanzar el lucro, todo
lo cual no obsta a la actividad del socio, sino que, muy por el contrario,
impele al socio a participar en la cooperativa, por el interés que éste tiene
de autobeneficiarse con su actividad.
Cabe destacar que, al describir nuestro Código de Comercio el principal
acto comercial, constituido por “la compra y permuta de cosas muebles,
hecha con ánimo de venderlas, permutarlas o arrendarlas en la misma for-
ma o en otra distinta, y la venta, permuta o arrendamiento de estas mismas
cosas”, conforme el artículo 3º Nº 1 de dicho Código, se está entendiendo
el ánimo, propósito o motivación de quien ejecuta el acto para calificarlo
de mercantil, aunque no se exprese que tal acto lleve el propósito ulterior
de obtener una ganancia o lucro al efectuar dicho acto. Pero ello es eviden-
te, como quiera que la compra de un bien hecha con ánimo de venderlo,
si no es para obtener una diferencia de precio entre ambas transacciones,
independientemente del valor agregado que puede contener la cosa mueble,
responde o a un acto carente de racionalidad, o cuya razón se encuentra en
un contexto más complejo, que tras su análisis, incluyendo las consecuentes
complejidades, podrá justificar su racionalidad; o constituye un acto de ca-
ridad, o finalmente es un acto de colaboración, germen de una ayuda mutua,
que al institucionalizarse bajo los principios de la Ley de Cooperativas se
regularía por el ámbito de esta legislación115.
115 Lo que singulariza el comercio como institución regulada por erl Derecho Comercial,
lo constituye el cambio directo de bienes, lo cual viene desde muy antiguo (SCACCIA, Tractus de
comerciis et cambio, Venteéis 1669 y antes Stracca, Tractus de mercatura seu mercator, Venteéis
1575), lo que determinó que el fin de lucro es uno de los elementos caracterizadores para fijar
el sentido de la normativa mercantil, sobre la base de la compraventa y el trueque o permuta.
252 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El acto ejecutado tiene de parte del sujeto que lo realiza una clara conno-
tación destinada a beneficiar a dicho sujeto. Lo que sucede es que tal acto
ejecutado por y a través de la cooperativa se integra con el contenido de la
ayuda mutua de los demás miembros de la cooperativa, por la naturaleza
no lucrativa de ésta.
Se distingue, para los efectos del análisis de la actividad de una coope-
rativa, entre el lucro objetivo y el subjetivo, siendo el primero aquel en el
cual la finalidad de obtención de una ganancia es perseguida directamente
por la empresa y el segundo o lucro subjetivo, lo constituye el propósito
que motiva a los socios a exigir el reparto de dichas ganancias entre ellos.
De tal manera que cuando se dice que una cooperativa no persigue fines de
lucro, se tiene que existe una entidad completamente desprovista de una
finalidad lucrativa objetivamente, a diferencia de la empresa lucrativa que
persigue el lucro en forma objetiva e ilimitada, el cual también adquiere la
característica de ser inicierto.
La finalidad de la cooperativa no consiste en obtener un provecho para si
misma, sino el que sus socios obtengan un provecho a través de la entidad
en la cual participan como socios, mejorado su patrimonio individual.
La doctrina116 señala: “mientras en las empresas lucrativas se establece
un nexo entre el ejercicio del objeto social, como medio para que la sociedad
consiga beneficios, y este fin, que es a su vez medio para que los socios
obtengan una ganancia, en las cooperativas desaparece el eslabón intermedio
del fin de obtención de beneficios y se unen objeto social y satisfacción
de las necesidades de los socios, de forma que se de un ahorro en el gasto.
Queda por consiguiente excluido en estos casos el fin de lucro mercantil,
entendido como beneficio exclusivo para la intermediación”.
De aquí resulta que el contenido esencial de la empresa cooperativa es
el benficio de sus socios, haciendo que éstos utilicen intensamente en su
provecho, los servicios de la cooperativa, los que les podrían generar ex-
cedentes, una vez cubiertos sus costos, sin que éstos signifiquen un motivo
válido para pertenecer a la entidad.
116 LLOBREGAT HURTADO, María Luisa, en el texto Mutualidad y empresas cooperativas,
José María Bosch, Editor S.A., Barcelona. 1990.
COOPERATIVAS 253
Básicamente, esta naturaleza no lucrativa de la cooperativa está determi-
nada por el principio del retorno de excedentes en proporción al esfuerzo
social, por el principio de libre adhesión y la irrepartibilidad de los fondos
de reserva, temas que analizaremos más adelante. Respecto de la finalidad
no lucrativa, los demás principios no son esenciales para determinar su natu-
raleza, distinta a la naturaleza de las sociedades de capitales, tales como las
anónimas, sociedades por acciones, colectivas, en comandita y de sociedades
por acciones y de responsabilidad limitada, en nuestro derecho.
Para ilustrar adecuadamente este tema, es menester recurrir a ciertas
actividades básicas de las personas, que con mucha frecuencia se ejecutan
y que están en la base del sistema cooperativo. Una de ellas está constituida
por la asociación desinteresada e informal que realizan dos o más personas,
por lo general, jefes de familia, quienes en común adquieren las provisiones
o artículos destinados al consumo familiar. Al efecto, el dinero necesario es
entregado a uno de los partícipes, quien concurre a un mercado, adquiriendo
productos para las respectivas familias en gran cantidad, los que después se
entregan o distribuyen entre los partícipes, rindiéndose cuenta de los tipos,
calidades y costo de los productos adquiridos, devolviéndose o cobrando
el saldo que hubiere restado o faltado, según fuere el caso.
Tal situación se puede ejemplificar en múltiples otros casos, como lo
serían la inversión conjunta de los ahorros para obtener mayores tasas de
interés, la adquisición de materia prima para la industria o por los agricultores
o campesinos, la contratación de un profesor para reforzar la enseñanza de
los hijos de dos o más familias. Es decir, en todos los campos de la activi-
dad de las personas se dan situaciones en que se pueden aunar los recursos
personales, materiales y económicos para ayudarse mutuamente, en una
actividad cuyo propósito esencial no es el lucro o la ganancia, sin perjuicio
de que los componentes de esta asociación informal pretendan obtener un
mayor aprovechamiento de sus recursos.
Esta actividad, llevada a niveles asociativos generales e instituciona-
lizada, da origen a la actividad cooperativa. Esta actividad, en virtud del
principio del retorno, es la que hace que el funcionamiento de estas insti-
tuciones sea sin fines de lucro.
El principio del retorno fue utilizado en experiencias asociativas inglesas
desde 1826; en una cooperativa de Lennoxtow que fue fundada en 1812;
254 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
también existieron experiencias en Glasgow, en 1822, y en los molinos de
Meltham, en 1827.
Sin embargo, su formulación, tal como la conocemos hoy en día, en
conjunto con el principio de libre adhesión, la irrepartibilidad de los fon-
dos acumulados y fundamentalmente el control democrático, hace que las
cooperativas sean intrínsecamente entidades de ayuda mutua y sin fines
lucrativos, normas que fueron establecidas por los llamados pioneros de
Rochdale, en su estatuto elaborado en 1844.
El artículo 22 del primer estatuto establecía lo siguiente:
“En cada asamblea general trimestral, los directivos, en su informe financiero,
publicarán el importe de los beneficios realizados por la sociedad durante el
trimestre precedente, el cual será representado como sigue:
–un interés del 3,5% anual se pagará a todas las participaciones liberadas antes
del principio del trimestre;
–los beneficios restantes se pagarán a cada miembio en proporción al importe
gastado en el almacén”.
Tales normas fueron modificadas en 1845 y en 1854, pero el principio o
norma sobre el retorno continuó figurando como elemento esencial, ya que
se precisó que antes del reparto debían deducirse los gastos de administra-
ción, el interés de los capitales recibidos en préstamo, un fondo del 2,5%
de lo que restare para educación y aumento del capital para la ampliación
del negocio.
De este modo, al producirse el excedente que resta por el volumen de
compras que hace cada asociado, lo lógico es que dichos excedentes, una
vez cubiertos los diversos factores o elementos necesarios para la subsis-
tencia y desarrollo de la entidad, se retornen a quienes los aportaron. De tal
concepto interesa destacar que el socio entrega un valor a la cooperativa, a
cambio de productos o servicios que puede obtener de ella; tal valor puede
o no coincidir con los preciós de los mismos productos en el mercado, pero
la cooperativa, si bien tendrá en cuenta tales valores, debe retornar al socio
la parte que excede a sus costos y demás fondos que se hubieren creado.
Este valor le es retornado al socio, es decir, vuelve a su dominio, ya que
só1o transitoriamente lo adelantó a la cooperativa.
COOPERATIVAS 255
El principio del retorno es un principio de carácter positivo, al estable-
cer que los valores de los bienes y servicios que la cooperativa entrega a
los socios se adquieren con los aportes y pagos que los socios efectúan,
debiendo devolvérseles a éstos el exceso de tales pagos o éstos deberán ser
destinados a las finalidades estatutarias establecidas en la cooperativa. Tal
norma es de una lógica coherencia con el propósito de autobeneficio que
cada socio ha tenido al asociarse a la respectiva cooperativa, a fin de que,
a través de la ayuda mutua entre todos, puedan obtener la finalidad que los
llevó a reunirse117.
A su vez, tal principio aparece frente a los otros tipos de sociedades
como de un contenido negativo, al prohibir repartir los beneficios a prorrata
del capital aportado a la sociedad, como ocurre en las sociedades civiles y
comerciales.
Es evidente que si se comparan las dos formas de reparto de los beneficios
o excedentes, cada uno de ellos corresponde a una diferente estructura y
objetivo societario, que no hay que enfrentar, sino más bien entender, como
elementos distintos dentro de una comunidad humana pluralista, abierta y
en constante evolución, como lo son las sociedades en la primera mitad
del siglo XXI.
La lógica de cada uno de tales tipos asociativos o societarios está regu-
lada desde su inicio por la inspiración con que los socios o accionistas de
ellos participan en su actividad. El propósito de autobeneficiarse por parte
del socio de la cooperativa, de conseguir a través de ella la solución a sus
diferentes necesidades, pudiendo obtener la devolución del excedente que
él mismo ha generado, hace precisamente a la cooperativa una entidad sin
ningún fin lucrativo, puesto que su afán no es el de llegar a obtener una
ganancia para repartirla a los propietarios de ésta, sin limitación en cuanto a
cantidad, a prorrata del capital aportado, o a prorrata de cualquier otro factor.
El afán o propósito de la cooperativa es prestar un adecuado servicio al socio,
de ahí que obligatoriamente le retorna el excedente que se ha producido en
117 En el Congreso de la Alianza Cooperativa Internacional, celebrado en Viena en sep-
tiembre de 1966, se expresó: “los excedentes o ahorros producidos por las operaciones de una
cooperativa, si los hay, pertenecen a los socios y deben distribuirse de tal manera que se evite
que un socio obtenga ganancias a expensas de otro”.
256 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
proporción a la actividad realizada por el socio con la cooperativa, sin que
interese al socio otra cosa que dicha actividad. De este modo la cooperativa
carece de cualquier elemento que implique un factor especulativo, ya que
su naturaleza es la de una entidad de servicio dedicada a sus socios.
Precisamente el principio de libre adhesión o adhesión voluntaria, for-
mulado en nuestra legislación mediante la idea del ingreso y retiro del socio
voluntariamente, quita a la cooperativa todo propósito especulativo. En
efecto, constituye un efecto fundamental de esta norma que la acumulación
de capital, fondos de reserva y, en resumen, el incremento del patrimonio,
es de uso colectivo de todas las personas que deseen asociarse a la coope-
rativa, sin limitación alguna, de tal modo que los recursos acumulados por
las generaciones anteriores y administraciones pasadas en cualquier coope-
rativa pueden ser utilizados por las nuevas generaciones de socios, a través
de nuevos grupos de administradores, en antítesis total a que el patrimonio
acumulado es para ser utilizado por un reducido grupo de personas en otros
tipos societarios; de esta manera, la riqueza que se ha podido acumular
no está a disposición de un pequeño grupo, sino de un ilimitado número
de personas, sólo limitado por la factibilidad física de poder atenderlas y
prestarles racionalmente servicios.
El retorno de los excedentes, naturalmente condiciona y modela la rela-
ción de naturaleza económica entre el socio y la cooperativa, constiuyéndose
en el núcleo de la mutualidad, lo que es insustituible en la distribución del
excedente en la proporción de la actividad que realiza el socio en la coo-
perativa.
Más adelante distinguiremos entre libre adhesión y adhesión voluntaria,
como elementos distintos de la concepción de la cooperativa como una
sociedad abierta, lo que lleva a establecer que el capitál de toda coopera-
tiva es variable, es decir, experimenta aumentos o disminuciones según la
permanencia de sus socios y del ingreso de nuevos socios, elemento que le
quita toda posibilidad de especulación por parte de éstos, toda vez que la
posibilidad de ingresar a ella no está limitada sino a casos muy particulares.
Al existir un bien, como es el derecho a participar en la cooperativa y recibir
los beneficios de actuar a través de ella, en forma ilimitada, el valor de tal
bien deja de ser motivo de especulación o de enriquecimiento por sobre el
valor real invertido por cada socio. En efecto, toda persona que pretende
COOPERATIVAS 257
asociarse a una cooperativa determinada y no existiendo una restricción
al respecto, resulta que por ello el respectivo derecho na es causa de un
especial enriquecimiento o lucro.
Distinta es la sociedad que persigue propósitos lucrativos, ya que su ca-
pital se divide entre los propietarios y sólo con acuerdo de éstas es posible
elevarlo y permitir el ingreso por esta vía de nuevos socios, sin perjuicio
de la sustitución de socios o accionistas, vía la transferencia de acciones o
derechos. Consecuencialmente, si los dueños del capital no desean tener
nuevos socios, los aumentos de capital disponibles tienden a aumentar de
valor, si la rentabilidad de éstos es interesante.
Una vez más se desprende que la naturaleza y el propósito de las entidades
mercantiles o civiles con propósitos de lucro es absolutamente diferente de
las cooperativas, convenidas y estructuradas en su esencia y naturaleza, para
desarrollar actividades de ayuda mutua entre los socios. Lo fundamental
desde un punto de vista económico lo constituye el “hecho mutualístico”,
de manera tal que quienes se asociacian a una empresa cooperativa lo hacen
en su particular beneficio, sin que la relación que se genera con los otros
socios tenga el propósito de obtener un lucro.
Complementa el aspecto no lucrativo, el mecanismo de irrepartibilidad
de los fondos de reserva de las cooperativas. Este mecanismo puede ser de
carácter absoluto o referirse únicamente a la vida de la cooperativa.
El tema de la irrepartibilidad de los fondos o devolución desinteresada
del activo neto de la cooperativa provendría de las cooperativas francesas de
producción y, en particular, de las doctrinas del pensador católico Philippe
Bouchez. Tal doctrina está especificada en el Journal de Sciences Morales
et Politiques, de 17 de diciembre de 1831. El propósito de este principio es
el de impedir que las reservas que pudiere haber acumulado la cooperativa
obrera de producción se distribuyan entre sus miembros, puesto que los so-
cios tenderían constantemente a la ampliación de las reservas sociales, para
proceder después a la disolución de la sociedad a repartirse tales fondos. En
el resto de las cooperativas, en las que juega un rol relevante el principio
de libre adhesión o puerta abierta, en general no consideran las reservas de
la sociedad como una riqueza acumulada que pudiera repartirse, ya que de
continuo están afluyendo nuevos socios, todos los cuales tienen los mismos
derechos que los antiguos socios sobre tales reservas.
258 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La Cooperativa de Rochdale incorporó estas ideas en la reforma esta-
tutaria de 1854, estableciendo que en caso de “disolución de la sociedad,
todo el activo (property) se utilizará en primer lugar para el pago de todas
las deudas nacidas a lo largo de las operaciones ejecutadas por su cuenta, y
en segundo lugar se aplicará al reembolso de los capitales recibidos como
préstamo conforme a las disposiciones que preceden y de todos los intere-
ses atrasados, si los hubiere, conforme a las respectivas prioridades, y en
último lugar al reembolso de las cantidades adelantadas para suscripciones,
como queda dicho, y el exceso del activo, si lo hubiere, se utilizará por los
administradores de aquel momento en los fines caritativos o públicos que
crean convenientes”.
Este principio ha sido recogido con gran entusiasmo por los grandes
teóricos de la cooperación, como lo son Poisson, Fauquet, Hirschfeld y
Lambert.
Nuestra legislación trataba este tema en el artículo 37 de la ley, antes
de la reforma contenida en el DFL Nº 5 de 2003, al establecer que los
fondos de reserva legal, de fluctuación de valores y los fondos colectivos
de reservas especiales que la junta general, acuerde establecer, no podrán
repartirse durante la vigencia de la cooperativa. Agregaba el inciso 3º de
dicho artículo que “en caso de liquidación, una vez absorbidas las even-
tuales pérdidas, pagadas las deudas y reembolsado el valor de las acciones
debidamente revalorizado, en el mismo orden, tales fondos y cualesquiera
otros excedentes resultantes se distribuirán entre los dueños de las acciones,
a prorrata de las que posean al tiempo del reparto”.
El Proyecto de ley enviado por el Ejecutivo al parlamento, posteriormente
convertido en la ley Nº 19.832, sustituyó el referido artículo 37. El texto
enviado sustituyendo la mencionada disposición, se refería sólo al excedente
y proponía un nuevo artículo 37 bis, con el siguiente texto:
“En caso de liquidación la porción de los fondos de reserva que se haya origi-
nado en donaciones recibidas por la cooperativa, salvo el caso señalado en el
artículo 108, deberá destinarse al objeto que señalen los estatutos. A falta de
mención expresa, corresponderá a la Subsecretaría de Economía, Fomento y
Reconstrucción destinarlos a favor de una o más de las instituciones regidas
por la presente ley.
COOPERATIVAS 259
Los fondos de reserva y cualquiera excedente que se distribuya en caso de
liquidación de una cooperativa quedarán afectos al impuesto global comple-
mentario o adicional, según corresponda, de acuerdo con la Ley de Impuesto
a la Renta”.
La Comisión de Economía de la Cámara de Diputados aprobó, sin mo-
dificación alguna, la proposición de reforma propuesta por el Ejecutivo.
En la Comisión de Hacienda de la misma Cámara, se recibió una moción
de los diputados Srs. Munizaga y Pérez Opazo, reemplazando el texto del
artículo 37 bis del Ejecutivo, por el siguiente:
“En caso de liquidación de la cooperativa, una vez absorbidas las eventuales
pérdidas, pagadas las deudas y reembolsado el valor actualizado de sus cuotas
de capital a cada socio, en el mismo orden, los fondos de reserva y cualquiera
otros excedentes resultantes, se distribuirán entre los socios a prorrata de sus
cuotas de capital”. Tal moción no fue aprobada.
En el Senado, en la Comisión de Economía, se plantearon respecto del
artículo 37 cuatro indicaciones, una de las cuales, del senador don Ser-
gio Romero, señalaba en sustitución del artículo 37: “Sin perjuicio de lo
anterior, una vez acordada la constitución de un fondo, ya sea por acuerdo de
la junta general o por disposición estatutaria, este fondo no podrá repartirse
durante la vigencia de la cooperativa”.
En definitiva, las cuatro indicaciones fueron rechazadas, por cuanto la
materia quedó comprendida en el artículo 25118, según el acuerdo de la Co-
misión, aunque el artículo 37 regulaba los fondos de reserva, materia que no
se encuentra en el artículo 25, mencionado en los acuerdos, adoptándose el
artículo 37 bis que había aprobado la Cámara de Diputados, que en el texto
del DFL Nº 5 figura como artículo 40119.
El texto aprobado por el Senado, en relación al artículo 37 de la Ley
General de Cooperativas, cuya reforma se discutía en el Parlamento, quedó
en dicho trámite constitucional, redactado de la siguiente manera:
118 El artículo 25 aprobado por la Comisión de Hacienda del Senado se refería al capital
de las cooperativas en términos similares a los del artículo 31 del DFL Nº 5.
119 Boletín Nº 855-03 del Senado de la República…, p. 286.
260 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
“Artículo 37: En caso de liquidación de la cooperativa, una vez absorbidas las
eventuales pérdidas, pagadas las deudas y reembolsado a cada socio el valor
actualizado de sus cuotas de participación, las reservas legales y cualesquiera
otros excedentes resultantes, se distribuirán entre los socios, a prorrata de sus
cuotas de participación.
La porción del patrimonio que se haya originado en donaciones recibidas por
la cooperativa, salvo en el caso señalado en el artículo 108, deberá destinarse
al objeto que señalen los estatutos. A falta de mención expresa, corresponderá
a la Subsecretaría de Economía Fomento y Reconstrucción destinarlos a favor
de una o más de las instituciones regidas por la presente ley”.
En el tercer trámite constitucional, la Comisión de Economía de la Cáma-
ra de Diputados aprobó la redacción del Senado, para dicha disposición.
En la Comisión Mixta encargada de proponer la forma y modo de superar
la discrepancia producida entre la Cámara de Diputados y el Senado, res-
pecto del proyecto de ley que modifica la Ley General de Cooperativas120,
en relación al tema en análisis, se señaló:
“El artículo 36 de la Ley General de Cooperativas regula los fondos de reserva
que deben formar dichas entidades con cargo al remanente, que es el resultado
favorable del ejercicio económico anual, según el balance. La Cámara de Di-
putados aprobó, un precepto de un inciso, que sustituye el referido artículo 36 y
permite destinar dicho remanente a absorber pérdidas acumuladas, a constituir
e incrementar fondos de reserva, o a ser distribuido entre los socios. La norma
de reemplazo es facultativa, no fija un orden de prioridad entre dichos fines y
la asignación queda entregada, en definitiva, a lo que dispongan los estatutos
o acuerde la junta general de socios. El Senado reemplazó dicho artículo por
uno de carácter imperativo, compuesto de cuatro incisos. El primero de ellos
señala los fines a los cuales se aplicará el remanente, con indicación precisa
del orden en que ello deberá hacerse: 1º, absorber pérdidas acumuladas, si las
hubiere; 2º, incrementar los fondos de reserva, y 3º, distribuir el excedente
entre los socios, sea en dinero o en cuotas de participación liberadas. En el
último caso, conforme al inciso segundo, habrá dos criterios de reparto: los
excedentes que provengan de operaciones entre la cooperativa y los socios, se
distribuirán a prorrata de tales operaciones; si su origen son operaciones con
terceros, se repartirán en proporción a las cuotas de participación de los socios
120 Oficio Nº 19.634 de 9 de abril de 2002.
COOPERATIVAS 261
en la cooperativa. El inciso tercero hace obligatorio para las cooperativas de
vivienda y las de ahorro y crédito formar e incrementar anualmente un fondo
de reserva legal no inferior al 20% del remanente. Alcanzada una reserva igual
al 50% del patrimonio, dichas cooperativas deberán distribuir entre los socios
al menos el 30% del remanente, como excedente; si hay saldo, podrá destinar-
se al fondo de reserva legal o a formar reservas voluntarias. El inciso cuarto,
faculta al resto de las cooperativas para formar reservas voluntarias, fijándoles
un límite máximo igual al 15% del patrimonio”.
La Comisón Mixta del Parlamento agrega: “La primera diferencia
que se observa en ambos textos sustitutivos respecto del actualmente en
vigor, es que el fondo de reserva legal pasa a ser obligatorio solo para las
cooperativas de vivienda y las de ahorro y crédito. En segundo lugar, se
señala el orden en que se harán las asignaciones del remanente. Lo tercero,
aunque no menos importante, es que se consolida el pago de intereses al
capital, con lo cual se fomenta la permanencia en la cooperativa de socios
inactivos que, de esa forma, serán estimulados para no retirar sus aportes.
Esto ocurre con mayor frecuencia en antiguas cooperativas de producción,
tales como las vitivinícolas y lecheras. Cabe hacer notar que el inciso ter-
cero del artículo 1º de la Ley General de Cooperativas contiene una norma
conforme a la cual los aportes perciben un interés limitado. La Cámara de
Diputados eliminó el inciso e integró la idea en el artículo 36, al permitir
el reparto del remanente entre los socios. La Comisión Mixta, en definiti-
va, aprobó por unanimidad un texto para el artículo 36 que, siguiendo los
lineamientos establecidos en el proyecto del Senado, consagra el destino
y la secuencia de las asignaciones que se hacen con cargo al remanente y
coloca expresamente entre ellos el pago de intereses al capital, lo que se
hará de conformidad a lo establecido en los respectivos estatutos y antes
de distribuir los excedentes entre los socios. Así se instaura, además, un
medio de ahorro e inversión en el sector cooperativo, que debiera impedir
la descapitalización de dichas entidades”.121
La norma, cuya historia en su establecimiento hemos consignado con
detalle está contenida en el artículo 38 del DFL Nº 5 del año 2003, Ley
General de Cooperativas.
121 El acuerdo fue adoptado por los senadores señores García, Lavandero, Novoa y Orpis
y los diputados señores Hidalgo, Jaramillo, Riveros y Uriarte.
262 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Esta materia, acerca del tratamiento de los fondos de reserva, que la ante-
rior legislación del año 1960 establecía como irrepartibles durante la vigencia
de la cooperativa, bajo la nueva legislación, se modificó substancialmente,
pues, como se ha indicado al transcribir los trámites parlamentarios de la
normativa sobre la materia, alzó la prohibición contenida, estableciendo la
facultad para determinar la creación de fondos de reserva en foma faculta-
tiva, con excepción de las cooperativas de vivienda y de ahorro y crédito y
la forma de utilización de tales fondos. A su vez limitó la nueva norma la
creación de fondos de reserva para las demás cooperativas hasta un 15%,
limitando la autonomía de la voluntad de las cooperativas, bajo el argumento
de estimular el ahorro de los socios al mantener sus cuotas de participación
en la cooperativa, para recibir intereses.
La ley actual no impide que las cooperativas establezcan fondos irre-
partibles durante la vigencia de la cooperativa, pero ellos están limitados
en sus montos.
No obstante las modificaciones introducidas a la legislación cooperativa,
en lo relativo a la constitución y administración de los fondos de reserva,
aparece con meridiana claridad que el propósito de ayuda mutua de los
cooperados a través de una cooperativa se ejecuta sin la búsqueda de un
lucro o ganancia, en virtud no de objetivos benéficos o altruistas de la pro-
pia cooperativa, como una posición personal de los socios, sino como un
elemento fundamental de la naturaleza de la institución en estudio. Resal-
tamos este carácter, pues aunque los socios no tuvieren o no participaren en
forma alguna de los propósitos contenidos en los principios cooperativos,
es imposible que ellos procuren la búsqueda de un lucro, ya que éste es
incompatible con la naturaleza de la cooperativa.
No debe confundirse la falta de lucro de la cooperativa con el propósito
de autobeneficio que busca el socio a través de esta entidad, motor impor-
tante y, según sea el tipo de cooperativa, esencial en la participación del
asociado en ella.
La Ley General de Cooperativas, en el artículo 53, dispone que “Para
todos los efectos legales se estimará que las instituciones regidas por la
presente ley no obtienen utilidades, salvo para los efectos de lo dispuesto
en los artículos 46 al 52 del Código de Trabajo”.
COOPERATIVAS 263
Estos artículos del Código del Trabajo regulan el cálculo y pago de las
gratificaciones y participaciones de los trabajadores en las utilidades de
la empresa. De este modo, el artículo 47 del Código debe considerarse
camo una ficción especial de la ley, para permitir que los trabajadores de
las cooperativas puedan quedar afectos y, por ende, beneficiados con las
gratificaciones y participaciones que las normas respectivas establecen.
En lo demás, el artículo 47 del Código, no hace sino reafirmar el concepto
central de la institución jurídica en estudio, en cuanto a que las cooperativas
no persiguen fines de lucro y, por tanto, no pueden tener utilidades.
La legislación sobre el impuesto a la renta en Chile está contenida en el
DL Nº 824, publicado en el Diario Oficial de 31 de diciembre de 1974, que
comprende 18 artículos permanentes y 17 artículos transitorios, texto que
ha tenido múltiples modificaciones.
El artículo 1º de dicho decreto ley estableció el texto de la Ley sobre
Impuesto a la Renta. El artículo 17 del DL Nº 824 se refiere, en relación con
la Ley de la Renta, a las cooperativas, determinando cuáles normas de dicha
legislación les son aplicables, pues evidentemente, por no tener el carácter
de entidades lucrativas, no pueden ser asimiladas a las empresas con fines
de lucro, que producen renta conforme a los conceptos de dicha ley.
2.2. Las Cooperativas tienen por objeto la ayuda mutua
El concepto de mutualidad denota la reciprocidad de prestaciones. Par-
tiendo de un sentido etimológico, el concepto de mutualidad significa una
relación recíproca entre dos o más personas, produciendo un intercambio
de prestaciones.
De este modo, el concepto de mutualidad tiene directa relación con
la existencia de servicios recíprocos que se da entre la cooperativa y sus
miembros. Tal relación se efectúa mediante el ejercicio de las activida-
des económicas propias del giro de la cooperativa, lo que se traduce, en
definitiva, en que los socios o cooperados se constituyen en sujetos de la
actividad económica, a la vez que usuarios de ella. Tal concepción crea una
identificación plena entre las condiciones de socios y destinatarios de los
bienes o servicios producidos por la cooperativa.
264 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Como ha destacado María Luisa Llobregat H.122 “la regla mutualística
se configura por consiguiente como una particular relación asociativa
cualificada por el elemento de la ‘gestión de servicio’ que da lugar por su
propia naturaleza al nacimiento de vínculos directos entre la sociedad y los
socios, exigencia ésta que enlaza directamente con el requisito de la doble
condición de socio usuario, de que estos últimos se hallan investidos”.
La gestión de servicio implica la sustitución del intermediario por la
propia cooperativa, en cuanto ésta representa y actúa por los socios y con
los socios. Es decir, el socio es a la vez usuario de los servicios que consti-
tuyen el objeto de la cooperativa. Esta es una materia de orden económico
que resulta precisamente de la naturaleza de las cooperativas.
Estimamos que la incorporación de este concepto de ayuda mutua en la
legislación, concepto que no está contenido en los principios rochdelianos,
hoy en día expresados por la Alianza Cooperativá Internacional, es de la
esencia misma de la sociedad cooperativa.
La referida identificación presupone que los socios, gozando de libertad,
autonomía y plena propiedad de sus patrimonios personales, se constituyen
en propietarios conjunta y solidariamente, mediante sus respectivas aporta-
ciones de capital, participación en la cooperativa y ejercicio de sus derechos
económicos en ella, cuyos bienes y servicios producen a través de la acción
caoperativa, en su carácter de co empresarios o cooperadores, y a los que
recurren en el carácter de usuarios, para su autobeneficio.
El objetivo de la ayuda mutua es igual que la reciprocidad en las pres-
taciones entre los socios y la sociedad cooperativa.
Este elemento produce una vinculación jurídica directa entre el socio
y la cooperativa, constituida como empresa. En este caso no existe una
participación del socio sobre una parte alícuota de la empresa, como su-
cede en general con las sociedades civiles o mercantiles, reforzada por la
estructura jurídica que cada tipo de estas sociedades adopta, sino que tal
participación se da con fuerza y amplitud en su totalidad, en el sentido de
una vinculación permanente y de una continuada relación con la coopera-
122 Mutualidad y Empresas Cooperativas. José María Bosch Editor S.A. Capítulo IV.
COOPERATIVAS 265
tiva. Tales relaciones, si bien pueden considerarse como una relación con-
tractual ordinaria, cuyo objeto es la prestación y contraprestación de toda
relación de cambio, en todo su conjunto, constituyen el objeto del vínculo
societario contraído libremente. Esta característica, desde el punto de vista
empresarial, o si se quiere, económico, lo constituye la concurrencia en la
cooperativa del socio en su triple condición de empresario, aportante de
capital y de consumidor de los bienes o servicios que constituyen el objeto
de la institución.
Tales conceptos no implican que la cooperativa sólo está limitada a
efectuar operaciones con sus socios.
Debemos destacar, según un acertado fallo de la Corte de Apelaciones de
Talca, que se indica en el Capítulo XIII Nº 4., que el concepto de mutuali-
dad es un presupuesto legal propio, que exige la Ley de Cooperativas, para
la adopción de esta fórmula legal de carácter empresarial, que se concreta
en la organización resultante del respectivo ordenamiento legal, objetivo
mutual que se relaciona directamente con los principios del capital variable
y del ilimitado número de socios. Es por ello que el contrato de asocia-
ción cooperativa se configura como un contrato abierto, sea al ingreso de
nuevos socios, sea al retiro de éstos, conforme a sus propias regulaciones
estatutarias.
Convertir el objetivo de ayuda mutua en el presupuesto legal indispensa-
ble para la existencia de una cooperativa, significa, a la postre, que éste es el
principal atributo jurídico de la actividad cooperativa legalmente regulada.
Tal presupuesto es el origen y destino del carácter plenamente participativo
y personal de la actividad del socio al interior de la cooperativa. A través de
ella se produce la identidad de intereses entre los socios y de éstos con la
cooperativa, materia que debe preocupar permanentemente al Consejo de
Administradón en la búsqueda y activación del objetivo de ayuda mutua. Es
decir, tal identificación de intereses, comunidad de intereses o comunión de
propósitos libremente elegidos y realizados, hace que la cooperativa man-
tenga, pese a la disminución que puedan sufrir sus operaciones, la base de
la personalización en sus relaciones con todos sus asociados activos.
El mismo concepto de ayuda mutua explica la relevancia del carácter
intuito personae de la relación societaria, a fin de lograr aquella comunión
266 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
de intereses entre todos los socios, tema que estudiaremos más adelante al
tratar del principio de libre adhesión.
Aparte de la discusión parlamentaria sucitada con ocasión de la reforma
de la Ley de Cooperativas mediante la ley Nº 19.832, de la cual ya hemos
tratado, la doctrina ha sostenido por algunos autores, de origen italiano123,
la causa lucrativa del contrato de cooperativas, fundado en el hecho de
tratarse de sociedades, las cuales se tiende a identificar en cuanto que éstas
sólo pueden perseguir un fin lucrativo, toda vez que el en derecho italiano,
las sociedades sólo pueden tener un fin lucrativo124. En definitiva, al ser
las cooperativas sociedades, alcanzan a ser incluidas dentro del concepto
de constituir una sociedad y el elemento mutual termina perdiendo su con-
sideración o éste es muy disminuido.
En nuestro derecho, ya señalamos anteriormente, al analizar la definición
de cooperativa que establece la ley, que el elemento mutual es distintivo y
esencial de este tipo social, el cual además se enmarca dentro del concepto
de asociación y no de sociedad.
Sin perjuicio de lo anterior, el hecho de que la sociedad se constituye
con el objeto de desarrollar una actividad y si de ello resulta dividirse los
beneficios, es claro que ambos elementos constituyen una unidad. La mu-
tualidad en su interior contiene el hecho de obtener un beneficio, cual es la
ejecución de los servicios a un menor costo que el adquirirlos u obtenerlos
con prescindencia de la mutualidad. Al generarse un excedente, éste volverá
a los miembros de la mutualidad que produjeron tal excedente. Ciertamente
que el ahorro indicado lo obtienen los miembros de la entidad en forma
directa e inmediata; en cambio, el excedente lo obtiene la institución para
distribuirlo a los socios, en la medida que éstos así lo determinen.
SCORDINO. La società Cooperativa. Napoli, 1970. CARLO. Il Contrato plurilaterale
123
asociativo. Napoli 1967. FERRI, La ccoperativa come societá. Studi in onore di Francesco
Messineo. Milan. 1959.
El artículo 1665 del Código Civil italiano establece que “por el contrato de sociedad
124
dos o más personas aportan bienes o servicios, para el ejercicio en común de una actividad
económica con el fin de dividirse los beneficios”. El Código Civil chileno, en el artículo 2053
dispone: “La sociedad o compañía es un contrato en que dos o más personas estipulan poner
algo en común con la mira de repartir entre sí los beneficios que de ello provenga”.
COOPERATIVAS 267
La causa del contrato cooperativo o de creación de una cooperativa se
encuentra en la finalidad de ejecutar una actividad económica determinada,
no pudiendo entonces constituir una finalidad la obtención de unos bene-
ficios y su posterior distribución entre los socios, los que si se obtuvieren
corresponden a los socios, quienes serían sus destinatarios finales. Según
lo ha expresado el catedrático español Vicent Chuliá, la cooperativa es un
órgano de integración de las economías de los socios125, los que a su vez
se benefician de dicha actividad empresarial y asumen los riesgos de la
misma.
Todas las empresas, cualquiera sea el tipo legal que adopten, esto es, una
sociedad anónima, sociedad de responsabilidad limitada, sociedad colecti-
va, cooperativa u otros, ejecutan una actividad económica organizada con
el propósito de participar en la generación de productos y servicios que se
intercambiarán en el mercado. Tal constatación, por lo demás, elemental,
no constituye el elemento básico para considerar que el objetivo de los tipos
societarios bajo los cuales se ejecutan dichas actividades sea la busqueda
y promoción del lucro. Dicha búsqueda requiere de una determinada me-
todología que bien posicionada, generará el lucro que se dividirá entre los
partícipes en la empresa.
La diferencia entre los tipos societarios no mutualísticos con éstos, entre
los cuales se encuentra fundamentalmente la cooperativa, reside en que en
los primeros el objeto de tales tipos societarios se encuentra en el ejercicio
en común de una determinada actividad económica, siendo tal actividad de
tipo instrumental para conseguir los beneficios que serán divididos entre
los socios, al poder obtenerse. En la cooperativa el objeto de ejecutar una
determinada actividad económica con el propósito de lograr el beneficio
se encuentran en un mismo punto, es decir, son iguales, ya que las ventajas
que los socios obtienen en la cooperativa se consiguen mediante su propia
actividad en la empresa, vinculada al valor que tienen en la consecueción
del fin social. No cabe, pues, la obtención de beneficios para los socios,
recargando los costos que deben sufragar los mismos socios. Los beneficios
en los otros tipos societarios se producen en la intermediación con terceros
125 “Análisis crítico del nuevo reglamento de cooperación”. Revista de Derecho, Madrid
1972.
268 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
ajenos a los socios126, 127. El excedente resultante de la operación constituye
una restitución que hace la cooperativa al socio de lo que ha pagado o ha
recibido en bienes o servicios de la cooperativa.
Si se caracteriza el contrato de sociedad conformado por los aportes
que efectúan los socios, el ejecutar una actividad económica en común y la
obtención de beneficios, habría que establecer que este último elemento,
la obtención de un beneficio no es sinónimo de un lucro, sino que su con-
ceptualización es más amplia, pudiendo caber el lucro o el provecho que
obtiene un socio al actuar por medio de una cooperativa.
A nuestro juicio, el hecho de que la Ley de Cooperativas haya señalado
que las instituciones que regula son asociaciones y no sociedades, no las ex-
cluye del ámbito societario sino que genera una categoría societaria especial,
utilizando para estos fines el concepto de asociación a fin de caracterizar
su fundamento mutual propio de una entidad sin fines lucrativos. Ello por
cuanto al momento de constitución de una cooperativa debe convenirse en
un estatuto, lo cual es propio de la celebración de un contrato, al cual los
futuros socios se van adhiriendo y que quedan facultados para modificarlo. El
elemento de finalidad común, que pretenden conseguir todos los socios para
lo cual se efectúan aportaciones, con lo cual se genera o crea un patrimonio
común afectado al objetivo que persigue la cooperativa, concluyéndose
así que se dan claramente todos los elementos que configuran el contrato
de sociedad, constituyendo la causa del contrato precisamente el elemento
mutual de que venimos hablando.
El contenido de la mutualidad en la cooperativa se encuentra constituido
por el derecho del socio de participar en la actividad de la cooperativa, es
decir, a las prestaciones sociales que constituyen su objeto y que a su vez
el socio ha contribuido a ello mediante sus aportaciones de capital, esta-
blecidas estatutariamente.
126 ASCARELLI, Tulio. “Cooperativa e Società”. Revista Sociale, 1957. p. 397.
Lo cual no excluye que la cooperativa al actuar con terceros obtiene una ventaja
127
económica, conforme se establece en el artículo 4º de la Ley General de Cooperativas, cuyo
tratamiento se encuentra regulado en el artículo 38, en cuanto a generar excedentes, los que
corresponden, en tales casos a los socios, a prorrata de sus cuotas de participación, materia
explicada anteriormente. Al recibir tales excedentes, provenientes de operaciones con terceros,
los socios deberán tributar por ellos como si se tratare de una renta.
COOPERATIVAS 269
La obligación del socio de participar en las actividades de la cooperativa,
en nuestra legislación carece de una regulación específica. El artículo 5º de
la ley, que regula el contenido de las disposiciones estatutarias, establece
en la letra e), la constancia de que el estatuto de una cooperativa debe con-
tener los requisitos para poder ser admitido como socio, los derechos y las
obligaciones de los socios, entre otras materias.
¿Cuál es el grado de la obligación de participación que se puede exigir
a un socio en una cooperatriva? La ley no se pronuncia sobre esta materia
y lo hace el reglamento de la ley, en su artículo 17, en la letra f, indicando
que los socios, entre otras obligaciones, deben “participar en las activida-
des que desarrolle la cooperativa para el cumplimiento del objeto social”.
Complementa la citada norma, aquella contenida en la misma disposición
reglamentaria, indicada en la letra h) que señala: “No dedicarse a activida-
des que puedan competir con las finalidades sociales de la cooperativa, ni
colaborar con quienes las efectúe;”.
El asunto se radica en el derecho que el socio de una cooperativa de
consumo tiene de adquirir en ella los bienes que suministra y ¿podría
exigirse al socio el deber de adquirir en la cooperativa los artículos que
distribuye? Igual materia corresponde formulársela en las cooperativas
de ahorro y crédito, en las cooperativas agrícolas, de vivienda, de trabajo
u otras.
Una primera distinción se hace necesaria, entre las cooperativas de trabajo
y el resto de las cooperativas, pues en las primeras cae de suyo que el objeto
de trabajajar en forma mancomunada es esencial a la cooperativa, de manera
tal que si el socio no puede o no desea trabajar en la cooperativa, debe retirarse
de ella, o aplicarse la normativa propia de la exclusión del socio.
En el resto de las cooperativas se da y es lo que caracteriza la relación
del socio con la cooperativa como una actividad de cambio con la propia
entidad que ha constituido o a la cual se ha adherido, lo que es muy propio
de una cooperativa de consumo, en la cooperativa de ahorro y crédito, de
vivienda y en las agrícolas. Se dice de cambio, por cuanto los contratos de
compraventa y de suministro son los que priman en la relación del socio
con la cooperativa.
270 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Se advierte así, que la relación mutual entre el socio y una determinada
cooperativa, se diferencia según el tipo o naturaleza de la actividad u ob-
jeto de la cooperativa, especialmente en economías sociales de mercado y
teniendo presente la libertad del socio para adquirir la calidad de tal o de
retirarse de la cooperativa, conforme al principio de libre adhesión.
La obligación del socio de participar en las actividades que desarrolle la
cooperativa para el cumplimiento del objeto social, es obvio que no puede
llevarse a cabo en contrario al fin de la actividad cooperativa, cual es la de
mejorar las condiciones de vida de sus socios, conforme queda expresado
en el artículo 1º de la ley. En consecuencia, la obligación mutual del socio
de participación debe ejecutarse siempre y no excepcionalmente, cuidando
de no infligir un daño a la economía individual del socio, pretendiendole
imponer precios o formas de actuación contrarias a su interés que lo llevó
a asociarse a la cooperativa. De lo contrario se desnaturalizaría el interés
primigenio que tuvo el socio al integrarse a la cooperativa perdiéndose
el objetivo de la ayuda mutua, que no puede desembocar en un perjuicio
mutuo, sea éste individual de un socio o grupo de socios.
Las operaciones con terceros ajenos a la cooperativa han sido admitidas
desde el comienzo de la primera cooperativa constituida formalmente como
tal, precisamente para potenciar la empresa en cuanto tal, sin perjuicio de
procurar fórmulas para que dichos terceros se asocien a la cooperativa,
tales como la de reservar los excedentes que teóricamente les pudieren
haber correspondido, aplicándolos a sus aportes de capital que deberían
enterar al ingresar como socios. El sistema cooperativo, entendiéndose
por tal, el que se adscribe a la Alianza Cooperativa Internacional, ha
establecido que los remanentes generados con operaciones de terceros,
deberían destinarse a fondos de reserva, cuya irrepartibilidad puede ser
absoluta o relativa, siendo éste el caso de la legislación chilena, la cual,
conforme al artículo 38 de la ley, establece que ellos se aplican a los so-
cios sin pasar a ser fondos de reserva, siendo ésta una de las diferencias
más importantes con las normas de la ley que antecedió a la modificación
introducida por la ley Nº 19.832. En efecto, la norma antigua establecía
que debían incrementar la reserva legal los excedentes correspondientes a
operaciones con personas que no sean socios, mientras que la norma actual
dispone que tales excedentes se distribuyen entre los socios a prorrata de
sus cuotas de participación.
COOPERATIVAS 271
2.3. Las cooperativas presentan las características que la ley establece.
Los principios cooperativos
La ley habla de las características de las cooperativas. ¿Qué quiso decir
con las características? ¿Por qué no empleó la expresión “principios”, cuando
la doctrina se refiere a los principios?
El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua se refiere
al adjetivo “característico”, indicando que se aplica a la cualidad que da
carácter o sirve para distinguir una persona o cosa de sus semejantes.
Entre las definiciones que el mismo Diccionario da del sustantivo “prin-
cipio” y que nos parecen atinentes a la definición, se encuentra la acepción
tercera, que lo indica como la “base, fundamento, origen, razón fundamental
sobre la cual se procede discurriendo en cualquier materia”, y la novena:
“cada una de las máximas particulares por donde cada cual se rige para sus
operaciones o discursos”.
Llama la atención que la ley emplee un adjetivo, como queriendo señalar
que la definición dada debe caracterizarse, distinguirse, además por ciertos
caracteres que se indicarán, pero que serían de carácter adjetivo.
Si hubiese expresado directamente la ley que se trataba de ciertos prin-
cipios, se indicaría un elemento sustantivo y sustancial para que se pudiera
discurrir sobre las cooperativas.
Es cierto que la ley emplea la expresión “características fundamenta-
les”, lo que es igual a “características principales”, con lo cual deja abierta
la posibilidad de que existan otras características, las que no tendrían la
categoría de fundamentales, que para tener validez en el ámbito jurídico
deberían desprenderse del texto mismo de la ley, aunque no estuviesen
formuladas explícitamente.
Cabe agregar que el adjetivo “característica” es un adjetivo sustantivado,
al ser precedido de un artículo definido, pero que estimamos una forma
defectuosa de explicitar los elementos esenciales de toda cooperativa, ya
que éstas tienen como razón fundamental para llevar a cabo su existencia
y desarrollo los principios conocidos generalmente como “Principios de
272 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Rochdale”, perfeccionados como lo expresamos más atrás por la AIianza
Cooperativa Intemacional.
2.3.1. Primer principio: los socios tienen iguales derechos y
obligaciones, un solo voto por persona
Esta es la expresión que emplea la ley para explicitar el llamado “prin-
cipio del control democrático”. También se conoce este principio con la
expresión “un hombre, un voto”.
Del análisis de la disposición pertinente, es claro que la ley chilena es-
tablece un principio estricto, en cuanto a estipular que cada socio tiene un
voto, recalcando dicho concepto con el enunciado de la igualdad de derechos
y obligaciones que debe existir entre ellos.
De este modo, cualquiera sea el aporte de capital que hubiere realizado
el socio, o el número de cuotas de participación que posea, así como el
volumen de operaciones que efectúe con la cooperativa; o los cargos que
ocupe dentro de ella, la ley no permite diferencia alguna.
El artículo 22 de la ley confirma la validez de este principio al disponer
que: “En las Juntas Generales, cada socio tendrá derecho a un voto, tanto
en lo que se refiere a la elección de personas, cuanto en lo relativo a las
proposiciones que se formulen”.
Examinaremos la norma a fin de estudiar diferentes cuestiones.
[Link]. Terminología que emplea la ley
Nuestra legislación utiliza los mismos conceptos contenidos en la reforma
a los estatutos originales de la Cooperativa de Rochdale, según el registro
que de dicha reforma se hizo el 7 de agosto de 1845, según se puede com-
probar al leer su texto, ya reproducido.
La literalidad es distinta, pero su concepto es igual al señalar que los
miembros de la cooperativa o socios tendrán un voto, y no más, para decidir
cualquier cuestión. La primera parte de la tipificación del principio es la que
COOPERATIVAS 273
apunta a la democracia interna de la sociedad, al disponer que los socios
tienen iguales derechos y obligaciones, lo que produciría el efecto de que
cada uno de ellos tendría un voto, ya que si son iguales ante la sociedad
para los efectos de establecer sus derechos y obligaciones, sería ilógico
concederles más votos en función de otros derechos u obligaciones que
podrían asumir.
La ley no emplea el concepto ni las expresiones control democrático,
democracia social o societaria o cualquier otro concepto ligado al de de-
mocracia.
Los conceptos de la ley en la caracterización de la cooperativa son dos:
a) La igualdad de derechos y obligaciones, y
b) Un solo voto por socio para decidir cualquier cuestión que se someta
a su consideración.
La redacción de la disposición carece de perfección, puesto que se refiere
a los derechos de los socios, en plural; al voto que tiene cada persona, en
singular, sin determinar si ésta es o no socio y, finalmente, se refiere al in-
greso y retiro de los asociados, tema que, si bien relacionado, tiene alcances
completamente diferentes a los primeros.
[Link]. Participación del socio
El principio en análisis parte del supuesto esencial de que existe una
vinculación jurídica concreta entre la cooperativa y el socio y entre éste y
los demás socios.
Tal vinculación, en cuanto mira a la relación del socio con la cooperativa,
corresponde a la titularidad del derecho de asociación que tiene aquél, en
el cual se comprenden el derecho de propiedad, en conjunto con los demás
socios, en la asociación como un todo, y los derechos individuales que cada
uno de ellos tiene en la cooperativa.
Tales elementos constituyen la esencia del derecho de asociación, en
virtud de los cuales se genera el derecho de participar en la cooperativa. El
socio ingresa a la cooperativa para participar en ella, a fin de autobeneficiarse
274 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
con una actividad que complementa su propia iniciativa individual, para
llevar a cabo una determinada actividad económica y beneficiarse de ella.
La participación se convierte, así, en el núcleo o esencia del principio
conocido como el control democrático. Esta participación del socio es de
naturaleza activa, pues le exige un aporte de capital y el ejercicio constan-
te de las actividades en la sociedad a que pertenece, con lealtad y con la
obligación de cumplir las obligaciones que emanen de su actividad como
socio partícipe de la cooperativa.
En efecto, la participación se ejerce en razón de que el socio es dueño
de una parte alícuota de la cooperativa, que le da derecho a desarrollar una
determinada actividad y conseguir la solución de un problema específico,
la falta de vivienda, de crédito, de insumos agrícolas, etc., o que le permite
complementar en mejor forma su propia actividad.
Tal derecho de dominio le identifica con la cooperativa en su actividad,
identidad que contiene elementos dinámicos que constantemente son eva-
luados, tanto por la cooperativa como empresa, como por el socio partícipe,
quien estará siempre preocupado si su actuación en la cooperativa es la ade-
cuada para resolver el problema que le ha motivado a participar en ella.
No es éste el lugar apropiado para extenderse en estos problemas de
orden económico y administrativo, sobre los cuales en los últimos años se
ha escrito bastante y en forma sobresaliente.
La participación del socio en la cooperativa, en la forma que la natu-
raleza de esta institución lo establece, conlleva necesariamente que dicha
participación se ejerza en un marco de estricta democracia, esto es, con
igualdad absoluta de derechos y obligaciones, ya que de lo contrario se
desnaturalizaría la participación e identidad de los socios en la cooperativa
y de ésta respecto de sus asociados.
[Link]. Confusión de la calidad de socio de la cooperativa con la
calidad de asuario de la misma
La gestión de la cooperativa entregada a sus propios dueños es lo común
de toda sociedad, la que por procedimientos directos o indirectos debe ajus-
COOPERATIVAS 275
tarse a las políticas y normas de actuación que fijen sus socios o dueños.
En la sociedad cooperativa se agrega otro elemento, y éste consiste en que
este dueño es el usuario por excelencia del giro social de la cooperativa,
toda vez que este giro social ha sido establecido por los socios en función
de sus necesidades.
Los socios de la cooperativa, a través del voto, pueden determinar la
política de la empresa, así como designar a quienes de entre ellos pueden
llevar a cabo tales políticas, cuidar de sus intereses y hacer que la cooperativa
se mantenga alerta a la satisfacción de sus necesidades.
Debe notarse que el estatuto de la Cooperativa de Rochdale no explicitó
este importante efecto de la vinculación societaria entre el socio y la socie-
dad, sino que ha venido a ser una elaboración posterior, destacando al efecto
al profesor M. Bernard Lavergne en esta idea que relatamos. No obstante,
el citado estatuto implícitamente reconocía esta situación, ya que todos los
socios eran los consumidores de los productos de la cooperativa.
Lo expuesto no implica que terceros puedan gozar y utilizar los beneficios
y servicios que presta una cooperativa. Ninguna norma puede ser impuesta a
fin de impedir que un no socio pueda gozar de los beneficios y servicios de
una cooperativa, pudiéndose reglamentar los efectos de estas situaciones.
Lo que resulta impropio a la institución cooperativa, como entidad no
lucrativa, es que los socios se beneficien de esta situación en contra de los
no asociados y con perjuicio de los intereses fiscales.
La legislación cooperativa chilena128, como hemos tenido ocasión de
señalar anteriormente, regula los excedentes producidos en operaciones con
128 La legislación anterior regulaba cuidadosamente la disponibilidad de los excedentes
producidos en operaciones con terceros no socios, en el inciso final del artículo 48, en relación
con los artículos 92 y ll9 de dicha legislación. Al efecto, se prescribía que los excedentes en
la parte correspondiente a operaciones con personas que no sean socios, en las cooperativas
de servicio, incrementarán la reserva legal, y en las cooperativas de consumo podrían ser
reconocidos en favor de ellas, siempre que ingresen a la cooperativa dentro de seis meses de
aprobado el respectivo balance, y si no lo hicieren, se aplica la norma indicada de incrementar
la reserva legal.
276 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
no socios, en el artículo 38, indicando que se distribuirán entre los socios
a prorrata de sus cuotas de participación.
De ahí es que se ha expresado que todos los miembros de una cooperativa
deben ser usuarios, y todos los usuarios pueden llegar a ser miembros.
[Link]. La característica de intuito personae
La igualdad de derechos y obligaciones, ejercida a través del control
democrático de la sociedad, presupone que la cooperativa tiene una “per-
sonalidad”, constituida por la participación e identidad de sus asociados
con la empresa.
Tal identidad de intereses o necesidades entre los socios y de éstos para
con la cooperativa requiere de una vinculación personal del socio con la
entidad, a fin de identificar el problema o interés económico que busca so-
lucionar u obtener el socio y al que la cooperativa debe procurar solución
o satisfacción.
La personalización de la relación o del vínculo asociativo, por más gran-
de que sea la cooperativa, es la que origina el derecho a la participación
democrática en su interior, a fin de obtener en forma igualitaria satisfacción
de sus necesidades.
En la cooperativa, a través del derecho igualitario a la participación, los
más pobres, o los menos preparados culturalmente, aunque no hagan uso
de sus derechos en las juntas de socios o reuniones, para decidir mediante
la intervención oral o escrita, conservan siempre el derecho a participar
democráticamente en las decisiones.
Por ende, para que una cooperativa se mantenga como tal, no puede ni
debe existir el derecho a voto múltiple discriminatorio, sin reglamentación
estatutaria o legal, mediante la cual puedan imponerse, por minorías, deci-
siones contra las mayorías129.
129 Mediante el DL Nº 3.351 publicado en el Diario Oficial de 12 de mayo de 1980, se
estableció un tipo de sociedad, que se denomina “Cooperativa Especial Agrícola y Cooperativa
Especial de Abastecimiento de Energía Eléctrica”, permitiéndose que aquellas cooperativas
COOPERATIVAS 277
[Link]. La igualdad de derechos y obligaciones
implica no discriminar
La democracia al interior de la cooperativa, a través del principio fundado
por la ley de “un hombre, un voto”, implica que sólo con acuerdo de la ma-
yoría se pueden establecer beneficios o sistemas en favor de determinados
grupos de la cooperativa, o, en general, la imposibilidad de que una minoría
imponga sus derechos a la mayoría. Es decir, los mismos servicios deben
proporcionarse en iguales condiciones para todos los socios.
Si los socios estiman conveniente beneficiar a determinados grupos de
socios con rebajas especiales, mayores excedentes u otras prestaciones, será
la decisión de la mayoría en favor de una minoría, acuerdo que podrá ser
revocado en el momento en que la mayoría lo decida por el principio “un
hombre, un voto”. Tal derecho es irrenunciable en la organización coope-
rativa, ya que, de lo contrario, se producirla una distorsión en la naturaleza
y esencia de la institución.
Se refuerza la prohibición de discriminación o de establecer privilegios,
mediante la norma contenida en el artículo 33 de la ley, inciso segundo,
Continuación nota 129
agrícolas o de abastecimiento de energía eléctrica existentes a dicha fecha pudiesen transfor-
marse en cooperativas reguladas en dicho decreto ley. Entre cuyas características se encuentra
un sistema de voto el que deberá ser múltiplo de tres y no inferior a 10 veces el número de
socios con derecho a voto, distribuyéndose dicho total en la forma que se indica en el artículo
6º del citado decreto ley, que dispone que un tercio de los votos se prorratea entre todos los
socios, otro tercio se distribuye entre los socios a prorrata de las operaciones efectuadas por
los socios con la cooperativa en el último ejercicio y el tercio restante se distribuye entre los
socios a prorrata del número de acciones. Esta normativa ha sido, a su vez, incorporada a la Ley
de Cooperativas, encontrándose en el texto actualmente vigente en el Título V, del Capítulo II
del DFL Nº 5, bajo el epígrafe “De las Cooperativas Especiales Agrícolas y de Abastecimiento
de Energía Eléctrica”. Dentro de la Ley de Cooperativas, los artículos 94 al 100 reproducen
las normas contenidas en el DL Nº 3.351. En la historia de la ley Nº 19.832, no hay constancia
de los antecedentes que llevaron a introducir en la Ley General de Cooperativas, la normativa
de estas sociedades especiales,. La ley indicada establecioó la siguiente norma: “A las enti-
dades cooperativas que tengan, a la fecha de entrada en vigencia de esta ley, el carácter de
cooperativas especiales o agrícolas o de abastecimiento de energía eléctrica se les continuará
aplicando el decreto ley Nº 3.351, de 1980, sin perjuicio de la aplicación supletoria de esta ley.
Las cooperativas agrícolas o de abastecimiento de energía eléctrica, podrán transformarse en
especiales, de las regidas por el decreto ley Nº 3.351, de 1980. Lo expuesto no obsta a que las
referidas cooperativas reformen sus estatutos con el objeto de quedar integramente sometidas
a la presente ley”.
278 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en el cual se establece la prohibición de crear cuotas de participación de
organización y privilegiadas.
[Link]. Naturaleza del control democrático
El control democrático se ejerce a nivel de las decisiones de las Juntas
de Socios, mediante la elección de consejeros y de los acuerdos sobre la
política de la cooperativa. La ley, en el artículo 22, se refiere a esta política
como “las proposiciones que se formulen”. Además, se ejerce este control
por intermedio de la Junta de Vigilancia, la que, conforme al artículo 28,
tiene por función revisar las cuentas e informar a la junta general sobre la
situación de la cooperativa y sobre el balance, inventario y contabilidad
que presenta el Consejo de Administración. La ley limita la acción de la
Junta de Vigilancia prohibiéndole que intervenga en los actos del Consejo
de Administración y del gerente. Con autorización de la junta general puede
delegar parte o el total de sus funciones en una Confederación o Federación
de Cooperativas, instituto auxiliar de cooperativas o de una firma privada
de auditores.
De lo expuesto es dable inferir, en forma clara, que el control democrá-
tico alcanza a las políticas de la cooperativa, mas no a su administración,
que es jerarquizada a partir del Consejo de Administración, a quien le co-
rresponde designar al gerente y del cual depende la organización general
de la empresa.
De este modo, a los socios en forma individual no les compete intervenir
en la administración de la cooperativa, no pudiendo entenderse la demo-
cracia interna sino en los aspectos de igualdad de derechos y obligaciones,
la elección de personas, la posibilidad de decidir sobre las políticas de la
organización y el control de la gestión a posteriori de su ejecución.
La materialización en el hecho de estos aspectos dependerá de los esta-
tutos sociales y de la actividad de cada cooperativa.
[Link]. Igualdad de obligaciones
La asunción de obligaciones de los socios para con la cooperativa abarca
obligaciones de dar, hacer y no hacer.
COOPERATIVAS 279
La aportación del capital societario, el pago de los créditos en forma
oportuna y de las demás obligaciones, es obviamente un aspecto relevante
en la igualdad de obligaciones.
De ahí que, sin acuerdo especial, no se pueden condonar obligaciones
respecto de determinados socios, ya que conculcarían el principio de igual-
dad de los restantes, respecto de aquellos beneficiados.
Resulta, entonces, que la administración de la cooperativa tiene un alto
contenido de valores éticos, a fin de estar personalmente resguardado el equi-
librio del principio de la igualdad de obligaciones entre todos los socios.
La igualdad de obligaciones afecta a la responsabilidad patrimonial de
cada socio, respecto de sus aportes de capital y de aquellas obligaciones
propias del giro de la cooperstiva y que deben ser cumplidas por cada uno
de los miembros de la entidad.
A este aspecto en especial se refieren los artículos 15, 18 y 1º de la Ley
de Cooperativas.
En efecto, el artículo 15 preceptúa que “las prestaciones mutuas a que
haya lugar” por la calidad de socio “se regirán por los estatutos, conforme
a las normas de la presente ley”. El reglamento es supletorio de las dispo-
siciones estatutarias, por expresa disposición de la ley. De tal modo que la
igualdad de obligaciones derivada de las prestaciones mutuas a que haya
lugar, por investir una persona la calidad de socio, se rige por las normas
del estatuto.
Finalmente, se establece en el artículo 18 la responsabilidad que asume
el socio que ha adquirido su calidad de tal, por las obligaciones contraídas
por la cooperativa antes de su ingreso.
La materialización en el hecho de estos aspectos dependerá de los esta-
tutos sociales y de la actividad de cada cooperativa.
[Link]. Cuestiones específicas en relación al principio
del control democrático
Según el desarrollo alcanzado por cooperativas, y conforme a su propia
historia, se han generado formas diversas para el ejercicio del voto único
280 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
por cada socio de la respectiva entidad. Examinaremos a continuación al-
gunas de las fórmulas utilizadas y su relación con el principio del control
democrático.
[Link].1. Establecimiento de condiciones previas
para emitir el voto
Existen cooperativas que exigen, para ejercer el derecho de voto, el haber
efectuado algún mínimo de operaciones en la cooperativa, a fin de evitar que
ciertos grupos tomen el control de la sociedad sin haber actuado en ella o
con una actuación insuficiente para mantener el giro social de la misma.
Tal actitud de parte de quien no efectúa operaciones con la cooperativa
importa una indiferencia respecto de la entidad a la cual se ha asociado, que
atenta contra la igualdad de derechos y obligaciones entre los socios, por
lo que es legítimo el establecimiento de algún requisito de carácter general
para el ejercicio del derecho a voto, en cuanto a realizar operaciones con la
cooperativa, e incluso para ser elegido en cargos de la dirección.
A nuestro juicio, tales requisitos no podrían ser superiores al promedio
general de las operaciones que los socios realizan con la cooperativa, con
el objeto de no vulnerar la igualdad entre todos ellos, a fin de elegir o ser
elegidos.
Nuestra legislación positiva impide regular el derecho a voto o a ser
elegido en la forma comentada.
Efectivamente, el artículo 1º, al decir en forma imperativa que los socios
tienen un voto por persona, complementado por la norma del artículo 22, el
cual señala que: “En las Juntas Generales, cada socio tendrá derecho a un
voto, tanto en lo que se refiere a la elección de personas, cuanto en lo relativo
a las proposiciones que se formulen”, está imponiendo la norma que obliga
a que en toda junta general no exista ningún socio que no pueda ejercer su
derecho a voto. De este modo, si alguna cooperativa pretende regular el
ejercicio del voto a un socio en una Junta, estará infringiendo abiertamente
el artículo 41 de la ley. La sola calidad de socio, dentro de la ley cooperativa
chilena, es requisito único y suficiente para tener la capacidad de votar, sin
que ésta pueda regularse por la vía de disponer otros requisitos.
COOPERATIVAS 281
Respecto de elegir como consejeros sólo a aquellas personas que hubieren
realizado operaciones con la cooperativa, estimamos que nuestra ley no se
opone a ello, pues no existe norma alguna que lo prohíba. La exigencia de
que el Consejo de Administración debe ser elegido por la Junta general de
Socios, no dice relación con las calidades que el estatuto puede determinar
para ser elegido consejero. En consecuencia, el estatuto podrá disponer nor-
mas especiales para tales efectos, ya que no se están exigiendo condiciones
previas para emitir el voto.
[Link].2. Establecimiento de votos diferenciados según la actividad
del socio en la cooperativa
Existen regulaciones estatutarias o legales que han avanzado la idea de
implantar una democracia cooperativa de tipo o naturaleza proporcional.
En efecto, se ha planteado que si un campesino entrega a una cooperativa
el producto de 10 há. de trigo, debería disponer de más votos que aquel
que entrega sólo 1 há. El ejemplo se podrá extender a las cooperativas de
consumo, de ahorro y crédito, de vivienda o de cualquier otra clase.
Tal es el caso en nuestro país de las llamadas “cooperativas especiales
agrícolas y de abastecimiento de energla eléctrica”, que establecen propor-
cionalidades a fin de determinar los mecanismos de votación o el derecho
de voto. Al apartarse del principio clásico de “cada hombre, un voto”,
se desnaturaliza el principio del control democrático, llegándose a crear
mecanismos propios de las sociedades en comandita o de las sociedades
anónimas, cuyos objetivos, naturaleza y procedimientos internos son del
todo diferentes a los de las cooperativas.
De este modo, estimamos que el DL Nº 3.351, de 12 de mayo de 1980,
que permite constituir cooperativas especiales agrícolas y de abastecimiento
de energía eléctrica, ha generado bajo este nombre una sociedad híbrida que
tiene más elementos propios de una sociedad anónima que de una coope-
rativa. En efecto, el denominado voto ponderado se establece mediante el
siguiente procedimiento:
a) Se determina el número total de votos que participarán en la junta
general y el total se divide por tres.
282 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
b) El primer tercio se distribuye entre todos los socios, por iguales partes,
correspondiéndole a cada socio un voto.
c) El segundo tercio se reparte a prorrata de las operaciones realizadas
por los socios con la cooperativa en el último ejercicio contable, conside-
rando la cuantía de tales operaciones en valores constantes, los márgenes
que le hubieren significado a la entidad o el volumen físico de productos
comercializados.
d) El tercer tercio se distribuye entre los socios a prorrata de las acciones
que posean en la sociedad.
Existen otras normas en dicho decreto ley que apartan por completo a
estas sociedades especiales de las normas cooperativas y del espíritu de la
legislación del ramo, materia que no es del caso mencionar en este texto,
no obstante que se encuentran incluidas en el texto de la actual Ley General
de Cooperativas.
[Link].3. Establecimiento de diversas categorías de socios que votan
en forma separada
La Ley de Cooperativas, en el artículo 13, dice que pueden ser socios
las personas naturales y las personas jurídicas de derecho público y de
derecho privado.
Con referencia a las personas jurídicas, la ley no distingue entre aquellas
que persiguen fines de lucro de aquellas que no los tienen, salvo respecto de
las cooperativas campesinas, que permiten sólo como socios a productores
agrícolas y los campesinos definidos en el artículo 13 de la ley Nº 18.910,
como, asimismo, las personas jurídicas de derecho público o privado que
no persigan fines de lucro y las personas naturales o jurídicas que sean pro-
pietarias, usufructuarias, arrendatarias o tenedoras a cualquier título de los
predios en que dichas cooperativas desarrollen sus actividades, conforme
lo establece el artículo 66 de la ley.
En relación con las federaciones, confederaciones de cooperativas e
institutos auxiliares, la ley establece distintas alternativas. Al efecto para
la constitución de federaciones se exigen al menos tres cooperativas; en
COOPERATIVAS 283
el caso de las confederaciones tres o más federaciones y los institutos
auxiliares por siete o más personas jurídicas de derecho público, coope-
rativas u otras personas jurídicas de derecho privado que no persiguen
fines de lucro.
Algunas cooperativas contemplan en sus estatutos la participación de
socios personas jurídicas sin fines de lucro, quienes han apoyado o desa-
rrollan determinadas actividades que ejecutadas a través de cooperativas,
asociándose a ellas, logran un mayor alcance. Para tales efectos se establecen
normas estatutarias que permiten a los socios personas jurídicas, puedan
votar en forma separada para el objetivo de designar miembros en el Consejo
de Administración. La Ley General de Cooperativas limita la posibilidad
de dicha participación, en el sentido de impedir que algún socio pueda ser
propietario de más de un 20% del capital de una cooperativa, salvo el caso
de las de ahorro y crédito, en las cuales dicho porcentaje se disminuye a
un 10%, conforme se establece en el artículo 17 de la ley. Asimismo, en el
artículo 24 de la ley, se establece una norma, mediante la cual “a lo menos,
el 60% de los integrantes titulares y suplentes del Consejo de Adminis-
tración deberá ser elegido por los socios usuarios de la cooperativa”. Tal
norma, no obstante encontrarse situada en una disposición legal relativa a
la participación de los trabajadores de la cooperativa, a los cuales se les
da derecho a acceder a la administración de la empresa, debe interpretarse
y aplicarse a una limitación general, en cuanto a que cualquiera que sea
la fórmula de participación en la cooperativa de personas distintas de los
socios usuarios, éstos bajo ninguna forma pueden dejar de tener el control
del Consejo de Administración.
Esta forma de permitir que una categoría de socios, personas jurídicas sin
fines de lucro, acceda al Consejo de Administración de una cooperativa, no
contradice el principio del control democrático, toda vez que en las Juntas
cada socio tiene un voto, tanto en lo que se refiere a la elección de personas
como respecto a las proposiciones que se formulan.
Un ejemplo de lo que decimos, lo constituye la Ley Nº 20.337, de 1973,
Ley de Cooperativas de la República Argentina. En efecto, el artículo 19
establece que, en general, las personas de derecho público que se asocien
a cooperativas “puedan convenir la participación que les corresponderá
en la administración y fiscalización de sus actividades, en cuanto fuera
284 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
coadyuvante a los fines perseguidos y siempre gue tales convenios no
restrinjan la autonomía de la cooperativa”. La exposición de motivos de
dicha ley señala que “las cooperativas constituyen un eficaz instrumento
de desarrollo, cuyos objetivos de promoción social y económica coinciden
con el fin de bien común que preside la acción del Estado. De allí que sea
necesario arbitrar medios idóneos para posibilitar la acción concurrente de
ambos, superando las actuales limitaciones… Por último, se prevé que en el
supuesto de que los entes mencionados se asocien a las cooperativas, puedan
convenir con ellas su participación en la administración y fiscalización de
sus actividades, en cuanto resulte coadyuvante a los fines perseguidos y
siempre que tales convenios no restrinjan la autonomía de las cooperativas.
Esta alternativa abre un amplio campo en el cual el Estado y las cooperativas
podrán colaborar mutuamente con empresas de interés común que excedan
la capacidad de éstas y que releven a aquél de abocarse en forma directa
a actividades empresarias. Las variantes que podría asumir esta forma de
acción concurrente entre el Estado y cooperativas son múltiples y diver-
sas, por lo que la norma es suficientemente elástica como para dar cabida
a todas ellas conforme a las circunstancias de cada caso, atendiendo a sus
concretas peculiaridades”.
En nuestra opinión, y ya lo dijimos, no existe razón para otorgar ex-
clusivamente a los organismos estatales esta posición, sino también a los
privados, tales como sindicatos, universidades, fundaciones o corporaciones,
entidades religiosas, que no persigan fines lucrativos y tengan por objeto el
desarrollo de determinadas actividades relacionadas con los diversos tipos
de cooperativas.
La Ley de Cooperativas española Nº 27/1999, de 16 de julio de 1999,
en el artículo 14 regula una institución jurídica que denomina “socios co-
laboradores”, que pueden ser “personas físicas o jurídicas, que, sin poder
desarrollar o participar en la actividad cooperativizada propia del objeto
social de la cooperativa, pueden contribuir a su consecución”. Se agrega
en la misma disposición que: “Las aportaciones realizadas por los socios
colaboradores en ningún caso podrán exceder del 45% del total de aporta-
ciones al capital social, ni el conjunto de los votos a ellos correspondientes,
sumados entre sí, podrán superar el 30% de los votos en los órganos sociales
de la cooperativa”.
COOPERATIVAS 285
[Link].4. Determinación de diversos estamentos de socios
en las cooperativas de trabajo, o de requisitos especiales
para ser elegidos consejeros
Las cooperativas de trabajo, que en la Ley General de Cooperativas conte-
nida en el DRRA Nº 20, se denominaban como cooperativas de producción,
con una regulación mínima, fueron objeto de un profunbda modificación
mediante el DL Nº 445 de 1974, dictado en el Gobierno Militar, con la firma
del Ministro de Economía Sr. Fernando Leniz y del Sr. Subsecretario de
dicha cartera el abogado Sr. Héctor Borquez. El origen de esta reforma se
encuentra en el proceso de traspaso de diversas industrias estatizadas a coo-
perativas de trabajo, en los primeros años del gobierno militar que emergió
en 1973. Se crearon algunas cooperativas de este tipo, las que adquirieron
las empresas estatizadas durante el gobierno anterior al de dicha fecha. En
diversos casos, tales cooperativas crearon en su interior diversos estamentos
societarios, que respondían a una realidad sindical o tecnológica, como lo
eran los sindicatos de obreros, que conforme a la legislación laboral de esos
años, estaban compuestos por trabajadores en los cuales predominaba en su
labor el esfuerzo físico por sobre el intelectual; los sindicatos de empleados,
en los cuales sus miembros tenían un trabajo en el cual predominaba el es-
fuerzo intelectual por sobre el físico, y el grupo de técnicos, supervisores o
ingenieros, que aportaban la tecnología en la administración, producción,
venta, financiamiento y desarrollo de la respectiva empresa.
De este modo se establecieron diversos estamentos de socios, que reunían
a dichos grupos existentes al interior de las empresas, todos los cuales, sólo
para los efectos de elecciones en el Consejo de Administración, se dividían
en estamentos, votando cada uno por los candidatos del respectivo grupo.
Así se pretendió establecer un cierto equilibrio en el control del Consejo
de Administración entre los diferentes grupos de trabajadores, ya que de
lo contrario el predominio del sector obrero en desmedro de los restantes
grupos sería decisivo, en especial en las grandes empresas que fueron ven-
didas a tales cooperativas.
La experiencia realizada en este aspecto puede calificarse de positiva,
ya que los grupos entendieron el propósito de asegurar una representación
equitativa de los segmentos de intereses laborales al interior de cada una de
las empresas que se administraron como cooperativas de trabajo.
286 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Cada socio tuvo un voto en lo que se refería a las proposiciones que se
formularen, incluyendo los estatutos iniciales y constitutivos que implan-
taron la fórmula antes descrita, y dicho voto, en relación a las personas que
postulaban al Consejo de Administración, se ejerció dentro del respectivo
estamento en que se dividían los trabajadores dentro de la cooperativa.
La autoridad de esa época, el Departamento de Cooperativas, aprobó
tales estatutos, considerando que no se vulneraba a través de éstas normas
el principio del control democrático, explicitado en el artículo 41 de la
legislación de ese entonces.
También se ha utilizado este mecanismo, desde un punto de vista de los
requisitos, estableciendo ciertas calidades, a fin de dar a la cooperativa una
mayor estabilidad y para que la administración pueda y deba recibir políti-
cas, normas y decisiones acordes con la alta complejidad de las actividades
empresariales modernas.
A nuestro juicio, el procedimiento de dividir a la Junta de Socios en dis-
tintos estratos sólo debe y puede ser utilizado en casos muy especiales, tal
como ocurrió en las cooperativas de trabajo, y por un período de ajuste de
relaciones internas. Desde un punto de vista estrictamente jurídico, creemos
que no existe una violación frontal al principio del control democrático,
pero en lapsos más largos puede implicar una distorsión del propósito de-
mocrático que lleva envuelta toda cooperativa.
Creemos más ajustado al principio en análisis el establecimicnto de
determinadas condiciones o cualidades a los consejeros si se pretende
obtener una mayor calidad en la administración de la cooperativa, dando
oportunidad a todos los socios para que decidan entre quiénes tendrán a su
cargo la administración de la empresa cooperativa.
Ciertamente que para la dirección de una compleja empresa cooperativa
no basta con exigir que para ser elegido consejero es necesario saber leer
y escribir y tener más de 18 años. En determinados casos no es necesario
ir más allá de tales normas elementales, pero en muchos otros casos es de
suyo importante estatuir que el Conseio de Administración y la Junta de
Vigilancia deberán contar con socios calificados en las actividades del giro
de la cooperativa.
COOPERATIVAS 287
Dichas normas no contrarían el principio del control democrático, sino
que, muy por el contrario, tienden a establecer procedimientos efectivos
de participación responsable al interior de las empresas cooperativas, impi-
diendo la confusión entre la democracia política, que tiene sus mecanismos
de selección propios, y la democracia empresarial y económica, que tiene
otros de muy distinta naturaleza y alcance, aunque ambos apuntan a un
objetivo general de justicia, equidad y participación en la vida pública de
los pueblos.
3.2. Segundo principio: El ingreso y retiro de los socios es voluntario,
o de libre adhesión
Este principio fue estructurado por los cooperados de Rochdale en los
artículos 13, 14, 15 y 16 de los estatutos, sin perjuicio de que otros diversos
artículos regulaban minuciosamente los efectos de este principio en lo que
dice relación con los capitales aportados.
Nuestra ley, en el artículo 1º, señala esta carácterística y la regula en los
artículos 13, 15, 16, y 19.
Tal principio, conforme a las normas legales vigentes, y ajustado a la
doctrina, origina lo que se ha dado en llamar una sociedad abierta.
Esta institución implica que la sociedad cooperativa está abierta al ingreso
de nuevos socios en cualquier instante, así como al egreso de los mismos
socios, lo que conduce como corolario a que el capital de estas sociedades
es variable e ilimitado.
El principio de libre adhesión importa que los socios no pueden obtener
un beneficio ilimitado de la cuota de participación que hayan suscrito y
pagado en la cooperativa, pues cualquier persona puede ingresar a ella a fin
de obtener los beneficios que otorga la respectiva cooperativa.
Si, por el contrario, se pretendiese limitar la expansión societaria de la
cooperativa a un grupo de socios existente a una determinada época, tal grupo
adquiriría una posición monopólica respecto de las servicios o productos que
constituyen el giro de la entidad, valorizando su capital, su posición social
y, por ende, produciendo la valorización de la empresa cooperativa, para
288 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
los partícipes en ella que la hubieren cerrado, esto es, que no permitieren el
ingreso de nuevos socios a la misma, sin un fundamento sólido, en cuanto
a la imposibilidad de prestar servicios por la magnitud de la empresa.
La cooperativa, como la esencia de lo que constituye una sociedad abierta
de tipo empresarial, es uno de los grandes pasos del derecho empresarial
de este siglo.
La restricción de la plusvalía del capital y de la empresa por el principio
de que este tipo de sociedades están siempre abiertas a recibir a quien fuera,
cumpliendo el mínimo de sus disposiciones estatutarias, que no son otras
que las de integrarse a la cooperativa para participar en el interior de ella
en forma democrática respecto de sus obligaciones y derechos, es una de
las grandes reformas del derecho empresarial moderno.
Esta reforma es importante, pues hace asequible la solución de problemas
de grandes masas de población en forma directa y por ellas mismas, sin enca-
recer tales soluciones mediante los costos que suponen las intermediaciones
propias de las actividades mercantiles, haciendo los mercados de bienes y
servicios más fluidos, justos, éticos y al servicio de dichas poblaciones de
manera directa y participativa, elementos estos últimos que enriquecen y
fortalecen las economías, estructuras sociales y la sensibilidad humana.
El concepto de la variabilidad del capital y de los socios en las coopera-
tivas, ha sido reconocido como uno de los hitos importantes de la estructura
jurídica de estas entidades, por los tratadistas de Derecho Cooperativo y
mercantil desde mediados del siglo pasado hasta el presente.
Tal variabilidad de socios y de capital posibilita el ingreso y retiro o
exclusión de éstos sin necesidad de modificar los estatutos sociales.
En las sociedades comerciales la existencia de un número de socios fijo
y/o de un capital preestablecido, supone un número limitado de socios a
las pertes del capital en que pueda divldirse, de tal modo que el ingreso
de un socio o la salida de uno de ellos o la disminución de la porción del
capital que puede ser poseída por un determinado socio o accionista implica
necesariamente una reforma al respectivo estatuto societario, salvo el caso
de una cesión de derecho o acciones. La fijación del capital tiene una doble
COOPERATIVAS 289
finalidad, constituida la primera de ellas, por asegurar que la posición relativa
de cada socio o accionista en la sociedad se mantenga inalterada en la vida
de la sociedad, asegurando así sus derechos y obligaciones frente a la socie-
dad, salvo que el mismo socio o en los casos en que así esté dispuesto, los
accionistas reuniendo los quórum determinados lo modifiquen, cambiando
entonces sus derechos y obligaciones. La segunda finalidad se encuentra
frente a los acreedores de la sociedad, quienes de este modo saben cuál es
la garantía que tienen por las obligaciones contraídas por la sociedad.
En las cooperativas el socio que entrega la porción de capital o de de-
rechos en la sociedad no puede valorizar más allá de su específico aporte
el valor de éste, pues el aspirante o postulante a socio puede ingresar sin
tener que adquirir la participación de otro socio que se retira o sale de la
organización. Constituye una excepción a lo anterior el caso de las coopera-
tivas de vivienda cuyo proyecto habitacional es limitado a un determinado
número de unidades. Tal situación se produce, no por el hecho de constituir
una cooperativa, sino por los factores propios del giro habitacional, que
debe ocupar un determinado lugar territorial o espacial, limitado siempre
por factores urbanísticos, constructivos o económicos.
El ingreso de los socios tiende naturalmente a producir una mayor
consolidación de aquellas cooperativas que pueden ampliar su ámbito a
grandes sectores de población, lo que llevará a la administración a reforzar
su organización en pro de mantener su posición en el mercado.
El tipo de sociedad de capital variable se estableció en la ley francesa de
sociedades de 1867, para englobar dentro de ellas a las cooperativas. La ley
alemana de 1889 hizo consistir en el elemento de la variabilidad del capital
y de los socios el factor distintivo de la sociedad cooperativa respecto de
otras sociedades.
Los franceses, en 1947, y los alemanes, en 1934, al reestructurar su
legislación de sociedades, destacaron el ejercicio de una actividad empre-
sarial en un sector económico de los que requerían servicios, acorde con los
principios que estamos analizando, más que en el concepto de variabilidad
del capital y de los socios.
En Italia, en 1874, se reconoció en la legislación a las cooperativas, sin
que se llegare a precisar su concepto. Es en 1882, con el nuevo Código
290 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
de Comercio, cuando se regulan estas entidades y se les considera como
sociedades de capital variable.
La legislación chilena, en el artículo 31 reconoce la característica de ser
la cooperativa de capital variable, al igual que el anterior texto lo establecía
en el artículo 25.
El hecho de que la cooperativa sea una entidad abierta no la hace perder
su relación con el socio, caracterizada por su base personal, intuito personae,
en este caso reafirmada por los intereses que el socio identifica como suyos
y que la cooperativa con su participación intentará servir.
Se concluye así que el fundamento de la variabilidad del capital se en-
cuentra en el principio de la libre adhesión.
Es por esto que la prohibición legal de libre trasmisibilidad de las ac-
ciones, contemplada en nuestra ley en los artículos 15 y 33 de la ley y en
el artículo 11 del reglamento de la ley, al dejarla entregada a los estatutos
sociales de cada entidad, debe entenderse que está limitada tal facultad es-
tatutaria, al cumplimiento integral de la instranferibilidad reafirmada por la
aprobación que debe prestar el Consejo de Administración a la transferencia
que se pueda llevar a efecto. Ello se debe a la posibilidad de retirarse volun-
tariamente de la cooperativa, elemento que es connatural con el principio
de libre adhesión. A través de este mecanismo el socio puede solicitar el
reembolso del capital aportado a la sociedad.
Para poder ingresar a una cooperativa no es necesario adquirir la parti-
cipación de algún socio o esperar que se efectúe un aumento de capital, así
como para retirarse no es necesario trasmitir a otra persona sus derechos
sociales, salvo el caso de las cooperativas de vivienda, cuando hayan ad-
judicado sus viviendas a los socios130, o condicionar el retiro al ingreso de
nuevos socios, con el fin de no desestabilizar el capital de la Cooperativa.
Si bien este procedimiento puede dificultar la estabilidad de la coope-
rativa, de otro lado forzará a la administración para que dirija la atención
130 Sobre este punto, ver además a APARICIO MEIRA, Deodolinda. “O Regime económico
das cooperativas no Direito Portugués. O Capital social”. Editorial Vida Económica. Nº 5.1.
Porto. 2009.
COOPERATIVAS 291
a la creación permanente de factores que incentiven la permanencia y la
participación del socio en la entidad.
De aquí que las limitaciones a la libre trasmisibilidad de las acciones en
las cooperativas, por actos inter vivos, no pueden tener más objetivo que
calificar el ingreso como socios de aquellas personas que no reúnen las
características adecuadas para integrarse a la sociedad, al no existir inte-
reses comunes con los socios y con ella misma. No debe olvidarse que la
cooperativa es una entidad de ayuda mutua o de carácter mutualista, a fin
de satisfacer los intereses de todos los socios, y, por tanto, el Consejo de
Administración debe estar capacitado para calificar el ingreso de nuevos
socios, así como la exclusión de los mismos.
De lo expuesto resulta que toda persona tiene un derecho potencial a
ser socio de una cooperativa determinada, derecho que obviamente no será
absoluto, sino en relación a una determinada cooperativa, situada en un
lugar dado y con fines dados. Pero, concurriendo los requisitos mínimos,
tal derecho potencial puede ser ejercido y será enfrentado a la cooperativa,
con objeto de materializarlo en el derecho de asociación respectivo, que la
ley debe proteger y regular.
La legislación chilena no contempla una acción clara o explícita para
exigir el derecho de asociarse a una cooperativa, en el evento de rechazarse
injustamente su solicitud para ingresar a una de estas entidades. Vale decir,
los aspirantes a socios no tienen una protección segura de su derecho a
asociarse a una cooperativa.
A fin de desentrañar la verdadera naturaleza de este principio cooperativo,
debe distinguirse claramente entre los conceptos de adhesión voluntaria y
adhesión libre.
La libre adhesión a una cooperativa es correlativa al principio de puerta
abierta, o lo que ya hemos analizado, respecto de que las cooperativas, sin
perjuicio de las limitaciones materiales, son abiertas. Toda persona es libre
de ingresar como socio a una cooperativa.
La adhesión voluntaria implica que una cooperativa no puede asociar más
que a personas que deseen voluntariamente ingresar en calidad de socios
292 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
a ella, como, asimismo, a respetar el derecho a retirarse de la cooperativa,
cuando el socio estime que su pertenencia a ella menoscaba sus intereses
de cualquier naturaleza.
Por tal razón no es posible concebir la libre adhesión sin la adhesión
voluntaria. Pero es posible que la adhesión voluntaria exista, pues todos
los socios que han ingresado a la cooperativa libremente así lo hicieron,
pero no dejan que nuevos socios ingresen a ella, vulnerando el principio
de la libre adhesión.
La solicitud del tercero, aspirante a socio, constituye una proposición
de adhesión al contrato de asociación cooperativa, que deberá resolver el
Consejo de Administración131.
Cabe acotar, a propósito de este tema, que ésta es una de las razones
para calificar al Derecho Cooperativo como derecho privado, pues los
socios no pueden ser compelidos a participar o ingresar a una cooperativa,
dependiendo dicho ingreso de la voluntad ejercida autónomamente por cada
aspirante a socio.
El retiro del socio de la cooperativa, no puede ser limitado por normas
estatutarias que puedan ser consideradas abusivas, lo que infringiría el ar-
tículo 1º de la Ley General de Cooperativas, el cual consagra el principio
del retiro voluntario, es decir, el socio no puede estar obligado a permanecer
en la cooperativa. El reglamento de la ley, en los artículos 22 y 24 estable-
cen normas sobre este particular, no obstante que el artículo 19 de la ley,
se remite a los estatutos como norma primigenia, junto con el artículo 15,
agregándose en este último que: “El reglamento que se dicte será, en esta
materia (adquisición, ejercicio y pérdida de la calidad de socio), supletorio
de las disposiciones estatutarias”. El análisis de una norma estatutaria que
pueda ser considerada abusiva frente al artículo 1º de la ley y a las normas
reglamentarias citadas, constituye una materia compleja que debería ser
analizada en cada caso.
La imposibilidad del socio de poder continuar como tal en la coopera-
tiva, es una materia que debe ser considerada en las normas estatutarias.
131 TATARANO, Giovanni. L’impresa cooperativa. Giufré Editore. 2002. Milano.
COOPERATIVAS 293
La legislación chilena contempla la posibilidad de disidencia del socio, en
determinadas materias, que examinaremos más adelante, pero que no se
refieren al punto indicado, esto es, el relativo a la imposibilidad de poder
actuar como tal en la cooperativa, sea por causas propias del socio o por
causas de la actividad misma de la cooperativa, materias que se encuentran
con el principio de libre adhesión.
En efecto, si el socio contrae una enfermedad que le impediría mantenerse
en forma activa como tal, sufre una disminución de su capacidad de trabajo
producto de un accidente u otras causales análogas, deberían ser tratadas
en los estatutos sociales. A su vez, la cooperativa podría dañar al socio en
su actividad, especialmente en cooperativas agrícolas, al imponer precios,
tanto en la distribución de productos o en la adquisición de los que produ-
cen los socios que los afecten gravemente, son materias que se relacionan
directamente con el principio que estamos tratando.
3.3. Tercer principio: Las cooperativas deben distribuir
sus excedentes en proporción al esfuerzo social.
Principio del retorno de excedentes
Este principio fue establecido en el primer estatuto de la Cooperativa
de Rochdale y es evidente la originalidad de él, aplicado en el ámbito em-
presarial.
La historia asigna a Charles Howarth la concreción de este principio en la
forma como se ha practicado hasta estos días; este pionero de la cooperación
habría redactado la primera norma, la que fue posteriormente mejorada en
las reformas introducidas al estatuto en 1854.
El principio consiste en distribuir el beneficio neto o excedente social a
quienes lo han generado. En efecto, la operación de toda cooperativa se basa
en la participación de todos los socios activos en el giro social de la misma,
los que entregan su dinero a cambio de bienes o servicios; o un trabajo a
cambio de su participación en los beneficios, recibiendo, en consecuencia,
el excedente resultante en la proporción en que han entregado su dinero o
esfuerzo al objetivo social.
294 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Para ello deben deducirse los gastos, costos, intereses, depreciaciones y
reservas, siendo el excedente que restare devuelto a los socios que contri-
buyeron durante el ejercicio a generarlo.
Tal principio implica que el beneficio final de la sociedad se relaciona,
se define y se establece en función de la persona del socio, sin conside-
ración a su capital o bienes materiales que posea y haya aportado a la
cooperativa.
Este principio, junto con el principio del control democrático, consti-
tuyen los dos elementos de mayor originalidad aplicados en la empresa,
incentivando la participación del socio, ya que cada miembro recibirá
una porción del excedente proporcional a su participación en la actividad
cooperativa.
Confrontando este principio con aquel que predomina en las empresas
de capital, se aprecia en toda su magnitud la naturaleza del enunciado que
hicieron los Pioneros de Rochdale. En efecto, el beneficio en las sociedades
de capital se destina a los poseedores y aportantes del capital, de tal modo
que los adquirentes de bienes y de servicios de estas empresas colaboran
en el aumento de dicho capital, más allá de la simple remuneración de éste
y del trabajo incluido en los bienes y servicias utilizados, cuyo valor está
cargado en el costo de ellos.
En suma, la cooperativa restituye al socio el valor de lo pagado y que
no se ha aplicado a los fines de la cooperativa. Desde el punto de vista del
socio, éste recupera los valores que ha entregado anticipadamente a cono-
cerse el resultado del ejercicio.
La ley chilena trata de la forma de establecer los remanentes y excedentes
en el Capítulo V de la Ley General de Cooperativas, particularmente en el
artículo 38, señalando: “Los excedentes provenientes de operaciones de la
cooperativa con los socios, se distribuirán a prorrata de éstas”.
Cualquier otra forma de distribución del excedente es ilegal y permitiría
a los socios perjudicados intentar las acciones judiciales pertinentes, para
establecer el recto sentido del principio recogido en la respectiva norma
legal.
COOPERATIVAS 295
3.4. Cuarto principio. Deben observar neutralidad
política y religiosa
El principio en sí es extremadamente claro, pues proscribe de la activi-
dad en la cooperativa el proselitismo político y religioso e impide que la
cooperativa participe en la contienda política.
Obviamente que los socios pueden tener y profesar las opiniones o
creencias que ellas estimen, bajo la libertad de conciencia que les aseguran
los principios esenciales de toda sociedad132.
El origen de este principio debe considerarse dentro del contexto de la
sociedad inglesa de inicios del siglo XIX, con los diversos tipos de iglesias
cristianas y el emergente racionalismo religioso, el cual profesaban Robert
Owen y sus seguidores, que, como se ha dicho, influyó decisivamente en
el grupo de los pioneros de Rochdale.
Cabe hacer notar que la cooperativa de Rochdale excluyó en 1861 a Wi-
lliam Cooper, uno de los pioneros, por haber escrito a petición de Holyooke,
con tendencia hacia una confesión religiosa determinada, un escrito descrip-
tivo de las actividades religiosas de los fundadores de la cooperativa.
De este modo, los pioneros entendían que la cooperativa se debía man-
tener al margen de todos los matices de los grupos de socialistas, cartistas
y miembros de la Liga contra las Leyes de Cereales, a fin de permitir un
desarrollo pacífico de la institución. El principio fue evolucionando y
ampliándose en su contenido, para tener una neutralidad entre los grandes
partidos de la vida política inglesa.
La Alianza Cooperativa Internacional ha manifestado en torno a este
principio que él es “aplicable a todos los socios y en todas las transaccio-
nes y discusiones de las sociedades cooperativas. Esta norma salvaguarda
la independencia de los socios y la unidad de las cooperativas. Permite al
movimiento apelar a la buena voluntad de todos y concentrar sus fuerzas
para realizar sus ideas económicas y sociales”.
132 Artículo 19 Nº 6 y Nº 15 de la Constitución Política de la República.
296 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Charles Gide estimaba que el principio de la neutralidad debería ex-
presarse como un concepto de independencia frente al acontecer político
y a las actividades de proselitismo religioso, toda vez que la cooperativa
implica por sí misma una opción dentro de los esquemas socioeconómicos
existentes en las sociedades contemporáneas.
Debe advertirse que en el estatuto primitivo de la Cooperativa de Rochda-
le no se contenía ningún precepto sobre el particular, el que fue delineándose
en asambleas posteriores a la fundacional, como lo fueron la de 4 de febrero
de 1850 y la de 1861, en la cual se acordó transcribir al libro de actas una
carta dirigida a la prensa británica sobre el particular.
El tema es de especial importancia en los países cuya institucionalidad
democrática es inestable o prácticamente inexistente, o en los países en los
cuales las cooperativas están relacionadas directa o indirectamente con el
Estado en el desarrollo de sus actividades, dependiendo de los gobiernos o
de las políticas gubernamentales para su estabilidad y crecimiento.
En Chile, el asunto fue planteado por don Carlos Burr P., en su libro
Las Cooperativas: Una economía para la Libertad133, en los siguientes
términos:
“¿Qué tipo de relación con la actividad política garantiza del modo más efectivo
la protección y el desarrollo del sistema cooperativo? y ¿qué tipo de gobierno
favorece en mayor medida la existencia y expansión del sistema? La experien-
cia de largos años permite concluir, en lo que respecta al primer punto, que la
neutralidad frente a la política militante es el tipo más efectivo de relación, y en
lo que se relaciona con el segundo, que el Estado democrático es el que ofrece
un más favorable ambiente político para el desarrollo del movimiento”.
En Argentina, el tema ha sido analizado por Bernardo Delon134, quien
sostiene: “que la palabra ‘neutralidad’ no expresa bien nuestra posición y pre-
fiere la palabra ‘independencia’. El movimiento cooperativo es celosamente
independiente de todos los partidos, pero tiene un programa económico y
social que afirmar, soluciones que proponer y posiciones que adoptar. Tiene,
133 Editorial del Pacífico S.A., Santiago de Chile, 1961.
134 Ver Revista de la Cooperación, año XII, Nº 71, Buenos Aires, 1956.
COOPERATIVAS 297
también, instituciones que proteger contra posibles reformas legislativas o
resoluciones gubernamentales, que pueden afectar a su desenvolvimiento y
su autonomía. Manteniéndose totalmente alejado de las luchas políticas, el
movimiento cooperativo no podría, sin irrisión, sin repugnancia a la razón y
al sentido común, permanecer neutral frente a partidos o agrupaciones que
por sus fines y procedimientos aspiraran a suprimir o intentan promover
trabas al cooperativismo. El deber elemental de nuestro movimiento es,
pues, defenderse de todo ataque político”.
Hoy en día, conforme al desarrollo político de la comunidad internacional,
después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada el
10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas,
es de toda evidencia que la aplicación del principio de neutralidad o de
independencia debe ser entendido dentro de dicho contexto.
Es así como el movimiento cooperativo como tal, y las cooperativas in-
dividualmente consideradas, están obligadas a actuar dentro de un conjunto
de valores, normas y conductas que impiden la infracción a las normas más
elementales que pueden regir la vida civilizada de los pueblos y que a su vez
contribuyen a su integral realización. La declaración XXIX establece que:
“todo hombre tiene deberes para con la comunidad, en la cual es posible el
libre y pleno desarrollo de su personalidad. En el ejercicio de sus derechos
y libertades, todo hombre está sujeto sólo a las limitaciones determinadas
por la ley, exclusivamente con el fin de asegurar el debido reconocimien-
to y respeto de los derechos y libertades de otro y de satisfacer las justas
exigencias de la moral, del orden público y del bienestar de una sociedad
democrática. Estos derechos y libertades no pueden, en hipótesis alguna,
ser exigidos contrariamente a los objetivos y principios de las Naciones
Unidas”.
Tal declaración, incorporada a numerosos textos constitucionales y leyes
de los países miembros de las Naciones Unidas, es un llamado a un desa-
rrollo integral de los pueblos, que responde a las exigencias de bien común
y desarrollo, que se mide fundamentalmente por valores cualitativos que
implican el crecimiento de una comunidad determinada en libertad y en
participación, cuando puede contar con el respeto a sus comunidades inter-
medias y al derecho de autoorganizarse en instituciones sociales, como lo
son las cooperativas, sindicatos, entidades educativas y partidos políticos.
298 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
De este modo, cuando no se dan tales principios o, más aún, cuando son
vulnerados abiertamente, las cooperativas harían mal uso de su principio
de neutralidad política para no involucrarse en problemas ajenos a su ob-
jetivo.
Lo decisivo es el ámbito del problema que puede constituir el tema políti-
co, ya que si ello corresponde a un debate que no alcanza a los grandes y per-
manentes valores políticos de las personas, en nuestra opinión, la neutralidad
debe ser mantenida, pues de lo contrario desvía a la organización cooperativa
de su objetivo socioeconómico, que, en definitiva, también constituye un
valor político. Por el contrario, si los permanentes valores de la vida social
de los hombres y de una determinada comunidad se encuentran en peligro
o vulnerados abierta y sistemáticamente, la neutralidad política tendería a
convertirse en una especie de cobardía o asilo para que la organización, en
forma egoísta, no se vea afectada en su actividad y desarrollo.
En cualquier caso, la organización cooperativa no es ni puede constituir
un partido político o asociación política, para el soporte de doctrinas o
actividades partidistas.
En tal sentido el principio de la neutralidad es un derecho de todos los
asociados y de aquellos que no lo son, pero que tienen el derecho de llegar
a serlo, de que una determinada organización tiene un fin específico mani-
festado en un estatuto, el cual –aunque contiene en su fondo una valoración
política– deberá ser respetado por todos los miembros de la cooperativa,
a fin de permitir una convivencia pacífica al interior de la organización,
otorgando oportunidades a todos los socios.
Desde el punto de vista religioso, y en particular en Chile, país con una
enorme fuerza y de neta raíz católica, la presencia de la Iglesia Católica en
las cooperativas ha sido muy importante, aunque con una gran amplitud,
propia del pluralismo religioso existente en Chile.
En efecto, las palabras de Pío XII, en su discurso de 10 de mayo de 1958
a la Confederación de Cooperativas italianas, ha sido de gran influencia
en las cooperativas chilenas, al haber alentado a dicho movimiento en la
siguiente forma:
COOPERATIVAS 299
“Sin duda, representáis vosotros en la economía del país una fuerza sana y
activa no sólo por el número, sino, sobre todo, en virtud de los principios que
os inspiran, y que son precisamente los mismos de la doctrina socialcristiana.
Vosotros bien sabéis que la producción y la distribución de los bienes materiales
no debieran nunca ser obstáculos al progreso moral y espiritual de la persona
humana, coartar su libertad, dañar sus imprescriptibles derechos. Las asocia-
ciones cooperativas, que se proponen ayudar a los particulares a obtener de su
trabajo un mejor rendimiento, a evitar gastos inútiles, a protegerlos contra los
infortunios y las dificultades imprevistas, necesitan, para vivir y desarrollarse,
del impulso y de la entrega de los propios interesados. Aquellas asociaciones
obtienen así sentido de bien común, de sus responsabilidades sociales; de-
muestran con su actividad los beneficios de una inteligente colaboración y
de su estimulante poder. De esta forma sirven a los intereses económicos de
sus miembros, que favorecen al propio tiempo el desarrollo de sus cualidades
propiamente humanas y de sus más legítimas aspiraciones”.
Juan XXIII ha sido más explícito aún, al expresar en la Encíclica Mater
et Magistra:
“Los cultivadores del campo deben sentirse solidarios los unos de los otros y
colaborar todos a la creación de empresas cooperativas…, de todo punto nece-
sarias y porque facilitan al agricultor las ventajas de los progresos científicos
y técnicos y contribuyen de modo decisivo a la defensa de los precios de los
productos del campo. Con la adopción de estas medidas, los agricultores que-
darán situados en un plano de igualdad respecto de las categorías económicas
profesionales, generalmente organizadas, de los otros sectores productivos y
podrán hacer sentir todo el peso de su importancia económica en la vida política
y en la gestión administrativa. Porque, como con razón se ha dicho, en nuestra
época las voces aisladas son como voces dadas al viento”.
Otras múltiples manifestaciones han efectuado los Papas y Obispos dela
Iglesia Católica en relación a la vida socioeconómica y en forma expresa
respecto de las cooperativas, alentándolas y señalando la responsabilidad
de éstas en la construcción de un mundo más justo.
Al interior del movimiento cooperativo y de las cooperativas indivi-
dualmente consideradas, a lo menos en Chile, la neutralidad religiosa se
ha practicado con estricto respeto al principio, toda vez que en nuestro país
–desde 1925 en adelante– está consagrada explícitamente la libertad de
conciencia y de prácticas religiosas.
300 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Por otra parte, la propia Iglesia Católica, en la Constitución Conciliar “La
Iglesia y el Mundo de Hoy”, Nº 21, ha señalado que “reconoce sinceramente
que todos los hombres, sean o no creyentes, deben habitar en común un
mismo mundo, y que todos deben colaborar en su debida edificación. Lo
cual, ciertamente, no se podrá hacer sin un sincero y prudente diálogo”.
De este modo, aparecería contra los principios y normas de la Iglesia
Católica el hecho de que católicos y no católicos pudiesen discrepar res-
pecto de su fe al interior de una cooperativa, para colaborar “en su debida
edificación”.
La cooperativa no puede rechazar un postulante a socio por el hecho de
adherir a un determinado credo o a un partido político, bastando que el socio
se obligue a respetar el estatuto social que prescribe la neutralidad.
Si el socio no practica la aludida neutralidad, podría naturalmente ser
excluido de la cooperativa.
Tanto el postulante o el excluido, por razones de política o religión, tienen
el derecho de accionar en contra de la cooperativa, pidiendo protección a
su derecho ante los tribunales de justicia.
El principio de la neutralidad también se ha extendido para establecer
una neutralidad social, en algunos países en los cuales imperan normas o
costumbres discriminatorias en material social, al igual que respecto del
ingreso de mujeres.
Tales problemas no se presentan en nuestro país, dada la igualdad es-
tablecida para todas las personas y a que la situación de la mujer hoy en
día, en el Derecho Cooperativo, es en general igual a la del hombre. En
particular, respecto del marido, para ingresar y actuar como socio de una
cooperativa.
3.5. Quinto principio: Las cooperativas deben desarrollar actividades
de educación cooperativa
El propósito educativo de las cooperativas proviene del preámbulo al
estatuto de la Cooperativa de Rochdale, en el cual se manifestaba: “Desde
COOPERATIVAS 301
el momento en que sea posible, esta sociedad ejercerá la organización de
las fuerzas… de la educación”.
En la reforma del 23 de octubre de 1854, artículo 42, se estableció un
fondo separado y distinto para el perfeccionamiento intelectual de los
miembros y de la parte de su familia que está a su cargo, para el manteni-
miento de la biblioteca ya establecida y para la creación de otros medios de
instrucción que puedan considerarse deseables. El fondo destinado a ello se
constituirá por una deducción fijada en “el 2,5% anual de los beneficios y
por la acumulación de todas las multas percibidas por infracciones a estos
estatutos. La gestión de este fondo se confiará a un comité de once miembros
designados para este fin en la asamblea anual; cualquier baja que se pueda
producir en sus filas se cubrirá en la asamblea trimestral…”.
Como se ve, el propósito educativo de los pioneros de Rochdale tuvo
bien pronto una importante regulación y una efectiva práctica en la coo-
perativa.
Desde ese entonces, al decir de Charles Gide, la educación cooperativa es
una condición permanente de la acción cooperativa y también un resultado
de dicha acción.
Forma parte este principio de la relación personalizada entre el socio y
la cooperativa, a fin de que exista una adecuada y completa participación.
Obvio es decir que los planes que se adopten en el cumplimiento de este
principio variará de una cooperativa a otra, de una a otra región y según los
propósitos de cada entidad.
Ciertamente que entre ellos pueden contarse desde programas de alfa-
betización hasta sofisticadas enseñanzas de administración o técnicas para
lograr un mejor desarrollo de las actividades que componen el objetivo de
la cooperativa, siempre que tenga como objetivo básico la perfección del
socio, de sus familias y de los trabajadores que se desempeñan al interior
de la empresa.
Su definición dependerá de múltiples factores propios de la educación
como ciencia y de la actividad cooperativa, cosa que nos abstendremos
302 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
de intentar, porque el tema es una materia de los especialistas dedicados a
dicha actividad.
No debe confundirse la educación cooperativa con la propaganda coo-
perativa, ni con la publicidad cooperativa.
La educación debe abarcar tanto a los socios como a los trabajadores de
la cooperativa y al público en general, sea que puedan llegar a ser socios
o no.
La legislación cooperativa actual no se refiere a la creación de un fondo
educativo, como lo hacía el anterior texto legal en el artículo 36, de manera
tal que actualmente se mantiene como un aporte voluntario, contradicien-
do fundamentalmente el artículo 1º de la misma, el cual es de naturaleza
imperativa, en esta materia.
3.6. Sexto principio: Establecimiento de relaciones Federativas
e Intercooperativas, o integración cooperativa
El principio de la integración cooperativa está contenido en los estatutos
de los pioneros de Rochdale, al declarar éstos:
“Desde el momento en que sea posible, esta sociedad emprenderá la organi-
zación de las fuerzas de la producción, de la distribución, de la educación y
del gobierno o, dicho en otras palabras, el establecimiento de una colonia que
se baste a sí misma y en la que se unirán los intereses, o bien prestará ayuda a
otras sociedades para establecer colonias de esa clase”.
Como se puede apreciar, la idea expresada en los referidos estatutos tiene
un significado de amplias connotaciones sociológicas, comprendiendo un
esfuerzo voluntario y sostenido de los socios, de las entidades cooperativas
y de los organismos federativos que éstas constituyen. Tal conjunción de
voluntades no está supeditada por la imposición de unos sobre otros, sino
por el consenso de acuerdos económicamente sostenidos y regulados por
los estatutos de las organizaciones que en virtud de tales acuerdos se cons-
tituyen. Los organismos que así nacen, están al servicio de los organismos
que los han constituido y que participan en ellos, los que a su vez están al
servicio de los individuos y de la comunidad en que éstos se insertan.
COOPERATIVAS 303
Lo anterior hace que la integración cooperativa se diferencie absolu-
tamente de los procesos de concentración que pueden llevar a cabo las
empresas con predominio del capital y con propósitos lucrativos.
Carlos Burr, en su libro Las Cooperativas, una economía para la libertad,
ya mencionado, subrayó las diferencias entre ambos tipos de integración,
que se refieren a las finalidades y a los métodos.
En el caso de la integración de las empresas con propósitos lucrativos,
su objetivo, señala el señor Burr, tiende a ampliar los márgenes de bene-
ficio, realizando la integración desde las empresas más grandes hacia las
más pequeñas, con el objeto de influir en los mercados, controlar precios o
métodos de producción. En lo tocante a las cooperativas, la integración se
forma a partir de las unidades locales, hasta las organizaciones nacionales
y aun internacionales, con el objeto de que las unidades más pequeñas
puedan disponer de las ventajas que ofrece la concentración administra-
tiva, financiera y técnica. Las cooperativas pretenden reunir las pequeñas
unidades económicas, agrupando unidades en forma autónoma, de manera
democrática, y agrupando unidades que se encuentran en contacto con las
necesidades de la población.
El principio de integración cooperativa vino a obtener todo su reconoci-
miento en la reformulación de principios que hizo la Alianza Cooperativa
Internacional, en el Congreso de Viena, celebrado e 1966.
Al respecto, el informe presentado sobre los principios caoperativos des-
taca, a propósito de este principio, que “si el movimiento cooperativo va a
crecer en toda su estatura, ya sea dentro de cada país, o internacionalmente,
todas las instituciones cooperativas deben ayudarse sin reservas unas a otras.
Deben actuar como miembros de un esfuerzo común unido para realizar los
objetivos e ideales del movimiento como un todo”135.
Gran parte del Capítulo III de la ley está destinado a regular las organi-
zaciones de integración cooperativa, como lo son las federaciones, confe-
deraciones e institutos auxiliares de cooperativas.
135 SOMMERHOFF, Walter. “Tres congresos internacionales: doctrina, estructura, planificación
y financiamiento cooperativo”. Cuadernos Cooperativos Sodimac Nº 6, s/f., pp. 85-86.
304 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
3.7. Un principio excluido. Los aportes perciben un
interés limitado, o principio de remuneración
limitado del capital
El estatuto de Rochdale se refería a este tema en el artículo 22. Se ha
debatido largamente entre los doctrinarios de la cooperación acerca de la
validez y legitimidad de este principio. Algunos estiman que es el recono-
cimiento de una realidad cambiante, y otros, que es un principio esencial,
ya que implica el reconocimiento al esfuerzo del ahorro efectuado por los
trabajadores, esfuerzo que debe ser remunerado.
En cualquier caso, este principio se inspira en las ideas de Robert
Owen, quien sostuvo que una vez remunerado el capital aportado a la
empresa, el que limitó a un 10% anual, el resto debería ser distribuido
entre los trabajadores de la misma. Tal tesis fue totalmente revolucionaria
en su época y hoy en día, vía impuestos, regulaciones laborales, contratos
administrativos y otros, la remuneración al capital aportado a las empre-
sas, encuentra múltiples limitaciones, aunque nunca absolutas, como lo
proponía Owen.
Las cooperativas, en general, han reconocido la legitimidad de la remune-
ración del capital aportado, pero reducen sus beneficios a fin de no presionar
a la administración a obtener una ganancia ilimitada de este factor necesario
en la empresa, pero a su vez complementario con los demás factores que
constituyen la esencia de la labor de una cooperativa.
Es así como los cooperados se sentirán atraídos por aportar un capital,
pero éste no será el propósito esencial de su actuación al interior de la coo-
perativa, sino el de beneficiarse con la operación de ella.
Este principio se funda en el propósito de excluir a las cooperativas de
efectuar operaciones de carácter especulativo y que los asociados busquen,
a través de ellas, llevar a las cooperativas a dicha actividad.
La reforma efectuada a la legislación cooperativa chilena, mediante la
ley Nº 19.832, suprimió este principio, que se expresaba en el artículo 1º
en la siguiente forma: “Los aportes perciben un interés limitado;”. Esta
COOPERATIVAS 305
norma se encontraba complementada por el artículo 33, que señalaba
que el interés máximo anual que podían devengar los aportes de capital
se fijaba por el Banco Central, previo informe del Departamento de
Cooperativas.
CAPÍTULO VII
DE LA PERSONALIDAD JURÍDICA DE LAS COOPERATIVAS
Y DE SU CONSTITUCIÓN
1. EL ACTO CONSTITUTIVO
Establece el artículo 5º de la ley que las cooperativas que se organicen
con arreglo a la ley gozarán de personalidad jurídica. Ello significa que
tienen plena capacidad de adquirir, enajenar, poseer y administrar bienes
a cualquier título.
Este es el principal efecto de la personalidad jurídica, llegando a ser las
cooperativas sujetos activos y pasivos de derecho.
Al constituirse la cooperativa y nacer a la vida del derecho, el socio ad-
quiere en su plenitud la calidad de tal y en ese instante puede exigir sus de-
rechos, a la vez que debe sujetarse a las obligaciones que el estatuto social le
impone, dentro de las normas legales y reglamentarias correspondientes.
El acto constitutivo que generará la personalidad jurídica de la coopera-
tiva tiene, a nuestro juicio, el carácter de contrato plurilateral, por lo cual
deben reunirse los elementos exigidos respecto de todos los contratos, como
lo son el consentimiento, capacidad de los concurrentes al acto, objeto,
causa y formalidades legales.
El consentimiento debe ser voluntario, no tan sólo en el hecho de expre-
sarse sin la coerción de lo que en el derecho civil se conoce como fuerza,
sino en base a la libertad del individuo para adherir a la cooperativa que se
desea constituir. En cuanto a la capacidad, nos referiremos a ella cuando
analicemos la normativa de los socios de las cooperativas.
308 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El objeto, al igual que en el resto de las sociedades, es la actividad que
la cooperativa realizará para que los socios vinculados a ella y en pleno
ejercicio de sus capacidades como tales obtengan la finalidad que se han
propuesto ejecutar mancomunadamente.
Este objeto debe aparecer determinado en el estatuto, tal como lo esta-
blece el artículo 6º, letra b, de la ley, al señalar: “El o los objetos específicos
que perseguirá”. La exigencia de la especificidad está expresamente exigida
en razón de la responsabilidad de la cooperativa ante terceros de buena fe
la cual podría ser afectada en el evento de que los actos realizados por los
administradores sean extraños al objeto social.
Conforme a las exigencias de la legislación civil, el objeto debe ser
posible y lícito, de modo que si al momento de su constitución o desarrallo
ulterior de la cooperativa, tales requisitos en su integridad dejaran de existir,
la cooperativa incurrirá en causal de disolución y liquidación.
La causa en las sociedades cooperativas, debe ser entendida como la
finalidad, es decir, el fin que los contratantes buscan lograr con la celebra-
ción del contrato plurilateral de organización que da origen a la cooperativa,
constituyéndose éste en la gestión de servicio, la que a su vez consiste en la
satisfacción de las necesidades de sus usuarios o socios, y eventualmente
los terceros.
La desvirtuación de la causa, asimismo, desvirtúa, la existencia de la
cooperativa y la degenera o la imposibilita en su acción cooperativa de ayuda
mutua en beneficio de los socios. Lo anterior se identifica con el hecho de
apartarse de los principios señalados en el artículo 1º de la ley, los cuales
son esenciales, como hemos visto, en toda cooperativa.
El acto constitutivo de la cooperativa y su ulterior aplicación a los futuros
socios adherentes, para recibir la tutela legal en cuanto a entidad coopera-
tiva, debe necesariamente proponerse el cumplimiento de la causa que se
ha tenido en vista al originarla.
Por último, la cooperativa, para quedar legalmente constituida, debe
cumplir diversas formalidades prescritas en la ley, las que en virtud de la
reforma introducida por la ley Nº 19.832, se han simplificado enormemente
COOPERATIVAS 309
en comparación con la legislación que ha sido objeto de la reforma, a las
cuales nos referiremos más adelante.
2. EL OBJETO SOCIAL
Lo propio del objeto social de una cooperativa consiste en establecer el
derecho de la sociedad cooperativa de actuar dentro de los límites fijados por
éste, ejecutando todos los actos necesarios para el logro de su finalidad.
La actuación de los administradores más allá del objeto social tiende
a hacer a éstos responsables en forma ilimitada y solidaria, respecto de la
cooperativa, de los socios y de terceros, por los actos ejecutados que exce-
den su objeto específco.
El artículo 24, en relación con el artículo 25 de la ley, determina que el
consejo de administración representa a la cooperativa “para el cumplimiento
del objeto social” y establece la responsabilidad de los consejeros, quienes
responden hasta la culpa leve en el ejercicio de sus funciones, y serán res-
ponsables solidariamente de los perjuicio que causen a la cooperativa por
sus actuaciones dolosas o culposas, de manera tal que la desviación culposa
o dolosa del objeto social de la cooperativa genera la responsabilidad antedi-
cha, en el caso de perjudicar a la cooperativa. Igual cosa sucederá respecto
de los perjuicios a terceros, pero en mérito de las normas generales sobre
responsabilidad contenidas en la legislación civil136.
Esta doctrina, conocida con el nombre de “ultra vires”, establece que el
objeto para el cual se constituyó la entidad representa un límite a su actividad
y al poder de los administradores.
Implícitamente, esta doctrina está reconocida en el artículo 24 de la ley,
al señalar que “el Consejo de Administración… tiene a su cargo la admi-
nistración superior de los negocios sociales…”. Tales “negocios sociales”
no pueden ser otros que los comprendidos dentro del objeto de la coopera-
tiva, de modo que la realización de negocios distintos de los comprendidos
136 L’impresa cooperativa. TATARANO, Giovanni. Nº 39. Giufrè Editore. 2002.
310 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
dentro de su objeto, no están a cargo del Consejo de Administración y no
le empecen a la cooperativa.
Podría incluso señalarse que, como consecuencia de la ejecución de
actos que se aparten del objeto social sean nulos, sin que puedan ser con-
validados por decisiones de Juntas de Socios, todo ello sin perjuicio de la
responsabilidad de la cooperativa por la adquisición de bienes o derechos
o por los resultados favorables o desfavorables de tales actos, celebrados al
margen del objeto social, ya que de otra manera no se explicaría el sentido
de la obligación que les impone la ley a los Consejos de tener a su cargo la
administración de los negocios sociales.
La legislación civil y mercantil chilena se encuadra en la misma línea
que la estatuida en la Ley de Cooperativas.
En efecto, el Código Civil, en su artículo 2077, establece que si no se
fijan los poderes de los administradores, ellos no pueden ejecutar otros actos
que los comprendidos en el giro ordinario de la sociedad.
El Código de Comercio, inspirado probablemente en estos mismos prin-
cipios, confirma y profundiza esta tesis, al disponer en el artículo 352 Nº 5
que la escritura social debe señalar las negociaciones sobre que deba versar
el giro de la sociedad, el que debe ser complementado con el articulo 374,
que expresa: “la sociedad no es responsable de los documentos suscritos con
la razón social, cuando las obligaciones que los hubieren causado no le con-
ciernan y el tercero los aceptare con conocimiento de esta circunstancia”.
Por estas razones es que el artículo 24 de la Ley de Cooperativas debe
situarse en la clara línea del principio de la especialidad en los términos
expuestos.
Entre nosotros, Carlos Balmaceda Lazcano, en su estudio El estatuto
de las personas jurídicas, sostiene que la sanción de tales actos, realizados
fuera del objeto social, no puede ser la nulidad, estimando que sólo puede
acarrear penas para los administradores o constituir una causal de disolución
por los poderes del Estado137.
137 El estatuto de las personas jurídicas, p. 263. Editorial Nascimento, Santiago de Chile.
1943.
COOPERATIVAS 311
El artículo 2º de la ley, señala que las cooperativas pueden tener por
objeto cualquier actividad. Agrega la misma norma legal que “en cuanto
a las operaciones propias de su giro, las cooperativas se sujetarán, en lo
que les sea aplicable, a la regulación y fiscalización establecida por leyes
especiales que rijan la actividad económica que constituya su objeto”. La
legislación confirma que cualquier actividad económica puede ser ejecutada
por una cooperativa, consagrando así la amplia libertad y capacidad de estas
asociaciones para ejecutar los propósitos de quienes desean participar en
ellas. Se agrega, y no podría ser de otro modo, que las cooperativas debe-
rán sujetarse a la regulación de la respectiva actividad y si es del caso, a la
fiscalización correspondiente que ejercitan las autoridades.
A su vez, el artículo 3º de la ley, establece, confirmando la libertad de
actuación consagrada en su texto, que “las cooperativas, de acuerdo a sus
estatutos, podrán combinar finalidades de diversas clases, salvo que deban
tener objeto único, como las de vivienda abiertas, las de ahorro y crédito
y cualquier otra que establezca la ley”. Entre estas últimas se cuentan las
cooperativas de garantía recíproca, instituidas en la ley Nº 20.179. El texto
anterior a la reforma, establecía una norma similar, lo que es conocido como
la multiactividad. Es importante establecer en las normas estatutarias, en el
caso de promoverse un objeto múltiple, los suficientes equilibrios al interior
de la cooperativa, para no dañar a un grupo de socios en su actividad frente
a otros socios que se benefician con otro de los objetivos establecidos en
los estatutos. El beneficio mutualístico no puede convertirse en un perjuicio
mutuo, que perjudique a unos socios respecto de otros.
El reglamento de la ley, en el artículo 2º, determina que el estatuto debe
regular, entre otras materias “el o los objetos específicos que perseguirá.
La cooperativa no podrá dedicar sus actividades a objetos diversos a los
establecidos específicamente en el estatuto social”.
Nos parece importante señalar, que el objeto de una cooperativa no
habrá de ser necesariamente de naturaleza económica, pudiendo abarcar
o desarrollar única y exclusivamente actividades culturales o artísticas o
combinarlas con actividades económicas.
El objeto social, como está enmarcado por las normas legales invocadas,
conjuntamente con la reglamentación citada, debe encuadrarse dentro de
312 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
una concepción mutual, ya que encontrándose ausente en su enunciación
estatutaria, la cooperativa constituida no cumpliría con su objetivo impuesto
por el artículo 1º de la Ley de Cooperativas. Existe así una estrecha relación
entre la descripción del objeto de la cooperativa y el fin mutual de la misma,
el cual debe estar contenido en la forma estatutaria que se adopte.
Si el objeto social estipulado no se conforma con el objetivo mutual esta-
blecido en el artículo 1º de la Ley General de Cooperativas, podría adolecer
de objeto ilícito, puesto que sería contrario al orden público, orden este
último establecido, precisamente, para regular a las cooperativas mediante
su fin de ayuda mutua entre los socios.
Punto relevante es la exigencia reglamentaria, respecto de señalar un
objeto específico, lo cual significa que no podría describirse un objeto
genérico indicando que la actividad que desarrollará la cooperativa será la
agricultura o la distribución de bienes o servicios, sino que habrá de des-
cribirse específicamente la actividad que se desarrollará dentro de la ayuda
mutua que persiguen los socios constituyentes.
3. ATRIBUTOS
Al igual que el resto de las entidades, los atributos de la personalidad
jurídica de las cooperativas en sus caracteres esenciales son: a) el nombre;
b) el domicillio; c) la nacionalidad; d) el patrimonio, y e) la capacidad.
Examinaremos brevemente cada uno de tales atributos.
a) El nombre. La ley, en el artículo 5º, establece que la razón social
deberá contener elementos indicativos de la naturaleza cooperativa de la
institución, los cuales podrán omitirse en la sigla o denominación de fan-
tasía que se adopte.
De este modo, la razón social de toda cooperativa debe enunciar que es
una entidad que tiene las características de tal, so pena de nulidad, pues-
to que la ley en esta materia es imperativa. A nuestro juicio, la locución
“elementos indicativos de la naturaleza cooperativa” significa que puede
contener elementos que impliquen expresiones distintas de la palabra “coo-
perativa”; a saber, aquellas frases señaladas en el inciso 1º del artículo 1º
COOPERATIVAS 313
de la ley, relativas a una actividad sin fines de lucro, o cuyo objeto sea la
ayuda mutua.
Tales expresiones pueden omitirse en la sigla o expresión de fantasía que
se adopte. Así la ley reconoce una especie de doble denominación, una que
sería la razón social propiamente tal y otra la sigla o nombre de fantasía. En
el artículo 6º, letra a), la ley repite la exigencia de indicar la razón social.
En ninguna parte la ley exige que la cooperativa debe llevar la expre-
sión “de responsabilidad limitada” u otra semejante, de manera tal que por
el hecho de no expresarla, pueda entenderse que la cooperativa tenga una
responsabilidad distinta a la legalmente establecida.
Se agrega por el artículo 5º de la ley, que ninguna cooperativa podrá
adoptar una razón social idéntica a la de otra preexistente. Tal norma debe
calificarse de incompleta, pues debería abarcar la prohibición a cualquier tipo
de sociedad y no sólo respecto de las cooperativas. Tampoco la ley señala
qué acciones pueden impetrarse para impedir la colisión de nombres, como
lo hace la Ley de Sociedades Anónimas Nº 18.046, en el artículo 8º, que
señala el juicio sumario, sin perjuicio de lo que se establece en el artículo
56, norma que sólo proteje la expresión “cooperativa”.
b) El domicilio. El domicilio está definido en el Código Civil y a sus
disposiciones nos remitimos. La Ley de Cooperativas, en el artículo 6º,
letra a), ordena que en el estatuto social conste el domicilio. La ausencia
de un domicilio en el estatuto hace que éste padezca de nulidad, lo que se
encuentra confirmado por el artículo 9º de la ley, materia que trataremos
más adelante.
c) La nacionalidad. Este atributo mira más a la dependencia que la so-
ciedad cooperativa tiene con respecto a un determinado Estado, debiendo
sujetarse al imperio de sus leyes.
La cooperativa, al igual que el resto de las personas jurídicas, es nacional
del Estado bajo cuyas leyes nace a la vida jurídica.
d) El patrimonio. Es el conjunto de bienes de una Persona; los derechos
que lo componen están sometidos a la voluntad de la institución. Los bie-
314 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
nes de la cooperativa son de su propiedad exclusiva y los socios no tienen
derecho o cuota alguna sobre ellos. Las deudas de la cooperativa no dan
derecho para demandar, en todo o en parte a ninguno de los socios de ella,
ni dan acción sobre los bienes de dichos asociados, sino sobre los bienes de
la cooperativa. Si los socios comprometen su responsabilidad personal de
carácter patrimonial en forma especial, añadiendo tal responsabilidad a la
de la cooperativa, lo hacen en forma particular e individual, agregando a la
responsabilidad patrimonial de la entidad su responsabilidad. Contraen una
responsabilidad en su calidad de asociados, y para permitir a la cooperativa
a que pertenecen un mejor cumplimiento de sus finalidades. Tal responda-
bilidad debe ser asumida en forma expresa y no se presume.
e) La capacidad. El artículo 2º de la ley señala que, las cooperativas
pueden tener por objeto cualquier actividad. Tal norma hace que una coo-
perativa, por el solo hecho de ser tal constituye un sujeto de derecho y,
por ende, sean capaces de adquirir, enajenar, poseer y administrar bienes a
cualquier título, lo que el artículo 11 de la legislación cooperativa antes de
la reforma efectuada por la ley Nº 19.832 establecía. Agrega el artículo 5º
de la ley que “las cooperativas que se organicen con arreglo a la presente
ley gozarán de personalidad jurídica”.
El legislador no consideró necesario repetir la norma contenida en el
inciso primero del artículo 545 del Código Civil, el cual establece:
“Se llama persona jurídica una persona ficticia, capaz de ejercer derechos
y contraer obligaciones civiles, y de ser representadsa judicial y extrajudi-
cialmente”.
De esta definición se deduce que la capacidad puede ser de dos clases:
de goce y de ejercicio. La primera es la aptitud para adquirir derechos y ser
titular de ellos; la segunda, la facultad de ejercer derechos y contraer obli-
gaciones. Agrega el artículo 1445 del Código Civil que la capacidad legal
de una persona consiste en poderse obligar por sí misma, y sin el ministerio
o la autorización de otra.
A su vez, el artículo 24 de la ley, establece que el Consejo de Admi-
nistración la “representa judicial y extrajudicial a la cooperativa para el
cumplimiento del objeto social”.
COOPERATIVAS 315
No existen diferencias entre la responsabilidad de las personas jurídicas
de derecho civil o mercantil y la de las cooperativas, razón por la cual no
nos detendremos en el análisis de la responsabilidad penal y la responsabi-
lidad civil de las cooperativas, sin perjuicio de que más adelante y en forma
separada analicemos las situaciones particulares de las crisis económicas
de las cooperativas.
4. EL PROCEDIMIENTO DE CONSTITUCIÓN DE LAS COOPERATIVAS
La Ley de Cooperativas, destina el Título II, del Capítulo I para tratar
“De la Constitución de las Cooperativas”.
Frente a la legislación que la precedeió, la reforma legal ha sido drásti-
ca, en cuanto a que en el procedimiento de constitución se ha excluido la
intervención del Estado, a través del Ministerio de Economía y ha quedado
situado enteramente en la órbita particular. Con anterioridad, la existencia
de las cooperativas requería de un decreto supremo del Gobierno, lo que
posteriormente se cambió por una resolución administrativa, siempre gu-
bernamental.
A partir de la reforma legal, el procedimiento es enteramente particular,
iniciándose con la junta general constitutiva.
No obstante lo anterior, para la constitución de algunas cooperativas, la
legislación instituyó un trámite previo que debe ejecutarse ante la autoridad,
esto es, el Departamento de Cooperativas, dependiente del Ministerio de
Economía. Las cooperativas de ahorro y crédito y las abiertas de vivienda,
requieren antes de llevar a efecto la junta general constitutiva138, de la
aprobación de un estudio socioeconómico, que estudiaremos más adelante,
materia que se encuentra reglada en el reglamento de la ley.
La actuación consistente en la junta general constitutiva supone reunir
al número mínimo de socios exigido por la ley, quienes en la reunión deben
acordar el estatuto, debiendo indicarse el nombre, profesión o actividad de
los socios concurrentes, al igual que el domicilio de cada uno de ellos y la
138 Artículo 12 de la ley.
316 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
cédula de identidad de aquellos que son personas naturales. La indicación
del domicilio de los socios puede ser aquella de su domicilio particular
como su domicilio laboral, no existiendo distinción ni en la ley ni en el
reglamento sobre el particular, conforme se expresa en los artículos 1º y 3º
de este último cuerpo reglamentario.
Ni la ley ni el reglamento exigen formalidad alguna para el desarrollo
de la junta general constitutiva de la cooperativa de que se trate, salvo el
acuerdo expreso de los concurrentes en orden a constituir la cooperativa y
la aprobación del estatuto social que la regirá, conforme al texto íntegro de
dicho estatuto, el cual deberá encontrarse contenido en el acta de la misma
Junta. El acta debe ser suscrita por quienes concurren al acto constitutivo,
debiendo designarse a una persona para que reduzca a escritura pública el
acta de la junta. De este modo la escritura pública contendrá la compare-
cencia de la persona facultada para reducir a escritura pública el acta, los
acuerdos relativos a la constitución de la cooperativa y la aprobación de los
estatutos, conjuntamente con el texto de los mismos.
Agrega el artículo 4º del reglamento que el acta de la junta constitutiva
debe contener el nombramiento de un consejo de administración, de un
gerente y/o socios administradores, y de una junta de vigilancia o inspector
de cuentas, según sea el caso, como lo es el de las Cooperativas de Trabajo,
según lo dispone el artículo 61, inciso segundo de la ley.
Una vez efectuada la junta general constitutiva, debe procederse a re-
ducir a escritura pública el acta de la misma, para lo cual en el texto del
acta debe contenerse la individualización, de la o las personas autorizadas
para llevar a efecto dicho trámite, con expresa indicación del domicilio de
quien lo efectuará, conforme se establece en el artículo 3º del reglamento
de la ley.
Cumpliéndose con las actuaciones antes reseñadas, se ha dado origen al
convenio de asociación cooperativa, puesto que en dicho acto se han estable-
cido los estatutos de la asociación que los constituyentes habrán de cumplir,
conjuntamente con quienes ingresen posteriormente a la asociación.
La ley establece diferentes actos de publicidad, siendo éstos los si-
guientes:
COOPERATIVAS 317
1. Redacción de un extracto de la escritura social. La ley cambia el
nombre de la escritura, que ha denominado “pública” en el artículo 6º, lo
que guarda plena relación con las escrituras públicas reguladas en el Có-
digo Orgánico de Tribunales, por el calificativo “social”, cuya definición
debería entenderse respecto del estatuto social, el cual estaría contenido en
el acta de la junta general constitutiva. El extracto debe ser autorizado por
el notario respectivo, el cual corresponde al notario ante el cual se redujo a
escritura pública el acta ya mencionada, no importando si dicho notario ha
sido sustituido o reemplazado con posterioridad.
2. El extracto debe inscribirse en el Registro de Comercio correspondiente
al domicilio de la cooperativa dentro de los 60 días siguientes a la fecha en la
cual se redujo a escritura pública el acta de la junta general constitutiva.
El contenido del extracto debe ser el siguiente:
a) La razón social de la cooperativa;
b) El domicilio social de la entidad, entendiéndose por tal a lo menos la
Comuna y Región correspondiente, todo lo cual establece el ambito juris-
diccional de la institución, para los fines de orden judicial;
c) Plazo de duración de la cooperativa, o si es indefinido;
d) La enunciación del objeto de la cooperativa;
e) El número de socios que concurrieron a la constitución de la entidad
y que aparecen suscribiendo el acta;
f) El capital suscrito y pagado de la cooperativa;
g) El nombre y domicilio del notario ante el cual se redujo a escritura
pública el acta de constitución, y
h) La fecha de la escritura pública que contiene el acta de su constitu-
ción.
3. El mismo extracto, autorizado por el notario ya mencionado debe
publicarse en el Diario Oficial, por una sola vez y dentro del mismo plazo
de los 60 días indicados.
Cumplidos los trámites antes descritos, la cooperativa ha quedado cons-
tituida y deberá efectuar los registros que las leyes de orden administrativo,
tributario y municipal establezcan para operar.
318 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Se complementa lo expuesto, mediante el artículo 6º del reglamento, el
cual dispone que “mientras no se haya dado cumplimiento a todas las for-
malidades establecidas en la ley y en el presente reglamento para constituir
legalmente una cooperativa, ésta no podrá iniciar sus actividades ni realizar
operaciones del giro. Lo anterior, sin perjuicio de la posibilidad de sanear
los vicios de conformidad a la ley”.
Como se ha señalado anteriormente, las cooperativas de ahorro y crédito
y las abiertas de vivienda, deben someterse a una tramitación distinta a la
reseñada, antes de su constitución, por cuanto estas cooperativas una vez
constituidas podrán captar o reunir fondos del público, quienes deberán ser
socios de la respectiva entidad, administrarlos en conformidad a las normas
legales y reglamentarias establecidas en la propia legislación cooperativa y
en otras normas legales y reglamentarias propias del giro u objeto de estas
cooperativas.
Estas cooperativas, en conformidad al artículo 12 de la ley, deben some-
ter al Departamento de Cooperativas un estudio socioeconómico sobre las
condiciones, posibilidades financieras y planes de trabajo que se proponen
desarrollar. El artículo 7º del reglamento indica la forma de ejecutar dicho
estudio socioeconómico.
Como una primera etapa los interesados en formar a una de estas coo-
perativas, deberán elegir entre ellos un Comité Organizador, cuya única
función será la confección del estudio y la representación de los interesados
ante el Departamento de Cooperativas, según lo dispone el artículo 7º del
reglamento, con el fin de realizar los trámites destinados a la constitución de
la cooperativa. Este poder se origina en el reglamento y no requiere de una
formalización especial para que sea asumido por el Comité. Ahora bien, si
los futuros socios estiman conveniente otorgar un poder más amplio que el
señalado pueden hacerlo, para lo cual se debe recurrir a la figura del man-
dato regulado en el Código Cvil, lo cual está implícitamente reconocido en
la norma reglamentaria citada.
El contenido del estudio socioeconómico, según lo exige el artículo 7º
del reglamento, debe “incluir un análisis pormenorizado de la factibilidad
financiera y económica de desarrollo del objeto de la cooperativa en for-
mación”.
COOPERATIVAS 319
El Departamento de Cooperativas puede rechazar el estudio socioeconó-
mico, en caso que estime que éste no garantiza la factibilidad de la coopera-
tiva en formación. Siendo ello así, el contenido intrínseco del estudio, debe
ser el de garantizar la factibilidad de la entidad, lo cual implicará demostrar
que el plan de negocios u operaciones que desarrollará la futura cooperativa
es sustentable en el mercado al cual se pretende servir y el tiempo para
su desarrollo, habida cuenta del capital disponible y necesario al inicio y
en los periodos en los cuales debe alcanzarse su sustentabilidad, lo cual
debe ser demostrado en el mismo estudio. El rechazo debe ser fundado
indicándose las razones socioeconómicas por las cuales el Departamento
considera que el estudio presentado carece de los requisitos para garan-
tizar la factibilidad de la futura entidad, o por cuanto en consideración al
criterio del Departamento no se encuentra garantizada la viabilidad de la
cooperativa en formación.
Si el estudio es aprobado, sea por cuanto no ha sido objeto de observacio-
nes o complementaciones o por cuanto, si ellas han sido formuladas y se ha
complementado la información entregada a satisfacción del Departamento
de Cooperativas, dicho órgano lo comunicará mediante oficio, el cual debe
ser emitido dentro del plazo de 60 días siguientes al hecho de haberse in-
gresado el estudio socioeconómico a la mencionada repartición. El artículo
7º del reglamento establece que si el Departamento de Cooperativas no se
pronuncia al respecto, dentro del plazo mencionado, el estudio debe tenerse
por aprobado, debiéndose certificar dicho hecho por el propio Departamento,
a solicitud del Comité Organizador, pudiendo entonces proseguirse con el
proceso de constitución de la Cooperativa. Nótese que el reglamento exige
la emisión de un pronunciamiento por parte de la autoridad, pronuncia-
miento que puede consistir en una o más observaciones cuyo fundamento
diga relación con la insuficiencia de antecedentes para tener por aprobado
el estudio presentado.
En el caso que el estudio presentado fuere rechazado, el artículo 7º del
reglamento establece que puede reclamarse ante el Subsecretario de Econo-
mía, dentro del plazo de 15 días siguientes a la fecha de recepción del oficio
mediante el cual se haya efectuado el rechazo del estudio socioeconómico.
La ley no ha dispuesto un procedimiento respecto de esta reclamación, por
lo cual debe ajustarse a las normas de la legislación general sobre procedi-
mientos administrativos.
320 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Exige la norma reglamentaria que la junta general constitutiva deba
celebrarse, a más tardar, dentro de los 60 días siguientes a la obtención
de la aprobación del estudio socioeconómico. Si dicho plazo se vence, sin
haberse efectuado la junta, debe presentarse un nuevo estudio socioeconó-
mico, revelándose así, que tal estudio, debe reflejar la realidad del momento
de su presentación desde un punto de vista social y económico, lo cual es
dinámico en el tiempo, motivo por el cual al variar las condiciones de dicha
realidad, la aprobación debe entenderse caducada.
En el acta de la junta general constitutiva, deberá insertarse la constancia
de la aprobación del estudio socioeconómico, según lo establece el artículo 8º
del reglamento. Igualmente, si el Departamento de Cooperativas no evacuó
dentro del plazo de 60 días el informe que se establece en el artículo 7º, de-
berá insertarse en el acta el certificado de dicho hecho en la misma acta.
El acta de la junta general constitutiva deberá contener las menciones
que se indican en los artículos 1º y 3º del reglamento relativas a las personas
que concurren a dicha junta y la persona autorizada para reducir el acta a
escritura pública.
4 CONTENIDO DEL ESTATUTO
La ley en el artículo 6º describe las materias obligatorias que debe
contener el estatuto de una cooperativa. Dicha norma, en virtud de la letra
i), debe ser complementada por el artículo 2º del reglamento, que señala
13 materias, algunas de las cuales constituyen repeticiones de las normas
legales. La norma legal establece que las menciones que señala son las
mínimas, de manera tal que si no se incluyen en el estatuto debería con-
siderarse como una infracción legal, la cual podría originar una nulidad.
No obstante ello, el artículo 9º dispone que la omisión de tan sólo tres
menciones, de las que analizaremos, en primer lugar, producen la nulidad
del acto constitutivo.
1. Se exige la mención de la razón social, domicilio y duración de la coo-
perativa, agregándose que si no se señalare el plazo de duración se entenderá
que esto es indefinido. Asimismo, si no se señala domicilio, se entenderá
que es el lugar del otorgamiento del instrumento de su constitución.
COOPERATIVAS 321
El artículo 5º señala que la razón social debe contener elementos indi-
cativos de la naturaleza cooperativa de la institución, lo cual dice relación
con un elemento de veracidad, común a todo el espectro de sociedades o
asociaciones, en cuanto éstas deben indicar el tipo societario o asociativo
de que se trata frente a los terceros. Dentro de dicho parámetro existe una
amplia libertad para la designación de la entidad cooperativa. De este modo,
el nombre o razón social de la entidad deberá indicar claramente de tratarse
de una cooperativa y si ello no se indica, la sanción será la nulidad, acorde
con lo dispuesto en el artículo 9º de la ley, revelándose así, constituir una
materia de orden público139. La ley autoriza el uso de una sigla o denomi-
nación de fantasía, pudiendo en ellas omitirse el elemento indicativo de la
naturaleza cooperativa de la institución. Lo anterior no puede significar
que mediante una sigla o denominación de fantasía se sustituya la razón
social, la cual debe mantener el elemento indicativo de ser una entidad de
naturaleza cooperativa.
El artículo 109 de la ley, establece normas especiales de fiscalización
respecto de las cooperativas que se denominan “de importancia económi-
ca”, siendo éstas las abiertas de vivienda, las de ahorro y crédito y aquellas
cuyos activos superen el valor equivalente a UF. 50.000 o tengan más de
500 socios. Tales cooperativas no tienen exigencia de señalar en su razón
social la característica de ser de importancia económica.
El artículo 56 establece que “sólo las entidades que se hubieren cons-
tituido en conformidad a las disposiciones de la presente ley podrán usar
en su denominación la palabra cooperativa u otra semejante”, lo cual
constituye una defensa del contenido mutualístico de la actividad de las
cooperativas. Agrega seguidamente el artículo 57 que: “El Departamento
de Cooperativas o cualquier persona podrá solicitar al Juzgado de Policía
Local correspondiente al domicilio del infractor, que ordene la clausura
de los establecimientos, oficinas, locales o dependencias de la entidad que
haga uso indebido de la denominación señalada”.
139 Al ser una materia de orden público, las confusiones que puedan generarse en virtud
de una errada denominación o incumplimiento del sentido de la norma legal, pueden generarse
situaciones de competencia desleal o atentatorias de la libre competencia.
322 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
En cuanto al domicilio, lo esencial es indicar la Región y Comuna en la
cual se ubicará la sede social u oficina principal de la cooperativa, tenien-
do importancia para los efectos jurisdiccionales y tributarios. Para estos
últimos efectos se exigirá la ubicación específica dentro de la Comuna,
lo cual no es una exigencia estatutaria. Obviamente que la sede principal,
debe encontrarse en la ciudad en la cual exista el mayor número de so-
cios al momento de constituirse, sin perjuicio de las modificaciones que
puedan introducirse en el desarrllo de las actividades de la cooperativa,
motivadas por el aumento de socios en otras ciudades o de sus activida-
des, pudiendo abrir oficinas regionales en otros lugares distintos a la de
su domicilio principal.
Respecto a la duración de la cooperativa o plazo de duración, la exigencia
legal no indica un periodo de tiempo, como puede ser un número determina-
do de años, sino que se limita a indicar con la expresión “duración” el tiempo
de existencia de la entidad que puede ser el necesario para desarrollar una
determinada actividad que se especificará en la norma estatutaria corres-
pondiente. Si nada se indica, se entiende que la cooperativa es de duración
indefinida, sujeta en este caso a las resoluciones de la junta general de socios,
en cuanto a prolongar la existencia de la entidad, si se hubiere establecido
un plazo y éste se encuenbtre cercano a cumplirse. La prolongación del
plazo deberá ser materia de una reforma de los estatutos.
2. La ley establece que el estatuto contenga el o los objetos específicos
que perseguirá la cooperativa.
Lo propio del objeto social es establecer el derecho de la sociedad coo-
perativa de actuar dentro de los límites fijados por el estatuto, ejecutando
todos los actos necesarios para el logro de su finalidad.
La omisión de la enunciación del objeto social constituye una causal de
nulidad de la escritura social, conforme lo dispone el artículo 9º de la ley.
Lo anterior ocurre, por ser uno de los requisitos más relevantes en el proce-
so de constitución de una cooperativa, puesto que es la consideración que
permite evaluar su mutualidad y la actividad que la cooperativa se propone
desarrollar conforme a dicha mutualidad. La valorización del objeto desde
un punto de vista económico, no es relevante pues pueden establecerse coo-
perativas cuyo objeto sea la cultura en su más amplio sentido, no obstante
COOPERATIVAS 323
que el resultado de su gestión habrá de enmarcarse dentro de los parámetros
de una actividad económica, propio de toda empresa.
La actuación de los administradores más allá del objeto social tiende
a hacer a éstos responsables en forma ilimitada y solidaria, respecto de la
cooperativa, de los socios y de terceros, por los actos ejecutados que exceden
su objeto específico. La actuación fuera de los límites del objeto, si fuere
efectuada de buena fe por los administradores y en forma circunstancial
podría considerarse frente a terceros como exenta de responsabilidad140.
El artículo 25 y el artículo 28 de la ley, determinan el mecanismo me-
diante el cual la cooperativa responde ante terceros de buena fe por todos
los actos ejecutados por sus representantes, de suerte que si tales ejecutores
se extralimitan del objeto social no obligarían a la entidad.
Esta doctrina, según ya señalamos, es conocida con el nombre de ultra
vires, establece que el objeto para el cual se constituyó la entidad representa
un limite a su actividad y al poder de los administradores.
Dos conceptos diferentes deben aclararse sobre la materia vinculada al
objeto social siendo uno de ellos la finalidad de la cooperativa y el otro el
objeto social propiamente tal. La finalidad está expresada en la ayuda mutua
que es el objeto esencial de la asociación que forman los socios y todo el
estatuto debe estar supeditado a dicha finalidad, conforme se dispone en
el artículo 1º de la ley. En consecuencia, no pueden encontrarse normas
contrarias a la finalidad mutual en el estatuto de la cooperativa.
Relacionado al objeto social, se encuentra la norma contenida en el inciso
cuarto del artículo 14 de la ley que dispone:
“Los estatutos de las cooperativas podrán prohibir que sus socios efectúen,
dentro de la zona de funcionamiento que señalan, operaciones de la misma
índole de las que la respectiva cooperativa realice”.
Realizar “operaciones de la misma índole que la cooperativa ejecute”, es
una cuestión de hecho compleja de determinar, por cuanto ello, el ejecutar
140 L’impressa cooperativa. TATARANO, Giovanni. Giffré Editore. 2002. Milano, p. 201.
324 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
operaciones, no constituye el objeto de la cooperativa, sino que éstas se
encontrarían en la categoría de la especie respecto del objeto, siendo este
último el género. En efecto, las actividades que ejecute una cooperativa
deben encontrarse dentro de su objeto, pero las actividades corresponden a
la forma o manera de ejecución del objeto previsto estatutariamente.
De tal manera que la prohibición que se establezca en los estatutos debe
estar acorde con la ejecución de operaciones que constituyan el objeto de la
cooperativa y no acerca de la forma cómo tales actividades puedan llevarse
a efecto. Es evidente que en una cooperativa vitivinícola los socios no pue-
den vinificar sus uvas, aunque puden disponer de ellas para su venta, pues
el objeto de la cooperativa vitivinícola sería la producción de vinos y no
la comercialización de la uva, a no ser que dentro del objeto se establezca
también la comercialización de la uva.
De este modo, la prohibición estatutaria que se establezca respecto de
determinadas operaciones debe ser descrita en forma detallada y tanto su
aplicación como su interpretación deberá hacerse en forma restrictiva, pues
contraría la libertad de la actividad económica del socio que pueda verse
impedido de llevar a cabo alguna actividad que le resulte relevante.
3. La ley en el artículo 6º dispone que el estatuto debe indicar el “capital
inicial suscrito y pagado; forma y plazo en que será enterado, en su caso;
número inicial de cuotas que deberán ser múltiplos de cien, en que se dividse
el capital y la indicación y valoración de todo aporte que no consista en di-
nero;”. Complementa la citada norma, el artículo 2º, letra b) del reglamento
que establece “la determinación del número mínimo obligatorio de cuotas
de participación que deberán suscribir y pagar los socios para incorporarse
o mantener su calidad de tales;”.
El Título V de la Ley General de Cooperativas establece un conjunto de
normas relativas al tratamiento del capital.
Se analiza en el Capítulo X la normativa sobre el capital de las coope-
rativas.
Interesa, respecto del estatuto social, que éste debe establecer y fijar el
capital inicial, que tratándose de una entidad de capital variable, parte con
COOPERATIVAS 325
un mínimo inicial, sin que se exija un monto determinado por la legislación,
con la salvedad de las cooperativas de vivienda y de ahorro y crédito, las
que se rigen por normas especiales, que se examinan más adelante.
El capital inicial mínimo debe ser enterado por los socios, el cual puede
encontrarse suscrito y enteramente pagado o encontrarse parcialmente sus-
crito y parcialmente pagado, o totalmente suscrito y parcialmente pagado.
La normativa legal, con la salvedad expresada anteriormente, no establece
un tratamiento específico frente a las alternativas indicadas, de manera tal
que existe la más amplia libertad para establecer las condiciones en las cua-
les debe y puede establecerse un capital inicial mínimo, sea esté suscrito o
pagado y las parcialidades en que pueda enterarse por los socios en la caja
social, lo cual está expresado en la norma que examinamos.
Agrega la norma, que el estatuto deberá establecer el número inicial de
cuotas, debiendo entenderse, aunque la norma no lo dice, que se refiere a
las cuotas de participación, conforme se señala en el artículo 31 de la ley.
A su vez, debe entenderse que las cuotas de participación, se refieren a las
acciones en las cuales se dividía el capital de las cooperativas, conforme
a la terminología que se empleaba en el DS Nº 502, texto que contenía la
anterior Ley General de Cooperativas y que se ha sustituido.
La ley obliga que el número inicial de cuotas de participación, en las
cuales se dividirá el capital social debe ser un múltiplo de 100, cuyo objetivo,
suponemos, sería el de eliminar las fracciones de cuotas de partcipación,
no obstante que sólo se refiere la disposición legal, al capital inicial y no al
capital de la cooperativa que se integre durante la vida de la entidad y no
tan sólo en su inicio.
Finalmente, la norma señala que el estatuto, en cuanto al capital, debe
establecer la indicación y valoración de todo aporte que no consista en
dinero. La expresión que utiliza la ley respecto a la “indicación” se refiere
a la individualización o descripción del o de los bienes que se aporten por
los socios, distintos al dinero, debiendo, en consecuencia, señalarse en el
estatuto las características principales del respectivo bien o cosa, sea material
o inmaterial, cual sería en este último caso, las cosas incorporales.
4. El artículo 6º, letra d), establece que el estatuto deberá contener las
normas sobre “la forma en que la cooperativa financiará sus gastos de ad-
326 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
ministración, el organismo interno que fijará los aportes; la constitución de
reservas y la política de distribución de remanentes y excedentes; la infor-
mación mínima obligatoria que se entregará periódicamente y al momento
del ingreso de los socios a la cooperativa; las limitaciones al derecho de
renuncia a la cooperativa y las modalidades a la devolución de los aportes
de capital efectuados por los socios”.
Se aprecia de la lectura de la norma transcrita, que ella se refiere a un
conjunto de elementos, que se han agrupado sin lograr una unidad en ellos
que permita vincularlos dentro de un título específico, dentro de un estatuto
social, pues algunos de ellos se refieren a materias administrativas, otros a
la información que los socios deben recibir de parte de la administración y
otros relacionados con el capital de la cooperativa.
La exigencia legal acerca de establecer disposiciones estatutarias seña-
lando la forma de cómo deben financiarse los gastos de administración,
corresponde a las operaciones que la respectiva cooperativa ejecute. Cabe
señalar que ninguna de las normas legales existentes respecto de sociedades
colectivas, de responsabilidad limitada, anónimas, sociedades por acciones
u otras, establece una exigencia de esta naturaleza. Naturalmente, los costos
de operación de una cooperativa deberán financiarse mediante los ingresos
que generen sus operaciones.
El artículo 38 de la ley dispone que “el saldo favorable del ejercicio
económico, que se denominará remanente, …”, disposición que proviene
del artículo 47 de la anterior ley, antes de la reforma establecida en la ley
Nº 19.832, en la cual se estipulaba que: “El saldo que arroje el balance
anual, una vez deducidos los gastos generales, las amortizaciones de todo
género, un eventual déficit en la cuenta de fluctuación de valores después
de aplicados los recursos disponibles en el fondo de esta misma cuenta y
los intereses del capital, constituye el remanente del período respectivo”.
En cualquiera de las redacciones, es claro que el remanente, éste es el saldo
que arroja el balance, es decir, cubiertos todos los costos de la operación de
la respectiva cooperativa. Es decir, los costos de la operación o administra-
ción, como los denomina la norma del artículo 6º, letra c) de la actual ley,
se habrán financiado conforme a la estructura de ellos, según la actividad de
cada cooperativa. De este modo, el estatuto habrá de señalar que los gastos
de administración de la cooperativa, se financiarán con los ingresos que se
COOPERATIVAS 327
obtengan en el giro de su actividad y cuya nominación será una materia propia
del lenguaje que se utilice, sea en sus cuentas contables, costumbres dentro
del giro de su actividad, nomenclatura del tipo de actividades que ejecute u
otras nominaciones que puedan utilizarse. Ha sido frecuente que al inicio de
sus actividades, cooperativas pequeñas emplean el método de fijar cuotas
sociales para financiar los gastos de administración, los que al adquirirse un
mayor desarrollo en las actividades propias de la misma cooperativa dejan
de tener importancia y se sustituyen por los costos propios de la operación,
los que van envueltos o forman parte de los precios que la cooperativa cobra
y percibe por los bienes o servicios que constituyen su giro.
El reglamento de la ley dispone en el artículo 106 que:
“para el financiamiento de sus gastos ordinarios y extraordinarios, las coope-
rativas podrán imponer a sus socios el pago de cuotas sociales y comisiones
adicionales, de conformidad con las normas que dicte el respectivo estatuto.
Dichas cuotas sólo podrán ser cobradas, cuando su pago esté contemplado
en el estatuto, o en su defecto la junta general de socios las haya establecido
expresamente”.
5. La norma legal exige que el estatuto contemple un organismo interno
que fije los aportes que los socios deben enterar. Al respecto el Título IV de
la ley, establece en el artículo 20 que la dirección, administración, operación
y vigilancia de la cooperativa, de manera tal que conforme a la normativa
legal que en dicho Título se establece, el órgano que queda regulado en el
mismo, será el encargado de fijar los aportes que los socios deben enterar,
pues, de lo contrario, la fijación de tales aportes por un órgano diferente
sería nulo y no obligaría a los socios de la cooperativa a enterar los aportes
que se pretrendieran establecer.
Cabe hacer notar que al emplearse la voz “aportes”, debería entenderse
que ellos correspondes a los aportes al capital de la respectiva coopera-
tiva.
Respecto de los aportes, al momento de constituirse la cooperativa, ellos
quedarán fijados en el propio estatuto, en alguna disposición transitoria del
mismo, en la cual se indicará los aportes que efectúan los socios fundadores y
el valor de los mismos, de manera que no hay un órgano que fije tales aportes
328 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en el acto constitutivo, pues su fijación o establecimiento forma parte del
contrato asociativo primigenio, incluyendo la forma de enterarlo. Una vez
existente la cooperativa, el capital de ella se indicará en los estatutos al igual
que la forma de enterarlo por los socios que ingresan a la entidad y quien lo
determinará será el Consejo de Administración, conforme se establece en
el artículo 24 de la ley, al señalar que dicho órgano tiene la administración
superior de los negocios sociales. Por otra parte, conforme lo establece el
artículo 23 de la ley, en su letra m), en los casos de aumentos de capital,
le corresponde a la junta general de socios la decisión correspondiente, en
caso que sea obligatorio que los socios concurran a su suscripción y pago
de las cuotas de capital respectivas. Asimismo, debe tenerse presente que
el artículo 31 de la ley dispone que:
“El capital inicial deberá pagarse dentro del plazo que determinen los estatutos.
Los aumentos de capital deberán pagarse en la forma o en el plazo que acuerde
la junta general de socios”.
De este modo, el estatuto, conforme a las normas señaladas en el artículo
6º letra d), debería consignar la normativa antes expuesta con el objeto de
dar cumplimiento a la exigencia indicada.
Establecer la constitución de reservas es otra de las exigencias que la ley
hace respecto de los estatutos de una cooperativa. El artículo 38 de la ley
señala que del remanente “se destinará a la constitución e incremento de los
fondos de reserva, en el caso que éstos sean obligatorios, o a la constitución
e incremento de reservas voluntarias…, de conformidad al estatuto”.
Para las cooperativas abiertas de vivienda y las de ahorro y crédito es
obligatoria la constitución de fondos de reserva, en conformidad al artículo
38 de la ley, el que se fija en un monto no inferior al 20% del remanente.
Para las demás cooperativas la ley establece que los fondos de reserva no
pueden exceder del 15% del patrimonio.
Finalmente, la ley exige que las normas estatutarias contemplen disposi-
ciones relativas al pago de intereses al capital aportado por los socios141.
141 La Ley de Cooperativas, antes de la modificación de que fue objeto por la ley Nº 19.832,
establecía en el artículo 33 que el interés máximo anual que podrían devengar las acciones debía
ser fijado por el Comité Ejecutivo del Banco Central de Chile, previo informe del Departamento
de Cooperativas. Tal norma fue derogada por la reforma aludida.
COOPERATIVAS 329
6. También exige la ley, que el estatuto debe contener disposiciones acerca
de la “información mínima obligatoria que se entregará periódicamente”,
como, asimismo, aquella que debe entregarse “al momento” en el cual el
socio ingresa a la cooperativa.
El artículo 2º, letra d) del reglamento precisa la disposición legal, en
cuanto a que el estatuto contendrá la información que se entregará permanen-
temente a los socios, y a las personas al momento en que éstas manifiesten
interés por incorporarse a la respectiva cooperativa, señalando que debe
ponerse a disposición de cada oponente a socio, un ejemplar del estatuto, del
o de los reglamentos de regimen interno, si los hubiese, del balance de los
dos ejercicios precedentes y una nómina de quienes integran el consejo de
administración, la junta de vigilancia y del gerente. La norma reglamentaria
señala que la obligación es la de “poner a disposición” tales informaciones,
de manera tal que basta con que la cooperativa mantenga tales informaciones
en la respectiva sede o lugar en la cual la persona se incorpora como socio,
para dar cumplimiento a la norma y satifacer la necesidad de información
del respectivo oponente a socio.
La ley pretende resguardar el derecho de información que posee el socio
al interior de la cooperativa, a fin de que pueda exigir, conforme lo dispon-
ga el estatuto, la información que le pueda ser útil en el ejercicio de sus
derechos como socio, lo cual dependerá de la naturaleza de la cooperativa.
En efecto, para un socio de una cooperativa agrícola le es fundamental el
conocer el valor en el cual la cooperativa recibirá sus productos, con la
debida antelación, con el objeto de preparar sus siembras, adquirir semillas
y otros insumos, lo cual es diferente si el socio es un productor de frutos,
leche o ganado. De este modo, el estatuto deberá establecer los procedi-
mientos para dar información al socio, sea al momento de su ingreso, como
durante la vida de la cooperativa. En el caso de cooperativas de ahorro y
crédito, sucede igual cosa con respecto a los depósitos o créditos que pue-
den contratar los socios. En el caso de cooperativas de vivienda, el caso
es más complejo, por cuanto el producto que entregan estas entidades,la
vivienda, sus costos, ubicaciones, tipos, calidades y otros antecedentes de
orden urbanístico, constructivo y financiero son diferentes según sean las
viviendas que se construirán.
No obstante las particularidades de cada tipo de cooperativas, y según sea
el entorno natural, social y económico en el cual vayan a desarrollarse, la
330 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
ley impone la obligación a los constituyentes de establecer en el respectívo
estatuto una determinada información a ser entregada a los socios. La falta
en el cumplimiento de este requisito, puede provocar que la vinculación
asociativa del socio pueda verse resentida, por cuanto su información ha
sido precaria al grado de afectarle sus intereses, provocándole daño el que
le permite no sólo establecer la nulidad de su vinculación, sino que reclamar
una determinada indemnización, lo cual lógicamente deberá ser probado en
cuanto a su existencia y dimensión.
7. Se exige por la ley, que el estatuto contemple las normas que puedan
limitar el derecho de renuncia del socio, como, asimismo, las modalidades
relativas a la devolución del capital. Dado a que más adelante se examinan
lo que podríamos llamar el estatuto de los socios, remitimos al lector a dicha
parte de esta obra.
Esta parte de la norma legal, debió de haberse insertado en la letra e)
del artículo 6º, que se refiere precisamente a los requisitos para poder ser
admitido como socio; derechos y obligaciones y causales de exclusión,
materias que se tratan más adelante.
Las letras f) y g) del artículo 6º, disponen normas acerca de las Juntas
Generales de socios, en cuanto a la periodicidad de las mismas, formali-
dades y procedimientos para sus convocatorias, las materias que pueden
ser tratadas y los quórum exigidos, a lo cual nos referiremos en el capítulo
destinado a los órganos de las cooperativas.
La norma legal que examinamos, está largamente complementada por el
reglamento de la ley, respecto de materias que analizaremos en los capítulos
relacionados con los socios y con la administración de las cooperativas.
8. Sin embargo, es importante indicar que el artículo 6º termina en la
letra j), en cuanto a que se remite al reglamento para determinar que mate-
rias deben estar comprendidas en el estatuto, de manera tal que el mismo
artículo debe complementarse con la descripción de materias que formula
el artículo 2º del reglamento.
Al efecto, las letras e), f) y g) del artículo 2º del reglamento indican
diversas regulaciones respecto de los socios, entre las cuales se encuentran
COOPERATIVAS 331
los hechos que serán considerados faltas a las obligaciones sociales, las
condiciones en que se podrá rechazar o diferir la aceptación de la renuncia
que los socios presenten a la entidad, como también las prestaciones mutuas
a que haya lugar con motivo de la renuncia, fallecimiento o exclusión de
los socios. Tales materias serán examinadas en el Capítulo correspondiente
a los socios.
CAPÍTULO VIII
DE LOS SOCIOS
El Título III de la Ley de Cooperativas regula el estatuto de los socios de
estas entidades, estableciendo diversas normas sobre el número de ellos, la
adquisición y la pérdida de la calidad de socio, el ejercicio de los derechos
por parte del socio, las responsabilidades de éstos y otras materias que
analizaremos en este Capítulo.
l. EL CONCEPTO DE SOCIO
Establece el artículo 13 de la ley que pueden ser socios de una coope-
rativa las personas naturales y las personas jurídicas de derecho público
o de derecho privado, agregando el artículo 15 que la adquisición de la
calidad de tal, el ejercicio y la pérdida de dicha calidad, como, asimismo,
las prestaciones mutuas a que haya lugar por estas causas se regirán por las
disposiciones estatutarias, conforme a las normas de la ley142.
De acuerdo a lo anterior, el concepto de socio puede definirse como la
persona natural o jurídica que, cumpliendo los requisitos estatutarios de la
cooperativa, adquiere y asume las obligaciones correlativas a su calidad.
Elemento importante en el concepto de socio es la relación duradera que
caracteriza a la persona que adquiere la calidad de tal, puesto que su objetivo
es el de satisfacer las necesidades que motivaron su ingreso. Tal relación
produce una identificación de intereses entre el socio y la cooperativa, de
142 La legislación anterior se remitía al reglamento de la ley.
334 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
modo que el socio, al ser propietario en conjunto con los demás socios de la
empresa cooperativa, es usuario de los bienes o servicios que ella produce.
Esta identificación de intereses, obviamente, tiene extensas repercusiones
en el orden económico de la cooperativa y del socio.
La relación entre el socio y la cooperativa es intuito personae, ya que
debe estar compenetrada del espíritu y ánimo de ayuda mutua, y las con-
diciones de ingreso, su permanencia, la utilización de los servicios de la
cooperativa, la transferencia de sus derechos patrimoniales, determinan la
prevalencia de elementos personales en la relación societaria.
La calidad de socio es intransferible, no así los derechos de carácter
patrimonial que de tal relación se derivan, acorde con el artículo 19 de la
ley, al expresar éste que “La persona que haya perdido la calidad de socio
por renuncia o exclusión y los herederos del socio fallecido tendrán derecho
a la devolución del monto actualizado de sus cuotas de participación, con
las modalidades establecidas en los estatutos”. Las expresiones utilizadas
en la ley, al referirse al derecho a la devolución del monto de las cuotas
de participación, revelan claramente que no se transfieren las cuotas de
participación, sino sólo el monto o valor de ellas. Dicha norma debe ser
complementada por el artículo 33 de la ley que expresa:
“Las cuotas de participación de las cooperativas serán nominativas y su transfe-
rencia y rescate, si éste fuere procedente, deberán ser aprobados por el Consejo
de Administración”.
Nuestra jurisprudencia se pronunció sobre este tema ante el embargo
practicado por un Banco sobre las acciones de un socio de una coopera-
tiva lechera. El tribunal de primera instancia, por sentencia de 4 de julio
de 1986143, resolvió la procedencia de dicho embargo, toda vez que “la
Ley General de Cooperativas, que consta en el decreto supremo Nº 502,
de 1º de septiembre de 1978, no contiene norma alguna que se refiera a la
inembargabilidad de las acciones de la cooperativa y no se conoce texto
de ley o disposición legal que así lo declare”. Agrega la resolución que “es
útil destacar que este embargo de las acciones y su posterior enajenación
en remate judicial, produee efectos limitados, toda vez que la calidad de
143 Magistrado Juan Eduardo Fuentes Belmar, titular del Primer Juzgado de Valdivia.
COOPERATIVAS 335
socio no se obtiene por la mera compra o adjudicación de las acciones,
sino que se requiere además que se den los presupuestos del estatuto que
las rige”.
El socio titular pretendió excluir las acciones del embargo, basándose
en que “las referidas acciones corresponden a una sociedad de personas,
calidad jurídica que tienen las cooperativas, y estas acciones que por ley
son nominativas no pueden ser objeto de embargo”.
La Corte de Apelaciones de Valdivia confirmó la resolución del tribunal,
considerando que en “la especie lo embargado son las acciones que el (socio)
ejecutado posee en la cooperativa del rubro y que, como consecuenda de él,
lo serán también todos los derechos que en el ámbito económico genera su
condición de tal, y no está embargada la condición de socio propiamente
tal”. Contra esta última resolución se dedujo un recurso de queja ante la
Excma. Corte Suprema, la que lo rechazó, confirmándose la sentencia, con
un voto en contra (Rol Nº 4.306 de 1987).
Nos hemos referido anteriormente a la igualdad de derechos y obligacio-
nes de los socios al interior de la cooperativa, como, asimismo, a que cada
socio tiene un solo voto por persona. Tales conceptos, a su vez, entrañan el
hecho de que no pueden existir categorías de socios o diferencias entre ellos
de tal naturaleza que distorsionen la norma legal, como sería del caso de
establecer alguna diferencia entre los socios fundadores de la cooperativa
y aquellos que ingresen con posterioridad al acto fundacional. Llamamos la
atención respecto de la situación de los socios de cooperativas de vivienda,
en cuanto el artículo 76 de la ley establece que la enajenación de las cuotas
de participación de este tipo de cooperativas debe ser previamente apro-
bada por el consejo de administración. Tal enajenación debe ser efectuada
por instrumento privado autorizado ante notario, en el que deberá constar
la fecha de la sesión del consejo que la haya aprobado. Agrega la norma
legal que el consejo de administración podrá rechazar la enajenación en
los casos previstos en los estatutos. Nos parece que esta norma de carácter
excepcional, hace una diferencia entre este tipo de cooperativas y el resto,
puesto que, como ya hemos expresado, y conforme lo dispone el artículo
19 de la ley, el socio puede retirarse de la cooperativa teniendo el derecho
en tal caso a que se le devuelva el valor de sus cuotas de participación,
pero no puede enajenarlas. Siendo, en consecuencia, la regla general que
336 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
las cuotas de participación de una cooperativa no son transferibles por acto
entre vivos144.
También las cooperativas campesinas tienen normas especiales sobre
los socios, estableciéndose que sólo pueden pertenecer a ellas los pequeños
productores agrícolasy los campesinos definidos en el artículo 13 de la ley
Nº 18.910. Se admite también como socios de estas cooperativas las personas
de derecho público y aquellas de derecho privado, pero que no persigan fines
de lucro. Se agrega, además, a las personas naturales o jurídicas que sean
propietarias, usufructuarias, arrendatarias o tenedoras a cualquier título de
los predios en que dichas cooperativas desarrollen sus actividades.
El caso de las cooperativas de trabajo, resulta ser peculiar, pues no obs-
tante que no existe limitación para el ingreso de socios en tales cooperativas,
el artículo 60 de la ley determina, en su inciso segundo, que los aportes de
los socios personas naturales deberán consistir necesariamente en el trabajo
que se obliguen a realizar. De este modo, se puede concluir que toda persona
natural que pretenda ser socio de una cooperativa de trabajo o una vez que
haya adquirido la calidad de tal, para actuar en dicha calidad debe obligarse
a ejecutar el trabajo que constituye su giro u objeto, sea en forma directa o
indirecta dentro de la cooperativa.
Atinente a la conceptualización del socio, debe destacarse que el ar-
tículo 11 del reglamento de la ley, sustentándose en el artículo 15 de esta
última, señala que la adquisición, el ejercicio y la pérdida de la calidad
de socio y las prestaciones mutuas a que haya lugar por estas causas, se
regirán por los estatutos. Aclara la misma norma reglamentaria, que las
disposiciones del reglamento contenidas en el Título Segundo del mismo,
tienen el carácter de supletorias de las disposiciones estatutarias, y sólo
se aplicarán en el silencio de las [Link] este modo el estatuto prima
sobre el reglamento de la ley y la normativa estatutaria no podría, en
consecuencia, sobrepasar a la regulación legal, pero podría hacerlo fren-
te a la regulación reglamentaria, actuando esta última cuando no exista
normativa estatutaria particular.
144 La norma legal anterior a la reforma introducida por la ley Nº 19.832, establecía en el
artículo 29 que las acciones de las cooperativas serán nominativas y su transferencia o rescate,
si éste fuere procedente deberán ser aprobadas por el Consejo de Administración.
COOPERATIVAS 337
2. LA ADQUISICIÓN DE LA CALIDAD DE SOCIO
A. Capacidad
La capacidad para ser socio de una cooperativa no tiene reglas especiales,
de manera que se aplican las normas generales de la legislación civil.
a) Personas naturales mayores de dieciocho años, sin distinción de
sexo o estado civil, puede participar en la constitución deuna
cooperativa o asociarse a ella
En el caso de los menores de dieciocho años, si éstos tienen la admi-
nistración y disposición de un peculio profesional, ganado en el ejercicio
de su trabajo o profesión, únicamente pueden aportar a la cooperativa, sin
autorizaciones judiciales especiales, conforme a las reglas de la legislación
civil, los bienes adquiridos y que se encuentren dentro de dicho peculio.
b) Personas naturales menores de dieciocho años,
sin distinción de sexo
Ninguna persona menor de esta edad puede pertenecer a una cooperativa,
salvo que se trate de una cooperativa escolar, ya que, conforme lo dispone
el artículo 69, debe suponerse que los alumnos que forman parte de la co-
munidad en la cual fucionan, pueden ser socios de la entidad, materia que
era más clara en la redacción que antecedió a la reforma legislativa.
c) Personas juridicas de derecho público
La ley, a diferencia de la normativa que la antecedió, no se pronuncia
sobre este particular. Sin embargo, al establecerse que la adquisición de la
calidad de socio, conforme se indica en el artículo 15, se rigen por los esta-
tutos conforme a las normas legales, lo cual se reitera en el artículo 11 del
reglamento, se colige que cualquier cooperativa puede disponer la existencia
de socios que tengan la naturaleza jurídica de una entidad de derecho pú-
blico, pudiendo tal entidad ser de nacionalidad chilena o extranjera. Lo que
importa, es analizar si la entidad de derecho público puede asociarse a una
cooperativa según su legislación orgánica, puesto que en derecho público,
338 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
sólo pueden ejecutarse los actos que estén previstos en la ley. Asimismo,
debe tenerse presente que, conforme se dispone en el artículo19 Nº 21
de la Constitución Política de la República, “El Estado y sus organismos
podrán desarrollar actividades empresariales o participar en ellas sólo si
una ley de quórum calificado las autoriza”. Las actividades que ejecutan
las cooperativas son de naturaleza empresarial y, por ende, se encuentran
dentro de dicha normativa.
d) Personas jurídicas de derecho privado
Las personas jurídicas de derecho privado pueden pertencer a cualquier
cooperativa, según se haya previsto en el estatuto de cada entidad. Están
sometidas a las mismas normas que pueden aplicarse a las personas naturales
y las limitaciones que se encuentran para ambos grupos de personas están
establecidas en el artículo 17, en cuanto se dispone que: “Ningún socio po-
drá ser propietario de más de un 20% del capital de una cooperativa, salvo
en el caso de las cooperativas de ahorro y crédito, en las que el máximo
permitido será de un 10%”145.
La única excepción a la participación de personas jurídicas en cooperati-
vas, se encuentra en las cooperativas campesinas, que según se ha manifesta-
do anteriormente, sólo pueden ser socios los pequeños productores agrícolas
y los campesinos definidos en el artículo 13 de la ley Nº 18.910.
La ley chilena no impide que puedan ser socios personas jurídicas extran-
jeras, para lo cual deberán tener capacidad para actuar en Chile y sujetarse
a las normas generales del derecho.
También pueden ser socios las personas jurídicas regidas por el derecho
canónico, las que se regulan por leyes especiales, al tenor de lo prescrito
en el artículo 547 del Código Civil.
Los trabajadores vinculados a una cooperativa en virtud de un contrato
de trabajo, pueden ser socios de una cooperativa, materia que debe ser
regulada en el estatuto social, así como su participación en el Consejo de
145 En la legislación anterior el porcentaje máximo era de un 10%, salvo en aquellas personas
jurídicas sin fines de lucro que podían alcanzar hasta un 50% del capital. (Art. 22).
COOPERATIVAS 339
Administración, comités y Junta de Vigilancia, materia respecto de la cual
nos referiremos más adelante, al tratar de la administración de las coope-
rativas.
La admisión de socios personas jurídicas, o sea, con o sin fines de lucro,
pueden tener directo interés en la actividad y objeto social de la Cooperativa.
Puede existir el caso de personas jurídicas sin fines de lucro, cuyo objeto
sea el de poder apoyar o fomentar el desarrollo de una cooperativa o coo-
perativizar una determinada actividad, para lo cual se puede enterder que
la ley reserva hasta un 20% de las cuotas de participación emitidas por la
cooperativa, el cual sería el límite máximo de su participación. Igual es el
caso de personas jurídicas que tengan interés en participar en una coopera-
tiva, en cuyo caso la limitación del 20% indicada en el art. 17 de la ley, se
visualiza como protectiva, a fin de que el desarrollo de la entidad no se vea
influida por los aportantes de capital en desmedro de los socios usuarios.
B. La calidad de socio puede ser adquirida en el acto de constitución
de la cooperativa o posteriormente a dicho acto
Los efectos, en cuanto a derechos y obligaciones, son exactamente igua-
les, de tal modo que esta distinción es sólo respecto de la oportunidad en
que se produce el acto asociativo.
En el acto constitutivo o junta general constitutiva de socios, se adquiere
la calidad de tal por la suscripción de dicha acta que es la forma material
de manifestar el consentimiento de pertenencia e ingreso a la cooperativa,
así como de aprobación de los estatutos sociales, lo que va acompañado de
la suscripción de las cuotas de participación y pago de las mismas, según
la proporción determinada en el respectivo estatuto. El artículo 13 del re-
glamento, letra a) se refiere a esta actuación, denominando al socio como
“fundador”.
Con posterioridad a la constitución de la cooperativa, la calidad de socio
se puede adquirir por solicitud aprobada por el consejo de administración o
por sucesión por causa de muerte, conforme lo reconoce el artículo 13 del
reglamento. En el caso de producirse el ingreso del socio en el acto consti-
tutivo o a posterioridad de éste, la adquisición se realiza a título originario
y en el otro caso a título derivativo.
340 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Una vez constituida la cooperativa, se requerirá de una solicitud de in-
greso presentada al Consejo de Administración, la que, una vez aprobada,
obligará al socio a integrar el capital mínimo que se le haya requerido,
contra el cual deberán emitirse y entregársele las correspondiente cuotas
de participación.
La persona que presenta la solicitud adquiere la calidad de aspirante a
socio, manifiestando de esta forma el propósito de suscribir un contrato
con la cooperativa, pudiendo ser considerada una oferta de contrato, cuyo
objeto preciso es la incorporación del solicitante a la sociedad cooperativa.
Si tal oferta es hecha bajo reserva, expresa o implícita, carecerá de seriedad
y, por ende, estaría viciada de nulidad. La oferta o solicitud debe necesa-
riamente manifestar la voluntad del aspirante a socio a obligarse a cumplir
los requisitos y obligaciones exigidos estatutariamente por la cooperativa,
lo que supone el conocimiento previo, por el solicitante, de los estatutos de
la sociedad a la cual va destinada su solicitud.
La solicitud puede ser fundada en forma verbal o escrita, pero dada la
importancia del acto de asociación, lo normal es que la petición de adhesión
sea formulada por escrito.
El aspirante a socio debe cumplir con los requisitos de idoneidad personal
que exige la cooperativa, tales como una determinada profesión, oficio o
actividad, residencia e interés concreto con los objetivos de la entidad, los
que están contemplados en las normas estatutarias, conforme a los principios
de autonomía de la voluntad que hubieren establecido los fundadores, o los
socios en un determinado tiempo, en el evento de haberse modificado las
condiciones estatutarias para aceptar el ingreso de los socios. La pertenen-
cia del aspirante a socio dentro de la categoría de socio establecida en el
estatuto para desarrollar la actividad económica y social que la cooperativa
procura es fundamental, ya que en ella reside la mutualidad que desarrolla
la respectiva cooperativa.
Distinta es la idoneidad legal que es exigida a cada aspirante a socio,
determinada según la ley, referente a la capacidad de las personas naturales
o jurídicas, de que ya hemos hablado.
De lo expuesto puede deducirse que la vinculación de un aspirante a
socio con una cooperativa se efectúa a través de un procedimiento destina-
COOPERATIVAS 341
do a celebrar un contrato de asociación, de una persona natural o jurídica
con una sociedad cooperativa. En este procedimiento es posible distinguir
nítidamente la oferta, la que debe ser completa, expresando la voluntad del
aspirante de asociarse con plena capacidad de tal, manifestando su intención
de obligarse por quien la presenta en forma seria, en términos definitivos,
de modo que el aspirante a socio no debe realizar posteriormente otras ma-
nifestaciones de voluntad en el caso de que su oferta sea aceptada, y ella
va dirigida a quien corresponde, esto es, al Consejo de Administración de
la entidad cooperativa.
Al acordar el Consejo de Administración la aceptación de la oferta o
solicitud presentada por el aspirante a socio, se efectúa un acto social por
la cooperativa, coincidente, en definitiva, con los términos de la oferta,
quedando a consecuencia de ella contenida la vinculación recíproca entre
el socio y la cooperativa.
Cabe tener presente que no estamos en presencia de un contrato por
adhesión, sino ante lo que la doctrina italiana denomina “contrato abierto”,
ya que este último se caracteriza esencialmente por la posibilidad de que
al contrato de asociación originario, una vez que la cooperativa ha nacido
a la vida del derecho, puedan agregarse otras partes contratantes que nada
tuvieron que ver en el nacimiento, creación y celebración del mismo en sus
orígenes146. La doctrina española ve en este tipo de contrato un “contrato
de adhesión cooperativa” o “contrato social cooperativo abierto”.
C. Calificación de la Solicitud de Ingreso
La ley, en el artículo 16, faculta al Consejo de Administración para
calificar el ingreso de socios. La facultad, otorgada al Consejo, encuentra
una limitación proveniente desde los orígenes de la primera cooperativa
consistente en que no puede limitarse el ingreso de socios por razones
146 Véase Trattato di Dirito Civile e Comérciale. L’impresa cooperativa. TATTARANO, Gio-
vanni. Giufrè Editore. 2002. Milano. SERRANO Y SOLDEVILLA, Alfonso Diego, La Cooperativa
como sociedad abierta. Colección Tesis Doctorales de Publicaciones del Ministerio del Trabajo
y Seguridad Social, España, 1982.
342 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
políticas, religiosas o sociales, de manera que la calificación sólo puede
efectuarse bajo fundamentos racionales y estatutarios ajenos a dichos
factores, ya que de otro modo existiría una acto contrario a la ley o ilegal,
cuya sanción es la nulidad del acto de rechazo de la solicitud. Cabe resaltar
la potestad calificatoria, en cuanto revela claramente que la cooperativa es
una asociación de personas, pues lo que importa e interesa es la relación de
las personas en el propósito de ayuda mutua que la entidad tiene por objeto,
según ya expresamos. Naturalmente el rechazo de una solicitud no puede
tener su origen en factores de carácter subjetivo, sino, por el contrario, los
fundamentos del rechazo deben ser de orden objetivo, acorde al estatuto y
reglamento de la ley.
De la respuesta o aceptación que dé la cooperativa, a través de su órgano,
se deja constancia escrita en el registro de socios, previo un formal acuerdo
del Consejo de Administración.
La negativa a la solicitud de ingreso del postulante a socio no es más
que el acto autónomo por el cual el Consejo de Administración no acepta
la oferta presentada, cuya calificación debe ser efectuada por el Consejo de
Administración, según lo dispone el artículo 16 de la ley. La calificación,
conforme lo hemos expresado, debe efectuarse en forma objetiva, para
que no se encuentre dentro de las limitaciones al ingreso que una persona
postulante a socio conforme lo establece la misma dispoción legal.
Es obvio que el postulante rechazado puede impugnar el acuerdo adop-
tado par el Consejo de Administración, ya que si se le negare este derecho,
el principio de libre adhesión o de puerta abierta quedaría absolutamente
frustrado, con las graves consecuencias que ello acarrearía al ordenamiento
jurídico cooperativo.
En efecto, de estimarse que tales acuerdos no pueden ser objeto de
impugnación, se generarían sociedades cerradas, que estarían disfrazando
su actividad mercantil bajo el ropaje de una seudocooperativa. A nuestro
juicio, el acto impugnativo puede ser deducido ante el propio órgano que
denegó la solicitud, y ante los organismos jurisdiccionales competentes,
entre los cuales están el Departamento de Cooperativas y los tribunales
ordinarios de justicia.
COOPERATIVAS 343
Si se impugna ante el propio Consejo de Administración, deberá hacerse
por la vía de una reconsideración fundada.
Si se hace ante los organismos jurisdiccionales, debe distinguirse si se
hace en razón de una norma formal o de fondo.
El Departamento de Cooperativas, a quien le corresponde la supervisión
del cumplimiento de las leyes aplicables a las cooperativas y de sus normas
reglamentarias y especialmente fiscalizar el funcionamiento societario,
administrativo, contable y financiero de las cooperativas de importancia
económica, exceptuándose aquellas cuya fiscalización, sobre las mismas
materias se encuentre encomendada por la ley a otros organismos, conforme
se establece en el artículo 109 de la ley, puede y debe recibir las reclama-
ciones que pudieren efectuarse en el caso de infracción a la normativa que
estamos examinando. La norma es de carácter general, sin excluir a nin-
guna cooperativa, ya que señala que “especialemente” debe fijar su labor
de supervisión sobre las cooperativas de importancia económica, pero no
excluye a aquellas que no tengan tal importancia.
Al efecto puede representar a las cooperativas las infracciones a la legis-
lación aplicable a él, sus reglamentos, estatutos, instrucciones ordenando
su corrección, con facultades para aplicar multa por las infracciones que se
determinen. Asimismo, puede objetar, suspender o prohibir los acuerdos
del Consejo de Administración, conforme lo dispone el artículo 109 Nº 3
de la ley.
Por otra parte, el acuerdo puede ser también impugnado en juicio ordi-
nario o sumario por infracción al estatuto, sea que padezca de un vicio de
forma o de fondo, ya que en cualquiera de los casos estarían infringiéndose
las normas legales del artículo 16 de la ley y estaríamos en presencia de
una clara violación de un derecho subjetivo, sometido a la tutela de la Ley
de Cooperativas.
Nos parece que las asambleas o juntas de socios son incompetentes,
absolutamente, para conocer de estas cuestiones, en virtud del artículo lº
del Código Orgánico de Tribunales, que dispone que la facultad de conocer
las causas civiles, de juzgarlas y de hacer ejecutar lo juzgado pertenece
exclusivamente a los tribunales que establece dicho Código.
344 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
D. Las cooperativas tienen el derecho de suspender, transitoriamente el
ingreso de socios cuando sus recursos sean insuficientes para
atenderlos, según expresa el artículo 16 de la ley
En efecto, el principio de puerta abierta está condicionado a factores
extraños a la ley y a los estatutos, que el legislador ha debido considerar,
como lo son la realidad o entorno socioeconómico en que la cooperativa
está inserta.
Tal es el caso de la mayoría de las cooperativas que se sitúan dentro del
grupo de la producción o transformación de bienes y servicios, sin perjuicio
de aquellos elementos de orden económico, acerca de la dimensión óptima
de la empresa cooperativa.
La expresión “recursos” que utiliza la ley, debería comprender las insta-
laciones físicas para recepcionar productos o distribuir bienes o servicios,
así como también el capital de trabajo que se requiere para atender adecua-
damente a los socios o cualquier otro bien, sea material o inmaterial que se
precise para los mismos efectos. Abona esta interpretación amplia, el hecho
de que la ley antes de su reforma introducida por el artículo 1º, Nº 17 de
la ley Nº 19.832 utilizaba las expresiones “instalaciones sean insuficientes
para atenderles” refiriéndose a los socios, en el artículo 21.
Por estas razones, es difícil sostener la existencia de un derecho subjetivo
de toda persona para ingresar como socio a cualquier cooperativa. Más bien,
tiende a generarse una obligación de la cooperativa de no poder rechazar el
ingreso de un postulante a socio, si no es por las consideraciones de orden
económico relativas a la situación real en la cual la cooperativa se desen-
vuelve. Lo anterior hace que, en el evento de producirse el rechazo de una
solicitud de ingreso de una persona para ser socio de una cooperativa, tal
rechazo, proveniente de un acuerdo del Consejo de Administración, debe
ser fundado.
La ley, en los artículos 13 y 16, reconoce esta situación, aunque en forma
limitada, al señalar, como ya lo hemos dicho, que el número de socios de las
cooperativas es ilimitado, lo cual se entenderá sin perjuicio de que puedan
suspender el ingreso de socios cuando sus recursos sean insuficientes para
atenderlos.
COOPERATIVAS 345
Particular relevancia, acerca de este tema, alcanzan las cooperativas de
trabajo y las de vivienda cerradas.
En efecto, las cooperativas de trabajo, según la definición del artículo
60 de la ley, exige el trabajo mancomunado de los socios y su aporte ne-
cesariamente debe consistir en el trabajo que se obliguen a realizar. De
este modo los socios deben obligatoriamente trabajar en la cooperativa de
la cual forman parte en forma permanente para que se dé el requisito de
la mancomunidad. Naturalmente si se exige que los socios trabajen en la
cooperativa, la existencia de recursos materiales o inmateriales para que ello
sea posible es un factor fundamental, puesto que no podrían existir socios
que no trabajaran debido a la falta de los recursos que se exigen para limitar
el ingreso de personas en calidad de tales, a una cooperativa de trabajo147.
Las cooperativas de vivienda cerradas, conforme se expresa en el artículo
74, se definen como aquellas que se organizan para desarrollar un proyecto
habitacional. El reglamento de la ley no contiene norma alguna relacionada
con esta clase de cooperativas. Sin embargo, la cooperativa cerrada de vi-
viendas, al tener como objetivo el desarrollo de un proyecto habitacional,
su actividad y número de socios está limitado a dicho proyecto, que com-
prenderá al menos un número de viviendas, sean éstas de extensión o de
edificios, que cubra los propósitos de los socios al momento de su ingreso,
sin perjuicio de poder aumentar su número con posterioridad, pero siempre
dentro de un mismo proyecto. Probablemente al momento de constituir la
cooperativa los socios fundadores no podrán saber en detalle la capacidad del
proyecto habitacional que habrán de desarrollar, sin perjuicio de que habrá
de estipularse en el estatuto el objeto de desarrollar tan sólo un proyecto,
el cual conforme a dicha unidad constituirá un conjunto a su vez único de
viviendas para dar cabida a los socios ingresados o a los que se ingresen
147 La reforma a la legislación vigente hasta la dictación de la ley Nº 19.832, derogó la
disposición contenida en el artículo 77 que establecía que una persona que trabajara en una
cooperativa por más de seis meses continuos tenían el derecho a exigir su ingreso como socio.
Al eliminarse esta norma, la cooperativa de trabajo que contrate a un trabajador como asalariado
queda, en todo sujeta a las normas del Código del Trabajo, carece del incentivo de ampliar su
base societaria, pues podría mantener en forma indefinida el regimen de asalariados para un
grupo de personas y para otro grupo, el de actuar como socios, cuyo fundamento estaría en la
falta de recursos para admitir a los asalariados en calidad de socios, no obstante mantenerlos
bajo el regimen salarial.
346 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en el futuro. La Ley de Cooperativas, en todo caso, no ha fijado un límite
máximo de socios a estas cooperativas, sino que su limitación está dada
por este concepto de “proyecto único de viviendas”, custión de hecho que
habrá de resolverse según el caso.
El análisis de esta materia ha tenido un largo debate en la doctrina italiana
y española, de gran nivel científico, expresándose como síntesis, en un fallo
del Tribunal de Nápoles, de 12 de diciembre de 1963 que “el ciudadano no
tiene derecho subjetivo a convertirse en socio de una cooperativa, aunque
reúna todas las condiciones previstas por los estatutos sociales para ser
admitido”148.
E. Cuota de incorporación
Ni la ley, ni el reglamento se refieren a la posibilidad de exigir al mo-
mento del ingreso de un socio una cuota o valor a pagar por incorporarse y
pasar a ser socio de una cooperativa.
Por el contrario, la ley y el reglamento regulan las cuotas de participación,
sin referirse a la eventual existencia de una cuota de incorporación.
Se puede concluir, pues, que es lícito el establecimiento en el estatuto
y sólo en dicho contrato, la posibilidad de exigir a los socios que no parti-
ciparon en el acto fundacional de una cuota de participación, cuyo valor y
forma de pago se deberá establecer estatutariamente, pudiendo delegarse
en el Consejo de Administración algunas modalidades para hacerla efectiva
y en caso alguno podrá ser discriminatoria, ya que afectaría la normativa
primaria de la cooperativa.
Dicha cuota pasará a ser un ingreso extraordinario impuesto estatu-
tariamente a quienes ingresen, la que no formará parte del capital de la
cooperativa.
A nuestro juicio, la cuota de incorporación debe quedar establecida en
el estatuto o al menos un procedimiento objetivo para establecerla por el
148 Citado por SERRANO Y SOLDEVLLLA, Alfonso Diego, La Cooperativa como sociedad
abierta. Op. cit.
COOPERATIVAS 347
Consejo de Administración, pues el postulante a socio que se convertirá
en socio, de ser aceptado y cumplir con los requisitos para integrarase en
tal calidad a la cooperativa, debe conocer al inicio de su relación como
postulante de la cooperativa la regulación existente al respecto, no pu-
diendo ser producto, la cuota de incorporación de un acuerdo del Consejo
de Administración adoptado en función de la existencia o inexistencia de
solicitudes de incorporación a la cooperativa, según su volumen u otras
ciurcunstancias.
Las cooperativas de ahorro y crédito, entre las operaciones que la ley les
faculta para realizar, se encuentra la de recibir depósitos de sus socios y de
terceros, lo cual hace que estos últimos, los terceros, no requieren tener la
calidad de socios para actuar con la cooperativa, de manera que los servicios
que éstas les presten se efectúan fuera del ámbito cooperativo. Cabe tener
presente que ésta es la única operación que las cooperativas de ahorro y
crédito pueden realizar con personas que no invistan la calidad de socio,
puesto que el artículo 86 de la ley, las define e indica que su objeto único
y exclusivo lo constituye el brindar servicios de intermediación financiera
en beneficio de sus socios. De lo anterior se concluye que cualquier otro
servicio de intermediación financiera, que no sea el de recibir depósitos en
dinero, sólo puede ser efectuado con socios.
La cuota de incorporación que se le podría exigir a un tercero para re-
cibirle depósitos, resulta en este caso extraña, pues constituiría un efecto
negativo para captar recursos de terceros.
F. Pérdida de la calidad de socio de una cooperativa
El artículo 15 de la ley, señala que la pérdida de la calidad de socio se
rige por las disposicionres del estatuto social, siendo el reglamento de la
ley, de aplicación subsidiaria.
Sin embargo, pese a esta autonomía estatutaria que establece la ley,
existen ciertas limitaciones a ella, las cuales examinaremos.
El reglamento, en su artículo 20, describe seis causales de pérdida de la
calidad de socio, a saber:
348 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
a) Por la aceptación de la renuncia por parte del Consejo de Adminis-
tración;
b) Por fallecimiento del socio, sin perjuicio de los derechos de sus he-
rederos, a que se alude en el artículo 23 de este reglamento;149
c) Por la transferencia de todas sus cuotas de participación, aprobada
por el Consejo de Administración;
d) Por la imputación de todo el valor de sus cuotas de participación, a la
adquisición del dominio de un inmueble habitacional, en las cooperativas
de servicios de vivienda o de veraneo o descanso;
e) Por la pérdida de la personalidad jurídica de los socios, cuando éstos
sean personas jurídicas;
f) Por exclusión, basada en alguna de las siguientes causales:
1. Falta de cumplimiento de los compromisos pecuniarios con la coo-
perativa, por a lo menos noventa días.
2. Causar daño de palabra o por escrito a los fines sociales. Se enten-
derá que se incurrido en esta causal cuando se afirmen falsedades sobre las
operaciones sociales o respecto de sus administradores.
3. Pérdida de los requisitos para ser socio. El consejo de administración
podrá limitar la sanción sólo a la suspensión de algunos derechos sociales.
En todo caso, el afectado por la exclusión, podrá apelar de éstas ante la
junta general de socios.
Las causales deberán apreciarse según la naturaleza del socio, ya sea que
se trate de una persona natural o jurídica.
Examinaremos las diferentes situaciones:
a) La aceptación de la renuncia por parte del Consejo de Adminis-
tración
El reglamento, al señalar que es la aceptación de la renuncia la que pone
término a la vinculación existente entre el socio y la cooperativa, indica
149 El artículo 23 señala, como regla general, que en el caso previsto en el inciso segundo
del artículo 14, el cual se refiere a los derechos del socio en una cooperativa, el procurador
común designado por una comunidad hereditaria será considerado como socio para los efectos
de ejercer algún cargo en la cooperativa.
COOPERATIVAS 349
con claridad que es dicho acto el que produce el efecto de hacer perder
al socio tal calidad, acto formal, que requiere un acuerdo del Consejo de
Admnistración en tal sentido.
Obviamente el Consejo no puede ni debe abusar de su posición, en cuanto
a retardar culposamente un pronunciamiento sobre la renuncia presentada
por un socio.
El artículo 19 de la Ley de Cooperativas, establece que la renuncia sólo
puede ser rechazada en los casos previstos por el estatuto o en otras normas
aplicables a cooperativas. Tal norma reafirma el principio de puerta abier-
ta, es decir, el ingreso y retiro libre por parte de los socios, lo cual queda
entregado, conforme la ley, a los estatutos de la cooperativa.
Como ya se ha dicho, y lo establece la ley en el artículo 15, es el estatuto
el que debe regular el término de la relación asociativa, siendo el regla-
mento supletorio de dicho cuerpo estatutario, lo que debe llevar a redactar
cuidadosamente la normativa adecuada para regular la renuncia de los
socios. Debe tenerse en cuenta que ni las juntas generales de socios ni los
acuerdos del Consejo de Administración pueden regir las renuncias de los
socios, ya que ello sería contrario a lo dispuesto en el artículo 15 de la ley,
cuya redacción es de naturaleza imperativa. En consecuencia, la renuncia
que presente el socio a la cooperativa no necesita ser motivada o fundada,
bastando que ella sea formulada por escrito al Consejo de Administración,
a fin de que éste se pronuncie sobre ella, conforme lo establece el artículo
22 del reglamento.
En conformidad al artículo 48 de la ley, la cooperativa disuelta subsiste
como persona jurídica para los afectos de su liquidación, quedando vigentes
sus estatutos en lo que fuere pertinente. La norma del reglamento que esta-
blece la congelación de la calidad de socio de una cooperativa, no pudiendo
hacerse efectivo su retiro hasta la época de su liquidación, es congruente
con la norma legal indicada y su razón debe ser buscada, respecto de que
tan sólo una vez que la liquidación haya terminado se podrá conocer el valor
de los fondos que el socio en su calidad de tal puede o tiene el derecho de
retirar. Puede ser que en dicho proceso resulte que las cuotas de participa-
ción de los socios se vean disminuidas producto de que la cooperativa en
disolución debe solucionar sus pasivos, antes de devolver el capital a sus
socios, materia regulada en el artículo 40 de la ley.
350 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El caso de la cesación de pagos indicada por el reglamento, debe relacio-
narse con la legislación de quiebras, particularmente con el hecho de que la
cesación de pagos de una obligación mercantil, en el caso de entidades que
ejecuten actividades comerciales, agrícolas o industriales, constituye una
causal de quiebra. Además, debe tenerse presente que el estado de cesación
de pagos, una vez declarada la quiebra de una cooperativa constituye una
situación que permite declarar inoponibles con respecto de los acreedores,
aquellos actos que hayan sido efectuados durante el denominado período
sospechoso, entre los cuales podrían encontrarse las devoluciones de capital,
en las cuales concurrieren los demás requisitos para declarar tales actos como
inoponibles. Cabe hacer notar que el anterior texto legal, antes de la reforma
introducida por la ley Nº 19.832, en el artículo 24 señalaba derechamente que
el derecho de los socios a retirarse de las cooperativas no podía ser ejercido
mientras la cooperativa se encuentre en falencia o cesación de pagos.
La existencia de obligaciones pecuniarias del socio con la cooperativa, en
el evento de retiro del socio, obviamente que pueden compensarse, lo cual
no puede constituir en sí misma una negativa del socio para retirarse de la
entidad, de manera tal que dicha causal carece de relevancia, toda vez que
si el socio se retira teniendo obligaciones pendientes, la cooperativa podrá
perseguir su pago en la forma establecida en la legislación.
Una vez aceptada la renuncia por el Consejo de administración, que como
hemos dicho no puede ser retardada culposamente, el pronunciamiento
solicitado por el socio que desea retirarse, se genera para la cooperativa la
obligación de devolución de los valores correspondientes a las cuotas de
participación del socio cuya renuncia haya sido aceptada, lo cual, si no se
pueden devolver los valores respectivos por falta de recursos líquidos, se
tiende a generar un conflicto entre el socio saliente y la cooperativa.
El reglamento, en el artículo 22, establece que el pronunciamiento del
Consejo de Administración debe ser efectuado dentro del plazo máximo
de 30 días contados desde la presentación, el cual debe ser comunicado al
socio interesado, por correo certificado, dentro de los 10 días siguientes a
la reunión que se haya pronunciado sobre la renuncia. Dicha disposición
es imperativa, de manera que el estatuto no puede disponer de una manera
diferente a la forma indicada. Además, el carácter supletorio del reglamento
debe entenderse exclusivamente para los efectos de la adquisición, el ejer-
cicio y la pérdida de la calidad de socio y las prestaciones mutuas a que
COOPERATIVAS 351
haya lugar por estas causas, no siendo el acto procedimental de renuncia
uno que puede calificarse dentro de las categorías indicadas.
El reglamento, en el artículo 23, establece a la cooperativa un plazo de
6 meses para efectuar el reembolso de las cuotas de participación, el que
debe efectuarse en dinero efectivo, lo cual rige también para el caso de fa-
llecimiento o exclusión. Dicho plazo no rige en el caso de la renuncia del
socio disidente que analizamos a continuación.
La legislación prevé la constitución de un fondo de reserva legal vo-
luntario, siempre que no excedan del 15% del patrimonio. En el caso de
las cooperativas de ahorro y crédito y las de vivienda abiertas, el fondo de
reserva es obligatorio y con un porcentaje no inferior al 20% de sus rema-
nentes, conforme lo establece el artículo 38 de la ley. A estas últimas clases
de cooperativas se les obliga a invertir, a lo menos, el 10% de su patrimonio
en activos e instrumentos de fácil liquidación.
Tal exigencia tiene, entre otros fundamentos, precisamente la existencia de
recursos para atender las renuncias de los socios, en este tipo de cooperativas,
que reciben depósitos efectuados por los socios, los que se traducen en cuotas
de partcipación y que les deben ser devueltos al momento de su renuncia. No
existe inconveniente legal, para establecer que la devolución de las cuotas de
participación de un socio pueden quedar condicionadas al ingreso de uno o más
socios que puedan pagar los valores que deban restituirse.
Si la cooperativa carece de recursos para dar cumplimiento a la devo-
lución de las cuotas de participación en dinero efectivo, obviamente que
cae en un incumplimiento reglamentario que permite al Departamento de
Cooperativas ejercer algunas de sus atribuciones fiscalizadoras.
A su vez, el socio queda habilitado para ejercer las acciones legales
que estime pertinente ejecutar, correspondiendo básicamente a la acción
ordinaria de cobro de pesos, pues la ley no le ha dado márito ejecutivo a
la constancia de la formalización de la renuncia, salvo que fuere citado el
gerente de la cooperativa a reconocer la deuda, en cuyo caso quedaría pre-
parada la vía ejecutiva para el cobro de los valores respectivos.
Los valores deben ser actualizados en conformidad a la variación expe-
rimentada por la Unidad de Fomento entre la fecha del último balance y la
fecha de la devolución.
352 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Se plantea la duda si el estatuto puede establecer plazos para la devolución
del valor de las cuotas de participación superiores a los 6 meses indicados
en el reglamento de la ley. La norma del artículo 15 aparentemente funda-
mentaría la posibilidad de establecer una norma completamente distinta a la
señalada en el reglamento, pues se dispone que la norma estatutaria prima
en una materia como la que constituye la pérdida de la calidad de socio.
Agrega la norma legal, que “las prestaciones mutuas a que haya lugar por
estas causas (entre otras, sería la pérdida de la calidad de socio) también
se rigen por normas estatutarias, que primarían por sobre la norma regla-
mentaria. ¿Qué quizo entender el legislador por prestaciones mutuas? En el
caso que el socio renunciado o excluido sea quien resulte tener un crédito
en contra de la cooperativa y no ésta respecto del socio, ¿Se configura la
existencia de prestaciones mutuas?
La norma legal tiene antigua data, pues se estableció en el artículo 20 del
DS Nº 502, que contenía el DRRA Nº 20 de 1963 y su redacción es igual a
la existente, en el actual texto legal.
A nuestro juicio, la expresión “prestaciones mutuas” debería enten-
derse referida a cualquier pretación u obligación de dar, hacer o no hacer
existente a la fecha de la renuncia o exclusión del socio, sea que tales
prestaciones fueren recíprocas, en cuyo caso operaría la compensación
hasta hacer equivalentes las obligaciones, extinguéndose hasta el valor
que corresponda y por el saldo resultaría acreedora la cooperativa o el
socio, o bien si a dicho momento una de las partes de la relación resul-
taba ser solamente acreedora de la otra, la obligación correspondiente se
traduce en un crédito exigible cuya naturaleza hasta ese instante carece
de la naturaleza de ser ejecutiva.
Al referirnos al artículo 20 del DS Nº 502, que fue objeto de la reforma
introducida por la ley Nº 19.832150, se disponía que: “La adquisición de la
calidad de socio, su pérdida y las prestacionbes mutuas a que haya lugar
por estas causas, se regirán por los estatutos conforme a las normas que
fije el reglamento”.
150 El Ejecutivo, al enviar el proyecto de ley para su tramitación en el Parlamento, la norma
venía redactada en igual forma como quedó en definitiva, esto es, no tuvo variaciones durante
su tramitación, ni fue objeto de indicaciones por los parlamentarios.
COOPERATIVAS 353
Como se puede apreciar, en dicha legislación la norma estatutaria quedaba
sujeta al reglamento, en cambio, después de la reforma, la norma estatutaria
prima sobre el reglamento, conforme se indica en el inciso segundo del
artículo 15.
No obstante esta primacía estatutaria por sobre la reglamentaria, ya que
la norma legal sustituyó la frase contenida en el antiguo artículo 20 que
decía “conforme a las normas que fije el reglamento”, por “conforme a las
normas de la presente ley”, obliga a estudiar si la sujeción de la adquisición
de la calidad de socio, su pérdida y las prestaciones a que haya lugar tiene
condicionantes o modalidades de tal naturaleza que obliguen a las normas
estatutarias a respetar determinadas situaciones que deben conformarse a la
ley. Es decir, hay que establecer si la Ley de Cooperativas contiene elemen-
tos que regulen o limiten la facultad estatutaria en materia de adquisición
o pérdida de la calidad de socio, como, asimismo, el ejercicio de la misma
calidad de socio.
La norma básica sobre el retiro del socio, se encuentra en el artículo 1º
de la ley151, al establecer ésta que el ingreso y retiro de un socio a una coo-
perativa es voluntario, es decir, nadie puede estar obligado a permanecer
como socio en una cooperativa, así como no puede obligarse a una persona
a pertenecer ingresando en calidad de socio a una cooperativa, como ya lo
examinamos al analizar el principio de libre adhesión.
De este modo, debe conciliarse el principio de libre adhesión con la
necesaria estabilidad que debe darse en la actividad que desarrolla una
cooperativa. La legislación cooperativa chilena carece de normas sobre
el receso del socio, es decir, una suspensión transitoria del socio en el
ejercicio de su actividad como socio de una cooperativa, materia que,
aunque no se encuentre regulada en la ley, es posible establecerla por
la vía estatutaria. En tales casos el socio, al encontrarse en receso, no
ejercerá por un tiempo limitado sus derechos y no le serán aplicables las
obligaciones que hubiere contraído como socio, sin retirarse de la entidad,
permaneciendo vinculado a ella mediante los aportes de capital que haya
151 El artículo 2529 del Código Civil italiano, establece que el reembolso de los valores
correspondientes al socio debe efectuarse dentro del plazo de seis meses, contados desde la
aprobación del balance de la cooperativa.
354 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
efectuado, o bien retirando parte de sus cuotas de capital, conforme sean
las exigencias estatutarias.
La estabilidad del socio en la cooperativa y, por ende, la permanencia de
sus aportes de capital, dicen directa relación con el tipo o giro de actividad
de la cooperativa y del socio. No cabe duda que el socio de una coopera-
tiva de vivienda abierta no es igual al socio de una cooperativa agrícola
de productores de leche y sus derivados o del socio de una cooperativa de
consumo o de ahorro y crédito.
Relacionado con esta materia se encuentra el artículo 38, ubicado en el
Título V, “Del Capital y los excedentes”. El artículo establece y regula la
constitución de fondos de reserva, los que se generan con los remanentes
de cada ejercicio anual, los que son obligatorios para las cooperativas de
ahorro y crédito y para las cooperativas abiertas de vivienda. En estas
cooperativas los fondos de reserva son legales, pues están ordenados en
la misma ley, obligando a destinar una cantidad no inferior al 20% de sus
remanentes para tales fondos. El artículo 38 de la ley, agrega que cuando
el fondo de reserva legal alcance un 50% del patrimonio, las cooperativas
indicadas estarán obligadas a distribuir entre los socio, a título de excedentes,
al menos el 30% de los remanentes. El saldo podrá incrementar el fondo de
reserva legal o destinarse a reservas voluntarias. Las demás cooperativas
podrán formar reservas voluntarias, pero ellas no podrán exceder del 15%
del patrimonio.
La normativa legal, en el artículo 39, añade a lo anterior, para las coo-
perativas de ahorro y crédito y para las de vivienda abiertas que el 10%
del patrimonio deben tenerlo invertido en activos o instrumentos de fácil
liquidación que determine el reglamento.
Tal normativa persigue mantener para estas cooperativas, un fondo
para efectuar la devolución de las cuotas de participación de sus socios, de
manera de asegurarles su derecho a retiro dentro de un plazo prudencial.
Aparece como absurdo que en una cooperativa de ahorro y crédito o una
de vivienda abierta el socio quede sin poder percibir sus aportaciones por
un período prolongado de tiempo si se desea retirarse.
Ciertamente que el derecho de retiro establecido en el artículo 1º de la
Ley de Cooperativas, hace que estas instituciones tengan un capital afectado
COOPERATIVAS 355
por la contingencia de efectuar una disminución en cualquier tiempo, lo cual
las diferencia completamente de las sociedades de capital, contingencia que
en éstas no existe. De ahí la importancia de la constitución de fondos de
reserva por las cooperativas, materia que se examina más adelante.
El reglamento, por otra parte, niega el ejercicio del derecho a retiro en
los siguientes casos, según lo dispone el artículo 21:
1) Una vez que la cooperativa haya acordado su disolución, haya sido
declarada disuelta o haya vencido el plazo de su duración.
La disolución por acuerdo de la junta general de socios de una cooperativa
se encuentra regulada en el Título VI de la ley y en el párrafo segundo del
Título Sexto del reglamento, cuyas causales están definidas en el artículo
43 del texto legal, materia que se analiza más adelante.
En relación con la declaración de disolución, la norma legal estatuye que
ello sólo puede ocurrir por una sentencia judicial ejecutoriada conforme
al procedimiento establecido en el Capítulo V de la ley a solicitud de los
socios, del Departamento de Cooperativas o del organismo fiscalizador
respectivo, siempre que se den las causales para ello, descritas en el mismo
artículo 43.
El vencimiento del plazo de duración es una fecha cierta y determinada
en el mismo estatuto de la cooperativa y al producirse dicha situación co-
mienza el proceso de disolución y liquidación.
En todos estos casos es natural que se impida el retiro de los socios,
puesto que la entidad entra en una fase de liquidación, debiendose pagar a
los acreedores existentes y una vez que se hayan cubierto los pasivos de la
cooperativa se conocerá el capital que debe ser restituido a los socios a la
fecha de la disolución, motivo por el cual queda impedido el ejercicio del
derecho a retiro.
2) Si la cooperativa se encuentra en cesación de pagos, hubiera sido
declarada en quiebra o se encontrare bajo un convenio de quiebra, tanto
preventivo como judicial.
356 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El concepto de cesación de pagos se encuentra establecido en la ley
Nº 18.175, incorporada al Título IV del Código de Comercio. No debe
confundirse la cesación de pago de una obligación mercantil indicada
en los artículos 41 y 43 Nº 1 de dicha ley, con la cesación de pagos, que
implica la existencia de haberse cesado en el pago de varias o muchas obli-
gaciones a lo cual se refiere el artículo 76 de la Ley de Quiebras, lo cual
constituye un estado de insolvencia materia que debe ser tratada por los
acreedores. En efecto uno o más acreedores podrían exigirle a la coopera-
tiva la presentación de un convenio judicial preventivo o la entidad misma
solicitar un convenio de igual naturaleza o solicitar su propia quiebra. Si
se declara la quiebra de una cooperativa, sea a su propia petición o a la
de algún acreedor, se trata en este caso de liquidar su patrimonio para con
el producto de la liquidación pagar a sus acreedores, de donde no resulta
posible devolver el capital, que en este caso debe tratarse como capital de
garantía, a los socios, sin antes haber pagado a todos los acreedores. El
artículo 32 de la ley, establece que la responsabilidad de los socios de las
cooperativas estará limitada al monto de sus cuotas de participación, sin
hacer distingo si ellas están pagadas o no lo estuvieren. De este modo, al
declararse la quiebra de una cooperativa, los socios han comprometido su
responsabilidad con las cuotas de participación que hubieren suscrito. Cabe
agregar que el artículo 18 de la ley dispone que la persona que adquiera la
calidad de socio, responderá con sus aportes de las obligaciones contraídas
por la cooperativa antes de su ingreso.
En todos los casos de concursalidad a que se refiere el artículo 21 del
reglamento de la ley, se trata de actuales o potenciales situaciones de insol-
vencia, de manera que frente a tales hechos la responsabilidad de los socios
debe hacerse efectiva al tenor del artículo 32 de la ley. Es por ello que la
devolución de las cuotas de participación a los socios retirados o excluidos
más allá de un plazo prudencial, resulta plena de injusticia, por cuanto tales
personas no han podido tener ingerencia en la marcha de la cooperativa,
no obstante que la entidad ha profitado de los capitales aportados por sus
ex socios.
3) Finalmente, el reglamento establece que mientras existan obligaciones
pecuniarias directas o indirectas pendientes del socio para con la cooperativa,
éste se encuentra impedido de ejercer su derecho a retiro.
COOPERATIVAS 357
Ahora bien, si el socio ejerciere su derecho a retiro o se le excluyere
legítimamente, se podrán compensar las obligaciones que el socio adeude
para con la cooperativa con las cuotas de participación que hubiere pagado,
de conformidad al artículo 1656 del Código Civil, dándose así curso a la
solicitud de retiro o finiquitando el proceso de exclusión.
El concepto de obligación indirecta a que se refiere la norma reglamen-
taria, no es preciso, a nuestro juicio, y al menos debería entenderse que
obligación indirecta sería aquella que corresponde al socio en su calidad
de fiador, avalista u otra fórmula análoga.
b) Muerte del socio
El fallecimiento del socio pone término a la relación asociativa antre la
cooperativa y aquél, no pudiendo transmitirse esta condición por acto entre
vivos o por causa de muerte. La reforma a la ley, introducida en el año 2002,
en el artículo 19, alude en forma indirecta a esta situación, al señalar que
“la persona que haya perdido la calidad de socio por renuncia o exclusión
y los herederos del socio fallecido tendrán derecho a la devolución del
monto actualizado de sus cuotas de participación, …”. Decimos que la ley
se refiere en forma indirecta, por cuanto tal norma debe ser complementa-
da con la disposición establecida en el artículo 33 de la ley, el cual señala
que las acciones de las cooperativas son nominativas y su transferencia y
rescate deben ser aprobadas por el Consejo de Administración. Ello hace
que los herederos no lo son respecto de su calidad de socios, sino sólo de
los haberes o aportes efectuados por el causante en la cooperativa, lo cual
es lo propio de una sociedad de personas. Si los herederos desean continuar
siendo socios de la cooperativa, podrán solicitar su ingreso como comu-
nidad hereditaria y las cuotas de participación que poseía el causante sean
transferidas a la comunidad que se ha formado, todo ello aprobado por el
Consejo de Administración.
La cooperativa deberá proceder a cancelar la inscripción del socio falle-
cido en el registro social y devolver el valor de las cuotas de participación,
debidamente actualizado, conforme lo establece el artículo 24 del reglamento
de la ley. El plazo de seis meses fijado para la devolución del valor de las
cuotas de participación, se supende, en conformidad al artículo 25 del re-
glamento, durante el período de tiempo que medie entre el fallecimiento del
358 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
socio y la presentación a la cooperativa de la documentación que acredite
la calidad hereditaria de los titulares de las cuotas de participación, que se
hayan inventariado en el trámite correspondiente de posesión efectiva de
los bienes quedados al fallecimiento del ex socio.
El reglamento, en el artículo 23, establece que en el caso de existir una
comunidad hereditaria, el procurador común designado será considerado
como socio para ejercer algún cargo en la cooperativa, norma reglamentaria
que no estaría adecuadamente coordinada con el artículo 19 de la ley.
Se señala en el mismo artículo del reglamento, la situación del socio
fallecido que tuviere el uso y goce de la vivienda asignada por la coopera-
tiva, disponiendo que tienen el derecho de exigir que se les transfiera a los
herederos el bien raíz. Esta materia está vinculada con el artículo 79 de la
Ley de Cooperativas y referida a las cooperativas de vivienda, las cuales
pueden asignar en uso y goce las viviendas edificadas en los casos que tal
edificación hubiere sido financiada con un mutuo hipotecario, operación
que se utiliza mayormente en las cooperativas cerradas de vivienda.
c) Por la transferencia de todas las cuotas de participación, aprobada
por el Consejo de Administración
El reglamento establece que también se pierde la calidad de socio por la
transferencia de todas las cuotas de participación de las cuales sea el socio
titular en la cooperativa.
Cabe destacar que el reglamento se refiere a “todas” las cuotas, de manera
que si la transferencia es parcial, no se perdería la calidad de tal, siempre
que dicha parcialidad concordare con el estatuto, si éste estableciere que
para tener la calidad de socio, éste debiera suscribir y/o pagar una determi-
nada cantidad de cuotas de participación. De este modo, si la transferencia
ocurre por un número menor al que el respectivo estatuto asigna como
necesario para tener la calidad de socio, obviamente que se perderá tal
calidad si en la transferencia no se conserva el número mínimo de cuotas
de participación.
En cualquier caso, conforme se establece en el artículo 33 de la ley, la
transferencia de las cuotas debe ser aprobada por el Consejo de Adminis-
tración, lo que reafirma el concepto de que las cuotas son nominativas.
COOPERATIVAS 359
A nuestro juicio, el valor de las cuotas de participación en una cooperativa
puede hacerse al valor que de común acuerden las partes en la operación de
transferencia, de manera que la cooperativa no puede inmiscuirse en dicho
acto, sino sólo en la aprobación del socio entrante y en la aceptación del
socio que se retira, no siendo procedente calificar a este último de renun-
ciado, conforme a la normativa del reglamento, el cual configura un acto
distinto a la de la renuncia. En efecto, el artículo 20 letra c) se refiere a la
pérdida de la calidad de socio “por la transferencia de todas las cuotas de
participación, aprobada por el Consejo de Administración”. Resaltamos que
para que quepa la pérdida en este caso, se deben transferir todas las cuotas
de participación a uno o más de los nuevos socios entrantes. A su vez, el
Consejo de Administración de la cooperativa debe adoptar su acuerdo tan
sólo respecto a la calificación del o de los nuevos socios que adquieren las
cuotas de participación del socio cedente.
El artículo 74 de la ley, se refiere específicamente al caso de transferen-
cia de cuotas de participación que ocurra en las cooperativas de vivienda,
cualquiera sea la clase de éstas, es decir, cerradas o abiertas. La regulación
se refiere al procedimiento que habrá de seguirse, en el sentido que antes de
la enajenación de las cuotas de participación deberá ser aprobada en forma
previa por el Consejo de Administración, debiendo tal aprobación constar
en instrumento privado, al igual que el acto de transferencia, materia que
no queda clara en la redacción del artículo 76. Dicho instrumento debe ser
autorizado ante notario, en el cual debe constar la fecha de la sesión del
consejo que haya aprobado la enajenación.
d) Extinción de la personalidad jurídica
Es el caso análogo al de la muerte de las personas naturales, respecto de
las jurídicas. Persistirá en cualquier caso la sociedad en proceso de liqui-
dación, la que no podrá realizar operaciones con la cooperativa. Al extin-
guirse una persona jurídica, sea de derecho público o privado, se producirá
la terminación de la relación asociativa, pues no puede existir relación con
quien no existe y, por tanto, a los encargados de liquidar la persona jurídica
les corresponderá solicitar el rescate de los aportes efectuados, dentro de
las normas estatutarias.
Este caso no debe confundirse con la situación de fusión o transformación
de sociedades, ya que si el estatuto de la cooperativa nada ha expresado,
360 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
se entiende que el socio transformado o fusionado continúa su vinculación
con la cooperativa.
e) Retiro del socio disidente
La reforma de la legislación cooperativa introducida por la ley
Nº 19.832, estableció un procedimiento especial para el retiro de los
socios disidentes.
Al efecto, dispuso la facultad de aquellos socios que no deseen pertencer
a una cooperativa en determinadas situaciones, se les concede el derecho
de retirarse de la cooperativa, en una situación de privilegio respecto de los
socios que hubieren renunciado sin ser disidentes.
El artículo 19 define al socio disidente como “aquél que en la respectiva
junta se hubiere opuesto al acuerdo pertinente (se refiere a los que se indi-
can en el artículo 23 de la ley, letras e), g), h), m), y n)) o que, no habiendo
concurrido a la junta, manifieste su disidencia por escrito a la cooperativa,
dentro del plazo de 30 días contados desde la fecha en que se adoptó el
acuerdo”.
En consecuencia, la disidencia debe ser manifestada en una junta general
de socios a la que se haya citado para efectuar una reforma a los estatutos
sociales, entre los cuales deben encontrarse las materias indicadas en las le-
tras e), g), h), m) y n) del artículo 23 de la Ley General de Cooperativas.
La reforma debe incidir en algunas de las materias indicadas y que
son:
1) La transformación, fusión o división de la cooperativa;
2) La enajenación de un 50% o más de su activo, sea que incluya o no su
pasivo, como, asimismo, la formulación o modificación de cualquier plan de
negocios que contemple la enejanación de activos por un monto que supere
el porcentaje antedicho. Para estos efectos se presume que constituyen una
misma operación de enajenación, aquellas que se perfeccionen por medio de
uno o más actos relativos a cualquier bien social, durante cualquier período
de 12 meses consecutivos.
COOPERATIVAS 361
3) El otorgamiento de garantías reales o personales para caucionar
obligaciones de terceros, excepto si éstos fueren entidades filiales, en cuyo
caso la aprobación del Consejo de Administración será suficiente. Son
entidades filiales aquellas organizaciones en que una cooperativa controla
directamente, o a través de otra persona natural o jurídica, más del 50% de
su capital.
4) El aumento de capital social, en caso que sea obligatorio que los socios
concurran a su suscripción y pago de las cuotas de capital respectivas.
5) La adquisición por parte de las cooperativas de la calidad de socias de
sociedades colectivas y de socio gestor de sociedades en comandita y la cele-
bración de cualquier contrato que genere la responsabilidad por obligaciones
de terceros, salvo que ellos sean una entidad filial de la cooperativa.
La fusión se encuentra definida en el artículo 45 de la ley en los siguientes
términos: “La fusión consiste en la reunión de dos o más cooperativas en
una sola que las sucede en todos sus derechos y obligaciones, y a la cual
se incoporan la totalidad del patrimonio y socios de los entes fusionados”.
Agrega la misma disposición que “hay fusión por creación, cuando el activo
y pasivo de dos o más cooperativas que se disuelven, se aportan a una nueva
cooperativa que se constituye. Hay fusión por incorporación, cuando una o
más cooperativas que se disuelven son absorbidas por una cooperativa ya
existente, la que adquiere todos sus activos y pasivos152”.
Conforme a tales definiciones, en cualquiera de los casos indicados, el
socio que disienta del acuerdo que adopte la junta general de socios, adquiere
el derecho a retirarse de la cooperativa, no obstante cualquier disposición
estatutaria en contrario.
La disidencia provocada por la enajenación del 50% o más del activo,
corresponde a la misma causal establecida en el artículo 69 Nº 3 de la Ley
de Sociedades Anónimas, que permite al accionista retirarse de la sociedad.
Dicha ley estipula que el precio a pagar al accionista disidente por sus accio-
152 Las definiciones transcritas son similares a las contenidas en el artículo 99 de la Ley
de Sociedades Anónimas, Nº 18.046 de 1981.
362 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
nes será el valor de libros de la acción, si se trata de una sociedad anónima
cerrada y en el caso de las sociedades abiertas será el valor de mercado.
El valor a pagar por la cooperativa, respecto de las cuotas de participa-
ción del socio disidente no se encuentra señalada en la Ley de Cooperativas
ni en el reglamento. El vacío legal existente sobre la materia debería ser
resuelto entre las partes de común acuerdo o si ello no resultare debería
recurrirse a la normativa sobre conflictos establecida en el Capítulo V de
la ley, específicamente en el artículo 114.
En relación con la disidencia contemplada en la letra h) del artículo 23
de la Ley de Cooperativas, esto es, el otorgamiento de garantías reales o
personales por la cooperativa a la cual el socio pertenece, constituye una
imitación del artículo 69 Nº 4 de la Ley de Sociedades Anónimas, carecién-
dose en la norma legal de la forma de valorizar las cuotas de participación
del socio disidente. De este modo los comentarios efectuados para el caso
de la enajenación por una cooperativa del 50% de sus activos le es aplicable.
Idénticos comentarios pueden hacerse respecto de la disidencia de un socio
motivada en los casos de aprobarse un aumento de capital, en caso que sea
obligatorio la concurrencia de los socios a su suscripción y pago, como,
asimismo, a la adquisición por parte de la cooperativa de la calidad de socias
colectivas y de socio gestor de sociedades en comandita y la celebración
de cualquier contrato que genere la responsabilidad por obligaciones de
terceros, salvo que ellos sean una entidad filial de la cooperativa. La única
diferencia se encuentra constituida, por el hecho de que estas últimas no
provienen de la Ley de Sociedades Anónimas, sino que son una creación
de la propia legislación cooperativa.
Se explica o fundamenta la decisión de un socio de retirarse de la coo-
perativa en el caso de los aumentos de capital, pues puede ocurrir que el
socio no esté en condiciones de pagar nuevas cuotas de participación o que
ello le resulte excesivamente oneroso mantener su calidad de socio con
aportaciones que excedan su capacidad económica. En tales casos resulta
obvio considerar el retiro del socio y el pago de sus cuotas de aportación
sea efectuado dentro de los 90 días de adoptado el acuerdo.
Finalmente, la ley establece un caso más genérico de disidencia, como
lo constituye “la modificación sustancial del objeto social”. Para ilustrar
COOPERATIVAS 363
el concepto de sustancial, la ley da un “ejemplo”, en el artículo 19, inciso
tercero, y éste estaría constituido por aquella modificación “que implique
la realización de nuevas actividades no relacionadas directa o indirecta-
mente con el objeto original”. En estricto rigor de un análisis lógico de la
redacción, no se trata de un “ejemplo”, como lo describe la norma legal,
sino más bien de una definición del concepto de lo que se debe entender
por “modificación sustancial”. Si ello debe entenderse así, no puede caber
duda que una modificación sustancial del objetivo estatutario que vaya a
ser modificado para dar cabida a actividades no relacionadas ni directa o
indirectamente con el objeto que motivó a los socios disidentes a ingresar
a la cooperativa, en nuestra opinión, nos parece acertado entender que la
modificación sustancial de los estatutos constituye precisamente aquello
que se ha conceptualizado como un ejemplo.
La normativa sobre la disidencia en una cooperativa, estatuye que si en
la Junta de socios citada para efectuar las modificaciones que permiten la
disidencia de los socios, existe un marcado número de ellos que la ejercerá,
aunque no lo señala así la disposición del artículo 19, pero ello se infiere
claramente de la redacción del último inciso de dicho artículo, el Consejo de
Administración queda facultado para convocar a una nueva junta general de
socios que deberá celebrarse a más tardar dentro de los treinta días siguientes,
contados desde el vencimiento del plazo para ejercer el derecho de retiro, a
fin de que se considere o ratifiquen los acuerdos que motivaron el ejercicio
de la disidencia. Si en la Junta que se cite al efecto, se revocaren los acuerdos
mediante los cuales se ha fundado el ejercicio del derecho a la disidencia,
caduca el derecho a retiro. Si, en cambio, se ratifican los acuerdos adoptados
para modificar los estatutos sociales, no se abre un nuevo plazo para ejercer
el derecho, sino que el plazo existente de 90 días, no se ve interrumpido ni
suspendido, de manera tal que al cabo de dicho plazo la cooperativa deberá
pagar a los socios disidentes sus cuotas de participación.
El estatuto de la disidencia establecido en el artículo 22 de la Ley de Coo-
perativas, carecería de significación por cuanto en conformidad al artículo
1º de la misma ley, el retiro de los socios es voluntario, lo que significa que
la cooperativa no puede impedir a los socios su retiro de ella. Ello corres-
ponde naturalmente a la naturaleza asociativa de una cooperativa, es decir,
al objetivo primario y elemental de los socios, los cuales ingresan a ella
para obtener un servicio mancomunado con otros socios, a fin de satisfacer
364 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
una necesidad social, económica o cultural y no para obtener una ganan-
cia derivada de su aporte económico. El aporte económico que los socios
efectúan tiene por objeto formar el capital inicial mínimo para instalar la
organización que tomará a su cargo la satisfacción de sus necesidades que
les ha motivado a ingresar a la cooperativa.
Como la Ley de Cooperativas ha privilegiado la normativa estatutaria
en relación con la pérdida de la calidad de socio, conforme se dispone en
el artículo 14, el estatuto del socio disdente podría pasar a tener alguna re-
levancia, pues el retiro del socio en el caso de existir una disidencia, prima
por sobre la normativa del estatuto social de la cooperativa. Sin embargo,
el artículo 1º de la ley, al establecer el principio del retiro voluntario, este
principio y norma legal, no puede ser alterado por normas del estatuto que
hagan ilusorio el derecho a retiro. Es decir, si el estatuto establece un plazo
que pueda ser calificado de largo, no cabe duda que se trata de una norma
contraria al sentido de la ley. El reglamento en el artículo 24 dispone que
el plazo máximo es de seis meses para devolver a los socios sus cuotas de
participación, lo que da un parámetro para efectuar una estimación acerca
del plazo que se podría estimar adecuado frente al principio y norma legal
de respetar el derecho de un socio de retirarse de una cooperativa153. De tal
manera que, a nuestro juicio, la incorporación a la Ley de Cooperativas de
una normativa vinculada al derecho a la disidencia carece de toda relevancia,
frente a normas estatutarias que respeten el verdadero sentido de la ley, en
cuanto a cumplir en su esencia el hecho básico de que una cooperativa es
una institución asociativa mutual y que, por ende, retirarse de ella confor-
ma parte de su naturaleza intrínseca, la que no puede ser distorsionada por
normas estatutarias que impidan al socio su retiro y obtener la devolución
de sus cuotas de participación, quedándose la cooperativa con ellas por
períodos prolongados de tiempo, sin tener la persona, natural o jurídica,
derecho alguno en la cooperativa. La importación del sistema de disidencia
establecido en la Ley de Sociedades Anónimas, plenamente justificable en
ella por su propia naturaleza de sociedad de capitales, carece enteramente de
El artículo 16 del reglamento (CE) Nº 1435/2003 del Consejo de la Unión Europea de
153
22 de julio de 2003, relativo al Estatuto de la sociedad cooperativa europea, dispone en el Nº 3:
“Los estatutos establecerán las modalidades y condiciones de ejercicio del derecho de renuncia
y fijarán el plazo, para efectuar el reembolso, que no podrá ser en ningún caso de más de tres
años. En cualquier caso, la SCE no tendrá obligación de efectuar el reembolso antes de los seis
meses siguientes a la aprobación del balance posterior a la pérdida de la condición de socio”.
COOPERATIVAS 365
sentido en la legislación cooperativa, a nuestro juicio. En efecto, si un socio
se desea retirar de la cooperativa, cualquiera sea su motivación, incluyendo
por supuesto las causales de disidencia establecidas en la ley, no ejercería
tal derecho si al presentar su renuncia, y una vez aceptada ésta, dentro de
un plazo prudente, 6 meses, tal como lo señala el reglamento de la ley, se
le restituirán sus aportes económicos, deja de tener sentido el derecho a la
disidencia, sin perjuicio de considerar la norma estatutaria como abusiva
frente al artículo 1º de la ley.
f) Exclusión del socio
La Ley de Cooperativas alude a la exclusión de socios en el artículo
19, al referirse a la pérdida de la calidad de socio, la que se regula por los
estatutos, conforme así lo indica el artículo 15, considerándose las normas
reglamentarias como supletorias de aquellas que se establezcan estatutaria-
mente. Asimismo, al tratar de las cooperativas de trabajo, la ley señala en el
artículo 63, que la exclusión del socio de una cooperativa de esta naturaleza
no se rige por las normas del Código del Trabajo, al igual que lo hacía el
artículo 77 del texto legal, con anterioridad a la reforma introducida por la
ley Nº 19.832.
La exlusión de socios, dentro del Derecho Cooperativo chileno, es más
bien una expresión de un derecho estatutario que la expresión de la ley,
pues no existe ni en la ley ni el reglamento norma alguna que regule este
instituto jurídico.
Puede señalarse que el artículo 114 es la norma aplicable a los conflictos
que se suciten en relación con la exclusión de un socio, pues la norma men-
cionada señala que las controversias que se susciten entre la cooperativa y
un socio, incluyeno a aquellos que hayan formado parte de la cooperativa,
se resolverán por la justicia ordinaria, con procedimiento de juicio sumario
o mediante arbitraje, a elección del demandante.
De tal manera que, existiendo un conflicto o controversia entre la coo-
perativa y un socio al procederse a la exclusión del mismo, corresponde
conocer de tal controversia a un tribunal, lo cual contrasta con las normas
legales anteriores, en cuanto a conferir atribuciones de tal naturaleza al
Consejo de Administración y a la junta general de socios de una coopera-
366 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
tiva. La nueva normativa implica ciertamente un avance sustancial, pues
tratándose de un conflicto, su resolución debe ser materia de un tribunal,
conforme al ordenamiento constitucional de la República.
La exclusión del socio es propia de una institución asociativa y de
personas154, por cuanto lo que importa es la relación “intuito personae”
entre la entidad y sus socios, como ya hemos tenido ocasión de señalar, el
incumplimiento de los estatutos y en general de sus obligaciones perturba
el desarrollo de la asociación o de la sociedad de personas.
La exclusión del socio no constituye una expulsión, siendo esta última
una sanción a un inadecuado comportamiento del socio, que la ley no con-
templa y, por ende, a nuestro juicio, los estatutos de las cooperativas no
pueden incluir un acto de expulsión, en la forma ya indicada, puesto que
no pueden atribuirse tales poderes a las autoridades de la cooperativa sin
que hayan sido indicados en la ley. La exclusión representa así, siempre un
incumplimiento legal, reglamentario o estatutario, es decir, la resolución
del contrato sinalagmático por incumplimiento, adaptado al contrato pluri-
lateral de una asociación, en vista del principio de conservar la empresa155
y mantener su continuidad, tutelando el objeto social.
Corresponde ejercer esta actuación sólo al Consejo de Administración
por la naturaleza misma del acto jurídico, que envuelve elementos propios
del contrato de asociación y elementos patrimoniales, cuya responsabilidad
corresponde al mismo consejo.
154 No obstante que en el derecho chileno, con excepción del artículo 379 del Código de
Comercio que regula la exclusión del socio en caso de retardo en el pago de sus aportes, no
existe este instituto fundado en otras causales, a diferencia de otras legislaciones. Véase La
exclusión del socio, INNOCENTE, Osmida, Nº 24. Editorial AHR. Barcelona. 1958.
155 El autor Osmida Innocenti, en su texto La exclusión del socio lo define como “el instituto
jurídico que, en el claro intento de conservar el organismo social y de tutelar su objeto, disciplina
el cese de la compleja relación de la sociedad limitadamente a un socio, a más de la conexa y
simultánea constitución de otra nueva y también compleja relación, aunque sea temporal, entre
aquel y los otros socios y las vicisitudes de la misma, dando oportuno relieve en esta doble
dirección, y siempre que concurran causas lícitas, a la mayoría de estos últimos, o bien cuando
la estructura social no lo consienta, a la resolución del tribunal, salvo las inderogables hipótesis
de eficacia inmediata de la ley”. Editorial AHR. Barcelona. 1958. Nº 26.
COOPERATIVAS 367
El Consejo deberá adoptar la decisión de exclusión, previa formal con-
vocatoria al efecto y examinar las causales que estatutariamente se hubie-
ren establecido, a fin de tipificarlas y proceder a su comunicación al socio
excluido. La exclusión debe ser fundada en una transgresión por parte del
socio a la ley, al reglamento de ésta o a los estatutos sociales.
Debido a que la ley ni el reglamento han establecido las causales de
exclusión, dejando a los estatutos la regulación de ellas, su configura-
ción es una materia compleja que debe ser estudiada en el contexto de la
legislación.
En cualquier caso, la ley no contempla la exclusión por vía judicial, es
decir, no existe la posibilidad de que un juez pueda sentenciar la exclusión
de un socio de una cooperativa. Es al Consejo de Administración al cual le
corresponde ejecutar el acto jurídico de la exclusión, en contra del cual el
socio excluido podrá reclamar.
Existirán causas de derecho de exclusión, cuya causal se expresa por la
legislación general, sin que sea necesario explicitarla en el estatuto. Una de
ellas sería el caso de la quiebra del socio declarada judicialmente mediante
sentencia ejecutoriada, exceptuando el caso que se hubiere decretado la
continuidad del giro parcial o total del socio fallido y siempre que en dicho
giro se incluyere la actividad que el socio ejecutaba con la cooperativa. La
exclusión en tal caso, le corresponde adoptar al Consejo de Administración,
por cuanto el socio fallido no podrá participar de las actividades de la coope-
rativa, no siendo posible, por su naturaleza, que el síndico, que representa al
fallido, pueda asumir su calidad de socio. Asimismo, otra causal de derecho
sería la interdicción del socio persona natural, la que debe ser aplicada por
el Consejo de Administración.
Asimismo, la condena del socio a una pena de reclusión por un perío-
do de tiempo prolongado, puede ser también una materia de exclusión de
derecho.
Las causas de exclusión al establecerlas en el estatuto, deberán estar
descritas taxativamente y sólo en virtud de su configuración la exclusión
podrá ser lícita.
368 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Como en todo contrato, el incumplimiento por una de las partes del mismo
pone término a la relación contractual, obviamente que los incumplimientos
de naturaleza estrictamente económica deberían ser la causal primaria de
la exclusión de un socio de una cooperativa.
El incumplimiento debe ser de tal entidad, que pueda ser calificado de
grave, lo que implica un juzgamiento acerca del grado de culpa en que
el socio pudiere haber incurrido al infringir la norma que fundamente la
causal. Por de pronto, en la relación contractual particular de un socio con
la cooperativa, se puede clasificar el tipo de gravedad en caso de incum-
plimiento, para dar o no origen a la causal de exclusión. La gravedad no
puede quedar al arbitrio de la subjetividad de la mayoría o la unanimidad
de los consejeros de una cooperativa, sino que ella debe ser evaluada en
su significación objetiva. Si la causal mediante la cual se pretende excluir
a un socio, no pudiendo comprobársele culpa o dolo en su producido, no
resultaría ajustada a la ley la referida exclusión.
De esta manera, el atraso en el pago de las cuotas de participación so-
cial, configura necesariamente un incumplmiento contractual, cuya sanción
podría ser la exclusión de la cooperativa, sin lugar a dudas, puesto que se
ha producido la resolución del contrato por su incumplimiento de parte del
socio.
Asimismo, el incumplimiento de los contratos que el socio hubiere
suscrito con la cooperativa, serían un fundamento válido para la exclusión
del socio, una vez que la resolución del contrato se hubiere producido,
lo que debería constar en el mismo contrato suscrito entre el socio y la
cooperativa. Es así como en el contrato de mutuo entre el socio y una
cooperativa de ahorro y crédito, el incumplimiento en el pago del crédito,
implica claramente una transgresión al contrato, entre cuyas sanciones al
incumplimiento puede estipularse la exclusión del socio de la coopera-
tiva. Igual cosa puede suceder en una cooperativa de vivienda, frente al
impago de sus cuotas correspondientes al valor del respectivo dividendo
hipotecario que la cooperativa debe cumplir, con la suma de los aportes
efectuados por los socios.
Al respecto, es fundamental la existencia de una clara relación contractual
entre la cooperativa y el socio, siendo insuficiente e irregular la normativa
COOPERATIVAS 369
estatutaria al margen de la relación contractual, para regular la relación
económica entre el socio y la cooperativa. El estatuto social podrá establecer
las bases contractuales de los respectivos contratos, pero no podría generar
obligaciones económicas para el socio que le impongan condiciones, moda-
lidades o precios que le impidieren mantener una relación beneficiosa para
el socio156, conforme a lo que dispone el artículo 1º de la ley, en cuanto la
cooperativa tiene por objeto mejorar las condicionesde vida de sus socios, de
manera tal, que ninguna disposición estatutaria puede ser contraria a dicha
norma legal, mediante la cual se pretenda sustentar cláusulas contractuales
adversas a los intereses de los socios que puedan implicar la exclusión de
éste de la cooperativa157. El socio debe estar siempre en condiciones de
acordar un contrato con la cooperativa libremente, sin estar por ello sujeto
a sanciones de exclusión si durante el proceso de negociación del contrato
pudiere resultarle una causal de exclusión.
A nuestro juicio, pues, las normas de los estatutos sociales sólo pueden
contemplar procedimientos de exclusión relacionados con el incumpli-
miento contractual del socio, sin que puedan invadir el ámbito asociativo
del socio en cuanto al contenido económico del contrato, de lo contrario se
infringiría el artículo 1º de la ley, según ya lo hemos expresado. La pérdida
que se le produzca a la cooperativa por el incumplimiento debe provenir
directamente de un incumplmiento contractual, pues estatutariamente la
cooperativa debe tener por objeto el fomento de la actividad económica
156 La legislación anterior a la reforma de la ley Nº 19.832, en el artículo 82 se establecía:
“Las cooperativas agrícolas y otras que tengan entre sus finalidades la venta en común de los
productos o servicios de sus socios, deberán establecer en sus estatutos, normas sobre los con-
tratos de suministro que celebrarán con ellos, como también sobre los métodos que utilizarán
para colocar los productos en el mercado y la devolución de los excdentes a los socios”.
157 El artículo 3º del Estatuto de la sociedad cooperativa europea, contenido en el regla-
mento (CE) 1435/2003 del Consejo de la Unión Europea establece: “La SCE tandrá por objeto
principal la satisfacción de las necesidades de fomento de las actividades económicas y sociales
de sus socios, en particular mediante la conclusión de acuerdos con ellos para el suministro de
bienes o servicios o la ejecución de obras en el desempeño de la actividad que ejerza o haga
ejercer la SCE”. La Ley de Cooperativas de Portugal, artículo 36, establece que la ley debe
regular el retiro de los socios y en caso que no lo hiciere, éstos tienen el derecho de hacerlo
con un aviso de 30 días, al finalizar el ejercicio social anual, sin perjuicio del cumplimiento
de sus obligaciones como miembros de la cooperativa. Se agrega en la citada norma que “Los
estatutos no suprimirán o limitarán el derecho de dimisión, pudiendo establecer reglas y con-
diciones para su ejercicio”.
370 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
y social del socio. Una terminología imprecisa por causar daño efectivo o
moral a la institución, si no se encuentra claramente tipificada la conducta
impropia del socio, contraria a los ordenamientos explícitos existentes, en
caso alguno darán derecho al ejercicio de la exclusión del socio158.
La infracción a la Ley de Cooperativas y a su reglamento, pueden llegar
a ser una causal legítima de exclusión, lo que importa un comportamiento
de parte del socio grave, pues una infracción legal o reglamentaria, tiene
alcances que normalmente exceden el campo asociativo, ya que la ley y
su reglamento tienen por objeto establecer un estado de derecho que debe
ser respetado por todos, siendo ilícito aquello que sea contrario a la misma
ley.
El estatuto debiera contener una norma acerca desde qué fecha la exclu-
sión se hace efectiva, pues a su vez genera el derecho del socio a requerir la
devolución de sus cuotas de participación, salvo, claro está, que hubiese ope-
rado una compensación en los términos previstos en la legislación civil.
g) Los Conflictos
Los conflictos que pudieren generarse entre la cooperativa y el socio
excluido, o a la inversa, entre socio y cooperativa, la ley establece que
deben ser resueltos por la justicia ordinaria o mediante arbitraje, a elección
del demandante.
La norma contenida en el artículo 114 de la ley, constituye una importante
reforma frente a la situación que existía con anterioridad a la reforma legal
de la ley Nº 19.832, que establecía un procedimiento sujeto a las decisiones
de la junta general de socios.
De este modo, la resolución de estos conflictos se sitúan en el ambito de
la jurisdicción, sea ante un tribunal ordinario o un tribunal arbitral.
Quien decide donde situar la controversia es el demandante, sea la coo-
perativa o el socio. Como se sabe, la justicia ordinaria es gratuita, siendo en
158 En igual sentido TATARANO, Giovanni, L’impresa cooperativa. Nº 76. Milano Giuffrè
Editore. 2002.
COOPERATIVAS 371
cambio la arbitral pagada, cuyo valor deberá ser establecido por el árbitro
que se hubiere designado, conforme lo señala el artículo 118 de la ley.
El tribunal ordinario competente, conforme lo establece el artículo 120
de la ley es el del domicilio de la cooperativa. El procedimiento que debe
aplicarse corresponde al juicio sumario, según lo dispone el artículo 114
de la ley.
Si la parte demandante prefiere recurrir al arbitraje, la ley establece las
siguientes regulaciones:
a) La competencia relacionada con la exclusión del socio y las presta-
ciones que correspondan pagarle, cae dentro de la norma del artículo 114,
cuando establece que “las controversias que se susciten entre los socios
en su calidad de tales y las cooperativas de las que formen parte o hayan
formado parte;…, con relación a la interpretación, aplicación, validez o
cumplimiento de la presente ley, su reglamento o los estatutos sociales, se
resolverán … mediante arbitraje…”. De este modo, el socio excluido, sea
que se considere desde ese instante, una vez materializado el acuerdo del
Consejo de Admnistración y notificado al socio, o bien que se le considere
como que haya formado parte de la cooperativa, el conflicto cae bajo la
competencia de un árbitro, cuando sea el propósito del demandante de
proteger su derecho ante esa instancia jurisdiccional.
b) La designación del árbitro corresponderá a las partes de común acuer-
do, dispone el artículo 116. Si no hay acuerdo entre las partes, en la persona
del árbitro, la designación debe hacerse por la justicia ordinaria. Para ello
será necesario comunicación escrita entre las partes procurando un acuerdo
sobre la persona del árbitro, ya sea ante el silencio de la parte receptora
de la comunicación o la inexistencia de acuerdo frente a la propuesta de
nombres, bastará la ocurrencia ante la justicia ordinaria, para demostrar
la falta de acuerdo en el nombre del árbitro. El tribunal respectivo, debe
nombrar al árbitro de una lista que puede estar en las federaciones, confe-
deraciones o institutos auxiliares de cooperativas, según lo establecen los
artículos 115 y 116 de la ley y 171 del reglamento. No es necesario que la
cooperativa demandada o demandante se encuentre afiliada a una de tales
organizaciones para que el tribunal respectivo designe a un árbitro que se
encuentre inscrito en alguno de los registros que las entidades de segundo
372 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
o tercer grado puedan tener. La decisión del tribunal acerca de la desig-
nación del árbitro inscrito en algún registro, es inapelable, conforme a las
normas generales de procedimiento. El Tribunal no puede designar a una
persona que no se encuentre en alguno de los registros que pudieren existir,
conforme lo disponen los artículos 116 de la ley y 171 del reglamento. La
ley agrega que el Tribunal no puede designar a uno de los nombrados por
alguna de las partes.
c) Ya sea que el nombramiento del árbitro se haga de común acuerdo
o mediante la intervención de la justicia ordinaria, conforme a lo explicado
en la letra precedente, el árbitro debe ser nombrado en calidad de árbitro de
derecho, conforme a las normas a que se encuentran sometidos tales jueces
según los Códigos Orgánicos de Tribunales y de Procedimiento Civil, salvo
que las partes de común acuerdo los designen, ya sea como árbitros de na-
turaleza mixta o en calidad de arbitradores, según lo determina el artículo
117 de la ley. Agrega la ley, que si el árbitro es de derecho, el procedimiento
que habrá de emplearse es el del Juicio Sumario.
d) Si no existiere registro de árbitros, en el domicilio de la coopera-
tiva, en alguna de las entidades que se indican en el artículo 115 de la ley,
el árbitro será designado por el Tribunal correspondiente, en conformidad
a las normas establecidas en el Código de Procedimiento Civil, para el
nombramiento de los peritos, conforme lo dispone el artículo 116, inciso
final. Dicha norma resulta extraña, por cuanto los organismos que están
facultados para llevar registro de árbitros y que puedan ser utilizados por
los tribunales, no pueden estar domiciliados en todas las comunas del país,
de manera tal que la norma permitirá a los Tribunales, salvo el caso de que
la cooperativa se encuentre domiciliada en una comuna en la cual tenga
domicilio la entidad registradora, designar árbitros en conformidad a las
normas procesales ya indicadas.
G. Derechos y Obligaciones de los socios
El segundo inciso del artículo 1º de la ley establece la igualdad de de-
rechos y obligaciones de los socios en la cooperativa. El contenido de este
derecho a la igualdad, ciertamente conlleva un elemento de justicia con-
mutativa y también distributiva, que la organización habrá de no sólo tener
COOPERATIVAS 373
presente, sino practicar efectivamente en sus actividades sociales, como
parte consubstancial del elemento mutualístico de la cooperativa.
El derecho de los socios consistirá fundamentalmente en la facultad de
gestionar la empresa social y el derecho a la participación en el funciona-
miento de la misma empresa159. El primero de tales derechos es de natu-
raleza esencialmente asociativa y el segundo más bien es de un reflejo de
naturaleza económica. Mediante el primero el socio participa de la actividad
social, en asambleas o juntas de socios, en los órganos de la cooperativa y
en sus relaciones con los otros socios, según sea la naturaleza de la enti-
dad cooperativa. Mediante el segundo la relación se produce mediante los
diferentes actos que constituyen el objeto de la cooperativa, como lo son
la compraventa de mercaderías o bienes de consumo, o los productos del
socio que comercializa o transforma la cooperativa, operaciones de ahorro
y crédito, de trabajo en el caso de la cooperativas de este tipo o de adquisi-
ción de las viviendas o su arrendamiento o uso, tratándose de cooperativas
habitacionales, contratos de transporte o de arrendamiento o adquisición
de vehículos en las cooperativas del rubro de los transportes y así, según
el tipo de cooperativa.
Un detalle de tales conjuntos de derechos, pueden describirse como:
a) Participación en los órganos internos de la cooperativa
Esta participación se refleja primordialmente en el derecho a voto en
las Juntas Generales de Socios, como lo establecen los artículos 21 y 22
de la ley.
La participación requiere del derecho a la información, el cual debe
regularse en el estatuto, a fin de que el Consejo de Administración y la
Junta de Vigilancia informen adecuadamente a los socios de la marcha de
la cooperativa. Dentro de este derecho de participación debe reconocerse
el de elegir y ser elegido para los cargos de consejeros y de miembros de
la Junta de Vigilancia.
159 L’impresa cooperativa. TATARANO, Giovanni. Milano-Dott. A Giuffrè Editore. 2002.
Nº 70.
374 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Como contrapartida, también existe el derecho de remoción de los miem-
bros del Consejo de Administración y de la Junta de Vigilancia.
Señala la ley, en el artículo 14, que el socio que lo sea de más de una
cooperativa de la misma finalidad, sólo podrá ejercer cargo directivo en
una de ellas.
El reglamento señala y especifica el derecho de participación, en el ar-
tículo 14, letras a), b), d), g) y h), siendo éstos los siguientes:
– Realizar con la cooperativa todas las operaciones autorizadas por el
estatuto de la cooperativa;
– Elegir y ser elegido para desempeñar cargos en la cooperativa, cum-
pliendo con los requisitos que contemplan para tal efecto la ley, el estatuto
social de la entidad y el reglamento;
– Controlar, de conformidad con los procedimientos legales, reglamen-
tarios y estatutarios, la gestión de la cooperativa, los socios podrán ejercer
este derecho directamente, dentro de los 10 días previos a la junta general
de socios que se pronunciará acerca del balance y demás estados financie-
ros del ejercicio anterior, y a través de la junta de vigilancia y comisiones
especiales constituidas al efecto;
– Asistir y participar con derecho a voz y voto en las juntas generales
de socios y demás órganos sociales de que formen parte;
– Formular propuestas a la junta general de socios o al consejo de ad-
ministración.
b) Utilización de los bienes y servicios de la cooperativa. Este derecho
se desprende de la definición de la cooperativa establecida en el artículo
1º de la ley, y en particular de cada tipo de cooperativas, según se describe
en los Títulos correspondientes. El reglamento reconoce y explicita este
derecho al señalar en el artículo 14, letra a), la facultad del socio de realizar
con la cooperativa todas las operaciones autorizadas por el estatuto. A su
vez, en el mismo artículo se establece el derecho a gozar de los beneficios
que la cooperativa otorgue, y especialmente, a participar de la distribución
del remanente de cada ejercicio. En la letra e) de la disposición en comento
se establece el derecho que tiene cada socio al reembolso del valor de las
cuotas de participación de las cuales sea titular. Agrega el mismo reglamento
COOPERATIVAS 375
que tal reembolso se sujeta a las modalidades establecidas en la ley, en el
estatuto, o en el mismo reglamento. Se hace la salvedad respecto de las
cooperativas de Ahorro y Crédito que están sujetas a las normas que dicte
el Banco Central. Finalmente, en la letra f) se establece el derecho de los
socios a percibir un interés por sus aportes de capital.
c) Impugnación de los acuerdos del Consejo, junta general de socios y
junta de vigilancia que resulten lesivos para sus derechos, ya sean para ante
alguno de los órganos de la cooperativa o a través de las acciones legales
pertinentes.
En cuanto a las obligaciones, podemos señalar que ellas están expresadas
en el artículo 17 del reglamento, siendo algunas de naturaleza societaria y
otras de orden económico social. Entre las primeras indicamos las siguien-
tes:
a) Asistir a las juntas de socios y demás reuniones a las que sean citados
de conformidad con la ley, el reglamento o el estatuto social.
b) Desempeñar los cargos para los cuales fueren elegidos, a menos que
se encuentren suspendidos de sus derechos sociales.
c) Mantener actualizados sus domicilios en la entidad.
d) Guardar secreto sobre aquellos antecedentes de la cooperativa cuya
divulgación pueda perjudicar sus intereses lícitos, sin perjuicio del deber
de informar al órgano fiscalizador competente de aquellos antecedentes que
sean de su competencia.
e) Participar en las actividades de educación cooperativa.
f) Firmar el libro de asistencia cada vez que concurra a una junta general
de socios160.
Las obligaciones de naturaleza económica, que señala el reglamento
son:
160 No puede dejar de llamar la atención algunas de las obligaciones que el reglamento im-
pone a los socios, como lo constituye la actualización de la dirección domiciliaria del socio o la
de firmar el libro de asistencia, pudiendo haberse agregado la de conferir los poderes necesarios
para que en caso de no poder concurrir a una junta general, se le otorguen facultades a quien se
haya designado, materias que a nuestro juicio son propias de los estatutos sociales.
376 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
a) Cumplir oportunamente con los compromisos pecuniarios adquiridos
con la cooperativa, revelándose así la importancia de los contratos que la
cooperativa suscribe con cada socio y siendo esta la única fuente propia de
las obligaciones pecuniarias que la entidad cooperativa puede exigir de los
socios, conjuntamente con la que se indica a continuación;
b) Cumplir los acuerdos válidamente adoptados por los órganos sociales
de la cooperativa, los que podrán tener una naturaleza societaria y otros
de orden económico, en cuanto obliguen a los socios a efectuar aportes
de capital o restringir la actividad económica de la cooperativa, debido
a factores coyunturales o derivados de la imposibilidad económica de la
entidad de otorgar todas las prestaciones que se pudieren estar otorgando
con anterioridad a un determinado acuerdo.
La reglamentación, a nuestro juicio, debió haber incorporado en forma
precisa el deber de los socios de actuar con espíritu de ayuda mutua, coope-
ración y lealtad dentro de la cooperativa. Puede, en todo caso, señalarse que
dicho deber se encuentra expresado en el artículo 1º de la ley.
Esta obligación arranca de los principios generales del derecho, conforme
a los cuales, los contratos deben ser cumplidos de buena fe y obligan no sólo
a lo que en ellos se expresa, sino a todas las cosas que emanan precisamente
de la naturaleza de la obligación, o que por la ley o la costumbre pertenecen
a ella. Por esta razón, el obrar en forma contraria a tal obligación hace que
al socio puedan serle suspendidos sus derechos en la cooperativa, o que
incluso pueda ser excluido de ella. Reiteramos que este comportamiento de
orden mutual tiene un límite constituido por el hecho de que la cooperativa
no puede afectar la economía personal del socio, pues el propósito de la
asociación ha sido el mejoramiento de las condiciones sociales y económicas
de cada uno de sus asociados. Ello no significa amparar el incumplimiento
de los contratos suscritos entre la cooperativa y el socio, sino muy por el
contrario, dicho comportamiento social implica el respeto a tales contratos.
Las obligaciones que afecten al socio no pueden provenir de normas estatu-
tarias que le obliguen a adquirir productos que en el mercado pueden estar
más baratos o contratar créditos a tasas de interés mas altas que aquellas
que en un determinado momento, al contratar, sean lesivas al interés del
socio o a entregar productos que sean adquiridos por la cooperativa a un
precio inferior al del mercado. Ningunas de estas figuras, que sólo damos
COOPERATIVAS 377
a vía de ejemplo, pueden constituir una infracción a los estatutos y si se
pretendiese que así fuere, lo lógico sería reformar el estatuto, pero en caso
alguno coaccionar al socio a respetar una norma que infringe el sentido y
espíritu de la Ley General de Cooperativas. El reglamento de la ley, es a su
vez muy preciso al señalar el cumplimiento de los compromisos económicos
contraídos por el socio para con la cooperativa.
Cabe señalar que el artículo 14 de la ley, establece que “los estatutos de
las cooperativas podrán prohibir que sus socios efectúen, dentro de la zona
de funcionamiento que señalan, operaciones de la misma índole de las que
la respectiva cooperativa ejecute”. La norma indicada, refuerza nuestra opi-
nión, de que estatutariamente, no se pueden imponer condiciones sociales y
económicas a los socios que afecten sus derechos, según lo hemos explicado
anteriormente. En efecto, la excepción que se establece en el artículo 14 de
la ley, es importante, por cuanto obliga al socio, dentro de la zona de fun-
cionamiento de la entidad, a actuar sólo a través de la cooperativa, estable-
ciendo una obligación legal de lealtad para con su entidad, la que no puede
ir más allá de la zona de funcionamiento establecida en el mismo estatuto.
Por razones de mercado, tal obligación no puede exceder la legislación de
la libre competencia. La norma mencionada es una restricción legal y no
convencional, de manera tal que su infracción constituye una infracción
a la ley y no al estatuto de la cooperativa, de parte del socio que ejecuta
operaciones de la misma índole de las que la cooperativa ejecute.
La autorización que la ley otorga a los socios de una cooperativa para
impedir que desarrollen operaciones de la misma índole que su propia coo-
perativa ejecuta, tiene por objeto proteger la mutualidad de la entidad, en
cuanto es necesario que si los socios establecen una determinada actividad
a ser desarrollada, a su vez en una determinada zona geográfica, dentro del
territorio nacional, la actividad asociativa debe ser respetada por todos los
miembros de la asociación, ya que quien no desea acatar dicha norma, no
ingresará como socio a la cooperativa o se retirará de ella.
La responsabilidad con sus aportes de las obligaciones contraídas por
la cooperativa, aun antes de su ingreso (art. 18 de la ley), constituye una
materia básica de la institucionalidad cooperativa, norma que dada su forma
de redacción es imperativa, agregándose en la disposición legal, que toda
estipulación en contrario es nula.
378 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Por cierto, existen otros derechos y obligaciones que la misma ley esta-
blece, y especialmente según el tipo de cooperativa, limitándonos en este
estudio sólo a mencionar aquellos básicos, que de no existir distorsionan
la relación del socio y de la cooperativa entre sí.
CAPÍTULO IX
DEL PATRIMONIO, DE LAS RESERVAS Y REMANENTES
1. CONCEPTO
El patrimonio es el conjunto de bienes patrimoniales afectos a una misma
finalidad y gravados con la responsabilidad correlativa161.
Siguiendo a León Duguit162, el patrimonio de una persona constituye
la afectación social protegida de una cierta cantidad de riquezas a un fin
determinado.
Los elementos del patrimonio serían, pues:
1. La finalidad del patrimonio;
2. El administrador del patrimonio, quien tiene la facultad de obligar al
mismo patrimonio ante terceros;
3. El destinatario en cuyo beneficio se establece el patrimonio;
4. Los bienes o cosas, corporales o incorporales vinculados por su des-
tinación, y
5. Las obligaciones que recaen sobre los bienes o cosas indicadas ante-
riormente.
161 Tomamos esta definición del texto de FIGUEROA YÁÑEZ, Gonzalo, El patrimonio, Edito-
rial Jurídica de Chile. 1991, quien a su vez la toma del texto de STUTZIN, Godofredo, Algunas
consideraciones sobre la noción del patrimonio. Memoria de prueba. Santiago, 1945. En el
texto de Figueroa se señalan otras definiciones análogas.
162 Traité de Droit Constitutionel, París, 1921.
380 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La Ley General de Cooperativas, lo conceptúa en el artículo 31, inciso
segundo de la siguiente forma:
“El patrimonio de estas entidades estará conformado por los aportes de capital
efectuados por los socios, las reservas legales y voluntarias y los excedentes o
pérdidas existentes al cierre del período contable”.
El capital social es un requisito de la existencia de toda cooperativa y
elemento esencial para su desarrollo, diferenciándose de los demás tipos de
sociedades en que el capital no está destinado a producir utilidades, sino a
satisfacer las necesidades de sus aportantes, a través de la consecución del
objeto social de la cooperativa.
Francesco Galgano163 señala que el concepto de empresa cooperativa
está compuesto de dos vertientes: en primer lugar, la vertiente empresa-
rial; una vez que la cooperativa surge como una unidad de producción o
de intercambio, que opera en el mercado. En segundo lugar, la vertiente
cooperativa, o sea la cooperativa caracterizada por un fin mutualístico. Para
ser empresa la cooperativa debe estar en condiciones de competir con otras
empresas presentes en el mercado, particularmente con las empresas con
fines lucrativos.
La cooperativa, en su vertiente mutualística, para desarrollar su actividad
económica, además del capital requiere de la participación de sus socios en
la actividad que constituye su objeto social, participación que se materializa
en la utilización de los bienes y servicios que proporciona la cooperativa,
conjuntamente con sus aportes económicos o en bienes y servicios, todo lo
cual dará lugar a la masa de gestión económica y social. No puede efectuarse
un análisis del capital de una cooperativa sin tener presente la participación
efectiva de los socios en el objeto social de la entidad. Tal participación no
puede ser producto de prácticas de naturaleza tal que le impidan al socio
determinar su conveniencia de actuar con la cooperativa o fuera de ella,
sin perjuicio de que adoptada la decisión por parte del socio de ejecutar sus
163 Diritto commerciales. La Societá. Contratto di società. Società di persone. Società per
azioni. Altre società di capitali. Societá cooperative. Quatytordicesimsa edizione, aggiornata
al febraio 2004, Zanichelli, Bologna.
COOPERATIVAS 381
actividades por intermedio de la cooperativa, el o los contratos que suscriba
deberán ser cumplidos íntegramente por las partes.
El socio, además de contribuir a la formación del capital de la cooperativa,
habrá de participar en la actividad que ejecuta la cooperativa, en razón de su
conveniencia económica, sirviendo esta participación de parámetro relevante
del régimen económico de la cooperativa, como lo son la distribución de
excedentes o la participación en las perdidas164.
El tratadista español Francisco Vicent Chiulá165, sostiene que el régimen
económico de las cooperativas tiene tres elementos esenciales, cuales son
el patrimonio, su capital social y el fondo o masa de gestión integrado por
los pagos o desembolsos efectuados por los socios en la cooperativa, los
cuales denomina “masa de gestión económica de la cooperativa”.
El primitivo texto de la ley, a través del DFL Nº 326 y el DRRA Nº 20,
regulaba el patrimonio de las cooperativas y establecía el concepto de capital.
El DL Nº 445, de 1974, vino a aclarar tales conceptos, regulando solamen-
te el capital de las cooperativas. El texto reformado por la ley Nº 19.832,
agregó el concepto del patrimonio, estableciendo que la participación de los
socios en éste, se expresará en cuotas de participación, cuyo valor será el
que resulte de la suma del valor de sus aportes de capital, más las reservas
voluntarias y más o menos los ajustes monetarios, en atención a las correc-
ciones que hubiere que practicar, conforme a las normas de la propia ley,
derivadas de la inflación, agregándose los excedentes o pérdidas existentes.
Queda claro que el concepto de patrimonio implica mayores valores que
el capital, pues se agregan los fondos de reserva voluntarios y los demás
ítems indicados precedentemente, conforme se señala en el inciso tercero
del artículo 31 de la ley.
164 Véase “O regime económico das cooperativas no direito Portugués. O capital social”.
APARICIO VIERA, Deodolinda. Vida Económica. Porto. 2009.
165 “El régimen económico en la nueva ley de 19 de diciembre de 1974”, Revesco Nºs. 36,
37 y 38, mayo 1975-abril 1976.
382 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
2. LA LEY DE COOPERATIVAS NO DEFINE EL CONCEPTO DE CAPITAL.
EL CÓDIGO CIVIL SE REFIERE A ÉL COMO “FONDO SOCIAL”,
AL TENOR DEL ARTÍCULO 2082
El Código de Comercio, a raíz de la reforma de 1938, señaló el concepto
de capital en el artículo 352 Nº 4, sin definirlo, manteniendo en el artículo
375 el concepto civil de “fondo social”. La Ley Nº 18.048, de Sociedades
Anónimas, en el artículo 10 se refiere al capital, empleando la misma técnica
del artículo 25 de la Ley de Cooperativas de 1980.
El Código Civil argentino, en el artículo 1649, establece el concepto de
capital como “la totalidad de las prestaciones que consisten en obligaciones
de dar”.
El artículo 31 de la ley expresa que el capital de las cooperativas “…
se formará con las sumas que paguen los socios por la suscripción de sus
cuotas de participación”. La expresión “suma” se entiende como una can-
tidad de dinero, bienes muebles o inmuebles o trabajo, como lo indica el
artículo 31.
La ley distingue el concepto de capital suscrito y el de capital pagado,
según se infiere del artículo 31, al señalar que el capital “se formará con
las sumas que paguen los socios por la suscripción de sus cuotas de par-
ticipación”. Más adelante, en el mismo artículo se expresa: “Si el socio
no pagare oportunamente los aportes de capital suscritos por él, los sal-
dos insolutos serán cobrados en la forma dispuesta en el artículo 36”. En
este último inciso del artículo 31 de la ley, claramente se establece que el
socio puede suscribir una determinada porción del capital y pagarlo con
posterioridad, materia que queda entregada a las disposiciones estatutarias
de cada cooperativa.
El capital suscrito es el que representa el valor de la obligación de efectuar
un aporte, pudiendo materializarse éste en dinero efectivo o cosas corpo-
rales o incorporales, y que el socio debe efectuar en el acto constitutivo de
la cooperativa o durante la vida de ésta. Además, a través de este aporte se
determina la responsabilidad económica a que el socio queda comprometido,
conforme lo señala el artículo 32 de la ley.
COOPERATIVAS 383
Esta obligación constituye el capital, puesto que los aportes le permiten
a la administración de la cooperativa efectuar las operaciones que forman
su giro, y aquellos aportes comprometidos, pero no enterados o pagados,
constituyen un crédito que la cooperativa tiene en contra de los socios166.
El artículo 36 establece que “para el cobro de los saldos insolutos de las
cuotas de participación bastará como título ejecutivo una copia autorizada
del acta del Consejo de Administración en la que conste el acuerdo tomado
por dicho consejo en orden a su cobro judicial, acompañado del documento
de suscripción correspondiente”.
La ley configura así un título ejecutivo, compuesto del “documento de
suscripción correspondiente”, que vendría a ser la solicitud de ingreso del
socio, aceptada par el Consejo de Administración, o el acta constitutiva de
la cooperativa y el acuerdo de dicho organismo en el que se resuelva cobrar
judicialmente el saldo insoluto, todo ello de conformidad al artículo 434
Nº 7 del Código de Procedimiento Civil. En efecto, esta disposición esta-
blece que “el juicio ejecutivo tiene lugar en las obligaciones de dar cuando
para reclamar su cumplimiento se hacen valer algunos de los siguientes
títulos:… Nº 7 Cualquiera otro título a que las leyes den fuerza ejecutiva”.
Complementa la disposición legal que comentamos, el artículo 96 del re-
glamento, el cual dispone: “Si un socio no pagare oportunamente todo o
parte de las cuotas de participación que haya suscrito, y salvo pacto expreso
entre las partes, la cooperativa podrá a su arbitrio, demandar judicialmente
el cumplimiento forzado de la obligación, de conformidad con lo previsto
en el artículo 36 de la Ley General de Cooperativas, o reducir el título a la
cantidad de cuotas de participación efectivamente pagadas, sin perjuicio
del derecho de la cooperativa para excluirlo”.
El reglamento de la ley se refiere en forma específica a los conceptos
de suscripción y pago de las cuotas de participación que forman el capital
de la cooperativa.
166 Al tenor del artículo 28 de la ley, antes de su reforma, se establecía que tales créditos
podían ser embargados por terceros, puesto que la responsabilidad de los socios se extiende a
la suma suscrita, aunque no se encuentre pagada.
384 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Es así como en el artículo 91 del reglamento se establece que “la sus-
cripción de cuotas de participación deberá constar en instrumento público
o privado, firmado por el socio respectivo y por el representante de la
cooperativa, en el que se deberá expresar el número de las cuotas que se
suscriben, su valor y la forma de pago”. Agrega la misma disposición re-
glamentaria, que “a falta de disposición o acuerdo expreso al respecto, el
plazo para pagar las cuotas de participación suscritas no podrá exceder de
tres años contados desde la fecha del instrumento de suscripción”. Queda
así establecido el procedimiento de suscripción de cuotas de participación
y el plazo de su pago, a falta de regulación expresa en el mismo documento
de suscripción.
Hace salvedad al procedimiento de suscripción aquellos casos de au-
mento de capital acordados en junta general de socios, conforme lo dispone
el artículo 23, letra m) de la ley y por expresa remisión del reglamento,
pues en tal caso será el acta de la Junta el instrumento mediante el cual se
establece la suscripción y pago, conforme a los acuerdos adoptados en la
misma junta.
El artículo 94 del reglamento, establece en forma imperativa que “los
saldos insolutos de las cuotas de participación suscritas y no pagadas en la
fecha pactada, deberán ser reajustados en la misma proporción en que varíe
el valor de la Unidad de Fomento, entre la fecha de suscripción y la de pago
efectivo. La variación que se produzca afectará los resultados no operacio-
nales de la cooperativa en el respectivo ejercicio”. La norma reglamentaria
tiene el carácter de ser imperativa, salvo que el estatuto establezca una norma
diferente, atendido lo dispuesto en el artículo 15 de la ley, pues se trata de
una materia vinculada al ingreso del socio a la cooperativa. Si se tratare de
un aumento de capital que se acuerde respecto de socios vigentes, la coope-
rativa deberá sujetarse a la norma reglamentaria, pues esta prima por sobre
el estatuto y no se refiere a una materia respecto de las cuales el artículo 15
de la ley ampara la primacía del estatuto por sobre el reglamento.
Los aportes que no consistan en dinero, deben ser, para su aceptación,
objeto de un acuerdo de la junta general de socios, conforme se establece
en el artículo 23, letra i) de la ley. Dicho acuerdo, a nuestro juicio, puede
ser genérico o específico, para cada caso en particular. Será genérico, si
se establece que los socios pueden efectuar aportes de capital, reflejado
COOPERATIVAS 385
en cuotas de participación, mediante productos determinados, en el caso
de cooperativas agrícolas y campesinas, cuya valorización se efectuará de
acuerdo a los valores de mercado, públicamente conocidos.
El capital de una cooperativa constituye un recurso propio de su patrimo-
nio, no obstante su variabilidad, en razón del retiro o ingreso de socios. No
obstante que la ley en el artículo 37 emplea, frente a la renuncia o dimisión
de un socio de la entidad, las expresiones “reducción o retiro parcial de los
aportes hechos por los socios, sin que éstos pierdan la calidad de tales …” y
que en el artículo 19 se refiera en el caso de pérdida de la calidad de socio “a
la devolución del monto actualizado de sus cuotas de participación …”, se
trata más bien de una liquidación que de una restitución de sus aportes, los
que podrán haber acrecido o disminuido, pues, como se verá más adelante,
la valorización de las cuotas de participación debe incluir, conforme lo es-
tablece el artículo 31, las reservas voluntarias, lo cual excluye las reservas
legales obligatorias, conjuntamente con los excedentes o pérdidas existentes.
El aporte del socio, incluye un riesgo de ganancia o pérdida y el derecho a
retiro, incluye evidentemente la posibilidad incierta, por supuesto, de que al
momento de retirarse de la cooperativa, se haya visto acrecentado su aporte
o disminuido, conforme el desarrollo de la institución cooperativa.
El aporte de capital, denota la posición jurídica del socio en la coopera-
tiva, quien no puede considerar sus aportes como un crédito que debe ser
devuelto al momento de su retiro en su valor original más las correcciones
monetarias que haya experimentado. Es así como en los eventos de insol-
vencia de la cooperativa están impedidos de retirarse de ella y tampoco son
considerados como acreedores de la cooperativa167.
167 Conforme a las Normas Internacionales de Contabilidad Nº 32 (elaboradas por la In-
ternacional Accounting Standards Borrad (IASB), el instrumento financiero cualquiera sea su
forma, sí puede ser reembolsado a solicitud del suscriptor el cual debe ser considerado como un
recurso económico ajeno, lo que llevaría a clasificar el capital de una cooperativa como pasivo
exigible en lugar de patrimonio líquido, dada la naturaleza de poder ser retirado por el socio al
desvincularse de la cooperativa. La norma ha sido reinterpretada en el año 2005, permitiendo
clasificar los aportes de los socios en las cooperativas como capital social. Para más información,
véase el artículo crítico de la NIC Nº 32 de PASTOR SEMPERE, María del Carmen. “La reforma
del derecho contable y su repercusión en el régimen de los recursos propios de las sociedades
cooperativas”. Revista de Estudios Cooperativos, Nº 90, 3er cuatrimestre, 2006.
386 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
En el caso de las cooperativas de ahorro y crédito, cabe distinguir entre
el capital que aportan los socios de los depósitos de ahorro que pueden
efectuar en la entidad. Al efecto, el artículo 86 de la ley, en la letra a),
establece que las cooperativas de esta clase pueden realizar operaciones
destinadas a recibir depósitos de sus socios y de terceros. En consecuencia,
la cooperativa puede recibir depósitos de sus socios, quienes son aquellos
que han efectuado algún aporte de capital, o han suscrito dicho aporte y lo
podrán pagar en los plazos previstos sea en disposiciones del estatuto o en
acuerdos que consten en juntas generales de socios, o corresponder a terce-
ros, quienes sin tener la calidad de socios pueden efectuar tales depósitos,
los que en caso alguno integrarán el capital de la cooperativa y, por ende,
no forman parte de su patrimonio. El artículo 32 de la ley, complementa la
anterior disposición al señalar que no podrán considerarse como capital los
recursos que las cooperativas de ahorro y crédito reciban de sus socios por
un concepto distinto al de suscripción de cuotas de participación.
Una situación semejante se presenta respecto de las cooperativas de
vivienda abiertas, puesto que el artículo 32 de la ley determina que “no
podrán considerarse como capital los recursos económicos que los socios
aporten a las mismas (a las cooperativas de vivienda abiertas) con el objeto
de pagar el todo o parte del precio del inmueble que adquieran a través de
la cooperativa, cuando el socio que los aporte no esté incorporado a algún
programa habitacional específico”.
Aparte de estos casos que tienen un tratamiento diferenciado respecto de
la distición que se formula entre aportes correspondientes a la suscripción de
cuotas de participación y aportes destinados al ahorro en cuentas de depósito
y aportes que no se destinen a la adquisición de un inmuble en un programa
específico de carácter habitacional, la legislación cooperativa no efectúa un
tratamiento diferenciado sobre esta materia de tanta relevancia.
El capital inicial es el que se fija en los estatutos al momento de constituir-
se la cooperativa. La Ley de Cooperativas no establece norma alguna sobre
el mínimo necesario para constituir una cooperativa, así como tampoco el
monto del capital que debe estar suscrito y/o pagado, salvo para el caso de
las cooperativas de ahorro y crédito y a las cooperativas de vivienda abiertas.
La Ley Nº 20.179, sobre Instituciones de Garantía Recíproca fija un límite
mínimo de capital para las cooperativas que se dediquen a dicho giro, en
COOPERATIVAS 387
un monto no inferior a 10.000 unidades de fomento. Para las cooperativas
de ahorro y crédito, el artículo 89 de la ley, exige que se formen con un
patrimonio mínimo de 1.000 unidades de fomento. Para las cooperativas
abiertas de vivienda dicha cifra es de 7.000 unidades de fomento.
El capital social, conforme a la letra b) del artículo 6º de la ley y al artículo
31 de la misma, posee la característica de unidad, esto es, el de ser único,
integrado por los aportes que hayan o realicen los socios, lo que se funda-
menta en el artículo definido “el”, que se utiliza en la disposición última y
en el contexto de la redacción de la primera de las normas mencionadas. Lo
anterior impide que el capital sea fragmentado o existan otros capitales, con
un destino diferente al que fundamenta el objeto social de la cooperativa.
La publicidad del capital está dada por la norma del artículo 6º, letra
b) de la ley, que exige dar a conocer el capital inicial en el estatuto de la
cooperativa. Asimismo, conforme al artículo 34 de la ley, las cooperativas
están obligadas a practicar un balance al 31 de diciembre de cada año, el
cual debe ser entregado a los socios y a la autoridad fiscalizadora, cuando
ello corresponda, lo cual hace imperativa la publicidad del capital.
La característica de la variabilidad del capital, constituye una de las
mayores diferencias con las sociedades comerciales, producto del ingreso
de socios y el retiro de los mismos. El principio de la libre adhesión, cuyo
corolario lo constituye la variabilidad del capital, se encuentra explícito en
la Ley de Cooperativas, según se indica en el artículo 1º de ella, al expre-
sarse: “Los socios tienen iguales derechos y obligaciones, un solo voto por
persona y su ingreso y retiro es voluntario”.
La permanencia de un socio en la cooperativa, que no necesita de ella
en su vida personal de carácter social o económica, la convierte en una ac-
tividad innecesaria y que no le es rentable al socio, motivo por el cual debe
facilitársele su salida devolviéndosele los aportes de capital efectuados. El
ingreso de un nuevo socio no requiere adquirir las cuotas de participación
de otro socio168 o que se aumente el capital social, a fin de que se emitan
168 Constituye una excepción a lo expuesto, el caso de las cooperativas de vivienda, en las
cuales se establezca un sistema de titularidad de la vivienda de uso y goce y no en dominio,
de manera tal que el socio que desea retirarse deberá transmitir sus cuotas de participación al
socio entrante, quien sólo de esa manera podrá ocupar una vivienda en uso y goce.
388 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
nuevas cuotas de participación. El socio que se retira no requiere para ello
ceder sus cuotas de participación a un socio que ingresa.
Claramente se producen intereses contrarios: a saber, el interés de la
cooperativa de que el socio no se retire, a fin de no disminuir la masa de
su gestión económica y perder capital; por otro lado, el interés del socio
en retirarse, pues constituye parte de su libertad pertenecer o no a una coo-
perativa, más aún cuando su permanencia en ella no justifica sus intereses
personales cuando decidió ingresar como socio a la cooperativa. Las normas
estatutarias, no pueden llegar a suprimir o hacer difícil el ejercicio de retiro,
materia a la cual nos hemos referido anteriormente.
El capital desempeña tanto en las cooperativas como en las sociedades de
capital, una importante función de garantía frente a los acreedores. La dismi-
nución de los socios, a consecuencia de una mala gestión de la cooperativa
tiende a reducir dicha garantía, lo cual constituye un incentivo permanente
para la administración a fin de mantener el interés de los socios en su ges-
tión, generando constantemente fórmulas para incentivar su participación
y evitar de este modo la deserción de los socios.
3. EL CAPITAL APORTADO EN LA COOPERATIVA DETERMINA LOS DERECHOS
DEL SOCIO RESPECTO DE SU APORTE, A FIN DE OBTENER INTERESES
Y QUE LE SEA REEMBOLSADO AL EXTINGUIRSE EL VÍNCULO SOCIETARIO
CON LA COOPERATIVA
El artículo 38 de la ley señala que del remanente, “se destinará a la cons-
titución e incremento de los fondos de reserva, en el caso que estos sean
obligatorios, o a la constitución e incremento de las reservas voluntarias y
al pago de los intereses del capital, de conformidad con el estatuto”.
Por su parte, el reglamento, en el artículo 104, establece en el Nº 4, que
el remanente deberá destinarse “a distribuir entre los socios un interés al
capital, de conformidad con el respectivo estatuto y los acuerdos de la junta
de socios”.
Las actuales normas derogaron las normas que establecían una limitación
al pago de intereses del capital aportado, contenidas en el artículo 33 de la
COOPERATIVAS 389
ley de Cooperativas169, de manera que la tasa de interés deberá ser fijada
en los estatutos y sujeta a los acuerdos de la junta general de socios.
Dicha tasa se fijará conforme a los parámetros existentes en un momento
dado por la administración, conjugando el interés de los socios y las posibi-
lidades de la cooperativa, a fin de mantener los capitales aportados por una
parte y posibilitar la atracción de ingresar por parte de nuevos socios, en el
sentido que si bien el capital que se aporta no procura una alta rentabilidad,
sin embargo, se mantiene su valor real, se incrementa y permite al socio
efectuar sus operaciones con la cooperativa.
El derecho de reembolso del capital aportado, debidamente revalorizado,
conforme a las normas legales y estatutarias, es un derecho esencial en la
relación asociativa que se genera entre el socio y la cooperativa.
El socio tiene un derecho amparado por la garantía constitucional relativa
a la propiedad.
El artículo 19 de la ley dispone que “La persona que haya perdido la
calidad de socio por renuncia y exclusión y los herederos del socio fallecido
tendrán derecho a la devolución del monto actualizado de sus cuotas de
participación, con las modalidades establecidas en los estatutos”.
Por otra parte, debe distinguirse el caso de renuncia de un socio del de
exclusión. En este último caso es la cooperativa la que termina la relación
societaria, por lo cual ella está obligada al reembolso del capital aportado a
partir de la fecha en que dicha relación ha quedado definitivamente termi-
nada, ya que en ese instante nace para el socio un crédito contra la coope-
rativa, salvo que el estatuto disponga lo contrario, situación perfectamente
lógica, toda vez que el socio excluido por una causal estatutaria estaba en
condiciones de prever que su conducta societaria podría ser disciplinada
mediante la exclusión, la que acarrearía un tiempo de espera para la devo-
lución de sus aportes. Por el contrario, si el socio es quien desea terminar la
169 Artículo 33: “El interés máximo anual que devengarán las acciones y cuotas de ahorro
será fijado por el Comité Ejecutivo del Banco Central, previo informe del Departamento de
Cooperativas de la Dirección de Industria y Comercio”.
390 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
relación societaria, lo hará teniendo presentes las disposiciones estatutarias
al respecto.
Los aportes deben devolverse actualizados, en conformidad al artículo
19 de la ley. Dicha norma se complementa con lo dispuesto en el artículo
34, inciso segundo, el cual establece: “Las cooperativas deberán corregir
monetariamente sus activos y pasivos de conformidad con lo establecido
en el artículo 17 del decreto ley Nº 824, de 1974”.
Agrega la Ley de Cooperativas, en el inciso siguiente, que “…el regla-
mento establecerá normas especiales que permitan ajustar periódicamente
el valor de los activos y pasivos a los precios de mercado. Este valor se
incluirá en una cuenta transitoria del patrimonio denominada ‘Ajuste Mo-
netario’, que deberá ser distribuida proporcionalmente entre la cuentas del
patrimonio, el primer día hábil siguiente al cierre del período contable en
que se haya producido el ajuste”.
El reglamento, en el párrafo Cuarto del Título IV, relativo al Patrimonio
establece en tres artículos las normas para efectuar el denominado “Ajuste
Monetario”. El ajuste es una materia diferente a la norma sobre corrección
monetaria establecida en el citado artículo 17 del DL Nº 824. Tanto la co-
rrección monetaria como el ajuste, permiten la revalorización de las cuotas
de participación, beneficiando a los socios, a fin de ajustar el valor de sus
cuotas.
Tal ajuste solamente puede ser aplicado cada 10 años y afectará solamente
al activo fijo físico y al pasivo exigible. El plazo de ajuste tiene una impor-
tante excepción respecto de las inversiones permanentes en otras sociedades
comerciales o cooperativas. En tales casos el ajuste puede ser efectuado
anualmente, considerando el valor de mercado de las inversiones efectua-
das y posteriores ajustes del valor patrimonial, conforme a las normas que
dicte el departamento de Cooperativas. La actualización del pasivo exigible
debe efectuarse con el consentimiento de los acreedores correspondientes,
o mediante sentencia judicial que haya declarado el respectivo pasivo, todo
lo cual requiere de instrumentos fidedignos, al tenor de lo dispuesto en la
letra c) del artículo 101 del reglamento.
Dispone la normativa sobre el ajuste monetario, que éste, a precio de
mercado, de los activos muebles e inmuebles, debe efectuarse mediante la
COOPERATIVAS 391
retasación técnica de los mismos, de modo que su valor sea representativo
del valor de mercado. Tal retasación debe ser efectuada por profesionales
externos independientes, sin vinculaciones directas o indirectas con los
administradores de la cooperativa, y especializados en materias de la reta-
sación. La norma reglamentaria establece el procedimiento para efectuar
el ajuste.
El artículo 90 del reglamento señala que las cuotas de participación
tienen igual valor, salvo que se hubieren emitido cuotas de distintas series,
en cuyo caso, las cuotas de cada serie tendrán el mismo valor.
Conforme a lo expresado en este párrafo, sobre la devolución de los
aportes de capital a los socios renunciados y excluidos, la normativa legal
y reglamentaria, dispone que la participación del socio en el patrimonio de
la cooperativa se expresa en las cuotas de participación, cuyo valor será el
que resulte de la suma del valor de sus aportes de capital, más las reservas
voluntarias y más o menos, según corresponda, el ajuste monetario esta-
blecido en la ley y en el reglamento, con más los excedentes o menos las
pérdidas existentes, dividido por el total de cuotas de participación emitidas
al cierre del período. Tales son los valores que corresponde a cada socio
en la cooperativa.
Estimamos que una vez ejercido el derecho de retiro o se haya producido
la exclusión del socio y originándose el crédito correspondiente del socio
retirado o excluido, al quedar finiquitada la relación con la cooperativa,
tal crédito debería quedar a resguardo de una desvalorización monetaria y
generar intereses, puesto que, de lo contrario, se estaría enriqueciendo la
cooperativa a costa del acreedor respectivo, sin justa causa, salvo que se
estatuyeren normas acerca de la entrega y retiro de los respectivos valo-
res, teniendo en consideración que la cooperativa está en condiciones de
practicar la devolución y que la falta de retirar los valores sólo se debiera
a negligencia del ex socio.
El derecho a cobrar el aporte enterado, una vez que se hubiere terminado
la relación, prescribe en conformidad a las normas generales del derecho
civil, establecidas en el artículo 2515 del respectivo Código; tal norma fija
un plazo de tres años para el ejercicio de la acción ejecutiva y de cinco para
392 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
la acción ordinaria, normas que serán aplicables, según la naturaleza del
título que posea el ex socio de la respectiva cooperativa.
4. RESPECTO DE CADA SOCIO EN PARTICULAR, EL CAPITAL PUEDE SER SUSCRITO
EN SU TOTALIDAD EN UN SOLO ACTO Y PAGARSE EN DICHO MOMENTO,
O MEDIANTE LA SUSCRIPCIÓN Y APORTE EN EFECTIVO DURANTE
UN LARGO O MEDIANO ESPACIO DE TIEMPO
Los estatutos de cada cooperativa dispondrán lo que sea conveniente
en cada caso, según la naturaleza de las operaciones que emprenderá la
entidad.
La ley expresa en el artículo 6º, letra c), que los aportes deben ser efec-
tuados en dinero y si ello no ocurre, en el acto fundacional, debe indicarse
y valorarse aquellos que no consistan en dinero. Complementa lo anterior,
el artículo 23, letra i) que establece respecto de los aportes de bienes no
consistentes en dinero, es una materia propia de la junta general de socios,
materia sobre la cual nos referimos anteriormente170.
Se exceptúan de la norma antes señalada, las cooperativas de trabajo,
ya que en conformidad al artículo 60 de la ley, “los aportes de los socios
personas naturales deberán consistir necesariamente en el trabajo que se
obliguen a realizar, sin perjuicio de los aportes que hagan en dinero, bienes
muebles o inmuebles”.
Los aportes deben ser reales y verídicos, de lo contrario no tendrán la
calidad de tales y las acciones emitidas carecerán de causa, siendo nulos los
actos efectuados por el socio suscriptor y la cooperativa receptora.
La ley no establece proporción alguna entre el capital suscrito y el capital
pagado que debe existir en algún momento dado. Por esta razón, tal propor-
cionalidad quedará entregada a la voluntad de las partes intervinientes.
Las cuotas de participación que recibe el socio por sus aportes, es el
nombre que la ley le da al documento que acredita la relación asociativa
170 Véase el Nº 9 del Capítulo XI.
COOPERATIVAS 393
existente entre el socio y la cooperativa, a la vez que establece el número de
cuotas de participación de las cuales es titular y su forma de pago. El artículo
6º, en la letra c), señala que el número inicial de cuotas, al constituirse una
cooperativa debe ser indicada en el estatuto y deben ser múltiplos de 100,
en que se divide el capital.
La nominación como cuota de participación, ha sido introducida por
la ley Nº 19.832, puesto que con anterioridad se ha utilizado las expre-
siones de certificados de aportación o acciones según distintas legisla-
ciones171.
La expresión utilizada dice relación con la naturaleza jurídica de una
cooperativa, pues al tratarse de una asociación, el capital o el patrimonio
se divide por los aportes que cada socio haya efectuado, dejando el término
acciones para las sociedades de capital.
La cuota de participación es un bien mueble, indivisible e incorporal,
representando la parte alícuota del capital.
El artículo 33 establece que las cuotas de participación son nominati-
vas, esto es, que su transferencia requiere de un contrato formal entre el
socio que transfiere y el que adquiere la o las cuotas de participación, el
que siempre debe ser aprobado por el Consejo de Administración, ya que
implica el ingreso de un nuevo socio a la cooperativa, salvo el caso que la
transferencia se produzca a un socio existente, en cuyo caso, la ley también
exige la aprobación del Consejo, quien para denegarla no podrá fundarla en
razones de naturaleza económica o social, pues no constituye una materia
propia de la actividad del Consejo de Administración de una cooperativa.
La denegatoria podría estar dada, cuando el socio adquirente sobrepase los
porcentajes de propiedad del capital de la cooperativa, según lo dispuesto
en el artículo 17 de la ley.
El artículo 97 del reglamento establece que “salvo estipulación en con-
trario, el cesionario del total de las cuotas de participación de un socio, una
171 DL Nº 3.578 de 1980. DRRA Nº 20 de 1963, entre otras. El reglamento del Consejo de
la Unión Europea sobre cooperativas (22 de julio de 2003), denomina “participaciones” a las
aportaciones que efectúan los socios.
394 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
vez que la transferencia hubiere sido aprobada por el Consejo, responderá
por las deudas derivadas de las cuotas de participación y cuotas sociales
insolutas de éste. En caso de transferencia parcial de las cuotas de las que
el cedente sea propietario, la transferencia de estas obligaciones insolutas se
limitará a la proporción correspondiente. Las obligaciones insolutas deberán
constar en el acuerdo correspondiente”. La norma transcrita tiene por objeto
proteger a la cooperativa, en la composición de su capital, a fin de exigir el
pago del capital suscrito por el respectivo socio y que se encuentre impago
a la fecha de la cesión.
La cesión de las cuotas debe hacerse mediante un instrumento privado
firmado entre el cedente y el cesionario, ante dos testigos mayores de edad
o ante notario, sin perjuicio de llevar a cabo dicho acto a través de una escri-
tura pública, todo ello conforme lo establece el artículo 92 del reglamento.
Hace excepción a esta norma, el caso de las cooperativas de vivienda, las
cuales conforme a lo establecido en el artículo 76 de la ley, debe efectuarse
mediante instrumento privado autorizado ante notario, en el que debe constar
la fecha de la sesión del consejo de administración que haya aprobado la
cesión. Tratándose de una solemnidad exigida por la Ley, la ausencia de las
formalidades prescritas producirán una nulidad relativa.
El concepto de rescate de las acciones está señalado en el artículo 33,
norma que se complementa con el artículo 37, mediante la cual el Consejo
de Administración de la Cooperativa puede aceptar la reducción o retiro
parcial de los aportes hechos por los socios, sin que éstos pierdan la calidad
de tales y de acuerdo a las normas que fijen los estatutos.
Sin perjuicio de lo anterior, el rescate de las cuotas de participación se
produce cuando un socio renuncia a la cooperativa y el Consejo de Ad-
ministración acepta su renuncia, procediendo a devolverle sus cuotas de
participación al valor correspondiente, según la ley. Tal rescate no implica
la subsistencia del número de cuotas de participación emitidas con ocasión
del ingreso del socio renunciado, sino que se produce la disminución de las
cuotas de participación que corresponden al socio renunciado, eliminándose
del Registro de Socios a la persona renunciada, conjuntamente con las cuotas
de participación que se emitieron al momento del ingreso de dicha persona
y reduciéndose consecuentemente el capital de la cooperativa.
COOPERATIVAS 395
La nominatividad de las cuotas de aportación, constituye la base de la
relación del socio con la cooperativa, pues el control de mantener socios
en la entidad que tengan los mismos propósitos asociativos, reside preci-
samente en el hecho de conocer dicha aptitud respecto de cada socio, lo
que se obtiene, entre otros factores, por hacer las cuotas de participación
nominativas, aquilatándose de este modo por el órgano administrativo la
existencia de los requisitos subjetivos de pertenencia a la cooperativa.
El título de las cuotas de participación puede ser emitido de cualquier
forma puesto que la ley no ha establecido una regulación sobre el particular.
Lo que importa es que en el Registro de Socios, determinado por el artículo
108 del reglamento exista la constancia necesaria para acreditar la calidad
de socios de las personas y el número de las cuotas de participación de las
cuales es titular. El título, constituye una certificación informativa y proba-
toria de la calidad de socio de una persona y sobre el número de cuotas de
las cuales es titular, careciendo absolutamente de la calidad de ser un título
de crédito, ni menos valores negociables.
Las cuotas de participación pueden ser constituidas en prenda, con-
forme se establece en la ley Nº 20.190, artículo 14, denominada: “Dicta
Normas sobre Prenda sin desplazamiento y crea el Registro de Prendas sin
Desplazamiento”. Específicamente, el reglamento de dicha ley, DS Nº 732
del Ministerio de Justicia172, se refiere en el artículo 5.15 a la prenda que
recaiga sobre cuotas de participación de cooperativas, estableciéndose que
debe indicarse la razón social de la cooperativa, el nombre del socio o de su
razón social, la proporción que representan dentro del capital social. Agrega
la norma que debe indicarse el número de inscripción de la cooperativa en
el registro de Comercio.
Las cuotas de participación de los socios de una cooperativa pueden ser
embargadas, porque no están excluidas de tal medida y forman parte del
patrimonio personal de un socio.
Consideramos que las cuotas de participación no pueden ser objeto de un
usufructo sin autorización especial del Consejo de Administración, toda vez
que se produce una especie de ingreso a la cooperativa de una persona que
172 Publicado en el Diario Oficial de 23 de octubre de 2010.
396 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
no ha cumplido los requisitos legales o estatutarios. Distinto es el caso de
haberse entregado la cuota de participación en depósito a un tercero, ya que
éste se encarga de guardarla y ejercer los derechos por cuenta del socio.
La ley no ha establecido norma legal alguna acerca de si la cooperativa
puede recibir, en garantía de créditos u operaciones, las cuotas de par-
ticipación que el socio tenga de la misma entidad emisora. Al no existir
prohibición al respecto en la ley, estimamos que tales actos son válidos,
aunque los estatutos debieran prever las condiciones y casos en que sería
dable aceptar tales operaciones.
5. LOS FONDOS DE RESERVA
Constituyen valores, generados por la propia cooperativa, ya sea que por
disposición legal o estatutaria y no pueden distribuirse durante la vigencia
de la cooperativa.
La ley distingue dos tipos de fondos de reserva: a saber, aquellos de natu-
raleza voluntaria y lo que son obligatorios, por disponerlo así la legislación.
Los fondos de reserva voluntarios, como lo indica su nombre, se cons-
tituyen por la cooperativa, ya sea por disposición estatutaria o por acuerdo
de una junta general de socios.
Los fondos de reserva legal, están establecidos por normas legales, ya
sea en la misma Ley de Cooperativas o en otra legislación, respecto de
las cooperativas de un determinado giro, por ejemplo, las cooperativas de
garantías recíprocas.
5.1. Los fondos de reserva obligatorios
La ley ha impuesto a las cooperativas abiertas de vivienda y a las
cooperativas de ahorro y crédito la constitución de reservas obligatorias,
debido fundamentalmente a que captan dinero del público, quienes buscan
depositar sus ahorros en tales cooperativas, razón por la cual se les exige
la constitución de fondos de valores para responder ante una demanda ma-
yor a lo normal, en algún momento de su existencia, sin generar una crisis
económica, a la vez que se incrementa el patrimonio.
COOPERATIVAS 397
Se les exige a estas cooperativas que un porcentaje no inferior al 20% de
sus remanentes, sea destinado a constituir un fondo de reserva legal, con-
forme lo establece el artículo 38 de la ley. La norma legal señala un límite
a la constitución de estas reserva, indicando que si el fondo alcance al 50%
del patrimonio, deberán distribuir entre los socios, a título de excedentes,
al menos el 30% de los remanentes, pudiendo el saldo destinarse a reserva
legal o a reservas voluntarias. La norma claramente esta mal redactada, pues
si se utiliza el verbo “podrán”, significa que por una decisión voluntaria de
los órganos de la cooperativa, tal remanente se destinará a una reserva, que
de manera alguna es obligatoria.
Las cooperativas cuyo objeto sea el de otorgar garantías, conforme es-
tán reguladas en la ley Nº 20.179, artículo 7º, deben constituir un fondo de
reserva patrimonial con cargo a los resultados de su operación de un valor
equivalente al menos al 20% del capital, que tiene como única finalidad ab-
sorber las pérdidas futuras que generen las operaciones propias del giro.
A las cooperativas de vivienda abiertas y a las de ahorro y crédito se les
exige mantener a lo menos el 10% del patrimonio en activos e instrumentos
de fácil liquidación. Dicho porcentaje, conforme lo dispone el artículo 39
de la ley, puede ser aumentado por una norma del organismo fiscalizador, la
que debe ser de aplicación general. El artículo 139 del reglamento dispone
que es lo que debe entenderse por bienes y activos de fácil liquidación,
indicando que ellos son los siguientes:
a) Documentos emitidos por el Banco Central de Chile o la Tesorería
General de la República,
b) Depósitos en moneda nacional con vencimiento a menos de un año
emitidos por instituciones financieras;
c) Cuotas de fondos mutuos en instrumentos de deuda de corto plazo con
duración menor a 90 días, nominados en moneda nacional, o cuyos activos
se encuentren invertidos en valores o activos nacionales, como, asimismo,
cuotas de fondos mutuos constituidos fuera del país, o constituidos en Chile
pero invertidos en valores extranjeros;
d) Se señala una larga lista de instrumentos financieros y activos de las
propias cooperativas.
398 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El reglamento de la ley señala, que el fondo de reserva legal debe estar
destinado, principalmente, a cubrir las pérdidas que se produzcan en un
ejercicio económico y asegurar la normal realización de las operaciones de
la respectiva cooperativa, de manera tal que antes que afectar el capital social
de la cooperativa, las pérdidas si las hubiere, deben ser absorbidas por los
fondos de reserva legales que se hubieren constituido y seguidamente por los
fondos de reserva voluntarios. La ley no establece una jerarquía específica
en la utilización de los fondos de reserva legal que existieren con respecto
aquellos que tiene el carácter de voluntarios. Sin embargo, la letra b) del
artículo 100 del reglamento, permite deducir que si la utilización de los fon-
dos de reserva voluntarios se utilizaren en primer lugar, dejarían de servir al
propósito básico para el cual fueron constituidos, que bien puede haber sido
para otros fines propuestos por la administración y aprobados en la junta
general de socios, desvirtuándose de este modo los acuerdos adoptados.
La jerarquía en la utilización de los fondos de reserva, puede quedar
establecida en los propios estatutos de la cooperativa.
La forma de imputación o compensación de las pérdidas con relación
a los fondos de reserva, estaría indicada en la letra a) del artículo 100 del
reglamento, al señalar que “esta reserva (la legal) se destinará principalmente
a cubrir las pérdidas que se produzcan en un ejercicio económico”.
Si el destino de la aplicación del fondo de reserva legal se señala en
la norma transcrita, ésta debe ser aplicada, salvo que la Junta general de
Socios, determine la absorción de las pérdidas mediante otra fórmula más
efectiva que la imputación automática de ellas a la misma reserva legal,
como podría ser la capitalización de los excedentes o nuevas aportaciones
de capital en un breve plazo.
De lo expuesto, se puede observar que si las cooperativas obligadas a
establecer reservas legales y lleva a tales reservas un porcentaje superior
al indicado en la ley, pueden hacerlo, siempre que al alcanzar el 50% del
patrimonio destinen un 30% de los remanentes a excedentes, para ser re-
partidos entre los socios.
La legislación anterior a la reforma introducida por la ley Nº 19.832,
establecía que el fondo de reserva legal debía incrementarse hasta alcanzar
COOPERATIVAS 399
un valor igual al capital social que, como sabemos, es variable, con un
porcentaje del 5% del remanente a lo menos. La diferencia con la actual
legislación se encuentra en que en el resto de las cooperativas, es decir,
aquellas que no sean de vivienda abiertas o de ahorro y crédito, no se les
exige la constitución de un fondo de reserva legal. Los fondos que establez-
can, ya sean de carácter estatutario o conforme a los acuerdos de las juntas
generales de socios, serán siempre voluntarios173.
5.2. Los fondos de reserva voluntarios
Se encuentran definidos en el artículo 100, inciso segundo, letra b) del
reglamento de la ley, en la forma siguiente:
“Son aquellas (las reservas) constituidas o incrementadas anualmente por
acuerdos de las juntas generales de socios, distintas de las reservas legales,
que se hayan pronunciado acerca de la distribución del remanente genera-
do en los ejercicios anteriores y aquellas establecidas por los estatutos de
las cooperativas. El destino de estas reservas será el que acuerde la Junta
general de socios o el estatuto social”.
De la aludida definición, se tiene que se pueden clasificar en dos especies,
siendo una las de naturaleza estatutaria y la otra son los fondos de reserva
acordados en juntas generales de socios.
Son voluntarios, por cuanto ha sido la voluntad de los constituyentes, en
el primero caso, los que han impuesto la fórmula de contar con fondos de
reserva y en el segundo caso, será la respectiva asamblea o junta de socios,
173 En la Comisión de Economía de la Cámara de Diputados, se analizó la materia, en
cuanto a establecer fondos de reserva obligatorios, “teniendo presente la premisa de que las
cooperativas deben insertarse en el medio social y económico del país y competir en igualdad
de condiciones con sus similares por lo que se estimó conveniente mantener este fondo con
carácter voluntario aun siendo posible incrementarlo conforme lo dispongan los estatutos de la
cooperativa o lo acuerde la junta general de socios”. Sala de la Comisión, 3 de febrero de 1995.
La legislación de la Unión Europea, establece en forma obligatoria que los estatutos de las
cooperativas europeas, “antes de cualquier otra aplicación de los resultados, una parte de los
excedentes se destine a la constitución de la reserva legal. Hasta que esta reserva legal no alcance
un importe igual al capital considerado en el apartado 2 del artículo 3º (€ 30.000), se destinará
a su constitución como mínimo el 15% de los excedentes del balance de fin de ejercicio, una
vez deducidas las pérdidas arrastradas de ejercicios anteriores”.
400 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
la que determina la pertinencia de crear un fondo de reserva y el destino
del mismo.
Los fondos de reserva estatutarios, son de carácter más permanente, por
cuanto su eliminación requiere de una reforma de estatutos, para lo cual
deben cumplirse determinadas formalidades.
Para las reservas voluntarias, se requiere que se hayan generado rema-
nentes en los ejercicios anteriores, pues su origen habrá de ser siempre el
remanente.
Por remanente debe entenderse “el saldo favorable del ejercicio econó-
mico, determinado mediante un balance, confeccionado de conformidad con
las normas y principios contables de general aceptación y a las disposiciones
legales generales y especiales aplicables a los distintos tipos de cooperati-
vas”, según lo establece el artículo 104 del reglamento. La misma norma
indica la forma en la cual debe destinarse el remanente. La tercera prioridad
se asigna a la constitución de las reservas voluntarias, después de haberse
completado la reserva legal, que como hemos visto sólo es aplicable a las
cooperativas abiertas de vivienda y a las de ahorro y crédito.
El artículo 38 de la ley, determina que las demás cooperativas que no
sean de vivienda abiertas o de ahorro y crédito pueden formar reservas
voluntarias, sin que puedan exceder del 15% del patrimonio.
Es decir, la legislación limita a las cooperativas la constitución de re-
servas, hasta un 15% del patrimonio. Esta normativa impide claramente
fortalecer a las instituciones cooperativas por la vía del incremento de las
reservas, a diferencia de otras legislaciones que promueven esta forma de
incrementar el patrimonio de las cooperativas.
Contrasta con la norma legal chilena, la normativa del Estatuto de la
sociedad cooperativa europea174, que establece: “Hasta que esta reserva
legal no alcance un importe igual al capital considerado en el apartado 2
174 Artículo 65, Nº 2 del reglamento Nº 1.435/2003 del Consejo, de 22 de julio de 2003. El
artículo 2536 del Código Civil italiano, prevé que “cualquiera que sea el monto de la reserva legal,
debe destinarse al menos la quinta parte de las utilidades netas anuales” a incrementarlas.
COOPERATIVAS 401
del artículo 3º, se destinará a su constitución como mínimo el 15% de los
excedentes del balance de fin del ejercicio, una vez deducidas las pérdidas
arrastradas de ejercicios anteriores”.
La limitación establecida en el artículo 38 de la ley, constriñe la posibi-
lidad de crecimiento de las cooperativas y las obliga a generar otros proce-
dimientos para incrementar su patrimonio, los cuales no son los adecuados
para la institucionalidad de una cooperativa.
6. LA REPARTIBILIDAD DE LAS RESERVAS
El artículo 40 de la ley determina que: “En caso de liquidación de la coo-
perativa, una vez absorbidas las eventuales pérdidas, pagadas las deudas y
reembolsado a cada socio el valor actualizado de sus cuotas de participación,
las reservas legales y cualquiera otros excedentes resultantes, se distribuirán
entre los socios, a prorrata de sus cuotas de participación”.
A su vez, el inciso tercero del artículo 31 establece que “la participación
de los socios en el patrimonio se expresará en cuotas de participación,
cuyo valor será el que resulte de la suma del valor de sus aportes de capi-
tal, más las reservas voluntarias…”, de manera que si un socio se retira y
solicita, consecuentemente, la devolución de sus cuotas de participación,
al reembolsársele éstas, se incluirá en ellas el valor que le corresponda en
las reservas voluntarias. Consecuentemente, las reservas obligatorias no
podrán devolvérsele.
Las reservas legales u obligatorias, sólo podrán ser devueltas, pero a
los socios que tengan la calidad de tales a la fecha de la liquidación de la
respectiva cooperativa.
La fórmula creada por la ley, tiene el inconveniente de que las reservas
voluntarias tiene el mismo tratamiento que el capital, de manera tal que
viene resultando indiferente la creación de fondos de reserva voluntarios con
la capitalización de los excedentes que arroje el balance anual. En ambos
casos el socio retira tanto el capital como la proporción que le corresponda
de las reservas voluntarias.
La ley, con anterioridad a las reformas introducidas en el año 2002, en
el artículo 37, estipulaba que los fondos de reserva legal, de fluctuación de
402 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
valores y los fondos colectivos de reserva especiales que la Junta general
acuerde establecer no podrán repartirse durante la vigencia de la cooperativa.
Los denominados fondos de reserva colectivos especiales, corresponden
a los fondos de reserva voluntarios en el nuevo texto legal, que como se
puede apreciar no podían ser retirados durante la vigencia de la cooperativa,
reforzando el patrimonio de la entidad, cual es el objeto primigenio de tales
fondos en las cooperativas. Menos aún, estaban limitados en su monto, en
relación con el patrimonio.
El texto de la Cooperativa Europea, que hemos citado anteriormente,
en el artículo 65 Nº 3, establece que: “los socios salientes no podrán alegar
ningún derecho sobre las cantidades destinadas a la constitución de la reserva
legal”. A su vez, en el Considerando Nº 10, párrafo final se lee: “el activo
neto y las reservas se adjudicarán en caso de disolución, con arreglo al
principio de adjudicación desinteresada, es decir, a otra entidad cooperativa
que persiga objetivos similares o fines de interés general”.
Sobre la materia es preciso distinguir entre las reservas irrepartibles de
aquellas que son indisponibles. Las reservas irrepartibles, como ya lo vimos,
no pueden ser devueltas a los socios durante la vigencia de la cooperativa y
sólo a su disolución podrán ser devueltas a los socios registrados a la fecha
de la disolución o liquidación de la entidad. Ello tiene el efecto que socios
que no han contribuido a la generación de tales reservas sean beneficiados
con ellas.
La indisponibilidad de las reservas voluntarias, hace que aquellas que
se han constituido para fines específicos, deben sujetarse a tales fines y no
pueden ser utilizadas en otras operaciones diferentes a las determinadas al
momento de constituirse. Es decir, se trata de una indisponibilidad temporal,
a diferencia de otras reservas voluntarias, sin un destino específico, que
podrán ser utilizadas, dentro del giro de la entidad, y, consecuentemente
devueltas al socio al momento de su retiro. La legislación chilena, reformada
por la ley Nº 19.832, no ha previsto estas situaciones, para el común de las
cooperativas, constituyendo una excepción el tratamiento asignado a las
cooperativas de ahorro y crédito y de vivienda abiertas.
A nuestro juicio, todas las reservas legales deberían tener el carácter de
irrepartibles, al igual que aquellas que se generen con ocasión de opera-
COOPERATIVAS 403
ciones efectuadas con terceros no socios. Las reservas voluntarias deben
distinguirse respecto de su disponibilidad y conforme a los acuerdos de
las juntas generales de socios, sin que puedan estar limitadas en su monto
para su constitución, pues de otro modo pueden capitalizarse, pero no go-
zarán del beneficio de la indisponibilidad, que permite a los acreedores de
la cooperativa ver reforzado el capital de la entidad, a fin de afrontar los
eventuales riesgos de pérdida.
No cabe duda que la repartibilidad de las reservas legales al momento
de liquidación de la cooperativa constituye un acto de iniquidad, pues
socios que no han participado en la generación de tales reservas se verían
beneficiados con ellas y, en cambio, quienes participaron en la generación
de las reservas legales y se retiraron de la cooperativa, no tienen derecho
a dichos valores.
El legislador, sin reparar en los principios del sistema cooperativo, en
relación con la libre adhesión, entrega unos valores económicos a quienes
nada han aportado a su generación, en vez de adscribirse al principio de la
distribución desinteresada de los valores que restaren una vez liquidada la
cooperativa175. Si se considera que parte de tales reservas pueden haberse
generado en operaciones con terceros, queda de manifiesto la distorsión
producida por el legislador en la reforma efectuada a la Ley de Cooperativas,
pues no se visualiza de manera alguna la razón o fundamento que podría
tener el atribuir a los socios que quedaren al momento de liquidarse una
cooperativa los recursos económicos obtenidos en dichas operaciones.
La indisponibilidad de las reservas durante la vida de una cooperativa,
constituye naturalmente dentro de la gestión económica de este tipo de
empresas, una materia de extraordinaria importancia, para asegurar la via-
bilidad de la institución y una legislación acorde con tales objetivos debería
considerar prioritariamente impulsar fórmulas para ello, al igual que la exi-
gencia de constituir fondos de reserva obligatorios o legales, considerando
su irrepartibilidad al final de la existencia de toda cooperativa.
175 La norma de la distribución desinteresada, fue formulada por Philippe Bouchez, fue
recogida en el estatuto de la Cooperativa de Rochadles en 1854, en el sentido que en el mo-
mento de liquidación de una cooperativa, el remanente que restare debía ser entregado a otra
cooperativa con finalidades semejantes o a una entidad no lucrativa. Remitimos al lector, al
Capítulo VI, 2.1. de este libro.
404 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
7. CARACTERÍSTICAS DEL CAPITAL
El capital es elemento esencial del contrato asociativo que da origen a
la cooperativa, siendo éste uno de sus principales elementos. Además, el
capital posee la característica de ser un instrumento o medio esencial para
la prestación de servicios a los socios, en vista del objeto social de cada
cooperativa.
El artículo 31 de la ley establece:
“El capital de las cooperativas será variable e ilimitado, a partir del mínimo
que fijen sus estatutos y se formará con las sumas que paguen los socios por
la suscripción de sus cuotas de participación. Los estatutos fijarán el monto de
aportes mínimos que deberán efectuar los socios para incorporarse o mantener
su calidad de tales”.
El capital sirve de componente fundamental del patrimonio, el que está
afecto al derecho de prenda general de los acreedores contratantes con la
cooperativa, según lo preceptúa el artículo 2465 del Código Civil. Esta
disposición expresa que “toda obligación personal (de la cooperativa) da al
acreedor el derecho de perseguir su ejecución sobre todas los bienes raíces
o muebles del deudor, sean presentes o futuros, exceptuándose solamente
los no embargables, designados en el artículo 1618”.
Conforme ya lo hemos expresado, es característica del capital de las
cooperativas su variabilidad, que guarda esencial relación con el ingreso y
retiro voluntario de los socios en cualquier tiempo, salvo las excepciones
legales ya comentadas.
Complementa esta característica el de ser ilimitado, de tal suerte que la
ley no fija un capital mínimo ni máximo, excluyéndose de las instituciones
jurídicas propias de las sociedades civiles y mercantiles respecto a la re-
ducción o aumento del capital social. De este modo, el ingreso de nuevos
socios, la suscripción y pago de las cuotas de participación complementarias
del capital mínimo exigido, la capitalización de remanentes, excedentes o
intereses o la revalorización de activos en los casos en que ello proceda, no
requerirá de reforma estatutaria alguna.
La unidad del capital social en las cooperativas debe ser resaltada, en el
sentido de que es uno solo y está destinado a toda la cooperativa y al servicio
COOPERATIVAS 405
de todos los socios de la cooperativa, aunque la sociedad cooperativa tenga
una o más sucursales, servicios o programas de actividades.
Lo anterior no obsta, conforme se previene en el artículo 107 del regla-
mento, a que se emitan series de acciones, si se deseare afectar una parte
del capital a una actividad o negocio determinado y pareciere razonable o
conveniente que su financiamiento sólo provenga de los socios interesados
en él. Dicha norma debe ser complementada con el artículo 23, letra m) de
la ley, en el cual se dispone ser materia de una junta general de socios el
aumento de capital, en caso que sea obligatorio que los socios concurran
a su suscripción y pago de las cuotas respectivas. Consecuentemente, si el
aumento de capital no es obligatorio para todos los socios, no se requiere
del acuerdo de una junta general de socios, lo que se encuentra confirmado
por el artículo 99, inciso segundo, del reglamento, el que dispone:
“La Junta podrá acordar aumentos de capital que no sean obligatorios para
todos los socios, estableciendo las normas y modalidades para que los socios
concurran a suscribir y pagar los nuevos aportes”176.
Tal como se aprecia de estas disposiciones, los obligados a ese capital
serán los socios interesados en la financiación de un determinado aspecto
de la cooperativa, sin que se excluya a dicha serie de acciones del resto de
las actividades de la cooperativa, y que el capital de esa serie especial de
acciones sea considerado, conjuntamente con el de las otras series, como
un solo todo, respondiendo el total frente a terceros. Tal división sólo tiene
efectos frente a su suscripción y pago por un determinado grupo de socios,
como son los que están interesados en un determinado proyecto o actividad.
Por otra parte, el artículo 33 prohíbe la creación de cuotas de participación
de organización y privilegiadas, a fin de no dar preferencia a ningún socio
mediante la tenencia de acciones privilegiadas, que restarían eficacia al
principio del control democrático.
El concepto implícito en los artículos 23 y 99 de la ley y del reglamento,
respectivamente, acerca de la emisión de series de acciones, se ha consa-
176 La norma existente hasta antes de la reforma efectuad por la ley Nº 19.832 establecía
en el artículo 29 lo siguiente: “Podrán emitirse acciones de serie en la forma que determinen los
estatutos, si se deseare afectar capitales a una actividad o negocio determinado y pareciere ra-
zonable o conveniente que su financiamiento sólo provenga de los socios interesados en él”.
406 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
grado en la doctrina y en el Derecho Cooperativo extranjero, a través del
principio de incremento del capital en proporción al uso real o potencial
de los servicios sociales.
Así, la ley argentina, en el artículo 27, prevé la posibilidad de que “el
estatuto puede establecer un procedimiento para la formación e incremento
del capital en proporción con el uso real o potencial de los servicios so-
ciales”.
No cabe la menor duda de que en el sistema ideado por la ley chilena, al
igual que en la argentina, está entendido que la posibilidad de aumentar el
capital de la cooperativa debe efectuarse de tal modo que no sea impugnado
por los socios, ya que tiene una base de proporcionalidad, conforme a los
servicios requeridos por un grupo de socios, sin que se recargue a otros.
La ley brasileña de 1971 contempla también este sistema en su artículo
27, similar al reseñado.
La Ley General de Asociaciones Cooperativas de Venezuela, de 1975,
creó en su artículo 78 los certificados rotativos, que son títulos de valor
desigual, que guardan relación con los servicios, actividades y volúmenes
de operaciones que la cooperativa realice en beneficio de cada uno de sus
asociados, de manera que se garantice un autofinanciamiento para el incre-
mento de las operaciones de la cooperativa.
El reglamento sobre la cooperativa europea177, en el artículo 4º, inciso
primero, permite la emisión de distintas categorías de participaciones y
luego establece que “los estatutos podrán prever que las distintas catego-
rías de participaciones confieren distintos derechos en lo que respecta a la
distribución de resultados. Las participaciones que confieren los mismos
derechos constituirán una categoría”.
Como puede verse, las legislaciones cooperativas han incorporado un
mecanismo especial para incrementar el proceso de capitalización de las
cooperativas, con el objeto de fortalecer sus operaciones.
177 Reglamento Nº 1.435 de 2003.
COOPERATIVAS 407
El artículo 107 del reglamento establece que al existir cuotas de partici-
pación de serie, que desarrollen finalidades de diversos tipos, o que tengan
secciones de actividades distintas, deberán contemplar en sus estatutos
la forma en que se determinará la proporción de los gastos generales que
corresponda a cada serie, finalidad o sección, y como los socios adscritos
a ellas, deberán concurrir al financiamiento de los mismos.
Conforme a lo anterior, por la vía reglamentaria se reestablece el proce-
dimiento previsto en el artículo 29 de la ley, antes de la reforma, de manera
tal que el financiamiento de la actividad específica que desarrolle la coope-
rativa para un determinado grupo de socios, además de atender a todos los
socios, deba ser financiada en forma separada, distribuyéndose los costos
en la proporción que se determine. El reglamento denomina esta parte de
la operación como “la proporción de los gastos generales que corresponda
a cada serie”. Tales gastos dependerán de los diferentes ítems en que pueda
subdividirse el gasto general.
A su vez, agrega el artículo 107, que los resultados de cada actividad o
negocio afectarán exclusivamente a los socios que hayan pagado cuotas de
participación de la serie correspondiente.
8. LOS REMANENTES Y EXCEDENTES
El artículo 38 de la ley se refiere a los remanentes, definiéndolo como “el
saldo favorable del ejercicio económico”. Tal definición se complementa
por el artículo 104 del reglamento, el cual establece:
“Se denomina remanente el saldo favorable del ejercicio económico, determi-
nado mediante un balance, confeccionado de conformidad con las normas y
principios contables de general aceptación y a las disposiciones legales generales
y especiales aplicables a los distintos tipos de cooperativas”.
La ley, no obstante las modificaciones introducidas al texto reformado,
sigue en lo substancial la línea de la anterior legislación, esto es, estable-
ciendo legalmente las operaciones contables que dan origen al remanente
y posteriormente al excedente, que es el que se devuelve a los socios.
De tal modo que el remanente es una operación contable obligatoria im-
puesta por la ley, para que con cargo a la cantidad que se establezca como
408 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
tal se ejecuten las destinaciones que la normativa determina. Se trata, pues,
de un acto previo a la determinación del excedente, esto es, la parte de la
operación que sobró y que no puede retener, sin una autorización previa
expresa de la junta general de socios de la Cooperativa.
El mismo artículo 38, describe las diferentes operaciones que deben
ejecutarse para establecer el excedente, señalando las siguientes:
a) Absorber las pérdidas acumuladas, si las hubiere.
b) Constitución e incremento de los fondos de reserva, en caso que éstos
sean obligatorios.
c) Constitución e incremento de los fondos de reserva voluntarias.
d) Pago de los intereses al capital.
El artículo 104 del reglamento, en términos parecidos indica los mismos
destinos para el remanente del ejercicio.
Debe destacarse, pues, que el excedente no puede distribuirse en forma
automática por el Consejo de Administración, sino que constituye una
atribución exclusiva de la junta general de socios, conforme lo indica el
artículo 23, letra b) de la ley.
El reglamento se coloca en el caso que las pérdidas que no alcanzaren
a ser absorbidas con el remanente del ejercicio, señalando, en forma facul-
tativa que podrán ser absorbidas con los siguientes ítems y en el orden que
indica el artículo 105:
1º. El fondo de reserva que ordena el artículo 38 de la ley, esto es, el
fondo de reserva legal, en el caso de las cooperativas de ahorro y crédito y
las de vivienda abiertas.
2º Las reservas voluntarias.
3º El capital de la cooperativa.
Dado a que la norma no es imperativa, la junta general de socios po-
dría efectuar otras imputaciones diferentes a la que se señala en el citado
artículo.
COOPERATIVAS 409
Hacen una excepción a la normativa que se analiza, las cooperativas de
vivienda abiertas, las cuales de acuerdo al artículo 84 de la ley, los exce-
dentes que provengan de las comisiones que perciban de sus socios para
los afectos de cubrir los costos de administración, se debe destinar al fondo
de reserva legal, si éste no se hubiere completado. En estas cooperativas el
costo de los gastos de administración, distintos a aquellos que corresponden
al costo de la solución habitacional, conforme a la terminología que utiliza
el artículo 145 del reglamento, se financian con las comisiones o cuotas
sociales en la forma prevista en los estatutos de cada cooperativa. Ello es sin
perjuicio de determinar conforme a los estatutos, por parte del Consejo de
Administración, un porcentaje del valor de la adjudicación de cada vivienda
que se destinará a solventar los gastos de administración de la cooperativa,
según lo indica el artículo 146 del reglamento.
Tienen un tratamiento especial, los excedentes en el caso de cooperati-
vas de trabajo, cuyos socios tienen derecho a percibir un ingreso mínimo
mensual si trabajan durante la jornada ordinaria de trabajo o la proporción
correspondiente en caso contrario. Dicho ingreso mínimo constituye la
remuneración mínima que un empleador debe pagar a los trabajadores
contratados. Tales pagos, son considerados gastos para los efectos de la
contabilidad del ejercicio. En cambio, el excedente se distribuye en pro-
porción al trabajo realizado por cada uno de los socios, según las normas
generales establecidas en el estatuto, según lo dispone el artículo 62 de la
ley. Los socios pueden hacer retiros anticipados durante el ejercicio con
cargo a los excedentes del mismo, siendo el monto máximo de dichos retiros
determinado por el Consejo de Administración. Los retiros no podrán ser
superiores a la suma de los excedentes devengados en el curso del ejercicio,
más los saldos no distribuidos en ejercicios anteriores. El artículo 63 de la
ley señala que el Código del Trabajo no es aplicable en caso alguno a las
relaciones de los socios de estas cooperativas.
Como hemos señalado a lo largo de este estudio, la distribución del ex-
cedente será proporcional a las operaciones efectuadas por cada socio con
la cooperativa en el respectivo ejercicio contable. Ello ocurre por cuanto
siendo los excedentes resultantes de operaciones de la cooperativa con sus
socios, generados por los propios cooperadores miembros de la entidad, lo
lógico es que tal retorno de lo pagado en exceso por los bienes y servicios
proporcionados por la cooperativa, cuando ello ocurra, corresponda de-
410 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
volverlos a los socios, en proporción con sus operaciones. Para ello no se
considerará el número de cuotas de participación que cada socio mantenga
en su poder.
El retorno de excedente, puede ser examinado desde un punto de vista
correctivo, es decir, la cooperativa devuelve los valores a aquellos socios
que los han formado, consistentes en la diferencia existente entre el precio
que se puso en práctica, en un determinado momento y el costo efectivo,
lo que puede ser determinado al final de cada ejercicio. Tal premisa, con
todo es muy compleja de aplicar en las cooperativas de vivienda, motivo
por el cual se deben privilegiar en estas entidades la creación de fondos
de reserva. En las cooperativas de trabajo, la fórmula opera igual, pero
en función del trabajo ejecutado por cada socio.
El retorno de excedente se genera por y para los dueños de la em-
presa, a diferencia de las sociedades de capital, que no se constituyen,
generalmente, para efectuar negocios con los socios o accionistas, sino
para obtener un beneficio con personas que son enteramente ajenas a la
empresa. De ahí que, en este tipo de empresas, resulte que uno de sus
objetivos importantes lo constituye la valorización del capital, ya que ello
implica la multiplicación de la riqueza de los socios o accionistas178. La
distribución de dividendos que resulta al final del ejercicio, constituye
una fórmula para retribuir el capital aportado por los socios o accionistas
en este tipo de empresas.
En las cooperativas, el retorno de excedentes no constituye una remu-
neración del capital, puesto que éste se ha formado con los aportes efec-
tuados por los socios con el objeto de hacer factible el objetivo tenido en
vista al constituir la cooperativa y desarrollarla, por ende, le posibilita al
socio obtener un determinado servicio, de manera que el excedente que
se distribuye al término del ejercicio, constituye un valor que, como la
expresión lo indica, excedió a los presupuestos de costos de la operación
efectuada con los socios, los que contribuyeron a formar dicho valor y
les debe ser devuelto o retornado.
178 Véase GALGANO, Francesco, Diritto Commerciale. La societâ. Contratto di società.
COOPERATIVAS 411
De lo expuesto resulta que el socio “ab initio” no tiene un derecho es-
pecífico al retorno de excedente, sino que éste viene a constituirse en un
derecho una vez cumplidos los procedimientos legales, reglamentarios y
estatutarios para determinarlo. En efecto, si el resultado del ejercicio es
negativo, obviamente no existirá excedentes disponible y aun si existiera,
se encuentra condicionado al cumplimiento de las normas sobre fondos de
reserva y deliberaciones de la Junta general de socios, sobre su destino. El
legislador en el artículo 38 de la ley, establece un derecho condicional del
socio al excedente, siendo las condiciones las indicadas en la norma legal y
que hemos examinado precedentemente. Sin embargo, una vez cumplidas
las condiciones legales, reglamentarias y estatutarias nace para el socio un
derecho subjetivo para exigir el excedente resultante del ejercicio.
La norma legal impide que pueda la cooperativa derogar el derecho al
retorno del excedente resultante al término del ejercicio, puesto que, como
hemos visto, la ley establece los máximos posibles para la destinación a
reservas y el saldo debe ser retornado a los socios que contribuyeron a
formarlo y que, por ende, tienen derecho a percibirlo.
Las cooperativas, en conformidad al artículo 4º de la ley, pueden ejecutar
operaciones con terceros, con excepción, a nuestro juicio, de las cooperati-
vas de objeto único, por cuanto éstas sólo pueden realizar las operaciones
propias de su giro y es evidente, debido a tal exigencia, que el giro u objeto
único sólo lo pueden desarrollar con sus socios y no con terceros. El objeto
social de la cooperativa, como ente mutual que es, se ejercita con sus socios,
siendo la operación con terceros de carácter extraordinario, de manera tal
que al generarse un excedente con tales terceros constituye un ingreso fuera
de su objetivo mutual, lo cual no sería lo propio de una entidad cooperativa
a la cual se le ha restringido su objeto social, el que quedaría restringido
solamente para los socios de la entidad.
No obstante que el hecho de desarrollar operaciones con terceros no so-
cios ingresa la entidad cooperativa al campo mercantil, la ley ha permitido
tales operaciones, a fin de, por un lado, no impedir que terceros se beneficien
da la actividad de una cooperativa y, por otro lado, faculta a la respectiva
entidad para mejor fundar su actividad económica, obteniendo recursos de
terceros los que, en definitiva, se transferirán a los socios.
412 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El artículo 4º de la ley, que permite a las cooperativas efectuar operacio-
nes con terceros, establece una restricción, consistente en que se impide o
prohíbe establecer combinaciones o acuerdos que hagan participar a tales
terceros directa o indirectamente de los beneficios tributarios que la Ley
de Cooperativas otorga a estas entidades.
La Ley de Cooperativas, en el artículo 38, inciso segundo, determina
que los excedentes que se produzcan mediante la actividad desarrollada
con terceros, se deben distribuir a prorrata de las cuotas de participación.
Esta norma implica un cambio importante respecto de la legislación que
la antecedió, puesto que en el caso de las cooperativas de servicios, el
excedente resultante de operaciones con terceros incrementaba la reserva
legal, según lo disponía el artículo 92. En el caso de las cooperativas de
consumo, se permitía que si el tercero ingresaba como socio dentro de los
seis meses siguientes de aprobado el balance por la junta general de socios,
el excedente resultante en su respectiva proporción, podía quedar recono-
cido en beneficio de dicho tercero. Si ello no sucedía, tal excedente debía
incrementar la reserva legal.
La nueva norma legal chilena se muestra como un caso excepcional
dentro de las instituciones cooperativas frente a los demás países, siendo
la regla general, en el caso de existir operaciones con terceros, que incre-
menten las reservas.
El fundamento de destinar los excedentes resultantes de operaciones con
terceros a incrementar los fondos de reserva y que éstos sean irrepartibles,
proviene del hecho que se generan en una operación lucrativa, del todo
diferente a la actividad mutual básica de una cooperativa y que dada su
naturaleza no lucrativa, resulta contradictoria con ella. En tal sentido tales
operaciones deben ser calificadas como extra cooperativas, dado su carácter
extraordinario y, por ende, los resultados de ellas son de igual naturaleza.
En el caso de la legislación chilena, tales resultados no constituyen pro-
piamente un excedente, sino un dividendo y si son entregados a los socios
deberían tener la naturaleza y el tratamiento que a la naturaleza de tales les
corresponde.
El artículo 38, en la parte final del artículo segundo, pareciera pretender
transformar de hecho a una cooperativa en una sociedad lucrativa.
COOPERATIVAS 413
En cuanto a la imputación de las pérdidas que pueden ocurrir durante
un ejercicio, la legislación distingue claramente entre la responsabilidad
del socio por una parte y la responsabilidad de la cooperativa, ante los
acreedores de ésta.
En efecto, el artículo 32 establece que la responsabilidad de los socios
estará limitada al monto de sus cuotas de participación, de manera que el
socio no tiene responsabilidad por las pérdidas sociales que excedan el
monto de sus aportes y no se le puede imputar ninguna otra responsabilidad
que pueda generarse de dicha situación o hechos.
La norma contenida en el artículo 38 de la ley, establece que el saldo
favorable se destinará a absorber las pérdidas acumuladas, si las hubiere. De
este modo, la existencia de pérdidas en ejercicios anteriores se cubre con el
excedente quedado en un ejercicio posterior, de manera que es la cooperativa
la cual asume como persona jurídica, independiente de los socios, el déficit
producido y que exista en un determinado ejercicio. Dicha norma legal está
reiterada en el reglamento, artículo 104 Nº 1.
Las pérdidas que la cooperativa tenga con un socio proveniente de las
actividades que ejecute con este en virtud de un contrato, como sería el caso
que la cooperativa le otorgue un préstamo a una tasa de interés inferior a
la de mercado que le irrogue una pérdida a la cooperativa, pueden admitir
una doble calificación, en cuanto a que se trata de una perdida imputable al
socio y no son pérdidas sociales, es decir, que jurídicamente tal perdida no
afecta el patrimonio de la cooperativa y si afecta al socio o que la pérdida se
imputa a la cooperativa179, sin afectar el patrimonio individual del socio.
La legislación chilena, no tiene una regulación especial sobre esta ma-
teria, salvo la norma del artículo 38, la cual, en su primera parte indica un
orden de imputación del remanente, señalando que “se destinará a absorber
179 Los autores españoles VICENT CHULIA, Francisco, en Ley General de Cooperativas, Tomo
XX, vol. 3º, p. 370, FAJARDO GARCÍA, Isabel Gemma, en La gestión económica de la cooperativa:
responsabilidad de los socios, p. 183 y TATO PLAZA, Anxo, en A lei de cooperativas e a sua
incidencia nas cooperativas de ensino, consideran pérdidas del socio y no de la cooperativa.
De contrario, conforme a la legislación española, Manuel PANIAGUA Z. estima que son pérdidas
sociales, citado por APARICIO LIMA, Deodolinda, en O Regime económico das cooperativas no
Direito Português. O capial social, Capítulo VI, Nº 5.
414 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
las pérdidas acumuladas, si las hubiere”. Pareciera indicar la norma que sin
distinción alguna, todas las pérdidas, las producidas en las relaciones con
los socios, así como las generadas por ingresos menores a los que hayan
debido obtenerse para cubrir los costos de la operación o con terceros en los
contratos que haya suscrito la cooperativa, se deben cubrir con el remanente
del respectivo ejercicio. Complementa la norma legal, el artículo 105 del
reglamento, según ya analizamos en este capítulo.
Conforme se expresa en el artículo 15 de la ley, las materias relaciona-
das con las prestaciones mutuas a que haya lugar sobre la adquisición, el
ejercicio y la pérdida de la calidad de socio, se rigen por las normas del
respectivo estatuto de cada cooperativa, las cuales prevalecen cobre el texto
de la ley. En consecuencia, debe determinarse si cabe dentro del concepto
del ejercicio de la calidad de socio, la atribución o imputación de una pér-
dida que la cooperativa haya tenido en su relación con un socio, conforme
se ha señalado anteriormente.
Las relaciones contractuales entre un socio y la cooperativa constituyen
una materia sustancial en la actividad patrimonial de ambas partes, lo cual
nos parece que se encuentra dentro del ejercicio de la relación que cada
socio tiene en su cooperativa, pues en virtud de dicha relación es que el
socio ha ingresado como tal a la entidad mutual, se mantiene en ella y con-
trata con su cooperativa. Se concluye así, que el estatuto debe establecer la
eventual imputación de la pérdida que se pueda producir en dicha relación
y en subsidio se podrán aplicar las normas reglamentarias, que conforme
a su tenor literal es una facultad y no constituye una imposición, no sólo
por lo que se establece en el artículo 15 de la ley, sino por el empleo del
verbo “podrá” que se utiliza en el artículo 105 del reglamento. Debe tenerse
presente, además, que para la aplicación de esta última norma, se requiere
acuerdo de la junta general de socios.
La actividad que ejecute la cooperativa por cuenta del socio y de éstas
resultaren pérdidas, dada la estructura jurídica de dicha relación, induda-
blemente que deben ser asumidas por el respectivo socio.
La materia que analizamos tiene importancia frente a terceros, por cuanto
el patrimonio de la cooperativa determina el potencial de su actividad econó-
mica, de manera que la forma de imputar las pérdidas debe ser considerada
COOPERATIVAS 415
por los acreedores de la entidad al momento de negociar créditos o llevar
a cabo contratos destinados a incrementar las operaciones de la entidad
mutual, en beneficio de sus socios.
El orden de imputación de las perdidas que señala el reglamento, como
ya lo hemos expresado, es facultativo y su apreciación, en cuanto a si tal
orden va en beneficio de los socios, de la cooperativa o de los acreedores,
será apreciado por cada uno de tales estamentos en función de sus propios
intereses, toda vez que el legislador no optó por establecerlo en la ley.
CAPÍTULO X
DE LA DIRECCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y VIGILANCIA DE LAS COOPERATIVAS
1. ACTOS DE DIRECCIÓN Y ADMINISTRACIÓN
El Título IV del Capítulo I de la ley se denomina: “De la Dirección,
Administración y Vigilancia de las cooperativas”.
Este título, en consecuencia, trata de la esfera de actuación interna de
la cooperativa, que se desarrolla mediante actos de administración propia-
mente tales, consistentes en la realización de operaciones configurativas
de las actividades que integran el objeto social, o bien de actos que tienen
por fin la organización, conservación y desarrollo de la asociación, o actos
que se identifican con el cumplimiento del estatuto, en cuanto miran a la
relación con el socio y su funcionamiento interno y la ejecución de actos
de representación frente a terceros.
El autor argentino Carlos Gilberto Villegas, citando a Julio C. Otaegui180,
señala que el acto de administración societaria tendría las siguientes facetas:
la función operativa, la gestión empresaria, la función de cogestión societaria
y la función de representación.
La Ley de Cooperativas chilena, nacida de la reforma llevada a cabo
en 1960, acogió la teoría del órgano, siguiendo las corrientes alemanas e
italianas, para explicar la naturaleza de la administración de una asociación
o sociedad, frente a la teoría del mandato, que en esos años estaba represen-
180 Derecho de las sociedades comerciales, AbeledoPerrot, 1986.
418 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
tada por las normas de los Códigos Civil y de Comercio y la Ley Especial
sobre Sociedades Anónimas.
La concepción jurídica “del órgano” establece que los representantes
estatutarios de una entidad expresan la voluntad de ella, formando parte
consubstancial de la persona jurídica constituida. El órgano respectivo
viene a ser un producto legal, complementado por el estatuto social, el que
determina la competencia para el ejercicio de sus fines. Los órganos de la
asociación cooperativa expresan la capacidad de ejercicio de los derechos
de la persona jurídica.
La doctrina que explica la organización de una persona jurídica median-
te el mandato hacia las personas que desempeñan la administración de la
sociedad, quienes serían mandatarios de ésta o de los socios, sometiendo
a los mecanismos internos de la sociedad o asociación a las reglas del
mandato.
Cuando la ley, en el artículo 20 indica que la dirección, administración,
operación y vigilancia de las cooperativas estarán a cargo de los diferentes
órganos que se indican, claramente establece que éstos se hacen cargo de
dirigir, administrar, operar y vigilar a la entidad, no lo hacen por mandato
de alguien, sino por cuanto órganos que son, legalmente se hacen cargo de
tales actividades.
2. LOS ÓRGANOS DE ADMINISTRACIÓN Y DE FISCALIZACIÓN
Existen órganos de administración propiamente tales y órganos de
fiscalización. Los primeros son la junta general de socios, el Consejo de
Administración y el gerente. Los segundos están compuestos por la Junta
de Vigilancia y los auditores externos que en ciertos y determinados casos
las cooperativas están obligadas a mantener.
Así lo dice el artículo 20 de la ley, al establecer que “la dirección, admi-
nistración, operación y vigilancia de las cooperativas estarán a cargo” de
los órganos ya señalados.
De este modo, el campo de la dirección, administración y operación recae
sobre los tres primeros nombrados y el cargo de la vigilancia sobre la Junta
COOPERATIVAS 419
respectiva. A fin de remarcar el sentido de fiscalización de este último, el
artículo 28 en su inciso segundo señala: “No podrá la Junta de Vigilancia
intervenir en los actos del Consejo de Administración y del gerente”.
3. LA SOBERANÍA DE LA JUNTA GENERAL DE SOCIOS
En la cooperativa todo el poder emana de la junta general de socios y a
fin de que no quepa la menor duda de ello, el artículo 21 de la ley la califica
de “autoridad suprema”, convirtiendo a ésta en el órgano en el cual radica
la soberanía de la sociedad, con facultad para designar a los integrantes del
órgano de la administración y, por ende, con facultad para removerlos.
La soberanía de la sociedad se constituye y ejerce por la reunión de los
socios en Junta, tal como lo establece el mismo artículo 21, al disponer que
la junta general de socios “estará constituida por la reunión de los socios
que figuren debidamente inscritos en el registro social”. Así, el socio que
ejerce su posición de soberanía lo hace en su calidad de miembro de la junta
general, por medio de las decisiones que deben ser adoptadas por mayoría
y mediante votación.
La soberanía de que hablamos no es omnipotente, sino que está limitada
por las disposiciones legales, reglamentarias y estatutarias, de tal suerte
que los acuerdos adoptados por la Junta, para ser eficaces y obligar a to-
dos los miembros de la cooperativa, deben encuadrarse dentro de dichas
limitaciones, so pena de nulidad o de inoponibilidad respecto del socio a
quien le afectaren.
La obligatoriedad de los acuerdos de la Junta de Socios, en consecuencia,
arranca de la disposición contenida en la parte final del artículo 21, la que
puede llevarse a cabo frente a los socios en virtud del contrato de asociación
cooperativa181.
El incumplimiento de tales obligaciones podrá ser sancionado conforme
a las normas del propio estatuto social, a través de las acciones ordinarias
o ejecutivas que correspondan, según el título que se tenga.
181 Sobre el contrato asociativo, véase GALGANO, Franceso, “Il Negozio giuridico”. Capítulo
VII. Milano-Dott. A. Giuffrè Editore. 2002.
420 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Asimismo, tales incumplimientos a los acuerdos pueden dar origen a
sanciones de naturaleza administrativa o según la gravedad, de orden es-
tutario o legal.
El artículo 18 del reglamento establece que las sanciones pueden ser
económicas, de amonestación, de suspensión de derechos sociales o econó-
micos o la exclusión de la cooperativa. Debe recordarse que esta normativa
reglamentaria, según lo establece el artículo 15 de la ley, y ratificada por el
artículo 11 del reglamento, deben considerarse supletorias de las normas
que cada estatuto establezca.
Agrega el artículo 18 del reglamento, que la suspensión puede referirse
a los siguientes derechos de los socios:
a) Realizar con la cooperativa todas las operaciones autorizadas por el
estatuto;
b) Elegir y ser elegido para desempeñar cargos en la cooperativa;
c) Controlar la gestión de la cooperativa, en conformidad a las normas
estatutarias o reglamentarias, según sea del caso;
d) Asistir y participar con derecho a voz y voto en las juntas generales
de socios y demás órganos sociales de los que forman parte, y
e) Formular propuestas a la junta general de socios o al consejo de
administración.
También el estatuto podría contener normas sobre aplicación de multas
por infracción grave a sus normas, pudiéndose llegar hasta la exclusión del
mismo socio182.
4. LAS JUNTAS GENERALES DE SOCIOS
Como órgano supremo de la cooperativa, en conformidad al artículo 21
de la ley, está constituida por la reunión de los socios que figuren debida-
mente inscritos en el registro social. Tal registro corresponde llevarlo por el
182 Remitimos al lector al Capítulo VIII, letra F), de este texto.
COOPERATIVAS 421
gerente de la cooperativa, de manera tal que el socio en cualquier momento
pueda acreditar su pertenencia a la institución mediante un atestado obteni-
do de dicho registro. El artículo 26 del reglamento establece que todos los
socios que, de acuerdo a los estatutos, no se encontraren suspendidos de
sus derechos sociales tendrán derecho a asistir y participar en las juntas de
conformidad con las normas de la ley, el estatuto social y el reglamento.
En nuestra opinión, tal disposición reglamentaria prima por sobre el es-
tatuto, pues se refiere a la organización de la cooperativa, específicamente
a su dirección, de manera tal que su rango no puede ser supeditado al de
una norma estatutaria.
En las juntas generales de socios, cada socio tiene derecho a un voto,
tanto en lo que se refiere a la elección de personas, cuanto en lo relativo a
las proposiciones que se formulen, lo que se encuentra explicitado clara-
mente en el artículo 22 de la ley. Ello expresa el principio de la democracia
cooperativa o control democrático de la entidad, por los socios de la misma.
Serían dos los factores más relevantes de esta democracia interna, al dere-
cho de cada socio de votar en los actos eleccionarios de las autoridades de
la cooperativa y al decidir sobre las proposiciones formuladas, las cuales
pueden provenir de la administración como de los socios.
La Junta general expresa, en la forma indicada, la voluntad de la aso-
ciación, la cual se manifiesta en su expresión democratica, para el logro de
los propósitos que la colectividad ha conformado como institución mutual.
Como órgano colegiado, que constituye su esencialidad, la deliberación en
su interior es un factor que debe ser promovido y respetado, con el fin que
los acuerdos que se adopten confluyan a la satisfacción de los intereses de
los socios, para mejorar sus condiciones de vida.
La presencia de los socios en forma activa y fomentando su participa-
ción, en lo posible, y según la dimensión de la entidad, en forma directa,
constituyen elementos basicos para el adecuado funcionamiento del órgano
principal de toda cooperativa.
La junta general de socios, no constituye un órgano permanente de
la institución, sino que eventual, cuyo establecimiento debe efectuarse a
lo menos una vez en cada año, por lo cual se establecen un conjunto de
422 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
normas para su adecuada convocatoria y establecimiento, a fin de que sus
deliberaciones constituyan un mandato claro para sus autoridades y frente
al entorno externo en el cual se desenvuelve la cooperativa. La Junta ge-
neral carece de relevancia externa y sólo la tienen sus acuerdos, mas no
su organización. La manifestación del principio de la mayoría, se revela,
tanto hacia el interior de la empresa, como hacia el exterior de la misma,
conforme a la voluntad mayoritaria expresada en la elección de las perso-
nas, como en los acuerdos adoptados sobre las proposiciones formuladas.
Son los administradores designados en las juntas de socios, los encargados
de la representación externa de la cooperativa, recayendo sobre ellos la
responsabilidad de tales actuaciones.
La junta general de socios, constituye una unidad inencindible que
da vida jurídica, social y económica a la cooperativa, de manera que su
desarrollo debe efectuarse en un acto único, de carácter global para todo
el universo de socios, no pudiendo ejercerse por otros órganos actuación
que vaya en desmedro de su actividad, una vez convocada e instalada
legalmente.
5. CONSTITUCIÓN Y DELIBERACIÓN DE LA JUNTA GENERAL DE SOCIOS
Tienen derecho a asistir a la junta general de socios, las personas naturales
o jurídicas, que se encuentren inscritas en el registro social. Naturalmente que
las personas jurídicas actúan por intermedio de sus representantes legales.
El estatuto de cada cooperativa puede exigir la asistencia personal a las
juntas generales de socios, de cada uno de ellos y que no se acepte en nin-
gún caso, mandato para asistir a ellas, según lo indica el artículo 22 de la
ley. En el evento que el estatuto social no exija la asistencia personal a las
juntas generales de socios, los poderes para asistir a éstas se deben otorgar
mediante carta poder simple, las cuales se entregarán en la oficina principal
de la cooperativa o en el lugar en que se indique en la citación, a más tardar
a las 12:00 hrs. del tercer día hábil anterior a la fecha en que se celebrará
la junta, considerándose inhábiles los días sábados, conforme se establece
en los artículos 36 y 40 del reglamento. En consecuencia, cualquiera sea
la forma, la correspondiente carta poder debe ser entregada con antelación
en tales lugares.
COOPERATIVAS 423
Como se indicaba anteriormente, los socios pueden otorgar un mandato
especial para que puedan ser representados en la respectiva junta, poder que
debe otorgarse “por carta poder simple”, según lo establece el artículo 22
de la ley. El reglamento especifica el contenido de dicha carta poder en el
artículo 36. Al efecto se establece que el poder se puede otorgar para “una
sola junta general”. Los poderes de las personas jurídicas, en el cual se es-
tablezca la facultad para representar a la respectiva persona ante toda clase
de autoridades o personas jurídicas de derecho público o privado, no caen
dentro de esta calificación, pues una persona jurídica se expresa a través de
sus representantes legales. Ahora bien, el poder otorgado por el respectivo
representante legal en una persona distinta a dicho representante, podrá ser
otorgado mediante la mencionada carta poder simple, todo ello según lo
establece el artículo 42 del reglamento.
El calificativo de simple, se refiere a que no se puede exigir ninguna
solemnidad acerca de la carta o del acto de su otorgamiento.
El contenido de la carta poder, según las exigencias del reglamento,
puede verse en el artículo 36 del mismo.
El reglamento establece la vigencia de los poderes otorgados para con-
currir y votar en una junta general de socios, a un período máximo de dos
años, contados desde la fecha de su otorgamiento, cuando tales poderes
sean otorgados a favor del cónyuge o los hijos del socio, lo cual habrá de
ser acreditado a satisfacción de la cooperativa, conforme a sus normas
estatutarias o en subsidio por una comisión integrada por el Presidente
del Consejo de Administración, un miembro de la junta de vigilancia y el
gerente de la entidad, debiendo comunicarse el resultado del proceso de
calificación a la junta al momento de su instalación, según lo establece el
artículo 38 del reglamento.
El reglamento en el artículo 36 establece que sólo se admitirá un apo-
derado por socio, impidiéndose así la acumulación de poderes. Además, el
apoderado debe ser socio de la cooperativa, en el caso del socio persona
natural, conforme lo señala el artículo 22 de la ley.
Los artículos 39, 40 y 41 del reglamento regulan diversas materias rela-
cionadas con la calificación de los poderes, plazos para entregar los poderes
424 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
y los efectos de ellos, en el caso de efectuarse la junta en segunda citación,
respecto de lo cual nos remitimos a tales disposiciones reglamentarias.
Los poderes otorgados deben ser calificados por una comisión compuesta
en la forma determinada en el estatuto y sólo a falta de dicha determinación
la comisión debe ser integrada por el Presidente del Consejo de Administra-
ción, un miembro de la Junta de Vigilancia y el gerente de la cooperativa.
El resultado de la calificación debe ser comunicado a la junta al momento
de su constitución, según lo determina el artículo 38 del reglamento. Nótese
que el texto de dicha norma se refiere a que la Comisión debe comunicar el
resultado del proceso de calificación, sin que se señale los fundamentos de
las resoluciones que se hayan adoptado por la Comisión, en cuanto a negar
o admitir la validez de algunos poderes, lo cual sólo podrá ser revisado a
posteriori de la celebración de la junta.
El artículo 39 del reglamento establece la competencia de la Comisión
calificadora, al señalar las cuatro materias respecto de las cuales debe de-
cidir. Esta disposición es de orden público, de manera tal que los estatutos
de una cooperativa no pueden agregar o quitar materias de las indicadas en
la norma reglamentaria, por cuanto su redacción está formulada en forma
imperativa, y a diferencia de la norma que la antecede, esto es, el artículo
38, no le da una preeminencia al estatuto por sobre el reglamento.
La competencia de la Comisión Calificadora de poderes debe circuns-
cribir su actuación examinando las siguientes situaciones:
a) El cumplimiento de las exigencias y limitaciones establecidas en la
Ley General de Cooperativas, el reglamento y en el estatuto social;
b) Los poderes repetidos, entendiéndose por tales, aquellos otorgados
por un mismo socio más de una vez;
c) Los poderes que algún socio objetare específica y fundadamente, y
d) Las discrepancias de firma del poderdante con relación a la registrada
en la cooperativa.
La calificación debe efectuarse en el período que media entre el término
del plazo para presentarlos y la hora en que la junta deba iniciarse. Natural-
mente que debe levantarse un acta de la actuación efectuada por la Comisión
y agregarse al acta de la junta de socios.
COOPERATIVAS 425
Los poderes otorgados son esencialmente revocables, lo que confirma
la norma contenida en el artículo 37 del reglamento, entendiéndose en todo
caso revocado un poder, por el solo hecho de existir otro poder otorgado
por el mismo socio y para la misma junta, con fecha posterior al otorgado
primitivamente.
Si la junta general de socios, no se celebra en primera citación por falta de
quórum, defectos en su convocatoria o suspensión dispuesta por el Consejo
de Administración o el Departamento de Cooperativas, conservan su valor
para la junta que se celebre en su reemplazo, según lo indica el artículo 41
del reglamento.
Sólo pueden asistir a la junta general los socios o sus representantes,
o personas invitadas por el Consejo de Administración, o por un acuerdo
expreso de la junta.
La junta general de socios debe celebrarse dentro de la ciudad o comuna
que corresponda al domicilio social fijado en el estatuto, a menos que el
mismo disponga la facultad de celebrar la junta en otro lugar, en cuyo caso
la norma estatutaria deberá especificarlo, conforme lo señala el artículo 29
del reglamento.
Los acuerdos, salvo que disponga otra cosa la ley o el estatuto, se
adoptarán por mayoría simple de los socios presentes, personalmente o
representados, que no se encuentren suspendidos de su derecho a voto, de
conformidad al estatuto social. Más adelante, al tratar de la competencia de
las juntas generales, se analizan las exigencias mayores de quórum.
Mediante un acuerdo especial, adoptado por la mayoría simple, puede
conferir a determinados acuerdos el carácter de reservados, incluyendo
materias vinculadas al acuerdo respectivo, según lo dispone el artículo 45
del reglamento.
Cabe hacer notar que las cooperativas tienen un solo tipo de junta de
socios, a diferencia de las sociedades anónimas cuya legislación permite
juntas generales de accionistas ordinarias y extraordinarias, siendo estas
últimas destinadas a tratar las materias que la legislación determinadamente
establece. En las cooperativas existe una sola especie de junta cuyas materias
están señaladas en el artículo 23 de la ley, de manera tal que cualquier otra
426 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
materia no descrita en dicho artículo es decidida por el Consejo de Admi-
nistración. Los estatutos pueden señalar otras materias, además de aquéllas
indicadas en el artículo 23 para ser resueltas en junta general de socios,
pero no pueden establecer que aquellas descritas en el citado artículo sean
decididas por otro órgano que sea distinto a una junta general de socios.
El artículo 52 del reglamento se refiere a las actas de las juntas generales
de socios, estableciendo que deben ser suscritas por el Presidente y el se-
cretario de la Cooperativa, siendo este último un funcionario de la misma,
o bien quien ejerza el cargo de secretario del Consejo de Administración.
Además deben ser suscritas por tres socios elegidos en la misma junta para
ese efecto.
La norma reglamentaria antes citada indica las formalidades que debe
contener el acta.
Interesa destacar de la referida disposición, que tal acta se entenderá
aprobada desde el momento de su firma por las personas indicadas ante-
riormente y desde esa fecha se podrán llevar a efecto los acuerdos a que ella
se refiere, salvo los acuerdos adoptados para reformar los estatutos, fusión,
división, transformación o disolución de la cooperativa, en cuyos casos el
acta debe ser reducida a escritura pública, cuyo extracto debe inscribirse
en el registro de Comercio del Conservador de Bienes Raíces correspon-
diente al domicilio de la cooperativa y publicarse por una sola vez, en el
Diario Oficial, conforme lo dispone el artículo 8º de la ley, en relación con
el artículo 7º de la misma, dentro del plazo de 60 días siguientes a la fecha
de la escritura pública.
6. JUNTAS DE SOCIOS MEDIANTE DELEGADOS
El artículo 22 de la ley, establece la posibilidad de que las juntas gene-
rales de socios de las cooperativas de primer grado183 puedan constituirse
mediante delegados, materia que deberá estar regulada en los estatutos y
siempre que se trate de los siguientes casos:
183 La ley no define el concepto de cooperativa de primer grado, por lo cual debe entenderse
que corresponde a toda clase de cooperativas, con excepción de las federaciones o confedera-
ciones de cooperativas, las cuales están reguladas en el Capítulo III de la ley.
COOPERATIVAS 427
a) Cuando la cooperativa actúe a través de establecimientos ubicados
en diversos lugares del territorio nacional, y
b) Cuando la cooperativa tenga más de 2.000 socios.
La ley no señala qué es lo que se debe entender por “diversos lugares
del territorio nacional”. Sin embargo, el reglamento, en el artículo 47, esta-
blece que los delegados “serán elegidos en asambleas locales, a las cuales
asistirán los socios personalmente o representados, según lo establezcan los
estatutos”. Agrega el mismo reglamento que “los estatutos establecerán las
normas de adscripción de los socios a las diferentes asambleas. Estas normas
deberán basarse, a lo menos, en criterios de tipo territorial”.
La asamblea local, conforme a la normativa legal señalada, es el con-
cepto básico para el funcionamiento de los delegados y su actividad en las
juntas, concepto que debe estar establecido en los estatutos, sobre la base
de un criterio territorial.
Ello significa que un determinado territorio en el cual se ubican las
operaciones de la respectiva cooperativa, es el que se debe considerar para
el establecimiento de una asamblea local, sin importar las divisiones admi-
nistrativas o políticas del país, como sería la comuna o provincia.
No puede concluirse, de la normativa legal y reglamentaria, que en donde
exista una oficina o local, deba generarse una asamblea de socios, puesto
que la norma legal se refiere a los presupuestos para que las juntas generales
puedan constituirse por delegados y no a que en los establecimientos que
existan puedan generarse asambleas de socios. Hace excepción a lo anterior-
mente expuesto, el caso de las cooperativas de vivienda abiertas, puesto que
el artículo 85 de la ley establece que tales entidades “deberán formar una
asamblea por cada programa habitacional, al cual pertenecerán los socios
personas naturales incorporados al mismo”. Es decir, en una cooperativa de
esta clase, cada programa habitacional, el cual se conforma básicamente a
través de un terreno en el cual se construirá un conjunto habitacional, deberá
contar con una asamblea de socios, diferenciándose de aquellos socios que
no se encuentran adscritos a un determinado progarama y sólo se encuentran
en una etapa de ahorro para posteriormente conformar una asablea, una vez
que se hayan incorporado a un determinado programa, como lo establece
428 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
el artículo 85 de la ley. Agrega el mismo artículo 85 que “cada programa
habitacional deberá tener un número limitado de socios que durará hasta
que se efectúe una liquidación completa del mismo, una vez transferido el
dominio de las viviendas de los socios”.
El reglamento entrega a los estatutos de cada cooperativa que decida
ejecutar sus asambales por medio de delegados, cumpliéndose los requisitos
antes indicados, las materias sobre representación y atribuciones de dichos
delegados. La representación consiste en la facultad que tienen los dele-
gados para actuar en las juntas generales y sus atribuciones corresponden
a la forma cómo ejercerán en la respectiva junta general tales facultades.
Es por ello, que el artículo 48 del reglamento señala que en defecto de las
disposiciones del estatuto, “deberá entenderse que los delegados repre-
sentarán a los socios de sus respectivas asambleas ante la junta general,
en proporción al número de socios que integran la asamblea que los haya
elegido. Los delegados de cada asamblea tendrán igual número de votos,
el que resultará del total de los socios adscritos a la asamblea respectiva,
dividido por el número de delegados”.
Los delegados deben ser socios adscritos a la respectiva asamblea y que
además cumplan con los requisitos legales, reglamentarios y estatutarios
para ser elegidos miembros del Consejo de Administración, según lo dispone
el artículo 51 del reglamento.
La duración en el cargo de delegado del socio es una materia que debe
ser regulada en el estatuto de la respectiva cooperativa. El delegado podrá
asistir a la o las juntas de socios que se celebren durante el período en el cual
ejerza el cargo de tal, con la plenitud de las facultades que le correspondan,
conforme lo establece el artículo 51 del reglamento.
La respectiva Asamblea de Delegados, deberá celebrarse antes de los 25
días de la fecha en que se celebre la junta general a la cual habrán de con-
currir los delegados, conforme lo establece el artículo 47 del reglamento. Al
no precisarse dicho plazo por el reglamento, debe entenderse que es de días
corridos, esto es, considerándose en el cómputo los días feriados o inhábiles,
conforme así lo establece el artículo 50 del Código Civil. La asamblea de
delegados debe efectuarse dentro de la ciudad en la cual se haya especifica-
do la existencia de una determinada asamblea, conforme al estatuto o a los
COOPERATIVAS 429
acuerdos del Consejo de Administración, conforme lo establece el artículo
50 del reglamento, en relación al artículo 29 del mismo texto.
Las asambleas locales deben ser citadas bajo las mismas reglas y proce-
dimientos establecidos para las juntas generales y celebrarse antes de los
25 días de la fecha en que se celebre la junta general a la cual habrán de
concurrir los delegados. La citación que se remita a los socios para asistir a
la respectiva asamblea, deberá cumplir con las mismas prescripciones que
la citación a una junta general según lo indica el artículo 50 del reglamento,
en relación al artículo 32 del mismo texto legal.
Las Asambleas de delegados pueden ser citadas mediante el procedi-
miento previsto para las juntas generales de socios, en primera y segunda
citación, para un mismo día, en horas distintas, para el caso de no obte-
nerse el quórum necesario, siempre que lo hagan con no menos de treinta
minutos de diferencia entre una y otra citación, en cuyo caso la segunda
citación permite realizar la asamblea con los que asistan, según lo indican
los artículo 50 y 33 del reglamento. Si todo ello no ocurriere, la asamblea
de delegados deberá citarse para una nueva asamblea para dentro de los 30
días siguientes a la fecha de aquella no efectuada.
Tal situación hace que la junta general de la cooperativa no pueda efec-
tuarse en la fecha prevista, pues deben previamente desarrollarse en su
integridad las asambleas locales previstas en el estatuto de la cooperativa.
Así esta previsto en el artículo 50, inciso segundo, del reglamento al exigir
que cuando se cite a una junta general de delegados, deberá convocarse
previamente a las asambleas locales para tratar las materias que serán con-
sideradas en la junta general.
La asamblea, una vez constituida, deberá previamente a su desarrollo
designar a tres de los asistentes que tengan la calidad de socios para que
suscriban el acta respectiva.
Los asistentes a la asamblea deben firmar un registro de asistencia, el
cual conjuntamente con el acta debe ser agregado al acta de la junta general
de socios de la cooperativa, de manera tal de acreditar la realización de las
asambleas locales que se han establecido y que conforman sus delegados la
respectiva junta general, conforme lo establece el artículo 50 del reglamento,
en relación al artículo 35 del mismo.
430 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Los poderes para asistir a una asamblea, se rigen por las mismas normas
que hemos analizado anteriormente, incluyendo la calificación de ellos.
7. DE LAS ELECCIONES
El artículo 22 de la ley, establece que en las elecciones cada socio tendrá
derecho a un voto. Complementa dicha norma el artículo 46 del reglamento,
el cual indica imperativamente que el estatuto social regulará la forma de
realizar las elecciones de los miembros de los órganos internos. Sólo en
caso de no señalar nada al respecto el respectivo estatuto, dichas elecciones
se regirán de acuerdo al procedimiento establecido en el artículo citado, el
cual expresa:
“En las elecciones de los miembros titulares del Consejo de Administración,
de la Junta de Vigilancia, de la Comisión liquidadora y de los inspectores de
cuentas, el voto será unipersonal y secreto, de manera que cada socio sufragará
en una cédula única que contendrá un nombre para un miembro de cada uno de
los órganos cuyos cargos haya que proveer. Resultarán elegidos las personas
que hayan obtenido las más altas mayorías hasta concurrencia del número de
cargos a llenar para cada órgano.
En el evento que se presenten igual número de candidatos a cargos titulares
por elegir, la junta general de socios podrá acordar su elección mediante una
votación a mano alzada.
En caso que el estatuto así lo contemple, se podrá postular simultáneamente
al cargo de titular del Consejo de Administración o Junta de Vigilancia y a su
respectivo suplente. La elección se hará en una misma y única votación y los
votos que favorezcan a un determinado titular necesariamente favorecerán al
suplente que postule conjuntamente con éste.
Producida la vacancia de ambos, el Consejo de Administración o la Junta de
Vigilancia en su caso, podrá nombrar un reemplazante, quien ejercerá dicho
cargo en forma provisoria hasta la próxima junta general de socios, o convocar
a una junta general, según lo que dispongan los estatutos.
En caso de empate, si fuere necesario determinar qué persona ha sido elegida
para un cargo determinado, la elección se repetirá a mano alzada, respecto de
las personas que hayan empatado su número de votos. Si a pesar de lo anterior
el empate persistiera, el cargo será llenado por sorteo”.
COOPERATIVAS 431
Consecuentemente, el reglamento entrega la más amplia libertad para
regular los procedimientos electorales de los miembros del Consejo de
Administración, de la Junta de Vigilancia, de la Comisión liquidadora, en
el caso de encontrarse una cooperativa en liquidación y de los inspectores
de cuentas, respetando el principio fundamental de una persona un voto,
establecido en el artículo 22 de la ley.
El artículo 23, letra c), señala que es una materia propia de una junta
general de socios, la elección o revocación de los miembros del consejo de
administración, de los liquidadores y de la junta de vigilancia.
La libertad de procedimientos eleccionarios al interior de una junta ge-
neral de socios es bastante amplia, para ser establecida en los estatutos de
la cooperativa, la que debe constar en tal cuerpo normativo. No procede,
en consecuencia, establecer normativa alguna fuera de los estatutos para
regular el procedimiento electoral.
El reglamento establece en forma obligatoria que la elección, debe
efectuarse en forma secreta, a diferencia de las votaciones sobre proposi-
ciones que puedan formularse, las que se votan a mano alzada, es decir,
públicamente.
El voto debe confeccionarse por la cooperativa, de manera tal que la cé-
dula o voto debe contener un nombre para un miembro de cada órgano cuyos
cargos deben ser llenados, sea que el nombre lo escriba el socio o vayan los
nombres escritos por la cooperativa, en aquellos casos que en conformidad
al respectivo estatuto los candidatos deban inscribirse previamente, inclu-
yéndose la verificación de los requisitos para acceder a tales cargos, en el
supuesto que el estatuto así lo establezca, en cuyo caso el socio al emitir el
voto debe señalar el nombre del candidato por el cual vota. El reglamento no
se opone a que estas formalidades puedan ser cumplidas mediante sistemas
electrónicos, de manera que pueden establecerse estos sitemas para efectuar
elecciones en cooperativas con un gran número de socios.
El reglamento, en el artículo 46, permite establecer en el estatuto de cada
cooperativa, un sistema de postulación simultánea al cargo de titular del
consejo de administración o junta de vigilancia y a su respectivo suplente.
De este modo la cédula podrá contener el nombre del titular y el del su-
432 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
plente, debiéndose efectuar la elección en una misma y única votación. Los
votos que favorezcan al titular también favorecerán al suplente que postule
conjuntamente con aquél.
Si se produce la vacancia en el cargo de ambos elegidos, el Consejo de
Administración se encuentra facultado, conforme lo establece el artículo
46 del reglamento, para nombrar el reemplazante, quien ejercerá proviso-
riamente el cargo hasta la próxima junta general de socios. También podría
convocarse a una junta general para llenar la vacancia producida, lo cual
deberá haberse regulado en el estatuto.
8. DE LA COMPETENCIA DE LAS JUNTAS GENERALES DE SOCIOS
El artículo 23 de la ley, establece las materias que necesariamente deben
ser conocidas por las Juntas Generales de Socios y respecto de las cuales,
no pueden adoptar acuerdos otros órganos, que no sea la propia junta.
En las letras a) y b) del mencionado artículo figuran aquellas materias
que implican una rendición de cuentas del órgano de administración, ante
los socios, como lo son:
“a) El examen de la situación de la cooperativa y de los informes de las juntas de
vigilancia y de los auditores externos y la aprobación o rechazo de la memoria,
del balance, de los estados y demostraciones financieras presentadas por los
administradores o liquidadores de la cooperativa” (…) “b) La distribución de
los excedentes o remanentes de cada ejercicio”.
Al respecto debe tenerse presente que el artículo 110 del reglamento
establece que los estados financieros y contables de la cooperativa, deberán
reflejar la situación financiera de la entidad, el resultado de sus operaciones
y el flujo de efectivo, de conformidad con los principios contables general-
mente aceptados y uniformemente aplicados, en todo lo que sea pertinente.
Agrega, además, la misma norma reglamentaria, que la contabilidad debe
ser fidedigna, en idioma español y en moneda nacional, sin perjuicio de
que el Director Regional del Servicio de Impuestos Internos autorice a la
cooperativa a llevar su contabilidad en otra moneda.
Se agrega, en el artículo 111 del reglamento que las cuentas de los esta-
dos contables deberán reflejar en forma clara y precisa los bienes, derechos
COOPERATIVAS 433
y obligaciones de la entidad. Señala la norma reglamentaria, a título de
ejemplo que no pueden incluirse cuentas que no cumplan con los requisitos
mencionados de claridad y precisión, como operaciones pendientes, cuentas
por aclarar, valores por asignar y otras cuya denominación no evidencie su
origen y contenido.
Dentro de la competencia de naturaleza electiva, le corresponde exclusi-
vamente a la junta de socios la elección o revocación de los miembros del
consejo de administración, de los liquidadores, para el caso de una coopera-
tiva en liquidación y de la junta de vigilancia. Anteriormente hemos señalado
algunas de las principales materias relacionadas con estas elecciones. La
soberanía de la junta general se demuestra precisamente en la capacidad
para designar a las autoridades que conforman el consejo de administración,
sin que le quepa determinar los cargos dentro del consejo, pues esa materia
está reservada al propio consejo. En efecto, el artículo 60 del reglamento
señala que en la primera sesión que el consejo de administración celebre,
después de la realización de una junta general de socios en la que se haya
elegido a uno o más de los consejeros titualres, el consejo deberán desig-
nar de entre sus miembros en ejercicio un presidente, un vicepresidente y
un secretario. Los estatutos pueden contemplar otros cargos al interior del
Consejo, los que serán llenados por el propio consejo y sin la intervención
de la junta general de socios.
Complemeta a la competencia antes señalada, la que se indica en la letra
ñ) del artículo 23, en cuanto se establece que “la fijación de remuneración,
participación o asignaciones en dinero o especies que correspondan, en
razón de sus cargos, a los miembros del consejo de administración, junta
de vigilancia o cualquier otro comité de socios que se establezca en los
estatutos”, es una materia propia de la junta general de socios. En nuestra
opinión, debe haber una proposición que debe ser formulada por el Presi-
dente de la Junta a fin de que los socios se pronuncien sobre ella, pudiendo
establecerse fórmulas como una dieta por sesión, un honorario mensual fijo
u otra cualquiera fórmula, vinculada a los programas de la cooperativa, los
remanentes o excedentes que arroje la misma, etc. No existe disposición
reglamentaria sobre la materia, pudiéndose reglamentar esta materia en los
estatutos, sin que por ello se pueda vulnerar el principio contenido en el verbo
rector que define la facultad de la Junta, en cuanto a fijar la remuneración,
participación o asignaciones. Dicha fijación, a su vez, podrá ser efectuada en
434 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
forma anual o por un período más largo de tiempo, conforme lo señalen los
estatutos, como podría ser el caso, durante el tiempo en que los consejeros
duren en sus cargos, conforme a la respectiva norma estatutaria.
La norma legal es amplia en el contenido de los conceptos que abarca
la posibilidad de que los consejeros, miembros de la junta de vigilancia o
miembros de cualquier comité que se establezca en los estatutos sociales o
por acuerdo sea de la junta general de socios o del consejo de administración,
puedan percibir una remuneración por la labor y la responsabilidad que se
asume por tales personas.
La remuneración que es dable obtener por quienes desempeñan los cargos
a los cuales se refiere la norma legal, implica la posibilidad para la cooperativa
de tener personas capacitadas para ejercer la administración de la entidad y a
la vez de asumir las responsabilidades que tanto la ley, como los estatutos les
imponen a tales personas. El hecho de que sus remuneraciones sean fijadas
por la junta general de socios, le da una amplia publicidad a ello, permitién-
doles a los socios conocer tanto el trabajo desarrollado por los consejeros o
miembros de los comités como a los de la respectiva junta de vigilancia. Tal
publicidad hará que sus remuneraciones guarden la debida proporcionalidad
con la actividad de la cooperativa, lo cual podrá contrastarse con empresas
de igual tamaño, alcance o cobertura, según sea del caso, lo cual puede ser
mostrado en la misma junta que se pronunciará sobre el particular.
La fijación de remuneraciones o participaciones en la junta general de
socios, puede proponerse como conjunto de gasto para todos los miembros
del consejo o junta de vigilancia o en forma individualizada para cada uno
de ellos. Ni la ley ni el reglamento establecen una norma especial sobre el
particular, limitándose este último, en el inciso primero del artículo 65 en
reproducir el texto de la letra ñ) del artículo 23 de la ley, agregando que
se pueden establecer modalidades de remuneraciones, sea en la junta o en
los estatutos.
En materias de orden administrativo la ley establece para la junta general
de socios competencias especiales y ellas son:
1) La enajenación de un 50% o más de su activo, sea que incluya o no su
pasivo; como, asimismo, la formulación o modificación de cualquier plan de
negocios que contemple la enajenación de activos por un monto que supere
COOPERATIVAS 435
el porcentaje antedicho. Para estos efectos se presume que constituyen una
misma operación de enajenación, aquellas que se perfeccionen por medio de
uno o más actos relativos a cualquier bien social, durante cualquier período
de 12 meses consecutivos184.
Se aprecia de la norma indicada, contenida en la letra g) del artículo 23
de la ley, que el sentido de ella, es otorgar una decisisva participación a los
socios cuando se trata de disponer del porcentaje señalado de los bienes o
cosas materiales o inmateriales que le pertenecen a la cooperativa, para lo
cual el legislador ha empleado la terminología contable, al señalar el activo,
entendiéndose por tal el conjunto de bienes que constituyen el patrimonio
de la cooperativa. No importa la naturaleza o la calidad del bien, sino la
cuantía de los bienes en cuanto a su equivalencia, conforme al balance de
la entidad.
Se ha definido el activo185 como “el importe total de los valores, pro-
piedades, créditos y derechos que una persona natural o jurídica tiene a
su favor; es lo contrario de pasivo”. El valor de tales activos, conforme al
balance, es el que definirá la porcentualidad en la decisión que le compete
a la junta que deba pronuciarse sobre tal enajenación. A su vez, la expresión
enajenación deberá entenderse, para estos efectos como se expresa en la
terminología legal, esto es, hacer ajena una cosa, lo cual, a nuestro juicio,
alcanzaría a cualquier acto que impida el uso de un bien por parte de la
cooperativa y que represente el señalado porcentaje. La norma legal indica
que la enajenación puede incluir el pasivo, para lo cual emplea el pronombre
posesivo “su”. Es decir, se estaría señalando que el activo en determinadas
operaciones incluye “su” pasivo, de manera que si este último va anejado a
la enajenación del activo y es igual o excede al 50% del mismo, igualmente
se requerirá del acuerdo de la Junta general de Socios.
También la norma hace una referencia explícita al plan de negocios de
la cooperativa, el cual no es materia de una junta general de socios, sino
184 La norma transcrita está copiada del artículo 67, Nº 9 de la Ley de Sociedades Anó-
nimas, la cual fue agregada a dicha legislación por la ley Nº 19.705 de 20 de diciembre del
año 2000.
185 Diccionario de términos contables, comerciales y computacionales. ÁLVAREZ O., Alberto,
Ediciones Universitarias de Valparaíso. Universidad Católica de Valparaíso. 1987.
436 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
es de la competencia del consejo de administración. No obstante lo cual si
existe un plan de un determinado proyecto que contemple la ejecución de
negocios, dentro del objeto de la cooperativa y en dicho plan se contempla,
sea dentro de un año calendario o en más tiempo, la enajenación de activos
y/o pasivos iguales o superiores al 50% de ellos, requerirán también de un
acuerdo especial de la Junta general de Socios. Finalmente, la ley se colo-
ca en el caso de que pudiere pretender saltarse la norma que comentamos,
dividiendo la operación de enajenación en varias operaciones a fin de que
ninguna de ellas exceda del 50% de los activos y/o pasivos. Para evitar dicha
situación, la ley define que la operación, sea en un acto o en varios, está
constituida por aquellas que se perfeccionen durante cualquier período de
12 meses consecutivos. A los efectos antedichos, la celebración de promesas
de enajenación de los activos y/o pasivos, debe entenderse que constituyen
actos de enajenación.
La ley exige que para la adopción de este tipo de acuerdos, debe contarse
con la conformidad de los dos tercios de los socios presentes o representados
en la junta general de socios, de lo cual debe dejarse constancia en el acta
de la misma junta.
2) En la letra h) del artículo 23, se establece:
“El otorgamiento de garantías reales o personales para caucionar obligaciones
de terceros, excepto si éstos fueren entidades filiales, en cuyo caso la aprobación
del Consejo de Administración será suficiente. Son entidades filiales aquellas
organizaciones en que una cooperativa controla directamente, o a través de otra
persona natural o jurídica, más del 50 % de su capital”.
La primera parte de la norma transcrita, es idéntica a la que contiene
la Ley de Sociedades Anónimas en el Nº 11 del artículo 67. La definición
de sociedad filial, es una exigencia agregada por la norma legal. Sobre el
particular hay que señalar que las garantías reales o personales, son actos
jurídicos que requieren de todos los requisitos exigidos por la legislación
civil para obligar a una persona. De este modo, las cartas de patrocinio u
otras fórmulas, mediante las cuales se efectúa un respaldo moral o social
de una institución, sin alcanzar el grado de constituir una obligación de dar
o hacer, no constituyen una garantía real o personal. Al referirse la norma
legal a controlar directamente, o a través de otra persona natural o jurídica,
COOPERATIVAS 437
más del 50% del capital, se estaría refiriendo a sociedades y no a coope-
rativas o federaciones de cooperativas, pues en tales casos no es posible,
bajo la actual legislación, llegar a un control de esa cuantía, toda vez que la
propia ley limita a un socio, en cuanto a que se le prohíbe tener más de un
20% del capital. A nuestro juicio, la norma debió haberse complementado
con la exigencia que la sociedad fuere una filial complementaria del giro
de la cooperativa y necesaria para un mejor desarrollo de sus actividades.
La norma aparece extraña, cuando se refiere a que la cooperativa pueda
controlar una sociedad por intermedio de una persona natural, lo cual su-
pondría que un socio o varios de ellos, poseen un capital de una sociedad,
que les ha sido proporcionado por la cooperativa para obtener el control de
la sociedad de que se trate, operación que aparece como contraria al giro
de la propia cooperativa, al utilizar a personas naturales para llevar a cabo
tales operaciones.
La ley exige que para la adopción de este acuerdo, debe contarse con la
conformidad de los dos tercios de los socios presentes o representados en
la junta general de socios, de lo cual debe dejarse constancia en el acta de
la misma junta.
3) En el artículo 23, letra i) se le otorga competencia a la junta general
de socios para aprobar los aportes de bienes no consistentes en dinero y la
estimación de su valor.
La ley no señala normas especiales para efectuar dicha valorización de
aportes no consistentes en dinero, así como tampoco limita la naturaleza
del bien o cosa que se pueda recibir en aporte, dejando entregada a la junta
general el ejercicio de dicha competencia. Ello es importante en el caso de
aquellas cooperativas respecto de las cuales se les exija un mínimo de ca-
pital, el cual puede ser enterado mediante cosas corporales o incorporales,
cuya avaluación será considerada por la junta general de socios, para los
efectos de aprobar dichos aportes y su estimación. Tampoco señala la ley el
concepto de estimar un valor y la forma de hacerlo, materias que debieron
haber sido complementadas en el reglamento, el cual no se refiere a estos
asuntos. Se exige que para la adopción de un acuerdo de la naturaleza que
analizamos, debe contarse con la conformidad de los dos tercios de los
socios presentes o representados en la junta general de socios, de lo cual
debe dejarse constancia en el acta de la misma junta.
438 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
4) En la letra n) del artículo 23, se le otorga a la Junta general de So-
cios la potestad para acordar la adquisición por parte de las cooperativas la
calidad de socia en sociedades colectivas y de socio gestor de sociedades
en comandita.
La participación de la cooperativa en una sociedad colectiva, sea civil o
comercial, dada la naturaleza de tales sociedades, en las cuales los socios
responden ilimitadamente de las pérdidas que se originen en el giro o acti-
vidad de la sociedad resulta fundamental aplicar la norma mediante la cual
se le atribuye a la junta general la potestad para que la coopertiva asuma la
calidad de socia de una de tales sociedades. En la respectiva junta se podrá
acordar si la cooperativa debe o no ingresar a una de estas sociedades y la
forma de cautelar sus responsabilidades, si se acordare participar en una
sociedad colectiva.
La actuación de una cooperativa como socio gestor en una sociedad en
comandita, en conformidad a los artículos 483 y 491 del Código de Comer-
cio, la hace indefinida y solidariamente responsable de todas las obligaciones
y pérdidas de la sociedad, en el caso de la comandita simple y por acciones.
En consecuencia, la norma del artículo 23, letra n), tiene por objeto estable-
cer que la asunción de las responsabilidades que la legislación mercantil le
atribuye al socio gestor, deben ser evaluadas por la junta general de socios,
con anterioridad a la incorporación de la cooperativa como socia gestora en
tales sociedades. Tan sólo si la junta así lo acordare, la cooperativa respectiva
podrá actuar como socia gestora en una sociedad en comandita.
La ley, en la letra n) del artículo 23, le da plena competencia a la junta
general de una cooperativa para que en forma previa a la suscripción o cele-
bración de cualquier contrato que genere responsabilidades por obligaciones
de terceros, requiera de un acuerdo de la junta. La ley excepciona de esta
obligación sólo si se tratare de sociedades filiales.
El texto legal no señala o define qué es lo que entiende por una sociedad
filial, para lo cual debemos recurrir a la norma de interpretación contenida
en el artículo 22, inciso primero del Código Civil, norma que nos remitiría,
a su vez, al Título VIII de la Ley de Sociedades Anónimas, en cuyo artículo
86, se encuentra definida la sociedad filial, como aquella en que la matriz
COOPERATIVAS 439
controla directamente o a través de una persona natural o jurídica más del
50% de su capital con derecho a voto o del capital, si no se tratare de una
sociedad por acciones o pueda elegir o designar a la mayoría de sus direc-
tores o administradores. En consecuencia, la cooperativa puede generar
responsabilidad comprometiendo su propio patrimonio, si se trata de una
sociedad filial, en los términos antes descritos, sin tener que contar con el
acuerdo de la junta general de socios.
Resulta obvio que en la sociedad filial de una cooperativa no pueden los
consejeros ni los gerentes o administradores de la misma tener participacio-
nes, sea en forma directa o indirecta, pues correspondiéndoles la adminis-
tración de la cooperativa, en conformidad a los artículos 24, 25 y 27 de la
ley, estarían infringiendo tales normas, al generarse una incompatibilidad
en la administración de los interses de la cooperativa, con el propio interés
del consejero o ejecutivo que participe de alguna forma en la sociedad filial.
El artículo 30 del reglamento de la ley, indica que uno de los requisitos para
ser miembro del consejo de administración es el de no ejercer personal-
mente actividades competitivas con el giro de la cooperativa o de alguna
de sus empresas filiales o relacionadas, a través de las cuales desarrolle su
objeto social, o no ser dependiente o estar relacionado con otras personas
del mismo giro. La norma legal exige que para la adopción de un acuerdo
de esta naturaleza, debe contarse con la conformidad de los dos tercios de
los socios presentes o representados en la junta general de socios, de lo cual
debe dejarse constancia en el acta de la misma junta.
La ley en el artículo 41 establece como competencia de la junta general
de socios la aprobación previa de toda adquisición a título oneroso, de cuo-
tas de capital, acciones o derechos sociales de cualesquiera cooperativa o
sociedad, en virtud de la cual llegue a tener invertido en una de éstas a lo
menos el 10% de su patrimonio.
Esta última norma de carácter general, complementa la regla contenida en
la letra n) del artículo 23, puesto que va más lejos en lo relativo a aportes de
participación de sociedades de cualquier tipo, al referirse a los conceptgos
jurídicos de cuotas de capital, de acciones o derechos sociales, referidos a
cualquier tipo de sociedades, con lo cual se establece una norma de carácter
general, en cuanto a que la participación de una cooperativa en cualquier
440 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
tipo societario, al exceder del 10% de su propio patrimonio deberá contar
con un acuerdo específico de la junta general de socios.
En materias de orden patrimonial, la ley exige el acuerdo de la junta
general de socios en los siguientes casos:
1. El examen de la situación de la cooperativa y de los informes de las
juntas de vigilancia y auditores externos y la aprobación o rechazo de la
memoria, del balance, de los estados y demostraciones financieras presen-
tadas por los administradores o liquidadores de la cooperativa186.
Dicho examen se indica en el artículo 23 letra a) de la ley, constituyendo
ciertamente uno de los actos de mayor importancia en la actividad de la
institución.
Cabe destacar que la norma legal se refiere a un examen que debe efec-
tuar la junta general de socios, lo cual constituye un acto de rendición de
cuentas y de informes que debe presentar el Consejo de Administración a
los socios de la entidad. En tal sentido los administradores rinden tal examen
a los socios, quienes tienen el derecho de efectuar todas las preguntas que
estimen pertinentes sobre los documentos que les son presentados y, a su
vez, el Presidente de la Junta y que lo es del Consejo de Administración,
tiene el deber de contestarlas, por sí o por intermedio del gerente general
o algunos de sus ejecutivos, ya que de otra manera se desnaturalizaría el
concepto de examen instituido por la ley.
Se ha criticado esta normativa187, en cuanto no induce a una mayor par-
ticipación de los socios en la administración de la cooperativa, lo cual hace
que exista una administración con un mayor sesgo autoritario y aislando al
socio en su actuación al interior de la asociación. Sin embargo, el sistema
existente, presenta la ventaja de fortalecer la administración y regir a la
empresa en una economía en constante evolución manteniendo su cohesión
interna para atender precisamente las demandas de los socios, en cuanto a
186 La norma legal es idéntica a la contenida en el artículo 56 Nº 1 de la Ley Nº 18.046
sobre Sociedades Anónimas.
187 DI SABATO, Manualle delle società, 4ª ed., Torino, p. 735.
COOPERATIVAS 441
la calidad de los servicios y productos que ellos procuran en la cooperativa.
De otra parte, resultaría imposible de conjugar una mayor participación de
los socios en la administración de la empresa con el dinamismo que los
mismos socios exigen en la entrega de servicios y productos acordes a sus
necesidades. Ciertamente que el desarrollo de nuevas fórmulas de adminis-
tración en el futuro debieran encontrar sistemas que puedan conjugar una
mayor participación de los socios, con una administración empresarial que
sin desmedro de su eficiencia y seguridad puedan coordinarse en beneficio
de la empresa y de los socios.
La norma permite que los socios puedan examinar los antecedentes que
se deben incluir en la memoria, en el balance y los estados y demostraciones
financieras. Igual cosa sucede con el informe que debe presentar la junta de
vigilancia y los auditores externos, en los casos en que estos últimos deben
proceder a efectuar sus auditorías.
El reglamento señala en el artículo 118 el contenido de la memoria pero
sólo respecto de la información de las empresas, sociedades o entidades
coligadas en las que la respectiva cooperativa tenga participación o una
inversión igual o superior al 10% de su patrimonio. La norma indica el
contenido de dicha información en detalle, la cual no reproducimos. Cabe
hacer presente que no existe razón alguna para que dicha información deba
ser entregada respecto de cualquier inversión que la cooperativa haya efec-
tuado durante el ejercicio y no limitarla a las participaciones superiores al
10% del capital de la respectiva sociedad.
A su vez, en nuestra opinión, la memoria de una cooperativa debe conte-
ner una amplia descripción de todas las actividades relevantes en las cuales
haya cabido intervención al Consejo de Adminsitración y a la gerencia
respectiva, en particular en relación a las políticas seguidas en beneficio
de los socios y que hayan contribuido a mejorar las condiciones de vida
de sus socios.
2. La distribución de los excedentes o remanentes de cada ejercicio.
La competencia de la junta general de socios sobre la disposición de
los remanentes o excedentes de cada ejercicio es absoluta y el Consejo de
Administración le compete formular una proposición al respecto.
442 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Las reservas legales obligatorias o que por disposición del estatuto de-
ben efectuarse excluyen la competencia de la junta, pues de otro modo se
requeriría una modificación legal o estatutaria.
La norma legal, impide que la junta pueda comprometer la decisión de
ejercicios futuros en cuanto a su disposición, puesto que se señala que la
materia sobre la cual emite pronunciamiento se refiere a “cada ejercicio”
y, por ende, deben entenderse excluidos aquellos futuros.
La distribución de los excedentes debe ser considerada por la junta
conforme a los antecedentes contables proporcionados por el Consejo de
Administración y revisados por la Junta de Vigilancia, en cuanto a la pro-
porcionalidad que le corresponde a cada socio en la distribución de tales
excedentes.
3. El aumento de capital social, en caso que sea obligatorio que los so-
cios concurran a su suscripción y pago de las cuotas de capital respectivas,
conforme se expresa en la letra m) del artículo 23 de la ley.
El reglamento de la ley, establece en el artículo 99 que para adoptar
dicho acuerdo, la cooperativa deberá capitalizar, en primer término, los
intereses al capital y excedentes que no se hubiesen distribuido, mediante
la emisión de cuotas de participación liberadas de pago a favor de los socios
correspondientes, a menos que la junta que adopte el acuerdo de aumento de
capital establezca normas distintas. Agrega la misma norma reglamentaria
que “la junta podrá acordar aumentos de capital que no sean obligatorios
para todos los socios, estableciendo normas y modalidades para que los
socios concurran a suscribir y pagar los nuevos aportes”.
Si los aportes de capital establecidos para obtener su aumento pueden ser
enterados en bienes distintos del dinero, como lo señala la letra i) del artículo
23, la junta también deberá pronuciarse específicamente al respecto.
Tales aumentos de capital no pueden en caso alguno exceder respecto
de cada socio los límites máximos de participación en el capital que la ley
establece por socio. Estos acuerdos deben ser adoptados por a lo menos los
dos tercios de los socios presentes o representados en la respectiva junta, re-
quisito respecto del cual deberá dejarse constancia en el acta de la junta.
COOPERATIVAS 443
En el orden del ejercicio de los derechos políticos de los socios, la com-
petencia de la junta general de socios es amplia y fundamental, a saber:
a) La elección o revocación de los miembros del consejo de adminis-
tración, de los liquidadores y de la junta de vigilancia.
Nos hemos referido anteriormente a la participación del socio en la
cooperativa y, por ende, nos remtimos a lo allí expresado188 en cuanto se
refiere a las elecciones de miembros del consejo de administración y junta
de vigilancia.
El artículo 58 del reglamento prevé el caso o situación que ocurre
cuando la junta general de socios es llamada a renovar los cargos y ésta
no se realizare, o si en ella, por cualquier causa razón o motivo no se veri-
fican las elecciones que correspondan, conforme lo establezca el estatutos
social, el mandato de los miembros del consejo de administración debe
entenderse prorrogado hasta la celebración dela próxima junta general.
Advierte la norma legal, que naturalmente existe una responsabilidad del
Consejo de Administración por el hecho de no haberse celebrado la junta
general en la fecha marcada en los estatutos, por cuanto se trataría de una
forma irregular para prolongar el mandato del consejo más alla de la fecha
prevista en el acto constitutivo, puesto que se estarían extra limitando en
sus cargos, debiendo haber cesado en su ejercicio, de manera tal que los
actos ejecutados bajo la dirección de un consejo de administración que
asume en forma extralimitada sus funciones, hace responsables directa-
mente a los consejeros de los perjuicios que pudiere provocar la actuación
de dicho órgano. Al efecto el reglamento se remite al artículo 25 de la
ley, que establece la culpa leve de los consejeros por el ejercicio de sus
funciones, en este caso más allá del plazo estatutario. Las responsabilidad
que la ley les asigna es por las actuaciones dolosas o culposas, es decir,
en el caso de estas últimas, la negligencia en que se hubiere incurrido al
no efectuarse la junta en la fecha en que debió haberse celebrado. Tanto
la culpa como el dolo deberán ser probados respecto de cada consejero o
del consejo en su conjunto.
188 Véase Nº 7 de este Capítulo.
444 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La misma norma reglamentaria que hemos analizado, es aplicable al
caso de no elegirse miembros de la junta de vigilancia, por expresa dispo-
sición del artículo 80 del reglamento, el cual hace remisión al artículo 58
del mismo cuerpo legal.
Tal como la norma legal lo establece, los miembros del consejo de
administración pueden ser revocados respecto de su designación como
consejeros, ya sea en forma individual o la totalidad del consejo, norma
que también es extensiva para los miembros de la junta de vigilancia. La
revocación consecuencialmente debe ser efectuada en una junta general de
socios, la que deberá ser convocada para ese efecto u otros que se estime
pertinente, es decir, no se establece que la junta tenga objeto exclusivo y
excluyente. Naturalemente que la revocación como tal deberá ser votada
por la junta para que puede tener efecto y si ella es aprobada procederá la
elección del o de los consejeros revocados, al igual que los miembros de
la junta de vigilancia.
La ley no establece causales de revocación de manera tal que queda al
libre examen de los socios el ejercicio de este derecho o facultad, sin que
pueda negarse por el consejo de administración la realización de una junta
cuyo objeto sea precisamente el revocar a todos o a algunos de sus miembros.
La ley no establece la forma mediante la cual los socios pueden ejercer las
facultades revocatorias que estamos analizando, de manera tal que habrá
de estarse a lo que dispongan los estatutos.
El artículo 28 de la ley establece la facultad para la junta de vigilancia
de determinar si la cooperativa ha actuado en contravención a la ley, al
reglamento o de los estatutos, en cuyo caso podrá exigir en un plazo no
mayor a 15 días, contados desde la fecha del acuerdo, la celebración de
una junta general de socios, a fin de informar de esta situación. La junta
debe celebrarse dentro del plazo de 30 días contados desde que se exija su
celebración. En dicha junta, podrán ser revocados todos o algunos de los
miembros del consejo. Naturalemente los consejeros impugnados deberán
abstenerse de votar, puesto que no pueden prevalerse de su condición de
consejero o socio para impedir su revocación o mantenerse en el cargo, en
mérito a la incompatibilidad intrínseca que existiría en tal acto, que clara-
mente adolecería de objeto lícito, al ser contrario a la moral o a las buenas
costumbres.
COOPERATIVAS 445
b) Cae también dentro del ámbito del ejercicio de los derechos políticos
que posee el socio, pronuciarse sobre la disolución de la cooperativa, prevista
como una competencia de la junta general de socios, conforme lo dispone
el artículo 23, letra d) de la ley. Igual cosa sucede con la transformación,
fusión o división de la cooperativa, que el artículo 23 mencionado, en su
letra e) establece como competencia de la junta general de socios.
El Título VI de la ley está destinado a regular los institutos jurídicos de
la disolución, fusión, división, transformación y liquidación de las coope-
rativas. En el referido Título, se reitera la idea establecida en el artículo 23
de la ley, en cuanto a que si la disolución corresponde a una motivación
interna, debe ser el órgano de la junta general el que se pronuncie y adopte
tal decisión. Igual situación ocurre en los casos de división de la cooperativa
o su fusión con otra entidad. La transformación en otro tipo de sociedad,
igualmente estará sometida a un acuerdo especial en tal sentido, lo que
señala específicamente el artículo 48 de la ley.
Tales materias serán analizadas más adelante, sin perjuicio de señalar
que los acuerdos descritos requieren de un quórum calificado de los dos
tercios de los socios presentes o representados en la junta.
c) Según lo dispone el artículo 23, letra f) de la ley, la reforma de los
estatutos es una materia propia de la junta general de socios. Utilizando un
simil sobre este particular, ello implica una suerte de reforma constitucional,
la cual habrá de ser plesbicitada entre los socios, bastando la mayoría simple
para efectuar su aprobación modificatoria o su rechazo.
La norma legal indica que cualquier alteración que se formule a los
estatutos de la cooperativa, debe ser una materia que decidirá la junta, con
una mayoría simple.
La ley señala que el cambio de domicilio social a una región distinta,
según se indica en la letra j) del artículo 23, así como también en la letra
k) sobre modificación del objeto social o la modificación de la forma de
integración de los órganos de la cooperativa y de sus atribuciones, deben
ser materia de una junta general de socios. Los tres órdenes de materias
indicados, constituyen una modificación de los estatutos, los que figuran en
forma separada en el artículo 23, debiendo suponerse que el legislador los
446 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
estableció así, por cuanto para estas tres materias exige un quórum de los
dos tercios de los socios presentes o representados en la respectiva junta, a
diferencia de cualquier otra modificación que sólo requerirá de la mayoría
simple.
Las modificaciones que se introducen al contrato de asociación original,
o al que le suceda a éste y al cual han adherido los socios, son materias de
una gran importancia por cuanto a dicho contrato han adherido los socios
al momento de ingresar, determinándose sus derechos y obligaciones, de
manera que la modificación de las normas del estatuto, siempre tendrán
alguna influencia, más o menos decisiva en la actividad del socio en una
cooperativa. El legislador ha exigido respecto de algunas de las materias
que ha estimado de mayor importancia en la vida societaria de una coo-
perativa un quórum más elevado y además exigiendo que lo acuerdos se
adopten en una junta general citada especialmente con tal objeto. Esta
última exigencia no se condice con el resto del artículo 23, por cuanto se
exige que toda citación a una junta general deba contener una referencia a
las materias a ser tratadas en ellas y con las demás menciones que señale
el reglamento.
Un caso de relevancia particular que le compete a la junta general de
socios, se encuentra regulado en el artículo 28 de la ley, que corresponde a
la exigencia que puede efectuar la Junta de Vigilancia, cuando este órgano
estime que la cooperativa ha actuado en contravención a las normas de
la Ley de Cooperativas, al reglamento o a los estatutos. En tales casos la
Junta debe exigirle al Consejo de Administración que convoque a una junta
general de socios para informar de la situación que ha llevado a concluir
en la existencia de una contravención a las normas antes señaladas. Ni la
ley ni el reglamento contienen normas específicas sobre esta facultad de
la Junta de Vigilancia, no obstante que en conformidad al artículo 72 del
mismo reglamento se regula en forma bastante amplia las facultades de
la Junta de Vigilancia para conocer y determinar las materias contraven-
cionales a las cuales alude el artículo 28 de la ley. Como la norma legal
exige que la contravención haya sido ejecutada por la cooperativa, ello
implica que los actos han debido ser ejecutados o aprobados por el Consejo
de Administración o por los órganos administrativos encabezados por el
Gerente General, debiendo entenderse la referencia “a la cooperativa” a
tales órganos.
COOPERATIVAS 447
9. INEFICACIA DE LOS ACUERDOS DE LA JUNTA GENERAL DE SOCIOS
Los problemas relacionados con la ineficacia de los acuerdos o la nulidad
de los mismos, debe ser enmarcado en la normativa propia del Derecho
Civil, sobre la nulidad absoluta o relativa de los actos propios de órganos
asociativos o societarios, puesto que se trata de la adopción de acuerdos
colectivos sujetos tanto a formalidades, como a respetar derechos materiales
o sustantivos.
La impugnación de un acto ejecutado en una junta general de socios, a fin
de restarle eficacia a dicho acto, constituye un conflicto o controversia entre
uno o más socios y la cooperativa, cuya actuación se pretende controvertir.
En tal caso, el artículo 114 de la ley, establece que dicha controversia debe
ser resuelta por la justicia ordinaria con procedimiento de juicio sumario o
mediante arbitraje, a elección del demandante.
La nulidad puede ser derivada del incumplimiento de requisitos de forma
en la convocatoria, en la instalación de la junta o en la forma como se han
adoptado los acuerdos, en cuya virtud éstos resultarían viciados. La nulidad
de los acuerdos por transgresiones a la ley, los estatutos o el reglamento
importarán nulidades absolutas, concurriendo los requisitos exigidos por
la normativa civil sobre el particular.
El ejercicio del derecho a voto, por parte de un socio, sea persona natural
o jurídica, no puede estar sujeto a la realización de intereses particulares
confrontados con los objetivos de la cooperativa189. Naturalmente que los
socios podrán intervenir ampliamente respecto de las políticas de precios
o valores de los bienes y servicios que provee la cooperativa a sus socios,
pues como el objeto de la cooperativa es el de mejorar las condiciones de
189 BRUNETTI, Antonio, en el texto Sociedades Mercantiles (Tomo 3. Editorial Jurídica Uni-
versitaria, México, 2002), párrafo [Link]. reproduce un texto legal en el cual se señala: “Los
socios de una cooperativa de consumo que hayan contratado con la hacienda cooperativa una
relación de empleo o de trabajo de carácter permanente por la cual perciben una retribución
en dinero o en especie a cargo del balance social, no tienen derecho a participar, por toda la
duración de tal relación de empleo o de trabajo, en las votaciones de las asambleas convocadas
para la aprobación del balance y para la elección de los administradores y de los censores de la
cooperativa. Las votaciones en las cuales éstos hayan participado son nulas”.
448 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
vida de los socios, su particular intervención en tales materias no puede
considerarse como una conforntación que genere una nulidad en un acuerdo
adoptado por la junta general. Las materias que puedan generar nulidades
como a las que nos referimos, son de carácter específico que provoquen
claramente un conflicto de interés entre la cooperativa uno o más socios,
sea que amaguen o alteren potencialidades o derechos de la cooperativa o
de los socios.
Los conflictos de interés, impiden el normal desarrollo de la actuación
del órgano de la cooperativa en el cual se demuestre la existencia de dicho
conflicto de intereses. La relación que se produce entre representante y re-
presentado al existir un conflicto de interés, produce un ejercicio ilegítimo
de la actuación del órgano que se supone representa los intereses de todos
sus miembros a quienes representa, pues en el caso de la junta general de
socios, se estaría ejecutando un acto acordado para un objetivo diferente de
aquel que genuinamente se habría aprobado. En efecto, si el acuerdo ha sido
adoptado contrariando el interés social, dicho acuerdo aparece viciado en su
origen, pues los poderes o actuaciones de quienes adoptaron el acuerdo que
contiene en su interior un conflicto de intereses, constituye una negación del
ejercicio de un poder y el voto consecuente padecería de un vicio consistente
en contrariar la ley y el estatuto en cuanto a sus finalidades.
Los derechos de los socios frente a la cooperativa revisten el carácter de
un cierto grado de subjetividad externa, puesto que es el interés del socio en
cuanto productor o consumidor el que lo ha llevado a ingresar a la coopera-
tiva y mantenerse como tal, interés que sólo puede ser determinado por el
socio en virtud de un contrato libremente negociado con su cooperativa, ya
que en el caso de ser contrario a sus intereses obviamente el socio no tendrá
interés en suscribirlo. De este modo los acuerdos de las juntas generales,
no debieran invadir el ámbito de la contractualidad, sino tan sólo establecer
políticas generales, dentro de las cuales deberá encuadrarse la actuación del
consejo de administración.
El abuso o exceso de poder de una junta general de socios, al invadir
la esfera del interés subjetivo del socio en cuanto a alterar sus derechos,
podrá ser objeto de una impugnación al extender su capacidad más allá de
su propia competencia establecida en la legislación.
COOPERATIVAS 449
El artículo 25 de la ley establece que:
“La aprobación otorgada por la junta general a la memoria y balance que
aquellos (se refiere a los consejeros) presenten, o a cualquier cuenta o
información general no los libera de la responsabilidad que les corresponda
por actos o negocios determinados; ni la aprobación específica de éstos los
exonera de aquella responsabilidad, cuando se hubieren celebrado con culpa
o dolo”.
La norma pretende separar claramente los actos ejecutados por los
consejeros, sea actuando como un órgano de la cooperativa, autorizando,
aprobando o acordando la ejecución o realización de actos propios del giro
de la entidad, o bien en forma individual, en virtud de acuerdos en los cuales
se les hubiere otorgado una o más facultades para llevar a cabo determi-
nadas operaciones, de las cuentas que se rinden en la junta general a los
socios. La memoria o cuentas de información general no pueden presumir
un conocimiento para la junta general de determinados actos. Si el Consejo
o los consejeros pretenden validar un determinado acto por la junta, deberán
someter tal acto en forma específica y determinada al escrutinio de la junta
general, a fin de obtener su aprobación. La junta general carece, pues, de
competencia para, mediante la aprobación de la memoria y del balance,
aprobar actuaciones específicas del Consejo de Administración. La norma
agrega materias de la responsabilidad de los consejeros que examinaremos
más adelante.
10. EL CONSEJO DE ADMINISTRACIÓN
Así como la autoridad suprema de la cooperativa es la junta general
de socios, la administración superior de los negocios sociales recae en el
Consejo de Administración, conforme lo dispone el artículo 24 de la ley.
Además, el Consejo tiene la representación judicial y extrajudicial de la
cooperativa.
Recae sobre este órgano de la cooperativa la ejecución de todos los
actos propios del giro social y la administración de ésta a su interior, o
gobierno.
450 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Ni la junta general de socios, ni el estatuto pueden limitar estas amplias
facultades legales del Consejo de Administración, las que a su vez están
confirmadas en el artículo 54 del reglamento.
El Consejo es un organismo colegiado y pluripersonal, no habiendo la ley
establecido el número de personas que deben componerlo, tanto en calidad
de titulares como de suplentes, situaciones todas que habrán de regularse
en el estatuto. El reglamento suple la falta de regulación en esta materia,
indicándose en el artículo 54 que el número mínimo de consejeros habrá
de ser de tres personas.
La ley no exige que el Consejo esté compuesto por socios, de manera que
se pueden elegir personas que no sean socios o representantes de personas
jurídicas que a su vez sean socios de la cooperativa. El reglamento en el
artículo 67 dispone a falta de disposición estatutaria, el ser socio de una
cooperativa, puede constituirse en requisito para ser elegido como consejero.
Los representantes de personas jurídicas o apoderados de éstas, tendrán la
calidad de socio, conforme al mismo artículo.
Aparte de los requisitos de capacidad, exigidos respecto de toda persona,
quien asuma el cargo de consejero, conforme al artículo 67 del reglamento,
no puede ejercer actividades competitivas con el giro de la cooperativa o
de alguna de sus empresas filiales o relacionadas, a través de las cuales
desarrolle su objeto social, o no ser dependiente o estar relacionado con
otras personas jurídicas del mismo giro. Esta limitación puede ser ampliada
en el estatuto de la cooperativa, en cuanto a que no sólo se trate del even-
tual consejero, sino también a su cónyuge, hijos o parientes o a través de
una persona jurídica en la cual el respectivo consejero tenga un poder de
decisión relevante.
Agrega el artículo 67 que el estatuto al cual se le otorga la mayor
amplitud para determinar la composición, tanto en la cantidad como en
la calidad de los consejeros, limita esta facultad, en cuanto no pueden
contemplarse requisitos que impidan el derecho de los socios usuarios a
postular a los cargos de consejeros, a menos que éstos tengan su fundamento
en la naturaleza u origen de la cooperativa o en razones de integridad e
idoneidad requeridas para ejercer el cargo. Indica el reglamento que “los
impedimentos que tengan su fundamento en la naturaleza u origen de la
COOPERATIVAS 451
cooperativa, deberán limitarse a una minoría de los miembros del consejo
de administración”. Es decir, la regulación acepta que una minoría de los
miembros del Consejo puedan tener una calidad particular, a vía de ejemplo,
para el caso de una cooperativa agrícola, el de poseer un título universi-
tario de agrónomo, o respecto de su origen haber sido socio fundador o
constituyente de la cooperativa.
La ley establece en forma específica el deber de ejercer el cargo al es-
tablecer en el artículo 25 la responsabilidad de los consejeros, la cual es
personal, norma que se complementa mediante el artículo 66 del reglamento,
en cuanto se establece que las funciones de consejero son indelegables.
Como contrapartida de la responsabilidad que recae en cada consejero,
el reglamento en el citado artículo 66, establece el pleno derecho de cada
consejero en su ejercicio del cargo, en forma individual, tiene el derecho a
ser plenamente informado, en cualquier tiempo, por el gerente o de quien
haga sus veces, de todo lo relacionado con la marcha de la cooperativa,
sin afectar la gestión social. La norma permite que la información le sea
entregada, no sólo actuando en sala, esto es, en una sesión del consejo de
administración, sino también en forma individual al consejero que la requie-
ra, información que debe ser proporcionada por el gerente o quien haga sus
veces. Es decir, se permite que el gerente delegue en algún otro funcionario
la entrega de la información referida, sin limitación alguna. De este modo
los consejeros sea en forma conjunta, actuando como cuerpo colegiado o
en forma individual, pueden y deben cersiorarse de todo cuanto ocurra en
la cooperativa a fin de actuar en sus calidades de tales en el consejo para el
cual fueron elegidos, no pudiendo alegar falta de información en el cumpli-
miento de sus actividades, ya que de otro modo su actuación caería dentro
de la negligencia en su actividad.
Una vez elegido el Consejero, su aceptación del cargo se produce en el
acto de la celebración de la primera reunión del consejo, en la cual asume el
elegido para dicho cargo, suscribiendo el acta respectiva, considerándose este
acto como la aceptación formal del cargo para el cual ha sido elegido. Pueden
existir otras formas de aceptación tácita, como lo sería ejercer algún cargo
o comisión para la cual haya sido designado. El artículo 64 del reglamento
establece que el consejo queda válidamente constituido cuando concurran
452 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
a la sesión respectiva la mayoría en ejercicio previa citación. Complementa
tal disposición el artículo 60 del reglamento al señalar: “En la primera sesión
que el consejo de administración celebre, después de la realización de una
junta general de socios en la que se haya elegido a uno o más consejeros
titulares, el consejo deberá designar de entre sus miembros en ejercicio un
presidente, un vicepresidente y un secretario. Los estatutos podrán contem-
plar la designación de otros cargos al interior del Consejo”.
Los consejeros son designados por el período que establezca el estatuto
social, no existiendo en la ley norma alguna sobre el plazo de duración en su
cargo. El Reglmento en el artículo 54 señala que el estatuto debe establecer
el plazo de duración en el cargo de los consejeros, y si la renovación se
efectuará por parcialidades o en su totalidad. A falta de disposicón expresa
de los estatutos, suple la normativa sobre el paricular el mismo reglamento
en el artículo 54, estableciendo la renovación total cada dos años.
El reglamento de 1936 disponía en el artículo 53 que los consejeros du-
raban en sus cargos tres años y debían renovarse por parcialidades, seguido
de una regla acerca de la renovación de los mismos: “Cada renovación
corresponderá a una minoría equivalente a un tercio respecto de la cifra
total de consejeros”.
En lo que se refiere a la vacancia en el cargo, la ley dispone la facultad
a las cooperativas, conforme a sus propias normas estatutarias, de designar
consejeros suplentes, quienes, conforme al artículo 55 del reglamento, reem-
plazarán a los titulares que corresponda, “sólo en su calidad de consejeros,
y en ningún caso en el cargo que éstos ocupen en la mesa directiva”. La
misma disposición establece que “los consejeros suplentes que adquieran
en forma definitiva el carácter de consejeros por renuncia o vacancia del
titular, durarán el plazo que falte a éste en su cargo”. A su vez, el artículo
59 del reglamento dispone que de la renuncia de los consejeros conozca el
propio consejo de administración.
El reglamento regula la posibilidad de producirse una renuncia simul-
tánea de todo el consejo de administración en ejercicio, recayendo en los
suplentes la administración de la entidad y a falta de éstos, debe efectuarse
una junta “de inmediato” para elegir a los reemplazantes. Debemos suponer
que la renuncia se debe hacer efectiva una vez que el mismo consejo que
COOPERATIVAS 453
ha renunciado convoque a la junta general de socios para designar a los
nuevos consejeros.
Los consejeros cesan en sus cargos por las siguientes causales:
a) Vencimiento del período para el cual fue elegido;
b) Renuncia;
c) Revocación;
d) Incompatibilidad sobreviniente;
e) Incapacidad sobreviniente;
f) Muerte.
Examinemos brevemente las referidas causales.
a) Ya dijimos que la ley no fija plazo de duración del consejero en su
cargo, lo que se determinará por el respectivo estatuto. A la llegada del plazo,
si no se hubiese efectuado la Junta Ordinaria que deba pronunciarse sobre
la correspondiente elección, el consejero cuyo plazo cronológico estuviere
vencido continuará en el cargo hasta que la Junta elija un nuevo consejero,
ya que el período cronológico debiera coincidir con la celebración de la
junta respectiva, y si ésta no ha tenido lugar, fundamentalmente, y por lo
general, será de responsabilidad del Consejo su convocatoria, de suerte
que tales consejeros no pueden dejar acéfala la cooperativa sin asumir las
responsabilidades que de tales hechos se derivaren. Tal materia debe ser
regulada en el estatuto social.
b) La renuncia es un acto unilateral del consejero ante el Consejo de
Administración, la que requiere la aceptación de éste.
c) La revocación de uno o más consejeros debe ser acordada por la junta
general de socios, conforme a las causales previstas en el estatuto social,
sin perjuicio de hacer efectiva la responsabilidad correspondiente.
d) y e) Las causales de incompatibilidad e incapacidad sobrevinientes
dependerán de las normas legales que sean aplicables al caso específico en
que se encontrare el respectivo consejero.
454 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Establece la ley, en el artículo 24, la facultad de las cooperativas para
que los trabajadores de estas organizaciones puedan designar consejeros. Ni
la ley ni el reglamento establecen procedimientos para que los trabajadores
de la cooperativa designen a representantes en dicho órgano, de manera que
serán los estatutos los que deberán regular todas y cada una de las materias
atinentes a la participación de los trabajadores en el Consejo. Sin embargo,
la misma norma legal señala la existencia de una asamblea de trabajadores
para los fines de revocar la designación en el cargo de consejero al trabajador
respectivo, de manera tal que debe establecerse en el estatuto la existencia
de la asamblea y de la forma de adoptar sus acuerdos.
La ley determina que los consejeros designados por los trabajadores,
a los cuales les asigna el título de “consejeros laborales”, gozan del fuero
establecido en el artículo 174 del Código del Trabajo desde la fecha de su
elección y hasta 6 meses despés de haber cesado en el cargo. Tal fuero la-
boral, resulta improcedente, conforme al texto legal, en los casos de censura
efectuada por la asamblea de trabajadores, sanción aplicada por el tribunal
competente, que debería ser correspondiente a la judicatura laboral, al hacer
abandono del trabajo, o por término de la empresa.
Culmina la normativa acerca de la conformación del consejo de admi-
nistración, estableciendo que a lo menos el 60% de los consejeros deben
ser elegidos por los socios usuarios de la cooperativa. La finalidad de la
norma, es precisamente la de asegurar el control de la entidad por los socios
a fin de no distorsionar el principio democrático respectivo, establecido en
el artículo 1º de la ley.
Las renuncias de los consejeros, conforme al artículo 59 del reglamento,
corresponde conocerlas al propio consejo de administración y pronunciarse
sobre ellas.
Regula el reglamento algunas materias sobre el funcionamiento del
consejo, indicando entre otras, las cuales son de orden público, que los
acuerdos deben ser adoptados colectivamente en sesión legalmente cons-
tituida, conforme se establece en el artículo 62. Señala normas también
sobre la celebración de sesiones ordinarias y extraordinarias, la forma de
efectuar las citaciones y las materias que pueden tratarse en unas y en otras.
COOPERATIVAS 455
Igualmente se trata de las citaciones y cuando el consejo se entiende que
ha sido instalado válidamente.
El artículo 71 del reglamento, establece normas sobre la reserva de de-
terminadas actuaciones del Consejo. La reserva puede recaer en las actas
del propio Consejo de Administración, a documentos o contratos. Las actas
constituyen un resumen o extracto de las materias tratadas en una determi-
nada sesión del Consejo de Administración. Los documentos, constituyen
una especie muy amplia, pues en ellos se plasman toda clase de análisis,
comentarios y conclusiones sobre las materias de la actividad de una coo-
perativa. Finalmente, los contratos se encuentran definidos en el artículo
1438 del Código Civil y debe estarse a dicha definición para los efectos de
determinar la reserva señalada en el reglamento. Tales elementos, exige la
reglamentación, para los fines de efectuar la reserva, deben relacionarse con
negociaciones aún pendientes o asuntos comerciales, financieros o sociales,
que al conocerse antes de su formalización pudieren perjudicar el interés
social o el cumplimiento del objetivo perseguido.
El mismo reglamento establece el derecho de cada socio a requerir al
consejo de administración la entrega de una copia de la certificación en
que conste el acuerdo de dar carácter reservado al documento respectivo y
que hemos señalado precedentemente, materia que es obligatoria de parte
del Consejo.
El artículo 36 de la ley, establece determinadas inhabilidades para ejercer
el cargo de consejero y al efecto se remite a los artículos 35 y 36 de la Ley
de Sociedades Anónimas, Nº 18.046.
Al efecto, se establece que no pueden ser consejeros:
1. Los menores de edad.
2. Las personas afectadas por la revocación producida por el hecho de
haberse rechazado por segunda vez en una junta general de socios el balance
sometido a su consideración, entendiéndose en tal caso, revocado el con-
sejo de administración, sin perjuicio de las responsabilidades que pudieren
456 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
resultar. En tal caso, en la misma junta deberá procederse a elegir el nuevo
Consejo de Administración190.
3. Las personas condenadas por delito que merezca pena aflictiva o de
inhabilitación perpetua para desempeñar cargos u oficio públicos, y los
fallidos o los administradores o representantes legales de personas fallidas
condenadas por delitos de quiebra culpable o fraudulenta y demás estable-
cidos en los artículos 203 y 204 de la Ley de Quiebras.
4. Los funcionarios fiscales, semifiscales, de empresas u organismos
del Estado y de empresas de administración autónoma en las que el Estado
efectúe aportes o tenga representantes en su administración, en relación a
las entidades sobre las cuales dichos funcionarios ejercen, directamente y
de acuerdo con la ley, funciones de fiscalización o control. La norma señala
que las personas que adquieran la calidad de funcionarios en los organis-
mos o empresas públicas indicadas, cesarán automáticamente en el cargo
de consejero de una entidad fiscalizada o controlada. Debe entenderse por
tales, es decir, fiscalizada, aquella cooperativa de importancia económica
al tenor del artículo 109 de la ley.
5. Los senadores y diputados.
6. Los ministros y subsedcretarios de Estado, jefes de servicio y el di-
rectivo superior inmediato que deba subrogar cada uno de ellos.
7. Los corredores de bolsa y los agentes de valores.
Los acuerdos que adopte el consejo de administración, deben contar con
determinadas formalidades que se establecen en los estatutos sociales, tales
como haber sido adoptados en sala, cumpliéndose con las formalidades de
citación, materias que pueden y deben ser tratadas en sesiones ordinarias o
extraordinarias, conforme se refiere a estas últimas el artículo 63 del regla-
190 El artículo 35 de la Ley de Sociedades Anónimas, se remite a su vez al artículo 77 de
la misma ley, la cual dispone que un segundo rechazo del balance de la sociedad produce de
pleno derecho la revocación del directorio, normativa que por la remisión que se formula en el
artículo 30 de la Ley de Cooperativas, resulta plenamente aplicable a estas instituciones.
COOPERATIVAS 457
mento y respecto de la concurrencia a las sesiones de determinado número de
consejeros. El artículo 64 señala que este órgano queda constituido en foma
válida cuando concurran a la sesión respectiva la mayoría de sus miembros
en ejercicio, previa citación. Esta última es una materia que corresponde
al Presidente, conforme se establece en el artículo 61 a) del reglamento.
Las formalidades para el funcionamiento del consejo de administración se
encuentran reguladas en el artículo 62 del reglamento.
La inexistencia o faltas en el cumplimiento de estas normas produce la
invalidez de los acuerdos. El secretario que debe ser miembro del consejo,
transcribe los acuerdos a las actas de las sesiones, pudiendo encargarse
esta actividad al gerente de la cooperativa, según lo determina el artículo
61 del reglamento.
La nulidad referida, ante el incumplimiento de las formalidades, puede
ser saneada, mediante la ratificación de tales acuerdos en una sesión que
cumpla con la totalidad de las formalidades exigidas, tanto por el reglamento
y por los estatutos sociales, todo ello en conformidad al artículo 1684 del
Código Civil.
11. LA RESPONSABILIDAD DE LOS CONSEJEROS Y DEL GERENTE
La responsabilidad de los consejeros se encuentra establecida en el
artículo 25 de la ley y ella se ubica hasta la culpa leve en el ejercicio de
sus funciones. En la misma norma, también se encuentra establecida la
responsabilidad del gerente o gerentes.
Desde un punto de vista jurídico, responsabilidád es la obligación de
satisfacer cualquier daño o perjuicio causado por la actuación de un de-
terminado sujeto. Tal responsabilidad jurídica se divide en civil y penal.
Responsabilidad civil es la que proviene de un hecho o de una omisión que
causa daño a otro. Responsabilidad penal es la que proviene de un delito
o de un cuasidelito penal, de una acción u omisión voluntaria o culpable
penada por la ley.
Conforme al artículo 44 del Código Civil, norma plenamente aplicable
a la graduación de la culpa que señala el artículo 25 de la ley, se entiende
458 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
por culpa leve, descuido leve, descuido ligero, concepto que la norma hace
sinónimos, como “la falta de aquella diligencia y cuidado que los hombres
emplean ordinariamente en sus negocios propios. Culpa o descuido, sin
otra calificación, significa culpa o descuido leve. Esta especie de culpa se
opone a diligencia o cuidado ordinario o mediano. El que debe administrar
un negocio como un buen padre de familia es responsable de esta especie
de culpa”.
La responsabilidad se origina mediante el hecho de sujetarse por la perso-
na que asume una responsabilidad a un poder de naturaleza coactiva de parte
de quien puede exigir una obligación, siendo un elemento integrante de toda
obligación, puesto que ante el derecho y poder del acreedor se constituye el
deber y responsabilidad de quien se hace deudor de tal obligación.
No obstante que la Ley de Cooperativas se adscribe desde el año 1962
a la doctrina del órgano, en sustitución a aquella del mandato, al señalar
en el artículo 24 que el consejo de administración “tiene a su cargo la
administración superior de los negocios sociales”, no establece un tipo de
responsabilidad especial. La ley se remite a la responsabilidad civil, reafir-
mando de esta forma la naturaleza civil de la cooperativa, diferenciándose
de la norma de las sociedades anónimas, contenida en el artículo 41 de la ley
Nº 18.046, que establece “el cuidado y diligencia que los hombres emplean
ordinariamente en sus propios negocios”.
El ámbito de la responsabilidad atañe a la administración superior de los
negocios sociales y a la representatividad de la cooperativa. De este modo
todos los asuntos relacionados con la actividad de la cooperativa, a su objeto
o giro, a las normas estatutarias y acuerdos de juntas generales de socios
quedarán comprendidos en dicha responsabilidad.
La actuación responsable, conforme a las disposiciones señaladas pre-
cedentemente del Código Civil, aunque se refiera a cómo debe administrar
su patrimonio un buen padre de familia, no es lo mismo que administrar el
patrimonio de una cooperativa, con cientos o miles de socios, el cual no es
de propiedad de los consejeros.
Sin embargo, el concepto de origen romano, es aplicable a quien no aven-
tura su patrimonio en arriesgadas especulaciones o que en su administración
COOPERATIVAS 459
no actúa con la diligencia que tiene o debe tener un buen padre de familia,
para cautelar el patrimonio familiar, diligencia que sería similar a la que
debe aplicar en la administración del patrimonio de la cooperativa.
La responsabilidad a la que se refiere el artículo 25 de la ley exige la
concurrencia de los siguientes presupuestos:
1. Una acción u omisión productora de un acto ilícito;
2. La antijuridicidad de la acción u omisión;
3. La culpa del actor;
4. La producción de un daño, y
5. La relación causal entre la acción u omisión y el daño.
El actuar de una persona o dejar de actuar, en forma voluntaria de toda
obligación de dar, hacer o no hacer, constituye el primer factor de la res-
ponsabilidad. Es decir, el consejero o gerente responde por haber hecho
lo que debió haber omitido o por haber omitido lo que debió haber hecho,
siempre que la acción u omisión sea antijurídica y su decisión sea culpable
por no haber actuado conforme a derecho, decidiendo obrar en contrario,
es decir, en forma injusta o pudiendo haber obrado dentro de lo lícito y
jurídicamente establecido.
La norma del Código Civil, respecto a la culpa leve, a la cual se remite
el artículo 25 de la ley, exige una actuación diligente y cuidadosa, la que
debe ser permanente y constante por parte de los consejeros y gerentes. Ello
no significa que cualquier error o descuido pueda representar una falta de
diligencia o cuidado, pues ello podría representar la paralización de la ac-
tividad de la copoperativa, al someter al Consejo de Administración y a los
gerentes a situación tal, que produzca un constante temor en su actuación.
La diligencia y cuidado exigido, consiste en actuar previendo o examinan-
do todas las alternativas posibles en una actuación que sea ajustada a los
objetivos y propósitos establecidos estatutariamente y conforme a las reglas
existentes, incluyendo los acuerdos de los órganos que sean comptentes
en el interior de la cooperativa. La norma del Código Civil, agrega en el
artículo 44, terminando de precisar el concepto de culpa leve que “el que
debe administrar un negocio como buen padre de familia es responsable de
esta especie de culpa”, es decir, la culpa leve.
460 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La producción de un daño, debe estar referida a que la actuación u omi-
sión lo ha provocado, sea a un socio o grupo de socios o a la cooperativa
misma, daño que debe ser evaluado en el contexto de las operaciones de
la cooperativa y de su giro u objeto. El daño debe ser cuantificable y ade-
más debe ser probado. El concepto de daño puede señalarse diciendo que
consiste en todo menoscabo material o moral causado contraviniendo una
norma jurídica que sufre una persona y del cual haya de responder otra.
La realidad del daño debe estar relacionada con la causalidad entre éste y
la acción u omisión culpable, para que pueda ser imputada a quienes se
estimen responsables del mismo, pues la culpa siempre es personal. La re-
dacción de la norma, no se refiere al órgano del consejo de administración,
sino a los consejeros y a los gerentes, pues la actuación culpable genera
una responsabilidad, que como tal será siempre individual. Se trata de una
responsabilidad individual, de quienes administran la cooperativa.
En este análisis no pretendemos agotar el enorme campo jurídico de la
responsabilidad y de la responsabilidad propiamente referida a los órganos
de administración de las empresas, sino indicar algunos elementos básicos
que deben ser considerados en su estudio, los que se desprenden de la le-
gislación cooperativa.
Serán los socios en alguna actuación individual o mediante la revisión que
pueden efectuar en la junta general de socios, sea ordinaria o extraordinaria,
en este último caso, atinente a la materia para la cual ha sido convocada,
en la cual podrán enjuciar la actuación del consejo de administración y/o
de los gerentes.
Agrega el artículo 25 que la responsabilidad de los consejeros y de los
gerentes es solidaria.
Para analizar esta norma es preciso leerla sin los agregados que en ella
misma están incluidos, atinentes a otros casos, quedando su lectura de esta
manera:
“Los consejeros y los gerentes responderán hasta de la culpa leve en el ejerci-
cio de sus funciones y serán responsables solidariamente de los perjuicios que
causen a la cooperativa por sus actuaciones dolosas o culposas”.
COOPERATIVAS 461
Responder “hasta de la culpa leve”, significaría que siempre responden
los sujetos a quienes está dirigida la norma, de culpa grave, esto es, aquella
culpa que equivale al dolo, conforme se indica en el artículo 44 del Código
Civil. Tal culpa normalmente consiste en utilizar las facultades de que se
les han investido para negocios propios con los recursos de la cooperativa,
sin distinguirse la naturaleza de tales recursos, pues abarcarían cosas ma-
teriales como inmateriales. Quedan incluidos en este rubro, pues, los casos
de conflictos de interés de los consejeros y de los gerentes.
La norma indica que la responsabilidad ocurre “en el ejercicio de sus
funciones”, lo cual debe entenderse que siempre ocurrirá tal responsabilidad
en el caso del gerente o gerentes, pues éstos actúan permanentemente en
su calidad de tales, salvo, claro está, en su hogar, actividades vacacionales
u otras ajenas al trabajo. En el caso de los consejeros, su responsabilidad
no sólo incluye sus actuaciones en sala o consejo, sino cada vez que se
encuentren ejerciendo funciones de tales, en virtud de las propias regula-
ciones internas que cada cooperativa establezca, siendo las más comunes la
participación en comités o delegaciones de atribuciones que se les otorguen
específicamente. Debe tenerse presente que la responsabilidad solidaria dice
relación con los administradores culpables.
La solidaridad que la ley agrega, está vinculada al perjuicio que causen
a la cooperativa.
El artículo 29 de la ley establece la solidaridad de los consejeros y del
gerente, haciendo notar que en este caso, la expresión gerente se encuentra
en singular y en el artículo 25 está redactada en forma plural, respecto de
los perjuicios que causen a los socios y terceros. La causa de esta responsa-
bilidad debe provenir de la falta de fidelidad o vigencia de los documentos
“mencionados en el inciso precedente”. Cabe indicar que el artículo 29 de la
ley, sólo tiene un inciso de modo tal que la falta de fidelidad o vigencia de
los documentos resulta inaplicable y, por ende, esta responsabilidad solidaria
atribuida a los socios es inexistente, dado el error de la ley191.
191 La redacción de la norma, al atribuir responsabilidad a los consejeros y al gerente por
una falta de fidelidad o vigencia documentaria, resulta incongruente con una acción u omisión
culposa o dolosa en perjuicio de los socios o terceros, que les haya causado perjuicio.
462 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La ley establece la norma relativa a salvar a algún consejero de la res-
ponsabilidad que le atribuye, mediante el procedimiento de hacer constar
en el acta respectiva, su opinión contraria al acuerdo. Si estuviere imposi-
bilitado para ello, podrá hacer constar su opinión, mediante una declaración
escrita ante el Departamento de Cooperativas, dentro del plazo de 10 días
de celebrada la sesión respectiva o de la fecha en que hubiere cesado la
imposibilidad.
De lo expuesto queda en claro que la ley determina que de los actos del
consejo de administración, son autores todos los consejeros y, por tanto, todos
son responsables por haber adoptado el acuerdo productor del daño, resul-
tando todos coautores de una decisión del Consejo productora del daño.
Los consjeros son responsables mientras no se demuestre lo contrario,
invirtiendo la carga de la prueba para excusar a los que hubieren votado en
contra o se encontraren ausentes en forma justificada.
Ciertamente que la actuación conjunta de los consejeros y gerentes facilita
el ejercicio de la acción de responsabilidad, evitando de esta manera que las
dificultades que se producen respecto de imputabilidad pueda significar la
impunidad de quienes son verdaderamente responsables.
La Ley de Cooperativas no regula la acción de responsabilidad, la cual,
en consecuencia, debe someterse a las normas generales de procedimiento,
materia sobre la cual no efectuaremos un análisis especial, pues se aparta
de nuestro campo de estudio.
Sin embargo, cabe advertir que existe una acción de carácter social, que
es aquella que le corresponde a la cooperativa dirigida en contra de sus ad-
ministradores, como consecuencia de su actuación maliciosa, negligente o
abusiva, que hubiere producido un grave daño a la actividad o patrimonio
de la cooperativa. Es titular de esta acción, la propia cooperativa, como
también sus socios, actuando en forma colectiva o individual. Ciertamente
que el daño causado a la sociedad por sus administradores repercute en el
patrimonio de sus socios, pues las pérdidas que se hayan producido a causa
del daño efectuado, tendrán efectos en las cuotas de participación de los
socios, quienes deberían tener un interés legítimo para ejercer las acciones
derivadas de la responsabilidad como administradores de la cooperativa.
COOPERATIVAS 463
La acción social, para ser ejercitada implica un acuerdo de la junta ge-
neral de socios que, según se analizó anteriormente, está vinculada con la
revocación de los consejeros y de la junta de vigilancia, lo cual es materia,
según se indica en la letra c) del artículo 23 de la ley.
La junta de vigilancia de toda cooperativa, conforme lo establece el
artículo 28 de la ley, puede, mediando acuerdo mayoritario a lo menos de
sus miembros, determinar que la cooperativa ha actuado en contravención a
las normas legales contenidas en la Ley de Cooperativas, de su reglamento
o de sus estatutos. En tal caso, debe exigir la celebración en un plazo no
mayor de 15 días, contado desde la fecha del acuerdo, de una junta gene-
ral de socios, a fin de informar de las contravenciones indicadas. La junta
debe celebrarse dentro del plazo de 30 días, contados desde que la Junta de
Vigilancia haya exigido la celebración de dicha reunión.
También el daño puede repercutir en los terceros que han contratado
con la cooperativa, pues, por ejemplo, los créditos otorgados, pueden ser
afectados ante la disminución patrimonial habida, afectando sus garantías
o el cumplimiento de las obligaciones contraídas con tales terceros.
La acción de responsabilidad también es individual, es decir, le corres-
ponde a los socios ejercerla en contra de los administradores, en los casos
que ello sea procedente.
La ley en el artículo 25, se adelanta al argumento que se daba con fre-
cuencia en este tipo de acciones relativo a la existencia de aprobaciones
de los actos de administración por la junta general de socios. En efecto, el
artículo 25 establece que:
“la aprobación otorgada por la junta general a la memoria y balance que
aquellos (el consejo de administración y los gerentes) presenten, o a cualquier
cuenta o información general no los libera de la responsabilidad que les co-
rresponda por actos o negocios determinados; ni la aprobación específica de
éstos los exonera de aquella responsabilidad, cuando se hubieren celebrado
con culpa o dolo”.
El objeto de la acción será la de reparar el daño causado y determinado
en el juicio, una vez probado éste. Cuando el texto legal se refiere a los
464 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
perjuicios que se causen a la cooperativa, precisamente está indicando el
daño, sin distinguir entre un perjuicio material y otro moral a la entidad
como tal.
La acción individual por el daño causado a los socios o a terceros, no se
deduce de la redacción del artículo 25, sino de los principios generales de
la responsabilidad civil, de naturaleza contractual.
En efecto, la relación de los miembros del consejo de administración y de
los gerentes en el desempeño de sus cargos es de naturaleza contractual, pues
al asumir tales cargos lo hacen en conformidad a las normas del contrato de
asociación, quedando obligados conforme a éste y a la ley que lo sustenta,
a responder de sus actuaciones en la forma ya expresada. La responsabi-
lidad de los consejeros y de los gerentes en el caso de las cooperativas no
es muy distinta de la responsabilidad civil. Respecto de la de los gerentes,
además concurre la responsabilidad laboral, a la cual no nos referimos en
este estiudio por ser una materia diferente a la que analizamos.
En el artículo 26 de la ley se establecen presunciones de responsabilidad
de los consejeros y gerentes, la que debe entenderse como presunciones
legales, de manera tal que el peso de la pruebe se revierte en favor de la
persona o socio afectado o bien de la cooperativa si se trata de la acción
social.
Los casos de presunción son los siguientes:
1. Si la cooperativa no llevare sus libros o registros;
2. Si se repartieren excedentes cuando ello no corresponda;
3. Si la cooperativa ocultare sus bienes, reconociere deudas supuestas
o simulares enajenaciones;
4. Si la cooperativa no diere cumplimiento a sus obligaciones legales,
reglamentarias y estatutarias, y a las instrucciones de los organismos fisca-
lizadores correspondientes.
Se puede apreciar de la simple lectura de los casos de presunción de
responsabilidad la amplitud de éstos, siendo los signados con los números
COOPERATIVAS 465
1 y 4, casos de una típica responsabilidad propia de la acción social y los
otros dos, tienden más bien a cautelar los intereses de los acreedores, con
lo cual la legislación reconoce la facultad de éstos para ejercer las acciones
de responsabilidad a las cuales nos hemos referido anteriormente.
La ley no se ha referido a los conflictos de intereses que pudieren surgir
en el interior del consejo y también en relación con los gerentes, siempre
en relación con la cooperativa. Hemos señalado esta materia al tratar de las
juntas generales de socios.
Pudiere tratarse de una laguna legal deliberada, en especial respecto de
adoptar acuerdos relativos a la propia responsabilidad de los consejeros. A
nuestro juicio, el conflicto de interés, al existir en benficio de un consejero
o de algunos, o bien en beneficio de un determinado grupo de socios o de
algunos trabajadores de la cooperativa, afectando el patrimonio de la entidad,
adolecerían de nulidad, pues son contrarios a los intereses de la cooperativa
y, por ende, estarían causando un daño o perjuicio, lo cual justifica la acción
de nulidad del acuerdo, en razón del objeto ilícito contenido en el interior
de tales acuerdos.
El reglamento, en el párrafo quinto, artículos 85 y siguientes trata de los
conflictos de intereses, sólo respecto del gerente en actividades que com-
pitan o sean similares con el giro propio de la cooperativa y sus empresas
relacionadas. La norma se relativiza, al estar sujeta a lo que dispongan los
estatutos de la cooperativa, de manera tal que la referida incompatibilidad
sólo existe si los estatutos nada dijeran al respecto.
Las incompatibilidades que pueden surgir en la administración de una
cooperativa, pueden ser muchas y muy variadas y todas ellas están revestidas
de un elemento, aunque único, de subjetividad, de manera que es complejo
establecer una regulación específica, debiendo en todo caso excluirse en
la actuación de los administradores cualquier acto que ejecuten motivados
en forma directa o indirecta a fin de alterar el patrimonio de la institución.
Incluimos en este concepto aquellos casos en que no pudiere haber habido
una alteración, pero que no permitieran obtener todo el provecho que de su
ejecución podría haber obtenido la cooperativa.
El hecho de que los consejeros sean socios y conforme al principio mu-
tualístico, persigan el mejoramiento de sus condiciones de vida, como se
466 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
encuentra expresado en el artículo 1º de la ley, debiendo tutelar los intereses
de la cooperativa y a la vez sus propios intereses, no puede generar un con-
flicto de interés por cuanto el consejero deberá siempre privilegiar el interés
de la cooperativa por sobre el suyo propio. La doctrina192 ha señalado que el
interés de la sociedad comprende el principio de la par codicio sociorum, en
la distribución de los beneficios mutualísticos de la cooperativa. Particular
importancia tiene la normativa sobre eventuales conflictos de interés en las
cooperativas de ahorro y crédito, las cuales en el caso de aquellas sujetas a
la normativa de la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras,
debe ajsutarse en todo cuanto a esta materia se refiere a dicha regulación,
sin perjuicio de las normas del estatuto social.
Desde el punto de vista del estatuto, es posible establecer un sistema
de consultas objetivo, creando una instancia externa a la cooperativa, a fin
de que pueda presentarse por quienes enfrenten conflictos de interés, la
resolución del caso respectivo, mediando un procedimiento simplificado,
para absolver la consulta.
Los plazos de prescripción para el ejercicio de las acciones de responsa-
bilidad no se encuentran establecidos en la Ley de Cooperativas, de manera
tal que habrá de recurrirse a las normas generales, que no son otras que las
contenidas en el Código Civil.
Como ya dijimos anteriormente, la responsabilidad alcanza a los ge-
rentes, empleando el artículo 25 la forma plural, lo cual incluye a quienes
se les ha designado en el cargo o con el título de gerentes y tal respon-
sabilidad es solidaria, con los consejeros o entre los gerentes, que hayan
actuado en el caso del cual surge la responsabilidad. A nuestro juicio, la
norma debe limitarse exclusivamente a quienes habían sido investidos en
el carácter de gerentes y no se puede imputar responsabilidad, en la norma
del artículo 25 a los subgerentes o quienes ejerzan cargos equivalentes,
puesto que la responsabilidad solidaria nace de un acto convencional o es
su origen la ley, en cuyo caso, como norma excepcional debe ser aplicada
restrictivamente.
192 TATARANO, Giovanni. L’impresa cooperativa. Milano Dott. A. Giuffrê Editore. 2002.
COOPERATIVAS 467
12. EL GERENTE
Conjuntamente con el consejo de administración, el otro órgano adminis-
trativo de la cooperativa, establecido por la ley, es el gerente, cuyo estatuto
jurídico está contenido en el artículo 27, sin perjuicio de otras normas que
hacen referencia a él.
La ley define al gerente como “el ejecutor de los acuerdos y órdenes del
Consejo de Administración” y además hace recaer en él la capacidad de
representación judicial, revistiéndolo da las facultades del artículo 8º del
Código de Procedimiento Civil.
Si bien aparentemente la ley contempla al gerente en una actividad de
absoluta dependencia del Consejo de Administración, sin iniciativa, pues la
definición que formula está caracterizada por ser un ejecutor de acuerdos y
órdenes. Obviamente el sentido de la expresión “gerente”, en una empresa
no lo constituyen sólo dichas actuaciones, sino muchos otros elementos,
que deben exigirse según el tipo y tamaño de una empresa193.
Por de pronto, la misma norma legal le entrega al gerente la representación
judicial de la cooperativa, actuación que no es delegada, sino que conforma
parte del propio órgano gerencial y permite, dentro de dicho rango ejecutor,
que sus atribuciones y deberes sean fijados por el estatuto, como lo dispone
el artículo 27 de la ley.
Por cierto, dentro de los deberes del gerente está el de informar y de
proponer al Consejo de Administración las medidas, planes, programas,
iniciativas y demás actos que considere adecuados para el buen funciona-
miento de la cooperativa, así como también el deber de lealtad para con la
empresa, normas todas que deberán plasmarse en el estatuto.
El gerente es designado por el Consejo de Administración, de entre los
socios o terceros, sin que la ley contenga normas restrictivas sobre el par-
193 La literatura especializada sobre esta materia es muy amplia, la cual evidentemente el
legislador no la ha recogido. Véase, entre otros, a Ética de la Empresa de CORTINA, Adela. Edito-
rial Trotta, Madrid. GARCÍA ECHEVERARRÍA, S. Los directivos de las empresas y la competitividad,
IDOE, Madrid, 1992. BLANCHARD, K. y PEALE, N.V. The Power of the ethical management, W.
Morrow & Co., New York, 1998.
468 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
ticular. El gerente debe ser plenamente capaz para ejercer el cargo, tanto
desde un ángulo civil, como de evitar caer en inhabilidades especiales, entre
las cuales están las mencionadas en el Párrafo Quinto del Título Tercero del
reglamento de la Ley de Cooperativas.
La remuneración del gerente es fijada por el Consejo de Administración,
pudiendo ser establecida en base a un sueldo, comisiones u otras formas que
se encuentran reguladas por las leyes del trabajo, o si se celebra un contrato
de servicios profesionales, acorde a la legislación civil. El período de dura-
ción del nombramiento podrá ser indefinido o temporal, según se acuerde
con entera libertad. En cualquier caso, la función del gerente finalizará al
disolverse la sociedad cooperativa, cesando naturalmente en sus funciones,
al igual que cuando renuncia a su cargo.
El gerente puede ser removido de su calidad de tal, lo que podrá poner
término a su contrato de trabajo o de prestación de servicios profesionales,
según sea el caso. La revocación sólo puede provenir del propio Consejo
de Administración.
Conforme con la norma legal mencionada, la gestión que ejecuta el ge-
rente deriva del Consejo de Administración por la definición que se hace,
la que nos parece limitativa y rígida, debiendo ser la norma la realización
de actos de gestión en interés de la sociedad, de acuerdo con las políticas
impartidas por el Consejo, limitada por el objeto social y por los poderes
de que están investidos los demás órganos de la sociedad.
Hay que considerar que el artículo 24 de la ley otorga al Consejo de
Administración la representación judicial y extrajudicial de la cooperativa,
sin perjuicio de la representación judicial que también le corresponde al
gerente.
De lo expuesto se desprende que el poder de representación extrajudi-
cial del gerente sólo tendrá origen en un acuerdo expreso del Consejo de
Administración; en cambio, el poder de representación judicial tiene su
fuente misma en la ley, en concordancia con el artículo 8º del Código de
Procedimiento Civil; dando a los terceros la seguridad de poder encontrar
en toda cooperativa la persona apta para litigar. De aquí se sigue que las
cláusulas estatutarias que pudieren limitar los poderes judiciales del gerente,
son inoponibles a terceros o socios.
COOPERATIVAS 469
El conflicto que pudiere producirse con la pluralidad de gerentes se disipa
por completo al emplear la ley un artículo definido singular, al inicio del
artículo 27, de tal modo que si hay más de un gerente –al que se refiere el
citado artículo– pasará a denominarse “gerente general”, para distinguirlo
del resto de los gerentes.
El gerente está obligado a entregar lealmente a la cooperativa toda su
capacidad laboral e intelectual. Como mandatario, que también lo es, el
gerente –frente al Consejo y a la cooperativa, por percibir remuneración–
viene a responder de culpa leve, recayendo más estrictamente esta respon-
sabilidad sobre el mandatario remunerado, según se establece en el artículo
2129 del Código Civil.
Tal responsabilidad también puede hacerse efectiva por terceros. Las
acciones pertinentes se extinguirán por prescripción, conforme a las reglas
generales.
El gerente está obligado, en su calidad de representante legal de la coo-
perativa, a dar cumplimiento a las resolúciones, órdenes o instrucciones
que el Departamento de Cooperativas imparta.
13. LA JUNTA DE VIGILANCIA
El órgano de fiscaliiación interno o privado en las cooperativas está a
cargo de la Junta de Vigilancia, sin que ello se oponga a la posibilidad de
designar auditores profesionales. Paralelamente, existe la fiscalización
pública, a cargo del Departamento de Cooperativas.
La junta de vigilancia nace conjuntamente con los demás órganos de la
cooperativa al contituirse, de modo tal que sin junta de vigilancia no existe
la cooperativa. Hace excepción a lo anterior la cooperativa de trabajo, res-
pecto de la cual la creación de este órgano es facultativa, según lo indica el
artículo 61 de la ley. Optando por no crear la junta de vigilancia, sin em-
bargo, están en la obligación de designar un inspector de cuentas titular y
un suplente, sin que la ley establezca la obligación de que tales inspectores
sean socios de la entidad.
470 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La fiscalización privada es designada por la junta general mediante el
nombramiento de hasta cinco miembros, pudiendo ser hasta dos personas
ajenas a la cooperativa y que cumplan los requisitos que establezca el re-
glamento, según lo establece el artículo 28 de la ley.
Salvo estipulación en contrario establecida por los estatutos, los miembros
de la junta de vigilancia durarán en sus cargos el mismo tiempo determina-
do para los consejeros. La actividad que desempeñen los miembros de la
junta de vigilancia puede ser remunerada, según lo dispongan los estatutos
sociales, materia que se encuentra regulada en el artículo 65 del reglamento,
de manera que existe autonomía de parte de la cooperativa para establecer
y determinar la remuneración de los miembros de la junta de vigilancia,
materia propia de la junta general de socios.
Los miembros de la junta de vigilancia están obligados a guardar re-
serva acerca del contenido de los antecedentes que revisen, debiendo en
todo caso, poner a disposición de la junta de socios y del organismo fis-
calizador correspondiente, aquellas situaciones que al parecer de la junta
impliquen la infracción de las leyes, el reglamento de la ley o normas
dictadas por las autoridades, todo ello conforme lo dispone el artículo 74
del reglamento.
La misma norma legal señala que el objeto de la junta de vigilancia está
constiuido por “examinar la contabilidad, inventario, balance y otros estados
financieros y las demás atribuciones que se establezcan en los estatutos y en
el reglamento”. El reglamento de la ley, en el artículo 72, amplía dicho objeto
indicando que tiene por función “examinar la contabilidad, su documenta-
ción sustentatoria, inventarios, balance y los otros estados y demostraciones
financieras que elabore la gerencia o administración de la cooperativa, y
emitir un informe sobre los mismos, que deberá presentar ante el consejo
de administración y, en todo caso a la junta general de socios”.
Agrega el reglamento, ampliando sustantivamente la función fiscalizado-
ra de la junta de vigilancia, en ámbitos extra contables o financieros, la de
“investigar e informar, asimismo, toda denuncia escrita que fundadamente
reciba de los socios de la cooperaiva y las irregularidades que, por cualquier
medio, lleguen a su conocimiento. El consejo de administración no tendrá
facultades para aceptar o rechazar los informes de la junta de vigilancia,
COOPERATIVAS 471
sin perjuicio de tomar nota de las observaciones que ésta efectúe y adoptar
las medidas que considere necesarias para la buena marcha de la coopera-
tiva. La junta de vigilancia podrá presentar al consejo informes parciales
sobre sus labores con las observaciones, alcances o reparos que le merezca
la gestión de la cooperativa, pero no podrá en caso alguno intervenir en
la administración de la misma, ni en las funciones propias del consejo de
administración”.
La norma transcrita permite a la junta vigilar la observancia de la ley y
de los estatutos, comprendiéndose, por tanto, el cumplimiento del objeto de
ayuda mutua que debe existir al interior de la cooperativa, en conformidad
al artículo 1º de la legislación cooperativa.
La junta de vigilancia es un órgano pluripersonal, debiendo, en conse-
cuencia, actuar como cuerpo colegiado. El reglamento de la ley regula su
constitución y funcionamiento.
Al efecto, el artículo 73 del reglamento señala que son aplicables a los
miembros titulares y suplentes los requisitos establecidos respecto de los
consejeros para el ejercicio de su cargo. Para aquellas personas que son
designadas como integrantes de la junta de vigilancia y que no son socios de
la cooperativa, el reglamento establece que deben ser profesionales o tener
experiencia acreditada en ciencias o técnicas relativas a la administración
de empresas, contabilidad o funcionamiento de las empresas cooperativas.
El reglamento determina que el estatuto debe determinar la forma en que
el cumplimiento de tales requisitos debe ser acreditado.
La actividad investigativa que el reglamento le asigna a la junta de vi-
gilancia, debe centrarse en los “hechos eventualmente irregulares, deberá
practicarse de un modo confidencial, cuidándose de no dañar la reputación
de los posibles involucrados y de la imagen corporativa de la empresa”,
según lo establece el artículo 72 del reglamento.
El examen de la contabilidad, como función principal, aunque no única
según se establece en el reglamento, se refuerza en el artículo 74 de este
cuerpo normativo, abarcando aspectos como el examen de la documentación,
el lugar en donde debe efectuarse y dentro de los plazos indicados y la forma
472 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
o manera de como la administración de la cooperativa debe proporcionar la
documentación y todos los antecedentes que se le requieran.
El reglamento hace responsable, en el artículo 74, al presidente de la
junta de vigilancia sobre la custodia e integridad de los antecedentes pro-
porcionados para su revisión, por la cooperativa.
Como se dijo anteriormente, el reglamento amplió la labor de la junta de
vigilancia a materias extra contables, conforme se establece en el artículo
72 de dicho cuerpo legal, al señalar que puede recibir denuncias escritas de
los socios, las cuales deben ser fundadas para poder ser recibidas y darles
curso, siendo su deber investigar e informar de ellas a los organismos de
la cooperativa y, por supuesto, al denunciante. Se comprenden dentro de
esta labor el investigar las irregularidades que por cualquier medio lleguen
a su conocimiento.
Las normas reglamentarias establecen el plazo de un mes para que la
junta de vigilancia presente un informe por escrito.
El artículo 75 del reglamento se coloca frente a la alternativa que la junta
dentro de dicho plazo no hubiere entregado el referido informe, situación
que implica que se da por aprobado el balance y demás estados fiancieros.
Por el contrario, si el informe es entregado dentro de plazo y éste presentare
objeciones a los estados financieros y el consejo de administración modi-
ficare tales estados, la junta de vigilancia debe ampliar su informe sobre
los cambios introducidos, dentro de los 15 días siguientes a la fecha que el
consejo le haga entrega de un ejemplar del documento corregido. Si existe
disconformidad entre los miembros de la junta de vigilancia, el informe
puede contener los votos de los distintos miembros y sus fundamentos, los
cuales debe darse a conocer en la junta general de socios, según lo dispone
el artículo 75 del reglamento.
El cargo de miembro de la junta de vigilancia es indelegable, sin perjuicio
de que dicho órgano puede encomendar a los socios que efectúen labores
inspectivas, en los lugares que la cooperativa tenga operaciones fuera del
domicilio social, aplicándose a estos socios las normas del consejo de ad-
ministración y que deben ser personas debidamente calificadas para llevar
a cabo las referidas inspecciones, según lo determina el artículo 79 del re-
COOPERATIVAS 473
glamento, el cual a su vez se fundamenta en el artículo 73 de dicho cuerpo
reglamentario. Tales delegaciones deben ser adoptadas por los miembros
de la junta de vigilancia y hacerse constar en el acta respectiva, la cual debe
constar en el libro de actas y ponerse en conocimiento de la administración
de la cooperativa.
El reglamento establece en el artículo 80, un conjunto de inhabilidades
para ser miembros titulares o suplentes de la junta de vigilancia, todos
ellos relacionados con la finalidad de evitar conflictos de interés entre el
miembro de la junta de vigilancia, la cooperativa y el consejo de adminis-
tración. Además, se validan las incompatibilidades que pueda establecer el
estatuto social.
De las renuncias de los miembros de la junta de vigilancia debe conocer
la propia junta e informar a la junta general de socios de las vacancias que
se hayan producido durante el ejercicio. El reemplazo de los miembros de la
junta debe corresponde a la junta general de socios, salvo el caso de existir
miembros en calidad de suplentes.
Los inspectores de cuenta, a que se refiere el artículo 82 del reglamento,
debe ser entendido, dentro de la facultad que tiene la junta de vigilancia,
conforme lo establece el artículo 28 de la ley, en cuanto a que con acuerdo
de la junta general de socios, pueda designar una firma privada de auditores
para llevar a cabo todas o partes de sus funciones. La autorización legal que
se establece está destinada a mejorar los sistemas de control de la cooperati-
va, pues en cooperativas que podrían calificarse de medianas a grandes, las
operaciones se tornan complejas y se requiere de una ayuda adicional para
que la fiscalización sea congruente con las necesidades de las operaciones
que se ejecutan. Ello cobra mayor relevancia en el caso de las cooperativas
que la ley denomina “de importancia económica”, conforme se indica en el
artículo 109 de la misma, que son aquellas coopertivas de ahorro y crédito,
las cooperativas abiertas de vivienda abiertas y todas aquellas cuyos activos
sean iguales o superiores a 50.000 unidades de fomento o que tengan más
de 500 socios.
Lógicamente que los auditores o inspectores de cuenta no podrán ejercer
aquellas actividades a que nos hemos referido anteriormente y señaladas
en el artículo 72 del reglamento, en cuanto a investigar e informar acerca
474 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
de las denuncias que reciban de los socios o irregularidades que lleguen a
conocimiento de la junta de vigilancia, materias del todo ajenas a la actividad
de una auditoría y de un inspector de cuentas, como su nombre lo indica.
La actividad delegada por la junta general de socios, también puede ser
encargada a una confederación, federación o instituto auxiliar de coopera-
tivas que disponga de servicios de auditoría, según lo indica el artículo 28
de la ley.
CAPÍTULO XI
LA MODIFICACIÓN DE LOS ESTATUTOS SOCIALES, LA TRANSFORMACIÓN,
FUSIÓN, ESCISIÓN Y DISOLUCIÓN DE LA COOPERATIVA
El acto constitutivo de una cooperativa, mediante el cual se establecen
las normas por los socios fundadores, a las cuales deberá someterse la aso-
ciación que se crea en dicho acto, puede ser modificada sustancialmente o
en aspectos formales, sin limitación alguna, salvo el propósito primigenio
que llevó a los socios constituyentes a crear la cooperativa como entidad
asociativa y de naturaleza mutual.
La transformación, constituye un acto de una naturaleza tal, que como
su nombre lo indica, transforma la entidad en una organización distinta en
cuanto a su naturaleza y fines, según se examinará más adelante. Ello es
así, por cuanto se cambia radicalmente su naturaleza mutual al pasar a otro
tipo de organización jurídica y por ello decimos que la modificación de los
estatutos tiene el límite de mantener las características de asociatividad de
la cooperativa, las que al perderse deja de ser tal y pasa a otra categoría,
como lo son las sociedades, cualquiera sea el tipo de éstas.
1. LA REFORMA DE LOS ESTATUTOS
Diversas disposiciones de la ley se refieren a la reforma de los estatutos
de una cooperativa, acto que exige ser ejecutado en una junta general de
socios, conforme lo dispone el artículo 23, letra f) de la ley.
El artículo 11 de la ley define lo que se debe entender por modificación
de los estatutos, para los fines de la Ley Nº 19.499 que establece Normas
sobre Saneamiento de Vicios de Nulidad de Sociedades, haciendo aplicables
a las cooperativas los procedimientos descritos en dicha legislación. No debe
476 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
entenderse, pues, que tal definición es aplicable al acto mediante el cual se
modifican los estatutos, sea en aspectos sustanciales como formales.
A diferencia de los diferentes tipos societarios, con excepción de las
sociedades por acciones, el cambio de las personas de los socios no com-
porta la modificación de los estatutos de la cooperativa, no obstante que
se trate de una entidad de personas y no de capitales. Es por tal razón que
no puede existir una modificación de los estatutos por la transferencia o
cesión de las cuotas de participación, la admisión de nuevos socios, así
como tampoco la exclusión de uno o más de ellos o la sustitución del socio
por sus herederos.
Las modificaciones deben ser acordadas en una asamblea de socios,
la cual debe ser citada especialmente para tales fines, en conformidad al
artículo 23, letra f) de la ley, cumpliéndose las normas reglamentarias y
estatutarias para efectuar la convocatoria, la citación a la asamblea, su pu-
blicidad y las materias que serán sometidas a la consideración de la junta
de socios. Existen normas especiales en la ley para la realización de una
asamblea destinadas a reformar los estatutos, en cuanto a quórum en las
siguientes materias:
a) El cambio de domicilio;
b) La modificación del objeto social;
c) El aumento del capital social, en el caso que sea obligatorio que
los socios concurran a su suscripción y pago de de las cuotas de capital
respectivas.
Dichas materias requieren la conformidad de los dos tercios de los socios
presentes o representados en la junta general respectiva. Lo anterior es,
sin perjuicio de que las normas del estatuto puedan disponer, por ejemplo,
quórum especiales, diferentes a la simple mayoría, para modificar determi-
nadas partes del acto constitutivo, distintas a las indicadas.
La ley exige la publicidad del acto modificatorio, en conformidad a lo
dispuesto en el artículo 8º, lo cual debe efectuarse dentro de los 60 días
siguientes a la fecha de reducción a escritura pública del acta de la junta
general de socios en la cual se aprobó dicha reforma. Tal publicidad debe
COOPERATIVAS 477
hacerse en el Diario Oficial, extractando el contenido específico del o los
acuerdos adoptados, la razón social de la cooperativa, el nombre y domi-
cilio del notario, ante el cual se haya reducido a escritura pública el acta y
la fecha de la escritura.
Mientras no se haya publicado, en extracto, la reforma acordada en
la junta y a la vez se haya inscrito dicho extracto en el Registro de Co-
mercio del Conservador de Bienes Raíces correspondiente al domicilio
de la cooperativa, las modificaciones no pueden ser opuestas a terceros
o a los socios.
2. LA DISOLUCIÓN DE LA COOPERATIVA
El acto de disolver la sociedad produce la terminación de la vida jurídica
de la sociedad cooperativa.
Dicho acto puede provenir desde el interior de la sociedad, como puede
ser producido desde el exterior. Ambos casos están contemplados en la Ley
de Cooperativas.
Pensamos que la disolución parcial en las cooperativas no existe, puesto
que los retiros de socios son de la esencia de la cooperativa, como ya lo
hemos visto. Igualmente, creemos que la disolución de la cooperativa no
puede confundirse con la resolución del contrato asociativo, en conformidad
a las normas generales de derecho civil.
Las causales de disolución, según el artículo 43 de la ley, son:
a) Por acuerdo de la junta general de socios.
b) Por el vencimiento del plazo de duración, si lo hubiere.
c) Por otras causales contempladas en los estatutos.
d) Por sentencia judicial, dictada a requerimiento de un organismo fis-
calizador, basado en causales descritas en la ley.
De este modo las causales son determinadas y aquellas que son exteriores
a la decisión de la cooperativa, se encuentran tipificadas.
478 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
La sentencia de quiebra que afecte a una cooperativa, no implica la di-
solución de la entidad, ello conforme a normas generales del derecho y a
la inexistencia de disposición legal alguna existente.
a) La disolución por acuerdo de la junta general de socios
El artículo 43 de la ley dispone que “Las cooperativas se disuelven: b)
por acuerdo de la junta general”.
Siendo materia de una junta general de socios, en conformidad al artículo
23 de la ley, tal junta debe cumplir con los requisitos de citación, convo-
catoria y publicidad mínimos establecidos en la ley y en el reglamento,
conjuntamente con aquellas formalidades establecidas en los estatutos.
El quórum para adoptar un acuerdo relativo a la disolución de la cooperati-
va, conforme a la disposición mencionada anteriormente, debe ser de los dos
tercios de los socios presentes o representados en la junta general respectiva.
La citación que se formule debe contener expresamente que la junta general
se cita con dicho expreso propósito, según lo indica la norma citada.
La ley no exige, en el caso de disolución por acuerdo de la junta general
de socios, la formalización de los actos correspondientes a la disolución,
los que quedan entregados a la normativa que se haya establecido en los
estatutos. Sin embargo, debe practicarse una liquidación de los haberes,
según se señala más adelante.
La decisión de disolución puede ser impugnada por cualquier socio que
estime que ha sido adoptada en contravención a la ley o a los estatutos.
Las razones que motivarán la disolución pueden ser de distinta índole, las
que llevarán a los socios a votar a favor o en contra de la decisión de disolución,
debiendo –a nuestro juicio– dejar constancia de tal motivación, a fin de que
exista un acuerdo de disolución para ser tratado por los socios presentes.
La disolución por la disminución del capital a un valor menor al que se
establezca en los estatutos, siempre que no sea menor a los límites que la
legislación haya establecido, no importan una disolución de la cooperativa
de pleno derecho, sino la obligación del consejo de administración, para
adoptar las medidas que correspondan ante dicha disminución del capital.
COOPERATIVAS 479
Bien puede ser que el patrimonio, situación enteramente distinta del capital,
se haya mantenido o acrecentado, sin perjuicio de la disminución del capital.
Pero como el capital constituye la garantía más tangible para los acreedores,
su disminución a límites inferiores a los establecidos en los estatutos, puede
comprometer la viabilidad de la cooperativa, afectando a terceros, lo cual
ciertamente compromete la responsabilidad personal de los consejeros al no
adoptar un acuerdo al respecto, consistente en convocar a una junta general
de socios con el objeto de incrementarlo o disminuirlo.
La disminución de socios a un mínimo menor al legal debe importar la
disolución de la cooperativa, puesto que dejaría de existir la cooperación
entre los socios, lo que implica la razón de ser de la entidad, de manera
que para cursar y aprobar las renuncias de socios que puedan importar una
disminución de socios por debajo del número mínimo lagal o establecido en
los estatutos, debe considerarse la posibilidad de efectuar una junta general
que acuerde la disolución de la entidad.
La relación asociativa entre los socios y de éstos para con la cooperativa
no se extingue con el acto de la disolución, aun cuando éste, una vez adopta-
dos los acuerdos en la junta general de socios, deba cumplir detereminadas
formalidades. La extinción de la realción asociativa se extinguirá una vez
terminada la liquidación, siguiendo en funciones la junta general de socios
y los liquidadores. El artículo 140 del reglamento señala: “La liquidación
no concluirá hasta la enajenación de todos los activos de la entidad, y la
aprobación del informe final y cuenta general de la comisión liquidadora,
por parte de la junta general de socios”.
El artículo 47 de la ley se refiere a la liquidación de la cooperativa, norma
que debe ser aplicada en todos los casos de disolución y no solamente en
aquellos que provengan de un acuerdo de la junta general de socios.
Se examina más adelante el proceso de liquidación de una cooperativa.
b) Por el vencimiento del plazo
En general, la cooperativa es una sociedad de duración indefinida, a no
ser que se pacte por un plazo determinado y cuando éste llegare, se disolverá
de pleno derecho.
480 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Sólo si se modifica la disposición estatutaria pertinente, la prórroga podrá
ser considerada aceptable y siempre que ésta quede debidamente legalizada
antes del vencimiento del plazo.
A nuestro juicio, la prórroga tácita del plazo establecido en el estatuto
no resulta posible de ser admitida, pues la voluntad de los fundadores,
no modificada durante el transcurso del tiempo, no puede ser contrariada
tácitamente.
Si el plazo ha sido determinado por la ocurrencia de un evento, sin deter-
minar una fecha precisa, pueden surgir dificultades para su determinación,
situación muy semejante al establecimiento de un objetivo para ser cumplido
por la cooperativa, lo que se consideraba como causal de disolución en la
legislación precedente y que ha sido suprimida.
c) Disolución por otras causales contempladas en los estatutos
Si el objeto establecido como tal en los estatutos de la cooperativa, re-
sulta imposible de ser cumplido, obviamente la entidad al carecer de objeto,
debe ser disuelta y devolver a sus socios sus aportes, situación que no se
encuentra contemplada bajo la reforma a la ley, pero que nada impide que
sea contemplada en los estatutos, señalándose la forma de acreditarla por
los órganos de la cooperativa.
Puede suceder que ante esta situación, la cooperativa caiga en un receso
prolongado, que impida adoptar acuerdos válidos para terminar con la enti-
dad y distribuir el patrimonio acumulado, situación que, como indicamos, la
legislación no ha contemplado. Sin embargo, los estatutos pueden contem-
plar una causal de receso prolongado para disolver a la entidad, pudiendo
ejercerse ésta por un número mínimo de socios, a fin de no mantener un
patrimonio inmovilizado.
Un caso típico sucederá si la cooperativa explota una concesión y al
terminarse ésta la cooperativa pierde su objeto.
d) Por sentencia judicial, dictada a requerimiento de un organismo
fiscalizador, basado en causales descritas en la ley
El artículo 43 contempla el caso de disolución, por sentencia judicial a
requerimiento o solicitud de los socios, del Departamento de Cooperativas
COOPERATIVAS 481
o del organismo fiscalizador, basadas en algunas de las causales que la
norma legal indica.
En consecuencia, se ha creado una acción judicial especial, que según
el citado artículo se sujeta al procedimiento establecido en el Capítulo V
de la ley. Sin embargo, el mencionado Capítulo de la ley, no se refiere en
parte alguna a la acción de disolución indicada en el artículo 43, sino a la
tramitación de los recursos de ilegalidad que se pueden interponer en con-
tra de las resoluciones que dicte el Departamento de Cooperativas, o a los
conflictos que puedan sucitarse entre los socios en su calidad de tales; entre
éstos y las cooperativas de las que formen o hayan formado parte y entre
las cooperativas. De este modo la señalada acción no tiene establecido un
procedimiento particular en el Capítulo V de la ley.
En el caso del Departamento de Cooperativas, este organismo, al requerir
al tribunal competente la disolución de una cooperativa, deberá dictar una
resolución en tal sentido, sin que ello importe la disolución de la cooperativa,
sino la mera decisión de interponer una acción de disolución, de manera
tal que el procedimiento que regula dicha acción no se encuentra entre los
actos impugnables. Es decir, la cooperativa a la cual se va a demandar de
disolución, debería interponer una acción, conforme lo dispone el Capítulo
V de la ley, reclamando la ilegalidad de la acción que pretende iniciar el
organismo estatal, la cual a esa altura aún no se ha iniciado, sino que se
iniciará conforme lo dispone la misma resolución que haya de dictarse.
Conforme al Capítulo V de la ley, las resoluciones del departamento de
Cooperativas son reclamables, conforme al procedimiento regulado en
dicho Capítulo, pero la demanda de disolución, no podría ser reclamable,
pues, precisamente, lo que va a someterse a la decisión jurisdiccional es la
procedencia de la disolución y no el acto de demandar una disolución de
una entidad cooperativa. Igual cosa sucede si la disolución pretende llevarse
a cabo por otros órganos de la administración del Estado.
En el caso que la acción sea interpuesta por los socios, tampoco los
procedimientos del Capítulo V de la ley, no resultan aplicables, pues ellos
están concebidos para resolver, conforme se indica en el artículo 114 las
controversias que se susciten entre los socios y la cooperativa con relación
a la interpretación, aplicación, validez o cumplimiento de la Ley de Coope-
rativas, su reglamento o los estatutos, pero no incluyen dicha enumeración
la acción de disolución.
482 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Estimamos que ante esta situación el órgano público está impedido
de actuar, pues en derecho público, sólo se puede hacer o actuar siempre
que la ley así lo disponga, de manera tal que al no existir una acción de
disolución regulada en la legislación para que ella pueda ser ejercida por
los órganos fiscalizadores del Estado, tal alternativa de disolución resulta
inexistente. No ocurre lo mismo con los socios como legitimados en el
ejrcicio de la acción de disolución, quienes podrán recurrir ante la falta de
norma expresa para encausar un procedimiento de disolución por la vía
jurisdiccional, a las acciones ordinarias establecidas en la legislación pro-
cesal, o bien, como se trataría de un conflicto entre socios y la cooperativa,
podría ajustarse a los procedimientos previstos en el artículo 114 ante los
tribunales ordinarios.
La legitimación para demandar la disolución de la cooperativa debe
al menos contar con dos socios, pues el artículo 43 está redactado en
plural.
Las causales para el ejercicio de la acción, son de derecho estricto y
ellas son:
1. Incumplimiento reiterado de las normas que fijen o de las instrucciones
que impartan el departamento de Cooperativas o el organismo fiscalizador
respectivo.
2. Contravención grave o inobservancia de la ley o de los estatutos
sociales, y
3. Las demás que contemple la ley.
El debate jurisdiccional se centrará, pues, en determinar la existencia
de la causal descrita en la Ley de Cooperativas195, para que la demanda
pueda ser acogida y dictarse sentencia sobre la disolución, sin perjuicio
de la evaluación que se efectuará sobre la existencia de incumplimiento a
determinadas normas y si tales incumplimientos son reiterados, al igual que
195 Nuestra opinión respecto de la causal genérica descrita como: “Las demás que contem-
ple la ley”, se refiere solamenta a la Ley de Cooperativas y no a otros cuerpos legales, puesto
que se emplea el artículo definido “la” y no se utiliza una expresión como “las leyes” o “la
legislación”.
COOPERATIVAS 483
respecto de las instrucciones. La gravedad de la inobservancia de la ley o de
los estatutos, es una materia de hecho relativa a la calidad de la inobservan-
cia, mas no en lo que respecta a la existencia misma de una inobservancia,
para dar lugar a la acción de disolución.
Si la causal de disolución está constituida por la llegada del plazo de
duración establecido en los estatutos o por otra causal consignada en dicho
cuerpo normativo, el artículo 44 de la ley indica que el consejo de adminis-
tración, dentro de los 30 días siguientes al referido hecho, debe consignarlo
mediante una declaración efectuada en una escritura pública, cuyo extracto
debe inscribirse en el Registro de Comercio y publicarse en el Diario Oficial.
La ley contempla el caso que no se diere cumplimiento a la obligación antes
descrita, la que podrá ser cumplida por el gerente, o por cualquier miembro
titualar o suplente del consejo de administración o por cualquier socio de la
cooperativa. En consecuencia, el derecho para que algún socio, el gerente
o algún miembro del consejo de administración pueda intervenir en dicho
proceso de disolución, se requiere que el plazo de 30 días establecido en la
ley, se haya extinguido.
El artículo 124 del reglamento establece que si la causal de disolución
es diferente a la que pueda acordarse en una junta general de socios, el con-
sejo de administración debe convocar a una junta de socios para proceder a
efectuar la designación de la comisión liquidadora y ejecutar los acuerdos
que la misma disposición reglamentaria establece.
La causal de disolución una vez acordada debe ser notificada a los socios,
mediante carta certificada dirigida al domicilio que tuviere registrado en
ella. La ley no regula el tratamiento que debe darse, en cuanto a medidas
de publicidad ante terceros no socios, respecto de la disolución acordada
por la junta general de socios.
Una vez producido y ejecutado el acto de disolución deviene la fase de
la liquidación de la cooperativa, la cual consiste básicamente en realizar el
activo de la entidad y con su producto pagar los pasivos, tantos aquellos
que contablemente se califican de exigibles y los no exigibles, siendo estos
últimos constituidos por el capital y los fondos de reserva repartibles.
484 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
3. LA LIQUIDACIÓN DE LA COOPERATIVA
El artículo 47 de la ley dispone que la liquidación de una cooperativa
disuelta sea realizada por una comisión de tres personas elegidas por la
junta general de socios.
Las personas así designadas, podrán ser terceros que no mantengan la
calidad de socios, o bien, que sean socios, pues la ley no distingue en esta
materia.
El reglamento, en el artículo 125, complementa la normativa legal que
comentamos, señalando que la junta general de socios debe designar a los
integrantes de la comisión liquidadora; establecer las disposiciones que han
de seguirse en la liquidación; fijar los honorarios de la comisión liquidadora;
fijar la forma y peridocidad con que la comisión deberá rendir informes de
avance de su gestión, el plazo de duración en sus cargos de los miembros
de la comisión, y elegir a los miembros de la junta de vigilancia.
La renuncia de un miembro de la comisión liquidadora debe ser sometida
a la junta general de socios y producirá efectos a contar que dicho órgano
la apruebe. En tal caso, la junta deberá designar al remplazante.
La duración de los miembros de la comisión en sus cargos, deberá ser
aquel plazo que se haya establecido en el acuerdo adoptado por la junta, al
designarlos, los que podrán ser reelegidos. Si no se hubiere fijado un plazo
para la vigencia de la junta, o una condición para dar término a sus activi-
dades, se entiende que la comisión permanece en sus funciones hasta poner
fin al proceso de liquidación, el cual se relaciona con la aprobación de la
cuenta final, que la comisión habrá de rendir, todo ello en conformidad al
artículo 126 del reglamento.
La comisión liquidadora o el nombramiento de algunos de sus integrantes
pueden ser revocados por un acuerdo de la junta general de socios, lo que
se encuentra señalado en el artículo 126 del reglamento.
Si se le hubiere fijado plazo a la comisión liquidadora para llevar ade-
lante su cometido y éste se encuentra pronto a vencer, la propia comisión
COOPERATIVAS 485
deberá convocar a una junta general de socios con el objeto de rendir
una cuenta de su administración o se prorrogue el plazo de vigencia de
la comisión, pudiendo renovarse total o parcialmente a los integrantes de
la comisión en dicha junta, conforme se dispone en el artículo 126 del
reglamento.
El monto de los honorarios que habrá de percibir la comisión liquida-
dora debe ser fijado por la junta general de socios, al igual que la forma de
percibirlos. En el caso que nada se haya dicho, el reglamento, en el artículo
127, establece que deben ser percibidos al término de sus funciones, previa
aprobación de la cuenta que se debe rendir. El reglamento regula el caso de
renuncia de un miembro de la comisión liquidadora o de revocación en el
cargo y la forma de pago de los honorarios correspondientes.
La comisión liquidadora debe asumir sus cargos dentro de los tres días
siguientes a su designación, según lo dispone el artículo 128 del reglamen-
to. A su vez, una vez en funciones y dentro de los 15 días siguientes debe
confeccionar un inventario y un balance general de la cooperativa en liqui-
dación, a esa misma fecha, esto es, al decimoquinto día de haber asumido
la función de liquidación. El inventario y balance deben ser sometidos a la
aprobación de la junta general de socios dentro de los seis meses siguientes
a la fecha en que la comisión liquidadora hubiere asumido sus funciones,
según lo dispone el artículo 129 del reglamento.
El consejo de administración que anteceda a la comisión liquidadora tiene
la obligación de proporcionarle a ésta toda la información y antecedentes que
se le solicite para facilitar sus funciones, obligación que también recae en
cualquier persona que haya sido o tenido la calidad de socio cooperado.
Instalada la Comisión liquidadora de la cooperativa y cumplidos los
requisitos legales y reglamentarios que hemos señalado, debe procederse a
realizar los actos de liquidación, consistentes en administrar el patrimonio
de la cooperativa, a fin de hacerlo líquido y pagar todos los créditos u obli-
gaciones que se hayan legítimamente contraído por la institución.
El artículo 48 de la ley indica que la cooperativa disuelta subsiste como
persona jurídica para los efectos de su liquidación, quedando vigentes sus
486 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
estatutos en lo que fuere pertinente. Agrega la norma legal, que el uso de la
razón social, deberá contener las expresiones “en liquidación”.
Una vez adoptado el acuerdo de disolución por la junta general de socios
respectiva y legalizado que sea éste, dicho acuerdo es suceptible de ser
revocado por otro acuerdo similar, siempre y cuando no se haya efectuado
una distribución entre los socios de cualquier porción de sus activos, ya
que el acto de liquidación implica en su esencia una distribución. En tal
caso sólo procede que la comisión liquidadora designada en la junta asuma
sus funciones y proceda a ejecutar la liquidación acordada, todo lo cual se
desprende, a nuestro juicio, en forma inquívoca, del artículo 47 de la ley,
dados los términos imperativos de la citada disposición legal en el inicio
del inciso segundo.
Las normas bajo las cuales debe actuar la comisión liquidadora son las
siguientes y según el orden determinado en el texto legal:
a) Los acuerdos de la junta general de socios;
b) Las normas del reglamento;
c) Las instrucciones del Departamento de Cooperativas, y
d) El artículo 413 del Código de Comercio.
Se aprecia que los acuerdos adoptados por la junta general de socios que
acuerde la disolución de la cooperativa, especialmente en el procedimiento al
cual debe ceñirse la comisión liquidadora, constituyen el conjunto de normas
más relevantes para el desarrollo del proceso de liquidación. Sin embargo,
existen algunas normas reglamentarias, que si bien pueden ser superadas
por los acuerdos, constituyen parámetros básicos de un desempeño por
parte de los comisionados, que implica una calificación de transparencia y
honestidad, los cuales deberán ser tomados en consideración a la rendición
de la cuenta final.
Señala el artículo 132 del reglamento que durante el proceso de liquida-
ción, no puede establecerse un plazo para el pago del precio de los bienes
que la cooperativa enajena, que sea superior al que reste para el cumpli-
miento del cometido de la comisión liquidadora, salvo que se acuerde una
prórroga por la junta de socios.
COOPERATIVAS 487
La venta de los bienes raíces de la cooperativa deberá hacerse en subasta
pública o llamándose a propuesta pública, lo cual implica una necesaria
publicidad para tales efectos, exigiéndose por el artículo 131, a lo menos
dos avisos, en días distintos, en diarios o periódicos de amplia circulación
nacional. Tales normas pueden ser modificadas por la junta general de
socios.
La comisión liquidadora deberá ejecutar todos los actos y ejercer las
acciones que correspondan a fin de cobrar los valores que los socios o ter-
ceros adeuden a la cooperativa que se encuentra en estado de liquidación,
conforme se indica en el número 5 del artículo 413 del Código de Comer-
cio. La remisión de los créditos adeudados a la cooperativa, si no estuviere
prevista en los acuerdos de la junta de socios, sólo podrá efectuarse en caso
de imposibilidad absoluta de su cobro.
El artículo 413 del Código de Comercio indica entre las labores que le
competen a la comisión liquidadora, entre otras, la de continuar y concluir
las operaciones pendientes al tiempo de la disolución, lo cual excluye
naturalemente el incio de cualquier operación nueva. La exigencia de
requerir a los anteriores administradores de la cooperativa una cuenta de
su administración o a cualquier otra persona que haya manejado intereses
de la institución, puede ser una actuación relevante a ejecutar, debiéndose
ejercer en cualquier caso, es decir, no queda entregada a la decisión de la
comisión el hecho de exigir tal cuenta o no hacerlo.
En caso de existir un conflicto entre los socios y la comisión liquidadora
deberá seguirse el procedimiento del artículo 114 de la Ley de Coopera-
tivas, el cual contempla someter la controversia a la justicia ordinaria o a
un tribunal arbitral. La normativa del Código de Comercio, no obstante la
remisión efectuada al artículo 413 de dicho Código, no incluye el some-
timiento a otras normas procesales orgánicas que la ya indicada, dada la
diferente naturaleza de la cooperativa respecto de una sociedad mercantil
y a que la remisión efectuada por la ley al artículo 413 del Código de Co-
mercio, excluye cualquier otra aplicación de una norma legal diferente a
la mencionada.
Como ya hemos analizado anteriormente, el remanente del patrimonio,
una vez pagadas todas las deudas, será distribuido entre los socios a pro-
488 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
rrata de sus cuotas de participación en la cooperativa, según lo dispone el
artículo 40 de la ley196.
4. LA TRANSFORMACIÓN
Define el artículo 46 de la Ley de Cooperativas a la transformación como
“la modificación de los estatutos de una cooperativa, mediante la cual se
somete a un régimen jurídico aplicable a otro tipo de sociedad, subsistiendo
su personalidad jurídica”197.
La definición señalada sólo se refiere a la transformación de una coope-
rativa a otro tipo de sociedad, en la cual no se abarca el caso de la transfor-
mación de un tipo de sociedad en una cooperativa. Ello, a nuestro juicio, no
significa que la ley impida la transformación de una sociedad a continuar
como una cooperativa, ello conforme a la norma constitucional que garantiza
el derecho de asociación y al menos, respecto de las sociedades anónimas a
que permite el cambio a otro tipo social, sin distinguir a cuál tipo social se
refiere, concepto en el cual puede y debe incluirse a las cooperativas como
un tipo social, entre otros, dada su naturaleza intrínsecamente social.
En suma, una cooperativa puede transformarse en una sociedad, sea ci-
vil, minera o mercantil, cumpliendo con los procedimientos que determina
la Ley de Cooperativas. A su vez, una sociedad civil, minera o mercantil,
cumpliendo con los procedimientos que determine la legislación a la cual
se encuentre sometida y a cuyo amparo se constituyó en su oportunidad,
puede transformarse en una cooperativa.
Es relevante considerar que la transformación, según se ha definido, im-
plica el cambio de la naturaleza jurídica más profunda de la entidad objeto
Al momento de escribirse este texto, el Gobierno envió un proyecto de ley al Parla-
196
mento, a fin de modificar la Ley General de Cooperativas contenida en el DFL Nº 5, de 2003,
Boletín Nº 8.123. Mensaje Nº 270-359, proponiendo entre otras materias considerar modificar
el artículo 31 de la ley, en el sentido de la indisponibilidad de los fondos de reserva durante la
vigencia de la cooperativa, lo que sólo podrá ocurrir al momento de su disolución.
197 El artículo 96 de la Ley sobre Sociedades Anónimas Nº 18.046, define este instituto
jurídico como “el cambio de especie o tipo social de una sociedad, efectuado por reforma de
estatutos, subsistiendo su personalidad jurídica”.
COOPERATIVAS 489
de la transformación, pues de una finalidad no lucrativa, pasa a procurar
definitivamente una finalidad lucrativa. Por el contrario, la transformación
de una sociedad lucrativa busca establecer una actividad no lucrativa.
En el proceso de transformación, al cual nos venimos refiriendo, en lo
profundo del contenido del acto de transformación, se encuentra un reco-
nocimiento a la autonomía contractual, lo cual implica el ejercicio de la
libertad individual y colectiva, para establecer un tipo social a los titulares
del derecho de asociación.
Impedir la transformación de una cooperativa en otro tipo social o vice-
versa, implicaría obligar a los socios a disolver la cooperativa o sociedad
y acto seguido pasar a constituir la entidad que era su propósito antes de
dicha disolución obligada, ante la imposibilidad de proceder a su transfor-
mación.
El objetivo perseguido, sea lucrativo o no, lo constituye con dicho
propósito, en el acto de la transformación, naturalmente que es el punto
central del acto, respecto del cual los socios deben adoptar una decisión
específica198.
Expresa el artículo 46 de la ley, que “antes de la adopción del acuerdo de
… transformación, deberá someterse a consideración de la junta general de
socios el balance de la entidad y los estados de demostraciones financieras
que el reglamento determine, auditados por profesionales independientes
designados en la junta general de socios”.
Conforme reza la citada norma, aparece que deben existir dos juntas de
socios previas al acto de transformación, pues al señalarse que antes de la
adopción del acuerdo respectivo, debe haberse designado en una junta general
de socios, los profesionales independientes que prepararán el balance de la
entidad y los estados financieros que el reglamento determine. Será, una vez
entregados tales antecedentes, que una junta podrá pronunciarse válidamente
respecto de si transformar a la cooperativa en otro tipo social. El reglamento
198 Materia básica, lo constituirá el destino de los fondos de reserva, que bajo la actual le-
gislación, se atribuyen a los socios de una cooperativa a prorrata de sus cuotas de participación,
cualquiera sea la naturaleza de tales fondos.
490 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
en el artículo 122 indica que el balance de la entidad, el estado de resultados
y una memoria explicativa que refleje el estado económico de la empresa no
pueden tener una antigüedad superior a los 60 días, contados desde la fecha
de la junta convocada para acordar la transformación de la cooperativa199.
De este modo, la junta convocada para pronunciarse sobre la transforma-
ción debe someter a consideración de los socios los “estados y demostraciones
financieras”, como los denomina el artículo 46 de la ley. La junta de socios,
en consecuencia, recibe los estados financieros, los cuales se le someten a
consideración de dicha asamblea de socios. Someter a consideración algún
documento, en este caso, los estados y demostraciones financieras, definidos
en el artículo 122 del reglamento, significa que la junta debe aprobarlos o
desecharlos, requiriendo mayores antecedentes o modificaciones.
El reglamento de la ley, en el artículo 123, exige imperativamente que
cuando una cooperativa se transforme debe absorver previamente las pér-
didas acumuladas que existan a la fecha del acuerdo de transformación.
5. LA DIVISIÓN DE LA COOPERATIVA
El artículo 48 de la Ley de Cooperativas, señala que “la división consis-
te en la distribución del patrimonio de la cooperativa entre sí y una o más
cooperativas que se constituyan al efecto, correspondiéndoles a los socios
de la cooperativa dividida, la misma proporción en el capital de cada una
de las nuevas cooperativas que aquellas que poseían en la cooperativa que
se divide”200.
199 El autor alemán KÜBLER, Friedrich (Catedrático Emérito de la Universidad de Frankfurt
am Main), en Derecho de sociedades (Fundación Cultural del Notariado, 2001, Madrid), al
tratar del instituto jurídico de la transformación, señala que dentro del procedimiento de trans-
formación, “el órgano de representación del sujeto que se ha de transformar ha de elaborar
un informe de la transformación, en que se han de exponer las razones de la transformación
así como la futura participación de los socios”. Agrega que el siguiente paso es el acuerdo de
transformación. (Párrafo 27, II, p. 571).
El artículo 94 de la Ley sobre Sociedades Anónimas señala que “la división de una
200
sociedad anónima consiste en la distribución de su patrimonio entre sí y una o más sociedades
anónimas que se constituyan al efecto, correspondiéndole a los accionistas de la sociedad
dividida, la misma proporción en el capital de cada una de las nuevas sociedades que aquella
que poseían en la sociedad que se divide”.
COOPERATIVAS 491
Consecuentemente, la división de una cooperativa supone la creación
o constitución de una nueva cooperativa, que podrá ser de igual objeto o
giro que la que se divide o de un objeto distinto, puesto que la ley no ha
establecido norma alguna especial al efecto.
La constitución de la nueva cooperativa que se ejecuta en el mismo acto
de la división, deberá someterse a todos y cada uno de los procedimientos
que la ley establece para el caso de la constitución de una cooperativa.
Para los efectos de efectuar una división de una cooperativa la norma
legal, en forma correcta, señala que debe tomarse el patrimonio de la misma,
que es el objeto que se va a dividir. Tal división no tiene que ser necesaria-
mente igual a fin de que ambas entidades queden con un patrimonio igual.
La ley cuida que los socios queden con una proporción en el capital de la
nueva cooperativa, no en el patrimonio, que poseían en la cooperativa que
se divide. De este modo, la división debe resultar en valores de un monto
igual a la suma del capital que los socios tenían en la nueva coopertiva y
en aquella que se ha dividido.
La disposición legal, en la forma en que está redactada, impide la división
de una cooperativa con otra ya existente, es decir, en vez de crear una nueva
cooperativa en el acto de la división, una parte del patrimonio de la coope-
rativa que se divide puede ser asignada a otra cooperativa ya existente.
Para proceder a efectuar la división de una cooperativa, el artículo 46
de la ley dispone que se deben llevar a cabo iguales procedimientos que
aquellos que se exigen para realizar la transformación de una cooperativa
a un tipo societario. Tales procedimientos han sido analizados en el párrafo
anterior y a ellos nos remitimos.
Al igual que en el caso de la transformación de una cooperativa, los socios
de la cooperativa que se divide y en la nueva que se crea no pueden perder
su calidad de tales, manteniéndose como socios en ambas cooperativas y
su titularidad en el capital de la nueva cooperativa será proporcional al que
poseían en la cooperativa que se divide, de manera tal que en ambas coope-
rativas deberán mantener un mismo valor, sin que puedan ser menoscabados
en el proceso de división su capital.
492 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
6. LA FUSIÓN DE COOPERATIVAS
El artículo 45 de la ley regula la fusión de cooperativas, señalando que:
“consiste en la reunión de dos o más cooperativas en una sola que las sucede
en todos sus derechos y obligaciones, y a la cual se incorporan la totalidad
del patrimonio y socios de los entes fusionados201”.
Frente a las exigencias del mercado, para actuar de una manera que
le permita a una cooperativa bajar sus costos de operación, lograr mayor
eficiencia en sus procesos y, en definitiva, prestar un mejor servicio a sus
socios, la institución de la fusión empresarial ha sido reconocida en todos
los ordenamientos jurídicos, lo cual se ha hecho en virtud de la reforma
introducida por la ley Nº 19.832. La integración empresarial mediante los
procedimientos de fusión permite crecer a la empresa cooperativa, reuniendo
mayores recursos humanos y económicos que podrán beneficiar en mejor
forma a los socios.
La fusión implica una modificación sustancial de los estatutos de la
cooperativa o la disolución de dos cooperativas, creándose una nueva.
La fusión se diferencia de las otras instituciones analizadas anteriormente
como la transformación y la división de una cooperativa, ya que exige a
lo menos la disolución de una cooperativa y que los socios de la entidad
disuelta continúen en la cooperativa que prosigue la actividad de la otra. No
se podría considerar como fusión la adquisición por parte de una cooperativa
de la totalidad de las cuotas de participación emitidas por otra cooperativa,
pues faltará el elemento exigido por la ley de incorporar a todos los socios
de uno de los entes fusionados.
De la forma como define el artículo 45 la fusión de cooperativas, no puede
hablarse de fusión cuando una cooperativa adquiere todo el patrimonio de
El artículo 99 de la Ley sobre Sociedades Anónimas señala que “La fusión consiste
201
en la reunión de dos o más sociedades en una sola que las sucede en todos sus derechos y
obligaciones, y a la cual se incorporan la totalidad del patrimonio y accionistas de los entes
fusionados. Hay fusión por creación, cuando el activo y pasivo de dos o más sociedades que
se disuelven, se aportan a una nueva sociedad que se constituye. Hay fusión por incorporación,
cuando una o más sociedades que se disuelven son absorbidas por una sociedad ya existente,
la que adquiere todos sus activos y pasivos”.
COOPERATIVAS 493
otra sociedad cuya naturaleza no sea cooperativa, realizándose en este caso
la confusión de dos patrimonios sociales hasta antes de la fusión separados,
sin que ello implique una reagrupación de socios en la cooperativa.
En consecuencia, la ley exige que la fusión se produzca solamente entre
cooperativas, a diferencia de las sociedades anónimas en que la fusión no
exige un mismo tipo jurídico de las entidades que se fusionan.
Añade el artículo 48 de la ley, que existen dos clases de fusión, siendo
una denominada de creación y la otra de incorporación.
La fusión por creación ocurre “cuando el activo y pasivo de dos o más
cooperativas que se disuelven, se aportan a una nueva cooperativa que se
constituye”. En el caso de producirse una fusión por incorporación “una o
más cooperativas que se disuelven son absorbidas por una cooperativa ya
existente, la que adquiere todos sus activos y pasivos”.
Consideramos a ambas descripciones de las operaciones de fusión in-
completas, pues la característica esencial de la fusión de cooperativas se
encuentra dada en el inciso segundo del artículo 45, al cual ya hacíamos
referencia, al exigir que en toda fusión se deben incorporar la totalidad de
los socios de los entes fusionados, lo que se omite en las descripciones
establecidas en el articulado que analizamos.
En ambos casos de fusión existe una completa transmisión de patrimo-
nios, ya sea a la nueva cooperativa que se constituye o a la que absorbe a
la otra, ingresando a ella los socios a quienes se les asignan los derechos
sociales y los deberes que mantenían en la cooperativa sucesora.
La transmisión patrimonial y la asignación social a los socios de este
conjunto de bienes y obligaciones se realizan a título universal202, lo que
ocurre al emplear la ley las expresiones “Cuando el activo y pasivo… se
aportan” o “la que adquiere todos sus activos y pasivos”. Esta trasmisión
en bloque impide segregar alguna parte de los patrimonios que han de fu-
sionarse, la que debe ser completa e integral. Esta trasmisión patrimonial
se produce ipso iure, pues todos y cada uno de los bienes o cosas corpora-
202 In universum ius.
494 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
les e incorporales se transmiten en un solo acto, el que se produce cuando
todos los requisitos de forma y publicidad establecidos en la ley se hayan
cumplidos íntegramente.
Los socios de las cooperatiuvas fusionadas son reagrupados en una coo-
perativa, en la cual se centraliza la fusión, sin que ninguno de ellos pueda
perder sus derechos y menos dejar de cumplir con las obligaciones contraídas
con anterioridad a la fusión, debiendo recibir la proporción en las cuotas de
participación que le correspondan, en conformidad a los balanecs y estados
financieros que fueron aprobados en las juntas generales de socios efectuadas
antes de los actos en los cuales se materializará la fusión.
Cuando la fusión se produce por absorción, el efecto en el capital de la
cooperativa absorvente será un aumento del mismo.
Se indica en el artículo 45 de la ley que en los casos de fusión, sea por
incorporación o por creación, no procede la liquidación de las cooperativas
fusionadas o absorbidas. El fundamento de ello se encuentra en que como el
patrimonio de una cooperativa o de dos o más de ellas que crean una nueva
pasa o pasan en bloque, a la cooperativa absorvente o creada, lo cual inclu-
ye el activo y el pasivo, además de que se incorporan todos los socios a la
cooperativa fusionada, nada hay que liquidar. No existen deudas que puedan
extinguirse, ni créditos que deban cobrarse, con motivo de la operación de
fusión, ni menos hay que repartir activos entre los socios.
Si una cooperativa ha entrado en face de liquidación y se ha iniciado la
distribución de algún activo entre los socios, será imposible revertir dicha
situación y fusionar una cooperativa en fase de liquidación, pues su proceso
ya ha sido iniciado.
La fusión de cooperativas implica unificar grupos sociales, que tenían
una cultura como asociación y un ámbito funcional y territorial determinado,
cuyo soporte económico, social y cultural está dado por cada cooperativa
que va a fusionarse. En consecuencia, la fusión de los patrimonios, con todo
lo que ello conlleva de asunción de responsabilidades de diverso orden, la
relación con los trabajadores de las entidades que se fusionan y las relaciones
con terceros, implica un cambio profundo cuya armonización es compleja y
las escuetas normas de una ley, no podrán resolver los múltiples problemas
que una operación de esta naturaleza contiene.
COOPERATIVAS 495
La cesión de patrimonio queda representada por la creación de quien
recibe el patrimonio cedido a través de la emisión de cuotas de participación
de la entidad creada o absorvente, efectuándose el canje de las antiguas
cuotas de participación por las nuevas en la proporción que corresponda.
Son los socios de la cooperativa cedente y no la entidad la que recibe la
contraprestación debida.
El artículo 45 señala que la fusión debe acordarse en junta generales de
socios en las que se acuerde la fusión, debiendo en ellas aprobarse el balance
auditado de las cooperativas que se fusionan.
Al interior de las cooperativas que pretenden fusionarse se ejecutarán
antes de los actos que indica el mencionado artículo 45, diversas actividades
preparatorias de la fusión. Cada consejo de administración de las coopera-
tivas dispuestas a fusionarse preparará un proyecto de fusión y confeccio-
narán los balances sobre los cuales se efectuará la fusión, los que deben ser
auditados. El artículo 122 del reglamento agrega que debe someterse a la
consideración de la junta general de socios además del balance, el estado
de resultados y una memoria explicativa que refleje el estado económico
de la empresa. Complementa lo anterior el artículo 123 del reglamento,
que una cooperativa que se fusiona debe absorber previamente las pérdidas
acumuladas que existan a la fecha del respectivo acuerdo. Ello significa
que contablemente las pérdidas si las hubiere, deberán ser consideradas e
imputadas a los fondos de reserva si existieren o al capital, a fin de dejar
este rubro depurado y que cada socio conozca con certeza el número de
sus cuotas de participación y el valor de las mismas conforme al balance
confeccionado y auditado.
Una vez preparados los antecedentes exigidos por la ley y el reglamento
viene la fase de los acuerdos, los que deben ser adoptados en juntas gene-
rales de socios.
Finalmente, el proceso culmina con la legalización de los acuerdos y su
formalización en conformidad a las normas ya examinadas.
CAPÍTULO XII
LA CRISIS ECONÓMICA EN LAS COOPERATIVAS
Como se ha visto anteriormente, el artículo 21 del reglamento de la ley
se refiere a la quiebra y cesación de pagos, al establecer la prohibición
del ejercicio del derecho de renuncia de los socios a la coperativa en tales
circunstancias.
La Ley de Cooperativas no contiene norma alguna relativa al tratamiento
de la insolvencia de las cooperativas, sea para realizar actos de prevención
de una crisis o una vez provocada y constatada la crisis.
En consecuencia, las cooperativas deben regirse por las normas generales
sobre estas materias, las que se encuentran contenidas en el Título IV del
Código de Comercio y en la ley Nº 20.421 que regula los acuerdos extra-
judiciales de las empresas de menor tamaño.
Hemos analizado que la cooperativa tiene la naturaleza de una asociación
y éstas son civiles y no persiguen fines de lucro, no pudiendo en esta forma
aplicárseles la legislación mercantil, salvo expresa y limitada remisión de
alguna legislación en particular.
Las normas sobre quiebras contenidas en el Título IV del Código de
Comercio se aplican en forma general, en primer lugar, a quienes ejercen
determinadas actividades, señaladas en forma específica en el artículo 41
del referido Título202, el cual señala que “el deudor que ejerza una actividad
202 La Ley de Quiebras se agregó al Título IV del Código de Comercio, conservando la
numeración de dicha legislación, según la ley Nº 18.175.
498 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
comercial, industrial, minera o agrícola, deberá solicitar la declaración de
su quiebra antes de que transcurran 15 días contados desde la fecha en que
haya cesado en el pago de una obligación mercantil”. A su vez, el artículo
43 faculta a quienes tienen un título ejecutivo suscrito por un deudor que
ejerza las actividades antes indicadas, para solictar al tribunal que corres-
ponda la quiebra de dicho deudor.
En consecuencia, la legislación concursal señala a los deudores que ejer-
zan determinadas actividades como principales sujetos de una quiebra, lo
que lleva a concluir que las cooperativas agrícolas, industriales y mineras,
se encuentran señaladas en las mencionadas disposiciones.
Excluimos a las cooperativas de consumos, que tienden a asimilarse a
una empresa comercial u otras cooperativas cuya actividad sea similar a
realizar actos de comercio, por cuanto como asociaciones mutuales que
son, los actos que ejecutan carecen de la mercantilidad propia del acto de
comercio, que en su más primigenia expresión se conceptualizan en el ar-
tículo 3º Nº 1 del Código de Comercio. En efecto, esta disposición señala
que es acto de comercio la compra y permuta de cosas muebles, hechas con
ánimo de venderlas permutarlas o arrendarlas en la misma forma o en otra
distinta, y la venta, permuta y arrendamiento de estas mismas cosas.
Las cooperativas de consumo si bien compran cosas, lo hacen para
distribuirlas entre sus socios los productos adquiridos y no para revender-
las obteniendo un provecho de dicho acto comercial. Hemos examinado
largamente la naturaleza mutualística de las cooperativas, de manera que
remitimos al lector a dicha parte de esta obra, a fin de no repetir conceptos.
Lo que deseamos puntualizar, es la imposibilidad, dentro de la legislación
chilena, de caracterizar a las cooperativas como ejecutoras de actos co-
merciales, en mérito de lo cual la aplicación de las leyes concursales debe
serles aplicadas, no en cuanto organizaciones mercantiles sino en razón de
su actividad o de existir otros requisitos exigidos por la legislación que las
hacen sujetas a dicha normativa legal.
La crisis económica de cualquier empresa se refleja principalmente en
la cesación del cumplimiento de sus obligaciones, la que puede o no estar
precedida de un estado parcial o total de insolvencia, entendiéndose por tal
que el pasivo supera el activo de los bienes de la sociedad, o bien, puede
COOPERATIVAS 499
existir un problema de liquidez, lo cual le impide cumplir sus obligaciones
más inmediatas.
Nuestro ordenamiento jurídico regula a través del convenio extrajudicial
cualquier arreglo destinado a precaver la crisis de la empresa, antes de entrar
en el ámbito de la jurisdicción, conforme se establece en el párrafo 1 del
Título XII de la Ley de Quiebras203, contenida en el Título IV del Código
de Comercio. Tal normativa no hace distinción entre distintas personas
jurídicas por su naturaleza, resultando plenamente aplicable a las coope-
rativas. A dicha legislación cabe agregarle la ley Nº 20.421, que regula los
acuerdos extrajudiciales de las empresas de menor tamaño, aplicable a las
cooperativas cuyas operaciones no exceden el valor de 100.000 unidades
de fomento en un año.
Cualquier otro arreglo tendrá las características de una convención priva-
da, sujeta a las reglas comunes del derecho, o se deberá enmarcar dentro de
los arreglos judiciales, derivados de los convenios preventivos judiciales o
de alzamiento de la quiebra, que nuestra ley Nº 18.175, ubicado en el Título
IV del Código de Comercio, denomina simplemente judicial.
Cuando la crisis de la empresa se reconoce como tal, se está en presencia
del estado de quiebra, situación que se declara a través de una sentencia de
un tribunal, declarando al patrimonio de una persona natural o jurídica en
estado de crisis, el que precisa de un tratamiento especial.
De ahí es que el objeto de la quiebra lo constituye el patrimonio del
deudor o de la cooperativa, siendo sujeto pasivo de la misma el titular de
dicho patrimonio.
Sin embargo, quien quiebra es la cooperativa misma y los efectos recaen
sobre el patrimonio del cual es titular, elemento que configura qué es lo que
está sometido al ordenamiento de la Ley de Quiebras.
203 Véase, Instituciones de Derecho Concursal, del autor. AbeledoPerrot, LegalPublishing
Chile. Thomson Reuters. Santiago de Chile. 2011. Tercera Parte. Los acuerdos extrajudi-
ciales.
500 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El patrimonio de la cooperativa objeto de la quiebra abarcará a todo aquel
del que sea titular la cooperativa, no pudiendo en ningún caso alcanzar al
patrimonio particular de los socios, toda vez que la sociedad cooperativa
tiene una personalidad jurídica independiente de aquéllos.
El mensaje de la ley Nº 4.558, antecesora de la ley Nº 18.175, señalaba
al respecto: “El estado del deudor, sea o no comerciante, cuyo patrimonio
hace muestra de un evidente desequilibrio entre un activo y un pasivo, no
sólo perjudica al interés privado, sino que amenaza y compromete el interés
público, el cual reclama la represión penal de todos aquellos que, culpable
o dolosamente, dilapidan un mermado caudal, que es la única garantía de
sus acreedores; asimismo exige una liquidación rápida de toda situación
ruinosa de fortuna, a fin de evitar que se detenga, en manos inhábiles, la
producción y circulación de la riqueza”. Agregaba el citado mensaje: “Por
lo demás, no se divisa razón alguna atendible que justifique someter a una
tramitación distinta la quiebra del deudor, según sea o no comerciante. El
proyecto… mantiene los principios característicos de la quiebra mercantil
y, en lo posible, los peculiares del concurso de acreedores del deudor no
dedicado al comercio”.
De este modo, el presupuesto subjetivo, en cuanto a la condición de
comerciante, establecía que se distinguiera si el patrimonio en crisis perte-
necía a un comerciante o a una persona no dedicada al comercio, siendo más
riguroso con el primero que con el segundo, materia que no fue modificada
al dictarse la ley Nº 18.175.
CAPÍTULO XIII
SITUACIÓN TRIBUTARIA DE LAS COOPERATIVAS
l. El ámbito de aplicación de la legislación tributaria de las cooperati-
vas, frente al resto de las empresas de orden mercantil o civil, con fines
lucrativos, es diferente por su propia naturaleza, como lo es tratándose de
la Ley de la Renta, contenida en el artículo 1º del DL Nº 824, de 1974.
Ante la legislación relativa al Impuesto al Valor Agregado, contenido en el
DL Nº 825, del mismo año, la situación es igual a la del resto de los demás
contribuyentes. Respecto de la Ley sobre Timbres y Estampillas y Ley de
Rentas Municipales, la situación de las cooperativas contempla algunas
excepciones, lo mismo que frente al impuesto territorial.
La estructura legal de naturaleza tributaria que resulta aplicable a las
cooperativas, se encuentra contenida en el DL Nº 824 y en la Ley de Coo-
perativas. El referido DL dictado en el año 1974, con múltiples modifica-
ciones, se compone de 18 artículos permanentes y 17 artículos transitorios.
El artículo 1º de dicho DL contiene el texto de la Ley sobre Impuesto a la
Renta. El artículo 17 contiene las normas tributarias aplicables a las coo-
perativas. Lo anterior debe destacarse, en cuanto a que las normas sobre
cooperativas no se encuentran contenidas en la Ley de la Renta, de manera
tal que el legislador entiende claramente que las cooperativas no están afectas
a dicha legislación por cuanto no generan rentas tributables, salvo casos
excepcionales que se encuentran precisamente regulados en el artículo 17
del referido cuerpo legal.
Como hemos señalado en la Introducción de esta obra, las cooperativas
son asociaciones no lucrativas por su naturaleza y el reconocimiento legal
que se hace de ello en el artículo 53 de la ley, hace imposible que pueda
502 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
configurarse que una cooperativa genere renta y gravar los excedentes u
otra cualquier cuenta o valor que administre una cooperativa, implicaría no
sólo distorsionar el concepto de renta, sino crear una categoría institucional
especial para gravar determinadas partidas económicas de una empresa
que en su finalidad carece de la pretensión de obtener una renta por sus
actividades204.
Al debatirse el proyecto de ley sobre modificaciones a la Ley de Cooperativas, en el
204
debate ocurrido en la Cámara de Diputados, originado por el primer informe de la Comisión de
Economía y Hacienda (22 de junio de 1995. El texto esta extraído del artículo “Ley General de
Cooperativas y su tributación” de SEPÚLVEDA CORREA, Héctor, Manual de Consultas Tributarias.
Año XXVI. Nº 307, julio de 2003), en el debate habido entre los diputados se deja constancia
de lo siguiente: “Sr. Jurgensen: …lo que resulta un tanto discutible es que, en cuanto a las co-
operartivas, el Estado establezca beneficios especiales sólo a favor de un determinado sistema
asociativo de personas, por lo que no es posible compartir todos los incentivos económicos que
se mantienen a favor de este sistema mediante excenciones tributarias, ya que las cooperativas,
por más que la ley diga lo contrario, persiguen fines de lucro, ya que el proyecto les permite
desarrollar todas las actividades lícitas, incluso las de intermediación financiera reservadas hoy
a los bancos y financieras…”. Sr. Orpis: “En el país se han producido cambios fundamentales
en los últimos años, y ha quedado en evidencia que toda la legislación en esta materia se en-
cuentra obsoleta. Desde este punto de vista, concordamos con el Ejecutivo en que es necesario
efectuar modificaciones profundas al sistema, tal como se propone en el proyecto. Como en la
discusión general corresponde analizar las ideas matrices y hacia donde apunta la iniciativa,
quiero sintetizar esto en que básicamente tiende a otorgar facilidades al sistema cooperativo
para que asuma prácticamente toda la titularidad de una empresa. Por eso, se incorporan normas
de sociedades anónimas, de asociaciones gremiales y un conjunto de disposiciones bastante
atractivas. Todo el sistema cooperativo se asimila cada vez más a las actividades comerciales
y a las empresas, contrariamente a lo que ocurría antes, en que las cooperativas no perseguían
fines de lucro, lo que con esta iniciativa casi ha llegado a ser parte del pasado. Aquí es donde
quiero profundizar el tema, porque creo que no se hizo en la Comisión. Si el principio básico
es permitir a las cooperativas realizar cualquier tipo de actividad lícita, lo lógico es que sus
normas –especialmente las tributarias– se asimilen a las de otro tipo de entidades, que persiguen
los mismos fines. Se agiliza toda la materia de procedimiento, la administración, etcétera, pero
no se innova en un conjunto de normas, en especial tributarias, sino que se otorga un privilegio
especial a este tipo de entidades, en perjuicio de otras con fines similares. Quiero detenerrme
en este punto. En materia de excenciones tributarias prácticamente no se innova, y el siste-
ma cooperativo, aún cuando perseguirá, en términos reales, fines comerciales, permanecerá
exento del 50% de todas las contribuciones, impuestos…” (…) “…pero si las cooperativas se
asimilan directamente a una actividad comercial, el tema tributario no debería quedar exento
de una discusión más de fondo, porque de lo contrario, muchas actividades comerciales y
que podrían desarrollarse a través de entidades o sociedades, se van a amparar en este tipo
de legislación con el único objeto de eludir una serie de normas tributarias”. Sr Balbontin:
“En Chile la experiencia de las cooperativas ha tenido un largo transcurrir con períodos de
gran envergadura e importancia en las décadas de los años 40, 50 y 60; y también momentos
de declive, que derivaron en el cambio de contexto de carácter mercantil en las relaciones a
COOPERATIVAS 503
De este modo, las cooperativas se encuentran fuera de la Ley de la Renta,
pues no generan renta ni esa es su finalidad.
El artículo 53 de la ley determina en forma perentoria que las cooperativas
para todos los efectos legales no obtienen utilidades, salvo para los efectos
determinados en los artículos 46 al 52 del Código del Trabajo, que esta-
blece disposiciones que se refieren al cálculo y pago de las gratificaciones
legales de los trabajadores de la cooperativa, introduciendo la ficción legal
de que para tales casos las cooperativas obtienen utilidades, pues asimila
el excedente a las utilidades.
La antedicha disposición del artículo 53 reconoce la naturaleza esencial
de las sociedades cooperativas, en cuanto a que son entidades no lucrativas
y, por ende, que no obtienen utilidades, por lo cual no les son aplicables las
normas sobre el impuesto a la renta. No debe entenderse en esta disposición
una exención al impuesto a la renta de primera categoría, sino –como ya
lo hemos expresado– el reconocimiento que hace la ley de la ausencia de
utilidades. Por tal razón, al faltar el supuesto básico sobre el cual descansa
Continuación nota 204
nivel internacional. Me correspondió realizar una investigación a fondo del grave problema
que sufrieron las cooperativas de trabajo, producto de su inserción en el sistema financiero.
Fue precisamente el retiro de Chile del Pacto Andino y el choque con el sistema financiero
ultramercantilizado, lo que derivó el quiebre de una parte muy importante de las empresas de
trabajadores. Estos hechos demuestran que no sólo se trata de modernizar o articular mejor
estas entidades con el sistema de mercado. Es necesario aprovechar la capacidad gregaria o
asociativa de las personas, que también está incluida en la visión de modernización, es decir
eficacia y eficiencia, según lo han probado economías tan importantes como la japonesa, con
larga experiencia en materia de cooperativas pesqueras, y de Europa y Asia. Por eso, así, como
en las organizaciones de producción de carácter empresarial es importante la eficiencia, en este
caso es necesario considerar la solidaridad, la actuación común, el sentido democratizador de
las cooperativas. Por lo tanto, no comparto la proposición de hacerlas equivalentes a cualquier
empresa privada. Soy partidario de darles algunas ventajas, porque tienen desventajas propias
del sistema democrático, como tener que decidir con rapidez una serie de cuestiones delicadas
que se producen en el mercado. En este sentido las cooperativas tienen dificultades para enfren-
tar en igualdad de oportunidades a las empresas privadas. El proyecto del Gobierno, que me
parece sumamente interesante, busca hacer equivalentes las posibilidades de las cooperativas
con las de las empresas privadas. Restarles las ventajas o algunos privilegios en materia de
impuestos, significaría dejarlas en desigualdad de oportunidades respecto de otras empresas, en
especial en el sistema financiero. Desde este punto de vista, en democracia debemos jugar con
los elementos del mercado, de modo que los más pequeños o más pobres, como los pescadores,
los campesinos, los que a través de su asociación, logran superar condiciones negativas, tengan
las oportunidades de otros con mayores ventajas”.
504 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
la aplicación de dicho tributo, que es la generación de utilidades, los in-
gresos de la cooperativa no pueden constituir renta afecta al impuesto de
primera categoría.
2. TRATAMIENTO DEL CAPITAL Y RESERVAS
Dada la trascendencia que tienen el capital y reservas en el tratamiento
tributario de las cooperativas, haremos un breve análisis de su situación.
El artículo 31 de la Ley de Cooperativas, según ya vimos, dice que el
capital será variable e ilimitado, a partir del mínimo que fijen los estatutos,
y se formará con las sumas que paguen los socios por la suscripción de
sus cuotas de participación. La división del capital de las cooperativas en
cuotas de participación demuestra, conforme a la historia de la legislación,
que se trata de instituciones diferentes a las sociedades de capital dividido
en acciones.
El capital propio de las cooperativas, con arreglo al artículo 31 de la ley,
debe revalorizarse periódicamente en las oportunidades que indique la ley o
lo establezca el fiscalizador. El artículo 90 del reglamento establece normas
para efectuar dicha revalorización.
Sin embargo, en virtud del artículo 17 del DL Nº 824, por expresa remi-
sión del artículo 34 de la Ley de Cooperativas, se las somete a las disposi-
ciones sobre corrección monetaria contenidas en el artículo 41 de la Ley de
la Renta, con algunas modalidades que veremos más adelante.
Los fondos de reserva legal tiene la particularidad de que no pueden ser
repartidos durante la vigencia de la cooperativa, conforme se establece en el
artículo 40 de la ley. También se dispone en este último precepto que en caso
de liquidación de la cooperativa, una vez absorbidas las eventuales pérdidas,
pagadas las deudas y reembolsado el valor de las cuotas de participación,
en el mismo orden, tales fondos y cualesquiera otros excedentes resultantes
se distribuirán entre los socios, a prorrata de las cuotas de participación que
posean al tiempo del reparto.
Ahora bien, los fondos y excedentes que se distribuyan a la época del
reparto o estos últimos en cualquier época, quedarán afectos al impuesto
COOPERATIVAS 505
global complementario o adicional de la Ley de la Renta, según corresponda,
impuestos que afectan a los socios y no a la cooperativa. No obstante que las
reservas y el capital nunca constituyeron renta, pues el primero es parte del
ahorro de los socios el cual fue invertido durante el proceso de constitución
de la cooperativa o durante su vigencia por los mismos socios, sean nuevos
que ingresaron con posterioridad a su constitución o por nuevas aportaciones.
Tales ahorros tributaron, en su oportunidad, por los socios que los hicieron al
momento de percibir sus rentas. Respecto de las reservas, ellas se han genera-
dos producto de los remanentes que en cada período contable se han generado
en la operación de la cooperativa, los cuales en vez de pasar a excedentes
y devolvérseles a los socios que han pagado por los productos retirados de
la cooperativa o por los servicios recibidos de ésta, los han dejado, sea por
disposición de la ley o en forma voluntaria, con lo cual han incrementado el
patrimonio de la entidad, sin que hayan pasado a constituir una renta, en el
genuino sentido de la expresión. De esta manera, el gravámen que se impone,
es precisamente un gravámen a un patrimonio personal del socio en los mo-
mentos que se indican en la ley, de naturaleza particular, el cual no ha podido
asimilarse a una renta, sino más bien a un impuesto patrimonial.
El artículo 40 de la ley establece que en caso de liquidación de la coopera-
tiva, “la porción del patrimonio que se haya originado en donaciones recibidas
por la cooperativa, salvo el caso señalado en el artículo 81, deberá destinarse
al objeto que señalen en los estatutos. A falta de mención expresa correspon-
derá a la Subsecretaría de Economía… destinarlos a una o más instituciones
regidas por la presente ley”. La razón es clara, por cuanto dales donaciones al
no constituir un ingreso generado por la cooperativa, no puede ser distribuido
entre los socios y tampoco puede ser destinado al Fisco, por cuanto sería una
expropiación sin pago o un gravamen injusto en grado sumo.
3. EL BALANCE, LOS REMANENTES Y EXCEDENTES
El artículo 38 de la Ley de Cooperativas establece algunas normas sobre
el balance, el cual debe practicarse de acuerdo con la técnica de la conta-
bilidad de resultados, conforme a las normas que imparta el Departamento
de Cooperativas205.
205 A la época de escribir el presente texto, el Departamento de Cooperativas, con fecha
23 de enero de 2009, mantenía en vigencia la Resolución Nº 58, mediante la cual dictó normas
de carácter contable y administrativas.
506 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
Establece el citado artículo 38, que “El saldo favorable del ejercicio eco-
nómico, que se denominará remanante, se destinará a absorber las pérdidas
acumuladas, si las hubiere. Hecho lo anterior, se destinará a la constitución e
incremento de los fondos de reserva, en el caso que éstos sean obligatorios,
o a la constitución e incremeneto de reservas voluntarias y al pago de los
intereses al capital, de conformidad con el estatuto”.
La legislación anterior a la reforma del año 2003 disponía que el rema-
nente debía destinarse, en el siguiente orden de prelación, a constituir:
a) EI fondo de reserva legal, en un porcentaje que no sea inferior al 5%
del remanente, hasta completar una suma igual al capital social;
b) El fondo de devolución de acciones, en un porcentaje no inferior al
5% del remanente, hasta completar una suma igual al 20% del capital social
y a las cuotas de ahorro vigentes, y
c) Los fondos de reserva especiales que la junta general de la cooperativa
acuerde formar.
Agrega la parte final del artículo 38 de la ley que: “Por último, el saldo,
si lo hubiere, se denominará excedente y se distribuirá en dinero o dará
lugar a una emisión liberada de cuotas de participación”.
Se describe en el citado artículo 38 la estructura de la contabilidad y los
procedimientos o mecanismos que corresponde utilizar en toda cooperativa
respecto de sus ingresos y su distribución, apartándose de las sociedades
mercantiles o civiles de personas o de capital, en cuanto al tratamiento de
sus resultados.
La configuración que establece la legislación cooperativa respecto de
su contabilidad constituye un reconocimiento de su forma de operación
basada en la mutualidad.
4. LAS COOPERATIVAS Y EL IMPUESTO DE LA LEY DE LA RENTA
El artículo 49 de la ley, en su inciso final, dispone que: “las cooperativas
e institutos auxiliares de cooperativas se regirán en materia de impuesto a
COOPERATIVAS 507
la Renta por las normas contenidas en el artículo 17 del decreto ley Nº 824,
de 1974”.
Como ya dijimos anteriormente, el artículo 53 de la ley, preceptúa que:
“Para todos los efectos legales se estimará que las instituciones regidas por
la presente ley no obtienen utilidades, salvo para los efectos de lo dispuesto
en los artículos 46 al 52 del Código del Trabajo”.
Equiparar el concepto de excedente a un beneficio o renta que produzca
una cosa o que constituya un incremento patrimonial, por el hecho de que
se destinen en forma obligatoria o facultativa una parte de tales excedentes
a constituir fondos de reserva, obviamente que implica una distorsión, no
sólo del vocabulario y del significado de las palabras o expresiones, sino que,
siendo esto lo importante, desviar enteramente el sentido de la legislación
cooperativa. La palabra “beneficio”, tiene múltiples acepciones, siendo una
de ellas la de “utilidad” y lógicamente lo que ha sobrado después de cubrir
los costos de la operación no constituye una utilidad o renta, sino lo que pro-
piamente la ley, recogiendo la doctrina y más que centenaria experiencia de
las instituciones cooperativas, denomina acertadamente como excedente.
Hemos efectuado un extenso análisis al comienzo de esta obra sobre el
propósito no lucrativo de las cooperativas, por lo cual remitimos al lector
a dicha parte de este texto. Sólo para los efectos de simplificar el análisis,
el excedente es lo que le ha sobrado a la cooperativa una vez cubierto los
costos de su actividad, cantidad que debe ser devuelta a los socios, en su
calidades de tales, es decir, del sobrante o exceso de cálculo efectuado para
cubrir los costos de la actividad, no generándose ninguna renta, beneficio o
incremento en el patrimonio de nadie, pues lo que la cooperativa al retornar
el excedente, lo que ejecuta es devolver al socio el exceso de lo pagado en el
servicio recibido o de los bienes o cosas distribuidas por la cooperativa.
En definitiva, los remanentes y excedentes que genera una cooperativa,
jamás pueden convertirse en utilidades, pues constituyen un saldo positivo
de la operación de la cooperativa, el cual debe ser devuelto a los socios,
puesto que la cooperativa no puede apropiarse de ellos y sólo en virtud de
un acuerdo de los socios podrá retener una porción de ellos, para reforzar
su patrimonio o por disposición legal que así lo determine. La utilidad o
renta, en su base, es la apropiación definitiva de la parte de los ingresos
508 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
que una actividad ejecutada, genera en beneficio de terceros, distintos de
aquellos que la costean.
En virtud del artículo 17 Nº 2 del DL Nº 824, de 1974, las cooperativas,
por excepción, se encuentran obligadas al pago del impuesto de primera
categoría de la Ley de la Renta, respecto de las operaciones que realicen con
terceros no socios. Esta excepción no afecta a las cooperativas de trabajo
y de vivienda, según se expresa en los números 5 y 6 del citado artículo 17
del DL Nº 824.
El remanente que se produzca en operaciones con no socios debe com-
prender el ajuste por corrección monetaria del ejercicio registrado en la
cuenta “Fluctuación de valores”.
Agrega la norma legal que “para establecer el remanente, los descuentos
que conceda la cooperativa a sus socios en las operaciones con éstos206 no
disminuirán los resultados del balance, sino que se contabilizarán en el activo
en el carácter de anticipo de excedentes. Asimismo, los retiros de excedentes
durante el ejercicio que efectúen los socios, o las sumas que la cooperativa
acuerde distribuir por el mismo concepto, que no correspondan a excedentes
de ejercicios anteriores, no disminuirán los resultados del balance, sino que
se contabilizarán en el activo en el carácter de anticipo de execedentes”.
Las sociedades auxiliares de servicio técnico207, quedan sometidas a las
mismas normas que rigen, en esta materia, a las cooperativas de trabajo.
El artículo 38 de la ley, establece que los excedentes provenientes de
operaciones con terceros, se distribuyan a prorrata de las cuotas de parti-
cipación208. Tales excedentes, constituirán renta para los socios, quedando
206 Dada la naturaleza de las cooperativas, los descuentos deben ser igualitarios para todos
los socios.
La reforma legal contenida en la ley Nº 19.832, hizo desaparecer a las sociedades
207
auxiliares de financiamiento cooperativo, dejando sólo subsistentes a los institutos auxiliares
de carácter técnico, conforme se establece en el artículo 104 de la ley.
208 Los excedentes que se produjeren en operaciones con terceros, conforme al texto legal,
con anterioridad a la reforma introducida por la ley Nº 19.832, incrementaban la reserva legal
y, en consecuencia, eran irrepartibles, tanto durante la vigencia de la cooperativa como a su
disolución, según el artículo 48, en relación con los artículos 92 y 119 del texto anterior.
COOPERATIVAS 509
gravada para tales efectos y por las cantidades percibidas por dicho concepto,
según se indica en el Nº 2 del artículo 17 del DL Nº 824.
Cabe señalar que, en conformidad al Nº 10 del artículo 17 del DL Nº 824,
las cooperativas no están obligadas a efectuar pagos provisionales mensuales
obligatorios a cuenta del impuesto a la renta, quedándoles la facultad de
hacer pagos voluntarios.
En cuanto a las normas sobre corrección monetaria, las cooperativas
están sujetas, en virtud del Nº 1 del artículo 17 del DL Nº 824, de 1974,
a las disposiciones contenidas en el artículo 41 de la Ley de la Renta, en
relación con el artículo 34 de la Ley General de Cooperativas.
En confonnidad a dicho artículo 41, las Cooperativas deben revalorizar
anualmente su capital propio y reajustar los valores o partidas del activo y
del pasivo exigible de acuerdo con los índices, porcentajes y normas que
el mismo precepto establece en sus diferentes números, aplicándose las
siguientes normas especiales:
a) Los ajustes del capital propio inicial y de sus aumentos, como, asi-
mismo, los ajustes del pasivo exigible reajustable o en moneda extranjera,
se cargarán a una cuenta denominada “Fluctuación de Valores”.
b) Los ajustes de las disminuciones del capital propio y de los activos
sujetos a revalorización se abonarán a la cuenta antes mencionada.
c) El saldo de la cuenta indicada no incidirá en la determinación del
remanente del ejercicio, sino que incrementará o disminuirá, según fuere
el caso, la reserva acumulada en la cuenta “Fluctuación de valores”.
En el evento de que la cooperativa se encuentre afecta al impuesto de
primera categoría, según las operaciones que haya efectuado con no so-
cios, el mayor o menor valor que anualmente refleja el saldo de la cuenta
“Fluctuación de Valores” deberá agregarse o deducirse, según corresponda,
del remanente que sirva de base para la determinación de la renta afecta a
dicho tributo.
d) El monto de la revalorización del capital propio se distribuirá entre
las diferentes cuentas del pasivo no exigible, en la forma que al efecto fije
el Departamento de Cooperativas.
510 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
El concepto de renta para la legislación tributaria está definido en la Ley
de Impuesto a la Renta. Sin embargo, se ha llegado a concluir, para los fines
tributarios, que es renta lo que la ley quiere que sea209, concepción que es
la antítesis de la justicia. El artículo 2º Nº 1 de la Ley de la Renta, señala
que se entiende por renta:
a) Los ingresos que constituyen utilidades o beneficios que rinda una
cosa o actividad.
b) Todos los beneficios, utilidades e incrementos de patrimonio que
se perciban o devenguen, cualquiera sea su naturaleza, origen o denomi-
nación.
Tal definición es ciertamente de una enorme amplitud y la propia Ley de
la Renta ha debido, en una extensa disposición, limitar el concepto seña-
lando en el artículo 17 aquellos ingresos que no se consideran renta, entre
los cuales se cuentan aquellos que una determinada ley establece como no
constitutivo de renta o utilidad. Tal es el caso de las cooperativas, que en
el artículo 53, establece que para todos los efectos legales, se estimará que
las instituciones regidas por la Ley de Cooperativas no obtienen utilidades.
Lo anterior no hace sino reafirmar la esencia de la naturaleza de las coo-
perativas, en cuanto a que no persiguen la obtención de utilidades o rentas
por su propia naturaleza.
El Servicio de Impuestos Iaternos ha estimado que el artículo (47) 53
de la Ley de Cooperativas constituye una ficción legal en general y es por
ello que las cooperativas deben entenderse exentas del impuesto a la renta
de primera categoría, por falta del supuesto básico sobre el cual descansa la
aplicacián de dicho tributo, ya que al ser privados de su carácter de utilidad,
los ingresos de las cooperativas pierden su condición de rentas, identificando
el artículo 2º Nº 1 de la Ley de la Renta ambos conceptos.
El Servicio de Impuestos Internos se refirió a este tema bajo la vigencia
de la anterior Ley de la Renta, no obstante lo cual, por haber mantenido
básicamente la definición antes mencionada, los conceptos esenciales
permanecen, y por el hecho de que la Ley de Cooperativas no ha tenido en
209 Manual de Consultas Tributarias. Septiembre 2003. Nº 309. LexisNexis.
COOPERATIVAS 511
esta materia modificaciones, los alcances formulados por dicho organismo
revelan su pensamiento, que mantiene su vigencia.
Señaló el Servicio de Impuestos Internos, mediante Suplemento 6 (l2)-
259 de 24 de septiembre de 1970, que:
“a) El Nº 6 del artículo 2º de la Ley de la Renta define el concepto de renta
como los ingresos que constituyen utilidades o beneficios que rinde periódica-
mente una cosa o actividad y todos los beneficios, utilidades o incrementos de
patrimonio que se perciban o devenguen, cualquiera sea su origen, naturaleza
o denominación.
b) De acuerdo con la definición aludida, los ingresos que constituyen utilidades
tienen el carácter de ‘renta’.
c) En el caso de las cooperativas, ellas obtienen ingresos que económicamente
constituyen utilidades. Sin embargo, tales ingresos que, en el hecho, son uti-
lidades, pierden su carácter por imperio de la legislación especial que rige a
las cooperativas.
En efecto, el artículo 48 del decreto Nº RRA 20, de 1983, establece que ‘para
todos los efectos legales se estimará que las cooperativas no obtienen utilidades,
salvo para los efectos de lo dispuesto en los artículos 148 a 151 y 405 a 409
del Código del Trabajo’.
d) Por consiguiente, al identificarse las utilidades como renta, los ingresos que
en virtud de la Ley de Cooperativas pierden el carácter de utilidades, también
pierden el carácter de renta”.
Cabe considerar que la definición contenida en la letra a) del mencionado
suplemento, es similar a la contenida en el Nº 1 del artículo 2º de la actual
Ley de la Renta, salvo en cuanto ésta eliminó la expresión “periódicamente”
que figuraba en la primera parte de la definición anterior, pero sin que dicha
supresión significara una ampliación del concepto de “renta”, ya que, tanto
antes como ahora, su extensión está dada por la segunda parte de la defini-
ción, que conceptualiza como renta todo beneficio, utilidad o incremento
de patrimonio, con independencia de su carácter periódico o esporádico.
Respecto de la cita que se hace en el suplemento del Servicio de Impuestos
Internos al artículo 48 del decreto Nº RRA 20, de 1963, ella es similar a la
512 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
contenida en el artículo 47 del decreto supremo Nº 502, que contenía el texto
de la anterior Ley General de Cooperativas, e igual, como ya lo indicamos
al artículo 53 de la actual Ley General de Cooperativas, lo cual revela una
notable continuidad en la concepción que se tiene sobre esta materia.
Hechos estos alcances, es menester apuntar que discrepamos de la idea
central que establece el referido suplemento, al expresar que las cooperativas
obtienen ingresos que económicamente constituyen utilidades.
Ya indicamos precedentemente el propósito no lucrativo de las opera-
ciones y actividades que realizan las cooperativas y que por su propia natu-
raleza no pueden lucrar, toda vez que los principios analizados del retorno
de excedentes, del ingreso libre e ilimitado de socios y la irrepartibilidad
de los fondos de reserva durante la vigencia de la cooperativa, condicionan
la operación de las cooperativas de tal suerte que la institución que cons-
tituyen los socios sólo sirve para que éstos se beneficien de su actividad,
reforzando la potencialidad de las economías individuales que cada uno de
ellos conlleva. De tal manera que jamás los ingresos de las cooperativas
constituyen utilidades y tal afirmación carece de lógica.
El artículo 48 de la Ley de Cooperativas, profundizaba aún más tales
conceptos, al establecer que “el saldo que arroje el balance anual, una
vez deducidos los gastos generales, las amortizaciones de todo género, un
eventual déficit en la cuenta de fluctuación de valores después de aplicados
los recursos disponibles en el fondo de esta misma cuenta y los intereses
del capital, constituye el remanente del período respectivo”.
Dicha norma ha sido sustituida en el nuevo texto legal, contenido en el
DFL Nº 5, del año 2003, por el artículo 38 de la Ley General de Coopera-
tivas el que señala:
“El saldo favorable del ejercicio económico, que se denominará remanante, se
destinará a absorber las pérdidas acumuladas, si las hubiere. Hecho lo anterior,
se destinará a la constitución e incremento de los fondos de reserva, en el
caso que éstos sean obligatorios, o a la constitución e incremento de reservas
voluntarias y al pago de intereses al capital, de conformidad con el estatuto.
Por último, el saldo, si lo hubiere, se denominará excedente y se distribuirá
en dinero entre los socios o dará lugar a una emisión liberada de cuotas de
participación.
COOPERATIVAS 513
Los excedentes provenientes de operaciones de la cooperativa con los socios,
se distribuirán a prorrata de las cuotas de éstas. Aquellos provenientes de
operaciones con terceros, se distribuirán a prorrata de las cuotas de partici-
pación”.
El inciso 3º del artículo 92 del anterior texto legal, señalaba que “en las
cooperativas de servicio los excedentes producidos en las operaciones con
personas que no sean socios, incrementarán la reserva legal”. El artículo ll9,
también de la anterior ley, en su inciso 1º, decía que “en las cooperativas
de consumo los excedentes producidos por las operaciones con persanas
que no sean socios podrán ser reconocidos en favor de éstas, siempre que
ingresen a la cooperativa dentro de seis meses de aprobado el respectivo
balance. En caso contrario, incrementarán la reserva legal”.
En suma, los excedentes dejados en las operaciones con no socios tenían
como fin último el incremento de los fondos de reserva. En la reforma,
efectuada por la ley Nº 19.832, que dio orígen al DFL Nº 5 de 2003, se ha
modificado esta situación, estableciéndose que los excedentes generados
en operaciones con terceros, no pasan a incrementar los fondos de reserva,
sino que obligatoriamente se distribuirán entre los socios, a prorrata de sus
cuotas de participación.
La modificación introducida por la reforma, a nuestro juicio, no modifica
el hecho de que el ingreso obtenido por una cooperativa pueda ser calificado
como utilidad, puesto que solamente el excedente de operaciones efectuadas
con personas que no son socios, puede ser distribuido entre aquellos que
ostentan la calidad de socios, siendo su justificación el tener tal calidad y,
por ende, haber estado obligado a efectuar aportaciones de capital. A nuestro
juicio, también hubiera sido preferible mantener la normativa anterior, en
cuanto a incrementar los fondos de reserva.
Debemos agregar que respecto del fin no lucrativo de las cooperativas
la Corte Suprema de Justicia ha emitido diversos fallos, relativos a las
exenciones contempladas en la Ley de Rentas Municipales, DL Nº 3.063,
de 1979, como ya vimos en el Capítulo IV, Nº 3.
Dicho cuerpo legal dispone en el artículo 27 que “están exentas del pago
de contribución de patente municipal las personas o entidades que realicen
514 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
acciones de beneficencia, de culto religioso, de promoción de intereses
comunitarios, de difusión cultural, artística o deportiva y, en general, las
que por sus objetivos propios no persigan fines de lucro”.
A fin de reglamentar las disposiciones contenidas en el artículo 27 del
aludido DL Nº 3.063, se dictó el decreto supremo Nº 484, de 30 de abril
de 1980, del Ministerio del Interior, por medio del cual se introdujeron
nuevos requisitos para gozar de los beneficios del precepto recién citado,
como lo reconoce el fallo de la Excma. Corte Suprema de 25 de julio de
1984210, al declarar que las “personas o entidades que no persigan fines de
lucro estarán exentas de patente municipal en la medida que desarrollen
acciones gratuitas de beneficencia, de un culto religioso, de promoción de
intereses comunitarios, de difusión cultural, artística o deportiva u otras
similares”.
Agrega la Corte Suprema en dicha sentencia que “al así procederse se
ha dicho algo distinto de lo dispuesto por el legislador en la norma legal
reglamentada, la que no condiciona la exención del pago de la contribución
de patente municipal, para las personas o entidades que por sus objetivos
no persiguen fines de lucro, al hecho de que esas personas o entidades de-
sarrollen determinadas actividades, toda vez que la regla general es que la
exención favorece a las personas o entidades que por sus objetivos propios
no persigan fines de lucro, sin imponerles otras exigencias”.
La Corte resuelve en el fallo sobre el recurso de ilegalidad deducido
por la Cooperativa Nacional de Dueños de Camiones Limitada en contra
del decreto alcaldicio Nº 944 dictado por el alcalde de Santiago, de 21 de
julio de 1989, que a la reclamante le son aplicables las normas contenidas
en la Ley General de Cooperativas, cuyo texto refundido se contiene en el
decreto supremo Nº 502, publicado en el Diario Oficial de 9 de noviembre
de 1978. El artículo 1º de dicho cuerpo legal dispone que “para los fines
de la presente ley, son cooperativas las instituciones sin fines de lucro que,
teniendo por objeto la ayuda mutua, se rigen por sus disposiciones y presen-
tan las características fundamentales siguientes…”. El considerando 8º de
la sentencia señala “que acreditado en los autos que se han tenido a la vista
que la recurrente es una cooperativa que no persigue fines de lucro, lo que
210 Revista Fallos del Mes, año XXVI, Nº 308, p. 344.
COOPERATIVAS 515
ni siquiera ha sido controvertido, ha de concluirse que está favorecida por
la exención íntegra de la contribución municipal que la afecta…”.
La Corte de Talca, en sentencia de 19 de agosto de 1983, al resolver un
reclamo en contra del alcalde de la Municipalidad de Talca, interpuesto por
la Cooperativa Agrícola Vitivinícola de Talca Ltda., y que, en definitiva,
acogió, estableció “que las actividades de producción, comercialización del
vino y otros con el relacionado que allí (en el DS Nº 502) se detalla, no tiene
por objetivo directo lograr ganancias para dicha cooperativa como persona
independiente y para sí, sino que, a través de su cumplimiento, prestar ayuda
a los integrantes de la institución con la cooperación de todos los que la
forman, dándose así aplicación al presupuesto primario de su existencia”.
Este fallo fue redactado por el Ministro señor Hernán García Zavala, con-
curriendo con su voto favorable los Ministros señores Hernán Robert Arias
y Rolando Hurtado Ganderats (Rol Nº 38.471. Fallo no publicado).
Se puede apreciar que este fallo profundiza el concepto de entidad de
ayuda mutua sin propósitos lucrativos, estableciendo que tal presupuesto
tiene el carácter de primario de la existencia de esa cooperativa.
Tales sentencias están perfectamente contenidas en el concepto desarro-
llado, de que las cooperativas son entidades sin propósitos lucrativos y de
ayuda mutua y que por su naturaleza no producen utilidades o rentas, y no
porque lo diga la ley, la que no hace sino reconocer el carácter esencialmente
lucrativo de tales instituciones.
CAPÍTULO XIV
CONCLUSIÓN
A lo largo de este libro hemos analizado específicamente la normativa
general del Derecho Cooperativo chileno, el que pretende constituir un
todo armónico, aunque, por cierto, en su concreción legislativa presenta
desajustes, los cuales hemos indicado, dejando constancia que las opinio-
nes vertidas, admiten, por cierto, otras que pueden no ser coincidentes con
las expuestas, lo cual contribuirá a un mejor desarrollo de las instituciones
jurídicas existentes.
Existe, sin duda, un derecho específico, propio de cada tipo de coo-
perativas, al que sólo nos hemos referido tangencialmente en distintas
ocasiones, a fin de ilustrar en forma más acabada los conceptos de carácter
general.
Nuestro Derecho Cooperativo, como ha quedado demostrado a la luz de
la investigación realizada, nace de factores políticos y sociales que lleva-
ron a un decisivo perfeccionamiento a la democracia chilena de principios
del siglo XX, cuya concreción institucional se alcanzó en la Constitución de
1925.
Con posterioridad a la promulgación de la primera legislación sobre
cooperativas, el país ha tenido una pronunciada evolución no sólo de sus
instituciones jurídicas, las cuales son un reflejo de aquellas de naturale-
za política, social y cultural, las cuales se han reflejado en la legislación
cooperativa dictada, a partir del 1925. La evolución del país hacia una
sociedad más democrática, participativa y políticamente más activa, es un
fenómeno social que repercute en todas sus instituciones, cualquiera sea la
518 JUAN PABLO ROMÁN RODRÍGUEZ
naturaleza de éstas y obviamente las cooperativas no se encuentran ajenas
a dicha evolución.
Pensamos que el Derecho Cooperativo chileno, durante el tiempo que
ha transcurrido, no es un derecho de clase o de un grupo social. Constituye
más bien una forma asociativa de las personas, que necesariamente han
de tener iguales intereses económicos, sociales, culturales, o todos juntos.
Existe entre todos los socios una solidaridad de intereses, cuya satisfacción
requiere de una asociación como la cooperativa.
Al insertarse este tipo asociativo en una democracia, refuerza naturalmen-
te el buen desenvolvimiento de ella, pues incorpora a las personas a la vida
económica, social y cultural de Chile, las que deben asumir sus obligaciones
y efercer sus derechos a través de la entidad a la cual se encuentran aso-
ciadas para satisfacer sus intereses, todo ello mediante operaciones y actos
que pueden y deben ser analizados públicamente y sujetos a las sanciones
de los poderes del Estado.
Una real democracia no puede admitir en su interior monopolios, pues
pugnan con los principios de plena participación, de ausencia de privilegios
de hecho o de derecho y de igualdad de oportunidades para todos. De ahí
que las cooperativas, al insertarse como organismos válidos en la sociedad
chilena, contribuyen a democratizar sus instituciones, la vida económica,
social y cultural del país, no por el hecho de que este tipo de organizaciones
se rijan por el principio “de un hombre, un voto”, sino más bien porque
incorporan enormes contingentes de población a la búsqueda, solución y
concreción de sus intereses en forma conjunta, abierta a todos, sin discri-
minaciones y en plena libertad.
Por eso es importante la libertad de asociación y, por lo mismo, el ciu-
dadano debe ser libre de optar entre los diversos tipos de asociaciones o
sociedades para resolver cuál de ellos es el más adecuado en la búsqueda de
la solución de sus intereses. La democracia condena la asociación obligatoria
en general, cuando ella es de carácter económico. Por tal razón la discri-
minación entre tipos societarios o asociativos, para ejercer determinadas
actividades, resulta siempre sospechosa o antidemocrática. El derecho debe
tender a reconocer en su interior a todas aquellas agrupaciones que presentan
una característica indiscutida de autonomía y validez, sin privilegiar a unas
COOPERATIVAS 519
sobre otras. En definitiva, siempre se encuentran fórmulas para evadir los
privilegios que el legislador estatuye.
Es, a nuestro juicio, fundamental la tutela judicial de los derechos de
los socios de las cooperativas, la que siempre será más eficaz que la tutela
gubernamental para el fin último a alcanzar, como lo son la justicia y la
paz social.
La existencia de fracasos de orden económico de cooperativas, que en
proporción acaso no sean superiores a los de otros tipos societarios, aun-
que ello no es propio de determinados tipos de empresas, es una materia
que siempre preocupará a la comunidad nacional. Hoy en día, el grado de
progreso alcanzado por la sociedad chilena hace disponibles, para todos,
mejores administradores que puedan evitar tales fracasos. Disponer de
normas que oportunamente puedan neutralizar o hacer menos doloroso un
fracaso de este u otros tipos asociativos o societarios, es una tarea que debe
desarrollarse en forma permanente, como lo contemplan algunas de las
normas contenidas en la ley Nº 18.175, integrada al Título IV del Código
de Comercio y la ley Nº 20.416 que regula la insolvencia de las empresas
de menor tamaño.
La sociedad chilena evoluciona y los que detentan el poder son los que
influyen de manera decisiva en dicha evolución. El apego en el pasado
exclusivamente a las normas del derecho civil y mercantil ha debido ser
abandonado y las instituciones establecidas en ellos se han visto en este
siglo XXI claramente insuficientes para regular la vida social, económica
y cultural del país, naciendo innumerables instituciones que el derecho
chileno se ha visto obligado a recoger. Los poderes del Estado y quienes
lo conforman, enfrentan hoy en día nuevos desafíos para desarrollar una
sociedad más justa, más libre y plena para los chilenos. Los hombres de
derecho, los juristas en especial, deben investigar, en nuestra historia y en
los modelos de otros pueblos, las instituciones que encaucen el progresivo
desarrollo de esta nación.
Este libro ha querido mostrar, desde un punto de vista general e intro-
ductorio, a la cooperativa como una institución jurídica plena, que permite
aunar esfuerzos, intereses y voluntades, para solucionar en mejor forma las
aspiraciones de las personas y que alcancen mejores condiciones de vida.
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