NOVENA DE PENTECOSTÉS AL ESPÍRITU SANTO
COMUNIDAD CATÓLICA SHALOM
DIFUSIÓN EN BARRANQUILLA
+ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Invocación Inicial
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego
de tu amor, envía tu Espíritu y todo será creado y renovarás la faz de la tierra.
Oremos:
Oh Dios, que instruiste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo,
haz que apreciemos rectamente todas las cosas, según el mismo Espíritu y
gocemos siempre de sus consuelos. Por Cristo, Señor nuestro. ¡Amén!
Oración para todos los días
Oh Divino Espíritu, que por la Iglesia eres llamado Creador, no solamente porque
estás en relación con nosotros, creaturas, sino porque también moviendo en
nuestras almas, santos pensamientos y deseos, creas en nosotros aquella
santidad que es obra tuya. Venga también sobre nosotros tu benéfica virtud y
mientras te honramos con este devoto ejercicio, dígnate visitar con tu Divina Luz
nuestras mentes y con tu suprema Gracia nuestros corazones, para que nuestras
oraciones suban agradables a ti y, del cielo, descienda sobre nosotros la
abundancia de tu Divina Misericordia. Amén.
Consideración
Día 1
La acciones del Espíritu Santo en nuestras Almas.
Esa bella y noble creatura que es el alma humana, creada por las Paternas manos
de Dios, fue por el Eterno Amor enriquecida de las más altas virtudes que produce
sus frutos en ella, gracias a la acción vivificante del mismo amor que es el Espíritu
Santo. Las acciones de este Divino Espíritu en las almas son admirables y cuanto
más las contemplamos, mucho más nos llenamos de maravilla y de consolación.
Inaccesible por su naturaleza el Espíritu Santo se torna accesible por su infinita
bondad, sobre todo para las almas que lo desean y a ellas se comunica de modo
inexplicable. El las llena de sí y las hace sentir su presencia con luces,
inspiraciones, consuelos, gracias de todas las maneras. Y aunque es simple en su
esencia, es variado y múltiple en sus efectos, en la obra de santificación de las
almas se puede decir que el Espíritu Santo es todo en todos.
Este dogma de inefable operación del Espíritu Santo en el alma del cristiano
muestra claramente una verdad que eleva a una dignidad incomprensible, y una
expresión de esta verdad es: “Un Dios se ocupa de mí. Dios se preocupa en
hacerme el bien. ¡El deseo de mi perfección es su ocupación favorita! ¡Él trabaja
en mí, piensa siempre en mí, no cesa de trabajar por mí!”. Y ¿por qué todo eso?
¡Porque me ama y me ama infinitamente! ¿Por qué? ¡Porque yo soy una feliz
criatura de los eternos y amorosos cuidados de Dios!
Si esta verdad fuese por ti bien considerada y bien entendida, ¿qué más te
importaría, oh alma cristiana, de las cosas de la tierra? Tú, tan amada por Dios,
¿cómo podrías no aprovechar sus afectos, desperdiciándolos por los bienes de
esta tierra? Ah, si te conocieses a ti misma y Aquel que obra en ti, ¡estarías
muerta para el mundo y el mundo estaría muerto para ti y vivieras desde ahora
toda en Dios!
Momento para la meditación personal
Oración Inicial:
Oh Espíritu Santo, Eterno Amor, esta pobre alma no encuentra palabras para
expresar la dulce maravilla y el reconocimiento que experimenta pensando en Ti,
Oh Altísimo Dios, que te dignaste habitar en esta mezquina creatura y de hacerle
continuamente el bien. Te agradezco de todo corazón; y al mismo tiempo, siento
necesidad de pedirte perdón por apreciarte tan poco y haberte correspondido tan
mal a tu amoroso “obrar” en mi alma. Tú, que me llenas de favores y favores tan
grandes que no consigo comprenderlos, acreciente en mi alma aquel favor de
hacerme apreciar, Oh Divino Espíritu, los beneficios de tu Amor y ayúdame a
corresponderte fielmente.
Abre, oh Espíritu Santo, con aquella luz de la cual eres origen y fuente, los ojos de
mi mente y haciéndome conocer mejor los efectos del infinito amor que me tienes,
mueve, Oh Espíritu Santo, en mi corazón la verdadera y constante
correspondencia. Amén.
- MOMENTO DE ORACIÓN PERSONAL
Oración Final:
Oh prometido y Consolador, Espíritu Santo, procedente del Padre y del Hijo, que
escuchando la unánime oración de los discípulos del Salvador, fraternalmente
reunidos en el Cenáculo, descendiste para consolar y santificar la Iglesia naciente:
sé propicio a nuestras súplicas, enciende tu Divino Fuego en los corazones de los
hombres. Haz resplandecer tu luz hasta los confines de la Tierra, llama
nuevamente al seno de la Madre Iglesia Romana todas las iglesias separadas.
¡Oh Espírito Santo, que eres el Amor, ten piedad de tanta mediocridad y de tantas
almas que se pierden! Haz que rápidamente acontezca aquello que David
profetizaba diciendo: “Manda Tu Espíritu”. Haznos nuevas criaturas e así
renovarás la faz de la Tierra. A partir de esta consoladora profecía, unidos en
oración, como nos enseña la Iglesia, con plena confianza repetimos: Envía tu
Espíritu y todo será creado, y renovarás a faz de la Tierra. Amén.
Rezar las siguientes oraciones:
-Padre Nuestro
-Ave María
-Gloria al Padre
+ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
DÍA 2
El Espíritu Santo habita en nosotros
Es esta una verdad consoladora expresada en el Evangelio y confirmada por el
Apóstol Pablo cuando escribe a los Corintios: “¿No saben que el Espíritu Santo
habita en ustedes? y ¿no saben que su cuerpos es templo del Espíritu Santo?” Es
por esto que la Iglesia se alegra en llamar al Divino Espíritu de “Dulce Huésped del
Alma”. Huésped que reviste de gracia santificante, que irriga da divina luz, que la
hace capaz de obras merecedoras de la vida eterna.
Según Santo Tomás, El Espíritu Santo es para nuestra alma lo que el alma misma
es para nuestro cuerpo. Y así como un cuerpo no puede vivir sin el alma, un alma
privada del Espíritu Santo está muerta, muerta para la gracia, muerta al santo
amor e incapaz de conquistar méritos para el cielo. ¡Ay! de quien expulsa con el
propio pecado al Dulce Huésped del Alma, porque expulsa al amor, la gracia y
pierde la propia vida.
¡Si! oh cristiano, el Espíritu habita en ti. E se tienes fe, debes estar convencido de
esta verdad: nunca te encontrarás solo. Está contigo el Dulce Huésped del Alma.
Está contigo de día y de noche, en la fatiga y en el reposo, en la deficiencia y en la
prosperidad. Contigo estará (y más que nunca) en la oración e en la tribulación.
¡Ah, si tú supieras aprovechar de la presencia de un amigo tan bueno y poderoso!
¡Si en las tentaciones, en los peligros y en las angustias recordaras que tienes al
Espíritu Santo dentro de ti y si a Él recurrieras prontamente cuando se preocupase
tu pequeño corazón!
Para tu pensamiento algunas veces durante el día y medita esta dulcísima verdad:
¡El Espíritu Santo habita en mí! Se pensaras así, no tendrás solamente alegrías,
sino nuevas fuerzas para avanzar en los caminos de la virtud.
Día 3
El Espíritu Santo, nuestro Consolador
Después del pecado original, la miserable descendencia de Adán sufre por el
dolor, consecuencia no solo del primer pecado, sino de las obras cometidas por
nosotros mismos. Ahora, el Espíritu Santo, que es Amor, no dejará a sus amados
sufrir sin derramar sobre ellos muchísimos consuelos. Y es porque Él nos
consuela, que la Iglesia lo llama “Consolador Perfecto” y tiene para Él los más
dulces nombres. Como “Padre de los pobres”, “Reposo en el cansancio”, “Dulce
refugio”, “Alivio en el llanto”. Si bien Él no quita de nuestras manos aquel cáliz de
amargura que debemos beber a semejanza del Salvador.
Sin embargo, el Espíritu Santo sabe cómo mezclar su dulzura con nuestras
amarguras en los dolores que provienen de las criaturas, Él nos da el consuelo de
su Gracia; en las desgracias, un dulce y tranquilo impulso para conformarnos. En
cada sufrimiento, el Espíritu nos da un rayo de su luz que nos hace entender que
detrás de aquel mal existe un bien. Y una voz de verdad que nos recuerda las
eternas recompensas por sufrir. Y con Aquella voz de verdad, el alma atribulada
es consolada por el Perfecto Consolador que a ella se entrega.
Si tenemos un Perfecto Consolador, ¿por qué el mundo está repleto de
aflicciones? ¿Por qué en todas partes se derraman lágrimas?, y ¿por qué se
escuchan los gemidos de dolor? ¿Por qué se llega al suicidio? Infelizmente,
debemos constatar que esos no conocen al Espíritu Santo, que es el Verdadero
Consolador del hombre, porque el sufrimiento de ellos no contiene consuelo.
Pero ¿por qué eso sucede también entre los cristianos? La razón es clara:
también entre los cristianos, poco se conoce y menos aún se honra y se ora al
Espíritu Consolador. Pero, si vemos almas que en el sufrir se mantiene
tranquilamente conformadas, pueden ser bendecidas con el Espíritu Santo y, si
vemos algunas que en medio de las tribulaciones pueden repetir como San Pablo
que sobreabundan en alegría, podemos también decir que estas son plenas del
Espíritu Santo y llenas de la Verdadera consolación.
Día 4
El Espíritu Santo es el Donador de los Dones
Siendo propio del amor beneficiar y repartir dones, eso sucede principalmente con
el Amor por excelencia que es el Espíritu Santo. Y lo hace para con las criaturas
pobres y necesitadas que se confían a tan grande Proveedor. Aquel que concede
no sólo aquello que le es pedido, sino da en abundancia delante de cada pedido y
de cada deseo.
Son sus verdaderos devotos aquellos que de Él reciben un filial temor que los
aparta del pecado, que reciben una fervorosa Piedad que los hace más queridos a
Dios y benevolentes con el prójimo, una Ciencia que endereza los propios juicios y
hace que vean claramente las cosas de Dios, una sobre-humana Fortaleza donde
todo obstáculo sea superado, el celeste Consejo para distinguir los movimientos
de gracia y para elegir prudentemente los medios más apropiados para la
Salvación. Reciben enfin, un sobrenatural Intelecto, que es sustento para la fe y
luz para la voluntad y una Sabiduría celeste que los lleva a conformar los
pensamientos y deseos al divino Beneplácito, colocándolos en perfecto trato con
Dios.
¿Como entonces, tenemos un benefactor así tan extenso de gracias y de Dones,
nosotros somos tan pobres? Pobre es nuestro espíritu de celestiales dones, muy
pobre es nuestro corazón de virtudes, ¡pobre y desnudo de méritos es nuestra
alma! Pero ¿de donde viene la pobreza, mientras que los tesoros del Paráclito y
Dador de todo bien que nos ama, están abiertos ante nosotros? Sí, el Espíritu nos
ama infinitamente y concede sus mejores dones a auqellos que los deam, a quien
pide, a quien fielmente a ellos corresponde.
Con una mano en el corazón, oh cristiano, reconoce tu pobreza espiritual y cuenta
como correspondiste a las inspiraciones, las luces, las gracias del Paráclito.
¿Deseaste ardientemente sus preciosos dones? ¿Pediste con fervorosa y
constante oración? ¿Apartaste tu corazón de las cosas de la tierra para
enriquecerte de los tesoros del cielo? Reflexiona y responde
Día 5
El Espíritu Santo y sus frutos
Llamamos frutos del Espíritu Santo aquellos preciosos efectos que Él produce en
las almas, mediante la infusión de sus dones, los cuales, puestos a disposición de
las almas, las tornan fecundas de actos de virtudes sobrenaturales, que son frutos
de santidad y de vida eterna. Nuestra naturaleza, viciada en Adán, es como un
árbol silvestre que da frutos amargos e ingratos, el Espíritu Santo realiza en estos
árboles un injerto saludable, que les hace de cierto modo, transformar la
naturaleza, donde el jugo vital, o sea, la natural virtud operativa del hombre, al
atravesar el nuevo injerto, recibe las buenas cualidades y produce frutos dulces y
saludables. Y, hallando propiamente, no es el hombre que produce aquellos
buenos frutos, sino el Espíritu Santo, principio eternamente fecundo de la vida
sobrenatural.
Todo árbol, bueno o malo, se conoce por los frutos que produce; y cada rama del
árbol fructífero será podado por Dios con el fin de producir fruto mayor (Cf. Juan
15,3) No basta, por lo tanto, el injerto para que un árbol malo produzca buenos
frutos, es necesario que el comprometido agricultor haga la poda y que lo cultive.
Y es aquí donde se produce el miserable hundimiento de la virtud para tantos
cristianos que son reacios ante el sufrimiento. Gozan de ser injertados con el
precioso capullo de la gracia divina, pero no quieren después, que la mano
providente del granjero celestial pueda darles, es decir, no quieren despojarse
totalmente de sus afectos terrenales, no quieren cortar generosamente sus
pasiones favoritas e incluso si quisieran ser ramas fructíferas del árbol del paraíso,
también quieren retener los parásitos salvajes del antiguo enemigo; es decir,
afectos mundanos, amor propio, orgullo, avaricia y cosas por el estilo. Pero,
¿estas ramas vergonzosas, que incluso antes del precioso injerto permanecen
salvajes y estériles, al final no serán rechazadas y arrojadas al fuego?
Día 6
El Espíritu Santo es nuestro Abogado
Los débiles, los huérfanos, y los que no tienen derechos, tienen necesidad de un
defensor, de un abogado, que tenga en el corazón los intereses de ellos y trabaje
para hacerles el bien. A los cristianos, no les falta este Abogado. Fue el Amante
Salvador
Los flacos, los huérfanos y los sin derecho necesidad de un defensor, de un
abogado, que tenga en el corazón los intereses de ellos y trabaje para hacerles el
bien. A los cristianos, no falta este Abogado. Fue el amante Salvador quien nos
prometió y nos dio; y es su mismo Amor: El Espíritu Santo. Pero, ¿quién puede
decirnos todo lo bueno que este Abogado divino hace por nosotros? ¿Ese Amor
Eterno cuyas obras, palabras y relaciones con las almas son todo amor?
Y este Amor, como sabemos por medio de San Pablo, está especialmente con
nosotros y viene en auxilio de nuestra debilidad cuando rezamos. Nuestra miseria
es tan grande que no sabemos rezar como conviene, nuestra ceguera es tan
grande que ni sabemos qué pedir. Pero es aquí que nos ayuda el Espíritu Santo,
que dentro de nosotros ora y suplica con gemidos inefables; y porque Aquel que
conoce y examina nuestros corazones bien sabe lo que pedimos con tales
gemidos inspirados por el Espíritu Santo, y nos da la certeza consoladora de ser
escuchados.
Por lo tanto, ¡Dios mismo ora en mi! El Eterno Amor viene a suscitar en nosotros
santos gemidos e ilumina muchos afectos en nuestro corazón, de esa forma, nos
ayuda a invocar a la divina Misericordia. El Espíritu Santo ora en mí y eleva mi
alma a las fuentes de la Vida Eterna para enriquecerla con todo bien! El Espíritu
Santo ora en mi y da tanta eficacia en mi pobre fuerza, que necesito honrar y
agradecer al Altísimo con dignidad. El Espíritu Santo ora en mí y los tesoros de la
gracia divina se abren ante mí y en mi nombre y también por todos aquellos por
quienes oro.
¿Qué se le puede negar a aquel cuya oración asciende al Cielo unida a los
gemidos indescriptibles del Amor divino? E incluso si este fuera el único bien
logrado por la devoción al Espíritu Santo, seríamos lo suficientemente felices.
¿El Espíritu Santo orará también en aquellos que lo han olvidado?
Día 7
¡Oh, Divino Paráclito! Es el Santificador de las almas
Si el Creador no quisiese elevar el alma humana a la vida sobrenatural, renovando
su imagen y soplando sobre ella el Hálito Divino, estaríamos perdidos. Cuando
Dios se comunica con la criatura, soplando sobre ella le da siempre espíritu, vida,
gracia, amor, mejor dicho, le da a sí mismo. Una criatura que posee el Espíritu de
Dios, ciertamente no puede vivir apenas según las razones de la naturaleza
terrena, que casi siempre se oponen a la gracia divina que desea elevarnos a la
participación de la naturaleza divina.
Pero ¿quién le dará a una criatura de la tierra, ayuda y fuerza para vivir según la
sublime vocación de un ser divinizado? Este milagro es obra del Divino Espíritu
Santo, que es el Santificador de las almas; el cual con fuerza y suavidad conduce
las almas al santo vivir, al que nos llama, la vida sobrenatural, que consiste no
solamente en observar los mandamientos de la ley de Dios, sino en dirigir a El
siempre, todo nuestro ser, nuestro querer, nuestros actos y sufrimientos, viviendo
así, únicamente para Ele.
El nombre de “Santificador de las almas” es dado al Espírito Santo en la Divina
Escritura, para indicar que Él es principio y fuente de toda santidad, de Él viene las
gracias, las luces, los consuelos y ayuda para nuestra santificación. Es de hecho
el que ilumina el pecador en su estado de peligro, despertándolo del sueño de la
muerte, inspirándole el deseo de volver para Dios, ayudarlo a curar el propio
corazón de aquel triple germen del mal, que consiste en el orgullo, en la
sensualidad y en la avaricia. Es El quien hace mirar la dulzura de la virtud, la
felicidad de la paz y las consolaciones del Divino Amor. Reforma nuestro interior,
reprime cautivas inspiraciones, mostrando la preciosidad de los sufrimientos y el
premio de las buenas obras; El completa en nosotros la obra admirable de Dios,
comunicando virtudes santificadoras a nuestras acciones.
En verdad, el Divino Espírito, cumple para con nosotros aquella promesa de la
Sagrada Escritura: Os daré un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Os quitaré de
vuestras sepulturas, (Esto é, del mortífero estado de la culpa), Os daré mi Espíritu
y viviereis. Yo lo digo y lo haré (Ez 37). ¿Qué más podría prometer el Señor de tal
consolador?
Día 9
Los beneficios del Espíritu Santo
Sin duda, los beneficios revelan al Benefactor, y cuando más excelentes y
múltiples son los beneficios, tanto más indica lo excelente y amoroso que es el
Benefactor. Nosotros nunca podremos llegar a conocer todos los beneficios que
recibimos del Espíritu Santo. La Iglesia, por otro lado, con los nombres que le
concede, nos muestra grandes parte de sus gracias: Llamándolo de: Luz de los
Corazones, la Iglesia nos revela la bella gracia que Él, el Espírito Santo,
compartirá con nosotros a través de las explicaciones Divinas. Llamándolo de:
Fuego, nos recuerda como por medio de Él viene a nuestro corazón las llamas del
Divino Amor. Como: Dulce Huésped del alma, nos asegura su presencia en
nosotros. Y aún como: Padre de los Pobres, Dispensador de Dones, Fuente Viva,
Consolador Perfecto nos acrecienta los múltiples beneficios que recibimos
incesantemente por El
Por las simbólicas formas que quiso asumir para dirigirse a los mortales, se
conoce como mejor vía, a los beneficios del Paráclito.
En el Bautismo del Salvador, el Espíritu Santo asume la forma de una Paloma. En
el Misterio de la Transfiguración del Señor, S. Ambrosio, S. Tomás y otros,
reconocen al Espírito Santo en la brillante nube que aparece sobre el Tabor,
simbolizando la amorosa protección del Paráclito sobre nosotros, y al mismo
tiempo El principio de aquella sobrenatural fecundidad, que el propio Espíritu
Santo infunde en las almas. Cuando después, aparece en el Cenáculo como
celestial Fuego, distribuyó muchos de sus beneficios, y principalmente aquel de
aclarar y de inflamar las almas de santos ardores; de comunicarlas al admirable
actitud de hacer el bien y de conducirlas a actuar, no más humanamente y según
la naturaleza, sino Divinamente y según la gracia. Y como el fuego convierte en
fuego aquello que en él está inmerso, así el Divino Fuego del Espíritu Santo si no
puede hacernos Divinos por la naturaleza, nos hace por la gracia.
Admira, Oh alma fiel, estas maravillas de amor, y di si no serán para ti grandes
ventajas. Como devotos del Espírito Santo, seguramente poseeremos sus
beneficios.