Rae oer ee tes ee
Ce ae eine
eee ee et ees
re esr ee
fallecida ya quienes los pobladores de esa zona raral
Sa
Bea eee a
reeaerin sobre un grupo de muchachos del pucblo, a
ee ken ee ne
Cerone ear ar eens
ees
a ert eee ee)
Ca eer eee
‘nos sumergimos en la vida de este lugar acosado por
Ja miseray el abandono, y donde convergen la vioen
ct tara ere ee ene
ee at ete ee
eee ean an sa een
Cree eun erent ee eae ena ee ai
pasional. Una novela eruda y desgarradora en la que
elector quedaré envueto,atrapado por las palabras
In atmostera de terrible, aunque gozosa, falda.
i
iTemporada de huracanesTemporada de huracanes
FERNANDA MELCHOR
LITERATURA RANDOM HOUSEPenguin
Rand
upobdi
m HouseWB. Yeu
Easter, 1916
Ales dels aontecinientos ge
es om agihha que sube del rfo, com ls
ron al canal por la bre
hhondas prestas para la batalla y los ojos entornados, cos
Falgor del mediodfa
1s traje de bafto: wna trusa colorada
sn cinco, y slider
{que ardia entre las maeas sedientas del cafaveral enano
de principios|
calzoncillos, |
mayo, El resto de Ia tropa lo seguia en
cuatro calzados en borines de fango, los
cuatro cargando por tumos el bakde de piedras menudas
ma mafiana sicaron del rio; los cuatro ce
{gue aquells mi
Fidos yfieros y tan dispuestos a inmolarse que
fd mis pequeio de ellos se hubiera atrevido a confe
fia miedo, al avanzar con sigilo a la zaga de sus
os, la liga de a resortera tens
comp sus manos, el
guijarro apretado en la bada x0 para des
4 al paso sla sefal de a
falabrar Io primero que le
ldo del bient
‘emboscada se hacia presente, en el ch
Teclutado como vigia en los Srboles a sus espalds, 0 en
{l cascabeleo de las hojas al ser apartadas con violencia,
fo el aumbido de las piedras al partir el aire frente a sus
opilotes et
caliente, cargada d 0s contra
cara, lab
{lcielo casi blanco y de una peste que era peor que un.
jor que daban ganas de
1s, que quitaba las ganas
bord de la
puto de arena en la cara, un
tescupir para que no baara a1
de seguir avanzando, Pero el lider seialé
‘eatada y Jos cinco a gatas sobre Ia yerba seca, los cincoapiftados en un solo cuerpo, los cinco rodeadas de moseas
verdes, reconocieron al fin lo que asomaba s
hee
puma amarilla del agua: el rosto podrido de un muerto
centre los juncosy las bolsas de plistico que el viento em-
pujaba desde la carretera, [a miscara prieta que bulla en
tuna miriada de culebras negras, y sonreia
Le decian la Braja, igual que a su made: la Bruja Chica
‘cuando la vieja empez6 el negocio de las curaciones y los
tmaleficios, y la Bi
por el aio del deslave. Si acaso avo otro nombre, insti
fo en un papel ajado por el paso del tiempo y Tos gasanos,
‘eutto tal vez en uno de esos armarios que la vieja abo
fraba de bolsas y trapos mugrientos y mechones de cabs
Ilo arraneado y huesos y restos de comida, si alguna vt
tlegé a tener un nombre de pila y apllidos como el resto
‘dela gente del pueblo fue algo que nadie supo nunca, ri
siquiera las mujeres que visitaban la casa fos viernes oy
too manea que la Ilamara de otra manera. Era siempre ty
on2a, 0 t4, cabrona, 0%, pinehe ja del diablo cuando
queria que la Chica fuera’ su lado, 0 que se callara, 0
Simplemente para que se estuviera quicta debajo de ta
mesa y Ta dejara escuchar las quejas de las mujeres, los
igimoteos con los que salpimentaban sus cuitss, achagues,
4 secas cuando se qued6 sola, alld
Y dewvelos, los suefios de parientes muertos, las broncas
‘on aquellos atin vivos y el dinero, casi siempre era el
‘Ginero, pero también ef marido,y las putas esas de la c2-
rretera,y que yo no sé por qué me abandonan justo cuan~
{do més ihusionada me siento, Ie loraban, y todo para qué,
fgemian, mejor era morite ya, de una vee, que nadie
thunca vepa que existieron, y con I esquina del reboro se
limpiaban la eara que de todos modos se cubrian al sirde la cocina de la Broa, porque no fuera a ser que leego
dlijeran, una nunca sbia, con lo chismosa que era la gen.
te del pueblo, de que una iba con la Bruja porgue se t-
‘maba una veogan2s
taba aque ivetaa fos cuando una inocentement lo
patho deste pinche chamac stascad que ramp slo
tm kil de paps, oun gue iver pra esantaree
Casanco o una pomada pra os desarelos elven,
fr el pechoy Heat la pena, el dar gue seeab in e
peranan en ms gabotes Porque la Braj cicachab,y Ta
Brau no we expan al parecer de nad, Bae detsn
aque habia matdo x su maida, ism menos que el
Gibrén Ge Manolo Conde, y por dinero, el dinero Ia
tasty ls ters Gel veo, om centemar de ectrea de
Sema y de ordi que le dj pdr, que quedaba
Gespots de haber do tenindolo odo por cahos al ier
Gel Sndiat del Ingenio pra no tener ue bj nn
siempre se le malograban, y era tan grande aquellatifun—
dio que cuando don Manolo musié todavia quedaba un.
buen erozo que dabs una renta interesante, tan asi que los
hijos del viejo, dos chamacos ya grandes, con las carreras,
terminadas, que don Manolo tavo con la que era su espo-
salegitima allé en Montiel Sosa se dejton caer al pueblo
tan pronto supieron la noticia: un infaro falminante, fue
lo que les dijo el médico de Villa cuando los muchachos
egaron a la casa aquella en medio de los cafiaverales don-
de estaban velando el cadiver, y ahi mismo en frente de
todo el mundo le dijeron a la Bruja que tenia hasta el dia
siguiente para largase de la c3sa y del pueblo, que estaba
loca si ereia que ellos permitirian que una furcia se que~
dara con los bienes de su padre: las terras, I casa aquella
casa que después de tantos afos afin segutia en obra negra,
‘Grandiosa y malhecha como eran Tos suciios de don Ma~
Molo, con st escalinata y su barandal de querubines de
‘Yosoy los techos asimos en donde anidaban los mui
Tagos,y el dinero que segin estaba escondido en algin
Jugur de esa casa, un chingo de centenarios que don Ma
nolo heed de sa padre y que nunca metié al banco, y el
tliamanee, el anillo de diamantes que nadie habia visto
fnanca, ni siquera los hijos, pero que decian que venia una
piedra tan grande que paecia fala, una aueéntica reiquia
ete habia pertenecido a la abucla de don Manolo, Ia se
ota Chucita Villagarbosa de los Monteros de Conde, y
que por derecho legal y hasta divino le coreesponela ala
hadte de los muchachos, a esposa legitima de don Ma-
holo ante Dios y ante los hombres, no a fa suripanta ad
mnediza ratrera y asesna de la tal Bruja, que se daba los
trundes aires de sefiora pero no era mis que una giila que
fon Manolo sacé de un bobo en la selva para tener con.
‘guign desahogar sus mis bajs instintos en Ia soledad de 1a
qTanura. Una mala mujer a fin de cuentas, porque quién
sabe cémo, ta vee aconsejada por el diablo penssban al-
puns, se enterd que habia unas yerbas que crecian en el
erro, casien la punts, entre las vieja muinas que segiin
los del gobierno eran las cumbas de los antiguos, los que
Ihabitaron antes estas tierra, os que llegaron primero, an-
tes incluso que los gachupines, que desde sus barcos vi
ron todo aquello y dijeron matanga, estas tierras son de
nosotros y del reino de Casilla, y los antiguos, los pocos
{que quedaban, tavieron que agarrar pala sierra y Io per
dlicron todo, hasta las piedras de sus templos, que termi~
hnaron enterradas debajo del cerro cuando lo de} huracin
{del screnta y ocho, cuando el deslave la avalancha de lodo
{que sepulkS 2 mis de cien vecinos de La Matosa y a las
ruinas eas donde se decfa que crecian esas yerbas que la
‘Bruja cociné para convertilas en un verieno que no teniacolor stb nde rst lguno porgus hasta méd
co de Vila ajo qoe don Manolo habia macro de un
tnfrto, per los hor aes con ue abi sido un vee
no, y la gente luego culp6 también ala Bruja dela muer-
te de los hijos de don Manolo, pues el mismo dia del en-
ro se los llev6 pifis en la carretera, cuando iban de
camino al cementerio de Villa, encabezando el cortejo;
los dos murieron aplastados por sna carga de varills de
fierro que se le sol a un camtién que iba delane de ellos,
pu fi
¢l periddico publicé al dia siguiente, una cosa espantosa
Porque nadie supo nunca explicar cémo fue que pido
pasar exe accidente, cSmo fue que ls varias se sokaron
de la trincay atravesaron el parabrisis y los dejaron todos
erro ensangrentado se veia en las fotografias que
censartados, no fal el que se agarr6 de ahi para decir
«que la Bruja tena la culpa, que la Bruja les habia hecho
tun maleficio, que con tl d
1 perder la casa ni las terras
Ja mala mujer aquella se le habia entregado al diablo a
cambio de poderes, y mis 0 menos fe en esa misma épo-
ca que la Bruja se encerr6 en la casa
yan volvié salir
nunca, ni de dia ni de noche, tal vez por miedo a la ven-
anza de los Conde, o tal vex porque algo ocultabs, un
secreto del que no querfaapararse, algo en aquella casa
{que no queria dejar desproteyio, y se puso flaca y pilida
y daba miedo verla alos ojos porque parecia que se habia
vuelto loca, y eran las mujeres de La Matosa las que le
llevaban cosas de comer a cambio de que ls ayadars, de
‘que les preparara sus remedios, los menjurjes que la Braj
covinaba con las yerbas que ella misma plantaba en la
Inuerta de su patio o las que mandaba alas mujeres a bus
car al certo, evando todavia exista el cero. Es fue tam-
bién la época en que Ia gente emper6 a ver al animal
volador que por ls noches persegufa a los hombres que
reqresaban a cisa por los caminos de terra entre los pe
bios, las garas abiertas para
los, 0 tal vez para evie=
infierno, los ojos del animal ilumi-
selos volando hasta
vegos por win fuego espantoso; la época también en que
Biypetaron con el runor dela estatua aquella que la Bru~
nfs escondida en algiin cuarto de aquella casa segu~
¥ mente en los de piso de arriba, a donde no dejaba pasar
venue nunca, a siguiera a las mujeres que iban a vel, y
onde decfan que se encesraba para fornicar con ella, con
jaten
(ses extatia que no era otra cosa que una imagen grando-
fa del chamuco, la cual tenia un miembro largo y gordo
fomo el brazo de un hombre empuiando la faca, una
erga descomunal con la que la Bruja se ayuntaba todas
Tas noches sin fala, y era por eso gue ella decia que no le
hacia fata marido, y en efecto, después de Ia muerte de
don Manolo no valvié a conocérsele hombre alguno a la
era, y pes cémo, s ella misma se la pasaba echan-
he
do pestes de los varones, diciendo que eran todos unos
‘borrachos y unos huevones,tunos pinches perros revolea-
ddos, unos puetcos infames, y que antes mucrea que dejar
{que cualquiera de esos culeros entrara a st casa y qve
lls, las mujeres del pueblo, eran unas pendejas por
faguintarlos, y los ojos le brillaban cuando decia eso y
por un segundo volvia a verse hermosa de nuevo, con los
tubellos alborotados y las mefillas pintadas de rosa por
temocién, y las mujeres del pueblo se santiguaban porque
podian imaginarla desnuda, montando al diablo y hun
Giéndose en sit verga grotesca hasta la empumadura, el
semen del diablo escurriéndole por los must, rojo como
la ava, 0 verde y espeso como los menjurjes que borbo-
recaban en el caldero sobre el fego y que la Bruja les daa
a beber a cucharadas para cararas de sus males, 0 tal vez
ro como el chapopote, negro como las pupils inmen-
fas y el cabello enmarafiado de la criatura que un. dis
Udescubrieron escondida bajo la mesa de la cocina, agarta
daa a faa de la Bra, tan muda y enteca que, en silen-
‘io, muchas mujeres rezarom para que no durara viva mo-cho tiempo, para que no sufriera; ls misma eviatura que
tiempo después sorprendieron seatada al pie de las es
ts, con un libro abierto sobre las piernas ervzadas, sus
Tabios chasqueando en silencio las palabras que sus ojazos
sién de
negros iban leyendo, y Iz noticia corrié en cue
horas porque ese dia hasta en Villa supieron que la hija de
1a Bruja seguia viva, cosa rars porque hasta los engendros
‘que de ver en cuando parfan los animales, los chivos de
cinco patis o lor pollos de dos eabezas, se morian a los
pocos das de abrir ls ojos, y en cambio la hija de la Bru
ja, la Chica, como empezaron a lamarla desde entonces,
‘quella criatura parida en el secreto y la vergiienza, se
hhacia més grande y mis fuerte con cada dia que pasaba, y
pronto fue capar de Hevar a cabo cualquier quehacer que
Ja madre le enjaretara: cortar la lefa y acarvear el agua del
ozo y caminar hasta el mercado de Villa, trece kiléme-
tros y medio de ida y trece y medio de vuelta, con las
bolas del mercado y los huacales a euesta, sin pararse
nunca a descansar un instante, mocho menos apartarse
del camino o pajatear con las demis chamacas del pueblo,
porque de todor modos ninguna se atrevia a hablate
hinguna siquiera se rea de ella, de sus pelos crespos
fenmarafiados y sus vestidos harapientos y sus enormes
pies descalzos, tan alta y tan desgarbad, briosa como un
'muchacho y mis inteligente que cualquiera, porque des
poés de un caba
cl gasto de la casa, y la que negociaba las rentas con las
‘gentes del Ingenio, que seguian al sobres de aquel pedazo
de tierra y aguardaban un descaido de las Brujas para
despojarlas con argucias legales, aprovechando que no ha~
bia papeles, que no habia hombre algun que las defen-
diera, aunque ni fata que les hacfa porque la Chica quién
smipo se supe que era la Chica la que I
sabe cémo habia aptendido a negociar los dineros, y ert
tan cabroma que incluso un dia se apareci6 por la cocina a
ponerle precio a las consultas porque a Vieja —que en
‘exe entonces no pasaba de los cuarenta afios pero que pa-
seein ya de sesenta por las arrugas y las canas y todos e03
fell colgndole—, ala Vieja yase le iba la onda ys le
P vidaba cobrar las consults, 0 se conformaba con lo que
the mujeres quisieran darle: una pancla de piloncillo, un
tnarto de garbanzos secos, un cucurucho de limones ya
ppodrides 0 un polio con gusancra: chingadens,
vrya, hasta que la Braja Chica paso cn alo al desgatriate
ain dia se apareci6 en la cocina y com su vor tose, des
7 Jostumbrada a habla, dijo que los obsequis que las mu
jereslevaban no bastaban para cubrir el precio dela com~
tits y gue las cosas ya no podian seguir asi, que 2 partir
de entonces habria tarifassegin Ia dificultad del encargo,
Seeiin los recursos que la madre debiera empleary el ipo
tie magia requerida paralograr el cometido, porque c6m0
faa serlo mismo curar unas almorranas que hacer ave
hombre ajeno se rindiera por completo los pies dew
o permitivles hablar con Ta madre muerta para saber sles
hua perdonado el abandono en que la tuvieron en vida,
‘verdad? Asi que de ese dia en adelante as costs iban a
Cambiar, ya muchas esto no les gust nada, y dejaron de
its vieenes, y cuando se sentfan mal iban com ese sefior
de Palogacho que parecia ser mis efectivo que la Bruja
porque a él sban a verlo desde la capital, gente famosa de
fh television, futbolsta, politicos en campaa, aunqve
pues sera carero y como la mayoria de las mujeres no
fenfan mi para pagar el viaje en autobis hasta Palogacho
Inj le dijeron a la Chica que orale pues, que de a cOmo
ibaa set entonces, que porque ellas nomi Hlevaban es0 ¥
mostré los dien=
aque entonces qué procedia, y la Chica le
tes aquellos inmensos que tena y les dijo que no se preo-
cuaparan, que si no les alcanzaba podian dejarle algo en
prenda, como los aetes esos que llevabas puesto el otto
‘a, o la cadenita de tu nena o ya de plano una cazuels de
tera, Ia radio, la bicicleta,
tamales de borrego, 0 1acualquier enser aceptaba, y si tardaban habia que pagarle
intereses porque de un dia pasa otro comenz9 también a
prestar en efectivo, al treintay cinco por ciento o tari
peores, y todos en el pueblo decian que esas matias eran
el diablo, que euindo se habia
fuera tan atuta, que de dénde lo babria sacado, y no fal
taba el que decia en la cantina que eso de los inteteses cra
tan robo, que habia que echarle encima a esa pinche vieja
a las autoridades correspondientes, ala policia, que la me~
tieran presa por agiotsta y abusadora, qué se crefa de an-
dar explotando a la gente de La Matosa y demas ranche
Flas, pero a Js mera hora nadie hacia nada, porque quién
mis iba a prestales dinero a cambio de posesion
miserables, y ademas nadie queria echarse a las Brujas
dle enemigas porque la verdad les tenian harto miedo, Si
hhasa los varones del pueblo se resistian a pasear de noche
por esa cass; toda el mundo sabia de los ruidos que pro-
venian de ahi adentro, los aritos y lamentos que se escu
chaban desde la vereda y que la gente se imaginaba que
cera las dos bruja fornicando con el diablo, aunque otros
‘mas bien pensaban que noms era la Bruja Vieja que se
estaba volviendo loca, porque para entonces ya casi no
recordaba a la gente y entraba en trance a cada rato, y
todos decian que Dios ls estaba castigando por sus peca-
dos y sus cochinadas, y sobre todo por haber procreado a
sa heredera saténica, porque ys para entonces la Bruja
fo que una chamaca
presuméa, cuando las mujeres se atrevian a preguntarle
quign
aclaraba porque nadie supo bien cuindo lleg6 la hija al
‘mundo; don Manolo, eso si levaba muerto muchos aos,
el padre de la Chica, un misterio que nadie se
yy putes no se le conocta marido, no salia de la casa
nunca ni frecuentaba los bails, yen realidad lo que ells
realmente querian saber eras fueron sus propios maridos
de ella los que le hicieron aquella groseria de criatura, y
por eso se les pons Ia earne de gallina cuando la Bruja se
les quedaba viendo com tna sonrisatorva yes decia que la
Chica era hija del diablo, y por Dios que si se le parecia,
catando uno se le quedaba viendo ala muchacha y la com=
paraba con la imagen del chamuco derrotado por San
Miguel Atcingel que habia en el iglesia de Villa, sobre
odo en los ojos y em las jas, y las mujeres se persignaban
4 veces por las noches hasta softaban que el diablo las
ppetseguia con la verga parada para hacerles un hij, y se
{espertaban con lagrimas en los ojos y el interior de los
tmuslos pringados y el vientre adolorido, y cotriendo se
ast, que ls re
jan a Villa a confesarse com el pa
Saba por andar creyendo en la brujet
habia gente que se reia de todos esos chismes, gente que
ddecia que la Vieja només estaba loca y que a la Chica
Seguramente se la habia tobado de alguna rancheria, 0
Tego estaban los que decian que la Sarajuana ya de vie
contaba que tna noche Hlegaron a su cantiria nos mucha
thos que no eran de abi de La Matosa y posiblemente ni
Siquiera de Villa por la forma en que hablaban, y que ya
borrachos empezaron a presumir que venian de coto~
srearse a una vieja de La Matosa, una que habia matado a
ss marido y que se las daba de muy bruja, y Ja Sargjaana
tenseguida pars la ore y ellos siguieron contando cémo
fine que se le metieron ala casa y cémo la golpearon para
aque se estaviera quiet y pudieran cogérsela entre todos,
porque bruja 0 no, la verdad es que Iz pinche vieja ea
testaba bien buena, bien sabrosa, y se ve que en el fondo le
habia gustado, por cémo se retorcia y chillaba mientras se
Ja cogian, si todas son tnas putas en este pinche pueblo
raseuache, dijeron, ¥ no fill, porque nunea falta, como
bia sabia la Sarajuana, un cabrén que se ofendia de que
dijeran que La Matosa era un pueblo rascuache y se ls
hizo de pedo y se les fue encima y entre todos los que
cstaban en la cantina les metieron sus buenos vergazos a
Tos chamacos esos, pero al final nadie sac6 el machete,
porgue tambien
2‘quizis porque los eumbaron pronto, © porque hacta de-
‘masiado calor para tomarse demasiado en serio la ofens
a el Sarajuana,
idas esas que subian de las
¥ no habia mujeres a quienes impresionar
ni siquira ls pobresescu
chozas de la costa para presarse a cambio de cervera,
nada, solo ellos y la Sara, que para entonces ya era para
ellos como cualquier otro macho, de esos de cra prieta y
bigote obligado y botella de cerveza caldeindose en la
mano y el chi
on esfuerzo la calina que ss cuerpos despedian y la gra-
tudor, scr pal cn romano sola junto la
del, temivo-vede wy a cota, frente ala estampa de Mar
tin Caballero, pa Hevoe a cong, y la bila atada con el
listén empapado en agua bendita, que wempiend desespe
tar, ser, cimo no, yaguardiente decal, pa conjura as
do del ventilador sobre el techo, rajando,
envidias, explicaba la Bruja, pa devolver el mal a quien lo
merece, a quien lo envia, Por exo sobre la mesa de su co-
cina, mero en el centro, sobre un plato con sal gruesa,
habia siempre una manzana roja atravesuda de arriba aba~
jo con un cuckillo filetero y un clavel blanco que por ahi
del viernes por la mafiana ls mujeres que madrugaban
para ir a verla encontraban ya eado mustio y chupado,
‘om podtrido, amarilleado por las malas vibras que ellis,
rmismas dejaban en ag
casa, una especie de corriente
negativa que ellascrefan acumular dentro en tiempos de
aliecign y desgracia y que la Bruja sabia cdmo purgaces,
‘on sus remedios, una miasma espesa pero invisible que se
4quedaba flotande en el sie v
porque pues nadie supo bien ewindo habia empezado el
pavor de la Vieja alas ventanas, pero para evando la Chi
«a ya andaba por ahi correteando en la penumbra de slén
iado de esa cas encerrd,
del otro lado de la cocina, a donde nadie se atrevia a pasar
nunca, par ese entonces, y con sus propias manos, Ja Vie
ji ya habla tapiado todas as ventanas con bloque y ce-
‘mento y palos y alambrada y hasta la puerta principal de
roble casi negro, por donde sucaron el atatid de don Ma
fholo para llevirselo a enterrar a Vill, hasta esa puerta la
{apd con ladtillo y pedaceria de madera y cuanto pudo
para que ya munca se abriera y entonces ya solo se podia
fentar a Ta casa por una puertecita que daba a la cocina
esde el patio, porque por algdn lado tenfa que salir ly
(Chica a meter el agua, a cuidar la huerta y hacer el man-
dado, y como no podia cerrarlaentonces la Bruja mand
fs poner una reja con barrotes mas gruesos que los de las,
celdas en la citcel de Villa, o es0 era lo que presumnia el
hetero que le hizo el trabajo, y que certaba con un can-
dado del tamafio de an pu, cuya Have llevaba siempre
[a Vieja metida en el corpifio, sobre el seno izquierdo; una
teja que cada ver mis a menudo las mujeres del pueblo
hullaban siempre cerrada, y como no se atrevian a tocarse
quediban ahi esperando hasta que escuchaban, a
Tos gritos y las blasfemiasy los alaridos que la Vieja lanza
ba mientras azotaba los muebles contas las paredes 0 con
trae suelo, a juzgar por el ruido que se of desde el patio
mientras Is Chica —como atios después les contaria alas
chicas dela earretera— se ocultaba bajo la mesa de la coci-
nay agarsaba el cuchillo yse hacia ovillo abi absjo, como
pueblo creia y esperaba y hasta
‘cuando era nia y tok
rezaba para que se musiera enseguida, para que no suftie-
ra, que porque tarde o temprano el diablo iba a venir a
reclamarla como saya y la tierra se partirfa en dos y ls
Brujas caerfan al abismo, derechito al ago de fuego del
infierno, una por endemoniada y la otra por todos los
nenes que cometié con sus brujerias: por haber enve-
nnenado a don Manolo y hechizado 4 los hijos para que
rmurieran en aguel accdente; por capar 2 los hombres del
pueblo y debilitalos con sus trabajos y brujeriasy, sobre
todo, por haber arrancado del vientre de las malas muje=
ze la semilla implantada abi por derecho, disolverla en
faquel veneno que la Vieja preparaba a quien se lo pidey cuya receta hered6 ala Chica antes de moritse, durante
aquel encerrén que se dieron en los dias previos al deslave
del ao setenta y ocho, cuando el huracin azot6 contra ls
no y relimpagos estentdreos tupic~
ron de agua el cielo durante dias enteros, anegando los
campos y padrigndolo todo, ahoganda a los animales que
costa con furia ye
pasmados por el viento y los truenos no pudieron salir 4
tiempo de los corrales y hasta a aquellos nifios que nadie
alcanzé a tomar en brazos cuando el erro se desgaj6 se
vino abajo con un fragor de racasy encinos desenraiz
y un lode negro que arras6 con todo hasta derramarse
sobre la costa yconvietié en camposanto eres cuartas pat
tes del poblado ante los ojos enrojecidos por el lanto de
los que sobrevivieran, només porque alcanzaron a co
se de las ramas de los mangos cuando el agua se fue sobre
de ellos y aguantaron dias ahi, abrazados 2 las copa, as-
ta que los soldados los sacaron a horde de lanchas, una vez
«que el meteoro se disip6 tras iternarse en la sierra y el sl
volvi6 a brillar por entre las nubes plomizas y Ja terra
comenzé a endurecerse de nuevo, y la gente, empapada
hasta el métano, las carnes invadidas de liquenes pareci-
dos a corales dimingtos, con sus bestia y los hijos que les,
sobrevivieron a euestas, legaron en tropel a Vilagarbosa
a buscar refugio, ahi donde el gobierno los mandara: los
bajos del palacio municipal, e atcio de la iglesia, y hasta la
escuela suspendié las clases para recibirlos durante s
nas enteras con sus cachivaches y sus lamentos y sus lists
cde muertos y desaparecidos, entre los que ya contaban ala
Bruja y a su hij la endemoniada porque nadie habia vuel-
to, verlas después del meteoro. Fue muchas semanas mis
tarde cuando la Chica se apetson6 una mafiana en ls
calles de Villa, vestida de negro por completo, negras
las medias y negros los vellos de sus piernas, y negea la
basa de manga larga, la falda y los zapatos de tacén y el
vvelo que se habia prendido con pasadores al chongo que
ecogia sas largos y oscaros cabellos en Jo alto de a covo-
nilla, una imagen que pasmé
fanto o de tsa, por lo ridieula que luca, con el calorén
Gomo para cocerle a uno los sesos y esta zonza vestida de
ram a todos, no sabian si del es-
negro, habia que estar lca, ridicula, qué ganas de hacetle
al mamarracho como los travestidos que ailo con afio se
fparecian en el carnaval de Villa, aunque la verdad es que
nadie se atrevié a carcajearse en su cara, porque f
tmchos los que perdieron a sus seres queridos en aquellos
dias y al verla en aquel disfraz de parca, con ese andar
soley la muchacha arrastra-
‘ba los pies hacia el mercado adivinaron lz muerte de la
otra, de la madre, de la Bruja Vieja, su desaparicin del
tnundo, sepultada tal vez en el fango que se rag medio
pueblo; una muerte fea que sin embargo a la gente en el
fondo le parecié demasiado benévola para la vida de pe-
«ado y simonia que levé la hechicera, y nadie, mi siquiera
las mujeres, ni siguiera ells, las de siempre, as de todos
los viernes, tvieron el valor de preguntare a la enfutada
nne y ala vez cansino con
qué pasaria com el negocio, quién se encargaria de ls cu-
raciones, de las brujeras, y tuvieron que pasar aos para
que la gente volviera ala casa entre los calaveraes,afios
enteros que La Matos tardé en volver a poblarse y llenar-
se otra vez de chozas y tendgjones levantados sobre los
hhuesos de los que quedaron enterrados bajo el cerro, gen
ede fucrs, en su mayorfa atraida por a construccién de
Ja carretera nueva que atravesria Villa para unir con ¢
puerto la capital los pozos petrolerosrecién descubiertos
21 norte alli por Palogacho, una obra para la que se le~
vantaron barricas y fondas y con el tiempo cantinas, po
sadas, congales y puteros en donde Tos choferesy los ope
adores y los comerciantes de paso y los jomaleros se
dletenian para escapar un rato de la monotonia de aquella
carretera lanqueada de caias, Kilémetros y kilémetros de
‘afta y pastos y carrizas que cupfan la tierra, desde elborde mismo del asf
te, 0 hasta la costa abrupta del mar siempre furioso en
achapa-
srados cubiertos de enredaderas que en la 6poca de Ilias
crecian 2 velocidades escabrosas, que amenazaban con,
tragarse las casas y los cukivos y que los hombres mante=
nian a raya punta de machete, encorvados ls orillas de
la carretera, en los mirgenes del rf, entre Ios surcos de la
Inbor, los pies metidos en Ia tierra caliente, demasiado
‘ocupados y demasiado orgullosos algunos como para ha-
cele caso alas miradas melancélicas que les dirgia, desde
lejos, desde cl sendero de tierra, el espectro aquel que
vestido de negro rondabs los paajessolitarios del pueblo,
las parcelas en donde trabajaban las cuadrillss de los nova
hnata las alas dela serra aloes
aguel punto, al este; matas y matas y matorr:
tos, los muchachos recién admitidos a sueldo de hambre,,
lampiios todos, correosos como sogas todos, los misculos
e sus brazos y sus piernasy sus wientres esteujados por el
trabajo y el sol abrasador y las correizas en pos de un
balon de trapo sobre la cancha del pueblo, al
yy ls carreras enloquecidas para ver quiémllegaba primero
‘ala bomba del agua, quién se tiraba antes al ro, quién era
capae de hallar primero la moneda arrojada desde Is ori
lla, quién de todos ellos escupia mas lejos, sentados sobre
cl tronce del amate que colgaba sobre el agua tibia del
‘cas, los rugidos y las sas, las piernas torneadas balan
eindose 3] unisono, los hombros pegados unos com otros
las expaldas relucientes
llantesy pritas como el huero del tamarind, o cremosss
somo el dulce de leche o la pulpa tierna del chicozapote
‘maduro. Piles color canela, color caoba tirando a palo de
rosa, pieles himedas y vivas que desde lejos, desde aquel
tronco a varios metros de distancia desde donde la Bras
3s expiaba, se le figuraban cers pero firmes y apretadas
como la came acidulada dela fruta atin verde, la mis ir
le gust
er la tarde,
su lustre de cuero brid; bri=
sistble, la que mas
aba, por la que suplicaba en si=
10 en ol haz
ric de teenie, ca Sempre
“pera parlizn or laa et on ides de as
esas oy eterna bls del mando colgnd de
Pagano y lo js humedecids port blir de vd
wa ne lana evel aa por encima del abera
cals
para verlos mejor, para olelos mejor, para saborea
tdeaban flotando en el aire dela anura, en la bisa que a
finales del aio se tornabs en un viento necio que hacia
‘cascabeleat las hojas de la cata y los flecossueltos de los
Sombreros de palma y la puntss de sus pafelos colora~
ddosy las lamas que coetian por el cafaveral pulverizando
las matas mustias de diciembre hasta volverlas cenizas, se
viento que para el Dia de los Inocentes ya empezaba a ole
2 caramelo quemado, a chamusquina, ¥ que acompatiaba
tl vaivén pesado de los ilkimos camiones cargados de in-
‘mensosfardos de caia renegrida alejindose hacia el Inge~
‘io, bajo el cielo siempre nublado, cuando al fin los mu
chachos enfimdaban el machete sn siquiera enjuagarlo y
corrian hasta el borde de la carretera a quemar el dinero
‘ganado con el sudor y as fibras de sus cuerpos exhaustos,
‘yentre buche y buche de cerveza templada apenas por la
verusta del Sarajuana que traqueteaba por encima
el tampa tumpa de la cannbia, x fo primero que pensames, 7
fayi, eunidos en torno ala mesa de plistico, sabrosa cig
tia, yo cay, repasaban los sucesos de las iileimas semanas y
1 veces coineidian en que todos la habian visto, 0 alguno
incluso se la habia topado de frente en algiin camino,
aunque ellos no Te decian la Bruja Chica sino la Bruja a
secas, yen sit ignorancia y juventud la confundian ala vez
com la Vieja y con los espantos de los cuentos que las
jeres del pueblo les contaban cuando eran pequetios: ls
naginacidn el aroma salitroxo que los machos jovenes
historias de la Llorona, la mujer que mato au prole en
tera por despecho y cuyo capricho le valié ser condenada4 pena por toda la eternidad sobee la tierra y a lamentar
se de su pecado convertida ea un espectro horril
cara de mula encabrtada y patas de araia peluda; 0 la
historia de la Nifia de Blanco, el fantasma que se t© apa-
rece cuando desobedeces ala abuelay te sales de noche de
Ia casa para hacer cabronadas yl Niia de Blanco te sigue
¥ cuando menos ce lo esperas de pronto te Hama por ta
nombre y cuando te volteas te mueres de espanto al ver si
rostro de calavera, y la Bruja era para ellos un espectro
semejante pero harto mis interesante por verdadero, una
persona de carne y hueso que andabs por los pasillos del
mercado de Villa, saludando a las marchantas, y no ess
‘mamadas fantasmales que dicen as buels y las madees y
las cis, pinche bola de vies agiienderas, que lo que no
quieren es que uno ande de cabron por ahi en los descam
pados, zverdad?, y con lo divertido que es saliese de la
casa en Ia noche y hacer maldades, espantat a los bore
cchos y tentar a las chamacas cuscis. Qué Bruja ni qué
‘ocho cuartos, coincidian, ea vieja lo que quicre es cabe-
2a, deci un vivillo, si me va a chupar la Bruja que empie.
ce por agui por el tallo, decia otro, y se agarraba ls ale.
as, y entre la guasay Ia rsa y los eructos y las palmadas
contra la mesa ls carcajadas que mis bien pareciaa ala-
ridos, no faltaba el gafin que se quedaba pensando que
on todas esas tierrasy con todo ese dinero que sup ests
‘mente tenia ahi escondido en cofies y sacos repletos de
monedas de oro, que con todas esa riquezas la Bruja es.
de los cafiaverales bien podia darse ef lujo de pagar por
Jo que ellos daban gratis a las muchachas det pueblo, y a
tuno gue otto borrego perdido que lo andaba mereciendo,
verdad? Aunque nadie supo bien quién fue el valiente
{que se animé primero, el que junté valor para eruzar la
roche hasta Hegar al caserdn de la hechicers, cuidando
bien que no lo vieran pararse frente a la rea, frente a a
puerta de la cocina que de pronto se abria pata revelar
Ja presencia de una mujer muy alta y muy flaca, el mano
jo de llavestintincando entre sus matios de palms pélidas
WR mo eangrejos lunares que por momentos asomaban por
jas mangas negras de aquella tinica que patecia flotar
fn fa oscuridad, Ye que el resplandor de las brass que
‘alentaban el caldero apenas alumbraba, aunque silenaba
tn cocina de vapores alcanforados que persistfan varios dias
cen elcabello de los muchachos que se fueron atte
or morbo © ne
por ambicién o adrenalin
fansar con Ta sombra que todas las noches les esperaba,
fembloros, lo mis ripido posible para después correr por
Ja vereda, a través dela campifa hasta Hegara la carteters,
de vuelta a la seguridad del Sarajaana, donde el dinero
{gue la sombea te metiaen el Bolsillo cuando al fin se de~
Cid a sltarte era consumido en cervezastempladas. Y ni
siguiera tuve que verle la cara, presumia el patin en
tueno, a quien quisiera escucharle; ni siquiera habia ten
ddo que hacer nada mis que soportar sus manos y dejase
Tamer por una boes que era también como wna sombra
que aparecia y desaparecia decris de la tela aspera y mu-
frienta gue fe cubria la cabeza y que apenas se levantaba
To necesario euando hacia fila pero que nunca desvelaba
por completo, y hasta cierto punto ellos se lo agradectan,
asi como le agradecian el silencio casi absoluto en el que
se dessrrollaba todo aguello, sin gemidos ni suspiros ni
iseacciones ni palabras de ningin tipo, solo carne con-
tta carne y un paco de saliva en la negrura brumosa de la
cocina 6 en los psillos devorados con imagenes de muje~
res desnadas cuyos ojos de papel habian sido arrancados
con las was. ¥ cuando el chisme de que la Bruja pagaba
eg hasta Villa y el resto de las rancherias de ese lado del
rio aquello se volvi6 una procesin, un peregrinar conti
niyo de muchachos y hombres ya hechos que se peleaban
por entrat primero y a veces noms iban 2 echar bola,
bordo de camionetas y con lz radio a todo volumen y1s de corvers que
fan por la puerta de la cocina y se
encerraban adentro y se escuchaba miésica y un bullicia
‘como de fiesta, para espanto de las vecinas y sobre todo,
de las pocas mujeres
pueblo, pura entonces ya plenamente invadido de fulanas
Y Pirujas venidas desde quién sabe dénde, atraidas por el
astro de blletes que las pipas del petedleo dejaban caer a
su paso por Ia carretera, muchachas de poco peso y mus
‘cho maquillaje, que permitian, por él precio de una cee~
vera, que les metieran la mano y hasta los dedos mientras
bailaban muchachas mis bien rollizas que parecian em
badurnadas de manceca bajo los ventiladores averiados y
due desp
‘mis cansado: si pasarse unz hora sobindole la verga al
hombre que las habia escogido o fingir que realmente
‘xcuchaban To que les contaba; muchachas mis bien vete
s de seis horas de fiesta ya no sibian que era
fanas que bailaban solas cuando nadie las acaba, ahi en
‘medio de la pista de tierra apisonada, borrachas de cum-
bia y cai, pendidas en el ritmo aminésico del tumpa tim
pe: muchachas gastadas antes de tiempo, arrancadas desde
4uién sabe dénde por el mismo viento que enredaba ls,
bolas de plistico en Jos calles; mujeres cansadas de la
vida, mujeres que de pronto se daban cuenta que ya n0
cestaban para andarse :
inventando con cada hombre que
conocian, que ya de plano se refan, con los dientes des-
posilados, cuando les recordaban ss ilusiones de anta~
fio; las Gnicas que, animadas por los rumores y os chis-
‘mes que contaban las viejas del pueblo cuando bajaban
a lavar la ropa al rio © mientras experaban su turno en,
la cola para a leche subsidiada, e atevieron a ira vera la
Bruja a su casa perdida entre los sembradi
Ja puerta hasta que la loca aq
aba por la puerta entreabierta yells le supcaban que les
prestara ayuda, que bajes aquellos de
Jos que ls mujeres del pueblo seguian hablando, los by
la vestda de vind se as.
centes que an quedaban en el 7
hoje que amaratan alos hombres los doonnaban por
merle, ls que los epelian para sempre jan, yes
rete linitabans borrar su recoerdo, y aquelos que com
venue ibean ls corazones els resplandores on
Sl suieidio.Foeron ells as cncas, en sma, ala que la
Seid andar y, cor ara, sin obras un slo
Bruja
peso, lo cual era bueno porque la mayor parte de las chi-
fas dela carttera con dificultad comian una vez al diay
fmnichas no eran duefias ni de la toalla con la que se lim
piaban los humores de Tos machos con los que cogian,
fuungue tal vex al final Jo hiciera porque alas chicas de la
tarretera no les avergonzaba caminar hasta alli con la cara
descubiertay las nalgas bien paradas y sus voces eascadas
porel humo y el desvelo, gritando: Bruja, Brujta abreme
Ja puerta, cabrona despraciada, que ya vol a cagarla de
nuevo, hasta que la Bruja se somaba, vestida con su ti
nica negra, y el velo torcido que a la Tuz del dia, en la
revueta, con el caldero voleado y el piso mugroso
y salpicado de sangre seca, no bastaba para disimular los
imoretones que le inflaban los pirpados, las costras que
partian la boca y las cejas topidas; las dinicas a las que a
veces la brit les confesaba sus pro}
porque ellas comprendian y sentian en carne propia lo
cabrin que era el vicio de los hombres, y hasta le hacian
Drom y la cabuleaban para que se riera, para que olvids
ralos golpes y hablaray dijera en woz alta los nombres de
Jos cabrones que le habian pegado, los que entraban a su
‘asa y le voltaban los muebles patas parriba porque an-
daban erizos y querian dinero, el tesoro que la Bruja diz-
que escondia en aquella casa, las monedas de oro y el
anillo aquel con un diamante que segin esto era tan
trande como un puto, aunque Is Bruja les juraba que nocra cierto, que no habia ningiin tesoto, que ella vivia
1a rena de las tierras que quedaban, unas parcels reparti-
‘as alrededor dela casa en donde el Sindicato del Ingenio
sembraba caf, y nomis habia que ver eémo vivia, en un
‘cuchitril eno de cachivaches y cajs de eart6n ya podri-
do, y bolsas de basuralenas de papeles y tapos rafia y
olotes y bolas de pelo caspiento y de polvo y cartones de
leche y borelas de plistco vacias, pura pinche basura,
puras pinches porguerias que los abusadores aquellos pi=
Soteaban y rompfan en su intento por abrir la puerta del
cuarto dela planta de arriba, la recimara que desde hacta
aos, desde la época de si madre, permanecia cerrada,
atraneada desde adentro por la Vieja, cuando en wno de
sus ataques alucinados movié todos los muebles de a ha
bitacién contra Ia puerta de roble macizo, de tal forma
ue solo la masa y la fuerza de los sete uniformados que
constituian el brazo de la ley de Villagarboss, incluyendo
Js ciento treinta kilos del comandante Rigorito,logra-
zon finalmente vencer, el mismo dia que el cadaver de la
pobre Bruja aparecié flotando en el canal de riego del
Ingenio. Una cosa espantosa, dijo la gente, porque evan-
do Ios chamaguitos esos a encontraton el cuerpo ya est
’a todo inglado y Tos ojos se le habiansalido y los anima
les le comieron parte de la cara y parecia que la pobre loca
sonrela, espantoso, pues, una potada, caro, sella en el
fondo era bien buena y siempre las estaba ayudanda y no
les cobraba nada ni les pedia nada a cambio més que un
poguito de compaiia; por eso fue que se animaron, entre
todas las chicas dela carretera y una que otra que teabaje-
ba en las cantinas de Villa, a juntar aquel dinerito para
darle sin entierro digno al pobre cuerpo podrido de la
Bruja, peo esos ojetes del Ministerio de Villa, que vayan
y chinguen todos a su puta madre, por inkumanos, no
Quisieron entregarles el cada primero
due porque era Ia prucba del delito y que la diligencias
a las mujeres
ain no cerminaban, y Iuego que porgue ellas no tentan
papeles que demostraran parentezco con la vietima, ¥ que
650 no tenian derecho a hacerse con el cuerpo, Pi
adie en el
ches ctileos: qué papeles podian ensefarles
pueblo supo munca e6mo se llamaba aquella pobre en
moniada; si ella misma nunca quiso decitles sa nombre
verdadero: decia que no tenia, que su madre noma le
chiseaba para hablarleo la lamaba zon2a, cabrona, a de
iablo, Ie decfa, debi matarte cuando naciste, debi tirace
al fondo del rio, pinche Vieja, pinche culera, pero bien
‘mirado sus motivos tenia para recuinse de aquella mane
1, después de lo que esos csleros I bi
108 si agarzen al chacal o los
ron pobre Bria
pobre loca, ojlé que de mer
chacales que le rebanaron el euello,
ai
Ese dia, Yesenia se habia ido a bafar al rio temprano, y lo
vio cuando ya iba de sida, Venta dando tumbos por la
vereda, descalzo y sin camisa, con una lata chamuscada
contra el pecho y las rodillasdescarapeladas por haberse
tuopezado en el camino. Seguramente iba borracho 0
drogado porque encima de que se atrevi6 2 acercisele,
todavia tuvo el descaro de preguntarle a Yesenia que
imo estaba el agua del ro, yells, sin dignarse a mirarlo
siquiera, ofendida en lo mis profundo de que su primo le
Inubiera dirigido la palsbra, como si nada hubiera pasado
entre ellos, como si no levaran ya tres aos sin hablarse,
yyde la forma mas cortante que pudo, le dijo que el agua
estaba clarita,y le dio la espalda y se marché para la casa
pensando en todo Jo que tendria que haberle dicho al
‘abrén chamaco ese, todo lo que sus chingaderas habian
lia: a enferme-
dad de la abuela, nomas para empezar, cl coraje aquel qu
la dej6 paralizada de la mitad de este lado y, al afi, la
caida en donde se romperia la eadera y de la que todavia
‘casionado, puras desgeacas para la fan
ris habia que ver emo la pobre se ponia cada vez mis
recuperaba, y tal vez no lo harfa nunca porque no:
flaca y mis transparente, aungue todavia conservaba
‘genio de la chingada de toda la vida y se la pasaba jodien
ddo a Yesenia com el pinche chamaco, que cuindo iba ait
cl cabrén a verla, que por qué no querfa presentarle assefiora Porque quién sabe cémo se habia enterado det
chisme, si noms cuando le convenia era sonda y segura
mente habia escuchado a las argienderas de las Gueras
ontar que el chamaco se habia juntado con wna mucha-
cha de fuera y que se la habia levado a vivir al jacal ese
«que habia levancado deteis dela casa desu chingada ma-
Are; todo el tiempo chingue y jode a Yesenia: gue cémo
era la dichosa muchachita aguella, que por qué se habian
juntado asi només, zacaso estabin esperando criatuea?
{Bra crabajadora la chamaca exa? Saba guisaey lavar a
ropa? Queria saberlorodo y queria que Yesenia se lo con-
fara, como si ella no levara ais enteros sn dirigitle la
palabra al pinche chamaco baboso ese, desde aquel dia en
‘que lo caché haciendo sus cochinadas y el may cobarde
prefirié largarse para siempre de Ja casa que tener que
enfrentar a Yesenia y escuchar las verdades que ella le
echaria en cara, ahi enfrente de a abuela, para que la vi
jaal fin se diera cuenta de la clase de fchita que eta su
e marieén cobarde, pinche vividor que ni las
gracias dio nunca por todo To que Ia abuela hizo por él,
nicto, pinch
{odo lo que tuvo que soportale, porque sina hubiera sido
porla abucl ese pinche chamaco se hubiera muetto, por
aque a puta esa que lo pari lo eenfa todo abandonada y
gusaniento, todo rurrado y muerto de hambre en un
Inuacal mientras ela se daba la gran vida puteando en la
carretera. Qué conaje le daba a Yesenia ponerse a pensar
em esas cosas, de verdad que hasta el higido le dolia cada
vez que se acordaba de ese pinche chamaco ingrato, y en
lo pendeja g
selo al cabrén del tio Maurilio, sabiendo perfectamente
que andaba era puta de of
cio, capaz de abrrse de piernasy de verijas ante cualquiecs
que tuviera dinero para pagarle: Qué no se daba cuenta
de que el chamaco ese mi siquiera se pareefa a Mawrilio?,
le dijo la tia Balbi cuando se enters de que la abuela se
cu abuela se vio cuando se offecis a cri.
due la pinche vieja esa con la
%6
Qué no se das enenca
de que no se parecia a nadie de Is famnilia?, dijo la Negra,
la mamé de Yesenia, cuando lleg6 a la casa y vio que la
abuela levabs aquel chamaco mugroso prendide al cuello,
como in chango. Qué se me hace que entre el Maurilio
¥ la pinche vieja cochina esa le vieron a usted la cara de
pendeja, mamacita; me extraia que con esa mente tan
estaba encargando del escuincl
ochambrosa que tiene para andar siempre pensando lo
peor de nosotras, me extraiia que no se acuerde de eso de
{que “hijos de iis hijs, mis nietos; hijos de mis hijo,
sepa su ehingada madre”. Pero no lograron convencerla,
por mis que le dijeron que criar a ese chamaco como si
fiera de la familia era un ervoe, que el Maurilio segura-
mente ni eta el padte, que mejor por qué no lo Hevaban
al hospicio, pero no, ni madres, no hubo poder humano
que la convenciera. ;Cémo iba dejar doa Tina desampa-
nada a es pobre eriatura, ss tinico nieto var6n, el hijo de
su adorado Maurilio, que estaba tan enfermo, el pobre,
{que no podia hacerse cargo del nifio! Cémo ibaa decile
{que no a Maurilio, el inico que se sacrificé por ella y dej6
la escuela cuando recién Megaron a La Matosa, para ayu-
lala a poner la fonda, mientras que ustedes dos nomisse
J pasiban de putas, metiéndose con los traileros y los
ppeones det Ingenio, les reclamé la abuela. Porque para
Variar y no perder la costumbre, la abuela cuando estaba
‘enchilada nomis se acordaba de las cosas mala, como
Mausilio era su consent, le gustaba decir que él se ha
bia sacrificado por ella, para que el negocio saliera adelan-
te, pero todo eso era pura cibula que la Vieja se contaba 2
ella misma para convencerse de que Maurilio realmente
1h queria, porque en realidad el cabrén se slié de la es-
Ccucla porque era bien burro y holgazdn y lo Gnico que le
gustaba er el jelengue y se la vivia metido en las cantinas
de la carretera, cantando y tocando la guitarra esa que un
borrachito dejé empefiada un dis en ka fonds de la abuelaaprendi a toarl slo sin que nace le ease noma
Pulao las cena y excuchando los soos san
de la aja, soto debajo de la moreea que tenian seis on
iotenes dt nones enema de Vil, con
cents, yen yao too rods bon saad lege
istbcny efor dota Ts pore ene
Tin pine gc dots ae ae
‘trabajar a la carretera, ahora soy miisico, no me. ah
desesperes, yo te voy a manda
pet dar unos centavos tan promo |
pueda para que eaves, y se foe el abr, as on
tos horrachor ls hacia gracia que un pinche shame
sombrerad los abureaa yen es etancesa mes del
tor ener nee no y 0 adn
aba, porque a Maurilio lo que mis le gustaba tocar evan
sale siempre en las fotos de ess otlon de
‘ deem gpocs, con sn pana de
tmeelilay sas bos pcudsn ‘
¥ 4 egarote en la boca y lis vis odedndol, Dien
Que ea hart pogue con ls vgst i pore lca de
: tndes
ae ol earn era mis bien mal, por ea mines pe
ceabron sacalepunta que pot la miisica, porque lav
on Ta misica; lo suyo era més andar limosneando que
oer oss, y pore munes poi dale dinero aa abel
al contrario, seguia siendo una carga para ell, toda el
tiempo ayudindolo y prestindole dinero que el eabrén
nunca le regresaba, y encima tenia que andar llevindolo a
axl rato aque To curaran evando le rompian su madre en
tos parrandas, e incluso durante varios aflos hizo el tre
tmenda sacrifcio de ir a visitalo a la circel del Ps
ferdos los domingos sn falta ba la abuela a veral cio Mau-
Silio gue estaba preso por su chingada gracia de haber
fmatado a un sefior de Matacocuite, y todo por culpa de
dina pinche vieja casida que el perro de Mauritio andaba
no aguant6 la madriza que el marido
rondando, La vieja
qe puso y acabé despepitando todo, y un dia que el io
‘MaurilioHevaba chupando varios diss seguidos e vine
ron a decir que habia an tipo que andaba preguntando
‘que decta que queria quebearse a
ido con su esposa, y cl
por élen Villa, un
Mautilio Camargo por haberse
‘io Maurilio se paré de la mesa en donde habia extado
‘caupando y dijo pues de que Horen en mi casa a que llo-
ren en ls saya, mejor que lloren en la suya, y dej6 en«
fgada la guitarra y se fue de rive a Villa, a encarar su
destino, y tuvo tanta suerte que se top6 con el viejo cor
rnudo mientras este estaba meando en el bafto de wna can-
tina, y asi de expaldas y sin dejarlo explicare, le metié
‘unos piquetes con tina navaia que el tio Mauro Hevaba
sicmpre metida en la bota, y asi fue como acabé en la
ince del Puerto, preso por homicidio doloso, nueve aos
de pena corporal, neve afios seguides que dof Tina
‘estuvo yendo a verlo todos los domingos, para Ilevarle sus
raleighs sus centavos y su jab6n y una despensita que ella
nisma cargaba desde Villa, a sola, porque no le gustaba
(que Yesenia 6 las ottas chamacas Is acompaitaran porque
Juego los presos només hs estaban morboscando, y como
Te daba miedo perd savias del Puerto se iba
‘eaminando desde cobuses hasta la circel
para vera su hijo adorado, el nico vardn y que Dios le
habia dado y quitado tan pronto, en la lor de a javentud,
apenas un ato después de que el cabrén saliera de le
fel, porgue quign sabe qué enfermedad agare6 ah den'o era nada, que eran los humoney
el enciero Jo que lo tenian tan debi y aticaido, dep
‘ido ademis porque ta pura esa con la que vivia heeiy
‘mucho que se habia largado con otro, La Negra y la Bale
bi estaban seguras de que Maurilio estaba enfermo de
sida, y no dejaban que las chamacas
fuera a contagiarlas de su porqueri
|i no pudo seguir negando que el cabrén se estaba my
riendo, y en un intento desesperado por salvalo decidis
internarl en el sanatorio mis caro de Villa, el que cons.
‘ruyeron para los petroleros,y para pagar la cuenta y lg
‘medicinas no le quedé de otra mis que vender la fonda,
el terreno al pie dela carretera, y la Negra y la Babi pez
ar
supieron lo que la abuela habia hecho, porque cémo era
acercaran al to, ng
Posible que su madre hubiera decidido vender el dnico |
Patrimonio que tenfan, por el que tanto habian hichede,
todos esos afios, que ahora de qué iban a vivir, side todos
‘modos el cabrén de Maurilio iba a morirse, si hasta los
‘médicos ya mejor decian que no tuvieran esperanzas, que
‘cj fueran agilizando los trimites para el entierso, 9 la
abuela se puso como loca cuando dijeron exo y las acess
de arias cizaiosas,codicisas sn remedio, sla fonda era de
lla, de ella sola, y sino les gustaba la idea de vendedla
ues entonces podian largarse ala mierda, bola de viboras
Ponzofiosas,egofstas, envidiosas, cémo se atrevian a decir
que Maurilio no iba a salvarse si, Dios mediante, todavia
Je quedaba mucha vida por delante, para ver execer a sa
hijo y tener muchos otros mis, y entonces la Balbi y la
Negra dijeron: pues a la mierda entonces, a Ia mierda
‘antigo y con Ia fonda y con el pocos huevos de Mauirilio,
nos vamos y no volveris a vernos jams, ni a nosotros ni
8 muestrashijas. ¥ agarraron sus chivas y a las chamaras,
pero la abuela se les fue encima y las jaloned en la puerta
¥ dljo que estaban locas si crefan que ella iba a permite
Pero al final fa abue~
mn el grito en el cielo y se jalaron de los pelos cuando |
se lc grstony Penn I abula no ho
"la entrada de Villa, a la altura de la gasolinera. Hasta
cuando estaba enférma tenia que parurse de madragada
para
tales de naranjas y zanahorias y betabeles y mandatinas y
ingo en temporada, mientras que Yes
en casa a cuidar alas primas mis chicas y al pinche chae
Imaco ese que nomas crecié para volverse un ingeliz ea
brn desgraciado que le hacia a vida imposible a Yesenia,
gue por ser la mayor te
lalear hasta el mercado y lenar el tricilo de cos-
se quedaba
ia que apechugar a huevo con la
responiblidad dela esa} dels prima dl ince
auien eleva spre a chinga mapa lt cere
254 de avi cuando ls cosy salar mal, eutnd
Yea la qu tenia qu esponder pola nalades dese
el pinche chamaco se roaba lo efecos de senda de
Conia y les garb oss elder gue eneon,
taba ys pep a ls nidor mis chin, ee dab
por jugar on cerilosy que eas quema cl coherzo de ht
Giieras con todo y gallinas, y coral que eta Yesenia la que
fenia que andar siempre pidiendo disculpas por el chama-
0, pagando los
i que ocasionaba, poniendo su cara
de pendeja y nego encima aguantarse el coraje de ver que
la abuela nunca castigaba las cabronadas que el pinche
chamaco habfa hecho en su ausencia: qué va a se, decia
siempre, cuando Yesenia le echaba la letania de chingade-
38 que su nieto habia hecho durante el dia; si nomis es
tun chamaco, no tiene malicia son cosas de nifios, Lagar~
«a, dzjalo ser, pobrecito, su papa era igual de tavieso y el
chamaco se le par
(que era mentira, pero a ella le gustaba hacerse pendeja y
ddecia que eran igual
e, son igualitos, deca la abuela, n=
igual, igualitos, como dos gota de agua,
aungue en lo sinico en lo que se parecian era en lo hue:
2
‘von y en Jo laces, y en lo lambiscones que eran con a
abuela, que siempre os dejaba hacer su reverenda volu
tad, y por eso el chamaco ese crecié para convertiese en
tun animal salvaje que noms taba pal monte cada ver
que lo dejaban suelto, incluso a deshoras de la noche,
porque segin la abuela esa era la forma en que se criaba a
Tos varones para que no le euvieran miedo a nada, pero
cra Yesenia la que tenia que andar cazandolo para que se
lavara, para poder coserle la ropa toda desgarrada,y piz-
care los piojos y las garrapatas que agarraba en el monte
yy arrstatlo a la escuela cada maana, entre chingadazos y
coscorrones que Yesenia le acomodaba para que obede-
ciera, aunque claro que nunca le pegaba enffente de la
abel, solo cuando estaban a sola, en esos frecuentes
riomientos en los que Yesenia se hartaba de gritarle y per=
dia el control y agarraba au primo de les pelos y le tundia
cl caerpo flacucho a puietazos y varias veces Io aventd
contra la pared con ganas de que se muriera, de que re-
ventara ol cabrén renacuajo ese y dejara de una vez de
fastidiarla, de lstimarla, de lamarla siempre con ese apo-
do que la abuela le puso de chica y que Yesenia odiaba
‘can toda su alma y que se le habfa pegado de tal forma
{que todo el pueblo la conocia ya como Lagarta, por fa,
prietay flaca recitaba Is abuela, igualita a an teterete pa
rado sobre dos patas. Lagarta, Lagarta, canturreaba el
chamaco baboso, tiene pelos en la cucaracha, ahi mero en
ef camién hacia Villa o en la fila de la masa, frente ala
‘gente chismosa que lo escuchaba todo y que se reia, y
cllano le quedaba de otra mis que reventarle el hacico de
‘un manazo, cillae, pinche chamaco lépero, y pellizeario
donde pudiera y gozar furiosamente cuando sentia que la
‘came del niflo se rajaba bajo sus uias, un placer que se
precia mucho al aivio que sentia cuando se raseaba un
piquete de mosco hasta sacarse sangre, y tal ver el charma-
cibia una suerte de alivio, porque después
co también ps
64 los madrazos siempre se tania y basta dejba de
toes, per lego la acl vei los morstones
araflazos, y todos los chingadazos que Yesenia tenia que
‘sib lla dupicador en's propia ce, cons pecan
jaca que la abla aha pre peg, sobre Ie als
o laespalds, o hasta en neta, steapenjabany noe
cabs con ls mann, hasta que Yeseniachillba ples
plea que se detuvers, que la perdonara a wees I
terse una de las pastilas de Luismi porque cada ver que
certaba los ojos y trataba de conciliar el suelo su cuerpo
gia y a cama
tempecaba a temblary el estmago se lee
esapareciay era como si estuviera colgado encima de un
precipicio, a punto de caer a abismo, y entonces abria los
Ojos y se daba la vueka en Ia cama y volvia a tratar de
dormir y volvia a sentir el vérigo y trataba de marcaele a
‘Chabela pero el teléfono seguia desconectado, y ast se
pass toda la noche, y hasta eg a pensar que seria mejor
‘alital patio y eruzarlo para pedirle a Luismi que le regu
lara una de sas pasillas y ver si asf lograba dormir de un
solo tirén hasta el mediodia, pero en el fondo sabia que:
sin su muleta no seria capar de cruzar la oscuridad del
patio para llegar al cuarto del chamaco, asi que termind
por resignarse y seguir dando vueltas en la cama hasta que
Finalmente se sumié en una duermevela intranguila que le
duré hasta la hora en que Tos gallos Iejanos comenzaron a
de la ventana. No qué
1o soportaba mis el calor de aquel
canar y el sol se elev6 det
levantarse pero ya
e —
p po ni el vacfo en la
su propio cuerpo
Ja, asi que se puso de
dels
nao ni el edor
campatia com Chabe
ca pd, agarose dele bes y hat
res sali al patio a mear y lavas, y quien stbe
gate) sexta pote chamaco atin no daba seals de
ida, y ni las daria aquel dia porque desde el patio Munra
i Meso aravesado sabre el colchon que ocupsba
1. Sy piso de au cuartito —su exsita, como él la
aoe cm la bocotaabiertay Hs paxpados entrece-
earl mrades de lo hinchados. Seguramente 8
wos co dia en desprtare a jungat pot a cansidad de
sata gue seat one anion yet
Spent pinch
‘Tomingo, cuando Mut
cana gue
casi tok
1e Lassi no revivié sino hata la noche del
fina lo vio atravesar el patio a trom
eda que llevaba hasta la careetera
aad segaramentetrataria de conseguir mis dinero ¥ ast
comprar sus cchinas pasilas. Qué chiste le veia el char
algo que el Munsa nunca pudo
aco ast porgers rage ane ol Mr
uender. chmo era posible que alguien quisiera est
sno idiota todo el santo dia, con la lengua pegada al
fuladary la mente en blanco como una television sn >
Fal; porlo menos con el alcohol las cosas buenas se hacfan
tacjoresy hs culeras como que ve soportaban mis fic
Tom 1a mariguana pasabs mis 0 menos lo mis,
reo com esas pasilas que el Lami se
pensaba el Manta; ps
thingaba como dulee
Suelo, un ebingo de ganas de acostarse a dormir y jetear
sey hasta 30, no para sofar con cos locas y alucinat
como decian que pasaba cuando farnabas opio, no, sine
para caer rendido en un sueio pesado y culero del que te
ie sey a cabeza como bom-
el nunca sent nada mis que PFO
espertabas con vn chingo dé a
‘br Ios ojos tan hinchados que no podias ni abrilos, sin
‘de cOmo habias Hegado a tu cama, ni por qué
acordarte ei
fetabas todo mugraso y hasta cagado, o quien
Toto a cara, Pinche Luismi siempre decia que las patil{o hacian sentir chido, tranquilo, normal, pues, ni ansi
‘i tembloroso ni con ganas de tronarse los dedos
cuello con ese tic que siempre tivo desde chamaco,
on el que se tronaba el cuello echando la cabeza sg
lado como de latigazo, y que segin a solo se le qui
cuando se metia las pasilasexas, que porque cuando d
Jibs de tomaras enseguida le volvian los temblores y
tics, junto con otras sensaciones bien culeras, como ees
«que las paredes se movian y amenazaban con caerle eng
mma ola de que ls cigars nol sabian a nada, o de qi
sentia de que el pecho se le cerraba y se quedaba sin a
en fin, puros pretextos que el chamaco ponia para no di
Jat de meterse esa chingaderss. Sini cuando se taj all
pendeja de Norma a vivi con él a su casita pudo deja
Por completo, aunque los primeros dias él estaba ra
meite convencido de que ya no iba a volver a me
ada, pura chelay pura mota habia dicho, nada de p
Uss, pero la intencién no le dus més que eres sera
hasta que la eulera de la Norma lo teaicioné y le
encima a la policfa para que lo metieran a la circel
algo que el chamaco ni culpa tenia, ss inieo pecado f
haber tratado de ayudar a esa pinche chamaca mon
‘muierta que noms resulté ser puro problema, puro co
fiicto. A Munra esa escuincla siempre le cay6 ta, si
pre le parecié una fsa, con su teatrito de nia buena oi
‘no rompia un plato y su vocecita de pendeja que tenia
todos envergados, hasta ala Chabela, quién baa deci
ella que presumia de conocerse al dello todas las maf
hhabidas y por haber de las Viejas que trabsjaban en el E
cilibor, ni siquicea ella, se salvé de caceen el engaiio d
'a pinche Norma: sia los dos dias de haber legado 3
casa Ia pinche Chabela ya andaba diciendo que la cha
‘maca aguella era como la hija que siempre habia quer
tener, que ponque ers tan buena, tan hacendosa, tan ac
‘medida, tan tan que ya parecia campana, la hija de i
ot —__4
hingoda, y Munra nada mis la eseuchaba y chasqueaba la
Tengea, asqueado de tanta meleocha que salia dela boca
desu onuer. Le daba corse verla ahi en Ia casa, guisando
frente ala estufiy lavando los platos o nada mids ahi re-
voloceando detris de la pinche Chabela, con esa sonrisita
hhipécrta en los labios y los cachetes de india chapeados y
st expresién de fingida inocencia, diciéndole que si a
todo lo que Chabela deca. Su mujer estaba tan envergada
com las atenciones de Ia chamaca que hasta se le olvid®
«qe ahora eran dos los hievones mantenidos que comian
2 sus coxtillasen vez de solo uno, y a Muna francamente
tanta armon‘a familiar le parecia muy sospechosa, y no
podia dejar de preguntarse qué carsjos era lo que tramaba
Ja chamaca esa, de dénde chingados habia salido y por
«qué madres estaba ab com el chamaco; porque eso de que
«ran ef uno para el otro, que se lo creyera su abuela: qué
mujer en su sano juicio quertiairse a vivir al cuart.
ce al fondo del patio con ese chamaco cara de perro
rmuerto de hambre? Munra estaba seguro de que hal
algo chueco en todo el asunto, pero al final decidié que
tho
Gane callado porque ultimadamente ese pinche Luismi
de todos mados hara lo que se le pegata su chingada gana
Y para qué gastar saliva entonces; si él ya una vez habia
ttatado de advertirselo, la tarde cuando Luismi se le acer
ata pedirle el favor de que lo Hevara ala farmacia de
Villa, a comprar algin medicamento que le aliviara a la
Norma un sangrado con muchos delares que tenia, y
Monza enseguida pens6 que esa pinche chamaca estaba
haciendo puro teatro para hacerles gastar dinero y gasoli-
naa lo pendejo, y esa vez hasta regaiié al chamaco por
Akjarse embaucar de esa manera tan pendeja, Qué no
‘abla que todo aquello era normal, que mes con ies las
‘Mujeres sangraban de la cola y que no necesitaban medi-
nas, si acaso de esas tallas que Luismi podria comprar.
lea doa Concha ahi mismo en La Matosa, sin necesidadbia puesto a necear de que aguello era diferente, que la
Norma estaba suftiendo mucho y que hasta tenia el ever
po acalenturado, pero al final Munra logr convencerlo
de que todo aquello era normaly el chamaco se regees6 a
su easita y Munsa pudo verlos a los dos echados sobre
aquel colchén mugroso, el Luismi abrazindola como si
estuviera moribund, pinche vieja payasa, pens6 el Mun-
ra, aungue al final, quién ibaa decitlo, result que la cosa
sera seria y hasta se lev un buen susto esa misma ma~
dirugada euando el chamaco casi le tira 2 patadas Ia puer-
ta de la casa para que le abriera porque en los brazos lle~
vvaba ala Norma que teni la piel verde y los labios blancos
y los ojos asi metidos para adentro como endemoniada y
Jos msfos escurridos en sangre que todavia no se le seca
bay que goteaba sobre la tierra, y el chamaco parecia loco,
yy hablaba de la mancha que habia quedado en el calehén,
de la cantidad de sangre que Norma estaba perdiendo,
{que por favor les hiciera el paro de levarls al hospital de
Villa en aguel momento y Muna le dijo a Luismi que los
Hevaria, pero que primero le pusiera algo debajo a Nor-
‘ma, una jerga o una cobija, porgue no queria que la san-
igre manchara los asientos de la camioneta y Luismi lo
hizo, pero tan mal que al final la tapiceria qued6 toda
cmbarrada de porquerfa, y ya nunca tuvo chance Munra
de reclamarle al pinche chamaco o de limpiar la cochina~
da, con todo lo que pasé después de esa noche, después de
evar a Norma al hospital y después de haberse quedado
‘camo idiots esperando ab afuera a que alguien saliera a
Aecirles cémo seguia la chamaca, sentados sobre un artia~
te hasta ls doce del dia, cuando a Luismi le gané la des
csperacién y entré al hospital a preguntar qué era lo que
pasaba, porque nadie les decia nada y como a los quince
‘minutos de haber entrado ya estaba de vuelta el chamaco,
con cara de perro apaleado y mentando madres de que
6
tuna erabijadora social les estaba echando a la policia, pero
‘no quiso contarle nada a Manta en el camino de vuelta a
{La Matosa, ni siquiera en el interior del Sargiuana, a donde
Monsa lo llev6 para invitarle una cerveza que la bruta
de la neta de la Sara les entregé casi al tiempo. No quiero
gue reser mace mds, cantaba la radio, pefew la demote
‘nie mis manos, nla estacién de las eanciones rancheras
{que a Munra tanto le cagaban, si ayer tu nombre tanto pro-
und, zpor qué mejor no ponian una salsa, hoy miame
rompiéndome ls labios, pero al chamaco, quién iba a decit=
To, en serio, Ios ojos se le fueron poniendo vidriosos y
colorados como si estuviers 2 punto de chillar, y Manra
hasta pens que chance la Norma se habia muerto, o que
estaba muy grave y necesitada de una operacién compli-
cada y muy costosa, pero tres cervezas después el chama-
‘co seguia sin soltar prenda, y no le cont6 nada ese dia, ni
siguiera después de que Munsa accedié a llevarloa Villa a
recorrer las cantinas buscando al Willy para que le ven-
diera una tira de esas pinches pastillas culeras que ya le
‘vaba como tres semanas sin tomar, y quién sabe cuintas
se tomé de jan que a la hora el pinche Luismi ya estaba
tirado en el piso, completamente hasta su madre, y Mun=
ta tuvo que pedirles de favor a unos chavos que lo ayuda
ran a subido a la camioneta, donde termind durmiendo
quella noche porque Monra no pudo despertarlo ni mu
‘cho menos bajarlo él solo cuando al fin legaron 2 La Ma-
toss. Quién sabe qué horas serian cuando Mansa desper~
6 a ly mafana siguiente, porque la pila de su teléfono se
habia acabado, y el aparato estaba muerto, y Chabela ain
no volvia de la chamba, y eso le inguiets un poco al
Muara, porque Gtmamente scedis con mayor freeuen-
cia que Chabela se desaparecia dos o tres dias seguidos,
segiin que cotorreando con sus clientes, pero la cabrona
nile avisaba, Trat6 de conectar el teléfono para marcarle
‘su mujer de inmediato y reclamarle el abandono en elaque lo tenia, pero una ola de néusea estuvo a punto de
hacerlo radar de cabeza al suelo, cuando se agach6 para
buscar el cargador del celéfono junto ala cama, por lo que
decidi6 tecostarse un rato mas, con el perfume de su mu-
Jer imptegnado en Iss sibanas como si la muy cabrona
Inubiera entrado a hurtadillas de madrugada a rociarlo
con su perfume antes de mazchasse ala calle a seguir co
torteando, o como si hubiera vaeleo mientras ét dormita-
ba y estuviera ab contemplindolo desde el umbral de a
recimara, una sombra sumida en ese silencio rabioso que |
4 Mura Te asustaba mis que los gritos, y por eso habia
tempezado a explicare lo que habia sucedido la noche an-
terior: mi vida, el pinche chamaco two que cargar a la
Norma que se desangraba; parecia muerta, la cabrom, y
cen el hospital por poco y nos echan a la polick
patos culeros, peo de pronto se dio cuenta de que estaba
hrablando solo, que no habia nadie en el cuarto, que I
sombra que confundié con Chabela se habia evaporado, y
después de conectar su teléfono al cargador y de esperar a
aque el aparato se encendiera, descubri6 que Chabela no le
habia mandado ni un solo mensaje de texto, nada, ningu-
nna explicacién, ni siquiera una mentada de madre, la muy
pinches
clea, Mare6 su mimero; cinco veces seguidas presiond
fl botdn para repetir la mada y cinco veces el telefono
To mand6 al buzén, Se puso una camisa y un pantalén.
{que encontré tirados en el suelo, buse6 su muleta, que
quign sabe cémo terming metida debajo de la cama, y
salié para comprobar que el chamaco siguiera vivo y que
Y si, abs seguia,
tenconchado sobre el asiento del copiloto, con la bocota
abierta y los ojos entrecerrados y los cabellos aplastados
contra el vidrio. Loco, le dio, golpeando Ia ventanilla
con la pala de la mano pata hacerlo reaccionar, antes de
brit la puerta, Aquello estaba que ardia. ;Cémo podia
aquel eabrén aguantar el calor que se sentfa ahi dentro, el
no le hubiera guacareado la camioneta
“6
sador gu le empapaba las ropas y le escurria en hilos pot
fn frente? Loco, vamos a euramos la cruda, dijo Munra,
ncendicndo el motor, y él chamaco asinti6, sin siquers
fhirario, Manta ni le pregunt si llevaba dinero; sabia que
fo, pewo realmente necestaba un caldo y una eervers
yan reponerse de aguelajaquecapalptanee que comen
ibs a martillesrie el cerebro, adlemis queria que et cs
face le contara bien el chisme de lo que habia sucedido
fon Norma, aungue no tardé en artepentirse de baberio
fvitado porque el pinche chamaco empez6 a pedir cer
tezas cot si estuvieran en el Sarajuana, donde la cage
tha costaba treinta varos, mientras que alien el puesto de
fnoos de Lupe la Carera cada media salfa en veinticineo,
peto valia Ia pena porque todo ef mundo sabia que la
Lupe la Carera preparaba el mejor consomé de bortego
ppecho con carne de perro, aungue en a opinién de Mun~
ta daba igual que aquellas hebras de carne jugosa que
thasticaba pacientemente con los dientes que le quedaban
fueran de borrego, de perro o de humano, el chste estaba
cen fa salsa que Lupe la Carera preparaba con sus manitas
Santas y que le quedaba tan sabrosa y estaba llena de pro-
piedadescurativas que pronto le hicieron sentirse de nue
{vo como ser human, y hasta le ent la esperanza de que
‘Chabela seguramente regresaria a casa en cualquier mo-
mento a lo mejor nomas estaba eotorreando por abi con
tinos clientes y no habia por qué hacer panchos, ni andar
ppensando que la cabrona al fin e habia decidido a aban
‘donarlo, ;verdad? Y hasta como que Te entraron ganas de
jive a Villa y darse una vuelta por la Concha Dorada a
saludar a la banda y aprovechar el dia. El pinche chamaco
ten cambio se vefa bien pinche deprimido, abi sentado con
Ta cabeza inclinada y los brazos caidos als lados, el taz6n
del ealdo sin tocar siquiera, la cuchata intacta sobre la
mesa de madera salpicada de trocitos de cebolla y de ci
lantro, y foco, empez6 a decir el Muna, sintendo y
fe)fondo de las tripas el corse que a veces le daba de ver al
chamaco todo pendejo, too idiota, y ya ni siquicea por
ef gusto de ponerse hasta su madre con la banda en ol
Parque 0 en las cantinas sino només para no tenet gue
hablar con nadie, para no tener que escuchar a nadie, ena
cerrase dentro de si mismo y desconectarse del mundo,
y Munra a veces tenia ganas de cachetearlo para hacer
Feaccionar pero sabia que no servtia de nada, que el pin.
che chamaco ya estaba bastante grande para saber lo quy
hacfa, los pedos en los que se metia, como ese asunto de
| Norma. Loco, le dijo, zqué pas6 con ta vieja Fl pinche
Luisoi hundié mis los hombros y apoyé los codos en lg
‘mesa y comenz6 a mesarse el greiero aque que lewaba,
el Muna inssti6: ya, cofio, qué pedo, qué pass, y el char
‘aco, dramitico como su chingada madre, igualitos los
dos, suspiré hondamente y sacudié la cabeza y luego va-
cié ln botella de cerveza de un trago y le hizo un gesto-a |
Lupe la Carera de que le sirviera la tercera —hijo de va
puta madre, abi costaban veinticinco varos las medias
¥ esperd a que le destaparan la botella para empezar @
‘ontarle a Muna lo que sucedié cuando entré a la sala de |
lurgencias a preguntar por Norma y las enfermeras se ha.
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