LA ETICA Y LOS RECURSOS NATURALES
De un modo general, llamamos ética a la rama de la filosofía
que se ocupa de la moral —es decir, de las reglas, códigos o normas que nos permiten vivir en
sociedad y que hacen que juzguemos unas cosas como
buenas y otras como malas—, así como de los valores —o
sea, de la importancia última que asignamos a las cosas o a
las acciones, importancia que se convierte en el atributo
que condiciona el curso de nuestro comportamiento, y por
la cual algunas cosas se hacen deseables y otras no. Así
pues, la ética no se ocupa de cómo son las cosas, sino de
cómo deberían ser, de acuerdo con ciertos principios, en
muchos casos ideales o utópicos, que permiten una mejor
vida en sociedad.
Por su parte, podemos entender por ética del medio ambiente a la rama que analiza las relaciones
que se establecen entre nosotros y el mundo natural que nos rodea. De hecho, entre los productos
culturales más importantes de la evolución humana están determinadas preocupaciones éticas,
incluyendo la preocupación por el medio ambiente en general y los seres vivos en particular. Algunos
ejemplos ayudarán a concretar la idea. En los momentos álgidos de la caza ilegal del rinoceronte
blanco, especie en peligro de extinción y oficialmente protegida en Zimbabwe, los cazadores furtivos
podían ser legalmente abatidos a tiros por los guardas de caza de las reservas de ese país. ¿Podemos
justificar la muerte de los furtivos para conservar a los rinocerontes?, ¿no deberíamos antes, quizás,
considerar siquiera las condiciones socioeconómicas del país y de los cazadores ilegales? Para pro-
teger la integridad ecológica de cierta área natural protegida es necesario realizar incendios
controlados en los bordes de sus bosques o abatir a un cierto número de animales salvajes que
habitan en sus laderas. ¿Son estas acciones moralmente permisibles? Supongamos, en fin, que una
compañía minera realiza una explotación a cielo abierto en una zona previamente inalterada. ¿Tiene
la empresa una obligación moral para “restaurar” posteriormente la zona a su estado previo?,
¿tienen entonces el mismo valor la zona inalterada y la zona restaurada?
De un modo más general, interesan a la ética del medio ambiente problemas más amplios, como
los siguientes: ¿tenemos algún derecho “especial” sobre el resto de la naturaleza?, ¿nos obliga
nuestra “posición como seres humanos” a realizar alguna consideración determinada para con otros
seres vivos?, ¿hay alguna “obligación ética” o ley moral que debamos seguir en el uso que podemos
hacer de los recursos naturales? En tal caso, ¿por qué es así?, ¿en qué se basan tales limitaciones?,
¿en qué se diferencian de los principios morales que rigen nuestras relaciones con otros miembros
de nuestra misma especie? A la ética del medio ambiente le incumben también las mismas grandes
preguntas que a la ética en general. Por ejemplo: ¿son válidos aún los paradigmas éticos
tradicionales para responder a los problemas ambientales derivados de las actividades de las
sociedades humanas? Más aún: ¿hay principios o leyes morales de carácter general, es decir, de
aplicación universal, independiente del contexto, que deban seguirse a la hora de valorar las
consecuencias de nuestros actos sobre la naturaleza? Los universalistas responderían de modo
afirmativo, mientras que los relativistas defenderían que los principios morales son siempre
personales e intransferibles, y los utilitaristas considerarían la bondad de los actos en función de sus
consecuencias —en concreto, de la cantidad de bien producido, es decir, de su contribución a la
“felicidad” de quienes reciben dicho bien. Ahora bien, no es difícil darse cuenta de que el criterio
utilitarista, sin más, acarrea sus peligros, pues no siempre debe considerarse justo, ético o bueno,
aquello que produce la felicidad a gran cantidad de gente. Por ejemplo, prácticas que provocan
grandes mortandades entre los animales, como la caza ilegal de los elefantes por el marfil de sus
colmillos, podrían llegar a ser consideradas éticamente como buenas, ya que generan satisfacción a
los humanos. Por ello, no resulta claro hasta qué punto la ética del medio ambiente puede ser una
ética utilitarista. Por contra, las teorías de la ética deontológica mantienen que las acciones deben
juzgarse como buenas o malas independientemente de sus consecuencias. Así, se establecen
códigos de normas o principios basados tan sólo en el deber, que podemos considerar como
imperativos categóricos, cuya observancia o violación es lo que está intrínsecamente bien o mal.
Revista de cultura científica facultad de ciencias, universidad nacional autónoma de México
busca ampliar la cultura científica de la población, difundir información y hacer de la ciencia
un instrumento para el análisis de la realidad, con diversos puntos de vista desde la ciencia.
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