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SLABORAL

El documento describe una demanda laboral presentada por una trabajadora contra su empleador. La trabajadora alega que fue despedida ilegalmente a pesar de haber sido diagnosticada con estrés laboral. El Tribunal falló a favor de la trabajadora y ordenó su reintegro con el pago de salarios caídos.

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SLABORAL

El documento describe una demanda laboral presentada por una trabajadora contra su empleador. La trabajadora alega que fue despedida ilegalmente a pesar de haber sido diagnosticada con estrés laboral. El Tribunal falló a favor de la trabajadora y ordenó su reintegro con el pago de salarios caídos.

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República de Colombia

Corte Suprema de Justicia

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA


SALA DE CASACIÓN LABORAL

FERNANDO CASTILLO CADENA


Magistrado Ponente

SL10538-2016
Radicación n.°42451
Acta 23

Bogotá, D. C., veintinueve (29) de junio de dos mil


dieciséis (2016).

Decide la Corte el recurso extraordinario de casación


interpuesto por el apoderado de la CORPORACIÓN
UNIVERSIDAD LIBRE, contra la sentencia del 30 de junio
de 2009, proferida por la Sala de Descongestión Laboral del
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla,
dentro del proceso ordinario laboral que le promovió
MARTHA LUCÍA CAPRILES DÍAZ.
Radicación n.° 42451

I. ANTECEDENTES

La demandante solicitó se declarara «sin ningún efecto o


eficacia jurídica (nulidad absoluta por objeto ilícito) el despido de que
fue objeto», y en consecuencia se ordenara su reintegro a un

cargo igual o de mayor jerarquía al que venía


desempeñando al momento del despido, con el pago de los
salarios y prestaciones sociales legales y convencionales
dejadas de percibir desde el despido, hasta que se hiciera
efectiva la medida solicitada, así como las cotizaciones a
salud y pensiones, y las costas del proceso.

Expuso que prestó sus servicios personales para la


demandada en virtud de un contrato de trabajo, del 15 de
agosto de 1994 al 26 de junio de 2003, fecha en que fue
despedida en forma ilegal e injusta; desempeñó el cargo de
«Directora del Programa de Fisioterapia», con un salario básico

mensual de $1.846.824,oo; que el 6 de noviembre de 2001


«Protección Laboral – Riesgos Laborales», le remitió al jefe de

personal de la demandada, un dictamen en el que se


recomendó reubicarla «por diagnóstico de «Stres laboral»;
dictamen que no fue atendido, por lo que requirió una
valoración del médico ocupacional del Ministerio del Trabajo
y Seguridad Social, actitud que, aduce, constituye un
desconocimiento de las normas laborales; que ante tal
situación, recurrió a la Regional del Trabajo el 20 de
noviembre de 2001, a fin de que practicara una inspección
judicial, la cual se llevó a cabo el 19 de diciembre de ese
mismo año; que dicha entidad requirió en dos ocasiones a

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Radicación n.° 42451

la demandada para que cumpliera con los preceptos legales,


y ante el reiterado desacato, profirió la Resolución 001770
del 26 de diciembre de 2002, mediante la cual la sancionó
con multa de 10 salarios mínimos legales vigentes, decisión
que quedó en firme el 6 de marzo de 2003; que el 26 de
junio de ese mismo año la pasiva la despidió, violando la
obligación señalada en los artículos 39 y 45 del Decreto
1295 de 1994 y 26 de la Ley 361 de 1997, que determinan
la imposibilidad de despedir a un trabajador por sus
limitaciones ocasionadas por las actividades laborales,
máxime cuando no media autorización de la oficina del
trabajo; que la Universidad no solicitó ni obtuvo
autorización previa del Ministerio del Trabajo, no obstante
que la actora se encontraba física y psicológicamente
limitada al momento del despido.

La demandada se opuso a las pretensiones incoadas,


aceptó la existencia de la relación contractual laboral, sus
extremos, el cargo desempeñado, el salario básico mensual
y el despido injusto, pero adujo en su defensa, que a la
trabajadora se le canceló la indemnización a que tenía
derecho, y advirtió que ella «nunca estuvo incapacitada parcial y
mucho menos permanentemente por stress laboral, así como tampoco
no tiene, ni nunca ha padecido limitación física, ni de ninguna otra
especie originada por su actividad laboral». Propuso las
excepciones de inexistencia de la obligación, compensación
y buena fe (folios 86 a 89).

3
Radicación n.° 42451

II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA

El Juzgado Noveno Laboral del Circuito de


Barranquilla, en sentencia del 17 de septiembre de 2004,
condenó a la pasiva a pagar a la actora la suma de
$11.080.944,oo por concepto de la indemnización
contemplada en el artículo 26 de la Ley 361 de 1997. En lo
demás absolvió e impuso costas a la accionada (folios 114 a
117).

III. SENTENCIA DEL TRIBUNAL

Por apelación de ambas partes, el Tribunal Superior de


Barranquilla mediante sentencia de 30 de junio de 2009,
revocó la de primer grado, en su lugar, condenó a la
demandada a «restablecer el contrato de trabajo de la demandante,
de acuerdo a las condiciones de reubicación laboral; pagándole los
salarios convencionales y legales dejados de percibir desde la fecha de
despido hasta cuando efectivamente sea reintegrada a sus labores,
pudiendo descontar los pagos efectuados y que sean incompatibles con
el reintegro». En lo demás confirmó, y se abstuvo de imponer

costas en esa instancia (folios 187 a 198).

En lo que al recurso extraordinario interesa, indicó


que no se discute la existencia del contrato de trabajo que
sostuvieron las partes y que se prolongó del 15 de agosto de
1994 al 26 de junio de 2003, fecha esta última en que la
demandante fue despedida e indemnizada por la ruptura
unilateral del contrato, conforme a la carta de terminación
que obra a folio 7 del expediente. Una vez describió el eje

4
Radicación n.° 42451

central de la controversia, y que atañe a si se requería de


autorización del Ministerio de Trabajo para despedir a la
trabajadora, quien aduce estar cobijada por la especial
protección en razón de su discapacidad, y luego de
transcribir el texto del artículo 26 de la Ley 361 de 1997,
destacó la sentencia C-531 de 2000 de la Corte
Constitucional y precisó que: «revisada la documental obrante al
proceso, efectivamente la demandante en atención a sus funciones
laborales, y de acuerdo al análisis del puesto de trabajo sicológico
realizado en octubre de 2001 por la ARP a la cual se encontraba
afiliada (fol. 12 – 17) en el mismo se conceptúa: “la alta
responsabilidad, que maneja este cargo directivo le genera a la
paciente niveles altos de angustia y desesperación, que le están
ocasionando estado depresivos continuos que pueden desencadenar en
consecuencias desfavorables para la salud mental en general”. Y como
conclusión del mismo, le determina a la trabajadora unas restricciones
en las labores “administrativas” o reubicación laboral, y concluye en un
diagnóstico de stress laboral».

Añadió que no obstante poner en conocimiento de la


demandada los anteriores resultados, ésta respondió a la
recomendación de reubicación, mediante el documento de
folio 19, en la que se indicó «nos vemos precisados a no atender
sus recomendaciones», por lo que la actora resolvió consultar la

medida de reubicación con el Ministerio de la Protección


Social (folio 20), la cual finalizó con la sanción a la
Universidad por no acatar las recomendaciones técnico-
legales. Advirtió, que si bien es cierto al momento del retiro
la demandante no se encontraba con incapacidad temporal
alguna, ni mucho menos con algún estado de discapacidad
permanente parcial, si obra en el expediente prueba que

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Radicación n.° 42451

demuestra que en el mes de octubre de 2001, posterior a un


análisis sicológico del puesto de trabajo, la demandante fue
diagnosticada con una patología determinada como «stress
laboral», la cual se encuentra incluida como una enfermedad

profesional, según lo previsto en el Decreto 1833 de 1994,


situación que es corroborada con el dictamen de folio 98 a
103, así como con el oficio del médico laboral de la entonces
ARP del ISS, visible a folio 109.

De acuerdo con las anteriores probanzas, concluyó


que el empleador si tenía conocimiento del quebrantamiento
de salud de la demandante, por lo que luego de transcribir
extractos de la sentencia de la Corte Constitucional T-
504/208, concluyó que «el hecho de no haberse incapacitado al
trabajador u oficialmente no se hubiese diagnosticado discapacidad
alguna, no margina al trabajador de esa protección reforzada, porque
bien claro era para la Universidad empleadora que la trabajadora
sufría quebrantos de salud, y que aparte de haber sido diagnosticada
con una enfermedad de origen profesional, a la misma se le había
prescrito una reubicación laboral, por lo que no cabe duda que para que
se hubiese producido el despido de la señora MARTHA LUCIA
CARRILES, sí ha debido de mediar la autorización de la autoridad del
trabajo, como lo contempla el artículo 26 de la Ley 361 de 1997».

En consecuencia, dispuso el restablecimiento del


contrato de trabajo, para que mediante la reubicación de
labores, la actora pueda ejercitar su derecho al trabajo en
condiciones dignas, y además, ordenó el pago de los
salarios con los aumentos legales y convencionales dejados
de devengar, de conformidad con lo dispuesto en el artículo

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Radicación n.° 42451

140 del C.S.T., autorizó a la demandada descontar los


pagos efectuados e incompatibles con el reintegro.

IV. EL RECURSO DE CASACIÓN

Fue propuesto por la demandada, concedido por el


Tribunal y admitido por la Corte, se procede a decidir.

Pretende que se case totalmente la sentencia del


Tribunal, para que en instancia, revoque la del juzgado y
absuelva a la accionada de las pretensiones formuladas en
su contra, proveyendo sobre costas como corresponda.

Con fundamento en la causal primera de casación


laboral, formuló dos cargos que fueron replicados.

V. CARGO PRIMERO

Textualmente lo planteó así: «Por la vía indirecta, la


sentencia viola, por aplicación indebida, los artículos 26 de la Ley 361
de 1997; 39 y 45 del Decreto 1295 de 1994; 4 y 8 de la Ley 776 de
2002 y 140, 467 y 476 del Código Sustantivo del Trabajo».

Acusó la apreciación equivocada del análisis sicológico


del puesto de trabajo de la demandante, que reposa de folio
12 a 17; la comunicación de la pasiva de folio 19; la
solicitud de consulta de la medida de reubicación de la
actora al Ministerio de Trabajo; la sanción impuesta a la

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Radicación n.° 42451

Universidad de folio 36 a 39; el dictamen 2865 del 31 de


marzo de 2004 de folio 98 a 103; el oficio 2629 del médico
laboral de folio 109 y la Resolución 001770 del 26 de
diciembre de 2002 del Ministerio de Trabajo de folio 36 a
39. De igual forma, denunció la falta de valoración de la
inspección judicial de folio 106 a 108 y el oficio del 6 de
noviembre de 2001 de folio 11 del expediente.

Señaló como errores evidentes de hecho en que


incurrió el Tribunal, los siguientes:

1.- Dar por demostrado, sin estarlo, que la demandante fue


despedida por razón de su limitación.

2.- Dar por demostrado, sin estarlo, que para despedir a la


demandante, se necesitaba previamente la autorización de la
Oficina del Trabajo.

3.- No dar por demostrado, pese a estarlo, que la demandante no


estaba protegida por la “estabilidad reforzada” consagrada en el
artículo 26 de la Ley 361 de 1997.

En la demostración del cargo, adujo que el concepto


del análisis al puesto de trabajo, no es más que una
expresión de la sicóloga, que lo hizo como punto de
referencia general y que tiene que ver con la información
suministrada por las partes, tal como se desprende del
capítulo inicial denominado como «ORGANIZACIÓN DE LAS
TAREAS» en las que la citada profesional se basa para
posteriormente centrar el análisis de manera concreta. Que
si se hubiera apreciado debidamente el citado documento,

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Radicación n.° 42451

en el capítulo de gestión y desarrollo, se habría dado cuenta


el Tribunal que la sicóloga concluyó que a la demandante se
le había capacitado en varias ocasiones y ha asistido a
varios cursos, «por lo que se encuentra actualizada para poder
desempeñar el cargo adecuadamente (folio 16)».

Que el Tribunal no se percató que en la audiencia del


16 de junio de 2004 (folios 106 a 108), en la que se practicó
la inspección judicial, se constató que la resolución 001770
del 26 de diciembre de 2002, fue revocada por vía directa.
Sobre el dictamen 2865 del 31 de marzo de 2004, expedido
por la Junta de Calificación de Invalidez del Atlántico,
visible a folios 98 a 103, destacó que el mismo fue solicitado
por la demandante el 8 de marzo de 2004, cuando ya había
terminado el contrato de trabajo y que la incapacidad
permanente parcial de invalidez por la pérdida de su
capacidad laboral en un 42.90%, de origen profesional,
aparece estructurada el 20 de octubre de 2003, es decir,
también con posterioridad al fenecimiento del vínculo.

Precisó de igual forma, que a la universidad


demandada no se le notificó de ese dictamen y tampoco hizo
parte del trámite, por lo que considera que no le resulta
oponible y, por ende, mal pudo el Juez colegiado tenerlo en
cuenta como elemento de convicción en su contra. Que
ninguna de las pruebas denunciadas acreditan que la
demandante fue despedida por razón de una limitación
física, síquica o sensorial, pues advierte que no hay relación
de causalidad, y que además, el propio sentenciador anotó

9
Radicación n.° 42451

que al momento del despido la actora no tenía incapacidad


alguna ni un estado de discapacidad permanente parcial, lo
cual se constató en la inspección judicial a la hoja de vida
de la demandante, por lo que mal pudo deducirse que el
despido fue por causa de enfermedad, no obstante que ni
durante la ejecución del contrato ni a su terminación ella
estuvo incapacitada.

En consecuencia, destacó que no puede catalogársele


como una persona con limitación física, en cuanto ni
siquiera existe una prescripción médica en ese sentido, y
por ende, mal puede predicarse a su favor la protección
establecida en el artículo 26 de la Ley 361 de 1997.

VI. SEGUNDO CARGO

Textualmente expresó que «Por la vía directa, acuso la


sentencia de interpretar con error los artículos 26 de la Ley 361 de
1997 y 4 y 8 de la Ley 776 de 2002, y como consecuencia de ello
aplicar indebidamente los artículos 140, 467 y 476 del Código
Sustantivo del Trabajo».

Adujo, luego de transcribir el artículo 26 de la Ley 361


de 1997, y referirse a la exposición de motivos de dicha ley,
al igual que a la sentencia C-531 de 2000, que solo las
personas que tienen una debilidad manifiesta, bien sea en
el campo físico, sensorial o síquico, son las que están
amparadas por la especial protección que regula la citada
normativa, pues advierte que esa prerrogativa no es para

10
Radicación n.° 42451

todo trabajador a quien simplemente se le diagnostique una


enfermedad de origen profesional, para lo cual destaca que
es necesario que al asalariado se le dictamine una pérdida
de su capacidad laboral y no una simple solicitud de
reubicación laboral. Resaltó que la demandante no fue
incapacitada y tampoco se le diagnosticó oficialmente
discapacidad alguna, por lo que es patente el yerro
interpretativo en que incurrió el sentenciador de alzada,
para lo cual se apoyó en una sentencia de tutela que solo
tiene efectos inter partes.

VII. RÉPLICA

Destacó que los dos últimos errores de hecho que el


censor le atribuye al Tribunal en el primer cargo, tienen un
alto contenido jurídico, en tanto que es una cuestión de
derecho definir si una persona a quien se le ha considerado
enferma y de cuya condición se ha notificado al empleador,
puede ser despedida sin justa causa y sin permiso del
Ministerio de la Protección Social, debido a que al momento
del despido no tenía expedida una incapacidad médica,
pues considera el opositor que ese aspecto no depende de
ninguna apreciación probatoria sino de una elaboración
conceptual a la luz del artículo 26 de la Ley 361 de 1997.
Que igual situación se predica respecto de la patología
determinada como «stress laboral», en cuanto el establecer si
esa situación encaja dentro de la protección de la
estabilidad reforzada, prevista en el artículo 26 de la Ley
361 de 1997, es un asunto puramente jurídico y no fáctico.

11
Radicación n.° 42451

Sobre el fondo de la acusación, advierte que la


demandada acepta en la carta de despido que no tenía
ninguna razón para despedir a la demandante y que
adicionalmente existe prueba de su estado de enfermedad y
la solicitud de su reubicación laboral, por lo que la
conclusión natural es que el despido obedeció a esa
circunstancia de salud. Que la revocatoria de la Resolución
por la cual se le impuso una multa a la demandada por no
acatar la orden de reubicación de la demandante,
constituye un asunto trivial, ya que el aceptarlo no significa
que la actora no estuviera enferma en el momento del
despido, que es lo que realmente importa para la definición
del conflicto.

Destacó que para el Tribunal la demandante se


encontraba afectada por una patología de origen laboral,
con fundamento en la cual se dispuso su reubicación
laboral, por lo que es claro que existía un impedimento para
ejecutar las labores contratadas, lo que equivale a una
invalidez o minusvalía para ejercer el trabajo.

VIII. CONSIDERACIONES

Aun cuando le asiste razón al opositor en lo


relacionado con que los dos últimos errores de hecho que le
endilga el censor a la sentencia impugnada y que se
mencionan en el primer cargo, en cuanto que encarnan un
cuestionamiento netamente jurídico y no de carácter fáctico
o probatorio, tal deficiencia no logra impedir el estudio

12
Radicación n.° 42451

sobre el fondo del ataque, en tanto que dicha irregularidad


puede ser superada al emprender la Sala el análisis
conjunto de las dos acusaciones, a lo cual se procede por
existir identidad en el compendio normativo denunciado y
perseguir un mismo propósito con similares argumentos, no
obstante dirigirse el ataque por vías y modalidades de
violación diferentes.

Son situaciones fácticas que no generaron controversia


en las instancias anteriores, la relación contractual laboral
que sostuvieron las partes contendientes, cuyos extremos
temporales se prolongaron del 15 de agosto de 1994 al 26
de junio de 2003; el despido unilateral e injusto de que fue
objeto la actora con el pago de la indemnización que le hizo
la demandada; así como, el salario básico mensual que
devengaba y ascendía a la suma de $1.846.824,oo.

El tema que suscita discusión en el impugnante a


través de los dos cargos planteados, se circunscribe a la
consideración del Tribunal de tener a la actora como
beneficiaria de la especial protección que brinda el artículo
26 de la Ley 361 de 1997, respecto de aquellos trabajadores
que padecen una limitación o discapacidad física, psíquica
o sensorial, pues a juicio del censor, la demandante no se
encuentra en ninguna de las situaciones particulares a que
se refiere la norma, y en consecuencia, no le asiste el
derecho al reintegro que se ordenó.

13
Radicación n.° 42451

Para el sentenciador de alzada, el hecho de no haberse


incapacitado a la demandante o no diagnosticársele
ninguna discapacidad, no la margina de la estabilidad
laboral a que alude el artículo 26 de la Ley 361 de 1997,
pues le bastó para brindarle esa especial protección el
hecho de que la trabajadora sufría de quebrantos de salud
conocidos por la demandada, y que aparte de haber sido
diagnosticada con una enfermedad de origen profesional, se
le había prescrito una reubicación laboral, situación que lo
llevó a concluir que existía la necesidad de solicitar la
autorización a la autoridad administrativa del trabajo para
proceder al despido.

Conforme a lo anterior, el razonamiento que sirvió de


sustento al Tribunal para disponer el restablecimiento del
contrato de trabajo de la demandante, es a juicio de la
Corte abiertamente contrario al espíritu teleológico de la
citada preceptiva, ya que como lo tiene adoctrinado la
jurisprudencia de esta Corporación, no es suficiente por si
solo el quebrantamiento de la salud de la trabajadora o el
encontrarse en incapacidad médica para merecer la especial
protección de que trata el artículo 26 de la Ley 361 de 1997,
pues debe acreditarse que el asalariado al menos tenga
una limitación física, psíquica o sensorial y con el carácter
de moderada, esto es, que se enmarque dentro de los
porcentajes de pérdida de la capacidad laboral igual o
superior al 15%.

14
Radicación n.° 42451

Al efecto, es pertinente destacar lo que indicó la Corte


en la sentencia CSJ SL del 28 de agos. 2012, rad. 39207,
cuando al rememorar otras en ese mismo sentido sobre el
tema en controversia, y en especial al fijar el alcance de la
protección de que trata el artículo 26 de la Ley 361 de 1997,
precisó:

(…) esta Sala de la Corte ya tuvo la oportunidad de analizar y


definir el tema, fijando su propio criterio, en el sentido de que la
Ley 361 de 1997 está diseñada a garantizar la asistencia y
protección necesaria de las personas con limitaciones severas y
profundas, pues así lo contempla su artículo 1°, al referirse a los
principios que la inspiran y al señalar sus destinatarios, de modo
que delimita el campo de su aplicación a quienes por ley son
consideradas discapacitadas, es decir, todas aquellas que
tengan un grado de minusvalía o invalidez superior a la
limitación moderada, además de que el estado de salud debe ser
de conocimiento del empleador, pues la sola circunstancia de que
el trabajador se encuentre incapacitado para el momento de la
ruptura del contrato de trabajo, no acredita que tenga una
limitación física y dentro de los porcentajes anteriormente
mencionados, requiriéndose por tanto de una prueba científica
como sería el respectivo dictamen o calificación.

En sentencia del 25 de marzo de 2009 radicado 35606, esta


Corporación sobre dicha temática puntualizó:

“(……) antes de entrar a analizar el elenco probatorio denunciado


en los cargos, es pertinente traer a colación la sentencia de 15 de
julio de 2008, radicación 32532, en la cual, y en ejercicio del
proceso hermenéutico del artículo 26 del Ley 371 de 1997, la
Corte Suprema de Justicia, razonó:

La protección con la que cuentan las personas limitadas en lo


concerniente a que no pueden ser despedidas o su contrato
terminado por razón de su limitación, salvo que medie la
autorización de la Oficina de Trabajo se encuentra regulada en el
artículo 26 de la Ley 361 de 1997, de manera que la minusvalía

15
Radicación n.° 42451

a que se refiere esta disposición debe ser buscada, en primer


lugar, en el contexto de este articulado y, sólo en ausencia de
disposición que lo determine, es dable acudir a la aplicación
supletoria de otras normas, conforme lo prevé el artículo 19 del C.
S. del T..

Al respecto conviene precisar que la Ley 361 de 1997 contiene un


régimen de carácter especial, que trasciende el campo del Sistema
de Seguridad Social Integral, dado que su protección va más allá
de las garantías que este régimen cubre, pues su propósito es la
protección de los derechos fundamentales de las personas con
limitaciones, previendo para quienes las padecen en los grados de
“severas y profundas” la asistencia y protección necesarias. En
este sentido la Sala tuvo la oportunidad de pronunciarse en
sentencia de 7 de febrero de 2006, radicada con el número
25130, lo siguiente:

cumple observar que la Ley 361 de 1997 es un estatuto especial


que estableció “...mecanismos de integración social de las
personas con limitación...” y que según su primer artículo los
principios que la fundamentan están en los artículos 13, 47, 54 y
68 de la Constitución Política. Se trata de una ley que según la
exposición de motivos tuvo por objeto la integración social de los
discapacitados (Gaceta del Congreso N° 364 del 30 octubre de
1995). Los capítulos que la integran consagran garantías que
asumen el Estado y la Sociedad para facilitar al antes señalado
grupo de personas un modo de vida digno que les permita la
rehabilitación, bienestar social, el acceso preferente a la
educación, a los bienes y al espacio de uso público, al trabajo,
etc.’.

“Aclarado lo anterior, se observa que la Ley 361 de 1997 está


dirigida de manera general a garantizar la asistencia y protección
necesaria de las personas con limitaciones severas y profundas,
pues así lo contempla su artículo 1º; al referirse a los principios
que la inspiran y al señalar sus destinatarios, de modo que
delimita el campo de su aplicación, como ya se anotó, a quienes
padecen una minusvalía significativa.

Es en desarrollo de esta preceptiva y particularmente en lo que


tiene que ver con las personas a que está orientada la protección
especial que consagra, según el grado de su limitación, que se
dispone en el artículo 5 que las personas con limitaciones deberán
Social en Salud, correspondiendo a las empresas promotoras de

16
Radicación n.° 42451

salud consignar, en tal documento, la existencia de la respectiva


limitación, con la especificación del grado de limitación que
presenta su portador, en las escalas de moderada, severa y
profunda, con el fin de que puedan identificarse como titulares de
los derechos previstos en la ley comentada. No se trató entonces
de una previsión caprichosa del legislador al aludir, en esta
disposición, a los distintos grados de minusvalía que pueden
afectar a las personas según la limitación que padezcan, por el
contrario, la razón está de parte de aquellas que padecen
mayores grados de limitación, naturalmente con el propósito de
lograr su integración social en todos los ámbitos de la vida en
comunidad en que se desenvuelven los seres humanos.
Obviamente que el amparo es menor o inexistente para las
personas con limitaciones de menor intensidad que no se les
dificulta su inserción en el sistema competitivo laboral.

En el articulado de la Ley 361 de 1997 se toman como parámetros


los diferentes grados de minusvalías a que se hecho alusión para
establecer condiciones que garanticen su incursión en el ámbito
laboral o que los haga merecedores de la protección del Estado,
entre otros, en el campo de vivienda, seguridad social y
educación. Así por ejemplo en el 24 se garantiza a los
empleadores que vinculen laboralmente a personas con limitación
que sean preferidos en igualdad de condiciones en los procesos
de licitaciones, adjudicación y celebración de contratos, sean
estos públicos o privados, si tienen en sus nóminas un mínimo del
10% de sus empleados, en las condiciones de discapacidad
enunciadas en ese mismo ordenamiento; en el 31 se dispone que
los empleadores que ocupen trabajadores con limitación no
inferior al 25% comprobada y que estén obligados a presentar
declaración de renta y complementarios, tienen derecho a deducir
de la renta el 200% del valor de los salarios y prestaciones
sociales, pagados durante el año o período gravable a los
trabajadores con limitación, y el 37 prevé que el Gobierno, a
través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, y en
cooperación con las organizaciones de personas con limitación,
apropiará los recursos para crear una red nacional de
residencias, hogares comunitarios y escuela de trabajo para
atender las personas con limitaciones severas.

“Es claro entonces que la precipitada Ley se ocupa esencialmente


del amparo de las personas con los grados de limitación a que se
refieren sus artículos 1 y 5; de manera que quienes para efectos
de esta ley no tienen la condición de limitados por su grado de
discapacidad, esto es para aquellos que su minusvalía está

17
Radicación n.° 42451

comprendida en el grado menor de moderada, no gozan de la


protección y asistencia prevista en su primer artículo.

Ahora, como la ley examinada no determina los extremos en que


se encuentra la limitación moderada, debe recurrirse al Decreto
2463 de 2001 que sí lo hace, aclarando que en su artículo 1º de
manera expresa indica que su aplicación comprende, entre otras,
a las personas con derecho a las prestaciones y beneficios
contemplados en las Leyes 21 de 1982, 100 de 1993, 361 de
1997 y 418 de 1997. Luego, el contenido de este Decreto en lo que
tiene que ver con la citada Ley 361, es norma expresa en aquellos
asuntos de que se ocupa y por tal razón no es dable acudir a
preceptos que regulan de manera concreta otras materias.

Pues bien, el artículo 7 del Decreto 2463 de 2001 señala los


parámetros de severidad de las limitaciones en los términos del
artículo 5 de la Ley 361 de 1997; define que la limitación
“moderada” es aquella en la que la pérdida de la capacidad
laboral oscila entre el 15% y el 25%; “severa”, la que es mayor al
25% pero inferior al 50% de la pérdida de la capacidad laboral y
“profunda” cuando el grado de minusvalía supera el 50%.
“En las condiciones anotadas es claro que el juzgador de segundo
grado se equivocó al aplicar en este asunto el artículo 5 de la Ley
776 de 2002, pues si bien este precepto limita los grados en que
se encuentra comprendida la incapacidad permanente parcial lo
hace de manera expresa para los afiliados al Sistema General de
Riesgos Profesionales y para los fines de las indemnizaciones y
prestaciones que cubre este régimen, que obviamente no guarda
relación con el tema de estabilidad laboral que protege la Ley 361
de 1997.

“Surge de lo expuesto que la prohibición que contiene el


artículo 26 de la citada Ley 361, relativa a que ninguna
persona con discapacidad podrá ser despedida o su
contrato terminado por razón de su minusvalía, salvo que
medie autorización de la Oficina de Trabajo, se refiere a
las personas consideradas por esta ley como limitadas, es
decir, todas aquellas que tienen un grado de invalidez
superior a la limitación moderada. Situación en la que no se
encuentra el demandante, pues su incapacidad permanente
parcial tan sólo es del 7.41%, es decir, inferior al 15% del extremo
mínimo de la limitación modera, que es el grado menor de
discapacidad respecto del cual operan las garantías de asistencia
y protección que regula esa ley, conforme con su artículo 1°>.

18
Radicación n.° 42451

De acuerdo con la sentencia en precedencia para que un


trabajador acceda a la indemnización estatuida en el artículo 26
de la Ley 361 de 1997, se requiere: (i) que se encuentre en una
de las siguientes hipótesis: a) con una limitación “moderada”, que
corresponde a la pérdida de la capacidad laboral entre el 15% y el
25%, b) “severa”, mayor al 25% pero inferior al 50% de la pérdida
de la capacidad laboral, o c) “profunda” cuando el grado de
minusvalía supera el 50%; (ii) que el empleador conozca de dicho
estado de salud; y (iii) que termine la relación laboral “por razón
de su limitación física” y sin previa autorización del Ministerio de
la Protección Social.

“Descendiendo al estudio del elenco probatorio encuentra la Corte


Suprema de Justicia que el Tribunal no incurrió en los
desaguisados que la censura le enrostra toda vez que, en verdad,
no desconoció la existencia de las diferentes incapacidades
médicas, sino que estimó que el dictamen de la Junta de
Calificación Invalidez, por medio del cual se estructuró la
pérdida de la capacidad laboral en un 55.60%, a partir del
8 de agosto de 2004, le fue notificado a la actora el 28 de
junio de 2005, es decir, con posterioridad a la terminación
del contrato de trabajo, que lo fue por vencimiento del plazo
inicialmente pactado; luego, para ese momento, el empleador
no tenía conocimiento de la discapacidad de la actora.
También es cierto que las incapacidades, por sí solas, no
acreditan que la persona se encuentre en la limitación
física y dentro de los porcentajes anteriormente
mencionados, para efectos de ser cobijada por la protección
a la que se refiere el artículo 26 de la Ley 361 de 1997.

“Puestas así las cosas, debe la Corporación reiterar que no


dimana error alguno, al menos de naturaleza protuberante, en la
conclusión a la que arribó la Sala sentenciadora en torno a que la
empleadora desconocía de la limitación al momento de la
terminación del vínculo contractual, por expiración del plazo, en la
medida en que para la fecha de terminación de la relación
laboral, 30 de noviembre de 2004, la promotora del litigio
no había sido calificada como inválida o con limitación
física, dado que este estado solo se produjo por la Junta Nacional
de Calificación de Invalidez el 24 de junio de 2005 (folios 25 y 26,
cuaderno 1), dictamen notificado a la actora el 28 de junio de la
misma anualidad (folio 24, ibídem)” (Resalta la Sala)”.

19
Radicación n.° 42451

Llegados a este punto debe memorar la Sala que si


bien, para acceder a determinadas prestaciones sociales del
sistema general de seguridad social en pensiones y riesgos
laborales, en principio se requiere del dictamen de la Junta
de Calificación de Invalidez, también lo es que no es dable
desconocer que en otros eventos en los que hay protección
reforzada a la estabilidad laboral del trabajador, como por
ejemplo, la estatuida en el artículo 26 de la Ley 361 de
1997, existe libertad probatoria para acreditar la condición
generatriz de tal protección.

A propósito, la Sala en la providencia citada,


adoctrinó:

Sea lo primero precisar que, de la lectura del artículo 26 de la Ley


361 objeto de estudio, no se desprende que solo a quienes estén
calificados como limitados en el carné al que alude el artículo 5º
ibídem se les aplica la protección reforzada a la estabilidad
laboral del trabajador, lo cual, en principio, pareciera que fue lo
que quiso decir el ad quem, pero, en realidad, no fue así, pues,
como quedó atrás dicho, al no contar, el actor, con el carné, el
tribunal, seguidamente, se remitió al dictamen de la Junta de
Calificación de Invalidez rendido el 3 de mayo de 2002, el cual
desestimó de inmediato en razón a que no encontró acreditado
que, al momento del despido, el empleador tuviese conocimiento
de su existencia; es decir, de haber considerado que el
empleador sí lo conocía, habría dado por establecida la
discapacidad conocida por parte del empleador, dado que
también señaló que “…la actividad mínima probatoria a cargo de
la parte actora es la acreditación de esa limitación que aduce,
condición que obviamente debía ser conocida por el empleador al
momento del despido”. Por tanto, no pudo incurrir el ad quem en
la aplicación indebida achacada.

En todo caso, en aras de la función unificadora de la


jurisprudencia a cargo de esta Sala, conviene precisar que el
carné al que refiere el artículo 5º de la ley 361 ha de entenderse
como un medio más de prueba del estado y grado de

20
Radicación n.° 42451

discapacidad de su titular, para efectos de que pueda gozar de


los mecanismos de integración social reconocidos en la Ley 361,
pues se basa en un “…diagnóstico médico en caso de que dicha
limitación no sea evidente1”; de ninguna manera puede dársele
carácter constitutivo de dicho estado, pues la discapacidad
corresponde a una condición real de la persona que se acredita,
si es del caso, mediante dictamen pericial, de la cual puede tener
conocimiento el empleador de cualquier forma, según la situación
particular del trabajador discapacitado.

En lo que atañe al dictamen emanado de las Juntas de


Calificación de Invalidez como una prueba ad substantiam
actus o también denominada ad solemnitatem o solemne, la
Corporación en sentencia CSJ SL del 18 de mar. 2009, rad.
31062, recordó:

Sala ha tenido la oportunidad de estudiarlo y definirlo, y por


mayoría ha adoctrinado desde la sentencia del 29 de junio de
2005 radicado 24392, reiterada en casación del 30 de agosto
de igual año radicación 25505, que esta clase de pericia no
tienen esa connotación, y en la última de las decisiones
mencionadas se puntualizó:

“(….) Al respecto, en sentencia reciente del 29 de junio de


2005 radicado 24392, esta Sala de la Corte definió por
mayoría que el dictamen emanado de la Junta de Calificación
de Invalidez no es una prueba solemne y en esa oportunidad
dijo: <El ataque esta edificado fundamentalmente en la
aseveración según la cual el juzgador de segundo grado
incurrió en un error de derecho consistente en dar por probado
que no hubo accidente de trabajo, pese a que la prueba
solemne acerca de la calificación de origen del accidente lo
acredita fehacientemente, es decir el dictamen emanado de la
junta de calificación. Planteamiento que resulta inexacto pues
la referida prueba no es más que un experticio (sic) que la ley
estableció debía ser practicado por unos determinados entes,
lo cual difiere claramente de lo que es una prueba solemne>.
(Resalta la Sala).

1 Inciso 2º artículo 5º Ley 361 de 1997.

21
Radicación n.° 42451

Lo anterior es así por cuanto la prueba solemne o ad


solemnitatem, es una formalidad que impone la ley para la
validez del acto, que en otras palabras es aquella que las
partes o los interesados deben necesariamente ajustarse en
rigor para la existencia jurídica de un acto, contrato o
convenio, entre los cuales no encaja el dictamen pericial que
es una de las pruebas que dispone la Ley, es ad probationen
y obviamente no es de esencia contractual, sino que tiende a
acreditar o demostrar un presupuesto o supuesto fáctico (para
el caso el porcentaje de pérdida de capacidad laboral) que
sirva como sustento o soporte para obtener un derecho
perseguido, como por ejemplo el reconocimiento de un auxilio,
incapacidad, prestación económica, indemnización, pensión,
etc..

De suerte que, no es del caso calificar como prueba solemne el


dictamen pericial con el que se busca establecer la pérdida de
capacidad laboral, así provenga de la Junta de Calificación de
Invalidez.

(…)

En consecuencia, al no estar en presencia de un medio


probatorio solemne, en el sub lite al Juzgador de alzada le era
permitido, conforme a la potestad de apreciar libremente la
prueba, acoger aquellos elementos de convicción que le den
mayor credibilidad o lo persuada mejor sobre cuál es la
verdad real y no simplemente formal que resulte del proceso,
en atención a lo previsto en el artículo 61 del Código Procesal
del Trabajo y de la Seguridad Social y sobretodo en casos tan
especiales como lo es la protección de un derecho
fundamental como ocurre en el asunto de marras.

De los criterios anteriores se extrae: i) tanto el carné de


que trata el artículo 5 de la Ley 361, como el dictamen
pericial de las JCI, son algunos de los medios de prueba, no
solemnes, con los cuales se puede acreditar el grado de la
limitación física, psíquica y sensorial; ii) habrá casos, según
la patología, en los que el Juez sólo podrá verificar tal

22
Radicación n.° 42451

supuesto de hecho con los dictámenes de las JCI y iii) en


otros eventos, el Juzgador tiene libertad probatoria.

Con las precisiones que anteceden, el Tribunal sí


incurrió en los desaciertos fácticos y jurídicos que le endilga
el censor, al exigirle a la demandada la autorización del
Ministerio del Trabajo para poder despedir a la
demandante, sin que existiera certeza de la limitación o
discapacidad en el porcentaje que se exige para merecer la
especial protección de que trata el artículo 26 de la Ley 361
de 1997, pues el «stress laboral» que padecía la actora y la
solicitud de reubicación laboral que se le formuló al
empleador, no son suficientes para considerarla como una
trabajadora con limitación física, psíquica o sensorial en los
grados a que se refiere la norma en cita, máxime que en el
sub judice, como lo destacó el mismo Juzgador de la

apelación, la demandante no fue incapacitada, ni se le


diagnosticó médicamente discapacidad alguna para el
momento de su desvinculación.

Por lo visto, los cargos prosperan y, en consecuencia,


habrá de casarse el fallo impugnado

Sin costas en el recurso extraordinario.

IV. SENTENCIA DE INSTANCIA

Como quedó dicho en la esfera casacional ninguno de


los elementos de juicio que se incorporaron al proceso, logra
demostrar que, en vigencia de la relación laboral, la

23
Radicación n.° 42451

demandante tenía una condición de discapacidad o


limitación en los porcentajes establecidos en la Ley.

Nótese que en el dictamen emitido por la Junta


Regional de Calificación de Invalidez del Atlántico (fl. 98 a
103) si bien se estableció que el «diagnostico motivo de

calificación» fue «1. Estrés laboral» y «2. Trastorno afectivo bipolar fase

depresiva», también brota palmario que la pérdida de la

capacidad laboral de la actora en un 42,90% fue por


«trastorno afectivo bipolar; con patología de origen profesional (…) y
fecha de estructuración el día 20 de octubre del 2003, fecha en
la cual aparece los primeros diagnósticos en la historia
(Psiquiatra)» (negrillas fuera de texto).

Entonces: (i) si la terminación de la relación de trabajo


se hizo efectiva el 26 de junio de 2003; (ii) la fecha de
estructuración de la pérdida de la capacidad laboral fue el
20 de octubre de 2003; y (iii) solo en esta última calenda
aparecieron los «primeros diagnóstico» de la enfermedad «
trastorno afectivo bipolar», todo ello traduce que el empleador no

pudo tener conocimiento del estado patológico de su ex


colaboradora, se insiste, en vigencia del contrato de trabajo,
lo que incluye, desde luego, la data del fenecimiento del
vínculo contractual, por lo que no era dable considerarla
como una trabajadora con una discapacidad severa o
profunda amparable con la protección especial consagrada
en el artículo 26 de la Ley 361 de 1997.

Así las cosas, se revocará la sentencia del Juzgado,


para en su lugar, absolver a la demandada de todas las
pretensiones incoadas en su contra.

24
Radicación n.° 42451

Sin costas en el recurso de casación. Las


correspondientes a las instancias, serán a cargo de la
demandante.

IX. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando Justicia
en nombre de la República y por autoridad de la Ley, CASA
la sentencia proferida el 30 de junio de 2009, por el
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Barranquilla, en
el proceso ordinario promovido por MARTHA LUCÍA
CAPRILES DÍAZ contra la CORPORACIÓN UNIVERSIDAD
LIBRE. En instancia, se REVOCA la sentencia del 17 de
septiembre de 2004, proferida por el Juzgado Noveno
Laboral del Circuito de Barranquilla y, en su lugar, se
ABSUELVE a la demandada de todas las pretensiones
incoadas en su contra.

Costas como se dijo.

Cópiese, notifíquese, publíquese, cúmplase y devuélvase el

expediente al tribunal de origen.

JORGE LUIS QUIROZ ALEMÁN


Presidente de Sala

25
Radicación n.° 42451

GERARDO BOTERO ZULUAGA

JORGE MAURICIO BURGOS RUIZ

FERNANDO CASTILLO CADENA

CLARA CECILIA DUEÑAS QUEVEDO

RIGOBERTO ECHEVERRI BUENO

LUIS GABRIEL MIRANDA BUELVAS

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