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El Adulto Interno

El documento describe varias formas de cultivar el "adulto interior" según Brigitte Charpentier. Estas incluyen mantenerse en el presente en lugar de reacciones del pasado, tener una postura física erguida pero flexible, aceptar todas las diferencias necesarias para la evolución, y mirar las dificultades con amor y gratitud en lugar de juicios. El objetivo es actuar en lugar de reaccionar tomando las mejores decisiones desde un lugar de comprensión.

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El Adulto Interno

El documento describe varias formas de cultivar el "adulto interior" según Brigitte Charpentier. Estas incluyen mantenerse en el presente en lugar de reacciones del pasado, tener una postura física erguida pero flexible, aceptar todas las diferencias necesarias para la evolución, y mirar las dificultades con amor y gratitud en lugar de juicios. El objetivo es actuar en lugar de reaccionar tomando las mejores decisiones desde un lugar de comprensión.

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Ejercicios de Brigitte Charpentier para cultivar el adulto:

Introducción
Para Brigitte Charpentier las Constelaciones familiares además de
ser una herramienta terapéutica son una filosofía de vida y una
disciplina de trabajo personal. Desde este enfoque el adulto nos lo
explica como la parte de nosotros conectada al presente, centrada,
la que actúa en vez de reaccionar, y es capaz de no juzgar y asentir
a todo como es, la que acepta la realidad, y por ende puede tomar
las mejores decisiones. Es el gran observador de sí mismo y de lo
que es, y por ende la fuerza de reconciliación del ser humano. Es su
grandeza.

MANTENERNOS EN EL PRESENTE
Para cultivar el adulto es necesario hacer el hábito de estar en el
momento presente, en lugar de dejarnos arrastrar por nuestras
emociones antiguas, nuestras reacciones viscerales. Esto implica
que el adulto continuamente renuncia al pasado. El Adulto
agradece cada momento vivido y lo suelta. Y se abre al momento
siguiente. Y esto conlleva una gran disciplina donde también está
todo el éxito de la vida, pues es vivir y recoger los regalos de cada
momento presente. Si me quedo atenta en lo vivido ayer, se me
escapa lo que estoy viviendo hoy. No puedo agradecer. No puedo
disfrutar de hoy, del éxito del momento presente.
El pasado necesita continuamente ser despedido y agradecido,
tanto el lejano como el reciente. Nos damos cuenta que todo lo
vivido es necesario, todo lo que se vivió ha contribuido a una
transformación hacia mejor. Necesitamos agradecer el pasado,
pues somos bendecidos por el pasado y necesitamos reconocerlo y
agradecerlo, y así es como en el dar y el recibir, honrando y
agradeciendo ese pasado, recibimos la energía, el amor, y
recibimos los dones de nuestros antepasados o de nuestro pasado
reciente.

LA POSTURA
La postura nos muestra si estamos en adulto. Si me siento superior
a todos no estoy en el adulto. Un ejemplo desde la postura es la
barbilla levantada y el cuerpo rígido: veo a los demás hacia abajo,
no me interesan, hay desprecio. Desde esta postura puedo hacer
daño. Es la postura del perpetrador. Poca flexibilidad y mucha
rigidez. Aquí se gasta mucha energía para mantener la postura.
Hay otra postura del estado niño: la columna no está erguida y el
cuerpo se percibe inestable, es decir, se deja vapulear por la vida y
las emociones. Ha perdido su centro. Busca apoya en cualquier
lugar, y está reaccionando a todo. El otro está al mando.
La postura física del Adulto es la espalda recta, pero con la curva
anatómica. Donde sentimos que descansamos sobre la zona
lumbar. En esa postura nos damos cuenta que vemos a todos, y los
vemos como iguales. Podemos reconocer nuestra vulnerabilidad y
la de los otros, y sentir compasión, y también podemos reconocer
nuestra resiliencia, porque en esta postura adulta tenemos al
alcance todos nuestros recursos. Esta es nuestra postura de poder,
y no hay cansancio.
EL YO CUÁNTICO

Hay otro aspecto del Adulto que Brigitte llama el YO CUÁNTICO. Si


estoy en el presente asintiendo a todo, es porque entiendo que
todo es necesario. Asiento a las diferencias al tener conciencia de
que son necesarias para la evolución del destino colectivo. Cada
diferencia tiene su papel en la evolución, y cuando me reconcilio
con las polaridades me rindo y suelto lo que no me gusta o gustaba,
lo que prefiero o prefería (por fidelidad a mi sistema familiar o a mi
pasado), para rendirme a lo que es y hay en el momento. Así creo
un salto cuántico, una transformación radical de mi vida, y de la
vida del grupo en el que vivo y los que se encuentran a mi
alrededor.
El adulto produce saltos cuánticos con su voluntad de amar y
aceptar todo como es, pero ojo, ese asentimiento no es sumisión, la
sumisión nos vuelve pasivos, y el asentimiento nos coloca en la
acción. Cuando asentimos a lo que hay, asentimos a nuestra propia
responsabilidad, lo que me toca, y me rindo ante eso. Así puedo
sentir con más fuerza lo que me toca hacer, pues me rendí a la
realidad, y en ese momento adulto no se siente dificultad ni
problema, el adulto solo tiene retos. Es decir, el adulto se conecta
con la realidad y con algo mayor (la evolución colectiva), y así
puede seguir el camino de solución.
SITUACIÓN QUE SE REPITE
Recuerda una situación que se repite, donde te sientes impotente o
triste, desanimad@... si es algo repetitivo es que hay algo del
pasado interfiriendo. Ahora mira en tu infancia, busca el momento
más antiguo en el que puedas recordar haber sentido algo similar.
Ahí sí eras realmente impotente, estabas pequeñ@, era real. Ahora
puedes decirle a ese pequeñ@: “Ya he crecido, ya he crecido, yo ya
puedo con esto, yo ya puedo con eso”. Algo interno se pondrá
vertical. Y si me siento impotente como adulto, lo asumo, igual si
me siento triste. A la vez que me permito vivir esto, sintiendo como
mi adulto está detrás, fuerte y compasivo conmigo, conectado con
la vida, y no me hundo como cuando lo sentía solo de manera
visceral.

JUICIOS
Recuerda un momento en que has juzgado a alguien. Cuando
juzgas, ¿a quién tienes tendencia a juzgar? Cuando juzgamos a
alguien, miramos a nuestro pasado y nuestra infancia. ¿Quién en mi
pasado juzgaba así a ciertas personas? Cuando juzgo no estoy en el
presente, en el fondo me siento impotente y desde mi sentimiento
de la infancia me subo al carro de los adultos. Me identifico con los
adultos para sentirme importante y grande también, y desde ahí
siento no tengo problemas con la situación, quien lo tiene es el otro
al que juzgo, como lo hace la persona mayor de mi infancia. Estoy
imitando queriendo darme importancia, no estoy en el presente,
estoy imitando a alguien, estoy en el ego para defenderme del
hundimiento que siento me acecha, y que me hace sentir víctima.
En la víctima también está el ego, hay muchos beneficios
secundarios ahí. Hay quienes se colocan del lado de los que juzgan
imitando a los ancestros, y otros se instalen en la víctima. Hay que
verlos y decirles: “Yo soy yo y tú eres tú, eso fue en tu época,
estamos en otro momento”, y ahora yo puedo respetar eso de hoy,
sin juzgar, sintiendo bienestar y fluidez.

LA FUERZA DEL SI
La vida nos presenta una dificultad, por ejemplo, un movimiento de
la energía que aparentemente no fluye como nosotros pensamos
que iba a fluir porque esa energía tiene que seguir un movimiento
dado, y provocar cambios que durante un tiempo nos duelen por
las consecuencias que conllevan. Si estoy en el NO. El No es una
parada brutal en el movimiento de la energía. Si ese movimiento de
energía quería ir hacia un lugar, y siempre va hacia algo mejor, y yo
no le permito seguir… Las personas que están en la queja se
quedan así. Acumulando el NO.
El SÍ es una energía que favorece, que hace evolucionar. Una
energía que pueda tener más vericuetos formados. Va a fluir
mucho más rápido si le damos nuestro SÍ. Va hacia su desenlace
mucho más rápido.
Cultivar el adulto es cultivar el asentimiento, la rendición. La
aceptación y el rechazo son energías, el SÍ ayuda a que las cosas
evolucionen más rápido a algo mejor cuando la vida nos presenta
una dificultad.
MIRAR LA DIFICULTAD CON AMOR
Estar en amor incondicional y gratitud permite que las cosas fluyan
mejor también. Siente el amor que tengas por alguien o algo, desde
el adulto decide llevar ese mismo amor hacia esa dificultad, y
mirarla así, y luego las sueltas. Mirar cada dificultad desde el amor
incondicional y la gratitud la transforma.

EL AMOR DESDE EL ADULTO


Cuando el adulto ve a una persona la ve en toda su integridad y
dignidad, y ese amor desde el adulto la ayuda a encontrar a algo
más edificante: ve a los padres detrás de la persona que desees.
Puedes probar que alguien más haga lo mismo simultáneamente
contigo. ¿Qué experimentas? Es un acto adulto conectado y
presente el de ayudar a la reconciliación desde este lugar de
respeto, en lugar de empatarse con las quejas, los juicios o
victimismos del niño interior herido.

ESTAR EN EL ADULTO
¿Como saber si estamos en el adulto? Sintiendo nuestro cuerpo, el
adulto está en observador de sí mismo, toma distancia y está a la
escucha de lo que siente su cuerpo en todo momento. Si me dejé
llevar por una reacción visceral es importante volver a la
consciencia de mi cuerpo, al presente. A mi respiración o las
sensaciones en mi cuerpo.
Si estoy en el Adulto presente me voy a permitir vivir las emociones
correspondientes. Y no habrá en el cuerpo algo que rechace. La
rabia, la pena, fluirán…son emociones del momento presente. Y el
Adulto se las permite. Y en cuanto la emoción pasa vuelve la calma.
No se queda acumulada.
El niño se manifiesta con nuestras reacciones viscerales a lo que
nos acontece. El adulto es nuestro poder. Es capaz de tomar estas
reacciones viscerales como información de mí y del otro, tan solo
eso, y no se deja llevar por ellas. Toma la reacción visceral
respetuosamente e identifica cual es la fidelidad al pasado que está
siendo manifestada. Si siento miedo, el adulto identifica el peligro.
Si es pena, puede detectar si el otro está en la víctima y desea le
ayude a renegar de la vida o que me transforme en su madre, y solo
acompaña respetuosamente. Si lo que se siente es rabia, el adulto
se mantiene presente, y observa que tan antigua es, y vigila, no
reacciona. Así al poco la rabia se va, y el adulto logra después verse
como igual al otro que se enojó con él, pues reconoce el también
sintió rabia. No necesariamente tiene que interpretar, saber de
cuando es, simplemente está presente, se observa, se toma como
es y tiene cuidado de no dejarse arrastrar por lo visceral.
Si me quejo o me quedo en la víctima no estoy presente en mi
cuerpo. No estoy presente a mí, me he dejado llevar por el pasado.
Mi manera de recuperar mi presente, mi adulto, es volver a sentir
mi cuerpo, aceptar mi reacción y no dejarme arrastrar por ella.
CAMBIAR NUESTRA CONCEPCIÓN SOBRE EL DAÑO
El Adulto es amor a todo como es, es compasivo y a veces puede
actuar de un modo duro. Sin rencor, sin venganza. Solo porque es
necesario. El Adulto no siente culpa. Necesariamente voy a hacer y
me van a hacer daño, la vida es ondulatoria, tendré momentos
adultos y fases negativas que me van a preparar para nuevo salto
cuántico, así es. Las fases donde he perdido al adulto están al
servicio de un nuevo paso adulto, entonces, cuando alguien me
hace daño eso me permite crecer otra vez, y yo habré hecho lo
mismo, para dar la oportunidad a otros de crecer.
Crecemos en dos situaciones, cuando vivimos el amor verdadero, y
el salir de una fase negativa. De vez en cuando perderemos al
adulto y haremos daño, como adulto nos damos cuenta del daño
hecho y lo asumimos, así como las consecuencias del mismo, y
desde nuestra responsabilidad reparamos en lugar de sentirnos
culpables. A nivel individual pago consecuencias y a nivel colectivo
asumo fui guiad@ a hacer daño porque era necesario, y no hay
culpa posible ahí. Cuando algo me hace daño, eso me permite
volver a crecer. Me van a hacer daño tantas veces como lo he
hecho yo. Es equilibrio.
Los que nos hacen daño son necesarios para la evolución colectiva.
Son tomados a través de sus fidelidades y lo que saben hacer al
servicio de un futuro cambio. La evolución de la humanidad es
ondulatoria. Hacen falta fases. Un orden que entendemos durante
mucho tiempo y luego llega un momento de caos irreversible. Los
que viven durante ese caos son verdaderas víctimas al servicio
colectivo, el caos está al servicio de un nuevo orden para la
evolución de todo el colectivo. Los que crearon ese caos estaban al
servicio, eran necesarios y ahí entra la tarea de nuestro adulto:
reconocer que no entendemos la misión del destino colectivo, y
todos somos tomados por él, cuanto más nos podamos rendir a
conductas aparentemente ilógicas, injustas y dañinas, cuanto más
podremos rendirnos sabiendo que la causa profunda está a otro
nivel, y es necesaria para la evolución. Nos habremos colocado así a
un nivel tan profundo y sanador, que podremos permitir los saltos
cuánticos y que esa evolución sea bastante más rápida.

RENUNCIAR A JUZGAR
Formamos parte de un colectivo al servicio de la evolución que nos
pide confiar, rendirnos y estar en el adulto que renuncia a juzgar.
Todos estamos al servicio del destino colectivo y desde adulto
tenemos la facultad de unificar y hacer progresar más rápidamente
las polaridades hacia la reconciliación.

De lo que se trata es de respetar la diferencia del otro, respetarlo


como es, y aceptar que su diferencia es necesaria para el universo.
Para amar al otro en su diferencia ayuda la imagen del cosmos.
Desde nuestra ingenuidad, emitimos juicios a cada planeta, pero
cada uno es necesario tal como es para que todo funcione, y el
adulto sabe eso y respeta a cada uno como es en la evolución
global del destino colectivo y el cosmos. Desde ese lugar nadie a
elegido su destino, por eso la necesaria humildad ante los destinos
de los demás, es decir, cada uno es tomado al servicio de su destino
y del destino colectivo. Cada uno estamos del servicio de un
sistema familiar, y estos sistemas a su vez están al servicio de
sistemas más grandes, y así sucesivamente, todo al servicio de la
evolución positiva.

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