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Acceso a Libros de Dominio Público

Jacobo escribe a Silvia explicando que busca la soledad en la granja de Blosse para reflexionar sobre su vida. Teme que Octavio se haya enamorado de su esposa Fernanda, lo que explicaría su comportamiento distante y agitado recientemente. Jacobo nota un cambio en el semblante de Fernanda que le hace dudar si ella también ha desarrollado sentimientos por Octavio. Preocupado por la felicidad de todos, Jacobo se siente culpable por haber desestabilizado sus vidas con su matrimonio.
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Acceso a Libros de Dominio Público

Jacobo escribe a Silvia explicando que busca la soledad en la granja de Blosse para reflexionar sobre su vida. Teme que Octavio se haya enamorado de su esposa Fernanda, lo que explicaría su comportamiento distante y agitado recientemente. Jacobo nota un cambio en el semblante de Fernanda que le hace dudar si ella también ha desarrollado sentimientos por Octavio. Preocupado por la felicidad de todos, Jacobo se siente culpable por haber desestabilizado sus vidas con su matrimonio.
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JACOBO.
OMO II.

Carcelona-D
C
Librerza de Oliva
%.
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JAOBO,
POR. [Link]. SAND,

%n 2ámuna.

TOMIO TERCERO.

arcelona.
IMPRENTA DE OLIWA, EN LA PLATERIA.·
Q
1838.
JAGOBO,

CARTA PRIMERA.

JACOBO A SILVIA.

Granja de Blosse.

Me preguntabas ayer porque voy tan


á menudo á Blosse, y me reprochabas
porque de algun tiempo acá busco la so
ledad. Es cierto que nunca he sentido
TOMO I1I, l
o JACOBO.

tan vivamente la necesidad de estar solo


y reflexionar ; este lugar desierto ylleno
de aspectos salvajes me place y me hace
bien. Siento una mano inexorable, si
bien que paternal en su rigor, que ne
atrae al fondo de estos silenciosos bos
ques, para enseñarme la resignacion.
Vengo á sentarme al pie de estas centena
rias encinas á las que carcome el musgo,
y reasumo mi vida. Esto me tranquiliza.
¿Ignoras acaso lo que ocurre? No has
observado que Octavio ama á mi esposa?
Por espacio de mucho tiempo ha sido
este amor novelesco é inocente; pero
adquiere ya violencia, y si Fernanda no
lo nota no podrá tardar en observarlo.
Habemos sido muy imprudentes. ¡ dejar.
les juntos de este modo! son tan jóvenes
¿Pero qué podíamos hacer? Tú no po
dias fingir revindicar un amor que ha
bias rechazado, tu orgullo se rehusaba á
todo lo que hubiese tenido apariencias
de innobles zelos. ó vanidad ofendida:
CARTA II, 3

y en cuanto á mí era todavía peor : ha


bia primero injustamente acusado á esos
pobres jóvenes locos, sentia que tenia
mucho que reparar hácia ellos, y el te
mor de engañarme todavía me obliga
ba á cerrar los ojos. Te confieso que á
pesar de la evidencia, titubeo aun en
creer que Octavio este enamorado de
ella : ¡parecia tan seguro de sí mismo en
un principio ! todo el año pasado, ha
sido tan feliz junto á nosotros! Pero des
de el invierno ha estado mas y mas agita
do y distraido; actualmente está real.
mente enfermo y pesaroso. Es un hon
bre honrado; conmigo se ha vuelto seco
y frio, no sabe disimularme el embarazo
y turbacion que le ocasiono, y sin em
bargo me estima sinceramente. Ayer tar
de, cuando monté á caballo, ha venido
conmigo hablándome de un viaje que
trata de hacer en breve á Ginebra. He
comprendido que queria alejarse de Fer
manda, he apretado su mano sin hablar,
4 JACOBO.

y se ha echado á mis brazos esclamando:


Ah mi bravo Jacobo !.... Despues se ha
parado bruscamente, y me ha hablado
de mi caballo. Pobre Octavio !! es des
graciado y por culpa nuestra ; le habe
mos abandonado demasiado á los peli
gros de la juventud. ¿Pero dónde no los
hubiera hallado? dónde los hubiera com
batido con tanta virtud ?
Marchará, no lo dudo, tal vez á la
hora presente ya lo ha verificado. En su
fisonomía habia algo de estraordinario,
y cual si hubiese tomado una resolucion
penosa pero firme. Lo que me ha hecho
venir incontinentiá la granja, es la gran
de alteracion que á la hora de comer
he observado en el rostro de mi mujer;
hasta entonces estaba persuadido que no
tenia la menor idea del amor de Octavio,
pero desde aquel instante no sé que pen
sar. Es verdad que padece hace algun
tiempo ; el destete de sus hijos la fatiga,
y la abundancia de su leche la incomoda
CARTA I. 5

frecuentemente todavía. No he querido


observarla atentamente , esto me hacia
miedo ; cualquiera cosa que entre ellos
haya pasado, en el momento que tenia
Octavio valor para partir, no debia amar
garla mas el último dia que tenia tal vez
que vivirá su lado. Estoy seguro de la
razon y prudencia de Fernanda ; ella le
alejará sin ofenderle , y sin irritar su
pasion con inútiles demostraciones de
fuerza ; he visto que debia dejarla obrar
libremente, y que la mejor posible ga
rantía de su virtud era mi ciega con
fianza.
No tengo ninguna inquietud, pero es
toy triste y profundamente cánsado de
mí mismo. ¡Tenia un amigo sincero,
amable, afecto, y es preciso que parta
desesperado, porque yo estoy en el mun
do! Vosotros gozabais una hermosa vida,
risueña, pura, como vuestros corazones;
y hela ya desordenada, perdida, empon
zoñada, porque soy Mr. Jacobo el mari
6 JACOBO.

do de Fernanda! Espero tan poco en mi


y en mi porvenir, que antes quisiera
morir y dejaros felices á todos, que con.
servar mi felicidad á costa de la de uno
de vosotros. Mi felicidad! ¿será posible
en adelante, teniendo Fernanda un pro
fundo pesar en el corazon ? y cómo no
lo tendria? Esto es lo que me consternó
ayer. Ella le ama tal vez, si es así lo ig
nora todavía, pero la ausencia y el dolor
se lo manifestarán. ¿Y porqué ha de mar
char, si es preciso que por ello llore y
me aborrezca ?
¡No, no me aborrecerá, es tan buena,
tan dulce ! tambien yo seré dulce y bue
no con ella; pero será desgraciada, des
graciada por nuestrosindisolubles lazos.
Mucho pensé en esto antes que nos casá
ramos,y de algun tiempo acápienso to
davía: veré. No me hables, no me parti
cipes nada sin que te pregunte, temo
que la primera vez me tranquilizaste
demasiado acerca su amistad, eran pu
--
CARTA Il. 7

ros entonces y lo son todavía ; pero po


dian fácilmente separarse, y hoy es nece
sario partir su corazon. Dios nos perdone:
nada habemos hecho con dañada ó cul
pable intencion. Mañana volveré á esa,
y si Octavio no ha partido, pensaré en
lo que debo ó puedo hacer.

(ARTA II.

DE OCTAVIÓ A FERNANDA,

He aquí, amiga mia,un mes que he


mos pasado juntos de un modo bien es
traño. Desde el dia en que me mandas
teis sufocára mi amor, lo he cubierto
de ceniza de tal modo, que algunasveces
he creido haber logrado apagarlo. Estoy
ciertamente mas tranquilo que durante
el invierno; pero hubierais debido tomar
8 JACOBO,

mas cuidado de reanimar de tiempo en


tiempo el transporte de entusiasmo que
me hizo prometer y sacrificarlo todo.
Parece que vuestro corazon me ha aban
donado, y de cada dia caigo en una mas
profunda tristeza. ¿Temeis acaso hallar
me indócil á vuestras lecciones?porqué
me las habeis retirado?Tal vez mi me
lancolía os cansa , quizá temeis el fasti
dio que os ocasionaria con mis quejas.
Sin embargo, os seria tan fácil consolar
me con algunas palabras de confianza ó
compasion! ¿Desconoceis vuestro poder
sobre mí? Cuando ha dejado de serpo
deroso? Sin pensarlo vos, sois muchas
veces cruel, y me causais un mal horri
ble sin que os digneis repararlo: por
ejemplo: ¿no podriais ocultarme un poco
el amor que teneis á vuestro esposo?
Vuestra alma es tan generosa y delicada
en todo lo demas l pero en esto, poneis
una especie de ostentacion en hacerme
padecer: dejad este vano alarde á las
CARTA I1. 9

mujeres que dudan de sí mismas. En los


primeros dias teniais tanto talento en
medio de vuestra misericordia ! Sabiais
decirme tan bien las cosas que podian
consolarme, ó á lo menos endulzar mi
pena ! Cuando hablabais de vuestro es
poso, sin blasfemar de un mérito que
nadie aprecia mejor que yo, sin negar
un afecto que no quisiera arrancarle,
poseiais elinefable secreto de persuadir
me que, aunque diversa, era tan bella mi
parte como la suya; ahora teneis el cruel
é inútil talento de mostrarme lo magní.
fico de su parte y ridículo de la mia.
¿No podriais ocultarme esa mezcla de
niños y de cunas? me entendeis? No sé
como esplicarme; temo ser brutal, por
que estoy hoy de una particular acritud.
En fin, habeis hecho llevar vuestros hi.
jos del cuarto ¿ no es verdad? Enhora
buena. Sois jóven y teneis sentidos: vues
tro esposo os perseguia para acelerar el
destete. Bien! tanto mejor! habeis hecho
12 JACOBO,

vuestros hijos se pasarán de vos toda la


noche?–Es preciso que se acostumbren,
respondió, es tiempo ya de destetarlos.
—Muy jóvenes me parecen para esto.—
Luego tendrán un año.—Pero les cuida
rán mal. ¿A quién puede confiar una
madre el encargo de velar sobre sus hi
jos durante la noche?–Puedo sin in
quietud legar este cuidado á Silvia. »
Mostró entonces una señal de escesiva
impaciencia, y marchó sin saludar á na
die.
Por de pronto no comprendí el senti
do de esta conducta, pero reflexionando
un poco me pareció muy claro y eviden
te. Examiné á Fernanda; desde algun
tiempose me figura muy pálida,y mas
me parece triste que enferma. Resolvísa
ber que debia pensar,y entré á media
noche en su cuarto. .
El cielo me es testigo como al hacer
llevar los niños del cuarto, no tenia las
intenciones que me supuso Octavio. Ha
CARTA III. 15

ce mas de un año que no he dormido á


mi mujer sobre mi corazon, lo que seria
hoy para mí un gozo tan vivo como el
dia de nuestra union, si aquel pudiese
ser recíproco; pero hace un mes que lo
dudo, y este mes en que sin hacerla fal
tará los sagrados deberes de la materni
dad, hubiera podido estrécharla en mis
brazos, ha sido una mortal angustia para
mí. Está sombría y silenciosa: ¿lo has ob
servado , Silvia? Octavio tambien triste,
y algunas veces desesperado. Los desgra
ciados luchan y resisten pero se aman
y padecen. En vano habia yo alternativa
mente acogido y desechado la conviccion
de su reciproco amor, ella aumentaba de
cada vez mas. En fin, ayer me decidíá
aceptarla por mas penosa que fuese, y
á parecer por un instante odioso, á fin
de no esponerme á serlo mas. Acerqué
me á su cama, y ví que fingia dormir,
esperando la pobre mujer sustraerse así
á mis importunidades: beséla en la frente
4 JACOBO.

abrió los ojos alargándome la mano, pe


ro creí notar un ligero temblor de susto y
repugnancia. Como otras veces habléla
de mi amor, ella me llamó su querido
Jacobo, su amigo y su ángel protector;
pero el nombre de amor estaba olvidado,
y cuando traté de atraer sus labios á los
nios, tomó su fisonomía una singular
espresion de resignacion y abatimiento.
Una angelical dulzura residia en su fren
te, sus miradas tenian la serenidad de
una conciencia pura ; pero su boca es
taba palida y fria y languidos sus brazos.
Juzgué demasiado dura la prueba; me
hubiera sido imposible hallar placer en
atormentarla, y además me horrorizaba
el derecho de que estoy investido, y del
cual ella me consideraba capaz de usará
pesar suyo. Beséla las manos, y la pedí
me dijera sinceramente si tenia alguna
pena, ó si faltaba alguna cosa para su fe
licidad. «Como no pudiera considerar.
me feliz, contestó, cuando tú solo te
CARTA III.

ce mas de un año que no he dormido á


mimujer sobre mi corazon , lo que seria
hoy para míun gozo tan vivo como el
dia de nuestra union , si aquel pudiese
ser reciproco ; pero hace un mes que lo
dudo, y este mes en que sin hacerla fal
lar á los sagrados deberes de la materni
dad , hubiera podido estrécharla en mis
brazos, ha sido una mortalangustia para
mí. Está sombría y silenciosa: ¿ lo has ob .
servado , Silvia ? Octavio tambien triste ,
y algunas veces desesperado. Los desgra
ciados luchan y resisten ; pero se aman
y padecen. En vano habia yo alternativa
mente acogido y desechado la conviccion
de su reciproco amor, ella aumentaba de
cada vez mas. En fin , ayer me decidí á
aceptarla por mas penosa que fuese , y
á parecer por un instante odioso , á fin
de no esponerme á serlo mas. Acerqué
me a su cama, y vi que fingia dormir ,
esperando la pobre mujer sustraerse así
á mis importunidades :beséla en la frente
14 JACOBO .
abrió los ojos alargándomela mano , pe
ro creí notar un ligero temblor de susto y
repugnancia . Como otras veces habléla
de mi amor, ella me llamó su querido
Jacobo , su amigo y su angel protector ;
pero elnombre de amor eslaba olvidado ,
y cuando trate de atraer sus labios á los
mios, tomó su fisonomía una singolar
espresion de resignacion y abatimiento .
Una angelical dulzura residia en su fren
to , sus miradas tenian la serenidad de
vua conciencia pura ; pero su boca es
taba pálida y fria y languidos sus brazos.
Juzgué demasiado dura la prueba; me
hubiera sido imposible hallar placer en
atormentarla , y además me horrorizaba
elderecho de que estoy investido, y del
cual ella me consideraba capaz de usar á
pesar suyo. Beséla las manos , y la pedí
me dijera sinceramente si tenia alguna
pena , ó si faltaba alguna cosa para su fe.
licidad . «Como no pudiera considerar
me feliz , contesto , cuando tú solo te
CAATA III, 15

ocupas en hacerme agradable la vida, y


en alejar de mí las menores contrarie
dades: ¡qué mujer se deberia ser, para
quejarse de tí!–Cuando quieras mudar
de vida, la dije yo, habitar otro pais,
rodearte de mas numerosa sociedad, sa
bes que bastará me digas una sola pala
bra , para que cifre mi mayor gozo en
complacerte;¿si es el tedio quien te pone
enferma y melancólica, porque no me
lo confiesas?—No, no es él , » me respon
dió suspirando, y ví que estaba tentada
de abrirme su corazon , lo que cierta
mente hubiera hecho si su secreto solo á
ella hubiese pertenecido; pero no debia
hacerme la eonfesion agena. Ayudéla á
encerrarlo en su seno, y la dejé dicien
do: «Acuérdate que soy tu padre, y que
te llevaré en mis brazos para que no ten
gas que andar por encima de espinas;
dime solamente cuando estés cansada de
andar sola, y cualquiera que sean las cir
cunstancias en que nos hallemos, no me
16 JACOBO.

temas jamás, jamás, Fernanda. — Eres


un ángel, un ángél! esclamó repetida
mente, pero su rostro me agradeció á
pesar suyo el que me fuera.—Entré en
mi cuarto, y me eché desolado sobre mi
cama ; acababa de pisar por última vez el
umbral del suyo. ¡Es indudable ya ; ella
ya no me ama! ¿Pero qué, no lo sé acaso
de mucho tiempo acá? tenia necesidad
de sujetarme á una prueba decisiva para
convencerme? No hay ya mucho tiem
po que sin saberlo ama á Octavio? El
apacible afecto que me profesa ahora,
es otra cosa que amistad? Actualmente
es feliz conmigo, y principia ya á pade
cer por él, porque en ella el amor es una
pena; hela ya presa de todos los terrores
de todas las dificultades de la vida social:
Dios sabe cuan exagerados remordimien
tos destrozan su corazon: ¿pero qué de
bo hacer? La alejaré del peligro procu
rando hacer que olvide á Octavio? Si la
echo en medio del mundo, impresiona
CARTA III. 17
ble é ingenua cual es, buscará á amar
todavía,y hará una mala eleccion ; por
que es muy superior á esas muñecas de
salon que se llaman mujeres de mundo,
para aficionarse á su existenciayá sus
imbéciles placeres. Podrá por algun
tiempo manifestarse asombrada,impru
dente y distraerse de su pasion, pero
lmego la necesidad de amar que en ella
existe, se hará sentir con mayor viveza,
y el amor se dispertará en su corazon,
ya sea para Octavio, ó para otro que no
ignalándole la perderá. Entonces con ra
zon me aborrecerá, por haberla arranca
do á un afecto que era inocente aun, y
que tal vez siempre lo hubiera sido, y
por haberla precipitado en un abismo de
decepcion ydolores. Pero si la dejo aquí,
nna mañana podrá hallarse criminal á
sas propios ojos, y entonces se anegará
con sus lágrimas, acusándome de haber
la abandonado al peligro con una baja
indiferencia ó estúpida confianza. Quizá
TOMQ) 1II. 2
18 JACOBO .

aborrecerá á su amante por haberla he


cho padecer estas agitaciones y remordi.
mientos, y me menospreciará por no ha
berla preservado.
Estoy tan atrasado é incierto , como
un hombre que nunca ha previsto lo que
le sucede , y sin embargo dos años hace
que me ocupo en presentarmebajo todas
las faces posibles el porvenir que va
cumpliéndose ; pero hay cien mil modos
de perder el amor deuna mujer,y el úni
co que no se previó suele ser el que se
realiza. Es inútil prescribirse una regla
de conducta , cuando la sola casualidad
se toma el trabajo de ilustrarnos acerca
el mejor partido que adoptar. He aqui
porque las sociedades solo pueden existir
por medio de leyes arbitrarias, buenas
para las masas, pero horribles y estúpi.
das para los individuos. Como es posible
crear un código de virtud para los hom
bres , cuando uno de estos no puede
formarse uno para sí solo , y cuando las
CARTA I . 19
circunstancias le obligan á variarlo diez
veces en la vida? Elaño pasado , cuando
acnsaba á Fernanda de que me engañara
atrevidamente, iba a partir , iba a aban
donarla sin compasion niremordimiento;
é pero que es lo que hoy cambia tan sin
gularmente mi conducta y disposicioves?
Ama á Octavio lo mismo que entonceslo
suponia , son los mismos seres, los mis
mos lugares , la mismaposicion social,
pero no es el mismo sentimiento : en
aquel tiempo la creia enamorada grose
ramente de un hombre , y ahora veo que
temblando y á su pesar ama á una alma
que la comprende ; palidece , teme , y
llora , he aquítoda la diferencia esterior;
pero esta diferencia es todo : es la que
hay de una mujer sin corazon , á otra
noble y sincera. Actualmenle no puedo
ya consolarme con el desprecio , ¿porqué
que ha hecho para perder mi estimacion ?
Nada á la verdad , y aun cuando se hu .
biese abandonado á los transportes de su
2) JACOBC).

amante, no hubiera hecho mas que ce


derá la violencia de uninevitable destino,
No conserva mas amor para mí, y tiene
diezynueve años, y es hermosa como
un ángel. Pero si tan solo la inspiro
amistad, no es culpa suya nimia: ¿puedo
acaso pedir mas afecto y sacrificios que
lo que demuestra combatiéndose cual lo
hace? Puedo exigir que se seque su co
razon, y que concluya su vida con nues
tro amor º

Seria un insensato y un mónstruo, si


pudiese concebir contra ella un solo pen
samiento de cólera; pero soy horrible
mente desgraciado, pues mi amor vive
todavía. Nada ha hecho ella para apagar.
lo; pues si bien me ha hecho penar, no me
ha ofendido ni envilecido. Soy viejo y
no puedo cual ella abrir mi corazon á
un nuevo amor. El momento de padecer
ha llegado, no hay que pensar ya en re
tardarloó en que se evite; pero á lo me
nos tengo un escudo que oponer al su
CARTA IV. 1

frimiento, al cual ningun dardo puedo


atravesar : es el silencio. ¡Calla tambien,
hermana mia! me desahogo escribiéndo
te, pero guarda que semejantes discur
sos se asomen nunca á nuestros labios.

CARTA IV.

FERNANDA A JACOBO.

Puesto que hasta mañana no vuelves,


quiero escribirte hoy, amigo mio, y ha
certe una súplica que en verdad me cues
ta bastante; pero ayer me hablaste con
tanto afecto y bondad, que he cobrado
sumo valor. Me has dicho que si esperi
mentaba fastidio en este pais, seria para
ti un placer procurarme cuantas distrac
ciones pudiese desear. No lo he aceptado
desde luego, porque no sabia como espli
carte lo que pasa en mí, y aun ahora no
22 JACOBO,

sé de que modo voy á decírtelo. Fastidio?


junto á tí, en un lugar tan hermoso ,
con mis hijos y dos amigos como los
que tenemos, es imposible que lo co
nozca ; nada falta á mi felicidad , mi
querido Jacobo, y tú eres el mejor y mas
perfecto de los amigosy esposos. ¿Pero
qué podré decirte? estoy triste porque
padezco, y padezco sin saber de que.
Tengo siniestras ideas, no duermo, todo
me agita y fatiga ; tal vez tenga una en
fermedad nerviosa, imagino que me voy
á morir, y que el aire que respiro me
ahoga y emponzoña, en fin siento no el
deseo, pero si la necesidad de variar de
lugares. Será tal vez un capricho, pero
capricho de enfermo, del cual te compa
decerás. Alejémonos de aquí por algun
tiempo: me parece me curaré, y que
podré regresar pronto. El otro dia me
decias que Mr. Borel te instaba mucho
comprases las tierras de Mr. Raoul , y me
leiste una carta en que Eugenia se unia
CARTA IV, 25

á él para pedirte fueses á examinar


aquella propiedad llevándome á pasar el
verano con ella; tengo como un deseo
vago de tomar la distraccion de este via
je, y volverá ver á tan buenos amigos.
Induce á nuestra Silvia á que nos acom
pañe, pues no sabría separarme de ella,
sin esperimentar un dolor superior á mis
fuerzas. Contéstame á vuelta del criado
que te envio, y evítame el embarazo de
esplicarte mas por estenso un capricho,
cuya ridiculez conozco, pero que no
puedo superar. Trátame con la indul
gencia y divina dulzura á que me has
acostumbrado. Adios pues, mi muy que
rido Jacobo. Nuestros hijos lo pasan
bien.
24 JACOBO.

CARTA V.

DE JAComo A FERNANDA.

Tus deseos son órdenes, mi dulce en


ferma, partamos pues, vamos á donde
quieras; prepara y manda la marcha pa
ra la semana entrante, para mañana si
quieres; no tengo en la vida negocio
mas importante que tu salud y bienes
tar. Escribiré luego á Borel, para decirle
que acepto su cortés proposicion. Preci
samente tengo fondos que mudar de co
locacion, y me será muy agradable lle
varlos á Touraine, á los ojos de un amigo
que vijilará acerca sus réditos. Me hu
biera sido cruel hacer este viaje sin tí:
ignoro si nuestra Silvia podrá acompa
ñarnos, lo que presenta mas dificultades
CARTAVI. a5

éinconvenientes de lo que piensas pero


hablaré con ella, y si la cosa no es abso
lutamente imposible, no se separará de
tí, Partirémos pues por cuanto tiempo
quieras, querida hija mia: pero acuérda
te que si te cansas y fastidias en Cerisy,
mas que sea al siguiente dia de nuestra
llegada, estaré pronto á llevarte á otra
parte, ó á volverte á traer aquí. No te
mas pues parecerme caprichosa, sé que
padeces, y daria mi vida para aligerar tu
mal. Adios. Un beso de mi parte á Silvia,
y mil á nuestros hijos.

CARTA VI.
DE el crAvto A FERNANDA.

Así pues, partís, Os he ofendido y me


abandonais á la desesperacion, porno
26 JACOBO,

oir los inútiles lamentos de un importu


no! Teneis razon ; pero esto os quita
mucho mérito á mis ojos. Mas grande
erais cuando me deciais que no me ama
bais, pero que teniendo piedad de mí
me soportariais junto á vos en tanto que
tuviese necesidad de vuestros consuelos y
apoyo ; abora ya nada me decís. Os ha
blo de mi amor en el delirio de la fie
bre, y vos teneis la caridad de no res
ponderme, seguramente por no desespe
rarme pero no teneis paciencia para
oirme mas, y partís! Muy pronto, Fer
nanda, os habeis cansado del sublime
papel cuya idea concebisteis, pero que
habeis carecido de fuerza para desempe
ñar. Mi amor no ha tenido tiempo de
curarse; se ha agriado, y la llaga está
mas acre y emponzoñada que antes.
Vuestra conducta es muy prudente:
nunca os hubiera creido tan ingeniosa :
todo lo habeis arreglado en un abrir y
cerrar de ojos, y habeis superado todos
CARTA VI, 27

los obstáculos con toda la habilidad y


sangre fria del mas esperimentado tácti
co. ¡Esto es muy bello para vuestra edad
Silvia era brutal, mas tambien franca :
partia dejándome billetes en que me de
cia sin empacho que no me amaba; pero
vos sois mas política, sabeis aprovechar
las ocasiones y cogerlas al vuelo: lo arre.
glaistodo de un modo tan científico y
verosímil, que se juraria que vuestro ma
rido os arrebata, mientras que su cora
zon bravo y generoso duda, se admira,
yse somete sin saber lo que os pasa por
la imaginacion. Silvia se cuida muy poco
de irá instalarse entre gentes que no co
noce; y que tal vez la tratarán muy gua
pamente; pero á vos nada os importa.
Delante de ellos me colmais de hipócri
tas demostraciones de pesar é inclina
cion, pero evitais con tanto esmero ha
llaros un instante á solas conmigo, que
estaria desesperado si no estuviese fu
rioso. Tranquilizaos: cuando se me ir
28 JACOBO.

rita con el desprecio, tengo tanto or


gullo como otro cualquiera. Hubierais
debido manifestarme vuestro desprecio
desde el dia en que tuve la insolencia de
hablaros de amor; hubiera partido en el
acto, y os hubierais desembarazado de
mí largo tiempo hace. ¿Porqué, pues,
tomaros hoy tanto trabajo? Porqué dejar
vuestra casa, trastornar loda vuestra fa
milia, cuando con una sola palabra que
digais podeis enviarme á Suiza? Habeis
elegido la casa de Borel por refugio,
pensando seria el único lugar del mundo
al cual no osaria seguiros pero Dios
unio! esto es tomaros demasiado cnidado:
quedad y vivid en paz marcho dentro
un cuarto de hora. Deshaced vuestras
maletas, y decid á vuestro marido que
habeis mudado de pensamiento os he
visto esta mañana por la última vez de
mi vida. Ahur, Señora.
CARTA VII. 29

CARTA VII.

DE FERNADA A. OCTAvIO,

Os engañais eompletamente, acerca


las causas de mi partiday de miconduc
ta con respecto ávos. Exijo que os que
deis hasta mañana, á menos que no
querais hacer adivinar á mi marido un
secreto que puede comprometer su feli.
cidad y mi reposo. Esta noche á las nue
ve marcharémos, despues de habernos
estrechado la mano. Id al grande olmo,
y bajo la piedra hallaréis mi último bi
llete, mi adios postrero.
3o JACOBO.

FERNANDA A OCTAVIO,

Billete depositado bajo la piedra del olmo,

Parto porque os amo : decíroslo y re


sistir á vuestros transportes me hubiera
sido imposible; marchar ocultándoslo es
igualmente superior á mis fuerzas. Soy
un sér débil y afligido, no puedo man
dará mi carazon, pero amo mis deberes
y quiero llenarlos sinceramente. Lo que
entiendo por mis deberes no son las so
las leyes de la sociedad: esta castiga se
veramente á los que las desobedecen,
pero Dios es mas indulgente que ella, y
perdona. Sabria despreciarpor vos todo
el ridículo y vituperio que se liga á las
faltas de una mujer; pero lo que no pue
do inmolaros, el sacrificio que vos rehu
sariais, es la felicidad de Jacobo. ¡Por
qué no es menos perfecto! porqué no
ha de haber cometido algun yerro que
CARTA VII, 31
me autorizara á disponer de mi honor y
reposo cual se me antojasel Pero cuando
su conducta toda es sublime tanto hácia
vos como hácia mí, ¿qué podemos hacer?
someternos, huir, y antes morir de pesar
que abusar de su confianza.
Ignoro cuando he principiado á ama
ros ; quizá fué el primer dia en que os
ví; tal vez Clemencia tenia tristemente
razon, cuando me escribia que si bien
lograba yo dar otro aspecto á mi con
ducta, estaba sin embargo perdida ya,
cuando creia trabajar en vuestra recon
ciliacion con Silvia. No puedo apreciar
exactamente lo que ha pasado en mipo
bre cabeza de un año acá: estoy quebran
tada de fatiga, de combates, de emocio
nes. Es tiempo ya que parta: no sé lo
que me hago, estoy como vos hace un
mes. Entonces me sentia todavía con
fuerzas; ypor otra parte, el temor de
perderos me las comunicaba. ¡Qué no
hubiera imaginado, de qué no me hubie
32 JACOBO,

ra persuadido, qué no hubiera jurado á


Dios y á los hombres antes que renum
ciar á veros ! Esta idea era horrible, así
es que no podia admitirla; pero la victo.
ria que nos lisonjeábamos de llevar era
cosa superiorá las humanas fuerzas; ape
nas os ví en el punto de entusiasmo y
valor á donde os rogaba llegarais, cuan
do mi alma se rompió cual una cuerda
demasiado tendida; caí en una inesplica
ble tristeza, y cuando para contemplar
con admiracion vuestra inclinacion y
virtud salia de ella,sentia que era preci
so huiros ó perderme con vos, Protéja
nos Dios! Ahora que se ha consumado
el sacrificio, si sucumbo, acordaos de
mi para compadecerme,y perdonarme
lo que os he hecho padecer.
Si quereis concederme un favor, per
maneced aun algunos dias en San Leon
y ya que no ha podido Silvia decidirse á
aeompañarne, aprovechaos de su santa
amistad, que como consuelo os ofrece
CARTA VII, 33
la Providencia. Tambien ella está triste,
ignoro lo que tiene, tal vez adivina que
soy desgraciada. Se consagra á mis hijos,
y les servirá de madre. Vedlos á esos po
bres niños, á quienes abandono tambien
para huirá la vez de todo cuanto amo mas
en el mundo : su vista os recordará vues
tros deberes y los mios, y padeceréis
menos durante los primeros dias. Si en
vez de entregaros á la soledad, llenais
vuestra alma con el testimonio de nues
tra amistad honrada, y del espectáculo
de estos lugares, donde todo os hablará
de las gravesy auguslas veladas de la fa
milia y el honor, recordaréis haber sido
felizpor la virtud, regocijándoos de no
haber mancillado la pureza de este, re
cuerdo.

TOAIO 1II, 3
34 JACOBO,

CARTA VIII.

IDE SILVIA. A JACOBO,

San Leon.

HABEIs hecho bien de dejarme vues


tros hijos, el viaje hubiera dañado mu
cho á la niña , quien no lo pasa muy
bien; espero que su indisposicion no se
rá nada, pero hubiera sido seria en un
carruaje, y lejos de los mil cuidados que
le son tan necesarios. No hables de esto
á tu mujer, porque sin duda estará res
tablecida ya al recibo de esta carta. Es
para mi cosa muy temible el menor pa
decimiento de tus hijos; y sobre todo,
ahora que estoy sola, tiemblo de ver al
terada su salud por culpa mia : sin em
bargo, no les dejo un solo minuto, y no
CARTA VIII, 35

tendré un instante de reposo hasta que


nuestra querida pequeñita se halle com
pletamente bien.
Estoy muy contenta de saber habeis
tenido un buen viaje , y que habeis reci
bido la mas amigable acogida; pero me
aflijo y me asusto de la espantosa tristeza
en que me dices está Fernanda sumergi
da. Pobre muchacha ! Tal vez has hecho
mal cediendo tan pronto á su deseo, hu
biera convenido darla tiempo para re
flexionar y decidirse. Me pareció que en
el momento de partir estaba al colmo
de la desesperacion, y que á no ser por
el temor de disgustarte, hubiera renun
ciado á este viaje. Nada bueno auguro yo
de esta separacion. Octavio está como
alocado, si bien he podido lograr dete
nerle hasta ahora, despues de calmarle.
He probado de hacerle hablar, esperaba
que abriéndose su corazon y desahogán
dolo en el mio, se calmaria ó se penetra
ria mas vivamente de la necesidad de
56 JACOBO,

ser fuerte; pero la fortaleza no existe en


su organismo, y aun cuando obtuviera
algunas nobles promesas, solo seria su
resolucion el entusiasmo de algunas ho
ras. Lo conozco, y viéndolo apasionado
tan seriamente de Fernanda, poco espero
que le secunde en sus generosos proyec
tos. Está con una espantosa agitaciou, su
padecerparece tan vivo yprofundo, que
estoy conmovida de lástima y lloro sobre
él del fondo de mi alma. ¡OJacobo mio!
sé indulgente y misericordioso, porque
bien dignos son de piedad. Nunca he es
tado en semejante situacion, é ignoro
verdaderamente lo que haria en su lu
gar. Mi independiente posicion, mi ais
lamiento á toda consideracion social , á
todo deber de familia, son causa que ne
haya entregado á mi corazon siempre
que me ha hablado; y si tengo fortaleza
no es combatiendo como la he adquiri
do, pues nunca he tenido ocasion. Me
Parece tan horrible la idea de sacrificar
CARTA VIII. 37
una pasion real y profunda á este mundo
que aborrezco, que no me considero
capaz de hacerlo. Verdad es que los úni
cos deberes reales de Fernanda son hacia
tí, y que tu conducta impone tales á
cuantos te aman, que no debe existir un
instante de felicidad para el que te ha
ga traicion. Ayúdala pues con dulzura á
cumplir este holocausto de su amor, que
yoprobaré de obtener algo de la virtud
de Octavio : mas como me cierra el acce
so á su corazon, no puedo vencer la re
pugnancia que esperimento en forzar la
confianza de una alma que padece , mas
que sea con la esperanza de aliviarla.
38 JACOBO,

CARTA IX.

DE OCTAVIO A HERBERT.

Estoy en un estado deplorable, mi


querido Herbert, compadéceme, y no tra
tes de aconsejarme, pues no estoy en es
tado de escuchar nada. Todo lo ha echa
do á perder diciéndome que me ama :
hasta entonces me juzgaba despreciado,
y el despecho me hubiera dado fuerzas:
pero al dejarme me ha dicho que me
ama, ¿y espera que me resignaréá perder
la? No, es imposible: digan lo que quie
ran estos tres estraños séres entre los
cuales acabo de pasar un año, que me
parece cual un sueño, como una escur
sion de mi alma á un mundo imaginario.
¿Qué es la virtud de que tan sin cesar
hablan? La verdadera fortaleza, está en
CARTA IX. 59
sofocar las pasiones ó en satisfacerlas?
¿Nos las ha dado Dios para abjurarlas, ó
él que las siente con suficiente vehemen
cia para despreciar todos los remordi
mientos y peligros, no es mas atrevidoy
fuerte que aquel cuyos ímpetus son go
bernados y resistidos por la prudencia y
razon? Qué cosa es la fiebre que siento
en mi cerebro? Qué fuego es el que me
devora el pecho, el hervor de mi sangre
que me lleva, me arrastra hácia Fer
manda? Son acaso las sensaciones de un
sér débil ?Se creen fuertes porque son
frios; y además, quién sabe el fondo de
sus pensamientos, quien puede adivinar
sus verdaderas intenciones? Este Jacobo
que me abandona y entrega al peligro
un año entero, y que, á pesar de su es
quisita penetracion para cualquiera otra
cosa, no repara en que me vuelvo loco á
sus mismos ojos; esta Silvia que redobla
su afecto hácia míá medida que me con
suelo de sus desdenes y los desprecio
42 JACOBO,

cuando fuese bastante generosa para de


sear verme feliz con otra que ella , Fer
nanda es precisamente la única que no
puede ayudarme á obtener. Tiene razon
si me desprecia, porque soy un hombre
sin conviccion ni carácter. Conozco que
no soy malo, bajo, ni vicioso; pero me
dejo llevar por todas las olas que me ba
lotan, por todos los vientos que me em
pujan. He tenido en la vida momentos
de loca y santa exaltacion, despues hor
ribles desalientos, luego cruelísimas du
das, y un profundo disgusto de las cosas
y gentes que me parecieron sublimes la
víspera. He amado á Silvia con fervor;
he creido poder elevarme hasta á ella,
semi-oculta cual me parecia en los cielos;
despues la he menospreciado hasta á sos
pechar fuese una cortesana ; mas ade
lante la he estimado hasta el punto de
vivir como amigo suyo, despues de ha
ber sido rechazado como amante , y
ahora que me da miedo,y que la tengo
CARTA IX 45
una especie de odio, no puedo sin em
bargo arrancarme á los lugares que habi
ta. Me parece que tiene que decirme al
guna palabra que puede salvarme.
¿Pero porqué soy así? Porqué no pue
do creer ni negar nada decididamente ?
Oh ! cuán bella noche tuve con Fernan
da! á sus pies derramé lágrimas que me
parecieron descendidas del cielo ; pero
tal vez solo era una comedia que me re
presentaba á mí mismo ,y en la cual era
á la vez actor inspirado, y estúpido y
maravillado espectador. ¿ Quién sabe ó
puede decir lo que es? Y de qué sirve ca
lentarse el cerebro hasta que estalle ? A
dónde lleva esta exaltacion que cae por
sí misma cual la llama ? Fernanda era
sincera en sus resoluciones , en su con
fianza, y todo jurando á Dios que no me
amaria, me amaba ya en secreto, la in
feliz. Quiere libertarse del riesgo de de
círmelo y cándidamente me lo escribe l
Oh! esto es lo que me la hace amar, es
44 JACOBO,

esta adorable debilidad que nivela su co


razon con el mio. De ella á lo menos
nunca he dudado ; siento lo que sentíya
el primer dia: es que somos hechos uno
para otro, y que su sér. es de la misma
naturaleza que el mio. Nunca he amado
á Silvia, es imposible : ¡ nos parecemos
tan poco l Estrechar á Fernanda en mis
brazos es estrechar á una mujer, y mu
jer de mi eleccion y amor; ¿y se ima
ginan que renunciaré ? Qué puede su
ceder? Qué me importa ? Si la hacen
desgraciada la robaré con su hija que
adoro, é irémos á vivir al fondo de al
gun valle de mi patria. Tú no me ne
garás un asilo , ¿no es verdad? Ah ! no
me sermonees, Herbert: sé bien que me
hago infeliz y que cometo locura sobre
locura ;sé bien que si tuviese una pro
fesion no estaria ocioso, que si fuese
cual tú ingeniero de puentes y calzadas
no estaria enamorado; ¿pero qué quieres
que haga? No soy á propósito para pro
CARTA II, 45
fesion alguna, no puedo ceñirme á nin
guna regla ó contrariedad. El amor me
embriaga como el vino; si como tú pu
diese aguantar dos botellas de vino del
Rin sin disparatar, hubiera tambien pa
sado un año entero entre dos encantado
ras mujeres , sin enamorarme de una
ni de otra.
Adios ; no me eseribas pues ignoro á
donde iré. Veinte veces al dia arreglo
mi maleta ; tan pronto quiero olvidar
á Fernanda, á Jacobo, y á Silvia, é
irme á Ginebra á consolarme con mis
perros y escopeta, como irá Tours á
ocultarme en algun meson á donde tenga
oportunidad de escribir á Fernanda y
recibir sus respuestas; tan prontorio de
lástima viéndone tan absurdo , cono
lloro de ira de ser tan desgraciado.
46 JACOBO.

CARTA X.

DE JACOBO A SILVIA.

lo que me dices de mi hija me espan


ta escesivamente es la primera vez que
está enferma, y aunque en el órden de
las cosas haya debido y deba estarlo á
menudo, no puedo sin embargo domi
nar mi inquietud cuando se trata de mis
hijos; porque son gemelos y su existen
cia es mas precaria que la de otros. La
chiquitina es ciertamente mas delicada
que su hermano, y esto justifica la gene
ral creencia de que en el seno de la ma
dre uno vive á expensas del otro : si
acaso empeora escribemelo sin titubear,
é iré á reunirme contigo, no para ayu
darte en tus cuidados, que no pueden
dejar de ser perfectos; pero para librar
CARTA X. 47
te de la terrible responsabilidad que so
bre tí gravita. He ocultado y ocultaré
cuanto tiempo pueda esta noticia á Fer
nanda ; su salud está muy realmente al
terada, y el pesar é inquietud agravarian
su mal. Está rodeada de amistad, esme
ro, y distracciones, pero nada se ade
lanta ; tiene una tristeza que me conster
na, y están sus nervios en un estado de
irritacion tal , que cambia enteramente
su carácter. Tienes razon, Silvia , nada
bueno ha producido esta separacion. Exis
ten pocas almas que estén organizadas
con bastante vigor para mantenerse en
la calma de una fuerte resolucion; y si
bien todas las conciencias honradas son
capaces de la generosidad de un dia, ca
si todas sucumben el dia siguiente al es
fuerzo de su sacrificio. Creí que era de
ber mio consentir en el de Fernanda, y
aun mas, secundarla ; no es que esperá
ra para mí un feliz resultado : cuando el
amor se ha apagado nada lo vuelve á
48 JACOBO.

encender y al arrancarme del Delfinado


no tenia ciertamente en el rostro el im
bécil gozo de un marido cuya vanidad
triunfa, como tampoco en el corazon,
la imprudente esperanza de un amante
que se lisonjea hallar su felicidad en el
sacrificio de la de otro ; sabia bien que
Fernanda amaria á Octavio ausente con
amor mas encarnizado, y que solo la
sustraia á un peligro del cual su pudor
hubiera quizá bastado para preservarla.
Sabia que á medida que se esforzaria en
arrancar el dardo de su corazon, se cla
varia mas y mas; pero todos los hombres
se olvidan de lo que han esperimentado,
y fingen siempre ignorar lo que es amor,
cuando se les retira el que creian po
seer, y es cosa particular ver entonces,
por cuan estúpidos argumentos tratan de
probar que la mujer que les deja es
culpable hácia ellos. Por lo que respecta
á mí, solo acusaria á Fernanda en el
caso en que recibiera mis caricias con
CARTA X. 49
serena frente y mentida sonrisa en los la
bios ; pero como su conducta es noble,
su tristeza protestaria contra mi tiranía ,
si fuese bastante grosero para ejercerla.
En la especie de aversion que á su pesar
de tiempo en tiempo me manifiesta, hay
una violencia de sinceridad, que prefie
ro á una hipócrita dulzura. ¡Pobre niña!
pobre querida niña ! como tú lo dices,
hace todo cuanto puede. Hay ciertos ins
tantes en que se arroja á mis brazos so
llozando, y otros en que me rechaza con
horror. Ah! qué puede temer de mí? Si
su estado no mejora , poco tardaré en
proponerla vuelva; pues no quiero que
sea desgraciada y me aborrezca : caigan
sobre mí todas las afrentas, todos los
pesares, escepto este esperaré todavía
algunos dias, y la exitacion en que está
cesará tal vez cual el crecimiento de una
enfermedad. Aun con la conviccion de
saber que de nada serviria, he debido
consentir en tracrla aquí: he debido de
"TOMO III, 4
5o JACOBU),

jarle la facultad de hacer un noble es


fuerzo, y poner en su vida el recuerdo
de un dia de virtud; esto será un remor
dimiento menos para el porvenir, y un
derecho mas á mi respeto. Cuando estará
cansada de combatir, no levantaré mi
brazo para esterminarla, pero sí se lo
ofreceré para que le sirva de arrimo. ¡Si
supiera cuánto la amo! Pero me callaré
ya, pues mi amor seria un reproche , y
yo respeto su pesar. Insensato! momen
tos hay en que me lisonjeo que volverá
á ní, y que va á operarse un milagro en
recompensa de cuantos dolores he devo
rado en el curso de mi triste vida!

CARTA XI.
DE SIIVIA. A JACOBO.

Es preciso que vengas, tu hija cae en


un estado de marasmo que hace espan
CARTA XI. 51

tosos progresos ; trae contigo algun mé


dico mas hábil que los que tenemos aquí.
Si Fernanda está tan realmente enferna
y triste cual lo dices, ocúltala el estado
de su hija ; sin embargo, ¿como le diré
mos mas tarde la verdad, si mis temo
res se realizan? Haz lo que juzgues mas
prudente. ¿La dejarás sin tí en casa de los
de Borel ? la cuidarán estos bien ? Es
verdad que segun lo que su madre me
envia á decir pronto llegaráá Tilly, y se
la llevará si quiere pero despues de
cuanto me has dicho. es una mala ami
ga, y muy triste apoyo para Fernanda.
Ah! porqué nos habremos separado ?
esto nos trae desgracia.
Octavio ha marchado á Ginebra, con
sumando así su sacrificio; ¿qué mas
puede ya pedírsele? En vano he procu
rado endulzar sus penas con mi amistad,
me he convencido mas que nunca de que
su alma no es grande, y que las peque
iñeces de la vanidadó del egoismo no sé
52 JACOBO.

de cual de los dos, cierran su entrada á


las ideas elevadas y nobles sentimientos.
Creerás que ha dudado mucho tiempo
en si tendria yo la intencion de descu
brir sus secretos para abusar de ellos, ó
si era sincera en mi deseo de reconciliar
le consigo mismo? Creerás que ha tenido
la ridícula idea de pensar que le hacia
coqueterías para atraerle á mis pies? Me
supone el vil y necio anor propio, me
juzga entregada á estos cálculos peque
ños y despreciables, cuando mi corazon
está partido por los dolores de Fernanda
y de él, y cuando daria mi sangre para
curarles separándoles, ó enviándoles á
vivir felices á algun mundo en el cual
nunca hubieras tú puesto el pie, y don
de su dicha no atentara á tu existencia.
Pobre Octavio! su mayor desgracia es
que comprendiendo por la inteligencia
lo que es grandeza, tiene demasiado frio
el corazon, ó muy débil el carácter, para
llegará ella. Se engaña creyendo que
CARTA XII, 53

Fermanda es suigual: lejos de esto, le es


ella muy superior; quiera Dios que pue
da olvidarlo, pues el amor de Octavio tal
vez solo la haria desgraciada. En fin ha
partido jurándome que iba á Suiza.
Aguardemos el destino, y cualquiera que
pueda ser consagrémonos á aquellos
que no tienen la fuerza de sacrificarse.

CARTA XHI.

DE OCTAVIO A FERNANDA.

VuesTRo marido está en el Delfinado, y


y o en Tours ; vos me amais y yo os amo,
he aquí todo cuanto sé. Hallaré medio
para que nos veamos y hablemos, no lo
dudeis; así no trateis de huirme , pues
os seguiria hasta al fin del mundo. No
temais que os comprometa, serépruden
54 JACOBO.

te; pero no me reduzcais á la desespera


cion y no desbarateis con una inútil y
loca resistencia los medios de que me
valdré para llegará vos sin que nadie lo
presuma. ¿Qué temeis de mí? Qué peli
gros pueden acobardaros? Creeis que
quisiera una dicha que os costara lágri
mas? me estimais tan poco para pensar
os exigiré sacrificios? Solo quiero veros,
deciros que os amo y decidiros á que re
greseis á San Leon ; allí volverémos á to
mar nuestra antigua vida, vos quedaréis
tan pura cual lo sois, y yo tan desgra
ciado como querais. Todo puedo aceptar
ó prometer con tal que no se me separe
de vos; solo esto es imposible.
He dadoyo la vuelta á la casa yjardi
mes de Cerisy, he ganado al jardinero,
y amansado los perros. Esta noche he
pasado por bajo de vuestras ventanas,
eran las dos de la madrugada y habia
luz en vuestro cuarto ; mañana os escri
biré de que modo podemos vernos sin el
CARTA XII, 55

menor peligro. Sé que estais enferma, y


á repetir la espresion de los que hablan
de vos, os mata un secreto pesar. ¿Podeis
creer que os abandone cuando vuestro
marido os deja para ir á ligar su heno ,
y áfilosofar con Silvia, todo contando
sus mercancías y dinero? Pobre Fernan
da! vuestro marido es una mala copia de
Mr. Wolmar; sin embargo, Silvia no se
pica de imitar el desinterés y delicadeza
de Clara: solo es una coqueta fria y muy
elocuente, nada mas. Cesad de poner
sobre todo á estos dos seres de hielo,
cesad de sacrificarles vuestra felicidad y
la mia, arrojaos á los brazos de quien
os ana, refugiaos en el corazon que os
ha comprendido. Imponedme cuantos
sacrificios querais y pero dejadme llorar
una sola vez á vuestros pies, deciros cuan
to os amo, y que oiga aun salir igual pa
labra de vuestros labios.
56 JACOBO.

CARTA XIII.

DE OCTAVIO A HERBERT.

HACE mas de un mes que estoy en


Tours, contando los dias lo mas pacien
temente que puedo, y aguardando los
raros instantes en que me es lícito verla :
esto que he perdido quince en solicitar
y obtener este favor. Imprudente ! igno
ra cuanto me inclinan á ella y aumentan
la, fuerza á mi pasion, su resistencia, es
crúpulos y lágrimas! Nada irrita mi de
seo ó me despierta de mi natural indo
lencia como los obstáculos ó desechos.
Bastante he tenido que hacer en com
batir su temor de ser descubierta y com
prometerse. Dices que no tengo empleo,
pues te aseguro que no hay profesion
mas activa y sujeta , cual la de penetrar
CARTA XIII. 57
hasta á las mujeres que la virtud y el
mundo se encargan de custodiar. He te
nido que lidiar contra madama de Luxe
nil, aquella Clemencia de quien una vez
te he hablado , el filósofo mas pedante é
insoportable de la tierra,y la mujer la
mas seca, fria, y zelosa de la felicidad
agena. La habia juzgado perfectamente
por sus cartas. He tenido ocasion de ha
cer hablar de ella á un amigo mio que
está en Tours, quien la conoce muy
bien, porque viene muy á menudo. Aho
ra sé que es lo que se llama una perso
na distinguida, uno de aquellos seres que
nipueden tener amor ni hacerse amar,y
que dan su maldicion á cuanto ama en la
tierra: pedagogos hembras, que tienen la
triste ventaja de ver claramente la des.
gracia agena, y predecirla con malicioso
placer, por consolarse de su estrañeza á
los bienes y males de los vivientes : mo.
mias que tienen sentencias escritas sobre
un pergamino en lugar de corazon, y
6o JACOBO,

Debes asombrarte de la vida que llevo.


Tambien yo, pero al fin y al cabo, este
abandono de mí mismo á la casualidad
ó al destino, esta sumision de mis accio
nes á mis pasiones, es la única cosa que
me conviene. Soy un verdadero jóven,
lo sé, á lo menos lo confieso, y solo en
tre cuantos veo no juego ningun papel,
me dejo llevar á merced de mi natura
leza, de lo que no me avergüenzo. Unos
se encubren , otros se aderezan, algunos
hay que se enyesan y quieren conver
tirse en majestuosas estatuas. Tambien
hay que atan alas de mariposa á organi
zaciones de tortuga, y en general, los
viejos se hacen jóvenes, y los jóvenes
afectan la sabiduría y gravedad de la
edad madura. Yo soy todo cuanto me
pasa por la cabeza, y nada me cuido de
los espectadores. Hace poco que oíá dos
hombres que se abrian el uno al otro.
Uno se decia bilioso y vengativo, indo
lente y apático el otro : pero cuando al
CARTA. XIII, 61

dejar la diligencia nos separamos, am


bos se habian revelado ya. El pretendido
bilioso se habia dejado provocar con la
mayor sangre fria por el apático, quien
no habia podido soportar una ligerísima
contradiccion, en un asnnto de política.
Es tan grande en los hombres la necesi
dad de afectacion , que se alaban de de
fectos de que carecen, mejor que de cua
lidades que pueden tener.
Lo que es yo, corro hácia el iman que
me atrae sin volver los ojos á derecha ni
á izquierda para saber lo que se dice de
mi conducta. Algunas veces me miro al
espejo , y me rio de mí mismo pero
nada vario á mi manera de ser, pues esto
me daria mucho trabajo. Con semaejante
carácter, aguardo sin mucha desespera
cion ó tedio lo que el destino va á ha
cer de mí; mis instantes los ocupo lo mas
apaciblemente del mundo: el pensamien
to de mi amor basta para calentarme
la cabeza , y entretener mi esperanza.
62 JACOBO,

Encerrado en mi pequeño cuartito de


meson, bastante fresco y sombrío, em
pleo en dibujar ó leer novelas, ya sabes
que soy loco por ellas, las horas mas ca
lurosas del dia. Casi nadie me conoce en
esta, solamente dos ó tres jóvenes de Pa
ris, que ninguna relacion tienen con los
Borel. Por otra parte , como estos igno
ran mi nombre y no conocen mi figura,
en nada puede comprometer á Fernanda
mi permanencia aquí. Jacobo la escribe
siempre que vendrá á buscarla la semana
próxima pero es claro como el dia que
no piensa, ó que está mas ocupado con
los cuidados del embargo que de su mu
jer. Es cierto que solo está en ella el pe
dir caballos de posta, montar en un car
ruaje con Rosita, é ir á reunirse con él;
cosa á que trato yo de decidirla, porque
partiria para mi ermita, y llegaria á
pocos dias de diferencia diciendo á Ja
cobo y á Silvia que he estado dando una
vuelta por la Suiza. O bien nada presu
CARTA XIII. 63

men , ó mada quieren ver esta última


opinion es á la que mejor me abandono;
ella apacigua un resto de remordimiento
que me viene á la imaginacion , cuando
Fernanda con sus grandes ojos húmedos
de amor, y sus palabras de sacrificio y
virtud, me abisma en las incertidumbres
del deseo y timidez. ¿Yo tímido? sin em
bargo es cierto. Escalaria los muros de
Babel, despreciaria todos los guardas de
la belleza, eunucos,perros, guarda-bos
ques; y una sola palabra de la mujer que
amo me hace caer de rodillas. Feliz
mente las súplicas de un amante son
mas imperiosas que las amenazas de toda
la tierra, y aun que los terrores de la
conciencia. Esta tarde veré á Fernanda ,
algunas veces viene con nadama Euge
nia al baile de los oficiales de la guarni
cion, y allí la hago bailar sin aparentar
conocerla mas que como á fisonomía de
baile, hallando ocasion de decirla tam
bien algunas palabras. Madama Borel
64 JACOBO.

tiene aquí un grande. viejo, y desierto


caseron, una especie de apeadero, cuyos
postigos y puertas solo se abren una vez
á la semana; deberá ser fácil penetrar en
él, y dar citas á Fernanda. No quiere ya
que vaya á rodar por el parque de Cerisy,
y si bien me gusta mucho el amor á la
española, no es, la poltrona , de igual
opinion.

CARTA XIV.

1DE MIR., BOREL A. JACOBO.

Mi antiguo camarada :
Tu hija se está muriendo ; pero tam
bien tu mujer se pierde ; tú no puedes
impedir lo uno , y debes oponerte á lo
otro; así pues deja tus hijos á alguna per
sona de confianza, y ven á buscar á ma
dama Fernanda. Ya me hubiera encar
CARA, XIV, 65

gado de acompañártela, si me hubieses


trasmitido el derecho de mandarla; pero
como á tu partida solo obtuve de tí estas
palabras : «Amigo mio, á ti confio mi
esposa» no sé lo que entendias con esto
tú que eres filósofo,y cuyas ideas tanto
difieren de las nuestras. Yo soyun mili
tar antiguo , y solo sé el código del regi
miento : ahora pues, mira como pasaba
esto en mi tiempo, y cual se pasa aun en
mi interior. Cuando un amigo, un her.
mano de armas, me recomienda su mu
jer ó su querida , su hermana ó su hija,
me juzgo investido de los derechos, ó ha
blando mas adecuadamente , de los de
beres siguientes : 1.° Abofetear ó dar de
palos á cualquier impertinente que se
dirija á ella con la evidente intencion
de atacar el honor de mi amigo, salvo
el dar satisfaccion de mi procedimiento
al abofeteado ó apaleado , si tal es su
gusto. Este primer punto puedes contar
será ejecutado fielmente, si el ladron de
TOMO III, 5
66 JACOBO,

tu honor cae en mis manos ; pero hasta


ahora es tan incogible cual la llama ó el
aire. 2.° Cuando la mujer de mi amigo
es reincidente, ó sorda á los buenos con
sejos que trato de darla , ante todo me
creo obligado á advertirlo á mi amigo,
á fin de que por sí mismo arregle su con
ducta , pues carezco de derecho de cor
regirla como lo haria con la mia en
igualdad de circunstancias. He aquí con
lo que cumplo, mi querido Jacobo
pero si bien con mucho pesar y repug
nancia, cual puedes pensarlo , es al fin
como conviene. No es poca responsabili
dad la de guardar intacta la virtud de
una mujer jóven y bonita cual la tuya.
He hecho lo que he podido , pero no
puedo impedir que se burlen de mí; pues
bajo este aspecto sabe mas una mujer
que un hombre. Callarme seria tolerar,
alentar el mal, y prestar mi casa para un
comercio, del cual mi mujer y yo pare
ceríamos cómplices. Asípues,te trasmito
CARTA XIV, 67
los hechos tal cual son en sí; tú harás lo
que estimes conveniente.
Hace quince dias, ó á decir mejor
quince noches, que á las dos de la ma
drugada oí que alguno pasaba y repasa
ba por bajo misventanas. Migrande le
brel, que siempre duerme á los pies de
mi cama, se arrojó ladrando hácia la
ventana entreabierta: y con harta sor
presa mia, fué el único perro de casa
que tomó á mal la cosa. Todos los de
mas, si bien acostumbrados á cumplir su
deber, callaban absolutamente ; así es
que pensé seria alguno de casa. Llamé,
dí repetidas veces el quien vive, nadie
respondió ; cogí un baston de estoque,
salí; pero tampoco víá persona alguna; y
madama Fernanda, que estaba en su ven
tana, me aseguró que nada habia visto ú
oido. Esto me pareció muy singular é
inverosímil , mas nada demostré, y es
tuve en guardia las noches subsiguientes.
Dos despues, percibí muy distintamente
(38 JACOBO,

los mismos pasos, mi lebrel metió igual


tabaola ; pero le apacigué, y bajé al jar
din sin hacer ningun ruido. Ví entonces
huir un hombre por un lado, y una mu
jer por otro. que era la tuya ni mas ni
menos. En aquel instante no me mostré
á ella ; pero el dia siguiente al almorzar
traté de hacerla saber que habia obser
vado alguna cosa, mas nada quiso com
prender; sin embargo el galan no volvió
mas. Por de pronto habia tenido inten
cion de tener una esplicacion formal con
tu mujer; pero la mia me lo impidió,
ella se habia ya encargado de hacerlo, y
por no afligirá Fernanda, como las mu
jeres conocen mejor las leves atenciones
que deben usarse entre ellas, la dijo que
solo ella habia descubierto la intriga;
madama Fernanda respondió con abun
dancia de lágrimas y ataques de nervios,
que habia efectivamente inspirado una
violenta pasion á un loco jóven, por el
cual solo sentia amistad, y que por com
CARTA XIV. 69
pasion le habia escuchado en el momen
to de alejarle para siempre de ella. Te
repito las palabras que mi mujer, que
en su género tampoco deja de ser nove
lesca , ha usado contándone el hecho.
Pensarás lo que te plazca de esta preten
dida amistad; por lo que respecta á mí,
no creo una sola palabra: pero como
Fernanda juraba á Eugenia que el caba
llerito habia marchado á América cuando
menos, como nada ocurria muchos dias
ha , de corazon renunciéá la desagrada
ble tarea que hoy me ocupa.
El negocio estaba así, cuando el coro
nel de la Guardia Real nos convidó á sus
bailes. No estimo á estos pisaverdes del
nuevo ejército, que llevan arrebol en
vez de cicatrices, y órdenes estranjeras
en lugar de nuestra antigua cruz; pero
al fin, aparte esto, el Coronel es hombre
muy amable. Algunos de estos señores
son militares antiguos, á quienes la nece
sidad de tener un estado ha obligado
7o JACOBO,

á volver casaca: á sus cenas se bebe


buen vino,y se juega gordo; mi mujer
es apasionadísima á la danza, y ya sabes
que yo no soy un santo, así es que des
pues de haber regañado un poco, con
sentí en ponerla en su calesa , tomar las
riendas, y conducirla á Tours con ma
dama Fernanda, que se decia en mejor
estado, y la señorita Clemencia, esta
impertinente que no estimo, y que gra
cias á Dios se despidió de nosotros lle
gando á la ciudad. Tu mujer para ir al
baile se puso bella como un ángel y ver
daderamente no se hubiera dicho al ver
la que estuviese tan mala como preten
de. Yo me fuí con los que no bailan,y
dejé á estas damas con los que no han
tenido los pies helados en Rusia ; sola
mente encomendé á Eugenia vigilara de
cerca á su compañera, y que me avisase
desde luego si bailaba muy á menudo, ó
hablase mucho con alguno. Yo mismo
volví tres ó cuatro veces á dar una ojea
CARTA XIV, 71

da á su comportamiento ; pero todo


pasó muy bien en apariencia, y á menos
que mi mujer no esté de acuerdo con la
tuya , cosa de que la creo incapaz, es
preciso que el caballero sea muydiestro,
y menos insensato de lo que Fernanda lo
habia pintado. Preciso es tambien que
estuviese esta muy de acuerdo con él
para no hacérmelo conocer : pues me es
imposible imaginar cual de los que la
han hecho danzar en los distintos bai
les ha tomado con ella las medidas que
han sabido ejecutar tan bien. Prosigo m
cuento.

Cuando el dia siguiente al último baile


hubimos regresado áCerisy, nos dijo que
habia olvidado una compra, y que para
hacer el camino se divertiria en montar
á caballo un dia de estos. La respondi
que el dia y hora que eligiese estaria
pronto á acompañarla con mi mujer ó
sin ella, si estuviese esta ocupada , y la
propuse el dia siguiente ó el otro poste
72 JACOBO.

rior. Contestóme que esto dependeria del


estado de su salud, y que me advertiria
la primera mañana que se sintiese bien.
La mañana siguiente, no viéndola bajar
al salon á medio dia, temí que estuviese
mas mala que de ordinario, y envié á
preguntar por ella; pero su camarera
nos respondió que á las seis de la maña
na habia salido á caballo , acompañada
de un criado. Esto me asombró un poco,
y fuí á la cuadra á hacerindagaciones.
Sabia que la yegua de Eugenia,y el ca
ballito que monta generalmente Fernan
da, estaban á dos leguas de aquí, en casa
del mariscal herrador; Fernanda habia
pues estado obligada á montar mi caba
llo, que es demasiadovigoroso para una
mujer tan poltrona como ella, lo que me
pareció descubrir un singular empeño
en irá Tours, y me sumió en una doble
inquietud. Temia que se rompiera el pes
cuezo, y á fe mia, que hubiera sido cosa
bien diferente que lo demas. Fuíá espe
CARTA XIV. 3
rarla á la verja del parque, y pronto la
ví llegarágalope tendido, cubierta de
polvo y sudor. Quedó muy desconcer
tada al verme, esperaba sin duda entrar
y despojarse sin ser vista de sus orna
mentos de marcha forzada ; pero volvió
á alentarse y me dijo oon bastante sere.
nidad: «¿No hallais que soy bien matinal
y aminosa?–Sí, la respondí, os felici
to de haberos cambiado de este modo
desde la partida de Jacobo.—¿Veis, aña
dió fingiendo no comprenderme, veis
que bien guio vuestro caballo? Hoy me
siento perfectamente bien, me he levan
tado con el dia, y viendo un tiempo tan
hermoso , no he podido resistir al capri
cho de hacer esta espedicion. — Está
muy bien por parte vuestra, dije yo
¿pero os deja Jacobo tambien correr los
campos toda sola y de este modo ?-Ja
cobo me deja hacer todo lo que quiero,
respondió con tono seco , y escapó al
galope sin añadir una palabra mas. Tra
76 JACOBO,

tiempo se le ve en el meson de la Bola


de oro. Cuando Fernanda volvió ayer á
la cita, se aguardó á que el compadre se
hubiese introducido por su lado, y sin
que este lo notara se le cerró la retirada;
despues montaron una guardia al rede
dor de la casa, dejando salirá Fernanda
sin espantarla con ninguna demostracion
hostil; estos señoritos son todos de bue
na familia y gente demasiado bien cria
da para dirigir la palabra á una dama en
ocasion semejante ; no hubiéramos sido
tan atentos en mi tiempo, pero otro tiem
po otras costumbres. Felizmente para tu
mujer, estos señores solo querian tenér
selas con el feliz rival que era preferido
á ellos, y la dejaron montará caballo en
el patio, despues que hubo tomado la
llave del piso bajo, que habia pedido á
mi mujer bajo pretexto de descansar un
rato en el salon, mientras que se embri
daba su caballo para regresar; metió esta
llave en su bolsa, no sin haber barreado
CARTA XI7. 77

bien á su amante, para que no fuese mo


lestado por ningun curioso en su fuga, y
el criado que la acompañaba que estaba
ó uo en el secreto, se llevó igualmente
la llave del patio. Fernanda marchó por
entre una hilera de espectadores, que
fingieron hablar de sus negocios todo fu
mando; pero que inmediatamente se di
rigieron á emboscarse á la ventana del
granero, por donde el amante habia en
trado desde una casa vecina. Contempla
ron con sumo placer los inútiles esfuer
zos que hizo para salir le tuvieron largo
rato prisionero, y querian, segun decian,
obligarle á parlamentar respondiendo á
ciertas cuestiones, mediante las cuales
se le hubiera puesto en libertad; pero
permaneció mudo á todas las chanzas y
llamamientos, y se estuvo todo el dia
quieto como un muerto. Los tunos de si
tiadores decidieron entonces que se le
tomaria por hambre, y que se montaria
una guardia toda la noche colocáronse
78 JACOBO,

centinelas al rededor de la casa, releván.


dolas de hora en hora como puestos mi
litares. Pero desesperado el cautivo, hizo
una salida, en la que no se pensaba, y
se evadió por los tejados de una manera,
que se consideró milagrosa, atrevida y
feliz. Wiósele pasar por los aires como
una sombra, sin que pudiera alcanzárse
le, y esta mañana ha salido de la ciudad
sin que nadie sepa el rumbo que ha to
mado. Tu antiguo camarada Lorrain,
que hoy es gefe de escuadron de los ca
za dores de la guardia real, ha venido á
comer con nosotros, y como no te quie
re mucho, me ha contado el caso con
sumo placer de su parte. Luego que se
ha ido he subido al cuarto de tu mujer,
quien habiéndose dado todo el dia por
enferma no habia salido de él, y allí he
hecho una escena de todos los demonios,
por la que se ha encolerizado como un
diablillo. En lugar de rogarme me calla
ra » me ha provocado á que te informase
CARTA XIV, 79
de su comportamiento, declarándome
que no tenia el derecho de hablarla de
aquella manera, que era un estúpido, y
que ni de tí aguantaria los reproches que
yo la [Link] así es, haz lo que quieras,
me lavo las manos, pero mi conciencia
me ordena que te diga lo que hay,
Me ha echado de su cuarto, y en el
acto queria enviar á buscar caballos de
posta y dejar una casa en que se consi
deraba insultada y oprimida. Eugenia se
ha esforzado por sosegarla, hasta que un
violento ataque de nervios, que por esta
vez creo ha sido muy real, ha venido á
terminar la contienda; ahora está en ca
ma, y Eugenia pasará la noche cerca de
ella; yo me apresuro á escribirte, porque
temo que no le vuelvan mañana la vo
luntad y fuerzas de marchar, y yo no
puedo dejarla ir así sola con su criada,
que entre paréntesis, tiene trazas de ser
una noza muy cazurra. Haré lo posible
para persuadirla á que te aguarde; pero
8o JACOBO,

por Dios que me saques pronto de este


atolladero. No me reprendas, pues ya ves
que he obrado con los mejores deseos,
y que no soy ya responsable de lo que
suceda en adelante : ¿si se empeña en
marcharse, si quiere hacer alguna locu
ra, dejarse robar, que séyo, puedo por
nerla bajo cerrojos? No te oculto que ha
perdido la cabeza: en la indignacion que
me inspiraba su resistencia á mis amones
taciones, se me ha escapado decirla que
mejor haria en ir á cuidar á su hija que
se muere, que ocupándose en un amor
estravagante, que la hace ya la befa de
toda una provincia y de un regimiento
entero. Desde luego me he arrepentido
de haber revelado el secreto que me ha
bias confiado; pues ha caido en tales
convulsiones, que me he convencido de
la suma pena que esta noticia le ha cau
sado, y veo que aun no ha echado en
olvido el amor materno. Concluyo su
Plicándote seas indulgente con ella; co
CARTA XIV. 81

mozco tu sangre fria , y cuento con la


prudencia de tu conducta, pero añade
un poco de piedad hácia esta pobre es
traviada; es bien jóven todavía, y podrá
enmendarse y arrepentirse. Gran número
de buenas madres de familia han tenido
tambien sus dias de estravío: ella tiene
un buen corazon. á lo menos antes de su
casamiento era embelesadora, tanto que
la desconocí cuando nos la trajiste con
caprichos, convulsiones y violencias, de
que antes nunca la hubiera creido capaz.
No te oculto que me has parecido ser un
marido bien débil; ya ves lo que es estar
demasiado enamorado de su mujer. Al
gunos dicen que tienes tambien ciertas
faltas que reprocharte, y que vives en esa
en intimidad algo tierna con una espe
cie de parienta, que despues de tu casa
miento ha ido á encontrarte de no sé
donde: sé muy bien que cuando una mu
jer está en cinta ó cria, se puede escusar
si se tiene algun capricho ; pero no con
TOMO 1II. 6
82 JACOBO .
viene que esto pase bajo el techo conya
gal ; pues es una grande improdencia , y
he aquí de que manera se vengan ellas.
No te incomodes por lo qae te digo , es
el dicho de un agente donegocios , que
al oir esta mañana en el café contar la
aventura de Forpanda , ha manifestado
que merecias en algo tu suerte ; quizá
sea un embaste . Sea lo que fuere , ren ,
mas que no sea para descubrir el retiro
de tu rival y tratarlo como merece : yo te
ayudaré. Cierro mi carta ahora que es
media noche ; ta mujer acaba de dor
mirse , esto es decir que va mejor. Ma
dana ao escusaré con ella.
CARTA XV.

CARTA XV.

DR . FERNANDA A OCTAVIO .' .


Tilly junto á Tours.
Estoy en casa de mimadre : ofendida
y casi insultada por Me. Borol , he venido
á refagiapue no en el seno de una pro .
tectora y amiga, pero sí bajo el techo de
una persona que por duras que poodan
ser sus lecciones, no serán usurpaciones
de poder: puedo eni fra oir de su boca
palabras que me indignaban en la de
aquel grosero y brutal soldado. Mañana
patto para San Leon , mi madre me
acompaña. Sube nuestra miserablo aven .
tura ; ¿ quién la ignora ? pero ha sido
coupigo menos crucl de lo que espera
ba. Echa toda la colpa á mimarido , ya
84 JACOBO.

pesar de cuanto la digo, se obstina en


creer que Silvia es su querida, y que me
abandona por vivir con ella. No sé quien
ha esparcidopor el país esta infame men
tira; lo cierto es que todo el mundo la
acoge con el zelo que se pone en creer el
mal. ¡¡No era bastante que con mi loca
conducta le pusiera en ridículo, quetam
poco pueda impedir se le calumnie! Su
bondad, su confianza para conmigo, han
de ser atribuidos á tan odiosas razones !
Estoy cierta que Rosita nos hace traicion
y que vende nuestros secretos: acabo de
encontrarla que salia de casa de mi ma
dre, y se ha turbado mucho al verme :
un instante despues ha venido mi madre
á hablarme de mi familia, de mi impru
dente amor, y he visto que estaba infor
mada de los menores detalles de nuestra
historia; ¡pero de qué modo l. Los he
chos, pasando por boca de esta criada,
estaban manchados y desnaturalizados
cual podeis pensarlo nuestras primeras
CARTA XV, 85
citas en el olmo, entonces cuando creia
entregarme á un amor puro y tan poco
peligroso, han sido presentadas como
una descarada intriga; el acogimiento
que entonces os hizo Jacobo ha sido tra
tado de infame complacencia,y nuestra
doble amistad, tan largo tiempo apaci
ble, y siempre tan pura, se ha condena
do sin apelacion como un doble comer
cio de galantería. ¿Qué puedo responder
á semejantes acusaciones? Carezco de
fuerzas con que contender contra un tan
deplorable destino; y asi me dejo opri
mir, humillar, envilecer. Pienso en mi
hija que se está muriendo, y que tal vez
hallaré muerta de aquí á tres dias. Pare
ce que el cielo está airado contra mí:
¿acaso habré cometido un crímen tan
grande amándoos?Vuestra carta me cau
sa todo el bien que me es dable sentir
¿pero quépodeis repararya? Sé que por
mis males padeceis tanto como yo, sé
que dariais vuestra vida por preservarme
88 JACOBO.

CARTA XVI.

DE OCTAVIO A PERINTANIDA.

¿Te he perdido, estás desesperada , y


crees que te abandone? Piensas tú que
haga caso de los peligros á que mi vida
puede estar espuesta, cuando por culpa
mia está la tuya comprometida, deso
lada? Me tomas por un hombre tan co
barde ó bajo? Ah! bastante es que sea
un loco, á quien Dios maldice, y al cual
la fatalidad falla todas las esperanzas, y
desbarata todas las empresas. No impor
ta; no es este momento de quejas ó de
saliento, piensa que ahora ya no puedo
comprometerte mas; el mal está hecho,
nada me consolará de ello, y mi corazon
sangrará eternamente por mi falta. Pero
si lo pasado no admite reparacion, á lo
CARTA XVI, 89
menos el porvenir nos pertenece, y no
puedo soportarla idea que deba serpara
tí un implacable y eterno castigo. ¡Po
bre, desgraciada! No quiere Dios que te
resignes á penar toda tu vida por una falta
que no has cometido; si quiere castigar,
es por mí por quien debe comenzar pe
ro Dios es indulgente, y proteje á los
que el mundo abandona. El te preserva
rá; el modo solo él lo sabe, pero á lo
menos te volverá tu hija. El miserable
Borel habrá exagerado su mal por ven
garse del justo orgullo con que rechaza
bas sus insolentes reprensiones; cuando
me marché de San Leon estaba algo in
dispuesta; pero su constitucion anuncia
ba una fuerza capaz de resistirá las ine
vitables dolencias de la infancia. Tú la
ballarás sana, ó lo menos curará dur
miéndose sobre tu regazo. De tu partida
ha provenido el mal, tanto para ella co
mo para nosotros. Eramos una famila fe
liz, creyéndonos, unos á otros, y una
9o "ACOBO.

misma vida parecia animarnos tú has


querido romper esta armonía que el cie
lo ordenaba; pues él era quien te traialá
mis brazos; Jacobo lo hubiera ignorado
ó tolerado quizá, y Silvia nunca hubiera
osado resentirse. Ahora ha bablado el
mundo, y ha echado su asquerosa maldi.
cibn á nuestros amores, que precisa la
varlos con sangre. Déjame hacer hasta
la última gota de la mia le será ofrecida
á Jacobo; seria el mas vil de los hom
bres si obrara de otra suerte. Si debe
calmarse aceptando ni vida, y volverte
la felicidad, moriré consolado y purifi
cado de crímen, pero si te maltrata, si
te amenaza, si te humilla solamente,
¡ desgraciado Yo que te he arrojado al
precipicio sabré sacarte de éla ¿crees que
me cuido del mundo? En otro tiempo
creia que era un dueño justo mas severo,
pero rompí con él desde el dia en que me
prohibió que te amara, y ahora despre
cio ya sus anatemas cogida en mis bra
CARTA, XVI. 9l

zos te llevaré al fin del mundo, me lle


varé tambien á tus hijos, á lo menos la
niña vendrá contigo, y vivirémos en el
fondo de algun desierto, al cual no nbs
llegarán los insensatos clamores de la so
ciedad. No tengo al igual de Jacobo una
gran fortuna que ofrecerte, pero te per
tenecerá cuanto poseo, y me vestiré hu
mildemente , trabajando por que haya
un vestido de seda para tu hija, y por
que tú solo tengas que hacer jugar con
ella. La suerte que te ofrezco será menos
brillante que la que gozas; pero te pro
bará mas cariño y amor que todos los
dones de tu esposo, Anima pues tu valor,
y apresúrate á ir á San Leon. Si no te
miese aumentar la cólera de tu esposo,
yo mismo iria esta tarde á buscarte con
una silla de posta, y te acompañaria
basta á él : pero creeria tal vez en el pri
mer momento que iba á insultarle, y no
cs tal mi intencion. Voyá ofrecerme á él,
a darle la reparacion que quiera ; con ra
92 JACOBO.

zon me despreciaria si huyera en seme


jante ocasion. Esta mañana he entrado
en el jardincito de tu madre, y la he
visto en gran conciliábulo con Rosita;
despide á esta moza tan pronto como pue
das. Tambien te he visto á tí: ¡pero en
qué estado de palidez y abatimiento! He
sentido todos los tormentos de la deses
peracion y remordimiento. Iba vestido
de aldeano, y yo soy quien ha vendido
á tu criado las flores en que has debido
hallar mi primer billete. Yo mismo lleva
ré este esta tarde , en el instante de tu sa
lida, y haré el viaje dos pasos detrás de
tí. Animo Fernanda, te amo con todas
las fuerzas de mi alma , y cuanto mas
desgraciados seamos, mas y nas te ama
ré aun.
CARTA XVII, 9ó

CARTA XVII.

" " DE oCTAvIO A HERBERT.

Muchas cosas tengo que eontarte. El 15


por la tarde he partido nuevamente para
el Delfinado con Fernanda y madama de
Theursan su madre, quien estaba bien
agena de pensar que uno de los dos pos
tillones que la conducian, era ni mas ni
menos que el amante á quien se lisonjea
ba de arrebatar su hija. Esta madama
Theursan, que por lo demas es una mala
mujer, es muy prudente, y amiga de to
mar medidas sabias y discretas : habia el
mismo dia despedido á Rosita, hacién
dola marchar á Paris con una suma bas
tante crecida, y una carta de recomen
dacion para una persona que debe colo
carla ventajosamente. En un meson in
g4 JACOBO,

mediato he hallado á la criaduela que


tomaba la diligencia ; y si bien tenia in
tenciones de pegarla, he pensado que
por interés de Fernanda debia hacer lo
contrario: así es que he doblado el pre
sente de madama Theursan, y la he vis
to partir para Paris. A lo menos allí se
perderá la malignidad de su lengua en
el gran torbellino de voces que ciernen
sobre el abismo en que todo se absorbe
confusamente, faltas y vituperio. En el
momento de la partida de Fernanda he
visto con placer como madama Borella
ha dado pruebas y demostraciones de
amistad que deben haber producido al
gun consuelo en su destrozado corazon.
A la aproximacion del primer relevo,
despues de habernos dirigido con Fer
manda una mirada, y dado un apreton
de mano por la portezuela, he dejado
mi disfraz, corriendo toda la noche la
posta á todo galope detrás de su carrua
jºs a cada muda me acercaba á ella, y
CARA, XVII, 95
al misterioso resplandor de alguna lin
terna, veia un poco de placer y esperan
za en sus ojos. De dia, mientras que ella
almorzaba en una venta , he alquilado
una silla de posta, prosiguiendo en ella
mi viaje. Envíame pronto dinero, pues
situviese que hacer alguna nueva espedi
cion no sabria como salir del paso.
Madama Theursan, habia sin duda ob.
servado mi fisonomía por el camino; pe
ro como nunca me habia visto, y tenia
todas las trazas de un viajero de comer
cio, indiferentísimo á ella y á su hija,
no habrá podido adivinar mi designio.
Me he detenido en el camino á la entrada
del valle de San Leon, y las he dejado
entrar en la llanura; entonces he enviado
mi equipaje al presbiterio, diciendo al
postillon fuese despacio, y en media ho.
ra, por el sendero de las colinas, á bos
que través he llegado al castillo, entran
do sin verá nadie,y me he sentado en
el salou, detrás del biombo á donde de
96 JACOBO.

dia se pone áveces á los niños. Habia


una cuna vacía, una sola : mi corazon se
habia estremecido, pues he adivinado que
la niña ha muerto, y he derramado amar
gas lágrimas, pensando en el aumento
de dolor que esperaba á mi desgraciada
Fernanda.

Hacia un cuarto de hora que estaba


allí, absorto y casi agobiado por esta
combinacion de implacables infortunios,
cuando lne oido andar á muchas perso
nas: era Jacobo. con Fernanda y su ma
dre que acababan de llegar. «¿Dónde
está mi hija? preguntaba Fernanda á su
esposo, haz traer á mi hija; y el acento
de su voz era despedazador.» La de Jaco
bo tuvo algo de estrañamente cruel, res
pondiendo por esta cuestion dónde está
Octavio?. Levantéme de improviso, y
me presenté diciendo con tono resuelto :
aquí estoy. Permaneció inmóvil algunos
instantes, y miró á madama Theursan,
cuyo rostro manifestaba toda la sorpresa
CARTA XVII. 97

que puedes bien imaginar. Jacobo en


tonces me alargó la mano diciendo : esta
muy bien, y esta fué la primera y única
esplicacion que haya habido entre los
dos.
Fernanda estaba incierta entre la in
quietud de saber lo que era de su hija, y
la de ver la conducta de Jacobo para
conmigo : pálida y trémula, cayó sobre
una silla diciendo con voz ahogada: «Ja
cobo, dime que mi hija ha muerto, y
que has recibido una carta de Mr. Bo
rel.». Ninguna he recibido, respondió Ja.
cobo, y tu llegada es para mí una ines
perada dicha. Dió esta respuesta con
tanta calma, que Fernanda debió de en
gañarse; aun yo mismo hubiera sido co
gido á no saber por Rosita que estaba al
eorriente de todos los secretos de Cerisy,
que Mr. Borel ha escrito, y todo lo ha
contado. Fernanda se levantó vivamente
brillando una vislumbre de placer en su
rostro, pero volvió á caer sobre su silla,
TOMIO I1I, 7
g8 JACOBO.

diciendo : « ¡Mi hija ha muerto, á lo me


nos!–Veo, contestó Jacobo, acercándo
se á ella con afecto, que Borel habrá co
metido la imprudencia de decirte los
motivos que me detenian lejos de tí; es
una triste justificacion que debo ofrecer
te, mi pobre Fernanda; pero tú la acep
tarás, y ambos llorarémos juntos. En
aquel instante entró Sylvia con el hijo de
Fernanda en los brazos, y corrió á po
nerlo en los de la desgraciada, todo cu
briéndole de lágrimas y besos. «Solo l
esclamó Fernanda abrazando á su hijo,
y quedó desmayada.
—Caballero, dijo entonces madama
de Theursan cogiendo el brazo de Jaco
bo, dejad á mi hija confiada á los auxi
lios de dospersonas que con harta sor
presa veo aquí, y concededme ahora
mismo un instante de audiencia en otra
pieza.—No, señora, respondió Jacobo
con tono seco y altanero, dejadme so
correr por mí mismo á mi mujer, y lue
CARTA. KVII. 99

go diréis cuanto querais delante de las


dos personas que aquí están. Anímate
Fernanda, dijo dirigiéndose á su mujer
que comenzaba á volver algo en sí; esto
es cuanto exijo de tí en recompensa de
la inalterable ternura que te profeso.
Cúidate, consérvate para este hijo que
nos queda: ¡mira cual te sonrie nuestro
pobre único hijo! Debes aun apegarte á
la vida, pues estás rodeada todavía de
séres que te estiman. Ahí está Silvia, que
solo espera un esfuerzo de tu amistad
para calmarte con sus caricias; á tus pies
estoy yo para conjurarte resistas á tu do.
lor... y... he aquí tambien á Octavio.»
Pronunció estas últimas palabras con un
visible esfuerzo. Fernanda, ocupada solo
de su dolor, se echó entonces á sus bra
zos; él tenia dos gordas lágrimas en el
rostro, y me miró con una singular mez
cla de reproche y de perdon. ¡Estraño
hombre! deseo tuve un instante de arro
jarme á sus pies.
IQO JACOBO,

Pasamos casi una hora llorando. Jaco


bo se mostraba tan bueno y atento con
su mujer, que á lo menos se tranquilizó
acerca uno de los dos infortunios que te
miera: pensó que aun nada sabia, y se
alentó hasta el estremo de alargarme la
mano; al último, despues de haber mul.
tiplicado las demostraciones de su afec
to á su hijo, á su esposo, y á Silvia: «Ya
ves, la dije en voz baja, un instante en
que me hallé cerca de ella, ya ves que no
todos los golpes hieren á un mismo tiem
po, y que aun estoy yo á tus pies. Dí
con los ojos de madama de Theursan, que
me observaba con aire de indignacion;
Jacobo y Silvia entraron entonces, y ha
biendo obtenido de Fernanda que toma
ra algun alimento, la acompañamos á la
mesa. El almuerzo fué triste y silencio
so, pero parecia que nuestros cuidados
traian á Fernanda poco á poco á la vida.
Ninguno hablaba á madama de Themir
san, que parecia muy insensible alin
CARTA XVII, IO1

fortunio de su hija,y que solo estaba


ocupada en mirar alternativamente á Sil
via y á mi, agradeciéndonos con una
afectada é irónica urbanidad los ramos
obsequios que la tributábamos; lo que
es Jacobo, por su parte, afectaba no ha
cerle ninguno. Cuando volvimos á en
trar al salon, dirigiéndose madama de
Theursan á Jacobo, con tono insolente
le dijo: «¿Con qué, pues, rehusais dar
me una esplicacion particular? Absoluta
mente , señora , respondió Jac bo.—
Fernanda! dijo entonces, ya veis cual se
trata á vuestra madre en vues tra casa :
he venido aquípara defenderos y prote
jeros, mi intento era reconciliaros en lo
posible con vuestro marido, y emplear la
razon y cortesía para inducirle á que ab
jurara sus yerros, perdonando los vues
tros; pero se me insulta antes que haya
dicho una sola palabra en favor vuestro :
á vos toca decir ahora como quereis que
obre en losucesivo.-Os suplico, mamá.
e",
A"
f%
-
'i,
"º"
1O2 JACOBO,

contestó Fernanda turbada y llena de es


panto, que dejeis para otra ocasion cual
quiera esplicacion sea con quien quiera.
—¿Qué, Fernanda, dijo Jacobo, pien
sas que tendrémos nunca necesidad de
intermediario para esplicarnos? Acaso
has rogado á tu madre para que viniese á
protejerte, y en tu defensa contra mí?
—¡No, no, jamás ! esclamó Fernanda
ocultando su cabeza en el seno de Ja
cobo, no lo creas, todo esto sucede á
pesar mio; no oigas, no contestes... Ma
dre mia, tened lástima de mí, callad. —
Seria una bajeza callar, replicó madama
de Theursan, si lo que tuviese que decir
pudiera servir de algo, pero veo que se
ria tomarse inútilmente una molestia. Si
todo el mundo está contento aquí, no
tengo mas que retirarme; pero pensad,
Fernanda, que nos vemos por la última
vez: la vergonzosa vida á que pensaba sus
traeros y en la cual quereis sumiros toda
vía mas interrumpe para lo sucesivo toda
CARTA XVII, no3

relacion entre nosotras. A los ojos del


mundo pareceria aprobaba el escándalo
de vuestra conducta, imitándola vergon
zosa complacencia de vuestro esposo. »
Fernanda, mas pálida que la muerte,
cayó sobre el sofá diciendo : « Dios mio,
compadecedme!» Jacobo estaba tan páli
do como ella, pero su ira se revelaba por
un ligero fruncimiento de cejas, que Fer.
nanda me ha enseñado á observar,y del
cual madama deTheursan estaba lejos de
creer la importancia. « Madama, dijo con
voz ligeramente alterada, nadie en el
mundo, á escepcion de mí, tiene dere
chos sobre mi mujer; vos habeis renun
ciado á los vuestros al casarla, os prohi
bo pues en nombre de mi autoridad y
afecto hácia ella que la dirijais repro
ches é injurias, que en el estado en que
laveis podrian serle funestas. Sabia bien
que por tener el placer de ofenderme,
no regateariais la vida de vuestra hija;
pero si es conmigo con quien las teneis,
noá JA6OBO.

hablad, tengo con que responderos: me


bastará deciros que os conozco.» Mada
na de Theursan mudó de color, pero
dominada por la cólera la especie de
miedo que parecia haberla causado esta
amenaza, se levantó, cogió por el brazo
á Fernanda, y acercándola hácia mí de
una manera brutal, casi la arrojó á mis
pies, diciendo : «Si tal es vuestra elec
cion, Fernanda, quedad en la vergüen
za, en la que vuestro esposo os ha preci
pitado; no sabria yo levantar una alma
envilecida. En cuanto á vos, señorita,
dijo áSilvia, os felicito por el papel que
representais aquí, y admiro la habilidad
con que habeis suministrado un amante
á vuestra rival, para mejor suplantarla á
su esposo : parto, ahora he llenado ya el
deber que me era impuesto, ofreciendo
á mi hija el apoyo que hubiera debido
impetrar, y que rechaza. Perdónela Dios,
pues yo la maldigo!» Fernanda arrojó
un grito de horror yo la apreté invo
CARTA XVII, noff

luntariamente contra mi corazon, y Sil


via dijo á madama de Theursan con un
glacial desden, que nada entendia de su
apóstrofe, y que ella no respondia á
enigmas. «Voy á esplicarte este, dijo Ja
cobo con amargura : la señora carece de
bienes de fortuna, sabe que he señalado
para su hija una renta que en caso de
viudedad ó separacion le asegure una
brillante existencia; ahora pues, trata de
desavenirnos, áfin de queyendo su hija
á vivir bajo su tutela, la dé á gobernar
cincuenta mil libras de renta : he aquí
todo el enigma.». Madama de Theursan
verde de furor, pero maravillosamente
desatada la lengua por la ira, colmó á
Jacobo y á Silvia de injurias; pero tan
picantes, que Jacobo perdió la pacien
cia, y frunciendo enteramente las cejas
abrió entonces su cartera, enseñando á
madama de Theursan algunas palabras
escritas sobre un papelito con una imá
gen cortada en dos partes, y con voz
1o6 JACOBO.

fuerte la preguntó : «Conoceis esto?» Hi


zo ella un movimiento de rabia para co
gerlo, respondiendo confusa que ignora
ba lo que significase; pero rechazándola
Jacobo, fué á quitar del cuello de Silvia
una especie de escapulario que siempre
lleva ; destrozó el costalillo de raso ne
gro, y sacando la otra mitad de la imá
gen, volvió á preguntar á madama de
Theursan con la misma tonante voz,
que nunca habia yo oido salir de su pe
cho: «Esto lo conoceis?» La desgracia
da mujer casi se desmayó de vergüenza :
mas despues se levantó gritando con la
desesperacion del odio: no es menos por
esto vuestra querida, pues no ignorais
que no es hermana vuestra. «¿No es tu
hermana, Jacobo?» preguntó Fernanda,
quien no comprendiendo mas que noso
tros esta escena, se habia acercado á su
madre para socorrerla. «No; es su aman
te, gritaba madama de Theursan, esfor
zándose en llevarse su hija. Huyamos de
CARTA XVII, noy

esta casa, es un lugar de prostitucion ,


partamos, Fernanda, tú no puedes per
manecer bajo el mismo techo que la
manceba de tu marido.» La pobre Fer
nanda, quebrantada por tantas emocio
nes, y como aturdida por tantas sor
presas, estaba indecisa y consternada,
mientras que su madre en una especie
de delirio la rempujaba hácia la puerta.
Jacobo la libró de aquella tortura, y
conduciéndola hácia Silvia. Si no es mi
hermana, la dijo, eslo tuya á lo menos;
abrázala y olvida á tu madre, que acaba
deperderse por culpa suya.
Madama de Theursan cayó entonces
en horribles convulsiones, se la llevó al
cuarto de su hija, y en el momento de
seguirá Fernanda, que habia ido á auxi
liar á su madre, se interpuso Silvia entre
Jacobo y yo, y cogiéndonos á cada uno
porun brazo «Jacobo, dijo, te has ade
lantado demasiado, y no debieras haber
dicho esto delante de Fernanda y de mí.
no8 JACOBO.

Siento mucho saber que es mi madre,


contaba que la que me abandonó al dar.
me á luz habia muerto ya. Felizmente,
nada habrá debido comprender Fernan
da en esta escena, y fácil será hacerla
creer que llamándome hermana suya,
hacias solamente alusion á mi amistad.
Piense lo que quiera, no conviene que
nadie de aquí la esplique estos tristes se
cretos; Octavio los guardará religiosa
mente.-Tanto mejor, dije yó, en cuan
to nada sé, ni comprendo mas que Fer
nanda.». Nos separamos,ySilvia pasó el
resto del dia en el cuarto de madama de
Theursan. Fernanda, enferma ella mis
ma, se habia visto obligada á meterse en
cana tan pronto como viera á su madre
algo sosegada ; Silvia las ha cuidado al
ternativamente con un admirable celo.
Despues de todo, esta Silvia es una
grande y noble criatura; no sé lo que ha
pasado entre ella y nadama de Theur
ºan pero cuando esta la mañana si
CARTA VII, lo 9

guiente volvió á marchar, sin embargo


que no consintió ver á nadie, se dejó
acompañar por Silvia hasta el carruaje.
Yo las vípasarpor el parque, desde un
sitio en que no podian percibirme. Mar
dama de Theursan parecia abatida, y
exhausta de fuerzas para la cólera y resen
timiento. En el momento de dejará Sil
via para llegarse al carruaje, que espera.
ba en la reja, la alargó la mano, y luego
despues de un instante de irresolucion se
echó sollozando á su brazos. Oí como
Silvia la ofrecia de acompañarla parte
del camino para cuidarla. «No, dio
madama de Theursan, vuestra vista me
causa demasiado mal; pero si en mi hora
postrera os llamo, prometedme venir á
cerrarme los ojos. — Os lo juró, respon
dióSilvia,y tambien que nunca sabrá
Fernanda vuestro secreto.—¿ K este jó.
ven, lo guardará? añadió madama de
Theursan hablando de mí.--Lo juro por
él.—Adios, dijo madama de Theursan
11O JACOBO,

perdonadme, pues soy bien desgraciada


-Tengo algo que entregaros, repuso
Silvia, son las tres líneas escritas que os
enseñó ayer Jacobo, únicas pruebas de .
mí nacimiento que existen vos podeis y
debeis aniquilarlas. He aquí tambien la
mitad de la imágen, dejadme la otra;
nada puede descubrir, y la aprecio por
causa de Jacobo.-Escelente jóven! es
clamó madama de Theursan, aceptando
con transporte el papel que Silvia la ofre
cia esta fué toda la espresion de su re
conocimiento. En aquel mal corazon,
el gozo de verse libre de un temor per
sonal aventajó al arrepentimiento y con
fusion de una conciencia culpable y par
tió precipitadamente.
Silvia permaneció largo rato inmóvil
mirándola, y cuando hubo desaparecido
tras la reja, cruzó los brazos sobre su
pecho, y oí medio espirar en sus pálidos
labios estas palabras: ¡Madre mia" «Es
Plicame este misterio, Silvia , la dije en
CARTA XVII, 111

carándome á ella, y besándola la mano


con una cierta irresistible veneracion :
¿cómo puede esta mujer ser tu madre,
cuando te juzgabas hermana de Jacobo?
Su rostro tomó una espresion de indefi
nible recogimiento, y me respondió:
«Solo hay esta mujer en el mundo que
pudiera saber de quien soy hija, y aun
ella lo ignora! es mi madre.—Así pues
ha sido amada del padre de Jacobo?–
Sí, contestó, y de otro al mismo tiempo.
-¿Pero qué habia en aquel papel?–
Cuatro ó cinco palabras de mano del pa
dre de Jacobo, que atestiguaban seryo
hija de madama de Theursan, pero de
clarando al mismo tiempo que no estan
do seguro de ser mi padre, en la duda
de ello, no habia querido encargarse de
mí. Esta imágen cuya mitad tengo yo, él
fué quien me la puso en el cuello, alen
viarme al hospicio de los huérfanos.—
¡Qué destino el tuyo, Silvia! esclamé :
bien sabia Dios porque te dotaba de tan
11 JACOBO,

gran corazon.-Nada son mis penas, res


pondió haciendo un gesto como para ale
jar una preocupacion personal, las vues
tras son las que hacen mi mal ; las de
Fernanda, las de Jacobo sobre todo.
¿Y no tienes tambien compasion de las
mias? pregunté tristemente.—A tí es á
quien mas compadezco, me contestó,
porque eres el mas débil. Sin embargo ,
una cosa hay que me reconcilia contigo,
y es tu venida aquí; esto es de un hom
bre. «Quise esplicarme con ella acerca
nuestros comunes dolores; en aquel mo
mento me sentia muy dispuesto á una
confianza y estimacion, que tal vez no
volveré hallar en mi corazon. Acababa
de verla ejecutar una noble accion . la
hubiera confiado todos mis pensamien
tos; pero ella me castigó de mis pasadas
desconfianzas, cerrándome el acceso á
su alma. «Esto toca á Jacobo, me dijo,
y yo ignoro lo que se pasa en él; tú de
ber es aguardar que tome un partido
CARTA XVII. 1 1ó

está bien seguro de que todo lo sabe ,


pero en este momento su primer y único
cuidado es tranquilizar y dar consuelo
á Fernanda. »
Se separó de mí para internarse sola
en otra alameda del parque, y yo fuí á
informarme de la salud de Fernanda: su
marido estaba en su cuarto, y leia mien
tras que ella dormitaba. ¡Qué posicion la
mia, Herbert l Obrar con esta familia al
igual de antes, cuando han ocurrido co
sas entre nosotros que deben habernos
hecho irreconciliables! ¿Comprendes el
valor que necesito para ir á llamar á
aquella puerta que viene á abrirme Jaco
bo, y cuanto debo sufrir cuando sale di
ciéndome con su impenetrable sangre
fria: Obtened de ella que tenga el valor
de vivir? Qué ocultará la imposible ge
nerosidad de este hombre ? Es por el es
fuerzo de un amor sublime que así sacri
fica todas sus penas y furor? Hay momen
tos en que lo creo, y sin embargo es
TO A1O 11I. 8
1 14 JACOBO,

cosa muy opuesta á la humanidad para


que preste sinceramente fe. Si no hubiese
dado pruebas, que tal vez nunca tendré
yo ocasion de dar, de su bravura y des
precio á la vida, podria decir que teme
batirse con migo; pero para mí que hace
un año le he visto dia por dia, que sé por
Silvia su vida entera, esta esplicacion no
puede tener sentido alguno. La opinion
que debo seguir es de que su corazon
es bueno sin ser ardiente, sus afectos
nobles sin pasion. Se ha impuesto el es
toicismo para hacer como todos los de
mas hombres, para jugar un papel; y se
ha identificado de tal modo con algun
tipo de la antigüedad, que él mismo ha
llegado a seruna especie de héroe anti
guo, á la vez ridículoy admirable para
este siglo.¿Qué le aconsejarán sus ilu
siones de grandeza? hasta dónde llegará
su estraña magnanimidad? Aguarda á
que esté su mujer restablecida para
romper con ella, ó para pedirme satis
CARTA XVII. 1 15

faccion? Parece confundido y satisfecho


al mismo tiempo de la audacia de mi
conducta, y á veces me mira con ojos
en que brilla la sed de mi sangre. ¿Medita
su venganza ó la sacrificará acaso? Estoy
aguardando , tres dias hace que estamos
del mismo modo; Fernanda ha estado
sumamente mala, y una noche no habe
mos carecido de inquietud. Jacobo y Sil
via me han permitido velara con ellos en
su cuarto ; cualquiera que sea el fondo
de sus almas, se lo agradezco del fondo
de la mia. Espero sin embargo, que
pronto estará restablecida; su juventud,
su buena constitucion, y el cuidado que
se pone en alejar de ella el pensamiento
de un nuevo pesar, creo que harán mas
todavía que los auxilios de un médico
muy bueno que, venido para socorrer á
su hija, ha quedado para ella. Adios,
amigo mio. Quema esta carta ; contie
ne un secreto que he jurado guardar;
pero al cual creo no haber hecho trai
16 JACOBO,

cion , comunicándolo á un otro yo.

CARTA XVIII.

DE JACOBO A MIR. BOREL.

Ts agradezco, mi antiguo camarada,


tanto la carta que me has dirigido, co
mo las escelentes intenciones de tu amis
tad. Sé que te hubieras batido de todo
corazon por defender de un insulto á
mi esposa , y aun para hacerme un ser
vicio. Espero que considerarás como re
cíproco este deber, y que si tienes algu
na vez ocasion de haceruna seria llamada
á la amistad, no te dirigirás á otro que
á mí. Agradece tambien de mi parte á
tu buena Eugenia los cuidados que ha
tenido para Fernanda, y ruégala que si
la escribe, no la déá entender que mun
CARA XI, n 17

ca haya yo recibido la carta en que me


informaste de lo ocurrido. Adios, mi
bravo amigo, cuenta siempre conmigo,
en vida y muerte.

XARTA XIX.

DNS JACOBO A OCTAVIO.

QUIERo evitaros el embarazo de una


esplicacion verbal, que en nosotros solo
podria ser penosa y difícil , y creo que
maspronto y con mas frialdad nos en
tenderémos por escrito. Tengo algunas
cuestiones que dirigiros, y espero que no
me negaréis el derecho de interrogaros
sobre ciertas cosas que me interesan á lo
menos tanto como á vos.

1.° ¿Creeis qué ignore lo que ocurrió


entre vos y una persona que es inútil el
nombrar?
18 JACOBO,

2.° Al volver aquí dias atrás al mismo


tiempo que ella, y presentándoos confia
do á mí, ¿cual ha sido vuestro intento?
5 º ¿Teneis para esta persona un ver
dadero interés? Os encargariais de ella
y responderiais de consagrarla vuestra
vida si la abandonaba su esposo ?
Responded á estas tres cuestiones, y
si respetais el reposo y la vida de esta
persona, guardad secreto con ella del
objeto de esta carta; de lo contrario ha
riais imposible su salud y futura feli
cidad.

CARTA XX.

IDE OCTAVIO A JACOBO.

Respondené á vuestras cuestiones con


la franqueza y confianza de un hombre
seguro de sí mismo.
1.° No ignoraba al dejar las cercanías
CARTA XX. l 19

de Tours, que estabais informado de


cuanto pasó entre ella y yo.
2.° He venido aquí para ofreceros mi
vida en reparacion del ultraje y mal que
os he hecho; si sois generoso con ella,
descubriré mi pecho y os rogaré tireis
sobre mí, ó que me hierais con la espa
da, yo con las manos vacías; pero si de
beis vengaros en ella, os disputaré mi
vida y trataré de mataros.
5° Tengo un interés tan profundo y
verdadero para ella, que si debeis aban
donarla, sea por muerte ó resentimien
to, juro consagrarla mi vida entera, y
reparar así en lo posible todo el mal que
la he causado.
Adios Jacobo. Soy desgraciado, pero
no puedo deciros lo que padezco por
causa vuestra ; si quereis vengaros de mí,
debeis desear hallarme derecho. Seria
un cobarde si os implorar a , pero tam.
bien un imprudente insultándoos: debo
aguardar y os aguardo. Decidios.
12O ACOBO,

CA RTA XXI.

DE JACOBO A HERBERT.

JAcomo ha marchado : ¿á dónde va ?


cuándo ha de volver? volverá acaso nun
ca mas?Todo es un misterio para mí;
ese hombre tiene la manía de querer ser
impenetrable. Preferiria veinte sablazos
á este desdeñoso silencio ¿sin embargo,
de qué puedo acusarle ? Hasta aquí su
conducta es sublime, pero su miseri
cordia conmigo me humilla, y me impa
cienta su lentitud en vengarse. No es vi
vir el estar de este modo, en duda de lo
presente, y en incertidumbre del porve
nir.

Te he enviado copia del billete que me


ha escrito de San Leon, y de la contes
tacion que le he dado desde el presbite
CARTA XXI, 121

rio: todo entre el almuerzo y la comida,


en que como antes nos reunimos todos
los dias; porque es bueno decirte que ha
ce algunos que Fernanda me pidió vol
viera á tomar mi antiguo modo de vivir,
yque estaba autorizada porJacobo para
hacerme esta invitacion. Era el primer
dia en que despues de su enfermedad ba
jaba al salon , y el siguiente fué cuando
por su lacayo me mandó Jacobo el men
saje. Tuve la serenidad de irá comer co
mo la víspera , y Jacobo me recibió como
las otras veces, es á decir con un apreton
de mano, y un aspecto grave. Este apre
ton de mano que no me dá cuando nos
hallamos solos, evidentemente es una de.
mostracion esterior para tranquilizar á
su mujer; la pérdida de su hija antoriza
lo bastante su silencio y reserva, que
ella puede tomar por tristeza. Unicamen
te, despues de la comida me siguió al
jardin, y me dijo : «Vuestras disposicio
nes son tales cual yo lo suponia basta.
122. JACOBO,

Sois un, amigo sin fe, pero no un homa


bre sin corazon ; solo una cosa exijo, y
es vuestra palabra de honor de que
ocultaréis, á Fernanda la esplicacion que
ha habido entre nosotros, y que en nin
gun momento de nuestra vida, mas que
esté á mil leguas de distancia, ó que ha
ya muerto, no la diréis que he sabido la
verdad, Dile ni palabra, y añadió
«¿Estais bien penetrado de la importancia
del juramento que me haceis?-Pienso
que sí, respondí.-Pensad que es laprin
mera y la principal reparacion que os
pido del mal que nos habeisbeeho,
pensad que heririais montalmente á, Fer
manda , el dia en que la hicierais saber
que la he perdonado; sin duda concebi
réis. que en ciertas circunstancias el re
conocimiento es una humillacion y un
tormento; se padece mucho cuando no
se puede agradecer sin rubor, y ya sa
beis que Fernanda es fiera.—O Jacobol
esclamé con efusion, yo sé que eres su
CARTA XX1. 25

blime con ella!-No me lo agradezcas,


dijo con voz alterada , yo no puedo serlo
contigo.». Y se alejó precipitadamente.
Ayer hallé á Fernanda triste éinquie
ta. «Jacobo va á dejarnos otra vez, me
dijo, pretende tener negocios importan
tes que le llaman á Paris; pero en la si
tuacion en que estamos todo me asusta
tal vez ha recibido al fin la funesta carta
de Borel, que una casualidad habrá de
tenido en el correo; tal vez me engaña
por un fingido dolor, que solo la comº
pasion le dicta. Tiemblo de que esté ins
truido de todo, y que tenga el proyecto
de abandonarme sin decirme nada. »
Tranquilicéla diciéndola que en semejan.
te caso habria tenido Jacobo alguna es
plicacion conmigo , y la engañé, asegu
rándola que muy lejos de esto me habia
manifestado una amistad mas viva que
nunca. Fernanda es muy fácil de enga
ñar; está tan poco habituada á razonar,
y es tan poco capaz de observacion, que
124 JACOBO,

nunca conoce á las gentes que la rodean


y no comprende su propia vida. Es una
criatura cándida y dulce, siempre gober
nada por el instinto de amar, por la ne
cesidad de creer, y demasiado piadosa
mente crédula en el afecto de otro para
ser susceptible de penetracion. Jacobo
entró y habló de un modo tan verosímil
de sus negocios, Silvia tuvo tan bien el
aire de creerlo, y fuimos tan buenos
amigos en apariencia, que por la tarde
me dijo Fernanda: «Oh! cuán heróica
confianza de parte de Jacobol vuelve á
dejarnos juntos l Pensad, Octavio , que
seriais un monstruo si abusarais, y que
desde tal momento me veria obligada á
aborreceros. » Jacobo ha marchado esta
mañana, muy tranquilo, y manifestán
dome un afecto verdaderamente estóico.
¿Pero qué piensa? debe creer que su
mujer es mi querida, y sin embargo no
lo es. Ella me ha rehusado animosamen
te, y he tenido la fuerza de someterme ,
CARTA XXI, 125

aun en ocasiones en que el temor de per


derla y la turbacion de mis pasiones
hubieran debido triunfar de todos los es
crúpulos. Tal vez si Jacobo supiese esto,
obraria de otro modo; quizá hubiera de
bido decírselo ; habria sido otro género
de heroismo el hacerle quedar diciéndo
le : «Tú mujer es pura, vuelve á tomar
la, y yo parto.» Pero está escrito que
nunca seré un héroe, esto me es imposi
ble, y tengo una insuperable antipatía á
las escenas de declamacion. Me conozco
muy bien; me hubiera marchado por la
puerta, y á los ocho dias habria entrado
por la ventana : hubiera confesado que
hace un año soy el mas simple de los se.
ductores, y me hubiera hecho criminal
despues de esta bella confesion. ¿Por otra
parte, hubiera Jacobo prestado fe á mi
palabra, sea por lo pasado , sea por el
porvenir? no puedo creerle ciego. Mo
mentos hay en que toda esta pompa de
generosidad ine impone de tal manera ,
1 26 JACOBO.

que con pueril sensibilidad me entrego á


la admiracion; luego vuelve á preponde
rar ni razon, y me digo que despues
de todo, la vida es una comedia, en la
cual no se dejan coger los que la repre
sentan; que despues de los lances y esce
mas de gran efecto, cada uno limpia su
colorete, desnuda su traje, y se va á co
mer ó á dormir. Jacobo seria cual yo lo
que cree ser, si la naturaleza le hubiese
dotado de pasiones vivas como á mí; si
amando á Fernanda como yo la amo,
renunciase entonces cual lo hace, enton
ces me inclinaria ante él; pero sé bien
que cuando se está apasionado como lo
estoy, no se es capaz de tales sacrificios.
Ama elgénero heróico,ysu apacible na
turaleza, sus pasiones resfriadas por la
edad y la habitud del razonamiento, le
secundan á maravilla póngasele por un
solo cuarto de hora mi corazon en su
pecho, y toda esta tablazon caerá de por
sí misma. No desea otra cosa que sepa
CARTA XXI. 127

rarse de su mujer; gusta de la soledad y


los viajes como otro Child-Harold, y tie
ne mas aficion á practicar la teoría del re
nunciamiento que se ha impuesto, que á
gozar de los bienes de la vida; se satisfa
ce mas su orgullo perdonándome, que no
que me hubiese matado en un duelo:
piensa en la admiracion que me infunde,
y se cree mas vengado por mi arrepenti
miento que por mi muerte. No pienses
que quiera negar lo que hay de bello en
su carácter y conducta ; le considero,
lejos de esto, capaz de la accion de Re
gulus; pero si este hubiese vivido á mi
vista, estoy seguro no hubiera dejado de
hallartambién en su vida privada mil oca
siones de duda y sonrisa. Los héroes son
unos hombres que se las dan de semi
dioses,y que en ciertas ocasiones, con
cluyen por serlo áfuerza de menospre
ciar y combatir á la humanidad. ¿Mas al
fin de qué sirve esto? Para hacerse una
posteridad de secuaces é imitadores; ¿pe
a 28 JACOBO.

ro de qué se goza puesto ya en el fondo


de la tumba?
En vano me esfuerzo en buscar en los
goces del orgullo, mi felicidad en esta
vida ; la verdad los borra con el fulgor
de su espejo, y me hallo solo é impoten
te con mi pasion y deseos en el pecho.
Ayer, cuando marchaba Jacobo, me
pasaron mil locuras por la imaginacion:
tenia deseos de dar un adios á Fernanda
éirme con él: ¡qué sé yo que mas! Pero
luego que hubo partido , y que Fer
nanda llorosa me dejó besar sus manos
lhumedecidas por las lágrimas, y poco á
poco su cuello de nieve y hermosísimos
cabellos, cuyo contacto me hacia estre
mecer de felicidad, me senté tan conten
to de quedar solo con ella, que á pesar
mio dígracias á Dios de que hubiese ins
pirado áJacobo el deseo de irse. Por mas
que hubiese atormentado mi espíritu para
denostrarme que el reconocimiento y
admiracion debieran curarme del amor,
CARTA XXI. 129

el hervor de mi sangre, y los ímpetus de


mi corazon habrian desmentido victo
riosamente esta vana afectacion y pedan
tesca virtud.
Fernanda está aun toda conmovida y
penetrada por la partida de Jacobo ; cree
en su marido como en Dios, y sentiria
tener que combatir ahora esta venera
cion. Es verdad que le juzga imbécil,
creyendo firmemente que notiene la me
nor sospecha de nuestro amor; he aquí
que cosa es el sentimiento de la admira
cion ; es como la fe en los milagros : un
trabajo de la imaginacion para exitar al
corazon y paralizar el razonamiento.
Principia á estar ya completamente
restablecida, pero su hijo se pone pálido
y enflaquece visiblemente. Ella no lo ha
reparado aun ; pero temo que pronto
tenga otro nuevo motivo de lágrimas, y
que ni uno ni otro de sus hijos haya
nacido con buena organizacion. Cuantas
desgracias puedan herirla me unirán
TOMO III, 9
15o JACOBO,

mas á ella; no soy un grande hombre,


pero la amo, y no he mentido aljurar
la consagraria mi vida entera. Silvia está
triste de un modo de que no la conside
raba capaz; disimula su tristeza delante
de Fernanda, y se porta con ella como
un ángel; pero su rostro hace traicion á
su secreto penar, y á una preocupacion
á la vez agena á su carácter grave y me
tódico. Hace algun tiempo que acerca de
ella me viene una singular idea á la
imaginacion : te la diré si toma consis.
tencia.
P. D. Acaba de recibir Fernanda una
carta de madama Borel, quien la parti
cipa que nunca se envió la carta de su
esposo á Jacobo; pues ella tomó sobre
sí el hacerla pedazos en vez de echarla en
el correo ; Jacobo habrá tambien arre
glado esto. No se puede negar que sea
este hombre ingenioso y magnífico en
la manera con que desempeña su tarea.
CABTA. XXII, n 51

CARTA XXII.

DE Acobo A sirv1A.
Paris.

¡Tu me lloras, pobre Silvia! Olvídame


cual se olvida á los muertos,pues no hay
ya remedio para mí. Estiende entre no
sotros un paño mortuorio , y procura
vivir entre los vivos. Lo que es yo he lle
nado ya mi mision, bastante he vivido,
bastante he padecido ya; puedo al fin de
jarme caer, y arrastrarme por el polvo
regado con mis lágrimas. Lloré al sepa
rarme de tí, y hace tres dias que mis
ojos no se han enjugado ;veo bien que
soy hombre perdido, pues jamás habia
sentido mi corazon quebrantado y des
hecho de tal modo, que siento cual se
a 52 JACOBO. "

derrite en mi pecho. Dios me quita las


fuerzas porque me son ya inútiles ; no
tengo que padecer mas, tampoco debo
volverá amar; así pues, mi papel entre
los hombres ha concluido ya.
Déjala creerme ciego, sordo é indo
lente ; mantenla en esta confianza, y que
nunca sospeche que muero por mano
suya ; lloraria entonces, y no quiero que
padezca mas por mí. Bastante hay con
lo pasado. Ha aprendido bien que cosa es
entrar en mi destino, y que maldicion
se fulmina á cuanto se arrima á mí; ella
ha sido como un instrumento de muerte
en manos de Asrael: pero no es culpa
suya si el exterminador se ha servido de
su amor como de una flecha emponzo
ñada para atravesarme el corazon. Ahora
espero que va á apaciguarse la cólera de
Dios: no hay ya en mi parte viviente á
que herir, y vais todos á descansar y cu
raros de haberme amado.
Su salud me inquieta bastante, y es
CARTA XXII. 135

pero con impaciencia que me digas sino


la han puesto todavía mas mala mi par
tida y las emociones que esperimentaria
al darme sn adios. Tal vez hubiera debi
do quedar algunos dias mas, y aguardar
á que estuviese mas fuerte ; pero ya no
podia mas ; soy un hombre y no un hé
roe. Sentia en mi seno todos los tormen
tos de los zelos, y temia dejarme llevar
de algun odioso movimiento de vengan
za ó egoismo. Fernanda no es culpable
de mis padecimientos, los ignora, y me
cree estraño á las humanas pasiones, Oc
tavio mismo se figura quizá que sopor
to tranquilamente mi desgracia , y que
sin esfuerzo, obedezco al deber que me
he impuesto.... ¡Sea así, y sean felices
ellos l Su compasion me pondria furio
so, y aun mo puedo renunciará la cruel
salisfaccion de dejar la duda y especta
tiva de mi venganza suspendida como
una espada sobre la cabeza de ese hom.
bre. Ah! no puedo mas! Ya ves como mi
134 JACOBO,

alma no es estoica ; tú, Silvia, eres he


róica, y me juzgas segun tú misma,
pero solo soy un hombre cual los otros,
y mis pasiones me transportan como el
viento y me devoran cono el fuego. No
me he creado un órden de virtudes su
perior á la naturaleza, solamente siento
con tal plenitud los afectos, que me veo
obligado á sacrificarles cuanto me perte
nece, hasta ni corazon , cuando nada
mas tengo que ofrecer. Nunca he estu
diado mas que una sola cosa en el mun
do, es el amor. A fuerza de hacer la
esperiencia de cuanto lo contrista ó em
ponzoña, he comprendido que senti
miento tan noble y difícil de conservar
era, y cuantos sacrificios se hacian pre
cisos antes de poder gloriarse de ha
berlo conocido. Si no hubiese tenido
amor á Fernanda, tal vez me hubiera
portado mal ; no sé si habria contenido
mi despecho y el odio que me inspiraba
el hombre que por sus imprudenciasy
CARTA XXII. m35

egoistas locuras la ha espuestoá la risa


de los otros; pero ella le ama; y porque
la estoy ligado por un eterno afecto, me
es sagrada la vida de su amante. Parto
por librarne de la intencion de desha
cerme de él, y solo Dios sabrá cuanta
desesperacionytormento me cuesta cada
dia que le dejo.
Si tengo alguna otra virtud ademas
de mi amor, será tal vez una natural jus
ticia , una rectitud de juicio, contra lo
cual ninguna preocupacion social, nin
guna personal consideracion han tenido
nunca fuerza. Me seria imposible con
quistar una dicha cualquiera por la vio
lencia ó la perfidia, sin disgustarme des
de luego de mi conquista ; me pareceria
haber robado un tesoro, y lo arrojaria
por tierra , para ir á ahorcarme cual
otro Judas. Tal me parece el resultado
de una lógica tan inflexible y absoluta,
que no me atreveria á gloriarme de no
ser un bruto parecido á lrs tres cuartas
36 JACOBO.

partes de los hombres que veo. Borel en


mi lugar, hubiera apaleado tranquila
mente á su mujer, y tal vez no se hubie
ra ruborizado de recibirla en seguida en
su lecho, envilecida por sus golpes y ca
ricias. Hombres hay que sin escrúpulo
asesinan, á estilo oriental, á sus muje
res infieles, porque las consideran una
propiedad legal; otros se baten con su
rival, le matan ó le alejan. y van á soli
citar los besos de la mujer que preten
den amar, y que horrorizada se aparta
de ellos, ó se resigna con desesperacion.
Estos son en casos de amor conyugal los
modos de obrar mas comunes ; pero yo
digo que el amor de los irracionales es
menos vil y grosero que el de semejan
tes hombres. Que suceda el odio al afec
to, que la perfidia do la mujer haga es
tallar el resentimiento de su marido, que
ciertas bajezas de la que le engaña le den
hasta cierto punto derecho de vengarle ,
está bien, concibo la violencia y el fu
CARTA" XXII, 157
ror; ¿pero qué debe hacer el que ama?
No puedo persuadirme de lo que mu
chos pensarán de mí, que para haber
perseverado en mi amor soy de un espí
ritu débil é imbécil de carácter. Mi co
razon no es vil, y mi juicio no está alte
rado. Si Fernanda fuese indigna de este
amor, yo no lo esperimentaria ; una so
la hora de desprecio me bastaria para li
brarme de él ; me acuerdo bien de lo
que sentí durante tres dias que la creí
infame. Pero cediendo hoyá una pasion
que ha arraigado mas y mas en su cora
zon un año de combates y resistencia,
me veo obligado á admirarla, porque
podria amarla todavía, mas que solo hu
biese resistido un mes. Ninguna criatura
humanapuede mandar al amor, y na
die es culpable por sentirlo ó perderlo :
lo que envilece á la mujeres la mentira,
y lo que constituye el adulterio no es la
hora que concede al amante, sino la no
che que va despues á pasar en los brazos
138 JACOBOe

del marido. Olal aborreceria á la mia, y


me hubiera quizá enfurecido, si hubie
se ella ofrecido á mis labios los suyos
aun calientes con los besos de otro, y
traido á mis brazos un cuerpo todavía
húmedo de su sudor: aquel dia se me
hubiera vuelto asquerosa , y la hubiera
aniquilado cual un insecto que hubiese
hallado en mi cama. Pero tal cual está,
pálida, abatida, padeciendo todas las
angustias de una conciencia timorata,
incapaz de mentir, y siempre pronta á
confesarme su involuntaria falta, solo
puedo compadecerla y lastimarme de ella.
¿Acaso no he observado que desde su
regreso, mi aparente confianza le ocasio
naba un mal atroz, y que sus rodillas se
doblaban sin cesar para implorar mi
perdon? ¡Cuánto arte y precaucion he
necesitado para detener en sus labios la
confesion siempre pronta á escaparse de
ellos 1
Me has preguntado porque no habia
CARTA, XII, 1ó9
aceptado la confesion y sacrificio que con
tanta frecuencia ha deseado hacerme : es
porque creo inútil la primera. é imposi
ble lo segundo. Tú no gustas que se du
de de la virtud de los otros, y me has
reprochado porque no me queria fiar en
el heroismo , de que tal vez hubiera aun
sido capaz Fernanda ; pero qué l esta úl
tima prueba, este fatal viaje á Tours,
¿no ha bastado acaso para medir sus fuer
zas? Conozco bien á Fernanda,ysé has
ta donde llega su virtud, lo mismo que
cuando acaba. Su natural castidad es la
mejorsalvaguardia que puedaprotejerla,
y no hay duda que lo ha hecho por lar
go tiempo pero la resolucion de perder
para siempre á Octavio no puede man
tenerse en esa alma puerilmente sensible,
que asustada por el menor pesar, su
cumbe bajo una desgracia verdadera. ¿Es
culpa suya º No seríamos acaso unos ver
dugos é insensatos queriendo exigir de
ella lo que no puede conceder, si la pe
14o JACOBO. "

gáramos para que anduviera cuando sus


piernas se resisten á llevarla? No ha es
tado á pique de morirse por haber perdi
do á su hija ? ¡Pobre criatura, sensitiva
que se contrae al soplo del aire l¿ como
podria yo tener el brutal valor de ator
mentarte y despreciarte porque te ha he
cho Dios tan débil y dulce º Simple flor,
que el viento quiebra en el tallo, te amé
por tu belleza delicada y pura, y te cogí
esperando guardar para mí solo tu suave
perfume, que se exhalaba á la sombra y
en la soledad; pero si la brisa lo ha lle
vado al pasar, si tu seno no ha podido
retenerlo ; ¿ es una razon para que te
aborrezca ypisotee º No. Te depondré
dulcemente en el rocío de donde te cogí,
y te diré adios, porque mi soplo no pue
de hacerte vivir mas, y porque hay otro
en tu atmósfera que debe alzarte y ani
marte. ¡Reflorece pues, ó lirio hermoso!
no te volveré á tocar !
- ,
on
CARTA III. 141

CARTA XXIll.

DE, JACOBO A SILVIA.

Tours.

He vuelto aquí. Es una idea rara que


me ha pasado por la cabeza, cual te es
plicaré dentro de pocos dias. Tu carta la
he recibido ; me la han remitido exacta
mente de Paris, junto con la de Fernan
da, que es bien afectuosay lacónica. Si,
concibo lo que sufre al escribirme; ¡ ni
puede solamente amarme como amigo!
mi recuerdo será un tormento para ella,
y mi espectro se le aparecerá cual un
remordimiento !
Te agradezco lo que me manifiestas
acerca de que está completamente bue
na, que vuelven á sus mejillas los her
mosos colores de la salud, y que llora
144 JACOBO.

idea de ser puesta en ridículo y servir de


objeto á las bromas de café, y relacio
nes de antesala de una provincia y un
regimiento. Todo esto es obra de Octa
vio ; mucho le amará si se lo perdona !
Acerca este último punto de pena é in
quietud, puedes tranquilizarla con razo
nes muy plausibles. Estoy muy contento
de que te hable de todo esto con una
confianza que en tanto la alivia , cuanto
estás en mejor disposicion que persona
alguna para dulcificar su tristeza con una
ilustrada amistad. Esta especie de escán
dalos son menos importantes para una
jóven de lo que se figura : muchas hay
que se envanecerian de la especie de ce
lebridad que producen, y del atractivo
que en lo sucesivo tienen para los hom
bres, su atencion y obsequios. Una co
queta partiria de semejante punto para
hacerse una brillante carrera de audacia
y triunfos; Fernanda no es de este carác.
ter, solo piensa en esconderse y rubori
CARTA XXIII, 145
zarse. Retírese al fondo de la vida tran
quila y feliz que he procurado hacerla y
dejarla ; pero no pierda su tiempo en
llorar acerca un accidente, que siendo
la anécdota del dia , se olvidará al si
guiente para reemplazarle con otro. Hay
sucesos ridículos y vergonzosos, de que
es difícil lavarse; pero de estos no pue
den hallarse en la vida de una mujer
como Fernanda. ¿Qué puede decirse ?
que es bella, que ha inspirado una pa
sion, que por no comprometerla se ha
espuesto un hombre á romperse la cabe
za huyendo por los tejados: nada de feo
ni vil hay en esto. Si Octavio hubiese
parlamentado con los pesados chanceros
que le asediaban, hubiera sido muy di
ferente ; el amor de un cobarde deshon
ra á la mujer mas noble; pero Octavio
se portó bien. Todo el mundo sabe que
por el viaje la escoltó hasta su casa; de
tal modo se logran los grandes misterios
y combinaciones de este loco! Feliz
TOMIO III, 1O
146 JACOBO.

mente tiene corazon, y se pueden des


cubrir todos sus pueriles secretos, sin
hallar un objeto de menosprecio en su
conducta. En mí es en quien cae todo
lo odioso y ridículo de esto ; se me acusa
de tener una querida en mi casa ; se
añade (¡ tan velozmente dan la vuelta al
mundo el imbécil espionaje y las inter
pretaciones erróneas) que he tratado de
hacerla pasar por hermana mia ; pero
que madama de Theursan vino á quitar
la máscara á la impostura. Quizá el que
esparce este rumor es alguna criada, ó
tal vez la misma madama Theursan; este
es el partido que los corazones viles sa
can de la paciencia y generosidad de los
otros; en una palabra, se mofan de mí
en Tours. Mr. Lorrain, un antiguo ofi
cial de mi regimiento, con quien hace
veinte años tuve alguna contienda, se
divierte á espensas mias todo lo mas que
puede pero esto me respecta á mí, y lo
tomaré en cuenta.
cARTA xxiv. 147
Tu no pronuncias el nombre de Octa
vio, adivino que crees deberme este mi
ramiento , pero no temas. Es verdad que
sin estremecerme de odio de pies á ca
beza no puedo leer y trazar este fatal
nombre pero es preciso que me acos
tumbre, es necesario que sepa cuanto
ocurre en esa, si la ama , si la hace fe
liz. Adios, Silvia , tú , la sola entre to
dos que nunca me hayas hecho mal. No
necesito advertirte que conviene ocultar
á Fernanda mi permanencia en Tours.

CARTA XXIV.
oe silvia. A Acono.

¿ Que haces en Tours? ¡Dios mio


esto me espantal ¿Piensas en vengarte
de las injurias que se vierten con respec
to á nosotros? me lo persuadiria site co
1 48 JACOBO,

nociera menos ; sin embargo, por mas


que piense en el horror que tienes á los
duelos, tiemblo de temor que te hayas
comprometido en algun lance de este
género; no seria tampoco la primera vez
que te hubieses creido en la obligacion
de faltará tus principios, y hacer una
cosa que está en antipatía con tu carác
ter. No veo yo que en esta ocasion debas
jugar tu vida contra la de otro; ¿en que
reparará esto el daño causado á Fernan
da? Otro hombre que tú contestaria
que tiene que vengar su afrenta perso
nal; ¿pero tú, eres acaso capaz de come
ter lo que consideras un crímen, por
satisfacer una venganza personal? Me
has contado tu primer duelo , precisa
mente fué con este mismo Lorrain ; en
tonces bien, cediste á una consideracion
de este género, pero la necesidad era
urgente estabais todos los dias uno y
ºtro á la vista de una asamblea , ambos
erais militares, é importaba poco que la
CARTA XXIV, 149
éspada ó el cañon arrebatara á uno de
los dos un dia antes ó despues: ¿qué era
para vosotros la vida en aquel tiempo?
Pero hoy que es tan diferente tu posi
cion , ¿como seria posible que hubieses
hecho este viaje para lavarte de unas
calumnias que no te alcanzan , y ven
garte de insultos que solo se osa dirigirte
desde lejos? En vano te esfuerzas en pro
barme que ya no es útil á nadie tu vida ;
te engañas. Oh no dejes que así te aban
done el valor! el persuadirse que la ta
rea está concluida es cálculo de la pe
reza, que quiere ponerte con losbrazos
cruzados. ¿Porqué con tal desesperacion
condenas á tu hijo ? No ha dicho el mé
dico que la naturaleza operaba milagros
superiores á todas las previsiones de la
ciencia, y que mediante asiduos cuida
dos, y un severo régimen podria fortifi
carse? Mantengo escrupulosamente este
régimen, y hace algunos dias que nues
tro queridito está mucho mejor. ¿Si yo
15o JACOBO.

tambien muriese, quien cuidaria de él ?


Fernanda ignora su mal, y por otra
parte su solicitud casi es siempre inhá
bil. ¿Quién me impondrá la vida cuando
tan fácilmente te desembarazas tú de la
tuya º Grees que sea muy bella la que me
dejas ?
¿Y Fernanda, no tiene ya mas necesi
dad de tíº qué sabemos de Octavio, cuan.
do él nada sabe de sí mismo, y se precia
de no resistirá ninguno de los caprichos
que le ocurren?. Se cree seguro de amar
siempre á Fernanda , tal vez sea cierto,
tal vez sea falso. Es verdad que se ha
portado muy bien desde que la compro
metió ; ¿pero qué hombre es para suce
derte y para llenar un corazon en que
has reinado? Podrá ella amarle mucho
tiempo? no necesitará algun dia que se
la desembarace de él ?
Quieres que acerca de ellos te diga
exactamente la verdad; yo siento tam
bien que así debo hacerlo en este mo
CARTA XXIV, m5 m

mento son felices, se aman con pasion;


son ciegos , sordos, insensibles ; Fer
nanda tiene instantes de despertamiento
y desesperacion, Octavio de espanto é
incertidumbre pero ninguno de los dos
puede resistir al torrente que los arrastra.
Octavio procura tranquilizar su concien.
cia , rebajando tu virtud no osaria po
nerla en duda , pero trata de esplicarla
con razones que disminuyen sn mérito;
para dispensarse de admirarte, y para
consolarse de ser menos grande que tú.
procura socavar el pedestal al que has
merecido subir. Lo has acertado, niega
tus pasiones á fin de negar tu sacrificio.
Fernanda te defiende con mas vigor que
no piensas, y su veneracion resiste á to
dos los ataques; dice que la amas hasta
el punto de ser eternamente ciego dice
que en esto eres sublime, y llora enton
ces tan amargamente, que me veo obli
gada á consolarla y realzarla á sus pro
pios ojos. ¡Pobre hermana mial hay ins
152 JACOBO,

tantes en que la aborrezco por el mucho


mal que te causa ; cuando veo sereno su
rostro, y sus manos en las de Octavio,
huyo, me oculto en el fondo de los bos
ques, ó voy á llorar junto á la cuna de
tu hijo, para exhalar mi indignacion sin
hacerles padecer; pero cuando la veo
atormentada por los remordimientos, la
compadezco y peno con ella. Como tú,
pienso que es menos grave su aventura,
de lo que quiere hacerlo creer la afecta
cion de muchas mujeres; veo que no la
ha enagenado la amistad de madama Bo
rel, que me parece una persona genero
sa y sensata, Si Octavio quisiera, podria
aun su vida ser bien hermosa : estoy se
gura de que volveria á tísi tuviese que
quejarse de él, ó si le inspiraba el valor
que muy por el contrario solo trata de
quitarla. ¿Podria ruborizarse de aceptar
su perdon de una alma tan noble como
la tuya? y padecerias tú concediéndo
selo ? Oh! cuánto la amas todavía ! qué
CARTA XXIV, 153
amor el tuyo! En el seno de este océa
no de dolores, solo te ocupas en evi
tarla la centésima parte de los que tu
sientes.
He recibido de madama de Theursan
el estraño envío de algunos centenares
de francos; no es como tú piensas lo
módico del presente lo que me ha he
cho rehusarlo: sé que carece de fortuna,
y que este es muy liberal, considerados
sus medios : pero admiro semejante re
paracion del abandono de toda mi vida.
Se parece á una irrision ; he agradecido
no obstante, y solo he fundado mi nega
tiva, en la carencia de necesidades. Tal
vez deberia estar agradecida por la inten
cion pero no lo puedo: nunca la per
donaré el que me haya puesto en el
mundo.
154 JACOBO.

CARTA XXV.

JACOBO A SILVIA.

Que quieres que te diga, este Lorrain


era un mal hombre, y lo he muerto. Yo
lo habia provocado, tiró sobre mí el
primero, y erró ; yo sabia que para aba
tirlo solo tenia que quererlo, y lo he
querido. ¿Es un crímen lo que he come
tido? Ciertamente que sí: ¿pero qué me
importa? en este momento no soy capaz
de saber que cosa sea remordimiento.
Tantas otras cosas hay que hierven en
mí, y que me trasportan fuera de mí mis
mo! Dios me lo perdonará. Ya no soy
yo quien obra : Jacobo ha muerto, y el
sér que le reemplaza es un desgraciado
á quien Dios no ha bendecido, y del cual
no se cuida. Si mi destino se hubiese
CARTA, V, 155

prestadoá mis sentimientos, hubiera po


dido ser bueno; pero todo ha fallido,
todo me abandona : el hombre fisico
toma la preponderancia , y este, como
todos los demas, tiene un instinto de
tigre. Sentia cual me consumia la sed de
sangre; este asesinato me ha calmado
un poco. Al espirar, me ha dicho el
desgraciado : « Jacobo, estaba escrito
que moriria de tu mano, sin esto no me
hubieras estropeado por una caricatura,
ni me matarias hoy por vengarte de
ser...». Ha muerto dirigiéndome esta gro
sería, que parecia consolarle. He perma
necido largo rato inmóvil, contemplando
la espresion de ironía que quedaba en el
rostro del cadáver sus ojos fijos pare
cian insultarme, y su sonrisa negar mi
venganza hubiera querido matarle por
segunda vez. Será menester que mate á
otro, no importa quien ; esto me alivia
y produce bien áFernanda nada rehabi
lita tanto á una mujer cono la vengan
156 JACOBO,

za de las afrentas que ha recibido. Aquí


dicen que soy loco: ¡ poco me importa!
no se dirá que soy cobarde, y que aguan
to la infidelidad de mi mujerporque no
sé batirme. Se dirá que por ella tengo
una pasion que me ha hecho perder el
espíritu , bien; se pensará á lo menos,
que es una mujer muy digna de amor,
la que ejerce tal imperio sobre el esposo
á quien ya no ama ; las otras envidiarán
esta especie de trono en que en mi deli
rio la habré puesto; y Octavio envidiará
mi papel por un instante; porque solo
yo tengo derecho de batirme por ella, y
él está obligado.á dejarme reparar el mal
que ha cometido.
Adios, no te inquietes por mí, viviré;
siento que es mi destino,y que en este
momento mi cuerpo es invulnerable; hay
una mano invisible que me cubre, y se
reserva el herirme. No , mivida no está
en poder de ningun hombre tengo la
íntima revelacion de ello; la he sacrifi
CARTA XXVI, 157
cado, y me es absolutamente indiferente
perderla ó conservarla. El ángel que pro
tege á Fernanda , se me ha acercado, y
me habla de ella en mis sueños; estiende
sus alas sobre mí cuando me bato por
ella, y cuando no seré ya necesario á
nadie, entonces me abandonará él tam
bien. En Paris he hecho mi testamento;
en caso de muerte de mi hijo, dejo dos
tercios de mis bienes á mi mujer, lo
demás á tí: pero no temas nada , mi
hora no ha llegado aun.

CARTA XXVI.

Dr. Ma. Boael. AL cAPITAN JUAN.

Cerisy.
CAMARADA, es preciso que inmediata
mente vayais á Tours, á reemplazarme
158 JACOBO,

cerca de Jacobo que vuelve á batirse esta


tarde. No puedo serle padrino, ni aunir
á investiros de mis funciones, porque
tengo un ataque de gota tan fuerte, que
no me seria posible andar una legua en
carruaje. Jacobo acaba de enviarme á
buscar, id luegopor el atajo, y ofrecedle
mis escusas y vuestros servicios; estas co
sas no se rehusan. Voy á tratar de pone
ros al corriente de los negocios en dos
palabras. Apenas reposado Jacobo de ha
ber muerto ayer á Lorrain, á quien Dios
perdone, se fué al café como sital cosa,
y con el modo glacial que conoceis tiene
cuando está colérico; fuma su pipa y
toma su taza en presencia de mas de cien
pares de bigotes jóvenes y viejos, que le
examinan no sin alguna curiosidad, como
podeis pensarlo. Los oficiales jóvenes,
que son los que han hecho la farsa que
sabeis al amante de su mujer, se han
creido insultados, ó provocados á lo ne
nos por su presencia y aspecto; han afec
CARTA VI, 159
tado hablar en alta voz de los mari
dos engañados en general, y repetir en
una mesa cercana á la suya la palabra
que menos podia lisonjear los oidos de
Jacobo. Como seguia impasible, han ha
blado algo mas claramente de su mujer,
y han concluido por designarla tan bien,
que Jacobo se ha levantado , y con el
mismo tono en que les hubiera dicho
soy servidor vuestro, les dijo que men
tian. Dos de aquellos señores, que habian
hablado los últimos, se han levantado pre
guntando á quien se dirigia el mentís. «A
los dos, ha respondido Jacobo ; que se
nombre el que primero quiera una satis
faccion.—Yo, Felipe de Munck, mañana
á la hora que querais, ha dicho uno de
ellos. – No, replicóJacobo, esta tarde
si os acomoda; porque sois dos y es pre
ciso que tenga tiempo mañana para dar
la satisfaccion á esotro caballero, esto
antes que me lo impida la policía. -
Está bien, respondió Mr. de Munck, esta
16o JACOBO.

tarde á las seis, con sable. — Sea, dijo


Jacobo.». Ya veis que es un lance que
por ningun medio puede arreglarse. Dos
horas despues he recibido un mensaje
suyo, pidiéndome le volviera á servir de
padrino; pero precisamente he cogido
la gota con el rocío de ayer, cuando el
lance de Lorrain, y tal vez haya tam
bien esperimentado alguna emocion vien
do caerá aquel pobre diablo. No es que
sea una gran pérdida, pero hace largo
tiempo que encanecia junto á nosotros,
y no estamos ya en la época en que un
camarada caia como una nuez de un no
gal. Este Jacobo es asombroso, prueba
bien clara que un hombre solo cambia
en el esterior el árbol solo hace reno
var su corteza ; y Jacobo es el mismo
hoyque comole habemos conocidohace
veinte años. Ya no se dirá : ved lo que
se vuelven esos militares antiguos, y co
mo les hacen ir sus mujeres! he aquí uno
que se bate por una lapizada, y se deja
CARTA XXVI, 161

deshonrar sin decir nada. A fe mia, yo


mismo lo dije , y su situacion me ocu
paba de tal modo , que antes de ayer,
una hora antes que supiera que estaba
aquí, soñaba de él , y á lo que mi mu
jer me dijo, me desperté gritando : ¡Ja
cobo, Jacobo! cómo te has vuelto! Pero
á un hombre de corazon se le halla siem
pre. Esperemos que saliendo de aquí
vaya á matar al amante de su mujer: ha
cedle comprender que lo debe , que sin
esto cuanto ha hecho hasta ahora de nada
sirve. Id pronto. El prefecto es un buen
sugeto que deja que corran los duelos
sin meter ruido, pero no obstante, tres
en tres dias es mas de lo que la orde
manza permite, y podria suceder que Ja
cobo fuese arrestado despues del segun
do; es preciso que despache. Escribidime
por un espreso cuando haya concluido
esta tarde con Mr. de Munck. Rabio por
no poder estar allí: preferiria perder un
brazo que ver faltará la cita áJacobo.
TUMO III, 11
162 JACOBO.

CARTA XXVII.
IDEL CAPITAN JUAN A MI. BOREL.

Tours.

JAcono ha despachado á todos sus ad


versarios, sin recibir un solo rasguño :
es feliz en el juego, como todos los que
no lo son en su casa. Mr. de Munck tie
ne una cuchillada á través del rostro,
que le parte en dos la nariz, lo que debe
vejarle singularmente. Esto no volverá
el honor á ningun marido, pero podrá
consolará algunos, y preservar á ciertos
otros; era á lo menos un guapo mucha
cho, pero la belleza llorará, y tratará
luego de buscarle un sucesor. En cuanto
al otro jóven, no se ha cuidado mucho
de pedir su parte á.Jacobo: era un po
CARTA XXVII, 163

llito de diez y nueve años, hijo único,


de buena familia, y que sé yo que mas.
Los padrinos han manifestado tanto de
seo de arreglar el negocio, que hemos
consentido en decir que sentíamos haber
desmentido, si era verdad que no lho
biese intencion de impacientarnos, lo
que así se ha asegurado, que no se tuvo
tal intencion. Esto podrá perjudicar al
muchacho: pero concibo que habiendo
dado un poco la mano sus testigos , la
partida era demasiado desigual entre él
y Jacobo. Mucho trabajo hemos tenido
en hacerle entrar en razon, tiene una
bílis de los demonios, y solo despnes de
muy madura deliberacion se ha dulcifi
cado un poco. ¿Sabeis que el camarada
lo hace bien? Esto es lo que se llama no
andarse en pelillos, y tenga ó no razon
en dar de sablazos aquí antes que por
allí abajo, es honor y placer ver á un
antiguo camarada hacer semejantes prue
bas con el ejército nuevo. Al fin el ca
64 JACOBO,

uarada no está de buen humor, y para


los que le conocen un poco, es fácil de
ver que tiene sed de sangre de muchos
otros. No sé lo que trata de hacer: al re
cibir sus gracias por haberle servido de
padrino, le he dicho que quisiera serlo
tambien en una cuarta ocasion, y que
para ello haria de muy buena gana el viaje
con él. «¿Ahora que tienes libre la mano,
he añadido, no querrás habértelas con
quien de derecho? Me ha respondido
medio col medio lechuga: «Si te lo pre
guntan, dí que nada sabes.—¿Ah, qué, le
he dicho , tambien tienes ojeriza con los
antiguos? y luego me ha abrazado, en
cargándome de darte su adios. Debe ha.
ber partido ahora, porque el prefecto le
ha hecho decir por bajo mano que se
veria obligado á hacerle arrestar si no co
gia pronto las de villadiego. Le he deja
do cerrando su maleta, y me he venido á
mi pértiga, á donde os aguardo á almor
ar tan pronto como la gota os lo permi
CARTA XXVIII, 165

ta; entretanto iré á fumar una pipa y á


charlar de todo esto convos. Hay mucho
que decir en pro y contra de Jacobo: es
un tunante de cuerpo, pero echa fuego
que es un gusto.

CARTA XXVIII.
DE JACOBO A SILVIA.

Aosta.

Debas haber recibido un billete que te


envié desde Clermont, en el cual te par
ticipaba que habia salido sin lesion de
mis tres duelos, y que mi cuerpo estaba
tan sano como dañada mi alma: estas
son las peores noticias que pueda un
hombre dar de sí. Un cuerpo que se obs
tina en vivir, y que nutre con vigor las
penas del alma, es un triste presente del
56 JACOB}

cielo. Lo que no te dije, es que iba á


pasará dos pasos de tísin verte; por la
vigésima vez he hecho el camino de Lion,
pero por la primera he pasado sin entrar
en mi querido valle. Eran las seis de la
mañana, hora en que me hallé en lo alto
de la cuesta de San Juan, y los postillo
nes, que me conocen bien , habian dado
ya vuelta al camino para bajar, cuando
les dije continuaran hácia el mediodía.
Inclinado á la portezuela, he contemplado
ese bello sitio que quiza no volveré á ver
mas, todos esos senderos que hemos re
corrido tantas veces juntos, pero titubeó
mucho antes de decidirme á mirar mi
casa; al fin, en el momento en que iba
á tapármela el bosque de Marcon, hice
parar, y subí encima del camino, para
contemplarla á mi placer y abrevarme
en mi dolor. El sol naciente centelleaba
en tus cristales: ¿estabas pues levantada
ya º Los postigos de Fernanda estaban
cerrados: ¡tal vez dormia en los brazos de
CAITA XXVIII. n67
su amante Esa casa, esos jardines, ese
valle, me inspiraron una especie de odio
acabo de matará un hombre y de desfi
gurará otro, sin mas motivo razonable
que vengar mi vanidad ofendida ¡ y he
debido mirar tranquilamente el techo
que abriga mi desesperacion y vergüen
za !
Sí, mí vergüenza. Sé bien que es una
de las palabras convencionales adoptadas
por una sociedad estúpida , y que care
cen de sentido ante la razon: el honor
de un hombre no puede estár ligado á
las flaquezas de una mujer, y no está en
poder de nadie el comprometer ó man
cillar el mio ; pero no por esto me hallo
menos obligado á estar en guerra con
todo el mundo; porque estoy en una po
sicion ridícula, y para lavarme es en va
no me cubra de sangre. Una sola hay
que podria quitar la cruel sonrisa que
hallo en el rostro de todos mis amigos,
lo sé; pero ¡oh Fernanda ! prefiero sin
168 JACOBO,

embargo hacer que se rian de mí, que


no que se derramen tus lágrimas; prefie
ro las zumbas del universo entero , á tú
odioy dolor No es menester serun hé
roe para esto, pues yo que me he vuelto
una especie de cruel y vengativo brnto,
tengo aun bastante buen sentido y justi
cia para comprender lo que me demues
tra la lógica de mi razon.
He tenido muy singulares discusiones
con Borel; algunos otros antiguos amigos
del ejército han diestramente tratado de
hacerme hablar, sea por interés ó curio
sidad; á estos he dado respuestas evasivas
y aun brutales me horrorizaba su amis
tad, lo mismo que todo lo demas. Sin
embargo, no he podido dispensarme de
hablar con Borel, porque en el fondo
de sus imbéciles sistemas tiene cierto
natural buen sentido que á veces escucha
la razon, y hallo un verdadero interés en
el vituperio que me prodiga. Estaba tan
mal dispuesto contra Fernanda, que sen
CARTA (XVIII, 169
tia sobre todo la necesidad de justificar
la. Hemos pasado juntos dos dias en
Tours, él haciéndome representaciones,
yo buscando, todo escuchándole con una
oreja, ocasion de batirme con Lorrain.
Habemos trocado buen número de inú.
tiles razonamientos, él queriendo per
suadirme que yo no podia amar mas á
mí mujer, y yo procurando probarle
que me era imposible no amarla aun ;
ha concluido sus arengas preguntándo
me de que serviria mi conducta, y si es
peraba servir de modelo y tipo á los ma
ridos generosos : á lo que riendo he
respondido que ni siquiera tenia la in
tencion de hacer seguir mi ejemplo á los
amantes. Por lo demas, su pesada solici
tud no me ha evitado ninguno de los al
filerazos que puede una alma quebrantada
recibir á la continuacion de un desastre ;
y de él, lo mismo que de todos los de
mas hombres que he conocido, amigos,
enemigos ó indiferentes, he recibido el
17o JACOBO,

empellon, que para precipitarme á la


tumba ninguno me ha perdonado.
Mucho trabajo he tenido en calmar
mi sangré irritada, me hubiera puesto
en la boca de nn cañon, mediante la cer
teza de que debiera haber servido de ba
la para matará los otros. Esta especie de
creencia en la fatalidad, hubiera hecho
de mí un héroe ó un tigre, segun la dife
rencia de un cabello en el peso de las
circunstancias que me llevaban. He esta
do á pique de matar por una palabra á
un niño de diez y nueve años; despues
le hice gracia al recibir un misterioso bi
llete que ne escribia una mujer, supli
cándome perdonara su vida y renunciase
á mi furor; era un billete subline en
espresion y sentimiento por de pronto
creí que fuese de una madre, éiba ya
á ceder con enternecimiento, cuando
volviéndolo á leer conocí que era de una
querida. Me suplicaba la dejase su felici
dad. Su felicidad estas palabras me pu
CARTA “XXVIII, 7m

sieron furioso. ¡Ay de mí, pobre Silvial


habia perdido la cabeza, y hubiera que
rido matará cuantos eran menos desgra
ciados que yo me obstiné en hacer batir
á aquel jóven. pareciéndome, obedecer
al impulso de una cruel mano, y cum
plir algun terrible sueño. El capitan Juan
uno de mis padrinos me hablaba largo
rato hacia sin que sus discursos presen
táran ningun sentido á mí espíritu en
fin logró hacerme oir una sola palabra :
¿ con qué, Jacobo, hoy quieres pues asesi
nar º esta palabra asesinar cayó sobre mi
ardiente pecho cual una gota de agua
fria,y me pareció despertaba de un sue
ño. Hice cuanto deseaban, sin escuchar
siquiera en que términos se arreglaba
la partida de mi honor; ya no me im
portaba hacer efecto por mi bravura;
primero me habia parecido que tenia ga
nas de disculparme de la acusacion de
cobardía, y que hubiera sacrificado la
vida de mi padre á este sentimiento de
172 JACOBO.

orgullo ofendido pero esto solo era un


pretexto de que se servia mi desesperacion
para incitarme: tenia simplemente un
acceso de rabia, y cuando se hubo apa
ciguado caí en la apatía, como cuando
un loco furioso, en el abatimiento que si
gue á una de sus crísis, se deja caer so
bre la paja mirando con aire estúpido al
rededor de sí. Hízose que mi adversario
se me acercara para que segun costum
bre pudiéramos darnos la mano; pero
por cada minuto se pasaban tantos siglos
en mi imaginacion , que obedecí maqui
malmente y con sorpresa. No me acorda
ba de haberle visto nunca; estaba ya á
cien años de lo que acababa de pasar en
mí; habia entrado en la nada del alma,
que es ya mí único refugio en esta
vida.
¡Heme ya calmado! perdóneme Dios
á qué precio ! Pero sabe que esto no ha
dependido de mí, y que mi sér ha sido
transformado á despecho de mi volun
CARTA XXVIII. 175
tad. Ah! era horrible aquella cólera pe
ro me hacia bien como las convulsiones
y rugidos de un epiléptico. Ahora estoy
mas pesado que una montaña, mas frio
que una nevera : contemplo mi vida con
espantosa serenidad, me hago el efecto
de aquellos mártires del tiempo fabuloso
del cristianismo, quienes despues del su
plicio se levantaban milagrosamente. re
cogian tranquilamente su corazon ó ca
beza, jadeantes sobre la arena, y se po
nian á andar llevando su alma separada
de su cuerpo á vista de los hombres
espantados.
Otro que yo es indudable no hubiera
podido soportar mi destino ; solo soy yo
en la tierra quien tenga fuerzas de cum
plir una vida semejante sin morir de la
situd, ó sin matarse en un acceso de de
lirio. ¡Sin embargo , he soportado todo
esto, y heme aquítodavía! Lo que habia
en mí de noble, generoso y sensible ya
no existe;pero mi cuerpo está derecho,
174 JACOBO.

y mi triste razon contempla sin celajes.


la ruina de todas sus ilusiones. ¡ Maldita
sea esta organizacion regular y sólida, á
la que los sucesos nopueden quebrantar!
don funesto! ¿Habia cometido algun crí.
men antes de nacer, para tener la mal
dicion del primer hombre, el destierro
en el desierto y el mandamiento de vi
vir?
Esta mañana he pasado junto á una
easa de campo, que la hermosura de la
naturaleza hizo construir al pie de las
montañas, y que el rigor del clima ha
hecho abandonar: me he detenido para
entrar en la cerca, atraido por el aspec
to de tristeza y destruccion que reinaba
en aquel lugar; he permanecido dos ho
ras abismado con el pensamiento en ni
desesperacion y aislamiento.Tú tambien,
viejo Jacobo,tambien fuiste un mármol
sólido y puro, y saliste de la mano de
Dios fieroy sin tacha cual una estátua nue
vasale del obrador,y se erige en su pe
CARTA XXVIII. 175
destal en orgullosa actitud! pero hete aquí
como una de aquellas alegorías usadas y
comidas por el tiempo, que permanecen
aun de pie en los jardines abandonados:
tú que decoras tan bien el desierto, por
que pareces fastidiarte de la soledad?
Hallas largo el tiempo y crudo el invier
no: se te hace tarde el caer reducido á
polvo, y dejar de levantar al cielo tu
frente soberbia un dia, que hoy el viento
insulta, y en la que el aire húmedo aumon
tona un musgo negro cual un velo de lu
to las borrascas han empañado tanto tu
brillo, que los que pasan no saben ya si
eres alabastro ó arcilla bajo tu fúnebre
cendal. Queda, queda pues en tu nada,
y no cuentes mas los dias: tal vez dura.
rás aun largo tiempo, miserable piedra
Te glorificabas de ser una materia inata
cable, ahora envidias la suerte del seco
rosal que se quiebra los dias de tormen
ta. Pero las heladas hienden el mármol
el frio te destruirá espera en él.
176 JACOBO.

CARTA XXIX.

DE OCTAVIO A HERBERT.

A pesar de la cólera de unos, los re


mordimientos de otros, y la incertidum
bre de mi espíritu, no puedo dejar de
ser feliz, mi querido Herbert, porque
mi corazon está lleno de amor, y mi
suerte se ha fijado. Un indisoluble afecto
me une á Fernanda: no lo dudes, no
soy inconstante, puede sí desanimárse
me; cuando la mujer que amo se obstina
en rechazarme, puedo concluir por dis
gustarme de ella; pero no será otra mu
jer la que pueda distraerme, antes que
ella misma lo haya ordenado. Sin em
bargo de la espantosa diferencia de nues
tros caracteres, he amado largo tiempo
á Silvia, y he luchado aun contra sus
CARTA XX1X. 177

desdenes mucho despues que ella ya no


me amaba. Fernanda es otra mujer bien
distinta : esta es la que ha nacido para
mí, cuyos defectos mismos parecen estar
combinados para estrechar nuestros la
zos, y hacer necesaria nuestra intimidad.
Ignoro si soy tan criminal como quiere
Silvia hacérmelo creer, pero me es impo
sible dejar de sentirme enamorado y tras
portado de gozo. El amor es egoista; sién
tase ciego y regocijado sobre las ruinas
del mundo, y se pasma de placer lo mis
mo sobre osamenta que flores. He hecho
el sacrificio del pesar de otro, cual he
hecho el de mi propia vida. No conozco
ya las leyes del tuyo y del mio. Fernanda
se ha confiado á mí, he jurado amarla,
vivir y morir por ella; solo esto sé, todo
lo demas me es estraño. A cualquiera ho
ra del dia ó de la noche puede venir
Jacobo á pedirme mi sangre, y beberla
á su placer sin que yo se la dispute. Para
aquietar mi conciencia presento mi pe
TOMIO 1II. 12
178 JACOBO.

cho desnudo: ¿qué mas puede hacer un


hombre? de qué puede quejarse Jacobo?
Yo no llevo una coraza , tampoco duer
no bajo cerrojos. Silvia, creyendo hacer
me caer de rodillas ante su ídolo, me
lee algunos fragmentos de sus cartas;
principia á poetizar sobre su dolor; está
ya medio curado. Se ha batido valerosa
mente, ha hecho bien, otro tanto hubie
rayo hecho en su lugar, y si hubiese te
nido el derecho me hubiera anticipado á
él. Ha encomendado se ocultaran á su
mujer estos sucesos; puede estar tranqui
lo, lo tomo á mi cuidado, no tengo ga
nas de que caiga enferma y velo sobre
un bien que me pertenece ya. Ayer he
encontrado en el correo una carta de
Clemencia para ella: como conozco muy
bien la letra, he abierto la carta sin cum
plimiento, yhe hallado ademas de todos
los caritativos avisos que ya me esperaba,
la noticia adicional, elgratúito enbuste,
de una buena herida, que segun la fama
CARTA Xx1X, 179
y ella misma, habia Jacobo recibido en
el pecho. He rasgado la carta, y he to
mado mis medidas para que todas las
misivas dirigidas á Fernanda, pasen por
mis manos al llegar. Las de Jacobo serán
respetadas religiosamente ; pero cuidado
con las otras ! Bastante me cuesta verla
feliz adormecida sobre mi corazon, para
que una necia imprudente, ó una madre
infame, vengan á despertarla por el solo
placer de hacernos mal á entrambos. Aun
está delicada : la ausencia de Jacobo que
la escribe muy rara vez, y la poca salud
de su hijo, son para ella suficientes ob
jetos de inquietud y pesar. Mi solicitud
mantiene aun la calma y esperanza en su
corazon, y nada me costará para preser
varla el mayor tiempo posible de los gol
pes que la amenazan. Soy egoista, lo sé,
pero lo soy sin vergüenza ni miedo. El
egoismo que se disimula y sonroja de sí
mismo, es una pequeñez, una cobardía
mas el que atrevidamente trabaja á des.
180 ЈАсово .
cubierto , esun soldado raleroso que lu .
chando contra sus enemigos , se enrique
ce con los despojos del vencido ; este
puede conquistar su dicha o defender la
de otro. ¿ Quién pues ha pensado nunca
en acusar de hurto y crueldad á aquel
que triunfa y hace buen uso de la vic
toria ?

CARTA XXX.
DE JACOBO A SILVIA .

Aosta.
Es preciso haber vivido mivida , para
saber cuan horrible cosa se ha vuello
para mí el aislamiento . He amado apasio .
nadamente la soledad , que es cosa bien
diferente ; entonces era joven , y solo te.
CARTA XXX. 181
nia el porvenir ó el presente ; muchas
veces be venido a las montañas con el
corazon lleno de pasiones, y he poblado
sus salvajes retiros con mis sentimientos
ó sueños ; he saboreado mi felicidad ú
ocultado mi padecer ; he vivido en fin .
Pasaba dejando un afecto para volverlo
á hallar , ó mejor , lo llevaba allí en el
secreto de mi alma, para interrogarla y
alimentarme de él. He derramado calien.
les lágrimas de esperanza, he apretado
eontra micorazon adoradas fantasmas y
espectros de fuego. Verdad es que tam
bien he venido á maldecir y detestar lo
que en otro tiempo habia amado ; pero
amaba algnna otra cosa , ó esperaba un
otro [Link] era rico, y podia po
ner un ídolo de diamantes, en lugar del
de oro que habia caido. Actualmente
vengo con un corazon vacío y desolado ,
y segun la manera cual padezco , veo
bien que no curaré mas. Lo que hay de
terrible , es no tanto la falta de esperanza
182 JACOBO,

como la de deseo; mi dolor es melancó


lico como las puntas de estos hielos que
nunca decenta el sol. Sé que ya no vivo,
y no tengo mas ganas de vivir. Estas ro
cas y frias cavernas me horrorizan , y me
meto sin embargo cual un loco que se
ahoga por huir del incendio. Si miro á
lo lejos me sobrecoge el miedo: la sola
vista del horizonte me hace estremecer,
porque creo ver cerner en él todos mis
recuerdos, todos mis males, y me ima
gino que me persiguen con rápidas alas ,
¿A dónde iré para escaparme de ellos?
en todas partes será lo mismo. He venido
aquí con intencion de viajar, ó á lo me
nos de recorrer toda esta romántica co
marca; sentia un como resto de activi
dad, una como inquietud de no estar bien
muerto: despues me he dejado caer so
bre este peñasco delSan Bernardo, y no
pienso mas en dejar la cabaña en que me
hº detenido creyendo pasar solo una ho.
rº cuando heme ya hace un mes, cada
CARTA XXX. 183
diamas inerte, mas indiferente, mas pa
ralítico, Ni siento ya la atmosfera : á ve
ces tengo calor allí donde debe hacer
frio, mientras que en otras ocasiones un
rayo de sol que quema la yerba á mis
pies, no vuelve la circnlacion á ni san
gre helada, Dias hay en que ando preci
pitadamente por la orilla de los abismos,
sin sospechar el peligro, sin sentir el
cansancio; entonces soy como una rueda
que ha perdido su eje, y que gira loca
mente hasta que su cadena demasiada
mente tendida hace romper la máquina,
En aquellos dias atravieso, como por mi.
lagro, pasajes por los que nunca se ha
aventurado el pie humano, y cuando
despues lo observo, ya no puedo com
prender como lo he hecho. Algunas ve
ces creo que me he vuelto loco; pero á
aquella terrible exaltacion , suceden dias
de muerte, Esta fuerza enfermiza, cae de
repente y hace lugará una espantosa fatir
ga, El pensamiento juega un papel bien
184 JACOBO.

triste en todo esto; algunas veces trato de


recordar por la noche lo que ha ocupa
do á mi cerebro durante el dia, pero me
es imposible hallarlo: minemoria solo
me presenta la imágen de los objetos ma
teriales que me han circuido; veo mon
tañas, barrancos, puentes angostos sus
pendidos sobre abismos de un humo
blanco; todo esto se sucede y encadena
por espacio de horas enteras, y hasta lle
ga á fatigarme. Entonces me levanto, y
tiento á obscuras las paredes de mi cuar
to, haciendo increibles esfuerzos para
salir de aquel desvarío sin sueño. Unas
veces vuelvo á acostarme, y aguardo con
impaciencia el dia para salirme, cual á
pesar mio, al campo: entonces todo se
borra, ando á la aventura, y ne parece
estar envuelto en vapores que me ocultan
la realidad. Otras me sucede que llego á
apercibirme que pienso ; en mi imagina
cionveo espantosos cuadros: mi hijo mo
ribundo, mi mujer en brazos de otro:
CARTA "1XX. 185

perotodo lomiro con unaimbécil sangre


fria, hasta que llega una especie de des
pertamiento que me presenta á mí mis
mo. Véome en aquel cuadro ; aquella
mujer es la mia, aquel niño es mio tam
bien, yo soy Jacobo, el amante olvidado,
el esposo ultrajado, el padre sin esperan
za ni posteridad: siéntome entonces por
que mis piernas no pueden sostenerme,
y me fatiga mas una idea de un instante,
que un dia de agitacion y marcha for
zada.
Hace dos años que estaba en un estado
deplorable de fastidio y padecer; ¡ pero
qué no daria para retrocederá entonces!
Temia no poder amar mas; hacia mucho
tiempo que no habia hallado una mujer
digna de amor, me impacientaba y asus
taba de este largo sueño de mi corazon,
pidiéndome si era culpa de su impoten
cia, pero sentia bien que no. Veia que
los años pasaban como un sueño, y me
decia á mí mismo que no habia que per
186 JACOBO.

der tiempo si queria ser feliz una vez


aun : pensaba que poseerá una mujer
por matrimonio, seria asegurar en lo po
sible la duracion de aquella felicidad; no
es que me lisonjeara de conservarla toda
la vida, pero esperaba que me conducir
ria hasta á aquel último período de la ju
ventud, en el cual ámedida que las pasio
nes se apagan se hace fácil la filosofía no
ha sido así. Todavía no soy bastante vie
jo para desprenderme de todo y conso
larme de haberlo perdido: mi esperanza
ha muerto todavía verde, y de muerte
violenta, mas no soy ya tan jóven que
crea poder renacer. Este esfuerzo ha sido
el último, que me hayan permitido mis
fuerzas morales, Me habia creado una
familia, una casa ; habia juntado en un
rincon de la tierra los dos únicos séres
que me fuesen caros, ella y tú; Dios me
habia bendecido, dándome hijos, y esto
hubiera podido durar cincoó seis años.
Era tan hermoso nuestro valle! me es
CARTA XXX. 187
meraba tanto en hacer feliz á mi mujer,
y parecia que ella me amaba tan apasio
nadamente! Pero ha venido un hombre
ytodo lo ha destruido; su aliento ha em.
ponzoñado la leche que alimentaba á mis
hijos; sí, estoy seguro de ello; su primer
beso sobre los labios de Fernanda es lo
que les ha matado, lo mismo que la pri
mera mirada que la dirigió, borró el
amor que ella me tenia.
Tal vez soy loco é injusto en achacarle
á él; quizá hubiera amado á otro si ese
no hubiese venido ; tal vez nunca me
haya amado. Ella sentia la necesidad de
abandonar su corazon, y me lo confió
sin discernimiento, tomando por dura
dera pasion, lo que era solo un capricho
de niño, ó un sentimiento de amistad
filial, que se engañaba por falta de saber
que fuese amor. Conmigo penaba sin ce
sar; estaba descontenta de todo; nunca
lograba yo producir sobre su espiritu el
efecto que queria, atribuyendo ella á
188 JACOBO,

mis menores acciones motivos entera


mente opuestos á la realidad; ó no nos
comprendíamos bastante, ó quizá era de
masiado. Durante nuestro viaje áTours,
entonces que ensayaba un sacrificio su
perior á sus fuerzas, y que el desórden
de su sér desmentia la voluntad, llegaba
á suceder que en un acceso de cólera me
repitiese muchas veces que nosotros no
éramos hechos uno para otro; me acu
saba de que lo hubiese sentido así, y que
me hubiese casado con ella sin embargo,
recordándome mil ligeras circunstancias
que presentaba cual pruebas. Es verdad
que al siguiente dia retractaba estas pa
labras que como escapadas á su delirio,
fingia yo haber olvidado; pero se habian
clavado en mi corazon como puñales, y
despues he puesto frecuentemente su re
cuerdo en mis llagas para cauterizarlas.
¿Débese tambien renunciará lo pasa
do?á lo menos hubiera debido dejár
melo, y me hubiera alimentado con un
CARTA, XXX. 189
dolor menos amargo; pero ahora es pre
ciso que todo sea destruido y dañado ,
aun el recuerdo de la perdida felicidad.
Si me ha amado, ha sido menos tiempo
y menos vivamente que á él; porque se
le apasionó desde el primer dia, no hay
que dudarlo. Se engañó á sí misma por
espacio de seis ú ocho meses ; su edad es
tan rica en ilusiones, que creia amarme
todavía, pero yo veia bien como estaba.
Se ha hallado sorprendida repentina
mente por un nuevo amor, antes de sa
ber que se hubiese estinguido el otro.
Mi dolor se calmará, no lo dudo; lo
dejo exhalar, no trato de combatirlo, y
no me sonrojo de gritar como una mu
jer cuando me vienen mis accesos ; sé
que concluiré por tranquilizarme y te
ner resignacion; no estoy sin embargo
impaciente de aquel momento, pues se
rá mas horrible que el presente; habré
aceptado mi sentencia, veré distinta
mente mi desgracia, y la sentiré por to
19o JACOBO.

dos los poros ya no tendré nada de jó


ven en el corazon, y hasta la afliccion
misma se apagará en mí. El orgullo hu
mano no quiere luchar contra una espe
ranza perdida, contra un amor que se
retira toma su partido y en pocos dias;
el hombre es un anciano. Aun ano á
Fernanda, porque un amor cual el mio
no puede concluir sin convulsiones y una
penosa agonía : pero siento que pronto
mo podré amarla ya, y que mi suerte se
rá peor entonces.
Si Dios operase un milagro en favor
mio, si me conservara ni hijo, viviria;
no por placer, sino por un deber que
me ocuparia en llenar. Pero ese pobre
niño no hace mas que arrastrar una lán
guida existencia y prolongar mis tristes
dias, sin hacer retractar el fallo que ha
medido inhumanamente los suyos. Es
preciso que aguarde á ese pobre insecto
que lentamente se encamina á la muerte,
y sin el cual no quiero partir. Me acuer
CARTA xxkI. 191

do que preguntándote una vez que es lo


peor que puede sucederá un hombre
honrado: estar obligado á morir, te de
cia; pero hoy veo que alguna cosa peor
puede sncederle,y es estar obligado á
vivir.

CARTA xxxi.
DE si Lv1A A JACoo.

Vuelve,Jacobo ; Fernanda tiene nece.


sidad de tí. Está nuevamente enferma,
porque acaba de esperimentar un gran
dolor; nada puede calmarla, te llama
angustiada, diciendo que cuantos males
le suceden provienen de tu abandono:
que tú eres su Providencia y la has de
samparado. Se espanta por tu larga au
sencia,y dice que para haber cobrado
192 JACOBQ.

tanto horror á tu casa y familia, es pre


ciso que todo lo hayas sabido. Teme que
la aborrezcas, y el dolor que la causa
esta idea resiste á todos nuestros con
suelos ; quiere morir porque dice no hay
un instante de reposo y esperanza en la
tierra para quien poseyendo tu afecto lo
ha perdido. Anímate, Jacobo,y ven á
padecer aquí. Aun eres necesario; déte
fuerzas esta idea. Hay séres que aun tie
nen necesidad de tí, y luego tu vida no
ha concluido todavía: ¿acaso no hay otra
cosa que el amor? La amistad que Fer
nanda te tiene es mas fuerte que el amor
que la inspira Octavio; todos sus cuida
dos, toda su inclinacion, que verdade
ramente se ha sostenido mas allá de mis
esperanzas, fallan con respecto á ella
cuando se trata de tí. ¿Puede acaso suce
der de otro modo? Puedo venerará otro
hombre cual á tí?Vuelve para vivir entre
nosotros; ¿no me cuentas por algo en tu
vida?te he causado mal algunavez?ig
CARTA XXXI. 19ó
noras que eres mi primero y casi mi úni
co afecto? domina el horror que te ins
pira Octavio; será cosa de un solo dia,
tambien yo he padecido para habituarme
áverle en tu lugar; pero déjaselo y toma
otro mejor; sé el amigo y el padre, el
consolador y apoyo de la familia. ¿No
eres superior á los vanos y groseros ze
los? Vuelve á tomar el corazon de tu
mujer, deja lo demas á este jóven; la
imaginacion y sentidos de Fernanda
tienen tal vez necesidad de un amor me
nos elevado que el que quieres inspirar
la. Tú que te has resignado á este sacrifi
cio, resígnate tambien á ser testigo de
él, y haga la generosidad callar al amor
propio. ¿Son algunas caricias de mas ó
de menos lo que mantiene ó destruye un
afecto tan santo como el vuestro? Estos
pueriles zelos no son dignos de tu grande
alma, y el buen número de canas que
tienes en la frente te dan el derecho de
ser el padre de tu mujer sin envilecer la
TOMO III, 13
194 JACOBO,

dignidad de tu papel de marido. No pue


des dudar de la delicadeza con que evita
rá Fernanda cuanto pudiera ofenderte;
el mismo Octavio se te hará soportable :
es de un carácter muy noble, y en estos
tres meses tan difíciles para todos noso
tros, le he descubierto virtudes que no
esperaba. Caeria á tus pies si te esplica
ras con él, si te comprendiera, si supie
se quien eres. Vuelve pues á enjugar las
lágrimas de Fernanda; porque solo tú
podrás infundir un poco de valor y cal
ma en su corazon: está herida por una
de aquellas desgracias para las cuales no
tiene consuelos el amor; solo tú tendrias
derecho de ofrecérselos, porque partici
pas con ella de su infortunio. ¿Compren
des lo que ha sucedido?"Te aguardo pues.
CARTA XXXII. 19o

CARTA XXXII.

DE JACOBO A SILVIA.

Ginebra.

Ias, pero quiero que con algunos dias


de anticipacion la adviertas de mi llega
da, pues no quiero sorprender á nadie,
y me seria horrible hallar una espresion
de embarazo ó susto en su rostro. Dile á
él que se violente si es menester, para no
dejarme ver nada de lo que pasa; hazle
creer siempre que estoy sin sospechas.
y persuádele me mantenga escrupulosa
mente en esta confianza. No, no me sien
to bastante fuerte para ser testigo de sus
amores; no soy un filósofo estóico. y
aun arde una alma de fuego bajo mi
encanecido cabello. Lo que haces ahora,
es bien cruel, Silvia : estaba casi sepulta
196 JACOBO,

do, y me vuelves á llamar al mundo de


los vivos para padecer algunos dias mas,
y asegurarme nuevamente de la necesi
dad de dejarle para siempre. Sea : Fer
nanda padece, y dices tiene menester de
mí: lo dudo, pero no moriria tranquilo
si hubiese omitido el dulcificar una sola
de sus penas ; es la última que esperi
mentará, nada mas tendrá que perder;
privada de sus hijos y libre de su marido,
podrá entregarse á su amor sin particion
ni temor. La intimidad que aun crees
posible entre ella y yo es un sueño no
velesco ; aun cuando olvidara mis resen
timientos, ¿podrian olvidar ellos el mal
que me han hecho? La vista de un hom
bre á quien se ha hecho desgraciado es
insoportable : es como el cadáver del
enemigo á quien se ha muerto.
Llegaré dos dias despues que esta car
ta. ¡Voy pues á volverá ver esa funesta
casa —Comprendo lo que ha sucedido
ha muerto mi hijo.
CARTA XXXIII, 197

CARTA XXXIII,

DE OCTAVIO A FERNANDA,

Lion.

Me he sometido á tus órdenes; aun


pienso que he debido hecerlo, pero ya
no iré mas lejos: diez leguas es lo sufi
ciente para poner paz y silencio entre él
y yo. ¿Qué temes por mí? Crées que trate
Jacobo de tomar venganza de mi felici
dad? Es demasiado generoso ó cuerdo
para esto. He consentido en alejarme
porque le seria desagradable mi presen
cia ; la suya me haria padecer menos de
lo quepiensa; no sabria imputarme yer
ros reales con respecto á él, pues podia
haberme impedido cometerlos : el de
recho y la fuerza estaban de su parte ;
198 JACOBO.

no he cometido un hurto aprovechándo


me del bien que me dejaba. ¿Es culpable
el luchar contra seres indiferentes al per
juicio que se les hace, ó demasiado mag
níficos para dignarse observarlo? Si, co
mo tú lo crees, Jacobo es sublime en es
to, razon de mas para que le viera con
placer, y para darle el mas franco apre
ton de mano que haya dado en mi vida :
nada concibo de estas sutilezas de senti
miento: ideas falsas de que te rodeas para
atormentarte, como si aun no fueses bas
tante [Link], pobre hija mia,
por las crueles pérdidas con que la suer
te te aflige : yo las lloro contigo, y nada
me consolará de la muerte de tu hija ,
ni aun..., oh Fernanda, ni aun este su
eeso que añadiéndolo tú á la suma de tus
dolores, considero yo como un benefi
cio del cielo , como un acto de recon
ciliacion entre él y yo. Deja que á esta
idea palpite de placer mi corazon dé
lº hacer mil sueños , mil deliciosos
CARTA XXXIII, 199
proyectos. Se llamará Blanca como la
que murió, porque tambien será una ni
ña, y tendrá la linda mirada y rubios
cabellos de aquel angelito que tanto se te
parecia. Verás que le será idéntica : tan
cariñosa, bella y caprichosa, y mas
fuerte, porque los hijos del amor nunca
mueren : Dios los ha dotado de mas por
venir y vigor que á los del matrimonio,
porque sabe que necesitan mas fuerza
para resistir á los males de la vida donde
son mas acogidos ; ¿quieres que sea esto
verdad para tu hijo ? Llorarás sobre él
en vez de abrazarle el dia en que venga
al mundo? Ah! si le recibes con dolor,
si le rechazas, si rehusas amarle porque
no tendrá á Jacobo por padre , déjame
lo, y abandónelo la Providencia : yo me
encargaré de él, lo recibiré en mi seno,
yo mismo le alimentaré con leche de
cierva y frutas, cual los solitarios de las
antignas crónicas que juntos leíamos el
otro dia. Reposará á mi lado, se dormi
2OO JACOBO.

rá al sonido de mi flauta, será criadopor


mí, tendrá los conocimientos que amas,
y las virtudes que tendrás necesidad de
hallar en él para ser feliz; y cuando esté
en edad de poder guardar su secreto y el
nuestro, irá á abrazarte diciéndote :
«Yo me llamo Octavio,y no tengo nece
sidad de otro nombre: el de vuestro es
poso no me seria tan querido, y de na
da me serviria; os respeto y estimo, pues
no habeis asegurado mi existencia social
por una mentira, y no me habeis dado
por señorá un hombre para el cual nada
soy ; mi padre es quien me ha criado,
y quien me ha enseñado á prescindir de
las riquezas y proteccion. Solo ternura
necesito, dadme la vuestra ; nunca os
llamaré madre, pero un beso vuestro so
bre mi frente en secreto, me dará á co
nocer todos los goces del amor filial. »
Dime: ¿cuando te hable así, le rechazarás
tambien ? estarás incomodada de tener
este amigo de unas º toda la pena que te
CARTA XXXIII. 201

causará, consiste en ocultar su existen


cia á tu esposo; tanto por lo presente

como por lo futuro me parece esto cosa


tan fácil, que no concibo cual puede in
quietarte. ¿Sufrirás acaso por no poder
confesar y dará conocer á tu hijo? Piensa
sin embargo que Jacobo tiene doble edad
que tú, mi querida Fernanda; así pues,
no puedes disimularte que debes sobre.
vivirle de mucho, y que en el órden de
la naturaleza, vendrá un tiempo en que
seas libre. Aun anues de esta presumible
época, ¡cuántos accidentes, cuántas ca
sualidades no pueden permitir nos despo
semos! ¿Crees que cual hoy no estaré á tus
pies de aquí á diez, de aquí á veinte años,
y que mi mayor felicidad no será decir
á la sociedad : Esta mujer es mia ; la he
conquistado con mis súplicas , mi obsti
nacion, nis faltas, mi amor; si he man
cillado su reputacion , á lo menos no la
he abandonado como hacen otros; he
permanecido junto á ella,he deja
2O2 JACOBO,

sar mi vida entera á voluntad de un ma


rido que indudablemente sabia batirse,
y que á cualquier momento podia venir
á degollarme en los brazos de su mujer;
he permanecido allí para satisfacer el
resentimiento de uno, ó para protejer
á la otra en caso necesario : he consagra
do todos mis instantes á la que un dia se
me sacrificó ? Principié por obtenerla á
puro perseguirla, mas concluí por me
recerla á copia de ternura, y ahora me
pertenece legítimamente. ¡Ratifiquen los
hombres esta union que tan vanamente
han combatido l
Sabes bien, Fernanda, que en cuanto
á mí es fijo todo esto; la Providencia
puede hacer lo demas, y lo hará, no lo
dudes. Nuestro destino era de hallarnos,
comprendernos, y amarnos; la casuali
dad concluia por someterse al amor: la
fuerza atractiva supera todos los obstá
culos,yá despecho del peñasco que se
Para al hierro del iman , este se adhiere
• "»
... ",
CARTA XXXIII, 2o 5

á aquel en las mismas entrañas de la tier


ra. ¡Pobre y tímida mujer! échate á mis
brazos ; yo te protejeré contra el univer
so entero! Pobre madre desolada, enju
ga tus lágrimas ; los hijos que nosotros
tendrémos no morirán !
Vuelve á la esperanza; recuerda los
plácidos dias que hemos pasado en medio
mismo de tu mayor ansiedad; acuérdate
de los milagros que opera el amor. Cuan.
do estamos en brazos uno de otro, ¿acaso
no nos perdemos en un mundo de deli
cias al cual no llegan los gritos de la tier
ra? Está segura además que no haces á
tu esposo todo el mal que te imaginas :
es un hombre demasiado superior para
dejarse afectar de los insultos de la nece
dad : sabe que no pueden alcanzarle, y
ciertamente no cree que tomemos á jue
go el esponerle á ellos. Sabe quizá que
nos amamos, á lo menos lo sospecha ;
¿y no ves cual ninguna cólera le causa ?
Es un hombre calmoso y razonador: ade.
2o. JAGOBO,

mas un hombre escelente : Si supiera tus


ansiedades te consolaria, te tranquiliza
ria acerca tus temores, y apuesto á que
lo hará algun dia. Dos ó tres años
mas, y será viejo entonces, y el amor
propio del amante abandonando hará
lugar á la generosidad del amigo con
solado. Actualmente viaja , se mantie
ne lejano porque la posicion de todos
nosotros es difícil, y desagradable nues
tro continente á presencia uno de otro ;
pero el tiempo borrará estas repugnan
cias, tal vez mas pronto de lo que espe
ramos: el porvenir parece colocado mas
allá de nuestros alcances, pero el tiempo
trabaja con una rapidez, que se admira
al ver cumplida su obra. Abandónate
pues al amor: siempre será el dueño ;
tu resistencia solo hace disminuir los
goces que ocasiona : ¡ y son tan bellos y
embriagantes! Respétalos cual los sagra
dos dones del cielo ; trabaja en preser
varlos de las injurias de la suerte, que es
CARTA XXXIII. 2o 5

estúpida yciega. y la que lejos de acep


tar cual es, precisa gobernar con fuerza
y valor. No temas que te lo reproche, Ja
cobo ; si supiera cuan irresistible es nues
tro amor, é inmensa nuestra felicidad,
nos permitiria de gozarla. Contéstame
pronto ; dime si debe Jacobo quedar
mucho tiempo. Espero que tengo que
pasar toda la vida junto á tí; y sin em
bargo, no podria someterme sin dolor á
perder una semana. Sabes que siJacobo
de acuerdo contigo lo exigiera podria
someterme á un largo destierro , pero
abora pareceria tal vez que le huyo. Si
preguntase por mí, dile que estoy en
Lion ; dame sobre todo noticias tuyas,
y cuida lo que tengo de mas caro en el
mundo.
ao 6 JACOBO.

CARTA XXXIV.

DE FERNANDA. A. OCTAVIO.

JAcoso partirá muy pronto, pero qui


siera verte antes. Tienes razon, Octavio,
es un hombre escelente : imposible es
tener mas generosidad, dulzura, delica
deza y razon. Veo bien que todo lo sabe
Tanto era lo que yopadecia por lo que
tomaba un esceso de confianza y estima
cion, que estuve ápique de confesárselo
todo; pero desde las primeras palabras
me dió á entender que no queria saber
mas, y me manifestó una tan verdadera
amistad, una indulgencia tan grande .
que estoy penetrada de ternura y recono
cimiento. Habias juzgado bien, querido
Octavio, sus intenciones, y la posicion
de todos nosotros ha hecho serias re
CARTA (XXIV, 2o7

flexiones acerca la diferencia de nuestras


edades, y ha vencido ciertamente el res
to de amor que me tenia, porque me ha
hablado absolutamente en el sentido de
tu carta. Me ha dicho que cierta resolu
cion le obligaba á mantenerse lejos de no
sotros, á fin de que no creyera el mundo
daba la mano á nuestro amor. «¿Y qué
piensas de este amor? le he preguntado :
crees que sea una calumnia? Estaba tré
mula y próxima á abrazar sus rodillas,
pero él ha mostrado no apercibirlo, y
me ha respondido :-Estoy bien seguro
de que es una calumnia. — Pero he co
nocido que sabia lo que debia pensar,y
su tranquilidad me ha librado de un
enorme peso el corazon. Jacobo es bue
no y afectuoso , pero razona : ya no es
jóven , sabe que soy escusable, y como
tú dices, su natural generosidad está se
cundada por la sabiduría de sus reflexio
nes. Me ha hecho esperar que todos los
años vendrá á pasar algunas semanas con
2o& JACOBO.

nosotros, y que dentro de ciertos años ya


no nos volverá á dejar.
Tu carta me hubiera decidido á guar
dar secreto acerca mi preñez, aun cuando
no me hubiese ayudado Jacobo á callar
me sobre lo demas. Me fio y abandono á
tí. Sabes bien que nunca tendria la im.
prudencia de aprovecharme de la ley que
obligara á Jacobo á dar su nombre y for
tuna al hijo de nuestros amores; todavía
menos hubiera tenido la bajeza de ir á
revendicar sus caricias , para engañarle
acerca de la lejitimidad de ese hijo; me
hubieras muerto antes que permitírme
lo; ¿no es verdad?Tú recogerás, oculta
rás, y cuidarás pues á ese dichoso infan
te. Le confiarémos á alguna honrada al
deana, bien aseada y fiel, la que le cria
rá, y todos los dias irémos á verlo. Ah!
cualquiera que sea mi suerte, y en cual
quiera circunstancia que venga al mun
do, está seguro que le amaré tanto como
º los que ya no existen, y quizá mas to
CARTA XX1W, 2og
davía, por lo que he padecido al perder
los. Si algun dia descubre Jacobo el na
cimiento de este, no le aborrecerá, no
le perseguirá tampoco; ¿quien sabe hasta
donde llegará su bondad? Es capaz de
cuanto hay de estraño y sublime... ¡Pero
cuán feliz soy en que su generosidad ac
tual no le cueste todo lo que me pensaba!
Nunca hubiera podido tranquilizarme y
amarte sin pena y remordimientos, si
hubiese visto que era preciso partir el
noble corazon de Jacobo; pero feliz
mente ya no está en la edad de las pasio
nes ardientes, y por otra parte siempre
me habia dicho, y sabia bien lo que en
tonces decia: «Cuando ya no me permi
tas que sea tu amante , entonces me vol
veré tu padre.» Ha cumplido su palabra.
O mi querido Octavio, nunca pasarémos
una noche juntos sin arrodillarnos y ro
gar por Jacobo.
Ytú! qué bueno eres ! de qué manera
sabes amar! Oh! nunca he anado á otro
TOMO 1II. 14
212 JACOBO.

en mi gabinete , que dejé el parque y


corrí hácia la casa. Subí sin hallará Ja
cobo , entré en mi cuarto; nadie habia,
y nada se habia desordenado en mi bu
fete: tranquilizada pero trémula todavía,
me sentéy toméla carta para plegarla y
cerrarla ; mas hallé sobre las últimas lí
neas una gota de agua todavía fresca;
me imaginé era una lágrima, y estuve
para desmayarne de emocion y terror.
Entre tanto cobrévalor viendo otrasgo
tas de agua sobre los papeles vecinos,
caidas de un ramo de flores humedecidas
por la lluvia, las que habia puesto en un
vaso al lado de aquellos papeles pero
para que veas uni puerilidad y el estado
de imbécil debilidad á que el pesar éin
quietud han reducido mipobre cabeza,
se me figuró entonces que la gota de
agua de la carta era mas reciente que las
otras. Desde aquí te veo reir de esta lo
cura: pero lo cierto es que se apoderó
de mí de tal modo, que arrojé un grito:
CARTA XXXIV. 215

oí entonces la voz de Jacobo que desde


el salon me llamaba para preguntarme
que tenia, y subió precipitadamente con
aire de asustado, creyendo que yo tenia
un ataque de nervios: te confieso que
poco le faltaba: sin embargo, la fisono
mía de Jacobo me tranquilizó, y acabó
de darme la vida con decirme que que
ria vinieras á verle, y lo demas que te he
contado ; por fin víbien que el terror
que acababa de pasar era solo obra de
una imaginacion enferma. ¿No he caido
en un estado bien ridículo? Vuelve : un
beso tuyo me hará mas bien que todo lo
demas ; y cuando vea tu mano en la de
Jacobo, entonces estaré enteramente tran
quila.
a 14 JACOBO.

CARTA XXXV.

I.E. JACOBO A SILVIA.

Ginebra.

Queanda mia, hasta aquí he hecho el


viaje con Herbert ; tú te imaginaste que
le dejaria en Lion ; nada de esto ; su so
ciedad no me ha hecho padecer lo mas
mínimo: constantemente habemos habla
do de tí; ya debes haber notado que te
está enamorado. Le he examinado y ges
tionado de modo que pudiera conocerle
bien; es un escelente jóven, leal, oficio
so y sincero. Posee una linda fortuna,
una agradable habitacion en el pais que
tú amas, y sus ocupaciones le preservan
del espíritu chismoso que es particular
á los hombres acomodados. Me ha ro
CARA V, a 15

gado te presentara su demanda en ma


trimonio, y te aconsejo la aceptes; no
ahora, pues comprendo no estás dispues
ta a ocuparte de esto, pero mas ade
lante ; nunca serás feliz por amor, Silvia.
Podrás buscar muy largo tiempo un sér
digno de tí, pero si le hallas te cabrá la
misma suerte que á mí; será demasiado
tarde, serás demasiado vieja para hacerte
amar por mucho tiempo. Por otra parte,
lhay una discordancia demasiado com
pleta entre nuestro unodo de sentir y el
de todos los demas hombres, para que
podamos nunca hallar nuestro semejante
en este mundo; y sin embargo, solo una
cosa hay en la vida, el amor. Pero el
amor, sobre todo en el corazon de las
mujeres, puede ser de dos maneras, el
amor á un hombre, y el amor materno.
Tan desgraciado como soy, hubiera vi
vido por mis hijos : ¡ pero han muerto!
es este un accidente que me mata. Tú
podrás criar á los tuyos, y ser feliz por
a 16 JACOBO,

ellos al abrigo de todos los males que me


agobian ; segun el modo como cuidabas
y querias á los mios, es bien fácil de ver
serás una madre sublime. Sélo pues cá
sate con Herbert; bastará que le tengas
estimaciony amistad, de lo que es muy
digno. Es una de aquellas hermosas y
tranquilas naturalezas, que no conocen
el transporte de las pasiones ni sus funes
tos padecimientos ; no te pedirá mas
afecto del que estés dispuesta á conceder.
le, y cuando le conozcas no le concede
rás menos de lo que merece. Gozaréis
una vida apacible y patriarcal ; tú eres
una verdadera Ruth , activa, animosa y
afecta cual la mujer fuerte de los felices
tiempos bíblicos; harás un santo holo
causto de tusirrealizados sueños y vanos
deseos, y repartirás entre tus hijos el
amor que no hayas podido dar á un
hombre. No me quites esta esperanza,
déjamela llevar al sepulcro; me vino el
otro dia cuando comíamos en el punto
CARTA XXXV. 217

de reunion de la cacería. Me habia le


vantado un momento, volví, y contem
plé sentadas sobre la yerba las dos her
mosas parejas que formabais, Octavio y
Fernanda, Herbert y tú Herbert seguia
con viva solicitud tus menores movimien
tos; espiaba todas tus miradas para ha
llar ocasion de hacerte el menor servicio
y poder oirte decir : Gracias, Herbert.
Los otros dos amantes estaban radiosos
de felicidad, y con placer les hago jus
ticia, me colmaron todo el dia de amis
tad y delicadas caricias. Una divina cal
ma descendió por un instante á mi cora
zon, viendo que todos erais dichosos, ó
que á lo menos podiais serlo. Oh! cuán
estraño y sublime dia ! ¿quién hubiera
dicho que aquel era el eterno adios entre
vosotros y yo? Instantes habia en queyo
mismo lo olvidaba, y en los cuales me
referia á nuestra antigua felicidad, hasta
el estremo de creer era un sueño cuanto
ha pasado despues; eltiempo era tan her
22O JACOBO,

La mano de Dios es quien ha puesto á


mi vista aquellas cartas. Iba tal vez á mi
perdicion y envilecimiento ; iba á acep
tar el flso é imposible papel que habias
soñado para ní. Conmovido con tu no
velesca elocuencia, tocado por el llanto
y humildes súplicas de Fernanda, iba á
prometerle el pasar el resto de mis dias
entre ella y su amante: á cada momento
estaba próximo á decirla: Todo lo sé, y
os perdono á entrambos; sétú mi hija y
Octavio mi hijo, dejadme envejecer en
tre vosotros, y llame la nresencia de un
amigo desgraciado, acogido y consolado
por vosotros, la bendicion del cielo so
bre vuestros amores. Este rayo de espe
ranza, esta ilusion de algunas horas que
vino á brillar sobre mi último dia antes
de abandonarme á la noche eterna, ¿no
es un esceso de penar? ¡Entrever un rin
con del cielo cuando se está condenado
á bajar vivo á la tumba! Noimporta, es
toy muy contento de haber hecho todos
CARTA XXXV. 221

los esfuerzos y posibles reflexiones para


ligarme á la vida , así moriré sin pesar.
El destino me hizo entrar en el aposento
donde estaba escrita esta sentencia. Iba á
buscar papel y tintero para escribirá Oc
tavio que volviera, cuando inclinándome
hácia la mesa, viendo la letra suya , di
con esta terrible frase que cual fuego se
fijó á las niñas de mis ojos: Los hijos que
nosotros tendrémos no morirán l. Quise sa
ber mi suerte, sentí que las ordinarias
consideraciones de la delicadeza, enmu
decian ante el oráculo del destino , y
además, incapaz cual soy de perjudicar
á Fernanda, pude sin escrúpulo violar
sus secretos. Sin esto erraba el camino,
y entraba en una nueva serie de males
que igualmente me hubieran conducido
á donde voy, pero menos aninoso y puro
de lo que hoy dia. Sí, he hecho bien
en leer : ya has visto mi conducta poste
rior á ello; mi partido estuvo pronto to
mado, y desde aquel momento he tenido
222 JACOBO .
en el alma y en el rostro la serenidad
de la desesperacion .
Tiene razon, sus hijos no morirán : la
paturaleza bendice y acaricia al que es
amado , el frio de la muerte solo se es
tiende sobre aquel queya no lo es. Todo
le abandona , y hasta las mismas plan
tas se secan bajo la mano del maldecido;
la vida se le aleja, y la huesa se abre para
recibirle , á él, y á los nacidos de su
amor ; el aire que respira está cmponzo
dado , y evitándole los hombres, se pre
guntan: ¿Quoca morirá este desgraciado?
Aquella carta ha dictado mideber; he
visto lo que precisaba decir á Fernanda
para consolarla y curarla ; él lo sabe, él
la conoce yamejor que yo. He realizado
cuanto la prometia de mi parte : me he
conformado al carácter que mesupone,
y en efecto , he visto que todo lo que
ella descaba era verse libre de miamor;
desde que la he dicho estaba estinguido,
la he visto renacer, y sus ojos parecia me
CARTA XXXV . 223
decian : ¡Puedo pues amar á Octavio á
miplacer !
¡Amele poes !Un hombre menos des
graciado que yo hubiera hallado tal vez
ocasion de sacrificarse por el objeto de
su amor , y ser recompensado a su últi
ma hora por las bendiciones de los que
habria hecho felices: pero es tal misuer.
le , que es preciso que me oculte para
morir. Mi suicidio tendria visos de re
proche , y emponzoñando el porvenir
que les dejo lo haria quizá imposible ;
porque al fin , Fernanda es un ángel de
bondad , y su corazón sensible como es
á los menores embales , podria partirse
bajo elpeso de semejante remordimien
to . Además , el mundo la maldeciria , y
despues de haberme perseguido en vida
con sus feroces zumbas, perseguiria á mi
viuda con sus ciegasmaldiciones despues
de mi mucrte. Ya sé como se arreglan
las cosas ; un pistoletazo en la cabeza
hace de repente un héroe ó un santo de
224 JACOBO.

aquel á quien se menosp eciaba la víspe


ra. Me horroriza esta ridícula apotéosis:
desdeño demasiado á los hombres entre
quienes he vivido, para llamarles á mí
agonía cual á un espectáculo ; nadie sa
brá porque muero; no quiero que se
acuse á los que me sobreviven, ni tan
poco que se haga gracia á mi memoria.
He querido verá Octavio antes de par
tir, para asegurarme por mis propios
ojos acerca si podia legarle sin inquietud
lo que mas earo tengo en el mundo. Es
un hombre de singular egoismo ; pero
sabe hacer una virtud de este vicio , y
me place su osadía. Espero que la hará
feliz. Tanto él como ella me han abra
sado con efusion al tiempo de partir.
¡Muy contentos estaban !
CARTA XXXVI, o 25

CARTA XXXVI.

DE 8ILVIA. A JACOBO,

YA no me lisonjeo mas ; ha pasado á


mi alma la desesperacion de la tuya;pero
si esa es augusta y resignada, es sombría
y amarga la mia. ¡¡No hay remedio pues,
has tomado tu partido 1 O Dios, ó Dios
mio! un hombre cual Jacobo va á ma
tarse, y no haréis vos un milagro para
impedirlo !! Vais á dejar caer esta vida
santa y sublime en el abismo de la eter
nidad, cual un grano de arena en el
Océano ; irá mezclada con la de los ba
jos y perversos, y la creacion entera no
se rebelará contra vos para rehusar su sa
crificio. ¡Oh Jacobo! tu desgracia hará de
mí un ateo á mi último suspiro.
Me hablas de porvenir, de felicidad,
TOMO III, 15
226 JACOBO.

de matrimonio, de maternidad! no sabes


tú pues.... no, no conoces mi amistad,
si imaginas que pueda sobrevivirte. Aun
cuando no fuese mas que por indigna
cion, aborrezco ya la vida ; la aborrezco
aun unas que tú ; porque tú aceptas tu
suerte, y yo me rebelo contra Dios y los
hombres que me la han hecho tal cual es.
Odio á Octavio , y no puedo mirará la
cara á mi hermana : la huyo, tal es el
miedo que tengo de odiarla tambien. ¡He
aquí cual te ha comprendido la mujer
que amabas! y que hombre te ha prefe
rido! Sí, son hechos uno para otro, tie
nen razon, ámense y duerman sobre tu
tumba, este será su lecho nupcial.
¿Pero porqué es preciso que mineras?
desde el mismo instante en que lo desean,
no te has emancipado de todo deber cen
respecto,á ellos? ¡Porqué tienen un cri
minal, pensamiento te ofreces tú á Dios
cual víctima de expiacion por su crímen!
Qué será para los hombres el amor á la
CARTA VxxVI. 227
justiciay la fe en la Providencia, si los
primeros entre ellos se condenan é in
molan de este modo para lavar las fal
tas de los últimos ! ¿No puedes abando
nar para siempre á esta maldita Europa,
en la que todos tus males se han arraiga
do, y buscar alguna tierra vírgen de tus
lágrimas , en la que pnedas comenzar
una nueva vida? Será verdad que ya nada
tienes en el corazon, ni aun la amistad
á mí, que te seguiria al fin del mundo?
Ah! nunca te ha bastado, esta amistad
que llenaba toda mi alma ahogando á
cada p so el amor que pudiera concebir
para otros hombres; venias á reposar y
consolarte junto á mí; pero pronto vol
vias á aquella vida de borrascosas pasio
nes, que ha concluido por destrozarte.
Ahora que han nuerto tus pasiones, no
podrias vivir dulcemente, y envejecer
con tu hermana bajo nn cielo hermoso
en uno de los encantados desiertos del
Nuevo Mundo?Ven, partamos: olvide
228 JACOBO.

nuos lo que habemos padecido, tú por


amar demasiado, yo por no haber podiº
do amar bastante. Adoptarémos si quier
res á algun huérfano, nos imagiuarémos
que es hijo nuestro, y le criarémos segun
nuestros principios. Educarémos dos de
diferente sexo , y un dia los casarémos
a la fa de Dios, sin mas templo que el
desierto, sin mas sacerdote que el amor;
habrémos formado sus almas segun la
verdady la justicia, y gracias á nosotros,
habrá tal vez entonces una pareja pura y
feliz en la tierra.
¡Ah! déjame soñar de este modo, y
uena tú tambien conmigo. A Pesar de lo
que dices, creo debe haber otra cosa en
vida que el amor. ¿Comº es posible
que un hombre cual tú, dotado del ma
yor talento, sabio en todas las ciencias
rico de todas las ideas» de todos los re
cuerdos, nunca haya querido vivir una
que por el corazon º no puedes refugiar
te en la vida de la inteligencia? ¡Porque
CARTA KXXVI. 229
no eres poeta, sabio político ó filósofo!
Estas son existencias que la edad hace ca
da dia mas bellas y completas. ¿Porqué es
preciso que mueras á los cuarenta años
de la desesperacion de un jóven?; OhJa
cobo !! es que tu alma es demasiado ar
diente; no quiere envejecer, y prefiere
estrellarse que estinguirse. Demasiado
modesto para emprender el ilustrar á los
hombres por la ciencia ; demasiado or
gulloso para querer brillar por el talento
á los ojos de unos séres tan poco capaces

de comprenderte: demasiado justo y pu


ro para querer reinar sobre ellos por la
intriga ó la ambicion, nada sabias que
hacer de la riqueza de tu organismo. Dios
hubiera debido crear un ángel espresa
mente para tí, y enviaros á vivir solos á
nn otro mundo; hubiera debido á lo me
nos hacerte nacer en el tiempo en que la
fe y el amor divino servian para ilustrar
y regenerar las naciones. Hubieras nece
sitado una tarea inmensa, heróica, hu
25o JACOBO,

milde y entusiasta á la vez una vida


toda de santas lágrimas y filantrópicos
padecimientos, un destino cual el de
Cristo.
Pero cuando un hombre como tú na
ce en un siglo en que nada hay que ha
cerpara él, cuando con su alma de após
toly su fe de mártir es preciso que pase
mutilado y sufriente, entre unos hom
bres siu corazon ni objeto, que vegetan
para lleuar una insignificante página de
la historia; se ahoga, muere en aquel
aire corrompido, entre aquella estúpida
muchedumbre que la acosa y magulla
sin verle. Delestado por los malvados.
zumbado por los necios, temido de los
envidiosos, abandonado de los débiles,
es menester que cedayvuelva á Dios fa
tigado de baber trabajado en vano, triste
de no haber eumplido nada; el mundo
queda odioso y vil: esto es lo que se lla
ma el triunfo de la razon humana.
Me has hecho jurar permaneciera jun
CATA XVII, eón

to á tu esposa hasta que esté consolada


de tu muerte; me has arrancado este ju
ramento: ¿no podrias retractarlo? Esta
rá en mi poder el mantenerlo cuando se
pa ha llegado el dia y que tocas ya á tu
hora postrera? Crees, Jacobo, que no lo
abandonaré todo por irá partir contigo
el plomo ó el veneno? ¡Me haces sonreir
con la demanda de Herbert! Recuerda
que de tu parte me has jurado, no eje
cutar tu resolucion sin prevenírmelo an
tes, y sin darme tiempo suficiente para
irá abrazarte por última vez.

CARTA XXXVII.

DE JACOBO A SILVIA.

Montañas del Tyrol.

CatMA tu dolor, hermana querida; des


piertas con él el mio, y en nada se cam
252 JACOBO.

bia mi resolucion. Cuando la vida de un


hombre
sada paraes sí
perjudicial para algunos
mismo, inútil - Per
á todos, el

suicidio es un acto legitimo, el cual Pue


de llenarse ya que no sin pesar de haber
fallido la vida, á lo menos sin remordi
miento de terminarla. Tú me haces mu
cho mas virtuoso y grande de lo que soy
pero hay cierta cosa muy profundamente
veraz en lo que dices de la tristeza que
esperimenta una alma llena de buenas
intenciones inútiles é inclinaciones per
didas, cuando se ve obligada á abando
nar su tarea sin haberla podido desem
peñar: nada me reprocha mi conciencia,
y siento que me es lícito echarme en mi
hoya y descansar de haber vivido. Hace
algunos dias que he atravesado un cam
po de batalla, donde hace una quincena
de años me hallé por primera vez en me
dio de sangre, fuego y polvo ; entonces
era jóven, y ante mí se abria una brillan
te carrera si hubiése sabido aprovechar
CARTA YxVII. 235
me; era un tiempo de gloria y embria
guez para mis compañeros. Me acuerdo
que pasé la noche de la víspera sobre uno
de los techos de cáñamo á flor de tierra,
que sirven de granja y corrales al pie de
las montañas. Estaba á la mitad de la co
lina; tenia á la vista un magnífico cua
dro: á mis pies el campamento francés,
las hogazas del enemigo á lo lejos, y á
Napoleon, general, en medio de todo
esto. Hice muchas reflexiones acerca
aquel destino que se me presentaba, y
sobre el hombre de genio que gobernaba
á tautos destinos; pero me halléfrio, en
medio de aquellos sangrientos trabajos y
funesta gloria ; tal vezúnico en todo el
ejército, no echéá menos el no ser Na
poleon. Acepté los horrores de la guerra
con la fuerza de alma que da la razon al
que no puede retroceder, pero al galo
par al siguiente dia sobre aquellos crá
neos que rompia el pie de mi caballo,
sobre aquellos cadáveres que aun ge
254 JACOBO.

mian, me sentí penetrado de un odio


tan profundo contra los hombres que á
aquello llamaban gloria, yuna aversion
tan invencible hácia aquellas asquerosas
escenas, que cubrió ni rostro una eterna
palidez. tomando mi esterior la glacial
reserva que nunca despues ha perdido.
Desde aquel dia mi carácter entró en sí
mismo: hice una especie de escision con
mis iguales, me batí con una desespera
cion y repugnancia que ellos llamaban
sangre fria, y acerca la cual nunca me
espliqué con ellos, porque aquellos bru
tos no hubieran comprendido que pudie.
se hallarse entre ellos un hombre que no
amase la vista y el olor de la sangre.
Veíales prosternarse ante el ambicioso
que abria tantas arterias, y se alimenta
ba de tantas lágrimas, y cuando le veia,
á él pasar sobre aquellos muertos por
entre las nubes de buitres á quienes en
gordaba con carne humana, intenciones
tenia de asesinarle, á fin de ser maldeci
CARTA XXXVII, 35

do y hecho pedazos por sus adoradores.


No, nunca me ha seducido ni tentado
el genio sin la bondad, sin el amor, sin
la afeccion. Iréá vivir á los pies de una
mujer, me decia, anaré á uno de estos
séres débilesy sensibles que se desmayan
ante una gota de sangre. Busqué la debi
lidad y la hallé; pero la debilidad mata
á la fuerza, porque aquella quiere gozar
y vivir, al paso que esta sabe renunciar
y morir.
No maldigas á esos dos amantes que
van á aprovecharse de mi muerte ; no son
culpables, se aman, y no hay crimen
allí donde hay amor sincero. Tienen
egoismo, pero sin embargo quizá valen
mas todavía pues los que no lo tienen,
son inútiles para sí y para los otros. Para
cualquier que quiera no ser quitado de
la sociedad, le precisa tener amor á la
vida y voluntad de ser felizá despecho
de todo. Lo que en aquella sociedad se
llama virtud es el arte de satisfacerse
36 JAGOBO,

sin chocar abiertamente con los otros, y


sin atraerse sobre sí incónodas enenis
tades. Y bien! ¿porqué aborrecer á la
humanidad porqué es de este modo?
Dios es quien la ha dado este instinto
para que por sí misma trabajase para su
conservacion. En el gran molde donde se
forjan todos los tipos de las organizacio
nes humanas ha mezclado algunos mas
austeros y reflexivos que los otros, creán
dolos de tal naturaleza, que no pueden
vivir por sí mismos, é incesantemente
están atormentados de la necesidad de
obrar para hacer que la masa comun
prospere. Son cual ruedas mas fuertes
que combina con los mil rodajes de la
gran máquina; pero haytiempos en que
esta está tan cansada y usada, que nada
puede hacerla andar; y entonces, Dios
enojado, la tira con el pie y la hace pe
dazos para renovarla despues. En aque
los tiempos hay buen número de hom
bres inútiles que pueden tomar su parti
CARTA JXXVII. a 57
do, de amar y vivir si lo pueden, ó mo
rir si no son amados y se fastidian.
Me reprochas que no te haya amado
bastante, pero en el instante de la muer
te en que todo puede decirse , debo ha
certe observar ( es la primera y última
vez) que ambos estábamos en una posi
cion muy delicada con respecto el uno al
otro. De todos los séres que he conocido,
tú eres aquel hácia quien me atraia la
mas ardiente simpatía; pero eras jóven
y hermosa, y nunca he sabido si verda
deranente eras hermana mia. Esta idea
nunca te ocurrió, tú me has aceptado
por tu hermano, y aun entonces cuando
tu madre que tampoco lo sabe te dijo
que yo no lo era, el destino de ambos
estaba hecho mucho tiempo habia , y ya
no podiamos amarnos de otra manera
que por lo [Link] hubiésemos sabido
antes y de un modo mas positivo que po
diamos ser nin hombre y una mujer con
respecto el uno al otro, la vida de ambos
a 38 JACOBO,

hubiera sido bien diferente; pero la in


certidumbre nos habria hecho odiosa á
los dos la sola idea de aquella felicidad;
así pues hice el absoluto y eterno sacrifi
cio de tal sueño la primera vez que sos
peché la posibilidad de acogerlo, y estin
guí en mi pecho una parte de mi amis
tad, receloso de que fuese ácargo de mi
conciencia. ¿Qué hubiera sido de los dos
si no fuésemos algo mas fuertes que Oc
tavio y Fernanda ? Cuando solo de una
palabra incierta ó mal intencionada de
madama de Theursan dependia el sumir
nos en las mas horribles ansiedades ! Per
dóname esta escesiva prudencia que nun
ca comprendiste ú observaste, porque tú
alma, mas tranquila que la mia, no te la
prescribia; merced á ella muero puro.
y mi corazon no ha sido mancillado con
el menor pensamiento que haya debido
Dios aborrecer ó castigar.
Piensa ahora , amiga mia, que no pue
deº seguirne al sepulcro, por disgustada
CARTA XXXVII. 259
que estés de la vida, por mas aislada que
debas hallarte con mi muerte, no puedes
participar de ella sin mancillar tu me
moria y la mia, con la acusacion que se
nos ha dirigido en vida nuestra; el mun
do no dejaria de decir que eras mi man
ceba, y que lo que nos hizo buscar el
suicidio en brazos uno del otro fué una
desesperacion de amor. Sabes cuan sus
picaz es Octavio, cuan débil es Fernan
da, hasta ellos lo creerian. Ah! dejémos
les á lo menos sin mancha mi recuerdo,
y que á lo menos me respeten cuando ya
no exista, cuando este respeto nada les
cueste,
Pero, óSilvia, ni hermana ante Dios,
no me acuses nunca de que te haya des
conocido; cien veces te lo he dieho, eres
la única en el mundo que tan solo me
hayas hecho bien ; tú sola me compren
dias, tú sola pensabas como yo. Parecia
que nos animaba una misma alma, y que
la parte mas noble de ella hubiese sido
24o JACOBO.

tu parte. Lo mismo que me has preferir


do á tus amantes, te hubiera yo preferi
do á mis queridas si al abandonarme á la
viveza de mi afeccion no hubiese tenido
ir mas lejos de lo que quisiera. Tú te en
tregabas libremente, ¡alma hermosa y
eternamente tranquila y sólida! pero es
que eras el diamante y yo la piedra que
lo protege; mis deseos ytransportes han
puesto como salvaguardia constante en
tre nosotros á una amante que recibia
mis caricias, pero que no me impedia
elevara siempre mi veneracion bácia ti.
Ves cual me fio en tu palabra,y de cuan
ta estimacion es la mia ; oso revelarte to
das las debilidades, todos los padeci
mientos de mi corazon. Desde que te
conozco, te he tenido por confidente y
consoladora, y nunca me habia entrega
do á persona alguna antes que á ti. Sé
pues mi última esperanza en el mundo
que voy á dejar; del fondo de la tumba
*ºdrá aun mi alma á informarse con so
CARTA XXXVIII, 241
licitud de la felicidad de los que dejo en
él. Vela sobre tú hermana, te la confio,
y si quieres que muera en paz, déjame
llevar la esperanza y seguridad de que no
la abandonarás nunca, tu, tan llena de
razon, y cuya amistad es tan superior al
amor de los otros.

CARTA XXXVIII.

DE JACOBO A SILVIA.

Neveras de Runs.

Es tan bella esta mañana, el cielo está


tan puro, y tan serena la naturaleza en
tera, que quiero aprovecharme de ello
para poner fin en paz á mi triste existen
cia Acabo de escribir á Fernanda de un
modo capaz de quitarla para siempre la
TOMIO III. 16
242 JACOBO.

idea de que termino con un suicidio. Le


hablo de mi propio regreso, de esperan
za y tranquilidad; desciendo tambien á
algunos pormenores domésticos, y la
participo muchos proyectos de mejora
en nuestra casa, á fin de que creyéndo
me bien ageno de la desesperacion, atri
buya mi muerte á un accidente.Tú sola
eres la depositaria de este secreto, del
que depende toda su futura felicidad:
quema todas mis cartas. ó á lo menos
ponlas en seguridad; de tal suerte, que
queden aniquiladas contigo en el caso de
morir. Sé prudente y fuerte en el dolor,
piensa que conviene no haya muerto yo
en vano. «Salgo de mi albergue para no
volver á entrar ; tal vez no me mataré
hasta mañana, quizá hasta de aqui á al
gunos dias; pero en fin, no volveré á
entrar mas. Mi alma está resignada aun
que sufriente todavía, y muero triste,
cual aquel cuyo único refugio es una dé
bil esperanza en el cielo. Subiré á la cum,
CAIRTA XXXVIII. 245
bre de las neveras. y oraré de lo íntino
de mi corazon: quizá la fe y la esperanza
descenderán á mí en aquella hora solem
ne, en que desprendiéndome de los hom
bres y de la vida, me arrojaré á los abis.
mos levantando las manos al cielo y gri
tando fervorosamente: ¡Oh justicia! jus
ticia de Dios !

Posterior á la última carta dirigida á


Fernanda, de que habla aquí Jacobo, y
que llegó á San Leon al mismo tiempo
que el anterior billete á Silvia, no se vol
vió á oir hablar de él; y los montañeses
entre quienes se habia hospedado hicie
ron saber á las autoridades civiles del
Canton que habia desaparecido un es
tranjero dejando su maleta en su poder.
Ningun descubrimiento produjeron las
pesquisas que se hicieron, acerca de su
suerte; y como del exámen de sus pape
244 JACOBO,

les no aparecia ningun indicio de pro


yecto de suicidio, fué atribuida su desa
paricion á una muerte fortuita. Habíasele
visto tomar la senda de las neveras, éin.
ternarse mucho hácia las nieves; se pre
sumió, pues, que habia caido en una de
aquellas hendeduras que se hallan entre
los trozos de hielo, y que á veces tienen
muchos centenares de pies de profundi
dad.—Nota del Editor.
Que se publica en la casa de OLIvA.
BARCELoNA.
---=-Q-=---

Ya se considere la presente Coleccion por


lo que respeta al mérito, variedad, instruc
cion y moralidad de las novelas escogidas.
ya relativamente á la finura del papel, lim
pieza y perfeccion tipográfica y comodidad
del tamaño; puede salirse garante de su su
perioridad sobre todas las demas colecciones
de la misma clase dadas á luz en España.
Vamos publicando dichas novelas con her.
mosa impresion, bellas láminas y viñetas:
de manera. que el esmero del Editor sea
correspondiente á lo que se merecen Auto
res de tan universal nombradia.
El título que damos á la Coleccion deno
ta bastante la idea y el plan que hemos for
mado: es decir, que en cuanto sea asequible
no olvidarémos ningun autor sobresaliente:
y en prueba de ello y cumplimento de nues
tro propósito, presentamos d Arlincourt, á
WWalter Scott, áRousseau, Ireland, Pi
gault-Lebrun, Madama Cottin , Jorge
Sand, y otras notabilidades literarias, á
cuyas obras añadirémos las mejores pro
ducciones, escritas asi en España como fue
ra de ella.
Actualmente han dado principio á la Co
leccion que anunciamos, y se hallan impre
sas, las novelas que á continuacion se espre
san, á las que seguirán otras muchas.
NOVELAS PUBLICADAS

EN ESTE MISM o TAM A Ño.


-----

NoTA. Los precios indicados corresponden á


Barcelona; en los demas puntos del Reino son
condicionales.

1 La Estranjera, ó la Muger miste


riosa, escrita por el Vizconde de Arlin
court, y traducida nuevamente al caste
llano: 2 tonos 16, con láminas, 14 rs.
rústica y 18 pasta. —2. La Abadesa, ó
procedimientos inquisitoriales, por W. H.
Ireland, traducida del inglés: 2 tomos
16, con láminas, [Link].–5. El Solita
rio del Monte Salvaje, por el Vizconde
de Arlincourt: 2 tomos 16. con lámi
nas, id. id.—4. El Hijo del Carnaval,
historia notable y sobre todo veridica; por
Pigault-Lebrun: 2 tomos 16, con lámi
mas, 16 rs. rústica y 2o pasta.—5. VVa
verley, ó Sesenta años ha, por sir Walter
Scott : G. tomos 16 con láminas, 42 rs.
rústica y 54 pasla.—6. El Renegado, por
el Vizconde de Arlincourt: 5tomos 16,
con láminas, 21 rs. rústica y 27 pasta.
—7. Poesias de Iglesias; 5 tomos 16,
id. id.—8. Julia, ó La nueva Heloisa, por
Juan Jacobo Rousseau, precedida de la
Vida del Autor: 1 tomo 8 marquilla, 24
rs. rústica y 28 pasta.—9. Malvina, por
Madama Cottin: 5 tomos 16, con lámi
nas, 21 rs. rústica y 27 pasta.—1o. Las
Anistades peligrosas, Coleccion de Cartas
recopiladas en una Sociedad, por el C. de
Lº‘5 tomos 16 con láminas, 21 rs. rús
tica y 27 pasta. — 11. Pelayo, fundador
de la Monarquía española, por Pedro Ar
mengaud: 2 tomos 16, 16 rs. en rústica
y 2o en pasta.—12. La Verdulera,por el
Vizconde de Arlincourt : 2 tomos 16, 16
rs, rústica y 2o pasta.—15. Andrés, por
Jorge Sand, 2 tomos 16, lán. 14 rs. rús.
tica y 18 pasta. — 14. Leon Leoni, por
Jorge Sand, 2 tomos 16. lám. id. id.—
15. Valentina, por Jorge Sand , nueva
traduccion, 2 tonos 16, lám. 18 reales
rústica y 22 pasta. — 16. Indiana, por
Jorge Sand , nueva traduccion. 2 tonos
16. lám. 16 reales rústica y 2o pasta.—
17. Simon, por Jorge Sand, 2 tomos 16.
lám. 14 rs. rústica y 18 pasta. — 18. El
Secretario privado, por Jorge Sand, 2
tomos 16 lám. 14 rs. rústica y 18 pasta.
– 19. Jacobo, por Jorge Sand, 5 tomos
16 lám. 2 n rs. rústica y 27 pasta
*.

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1001106355
| ( Biblioteca
de Catalunya

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| Generalitat de
Departamentd
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