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El 45

Este documento resume las opiniones del historiador Félix Luna sobre el contexto político y social de Argentina en 1945. Luna argumenta que Juan Perón canalizó el descontento popular con la clase dirigente tradicional y simbolizó un estilo renovador. Sin embargo, la oposición lo retrató de forma negativa y distorsionó la realidad para ganar apoyo. Finalmente, a pesar de los esfuerzos de la Unión Democrática por revertir los cambios, Perón logró una victoria electoral significativa.

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El 45

Este documento resume las opiniones del historiador Félix Luna sobre el contexto político y social de Argentina en 1945. Luna argumenta que Juan Perón canalizó el descontento popular con la clase dirigente tradicional y simbolizó un estilo renovador. Sin embargo, la oposición lo retrató de forma negativa y distorsionó la realidad para ganar apoyo. Finalmente, a pesar de los esfuerzos de la Unión Democrática por revertir los cambios, Perón logró una victoria electoral significativa.

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El 45, Félix Luna y

algunas reincidencias
y coincidencias
Julio Ruiz

Félix Luna, fue un


reconocido historiador,
escritor, artista, abogado,
periodista e intelectual
argentino, de vastísima
trayectoria, miembro de la
Unión Cívica Radical. Nació
en 1925 y falleció en 2009. Su abuelo fue fundador de la UCR riojana, su tío
Pelagio fue vicepresidente de Hipólito Yrigoyen y su padre, Carlos Luna
Valdés, candidato a gobernador de La Rioja en 1946.

Sería excesivo, enunciar sus numerosas obras de historia, libros y artículos, la


mayoría de estos últimos publicados en la revista Todo es Historia de la que
fue fundador y director. Su libro El 45, escrito en 1971 y con numerosas
reediciones, es a juicio de quien esto escribe y de muchos radicales con
quienes he compartido ese juicio, su obra más bella, quizás por introspectiva y
autobiográfica, e indudablemente porque el año 1945 fue un año fundacional,
de definiciones y de sorprendentes y profundísimas transformaciones.

El 45 es un testimonio imprescindible. Recordando a Kierkegaard cuando nos


dice que la vida sólo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero ha de
ser vivida hacia adelante. Y en la obra de Luna encontramos asombrosos
paralelos que laberínticamente nos conducen al presente.

Vayamos al texto del historiador:

“En cuanto a la demagogia, es indiscutible que


Perón usó recursos que pueden considerarse
extraños a las convenciones políticas… Pero hay
que encuadrar los recursos políticos que Perón
usó en 1945 dentro de su contexto y en relación
con las fuerzas que se le oponían ¿De qué otro
modo podía enfrentar Perón a una conjunción de
poderes que incluía desde la embajada
norteamericana hasta la Universidad, desde los
grandes diarios hasta los partidos tradicionales,
el empresariado y un sector de las Fuerzas
Armadas? … Además, Perón pretendía
simbolizar un estilo nuevo, un espíritu renovador
que venía a aventar la vieja política…

Por lo demás, no tiene ninguna importancia


establecer si Perón era un tipo despreciable –
como aseguraban sus adversarios- o un hombre

1
fuera de serie – como clamaban sus admiradores- . Lo importante era el
proceso que estaba desarrollando. Eso sí era importante. Formidable. Porque
significaba, ni más ni menos, que el país iba a mirarse en adelante con los ojos
de la verdad. No a través de convencionalismos, ficciones o complicidades,
sino en función de su pura realidad. Y era Perón el elemento que forzaba esa
reducción del país a la verdad. No se lo odiaba, entonces, por su ambición ni
por su demagogia sino porque había venido abruptamente a interrumpir el
inofensivo juego político que se había jugado hasta entonces, en que todos los
partidos (cada uno en su función), tenían participación y premios. La súbita
aparición de este intruso que pronunciaba palabras inimaginables, que
entregaba a las masas peligrosas claves para la comprensión de la realidad
nacional, que no tenía inconveniente en ponerse a la altura de los auditores
más humildes o al nivel del lenguaje coloquial de los argentinos, la aparición de
este histrión de admirable destreza venía a desarticular un equilibrio político tan
cómodo como había sido cómodo el equilibrio social existente hasta entonces.
¡Todo el odio contra él! (…)

El oscuro coronel de 1943 ya era en 1945 un instrumento de la Historia cuya


función fue comprobar –proclamar- todo lo que había de falso en la Argentina:
un país cuyos sectores dirigentes querían seguir manejándolo como si vivieran
diez años atrás, como si no hubiera ocurrido una guerra mundial, un proceso
de industrialización, una incorporación de centenares de miles de hombres y
mujeres al circuito productivo y consumidor. Esa ficción de un supuesto
equilibrio político y social, alimentada por todos los intereses que se
beneficiaban con la permanencia del “establishment”, se derrumbó en cuanto
Perón le empezó a asestar los mazazos de su prédica, poniéndolo en la cruda
y descarnada hora de la verdad.” (Págs. 481/482

(…)
“Lo cierto es que la alternativa ofrecida por la Unión Democrática hubiera sido
un desastre. Podemos imaginar lo que hubiera sido el gobierno de Tamborín,
tironeado por las exigencias de sus dispares apoyos. Todos pretenderían parte
del botín: las fuerzas patronales, la Sociedad Rural, la Unión Industrial
reclamarían la derogación de las medidas sociales adoptadas por el gobierno
de facto o por lo menos de las más cuestionadas, como el Estatuto del Peón, la
justicia laboral, el aguinaldo y las delegaciones regionales de Trabajo y
Previsión.

La eventual presidencia de Tamborín hubiera sido un desastre. Para muchos


argentinos lo fue, en ese momento, el triunfo de Perón. Habría que analizar, sin
embargo, lo que hubiera ocurrido si los votos de diferencia entre Perón y la
Unión Democrática hubieran tenido signo inverso al que evidenciaron y el país
tuviera que ser regido por un gobierno que, para grandes sectores populares,
representaba el triunfo de Braden, el revanchismo patronal, la mentalidad
conservadora. (…) y entregar el poder a quienes soñaban con hacer nuevos
Nurembergs contra sus integrantes.” (Págs. 483/484)

(…)
“No había peronistas. Al menos no conocíamos ninguno. En la facultad, en
FUBA, en los grupos juveniles del partido era lógico que no los hubiera. Pero

2
es que tampoco los encontrábamos en otros lados. Y llegamos a convencernos
que no existían; que ningún argentino, ni ebrio ni dormido podía ser tan
miserable que estuviera con la dictadura nazifascista…” (Pág. 190)

“Bueno, ahí estaban. Como si hubieran querido mostrar todo su poder, para
que nadie dudara de que realmente existían. Allí estaban, por toda la ciudad,
pululando en grupos que parecían el mismo grupo multiplicado por centenares.

(…)
Habíamos recorrido todos esos días los lugares donde se debatían
preocupaciones como las nuestras. Nos habíamos movido en un mapa
conocido, familiar: la Facultad, la Recoleta en el entierro de Salmún Feijóo, la
Plaza San Martín, la Casa Radical. Todo, hasta entonces, era coherente y
lógico; todo apoyaba nuestras propias creencias. Pero ese día, cuando
empezaron a estallar las voces y a desfilar las columnas de rostros anónimos
color tierra, sentíamos vacilar algo que hasta entonces había sido
inconmovible. Y nos preguntamos, apenas por un instante, si no tendrían razón
ellos, los extraños, los que pasaban y pasaban y seguían pasando, sin siquiera
mirarnos, coreando sus estribillos y sus cantos, lanzando como una explosión
el rotundo nombre de aquel hombre.
Sin embargo, no alcanzamos a dudar. Simplemente pensamos que era una
lástima tanta gente buena defendiendo una mala causa”. Págs. 320/321

“Por su parte, la Unión Democrática no se privó de echar mano a los peores


recursos políticos. La diferencia estaba en que carecía de poder para ejercerlos
con la urticante eficacia con que lo hacía el oficialismo… Así, se formularon
denuncias descabelladas, se usó de prejuicios clasistas para abrumar con el
descrédito social al osado que se manifestara partidario de Perón: algunos
periodistas que simpatizan con la candidatura de Perón fueron dejados
cesantes de los grandes diarios, y en los sectores de clase media sus
adherentes se vieron obligados a adoptar una actitud vergonzante, ocultando
cuidadosamente sus simpatías. Se tejieron infundios sobre los adversarios
atribuyéndoles una barbarie irredimible, una estolidez absoluta. En esto, el tono
de las expresiones de la Unión Democrática no se diferenciaba mucho del que
se usó contra Yrigoyen en 1928. De todos modos hay que tener en cuenta que
la oposición tuvo que defenderse con uñas y dientes de un adversario
poderoso, frente a cuya presión todas las armas parecían legítimas.
Pero lo más injustificable de la Unión Democrática fue su deliberada
deformación de la realidad. De esta distorsión es ejemplo la actitud de la
prensa llamada independiente, volcada en su apoyo sin excepciones. No puede
reprocharse, por supuesto, que los diarios apoyaran a la oposición; lo que es
criticable es que llegaran a fraguar una permanente mentira en la información
que brindaban a sus lectores. (…) Actos peronistas cuya magnitud los
convertía, de hecho, en noticia, son despachados en diez líneas; los discursos
de Perón se sintetizan en un par de frases y cuando hay información destacada
sobre el peronismo es para señalar un escándalo, una deserción o un cisma en
sus filas;…
Desde el punto de vista de la ética periodística, la posición de la prensa
independiente es condenable. El castigo a ese sectarismo llego por sí mismo:
la deformación de la realidad fue tan completa que todos, los que escribían y

3
los que leían, llegaron a convencerse que la imagen presentada era cierta: que
la Unión Democrática, representaba la arrasadora mayoría del país frente a
minúsculas turbas despreciables.” (Págs. 438/439/440)

“Y sin embargo, la Unión Democrática llegaba a la víspera de los comicios con


una grave falla: para grandes sectores de los argentinos no era más que un
supremo esfuerzo tendiente a retrotraer al país a lo que había sido antes de
1943. El tipo de personalidades que la dirigían, sus candidatos, el tono general
de la campaña y sus apoyos más o menos clandestinos, más o menos
sospechados, todo había contribuido a presentarla como algo regresivo,
anacrónico, pasatista.
Es cierto que había un contenido reaccionario y una suma tilinguería dentro
de la Unión Democrática, que por momentos constituyeron sus características
más salientes. (…) Fatalidades sucesivas la fueron condicionando. La rebelión
de los patrones por ejemplo, el fallo de la Corte, el Libro Azul, se habían
originado en esferas ajenas a su entidad (sin perjuicio de que existieran
contactos personales entre algunos dirigentes democráticos y quienes
produjeron esos hechos o que, en algunos casos, unos y otros fueran los
mismos) (…) Cada una de estas ocurrencias ratificó para muchos argentinos la
convicción de que la conjunción interpartidaria no era más que un siniestro
instrumento al servicio del capitalismo más crudo y el imperialismo más voraz…
Y esto ocurría porque la mayoría de los dirigentes democráticos construyeron
para su propio uso un país que no era el real. En lugar de intentar
comprenderlo, rechazaban este país que no era el que ellos habían gobernado
o cogobernado hasta el año 1943.” (Págs. 381/382)

“ …en centenares de fábricas y empresas del cinturón industrial de Buenos


Aires, al ir a cobrar la quincena, los obreros se encontraron con que el salario
del feriado del 12 de octubre no se pagaba, a pesar del decreto firmado días
antes por Perón. Panaderos y textiles fueron los más afectados por la reacción
patronal.
-¡Vayan a reclamarle a Perón! – era la sarcástica respuesta que se daba
detrás de la ventanilla de pago alas preguntas que formulaban los obreros.

...”La Nación” dedicaba dos días después (del confinamiento de Perón en


Martín García) un editorial a “La tarea reconstructiva”, que entre otras cosas
exigía – según el diario de los Mitre – la revisión de la política de la Secretaría
de Trabajo y Previsión, “cuyos trastornos causados en la organización
económica ha dado origen a consecuencias dañosas en alto grado”. (Págs.
258/259)

“Fines de enero en La Rioja. Yo hijo del candidato a gobernador, tratando de


ser útil pero, seguramente estorbando. Acto de proclamación de Tamborini-
Mosca. El “Tren de la Victoria” y la distinguida delegación que visita la tierra de
Castro Barros y Joaquín V. González para traer a esta provincia, la más pobre
acaso, de todas las hermanas argentinas, pero nunca la última en las luchas
por la Libertad, el abrazo fraterno de las fuerzas de la civilidad argentina que
luchan contra la Tiranía Nazifascista y el Candidato del Continuismo y la
certeza de que la Ciudadanía entera está de pie contra la Dictadura para
afirmar ante el mundo que la Tiranía no pasará…

4
(…)
Ha terminado la proclamación. El “Tren de la Victoria” sigue viaje. Exultantes,
hacemos un desfile de automóviles que recorre la ciudad y los alrededores.
Tiramos volantes: “Unión Democrática. Vote Tamborini-Mosca. Por la Libertad
y la Democracia contra el Nazifascismo. Unión Cívica Radical. Vote Luna-
Valdés Cabrera, la fórmula del pueblo y para el pueblo”
Unos changuitos color tierra han salido corriendo de su rancho para recoger
los volantes. Los saludamos con la mano mientras nos alejamos. Clarito
alcanza a escucharse:
- ¡Viva Perón!” (Págs. 449/450)

Enero de 1969. El invierno madrileño se estira en largas cintas de niebla. Es


Día de Reyes y la ciudad, en la mañana temprano, todavía duerme. Estoy con
Perón en su casa de Puerta de Hierro.”

(…)
Hemos hablado casi cinco horas. En el jardín, la friolenta madrugada se ha
convertido en un espléndido mediodía, cortante como un cuchillo. Perón me ha
dado todo lo que podía darme desde su arquitectura de recuerdos. Me despido.
Cuando me estrecha la mano me sorprende algo parecido a un latido amistoso
que no puedo controlar. No: Perón no me ha seducido. Pero yo sé que después
de esta conversación ya no pensaré de Perón lo mismo que pensaba antes. Al
menos, no exactamente lo mismo.
Al trasponer la puerta del jardín le hago un gesto de adiós. Nunca más en mi
vida veré de nuevo a este hombre. Perón está en el porche de su casa, solo,
inmóvil. Es un exiliado que ya transita por el blando territorio de la ancianidad
sin poder realizar los dos únicos sueños que todavía acaricia: regresar a su
Patria, vestir su uniforme militar. Pero no siento piedad por él: más bien, creo
que le estoy envidiando. Porque muchos hombres y mujeres de la Argentina
sintieron que sus vidas eran más ricas y plenas cuando lo tenían al lado…
Madrid está allá lejos, resplandeciente bajo el sol de su invierno. Pienso que
daría diez años de la vida de Félix Luna a cambio de un día, un solo día de
Juan Perón. A cambio, por ejemplo, de aquella jornada de octubre, cuando se
asomó a la Plaza de Mayo y recibió, en un bramido inolvidable, lo más limpio y
hermoso que puede ambicionar un hombre con vocación política: el amor de su
pueblo.” (Págs. 489/490/491)

Estas palabras marcan el final de El 45. Félix Luna se equivocó al pensar que
Perón iba a morir en el exilio. El viejo general rompió con la maldición histórica
que parecía pesar sobre los caudillos populares argentinos. Volvió, fue
nuevamente presidente, vistió el uniforme y murió en su cama, “llevando en sus
oídos la más maravillosa música…”

Félix Luna nos dejó esta obra que resulta del pasado histórico y que nos
aproxima al presente. Y a la vocación política y su dura realización.

“La política consiste en una dura y prolongada penetración a través de tenaces


resistencia, para la que se requiere, al mismo tiempo, pasión y mesura. Es
completamente cierto, y así lo prueba la Historia, que en este mundo no se

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consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez. Pero
para ser capaz de hacer esto no sólo hay que ser un caudillo, sino también un
héroe en el sentido más sencillo de la palabra. Incluso aquellos que no son ni lo
uno ni lo otro han de armarse desde ahora de esa fortaleza de ánimo que
permite soportar la destrucción de todas las esperanzas, si no quieren resultar
incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible. Sólo quien está seguro de
no quebrarse cuando, desde su punto de vista, el mundo se muestra
demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece; sólo quien
frente a todo esto es capaz de responder con un “sin embargo”; sólo un hombre
de esta forma construido tiene “vocación” para la política. Max Weber.

Marzo 2, 2015

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