Queridos hermanos en la fe y amigos, de Amor Fraterno.
Continuamos con el estudio de la Biblia, la Palabra de Dios.
Un estudio de todos los libros de la Biblia, que en su versión original se llama: “Thru the
Bible” (A través de la Biblia). Preparado por el teólogo y profesor de Biblia, J. Vernon McGee. En la
versión española, traducido, adaptado, y presentado por Virgilio Vangioni, profesor de Biblia.
Si dispones de unos minutos, te aconsejamos que leas o escuches estos mensajes sobre la
epístola del apóstol Pablo a los Gálatas. Hará bien a tu vida, porque además de adquirir
conocimiento, crecerás en sabiduría en la Palabra de Dios.
Dios bendiga Su Palabra en tu corazón.
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LA EXPERIENCIA DE PABLO EN ARABIA (segunda parte)
GÁLATAS 1:18-24
Y notemos ahora lo que él dijo aquí en el versículo 18, de este capítulo 1 de Gálatas:
18Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro y permanecí con él
quince días;
Pensamos que ésta es la misma información que tenemos en el libro de los Hechos de los
apóstoles, capítulo 9, versículos 26 al 29, que dice:
“26Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían
miedo, no creyendo que fuera discípulo. 27Entonces Bernabé, tomándolo, lo trajo a los apóstoles y
les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en
Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. 28Y estaba con ellos en
Jerusalén; entraba y salía, 29y hablaba con valentía en el nombre del Señor, y discutía con los
griegos; pero éstos intentaban matarlo”.
Al reunir toda esta información se llega a la conclusión de que Pablo pasó menos de tres
años en el desierto. Resulta interesante comprobar cómo Dios entrenó a Sus hombres. El preparó
a Moisés en el desierto. Colocó a Abraham en un lugar bastante peculiar para formarlo; y Elías
también tuvo el mismo tipo de experiencia. El método de Dios ha consistido en llevar a Su hombre
al desierto para entrenarlo. David también fue entrenado al aire libre en las cuevas, mientras huía
del rey Saúl. Recordemos que él clamó a Dios diciéndole que estaba siendo perseguido como una
perdiz. Así que Dios usó el mismo método con Pablo. Le envió al desierto por menos de tres años.
Después fue a Jerusalén, vio al apóstol Pedro y se quedó con él por quince días.
Y continuando con en el versículo 19, vemos que dice:
19pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor.
O sea que no tuvo contacto con los apóstoles, con la excepción de Pedro y Jacobo, el
hermano del Señor. Ésa fue toda la relación que tuvo con ellos y, como veremos, no recibió nada
de los apóstoles.
Y en el versículo 20, Pablo dijo:
20En esto que os escribo, os aseguro delante de Dios que no miento.
Con esta solemne afirmación Pablo estaba incluyendo a todas las pruebas que acababa de
ofrecer en el sentido de desvincular su llamamiento al apostolado de cualquier decisión, influencia
o intervención humana.
Ahora en los versículos 21 al 24, de este capítulo 1 de su epístola a los Gálatas, dijo el
apóstol Pablo:
21Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia; 22pero no me conocían personalmente las
iglesias de Judea que están en Cristo, 23pues sólo habían oído decir: Aquel que en otro tiempo
nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo combatía. 24Y glorificaban a Dios a causa
de mí.
Los creyentes de Jerusalén eran reacios a aceptar al apóstol Pablo. Creemos que si
Bernabé no hubiera estado allí, él posiblemente tendría que haber esperado mucho tiempo, antes
de que la iglesia en Jerusalén lo recibiera. Estaban indecisos con respecto a recibir a Pablo porque
él había perseguido a la iglesia, pero ellos sabían lo que era convertirse. Sabían lo que era haber
tenido una experiencia vibrante e impactante que transformaría a un hombre. Sin embargo, no
podían creer que Saulo de Tarso pudiera haberse convertido. No sólo parecía improbable, sino
imposible.
En los versículos 21 al 24 Pablo bosquejó los primeros años después de su conversión. No
creemos que estos años hayan sido los más felices de su vida. Aparentemente nos dijo algo de su
fracaso durante ese periodo en su propia vida personal en el capítulo 7 de su epístola a los
Romanos. Hubo tres períodos en la vida del apóstol Pablo. Veamos brevemente los dos primeros
períodos.
Primero, el tiempo cuando él era un fariseo orgulloso, con una mente maravillosa y un
experto en la ley mosaica. Y como muchos de sus biógrafos han dicho: “El mundo se habría
enterado de Pablo, el apóstol, aunque él nunca hubiera llegado a ser un apóstol, y aun si él nunca
se hubiera convertido”.
Él era un hombre muy destacado y no creemos que haya alguna duda sobre eso. Era un
joven fariseo muy orgulloso que pensaba que lo sabía todo. Odiaba a Cristo. Odiaba a la iglesia e
intentó eliminarla. Y fue cruel en su persecución de la iglesia.
El segundo período comenzó en el camino a Damasco cuando fue derribado de su corcel al
polvo de la tierra. Este brillante fariseo se dio cuenta que no conocía a Jesucristo. Él había
pensado que Jesús estaba muerto. (Según Hechos capítulo 9, versículo 5) Y le preguntó: “Señor,
¿quién eres?” Y Jesús le respondió: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”.
Es como si le hubiera dicho: “Cuando persigues a mi iglesia me persigues a mí”.
Cuando lo reconoció, inmediatamente le preguntó: “¿Señor qué quieres que haga?
Así que después de que tuvo su encuentro con Cristo, pasó algún tiempo en Arabia. Durante
aquellos primeros años intentó servir a sus hermanos pero se dio cuenta de que lo que quería
hacer, no podía hacerlo. Finalmente exclamó: “Miserable de mí ¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte?” (Según Romanos capítulo 7, versículo 24).
Ahora, no era un incrédulo, alguien que no era salvo, el que decía eso. Ése era Pablo, que
se encontraba en las primeras etapas de su conversión.
La tercera etapa llegó con ese glorioso período en el cual el apóstol vivió controlado por el
Espíritu de Dios, y él nos habla de esto en la epístola a los Gálatas. Ésa fue la época en la que él
pudo vivir para Dios. Ése es el lugar al cual muchos de nosotros deberíamos llegar en el día de
hoy. Hay muchos creyentes infelices en la actualidad. Ellos son salvos, creemos nosotros. Pero
como el gran predicador Dwight L. Moody dijo de manera pintoresca: “Hay algunas personas que
tienen sólo la suficiente religión como para ser miserables”.
Y creemos que ése es el cuadro de mucha gente en la actualidad.
Hubiera deseado tener más información sobre la experiencia que él tuvo con los apóstoles
en Jerusalén. Pero aquí surge una pregunta: “si Pablo recibió el Evangelio aparte de los otros
apóstoles que estuvieron con el Señor Jesucristo por tres años y después vieron al Cristo
resucitado, ¿estaba Pablo predicando el mismo Evangelio que los otros apóstoles?”
Y eso era un asunto muy importante en ese momento, porque si Pablo no estuviera
predicando ese mismo Evangelio, entonces había algo en todo este problema que estaba
completamente mal. De modo que, veremos en nuestro próximo programa que los apóstoles en
Jerusalén aprobaron el evangelio que predicaba Pablo, y que era el mismo Evangelio de las
buenas noticias.
Dijimos antes que el ser humano trata de compensar el hecho de que no está haciendo lo
suficiente como para salvarse. Trata de mantener en equilibrio sus buenas obras y sus pecados, y
conseguir acumular suficientes puntos positivos a su favor, para ser salvo. Antes de su encuentro
con Cristo, el apóstol Pablo trató de hacer esto. Y él tenía muchos puntos positivos a favor suyo.
Pero cuando vino a Cristo, pudo decir en la carta a los Filipenses capítulo 3, versículo 7: “7Pero
cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”.
Estimado lector, le invitamos a aceptar el amor de Dios revelado en Jesucristo, en su
sacrificio en la cruz. Le rogamos que deje de luchar por obtener la salvación por medios humanos,
recursos materiales u obras meritorias. Recuerde que el mismo Pablo dijo en Efesios capítulo 2,
que somos salvos mediante la fe, y no es por obras, para que nadie pueda jactarse en la presencia
de Dios. La salvación es un regalo de Dios, le rogamos que la acepte.
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"Venid a mí,
todos los que estáis cansados y cargados,
y yo os haré descansar" Mateo 11:28