Boletín Online: Academia Nacional de La Historia de La República Argentina
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de la República Argentina
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Año 3, Nº 14 (Enero-Febrero de 2014)
Temario
Homenaje a la Guardia Nacional
Las Milicias
La Guardia Nacional, desde 1852 hasta el Servicio Militar obligatorio
Novedades Editoriales
Dirección: Dr. Miguel Ángel De Marco / Coordinador y Correcciones: Prof. Ariel A. Eiris / Diseño: Gonzalo L. Bosch
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Homenaje a la Guardia Nacional
Las Milicias
Por el general Diego Alejandro Soria
a conquista de nuestro continente no fue de los riesgos que correrían juntos. Debían aportar
emprendida por la Corona de Castilla, sino sus armas, adquiridas con su peculio o suministra-
por particulares. El monarca, o el Consejo del das por el jefe con compromiso de pago posterior.
Reino en su nombre, establecían con el Adelantado La esperanza de lograr gloria, nobleza, fortuna y
una capitulación por la que se otorgaba a éste una seguridad impulsaba a estos soldados de la conquista.
zona del territorio americano con sus tierras,
habitantes y riquezas. El adelantado, a su vez, se En resumen, podemos definir que no existía un
comprometía a explorarla, pacificarla (es decir ejército expedicionario de conquista, ya que estos
conquistarla) y poblarla, corriendo por su cuenta grupos armados no tenían ni el objetivo ni la
los gastos que ello demandara. La Corona conser- organización propia de tal. No había fuerzas
vaba los derechos sobre la tierra y recibía el quinto dependientes del poder estatal, sino partidas
real (un quinto de los beneficios). armadas organizadas por un particular, el único a
quien reconocían autoridad. Estos grupos de
Para llevar a cabo su empresa (la jornada), el hombres armados carecían de permanencia, lo que
adelantado nombraba capitanes que debían se explica por su carácter privado y por ser organi-
reclutar la gente. Para ello, recorrían los pueblos de zados para una empresa determinada, finalizada la
Castilla y León, haciendo el “pregón” en sus plazas cual se dispersaban. La jerarquía era ocasional y no
para levantar bandera. En el pregón se prometía a obedecía a ninguna base de estabilidad. El mando
quienes se enrolaban una parte del botín de guerra se originaba en un contrato social y en el ascen-
o tesoros por ganarse en la conquista, así como diente que el empresario tenía por sus conocimien-
la concesión de tierras y el reparto de indios tos, condiciones personales, experiencia y valor.
para trabajarlas. La escasez de soldados entre la gente hizo recurrir,
la mayor parte de las veces, a individuos ajenos a
Los capitanes eran generalmente veteranos de las armas, a los que no se daba una adecuada
empresas anteriores o de las guerras en Europa. A instrucción previa.
los dispuestos a engancharse se les exigía ser
“gente limpia”, es decir cristianos viejos, sin mezcla La clasificación de las tropas por armas no fue
de moros o judíos. Estos eran los soldados de la consecuencia de principios orgánicos, sino de la
conquista y debían ser aptos para llevar las armas. mayor o menor capacidad económica del soldado
En la práctica serían verdaderos socios del conquis- que le permitiera llevar caballos o no.
tador, aunque debían acatar sus órdenes en razón Como su transporte desde España no era fácil, la
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gran mayoría de los soldados que hicieron la como los soldados mientras cumpliesen tareas
conquista fueron infantes. ordenadas por los capitanes generales.
En las campañas que a partir de 1680 se empren-
Para completar lo expresado, señalemos que lo dieron contra los portugueses, que usurpaban la
reducido de las fuerzas con que se efectuó la Colonia del Sacramento, estuvieron siempre
conquista y las características particulares del presentes las milicias. Pero hubo otras milicias que
adversario, obligaron a los conquistadores a cumplieron un papel trascendental en la defensa
apartarse de las modalidades tácticas y orgánicas de nuestro territorio en el siglo XVII, las organiza-
de la época, adaptándose a la situación que debían das por los jesuitas en las misiones guaraníticas.
enfrentar. Los procedimientos que se aplicaban en Estas, además de su función específica espiritual,
Europa no podían, lisa y llanamente, ser traslada- constituían una barrera a la expansión portuguesa
dos a los teatros de operaciones de América, hacia el Plata y el Perú.
donde no había que soportar cargas de caballería,
descargas de arcabuces o fuego de artillería. Entre 1580 y 1640 Portugal estaba unido a la
Realizada la conquista, había que asegurar el Corona española y, aprovechando esta situación,
territorio y careciéndose de tropas veteranas, fue los portugueses del Brasil intentaron su expansión.
necesario recurrir a las milicias, que fueron organi- Simultáneamente efectuaban la caza de indios
zadas conforme con las disposiciones de las para esclavizarlos, asolando las misiones jesuíticas.
metropolitanas hasta que se dictaron reglamen- Como las autoridades españolas no podían enviar
taciones especiales. tropas para su defensa, en 1637 se autorizó a las
misiones a armarse. Hermanos coadjutores con
En 1570 una real orden de Felipe II dispuso la previa experiencia militar se convirtieron en
obligación de los pueblos de las posesiones ameri- instructores y conductores de las milicias, integra-
canas para organizarse militarmente. Las autorida- das básicamente por infantería armada con arcos y
des debían controlar que los vecinos tuviesen flechas y arcabuces, contando también con
armas y caballos de acuerdo con sus posibilidades, algunas piezas de artillería fabricadas en las
determinar las oportunidades para su instrucción, mismas misiones.
efectuar revistas, etcétera. Otra real orden de 1599
fue complementaria de aquella al disponer la En la llanada guerra paulista, fue decisiva la batalla
concurrencia a los ejercicios de todos los habitan- de Mbororé, seguramente la más importante
tes con las excepciones correspondientes, con lo librada en nuestro territorio durante el período
que se estableció de hecho una especie de servicio hispánico, en la que una fuerza constituida por 450
militar obligatorio adaptado a las circunstancias. “bandeirantes” o “mamelucos” brasileños y varios
Las milicias de Buenos Aires se organizaron para miles de indios tupíes fue completamente derrota-
completar y asegurar la conquista y, durante el da por 4000 guaraníes al mando del capitán
siglo XVII, hacer frente a las amenazas de corsarios Ignacio Abiarú, quien tenía como asesor militar al
y piratas, así como de los portugueses e ingleses. hermano jesuita Domingo Torres. La batalla,
En Corrientes, desde su fundación se organizaron librada en proximidades del río Uruguay, cerca de
las milicias para protegerla de los indígenas y, San Javier, en la actual provincia de Misiones, se
posteriormente, de los portugueses. En el resto de desarrolló a partir del 11 de marzo de 1641, prolon-
las ciudades, las milicias defendían las poblaciones gándose durante cinco días, a los que siguieron
de los naturales, cumpliendo las de las ciudades diez de encarnizada persecución, hasta lograr el
del norte un importante papel en la sofocación de aniquilamiento del enemigo. Tras esta batalla, las
los grandes levantamientos calchaquíes. incursiones de los bandeirantes disminuyeron
hasta cesar totalmente quince años después.
En 1607 el gobernador de Buenos Aires Hernanda-
rias, dispuso organizar cuatro compañías de En 1700 murió sin sucesión el último rey español
infantería con motivo de un ataque de corsarios de la casa de Austria, Carlos II “el Hechizado”. Para
holandeses a barcos anclados en el fondeadero. En evitar el desmembramiento del imperio hispano,
1620 el gobernador Diego de Góngora organizó la había designado su heredero a Felipe de Anjou,
defensa de Buenos Aires ante la amenaza holande- nieto del monarca más poderoso de la época, Luis
sa, con la formación de una compañía de infantería XIV de Francia. Con el nuevo rey Felipe V, comienza
y dos de caballería. En 1624 Santa Fe y Tucumán la dinastía de los Borbones en España, que habría
enviaron refuerzos a Buenos Aires ante nuevas de modificar sustancialmente la situación de los
amenazas. En 1631, como consecuencia de mante- territorios de ultramar. También se producirían
nerse la amenaza holandesa, llegó a Buenos Aires importantes reformas en la organización militar.
el primer contingente de tropas veteranas, consti- En el siglo XVIII las tropas veteranas llegaban en
tuido por doscientos soldados de infantería traídos forma irregular a nuestro territorio, por contingen-
por el gobernador Pedro Esteban Dávila. tes. Solo a comienzos de 1765, ante el peligro de
Una real orden de 1624 dispuso que algunos una nueva guerra con Gran Bretaña, llegó por
oficiales de milicias en Indias tuviesen los mismos primera vez una unidad completa, el Regimiento
derechos de los que recibían sueldos del Rey, así de Infantería de Mallorca.
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Por una real instrucción de 1764, se dispuso la sus integrantes o, en el caso de criollos, sus antepa-
organización de unidades de milicias en las provin- sados. Ellos eran los de Gallegos, Andaluces, Catala-
cias rioplatenses, dependientes del virreinato del nes o Miñones, Vizcaínos y Montañeses. Los nativos
Perú. Para su formación, se envió desde España de Buenos Aires (en su mayoría orilleros, menestra-
personal de oficiales y suboficiales veteranos para les y artesanos) formaron tres batallones de
desempeñarse como instructores y encuadrarlas. Patricios (“patria” se consideraba a la ciudad). Con
Esos núcleos se llamaron “asambleas”. En Buenos los nativos del interior (las provincias de “arriba”) se
Aires las hubo de infantería, caballería y dragones. formó el batallón de Arribeños. Hubo también un
A la de infantería perteneció el teniente Juan de batallón de Castas (Naturales, Pardos y Morenos),
San Martín, padre del Libertador, quien se desem- una compañía (después batallón) de Granaderos
peñó como instructor en el Batallón de Voluntarios Provinciales de Infantería y otra compañía de
Españoles de Buenos Aires. Posteriormente, siendo Cazadores Correntinos.
teniente de gobernador en Yapeyú, organizó un
batallón de milicias integrado por 550 guaraníes.
En 1765 era gobernador de Buenos Aires el tenien-
te general Pedro de Cevallos, la figura militar mas
destacada en nuestra historia en el período
hispánico. Él concretó la constitución formal de las
milicias, en virtud de una real orden. En Buenos
Aires hubo un batallón de infantería, un regimiento
de caballería y una compañía de artillería, además
de 24 compañías de indios, pardos y negros para
servicios. Las fronteras con el indio eran asegura-
das por otros 2000 milicianos.
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los batallones existentes se elevaran a regimientos, rápidamente preparadas para desempañarse en
convirtiéndose en cuerpos veteranos. En recorda- tareas de seguridad. Apenas comenzados los
ción de esto, se celebra actualmente el Día del deshielos a fines de 1814, envió destacamentos
Ejército el 29 de mayo. para cubrir los caminos principales, Uspallata y
portillo para prevenir una posible acción ofensiva
Pero el primer gobierno patrio se preocupó desde Chile.
también de la formación de las milicias cívicas y
provinciales, cuya misión era proteger el territorio, Las milicias cuyanas brindaron un importante
proveer la seguridad pública y auxiliar la adminis- aporte al completamiento de las unidades de línea.
tración de justicia. Pero también fueron empleadas Al quedar definitivamente constituido, el Ejército
para reforzar las fuerzas de línea, y así las vemos de los Andes dispuso de 1200 milicianos organiza-
participar activamente en las tres primeras expe- dos en escuadrones para la vigilancia y funciona-
diciones libertadoras al Alto Perú, Paraguay y miento de los servicios de retaguardia, custodia de
Banda Oriental. los depósitos de víveres, cuidado del material, etc. El
Inicialmente se organizaron de acuerdo con el resto de las milicias permaneció como seguridad del
reglamento de 1801, que preveía la convocatoria territorio cuyano durante la campaña libertadora.
de los varones de 16 a 40 años. El Estatuto Proviso-
rio de 1815 extendió la incorporación como cívicos El 8 de enero de 1820 el Ejército del Norte se
a todos los habitantes entre15 y 60 años de edad y sublevó en Arequito, lo que provocó la caída del
a los extranjeros con más de 4 años de residencia. Directorio. Al no existir una autoridad nacional, las
La milicia cívica de Buenos Aires estaba sujeta al provincias se declararon autónomas y el ejército
Cabildo, quien era su brigadier nato y en subordi- nacional dejó de existir; las unidades que subsistie-
nación el Director del Estado. ron se transformaron en provinciales. Durante el
En el resto de los pueblos, el mando era ejercido período de la Confederación Argentina, cada
por cada Cabildo, con sujeción a los respectivos provincia tenía su ejército. La de Buenos Aires, cuyo
gobernadores intendentes, tenientes de goberna- gobernador era responsable de las relaciones
dores y delegados. exteriores de la Confederación, disponía del
ejército más importante, en el que en infantería
En todas las campañas al Alto Perú, unidades de subsistían solo dos batallones de línea, Cazadores
milicias integraban el Ejército del Norte y después del Río de la Plata y Guardia Argentina, al que se le
de Sipe-Sipe las milicias de Salta y Jujuy cumplie- agregaría después el 1º de Patricios. El resto eran de
ron un muy destacado papel en ese teatro de milicias, entre ellos los tres de Patricios que adqui-
operaciones a órdenes del general Martín Güemes. rieron mucho prestigio por su desempeño en
También en el combate de San Lorenzo estuvieron Obligado. La casi totalidad de los ejércitos de las
presentes 50 milicianos al mando del capitán otras provincias estaban formados por milicias,
Celedonio Escalada. que fueron las grades protagonistas de las
guerras civiles.
Vecinos de Buenos Aires hicieron una presentación
al Cabildo en febrero de 1811 para solicitar que se Tras la caída de Rosas, fueron creadas en Buenos
gestionase ante el gobierno la autorización para Aires las Guardias Nacionales en reemplazo de las
crear un regimiento de caballería denominado milicias y esta denominación fue adoptada por las
Guardia Nacional, integrado por el personal demás provincias.
alistado en las cuatro compañías patrióticas de
caballería que había organizado don Manuel
Luzuriaga. Aquí aparece por primera vez esa
denominación, inspirada en la que se dio en
Francia a sus milicias a partir de la Revolución de
1789. El gobierno aprobó la formación de un
regimiento pero de infantería. El 6 d e marzo fue
nombrado su comandante el mismo Luzuriaga.
Tres años más tarde, los tercios cívicos de Buenos
Aires se convirtieron en Guardia Nacional de
Infantería, que en 1820 se transformó en el
Regimiento de Infantería de Milicias “Legión
Patricia”. También en caballería, sus milicias pasaron
a llamarse Guardia Nacional en 1814 y en 1819 se
convirtieron en Regimiento de Caballería Nacional.
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La Guardia Nacional, desde 1852 hasta el Servicio Militar obligatorio
Por el académico de Número, Dr. Miguel Ángel De Marco
espués de la batalla de Caseros, los primeros bombines y gorras, según la capacidad adquisitiva
mandatarios de las provincias controlaban de oficiales y tropa.
las milicias locales, hasta que en el Acuerdo Por su parte, Buenos Aires, apenas un mes más
de San Nicolás se concedió al gobernador de Entre tarde de Caseros, el 8 de marzo de 1852, basándose
Ríos, general Justo José de Urquiza, el cargo de en la Ley de Milicia del 27 de diciembre de 1823,
director provisorio de la Confederación Argentina y organizó su propia Guardia Nacional. La convocato-
el mando efectivo de las fuerzas militares de cada ria de dos batallones de voluntarios tuvo por
Estado. Fueron el embrión del incipiente Ejército motivo la celebración del 42° aniversario de la
Nacional junto con las tropas de línea, que habían Revolución de Mayo.
sido constituidas tras muchas dificultades por la El 17 de marzo, un nuevo decreto disolvió a las
resistencia de los gobiernos locales que argumen- milicias de la época de Rosas, y quedó al frente de la
taban la necesidad de contar con efectivos para Guardia Nacional el coronel Bartolomé Mitre, quien
enfrentar conflictos interiores. Dicha actitud no sólo las puso al servicio de la revolución de
continuó aun después de sancionada la Constitu- septiembre sino que las usó políticamente al crear
ción Nacional de 1853. un club electoral y emplear a los oficiales y soldados
en los comicios contra los partidarios de Urquiza.
Durante esa etapa, el gobierno de Paraná usó del Pero el enrolamiento encontró serias resistencias,
poderío de las fuerzas militares de Entre Ríos junto sobre todo en la ciudad y entre los jóvenes de las
con las numéricamente menos importantes de la familias más acomodadas de Buenos Aires, particu-
provincia de Santa Fe, ocupándolas en mantener el larmente cuando se produjo el sitio de la ciudad por
control de la frontera con Buenos Aires ante el parte del general Hilario Lagos y con él la inminente
peligro de invasiones luego de la revolución del 11 convocatoria a la lucha. En noviembre de 1852 la
de septiembre de 1852 que separó a Buenos Aires
de sus hermanas.
Recién el 28 de abril de 1854, a poco más de un mes
de haber asumido como presidente, Urquiza pudo
decretar la creación de la Guardia Nacional. El 5 de
junio del mismo año, se organizó la Inspección
General del Ejército y Guardias Nacionales como
dependencia del Ministerio de Guerra de la Nación
Argentina, responsable de controlar en cada
provincia la formación de los correspondientes
batallones, y enviar reclutas para el ejército de línea.
Si bien los gobernadores eran quienes debían
Uniformes militares durate la década de 1850. Enrique Udaondo.
organizar los batallones en cada provincia, corres-
pondía al presidente y comandante en jefe autori- legislatura bonaerense facultó al Poder Ejecutivo
zar su movilización “salvo el caso de invasión provincial para destinar por dos años al Ejército de
exterior o de un peligro tan inminente que no línea a los infractores del decreto sobre enrola-
admita dilación, dando luego cuenta al gobierno miento cívico, e incluso autorizó al allanamiento de
nacional”. Esto último, incluido en el artículo 105º las casas.
de la Constitución Nacional, permitió legitimar las
acciones militares autónomas de las autoridades No obstante, los componentes de los cuerpos que
provinciales “en beneficio del nuevo orden nacional fueron llevados al combate en lo que dio en ser
y republicano” y mantuvo en el centro del escenario llamada “la Troya porteña”, cumplieron su deber
militar a la figura del respectivo gobernador. junto a las legiones extranjeras creadas para
El equipamiento de las guardias nacionales debía oponerse a las tropas federales. La Guardia Nacional
ser el mismo que el del ejército de línea, y era respon- fue organizada en unidades según la profesión o
sabilidad del Gobierno federal, quien debía adquirirlo actividades de sus integrantes. Así, por ejemplo, los
según las necesidades de cada provincia y luego trabajadores de imprenta formaron una compañía
enviarlos a través del Ministerio de Guerra y Marina. de Cajistas y Tipógrafos y los carpinteros, calafates y
otros operarios de ribera integraron la Compañía de
En la práctica, esto resultaba muy difícil, dada la Matrículas de marina. La gente de la campaña
crónica pobreza de la administración nacional, y la integró regimientos de caballería.
mayoría de las veces los guardias nacionales realiza-
ban sus ejercicios doctrinales los fines de semana Las necesidades de reclutamiento llevaron a que en
en forma voluntaria, en las plazas de las ciudades y la constitución bonaerense de 1854, se definiera la
otros centros poblados, vestidos con sus trajes ciudadanía, y con ella la obligación de prestar
particulares y cubiertos con sombreros de copa, servicios militares, de acuerdo al principio de ius
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te siga sin cesar mi planta...”
La caída de la Confederación Argentina marcó una
nueva etapa signada por la definitiva constitución
del Ejército de Línea, sobre la base de los cuerpos
militares porteños, pero integrado también por
jefes, oficiales, clases y tropas de la Confederación,
período también signado por la creciente presencia
de la Guardia Nacional en los fortines y durante los
conflictos internos que se suscitaron entre los años
1862 y 1865.
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encono hacia los porteños y trocado en respeto el
menosprecio de éstos por los hombres del Interior a
raíz de la convivencia en común, se evidenció con
claridad lo que realmente unía a salteños y santafe-
sinos, catamarqueños y entrerrianos, bonaerenses y
riojanos, cordobeses y tucumanos: el valor y el
espíritu marcial común a todos los argentinos.
Como tantas veces antes, aquellos hombres hechos
a la vida dura, a las luchas fratricidas, a los desafíos
insensatos pero viriles, se cobijaron bajo el paño
azul-celeste y blanco de la bandera. Y ya no pensa-
ron en escapar sino en combatir; en dejar bien alto
el nombre de sus provincias; de cada pequeño y
entrañable mundo donde aguardaban el regreso
sus seres queridos...
do para la reunión de las tropas, la ciudad entrerria- entregarse a sus respectivas actividades civiles.
na de Concordia. Hacia allí convergieron los efecti- Por otro lado, la Guardia Nacional fue un semillero
vos del Primer Cuerpo de Ejército -comandado por de futuros generales y oficiales superiores del
Paunero e integrado por un reducido número de Ejército Argentino. Basta señalar dos nombres entre
unidades veteranas, pues el batallón de Guardias un conjunto notable: José Ignacio Garmendia e
Nacionales San Nicolás lo era por la constante Ignacio Hamilton Fotheringham, llamados a contri-
movilización a que estaba sometido y los cuerpos buir de un modo singular al mejor conocimiento de
formados en Buenos Aires y en el resto del país. Los la epopeya, a través de sus libros de recuerdos.
batallones de infantería de línea estaban bien Al concluir la guerra del Paraguay –y aun durante su
equipados, con uniformes y calzado de proceden- desarrollo en diversos puntos del país- los compo-
cia francesa, en su mayor parte, y con fusiles de nentes de la Guardia Nacional fueron movilizados
pistón. Dichas armas, mucho más eficaces que las para completar las guarniciones de las fronteras
de chispa, porque fallaban menos los disparos a raíz interiores y combatir en las campañas contra los
de la mayor perfección del percutor, poseían un alzamientos federales, como la Revolución de los
alcance muy limitado. Como aún se cargaban por la Colorados, en Cuyo o las Guerras Jordanistas de
boca, la frecuencia de fuego resultaba muy pobre. 1870 y 1873. También pelearon en ambos bandos al
A raíz de ello, la bayoneta, lejos de constituir un producirse la revolución de 1874. Hubo unidades
complemento, seguía siendo un elemento de de la Guardia Nacional en las tropas bajo el coman-
ataque y defensa esencial para la infantería. do de Bartolomé Mitre y José Miguel Arredondo,
alzados contra el gobierno nacional en los últimos
En cuanto a la Guardia Nacional, sus uniformes eran días de la presidencia de Sarmiento, y a las órdenes
muy sencillos, confeccionados en el país. Algunos de quienes los vencieron: José Inocencio Arias y
batallones fueron armados con fusiles de chispa, Julio Argentino Roca.
reemplazados después por otros más modernos. Sin
embargo, eran de peor calidad que los provistos a los Cuando el presidente Avellaneda, que asumió tras
cuerpos de línea y en múltiples ocasiones los ser vencida esa revolución, impulsó en 1880, a
cartuchos no podían ser usados porque las balas punto de dejar el mando, la Ley de Capital de la
esféricas tenían mayor diámetro que la boca del arma. República, que pondría fin a un largo período de
Sería imposible señalar siquiera la multitud de indefiniciones, el gobernador de Buenos Aires,
episodios heroicos protagonizados por los guardias Carlos Tejedor, movilizó a la Guardia Nacional de la
nacionales de todas las provincias. Baste decir que provincia para enfrentar a las tropas nacionales. Por
participaron en todas grandes batallas y combates su parte, el primer mandatario puso en alerta al
(Pehuajó, Paso de la Patria, Estero Bellaco, Tuyutí Ejército de Línea y movilizó a la Guardia Nacional de
Yataytí Corá, Sauce o Boquerón, Curupaytí, Humai- los demás estados.
tá, Lomas Valentinas, Peribebuy…); que en buena
medida llenaron los claros que dejaban los reduci- El 30 de agosto de 1879, Tejedor dictó un decreto
dos batallones de línea; que fue muy alta la contri- por el que prohibía a batallones del Ejército de
bución de sangre, al punto de regresar a la patria Línea, de guarnición en la ciudad, hacer ejercicios
centenares de heridos que ya no pudieron “impropios de una sociedad comercial y culta”. Pero
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al mismo tiempo disponía, en actitud desafiante, la de “agente natural” de Poder Ejecutivo nacional, su
organización la Guardia Nacional de Buenos Aires. papel de mediador directo en las tareas de recluta-
El ministro del Interior, Domingo Faustino Sarmien- miento y movilización de la Guardia Nacional mantu-
to, no vaciló en dirigir una circular a los gobernado- vo, en alguna medida, el control sobre los contingen-
res aclarando que todo lo concerniente a la guardia tes militares auxiliares locales. Casi todas las provincias
nacional era materia regida por ordenanzas milita- procuraron, sin embargo, mediante argucias, de
res y bajo la exclusiva jurisdicción del presidente. mantener efectivos veteranos bajo el título de batallo-
Inmediatamente, Tejedor y el ministro Sarmiento se nes de guardia-cárceles y bomberos.
vieron envueltos en una polémica reflejado a través
de artículos de prensa. El segundo, negó facultades El aumento de la tensión con Chile indujo al gobier-
al gobernador para organizar la Guardia Nacional, y no argentino a movilizar a la Guardia Nacional. Pero
el primero le transcribió el artículo de la Constitu- en lugar de convocar a hombres de distintas
ción provincial que autorizaba al gobernador “a edades, se pensó en una primera conscripción
reunir o movilizar la milicia, o parte de ella, en los militar en la que participasen solo jóvenes de veinte
casos en que la seguridad pública de la provincia lo años, quienes, por espacio de dos meses, debían
exija, sin perjuicio de las atribuciones del gobierno vivir en campaña y adiestrarse en diferentes
nacional”. Sarmiento repitió que las facultades provin- terrenos. En abril de 1896 comenzó la movilización
ciales se reducían a nombrar los jefes y oficiales de la de una gran maquinaria que probó su eficacia en
Guardia Nacional, pero la organización y movilización maniobras cumplidas en Curamalal (Buenos Aires),
eran atribuciones del gobierno federal. Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, Salta,
Córdoba, La Rioja, Mendoza, San Luis, Entre Ríos y
La polémica se cerró con una ley nacional sanciona- Santa Fe. El operativo mantuvo en vilo a la ciudada-
da el 13 de octubre de 1879, en que se interpretaba nía, pues prácticamente no hubo familia que no
la facultad constitucional de organizar o movilizar a contase con un hijo o un pariente entre los
la Guardia Nacional. Las provincias tenían el conscriptos. Miles de jóvenes bien armados y
derecho de organizar sus milicias, pero no uniformados, con buenos equipos de campaña,
podían convocarlas ni hacer ejercicios doctrina- marcharon en cómodos trenes a los puntos de
les seis meses antes de una elección de concentración. Muchos eran hijos de inmigrantes, y
presidente o de gobernador. así, por primera vez en tamaña proporción, se
mezclaban los criollos con muchachos de su misma
El gobierno federal ordenó la requisa de un barco edad, de otros orígenes.
cargado de armas destinadas a la milicia provincial,
pero el coronel José Inocencio Arias impidió, por Los hombres maduros, que habían participado en
orden de Tejedor, la maniobra de las fuerzas la guerra del Paraguay y otras campañas, como el
nacionales. La Armada constituyó un adecuado ex presidente Carlos Pellegrini, se admiraban de
respaldo para las operaciones del Ejército, en su que algunos no apreciaran las óptimas condicio-
misión de impedir que se repitieran los envíos de nes alcanzadas al cabo de pocas décadas por los
armas desde el exterior. soldados argentinos: "Entonces nadie se quejaba
-escribió en 1896-, y hoy, en una campaña de
Ante la actitud beligerante, Avellaneda dispuso, setenta días, marchan¬do en ferrocarril y
según se sabe, el retiro del gobierno de la ciudad de durmiendo en colchonetas, hemos oído reclamar
Buenos Aires y designó al pueblo de Belgrano, porque la carne no era siempre buena y abundan-
entonces fuera del ejido porteño, como sede transi- te, o porque alguna vez faltó el pan, el arroz, los
toria de gobierno. El Senado, la Corte Suprema de fideos, el café y el dulce".
Justicia y parte de la Cámara de Diputados se
trasladaron allí, antes de que el Ejército Nacional al Queja que por entonces flotaba entre los veteranos
mando de Roca sitiara Buenos Aires. El enfrenta- de hacha y tiza, y que José S. Alvarez, Fray Mocho,
miento que siguió, fue particularmente cruento: reflejó en uno de sus célebres cuentos: "¡A nosotros
tras feroces combates en Puente Alsina, Los no nos consultaban, che... pero marcaban el paso
Corrales y Flores, las tropas de Tejedor fueron los de arriba!... ¡Pucha!... Ti apuesto a qui a nosotros
derrotadas. Por un acuerdo gestionado por Mitre, se no nos enfundaban en esos quepises [quepis] de
dispuso el desarme de la milicia provincial y la aura, que le dan a los milicos ese aire de abombaos
renuncia de Tejedor, que dejó la gobernación en o de pasaos de las doce... ¡Mirá!... Noso¬tros usába-
favor del vicegobernador José María Moreno. mos unos quepisitos petizones, que les quebrába-
A partir de la asunción de la presidencia por parte mos la visera con el barbijo ¿sabés? y que nos
de Roca, el 12 de octubre de 1880, éste se apresuró quedaban como pintaus y después con la bomba-
a definir las incumbencias del Ejército de Línea cha y las polainas y la paradita criolla, ¡ché!... Eso era
como fuerza regular y de la Guardia Nacional como tropa" [...] "¡Y aura es lo mismo!... ¡Lo qui pasa es que
institución auxiliar del mismo. El gobierno federal no cacariamos!
monopolizaría la fuerza pública y el poder provin- "¡Di ande!... ¡Si aura ni chinas tienen!... ¡Había de
cial quedaría despojado de sus funciones militares. verlas en aquel tiempo! Cuando se nos venían los
No obstante, al conservar el gobernador su carácter indios, las echábamos al medio el cuadro y mientras
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armados en instrucción o en reserva. En cuanto a
los voluntarios, quedaba librada al Poder Ejecutivo
la facultad de determinar el número a incorporar en
cada caso.
El 13 de julio de 1900 se hizo cargo del Ministerio de
Guerra el coronel Pablo Riccheri, egresado del
Colegio Militar de la Nación, de destacada actua-
ción en el Ejército, quien había realizado sus
estudios de oficial de estado mayor en Bélgica.
Entre las diversas leyes que impulsó en pos de una
sostenida moder¬niza¬ción del arma, cabe
mencionar la del Servicio Militar Obligatorio. Su
tratamiento en este recinto del Congreso originó
Fotografía del batallón de rifleros porteños de la Guardia Nacio-
nal durante los sucesos de 1880.
debates mucho más intensos que los ocasionados
por la ley para la Armada, en los que participaron,
les metíamos fierro, ellas servían pa'lcanzar la entre otros, el veterano de la guerra del Paraguay
munición o pa' auxiliar los heridos... ¿Las di aura pa' coronel José S. Dantas, y un brillante egresado del
qué sirven?... ¡Si andan de pamelita y ya de puro Colegio Militar de la Nación, el general Alberto
finas ni mate toman!... ¡Mirá charabón, a mí no me Capdevila. El primero apoyó entusiasta la iniciativa
vengás con dianas, porque m'he criao de tambor!"... de Riccheri, pero el segundo lo censuró acremen-
Pero, más allá de esas referencias anecdóticas, te. Sin embargo, el proyecto contó con el apoyo
corresponde subrayar que la campaña de 1896 fue de gran número de viejos y notables hombres de
una óptima experiencia que alentó a los partidarios armas, encabezados por el ex presidente tenien-
del servicio militar obligatorio a estudiar su aplica- te general Bartolomé Mitre y por el entonces
ción en la Argentina. jefe del Poder Ejecutivo, teniente general Roca,
quienes no solo ostentaban la máxima jerarquía
Pero, más allá de esas referencias anecdóticas, militar sino que se hallaban en la cúspide de su
corresponde subrayar que la campaña de 1896 fue influencia y prestigio.
una óptima experiencia que alentó a los partidarios
del servicio militar obligatorio a estudiar su aplica- Capdevila argumentó que "los que han comandado
ción en la Argentina. tropas en nuestras guerras nacionales y civiles, los
Respecto de la Armada, que había alcanzado un que han sentido en los campos de batalla la necesi-
notable desarrollo y ejecutaba las obras de Puerto dad casi instintiva del soldado profesional, están de
Belgrano, un decreto del 12 de marzo de 1898, al un lado. Los que han ido a buscar en instituciones
contemplar el escaso contin-gente de jóvenes de similares de Europa, organizaciones inadaptables a
20 años que podría proporcionar la Guardia nuestro país, están del otro".
Nacional de Marina para completar las dotaciones El respaldo recibido de los altos jefes del Ejército
de la escuadra, dispuso que el Ejército entregara Viejo, entre los que también estaba el teniente
500 integrantes de la Guardia Nacional de la general Luis María Campos, llamado a crear poco
Capital Federal. más tarde la Escuela Superior de Guerra, organismo
Con el fin de prevenir situaciones similares que se que atendería al perfeccionamiento cultural y
presentasen en el futuro, el presidente Roca le científico de los jefes del arma; el aval de muchos de
encomendó al ministro de Marina, comodoro los compañeros de Riccheri y el respaldo de una
Martín Rivadavia, la elaboración de un proyecto de amplia mayoría entre los legisladores, permitieron
ley de conscripción obligatoria para los ciudadanos la aprobación del proyecto en la Cámara de Diputa-
de veinte años. Fue enviado al Congreso en julio de dos, el 11 de octubre de 1901. La aceptación del
1900 y quedó sancionado por la Cámara de Diputa- Senado, que lo convirtió en ley el 5 de diciembre,
dos el 29 de agosto de aquel año. El Senado hizo con el número 4031, permitió que el presidente
otro tanto el 16 de septiembre, con lo cual el primer Roca la promulgase cinco días más tarde y la
mandatario pudo promulgar la ley Nº 3948. Si bien reglamentara cuatro meses después.
hubo opiniones en favor y en contra, el respaldo de La nueva norma garantizaba el cumplimiento del
los senadores Bartolomé Mitre y Carlos Pellegrini artículo 21 de la Constitución Nacional que expre-
resultó decisivo. saba: "Todo ciudadano está obligado a armarse en
La ley estableció la composición del personal defensa de la Constitución". Establecía que "todo
subalterno de la Armada en servicio activo. Los argentino debe servicio militar personal" y que "la
conscriptos debían permanecer en las filas por dos obligación del servicio militar es igual para todos
años, al término de los cuales pasarían a una prime- los argentinos y tendrá una duración de veinticinco
ra reserva de seis años. Luego de cumplido el años". Además estructuraba al Ejército en tres
tiempo de ley, revistarían en la segunda reserva. planos: el de Línea, la Guardia Nacional y la Guardia
Mientras permanecieran en aquélla, podían ser Territorial. Pero revolucionaba el sistema al reducir
movilizados en dos oportunidades por un tiempo sustancialmente el número de voluntarios y asignar
de sesenta días, para cubrir plazas en buques la responsabilidad de ocupar las plazas de tropa a
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los ciudadanos aptos para el servicio, cualquiera nales, incorporarse a unidades del Ejército por el
fuese su estado civil. Los ciudadanos de 28 a 40 término de seis meses, al cabo de los cuales y
años, encuadrados en la Guardia Nacional, estaban cubiertos los requisitos correspondientes, recibi-
obligados a realizar cuatro períodos de ins-trucción, rían los despachos de subtenientes de la reserva.
de 15 días de duración como máximo. En cuanto a Con ese grado serían inscriptos en los respectivos
la Guardia Territorial, agrupaba a los hombres de 40 escalafones y podían continuar ascendiendo
a 45 años, a quienes solo se les exigía, durante ese hasta el grado de mayor, tras cumplir con las
lapso, concurrir anualmente, durante cuatro domin- condiciones establecidas.
gos consecutivos, a recibir instrucción, especial-
mente de tiro.
En el afán de formar oficiales de la reserva para
atender a la nueva situación, la ley permitía a los
jóvenes que contaran entre 17 y 19 años y hubie-
sen aprobado el cuarto año de los colegios nacio-
Novedades Editoriales
Reciente publicación
“Investigaciones y Ensayos (enero – diciembre 2011)”, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 2010, pp. 632.
Investigaciones y Ensayos es la publicación periódica de la Academia Nacional de la Historia. Las colaboraciones se reciben
hasta el día 30 de septiembre de cada año. El número 60 cuenta con las contribuciones de: Samuel Amaral, Carolina Barry,
Alejandro A. Damiánovich, Carlos Newland, Hector Aricó, Héctor Ghiretti, Isidoro J. Ruiz Moreno, José María Mariluz Urquijo, María
Inés Montserrat, Marta Valencia, Héctor Omar Noejovich, Noemí Girbal-Blacha, Marco A. Giovannetti, Rodolfo Raffino, Sergio
Hernán Angeli, Silvana Staltari.
Susana Frías, “Vecinos y Pasantes”, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 2013.
Este séptimo volumen de la serie Estudios de Población, dirigido y editado por la Lic. Susana Frías, trata un tema infrecuente en la
bibliografía de la historia de la dominación española, y ratifica la inexactitud de la tan mentada “siesta colonial”, al demostrar la
persistente movilidad de los pobladores de aquellos tiempos, ya fuese por razones familiares, por el desplazamiento voluntario en
búsqueda de mejores condiciones de vida, por imposiciones de la vida miliciana o monástica, o por el ejercicio de la actividad
comercial tanto interprovincial como transatlántica.
Seis investigadores – Ana T. Fanchín, María E. Martese, María I. Montserrat, Gabriela Quiroga, María L. Salinas y Omar Svirtz Wuche-
rer- muestran la diversidad de situaciones y sus manifestaciones en varias regiones de nuestro país – Buenos Aires, Cuyo y el
Nordeste- lo que ha permitido a la Dra. Gladys Massé interrelacionar los diversos estudios y plantear nuevos interrogantes. Las
amplias perspectivas el tema y la presentación de los trabajos son tratados en la “Nota Preliminar” de la Lic. Frías, quien cierra el
volumen con un “Glosario” de términos de la época, para quienes no hayan profundizado en ella.
Grupo de Investigación de Historia Militar, “Guerra de Independencia. Una nueva visión”, Buenos Aires, Emecé, 2013.
Este libro ofrece un nuevo y original enfoque sobre la guerra de la independencia argentina y sus proyecciones sudameri-
canas, pues no se limita a la mera enunciación de hechos bélicos sino que indaga con profundidad en los distintos aspectos
que se relacionan con aquella gigantesca epopeya que comenzó en 1810 y sólo concluyó catorce años más tarde en la
batalla de Ayacucho. Aquí se estudian las condiciones políticas, el panorama internacional, la creación y el desarrollo de las
instituciones castrenses, el pensamiento militar, la tecnología bélica y de apoyo logístico, tanto en lo que se refiere a las
fuerzas terrestres como navales que intervinieron.
Ignacio Martínez, “Una Nación para la Iglesia Argentina”, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 2013.
A comienzos del siglo XIX la idea de nación estaba lejos de representar lo que conocemos hoy por Nación Argentina. Por su
parte, la Iglesia católica se encontraba amalgamada con la sociedad a tal punto, que es difícil identificarla como un actor
histórico concreto. Las instituciones estaban atravesadas por la religión, por su sensibilidad y sus normas. Incluso las
corrientes ideológicas que luego serían asociadas al impulso laicista, como la ilustración, eran absorbidas y difundidas
dentro de la matriz católica. Por ello, más que determinar si la Nación Argentina se formó gracias o a pesar de la Iglesia
católica, es necesario estudiar la simultánea conformación de la Iglesia y del Estado nación en el actual territorio argentino
a lo largo del siglo XIX. Este libro estudia ese proceso orientado por algunas preguntas fundamentales: ¿qué facultades
intentaron ejercer las nuevas autoridades, provinciales y nacionales, sobre las instituciones católicas? ¿En qué medida lo
consiguieron? ¿Qué roles le asignaron a la religión católica en el nuevo orden político y legal luego de la revolución de
mayo? Para responder estos interrogantes Martínez analiza los conflictos jurisdiccionales que disparó la cuestión eclesiásti-
ca en un largo período, que va desde 1810 a 1865, y en el amplio espacio geográfico ocupado por las denominadas provincias
históricas. Esas disputas nos hablan no sólo de las formas específicas que presentó el proceso de secularización en la actual
Argentina, sino también de los límites que encontraron los ensayos de construcción estatal tras la ruptura del vínculo colonial.
Teléfonos: 4343-4416 / 4331-4633 / 4331-5147 ext. 110 - Balcarce 139 - C1064AAC - Buenos Aires - República Argentina 10