ÉXODO 4
SIN PRETEXTOS.
1 Sin embargo Moisés protestó de nuevo: ¿Qué hago si no me creen o no me hacen
caso? …. 9 Y si no te creen ni te escuchan aun después de estas dos señales, entonces
recoge un poco de agua del río Nilo y derrámala sobre el suelo seco. En cuanto lo
hagas, el agua del Nilo se convertirá en sangre sobre el suelo. 10 Pero Moisés rogó
al SEÑOR: Oh Señor, no tengo facilidad de palabra; nunca la tuve, ni siquiera ahora
que tú me has hablado. Se me traba la lengua y se me enredan las palabras. 12
¡Ahora ve! Yo estaré contigo cuando hables y te enseñaré lo que debes decir. 13 Pero
Moisés suplicó de nuevo: ¡Te lo ruego, Señor! Envía a cualquier otro. 14 Entonces
el SEÑOR se enojó con Moisés… NTV.
Las personas cuando no quieren realizar una tarea encomendada, con frecuencia
presentan una serie de pretextos, tratando así de rehuir a sus responsabilidades. A beses
los pretextos presentados pueden ser bien fundamentados, pero, aun así, no podrán
escaparse de realizar la tarea designada. Dios le dio una orden a Moisés, pero él trataba
de rehuir a esa orden presentando una serie de pretextos, que a la final no rindieron los
frutos deseados, solo lograron enojar a Dios.
El Señor había escogido a Moisés para liberar a su pueblo de la esclavitud, pero Moisés
constantemente presentaba excusas, tratando de rehuir a esa responsabilidad. Ante las
primeras excusas de Moisés, el Señor ya le había reconfortado, pero a pesar de eso
Moisés, seguía presentando dudas y excusas, con palabras como “Ellos no me creerán,
porque dirán: No te ha aparecido Jehová.” Y frases similares para escaparse de la
encomienda. Como Moisés hay muchos cristianos en la actualidad, que tratan de rehuir
a sus responsabilidades, rehuir a sus deberes dentro del cuerpo de Cristo, presentando
excusas, reusándose así a cumplir con la gran comisión delegada por el Señor
A pesar de las constantes excusas de Moisés, el Creador no lo libró de sus
responsabilidades, por lo contrario, le dio el poder para realizar una serie de señales en
la presencia del pueblo hebreo y del faraón. Aun con todo lo que el Señor le estaba
otorgando, Moisés seguía excusándose para no cumplir con la orden del eterno Creador.
La nueva excusa de Moisés fue su falta de elocuencia y lo lento de su habla. Con esta
excusa, se ve que Moisés dudaba de la capacidad de Dios para darle la facilidad de
palabra adecuada para cumplir su misión, a lo cual el Señor inmediatamente le dijo a
Moisés, ¿Quién dio la boca al hombre? … Ahora pues, ve… y te enseñaré lo que has de
hablar. Sin duda, Moisés no es el único que duda de la capacidad de Dios para poner su
palabra en la boca de las personas, pues hay cristianos en la actualidad que dudan de esa
capacidad de Dios, por eso, no se arriesgan a compartir el evangelio de Cristo con las
personas.
Los recursos para excusarse se estaban terminando para Moisés, por eso como último
recurso, pidió al Creador que envíe a alguien más en su lugar para que cumpla con la
tarea de liberar al pueblo hebreo de la esclavitud de Egipto. Con esto; Moisés expresó el
motivo verdadero que estaba detrás de todas las excusas anteriores: Moisés simplemente
no quería ir a Egipto. Las palabras finales de Moisés, enojaron en gran manera al eterno
Creador.
Queridos hermanos, dentro de las congregaciones cristianas hay muchos hermanos que
se sienten humildes o no aptos para desarrollar un determinado ministerio. Sin duda, la
sinceridad y la humildad son dos de las virtudes más elevadas en el servicio al Señor.
Pero los sentimientos de humildad no deben llevarnos a inventar toda clase de pretextos
cuando el Señor nos llama a hacer alguna tarea especial. Hermanos, ¿Qué persona es
por naturaleza digna de hacer la tarea del Señor? ¿Quién es adecuado para servir como
representante del Señor? Sin embargo, podemos confiar en que el Señor que da el
mensaje y que nos llama a hacer su trabajo, también nos dará la fuerza necesaria para
llevar a cabo sus mandatos. No tengamos miedo de desarrollar un ministerio en el
cuerpo de Cristo, Si no somos aptos, Dios nos capacitará y nos dotará de las
herramientas necesarias para ejercer nuestro ministerio. Recuerde, ante el llamado de
Dios para ejercer un nuevo ministerio: digamos siempre: “¡Heme aquí, envíame a mí!”
(Isaías 6:8).