EL JARDÍN DE LAS NUEVE TRIBUS1
Hace mucho tiempo, en un recóndito lugar de la enorme selva, existía un
maravilloso jardín de belleza inaudita. Pocos conocían el lugar donde se
encontraba porque era muy difícil llegar a él.
Se oía hablar tanto del jardín que, en cierta ocasión, nueve tribus de la selva
decidieron viajar para asentarse en el paradisíaco lugar. Fueron guiados por un
viejo y sabio “conocedor” que sabía perfectamente cómo llegar.
Después de un largo camino, fatigados por el extenuante viaje pero muy
felices, al fin pudieron divisar a lo lejos este bello oasis de increíble belleza. Al
llegar al jardín, el guía que los había llevado hasta allí, sugirió que se definieran
las tareas que cada tribu desarrollaría. Era consciente de que de la buena
ejecución de la labor de cada tribu, dependería la armonía de todo el jardín.
Las nueve tribus decidieron que el sabio fuera quien definiera las tareas, ya
que nadie como él conocía aquel jardín y las características de cada una de
ellas.
Llamó a una tribu la de los Seleccionadores y se les encomendó podar y
quitar las hierbas dañinas. Este nombre se debía a que el sabio conocía su
gran capacidad para distinguir lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto.
De visión clara y sólidos principios, eran capaces de inspirar a los demás y de
conducirlos hacia el bien. Los Seleccionadores tenían también la misión de
purificar el agua. Sabía que sus integrantes eran reconocidos por su capacidad
de reformar y mejorarlo todo; de perfeccionarse a sí mismos y perfeccionar el
jardín. Pensó que eso es lo que hacen mejor que nadie. Entonces, que lo
hagan. Que sean los maestros, que reformen el jardín para que luzca más bello
y puro, sin las malas hierbas.
A la tribu de los Profundos se le encomendó la labor de develar el misterio, de
encontrarlo. De rescatar el símbolo y la magia en todas las cosas. De apreciar
la belleza de las flores, de los prados, de los frutos. De encontrar los
significados más íntimos en cada una de las estaciones, de mirar los
amaneceres y atardeceres y descubrir en ellos las claves universales para
todos los habitantes de ese paraíso terrenal. Vienen a encontrar la parte sutil
en la apariencia, a reconocerla. Vienen a diseñar el jardín. Vienen a hacer del
jardín una metáfora de la vida misma. Los Profundos vienen a ver la vida
como una obra de arte excelsa llena de poesía y de música.
A la tribu de los Compartidores se les encomendó la labor de repartir. Están
ahí para compartir los frutos del Edén. Vienen a recoger los frutos y ofrecerlos
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Adaptado con permiso del test creado por Nonirb para Eneagrama2001
a los demás. A ofrecer la sombra de los árboles. Un compartidor distribuye
para que a todos toque. Esta ahí para ver dónde hay mucho y dónde hay poco,
para compensarlo. Esto se llama servicio. El trabajo de los Compartidores
será pues el servicio; proporcionar cobijo en la sombra, repartir con inmenso
cariño los bienes. El compartidor acarrea y regala los frutos, la sombra, el
agua. Esa es la labor que le corresponde. En esta labor existe mucho contacto
con todos los habitantes de las diferentes tribus y hay que tener gran
disposición para tratar con la gente e intuir qué necesitan los demás. El
compartidor es como el tronco de un árbol que acarrea los nutrientes de la
raíz a las hojas y ramas. La mayor paga que reciben los compartidores, es el
agradecimiento de parte de todas las demás tribus por la labor tan hermosa
que desempeñan.
A la tribu de los Fuertes se les asignó la tarea de la lucha, de la protección de
los débiles, de la justicia y de hacer que los demás cumplan su
responsabilidad. Dentro de sus dotes naturales está la de ser líderes fuertes y
poderosos, la de no doblarse con facilidad. Pueden sostener duras disputas y
estar constantemente en el campo de batalla. Vienen a otorgar vida y muerte.
Controlan quién entra y quién no. Defienden a las demás tribus y disfrutan la
batalla.
A la tribu de los Conocedores o Clasificadores, se les otorgó la función de
estudiar y catalogar todo lo que hay en el jardín. Tanto a los árboles, como a
toda especie presente en el jardín. Mantienen ante todo la actitud científica de
entender, de conocer, de observar, de clasificar. Comprenden la fotosíntesis y
todos los procesos. Bucean en la profundidad de las cosas. Estudian el
mecanismo y la función de las cosas. Su trabajo es muy solitario, pero prefieren
hacerlo de esa forma. Les permite ser observadores imparciales y registrar lo
que sucede en el jardín, sin involucrarse con muchas personas.
A la tribu de los Divertidos se les asignó la labor de mantener un entorno
positivo y optimista: el entorno del placer. Habían de organizar la diversión y
encargarse del aspecto lúdico de la comunidad. En toda comunidad siempre es
necesario el disfrute y la alegría. La tribu de los Divertidos posee un talento
innato para gozar y hacer gozar a otros la experiencia. Con ellos se aprende a
paladear los frutos y las cosas placenteras del Jardín. Los Divertidos nos
enseñan a solazarnos con las cosas buenas de la vida. El divertido tiene la
función de encontrarle el lado bueno a todas las cosas, de ser muy positivo y
de contagiarnos su alegría, su chispa y sus felices ocurrencias. Al divertido le
encanta contar anécdotas, cuentos, chistes y no le importa si hay una multitud
alrededor de él entusiasmada con sus historias o nadie. En última instancia, es
parte de su trabajo contar historias.
A la tribu de los Efectivos les corresponde el éxito del jardín. Están ahí para
lograr que todo luzca de la mejor manera posible, que todo sea excelente. Los
Efectivos vienen, a hacer que las manzanas crezcan más grandes, que las
hojas sean más verdes, que no exista otro jardín que se le parezca. Que el
huerto produzca los mejores frutos de la región y que sea conocido en todos
los lugares, cercanos y lejanos como el más productivo, eficiente y eficaz
jardín. No sólo es importante trabajar, sino que realmente el trabajo produzca
frutos, que haya eficacia y que estos logros puedan medirse y sean visibles y
admirados por los demás.
A la tribu de los Armónicos se les dio la tarea de la conciliación, de llevar la
paz y la calma a los demás. Vienen a armonizar, a conciliar, a fomentar la
convivencia de las tribus. Vienen a disfrutar, a poner una hamaca entre dos
palmeras y a admirarse. A enseñar el reposo y la tranquilidad a los demás. A
mostrarnos cómo los problemas pueden llegar a solucionarse con un cierto
intervalo de tiempo de por medio. Vienen a amar la naturaleza y a ver las
distintas posturas y divergencias entra las varias tribus como una oportunidad
de enriquecimiento. A los armónicos les corresponde ver las diferentes caras
de un problema y ver cómo todo está relacionado con todo y, finalmente, todo
siempre tiene una solución para las partes en conflicto.
A la tribu de los Responsables se le encomendó una tarea muy importante y
que no puede delegarse en cualquiera que no sepa cumplir sus compromisos
cabalmente: la tarea de la seguridad. Vienen a poner cercas para que no se
salgan los de adentro, ni se metan los de afuera. A otorgar al Jardín seguridad.
A respetar y hacer que se respeten las leyes y normas que se han dictaminado
para el bienestar del Jardín. Ellos deberán obedecer directamente los
mandatos del sabio y viejo guía quien los apoyará para lograr que el jardín sea
una comunidad, un grupo armónico con sus propias reglas y tradiciones. Un
espacio de convivencia y compromiso, una gran familia.