La libertad y la tiranía
Por Leona Vicario (Toluca, 1820)
Llega, y la diosa a tan feroz aspecto Mientras de tus doctrinas lisonjeras
Un vivo grito en su sorpresa lanza Hasta el último alumno no se acaba.
Sin que para increpar a su enemigo Vacila el trono en el que terrible impero
Le faltasen enérgicas palabras El público deseo se propaga
¿Cómo –le dice– a profanar se atreven, Con que España inconstante en sus ideas
Sangrienta Tiranía tus pisadas Por mi exterminio fervorosa clama.
La mansión venturosa que Pelayo Si logro, pues, que con tu muerte queden
A mis cultos devoto consagrara? Sus dulces ilusiones disipadas,
¿Más víctimas buscando acaso vienes No temeré a la ruina que inminente
En estas soledades apartadas, A mi poder envejecido amaga.
Porque en los pueblos donde impío domina ¿Cómo, cruel enemiga de los hombres,
Tu insaciable furor ya no las halla? -tímida la deidad así hablaba-
¿qué designio fatal, como son todos Cómo… iba a seguir cuando sus quejas
Los que en tu negro espíritu se fraguan, Interrumpió la novelera fama
Te ha traído a perturbar la paz serena Vino del aura leve conducida
De aquesta fragosísima morada? Desde la isla de Bética ensalzada,
Allá donde tus leyes sanguinosas Más por ser de las cortes cuna ilustre
Son vilmente de esclavos acatadas, Que por todas sus célebres batallas.
Dirigir puedes el violento paso Al ver la Libertad llega la nuncia
Que ya mucho a mis ansias lo retardas De heroicos hechos, de ínclitas hazañas,
¡Cuán vanamente –el monstruo le replica– A escuchar las mayores, más gloriosas
Aquí de mi furor salvarte aguardas! Se enajenado espíritu prepara.
¿Qué sirve mi poder si tú rendida Suspende ya –le dije– de tu llanto
La cerviz no doblegas a mis plantas? El abundante riego, diosa amada,
Mientras respires el vital aliento La España te dispone en su alegría
En falaz apariencia abandonada. Regias coronas, vencedoras palmas.
Atónita la reina bienhechora
Escuchó la dulcísima embajada
Su píleo y su vindicta al punto toma
Y de Mantua a su alcázar se adelanta.
Desaparece la oscura Tiranía
Incierta y triste por los aires vaga,
Hasta que a las regiones del oriente
Su antiguo asilo, el torpe paso avanza.
El ancho océano su ámbito espacioso,
En justo obsequio de la nueva grata
Reduce a breve trecho, y facilita
Estorbos que pudiera hallar la fama.
Viene pues por el México anunciando
Que ya la libertad reina en España
Cuyo duro dominio o Tiranía
Cambiará presto en amistosa alianza