¿Y si mejor escuchas a tus emociones?
Inteligencia emocional estoica
Tema del video: Las emociones en los estoicos y cómo gestionarlas
Orden del video:
1-Introducción: Recapitular todo lo explicado anteriormente
2-Tranquilidad: Pasiones, apatía.
3-Inteligencia emocional
Parte 1:
¿Tú que me puedes decir de tus emociones? No todas veces significa que sea bueno, pero por ella
rigen nuestras vidas.
En su justa medida la capacidad de gestionarlas determinará el rumbo de nuestras decisiones. Son
ellas las que si nos dejamos llevar nos convierten en sus esclavos o por el contrario. Las
escuchamos, analizamos y gestionamos sabiamente las que nos pueden llevar al más alto nivel.
El pensamiento estoico daba importancia a este tema, en especial a las pasiones.
Esas emociones irracionales, podemos hablar de la ira o el deseo.
Que precisamente ellas, impulsadas por nosotros, nos convierten en el más predecible animal
irracional.
Ese deseo incesante por sentir paz que nos puede llevar a contemplar la más perjudicable
actividad solo por conseguir ese resultado.
O esa ira injustificable que solo puja por conseguir venganza y echará a perder toda relación con
los demás que era verdadera.
Veamos juntos como poder gestionar estas emociones desde el más clásico lado estoico.
Embarquemos el viaje.
Haciendo un breve repaso del video anterior, vemos el triángulo donde se basa la formula estoica
para una buena vida.
En él, podemos ver que una buena vida es la que consigue el estado de eudaimonia y para ello, los
estoicos recomendaban actuar por medio de la virtud, y la tranquilidad.
Virtud, como actuar guiados de nuestra razón y moral y tranquilidad como no perturbarnos ante
esas emociones que puede alterar nuestro estado y no actuar de manera virtuosa.
Hasta ahí todo genial.
En la tranquilidad hoy vamos a profundizar, ya supimos que ese estado de serenidad es una
consecuencia de actuar con virtud.
Los problemas no se irán, no es conveniente querer tranquilidad de forma instantánea.
Séneca decía: No hay tranquilidad sin buena conciencia”.
Después de toda tormenta, siempre llega la calma. La tranquilidad siempre debe ser una
consecuencia de actuar con virtud.
No hay peor arrepentimiento que el de no hacer algo.
Parte 2:
La virtud es importante, de hecho más que la tranquilidad para los estoicos y ahora puedes
entender su razón.
El hecho de que a pesar de eso, la tranquilidad sea crucial de todas formas es que una mente
agitada no puede actuar de acorde a su razón, y la mente tranquila es la solución a ello.
Y con ello llegamos a las pasiones, una vez más las recordamos como emociones irracionales que
nublan nuestra razón, que no nos permiten actuar de acuerdo a lo que elijamos.
¿Cuándo fue la última vez que te enojaste? No te pasaba que aunque sabias que la razón de tu
enojo es exagerada comparada a sentir tal frustración. Como que no podías manejarla del todo.
Y acá es donde quiero llegar. Estas emociones primero que nada no se pueden suprimir.
El estoico lo que buscaba era mitigar su efecto, que el efecto negativo sea lo menor posible.
Y te puedes hacer una idea de cuáles serían las consecuencias de dejarte llevar por la codicia o la
ira por mucho tiempo.
Son naturales estas emociones y no se van a ir, acá caí por mucho tiempo.
No sé si porque nunca me lo dijeron o porque hay ciertos recursos que intentaban convencerme
de que puedo suprimirlas.
Por ello entiende, no se van a ir esas emociones.
Dirás que lo que digo es sumamente superfluo, pero en aceptar que estas emociones no se van a ir
y son naturales está el antídoto para domarlas.
El hecho de intentar eliminarlas, de pensar que las podemos deshacer está el auto sabotaje.
Tu miedo no tenemos que eliminarlo, saboreémoslo y déjalo pasar, lo mismo con la envidia, ira,
deseo, ansiedad, etc.
Tranquilo que se va a tratar en más profundidad, lo que pasa es que creer por ejemplo en la
psicología positiva lo único que va a hacer es agravar el problema.
En las afirmaciones sin sentido no está la solución, intentar lo que nos está paralizando va a hacer
más por nosotros que repetir mantras vacuos carentes de motivos.
No se van a suprimir entonces y lo otro que quiero decir que se ve la relación tranquilidad-
pasiones.
Una mente calmada que puede decidir bien está lejos de dejarse llevar por sus emociones.
Al estado libre de dichas emociones se lo conoce como apatheia, traducido a apatía pero recuerda.
No es suprimir, sino más bien canalizar, que no te confunda.
El estoico sabía que no había nada bueno es no decidir nosotros mismos que hacer con nuestras
emociones.
La próxima vez, observa cuando estés sintiendo una de esas emociones.
Verás que la mayoría de los casos, son impulsos que nos da nuestro cerebro y no que decidimos
nosotros elegir.
Parte 3:
Bien bien, ahora vamos a la práctica. En concreto que emociones vamos a canalizar y poder usar a
nuestro favor.
Seré breve, no quiero aturdirte mucho pero siempre y cuando siga aportándote valor.
Empecemos con la primer emoción, creo que la más típica, si, el miedo.
Miedo: ¿Has notado que la mayoría de nuestros miedos son irracionales y sin sentido?
Un mecanismo de supervivencia que nos permitió sobrevivir en ese entorno hostil en el que
vivíamos antes. Como los peligros han desaparecido en su mayoría el mecanismo ha quedado
desfasado. Interpretando situaciones normales de muy mala manera.
¿Qué hacer entonces? Ver objetivamente al miedo.
Ante una sensación de miedo lo primero que vamos a hacer es observar y analizar.
1-Analiza
Probablemente la mayoría de nuestros miedos es por temor a lo desconocido. Imaginar algo
mucho peor de lo que es.
Por ello, lo primero es preguntarte, específicamente a que le tienes miedo.
Mientras más específico seamos identificándolo mejor mitigaremos el efecto.
La intensidad emocional disminuye al ser racionales.
Una vez podemos ver el riesgo de una forma concreta, analiza su causa preguntándote:
¿Es una situación que deba enfrentar?
Si es así, entonces la acción supera la perfección.
La inexperiencia solo se va a ir con periodos de acción.
Cuando no somos buenos en algo, es normal sentir miedo. Ante la parálisis está la peor elección.
No vamos a mejorar a menos que tengamos experiencia y ello se hace actuando.
¿Y qué pasa si no es algo que deba enfrentar?
Prevenir es entonces la mejor acción. Y vamos a ejemplificarlo
Si Carlos es un escalador principiante y se plantea la oportunidad de intentar escalar el Everest. No
sería la idea más brillante.
En tal caso Carlos, para prevenir debe preguntarse ¿Qué hacer para evitar riesgos muy mayores o
reducir la probabilidad?
Él puede buscar ayuda, pedir consejos de expertos, investigar. Averigua quien ha llegado a donde
tú quieras llegar y pídele ayuda.
Si ves, el miedo en tal caso no es malo, porque nos alerta ante posibles consecuencias
desmedidas.
Como bonus, los estoicos usaban la técnica llamada praemeditatio malorum.
Es decir, imaginar que nuestros peores miedos se hacen realidad. Hoy en día proponer esto nos
encasillaría en la etiqueta de pesimista, no es lo cool ante tal mundo family friendly.
Lo bueno es que practicar esta herramienta trae beneficios.
-Podemos restar el factor sorpresa, reduciendo el impacto, además de verlo con mas distancia
-Si nos familiarizamos ante un mal resultado y nos damos cuenta de que no es tan malo, podemos
ver que nuestra imaginación es la que exagera la realidad.
Si algo queda claro, actuar con coraje, es a menudo el antídoto del miedo, sabiendo también que
esta emoción no se va ir sino más bien es algo que podemos domesticar y no dejar que nos
controle.
Actuar y fracasar ni de lejos tiene las consecuencias de no actuar y sufrir las consecuencias del
arrepentimiento.
Ansiedad: Desde luego, esto tampoco es malo, solo será en la medida en que la emoción nos
paraliza impidiendo actuar con virtud.
Podemos encontrar dos causas que nos provocan ansiedad:
-Opinión externa: Aquí es clave entender que esto sale de nuestro control, hagas lo que hagas el
50% de personas no estará de acuerdo con ello y es normal que pase. Es más importante vivir de
acuerdo a tus valores que complacer a los demás.
-Ira: la ira como sabemos es una pasión, Séneca la describía como una de las más peligrosas,
dedicándole un libro entero al tema.
En casi todos los casos se origina porque algo no sale como esperábamos, o porque alguien nos
provoca.
El factor clave como en la mayoría es calmar las revoluciones, no dejarse llevar.
Podemos hacer lo mismo, objetividad el hecho, entender cuál es la intención de quien nos provoca
esta ira.
¿Es realmente algo que merezca nuestro enojo?
Y sin importar que, ellos insistían en cambiar la fisiología del cuerpo.
Entendían que existía la relación mente-cuerpo.
Si tú relajabas la cara, no ponías tensos los músculos de tu cuerpo, respirabas profundamente y
por el diafragma, ibas a empezar a relajarte automáticamente.
Por último, si al analizar la causa de tu enojo está justificada, no hay nada malo en sentir enojo
siempre y cuando entiendan la intención de la emoción y la utilices correctamente.
Despegar tu ira sobre alguien a menudo no va a hacer nada por mejorar la situación, pero en
cambio darle un pequeño toque de atención puede hacer de la ira una advertencia.
Los estoicos entendían que antes los calumniadores, la mejor forma de gestionarlos es
evitándolos, no hay mejor forma que el desprecio.
Traduciéndolo como que simplemente no le vamos a dar ni un poco de nuestra atención, porque a
menudo lo que buscan es eso.
Vergüenza:
Entendiendo la función de la vergüenza, vemos que en el pasado nos ayudaba a sobrevivir por el
hecho de que vivíamos en tribus.
Por ende, nuestra supervivencia estaba ligada a si permanecíamos dentro del grupo.
SI empezábamos a comportarnos con cierta libertad que no gustaba en los líderes de la tribu,
nuestra permanencia se ponía en juego, por eso nuestra mente desarrollo la vergüenza como
mecanismo de supervivencia.
Es absurdo decir que la opinión ajena no nos importa, porque lo va a seguir haciendo.
Pero por supuesto podemos analizar fríamente los hechos y decidir cómo actuar para no seguir
normas sociales y seguir siendo parte del rebaño.
Que importante es entonces tener nuestros propios valores, para decidir por nosotros mismos y
no caer preso de esa presión social que existe y cada es más fuerte en su causa de convertirte en
un esclavo.
Remordimiento:
La culpa siempre viene de hechos en el pasado.
Si ya hemos sacada las lecciones de estos hechos para aprender de ellos y no volver a cometerlos.
Hay que volver al presente, seguir en el pasado lo único que hace es atormentarnos.
Por mucho que sufras y lamentes lo que ya hiciste, no vas a poder volver a cambiarlo, toca pasar
página y no intentar cometerlo en el futuro.
Tristeza:
La intención de la tristeza ayuda a que queramos cambiar o buscar apoyo.
No podremos evitar a la tristeza, si domesticarla.
Hasta cierto punto, esta emoción nos ayuda a reflexionar, pero pasarnos puede empezar a generar
más perdidas que ganancias.
Los estoicos ante esta emoción les gustaba ver que todo esto es en parte un préstamo del
universo, que nada nos pertenece y todo se puede reclamar en cualquier momento.
Envidia:
Hay que diseccionar bien la envidia.
Porque por un lado nos ayuda a saber que queremos y por otro lado también solo envidiamos algo
por puro estatus.
La solución es fácil. Aprende a envidiar.
En vez de envidiar el resultado, envidia el esfuerzo.
Todo lo que la otra persona tuvo que hacer para hacer eso que tú quieres.
Por supuesto que no entraríamos al cine a ver nada más el final de la película.
Ah, entonces porque solo envidiamos el resultado en vez del esfuerzo.
Deseo:
Quizás una de las emociones que muchos daños causan a los que mas queremos cambiar.
Es el arma de doble filo, porque el deseo es esa energía que nos impulsa para actuar.
Pero cuando el deseo es despedido, siempre nos lleva a actuar de mala manera y tomar malas
decisiones.
Merece un video aparte, por ello por hoy te voy a decir que el mejor antídoto es la humildad y
unas nulas expectativas.
Humildad verdadera, esa conciencia de saber que hay que trabajar cada uno de los días para
cambiar, nada de decir que uno es mediocre.
Y porque 0 expectativas, porque las expectativas matan, nadie te debe nada y esperar algo de
alguien lo que va a hacer es que te desconcierte ver que tus profecías no se van a cumplir.
Claro y tu vida será una caja de sorpresas si dejas de esperar que sucedan cosas y te dedicas tú a
crearlas.
Lincoln lo explicaba así:
“Las cosas buenas pasan a los que esperan, pero solo las que hayan dejaron los que se
apresuraron”
O si seguimos la línea estoica
Séneca afirmaba:
“Nadie puede tener todo lo que desea. Lo que todos podemos hacer es no desear lo que no
tenemos, y disfrutar con alegría lo que posemos”
Como puedes ver, el estoico sabía muy bien que hacer sus emociones.
No reprimirlas, no dejarnos llevar por ellas.
En cambio, observemos, analicemos y gestionemos
Tenemos la capacidad de razonar, si y también somos seres muy emocionales y seguiremos
reaccionando por nuestros instintos.
Las verdaderas batallas no se brindan afuera, si no en tu mente.
Y entiende, el esfuerzo no se irá, pero ahora sabes donde convertirlo y donde no debes perder
tanto tiempo intentando.
A nuestras emociones no hay que reprimirlas, y si mejor las escuchamos y gestionamos
sabiamente.
No ignoremos la otra parte de nuestra naturaleza.