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Melchor, Fernanda - Temporada de Huracanes PDF

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Rae oer ee tes ee Ce ae eine eee ee et ees re esr ee fallecida ya quienes los pobladores de esa zona raral Sa Bea eee a reeaerin sobre un grupo de muchachos del pucblo, a ee ken ee ne Cerone ear ar eens ees a ert eee ee) Ca eer eee ‘nos sumergimos en la vida de este lugar acosado por Ja miseray el abandono, y donde convergen la vioen ct tara ere ee ene ee at ete ee eee ean an sa een Cree eun erent ee eae ena ee ai pasional. Una novela eruda y desgarradora en la que elector quedaré envueto,atrapado por las palabras In atmostera de terrible, aunque gozosa, falda. i i Temporada de huracanes Temporada de huracanes FERNANDA MELCHOR LITERATURA RANDOM HOUSE Penguin Rand upobdi m House WB. Yeu Easter, 1916 Ales dels aontecinientos ge es om agi hha que sube del rfo, com ls ron al canal por la bre hhondas prestas para la batalla y los ojos entornados, cos Falgor del mediodfa 1s traje de bafto: wna trusa colorada sn cinco, y slider {que ardia entre las maeas sedientas del cafaveral enano de principios| calzoncillos, | mayo, El resto de Ia tropa lo seguia en cuatro calzados en borines de fango, los cuatro cargando por tumos el bakde de piedras menudas ma mafiana sicaron del rio; los cuatro ce {gue aquells mi Fidos yfieros y tan dispuestos a inmolarse que fd mis pequeio de ellos se hubiera atrevido a confe fia miedo, al avanzar con sigilo a la zaga de sus os, la liga de a resortera tens comp sus manos, el guijarro apretado en la bada x0 para des 4 al paso sla sefal de a falabrar Io primero que le ldo del bient ‘emboscada se hacia presente, en el ch Teclutado como vigia en los Srboles a sus espalds, 0 en {l cascabeleo de las hojas al ser apartadas con violencia, fo el aumbido de las piedras al partir el aire frente a sus opilotes et caliente, cargada d 0s contra cara, lab {lcielo casi blanco y de una peste que era peor que un. jor que daban ganas de 1s, que quitaba las ganas bord de la puto de arena en la cara, un tescupir para que no baara a1 de seguir avanzando, Pero el lider seialé ‘eatada y Jos cinco a gatas sobre Ia yerba seca, los cinco apiftados en un solo cuerpo, los cinco rodeadas de moseas verdes, reconocieron al fin lo que asomaba s hee puma amarilla del agua: el rosto podrido de un muerto centre los juncosy las bolsas de plistico que el viento em- pujaba desde la carretera, [a miscara prieta que bulla en tuna miriada de culebras negras, y sonreia Le decian la Braja, igual que a su made: la Bruja Chica ‘cuando la vieja empez6 el negocio de las curaciones y los tmaleficios, y la Bi por el aio del deslave. Si acaso avo otro nombre, insti fo en un papel ajado por el paso del tiempo y Tos gasanos, ‘eutto tal vez en uno de esos armarios que la vieja abo fraba de bolsas y trapos mugrientos y mechones de cabs Ilo arraneado y huesos y restos de comida, si alguna vt tlegé a tener un nombre de pila y apllidos como el resto ‘dela gente del pueblo fue algo que nadie supo nunca, ri siquiera las mujeres que visitaban la casa fos viernes oy too manea que la Ilamara de otra manera. Era siempre ty on2a, 0 t4, cabrona, 0%, pinehe ja del diablo cuando queria que la Chica fuera’ su lado, 0 que se callara, 0 Simplemente para que se estuviera quicta debajo de ta mesa y Ta dejara escuchar las quejas de las mujeres, los igimoteos con los que salpimentaban sus cuitss, achagues, 4 secas cuando se qued6 sola, alld Y dewvelos, los suefios de parientes muertos, las broncas ‘on aquellos atin vivos y el dinero, casi siempre era el ‘Ginero, pero también ef marido,y las putas esas de la c2- rretera,y que yo no sé por qué me abandonan justo cuan~ {do més ihusionada me siento, Ie loraban, y todo para qué, fgemian, mejor era morite ya, de una vee, que nadie thunca vepa que existieron, y con I esquina del reboro se limpiaban la eara que de todos modos se cubrian al sir de la cocina de la Broa, porque no fuera a ser que leego dlijeran, una nunca sbia, con lo chismosa que era la gen. te del pueblo, de que una iba con la Bruja porgue se t- ‘maba una veogan2s taba aque ivetaa fos cuando una inocentement lo patho deste pinche chamac stascad que ramp slo tm kil de paps, oun gue iver pra esantaree Casanco o una pomada pra os desarelos elven, fr el pechoy Heat la pena, el dar gue seeab in e peranan en ms gabotes Porque la Braj cicachab,y Ta Brau no we expan al parecer de nad, Bae detsn aque habia matdo x su maida, ism menos que el Gibrén Ge Manolo Conde, y por dinero, el dinero Ia tasty ls ters Gel veo, om centemar de ectrea de Sema y de ordi que le dj pdr, que quedaba Gespots de haber do tenindolo odo por cahos al ier Gel Sndiat del Ingenio pra no tener ue bj nn siempre se le malograban, y era tan grande aquellatifun— dio que cuando don Manolo musié todavia quedaba un. buen erozo que dabs una renta interesante, tan asi que los hijos del viejo, dos chamacos ya grandes, con las carreras, terminadas, que don Manolo tavo con la que era su espo- salegitima allé en Montiel Sosa se dejton caer al pueblo tan pronto supieron la noticia: un infaro falminante, fue lo que les dijo el médico de Villa cuando los muchachos egaron a la casa aquella en medio de los cafiaverales don- de estaban velando el cadiver, y ahi mismo en frente de todo el mundo le dijeron a la Bruja que tenia hasta el dia siguiente para largase de la c3sa y del pueblo, que estaba loca si ereia que ellos permitirian que una furcia se que~ dara con los bienes de su padre: las terras, I casa aquella casa que después de tantos afos afin segutia en obra negra, ‘Grandiosa y malhecha como eran Tos suciios de don Ma~ Molo, con st escalinata y su barandal de querubines de ‘Yosoy los techos asimos en donde anidaban los mui Tagos,y el dinero que segin estaba escondido en algin Jugur de esa casa, un chingo de centenarios que don Ma nolo heed de sa padre y que nunca metié al banco, y el tliamanee, el anillo de diamantes que nadie habia visto fnanca, ni siquera los hijos, pero que decian que venia una piedra tan grande que paecia fala, una aueéntica reiquia ete habia pertenecido a la abucla de don Manolo, Ia se ota Chucita Villagarbosa de los Monteros de Conde, y que por derecho legal y hasta divino le coreesponela ala hadte de los muchachos, a esposa legitima de don Ma- holo ante Dios y ante los hombres, no a fa suripanta ad mnediza ratrera y asesna de la tal Bruja, que se daba los trundes aires de sefiora pero no era mis que una giila que fon Manolo sacé de un bobo en la selva para tener con. ‘guign desahogar sus mis bajs instintos en Ia soledad de 1a qTanura. Una mala mujer a fin de cuentas, porque quién sabe cémo, ta vee aconsejada por el diablo penssban al- puns, se enterd que habia unas yerbas que crecian en el erro, casien la punts, entre las vieja muinas que segiin los del gobierno eran las cumbas de los antiguos, los que Ihabitaron antes estas tierra, os que llegaron primero, an- tes incluso que los gachupines, que desde sus barcos vi ron todo aquello y dijeron matanga, estas tierras son de nosotros y del reino de Casilla, y los antiguos, los pocos {que quedaban, tavieron que agarrar pala sierra y Io per dlicron todo, hasta las piedras de sus templos, que termi~ hnaron enterradas debajo del cerro cuando lo de} huracin {del screnta y ocho, cuando el deslave la avalancha de lodo {que sepulkS 2 mis de cien vecinos de La Matosa y a las ruinas eas donde se decfa que crecian esas yerbas que la ‘Bruja cociné para convertilas en un verieno que no tenia color stb nde rst lguno porgus hasta méd co de Vila ajo qoe don Manolo habia macro de un tnfrto, per los hor aes con ue abi sido un vee no, y la gente luego culp6 también ala Bruja dela muer- te de los hijos de don Manolo, pues el mismo dia del en- ro se los llev6 pifis en la carretera, cuando iban de camino al cementerio de Villa, encabezando el cortejo; los dos murieron aplastados por sna carga de varills de fierro que se le sol a un camtién que iba delane de ellos, pu fi ¢l periddico publicé al dia siguiente, una cosa espantosa Porque nadie supo nunca explicar cémo fue que pido pasar exe accidente, cSmo fue que ls varias se sokaron de la trincay atravesaron el parabrisis y los dejaron todos erro ensangrentado se veia en las fotografias que censartados, no fal el que se agarr6 de ahi para decir «que la Bruja tena la culpa, que la Bruja les habia hecho tun maleficio, que con tl d 1 perder la casa ni las terras Ja mala mujer aquella se le habia entregado al diablo a cambio de poderes, y mis 0 menos fe en esa misma épo- ca que la Bruja se encerr6 en la casa yan volvié salir nunca, ni de dia ni de noche, tal vez por miedo a la ven- anza de los Conde, o tal vex porque algo ocultabs, un secreto del que no querfaapararse, algo en aquella casa {que no queria dejar desproteyio, y se puso flaca y pilida y daba miedo verla alos ojos porque parecia que se habia vuelto loca, y eran las mujeres de La Matosa las que le llevaban cosas de comer a cambio de que ls ayadars, de ‘que les preparara sus remedios, los menjurjes que la Braj covinaba con las yerbas que ella misma plantaba en la Inuerta de su patio o las que mandaba alas mujeres a bus car al certo, evando todavia exista el cero. Es fue tam- bién la época en que Ia gente emper6 a ver al animal volador que por ls noches persegufa a los hombres que reqresaban a cisa por los caminos de terra entre los pe bios, las garas abiertas para los, 0 tal vez para evie= infierno, los ojos del animal ilumi- selos volando hasta vegos por win fuego espantoso; la época también en que Biypetaron con el runor dela estatua aquella que la Bru~ nfs escondida en algiin cuarto de aquella casa segu~ ¥ mente en los de piso de arriba, a donde no dejaba pasar venue nunca, a siguiera a las mujeres que iban a vel, y onde decfan que se encesraba para fornicar con ella, con jaten (ses extatia que no era otra cosa que una imagen grando- fa del chamuco, la cual tenia un miembro largo y gordo fomo el brazo de un hombre empuiando la faca, una erga descomunal con la que la Bruja se ayuntaba todas Tas noches sin fala, y era por eso gue ella decia que no le hacia fata marido, y en efecto, después de Ia muerte de don Manolo no valvié a conocérsele hombre alguno a la era, y pes cémo, s ella misma se la pasaba echan- he do pestes de los varones, diciendo que eran todos unos ‘borrachos y unos huevones,tunos pinches perros revolea- ddos, unos puetcos infames, y que antes mucrea que dejar {que cualquiera de esos culeros entrara a st casa y qve lls, las mujeres del pueblo, eran unas pendejas por faguintarlos, y los ojos le brillaban cuando decia eso y por un segundo volvia a verse hermosa de nuevo, con los tubellos alborotados y las mefillas pintadas de rosa por temocién, y las mujeres del pueblo se santiguaban porque podian imaginarla desnuda, montando al diablo y hun Giéndose en sit verga grotesca hasta la empumadura, el semen del diablo escurriéndole por los must, rojo como la ava, 0 verde y espeso como los menjurjes que borbo- recaban en el caldero sobre el fego y que la Bruja les daa a beber a cucharadas para cararas de sus males, 0 tal vez ro como el chapopote, negro como las pupils inmen- fas y el cabello enmarafiado de la criatura que un. dis Udescubrieron escondida bajo la mesa de la cocina, agarta daa a faa de la Bra, tan muda y enteca que, en silen- ‘io, muchas mujeres rezarom para que no durara viva mo- cho tiempo, para que no sufriera; ls misma eviatura que tiempo después sorprendieron seatada al pie de las es ts, con un libro abierto sobre las piernas ervzadas, sus Tabios chasqueando en silencio las palabras que sus ojazos sién de negros iban leyendo, y Iz noticia corrié en cue horas porque ese dia hasta en Villa supieron que la hija de 1a Bruja seguia viva, cosa rars porque hasta los engendros ‘que de ver en cuando parfan los animales, los chivos de cinco patis o lor pollos de dos eabezas, se morian a los pocos das de abrir ls ojos, y en cambio la hija de la Bru ja, la Chica, como empezaron a lamarla desde entonces, ‘quella criatura parida en el secreto y la vergiienza, se hhacia més grande y mis fuerte con cada dia que pasaba, y pronto fue capar de Hevar a cabo cualquier quehacer que Ja madre le enjaretara: cortar la lefa y acarvear el agua del ozo y caminar hasta el mercado de Villa, trece kiléme- tros y medio de ida y trece y medio de vuelta, con las bolas del mercado y los huacales a euesta, sin pararse nunca a descansar un instante, mocho menos apartarse del camino o pajatear con las demis chamacas del pueblo, porque de todor modos ninguna se atrevia a hablate hinguna siquiera se rea de ella, de sus pelos crespos fenmarafiados y sus vestidos harapientos y sus enormes pies descalzos, tan alta y tan desgarbad, briosa como un 'muchacho y mis inteligente que cualquiera, porque des poés de un caba cl gasto de la casa, y la que negociaba las rentas con las ‘gentes del Ingenio, que seguian al sobres de aquel pedazo de tierra y aguardaban un descaido de las Brujas para despojarlas con argucias legales, aprovechando que no ha~ bia papeles, que no habia hombre algun que las defen- diera, aunque ni fata que les hacfa porque la Chica quién smipo se supe que era la Chica la que I sabe cémo habia aptendido a negociar los dineros, y ert tan cabroma que incluso un dia se apareci6 por la cocina a ponerle precio a las consultas porque a Vieja —que en ‘exe entonces no pasaba de los cuarenta afios pero que pa- seein ya de sesenta por las arrugas y las canas y todos e03 fell colgndole—, ala Vieja yase le iba la onda ys le P vidaba cobrar las consults, 0 se conformaba con lo que the mujeres quisieran darle: una pancla de piloncillo, un tnarto de garbanzos secos, un cucurucho de limones ya ppodrides 0 un polio con gusancra: chingadens, vrya, hasta que la Braja Chica paso cn alo al desgatriate ain dia se apareci6 en la cocina y com su vor tose, des 7 Jostumbrada a habla, dijo que los obsequis que las mu jereslevaban no bastaban para cubrir el precio dela com~ tits y gue las cosas ya no podian seguir asi, que 2 partir de entonces habria tarifassegin Ia dificultad del encargo, Seeiin los recursos que la madre debiera empleary el ipo tie magia requerida paralograr el cometido, porque c6m0 faa serlo mismo curar unas almorranas que hacer ave hombre ajeno se rindiera por completo los pies dew o permitivles hablar con Ta madre muerta para saber sles hua perdonado el abandono en que la tuvieron en vida, ‘verdad? Asi que de ese dia en adelante as costs iban a Cambiar, ya muchas esto no les gust nada, y dejaron de its vieenes, y cuando se sentfan mal iban com ese sefior de Palogacho que parecia ser mis efectivo que la Bruja porque a él sban a verlo desde la capital, gente famosa de fh television, futbolsta, politicos en campaa, aunqve pues sera carero y como la mayoria de las mujeres no fenfan mi para pagar el viaje en autobis hasta Palogacho Inj le dijeron a la Chica que orale pues, que de a cOmo ibaa set entonces, que porque ellas nomi Hlevaban es0 ¥ mostré los dien= aque entonces qué procedia, y la Chica le tes aquellos inmensos que tena y les dijo que no se preo- cuaparan, que si no les alcanzaba podian dejarle algo en prenda, como los aetes esos que llevabas puesto el otto ‘a, o la cadenita de tu nena o ya de plano una cazuels de tera, Ia radio, la bicicleta, tamales de borrego, 0 1a cualquier enser aceptaba, y si tardaban habia que pagarle intereses porque de un dia pasa otro comenz9 también a prestar en efectivo, al treintay cinco por ciento o tari peores, y todos en el pueblo decian que esas matias eran el diablo, que euindo se habia fuera tan atuta, que de dénde lo babria sacado, y no fal taba el que decia en la cantina que eso de los inteteses cra tan robo, que habia que echarle encima a esa pinche vieja a las autoridades correspondientes, ala policia, que la me~ tieran presa por agiotsta y abusadora, qué se crefa de an- dar explotando a la gente de La Matosa y demas ranche Flas, pero a Js mera hora nadie hacia nada, porque quién mis iba a prestales dinero a cambio de posesion miserables, y ademas nadie queria echarse a las Brujas dle enemigas porque la verdad les tenian harto miedo, Si hhasa los varones del pueblo se resistian a pasear de noche por esa cass; toda el mundo sabia de los ruidos que pro- venian de ahi adentro, los aritos y lamentos que se escu chaban desde la vereda y que la gente se imaginaba que cera las dos bruja fornicando con el diablo, aunque otros ‘mas bien pensaban que noms era la Bruja Vieja que se estaba volviendo loca, porque para entonces ya casi no recordaba a la gente y entraba en trance a cada rato, y todos decian que Dios ls estaba castigando por sus peca- dos y sus cochinadas, y sobre todo por haber procreado a sa heredera saténica, porque ys para entonces la Bruja fo que una chamaca presuméa, cuando las mujeres se atrevian a preguntarle quign aclaraba porque nadie supo bien cuindo lleg6 la hija al ‘mundo; don Manolo, eso si levaba muerto muchos aos, el padre de la Chica, un misterio que nadie se yy putes no se le conocta marido, no salia de la casa nunca ni frecuentaba los bails, yen realidad lo que ells realmente querian saber eras fueron sus propios maridos de ella los que le hicieron aquella groseria de criatura, y por eso se les pons Ia earne de gallina cuando la Bruja se les quedaba viendo com tna sonrisatorva yes decia que la Chica era hija del diablo, y por Dios que si se le parecia, catando uno se le quedaba viendo ala muchacha y la com= paraba con la imagen del chamuco derrotado por San Miguel Atcingel que habia en el iglesia de Villa, sobre odo en los ojos y em las jas, y las mujeres se persignaban 4 veces por las noches hasta softaban que el diablo las ppetseguia con la verga parada para hacerles un hij, y se {espertaban con lagrimas en los ojos y el interior de los tmuslos pringados y el vientre adolorido, y cotriendo se ast, que ls re jan a Villa a confesarse com el pa Saba por andar creyendo en la brujet habia gente que se reia de todos esos chismes, gente que ddecia que la Vieja només estaba loca y que a la Chica Seguramente se la habia tobado de alguna rancheria, 0 Tego estaban los que decian que la Sarajuana ya de vie contaba que tna noche Hlegaron a su cantiria nos mucha thos que no eran de abi de La Matosa y posiblemente ni Siquiera de Villa por la forma en que hablaban, y que ya borrachos empezaron a presumir que venian de coto~ srearse a una vieja de La Matosa, una que habia matado a ss marido y que se las daba de muy bruja, y Ja Sargjaana tenseguida pars la ore y ellos siguieron contando cémo fine que se le metieron ala casa y cémo la golpearon para aque se estaviera quiet y pudieran cogérsela entre todos, porque bruja 0 no, la verdad es que Iz pinche vieja ea testaba bien buena, bien sabrosa, y se ve que en el fondo le habia gustado, por cémo se retorcia y chillaba mientras se Ja cogian, si todas son tnas putas en este pinche pueblo raseuache, dijeron, ¥ no fill, porque nunea falta, como bia sabia la Sarajuana, un cabrén que se ofendia de que dijeran que La Matosa era un pueblo rascuache y se ls hizo de pedo y se les fue encima y entre todos los que cstaban en la cantina les metieron sus buenos vergazos a Tos chamacos esos, pero al final nadie sac6 el machete, porgue tambien 2 ‘quizis porque los eumbaron pronto, © porque hacta de- ‘masiado calor para tomarse demasiado en serio la ofens a el Sarajuana, idas esas que subian de las ¥ no habia mujeres a quienes impresionar ni siquira ls pobresescu chozas de la costa para presarse a cambio de cervera, nada, solo ellos y la Sara, que para entonces ya era para ellos como cualquier otro macho, de esos de cra prieta y bigote obligado y botella de cerveza caldeindose en la mano y el chi on esfuerzo la calina que ss cuerpos despedian y la gra- tudor, scr pal cn romano sola junto la del, temivo-vede wy a cota, frente ala estampa de Mar tin Caballero, pa Hevoe a cong, y la bila atada con el listén empapado en agua bendita, que wempiend desespe tar, ser, cimo no, yaguardiente decal, pa conjura as do del ventilador sobre el techo, rajando, envidias, explicaba la Bruja, pa devolver el mal a quien lo merece, a quien lo envia, Por exo sobre la mesa de su co- cina, mero en el centro, sobre un plato con sal gruesa, habia siempre una manzana roja atravesuda de arriba aba~ jo con un cuckillo filetero y un clavel blanco que por ahi del viernes por la mafiana ls mujeres que madrugaban para ir a verla encontraban ya eado mustio y chupado, ‘om podtrido, amarilleado por las malas vibras que ellis, rmismas dejaban en ag casa, una especie de corriente negativa que ellascrefan acumular dentro en tiempos de aliecign y desgracia y que la Bruja sabia cdmo purgaces, ‘on sus remedios, una miasma espesa pero invisible que se 4quedaba flotande en el sie v porque pues nadie supo bien ewindo habia empezado el pavor de la Vieja alas ventanas, pero para evando la Chi «a ya andaba por ahi correteando en la penumbra de slén iado de esa cas encerrd, del otro lado de la cocina, a donde nadie se atrevia a pasar nunca, par ese entonces, y con sus propias manos, Ja Vie ji ya habla tapiado todas as ventanas con bloque y ce- ‘mento y palos y alambrada y hasta la puerta principal de roble casi negro, por donde sucaron el atatid de don Ma fholo para llevirselo a enterrar a Vill, hasta esa puerta la {apd con ladtillo y pedaceria de madera y cuanto pudo para que ya munca se abriera y entonces ya solo se podia fentar a Ta casa por una puertecita que daba a la cocina esde el patio, porque por algdn lado tenfa que salir ly (Chica a meter el agua, a cuidar la huerta y hacer el man- dado, y como no podia cerrarlaentonces la Bruja mand fs poner una reja con barrotes mas gruesos que los de las, celdas en la citcel de Villa, o es0 era lo que presumnia el hetero que le hizo el trabajo, y que certaba con un can- dado del tamafio de an pu, cuya Have llevaba siempre [a Vieja metida en el corpifio, sobre el seno izquierdo; una teja que cada ver mis a menudo las mujeres del pueblo hullaban siempre cerrada, y como no se atrevian a tocarse quediban ahi esperando hasta que escuchaban, a Tos gritos y las blasfemiasy los alaridos que la Vieja lanza ba mientras azotaba los muebles contas las paredes 0 con trae suelo, a juzgar por el ruido que se of desde el patio mientras Is Chica —como atios después les contaria alas chicas dela earretera— se ocultaba bajo la mesa de la coci- nay agarsaba el cuchillo yse hacia ovillo abi absjo, como pueblo creia y esperaba y hasta ‘cuando era nia y tok rezaba para que se musiera enseguida, para que no suftie- ra, que porque tarde o temprano el diablo iba a venir a reclamarla como saya y la tierra se partirfa en dos y ls Brujas caerfan al abismo, derechito al ago de fuego del infierno, una por endemoniada y la otra por todos los nenes que cometié con sus brujerias: por haber enve- nnenado a don Manolo y hechizado 4 los hijos para que rmurieran en aguel accdente; por capar 2 los hombres del pueblo y debilitalos con sus trabajos y brujeriasy, sobre todo, por haber arrancado del vientre de las malas muje= ze la semilla implantada abi por derecho, disolverla en faquel veneno que la Vieja preparaba a quien se lo pide y cuya receta hered6 ala Chica antes de moritse, durante aquel encerrén que se dieron en los dias previos al deslave del ao setenta y ocho, cuando el huracin azot6 contra ls no y relimpagos estentdreos tupic~ ron de agua el cielo durante dias enteros, anegando los campos y padrigndolo todo, ahoganda a los animales que costa con furia ye pasmados por el viento y los truenos no pudieron salir 4 tiempo de los corrales y hasta a aquellos nifios que nadie alcanzé a tomar en brazos cuando el erro se desgaj6 se vino abajo con un fragor de racasy encinos desenraiz y un lode negro que arras6 con todo hasta derramarse sobre la costa yconvietié en camposanto eres cuartas pat tes del poblado ante los ojos enrojecidos por el lanto de los que sobrevivieran, només porque alcanzaron a co se de las ramas de los mangos cuando el agua se fue sobre de ellos y aguantaron dias ahi, abrazados 2 las copa, as- ta que los soldados los sacaron a horde de lanchas, una vez «que el meteoro se disip6 tras iternarse en la sierra y el sl volvi6 a brillar por entre las nubes plomizas y Ja terra comenzé a endurecerse de nuevo, y la gente, empapada hasta el métano, las carnes invadidas de liquenes pareci- dos a corales dimingtos, con sus bestia y los hijos que les, sobrevivieron a euestas, legaron en tropel a Vilagarbosa a buscar refugio, ahi donde el gobierno los mandara: los bajos del palacio municipal, e atcio de la iglesia, y hasta la escuela suspendié las clases para recibirlos durante s nas enteras con sus cachivaches y sus lamentos y sus lists cde muertos y desaparecidos, entre los que ya contaban ala Bruja y a su hij la endemoniada porque nadie habia vuel- to, verlas después del meteoro. Fue muchas semanas mis tarde cuando la Chica se apetson6 una mafiana en ls calles de Villa, vestida de negro por completo, negras las medias y negros los vellos de sus piernas, y negea la basa de manga larga, la falda y los zapatos de tacén y el vvelo que se habia prendido con pasadores al chongo que ecogia sas largos y oscaros cabellos en Jo alto de a covo- nilla, una imagen que pasmé fanto o de tsa, por lo ridieula que luca, con el calorén Gomo para cocerle a uno los sesos y esta zonza vestida de ram a todos, no sabian si del es- negro, habia que estar lca, ridicula, qué ganas de hacetle al mamarracho como los travestidos que ailo con afio se fparecian en el carnaval de Villa, aunque la verdad es que nadie se atrevié a carcajearse en su cara, porque f tmchos los que perdieron a sus seres queridos en aquellos dias y al verla en aquel disfraz de parca, con ese andar soley la muchacha arrastra- ‘ba los pies hacia el mercado adivinaron lz muerte de la otra, de la madre, de la Bruja Vieja, su desaparicin del tnundo, sepultada tal vez en el fango que se rag medio pueblo; una muerte fea que sin embargo a la gente en el fondo le parecié demasiado benévola para la vida de pe- «ado y simonia que levé la hechicera, y nadie, mi siquiera las mujeres, ni siguiera ells, las de siempre, as de todos los viernes, tvieron el valor de preguntare a la enfutada nne y ala vez cansino con qué pasaria com el negocio, quién se encargaria de ls cu- raciones, de las brujeras, y tuvieron que pasar aos para que la gente volviera ala casa entre los calaveraes,afios enteros que La Matos tardé en volver a poblarse y llenar- se otra vez de chozas y tendgjones levantados sobre los hhuesos de los que quedaron enterrados bajo el cerro, gen ede fucrs, en su mayorfa atraida por a construccién de Ja carretera nueva que atravesria Villa para unir con ¢ puerto la capital los pozos petrolerosrecién descubiertos 21 norte alli por Palogacho, una obra para la que se le~ vantaron barricas y fondas y con el tiempo cantinas, po sadas, congales y puteros en donde Tos choferesy los ope adores y los comerciantes de paso y los jomaleros se dletenian para escapar un rato de la monotonia de aquella carretera lanqueada de caias, Kilémetros y kilémetros de ‘afta y pastos y carrizas que cupfan la tierra, desde el borde mismo del asf te, 0 hasta la costa abrupta del mar siempre furioso en achapa- srados cubiertos de enredaderas que en la 6poca de Ilias crecian 2 velocidades escabrosas, que amenazaban con, tragarse las casas y los cukivos y que los hombres mante= nian a raya punta de machete, encorvados ls orillas de la carretera, en los mirgenes del rf, entre Ios surcos de la Inbor, los pies metidos en Ia tierra caliente, demasiado ‘ocupados y demasiado orgullosos algunos como para ha- cele caso alas miradas melancélicas que les dirgia, desde lejos, desde cl sendero de tierra, el espectro aquel que vestido de negro rondabs los paajessolitarios del pueblo, las parcelas en donde trabajaban las cuadrillss de los nova hnata las alas dela serra aloes aguel punto, al este; matas y matas y matorr: tos, los muchachos recién admitidos a sueldo de hambre,, lampiios todos, correosos como sogas todos, los misculos e sus brazos y sus piernasy sus wientres esteujados por el trabajo y el sol abrasador y las correizas en pos de un balon de trapo sobre la cancha del pueblo, al yy ls carreras enloquecidas para ver quiémllegaba primero ‘ala bomba del agua, quién se tiraba antes al ro, quién era capae de hallar primero la moneda arrojada desde Is ori lla, quién de todos ellos escupia mas lejos, sentados sobre cl tronce del amate que colgaba sobre el agua tibia del ‘cas, los rugidos y las sas, las piernas torneadas balan eindose 3] unisono, los hombros pegados unos com otros las expaldas relucientes llantesy pritas como el huero del tamarind, o cremosss somo el dulce de leche o la pulpa tierna del chicozapote ‘maduro. Piles color canela, color caoba tirando a palo de rosa, pieles himedas y vivas que desde lejos, desde aquel tronco a varios metros de distancia desde donde la Bras 3s expiaba, se le figuraban cers pero firmes y apretadas como la came acidulada dela fruta atin verde, la mis ir le gust er la tarde, su lustre de cuero brid; bri= sistble, la que mas aba, por la que suplicaba en si= 10 en ol haz ric de teenie, ca Sempre “pera parlizn or laa et on ides de as esas oy eterna bls del mando colgnd de Pagano y lo js humedecids port blir de vd wa ne lana evel aa por encima del abera cals para verlos mejor, para olelos mejor, para saborea tdeaban flotando en el aire dela anura, en la bisa que a finales del aio se tornabs en un viento necio que hacia ‘cascabeleat las hojas de la cata y los flecossueltos de los Sombreros de palma y la puntss de sus pafelos colora~ ddosy las lamas que coetian por el cafaveral pulverizando las matas mustias de diciembre hasta volverlas cenizas, se viento que para el Dia de los Inocentes ya empezaba a ole 2 caramelo quemado, a chamusquina, ¥ que acompatiaba tl vaivén pesado de los ilkimos camiones cargados de in- ‘mensosfardos de caia renegrida alejindose hacia el Inge~ ‘io, bajo el cielo siempre nublado, cuando al fin los mu chachos enfimdaban el machete sn siquiera enjuagarlo y corrian hasta el borde de la carretera a quemar el dinero ‘ganado con el sudor y as fibras de sus cuerpos exhaustos, ‘yentre buche y buche de cerveza templada apenas por la verusta del Sarajuana que traqueteaba por encima el tampa tumpa de la cannbia, x fo primero que pensames, 7 fayi, eunidos en torno ala mesa de plistico, sabrosa cig tia, yo cay, repasaban los sucesos de las iileimas semanas y 1 veces coineidian en que todos la habian visto, 0 alguno incluso se la habia topado de frente en algiin camino, aunque ellos no Te decian la Bruja Chica sino la Bruja a secas, yen sit ignorancia y juventud la confundian ala vez com la Vieja y con los espantos de los cuentos que las jeres del pueblo les contaban cuando eran pequetios: ls naginacidn el aroma salitroxo que los machos jovenes historias de la Llorona, la mujer que mato au prole en tera por despecho y cuyo capricho le valié ser condenada 4 pena por toda la eternidad sobee la tierra y a lamentar se de su pecado convertida ea un espectro horril cara de mula encabrtada y patas de araia peluda; 0 la historia de la Nifia de Blanco, el fantasma que se t© apa- rece cuando desobedeces ala abuelay te sales de noche de Ia casa para hacer cabronadas yl Niia de Blanco te sigue ¥ cuando menos ce lo esperas de pronto te Hama por ta nombre y cuando te volteas te mueres de espanto al ver si rostro de calavera, y la Bruja era para ellos un espectro semejante pero harto mis interesante por verdadero, una persona de carne y hueso que andabs por los pasillos del mercado de Villa, saludando a las marchantas, y no ess ‘mamadas fantasmales que dicen as buels y las madees y las cis, pinche bola de vies agiienderas, que lo que no quieren es que uno ande de cabron por ahi en los descam pados, zverdad?, y con lo divertido que es saliese de la casa en Ia noche y hacer maldades, espantat a los bore cchos y tentar a las chamacas cuscis. Qué Bruja ni qué ‘ocho cuartos, coincidian, ea vieja lo que quicre es cabe- 2a, deci un vivillo, si me va a chupar la Bruja que empie. ce por agui por el tallo, decia otro, y se agarraba ls ale. as, y entre la guasay Ia rsa y los eructos y las palmadas contra la mesa ls carcajadas que mis bien pareciaa ala- ridos, no faltaba el gafin que se quedaba pensando que on todas esas tierrasy con todo ese dinero que sup ests ‘mente tenia ahi escondido en cofies y sacos repletos de monedas de oro, que con todas esa riquezas la Bruja es. de los cafiaverales bien podia darse ef lujo de pagar por Jo que ellos daban gratis a las muchachas det pueblo, y a tuno gue otto borrego perdido que lo andaba mereciendo, verdad? Aunque nadie supo bien quién fue el valiente {que se animé primero, el que junté valor para eruzar la roche hasta Hegar al caserdn de la hechicers, cuidando bien que no lo vieran pararse frente a la rea, frente a a puerta de la cocina que de pronto se abria pata revelar Ja presencia de una mujer muy alta y muy flaca, el mano jo de llavestintincando entre sus matios de palms pélidas WR mo eangrejos lunares que por momentos asomaban por jas mangas negras de aquella tinica que patecia flotar fn fa oscuridad, Ye que el resplandor de las brass que ‘alentaban el caldero apenas alumbraba, aunque silenaba tn cocina de vapores alcanforados que persistfan varios dias cen elcabello de los muchachos que se fueron atte or morbo © ne por ambicién o adrenalin fansar con Ta sombra que todas las noches les esperaba, fembloros, lo mis ripido posible para después correr por Ja vereda, a través dela campifa hasta Hegara la carteters, de vuelta a la seguridad del Sarajaana, donde el dinero {gue la sombea te metiaen el Bolsillo cuando al fin se de~ Cid a sltarte era consumido en cervezastempladas. Y ni siguiera tuve que verle la cara, presumia el patin en tueno, a quien quisiera escucharle; ni siquiera habia ten ddo que hacer nada mis que soportar sus manos y dejase Tamer por una boes que era también como wna sombra que aparecia y desaparecia decris de la tela aspera y mu- frienta gue fe cubria la cabeza y que apenas se levantaba To necesario euando hacia fila pero que nunca desvelaba por completo, y hasta cierto punto ellos se lo agradectan, asi como le agradecian el silencio casi absoluto en el que se dessrrollaba todo aguello, sin gemidos ni suspiros ni iseacciones ni palabras de ningin tipo, solo carne con- tta carne y un paco de saliva en la negrura brumosa de la cocina 6 en los psillos devorados con imagenes de muje~ res desnadas cuyos ojos de papel habian sido arrancados con las was. ¥ cuando el chisme de que la Bruja pagaba eg hasta Villa y el resto de las rancherias de ese lado del rio aquello se volvi6 una procesin, un peregrinar conti niyo de muchachos y hombres ya hechos que se peleaban por entrat primero y a veces noms iban 2 echar bola, bordo de camionetas y con lz radio a todo volumen y 1s de corvers que fan por la puerta de la cocina y se encerraban adentro y se escuchaba miésica y un bullicia ‘como de fiesta, para espanto de las vecinas y sobre todo, de las pocas mujeres pueblo, pura entonces ya plenamente invadido de fulanas Y Pirujas venidas desde quién sabe dénde, atraidas por el astro de blletes que las pipas del petedleo dejaban caer a su paso por Ia carretera, muchachas de poco peso y mus ‘cho maquillaje, que permitian, por él precio de una cee~ vera, que les metieran la mano y hasta los dedos mientras bailaban muchachas mis bien rollizas que parecian em badurnadas de manceca bajo los ventiladores averiados y due desp ‘mis cansado: si pasarse unz hora sobindole la verga al hombre que las habia escogido o fingir que realmente ‘xcuchaban To que les contaba; muchachas mis bien vete s de seis horas de fiesta ya no sibian que era fanas que bailaban solas cuando nadie las acaba, ahi en ‘medio de la pista de tierra apisonada, borrachas de cum- bia y cai, pendidas en el ritmo aminésico del tumpa tim pe: muchachas gastadas antes de tiempo, arrancadas desde 4uién sabe dénde por el mismo viento que enredaba ls, bolas de plistico en Jos calles; mujeres cansadas de la vida, mujeres que de pronto se daban cuenta que ya n0 cestaban para andarse : inventando con cada hombre que conocian, que ya de plano se refan, con los dientes des- posilados, cuando les recordaban ss ilusiones de anta~ fio; las Gnicas que, animadas por los rumores y os chis- ‘mes que contaban las viejas del pueblo cuando bajaban a lavar la ropa al rio © mientras experaban su turno en, la cola para a leche subsidiada, e atevieron a ira vera la Bruja a su casa perdida entre los sembradi Ja puerta hasta que la loca aq aba por la puerta entreabierta yells le supcaban que les prestara ayuda, que bajes aquellos de Jos que ls mujeres del pueblo seguian hablando, los by la vestda de vind se as. centes que an quedaban en el 7 hoje que amaratan alos hombres los doonnaban por merle, ls que los epelian para sempre jan, yes rete linitabans borrar su recoerdo, y aquelos que com venue ibean ls corazones els resplandores on Sl suieidio.Foeron ells as cncas, en sma, ala que la Seid andar y, cor ara, sin obras un slo Bruja peso, lo cual era bueno porque la mayor parte de las chi- fas dela carttera con dificultad comian una vez al diay fmnichas no eran duefias ni de la toalla con la que se lim piaban los humores de Tos machos con los que cogian, fuungue tal vex al final Jo hiciera porque alas chicas de la tarretera no les avergonzaba caminar hasta alli con la cara descubiertay las nalgas bien paradas y sus voces eascadas porel humo y el desvelo, gritando: Bruja, Brujta abreme Ja puerta, cabrona despraciada, que ya vol a cagarla de nuevo, hasta que la Bruja se somaba, vestida con su ti nica negra, y el velo torcido que a la Tuz del dia, en la revueta, con el caldero voleado y el piso mugroso y salpicado de sangre seca, no bastaba para disimular los imoretones que le inflaban los pirpados, las costras que partian la boca y las cejas topidas; las dinicas a las que a veces la brit les confesaba sus pro} porque ellas comprendian y sentian en carne propia lo cabrin que era el vicio de los hombres, y hasta le hacian Drom y la cabuleaban para que se riera, para que olvids ralos golpes y hablaray dijera en woz alta los nombres de Jos cabrones que le habian pegado, los que entraban a su ‘asa y le voltaban los muebles patas parriba porque an- daban erizos y querian dinero, el tesoro que la Bruja diz- que escondia en aquella casa, las monedas de oro y el anillo aquel con un diamante que segin esto era tan trande como un puto, aunque Is Bruja les juraba que no cra cierto, que no habia ningiin tesoto, que ella vivia 1a rena de las tierras que quedaban, unas parcels reparti- ‘as alrededor dela casa en donde el Sindicato del Ingenio sembraba caf, y nomis habia que ver eémo vivia, en un ‘cuchitril eno de cachivaches y cajs de eart6n ya podri- do, y bolsas de basuralenas de papeles y tapos rafia y olotes y bolas de pelo caspiento y de polvo y cartones de leche y borelas de plistco vacias, pura pinche basura, puras pinches porguerias que los abusadores aquellos pi= Soteaban y rompfan en su intento por abrir la puerta del cuarto dela planta de arriba, la recimara que desde hacta aos, desde la época de si madre, permanecia cerrada, atraneada desde adentro por la Vieja, cuando en wno de sus ataques alucinados movié todos los muebles de a ha bitacién contra Ia puerta de roble macizo, de tal forma ue solo la masa y la fuerza de los sete uniformados que constituian el brazo de la ley de Villagarboss, incluyendo Js ciento treinta kilos del comandante Rigorito,logra- zon finalmente vencer, el mismo dia que el cadaver de la pobre Bruja aparecié flotando en el canal de riego del Ingenio. Una cosa espantosa, dijo la gente, porque evan- do Ios chamaguitos esos a encontraton el cuerpo ya est ’a todo inglado y Tos ojos se le habiansalido y los anima les le comieron parte de la cara y parecia que la pobre loca sonrela, espantoso, pues, una potada, caro, sella en el fondo era bien buena y siempre las estaba ayudanda y no les cobraba nada ni les pedia nada a cambio més que un poguito de compaiia; por eso fue que se animaron, entre todas las chicas dela carretera y una que otra que teabaje- ba en las cantinas de Villa, a juntar aquel dinerito para darle sin entierro digno al pobre cuerpo podrido de la Bruja, peo esos ojetes del Ministerio de Villa, que vayan y chinguen todos a su puta madre, por inkumanos, no Quisieron entregarles el cada primero due porque era Ia prucba del delito y que la diligencias a las mujeres ain no cerminaban, y Iuego que porgue ellas no tentan papeles que demostraran parentezco con la vietima, ¥ que 650 no tenian derecho a hacerse con el cuerpo, Pi adie en el ches ctileos: qué papeles podian ensefarles pueblo supo munca e6mo se llamaba aquella pobre en moniada; si ella misma nunca quiso decitles sa nombre verdadero: decia que no tenia, que su madre noma le chiseaba para hablarleo la lamaba zon2a, cabrona, a de iablo, Ie decfa, debi matarte cuando naciste, debi tirace al fondo del rio, pinche Vieja, pinche culera, pero bien ‘mirado sus motivos tenia para recuinse de aquella mane 1, después de lo que esos csleros I bi 108 si agarzen al chacal o los ron pobre Bria pobre loca, ojlé que de mer chacales que le rebanaron el euello, a i Ese dia, Yesenia se habia ido a bafar al rio temprano, y lo vio cuando ya iba de sida, Venta dando tumbos por la vereda, descalzo y sin camisa, con una lata chamuscada contra el pecho y las rodillasdescarapeladas por haberse tuopezado en el camino. Seguramente iba borracho 0 drogado porque encima de que se atrevi6 2 acercisele, todavia tuvo el descaro de preguntarle a Yesenia que imo estaba el agua del ro, yells, sin dignarse a mirarlo siquiera, ofendida en lo mis profundo de que su primo le Inubiera dirigido la palsbra, como si nada hubiera pasado entre ellos, como si no levaran ya tres aos sin hablarse, yyde la forma mas cortante que pudo, le dijo que el agua estaba clarita,y le dio la espalda y se marché para la casa pensando en todo Jo que tendria que haberle dicho al ‘abrén chamaco ese, todo lo que sus chingaderas habian lia: a enferme- dad de la abuela, nomas para empezar, cl coraje aquel qu la dej6 paralizada de la mitad de este lado y, al afi, la caida en donde se romperia la eadera y de la que todavia ‘casionado, puras desgeacas para la fan ris habia que ver emo la pobre se ponia cada vez mis recuperaba, y tal vez no lo harfa nunca porque no: flaca y mis transparente, aungue todavia conservaba ‘genio de la chingada de toda la vida y se la pasaba jodien ddo a Yesenia com el pinche chamaco, que cuindo iba ait cl cabrén a verla, que por qué no querfa presentarle as sefiora Porque quién sabe cémo se habia enterado det chisme, si noms cuando le convenia era sonda y segura mente habia escuchado a las argienderas de las Gueras ontar que el chamaco se habia juntado con wna mucha- cha de fuera y que se la habia levado a vivir al jacal ese «que habia levancado deteis dela casa desu chingada ma- Are; todo el tiempo chingue y jode a Yesenia: gue cémo era la dichosa muchachita aguella, que por qué se habian juntado asi només, zacaso estabin esperando criatuea? {Bra crabajadora la chamaca exa? Saba guisaey lavar a ropa? Queria saberlorodo y queria que Yesenia se lo con- fara, como si ella no levara ais enteros sn dirigitle la palabra al pinche chamaco baboso ese, desde aquel dia en ‘que lo caché haciendo sus cochinadas y el may cobarde prefirié largarse para siempre de Ja casa que tener que enfrentar a Yesenia y escuchar las verdades que ella le echaria en cara, ahi enfrente de a abuela, para que la vi jaal fin se diera cuenta de la clase de fchita que eta su e marieén cobarde, pinche vividor que ni las gracias dio nunca por todo To que Ia abuela hizo por él, nicto, pinch {odo lo que tuvo que soportale, porque sina hubiera sido porla abucl ese pinche chamaco se hubiera muetto, por aque a puta esa que lo pari lo eenfa todo abandonada y gusaniento, todo rurrado y muerto de hambre en un Inuacal mientras ela se daba la gran vida puteando en la carretera. Qué conaje le daba a Yesenia ponerse a pensar em esas cosas, de verdad que hasta el higido le dolia cada vez que se acordaba de ese pinche chamaco ingrato, y en lo pendeja g selo al cabrén del tio Maurilio, sabiendo perfectamente que andaba era puta de of cio, capaz de abrrse de piernasy de verijas ante cualquiecs que tuviera dinero para pagarle: Qué no se daba cuenta de que el chamaco ese mi siquiera se pareefa a Mawrilio?, le dijo la tia Balbi cuando se enters de que la abuela se cu abuela se vio cuando se offecis a cri. due la pinche vieja esa con la %6 Qué no se das enenca de que no se parecia a nadie de Is famnilia?, dijo la Negra, la mamé de Yesenia, cuando lleg6 a la casa y vio que la abuela levabs aquel chamaco mugroso prendide al cuello, como in chango. Qué se me hace que entre el Maurilio ¥ la pinche vieja cochina esa le vieron a usted la cara de pendeja, mamacita; me extraia que con esa mente tan estaba encargando del escuincl ochambrosa que tiene para andar siempre pensando lo peor de nosotras, me extraiia que no se acuerde de eso de {que “hijos de iis hijs, mis nietos; hijos de mis hijo, sepa su ehingada madre”. Pero no lograron convencerla, por mis que le dijeron que criar a ese chamaco como si fiera de la familia era un ervoe, que el Maurilio segura- mente ni eta el padte, que mejor por qué no lo Hevaban al hospicio, pero no, ni madres, no hubo poder humano que la convenciera. ;Cémo iba dejar doa Tina desampa- nada a es pobre eriatura, ss tinico nieto var6n, el hijo de su adorado Maurilio, que estaba tan enfermo, el pobre, {que no podia hacerse cargo del nifio! Cémo ibaa decile {que no a Maurilio, el inico que se sacrificé por ella y dej6 la escuela cuando recién Megaron a La Matosa, para ayu- lala a poner la fonda, mientras que ustedes dos nomisse J pasiban de putas, metiéndose con los traileros y los ppeones det Ingenio, les reclamé la abuela. Porque para Variar y no perder la costumbre, la abuela cuando estaba ‘enchilada nomis se acordaba de las cosas mala, como Mausilio era su consent, le gustaba decir que él se ha bia sacrificado por ella, para que el negocio saliera adelan- te, pero todo eso era pura cibula que la Vieja se contaba 2 ella misma para convencerse de que Maurilio realmente 1h queria, porque en realidad el cabrén se slié de la es- Ccucla porque era bien burro y holgazdn y lo Gnico que le gustaba er el jelengue y se la vivia metido en las cantinas de la carretera, cantando y tocando la guitarra esa que un borrachito dejé empefiada un dis en ka fonds de la abuela aprendi a toarl slo sin que nace le ease noma Pulao las cena y excuchando los soos san de la aja, soto debajo de la moreea que tenian seis on iotenes dt nones enema de Vil, con cents, yen yao too rods bon saad lege istbcny efor dota Ts pore ene Tin pine gc dots ae ae ‘trabajar a la carretera, ahora soy miisico, no me. ah desesperes, yo te voy a manda pet dar unos centavos tan promo | pueda para que eaves, y se foe el abr, as on tos horrachor ls hacia gracia que un pinche shame sombrerad los abureaa yen es etancesa mes del tor ener nee no y 0 adn aba, porque a Maurilio lo que mis le gustaba tocar evan sale siempre en las fotos de ess otlon de ‘ deem gpocs, con sn pana de tmeelilay sas bos pcudsn ‘ ¥ 4 egarote en la boca y lis vis odedndol, Dien Que ea hart pogue con ls vgst i pore lca de : tndes ae ol earn era mis bien mal, por ea mines pe ceabron sacalepunta que pot la miisica, porque lav on Ta misica; lo suyo era més andar limosneando que oer oss, y pore munes poi dale dinero aa abel al contrario, seguia siendo una carga para ell, toda el tiempo ayudindolo y prestindole dinero que el eabrén nunca le regresaba, y encima tenia que andar llevindolo a axl rato aque To curaran evando le rompian su madre en tos parrandas, e incluso durante varios aflos hizo el tre tmenda sacrifcio de ir a visitalo a la circel del Ps ferdos los domingos sn falta ba la abuela a veral cio Mau- Silio gue estaba preso por su chingada gracia de haber fmatado a un sefior de Matacocuite, y todo por culpa de dina pinche vieja casida que el perro de Mauritio andaba no aguant6 la madriza que el marido rondando, La vieja qe puso y acabé despepitando todo, y un dia que el io ‘MaurilioHevaba chupando varios diss seguidos e vine ron a decir que habia an tipo que andaba preguntando ‘que decta que queria quebearse a ido con su esposa, y cl por élen Villa, un Mautilio Camargo por haberse ‘io Maurilio se paré de la mesa en donde habia extado ‘caupando y dijo pues de que Horen en mi casa a que llo- ren en ls saya, mejor que lloren en la suya, y dej6 en« fgada la guitarra y se fue de rive a Villa, a encarar su destino, y tuvo tanta suerte que se top6 con el viejo cor rnudo mientras este estaba meando en el bafto de wna can- tina, y asi de expaldas y sin dejarlo explicare, le metié ‘unos piquetes con tina navaia que el tio Mauro Hevaba sicmpre metida en la bota, y asi fue como acabé en la ince del Puerto, preso por homicidio doloso, nueve aos de pena corporal, neve afios seguides que dof Tina ‘estuvo yendo a verlo todos los domingos, para Ilevarle sus raleighs sus centavos y su jab6n y una despensita que ella nisma cargaba desde Villa, a sola, porque no le gustaba (que Yesenia 6 las ottas chamacas Is acompaitaran porque Juego los presos només hs estaban morboscando, y como Te daba miedo perd savias del Puerto se iba ‘eaminando desde cobuses hasta la circel para vera su hijo adorado, el nico vardn y que Dios le habia dado y quitado tan pronto, en la lor de a javentud, apenas un ato después de que el cabrén saliera de le fel, porgue quign sabe qué enfermedad agare6 ah den 'o era nada, que eran los humoney el enciero Jo que lo tenian tan debi y aticaido, dep ‘ido ademis porque ta pura esa con la que vivia heeiy ‘mucho que se habia largado con otro, La Negra y la Bale bi estaban seguras de que Maurilio estaba enfermo de sida, y no dejaban que las chamacas fuera a contagiarlas de su porqueri |i no pudo seguir negando que el cabrén se estaba my riendo, y en un intento desesperado por salvalo decidis internarl en el sanatorio mis caro de Villa, el que cons. ‘ruyeron para los petroleros,y para pagar la cuenta y lg ‘medicinas no le quedé de otra mis que vender la fonda, el terreno al pie dela carretera, y la Negra y la Babi pez ar supieron lo que la abuela habia hecho, porque cémo era acercaran al to, ng Posible que su madre hubiera decidido vender el dnico | Patrimonio que tenfan, por el que tanto habian hichede, todos esos afios, que ahora de qué iban a vivir, side todos ‘modos el cabrén de Maurilio iba a morirse, si hasta los ‘médicos ya mejor decian que no tuvieran esperanzas, que ‘cj fueran agilizando los trimites para el entierso, 9 la abuela se puso como loca cuando dijeron exo y las acess de arias cizaiosas,codicisas sn remedio, sla fonda era de lla, de ella sola, y sino les gustaba la idea de vendedla ues entonces podian largarse ala mierda, bola de viboras Ponzofiosas,egofstas, envidiosas, cémo se atrevian a decir que Maurilio no iba a salvarse si, Dios mediante, todavia Je quedaba mucha vida por delante, para ver execer a sa hijo y tener muchos otros mis, y entonces la Balbi y la Negra dijeron: pues a la mierda entonces, a Ia mierda ‘antigo y con Ia fonda y con el pocos huevos de Mauirilio, nos vamos y no volveris a vernos jams, ni a nosotros ni 8 muestrashijas. ¥ agarraron sus chivas y a las chamaras, pero la abuela se les fue encima y las jaloned en la puerta ¥ dljo que estaban locas si crefan que ella iba a permite Pero al final fa abue~ mn el grito en el cielo y se jalaron de los pelos cuando | se lc grstony Penn I abula no ho " la entrada de Villa, a la altura de la gasolinera. Hasta cuando estaba enférma tenia que parurse de madragada para tales de naranjas y zanahorias y betabeles y mandatinas y ingo en temporada, mientras que Yes en casa a cuidar alas primas mis chicas y al pinche chae Imaco ese que nomas crecié para volverse un ingeliz ea brn desgraciado que le hacia a vida imposible a Yesenia, gue por ser la mayor te lalear hasta el mercado y lenar el tricilo de cos- se quedaba ia que apechugar a huevo con la responiblidad dela esa} dels prima dl ince auien eleva spre a chinga mapa lt cere 254 de avi cuando ls cosy salar mal, eutnd Yea la qu tenia qu esponder pola nalades dese el pinche chamaco se roaba lo efecos de senda de Conia y les garb oss elder gue eneon, taba ys pep a ls nidor mis chin, ee dab por jugar on cerilosy que eas quema cl coherzo de ht Giieras con todo y gallinas, y coral que eta Yesenia la que fenia que andar siempre pidiendo disculpas por el chama- 0, pagando los i que ocasionaba, poniendo su cara de pendeja y nego encima aguantarse el coraje de ver que la abuela nunca castigaba las cabronadas que el pinche chamaco habfa hecho en su ausencia: qué va a se, decia siempre, cuando Yesenia le echaba la letania de chingade- 38 que su nieto habia hecho durante el dia; si nomis es tun chamaco, no tiene malicia son cosas de nifios, Lagar~ «a, dzjalo ser, pobrecito, su papa era igual de tavieso y el chamaco se le par (que era mentira, pero a ella le gustaba hacerse pendeja y ddecia que eran igual e, son igualitos, deca la abuela, n= igual, igualitos, como dos gota de agua, aungue en lo sinico en lo que se parecian era en lo hue: 2 ‘von y en Jo laces, y en lo lambiscones que eran con a abuela, que siempre os dejaba hacer su reverenda volu tad, y por eso el chamaco ese crecié para convertiese en tun animal salvaje que noms taba pal monte cada ver que lo dejaban suelto, incluso a deshoras de la noche, porque segin la abuela esa era la forma en que se criaba a Tos varones para que no le euvieran miedo a nada, pero cra Yesenia la que tenia que andar cazandolo para que se lavara, para poder coserle la ropa toda desgarrada,y piz- care los piojos y las garrapatas que agarraba en el monte yy arrstatlo a la escuela cada maana, entre chingadazos y coscorrones que Yesenia le acomodaba para que obede- ciera, aunque claro que nunca le pegaba enffente de la abel, solo cuando estaban a sola, en esos frecuentes riomientos en los que Yesenia se hartaba de gritarle y per= dia el control y agarraba au primo de les pelos y le tundia cl caerpo flacucho a puietazos y varias veces Io aventd contra la pared con ganas de que se muriera, de que re- ventara ol cabrén renacuajo ese y dejara de una vez de fastidiarla, de lstimarla, de lamarla siempre con ese apo- do que la abuela le puso de chica y que Yesenia odiaba ‘can toda su alma y que se le habfa pegado de tal forma {que todo el pueblo la conocia ya como Lagarta, por fa, prietay flaca recitaba Is abuela, igualita a an teterete pa rado sobre dos patas. Lagarta, Lagarta, canturreaba el chamaco baboso, tiene pelos en la cucaracha, ahi mero en ef camién hacia Villa o en la fila de la masa, frente ala ‘gente chismosa que lo escuchaba todo y que se reia, y cllano le quedaba de otra mis que reventarle el hacico de ‘un manazo, cillae, pinche chamaco lépero, y pellizeario donde pudiera y gozar furiosamente cuando sentia que la ‘came del niflo se rajaba bajo sus uias, un placer que se precia mucho al aivio que sentia cuando se raseaba un piquete de mosco hasta sacarse sangre, y tal ver el charma- cibia una suerte de alivio, porque después co también ps 6 4 los madrazos siempre se tania y basta dejba de toes, per lego la acl vei los morstones araflazos, y todos los chingadazos que Yesenia tenia que ‘sib lla dupicador en's propia ce, cons pecan jaca que la abla aha pre peg, sobre Ie als o laespalds, o hasta en neta, steapenjabany noe cabs con ls mann, hasta que Yeseniachillba ples plea que se detuvers, que la perdonara a wees I terse una de las pastilas de Luismi porque cada ver que certaba los ojos y trataba de conciliar el suelo su cuerpo gia y a cama tempecaba a temblary el estmago se lee esapareciay era como si estuviera colgado encima de un precipicio, a punto de caer a abismo, y entonces abria los Ojos y se daba la vueka en Ia cama y volvia a tratar de dormir y volvia a sentir el vérigo y trataba de marcaele a ‘Chabela pero el teléfono seguia desconectado, y ast se pass toda la noche, y hasta eg a pensar que seria mejor ‘alital patio y eruzarlo para pedirle a Luismi que le regu lara una de sas pasillas y ver si asf lograba dormir de un solo tirén hasta el mediodia, pero en el fondo sabia que: sin su muleta no seria capar de cruzar la oscuridad del patio para llegar al cuarto del chamaco, asi que termind por resignarse y seguir dando vueltas en la cama hasta que Finalmente se sumié en una duermevela intranguila que le duré hasta la hora en que Tos gallos Iejanos comenzaron a de la ventana. No qué 1o soportaba mis el calor de aquel canar y el sol se elev6 det levantarse pero ya e — p po ni el vacfo en la su propio cuerpo Ja, asi que se puso de dels nao ni el edor campatia com Chabe ca pd, agarose dele bes y hat res sali al patio a mear y lavas, y quien stbe gate) sexta pote chamaco atin no daba seals de ida, y ni las daria aquel dia porque desde el patio Munra i Meso aravesado sabre el colchon que ocupsba 1. Sy piso de au cuartito —su exsita, como él la aoe cm la bocotaabiertay Hs paxpados entrece- earl mrades de lo hinchados. Seguramente 8 wos co dia en desprtare a jungat pot a cansidad de sata gue seat one anion yet Spent pinch ‘Tomingo, cuando Mut cana gue casi tok 1e Lassi no revivié sino hata la noche del fina lo vio atravesar el patio a trom eda que llevaba hasta la careetera aad segaramentetrataria de conseguir mis dinero ¥ ast comprar sus cchinas pasilas. Qué chiste le veia el char algo que el Munsa nunca pudo aco ast porgers rage ane ol Mr uender. chmo era posible que alguien quisiera est sno idiota todo el santo dia, con la lengua pegada al fuladary la mente en blanco como una television sn > Fal; porlo menos con el alcohol las cosas buenas se hacfan tacjoresy hs culeras como que ve soportaban mis fic Tom 1a mariguana pasabs mis 0 menos lo mis, reo com esas pasilas que el Lami se pensaba el Manta; ps thingaba como dulee Suelo, un ebingo de ganas de acostarse a dormir y jetear sey hasta 30, no para sofar con cos locas y alucinat como decian que pasaba cuando farnabas opio, no, sine para caer rendido en un sueio pesado y culero del que te ie sey a cabeza como bom- el nunca sent nada mis que PFO espertabas con vn chingo dé a ‘br Ios ojos tan hinchados que no podias ni abrilos, sin ‘de cOmo habias Hegado a tu cama, ni por qué acordarte ei fetabas todo mugraso y hasta cagado, o quien Toto a cara, Pinche Luismi siempre decia que las patil {o hacian sentir chido, tranquilo, normal, pues, ni ansi ‘i tembloroso ni con ganas de tronarse los dedos cuello con ese tic que siempre tivo desde chamaco, on el que se tronaba el cuello echando la cabeza sg lado como de latigazo, y que segin a solo se le qui cuando se metia las pasilasexas, que porque cuando d Jibs de tomaras enseguida le volvian los temblores y tics, junto con otras sensaciones bien culeras, como ees «que las paredes se movian y amenazaban con caerle eng mma ola de que ls cigars nol sabian a nada, o de qi sentia de que el pecho se le cerraba y se quedaba sin a en fin, puros pretextos que el chamaco ponia para no di Jat de meterse esa chingaderss. Sini cuando se taj all pendeja de Norma a vivi con él a su casita pudo deja Por completo, aunque los primeros dias él estaba ra meite convencido de que ya no iba a volver a me ada, pura chelay pura mota habia dicho, nada de p Uss, pero la intencién no le dus més que eres sera hasta que la eulera de la Norma lo teaicioné y le encima a la policfa para que lo metieran a la circel algo que el chamaco ni culpa tenia, ss inieo pecado f haber tratado de ayudar a esa pinche chamaca mon ‘muierta que noms resulté ser puro problema, puro co fiicto. A Munra esa escuincla siempre le cay6 ta, si pre le parecié una fsa, con su teatrito de nia buena oi ‘no rompia un plato y su vocecita de pendeja que tenia todos envergados, hasta ala Chabela, quién baa deci ella que presumia de conocerse al dello todas las maf hhabidas y por haber de las Viejas que trabsjaban en el E cilibor, ni siquicea ella, se salvé de caceen el engaiio d 'a pinche Norma: sia los dos dias de haber legado 3 casa Ia pinche Chabela ya andaba diciendo que la cha ‘maca aguella era como la hija que siempre habia quer tener, que ponque ers tan buena, tan hacendosa, tan ac ‘medida, tan tan que ya parecia campana, la hija de i ot —__4 hingoda, y Munra nada mis la eseuchaba y chasqueaba la Tengea, asqueado de tanta meleocha que salia dela boca desu onuer. Le daba corse verla ahi en Ia casa, guisando frente ala estufiy lavando los platos o nada mids ahi re- voloceando detris de la pinche Chabela, con esa sonrisita hhipécrta en los labios y los cachetes de india chapeados y st expresién de fingida inocencia, diciéndole que si a todo lo que Chabela deca. Su mujer estaba tan envergada com las atenciones de Ia chamaca que hasta se le olvid® «qe ahora eran dos los hievones mantenidos que comian 2 sus coxtillasen vez de solo uno, y a Muna francamente tanta armon‘a familiar le parecia muy sospechosa, y no podia dejar de preguntarse qué carsjos era lo que tramaba Ja chamaca esa, de dénde chingados habia salido y por «qué madres estaba ab com el chamaco; porque eso de que «ran ef uno para el otro, que se lo creyera su abuela: qué mujer en su sano juicio quertiairse a vivir al cuart. ce al fondo del patio con ese chamaco cara de perro rmuerto de hambre? Munra estaba seguro de que hal algo chueco en todo el asunto, pero al final decidié que tho Gane callado porque ultimadamente ese pinche Luismi de todos mados hara lo que se le pegata su chingada gana Y para qué gastar saliva entonces; si él ya una vez habia ttatado de advertirselo, la tarde cuando Luismi se le acer ata pedirle el favor de que lo Hevara ala farmacia de Villa, a comprar algin medicamento que le aliviara a la Norma un sangrado con muchos delares que tenia, y Monza enseguida pens6 que esa pinche chamaca estaba haciendo puro teatro para hacerles gastar dinero y gasoli- naa lo pendejo, y esa vez hasta regaiié al chamaco por Akjarse embaucar de esa manera tan pendeja, Qué no ‘abla que todo aquello era normal, que mes con ies las ‘Mujeres sangraban de la cola y que no necesitaban medi- nas, si acaso de esas tallas que Luismi podria comprar. lea doa Concha ahi mismo en La Matosa, sin necesidad bia puesto a necear de que aguello era diferente, que la Norma estaba suftiendo mucho y que hasta tenia el ever po acalenturado, pero al final Munra logr convencerlo de que todo aquello era normaly el chamaco se regees6 a su easita y Munsa pudo verlos a los dos echados sobre aquel colchén mugroso, el Luismi abrazindola como si estuviera moribund, pinche vieja payasa, pens6 el Mun- ra, aungue al final, quién ibaa decitlo, result que la cosa sera seria y hasta se lev un buen susto esa misma ma~ dirugada euando el chamaco casi le tira 2 patadas Ia puer- ta de la casa para que le abriera porque en los brazos lle~ vvaba ala Norma que teni la piel verde y los labios blancos y los ojos asi metidos para adentro como endemoniada y Jos msfos escurridos en sangre que todavia no se le seca bay que goteaba sobre la tierra, y el chamaco parecia loco, yy hablaba de la mancha que habia quedado en el calehén, de la cantidad de sangre que Norma estaba perdiendo, {que por favor les hiciera el paro de levarls al hospital de Villa en aguel momento y Muna le dijo a Luismi que los Hevaria, pero que primero le pusiera algo debajo a Nor- ‘ma, una jerga o una cobija, porgue no queria que la san- igre manchara los asientos de la camioneta y Luismi lo hizo, pero tan mal que al final la tapiceria qued6 toda cmbarrada de porquerfa, y ya nunca tuvo chance Munra de reclamarle al pinche chamaco o de limpiar la cochina~ da, con todo lo que pasé después de esa noche, después de evar a Norma al hospital y después de haberse quedado ‘camo idiots esperando ab afuera a que alguien saliera a Aecirles cémo seguia la chamaca, sentados sobre un artia~ te hasta ls doce del dia, cuando a Luismi le gané la des csperacién y entré al hospital a preguntar qué era lo que pasaba, porque nadie les decia nada y como a los quince ‘minutos de haber entrado ya estaba de vuelta el chamaco, con cara de perro apaleado y mentando madres de que 6 tuna erabijadora social les estaba echando a la policia, pero ‘no quiso contarle nada a Manta en el camino de vuelta a {La Matosa, ni siquiera en el interior del Sargiuana, a donde Monsa lo llev6 para invitarle una cerveza que la bruta de la neta de la Sara les entregé casi al tiempo. No quiero gue reser mace mds, cantaba la radio, pefew la demote ‘nie mis manos, nla estacién de las eanciones rancheras {que a Munra tanto le cagaban, si ayer tu nombre tanto pro- und, zpor qué mejor no ponian una salsa, hoy miame rompiéndome ls labios, pero al chamaco, quién iba a decit= To, en serio, Ios ojos se le fueron poniendo vidriosos y colorados como si estuviers 2 punto de chillar, y Manra hasta pens que chance la Norma se habia muerto, o que estaba muy grave y necesitada de una operacién compli- cada y muy costosa, pero tres cervezas después el chama- ‘co seguia sin soltar prenda, y no le cont6 nada ese dia, ni siguiera después de que Munsa accedié a llevarloa Villa a recorrer las cantinas buscando al Willy para que le ven- diera una tira de esas pinches pastillas culeras que ya le ‘vaba como tres semanas sin tomar, y quién sabe cuintas se tomé de jan que a la hora el pinche Luismi ya estaba tirado en el piso, completamente hasta su madre, y Mun= ta tuvo que pedirles de favor a unos chavos que lo ayuda ran a subido a la camioneta, donde termind durmiendo quella noche porque Monra no pudo despertarlo ni mu ‘cho menos bajarlo él solo cuando al fin legaron 2 La Ma- toss. Quién sabe qué horas serian cuando Mansa desper~ 6 a ly mafana siguiente, porque la pila de su teléfono se habia acabado, y el aparato estaba muerto, y Chabela ain no volvia de la chamba, y eso le inguiets un poco al Muara, porque Gtmamente scedis con mayor freeuen- cia que Chabela se desaparecia dos o tres dias seguidos, segiin que cotorreando con sus clientes, pero la cabrona nile avisaba, Trat6 de conectar el teléfono para marcarle ‘su mujer de inmediato y reclamarle el abandono en el aque lo tenia, pero una ola de néusea estuvo a punto de hacerlo radar de cabeza al suelo, cuando se agach6 para buscar el cargador del celéfono junto ala cama, por lo que decidi6 tecostarse un rato mas, con el perfume de su mu- Jer imptegnado en Iss sibanas como si la muy cabrona Inubiera entrado a hurtadillas de madrugada a rociarlo con su perfume antes de mazchasse ala calle a seguir co torteando, o como si hubiera vaeleo mientras ét dormita- ba y estuviera ab contemplindolo desde el umbral de a recimara, una sombra sumida en ese silencio rabioso que | 4 Mura Te asustaba mis que los gritos, y por eso habia tempezado a explicare lo que habia sucedido la noche an- terior: mi vida, el pinche chamaco two que cargar a la Norma que se desangraba; parecia muerta, la cabrom, y cen el hospital por poco y nos echan a la polick patos culeros, peo de pronto se dio cuenta de que estaba hrablando solo, que no habia nadie en el cuarto, que I sombra que confundié con Chabela se habia evaporado, y después de conectar su teléfono al cargador y de esperar a aque el aparato se encendiera, descubri6 que Chabela no le habia mandado ni un solo mensaje de texto, nada, ningu- nna explicacién, ni siquiera una mentada de madre, la muy pinches clea, Mare6 su mimero; cinco veces seguidas presiond fl botdn para repetir la mada y cinco veces el telefono To mand6 al buzén, Se puso una camisa y un pantalén. {que encontré tirados en el suelo, buse6 su muleta, que quign sabe cémo terming metida debajo de la cama, y salié para comprobar que el chamaco siguiera vivo y que Y si, abs seguia, tenconchado sobre el asiento del copiloto, con la bocota abierta y los ojos entrecerrados y los cabellos aplastados contra el vidrio. Loco, le dio, golpeando Ia ventanilla con la pala de la mano pata hacerlo reaccionar, antes de brit la puerta, Aquello estaba que ardia. ;Cémo podia aquel eabrén aguantar el calor que se sentfa ahi dentro, el no le hubiera guacareado la camioneta “6 sador gu le empapaba las ropas y le escurria en hilos pot fn frente? Loco, vamos a euramos la cruda, dijo Munra, ncendicndo el motor, y él chamaco asinti6, sin siquers fhirario, Manta ni le pregunt si llevaba dinero; sabia que fo, pewo realmente necestaba un caldo y una eervers yan reponerse de aguelajaquecapalptanee que comen ibs a martillesrie el cerebro, adlemis queria que et cs face le contara bien el chisme de lo que habia sucedido fon Norma, aungue no tardé en artepentirse de baberio fvitado porque el pinche chamaco empez6 a pedir cer tezas cot si estuvieran en el Sarajuana, donde la cage tha costaba treinta varos, mientras que alien el puesto de fnoos de Lupe la Carera cada media salfa en veinticineo, peto valia Ia pena porque todo ef mundo sabia que la Lupe la Carera preparaba el mejor consomé de bortego ppecho con carne de perro, aungue en a opinién de Mun~ ta daba igual que aquellas hebras de carne jugosa que thasticaba pacientemente con los dientes que le quedaban fueran de borrego, de perro o de humano, el chste estaba cen fa salsa que Lupe la Carera preparaba con sus manitas Santas y que le quedaba tan sabrosa y estaba llena de pro- piedadescurativas que pronto le hicieron sentirse de nue {vo como ser human, y hasta le ent la esperanza de que ‘Chabela seguramente regresaria a casa en cualquier mo- mento a lo mejor nomas estaba eotorreando por abi con tinos clientes y no habia por qué hacer panchos, ni andar ppensando que la cabrona al fin e habia decidido a aban ‘donarlo, ;verdad? Y hasta como que Te entraron ganas de jive a Villa y darse una vuelta por la Concha Dorada a saludar a la banda y aprovechar el dia. El pinche chamaco ten cambio se vefa bien pinche deprimido, abi sentado con Ta cabeza inclinada y los brazos caidos als lados, el taz6n del ealdo sin tocar siquiera, la cuchata intacta sobre la mesa de madera salpicada de trocitos de cebolla y de ci lantro, y foco, empez6 a decir el Muna, sintendo y fe) fondo de las tripas el corse que a veces le daba de ver al chamaco todo pendejo, too idiota, y ya ni siquicea por ef gusto de ponerse hasta su madre con la banda en ol Parque 0 en las cantinas sino només para no tenet gue hablar con nadie, para no tener que escuchar a nadie, ena cerrase dentro de si mismo y desconectarse del mundo, y Munra a veces tenia ganas de cachetearlo para hacer Feaccionar pero sabia que no servtia de nada, que el pin. che chamaco ya estaba bastante grande para saber lo quy hacfa, los pedos en los que se metia, como ese asunto de | Norma. Loco, le dijo, zqué pas6 con ta vieja Fl pinche Luisoi hundié mis los hombros y apoyé los codos en lg ‘mesa y comenz6 a mesarse el greiero aque que lewaba, el Muna inssti6: ya, cofio, qué pedo, qué pass, y el char ‘aco, dramitico como su chingada madre, igualitos los dos, suspiré hondamente y sacudié la cabeza y luego va- cié ln botella de cerveza de un trago y le hizo un gesto-a | Lupe la Carera de que le sirviera la tercera —hijo de va puta madre, abi costaban veinticinco varos las medias ¥ esperd a que le destaparan la botella para empezar @ ‘ontarle a Muna lo que sucedié cuando entré a la sala de | lurgencias a preguntar por Norma y las enfermeras se ha.

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