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—con integridad y excelencia—, desde una perspectiva bíblica y confiable, que
animen a las personas a conocer y servir a Jesucristo.
Título del original: 52 Weeks with Jesus © 2014 por James Merritt y publicado por
Harvest House Publishers, Eugene, Oregon 97402. Traducido con permiso.
Edición en castellano: 52 semanas con Jesús © 2017 por Editorial Portavoz, filial de
Kregel, Inc., Grand Rapids, Michigan 49505. Todos los derechos reservados.
Traducción: Ricardo Acosta
Diseño de portada: Dogo Creativo
A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la
versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado
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El texto bíblico indicado con «NVI» ha sido tomado de La Santa Biblia, Nueva
Versión Internacional®, copyright © 1999 por Biblica, Inc.® Todos los derechos
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Las cursivas añadidas en los versículos bíblicos son énfasis del autor.
EDITORIAL PORTAVOZ
2450 Oak Industrial Drive NE
Grand Rapids, MI 49505 USA
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ISBN 978-0-8254-5732-6 (rústica)
ISBN 978-0-8254-6619-9 (Kindle)
ISBN 978-0-8254-8775-0 (epub)
1 2 3 4 5 edición / año 26 25 24 23 22 21 20 19 18 17
Impreso en los Estados Unidos de América
Printed in the United States of America
Dedico este libro al Señor Jesucristo.
No existe nadie como Jesús.
Nunca ha existido ni jamás existirá nadie como Él.
CONTENIDO
Prólogo ............................................................................ 11
Introducción: El Incomparable ......................................... 13
Cómo leer este libro.......................................................... 17
Primera sección: Jesús, el transformador
1. Al igual que nosotros ........................................................ 20
2. Inadaptado entre inadaptados ........................................... 24
3. Mesías desordenado .......................................................... 28
Segunda sección: Jesús, la respuesta
4. Pan para el viaje ................................................................ 34
5. Luz en medio de tinieblas ................................................. 38
6. Una puerta abierta ............................................................ 42
7. Buena vida ....................................................................... 46
8. Domador de tumbas ......................................................... 50
9. Una calle unidireccional.................................................... 55
10. La raíz del fruto ................................................................ 59
Tercera sección: Jesús, el hacedor de milagros
11. Maravillas de un hombre .................................................. 64
12. Administrador de crisis ..................................................... 69
13. Capitán de mi nave........................................................... 73
14. Un multiplicador milagroso .............................................. 78
15. Un líder digno de seguir ................................................... 82
16. El gran compasivo ............................................................ 86
17. El oculista divino .............................................................. 90
18. Espiritualmente soberano.................................................. 96
Cuarta sección: Jesús, el narrador de historias
19. El sembrador .................................................................. 102
20. El mejor jefe ................................................................... 106
21. El que abre los ojos ......................................................... 110
22. El auditor divino ............................................................ 114
23. Un mejor planificador financiero..................................... 118
24. El Dios del futuro ........................................................... 122
25. El alma de la fiesta .......................................................... 126
26. El anfitrión hospitalario .................................................. 130
27. El objeto de nuestra adoración ........................................ 134
28. El gran dador.................................................................. 138
29. El que conoce el corazón ................................................. 142
30. Un divisor divino............................................................ 146
Quinta sección: Jesús, el Maestro
31. Vuelo en espera............................................................... 152
32. Un guerrero de oración ................................................... 156
33. Enfocado en el Padre ...................................................... 161
34. El que provee.................................................................. 165
35. El principio del tesoro..................................................... 169
36. Un consejero matrimonial............................................... 173
37. ¿Puede uno convertirse en dos? ....................................... 177
38. Amor: ¿Pueden dos ser uno? ........................................... 182
39. La prioridad máxima ...................................................... 186
Sexta sección: Jesús, el servidor
40. El remedio para la sed ..................................................... 192
41. Un tesoro más valioso ..................................................... 196
42. Un juez compasivo ......................................................... 200
43. Siempre disponible, siempre accesible.............................. 204
44. Nuestro mejor amigo ...................................................... 208
Séptima sección: Jesús, el líder
45. La norma de la grandeza ................................................. 214
46. Siervo de todos ............................................................... 218
47. El vencedor .................................................................... 222
48. El jefe supremo ............................................................... 226
Octava sección: Jesús, el vencedor
49. La pasión de Cristo: el resto de la historia ........................ 232
50. Su gracia, mi lugar .......................................................... 237
51. El guerrero resucita ......................................................... 241
52. El cadáver que camina .................................................... 246
Reconocimientos ............................................................ 251
Acerca del autor .............................................................. 253
Prólogo
No puedes tocar a Bach sin un experto movimiento de los dedos
sobre el teclado. Pero si te enfocas en el tecleo y no en la música, no
puedes tocar a Bach. Al menos durante un siglo, los eruditos bíblicos se
han enfocado más en el tecleo que en la música, por lo que a veces ha
sido difícil escuchar los compases de una fe bíblica. El libro 52 semanas
con Jesús, de James Merritt, es una sonata brillante en la línea limitada
de los músicos verdaderos de la fe cristiana.
Uno de los virtuosos más destacados de la fe entre los eruditos
bíblicos del siglo XX fue Paul Sevier Minear, un erudito en el Nuevo
Testamento que enseñaba en la facultad de teología de Yale. Su obra,
Images of the Church in the New Testament [Imágenes de la Iglesia en
el Nuevo Testamento], publicada por primera vez en 1960, presentó
noventa y seis imágenes de la iglesia que encontró en el Nuevo Testa-
mento. El libro me enseñó lo que Jesús estaba haciendo en su estilo
único de comunicación. Minear estaba haciendo cirugía del cerebro o,
mejor dicho, cirugía del alma, mostrando metáforas por las que debe-
ríamos vivir y por las que vale la pena morir.
Este libro clásico, adelantado para su época, ha ocupado un lugar
preponderante en mi arsenal de armas secretas. Lo he obsequiado en
graduaciones, ordenaciones, cumpleaños y promociones. En una oca-
sión, antes que lo reimprimieran, usé mi tarjeta de crédito para comprar
todos los ejemplares disponibles en el mercado mundial.
52 semanas con Jesús de James Merritt es un valioso compañero de
la obra de Minear. El libro de Merritt presenta decenas de metáforas
respecto a Jesús y apoya cada una con referencias bíblicas, comentarios,
meditaciones y oraciones. Este libro se ha añadido ahora a mi reserva
de armas secretas. Pienso regalarlo a menudo a otras personas.
11
12 52 semanas con Jesús
Volverás a leer esta obra por sus historias fascinantes y sus imáge-
nes deslumbrantes. Pero también encontrarás en Merritt un escritor
sumamente evocador, con mensajes maravillosamente edificantes que
se acercan a ti como una tarantela italiana: en giros estupendos y virajes
inesperados.
Leonard Sweet
Universidad Drew, Universidad George Fox, [Link]
Introducción: El Incomparable
Me enamoré de Jesús en un lugar muy insospechado: una sala
de cine. La mayoría de personas que se llaman cristianas dice que su
momento mágico llegó en una reunión de iglesia, en una conversación
espiritual con una amistad, o tal vez en un avivamiento en una tienda
de campaña mientras los pies les crujían sobre el aserrín. No sucedió
así conmigo. Me volví loco por Jesús en una pequeña sala de cine en la
Georgia rural, y nunca volví a ser el mismo.
Mientras crecía no vi muchas películas porque a papá no le gustaba el
cine. Como un hombre excesivamente ahorrativo, él creía que ir al cine era
desperdiciar dinero, en especial cuando podíamos quedarnos en casa y ver
televisión. Pero mamá era distinta a papá en un modo muy importante:
le gustaba gastar dinero y buscaba excusas para hacerlo.
Acababa de llegar de la escuela a casa la tarde de ese viernes cuando
mamá nos informó, a mi hermano y a mí, que iríamos «a ver el espectá-
culo». No me molesté en preguntar qué veríamos. Me importaba poco que
la película incluyera vaqueros o dibujos animados, porque sabía que mamá
nos compraría un envase mantecoso de palomitas de maíz más grande que
mi cabeza. Además, al haberme criado en el campo, «ir al pueblo» y ver la
enorme ciudad de Gainesville, Georgia, siempre era algo seductor.
El teatro Royal era el único en el pueblo y presentaba una sola pelí-
cula, por lo general durante dos o tres semanas. Al acercarnos al edificio
ese caluroso día de agosto, el cartel nos informó: «Rey de reyes». ¿Se
trataría esta película de acción medieval con caballos al galope y caballeros
enfrentándose en torneos? Esperaba que así fuera.
Tras recoger las obligatorias palomitas de maíz y los refrescos, bus-
camos asientos en una enorme sala que fácilmente pudo haberse usado
como depósito de antigüedades. Bajamos por la mitad del pasillo sobre
13
14 52 semanas con Jesús
una alfombra raída antes de dejarnos caer en tres asientos de terciopelo
desgastado. Entonces comenzó la película.
Después de los créditos de apertura, Jesús apareció en la pantalla,
y los ojos se me agrandaron. Había oído historias acerca de Él desde
que yo estaba en pañales: desde su nacimiento en un establo hasta sus
impresionantes milagros y toda una lista de dichos en lenguaje divertido.
Yo creía que Él me amaba «porque la Biblia me lo dice», pero nunca
había visto ninguna de estas historias.
La mayor parte de la película fue muy interesante. Nada nuevo, raro
o extraordinario. Pero entonces comenzó la escena de la crucifixión, y
mi nivel de atención se disparó como un corcho en la víspera de Año
Nuevo. El sonido de los clavos hundiéndose en las manos de un hombre
que no merecía la muerte provocó ira dentro de mí. Aun mi mente de
nueve años de edad reconoció el desconcierto.
Sentado en ese oscuro teatro, sin que mamá se diera cuenta, en
mi corazón empecé una conversación con Dios. ¿Por qué estos soldados
romanos están crucificando a Jesús? Él no ha hecho nada malo. Jesús dio
vista a ciegos, ayudó a paralíticos a volver a caminar, alimentó estómagos
hambrientos, defendió a desvalidos, amó a difíciles de amar y no cometió
ningún delito. ¿Por qué lo están crucificando?
Una respuesta atravesó la oscuridad y penetró mi corazón: «Ellos
no están crucificándolo. ¡Tú lo estás haciendo!» Quedé sin aliento y se
me revolvió el estómago. ¿Qué debía hacer con tal acusación? Hice mi
propia defensa. ¿Yo? Yo no estaba allí cuando ellos crucificaron a Jesús.
La escena avanzó y supuse que la conversación había terminado.
Me declaré ganador por nocaut técnico. Pero entonces volvió la voz:
«Recuerda que Él murió por tus pecados». La voz tenía razón. Los sol-
dados romanos y los clavos no fueron los únicos que clavaron a Jesús a
la cruz. Mis pecados lo pusieron allí. Yo lo había azotado, maltratado,
desfigurado, escupido, humillado, me había burlado de Él y lo había
condenado. Jesús murió por mí, a causa de mí y en mi lugar.
En ese momento lo comprendí:
No hay nadie como Jesús.
Oré: Jesús, creo que moriste por mis pecados. Creo que resucitaste de los
muertos. No existe nadie como tú. Por favor, perdóname y sálvame. Amén.
Introducción: El Incomparable 15
Me quedé quieto por un momento, sin saber si había hecho algo
en absoluto. No me sentí diferente. No me cantó un coro de ángeles,
ni brillaron luces resplandecientes en mi asiento, y ninguna voz baja y
profunda me gritó: «Soy Dios. Bienvenido a mi familia». No obstante,
yo sabía que el niño que iba a salir del teatro Royal no era el mismo que
había entrado. Empujé con el codo a mamá y antes que ella pudiera
hacerme callar, susurré: «Mamá, creo que acabo de ser salvo. Acabo de
pedirle a Jesús que entre a mi corazón».
Al pensar en este momento, me doy cuenta ahora de que ese día yo
había iniciado un romance con un carpintero. Me enamoré locamente
de un bebé que estaba en un pesebre. Llegué a obsesionarme con un
nazareno que anduvo sobre el agua, que calmó tormentas y que hizo
milagros. ¿Y sabes qué? Nunca me he repuesto de esa experiencia.
No hay nadie como Jesús. Y por eso es que sostienes este libro en tus
manos. Ya seas historiador, científico, filósofo o un individuo común
y corriente, tienes que estar de acuerdo en que Jesucristo es uno de los
seres humanos más influyentes que han caminado sobre la tierra. La
Enciclopedia Británica secular dedica más de veintiún mil palabras a
Jesús. Las principales obras de arte, música y literatura a lo largo de la
historia humana se han dedicado a estudiar la historia de Jesús; incluso el
tiempo está dividido por la vida de este personaje (a.C. indica «antes de
Cristo», y d.C. significa «después de Cristo»). A pesar de que Él murió
a principios de su tercera década, hoy día más de dos mil millones de
personas afirman seguir sus enseñanzas.
El historiador de Yale, Jaroslav Pelikan, escribió en cierta ocasión:
«A pesar de lo que alguien pueda pensar o creer personalmente acerca
de Jesús de Nazaret, Él ha sido el personaje dominante en la historia
de la cultura occidental durante casi veinte siglos».1
Sin embargo, la importancia de Jesús es una influencia tanto positiva
como negativa entre quienes lo siguen. Gran parte de nuestras vidas
hemos visto y oído tantas representaciones de Él, que creemos conocerlo
mejor de lo que en realidad lo conocemos. La vida y las enseñanzas de
Jesús son tan abundantes y profundas, que los que han dedicado sus
vidas a estudiar el Nuevo Testamento descubren constantemente nuevos
1. Jaroslav Pelikan, Jesus Through the Centuries: His Place in the History of Culture (New
Haven, CT: Yale University Press, 1985), p. 1.
16 52 semanas con Jesús
elementos de quién es Él a medida que sondean las profundidades del
relato bíblico.
Según escribe Tim Stafford, Jesús se ha vuelto «engañosamente cono-
cido. La gente cree saber todo respecto a Él, así que nunca lo miran.
Cuando finalmente lo hacen, se sorprenden de lo que encuentran. Jesús
puede parecer un extraño, aunque hayan crecido en su compañía».2
Hace unos años comencé a preguntarme cuán diferente sería la vida
de alguien si dedicara solo un año, tan solo cincuenta y dos semanas,
a conocer y enamorarse de Jesús. Decidí probarlo. Me sumergí en los
Evangelios cada semana durante un año. Leí libros sobre Jesús. Escuché
otros mensajes acerca de Jesús. Cada sermón que prediqué en un año
fue tomado de un relato de Jesús en los Evangelios.
A medida que ese año avanzaba, observé que yo había cambiado. Mi
pasión por Jesús creció, mi amor por Él se había agudizado, y mis ojos esta-
ban abiertos a nuevas facetas de su maravilla, belleza y majestad. Además,
todos los que se me habían unido en el intento estaban experimentando
lo mismo. Allí fue cuando decidí escribir este libro, porque creo que pasar
un año con Jesús puede trasformar tu vida. Creo que puede ayudarte a
ser un mejor padre, un cónyuge más amoroso, un amigo más refinado y
una persona más generosa, cariñosa y compasiva.
Me enamoré de Jesús sentado en un cine hace casi una vida. Mi
oración es que tú hagas lo mismo durante las cincuenta y dos semanas
siguientes.
2. Tim Stafford, Surprised by Jesus: His Agenda for Changing Everything in A.D. 30 and
Today (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 2006), p. 10.
Cómo leer este libro
Quizá te imaginaste que este libro está diseñado para leerse en el
transcurso de un año. Si prefieres, puedes digerirlo con más rapidez, pero
se busca que el período de un año proporcione tiempo para reflexionar y
permitir que el contenido se asimile. Cuando viertes miel de arce sobre
una pila de panqueques, tarda un poco para que el líquido ámbar los
remoje profundamente. De igual modo, explorar las profundidades de
Jesucristo a menudo se logra mejor con el tiempo.
El libro está dividido en secciones y cada una se enfoca en un aspecto
diferente de quién es Jesús. Dentro de cada sección hay capítulos, cin-
cuenta y dos en total, uno por cada semana del año, y cada capítulo está
dividido en cinco segmentos cortos. Puedes leer un segmento por día
comenzando el lunes, o puedes leerlos todos de una vez y luego volver a
repasarlos a lo largo de la semana. Al principio de cada capítulo encon-
trarás pasajes bíblicos para leer y explorar cada día. Al final descubrirás
una oración y una pregunta para tu consideración. Hacer anotaciones
en un diario personal a medida que lees puede ser útil.
Si por alguna razón pierdes una semana al dejar el libro sin querer
sobre tu mesa de noche por salir para unas vacaciones familiares o al
experimentar la muerte inesperada de un ser amado, no te preocupes.
Puedes reanudar la lectura la semana siguiente. Espero no añadir más
obligaciones a tu vida ya atareada; ¡más bien deseo proporcionarte un
recurso que tiene el poder de transformar tu vida!
PRIMERA SECCIÓN
Jesús, el transformador
Los cumpleaños no son raros, a menos que el bebé sea Dios.
Comencemos nuestro viaje con Jesús en un lugar lógico: su
linaje y nacimiento. Más que una dulce y acaramelada historia
de Navidad, el comienzo de Cristo revela por qué Él debe
ser importante para nosotros y por qué somos importantes
para Él.
1
Al igual que nosotros
Pasajes bíblicos de esta semana:
• Mateo 1:1-17 • 2 Samuel 7:8-17
• Génesis 22:15-18 • Lucas 3:23-38
• Génesis 49:8-10
Por qué eres quien eres
¿Qué haces cuando Dios calla?
Esa es la pregunta que el pueblo judío estuvo haciéndose durante
los cuatrocientos años anteriores al nacimiento de Jesús.
Por siglos Dios habló a su pueblo, pero cuando el último profeta,
Malaquías, escribió sus últimas palabras e hizo a un lado su pluma,
Dios dejó de hablar. Durante casi medio milenio no oyeron gruñidos
piadosos ni pesadillas celestiales. Solo silencio.
Cuando finalmente Dios comenzó a hablar de nuevo, lo primero
que le hizo anotar a alguien fue un árbol genealógico. Podrías sentir la
tentación de saltarte la genealogía en la parte delantera de tu Nuevo
Testamento (¿Quién desea repasar los nombres de extraños dando origen
a extraños?), pero no te atreves a hacerlo.
¿Por qué?
¡Porque este árbol genealógico es tuyo!
Imagina que un pariente lejano te dice que localizó un árbol genea-
lógico que rastrea tu linaje más de dos mil años. No esperarías hasta la
hora del café para leerlo. No, se lo arrebatarías a esa persona y lo estu-
diarías, aunque tuvieras que utilizar un día de vacaciones en el trabajo.
Las genealogías en la Biblia merecen tu tiempo porque narran his-
torias de cómo Dios se ha movido en las vidas de tus antepasados por
20
Jesús, el transformador 21
milenios, y por qué eres quien eres. Y, además, las genealogías nos dicen
mucho respecto a nuestro hermano mayor, Jesús.
Dios supervisa el futuro
Tres nombres se destacan en el abundante entramado de la genealo-
gía de Jesús: Abraham, Judá y David. Dios prometió desde el principio
que el Mesías vendría a través de un linaje particular:
• la familia de Abraham (Génesis 22:15-18)
• la tribu de Judá (Génesis 49:8-10)
• la casa de David (2 Samuel 7:8-17)
Jesús podía afirmar que era el Mesías, pero pronto sería descartado a
menos que viniera de la línea del rey David. Todas esas «fulano engendró
a zutano» en el Antiguo Testamento existen por un motivo. Dios hizo una
promesa desde la época del huerto de Edén de que un Mesías iba a venir:
de una mujer (Él sería humano como nosotros), por medio de la familia de
Abraham (Él sería parte del pueblo de Dios), a través de la tribu de Judá
y la familia de David (Él sería tanto Mesías como Rey).
Dios estaba supervisando el futuro por medio de treinta y nueve
libros del Antiguo Testamento, y más de cuatro mil años de historia.
Estaba ocupado cumpliendo su promesa al llenar el árbol genealógico de
Jesús que resultaría en el nacimiento del Mesías y Rey judío: Jesucristo.
El árbol divino, mi árbol
Cada año en Navidad, el mundo mira dos mil años atrás hacia el
nacimiento de un bebé. Pero por más de cuatro mil años, las personas
que vivieron al otro lado de ese nacimiento aguardaron con interés ese
mismo acontecimiento. El nacimiento de Jesucristo no fue accidental.
No fue resultado del azar sino consecuencia de la deliberada elección.
«¿Y qué?», preguntarías.
Mucho tiempo antes que naciéramos, Dios también estaba super-
visando nuestro futuro. No escogimos a nuestros antepasados; Dios lo
hizo. Él designa nuestra identidad, como hizo con Jesús, de modo que
podamos encajar en su plan para el mundo. En otras palabras, por tu
nacimiento y tu identidad única puedes saber que Dios tiene un plan
especial para tu vida.
22 52 semanas con Jesús
La próxima vez que tu mundo parezca estar saliéndose de control
y te preguntes si alguien tiene la mano en el acelerador del tren, sim-
plemente lee el primer versículo del primer capítulo del primer libro
del Nuevo Testamento. Te recordarán que el árbol de Jesús es tu árbol
y que Dios tiene el control.
Dios supera el pasado
A medida que se desarrolla la genealogía de Jesús descubrimos que
debido a que Jeconías (también conocido como Conías) fue un rey mal-
vado, Jeremías pronunció una maldición sobre él y su dinastía (Jeremías
22:24-30). La maldición no tuvo que ver con que Jeconías no tuviera
hijos, sino más bien con que sus descendientes no heredarían el trono de
David. Sin embargo, José, el esposo de María, era descendiente directo
de Jeconías (Mateo 1:12-16). Oh, no.
Cuando los dolores de parto de María empiezan y nuestro Mesías
se dispone a respirar por primera vez el aire de este planeta, observamos
un problema en el pasado de Jesús. Pero, así como sucede con nosotros,
el pasado no es un obstáculo para Dios.
En el Evangelio de Mateo, la genealogía es paternal y se remonta al
padre terrenal de Jesús, José. En el Evangelio de Lucas, la genealogía es
maternal y se rastrea hasta la madre de Jesús, María. La madre de Jesús
era descendiente directa de David, no nació de la línea de Salomón,
donde cayó la maldición de Jeconías, sino que vino de otro hijo de
David llamado Natán (2 Samuel 5:14). Una rama de la línea de David
se corta en Jeconías, pero otra rama desciende a través de Natán, elu-
diendo esta maldición.
Legalmente Jesús es el hijo de David a través de José. Biológicamente
es el hijo de David a través de María.
Dios puede superar cualquier problema que haya detrás de ti a fin
de alcanzar el propósito que te ha fijado.
Tú formas parte del plan
Dios pudo haber dejado a Jesús en la puerta de alguien, pero en vez
de eso lo hizo a través de un mosaico de personas comunes. ¿Por qué
usó Dios a toda esta gente en el árbol genealógico de Jesús?
Se ha observado que apenas cinco puntos de identificación pueden
Jesús, el transformador 23
distinguir a cualquier individuo de los miles de millones de otras per-
sonas en este planeta: nombre, dirección, ciudad, provincia y nación
de residencia. Si alguien en cualquier parte del mundo escribiera esos
indicadores, podría localizarte.
Así como Jesucristo tuvo ciertas señales que lo identificaron como
el Mesías, tú y yo hemos nacido con ciertos caracteres escogidos por
Dios para que pudiéramos encajar en su plan. Dios desea que nues-
tras vidas sean una obra maestra de su bondad y su gracia: «Somos la
obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de
que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás»
(Efesios 2:10, NTV).
Jesús fue como nosotros, nació con un pasado y una historia, y
hemos sido hechos para ser semejantes a Él. Dios quiere que seamos
una obra maestra de su gracia viviendo para su gloria y expresando su
bondad a otras personas.
Oración de esta semana: Señor, gracias por incluirme en el riquísimo
linaje que me ha convertido en un miembro de tu familia. Prepárame
para expresar tu bondad, de modo que más personas puedan llamarse hijos
tuyos.
Pregunta de esta semana: ¿Cuáles son los beneficios de ser incluido
en el mosaico de este árbol genealógico familiar?
2
Inadaptado entre inadaptados
Pasajes bíblicos de esta semana:
• Mateo 1:1-6 • 2 Samuel 11:1-27
• Génesis 38:1-30 • Efesios 2:1-10
• Josué 2:1-24
Desconocidos y ovejas negras
La mayor parte de las personas en las genealogías que Mateo y Lucas
hacen de Jesús son desconocidas. Dios prometió que proporcionaría un
Mesías a través de la descendencia de Abraham y lo hizo. Pero cuando
abres el cofre de cedro del linaje de Jesús, ves que está lleno de ropa
sucia. En lugar de una lista de ricos y famosos, el personal parece más
bien una fila de identificación de sospechosos en la policía.
Algo que habría llamado la atención de cualquier judío del siglo I fue
la inclusión de mujeres en la lista. Esto era muy raro, ya que los antiguos
rastreaban el linaje a través de los varones. Sin embargo, la genealogía
de Jesús en los Evangelios incluye a cinco damas. Esto determina la
norma para la justicia y la igualdad entre los géneros que se refuerza en
todo el ministerio de Cristo.
Pero aún más extraño es el tipo de mujeres que los escritores deci-
dieron incluir. Si estas damas hubieran sido de los Rockefeller, Hilton
u otra realeza social, se podría esperar que fueran antepasadas del Hijo
de Dios. Pero las mujeres incluidas en las genealogías del Nuevo Testa-
mento son realmente una vergüenza.
Tamar, Rahab y Betsabé fueron las ovejas negras en el linaje de Abra-
ham y David. Ellas cometieron tres de los pecados sexuales más graves
que cualquier antiguo podría cometer: incesto, fornicación y adulterio.
24
Jesús, el transformador 25
Sin embargo, Dios en su gracia las incluyó en el árbol genealógico de
Jesucristo y las utilizó para producir al Salvador del mundo. Parece que
el Eterno está diciendo que nadie está fuera del alcance de la gracia de
Dios, un mensaje que Jesús reitera en varias ocasiones.
Dios puede alcanzarnos donde estamos
Tamar, la primera mujer mencionada en el árbol genealógico, habría
hecho lanzar un grito ahogado a quien conociera su pasado. La histo-
ria de esta mujer es uno de los sucesos más perversos, espeluznantes y
pecaminosos en la Biblia.
Judá, el hijo de Jacob, escogió a Tamar, una muchacha cananea, para
que fuera la esposa de su hijo primogénito, Er. El matrimonio comenzó
siendo difícil y nunca llegó a cambiar. Ella era pagana y él era malvado.
Er era tan malo que la Biblia dice que finalmente Dios le quitó la vida.
En este punto la historia se complica. Después que Er murió, la ley
requería que una viuda sin hijos debía ser entregada a uno de los hermanos
del esposo a fin de que ella pudiera tener hijos para conservar el apellido.
Uno de los hermanos de Er se negó y el otro era demasiado joven.
Frustrada por no tener hijos, Tamar elaboró un plan malvado. Se
disfrazó de prostituta, se cubrió el rostro y esperó a su suegro Judá a la
vera del camino. Como estuvo dispuesto a dormir con una prostituta,
Judá cayó en el engaño. De esta relación se concibieron gemelos. Fares,
quien nació primero, se convirtió en antepasado de Jesucristo.
Dios entrelaza esta cuerda en el entramado del árbol genealógico
de Jesús con el fin de resaltar un punto: nadie está fuera del alcance
de la gracia. Dios puede alcanzarte donde estás y encajarte en su plan
y propósito.
Dios puede cambiar lo que somos
Rahab era prostituta de oficio; la mujer era lo que un erudito bíblico
llamó «la celestina de Jericó». Fuera de la genealogía de Mateo, cada
vez que en la Biblia se menciona a Rahab se indica como «Rahab la
ramera». Ella también pertenecía a los cananeos, enemigos mortales de
Israel, quienes adoraban a un dios falso. Sin embargo, Dios también
decide incluir a Rahab en el árbol genealógico.
Después de vagar durante cuarenta años en el desierto, los israelitas
26 52 semanas con Jesús
se preparaban para entrar a la tierra prometida. Josué había enviado
espías a explorar la ciudad de Jericó. Cuando estos se toparon con Rahab,
le pidieron que los escondiera y ella los ocultó en su casa.
Cuando el enemigo vino a buscarlos, Rahab mintió para protegerlos.
Como sabía que los israelitas destruirían la ciudad, ella hizo con los espías
el trato de que le protegerían la familia. Los hombres acordaron no quitarle
la vida a ella o a su familia si colgaba un hilo escarlata de la ventana de la
casa donde vivía para que la familia pudiera ser identificada y perdonada.
Rahab no solo arriesgó su vida con el fin de proteger al pueblo de
Dios, sino que abandonó a los dioses de los cananeos por el Dios verda-
dero. Esta ramera profesional terminó convirtiéndose en la tatarabuela
de David y antepasada de Jesús. Otro punto para la gracia.
Dios puede usar quienes somos
Mientras David contemplaba la ciudad desde su azotea, observó
bañándose a la hermosa Betsabé. Atraído por ella, envió a sus criados
a buscarla. La aventura a escondidas de una noche no permanecería en
secreto por mucho tiempo, porque Betsabé quedó embarazada y su esposo
estaba afuera en la guerra. Como resultado, David terminó urdiendo una
artimaña para matar al esposo y así poder casarse con la mujer.
Betsabé no tuvo alternativa cuando el rey mandó a llamarla… debió
acudir. Pero debido a la cultura, como adúltera ella era un objeto de
vergüenza. Para aumentar al enredo, la mujer se casó con el asesino de
su esposo. Esta es una historia tan complicada y despreciable como
ninguna otra en la Biblia (¡o en Hollywood, en realidad!).
Sin embargo, de algún modo, de cualquier manera y por alguna razón
Dios decidió usar a Betsabé. Aunque el primer bebé murió, Betsabé con-
cibió de nuevo y dio a luz un hijo llamado Salomón, quien se convirtió
en el siguiente eslabón de la cadena divina de Jesús, el Hijo de Dios.
Dios puede tomar tus complicados enredos y utilizarlos para bien.
Un mosaico poco probable
Habrías esperado que el árbol genealógico de Jesús fuera un salón
de la fama: lleno de héroes y sabios. Pero algunas de sus partes más
bien parecen un salón de la vergüenza. La línea familiar de Jesús estaba
Jesús, el transformador 27
poblada de gentiles, fornicarios, adúlteros, prostitutas, mentirosos, reyes
malvados y otros granujas.
Es realmente apropiado que Dios usara este grupo de inadaptados
para darnos un Salvador, porque el Salvador mismo, Jesús, sería un
inadaptado. No, Él no pecó, pero hizo añicos los prejuicios una y otra
vez. Jesús se negó a encajar en el molde que el pueblo había fabricado
para el Mesías, escandalizando a las multitudes a cada paso. Al final de
una larga línea de inadaptados encontramos un «Mesías inadaptado».
Dios pone su gracia en exhibición a través del árbol genealógico de
Jesús. Dios nos recuerda que puede hacer por nosotros lo que no pode-
mos hacer por nosotros mismos: recoger piezas rotas y juntarlas, tomar
vidas destrozadas y repararlas por completo, juntar esperanzas perdidas
y volverlas realidad. Ese es el mensaje del árbol genealógico de Jesús.
Oración de esta semana: Señor, te agradezco porque nadie está más allá
de tu gracia sobrenatural y porque eliges obrar mediante vasijas humanas
imperfectas. Úsame para tu gloria.
Pregunta de esta semana: ¿Cuáles son los lugares rotos en tu vida
por medio de los que Dios ha decidido obrar?
3
Mesías desordenado
Pasajes bíblicos de esta semana:
• Rut 1 • Rut 4
• Rut 2 • Mateo 22:41-46
• Rut 3
De linaje real
La actriz Brooke Shields tiene un impresionante mosaico fami-
liar. Colgados de su árbol genealógico se encuentran personajes como
Carlomagno, El Cid, Guillermo el conquistador, las casas reales de prác-
ticamente todo país europeo, y cinco papas… ¡antes de la imposición
del celibato en el siglo XII! Sin embargo, ella no es la única.
Los expertos afirman que incluso sin una conexión documentada con
algún antepasado notable, las posibilidades son prácticamente de ciento
por ciento de que toda persona en la tierra sea descendiente de uno u otro
individuo de la realeza.3 También funciona de la otra manera. Cualquiera
que tuviera hijos hace algunos cientos de años es probable que hoy día
tenga millones de descendientes, muchos de ellos famosos.
Tú podrías ser un aristócrata real ahora mismo sin siquiera saberlo.
Podrías tener la sangre de algún rey o alguna reina fluyendo por tus
venas.
Dios demuestra en la genealogía de Jesús que cualquiera puede llegar
a formar parte de la más grande familia real de todas, no de la familia
de un simple rey sino del Rey de reyes.
¿Quién no querría formar parte de la familia de Dios? ¿Quién no
3. Matt Crenson, «Genealogists Discover Royal Roots for All», NBC [Link], 1 julio 2006,
[Link]/id/13662242.
28
Jesús, el transformador 29
desearía sentarse en su mesa? ¿Quién no querría tener parte en su
mosaico? Dios se volvió parte de la familia humana con el fin de que
nosotros pudiéramos volvernos parte de su familia celestial.
Todos están invitados a la familia de Dios
Mateo fue un escritor judío que escribió a una audiencia judía
respecto de un Mesías judío. Los judíos, rabinos y eruditos hebreos se
habrían intrigado en gran manera al leer acerca del linaje y del árbol
genealógico de este hombre llamado Jesucristo.
No obstante, ¿y si no hubieras sido judío? ¿Y si hubieras sido gentil?
Durante miles de años, los gentiles tuvieron que mirar todo desde
afuera. Así que si un gentil leyera esta genealogía sumamente judía,
podría pensar: ¿Y qué? Esto no me ayuda en nada. Soy gentil. Sin embargo,
el hecho de que una mujer llamada Rut aparezca en la genealogía de
Jesús puede ayudar.
Rut era gentil, moabita, una tribu de personas que descendían de
una raza maldita y cuya existencia era repugnante para el pueblo judío.
Los moabitas pelearon contra Israel por muchas generaciones y fueron
sus enemigos mortales.
Así que aquí hay un problema en el árbol genealógico de Jesús.
Rut se había casado con uno de los dos hijos de una mujer llamada
Noemí, pero tanto el esposo como los hijos de Noemí murieron. Cuando
esto pasó, Noemí decidió salir de la nación de Moab y regresar a su tierra
nativa de Israel. Una nuera decidió permanecer en Moab, pero Rut prefirió
permanecer al lado de su suegra, abandonando su herencia para seguir
al Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Y Dios le recompensó su fe. Rut se
volvió a casar con un pariente cercano de Noemí, convirtiéndose en la
bisabuela del rey David y antepasada del Señor Jesucristo.
Todo el mundo está incluido en el amor de Dios
José no fue el padre biológico de Jesús. Y eso plantea la pregunta
que el mismo Jesús hizo a los fariseos en Mateo 22: «¿Qué pensáis del
Cristo? ¿De quién es hijo?» (Mateo 22:41-42). Jesús estaba diciendo a
los fariseos que estos debían estar preguntándose: «¿Quién es tu papá?».
Mediante el Espíritu Santo de Dios, la virgen María concibió al
bebé llamado Jesús. Tanto la virginidad de María como la actividad del
30 52 semanas con Jesús
Espíritu Santo fueron necesarias para que Dios pudiera formar parte
de la familia humana.
Había otras maneras en que Dios pudo haber cumplido su voluntad.
Pudo haber creado a Jesús como un ser humano completo en el cielo y
haberlo dejado en el umbral del planeta Tierra sin la ayuda de ningún
padre humano. Pero entonces nadie habría creído que era totalmente
humano. Por otra parte, Dios pudo haber hecho que Jesús viniera al
mundo con dos padres humanos, y de alguna manera milagrosa pudo
haberle preservado su naturaleza divina, pero nadie habría creído que
era completamente Dios.
Dios, en su sabiduría, se encargó de que Jesús fuera concebido por
el Espíritu Santo y que naciera de una mujer para que tanto su deidad
plena como su humanidad plena fueran evidentes desde el momento
de su concepción hasta el momento de su nacimiento. Como humano
sería uno de nosotros; como Dios nos amaría a todos.
Todo el mundo es importante para el corazón de Dios
La genealogía de Mateo se remonta hasta Abraham, donde se detiene
porque el evangelista se dirige a los judíos. Pero Lucas, quien también
es gentil, se remonta hasta Adán: «Hijo de Enós, hijo de Set, hijo de
Adán, hijo de Dios» (Lucas 3:38).
Mientras estuvo en este planeta, Jesucristo fue completamente
humano, igual que tú y yo. Experimentó tentación, odio, persecución,
golpes, hambre, sed y desconsuelo igual que tú y yo.
Por impresionante que sea, el punto central de la genealogía de
Lucas es el hecho de que termina en Dios. ¿Ves las últimas tres palabras:
«hijo de Dios»? Ese final es único en su clase. No existe paralelo en el
Antiguo Testamento o en ningún otro texto antiguo con relación a una
genealogía que comience o termine con el nombre de Dios.
Así es, Jesús es el hijo de Adán. Es un ser humano; pero también es
el Hijo de Dios. Él se convirtió en parte de nuestra familia humana a
fin de que pudiéramos formar parte de su familia celestial:
Cristo, el Hijo de Dios,
Se convirtió en hijo de Adán
Para que nosotros, hijos de Adán,
Pudiéramos convertirnos en hijos de Dios.
Jesús, el transformador 31
Las piezas del mosaico
Cuando Jesucristo formó parte del mosaico que encontramos en
Mateo 1 y Lucas 3, cuando se volvió parte de un árbol genealógico, le
estaba diciendo a cada persona que alguna vez llegaría a ser parte de la
humanidad: «Te amo. Quiero ser tu Salvador. Anhelo salvarte de tus
pecados. Eres importante para mi corazón». No solo que Jesús se convir-
tió en parte de la familia humana, sino que esta especie de mosaico nos
dice que nosotros podemos llegar a formar parte de su familia celestial.
Tú y yo entramos a la familia humana, la familia de Adán, del mismo
modo que lo hizo Jesús: por nacimiento físico y biológico. Pero para
entrar a la familia de Jesús tenemos que experimentar un nacimiento
espiritual. La primera vez que naces, lo haces en la familia de Adán;
pero cuando naces de nuevo, entras a la familia de Jesucristo.
El Nuevo Testamento es la historia de una familia: la familia de Jesús.
Dios formó parte de nuestra familia para que pudiéramos formar parte
de la suya. Y así como Dios usó a dos mujeres comunes y corrientes,
llamadas Rut y María, para ocasionar un efecto duradero en el mundo,
Dios puede usarte para causar una impresión duradera en otras personas
viviendo para Él, amándolo y haciendo su voluntad.
Oración de esta semana: Señor, gracias por volverte parte de la familia
humana a fin de que yo pudiera llegar a formar parte de tu familia celestial.
Enséñame a vivir para ti, a amarte y a hacer tu voluntad.
Pregunta de esta semana: ¿A quién conoces que todavía no forma
parte de la familia de Dios que podría volverse parte de este árbol
genealógico?