Administración de empresas
Yuri Stephania Salinas Gonzalez – 3 Semestre
El modelo clásico
El argumento de las ideas clásicas se basa en el principio de que los precios se ajustan
de manera natural para conducir a los mercados de bienes y de trabajo al equilibrio. Dicho
de otro modo, a través del sistema de precios la economía se ajusta por sí sola cuando se
desvía de su tendencia de crecimiento a largo plazo. En microeconomía hemos visto que
el sistema de precios es el mecanismo más preciso para coordinar las decisiones
económicas, logrando que el nivel de producción así obtenido sea el más eficiente
posible. Desde esta perspectiva, los precios, fijados libremente en los
mercados, transmiten los incentivos correctos a productores y consumidores, dirigiendo
los recursos a sus usos más productivos y sin despilfarros.
Esta idea simple, pero a la vez tan poderosa, sobre los precios es la que sustenta el
liberalismo económico de las ideas clásicas. En el modelo clásico, los precios y los
salarios son totalmente flexibles, es decir, siempre se ajustarán a las variaciones de la
oferta y la demanda. No obstante, conseguir la flexibilidad de precios y salarios
propugnada por los clásicos tarda algún tiempo en conseguirse ya que el funcionamiento
de la economía dista de ser perfecto. Por esta razón se dice que el enfoque clásico es un
análisis a largo plazo donde los precios y los salarios siempre acabarán ajustándose
completamente para alcanzar el pleno empleo.
Según la hipótesis de flexibilidad de los precios, la curva oferta agregada se representa
completamente vertical en el nivel de pleno empleo. Esto quiere decir que, según el
modelo clásico, la oferta agregada sólo depende de la cantidad de factores productivos
disponibles en la economía, no de los precios. Estas intervenciones sólo provocarán
subidas de precios o inflación a largo plazo.
Una economía abierta es aquella en la cual una nación puede comerciar bienes o
servicios con otras naciones, importando bienes y servicios foráneos para uso y trabajo
local, o exportando producción local como forma de recibir ingresos. Una economía
cerrada por su parte es una economía en la cual no se intercambian bienes o servicios
con otros países. En la misma, la supervivencia de las personas y las actividades
económicas se autoabastecen, es decir, se satisfacen localmente, sin necesidad de
utilizar bienes o servicios provenientes del exterior. Tampoco pueden comerciar bienes o
servicios producidos localmente con el extranjero.
El país percibe un elevado nivel de ingresos por la exportación de bienes y ejecución de
servicios destinados a un público internacional. No obstante, el nivel de egresos
correspondientes a productos y servicios importados desde el exterior es aún
mayor, indicando un elevado nivel de interdependencia comercial con otras naciones.
El modelo keynesiano
Para los keynesianos el sistema de precios no funciona siempre de la forma ideal que
sugieren los clásicos. Cuando los precios no transmiten rápidamente las señales
correctas a los productores y los consumidores, la coordinación entre ambos puede fallar
y el mercado puede no alcanzar el equilibrio de pleno empleo tan alabado por los
clásicos. En las economías modernas, algunos precios son muy flexibles, pero otros
no. Los precios subasta son aquellos que se ajustan diariamente a los cambios de la
oferta y la demanda.
En el otro extremo están los precios habituales cuyas variaciones son muy lentas. En la
literatura económica, los precios subasta se denominan precios flexibles y los precios
habituales son conocidos como precios fijos o rígidos. Si estos son rígidos a la baja, los
costes totales de las empresas también lo son, lo que impide a las empresas reducir los
precios. En consecuencia, la rigidez de los precios, provocada por los salarios, reduce la
capacidad de la economía para tender por sí misma al pleno empleo.
Si a corto plazo los precios y los salarios son rígidos o fijos, la demanda agregada es la
fuerza que determina la producción a corto plazo y no la oferta agregada, como sugieren
los clásicos. Es decir, al existir contratos establecidos entre las empresas y sus
proveedores de factores de producción, a corto plazo las empresas hacen frente a las
variaciones de la demanda de sus productos ajustando la producción y modificando muy
poco o nada los precios que cobran a sus clientes. Gráficamente, la curva de demanda
agregada se seguiría representando igual que antes, es decir, representando la relación
inversa entre producción y el nivel de precios mediante una línea decreciente. Al
contrario, la curva de oferta agregada será una recta horizontal en el nivel de precios que
se esté considerando constante.
Algo muy importante de este modelo son algunos términos de los cuales nos habla
Keynes. Propensión a consumir: Si es alta, quiere decir que la persona está dispuesta a
gastar la mayoría de lo que se ha incrementado su renta, y si es baja, que prefiere
ahorrarlo. Esto dependerá de las expectativas que tenga la persona respecto al futuro y
del nivel de renta de la persona. Ahorro. Al no consumir, ahorramos ese dinero para tener
un capital que nos permitirá consumir en el futuro. Inversión. Esta situación contribuiría
aún más a la contracción de la economía, porque el dinero no circularía. Esto fue lo que
Keynes vio que sucedía en la Gran Depresión, y por eso propuso utilizar la política
fiscal, para estimular la economía y romper este círculo vicioso. Tasa de interés y
rentabilidad. Con anterioridad a Keynes, la teoría económica clásica suponía que el tipo
de interés se mueve en función de la economía, para hacer las inversiones más o menos
atrayentes.
Keynesianismo y política
Keynes tuvo una gran influencia en política. También fue director del Banco de Inglaterra
y asesor del ministro del Tesoro. En lo que se refiere al keynesianismo, las políticas
económicas keynesianas se suelen identificar más con los gobiernos de izquierdas, más
proclives a la participación del Estado en la economía.