CAPÍTULO SEGUNDO
Denuncia de Guzmán, y la presentación del libro Asesinato
de un cardenal. Ganancia de pescadores . . . . . . . 13
Anexo 1. Declaración escrita de Jorge Carpizo a la denuncia
de Fernando Guzmán y otros, atribuyéndole la comisión
de supuestos delitos . . . . . . . . . . . . . . . 23
Anexo 2 . Ratificación de mi denuncia de hechos contra
miembros del mal llamado Grupo Jalisco . . . . . . 47
Anexo 3. Intervenciones en la presentación del libro Asesina
to de un cardenal. Ganancia de pescadores . . . . . . 53
I. Luis de la Barreda Solórzano . . . . . . . . . . 53
II. Jesús Blancornelas . . . . . . . . . . . . . . 58
III. Julián Andrade . . . . . . . . . . . . . . . 60
IV. Jorge Carpizo . . . . . . . . . . . . . . . . 62
Anexo 4. Presentación del caso Posadas ante la Comisión In
teramericana de Derechos Humanos . . . . . . . . 65
CAPÍTULO SEGUNDO
DENUNCIA DE GUZMÁN, Y LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO
ASESINATO DE UN CARDENAL. GANANCIA DE PESCADORES
Desde hace varios años, cuando se aproxima el aniversario del ho-
micidio de Posadas Ocampo, Sandoval Íñiguez, Fernando Guzmán
y Ortega Sánchez comienzan a realizar declaraciones sin ton ni son
para ir creando una atmósfera de expectación para el 24 de mayo.
2002 no podía ser diferente, más que contaban con la incorpora-
ción a ese trío de un elemento adicional: la subprocuradora Lima
Malvido. Veamos algunas perlas al respecto. Esta última comenzó a
manifestar a los medios de comunicación, desde el 5 de abril, que
en el informe que ese año rendiría la PGR, la sociedad ‘‘se va a sor-
prender de la cantidad de diligencias y avances que tenemos’’; que
la percepción sobre el homicidio había cambiado y que, al darse el
informe, iba a haber sorpresas.1 Desde ese momento la sociedad
quedó intrigada y expectante. ¿Cuáles sorpresas serían?, ¿de qué se
trataría? El interés por el caso Posadas se multiplicó.
Fernando Guzmán expresó que la hipótesis de un complot estaba
fortalecida y que la PGR así lo diría; que esperaba que Carpizo no
fuera a abandonar el país antes de que se presentara el entonces
próximo informe de ese asesinato; que en ese informe habría sor-
presas; que junto con Sandoval Íñiguez había grabado un videocase-
te por si algo llegara a pasarles, el cual se encontraba fuera del país,
y que en él decían quiénes son los responsables del crimen.2 Otra
vez se anunciaban sorpresas, aunque Guzmán había dejado entre-
ver la naturaleza de éstas. Año con año ese Grupo presenta supues-
tas ‘‘nuevas pruebas’’, las cuales se desvanecen como humo, por lo
cual, al año siguiente sus ‘‘pruebas’’ son más escandalosas y mal ‘‘fa-
bricadas’’.
Norberto Rivera, arzobispo de México, indicó que era indispensa-
ble investigar los móviles y conocer quiénes eran los autores intelec-
13
14 EL EXPEDIENTE POSADAS A TRAVÉS DE LA LUPA JURÍDICA
tuales y materiales del crimen; que aún existían muchos cabos suel-
tos e interrogantes que esperaban respuestas satisfactorias.3
Luis Morales, presidente de la CEM, solicitó, a nombre de 93
obispos, que se ‘‘reabriera’’ el caso Posadas, porque ya era hora de
que ‘‘las autoridades judiciales respondan a México de éste y otros
magnicidios en el país’’.4
Sandoval, el 9 de abril, dijo que no había enviado ningún mensa-
je a Benjamín Arellano después de su detención, pero que antes de
ella le había solicitado a través de personas cercanas ---- así lo expre-
só---- que aclarara el homicidio de Posadas y que lo exoneraba de
cualquier culpa en ese crimen.5 La alianza santa en todo su esplen-
dor. Sandoval como máximo juez e inquisidor. Mucho se había co-
mentado de las relaciones de Sandoval con los Arellano Félix; no
obstante, a él no le importaba corroborarlas. Varios de los gatilleros
de esos hermanos estaban colaborando con el mal llamado Grupo
Jalisco, haciendo declaraciones para ayudarlos a probar su tesis del
complot.
El 30 de abril, el gángster Guillermo González Calderoni, al que
consigné en dos ocasiones cuando fui procurador general de la Re-
pública, y quien se mantuvo prófugo de la justicia mexicana,6 hizo
declaraciones al reportero Rafael Medina en McAllen, el mismo
que había entrevistado a los Arellano Félix y a su cómplice, el sacer-
dote Gerardo Montaño, en el sentido de que yo tenía responsabili-
dad en la muerte de Posadas Ocampo, y expresó muchas mentiras
más.7 Una prueba adicional de que el mal llamado Grupo Jalisco o
‘‘cuarteta infernal’’ ----no volveré a emplear en este libro esta última
expresión---- se había unido en alianza santa con los peores gángste-
res y narcotraficantes mexicanos.
En esos días también abundaron declaraciones en apoyo al mal
llamado Grupo Jalisco, provenientes de miembros destacados de la
ultraderecha mexicana.8
El 11 de abril de 2002, Fernando Guzmán, dirigente de la frac-
ción panista en el Congreso de Jalisco, acompañado de las firmas
de los demás diputados de esa fracción, quienes no tienen el menor
conocimiento de la averiguación previa del caso Posadas, presenta-
DENUNCIA DE GUZMÁN 15
ron ante la PGR una denuncia de hechos por supuestos delitos co-
metidos por mí y por otras personas durante la investigación del
caso Posadas. Como declaré, esos supuestos hechos delictuosos, en
lo que a mí correspondía, eran acusaciones falsas y calumniosas,
que en todo caso habían prescrito y eran puros refritos.9 Sobre esos
aspectos había escrito con precisión para aclarar cualquier duda, de
buena fe; durante años se me había preguntado sobre ellos en tele-
visión, radio, periódicos y revistas, y había contestado claro y direc-
to. Además, en el libro Asesinato de un cardenal. Ganancia de pesca-
dores, los autores nos referimos a ellas con información amplia y
precisa.10 Lo que Guzmán y los otros miembros de ese Grupo perse-
guían era crear escándalo para seguir calentando la atmósfera con
miras al entonces próximo 24 de mayo. En algo lo lograron. Claro
está que es noticia una denuncia penal contra un ex procurador ge-
neral de la República, entre otros aspectos por la supuesta oculta-
ción de pruebas en el caso Posadas.11 Esos hechos se habían aclara-
do una vez, otra más, y muchas más.
Manifesté que si se me citaba, iría a la Procuraduría ‘‘feliz de la
vida’’; que en el caso Posadas, a quien hubiera violado la ley debía
sancionársele. 12
El mal llamado Grupo Jalisco repartió con generosidad su docu-
mento de denuncia en los medios de comunicación. Así me pude
enterar totalmente de su contenido. Los medios de comunicación
dieron cuenta que el 24 de abril, Guzmán había ratificado la de-
nuncia13 y, claro está, el abogado de la fracción panista era Ortega
Sánchez. ¡Qué casualidad! ¿O no?
Estudié esa denuncia y preparé mi declaración por escrito para
cuando fuera citado por la PGR. El 27 de enero de 2003 me presen-
té voluntariamente a rendir mi declaración escrita, en la que negué
enfáticamente todas y cada una de las imputaciones calumniosas
que se me hacían; dije que Guzmán y Ortega Sánchez bien sabían que
los hechos calumniosos que me imputaban habían prescrito, y que si
pensaban que yo hubiera podido cometer un supuesto delito era
inexplicable que no lo hubieran denunciado a tiempo; que, sin em-
bargo, renunciaba al beneficio de la prescripción, o expresado en
forma técnica, que no recurriría ni apelaría a dicho beneficio; que
era obvio que las finalidades que perseguía el mal llamado Grupo
Jalisco eran de carácter político. Con mi declaración, entregué dos
16 EL EXPEDIENTE POSADAS A TRAVÉS DE LA LUPA JURÍDICA
libros como anexos: Anatomía de perversidades. Reflexiones sobre la mo-
ral pública en México y Asesinato de un cardenal. Ganancia de pescadores.
Desde la perspectiva jurídica, considero que mi declaración escri-
ta contiene algunos aspectos interesantes, probablemente el de ma-
yor envergadura sea el estudio de la ‘‘no exigibilidad de otra con-
ducta’’, en relación con la imposibilidad jurídica y física de detener
al supuesto Ramón Arellano Félix en la nunciatura apostólica de la
ciudad de México, ya que el único que aseguró que se trataba de
Ramón fue el sacerdote Gerardo Montaño, cómplice de los herma-
nos Arellano Félix (anexo 1). En dicho documento pongo de relie-
ve las múltiples contradicciones en que incurre Guzmán, incluso
con respecto a afirmaciones contenidas en su declaración ministe-
rial, rendida el 11 de febrero de 2000.
El 9 de abril de 2003, la PGR determinó la consulta de no ejerci-
cio de la acción penal en esa denuncia, en razón de las consideracio-
nes jurídicas que se encuentran en el estudio que realizó, y ordenó
que se notificara por estrados durante 15 días continuos a Fernan-
do Guzmán, quien impugnó dicha consulta. No he vuelto a tener
noticia alguna al respecto.
En la declaración escrita que rendí en la PGR el 27 de enero de
2003 ---- a la cual me he referido en los tres párrafos anteriores----,
denuncié a Fernando Guzmán, porque, entre otros hechos, en su de-
claración ministerial de febrero de 2000 expresó que de dos video-
casetes que se decía que no fueron agregados a la averiguación pre-
via en 1993, uno había sido ‘‘puesto en la mesa de trabajo del grupo
interinstitucional, desconociendo el paradero, contenido o la exis-
tencia del otro por no ser por supuesto un hecho propio’’.
No obstante, en la denuncia que Guzmán presentó en mi contra
el 11 de abril de 2002, aseveró que esos dos videocasetes no habían
sido agregados al expediente Posadas por instrucciones mías, lo
cual resulta obviamente una contradicción. Idéntica afirmación ha-
bía expresado Sandoval Íñiguez en 1999, y los dos obispos-juristas,
representantes de la CEM, lo desmintieron públicamente (véase el
anexo 1 de este capítulo).
DENUNCIA DE GUZMÁN 17
El 19 de febrero de 2003 ratifiqué esa denuncia de hechos contra
Fernando Guzmán.
El 13 de octubre presenté promoción ante la PGR, insistiendo en
que se realice la investigación correspondiente respecto a esa de-
nuncia, conforme a lo ordenado por los artículos 21 y 102, apartado
A, de nuestra Constitución.
La edición del libro Asesinato de un cardenal. Ganancia de pescadores
se retrasó casi un mes. La joven encargada de la edición quería
cambiar el estilo de la obra y suprimir párrafos enteros. Julián An-
drade y yo le exponíamos nuestras razones para no aceptar, aun-
que, con el ánimo de avanzar, en varias ocasiones le manifestamos
nuestra inconformidad, pero permitimos algunas supresiones. Cuan-
do se había terminado la revisión, nos manifestó que se llevaría a
cabo una segunda. Expusimos que no estábamos de acuerdo, y que
no estábamos dispuestos a admitir más modificaciones. Cuando nos
convocó para conocer las nuevas observaciones, éstas eran tan nu-
merosas que nos negamos a discutirlas; pedimos hablar con la di-
rectora de la editorial, Marisol Schulz, quien nos apoyó, se contra-
rió mucho por esa situación y expresó que las supresiones no eran
de aceptarse; ordenó que los originales pasaran a la Editorial Dia-
grama y que se comenzaría de cero; es decir, ‘‘las correcciones’’ rea-
lizadas por esa muchacha no se tomarían en cuenta. Con Pilar Ta-
pia y Antonio Reina trabajamos en armonía, y la edición transcurrió
con rapidez.
No obstante, la inexperiencia, la ignorancia o la mala fe de esa
joven, retrasó la impresión del libro.
Conforme Julián Andrade y yo profundizábamos en la investiga-
ción de la averiguación previa del caso Posadas, nos percatamos de
que Sandoval Íñiguez, Fernando Guzmán, sus dos abogados, Ortega
Sánchez y Becerra Pedrote, y Lima Malvido, habían cometido pro-
bables delitos. Decidí que presentaría denuncia de hechos para que
el Ministerio Público investigara y determinara lo que correspondie-
ra conforme a derecho.
Apenas conté con los primeros ejemplares del libro mencionado,
el 25 de abril de 2002, presenté esa denuncia tanto en la PGR como
18 EL EXPEDIENTE POSADAS A TRAVÉS DE LA LUPA JURÍDICA
en la PGJDF, en virtud de que los probables delitos, unos eran de la
competencia federal y otros, de la local.14
El 8 de julio de 2002 ratifiqué, amplié y precisé la denuncia ante
la PGJDF. El 27 de enero de 2003 me presenté voluntariamente en la
PGR a ratificar y ampliar la denuncia en ese fuero; precisé que los
denunciados habían realizado conductas reiteradas para obstruir la
correcta investigación ministerial y orientarla a sus específicas finali-
dades o a las ‘‘conclusiones’’ que les benefician. Entre algunos de los
hechos denunciados que precisé se encuentran los siguientes: mani-
festación, durante cinco años, de que tenían pruebas contundentes
del complot y no presentaron prueba alguna; ofrecimiento y otorga-
miento de dinero, bienes y beneficios a varios de sus testigos; organi-
zación de un ‘‘complot’’ para probar un complot que nunca existió y
para ello presentaron testigos con trastornos mentales, paranoicos,
con alucinaciones y comprensión deficiente; inducción de declara-
ciones de varios de sus testigos; falsedades en sus declaraciones mi-
nisteriales y en las de sus testigos (anexo 2).
En la ratificación expresé que las pruebas de los hechos denun-
ciados se encuentran en la averiguación previa del caso Posadas,
por lo cual son documentos públicos.
El 19 de febrero de 2003, volví a ratificar dicha denuncia y expre-
sé que insistía en que
...de las declaraciones ministeriales que he rendido en el presente
año, se desprenden probables ilícitos cometidos por diversas perso-
nas, que esos probables delitos deben ser investigados con profundi-
dad para que no continúe la impunidad de la cual han gozado diver-
sos miembros del Grupo Jalisco y sus testigos, que llevamos muchos
años con el mismo cuento, presentan testigos inverosímiles y se com-
prueba que han mentido, pero como impera la impunidad, los miem-
bros del Grupo Jalisco, especialmente Juan Sandoval Íñiguez, Fer-
nando Guzmán Pérez Peláez y José Antonio Ortega Sánchez, siguen
presentando testigos sin ninguna base de veracidad, y así continua-
rán mientras sientan que son completamente impunes, que por todo
ello resulta indispensable que se investiguen a profundidad todos los
hechos que he denunciado y se les aplique la ley que corresponda.
DENUNCIA DE GUZMÁN 19
El 13 de octubre de 2003, realicé otra promoción en la que seña-
lé que, en virtud del tiempo transcurrido, reiteraba mi denuncia
para que se realizara la investigación correspondiente.
De acuerdo con la Editorial Aguilar, se determinó que el 8 de
mayo de 2002 se haría la presentación del libro Asesinato de un carde-
nal. Ganancia de pescadores. Desde el 29 de abril, Julián Andrade y yo
comenzamos a conceder entrevistas radiofónicas y televisivas sobre
el libro. Las primeras fueron con los distinguidos comunicadores
José Cárdenas y José Gutiérrez Vivó. En ellas ya nos referimos al he-
cho de que el narcotraficante detenido ‘‘La Rana’’ se había conver-
tido en amigo del mal llamado Grupo Jalisco, que lo estaba conven-
ciendo de que también fuera su testigo. 15
El libro se presentó en el Centro Cultural de San Ángel; el inte-
rés que despertó se manifestó en que muchos de los asistentes tuvie-
ron que quedarse en el jardín. Los presentadores fueron: Diego Fer-
nández de Cevallos, Luis de la Barreda, Jesús Blancornelas ----quien
realizó su intervención por medio de un video por razones de segu-
ridad----, Jesús Silva-Herzog Márquez, y como moderador, Jorge Fer-
nández Menéndez. Al final, intervinimos Julián Andrade y yo.
Como anexo 3 de este capítulo, publico las intervenciones de las
que se me entregó una copia.
Dos días después, el 10 de mayo, di a conocer ese mismo libro en
la Universidad de Georgetown, en la ciudad de Washington. En la
presentación intervinieron los distinguidos catedráticos Arturo Va-
lenzuela y John Bailey. La concurrencia se mostró muy interesada
en el tema, y se estableció un diálogo con los catedráticos presenta-
dores, profesores y alumnos de esa prestigiada Universidad.
Al día siguiente, puse el caso Posadas a la consideración de la
CIDH, en virtud de los graves peligros que éste implica para la vi-
gencia del Estado de derecho en México; expuse los fundamentos
jurídicos de la competencia de esa Comisión. Hice una síntesis del
expediente y de las irregularidades y probables delitos cometidos
20 EL EXPEDIENTE POSADAS A TRAVÉS DE LA LUPA JURÍDICA
por Sandoval Íñiguez, Fernando Guzmán, Ortega Sánchez y Lima
Malvido en la respectiva averiguación previa (anexo 4). De todas
mis afirmaciones, proporcioné las pruebas que las sustentan.
La Comisión Interamericana abrió un expediente al respecto.
Con posterioridad le actualicé la información sobre el caso. Los me-
dios de comunicación informaron muy bien sobre mi presencia en
la Comisión Interamericana, así como de los documentos y pruebas
que entregué.16
Ese mismo día comí con muy distinguidos dirigentes de organiza-
ciones nacionales e internacionales de protección de los derechos
humanos, les hice una exposición del caso, y les entregué el libro
recién editado.
El mal llamado Grupo Jalisco, es decir, la ultraderecha, encontró
a un periodista y a un dizque investigador, Héctor Moreno Valencia
y José Alberto Villasana, para que escribieran su versión del asesina-
to de Posadas, al que denominaron Sangre de mayo. El homicidio del
cardenal Posadas Ocampo. El libro repite los chismes, rumores y ca-
lumnias expresados por el mal llamado Grupo Jalisco; es realmente
un libelo en el criterio de muy distinguidos juristas. Para que no
quedara duda alguna del origen del libro, Sandoval Íñiguez escribió
el prólogo, el cual es muy revelador; manifiesta que ‘‘Desde el prin-
cipio supe con toda certeza moral que se había tratado de un cri-
men intencional...’’. Desde el momento mismo de las exequias de
Posadas, Sandoval Íñiguez, quien entonces era obispo de Ciudad
Juárez, ya se encontraba declarando que el asesinato de Posadas era
producto de un ‘‘complot’’,17 y nos recordó la frase a la cual tanto
ha recurrido durante estos años: sus certezas morales.
De ese ‘‘Prólogo’’, que resulta interesante, destaco dos aspectos;
uno, que se refiere a mí, al afirmar que resulta muy extraño que
cada vez que se reactiva el caso Posadas, sin tener cargo alguno ni
interés legítimo ‘‘por iniciativa propia [salto] a la palestra descalifi-
cando cualquier esfuerzo por profundizar en las investigaciones...’’,
que tal vez mi propósito fuera desviar la atención de las investigacio-
nes para que no se llegue a la verdad. Parece ser que Sandoval Íñi-
guez no puede entender ---- ¿por qué será?---- que alguien actúe por
DENUNCIA DE GUZMÁN 21
convicciones e ideales para defender el Estado de derecho, la ver-
dad y la justicia. Mostró, una vez más, cuánto le y les irrita mi lucha
por una correcta procuración de justicia, basada sólo en pruebas y
únicamente en pruebas.
El segundo aspecto: con gran cinismo se refirió a una carta en
latín, misma que ya había sido descalificada, porque es un anóni-
mo, para tratar de probar que monseñor Luis Reynoso se había re-
tractado en 1999 de la tesis de la confusión, cuando posteriormente
a esa fecha existen cuando menos doce manifestaciones y estudios
del obispo de Cuernavaca apoyando, con argumentos jurídicos, la
tesis de la confusión.18 Este episodio constituye uno de los de mayor
bajeza moral durante estos años.
Los autores de ese libro comenzaron a dar entrevistas a los me-
dios de comunicación desde el 12 de mayo, preparando la presenta-
ción de aquél, la que programaron para el 22 de ese mes.
La presentación tuvo sus incidentes, porque los sobrinos de mon-
señor Luis Reynoso interrumpieron a Sandoval Íñiguez llamándolo
‘‘mentiroso’’, debido a que se encontraban indignados, en virtud de
que consideraban que aquél estaba difamando la memoria de su
tío. 19 Muy interesante fue la declaración de Fernando Guzmán, a la
salida de esa presentación, en el sentido de que el caso Posadas ya
había sido ‘‘reabierto’’ y que Lima Malvido daría a conocer más de-
talles dos días después.20 Sintomático fue que Fernando Guzmán se
hubiese convertido en vocero de la PGR. La ultraderecha llegó a
pensar que había vencido y había impuesto sus calumnias y menti-
ras como verdad, que había triunfado su complot para probar un
supuesto ‘‘complot’’ que nunca existió.
ANEXO 1
DECLARACIÓN ESCRITA DE JORGE CARPIZO
A LA DENUNCIA DE FERNANDO GUZMÁN Y OTROS,
ATRIBUYÉNDOLE LA COMISIÓN DE SUPUESTOS DELITOS
[Link]/CGI/004/02
C. PROCURADOR GENERAL DE LA REPÚBLICA
P r e s e n t e.
JORGE CARPIZO MAC GREGOR , por mi propio derecho, y con el su-
puesto carácter de probable responsable en la averiguación previa
citada al rubro, ante usted, con el debido respeto comparezco y ex-
pongo:
I. Señalo como domicilio para oír y recibir todo tipo de notifica-
ciones el ubicado en Avenida José María Rico, Número 102, Despa-
cho 501, Colonia Del Valle; Delegación Benito Juárez, C. P. 03100,
en México, Distrito Federal.
II. Con fundamento en la fracción IX del artículo 20 constitucio-
nal, en su apartado A, en relación con el artículo 128, fracción III
del Código Federal de Procedimientos Penales, cuyas garantías tam-
bién deben ser respetadas en cualquier averiguación previa, ratifico
la designación que ya hice de mis defensores, para que me defien-
dan en todas y cada una de las etapas del procedimiento penal al
doctor en derecho ÓSCAR CARPIZO TRUEBA y a los licenciados F ER-
NANDO GÓMEZ-MONT y ERASMO LÓPEZ CONTRERAS. El primero ya
compareció, aceptó y protestó el cargo conferido.
III. Que en este acto vengo voluntariamente a declarar en la pre-
sente averiguación previa sobre los hechos que se investigan y lo
hago de manera escrita, en los siguientes términos:
Respecto a la denuncia de hechos que, el 11 de abril de 2002,
presentó el Lic. Fernando Antonio Guzmán Pérez Peláez por su
23
24 ANEXO 1
propio derecho y como representante de diversos diputados del
Congreso de Jalisco, me referiré únicamente a la versión que de los
supuestos hechos delictivos, el primero proporciona subjetivamente
y por suposiciones, en virtud de que las otras personas firmantes no
conocen la averiguación previa [Link]/001/95 y, en consecuencia,
no les constan ni están informados de los hechos que se narran en
el escrito de denuncia, ya que una cosa es firmar el escrito de de-
nuncia, y otra que el texto de la misma haya sido discutido y conve-
nido por todos; no narran como llegaron al acuerdo de voluntades
para plasmar los conceptos del escrito de denuncia. Todo lo ante-
rior se comprobará si se les cita a declarar ministerialmente, siem-
pre y cuando el agente del Ministerio Público los someta a cada uno
de ellos a un interrogatorio serio y extensivo en el que se les formu-
le, y por separado, el cuestionario de preguntas conducentes, con lo
que se demostraría que no les constan ni conocen los hechos en que
se basan para formular su denuncia, por inferirse que no conocen
el contenido de todas y cada una de las constancias que integran la
mencionada averiguación previa, y que incurrirán en falsedad de
declaraciones, porque se concretaron a firmar el escrito elaborado
por Fernando Guzmán y sus abogados, con lo que se comprueba
que esa denuncia es exclusivamente de carácter político. Será el
agente del Ministerio Público, quien determine el interés por reali-
zar una verdadera y profunda investigación, empezando por averi-
guar qué es lo que realmente les consta a cada uno de los diputados
denunciantes, relativo a las circunstancias de tiempo, lugar, modo y
ocasión de todo cuanto narraron.
Niego enfáticamente todas y cada una de las imputaciones calumniosas
contenidas en la denuncia en cuestión y basadas en suposiciones mal inten-
cionadas que se formulan en mi contra, lo que es así, por el hecho de que si
la denuncia se presentó por escrito, resulta obvio inferir que previamente fue
elaborada en estudio de gabinete; quien lo hizo razonó lo que quiso asentar y
la forma tendenciosa de narrarlo para pretender inducir la incorporación de
suposiciones o conjeturas en un sentido determinado, orientando lo que qui-
so decir y lo que quiso inducir.
El texto de la denuncia no resiste el análisis ‘‘lógico jurídico’’ que
el investigador debe hacer, aplicando, no un criterio personal arbi-
trario, sino ajustándose a las técnicas de investigación, a la orienta-
ción del rigor de los principios de la valoración jurídica de la prue-
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 25
ba penal, mismos que establecen el Código Federal de Procedi-
mientos Penales: el de la sana crítica en la valoración de la prueba
testimonial, para determinar lo que le consta al testigo de los he-
chos, materia de la investigación; qué dice conocer por referencia
de otros o de oídas; qué supone, qué infiere. Todo lo anterior resul-
ta indispensable para que el agente del Ministerio Público esté en la
posibilidad de justipreciar el texto del escrito de denuncia, separan-
do con nitidez las valoraciones, conjeturas, deducciones, referencias
de oídas, suposiciones y creencias; si no se hace tal separación, se
corre el grave riesgo de no percatarse de que el contenido de la de-
nuncia está alejado de la realidad de los hechos, ya que el denun-
ciante omitió reflexivamente lo que quiso, como diversos hechos
que son del dominio público y de los cuales he dejado constancia
escrita, y a los que me refiero en este escrito.
Los hechos que denuncia Fernando Guzmán, aun en el supues-
to, sin conceder, que hubieran existido y pudieren integrar algún
delito contra la administración de justicia, de aquellos previstos en
las 28 fracciones del artículo 225 del Código Penal Federal, aunque
no los especifica, incluso si tomáramos las fracciones que contem-
plan las sanciones más severas, esos supuestos hechos delictivos que
me imputa, así como los otros, ya hubieran prescrito, en el año
2000 o incluso con anterioridad, porque ya hubiera transcurrido
más de la mitad del término medio aritmético de la pena de prisión
prevista en dicho precepto legal, por tratarse de delitos ‘‘instantá-
neos’’. Por tanto, empezaría el cómputo de la prescripción a partir
del día siguiente de la consumación del supuesto delito de acuerdo
con las reglas previstas en los artículos 100 a 115 del Código Penal
Federal.
Fernando Guzmán conoce muy bien la situación anterior y es
por ello que trae a colación el criterio reciente de la H. Suprema
Corte de Justicia en el sentido de que se investigue para respetar las
garantías de legalidad y de seguridad jurídica, con la finalidad de
señalar el probable delito y así poder determinar, a la vez, la pres-
cripción o no de la acción penal.
En el concreto caso de esta denuncia de hechos presentada por
Fernando Guzmán, es obvio que lo que se persigue son finalidades
políticas: crear escándalo, presionarme e intentar amedrentarme
para que me calle en el caso Posadas, más que él y su grupo cuen-
26 ANEXO 1
tan con el apoyo de la subprocuradora María de la Luz Lima Malvi-
do, quien es muy cercana al propio grupo, tal y como se asienta en
el libro Asesinato de un cardenal. Ganancia de pescadores en las pp. 505-
506 y 540-541, mismas que solicito se tengan por reproducidas en
esta declaración.
También quedan claras las finalidades políticas que Guzmán per-
sigue: él ha estado involucrado directamente en el caso Posadas,
cuando menos desde 1995, y de ello existen pruebas, y él mismo lo
admitió, incluso 2 veces, en su declaración ministerial del 24 de
abril de 2002, misma que se encuentra contenida en esta averigua-
ción previa, en su carácter de Presidente de la Comisión de Segui-
miento del Caso Posadas del Congreso del Estado de Jalisco. En tal
virtud tuvo acceso a las actuaciones ministeriales y sostuvo desde en-
tonces, con altos funcionarios de la PGR, reuniones de trabajo, mis-
mas que se encuentran documentadas.
A partir de 1998, Guzmán en su carácter de miembro del Grupo
Interinstitucional de la PGR, se convirtió de hecho en una especie
de agente del Ministerio Público de la Federación; el gobierno de
Jalisco, del cual él era el representante en ese Grupo, contó con
una copia de toda la averiguación previa del caso Posadas.
Entonces, ¿por qué tardó más de siete años en denunciar su-
puestos hechos que dice que considera delictuosos y cuando ya ha
prescrito la acción penal? Es claro que por razones políticas: se
aproximaba otro aniversario del crimen de Posadas, estaba y está
presionando a la PGR, todo lo que puede, para que se determine la
correspondiente averiguación previa en el sentido de sus dichos, y,
por la entonces proximidad de la aparición del libro Asesinato de un
cardenal. Ganancia de pescadores de Julián Andrade y del suscrito, y
con el objetivo de desprestigiarme y vulnerar mi credibilidad social.
Ahora bien, también es obvio que Fernando Guzmán especial-
mente en su carácter de servidor público y ex servidor público esta-
ba obligado a denunciar de manera inmediata cualquier probable
hecho delictivo que conociera en tal carácter. Sin embargo, se espe-
ró, más de siete años y presentó la denuncia cuando las acciones de
esos supuestos delitos ya se encuentran prescritas. Lo anterior pue-
de configurar una grave falta administrativa y constituir probables
delitos. Por esta razón, solicito que de acuerdo con el Código Fede-
ral de Procedimientos Penales, el correspondiente del Estado de Ja-
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 27
lisco y la legislación aplicable, se estudie la situación que denuncio y
se apliquen las normas que correspondan.
Señalo enfáticamente que el análisis de la prescripción de los su-
puestos delitos que Guzmán denuncia es una responsabilidad del
Ministerio Público. En cuanto a mí toca, a pesar de que no tengo
duda alguna de que esos supuestos delitos están prescritos y de que
las finalidades de Guzmán son políticas, renuncio al beneficio de la
prescripción, o expresado en forma técnica: no recurriré ni apelaré
a dicho beneficio. En consecuencia, estoy de acuerdo en que si el
Ministerio Público así lo determina, examine, analice y entre al fon-
do de todas y cada una de las imputaciones temerarias y de mala fe,
que Guzmán me dirige.
IV. En relación con la entrevista Gerolamo Prigione y el supuesto
Ramón Arellano Félix ya son muchos años que la misma es conoci-
da por la opinión pública: desde las publicaciones al respecto en
Excélsior en julio de 1994. Reitero la pregunta que ya formulé ¿Por
qué Guzmán esperó todos estos largos años si consideró que pude
haber incurrido en alguna responsabilidad? Además, en múltiples
ocasiones me he referido al tema. Por ejemplo: La entrevista al pe-
riódico Crónica publicada en diciembre de 1997 y que se encuentra
reproducida en mi libro Anatomía de Perversidades pp. 67-72 y 138-
143 (anexo 1); en la entrevista a Joaquín López Dóriga en el pro-
grama Chapultepec 18, el 30 de mayo de 1999, a través del canal 2 de
Televisa; en el propio libro Asesinato de un cardenal, pp. 145-152, pá-
ginas todas que solicito se den por reproducidas en esta declaración.
De este último libro anexo un ejemplar a la presente (anexo 2). En
esas páginas se citan los tomos y las fojas de la averiguación que fun-
damentan la crónica. Idéntica situación acontece con todas nues-
tras aseveraciones basadas en ese expediente.
Resalto:
a) El día de la entrevista de Gerolamo Prigione con el supuesto
Ramón Arellano, me enteré de la misma hasta que se me informó
en la residencia oficial de Los Pinos, que quien se ostentaba como
un Arellano Félix se encontraba en la Nunciatura. Antes de ese mo-
mento no tuve indicio alguno de que tal entrevista pudiera llevarse
a cabo.
b) Tuve aproximadamente cinco minutos para ponderar qué ac-
ción se podía tomar y concluí que en 10 o 15 minutos no podía ar-
28 ANEXO 1
marse un operativo policiaco, sin saber con cuántos elementos hu-
manos se disponían, ni quiénes eran, ni con qué equipos se conta-
ba, en ese momento.
c) No se podía ir a un operativo, en forma improvisada y todo
parecía indicar que se trataba de una trampa, porque si era Ramón
Arellano no iba a ir a entregarse como una blanca palomita, trampa
que hubiera podido implicar una masacre de religiosos y diplomáti-
cos en una sede diplomática. Asimismo, muy alta es la posibilidad
de que esa persona no fuera Ramón Arellano, debido a las caracte-
rísticas físicas de quien se encontraba en la Nunciatura, tal y como
expondré. En el supuesto, sin conceder, que realmente se hubiera
tratado de Ramón Arellano Félix y que éste hubiera querido entre-
garse voluntariamente, sin temor de su vida, hubiera atendido lo
que sugerí a Prigione de que se entregara al ejército, cosa que no
hizo.
Un actuar precipitado e irreflexivo de la autoridad, sin conocer
la circunstancia de la situación, cómo se encontraba la zona adya-
cente, qué actos de simulación se habrían podido preparar como
escudo, muros de defensa, cuántas personas cuidaban al supuesto
Arellano Félix, etcétera, hubiera constituido un acto temerario.
Téngase en cuenta que haber entrado a la Nunciatura, hubiera
implicado violentar las inmunidades reales y personales que tienen
las sedes diplomáticas, lo que hubiera implicado que por tal inter-
vención se cometieran delitos, como el tipificado en el artículo 148
del Código Penal Federal, en el cual se encuentra previsto el delito de
violación a la inmunidad, en los siguientes términos:
‘‘Artículo 148. Se aplicará prisión de tres días a dos años y mul-
ta de cien a dos mil pesos, por:
I. La violación de cualquier inmunidad diplomática, real o
personal de un soberano extranjero, o del representante de otra
nación, sea que residan en la república o que estén de paso en
ella;
II...
III...
IV. Todo ataque o violencia de cualquier género a los escu-
dos, emblemas o pabellones de una potencia amiga...’’.
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 29
Existen ciertas funciones del Estado, cuyo desempeño requiere
por razón de la función, más que por la de la persona, que el Esta-
do postergue el ejercicio del jus puniendi, lo que es la razón de ser de
las inmunidades con distinto grado de protección. La inmunidad
de las personas implica que determinadas personas, atendiendo a
sus particulares calidades, quedan al margen de la ley penal, sin ad-
mitir excepciones. El Estado renuncia a hacer efectivo su derecho,
atento a la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas, la
cual establece en su artículo 32 que la inmunidad alcanza a los miem-
bros de su familia y al personal de servicio de la misma, en los mismos
términos. El artículo 38 establece que los funcionarios y empleados
consulares no estarán sometidos a la jurisdicción de las autoridades
judiciales y administrativas del Estado receptor por los actos ejecuta-
dos en el desempeño de las funciones consulares.
d) No puede la autoridad, ni un Procurador, violar la sede de
una representación diplomática. Al respecto, baste revisar el men-
cionado Tratado de Viena de 1961 y nuestro artículo 133 constitu-
cional que establece la obligatoriedad del cumplimiento de los tra-
tados internacionales, celebrados y ratificados de acuerdo con ese
propio artículo.
e) Una orden de aprehensión tiene que ejecutarse con legalidad
y sin lesionar otros bienes jurídicos, que también las normas jurídi-
co-penales tutelan, como la salud, la vida, la propiedad de terceros,
la inmunidad real y personal que tienen las sedes diplomáticas; bie-
nes jurídicos que, con una leve reflexión en el común de las gentes,
era evidente, en este caso, el altísimo riesgo de vulnerarlos, toman-
do en cuenta quién era el supuesto delincuente y el lugar en el que
se encontraba (la Nunciatura). Era fácilmente previsible que si se
trataba de Ramón Arellano Félix no iba a dejar capturarse sin una
feroz resistencia, puesto que se trataba de uno de los más importan-
tes líderes de la delincuencia organizada del narcotráfico, y es del
dominio público la forma en que operan, el uso de la violencia ar-
mada que utilizan, que no respetan la vida de nadie, ni de diplomá-
ticos ni religiosos, a veces, ni las de sus propios miembros cuando
fallan en la empresa criminal, y los precedentes, que existían: al mo-
vilizarse se acompañaban de un pequeño ejército extraordinaria-
mente bien armado.
30 ANEXO 1
En el panorama descrito, había que tomar una decisión, y como
ya lo he dicho, opté por la mejor para no poner en riesgo bienes
jurídicos de terceros, como la vida de personas inocentes, y respetar
la inmunidad diplomática de la Nunciatura y de sus moradores. Re-
sultaba evidente que en un operativo improvisado que pudiere im-
plantarse, en alrededor de 10 minutos, sin conocer, entre otros as-
pectos, el número de personas existentes ---- sicarios---- , así como el
mecanismo de protección y seguridad del supuesto Ramón Arella-
no Félix, en el uso del poder coactivo que tiene el Estado, iban a
resultar lesionadas o muertas muchas personas inocentes, incluyen-
do personal de la propia sede diplomática de la Nunciatura, dada la
capacidad y potencia de las armas que se emplearían, ya que inicia-
do un operativo tal, con la presión psicológica que tienen los que
intervienen, está en juego su propia vida, y bajo ese estado de cosas
no se puede tener un control absoluto de todo, y el peligro real e inminen-
te a la vida, salud, propiedad, e inmunidades diplomáticas era evi-
dente. Ante esas condiciones, para la toma de decisiones concurrían
diversas normas prohibitivas de conductas, que a su vez tutelan bie-
nes jurídicos, como el artículo 302 que protege la vida de las perso-
nas, y el 148 que tutela la inmunidad diplomática real y personal.
Esos preceptos legales del Código Penal Federal y los hechos
descritos debían tomarse en cuenta debido a los riesgos de lesión a
bienes jurídicos de terceros, frente al deber jurídico de obrar, en
auxilio del Juez de Distrito en materia penal que giró la orden de
aprehensión en contra de Ramón Arellano Félix.
f) Debe destacarse que la LEY NO LEGITIMA CUMPLIR UN MANDA-
MIENTO JUDICIAL COMETIENDO DELITOS, ES DECIR AFECTANDO BIENES
JURÍDICOS DE MANERA IRREPARABLE, como hubiera ocurrido en este
concreto caso. La decisión que tomé fue la correcta desde el punto
de vista jurídico y del respeto a los intereses de mayor relevancia
para la sociedad: el respeto a la vida de inocentes y el respeto a la
inmunidad diplomática de la Nunciatura. Ante esa colisión de bie-
nes jurídicos y ante la imposibilidad de proteger a todos ellos, la
omisión que me atribuye el denunciante, ESTÁ AMPARADA POR UNA
CAUSA DE EXCLUSIÓN DEL DELITO, prevista en el artículo 15, fracción
IX del Código Penal Federal, que establece:
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 31
‘‘CAPÍTULO IV
CAUSAS DE EXCLUSIÓN DEL DELITO:
Artículo 15. El delito se excluye cuando:... IX. Atentas las
circunstancias que concurren en la realización de una conduc-
ta ilícita, no sea racionalmente exigible al agente una conducta
diversa a la que realizó, en virtud de no haberse podido deter-
minar a actuar conforme a derecho’’.
Precepto legal que contempla lo que en la doctrina se conoce
como la NO EXIGIBILIDAD DE CONDUCTA, que cuando concurre, como
en el presente caso, tiene el efecto de ‘‘excluir al delito’’, y si el deli-
to queda excluido, luego entonces el actuar amparado por la no
exigibilidad es lícita, acorde a derecho, tomando en consideración
que con ello se acredita la causa justificante, por la cual se excluye
el elemento normativo ‘‘indebido’’, al omitirse en ese momento la
ejecución de la orden de aprehensión en contra del supuesto Ra-
món Arellano Félix. En consecuencia, no se incurrió en la comisión
de ningún delito de los previstos en contra de la administración de
justicia o en el ejercicio indebido de atribuciones.
g) Tal exculpante no estaba regulada, en aquel momento, en el
Código Penal aplicable; sin embargo, la doctrina penal, especial-
mente la doctrina penal alemana, la aceptaba ya como causa supra-
legal de inculpabilidad. A este respecto, no abundaré en citas doc-
trinarias y sólo apuntaré el pensamiento, muy conocido, de uno de
los más ilustres penalistas de nuestro tiempo: Hans Welzel. Este
maestro germano (en su libro El nuevo sistema del derecho penal. Una
introducción a la doctrina de la acción finalista, Ediciones Ariel, Barce-
lona, 1964, pp. 125 a 129) considera que el conocimiento de lo in-
justo es uno de los elementos, pero no el único, que fundamenta la
reprochabilidad de la conducta antijurídica del sujeto; el otro ele-
mento es, precisamente, la exigibilidad de la obediencia al derecho.
Esta obediencia al derecho es exigible porque ‘‘el contenido de la
reprochabilidad consiste precisamente en que el autor debía y po-
día adoptar una resolución de voluntad conforme con el derecho
en lugar de su resolución de voluntad antijurídica’’. ‘‘Hay situacio-
nes, sin embargo, en que no se exige una conducta conforme con el
derecho, ni siquiera al autor imputable que actúa con plena con-
ciencia de la antijuricidad’’. Esta no exigibilidad de la conducta no
32 ANEXO 1
opera en cualquier ‘‘defensa de intereses justos, sino que limita la
disculpa a los casos de peligro de la integridad corporal y la vida’’.
‘‘El caso más importante de la no exigibilidad de la conducta jurí-
dica (a pesar de la imputabilidad y el conocimiento de lo injusto) es
el estado de necesidad penal’’..., en el cual ‘‘el autor, en virtud de
un peligro para la integridad o la vida de otras personas, se ve colo-
cado en un conflicto de deberes (conflicto de conciencia), al cual
no puede sustraerse sin asumir una determinada medida de culpa-
bilidad moral’’. En estos casos ‘‘el ordenamiento jurídico no puede
hacerle, sin embargo, ningún reproche de culpabilidad ante la co-
munidad jurídica por el hecho de que se hiciera responsable de un
injusto menor para evitar un injusto mayor. Falta la culpabilidad jurídi-
ca, como reprochabilidad social del hecho, puesto que cualquier
otro miembro de la comunidad, en lugar del autor, hubiera tenido
que actuar, correctamente, del mismo modo’’.
La causa supralegal de exclusión de la culpabilidad presupone
que:
‘‘aa) la acción del autor era el único medio de impedir un mal
mayor’’ (en el caso que nos ocupa se trata de una omisión en
estricto sentido);
‘‘bb) el autor ha elegido realmente el mal menor’’, y
‘‘cc) subjetivamente perseguía el fin de salvar’’.
En nuestro Código Penal la no exigibilidad, como excluyente le-
galmente reconocida, es reciente: entró en vigor el 1o. de febrero
de 1994, fecha posterior a los hechos materia de la denuncia en mi
contra. Pero es obvia su aplicación retroactiva en mi favor, ya que la
Constitución, en el artículo 14, sólo prohíbe la aplicación penal re-
troactiva en perjuicio de la persona y jamás cuando ella es en su
beneficio. Este principio constitucional está reconocido, en forma
unánime, tanto por los teóricos del derecho penal como por la ju-
risprudencia.
Es oportuno apuntar que la tendencia, en el derecho penal mexi-
cano, va en el sentido de incluir, como causa de inculpabilidad, la
no exigibilidad de la conducta adecuada a derecho. El nuevo Códi-
go Penal para el Distrito Federal, elaborado por la Asamblea Legis-
lativa, publicado en la Gaceta Oficial del D. F. el 16 de julio de 2002,
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 33
y que entró en vigor a los ciento veinte días de su publicación, con-
templa, entre las ‘‘causas de exclusión del delito’’, dispuestas en el
artículo 29, fracción IX, en la que, bajo la denominación expresa de
‘‘inexigibilidad de la conducta’’, indica: ‘‘En atención a las circuns -
tancias que concurren en la realización de una conducta ilícita, no
sea racionalmente exigible al sujeto una conducta diversa a la que
realizó, en virtud de no haberse podido conducir conforme a dere-
cho’’.
h) A mayor abundamiento, respecto a la no exigibilidad de con-
ducta, hago las siguientes precisiones.
El actor debe optar, en vista de la valoración fáctico-jurídica, por
el bien más relevante en la jerarquía del bien jurídico. En estos ca-
sos, por regla general, la culpabilidad no desaparece enteramente;
sin embargo no alcanza el mínimo de relevancia jurídico penal.
La no exigibilidad de conducta se presenta siempre que el autor
salvaguarda un interés de mayor jerarquía frente a otro esencial-
mente inferior en jerarquía al lesionado, como en este caso consis-
tió en la ejecución de una orden de aprehensión frente a la comi-
sión del delito de allanar una sede diplomática y el respeto a la vida
de inocentes.
La existencia de colisión de bienes es presupuesto necesario de la
exclusión de la culpabilidad. El hecho debe constituir la única posi-
bilidad de salvación, ya que no se trata de proteger intereses de me-
nor jerarquía, sino de la no exigibilidad de ninguna otra conducta:
la omisión del cumplimiento de una orden de aprehensión, frente
a los bienes jurídicos amenazados por su cumplimiento, de acuerdo
con el texto de la ley, tal y como ya expresé: la violación de la inmu-
nidad diplomática, con la correspondiente responsabilidad interna-
cional para el Estado mexicano y el respeto a la vida de inocentes.
Todo lo cual lleva a evidenciar mi conducta ajustada a derecho y
pone de relieve el manejo político, de mala fe, y protagónico del
denunciante Guzmán, quien es abogado, y como tal, debe conocer
todos los conceptos jurídicos antes expuestos.
i) Antes de la detención de Benjamín Arellano Félix en marzo de
2002, el único de los Arellano Félix que había sido detenido era
Francisco Rafael el 4 de diciembre de 1993 durante mi periodo
como procurador y bajo mi directa supervisión, lo cual implicó un
operativo de inteligencia de varios meses. Se puede ver el corres-
34 ANEXO 1
pondiente comunicado de prensa de la PGR en su Boletín de enero
de 1994, el cual se reprodujo en el libro Anatomía de perversidades,
pp. 169-174, páginas que solicito se tengan por reproducidas en esta
declaración. De este libro he anexado un ejemplar a la presente de-
claración.
j) Fernando Guzmán cita la declaración de José Gerardo Monta-
ño Rubio. Hay que tomar en cuenta que esta persona fue quien fa-
cilitó la entrevista de Prigione con un prófugo de la justicia y des-
pués con otro, y quien, según constancias de la averiguación previa,
probablemente alteró un libro de bautizos para otorgar una coarta-
da a Javier Arellano Félix (a) ‘‘El Tigrillo’’ de que ese 24 de mayo de
1993, se encontraba en Tijuana en un bautizo, cuando en el expe-
diente Posadas consta que ‘‘El Tigrillo’’ estuvo en el aeropuerto de
Guadalajara ese día. Estos hechos son verificables en la averigua-
ción previa correspondiente, y pueden constituir delitos. Es obvio
que Montaño Rubio no es confiable en nada.
k) Extraña que Fernando Guzmán no se refiera a la entrevista del
Nuncio con Benjamín Arellano Félix en enero de 1994, y de la cual
la autoridad no supo nada hasta las publicaciones en Excélsior, me-
ses después. Entonces, queda clara la intención difamatoria de Guz-
mán respecto a mi persona.
l) Asimismo, extraña que Guzmán no se refiera a los autores y
personajes de esas entrevistas, a quienes las propiciaron y realiza-
ron, y con sus actitudes pusieron al país y a la autoridad en una si-
tuación en extremo delicada, misma que pudo tener consecuencias
mayores y trágicas, las cuales se evitaron por la actuación legal y ra-
zonable de la propia autoridad mexicana. Hay que enfatizar que
esos Arellano Félix eran prófugos de la justicia, y quienes participa-
ron en esas entrevistas se encuentran confesos de su intervención
en las mismas.
m) No existe prueba indubitable de que Ramón Arellano fuera la
persona que se entrevistó con Prigione en diciembre de 1993. La
descripción que de él realizó el Nuncio en su declaración ministe-
rial en 1998, no concuerda con la información de la PGR. La única
aseveración de que sí se trataba de Ramón Arellano la realizó el sa-
cerdote Gerardo Montaño, y él no es digno de confianza, ya que en
la averiguación previa está claro que Montaño probablemente auxi-
lió a los Arellano Félix y ha mentido. Téngase en cuenta que ‘‘el
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 35
que miente en un punto es capaz de mentir en otro’’. Éste es un
principio importante en la valoración de la prueba y en las técnicas
de investigación para la toma de decisiones.
En la averiguación previa del caso Posadas está claro que Monta-
ño cometió múltiples probables delitos acreditados y continúa im-
pune. Dejo constancia que la participación de Montaño debe inves-
tigarse en virtud de las pruebas que obran en la averiguación
previa. A mayor abundamiento, la identificación de Ramón Arella-
no, cuando éste ya había fallecido implicó estudios periciales de
identificación durante aproximadamente tres semanas, no obstante
que se contó con el ADN, filmaciones y el apoyo de laboratorios y
archivos norteamericanos.
En el caso de Gerardo Montaño, la PGR tiene la ocasión de pro-
bar que realmente está combatiendo la impunidad y que nadie se
encuentra por encima de la ley. Si no se toca a Montaño ni con el
pétalo de una rosa ¿Es creíble que se aplique la ley a un obispo, ar-
zobispo o cardenal? Es indispensable que se investigue el origen de
todos los bienes y movimientos financieros del sacerdote Gerardo
Montaño y familiares cercanos, tanto en México como en Estados
Unidos, con la finalidad de llegar a conocer la verdad histórica de
la conducta desplegada por Montaño en este particular caso.
n) Fernando Guzmán afirma que en la entrevista que tuve con
Joaquín López Dóriga (equivocó la fecha) respecto al problema de
la presencia de Ramón Arellano Félix en la Nunciatura, se tomó la
decisión de no detenerlo ‘‘porque así se consideró conveniente’’.
Una vez más miente. Solicito que esa institución vea esa entrevista
celebrada el 30 de mayo de 1999, en el programa Chapultepec 18 y
en la cual existe una amplia explicación sobre esta cuestión, y jamás
se empleó la expresión que Guzmán, con dolo, me atribuye.
V. Respecto al dicho de Guzmán de que dos casetes no fueron
agregados a la averiguación previa por instrucciones del suscrito,
constituye una afirmación similar a la que el arzobispo Sandoval rea-
lizó en mayo de 1999 y que se discutió públicamente. Contra Sando-
val presenté querella penal el 28 de julio de ese año, la ratifiqué
dos días después y me desistí de la misma en virtud de la carta que dos
obispos-juristas, los representantes de la conferencia del episcopado
mexicano en el Grupo Interinstitucional de la PGR, me enviaron, la
cual fue publicada en los periódicos, y en la que aseguraron que
36 ANEXO 1
esos dos videocasetes se trataba realmente de uno, el cual se en-
cuentra agregado a la averiguación previa correspondiente, que
contiene escenas posteriores al asesinato de Posadas y que incluso
ya había sido transmitido por la televisión mexicana. Esos dos obis-
pos que conocen bien dicha averiguación previa, porque fueron
parte del Grupo Interinstitucional de la PGR, integrado en 1998, y
en tal carácter intervinieron en múltiples diligencias ministeriales,
públicamente me manifestaron:
‘‘Le reiteramos que en ningún momento se ha dudado de su
honorabilidad ni de la forma en que se condujo dicha investi-
gación, durante los siete y medio meses en que fue correspon-
sable de la misma. Reconocemos su integridad, concretamente
en este caso, y consideramos además que su honor no ha sido
manchado’’.
En el libro Asesinato de un cardenal se hace un estudio de esos ‘‘dos
videocasetes’’ de la pp. 312 a la 330, páginas que solicito se tengan
por reproducidas en esta declaración.
Resalto:
a) Los datos que aporta Guzmán son primordialmente los mis-
mos que Sandoval manifestó en mayo de 1999, se basan en de-
claraciones ministeriales del agente del MPF Alejandro Arenas
Gallardo, las que respecto a mi persona difieren en 1995 de las
que expresó en 1998. Arenas dijo que el subprocurador García
Torres le dijo que dos videocasetes no iban a obrar en actua-
ciones por instrucciones de Carpizo, porque su contenido no
contribuía o aportaba datos a la investigación. Arenas, de in-
mediato, agregó que esa aseveración no le constaba. En conse-
cuencia Arenas, en este específico punto, es, en el mejor de los
casos, un testigo de oídas.
b) Guzmán cita la declaración de Antonio García Torres en su
denuncia en mi contra, pero no la parte importante: que la
única instrucción que recibió, respecto a las líneas de investi-
gación de Posadas fue la de proceder con apego a los hechos y
aplicando en todo momento la ley; que por el tiempo transcu-
rrido no recordaba si durante el periodo durante el cual la in-
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 37
vestigación estuvo a su cargo, hubiera visto o se hubiera entera-
do de la existencia de algún otro videocasete relacionado con
esos hechos.
c) Sandoval y Guzmán, respecto a esos ‘‘dos videocasetes’’, no se
refieren a otras declaraciones realizadas a fines de 1998 o du-
rante 1999, en virtud de que antes de esas fechas, nadie, salvo
Arenas, se había referido a que ‘‘esos videocasetes’’ no habían
sido agregados a la averiguación previa. Esas declaraciones son
varias: José Luis Stein, Fernando del Villar, Chapa Bezanilla,
Manuel Galán, quienes sostuvieron que no supieron de la exis-
tencia de ‘‘esos videocasetes’’, o manifestaron que se encontra-
ba o encontraban contenidos en la averiguación previa.
d) El colmo del cinismo en la imputación que Guzmán me dirige,
se encuentra en que, en su declaración ministerial de febrero
de 2000, dijo que ese 24 de mayo se recogieron dos videocase-
tes de distinto formato, pero que hasta donde recordaba sólo
uno había sido ‘‘puesto en la mesa de trabajo del grupo inter-
institucional, desconociendo el paradero, contenido o la exis-
tencia del otro por no ser por supuesto un hecho propio’’.
Luego, Guzmán aseguró que uno de esos videocasetes era co-
nocido por el Grupo Interinstitucional y del segundo ignoraba
incluso su existencia.
Lo anterior constituye una contradicción más de Guzmán, pero
que vuelve a dejar clara su intención difamatoria y su mala fe. No
cabe duda alguna de que al grupo Jalisco le ha molestado grande-
mente que, ante sus mentiras en el caso Posadas, yo exprese y de-
fienda la verdad. ¿La contradicción flagrante de Guzmán contenida
en su declaración ministerial y en la denuncia de hechos, impután-
dome un hecho delictivo, constituye un probable delito cometido
por él? Lo dejo para que el Ministerio Público lo determine, pero es
un aspecto que no puede ignorarse de acuerdo con lo dispuesto en
los artículos 247 en relación con el 248-Bis del Código Penal Fede-
ral y solicito que todos los párrafos respectivos se consideren una
denuncia de hechos en contra de Fernando Guzmán Pérez Peláez,
por la comisión de probables delitos.
VI. Respecto a las imputaciones de Guzmán contenidas en su de-
nuncia con la numeración III, afirmo:
38 ANEXO 1
1. En el caso Posadas el ejército NO investigó; colaboró como lo
ha hecho en múltiples ocasiones y cada vez con mayor frecuencia. A
través del estudio que realicé de la correspondiente averiguación
previa, aproximadamente durante dos años a partir del año 2000,
pude precisar esas colaboraciones prestadas a la Procuraduría Ge -
neral de Justicia de Jalisco ---- no a la PGR----, lugar donde legal y físi-
camente se encontró la averiguación previa, hasta 1995.
Esas quedaron asentadas en el libro Asesinato de un cardenal pp.
50-51, páginas que solicito se den por reproducidas en este escrito.
2. En la declaración del general Gutiérrez Rebollo que Guzmán
cita, el general se refiere a un colaborador mío de apellido Stanley.
Nunca tuve un colaborador de tal apellido. Fernando Guzmán, en-
tre paréntesis, señaló que Stanley es Javier Stein. Tampoco atinó, el
visitador general fue José Luis Stein y no es sólo una confusión de
nombre. Sí existe Javier Stein, quien es hermano de José Luis. Javier
laboró en la PGR pero no durante mi periodo en ella. Así conocen
de bien Guzmán y sus abogados esta averiguación previa y así mues-
tran una vez más que su finalidad no es la aplicación de la ley, sino
la calumnia y alcanzar los objetivos que su grupo persigue en este
caso.
La glosa y el análisis de la declaración de Gutiérrez Rebollo se
encuentra en el libro mencionado en las pp. 391-396, las que solici-
to se tengan reproducidas en esta declaración.
Resalto:
a) Gutiérrez Rebollo dijo que realizaba esa declaración ‘‘por ha-
ber intervenido dos personas de absoluta solvencia moral y
(de) su completa confianza’’: Juan Sandoval I. y Alberto Cárde-
nas Jiménez.
b) El general afirmó que ese 24 de mayo dejó a las correspon-
dientes autoridades hacerse cargo del ‘‘asunto’’. En consecuen-
cia, se deduce que ya no intervino.
c) Sin embargo, también declaró que ocho días después de aquel
24 de mayo, formó un grupo de investigación con las autorida-
des del Estado de Jalisco, pero no con la PGR, aunque se le
informaba a esta institución.
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 39
d) El general confundió las personas y los hechos en su declara-
ción, al grado tal que quedó claro que sólo tiene conocimientos
muy generales e imprecisos de la investigación y de la averigua-
ción previa. Asimismo, mintió; como ejemplo se puede señalar
que expresó que después del 24 de mayo de 1993 sólo había
intervenido el teléfono de Pineda, y cuando la autoridad lo de-
tuvo en 1997, se le aseguraron otros casetes con diversas inter-
venciones telefónicas de esa época de 1993.
e) Todas las actuaciones ministeriales las realizó el correspondien-
te Ministerio Público. El ejército no usurpó ninguna función.
Esta afirmación está respaldada por la averiguación previa. La
colaboración que prestó le fue solicitada por el Ministerio Pú-
blico y este tipo de colaboración es frecuente, y cada día más,
en casos delicados. Si aparte, Gutiérrez Rebollo realizó alguna
otra actividad respecto al caso Posadas, incluso ilícitos, ello es
de su entera responsabilidad e independiente de la averigua-
ción previa del caso Posadas.
f) No entiendo por qué Guzmán ataca al ejército mexicano por
la colaboración que pudo haber prestado en el caso Posadas y
que pude precisar hasta que realicé el estudio que culminó
con el libro Asesinato de un cardenal. De 1993 a nuestros días esa
colaboración se ha incrementado en forma geométrica. Son
hechos públicos; en el anterior y en el actual gobiernos esta
colaboración ha alcanzado grados inimaginables en 1993. Al
respecto cabría sólo una pregunta al diputado Guzmán. ¿Ac-
tuó el ejército mexicano inconstitucional e ilegalmente en la
participación que tuvo en la detención de Benjamín Arellano
Félix en marzo de 2002?
La intención difamatoria y calumniosa de Guzmán hacia mi per-
sona es obvia y responde a que cuando expreso la verdad en el caso
Posadas, impido, cuando menos hasta ahora, que triunfe la tesis del
‘‘complot’’ en el caso Posadas, en el cual, el único complot que exis-
te es el que él, Sandoval, y sus abogados han organizado, y, ahora
con el apoyo de Lima Malvido, con la finalidad de probar ese su-
puesto ‘‘complot’’ en el caso Posadas.
3. La declaración del capitán Horacio Montenegro Ortiz se en-
cuentra glosada en el libro Asesinato de un cardenal, en las pp. 396-
40 ANEXO 1
399, mismas que solicito se den por reproducidas en esta declara-
ción.
Resalto:
a) No es cierto que la delegación PGR-Jalisco haya quedado acé-
fala en esos días, tal y como Guzmán afirmó.
b) Tampoco es cierto que yo haya acordado que esa zona militar
interviniera en las investigaciones. Dicha afirmación se contra-
dice con la declaración de Gutiérrez Rebollo de que única-
mente me vio el 24 de mayo de 1993 delante de un grupo de
gente y, que en el grupo de investigación que dice formó, no
participó la PGR, aunque le informaba a esta última. ¿Muy
atento? ¿o no?
c) Un Procurador General de la República no dialoga, menos so-
licita nada al comandante de una zona militar, mucho menos
a un oficial de menor rango. Un Procurador General de la Re-
pública, si se presenta el caso, sostiene comunicación con el
Secretario de la Defensa Nacional.
d) Guzmán se contradice con las falsas imputaciones que me rea-
liza; por una parte, sostiene que oculté evidencias y, por la otra,
sostiene que la investigación la realizó el ejército, no la PGR; lo
cual resulta ilógico y contradictorio y, desde luego, las dos afir-
maciones son falsas.
e) Quien examine las declaraciones ministeriales de Montenegro
Ortiz constatará las contradicciones en que incurrió, y su reac-
ción cuando supo que un ‘‘testigo’’ le imputó ser parte del
‘‘complot’’ que se organizó para asesinar a Posadas.
f) No está de más recordar que tanto Gutiérrez Rebollo como
Montenegro Ortiz fueron sentenciados en segunda instancia
por sus nexos con el narcotráfico.
VII. Guzmán se refiere en el número IV de su denuncia a que
ordené que un documento no obrara en las investigaciones de la
Policía Judicial Federal; afirmación que es totalmente falsa, jamás
en mi desempeño como servidor público ordené se transgrediera la
legalidad, por el contrario fui enfático de que ‘‘Nadie ni nada se en-
cuentra por encima de la ley’’. Guzmán cita una supuesta declara-
ción ministerial de marzo de 2001 del Sr. Eduardo Miguel Valle Es-
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 41
pinoza, supuesta declaración ministerial que no conozco y que, por
la referencia de Guzmán, no tendría nada que ver con el caso Posa-
das. Guzmán dice que ese testigo afirma que cuando se detuvo a ‘‘El
Amable’’, ‘‘encontró un manuscrito que entre otras cosas se indica-
ba ‘chino’ $1’000,000.00 dls’’, y que el suscrito ordenó al Sr. Valle
entregar ese manuscrito a León Aragón. Respecto a esta última afir-
mación de Guzmán, en caso de que la haya realizado el Sr. Valle,
manifiesto que de este último conservo una buena impresión, pero
jamás le dije tal expresión.
El entonces director de la PJF, Rodolfo León Aragón tiene el so-
brenombre de ‘‘chino’’. Entonces y ahora considero que tal alusión
en la libreta no constituye prueba jurídica alguna para poder esta-
blecer una relación entre él y ese documento, en virtud de que ese
sobrenombre es común en nuestro país; incluso en la averiguación
previa del caso Posadas, aparece un ‘‘chino’’ a quien se refiere un
testigo de oídas presentado por miembros del Grupo Jalisco, y na-
die, absolutamente nadie, ni ellos mismos, lo ha relacionado con
León Aragón.
Al desempeño de León Aragón durante los meses que fungió
como director de la PJF, mientras tuve la responsabilidad de Procu-
rador, me he referido en el libro Anatomía de perversidades, pp. 73-74,
páginas que solicito se tengan por reproducidas en esta declara-
ción.
Guzmán cita la declaración del capitán Horacio Montenegro Or-
tiz en el sentido de que León Aragón tenía relaciones con el narco-
tráfico. Como escribí en el libro mencionado en el párrafo anterior,
nunca conocí una prueba al respecto. Tampoco la Secretaría de la
Defensa Nacional me hizo ningún comentario.
Montenegro Ortiz, sin mencionar el nombre, se refiere al enfren-
tamiento entre narcotraficantes ocurrido en 1992 en la discoteque
Christine de Puerto Vallarta y al involucramiento del comandante Mon-
dragón con el narcotráfico. Esta última aseveración es cierta. Mondra-
gón fue detenido y entregado a la autoridad judicial durante mi pe-
riodo como Procurador, por lo que me enteré de este específico caso,
y, hasta donde puedo recordar, no apareció ninguna prueba que
relacionara a León Aragón con Mondragón.
VIII. Guzmán, en el número V de su denuncia, vuelve a citar a
Montenegro Ortiz quien, en una de sus declaraciones, dijo que de
42 ANEXO 1
todo el material asegurado, la zona militar guardaba una copia y el
original se entregaba a la PGR, que de la balacera del 3 de junio de
1993 encontró mucha documentación y cita entre los presentes al
agente Arenas.
A Stein, el suscrito y Chapa Bezanilla, el MPF les preguntó sobre
audiocasetes y a ello se refieren las pp. 328-330 del libro Asesinato de
un cardenal, que solicito se tengan por reproducidas en esta declara-
ción. Arenas declaró que no había escuchado los audiocasetes, que
había oído que no se referían a una averiguación previa, es decir,
indirectamente aceptó que no tenían vinculación con el caso Posa-
das. Además, si existieron, como expresó Montenegro, la zona mili-
tar conservó una copia, y se supone que todo ese material, fue en-
tregado a la PGR por esa zona militar en 1995. En consecuencia, en
caso de que hubiera existido, éste no es ni podía ser desconocido.
Stein, el suscrito y Chapa Bezanilla declararon que no conocie-
ron de la existencia de los audiocasetes a los cuales Guzmán se re-
fiere.
Guzmán declaró ministerialmente que: ‘‘según recuerdo, aparen-
temente (esos audiocasetes) fueron enviados al Centro de Investiga-
ción y Seguridad Nacional para su análisis’’. La confusión en que
aparentemente incurrió, aderezada con mala fe, es inmensa. Ese
Centro dependía y depende de la Secretaría de Gobernación. ¿En-
tonces, dónde quedó la intervención de la PGR, amén de que ese
material se encontraba físicamente en Guadalajara y no fue sino
hasta 1995 que se entregó a la PGR? Después Guzmán aclaró parte
de su confusión en este punto.
A mayor abundamiento, Fernando Guzmán, en un escrito del 11
de febrero de 2000, dirigido al entonces procurador Madrazo, y en
el que consideró que dicho escrito constituía su declaración, afirmó
que el ‘‘caso de audiocasetes ‘perdidos’ y que aparecieron después
de que usted (Jorge Madrazo) inició una averiguación previa por
ese hecho’’. Luego, los audiocasetes ‘‘perdidos’’ no estaban perdidos
y aparecieron (tomo LVI, pp. 312-316).
Ese mismo día, Guzmán rindió su declaración ministerial y ante
pregunta expresa, manifestó que respecto al punto doce de su escri-
to ‘‘tiene que ver con diversas pruebas, indicios o más de doscientas
cajas de anexos que para su localización, identificación y puesta en
conocimiento del Gobierno de Jalisco hubo diversas dificultades y
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 43
en algún caso la necesidad de abrir alguna averiguación como fue
informado por el mismo señor Procurador en la mesa del Grupo
Interinstitucional, pero deseo ratificar que ninguna prueba ha sido
negada para su desahogo por el señor Procurador’’.
De inmediato, el agente del Ministerio Público de la Federación
le precisó que ‘‘en su momento se enteró al compareciente (Fer-
nando Guzmán) de las razones por las cuales el material a que alude
en su punto número doce no habían sido agregadas a la indagatoria,
señalándose que se encontraban agregadas a otras averiguaciones
previas para las cuales también resultaban relevantes y que esta cir-
cunstancia dificultó su localización; también se hizo del conocimien-
to del compareciente que varios de los anexos que presentaron difi-
cultad para su localización, fueron agregados a otras indagatorias
por el licenciado Fernando Antonio Lozano Gracia, ya que fue du-
rante su administración que se recibieron los mismos, se le dejó cla-
ro al compareciente que no se encontraban extraviados dichos ane-
xos...’’. Guzmán pudo examinar cuanto quiso de esas 200 cajas de
anexos (tomo LVI, pp. 283-311), que también incluso se afirmó eran
240 cajas.
La pésima fe de Guzmán en su denuncia queda clara una vez más
y, de nuevo, otra más.
Esas 200 o 240 cajas de videos, audiocasetes y documentación
nunca las conocí ni las conozco, porque se encontraban físicamente
en Guadalajara y no tenían ni tienen relación con el caso Posadas.
Fue el Procurador Lozano Gracia quien ordenó ---- y bien ordena-
do---- que se agregaran a las averiguaciones previas que correspon-
dieran. Ese enorme material fue puesto a la pesquisa del Grupo Ja-
lisco, incluido Guzmán, por disposición del entonces procurador
Madrazo.
Guzmán cita un párrafo de la declaración ministerial de José Luis
Stein respecto a documentación que le entregó el general Gutiérrez
Rebollo y que ‘‘esa documentación contenía datos y nombres de
personas que pudieran estar relacionadas con actividades de narco-
tráfico...’’. O sea, no estaba relacionada con el caso del asesinato de
Posadas. Guzmán no transcribió el texto que seguía en esa declara-
ción: que el testigo ‘‘nunca tuvo conocimiento del contenido de di-
cha documentación, pero que sí recuerda que la misma consistió
44 ANEXO 1
exclusivamente en algunos papeles, hojas chicas y un cuadernillo
tipo agenda’’.
Guzmán no transcribió la declaración de Stein en la parte en la
que enfáticamente afirmó que una de sus misiones fue que todo
aquello que tuviera relación con el homicidio de Posadas, se agrega-
ra a la averiguación previa y que así se hizo (tomo LIII, pp. 105-
114).
IX. Guzmán afirma que el Lic. José Luis Ramos Rivera no orde-
nó que Enrique Harari Garduño rindiera declaración ministerial,
ni que se le abriera averiguación previa.
Respecto a Harari lo que conozco es que a finales de 1999 y en
noviembre de 2000 rindió tres declaraciones ministeriales ---- una de
ellas es una ampliación---- y en las mismas no se aportó dato alguno
que hubiera podido auxiliar en la investigación del caso Posadas.
Lo que sí resulta interesante es el manejo que se realizó de esas de-
claraciones, a lo cual me refiero en el libro Asesinato de un cardenal
pp. 462-463, páginas que solicito se tengan por reproducidas en esta
declaración. Se volvió a saber de Harari cuando el grupo Jalisco en
mayo de 2001 lo presentó como una de las pruebas nuevas ---- lo
cual muestra de nueva cuenta su pésima fe---- , que existían para re-
abrir el caso Posadas, y el 28 de junio de 2002, cuando Guzmán pre-
sentó escrito ante la PGR para que se profundizaran aspectos de la
investigación ---- petición a la cual se adhirió Sandoval---- y volvió a
pedir que Harari declarara, sin referirse a que ya lo había realizado
en tres ocasiones anteriores.
X. En el punto VII de su denuncia, Guzmán afirma que se mani-
puló la declaración de ‘‘El Nahual’’, la que se aprecia en el video
respectivo. Dicha declaración fue realizada el 21 de mayo de 1996,
siendo Procurador el Lic. Antonio Lozano Gracia.
Puedo afirmar, aunque es un hecho ajeno a mi periodo en la
PGR, que Guzmán miente una vez más, y lo sé por el estudio que
realicé como académico de la averiguación previa correspondiente,
y que se plasma en el libro Asesinato de un cardenal. A la declaración
de ‘‘El Nahual’’ me refiero en las pp. 213-216, mismas que solicito se
tengan por reproducidas en la presente declaración.
DECLARACIÓN DE JORGE CARPIZO 45
Por lo antes expuesto;
A ESA H. REPRESENTACIÓN SOCIAL, atentamente pido se sirva:
PRIMERO: Tenerme por presentado en los términos del presente
escrito, rindiendo mi declaración ministerial, en relación a los he-
chos que falsamente se me imputan en la presente indagatoria.
SEGUNDO: Solicito que en relación a lo señalado en las páginas 4,
5 y 16 del presente escrito, se tenga por presentada denuncia de he-
chos en contra del Lic. Fernando Guzmán Pérez Peláez, señalándo-
me día y hora para la ratificación de la misma en los términos lega-
les correspondientes.
JORGE CARPIZO MAC GREGOR
México, D. F., a 24 de enero de 2003.
ANEXO 2
RATIFICACIÓN DE MI DENUNCIA DE HECHOS
CONTRA MIEMBROS DEL MAL LLAMADO GRUPO JALISCO
C. PROCURADOR GENERAL DE LA REPÚBLICA
P r e s e n t e.
JORGE C ARPIZO MAC GREGOR , por mi propio derecho, ante Usted,
con el debido respeto comparezco y expongo:
I. Señalo como domicilio para oír y recibir todo tipo de notifica-
ciones el ubicado en Avenida José María Rico, Número 102, Despa-
cho 501, Colonia Del Valle; Delegación Benito Juárez, C. P. 03100,
en México, Distrito Federal.
II. Autorizo para oír y recibir todo tipo de notificaciones al Doc-
tor en Derecho ÓSCAR CARPIZO TRUEBA y al licenciado ERASMO LÓ-
PEZ CONTRERAS, así como para que recojan toda clase de documen-
tos a mi nombre e interpongan los recursos que procedan.
III. El 25 de abril de 2002 presenté en esa H. Procuraduría Gene-
ral de la República, con los fundamentos constitucionales corres-
pondientes, una solicitud para que se realice una investigación pro-
funda y amplia respecto de los hechos que denuncio en el libro
Asesinato de un cardenal. Ganancia de pescadores. En esa solicitud asen-
té que en caso de ser necesario como requisito de procedibilidad la
querella de parte agraviada, que la misma se tuviera por presentada
en ese acto en contra del ARZOBISPO JUAN SANDOVAL ÍÑIGUEZ, LIC.
FERNANDO ANTONIO GUZMÁN PÉREZ PELÁEZ, LIC. MARÍA DE LA LUZ
LIMA MALVIDO, LIC. JOSÉ ANTONIO ORTEGA SÁNCHEZ, LIC. JESÚS BECE-
RRA PEDROTE y/o quien resulte responsable.
Asimismo, entregué a esa Institución un ejemplar del libro men-
cionado. Adjunto copia fotostática de dicha solicitud-denuncia, de-
47
48 ANEXO 2
bidamente sellada de recibida el día mencionado por la PGR (ane-
xo 1).
IV. Aunque no he sido citado por esa Institución para ratificar
dicha denuncia-solicitud de investigación, me presento voluntaria-
mente, a través de este documento, a RATIFICAR la denuncia que
presenté el 25 de abril de 2002, en todas y cada una de sus partes,
fundamentos y motivaciones, y le manifiesto mi disposición y la de
mis abogados de comparecer ante esa Institución social cuantas ve-
ces seamos requeridos.
V. Vengo a ampliar mi denuncia y a precisar los hechos que esti-
mo como probablemente constitutivos de delitos, competencia de
esa H. Procuraduría General de la República, en los siguientes tér-
minos:
1. De la Averiguación Previa A.P. SE/001/95 de esa H. Procura-
duría General de la República, se desprende que diversos indivi-
duos, entre ellos los mencionados en la denuncia que presenté y
que de nuevo he mencionado en este documento, así como varios
de sus testigos, entre otros, han tenido probablemente la intención
dolosa de desviar la mencionada investigación, porque han incurrido
reiteradamente en conductas que obstruyen o desvían la investiga-
ción. No una ni dos veces, sino en múltiples ocasiones y en forma
sucesiva, presentaron testigos que era obvio que padecían trastornos
mentales, que sus dichos eran mentiras y fantasías, que a algunos
de esos testigos les hicieron ofrecimientos y les otorgaron recursos
económicos y que indujeron a varios de sus testigos en sus declara-
ciones.
Resulta, entonces, que se encuentra un parámetro reiterativo de
conductas con la finalidad de obstruir la correcta investigación mi-
nisterial y orientarla a sus específicas finalidades o a las ‘‘conclusio-
nes’’ que persiguen o les benefician. En forma general, me refiero a
estas situaciones en las páginas 436-440 del libro Asesinato de un car-
denal. Ganancia de pescadores, que escribí con el Lic. Julián Andrade,
páginas que solicito se tengan por reproducidas en este escrito. A
continuación, siempre que cite páginas, me estoy refiriendo a ese
libro.
Ahora, paso a especificar los hechos contenidos en la Averiguación Pre-
via A.P. SE/001/95 y otros narrados en el libro mencionado y que probable-
RATIFICACIÓN DE DENUNCIA CONTRA EL GRUPO JALISCO 49
mente pueden constituir delitos; hechos que responden al parámetro
reiterativo de conductas al cual ya me referí.
2. Los denunciados, en diversas ocasiones, manifestaron que te-
nían pruebas, incluso contundentes, de que el asesinato del carde-
nal Posadas había sido producto de un ‘‘complot’’, y durante 5 años
no presentaron ninguna; páginas 166-171, 420-421.
3. Los denunciados ofrecieron y otorgaron dinero, bienes y bene-
ficios a varios de los testigos que presentaron; páginas 281, 298-299,
361-362, 374-375, 382-384. En las notas de esas páginas se especifi-
can en qué tomo y fojas de la A.P./SE/001/95 se encuentran los
fundamentos de los hechos narrados; situación similar acontece
con todas las páginas citadas del libro mencionado en este docu-
mento. Reitero, la gran mayoría de los hechos denunciados se en-
cuentran en la mencionada Averiguación Previa que esa PGR deci-
dió hacer pública.
4. Los denunciados probablemente han organizado un ‘‘com-
plot’’ para probar un supuesto complot en el asesinato del cardenal
Posadas. Con ese objetivo presentaron a testigos con trastornos men-
tales, paranoicos, que sufren paranoia alcohólica, alucinaciones y
comprensión deficiente. Era fácilmente apreciable que esos testigos
sufrían alguna alteración mental; páginas 260-261, 268, 434-436.
5. Los denunciados probablemente indujeron las declaraciones
de varios de sus testigos; páginas 268-269, 279-280, 282-283, 288-289,
300-301, 320-322, 392-396.
6. Varios de los testigos de los denunciados, mintieron y ellos mis-
mos ---- los individuos a quienes expresamente denuncio---- , también
mintieron, incluso las hipótesis sostenidas por esos testigos son ob-
viamente contradictorias entre sí; páginas 264, 267, 286, 296-297,
298, 355-356, 359-362, 363-368 y 370, 375-381, 384-386, 387-388,
417-418, 424, 453-460.
No es posible que los testigos que mintieron ministerialmente go-
cen de impunidad, porque con esa actitud se propician declaracio-
nes no veraces. A todos y cada uno de esos testigos se les debe apli-
car la ley por la comisión de probables delitos.
7. Los denunciados presentaron testigos de oídas; como ejemplos
señalo las páginas 270-273, 290-291, 401-403.
50 ANEXO 2
8. Los denunciados actuaron probablemente usurpando funcio-
nes, como agentes del Ministerio Público de la Federación, incluso
a espaldas de la PGR; páginas 284-285.
9. Los denunciados, probablemente uno de ellos o varios, filtra-
ron documentos contenidos en la averiguación previa antes de que
ésta se diera a conocer públicamente. A este respecto la H. Procura-
duría General de Justicia del Distrito Federal inició la averiguación
previa 50/966/99-07; páginas 336, 368-372.
10. El arzobispo Juan Sandoval I. posiblemente ha mentido res-
pecto a la averiguación previa del asesinato del cardenal Posadas, ac-
titud con la cual probablemente ha entorpecido su desarrollo y ha
causado confusión en la opinión pública; páginas 352-353, 507-509.
11. La subprocuradora María de la Luz Lima Malvido ha actuado
en la averiguación A.P. SE/001/95 con parcialidad y existiendo de
su parte conflicto de intereses; páginas 505-506, además de entorpe-
cer la procuración de justicia.
Debe tenerse en cuenta que un periódico de prestigio informó
que el retiro de la reserva del expediente Posadas se negoció entre
Adolfo Aguilar Zinzer, cuando fungía como Consejero de Seguri-
dad Nacional de México, y la Dra. Lima Malvido, Juan Sandoval y
Fernando Guzmán (Reforma del 24 de mayo de 2002).
Durante un año la subprocuradora Lima Malvido engañó a la so-
ciedad, y probablemente a sus superiores, manifestando que se esta-
ba contemplando la posibilidad de retirar de la reserva la averigua-
ción previa multicitada. El 24 de mayo de 2002 informó que ésta se
había retirado desde el 12 de junio de 2001. Pareciera ser que di-
cho retiro de la reserva fue tan secreto que incluso no era del cono-
cimiento ni del Procurador General de la República, el Lic. Rafael
Macedo de la Concha, ya que el 10 de abril de este año, 2002, decla-
ró, en relación a una sentencia absolutoria dictada a Benjamín Are-
llano, que en ese caso la revisión de las diferencias entre la PGR y el
Poder Judicial..., no significaba que se tuviera que reabrir el caso
Posadas que se encontraba en reserva, al considerar que no existían
nuevos elementos. Agregó y cito textualmente: ‘‘Esto no implica re-
apertura, implica revisión, implica seriedad y responsabilidad; tene-
mos que trabajar en ello y, bueno, también he ordenado que si hay
nuevos elementos procedamos en consecuencia’’ (Milenio Diario,
RATIFICACIÓN DE DENUNCIA CONTRA EL GRUPO JALISCO 51
11 de abril de 2002). Esta declaración la realizó el Procurador General
de la República 10 meses después de que la subprocuradora Lima
Malvido ya había retirado de la reserva dicha averiguación previa, lo
cual permitió o ha permitido que la subprocuradora actúe como
juez y parte, en compañía de Juan Sandoval, Fernando Guzmán y
sus abogados, en dicha investigación.
12. Ese 24 de mayo de 2002, el verdadero informe de la PGR no
lo rindió la subprocuradora Lima Malvido, únicamente hay que
consultar los medios de comunicación: los argumentos y mentiras
más importantes las declararon, como si fueran funcionarios de la
PGR, Sandoval, Guzmán y Ortega Sánchez, lo cual probablemente
es constitutivo de delito, aunado al hecho de que Fernando Anto-
nio Guzmán Pérez Peláez declaró a los medios de comunicación
que las nuevas diligencias practicadas en esa Averiguación Previa las
había informado a un Estado extranjero (periódico Excélsior de los
días 13 y 20 de junio de 2002, p. 4 en ambos casos), con lo cual se
violó la reserva de las actuaciones, ordenada en el artículo 16 del
Código Federal de Procedimientos Penales. Todos ellos, en unión
de la subprocuradora, integran un grupo, lo que se prueba, entre
otros, con estos hechos descritos.
Por lo antes expuesto:
A Usted C. Procurador General de la República, respetuosamente
solicito:
PRIMERO: Tenerme por presentado en este ocurso, ratificando,
ampliando y precisando la denuncia de hechos y/o la querella que
han quedado referidos, y que presenté ante esa representación so-
cial el 25 de abril de 2002.
SEGUNDO: Previos los trámites de ley, ordenar se practiquen y
perfeccionen las pruebas para el esclarecimiento de los hechos de-
nunciados, así como las demás diligencias que se juzguen necesa-
rias.
TERCERO : Se tenga por acreditado el carácter de coadyuvante del
Ministerio Público Federal para el suscrito, así como para mis repre-
sentantes, a quienes señalé en el proemio del presente escrito.
52 ANEXO 2
CUARTO:En su oportunidad, ejercitar la acción penal en contra
del arzobispo Juan Sandoval Íñiguez, Lic. Fernando Antonio Guz-
mán Pérez Peláez, Lic. María de la Luz Lima Malvido, Lic. José An-
tonio Ortega Sánchez, Lic. Jesús Becerra Pedrote y/o quien o quie-
nes resulten responsables de los hechos reseñados en este escrito.
DR. JORGE CARPIZO MAC GREGOR
México, D. F., a 24 de enero de 2003.
ANEXO 3
INTERVENCIONES EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO
ASESINATO DE UN CARDENAL. GANANCIA DE PESCADORES
I. LUIS DE LA BARREDA SOLÓRZANO
El arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, apoyado por el
denominado Grupo Jalisco ---- comisión especial del Congreso tapa-
tío, encabezado por el diputado Fernando Guzmán, para el segui -
miento del caso---- , asegura que tiene la certeza moral de que el
cardenal Posadas fue asesinado el 24 de mayo de 1993, en el esta-
cionamiento del aeropuerto de la Perla Tapatía, a donde había acu-
dido a recoger al nuncio apostólico Prigione, en virtud de un com-
plot, y durante nueve años así lo ha dicho Sandoval en todos los tonos
y en todos los foros, y mucha gente, alentada por los grandes espa-
cios que a esa hipótesis han concedido muchos medios de comuni-
cación, ha estado dispuesta a creerle, porque en México cualquier
homicidio de un personaje relevante se atribuye en el imaginario
popular a una conspiración. Si las sucesivas autoridades encargadas
de investigar el crimen no han llegado a esa conclusión, ello se
debe a su afán de ocultar la verdad. Muy bien, pero esa certeza mo-
ral ¿en qué pruebas se apoya? Porque está bien que el arzobispo
tenga sus certezas morales, pero en materia de procuración y admi-
nistración de justicia se requieren elementos probatorios que apo-
yen las hipótesis. ¿Qué pruebas hay del complot?, ¿quién fue el au-
tor intelectual?, ¿quiénes los autores materiales?, ¿cuál fue el móvil?,
¿por qué?, ¿para qué asesinar al cardenal?, ¿quién se benefició con
su muerte? Han circulado numerosas hipótesis sobre los motivos
del complot: el cardenal fue victimado por su posible vinculación
con el narcotráfico; el asesinato fue planeado, ordenado y perpetra-
do por móviles políticos; el crimen fue ordenado y ejecutado por
intrigas y pugnas de poder; el homicidio fue una venganza por los
53
54 ANEXO 3
logros obtenidos por la Iglesia Católica en los últimos años, tales
como el nuevo régimen constitucional de la relación con el Estado
y la beatificación de veinticinco mártires de la guerra cristera; el car-
denal fue victimado por grupos de poder que perseguían desestabi-
lizar al Estado mexicano; Posadas fue víctima de mafias internacio-
nales para culpar a los cárteles mexicanos que invadían su mercado
en Estados Unidos y así debilitarlos. Y la versión más espectacular: el
cardenal llevaba al aeropuerto un portafolios con documentos que
probaban los nexos con el narcotráfico de altos funcionarios mexi-
canos, entre ellos nada menos que el presidente Carlos Salinas y su
hermano Raúl. No resisto la tentación de comentar algo respecto
de esta última tesis: ¿no era absurdo andar cargando ese portafolios
con documentos tan importantes cuando lo que indicaba el sentido
común era no sacarlos de casa sino, al calor y la seguridad del hogar
mostrárselos a Prigione si eso era lo que quería el cardenal?
Lo cierto es que está comprobado que el homicidio se produjo
durante un tiroteo entre las bandas de narcotraficantes rivales de
los Arellano Félix y ‘‘El Chapo’’ Guzmán. De inmediato surge la pre-
gunta: si el cardenal fue asesinado por un complot, ¿por qué tenían
que encontrarse en el puerto aéreo tapatío dos bandas rivales y tiro-
tearse?, ¿cómo fue que se encontraron? ¡Ah! Fueron convocadas a
ese lugar, nunca se dice por quién, y así, en el caos de la tupida
balacera, un tercer grupo aprovechó el momento para llevar a cabo
el objetivo. ¿Cómo?, ¿quién logró convocar a las dos bandas?, ¿por
qué? ¿No hubiera sido más fácil, mucho más fácil, matar al carde-
nal, que no llevaba escolta, sin que se produjera ese tiroteo?
No sólo murió el cardenal esa tarde en la terminal aérea de la
Perla de Occidente. Se asesinó también a su chofer y a seis personas
más, entre ellas a dos pistoleros ---- ‘‘El Pichui’’ Beltrán y Miguel Bel-
trán---- de ‘‘El Chapo’’ Guzmán, que salvó la vida eludiendo los tiros
dirigidos a él, para lo cual se dejó caer al suelo, se escondió tras los
vehículos y rodó en el estacionamiento hasta introducirse en el in-
mueble del aeropuerto. Una señora, alcanzada mortalmente por las
balas, le cayó encima. ‘‘El Chapo’’ iba a tomar un avión a Puerto Va-
llarta, como él mismo lo narró al ser detenido, y había comprado el
pasaje ese mismo día en el hotel Holiday Inn. Él era el objetivo de
los balazos. Él y los miembros de su banda que lo acompañaban. ‘‘El
Chapo’’ había sido propietario de un automóvil Grand Marquís blan-
INTERVENCIONES EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO 55
co, como el vehículo en el que el cardenal llegó al aeropuerto. Se le
disparó al cardenal porque iba en un Grand Marquís blanco. En
esas acciones, los pistoleros, con la adrenalina por las nubes y con
armas que disparan 600 tiros por minuto, no suelen tener la delica-
deza de pedir identificación con fotografía a los sujetos a quienes
disparan no sólo porque no siempre son individuos respetuosos de
la urbanidad y las buenas costumbres, sino porque saben que se es-
tán jugando la vida, la cual puede depender de la velocidad con la
que accionen el gatillo. Detenidos, ‘‘El Paisa’’, ‘‘El Gory’’, ‘‘El Spuki’’
y ‘‘El Puma’’, entre otros, todos ellos chicos de los Arellano Félix,
declararon que viajaron a Guadalajara con la finalidad de asesinar a
‘‘El Chapo’’. Hay una confesión aún más importante. Se logró dete-
ner al mismísimo autor material del homicidio del cardenal. Se tra-
ta de Edgar Nicolás Mariscal Rábago, ‘‘El Negro’’, quien tanto ante
el Ministerio Público como ante el juez de la causa dijo que disparó
contra el cardenal en la creencia de que lo hacía contra un miem-
bro de la banda de ‘‘El Chapo’’. Cito textualmente su declaración:
...al ver en el interior del estacionamiento sobre el carril de circula-
ción paralelo al arroyo circundante un vehículo Grand Marquís de
color blanco y de modelo reciente, que coincidía con las característi-
cas del automóvil que usaba Joaquín Guzmán Loera (a) ‘‘El Chapo’’
Guzmán según se nos había informado y por tal motivo de inmediato
se acercó al marquís ‘‘El Güero Jaibo’’ y con su arma larga que llevaba
consigo al igual que el declarante le efectuamos disparos a los ocu-
pantes de tal vehículo, percatándonos que la persona que iba sentada
en la parte frontal derecha vestía de color negro e intentaba descen-
der de su vehículo, lo cual fue impedido por los disparos que en ráfa-
ga le hice... Enterándome posteriormente que la persona contra la
cual había disparado era el cardenal de Guadalajara, Juan Jesús Posa-
das Ocampo, cuyo vehículo confundimos con el usado por ‘‘El Cha-
po’’ Guzmán.
Es decir, se disparó contra Posadas porque se confundió el vehícu-
lo. Lo prueban así esa confesión del autor material del homicidio y
múltiples testimonios apoyados por diversos elementos probatorios;
pero todas estas probanzas no han erosionado la certeza moral del
arzobispo. Penalistas de altísima calidad profesional y humana,
como Olga Islas, Jesús Zamora Pierce, Ricardo Franco Guzmán y
56 ANEXO 3
Rafael Márquez Piñero, así como el eminente constitucionalista
Héctor Fix-Zamudio, han señalado que a esa conclusión conduce la
lectura del expediente. El arzobispo ha dicho que él no lo ha leído.
No hay peor ciego, dice el refrán popular, que el que no quiere ver.
Si no ha leído la averiguación previa, ¿de dónde proviene la certeza
del arzobispo? ¿Es intuición, iluminación, soplo divino por tratarse de
un hombre dedicado a Dios? Monseñor Sergio Obeso, presidente
de la Conferencia Episcopal Mexicana, manifestó que estaba satisfe-
cho con la investigación. Lo mismo expresaron reiteradamente, con
sólidos argumentos, los dos obispos juristas que revisaron exhausti-
vamente el expediente: los obispos Reynoso y Fernández Arteaga.
Benjamín Arellano Félix aseveró que era imposible que él hubie-
ra estado en el aeropuerto tapatío el día del homicidio, 24 de mayo
de 1993, porque ese día se encontraba en Tijuana con su esposa
apadrinando un bautizo, versión confirmada por el sacerdote Ge -
rardo Montaño, quien mostró copia del acta de ese bautizo. No fue
difícil comprobar que tal acta estaba alterada. El libro de bautizos
que se había enseñado a la Procuraduría no era el original, sino un
segundo libro en el cual se había copiado la información. Debajo
de la fecha del 24 ---- de mayo de 1993---- se encuentra el número 16.
La fecha original había sido alterada. Es interesante señalar que el
seminario de Tijuana es atípico por el lujo de sus instalaciones, y
que el cura Montaño, desde su juventud de seminarista, entabló
amistad con los Arellano Félix. Fue precisamente Montaño quien
gestionó las entrevistas de éstos con el nuncio apostólico Prigione.
Volvamos a la certeza moral del arzobispo Sandoval. La Procura-
duría General de la República le pidió pruebas, pues no podía ar-
mar una hipótesis en la que señalara como sustento solamente tal
certeza. Entonces sucedió lo inesperado, una auténtica vuelta de
tuerca: el arzobispo dijo que tenía las pruebas, y que eran contun-
dentes. Contundente, dice María Moliner en su Diccionario de uso del
español, significa categórico, concluyente, decisivo, tan convincente
que no deja lugar a ser discutido. Expectación, suspenso, emoción
suprema, el país en vilo. Una película de Alfred Hitchcock irrum-
piendo en la realidad mexicana. La Procuraduría quedaría exhibi-
da. Se comprobaría la hipótesis del complot. La persistencia de San-
doval quizá llegara a ameritar su canonización. El 28 de julio de
INTERVENCIONES EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO 57
1994, Jorge Carpizo, entonces secretario de Gobernación y procura-
dor general de la República en el momento del crimen, comió con
los más altos jerarcas de la Iglesia Católica, incluido Sandoval, a
quien preguntó cuáles eras esas pruebas. La respuesta lo dejó estu-
pefacto. El arzobispo enumeró las siguientes: un video con diversos
aspectos de la vida del cardenal Posadas; el dicho de una persona, a
la que nunca identificó, de que había visto días antes del homicidio
a un individuo en actitud sospechosa cerca de la casa del cardenal;
la posibilidad de que el teléfono de la casa de Posadas haya estado
intervenido y así se hayan enterado de que él iría al aeropuerto; el
dicho de una señora ---- a la que tampoco identificó---- que le dijo
que su esposo era policía judicial y que el día del homicidio fue cita-
do con urgencia a las 6:00 horas para una reunión, y los testimonios
de dos personas, cuyos nombres no podía revelar porque tenían
mucho miedo, que estaban en el aeropuerto ese 24 de mayo a la
hora del asesinato y oyeron voces diciendo ‘‘ahí viene el señor’’. Mu-
cho tiempo después, Sandoval dijo que después de oírlo, Carpizo se
levantó furioso y comenzó a gritarle y amenazarlo con meterlo a la
cárcel. Es extraño que los jerarcas eclesiásticos allí presentes no ha-
yan denunciado en su momento la amenaza. Pero, más allá de esa
anécdota, lo importante era que el cardenal no tenía una sola prue-
ba. No obstante, Sandoval no claudicó. Mucho después anunció
una vez más que tenía pruebas definitivas: un videocasete y testimo-
nios. ¡Oh, nueva decepción! Las tomas del video, que ya estaba
agregado al expediente, se habían filmado después de la balacera, y
los testigos eran de oídas, de corazonadas, sus relatos eran inverosí-
miles por incongruentes o contradictorios, algunos de ellos fueron
diagnosticados con trastornos mentales o contaban con anteceden-
tes penales de delitos graves. En el expediente consta que recibie-
ron alguna ayuda económica por parte del cardenal. Sandoval no se
dio por vencido. Otra vez dejó pasar un buen tiempo, al cabo del
cual protagonizó un episodio digno de Ripley. Viajó a El Vaticano y
a su regreso manifestó que había dejado en la sede papal las prue-
bas irrefutables del complot. Expectación delirante en los sectores
sociales que querían ver comprobada la hipótesis de la confabula-
ción. La Procuraduría le solicitó al arzobispo que entregara ese ma-
terial probatorio. También lo pidió a El Vaticano. Al fin Sandoval
hizo la entrega: se trataba de nueve discos compactos. ¿La caja de
58 ANEXO 3
Pandora? No. Nueva decepción: aunque usted no lo crea, los nueve
discos contenían los 16 tomos de la investigación de la Procuradu-
ría. En otras palabras: el arzobispo entregó a la Procuraduría exac-
tamente el contenido de las diligencias que ésta había llevado a
cabo. Este capítulo le hubiera gustado a Breton, que estaba conven-
cido de que México es un país tan impregnado de surrealismo que
aquí Kafka sería un autor costumbrista.
De todo esto, amigos lectores, y de muchas cosas más, podrán en-
terarse con la lectura de Asesinato de un cardenal de Jorge Carpizo y
Julián Andrade.
II. JESÚS BLANCORNELAS
El licenciado Mario Ruiz Massieu me recibió en la Procuraduría
General de la República. Y camino al comedor, muy atento, co-
mentó haber recibido una llamada del maestro Jorge Carpizo. ‘‘Po-
siblemente se tarde un poco. Tal vez no venga. Pero para empezar
podemos tomar un café y esperarlo un rato’’. Si no, me dijo, las ins -
trucciones del procurador fueron acompañarme a desayunar.
Era el 25 de mayo de 1993. Desde un día antes, cuando me ente-
ré del asesinato del señor cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo,
pensé: ‘‘Seguramente el doctor Carpizo estará muy ocupado’’ y su-
puse: de un momento a otro me llamarán para suspender el desayu-
no programado. Pero no. Pasó toda la tarde y nunca llegó el aviso
de cancelación al hotel donde estaba en la ciudad de México.
De eso precisamente empecé a platicar con Ruiz Massieu y, natu-
ralmente, sobre el asesinato. Fue lógica la pregunta de Mario: ‘‘¿Y
usted quien cree que fue, don Jesús?’’. A esa agregó otras: algo so-
bre el fuego cruzado. También de la confusión. El enfrentamiento
de los cárteles y la fuga de ‘‘El Chapo’’.
A punto de iniciar el desayuno se presentó el maestro Carpizo.
Sin atropello, prisa ni titubeo. Tras los ‘‘buenos días’’, la disculpa
por la tardanza. Ocupó el asiento de cabecera, puso la punta del
blanco mantel entre su anudada camisa y el cuello. Ni siquiera me
dio oportunidad a preguntarle cuando le escuché: ‘‘Estuve hasta las
cinco de la mañana en Los Pinos con el señor presidente’’. Con su
énfasis peculiar detalló el inicio de aquel histórico evento.
INTERVENCIONES EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO 59
Tuve entonces la dicha de la primicia en labios del procurador:
se encontraron en el aeropuerto de Guadalajara los pistoleros de
Arellano Félix y la gente de ‘‘El Chapo’’. Confundieron el carro del
cardenal con el de la esposa de Joaquín Guzmán Loera y mataron al
religioso.
Fue aquel momento de mi carrera, uno de los más notables. Me
imaginé cuántos periodistas quisieran estar hablando con el procu-
rador. O qué tantos no desearían estar allí en ese desayuno para
escucharle.
Los datos del maestro Carpizo coincidieron con los de mi compa-
ñero editor Héctor Javier González Delgado. Ahora sí que volando
se fue de Tijuana a Guadalajara cuando supo la tragedia. Reporteó
intensamente. Durante la tarde y noche del 24 de mayo estuvimos
hablando por teléfono.
Estoy seguro. Ni el procurador ni yo, y menos Mario, pensamos
aquella mañana que el doctor Carpizo escribiría un libro y se publi-
caría nueve años después. Y que antes de salir a la venta provocaría
comentarios, disgustos, aceptación, rechazo, denuncias penales, liti-
gios en la prensa, pero por sobre todas las cosas y lo que más desea
un autor: el interés por leer su obra. Creo sinceramente que este
nuevo libro será comprado más que reuniendo todos los que ha es-
crito Carpizo, ahora con la coautoría atinada de Julián Andrade.
Me consta el celo, el empeño, la insistencia hasta la terquedad
que uno y otro pusieron para escribir. Es, sin discusión, un excelen-
te trabajo. Abunda en investigación. Desemboca en pruebas. Con-
duce a realidades. Detalla los ángulos legales. No descuida los hu-
manos. Tiene pasión por aclarar la verdad. No esconden los autores
su acción por desbaratar alegatos y decires del cardenal don Juan
Sandoval Íñiguez. No con un afán perverso, que así lo siento, sino
con el tono de réplica que a veces obliga a la ironía. Describen con
innegable fidelidad todas y cada una de las hipótesis alrededor del
asesinato. Sin faltar, claro está, la del narcotráfico. Es una de las más
estremecedoras.
He sentido en carne propia la reacción. El vituperio. La condena
y puyas malsanas. Cuando escribí con mis compañeros editores un
libro sobre el asesinato de Luis Donaldo Colosio, demostramos con
pruebas y hechos que solamente hubo un tirador solitario. Han pa-
sado cuatro años y medio. Nadie ha podido demostrar lo contrario.
60 ANEXO 3
Por eso ahora sé lo que experimentan Carpizo y Andrade. Muchos
años de mi vida han sido de investigación periodística. Y al leer Ase-
sinato de un cardenal, lo considero un testimonio que no me deja
dudas.
Soy católico pero no fanático. Le doy gracias a Dios porque dos
mexicanos se empeñan en mostrar la verdad terrenal. La justicia di-
vina en su momento pondrá a cada quien en su lugar.
A los autores mi reconocimiento. No les hace falta defensa. Les
sobra solidaridad. Vayan desde Tijuana hasta la ciudad de México
mis disculpas por no estar presente como quisiera.
III. JULIÁN ANDRADE
La verdad en la historia no siempre es popular. La imaginación
se despierta y derrama ante lo inaudito. Los magnicidios, acaso por
ello, deambulan como fantasmas dolientes en la vida pública. Sólo
las buenas historias pueden conjurar estos espectros. La lógica en el
relato, abarcando cada una de sus posibilidades, nos acercan al ca-
mino de la verdad, la que no puede ser ni un acto de fe ni un ple-
biscito ciudadano.
Los grandes crímenes requieren de la aproximación y la refle-
xión, en una búsqueda constante. El de Posadas Ocampo, un prín-
cipe de la Iglesia, no podía ser distinto. La aventura de narrarlo era
desde el principio tan gratificante como peligrosa.
Dice Timothy Garton Ash que hay documentos que son veneno
puro, que uno no puede ser el mismo después de acercarse a ellos,
de leerlos, de estudiarlos. Siaccia, por su parte, sostiene que hay fre-
cuencias del poder que no pueden conocerse de modo impune.
Ambos supuestos caben en el trabajo que ahora presentamos.
Sabíamos, también, que la obra tenía que ser como una piedra
de granito que resistiera los ataques y la falsedad. La mentira es la
segunda piel de quienes propagaron y propagan la teoría del com-
plot.
Ignoro lo que vendrá en los próximos días, pero estoy convenci-
do de que nuestro libro será un buen referente para quien no quie-
ra ser engañado.
INTERVENCIONES EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO 61
No se me escapa que estamos en un momento en que la moral y
los valores se encuentran de cabeza; que los corruptos avanzan y la
gente lo festeja. La mentira, por momentos, se apoderará del pano-
rama político, pero la verdad terminará por imponerse. La historia
se olvida y eso en el mejor de los casos, ya que en muchos lugares y
espacios ni siquiera se conoce.
Recordemos, con Goethe, que el mal se sirve de muchos disfraces
y de diversos hechizos, entre ellos la música suave, flores radiantes,
túnicas doradas y fantásticos juegos, por ello, después de indagar en
el caso Posadas, ya nada puede ser igual. La vida se ve desde otra
perspectiva, aunque sé, de antemano, que el viento que sopla tam-
bién puede ser de esperanza.
Asesinato de un cardenal es también una visita a cada uno de los
recovecos de una investigación de largo aliento. Cerca de 30 mil fo-
jas integran el expediente, lo que da una idea de la extensión de las
indagatorias, pero también de los delirios que las acompañaron.
Dieciséis hipótesis sobre un complot que nunca existió, dejaron la
huella de un México profundo, donde las sombras y los intereses se
conjuntaron para crear una gran cortina de confusión. En las aguas
del río revuelto pocos son los que quieren conocer lo que en ver-
dad pasó.
Ante este panorama, ¿tenía sentido acometer semejante empre-
sa? Por supuesto que sí, porque la verdad y la inteligencia termina-
rán por imponerse. Porque la gente tiene el derecho de conocer lo
que en realidad ocurrió en el aeropuerto de Guadalajara durante
aquella jornada de mala memoria.
México no tiene que ser un lugar de expedientes abiertos, de ave-
riguaciones que duren sexenios, que se quiten y se pongan a capri-
cho del grupo gobernante. La justicia no puede funcionar así. Tam-
poco podemos estar sujetos a la volubilidad de la opinión pública,
manipulada, muchas veces, por las venganzas que se orquestan en
los pasillos del poder.
Los últimos dos años fueron para mí de un aprendizaje intensivo,
no sólo por la oportunidad de colaborar con Jorge Carpizo, sino
por la información que aguardaba en los 57 tomos del caso. Por
momentos fue como viajar a un México secreto, donde los narcotra-
ficantes eran como beduinos con sus caravanas de historias, muchas
veces despiadadas.
62 ANEXO 3
No quiero detenerme aquí en lo que contamos en el libro, que a
partir de ahora tiene vida propia; sí quiero dejar constancia, en
cambio, de que creo, con Albert Camus, que sólo existe una aristo-
cracia y es la de los hombres que no mienten. Jorge Carpizo es de
esa estirpe, por eso es para mí un orgullo el haberlo acompañado
en esta aventura de casi 600 páginas.
IV. JORGE CARPIZO
Agradezco a Nuevo Siglo Aguilar el interés que tuvo en publicar
este libro y el cuidado que le otorgó durante todo el proceso edito-
rial, mi agradecimiento especialmente a Marisol Schulz y su equipo.
Haber trabajado con Julián Andrade en forma tan estrecha cons -
tituyó un privilegio que mucho disfruté.
Mil gracias a quienes han participado en la presentación de esta
obra. Su honestidad intelectual se encuentra fuera de cualquier dis-
cusión. Mil gracias a ustedes por su presencia. Mil gracias a los me-
dios de comunicación que nos acompañan y a los que han manifes-
tado interés por un caso tan importante para México.
¿Podríamos los autores agregar algo más a lo narrado en el libro
y a lo expresado en múltiples entrevistas a través de los medios de
comunicación durante los últimos días? Considero que no, cuando
menos en este momento. Probablemente, sí será necesario en un
futuro bastante próximo y, en lo personal, lo haré cuantas veces lo
considere prudente.
En consecuencia, únicamente enfatizo siete ideas:
1. La sociedad mexicana ha sido engañada con frecuencia y, en
diversas ocasiones, no sabe a quién creerle. Nosotros, los autores,
no perseguimos que se nos crea, dándosenos un cheque en blanco,
sino que el libro se lea, se reflexione y cada quien extraiga sus pro-
pias conclusiones. Confiamos en la madurez y la capacidad intelec-
tual de la sociedad mexicana. La verdad, sin duda alguna, termina-
rá por imponerse.
2. El expediente Posadas se ha convertido en un caso ejemplar
en nuestro país. De cómo concluya dependerá en gran parte el fu-
turo de la procuración de justicia en México. Deberá prevalecer la
INTERVENCIONES EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO 63
verdad basada únicamente en pruebas jurídicas, en pruebas y más
pruebas, y sólo pruebas.
Por el contrario, si se impusieran las presiones políticas e ideológi-
cas, los testigos prefabricados y beneficiados por sus dichos, la pre-
sencia de supuestos ninjas, de psicópatas, de verdaderos delincuen-
tes, de certezas morales, de testigos de oídas, así como de mentiras y
calumnias, nuestra procuración de justicia retrocedería décadas y to-
dos los derechos humanos de seguridad jurídica se subordinarían a
intereses políticos e ideológicos. Los mexicanos no merecemos tal
catástrofe.
3. El caso Posadas, y esta crónica que hemos realizado Julián An-
drade y un servidor, concierne a todos y cada uno de los mexicanos,
porque al vulnerarse los derechos humanos de seguridad jurídica,
nadie, absolutamente nadie, está a salvo de la arbitrariedad. Desde
luego, las personas que cuentan con menos recursos económicos,
sociales y culturales son las más vulnerables, pero hasta al más pode-
roso le pueden llegar sus efectos perniciosos. Recuerdo que duran-
te la ocupación alemana de Francia, durante la Segunda Guerra
Mundial, la familia De Camondo, de ascendencia judía, se sintió in-
tocable por su gran riqueza, su prestigio y relaciones sociales, sus
títulos de nobleza y su presencia internacional. Hasta el último de
los De Camondo pereció en los campos nazis de concentración.
4. La sociedad dice basta ya de impunidad y tiene toda la razón.
Si he mentido o realicé algún acto indebido o ilícito, que se me
aplique todo el rigor de la ley. Lo merecería, pero si quienes han
incurrido en esas conductas son Sandoval, Guzmán, sus abogados y
quienes los apoyan desde diversas perspectivas, que no exista impu-
nidad para ellos, que se les aplique la ley para que se haga efectivo
el principio de que nadie se encuentra por encima de ella. Como se
dice ahora: cero impunidad.
5. El actual gobierno federal está haciendo un gran énfasis en la
defensa de los derechos humanos y en la idea de la fiscalización
internacional de éstos. ¡Qué bueno! Le tomo la palabra en ambos
aspectos. Espero que su compromiso se refleje en el expediente
Posadas.
6. Para mí el caso Posadas es una batalla que debe librarse por los
derechos humanos, la justicia y la verdad. Continuaré dando esta
batalla, con convicción y con alegría, y sin que se me pueda ame-
64 ANEXO 3
drentar. En el momento oportuno habrán de darse otras batallas
que están muy ligadas a ésta. Los tentáculos y las telarañas alrede-
dor de este caso son muy amplios y venenosos. Es una oportunidad
para que aflore parte de la podredumbre que pulula en algunos
sectores de la sociedad. Soy optimista. Si por algún motivo no pu-
diera continuar dando esta batalla, muchas otras manos tomarían la
bandera.
7. Con fecha 14 de septiembre de 2000, el obispo de Cuernavaca,
don Luis Reynoso Cervantes, cuya memoria honro esta noche, en-
vió a todos los obispos de México uno de sus estudios jurídicos so-
bre el caso Posadas, donde fue rotundo en la defensa de la tesis de
la confusión del vehículo y lo precedió de una misiva, la cual se en-
cuentra reproducida en el disquete del libro.
Monseñor Reynoso finalizó su valiente carta de remisión, expre-
sando que era consciente de que dicho estudio le iba a traer insul-
tos, desprecios, incomprensiones y hostilidades, pero que era más
fuerte su amor por la verdad y la justicia.
Termino estas palabras con las mismas que el obispo de Cuerna-
vaca concluyó la carta a sus hermanos obispos, recordándoles que
Jesús dijo: ‘‘La verdad os hará libres’’ y ‘‘Dichosos los que sufren por
causa de la justicia’’.
México, D. F., a 8 de mayo de 2002
ANEXO 4
PRESENTACIÓN DEL CASO POSADAS ANTE LA COMISIÓN
INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS
Honorables Miembros de la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos
P r e s e n t e s.
Esa H. Comisión siempre se ha distinguido por su preocupación
por la defensa de los derechos humanos relacionados con la procu-
ración de justicia en nuestro continente. En específico recuerdo el
muy importante Informe sobre la situación de los derechos huma-
nos en México, publicado en 1998.
En tal virtud, presento a su conocimiento la información sobre
un caso relevante, en el cual las acciones que lleven a cabo algunos
funcionarios podrían comprometer el Estado de derecho y afectar
negativamente la justicia en México. Esto determinaría la alteración
diametral de la legalidad, seriedad e imparcialidad con que debe
llevarse a cabo la procuración de justicia en el país, y podría confi-
gurar la responsabilidad internacional del Estado mexicano por vio-
laciones a la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
En consecuencia, fundamento este escrito en el artículo 41 de la
Convención Americana:
‘‘La Comisión tiene la función principal de promover la obser-
vancia y la defensa de los derechos humanos, y en el ejercicio
de su mandato tiene las siguientes funciones y atribuciones:
...c. preparar los estudios e informes que considere conve-
nientes para el desempeño de sus funciones’’.
Y en los artículos siguientes del Estatuto de la CIDH:
65
66 ANEXO 4
‘‘Artículo 1.1. La Comisión Interamericana de Derechos Hu-
manos es un órgano de la Organización de los Estados Ameri-
canos creado para promover la observancia y la defensa de los
derechos humanos y servir como órgano consultivo de la Orga-
nización en esta materia’’.
Artículo 18.c
‘‘Respecto a los Estados miembros de la Organización de los Es-
tados Americanos, la Comisión tiene las siguientes atribuciones:
c. preparar los estudios o informes que considere conve-
nientes para el desempeño de sus funciones’’.
Así, este documento es de carácter informativo y solicito que se
tramite de forma preventiva, en el carácter que la CIDH tiene como
órgano de promoción y defensa de los derechos humanos en el
Continente Americano, para que conozca y dé seguimiento al asun-
to y, en su momento, determine la intervención que de acuerdo
con sus atribuciones corresponda.
Por todo lo anteriormente expuesto, presento a su conocimiento
el caso Posadas, caso en el cual el 24 de mayo de 1993, siete perso-
nas fueron asesinadas, incluido el cardenal Posadas Ocampo, en el
aeropuerto internacional de la ciudad de Guadalajara.
1. En aquella época tenía la responsabilidad de Procurador Ge -
neral de la República de México y aunque los asesinatos eran y son,
de acuerdo con la norma jurídica, competencia del Estado de Jalis-
co, la Procuraduría General de la República (PGR), por tratarse de
un caso de interés y repercusiones nacionales, decidió, con el bene-
plácito de la Procuraduría de Jalisco, coadyuvar en la investigación
de esos asesinatos. En tal virtud, fui corresponsable de esa investiga-
ción hasta el 10 de enero de 1994, fecha en la cual dejé de desem-
peñar dicha responsabilidad.
Ese mismo 24 de mayo de 1993, se pudo detener a uno de los
gatilleros que intervinieron en los hechos de ese día en el aeropuer-
to citado. Su declaración posibilitó la detención de otros, y la inves-
tigación también tuvo resultados muy positivos ---- como la captura
de miembros del cártel del narcotráfico enemigo del primero ----.
Así, se pudo determinar que el asesinato del cardenal se debió a
CASO POSADAS ANTE LA CIDH 67
que en el enfrentamiento entre las dos bandas de narcotraficantes,
el vehículo del cardenal fue confundido como uno de los pertene-
cientes al jefe de una de esas bandas, y se le disparó sin conocerse
que esa persona era el cardenal de Guadalajara.
Después de mí, a partir de 1994 a nuestros días, la PGR ha tenido
cinco procuradores generales; además de la investigación de 1993 y
1994, se han realizado otras dos investigaciones completas y exhaus-
tivas. En agosto de 1995, el procurador Lozano Gracia, del Partido
Acción Nacional, atrajo la investigación al fuero federal; realizó una
investigación exhaustiva y rindió un informe, cuya conclusión fue la
confusión del vehículo, confirmándose así la tesis a la cual las dos
Procuradurías llegamos en 1993. En 1998, el nuevo procurador Jor-
ge Madrazo Cuéllar formó un grupo interinstitucional para volver a
investigar el caso Posadas. La Iglesia Católica estuvo representada
en ese grupo por dos obispos juristas, el gobierno de Jalisco por Fer-
nando Guzmán, entonces secretario general de gobierno, responsa-
ble de los asuntos políticos ----al procurador de Jalisco de entonces
se le dejó fuera de la Comisión---- , y el sustituto del cardenal Posa-
das, el cardenal Sandoval, como invitado.
El 27 de julio de 2000, ese grupo interinstitucional presentó con-
clusiones enfrentadas. La PGR y los dos obispos-juristas sostuvieron
la tesis de la confusión del vehículo. El gobierno de Jalisco y Sando-
val, apoyados por sus abogados, que de ambos son los mismos, sos-
tuvieron la tesis del complot.
2. Muy pocos días después del 24 de mayo de 1993, tanto Sando-
val como Guzmán, sin fundamento alguno, ya hablaban de que el
asesinato del cardenal Posadas fue consecuencia de un complot.
En 1994, Sandoval incluso declaró que en ese sentido tenía ‘‘prue-
bas contundentes’’, pero no presentó ninguna, y en su declaración
ministerial de 2000, declaró que entonces no las tenía.
Sandoval y Guzmán, a partir de julio de 1998, por primera vez,
después de cinco años del asesinato, comenzaron a presentar sus
testigos, y éstos resultaron testigos de oídas, con trastornos psiquiá-
tricos o psicológicos, procesados por otros delitos a quienes se les
prometieron beneficios, quienes estando procesados por los hechos
del 24 de mayo encuentran cobijo en las tesis de Sandoval y Guz-
mán, etcétera, etcétera. Un análisis acertado de estos testigos lo rea-
68 ANEXO 4
lizó uno de los obispos-juristas que participó a partir de 1998 en las
diligencias ministeriales, y al cual me refiero en el libro que anexo.
3. Durante estos largos años, en lo personal, he escrito, declarado
ministerialmente, concedido múltiples entrevistas a los medios de
comunicación, para manifestar la verdad que conozco en ese caso,
basado en las pruebas de la averiguación previa e impedir que
triunfe la mentira.
Después de las conclusiones rendidas en julio de 2000, la PGR
envió el expediente Posadas a la reserva y decidió poner una muy
buena parte de aquél en su biblioteca para consulta pública.
Entonces, el historiador y periodista Julián Andrade y el suscrito
reafirmamos nuestra decisión de escribir una crónica sobre esos
asesinatos ----fundamentalmente el del cardenal Posadas---- y las in-
vestigaciones realizadas durante esos años. El libro fue presentado a
la sociedad mexicana el pasado día 8 del presente mes y año. Consi-
dero que constituye una crónica detallada del crimen y sus tres di-
versas investigaciones hasta diciembre de 2001, basada en gran par-
te en la documentación contenida en la averiguación previa del
caso Posadas, que son documentos y grabaciones oficiales y públi-
cos, así como en muy diversos materiales que pudimos reunir.
4. De nueva cuenta, se está solicitando que por cuarta ocasión se
vuelva a investigar. Lo cual resultaría correcto y adecuado si existie-
ran nuevas pruebas para retirar esa averiguación previa de la reser-
va. En 2000, tanto Sandoval como Guzmán declararon que habían
presentado todas sus pruebas y no se habían guardado ninguna.
Qué ‘‘nuevas pruebas’’ tengan no las conoce la sociedad, aunque
muy pronto, probablemente, se darán a conocer si es que existen,
aunque probablemente sean de igual naturaleza que las que pre-
sentaron de 1998 a 2000.
Durante cinco años hablaron de pruebas y no presentaron nin-
guna y a partir de agosto de 1998, presentaron ‘‘pruebas’’ que fue-
ron prefabricadas o que realmente no lo son. Lo que conozco sobre
sus ‘‘nuevas pruebas’’ también se encuentra en el libro Asesinato de
un cardenal. Ganancia de pescadores, mismo que anexo a la presente
con el número 1. En éste damos noticia de cómo la subprocuradora
Lima Malvido, encargada actualmente del caso Posadas, pertenece
al mismo grupo de Sandoval, Guzmán y abogados, y les ha otorgado
múltiples facilidades indebidas e incluso ilícitas.
CASO POSADAS ANTE LA CIDH 69
5. El caso Posadas es hoy en México un caso por demás importan-
te, porque si triunfara la tesis de Sandoval y Guzmán del complot,
sin prueba jurídica alguna, el primer efecto sería que los catorce
procesados por este caso, incluido el asesino material y confeso de
Posadas, serían absueltos de los siete asesinatos ocurridos aquel 24
de mayo de 1993.
Pero, aún hay algo más delicado que manifesté en la mencionada
presentación del libro ---- misma que anexo como número 2---- .
Textualmente expresé:
‘‘El expediente Posadas se ha convertido en un caso ejemplar
en nuestro país. De cómo concluya dependerá en gran parte el
futuro de la procuración de justicia en México. Deberá preva-
lecer la verdad basada únicamente en pruebas jurídicas, en
pruebas y más pruebas, y sólo pruebas.
Por el contrario, si se impusieran las presiones políticas e
ideológicas, los testigos prefabricados y beneficiados por sus di-
chos, la presencia de supuestos ninjas, de psicópatas, de verda-
deros delincuentes, de certezas morales, de testigos de oídas,
así como de mentiras y calumnias, nuestra procuración de jus-
ticia retrocedería décadas y todos los derechos humanos de
seguridad jurídica se subordinarían a intereses políticos e ideo-
lógicos. Los mexicanos no merecemos tal catástrofe’’.
Esto es precisamente lo que se está jugando en México con el
caso Posadas: la vigencia de los derechos humanos de seguridad ju-
rídica y, en consecuencia, el futuro de nuestra procuración de justi-
cia que ya de por sí tiene graves problemas que ustedes conocen.
Por todo lo anterior resulta muy importante que organismos inter-
nacionales conozcan el caso, a lo cual ayudará el libro Asesinato de
un cardenal. Ganancia de pescadores, así como lo que expresen y los
documentos que puedan aportar Sandoval, Guzmán y abogados.
6. Asimismo, tal y como lo expresé en la presentación del multici-
tado libro, le tomo la palabra al presidente Vicente Fox en su idea
de que México está decididamente a favor de la fiscalización inter-
nacional de los derechos humanos.
70 ANEXO 4
Por todo lo anterior, resulta indispensable para México que esa
H. Comisión Interamericana conozca y estudie con profundidad
esta información del caso Posadas.
Yo continuaré dando a conocer internacionalmente este caso en
defensa de los derechos humanos en México, sin importarme nin-
guna consecuencia personal adversa.
7. Les manifiesto otras preocupaciones estrechamente ligadas al
caso Posadas:
a) Que la PGR por los fuertes intereses políticos y religiosos que
presionan en el caso, no llegue actualmente a determinarlo o,
no lo haga, después de tantos años, con una conclusión clara;
que lo vaya a dejar en la ambigüedad.
b)Considero improbable, aunque no se puede afirmar categóri-
camente, que la PGR por la cantidad de pruebas jurídicas que
existen, y la fiscalización internacional, se vaya a atrever a alte-
rar la verdad del expediente, a pesar de que probablemente
Sandoval, Guzmán y abogados presenten ‘‘nuevas pruebas’’,
mismas en cuya creación, su intervención es decisiva. Hay que
esperar y de todo ello, estaremos informando a la CIDH.
c) Que a Sandoval, Guzmán, sus dos abogados y la subprocurado-
ra federal Lima Malvido no se les vaya a exigir responsabilida-
des por los probables delitos que hayan cometido durante este
caso. Sobre este específico punto, presenté una denuncia penal
de hechos ante la PGR y solicité que se estudie el libro Asesina-
to de un cardenal. Ganancia de pescadores, ya que de esos hechos
se hace referencia puntual al tomo y páginas correspondientes
de la averiguación previa, que son el fundamento de las aseve-
raciones contenidas en el libro. Preciso que copia de la averi-
guación previa más elementos grabados forman parte de mi
archivo de ese caso. Anexo copia fotostática de dicha denuncia
penal como número 3.
Muy importante resulta para México que en esta situación, como
en todas, no vaya a triunfar la impunidad. México se encuentra en
gran parte con los problemas de procuración de justicia que sufre,
precisamente por la impunidad y la corrupción. Resulta trascenden-
te que la CIDH, vigile también este aspecto.
CASO POSADAS ANTE LA CIDH 71
8. Fernando Guzmán es el coordinador del Partido Acción Na-
cional en el Congreso del Estado de Jalisco, y en unión de los dipu-
tados de ese partido, presentó el 11 de abril del presente año, una
denuncia penal de hechos en mi contra y en contra de otras perso-
nas, en la cual me imputa que durante los meses que fui correspon-
sable de esa investigación, mentí, oculté información y no cumplí
con mi responsabilidad. Anexo copia fotostática de este documento
como número 4, mismo que no lo obtuve a través de la PGR, sino
de un medio de comunicación.
He declarado a la opinión pública que únicamente me refiero
respecto a esta denuncia a Fernando Guzmán y a nadie más, por-
que ninguno de los otros firmantes tiene la menor idea de esa in-
vestigación previa.
Guzmán se refiere en su denuncia a hechos conocidos desde
hace muchos años por la sociedad y a imputaciones que Sandoval
me hizo años atrás. A estos episodios se dedican muchas páginas en
el libro anexo, incluso merecieron los títulos de varios capítulos de
la obra: ‘‘Prigione, Montaño y las entrevistas con los Arellano Félix’’,
‘‘El malicioso cuento del videocasete’’ y ‘‘Las peripecias de una dis-
culpa pública ’’. En consecuencia, en este momento, cualquier otro
dato resultaría superfluo.
De la PGR, hasta este momento no he tenido noticia alguna so-
bre dicha denuncia. De cómo se desarrolle esta denuncia de hechos
en mi contra, continuaré comunicándoselos.
Por todo lo anteriormente expuesto y fundado en este documen-
to y sus anexos correspondientes, con todo respeto, solicito a esa H.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos lo siguiente:
1. Dé seguimiento al desarrollo del caso Posadas para su posible
intervención de acuerdo con las atribuciones que le confiere el
marco normativo que rige su actuación.
2. Que actúe de acuerdo con sus mencionadas atribuciones en el
momento que lo considere pertinente.
Muy atentamente
Dr. Jorge Carpizo