SESION 13 (Semana 09)
Lunes 03 de agosto
MODELADO TERRESTRE
La evolución geomorfológica de los paisajes físicos terrestres es gobernada por
los diferentes agentes de modelado bajo condiciones definidas por los materiales,
la tectónica, condiciones climáticas y tiempo (historia geomorfológica). Las
diferencias litológicas, en especial la dureza y la estructura de las rocas existentes
en un territorio, determinan un resultado heterogéneo por las acciones de los
agentes geodinámicos externos (agua, temperatura, vientos, hielo...), ya que en
las rocas más débiles los procesos de meteorización física y química actúan con
mayor intensidad. Este fenómeno selectivo, conocido como erosión diferencial,
puede observarse por doquier: en las regiones en las que aflora el basamento de
rocas ígneas bajo una cobertura sedimentaria, por desmantelamiento de esta
última; en los valles fluviales y glaciares; en el litoral, donde la erosión marina es
especialmente selectiva con la acción de las olas, formando costas irregulares de
bahías y cabos. Puede decirse que el entramado del relieve (las morfoestructuras)
hereda unas formas preexistentes que evolucionan en función de los contrastes
litológicos y tectónicos del territorio.
Por otro lado, la eficacia de los agentes de la morfogénesis externa depende del
clima. Las acciones climáticas sobre el relieve se manifiestan, a la vez, en la
explotación diferencial de las rocas y en los aspectos variables de su modelado. A
causa de múltiples factores, a menudo interdependientes, que actúan en toda
superficie que separa medios diferentes, su intervención resulta singularmente
compleja. Sin embargo, puede establecerse una primera distinción entre las
regiones en las que el contacto atmósfera-litosfera es prácticamente directo, y
aquellas en las que se efectúa mediante una cobertura vegetal y edáfica.
Además, en cada dominio climático actual, en su delimitación espacial más o
menos precisa, es posible identificar unos agentes de modelado dominantes y las
formas de relieve que producen cada tipo litológico presente.
Conviene tener presente, sin embargo, que las formas de relieve que se
encuentran en los distintos dominios climáticos y biogeográficos de la superficie
terrestre no son, en su mayor parte, actuales, sino heredados; y por tanto, no
responden a procesos erosivos dominantes y funcionales en el momento
presente. Los procesos de modelado contemporáneos actúan, casi siempre,
sobre formas esculpidas por agentes climáticos pretéritos. La configuración del
relieve terrestre y de las formas que lo integran, es pues, polisecuencial, es decir,
que refleja en su disposición y forma la sucesión de etapas de evolución.
En último término, rocas y clima, relieve y modelado, constituyen la infraestructura
y son los grandes protagonistas en el escenario de los paisajes terrestres.
SISTEMAS DE MODELADO TERRESTRE
a). Sistema de laderas.
b). Sistema fluvial.
c). sistema glacial.
d). Sistema eólico.
e). Sistema oceánico.
f). Sistema de aguas subterráneas
SISTEMA DE LADERAS O VERTIENTES.-
Las laderas o "vertientes" constituyen una parte esencial de los paisajes. De
hecho, toda la superficie terrestre puede ser interpretada como un mosaico de
vertientes, desde las empinadas y verticales laderas de muchas montañas y
acantilados marinos, hasta las suaves y casi horizontales llanuras. Cada una de
estas unidades geomorfológicas compone un importante sistema, a través del
cual materia y energía están en movimiento, frecuentemente bajo el efecto directo
de la gravedad. Las salidas de este sistema (escorrentía, derrubios...) son,
normalmente, entradas en otros sistemas (fluviales, glaciares, mareas); de este
modo, los procesos activos sobre las laderas ejercen controles fundamentales en
otras partes de los paisajes.
Las laderas pueden ser consideradas como sistemas abiertos de proceso-
respuesta, cuyas entradas (proceso) proceden de la atmósfera, de la
meteorización y de la biosfera y sus respuestas (efectos) desembocan en las
formas y en los sistemas de drenaje.
El sistema de ladera
Las laderas son también importantes porque ejercen un efecto directo sobre la
actividad humana, en particular sobre la agricultura y construcciones. Su interés
se explica por la combinación de factores tales como la altitud, expansión, ángulo
de pendiente, suelo, vegetación, naturaleza de los cultivos y técnicas empleadas,
así como por la proximidad o lejanía de centros habitados. El límite de los suelos
laborables y el uso de tractores, por ejemplo, está fijado en laderas con
pendientes superiores a 11 grados (alrededor del 20%) en [Link] y Gran Bretaña,
en estos países, la pendiente de las laderas cuyos suelos no admiten ningún
sistema de explotación, que no sea la reserva nacional, se halla limitada en el
50%. En otros países como los mediterráneos (España, Marruecos, Italia,
Grecia...), Extremo Oriente (China, Malasia, Indonesia...) y América Andina se
cultiva en laderas con pendientes superiores al 50%. Estas diferencias reflejan,
parcialmente, la estabilidad de las laderas, la susceptibilidad a la erosión del
suelo, proporción y cantidad de escorrentía y, particularmente, las diferencias en
métodos y técnicas de cultivo y presión de la población.
El transporte de material sobre las laderas: movimientos en masa.-
Los derrubios surgidos por los procesos de meteorización química y física pueden
contribuir parte de las llamadas formaciones superficiales in situ. Sin embargo,
cuando se trata de sedimentos poco consolidados, son susceptibles de ser
desplazados, incluso habiendo sufrido una alteración débil.
Los procesos de transporte sobre las laderas pueden clasificarse en función de su
rapidez, del carácter colectivo o individual del desplazamiento y por el origen de
las fuerzas que intervienen. Los derrubios son desplazados bien por la acción de
su propio peso, bien por el impulso suministrado por las aguas fluviales y de
escorrentía, por la nieve y sacudidas sísmicas, o bien por las perturbaciones de
origen biológico.
Modelo esquemático del sistema de ladera y sus relaciones externas.
Se agrupa bajo la denominación de movimiento en masa a un conjunto de
procesos por los cuales los materiales terrestres, con frecuencia previamente
afectados por la meteorización, se movilizan en bloque por la acción de la
gravedad. En este proceso y transporte de derrubios influyen muchos factores
combinados, aunque en esencia suelen actuar dos fuerzas fundamentales:
a). El esfuerzo cortante o de cizalla que tiende a producir el deslizamiento
pendiente abajo.
b). La resistencia al corte o cizallamiento que se opone al anterior.
La estabilidad de la ladera y sus depósitos, dependerá del equilibrio entre ambas
fuerzas: si predomina la primera se produce inestabilidad, entendida como la
tendencia al desplazamiento, hacia abajo. Si predomina la fuerza de resistencia,
la ladera permanece estable; por ello, la estabilidad es una cualidad que expresa
la mayor o menor tendencia a permanecer in situ, a no desplazarse pendiente
abajo.
Las causas que pueden provocar el esfuerzo cortante, inestable e inducir
movimiento, pueden ser muy variadas y combinarse entre si. Las más destacadas
son:
1. Fuertes pendientes. El aumento del ángulo de pendiente por agentes
naturales o desmontes artificiales. Al aumentar la pendiente se incrementa
la inestabilidad; para todo material situado en una ladera existe un máximo
de esfuerzo admisible relacionado con cada valor determinado de
inclinación del terreno. A esta inclinación crítica se le conoce como "ángulo
de reposo". En general, cuando los ángulos de pendiente empiezan a ser
bastante importantes, además de la inestabilidad se incrementa las tasas
de escorrentía y la intensidad de erosión.
2. Aumento del peso en la superficie de la ladera por acumulación de
derrubios, agua o nieve.
3. Alternancia de estratos de diferentes materiales, sobre todo si son
paralelos a la superficie topográfica. La distinta textura y permeabilidad
facilita el desplazamiento.
4. Rocas metamórficas de estructuras muy esquistosas y con planos de
exfoliación paralelos a la pendiente, como en el caso anterior.
5. La presencia de fracturas.
6. Presencia de suelos arcillosos saturados de agua.
7. Descalces y excavaciones naturales por cursos de agua, erosión, etc., o
por actividades humanas como la construcción de pistas forestales,
carreteras, aterrazamientos para cultivos en pendientes.
Tres mecanismos básicos pueden ser identificados en los movimientos en masa:
deslizamiento, flujos y levantamientos. En el primer caso, los movimientos en
masa se producen a lo largo de un plano de deslizamiento originando una cicatriz
o fractura. El desplazamiento se realiza con mínima dislocación interna de los
materiales. Por lo contrario, en los flujos, los materiales desplazados registran
deformaciones internas, las capas más superficiales se desplazan con mayor
rapidez que las del fondo. La velocidad disminuye ladera abajo. Los procesos de
levantamiento se caracterizan por un movimiento de expansión normal a la
superficie y, subsecuentemente causan una contracción que alterna con la
elevación.
Mecanismos básicos de los movimientos en masa en laderas. Perfiles de
velocidad de desplazamiento e interacción entre fuerzas y resistencia.
En la realidad, la mayor parte de los movimientos en masa incluye una
combinación de estos tres mecanismos básicos. De acuerdo con ellos suele
hacerse una clasificación más generalizada. Los diferentes tipos están localizados
en un diagrama triangular de acuerdo con la relativa importancia que ofrezca el
deslizamiento, el flujo o el levantamiento. Un rasgo destacado de esta
clasificación es que muestra una gradación de los movimientos de lentos a
rápidos en dirección levantamiento-deslizamiento-flujo. También expresa una
gradación de la importancia de la humedad a lo largo del eje deslizamiento-flujo.
En el marco de esta clasificación, los rasgos fundamentales de los principales
movimientos en masa son:
Movimientos en masa rápidos.-
1. Desprendimiento, caídas y hundimiento . Son fenómenos frecuentes en
la dinámica de laderas, en particular en las laderas de las vertientes
montañosas de los dominios cálidos y húmedos, donde las rocas más
compactas son afectadas por una meteorización profunda. Cuando la
pendiente media de una ladera rocosa es superior a 40°, los fragmentos
aislados por meteorización son susceptibles de ponerse en movimiento sin
intervención del agua. Los bloques caen libremente describiendo una curva
parabólica hasta el momento de su detención en donde suele originarse
taludes y conos detríticos. Los fragmentos mayores se desplazan hasta la
base del talud y cono, mientras que los derrubios de menor calibre se
depositan en las vértices de los conos cuyos extremos están situados hacia
arriba. Los hundimientos se producen cuando la masa de material sobre la
ladera se incrementa hasta que excede la capacidad portante de sus partes
bajas. El desplazamiento tiene tendencia a producir un movimiento
rotacional en el que los materiales se mueven hacia abajo mientras
retroceden girando. También pueden producirse hundimientos, por
disolución y socavamiento de los materiales solubles contenidos en el
interior de una masa de rocas más compactas o por el desplome de las
bóvedas de cavidad subterráneas.
2. Deslizamientos. Constituyen desplazamientos de masas de tierra y rocas
a lo largo de una superficie en un espesor de varios metros, por la acción
de precipitaciones abundantes y presencia de una capa arcillosa en
profundidad. El equilibrio entre el esfuerzo de cizalla y la resistencia al corte
del material rocoso determinan la estabilidad del talud. Este tipo de
movimiento en masa rápido depende, de la pendiente, de la naturaleza
plástica del material y, sobre todo, del contenido en agua. Un segmento
rocoso puede igualmente deslizar si se halla sobre un substrato arcilloso y
en pendiente.
Movimientos en masa lentos.-
En esta categoría se incluyen los movimientos que no son perceptibles
instantáneamente, sino para observaciones a medio y largo plazo de algunas
semanas. Esta clase de movimientos incluyen:
1. Solifluxión. Consiste en un proceso más o menos superficial, por el que
una masa de material espeso despegada del substrato estable desliza casi
imperceptiblemente. El mecanismo se produce bajo la influencia de un manto de
suelo y rocas sueltas, saturado de agua a causa de la gravedad y la acción de la
helada y ayudados por el drenaje superficial. El contenido en agua incrementa la
carga y disminuye la resistencia al cizallamiento.
En estas condiciones, la solifluxión no puede afectar más que a materiales
con fuerte capacidad de absorción de agua, como las arcillas, susceptibles de
transformarse en coladas fangosas. La acumulación de estos mecanismos
acarrea una serie de emplazamientos dirigidos siempre en el mismo sentido.
Existen diferentes tipos de solifluxión según las condiciones en las que se
produzca: solifluxión laminar, subsuperficial, en terracillas, etc. Las montañas
húmedas con diversidad de condiciones fitológicas, topográficas y bioclimáticas
son las que ofrecen el muestrario más rico de este modelo.
2. Reptación. Este proceso es causado por el desplazamiento lento de las
partículas del suelo en movimientos rítmicos ondulados de expansión y
contracción. El resultado neto de este flujo continuo ladera abajo es el
desplazamiento de todo el conjunto de masa. Se pone en evidencia en aquellas
laderas por la presencia de troncos de árboles inclinados hacia abajo.
Formas de acumulación de materiales rocosos al pie de laderas de frentes montañosos.
Reptación del suelo/regolito: a) movimientos fundamentales de las partículas en los ciclos
expansión -contracción; b) perfiles teóricos de velocidad.
Según la naturaleza del impulso responsable de la intervención de la
gravedad, la reptación tiene un origen térmico (dilatación y contracción del
material) hídrico (alternancias de humectación-desecación) y biológico
(desplazamientos por crecimiento de raíces o por intervención de animales
excavadores). La alternancia hielo-deshielo (gelifracción), proceso en donde la
dilatación es proporcional a la cantidad de agua helada y cuya expansión se hace
perpendicularmente a la superficie, se muestra como un mecanismo muy eficaz
en la reptación. La reptación es propicia en aquellos medios bioclimáticos en los
que la meteorización ha originado una cubierta de derrubios de pequeño calibre,
como es el caso, por ejemplo, de las regiones húmedas caracterizadas por una
actividad desagregación granular de las rocas.
EL SISTEMA FLUVIAL.-
Los ríos y los cursos de agua, en general, son elementos fundamentales en los
paisajes terrestres, su dinámica tiene gran importancia en la física
medioambiental. Cursos de agua y procesos correlativos constituyen uno de los
más destacados sistemas geomorfológicos que operan en la superficie terrestre,
su comportamiento y significado son muy importantes por la variedad de objetivos
físicos y humanos a los que afecta; así, por ejemplo, los cursos de agua han
configurado los llanos de inundación en muchos de los cuales se viene cultivando
desde milenios y en donde se levantaron pueblos y ciudades.
Desde la perspectiva geomorfológica, los cursos de aguas son esencialmente
agentes de erosión y transporte de sedimentos que, cada año y en función de las
características medioambientales de sus cuencas, transfieren grandes cantidades
de material sólido desde el interior de los territorios drenados hacia las partes
bajas de los mismos y hacia los océanos, mares, lagos y lagunas.
La cantidad media de sedimentos transportados por los ríos en suspensión se
estima entre 14 y 64 billones de toneladas y en 4 billones el material disuelto,
equivalente, en conjunto, a la pérdida de una capa de 3 centímetros de espesor
cada 1,000 años para todas las tierras emergidas. Naturalmente, las variaciones
temporales y espaciales que se registran son muy amplias, así, las áreas de
montaña pierden, de promedio, entre 20,6 cm/1,000 años y 91,5 cm/1,000 años;
mientras que las pérdidas para las bajas tierras oscilan, entre 2,2 cm/1,000 años y
7,2 cm/1,000 años.
La superficie terrestre drenada por cursos de aguas que van a parar a lagos o al
mar es del 69%. Se ha estimado que, sobre esta superficie, lagos y ríos contienen
o llevan sólo una pequeña fracción (alrededor del 0,33%, equivalente a 0,14
millones de Km3) del agua dulce de todo el mundo. En función de su poder de
erosión y transporte, los ríos han originado, y continúan desarrollando, una amplia
red de canales que drenan la mayor parte de las tierras continentales. Sus
características difieren, no solo espacialmente, sino también en el tiempo. De
hecho, los rasgos dinámicos de los cursos de agua, expresados en procesos,
flujos, sedimentos, formas y redes de drenaje, están cambiando
permanentemente. La universalidad del cambio es un principio básico que hay
que tener siempre presente en geomorfología y demás ciencias de la Tierra.
El ciclo hidrológico, un sistema dinámico.-
Los procesos dinámicos que operan en el medio físico pueden ser contemplados
como “ciclos”. Tal clasificación puede realizarse en etapas de tiempo y escala
espacial variable, desde el anual y localizado crecimiento y marchitamiento de las
plantas, hasta el movimiento gradual de las placas que comprimen la superficie de
la Tierra. Entre estas dos escalas espaciales y temporales, un ciclo básico en
todos los estudios sobre los procesos que modelan los paisajes, es el conocido
como ciclo hidrológico que expresa la circulación del agua en la superficie
terrestre.
Se entiende por ciclo hidrológico, o ciclo del agua, al proceso de la naturaleza en
el que el agua de la superficie terrestre atraviesa sucesivas etapas al pasar de la
atmósfera a la superficie de la corteza de la Tierra y de ésta de nuevo a la
atmósfera implicando: precipitación, acumulación, infiltración, circulación,
evaporación y transpiración, condensación y, de nuevo, precipitación, etc.
El ciclo hidrológico. Modelo de sistema cerrado movido por las energías solar y
gravitatoria.
En el esquema puede verse los componentes principales del sistema, las
entradas, las salidas, los reguladores de flujos y los almacenamientos, todos
enlazados y movidos por la energía solar que eleva el agua al evaporarla, y por la
gravedad que hace que el agua condensada precipite y que, una vez sobre la
superficie, vaya hacia las partes más bajas. El enorme volumen de agua
almacenada en los océanos constituye un poderoso estabilizador del cielo, así
como los volúmenes de agua en forma de hielo en los polos.
De las grandes masas de agua de los mares, lagos, lagunas, ríos y, sobre todo,
de los océanos, se desprende constantemente vapor de agua debido a la
radiación solar. Como la densidad del vapor de agua es menor que la del aire,
este vapor asciende a zonas altas de la atmósfera saturando en aire de humedad;
los vientos desplazan estas masas de aire húmedo. Al enfriarse el vapor de agua,
ésta se condensa en minúsculas partículas formando las nubes y la niebla; si
estas partículas se unen unas a otras da origen a precipitaciones en forma de
lluvia, granizo o nieve. Sin embargo, no toda precipitación alcanza la superficie del
terreno, ya que una parte vuelve a evaporarse en su caída y otra es retenida por
la vegetación y otra por el hombre y devuelta a la atmósfera, al poco tiempo en
forma de vapor.
De la fracción de agua que alcanza la superficie terrestre, una parte queda
retenida en charcos y pequeños surcos (almacenamiento superficial) y en su
mayoría vuelve pronto a la atmósfera en forma de vapor. Otra parte circula sobre
la superficie del terreno y acaba concentrándose en arroyos y después en ríos
(escorrentía superficial); esta agua irá a parar a lagos o al mar, de donde se
evaporará.
Por último, hay una tercera parte de la precipitación que penetra en el suelo,
rellenando espacios vacíos y afloramientos rocosos (infiltración) a través de los
poros, fisuras y agujeros. Una parte de la infiltración no desciende hasta la zona
saturada o de agua subterránea (en sentido estricto), sino que se queda en zona
no saturada o zona de humedad del suelo, de donde vuelve a la atmósfera por
evaporación y, de modo mucho más importante, cuantitativamente, por la
transpiración de las plantas. La circulación del agua a través del terreno
(escorrentía superficial y subterránea) se caracteriza por su lentitud y se debe,
fundamentalmente, a la acción de la gravedad.
En general, la cantidad de agua precipitada sobre los océanos está relacionada
con las características de la circulación atmosférica y con la distribución de las
corrientes marinas cálidas o frías. Debido a estos hechos, en unas zonas
oceánicas predomina la evaporación sobre las precipitaciones y en otras ocurre lo
contrario. La existencia de estas áreas regula la humedad de la atmósfera.
La más importante entrada que registra el ciclo hidrológico son las
precipitaciones. Las más importantes salidas son la evaporación y la
transpiración. Entradas y salidas están ligadas por flujos en la atmósfera, en los
océanos y en los cursos de agua de los continentes. El almacenamiento tiene
lugar en los océanos, en la criosfera (áreas cubiertas por hielo) y en las aguas
subterráneas.
Las relaciones entre precipitación (P), evaporación (E), escorrentía superficial (R)
y el agua infiltrada almacenada en el suelo (I) se expresa en el balance hídrico
cuya formulación puede ser del siguiente modo:
P = E+R+I
Donde I puede ser positivo o negativo.
Los 11,885 Km3 de escorrentía que circula o se halla en la superficie terrestre
representan el 0,33% del agua del ciclo hidrológico. Sólo una pequeña parte, el
0,03%, lo hace en forma de ríos cuyos flujos son, sin embargo, poderosas fuerzas
que modelan extensos territorios. Su eficacia depende de la energía de la
corriente y de la cantidad de derrubios transportados.
La cuenca fluvial ejemplo de sistema geomorfológico.-
La mayor parte de la superficie de las tierras emergidas está compuesta de
sistemas fluviales o cuencas hidrográficas de todos los tamaños. La cuenca es un
territorio específico de la superficie terrestre, delimitado de las superficies
adyacentes por umbrales o divisorias más o menos claramente definidas. La
cuenca fluvial, hidrología o de drenaje puede ser estudiada como una expresión
territorial del sistema ambiental donde las precipitaciones son redistribuidas en
cada uno de los componentes del ciclo hidrológico.
La cuenca fluvial, en su conjunto, puede ser considerada como un sistema
abierto, un sistema de proceso-respuesta, porque los flujos de materia y energía
causa efectos en el territorio. La cuenca “transforma” unas entradas de materia y
energía (radiación, precipitación, etc.) en respuestas hidrológicas y
geomorfológicas de modelado. El paisaje modelado en una cuenca puede
interpretarse como el resultado de la acción de los procesos físicos, bioquímicos y
antrópicos sobre los materiales que la configuran (rocas, alteritas, suelos y
sedimentos) en el tiempo.
El carácter y comportamiento del sistema fluvial de una cuenca es siempre
complejo y refleja controles e interrelaciones de sus componentes: energía solar y
gravitatoria, clima, litología, topografía, caracteres de la cubierta vegetal y de los
suelos, usos del territorio, etc. Todos juntos van a determinar la importancia de la
descarga hídrica, el régimen hidrológico, los valores de erosión, la cantidad y tipos
de sedimentos; en definitiva, configurarán la morfología dinámica de la cuenca.
El estudio sistémico de los paisajes fluviales permite centrar la atención en la
relación existente entre procesos y morfología, destacando el carácter
multivariante de los fenómenos geomorfológicos, así como una consideración
global del paisaje físico en el que el hombre puede desempeñar una importante
acción, convirtiéndose en un agente de modelado terrestre más. La cuenca
hidrológica constituye, en la actualidad una unidad de estudio muy versátil y de
amplio uso en las ciencias geomorfológicas e hidrológicas, ciencias agrarias,
gestión de recursos hídricos, evolución del paisaje y en las ciencias medio-
ambientales.
La red de drenaje.-
El arranque, transporte de materia y energía en el interior del sistema fluvial de
una cuenca se caracteriza por una progresiva tendencia hacia la concentración y
organización. Esta organización del sistema queda plasmada en la distribución
territorial de la red de drenaje, cuya disposición espacial refleja la eficiencia de las
principales líneas de flujo de materiales y energía a través del territorio drenado.
La red de drenaje asociada a una cuenca hidrográfica es, por tanto, un sistema de
transferencia de materiales y energía; su análisis implica, necesariamente, la
consideración de carácter jerárquico que dicha red posee, fruto de la organización
inherente al sistema fluvial.
La definición y clasificación de la red de drenaje y los cauces que la integran ha
sido abordada en el campo de la geomorfología bajo dos ópticas distintas: una de
ellas, descriptiva, asociada a la textura y forma de la red a características
geológicas del sustrato. La segunda la analiza de forma cuantitativa mediante la
ordenación de cauces. Las clasificaciones descriptivas definen numerosos tipos
de redes de drenaje, los cuales pueden ser agrupados en cuatro patrones
fundamentales: dendríticos, paralelos, enrejados y rectangulares.
La red de drenaje dendrítico es la que se presenta con mayor frecuencia, se
caracteriza por mostrar ramificación arborescente en la que los tributarios se unen
a la corriente principal formando ángulos agudos. Su presencia indica suelos
homogéneos y aparece en zonas de rocas sedimentarias blandas, tobas
volcánicas, antiguas llanuras costeras, etc.
La red del tipo paralelo es propia de territorios homogéneos con pendientes
uniformes y fuertes, en las que las corrientes principales se adaptan a fracturas o
fallas. Los tributarios suelen unirse formando ángulos generalmente iguales.
El tipo de drenaje enrejado refleja más la estructura de los afloramientos
rocosos que el tipo de roca. Presenta una serie de tributarios pequeños que se
juntan en algunos rectos, e indica rocas sedimentarias plegadas o intercaladas,
en las que las corrientes principales siguen las uniones de las capas.
Por último, el drenaje rectangular puede considerarse como una variante del
drenaje dendrítico en el que los cursos tributarios suelen juntarse con las
corrientes principales en ángulo recto o casi; dan lugar a formas rectangulares
controladas por fracturas.
La acción geomorfológica de los cursos de agua.-
El agua que circula sobre la superficie terrestre es, sin lugar a dudas, el más
importante de los agentes activos de denudación. La acción de los cursos de
agua, combinada con la de la meteorización, el descenso gravitacional de
derrubios y la escorrentía difusa, es responsable del proceso total conocido como
denudación fluvial que ha originado y crea la mayor parte de los paisajes que es
posible contemplar en la superficie de las tierras emergidas.
Escorrentía difusa o laminar y concentrada.-
El agua precipitada sobre el suelo desnudo, en primer lugar, arranca partículas
por impacto de las gotas de lluvia y, en segundo, notoriamente con lluvias de alta
intensidad, las laderas sufren la erosión de sus materiales como resultado de las
escorrentías que se originan sobre sus superficies.
Como agente de modelado, el agua corriente actúa de dos maneras básicas. En
primer lugar está la escorrentía difusa o laminar; es el movimiento del agua ladera
abajo distribuida en sinuosos filetes o hilillos, anastomosados, entrelazados,
cambiantes en el transcurso de su actividad y frecuentemente reunidos en forma
de delgada lámina. En segundo lugar, la escorrentía concentrada o flujo en cursos
de agua capaz de reunir volúmenes importantes de agua moviéndose hacia
niveles más bajos, en cauces normalmente estrechos y largos conocidos como
cauces fluviales. Estos cauces sueles estar limitados por bordes elevados
denominados márgenes que son los que encauzan el flujo hídrico. La escorrentía
difusa se inicia tras las precipitaciones en las partes más elevadas de montañas y
colinas, y convergen en los cauces fluviales, a los que suministran caudales
líquidos y sedimentos.
La escorrentía difusa, sobre todo durante una lluvia intensa o cuando la nieve se
funde rápidamente, ejerce una fuerza de remoción y arrastre de materiales del
suelo, regolita, rocas blandas o no consolidadas. La progresiva extracción de
partículas minerales y nutrientes junto al transporte de materia ladera abajo recibe
el nombre de erosión laminar. Los materiales gruesos, transportados por las
acciones conjuntas de la gravedad y de las escorrentías, hasta la base de la
ladera, se acumulan en capas originando un depósito coluvial. Otra fracción de
materiales es arrastrado hasta los cauces fluviales que retoman y transportan
estos materiales a mayor o menor distancia. Sus distribución y sedimentación en
el fondo del valle origina un depósito o manto aluvial; término amplio que incluye
cualquier depósito de sedimentación aportados por cursos de agua.
Cauces fluviales y flujos hídricos.-
El tamaño de los cauces fluviales varía ampliamente entre pequeños arroyos y los
grandes ríos. Todos tienen de común el descenso de los caudales hídricos, a lo
largo de su recorrido, a cotas más bajas. El valor de este descenso se conoce
como gradiente o desnivel del curso de agua. La velocidad del flujo de agua es la
rapidez con la que se desplaza río abajo, medida en cualquier punto.
Debido a los rozamientos con el fondo del cauce o lecho y las márgenes, la
velocidad de los flujos de agua varía entre próximo a cero y un máximo situado en
la mitad de la corriente y a cierta distancia del fondo del lecho. Cuando el cauce
es homogeneo, el movimiento de los caudales es lento y los hilillos de agua se
deslizan unos sobre otros, se habla de flujo laminar. Cuando el cauce es rugoso y
la velocidad alta, el paralelismo de las líneas de agua se rompe y entrecruzan, es
el flujo turbulento. Las trayectorias son muy irregulares y aparecen remolinos de
tamaños e intensidades variables que se forman y deshacen continuamente. La
mayor parte de la escorrentía difusa y casi toda la escorrentía concentrada en
cauces registran este tipo de flujo; su importancia geomorfológica es grande
debido a que el arranque y transporte de partículas en suspensión por los cauces,
depende del movimiento ascendente de las corrientes en turbulencia. Sin
turbulencia, las partículas únicamente serían transportadas por arrastre, rodadura
o saltación, si bien en estos tipos de transporte de sedimentos, también interviene
el flujo turbillonario.
El transporte de sedimentos.-
Las aguas de escorrentía son el mayor agente de erosión, no sólo porque
erosionan y excavan sus cauces, sino también por el enorme poder de transporte
de los sedimentos producidos por la meteorización. En el sistema fluvial, los
materiales son transportados de tres maneras:
a). En disolución.-
Este proceso proporciona sólidos disueltos prácticamente invisibles.
Pueden viajar indefinidamente río abajo y llegar al mar. Los materiales más
abundantes en disolución son el calcio y el bicarbonato; también son
comunes el magnesio, hierro y sulfatos.
b). En suspensión.-
Las partículas finas son transportadas en suspensión. Arcilla, limo y a
veces arena fina son acarreadas de este modo. El material transportado en
suspensión se denomina carga en suspensión y constituye una gran parte
de la carga total de la mayoría de los cursos de agua. Las partículas en
suspensión permanecen más o menos tiempo en función de la energía de
los caudales y de sus tamaños, depositándose en los llanos de inundación,
en lagos o en el mar.
c). Por saltación, rodadura y deslizamiento.-
Esta tercera forma de transporte afecta a las partículas más gruesas y en
conjunto se denomina carga de fondo del curso de agua.
Saltación.- Mediante el cual los sedimentos son levantados del lecho, impulsados
por el flujo de la corriente; es decir, las partículas avanzan mediante una serie de
saltos intermitentes, como ocurre con la arena.
Rodadura.- Mediante este proceso se movilizan los cantos rodados y grandes
bloques esquiaxiales (arredondeados) que se mueven entorno a su eje, forzados
por las corrientes fluviales.
Deslizamiento.- Proceso por el cual los sedimentos mayores como cantos
rodados y bloques que no pueden rodar como los discoidales, triaxiales y
alargados, son transportados por las formas de arrastre, llamado tracción,
deslizamiento, basculación y lo hace en forma intermitente.
a) Principales mecanismos del impacto de las gotas de lluvia
contra el suelo y de las escorrentías, y b) efectos geomorfológicos.
Esquema de la acción geomorfológica de las aguas de escorrentía en una cuenca de drenaje
Es importante considerar la velocidad necesaria para transportar partículas de
material de diferentes tamaños. Cuando aumenta constantemente la velocidad de
la corriente de agua se alcanza un punto crítico, conocido como velocidad de
erosión, en el que las partículas de un tamaño dado comienzan a rodar o a
deslizarse por el lecho del río o se elevan y quedan en suspensión. Cabe pensar
que la velocidad de erosión debe incrementarse con el aumento del tamaño de las
partículas, ya que cuanto mayor sean los granos, mayor deberá ser la fuerza
requerida para ponerlos en movimiento. Sin embargo, contrariamente a lo que se
podría esperar, la velocidad de erosión de las arcillas coloidales densamente
compactadas es muy alta, casi la misma que la de los cantos gruesos, mientras
que la velocidad de erosión mínima corresponde a la arena de grado medio.
Dos factores controlan la velocidad de erosión: la cohesión, que es máxima en
arcillas por ser un sedimento cohesivo que ofrece menor resistencia y rozamiento
a la corriente y el tamaño de la partícula. Así, el material del lecho más fácilmente
transportable es la arena, ya que carece de cohesión y es la que ofrece menor
resistencia por lo que respecta al tamaño de las partículas.
Por otro lado, durante su transporte, la carga de fondo sufre un desgaste continuo
debido al golpeteo y roce de unas partículas con otras. Los fragmentos rocosos,
tomados por una corriente de agua de los depósitos de meteorización o del fondo
de su cauce, van perdiendo sus aristas a consecuencia del desgaste, adquiriendo
formas redondeadas. Pero, además, el transporte provoca la separación de los
granos según distintos tamaños. Los más finos llegan más lejos y los más
gruesos quedan atrás. Por ello se define la madurez textural de un sedimento
detrítico, como el grado de redondeamiento de los componentes y la mayor o
menor uniformidad de sus tamaños. Un sedimento texturalmente maduro es
indicador de un transporte prolongado.
Perfiles de velocidad del agua, en regimen laminar, en un curso fluvial. La velocidad es
maxima hacia el centro del cauce y alejada del lecho, alli donde los rozamientos son
menores.
Contrastes entre modelos de flujo.
Movimiento y transporte de sedimentos gruesos por el fondo del lecho fluvial.
Diagrama que muestra como la velocidad de erosión y la velocidad de decantación están
relacionados con el tamaño de las partículas. La zona en donde convergen las tres
curvas corresponden a una fase intermedia entre transporte y erosión-transporte.
Resultados de la acción de los cursos de agua.-
Cuando el arranque o el depósito de materiales que acompaña al transporte
predominan en uno u otro sentido, el resultado de la actividad de las aguas
corrientes es una abrasión o una acumulación, según el caso. La abrasión se
produce por intervención predominante de los procesos mecánicos; se trata, por
lo general, de socavamientos o excavados en las rocas poco colurentes y blandas
en los propios aluviones. En rocas coherentes y compactas, aparte del excavado
de depresiones al pie de las cascadas de aguas turbulentas y de su retroceso por
escavado basal, es preciso que la escorrentía se halle armada de elementos
gruesos y duros que actúen de abrasivo. Los turbillones que arrastran cantos y
gravas excavan marmitas de gigante o Pilancones, cuyo ensanchamiento y
excavado asegura la profundización del lecho. En el fondo y paredes de las
estrechas gargantas aparecen cavidades por acción de las variaciones de presión
de las aguas cuando las crecidas de los cursos de agua son rápidas.
En ríos y riachuelos, el predominio del excavado y ahondamiento asegura la
concentración lineal de las aguas corrientes. En cambio, en el caso de
escorrentías difusas, predomina la ablación lateral o superficial. Los amplios
lechos de las ramblas, con márgenes socavadas por las avenidas, ilustran una
situación intermedia entre los extremos.
Perfil caracteristico de un salto de agua o catarata,
mostrando los efectos de la corriente en los diferentes tipos
de roca y el retroceso por socavamiento
Dinámica de un meandro aluvial, caracteristicas geometricas y evolución.
La dinámica de los meandros, curvas divagantes o recodos situados en la
trayectoria de flujo del río, suministra un buen ejemplo de los modos de erosión
llevada a cabo por la acción de los cursos de agua. Con frecuencia, sus trazados
describen bucles o sinuosidades importantes y más o menos simétricas a la
dirección del flujo de las aguas; concavidades convexidades se suceden a lo largo
de una misma orilla. Las modificaciones del cauce del río registradas en estas
formas dinámicas, pueden resumirse de forma generalizad así:
El cauce es ahondado hacia el lado externo de cada curva y sobre todo a
lo largo de la parte que se orienta aguas abajo.
La margen externa se socava por erosión lateral, con desarrollo local de
ribazos que se acentúan con las avenidas. Al mismo tiempo, en los lados
internos se forman bancos de arena y gravas.
Conforme las curvas, en su parte externa, se van ensanchando por erosión
lateral y ahondando por incisión, y en su parte interna se produce
acumulación y disminución de la profundidad, el curso de agua va
trasladando su cauce no sólo hacia el margen externo, sino también en
profundidad.
El desmantelamiento de sus caras aguas arriba y abajo de los lóbulos o
salientes hace que el curso de agua migre, gradualmente, aguas abajo en
forma serpenteante. Si la curvatura está muy marcada puede llegar a
separarse; esta estrangulación deja un recodo del antiguo meandro
desconectado del cauce principal, conocido como cauce abandonado, que
se convierte en un lago oxbow (lago de "collera de buey") en forma de
media luna o yugo, que pronto puede colmarse de sedimentos con las
avenidas posteriores. Restos de muchos meandros abandonados, que
indican la posición primitiva del cauce, pueden ser observados claramente
en vista aérea.
Perfil transversal de la curva de un meandro fluvial, que muestra la simetría del cauce
debido a la erosión que se produce en su parte externa y a la sedimentación en la interna.
La mayor parte de los ríos aluviales suelen tener una crecida anual o en periodos
aleatorios en varios años, de tales proporciones que los caudales no pueden
quedar contenidos dentro del cauce y se desbordan sobre el lecho de inundación.
Tal crecida permite que se decanten los sedimentos de grano fino en suspensión
(arcillas y limos) de las aguas con movimiento relativamente lento que recubren el
lecho de inundación. Los sedimentos se depositan en capas y son conocidos
como depósitos de llanura de inundación.
A veces, un río recibe derrubios gruesos de sus tributarios, que se suman a los
propios, en cantidades superiores a las que es capaz de transportar. Cuando
esto ocurre, el exceso de carga se desparrama a lo largo y ancho del fondo del
cauce elevándolo. A este proceso se denomina agradación. El curso de agua
en el que se está produciendo este proceso suele ser ancho y poco profundo.
La agradación toma forma de depósitos en barras largas y más o menos
estrechas de arena y grava que tienden a dividir el flujo en varias líneas de
corriente. Esta se subdivide y vuelve a unirse originando lo que se denomina
una corriente anastomosada.
Con frecuencia, los cursos de agua son clasificados como rectos,
meandrizantes, entrelazados y anastomosados. Sin embargo, este esquema
simplifica demasiado la complejidad de los cursos de agua porque a lo largo de
su recorrido, un río puede tener diferentes tipos de canal y mostrar formas
mixtas.
Otro tipo de meandros fluviales de origen y evolución muy distinta son aquellos
que se producen por excavado profundo e incisión del substrato rocoso del
lecho, aprovechando las debilidades estructurales y tectónicas (litologías
diferentes, fracturas, etc.). Son los meandros encajados que forman una
garganta serpenteante por donde circulan los caudales.
La dinámica fluvial y la deposición de sedimentos son el origen del desarrollo
de una variedad de estructuras sedimentarias y formas de lechos. Muchas de
estas formas dependen de la compleja interrelación entre velocidad de la
corriente de agua y el tamaño de las partículas, así como la potencia de la
carga de caudales líquidos durante una tormenta que genere una crecida o
avenida en el curso fluvial, en el transcurso de la cual la forma de lecho puede
cambiar. El análisis de los depósitos aluviales hace posible reconstruir las
condiciones de los flujos hídricos y de la forma del canal, bajo los que los
sedimentos fueron depositados.
Por último, otra forma de acumulación-incisión fluvial son las terrazas.
Constituyen uno de los rasgos más notables de los valles drenados por cursos
de agua importantes. La terraza aluvial resulta del excavado de los depósitos
aluviales previamente sedimentados en un valle. Las terrazas son escalonadas
cuando los periodos de aluvionamiento son regularmente más importantes que
éstos; de este modo, las terrazas están colgadas unas con respecto a otras y
separadas por sectores en los que la roca subyacente aflora. Las terrazas son
encajadas cuando la excavación que sucede al aluvionamiento es menos
importante que éste, de modo que los cursos de agua no desmantelan todo el
depósito aluvial anterior. En este caso, las terrazas están embutidas,
dispuestas unas sobre otras. Se comprende fácilmente que las terrazas más
elevadas sean las más antiguas.