Asertividad: la clave para resolver los conflictos
Lo lees en 10 min.
“Los diferentes medios de comunicación nunca serán un sustituto para la cara de alguien
que alienta con su alma a otra persona a ser valiente y honesta” - Charles Dickens
Una persona con conductas asertivas sabe cuándo hablar y cuándo callar, hace
críticas constructivas que son bien recibidas y admite cuando está equivocada. Así,
libera tensión interna y cuida su autoestima, ya que defiende lo que considera
relevante, cuidando siempre la relación con el otro.
A veces resulta una verdadera misión imposible mantener buenas relaciones con los demás,
sobre todo cuando vemos atacados nuestros valores esenciales. Pero lo quiera usted o no,
los conflictos estarán siempre presentes en las relaciones humanas, por lo que desarrollar
habilidades para resolverlos constituye una condición de éxito en nuestras relaciones
interpersonales. Ante esto, la asertividad surge como una respuesta de resolución frente a
situaciones en donde resulta clave mantener la relación con el otro.
Este concepto, surgido en las décadas del 60’ y 70’, se refiere a la forma de relacionarse
con los demás a fin de respetar los derechos propios y ajenos, considerando las variables de
la situación y el contexto. De esta forma, se busca la máxima efectividad.
La asertividad alude a un conjunto de habilidades específicas aprendidas que una persona
pone en juego en una determinada situación interpersonal. Estas habilidades se
manifestarán o no en función de variables personales, factores del medio ambiente y la
interacción entre ambos.
Algunos investigadores resaltan la importancia de los propios derechos cuando el sujeto
establece una relación interpersonal con otro. Otros estudiosos hacen hincapié en aspectos
que tienen relación con el concepto de sí mismo y autoestima. Por último, algunos
remarcan la relevancia de la consecución de los objetivos del sujeto.
Los autores Lange y Jakubowski, elaboraron la conceptualización de "conducta asertiva
responsable", definiéndola como la capacidad de expresar sentimientos, opiniones y
creencias en forma adecuada, en el momento oportuno, respetando los propios derechos y
tomando en cuenta los de los demás. Esto implica claridad en la identificación, tanto de
derechos como responsabilidades de todas las partes involucradas en una interacción.
Otros como Fensterheim y Baer afirman que la asertividad es la autoafirmación de uno
mismo, es decir, la persona tiene una actitud de respeto y estima, tanto frente a sí misma
como hacia los demás.
Como se puede apreciar, son muchas las definiciones que han sido elaboradas en torno al
concepto de asertividad, pero todas coinciden en los siguientes puntos clave:
Es una conducta interpersonal que incluye la expresión directa y honesta de
pensamientos y sentimientos.
Es socialmente apropiada.
Cuando alguien se comporta asertivamente, los sentimientos y bienestar del otro se
consideran.
Es una conducta de “arrojo social”, lo cual implica que sólo se aumenta la
probabilidad de recepción positiva de parte del otro, aunque no la asegura.
Ante este contexto, el interlocutor, el tipo de contenidos a expresar y la forma de hacerlo,
juegan un rol primordial.
La conducta asertiva implica la especificación de tres componentes básicos.
1. El conductual. Es decir, los tipos de conductas esperadas. Entre ellas tenemos:
- Hablar de sí mismo y no del otro, lo que implica plantear la conversación en primera
persona: “yo creo, a mí me parece, yo siento”.
- Dar opiniones, aunque estén en desacuerdo con las del resto
- La capacidad de pedir favores o hacer peticiones
- Poder decir no.
- Expresar justificadamente sentimientos propios, positivos y negativos
- Dar crítica constructiva
- Saber dar y recibir elogios
- Disculparse o admitir ignorancia
- Defender derechos
- La capacidad de iniciar, mantener y terminar conversaciones
2. Componentes no verbales y paralingüísticos presentes en la conducta asertiva.
Algunos de ellos son:
- Contacto ocular
- Gestos y postura corporal concordantes con la declaración
- Distancia adecuada
- Volumen de la voz
- Tono de la voz
- Latencia de la comunicación
3. La correcta dimensión de la situación. Este factor implica:
- Tener claridad frente a quien estoy, amigo, autoridad, ser querido, compañero de trabajo.
- Saber si la situación es positiva o negativa
- Entender qué está en juego
Desarrollar la asertividad frente a situaciones de conflicto nos puede generar grandes
beneficios, tanto en el plano personal como organizacional, ya que facilita el afrontar. Es
decir, el hacerse cargo de la situación con miras a la búsqueda de espacios de acuerdo y
solución. Al desarrollar conductas asertivas, la persona libera tensión interna y cuida su
autoestima, ya que defiende lo que considera relevante, cautelando la relación con el otro.
En el plano organizacional, promueve el cambio positivo y establece marcos de acción
aceptados por la cultura determinada.
Una expresión gráfica de la asertividad se refleja en la siguiente figura:
Podemos decir entonces que la Asertividad es una habilidad comunicacional superior,
puesto que requiere de gran capacidad de escucha y empatía, cautelando el qué decir y
cómo hacerlo.
La empatía
El término empatía alude a un conocimiento del otro por medio de la comunicación, para
lo que es necesario desarrollar dos habilidades básicas: aprender a escuchar y a expresarse.
Ser empático implica la capacidad de ponerse en el lugar del otro, viendo la situación en
cuestión desde el punto de vista de la otra persona, siendo capaz de comprender los
sentimientos y significados personales que le otorga a una determinada situación. Esto
genera un clima positivo para enfrentar alguna situación de diferencia o conflicto.
Ponerse en el lugar del otro no sólo significa escuchar atentamente todo lo que dice desde
lo verbal, sino también lo que comunica a un nivel emocional, es en definitiva entender lo
que se escucha y cómo el otro lo entiende. No significa estar de acuerdo, se trata de una
comprensión profunda de “la realidad” del otro.
Para lograr esta difícil tarea, existen diversas alternativas, como la “respuesta reflejo” o
el parafraseo. Estas técnicas consisten simplemente en devolver lo medular de lo que
hemos entendido, entregando de un modo tentativo los sentimientos y contenidos que han
estado implícitos en la comunicación. Otra posibilidad es hacer una pregunta abierta, es
decir, que permita que el otro se explaye y así tengamos la posibilidad de contar con mayor
información. Ejemplos de estas preguntas son: “cuéntame más”, “desde cuándo ocurre”,
“cómo comenzó”, “¿qué consecuencias te trae?” Por último, se puede resumir o sintetizar,
pidiéndole al otro que nos indique si es correcta nuestra apreciación.
Barreras para la comunicación efectiva
En contraposición a una comunicación asertiva y empática, podemos tender a desarrollar
estilos de comunicación “desadaptativos”, que nos lleven derecho a situaciones de conflicto
en nuestras relaciones interpersonales y que es necesario conocer a fin de evitar o corregir.
Entre las más habituales podemos señalar:
a) La comunicación discordante. Incoherencia entre la comunicación verbal y no verbal.
Por ejemplo: "Me interesa mucho lo que usted me dice”, expresa alguien mientras atiende
otras cosas. O grita, indignado: “¡No, si no estoy enojado!”. Este estilo genera mucho
conflicto, puesto que causa en el otro una tremenda incomodidad al no saber con qué
aspecto del mensaje quedarse, si con lo dicho o lo expresado a través de lo no verbal.
b) La comunicación competitiva. Intenta minimizar la experiencia de la otra persona.
"Eso no es nada, ¡yo sí que tengo un problema grave!". Esta actitud se puede referir a
cualquier materia: éxitos, logros, fracasos, dificultades, enfermedades, entre otras. Genera
muchos conflicto cognitivo a nivel de valores, ya que el otro se siente muy poco valorado y
entendido.
c) La comunicación aleccionadora. Esta barrera es muy común, consiste en decir a los
demás lo que deben hacer, sermoneándolos o aconsejándolos, como si ellos no tuviesen la
capacidad de resolver sus problemas. “¡Te dije que te iba a ocurrir, era lógico!” o “No sé
cómo no fuiste capaz de prever esto”. Genera mucho conflicto interpersonal, ya que en la
comunicación va implícita una mirada asimétrica en donde hay uno que se siente superior
al otro.
d) La comunicación enjuiciadora. Se caracteriza por atribuir al otro un rasgo negativo de
su personalidad. Se es acusatorio al decir: "usted es impuntual", "irresponsable", "flojo",
"dejado", "descuidado" o "sucio". Es la más explícita en cuanto a la declaración de guerra o
descalificación.
e) La comunicación indirecta/generalizada. Se caracteriza por ser vaga en cuanto al
objetivo perseguido, un caso es "pedir sin pedir". Por ejemplo, "se quedó abierta la ventana;
hay que apagar la luz" o los más típicamente organizacionales como: “¡Debemos mejorar la
calidad de los informes!”. Al escuchar este tipo de mensajes nos preguntamos: ¿quién debe
hacerlo, qué específicamente debe cambiarse? Son aspectos que el otro no logra entender.
f) La comunicación manipuladora. Trata de obtener algo del interlocutor utilizando
necesidades afectivas de éste: "Hágalo usted que es tan buena persona..." Así, se manipula
la autoimagen del otro, que no se atreve a perder el premio a su calidad de "buena persona".
El problema es que puede pasar durante mucho tiempo desapercibida pero cuando la
persona se da cuenta de esta manipulación, el conflicto se hace inevitable.
La comunicación asertiva para el aprendizaje organizacional
La conversación es la mayor herramienta de aprendizaje que poseemos los seres humanos.
Para afrontar situaciones complejas, como crisis, conflictos y cambios, las organizaciones
deben aprender a dominar la conversación, en el sentido más cabal de la palabra.
En una conversación efectiva, ambas partes reflexionan, escuchan activamente, indagan y
exponen ideas en forma abierta. Se trata de exponer clara y honestamente las ideas, es
decir, ser asertivos con lo que se cree, quiere o piense. Asimismo, es bueno explayarse
acerca de lo que hace pensar de una determinada manera; mostrar situaciones que han
llevado al actuar; dar razones y poner ejemplos que hagan más comprensible la propia
postura para el otro.
Por ejemplo, “esta es mi perspectiva y así es como he llegado a esa conclusión”. El objetivo
es una defensa respetuosa de ideas y la explicación del razonamiento que está a la base de
ellas, estando abierto a la posibilidad de modificarlos frente a la experiencia que está
aportando el otro.
Mantener un equilibrio entre todos estos elementos, ser honesto y, a la vez considerado,
facilita la efectividad de una conversación.
A continuación, se presentan tres tipos de conversaciones claves para la efectividad
organizacional, ya que permiten resolver y/o evitar situaciones de conflicto y para las
cuales la asertividad resulta una condición necesaria:
1. Conversaciones de retroalimentación
Ejemplos de ellas son la crítica constructiva y el reconocimiento. Estas pretenden, en
general, entregar información que sea de utilidad para lograr un aprendizaje en el ámbito
del desarrollo personal, a nivel laboral o profesional. Pueden estar dirigidas a:
Ayudar a otra persona a que piense en realizar un cambio en su conducta (crítica
constructiva).
Motivar a otra persona para que persista, realizando conductas positivas o las
acentúe (reconocimiento).
Ayudarse a sí mismo, pidiendo información acerca de la conducta propia, a fin de
realizar un cambio personal.
Siempre se espera que las personas estén abiertas a escuchar comentarios acerca de sus
conductas, pero en la práctica nos encontramos con grandes dificultades al momento de
vernos enfrentados a situaciones, ya sea de crítica constructiva como de reconocimiento o
elogio, debido a razones que pueden responder a distintas causas, las que van desde el
pudor frente al elogio hasta la incapacidad de aceptar incompetencia frente a una crítica y,
por lo tanto, reaccionar de manera agresiva o evasiva frente a una oportunidad de mejora
que otro nos pueden señalar.
A partir de lo anterior, queremos compartir algunos tips, tanto para la Crítica constructiva
como para el Reconocimiento, que pueden facilitar el establecer una conversación que
facilite la recepción del otro y aumente la probabilidad de éxito en relación al objetivo
perseguido frente a la conversación:
Criterios de éxito frente a estas conversaciones:
Crítica constructiva: Hemos sido exitosos cuando a partir de la conversación el
otro se dispone positivamente al cambio, pues ha generado sentido lo propuesto y ha
motivado a actuar distinto dada la claridad con que hemos señalado las
consecuencias.
Reconocimiento: Dar una retroalimentación reforzadora es aumentar la posibilidad
de repetición de las conductas que impacta en el logro y efectividad en los
resultados y es crear “círculos virtuosos” que potencian fuerzas hacia una dirección
deseada. Saber detectar cuando otro ha realizado un esfuerzo, ha tenido un logro o
ha hecho algo que haya redundado en un beneficio y mostrarlo oportunamente,
genera desarrollo en la autoestima y consolida el aprendizaje
2. Conversaciones Persuasivas
El objetivo es influir en el otro para que modifique o amplíe sus percepciones. Se intenta
mostrar lo más cabalmente el punto de vista personal para que el otro lo incorpore y, a
partir de ello, modifique conductas o actitudes. En general, es de esperar que haya
resistencia de la otra persona, ya que probablemente haya desarrollado argumentos que
justifiquen su actuar.
Ejemplos comunes en el ámbito organizacional donde se requiere desarrollar
conversaciones persuasivas es durante procesos importantes de cambio, en el cual los
líderes, deben “seducir” a sus colaboradores a embarcarse en una aventura nueva,
incorporando como propios la misión, objetivos y tareas.
Se puede afirmar que aunque no todos los corredores ganan siempre, este enfoque mejorará
las posibilidades de lograrlo.
Para facilitar la conducción de estas conversaciones conviene hacerse preguntas como:
- ¿Cuáles son mis objetivos y cuáles son los de la otra parte?, definiéndolos del modo más
específico posible.
- ¿Cuáles son los resultados máximos y mínimos esperados?
- ¿Qué pierde el otro con el cambio?
- ¿Qué puede ganar con el cambio?
- ¿Cuáles serán los argumentos que pueden facilitar que el otro entienda el interés en juego
en este proceso? ¿A qué estoy dispuesto a renunciar?
- ¿Qué es aquello que lo hace caer en conflicto conmigo/ con el proceso de cambio?
En esta conversación se pone en juego la asertividad en todo momento, en el ser directo y
establecer una interacción respetuosa, honesta y clara. En la parte principal o central de la
conversación es preferible usar un enfoque equilibrado, mostrando ventajas y desventajas,
disponiendo de cursos alternativos y reales de acción, los cuales son propuestos de modo
considerado y cuidadoso.
Es necesario tomar en cuenta las necesidades e ideas del otro y a la vez esclarecer las
propias, hasta llegar a la idea que se tiene en mente. El riesgo de adoptar un enfoque
desequilibrado, enfatizando sólo las ventajas, provoca que la mayoría de las personas tenga
una resistencia hacia las presentaciones unilaterales y pueda así confundirse el mensaje de
fondo.
3. Conversaciones indagatorias
Para que surjan planes de acción de resolución de algún conflicto o diferencia en una
persona o equipo, se hace necesario diagnosticar adecuadamente la condición, situación o
dificultad, sólo así éstos serán efectivamente esperados y apropiados para esa situación
particular y para la toma de decisiones en general.
Ello se logra cuando se obtiene información que permite saber cómo actuar respecto a una
persona, es decir, qué necesita, qué fortalezas y debilidades tiene y cuáles son las
habilidades que le posibilitan cooperar con el equipo. Esta es una conversación clave en el
liderazgo para la asignación de roles, generar delegación efectiva y conducir gradualmente
hacia la autonomía. También para saber qué aclarar o cómo involucrar si hay incertidumbre
cuando la información que se está manejando es compleja o ajena.
Podemos concluir que el desarrollo de una comunicación asertiva cumple un triple
propósito: cuida la autoestima, fortalece las relaciones con los otros y genera aprendizaje
organizacional, al permitir que las situaciones difíciles se resuelvan antes de llegar al
conflicto o, si ya lo estamos viviendo, sepamos afrontarlo creativamente.
En Resumen…
La asertividad se refiere a la forma de relacionarse con los demás a fin de respetar
los derechos propios y ajenos, considerando las variables de la situación y el
contexto.
La conducta asertiva implica la especificación de tres componentes básicos: 1. El
conductual; 2. Componentes no verbales y paralingüísticos y 3. La correcta
dimensión de la situación.
La asertividad es una habilidad comunicacional superior, puesto que requiere de
gran capacidad de escucha y empatía, cautelando el qué decir y cómo hacerlo.
El término empatía alude a un conocimiento del otro por medio de la comunicación,
para lo que es necesario desarrollar dos habilidades básicas: aprender a escuchar y a
expresarse.
Ser empático implica la capacidad de ponerse en el lugar del otro, viendo la
situación en cuestión desde el punto de vista de la otra persona, siendo capaz de
comprender los sentimientos y significados personales que le otorga a una
determinada situación.
Para lograr ser empáticos existen diversas alternativas, como la “respuesta
reflejo” o el parafraseo, consisten simplemente en devolver lo medular de lo que
hemos entendido. Otra posibilidad es hacer una pregunta abierta y por último, se
puede resumir o sintetizar, pidiéndole al otro que nos indique si es correcta nuestra
apreciación.
Existen barreras para la comunicación efectiva, como la comunicación discordante,
la competitiva, la aleccionadora, la enjuiciadora, la indirecta o generalizada y la
manipuladora.
Existen tres tipos de conversaciones claves para la efectividad organizacional, ya
que permiten resolver y/o evitar situaciones de conflicto y para las cuales la
asertividad resulta una condición necesaria. Ellas son: las conversaciones de
retroalimentación, las persuasivas y las indagatorias.
Conflicto en la cabina
Lo lees en 4 min.
El piloto estaba ansioso por saber cómo actuaría el oficial frente a una emergencia. ¿Sería
capaz de mantener la serenidad que se requiere para tomar las decisiones correctas?
El vuelo 353 de Atacama Airlines está próximo a despegar. El Comandante y su Primer
oficial han hecho los chequeos correspondientes y se sienten tranquilos frente al viaje que
los espera. Es primera vez que viajarán juntos, lo que los mantiene un poco ansiosos, no
respecto al conocimiento técnico de ambos, si no a las expectativas que tiene cada uno
respecto del otro.
El primer oficial, Carlo Bozzi, se pregunta si al comandante le gustará hablar mientras
vuelan o si preferirá concentrarse. Por su lado, el piloto Marco Antonio Ortega está ansioso
por saber cómo actúa el oficial frente a una emergencia. ¿Será capaz de mantener la
serenidad que se requiere para tomar las decisiones correctas?
Hace pocos días, el piloto había recibido la noticia de un cambio en su primer oficial, luego
de cinco años de continuos viajes. Le gustaría sentirse 100% confiado en su compañero de
viaje, pero eso no será posible hasta que tengan unas cuántas horas de vuelo juntos. ¿Qué
hacer? ¿Cómo disminuir las dudas? Ya no queda mucho tiempo para pensar, por lo que
habrá que afrontar la incertidumbre tal cual venga.
Por su parte, Carlo Bozzi había completado un año de vuelo con su comandante anterior y
la verdad es que tampoco le gustaba el cambio, pues ya había aprendido a afiatarse con él.
El comandante anterior era experto y tenía la humildad necesaria para no hacerlo notar, por
lo que Carlo se relacionaba con él desde esa perspectiva.
Un despegue interrumpido
Finalmente, el despegue se produce sin ninguna dificultad y el saludo del primer oficial a
los pasajeros transcurre en un tono amable y seguro. Cuando el avión alcanza altura y
velocidad de crucero, el comandante pone el piloto automático y se relaja. En ese momento
aparece en la cabina un íntimo amigo de Marco Antonio con su hijo adolescente.
Los amigos ya se habían puesto de acuerdo para que Marco les enseñara el avión durante el
vuelo. Ya en la cabina, el muchacho de 20 años insiste en preguntarle al comandante si se
puede sentar en su asiento con el piloto automático. Marco evalúa la posibilidad, ya que
piensa que no hay ningún riesgo dado su experiencia y la seguridad del vuelo.
Sin embargo, Carlo considera que es una locura y se siente interpelado a intervenir, pero su
criterio le recomienda pensar cuidadosamente cómo hacerlo. El muchacho se sienta en el
asiento del piloto y éste se entusiasma mostrando y explicando la maravillosa tecnología
del Airbus 330.
Carlo está tenso y considera inaceptable lo que está sucediendo ¿Qué hacer? ¿Cómo
intervenir sin dañar la relación y sin dejar en evidencia a su jefe? Hecha mano de toda su
valentía y le dice al comandante: “Señor, ¿no le parece que es un tanto arriesgado que usted
no esté piloteando directamente el avión?”. Marco levanta una ceja en señal de
desaprobación. “¿Quién se cree este subalterno que viene a decirle a él lo que hay que
hacer?”, pensó.
“Señor, recuerde que si se desconectara por accidente el piloto automático no hay alarma
que lo informe. La verdad es que esta situación me tiene tenso y me parece de alto riesgo”,
insiste el oficial.
“¡Tranquilo muchacho¡”, le responde el comandante en forma socarrona, riéndose con su
amigo y su hijo de los temores de Carlo.
Sin embargo, el joven definitivamente no estaba de acuerdo con la situación, por lo que
solicita respetuosamente que se ponga fin a aquella “visita”. “Señor entiendo su expertis y
también que quiera compartir una experiencia interesante con su amigo y su hijo, sin
embargo, le insisto del riesgo que veo en esta maniobra”, le dice.
A esta altura Carlo ya ha adoptado una postura y una voz distinta, firme, segura y con
convicción. Esto llama la atención del comandante, que por un segundo decide evaluar lo
que Carlo le está planteando. En ese momento considera que está llevando la situación a
niveles intolerables para el primer oficial y se conecta con los principios de su profesión,
donde las normas son sagradas.
¿Qué fue lo que lo hizo tomar en serio a Carlo? ¿Su persistencia, su responsabilidad, su
coraje, su claridad, su lenguaje, su actitud, su postura y su respeto para dirigirse a él? Marco
Antonio no lo tiene claro, sin embargo, hay algo en ese muchacho que logra llamar su
atención y escucharlo sin sentirse agredido.
Tras ello, le pide con amabilidad a ambos visitantes que se retiren de la cabina y procede a
continuar el vuelo. Horas más tarde le sigue dando vuelta a la situación, pudiendo ver con
claridad cómo había sobrepasado los límites y que en ese momento tuvo a alguien que fue
capaz de hacérselo ver desde la tranquilidad, desde el respeto y sin juicios infundados.
“Será interesante comenzar a trabajar con este joven oficial, tal vez todavía queda algo por
aprender”, reflexionaba durante la noche el experimentado Comandante, recostado en la
habitación de su hotel.
Ahora que viste el caso puedes profundizar en la teoría leyendo la clase de este caso.
La comunicación no verbal
al hablar en público
Cuando hablamos en público hay muchos elementos que intervienen en la percepción
que nuestro auditorio tiene de nosotros. Debemos recordar que una de las partes
más importantes a la hora de hablar en público no es el qué se dice, sino el
cómo se dice y dentro de ese cómo participa la comunicación no verbal. Cuando
hablamos de comunicación no verbal al hablar frente a un público, nos estamos
enfrentando a una situación especial en la que estamos más expuestos y además
podemos estar más afectados por la vergüenza y los nervios.
Al hablar de comunicación no verbal podemos dividirla en 3 ámbitos diferentes:
Kinesia: es la refereida a los gestos y movimientos corporales.
Paralingüística: está vinculado al uso que hacemos de nuestra voz.
Proxémica: vinculado al uso del espacio personal.
La apariencia
Una primera parte a tener en cuenta es el vestuario con el que nos vayamos a vestir
¿cuál debemos escoger? ¿cómo debemos ir vestidos? Pues como la mayoría de las
cuestiones a tener en cuenta a la hora de hablar en público, depende mucho del
auditoria ante el que vayamos a hablar. Lo recomendable es vestir ligeramente mejor
que nuestra audiencia, pero también depende del tono que queramos dar a nuestra
charla. A veces simplemente con contar con un vestuario similar al de nuestra
audiencia es suficiente.
Nuestra ropa tiene que estar en buen estado y limpia, si sabemos cómo va a ser el
escenario podremos escoger mejor los colores para que podamos resaltar mejor
sobre el fondo.
La expresión corporal
Al hablar en público estamos expuesto y no debemos mostrarnos cohibidos por esta
situación, al contrario nuestra actitud debe ser mostrarnos abiertos al público. Nuestra
audiencia nos va a juzgar desde el primer momento, por eso debemos mostrarnos
positivos y enérgicos. Si el espacio lo permite debemos aprovechar para movernos
por el escenario, pero debemos cuidarnos de no repetir mucho los movimientos ni
hacer una maratón en el estrado. Ante todo debemos estar tranquilos.
Cómo usar las manos
Las manos y la gesticulización nos pueden ayudar mucho a la hora de expresarnos,
pero también debemos limitar su uso para que no parezca exagerado. Sin embargo
las manos nos pueden ayudar a enfatizar algunas de las ideas que estamos
comunicando o incluso a transmitirlas mejor. Su uso también varía si nos están
grabando en vídeo, pues el formato audiovisual hace más evidentes los movimientos
de nuestras manos.
La mirada
La mirada es uno de los aspectos más importantes a la hora de comunicarnos con
otra persona con la que compartimos un espacio. La mirada establece una conexión y
es la primera forma de abrirnos a nuestro público. Cuando hablamos en público mirar
a nuestro público nos permite recibir feedback de nuestra audiencia y poder conectar
personalmente con alguna persona de la misma si se cruzan nuestras miradas.
Además nos ayudará a dotar de una mayor naturalidad a nuestro discurso.
Vencer la inseguridad
Sin embargo algo clave para dominar nuestro lenguaje corporal cuando hablamos en
público es vencer nuestra inseguridad. Si estamos pensando continuamente qué
hacemos con las manos, no vamos a actuar de forma natural, temblaremos,
iniciaremos un movimiento y rectificaremos, volveremos atrás, nos quedaremos a
medio camino… La inseguridad mata la naturalidad de nuestra comunicación no
verbal y debemos hacer lo posible por no dejarnos llevar por nuestras inseguridades y
dejar que nuestro discurso fluya.
Superar nuestros miedos
Para acabar con esta inseguridad debemos superar nuestros miedos pero ¿cómo lo
hacemos? No existen recetas mágicas y muchas veces las respuestas pueden
resultarnos absurdas, pero piensa que si tantos las defienden por algo será ¿verdad?
Para superar nuestros miedos debemos exponernos a ellos, para superar el miedo a
hablar en público debemos hablar en público y sentir miedo, quizás incluso hacerlo
mal. No tiene porque ser una ponencia, puede ser simplemente un evento en el que
tengas que hablar 30 segundos ante un gran grupo de gente. Si nos lanzamos a ello
nos estaremos exponiendo a nuestros miedos y eso nos ayudará a superarlo.
Otra técnica que usan algunos, que puede resultaros incluso más absurda, consiste
en actuar como si no tuvieras miedo. Fingirte a ti mismo, fingir una parte de ti que no
le teme a nada.