INTERPRETACION DE LA LEY
TRABAJO PRACTICO: Nuevo Constitucionalismo
Latinoamericano y Neo Constitucionalismo en el
contexto del Covid 19.
CATEDRA: PEREL
ALUMNA: CARLA RUIZ
Nuestro sistema constitucional tiene tres grandes áreas de problemas.
En principio los presupuestos sociológicos y filosóficos sobre los cuales se asienta nuestro
sistema representativo y el carácter altamente polémico de los mismos. Estos presupuestos
contradicen muchas de nuestras intuiciones más básicas entorno a las ideas de democracia e
igualdad. A su vez el núcleo de nuestro sistema institucional, que suele conocerse como el
sistema de frenos y contrapesos, y en particular al modo en que se ha organizado el poder
legislativo muestra graves problemas teóricos y prácticos que aquejan a dicho diseño
institucional.
Otra de las grandes áreas de problemas tiene que ver con las facultades qué se le ha
asignado al presidente, los notables poderes que se le atribuyen al mismo son severamente
cuestionables, tanto desde la pretensión de organizar un sistema político más estable, es
decir el pésimo servicio que el presidencialismo le presta a la estabilidad democrática,
como así también el modo en que el presidencialismo debilita nuestros más básicos
compromisos democráticos.
Por último, es el papel que le han asignado a los jueces en nuestra democracia, como es que
se les permite a los jueces pronunciar la última palabra en materia de interpretación
constitucional. Lo que se cuestiona principalmente es como los jueces se hayan auto
convertido en la última autoridad institucional en relación con el significado de la
constitución, lo cual no resulta nada claro que, en una en una democracia, dicha tarea de
interpretación final quede en manos de un cuerpo de autoridades que no es elegido ni
controlado directamente por la ciudadanía.
Todo lo previamente mencionado conlleva que haya graves consecuencias, entre ellas que
la democracia representativa se encuentra herida. A los ciudadanos nos han dejado
desarmados, casi sin herramientas institucionales para hablar exigir, reprochar, cambiar. La
pérdida de derechos de la que fueron objeto de los sectores populares como consecuencia
de la desidia estatal, la ausencia de políticas públicas universales su reemplazo por prácticas
políticas clientelares, focalizadas, discrecionales y que siempre se llevan a cabo a
requerimiento de parte. En otras palabras, los ajustes y el achicamiento del Estado sobre el
descompromiso de los gobiernos son aquellas cuestiones que, hace un tiempo atrás,
constituían su razón de ser.
Los derechos humanos son aquellas libertades y derechos básicos que tienen las personas
sin distinción de ningún tipo, por el solo hecho de su condición humana. En el desarrollo de
estos derechos se pueden reconocer claramente dos momentos: el primero, que tiene que
ver con el reconocimiento de los derechos; y el segundo que es su cumplimiento efectivo,
es decir, su tutela.
El estado respetar, proteger, garantizar y promover los derechos humanos. El estado no
puede violar esos derechos debe generar políticas progresivas y no regresivas para que
todos accedan a los Derechos Humanos consagrados. El estado debe mejorar
periódicamente la situación de los derechos de los ciudadanos garantizando su satisfacción.
A la hora de analizar la preocupante situación en la que se encuentran las personas privadas
de libertad frente al riesgo que implica el Covid-19, y la reacción de algunos presos ante
ello, es conveniente recordar que las cárceles argentinas desde hace décadas están en
abierta tensión con la Constitución Nacional, la cual dispone en su artículo 18 que” las
cárceles de la nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos
detenidos en ellas, y para toda medida que a pretexto de precaución conduzca a
mortificarlos más allá de lo que aquella exija, hará responsable al juez que lo autorice”.
La irrupción de la pandemia no vino a generar un problema donde no lo había, sino que su
aparición empeoro la situación en la cual el sistema penitenciario desde hace mucho
tiempo.
La pena de privación de libertad que establece un juez no puede ser agravada por las
condiciones de detención, y en un sistema con altísimos niveles de hacinamiento y
superpoblación, la amenaza de la pandemia es un indiscutible agravamiento de esas
condiciones si no se toman a tiempo los cuidados necesarios y las medidas de higiene y
distanciamiento social.
En definitiva, es importante una actuación coordinada por parte de todas las instituciones
correspondientes que aseguren las medidas sanitarias para garantizar la vida y la salud de
todas las personas privadas de libertad como así también de los trabajadores del sistema
penitenciario.
El estado debería demostrar una preocupación prioritaria o privilegiada hacia los grupos
sociales más desventajados, asegurando un trato justo para los mismos; ya sea atendiendo
oportunamente sus reclamos, y desarrollando políticas públicas preferenciales o de apoyo
especial para estos grupos.