El Rey Borrico (Rafael Pombo)
La animalía reunida eligió un día Por soberano a un burro de alquería, Y el Rey Borrico
inauguró su mando Con el rebuzno del siguiente bando:
—«Óyeme, Falderí, dijo al Faldero, «Sé por hoy mi ordenanza o mensajero; «Ponte
la gorra en el instante, y sales «A llamar a los otros animales.
«Tengo un plan vasto, original y serio «En pro del auge y gloria de mi imperio, «Y
quiero que lo escuchen de mi boca «Que por órgano tuyo los convoca».
El Rey fue obedecido, y al concurso Rebuznó majestuoso este discurso: —«¡Fieles
vasallos!, mucho me intereso «En hacer mi reinado el del progreso.
«Hasta ayer vuestros déspotas reales «Han sido unos solemnes animales «Pero
desde esta fecha se acabaron «La ignorancia y resabios que dejaron.
«El Gato, desde hoy en adelante, queda «Sirviendo de Mastín; que este le ceda «Su
ancho collar, y encárguese el galfarro «De aliviar al Rocín tirando el carro.
«Déjese el micho de cazar ratones; «Que ladre y no maúlle a los ladrones, «Y ya que
trasnochar le gusta tanto «Vele ojo alerta y muerda sin espanto.
«El Mastín a su turno, que relinche; «¡Cuidado!, no atarace al que lo linche; «Y si le
prenden el arado al pecho, «Esmérese tirando muy derecho.
«Al Gallo incumbe reemplazar al Gato, «Disfrutará el ratón de mejor trato; «Y si el
Gallo no maya, es mi deseo «Que en oliendo ratón dé un cacareo.
«En cuanto a ti, Faldero, bien te estimo, «Pero con tanto beso y tanto mimo, «Te han
vuelto flojo y lindo y casquivano, «Por lo cual te degrado hasta Marrano.
«Márchate a la pocilga, no más faldas; «Cubran de ásperas setas tus espaldas; «Y
engorda, para honor del mayordomo, «Que hará de ti un magnífico solomo.
«Venga a servir el Puerco tu destino, «Pero primero lávese el cochino, «Y que
aprenda a latir del ex-Faldero, «Pues eso de gruñir es muy grosero.
«Tocante a mí, señores, es muy justo «Que alguna vez me huelgue y me dé gusto,
«Por lo cual os traspaso y os regalo «cuanto me quieran dar de azote y palo.
«La dignidad del cetro no permite «Que otro me monte y que me albarde y grite.
«Tratarme como a un asno es desacato, «Y en tal virtud renuncio al asnalato.
«Seguiré rebuznando, es muy posible, «Mas, ¿eso qué tendrá de incompatible?
«¿Acaso no rebuznan en sus leyes «Presidentes y Cámaras y Reyes?…».
***
Iba aquí la oración de la Corona Cuando entró de improviso la fregona Y repartiendo
escoba por el viento Disolvió irreverente el Parlamento.