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Manual de Moral Cristiana Resumen

Este documento presenta un resumen de la cuarta parte del Manual de Moral Cristiana de Mons. Luis Javier Muñoz Mora. Explica conceptos como virtud, hábito y las diferentes clasificaciones de virtudes. Define la fe como la virtud teologal por la cual creemos en Dios y en todo lo que él nos ha revelado. También describe los deberes que impone la fe como conocer las verdades de fe, confesar la fe y propagarla. Finalmente menciona algunos pecados contra la fe como la incredulidad, herejía y apostasía.
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Manual de Moral Cristiana Resumen

Este documento presenta un resumen de la cuarta parte del Manual de Moral Cristiana de Mons. Luis Javier Muñoz Mora. Explica conceptos como virtud, hábito y las diferentes clasificaciones de virtudes. Define la fe como la virtud teologal por la cual creemos en Dios y en todo lo que él nos ha revelado. También describe los deberes que impone la fe como conocer las verdades de fe, confesar la fe y propagarla. Finalmente menciona algunos pecados contra la fe como la incredulidad, herejía y apostasía.
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SEMINARIO MAYOR NUESTRA SEÑORA DE LA

ANUNCIACIÓN

MORAL

Pbro. Jorge lópez

TRABAJO MORAL

Sem. Juan Camilo Zapata

Cartago valle, 21/07/2020


MANUAL DE MORAL CRISTIANA, MONS. LUIS JAVIER MUÑOZ MORA
CUARTA PARTE: VIRTUDES

Concepto de hábito y de virtud

El término “hábito” se deriva del latín habitus, e indica un comportamiento


permanente, una costumbre o usanza. El hábito tiene como ventaja el
proporcionar a la persona ahorro de energías. De esta manera a la persona la
posibilidad de emplear esas energías en otras cosas. La posibilidad de
adquisición de hábitos abarca todos los campos de la vida y de la actividad
humana. Si el hábito es moralmente bueno, se llama virtud; si es moralmente
malo, se llama vicio.
Según la filosofía aristotélico-tomista, si los hábitos modifican las potencias en
el orden del ser se le llaman hábitos entitativos; nsi las modifican en el orden
del obrar, se llaman hábitos operativos. Cuando los hábitos se deben a una
disposición natural, se llaman innatos; si se deben al esfuerzo humano, se
llaman adquiridos. Si son obra de la gracia divina, se llaman hábitos infusos. Si
inclinan al bien se llaman virtudes; si inclinan al mal, se llaman vicios.
La virtud es el vigor o la fuerza que, según la Palabra divina, Dios concede para
dar testimonio de Cristo. A veces también se refiere a las manifestaciones del
poder de Dios. A la persona moralmente formada y que obra rectamente se le
llama virtuosa. Según Santo Tomás la virtud indica la perfeción de una facultad
o potencia espiritual, respecto del ser o del obrar. Así, la virtud puede ser
definida como firme inclinación a la buena conducta y firmeza en la misma
buena conducta.
Virtud y virtudes
La virtud es creativa porque tiende a hacer el bien según lo que conviene en un
momento determinado, lo cual implica dominio de sí mismo, un juicio recto de
las circunstancias y una cierta elasticidad para adaptarse a esas
circunstancias. La inclinación al bien puede ser fruto del esfuerzo de la
persona, o puede ser concedida por Dios como don gratuito; de ahí la distinción
entre virtudes adquiridas y virtudes infusas:
Virtudes adquiridas.
En relación con las virtudes adquiridas hay que tener en cuenta el esfuerzo
humano, que puede ser mayor o menor, y la obra de la gracia divina, sin que se
pueda establecer un límite entre lo uno y lo otro. Hay virtudes en cuya
adquisición se fija más la atención en el esfuerzo humano, tales son las
llamadas virtudes morales. Las virtudes, aunque son distintas, están
entrelazadas, de ahí que no se pueda pensar en adquirir una virtud
separadamente de las demás.
Virtudes infusas
Son cualidades que elevan las potencias para hacer un bien que está por
encima de las fuerzas humanas. Hay que tener en cuenta, además, que estas
virtudes no se encarnan en nuestras potencias sin nuestra colaboración. Las
virtudes infusas pueden ser teologales o morales. Las virtudes teologales se
entienden como principios operativos mediante los cuales la persona se
ordena directamente a Dios. Son: fe, esperanza y caridad. Las virtudes morales
infusas disponen de las potencias para seguir el dictamen de la razón
iluminada por la fe. Ordenan directamente los actos responsables al fin
sobrenatural.
Dones y frutos del Espíritu Santo
Son disposiciones permanentes que hacen a la persona más dócil para seguir
los impulsos del Divino Espíritu. Estos (sabiduría, inteligencia, consejo,
fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios) completan y llevan a su perfección
las virtudes de quienes los reciben.
Los frutos del Espíritu Santo son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu
Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera
doce: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad,
mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad. Estos dones no son
un privilegio de algunos bien dotados. Se dan independientemente de las
cualidades naturales a cuantos en el bautismo y el la gracia reciben el don del
Espíritu Santo.
Las virtudes y la gracia.
El don de la salvación obrada por Cristo nos otorga la gracia necesaria para
perseverar en la búsqueda de las virtudes. Cada cual debe pedir siempre esta
gracia de luz y de fortaleza.
Virtudes humanas
Estas virtudes son actitudes firmes, perfecciones habituales del entendimiento
y de la voluntad, que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y
guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan dominio y gozo
para llevar una vida moralmente buna. Persona virtuosa es la practica
libremente el bien.
Virtudes teologales
Las virtudes teologales se refieren a Dios. Disponen a vivir en relación con la
Santísima Trinidad, y tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino.
Estas virtudes son infundidas por Dios en el alma de los fieles para hacerlos
capaces de obrar como hijos suyos y merecer la vida eterna. Estas son: fe,
esperanza y caridad. Por las virtudes teologales llega la persona al
conocimiento-experiencia de Dios, es atraído hacia él como bien supremo y se
une a él
La virtud teologal de la fe
La fe es la virtud teologal por la que creemos en dios y en todo lo que él nos ha
dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque él es la verdad
misma. El discípulo de Cristo no solamente debe guardar la fe y vivir de ella,
sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla.
Explicación bíblico-teológica.
La Biblia concibe la fe como una dependencia de Dios. Es una respuesta a la
llamada de Dios a entrar en comunión de vida con él. Presupone una iniciativa
de parte de Dios, que se da a conocer, que se revela, que habla. La fe del
Nuevo Testamento incluye la aceptación de Cristo como el Mesías. Jesús es la
máxima y más perfecta revelación del Padre. Se salva quien cree que Cristo es
el Señor.
Para el acto de fe se requieren estas condiciones:
- Conocimiento del contenido de la palabra revelada
- Conocimiento de que esta palabra está atestiguada por Dios
A la fe no se podrá llegar por la sola razón humana. Pero la fe es razonable en
cuanto presupone el dictamen sobre las razones de credibilidad y sobre le
deber de creer. El acto de fe no sólo incide en el campo religioso, sino en la
moral, pues procede de la libertad
Eclesialidad de la fe
La fe es un acto personal. Es la respuesta libre del hombre a la iniciativa de
Dios que se revela. Pero la fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo,
como nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se
ha dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe de otro y debe
transmitirla a otro.
La iglesia es la primera que cree, y así conduce, alimente y sostiene mi fe. La
Iglesia, que es columna y fundamento de la verdad, guarda fielmente la fe
transmitida a los santos de una vez para siempre. Ella es la que guarda la
memoria de las palabras de Cristo, la que transmite de generación en
generación la confesión de los Apóstoles.

DEBERES QUE IMPONE LA FE


Deber de conocer las verdades de la fe
Es deber de todo cristiano profundizar en el conocimiento de las verdades de la
fe, guiado siempre por la Iglesia, en adhesión al Magisterio para evitar posibles
peligros. Quienes no se preocupan por ello, cometen una grave falta de
responsabilidad.
Deber del acto de fe
Todo bautizado que tenga uso de razón se le pide un acto de fe, en el ejercicio
de su vida en las acciones temporales, pero también en lo que expone el
Magisterios como verdad de fe.
Deber de confesar la fe
Tenemos obligación de confesar la fe siempre que la gloria de Dios lo exija y el
bien espiritual del prójimo, negarla es un pecado muy grave que trae fatales
consecuencias. Entre ellas la pérdida de la salvación.
Deber de propagar la fe
Todo bautizado debe propagar su fe, es un mandato que hemos recibido del
Señor, pero ante todo con el testimonio que nace de la fidelidad a Dios, esta
fidelidad es la que le da fuerza y determinación al testimonio dado. Por ello, es
necesario llevar una vida según Cristo para que podamos seguir instaurando el
Reino de Dios en medio de nosotros.
Deber de defender la fe
El tesoro de la fe se encuentra depositada en vasos frágiles que se debe
defender de las continuas amenazas que desprecian la fe. Por ello, Cristo para
mantener la pureza de la fe transmitida de los apóstoles quiso conferir a la
Iglesia la infalibilidad. Que reside en el sumo pontífice y el cuerpo episcopal
sobre todo en los concilios. De forma que comprendemos que el Magisterio de
la Iglesia fue instituido por el Señor para proteger la unidad y la pureza de la fe.
PECADOS CONTRA LA FE
Hay diversas maneras de pecar contra la fe que ante todo son desconocimiento
de Dios
Incredulidad
Es una carencia de fe de parte de aquellos que rechazan o desprecian después
de haber sido suficienmente instruidos. De aquellos dice Jesús que ya están
juzgados.
Dicha incredulidad se presenta en diversas formas: el ateísmo (practico y
teórico), el indiferentismo, el secularismo y el anticristianismo.
La herejía
El hereje es aquel bautizado que pretende permanecer cristiano, pero negando
obstinadamente una verdad que ha de creerse con fe divina y católica.
Lo que la caracteriza es que es una decisión libre, por ello quien yerra
involuntariamente sobre verdades de fe no puede ser considerado propiamente
hereje, ya que es un error inculpable y no entraña pecado.
El católico que ha recibido su fe sabiendo que es el Espíritu quien guia al
Magisterio no debe dudar de las verdades de fe.
La apostasía
La apostasía supone un abandono o negación total de la doctrina católica
recibida en el bautismo. Es decir, en lugar de negar un dogma o idea
determinada se niega la doctrina completa. Es una ruptura que lesiona la
unidad de la Iglesia, junto con la herejía y el cisma. La Iglesia Católica lo
considera un pecado de extrema gravedad, pues no rechaza un dogma de fe
concreto, como es el caso de la herejía, sino que rechaza voluntariamente la fe
cristiana por completo.
Dudas contra la fe
Se trata del caso de quien, sin impugnar las verdades de fe, no las acepta, sino
que las pone en tela de juicio. Quien tiene fe en Dios no podrá dudar de sus
verdades reveladas y ciertamente existirán dudas en el plano intelectual lo cual
no constituye un pecado, porque ellas son ante todo dificultad para entender,
pero ellas siempre serán resueltas colocando a Dios como verdad misma.
VIRTUD TEOLOGAL DE LA ESPERANZA
La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los Cielos y
a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo la confianza en las promesas
de Cristo y apoyándose no en las propias fuerzas, sino en los auxilios de la
gracia y del Espíritu Santo.
Cristo nos manifiesta la esperanza desde los inicios de su predicación a través
de las bienaventuranzas, como un anhelo de felicidad que se encuentra en el
cielo y al que todo hombre debe aspirar.
Explicación bíblico-teológica
En la Sagrada Escritura encontramos una diversidad de expresiones de
esperanza que tienen un sentido de expectación del bien, de la salvación. Hay
también un rechazo a las falsas esperanzas basadas en el hombre y la
mundanidad.
En el A.T. el objetivo de la esperanza es el cumplimiento de las promesas de
Dios, la salvación de pueblo de Israel, la instauración de una nueva Alianza.
En el N.T. la esperanza se concretiza en la persona de Jesús, toda su
predicación excita esperanza.
Ahora bien, la esperanza del cristiano no es solo la salvación sino el
cumplimiento de las promesas divinas para todos los creyentes, por ello
fundamentalmente la esperanza es la fidelidad a Dios y a sus promesas. Pero
no es una expectativa pasiva o vacía, sino que el sujeto esta siempre en
participación, en hombre en el trasegar histórico participa de las promesas de
divinas y se sujeta a ellas por las cuales adquiere fuerza.

Pecados contra la esperanza


Los pecados contra la virtud teologal de la esperanza de pueden reducir a dos
especies:
Desesperación: la persona deja de esperar de Dios su salvación personal, el
auxilio para llegar a la salvación o el perdón de sus pecados. Es por así decirlo
una renuncia a la bienaventuranza considerada imposible de alcanzar. En esta
línea se situá la pusilanimidad o conocida como desesperación privativa y el
desaliento como también la desesperanza. Y también está la desesperanza
positiva que constituye el pecado contra el Espíritu Santo.
La presunción: es una temeraria confianza de obtener la salvación por medios
que no corresponden a la ordenación del plan divino. Tenemos dos clases de
presunción: la persona que presume de sus cualidades esperando poder
salvarse sin la ayuda de lo alto, o bien la que presume de la misericordia divina,
esperando obtener el perdón sin conversión, o la gloria sin mérito.
Pecados contra el amor de Dios:
De diversas amaneras se peca contra el amor de Dios: por indiferencia, por
ingratitud, por tibieza, por acedía o pereza, por odio a Dios. La indiferencia
descuida o rechaza la consideración de la caridad divina. La ingratitud omite o
se niega a reconocer la caridad divina y devolverle amor por amor. La tibieza
es una vacilación o negligencia en responder a mor divino. La acedía o pereza
espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios. El odio a Dios tiene su
origen en el orgullo, se opone al amor de Dios.
La caridad pide quitar obstáculos que se ponen al amor de Dios. Obstáculo de
apego desordenado a los bienes temporales y al pecado como tal. El pecado
mortal es incompatible con la caridad. El pecado venial constituye solamente
un obstáculo al fervor de la caridad. La tibieza es una falta de fervor convertida
en hábito y constituye un serio peligro para la virtud teologal de la caridad.
El pecado que mas directamente va contra la caridad es el odio. Quien odia a
Dios se porta como si en Dios hubiera maldad. Es el pecado que contradice en
sumo grado la vocación esencial de la persona.

El amor al prójimo
Jesús dice en Mc 12,29-31 que el mandamiento más importante es el del amor,
a Dios y al prójimo.
Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales
ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales.
Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras de misericordia espirituales.
Las corporales consisten especialmente en dar de comer al hambriento, dar
techo al que no lo tiene, etc.
La divina caridad nos une con el prójimo en una comunidad de vida, de amor y
de destino. El espíritu de solidaridad de redención nos exige que apreciemos la
salvación del prójimo tanto como la nuestra.
Las obras de misericordia pueden estar dirigidas a las necesidades espirituales
o a las corporales; de ahí la distinción clásica entre obras de misericordia
espirituales y obras de misericordia corporales. Cada necesidad del prójimo
pide el remedio de esa necesidad, es una llamada al ejercicio de la
misericordia. Sin son bienes superfluos no pertenecen a quienes las poseen,
sino a quienes los necesitan.
El grado del deber de hacer participe a otros de los bienes que se poseen se
mide por la magnitud de la propia riqueza y por la necesidad del prójimo. En
gran necesidad del prójimo es deber dar no solamente de lo que sobraría, sino
aún de los bienes que parecen necesarios para una vida conforme a la propia
condición. Cuando el que da de sus bienes al necesitado ha de quedar en
iguales condiciones que éste, o peores, no es un deber la participación, pues
cada uno tiene el derecho y el deber de cuidar su vida y salud con preferencia
a cualquier otro.
Para que el compartir sea verdaderamente cristiano, se requiere que la
motivación sea cristiana. Dentro de las obras de misericordia reviste especial
importancia la corrección fraterna. Este deber será estricto cuando el prójimo
esté amenazado por un serio perligro espiritual, cuando promete un buen
resultado, cuando es posible que el prójimo no se librará de un peligro sino es
amonestado; su fin también contribuye al estímulo positivo al bien y ayudarlo a
progresar en su vida espiritual. El propósito de la corrección fraterna ha de
proceder del verdadero celo por el Reino de los cielos; no de una incomodidad
personal, regido por la prudencia.
El amor familiar
“Honra a tu Padre y a tu Madre” El cuarto mandamiento indica el orden de la
caridad. Después de Dios, quiso que honráramos a quienes debemos la vida.
Este precepto expresa en forma positiva, indicando los deberes que se han de
cumplir. Se dirige a los hijos en sus relaciones con sus padres. Exige honor,
afecto, reconocimiento a los abuelos y antepasados. Implica los deberes de los
padres, tutores, maestros, jefes, de todos los que ejercen una autoridad sobre
otros o sobre una comunidad de personas.
Lleva consigo una recompensa “… para que tus días se prolonguen en la
tierra”. Proporciona frutos espirituales, frutos temporales de paz y prosperidad.
La comunidad conyugal está establecida sobre el consentimiento de los
esposos. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos. Un
varón y una mujer unidos en matrimonio forman con sus hijos una familia. Al
crear al varón y a la mujer, Dios instituyó la familia humana y la dotó de su
constitución fundamental.
La familia cristiana constituye una revelación y una actuación específica de la
comunión eclesial; por eso se puede y debe decirse “Iglesia doméstica”. Es una
comunidad de fe, esperanza y caridad. Las relaciones en el seno de la familia
entrañan una afinidad de sentimientos, afectos e intereses que provienen sobre
todo del mutuo respeto de las personas. La familia es una comunidad
privilegiada llamada a realizar un propósito común de los esposos y un
cooperación diligente de los padres en la educación de lo hijos.
La familia es la célula original de la vida social. Es la sociedad natural en la que
el varón y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida.
La familia es la comunidad en la que, desde la infancia, se pueden aprender los
valores morales, se comienza a honrar a Dios y a usar bien de la libertad.
Deberes de los hijos La paternidad divina es la fuente de la paternidad humana;
es el fundamento del honor debido a los padres. El respeto de los hijos,
menores o mayores de edad, hacia su padre y hacia su madre, es nutre del
afecto natural nacido del vínculo que los une.
El respeto a los padres está hecho de gratitud para quienes mediante el don de
la vida, su amor y su trabajo, han traído sus hijos al mundo y les han ayudado a
crecer en estatura, en sabiduría y en gracia. Mientras vive en el domicilio de
sus padres, el hijo debe obedecer en todo lo que éstos dispongan para su bien
o el de la familia.
Cuando se hacen mayores, los hijos deben seguir respetando a sus padres.
Deben prevenir sus deseos, solicitar dócilmente sus consejos y aceptar sus
amonestaciones justificadas.
El cuarto mandamiento recuerda a os hijos mayores de edad sus
responsabilidades para con los padres. En la medida en que pueden, deben
prestarles ayuda material y moral en años de vejez y durante las
enfermedades, y en momentos de soledad o de abatimiento.

El respeto filial favorece la armonía de la vida familiar, atañe a las relaciones


entre hermanos y hermanas. Los cristianos están obligados a una especial
gratitud para con aquellos de quienes recibieron el don de la fe, la gracia del
bautismo y la vida en la Iglesia. Puede tratarse de los padres, de otros
miembros de la familia, de los abuelos, de los pastores.
Deberes de los padres La fecundidad del amor conyugal no se reduce a la sola
procreación de los hijos, sino que debe extenderse también a su educación
moral y a su formación espiritual. El derecho y el deber de la educación son
para los padres primordiales e inalienables.
Los padres deben mirar a sus hijos como a hijos de Dios y respetarlos como a
personas humanas. Han de educar a sus hijos en el cumplimiento de la ley de
Dios, mostrándose ellos mismos obedientes a la voluntad del Padre de los
cielos. Los Padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos.
El hogar es un lugar apropiado para la educación de las virtudes.
Esta requiere el aprendizaje de la abnegación, de un sano juicio, del dominio
de sí, condiciones de toda la libertad verdadera. Es una grave responsabilidad
para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos. Sabiendo reconocer ante sus
hijos sus propios defectos, se hacen más aptos para guiarlos y corregirlos.
El hogar constituye un medio natural para la iniciación del ser humano en la
solidaridad y en las responsabilidades comunitarias. Por la gracia del
sacramento del matrimonio, los padres han recibido la responsabilidad y el
privilegio de evangelizar a sus hijos. Desde su primera edad, deberán iniciarlos
en los misterios de la fe; ellos son para sus hijos primeros heraldo de la fe.
La educación en la fe por los padres debe comenzar desde la infancia. Los
padres tienen la misión de enseñar a sus hijos a orar y a descubrir su vocación
de hijos de Dios. Los padres, como primero responsable de la educación de los
hijos, tienen el derecho de elegir para ellos una escuela que corresponda a sus
propias convicciones.
Cuando llegan a la edad correspondiente, los hijos tienen el deber y el derecho
de elegir su profesión y su estado de vida. Estas nuevas responsabilidades
deberán asumirlas en una relación de confianza con sus padres, cuyo parecer
y consejo pedirán y recibirán dócilmente. Lo padres no deben presionar a sus
hijos ni en la elección de una profesión ni en la de su futuro cónyuge.
Hay quienes no se casan para poder cuidar a sus padres, o a sus hermanos y
hermanas, para dedicarse más exclusivamente a una profesión o por otros
motivos dignos. Es preciso convencerse de que la vocación primera del
cristiano es seguir a Jesús. Hacerse discípulo de Jesús es aceptar la invitación
a pertenecer a la familia de Dios, a vivir en conformidad con su manera de vivir.
Los padres deben acoger y respetar con alegría y acción de gracias el
llamamiento del Señor a uno de sus hijos para que le siga en la virginidad por
el Reino.

El amor a los enemigos El precepto del amor al prójimo no tienen excepciones.


No podemos excluir a nadie. El amor a los enemigos está comprendido en el
precepto de la caridad fraterna. Este amor a los enemigos es lo que distingue el
amor cristiano del amor pagano que está presente desde el
AT. Jesús proclamó expresamente (MT 5,45) el carácter obligatorio del amor a
los enemigos como condición para ser hijos del Padre Celestial.
PECADOS CONTRA EL AMOR AL PRÓJIMO
El odio y la envidia
El odio es el pecado que más directamente va contra el amor al prójimo. La
envidia es tristeza o malestar por el bien del prójimo. El envidioso, en lugar de
desear el bien al prójimo, le desea el mal porque ve en la dicha de su prójimo
un perjuicio o una limitación para sí.
Es una falta moral tanto más grave cuanto más seriamente se fomente y
cuando mayor sea el bien que ataca.
La discordia La discordia se opone al bien de la paz y la concordia. Nace del
desordenado amor propio y de la vanagloria. La falta recae primeramente sobre
el agresor injusto, y luego sobre el agredido si no es moderado en su defensa.
La seducción Consiste en el esfuerzo premeditado e intencional por hacer caer
al prójimo en pecado. El seductor peca contra el amor al prójimo, pues no
solamente no favorece al seducido en valor moral, sino que trata de dañarle. Si
el seductor logra su intento, tiene la obligación moral de reparar por los daños
causados. A menudo la seducción reviste un carácter de escándalo.
El escándalo
Es una actitud o un comportamiento que induce a otro a hacer el mal. El mal
que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo. Atenta contra la virtud
y el derecho; puede ocasionar a su hermano la muerte espiritual. El escándalo
adquiere una gravedad particular según la autoridad de quienes lo causan o la
debilidad de quienes lo padecen.
El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la
moda o por la opinión. Así, se hacen culpables de escándalo quienes instituyen
leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres o de
la corrupción de la vida religiosa, o a condiciones sociales que, voluntaria o
involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta
cristiana conforme a los mandamientos.
El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastren a hacer el
mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que ha favorecido.
Escándalo quiere decir, piedra de tropiezo. En sentido moral es toda acción u
omisión que constituya para otros un tropiezo en el camino de la salvación. Hay
circunstancias en que se da escándalo aún por acciones u omisiones que,
consideradas en sí mismas,
Independientemente del efecto que puedan producir en el prójimo, no son
pecaminosas. Es el llamado “escándalo de los débiles”, que se da por razón de
su conciencia débil o mal formada.
Las formas más comunes de escándalo son las que se dan por la indecencia,
el arte degenerado, la pornografía, la literatura tendenciosa y toda conducta
depravada. A veces el escándalo tiene carácter de seducción, cuando la
intención de quien da el escándalo es arrastras a otros al pecado.
La cooperación al mal
Es el concurso al pecado de otro que ya de suyo está decidido a pecar. Es una
ayuda o contribución física o moral que se presta al otro para un acto
pecaminoso. Si el cooperador no solamente participa efectivamente en la mala
acción del otro, sino que también la aprueba, por esa mala disposición interior
se hace culpable del pecado cometido por el otro; su acción recibe el nombre
de cooperación formal. A veces pueden existir motivos que permitan la sola
cooperación material, sin aprobación de la mala acción. Se puede afirmar, que
es lícita la sola cooperación material cuando con ella se defiende algún bien
superior o se trata de impedir un mal mayor.
Hay cooperación pasiva cuando no se impide el mal que se puede y se debe
impedir. Quien formalmente coopera al mal tiene la obligación de reparar según
la medida de su cooperación. En caso de cooperación pasiva la obligación de
reparar es proporcional a la obligación de impedir el mal y a la posibilidad de
impedirlo.

Pecados de omisión contra el amor al prójimo El no cumplimiento de cualquier


deber de caridad para con el prójimo constituye un pecado de omisión opuesto
a la misma virtud de la caridad. Toda omisión de un deber de caridad para con
el prójimo constituye un pecado de la misma naturaleza del deber no cumplido.
El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastren a hacer el
mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que directa o
indirectamente ha favorecido. “es imposible que no vengan escándalos, pera la
ley de aquel por quien vienen” (Lc 17,1).
En sentido general, escandalo quiere decir piedra de tropiezo. En sentido moral
es toda acción u omisión que constituya para otros un tropiezo en el camino de
la salvación: todo aquello que, por uno o por otro motivo, hace caer al prójimo
en pecado o lo lleva a decidirse por el mal.
Hay escándalos que no son pecaminosos, los cuales son llamados escándalo
de los débiles”, que se da por razón de su conciencia débil o mal formada.
Las formas más comunes de escándalo son las que se dan por la indecencia
en los vestidos, el arte degenerado, la pornografía, la literatura tendenciosa y,
en general, por toda conducta depravada.
A veces el escandalo tiene carácter de seducción, cuando la intención de
quien da el escanda o es arrastrar a otros al pecado.
La cooperación al mal.
Hay cooperación pasiva cuando se impide el mal que se puede y se debe
impedir. Quien formalmente coopera al mal tiene la obligación de reparar según
la medida de su cooperación.
Pecados de omisión contra el amor al prójimo
“aquel pues, que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado. El no
cumplimiento de cualquier deber de caridad parea con el prójimo constituye un
pecado de omisión opuesto a la misma virtud de la caridad.
Adoración y culto.
El fin supremo de toda la creación es dar gloria a Dios, quien por las obras de
la creación y de la redención ha hecho resplandecer su santidad, su nombre y
su gloria. Por Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, la creación ofrece a Dios el
supremo homenaje de adoración.
El culto externo
“todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo que se
refiere a Dios y a su iglesia y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla”,
deber que se desprende de su “misma naturaleza”. No contradice al “respeto
sincero” hacia las diversas religiones, que “no pocas veces reflejan, sin
embargo, un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres”, ni a
las exigencias de la caridad que empuja a los cristianos” a tratar con amor,
prudencia y paciencia a los hombres que viven en el error o en la ignorancia de
la fe”.
Deber social de los cristianos es respetar y suscitar en cada hombre el amor de
la verdad y del bien. Les exige dar a conocer el culto de la única verdadera
religión, que subsiste en la Iglesia católica y apostólica.
Es necesario tener en cuenta que para que los actos externos de culto sea
auténticos, se requiere que estén animados por el espíritu de piedad.
La acción de Dios es el modelo de la acción humana. Si Dios, tomo respiro el
séptimo día, también el hombre debe descansar, y hacer que los demás, sobre
todo los pobres, recobran aliento.
La parroquia inicia al pueblo cristiano en la expresión ordinaria de la vida
litúrgica, la congrega en esta celebración, le enseña la doctrina salvífica de
Cristo; practica la caridad del Señor en obras buenas y fraternas.
La participación en la celebración común de la Eucaristía dominical es un
testimonio de pertenencia y de fidelidad a Cristo y a su Iglesia. Los fieles
proclaman así su comunión en la fe y en la caridad.
Los patrones deben a dar a todos un ejemplo público de oración, de respeto y
de alegría, y defender sus tradiciones como una contribución preciosa a la vida
espiritual de la sociedad humana.
La oración.
Los actos de fe, esperanza y caridad que ordena el primer mandamiento se
realiza en la oración. La elevación del espíritu hacia Dios es una expresión de
nuestra adoración a Dios. La oración es una condición indispensable para
poder obedecer los mandamientos de Dios. La oración es la manifestación
viviente de la religión en toda su amplitud.
Ofrendas y sacrificios
Es justo ofrecer a Dios sacrificios en señal de adoración y de gratitud, de
súplica y de comunión. “toda acción realizada para unirse a Dios en la santa
comunión y poder ser bienaventurado es un verdadero sacrificio”.
Para ser fieles a Cristo es condición indispensable renunciar a sí mismo, es
decir, a las malas inclinaciones, al egoísmo, a la vanidad, al orgullo, a la
sensualidad, al desordenado amor del confort y a las riquezas. No se puede
haber vida auténticamente cristiana si no hay disposición al sacrificio: “Pues
para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo sufrió por vosotros,
dándoos ejemplo para que sigáis sus huellas” (1P 2,21).
Ayuno y abstinencia.
Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer
penitencia, sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de
penitencia, se han fijado unos días particulares, en los que se dediquen los
fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y
se nieguen a sí mismo, cumpliendo con mayor facilidad sus propias
obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los
cánones.
A. Ayuno y Abstinencia.
En tiempos de ascesis y penitencia. Es precepto de la santa madre iglesia,
un ayuno agradable a Dios. Debe de tener sus tiempos oportunos, la iglesia
le prescribe para los tiempos de cuaresma, los viernes y el miércoles de
ceniza. Quien este en contra del ayuno incurre en causas graves.
B. Diezmos y primicias.
Los fieles tiene el deber de ayudar a la iglesia en el sostenimiento del culto
divino. Es norma que esta prescrita en el derecho canónico
C. Promesas Y Votos.
El cristiano puede prometer a Dios un acto, una oración , una limosna, un
peregrinación. El voto es una promesa deliberada y libre hecha a Dios. A
través del voto la persona se obliga más a la realización del bien Moral. El
voto puede ir acompañado de juramento, no es una eventualidad. Puede
ser personal, público y de duración temporal, pude ser en razón de su
materia absoluto o condicional en razón de su forma expreso o tácito.
Requiere uso de razón, deliberación, voluntad plena libertad que sea algo
posible y que se ajuste a las normativas eclesiales, a la doctrina, el derecho
y la moral.
• PECADOS CONTRA LA VIRTUD DE RELIGIÓN.
A. El Ateísmo
Materialismo práctico, el humanismo ateo enseña que el hombre es el fin de
si mismo, niega la existencia de Dios, ofrece una libertad ilusoria, tiene una
concepción falsa de la autonomía humana
B. La Idolatría
Tiene rasgos de superstición, va en contra del primer mandamiento, no
adorar a dioses distintos del único señor. No adorar ídolos de hechuras
humanas.
No se refiere solo a los cultos falsos del paganismo, la vida humana se
unifica en la adoración del Dios único. La idolatría es un perversión del
sentido religioso innato en el hombre. Niega directamente a Dios.
C. Blasfemia
Proferir interior o exteriormente palabra de odio, reproche o desafío contra
Dios. El abuso del nombre de Dios es un grave crimen, provoca el rechazo
de la religión. Es pecado grave. Es prohibido utilizar el nombre de Dios
como amuleto de protección divina. Existe la blasfemia Diabólica ofender a
Dios e Imprecativa, utilizar los misterios divinos para ofender a otro, la cruz,
la encarnación, el nombre de Jesús o de María. Y blasfemia herética negar
o tergiversar alguna verdad. Antiguamente era castigada con la pena de
muerte. La superstición, la adivinación y la magia es pecado contra la fe
puesto que acarrea dudas del poder de Dios. Todo ello es signo de
cobardía.
D. Satanismo.
Blasfemia llevada al extremo, adoración de satanás. Satanás es una
entidad personal antagónica al creador, ser de la corte angelical, cuya tarea
es la de ser fiscal o acusador de quienes son infieles a Dios.
Algunos satanistas independientes o asociados a sectas satánicas visten de
negro, utilizan emblemas como el crucifijo o el pentagrama invertido,
realizan rituales en los que practican sacrificios de animales o humanos
acompañados de profanación de sepulcros, escuchan géneros musicales
en donde priman la estridencia y los cantos guturales y gustan de estéticas
macabras y grotescas.
En este mundo, en donde se tiene la impresión de que el mal -como quiera
que se entienda- vence al bien, creo que es cada vez más urgente dirigir a
todos la exhortación del Santo Padre: "No tengáis miedo". Esta tranquilidad
sólo puede surgir de la convicción de que la liberación del mal y la salvación
pasan a través de la obra redentora de Jesucristo, único Salvador del
hombre.
E. Nueva Era.
New Age es un complejo fenómeno, un movimiento pseudoreligioso de
ideas y creencias, que se presenta como una "nueva espiritualidad", cuyos
elementos principales son incompatibles con la fe cristiana. Es un falso
acercamiento a lo divino y una respuesta engañosa a una situación de crisis
cultural. Así queda manifiesto en el documento Jesucristo, portador de agua
viva. Una reflexión cristiana sobre el "New Age", del Pontificio Consejo de la
Cultura y del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, de 2003.
Constituye por tanto un desafío que debe llevar a la urgencia de dar a
conocer las riquezas de la verdadera espiritualidad cristiana: a descubrir y
cuidar con profundidad la liturgia ?sabiendo que el cristiano vive su
experiencia espiritual más verdadera y profunda sobre todo en la
celebración eucarística y en la adoración silenciosa? y a enseñar el
verdadero objeto y contenido de la oración cristiana y la contemplación,
teniendo en cuenta que la experiencia de Dios, uno y trino, no es fruto de un
esfuerzo humano ni mucho menos de técnicas de meditación, sino un don
de Dios. En definitiva, reconocer por la fe que sólo Cristo, el Hijo de Dios
hecho hombre ?y no el Acuario? puede ser "portador de agua viva" que
puede satisfacer la sed humana de vida, paz, alegría y fraternidad.
La tentación de Dios:
Consiste en poner a prueba la palabra o la obra, la bondad y la omnipotencia
de Dios. Así mismo satanás quiso poner a prueba a Jesús cuando quiso que
se arrojara del Templo. Esta acción de tentar a Dios, fracciona nuestra
confianza y respeto con el creador.
Cuando pido algo a Dios sin ponerlo a prueba, sino con humildad, y en actitud
de pedir un favor, ante una gran necesidad, considero la grandeza de Dios y mi
necesidad ante él.
El sacrilegio
Consiste en profanar o tratar indignamente los sacramentos y las otras
acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas o lugares consagrados a
Dios.
Personas sagradas son las que han recibido una consagración sacramental, y
las que por voto público se han consagrado de una manera especial al Señor
en la vida religiosa.
Tiene carácter de sacrilegio real la profanación de los sacramentos, las
reliquias de los santos, la Biblia y las expresiones de la palabra divina, como
también los objetos destinados exclusivamente al culto divino.
La simonía:
Es la compra o la venta de cosas rituales. A Simón el mago, que quiso comprar
el poder espiritual que notó en los apóstoles.
La simonía constituye un caso especial de sacrilegio. Quien deliberadamente
pretende vender o comprar una realidad espiritual, por un valor temporal, o una
realidad temporal inseparablemente unida a una realidad espiritual.
El perjurio
Pertenece, como el primer mandamiento, a la virtud de la religión y regula
particularmente el uso de nuestra palabra en las cosas santas.
El hombre no puede dar un mal uso del nombre del Señor, al contrario, lo debe
guardar en la memoria en un silencio de adoración amorosa.
La reprobación del juramento en falso es un deber para con Dios. Como
creador y Señor, Dios es la norma de toda verdad. Es perjuro quien, bajo
juramento, hace una promesa que no tiene la intención de cumplirla, o que,
después de haberla prometido bajo juramento, no la cumple.
La santidad del nombre divino exige no recurrir a él por motivos sin importancia
y no prestar juramento en circunstancias que pudieran hacerlo interpretar como
una aprobación de una autoridad que lo exige injustamente.
El agnosticismo
En ciertos casos no niega a Dios, sino que postula la existencia de un ser
trascendente que no podría revelarse y del que nadie podría decir nada.
Frecuentemente el agnosticismo equivale a un ateísmo práctico.
Las virtudes cardinales
Todas las demás virtudes se agrupan en torno a las cardinales. Estas son:
prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
Prudencia: es la virtud que dispone la razón práctica a discernir en toda
circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios correctos para
realizarlo.
La prudencia cristiana dirige la deliberación del libre acto moral de modo que
éste sea expresión exterior de la palabra interna. Esta prudencia ayuda al
recto conocimiento de la situación y a la recta determinación de la conciencia.
Justicia:
Consiste en la constante y firme voluntad de dar al prójimo lo que es debido.
Según Santo Tomás, en el concepto de justicia, entran estos elementos:
. Referencia al prójimo, aunque se habla de justicia para con Dios.
. Darle aquello a que tiene derecho
. Dárselo plena y enteramente

Fortaleza:
Asegura la firmeza en las dificultades y la constancia en la búsqueda del bien.
También es el resistir en las tentaciones y de superar los obstáculos en la vida
moral. Capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por
defender una causa justa.
La fortaleza cristiana no cede al temor o al miedo ante el recto orden de los
valores.
Templanza:
La templanza está relacionada con la sobriedad o moderación de carácter. Una
persona con templanza reacciona de manera equilibrada ya que goza de un
considerable control sobre sus emociones y es capaz de dominar sus impulsos.
Vicio opuesto a la templanza es la intemperancia. Cuando la comida y la
bebida no se toman por satisfacer una necesidad vital sino solamente por
placer, se falta a la intemperancia.
Si la intemperancia en las comidas y las bebidas llega a ser gula, es causa de
otros males y, por tanto, es pecaminosa.
Preguntas:

1- ¿Qué es la moral fundamental?


2- ¿Cuál es la materia prima u objeto material de la moralidad?
3- ¿Cuáles son los criterios, filosóficos y teológicos, para estable- cer la
bondad y maldad de los actos humanos?
4- ¿Cuándo un acto es humano?
5- ¿Qué es la prudencia?
6- ¿Qué es la justicia?
7- ¿Qué es la templanza?
8- ¿Qué es fortaleza?
9- ¿Qué es la fe?
10- ¿Qué es la esperanza?
11- ¿Qué es la caridad?
12- ¿Qué son las virtudes infusas?
13- ¿Qué es la gracia?
14- ¿Qué es la virtud?
15- ¿Qué es el hábito?
16- ¿Qué son las virtudes cardinales?
17- ¿Qué valor tiene la moral en la sociedad?
18- ¿Qué papel tiene en la vida cristiana la moral fundamental?
19- ¿Cuál es la metodología de la teología moral?
20- ¿Qué vínculos tiene la moral fundamental con la teología?
21- ¿La Sagrada Escritura habla de moral?
22- ¿La moral es subjetiva?
23- ¿Qué es el bien?
24- ¿Qué es el mal?
25- ¿Qué es el pecado?
26- ¿Hay algunas normas morales incuestionables para un creyente
católico?
27- ¿Cuál es el objeto de la moral fundamental?
28- ¿Cómo actúa el pecado en la vida moral?
29- ¿Qué es la conciencia moral?
30- ¿Se puede hablar en la actualidad de una moral fundamental cristiana?
31- ¿Existe una moral de la alteridad?
32- ¿Qué es el relativismo moral?
33- Cuáles son los enemigos de la moral fundamental?
34- ¿Qué es el subjetivismo moral?
35- ¿Qué hacer ante el fallo moral?
36- ¿Qué es una norma moral?
37- Qué es la ley?
38- ¿Qué tareas tiene ante sí la moral teológica hoy?
39- ¿A qué pecados se les conoce como pecados de omisión?
40- ¿qué es la idolatría?
41- ¿Qué se conoce como blasfemia?
42- ¿Qué tipo de actos son sacrílegos?
43- ¿Por qué se le atribuye el nombre de simonía a la venta de algo
espiritual?
44- ¿Cuáles son los llamados pecados contra loa esperanza?
45- ¿Qué diferencia hay entre las virtudes adquiridas y las verdades
infusas?
46- ¿En qué consisten los pecados contra el amor al prójimo?
47- Defina qué es la oración
48- ¿En qué consisten las promesas y los votos?
49- ¿Qué e la Nueva Era?
50- ¿Qué es el escándalo y por qué es tan grave?

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