Justicia y Reino de los Cielos:
Análisis literario de las Bienaventuranzas de Mateo
Recensión por Samuel Díaz M. OMI
Para el Evangelio de San Mateo la justicia es uno de los temas más importantes, pero la
justicia para San Mateo esta intrínsecamente ligada con el Reino de los Cielos, Jesús vino al
mundo para mostrarnos el camino hacia el padre, pero esto se logra solo a través de la ley y
los profetas pero no entendidas como lo hacían los escribas y fariseos, sino ahora tiene que
ser de una manera resignificada para llevarla a su plenitud.
Para reconocer el camino a la justicia, se debe ir paso a paso. Empezaremos por decir que el
texto de las bienaventuranzas es la introducción a toda la enseñanza de Jesús.
Es precisamente esta introducción la que nos conduce al tema principal del ministerio de
Jesús que es el Reino de los Cielos.
Es necesario también reconocer el valor geográfico del sermón de la montaña, pues dice el
autor que esto nos hace una referencia a Moisés y la alianza en el Monte Sinaí, esto sin
duda nos lleva a pensar en una renovación de la alianza con Yah.
Jesús que es el nuevo Moisés que renueva la ley como una felicidad de promoción humana,
de un trabajo por la justicia para hacer realidad el Reino de los Cielos entre los hombres.
En la crítica textual de las bienaventuranzas se debe reconocer que el principal problema
que se ha encontrado, es la cuestión de las traducciones, por eso el autor propone el estudio
de las bienaventuranzas desde el idioma original en el que se escribieron, por eso hay que
analizar el texto en griego y sus respectivas traducciones.
En el versículo tercero es necesario que se piense que técnicamente la palabra que se
debiese utilizar es la de bienaventurados, pero puede resultar una palabra muy técnica y por
tanto poco comprendida en su sentido más profundo que es el de denotar alegría en un
grupo de personas, por tanto se utiliza la palabra dichosos.
También es necesario mencionar que lo que se ha traducido como pobres de espíritu debe
mantener el sentido de los que tienen espíritu de pobres.
En el versículo cuarto la traducción que parece abarcar más el aspecto a recalcar es el
sufrimiento.
En el versículo cinco, es importante resaltar el sentido orientado a la humildad.
la Bienaventuranza de los pobres de espíritu, de quienes es el Reino de los Cielos (v.3),
seguida por la de los humildes que heredarán la tierra (v.5), y ésta seguida a su vez por la
de los que sufren (v.4). Al quedar seguidos los versos 3 y 5 se permitiría suponer una
antítesis Cielo–tierra. Sin embargo “si los versos 3 y 5 estuvieron juntos, con sus antítesis
retóricas del Cielo y la tierra, es poco probable que algunas versiones hubieran incluido el
versículo 4 entre ellas.
Por eso es necesario tener en cuenta que el versículo correspondiente al 5, 5 es un añadido
del evangelista a la fuente Q pues este no tiene su correspondiente en el texto de Lucas y
esto se hizo quizás con el fin de lograr esta antítesis ya mencionada entre el cielo y la tierra.
En el versículo seis el verbo traducido como comer, no tiene el sentido de un comer normal,
sino más bien tiene el sentido de comer hasta la saciedad. pues indica que quienes tienen
“hambre y sed de justicia” no sólo calmarán dichas hambre y sed, sino quedarán saciados
completamente, es decir, “hartos” de justicia , y no habrá espacio para señal alguna de
injusticia.
El versículo siete cuando habla de los compasivos o la otra traducción, los misericordiosos
requieren tener una respuesta en verbos pasivos pues ellos serán los receptores de estas
mismas acciones hechas ahora por Dios.
En el versículo nueve es necesario dejar en claro que cuando se refiere a los trabajan por la
paz no se refiere al hecho de buscar la paz, sino de fabricar la paz, esto conlleva a los
individuos a tener un compromiso más grande y profundo para obtener esa paz.
En el versículo once nos habla Jesús de que él mismo es la causa de las injurias, las
persecuciones y las calumnias que soportarán sus seguidores; “por causa de mí”, va puesto
al final de la enumeración de los males, abarcándolos, y es la razón de que ellos sucedan.
En el versículo doce hay que tener en mente el sentido real de salario otorgado como una
paga acordada por un trabajo realizado, pues el Reino de los Cielos sólo llegará a su
plenitud por el esfuerzo de los cristianos, ya que le mismo Cristo fue quien lo inauguró.
El texto de las Bienaventuranzas parece conformar una unidad compacta, dada la repetición
de algunas de sus palabras, como la de bienaventurados. La promesa del Reino de los
Cielos vendría a ser la idea principal del texto; además esta promesa está planteada en
términos de un presente y no de un futuro y nos hace pensar más en el Reino de los Cielos
como don, como un regalo que pasa a pertenecer a los destinatarios e indica pertenencia.
Las ocho Bienaventuranzas en dos grupos de cuatro, concluyendo cada grupo con la idea de
la justicia. Cada cuarteto de Bienaventuranzas lleva implícita la idea de la justicia, y
concluye con la alegría de los que buscan, trabajan y sufren por ella. Las demás
Bienaventuranzas de cada grupo, por tanto, desembocan en el tema de la justicia. La
justicia es la idea conclusiva de cada cuarteto de Bienaventuranzas.
La novena Bienaventuranza, rompe con el estilo y la forma en que están escritas las ocho
Bienaventuranzas. La razón de ser de la Bienaventuranza se explica más ampliamente y la
promesa también es más elaborada que las anteriores. Por último, el tema de la persecución
parece ser una extensión de la octava Bienaventuranza. Esto hace suponer que la sección
en mención conforma una tercera parte en la estructura del texto de las Bienaventuranzas.
El texto de las Bienaventuranzas también se encuentra en el Evangelio de Lucas; será
necesario partir de la sinopsis de los textos para encontrar elementos comunes entre las
versiones.
El texto de las Bienaventuranzas que se estudia tiene su paralelo en el libro de Lucas 6, 20-
26. De esta doble tradición se sospecha generalmente una fuente común: de los logia o
fuente Q. A pesar de esto, las Bienaventuranzas de Mateo y Lucas no son idénticas:
presentan similitudes que permiten deducir una fuente común y diferencias, que identifican
lo exclusivo de Mateo y de Lucas.
Las cuatro Bienaventuranzas propuestas por Lucas aparecen también en las nueve de
Mateo: la de los pobres, la de los hambrientos, la de los afligidos (Mt), los que lloran (Lc) y
la de los ultrajados (sólo se altera el orden en las Bienaventuranzas de los que lloran y de
los que padecen hambre).
Durante el lapso trascurrido entre la vida de Jesús y la redacción de los Evangelios
surgieron diversas tradiciones que daban cuenta de pasajes o palabras de Jesús; entre éstas
se encuentra la fuente Q, que verosímilmente empezaba con la tradición de la predicación
del Bautista y acababa con el discurso apocalíptico de Jesús, es decir, contenía ya una cierta
ordenación cronológica de carácter primitivo. Mateo tiene en cuenta esta fuente y a Marcos,
quien en su Evangelio, con estilo más periodístico, anticipa los elementos esenciales para
una presentación de la vida de Jesús, con una composición que comienza con la irrupción
de Juan el Bautista y acaba con la pasión y resurrección.
Hay que decir que el relato de las Bienaventuranzas no está contenido en el Evangelio de
Marcos; sin embargo, tampoco se supone de la autoría de Mateo, dado su paralelo en el
Evangelio de Lucas. Si Mateo no tiene en cuenta el escrito lucano para la elaboración de su
trabajo, se supone entonces que ambos “Mateo y Lucas” tienen una fuente común para
ciertos pasajes de sus Evangelios, que es la fuente Q. Como el texto de las
Bienaventuranzas en Mateo es diferente al de Lucas habrá que preguntarse cuál es la
versión de las Bienaventuranzas de la fuente Q.
La última Bienaventuranza que es también la cuarta en común entre Mateo y Lucas difiere
lo suficiente en la forma de la redacción y extensión con las otras tres; pero el hecho de
estar presente en las dos versiones, que no se conocieron entre sí, hace suponer que la
Bienaventuranza de los ultrajados efectivamente pertenecía a la fuente Q cuando fue
empleada por los redactores del primer y tercer Evangelio.
El estilo literario del Evangelio de Mateo en general está determinado por la mentalidad
judía, por lo que el Evangelio se halla impregnado de frecuentes semitismos, es decir,
expresiones hebraicas, y de una gran cantidad de referencias a las Escrituras del Antiguo
Testamento. Mateo divide su Evangelio en cinco grandes partes, al mejor estilo de literatura
hebrea, justo como está constituido el Pentateuco.
El concepto de justicia también aparece como un motivo teológico central en Mateo. En el
Evangelio de Mateo. La justicia es el contenido de la voluntad de Dios. Dios quiere justicia
como quiere la salvación de los hombres, y es eso precisamente lo que Jesús comienza a
realizar de palabra y obra. De ahí que en Mateo la justicia se entienda como la
manifestación del cumplimiento de la voluntad de Dios; hacer justicia es hacer la voluntad
de Dios. Esta voluntad de Dios se entiende, por un lado, como la expresión de la salvación
de Dios, de la que los hombres “tienen hambre y sed” (Mt. 5, 6), pero también el deseo de
Dios de hacer valer el derecho de los oprimidos.
Los “pobres” (Mt 5, 3), “los que tienen hambre y sed de justicia” (5, 6), pueden estar
seguros de que sus derechos no van a quedar olvidados bajo la injusticia sufrida. El Dios de
la alianza, con el envío de su Hijo entre los hombres, ha comenzado ya a hacer valer los
derechos de los oprimidos y marginados de la sociedad, de tal manera que ellos “captan ya
ahora lo que Dios ha hecho posible y, por su parte, tratan de realizarlo mediante el
cumplimiento de la voluntad de Dios”.
Pero para que este Reino sea realidad Jesús exige una justicia que supere la de los maestros
de la ley (5,20), ya que éstos han desviado el camino de la justicia; la superación de los
maestros de la ley que corresponde a los discípulos es la indicación de un camino
determinado que se deja ver en la exposición concreta de la voluntad de Dios.
Para Mateo la voluntad de Dios exige y salva, pero también permanece en la ley, pues la
función principal de la ley es la promoción de la vida y la dignidad humana, por tanto en la
predicación de Jesús se hace visible el camino de la justicia por el cual los justos
encuentran la vida eterna.
El Evangelio de San Mateo tiene un estructura que pone por manifiesto la primacía del
Reino de los Cielos, de ahí que, con razón, se le llame también el Evangelio del Reino de
los Cielos: tal es el objeto principal de la predicación de Jesús en dicho Evangelio. Mateo
muestra a Jesucristo anunciando, inaugurando y haciendo presente el Reino de los Cielos.
Dentro de los cinco discursos presentes en el Evangelio de San Mateo está presente el tema
del Reino de los Cielos, pero se vuelve a confirmar que no se puede llegar a este sin la
práctica de la justicia a nivel cósmico.
Pero hay que recordar que también este Reino se muestra en el quinto discurso del
Evangelio mateano como una narración de tintes escatológicos, pues inaugurado por Jesús,
y es construido por los hombres, y será llevado a la plenitud cuando todas las naciones lo
conozcan y lo reconozcan.
En conclusión, se dice que la justicia se refiere a hacer la voluntad de Dios y el Reino de los
cielos es el gobierno de Dios sobre los hombres, pues su voluntad es que todos tengamos
como recompensa de la vida eterna que se logra de manera parcial en el presente, pues
tenemos una vida compartida por la justicia y se llegará en plenitud en presencia de Dios
pero es la continuidad de la vida de justicia que vivimos en el aquí y en el ahora, pero
“hacer lo que es justo” no es un camino de paz y tranquilidad; es un camino de persecución,
incomprensión, rechazo. De ahí la recompensa tan grande, ella sólo será el resultado de
“hacer lo que es justo.