0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 132 vistas15 páginasMerleau-Ponty, Lector de Proust
Artículo publicado la revista Paideia: Revista de filosofía y didáctica filosófica, ISSN 0214-7300, Vol. 31, Nº 90, 2011, págs. 79-93
Idioma: español
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PAIDELA 90 (2011) pp. 79-93
GLORIA FARRES FAMADAS Merleau-Ponty, lector de
Doctore en tilosotia,
‘Traductora y critica tteraria,
glotalanes@gnaicom Proust. Una presencia
invisible
Este articulo analiza Ia evotuctin de los tiltimos eseritos
de Merlean-Ponty on base a Ja hipstesis que Ia obra de
+ Proust ha tenido un papel importante en In definicién
de Ia Ultima ontologia det filésofo, El objetivo es anali-
zar la presencia velada de Ex busca del tiempo perdido
de Marcel Proust y ver su influencia a partir del cambio
de lenguaje que opera en el filésofo con vistas a inter
pretar algunas de las intuieiones mis enigmticas de sus
| titimos eseritos: las ideas sensibles, el quiastno y la cre-
atividad,
surveys the evolution of Merleau-Ponty’s
s and contends that Proust’s work shaped
his late ontology. The per rent but veiled influence of
In search of fost time, in our view, explains the meaning
ful reversal that took place in Merleau-Ponty’s conclu
t . In its turn, this turnabout helps to elucidate
+ some of his weightier insights: the sensible ideas, the
! — chiasmus, and the mysteries of creativity,
uando leemos Jos iittimos escrilos de Merleau-Ponty nos damos cuenta de
que lejos de constituir el estado definitive de su fitosofia son la nuestra de
su esfuerzo por dar una nueva expresién a su pensamiento. En las paginas
inacabadas de Lo visible y lo invisible, asi como en Jos apuntes que lo
acompaiian, hay uta intencién manifiesta de retomar los andlisis antiguos
sobre la cosa, ef cuerpo y la relacién del vidente con lo visible para disipar su ambigtie-
dad y mostrar que, més alla de una interpretaci6n critica, estén relacionadas con una nue-
va ontologia. Ya en [os tres primeros capitulos de la obra se reflexiona sobre las solucio-
nes que ha alcanzado la filosofia moderna, pero también se nos dice el precio que se ha
pagado por ello. Se nos viene a decir que, grosso modo, ha sido una mutilacién, porque
se ha trucado nuesiva situacion de sujetos en simples objetos de conocimiento, se ha he-
cho de nuestro cuerpo una cosa cualquiera, de la percepcién un pensamiento de percibir
www sepfiong nwARTICULOS:
y de fa palabra una significacién pura. De este modo la filosofia modema ha conseguide
“qisimular” nuestra profimda adherencia al mundo, a ka historia y af lenguaje. A partir de
aqui, Merleau-Ponty apela a un nucyo inicio que haga posible considerar una descripeién
global de la experiencia. Y es en este nuevo inicio donde la expresién literaria, y espe-
cialmente la obra de Marcel Proust, van a tener un papel importante, Bn este articule
mostraremos los puntos més relevantes de esta presencia proustiana,
Enwar en la obra de Merteau-Ponty es asumir el caricter interrogativo de sus textos
y renunciat a un cuerpo hermético cle conceptos con tesis definitivas para, en cambio,
dialogar sobre los problemas generados en torno a la fenomenologia, Pero, como apunti-
bamos en el primer paragrafo, el tillimo capitulo de Lo visible y fo arvisible, asi como ¢l
prefacio de Signos y EI ojo y ef espiritu no son ya Gnicamente una critica, sino que mar
can un punto de inflexién en el conjunto dle su obra. En los tres textos se insisie en fum-
damentar fa racionalidad profundizando en nuestro lazo con ella, ir a nuestra insercién en
el mundo, pero sobre todo a nuestra coexistencia, en cl sentido mas fenomenoldgico del
término, es decir, a nuestro vineulo con ¢l mundo tal como viene mediatizado por los
oiros a través de los signos que éstos dejan en el mundo comin, Sin embargo, para esta
investigacion en el fundamento intersubjetivo de las raices del yo, el {ilésofo no cnouen-
tra un vocabulario preciso en la filosofia de la conciencia, y es por ello por lo que se ayu-
da de elementos literarios y, especialmente, proustianos.
Para desentrafiar la influencia que ojercen los elementos provenientes de Proust y
que han quedado impregnados y diluidos en su obra, la dividiremos en tres niveles: en
primer lugar, la influencia en cl estilo, en segundo lugar, la influencia en la concepeién
de la naturaleza de las ideas y, por iltimo, uma posicién general basada cn el ser
quiasmatico y en la idea de creaci
1, Primer nivel: el estilo
‘Aunque a Jo largo de la obra de Metleau-Ponty, Marcel Proust es citado como ejem-
plo en diversos capitulos, no es hasta estas ultimas obras donde algo esencial de La Bris-
queda aparece y se esparce como una atmosfera. La influencia del escritor sobre Merle-
au-Ponty es casi natural: a medida que cl pensamiento del filésofo profundiza en cl
anilisis de la intersubjetividad a tavés de la expresién postica de los sujetos, Proust va
ganando importancia. Este influjo, que procede sobre todo de cémo Proust relaciona cl
‘yo con la corporalidad y con los otros, toma cuerpo y yace como una presencia casi im-
perceptible, disuelta en el propio pensamiento merleaupontiniano. Desde un vocabulario
concreto y a la vez evocador, preciso y a la vez metaférico, Merlcau-Ponty nos plantea
sulitmente fa cuestion de cémo ha de ser ef lenguaje filoséfico, Pero es el estilo de
Proust, con Ia naturaleza bibrida de sus frases y su ritmo, lo que le estimala y le incita en
esa direccién. Esto resulta mas evidente, por una parte, por la relevancia con que trata al
escritor en los apuntes de los cursos que hacia en este ultimo periodo!, que muestran que
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la sintaxis magmatica y heterogénea de Proust es un buen camino para Hogar a describir
completamente la vivencia y, por otra parte, por el tipo de cambio de !éxico que se hace
indispensable como paso previo para cambiar a su vez la concepcién general de las co-
sas. En Lo visible y lo invisible nos dice: Sustituir las nociones de concepto, idea, espiri-
tu, representacion, por las de dimensiones, articulacién, nivel, goznes, ejes, configura-
cién. -El puito de arranque = ta critica de la concepeién usual de ta cosa y sus
propiedades?.
Todas estas palabras pertenecen a un mucvo campo seméintico, alejado de la tradi-
cidn filoséfica, un campo mas vago y metafSrico, que muestra timites superables, sepa-
raciones que a su vez unen, estructuras que sosticnen materiales y a las cuales, al mismo
tiempo, los materiales sostienen, nociones que permiten franquear fronteras y pensar las
cosas desde la movilidad y Ia interdependencia. Este Iéxico, pues, permite a Merleau-
Ponty disminuir la entidad de cada elemento en pro de los otros elementos del conjunto.
De lo que se trata es de hallax, a través de un lenguaje indirecto, una nueva forma de ex-
presién para la filosolia: Existe, pues, el problema de si {a filosofia como reconquista del
ser brito o salvaje puede levarse a cabo con los recursos del lenguaje elocuente o si no
tendria que uiilizarlo de tal manera que perdiese su poder de significacién inmediata 0
divecta para resultar adecuado a to que la filosofia quiere decir
Contra un uso exclusivamente logico del lenguaje, fundade sobre la univocidad y la
transparencia, se perfila un uso metaforico porque ésle es capaz de restarle abstraccién al
concepto y regenerarlo, dindole a su vez figuras concretas, Lejos de abolir los concep-
los, Merleau-Ponty quiere devolverfes su conerecién inicial. El uso de imagenes origina-
les —como el «enrollarse de lo visible en el cuerpo vidente” 0 «la dehiscencia o fisién de
Ja masa” comporta que en sus expresiones haya extrafias resonancias que abocan a nuc-
vos sentidos o nuevos matices, igual como procede una alegorfa que intenta conoretar lo
abstracto.
2. Segundo nivel: la naturaleza de las ideas
Mis all de Jos nuevos vocablos, la influencia de Proust se percibe a un nivel mas
profiundo, La bitsqueda de la verdad en ef texeer capitulo de Lo visible y fo invisible se
centra, a grandes rasgos, en mostrar el Lazo genético que mantienen la carne y ta idea,
entre Jo visible y la armadara interior que éste manifiesta, en hacer evidente, pues, fa bi-
sagra que conforma aquella dimensién comin de donde surge cl sentido? Cuando quiere
mostrar este lazo en toda su naturaleza, Merleau-Ponty se acerca mas que nutica a Proust
porque posiblemente en su obra ha visto como cn ninguna otra aflorar con claridad la ex-
presién de las vercaderas relaciones del ser hmano con lo sensible, Nos dice: Nadie ha
ido tan lejos como Proust en ta fijacién de las relaciones entre lo visible y lo invisible, en
{a descripeidn de una idea que no es lo contrario de lo sensible, sino algo asi como su
forro y su hondura’.
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El cambio de perspectiva que el filésofo propone es mas que un simple cambio de
punto de vista, ya que es el emplazamiento mismo de la visibilidad 10 que se ve alterado.
La visibitidad manifiesta un dinamismo, una interaccién que eniaza las ideas y lo sensi-
ble, y Proust nos ha mostrado estos procesos. Bajo esta perspectiva, las ideas no se hayan
“«ras” lo visible, erigidas en una segunda positividad, como si fuera posible verlas y
comprenderles mejor si pudiésemos estar cara a cara, liberados de la pantalla sensible
que las esconde. Al contrario, estas ideas no podemos sentirlas sin esa pantalla: las ideas
de que hablamos no nos serian nuis conocidas si careciéxamos de cuerpo y de sensibil
dad; entonces nos serian del todo inaccesibles; la “pequena frase”, la nocién de luz,
exactamente ignal que una “idea de ta inteligencia”, no se agotan en sus manifestacio~
nes y no pueden sernos dadas como ideas fiera de una experiencia carnal
La idea de la que nos habla Metleau-Ponty es, pues, una idea diferente de la que la
filosotia ha concebido hasta ahora. Es lo invisible de este mundo: lo habita, to sosticne y
lo hace visible, es su posibilidad interior y propia. Nace cn el mismo sensible como la
obertura de una dimensién que se inicia con la primera visién y que ya no podré
porque todas las demas experiencias sucederin en cl interior de esta obertura, Esta idea-
lidad, que no es extranjera a la carne, sino que le suminisira sus ojes, su profundidad y
sus dimensiones, de tal manera que (odo pensamiento tiene un nexo esencial con la tra-
ma de lo conereto, es Ia que hallamos expresada en La Biisqueda en la historia de una
vida’, La plasmacién de la historia de esta vida va paralela a la expresion de la historia
de los otros personajes de ta novela, de manera que, desde ta dimensién de na vida, se
explicita la interpenetracién que se inscribe cn fodo ser entre lo visible y Lo invisible,
Esias ideas, que Merleau-Ponty llama ideas sensibles®, son aquellas ideas que tienen
la misma naturaleza que ef resto de las cosas, surgen de la vida, viven. Su existencia es
casi carnal, en ef sentido de que dependen del proceso vital que las sostiene, que su-
fien su origen sensible y yacen en este sensible, sustentando y dando sentido a la propia
vida, EI filésofo las compara a las estracturas orginicas que mantienen las formas de las
hojas, en una metifora que muestra, por un lado, el lazo con la naturaleza viviente y, por
el otro, cémo las ideas vertebran la estructura interna de lo sensible: Def mismo modo
que la nervadura sostiene la hoja por deniro, desde el fondo de su carne, tas ideas son la
textura de la experiencia, su estilo, mudo al principio, proferido después"
Por Io tanto, las ideas no son puras, es decir, no hay un mundo de las ideas platéni-
Co, sino que son un elemento sensible més que conforma cl Ser. Merleau-Ponty ha dedi-
cado los dos primeros capitulos a refutar todas aquellas concepciones que separan despa-
rradoramente ef mundo visible del mundo invisible. No hay ideas puras tal como parece
hacer ercer la inteligencia y una cierta tradicién, No hay, por cjemplo~por referir un ele-
mento sensible-, la idea de un color puro. El color, como todas las otras cosas, surge de
la experiencia en la multiplicidad de sus formas y, por ello, no hay un color puro porque,
en general, lo visible no es nunca un trozo de ser absoluto, ofrecido a una visién que sélo
puede ser total o nula, sino que lo que hay es una interrelacién de horizontes exteriors €
1rarse
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inferiores que crean esta diferencia, Esta inferrelacién comporta que no haya una “cosa”
0 un “color” completamente determinados, sino sobre todo diferencia y modulacién on-
re las cosas y los colores, Merleau-Ponty nos habla del color rojo haciendo una deserip-
cidn impresionista:
Con mayor razén, el vestido rojo esté atado con todas sus fibras al tejido de
lo visible y, con éste, a un tejido de ser invisible. Puntuacién en el campo de
fas covas rojas, que comprende las tejas de los tejados, la bandera de tos
guardabarreras y la de la Revalucion, ciertos suelos de los alvededores de Aix
y de Madagascar, lo es también en et campo de las prendas rojas que, adends
de los vestidos femeninos, comprende las vestiduras de los obispos y las togas
de los profesores y los fiseales, y en el de los adornos y los uniformes. Y este
rojo del vestido es literalmente distinto segtin aparezea en und u otra conste-
facién, segiin avrastre a si la pura esencia de la Revolucion de 1917, la del
eterno femenino, la del ministerio fiscal o ta de los tiganes, vestidos como
Inisares, que reinaban veinticinco aiios atrds en un vestaurante de los Campos
Eliseos. Cierto rojo es también un fosit sacado del fondo de los mundos ima-
ginarios"?,
Lo sensible no es, pues, simplemente, la ocasién para Hlegar a la idea, como un pun-
to de apoyo que se puede abandonar una vez realizada su funcién. Nada sabriamos del
color rojo si no Jo hubiéramos visto nunca, si al pensarlo no lo relaciondsemos con todas
las constelaciones de las que forma parte, si no lo viésemos sangre, flor, cielo, tejido.
La pureza de Ia idea tiene necesariamente como su inverse la impureza de fo scnsible
porque la idea sélo existe en y por lo sensible. Cabe sefialar que la manera cémo el filé-
sofo expresa fa multiplicidad del color rojo se acerca « un estilo literario: es descriptiva
de los paisajes (Aix, Madagascar...), de los tejidos (vestidos, togas, uniformes...) y de los
sentimientos (lo eterno femenino, la osencia de la Revolucién...). Es en este tipo de ex-
presién donde encontramos a Proust!?, su maestria con que lena La Brisqueda do estas
explicaciones detalladas con tantos matices como se nos presenta lo sensible. Pongamos
um ejemplo de su obra donde se expresa el color azul, y hagamos un cierto paralelismo
con la descripcién de Merleau-Ponty:
La inteligencia hacta enseguida un mismo elemento de lo que aqui era negro
con efecto de tempestad, mas allé de um color de cielo y con et mismo barniz
coleste, y en otro lado, tan blanco de bruma y de espuma, tan compacto, fan
terricola, tan rodeado de casas, que traia al pensamiento un camino de piedra
0 un campo de nieve por el que subja cuesia arriba y en seco un bareo, con
gran susio del espectador, como un coche que da resoplidos al salir de un
vado; pero al cabo de un instante, al ver en la alia y desigual extension de
aguella sélida planicie unos barcos que daban tumbos, se comprendia que
aquello, idéntico en todos sus diversos aspectos, era aim el mar,
wawnseptiorg 83ARTICULOS.
La inteligencia, nos dice Proust, convierle en un solo elemento aquello que es diver-
So y, procediendo asi, reduce la multiplicidad de lo sensible, lo poda de toda su riqueza,
Bl detalle de la descripeién de los tonos y de las texturas que toma el agua a causa de los
roflojos de la luz de las cosas que Ia circundan manifiesta la verdadera idea sensible que
tenemos. Asi, tanto para Proust como para Merleau-Ponty, las ideas sensibles se contra-
ponen a Jas ideas de la inteligencia, que serfan fas ideas adguiridas, disponibles, honora-
rias', que no s6lo no abarcan la multiplicidad de lo sensible, sino que se eponen a una
expresién que pretende ser conquistadora, se oponen a una palabra hablante, La vivencia
seal os este azuil marino expresado por Proust que recoge todos los reflejos del paisaje, y
€s ese rojo inlenso expresado por Merleau-Ponty que da cuenta tanto de la esencia de la
Revolucién de 1917 como de lo eterno femenino, Las ideas sensibles son cl indicio de
una relacién entre el yo y cl mundo que no es una especie de acoplamicnto entre los dos
sino mas bien a la inyersa: una fision que provoca el nacimiento de un nodo en la trama
de lo simnultineo y lo sucesivo que a su vez provoca el nacimiento del sentido del color
rojo desde Ja experiencia sensible que une para siempre aquella textura coloreada con la
idea de los obispos, de fos uniformes o de lo eterno femenino, La idea sensible muestra
la absoluta reciprocidad entre ef mundo y cl yo que toda experiencia comporta y que esta
relacion sélo puede ser pensada como dehiscencia'®; es decir, no hay dos elementos sino
un nico fondo en el que desde una reversibilidacl continua van credndose cl uno al otro.
‘Otro ejemplo es la descripeién que hace Merleau-Ponty del agua de la piscina en £7
ojo y ef espiritu. B filésofo para describir el agua contenida en la piscina recorre no sdlo
a fos elementos que la circundan sino que, para ser fiel a la impresidn, es necesario ex-
presar también toda fa animacion interna de !o visible (la profundidad, ef espacio, cl co-
Jor, sus reflejos y sombras, tan esenciales como fa luminosidad), en una descripcién que
sigue el orden de la analogia, fas comparaciones y las metéforas, tal como hace Proust
evando nos habla del mat. No es suficiente con decir “agua” o “piscina”, es necesario
describir e! lazo sensible con os otros elementos, como se afectan uno al otto, los miste-
tos que se esconden en toda impresion:
Cuando veo a través del espesor del agua ef embaldosado en el fondo de la
piscina, no fo veo a pesar del agua, a pesar de los reflejos; lo veo justamente
a través de los reflejos, por ellos. Si no hubiera estas distorsiones, estos raya-
dos de sol, si yo viera sin esta carne la geometria del embaldosado, entonces
dejaria de verto como es, donde esté, a saber: mas lejos que todo lugar idén-
ico. El agua misma, la potencia acuosa, ef elemento espejo y espejeante, no
puedo decir que esté en el espacio: no estd en otra parte, pero tampoco en la
piscina. Ella la habita, alli se materializa, pero no es contenida, y si levanto
los ojos hacia la pantalla de los cipreses en la que juega la red de los reflejos,
no puedo negar que también Ta visita el agua, 0 por lo menos que ella envia
su esencia activa y vivificante!?.
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Esta nueva manera de comprender la idealidad modifica la concepciéa del espiritu
humano y de su capacidad de conocer. Si la idea sensible mantiene una estrecha relacién
con todo lo que nos ha pasado (el r9jo lo relacionamos con los obispos y el eterno feme-
nino, la pequeiia frase la relacionamos con cl amor, los cipreses quedan impreguados del
frescor y la viveza del agua de Ia piscina que lienen ante si...), 60 quiere decir que nues-
tra alma no esti vacia, no es un vacio donde el conocimiento objetivo viene a ocupar,
sino que esta Itena de sensible: ...esas entidades, esos dominios, esos mundos que la tapi-
zan, la pueblan, y cuya presencia advierte como se advierte la presencia de alguien en la
oscuridad, fos ha adquirido en su trato con lo visible, a lo cual siguen atadas",
Y es en esie sentido en el que, irreconciliables con un pensamiento positive y fijado,
Jas ideas sensibles, precisameme porque son negatividad o auseneia circunscrita, no las
poseemos, nos poseen ellas!?. La experiencia de la idea sensible es, pues, experiencia de
Ja carne y es desde este sensible carnal desde donde nace la idealidad. Hay entre la carne
y la idea una cohesi6n sin concepto, ma cohesién que es del mistno tipo que la que man-
tienen las diversas partes del cuerpo, o la que mantiene el cuerpo con el mundo. No es
una idea provocada intencionada y Gaicamente desde el sujeto, sino que se produce en la
vivencia, surge naturalmente, entra a formar parte del conjunto ideal que comercializa
con el mundo,
Este comportamiento especifico de Ja idea sensible queda lejos de fa concepeién
clasica de la idea como una esencia eterna de la que existirian ejemplares sensibles tem-
porales. Pero la concepcidn de esta idea sometida a las inclemencias de lo sensible, su-
friendo su naluraleza, la encontramos expuesta en Proust, como el mismo Merleau-Ponty
nos recuerda. De hecho, aparece magistralmente en el conjunto y finalidad de fa obra: la
traduccién del yo no puede ser la descripeién de una cosa previa y esencial sino de una
cosa en movimiento, maleable, haciéndose, y es necesario adaplar fa expresion a esta na-
luraleza. Gérard Genette”®, para explicar esta caracteristica esencial ¢e La Brisqueda, nos
presenta un ejemplo ilustrador sacado del émbito musical: el del tema y variaciones. Be-
ethoven tiene unas variaciones sobre un vals de Diabelli#! que internamente pueden ser
un paradigma musical de la obra de Proust, Se trata de unas variaciones muy poco orto-
doxas en el conjunto de la historia de la mitsica hasta aquel momento. Contrariamente a
Jo que es habitual, el tema musical que inicia la pieza, el tena madre, casi no aparece en
las variaciones; de hecho, se deshace completamente y no existe ningan traamiento va-
riado del tema??. Genette viene a decimos que la metafora que se persigue con la idea de
variacién musical se destruye porque se convierte en una metéfora sin origen: ta multi-
plicidad de las variaciones no parte de una unidad previa, Cuando lo transporta a la obra
fiteraria proustiana, nos muestra que el lazo entre la idea y sus ejemplos sigue esta rela-
ci6n entre las variaciones y el tema, s6lo que, en este caso, no hay ni siquiera el tema ini-
cial que propone Diabelli a Beethoven, sino que el tema se presenta (micamente a través
de las diversas variaciones: lo que tenemos es Gnicamente variaciones perpetuas sobre un
tema jamds expuesto. Fs deci, en La Buisqueda no hay un yo fuerte y solide que sabra
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siempre quién es y a dénde va y nos expondra su vida en hechos coneretos, sino que hay
un yo fragmentario, que se ctea y se recrea a partir de las diversas situaciones que vive y
que se descubre a si mismo a partir de cémo encara estas situaciones. Es s6lo este juego
sensible con ia propia interioridad de! yo lo que conforma y articula su entidad.
Este fendmeno que podemos Hamar de variacién sobre si mismo, es decir de varia-
cin sobre fa reversibilidad constante entre el yo y el inundo, es en el fondo aquello que
realmente ay y a partir de Lo cual todo llega a ser. En la medida en que la eohereneia del
yo resulta de una unificacién dle Ins variaciones, Ia coneiencia se reduce a ello, pero s0-
bre todo eg por ello por lo que se define como conciencia y, ast, pierde toda interioridad
substancial. Este fendmeno de variacién constante constituye intrinsocamente los dos
Ambitos: el Ambito de ta ideatidad y ef Ambito perceptivo. En Ia ditima etapa del pense-
miento de Merleau-Ponty, hay una insistencia on expresar este fondmeno, ests circulari-
dad, este “bombardeo” mutuo y dependiente que se produce entre la idealidad y Ja per-
cepeién para poder expresar mejor la dimensién comim que generan. ¥ es de aqui de
donde va a surgir un término nuevo que Merleau-Ponty toma prestado, un término ajeno
4 fa tadicién filoséfica, que siempre ¢s utilizado en sentido metaforico y plistico, y que
le permite definir mejor la relacién del cuerpo con el mundo, y sobre toda fa relacién de
la idea sensible con la carne, Este nuevo término es el término de guiasmo. Esta nocién
es muy importante en la Ultima filosofia que nos ha legado”. Podria decinse que ta fuet-
za de esla idea dinamita la estructura de los conceptos modernos porque no permite de-
terminar completamente la entidad de cada cosa,
3. Tercer nivel: el Ser quiasmatico
Quiasmo es un concepto que no habia sido utilizado en Filosofia. Su osigen se halla
en Jos dominios de la retérica y hace referencia a una figura de estilo en la que cuatro
términos son agrupados de dos en dos segin una relacién cruzada. Esta relacion és patli-
cular porque se establece al inverso de lo que dejaria entender la simettfa. Pongamos un
ejemplo banal: Ja expresién “es necesario comer para vivir y no vivir para comet”,
Merleau-Ponty utiliza esta particular nocién de quiasino cada vez que quiore pensar no fa
identidad por ella misma, ni la diferencia por ella misma, sno la identidad en la diferen-
cia, en aquellos téminos que habitualmente son considerados por separado como el vi-
dente y lo visible, el signo y el sentido, 1o interior y lo exterior, donde cada uno s6lo es 61
mismo cuando es también en el otro. El quiasmo que Merleau-Ponty define est formado
por cuatro elementos: el sujeto que percibe (el vidente), su cuerpo (Lo visible), el mundo
que contiene el cuerpo, y el mundo que aparece ante e| cuerpo. Se produce un quiasmo
en el sentido que el cuerpo es cn el mundo, de tal manera que ef mundo parece interca-
larse entre Ja conciencia y ol cuerpo; ya que mi percepcidn es un acontecimiento del
mundo més que una iniciativa mia, En virtud de este quiasmo, es decir, en virtud del pa-
rentesco ontolégico esencial del cuerpo y el mundo, el movimiento por el que la con-
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ciencia se encamna es el inverso de aquel movimiento por ¢l que el mundo accede a la fe-
nomenalidad de fa conciencia,
Bsta nocién de quiasmo en ella misma parece contener todo el perfume de La Biis-
queda ya que muesira los vinculos orgénicos que el yo establece con el mundo y unifica
y hace comunicar las sensaciones que la presencia del protagonista causa en el paisaje.
Sin embargo, este voeablo guiasmo, el témino cn si, no proviene de Proust. Probable-
mente Merleau-Ponty toma prestada esta metéfora del poeta Paul Valéry?®. Expresada a
través del quiasmo, la experiencia del mundo es la experiencia de una cierta reciproci-
da, de una seciprocidad de entrada inesperada y que se revela, pues, desconcerlante.
Esta idea recibir otros nombres, menos utilizados: en Lf Ojo y el Espiritu lo llama siste-
ma de intercambios*, 0 sistema de equivalencias, asi como presentacton sin concepto
del Ser universaP?. Pero el vocablo guiasmo, con toda la riqueza que le es propia, lo en-
contramos sobre todo en Lo visible y fo invisible, Bn una nota de trabajo encontramos
una expresién completa de como Merleau-Ponty concibe el quiasmo en relacién al traba-
jo filos6fico que esta creando:
». la idea de quiasmo, es decir: toda relacién con el ser es simuultineamente
tomar y ser tomado, el tomar es tomado, esta inserito, y to esta en el mismo
ser’ gue toma,
A partir de eso elaborar tna idea de la filosofia: no puede ser un tomar total
¥ activo, posesién intelectual, puesto que lo que hay que aprehender es una
desposesién -No estd por encima de la vida, abaredndola. Isstd por debajo.
Es la prueba simulténea del que toma y de lo tomado en iodos tos dridenes. Lo
que dice, sus significaciones, na son invisibilidad absoluta: con palabras hace
que yeamos. Como toda la literatura, No se instala en el reverso de lo visible:
estd en los dos lados?.
Esta concepeién def quiasmo comporta un cambio profundo en la misma filosofia,
La filosofia no deberia ser mas una “posesién intelectual”, ni deberfa creer estar por en-
cima de la vida, sobrevolindola para comprenderla de lejos, desde posiciones ontolégi-
cas ficticias, sino que, precisamente porque sus significados se tienen que mostrar a
través de las palabras ~y estas palabras pertenecen ya a lo sensible, forman parte de la
gostacién de lo sensible en la conciencia— debe dejar de expresarse (inicamente con vo-
luntad intelectual y, considerando el modelo de expresién literaria, debe dejar surgir las
ideas sensibles desde el fondo de la came de lo sensible.
Esta percepcién global de to interior y Jo exterior que reclama Merleau-Ponty, es
precisamente lo que Proust encara tan seriamente en La Brlsqueda. Bl todo existencial,
aquella mezela de apariencia indescifrable, Proust consigue mostrarlo creando una ex-
presién verdadera de nuestro vinculo con el Ser. Merleau-Ponty le reconoce el valor de
haber forzado hasta el final la experiencia de deseribir el yo como aquello que es, un pa-
saje hacia los otros, donde el hilo de nuestra visién se enlaza indisolublemente con nues-
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iso pensamiento, nuestra memoria y nuestro cuerpo, donde todas las imagenes se unen en
una estimulante mezela de todos los sentidos que parece no poner limite a la experiencia
Este enlazamiento insondable, quiasmitico, del yo con el mundo fluye siempre en
la expresién de Proust de una manera casi natural, Pongamos un ejemplo que hallamos
en el inicio de La Biisqueda. El protagonista se despictta a medianoche en una alcobs
que no es la de costumbre y retoma, de golpe, a una conciencia que slo se reconoce a si
misma a partir de los elementos externos que le aporlan las sensaciones corporales, y a
su vez los elementos memoristicos que contionen estas mismas sensaciones. Describe,
pues, un momento paradigmiilico y que todos hemos vivide alguna vez: el instante mi
‘mo en el que, para recuperar ta entidad del yo, es necesario rehacer la relacién quiasma-
tica de nuestros vinculos con cl mundo. Fijémonos cémo Proust, para Hogar a definir el
proceso quiasmatico, precisa de un estilo contrado cn ol detalle, en el matiz, de todo lo
que se remueve en su interior
El caso es gue cuando yo me despertaba asi, con el espiritu en conmocién,
para averiguar, sin Hegar a tograrlo, en dénde estaba, todo giraba en torno
mio, en la ascuridad: las cosas, los paises, fos aiios. Mi cuerpo, demasiado
forpe para moverse, intentabo, segin fuera la forma de su cansancio, deter-
minar la posicion de sus miembros para de ahi inducir la direccién de la pa-
red y el sitio de cada mueble, para reconstruir y dar nombre a la morada que
le abrigaba. Su memoria, memoria de los costados, de las radillas, de los
hombros, le ofrecia sucesivamente las imagenes de fas varias alcobas en que
durmiera, mientras que, alrededor suyo, las paredes invisibles, cambiando de
sitio segin la forma de la habitactén imaginada, giraban en lus tinieblas. Y¥
antes de que mi pensamiento, que vacilaba en el umbral de los tiempos y de
Jas formas, hubiese identificado, entazando las diversas circunstancias que se
le ofrecian, el lugar de que se trataba, el otro, mi cuerpo, se iha acordando
para cada sitio de cémo era la cama, de dénde estaban las puertas, de a dén-
de daban tas ventanas, de si habia un pasitlo, y, ademas, de los pensamientos
que al dormirme alli me preocupaban y que al despertarme volvia a encon-
trav, Et lado anquilosado de mi cuerpo, al intentar adivinar su ortentacton, se
creia, por ejemplo, estar echado de cara a la pared, en wn gran lecho con do-
sel, y en seguida me decia: “Vaya, pues, por fin me he dormido, aunque mama
no vino a decirne adids”, y es que estaba en el campo, en casa de mi abuelo,
amuerto ya hacia tanto tiempo; y mi cuerpo, aquel lado de mi cuerpo en que
ine apoyaba, fieles guardianes de un pasado que yo nunca debiera olvidar, me
recordaban la llama de la lamparilla de cristal de Bohemia, en forma de
urna, que pendia del techo por leves cadenillas; la chimenea de mdrmol de
Siena...
88 [Link]ARTICULOS
A través de esta descripcién vemos, pues, que es el cuerpo, las sensaciones corpora-
les, quienes reticnen verdaderamente toda Ia entidad de uno mismo; porque es a través
de elias, a través del (acto de las rodillas, de las costillas y de los hombros en este caso~
como acabamos por deducir dénde estamos y en qué momento de nuestra vida. Hs por Ja
memoria del cuerpo por fo que recuperamos nuestra insercion exacta en ef Ser total, tan-
to presente como ausenle, y, por fo tanto, nuestra entidad®, Merleau-Ponty, en Lo visible
y lo invisible, también nos habla de este instante onfologicamente tan interesante. Aun-
que no hace una descripeidn literatia si que extrae, como Proust, lo esencial de este mo-
mento, 0 sea, el hecho de recuperar, desde la sensacidn, la manera de scr hombre, la con-
ciencia “mezclada en el mundo” que se rehace cada maiana en cada hombre. Nos dice:
a esa mezcla con ef mundo que para mi empieza cada maana ast que abro
los ojos, a ese finir de vida perceptive entre él y yo que no cesa desde la
maiianat hasta la noche y hace que mis pensansientos mas reeéuditos modifi-
quen para mi cares y paisajes, del mismo modo que caras y paisajes me brine
dan unas veces aywla y me amenazan otras con wr modo de ser hombre que
ingiunden en mé vide",
Es desde los dos lados, desde el yo y desde el mundo, como se produce esi¢ trasva-
se que va modificando las dos entidades a la vez modifica /as caras y los paisajes-,
pero modifica también la manera que tenemos de ser hombres. Hay una linea ininlerrum-
pida, pues, entre cl yo y el mundo, de tal manera que no hay wn punto exacto desde don-
de decir “hasta aqui yo y a partir de aqui el mundo y los otros”: estt bisagra mévil es ef
quiasmo. Y lo que resulta mas importante del quiasmo es precisamente que describe un
nuevo tipo de ser en el que el horizonte entre las cosas es completamente permeable.
Hay el horizonte exterior, bien visible y diferenciado, que delimila a su vez el horizonte
interior, opaco a la vision, esa oscuridad'; pero este tinico horizonte es un horizonte {ré-
gil que delennina una posibilidad légica de concepeién, pero que, en rigor, no comporta
ninguna diferenciacién en la corporeidad general de Ja que los dos forman parte. Merleau-
Ponty describe este ambito de generalidad que ta piel contraviene: Bs un nuevo tipo de
ser: ser poroso, prefiado, el ser de la generalidad, y en él esta sumido, englobado el otro
sen aquel ante el cual se abre el horizonte. St cuerpo y las lejantas participan de ma
misma corporeidad o visibilidad en general, que reina entre éstas y aquél, y hasta més
alté del horizonte, més acd de ta piel, hasta el fondo del ser™.
Inmediatamente después de hacer esta teflexién es cuando Merleau-Ponty, [legando
al punto mas dificil en su intento por describir desde el quiasmo el nexo entre la carne y
la idea, hace aquelfa defensa de Proust, Es cuando afirma que, a su juicio, nadie ha ido
tan Iejos como él en la fijacién de las relaciones entre la carne y la idea, Bn este sentido,
Proust ¢s el ejemplo y Ja posibilidad de concebir las cosas desde esta realidad que Merle
au-Ponty reclama, y es, pues, en Proust en donde ha visto la posibilidad de dar cuerpo a
su nueva ontologia, precisamente porque el escrilor, desde su personal estilo, ha forzado
www septiorg 29ARTICULOS
el longuaje conceptual para expresar la movilidad, hasta el punto de haber creado espa-
cios de sentido que muestran la fluidez y la armonia del fendmeno quiasmatico. Es ol
mismo Proust quien nos dice:
La realidad que se trataba de expresar residla, ahora to comprendo, no en la
apariencia del tema, sino en una profindidad en la que esta apariencia im-
portaba poco, como lo simbolizaban aquel ruido de una cuehara contra un
plato, aquella rigidez almidonada de la servilleta, que me fueron més valiosos
para mi renovacién espiritual que tantas conversaciones humanitarias, pa-
uiéticas, internacionalistas y metafisicas*,
Conclusién
Desde esta concopeion quiasmatica del Ser, el sujoto pierde el peso que fo habia
concedido la tradicion para diluirse on esta dimensién universal sensible de la que, efec-
tivamente, surge una trascondencia en su interior desde donde se gjerce la reflexividad de
este mismo sensible, pero siempre desde una estructura del Ser quiasmatica y de laten-
cia, Desde esta dimensionalidad, la subjetividad y la temporalidad son modificadas de tal
manera que cada hombre no es un flujo de vivencia individual sino un campo de Ser. Asi
pues, nuestra relacién tradicional con la idea de mundo y con la idea de cuerpo queda al-
terada con esta nueva nocién. Los papeles tienden a invertirse entre lo que ya no es mas
el objeto y lo que ya no es més cl sujeto.
Lo que para Merleau-Ponly va a determinar nuestra subjetividad sera el modo sin-
gular que (iene cada individuo de situarse en relacién a las palabras, a las cosas y a los
otros, a saber, la creacién de sentido que cada uno de nosotros eva a cabo diariamente.
La relacién entre las conciencias cncarnadas se establece a través del motor de una crea-
cidn y recreacién que es, por ella misma, la portadora del sentido del mundo. Asi pues,
defendiendo el mundo desde 1a intersubjetividad y toda cultura desde fa creacién, Merleau-
Ponty puede obtener una prolongacién de Ia racionalidad que permite a la filosofia reco-
brar el contacto perdido con ta dimensién donde se forja la realidad,
$i, como nos dice Merleau-Ponty, a todos nos cs necesario un estucrzo personal
para acceder ala verdad ET Ser es lo que exige de nosotros creacién para que tengamos
experiencia de él-, Proust lo reafirma cuando nos dice que: Cada lector es, cnando lee,
el propio lector de si mismo. La obra del esevitor no es mas que una especie de instru-
mento éptico que ofrece al lector para permitirle discernir lo que, sin ese libro, no hu-
biera podido ver en st mismo, Proust y Merleau-Ponty nos inviten, pues, si seguimos
su propuesta, a conocer bien el entramado entre el mundo y la intersubjetividad en aque
ila dimensién problemética que la accién poética muestra y que es, para la especie huma-
na, el marco de su inquietud fundamental.
90 [Link]ARTICULOS.
Notas
' Bn Notes du Cours 1959-1961, (Gallimard, Paris 1996, p.196), nos dice, hablando de
Proust: No es platonismo; sus ideas no se hayan bajo la luz inteligible, sino emparen-
tadas con ta membrana de lo visible,
Lo visible y lo invisible, p, 270. (Tradu
fona, 1966).
3 Thid., p. 132.
La expresién de esta dimensién comin es una de las novedades de la Filosofia de
Merlcau-Ponty. Esta dimensién es més que un simple orden de realidad, ya que es
aquello segin lo cual una realidad es el marco general de todo fendmeno. Como nos
dice Ronald Bonan: De este orden de realidad, ta filosofia no tenia conciencia antes
de Merleau-Ponty, preocupada por im enfoque elevado 0 separador, perdida en et
detalle empivico, o bien dirigida hacia el contacto interior de la conciencia y de las
cosas, pero ravamente, o nunca, atenia a la connaturalidad de los sujetos y del mun-
do y a las consecuencias, filoséficas 0 no, que implica (BONAN, R. Le probléme de
Vintersubjectivité dans la philosophie de Merleau-Ponty, L'Harmattan, vol 1, 2001,
p. 7).
5 Lo visible y lo invisible, p. 184,
n de José Escudé, Ed. Seix Barral, Barce-
© Se sefiere, claro, a la frase musical de Ja sonata de Vinteuil que emociona a Swann en
Por ef camino de Swann, La familiaridad con La Biisgueda es enorme porque, a pe-
sar de que nombra a menudo la “pequeiia frase”, nunca da la referencia, dando por
heche que el lector conoce este fragmento. Anne Simon, en su articulo titulado
“Proust et architecture” du visible”, nos dice, a propésito de ello: EY filésofo co-
nocia haste tal punio La Basqueda que constantemente salen de su pluma referen-
cias, fragmentos de citas, alusiones, sin que Merleau-Ponty se sienta obligado a en-
viarnos al lugar preciso de la novela de donde los ha sacado, unt poco como
Montaigne integraba en ef hilo de sus Ensayos pasajes de sus quieres privilegiado:
y se convierten en una parte intima de él mismo. (Merleau-Ponty et le littéraire, Pre
ses de [’Ecole Normale Supérieure, Paris, 1997, p. 106)
7 Le visible et I’'invisible, p. 185.
® Con todos los escriipulos necesarios sobre el caricter autobiogrifico de La Brsqueda,
se puede decir que Proust escribe siempre la misma obra mostrando lo que él piensa
de la verdad de la vida a partir de una reelaboracion de su experiencia personal, G.
Genette, nos dice, a propésito de ello: Esa situacién de un escritor completamente
consagrado e identificado con una obra tinica es, en conjunto, bastante vara en la
historia de las Letras (“La cuestion de fa escritura”, Recherche de Proust, colectiva,
Seuil, Paris, 1980, p. 9).
9 Bote término de “idea sensible” puede parecer, en rigor filosdfico, contradictorio, ya
que la idea se define siempre como una representacién fruto del intelecto y de la vo-
[Link] onARTICULOS
luntad del sujeto, pero nunca constiluida desde Jo sensible. En esta combinacién cx-
plosiva que recoge este (érmino, Merleau-Ponty quiere combatir la distincién funda-
mental de los drcenes de realidad impuestos por la filosofia occidental.
‘0 Lo visible y lo invisible, p. 191.
" rhid., p. ASL
12 Lo visible y lo invisible, p. 165.
13” J.Y, PouILLOUx, en su articulo “Je ne sais ce que je vois que cn écrivant” nos dice de
este fragmento: Creo que no hay ninguna frase mds fiel a Proust, tanto por to que se
refiere a la aproximacién de lo que constituye la trama de nuesira vision, trenado in-
disoluble de instante puro y de memoria indistinta, como por la confianza extraordi-
narta en una escritura susceptible de sacar a la luz lo que constituye el espesor me-
nospreciado de la experiencia cotidiana (Merleau-Ponty et le littéraire, p. 100).
4-4 Ia sombra de las muchachas en flor (Alianza Editorial, Madrid, 1998, traduccién
de Pedro Salinas, p. 507).
45. La visible y lo invisible, p. 189.
16 Este vocablo hace referencia, en el Ambito de la botinica, a fa obertura de un organo
cuando Hega a la madurez. Con fa inlencién de no colocar Ia concicncia en un campo
transcendental, la nocién de debisconcia permite a Merleau-Ponty dar una idea mas
precisa a Ja relacién del cuerpo con él mismo y el mundo.
1” EI Ojo y el Espiritu, p. 53, (Bd. Paidés, Bareclona, 1986, Traduecién de Jorge Rome-
ro Brest).
18 Lo visible y Io invisible, p. 186.
19 Ibid., p. 187.
2 Actas del congreso sobre Proust “Proust et la nouvelle critique” en Cahiers Marcel
Proust, n° 7, pp. 87-116,
21 Diabelli-Varialionen, opus 120 (1819). Una buena version es !a del pianista Grigory
Sokolov (1985 Granzapis, St Petersburg, France, discografica opus 111, Ref. OPS
42-9106).
22 Ciertamente, aunque Beethoven trabaje sobre la cntidad musical de este pequeito vals
de Diabelli, con su melodia, su ritmo, su armonia y su forma, rompe de tal manera
los acentos melédicos y el ritmo, que borra completamente el tema y, més que una di-
vergencia a partir de un tema, el Opus 120 es sobre todo una convergencia hacia él,
una aproximacién musical infinitesimal hacia él.
73 Bs una idea esencial, hasta el punto la Gnica revista centrada en el pensamiento de
Merleau-Ponty se Hama, muy simbélicamente, Chiasmi internacional.
24 BI hecho de comer y el hecho de vivir se hallan en una relacién de dependencia en el
ser humano: sélo puede comer quien esta vivo y solo esta vivo quien come, El quias-
mo muestra, sin embargo, que esta relacion atin siendo reciptoca no es absoluta, es
2 [Link]AARTICULOS
decir que, a pesar del nexo que determina el ser de las dos, son por si mismus inde-
pendientemente, cada parte tiene su entidad y por ello mismo puede afirmarse lo que
se afirma: que es necesario comer para vivir (es decir, hay una relacién de dependen-
cia) pero no vivir para comer, que seria establecer una telacién absoluta que no es
cierta, puesto que los motivos para vivir son més complejos y ebarcan mas necesida-
des que las cstrictamente de supervivencia.
25 Hay una prueba evidente de que la toma de Valéry porque en el curso de 1952-53, del
que se han editado los apuntes, Merleau-Ponty cita un fragmento de Ze! guef donde
aparece esta nocién (p.25 de la edicién francesa).
26 pI Ojo y ef Espiritu, p. 18.
2 hid. p. 54.
2% Lo visible y lo invisible, p. 319.
2 Por ef camino de Swann, (Alianza Editorial, Madrid, 1990, p. 15, ttadueei6n de Po-
dro Salinas).
28 En el momento de despertar es donde més se percibe que nuesira relacién con el
mundo se realiza a partir de nuestra subjetividad corporal, a través de lo que Merle-
au-Ponly Hama intencionalidad operante, aquella unidad natural y ante-predicativa
del mundo y de nuestra vida que aparece en nuestros deseos, nuestras evaluaciones,
iuestros paisaje, més claramente que en el conocimiento objetivo (Phénoménologie
de la perception, p. Xlll), Un buen ejemplo de esta intencionalidad operante lo en-
contrames en las primeras paginas de La meiamorfosis de Kafka, cuando Gregor
Samsa ain uo teconoce 1a tansformacion de su cuerpo e intenta actuar como si se
encontrase bajo la misma piel de siempre. Todos los mecanismos intemos que le ha-
cen reconocer partes mas sensibles del nuevo cuerpo, partes mas duras ¢ inmovilida-
des exiraitas, formar parte de lo que Merleau-Ponty llama intencionalidad operante.
Nos dice: £/ dolor que le produjo demostréle, con su agudez, que aguella parte infe-
rior de su cuerpo era quizd, precisamente, en su nuevo estado la mds sensible.
(KAPKA, F, La metamorfosis, Alianza Editorial, Madrid, 1987, p. 15). Este reconoci-
miento interno, natural, que nos liga al mundo, la relacién del yo con un yo vegetati-
vo, os la manifestacién de la unidad ante-predicativa del mundo y de nuestra vida.
3 Lo visible y lo invisible, p. 56.
2 Ibid. p. 184.
"3 Lo visible y lo invisible, p. 184.
4 EL tiempo recobrado (En busca del tiempo perdido, v. VIL, pp. 230-231, Alianza Bdi-
torial, Madtid, 1995, traduccion de Consuelo Berges).
35 Lo visible y lo invisible, p. 242.
36 BI tiempo vecabrado (En busca del tiempo perdido, v. VU, pp. 264, Alianza Editorial,
Madrid, 1995, traduccion de Consuelo Berges).
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